Viaje alrededor de un punto: Tiempos de Flamenco.

Por Mariana Dosso

Taconea la rima
en dedos y cuerdas de a parejas
los brazos agitan viejos pesares,
Ay, la música hecha cuerpo
Y las piernas
Y los tacos de caderas por el aire.

 

DE ESPALDAS AL PÚBLICO

Suelta, mi niña, las penas. En cada taconeo entierra el dolor de su pueblo, de un barrio de gitanos acorralado en “Las Tres Mil Viviendas”. Alza sus brazos, da un giro imperceptible, mueve sus muñecas y -con ella- se lleva sus dedos al cielo. Pide a su dios que esta noche la convoquen. Por la pobreza los padres abatidos ansían mucho: un hijo futbolista o un artista de flamenco consagrado. Los residentes del barrio más populoso de gitanos de Sevilla son rechazados en los puestos laborales, aunque son los más anhelados en las fiestas de la ciudad.
Cante jondo, oscuro, trágico, lamento de centurias de un pueblo nómade, acosado por los males de la Inquisición y del Franquismo. Gritos, entrañas del dolor se entremezclan con un “Ala” de alegría, de soltura. Alquimizan sensaciones en los tablaos: cafés cantantes, lugares de tertulias burguesas, vueltos espacios de bulerías y de tangos.
Mi niña… tan mujer y tan pequeña, lleva en su mochila la falda que consiguió su hermana, un par de zapatos un tanto gastados y una blusa que tal vez le traerá suerte. Los aros y los collares de un falso oro, puestos. Esperó a su tío de madrugada. Le insistió para que se sentara en el sillón con su guitarra y le suplicó que tocara tientos. Comenzó a bailar. Su cuerpo improvisó los mejores pasos. Al rato, se levantó su madre con una bata bordó desteñida. Empezaron las palmas. Precisas, suaves, musicales. Sus zapatos despegan, vuelan, aterrizan, ¿será su noche mañana?

CAMPESINA ERRANTE

El origen del pueblo gitano y de la palabra flamenco es incierto como el punto medio de un viaje. “Campesino errante”, dirán algunos estudiosos, del árabe “Felah-Mengus”.
Así, a tientas, una mujer comenzó su viaje, sólo por el deseo de interrumpir su rutina. Lloraba junto con el cante en el tablao. Tenía una intuición: sus exigencias se irían al agitar sus palmas y concentrar su fuerza en el vientre. Aprendió que su cuerpo podía girar en varios tiempos, que podía fragmentarlo y potenciar su armonía, voltear la cabeza hacia donde su destino la esperara. Del hobby pasó al trabajo. Feliz, circuló por los escenarios de su ciudad. Dejó sus estudios y trocó sus actividades anteriores por ser profesora de baile. La seducía girar alrededor de su identidad y descubrir puntos en común con una mujer gitana: apasionada, ciclotímica, simplemente alegre.
El cante es algo sincero o, al decir del poeta Manuel Machado,: “Las coplas no se escriben: se cantan y se sienten. Nacen del corazón, no de la inteligencia y están hechas más de gritos que de palabras.”
Si, en los tiempos remotos, su pueblo se asentaba en su flamenco, en los tiempos presentes, su familia se asienta en uno de los barrios más populares de España. Su padre- de changas- y sus dos hermanos alternan entre las esquinas y el departamento. Apenas cruza a su hermana por la noche, exhausta por cansancios acumulados.
El baile libera y da forma. Lo racional no es convocado. Lugar de escape y construcción por excelencia. En el escenario se corre de su ego, de sus circunstancias. Y, de repente, es otra. Meses de creación, trabajo e intercambios entre los artistas asoman en el escenario. Aparece la bailaora, quien pone toda su existencia al ritmo del cajón. A veces, el viaje se interrumpe en las clases. La mente se enciende y, conduce, – a la vez – hacia: los pasos a enseñar, la comida de la noche, el encuentro con un amigo, la letra de la próxima presentación; hasta que estaciona en: “ahora les pido que redoblen los pasos en el mismo compás”.
Su tío se ganó el lugar: el “talentoso” de la familia. Sus dedos vuelan en la guitarra. El golpeteo marcó el compás desde sus primeros pasos. De su mano, recorrió todos los tablaos a su alcance. Sus emociones más escondidas pueden despertarse en los diferentes palos o ritmos. Desconsuelos en una soleá o alegría, en una bulería.
En su última obra llevaba un vestido azul aterciopelado hasta el cuello. Un baile lúgubre, pesadote, agudo. El ahogo del vestido le aprisionaba el alma. Por unos momentos, el baile dejó de darle aire. La presión gitana la empalidecía. Guitarra, cajón y el convite a la seguidilla de taconeos para rematar en un ritmo vertiginoso. En los últimos golpes de sus pies sepultó la imitación y decidió ser ella misma en el flamenco. Con el tiempo, se amarró a su experiencia de vida, se desafió en los bailes que la atraían y se atrevió a interpretarlos desde sus raíces payas.

foto bailaora

 

LA LUNA EN UN TABLAO: PALMAS SORDAS Y SECAS

La madre se levanta temprano. Descuelga las ollas de la pared y prepara el almuerzo del mediodía. Pega algunos gritos para que la tropa se levante. Mientras sus hijos revolotean entre sus sábanas, ya limpió el piso del comedor y de la cocina. Los dos varones encuentran el desayuno sobre la mesa. Al levantar las tazas vacías, su madre los saluda con su bolso lleno de perfumes para vender. La bailaora lava los platos. En voz baja, le comenta a su madre la posibilidad de presentarse esa noche en uno de los tablaos de Sevilla. La mujer frunce el seño al recordar las palabras de su marido “esta niña es buena, muy buena, ni se te ocurra que baile por fuera de nuestras reuniones familiares”.
Ambas bailan. Cada presentación es una vuelta más alrededor de su identidad. La enriquecen, la transforman, se divierten. Interrumpen el viaje y lo retoman. Bailan ese mismo tiento desde hace años, pero son otras. Pasan por el mismo lugar, ahora desde otro ángulo. Ya no son las mismas. Viajes dentro del viaje. Pisan una y otra vez las huellas, su intuición del baile como liberación, en esta vuelta, con sus contradicciones. El pesar, el cumplimiento, la imitación giran. Todo depende de las emociones: dónde eligen zarpar, qué mares navegar y cuándo amarrar.

ENCANTOS VUELTOS CENTROS

Dicen que el viaje, sin mutación geográfica alguna, es más auténtico. En un viaje tradicional, se puede abundar en descripciones del paisaje, en las costumbres, las comidas, los sonidos, sin que nada interpele la mirada. En los viajes sin traslado, la transformaciónes el centro en la experiencia de viajar.
Las personas están obstinadas en emprender dos tipos de viajes: los que vuelven siempre al centro, al mismo centro. Lo refuerzan. Lo comprueban. O lo transforman. Y están los que buscan o crean centros a cada instante: una huída infinita de la realidad sospechada. Ambos viajes, peregrinos, reclaman variadas sensaciones y son merodeados por el miedo a la rutina.

 

Catalina Gutiérrez, bailaora.
Mujer apasionada por el baile. La motivación por bailar la acompañó desde niña. Aunque su familia no la incentivaba, le dio libertad para que tomara sus clases. Comenzó con las de danza clásica. De adolescente, exploró en el jazz y en el baile contemporáneo. El flamenco apareció a sus 24 años, cuando cursaba sus últimas materias de la Licenciatura en Letras de la UBA. Participó de cursos regulares e intensivos con destacadas personalidades de Argentina y de España. En 2010, viajó a este último país para profundizar su técnica y conocer más de cerca la cultura flamenca. Se presentó en varios tablaos de Buenos Aires y de otras ciudades argentinas. Creó y dirigió dos obras junto con otros artistas: “Entre las penas florece flamenco” y “Canciones para Manila”. Talentosos músicos y cantaores formaron parte de estas propuestas. Catalina ha brindado su testimonio como bailaora para la presente nota.

 

Raíces y búsquedas
¿Quién dice si tal bailaora tiene raíces gitanas? ¿Quiénes son convocadas a un escenario? El baile es “conectarse con lo instintivo. No importa de dónde sos.” Todo el tiempo está el riesgo de la imitación. Los recursos tecnológicos disponibles son un incentivo a la copia: ver videos e identificar pasos, coreografías, atuendos, accesorios, ritmos, modas. La que emprende un viaje está convencida: el camino no es por emulación, sino por la creatividad y por la forma de interpretar. Quien traspasa la imagen prototípica de los artistas gitanos y se interesa por su cultura e historia, descubre a un pueblo marginado, vivo y cambiante: hombres y mujeres que trabajan para su sustento y sueñan de madrugada. Han renunciado al nomadismo y toman las pautas culturales de donde residen. Los porteños se atribuyen el “somos los mejores y más vivos”. En México, en cambio, son más serviles, “mande”, responden ante un saludo. Las actuales “top del flamenco” no son gitanas. ¿Será que estas mujeres se nutrieron de las familias flamencas? ¿Será que las posibilidades de unas y de otras se distancian cada vez más? En cambio, en el cante y en la guitarra, la sangre gitana pisa fuerte.

 

Orígenes del flamenco
El flamenco surgió entre las culturas gitanas y las de los pueblos de Andalucía, durante el último tercio del siglo XVIII. Primero nació el cante: el baile se terminó de formar en los cafés cantantes. Las letras conocidas son en castellano y algunas suman palabras del caló, la lengua de los gitanos.
Un grupo de artistas e intelectuales, encabezado por Manuel de Falla y Federico García Lorca, promovió el “Concurso de Cante Jondo de Granada”, en junio de 1922, motivados por recuperar la “pureza” del cante flamenco y sus estilos más primogénitos. Afloró una contradicción: los participantes no podían ser profesionales. Sin embargo, ellos eran quienes conocían estilos oídos esporádicamente. El concurso fue realizado una sola vez y bastó como mojón en la historia del flamenco.
Al finalizar la segunda guerra mundial, varios de los pueblos abrieron sus puertas al turismo. Los ingresos de los artistas flamencos se acrecentaron al ver la oportunidad de bailar para extranjeros. Al tiempo, aparecieron los primeros tablaos en las ciudades.
El ritmo acelerado de la creación y difusión contemporáneas está en contraposición al andar del flamenco: lento, donde acuden cantes de varias geografías, parsimonioso, colmado de larga historia.

 

 

Fotografías: Gentileza de Catalina Gutiérrez.

Película documental “Polígono Sur”: Música flamenca, cultura gitana, diferentes generaciones en el barrio popular de “Las Tres Mil Viviendas” de Sevilla.

http://www.catalinaflamenco.blogspot.com.ar/:
En este sitio se encuentra la biografía y las obras de la bailaora y varios links de artistas contemporáneos.

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