Viaje alrededor de un punto: Conversación con María Negroni

Entrevista: Víctor Dupont, Federico Barea, Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira
Desgrabación: Federico Barea
Edición: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira
Fotografía: Santiago Resnik

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LA NIÑA (PARTE II)

                   “A lo mejor la belleza no es más que  una inminencia, una tristeza que no cuaja en nada. Y por eso deslumbra como el fracaso”

 

 

 EL PLENO JUEGO DEL CAOS Y LA NOCHE

“La primera vez que morí fue sin testigos: el ángel con el que peleaba era yo misma. (…)  sin saber que las fronteras no existen y toda fuga es ilusoria. (…) La próxima vez te desertaré sobre la boca.”

Pensaba en la insubordinación y en lo femenino. Y  en la posibilidad de salir de esa red, ¿no?, de no subordinarse ni siquiera a la red. Y esto estaría del lado de lo femenino más allá de que sea mujer o varón.

La verdad es que me he pasado la vida pensando en este tipo de cosas. Me parece que no es fácil. No es fácil escribir (punto). Y no es fácil para una mujer. Pero tiene que ver más bien con cuestiones de recepción de la obra, con cómo se “recepciona” la obra de la mujer. Y también tiene que ver con lo del famoso cuarto propio, todo eso… que todas las mujeres que nos precedieron en la escritura conocieron muy bien. Bueno, ese es un nivel. Pero después ya hay otro nivel. Que es, yo pienso, no sé si me equivoco, pero yo pienso que lo que escribe es siempre lo femenino. En los hombres también. Eso es más allá de los géneros (masculino y femenino). Lo femenino, que es en realidad lo oscuro, la noche, lo insubordinado, el cuerpo, el deseo, la sexualidad, eso es lo que escribe siempre. Por definición.

Me gustó.

Gracias.

Está muy bien, está muy bien. Claro.

(Quedamos pensando) 

 
ENTREVISTADORES NIÑOS Qué lindos son los silencios en las charlas. Qué bueno cuando decir no es un imperativo. Cuando se puede bajar la mirada, perderla y suspender las palabras sin dejar de pensar Qué lindo es esquivar lo imperioso, extenderse en el tiempo, dilatar, rodear la falta como a un tesoro. Viaje alrededor de un punto. El hombre al momento que se sienta a escribir tiene que entrar en contacto con esa parte suya que yo llamo lo femenino, como principio.

 Que está vinculado con el juego, con la capacidad…

También, claro. Es todo lo que no es racional, diurno, ordenado; es caos, el juego del caos.

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EL POEMA CONTINÚA A LA NIÑA, LA NIÑA CONTINÚA AL POEMA

                                                                              ¿hay quien des-haga/

        ojitos para abajo /

                   como huyendo?

 

 

Y  la infancia…

Claro, la infancia. El arte, la poesía siempre pensé es la continuación de la infancia por otros medios. En algún lado, lo dije… la escritura es eso, como volver a jugar. En realidad estás jugando con el lenguaje.

Con una buena dosis de inmadurez.

O como decía Schulz “madurar hacia la infancia”. Eso es muy profundo.

Claro, yo lo pensaba en relación a la profecía retrospectiva. Me había quedado pensando antes cuando vos lo decías y hacías como los movimientos con las manos, sobre la mesa. Cuando tengo un punto y giro alrededor de él, hay distintas formas en las que puedo girar: en espiral, o dentro de la red, o puedo volver al punto. Hay más  énfasis en el movimiento que en el llegar. 

Llegar no existe. La quietud no existe. No es que uno este en el centro. Tampoco se aleja en la espiral. La espiral hace esto… no te alejás. La espiral siempre vuelve, un poquito más arriba, o más abajo. Pero el círculo es siempre es el mismo, va girando siempre…

No como los espirales de los mosquitos.

(Risas)Claro. Vuelve a pasar siempre por el mismo lugar sólo que un poquito más arriba o más abajo.

Es como un remolino.

Algo así..

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FUGAS Y ESPIRALES

 

Tampoco yo pierdo la calma/ (huye el tiempo/por el labio/ de una magnolia)”

 

Una vez, en una clase hiciste un dibujo de una espiral para ilustrar los ensayos de Paz y los de Borges, ¿no?

No. A ver ¿tienen un lápiz?

No me puedo acordar…Sí, yo había dicho… Mal alumno.

Sí, mal alumno, no se acuerda. Aunque mis dibujos son muy malos. Pero lo que estaba diciendo es: (dibuja en una hoja de cuaderno escolar, ”Gloria”, tapa blanda) esto es Paz y esto es Borges Paz tiene una forma de pensar donde él parte de un punto, argumenta hacia un lado y hacia el otro. Después te dice “no, esto en realidad se puede pensar de otro modo. Y después “no, pero esto en realidad es así y esto así” (etc…) Entonces cuando termina el ensayo de Octavio Paz, el pasó por distintas ideas, cuestionó, fue, vino, pero termina como que algo se vuelve a cerrar. Y yo decía que el ensayo de Borges es así: O sea, que no hay… no lo podés como cerrar.

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Ocatvio Paz y Borges

 

No hay cierre.

No hay cierre. Bueno, ¿esto a qué venía?

A la espiral…

Ah, no lo que decía es que… Sí, no es una espiral tampoco. Lo de Borges no es una espiral. Es una fuga. Se fue. Te deja ahí colgando.

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 UNA SEGUNDA INFANCIA

¿se puede aún / cuerdaflojar / el tiempo?

                              

Lo de la infancia igual me remite a la idea de que la diferencia es que  no hay como una consciencia. Para mí, supongo, porque en la infancia uno vive o  está viviendo, pero  no se ve, no sabe. Porque te meten en un colegio, te mandan a una colonia…

¿No sería que planteas el viaje como una segunda infancia?

Sí, el viaje instaura, junto con el asombro, una suerte de segunda infancia. Luego, al escribir, comienza otra especie de viaje, más reflexivo. Viaje y reflexión al mismo tiempo. Esa es la gran paradoja, la gran contradicción . De algún modo, al sentarte a a escribir, el viaje ya paró. Hay otra experiencia, igual, de otro plano, de otra cosa, pero el viaje se corta. No podés ir y escribir al mismo tiempo. No sé cómo explicarlo mejor.

Bueno pero ahí empieza otro viaje.

Otro viaje. En tu memoria, un viaje para adentro. En cambio la infancia no… la infancia sería  como el viaje puro, diría, algo así.

Yo tuve una experiencia con Milena, con mi hija. Muy curiosa. Cuando ella era chiquita y le pasaba algo que consideraba importante, agarraba un cuaderno y se ponía a escribir con lo que ella llamaba la escritura de rulitosos. Eran sólo rulitos. Pero sólo cuando le había pasado algo importante. Por eso pensaba en lo que vos decís de la infancia, se trata de una infancia muy primordial, ¿no?

Uno no sabe, en realidad, la verdad es que no tenemos memoria de la infancia real. De lo que sentíamos.

Pero de alguna forma, tanto la deconstrucción del lenguaje – o sea, del aparato lingüístico-gramatical- como también  la sintaxis,  te puede llevar en un viaje interior hacia la infancia. Justamente, al momento previo a tener todo el aparato. Siempre el viaje es en contra.

 Claro…. Y lo importante sería agregar que no es un problema de tema. Porque, incluso si el tema parece ¨adulto¨, en realidad el poeta es siempre un niño que está jugando con el lenguaje. Es propio de esa audacia, ¿no? El mezclar y retorcer al lenguaje como a un trapo. Como un trapo

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CANTO Y OBSESIONES 

Se parte  sin entender  por qué. O, más bien, en su vagar inmóvil, de cautiverio en cautiverio, extraviado el rostro oscilante de la noche…                                                                

                ¿Cómo trabajás las distintas primeras?, ¿cómo se trabaja musicalmente ese tejido de las voces?  Hay muchas músicas, muchas entonaciones. ¿Cómo las obsesiones van proponiendo distintas músicas?

La respuesta está en la pregunta. Cada obsesión tiene su  música. Y uno, con suerte, puede identificarla. Lo mismo cuando se escribe un libro de poemas. Lo que une al libro no es ni el tema de los poemas, ni de qué se trata, ni… no sé. Lo único que hay es una música. Una música  como cortina,  más abajo de lo que se dice. Ahora, no sé cómo contestarte más allá de eso.

Está bien. Es una respuesta eso. No saber.

Sí, sí. Me parece que las obsesiones también están vinculadas entre sí. Entonces llevar así, a cada una con su música, es como tenerlas bastante controladas.

Por ejemplo: ¿determinada obsesión está ligada a la forma del poeta? O determinada serie de obsesiones están ligadas a la forma de la novela… o ¿no? ¿Todas mezcladas?

Esa es la parte donde entra el inconsciente. Un día por ahí te diste cuenta de que hay algo que se repite y que podés reconocerlo.

Claro …Si podés,odés, retrospectivamente, observar o registrar que a cierto tipo de obsesiones les corresponden algunas formas específicas?

No sé. La verdad que no sé, Pavese dice que si ésta es la obsesión(x), y ésta es la forma (y), cuando la obsesión encuentra la forma que le corresponde,  nace el libro. Y dice que  todo lo que se escribe de aquí hasta acá (segmento remarcado en negro) es… aproximativo… e imperfecto. Porque aun la obsesión no ha dado con su forma. Y todo lo que se escribe de aquí, para acá, (zona O) también es imperfecto. Al encontrar su forma, la obsesión empieza a morir. Esto tiene que ver con lo que hablamos del final del libro. Entonces él dice: hay que saber identificar ese momento para saber cuándo hay que parar.

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El oficio del poeta, de Pavese

 

Entonces uno empieza a hacer esto… A tratar de encontrar forma para tu obsesión y, a veces, cuando la encontrás, te decís: es esto, quiero hacer esto así. Como cuando yo contaba lo de “Cornell”,  llegó un momento en que vi la forma; después, no al comienzo. Al principio hice los edificios esos cayéndose y después, recién cuando vi la nena, pensé: Voy a usar este motivo como eje y voy a hacer girar todo a su alrededor..

 

UNA ÉPICA DE MUJER

                                                               Nadie sabe/que sabe un cuerpo/a la hora de perderse”

 

 

La cuestión del género es difícil también, aquello que impacta ¿dónde terminará? Se necesitará una novela, se necesitará

Pero eso yo no lo pienso así. Porque no me interesan los géneros. A mí,  cuando leo un libro, me gusta o no me gusta. No es un problema de si es una novela…

Pero en cuanto a la extensión, de golpe Úrsula es un planteo…

Bueno, pero es porque había mucho para decir ahí.

Con otro aliento, soplando de otra manera.

 Además te voy a decir otra cosa que nunca he dicho,  “Úrsula” viene hablando de la escritura de la mujer. Había escrito “Islandia” antes, una reescritura de las sagas islandesas. La épica, como todos saben bien, es masculina. El héroe, el viajero es un hombre. La épica, además, es un género fundamental, fue el género fundacional, tiene que ver con los orígenes.Allí se plantean cuatro o cinco cuestiones cruciales: el coraje, la muerte, la vida, el amor. Entonces, una de las cosas que a mí me preocupaban era, ¿Por qué no hay épicas femeninas? La única épica, pseudo-épica, que conozco, es una de la poeta norteamericana H. D., novia de Ezra  Pound. Escribió un libro, “Helena en Egipto”. Es un libro de poemas. Muy hermoso,  yo lo  traduje. Pero no es una épica en un sentido estricto. Hay una protagonista, mujer, tiene cierta unidad el libro pero los poemas no alcanzan a constituir un relato épico. Entonces yo pensé: ¿cómo sería una épica de una mujer? Y eso es lo que intenté hacer. No sé por qué les estoy contando esto…

Por el tema de los géneros…

 Ah…, claro, entonces,  lo que yo  buscaba, era escribir una epopeya, sí, un viaje. Digamos, con una mujer protagonista. ¿Y cuáles serían los conflictos? Intenté, no sé si lo logré, enfrentarla  con esas preguntas fundamentales: el sentido de la existencia, del yo, la relación con la tierra,  con el origen, con la búsqueda de la verdad, con la muerte, el coraje, el amor.

 

La niña María se fue a jugar al cine. Nosotros nos subimos a un auto. Primero fue el silencio. Luego, la espiral, la deriva. Entonces, che, no le preguntamos lo de la ira y las pasiones tristes, ¿no? “Con cierta precaución, como si diera  a luz la enfermedad que la aquejaba. La lujuria de la ira, pensé”. No le preguntamos del naufragio tampoco, “todos los náufragos sucumben a la compulsión lingüística: se desviven por nombrar”, cómo nos olvidamos. Y tampoco “¿por qué la ausencia es voluptuosa?”.  Al final, estuvimos como dos horas y es como si no le hubiéramos preguntado nada, ¿no?

Silencio. Hermoso silencio.

De ninguna manera. Lo que no se dijo juega con lo dicho, mientras paladeamos el sabor de después. Seguimos alrededor del juego de la niña.

La quietud no existe.

Y María va.

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* Ilustraciones de Henry Darger “Niñas”

 

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