Dalila Puzzovio - Zapato plata

Por Cecilia Miano

Velocidad: De la aceleración y desaceleración del pensamiento.

 

BITÁCORA DE UN SIN – FILM

El Director no termina de llegar. Lo llamen como lo llamen (Dios, la verdad, la poesía, la razón), el tipo es sólo una presencia para una porción de los actores. El resto manotea entre vacíos por encontrar un territorio para montar el ser. El resto encadena causas con supersticiones, leyendas con novelas, alucinaciones con deseos.

En la trenza enmarañada de nuestras cotidianeidades, la escritura intenta trazar una estela, garabatear un fantasma del guión. Pero el guión siempre fuga hacia el horizonte. Y, porque fuga, vamos en su búsqueda.

Bitácora, entonces, escrita con la urgencia de poner un contorno a la falta, con la lentitud desafiante de no conceder a las prepotencias de las razones ni a los fuegos de artificio de los sueños tiranos.

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TOMA 1.

SIENTO LUEGO EXISTO

La fantasía, abandonada de la razón, produce monstruos imposibles; unida con ella es madre de las artes y origen de las maravillas.”

 

El espejo me mira sin timidez. El viento suave mueve los acontecimientos. El blanco vaporoso del vestido refleja las ilusiones. Me exploro, zapatos prestados con puntas atrevidas, tacos inesperados, el maquillaje dibuja la foto que habitará en algún rincón de la casa de la que hoy me despido. Los rulos de artificio demuestran la necesidad de algo diferente, especial tal vez. Rituales heredados.

Floto en pensamientos sin tiempo, de esos que no alcanzan a condensar. Las perlas brillan con opacidad. El sonido de las teclas amarillentas desprende aromas desde lejos. Casarse. Inventar un destino propio.Suaves ondas de suspenso exhiben escenas en sepia. La hora llega sin distraerse.

Los pensamientos viven más allá de mí. Desde siempre, la razón intenta mediar entre los caprichos y la realidad. Goya lo pinta en “El sueño de la razón”, donde sus propios monstruos denuncian la necesidad de desenmascarar la hegemonía de la razón por sobre las tinieblas del pensamiento. Razones secas, sólo en sueños, sólo tamizadas. Añejo delirio, instala al conocimiento lógico como único salvador. Peligroso modo de llamar inteligencia a cualquier cadena de causas y efectos. Horrorosa y pedante ignorancia de calculistas.

Goya se desprende de lo esperado. Yo voy a casarme. Hay una cosa importante que recuerdo en este momento: si algo da para desconfiar son los conceptos, sobre todo, los conceptos universales: esos que subsumen cada soledad singular en “la soledad” y las muertes únicas, en “la muerte”. Nada de nada del morir ni del tormento de los múltiples solos queda en esas palabras. Cascaritas hechas con letras. Discurseos. Miserias del lenguaje minusválido que, muerto de miedo, se ha prohibido cualquier desborde.

Vacíos.

"El sueño de la razón" de Goya
“El sueño de la razón” de Goya

 

TOMA 2:

“- Me pides una respuesta sensata, y mi razón está trastornada”,

                                                  Hamlet, Tercer acto.

 

DUDO LUEGO EXISTO

Cuando los hombres no oyen el grito de la razón, todo se vuelve visiones. Con la dialéctica muerta, en el monólogo soberbio de los sueños vanos, ¿cuál es el sentido de la verdad?

La campana resuena con gloria en lo alto, los tordos revolotean cerca de las magnolias. Solo puebla en mí la desolación. El auto, lustroso y en movimiento lento, me traslada. Ahora las imágenes se vuelven barro en manos pequeñas, vestido de flores, pelo enredado y patio del fondo. Nada puede atravesar mis pensamientos mansos. Intento quebrar esa desarmonía, esta nostalgia que debilita mi actualidad. Me esfuerzo poco porque el estado de abandono ensueña mi mente.

Dalila Puzzovio - Zapato plata
Dalila Puzzovio – Zapato plata

Creo que “las novias” deberían pensar en otras cosas en estos momentos. Pero pensar es un lujo de los seres libres. ¿Y quién puede sentirse libre encorsetada de blanco, con toda la parentela a la espera, con las bocas llenas de una ansiedad resplandeciente de hastíos y repeticiones? La potencia del pensar debería quizás- en una pequeña audacia- añudar la garganta e imaginar la obscenidad del “sí” en el altar, la escena copiosa de la emoción familiar sin dique, al novio en la espera final, al novio depositado en la meta, como un garante de que la ceremonia se llevará a cabo, cueste lo que cueste.

Pero otra vez viene el señor deber a atormentar la magia de mi viaje, a irrumpir, sólo para demostrar su poderío.

Y me voy, huyo hacia un futuro supuesto en mis imágenes, ya más vieja, con angustias atravesadas y sonrisa entre los dientes, gastados de tanto masticar la vida. El regodeo de saber qué será, aunque sea una visión, aunque sólo sirva para transitar lo incierto para la imaginación. Ese devenir en deseos, augurios de proyecciones pasadas y presentes que arman un escenario posible, o imposible, pero eso ahora no importa.

¿A qué velocidad peregrina la imaginación cuando desespera?, ¿qué anestesia el paso del pensamiento en pánico, cuando el espectáculo del presente se vuelve gris profecía?

 

 

TOMA 3

HAGO, LUEGO EXISTO.

                       “En mi oficio o arte sombrío/ ejercido en la noche silenciosa/cuando sólo la luna se enfurece/y los amantes yacen en el lecho/con todas sus tristezas en los brazos/junto a la luz que canta yo trabajo/no por ambición ni por el pan/ni por ostentación ni por el tráfico de encantos/en escenarios de marfil/sino por ese mínimo salario/de sus más escondidos corazones.”

Dylan Thomas

 

Cuando duerme la razón, todos son fantasmas y visiones monstruosas. Las escenas se confunden, las voces repiquetean en sones mayores y menores, la luz se atraganta con lágrimas de aliento, solo eso queda ahora, el impulso de concluir la escena.

La voz de Aaron Neville con su “Ave María” flota entre los bancos de madera, santos y flores blancas, curvas de cuerpos parados en estado de espera cuando, en sintonía perfecta, los acordes se suspenden como la voluntad de seguir. Las puntas de mis zapatos anuncian un nuevo destino. La luz se vuelve clara.

El silencio toma la palabra. El segundo siguiente se extiende hasta ahora, cuando los pensamientos siguen enredando la realidad con la verdad y con el deseo. Mientras, la velocidad pierde su dimensión.

CORTEN.

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“El pensador” de Rodin

 

 

 

 

 

 

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