Por Rodolfo Rodríguez

Abuso: sobre el encierro

MI MAMÁ ME CASTRA.

Cuando yo era pibe, los manuales solían nombrar a la maestra como la segunda mamá. La verdad, no le erraban casi nada: las maestras ataban la mano izquierda de los niños zurdos al pupitre para que escribiéramos con la derecha, como debía ser. Capaz que, por eso, la mía fue una generación con un récord histórico de zurdos contrariados.

Luego, en cada época, cambian los rituales pero no lo elemental: cuenta Milena que la seño dejó claras algunas cosas este año “dijo que si nosotros nos portamos bien, si hacemos la tarea, trabajamos, colaboramos y todo lo que hay que hacer en la escuela y eso, bueno, todo lo aburrido, vamos a ir al campamento. Y si nos portamos mal, no trabajamos, no colaboramos, bla, bla, bla, no vamos a ir al campamento…” También los Tres Gatos Locos, a punto de iniciar una función de teatro a beneficio en el salón de actos de una escuela en Flores: “Nos dio vergüenza ajena a nosotros la feroz cagada a pedos que les estaba dando la maestra a los chicos para que atendieran, incluida la amenaza de suspender la obra si no se comportaban civilizadamente…”

O es la represión o es el chantaje. La golpiza o la derrota cultural. A partir de una matriz de culpas y castigos moldeada en dos mil años y más, la institución logrará el consenso necesario para constituir, dios mediante, sujetos bien sujetados.

La normalización de las subjetividades comienza a operar sobre nosotros cuando niños y no se detiene. Dependerá de su eficacia a dónde nos llevará la ola: a la fábrica, al hospital, a la cárcel; es decir: si seremos nomás todo lo productivos que debemos ser o si, enfermos o torcidos, se nos curará o enderezará al interior de alguno de estos dispositivos.

Está claro: también dependerá de nuestra ubicación en la pirámide social, la mayor o menor probabilidad de ser atrapados por el sistema punitivo. Pero tan cierto como eso, es que el abuso de las instituciones normalizadoras alcanza a todos por igual.

Como el amor divino.

Ese amor en cuyo nombre los religiosos ortodoxos harán toda clase de idioteces: católicos deberán confesar sus pecados cada domingo; evangelistas poner sus propiedades a nombre del pastor; judíos, avergonzarse de su cuerpo, etc.

imagenUno… YO, DE ESTOS TORPES BARROTES; TÚ, DEL MIEDO.

La delincuencia (como actividad y también como grupo humano) es tan propia del capitalismo como la enfermedad. Enfermos, locos y delincuentes formamos una legión delirante, expuesta siempre al examen de las ciencias y al juego del ensayo-error de las prácticas y dispositivos del encierro, en la medida en que estos van modificándose o mutando.

El hospital y la cárcel tienen muchos puntos en común. Van y vienen, se moderan o profundizan a veces, desaparecen algunos- en ocasiones-. Sin embargo, el principal de ellos, el abuso, no cesa nunca. Es parte fundacional y fundamental, necesaria y omnipresente en la sala y en la celda. No hay hospital, loquero ni cárcel si no hay abuso, pues el abuso es, en realidad, el eje y la síntesis del conjunto de usos y costumbres imperantes en estos ámbitos.

Encerrar a un ser, aún con su consentimiento, es la primera manifestación, el primer eslabón de la cadena que envolverá al cuerpo y el alma del encerrado en su tránsito a la noche final. Luego, cada minuto de cada día estará signado por el incesante lazo constrictor.

MoebiusInfinitusLugar oscuro, oculto y desolado como ningún otro, la cárcel es -al mismo tiempo- la escuela, el loquero y el hospital en su máxima potencia.

La desolación, como realidad visceral. La oscuridad, como metáfora inapelable.

Pero si la cárcel es el territorio más oculto, es porque así se determina desde arriba. Por pura decisión política.

Aunque, a veces, el infierno escondido toma visibilidad. Es cuando hay una cierta cantidad de muertes y ciertas condiciones sociales y políticas que tornan imposible ocultarlas.

Desde hace ya unos años es notorio: a partir de los avances en los juicios por crímenes de lesa humanidad y de la recuperación de los nietos -como expresiones cabales de que el tema de Derechos Humanos está instalado socialmente- se ha establecido un plafón que habilita, sino al debate, al menos, a una relativa visibilización de la actual crueldad en el interior de los muros.

Por ejemplo, quien haya prestado atención a los diarios en los últimos tiempos, puede comprobar que los niños encerrados en cárceles están muriendo como moscas. Los torturan, los matan cuando denuncian haber sido torturados, los abandonan cuando enferman. Se suicidan y los suicidan.

También pasa en las cárceles de adultos y en los loqueros, claro. A razón de uno cada treinta y ocho horas. Pero la tortura y la muerte de los niños parecen tocarnos allí donde el dolor ya deja de tener nombre.

Es entonces cuando el abuso se manifiesta en su modalidad más contundente e irreversible.

ImagenTresSI ESTA CÁRCEL SIGUE ASÍ…

“Ante todo quisiera dejarle tranquilidad a los familiares de los pacientes. Esto no pasó en el área hospitalaria del Borda. Esto fue en un edificio anexo, que es de la Penitenciaría, donde están recluidos por los jueces aquellos que cometieron actos delictivos”[1]

“Esto” que no pasó en el Borda fue un incendio dentro de un calabozo de aislamiento en la Unidad Nº 20 (cárcel para locos) del Servicio Penitenciario Federal. Por entonces compartía el mismo predio con el Borda. Allí murieron dos chicos de 19 y 21 años, el 31 de Mayo de 2011. Al igual que Diego Borjas en el Agote, el 2 de Diciembre de 2014, y otro pibe de 17 años, el 24 de Julio de 2015, en el Rocca, también muertos por quemaduras o asfixia. Todos ellos estaban en celdas de aislamiento, prohibidas por la Convención de Derechos del Niño y la Constitución Nacional.

Así como nadie pareciera ocuparse ya de buscar a Julio López, hay trescientos quince desaparecidos en 2005 -reconocidos oficialmente- a quienes el Estado nunca buscó. Eran pacientes del neuropsiquiátrico Cabred, en Open Door, Pcia. de Buenos Aires.

El 14 de marzo de 1978, más de cien presos comunes murieron asesinados por el Estado. Quemados o ametrallados en el acto, sesenta y cinco; el resto, fusilados horas después en los pasillos, la enfermería y en las celdas de aislamiento de la cárcel de Villa Devoto; muchos de ellos desaparecidos en la morgue judicial como N.N.

Por último, se están cumpliendo en estos días cuarenta y tres años desde la fría madrugada del 22 de Agosto de 1972, que signó los fusilamientos, por parte del Estado argentino, de dieciséis presos políticos, en un pasillo de la zona de calabozos de la Base Naval Almirante Zar, en Trelew, Provincia del Chubut.

Todos estos hechos, con excepción de la masacre de los combatientes prisioneros en Trelew, en su momento fueron ignorados -y aún lo son-  por la gran prensa, por el poder político y también por buena parte del pueblo.

Creo que la izquierda y los organismos de DDHH en Argentina se deben un debate respecto de la discriminación instalada históricamente -a la hora de las denuncias y las campañas- entre presos políticos y presos comunes. Las categorías definen sujetos, está claro. Lo que no parece estar tan claro para la izquierda ni para nadie es que los sujetos son cuerpos que se retuercen entre las llamas, sangran por los balazos y mueren tristemente en las prisiones, más allá de su nivel de conciencia de clase.

Así como en la infancia el largo brazo de la normalización no respeta pelo ni marca, y atraviesa todo el espectro social y uniforma criterios, el abuso tras los muros -en su expresión extrema de tortura y muerte- no discrimina entre lúmpenes y piolas. Rocambole01Agradecimientos:

Milena Penstop, estudiante de primaria.

Federico Cost., actor.

Links recomendados:

https://www.youtube.com/watch?v=weQNKEy-dvA

http://www.ppn.gov.ar/sites/default/files/INFORME%20ANUAL%20PPN%202014_0.pdf

http://ppn.gov.ar/?q=Otra%20muerte%20en%20un%20Instituto%20de%20Menores

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-53749-2005-07-16.html

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-226463-2013-08-10.html

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-261058-2014-12-02.html

https://www.youtube.com/watch?v=weQNKEy-dvA

http://www.lanacion.com.ar/1814892-otro-adolescente-murio-en-un-instituto-de-menores

http://www.perfil.com/sociedad/Denuncian-dos-muertes-sospechosas-en-Institutos-de-Menores-bonaerenses-20150722-0047.html

[1] Néstor Pérez Baliño, Subsecretario de Salud CABA, 31 de Mayo 2011, entrevista TV Pública (Visión Siete)

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