Conversación con Baltasar Garzón

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Entrevista: Lourdes Landeira, Mariana Dosso, Víctor Dupont, Fabio Faes, Santiago Resnik, Gabriela Stoppelman.

Fotografía: Santiago Resnik

Edición: Gabriela Stoppelman, Víctor Dupont, Virginia Saavedra

 

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Es un olivo, una especie originaria de los pagos de Garzón: Torres, Jaén, Andalucía”, contestaron en la Fundación Internacional Baltasar Garzón, ante nuestra pregunta por el distintivo que acompaña al nombre del lugar.

Extraña especie.

En el dibujo, el tronco se bifurca en dos firmes patas que ascienden, en torsiones, hacia una  copa resuelta en tres cúmulos de follaje. De lejos, el arbolito parece resolverse en tres picos.

Extraña especie.

Si uno googlea “olivos de Jaén”, se encuentra con una sorpresa: los troncos y las copas de estos árboles se bifurcan y “trifurcan” en todas las imágenes. En otras fotos, se presentan en dúos y tríos, es raro encontrar uno aislado o que se muestre de una sola pieza.

El dos y el tres fueron la constante en la entrevista con Baltasar Garzón. Venía cansado de la conferencia de prensa. Pero, ante la primera pregunta vinculada a la escritura y a los usos del lenguaje, se le encendió la mirada. Dos veces citó a Celaya: “la palabra es un arma cargada de futuro”. Ahora, al releer lo conversado,  entendemos mejor de qué palabra hablaba. De la palabra que jamás se cree unívoca y sin grieta; la que se abre y ramifica en sentidos y potencias; la que, firme en su pretensión de claridad, no renuncia a la belleza. Así, la doble moral de ciertos discursos políticos derivó en la memoria de futuro, esa en la que confluyen pasado, presente y futuro, como tres afluentes de un mismo río, como tres ramas de una misma copa. No faltaron las dos temibles primitas, “Insensibilidad” e “Indiferencia”. Y se tejió una trenza, en tres tiempos, cuando apreció el dolor.

La palabra que da y la reserva mental que la traiciona.

La palabra que empuja la memoria al deseo y la palabra que es trampa del pasado y del futuro.

La palabra visceral, la desmesura y sus contornos.

Bienvenidos al olivar de Baltasar Garzón.

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VIGILIA DEL DOBLE FILO

Uno de los temas que se repiten en sus textos y en sus entrevistas es el de la doble moral. ¿Qué piensa usted de la relación de los usos del lenguaje con la doble moral?

Yo recuerdo que, hace un tiempo, escribí un artículo sobre el lenguaje. Es más, me acuerdo el día, porque fue cuando ocurrieron los atentados en Madrid, el 11 de Marzo de 2004.  Decía Celaya[1]: “la palabra es un arma cargada de futuro”.  Pero, cuando el lenguaje se usa con trampas, es un arma cargada de todo lo negativo que hay. Introduce la manipulación, introduce la confusión, introduce la falsedad, en definitiva, es un arma muy poderosa. Hablar con palabras que hagan coincidir lo que piensas con lo que dices resulta fundamental y es, en un 99%, lo que no se hace. Es decir, sobre todo en el ámbito de la política, el lenguaje se usa con doble finalidad. Yo tuve una experiencia en la investigación penal de una organización terrorista, en la que habían desarrollado todo un sistema de lenguaje cifrado. Por ejemplo, si decían “acción democrática” podían referirse a una acción violenta. Era casi imposible detectar la intención. Yo hice algo que molestó mucho a los abogados en aquella época. Fue confeccionar un diccionario terminológico de esa organización terrorista. Y, efectivamente, se convirtió en una prueba definitiva contra ellos, desmanteló ese uso perverso del lenguaje. En el ámbito de la acción política, ocurre lo mismo. Es decir, se dice lo que se supone que los demás quieren oír, sabiendo que no lo vas a cumplir.

En mi último libro “El fango: 40 años de corrupción en España”, que publiqué en el mes de abril de este año, relato cómo- en las elecciones de 1993- yo iba como número dos en las listas del Partido Socialista. Un día, hablando con Felipe González[2], él se comprometió a la creación de una comisión anticorrupción que yo iba a presidir. No se habló más. Lo siguiente que me enteré fue en el debate televisivo de él contra Aznar, que era el otro candidato. Entonces, cuando terminó el debate, yo le dije: “Pero cómo. No hemos hablado de esto. Me he enterado en directo por la TV”. “Sí, bueno, Baltasar, tú sabes que las promesas electorales se hacen muchas veces para no cumplirlas.” Yo dije: “No. Yo creo que hay que hacerlas para cumplirlas”. Curiosamente, este tema estuvo de nuevo en la base de mi dimisión, 11 meses después, por la falta de compromiso en la lucha contra la corrupción y por no cumplir las promesas electorales. Presenté mi dimisión y me marché. Dije: “Mira, la única forma que yo entiendo en política es hacer que coincida lo que se piensa con lo que dices”.

Luego, para mí, es casi una obsesión el uso correcto del lenguaje. Decir lo que se quiere decir. Porque, cuando juegas en forma ambivalente, puedes producir efectos nocivos. Una cosa es hablar irónicamente; otra, hablar con trampas. En definitiva, la palabra es un instrumento de comunicación. Y si no soy capaz de comunicar, porque tengo esa reserva o busco un rodeo para eliminar la resistencia que puedes poner a una opinión diferente a la mía, estoy haciendo trampas. La palabra es un elemento fundamental y, lamentablemente, no es lo que mejor usamos.

 ¿Y qué función cumple en ese “buen uso” la metáfora? Porque usted usa muchas metáforas.

Para mí la metáfora es la mejor fórmula para describir realidades. Incluye, a veces, un tono de humor, pero un humor triste, con cierta pesadumbre. La metáfora es la ironía, es decir plásticamente lo que todo el mundo va entender sin demasiado esfuerzo, sólo con estar atento. Cosa que para mí es fundamental.

Entonces, ¿usted cree que si lo dice con metáforas se entiende mejor?

Sí, yo creo que sí. Si estás atento. Por lo tanto, es como un juego también. Cuando hablo, me gusta captar la atención. No hay nada que peor lleve que estar hablando y que no se atienda a lo que estoy diciendo. Porque, entonces, o no es interesante o yo estoy perdiendo el tiempo. Si no es interesante, prefiero que me lo digan, porque puedo cambiar el discurso y hacerlo interesante. Y si no lo consigo, pues terminamos. Pero, salvo que quieras perder el tiempo- lo cual es una forma de divertimento también- es algo me sienta muy mal. Entonces, una forma de captar la atención es hablar con metáforas. Tienes que estar atento. Si no lo captas la primera, te pierdes la siguiente. Esa ironía fina. En ese sentido, Raúl Zaffaroni tiene una fineza excepcional. Es único.

Otro recurso que usted utiliza es la paradoja. ¿Cómo la enfrenta usted en su oficio? ¿También la usa para captar la atención?

En la justicia abundan las paradojas. Las utilizo porque contraponen. Es evidente. Por ejemplo: si estamos hablando de igualdad, es paradójico que lo haga Bill Gates. Tienes que explicarlo. Eso es genial porque obliga al Bill Gates de turno a explicar por qué y cómo está hablando de igualdad o desigualdad, si se trata de uno de los hombres más ricos de la Tierra. Es un ejercicio importante para hacer. El desarrollo que él haga de la teoría de la igualdad me va a dar pie para poner de manifiesto esa paradoja. Otro ejemplo: decir que los países colonialistas- utilizando el término de Zaffaroni- son los que promueven los derechos humanos, cuando esos mismos países son los que más los desconocen. También salta la paradoja cuando hablamos del mundo del narcotráfico y de las drogas: hay quienes hacen responsable de los daños a los consumidores y no a aquellos que están nutriendo a la bestia del tráfico de estupefacientes. Acusan al consumidor, en vez de tratar como víctima, a quien sin duda lo es. Ese juego de paradojas te contrapone dos perspectivas, dos realidades. Y, en la conjunción o en el juego de las mismas, sacas mejores y más evidentes consecuencias. Ves con más claridad.

Otra cosa que se puede señalar sobre el lenguaje es el uso del discurso retórico lineal, con citas sistemáticas. A las citas me gusta traerlas a colación, cuando te surgen de improviso. No me gustan los libros que tienen notas cada línea y media o a cada media línea. Te vuelves loco. Bueno, me digo, qué es tuyo. Con tantas citas no hay discurso propio. Yo opté por escribir las notas al final de cada capítulo o al final del libro. Quien realmente quiera consultar, que lo vea y lo consulte. Pero el discurso tiene que ser abierto, cautivador. Que el lector vea que eres tú quien está escribiendo y no que el texto seas una mímesis de otro.

garzón1 (1)LA MEMORIA DE FUTURO: UNA TRAMA DE TRES

                         Con frecuencia, el presente se impone con tal intensidad que parece no formar parte de la historia como si fuera simplemente una realidad arbitraria e inexplicable”.Cuento de navidad”, Baltasar Garzón.

Siguiendo en la línea de “lo doble”, pensábamos también en el tema “memoria y olvido”, como otra dupla problemática. ¿Qué trampas hace el lenguaje, cuando se involucran memoria y el olvido?

Durante un tiempo escribí en presente histórico permanente. Creía que era una forma de hacer la historia más próxima, más inmediata. Después, comencé a incluir el pretérito indefinido. Las cosas, narradas en su momento. El pasado en el pasado, el presente en el presente y el futuro en el futuro. No fue casual. Hace muchos años, pensaba que debía reforzar el presente con la historia. En definitiva, el presente histórico es todo a la vez, somos todo. Pero corremos el riesgo de confundir lo que pasó con lo que está siendo y con lo que va a ocurrir. Por tanto, decidí que cada cual jugara su rol, pero con una idea bien clara de que pasado y presente conforman necesariamente el futuro. (*) Por tanto, memoria no es algo del pasado, eso es una trampa. No me gusta cuando dicen la “memoria histórica”, tampoco cuando dicen “memoria democrática”. La memoria puede ser cualquier cosa, menos democrática. Porque es selectiva. Vamos eliminando lo que no nos interesa y lo que no nos conviene y eso no es muy democrático. No podemos con el peso de nuestra memoria y, entonces, seleccionamos. Y, aunque no es democrática, la memoria nos conforma. Determina lo que hemos sido, lo que somos, lo que estamos siendo y lo que vamos a ser. Es fundamental la visión de la memoria como futuro: lo que debemos ser y lo que no vamos a ser, si no somos capaces de traerla al presente. Y ahí le podemos añadir las garantías de no repetición, de sostenibilidad o de riesgo de repetición. Cuando olvidas “oficialmente”, nunca olvidas. Es una trampa. Cuando dicen “la ley de olvido”…ay, alguien una vez me dijo: “No me hable de reconciliación. Yo me reconcilio con quien quiero, pero no con la persona que mató a mi hijo. Ahora bien, puedo decidir perdonarlos, olvidar, que se exija justicia pero no me voy a reconciliar”. Reconciliar pertenece al ser íntimo. Por eso no me gusta el término reconciliación. Memoria sí me gusta, pero con ese enfoque de una memoria viva.

Parece muy importante el tema de la temporalidad y la escritura. Por ejemplo, lo que leímos sobre legítima defensa o sobre desaparición forzada de personas está estrechamente vinculado a las temporalidades.

Sí. Eso es importante. Por ejemplo, la desaparición forzada de personas es un delito permanente, un delito de presente. Es un delito que se está cometiendo y se sigue cometiendo hasta que no haya una acción definitiva que devele que se está investigando o que muestre una voluntad firme de que esa acción delictiva desaparezca. Por eso, las leyes de amnistía, las leyes de impunidad confrontan con los delitos permanentes y no operan. Esa es la concepción que yo sostuve en mis resoluciones relativas a crímenes de lesa humanidad del franquismo. Ni siquiera pensé en la derogación de la ley española de amnistía, del año 1977. Porque era evidente que esa ley estaba pensada para los oprimidos. En definitiva, esa ley sacó de la cárcel a los que habían sido reprimidos, detenidos por sus opiniones o por luchar contra un régimen dictatorial. Pero no estaba pensada para los crímenes que, sin pronunciarlos, aún permanecían, como la desaparición forzada de personas. Es importante, en este caso, hablar de permanencia porque denotas presencia, o sea, presente, pasado y futuro en una acción continua. Ese es el significado del dolor.

Fíjate que, cuando el Tribunal Europeo de derechos humanos y la Corte Interamericana de derechos humanos comenzaron a hablar de la tortura y de la tortura psicológica de los familiares en la desaparición forzada, llegó un momento en que dijeron: “No tenemos que hablar de tortura psicológica de los familiares sino de la tortura sufrida por la propia víctima. Porque sigue desaparecida, sigue siendo víctima”. No hay prescripción, hay permanencia. Ese delito sigue ocurriendo. Hubo quienes afirmaron, como Javier Zaragoza, que la tortura ya prescribió y que, después de 60 o 70 años, esa persona no podría estar viva. No se juega con la muerte. El desaparecido es desaparecido siempre y es víctima. Porque no ha habido una respuesta del Estado para que esa desaparición desaparezca, valga la redundancia. Por tanto, estamos en presente, estamos hablando de algo que está sucediendo. A algunos les cuesta trabajo entenderlo, pero yo creo que es muy fácil.

garzón4 (2)BITÁCORA DEL VACÍO: LA TRIPLE ESCRITURA DEL DOLOR

Usted recién hablaba del dolor ¿Con qué escritura se enfrenta el dolor?

El dolor es una expresión de un sentimiento profundo que a veces te rompe de forma irremediable y permanece durante toda la vida. El dolor de la pérdida de un ser querido no se llena nunca. O, por lo menos, así lo creo. Se puede compensar o se puede paliar. Y, cuando ese vacío aparece, el dolor emerge. Cómo escribir ese dolor o cómo enfrentarlo, cada uno tiene su propia dinámica. A mí me consuela escribir. Manifiesto ese dolor en la escritura y luego releo y recompongo. Aunque ahí el dolor se confunde con la visceralidad. Es decir, la primera escritura- cuando uno está muy enojado o con mucho dolor- es tremenda. Luego, un segundo movimiento, reflexionas, escribes de nuevo y templas. Y, después, haces una tercera lectura y consensúas contigo mismo. Entonces, unes los tres momentos y le das la capacidad y el sentido al dolor. Pero cómo llenar el dolor, no lo sé. La pérdida de mi padre se produjo hace 28 años y para mí sigue siendo actual. Igual, soy un pesimista positivo. El optimista no cambia nada porque todo está bien. El pesimista no hace nada porque todo está mal. El pesimista positivo sabe que las cosas están mal, pero puede hacer algo para cambiarlas.

¿Y el utópico?

La utopía tiene su papel, muchas veces se confunde con la esperanza. Se puede pelear contra algo, las cosas se pueden cambiar. Si no, no evolucionaríamos. Pienso en Copérnico, o en Gandhi. Siempre tiene que haber alguien que se mueva con esperanza. Yo soy una persona que, si sé que puedo hacer algo, lo hago. No es la pasividad la norma en mi vida. Ser así me ha llevado a situaciones complejas, pero también a situaciones de esperanza. Es que hay momentos en que tienes que tomar decisiones.

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LAS  DOS CÉLEBRES PRIMITAS HERMANAS

Por allí, en algún texto, dice: “No existe una sola razón que impida obtener la paz”.

Así es. La única opción para no obtener la paz es no hacer nada. Hay gente que dice “lo mejor es quedarse quieto”. Yo no lo sé hacer. Por mi formación jurídica o humanista pienso que debemos participar en la sociedad en la que vivimos. No soy de la opinión de que los jueces se consideren parte de una élite alejada de la sociedad, para de esa manera preservar su imparcialidad e independencia. Esa es la forma más parcial que tienen de actuar. Tienes que estar contaminado de sociedad, embarrado de lo que sucede para saber cómo hacerlo. Si estás alejado, haces una justicia selectiva y eso evidentemente contradice todos los principios.

Cuando alguien se hace el muerto para pasar desapercibido, lo primero que intentan es sacarle sus derechos, ¿no?

Quedarte quieto a verlos venir es el peor pecado que podemos cometer, si es que creemos en el pecado. Si no, podemos usar otro concepto. Lo peor del ser humano es la indiferencia, el no hacer nada. Ha sido la causa de los mayores males que nos hemos enfrentado.

¿Esa indiferencia está ahora en Europa con lo de las corrientes migratorias?

Pues, sí. Ahí, yo le añadiría a la indiferencia la insensibilidad, ambas van de la mano. Son primas hermanas. La insensibilidad, frente al otro. La indiferencia, frente al otro. El no sentirte el otro. El olvidar demasiado pronto que has estado en una situación parecida, que has sido migrante y que ahora estás en una situación de recibir a esos migrantes. Es, además, contradecir la fuerza de la Historia. Las corrientes migratorias siempre fueron integradoras, transportadoras de cultura, de diversidad. El mundo es interclasista, integral. Y, situaciones como las que se están produciendo en Alemania, ahora mismo, cuando aumentan de forma ciertamente peligrosa las agresiones neonazis, los discursos del odio, el prohibicionismo, eso es muy peligroso, nos regresa a espacios que ya estaban superados. Otro elemento importante a tener en cuenta es el egoísmo. Y una deformación a la que contribuyen discursos interesados, desde la política, desde los medios de comunicación y desde intereses corporativos. “El malo es el migrante”, “el delincuente es el de afuera”. Luego, haces una estadística de organizaciones criminales y son absolutamente plurales. Buscan operatividad. El mejor ingeniero para solventar máquinas mejores o el que mejor falsifique. Yo creo que es una parte de egoísmo y otra, de miedo. De miedo inducido. Miedo a lo desconocido. Miedo al que viene de afuera y te quita algo. ¡Pero no te quita nada! En España está estadísticamente comprobado que, en la mayoría de los ámbitos donde los inmigrantes trabajan, son ámbitos que habían sido abandonados por los trabajadores españoles. Por ejemplo, en la agricultura, en la construcción, en la restauración, en hoteles. Ahora, cuando se produjo la crisis económica, se ha visto que esos espacios faltaban. Lo que ocurre es que, objetivamente, no es verdad que haya un exceso de personas que puedan ser atendidas y puedan contribuir al sistema productivo o de bienestar. Y ocurre que hay una nefasta política europea en materia de migraciones. En el momento en el que se han resentido, volvieron los nacionalismos, las fronteras, las estaciones de Milán o de Calé, o los centros de internamiento, donde aglutinar a los inmigrantes y, si es posible, desaparecerlos. Las organizaciones criminales en los pasos ilegales del Estrecho del Mediterráneo ya llevan asumidas las pérdidas de vida; es más, las calculan. Es un elemento de seguridad. Saben que, si un determinado número de vidas cae al agua, habrá un salvamento. El salvamento supone que te lleven al país donde ibas a llegar. Ya están amortizando esa historia. ¡Incluso cobran más! Es la degradación del ser humano. Es muy duro hablar así. Pero es la verdad. Lo dijo el Papa Francisco: El Mare Nostrum es un cementerio. Un cementerio que se está construyendo, a ciencia y a consciencia, por falta de una política integral de las corrientes migratorias. Y ni te digo Estados Unidos, con el discurso xenófobo de construir un muro en la frontera.

garzón2CARA Y CECA: LA PALABRA PODEROSA Y EL ARCANO TRAIDOR

El problema es el fomento del fundamentalismo.

Cualquier fundamentalismo es malo. El fundamentalismo cristiano dio lugar a la Inquisición. El mayor genocidio de la historia, no nos olvidemos…

El fundamentalismo cristiano también dio lugar a un concepto de libertad en el cual el otro es el peligro. Hay que conservar, no hay que apostar, no hay mezclarse, no hay que arriesgar. Así no se debate más la libertad. Es un tema cursi. O se ha impuesto, últimamente, un concepto de libertad que tiene que ver con la practicidad…

El concepto de libertad muchos lo dan por amortizado, en el sentido de que se tiene. No se nota su falta hasta que no está en peligro. El concepto de libertad integral. Por esa tranquilidad, por ese amortizamiento, estamos viendo en España que se aprueban leyes que restringen las libertades, cuando grupos políticos o el Gobierno se han sentido intimidados. Son leyes que reprimen el derecho a manifestación o reunión. Cuando ven que las protestas laborales se consolidan, las criminalizan. Incluso, van a prisión los huelguistas, siendo que quienes cometen hechos más graves ni siquiera la pisan. Hay una deformación del concepto de libertad. Aquí dicen: eres más libre si eres más seguro. ¿De qué seguridad hablamos? ¿La seguridad de las élites o de los poderosos? ¿O la seguridad de los ciudadanos? Yo estoy convencido de que son los mismos ciudadanos quienes la necesitan. Y estoy convencido de que, si se les ofrece esa seguridad democrática y participativa, nadie tirará piedras a su tejado. Lo del delincuente nato de Lombroso ya se ha superado hace mucho tiempo; no obstante, parece que quieren resucitarlo algunos con discursos políticos muy peligrosos. En algunas partes del mundo, puede prender ese discurso. Y es un discurso falso. Objetivamente, Argentina no es uno de los países más inseguros del mundo. Y, sin embargo, desde algunas élites se lo quiere hacer ver así. Quieren determinar que hay una inseguridad sistémica, cuando lo que hay es una desigualdad sistémica. Desigualdad que hay que combatir desde mucho más abajo.

¿Qué diferencia establecería entre la inseguridad y la incerteza?

La certidumbre y la seguridad pueden ser compatibles. Y los opuestos también. Podemos tener la certeza de que una política represiva mayor no puede dar mayor seguridad. Eso puedo expresarlo de forma axiomática: en los países en los que está implementada la pena de muerte no ha disminuido el índice de delincuencia. Los países que no han atendido debidamente el problema racial vuelven a tenerlo. ¿Qué pasa en Estados Unidos, la primera democracia del mundo? Todavía no han podido resolver el problema del otro: la diferencia de piel, de cultura…. Tenemos la certidumbre de que eso existe. Hay una inseguridad, pero en valores y en políticas que hacen mucho más insegura la vida en un país como Estados Unidos. Incertidumbre con inseguridad no tienen correspondencia. La inseguridad es certeza, cuando no se ponen los medios para definir la seguridad, cuando se piensa en una seguridad del Estado -todos esos ámbitos de protección del Estado: los secretos oficiales, esos ámbitos de seguridad-, yo creo que ese es el ataque mayor a la seguridad de los ciudadanos. Porque los ciudadanos necesitan explicación, información y participación; no marginación, no trampas ni golpes de Estado; no persecución, no políticas represivas para beneficio de unos pocos.

Pero muchas veces lo piden los mismos ciudadanos…

Los ciudadanos lo piden por toda la dinámica alrededor. No hay una política de información, sino una política del miedo. No hay política de profundización de causas, sino de efectos. Ese es el concepto de política con el que hay que terminar. Yo no digo que todas las promesas políticas se puedan cumplir. Pero hay que explicar. Tienes que asumir el error y yo entenderé. O no. No puede ocurrir que te lleve un programa electoral al poder y hagas lo contrario, ¡explica, por lo menos!

Tiene mucha confianza en el lenguaje…

Yo creo que es un instrumento. “La palabra es un arma cargada de futuro”, repito. Ahora, el uso traicionero y perverso del lenguaje puede hacer mucho daño, en lo íntimo, en lo sentimental, en lo social y en lo político. Yo lo asocio a la reserva mental: ese arcano, que en un momento sacas para contradecir y justificar las trampas del lenguaje que tú mismo habías puesto.

EL ÚLTIMO DÚO: CLARO Y DESDE LAS VÍSCERAS.

¿Alguna vez pensó en escribir ficción?

Sí. Yo escribo cuentos y relatos cortos. Lo que pasa es que no los publico. Bueno, “Cuento de Navidad” empieza con un cuento. Y “Un mundo sin miedo” acaba con un cuento sobre Irak, una licencia que me permití. Quizá el nuevo libro de jurisdicción universal sea un relato de semificción. Vamos a utilizar el lenguaje de ficción para contar lo que es la jurisdicción universal, lo que es la lucha de las víctimas, lo que es el esfuerzo constante, el desconocimiento por parte de los gobernantes. Vamos a hacer ese intento para tratar de llegar a más gente.

¿Y qué recursos de ficción le interesan en particular?

Me gusta mucho la novela negra, la novela histórica. La historia me atrae mucho. Lo precedente, pero no para repetir, nada se repite. Todo es, nada permanece, decía Heráclito. Lo que ocurre es que el relato histórico sí te enseña, en ese concepto de memoria del presente. Y… el cuento. Los relatos cortos, los cuentos me gustan siempre con moraleja. La recuperación de la tradición de las fábulas españolas. A veces es más fácil escribir con ficción. Pero, aunque parezca una contradicción, en los nueve libros que escribí, me gusta hablar directamente. A las cosas las quiero llamar por su nombre. Y que la gente sepa exactamente de qué estoy hablando.

¿Y poemas?

Tengo escritos muchos poemas sin métrica. Centenares. Pero me dan mucho pudor.

Qué extraño… Porque la poesía no es “al pan pan y al vino, vino”, pero tampoco es tergiversar.

No. Es decir, yo he releído algunos versos y algunos poemas escritos sin métrica y ellos son reflejo del estado de ánimo que tenía en cada caso. Así es mi caso… No soy poeta, pero sí escribo desde la sensibilidad y desde las vísceras.

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Nota Asociada: Dúo Dinámico

(*) Las negritas fueron destacadas por los editores, no por el entrevistado

[1] Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta, conocido como Gabriel Celaya (HernaniGuipúzcoa18 de marzo de 1911 – Madrid18 de abril de 1991), fue un poeta español de la generación literaria de posguerra. Fue uno de los más destacados representantes de la que se denominó «poesía comprometida» o poesía social.

[2] Felipe González Márquez (Sevilla5 de marzo de 1942) es un político español, secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desde 1974hasta 1997 y tercer presidente del Gobierno, desde la reinstauración de la democracia en España, entre el 2 de diciembre de 1982 y el 4 de mayo de 1996.

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