La persistencia: Honrar la letra

abecedario
Abecedario

Por Lourdes Landeira

Merecer la vida es erguirse vertical,

más allá del mal, de las caídas…

Es igual que darle a la verdad,

y a nuestra propia libertad

¡La bienvenida!…

Eso de durar y transcurrir

no nos da derecho a presumir.

Porque no es lo mismo que vivir…

¡Honrar la vida!(1)

Silvia Cordero Vega - caligrafia 01
Silvia Cordero Vega – caligrafia 01

 

Entre todos los lugares donde persistir, elijo el de la escritura, esa búsqueda en la cual permanecer en constante transmutación. En cada palabra, hay múltiples suertes. Todo depende de cómo componga con sus pares, aquellas otras palabras-  que la circundan- y también las otras,  que la rehúyen. Como es sabido, entre la “a” de amor y la “a” de abismo, existe todo un abecedario para presumir.

Antes del sistema de escritura alfabética, ese invento de los griegos del siglo VIII, hubo otros – muchos- métodos de materializar la oralidad. Los mismos griegos, previo a desarrollar un grafema para cada sonido – técnica que utilizamos todavía, inmutable desde su aparición, –  tenían un modo de escritura silábica que, por necesitar  cientos de signos, estaba reservada para expertos y era acusada de poco transparente.

Alfabeto, (como diría una momia, que aún habita algún canal de cable de nuestros días): del griego alpha + beta, sus dos primeras letras. De acuerdo a la explicación materialista de los hechos, el creciente comercio entre los griegos y los fenicios hizo necesario un sistema más claro que el silábico para el mutuo entendimiento. Y acá estamos, intentando decir, escribir y hasta callar, con estos signos. Ahora bien, la transparencia nunca dejó de estar cuestionada. Sí, ya pasado el siglo de Saussure, sabemos que el signo lingüístico no tiene valor intrínseco, solo vale por su diferencia a otros. Y también, el siglo de Chomsky, con su teoría de la transformación, inherente al complejo juego de  actividades  del hablante.

Silvia Cordero Vega - caligrafia 05
Silvia Cordero Vega – Caligrafía 05
La letra que transvalúa los valores que sin la letra no valen nada, la letra es siempre pronta a crecer desde dentro y a adornarse con las flores de los sublime, mírala historiada y florecida es su superficie significante, la letra elemento primero de las Bellas Letras, aunque envolviendo siempre en sus espirales significantes el circulante del significado, la letra Ese que serpentea para significar que ahí está siempre pronta a significar significados, el signo significante que adopta la forma de una Ese para que sus significados tomen también forma de Ese. (2)

Si volvemos atrás, encontramos a los mitos: primarios sistemas explicativos; y a los poetas,  sus trasmisores y figuras del saber. La narración mitológica se constituye en relato perfecto al quitar de sí todo  lo que no la convalida. En cuanto se introduce un elemento perturbador, se quiebra la perfección, aparecen el vacío y la angustia. Ante el horror, solo sostenible en la aniquilación o en la locura, se impone encontrar un relleno. Y nada mejor que la palabra para versionar, escribir  ausencia de tiempo y espacio, creer en ella como verdad inmanente. Allí está, entonces, lo poético para llegar a lo inaccesible a la mirada; para intentar nombrar lo indecible. “El traje que vestí mañana / no lo ha lavado mi lavandera / lo lavaba en sus venas otilinas, en el chorro de su corazón”, dijo César Vallejo, en “Trilce”. El recuerdo  vuelve como ausencia en el futuro: tiempo eterno que se escribe.

“Esta casa, esta casa es el lugar de la soledad, sin embargo, da a la calle, a una plaza, a un estanque muy antiguo, al grupo escolar del pueblo. Cuando el estanque está helado, hay niños que vienen a patinar y me impiden trabajar. Les dejo hacer. Los vigilo. Todas las mujeres que han tenido hijos vigilan a esos niños, desobedientes, locos, como todos los niños. Pero, qué miedo, cada vez, el peor de los miedos. Y qué amor.” (3)

DAME UNA “D”

La “d”, además de darse, habilita la posibilidad del deseo. Y sí, quiero; es por ahí. Empiezo a combinar las opciones, los anhelos y los materializo en el negro sobre blanco de un papel virtual (quizás, pruebe un manuscrito: la mano sostiene la lapicera – o el lápiz –  y se apoya sobre la hoja limpia, donde estamparé mi caligrafía, mezclada con el sudor del espacio, entre  mi palma y mi muñeca). Ahora está escrito el deseo de escritura. Y, por eso mismo, ya es otro, menos viejo, por venir. Como seré yo, al finalizar esta línea. Como ya lo soy, más nueva.

Me ocupa la letra “d” y, con ella, viene también el destino: esa rueda de la fortuna que – por fortuna- no sabemos adónde va. Si el itinerario hacia el punto final ya estuviera dibujado, mi palabra anterior no sería posible. ¿Qué lugar ocuparía el deseo en una vida pre- impresa, en una hoja sin matices? Es entonces, cuando lejos del recitado escolar de la “a” hasta la “z”, sin repetir y sin soplar, el abecedario se desarma y  se vale –entre otras cosas- de errores y omisiones, para burlar mi objetivo y obligarme a recomponer el trazo. El papel virtual no mostrará esas idas y vueltas (si elegí el manuscrito con lápiz, la goma intentará eliminar el rastro de mi paso previo. Sin duda, no lo logrará del todo. Y hasta, quizás, la palabra nueva precise más o menos espacio que la anterior y sobrevendrán los huecos; si elegí el manuscrito con lapicera, la tachadura exaltará la enmienda; expondrá la sobreescritura).

Espacio de permanencia, palimpsesto: cada línea sobre la superficie borra a la anterior. Pero no la desaparece, la de abajo persiste e intenta emerger.

Un momento, este apartado se trataba de desear y creo estar algo dispersa – otra “d”-

Acá está el hueco. Sobrevino, con él, el recurso. La cita, tentativa de encuentro (casi erótico) en la red del texto sin fin.

Silvia Cordero Vega - caligrafia 02jpg
Silvia Cordero Vega – Caligrafía 02
 “Viviría en pantalones cortos y sin afeitarse, cortaría el pasto, cuidaría la pileta, vería videos y escucharía música, mientras su hija crecía delante de sus ojos y su mujer inventaba postres raros en la cocina. Y en todo ese tiempo quizá le dejaran algún mensaje mínimamente estimulante, o al menos catastrófico, en el contestador automático de su departamento” (4)

INTENTAME CON LA”I”

Sin pensarlo: idioma, interrupción, intenso, irrepetible, insistencia. Bueno, hasta ahí va bien para entrelazar alguna idea; sí, otra “i”. Nuestro sistema de escritura es lineal y sucesivo. Sin embargo, admite cambiar ritmos. A veces, hacer paros de mano, redoblar la apuesta. Un correcto uso del idioma no es suficiente, hace falta algo más, algo que se escriba con “b” de búsqueda – perdón por Irrumpir con una letra no enunciada –  y zigzaguea – no por usar la zeta llegamos al final-  entre lo conocido y lo ignorado. Así va, hasta encontrar el punto exacto, desde donde insistir- una vez más- en no repetirse. De ese modo, comienzan los  Itinerarios. En general, horizontales, Interrumpidos por otros que trepan montañas para poner un acento; o cavan un pozo y después lo Inundan de sentidos. Si eso sucede, el tsunami es arrollador y traspasa la pantalla (o el papel) hasta erizar la piel y permear tinta y sangre en distintos espesores.

El hueco ahora tomó cuerpo, se hizo denso, se excedió en ocupación del vacío. Como de la “I” se trata este apartado, Insisto con el recurso y cito, para Intentar cristalizar la llama de  mi opacidad.

Mira Schendel - SIN TITULO - 1972.pg
Mira Schendel – SIN TITULO
“Escribir a pesar de todo pese a la desesperación. No: con la desesperación. Qué desesperación, no sé su nombre. Escribir junto a lo que precede al escrito es siempre estropearlo. Y sin embargo hay que aceptarlo: estropear el fallo es volver sobre otro libro, un posible otro de ese mismo libro” (3).

SOLTAME UNA S

Silencio.

La tinta sangre se ha concentrado en un punto.

Inmóvil; perfora cortezas.

Las letras suenan, chocan.

El hueco adelgaza en la colisión.

Por la fisura de sus enmiendas, se rompe

esa nada no dicha y  emerge otra palabra.

La saturación de aes será amor o abismo;

su ausencia, no.

El alfabeto, con su ritmo y sus silencios,

rearma la red cotidiana,

los saberes aprendidos.

Con ellos, podemos salir a nadar de noche.

En permanencia de líquido amniótico,

hasta una nueva irrupción de la intemperie,

la renovación del deseo de otra palabra.

Otro hueco.

Otro silencio.

Otro escribir.

Silvia Cordero Vega - caligrafia 03
Silvia Cordero – Caligrafía 03
“No tengo una palabra para decir. ¿Por qué no me callo, entonces? Pero si forzase la palabra, la mudez me absorberá para siempre en las olas. La palabra y la forma serán la tabla donde boyaré sobre oleadas de mudez.”(5)

SE HA FORMADO UNA PALABRA

“Dis”, si bien no es decir, en mucho se le parece.

Sin embargo, al buscar en la enciclopedia de la pantalla, (en la biblioteca de papel también  lo hubiera podido hacer, pero me hubiera llevado más tiempo. “Adónde me lleva el tiempo”, anoto como pregunta en la libreta; lo resalto con una lapicera nueva, celeste brillante recién comprada) de inmediato, me entero de sus acepciones:

 

Dis

La voz Dis puede referirse a varias cosas:

  • Dis Pater o, simplemente Dis, una deidad romana del Inframundo, luego absorbida por Plutón;
  • a las dísir(singular dís), una colectividad de seres divinos femeninos de la mitología nórdica;
  • Dís, un personaje ficticio del legendarium,creado por el escritor británico J. R. R. Tolkien; o
  • a la máquina virtual Dis, que acompaña al lenguaje de programación Limbo.

 

Deidad colectiva ficticia y virtual.

Inframundo divino creado para acompañar al lenguaje.

Absorción femenina por el escritor. Limbo.

 

En la mezcla, el

deseo de interrumpir ese silencio

volver a él

romperlo una vez más

Silencio, te digo dis. (en la versión que elijas)

 

Leon Ferrari - Vocabulario
Leon Ferrari – Vocabulario

La biblioteca persiste en reescribirse, en releerse, se cita. En una y otra forma, una y otra vez.

“Hay un fluir, un ritmo, una forma aparentemente vacía: el discurso podría tratar cualquier tema, cualquier imagen, cualquier pensamiento. Esa indiferencia es sospechosa: presiento que, tras la apariencia de vacío, hay muchas, demasiadas cosas. El vacío nunca me asustó demasiado, en ocasiones, hasta llegó a ser un refugio. Lo que me asusta es no poder huir de ese ritmo, de esa forma que fluye sin develar sus contenidos. Por eso me pongo a escribir, desde la forma, desde el propio fluir, introduciendo el problema del vacío como asunto de esa forma, con la esperanza de ir descubriendo el asunto real, enmascarado de vacío.”(6)

 FALTAN MUCHAS MÁS

Infinitas sucesiones y composiciones de palabras, modos de relacionar las letras, puntuarlas y asonarlas. ¿De cuántos temas habla la literatura?, ¿de cuatro o cinco?, ¿seis? Del amor, de la guerra, de la vida y la muerte, el origen, la orfandad. Nada mejor que la escritura para velar, (de – velar), componer (poner – con).

Desde que los mitos, como relatos de un tiempo primordial, han dejado de conformarnos para explicar cómo el universo – o un fragmento de él – ha cobrado existencia, la narración de la vida (y la muerte) precisa otros decires. ¡Qué absurdo haber perdido el paraíso por la tentación de morder una manzana! Claro, hoy tampoco nos conformaría el simple enunciado de “el paraíso”. Inmediatamente, nos preguntaríamos, ¿qué paraíso y según quién? Desde que los dioses, luego de crear el mundo, se han retirado al cielo, sobreviene- una vez más- el espacio vacante a completar. Y es ahí cuando, huérfanos de respuestas,  nos ponemos en riesgo y, lejos de la ilusión del feliz escritor rodeado de musas celestiales, decidimos habitar preguntas y trascender en el más acá de la literatura. Con la obstinación de los arquetipos- desde las sombras, desde las líneas borradas- resisten para ser dichas una vez más, de otra forma, con las mismas letras, en algún lugar.

El deseo se torna desafío.

Lo indecible – su escritura – es la certeza de un fracaso (que no se convierte en nueva orfandad). Se vuelve impulso; en su intento, teje constelaciones de familias atemporales.

Leon ferrari - Musica - 1962
Leon ferrari – Musica – 1962

El silencio muta en sucesión de lenguaje, aun en su mudez.

Nuestros primeros  Anartistas  dieron cuenta de los viajes alrededor de un punto y de las  distintas velocidades. Luego, llegaron las formas del abuso. Este apunta a las opciones de persistencia. Y, una vez más, no está dicha la última  palabra. Mano, tinta y papel siguen ahí: para escribir, para acercarnos a nombrar “eso” que se quiere y no se puede decir. Eso.

“Mi fe en el futuro de la literatura consiste en saber que hay cosas que sólo la literatura, con sus medios específicos, puede dar.”(7)
  1. Honrar la vida, Eladia Blázquez
  2. El castillo de los destinos cruzados, Ítalo Calvino
  3. Escribir, Marguerite Duras
  4. Nadar de noche, Juan Forn
  5. La pasión según GH, Clarice Lispector
  6. El discurso vacío, Mario Levrero
  7. Seis propuestas para el próximo milenio, Ítalo Calvino

 

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