Por Alicia Lapidus.

La persistencia: del amor y la muerte

 Macedonio Fernández

La Muerte no es la Nada, sino que nada es.
El Nacer no es la Vida, sino que nada es.
Equivócase, por terrenal, el Corazón si te llora
pues en nuestra mente estás, y estuviste antes de sernos visto
En nuestra mente todo lo que eres, está
pues nunca estuviste sino en nuestra mente
y nuestra mente es la única que jamás existió.
Amarte, pues, debemos, pues que vives
y no Dolerte, pues no cabe perderte. 

EN EL NOMBRE DE BUDA

El 21 de Setiembre, escribí en Facebook: “Cada vez más presente en tu ausencia”. Se cumplían dos años de la muerte de mi padre. Pero, ¿a quién le escribí? ¿Un ser racional, como yo, le decía a mi padre muerto: “te extraño”?

Durante mi viaje a Vietnam lo aprendí: para el budismo, la muerte-o parte de la vida y transición hacia el nirvana- es un momento de alegría. Eso no significa que la familia y amigos no se entristezcan, sólo es tomada con naturalidad. Se celebra una gran fiesta, así el difunto disfrutará por última vez la alegría vital. Uno de los más allegados enseña al muerto el camino hacia el cielo, se quema dinero falso (fotocopias de dólares) y, para pagar un peaje en su trance, se arrojan talismanes. También se queman hojas pintadas de color rojo y amarillo: indican, al difunto, el camino de regreso. Todo alrededor, antorchas de caña: ellas iluminan la escena. Tampoco faltan las plantas. La escenografía busca que el muerto se reconozca desde el cielo, el marco intenta darle una mano desde este margen.

Pasado el entierro, durante los 100 primeros días, los hijos llevarán la comida al difunto todas las jornadas, pues consideran que su alma aún no ha llegado al cielo. Habrá frutas y verduras para el primer aniversario y otra vez se quemará dinero: es necesario que el muerto pueda tener una vida digna en el nuevo emplazamiento. Y algún pedidito también se le hace a quien recién ha partido: ya que tiene conexiones del otro lado, se le pide que nos ayude en cuestiones bien telúricas, como mantener la casa, el amor y el dinero.

En el budismo hay, para los sobrevivientes, un período en el que el muerto no se fue del todo. No podemos sacarlo de nuestra vida tan fácil.

Phạm Công Sơn, (1996), un antropólogo vietnamita, dijo: “la muerte no es el final, pero es la etapa final de una vida para transformarse en otra.” También afirmó que los rituales de muerte proporcionan a los deudos la oportunidad de cumplir con sus obligaciones filiales con los difuntos. Porque la muerte es, en general, inesperada. A menudo deja a familiares y amigos con asuntos pendientes con el difunto. La responsabilidad filial resulta una dura carga en la cultura vietnamita. Los rituales funerarios, adecuados según las capacidades, le dan al doliente una última oportunidad junto a los difuntos, ayudan con el sentido de continuidad y con el cierre final.

¿IRREVERSIBLE, UNIVERSAL, IMPLACABLE?

La muerte tiene una representación característica en su irreversibilidad, en su universalidad y en su implacabilidad. Una separación que no sea dada por la muerte, siempre queda abierta al reencuentro. Cuando “ella” llega las chances se obturan y es lo que hace que sea uno de los duelos más difíciles de afrontar (Dávalos et al, 2008)

En psicoanálisis se habla de “elaboración del duelo”: renunciar a la persona amada. S. Freud, en “Duelo y melancolía”, define el duelo como una reacción ante la pérdida de una persona querida, pero no solo habla de duelar a alguien concreto, tangible. El duelo también incluye la pérdida de ideales o ideas que uno presupone, por ejemplo, la patria, la libertad, un ideal.

Desde una perspectiva psicológica y fenomenológica se han descrito tres fases del proceso:

  • En la primera, llamada fase de evitación, incluiríamos el shock o el embotamiento con la negación a reconocer al principio la desgracia, es el instante traumático en el que se pierde el objeto.
  • En un segundo momento, en la fase de confrontación, tienen lugar las emociones más intensas; se intenta recuperar aquello perdido. Por eso la rabia y la culpa pueden ser desbordantes. A menudo, en la fantasía, se da vueltas a todo lo vivido e incluso ocurre una satisfacción inconsciente al recordar el dolor. Ese genera un cierto goce. Las manifestaciones más comunes pueden ser los síntomas depresivos, la angustia y hasta pueden tener lugar visiones o la sensación de sentir la presencia de la persona perdida. El fenómeno elemental de la alucinación manifiesta un intento por retener el objeto perdido, una forma de apartarse de la pérdida. .
  • La tercera fase es la de restablecimiento. En esta, aparece un cierto desapego y el recuerdo surge con menos afecto. En la cotidianidad, este periodo se emparenta con la típica frase “el tiempo va borrando las heridas” o “el tiempo lo cura todo”. Más, desde el psicoanálisis, se sabe que el tiempo por sí solo no cura todo.

Si el sujeto tolera pasar por el malestar que supone aceptar la pérdida y renuncia a toda esperanza de recuperación, empezará un declinar del duelo y una apertura progresiva hacia nuevos objetos. En muchos casos, el proceso comprende desde el momento en que se produce la pérdida hasta la aceptación final.

Se despierta. Va y viene de la mesa a la ventana, se sienta, se pone de pie. Va y viene de la cama a la silla. Se acuesta, mira fijamente el techo. Cierra los ojos, abre los ojos. Va y viene de la mesa a la ventana. Encuentra otra hoja de papel. La coloca ante sí sobre la mesa y escribe estas palabras con su pluma: Fue. Nunca volverá a ser. Recuérdalo.

Paul Auster, “La invención de la soledad”.

 

DEL DOLOR A LA PALABRA

A través de la literatura, encontramos muchos narradores que escriben a sus amores fallecidos: sean amores filiales, fraternales o parejas. Hace poco, John Berger junto a su hijo Yves escribieron “Rondó para Beverly”. Una elegía entrañable dirigida a Beverly, la mujer de John y madre de Yves, muerta hacía cuarenta días. En Berger, la muerte de Beverly no es vivida como la desaparición de la persona amada, sino como un acceso que esa persona habilitó para que él se convierta en otro, sin ella.

Nos preguntamos por qué le escribimos, hablamos, preguntamos a los muertos. A través de las preguntas y la “comunicación”, sin duda, negamos su ausencia completa. Es diferente, sin embargo, con la escritura. Al convertir al amado- en el limbo de nuestra alma- en palabras; al descifrarlo, al bucear en los detalles de ese vínculo, lo re-construimos lo re-definimos. El dolor paralizante desaparece cuando somos capaces de convertir la muerte en motor de la poesía. A la manera de los vietnamitas, alimentamos ese trayecto del muerto hacia otra dimensión. En nuestro caso, les prendemos el incienso de las palabras.

 Porque tú estás muerta, mamá. Llevo dos días repitiéndolo y repitiéndomelo y preguntándoselo a mis amigas, por si ha habido algún error o lo he entendido mal, pero cada vez me aseguran que ha ocurrido lo impensable. También esto pasará.                                                                            Milena Busquets 

LA NOSTALGIA CREATIVA

Amelie Nothomb comienza así “La nostalgia feliz”: “todo lo que amamos se convierte en una ficción.” Para eso necesitamos tiempo. Ese tiempo de angustia- de negar la realidad, de enojo con la vida misma- se vuelve añoranza; ese tiempo transforma el desgarro- la desaparición- en creación.

La muerte siempre sucede y hemos aprendido, a lo largo de la vida, que este suceso inevitablemente pasará. Pero, también podemos llegar a aprender que es posible llenar de sentido una pérdida y dar significado a una muerte o la oportunidad de un nuevo comienzo.                                                     Elisabeth Kübler-Ross

Para el psicoanálisis, habremos elaborado el duelo. Para el budismo, encaminado a nuestro difunto hacia su camino correcto. Para nosotros, escribir habrá transformado la pérdida en fundación.

5-Nanoo G_Memory of Grief

Mi padre

Mi padre era un águila.

Un sabio ignorante. Un cálculo matemático.

Un pan con anchoas en Mar del Plata.

Mi padre, un bigote. Una galaxia hecha cuento.

Era un vermut con platitos.

Mi padre un tirano y un siervo.

Una mañana en la playa y una ausencia de infancia.

Un sobreviviente de su aventura.

Mi padre era un viaje y una historia.

Mi padre era su tango y

para mí,

fue mi primer vals.

2 Comentarios

  1. Hablar de la muerte conmueve. Tantas formas ,buscaran siempre el consuelo?Quien pierde,que se pierde?
    En la película Kaos ,un cuento de Pirandello por la muerte de la madre : la madre lo consuela y le dice ” siempre estaré en tu corazón” y el le dice ” pero yo no estaré más en el tuyo”.Que ausencia duele?
    Excelente tu recorrido.Lo decís en el título: hablas del amor en la muerte. Abrazo

    • Gracias Alicia! La muerte conmueve hasta los cimientos. Por eso se trata de reconstruir. Nos duele la ausencia DEL otro y nuestra ausencia EN el otro. Ojalá pudiéramos como los budistas sentir que la muerte es realmente parte de la vida. Un abrazo grande

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