La Persistencia: Del arte ancestral precolombino

Por Adriana Valletta

CARNE FEMENINA

A tanto aniquilamiento sufrido por la población originaria de América, se suman el robo, la destrucción y la desaparición de piezas artísticas e instrumentos musicales de inmenso valor cultural. Entre ellos, instrumentos de viento.

A través de los siglos, diversas investigaciones han encontrado11954764_955804391147461_5671947830944849700_n ejemplares de estas piezas. Algunas permanecen desde hace mucho en museos europeos. Sin embargo, del proceso de construcción de los instrumentos tal como se lo realizaba, no se tiene registro exacto. Los datos que pueden aportar museos y libros no solo resultan escasísimos, sino que- muchas veces- fueron pesquisados por los mismos conquistadores europeos. Entonces, hubo que transformar esa tarea insuficiente e imposible en una tarea posible, real y directa. La persistencia de algunos en buscar los rastros hacia aquel original proceso de fabricación hizo al barro asumir formas que solo la memoria ancestral puede evocar.

De tanto persistir yo misma en ello, contacté a un artista comprometido en tan noble tarea. Tal es el caso de Agustín García Reyes, residente en México, la ciudad Metepec, cerca de Toluca. Vive en el campo y, durante gran parte del día, anda con sus animales y cuida el maíz. Comenta, con mucho orgullo: No solo cultivo la tierra, todo tiene su razón de ser. El maíz, el gran maíz, CentliNonacatl cihuatl centli: nuestra carne femenina, maíz.

LA VOZ HOMBRE

Volvamos, entonces a Agustín García Reyes, al artesano recreador y re- intérprete de flautas de barro, ocarinas, silbatos y sahumadores. La potente sonoridad de la voz de Agustín impacta, entrelazada con una mirada profunda y con su larga cabellera negra. Se define, no solo como campesino orgulloso de su tarea, sino también como un autodidacta, interesado en culturas autóctonas. Se dedica especialmente a la reproducción, ejecución e investigación de artefactos sonoros antiguos: de viento y de barro, sobre todo.

La reconstrucción de instrumentos “pretende” cierta exactitud, ya que muchas de estas piezas se utilizan en celebraciones, festejos, danzas rituales, en ceremonias sagradas o, simplemente, se hacen para ser vendidas al turismo: “Dada la escasez de instrumentos y, al ver la calidad de los que ofrecían, decidí hacerlos y elaborarlos por mi cuenta.”

11406992_914992998561934_3447359951286086913_n (1)QUE EL BARRO NOS RECIBA

“Conseguir instrumentos es muy complicado”, comenta Agustín. Uno pensaría que, por eso, se entrega a la tarea hacerlos él mismo. Pero ésa solo es la gran excusa: “Cuando, al fabricar, se permite que la idea fluya, la idea se trasmite al barro”. Las ideas con las que se inspira “tienen su misterio”, por supuesto. “Creo que, en ese punto, es donde comenzamos a utilizar la imaginación o la intuición para imaginar cómo las preparaban ellos. Hasta veo sus manos, cómo trabajaban, las veo moverse. Cuando la 11051804_898363820224852_5642608309425120540_nidea toma forma por sí misma, el barro recibe y toma la forma de las ideas. Al momento en que esto sucede, uno escapa a esta realidad cotidiana. Sin medidas ni proporciones conocidas, las medidas son las propias manos, los dedos. Aunque es muy probable que- al haber sido grandes matemáticos- los ancestros hayan utilizado también ese saber en la realización de instrumentos sonoros.” El proceso culmina ante el abuelo fuego: en los hornos son cocidas las piezas.

Luego, llegará el sonido. “No hay registro de cómo deben sonar, no sabemos cómo ejecutaban los antepasados estos instrumentos ni cómo sonaban, no sabemos cómo era la música antigua; hay muchas lagunas, aquí lo importante es reconocer la raíz, saber de dónde venimos, hacia dónde vamos y unir fuerzas para hacer los sonidos sagrados. Yo no le llamo música, porque en el concepto occidental es otra cosa, aquí son sonidos. Sonidos que van más allá de estructuras y notas musicales.”

IR A LA RAÍZ

¿Cómo se reconstruye entonces ese sonido ancestral? “Decidimos que deben sonar de acuerdo a lo que ya tenemos en la mente y en la genética ancestral.”  Agustín recrea y reinterpreta desde su propio vacío y desde los huecos de la historia. Sin referencias ni datos abundantes. Recoge sonidos de aves, del agua, de flautas, de plumas, del viento sobre las hojas, del trueno. De tal modo, algunas piezas son de propia inspiración y otras son copias de algunas encontradas. Un artefacto recreado se llama “huracán” y se inspira en siete u ocho instrumentos a la vez.

El persistir de estos sonidos se emparenta al existir y al renacer. Es el modo en que la flauta o la ocarina, en el barro mismo, cobran vida, insufladas por las ideas y recorridas por el aliento del hombre, una vez más.

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Agustín entrelaza los cuatro elementos con el canto tradicional. “Tierra es tu cuerpo. Agua es tu sangre. Viento, tu aliento. Y fuego, tu espíritu. Aquí lo importante es que estos sonidos siguen vivos. Son reales, no están agonizando. A cada flauta, silbato, ocarina o sahumador, yo los veo como a una síntesis de la creación, tienen vida al soplar en ellos, al depositar el incienso en ellos. Claro, hay una clave: hago solo lo que me gusta. Y es obvio que, al trabajar con los cuatro elementos, te haces uno con ellos. Como dice el canto: tlalli nonacayotl, atl no ezotl, ehecatl no ihiyotl, ilhuan tletl notonal… tierra es mi cuerpo, agua es mi sangre, viento es mi aliento y fuego es mi espíritu.

INSUNTATA

No solo hay flautas de viento, tambores, ocarinas, sahumadores y silbatos, también está el idioma. Cuando Agustín habla, entrelaza su lengua ADN Y MUSICAcon sus artesanías, con sus elementos de trabajo. Teje la melodía y la danza con palabras. “Ése se llama Huehuetl, significa “el venerable abuelo”, porque está hecho en madera de ahuehuete, el nombre de un árbol.”

Su voz grave es a la vez un canto a su lengua originaria. Con ecos ancestrales, parece un recordatorio que lo sostiene. Y, a esta altura, nos sostiene a ambos. Como toda lengua materna, su lengua arrulla y amarra. En este caso, acuna en modo poético al Padre Sol, Inti Tayta.

Mientras me comenta sobre la realización de sus utensilios, comienza a decir, a modo de saludo: Aquí, en lengua matlazinca, decimos Insuntata. El término Insuntata significa padre sol

PALABRAS

Como si se tratara de regar con palabras, el relato referido a la construcción de instrumentos, se vierte. Porque no han podido matar las lenguas ancestrales. Ellas aún dicen. Algunas palabras son incluso reverenciadas. Agustín sabe que es poseedor de un gran tesoro. Pero cuidarlo no es fácil: “a veces se hace muy difícil pues de los abuelos que quedan y hablan bastante bien o conocen la lengua mejor que otros, no todos la comparten ¿Qué se esperaba después de 500 años de genocidio? En su tono de voz se percibe un inocultable sabor amargo, pero rápidamente el entusiasmo lo rescata de las amenazas del olvido. La memoria ancestral está en manos, entonces, de cada individuo y de la comunidad. En las palabras dichas y en las omitidas se puede escuchar nítidamente el sonido del tiempo pasado. Pero mucho más, la fuerza recobrada del presente.

LENGUAS MADRES

REGAR EN VOZ ALTA

La semilla, simple y pequeñita, conserva todo el conocimiento ancestral. En ella, su relato entremezcla lengua madre y tierra: “Aun así, con estas pocas palabras sueltas que digo en lengua matlatzinca- casi extinta – comparto algo.”

El compartir aquí es equiparable a sembrar, a ese reguero de simiente en voz firme y plena. De este modo, lo poco se reproduce al infinito, ante cualquier interlocutor que se preste.

manos corazon con semillas

Y, si de compartir se trata, mirá las casualidades: nos encontramos, en vísperas del 12 de octubre. La obra de Agustín y este encuentro son las mejores celebraciones para esta fecha. No se trata de un rescate, el rescate ya está: lo han hechos los antropólogos. Se trata, pues, de darle continuidad a lo rescatado. Que la siembra se extienda hasta donde el sonido alcance. Y más allá.

VIEJOS HOLÍSTICOS

“Si nosotros vibramos con estos instrumentos, estos sonidos son medicina también para quienes escuchan. Es claro, producen distintos efectos en las personas. Con las danzas sucede lo mismo, no sabemos si así se danzaba, la secuencia la da la información genética que traemos.” Se cree que había una música para danza, otra para funerales. Unir los sonidos con danzas méxicas es un modo holístico que ya los antiguos conocían: “Nosotros no hicimos algo nuevo… Ya está hecho. Xiuala in noyolo in notonal tatatzin Tonatiuh,” Venga a nuestro corazón y en nuestra alma el padrecito sol.”

FINAL, A DÚO

Ni kan ka ashkan: Hasta aquí. Ahora, aquí. Está aquí

Ttlazohkamati: gracias, en náhuatl.

Khamadhy: gracias, en otomí.

Inthewhithi: gracias, en matlatzinca.

SOL MAYA

La cosmogonía maya atribuye la génesis del hombre a Nal: el dios maíz. Una masa de maíz amarillo y blanco dio forma, entonces, a criaturas dotadas de inteligencia. Ellas fueron la cumbre de un arduo proceso de creación. “El maíz es el elemento que trasciende el espacio cósmico del mito y el marco cronológico de la historia, que viene a insertarse en la vivencia diaria de los mayas actuales”. “Cultura del maíz”, como se le ha llamado. La de los pueblos mayas no solo elevó a este cereal al rango de divinidad en la época prehispánica, sino que continúa adjudicándole forma humana, aún en nuestros días. El maíz representa- además- diez mil años de cultura.

 

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