Por Julieta Strasberg

Desamor: sobre Juanito Laguna, de Antonio Berni.

Él, apasionado, hablaba. Ella lo miraba en los ojos. Y él dijo:

-¡Oh, amada mía! ¿Qué miras en mis ojos? ¿Ves en ellos reflejado el divino fuego del amor que me abrasa? ¿Ves, quizás, a través de ellos, la ferviente adoración que me inspiras?

La muy amada respondió:

-No, amigo. Me estaba mirando yo en ellos.”

Álvaro Yunque, “La Amada”.

ESPEJO DE DOBLE CARA

¿Cuántos restos alcanzan para construir un huérfano? Buscamos en el otro proyectarnos y reconocernos, porque no somos sino a su través. Nuestra existencia está atada a un espejo que devuelve vacío e ímpetu. Juanito nos mira desde las orillas, como un recién llegado desde la eternidad. Y, a veces, esa mirada perturba, parece ajena, lastima. Hay 1.Juanito ciruja, 1978miradas que interrogan en callada lejanía. Incomodan, hablan sin palabras de la posibilidad en la imposibilidad; de lo que podríamos ser y no somos; de nuestros temores más grandes a ser arrojados en la nada. ¿Cómo se calla al huérfano que nos mira en silencio desde el destierro de la tiranía?

 

 

 

 

RESTOS Y CANTOS

Juanito Laguna es la vida peleándole a la vida: aprieta la savia de las raíces secas, extrae el néctar de los abandonados. Él es la nada que interpela, mira, clama en silencio, mientras busca nuestra huidiza mirada y encuentra amarga letanía: “Que Dios los ampare”: las catedrales de oro no contestan. Llenas de miseria, se repliegan tras las puertas donde la oración se repite. Ronroneo apagado y monótono: “Sálvalos, Oh, María”. La riqueza de no tener más que restos y cantos para apartarles la mirada a aquellos que niegan, más de tres veces y, “amén”, olvidan.

Arrojado a la nada, desde la orfandad del mundo, Juanito mira. Con sus ojos grandes, sus manitos pequeñas y sucias, su pelo de estopa, su panza de hiel y sus promesas incumplidas. Toma su juguete de mentira, sus sueños sin amaneceres y extiende la mano, pero no nos pide nada. No sabe de caridades y limosnas. La mirada lo rehúye porque Juanito duele y hace arrugar y menear la cabeza. “Que no somos nada, tan solo un misterio que nos ronda: la muerte.” Amén.

Pintura de carnavales zoomorfos, donde lo animal, la muerte y lo humano danzan en 2.El carnaval de Juanito Laguna, 1960colores intensos y vitales, para conjurar la guadaña con brillo de cielo. Esqueletos, gatos y cerdos se dan cita en primer plano: así, todo carece de profundidad, como agolpándose a la entrada de una fiesta sin mañana. Ojos vacíos, burlones y sin brillo miran a ninguna parte. Un fondo demasiado oscuro aprieta en la salida. En algún lugar, entre lo telúrico y lo celeste, entre el cielo y el infierno, este carnaval da cita a la vida y a la muerte en el mismo espacio. Contradicción de la vida que se disfraza de opuestos.

MILHOJAS DE REALIDAD

De ese modo, con tapitas olvidadas, trapos viejos, clavos oxidados, inútiles trastos arrojados al camino, Juanito construye su universo. En su incompletud de juegos, su retazo de sueño- su audaz existencia sostenida- adosa mariposas a los desvuelos.

A Juanito la felicidad nunca le viene sola. No puede negar el mundo, por eso se lo arma con pedazos de vida, superpone una realidad a la realidad. Collage: miseria en colores. La vida, también en la muerte. Potencia de un mundo capaz de semejantes superposiciones.

Un cielo intenso y puro, siempre atravesado por nubes: blancas, a veces; artificiales siempre. El blanco surge como un silencio, vivo y cargado de posibilidades. En el cielo está el vacío, lo anterior, el origen. En la tierra, la vida se rompe en frutos de la creación y su siembra engendra vitalidad y muerte. La vida en el cuadro está siempre más acá, cercana, 3.Sin título, 1973palpable: es casi un desborde de marcos. Lo artificial de la belleza aletea en una mariposa imposible, infantil y decorativa. Lo real, los desechos. Ocres y amarillos bizantinos brotan en luminosidades crecientes. Después de todo, está escrito: en el Juicio Final, el rostro de los hombres condenados a padecer será de color azafrán.

 

 

 

ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO

En el bosque rojo que recubría la tierra como un mar de rosas, cuando el tiempo cantaba como una voz de mujer-madre, cuando en el fluir del tiempo, al subir, se inflaba, flujo de vida, cuando las mamas lecheras eran inagotables, cuando era el comienzo, la vida proyectaba el día rojo de la sangre, cuando yo era nueva y entraba en el amor…”, Chantal Chawaf

¿Cuántos restos alcanzan para construir un huérfano? Juanito junta las partes de las cosas que no están, de aquellas que ya nadie mira; y, con eso, arma su relato: entre gramatical torpeza y visceral poesía. A las partes que le faltan, las sueña y las superpone. Toma su carro y lo empuja: “mañana será otro día”. Lúdico, mira al cielo y lo toca bien a ras de la tierra. Duerme y, mientras duerme, pone el mundo patas para arriba.

Pero Juanito es hijo del desamor, no es el bosque rojo, sino el cielo el que se viste de sangre. Cielo fecundo, inflamado, deseoso de nuevos inicios. Mas en la tierra de los hombres, donde Adán se hizo de arcilla, su ser se nutre en verdes, azules, deslucidos violetas y se expresa en grises restos. En Juanito, lo telúrico es invertir el cielo. Así en la tierra, como allá arriba.

4.Juanito dormido, 1974

JUANITO BERNI

Berni lo sabe, lo intuye, lo narra: Juanito es un “chico pobre, pero no un pobre chico, porque tiene los ojos cargados de porvenir”. Juanito intuye la mano del pintor y la continúa. El niño Juanito Berni trenza cenizas y barro, navidades y chimeneas de alientos opacos.

¿Cuánto mundo se necesita para olvidar a un huérfano? El mundo no mira a los Juanitos Laguna, los olvida. Migajas, los restos de ausencias se inventan una vida. Ellos se asoman a las huellas, juntan los mendrugos arrojados y caminan. A veces, solo a veces, yo también los miro. Y no hay vez que no lastime. Somos Juanito, un collage de retazos sin sentido; vistos desde lejos, centellamos vida. Vistos de cerca, somos partes sueltas, rotas o 5.Juanito Laguna remontando su barrilete, 1973descocidas. “No me mires desde cerca”, aúllo. “No ves, che, que yo también ando medio descosida”. Pienso: no tenía qué ponerme y me puse restos de vida. De cerca, somos huérfanos de todo; opacos, deslucidos de vida. Él desafía, vitaliza la muerte, pegotea los fragmentos olvidados en el baldío de la memoria.

 

 

 

RETAZOS Y MIRADAS

“No me mires de cerca”, creo escucharlo, las manos sucias y la mirada escondida. “La dignidad no se lava, pero tengo expuestas las heridas”. Cicatrices que no cierran, hojalata 6.Retrato de Juanito Laguna, 1961y clavos lastiman. Los labios apretados. En mis dedos, dolor y mugre de rascar hambre en cacerolas vacías. Juanito anda, cabeza escurrida, con dignidad de hombros cansados y armatostes a la rastra. Ojos curiosos y atentos, encuentra donde otros olvidan. Cachetes rojos de tierra mojada y humo fulero. Sonrojado de esfuerzo, salva la alegría. ¿Cuántos clamores para dar voz a un huérfano?

 

 

RAMONA DENUNCIA

Ramona, impúdica de hambre, pintarrajeada, se ofrece excesiva: fea, gorda, flaca, madre, puta, siempre enorme, denuncia lo hipócrita. En el fondo, la fábrica emerge, las marcas se imponen, ella se transforma en su propia mercancía.7.Ramona espera, 1962.

Casas de cartón y papel, con fecunda oscuridad, son la matriz de tristezas y arrugados pecados -no tan originales-. La pesadez de las figuras evoca la noche de las almas y la perpetua muerte. “Que no somos nada”, tan solo fuerzas misteriosas y demoníacas que arrojan al humo y al hollín la primera piedra.

PINTOR DE “LOS NADA”

Arquetipos de una realidad, Berni es el testigo fiel de los marginados, huérfanos de mundo, que desafían las lumbres del ocaso, reniegan del homenaje mortuorio y gritan: “Aún no” a la guadaña, con la vida apretándoles entre los dientes.

Berni retrata a los Juanitos y a las Ramonas con decencia; testimonio de realidades en su entorno. En un collage sin sentimentalismos, deja a América Latina en llaga: derruida en los barrios marginales, expuesta en las “villas”. En el lienzo, la extranjería de la vida de “los nadies” bautiza a la multitud de anónimos y humillados. El pincel transmuta los desechos del consumo en testimonio vital; pinta realidad, en carne viva. Los barrios grises, pigmentados de clorofila y carbón, en primer plano y sin profundidades, presentan la atmósfera agobiante de cartón y hojalata. Aun allí, entre los desiertos de un jardín sin Edén ni policromías, se cuelgan hojas de tintes imposibles, intensos e infinitos. Un arco iris que promete salir aquí también, algún día.

8.El mundo prometido a Juanito Laguna, 1962.

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