Por Nora Lomberg

Desamor: sobre los otros y las otras.

MENDIGOS

El pasado 15 de marzo, hinchas del PSV de Holanda, bebían  bajo el sol, en las terrazas de la Plaza Mayor. Era la previa al partido contra el Atlético de Madrid. Desde las mesas, comenzaron a arrojar monedas a unas mujeres- mendigas rumanas –  al compás de

“no crucéis la frontera”

Risas burlonas y muchos impiadosos filmaban, mientras ellas -de rodillas- recogían moneditas. Algún visitante los increpó y, finalmente, la policía retiró a las mendigas. Esa plaza tomó la palabra y gritó cómo se obliga a los excluidos a dejar su dignidad en el piso. Es un espacio político, un escenario para el espectáculo canallesco. El circo romano. No hay inocencia posible después de estas imágenes que denuncian  el horror social, el

“no vengan a Europa”.

La misma Europa de los pogroms y los campos de concentración; la misma de la sangre inquisitorial y la de  los nacionalismos que dejaron al mapa hecho un rompecabezas, apenas sostenido entre sus piezas. La misma, che. ¿La misma?

MONSTRUOS VIRALIZADOS

-¿Existen los monstruos, mami?-

-No, hija, no existen- somos los padres, pensé.

La categoría monstruo, de algún modo, justificaría estos horrorosos actos. Pero no son tales. Son hombres  de carne y hueso y  dan vergüenza. A los monstruos, Foucault los piensa como fenómenos extremos, en el punto límite, donde se derrumba la ley. Seres vistos como excepcionales por su rareza, por su carácter de curiosidad de feria. Una mixtura entre lo imposible y lo prohibido. Un ser mitad 916679minotaurushombre y mitad bestia.

Hoy estamos ante otro espectáculo: la monstruosidad se banaliza, se amplía y se hace cotidiana. Se divierten en la Plaza Mayor. Es un grito de socorro  el que  debería haberse viralizado y apenas nos llega en ecos que reclaman. Tal vez, porque son voces de exiliados,  desplazados, expulsados, migrantes forzosos; en fin, exilios en vida. Los elegidos por el poder versus los expulsados a la vida indigna, ese es el partido que se juega. Así llegan las nuevas lógicas de expulsión: expulsados al abismo, expulsados de los espacios de vida. No hay lugar para los indeseables, no pueden estar en una plaza europea, como los hinchas holandeses. Deben habitar el no lugar.

 

LA NUDA VIDA

Agamben la llama “nuda vida”. El campo de concentración crea un territorio que no es ni vida ni muerte, una vida que ya no es la vida del resto de los mortales. De moneditashecho, ni siquiera matar es exactamente dar muerte. Para Agamben,  esta “nuda vida” es la verdadera condición terrible de la política moderna.

¿Y qué será de nuestros recientes despedidos? ¿Qué dará inclusión, ahora, a  quienes estaban con la certeza del ingreso mensual y con la libertad de afiliarse a un sindicato o a un partido político y ya no? ¿Adónde irán a parar? ¿Al abismo de esta nuda vida? ¿A transformarse en nadies? ¿A transitar los sumideros de la vergüenza y la pérdida de sus dignidades?

 

LA PLAZA

Tal vez haya un modo distinto de habitar  “La Plaza”: una y otra vez levantamos la voz y nos negamos a arrodillarnos por unos pocos pesos.

Tplaza llena 2al vez haya otros modos de decir y no de callar, de exigir y no de pedir.

Así fue con las Madres y las Abuelas y así va ocurriendo con los Despedidos. Este partido apenas comienza. En cambio, ya finalizó el del equipo holandés, que perdió y se quedó fuera de la Champions League. Y yo escribo esta nota a modo de grito, para trazar algunas líneas de fuga, como  Deleuze, quien de intersticios la sabía lunga.

 

6 Comentarios

  1. Actual, profunda y bella nota. Brillante combinación de lenguajes para construir el sentido de la dignidad y de la esperanza. La puse en mi muro y le voló la cabeza a mas de uno. Buenísima para transformar, para dar la batalla cultural desde la estética que no es otra cosa que la filosofía de la vida cotidiana.
    Gracias El Anartista, gracias Nora Lomberg.

  2. atravez de otras lineas que no arriman del purismo economico , otras miradas, otro abordaje de lo humano, que es la defensa de la vida. se potencia la pelea por la no desapariciòn sin solucion de continuidad, tan sorda y miserable, e irrumpe en un grito , aqui estamos, hagan se cargo.

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