Por Patricia Tombetta.

Desamor: Sobre el “eso” de Duchamp

Aunque supongo, evidentemente, que si esa clase de infamia (la fama)  dura ya cincuenta años, es porque entonces hay algo más que el escándalo”. Steegmuller: “¿Qué otra cosa hay?”. Duchamp: “Hay eso”. “¿Eso?” “Eso. Lo que no tiene nombre”.                 Entrevista de Steegmuller a Marcel Duchamp.

 

EN EL PRINCIPIO FUE SACCO Y VANZETTI

Hay tantas formas de amar como de no hacerlo. Sin embargo, ninguna ha sido descripta y transmitida con la suficiente pasión (o precisión) de manera que coincida con el alma de foto 1quienes las escuchan.  Son las narraciones acerca de poderosos reyes o emperadores (presidentes, en su versión moderna) que han sido crueles e indolentes con sus pueblos. Reyes que sólo han sabido escuchar a sus vísceras y a quienes formaban parte de ellas. Pocos, muy pocos, a  veces a nadie. Son las historias de grandes injusticias en oídos niños, orejas distraídas en la escondida, la pompa o en abrir la puerta…

Lloré por primera vez en el cine- y no fui la única-  con la historia de Sacco y Vanzetti. Apenas me había llegado una tenue idea de la injusticia, cuando me inundaron las lágrimas de otra fuerza en la butaca. Muda y poderosa, intensionada y desnuda. Las palabras le huían y el corazón le hizo un vacío. Sólo muchos años después, reparé que es ahí donde “aquello” anida. Ese sitio sin palabras y con grandes orejas sin barreras protectoras.

¿Qué era “aquello”? Estoy advertida sobre su potencia. Por lo tanto, supe que no podía alcanzarlo por la negativa. Ahí, en la butaca, el odio llegaba a “aquello” hasta tres cuartas partes del camino, la indiferencia se había quedado pasmada y la tristeza, desconcertada.

 

¿UN TENTEMPIÉ O UN PLATO DE COMIDA?

Sigamos participando.

Si el amor es dar lo que no se tiene a quien no se sabe quién es[i]…,¿qué  es dar lofoto 2 que se tiene y sólo lo que se tiene? ¿Qué es dar, incluso, aquello que nos sobra?

La caridad se ocupa de administrar y repartir aquello que se tiene y ya no se usa a quienes lo necesitan, aunque no lo sepan. Puedo agregar- sin temor-: se espera, además, un profundo agradecimiento de parte del “beneficiado”.  (foto 2)

Según la Real Academia Española, caridad significa:

1) actitud solidaria con el sufrimiento ajeno.

2) limosna que se da o auxilio que se presta a los necesitados.

Y una tercera acepción cuenta acerca de un refrigerio repartido en las cofradías durante la fiesta de algún santo. Puede constar de pan, queso y vino u otras menudencias.

Lo importante es la actitud, la limosna y el auxilio que se prestan a los pobres en situaciones que no son ocasionadas de sopetón ni por ninguna catástrofe natural. Una ayuda prestada a último momento, que luego  deberás devolver.  No se trata de un regalo. Es, con suerte, un tentempié.  Un refrigerio, pequeña porción para evitar desmayos. Sin embargo, hay iniciativas de particulares, dispuestos a dar mucho más: un plato de comida.

El día dos de marzo del corriente año, Infobae publicó una noticia:

“La heladera social”. heladera foto3

Por iniciativa de dos cocineros tucumanos, autodidactas si los hay, ante la visión de un padre y su hijo en procura de alimento dentro de un tacho de basura (vieja imagen donde todavía parece anidar la sorpresa) y ante la cantidad de comida que sobra en sus restaurantes, decidieron ubicar estratégicamente una heladera. Bien se cuidaron de aclarar, “no son sobras”.  Así, quien necesite puede llevarse un plato.

Otra vez el diccionario RAE nos dice, aclarar: disipar o quitar lo que ofusca la claridad o transparencia de algo. La sabiduría popular agrega: No aclares que oscurece. Sin dejar de mencionar que, para el inconsciente, el “no” no existe y se niega como movimiento posible  al momento de afirmar algo insoportable.  En el caso de la heladera solidaria, ¿lo insoportable serían las sobras? ¿”Aquello” será basura?

 

OTRA VUELTA MÁS.

Barthes nos cuenta un poco sobre el vínculo amoroso: “(…) Estrechez de espíritu: en realidad no admito nada del otro, no comprendo nada. Todo lo que, del otro, no me concierne, me parece extraño, hostil; experimento entonces respecto de él una mezcla de pavor y severidad: temo y repruebo al ser amado, desde el momento en que ya no me “pega” con su imagen. Soy solamente “liberal”: un dogmático doliente, en cierta manera”.[ii]

No dejar entrar las diferencias. Cerrar filas y ventanas. Buscarme idéntico en los espejismos. Revolcarme en la mentira hasta que sea verdad. Es un camino de alto tránsito. Podríamos andar por desvíos, son más largos y se llega…a otro lugar.

Pero sigamos.

La solidaridad, según el diccionario RAE: adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de alguien. Una definición un poco lavada, “no sea cosa…”. Por suerte, el tema ha sido estudiado en profundidad por estos lados del mundo y se diferencia de la caridad hasta desemparentarse.  Las acciones solidarias tienden siempre a observar las necesidades ajenas y  a acompañar en este sentido, sea comprensible o no para quien las realiza. Están abiertas a la diferencia, buscan  comprender y se avienen a un largo rodeo. Y, en el rodeo, algo del otro diferente va ampliando el espíritu, lo desacartona: laxitud amable que, tal vez, me convierta en otro. ¿Y el otro?

Admito, es un poco más trabajoso y muchos claman descanso. Si hasta el altísimo descansó el séptimo día…

 

CANTO DE SIRENAS

Las Sirenas, según la mitología griega, eran divinidades marinas, hijas del dios-río Aqueloo y de Melpómene, Calíope u otra Musa. Se las representaba como mujeres jóvenes con cola de pez, aunque en épocas más antiguas (Egipto, por ejemplo) aparecían representadas como híbridos de mujeres y aves. Poseían una extraordinaria voz con la que se atrevieron a desafiar a las Musas, quienes lasfoto 4 derrotaron y les arrancaron las plumas. Ellas, muertas de vergüenza, se refugiaron en el estrecho de Mesina, donde atraían a los navegantes con su canto y los hacían enfrentarse a los terribles monstruos, Escila y Caribdis.

Dichas sirenas habrían sido, entonces, seres derrotados que moraban en las profundidades. Sin sus plumas, cubiertas de vergüenza apelaron a su bella voz. La imaginación las cubrió de escamas y su canto atrajo desgracias. Aunque el tiempo ha transcurrido, los cantos continúan.

La frase “canto de sirenas”  se utiliza para señalar un discurso elaborado con palabras agradables y convincentes, pero que esconde algún engaño.

Dejarse llevar, puro placer,  nos deposita en la extinción. Suavemente. Y no parece ser una cuestión de la modernidad. La utilización ex profeso del lenguaje nos acerca un poco más en el tiempo. Cuando nacemos, lo hacemos sobre un lecho de lenguaje constituido mucho antes de nuestra aparición. Eso impactará en nuestras capacidades y en nuestros límites. En fin, en quiénes seremos. Luego, habrá que tomarse el trabajo.

Veremos.

Sí, lo único que poseo para darle vueltas a “aquello” que me llegó hace tanto tiempo en la butaca de un cine es el lenguaje. Sigamos por ahí. Aclarar, negar, omitir, callar, juegos de la lengua, palabras al servicio del silencio. El lenguaje contra la comunicación (a menos que estés en análisis, con un buen analista y con algún dios  benefactor). No son rodeos ni rondas que buscan decir. Hablar con imperativos, por ejemplo:

“SÍGANME”,

“LOS VOY A LLEVAR POR EL CAMINO DEL AMOR”

“NOS VAMOS A UNIR”,

“NOS VAMOS A ENTENDER”

“TENGO AMOR PARA LOS DOS”

“NO VOY A PERMITIR QUE NADA SUCEDA”.

Luego, cesan las palabras. Apenas balbuceos para rellenar a gusto del consumidor. Aunque parecen ruegos, son órdenes, dan certezas ilusorias, como toda certeza que se precie de tal. Recibimos signos vacíos y los rellenamos con lo propio. Receptores anónimos buscan que alguien se tome el trabajo, mientras hacen la vista gorda.

“Hacer la vista gorda”: el dicho tiene su origen en el mundo del contrabando, cuando el guardia dejaba pasar mercancías sin cobrar impuestos: generalmente, porque era sobornado o participaba en las ganancias.  La frase tiene también un origen  inglés y viene por el Admiral Horatio, Nelson, quien decía esta frase, al desobedecer una señal de retirada, durante una batalla naval. Nelson estaba convencido de que podía ganar si persistía. Fue entonces, cuando él ‘hizo la vista gorda’.

En síntesis: se trataría de omitir algo para llevarse las ganancias o las victorias. Dejar atrás aquello que se sabe importante, abandonarlo a su suerte y hacer la plancha.

“Eso. Lo que no tiene nombre”. 

¿Será lo abandonado o Lo no visto? Tal vez sea otra cosa bien diferente, algo así como una intención que cubre cualquier cosa y lo convierte en lo que ella es. foto 5Entonces, “aquello” quedaría velado, escondido y lo alcanzado podría transformarse en una sirena desplumada, en un beneficiario hambriento y con camisa de lino italiano o en un niño con lágrimas en una butaca. Todos cubiertos por un movimiento de retirada ante ojos que miran hacia otro lado.

 

[i] J. Lacan. Seminario 8. “La transferencia”

[ii] R. Barthes. Fragmentos de un discurso amoroso. “Tal”.

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