Por Pablo Arahuete

La celebración: El cine como ventana y espejo

“¿Qué es el cine? Nada ¿Qué quiere? Todo ¿Qué puede? Algo… de lo absoluto… de las tinieblas” Jean Luc Godard Historia del cine, film.

TREN FUERA DE EJE

Veo, veo, exclamó sorprendido. Los que estaban a su alrededor: ¿Qué ves? Un tren contestó balbuceante cuando sus ojos se perdían en el movimiento de las ruedas. Se movía entonces el pensamiento, se corría de eje la percepción porque, frente a sus ojos, había un tren. Ellos vieron un tren, yo vi la imagen de un tren. Ellos sintieron el ruido de un motor que nunca se escuchaba. Yo vi imagen acompañada de silencio. Pero todos nos tiramos hacia atrás una vez que esa locomotora se nos venía encima y nos olvidamos, por un segundo, que había una pantalla, un velo transparente donde el tiempo no era el tiempo.

¿Era un sueño? Difícil responder: todos habíamos visto lo mismo o tal vez, tan sólo yo  soñaba estar allí. La imagen del tren me llevó a recordar otro tren y entonces se cristalizó.

En la estación está sentada una mujer, espera. La observo en un encuadre, separada de lo que sobra, de la realidad. Y entonces la estación se configura desde otro espacio que construyó mi mirada y no importa el tren, lo que importa es la mujer. Mi universo es lo que miro y mi mundo lo que imagino, ¿quién es ella? Seguramente, tenga una historia, un pasado, deseos o miedos. Todo ese misterio que la rodea no llega con la imagen, la trasciende y pone en duda mi percepción.

EL NEXO INVISIBLE

Ya dudo de lo que veo, pero no puedo decir lo mismo de aquello que me afectó: el tren, las ruedas y el tiempo. La imagen tiempo o el tiempo de la imagen…tengo que escribirlo.

Las imágenes no son frases, son pedazos de historias y de tiempo. El cine es su nexo invisible, pero nuestros ojos también escriben con imágenes. La continuidad resulta caprichosa, aunque necesaria. Porque, sin movimiento aparente, el tiempo no tendría sentido o modo de percibirse.

Y así volvemos a los que veían ese tren y al preciso momento donde suspendieron la incredulidad como si se hubiera tratado de un acto de fe al vacío. Ahora creo que yo estaba ahí y que no era un sueño, sino simplemente un viaje en el tiempo, sin máquinas aparatosas o sofisticadas, sin cuentas regresivas que dilataran la partida. Contar para atrás y para adelante, dejarse seducir por la elipsis para suprimir todo lo que sobra: la realidad.

DETRÁS

Proyector halo luzDelante de mí hay una puerta. Está cerrada. Me inquieta saber qué hay del otro lado. Lo mismo, con una pantalla. El detrás en realidad ahora está en mi cabeza. La conciencia es la luz que proyecta en la pantalla del cerebro, unidireccional. No puedo mirar otra cosa si la conciencia proyecta, prefiero perderme en el intervalo, en el parpadeo de lo incierto. Parpadeo uno y dos, ya estoy del otro lado de la puerta. No hay nada y detrás de la pantalla tampoco. Desazón o fascinación por el misterio. Mi mirada no puede responder o abarcarlo. Mi deseo es más fuerte y sucumbo a la gimnasia del mirar sin ver. Todo está contenido en mi propia pantalla. Reconfiguro mi espacio y me convenzo: la puerta ya no es una puerta, es un umbral entre mi presente y mi futuro. Otro pedazo de tiempo acaba de crecer y una nueva mirada comienza a nacer. Tengo que escribirlo…

La rosa púrpura del Cairo
La rosa púrpura del Cairo

 

SECUENCIA INFINITA

Una nueva mirada, un riesgo a lo novedoso, un descubrimiento entre lo que se ve y lo que no. El movimiento es a veces imperceptible y la imagen del movimiento es finita. Arriba o abajo, a un costado o al otro, no sé cuándo empieza o termina esta secuencia infinita. No hay sorpresa. La mirada se enquista cuando se construyen certezas, como si lo esencial fuese visible a los ojos. La mirada no es nueva sino se permite la duda. Pienso, luego veo, o es al revés…

EL OJO DEL POETA

“El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto.”

Chaplin
Chaplin

Le atribuyen a Orson Wells la frase que reza: “Es imposible hacer una buena película sin una cámara que sea como un ojo en el corazón de un poeta”. El ojo del poeta es el que no le teme al tiempo, no lo juzga y trata de explicarlo. Tengo que escribirlo…

Si fue el ojo del poeta el que me llevó a esa caja de espacio tiempo con ventanas, para ejercer el  rol de espía, me falta la experiencia del reflejo. La pantalla espejo y el cine como ventana, no sé si indiscreta, a esta altura del viaje. Antes de ser atrapado, la mirada fuga y deviene en palabras que escapan a la imagen. La realidad sobra. Las ideas están en el aire y la música que las ejecuta no es otra que la imaginación, el juego de desordenar lo establecido. Repiquetea el eco de una frase de Godard entre la música y el silencio: Me gusta que las películas tengan un principio, un medio y un final. Pero no necesariamente en ese orden.

El hombre mosca
El hombre mosca

 

TODOS LOS TRENES, EL TREN

Desperté. Creo haber soñado que estaba en un cine. La memoria me traiciona y no hay nada más hermoso que dejarse traicionar y fingir la credulidad, como aquella primera vez en que -por un instante- no vi un tren, ni siquiera la imagen de un tren, vi todos los trenes y viajé a todos los lugares  al mismo tiempo. Hasta que cerré los ojos y desperté.

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