El desaliento: sobre las tintas y aguafuertes de Armando Sapia.

Por Gabriela Ramos

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Argentinos Esperanzados.

 

“Sé que el dibujar el latir de la sangre en mi muñeca no es diferente a lo que sintió aquel homínido ahora remoto al perfilar el contorno de su mano con un carbón o una piedra caliza en alguna pared de roca. Y tampoco será distinto al latido que también palpitará algún día en ese ser aún no concebido ni previsto por sus padres, al trazar porque sí, arbitrario y egoísta, el signo que todavía ninguno de nosotros imagina. Es la pulsión del dibujo.”

Armando Sapia (2015), “Distintas maneras de pensar el dibujo”, Buenos Aires. Página 12. Cultura y Espectáculos. Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/6-35427-2015-05-05.html

Armando Sapia
Armando Sapia.

CUANDO SE POSA UNA MARIPOSA

Cámara oscura de vidas rutilantes.
Cámara oscura de vidas rutilantes.

El punto en la escritura solo es silencio. V. Kandinsky nos habla del punto como espacio para el despegue en el arte. Allí hace territorio, se evoca, ahí trastabilla el silencio, porque “sus rasgos silenciosos adquieren un sonido cada vez más vigoroso”. El punto, así, se hace línea, forma, surcos, engloba y divide. Configura mapas en tensión y campos llanos, donde la simple presencia de una mariposa al posarse podría hacer un desastre: habría que reconsiderarlo todo. Kandinsky explica que la obra de arte es una serie de tensiones. Sí, gracias a las tensiones hay obra de arte. ¿Qué son las tensiones? Un punto que hace recorrido se condensa en líneas o garabatos, en tramas, texturas, elementos que se repiten demasiado o nada, elementos que ocupan el lugar de los ángulos de figuras geométricas. Tensión es la relación entre opuestos, los agrupamientos, las direcciones,  las disposiciones de los elementos del dibujo o de los colores entre sí. Nuestros ojos y nuestra emoción se entregan sin más, pero hay reglas en la composición, como en la escritura o en la música.

Levi Strauss nos dice: el arte es tan estructural como la ciencia y la magia. Taxonomía: “la puesta en estructura poseería una eficacia intrínseca cualesquiera que fueran los principios y los métodos en que se inspira”. Poner en estructura es jugar con dualismos, es desafiar a duelo a rectas o curvas en distintas direcciones. Es también un llamado por ausencia, tal vez  trazar una coreografía de líneas (movimiento),  condensar y sugerir, exagerar o disimular, agrandar o empequeñecer, superponer, dispersar. E inventar con variables y ver qué resulta: el  artista sabe desentrañar y crear el misterio.

Intimidades.
Intimidades.

LO QUE PENDE…

Civilización y barbarie.
Civilización y barbarie.

Hablamos de iconografía cuando, más allá de lo formal en la obra, referimos al contenido. El arte clásico se actualiza en el Renacimiento, se pone en contexto,  retoma el canon, la proporción, el número. ¿Qué sucede en la obra de Armando Sapia? También está la regla. En un análisis iconográfico diremos que se trata de un arte con elementos naturalistas, a veces. Sintético, otras. Claro, más sintético que naturalista. Con respecto a la iconología, el contenido nos presenta imágenes paradojales. En la obra de A. Sapia  ver que todo está en equilibrio inestable: hay personajes armados hasta los dientes que parecen a punto de caer. Un equilibrio pende. Está por desmoronarse algo, se viene la avalancha de personajes que alientan cargados con gritos de alegría. A la persistencia del desaliento -a estos personajes macabros atrincherados en desastrosos desamores- se opone esta posible avalancha: una bocanada de aliento en el fragor inestable del combate.

Todo recae.
Todo recae.

 

EJERCICIO DE LA CRUELDAD

La seducción de la rutina.
La seducción de la rutina.

En desafío al desaliento de lo tremendo, el mundo de “los espectros fascinantes de la desgracia y del dolor”, como decía Georges Bataille, el arte da lucha con una “determinación muda, inevitable e inexplicada, cercana a los sueños”. Si la crueldad se maneja en lo oculto, en lo que no desciframos más que arte-adentro, Sapia, como alquimista, dobla la apuesta y hace visible la paradoja.

La civilización es un elefante tatuado.
La civilización es un elefante tatuado.

Una vez más, Bataille: “el hombre preso en la trampa de la vida que somos se mueve en un campo de atracción, determinado por un punto fulgurante donde las formas sólidas son destruidas, donde los objetos disponibles con que está hecho el mundo se consumen como en una hoguera de luz”. En la obra de Sapia se expone esa “fulguración que consume”.

Así, cuando vemos “La civilización es un elefante tatuado”, el haz de luz abre un hueco en la opacidad de la piel del elefante. Entonces, el artificio nos libera, está ahí para destaparnos los ojos y que abramos la duda: ¿Civilización? Sapia pone patas para arriba los pliegues de lo que nos aterroriza, los surcos de lo innombrable, al monstruo configurado y configurante, al poder intangible de la trampa.

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Armando Sapia, con lentes bien transparentes, descubre el velo, destapa y denuncia: nos presenta las contradicciones de la historia, de la política y de la sociedad. En su aguafuerte “Civilización y Barbarie” o en su tinta “Sin Desconfianza” da a ver en los contrastes y, con contrastes, la ironía. De este modo, desafía el relato de los poderosos: lo deconstruye en un trabajo prolijo y tenaz de líneas y tramas, lo desenmascara. El artista en tejidos de líneas, ácido nítrico, chapa de zinc y puntas de acero afirma: existe el poder de desatar nudos. Pero – destaca-  el desaliento también se desarma.

 

Sin desconfianza.
Sin desconfianza.

 

 

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