El Desaliento: Sobre la vida de Juana Manuela Gorriti Zuviría

Por Noemí B. Pomi

EN EL PRINCIPIO FUE DIO-NISO

Dio-niso, el dios del caos y del vino, que en Roma será Baco, nació dos veces. Una -en forma prematura– pero, como Dios manda, del vientre de su madre mortal, Semele. Y la otra, se gestó cosido al muslo de su padre Zeus. Y sí, para la mitología griega, muchas cosas eran posibles. De este modo, Zeus se convirtió en padre y madre de Dio-niso. Dos orígenes, para un mismo dios.

Muerte de Semele-Rubens-1640-Museos Reales de Bellas Artes-Bruselas.
Muerte de Semele-Rubens. 1640, Museos Reales de Bellas Artes, Bruselas.

 

VELADURA DE ORIGEN

Hija del doctor y militar, José Ignacio Gorriti, y de doña Feliciana Zuviría, Juana Manuela nació en la hacienda “Los Horcones”, por entonces, un campamento fortificado, en lo que hoy es Rosario de la Frontera, Provincia de Salta. No existen certezas del natalicio de la niña. Algunos autores lo ubican alrededor del 15 de junio de 1816 y otros, del 15 de julio de 1818. Así, la aparición de nuestra Dio-nisa podría haber coincidido casi, casi, con el nacimiento de la Patria, o dos años después. Su intensa vida, bien que admitiría una doble partida. Lo difuso del origen la vuelve al mito. Lo concreto de su escritura la trae hasta nuestras manos.

CON PROVINCIA PROPIA

Cuando nació Juana Manuela Gorriti, hacía menos de dos años que se había “creado” la “Provincia de Salta”. En realidad, el asunto fue un desprendimiento -como si de la placenta desgarrada se hubiese tratado- del territorio jujeño. La recién nacida provincia tuvo al padre de Juana, José Ignacio Gorriti, como diputado representante en el Congreso de Tucumán, que declaró la Independencia el 9 de julio de 1816. El hombre también fue gobernador de la provincia dos veces y amigo personal del Gral. Güemes. Gorriti aportó a la causa patria dinero y hacienda. Y, a la guerrilla gaucha, predisposición personal.

Bendición de la Bandera Argentina por el canónigo Juan Ignacio Gorriti en la Catedral de San Salvador de Jujuy, sostenida por Manuel Belgrano.
Bendición de la Bandera Argentina por el canónico, Juan Ignacio Gorriti, en la Catedral de Jujuy, sostenida por Manuel Belgrano

 

SOTANA CELESTE Y BLANCA

Juana: séptima hija de una familia con ocho hijos. Vital, la niña alternaba su correteo por la galería, con los recorridos por el campo en su caballo negro o sobre el suri adiestrado (alpaca). Cabello suelto y viento en caricia sobre el rostro. La presencia de su tío detenía a ese torbellino. Juan Ignacio Gorriti, hombre de letras, político y canónico jujeño, la atrapaba. Él fue seguramente quien mejor comprendió la particular atención que sus relatos producían en la niña. Ante él, reaccionaban sus ojos, en un evidente titilar al mundo creativo. Cuántas palabras habrá incorporado con esos parloteos, proyectadas luego en imágenes textuales. Sin duda, su hogar se constituyó en la primera fábrica de su escritura. Ahí se dedicó a jugar y a descubrir el mundo. En ese mismo ámbito familiar sobrevolaban los ideales del cura Gorriti. En mayo de 1810, con total convencimiento, el sacerdote adhirió al movimiento revolucionario y se jugó en un artículo que sostenía el término de la autoridad de los virreyes. Ese documento impulsó la posición de Salta y Jujuy en favor del grito revolucionario. La sotana de este cura estaba impregnada de los colores patrios. Él bendijo la bandera de Belgrano en 1812 y fue el único cura gobernador de Salta.

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Imagen asociada a “La cocina ecléctica”, libro de Juana. (1892)

Su otro tío, José Francisco “Pachi” Gorriti, primera lanza de los gauchos de Güemes, aportaba sus historias. Relataba la lealtad de los nobles gauchos e indios en los encontronazos con los realistas, durante la época en que el gauchaje inclinó las acciones en favor de la causa nacional. Además, cuidó las espaldas de San Martín y Belgrano. Nada menos.

PLÁTICAS FEMENINAS

Si por las tardes el tío llenó sus oídos de retazos de narraciones, por las noches, la cosa no resultó menos interesante. Después de levantar la mesa, las señoras se reunían para conversar con fruición. Una imagina que el ritmo de esos parloteos pudo darle a Juana la voz para sus personajes femeninos. Y se sabe que las mujeres conversan todo el día. Si por las noches aprovechaban los huecos entre las tareas domésticas, por las tardes y de tanto en tanto, las tertulias reunían a toda la parentela. Es bien conocido, las damas de la familia y amistades, en convocatorias rotativas, se entremezclaban alrededor de mesas húmedas con chocolates calientes y manjares caseros. Esas parrafadas fluidas, variadas, contribuyeron a desarrollar aun más la imaginación de esa niña.

DIO-NISA, OLALÁ

Si bien su infancia transcurrió en medio de la guerra por la independencia, nada impidió que Juana estudiara francés, religión y literatura, en un beaterio de la capital provincial: “[el día en que me anunciaron que entraría a la educación formal] fue para mí un día de duelo. Me anunciaron que era necesario abandonar mi vida agreste, libre como los vientos, y cambiar los inmensos horizontes en que la pasaba, por el estrecho recinto de un colegio de monjas. ¿Qué iba a ser de mí entre aquellas figuras severas e imposibles?” (1)
En realidad, permaneció en la escuela poco tiempo, no toleró estar encerrada, se enfermó y debió volver a su hogar. Así, concluyeron sus estudios formales para abrir otras puertas.

CHAU, BEATERIO

Y, entonces, el regreso a la naturaleza boscosa, con el canto de los pájaros de fondo y el camino abierto para convertirse en ávida lectora de libros. Lectura y escritura ocuparon sus horas. Juana amaba a su tierra, gozaba cabalgar su pingo negro o un suri. Al regreso, el jinete desmontaba el caballo y montaba las letras. Su padre poseía una gran biblioteca, principalmente, con obras de los pensadores, creadores y juristas del iluminismo francés y también, con trabajos literarios de los escritores europeos de la época.
En “Lo íntimo” (1892), Juana Manuela Gorriti vuelve al lugar de su nacimiento. “La que esto escribe nació en la frontera de Tucumán y en el recinto de un campamento. Pasé los primeros años de mi infancia en la soledad de los campos, donde mi padre, coronel en el ejército patriota, había juzgado necesario relegar su familia, pues las ciudades eran entonces el teatro de la guerra. Crecí entre los rebaños, sin otra sociedad que los pastores y los soldados de mi padre”. A Juana Manuela, los silbidos de las armas no la desalentaron. Sin duda, por sus venas y aunadas, corrían patria y letras.

CONDIMENTOS VARIOS

Doña Juana Manuela reunió todos los condimentos de su época. Tiempos de guerras civiles y de la irrupción del Romanticismo en el Río de la Plata. Quizás, ambas cosas impulsaron a las mujeres a sus primeros coqueteos con las letras. El puente entre la naturaleza y la escritura -esa continuidad tan buscada por los románticos- es notorio en los escritos de Juana. Sí, encontró la forma de construir el viaducto vida-literatura. Veamos:
– ¿Fue Juana Manuela una adelantada a su época?
– Sí. Con su libro “La Cocina Ecléctica”, tal vez quiso rendir un homenaje al conjunto de las mujeres y a sus trabajos culinarios.
– ¿Acaso podríamos pensar que ha sido la precursora de Doña Petrona C. de Gandulfo?
– En efecto. Ese texto, además del valor gastronómico, actualmente tiene un gran valor documental. Aporta muchas recetas tradicionales argentinas, de otros países latinoamericanos e incluso, cocina europea de ese tiempo.

Recetas del 1800  Juana Manuela Gorriti

MINGA, CON SEUDÓNIMO

Con el poder político, económico y religioso, en manos de los hombres, desde hacía siglos, aquella época resultó muy compleja. La condición de mujer era un “estigma” a ocultar en el mundo de la literatura. Juana Manuela fue una de las primeras mujeres argentinas en incursionar ese ámbito. Resultó una dama tenaz en la oposición a la “regla” que impedía a las mujeres firmar sus escritos con su propio nombre. Increíble, debían firmarlos con seudónimo masculino. Su escritura era femenina, en el sentido entrañable de la palabra. Para Juana, los textos debían ser historia con mezcla de fantasía y, de ambas, ella tenía a raudales. Desde el borde del pasado, con la mirada en el presente y los sueños proyectados al futuro, en los escritos de Juana Manuela se fusionan historicismo, exaltación de lo autóctono y de lo nacional y una denuncia social y moral, como parte del combate por la libertad. Pero no todas las ligaduras fueron sencillas de romper. La lucha de clases, nacida con la patria misma, obligó a los Gorriti Zuviría a emigrar. Y allá marcharon: de Los Horcones a Bolivia.

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PARA EL DESTIERRO, AGALLAS

La familia encontró refugio en Tarija. Con apenas 14 años, el amor la rondó: hizo su entrada el Capitán Manuel Isidoro Belzú, quien le llevaba varios años. Las ansias de poder del militar relegaron a su familia. Mujer e hijas fueron abandonadas dos veces, en medio de los infructuosos intentos por parte de Belzú de tomar el poder en Bolivia. En uno de esos abandonos, él partió a Lima. Juana Manuela lo siguió. Pero él era un abandónico irremediable. Y otra vez voló. Ella quedó atrás, sola, con sus dos hijas y sin recursos. Sin embargo, de combates sí que sabía esta Juana. ¿Carácter dócil?: Noooooooo. Juana Manuela sabía del desajuste con las circunstancias desde sus desarraigos y exilios durante su niñez, como pupila en el convento de Salta. El matrimonio resultó otro pupilato. Y así es: al haber sido golpeada, la segunda vez ella tuvo una idea más clara de cómo levantarse. Con Belzú desaparecido, no era cuestión de desalentarse. Convencida de que la soledad no resultaba amable compañía, se refugió en otro amor, del que llegaron dos nuevos vástagos. Belzú, por su parte, no se ocupaba demasiado en ocultar sus amoríos. Sin embargo, cuando él “las hace” es un vivo y, cuando “ella las hace” debe desafiar los prejuicios. Increíble, para entonces, Juanita le dio la espalda a la pacata sociedad, redobló su apuesta y fundó una escuela primaria en Lima. Por su exclusiva decisión, se transformó en la primera maestra oriunda de Rosario de la Frontera. Cuando se hizo de cierto prestigio, abrió su “taller literario”, casi un centro cultural, donde guió muchas plumas. Por su parte, ella hizo lo propio. Por esos tiempos, entraron en ebullición todas esas imágenes lejanas en el espacio y la cronología, que coagularon en su presente narrativo.

DOÑA JUANA Y SUS DOS MARIDOS

De la época de su separación, y en medio de acusaciones recíprocas de infidelidad, esta mujer se animó a publicar “La Quena”. En 1845, la Revista de Lima la dio a conocer ¿Adivinamos el tema central de la novela? Sí, la disputa de dos hombres por el amor de una fémina. Además, “La Quena” “puede ser considerado el primer texto narrativo publicado por un autor nacido en lo que hoy es territorio argentino, ya que “El Matadero”, de Echeverría, no sería conocido sino póstumamente”. (2)

VARIEDADES AL PASO

De la anécdota a la novela, del relato de viajes al texto costumbrista. De Güemes a otras leyendas locales (como “El pozo del Yocci”), desde su primera publicación, Juana ya no dejó de escribir. Su vida y su obra recorrieron todo el siglo. Gran cantidad de cuentos muestran la versatilidad de Juana, para temas variados. A saber: “Belzú”, “Caer de las nubes”, “Un viaje aciago”, “El día de difuntos”, “El emparedado”, “Feliza”, “Quien escucha su mal oye”, “Una querella”, “El fantasma de un rencor”, “El postrer mandato”, “La ciudad de los contrastes”, “Nuestra señora de los desamparados”, “Escenas de Lima”, “Un drama de 15 minutos”, “Yerbas y alfileres”, “Impresiones del dos de mayo”, “Una visita al manicomio”, entre otros. Es muy difícil conocer el orden de publicación de los textos de Gorriti, puesto que se publicaron por entregas en distintas revistas y sólo posteriormente se editaron en forma de libros. Sus obras más importantes se reúnen en volúmenes, con el siguiente orden de publicación: “Sueños y realidades”, Buenos Aires -2 tomos- 1875; “Peregrinaciones de un alma triste”, (1875), “Panoramas de la vida” -2 tomos- 1876; “Misceláneas”, 1878; “Vida militar y política del general don Dionisio Puch”, 1879; “El mundo de los recuerdos”, 1886; “Oasis en la vida”, 1888; “La tierra natal”, 1889; “La cocina ecléctica”, 1892; “Perfiles”, 1892; “Veladas literarias en Lima”, 1892; “La Tierra Natal”, “Perfiles” (1892), “Lo íntimo”, 1892, póstumo ya citado.
Tomo uno de sus textos, “Peregrinaciones de un alma triste”, porque tiene un tema insólito para la época: Laura, la protagonista, vestida de hombre, abandona los cuidados excesivos de su familia limeña –es rica y tuberculosa– y huye hacia una vida de viajes incesantes. La rebeldía de Laura hace espejo en la rebeldía de Juana. Pero la Juanita fue por más. En la breve biografía destinada a Belzú, “Panoramas de la vida” (1876) relata un episodio de tremenda audacia. Los hombres de esos años habrán dicho que Juana era “casi un hombrecito”. Cuando debió ir en busca del cuerpo muerto de su esposo, asesinado en el Palacio de Gobierno de La Paz –lo hizo, a pesar de que ya no eran una pareja-: “Llegué hasta donde yacía el desventurado ya cadáver, lo levanté en mis brazos y en ellos lo llevé a casa, a ese hogar que él había abandonado hacía tanto tiempo”. Si de audacias se trata, la cosa no quedó ahí. Mucho antes de la muerte de Belzú, a los 26 años, disfrazada de hombre, volvió a su terruño para ver, de incógnito, cómo estaba la casa de sus padres. De su morada, sólo halló ruinas. De esta experiencia, sale la escritura: “Orcones, hogar paterno, montón informe de ruinas habitado sólo por los chacales y las culebras, ¿qué ha quedado de tu antiguo esplendor? Tus muros yacen desmoronados, los pilares de tus galerías se han hundido cual si hubieran sido edificados sobre un abismo. Apenas si las raíces sinuosas de una higuera y el bronceado tronco de un naranjo señalan el sitio de tus vergeles. A la ruidosa turbulencia de tus fiestas, ha sucedido el silencio de la soledad. Tus avenidas están desiertas y la yerba del olvido crece sobre tus umbrales abandonados”.

 

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Klsterruine Eldena, Friedrich.

JUGADAS POR AMOR

Como hemos dicho, Juanita impuso sus sentimientos contra los dictados de la pacatería en los tiempos post virreinales. Su escritura, innovadora del discurso femenino y el imaginario nacional, se va construyendo sobre su propia biografía. Quizás por eso se animó a escribir un cuento sobre Camila. El delito de la jovencita O’ Gormann y de su pareja -el jesuita, Ladislao Gutiérrez- fue amarse. Ellos dieron rienda a su pasión y rompieron las reglas de la sociedad. Por eso, fueron ejecutados contra un negro y árido paredón de Santos Lugares. Al final del relato, Juana los vuelve a la vida “una verde alfombra de vegetación que alzaba floridos sus exuberantes vástagos; en sus grietas anidaban las tórtolas y, en su negra cima, una alondra enviaba al aire alegres cantos”. Hermoso renacer. En el accionar de Camila juega un espejo de dobles. Otra vez. La vida no da una oportunidad para aprender y otra para ser feliz. Ellas, de una, se jugaron por las dos cartas.

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Los Expulsados, 2015, Oscar Capeche

 

INCANSABLE

En 1865, en “La Revista de camila-o-gorman-1-728Buenos Aires”, Juana publicó “Sueños y Realidades”. A propósito de este texto y de su autora, dijo Vicente Quesada, “el corazón de esta mujer es sobre todo el de una patriota”, una exiliada que, como él, compartía el destino de los peregrinos. Y agregó “es imposible leer vuestros libros sin sentirse engreído al reconoceros argentina; porque las escenas son argentinas y argentinos los héroes de vuestras novelas”. Así, en “Recuerdos de Infancia”, Juana Manuela encontró las más vivaces narraciones para pintar las figuras de Martín Miguel de Güemes y de su esposa, Carmen Puch. En 1874, Gorriti llegó a Buenos Aires y se dedicó a recopilar y a editar todo lo escrito. También fundó un periódico, “La alborada del Plata”. En tres países la reconocían y respetaban. Las valijas se hacían y deshacían con total rapidez. Desde 1875 hasta su muerte, en 1892, Buenos Aires la acaparó. No obstante, el cielo de Lima y de Salta no dejaron de ver a esa mujer pequeña, inmersa en sus historias. Ella seguía en movimiento. En uno de esos viajes, allá por 1886, se le animó al tren. Hasta el final intentó recuperar su infancia en “Recetas del cura de Yana-Rumi”, donde recogió las costumbres animistas andinas en tono de picaresca: un retazo de aquella América que tan bien conoció, un fresco que otros habrían ignorado.

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(1) Juana Manuela Gorriti, “Lo íntimo”.
(2) Felipe Pigna,” Mujeres tenían que ser”.

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