El Desaliento: Presentación de Viviana García Arribas y Gabriela Stoppelman, en nombre de “El Anartista”, para las Jornadas A.I.F.A.N. (1)

MILHOJAS DE MIRADAS

Por Gabriela Stoppelman

PLANTAR TERRITORIO

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Nuestra presentación intenta mostrar un poco el territorio de la producción de un texto. La idea es dar a ver el proceso vivencial, desde la recolección de trazos perceptivos a las primeras líneas. Y de allí, a la producción de un texto. Eso, en cuanto a la escritura. Luego viene la fase del escritor que se lee a sí mismo.

Ya es un tópico muy comentado que toda lectura es una instancia de escritura, ya sea de escritos propios o ajenos. Es imprescindible leer si uno quiere escribir, no solamente para conocer lo que ya hicieron otros, sino para preguntarle a nuestra producción cómo seguir con nuestra propia escritura. En este sentido, nos proponemos explicar la diferencia entre argumentos y líneas de poética. Los primeros son las estrellas glamorosas que tratan de copar el primer plano de la atención con sucesos y aventuras.

Las líneas de poética, en cambio, son hebras de sentido que se entretejen, como caminos sutiles, en toda escritura. Ellas marcan una diferencia al momento de la significación. También, a partir de la posibilidad de verlas en el propio texto, quien escribe encuentra un espejo de sus tensiones irresueltas. Es decir, halla el modo se seguir con la escritura de aquello que verdaderamente le importa, sin entramparse en “la buena literatura”, en los efectos de seducción ni en las lucecitas de colores.

FUNDAR EL TIEMPO, ANDAR EL ESPACIO

Pero empecemos otra vez. Si bien acabo de plantear la escritura-lectura como una luna de doble cara intercambiable, no son exactamente la misma cosa. Barthes asociaba la lectura al placer, pasible de satisfacción -como quien toma un café y se satisface- y a la escritura con goce. Acá, junto al placer, circula el fantasma del borde, lo oscuro, la muerte. En esta mezcla de placer y goce que es la escritura es posible la fundación de un tiempo y un espacio superpuesto y entretejido con el tiempo de la cronología y el espacio de la extensión.

Como todo oficio, también la escritura es más un hacer que un estar. A partir de ahí, “lugar” no lo entiendo como sitio, ni el tiempo como mera medida de un transcurso.

Pero entonces qué.

CAPAS CÓMPLICES

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William Blake, Hécate

Vamos a lo más cotidiano.

Si escribir es un acto laborioso, placentero, gozoso e inusual –excepcional, desde su intensidad y sus coordenadas- su materia prima viene de lo usual, incluso de lo reiterado y de lo rutinario. En este sentido, toda escritura es femenina, si entendemos como femenina esa capacidad de manejar en simultáneo distintos niveles de atención: una mirada que atiende a lo práctico (barrer el comedor, firmar el cuaderno de comunicaciones), mientras de reojo captura la parte, el fragmento, la huella, (busca el poema). Superpuesta a ésta, va otra mirada que busca la asimetría, la rebaba, la rugosidad, el desnivel de todas las miniaturas. Esta avanza en dúo junto a una que reclama la simetría, la cara sin maquillaje, el truco develado de ciertas monstruosidades. Milhojas de miradas, entonces.

 ESCRITURA AL LINDE

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Remedios Varo, Mujer saliendo del psicoanalista

Pero, en el linde entre dos capas, el oficiante sabe: no toda la cacería del día es aprovechable como texto. Parte del botín se la queda la memoria, otra parte no pasa los controles de la policía -la razón- y una porción es demasiado nocturna para volverse trazo y se va en pesadillas y terrores.

Lo que queda entonces es un sedimento de resonancias, astillas de frases, ecos de un tono, matices de un reflejo de luz sobre un color atrevido. Con esa poquita cosa, se sienta el oficiante ante el papel. Algunos necesitan que ese resto tenga el aliento de una historia, otros simulan que van a contar una historia para forzar al lenguaje a liberarse de la narrativa. Hay quienes se quedan con la cadencia porque buscan más la poesía que el poema.

 LA BUFANDA Y LAS HEBRAS

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Trama roja, técnica mixta

 

Finalmente, la poquita cosa empieza a probarse dentro del lenguaje. Es como un cuerpo que toma la forma de las respiraciones, las orfandades y los vacíos que la despliegan. La forma, como imaginarán, es difusa. Incluso si se trata de un texto simple y hasta divertido. Pero, después de un extraño tiempo de hacer equilibrio entre inconsistencias y solideces, al final, queda un tejido, una bufanda digo yo. Una superficie de un color mayoritario, donde se cuelan pequeñas hebras de otras lanas. Bufanda verde y una hebra roja y otra hebra azul. Esas lanas coladas van haciendo cursos semánticos.

No es el argumento, entonces el único que funda sentido ni el que privilegiadamente lo hace.

No es algo detrás del argumento quien decide.

No es el alma.

No es la esencia ni el inconsciente del texto.

Son las pequeñas canalizaciones, los arroyos, los surcos donde todo lenguaje hace cavado, pliegue, hondonada, pequeños riachos de sentido, que cantan bajito porque no necesitan ni el volumen ni la prepotencia de primera voz, eso queda para los argumentos.

El canto, entonces, eso que canta en cada escritura, es lo que socava las pretensiones y las prepotencias del argumento, de todo el espectáculo que intenta ocupar el primer plano.

El canto, entonces, la invención de quienes no primerean. La invención de los ritmos de rincón y esquina. De lo poético mucho más que de la poesía.

Sacramento San Joaquín River Delta
Sacramento San Joaquín River Delta

 

SACUDIRSE LA LAGAÑA

Lo poético entendido como ese extrañamiento de lenguaje, que obliga al cuerpo a acomodarse, a sacudir la lagaña de la percepción mecánica. “La voz piensa”, nos dijo en una entrevista Liliana Herrero. “Lo poético es lo inasible”, dijo el Pollo Raffo. Liliana Bodoc no se quedó atrás:  “Eso tiene que ver con el pensamiento de los pueblos originarios. No alcanzan las palabras, el círculo, los colores. La música. Ellos pensaron y lo dijeron en un libro de un mejicano, León Cortilla. Él reconstruye la poética de los pueblos aztecas y ellos hablan del canto, de la forma circular y de la música(…) porque hay que combatir el mal. El desamor absoluto”

Lo poético se hace con las armonías que aprovechan los filos, los bordes y las asimetrías para desocultar y crear sentido, sin hacer el escándalo con que pretenden imponerse todas las decoraciones, las palabras rimbombantes, las patéticas representantes del glamour, que en literatura tampoco faltan.

Lo poético, dijo Estela de Carlotto, “es eso que tenemos los seres humanos de dioses. De lo sublime. De lo bueno. No es sólo escribir, es la actitud poética.”

La poesía hay que llevarla a la carne, ahí resplandece, en la experiencia donde se hace y deshace la biografía personal. Hay escrituras que se escriben y hay escrituras que refundan biografías. Y una de esas, es la de Vivi García Arribas. Escuchen.

Exploración de los recursos del rio Orinoco Remedios Varo 1959
Remedios Varo, Exploración de los recursos del rio Orinoco

EN EL ORIGEN, UN LIBRO

Por Viviana García Arribas

 SEMBRAR EL DESEO 

Gracias, Gabi…

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Siempre supe que podía escribir. Nunca lo dudé: dominaba sujetos y predicados, conocía los vaivenes de la conjugación de verbos y el análisis gramatical. Sin embargo, me costó más de cincuenta años ponerme a hacerlo… De acuerdo, tal vez algunos años menos: descontemos la escuela… digamos… cuarenta años. Reconozco a mi madre como la persona que puso en mis manos, por primera vez, un libro. Ella sembró mi deseo. Hoy sé que leer es escribir y recibir aquel regalo fue el inicio de mi camino hacia este día. Hacia mi presente.

CUANDO EL RETOÑO CRECE

Siempre supe que podía escribir, decía. Pero no cómo hacerlo. Intentaba crear historias, cuentos, novelas y me enredaba con el lenguaje o me aburría a mitad de camino. Porque escribir no es solo volcar las letras sobre el papel, encadenarlas unas a otras en forma más o menos armónica. Se requiere de algo que yo desconocía. Se me acababa el aliento ni bien había partido.  “Entonces Jehová formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” (Génesis 2:7), dice La Biblia. Y así vagué, sin dios y sin alma durante mucho tiempo, envuelta en la salvación de lo cotidiano. Y viví, experimenté, crecí y guardé, en algún recodo de mi memoria, cada vivencia, cada sensación: el frío de las mañanas al levantarme para ir a la escuela, el aroma del café con leche, el color de las tardes en el mar, las voces, lo áspero, lo suave, la calidez de un cuerpo deseado, el estrago de la muerte. Hasta que un día, el volumen del tesoro fue tan grande que desbordó. El hastío, cómplice de lo ordinario, comenzó a disfuncionar, y ya no me fue suficiente. No me pude hacer más la distraída: tenía que escribir.

Miguel Ángel, La creación del hombre
Miguel Ángel, La creación del hombre

 

¿Qué es escribir? Leer es escribir, decía hace unos minutos, y eso lo había hecho toda mi vida. Leía y, cuando leía -como hacemos todos-, dibujaba con un lápiz prestado las historias de otro, imprimía un paisaje o un ambiente ajeno y lo hacía propio, me apoderaba del cuerpo y la voz de los personajes. Sin embargo, leer no era todo. Quien lee no se encuentra con una página en blanco, sino todo lo contrario. Aún así, un mismo texto es diferente para cada persona y, en este sentido, leer es un modo de reescribir.  Se aprende a escribir a través de la lectura, pero no todo el que lee es escritor.

ABONO E INJERTOS

Corriendo con tijeras

Entonces, ya tenía la lectura y los recuerdos. El siguiente paso fue el cine. Decidí no ser más una espectadora inocente, aprendí a mirar, pude entender el plano como un recorte de la realidad, una mirada sobre las cosas y una elección sobre cómo contarlas. Y, en esa poética que tiene la vida, en esas hebras del mismo color que se descubren en un relato, advertí que el cine también estaba ligado con mi madre. Ahí pasábamos las tardes los fines de semana. El recuerdo atesorado de esa época es el sabor de la leche tibia que mi mamá llevaba en un termo y el olor que se desprendía de las galletitas al abrir la bolsa de papel, despacito, para no hacer ruido. Sí, mi primer paso fue hacer cursos de análisis cinematográfico. Pero, en esa época, todavía pensaba en el escritor inspirado e insomne que aporrea la máquina de escribir y, en una noche, escupe una novela, así, como si pariera un hijo. Imagen que, es cierto, nos ha regalado el cine… En fin, nada es perfecto. Aun así, vale la pena detenerse a pensar en la idea de la gestación previa al nacimiento. Esto es: tiempo. “He necesitado veinte años para escribir lo que acabo de decir”, declara Marguerite Duras en su libro “Escribir”. Y no solo tiempo. La escritura, el solitario acto de escribir, es una matriz provisoria, un vientre donde se gesta la alquimia de las palabras para obtener algo nuevo.

LOS PRIMEROS BROTES

Libré mis primeras batallas como crítica de cine, pero no me fue suficiente. Con más preguntas que certezas llegué al taller de Gabriela en busca de la palabpocket-watch-598039_1280ra precisa, esa que pudiera expresar, sin dejar lugar a ninguna duda, aquello que yo quería decir. Y en pos de la precisión, me encontré con la multiplicidad. Tuve que acostumbrarme a la idea de que la palabra “mesa” no quiere decir lo mismo en un texto científico, en una novela de caballeros o en un poema de Alejandra Pizarnik. Adaptarme a la idea de estructura, a pensar en el esqueleto de los textos. Concebir la forma como una herramienta artística, como el cineasta compone el plano, utiliza el color o decide hacer un flashback. Entender que la estructura circular es propia del cuento y que esto lo diferencia de un simple relato. Ya no podía contar todas las historias de todas las formas, sino que debía encontrar la forma adecuada para cada historia, y, además, no hay forma completamente adecuada. Y en esa restricción encontré la libertad. Poco a poco, se unieron los retazos y, entonces, recuerdos, lectura, cine y aprendizaje, lentamente, dieron lugar a la invención. Porque de eso se trata, como el científico consigue a partir de elementos preexistentes un producto nuevo, el escritor forma con retazos de lo real un mundo que hasta ese momento no existía.

FLOR DE INICIO

Y aquí estoy, este es mi presente. Me encuentro parada muy cerca de aquel inicio junto al libro que me regaló mi mamá. A pesar de eso, el camino recorrido ha sido muy largo. Sin embargo, visto hoy, no fue más que un viaje alrededor de un punto, un desplazamiento mínimo, ese constante insistir sobre lo mismo que me llevó toda la vida. Y así como la escritura es matriz cada vez que el oficio se plasma, vuelvo a la infancia que me es restituida hoy, en la adultez.

Como en un cuento.

VARO+Remedios+-+Creación+de+las+aves,+1957+col.MAM+copia
Remedios varo, Creación de las aves

 

 

(1) A.I.F.A.N. es una asociación civil sin fines de lucro, que brinda asistencia psicológica y psiquiátrica para adultos, adolescentes y niños.

 

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