El Lado B: Sobre “Hiperión”, de Friedrich Hölderlin.

Por Anne Diestro Reátegui

¡Pero yo quiero ir al Cáucaso! Pues hace un momento oí una voz aérea que decía: los poetas son libres como golondrinas”.

“Migración”, Friedrich Hölderlin (Últimos himnos. 1800-1803).

 

IMPRESIÓN DESPALABRADA

Para hablar de nuestro Lado B, hemos descubierto algún lado A. No es necesario identificarlo como el más importante, es claro que no lo es. El asunto quedó a las claras cuando, el otro día, salía de un café y, agotada por el sol de media tarde, me detuve en la parada de colectivo. En eso, vi algo sobre el piso que llamó mi atención. Era una carta, la levanté y en el reverso había una cita de Friedrich Hölderlin:”Tú quieres un mundo, por eso lo tienes todo y no tienes nada”. El sol se entumecía y me agitaba todas las medias tardes. Debí soplar la vida desde las palabras, que siempre me refugian. No se puede combatir la desidia entreverada con el lenguaje y los ánimos negros, por eso abro al lado B.

Ruinas, Xul Solar.
Ruinas, Xul Solar.

VOZ DE LUZ

He vuelto hasta la poesía de Hölderlin. Inicié un juego de tiempo solo para sentir la brisa del río Neckar en 1806, año en el que el poeta llegó a la torre de Tübingen, Alemania. Mucho se ha dicho sobre él. Tanto, relacionado con su locura, con sus 41 años sin escribir, con su torre y, evidentemente, con su poesía. La voz para leer “Hiperión” -una novela escrita por Hölderlin entre 1774-1795- se parece a la voz de una luz en un cuadro impresionista: ese anudamiento con la naturaleza, los matices claroscuros y las palabras que caen como laberinto desocultado. En la poesía de Hölderlin las palabras se unen para luego desmembrarse entre el amor a Diótima y a Grecia. Diótima es una mujer que pude leerse del lado A, como aquella que irrumpe en el “Banquete” y se asocia siempre al amor platónico, o como esa mujer que enamoró a Hölderlin, Susette Gontard, la esposa de un rico banquero. Sin embargo, picardía del Lado B, que siempre señala la imposibilidad de un solo lado e instala la sospecha de múltiples caras en cualquier asunto, Diótima es sobre todo una creación poética de Friedrich. Pero no nos adelantemos aún. Vamos con la torre, ella nos llevará al Hiperión.

 

LA TORRE

Torre Tübingen, Alemania.
Torre Tübingen, Alemania.

Que uno de los poetas más importantes de la historia haya vivido tantos años confinado en una torre casi parece una metáfora. Fiedrich Hölderlin fue atravesado por la pobreza y la locura. En agosto de 1806 un gran amigo suyo, Isaac Van Sinclair, lo trasladó a la clínica del Dr. Authenrietch. Su relación con la esquizofrenia ya había pasado a un plano mayor. Al poco tiempo, el ebanista Erns Zimmer le dio posada en la torre de Tübingen, donde permaneció hasta su muerte, en 1843.[i]

Uno podría recordar, en este momento, a Alejandra Pizarnik: “Lúcido viene de Lucifer y Lucifer viene de Luz y de Fergus, que quiere decir el que tiene luz, el que genera luz, el que trae la luz que permite la visión interior: el bien y el mal, todo junto, el placer y el dolor”.

Y también traer a este texto el lichtung[ii] de Heidegger, la iluminación profana de quien pasea por un bosque oscuro y, de pronto, de abajo para arriba, una luz le “hace caer la ficha” de una verdad inmanente. Martin Heidegger entendió el lichtung como el desocultamiento del ser, “Licht del Seins” o “Luz del ser”. El lichtung queda así ligado y desligado de la tradición filosófica. Por una lado remite a la metáfora platónica: la luz de la verdad que los hombres solo ven como sombras, en “La caverna”. Y, por el otro, remite a una luz completamente diferente, una que no se asocia a ninguna verdad trascendente, la iluminación en medio de lo oscuro, que es pura inmanencia

Hölderlin, a través del lenguaje, desoculta al ser: Por eso Hedeigger se ocupa de él en su obra posterior a “Ser y tiempo”. [iii] Para desocultar el ser primero hay que librarlo de la trampa del yo. “Cómo puedo decir “¡Yo!” sin conciencia de mí mismo?, pero ¿cómo es posible la conciencia de mí mismo?; es posible porque yo me pongo enfrente, frente a mí mismo, me separo de mí mismo y, pese a esta separación, en lo puesto enfrente me reconozco como lo mismo. Pero ¿en qué medida como lo mismo?”[iv]

 

VOZ DE LA TORRE

holderlin_Loco

Durante su estadía en la torre, Hölderlin se hacía llamar “Scardinelli”. Con un gorro blanco y puntiagudo sobre la cabeza, daba largos paseos entre palabras extrañas. Muchos llegaban a visitarlo y él respondía “Su majestad” o “su Alteza”, a quien fuera el interlocutor. [v]

Wilhem Waiblinger, amigo y editor de Hölderlin, cuenta que, entre los papeles del poeta, encontró una carta, donde Hölderlin, luego de alabar a los dioses griegos, dice: “Entiendo a los hombres ahora que vivo lejos de ellos y en soledad”. [vi]

 

HIPERIÓN Y DIÓTIMA

El “Hiperión o el eremita en Grecia” es una novela romántica. Es decir, con todos los rasgos del romanticismo alemán: su “greciedad ficcionada”, como un ideal construido de emergencia para pensar un mundo que se desmoronaba, sus nieblas, sus ruinas, sus hombres desantropomorfizados del paisaje. La primera parte del texto aparece en 1797 y Friederich Schiller, dramaturgo y filósofo, amigo de Hölderlin, decide publicar fragmentos en su revista “Talía”. La segunda parte verá la luz a finales de  1799.

Diótima.
Diótima.

La novela tiene dos fuerzas inmanentes que se encuentran, en una encrucijada de caminos en el concepto de “lo femenino”: el amor y Grecia. Grecia es puente para llegar a Diótima y Diótima es puente para construir a Grecia. Lo femenino es así, una belleza mezclada, una naturaleza que religa y hostiga a la vez: “¡Qué cambie todo a fondo! ¡Que de las raíces de la humanidad surja el nuevo mundo! ¡Que una nueva deidad reine sobre los hombres, que un nuevo futuro se abra ante ellos! En el taller, en las casas, en las asambleas, en los empleos, ¡que cambie todo en todas partes!”. ¿Y si no se puede cambiar? Se escribe. Pero un día, el poeta se entera de la muerte de Susette. Y la palabra, entonces, se detiene, vacila, continúa todavía por un tramo, pero ya muy herida. No hay entre estos dos hechos una causalidad directa. Sin embargo, no hay belleza sin trazas de muerte. Lo sagrado en Hölderlin transfigura el entorno, lo hace devenir en un todo nuevo cada vez. Lo femenino es el origen y el final de un poema, por siempre, inacabado

“Mañana estaré con Alabanda. Me resulta un placer preguntar por el camino de Coron, y pregunto con más frecuencia de la necesaria. Quisiera tener las alas del sol y volar hasta él y, sin embargo, me retraso también con gusto y me pregunto: ¿cómo estará? ¡Soberbio adolescente!, ¿por qué nací yo más tarde?, ¿por qué no surgí junto con él de la misma cuna? No puedo soportar la diferencia que hay entre nosotros. ¡Oh!, ¿por qué viviría yo en Tina como un pastorcillo ocioso y aun soñaba con los que se le parecían, cuando ya él probaba la naturaleza con un trabajo vivo y luchaba ya con el mar, el aire y todos los elementos? ¿No había en mí también un ansia de grandes hechos? Pero le alcanzaré, me daré prisa. ¡Por el cielo!, estoy más que maduro para la labor. Mi alma se enfurecerá consigo misma si no me libero pronto gracias a una tarea llena de vida. ¡Noble muchacha!, ¿cómo pude presentarme ante ti?, ¿cómo te fue posible amar a un ser tan inactivo?”

8db9f7bceaUN ANIMAL QUE NOS RESPIRA

Los poetas románticos intentaron reunificar el mundo: lo consciente y lo inconsciente, las ruinas del pasado y los derroteros de lo actual, lo agreste y lo pulido. La vigilia y el sueño, el orden y el caos. Sin embargo, los cortes habían sido muy profundos. Al panteísmo romántico le costó suturar las heridas. Todo era dios, pero el todo se escabullía. “Un solo día habré vivido entonces como los dioses. Y eso basta. Por donde mire, todo es violencia y se desmorona (pero) cuando los mortales van silenciosos por el bosque, en el aire suave hallan a un dios luminoso”. [vii]

 

A LEVANTARSE, QUE LLEGA EL DEVENIR

Hiperión fue un titán, hijo de Urano, el cielo y Gea, la tierra. Hiperión, el dios del sol que remite al Zeus de los egipcios. La traducción al español sería: “el que camina en las alturas”. Derrocados los titanes por los olímpicos, se instala, como siempre, la sospecha, de cómo hubieran sido las cosas si el triunfo se hubiera dado en otra dirección. Los titanes, de ese modo, se enfantasman, se ofrecen como la contracara de lo que es y como el horizonte de lo que podría ser. No es extraño, entonces, que dos poetas románticos -Hölderlin y Keats- hayan recurrido a la figura de Hiperión como una manera de invertir la mirada, de sacudir la modorra de lo instalado. De zarandear toda la comodidad rancia del lado A.

Alma das piramies, Xul Solar.
Alma das piramies, Xul Solar.

 

[i] Hölderlin, genio herido por el rayo de la locura, David Pujante.

[ii] Iluminación.

[iii] Juicio y ser, Hölderlin.

[iv] Juicio y ser, Hölderlin

*Todos los textos en cursiva pertenecen al Hiperión, fragmento de Hiperión a Diótima.

[v] Enigmas literarios, Jesús Vallejos, página 265.

[vi] Enigmas literarios, Jesús Vallejos, página 266.

[vii] Holderlin, poesía completa.

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