El Lado B: Sobre ocasos inducidos: Camile Claudel, Cassius Clay y Modigliani.

Por Noemí B. Pomi

LA SANTÍSIMA TRINIDAD: ALUMNA, MUSA, AMANTE

Belleza e inteligencia juntas. Fue por 1864 en Campagne, Francia, cuando Camille Claudel comenzó a recorrer su camino. Los dones para la escultura los mostró desde pequeña. No daba importancia a las muñecas, jugaba con barro, modelaba los rostros de sus hermanos y hasta se atrevió con la cara de Helena, la mucama. Helena solía ser reprendida por la mamá de Camille debido al tiempo “desperdiciado” como modelo para escultura y sustraído al trabajo. Desde el vamos, la voluntad artística de la muchacha no fue comprendida por las féminas de la familia, quienes la consideraban una transgresión a las normas que debían regir la vida de una dama. Clarito, la oposición materna estaba planteada ya desde los juegos. No soportaba ver a su hija entre perfiles. Tiempos difíciles. Por aquel entonces, a las mujeres les quedaba ser una buena esposa o una madre abnegada. Tan solo su padre y su hermano comprendían que Camille tenía un vuelo indetenible.
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“La Vieja Helena”, Camille Claudel, terracota, 1885

El año 1883 resultó determinante en la vida de Camille. El traslado de su familia a París le abrió la posibilidad de comenzar su formación artística. Se inscribió en la Academia Colarossi y conoció a Auguste Rodin. Él ya había creado “El Pensador” y comenzaba a gozar de gran renombre. Rodin se sintió fascinado por las obras en yeso de Camille. Esa jovencita sí tenía identidad propia. Al poco tiempo, él le propuso trabajar en su taller. Y a partir de ahí, rostro, talle y formas de Camille fueron reconocibles en las esculturas de Auguste, para escándalo de su familia. Desde el comienzo, se convirtió en alumna, musa y amante.

POR PREPOTENCIA DE CINCEL

Camille se atrevió con senderos no convencionales. Amó a un tipo casado y abrazó la escultura, como ya se dijo, actividad casi exclusivamente masculina, por aquellas épocas. Ellos se unieron en una relación de amor e inspiración mutua. Con el tiempo, como en todo vínculo, las tempestades se desataron. Martillos y cinceles moldearon los mármoles que dieron nacimiento a sus obras. Ella, sin ser una pieza a esculpir, también acusó golpes. No obstante, las actitudes de Rodin no impidieron que su mejor alumna dedicara parte de la vida en que pudo circular en libertad, a construir con una impronta de femineidad tan singular, que la caracterizó como la gran escultora del siglo XX.

DE MANUAL

¿Acaso Auguste no advirtió la fragilidad emocional de esa jovencita, Camile Claudel, dos años menor que su hijo? ¿Por qué las promesas de matrimonio- incluso por escrito-, cuando él no pensaba romper su relación con Rose Beuret, madre de su sucesor? ¿Acaso el amor a Rodin obnubiló la razón de Camille? ¿Se puede enloquecer solo por amor? Tal vez, sea posible concluir que, a su manera, Camille fue también una mujer fuerte. Impuso su personalidad y hasta compitió con quien ya era un escultor reconocido. Se influenciaron más de lo que jamás le hubiera gustado reconocer a Rodin.

 

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La bibliografía abunda en datos acerca del tormentoso romance y del violento final de Camille Claudel. Sin embargo, hay preguntas que aún hoy siguen su ronda alrededor de la data biográfica. Interrogantes en torno al maltrato sicológico, la humillación, el desprecio como artista y la exhibición de Rodin con otras mujeres. Pero Camille no vivió solo como la “amante de un genio”. Fue, sobre todo, la escultora de “La edad madura”: Intensa alegoría del triángulo amoroso Camille-Auguste, Auguste-Rose. Allí se la ve implorar el amor de un Rodin que parte indiferente, acompañado de Rose Beuret.

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“La edad madura”, en bronce, Camille Claudel, 1899

LA DANZA FRÁGIL

Rota la relación con Rodin en 1893, Camille continuó febrilmente con su otro amor, su hacer: así surgieron “La ola” y “El abandono”.
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“La ola”, bronce con pátina verde y café, Camille Claudel, 1897.

 

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“Ensoñación al amor de la lumbre” o “El Pensamiento” o “El abandono” (1898), Camille Claudel,

 

claudel-profundopensamiento “El pensamiento profundo”, Camille Claudel, 1898

Es bueno hacer una lectura de esta obra. “El Pensamiento profundo”, ¿de quién?, ¿de la mujer de espaldas?, ¿de los leños?, ¿el pensamiento hundido en el fuego? El Pensamiento: una entidad sin sujeto. Pensar, así, en infinitivo. expresa la acción abstracta y general que se apoya en la prolijidad de las causas, los efectos y la lógica. Rodin, en cambio, esculpió “El Pensador”, no el pensar. En su obra es un ser singular y activo quien pone en acto el pensamiento. Así fue el reparto de roles entre ellos dos.
Ya en 1895, de las manos de Camille, nació el esplendor de otro bronce, “El Vals”, una escultura en la cual la pareja de bailarines apenas se muestra en frágil equilibrio. Él abraza la cintura de su compañera, ella busca el sostén en la mano del acompañante y oculta la cabeza en el hombro del varón. Sus rostros se rozan en gran sutileza. El espectador está ante un impasse del movimiento que puede retornar en armoniosa danza o en una estrepitosa caída, donde el bailarín podría pisar por fin a la danzarina.

 

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“El Vals”, en bronce sobre base de mármol, Camille Claudel, 1895

Y POR CASA, ¿CÓMO ANDAMOS?

En 1905, Camille realizó su última exposición con 13 obras que la consagraron. La crítica fue elogiosa y reconoció, por fin, su arte lejos de la sombra de Rodin. Pero los elogios le llegaron tarde. Alejada de su amor, en una profunda depresión, Camile se recluyó por años en su departamento, sostenida por su padre y mecenas.
Louise Prospel Claudel fue ladero de su hija, aun en contra de la voluntad de la madre y del resto de la familia. En su período de reclusión, Camile creaba y destrozaba las piezas. Nadie supo jamás la cantidad exacta de obras realizadas por ella. En 1913, falleció su Louise. Su destino, inapelable. A los ocho días, la madre y el resto de la familia – que se mostraban horrorizados por el tipo de vida bohemio y a contracorriente de la escultora – la hicieron internar en el sanatorio Ville Evrard. El diagnóstico: manía persecutoria y delirio de grandeza. En su largo período de internación recibió la visita de su hermano, Paul Claudel, ¡solo siete veces!

PRUEBAS AL CANTO

Como toda verdad en algún momento surge, cincuenta y dos años después de su muerte, localizaron sus cartas en un sótano de París. Ellas evidencian a una mujer en su sano juicio, aunque acechada por la soledad, la manipulación y el maltrato de su entorno. “Necesito ver a alguna persona que sea amiga”. Era tarde, su madre había dispuesto que no se le permitiera recibir visitas ni correspondencia.

 

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Así, tras treinta años de aislamiento y olvido, Camille terminó sus días en el sanatorio de Montdevergues, el 19 de octubre de 1943.
Precio demasiado caro, pensaría cualquier mente sensata de nuestro tiempo. Eso costaban, por aquellas épocas, ciertas osadías. Destacarse en su arte, gritar su amor a un hombre mucho mayor que ella, no importarle el calificativo de amante. La sociedad, y hasta su propia madre, no perdonaron ni se apiadaron de su espíritu: “No he hecho todo lo que he hecho para terminar mi vida engrosando el número de recluidos en un sanatorio, merecía algo más” (1)

Encerraron su cuerpo y su mente. Entonces, ella quebró sus alas. Tal vez, en secreto, fantaseaba con sus esculturas, las moldeaba en ideas recluidas dentro de su reclusión. Meras fantasías u horizontes pero, aun así, un modo de no darles la razón del todo a quienes la confinaron.

II
LA SANTSÍMA TRINIDAD: NEGRO, BOXEADOR Y POBRE

En los sesenta ya era un bailarín del cuadrilátero. El mundo entero vio a uno de los íconos pugilísticos más notables de todos los tiempos. Se trataba de un boxeador negro, un norteamericano nacido como Cassius Clay. Los Juegos Olímpicos de Roma 1960 cayeron rendidos a sus pies y dos años más tarde ostentaba la corona mundial de los pesos pesados, con solo 22 años.

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NOQUEAR EN LAS PREVIAS

Provocador, acostumbraba a comenzar los combates varios días antes de su realización. El estratega planteaba una guerra sicológica con miras a debilitar a sus rivales antes de su ingreso al ring. En el cuadrilátero, sus pasos de baile y las picaduras que infligía  – por aquello de que volaba como una mariposa y picaba como una abeja – le permitían acumular victorias.
Cambiaron las cosas cuando se atrevió a desafiar al imperio. Negarse a pelear en Vietnam le significó la pérdida de la corona. Lo despojaron del título conseguido y sostenido en peleas memorables contra Sonny Liston, George Chuvalo, Henry Cooper y Ernie Terrel, entre otros.
Sus documentos, desde 1942, consignaban Cassius Marcellus Clay. Tras su conversión al Islam, pasó a llamarse Muhammad Alí. Cansado de las injusticias a las que eran sometidos sus hermanos, adhirió a los movimientos de derechos civiles. Por ello, acompañó a Martin Luther King (2) y a Malcom X (3). En 1965, asesinaron al primero y, en 1968, al segundo. Entonces, Alí se sintió solo en sus reclamos más allá de las fronteras pugilísticas. Esta vez no estaba dispuesto a sufrir ningún nocaut. Sabía perfectamente a qué se exponía, no se doblegó.

 

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VOLVER AL PAGO

Cuatro años de ausencias del ring, abogados que interponían recursos y nadie para escuchar los reclamos del campeón. Las autoridades de EEUU se jugaron a ganarle mediante el derrumbe económico. Hombre de costumbres simples, eligió vivir en un barrio modesto, con predominio de población negra. Sus gastos no eran extraordinarios, pero cuatro años sin ningún ingreso casi logran su quiebra económica. Sin embargo, no aceptó el yugo que se echaba encima de los gladiadores de su raza.
En opinión de Joyce Carol Oates, (4) “Cuanto más importante era el boxeador negro, más pesaba la necesidad de que asumiese precaución y autocontrol”. Aun así, el joven Cassius Clay/Muhammad Alí se negó a desempeñar ese papel. No estaba dispuesto a ser ‘el Negro del Hombre Blanco’”.

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Alí no se callaba. Lejos de evitar la confrontación, la buscaba. Como sus golpes, sus palabras también eran letales. (“Yo soy América. Soy la parte que no querés reconocer. Bancátela”.) Y, para colmo, era musulmán. ¡Podríamos imaginar un Alí en la América de Donald Trump!

El doctor Luther King, que ya era Nobel de la Paz, lo tomó como ejemplo: “Como dice Muhammad Alí, todos nosotros –los negros, los marrones, los pobres– somos víctimas del mismo sistema de opresión”.

Así, este hombre se ganaba la vida en una conjunción de baile y zumbidos, mientras apoyaba la causa de la paz y los derechos civiles. Se plantó, con la claridad de un cross a la mandíbula. Arriba del ring, los puños. Abajo, la política.
¿Qué habrá sido de él durante los años de persecución y boicot a cargo del imperio? El tipo más popular del mundo, censurado en los medios y convertido en paria. El tipo que ostentaba la corona de la máxima categoría del box, condenado a la impotencia. El boxeador más talentoso del mundo, forzado a vivir de préstamos.
Años después de la suspensión, diversos rings lo vieron volver y recuperar su corona. Un imperio cargará el haber generado una guerra injusta y el haber privado a los amantes del boxeo, durante cuatro años, de los espectáculos brindados por un gladiador excepcional.

III

MODIGLIANI:  LA SANTÍSIMA TRINIDAD: MOISHE, MUJERIEGO Y POBRE

Allá en 1906, la bohemia francesa lo recibió. Se trataba de un joven pintor y escultor italiano. Por aquel entonces, París era el centro de la vanguardia. Allí, Amedeo Modigliani se vinculó a hombres que lo marcarían para siempre. Elegante y provocador, había nacido en una ciudad puerto, Livorno, Italia en, 1884. Esa tierra tan amable había cobijado a los perseguidos por cuestiones religiosas, hasta convertirse en un importante centro de la comunidad judía, a la que pertenecía el pintor. Si bien sus años jóvenes los pasó en Italia, pronto el porcentaje de sangre francesa decidió su elección. Su madre, Eugenia Garsin, sefaradí nativa de Marsella, era una intelectual cuyos ancestros fueron expertos en los textos sagrados judíos. El linaje de la familia alcanzaba al filósofo holandés del siglo XVII Baruch Spinoza (5). Las finanzas fueron el dolor de cabeza de los Modigliani, ya que Flaminio – su padre – no resultó muy hábil en ese aspecto y comprometió la economía de la familia.
Inquieto, afectado de fiebre creativa y de la otra, el jovencito Dedo (como lo llamaban en su familia) comenzó con sus clases de pintura en su pueblo, pero pronto la ciudad florentina lo atrapó. Por esos días, pasó a formarse en la Escuela Libre del Desnudo. ¡Cómo se movilizaba ese joven! Al año siguiente, tabla, pinceles, papeles y pinturas ya transitaban el Instituto de las Artes de Venecia. El combo que cuentan las biografías carga con todas las señas del maldito: bohemio, mujeriego, enfermo y pobre. No obstante, Modigliani alcanzó una cierta reputación durante su vida y, solo después de su muerte, logró que se hicieran más lecturas de sus pinturas que de sus andanzas personales.

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“Desnudo sentado”, Amedeo Modigliani,

TE DEJABA EL ALMA EN PELOTAS

París le dio la posibilidad de conocer a Max Jacob (6), a Picasso (7) y a Diego Rivera (8), entre otros. Amedeo encontró inspiración en Paul Cézanne (9), en el cubismo, en la época azul de Picasso y en las estampas del japonés Utamano (10). Su rapidez de ejecución lo hizo famoso. Nunca retocaba sus cuadros. Quienes posaron para él decían que era como si les hubiese desnudado el alma. No obstante poseer una salud quebrada, sus adicciones lo llevaron a moverse por los lugares más sórdidos en los que habitó.

¿ESCULTOR O PINTOR?

Modigliani se consideraba más un escultor que un pintor. El impulso escultórico nació cuando entró en contacto con la obra de Constantin Brancusi (11). Constantin encontraba inspiración en el arte prehistórico y africano. Simplificaba al extremo las formas para mostrar la naturaleza subyacente al desnudo. Predominan en sus obras dos formas simples: el huevo y el cilindro alargado.

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“Musa durmiente”, Constantin Brancusi

También África atrajo a Amedeo, y, ya en 1908, realizó sus primeros estudios de cabezas y cariátides, inspirados en máscaras africanas. El período de los golpes sobre superficies duras y no tanto va desde 1909 a 1914. Emprendió la talla directa en piedra. Durante cinco años se olvidó de su primer amor y se dedicó a esculpir. Mármol, al principio, y luego piedras más blandas, como la arenisca.
Según el historiador de arte Gerhard Kolberg, “las esculturas de Modigliani conjugan pretensiones idealistas y plásticas, con una realización escultórica primitiva, incluso arcaica”. En las creaciones de Modigliani se observa una estilización particular: cabezas con cuellos largos, narices agudas y ojos representados como contornos son clara referencia a aquellas esculturas de los primitivos. Esas características las trasladó a las pinturas de su última etapa.

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“Máscaras africanas antiguas”

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“Máscaras africanas antiguas”

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“Escultura”, Amedeo Modigliani

MI BEATRICE

Con los golpes del alcohol, ardía en violencia. Cuando estaba sobrio era manso. Los éxitos con las mujeres fueron mayores que con el arte, hasta que apareció su “Julieta”, encarnada en Jeanne Hébuterne. Ella provenía de una familia burguesa y católica. Sus padres se opusieron a la relación de su hija con un pintor pobre, extranjero y judío. No obstante, la pareja se instaló en Montparnasse y Jeanne se convirtió en la musa de Dedo. “Su verdadera Beatriz” como solía decirle él, en memoria de Dante. Un detalle, el pintor que lograba desnudar hasta el alma de sus modelos jamás expuso un desnudo de su Jeanne. Continuó con sus andanzas etílicas, a pesar de haber agrandado la familia con la pequeña Jeanne y con el anuncio de otro embarazo. Modigliani escribió: “Hoy, 7 de julio de 1919, me comprometo a casarme con la señorita Jeanne Hébuterne, enseguida que lleguen los papeles”. Antes de concretar su promesa, la salud de Dedo se deterioró y murió víctima de una meningitis tuberculosa, a los 35 años, rodeado por su mujer y los pintores amigos.
Quebrada emocionalmente y sin recursos económicos, Jeanne regresó con su familia, aunque no estaba dispuesta a vivir sin Amedeo. A los dos días, se arrojó de un quinto piso. Quedó, así, huérfana la pequeña Jeanne, adoptada por una hermana de Amedeo. Con los años, la hija escribió el libro “Modigliani, hombre y mito”, que aborda aspectos autobiográficos desconocidos de un genio.

 

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“Jeanne Hébuterne”, Amedeo Modigliani

PALABRAS DE AMEDEO

“El hombre que no puede encontrar nuevas ambiciones e incluso a un ser humano nuevo dentro de sí, aquel que está siempre destinado a luchar con lo que permanece podrido y decadente de su propia personalidad no es un hombre”.
“Quisiera que mi vida sea un torrente fértil que recorra la tierra con alegría. Soy rico, estoy lleno de ideas, y sólo necesito trabajar. […] Un burgués me dijo, hoy -con la intención de insultarme- que mi cerebro estaba siendo desperdiciado. Me hizo mucho bien. Todos deberíamos recibir un recordatorio como ese cada día”.

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Amedeo Modigliani

Quizás Dedo debió descender hasta los estadios etílicos más bajos, en la búsqueda del inconsciente, del misterio del instinto de la raza humana. Realizó cientos de cuadros y miles de dibujos en solo 10 años. Siempre retratos o desnudos, cuerpos y caras que expresan avidez por desenmascarar la carne. Y, posiblemente, a pesar de la miseria, la pasión con que abordaba su arte, le abrió la mirada: “Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti” Friedrich Nietzsche (12)

EL OTRO LADO, EL ÚNICO LADO

Yeso, guantes y pinceles no son objetos libres. Para homenajearlos y blandir con ellos el deseo, hacen falta condiciones que acompañen y amparen o permitan batallar contra los determinismos. Ninguna voluntad puede crear condiciones más allá de su singularidad. Pero cuando, al menos para sí mismos, algunos se fundan un espacio donde plantear la diferencia, sientan un precedente. Una grieta, una fisura, desde donde y hacia donde pueden atisbar todos los deseos oprimidos de la historia. Tomar los guantes, despabilar los pinceles y encontrar las formas escondidas en el yeso y el bronce son patriadas clase A, de seres que siempre inauguran lo otro: el lado B.

(1) Claudel Camille (1864 – 1943) Escultora francesa.
(2) Martin Luther King Jr. (1929-1968) Fue un pastor estadounidense que desarrolló una labor crucial al frente del movimiento por los derechos civiles de los afroestadounidenses. Ganador del Premio Nobel de la Paz.
(3) Malcom X, (1925-1965) nacido como Malcoln Little, fue un orador, ministro religioso y activista estadounidense.
(4) Joyce Carol Oates (1938) novelista, cuentista, editora y crítica estadounidense.
(5) Spinoza Baruch (1632-1677). Filósofo nacido en Amsterdam, Países Bajos.
(6) Jacob Max (1876- 1944). Pintor y poeta francés.
(7) Picasso Pablo (1881 – 1973). Pintor y escultor español.
(8) Rivera Diego (1886 – 1957). Pintor muralista mejicano.
(9) Cézanne Paul (1939 – 1906). Pintor francés.
(10) Utamano Kitagawa (1873 – 1806). Pintor japonés.
(11) Brancusi Constantin (1876 – 1957). Escultor, pintor y fotógrafo rumano.
(12) Nietzsche Friedrich ( 1844 – 1900) Filósofo alemán.

1 Comentario

  1. Nota de gran contenido, reveladora de aspectos desconocidos en tres personalidades que se animaron contra todos con tal de imponer sus convicciones. Magnifica exposición del lado oculto de vidas destacadas. Felicitaciones a la autora.

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