El olvido: sobre Anselm Kiefer.
Por Carolina Diéguez

 

Corteza del árbol de la noche, cuchillos oxidados de nacimiento/ te susurran los
nombres, el tiempo y los corazones./ Una palabra que dormía cuando
la escuchamos /se desliza bajo el follaje…”
P.Celan, “La eternidad”

PALIMPSESTOS

Chapa, tela, brea, papel, arena, plomo, cenizas, virutas de madera, paja, plomo, arcilla, pintura, “restos” se acumulan capa sobre capa. Muros hechos de montones que se imbrincan en temporalidad y transformación. Pero, ¿de qué son realmente esas capas?

-Anselm Kiefer “The autumn’s whisper
Anselm Kiefer. “El susurro del otoño”

Enormes superficies de tela recrean el interior de una bóveda. Bosques nevados y campos  de sangre seca, caminos hacia un horizonte oscuro empastado de cenizas entre serpientes,  extensiones áridas con surcos, vías que parecen avanzar hacia los hornos crematorios; la cábala, paisajes aparentemente extenuados con flores y girasoles. El horizonte  se pierde y, con él, su punto de fuga. Entonces, el cielo y la tierra se tocan, se continúan uno en otro. ¿Qué hay entre “la ilusión de la pintura” y la materialidad de esos lienzos?

De golpe, la mirada sobre el cuadro choca con una palabra en el extremo superior derecho del cuadro. El texto se vuelve énfasis, desvío, vértice, esquina y se constituye a su vez en otra capa. Así, la memoria en la ilusión pintada de Kiefer, se estratifica. Y, entre superficies superpuestas, se cuelan los olvidos, los matices de las remembranzas y todas las combinaciones de evocación y pérdida. El campo, amarilleado de tiempo, admite aún franjas delimitadas de espacio. Como pentagramas, vías, carriles por donde fugar o internarse dentro del laberinto de la muerte. Del laberinto decía Borges, sólo se escapa por arriba. Pero fugar, en Kiefer, no es sinónimo de escapatoria. Fugar, un poco como en lo musical, es esquivar lentamente un destino inexorable. Quedar y salir, a la vez.

nurnberg
Kiefer. “Nuremberg”

Kiefer nació en Alemania en 1945. No nació durante el horror nazi, pero lo vivió, lo habitó. Cómo no cuestionar, entonces, a través de su obra, las grietas en la memoria alemana. No hay liberación sin desocultamiento. Por eso, Kiefer confronta la memoria elidida a través de los mitos. El mito reinstala un tiempo presente en su eternidad. No es universal, es singular en cada tiempo. Es otra vez histórico, cuando se lo rescata del mero relato, de la mera imaginería y se lo dispone en capas con lo real.

Anselm Kiefer nació en 1945 en Alemania, ya finalizada la Segura Guerra mundial. Pasó su infancia en Rastatt. Se trasladó para estudiar artes plásticas en Friburgo de Brisgovia, en Karlsruhe, con el profesor Horst Antes y, en Düsseldorf, con Joseph Beuys. También estudió derecho y lengua francesa. Es uno de los más importantes exponentes del neoexpresionismo, movimiento artístico que surgió en la década de 1980, tanto en la pintura como en la escultura. Kiefer es considerado uno de los artistas alemanes de post guerra más notable, conocidos y controvertidos a nivel internacional. Desde 1993 Kiefer vive y trabaja en Barjac, un pequeño pueblo francés, cerca de Avignon, donde ha creado un laboratorio artístico.


“Mis cuadros -afirma el pintor- funcionan como un palimpsesto, como un texto que borra otros textos originales y que a su vez están siempre en peligro de ser borrados”. [1]

Aschenblume (Ash Flower, por Anselm Kiefer (2004). Óleo, acrílico y emulsión (243 x 281,5 cm).
Anselm Kiefer. “Aschenblume. Ash Flower,” (Flor de ceniza). öleo, acrílico y emuslión, 243×281.5cm, 2004.

La borradura, ¿es en Kiefer un modo del olvido? Lo es, en tanto que el olvido se presenta en forma de huellas, difuminaciones, veladuras que, de pronto, toman consistencia y permiten ser leídas. Más tenue que la tachadura (que permite leer debajo) la borradura es una niebla donde el ojo observador se puede internar.

Mientras el ojo husmea, la materia se acumula. Kiefer la somete a la erosión y al tiempo. Se seca, se resquebraja, se transforma. Se acumula y se desecha. Entonces, aparece el fuego, su imagen y su plena materialidad. El fuego como idea de ascenso y de transformación ilimitada. Porque Kiefer es un alquimista. En estas obras, todos los materiales son sometidos a un cambio constante. Para él “pintar” = “quemar”.  Del residuo de las llamas, brotará la obra. Nada más elocuente que los restos, las ruinas. Y puede que, desde el fragor de las llamas, algo resurja con contornos de marco. Una ventana. Una ventana como un ojo, una ventana enrejada cuya oscuridad puede verse a través. Una ventana entre una noche y lo quemado. Una rasgadura del cielo que se hace mirada por efecto de un corte. Un pozo ciego en el aire. Un sitio por donde ver o por donde caer.

VENTANA SOBRE VENTANA

La “ventana” opera también como capa. Hay en ella por lo menos tres  niveles: el adentro, el afuera, el contorno mismo.

LVDS - Los Valientes duermen solos -ANSELM KIEFER S3
Anselm Kiefer. “Los Valientes duermen solos”

A veces, el contorno se cierra sobre sí mismo y el plano se vuelve figura. Figura de imposible equilibro, poliedro que pende de una nube tachada, de chorreaduras de plomo, donde los huecos muestran un a través. El otro a través es la figura misma, que permite ver sus aristas por transparencia. Hay algo en la figura que promete amenaza. Y también, del otro lado de los sentidos, algo protector, en ese dios geométrico que custodia, desde un extremo profundo los restos de lo arrasado. ¿Pasó el fuego por aquí? Si así fue, habrá sido como sucede en el proceso alquímico. Un esfuerzo del calor y las llamas por llegar la nigredo: la oscuridad absoluta, desde la cual volverán  los vapores de color. Mientras tanto, el espacio se cubre de lo resquebrajado, de cenizas vitales, del otro lado de su gris. Pero la inversión vía muerte no depende de la voluntad, ni siquiera de las condiciones posibles a construir. Hay más un azar de formas y vientos en medio de esta inestabilidad, con frágiles puntos de equilibrio. Lo posible y lo arruinado gotean, se derraman en hilachas.

FLOR DE CENIZA

“Negra leche del alba te bebemos de noche / te bebemos al mediodía la muerte
es un Maestro Alemán (…) él te alcanza con bala de plomo su blanco eres tú/
…tu pelo de oro Margarete / tu pelo de ceniza Sulamit”

Paul Celan, “Fuga de Muerte”

La obra poética de Celan late en las pinturas de Kiefer. Paul Celan sobrevivió al campo de exterminio y su poesía inspiró a Kiefer. Los versos de “Amapola y memoria” y la obra de Anselm se conjugan en una serie en memoria de la tragedia judía. Enormes paisajes donde la paja brota hacia el cielo, como los dorados cabellos de Margarethe, y los oscuros cabellos de Sulamith que brillan sobre el oscuro fondo de cenizas. “…subiréis como humo en el aire / así tendréis una fosa en las nubes.”  En una de las chimeneas de los crematorios, Kiefer monta el espectáculo de la tumba en el aire. Un espacio de duelo e inconstancias. Una nube que el viento puede arrastrar si la ilusión de la pintura no lo detiene.
Sulamit
Anselm Kiefer. “Sulamit”

La mujer Margarethe y la mujer Sulamith son paisaje y nombre. Parientas de las figuras en el aire y de las ventanas en suspenso, todas forman una genealogía de lo inestable y la promesa, a la vez.

Margarethe. Acrílico-emulsión-paja sobre lienzo 280x400cm 1981
Anselm Kiefer. “Margarethe”. Acrílico, emulsión, paja sobre lienzo,280×400 cm, 1981


A CADA QUIEN SU ESTRELLA

Cielo y tierra son en Kiefer una continuidad con numerosos puntos de contacto: “Si no hay metamorfosis, no hay nada que esperar después de la muerte…eso es lo que medita el personaje que se ve en algunos de mis cuadros…”  [2]

the orders of teh nigth
Kiefer. “Las órdenes de la noche”

¿Pero de qué tipo de espera hablamos? De una sin pasividad, de un tránsito activo de la mirada y la palabra. De un tender cabezas de girasoles hacia lo alto, aun mustios, aun incinerados, como si la savia de la imagen les impidiera detener su dirección al cielo. Se trata de una espera de finos tallos que sostienen lastimadas cabezas, de cuerpos yacentes hacia la altura, de un velar en flores inclinadas hacia un cuerpo que no se resigna a desaparecer: “Los girasoles se convirtieron en un tema mitológico desde Van Gogh. (…) a mí el girasol cuando (…)  mira hacia el sol con los granos muy grandes negros en su corona, me hace ver el firmamento con sus estrellas… Ya Robert Fludd[3] había establecido esta correspondencia: Si cada planta es guiada por una estrella, todas las cosas tienen su correspondencia o ligazón tanto en la tierra como en el cielo. Un romanticismo a lo Friedrich, en pleno siglo XX.

LVDS ANSELM KIEFER S2
Kiefer- De la serie “Los valientes duermen solos”


CAPAS DE MEMORIA-OLVIDO

Volvamos a la pregunta inicial ¿de qué son realmente esas capas? La memoria tiene más prestigio que el olvido. Pero lo que habilita a la memoria es un corrimiento de ese inmaterial, inaprehensible olvido. ¿Cómo opera el olvido?  Un modo es obstruir la rememoración. Entonces, sólo queda inventarnos una memoria y creer que le ganamos a toda pérdida.

Sin embargo, el olvido puede irrumpir y desocultarse. La imagen de desocultar es la menos  usual, aunque vuelve al olvido imprescindible para poder hablar de algo como irrupción por capas. En cambio, la memoria opera a modo de nebulosa. Es como si la grieta se abriera para que el olvido dejara de existir. “No pinto para pintar un cuadro. Para mí pintar es pensar, investigar (…) y no precisamente investigar sobre la pintura.
Una de mis motivaciones para pintar es la historia de Alemania. Es una investigación sobre mí mismo, sobre lo que soy, sobre dónde nací. [4]

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Anselm Kiefer.

 

[4] KIEFER. En: http://blogs.20minutos.es/trasdos/2017/04/06/anselm-kiefer-louis-ferdinand-celine/
[3] Robert Fludd (1574-1637): médico paracélsicoastrólogomístico y alquimista de origen inglés.
[2] COMMENT, Bernard. “Anselm Kiefer: Los que hablan sin ironía son fanáticos”. Traducc: María Valeria Battista (para  Art Press, septiembre 1996), La Maga, Buenos Aires, 1998
[1] Anselm kiefer. Nunca lo transmitido nos llega en su forma auténtica. En: http://losvalientesduermensolos.blogspot.com.ar/2012/08/anselm-kiefer.html

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