Deseantes: sobre el “Teatro 25 de Mayo” y “El regreso”-“Historia de una traición”, obra de Brian Friel, dirigida por Agustín Alesso.

El ENCUENTRO

Foto 25 de mayoHola, vecina. ¿Cómo está? La vi, allá en la fila 4, pero no quise interrumpir la entusiasta charla con su acompañante. Miraba hacia todos lados sin ver. Claro, aquí hay demasiado para observar. Por supuesto, no me clave los ojos de ese modo, este teatro es una especie de santuario. Fuimos muchos deseantes quienes empujamos su recuperación.

Se trata del viejo “Cine-Teatro 25 de Mayo”, donde hizo una de sus últimas presentaciones en Buenos aires nuestro querido Carlos Gardel. Hoy es un espléndido espacio teatral, un centro cultural. Sus paredes, sus arañas, sus butacas relucen. ¿Se acuerda?, estuvimos a punto de perder esta joya arquitectónica. Pudo haberse transformado en una bailanta, en un bingo, vaya a uno a saber en qué. Pero usted y muchos de nosotros, vecinos del barrio, la peleamos y ganamos.

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Hoy estamos aquí, sentados en sus butacas. Sí, aquí en la calle Triunvirato, entre Olazábal y Mendoza, en el corazón del barrio de Villa Urquiza.

LA OBRA

Qué momento, ¿no, vecina? Le voy a ser sincero. Me senté con muchas expectativas: la obra, el autor, el director. Cuando entré y vi esos dos veladores con luz mortecina, ya sentí esa presión en el pecho.
Miré el programa detenidamente. Mi inquietud creció.25 de mayo 9
Se apagaron las luces de la sala. Solo quedaron algunas en el escenario. Entonces, empezó todo.

CADA CUAL ATIENDE SU JUEGO

Lo primero que llamó mi atención fue la estructura de la obra. El latido del teatro se vuelve intensamente vital cuando los personajes nos arrastran en su ritmo a lo largo del relato. En este caso, el relator se transforma en un personaje. Se presenta una contrapropuesta: volver teatral a un narrador que organiza como personajes a todos los demás.

LA POTENCIA DE LOS DETALLES

Los hechos se suceden, donde los cuerpos hablan más allá de las palabras. Cada personaje desovilla su posición en el conflicto desde adentro de su gestualidad.
La hermana mayor, en pantalones, con la rigidez de sus movimientos, genera inquietud. Algo muestra, algo retacea.
La segunda, al acomodar pudorosamente su pollera cada vez que se sienta, narra los secretos que guarda en ese refugio de ropa. Reseña sin contar del todo. Desde la falda, expresa una emocionalidad inestable: de la risa al llanto, en un solo trayecto.
Por su parte, la pequeña, despatarrada y descuidada en sus posturas, ostenta sin pudor todas las figuras del desafío.
Para completar el cuadro de los hijos, el hermano varón se presenta demasiado rebuscado y siempre en busca de afectar a los demás. Este personaje es como una obra dentro de la obra. Actúa para los otros personajes.
Por el lado de los mayores, tenemos al padre: ese militar con su uniforme impecable y su postura demagógica manipula el entorno a gusto.
La nueva esposa, mucho más joven- la mirada del espectador no puede evitar pensar: “podría ser su hija”- siempre se desplaza al modo de un cristal a punto de estallar. Su cuerpo se agita y reclama una ayuda, imposible de brindar desde esta butaca.
Y, para finalizar, el sacerdote, amigo de la familia desde siempre. Escondido detrás de una casi permanente embriaguez, se desplaza de un lado a otro y trata, inútilmente, de cubrir al resto de los personajes. Sin embargo, con su torpeza y sus reiterados recuerdos divertidos, no logra impedir la aparición de la verdad.

TIEMPO AL TIEMPO
Volver, reconstruir a través de un juego de recuerdos los 24 de mayo de cada año, es un escudo contra el olvido. Aquel día, años atrás, la felicidad se vio rozada por un hecho trágico y repentino. El retorno de ese tajo en el tiempo obliga a cada personaje a una nueva narración del episodio. Así, la vuelta opera como un irrefrenable impulso narrativo y empuja el dínamo de lo teatral y de lo ético. Cada quien cargará con el peso de las decisiones tomadas.

TODOS, OCULTOS, TODOS

A medida que la obra transcurre, los cuerpos de los personajes muestran que algo se oculta. Este es un corazón de la obra: el ocultamiento.
Esa joven mujer que lucha con la culpa por haber engañado a su marido militar con el propio hijo de aquel, se despliega contra el fondo de la mirada cómplice y complotada de todo el regimiento. Saben y callan, como si ese fuera el único botín que pueden agenciarse, de la esfera de poder del”cornudo jefe”. Por su parte, el hijo debe buscar una cueva, y la encuentra en la lejana casa rodante. Lo tapado no es menos piadoso con las hermanas: cada una debe sostener su vida llenas de oscuridades. La mayor ha huido del pueblo para refugiarse en la invisibilidad de la gran ciudad ante el abandono de su novio. La segunda cubre a un esposo que solo busca los intereses económicos. La tercera deja pasar para no asumir responsabilidad alguna. El sacerdote, que lo conoce todo y no le advierte al padre, no quiere arruinarle los honores al señor militar, a quien van a condecorar ese día.

OCULTAME O LLAMAME MARTA

Es entonces, el mismo día de las honras, con el militar a punto de recibir todo, cuando la verdad raja el equilibrio. La esposa confiesa. Y no hay dique. El oficial se suicida. Hay un golpe, pero no una sorpresa en este desenlace: cada gesto de la obra preanunció este final inexorable, el destino sin atajos de la tragedia. Debía suceder y sucedió. Lo oculto ha desbordado el velo y crece como una criatura. Es el momento en que ocurre el alarido de la muerte. Y se los lleva puestos.
¿Quién no vive bajo la tela de un ocultamiento?

La_Muerte_del_Angel_-_Astor_Piazzola Coro     

ENCRUCIJADAS

Lo había leído en algún lado. El autor, irlandés, de una trayectoria impecable, era comparado con aquel grande: Anthon Chejov. Y sí, vecina. Tenían razón. A mí, la obra me arrastró a la Rusia de fines del siglo 19, con sus pasiones, sus carencias, sus ocultamientos. “Las tres hermanas” dentro del remolino de sus dudas, dentro de su aceptación del funcionamiento macabro de lo real. Repicaron, entonces, ecos de “Tío Vania” con su amor prohibido y su imposibilidad de acción. Esos personajes entrañables, tanto que es imposible despreciarlos, a pesar de sus agachadas. Una verdadera fiesta del deseo puesto en jaque.

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