DESEANTES: sobre María Remedios del Valle, “La madre de la patria”.

Por Noemí B. Pomi

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Juan Antonio Monzón, “Tiempo de bronca”, Mural en la Legislatura de Jujuy.

MUJER, NEGRA Y POBRE

Un día de cualquier mes de 1766, o quizás de 1767, nació María Remedios del Valle. Sí sabemos que en el Virreinato del Río de la Plata comenzó su historia. Niña, negra y pobre, en aquellos tiempos y para esa trinidad, soplaban malos vientos. Por estos lares, los conquistadores habían establecido castas. A ella, afrodescendiente, le asignaron la condición de liberta, (esclavos a quienes se le otorgaba la libertad). Cabe aclarar que, si bien eran libres civilmente, por lo general, caían en la esclavitud económica. Sí, sí: debían ganarse la vida con cualquier actividad, en tanto y en cuanto, la encontraran. Nada fácil para la negra Remedios, cuyo color de piel estaba muy lejos de ser “cantado” a lo Humberto Ak´abal (1): “Cuando yo estaba embarazada,/esperándote,/sentía muchas ganas de comer tierra,/arrancaba pedacitos de adobes/y me los comía…/Esta confesión de mi madre/me desgarró el corazón./Mamé leche de barro/por eso mi piel/es de color de tierra.”

María Remedios Del Valle
María Remedios Del Valle

MUJER DE ARMAS TOMAR

Y, tras la Revolución de Mayo, marchó a prestar servicios en el Ejército del Norte. Se le unieron su esposo y sus hijos. La primera expedición al Alto Perú partió el 6 de julio de 1810, al mando de Ortiz de Ocampo. “La parda María, como se la menciona en algunos partes militares, combatió en Huaqui, (20 de junio de 1811) y vivió las peripecias de esa retirada del Alto Perú”. (3).

El Exodo Jujeño, cuadro de pintor anónimo de mediados del siglo XX. (Museo Histórico Provincial de Jujuy)
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Remedios participó de todos los enfrentamientos: El Desaguadero, Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma, algunas veces como auxiliar, otras, mezclada con las tropas. Entre tiros, espadas, barro y llantos iba desgarrándose. La pérdida en combate de marido e hijos no la detuvo. Después de cada derrota, apretó sus dientes y arremetió con más y más fuerza.

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Salvador Dalí. Araña de la noche, 1940

De cada lucha, guardó cicatrices donde leer su trayectoria. En su sangre, bullía la revolución. Estaba amarrada a esta tierra con raíces demasiado profundas para arriesgar ni un ápice de lo conseguido. Además, bien sabía que peligraba todo el norte. Belgrano, decidido a no dejar en manos del enemigo nada que le pudiese ser útil, organizó durante agosto el llamado éxodo jujeño: ordenó a la población civil replegarse junto con el ejército y quemar todo lo que restase detrás. Así intentaba entorpecer el avance español. Aquel 27 de febrero de 1812, en los oídos de esa negra patriota, permanecieron los ecos del silencio de los jujeños al dejar sus pocas pertenencias camino a Tucumán. Junto al General Belgrano, María acompañó y alentó a los desposeídos.

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                 Dibujo sobre el éxodo jujeño

Llegados a Tucumán, “Unos días antes de la Batalla, se presentó ante el General Belgrano para que le permitiera atender a los heridos en las primeras líneas de combate. Pero, ante la negativa del general y empecinada como era, se filtró entre la retaguardia y llegó al centro de la batalla, donde no sólo asistió a los heridos, sino que alentó a los soldados a derrotar al enemigo.” Ante tanto valor desplegado, los soldados comenzaron a llamarla “Madre de la patria” y Belgrano la nombró Capitana de su Ejército.(4)

REMEDIOS PARA TODOS

Las batallas de Vilcapugio y Ayohuma (“ Ayohuma”, etimológicamente “cabeza de muerto”) resultaron desastrosas para el Ejército del Norte, comandado por el General Belgrano.

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Imágen de las niñas de Ayohuma

Entre las mujeres que lo acompañaron se destacaban las “niñas de Ayohuma” y, en especial, una parda. Ellas iban en calidad de auxiliares, enfermeras, cocineras o simplemente seguían a sus hombres al campo de batalla. Marchas, contramarchas, las inclemencias del tiempo, comida racionada, las limitaciones en la higiene personal. Dentro de sus uniformes, ninguna exigía trato preferencial. Poco se señala que, en infinidad de oportunidades, excedían las tareas asignadas y participaban de la lucha. Belgrano, al igual que San Martín, fue reacio a la presencia de mujeres entre sus tropas. A pesar de esas reticencias, “Remedios era el paño de lágrimas de la tropa (…) todos, a voz pública, hacían elogios de esta mujer por esa oficiosidad y caridad con que cuidaba a los hombres en la desgracia y miseria en que quedaban después de una acción de guerra: sin piernas unos, y otros sin brazos, sin tener auxilios ni recursos para remediar sus dolencias. De esta clase era esta mujer”. (4).

SIETE VIDAS

María Remedios combatió, fue herida de bala y, en la batalla de Ayohuma, fue tomada cautiva por los realistas Pezuela, Ramírez y Tacón. Desde el campo de prisioneros, ayudó a huir a varios oficiales patriotas. Por eso, como medida ejemplificadora, la sometieron a nueve días de azotes públicos que le dejarían marcas de por vida. “Pero María pudo fugarse de sus verdugos y reintegrarse a la lucha contra el enemigo, operando como correo en el peligroso territorio ocupado por los invasores. (…) Estuvo siete veces en capilla, o sea, a punto de ser fusilada, y a lo largo de su carrera militar recibió seis heridas graves de bala.”. (3) Luego de la fuga, se reintegró al ejército argentino.

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Ernst Barlach, 1927

DE CAPITANA A MENDIGA

Al terminar la guerra, tenía grado de Capitana, pero estaba sola en el mundo, todos los suyos habían muerto en combate. Cuando el último de sus camaradas en las guerras de la Independencia murió, el recuerdo de María Remedios se perdió, salvo para unos pocos historiadores. Por entonces, dejó de cobrar su sueldo. Sola y pobre, en 1826, a través de Manuel Rico, el 23 de octubre de 1826 inició las gestiones para obtener una pensión que le permitiera “acabar su vida cansada y en compensación por los servicios prestados a la patria y por la pérdida de su esposo e hijos”. (5)

El ministro de Guerra de la Nación, General Francisco Fernández de la Cruz, aquel 24 de marzo de 1827, mostró incomprensión y corazón de acero, cuando rechazó el pedido, ya que “no estaba en las facultades del Gobierno disponer gracia alguna que importe erogación al Erario” (4). No obstante, generosamente “recomendó” realizar el pedido ante la legislatura provincial.

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Ernst Barlach. Mendigo. Arte moderno

Mientras tanto, “una anciana encorvada y desdentada, frecuentaba los atrios de las iglesias de: San Francisco, Santo Domingo y San Ignacio para asegurarse las sobras de los conventos de las que se alimentaba.” Llegaba desde lejos, más precisamente de la zona donde empezaban las quintas. Allí tenía un rancho, azotado por el frío y sometido al rigor del sol de enero. Al borde de la nada misma, vagaba vacía de afectos. A veces, “recorría la Plaza de la Victoria ofreciendo pastelitos o tortas fritas,  en ocasiones, mendigaba por el amor de Dios. Sin saber por qué, la llamaban “la capitana” y, cuando la anciana mostraba sus brazos zurcidos por cicatrices y contaba que las había recibido en la guerra por la Independencia, los que la oían sentían compasión por su senectud y locura.” Cuenta la historia que, un día, el general Juan José Viamonte, quien había sido compañero de armas de Remedios, se topó con la anciana. Al principio, dudó. Después, un cúmulo de recuerdos desfilaron por su mente, ya no cabían dudas. El diálogo pudo haber sido algo así:

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Cultura Japonesa, Kinsuyi, Arte con cicatrices.

– Capitana, Capitana.
Ante ese llamado, la anciana levantó su rostro. Una luz iluminó el azabache de sus ojos ya gastados.
– ¿Me reconoce? Soy el General Viamonte, su compañero de armas-
– Aunque estemos más viejos, tu voz la hubiera reconocido entre miles. Al dar órdenes eras potente y firme, inconfundible. ¡Ah!, si supieras las veces que golpeé la puerta de tu casa en busca de socorro y, en cada una de esas ocasiones, me espantaron por pordiosera.

EN LA LEGISLATURA, SIGNOS DE SORDERA

Con la conmoción del encuentro, Juan José Viamonte, se impuso ayudar a esa mujer de la que guardaba los mejores recuerdos. “En septiembre de 1827, desde su banca en la Legislatura, (Viamonte) solicitó para ella una pensión por sus servicios en la guerra emancipadora y ser designada Madre de la Patria”. No obstante la vehemencia de su discurso, recién el 11 de octubre la Comisión de Peticiones dijo haber “examinado la solicitud de doña María Remedios del Valle por los importantes servicios rendidos a la Patria, pues no tiene absolutamente de qué subsistir (…)”. Pero hubo necesidad de insistir porque al diputado Alcorta no le alcanzaron los argumentos ni las cartas de quienes conocían bien a Remedios. “Consideraban la justicia del reclamo, pero tenían temas más importantes que atender”. (4).

En julio de 1828, un enfervorizado General Viamonte hizo un raconto de la vida de Milagros: “Yo conocí a esta mujer en el Ejército del Alto Perú en todo el tiempo que tuve el mando en él: salió con las tropas que abrieron los cimientos de la independencia del país, fue natural conocerla, como debe serlo por cuantos hayan servido en el Perú (…) Infiero las calamidades que ha sufrido, pues manifiesta las heridas que ha recibido; no puede negársele su respeto patriótico. Es lo menos que puedo decir sobre la desgraciada María de los Remedios, que mendiga su subsistencia. (…)” (4).

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Vassily Kandinsky, Composición VII, 1923.

La composición de la Sala de los Representantes del Pueblo siempre ha contado con miembros capaces de captar la necesidad del prójimo y con otros, que permanecen indiferentes a ella. En algunos rostros se advertía apatía, en otros, enojo. Tal el caso del diputado Alcorta, a quien otra vez no le alcanzaban los argumentos y las cartas que presentaron quienes conocían bien a Remedios, como los generales Díaz Vélez, Pueyrredón, Rodríguez y diversos coroneles entre ellos Miguel Rabelo, quien sostenía: (…) “Sólo la heroína Remedios del Valle yace bajo la más inenarrable e inesperada necesidad (….).Su accionar excede en valor y virtud a los espartanos y romanos, porque ella mendiga en el país por el que ha sufrido y tanto ha trabajado. ” (4).

Fue entonces, cuando ante la posibilidad de un nuevo rechazo, tomó la palabra Tomás de Anchorena.

MUJER SINGULAR

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Dalí Salvador, Esculturas, Perfil de tiempo, 1977

“Esta es una mujer singular. Yo me hallaba de Secretario del General Belgrano cuando esta mujer estaba en el ejército y no había acción en que ella pudiera tomar parte, en que no la tomase. Y en términos que podía ponerse en competencia con el soldado más valiente: admiraba al general, a los oficiales y a todos cuantos acompañaban al Ejército; y en medio de este valor tenía una virtud a prueba. (…) De esta clase era esta mujer (…) una mujer (…) como ésta debe ser el objeto de la admiración de cada ciudadano de todas estas provincias; y adonde quiera que vaya de ellas debiera ser recibida en brazos y auxiliada con preferencia a un General…” (5).
No había oposición posible a los argumentos esgrimidos y la Sala dispuso:

Julio 18 de 1828. Acordado: la Sala dispone que se concede a la suplicante el sueldo de capitán de infantería, que se le abonará desde el 15 de marzo de 1827: (…) Lahiette, secretario.
Después de recabar tanta información y papeles, a Remedios le otorgaron una pensión de treinta pesos mensuales, equivalentes a un peso diario. A pedido del diputado por la ciudad, Ceferino Lagos, se votó crear una comisión que compusiera una biografía de Remedios, se mandara a imprimir, se publicara en los periódicos y se hiciera un monumento. Las buenas intenciones murieron con la avalancha inmigratoria.

LA ROSA DE LA PLANA MAYOR

“Dos años después, Juan Manuel de Rosas la integró a la plana mayor inactiva (como retirada), con el grado de sargento mayor, por lo que decidió adoptar un nuevo nombre: Mercedes Rosas. Así figuró en la revista de grados militares hasta su muerte en 1887”. (6).

REVERSO DE LA MONEDA

Los argentinos reconocemos al “Padre de la Patria” en la figura del General José San Martín. Cierto es que sus acciones al frente del ejército llevaron a lograr la soberanía nacional, tanto de nuestro país, como de países hermanos. Podríamos hasta agregar a algunos otros nombres importantes, como a los Generales Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes.
Convengamos en lo excluyente y sexista del concepto que parte del supuesto de que solo puede haber “progenitores”, cuando de la concepción de las patria se trata. Pero si exploramos la historia del país, también encontraremos mujeres fundacionales. En la Argentina solo una ha merecido la denominación de “Madre de la Patria”.

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           Pollock Jackson, La atención selectiva

Quizás por su condición de mujer, negra y pobre, ha permanecido oculta por años entre los vericuetos de la historia oficial. Los gobiernos de turno impulsaron una política inmigratoria de blancos europeos. En consecuencia, no podíamos tener una Madre Negra. Así, ella fue corrida de la historia oficial. Tuvieron que transcurrir doscientos años. Recién el 26 de mayo de 2010 se presentó un proyecto de ley para construir un monumento en honor a María Remedios del Valle. A pesar de los racistas, ella ha conseguido salir a la luz. Los argentinos también tenemos madre, fue una liberta que llevó su rebeldía hasta encontrar su propio camino en la lucha heroica por su patria. Se llamó Doña María Remedios del Valle.

Milagros fue una deseante indomable. También fue deseante de justicia, cuando los pseudos intereses de un país en formación se opusieron al reconocimiento de su heroicidad en pos de la independencia patria.

(1) Humberto Ak´abal: Contemporáneo (1952) Poema “Embarazada” del poeta guatemalteco de ascendencia maya. Vive en íntimo contacto con sus raíces, tanto ideológica como culturalmente.
(2) Martín Heidegger: “Ser y tiempo” Catedrático de filosofía y escritor alemán. (1889 – 1976)
(3 ) Pigna Felipe: Contemporáneo (1959). “Mujeres tenían que ser”. Profesor de historia y escritor argentino.
(4) Ibarguren, Carlos: “En la penumbra de la Historia Argentina”. ( párrafos tomados del Archivo General de la Nación). Periodista e investigador argentino. (1877 – 1956)
(5) Archivo General de la Nación. (Expediente Nro. 13.218 de la Contaduría General de la Nación). Sesiones de la Legislatura de la Pcia, de Bs. As.
(6) Galasso Norberto: Contemporáneo (1936). Ensayista e historiador revisionista.

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