Reflexiones acerca de la miseria: sobre los nombres de las calles de Buenos Aires.

Por Isabel D’Amico

MARCA REGISTRADA

Como si no estuviéramos extasiados de corrupción mediática en los tiempos que corren -no hablo de hechos de corrupción, hablo de una política integral en ese sentido- enciendo la radio y escucho a un tal Carlos Caramello, licenciado en letras, injuriar la memoria de una calle, mejor dicho de varias, con justa razón. Fue tal mi asfixia que decidí, entonces, investigar. Primero, a Rivera Indarte, como para empezar y protegerme, al menos, de algunas de las mentiras de la historia.

Como el tema urbano me interesa, desde mi biblioteca, me guiñó un ojo un libro del Instituto Histórico de la ciudad de Buenos Aires:

“Rivera Indarte – Ordenanza del 27/11/1893 – Sesión Municipal del 26/2/1870- Flores *” ¡El hombre estaba bien registrado!

RIVERA INDARTE 480

Me gustaría haber nacido en Flores, por eso el nombre Rivera Indarte abunda entre mis cruces, mis referencias, mis andanzas. Inocente, la anduve ciento de veces, tanto de ida como de vuelta.

Había nacido en 1814 en Córdoba. Estudió en Buenos Aires y, desde muy joven, mostró afición por la poesía. Su primera obra fue una pequeña ”Oda a Rosas”, simpatizaba con él. En 1837 se unió a los jóvenes literatos de la Asociación de Mayo, por lo que pronto fue investigado por los que representaban a Rosas (a quien antes alababa) como posible aliado de los enemigos franceses. Fue procesado por estafa y falsificación de documentos. Huyó a Europa en 1839. Regresó a fines de ese año a Montevideo, donde se dedicó a atacar en la prensa al gobierno de Rosas por medio de poemas y alegatos. Entre los muchos periódicos donde publicó se destacaron sus colaboraciones en el diario “El Nacional”, desde el cual acusó a Rosas de toda clase de crímenes e inmoralidades.

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Acompañó a Florencio Varela a convencer al general Juan Lavalle de unirse a los franceses en la guerra contra su propio país. Un diplomático francés le pidió publicar un libro que incluyera una lista, lo más larga posible, de las víctimas de Rosas. Le ofreció pagar un penique por cada muerto. Famosa como Tablas de Sangre, recurrió a todos los muertos conocidos, tanto los asesinados por la Mazorca, como por orden directa de Rosas. Pero sumar peniques le resultó atractivo y completó la lista que necesitaba con fallecidos de muerte natural, individuos muertos ante de la llegada de Rosas y hombres que, muchos años más tarde, aún vivían.

Sumó 480 muertos, es decir, 480 peniques. Además de la falsedad de suponer que todos los muertos eran responsabilidad únicamente de una persona.

Esta lista fue utilizada durante décadas para acusar a Rosas de crímenes enormes. Lo acusó también de defraudación fiscal, malversación de fondos, de insultar a su madre en el lecho de muerte, de  abandonar a su esposa en sus últimos días, de tener amantes de las familias más respetables, hasta de incesto con su hija Manuelita. **

Sin ningún rigor periodístico, estas denuncias, absurdamente infladas, sustentaron la condena histórica de Rosas.

¡Un chanta este Indarte! sin bandera, sin patria. Un denunciador serial que supo facturar entre mentiras.

¿Quién decide el nombre de las calles? ¿Quién los elige?

LOS DOS INGLESITOS

Seleccionado como prócer, leemos sobre Carlos María de Alvear quien, en 1815, le ofreció a Inglaterra el Protectorado de las Provincias Unidas. Para tal ocasión, manifestó que deseábamos pertenecer al imperio de su graciosa Majestad. Pareciera que los apátridas merecen ciertas distinciones.

 

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Otro: Bernardino Rivadavia, protegido de la corona británica, se ofuscó con Manuel Belgrano por haber ordenado a sus tropas jurarle a la bandera en estos términos: “Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores y la América del Sur será el templo de la Independencia y la Libertad!*** Una ofensa para Bernardino, un insulto que le mereció, entre otros hechos desgraciados, “ganarse la calle”.

¿FALCÓN O FALCON?

Era necesario apuntar el nombre de Ramón Lorenzo Falcón (1855 – 1909): “Político, militar y policía argentino, se destacó por su dureza como jefe de la Policía de la Capital. Aplastó con mano de hierro las manifestaciones obreras de comienzos del siglo XX. Fue durante  los hechos represivos de la llamada Semana Roja de 1909, en los que la policía a su mando asesinó aproximadamente 11 manifestantes pacíficos.”

Su vida se tiñó del color del falso mártir, luego de ser asesinado por el joven obrero ucraniano, Simón Radowitzky. Lo de mártir trucho parece haber borrado sus manchas de gatillo fácil y ahí lo tenemos, meta orientar a los vehículos y a los peatones -y por qué no a ciclistas- quienes repiten su nombre ingenuamente.

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DURO COMO UNA ROCA

Y ni hablar de la Av. Roca, para recordar a Julio Argentino Roca (1843-1914), quien, según la historia, fue el artífice de la Conquista del Desierto. Si no conocías la historia, hoy tenés una secuela de esta película. En este caso, la Ministra Bullrich actúa de Roca. Actúa muy mal, pero a muchos no les importa.

Me repregunto, ¿quién elige el nombre de las calles?, ¿quién los elige?

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Tampoco me gustaría orientarme con los números, como en La Plata. No conmueve transitar por la Avenida 7 o buscar un Café entre la Avenida 131 y la Calle 38. Distinto es citarte con alguien en la calle de los Cerezos y besarte justo en la esquina del Paraíso y Jilguero, por citar algunos nombres de las calles de la costa.

Hay un pueblo en el norte de la Rioja, llamado Chuquis, donde a las calles les pusieron los nombres de las canciones de su vecino más ilustre, Ramón Navarro, cuando este cumplió ochenta años. De modo que uno camina por el pueblo y pisa una “Chayita del Vidalero” o pinta el mundo en un solo color al transitar por “Mi pueblo azul” o, sin darte cuenta, podés perderte en esos balanceos hacia un lado, hacia el otro.

¡Cómo advertir a las generaciones futuras sobre nombres como Etchecolatz, Astiz, Costas, Videla, Camps o Menéndez! Depredadores de la dignidad humana.

No sabemos si el futuro cibernético nos espera con un código de barra para ubicarnos en la calle que buscamos o quizás se elijan animales para nombrarlas, como sucede en los billetes argentinos de hoy. Entonces, nos encontraríamos en esquina Yaguareté y Hornero, Av. Guanaco o La Ballena Franca Austral. De ser así, ruego a los jóvenes de hoy transmitir de boca en boca, escribir cartas a familiares confiables, enterrar en el fondo de la casa algún cofre con la siguiente recomendación:

De todos los animales posibles, jamás de los jamases elijan a un “Gato”. Para recordar a ese bicho, tendrán la reducción de haberes a los jubilados, a los héroes de Malvinas, a la Asignación Universal por Hijo, tendrán los despidos masivos, la persecución política, el estrangulamiento a la libertad de expresión, el reverdecer del hostigamiento de las fuerzas del orden y la más extraordinaria, grosera y eterna deuda externa.

* Alberto Peñero, “Las calles de Buenos Aires”.

** Biografía de José Rivera Indarte, de Juan María Gutiérrez – Publicada en 1860.

***”Libertadores de América”. “Vida y obra de nuestros revolucionarios – Manuel Belgrano”, Felipe Pigna.

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