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Reflexiones acerca de la miseria: Sobre Ricardo Cosio.

Por Juan Pepe Carvalho

 

BAÑOS, A LA DERECHA

Corría 1992, plena época menemista. Cavallo, al frente de la economía. Al gobierno no le temblaba el pulso en su gesta privatizadora. Es en este marco que, en su afán por cumplir con las órdenes de achicar el Estado, Ricardo Cosio- director General de la DGI- se afanaba en lograr una plena actualización tecnológica de esa repartición. Él tenía una consultora informática. Desde su llegada, el hombre se caracterizó por trabajar para la privatización de distintas áreas. Sumido en tal empresa, abandonó casi totalmente el cuidado de las instalaciones a su cargo, a punto tal que ni siquiera se ocupaba de enviar a alguien para reparar los baños. La gente que trabajaba en ese sector comenzó a faltar porque no se garantizaban las condiciones mínimas y dignas de laburo. Esto significó un incumplimiento de las tareas programadas. Por tal motivo, el propio Cosio amenazaba con contratar empresas para cumplir los objetivos no realizados por los empleados. En el centro de cómputos, sector de perfoverificación, por ejemplo, contrató a una empresa, cuyos trabajadores cobraban a destajo, según la cantidad de tarjetas que perforaban. Así las condiciones, estos no paraban ni para ir al baño. Eso les hubiera ocasionado una baja en la producción y una menor paga.

El sabueso de la DGI, en la época de Cosio
El sabueso de la DGI, en la época de Cosio

En el caso de los trabajadores de planta, su sueldo era fijo y mensual. Por tanto, estos sí utilizaban el baño. Los trabajadores de planta comenzaron a presionar a los delegados gremiales. Llegaron a plantear un paro de actividades hasta tanto no se arreglaran los baños y el derecho al meo y a “hacer dos” se restituyera, con baños dignos. A decir verdad, esto era- de alguna manera- lo buscado por Cosio, para justificar más privatizaciones.

 

ESTOS VAGOS SIEMPRE FUERON BRAVOS

Es importante remarcar que el centro de cómputos tenía antecedentes de ser un grupo organizado y combativo. Ya en 1973 y en 1975, habían tenido acciones movilizadoras. En 1973, el día que asumió el director general de la DGI de entonces, los trescientos trabajadores del centro de cómputos ya estaban en conflicto. Buscaban el nombramiento como personal permanente y el abandono de los contratos leoninos que los tenían en condiciones pésimas, alejados totalmente de la ley laboral. Así, los trabajadores de entonces invadieron el salón de reuniones de la Dirección General y obligaron al recién llegado a que los atendiera. De ahí en más y en conjunto con el resto de trabajadores informáticos del Estado, comenzó una lucha con paros al gobierno de Isabel Perón y López Rega. Esta lucha de dos años, en épocas sumamente peligrosas para quien enfrentara al gobierno, culminó en un éxito total el 27 de julio de 1975, cuando la Presidenta de la Nación firmó el decreto 1927 y reconoció el pase a planta permanente de todo el personal contratado del Estado. A eso sumó un aumento del sueldo de un 150%, retroactivo seis meses a la firma del decreto. Todos estos hechos se hicieron bajo el amparo de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y con la compañía de uno de los más grandes dirigentes sindicales que ha dado la clase trabajadora en nuestro país, Germán Abdala.

Es importante, estimado lector, conocer que muchos de los delegados de base de estas luchas fueron los mismos que enfrentaron al corrupto más grande que tuvo al frente la DGI. Algunos de ellos recibieron amenazas y la dictadura de Videla y Cía los obligó a renunciar.

En 1989, con la llegada al gobierno de Menem, se reivindicó la actividad y la lucha de estos compañeros, quienes pudieron volver a su trabajo. Incluso se les reconocieron los años fuera del trabajo como efectivamente trabajados, a cuenta de la seguridad social (jubilación).

 

SI EL BAÑO NO VIENE AL TRABAJADOR, EL TRABAJADOR VA HACIA EL BAÑO (DEL JEFE)

La fuente. Marcel Duchamp. 1917
La fuente. Marcel Duchamp. 1917

Las oficinas del centro de cómputos y las del Director Cosio estaban a doscientos metros, a lo largo de la calle Paseo Colón. En algún momento en que la situación se había agudizado, hubo delegados sindicales de base que plantearon ir hasta las oficinas de Cosio y utilizar sus baños que, por supuesto, estaban perfectos. Así fue que se pusieron de acuerdo y partieron para las oficinas del director. Tuvieron la precaución de hacer los permisos de salida, elementos obligatorios para retirarse de un edificio de la Administración Pública y evitar sanciones. En dicho trámite, los “migrantes de baño”, explicaron que solicitaban permiso de salida para ir “al baño del director”.

 

JEFE, ¿PUEDO IR AL BAÑO?

Al llegar a la entrada de las oficinas de Cosio, la “Seguridad” les preguntó cuál era el motivo de la presencia. Los guardias recibieron con mucha gracia el deseo de utilizar el baño del Sr. Director. Hay que puntualizar que esta procesión a los toilettes estaba formada por doscientas personas que hacían la cola. Desde el primer piso, la fila bajaba por la escalera hasta la planta baja. Ante las puertas de las oficinas del Director, se expandía el murmullo de la gente que esperaba para acceder al solemne inodoro. Ante esto, el hombre salió al pasillo y se encontró con la multitud. Frente a su mirada, la escena debió haber resultado casi “un aluvión zoológico”. La ira de Cosio inmediatamente solicitó a los “sediciosos” el permiso de salida de sus lugares de trabajo. Se los mostraron. Para su asombro, el señor Director comprobó que, firmados por la jefa del Departamento, los permisos solicitaban exactamente lo que sus ojos veían.

 

CUIDADO CON LA COLA

Cosio quería demostrar a la opinión pública que los empleados de la parte administrativa de las agencias producían una mala atención al contribuyente. Una de las artimañas utilizadas por este siniestro personaje era infiltrarse en las colas del público. Cuando llegaba su turno frente al mostrador, seguramente encontraba algún detalle que podía usar a su favor para ningunear a los empleados. Así, elevaba un sumario contra el pobre hombre que en ese momento atendía y usaba como testigo, al contribuyente que en ese momento estuviera a mano. De ese modo, el contribuyente descargaba el odio que le significaba pagar los impuestos contra el empleado. No contento con estas infiltraciones, Cosio contrató una empresa para desarrollar un sistema que controlara el tránsito del trámite de pago de impuesto. Esta medida incorporó a sucursales del banco dentro de la agencia. De ese modo, la DGI se volvió un lugar inseguro, propenso a los robos. Por otro lado, antes el contribuyente deudor podía ir a pagar a cualquier banco. Y el pago el banco lo informaba a la Dirección de Recaudación de la DGI. Esa plata iba a la cuenta de la DGI en el Banco Nación. Con el nuevo sistema, el contribuyente tenía que pagar en el banco que había dentro de la agencia. Así el dinero circulaba internamente en la DGI. Los empleados de la DGI ofrecían a los deudores una quita de lo debido a cambio de una coima. Si usted debía $30.000, ellos le reducían la deuda en $3000, pero debía dejarle al empelado $5000. Así lo que llegaba al banco Nación como recaudación de la DGI era muy inferior a lo que debía ser. Imagínese, lector, lo que evadieron las grandes empresas a través de grandes estudios contables que tenían llegada a Cosio. Por supuesto, que en estas operaciones “grandes” sacaba tajada también Ricardito.

 

EL GATO ES MÍO Y LO COJO CUANDO QUIERO

En el año 1994, Cosio ya había terminado con los curros menores y avanzaba sobre el más grande, el que lo llevaría al estrellato mediático-judicial. Se trataba de la compra de 15.000 PC, de última generación, 300 servidores y un sistema recaudador, más una red nacional, que entrelazaría todo el equipamiento. Cuando comenzó su cruzada, ningún jefe aceptaba firmar el proyecto, fundamentalmente, porque no se les permitía participar en su elaboración. Ante los rechazos, a Cosio se le ocurrió llamar a su jefe de capacitación, un ingeniero informático de la Universidad Tecnológica Nacional, la chapa justa para su proyecto. Lo citó en su despacho junto a sus asesores. El ingeniero, asombrado por la convocatoria, se sentó frente al Director General, dispuesto a escuchar. El hombre de la UTN era un tipo muy respetuoso de las jerarquías, pero no boludo. Cuando terminó de leer la propuesta, se produjo un diálogo que corrió como un reguero ente la gente de la DGI:

– Ingeniero, este es el plan informático. Léalo y fírmelo que debo enviarlo al BID, (Banco Interamericano de Desarrollo). Ahora mismo.

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El acuerdo global con el FMI obligaba a tomar créditos del BM y el BID con condiciones expresas: los controles y licitaciones deberían regirse por sus bases reglamentarias y judiciales.

 

– Pero, Sr Director, yo no conozco este plan, no lo he desarrollado. Mal podría firmarlo, no corresponde. Ahora, si a usted le parece, yo podría ponerme a desarrollar un plan.

– No, no, Ingeniero. Si yo digo, firme esto, usted lo firma sin chistar.

El Ingeniero se paró y pidió ir al baño. Ahí, cayó desmayado sobre piso. El muchacho que estaba sirviendo café y que había escuchado el diálogo, salió corriendo de la oficina, a los gritos.

– ¡Llamen a una ambulancia! ¡Urgente, el Ingeniero, el Ingeniero se murió!

Y llegó la ambulancia. El médico tomó la presión de la víctima y ordenó traer una camilla con urgencia. Cosio, al enterarse de lo ocurrido, ordenó a su asesor:

– Tomá la carpeta y acompañá al Ingeniero. Cuando reaccione, hacelo firmar, hay que enviar esto hoy mismo.

Al retornar, el asesor traía, por supuesto, la carpeta sin firmar. Cosio, con los ojos desorbitados, gritó:

– Andá urgente y traé a la asesora informática, Gladys.

Ante la mujer, Cosio dijo con voz impostada:

– La hemos nombrado Directora de Informática. Por sus conocimientos, usted debe llevar adelante el plan estratégico. Tome la carpeta y firme, por favor, hoy mismo, póngase a trabajar fuerte.

 

LA VENGANZA SERÁ TERRIBLE

Al día siguiente, el Director General y su flamante responsable del plan estratégico informático comenzaron a trabajar. A Gladys, el plan le había parecido fabuloso. Así, sin chistar, se puso en práctica. La primera compra- directa y sin licitación- fue de 25 computadoras. Se pagaron a la empresa de su amigo, 3500 pesos por cada una.pep7echeLa investigación que iniciaron los delegados sindicales de base determinó que el precio de mercado por mayor era de 2000 pesos por PC. O sea, estábamos ante una sobrefacturación de casi el 50%. Denunciado públicamente y judicialmente por los delegados sindicales, Cosio no vaciló en indicar a su director de administración que tuviera al trote a los “desafiantes”. La vida laboral de los delegados se tornó difícil, con permanentes controles de presencia y de producción.

A un periodista que publicó el hecho, Cosio lo amenazó con la inspección de su diario, si no cumplía con sus órdenes:

-Quiero una retratación, inmediata.

El periodista cumplió el pedido.

 

A CUIDARSE, CHE: ¡NOS VIGILAN!

La licitación pública por las 1200 PC restantes salió con aval del BID y con control externo.Y también, el desarrollo del nuevo sistema de recaudación. El presidente de IBM, en reunión privada con Cosio, había recibido las pautas del sistema a licitar.

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Este tiempo ganado le permitió al gigante informático estadunidense presentar un costo de 250 millones de dólares. Siendo este el más bajo, el resto de las empresas presentadas impugnaron el acto de licitación. A una de ellas la compensaron con la promesa de comprarle parte del equipamiento próximo a licitar. A otra, le compraron la base de datos a utilizar por el Organismo. Por supuesto, todas estas maniobras ilegales, al jefe autoritario, le significaron réditos enormes.

 

OTRA VEZ LOS VAGOS Y UN DOLOR DE CABEZA

Los delegados de base esta vez buscaron apoyo en programas de televisión y en diputados nacionales opositores al gobierno de Menem. A esto sumaron una gran campaña callejera: mesas de esclarecimiento, volanteadas y afiches. La campaña dio sus resultados. El presidente de la Nación convocó al ministro de Economía, Domingo Cavallo, jefe directo del licenciado corrupto. Cosio nuevamente culpó a los vagos y a la oposición. La justicia intervino y citó a Cosio a indagatoria, una instancia previa al dictamen. Este fue, por supuesto, desfavorable al dueño del gato.

pepe404oct2015 041_thumb[1]Hace 23 años, Cosio resultó declarado culpable y se lo envió a juicio oral.

 

LA LENTITUD DE LA INJUSTICIA

Estimado lector: al día de hoy, aún el juicio no fue convocado. Es lenta la justicia, hay tanta gente pobre para juzgar, “que todo no se puede”. Esto también es el liberalismo y una muestra de para qué utilizan al Estado estos señores. Esta práctica se ha venido dando en la patria nuestra, desde hace más de treinta años. Y fundamentalmente, después de los supuestos “gobiernos populistas”, frase acuñada como una terrible acusación.

Si el lector quiere saber cómo están hoy las cosas, lo remito a la información que dan diarios no especialmente de mi afecto.

http://www.laprensa.com.ar/449816-A-22-anos-del-caso-de-corrupcion-IBM-DGI-ordenan-una-vez-mas-llevar-adelante-el-juicio.note.aspx

https://www.rural.clarin.com/…/Sobresueldos-reves-judicial-funcionario-menemista_0_H

 

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