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La orfandad: Reflexiones acerca de la poesía de Paul Celan

Por Noemí Pomi

EL GRADO CERO DEL LENGUAJE

Cuando en 1958, tuvo que pronunciar su discurso de dos folios por la recepción del Premio de Literatura de Bremen, Paul Celan jugó con las palabras «lengua» y «memoria». “En la memoria bulle una lengua, una lengua que «ha pasado sin palabras» a través de todo lo sucedido, y de lo cual ha salido «enriquecida» (…). “En esa lengua he intentado yo escribir poemas en aquellos años y en los posteriores para hablar, para orientarme, para averiguar dónde me encontraba y adónde ir, para proyectarme yo una realidad”.

Solo la lengua que transcurre también sin palabras es lengua de origen: lo que Bhartes llama el grado cero del lenguaje, el momento donde los significados todavía no se habían vinculado a los significantes. Desde ese lugar Paul Celan comenzó a escribir sus poemas, desde el vacío atractor de consistencias, desde retazos de voz que apenas murmuran.

HORROR HECHO VERBO
El poeta Paul Celan dio sus primeros berrinches el 23 de noviembre de 1920 en Czernowitz, Rumania. Desde el principio, el pequeño se manejó con dos idiomas. Su padre, Leo Antschel-Teitler, judío sionista y ortodoxo, abogó por educar a su hijo en hebreo. En tanto Fritzi (Friederike Schrager), apasionada de la literatura alemana hizo de esa, la lengua de la casa. El nombre del niño era Paul Pésaj Antschel o Ancel (Celan es anagrama de Ancel, su apellido en rumano). Corría el año 1938 cuando el joven Paul se decidió a estudiar medicina en Tours, Francia, luego la literatura y las lenguas románticas lo atraparon definitivamente, entonces volvió a Czernowitz, para estudiar esas disciplinas. Mientras tanto las sombras de la segunda guerra mundial ya desatada, invadieron la región. El poeta había escapado a las persecuciones que los alemanes llevaron a cabo durante los fines de semana de 1942 en Czernowitz, Rumania. En la oscuridad de las noches de sábado y domingo el régimen nazi llevaba a cabo deportaciones. Conscientes del riesgo de quedarse en el hogar esos días, muchos huían el viernes para volver el lunes. Un amigo rumano refugiaba a los Antschel en su fábrica de detergentes y cosméticos. Ruth Lackner, novia del poeta, un viernes de junio lo condujo hasta el refugio. Pero la madre de Paul se resistió: “No podemos escapar de nuestro destino”. Cuando Celan partió hacia la fábrica, sus padres fueron detenidos. El lunes comprobó que ellos habían sido deportados a un campo de exterminio, donde cumplirían trabajos forzados: debieron picar canteras en la construcción de un camino. Al poco tiempo también él fue confinado en un campo de trabajo en Moldavia.

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Pawel Sawicki, Zapato y calcetín, foto expuesta en el Museo de la Memoria de Auschwitz.

ORFANDADES VARIAS

Paul Celan, ya desde sus traslados al refugio, comenzó a sufrir desarraigos múltiples. Había perdido su casa, su ropa, su barrio, sus sabores, sus libros y, como remate, después de temer por el destino de sus padres, las noticias volaron y le confirmaron lo peor: su padre pereció de tifus y su madre, asesinada. Liberado en 1944, marchó a Bucarest, donde trabajó en una editorial. En esa ciudad, Paul se ganó la vida como traductor, especialmente, de novelas y prosas, entre ellas, las de Chejov.
Abandonó Rumania en 1947 para pasar una breve temporada en Viena, donde publicó, “La arena de las urnas”. A causa de un exceso de errores de imprenta, Paul retiró la edición. Lo incluiría más tarde en su primer libro publicado en Alemania, “Mohn und Gedächtnis”, “Amapola y memoria”. Celan viviría ya siempre como la memoria de una familia aniquilada.

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Anselm Kiefer , “Flores de cenizas”

Otras víctimas que atravesaron situaciones similares no pudieron resistir la culpa del sobreviviente y se suicidaron en los primeros años después del fin de la guerra. Celan, sin embargo y durante un tiempo, pudo resistir con poesía la tentación de matarse. Los fantasmas de Czernowitz y de otros muchísimos campos de concentración o de exterminio sobrevolaron y aún sobrevuelan gran parte del mapa de Europa y de todo el mundo. Como el poeta, varios escaparon de los verdugos, pero pudieron trocar la falta en acción. El caso de la poesía de Celan es particular porque así como, dentro de su nombre, lleva el anagrama del apellido de su padre en la lengua alemana, sus textos dan vida a la figura de su madre. El alemán fue una lengua que él cuidó con delicadeza extrema, como quien cuida las huellas maternas en la cuna.

 

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ESCOLTA DE POLVO
Los poemas rumanos son los escritos por Celan en su juventud, unos 200 en total, de los cuales 138 nacieron en Czernowitz y el resto en Bucarest y Viena. Entre ellos:
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Hay una hora que hace del polvo tu escolta,
de tu casa en París, lugar de sacrificio de tus manos,
de tu ojo negro, el más negro ojo.
Hay una estancia donde un tiro de caballos se detiene para tu corazón.
Tu cabello quisiera ondear en el viento cuando te vas, eso le está prohibido –
los que se quedan y hacen signos de adiós no lo saben.

“Hay una hora que hace del polvo tu escolta, / de tu casa en París, lugar de sacrificio de tus manos, / de tu ojo negro, el más negro ojo.” Hora extraña donde las cronologías se invierten y aquello erosionado del pasado te conduce, se pone delante y empuja al futuro. Lo esplendoroso, “la ciudad luz”, se vuelve espacio de sacrificio de la escritura. Hora de alteración del orden habitual de las cosas.
“Hay una estancia donde un tiro de caballos se detiene para tu corazón. / Tu cabello quisiera ondear en el viento cuando te vas, eso le está prohibido / los que se quedan y hacen signos de adiós no lo saben.” Hay desencuentros de saberes. Quienes están en un espacio no pueden leerse a sí mismos, mientras permanezcan en ese lugar. Cuando uno vive no se vive vivir.

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Anselm Kiefer – Margarete

 

MADRE LENGUA

Cuando el poeta judío Paul Celan escribió “Fuga de la Muerte”, se encontraba muy lejos de su Rumania natal. Ni la existencia de los campos de exterminio nazis ni el extermino de su propia familia impidieron que él escribiera en alemán. Lengua madre es territorio habitable. Su poesía incluye, casi inevitablemente, la denuncia y el símbolo, sin que ninguno de ellos sea su corazón. El horror se hace verbo y la belleza espanta, por ejemplo, en “Leche negra de la madrugada”. Ecos: el poeta los recoge y los convierte en palabras concretas.

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Dibujos de Helga Weissová, sobreviviente del Holocausto

Fuga de la Muerte

NEGRA leche del alba la bebemos de tarde
la bebemos a mediodía de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos

cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho
Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus mastines
silba a sus judíos hace cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad a danzar

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana a mediodía te bebemos de tarde
bebemos y bebemos

Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
Tu pelo de ceniza Sulamit cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho
Grita hincad los unos más hondo en la tierra los otros cantad y tocad
agarra el hierro del cinto lo blande son sus ojos azules
hincad los unos más hondo las palas los otros seguid tocando a d a n z a r

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía de mañana te bebemos de tarde
bebemos y bebemos

vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamit juega con las serpientes
Grita que suene más dulce la muerte la muerte es un Maestro Alemán
grita más oscuro el tañido de los violines así subiréis como humo en el aire
así tendréis una fosa en las nubes no se yace allí estrecho

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos ni mediodía la muerte es un Maestro Alemán
te bebemos de tarde y mañana bebemos y bebemos

la muerte es un Maestro Alemán su ojo es azul
él te alcanza con bala de plomo su blanco eres tú
vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margarete
azuza sus mastines a nosotros nos regala una fosa en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un Maestro Alemán

tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamit

 

NOCHE ENVENENADA

El poema comienza con el oxímoron, “negra leche” y, así, abre las cuatro unidades estróficas. Sin dudas, esa fuerza poética está inspirada en imagen de un hecho real. En los campos nazis, un grupo de condenados era forzado a cantar nostálgicas canciones mientras otros cavaban tumbas “en el aire”. La leche negra ilumina la oscuridad del tiempo y la tumba en la tierra (ser enterrado) o en el aire (ser quemado). “Vive un hombre en la casa”: el hombre, el verdugo, que más que vivir, invade, confisca, se vuelve él mismo el único territorio de lo posible y lo real. Incluida la muerte.

Por su parte, Margarita / Sulamita resuena en un doble nombre de mujer, que evita hablar de “las mujeres”. Un nombre es una. Las mujeres son todas. Dos nombres que refieren a cada una, en singular, multiplicadas por miles.

Y luego están los perros, los verdugos, las víctimas, los judíos, todos unidos, con voluntad o de prepo, en la patria de los asesinos. El oro de los cabellos de Margarete se tornará ceniza, al igual que el producto de los hornos crematorios. Este imaginario significante se sucede y alterna en el texto, musicalmente, prestándose significados en las cuatro estrofas principales.

“Negra leche del alba la bebemos de tarde / la bebemos a mediodía de mañana la bebemos de noche / bebemos y bebemos”. Alimento fundamental en los primeros meses de todos los mamíferos, en lugar de aportar nutrientes, en este caso, la leche es la palabra que alimentará a ciertos muertos. De ese modo intenta rescatar vida. Este enfático estribillo da el tono a todo el poema y evoca una maternidad perversa. La leche negra bebida en todo momento llena el cuerpo de noche perpetua, noche incorporada en una intoxicación inevitable de oscuridad.

“Cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho”
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Cavar es una habilidad de la mirada: el espanto ante la inmensidad de las chimeneas y ante ese humo que no va a ninguna parte solo permanece como cuenco inconsistente con mezclados remanentes de cenizas. Ante las brasas, el poeta sufre otra orfandad, allí fue cremado el cuerpo de su padre.

“Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe / que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete / lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus mastines / silba a sus judíos hace cavar una fosa en la tierra / nos ordena tocad a danzar”. Hay escrituras que juegan con serpientes en modo inverso a la alquimia, esas escrituras oscurecen al mismo que las escribe. No trasmutan metales en oro, sino que “el pelo de oro” funde en muerte. El silbido es la voz que convoca a la parca. No llama por nombre, llama al cuerpo indefenso en su mera animalidad. Y el silbido divide su coro en dos: a unos los hace ir al ritmo del exterminio y a los otros -sus hermanos- les silba la furia de la pala, obligada a cavar la tumba de quienes hacía instantes compartían el poco aire del lugar con ellos.
“Negra leche del alba te bebemos de noche / te bebemos de mañana a mediodía te bebemos de tarde / bebemos y bebemos / Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe / que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete / Tu pelo de ceniza Sulamit cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho / Grita hincad los unos más hondo en la tierra los otros cantad y tocad / agarra el hierro del cinto lo blande con sus ojos azules / hincad los unos más hondo las palas los otros seguid tocando a d a n z a r”. El poeta contrapone el pelo de oro de Margarete que, al quemarse, se transformará en pelo de ceniza en Sulamit. De ese modo, una se mira en el espejo de la muerte de la otra. Y, de fondo, “Tocad a danzar”, imperativo que intenta tapar gritos, como si el campo de concentración hubiera sido un sitio con actividades” recreativas” para los judíos.

 

HIERRO AZUL
Otra orfandad se precipita cuando el hombre que juega con las serpientes “agarra el hierro del cinto y lo blande con sus ojos azules”, en este caso, contra su madre. A esta altura, la música que persigue a la memoria está tan llena de muertos, que todos los ausentes son familia.
“Negra leche del alba te bebemos de noche / te bebemos a mediodía de mañana te bebemos de tarde / bebemos y bebemos / vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margarete / tu pelo de ceniza Sulamit juega con las serpientes / Grita que suene más dulce la muerte la muerte es un Maestro Alemán / grita más oscuro el tañido de los violines así subiréis como humo en el aire / así tendréis una fosa en las nubes no se yace allí estrecho”. En estos versos, la música tañe dulcemente y a la vez oscurece el ascenso en humo de los cuerpos. Ascender como humo es ascender sin consistencia, ser consumido- devorado-: única vía de “liberación”.

Negra leche del alba te bebemos de noche / te bebemos ni mediodía la muerte es un Maestro Alemán / te bebemos de tarde y mañana bebemos y bebemos / la muerte es un Maestro Alemán su ojo es azul / él te alcanza con bala de plomo su blanco eres tú / vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margarete /azuza sus mastines a nosotros nos regala una fosa en el aire / juega con las serpientes y sueña la muerte es un Maestro Alemán / tu pelo de oro Margarete /tu pelo de ceniza Sulamit.

Al final del poema Celan, funden el color y el sonido en una sofocación. La muerte se deshumaniza porque las tumbas se cavan en el aire, se pierde la dignidad del último aliento. El asesino tiene ojos azules, grita y rabia, bestializado él, mientras bestializa.

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Otto Dix, Cráneo

 

INTOXICACIÓN INEVITABLE

“La escritura de Celan es a la literatura lo que el Guernica de Picasso a la plástica”, George Steiner (3)

El judaísmo late en la poesía de Celan a través del imaginario del folklor judío y el nombre de Yahvhé (1). Igual que en el misterio del tetragramatón, todo poeta funda la contra-palabra, un modo alternativo al modo racional causa- efecto. Así, acerca a la lengua a su anhelo de decir lo callado, lo eludido, lo silenciado, lo impronunciable. Instala un nuevo borde entre lo dicho y lo inefable. Lo suyo es poesía, no discurso poético. La palabra del poema se ofrece en disolución en el acto mismo de nombrar. La poesía de Celan no va hacia la muerte, viene de ella.

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Pablo Picasso, Osario

 

SUEÑO Y SUSTENTO

El aliento nocturno es tu sábana,
la tiniebla se acuesta a tu lado.
Los tobillos te roza, las sienes;
te despierta a la vida y al sueño,
te rastrea en el verbo,
en el deseo, en las ideas,
duerme con cada una de ellas
y te atrae con halagos.
Te peina la sal de las pestañas,
te la sirve a la mesa,
les escucha a tus horas la arena
y la pone a tu alcance.
Y aquello que era cuando rosa era,
sombra y agua, te lo escancia.

“El aliento nocturno es tu sábana, / la tiniebla se acuesta a tu lado. / Los tobillos te roza, las sienes; / te despierta a la vida y al sueño, / te rastrea en el verbo, / en el deseo, en las ideas, / duerme con cada una de ellas
y te atrae con halagos”. La tiniebla, una especie de compañera, te arropa, te mima. Te despierta a la vida en el sueño. SÍ, el aliento es el lugar donde se anuncia el lenguaje y es, a su vez, su página. La tiniebla es una escena erótica donde se revuelcan el lenguaje y la tiniebla.

“Te peina la sal de las pestañas, / te la sirve a la mesa, / les escucha a tus horas la arena /y la pone a tu alcance. / Y aquello que era cuando rosa era, / sombra y agua, te lo escancia”. La tiniebla es muy fértil, busca tus rastros en el verbo. Los rastros de tus lágrimas, la sal, los vuelve alimento. Donde la arena y la sal son los restos de tus dolores, la madre tiniebla es la nodriza indispensable para dar a luz el poema. Lo que hace la tiniebla es lo mismo que haría el polvo en el otro poema rumano, rescatarse de ser siempre idéntico y transformarse.

 

CRISTAL

No busques en mis labios tu boca,
ni en la puerta al extraño,
ni en el ojo la lágrima.

Siete noches más arriba
pasa el rojo hacia el púrpura,
siete corazones más adentro
insiste la mano en la puerta,
siete rosas más tarde
se escucha el rumor de la cisterna.

“No busques en mis labios tu boca, / ni en la puerta al extraño, / ni en el ojo la lágrima”. No se puede buscar en los sitios habituales, hay un desacomodamientos de sentidos, de espacios y tiempos.

“Siete noches más arriba / pasa el rojo hacia el púrpura, / siete corazones más adentro / insiste la mano en la puerta, / siete rosas más tarde / se escucha el rumor de la cisterna”. El siete es un número cabalísitico. Una cifra, más que un número. En siete días se creó el mundo. Siete colores tiene el arco iris. Pero entre color y color (entre rojo y púrpura) hay -medidos en altura, no en sucesión- fracciones más del ser. Rosas arriba, rosas más tarde, son otras medidas del tiempo: lo medimos en rosas y en cimas.

Paul  Celan por Grau Santos
Paul Celan por Grau Santos

 

SHEERIT

Corría el año 1967 cuando alguien le había pedido al poeta que le explicara un poema: «Siga leyendo. Basta con leer y releer, y el sentido aparecerá por sí solo». Siempre había insistido en que sus versos no podían estar sellados como por arte de magia, porque eso era como relevar a los lectores de su tarea y su responsabilidad de comprender.

«Tal vez yo sea uno de los últimos que deba seguir viviendo para consumar el destino del espíritu judío en Europa. Esa obligación la he sentido como poeta, como poeta que no podía dejar de escribir, a pesar de ser judío y escribir en alemán». El poeta estaba en lo cierto, Celan fue considerado por la crítica internacional como el más grande lírico en alemán de la segunda posguerra.

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Scheiber Hugo, Los últimos días en la Cancillería del Reich.

 

“Del Holocausto hubo víctimas mortales y víctimas moribundas. La cifra de víctimas del exterminio de los judíos por parte del nazismo en Europa es conocida, pero la verdadera magnitud del Holocausto sólo es completamente visible si se tiene en cuenta también a los supervivientes del crimen. La tradición judía acuñó un término para referirse a ellos: sheerit, el remanente, lo que quedó. Esa carga residual tiene, en el término hebreo, un matiz de orfandad: lo que quedó, pero lo que quedó sin nada ni nadie. El núcleo de este remanente lo constituyeron los cerca de 50.000 judíos liberados de los campos de concentración dispersos por Austria y Alemania en abril y mayo de 1945. A ellos habría que sumar algunos cientos de miles que antes se habían escabullido por poco de las tenazas asesinas de Hitler, pero que se vieron igualmente huérfanos, vagando por las frías estepas del Este europeo o por los sórdidos ambientes de las capitales donde se ocultaron hasta alcanzar un lugar más seguro en el mundo”. (2)

(1) Yahvhé: El nombre propio de Dios en el Antiguo Testamento; de aquí que los judíos lo llamaran el nombre por excelencia, el gran nombre, el único nombre, el nombre glorioso y terrible, el nombre oculto y misterioso.

(2) Carlos Ortega: Valladolid, contemporáneo. Escritor, traductor y editor, dirige el Instituto Cervantes.

George Steiner: Contemporáneo. Profesor, crítico y teórico de la literatura y de la cultura.

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