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La orfandad: sobre la obra de teatro “Alta rusticidad”

Por Cecilia Miano

 

RÚSTICO POR DOQUIER

Santa Rosa, capital de La Pampa, abre las puertas de un espacio cultural, Centro de Artes, para que la obra “Alta rusticidad” tome cuerpo. El barrio tranquilo, más allá del centro, ubica la escena- casi por descuido- enfrente de una pintoresca iglesia. Los edificios vecinos susurran guiños de bienvenida, los autos se arriman a la vereda sin mucho artilugio.

Hacia el salón, el pasillo de entrada es atravesado por un cartel de anuncio:

“HOY ALTA RUSTICIDAD 20:30HS”

Los andares se desvían un poco hasta el pasto, porque en La Pampa el césped es raro, la sequía se inserta en los tallos, los vuelve duros y casi amarillentos. Los pocos pasos hasta la entrada anuncian la escena con luces blancas, muchas. Todos los integrantes del elenco esperan al público con júbilo tranquilo, los destellos son reales, los abrazos se sienten. Las sillas dispuestas se ocupan muy rápidamente.

 

AL SERVICIO DEL ARTE

La obra propone una comedia no tan tradicional de títeres, un teatro diferente con historias del oeste pampeano, sin su río, con todo el paisaje devenido en pobre y desértica tierra. Con añoranzas de lo que fue, el territorio se ha convertido en un lugar casi inhóspito donde se encuentran la poesía, el humor en modos propios del sentir de esta zona.

Oskar Kokoshka
Oskar Kokoshka

 

 

CANTO RODADO

El canto rodado es una buena metáfora de La Pampa: gastado por el paso de un tiempo de aguas, hoy rueda por la llanura sin mucho rumbo, en magnífica orfandad, de vez en cuando, el viento lo lleva un poco, pero su existencia es su ser piedra dispuesta al ruedo. Ahora es apenas tocado por el viento, que se apiada de su raíz y sin destino apenas lo alienta hacia un incierto futuro.

Así con metáforas y poética al alcance de la mano nace esta obra original desde la voz de un poema de un escritor pampeano, Morisoli.

CRECER ES RESISTIR (Edgar Morisoli)

“Si usted no conoce el Sur, / no sabe lo que es el viento.” J. R. Nervi

Norte y pampero, grandes bramadores,
se disputan por turno los caminos del cielo
desde Agosto hasta Octubre,
y cuando ambos se toman un resuello
suele llegar el zonda, tropeando cardosrrusos con su largo arreador de
polvo y pena.

(La gente de esta tierra, desde los viejos días,
tejió canciones para el viento:
lo invocó, lo celebró, lo conjuró, supo escuchar su
errante
confesión hecha brisa o hecha ráfaga,
y hasta rogó a Watsíltsum, la giradora arcaica,
para que detuviese su cósmico bramido)

Aquí tan sólo crece
lo que resiste, lo que ha incorporado
el código genético del viento a sus raíces
desde que fue semilla. Sólo crece
si es par del viento, si es rival del viento,
si es hermano de viento.

Vieja ley de los páramos, crecer es resistir. 

Objetos animados, leyendas que toman cuerpo en objetos armados con carros de mercado para el ganado vacuno, bidón de agua para el sapo; el despliegue logra trenzar los cuerpos de las actrices que dibujan en atuendos negros, luchas con voces en castellano y en ranquel.

El personaje principal de esta historia es el viento, aire particular en La Pampa, que muta de identidad y de nombres según dónde sople el ánimo: NORTE, PAMPERO, ZONDA Y SUR. Parece raro, pero el efecto de sostener las fuerzas  de    su    furia es lo que deja fortalecidos a los habitantes de este páramo. Esa es su magia.

THEO JANSEN
Theo Jansen

Desde los primeros tiempos, el viento despliega una especie de código genético de resistencias varias: manso o colérico conecta a los todos seres para que sean sus pares, sus enemigos o sus hermanos. Opaca toda fuerza, como un dios pagano, impregna a su paso las cosas y las cautiva. Los verdaderos huérfanos de esta zona son aquellos a los que el viento no ha atravesado, aquellos no impregnados de su ímpetu en la semilla. Esos quedan por fuera del combate, el desafío es atravesar tempestades para encontrar el ser verdadero, cuando el origen no los ha tocado.

 

AIRES DE VIENTO

El páramo crece gracias a la fuerza impartida por esta energía en movimiento. El agua aplaca la furia, si el padre viento no sopla la resistencia se hace más cruel, la rusticidad impregna el alma. Lo primario se vuelve torpe, áspero a la vista, amarillo al oído, polvoriento al olfato, invisible al tacto, solo aparece cuando la tierra levanta vuelo para decir, en palabras de viento, que algo muy  propio de sequías atraviesa este lugar. En plegaria infinita los seres responden con resistencia.

Theo Jansen
Theo Jansen

Este viento todopoderoso levanta la obra de teatro. Pero sumado a lo poco convencional de los títeres en escena, la noción de teatro se amplía a territorio donde la acción se vive en sonidos, movimientos y muecas para mostrar los gritos de la tierra seca, donde la supervivencia casi sin agua aún puede ser posible. Las añoranzas de tiempos pasados tornan lo infértil del páramo en un puño cerrado hacia el futuro.

 

HABLEMOS DE VERDAD COMO LA TIERRA26784674919_2e3d966b94_b

Los personajes no son ni tierra ni viento, entre ellos y con ellos, porque los seres envueltos en ráfagas ventean sus inciertos destinos en el paso sobre la tierra. Encuentran lugares únicos porque los fundan, se enredan con el paisaje y pasan inadvertidos hasta que un escenario los vuelve acción.

La danza de arena… Purum kuyúm…

Antiguos pobladores… Kuivi Keché…

El caldén…. Witrú…

Las torta fritas… kokel…

El avestruz… Choike….

El agua… Có…

El Río Atuel… Leuvú Antuel….

Los sonidos resuenan sin fin dentro del idioma, así acunan el sentido en las palabras con memoria, se abrazan para cambiar el curso de la sed, en los embates de la rusticidad.

Así como el viento sopla, la tierra se reseca, las voces persisten y se hacen poesía.

La historia se narra y el viento sopla luchas, de esas añejas.

Por aquí ha pasado “Alta rusticidad”

GUILLERMO FDEZ

 

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