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La orfandad: Entrevista a Susana Rinaldi

Entrevista: Viviana García Arribas, Gabriela Stoppelman, Rodolfo Rodríguez

Fotografía: Matías Buselli

Edición: Viviana García Arribas, Gabriela Stoppelman

 

Tu mano era mi mano desde siempre, / tu voz mi voz, y yo no lo sabía. /Anduve con tu sombra/al lado de la mía/por mortales caminos/y celestes orillas. /Eras un sueño en busca de mi frente/para nacer, y yo no lo sabía.”

“Canción”, María Elena Walsh

Y entonces una dijo: “¿Qué es eso cuya presencia reverbera en el aire, agita las mechas del viento y desarregla el curso de las corrientes? Y la otra repreguntó: “¿Y qué, eso encadenado en colitas, alturas, techos, ese avance de mínimas siluetas, meta decir y encerrar vacíos?” Así, cuentan, fue el primer encuentro entre la palabra y la música.

Después se miraron, de cuerpo entero espejadas. Y vieron que no eran iguales.

Una discurría sobre superficies invitadoras: piedra, papiro o entreverada en sueños. Brevísimos módulos, siempre de la mano, empujados por la punta de un tacto, de una pluma o de un teclado. La otra se vestía con redondas, blancas, negras, negras con flecos, con más flecos y más flecos. 

Apenas un instante había transcurrido y la primera se amontonaba con varias como ella en el aliento, se dejaba cocer entre dientes y, al final, se derramaba a través de labios, en conversaciones y disputas. Mientras tanto, la otra se organizaba en acordes y cadencias, pentagrameaba las voces hasta empujarlas al canto.

Y se volvieron a mirar, de cuerpo entero extrañadas. Y volvieron a ver que no eran iguales.

No conformes con decir y sonar, se atrevieron a más. Una se probó en las coreografías de relatos y versos. La otra encontró buena horma en el mapa de la melodía.

Y una vez más se miraron. Y les pareció que no eran tan iguales.

Fue entonces que una se animó en los brazos de la otra, quien la recibió gustosa, pero un poco inquieta ante los posibles desajustes. Tuvieron que trepar, aliadas, las marcas de la rima, los desvíos del matiz, la aventura de las inflexiones y los énfasis. Pero, desde aquel primer encuentro, todo fue andar, amplio desperezarse del abrazo sobre el infinito territorio de la canción.

Así, espejadas, extrañadas y abrazadas, ellas fueron el espejo.

Y sonó de este modo:

Still life with violin in front or an open window - Juan Gris (1926)
Still life with violin in front or an open window – Juan Gris (1926)

 

DAR VIENTRE A LA PALABRA

Este temporal a destiempo, estas rejas en las niñas de mis/ojos, esta pequeña historia de amor que se cierra como un/abanico que abierto mostraba a la bella alucinada: la más/desnuda del bosque en el silencio musical de los abrazos.”

“Naufragio inconcluso”, Alejandra Pizarnik

Nos llamaron la atención los nombres que citás al recordar tu infancia. Por eemplo, “El luto porteño”: contás que, en un baile, organizado por esa empresa donde trabajaba tu mamá, se conocieron tus padres. ¿Cómo se resignifican esos nombres con el tiempo?

Mantras and meditations - Meg Hitchcock
Mantras and meditations – Meg Hitchcock

Por un lado, lo llamaría modas. Por otro, la necesidad de expresarse que tiene la gente a través de las palabras, eso habla de una época en la que se tenía respeto por la palabra. Después, se agregaba lo subjetivo, pero sin dejar de apreciar primero las palabras. Yo me río mucho cuando cuento esto que citás porque, en definitiva, papá era un viudo muy joven y mi mamá era requete joven: ella tenía 19 y él 40. Había una gran distancia no solo de edad, también cultural y ética. Y. a partir de esto, surge una necesidad que tuvieron los dos, por una razón fundamental que se llama amor. Bah, yo me imagino esto mientras estoy hablando con ustedes. Mi mamá, a pesar de ser muy dicharachera, no era una persona de contarte con facilidad sus cosas. Por su parte, mi papá murió en el momento en que la hija mujer más necesita de su padre, a mis quince años. Igual, tuve oportunidad de conocerlo en las buenas y en las malas, es decir: conocerlo en lo que me deja -sin saberlo-, como instrucción para toda la vida, y en lo que significó para mi madre y en lo que mi madre significó para él. Yo de chiquilina era muy callada. Cuando me lancé a hablar, fue gracias al teatro. Tengo una nieta que heredó ese silencio mío, pero también una observación que ¡cuidate de ella! Pero, volviendo a mis padres, yo recuerdo que había un respeto y un cariño muy grande entre ellos. Del respeto nunca me pude olvidar y eso me marcó muchísimo para mi educación ciudadana.

En un momento señalás que te viene de tu madre el defender siempre a los compañeros, la idea de la solidaridad. Hoy la solidaridad está en boca de muchos (hasta del gobierno) y está muy devaluada en tanto palabra. Solidaridad, ¿en qué sentido la practicamos? ¿Como un deber o como un real sentir en que uno forma cuerpo con el otro?

¿Por qué digo que eso me viene gracias a mi mamá? Porque mi padre venía de una sociedad que miraba la vida desde arriba. En cambio, mi mamá era la laburante. Ella venía de la sociedad que se forma abajo y que sigue manejándose así para después poder cumplimentar algo de la vida de arriba. Esa distancia fue muy marcadora para mí.

¿Esa es la distancia ética de la que hablabas?

Sí, por supuesto. No tuve mucho diálogo con mi papá, por ser mujer. En esa época no se le daba mucha entrada a la mujer en el diálogo con el padre, ni aun en la sociedad abarcativa de mi padre, la de esa gente de plata que no tiene problemas para hablar con la hija mujer. Lo que podía hacer la hija mujer era tener un gran respeto por el papá y extraer de madre y padre lo mejor de cada uno. Los dos por igual, sin darse cuenta, me marcaron en decir lo que pensaba. Eso es horroroso, sobre todo, si sos argentino. Pero, con todo, no me ha ido mal en la vida. Al contrario, evité confrontaciones “al cuete”. La gente ya sabe cómo soy, no voy con una sorpresa. Ahora, cuando te voy con una sorpresa, te voy con una catapulta de la cual difícilmente puedas zafar. ¿Por qué? Porque siempre conllevo la verdad. No me importa si sos amiga o no, si trabajás donde trabajes. No. Creo que te hago mucho mejor diciéndote exactamente lo que pienso que callándome las cosas o diciéndotelas mal.

No existe la mentira protectora.

Exactamente. Eso es poder de síntesis. Creo que eso me ha hecho bien para relacionarme con la gente, muchos de ellos ya no están entre nosotros. Y, sobre todo, me ha generado un enorme respeto que agradezco todos los días de mi vida.

Susana Rinaldi
Susana Rinaldi

 

MATRIA, SE BUSCA

soy ajena a las ceremonias de la costumbre
que suelen acogerme para señalarme extranjera

Interior con poema III”, Juana Bignozzi

 

El tema de este número en nuestra revista es la orfandad ¿Cómo te llevás con eso?

Yo siempre fui huérfana de país. Digo fui, porque todavía estoy esperando que se modifique de alguna manera. No creo que pase a esta altura de mis años. Pero sí ocurre la solidaridad. Cuando se da, es definitiva y eso también compensa. De todos modos, he tenido que irme más de una vez de mi país. A veces, porque la fuerza contraria era mayor y otras, porque me dije, ¿por qué seguir desaprovechando mi vida y lo que realmente puedo y creo que debo hacer -no solo para mí, sino para mis hijos y los hijos de mis hijos-, si sé que fuera de casa lo voy a obtener con más facilidad? ¿Sabés por qué? Porque la permanencia en el respeto es mayor, al menos, como yo la he vivido hasta hoy. Acabo de venir de afuera. Afuera, a la gente le pasa  lo mismo que le pasaba hace veinte o treinta años atrás. Por eso también me he malcriado al respecto. A ver, no es que “este modo de ser no lo puedo encontrar en mi casa porque yo no lo sé buscar”. Gran mentira. No. Somos una cosa rara los argentinos. No tenemos forma de identificarnos con algo definitivo. Lo que te identificaba con el exterior, que era “siempre vas a encontrar la solidaridad del argentino medio”, es mentira. Si lo tenés, agradecé al cielo y, sobre todo, demandá que dure. Yo no hablo solamente como argentina, hablo como mujer argentina. Te doy dos ejemplos, de dos grandes batalladoras que no tienen nada que ver una con la otra: una fue Eva Perón y la otra, Victoria Ocampo. Dos mujeres que se pelearon con su sociedad de distinta manera para instalar ciertas normas –pequeñas, en definitiva, pero que pudieron seguir llevándose adelante- ¿Cuántos años pasaron hasta que se reconoció que Eva Perón estaba enterrada en un pozo de mierda para que no se la recordara? Eso no lo inventaron los alemanes, fueron los argentinos. Por otro lado, la vieja Victoria, que se peleó con dios y María santísima de su clase, fuera de su clase y donde fuera,  nunca logró que alguno de los grandes escritores, -los mismos que, por distintas razones, tuvieron la suerte de salir a la palestra gracias a ella, empezando por Borges-, se lo reconocieran en alguna oportunidad. Borges, en algún momento, la cita, en un diálogo con ella.

Susana Rinaldi
Susana Rinaldi

 

 Pero eso no es suficiente. No hubo ningún tipacho de la sociedad literaria que saliera a decir “Esto se lo debemos a la mirada adelantada de Victoria Ocampo”. Ninguno. Creo que hubo algo que primó en Eva para que dijera, en relación al embajador de España, “Dígale a ese gallego de mierda que entre y que le voy a contestar lo que le tengo que contestar”. Hay un momento en que tenés que ser así, definitiva. Y otra cosa, ellas guardaron en su corazón la obligación para con los demás. Ahí la recuerdo a mi madre, que guardaba su sueldo para comprarle los zapatos a sus hermanos, para comprarle lo que le hacía falta a la madre. Eso heredé de mi mamá. Eso se aprende para siempre. Es así.

 

¿Y DÓNDE ESTÁ LA BICI?

“Siento que esas imágenes poseen una fuerte carga nostálgica, es indudable. Hay quienes al verlas evocan su infancia, en otros despierta el recuerdo de amigos idos. Hace un tiempo atrás un amigo que se había marchado al exilio me dijo que al verlas le recordaba aquella bicicleta que él había dejado en su casa familiar antes de emprender la huida”

Fernando Traverso, artista plástico rosarino

Pensaba en el equilibrio entre defender lo singular cueste lo que cueste y, a la vez, ocuparse de los otros. Recordaba la escena de 678, cuando dijiste que Kirchner no se parecía a nadie, que era singular. ¿Pensás que él hubiera estado de acuerdo con eso?

Tuve la suerte de conocerlo, de tratarlo. Era un hombre muy tímido y tuvo que aparecer de golpe como muy machazo como, en general, piden los cánones peronistas. ¡Dejame de joder! Era un tipo muy inteligente, con una gran capacidad, que aprovechó -como buen muchacho de barrio- un espacio que se abría para decir “esto puede ser de otro modo y ese otro modo es este”. Tuvo suerte un corto tiempo, el que le damos los argentinos a esta clase de hombres, ¡no vaya a ser que después te me tires en contra y yo me venga con una cosa que no debía! Creo que fue un gran dirigente desde muy joven y nosotros no nos dimos cuenta. Unos lo hicieron trizas por ser un peronista y otros porque, siendo peronista, no tenía miedo.

¿Él sabía de tus críticas a la última etapa de Perón, con López Rega y demás?

Por supuesto, ¿a quién no se lo dije? Mirá, esto lo dije el otro día en la televisión, no me puedo sacar de la cabeza lo de Silvio Frondizi, el día en que estos degenerados fueron a abrirle la casa a patadas, lo sacaron de los pelos y, dos cuadras más allá, lo mataron. ¿Viste  cómo pasa en las películas para chicos de los yanquis? Cuando el malo-malo de la película hace esas cosas, vos decís “Bueno… otra más de los americanos”. Yo, a esa imagen, no me la puedo sacar de la cabeza. Me acordé de otra etapa que no se recuerda con facilidad. Cuando yo era muy chica y un militante tiró por la ventana a un soldadito, a quien habían mandado para cubrir que no hicieran mucho lío y no sé qué cosa. Lo fotografiaron y quedó documentado. Yo tuve mucho tiempo guardada esa fotografía hasta que, en un momento, me dije: “ya no hace falta”. No hace falta porque, esto sólo no es Argentina. Hay que tener memoria y recordar que eso pasó en un país como Argentina. Lo malo es que hasta hoy no lo reconocen. Hay gente que cree que yo soy peronista. Nunca lo fui, por esa razón. El día que aparezca un peronista que reconozca la verdad de estas cosas y diga “Qué cagada nos mandamos, qué horror lo que hicimos”, le voy a tener confianza. Si no, van a seguir con la prepotencia. Y la prepotencia no sirve para nada, al contrario. Siempre estás peleando contra alguien que no sabés quién es. Mi madre y su familia eran peronistas. Yo me acuerdo que, con dieciséis años, nos invitaron a la quinta presidencial. Nos estaba esperando Perón para darnos la mano a todos y a cada uno de nosotros. Daba una charla . Me quedé mirándolo: “Yo estoy acá y ahí está Perón hablándonos y voy a ir a casa y mi mamá no me lo va a creer”. Y, de pronto, oí que dijo: “…por eso, una de las buenas cosas que ustedes pueden aprender como argentinos es a llevarse bien, a coincidir y a no rechazar a aquello por lo cual apostaron porque no lo comprenden”. Mirá vos, dije yo. El consejo que te da… Nos fuimos. Lo único que quería era ver si veía la bicicleta que había sido de Evita. Son detalles. Cuando llegué a mi casa, exaltada, le conté a mi

Las bicicletas de Rosario - Fernando Traverso
Las bicicletas de Rosario – Fernando Traverso

mamá de todo lo que vi. Y mirá qué cosa, cómo la gente modifica, cambia y al mismo tiempo deteriora todo… Cómo Perón pudo volver, después de tantos años, al lado de esa basura, López Rega… No se puede. No se puede tomar el pelo así al pueblo, no se puede tomarle el pelo a la ciudadanía, por circunstancias en las que no tuvimos nada que ver, sabiendo que lo único que venía a buscar, como buen militar, era que le devolvieran las medallas que le habían sacado… Eso te queda marcado para siempre también. Nos tocó eso. Ahora, ¿qué aprendimos?

SI EMPEZÁS POR PUNTO ATRÁS, TERMINÁS DESHILVANADA

“Miremos este espejo bruñido y reluciente/sin el engrupe falso de una mentira más…/Y vamos a encontrarnos con toda nuestra gente/mirándonos de frente sin ropa y sin disfraz(…)”

“Somos como somos”, Eladia Blázquez

Has dicho varias veces que los argentinos no somos tan malos como parecemos, ¿qué cosas rescatás de los argentinos?

No somos tan malos como nos quieren hacer aparecer, por ejemplo, ahora. Como mujer, rescato la hombría de bien de algunos. No hay que dejar de lado eso, si no, te quedaste sin muchachos para compartir. Parecería que todos son una mierda, que todos pasaron a ser una basura, que no hay un sólo personaje, un sólo hombre que valga la pena. No puede ser. Pero si vas a mirar en el espejo a todos los que están en el gobierno hoy, les mirás las caras y no lo podés soportar. Cuando hablan de nosotros, para decir lo que dicen, se han basado en estas jetas. Pero estas jetas no son la verdad argentina. Mirá, yo tengo ochenta y dos años, pero todavía voy por la calle y miro a los muchachos que son tan divinos y que no van mandándose la parte. Te dicen: “Por favor, pase por acá, señora” . Te hablan, no te tratan a los cachetazos. Porque parecería que el varón argentino hace creer que es una basura que ha decidido no mejorar su pelaje, y no es así. Si una parte cultural de Argentina no resolvió eso – y sí que es grave- entonces, ¿toda la “cultura” de Argentina no sirvió nunca para nada? ¡No! Porque si empezás con que el varón argentino es irrecuperable, vas despejando jurisdicciones y te encontrás con que el varón argentino es un ser humano argentino, y la conclusión de eso es, finalmente, que los argentinos no tienen modo de salvarse, no sólo el varón. “El ser humano argentino, por distintas razones, no es confiable, no confíes en él”. Y hoy ha llegado al país un señor al que no se le puede confiar nada, ni cuando te dice “La entrada del baño es esta”. Es el señor Rajoy que, además, es un español bruto ¿Cómo vas a aceptar esa presencia y le vas a poner toda la magnificencia del mundo? ¿Cómo vas a hacer eso y, al mismo tiempo, vas a permitirte decir “El ser humano nacido en argentina no tiene remedio”. No. Yo no sería ni una digna madre ni una digna abuela si creyera eso realmente.

 

ESCRITO MAÑANA

De un margen de la noche a otro confín, del permiso a la culpa,/dibujo con mi propia trayectoria la escritura fatal, el ciego testimonio./Retrocesos y avances, inmersiones y vuelos, suspensos y caídas/componen ese texto cuya ilación se anuda y desanuda con las/vacilaciones,/se disimula con la cautela del desvío y del pie sobre el vidrio,/se interrumpe y se pierde con cada sobresalto en sueños del cochero.”

“Al pie de la letra”, Olga Orozco

 

Pensaba en lo que mencionabas de la degradación y lo vinculo con la palabra. Vos sos una persona que cuidás mucho la palabra, chequeás las letras de los tangos, nombrás a los autores antes de cantar, recién citaste casi textual lo que había aconsejado Perón. ¿Por qué nunca escribiste?

Escribí, tengo mucho, pero no lo muestro porque me da vergüenza. Hay mucha gente que escribe muy bien.

¿Qué escribís?

Dreamy improvisation - Vassily Kandinsky
Dreamy improvisation – Vassily Kandinsky

Cosas mías, cosas que he visto. El otro día, Luisa Valmaggia, una periodista que estimo muy particularmente, me invitó a un primer reportaje de su programación. Me dio una sorpresa con algo que había encontrado: era algo que había escrito yo, un largo poema, una observación de la vida del argentino medio, cosa que siempre me preocupó. Me preguntó si yo lo podía leer. Di vuelta la hoja y vi que lo escribí en 2005. Se llama “Esto y lo otro”, está en un video libro, se los voy a alcanzar en estos días. Entre “esto y lo otro” estamos y somos nosotros. En la comparación, no hemos revisado nada, no hemos cambiado nada. Todo lo que escribí entonces parece escrito mañana. Yo me tengo que preguntar qué pasó… y preguntarme qué es lo que me impidió retrotraerlo. Entonces, me doy cuenta, evidentemente estaba todo dirigido al proyecto de Cristina y Néstor. La pregunta que me queda después de leer eso es, ¿qué nos pasó? ¡Si nosotros no podemos tener ni un pedacito de memoria! Y no para decir que Néstor Kirchner haya sido el salvador ni mucho menos. Pero, por lo menos, encontrar una forma de recapacitar sobre ciertas cosas. Si yo, como dirigente, creo que a la gente le falta tal cosa, voy a intentar dárselo, aunque sea para que después me lo repruebe y me diga que no era eso y que me equivoqué. Pero si la gente no sólo lo recibe bien, sino que además lo abraza, ¿qué nos pasó ahora? ¿De dónde sacamos fuerzas para votar esto después de haber que pasado por lo anterior? No sé si ustedes recuerdan el 2001: un tipo como este Macri podía haber surgido tranquilamente. Pero, mirá: pasó el milagro que pasó, al cual no solamente adherimos, sino que jugamos ahí y ayudamos en distintas formas para que se llevara adelante ¿Y después? Insisto: ¿qué corno nos pasó? No tenemos memoria. Las únicas que producen ayuda memoria son algunas notas de Página/12, de Bruschtein, de Mempo Giardinelli. Eso te hace sentir que no estás sola, coincide con lo que vos estás pensando. Ahora, yo acabo de ir a Europa a hablar en Naciones Unidas sobre lo que pasa con la educación pública. Allá puedo. Pero acá, ¿de qué mierda voy a hablar, con alguien que decidió cerrar las escuelas públicas porque, en vez de veinte, tiene nada más que ocho alumnos? A veces me parece que vivo en otro mundo. Y, cuando viajo a Europa, me encuentro con que vivo en un mundo que sigue coherente con algunas pautas como la educación y la cultura. Y acá la cultura cada día pierde más y más.

En este sentido, ¿la escritura no podría funcionarte como otro espacio, con otro tiempo?

No, no, no. Hoy me haría mierda. Creo que lo mejor en ese sentido es escribir para que mis nietos me lean un día y digan “Mirá lo que decía la abuela”. Y que eso les sirva para saber que no es verdad que todo tiempo pasado fue mejor. Pero, al mismo tiempo, que no es verdad que todo tiempo pasado fue esto que vivimos ahora, correlativamente a lo que pasa en el mundo en general y en particular. Yo escribiré sin duda para que ellos puedan tener una mayor buena fe respecto de ellos mismos, de lo que pueden hacer y pueden dar. Si escribiera públicamente hoy, los medios de comunicación no me lo perdonarían. Dirían: “Mirá vos, la cantante de tango dice…”, esa es la forma que tienen de cagarte. Lo que pasa es que a mí no me cagan cuando quieren, porque yo tengo escrito bien claro qué hice verdaderamente con el tango, cómo logré colocarlo dentro de las figuras más trascendentales de la cultura mundial. Entonces, ¿qué me va a importar a mí que, en este diario, en el otro y en el otro pongan lo que quieran? Sí me importa por los demás, porque mis hijos no van a salir a despotricar por eso y tienen razón. Y porque mis nietos no saben aún de qué se trata. Darles paso para que te hagan… ¡no! Eso es lo único que quieren. Buscan hacerte pelota a vos porque existís y podés tener una visión más interesante que la que tiene él o ella. Y eso no lo soportan.

 

¡ATENDEME EL MATIZ, QUERÉS!

No conozco la astucia, /no soy como la hoja del chopo/que en oruga se oculta y arracima/antes de dar su tierno cuerpo al viento, /soy clara y sin pudor, /soy entera y tajante,/y no sé seducir.”

“No sé”, Clara Janés

 

Guitar on a Table - Juan Gris
Guitar on a Table – Juan Gris

Vamos al tango. En 2003 hacías talleres y le pedías a los participantes que pusieran la poesía en prosa y la prosa en poesía y había un momento en que, por primera vez, se juntaban la poesía y la música.

La poesía tiene una rima, hay que seguirla sí o sí. A veces, por seguir esa rima, uno se olvida del contenido total. Decir cosas definitivas no es como recitar “Setenta balcones hay en esta casa/ setenta balcones y ninguna flor”. Eso es, en todo caso, la reflexión de alguien de paso por un lugar. Algo definitivo en el ser humano es el amor, por ejemplo. Y la decisión que tomaron otros, no yo, es que el tango sufriera lo suficiente desde el verbo y que quien sufre es siempre el hombre. O sea, la mujer la pasa fenómeno. Y, en realidad, prostitutas, novias, laburantes mujeres fueron la que más trabajaron para que el tango siga existiendo. Digo, entonces, si cantás eso como varón, le vas a poner una inflexión de voz distinta a la que quiero darle como mujer, le vas a dar una inflexión que pertenece al cuadro varonil. Es curioso: yo puedo cantar, con muchísimo respeto y sin desfigurarlo, lo que pertenece al cuadro varonil. La única vez que hice eso y lo desfiguré totalmente fue con tangos de 1900, de la época en que surgió el género. La gente se lo tomaba en serio y por poco lloraban. Y, la verdad, eran para matarse de risa. Una vez, en París, un autor -un señor mayor- me vino a decir “¿Usted por qué no canta mis tangos como canta a Eladia Blázquez?”. Yo no le pude decir: “Escúcheme, lo que canto de Eladia Blázquez lo escribe para que yo lo cante. Me conoce y nunca se permitiría escribir “Mi mocosita, no me dejes morir…” ¡Andá a cagar! Entonces yo, a usted, perdóneme, pero no le estoy haciendo mal el recitado de su poesía”. Y está lo otro: la manera en que se les permitía cantar a las mujeres, cantar muuuuy para arriba, salvo a la grande, Mercedes Simone. Rosita Quiroga, por ejemplo, cantaba como una nenita. Entonces, yo hice un cuadro con esa manera de cantar. La gente se moría a las carcajadas. Claro, comprendo: si un autor escribió eso y se le ríen a carcajadas… bueno, el autor se tiene que plantear que algo hizo mal. Y terminé diciéndome a mí misma: “Lo que el hombre se dijo, seguramente, es: ‘lo que hice mal es no haber nacido mujer ni ser Eladia Blázquez’” Bueno, no. No es eso. Después, el señor no sólo me entendió, sino que escribió un libro a raíz de ese episodio. Porque él tenía a su hija en Europa y había ido a vivir un tiempo en su casa. Él me fue a ver al teatro donde yo estaba cantando en ese momento y,

Susana Rinaldi
Susana Rinaldi

cuando salí, mientras yo firmaba discos, se acercó y me dijo: “Usted se burlaba de mí”. Entonces, hablé con él. Le dije: “No, no, de ninguna manera, yo no soy esa. Es un personaje y el personaje está tratado de esa manera, en definitiva, soy actriz”. Pasó el tiempo. Y aquella hija del autor que vivía en París volvió a vivir otra vez a Uruguay. Me vino a ver cuando yo canté en un teatro de Montevideo, y me dijo: “Mire, este libro es para usted, lo escribió mi padre.” Y allí relataba todo esto que te acabo de contar.

Mirá vos.

Sí. Además, cuánta nobleza, ese señor. Se dio cuenta y se preguntó “¿cómo puede ser que estos extranjeros sientan por este tango lo que yo siento y cómo me pude haber equivocado no adelantándome al tiempo…?”

Marcás que hay algunos tangos que no cantás porque son muy machistas. ¿Un tango puede ser machista y bello?

Sí. Pero bueno, con lupa… De eso, estos muchachos saben. Y los hay muy buenos. Además, hay autores y compositores como los Expósito, que han escrito cosas maravillosas, que hablan -no sé si machistas- desde la visión que solamente el hombre tiene, nunca desde la mujer. A veces, para hacernos daño. Otras, para tratar de comprender entre ellos qué pasó. Pero, claro, hay cosas que son maravillosas. Hay cosas, también, que escribieron con profundo dolor, como “Soledad” de Gardel y Lepera. Para mí el ser humano varón sufrió una decadencia por muchas razones y eso le impide cantar como Gardel cantaba “Soledad”. Esa canción es la pura desolación sin remedio. Pero, detrás de eso, habla de un profundo amor. Y lo tiene que cantar un varón. Yo intenté en algún momento, pero estaba segura que ahí no había nada de lo que siente una mujer. Una mujer siente la ausencia de su compañero desde otro lugar. Igual, cuando la siente el varón, es una cosa muy fuerte. Distinta, pero muy fuerte. A mí me da mucho fastidio si escucho a algún cantor que no se da cuenta de esos matices y él, que puede cantar, él, que puede decir, se los pierde. Y los canta muchas veces para engolar la voz, para decir y provocar en uno, espectador y auditor, ese “Mirá que linda voz que tiene este muchacho…” .Y la tiene, claro. Pero se está olvidando de lo que tiene que relatar, del cuadro ese que se pierde. Eso no lo olvidaba Gardel, era una de sus grandezas.

 

CANTAR LA ROPA

No sé lo que hay detrás de tu voz./ Nunca te vi, vos sos los discos/ que pueblan por la noche/ este departamento de París./ Te busqué en Buenos Aires, pero sabés seguro/ cuántos espejos de mentira te hacen pifiar la esquina,/ cómo después de andar de bache en bache/ acabás con ginebra en un boliche/ murmurando la bronca del despiste./ No sé, ya ves, ni cómo sos”.

“A la voz de Susana Rinaldi”, Julio Cortázar

Jesus Loves Me - Meg Hitchcock
Jesus Loves Me – Meg Hitchcock

Hablabas de la mujer que está sin su compañero. Creo que Julio Nudler mencionaba que vos eras una figura solitaria. ¿Solitaria o sola?, ¿cuál sería la diferencia?

Ahí Julio Nudler quiere decir que no permito la entrada del otro. Por otra parte, mil veces me he sentido sola al momento de defender mis posturas en lo artístico y en lo político. Acá -en la AADI-, mis compañeros ya se cansaron de escucharme. En serio, es muy difícil. Ahí comprendés todas las historias de las mujeres. hayan nacido donde hayan nacido. Esto es mundial. Miente quien diga que es una situación argentina, viene desde hace tiempo y desde allá lejos y no sé si podrá curarse. Es más, creo que hay pueblos muy adelantados en el mundo que no han podido erradicar este error, esta desgracia, esta forma de menospreciar a la mujer intérprete. Algunos, brutalmente y otros, de manera más sutil. En lo mío, por suerte, pude lograr interpretar de un modo diferente que el varón. Pero siempre observada con cierta técnica machista que hace daño. Esto la mujer lo sufre, no importa la tarea que cumpla. Ahora, cuando vos decidiste -porque sí- tomar el tango y decir “Esto también es mío y lo voy a cantar a la manera en que a mí me parece” y te entran a dar sin asco y vos salís al escenario a reírte de que te dan sin asco, se quedan como quien dice “esto me lo voy a callar, porque, si no, esta me va a joder otra vez”. Igual, ya decía Cunill Cabanellas: no es cuestión de salir a pelearse con la gente todo el tiempo. No. Hay un momento en que sí, doy fe, te toman el pelo. Y, cuando te toman el pelo, no les vayas a fallar porque ahí sí se pueden sentir menospreciados. Yo le debo todo al teatro. Todo. Mis ganas de cantar, desde mis cinco años, se las debo a mi mamá, ella cantaba permanentemente. Cantaba aun en los peores momentos de su vida, cuanto más sola y desolada estaba. Eso me valió para sacar la cara, para abrirme a otras cosas. Mi abuela materna, la única que pude conocer, era una mujer que lavaba la ropa de otros y, mientras tanto, también cantaba. Cuando uno se va formando con esas mujeres, ¿qué derecho tenés para hacerlo al revés o burlarte de una época, sin haber estudiado exactamente el por qué algo te lleva a la burla y no a la desesperación? Creo haber cumplido y seguir haciéndolo con lo que alguna vez quise hacer con el tango, sin proponérmelo como Juana de Arco, sin pensarlo como una batalla. Lo que sí hice fue pensar por qué se tiraban tanto contra mí, cómo no se daban cuenta que yo tengo las mismas debilidades de otras mujeres y de otros varones, ¿por qué eso? Y era, nada más y nada menos, porque entraba en ciertas comuniones con personas que me defendían y a ellos eso les resultaba incomprensible. Imaginate lo que fue, para la clase media argentina, cuando Cortázar me dio la razón y me apoyó. Se quedaron duros. O Cortázar dejaba de ser quien era o algo había pasado. Entonces, es mejor pensar y escuchar. A mí nunca me gustó escucharme, no vuelvo atrás a ver qué dije y cómo lo dije porque no quiero encasillarme ni en las tonalidades ni en las fórmulas que tiene cada canción. Siempre les voy descubriendo una cosa diferente.

Afirmativa y movediza, supongo que eso es lo que molestaba,

Sí. Las dos cosas. Pero mirá, me lo han perdonado bastante…

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COSTURERA DE LA VOZ

“Y aunque cumplas la terrible condena de no poder estar cuando te llamo,/sin duda en algún lado organizas de nuevo la familia,/o me ordenas las sombras,/o cortas esos ramos de escarcha que bordan tu regazo para dejarlos a mi lado cualquier día,/o tratas de coser con un hilo infinito la gran lastimadura de mi corazón.”

“Si me puedes mirar”, Olga Orozco

 

¿Qué modo nos queda de celebrar lo propio?

Primero, hacer gala del pensamiento, no dejarlo tirado por ahí. Es lo que no podemos dejar de lado. Si dejamos de lado lo que realmente sabemos que nos pertenece, la grandeza que necesitan estas pautas- como un repertorio musical, por ejemplo- todo se va a la miércoles, pierde su razón de ser. Estoy muy contenta cuando veo que los jóvenes quieren trascender cosas que no les corresponderían tanto, generacionalmente hablando. Y, sin embargo, ellos sienten que eso que quieren trascender los representa. Ahí pasa una cosa muy buena. Efectivamente, sin ningún prurito, lo hacen como se les da la gana, intervienen sobre eso como quieren con la libertad que el artista no puede dejar de tener jamás. Eso me hace muy bien, porque es la mejor manera de mostrar que lo que nosotros hacemos no tiene fin. Eso es lo que hay que instalar en los jóvenes para que sigan adelante, es lo único que nos va a salvar.

Composición VII - Vassily Kandinsky
Composición VII – Vassily Kandinsky

En tu último disco cantás a Chico Novarro. Baby López Furst una vez recordaba cuando Chico, gran músico de jazz, se ganaba la existencia en el “Club del Clan”, con temas pegadizos como “El orangután” o “El camaleón” y lo reivindicaba: “Había que parar la olla con algo”. Cuando, desde el tango de calidad, se criticaba a Juan D’arienzo por berreta, Pugliese salía en su defensa diciendo: “Gracias a D’Arienzo nosotros tenemos laburo”. Pensaba que el artista, como la gran mayoría de nosotros, por ahí debe hacer trabajos que no le gustan. Cuando alguien pregunta de qué vivís, la gente suele responder de qué trabaja. En realidad, quizás vivís de aquello que a lo mejor no te da un mango pero es tu pasión. Y con lo otro pagás cuentas. Hay una imagen tuya, donde parece que nunca debiste hacer algo que no quisiste.

No es cierto. Después de haber recibido el primer premio que dio la televisión por la obra en que participé, “Pájaro de barro”, de Eichelbaum, vino Pepe Soriano y me dijo. “Estás tan genial… Una de dos, o no trabajás más o te llaman mañana de todas las cadenas”. Naturalmente, no trabajé más. Entonces, me fui a coser con una costurera que estaba a la vuelta de mi casa en Caballito. Tenía que seguir ganando plata. Después de un tiempo larguísimo, un día me llamó María Herminia Avellaneda y me dijo: “Hay que empezar de nuevo, Susana. Te tengo que poner en el reparto, no como primera figura, es para trabajar con Lautaro Murúa” “¡Adelante!”, le dije. Así volví, como si hubiera sido la primera vez que hacía televisión. Muy lindo, además. Él hacía de un inspector y era maravilloso también como persona. Es de esos tipos que uno agradece haber conocido y haber trabajado con ellos. Si no hubiese sido por María Herminia y por Lautaro, todavía estaba cosiendo.

Susana Rinaldi con El Anartista
Susana Rinaldi con El Anartista

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