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EL CUERPO: Sobre “Tapones de Fierro,” libro de Agustín Lucas, poeta ex futbolista. Todo terreno.

Por Nicolás Estanislao

CUANDO SE  JUEGA

Empiezo con una lectura reciente, crónicas gratificantes y absorbentes, crecen y se construyen en literatura refinada. Sucede que mi hacer se convirtió en algo más que lectura. Ella es ahora la que habita otro plano, secundario, automatizado, y toma cuerpo. Cuerpo espectral, cuerpo figurativo.

Se presenta en un territorio, de unos cuantos mundos posibles. Un lugar, un potrero, un cuerpo. Cae el sol liviano sobre los techos bajos del barrio Centenario, en un Montevideo sencillo, luminoso. En cada esquina se respiran la utopía de Galeano, el impulso obsesivo de Levrero, los acordes de Zitarrosa, Jaime y su tablao, la audacia de Ana Prada, la inconfundible voz de Fernando Cabrera y “Su tiempo está después”. Por cada rincón retumba el vibrar del chico repique y piano, y el inmortal: “Uruguay que no ni no”

Adentro, mucha palabra concreta desparramada en la cancha de papel. Afuera, los bordes difusos de potreros. La victoria siempre es un libro abierto y así desde “El alambrado bien pegado al corazón” y las rimas compañeras de “vestuarios como patrias” nos habita Agustín Lucas. Central serio, firme y de ilusiones intensas. De los que no le esquivan a la pierna fuerte. También poeta, distinguido, elegante. Comprometido. Con más libros que goles.

En su escenografía de perfil bajo, defensor de pura letra, campeón de barrio, capitán y trotamundos que milita, patea contracultura y escribe toda la cancha. Guarda derrotas como heridas, brilla ascensos como poemas. Sus letras raspan, contagian. Sudan rebeldía.

De ese modo se presenta su último libro “Tapones de fierro”. Que lo encontré – como a esa gambeta endiablada hacia adelante, esa que desparrama rivales entre tantas historias de fútbol, entras tantas historias de vidas –  en el stand de: Montevideo como Ciudad invitada de Honor, en la última feria del libro, en un hermoso candombe de letras, no podía ser de otro modo. Bo.

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CULTURA DE BARRIO (Bien de barrio)

“abrazos como ritual de intercambiar camisetas”

Como nos va a contar el propio autor, el último libro “Tapones de Fierro” son crónicas, columnas y entrevistas publicadas en diferentes medios. Tapones, tiene una tapa y una  contratapa bien definidas: una pelota, un puño cerrado, un megáfono, un avioncito de papel, un botín, una nota musical y, por supuesto, un lápiz y un libro.

Y así transitamos por uno de sus textos, a medio camino entre la mitología y la crónica – entre esquinas y una calle que se llama Centauro, en pleno barrio de Punta Rieles– donde narra un encuentro con Álvaro “Palito” Pereira.

El centauro, criatura famosa por su fuerza, cabeza y torso humano, extremidades de caballo, un ser híbrido de la mitología griega. Este texto también es un texto híbrido, donde se mezclan el narrador, la voz del territorio y la voz de “Palito”. El texto resulta tan visual que podemos imaginar los restos de ese cumpleaños, como una hinchada ausente dentro del texto pero presente en la lectura porque Lucas también tiene espacios para los güirises que se hicieron hombres. Entra en el corazón de los de abajo. Con preguntas sencillas, con silencios perfectos. Entre esas, se junta a tirar paredes con “Palito”, otro uruguayo, otro “uruguayo feliz”, como les gusta decir: en cada pase que dan para adelante van sus cuerpos y sus territorios.

El encuentro va a un toque, a puro recuerdo. El fútbol es la excusa para recorrer sus vidas. Hablan de las buenas y de las malas. De los agarrones en el área grande, de los agarrones en la esquina de casa, en el barrio, en la vida.

 tapones y poesia

LA REVOLUCIÓN DE LOS AFECTOS

“las banderas son cartas de amor que todos leen”

 

¿Cuándo se dice que un partido fue bueno?

Cuando tuvo ritmo, cuando existieron sorpresas, cuando hubo creatividad. Y así sigue el giro de la letra en un libro que desborda de singulares crónicas, que re significan las historias más ordinarias: “el futbol nos atraviesa. Está en el mate. En las bombillas con el escudo. En la primera charla de la mañana, en un bondi como ganado proletario. Está en la hora libre del mediodía. Está en mí como en mi sangre. Y en el barrio, rugiendo como un camión lleno de los cantores”

tapones6Es un lujo poder leer este abanico de historias, leer en nombre del buen gusto los detalles sencillos de la vida cotidiana – una medialuna del área fuera de escuadra y despintada, un puntero veloz, una hinchada de barrio que nunca deja de alentar – y sacar una historia de la historia con el contorno de la belleza de las palabras. Ahí está la cuestión, en crear climas, y así lo hace Agustín: a través de la palabra produce un rebote en el aérea, o un penal que no fue, demuestra que lo esencial está en la firme defensa de lo que supo creer.

YO, POR VOS, ME PELEO

 “entender el barrio es entender quiénes somos”

Como dijo Milan Kundera: “El futbol es un pensamiento que se juega más con la cabeza que con los pies”.  Y Agustín así lo entendió, además de todo y contra todos eligió decir lo que para muchos resultaría parte de lo indecible. Ofrecerles voz singular a esos potreros del barrio, a esas derrotas dolorosas. A la militancia. A sonreír entre mates compañeros. A despejes irreverentes. A ocupar los espacios vacíos. A los goles imposibles. A esa música que baja, como un torbellino, desde una descontrolada tribuna, desde el alambre. “La memoria del alambre”, metáfora de brutal síntesis para significar a quienes entendemos y sentimos el fútbol. El alambre no es solo un conjunto de hilos trenzados en acero abandonados al costado de una cancha,  también es el símbolo total, de más de 90 minutos de pasión, de tablas de posiciones, de goles que no fueron, de esperanzas mal trechas, de puños levantados y gritos como sueños que quedarán estampados para siempre al silencio cómplice del recuerdo. Y esos recuerdos brillan para Agustín, en cada una de las rimas que construye, como escenas de su partido eterno.

EN LA VOZ PROPIA DEL MARISCAL

tapones7 alambradoEn referencia a “Tapones”… ¿cómo surgieron las  historias breves, crónicas?

En “Tapones de Fierro” hay crónicas, columnas y entrevistas publicadas en distintos medios como “Revista Túnel”, “La Diaria”, AguantenChe, Revista DeCabeza (Chile), The Clinic (Chile), Revista Paco (Argentina). La idea fue de Pedro Cribari, el director de Revista Túnel, quien me planteó compilar los escritos sobre fútbol. A eso le anexamos un libro de poesía con cosas sobre fútbol que había escrito hacía bastante tiempo.

¿Qué sentido tienen para vos lugares como el barrio, el lenguaje, el vestuario, el alambrado, el ascenso, los colores..?

Para mí hablar de fútbol es hablar de la vida. Soy licenciado en fútbol y solo estudié en los vestuarios y en las tribunas. Jugué en 9 equipos profesionales a lo largo de 14 años: en la A, en la B y en la C de Uruguay, Guatemala, Venezuela y en el increíble ascenso argentino. Eso me llenó de amigos, no de dinero ni de fama. La riqueza está en los vínculos, en las historias vividas, en la cultura que emerge del fútbol y que es parte, sobre todo, de las sociedades rioplateneses- entre otras- por no decir de todas. Entender el barrio es territorializar para entender la sociedad, o, al menos, para encontrarle una explicación o varias, sin entederla. Entender el vestuario es territorializar aun más y meterse en ese mundo húmedo y miserable de donde, sin dudas, emergen la belleza, la sensibilidad y el derrotero de la humanidad defendiendo colores.

¿Qué crítica hacés al deporte de alta competencia?

Que la plata se la llevan siempre los mismos. Y que confunden el deporte con un show, eso hace olvidar el folklore. O, por el contrario, quizás lo resalta. Lo deja en las antípodas y entonces los amantes de esos detalles pasamos a amar el fútbol under, el ascenso, el interior, el amateurismo. 

¿Cuál es el criterio de elección de los títulos?, ¿reflexionas sobre ellos ?

Los títulos son una poesía aparte. Cuando los textos son periodísticos y cuando no. A veces no existen títulos para las cosas, pero  otras tienen que existir. Entonces, se pone energía en ese detalle, en ese verso. Los títulos presentan, son como la cara de uno. Después, y siempre, están los prejuicios. Por otro lado, tenés los buenos títulos que luego no dicen nada. Y al revés. 

tapones2¿Qué relación tenés con el cuerpo del lenguaje?

Si te referís al texto puesto en cuerpo, o al cuerpo puesto en juego o en escena, creo que la poesía, por ejemplo, tiene varias voces: la voz propia en voz alta, la voz propia en voz baja, la voz de otro en voz alta con el mismo texto o el entendimiento silencioso de otro al que seguramente ni siquiera podemos contemplar. La voz leída en la intimidad de la casa, de la gente, y la voz en la escena, para el público o con él, sea el público apenas un puñado o un montón de gente. La voz viaja como viaja el texto, va de la libreta a la computadora, a la impresión, a la computadora de vuelta y a la publicación. El cuerpo tiene mucho que ver, pero también tienen que ver las ganas del poeta de ponerlo en juego. 

¿Cuándo necesitaste escribir

Cuando la ansiedad me comió las manos. Cuando sufrí y cuando gocé. Casi todo el tiempo, desde hace muchos años. 

¿Pensás que a los jugadores les cuesta organizar y expresarse a través de la palabra, -excepción hecha de las ediciones de “Pelota de papel “? -, ¿fue ese un hecho contracultural, revolucionario?

Pelota de Papel” es un acto contracultural y revolucionario, atado a las líneas del mercado. Pero, en la acción, es emancipador. Los jugadores, los abogados, los doctores, parecen estar alejados de la escritura creativa. Sólo hace falta hacer el ejercicio y tener las agallas para publicarlo, casi las mismas agallas que se tienen o no para tirar un caño o para salir jugando cuando la tribuna se te viene arriba. El tema está ahí, en animarse. “Pelota de Papel” es animarse. Es una reivindicación del deportista como ser social. Y del fútbol, como hecho cultural. 

 ¿En qué género literario te sentís más cómodo?

Siempre escribí poesía, últimamente, la crónica es mi refugio porque- además- me permite la publicación periodística. El cuento es siempre un desafío. La novela corta, el género que más me gusta leer, el cuento corto también, pero tengo el ojo y el oído acostumbrados, a la poesía, eso es una fortuna. 

¿Qué espacios deja el espectáculo del fútbol para la búsqueda de la verdad histórica y las reivindicaciones políticas?

El fútbol es por excelencia un espacio de manifestación. Se juega como se vive. Cuando el jugador visualiza que el fútbol es un medio expresivo y que la voz del deportista es una voz escuchada, puede funcionar como búsqueda de la verdad histórica y para determinadas reivindicaciones políticas directamente relacionadas al fútbol, o a la sociedad, que es casi lo mismo. 

¿Hay arte en fútbol?

El fútbol es arte. Desde la “Oda a Platko”, de Alberti, pasando por “Orsai en el Paraíso”, escrito por el futbolista Pepe Sasía, ha habido miles de manifestaciones artísticas vinculadas al fútbol o emergentes de los vestuarios y las canchas. La cosa es hacernos cargo como sociedad de que el fútbol nos atraviesa.

 

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