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Los exilios: sobre la muerte y sus pasajes

Por Mariana Paula Dosso

Fotografías: Mariana Paula Dosso

 

“Como cuervo: atravesé algo sin límites
el cielo y los augurios, en un ridículo
mecanismo emplumado, menudo, cerrado;
dispuesto a seducir al mundo como víctima
de una belleza negra,
de un pasajero temor.”
Extraído de “El carnet de las reencarnaciones”, Abel Robino

 

Si nos detenemos en la muerte y en el exilio, lo más común es pensar en el viaje del alma hacia otro tiempo-espacio. Así sucede en la película animada “Coco”, que retrata la festividad del día de los muertos, tan celebrada en México. Debo decir que un aire de enojo se apoderó de mí al verla: Hollywood puso imágenes a una experiencia tan ancestral y ¡latinoamericana! Pero, si se sortea esta desconfianza, bien vale esta película.

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En el más allá de “Coco”, han construido un mundo paralelo, que no escatima en calles, moradas, edificios voluptuosos, laberintos, divisiones geográficas según la clase social, conciertos de música y varias réplicas de una escenografía mundana. Calaveras por doquier continúan su existencia gracias a las ofrendas, amores y recuerdos, por los que los del más acá brindan el 2 de noviembre.

 

“Como lobo: creí poder nacer de mis dientes
y de mi baba, descansar en una garganta abierta,
correr con algunas vísceras, sorprendidas, humeantes
y nunca morder el corazón que ama,
repleto de llanto de opaca enfermedad.”
Extraído de “El carnet de las reencarnaciones”, Abel Robino

En nuestra cultura hegemónica occidental, la muerte suele estar asociada al final de un camino en vida. El tiempo cronológico, la insistencia entre causa y consecuencia, y la linealidad impregnada en cualquier experiencia hacen de la muerte la etapa final de un proceso acumulativo. La tensión entre la vida y la muerte o, mejor dicho, la convivencia entre ambas suele desconocerse, porque “necesitamos” establecer categorías precisas: plano de la vida y, a continuación, plano de la muerte.

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Sin embargo, hay muchos hilos sueltos en el entramado de culturas de nuestro territorio. Las experiencias vinculadas a poblaciones originarias conllevan ceremonias, ritos, concepciones sobre “el final de la vida” que impregnan variados significados. También las religiones hacen lo suyo: aquí suelen estar más ligadas a tradiciones, no necesariamente enlazadas con un estar-ser cotidiano. Otras tramas son más nuevas y se asocian a experiencias orientales traídas en containers.

 

Sólo para desacartonar un poco la mirada sobre la muerte, hagamos presente experiencias de los pueblos originarios que suelen remitirse a íntimas vinculaciones con la naturaleza. Por ejemplo, en algunas comunidades mapuches, la celebración de sus rituales se realiza en los claros entre los árboles.  Existe el Pu-Am, un ánima universal que permea todo lo viviente. De esta manera, cada ser humano -pero también cada ser- tiene su ánima. Además, los mapuches despiden a sus muertos entre risas y anécdotas: en el velorio se actúa como si el difunto estuviese presente: si se toma mate, se le deja uno. Si se come, se le reserva un plato de alimentos. La apuesta es que emprenda el viaje mediante el festejo.

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¿Podríamos pensarnos sin la idea de la acumulación terrenal? En las comunidades guaraníes, luego de fallecimientos, los familiares del muerto destruían sus pertenencias. Si el alma quedaba en el mundo terrenal por simpatía hacia algún objeto, se transformaba en un alma en pena.

Otra vivencia es la de comunidades Kollas: en este caso, conciben el alma como un “continuar activo”, con la posibilidad de intervenir concretamente en el mundo de los vivos. La despedida del ser querido es entre bailes y danzas propias del pueblo originario. Es motivo de alegría que el difunto haya concluido con su misión en la tierra y le toque un merecido descanso.

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El día de los “fieles difuntos”, para comunidades kollas, resulta el acontecimiento de comunicación entre vivos y muertos. Entonces, los familiares esperan el alma del difunto y le ofrendan aquello que, en vida, era apreciado por él. El alma puede ser invocada para la comida servida hasta el día 2 de noviembre después del mediodía, donde se reza y pide por el descanso de las almas: una jornada para compartir lo preparado en la mesa de ofrendas y luego regresar al cielo hasta el próximo año.

¿Desde cuándo las comunidades kollas celebran el día de los muertos? La historia de conquista y colonización ha calado hondo las culturas existentes. Así, sin querer o muchas veces sin poder acceder a conocimientos más genuinos, nos apropiamos de leyendas científicas. Frente a afirmaciones que ruedan, un relato de un mapuche chileno:

“Algunas investigaciones antropológicas nos informan que habría cuatro compartimientos del mundo en la cosmovisión mapuche: cielo, mediocielo, tierra y bajo tierra. Como se puede apreciar, estas categorías se aproximan bastante a las que plantea la religión católica: cielo, purgatorio, tierra e infierno. Subyace en esta clasificación un eje vertical que conecta la tierra con el cielo (Grebe). Este eje no existe entre los mapuche, donde más bien la clasificación tiene un sentido horizontal, a través del cual el muerto no asciende, sino que camina hasta llegar al kulchenmayeu, lugar donde llega después de haberse purificado” (Dominco Curaquero*).

Este susurro de reflexiones nos invita a sospechar sobre las similitudes que se identifican entre religiones ancestrales y el catolicismo. O bien, sobre la insistencia en la búsqueda de arquetipos donde prima las similitudes sin apreciar los matices. También, entre las culturas originarias existe gran diversidad entre los territorios, comunidades y personas.

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Sobre estas texturas que, por momentos enrendan o dejan traslucir agujeros, se asienta la muerte. A veces cobijada, otras rechazada. En fin, este tejido añoso poco incide en la vivencia de la muerte para los seres mundanos occidentalizados. Así, un simple ciudadano de Buenos Aires, sin conexión con la tierra, con una comunidad religiosa y/o con una pertenencia ancestral, queda tambaleante. ¿Qué vivencias colectivas -más allá del dolor, la ausencia y los recuerdos- se presentan ante la muerte? El camino suele quedar puertas adentro: algunos recursos rejuntados afrontan el desafío de dar sentido a tal misterioso hecho. Algunas constantes animan: el arte y el intento de rodear un vacío, gestos que acaricien lo incierto y la falta de respuestas.

 

“Inserto en cada porción mortal desgrané
uno a uno los días del escuerzo, la liebre y el cerdo.
Extraído de “El carnet de las reencarnaciones”, Abel Robino

 

¿Y el cuerpo? Cada cultura, cada tradición lo acompaña a su manera. Tal es la importancia de involucrarlo en el rito de pasaje que, sin él, algunos viven la muerte como una incertidumbre pesada, donde el sufrimiento se instala. El pueblo mapuche ha recuperado, en 2015, el cuerpo de Margarita, hija del lonko (cacique) Foyel. Esta mujer, prisionera durante el genocidio en la mal llamada “Campaña del desierto”, fue luego llevada al Museo de La Plata. Ahí, junto a otras personas nativas de nuestro territorio, debía trabajar y vivir en pésimas condiciones. Luego de morir de una enfermedad curable, su cuerpo fue exhibido en las vitrinas del museo. El pueblo mapuche resiste desde las entrañas al poner en el centro de su lucha a la tierra, la naturaleza y su gente. Así, Margarita Foyel fue enterrada en su territorio.

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En ese sentido, también está la gran batalla de los familiares de detenidos desaparecidos por la última dictadura cívico militar, por recuperar los cuerpos asesinados. La vida aún habla en sus huesos. Al encontrarlos, los familiares se abrazan y lloran más historias vividas por sus seres queridos. Y muchos, recién en ese momento, comienzan a cerrar un duelo que les trae algo más de paz.

 

Pronto mi destino será un residuo de cosa viva
que desde las ávidas sombras del planeta espera
una certeza más del desamparo.”
Extraído de “El carnet de las reencarnaciones”, Abel Robino

 

Por otra parte, está la tradición judía que indica enterrar los cuerpos a tierra, quitar el fondo del cajón y colocar el cuerpo bañado, purificado y envuelto en su talit –chal que en muchas ocasiones, para los varones, es el mismo que recibió en sus 13 años en el Bar Mitzvá- ¿Qué pasa cuando las tradiciones no coinciden con las leyes del lugar? Las prácticas se amoldan. El judaísmo indica respetar primero la ley del lugar. Entonces en la Argentina se quitan los herrajes del cajón, como un modo de remitir a la ley judía, ante la imposibilidad de enterrarlo en tierra.

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Y después de todo este recorrido, vuelvo a mi planteo inicial. Suele identificarse a la muerte como un punto final a la vida. Para muchas otras culturas, la muerte es un continuar de la propia existencia y/o se superpone en el plano de la vida entre seres espirituales de variadas formas y naturalezas. Tal vez, lo más cercano a la continuación de la vida en nuestros pueblos es la memoria.

Con mi mayor prejuicio a una súper producción estadunidense, debo admitir que el lugar de la memoria en “Coco” –tan bastardeada desde la hegemonía consumista- es crucial. Desde el instante en que las almas no son atraídas por algún ser y no tienen lugar en la memoria individual y/o colectiva, dejan de existir en el más allá. Hay una escena de la película donde esto se manifiesta sin rodeos: una despedida conmovedora entre dos amigos, un calavera a punto de desaparecer condenada a la no presencia. Ahí se materializa un exilio sin vuelta atrás: no hay fotos, anécdotas, flores para nutrir la existencia de un ser que, en instantes, se vuelve luz.

 

Ahora, como liendre, aspiro a recalentar mi sangre
en otra sangre, a poner fin a mi aventura en el más
dulce de todos los venenos
.”
Extraído de “El carnet de las reencarnaciones”, Abel Robino

 

¿Y si el exilio fuese al revés?, ¿si habitar estos cuerpos mundanos fuese parte de los exilios?

 

 

Referencias

*Domingo Curaquero, “Creencias religiosas mapuche. Revisión crítica de interpretaciones vigentes”. Revista Chilena de Antropología No 8, 1989-1990.27-33 Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Chile, Santiago-Chile

http://www.vocesporlajusticia.gob.ar/construyendo-comunidad/historias/margarita-foyel/

http://www.telam.com.ar/notas/201509/119216-la-hija-del-cacique-mapuche-foyel-fallecida-en-el-museo-de-la-plata-en-1887-sera-enterrada-en-su-comunidad.html

http://www.surysur.net/el-sentido-de-la-muerte-segun-relatos-mapuche/

https://pueblosoriginarios.com/sur/bosque_atlantico/guarani/religion.html

Melina Pozo, “Representaciones sociales acerca de la muerte en pueblos originarios de la provincia de Jujuy”, Licenciatura en Ciencias Religiosas UCSE – DASS.

 

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