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La sospecha: Sobre anécdotas de barrio.
Por Nora Lomberg

 

TODO AL CINCO

Tiene sus cosas la vida de barrio, casas bajitas, calles con ventanas, puertas con mirillas y ropas coloridas en las alturas. Yo lo recorro cada día en busca de consejos y sabidurías, difíciles de hallar en los libros.

Son ruidosas las calles, aunque pase sólo una línea de colectivo, que alcanza y sobra para despabilar al más dormido. Pibites en bicicleta, viejes de andar cansino, repartidores y barrenderos. Algunes otres buscan tesoros entre desechos de cartón y ramas sueltas.

20181219_112359Del Geriátrico, conozco a Doña Clotilde, ceño fruncido y pitillo en mano. Es diminuta y aduendada. Siempre con bolsas que cuelgan de su andador, pasa a la mañana y a veces por la tarde, pero no saluda. Fija la mirada en sus pasos, toma café sobre la “Avenida Mucha Gente”. Mientras, hace crucigramas en el bolichón: un restaurante de alegres mediodías y mozo con dedo gordo dentro del plato. Allí la aprecian a Doña Clotilde. Si está libre, ella elige la mesa que da a la ventana, pero casi nunca mira hacia afuera. Absorta en la magia de las letras que bailan su milonga, cuando descubre la palabra de cinco letras que encaja, se ríe sola. El mozo, de chaqueta raída, se acerca y la felicita. Se contagian la sonrisa. Los demás nos miramos con un gesto cómplice y generoso.

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PERRADAS

Al dar la vuelta por la calle Pedregullo hay una pintada:

SI NO HAY AMOR, ENTONCES QUE NO HAYA NADA, ALMA MÍA, NO VAS A REGATEAR.

Me saluda la señora de la otra esquina, la del pasaje Recoveco, quien tiene un perro de tamaño generoso que gusta orinar las puertas. Se dice que dueña y can duermen en la misma cama. El sodero parece haberlos visto. Ella es bastante peluda y el perro huele a perfume de mujer.

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EL CANTERO

Nosotras quisimos construir un cantero en la vereda de la calle Zarpada, bien grande, que nos permitiera sembrar una huerta. Pero se nos fue la mano y parece una pileta de natación. Yo me di cuenta de las sonrisas burlonas de los de enfrente, cuando plantamos nuestro árbol diminuto, que regamos cada mañana. Y es que somos así, en estos tiempos que corren, nos gusta complacernos.

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ESQUINAZO

– ¿Se enteró lo que pasó en la esquina Despelote?

– Cuente, cuente- dice María, la abuela del pibito de la bici violeta.

– Parece que ya venían los ánimos caldeados entre el colectivero del interno 52 de la línea 720 y el fletero. Cada vez que el fletero quiere sacar el camión, el bondi dobla con todo y siempre están por chocar. Ayer se caldearon los nervios con esto de Boca y River, se gritaron feo, se bajó el colectivero y se agarraron a trompadas. Tuvo que venir la policía a separarlos.

– Ahh sí, algo me contó Pocho, el chapista.

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FUMATA

Zunilda trabaja por horas en la casa de una doctora de Pami y también limpia el consultorio. Es en la otra cuadra, en la esquina de Luminosa y Sombras. Cada tanto, Zunilda sale a la puerta a fumar porro. Ayer la vi cómo saludaba animosamente a los pacientes, que cada vez son más y más. Ella es la esposa de uno de los que juegan apuestas a las carreras de caballos en el local de quinielas de la calle “Olvidame para Siempre”, eso lo sé porque me lo dijo el diariero.

 

APARICIONES

Se dice que, cada tanto, hay aparecidos por el barrio. Una especie de Enano, comenta el Zapatero. El mes pasado lo han visto caminar por Vericuetos. Usa traje y corbata y una barba larga hasta el piso.

Duende

 

POLÍTICA

Las calles y las veredas presentan desvíos, tal vez desvaríos. Algún imprevisto estremece nuestra mirada y nos pone en conflicto. Instantáneas que nos invitan a navegar incoherencias. Actos que fungen como llamadas. Aullidos, sombras o murmullos que surcan las veredas nos ayudan a descubrir pasadizos al amor, durante un lunes lleno de tiempo. Interrupciones inquietantes, entre nuestras emociones cotidianas. Este territorio cuenta lo que pasa. Se escuchan sus silencios.

Nocalles dejo de ilusionarme con que, un día, Luminosa y Sombra por fin abandonen sus ánimos de intersectarse y marchen juntas hacia la Avenida Mucha Gente. Que allí surja la silueta del Enano. El tipito se negará a ser líder. Y, cuando estemos dispuestos a que “Olvidame para Siempre” torne sin regreso en un gran Boulevard de la Memoria, entonces ya no necesitaremos duendes que nos guíen. Después de todo, el barrio es nuestro territorio. Desde allí, multiplicaremos y trazaremos –otra vez- una Patria.

 

 

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