"Jeanne Hebuterne with neckle" De Modigliani
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La sospecha: Sobre “Blue Jasmine”, de Woddy Allen.
Por Carlos Coll

 

OJOS LUMINOSOS

Mirada fresca, inocente con la que surca los jardines y llega al mar.

la sospecha foto 1}Mujer perfecta. Sus ojos recorren la vida desde lo alto, casi sin pestañeos. Toda ella es una espiga dorada, mecida al compás de la cotidianidad marina. Playa, aguas. Los Hampston, New York.

Esposo elegante, protector. Un winner nato. Compañero ideal: la columpia, la completa, la cubre de capas brillantes, como quien rodea una figura con un marco de exposición, para un museo del renacimiento.

Regalos elegantísimos: collares, diamantes, brazaletes.

 

MURMULLOS ENTRECORTADOS

Y el marido que no escatima gastos, si se trata de regar sus viajes de negocios con Martinis secos en copas acampanadas. Mientras ella transcurre sus mañanas solitarias en mesas de bares compartidas con desconocidas sin caras. Es así, en esta intemperie. La soledad se esconde detrás de una belleza sin igual cubierta por un maquillaje deslumbrante y entre miradas perdidas.

El tiempo la arrolla en inocentes pasos hasta que es desgarrada por el sutil comentario de una amiga circunstancial sentada frente a ella en un bar. La copa desaparece entre sus dedos mientras la neblina se abre y desfilan secretarias, asesoras, clientes, en fin, mujeres sin rostros, desconocidas y ella, perdida entre joyas y capas de mentiras.

Se abre un orificio en su inocencia y los rayos filosos de lo ignorado la desgarran. El agujero se agranda en una explosión incontrolada despertándola de su ensueño. Es entonces cuando aparece el grito y la desesperación se apodera de la mujer. Como en una película retrospectiva se ve viajando por el mundo joven, pura, una adolescente cegada por la danza de seducción y el poder de su Dios. De un solo golpe ve cómo se derrumban sus sueños, su vida y cómo, su ídolo amado, desaparece y un rayo enceguecedor la desbarranca en el más oscuro desconsuelo.

La sospecha foto 2La negación de su realidad la arrastra hasta su cueva dorada para enfrentar al hombre con la ilusión de encontrar una luz esperanzadora, una mentira mas. La casa cae entre sus pies como una construcción de naipes endebles, gastados. Recién entonces su mirada se apaga, se revuelca sobre el piso de roble y la realidad le cae encima despojándola de aquella capa nacarada que recubría su vida.

Jasmine se hunde cuando la sospecha se confirma. La sorpresa la derrumba, no puede luchar con la confesión desafiante de los engaños y las reiteradas y añejas aventuras de su marido, escupidas sobre su rostro sorprendido sin la menor piedad. La mujer siente el brazalete en el cuello, la asfixia.

Repentinamente el resplandor deja de enceguecerla y puede enfocar su mirada con claridad. No tiene dudas, por primera vez ve a su marido tal como es: un estafador. Le robó la vida, se la secó. El fondo vacío de su copa de Martini le brinda el empujón necesario y emprende la partida.

 

VALIJAS DE VUITTON

Llega sin despertar, como en una pesadilla no querida, a la calle y al número anotado en su libreta con sus cinco valijas que el taxista le deja en la vereda pisoteada, frente al negocio con olor rancio. El timbre suena una y otra vez inútilmente. Su hermana no está en la casa, la olvidó. Sonríe con tristeza, la ha abandonado en la calle pero no es la única que lo ha hecho.

No tiene otra alternativa, despacha el taxi y espera sentada sobre uno de sus trofeos rescatados: una de sus valija de Vuitton.

Lector, lectora, el hecho es predecible. Jasmine desde siempre ha negado a su hermana, Ginger. Una llamada intempestiva desde New York, de voces entrecortadas por el llanto, no pueden borrar un pasado vacío, hueco, de desamor.

Jasmine entrecierra los ojos y los pensamientos la alejan del lugar. El gran ejecutivo se desvanece ante su denuncia y la policía actúa con rapidez. Imagina a su Dios sentado sobre un camastro duro y piojoso rodeado de rejas indomables y sonríe mientras los ojos se le llenan de lágrimas. Ella también siente la cárcel sin barrotes rodeándola con solo cinco valijas a su alrededor. Desaparecen los hoteles, las playas, las casas con piscinas.

La sospecha foto 3

El dolor y la soledad se le agudiza cuando escucha la voz de su hijastro reprochándole la pérdida, no sólo de su padre, si no también, de la posibilidad de heredar los negocios y la pertenencia a la élite financiera en la cual se manejaba su progenitor.

La tienda olorosa del suburbio la vuelve a la realidad. Busca su celular dentro de la enorme cartera parisina. Allí está, escondido en el fondo.

La voz ordinaria de su hermana la sacude. Ya viene, trabajó hasta tarde en el supermercado acomodando mercadería y no pudo llegar a tiempo. Es sólo un rato de espera en la vereda transitada por rancios personajes.

 

UNA CUEVA EN OTRA CIUDAD

En su escape alocado, es recibida por el amor inocente de su hermana, con lo único que posee: sus cinco valijas llena de ropas compradas en la Quinta Avenida.

La sospecha. Foto 4La promiscuidad de la vivienda le duele. Ese nuevo novio de Ginger, un grosero, ordinario, baboso, la perturba. Sus pantalones ajustados, la alteran, la sacan de su eje, interrumpen sus sueños despertándola en medio de la noche entre suspiros culpables. Sólo la rescatan de aquella pesadilla los martinis en vasos de vidrio grueso y sus largos baños bajo un vapor reconfortante.

Sus noches suceden refugiada detrás de una pared de papel en ese detestable departamento, mientras los amigos borrachos, ordinarios de ese novio de pelo engrasado, vociferan y beben latas de cerveza. Todos ellos, con su hermana abrazada al orangután, entre humo y partidas de pocker, desquician su vida. Se encuentra atrapada en la cueva de un oso al acecho en una ciudad desconocida y huraña. Su único refugio: Martinis en vasos de vidrio comprados en un mercadito de barrio y sus recuerdos añorados.

 

EL TRANVÍA

Este es el clima de la película de Woody Allen “Blue Jasmine”. Un film que nos acerca a la exquisita obra de Tennesse Williams: “Un tranvía llamado deseo”. Aquí las camisetas no se desgarran. A Jasmine le gusta la ropa cara, de marca. Tampoco el tranvía se llama Deseo.

Actuación excepcional de todo el elenco.

Cate Blanchett como Jasmine.

Sally Hawkins como Ginger.

Alec Baldwin como Hal, el marido.

Bobby Cannavale como Chili, el novio de Ginger.

Con sus gestos , pequeños pero precisos, Cate Blanchett logra trasmitir todo el camino sinuoso que transita el personaje. Podemos percibir su dolor, su soledad en cada instante del film.

Sin afectaciones, la protagonista pierde la vida segundo a segundo, en cada instante.

El final completa la obra.La sorspecha Foto 5

Jasmine encuentra un banco de plaza, se sienta y su mirada nos muestra un callejón de sueños destrozados.

Así cierra, Woody Allen su película y deja al espectador en un temblor.

Esta Jasmine, nos recuerda a la Blanche Dubois de “El tranvía”, inolvidable interpretación de Vivien Leigh, cuando nos parecía imposible de recrear y, Cate Blanchett, lo logra en forma impecable de la mano de Woody Allen.

 

LA RUEDA LOCA

La sospecha . Foto 6La rueda loca gira incontrolable y nosotros, en ella. Hacemos trompo en vértigo permanente sin darnos cuenta de que estamos sentados en uno de sus carros. Vemos pasar el paisaje sin integrarnos, sin registrarlo. Un simbronazo de la rueda, una frenada sorpresiva, puede sacudirnos y, entonces, estaríamos compelidos a ver. Primero nos despertamos en medio de una neblina gris y espesa que de a poco se borra y nos deja, casi siempre, en medio de una claridad irresistible y dolorosa.

Esta detención brusca, violenta, pinta Woody Allen en “Blue Jasmine”.

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