QUÉ ONDA, TÍO

Ausencias: sobre la falta de criterios.

Por: Milena Penstop

 

¿ Y LO DE ROUSSEAU ERA JODITA?

Giussseppe Colarusso
Giussseppe Colarusso

En las escuelas, como todos sabemos, se debería seguir un criterio en el modo de dar clases. Según me cuentan amigues que van a otras secundarias, este criterio varía muy poco entre los profesores y entre diferentes instituciones.

Aun así, es lógico -es de esperar- que, para llevar a cabo eso que se llama “enseñanza”, exista cierto acuerdo con los alumnos. Digamos, una especie de contrato social donde, nosotros -los alumnos- nos demos cuenta de que, al cumplir con determinados pasos, de verdad, aprendemos. Claro que esto solo ocurriría en escuelas coherentes, si es que semejantes lugares existen. De ningún modo es lo que sucede en la mía, un espacio muy querido, pero complejo de habitar: un día te dicen que hay clases normales toda la semana y al otro se corta la luz durante quince minutos y no tenemos clase hasta navidad. Pero, para ser más específicos con respecto a la falta de criterios, vamos a hablar de los profesores.

 

LA LEYENDA CONTINÚA

Greguieras - Poesía visual
Greguieras – Poesía visual

A mi profesor de historia siempre le tuvieron miedo. Ya es como una leyenda, una que te cuentan los alumnos de años superiores para advertirte, pero que todos creemos es una simple broma para asustarnos. Pues, no. No es ninguna bromita. Recuerdo mi primer día de clases con él. Era un martes trece, un día bastante coherente, hasta que él hizo su entrada. Quienes nos habíamos quedado en el aula durante el recreo, por pura casualidad, nos quedamos mudos. Apenas terminaron de volver todos, apenas sonó el timbre que anunciaba el final del descanso, el hombre empezó a gritar, quejándose de la impuntualidad. Estábamos todos tensos… y así seguimos, durante todo el año y en casi todas sus clases. De tanto en tanto, el hombre condimentaba la tensión con algún chiste que nos causaba risa. Un poco de risa, no mucha risa, ya que estábamos siempre alertas a qué le podía molestar. Cómo explicarlo, tenemos la risa dosificada.

 

EL ETERNO COF, COF

Giusseppe Colarusso
Giusseppe Colarusso

En cuanto al método de enseñanza, no hizo falta demasiado tiempo para que muchos lo empezaran a odiar. A otros, no les importó demasiado. Entre ellos, a mí. Y, una minoría, cof cof, los chupamedias, cof cof, lo empezó a amar.

A ver. La cuestión, para empezar, no va directo a los contenidos. El hombre es muy estricto con el uso del celular, exige absoluta atención cuando explicaba un tema. Hasta acá, es comprensible.

Ahora sí vamos a los contenidos. Nos sirva o no, debemos tomar nota. Manda mucho para estudiar para un examen. Del libro hay que hablar de “capítulos”. Y, a eso, sumarle fotocopias, habitualmente escritas en chino y, últimamente, no traducidas en horario escolar. A pesar de todo eso, el primer año que lo tuve, aprobé, aprendí. Incluso llegué a pensar que no era tan malo después de todo.

 

NO-SOCIALES

Pero este año mi perspectiva empieza a cambiar un poco. Empezamos bien, nos explicó las normas a seguir en su clase otra vez. Estamos en tercer año y se supone que hemos elegido la orientación “sociales”. No quiero hacer comentarios sobre la reforma del nuevo secundario, porque, en eso, el profesor no tiene nada que ver. De hecho, es opositor. Sólo decir, que yo elegí sociales y tengo dos horas de historia y cuatro de físico-química. El lector sacará sus conclusiones.

Pero el punto es que, comprendo la necesidad de volver a explicarnos cómo son sus clases, porque no todos mis actuales compañeros lo tuvieron en años anteriores.

Y acá viene el asunto. Luego de un par de clases, el profesor empezó a tener actitudes un tanto exageradas e incluso violentas. La suma de estas actitudes hizo que se ganara, rápidamente, una imagen mucho peor de la que ya tenía.

 

QUÉ BOLONQUI

Bet Hatton - Poesía visual
Bet Hatton – Poesía visual

La gota que rebalsó el vaso fue cuando nos avisó que la segunda prueba del trimestre iba a ser de a dos, con las parejas armadas por él, aunque dejó a una compañera sola, por haberse sacado la peor nota en la primera prueba. Como curso, nos pareció injusto que ella no tuviera la oportunidad de hacer el examen en las mismas condiciones que nosotros y hablamos con el profesor para que lo cambiara. Él se negó y amenazó con hacerla individual para todos, si seguíamos insistiendo.

Al día siguiente, se volvió a plantear el problema en el curso y con el profesor quien, muy enojado, entró al aula gritándonos y declarando que el examen iba a ser individual. Ante esto, varios compañeros y compañeras se pusieron mal hasta el punto de llorar y tuvimos que ir a hablar con la vicerrectora. Nos pareció una falta de respeto hacia todos que nos tratara así. Y también una falta de criterio que dejara sola a una compañera y sin explicar muy bien por qué.

Quiero decir, ¿por qué es tan estricto con que cuidemos el respeto hacia él, al no usar el celular y no actúa de la misma manera hacia nosotros?

Al final, logramos que el examen se haga de a dos. Y, obviamente, muchos tuvieron notas bastante bajas. En algunos casos, será por falta de estudio. Otros es evidente que merecían tener una nota más alta, incluso, si no llegaban a aprobar.

 

EL TÍO ANTONIO

Una de las preguntas que me tocó, decía: “Relacionar con los temas estudiados estos nombres”… Uno de esos nombres era “Antonio”. Antonio era el tío de Fernando VII, que hizo una junta en España, ni bien se lo llevaron en cana al rey. Ahora, ponele que vos sabías que las juntas empezaron en Europa y después se copiaron acá, pero no recordabas el nombre del tío, ¿es criterio para evaluar si sabíamos o no? Pará un poco, una ausencia total de criterio. Cof, cof. Muy bien, profesor. Pero nunca seré chupamedias.

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