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La decisión: sobre algunos poemas de “No ves que estoy ardiendo?”, libro inédito de Sergio Mirabelli.
Por Josefina Bravo.

 

 “Un pecho donde reposar la fiebre o la tormenta”.


pescado

los poemas
son
al fin
pobres pescados
aleteando epilépticos y furiosos

rémoras grises donde antes hubo
peces de deslumbrante plumaje

y donde encontrarse
sino en el hotel barato de las palabras de su agonía?

la poesía se arranca la corona de amapolas

por eso
rasga
tus venas
tus párpados de barro
tu corazón frío como un plato
mendiga en el azul camino
un pecho donde reposar la fiebre o la tormenta

golpea
golpea
golpea
clama, gime
llama a dentelladas
hasta que el sol venga a lamerte las manos
como un cachorro vibrante

desviste tus muertos
danzando bajo el mediodía
porque en tu alma
nunca hubo silencio de ángeles
sino una sombra devorando tus heridas
de la cual narras historias
para excusarte
para mecerte

el poema es la estentórea canción de un ahorcado
sobre mareas de trigo
pasan autos circos nauseas trapos
y estudiantes con bolsas de nylon y una gacela muerta en los brazos
y él sigue allí, meciéndose en su opio

quiebra ciudad esos falsos cristales
quiébrame entre tus escombros
porque me supura en los dientes tanta vergüenza
tanto cansancio de mil soles

arráncame esta brillante suicidad
por donde naufragan viejos y humos y palabras
que caen a un mar de centeno en cenizas
ciudad:
madre de asfalto
madre de botellas rotas
madre de llantos verdes y astillados
escondeme bajo mis sonrisas mis gritos
mis circos mis lamentos

porque atónitas bestias somos
luciendo suntuosos pescados entre los dientes


 

La poesía de Sergio Mirabelli nace en la memoria gris de lo que fue color: “los poemas / son / al fin / pobres pescados / aleteando epilépticos y furiosos // rémoras grises donde antes hubo / peces de deslumbrante plumaje”. grafitiNo está en peces que nadan las profundidades, ajenos al peligro, a puro ostente de matiz entre aletas y escamas. No, la poesía está en la agonía del pescado, en el sacudón que intenta repeler la muerte. Bordear el fin, saber que un día se acaba, ahí está la clave para que el poema suceda: “y donde encontrarse / sino en el hotel barato de las palabras de su agonía?”.

Se desviste la poesía de toda luz y brillo para buscar un lugar donde continuar su temblor. Porque, después de la fiebre o la tormenta, el fuego puede crecer flores de belleza inaudita o puede el sol venir “a lamerte las manos / como un cachorro vibrante”. Y esta necesidad de muerte para fundar el poema termina por supurar en los dientes, de tanta vergüenza; por saberse capaz de soportar todo dolor, si existe la palabra donde reinventar la belleza.

ciudad

Esta muerte o agonía, siempre acompañada de espanto, a veces viene desde afuera, de otres que ejercen violencia. Y, en ocasiones, también aparece desde adentro: no hay nadie ajeno a la posibilidad de bestia.

 


en estos versos no hay nadie

desde aquí
donde se hundían mis raíces
para la alcanzar las flores tras el fuego

enredado
en el cordón del tormento umbilical
en los escombros de una poética agujereada

absurdo esclerótico y joven aún
con mi sutil desarreglo de los sonidos
apresando aun
instantes atroces detrás de la voz

desde aquí,
rumio mis últimas hierbas sombrías
y guardo en estanterías mis olores

porque no quiero morirme
con la lengua verde pegada
al cromatismo criminal del vacío

sin tocar el alma de ciertos hombres
sin que me salpiquen sus cabellos


 

El yo ruega sobrevivir al “cordón del tormento umbilical”, pide arrancarse la suicidad, porque quizás la salvación pueda estar en salir al encuentro con un otre, siempre a través de la palabra: “no quiero morirme / con la lengua verde / pegada / al cromatismo criminal del vacío // sin tocar el alma de ciertos hombres / sin que me salpiquen sus cabellos”.

Avanzan los poemas del libro inédito de Mirabelli y la visión sobre el poema muta. A veces, el poema se presenta como presa entre los dientes, otras como vehículo hacia el encuentro con un otre y, otras, como una presencia casi invisible que viaja y seduce al yo hacia una orilla.

 


vaso de mar

como un aroma blindado al amanecer
como una flecha ahogada y transparente

una flecha de humo
que danza entre autos y risas

salpico espuma
si vuelco el vaso
y derramo los peces
que brillaban como promesas en el fondo

late más fresca
la muerte con sus ojos de manzana en la orilla


 

Pero el viaje, al fin, es causado por el propio sujeto poético, en ese intento de alcanzar lo que irremediablemente se escapa: “salpico espuma / si vuelco el vaso / y derramo los peces / que brillaban como promesas en el fondo”. Así, el movimiento vida-muerte se vuelve vital. Dos caras, necesarias, de una misma moneda.

Dejar morir para ver nacer: “late más fresca / la muerte con sus ojos de manzana en la orilla”. La manzana como perdición y alimento, objeto de deseo y peligro. Como también son necesarios los escombros de una poética agujereada, hundir raíces en lo sombrío y, así, subir a la gloria del poema.

 

reflejoventana

 


(sin título)

han visto el reverso de la medalla
que muestran como una joya en los días de visita?

huele a aséptico espanto esta casa
a bestias traídas desde adentro

en la luz bajo los tilos
mi corazón como un pájaro palpitante


 

Pero esa no es la verdad única de las cosas, el movimiento también sucede a la inversa: “han visto el reverso de la medalla / que muestran como una joya en los días de visita?”, pareciera que siempre en el revés del brillo está el tormento. Por eso, aunque las bestias asomen desde adentro o desde afuera, la esperanza es dar vuelta el ruedo, encontrar la palabra: “en la luz bajo los tilos / mi corazón como un pájaro palpitante”.

Y aunque tanto el poema como el encuentro con un otre sean solo una salpicadura, un roce tan liviano como una flecha de humo, siempre incompleto, la decisión es ir hacia allí: el lugar donde volver a temblar, donde volver a sentirse vivo.

pasillopuerta

 

* Los cuatro poemas y las citas son de Sergio Mirabelli, poeta de la localidad de Anguil, provincia de La Pampa.

** Todas las imágenes son de Lucas Nazareno Mora Leher, también pampeano. Su instagram: ponele_mostaza.

 

 

 

 

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