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La lucha: sobre otros aspectos de la vida en el pueblo de Salliqueló.
Por Cecilia Miano

 

LA FE MUEVE MONTAÑAS

En muchos aspectos, mi pueblo parece de cuento. Y me gustaría que vos, lector, puedas definir, después de conocerlo, si es del estilo de los cuentos para niños o de los cuentos de terror.

Salliqueló, pueblo chico, infierno grande, se encuentra en la provincia de Buenos Aires, casi en el límite con la provincia de La Pampa. Acá somos del viento, de la arena que envuelve hasta las ideas. Hasta los secretos se vuelan sin darse cuenta.

La gente acostumbra a pensar en voz alta, a maldecir el tiempo, a echar la culpa a la política de turno, no importa quién, la conducta es: criticar a los vecinos o chusmear como ejercicio necesario para considerarse un buen vecino.

Las costumbres se vuelven rituales y, con el tiempo, se han incorporado al folclore de vida salliquelense.

Ir a misa los domingos puede ser habitual en muchos pueblos y hasta en las ciudades. Pero hacer una procesión, por un camino de tierra en mal estado, a bordo de caballos o a pie para pedir que llueva: eso es de estos pagos. Leubucó es un paraje que dista unos dieciocho kilómetros de Salliqueló. Atravesamos un período de sequía casi extremo, que ha puesto en jaque las cosechas. Este pueblo vive casi exclusivamente del campo, por lo tanto, junto a la Asociación Rural, el cura -que es quien tendría más influencia sobre los poderes divinos- organizó esta marcha, para que el agua se haga presente.

La gente se despertó con la convicción de saber cómo se hacen los milagros.

Todo funcionó muy bien, la lluvia llegó cuatro días después, aunque con tanta furia, que fue un récord la cantidad de casas inundadas.Imagen vs. En los campos se volaron casillas, silos y hasta algunos tinglados, pero todo sea por el agua. Se ve que en nuetras invocaciones nos olvidamos de aclarar en qué cantidad era deseable que lloviera.

Todo no se puede.

Cuidado con lo que deseas: se puede cumplir.

 

FE AL CUADRADO

El cura es una persona reconocida por gran parte de los pobladores salliquenses. La parroquia se encuentra enfrente de la plaza principal, situada en un terreno amplio, con un acceso imponente: un campanario que en otra época fue el centro de la vida espiritual, cuyo llamado era una señal divina, a la que acudían –principalmente- las señoras del pueblo.

En otra parte de la comunidad, la espiritualidad pasa por otras caras. Las curanderas, brujas, parasicólogas o cómo se las quiera llamar son las encargadas de curar cualquier mal. El “título” que ostentan se encuentra directamente relacionado con el barrio en el que viven, la gente que frecuenta sus servicios y el grado de creencias con que cuentan los creyentes/clientes.

La espiritualidad danza entre cielos eternos y lunas oscuras, las penitencias para la iglesia son tan cotidianas como las visitas por la ruta alternativa: las curanderas por fuera de la religión. Entre ostias y brujerías, las cuestiones se juegan en torno a encontrar la solución a los males, la paz espiritual. Imagen nota de luchaTodo vale, si hace bien. Todo cuesta porque está la ilusión de la ayuda. Se puede hacer llover, traer de nuevo al marido al hogar, curar una enfermedad, tener más dinero. Qué felicidad trae la fe en Salliqueló. Sé que no sólo es en mi pueblo, pero la convicción en la creencia es realmente una alternativa necesaria para los habitantes del pueblo campestre.

Obviamente, existe una competencia por los feligreses entre la iglesia católica y los demás servidores del bien. Todos creen que cada uno tiene a la mayoría o a los mejores argumentos para disuadir. La historia cuenta que las curanderas del pueblo viven también de los que van a misa los domingos y de los que creen que es una pavada pero, por las dudas, las visitan.

 

SAN BENITO

Cuando pienso en la palabra encontrar, pienso en él. Mi perro Benito.

Mi perro llegó a mi casa los primeros días del mes de enero de 2019. Malena, mi hija menor, lo encontró sobre una rueda suelta de un camión, de noche, se asomaba agazapado. Alguien lo abandonó. Él ladraba con mucha furia, decidido a afrontar su destino. Y eso dibujó una sonrisa en Malena. Ella lo llevó y le buscó un hogar. Finalmente, Benito quedó, temporalmente, en mi casa.

Pero vamos despacio. Esa vez, Malena se asomó, por la puerta de entrada a casa, con cara de conseguir lo que quiere. Generalmente lo hace, y esta vez no fue la excepción. La mano casi cubría a un perro bastante feo para la mirada de cualquier persona. thumbnail (4)Su pelo sucio  mezclaba negros y marrones claros. Y sus ojos oscuros llegaron potentes a encontrarse con los míos. La respuesta al pedido de asilo fue un no rotundo aunque, con el pasar de los siguientes minutos, poco a poco se apaciguó la “n”, luego la “o”. Al rato, el perro ya había encontrado un nombre propio y una casa donde vivir.

Creo que el pueblo aprende a conseguir hogar a todos los que habitan en él. Los lamentos quedan en las paredes de las esquinas con yuyos y se disipan con las charlas entre vecinos.

Benito, de a poco, se adaptó al ritmo de la casa, a mí y a Emilia, mi hija mayor, quien por estos días tiene la tenencia casi exclusiva. Hoy  interrumpe el andar de la cosechadora y se vuelve guardián de las cosechas. Chiquito y camorrero, brinca como una gacela y arremete contra los perros grandes, si se atreven a acercarse a alguien de su familia. Entra en casi todos los negocios y, en el cuello, usa pañuelos que pertenecieron a nuestra familia. thumbnailAsí, ciertas reliquias  se vuelven presente: son recuerdos míos, de la abuela María y de la abuela Ana. Y a no olvidar este detalle: Benito tiene ropa y se traslada, sin problemas, tanto en camioneta como en autos. Es un perro famoso en la comarca, como nos gusta llamar a Salliqueló, porque el amor trasciende las puertas de su hogar y él se ha vuelto necesario en el barrio. Lo cuidan los vecinos, ladra a las motos y a los autos… muchos creemos que ladra para que pensemos que, como el resto de los hábitos humanos que ha adquirido, ¡Benito también trabaja!

 

 

CELULARES, OUT

La luz sucedió a las noches. Y, así, un día convinimos que en tal fecha sería su cumpleaños. thumbnail (2)Y lo festejamos, por supuesto. Cómo somos una familia ensamblada, todos nos reunimos para el evento. Él sabe que es un príncipe y la torta se hizo presente. El asado fue la excusa, como lo son todas las anécdotas que tenemos a diario.

Pero no todo es festejo. Hace pocos días, un perro lo mordió, a él y a Emilia, que lo alzó para defenderlo, mientras el adversario le convidaba mordiscos en la espalda y rasguños en la cintura. Benito quedó mordisqueado en la pata.

Ese día, sábado, yo estaba con amigos tomando mate. Mi celular sonó y vi que tenía reiteradas llamadas perdidas de Emilia. La llamada que sí atendí era de su papá, que me preguntaba qué había pasado con ella. La cosa era que, minutos antes, un señor le había advertido que a una chica Mazzino – el apellido de mi hija-, la había mordido un perro. La conexión entre el registro de llamadas perdidas y la no respuesta de Emilia me llevaron al hospital, donde su camioneta me avisaba que algo de todo eso era cierto. Después vinieron la guardia, la vacuna antitetánica, la denuncia y el veterinario para coser a Bebuchi, que así es como nombramos cariñosamente a Benito. El domingo terminó, cuando el perro amado de mi familia se despertó completamente de la anestesia.thumbnail (3)

En el pueblo los encuentros son oportunos. Los comentarios de la gente, en muchos casos, sirven para que la red de comunicación trascienda los celulares.

¿Cómo se enteró este señor que le advierte al papá de Emilia, que un perro había mordido a su hija? Piense, lector: entre la mordida y el comentario, pasaron no más de diez minutos. Y, a partir de allí, todo se encaminó para que podamos saber lo sucedido.

Es realmente un pueblo particular, en muchos sentidos pero especialmente en esto de luchar por conservar la compacta trascendencia que tenemos a la hora de hacernos compañía en las luchas. Nunca estamos solos. Para bien y para mal, es así.

Las luchas nos hacen vivos y activos. Pensamos, sentimos y actuamos con una convicción, hacemos lo que creemos que tenemos que hacer para estar mejor. No es un lugar ideal y no faltan las miserias. Pero, casi siempre, damos batalla para la comunidad.

 

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