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La lucha: Entrevista a Martín Balza

Entrevista: Gabriela Stoppelman, Esteban Massa, Pablo Soprano
Edición: Pablo Soprano
Fotografía: Diego Grispo

 

Blanco, puro blanco. La palabra viene del germánico blank, que era el modo como los teutones se referían a sus caballos más claros. Por esas curiosidades de la etimología, ‘blank’ filia, a su vez, con blinken: brillar. Y blinken se aferra a una raíz indoeuropea, ‘bheleg’, quemar, chispear, relucir. Fuego blanco, entonces. Así, ante la mirada, la apariencia donde funden todos los colores impregna el espacio. De fondo, el cielo de Buenos Aires se continúa en unas cortinas, a tono con los sillones y con las paredes. El conjunto da la impresión de una gran bandera, diluida en lo alto de un piso trece. Pero nada de tregua. Acá, la palabra no se rinde. Por su parte, y encargada de cortar lo uniforme, una armonía despliega su estrategia en cada cuadro, en cada medalla, en cada condecoración. Sólo una imagen de Fidel Castro parece estar en penitencia, atrapada detrás de un gran velador, en un vacío blanco que sostiene otros marcos y otros personajes.

Steven Spazuk. "Carbonero en una granada".
Steven Spazuk. “Carbonero en una granada”.

Y la mirada persiste, deambula, difuminada en los matices. Así y de pronto, da en un blanco: una foto apaisada, que muestra a un grupo de ex camaradas de Malvinas gozar de un claro privilegio, la mejor posición en el territorio de las paredes. Al continuar el paneo, una y otra vez, regresamos hacia la alta figura de Balza, que no consigue romper la hegemonía del color en el ambiente, porque su chomba también hace juego con el espacio. Apoltronado en el sillón y como quien derrama su memoria sobre una página en blanco, a borbotones, comparte los recuerdos y las anécdotas de la vida castrense. Es un hábil declarante. Sabe cuándo apelar a la cautela, cuándo bajar la llama y cuándo pactar un alto el fuego y pasar a otro tema. Despotrica, deslinda, se hace cargo. Todo en uno. Al enarbolar sus blasones militares, alza la voz. Pero se oye apenas un murmullo, si algo lo inquieta.

El tiempo transcurre y nos encuentra el fin de la tarde. Aquella claridad enceguecedora del comienzo es vencida por la iridiscencia de otras luces que, ahora, dan un cariz dorado a su departamento. Sin embargo, nada pierde la pulcritud inicial. Más bien, parecemos estar en un ámbito cruzado por un fuego dominante y general. Un fuego blanco: el galope intenso donde anduvimos la charla, junto a Martín Balza.

Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.
Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.

 

 

CONSTANCIA GENERAL

“¿Puede haber algo más ridículo que la pretensión de que un hombre tenga derecho a matarme porque habita al otro lado del agua y porque su príncipe tenga una querella con el mío, aunque yo no la tenga con él?”
Blas Pascal

Nos preguntábamos cómo te hubieras sentido si se ganaba la guerra de Malvinas y se consolidaba la dictadura.

Steven Spazuk,. "Haciendo el nido".
Steven Spazuk,. “Haciendo el nido”.

Esa pregunta me la han formulado muchas veces. En aquel entonces, yo era teniente coronel. Si la guerra se hubiera ganado, probablemente, no hubiera ascendido ni a coronel. Menos, a general. En 2003, escribí “Malvinas, gesta e incompetencia”, editado por Atlántida. En forma detallada, abordé desde los prolegómenos de la guerra hasta sus consecuencias. Respecto a tu pregunta, en las Malvinas tuve discusiones por mi no cumplimiento de algunas órdenes. Ninguna de ellas era ilegal ni inmoral, eran órdenes operativas y logísticas. Y desobedecerlas salvó muchas vidas. Yo era teniente coronel y responsable de casi cuatrocientos hombres. Por tanto, quien sabía qué pasaba en artillería en la zona de combate era yo, no el comandante de Puerto Argentino, desde una casa calefaccionada. Por eso, digo: si se hubiera ganado, probablemente, me hubieran cobrado esa desobediencia.

Y la dictadura hubiera seguido…

Es que el objetivo de Galtieri y Thatcher era ese, no tengo ninguna duda. Como la señora Thatcher estaba con su prestigio alicaído, esa guerra le vino bien. Y Galtieri y la Junta aprovecharon: si les salía bien la recuperación de las islas, se prolongaba la dictadura.

¿Hubo condicionamientos por parte de editorial Atlántida para decir ciertas cosas?

Steven Spazuk. "Equivando las bala".
Steven Spazuk. “Equivando las bala”.

No. Al año de retirarme, editorial Planeta me propuso escribir algo. Publiqué “Dejo constancia”, donde toco solamente los temas que durante mi gestión fueron distorsionados, aunque los años demostraron que yo decía la verdad. El caso Carrasco, por ejemplo, sucedió de un modo muy por afuera de lo dicho mediáticamente. Así ocurrió con el tema de las armas a Croacia, en el cual no hubo una denuncia de material faltante en el ejército, pero sí hubo una intencionalidad mediática contra mí. ¿Cómo se instala una mentira? Le atribuyen a Goebbels el haber dicho “calumnia, calumnia, que siempre algo queda”. No sé si fue Goebbels u otro, pero es cierto. Lo comprendo en el imaginario colectivo. Estuve siete meses en un Casino de Oficiales de Campo de Mayo, privado de mi libertad. Algo de derecho yo sabía: había estudiado primero y segundo de abogacía año, porque mi viejo quería que fuera abogado. Lo defraudé. Mi papá falleció de un cáncer fulminante cuando ya estaba en 4° año. Y, al año siguiente, decidí ingresar al Ejército. Sin embargo, entre otras materias, cursé Penal 1 y Penal 2. Entonces, no tengo dudas: nadie es culpable hasta que tenga sentencia firme. Pero vuelvo al tema de mis textos. Ese libro por editorial Planeta a mí no me gustó. Se publicó en el año 2015. El de Malvinas, en 2003, me conformó más.

 

DURAZNO SANGRANTE

“Sale de la guerra, paz; de la paz, abundancia; de la abundancia, ocio; del ocio, vicio; del vicio, la guerra.”
Francisco de Quevedo

¿Cuándo te convocaron para ir a la guerra?

Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.
Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.

No me convocaron. Era jefe de la Unidad del Grupo de Artillería 3 en Paso de los Libres. No se incorporaba a toda la clase de soldados junta, sino a un tercio por cuatrimestre. Supe de la recuperación de las Islas el mismo 2 de abril, a las siete de la mañana, cuando llegué. El martes estaba con mi unidad en Malvinas. Hubo improvisación total.

¿Pensaste en no ir?

No, no. Y, si lo hubiera hecho, ustedes no estarían conversando conmigo. Como profesional- y no fui el único-, tuve dos certezas. Una, que el Reino Unido iba a reaccionar, cuando muchos acá creían que no. La otra certeza era que Estados Unidos no nos apoyaría ni se mantendría neutral, como lo apreció la Junta. Por otra parte, en ninguna academia militar argentina de las tres fuerzas, el tema de Malvinas era una hipótesis de conflicto. Nunca se había hablado de eso. Para combatir en un territorio insular se necesita dominio del mar y también del aire. No tuvimos nada de eso. Nuestra flota en la superficie ni siquiera intentó disputar el poder marítimo, porque se borró del combate. En ese sentido, recomiendo una película actual, con sonidos especiales admirables y llamada “Midway”. La trama se desarrolla en julio de 1942, siete meses después del desastre de Pearl Harbor. Estados Unidos quiebra el poder aeronaval de Japón en la batalla de la isla de Midway. Allí, Japón firmó su derrota, al haber perdido poder marítimo y no conseguir recuperar cuatro de sus seis portaaviones. Le hubiera demandado diez años hacerlo. En el caso de las Malvinas, el aire era del enemigo, porque tenían dos portaaviones. Y, reitero, también el mar.

 Si no teníamos dominio aéreo ni marítimo, entonces, ya al ir, vos suponías que la guerra se perdía…

En ese momento, no. Pensaba que, aun dentro de la crisis, se podía negociar una salida. Incluso el inepto gobierno tuvo varias oportunidades, hasta el 27 de abril. La guerra empezó el 1° de mayo a las cuatro de la mañana, con el ataque aéreo al aeropuerto de Puerto Argentino.

¿Aun sin tener una buena marina, ni una buena aviación, pensabas que no se perdería?

Steven Spazuk. "Cargado con una flor."
Steven Spazuk. “Cargado con una flor.”

Quizás tendríamos que haber negociado justamente por no tener eso. El día 24 o 27, Estados Unidos mandó una propuesta: designar, hasta el 31 de diciembre de 1982, un mediador estadounidense para negociar una salida- no a la guerra- sino a la soberanía entre las dos partes: Reino Unido y Argentina, sin tener en cuenta a los isleños.

¿Y?

Y… Argentina rechazó la propuesta norteamericana y fuimos a una guerra para la cual no estábamos preparados.

O sea, Estados Unidos no reconoció a los isleños como parte de la negociación.

Entonces, los isleños no tenían el estatus de ahora, así que el trato era entre las dos partes en conflicto. La negociación no se logró. Dos grandes errores se pueden cometer en cualquier tipo de estrategia, ya sea en un partido de fútbol de la selección, en un conflicto armado o en una partida de ajedrez: uno, es actuar antes de tiempo. Y el otro, dejar pasar la oportunidad. Si se actúa antes que el tren pase, el tren puede llevarnos por delante. Y, si lo dejamos pasar, ya no lo tomamos. Acá se perdió esa oportunidad. El Reino Unido era la tercera potencia mundial en ese entonces, detrás de Estados Unidos y de la Unión Soviética. Era una potencia nuclear de segundo orden, pero suficientemente fuerte comparada con nosotros. Argentina era una alicaída dictadura que, desde 1955, en el marco interno, había acentuado la guerra ideológica. Y, así, perseguía al enemigo marxista leninista y también al “enemigo peronista”. Un disparate total. En ese marco, se jugó con el sentimiento de Malvinas.

¿Fuiste prisionero?

Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.
Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.

Sí, junto con, aproximadamente, 500 oficiales. Pero un día antes de eso, unos oficiales británicos se acercaron y me dijeron que querían ver “mis” cañones. “Ahí están”, les dije, “Ya no son míos”. Eran galeses y hablábamos en inglés. Me hicieron varias preguntas a la vez que hablaban entre ellos. Allí mismo comenzó un diálogo: “su artillería mató a muchos galeses y gurkas” Yo insistí: “Perdón, no entendí bien, ¿puede repetirlo?”. “Que su artillería produjo muchas bajas”. “Ah, había interpretado que usted dijo matar y yo no vine a matar, vine a combatir. La muerte es producto del combate en la guerra.” Otro oficial galés me dijo era un problema entre Míster Galtieri y la señora Thatcher, “nosotros no combatimos por la señora Thatcher, combatimos por la Reina y por Inglaterra”. Entonces, un capitán argentino le retrucó, “no combatimos por Galtieri, sino por un sentimiento.”

Entre la Thatcher y la reina, uno no sabe con quién quedarse...

Sí, claro, ahí nomás el galés dijo, “La guerra ha terminado, ¿podemos darnos la mano?” Le di la mano y aproveché el gesto, “¿Le puedo invitar con algo de comer?”. Abrimos una lata de duraznos al natural de la marca Inca y la compartimos entre todos. Estuve un mes prisionero bajo el número 344. Quince días en una barraca enorme, que tenía dos bombas argentinas sin explotar. Y, luego, quince días en un buque. En esos días bajé varios kilos. Pero, en relación a esto, si me permiten, quiero volver al término “aniquilar”. Aniquilar es quebrar la capacidad de lucha del enemigo y nosotros, en las Malvinas, fuimos totalmente aniquilados. A su vez, y para aclarar el término, en 1976 no era necesario dar un golpe militar con la excusa de aniquilar la subversión. No había necesidad de convertir en criminal al Estado.

 

CIRCUITOS CERRADOS

“Combatirse a sí mismo es la guerra más difícil”
Friedrich von Logau

Durante el golpe de Estado de 1976, ¿cómo te sentiste?

Steven Spazuk. "Alto el fuego".
Steven Spazuk. “Alto el fuego”.

Poco antes de eso, yo debía optar por una Escuela Superior de Guerra en el exterior. Podía elegir entre España, Perú o Uruguay. A finales de 1975, por motivos personales, elegí Lima. Allí me enteré del golpe. Cuando supe quién iba a ser el presidente, no tuve duda de que lo habían elegido bien, de acuerdo a los intereses que tenían quienes comandaron el golpe. Yo regresé al país en febrero de 1978.

Con respecto a quienes estuvieron a cargo del golpe, en tu libro “Bitácora de un soldado”, utilizás mucho el término “mediocre” respecto de esos militares.

Sí, con Videla puedo ser demasiado contemplativo si le digo mediocre. Era un perfecto inepto. Él no manejaba nada, siempre fue así. Videla me llevaba diez o doce años, jamás fue mi jefe directo. Era infante y yo, artillero. El del ´76 resultó el golpe más anunciado de la historia, de hecho, The New York Times lo auguró dos meses antes. Justificaron el golpe para terminar con la subversión, aunque la llamada “subversión” ya estaba diezmada. Se la pudo haber combatido desde la plena vigencia del orden jurídico con fuerzas policiales y de seguridad. Iba a haber elecciones en cuatro o cinco meses. Si bien existieron varios factores, el golpe fue una imposición económica.

¿Cómo te enteraste del golpe?

Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.
Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.

Me llamaron de la Embajada argentina, con la cual no tenía vinculación, salvo la protocolar, ya que estaba designado a la Escuela de Guerra del Ejército del Perú, donde había cursantes de varios países. No lo aprecié en aquel momento en toda su dimensión, pero un agregado económico a la embajada me dijo, “Martín, el golpe es inminente, el ministro de Economía va a ser Martínez de Hoz, un hombre relacionado con los organismos internacionales. Cuando termine la dictadura, va a dejar al país hecho un desastre”. Y así fue. Por otro lado, recibíamos La Nación, ese periódico que dice ser “una tribuna de doctrina”. Allí no salía nada de los desaparecidos y, en otros diarios, tampoco. Salvo en el “Buenos Aires Herald”, que no llegaba a Perú. Había comentarios que afirmaban la existencia de desaparecidos y otros que lo negaban. Ellos trabajaban mucho en tabiques bien cerrados: células de inteligencia, pequeñas organizaciones dentro de una gran organización. Mientras tanto, dentro de la legalidad, paraban coches por las calles y, con respeto, le pedían a la gente que abriera los baúles. En el Ejército, en cuestiones de inteligencia y participación, como mucho, pudo haber habido comprometido un veinte por ciento de personal, entre oficiales y suboficiales. No fue así en la Armada, dirigida por Masera. Salvo un batallón de Arsenales en el Norte, el resto de las Unidades del Ejército no eran centros de detención. Se habla del centro de detención de Campo de Mayo, pero este no estaba en una unidad, sino en el medio de Campo de Mayo. Decían que la plaza de tiro era un lugar de reunión de detenidos (LRD), que luego serían puestos a disposición del Poder Ejecutivo.

¿Y cuando se habla del Batallón 601 y de su participación en la represión?

El 601 era el Batallón de Inteligencia. Esos sí estaban dentro de ese veinte por ciento.

¿Cuál fue tu impresión cuando tuviste cabal idea de lo que ocurría?

Tuve alguna idea, cuando la tuvieron ustedes, durante el Juicio a las Juntas.

En “Bitácora…” buscás una explicación de por qué parte del Ejército llegó a cometer actos aberrantes…

Sí, sí. Una cosa es esa frase tan trillada, que yo no quiero usar, “con el diario del lunes…”. Así que transmito mi propia experiencia. Otro la pudo haber vivido de otra manera. Entre el ´76 y el ´78, vine tres o cuatro veces, por un par de días, porque mi madre estaba enferma. Después, falleció. En ese momento yo tenía un problema muy importante, la muerte de un ser querido. A mi regreso definitivo, en el 1978, me destinaron a la escuela de Artillería, en Campo de Mayo, como jefe del Departamento de Doctrina e Instrucción. La Escuela empezó a estar afectada de inmediato a la cuestión con Chile, al conflicto del Beagle. En mayo fui notificado que debía crear una unidad. Creé un grupo de artillería de la nada, en la ciudad de Junín. Durante la Copa del Mundo, las unidades de Campo de Mayo no estaban relacionadas con ese lugar al que llamaban “lugar de reunión de detenidos”, el sitio del que les comentaba antes. Esos lugares funcionaban como compartimientos estancos. “¿Pero cómo?, se dirán ustedes. ¿Yo estaba en Campo de Mayo y no sabía nada?” Sí, pero allí había más de 5000 hombres. Mi unidad fue afectada al control del Mundial y yo, a los cursos de suboficiales y oficiales (subtenientes, tenientes primeros, cabos y sargentos). Eran cursos especiales programados, sobre táctica y técnica del arma de artillería, como consecuencia del inminente conflicto con Chile. Parte de la Escuela de Artillería tenía la responsabilidad de vigilar el Club Hindú, donde se alojaron dos o tres delegaciones extranjeras para el Mundial del ´78.

Steven Spazuk. "Monocultura".
Steven Spazuk. “Monocultura”.

Entonces, ¿vos decís que “esos lugares de reunión” eran algo así como círculos cerrados?

Cerradísimos. Si hasta a los jueces les ha costado entrar ahí. La verdad no surge del todo. Nadie dice dónde están los desaparecidos. Así las cosas, nadie le puede tirar una flor a quien arrojaron vivo o muerto de un avión. Dos oficiales del Ejército escribieron un libro llamado, “Sobre áreas y tumbas”, un trabajo de cómo estaba organizado todo aquello de los secuestros y las desapariciones, entre otros delitos. Allí hay una frase interesante, “era una elite de inteligencia, una elite criminal, pero elite al fin”. Eso fueron.

 

SALTO AL COLEGIO

 “La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa.”
Erasmo de Rotterdam

Comentabas que tu papá quería que fueras abogado y elegiste la carrera militar, después de su muerte. ¿Por qué una persona, entre todo lo que hay para hacer en la vida, elige ser militar?

Es interesante el tema, aún me hago esa pregunta, busco saber el por qué. No solo no hay antecedentes militares en mi familia, sino que mi padre- un vasco español muy culto, nacido en un pueblito llamado Santa Cruz de Campezo, muy cerca de la frontera con Francia- estudió para seminarista en Biarritz. Los chicos de las familias pobres de entonces iban a los seminarios. Mi viejo cantaba “La Marsellesa”, era un romántico socialista. Primero llegó mi tío a Argentina. Después, vino él a radicarse a Salto Argentino, provincia de Buenos Aires, donde trabajó en asuntos judiciales. Se casó con una argentina, hija de vascos franceses. En esa ciudad bonaerense nací, me crié, estudié la escuela primaria y la secundaria. Mi padre quería que yo fuera abogado, pero falleció prematuramente en 1950. Al año siguiente, le dije a mi madre “quiero entrar en el Colegio Militar”. Sólo teníamos un amigo de mi padre que era militar y a él le habló mi madre para que me ayudase con el trámite de ingreso.

Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.
Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.

¿Te gustaban las armas?

No. Cuando me preguntan por qué hice esta elección, trato de recordar. Me acuerdo cuánto me costó el examen de ingreso: éramos novecientos jóvenes para trescientas vacantes. Si bien yo era bachiller, el examen fue casi más exigente que el que yo había hecho para el bachillerato. Te daban problemas de ciencias exactas, de física y de química. Por otra parte, la sucesión por la muerte de mi padre tardó cinco años, justo el tiempo que duraba la formación militar, que era cara. Pedí una beca, de las ocho o diez que otorgaba, en ese entonces, la Provincia de Buenos Aires. Y me la dieron por orden al mérito, al menos, eso creo. Conseguí pasar a segundo, que fue aun más duro que primero. En mi primer libro, cuento que llegué a vacilar. Un sábado le dije a mi mamá que no quería volver al Colegio militar. Ella demoró en firmarme el pedido y, como era menor de edad, tuve que seguir. Bueno, a los veintiún años, me recibí. Se quiere lo que se conoce y ese fue mi caso. En el Colegio Militar, me encontré a mí mismo recién en cuarto año. Pedí un Regimiento de Montaña en Uspallata, Mendoza, donde nadie quería ir. Si tuviera que elegir nuevamente algo en mi vida sería esto, igual a como fue. En aquellos tiempos, el primer año fue todo de Infantería. Al pasar a segundo, elegí arma. Siempre les digo a los infantes, “había que ser muy inteligente para ser infante” y, como yo no lo era, elegí la artillería. Volvería a hacerlo. No me arrepiento de nada.

¿En qué año egresaste del Colegio?

En 1955. En mi libro cuento mi vida a partir del año 52, con excepción, de cosas que agrego del año 43, de las cuales hablé mucho con un amigo mío, el doctor Robert Potash.

Debe ser el historiador norteamericano que más escribió sobre el papel de los militares en la historia argentina.

Steven Spazuk. "Deja que la paz florezca".
Steven Spazuk. “Deja que la paz florezca”.

Sí, escribió sobre las Fuerzas Armadas. En mi quinto año como instructor en el Colegio militar, yo era un joven teniente primero y ayudante del director.  El director me dijo, “Balza, va a venir un escritor norteamericano, necesita unos datos del Colegio para un libro, atiéndalo usted.” Llevé a Potash en mi Citroën 2CV, que no sé cómo arrancó. Tuve trato con él durante tres o cuatro días. Su primer libro, “From Yrigoyen to Perón”, me enriqueció mucho respecto del período del ´43 al ´55. También el segundo, “De Perón a Frondizi”. En 1973, nos volvimos a encontrar. Terminaba el año, fui a la biblioteca y vi a un tipo de espaldas. Pregunté a una señora del lugar si sabía quién era y me comentó: “es un gringo que busca información para un libro”. Era Potash. De ahí en adelante, trabamos una gran amistad. Robert había grabado conversaciones con los actores de acontecimientos que sucedieron en periodos que yo no había vivido.

 

CADA UNIDAD ES UN MUNDO

“El arte supremo de la guerra es someter al enemigo sin luchar.”
Sun Tzu.

Muchos de los soldados que fueron a Malvinas no tenían esa vocación, no querían estar ahí.

Probablemente hubo soldados que no quisieron ir. No tuve a mi cargo ninguno de esos casos. Al contrario, cuando fuimos, debí dejar gente en el continente por razones de transporte. Quienes se quedaron lo hicieron con llanto y con bronca porque no pudieron ir a Malvinas con nosotros. Hubo unidades que no fueron instruidas. Ese no resultó el caso de la brigada correntina, ya que teníamos un año de instrucción.

Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.
Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.

Pero ellos no habían elegido la carrera militar, eran conscriptos, les tocó obligatoriamente ir a la guerra….

Sí, pero yo lo viví así: Malvinas fue un sentimiento. En Paso de los Libres, el 2 de abril a la tarde, estaba todo el pueblo en la plaza. El Interior valoró más la gesta de Malvinas que la ciudad de Buenos Aires, porque aquí seguían el fútbol y las carreras. En el resto del país fue distinto, aun más, en el sur. Por eso le debo mucho a mis oficiales, suboficiales y también al autocontrol de mis soldados.

 

 

En el libro contás que, durante mucho tiempo, recordaste los sapucay de tus soldados antes de salir al combate ¿Aún los escuchás?

No los escucharé más, solo el día en que me muera. La mía fue la única unidad que no perdió un solo soldado. Eso lo determinó Dios, pero los oficiales, suboficiales y soldados que tuve también le dieron una mano a Dios. Murieron oficiales y suboficiales, hubo veinticinco heridos- la mitad, oficiales y suboficiales- pero no perdí un solo soldado. Cuando era jefe del Ejército, muchos de mis soldados vinieron a verme, querían que sus esposas y sus hijos me conocieran. Los llevé y los traje de las Malvinas. Allí, cada unidad fue un mundo. No se puede generalizar. Si en el 5° de Infantería, hubo abusos de autoridad, no lo sé. No estaban en la misma isla que yo ni entraron en combate en Puerto Argentino. No me consta si ocurrieron los hechos que me cuentan. Sí me pregunto, ¿por qué demoraron desde el año 1982 al 2007 para hacer estas denuncias? Las cosas pasaron o no pasaron. No digo que no sucedieron, digo que no me consta y, si ocurrió, lamento que no lo hayan denunciado antes.

Pero, más allá de los excesos que vos no viste,  vos sí sabés que, cuando vas al combate, podés estar en situación de tener que matar… ¿Nunca te hizo ruido ético tener que matar?

Puedo tener que matar o que me maten a mí. De todos los que fueron a las Malvinas, ninguno conocía qué era una acción de guerra. Yo estuve en otro conflicto, pero no era el mío. Había estado un año como capitán, en 1971, en el Canal de Suez, en Israel, como boina azul. Mis soldados no habían visto nunca un ataque, sin embargo, estos litoraleños lo vivieron tranquilos. En cuanto a tener que matar, nunca sentí un ruido ético. Hay otra cosa: yo soy artillero.

Steven Spazuk. "Corona de espinas".
Steven Spazuk. “Corona de espinas”.

La artillería combate con sus fuegos en las profundidades del campo enemigo, con apoyo a las fuerzas propias o atacando objetivos importantes que están por detrás de la línea. Yo tenía 18 obuses de diez kilómetros de alcance y dos cañones, de veinte. Pude saber cómo los ingleses iban a recibir el fuego de los proyectiles, nada más. Por otra parte, hay acá otra cuestión. Yo no fui a matar y creo que los ingleses tampoco. Fuimos a combatir. Insisto: la muerte es un producto de eso horrible que es la guerra. Uno no se propone matar.

¿La guerra no se trata de eso?

No. Hubo batallas que se ganaron sin disparar solo un tiro. Hay acciones en la guerra que se llaman “aniquilar”. El ex presidente Luder, en uno de sus decretos, hablaba de “aniquilar el accionar de la subversión”. Militarmente, el término “aniquilar” es quebrar la capacidad de lucha del enemigo. No necesariamente reducirlo a la nada. La aniquilación no es lo mismo en los diccionarios castrenses que en el lenguaje coloquial. Con respecto a Malvinas, el Comité internacional de la Cruz Roja dijo que fue el único conflicto donde ambos bandos respetamos el derecho internacional humanitario, los usos y las leyes de la guerra. Nuestra artillería antiaérea bajó aviones en los que el piloto alcanzó a eyectarse en su paracaídas. Fueron, lo recogieron, lo trajeron a Puerto Argentino, lo cuidaron y se curó. Ellos también curaron a nuestros soldados. Cuando un hombre se rinde en combate, hay que respetarle la vida. De hecho, fui prisionero de guerra un mes .Y, si querés, te doy otro ejemplo: el hundimiento del Belgrano no fue un crimen de guerra, fue un hecho de guerra.

 

SAPUCAY AL VALOR

“Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo.”
Aristóteles.

¿Sentiste miedo alguna vez?

Quienes pueden hablar sobre mi comportamiento acerca del miedo o la cobardía son esos litoraleños que gritaban los sapucay, mis oficiales y mis suboficiales. En Malvinas vi conductas cercanas a la cobardía en soldados, en suboficiales y en algunos oficiales también. Aristóteles dijo, “en el combate el hombre siente miedo a la muerte y su primer impulso es huir. Pero el hombre valeroso no huye”. También, en el primer año del Colegio militar, me conmovieron unas palabras de Francisco de Quevedo que dicen, “El valor es un miedo disfrazado”. Sólo alguien agresivo e inconsciente puede decir que no sintió miedo. El arrojado no siente miedo, pero no sirve en el combate. El hombre tiene que ser consciente del miedo y no exponerse estúpidamente. En una acción de combate, todos pueden tener miedo, el asunto es vencerlo, que el miedo no te bloquee.

Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.
Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.

Para eso es importante querer estar ahí. Hubo mucha gente que fue llevada sin quererlo.

Yo solo cuento mi experiencia. A veces no debe ser tan difícil exponerse personalmente al peligro. Hay una cuestión mucho más difícil cuando, debido a la orden que uno dio, se expone a otros a la muerte. Un jefe es responsable de que el soldado combata y de que coma. Napoleón decía que el soldado combate con el estómago. Es por esa responsabilidad que uno no puede darse el lujo de tener miedo. Les cuento una anécdota: Hubo un pequeño incendio, donde había unos cajones de municiones y un soldado correntino corrió a rescatar los cajones del fuego. Grité: “pedazo de pelotudo”, para que no se expusiera. Él me contestó: “alguien tenía que hacerlo, podíamos explotar todos”. Se expuso en un acto de arrojo inconsciente. Para el soldado, la superioridad no era Galtieri, era yo. Algunos se bloquearon. Yo no podía darme ese lujo.

¿Y si un soldado te planteaba que no quería estar ahí, que no quería combatir para la dictadura?

No sé. Treinta y ocho años después, no sé cómo hubiera sido mi reacción. En principio, no sé si es una respuesta correcta, pero quizás lo hubiera dejado en el continente. No estaba apto para pelear. Posiblemente no lo hubiera sancionado, aunque recuerdo que mi padre decía que el mal ejemplo cunde, así como el pánico.

¿Qué es para vos la disciplina? Quienes somos civiles, vemos la disciplina militar como algo muy rígido.

Steven Spazuk. "Las tetas y los platillos".
Steven Spazuk. “Las tetas y los platillos”.

La disciplina es la relación entre mando y obediencia, entre el superior y el subordinado. No hay uno sin el otro y viceversa. Eso se da en una fuerza armada y se tiene que dar en el país. No soy político, pero, ¿por qué nos pasan las cosas que nos pasan? Veo cruzar bicicletas, monopatines, motocicletas, colectivos, taxis y camiones con el semáforo en rojo. Un profesor de derecho nos decía, “la ley es la norma de carácter general que rige la convivencia social”

¿Y cuando no estamos de acuerdo con la ley, porque se sancionó sólo a través de nuestros representantes y no de manera directa?

La Constitución Nacional nos ha dado la forma para convivir. Dicen que hay países muy disciplinados. Estados Unidos, por ejemplo. No es así. Un estadounidense es tan o más indisciplinado que nosotros. De igual modo, él tampoco  cruza el semáforo en rojo. No por convicción, sino porque sabe que todo el rigor de la ley caerá sobre él. Perderá su carné, no podrá manejar, o irá preso.

 

FUERZA NECESARIA

“No tengo miedo de un ejército de leones guiado por ovejas; tengo miedo de un ejército de ovejas guiado por un león”.
Alejandro Magno.

La religión católica siempre estuvo muy vinculada al ejército ¿Qué es para vos un ateo?

Un ateo es un creyente al revés. Es tan terminante como el creyente. Ante un hecho, yo puedo dar una opinión, o una interpretación, pero nada más. Aristóteles decía que la verdad es el término medio entre el saber y la ignorancia. Somos intolerantes porque todos creemos tener la verdad.

Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.
Martín Balza. Fotografía: Diego Grispo.


¿Cómo ves hoy a las Fuerzas Armadas?

En un total estado de indefensión. Sin submarinos, sin barcos de superficie que naveguen, sin aviones de combate. En síntesis, sin medios disuasivos para cumplir con su misión. Y algo más grave es que no faltaron quienes intentaron usar las FFAA en la lucha contra el narcotráfico y en el marco interno.

¿Puede ocurrir aquí lo de Bolivia?

No, en mi opinión, no. Eso fue un disparate. Maquiavelo decía que se puede ser cualquier cosa menos imprudente. Algo peor que un golpe de Estado es la explosión social y, claramente, lo de Bolivia fue un golpe seguido de disturbios. En estos últimos años se ha amenazado con frases que exhortaban a no ser como Venezuela. El contexto psico, sociocultural, político, económico y hasta militar venezolano no tiene nada que ver con el contexto argentino y, menos aun, el contexto boliviano. Los militares hemos aprendido junto con la sociedad civil que golpear la puerta de los cuarteles no soluciona nada. Participé en la formación de oficiales en el Colegio militar y en el Instituto de Enseñanza Superior del Ejército. He visto ingresar y egresar a cadetes que no vivieron los vaivenes institucionales de nuestra democracia. Lamentablemente, un sector importante de las Fuerzas Armadas pagamos por cosas que no hemos hecho. Todos aprendimos que no fuimos ni seremos los salvadores de la patria, que un sector obró contra toda norma vigente en el Ejército. Los militares tenemos escritas normas de ética militar, desde hace décadas, y están para ser respetadas. Por eso me llamó la atención que el ministro de Defensa del gobierno anterior haya puesto en vigencia un nuevo manual de ética a las apuradas. “Vamos a tener una ética militar”, dijo el mismo funcionario que perdió un submarino con 44 tripulantes. Un verdadero disparate. Debemos prepararnos para

Steven Spazuk. "Paix".
Steven Spazuk. “Paix”.

que los militares cumplan mejor sus funciones en el mantenimiento de la paz, no solo cuando hacen la guerra y la ganan. Mientras tanto, tenemos una Patagonia casi deshabitada, más de 6000 de kilómetros de costa en una total desprotección. Además, son incalculables las riquezas ictícolas y petroleras de aquí a la Antártida. La función de las Fuerzas Armadas es el resguardo de todas estas riquezas. Como Estado, deberíamos preguntarnos si necesitamos a las Fuerzas Armadas, ya que hay países que no las tienen, como es el caso de Islandia, Costa Rica, Haití, Panamá y el Vaticano. No nos olvidemos que somos el octavo país del mundo en territorio con riquezas y joyas naturales apetecibles. Es decir, necesitamos proteger esos recursos esenciales, no para invadir, sino para disuadir a quienes quieran tocarlos. Es inevitable, no hay otra cosa.

 

GRAVEDAD EXACTA Y SENSIBLE

“Solo los muertos han visto el final de la guerra.”
Platón.

¿Qué te aporta la escritura que no te aporten otros quehaceres?

Si alguien tiene algo para decir, debe decirlo. Quizás este mamotreto llamado “Bitácora de un Soldado” sirva para conciliar el sueño rápidamente, pero mi opinión está ahí y, si la vida me llevó a tener cierto protagonismo no buscado, considero que debe quedar un registro de ello.

Martín Balza en su casa con El Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Martín Balza en su casa con El Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

¿Qué es lo poético para vos?

“¿Qué es poesía? / ¿Y tú me lo preguntas? / Poesía eres tú”. Platón le exigía a quienes estaban en la academia dos disciplinas: matemática y música. Los griegos querían hombres exactos y sensibles. El centro de gravedad en las reformas que hicimos en el Ejército fue la educación. Y creo que la poesía está allí. Le recuerdo lo que ya comenté: cuando era cadete, estudiamos literatura española, greco-latina y, por supuesto, argentina. Recuerdo ese maravillosos género gauchesco, que termina con un canto épico: “El Martín Fierro”.

Pero Platón expulsó a los poetas de la República.

De cualquier manera, creo que la música hace a esa sensibilidad de la cual hablaba Platón. Y también la poesía.

Entonces por algo los expulsó…

Habría que ver qué era la República en aquel entonces, qué era la Polis. De cualquier manera, ¿qué sería el mundo sin poesía? Cito a nuestro maravilloso Borges, “nadie, nadie es la patria, pero todos, todos lo somos”. Estoy convencido: la sensibilidad nos hace. Muchas veces me dijeron, “¡qué brutos son los militares!”. Sí, a lo mejor no se equivocaban, pero nos educaron con conceptos éticos.

 

POBREZA CARAPINTADA

“Un hombre sin carácter es una nodriza sin leche. Un soldado sin armas, un viajero sin fondos.”
Auguste Petiet

¿Puede una persona no católica ascender a los más altos rangos militares en Argentina?

Steven Spazuk. "Realimentación".
Steven Spazuk. “Realimentación”.

Si consigue ingresar y quiere seguir la carrera militar, puede llegar a los altos mandos. Hasta 1930, no hubo ningún problema con eso. En el año ´13, por ejemplo, junto a Perón, egresó un judío llamado Bernardo Weinstein, que llegó a teniente coronel. Los problemas religiosos comenzaron en la época de Uriburu, en los años treinta. Después, cuando ingresé al Colegio Militar, yo sí tuve que presentar mi Fe de Bautismo aunque, claramente, ese papel no prueba la fe ni el grado de religiosidad de nadie. En 1967, el entonces general López Aufranc derogó este requisito para ingresar. Yo ya no estaba en el Colegio en esa época. En los ´90, cuando fui jefe del Ejército, hubo una pasantía en el Hospital Militar para médicos residentes. Luego y en distintos periódicos, salió publicado que uno de ellos no había podido ingresar por judío. Inmediatamente, pedí todos los antecedentes del aspirante. La cuestión no había sido como él decía. Dio bien el examen, pero calificó dieciocho, donde sólo podían ingresar diez. Eran cien médicos para diez vacantes. Ello nos motivó a anular en los formularios de inscripción el ítem, “religión”. Y publicamos en el Boletín Público del Ejército que, para solicitar el ingreso, no puede haber ninguna pregunta relacionada con la religión, la orientación sexual ni las convicciones políticas. Una vez ingresado, debemos conocer su fe para relevarlo de cualquier oficio religioso que no se corresponda con sus creencias. Hoy no hay ninguna restricción. Ni para los judíos, ni para los musulmanes. Quizás no haya compatibilidad de normas con los Testigos de Jehová, por la cuestión de las transfusiones de sangre. En los ´90 propusimos varias veces una reforma del Código de Justicia Militar, aunque no estuvieron de acuerdo la Armada ni la Fuerza Aérea, como así tampoco algunos diputados y senadores. Esta reforma apuntaba a derogar sanciones propias de la época victoriana. Por ejemplo, un acto homosexual consentido, tanto dentro como fuera de un cuartel, tenía una pena de seis años de prisión si el imputado era un suboficial o un solado y dos años, si era un oficial. Después que sugerí estos cambios, algunos medios interpretaron, falazmente, que yo proponía el ingreso de homosexuales al Ejército. Pero, para volver a tu pregunta: en el marco del integrismo religioso que se dio entre las décadas del cuarenta y los noventa, fue aceptado Mohamed Alí Seineldín, ex combatiente de Malvinas. Era druso converso, conocido por sus intentos de quiebre institucional en diciembre de 1998 y de 1990. Pobre, que en paz descanse.

Pobre, ¿en qué sentido?

Fue un hombre muy manipulado que llegó a mimetizarse con un personaje del cual no pudo despegar a tiempo. Creo que, en el fondo, él no era así.

Pero él atentó contra la democracia…

Sí, hizo muchos disparates. No sabía qué hacía. Por ejemplo, en el levantamiento del 3 de diciembre de 1990, él no fue el responsable.En ese momento cumplía arresto en San Martín de los Andes.

Steven Spazuk. "Muerde en el amor".
Steven Spazuk. “Muerde en el amor”.

Inspiró a muchos grupos de la extrema derecha…

Exacto, todo en él era un cóctel explosivo ideológico, político, militar y religioso que atrajo, entre otros, a algunos políticos, empresarios y sindicalistas. Distinto fue el proceder de Aldo Rico, en las asonadas anteriores. Por otra parte y para cerrar este tema de la religión, no hay que olvidar la influencia que ejercían uno o dos obispos, para los cuales el presidente Alfonsín y algunos militares eran los anticristos. Cuando era joven, allá por los sesenta, llegué a conocer a un cura llamado Julio Meinvielle -sacerdote integrista argentino, filósofo tomista e ideólogo antisemita-. Lo escuché con cierta prudencia ¡Lo que era ese tipo! Más vale perderlo que encontrarlo.

Un verdadero difusor del antisemitismo en Argentina.

Sí, era terrible. Otro que tuvo mucha influencia en la Fuerza Aérea fue Jordán Bruno Genta -escritor y filósofo nacionalista-. Una vez, estaba en un restaurante con un amigo. Una señora se acercó y dejó caer una servilleta en nuestra mesa. En ella decía, “la embajada que obtuvo es el equivalente a los treinta denarios que cobró Judas por traicionar a Cristo.” Firmó como la hija de Genta, casada con Antonio Caponnetto -conocido filósofo ligado a la revista Cabildo. ¿Recuerdan esa revista?

Sí, sí.

Ahí, según me informaron, salí en la tapa, en la contratapa y en varias secciones de la revista.

¿Con esa revista no colaboró Carlos Arroyo, ex intendente de Mar del Plata?

Desconocía que había sido colaborador. Pero sí sabía que él exigía la vuelta del servicio militar obligatorio y llegó a decir que, “Un pésimo general que tuvo el Ejército fue el que propuso el servicio militar voluntario”. Lo cual era cierto. Lo de pésimo general, corre por su cuenta. Inmediatamente después, escribí un artículo en un diario de Mar del Plata, donde no discutí ni la calificación hacia mi persona, ni sus condiciones como intendente, porque yo no era quién para contradecir la opinión de mis comprovincianos que lo habían elegido. Eso sí, en la nota, refuté todas sus ideas respecto al servicio militar.

Martín Balza en su casa con El Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Martín Balza en su casa con El Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 

 

 

 

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