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La lucha: sobre la agrupación “Historias Desobedientes Chile”.
Por Noemí Pomi

HUELLAS INFINITAS

En mayor o menor medida, todas las naciones de los cinco continentes han padecido épocas oscuras, donde los pueblos vieron vulnerados sus derechos. Cuando en América Latina se interrumpieron los procesos democráticos, los sucedieron dictaduras cívico militares sangrientas. Eso condujo irremediablemente a torturas, secuestros, desapariciones forzosas y muertes.
Estos procesos dejaron huellas indelebles. Sentimientos que sobrepasan todo lo imaginable de experimentar a lo largo de una vida. Momentos de infinita tristeza atravesaron transversalmente a la sociedad y dejaron heridas tanto en quienes padecieron el atropello de los derechos humanos como en quienes conservaron, bajo su piel, la vergüenza de pertenecer a las familias de los represores.

DESPUÉS DEL SILENCIO

“Y así como la dura cubierta del fruto debe romperse para que su corazón salga a la luz del sol, así también debéis conocer el dolor”.
Jalil Gibran (1)

Con la finalidad de luchar por la reconstrucción fidedigna de la historia, la restitución de la identidad a los hermanos y familiares de secuestrados y apropiados, la reivindicación de la lucha de sus padres y compañeros, y contra la impunidad, se creó la agrupación “Hijos e hijas por la identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio” (H.I.J.O.S.). Es una organización de derechos humanos de Argentina, que, desde 1995, también logró, judicialmente, la cárcel efectiva de todos los responsables de crímenes de lesa humanidad, sus cómplices e instigadores.
Ahora bien, los familiares de represores, ¿habrán esperado que los sanara el simple hábito de vivir con sus heridas, o quizás, aguardado a que el transcurso del tiempo las cerrara? Las cicatrices, sin embargo, no se borran con tan solo no pensar. Tal vez, las decisiones más difíciles obligan a dejar atrás aquello que en algún momento resultó lo más querido.
Por el otro lado, hay que reconocer, los familiares de torturadores se enfrentaron a la durísima tarea de: bucear hasta romper el cascarón, ahondar en recuerdos y vomitar verdades ocultas. Si bien nadie escoge el lugar donde le toca nacer, sí elige el camino a seguir, con independencia de la aridez y las contradicciones a enfrentar. En suma, los familiares decidieron ser producto de sus decisiones y no de sus circunstancias.
Entonces, la disyuntiva: optar por la “ruptura de la cáscara del fruto” o sucumbir dentro de la angustia.

HISTORIAS DESOBEDIENTES

“El silencio estimula al verdugo, no al que sufre.”
Elie Wiesel (2)

Así, voces nuevas, tal vez las más inesperadas, comenzaron a expandirse desde 2017. Su eco resonó en el escenario de la lucha por memoria, verdad y justicia. Eran los hijos, hijas y familiares de los genocidas, que habían participado como personal de las fuerzas armadas –rangos altos, intermedios y bajos-. Otros eran parientes de miembros de la policía, de personal de inteligencia, de funcionarios, médicos y jueces cómplices. Algunos fueron condenados y encarcelados con sentencia firme; otros, con prisión domiciliaria. Algunos, imputados. Otros, sin investigar, impunes. Muertos unos, otros no. Ancianos, o no tanto. Aunque, todos con una característica común: falta de arrepentimiento y bocas cerradas por el silencio más atroz. Por eso, sus descendientes enfrentaron la culpa y la vergüenza por los crímenes de sus progenitores, y decidieron formar un colectivo que diera cuenta de la presencia del horror en el seno familiar.

EL ÚLTIMO MURO

El Código Procesal Penal Argentino prohibía que una persona denunciara o declarara contra un familiar directo, a menos que el denunciante fuera la víctima del delito. Pero, también se derribó ese muro y, a partir del 2017, con la modificación legislativa, (arts. 178 y 242 del citado Código), los familiares de personas implicadas en delitos de lesa humanidad pudieron testificar contra sus parientes genocidas.
Así nació el colectivo “Historias Desobedientes”. Esa agrupación, entre otras actividades,  publicó una recopilación de los textos del horror vividos por descendientes, que no dudaron en liberar sus angustias, aunque ello implicara enfrentar el pasado. Su lectura permite entender cómo el silencio se hace grito y también acerca a las estrategias que los familiares de genocidas encontraron para destruir las mordazas familiares, los tabúes sociales y las diversas formas de la impunidad.

Marcha de los "Hijas e Hijos de genocidas"
Marcha de los “Hijos de represores”

La escritura salva, así ensayos, novelas, poemas y hasta el posteo en redes sociales fueron los primeros tímidos intentos de contar sus realidades. Pero esas semillas dieron sus brotes, se multiplicaron hasta convertirse en testimonios expuestos en el libro “Escritos desobedientes”.

DEL OTRO LADO

También el colectivo “Historias desobedientes Chile” se sumó e hizo su primera aparición pública el 11 de septiembre de 2019. Hijos, hijas y familiares de la dictadura pinochetista que revelaron los secretos familiares y buscan aportar a la verdad en los casos de derechos humanos. La mayoría, son mujeres, quienes enarbolan su bandera y participaron de la primera marcha conjunta. Es importante destacar, no se consideran “víctimas”, sino “afectadas”.

Picasso Pablo,  La mujer que llora, 1937
Picasso Pablo, La mujer que llora, 1937

Vittoria é Natto es el seudónimo de Patricia Pienovi. Hubo un tiempo feliz en su vida, hasta la llegada de su cumpleaños número nueve. Aquel día los hombres uniformados, llegaron a su casa y se llevaron su niñez. “El perro” era el apodo de un torturador del ejército pinochetista, su padre. A los genocidas se le exigía demostrar que lograban mantener el control y el orden de su familia, como primera prueba de que podrían dominar las situaciones más atroces: elemento fundamental para las redadas y las confesiones sacadas con violencia a los prisioneros.
Imágenes borrosas en la pequeña de nueve años vuelven a la mujer actual. No obstante, recuerda: “a pesar de que me inyectaron algo, alcancé a ver cómo mi padre le ponía por la espalda un tapadito rosa a mi madre y la entregaba a un militar. Ella estaba en una lista, “El Perro” lo sabía y le había avisado: su “mal” fue acompañar la misa junto a los curas villeros en los barrios más pobres de Santiago”. Pese a las drogas inyectadas, Vittoria -entre llantos y pataleos por el alejamiento de su madre-, alcanzó a oír el grito del comandante a cargo de la redada “¡Sométela!”. “El perro Pienovi” conocía la consigna, someter era sinónimo de violar. Debía violar a su propia hija. Y el Perro obedeció. Aquellas manchas sangraron en su vida para siempre.
Cuando la madre de Vittoria fue liberada, luego de tremendas torturas, la rodearon los silencios y sus los ojos irradiaron para siempre una infinita tristeza. Con el tiempo, Vittoria supo cómo fueron las cosas: por ser la mujer de un integrante de las fuerzas represoras, entre otras torturas, a su madre la violaron solo tres oficiales.
La revancha fue parcial: a los dieciocho años, Victtoria consiguió echar a su padre de la casa. “El Perro Pienovi” murió en 2006 con todos los honores. Antes de morir, dio una orden expresa: que no le avisaran a la hija, tal vez para no exponerse al desgarrador grito final de su familia.

Quisqueya Henríquez, “Dorothea Rockburne/Auguste Macke”, 2015, Collage y fotografía digital montada en Dibond. Marco dentro de otro marco.
Quisqueya Henríquez, “Dorothea Rockburne/Auguste Macke”, 2015, Collage y fotografía digital montada en Dibond. Marco dentro de otro marco.

 

TENERLA MÁS FÁCIL

Distinta es la situación de Verónica Estay: “Verónica tiene una historia vinculada a dos mundos opuestos: es hija de Jaime Estay e Isabel Stange, militantes de las Juventudes Comunistas, que cayeron presos en 1976 y que, tras haber sido torturados, partieron al exilio a México. Al mismo tiempo, Verónica es sobrina de Miguel Estay Reyno, “El Fanta”, quien se convirtió en torturador y participó, entre otros casos, en el asesinato de Manuel Guerrero, Santiago Nattino y José Manuel Parada, en 1985” (3).
Verónica Estay es doctora en Lengua y Literatura, y trabaja como docente universitaria en Francia. Vive en ese país desde hace 15 años.
“Es una de las tragedias más grandes que uno puede imaginar, el hecho de tener que enfrentarse a un padre que fue torturador y que cometió crímenes de lesa humanidad. Es comparable al mito de Edipo (4), de Antígona (5), tiene esa potencia mítica”, cuenta Verónica.
Y es una tragedia aún más grande cuando los “desobedientes”, como se hacen llamar, tuvieron “buenos padres”: “Los torturadores no se comportaban necesariamente como torturadores en la casa”. Esto complica la situación, ser desobediente para ellos es confrontar justicia, amor y lealtad. Aunque muchos de los miembros del colectivo también recuerdan la violencia familiar vivida “intra muros”.
El lema del Colectivo “Historias Desobedientes” es “No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos”. “Pero hay que explicar por qué”, comenta Verónica Estay. “Como las víctimas y los sobrevivientes estamos conscientes de que no podemos llegar a la reconciliación si no hay un trabajo de justicia y reparación, antes de que eso suceda, no nos reconciliamos y no perdonamos porque consideramos que el proceso histórico no está terminado”.
Además de acompañar a las víctimas, Verónica Estay y el colectivo, quieren que la sociedad sepa que “cualquiera de nosotros en esas circunstancias podría llegar a ese grado de implicación en crímenes, si no tomamos conciencia del pasado”.

Al nacer no existe la posibilidad de elegir a nuestros padres. Son ellos quienes disponen las reglas de juego y, en consecuencia, nuestra socialización. Entonces, se produce el proceso de identificación y, a su vez, la improbabilidad de optar por otros significantes. Internalizamos el mundo como el único que existe y así se nos limita la facultad de concebir cambios. En consecuencia, para poder visibilizar otros admisibles, será necesario encarar un largo proceso de deconstrucción que, en muchos casos, puede implicar enterrar a un familiar para desenterrar a un torturador. A quienes no hemos padecido directamente ni de un lado ni de otro, nos queda abrazarlos con estas palabras y pensar que estas violencias y aberraciones son parte de lo “humano” que supimos conseguir. Los H.I.J.O.S. y Desobedientes abren el horizonte hacia una nueva humanidad. No aceptaron ser la consecuencia de sus orígenes, son más deseos que deber.

Vassili Kandinsky, Arco y flecha, 1929
Vassili Kandinsky, Arco y punta, 1929

 

¿Qué de las esquirlas?
¿qué de los escombros?
Noche de nunca acabar.

Idos los tiempos,
tinieblas y abrojos
giros en gritos estallados.

Membranas anfibias
granos de lluvia atiborrados
cuenta gotas de huecos.

Costura de estrellas
entre espinas y escombros,
labios y corazón
vuelo lumínico
donde el ser vuelve a nacer. (6)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(1) Gibran Jalil Gibran: Libanés (1883 1931) poeta, pintor, novelista y ensayista, conocido como el poeta del exilio.
(2) Elie Wiesel: Estadounidense, (1918 2016) escritor. En 1986 ganó el premio Nobel de la Paz por su lucha contra la violencia, la represión y el racismo.
(3) Audio del reportaje en Escala en Paris, Radio Francia Internacional, Braulio Moro, 05/09/2019.
(4) Edipo Rey: («pies hinchados») Es una tragedia de Sófocles. Era un rey mítico de Tebas quien, sin saberlo, mató a su propio padre Layo y desposó a Yocasta, su madre.
(5) Antígona: Tragedia de Sófocles basado en un mito griego. En esta obra se representan dos corrientes que identifican el sentido del deber: el familiar, dado por el respeto y a las reglas religiosas y que simboliza Antígona y, el cívico, que se caracteriza por el cumplimiento de los regimientos de estado y que está representado por Creonte.
(6) Poema “Gritos estallados”, de Noemí Pomi.

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