Ph: Alejandra Gutierrez
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La confianza: sobre Aurestela Mini, poeta pampeana.

Por Josefina Bravo

 

MARÍA CONTROL

En febrero hice una lista de cosas a continuar o a comenzar este año, para ordenar un poco la cabeza y focalizar. Cada tanto -demasiado seguido, según mi psicóloga- reviso todo: ¿dónde estoy?, ¿hacia dónde voy?, ¿es ese mi deseo?
Por si fuera necesario pegar volantazo y redireccionar.
Resulta que, esta vez, una mano invisible me cambió el rumbo. A mí y al mundo, claro.
Tenía pensado escribir sobre una poeta pampeana a la que llegué por casualidad. O no.

Y, ahora, con la locura que nos mantiene puertas adentro y la incertidumbre de no saber hasta cuándo, ¿por qué escribir o hablar de poesía?, ¿por qué recuperar a una poeta que publicó cuatro libros, tal vez condenados al olvido, o a sobrevivir en el boca en boca de quienes la conocieron o la leyeron en ese entonces? ¿Una poeta que aparece nombrada por otros poetas en internet, pero de quien ningún poema ni libro ni foto circula en la gran biblioteca virtual?, ¿a alguien le importa?

 

CARICIA DE LUZ

 

Aquí estoy,
como un pájaro secreto,
victorioso de esplendores,
existiendo en tus raíces,
agitada hacia el tiempo!

Ph: Alejandra Gutierrez
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Aquí estoy, en el horizonte y la curva de luz
que forma mi soledad, tu desnudez y el miedo;
la curva de luz
que labra la sangre en el incendio de los días.

Mi dolor duerme en la sed de tu garganta,
bello y dulcemente triste,
demasiado tenue,
demasiado sal,
demasiado aire cristalino,
silbando en las heridas.

Me sobra la distancia que pones
entre tu sol y el mío,
el abandono de la tarde,
el eco fugitivo,
la quietud de la nostalgia;

y me refugio silenciosa
en la paciente costumbre de esperarte.

Así se presenta la poética de Aurestela Mini, en su libro “Manifiesto de la palabra”. Una dirección que aguarda la posibilidad de tocar, de alcanzar “eso”, siempre fugitivo: la poesía, el amor, el otre. “Eso”, tan parecido, tan cercano a la luz que devela, ilumina y, al mismo tiempo, enceguece. Que, como al sol, se puede mirar apenas unos segundos, antes de que duela, porque no es más que una “fuga brevísima y profunda / con que se va en décimas, la vida”.

 

URÓBORO

 

La luz herida
es piedra rota cuando canta.

Y en el tiempo de los relojes
son espejos de oro seco,
voluntad causal,
definitiva:
como el agua vacilante
que en mitad del viento
es orilla de mar, desflecándose en espumas.

Y aún así no acabo de entender

Ph: Alejandra Gutierrez
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la memoria de los muertos,
su región inaccesible,
el horror incomparable;

ese otro sueño, la vigilia,
que me juzga y me mira,
desanimada y sonriente,
junto a mi sed y el frío.

Y, a pesar de sangrar la herida fundamental, su búsqueda nunca cesa. No merma el deseo de gotas de luz, en una silenciosa espera entre fogonazo y fogonazo. Porque allí también está la sal, el sabor perdido en la cronología. Por eso el anhelo de volver, como una ráfaga, donde “Sólo es instante (…) instante que murmura lentamente hacia la vida”. Pivotea la escritura entre linealidad y ese inasible fuera de tiempo, en un perpetuo círculo, donde lo extraordinario sucede para repensar lo habitual, en un intento prosaico por vencer el olvido.

 

Desde una misma distancia
espaciosa, como la vida,
rueda el peso de una lágrima.

Ph: Alejandra Gutierrez
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Imposible contar sus ciclos,
su vuelta sobre vegetación y piel.

Es la lluvia en todas partes,
faena turbulenta
puerta que me abre hacia el regreso
y me ubica extrañamente en la nostalgia.

Y así, en esta fábula que vivo,
más allá de mí misma,
un objeto de arte
o la postal que desempolvo,
son el silencio que espera
el largo plazo del olvido.

 

LES OTRES

Hace unos años, Sergio De Matteo me invitó a una cena poética en su casa, donde compartimos lecturas y miradas sobre la poesía y la escritura, con un grupo de gente que ronda esos temas, aquí, en la provincia. Gisela Colombo cocinó unas pizzas y el resto llevamos bebida. Era noche de tormenta. Diluviaba. Las calles parecían piletas de natación y la luz blanca de los rayos iluminaba las lecturas y la charla.

Después de ese encuentro, se sucedieron otros: en mi casa, en lo de Lisa Segovia, anduvimos la ruta 35 rumbo a Castex y allí nos recibió Susana Slednew. Visitamos la casa de

Ph: Alejandra Gutierrez
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cuento de Águeda Franco en Pico y tuvimos algún encuentro poético en el  “Centro Cultural de Ida y vuelta”, de Anguil, donde el anfitrión fue Sergio Mirabelli. Las reuniones se multiplicaron y llegamos a encontrarnos una vez al mes, la cita siempre era alrededor de la poesía. Y la comida, claro.

Con mucha de esta gente y más, hicimos recitales en bares y casas de Santa Rosa, donde compartimos escenario con talentosísimos musiques y artistas visuales de La Pampa y hasta viajamos a Madryn un finde largo de noviembre de 2018. Allí, participamos de rondas de lecturas con escritores locales, comimos cordero patagónico, nos fuimos de peña, turisteamos, algo de playa y terminamos con un recital de poesía y música en el teatro. Tomá mate.

Pero fue en mi casa de Santa Rosa, en uno de esos encuentros poéticos, donde escuché por primera vez un poema de Aurestela Mini, en la voz de Mario Lóriga. Un tiempo después, Miguel Lell, que había participado de esa reunión, me regaló un libro de la poeta: “Manifiesto de la palabra”. Una edición del Fondo Editorial Pampeano de 1996, donde no hay biografía ni foto de la autora. Solo un nombre. Y su poesía, claro.

 

Y apenas esto: pájaros de Luz en la tormenta,
fúlgidos trazos de Luz pobre,
golpeados,
caídos, y vueltos a surgir
en busca de todo esplendor,
de todo misterio…

… pájaros de luz
que tocan la fragilidad fugaz de la alegría,
y expectantes, crean con sus trinos,
la imagen jubilosa de la divinidad.

Pobres pájaros de luz pobre
heridos en el atisbo de ser sí mismos,
que se pronuncian transgrediendo sus raíces
y son la máscara de la más alta soledad,
rodando inaccesibles.

Pobres pájaros puestos a utilizar fugitivos
la realidad fragmentada de otro tiempo,
y resultan el cansancio de largas travesías
o la esperanza que calma
la sed y el sol del gran desierto…

Y en este acontecer de pájaro-luz,
en esta consecuencia de SER
está la PALABRA…

                              …”Y en el principio fue el Verbo”…

 

SUAVE VIENTO DE CIELO

Una constante en la poética de Aurestela es la luz. Un poema dice: “Aquí estoy, en el horizonte y la curva de luz / que forma mi soledad, tu desnudez y el miedo”. La luz aparece como posibilidad, justo en medio de tres elementos que vuelven al texto y a su interlocutor, vulnerables. Ahí, entre la fragilidad de la ausencia de otres, el despojo de toda máscara o simulación y la angustia que la vulnerabilidad supone, hay una curva, un movimiento que se aleja de la dirección recta o esperada, el resplandor de un horizonte distinto.

Ph: Alejandra Gutierrez
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Y si la luz alumbra y da visibilidad, entonces, ¿qué, si está dañada, teñida de sombras? ¿Qué, con su claridad? Cuando esa luz dice -o canta- lo hace con una voz lastimosa, quebrada: “La luz herida / es piedra rota cuando canta.” Mas no calla, porque siempre hay posibilidad en la palabra.

En otro poema, la luz es en pájaros que avanzan la tormenta, vuelos que caen y se alzan, en su intento de tocar “la fragilidad fugaz de la alegría”. Y dice: “Pobres pájaros de luz pobre”, se apena de la insistencia que desestima su propia debilidad, esa incapacidad de atrapar aquello que buscan. Y, sin embargo, quizá en la búsqueda, esté la posibilidad de saciar la sed y el desierto, el deseo y la soledad.

 

ARMONIOSA CADENCIA

Mas la luz no descansa en el plano virtual de las palabras, se hace cuerpo para nombrarla a ella: “Aura” significa, entre otras acepciones, “hálito, viento suave, apacible”; y, en cuanto al término “estela” entre varios significados, posee uno que se refiere a “señal luminosa que aparece en el cielo”, escribe la profesora Diana Irene Blanco.

A ella la conocí a través de este grupo de poetas con quienes solíamos reunirnos y encontrarnos en presentaciones de libros y otros eventos culturales en La Pampa. Cuando empecé a preguntar por Aurestela Mini y su poesía, un tiempo antes del aislamiento, me recomendaron hablar con Diana. Por eso, ya en plena cuarentena, la llamé por teléfono y ella me pasó un trabajo escrito donde leí:

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Quienes tuvimos la oportunidad de conocer a Aurestela, compartir con ella lecturas literarias -conversaciones ocasionales que se tornaban al momento, con su intervención oportuna y profunda, en diálogos cargados de contenido- recordaremos que esta mujer de mediana estatura y actitud de recogimiento se agrandaba, crecía en su decir dulce, armonioso y a la vez contundente. Sin gesticulaciones, pequeña en su anatomía, esta poeta y su pensamiento claro, rotundo, se encargaban de dar espesor y altura a todo concepto que se trataba. Y, si leía poesía, su tono elevaba un simple poema hasta convertirlo en un gran texto. Porque ese poema se convertía con su cadencia vocal en oración, en plegaria.”

 

MUDANZA

En algunos poemas algo insiste en “el desvelo incesante del espacio-tiempo”. Se sitúa en el aquí y ahora del instante, pero consciente de la proximidad de los otros planos: el sueño, la virtualidad, el espejo, la magia, la muerte. Esos por los que “anda en vísperas”, a sabiendas de que rumbear mundos es oficio divino, es ir con el fuego en las manos, sola, con su propia desnudez y la chance de ser siempre la Otra.

 

Yo, la Otra,
la del ahora sin después
en la mañana que es eco
de tácitos amigos,
diferente.

Yo, la Otra,
en el desvelo incesante del espacio-tiempo
del espejo-sueño.
Con la magia de Proteo
ando en vísperas
el sueño de los muertos.

Yo, la Otra,
la “sin memoria” en la memoria solitaria
que dispersa el sol en los ocasos
de azogues fugitivos.

Ph: Alejandra Gutierrez
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Yo, la Otra, la rara, la loca, la única,
que entrelaza su propia desnudez
a la Palabra anunciada,
nace de nuevo, invulnerable,
sin máscaras ni agonías.
Nace de nuevo, por el Verbo herida.
Ser la Otra, con toda la multiplicidad que eso supone y todas sus consecuencias. Saber que andar entre mundos implica renuncia. Por eso se vuelve soplo, aire, se funde con el mundo. Abandona toda corporalidad, toda individualidad, para estar allí, donde todo es simultáneo, donde los planos conviven. Y luego, volver a cruzar, renacida, a un tiempo que parece no haber transcurrido, pero es finito, vulnerable y maravilloso.

 

Intemporal y leve,
SOY la otra quietud del aire,
la otra dimensión pertinaz
que renace conjunción extraña
entre ser,
       perder,
       volver,
      encontrar,

Ph: Alejandra Gutierrez
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y es este principio cósmico
el yo descarnado
es la lengua áspera del tiempo
renaciéndome,
en aquello implacable
de “todo verdor perecerá”.

Porque día tras día
alguien juega en mí.
Camino a su lado y empujo con su mano
la última puerta,
el último fulgor.

Y no es nadie.
Solo mi tercera ausencia.

 

MINIBIO

Aurestela Mini nació en 1941 en Sarah, un pequeño pueblo al norte y al este de la provincia de La Pampa. Vivió en varias localidades de la provincia, donde ejerció su carrera docente, heredada de padre y madre, hasta radicarse en Eduardo Castex en 1960. Allí vivió veinte años entre su profesión, la vida familiar y la literaria. Más tarde, se mudó a la capital pampeana, donde continuó su labor literaria en estrecha relación con la Asociación Pampeana de Escritores, de la que fue miembro y donde también ocupó cargos. Coordinó talleres de escritura, revistas culturales y publicó cuatro libros de poemas: “En el nombre de esta tierra” en 1980, “Sinopsis del fuego” en 1995, “Manifiesto de la palabra” en 1996 y “Desde los signos del sueño” en 2007. Unos meses después de la última publicación, en abril de 2008, abandonó finalmente este plano, a causa de una enfermedad terminal.

 

PERMANENCIA

En este contexto de aislamiento, no tuve oportunidad de ir a ninguna biblioteca para leer otros libros de Aurestela. Tampoco pude averiguar mucho más sobre ella. Solo accedí a un texto que escribió Diana Blanco para homenajearla, cuando pusieron una placa con su nombre en el Centro Cultural de Castex.

Ahí leí que el libro “Sinopsis del fuego” fue escrito después de que la hija menor de Aurestela se quitara la vida. Diana transcribe una frase de Aurestela durante la presentación de su libro: “(…) por ahí cuando la lean sientan que es una poesía triste o dolorosa. Para mí no, porque la muerte es un principio hacia algo que todavía los seres que estamos en la materia no podemos evitar (…) En cada palabra escrita en el poema, el amor permanece, el amor de ella y el amor mío.”

Pienso en el dolor, todes libramos distintas batallas. Y este contexto mundial, que nos atraviesa y nos pone en jaque. Los planes que había hecho para este año. Los planes de todes. El aislamiento, el trabajo, la falta, los encuentros alrededor de la palabra, del arte en todas sus formas, las reuniones familiares y con amigues. Lo que ya no, lo que tal vez. La falta de concentración, la vista cansada de tanta pantalla, el día que llama de afuera y no puedo salir, los poemas de Aurestela Mini rondándome. ¿Por qué escribir sobre ella? ¿Por qué insistir en que su poesía circule?

Le pregunto a Diana Blanco si tiene una foto de Aurestela. Me dice que no, pero unos días después me escribe contándome que consiguió el teléfono de Patricia, su hija. Entonces, la llamo, le comento que estoy escribiendo sobre la poesía de su mamá, le pido la foto.

¿Y por qué escribís sobre mi mamá?
Me emocionó su poesía… Y cuando quise averiguar más sobre ella o conseguir sus libros, no fue fácil, no encontré nada en internet y poca gente que me pudiera hablar de ella. Por eso quise escribir…
Si querés venir un día a mi casa, te presto los libros, te muestro los artículos que recorté de los diarios donde escribía, no tengo problema… Gracias, Josefina, me emociona mucho que escribas sobre la poesía de mi mamá.

 

Aurestela Mini, cortesía de su hija Patricia.
Aurestela Mini, cortesía de su hija Patricia.

 

Nota1: las citas y los poemas corresponden al libro “Manifiesto de la palabra”, de Aurestela Mini.

Nota2: Alejandra Gutierrez nació en Santa Rosa y vivió en Doblas hasta los ocho años. Luego, se mudó a Bs. As. y actualmente reside en Trenque Lauquen, aunque siempre siguió un contacto estrecho con La Pampa. Es Ing. Agrónoma, tiene un doctorado en Antropología y Comunicación y hace fotografía hace veinte años. Participó de muestras colectivas e individuales en el país y en el exterior. En la actualidad continúa capacitándose en fotografía y otras disciplinas.

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