URDIMBRES VIRTUALES

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La queja: sobre la escolaridad en tiempos de cuarentena.
Por Verónica Pérez Lambrecht

 

EL TIEMPO DE LOS TIEMPOS

Durante un período, no hace mucho tiempo atrás, tomé conocimiento acerca de plataformas virtuales para acceder a clases de alto nivel académico. A través de los populares MOOC (Masive Open Online Courses – Cursos abiertos masivos virtuales), universidades prestigiosas aportan una serie de cursos, gratuitos inclusive, y especializaciones. Es posible obtener la certificación mediante un costo relativamente económico y las evaluaciones están desarrolladas con datos biométricos, para eludir trampas. Está dirigido a un público particular, en un estadio superior en la formación, para hacer posgrados, y a quienes conocen del uso de herramientas informáticas con relativo buen dominio. Este modo puede ser una oportunidad para las universidades públicas, en carreras de grado. Pero, sin dudas, la presencia de un docente, las discusiones, debates y consultas cara a cara tienen una gran impronta en la mejora de cualquier aprendizaje. Sobre todo, en etapas más tempranas. Ahora: cuando hablamos de instancias aún precoces, de la escuela primaria -incluso del preescolar o jardín- y del colegio secundario: ¿da todo igual? La respuesta cae por su propio peso. Y, ¿qué queda en el tamiz después de la zaranda?

La pandemia transita oronda por las calles, se agazapa en cada esquina a la espera de algún descuidado y magnifica la soledad de la muerte. Mientras tanto, nos puso a todos en una cuarentena que parece querer prolongarse ad-eternum, no porque dure para siempre, sino porque el tiempo y la economía relativizan el entorno. Así las cosas, en pleno siglo XXI, no debemos dejar de trabajar –quienes podemos hacerlo a distancia- ni dejar de estudiar y dar clases. En todo caso, el contexto nos ha dado los recursos para poder “conectarnos”. El asunto deviene en que, con todo y herramientas, la enorme mayoría de nuestras escuelas y colegios, e incluso las universidades, no estaban preparadas para cambiar la modalidad de un día para otro y mucho menos en forma indefinida y sostenida. Y, sin embargo, aquí estamos, con más de 100 días de clases virtuales, damos batalla al virus, con la única arma que hasta ahora conocemos: quedarnos en casa.

Recuerdo que, en el chat de padres, allá por el 10 de marzo, ya había madres que habían decidido no enviar más a sus niñ@s a la escuela -dada la situación que se vivía en Europa-. El 13 se suspendieron las clases y el 20, se decretó cuarentena en Argentina. Al principio, por 15 días. De aquellos primeros 15 días a hoy, los equipos docentes han hecho innumerable cantidad de adaptaciones al medio, para lograr reemplazar la presencialidad y evitar que nuestr@s hij@s pierdan escolaridad. Creo no equivocarme: ellos han sabido dar contención al entorno, porque las quejas y las inconformidades son inherentes al ser humano. Más, en esta coyuntura.

 

RESILIENCIA VS. RESISTENCIA

Andrea es docente de música en varias instituciones de nivel secundario en el pueblo. Todas públicas y estatales. También da clases en nivel primario pluriaño en una escuela rural:

Axel, Nicole y Oriana Arias

Al principio, como era por 15 días, sentí una especie de liberación por no tener que viajar –tal vez, por una cuestión de ignorancia de la situación-. Entonces pensé en enviar actividades que luego, cuando volviéramos a clases en las aulas, nos permitieran seguir el plan de estudios previamente elaborado. Pero se alargó la cuarentena y comenzó la exigencia de otro tipo de tareas, no tan sencillas, que se debían recrear a través de la tecnología. Y no todos tenemos esas habilidades, menos, los que somos más grandes y estamos a un paso de jubilarnos. Ahí comenzó la desesperación, sentía que pedía ayuda y no la tenía, empecé a enojarme con todo y todos. ¡Es angustiante! No sé cómo dividirme. De pronto, tengo muchísimos grupos de whatsapp: con los cursos de diferentes escuelas, los equipos de trabajo docentes –psicológico, pedagógico, del área, directivo, entre otros-, y me cae una catarata de demandas, que no logro siquiera priorizar. Siento que el cuerpo no resiste. Por ejemplo, me parece bien la exigencia de contactarnos con los chicos. Pero, la verdad, muchas veces no tengo respuesta. No obstante, y afortunadamente, a veces, recibo mensajes de las madres o de los mismos chicos, que me gratifican. La mayor satisfacción me la da la escuela rural, son familias que acompañan a los docentes y a sus hijos. En tanto que, de los colegios secundarios de la ciudad, no tengo la respuesta esperada.

Otras veces siento que nos tratan como si los docentes fuéramos robots, con la obligación de solucionarlo todo. Nosotros también tenemos familias, angustias y los mismos inconvenientes que los alumnos. Por ejemplo, con los temas de conectividad y recursos. Es imposible correr a comprar un celular con toda la memoria que requieren las aplicaciones, o una notebook con precios en las nubes.

Tenemos alumnos de todo tipo, el que es muy tímido y no se anima, el que es extrovertido y todo el tiempo pregunta, y al que le da lo mismo. Algunos están limitados en recursos, pero tienen ganas. ¿Cómo hacemos? Nos comunicamos como podemos. A veces es domingo, tarde, y algún chico nos envía algo, tareas, preguntas. O, simplemente, necesita hablar. También nuestros horarios se extendieron, ya no tenemos un lunes a viernes hasta las 17:00. Trabajamos todos los días, todo el tiempo. Es importante decir que muchas veces enviamos actividades a alumnos que no llegamos a conocer para cuando inició todo, y no nos conocen. Por ahí, nos presentamos a través de videollamadas o videos. Esto último me implica salir de algunas limitaciones propias, ya que tengo pudor, me queda pendiente hacer una cuenta de You-Tube. En ese sentido, tengo mucho camino por recorrer.

Finalmente, hacemos otro tipo de trabajo: conozco directivos que entregan la vida para acompañar a las familias. A veces pienso que, desde más arriba, se olvidan que ellos también se estresan y angustian. Muchos de mis colegas se enfermaron, no de Covid, sino de estrés. Me pregunto: ¿quién piensa que los docentes somos seres humanos y la vida nos atraviesa?

Andrea compartió una autoevaluación de los docentes de su distrito. Es conmovedor leer sus respuestas, el esfuerzo que ponen para adaptarse, asistir y acompañar a sus alumnos, tanto en lo pedagógico como en lo humano:

Extracto de la encuesta
Nombrá, al menos, tres aspectos que consideres haber aprendido durante este período de implementación del Plan de Continuidad Pedagógica.

Algunas de las respuestas:

  • Mayor manejo de los medios de comunicación a través de las distintas plataformas, classroom, aulas invertidas.
  • Intercambio de trabajos por whatsapp.
  • Videollamadas por zoom, duo, meet, etc.
  • Conocimientos de realidades sociales que desconocía.
  • Conocer realmente, más allá de las condiciones económicas, la responsabilidad y compromiso con las actividades por parte de las familias.
  • Nada se compara con la presencialidad en una escuela.
  • Crear Instagram, editar video largo para subir a Instagram.
  • Expresar la propia crítica en forma escrita. Problematizar algunos aspectos del sentido común.
  • Identificar y comprender ideas y concepciones fundamentales de la materia.
  • Valorar el vínculo con el alumno por sobre sus producciones.

 

Siempre hay oportunidad de salir de la propia resistencia y adaptarse: cuanto más rápido, mejor. Más aun, cuando el área es tan versátil como la música y se puede acompañar con la impronta de todo lo que habita en las redes y el mundo de internet. Andrea transita ese camino, por eso quiere recorrerlo y, por ejemplo, abrir su propio canal, aunque esté a un pasito de jubilarse. Su testimonio me recuerda algunas discusiones que teníamos al principio de la implementación de la AUH, con respecto a la obligatoriedad escolar: en aquel entonces concluíamos que, si uno entre 100 pibes lograba salir adelante en virtud de esta asistencia, entonces, ya era un éxito.

 

TIK-TOK: LA DESTACADA DE LA CUARENTENA

Los primeros 15 días hurgaron el caos, entre establecer canales de comunicación razonables y dar tareas medianamente decorosas para hacer como si se hubieran dado clases, hasta que las clases “arrancaran” fehacientemente. Surcaron las quejas por la falta de profesionalismo tecnológico y propuestas, y l@s ma/padres pendulaban entre el inicio potencial en los hogares o extender en cierto modo las vacaciones. Cabe suponer que si la cuarentena hubiese comenzado al menos en febrero, las instituciones y sus equipos se hubiesen preparado un poco más. En cambio, así, todos quienes quisimos y pudimos, aprendimos sobre la marcha. Cuando avizoramos la extensión indeterminada, hubo que salir a desplegar herramientas. En el caso de la institución (privada) de mi hija, el equipo docente planificó estrategias de acuerdo a cada curso y a la respuesta de alumnos y familias. La docente del año de mi hija organizó las tareas por día y se planificaron encuentros sistemáticos por zoom. También, hay un acompañamiento personal con videollamadas y respuestas por mensaje, correcciones, contención. Hubo reconfiguración de los talleres extracurriculares, con propuestas creativas, a veces, complejas de realizar. Pero, entones, quedó en manos de ma/padres abrir un espacio de creatividad en casa, con las herramientas más atractivas para nuestr@s hij@s. Por ejemplo, mi hija suele armar videos en tik-tok con tareas de expresión corporal, música, arte, ciencias. No es que no tenga reservas con la institución, pero opté por dar vuelta a esta página y acercar de mí lo posible. Además, con la consideración de que teletrabajo a tiempo completo. Dispongo de recursos, tengo una vida profesional que complementa con el uso de la computadora y, en los primeros días, pude enseñar a mi hija a manejar varios programas, con lo cual se gestiona con bastante autonomía a sus 10 años. Y sí, aprendió de informática mucho más en casa que lo que aprendió en los años de escolaridad. Pero, debo decir que soy afortunada de tener con qué ayudarla. Muchas familias no sólo no saben cómo usar y explotar tal o cual programa. Algunos ni siquiera tienen dispositivos apropiados, ni cuentan con conectividad suficiente (y es menester aclarar que exspeedy y edesur me dejan colgada muchas horas de la vida). Otros viven en espacios pequeños, donde el sol apenas pasa de visita y los cuerpos se enrancian, a la espera de alguna salida, cuando el virus se digne morigerar su saña.

 

EL DESAFÍO Y DESPUÉS

María es inspectora de nivel secundario en el interior de la provincia de Buenos Aires. Tiene antecedentes de excelencia a nivel profesional y académico, y alta calidad humana para los cargos que ha desempañado y desempeña. Su visión de la educación es disruptiva, vanguardista, inclusiva. Y, en esta coyuntura, no podía ser de otra manera:

A nivel de institución escolar, la pandemia puso en evidencia algunas cuestiones perjudiciales para la educación, que ocurren hace mucho tiempo. Tenemos una especie de ultimátum con aspectos que caducaron, una situación crucial en la cual definir salir del statu quo y abordar esos cambios que nos cuestan. Podemos tomarla como posibilidad, incluso, con la versatilidad de des-burocratizar algunos aspectos y tener controles con una visión más relajada, porque hay que resolver en forma inmediata. Es imprescindible aprovechar la circunstancia para hacer giros. El otro día escuchaba a Myriam Southwell, la Directora de Educación Secundaria de la Provincia de Buenos Aires, en un congreso pedagógico, y decía que: “La presencialidad nos concede un paréntesis en la vida de nuestros alumnos y los pone en una situación de equidad. La virtualidad no permite esto, dadas las condiciones particulares de los estudiantes. Es por eso que percibimos que fracasamos”. Personalmente, comparto este punto de vista. A la escuela se le ha demandado un enorme esfuerzo de visión y tratamiento de la vulnerabilidad, durante mucho tiempo. Por eso estamos afianzados en advertir situaciones de diversos tipos. Esto nos permitió adaptarnos rápidamente, tener sensibilidad frente a lo vincular en este contexto. Ahora, y más allá de la pandemia, tenemos el desafío de abordar lo particularmente pedagógico, ya que es nuestra función específica y lo que da sentido a la escuela. Claramente, la pandemia nos interpela y exhorta en este sentido.

Al principio nos sorprendió. Debido a que la educación está muy burocratizada y con muchos controles y condicionamientos -como manifesté previamente-, comenzamos a enviar altísima cantidad de actividades con la premisa de cumplir, como siempre. Con el paso de los días, observamos que no daba buenos resultados, ni para alumnos ni para docentes. Nos dimos cuenta de que lo vincular, que sucede naturalmente en las aulas -esto de reconocerlos, de darles entidad-, con la virtualidad se nos pasaba por alto. Implicó un punto de detención y volver mediante otros espacios: desde la charla por zoom, a la videollamada o alcanzar el bolsón a los hogares. Es decir, aprender a trabajar los vínculos a la distancia.

Para tener una noción más clara del concepto, y como parte de mi tarea, formulamos los correspondientes informes de avances, con el detalle marcado de cada institución, sus fortalezas y aspectos a mejorar. La mirada, de aquí en adelante, implicará empezar a trabajar en la presencialidad y la virtualidad a la vez. Realmente, esta es una oportunidad única. Contamos con más libertad para desarrollar las actividades, al punto que la continuidad pedagógica es potestad de cada establecimiento, son soberanos, con el conocimiento propio de su idiosincrasia, con la libertad de abordar aspectos que estaban de algún modo limitados. Por supuesto, las escuelas cuentan con la mirada y el apoyo del aparato estatal.

También, es un momento de entender los condicionamientos humanos. El profesor que no trabajaba u ofrecía resistencias, en este contexto, si insiste en esa actitud, en cierto sentido está disculpado y contenido. Pero también expuesto, por lo que se revaloriza el trabajo de quienes ponen el cuerpo. Como parte del apoyo a docentes, hacemos una actividad denominada “recursero de buenas prácticas”, para socializar las herramientas que cada docente ha desarrollado en este período. A algunos les permite ver qué hacen otros, estimularse, despertar la curiosidad, copiar. Tal vez sean pocos quienes se motivan con los logros de otros. Pero no importa, esos pocos antes estaban carentes o limitados en recursos, ya fueran tecnológicos o emocionales. Por ejemplo, se propuso hacer un RECREO, cada 3 o 4 semanas, en el que no se realizan tareas curriculares y se abordan actividades de orden lúdico, artístico. Hemos hecho radio, café literario, con participación de los chicos, canto, baile, recitado. Ampliamos el espectro, salimos de lo meramente tradicional y nos interpelamos constantemente entre todos.

En función de esta irrupción forzada, han surgido capacitaciones de amplio espectro, gratuitas, para todos los docentes, en todos los niveles. Van desde el manejo de Word hasta todas las plataformas. Si quisieras hacer todas, diría que es imposible. La posibilidad de aggiornarse está absolutamente disponible, para todas las edades. Al regresar, habrá mucha gente de licencia. Habrá clases alternadas, con participación presencial y, en el mejor de los casos, algunos chicos en sus casas, en forma virtual. Tenemos que pensar proyectos integrados, con recortes y reajustes de contenidos, un trabajo articulado para sostener entre varios docentes por curso. De esa manera, si se caen algunos, no se perderá la continuidad y el profesor podrá apoyarse en otros. Este momento nos pone en jaque y, por ende, nos permite capitalizar desde cuestiones técnicas hasta cuestiones pedagógicas: están dadas las condiciones para ensayar alternativas nuevas y equivocarnos sin mayores riesgos. Aunque implique esfuerzos extra, acuerdos complejos, superar resistencias y desgaste, hay que encarar la trasformación profunda de la escuela. No todos se van a contagiar, si no, ya hubiéramos hecho los cambios.

Finalmente, nos comunicamos en forma constante con las familias, explicamos los procesos y los progresos, nos ponemos a disposición y hacemos escuela entre todos. Es claro que, sin su apoyo, sería imposible sostener la escolaridad. Sentimos enorme gratitud hacia los equipos docentes y las familias.

“Hoy no estamos en condiciones de calificar numéricamente. Sería muy injusto de nuestra parte desaprobar a un alumno por factores externos que pueden resultar muy condicionantes en este contexto (falta de conectividad, imposibilidad de ser acompañado por su familia, problemas de infraestructura, ausencia de dispositivos tecnológicos, otros). Cuando volvamos a asistir a la escuela, vamos a trabajar fuertemente para integrar los contenidos en los que pudimos avanzar y potenciar las trayectorias de los alumnos a quienes, por diversas razones, se les ha dificultado su desempeño en estos tiempos. Esto quiere decir que todo lo que hoy estamos haciendo va a permitir que nuestros alumnos, sus hijos, logren más y mejores aprendizajes.”
Extracto de comunicación a los padres en el mes de mayo

 

Como el abanico es demasiado amplio, se cuenta con profesores que trasladan la carga a l@s estudiantes adolescentes. Es una salida fácil, dar contenido sin considerar el contexto, a los fines de cumplir o sacarse el problema de encima. Afortunadamente, hay de los que se re-inventan e, incluso, los que trascienden las circunscripciones generacionales. L@smaestr@s de primaria tienen otro grado de independencia y una responsabilidad diferente por tratar con niñ@s. El Estado hoy está presente y apoya la escolaridad. Por supuesto, las horas y los días se desdibujaron, los esfuerzos se exacerban, las dificultades abundan y saturan las quejas.

 

OTREDAD MÁS ALLÁ DE LA INCERTIDUMBRE

Martina tiene 18 años. Este es el primero de sus años de estudio superior. Cursa el CBC en la UBA para la carrera de sociología. Su mirada es un espejo de las nuevas generaciones. La vista puesta en el otro, la empatía. Tal vez, tenemos chances:

Debido al gran contingente de alumnos que tiene el CBC, a la facultad le costó adaptarse a la modalidad virtual. “Formalmente”, debíamos empezar las clases virtuales el 1° de junio. Pero, por unos días, estuvo caída la página y recién pudimos comenzar hacia fines de junio. Suele ser normal que se caiga la página cuando entran muchas personas a la vez, hasta que se estabiliza. Se implementó, entonces, un campus virtual que aún sufre adaptaciones. Subieron la bibliografía y el programa. En principio, no sabíamos cómo iba a ser esta modalidad, y hasta dudábamos si se iba a poder concretar. Empezamos a revisar la información cargada y tuvimos las primeras clases de zoom opcionales, ya que muchos alumnos no pueden asistir en un determinado horario o no les da el internet. Generalmente, de los 60 que hay en la comisión, somos 30.

En junio, la UBA publicó un documento oficial en el que informó que tendremos dos parciales virtuales. Si los dos parciales se aprueban, el final de cada cátedra será presencial y obligatorio. Aunque se entiende la lógica, ya que no se pueden asegurar las condiciones de probidad de los parciales domiciliarios, es un golpe bajo porque estudiamos sin saber, por ejemplo, si vamos a tener que estudiar todo nuevamente para rendirlo recién el año que viene.

Por otra parte, la UBA es una universidad pública y gratuita, y esto supone que todos pueden anotarse, sin importar su condición económica, de modo que la virtualidad provoca una tajante separación elitista. Estamos quienes podemos acceder a las clases, al campus virtual y a las lecturas digitalizadas de los textos. Somos los que tenemos un celular o una computadora propia, y una buena conexión a internet. Lastimosamente, esta no es la situación de todo el alumnado, sólo del contingente de clase media-alta. Así, esta modalidad implica una educación para pocos.

El centro de estudiantes de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA publicó una nota donde se plantea que, si bien todos los años se estipula una proporción de desertores del CBC, este año esa cantidad aumentó exponencialmente. La causa principal son los problemas con la conectividad. Esta cuestión también afecta a los adultos mayores, a quienes se les dificulta el acceso a internet, por una cuestión generacional. Considero que en la situación que nos toca vivir, es importante mirar más allá del propio ombligo.

No es que no apoye la opción de la virtualidad -y más, con la cuarentena- pero es inevitable pensar que esta sería más inclusiva si en los últimos años no se hubiesen dejado de entregar las computadoras del plan “Conectar igualdad”. Si bien la facultad es gratuita, nos falta un largo camino para que sea universal. Sí, los pobres llegan a la universidad, y se reciben. Pero estas cuestiones estructurales provocan que se tengan que esforzar mucho más que una persona de clase media.

 

LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD

Pululan memes, mensajes, videos, se esparce el humor irónico para decorar este transciente. Enhorabuena. Porque, así, este momento tan aciago pasa, relativiza lo peor y lo mejor en la zaranda. Relativo, como el tiempo… lo finito y lo infinito se hacen un punto, en el que todos confluimos, inexorablemente. El quid, en este tiempo, es instalarse en la queja o dar un salto, transformar la queja en acción, en protesta o reclamo que interpele.

Gracias a l@s docentes, a l@s ma/padres por demandar, entender, acompañar y ser docentes de sus hij@s. Gracias a nuestr@s niñ@s, por ser héroes y heroínas de este momento, bancarse todo esto, hacer la tarea, encontrarse con sus amigues a través de las herramientas que son el signo de su tiempo, ser también nuest@s maestr@s y establecer puentes entre todas nuestras generaciones.

 

 

Portada: Juan José Stork
Aporte fotográfico: Gabriel Garrido

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