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El azar: entrevista a Zulma Molloja, activista de la UTT, “Unión de trabajadores de la tierra”.

Entrevista: Lourdes Landeira, Esteban Massa, Pablo Resnik, Verónica Pérez Lambrecht, Gabriela Stoppelman
Edición:  Verónica Pérez Lambrecht, Lourdes Landeira
Fotografía: Ana Blayer

  

“La ecología constitucional, en el marco de la concepción que proviene de nuestras culturas originarias, lejos de negar la dignidad humana la recupera de su camino perdido por el afán de dominación y acumulación indefinida de cosas.”
“La Pachamama y el humano”, Eugenio Raúl Zaffaroni

 

Del altiplano desciende un susurro, tenue sonido de viento cargado de semillas que esparce en su vuelo.  A lo lejos, se lo escucha bajar laderas y arremolinar. A veces, suena un poco más fuerte. Trae y siembra saberes a su paso. Entonces, la Pachamama pare semillas, mujeres, flores y frutos. La mujer sana los brotes a su paso, es maestra de los cautivos, pule urgencias, desgrana el don.  

En tanto, ellos vienen desde arriba, bordean el Qhapac Ñan –“el camino de los justos”-.  Apenas visibles a la distancia, marcan el surco de tanto andar y de tanto andar. Se cuelan, abren brecha, van de la tierra más árida a la más fértil, entremezclan y esparcen ráfagas de madre viento. El susurro se hace voz, la voz se enaltece, torna en grito en la montaña y en el llano, ¡ay, de aquel que no escuche! ¡Jallalla! Se oye: ¡JALLALLA! ¡JALLALLA!

Y bajan de los cerros. Se dicen pequeños, mientras se agigantan en lucha, en pura otredad. Y, desde allí, justo al borde del Qhapac Ñan, de Villazón a la puna jujeña, del altiplano argento, a la tierra verde, camina y siembra, lucha y nos enseña, la compañera, Zulma Molloja.

  

 

SIEMBRA EN COLORES

“Todo lo que está naciendo es redondo/ o casi, como las hojas de un tilo./ No busco tranquilidades/ si el cuerpo me pide trinos./ El viento mueve el perfume/ de las florcitas que tiro./ Todo lo que va creciendo te cubre/ o casi como la piel que se estira”
“Hojas de tilo”, Ana Prada

Como integrante de la UTT, ¿qué es para vos la tierra?

Nosotras producimos y cuidamos la tierra como a nosotras mismas. La tierra es nuestro cuerpo, es nuestro territorio. Es como una mujer, tiene vida. Si no le damos amor, se muere. Hacemos agroecología para mantenerla viva.

Hablaste de la tierra como de una mujer y, siguiendo esa relación, la forma de producir un alimento sería un modo de engendrarlo, ¿crees que un alimento está impregnado de la forma en que se lo produce?

Totalmente, nosotros pensamos en la mujer y en el hijo. En la tierra y en su producto. En el área de género de la organización, capacitamos a nuestras compañeras para que cuiden a la tierra como a nosotras mismas, para que la quieran y hablen con ella. Porque nosotras hablamos con la tierra, con nuestras plantas, con nuestra producción. Además, necesitamos que no le agreguen más químicos, porque eso mata a la tierra. Y, al igual que nosotras, cuando nos matan, dejamos de dar.

¿A qué tipo de cuidados específicos te referís?

Nuestros cuidados se realizan con productos naturales. Por ejemplo, con purines de ajo o de ají. Cuidamos la tierra y a nuestros cuerpos, a la vez. Queremos dejar de depender de las multinacionales que nos envenenan. Para que las carnes duren meses y poder guardarlas en el freezer, las producen con conservantes, empaquetadas, llenas de químicos. Nosotros apuntamos a lo natural, a lo que hacían nuestros abuelos. De ellos nos viene la agroecología. Nuestros antepasados no necesitaban la farmacia, se cuidaban con yuyos naturales: con un té de manzanilla, con un mate de apio o de perejil. A su vez, tenían una alimentación más variada. Nosotros queremos recuperar esos saberes basados en la diversidad. Enseñamos a distinguir lo agroecológico de lo convencional, que tiene agroquímico y puede matar. Y no es exageración, muchos compañeros casi mueren por inhalar esos venenos.

¿Qué necesitan para llevarlo a la práctica?

Poder decidir. No depender de patrones que nos ordenen qué plantar y con qué curar las plantas. Hoy en día, gracias a la organización de todos los compañeros, hemos alquilado tierras, cada uno una hectárea. Y así podemos decidir qué plantar, qué producir, cómo alimentarnos. Ahora nuestros hijos pueden correr libremente. Antes, con los químicos, había que esperar entre 15 días y un mes para que se fuera el veneno de lo cosechado. Hoy, a medida que sacamos el yuyo, podemos comer.

 

PLANTO Y ME QUEDO

“Yo pregunto si en la tierra/ Nunca habrá pensado usted/ Que si las manos son nuestras/ Es nuestro lo que nos den/ A desalambrar, a desalambrar/ Que la tierra es nuestra, es tuya y de aquel/ De Pedro y María, de Juan y José”
“A desalambrar”, Daniel Viglietti

Actualmente, la mayoría vive con poco tiempo y obligada a usar el freezer. ¿Cómo ofrecer la alimentación natural en ese contexto?

Cuando me refería al freezer, hablaba de los productos empaquetados, de larga duración. Una alternativa, es disponer de un día o dos para preparar tus comidas –que se pueden freezar-, en lugar de comprar productos procesados con conservantes. Pasa lo mismo con las gaseosas, que tienen tanta cafeína, y se pueden reemplazar por algún jugo natural, de naranja o limón. Los aditivos envenenan. Cuando llevamos a los hijos a comer a cadenas de comida rápida, les hacemos daño. Es la propaganda la que nos empuja a eso. Pero tenemos que enseñarles a ellos a comer mejor. Lo importante de nuestros productos es que sabemos de su calidad.

Hablabas de recordar cómo cocinaban los abuelos y las abuelas, ¿también podemos hablar de una memoria de la tierra?, ¿qué tipo de memoria es esa?

Tiene que ver con el modo de cuidado. Por ejemplo, antes, no había invernaderos. Nosotros mismos, con el maltrato a la tierra, hacemos que vengan temporales. Los abuelos curaban con cenizas, hacían su comida casera, su pan en el horno, sin los bromatos de ahora. Plantaban y obtenían las semillas para el año siguiente. Las “semillas madre” se están perdiendo casi por completo. Entre nosotras, hay guardianas de semillas, yo tengo algunas de mis abuelos. No son muchas, pero trato de reproducirlas. Las agroquímicas quieren que dependamos de ellos y que invirtamos nuestro poco dinero en comprarles semillas.

Ustedes no tienen la propiedad de la tierra, la alquilan. ¿Qué pasa con ese cuidado cuando tienen que dejar los terrenos y volver a empezar en otro lugar?

Como pequeños productores, nos hemos visibilizado por la prensa, por los verdurazos o por las donaciones de verdura. Con los feriazos nos hicimos ver y mostramos la lamentable situación en la que vivimos. Las tierras no son nuestras, alquilamos y pagamos alquileres entre 8 y 16 mil pesos. Además, como el riego es por goteo, pagamos de 25 a 40 mil pesos mensuales de luz. Los alquileres son de 2 a 3 años y los dueños o las inmobiliarias no nos permiten hacer viviendas dignas, de material. Si en algún caso lo hacen, después queda para los dueños, no podés picar y llevártela cuando te vas. Aparte, si antes del 10 de cada mes no pagamos, nos sacan y llevan a otro inquilino. Entonces, sacamos la madera y lo poco que tenemos y vamos a una tierra pelada, lejos de escuelas rurales, sin caminos.

 

Son muchas y muy graves las consecuencias de las condiciones que les imponen.

Esa es nuestra vida de productores. Por ejemplo, yo ya tuve que salir de tres quintas, es muy doloroso, porque te acostumbrás a un lugar, tus hijos van a una escuelita, donde tienen amigos y pasaron su infancia. A veces, nuestros hijos se quedan sin estudiar porque nos mandan más al campo, más al fondo, donde no hay escuelas o no hay vacantes. No hay señal de nada. Tenemos que caminar horas para agarrar un bondi y hacer un trámite. Pero lo peor es el fuego. La tensión sube y eso provoca incendios.

Zulma Molloja con El Anartista. Fotografía, Ana Blayer.

De hecho, hoy hubo dos. El fuego arrasa con todo, incluso se pierden vidas –hace poco se quemaron las mellizas de una vecina-. Por eso nos hemos organizado para que avance la Ley de Acceso a la Tierra y así poder acceder a créditos blandos. En lugar de pagar el alquiler, pagaríamos la cuota de una tierra propia, con una vivienda digna, de material y vivir como se debe.

 

LA BALANZA Y LOS DESEOS

“Desde lejos yo regreso/ ya te tengo en mi mirada/ Ya contemplo en tu infinito mis montañas recordadas/ desde lejos como el viento/ traigo nombres de otras patrias/ las raíces de mi alma”
“Yo regreso”, Matilde Casaloza

¿Qué es para vos un precio justo? Por otro lado, ¿los alimentos agroecológicos son más caros que los convencionales?

Como productores, vendemos muy barata nuestra verdura. Antes sufríamos con los intermediarios, por eso nuestra idea es llegar directo del productor al consumidor. Antes venía un camión, te pedía 30 o 100 cajones de lechuga y vos hacías el proceso. La lechuga tarda de 3 o 4 meses en cosecharse en invierno y 2, en verano. Durante ese proceso, tenés que pagar el alquiler, las semillas y dedicar tu tiempo. El intermediario, se llevaba la mercadería y quedaba debiéndote plata. Y, a veces, cuando lo llamabas para reclamarle, te decía que no la tenía porque no había vendido y había tenido que tirar la verdura. Ante esto, nos organizamos y empezamos a vender en las plazas, aunque sea por 10 o 20 pesos. O, en lugar de perder de esa manera, elegimos donarla.

¿Cómo lograron llegar directo al consumidor?

Avanzamos en un precio justo y acordado. Por ejemplo, hoy en día, un intermediario paga $ 70 el cajón de espinaca, mientras que nosotros arreglamos con la comercializadora un precio fijo, de $ 200. Sería lindo ir a las plazas a vender directo del productor al consumidor, a precio justo. Pero, ¿qué hicieron cuando fuimos a Plaza Constitución? Nos reprimieron. Nosotros queremos que nos den ese permiso y estamos luchando para conseguirlo. Ahí sí vamos a eliminar a los intermediarios. Por ahora, vamos al almacén de comercialización de Avellaneda, que obviamente tiene gastos de mantenimiento, y eso sube un poco el precio.

Ustedes mantienen el precio durante un tiempo. Entonces, ¿cómo combaten la inflación?

Sube el dólar y nosotros mantenemos los precios. Invertimos en los insumos del riego por goteo, en el nylon de invernadero, o en la semilla -cotizada en dólares, porque viene de afuera-. Si sube el dólar, se disparan todos los precios, las maderas, el alquiler. Aun en pandemia. Y, aunque a nosotros no nos pagan más, seguimos abasteciendo, aplacando el hambre. Pero necesitamos que también piensen en nuestra situación. Antes perdíamos, nos endeudábamos muchísimo con financieras para pagar el alquiler. También nos endeudábamos con las semillas. Ahora, con la comercializadora, los productores agroecológicos acordamos en asamblea los precios cada 6 meses.

¿Qué variables consideran para poner precios?

La semilla, la bosta, el abono, el tiempo, el precio del alquiler, ponemos todo.

¿Hay algún tipo de financiera específica, que ofrezca servicio de alquiler para los productores?

No. Hay financieras privadas que se aprovechan de nosotros. A veces necesitamos dinero de urgencia, para pagar el alquiler o semillas. Entonces, pedimos 30mil pesos y terminamos por devolver 150mil. Es una locura. Hay compañeros que se endeudaron así para que no los echaran de las quintas. Y, entre el alquiler y la deuda, se funden.

 

CIENCIA NATURAL

“Las manos de mi madre/ llegan al patio desde temprano/ todo se vuelve fiesta/ cuando ellas vuelan/ junto a otros pájaros/ junto a los pájaros/ que aman la vida/ y la construyen con los trabajos/ arde la leña, harina y barro/ lo cotidiano/ se vuelve mágico”.
“Las manos de mi madre”, Peteco Carabajal

Nos gustaría volver al tema de los saberes ancestrales. ¿Cómo se transmiten esos saberes? ¿Cuáles son las características de esa cultura familiar campesina?

Nosotros tenemos bases en Etcheverry, en el Abasto. Cada base tiene un delegado y cuenta con 150 a 400 personas. Lo que hacemos es ir ahí a capacitar a los compañeros, mostramos qué hacemos y cómo avanzamos con la agroecología. No gastamos en químicos, hacemos bioinsumos. Por ejemplo, el purín de ortiga: picás, lo ponés en un poco de agua y ya tenés un fertilizante. ¿Cómo lo hiciste? ¡Gratis! Es un excelente foliar natural, que engorda la planta. En lugar de comprar un veneno a $ 4.000, con un purín de ajo o cebolla, ahuyentás los bichitos.

Me llamó la atención algo que leí en una de tus entrevistas: si ponés cebolla de verdeo a los costados de una plantación de lechuga, los bichitos van a la cebolla y protegen a la lechuga. ¿Hay un estudio de compatibilidad para evitar los insecticidas?

Hay una diversidad, tenés que plantar diferentes parcelas y los bichitos, a veces, se van. Nosotros tratamos de cuidarlos. A veces los ahuyentamos, por ejemplo, con el ají, que es picante y, cuando lo chupan, se escapan. No hacemos que los insumos los maten.

Si nosotros queremos acceder a esos saberes, ¿dónde los podemos encontrar?

En las comercializaciones se venden macetitas de plantines y bioinsumos. Pueden usar un pedacito de tierra en sus casas. O, con un poco de tierra de campo y en bidones, plantan semillas y así tienen un poco de verdura. Cuando pase la pandemia, tenemos pensado invitar a que visiten nuestras colonias, nuestras parcelas, para que vean cómo se produce, enseñarles a plantar –espinacas, acelgas, lechugas- y que se lleven unas cuantas semillas.

 

ÚTERO DE LA TIERRA

“Insectos se multiplicaron con la velocidad de una corriente eléctrica./ Bebían de los forúnculos de la corteza terrestre./ Volteando sobre su exquisito disfraz, la noche urbana dormía como una mujer./ Ahora cuelgo mi caparazón para secarlo./ Mi piel escamosa es fría como el metal./ Nadie conoce este secreto que oculta la mitad de mi rostro./ La noche hace que la mujer cubierta de moretones, girando libre con su expresión robada, se vuelva loca de alegría.”
“Insectos”, Chika Sagawa

¿Cuál es la situación de las mujeres productoras, específicamente, con respecto a los hombres productores?

Zulma Molloja con El Anartista. Fotografía, Ana Blayer.

Antes, el varón mandaba en la chacra, era “el patrón” de nosotras. Nosotras nos empoderamos y hemos tratado de romper con eso. Tanto ellos como nosotras tenemos derecho a decidir. Desde hace 4 años, también empezamos a capacitarnos en la facultad, por los casos de violencia de género que había, cada vez más numerosos. Trabajamos para que nuestras compañeras no se callen, para que puedan romper con el silencio y acudir a nosotras. A veces, nos llaman ensangrentadas, porque las están matando. Nosotras vamos a asistirlas a cualquier hora, ya que el Estado no está. Las acompañamos a las comisarías. Porque, si van solas, no las atienden. Ahora sabemos dónde ir, dónde pedir asistencia en organismos de niñez. Hoy, las compañeras no nos callamos.

¿Cómo es el trabajo de cada día?

El empoderamiento lo hicimos en nuestras quintas. Antes nos levantábamos temprano con el compañero para ir a la quinta. Y ellos nos hacían cocinar, preparar a los chicos y llevarlos a la escuela. Hacíamos doble trabajo, todo rápido y sin reconocimiento. Ahora, vamos a trabajar juntos y cocinamos juntos. Uno pela las papas, el otro lava los servicios. Uno alista a los chicos, hoy. Mañana, el otro. Nos hemos organizado para llevar adelante la producción y la casa. Cuidamos nuestro territorio y les decimos a nuestros varones que no envenenen más la tierra. Antes, cuando las compañeras armaban 2 o 3 canteros agroecológicos, el compañero iba y echaba veneno. Entonces dijimos: “pará con eso, si envenenás la tierra, me envenenás a mí”. Los compañeros dicen que les lavamos el cerebro, pero la verdad es que les mostramos que tenemos derechos. Antes, las compañeras eran sumisas, no salían de las huertas. Hoy, si tenemos un encuentro, dejamos a los hijos con los padres y nos reunimos. Podemos relajarnos, nos ayudamos a levantar la autoestima. Vivimos llenas de barro, en las quintas. Al menos un día, pensamos en nosotras, nos arreglamos, nos ponemos lindas. Nos queremos y nos levantamos, compartimos nuestras dolencias y volvemos regias a nuestras casas. No estamos solas, estamos organizadas y juntas venceremos.

Los niños comparten con ustedes las jornadas en las quintas. ¿Se puede decir que también ellos trabajan?

Muchos lo ven de esa forma, que es trabajo infantil, pero para nosotros es diferente. Ellos son nuestro futuro. Cuando dejemos de producir, ellos harán este trabajo, de modo que les enseñamos de chiquitos.

Encuentro de mujeres

Ellos van a la escuela, hacen sus tareas y también van a las huertas, y miran. Desde chiquitos ya pueden enseñar a otros a plantar, saben qué días y cómo producir. Para nosotros, eso no es explotación, es enseñanza. Queremos que haya huertas en las escuelas, en las facultades, que haya corredores biológicos para los hijes que, en el futuro, quieran ser productores.

 

SIN LUCHA NO HAY PARAÍSO

“Crecen los mejores amores/ Crecen desde el pie/ Para sus colores, las flores/ Crecen desde el pie/ Crece desde el pie, la semana/ Crece desde el pie/ No hay revoluciones tempranas/ Crecen desde el pie”
“Crece desde el pie”, Alfredo Zitarrosa

¿Qué piensan con respecto al tema de producir chanchos para China?

Lo vemos mal, esa gran cantidad de cerdos nos hará mal a la salud. Nosotros tenemos compañeros productores que alquilan tierra y tienen animales. Para criar cerdos, tenés que tener mucho lugar y un espacio natural, no como lo hacen las empresas que los amontonan y explotan. Es triste y lamentable, no dan ganas de comer esa carne. Si vamos a traer y a criar chanchos, que estén bien alimentados, de forma agroecológica. Porque, con ese acuerdo, habrá más hectáreas de maíz transgénico. Envenenarán al cerdo y a nosotros.

¿Qué es lo más importante a lo que aspiran como organización?

Zulma Molloja

Todos los productores aspiramos siempre a que avance la Ley de Acceso a la Tierra, a tener ese pedacito de tierra, a trabajar de forma agroecológica, a poder capacitar a todos, a invitar a que conozcan nuestras huertas y enseñar. Además de la tierra para los productores, está el tema de la toma de tierras. Eso evidencia necesidad. Hay tantas tierras fiscales o en manos de terratenientes, llenas de montes en los que nadie hace nada. Si una mujer tiene hijes y no tiene  dónde ir, si en el medio de la pandemia no tiene para comer, si sufre violencia y necesita una tierra, ¿por qué no puede acceder a un pedacito para vivir o producir?

¿Piensan en un acceso a la tierra para cada productor o productora, o colectivo?

Nosotros pensamos colectivamente. El presidente decía que iba a dar tierras a los compañeros productores que se fueron, para que vuelvan a cultivar. Pero nosotros ya estamos produciendo, en forma agroecológica, y todavía no nos tienen en cuenta. Tiene que pensar en ellos y también, en nosotros.

Hablaste del presidente, ustedes le escribieron una carta, ¿no?

Zulma Molloja

Sí, le escribimos y aún no tenemos respuesta. Hicimos una huerta frente a la Casa Rosada, en Plaza de Mayo. Llevamos nuestros insumos y le pedimos que nos atienda. El poder siempre se junta con los grandes empresarios, con los que tienen gran cantidad de hectáreas, con los que exportan en lugar de alimentar al pueblo. Imaginate: ¡si nosotros tuviéramos esas tierras, alimentaríamos a todos, a toda Argentina!

La intervención de Nahuel Levaggi en el Mercado Central, ¿mejora la situación de la UTT como organización?

Al contrario, lo sentimos como una pérdida. El cargo es muy fuerte y era importante que lo aceptara, más con el hambre que hay en el país y con la pandemia. Nuestro compañero Nahuel está ahí para cambiar el sistema, para apuntar más a lo agroecológico, para mejorar los precios. Lamentablemente, ahí adentro todo es una mafia. Y él nos hace falta en nuestra organización, por eso, él hace el doble trabajo. En estos días cumplió 6 meses de gestión: se generó un área de género, un área de alimentación sana, se dona verdura a comedores que está apenas machucada, o con algún brotecito, y compost de la que está muy pasada, para hacer bocashi -abono y fertilizante orgánico-, llevar a los campos, y que no se tire. Él asumió en plena pandemia, en medio de un desabastecimiento. Comenzó a cambiar también el esquema de control de precios entre campo, mercado y verdulería. El compañero está muy dedicado, con el objetivo de cambiar el modelo.

“Este tiempo obsceno ha transformado dramáticamente la ética en política o sociología y ha convertido la relación con el otro en un poder que lo esclaviza, amenazando así su fin, el fin de la ética.”
“Diez escenas educativas para narrar lo pedagógico entre lo filosófico y lo literario”, Carlos Skliar

 

 

JALLALLA, ZULMA, JALLALLA

Pido firmeza/ para aferrarme a la tierra/ silencio/ para escuchar el anuncio del viento
audacia/ para saltar en el momento preciso/ y el recuerdo de mis alas/ para extenderlas/ en el vacío”.
“Augurio del viento”, Melissa Sauma Vaca

Este número de nuestra revista es sobre el azar. ¿Cuánto hay de planificado y cuánto hay de inesperado en la producción que ustedes hacen?

Nosotros planificamos para no producir lo mismo, para equilibrar entre todos. Por ejemplo, si hay mucha espinaca o lechuga, entonces, hay que preparar más puerro, verdeo, zanahoria, generar diversidad, que no haya faltantes. A veces, ocurren inundaciones y se pierde la producción. En esos casos, ayudamos con semillas, así se puede volver a producir. Otras veces, se incendian las viviendas y, entre todos, hay que rearmar las casillas. En esos casos, donamos maderas, ropa y mercadería para los compañeros. Nos arreglamos entre todos. El estado no ayuda, no da respuesta.

En tu historia personal, ¿siempre supiste que ibas a ser productora?, ¿cómo llegaste a serlo?

Mi sueño era ser psicóloga, trabajar en asistencia social, porque me encanta ayudar a las personas, pensar en los demás. Mis abuelos producían duraznos, quínoa, papa, chuño, allá, en Bolivia. Ellos me enseñaron a trabajar, al igual que mi mamá. Vinimos a Jujuy, y luego mi hermana nos llamó desde Buenos Aires y llegamos acá. Al principio, fue muy duro porque dependía del jefe y de lo que él decía y quería. Pero yo siempre pensaba en no quedarme ahí, en tener mi propia huerta, en hacer lo que me enseñaron mis abuelos, plantar otro tipo de cosas. Siempre pensé en hacer lo que hago hoy, en tener un pedacito de tierra, en estar con mi familia. Muchas veces mis hijos me preguntan, ¿por qué tenemos que vivir así, sin ducha, por ejemplo? Y yo les digo que ya vamos a crecer y tener tierra y una casita, que ya vamos a estar mejor. Subsistimos en esta tierra que me encanta. Argentina tiene tierras hermosas y productivas, yo estoy muy agradecida, y mis compañeros también.

Zulma Molloja, entrevista virual con El Anartista. Fotografía, Ana Blayer.

 

Jallalla: palabra quechua que une los conceptos de esperanza, festejo y bienaventuranza.

Qhapac Ñan: expresión quechua para designar un sistema de caminos de grandes distancias ubicado en el corredor vial andino.

Imágenes de página web de UTT, facebook UTT y Almacen de Ramos Generales UTT.

 

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