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El azar: entrevista al biólogo molecular Ernesto Resnik

 

Entrevista: Estela Colángelo, Carlos Coll, Pablo Resnik, Gabriela Stoppelman

Edición: Pablo Resnik, Gabriela Stoppelman

Fotografía: Ana Blayer, Milena Penstop

 

Me pica un gen. Me irrita justo en la entrada de un error, me lastima exactamente en el borde de un pensamiento. Alguien cortó un párrafo o intercaló un silencio. Pero una borradura en los extremos del texto me impide leer. Así y todo, me gusta probar la mirada en lo borrado. La filigrana de la huella no encaja con ningún horizonte y se desajusta de todas las lógicas, sorprende. Y reclama. ¿Seremos capaces de refundar un misterio sin supersticiones?, ¿nos atreveremos a no decir ´tal vez´, cuando el cuerpo se afirme en un deseo?, ¿tendrá coraje la voz, sin titubeos ni absolutos?, ¿alcanzaremos, por fin, la comunidad del tiempo, libres de perfecciones y escarmientos?, ¿mereceremos la audacia de confesar, que ya advertimos la imposibilidad de ser libres sin los otros?, ¿será suficiente la bronca contra la bota policial y su asfixia?, ¿podremos curvarnos sobre nuestras viejas certezas, hacer astillas los gastados pragmatismos, componer relaciones con la fuerza y rechazar el impoder? Entonces, ¿habrá para nosotros una curva amable en la doble hélice, un sitio donde desentumecer, por un rato, nuestras perezas?, ¿seremos aptos para abandonos, diestros en giros sin prepotencia?, ¿podremos duplicar sin repetirnos? Me pica y me pica. Y la infinitud de la biblioteca no encuentra un tomo donde aplacar el escozor. Imaginario e ideas cinchan sobre el teatro de las pantallas y los números resuenan a muerte y a enfermedad. Traigo apenas este verso para calmar el furor de la tarde. Apenas este ungüento de palabras en el sitio del dolor. Pruebo con no cejar. Te prometo un abrazo lleno de sentido cuando los cuerpos se reencuentren sin temores. Te prometo regresar al tacto entre aliados, cuando despejen la palidez y el sopor. Sabés que no tengo más nombre que este ritmo donde monto, aun a riesgo de inesperadas mutaciones. Descreo en calendarios para sostener la cita. Pero me pica un gen. Me azuza un gen ético, compelido a mirar el titilar de las ausencias. Un gen sin heroísmo y sin derrota insiste en paliar el jadeo en los dañados. Dicen que no quedan camas, que faltan los sueldos, que sobran los odios reunidos en esquinas, allí donde propagan y propagan el virus del desmirar. Y a mí me pica. Por suerte me pica sin remedio. Invitame a una distancia que no hunda. Llevame justo a la entrada de un acierto. No voy a confundirme entre charlatanes y buscadores. Si desnublas mis ojos de recelos, no voy a atolondrarme en la puerta del error. Vamos, que nos pique y repique. Siempre es urgente volver a anunciarlo: llegó la hora.

Robert Verheyen – Coloreado ADN

 

EL HILO DE LA BUENA VOZ

Somos nuestra memoria/somos ese quimérico museo de formas inconstantes/ese montón de espejos rotos”

J. L. Borges, “Cambridge”

Elegiste trabajar con algo muy micro, la biología molecular ¿Cómo es la relación entre ese mundo y el mundo de lo macro, de lo social?

Hace veinte años hice mi doctorado, relacionado con algo bien chiquitito, la bacteria Escherichia Coli. En ese entonces, era el modelo más fácil para desmenuzar y ver el comportamiento de los genes. Ahora, lo que uno hace en biología molecular no es tan micro en términos de ciencia. En cuanto a lo social, si me remonto hasta mis abuelos, mi familia fue siempre muy política, muy militante. Mi abuelo se fue de Polonia y terminó en Argentina. En cambio, el resto de su familia emigró a Estados Unidos. Ellos eran de un pueblito judío muy chiquito, Dlugosiodlo –mi abuelo lo pronunciaba Dlugosholde-, cerca de Varsovia, y tuvieron que escapar para el lado de Rusia, porque habían abrazado la Revolución Soviética. Los cosacos de la contrarrevolución persiguieron a los bolcheviques allí donde pudieron, que no era ciertamente en Rusia misma, sino en estos lugares aledaños. Entonces, en mi familia hay una tradición vinculada con lo social. Pero, como te decía antes, estudié biología molecular y después me fui pasando a otras ramas de la biología y de la medicina. En un momento, hice casi la mitad de una maestría en ciencia y sociedad. Ese vínculo me interesa hasta hoy: la ciencia y su rol con la sociedad, no solamente en cuanto a los avances técnicos, sino también en el discurso. Hoy, con la pandemia, vemos el modo en que ese vínculo entre ciencia y sociedad se está conjugando como nunca antes. O como siempre antes, pero nunca antes se ha visto que la sociedad se concentre en un tema particular, con un interés gigante por lo que la ciencia pueda ofrecer.

Quienes no sabemos acerca de cuestiones científicas, nos vemos inundados de mucha información contradictoria. En todo ese fárrago, ¿cómo distinguir entre imaginario y razones?

Stelarc´s anathomy

No es fácil. En lo esencial, quienes no pertenecen a la ciencia intentan generar un lazo de confianza con lo que los distintos actores manifiestan. Hay un hilo objetivo en quienes hablamos de este tema, que muestra o no, si somos charlatanes. No creo solamente en las credenciales de la ciencia. De hecho, hace un mes, he tenido una discusión con una persona que tiene un postdoctorado del ´Max Planck´, de Alemania. Es decir, títulos no le faltan, pero dice burrada tras burrada. Y, después, los medios levantan sus declaraciones. No es simple distinguir entre opinión e imaginario. De vuelta, se trata de un compromiso creado entre nosotros y ustedes, donde lo que decimos se cumple o no se cumple. Se produce como una adhesión entre la persona que conoce y la que no. Luego, todos ustedes arman sus propios argumentos. No me cuento entre quienes creen que sólo yo, por ser científico, puedo opinar sobre la pandemia. Soy capaz de hacerlo con más autoridad, en cuanto al mecanismo con el cual el virus infecta células. Pero cómo tratar la pandemia es otra cosa. Cuando hablo por televisión, -un foro nuevo para mí y, de paso,aclaro que no tengo función política-, puedo insistir en aquello que, a partir de mi formación, creo es una solución. Aunque, a lo mejor y desde lo político, no sea una solución óptima.

ME FALTA ALGO, ME FALTA ALGO

En la práctica del lenguaje una parte grita las palabras, la otra actúa de acuerdo a ellas”

L. Wittgenstein

Además de hablar en televisión, escribís en twitter. ¿Considerás que para un científico es importante formarse en la palabra?

La dificultad para comunicar es lo que más me frustra. Muchas veces me encuentro limitado en cómo decir las cosas de modo que se entiendan y proyecten aquello que busco expresar. Varios de nosotros tiramos datos, lo veo también en algunos de mis colegas que escriben en twitter. Para mi gusto, nos falta algo. Los datos en sí mismos ya han saturado, ya no dicen tanto, han desensibilizado a la gente. Se requiere algo más y, aunque muchas veces no lo consiga, intento en twitter. Por eso, es raro que escriba solo un dato. En todo caso y por ejemplo, doy un dato que se conoció en un paper, luego trato de explicarlo y, al final, agrego mi opinión sobre qué significa. Es el caso de las vacunas, siempre hablo de la política de las vacunas porque son todas distintas pero, a la larga, son todas iguales. ¿Qué significa que la vacuna de Oxford haya tenido problemas con un caso?, ¿qué podría haber significado parar esa prueba? Bueno, trato de poner mi opinión política. Pero sí, es muy limitado lo que puedo escribir. En la formación científica, sería importante la capacitación sobre comunicación. En ciencia tenemos gente, de la más inteligente que haya visto en mi vida, pero que no sabe comunicar. Una clave en lo que hacemos es poder juntar dos ideas y entender qué las une. Cuando uno va a un seminario, es posible advertir que alguna presentación hecha por algún colega puede aplicarse a otro caso de ciencia. Eso es fundamental, y hay mucha gente capaz de hacerlo, aunque sea incapaz de comunicarlo. Se nota hasta en los papers científicos. Algunos están escritos excelentemente bien y cualquier persona con un cierto entrenamiento en ciencia o tecnología puede seguirlos y entender. Otros son dato tras dato y fallan. En lo personal, insisto, es una frustración. Me hubiera encantado poder escribir bien. He escrito algunas notas para ´Cenital´. Como todas las cosas, primero rechacé la invitación a escribir, así como al principio rechacé salir en televisión. Pero luego tomé ambas cuestiones como un desafío. Es enriquecedor, aunque no creo haber aprendido tanto todavía.

Sin embargo, tus notas nos parecen muy claras. Breves, concisas, nítidas y con una opinión social. Y tus intervenciones en twitter, aun con las puteadas, son muy interesantes también. Parecen escritas a conciencia…

Sí… ahora que hablamos del lenguaje, les cuento algo importante en cuanto a mi relación con la palabra: yo fui el creador del sitio literatura.org, uno de los primeros sitios de literatura en castellano. Llegó a ser muy famoso. Ya no existe más. Había páginas de unos 50 autores argentinos con biografías y fragmentos de obras, muy visualmente cuidado. Ganamos varios premios con eso, yo lo creé pero lo hicimos en colaboración 3 amigos. Ahora, en cuanto a la pregunta sobre mi escritura en twitter, yo escribo de manera consciente y honesta. Hoy tuve una discusión con un economista mediático, al cual lo llamé charlatán insistentemente, porque así lo creo. Trato de ser fáctico, no le digo boludo a alguien porque sí. No intento ganar puntos con el insulto. Creo que a las personas que insultan gratuitamente y a los charlatanes hay que confrontarlos sin ponerse en su mismo plano. No debemos valorar eso que dicen desde su punto de vista pseudo científico, no debemos aceptar que puedan decir barbaridades, como si fueran simplemente ideas contrarias a la mía.

Ernesto Resnik

Tu cuenta en twitter es muy seguida y, aun así, no te limitás en cuanto a decir lo que pensás.

Absolutamente. Sobre todo, en estos momentos de emergencia, no creo en la autoridad, pero sí en aprender sobre algo. Por motivos de trabajo, tuve que aprender epidemiología. Esto empezó en enero. Entonces, en la compañía donde trabajo y donde dirijo una parte relativamente importante de desarrollo de productos, nos preguntamos si estábamos frente a una epidemia duradera o si, como todas las anteriores, la actual se iba a quedar en Asia, sin expandirse al resto del mundo. En ese momento, hubo opiniones totalmente divergentes. Por motivos básicamente económicos, por la necesidad de recomendar qué hacer en el momento justo, debí aprender un montón de cosas. Tengo entrenamiento en general, nada de todo eso era nuevo para mí. Pero entender los movimientos de las epidemias, de eso no se hablaba tanto. La epidemia tenía todos los boletos comprados para llegar a Buenos Aires de la peor manera. Y eso es así porque el tránsito aéreo entre Europa- sobre todo, entre Madrid y Buenos Aires-, es intensísimo. En varios tweets mostré un sitio de internet en el cual ponés en qué ciudad se produjo una epidemia y te dice cuáles son los países a los que va a llegar, como consecuencia de los vuelos internacionales. En sus primeros desplazamientos fuera de Europa y desde Madrid, la epidemia iba a ir, solo a dos lugares del mundo: Buenos Aires como número uno. Y, luego, a Nueva York. Ahora sabemos que Madrid fue el peor lugar de la epidemia, entre febrero y marzo. Hoy estuve haciendo cálculos y es posible que las personas que trajeron el virus hayan sido entre tres mil y seis mil. Es impresionante, no lo supimos en su momento. Y, como la cuarentena se estableció con relativa rapidez, la gente infectada se guardó en sus casas. Después, con la erosión de la cuarentena, esos casos salieron a la luz. Y una vez que salieron, la transmisión del virus no se detuvo más.

ACÁ HAY GATO ESCONDIDO

No cesaremos de explorar. Y el final de nuestra exploración será llegar al punto de partida. Y conoceremos ese lugar por primera vez.”

T. S. Elliot, “Little Gidding

Te dedicás a la genética, algo que siempre pensé como una escritura que todos tenemos dentro, ¿cuánto hay en esa escritura de determinación y cuánto, de libertad?

Salvador Dalí – Mutaciones del capitalismo

En los genes todo y ninguna cosa está determinada. Obviamente, todo. Porque lo que ocurre en un organismo es consecuencia de alguna actividad genética. Aunque hay algunas cuestiones sobre las cuales no sabemos nada. En esencia, me refiero a lo relacionado al cerebro. Yo soy reduccionista, aunque mucho menos que antes. Pero creo que, finalmente, cuando se conozca con exactitud qué hace cada gen y cómo interaccionan sus productos con otros elementos, podremos entender mucho más de lo que entendemos ahora. De todas maneras, la interacción con el medio ambiente, tanto con el sistema ecológico como con las personas, sigue siendo algo determinante. Con lo poco que conocemos hoy, los genes no determinan nuestro comportamiento. Y, aunque cada vez entendemos más, no debemos saber ni el 5% de cómo funciona la biología a partir de ellos. Por eso, en ciencia se estudian organismos muy simples, como un gusanito de tierra con solo ciento una células. De ese modo, es más fácil encontrar una relación entre gen y comportamiento. Pero, por supuesto, son bichitos que esencialmente no tienen ningún comportamiento interesante, lo único que hacen es comer y moverse.

Nuestra revista tiene como tema, en este número, el azar ¿cómo interviene el azar en estas interacciones?

Del mismo modo en que no sabemos cómo las cosas que sabemos determinan algo, tampoco lo sabemos del azar. En medicina, el cáncer es un evento que empieza de manera azarosa. A veces, estimulado por radiación, por fumar, por muchos motivos. Pero dónde se despierta un tumor y dónde no, quién lo puede tener y quién no, sigue siendo un mecanismo absolutamente azaroso. En cuanto al funcionamiento de los genes, es -o parece ser- menos azaroso, cuanto más en chiquito mirás. Después, la relación de todo eso se da en un contexto tan complejo que es casi imposible saber dónde está y dónde no está el azar. En mi tendencia reduccionista, tiendo a darle menos lugar al azar que a la determinación.

¿La ciencia intenta domesticar al azar o lo toma como una variable dentro de lo que sucede?

Depende de la disciplina. Los neurobiólogos son mucho más afectos al azar y a la incerteza que otros. Lo que saben es tan poco, que no les queda otra que abrazar la incerteza. Cuando yo estudiaba un grupo de genes que le permitían a la Escherichia Coli crecer y desarrollarse, lo aislaba y estudiaba. Ahí casi no hay azar. Luego está la teoría del caos, que esencialmente dice algo así como que no podemos predecir muchas cosas que se despiertan de forma dependiente de las condiciones iniciales. De acuerdo a qué pasó al principio, las trayectorias de los eventos son distintas y no se pueden predecir. En la física cuántica tenés el ejemplo más clásico de la caja del gato de Schrödinger, donde es imposible saber si un evento sucedió o no, hasta que uno interacciona con él. En este caso, al mirar. Quizás no se pueda llamar azar, pero ciertamente es incerteza.

Erwin Schrödinger plantea un sistema que se encuentra formado por una caja cerrada y opaca que contiene un gato en su interior, una botella de gas venenoso y un dispositivo, el cual contiene una sola partícula radiactiva con una probabilidad del 50% de desintegrarse en un tiempo dado, de manera que si la partícula se desintegra, el veneno se libera y el gato muere. Mientras que en la descripción clásica del sistema el gato estará vivo o muerto antes de que abramos la caja y comprobemos su estado, en la mecánica cuántica el sistema se encuentra en una superposición de los estados posibles hasta que interviene el observador

MUTATIS ESCRIBIENDI

He notado que incluso quienes afirman que todo está predestinado y que no podemos cambiar nada, miran hacia ambos lados antes de cruzar la calle”.

Stephen Hawking

¿Cómo diferenciarías azar de caos?

Esa es una pregunta que responderían con mayor facilidad los físicos cuánticos, los biólogos somos mucho más limitados. En mi trabajo, me es difícil pensar en términos de completo azar. Hay caos en genes que se despiertan en un momento no lógico o no esperable. Pero, en general, no creemos que sea azar, sino que hubo una señal fallida de otro sistema.

¿Hasta dónde las lógicas encadenadas no responden a un azar?

Si todo tiene un antes, no habría azar, pero sí caos. El concepto caos me resulta más fácil de entender. La gente con enfermedades, eventualmente, termina por desregular los distintos metabolismos. Es el problema fundamental en las personas de mucha edad. Lo que se llama descompensar, en esencia, es caos: algo anduvo mal y termina por afectar señales que normalmente van a otro sistema y a otro y a otro. Y en esa progresión, y así es como el enfermo termina mal. Cómo encontrar el azar en eso, no lo sé. A la larga, no sabemos dónde está la señal equivocada, podríamos llamarlo azar pero tiendo a pensarlo como un caos creado objetivamente.

Es linda la descripción del azar como una señal de inicio equivocada. Se lo puede pensar también como otro tipo de lógica o como la falta de lógica. Estaba pensando en las mutaciones, que son tan intrigantes. La genética es un mundo de leyes, de relaciones donde el azar puede tener que ver con aquellas que todavía no conocemos. Pero esas leyes son dinámicas y las mutaciones implicarían un modo de esa dinámica. ¿Cómo es este mecanismo?

Es interesante, ahora que lo mencionás, el proceso de mutación en sí, no es azaroso. Por ejemplo, en el virus hay una proteína que debe comprobar que la secuencia es correcta. Esa proteína, entonces, lee el texto y tiene que fijarse que esté bien. A veces, comete errores y se le pasa una palabra mal escrita. Eso no es azar, en el sentido de que hay una proteína que está a cargo de una tarea y se equivocó, pero lo que sí es azaroso es dónde ocurre. Puede tener un significado increíblemente distinto si ocurre en una palabra clave o en una palabra no clave. Por ejemplo, el virus del Covid tiene treinta mil letras. En un promedio de cinco letras por palabra, daría algo así como ocho mil palabras. El porqué las mutaciones en general no provocan nada significativo te lo explica el hecho de pensar un texto de ocho mil palabras, donde hay algunos errores en unas pocas de ellas. El texto aún es legible para el sistema inmune, que lo reconoce y puede derrotar al virus. Porque, aunque haya errores en algunas palabras, igual reconoce al resto. Por eso la inmunidad es robusta y dura mucho. Ahora, con el tiempo, ese texto de ocho mil palabras va mutando tanto, que empieza a mostrar palabras ilegibles. Es muy probable que ya no entienda una palabra de seis letras, donde tres están cambiadas. El problema mayor se da cuando la mutación ocurre en la palabra importante, que es una proteína que se pega a las células y habilita al virus el ingresar. Esa proteína tiene unas doscientas cincuenta letras. Entonces, ahí sí las mutaciones son muy significativas, porque el cambio no le permite al virus infectar, lo vuelve inocuo. Ojalá fuera todo el tiempo así, pero también pueden ocurrir otras dos cosas. Una, es posible que ocurran mutaciones que cambien al virus y lo hagan peor, más infectivo. En ese caso, esa palabra, esa unión necesaria para entrar a las células, se transforma en algo mucho más fuerte. La segunda cosa que puede pasar es que, a lo largo del tiempo, las mutaciones en esa palabra clave hagan que la vacuna deje de ser efectiva o que deje de serlo la inmunidad de la persona. Por ejemplo, eso ocurre en el virus de la gripe, que acumula tantas mutaciones durante un año que ya las palabras no pueden ser leídas por el sistema inmune. En el caso del Covid, se sabe que la velocidad de mutación es tres veces más lenta que en la gripe. Entonces se espera que la inmunidad y la vacuna duren más.

Hay tantas analogías con la escritura en lo que decís… Al leer acerca de las técnicas que usan los biólogos moleculares, sobre el PCR por ejemplo, nos enteramos de que existe una biblioteca de ADN contra la cual se contrastan los fragmentos que se duplican de ADN, ¿es así?

Normalmente construimos bibliotecas de ADN cuando queremos. En parte, mi trabajo consiste en crear una biblioteca de la respuesta inmune de animales a la proteína del Sars-CoV-2, para tener dónde ir a buscar una gran variedad de anticuerpos. Después, y a partir de ese dato, trataremos de producir anticuerpos monoclonales, hasta encontrar uno solo que sea especialmente efectivo. En cuanto al PCR y la detección del virus, no hay una biblioteca. Sí existe el método para elegir, de las treinta mil letras que tiene el virus, una palabra, una parte que sea bien distinta a otros virus. Porque, en el testeo, no queremos que dé Covid positivo un virus de la gripe o del resfrío, que son relativamente parecidos. Esa palabra representativa que elegimos se amplifica con la técnica PCR. La técnica, usa dos bloquecitos en los extremos de esa palabra, la amplifica, como en un ´corte y pega´, multiplicado millones de veces Para poder detectarlo, necesitás miles de millones de copias.

FISURAS ATÁVICAS

“Una noche, Ludo soñó que por debajo de las calles de la ciudad, bajo los respetables caserones de la zona baja, se extendía una red de túneles(…) Millares de personas vivían en los subterráneos, sumergidas en el barro y en la oscuridad, alimentándose de aquello que la burguesía colonial lanzaba por los desagües. Ludo caminó por entre la turba. Los hombres agitaban catanas (…) Uno de ellos se acercó (…)Le sopló al oído, con voz grave y dulce: Nuestro cielo es vuestro suelo”

“Teoría general del olvido”, José Eduardo Agualusa

En alguna declaración contabas que, donde vivís, una vez declarada ilegal la segregación oficial, la violencia encontró otras alternativas. Sobre todo, en los suburbios ¿Se podría hablar de mutaciones de las formas de la violencia a nivel social?

Te referís a mi nota en ´Cenital´ sobre Minneapolis. Ahí las clases acomodadas mutaron su lugar de desarrollo. Una vez que las leyes obligaron a la incorporación de negros a las escuelas, se creó la nueva onda de ir a vivir a los suburbios, que coincidió con la post guerra y con la disponibilidad más barata de automóviles. Las clases más acomodadas, entonces, se mudaron a lugares donde esas reglas no valían, simplemente, porque la población negra no tenía autos y, por sus trabajos, no se podía mudar a los suburbios. La violencia no sé si mutó. Si le preguntás a la población negra, te dirá que la violencia fue siempre la misma. Sí quedó lo que, en Estados Unidos, se llama inner city, el downtown y sus alrededores. Dentro de la ciudad, las policías pasaron a ser un ejército de ocupación, un ejército de control de esa población. A lo largo de los años fue mutando. En los 80 y 90, el asunto era perseguir a la droga, que siempre resultó un escape en la población con más dificultades socioeconómicas. Aún hoy es algo central. Pero esa policía y sus patrones -los que la entrenan y le pagan para ir contra la población negra-, siempre buscaron alguna excusa para reprimir. Hablo desde mi experiencia personal. Si vas por la calle y, detrás de un auto parado, ves una patrulla de policía, es muy difícil equivocarse: en ese auto, hay un negro. Lo paran porque es negro y asumen que, seguro y en primer lugar, tiene algún problema anterior con la ley. Segundo, como los autos de los negros suelen ser peores, lo paran porque tiene una lucecita de giro rota, o por detalles así. En definitiva, podríamos hablar de mutaciones sociales en las cuales las sociedades han ido adaptando sus discursos y sus modos. Ahora se observa un revival, en el que la gente joven quiere volver a vivir en la ciudad. No sé cuánta relación tiene esto con el resurgir del progresismo juvenil en Estados Unidos. Tengo mis limitaciones sociológicas para este análisis, pero creo que tiene bastante que ver.

Si hablamos de ejércitos de ocupación y de minorías raciales, ¿cuáles son los virus y cuáles los anticuerpos en ese contexto?

Sin lugar a dudas, el virus de la opresión a la población negra es centenario. En los medios norteamericanos lo llaman ´la otra pandemia´. Esto tiene cuatrocientos años de historia, la opresión nunca se fue. Últimamente, se ha trasladado a la población latina, que hoy es mayor que la negra. Por supuesto, los latinos centroamericanos cargan menos con esta historia en Estados Unidos que en sus propios países, donde tienen su propio recorrido de siglos de opresión. ¿Cuáles son los anticuerpos? Bernie Sanders lo era. Tuvimos grandes esperanzas y estuvimos cerca. En esta mezcla que hago entre mi vida profesional y mi vida social, ya viví mucho tiempo acá como para entender que el de Sanders era un fenómeno único e inusual. Ahora esperamos que perdure de otras formas, porque ya no perdurará en Sanders mismo. Hay cambios, hay resistencia, creo que la demografía de Estados Unidos está a nuestro favor.

El Anartista con Ernesto Resnik

Década tras década, la gente termina en zonas urbanas, que son abrumadoramente demócratas y tolerantes. Lo vimos en las protestas por el asesinato de George Floyd: las grandes ciudades fueron las que salieron de modo masivo a la calle. Esto también tiene que ver con el crecimiento interracial: latinos, asiáticos y negros conforman un número considerable en las grandes ciudades. Minneapolis es una de las ciudades más blancas de Estados Unidos. Y tiene, al menos, un 20 o 30% de diversidad entre población somalí, vietnamita y otras. Eso hace que los chicos crezcan con minorías, en la mal llamada tolerancia. A diferencia de lo que ocurre en las zonas no urbanas y rurales, donde son todos blancos y el miedo al distinto es impresionante. Acá los chicos van a escuelas donde la mitad de sus compañeros son negros, latinos o asiáticos, y crecen entendiendo que el otro no es un enemigo. En el segundo grado de la escuela de mis chicos, armaban un show de ´Los Beatles´. Siempre me conmovió ver a las nenas somalíes abrazadas con Lola, mi hija, cantando canciones de ´Los Beatles´. De ese modo crecen sin el miedo y el odio racial con el que crecen otros. En los últimos años veo también la resistencia a la desigualdad neoliberal, en la cual las nuevas generaciones viven peor que sus padres, les cuesta conseguir buenos trabajos, pagar el alquiler, ganan cada vez menos. Y, junto con eso, resisten también la desigualdad racial.

Hablabas de la tolerancia, esa horrible palabra. Vinculado a eso, ¿existe alguna noción como la de placebo, en el control social?

Sí, hay algo de placebo en la tolerancia como concepto. Creo en la convivencia, que es otra cosa. Mi ciudad es pretendidamente progresista, vota por lejos solamente progresistas, Bernie Sanders gana por el 80%. Pero mucha de la gente progresista tolera la injusticia de uno u otro modo. Durante años eso ha sido claro con la tolerancia a los abusos de la policía. Este último año la ciudad remapeó las escuelas. Porque, con los años, uno de los problemas es que, la segregación se impone. Aun mismo en la ciudad, de las escuelas donde hay muchos negros, los blancos terminan

Luis Alberto Hidalgo

por irse, porque se encuentran con problemas objetivos: los chicos más carenciados tienen menos ayuda de los padres, con lo cual los maestros deben ocuparse de ellos mucho más. Esto tiene razones profundas, pero el resultado es que la gente termina lentamente por segregar esas escuelas. De ese modo, existen un par de escuelas con alumnado absolutamente negro. En la secundaria que le toca a mi familia, hay un 80% de estudiantes negros, en una ciudad en que la población negra no representa más de un 20%. Ahora se decidió terminar con eso y forzar a los chicos a mezclarse. Va a haber chicos de todos los barrios en todas las escuelas. La mayoría de los progresistas están a las puteadas.

Forzar no parece una buena idea….

Claro. Ahora bien, todos somos progresistas. Pero también queremos la mejor educación posible para nuestros hijos. Y, si eso implica mandarlos a una escuela con menor población latina y negra, lo hacemos. Yo no. Yo trato de ser –y lo soy- consecuente con mis ideas, me peleé mucho con amigos, pero los entiendo porque el tema es una discusión incluso en mi propia casa. Tampoco quiero parecer heroico, si hay una decisión que va a ir en detrimento de mis hijos, no la voy a tomar.

La discusión es parecida a la que, a veces, tenemos aquí, entre escuela pública y privada.

Mi hijo ahora empezó el secundario y, en lugar de ir a la escuela del barrio, eligió ir a otra que, si bien es muy diversa, no tiene el 70% de población negra. Digo, todos terminamos, de algún modo, por hacer lo mejor posible dentro de las circunstancias.

EL AMOR DESPUÉS DEL AMOR

“Si a tu corazón yo llego igual, todo siempre se podrá elegir, no me escribas la pared, solo quiero estar entre tu piel”

L. A. Spinetta, “Seguir viviendo sin tu amor”

En algunos aspectos, en los últimos veinte años, las neurociencias avanzaron mucho. Entre otras cuestiones, intentan explicar el enamoramiento a través de la función del óxido nitroso, por ejemplo, ¿qué pensás de esto?

Es un tema fascinante. En los 90, hubo una gran discusión sobre el gen de la homosexualidad. El investigador principal de un laboratorio era homosexual y, en su creencia biológica de que la homosexualidad es distinta, le gustaba la idea de que hubiera un gen de la homosexualidad. La crítica venía por el lado de que eso significaba que la homosexualidad sería entonces un error genético. Bueno, una hermosa discusión que se dio en el contexto de la explosión de la biología molecular. La idea básica era que, detrás de todo, hay un gen: detrás de la homosexualidad, detrás de los sentimientos, detrás del amor. Hoy esta idea se ha abandonado casi por completo, a partir del descubrimiento de la complejidad del genoma. Uno de los datos, que a mí me fascinó, apareció con la técnica de modificación genética de mamíferos, sobre todo, en ratones. El descubridor de esa técnica ganó el Nobel. Con ella, se pensaba que, gen a gen, íbamos a poder descubrir qué hace cada uno de ellos. Incluso, descubrir el gen del amor, romperlo, y comprobar entonces que el ratón no iría a buscar pareja. Cuando hablo de romper genes, me refiero a sacar una parte de la palabra, con lo cual se le impide al gen producir una proteína determinada. Ese proceso se llama deleción. La mutación implica cambiar una letra, la deleción, cambiar muchas a la vez. Con respecto a la técnica de mutación genética de mamíferos lo que pasó fue un shock. En la mayoría de los casos, para dar un ejemplo, los ratones seguían buscando pareja. ¿Por qué? Porque el genoma es redundante. Cuando rompés un gen, hay sistemas que compensan y le permiten a otros genes continuar haciendo casi lo mismo, pero por otro lado. Entonces, los genes se terminan por combinar y producen proteínas. Cuando rompés un gen que creés determinante para una función, muchas veces no pasa nada. Hay muy pocas enfermedades o condiciones en las que se puede establecer una correlación, uno a uno, entre el gen y la enfermedad. La diabetes insulino – dependiente es una de ellas, pero hay condiciones complejas en las que ni siquiera conocemos cuáles son los genes involucrados. Y, en ellas, todo lo que hicimos no ha resultado en pistas de ningún tipo. No sabemos nada de las conexiones mentales, del cerebro ni del amor.

Más allá de esto que acabás de decir, ¿alguna vez la posición del pensamiento o del mundo científico te pareció soberbia respecto de otras ideas?

Me lo dicen mucho en twitter, quizás por eso no me doy cuenta (risas). En todos los ámbitos los mediocres necesitan hacer uso de una supuesta autoridad para ganar una discusión. En estos días, hay premios Nobel que dicen boludeces, lo cual es necesario subrayar y demostrar. Pero, ciertamente, la mayoría de los científicos son escépticos de todo lo que hacen. Es raro encontrar soberbia en los científicos más importantes. Un poco porque parte de nuestro trabajo consiste más en encontrar lo que no es cierto, que lo que es cierto. Es inevitable. Casi todo lo que hacemos es avanzar equivocándonos todo el tiempo: probás una hipótesis y no funciona. En ese sentido, si hacés buena ciencia, resulta casi imposible ser soberbio. Cuando obtenés un resultado, lo primero que hacés es probarlo de vuelta. Lo probás una y diez veces, porque es demasiado bueno para creer que es cierto. Como dije en varias ocasiones en twitter: yo vivo del escepticismo. Aunque alguna vez me lamenté de pasarle a mis hijos esa idea de desafiar a la autoridad, que es parte esencial de lo que hacemos en ciencia.

¿Y cuándo la lógica se te queda corta para pensar?

Soy biólogo, que es la más terrenal de las ciencias, la más constantemente equivocada. El alimento principal nuestro es la herramienta, dependemos mucho de la tecnología: tenemos un microscopio, y necesitamos uno mejor para poder ver algo que hoy no se ve. Las limitaciones lógicas vienen mucho después. En otras disciplinas, como en las matemáticas, los científicos se encuentran más cerca de esas disyuntivas. Lo nuestro es bastante más primitivo, como en la medicina.

Ernesto Resnik con El Anartista

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