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El azar: sobre el nuevo Plan Urbano Ambiental.

Por Isabel D´Amico

Comuna 12 – Villa Roccatagliata – Catalogada con Nivel de Protección Cautelar

RETOQUES

Vivo en la ciudad de Buenos Aires, en el borde de una comuna. En estos tiempos de incertidumbre, busco re-significar las palabras escritas o dichas por cualquiera. Algunas las cuelo, me encantan solas. Aunque la prosa corta me sacuda más. No es lo mismo decir “Hermoso día” a “Es un día crocante”. Hasta se me hace agua a la boca al escribirlo.

En el proceso de colar las palabras debo reconocer muchas repetidas, bultos de frases hechas, de mandatos impregnados de “huequedad”: a esta última, la inventé.

Hace poco me detuve frente a la ventana del lavadero para mirar hacia el pulmón de mi manzana. En algunos países lo llaman “Corazón de manzana”. Un amigo arquitecto me dijo, “señala de manera directa la relación vital de ese espacio con la naturaleza. Su función es oxigenar“. A veces las definiciones se hacen demasiado pequeñas, a pesar de su valor. Otras, en cambio, son gigantes y destructoras. Sin embargo las usamos sin reparo. La palabra “modernidad”, por ejemplo, pasó a ser un axioma, impuesto para retumbar con contundencia en una legislatura, en una discusión barrial o familiar.

La Organización Mundial de la Salud nos señala la cantidad de espacios verdes necesarios: 10 m2 por habitante. Pues bien, la multiplicidad de edificios construidos de alturas interminables, donde ni el cielo es el límite, constituye “la modernidad”. Y lo repiten algunos a pesar de vivir, como consecuencia de ella, en departamentos oscuros, sin siquiera una plaza cerca, entre muñones de árboles mal podados.

Qué decir del “progreso”. A veces componemos bien con él, aunque está muy gastado en las lenguas babosas del poder. “Dícese del desarrollo continuo, gradual y generalizado de una sociedad en los aspectos económico, social, moral, científico, cultural, entre otros”

Me gusta madurar hacia el arte, hacia la cultura, la siento despojada de aspectos económicos pálidos, desgarbados de avaricia, insomnes, vacuos de sentidos. Estas reflexiones me invitan a pulverizar las palabras que operan por prepotente impregnación y elegir otras, como “Sensaciones” o “Diálogo”, entre lo que fuimos, entre lo que somos y queremos ser. Sin imposiciones de intereses, donde reina lo “efectivo”.

ASFIXIAS BARRIALES

Si ubicáramos a una familia, con su pequeña casa de barrio enrasada entre dos edificios, autorizados por las modificaciones de un código urbano para cargar hasta el vómito las panzas de los desarrolladores del “Progreso”, ¿qué interpretaríamos con esa prestigiosa palabra? Por lo general, no asociamos los síntomas con sus causas, muchos enfurecen y se resignan o se van del lugar, piensan en la mala suerte o inculpan al azar. Nada más lejos de la realidad.

Los Pulmones de Manzana se convierten en terrazas verdes de estacionamiento subterráneos. Arts. 37 y 51 del proyecto de ley.

La herramienta de ellos es una palabra simple y contundente:”enrase”. Sirve para igualar alturas. Esta y otras palabritas tóxicas podrán destruir barrios enteros de casas bajas y también contribuir a cambiar el hábitat. En este sentido, las palabritas no están solas. Por ejemplo, el hábitat fue gravemente herido durante los últimos incendios en los humedales que, en plena pandemia, afectaron al 20% del Delta del Paraná y a 46 mil hectáreas de las sierras de Córdoba, para extender la frontera agropecuaria y los desarrollos inmobiliarios. Los orígenes del fuego son humanos. Los intereses, también.

Desde hace varios años, en la ciudad de Buenos Aires, una arrogante e inescrupulosa elite de negocios, junto a un complaciente jefe de gobierno, arrojan los dados del progreso sobre nuestra mesa y, sospechosamente, siempre les sale “Generala”.

Al instrumentar la manera de destruir las Áreas de Protección Históricas, en cada jugada, desmaterializan el corazón de nuestra memoria histórica-cultural.

 

CON EL “PUA” ENTRE DIENTES

 Me gusta la idea de inventar palabras, no demasiado técnicas. Si subyace el sentimiento, mejor. En esto de jugar con el supuesto “progreso”, ¿cómo llamar a todos aquellos barrios a los que aún no les han llegado las redes de agua, luz, cloacas?, ¿o a aquellos otros, donde los servicios “esenciales” se dan sólo por goteo? Espontáneamente, surge la palabra ” otredad”, pero sola no alcanza. Sola, sin el respeto, entre los vahos de la especulación y la desidia, no alcanza.

En breve, en la ciudad de Buenos Aires, se tratará un nuevo Plan Urbano Ambiental (PUA). La participación ciudadana es vital. En cuanto a políticas urbanas, este proyecto supone prever una mejor calidad de vida a “toda” la población, gozar de espacios verdes abiertos, preservar el patrimonio cultural, arquitectónico y ambiental.

Hay una ley de comunas, despreciada por el gobierno de la ciudad, por ser participativa. Pero sigue más activa que nunca, por la prepotencia de trabajo de los vecinos en los Consejos Consultivos de cada barrio. La ley 1777 está vigente, solo falta el accionar de la justicia para enderezar “esa mesa de juego” e igualar las fuerzas para lograr, definitivamente, “LA CIUDAD QUE QUEREMOS”.

Rebelarse “no es contra qué sino junto a quién”(1)

https://www.pagina12.com.ar/291228-codigo-urbanistico-rechazo-a-cambios-que-impactarian-en-la-p

(1)Carlos Skliar

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