AL BORDE

La decisión: sobre un trabajo de parto.
Por Alicia Lapidus

 

¿DULCE? ESPERA

Lunes de consultorio. Paciente de primera vez. Silvana se presenta: la recomendó una amiga que tuvo un parto precioso conmigo. Rubia y elegante, me hace el primer planteo: decidió tener un nacimiento vaginal. Siempre soñó con tener la sensación de la salida de su hijo. Es ingeniera, se recibió a los 25 años, luego se casó y, con 27, se embaraza de su primer hijo. Por lo que me cuenta, siempre planificó todo en su vida. Ya sabe qué hará dentro de 5 años. Con su pareja calcularon la fecha en que se debía embarazar, para que su hijo no cumpliera años en vacaciones y, además, pudiera entrar a la escuela siendo de los más chicos. O sea, querían que naciera entre marzo y junio.

Foto: Hemera
Foto: Hemera

El embarazo transcurre normal. La panza no la incomoda y sigue trabajando sin problema. A los casi tres meses, sabe que será una niña. No era lo que esperaban, pero igual se alegran y ella ya comienza a pensar en la ropa que le va a comprar y cómo pintará su cuarto. Deciden llamarla Sofía.

A lo largo de las consultas, me repite muchas veces que, con toda su alma, desea tener un parto vaginal. Yo también lo quiero así, pero no le puedo prometer un resultado. Entre ambas, trataremos de conseguir el mejor parto que ella y su hija puedan tener.

El marido, también ingeniero, participa poco de esas conversaciones. A veces hasta parece aburrido.

 

DE PARTO

22:30, Silvana se interna en trabajo de parto. Está feliz. Hizo todo el curso y trae, en una libretita, prolijas y anotadas, cada contracción que tuvo y el horario.

23:05, tres centímetros de dilatación. Monitoreo de la bebé, perfecto. La cara de Silvana se frunce en cada contracción. Gime y las tolera, estoica. El clima en la sala es de concentración y alegría. Al fin llegó el día.

08-03colestasisembarazoLa sala de preparto es una habitación muy pequeña. Allí, un televisor muestra imágenes incansables, en silencio, pero nadie lo mira. El monitor fetal resuena constante, tuc, tuc, tuc, a la frecuencia esperada: 140 latidos por minuto. Le digo a Silvana que su hijita Sofía se está portando muy bien.

23:45, cuatro centímetros. Silvana ya no aguanta más y claudica. Pide la peridural. Se había negado durante el embarazo, pero el dolor es demasiado. Llamamos al anestesista, que demorará unos veinte minutos. Mientras tanto, Silvana se levanta, camina, se pone en cuclillas, jadea con cada contracción. Para ella este tiempo es eterno. Para nosotras, también.

0:00, decidimos pasar a sala de partos para esperar.

“Partos”, como llamamos a la sala, es una habitación mucho más grande, con mesas de brillante acero desparramadas en un aparente desorden, monitores varios, incluido el fetal, que colocamos sobre la panza de Silvana. Ella se pone de un costado, luego del otro, después pide estar más sentada. Levantamos el respaldo del sillón de partos así, mientras tanto, pasan los minutos.

00:10, llega el anestesista y mi embarazada suspira de alegría. Le coloca la peridural y, al ratito, está aliviada.

00:25, contracción. Los latidos de la bebita disminuyen bruscamente su frecuencia. 110 por minuto. Esperamos en silencio. Recupera la frecuencia. Nos quedamos a ver qué sucederá en la próxima contracción. El marido de Silvana, más consciente de la situación, nos mira para descifrar en nuestras caras un futuro que somos incapaces de predecir. Estamos preocupadas, temerosas, pero nada debe notarse en el rostro.

00:28, siguiente contracción, otra desaceleración, más profunda esta vez, 100 por minuto. Entramos en zona de alto riesgo. La reviso, 6 cm y la cabecita muy alta todavía. Falta mucho para que nazca.

Silvana, ponete del lado izquierdo- le digo, por si la bebé comprime el cordón. El tiempo se detiene, es como si los relojes se hubieran parado y estuviéramos todos en cámara ultra lenta.

00:31, otra contracción y bradicardia. Dura más que la anterior. La vuelvo a revisar, con la escasa esperanza de que algo haya cambiado. Está con los mismos 6 cm que antes y muy lejos de nacer. Mi cara hace rato perdió la sonrisa.

El marido me lleva a un costado para hablar. Me niego y le digo que vamos a hablar los tres, con Silvana.

Fuente: ACOG
Fuente: ACOG

Me pregunto, ¿aguantará la beba un poco más?, ¿cuánto tiene que aguantar? ¿Cómo le digo a Silvana que no es posible cumplir su deseo? Pero no puedo perder el tiempo en disquisiciones. Sofía sufre dentro de la panza de la madre.

La conversación es tensa. Le explico que no va a poder ser un parto vaginal, que falta mucho y la beba no la está pasando bien.

Llora, maldice. Por la desesperación, adquiere una conducta casi infantil: “pero yo quería”, “pero yo quería”.

Necesito que se convenza. Quizás. en el afán de no mostrarnos tan preocupadas como estábamos, ella no percibió qué sucedía. El marido la abraza e intenta explicarle.

Calculo mentalmente lo incalculable, ¿tengo margen? Sí, un poco.

Mientras tanto, voy armando el equipo quirúrgico, la instrumentadora, el ayudante y pido que me preparen la sala de cirugía.

00:36, vuelvo a Partos. Me siento al lado de Silvana y, con su mano entre las mías, en silencio, escuchamos el monitor. A la segunda bradicardia y, entre llantos, me dice “tenés razón, vamos a la cesárea”.

Foto Alicia Lapidus
Foto Alicia Lapidus

Foto: Alicia Lapidus
Foto: Alicia Lapidus

Foto: Alicia Lapidus
Foto: Alicia Lapidus

00:50 Nace Sofía. Con un poco de ayuda de la neonatóloga, está perfecta.

Foto: Alicia Lapidus
Foto: Alicia Lapidus

 

DESEOS Y REALIDADES

Hoy Silvana tiene una bebita sana en su casa y la disfruta sin importar cómo la niña vino al mundo. Ambas tenemos, sin embargo, una sensación guardada, de esas que no te animás ni a pensarla: la desilusión. El hechizo roto del deseo.

Foto: Kim Vasales (Sarah Savona)
Foto: Kim Vasales (Sarah Savona)

En la vida nos enfrentamos a muchos tipos de decisiones, en la mayoría de los casos, se piensan con tiempo, se valoran pros y contras, se evalúa y finalmente se toma el del deseo. No siempre esas decisiones son libres, no siempre sabemos de dónde proviene el deseo. En general, se trata de una mezcla de vivencias, experiencias e influjos del mundo exterior. Vemos el éxito de otros y allí vamos. Hay una enorme telaraña de sucesos que desemboca en nuestra decisión.

La diferencia con la obstetricia es que, durante un trabajo de parto, pueden ocurrir accidentes o trastornos. No hay tiempo, hay que elegir y ejecutar en minutos. Y no importa que se decidió de antemano, no importa más el deseo. Este se ve interrumpido por la realidad.

¿Qué aparece aquí? No se alcanza a pensar mucho, se siente qué es correcto, se procede por experiencia y por sentimientos. Hay un instante en que cae la ficha y no hay más verdad que la acción a realizar. Hay dos personas en juego. Silvana tuvo que torcer su decisión, que no era reciente, que no era apurada. Lo veloz fue el cambio, el comprender que en ese momento no había más deseo que el del hijo sano.

Foto: Alicia Lapidus
Foto: Alicia Lapidus




JUNTO AL OTRO

Claroscuros: Sobre el cierre de campaña Fernández-Fernández.

Por Alicia Lapidus

 

VIAJE AL RÍO

Era mi primera vez, mi debut. Nunca fui a un cierre de campaña. Mi ser siempre se mantuvo “apolítico” hasta que la realidad despertó al compromiso. Esta vez, acompañé, sin ser militante, con la curiosidad de quien jamás se involucró y cree que la mira “de afuera”.

A Rosario, pues. Salimos el día anterior para llegar tranquilos y dormir la noche previa. Había que estar descansados. El entretenimiento en la ruta, plagada de camiones, era contar cuántos carteles veíamos del “Frente de Todos” y cuántos de “Juntos por el Cambio”. Si eso era alguna mágica medida, ganaríamos.

 

LA COLUMNA

La cita, a las 14:30. El sol radiante y tibio anunciaba una bella jornada. Los que saben de dichos populares decían: “es un día peronista”. Llegamos a la plaza, de donde partiría la columna de la agrupación con la que íbamos. El sonido de los bombos y los cantos nos guió al encuentro. Yo buscaba los micros por los alrededores y, nada, sólo gente, mucha.

Entre esa multitud, corría una alegría contenida. Todavía escéptica, indagaba: ¿dónde dan el chori y la coca?, tan mencionados en el imaginario de muchos. No, ni por asomo. A un costado, dos mujeres vendían pastelitos hechos en sus casas para ganar un dinero, tan esquivo en los últimos tiempos.

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Foto de Alicia Lapidus

Nos mezclamos a medias, desde un lado de la columna que empezaba a marchar. Otra vez, mientras recordaba nuestra Plaza de Mayo, miraba alrededor para encontrar los camiones antidisturbios, la policía: ni señales. La gente caminaba ordenada, entre cantos y risas, al son de los infaltables bombos y de alguna trompeta que le daba música a la letra. Al llegar a una esquina, los organizadores miraban si venía un auto o un colectivo y detenían el derrame de personas con sólo su voz de alto.

 

LA PATRIA ES EL CHORI

Ya en los alrededores, comenzó a aparecer el folklore típico. Mucho más ordenado y lindo que en nuestra ciudad, en Rosario, en el parque del Monumento a la Bandera, los puestitos de venta de choripanes se alineaban con techitos de color, como en una feria artesanal. Del otro lado del caminito que transitábamos, los infaltables vendedores de remeras, divididos a la perfección entre quienes vendían estampas alusivas a Néstor, Cristina, Alberto y, más allá, las de la Patria Grande Latinoamericana. Salpicados en el medio, los vendedores de banderitas, banderas, gorros, como si hubiera sido un partido del mundial.

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Fotos Alicia Lapidus 

La columna fue a buscar su ubicación frente al escenario. Nos separamos de ella para vagabundear entre los presentes. De nuevo, yo- escéptica- buscaba, pero ni un micro ni choris de regalo. Si los querías, los tenías que comprar.Tampoco se veía policía.

 

CHORIPAN Y RÍO

Nos arrimamos hacia el río, donde había más aire y menos concentración de personas. Chicos, parejas, grupos de amigos sentados en el pasto compartían sándwiches, bizcochitos y mate.

No pude evitarlo, el perfume de las parrillas me llevó derecho al choripán que disfruté sin remordimientos. Cumplida mi necesidad de disfrutar tamaña delicia, volvimos a arrimarnos.

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Foto Alicia Lapidus

 

La tarde se diluía en el cielo, pero no el entusiasmo en la tierra. Desde los parlantes venía música y las pantallas entretenían con videoclips de artistas nacionales. Aunque no hacía falta, la concurrencia se animaba a sí misma. El escenario estaba montado en paneles que se iluminaban mientras caía el sol.  Cada vez llegaban más. Se condensaba la multitud. De pronto, un grupo empezaba con un cántico y  contagiaba al resto. Si alguien quería pasar o ubicarse, le hacían lugar sin problemas. Bastaba un “permiso” para que se abriera la multitud. Todo era “por favor” y “gracias”.

 

 

MAGIA POPULAR

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Algo mágico había en ese atardecer, algo que recorría a todos los asistentes como un abrazo etéreo, un calor que entibiaba el invierno, una mística de estar y ser con el otro. Todo era alegría expectante.

Después de varias horas de espera, sin que nadie desertara, comenzó el acto. Una electricidad se desparramó entre todos los asistentes y los cantos crecieron. El momento de Cristina fue el más emotivo. Yo miraba las caras cuando ella hablaba. Vi el llanto de tantas y la mirada nublada de tantos hombres, todo eso junto, no lo vi nunca. Eran lágrimas de agradecer, de esperar, de admirar. Después, Alberto. Con la fenomenal transmisión de poder recibida, empezó el canto tribunero: “se siente, se siente Alberto presidente”- Era más que una esperanza, era una promesa de lealtad que la multitud le brindaba.

Cae la noche y hace frío. Ni el calor de los cuerpos cercanos lo mitiga, pero cada participante se siente abrigado por el deseo, por la intensidad de lo vivido.

La ceremonia peronista se realiza. Las pasiones transforman la experiencia en rito que se reedita en cada encuentro. La mezcla de la esperanza con el temor los mueve a juntarse, para transformar con esa chispa. Algo más queda de esa noche, el encuentro con el otro.

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Foto Alicia Lapidus

 




PALABRAS DE GUERRA

Ausencias: sobre el papel de los medios en los genocidios.
Por Alicia Lapidus

 

“Los actores políticos usan los medios para ajustarlos a sus fines.”
Jugen Wilke
“La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre converger sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.”
Joseph Goebbels

 

¿Qué tienen en común la Alemania nazi y Ruanda? Por supuesto, singularidades aparte, sus respectivos genocidios. Sin embargo, hay otra cosa que han compartido: el uso de los medios de comunicación para estimular y “justificar” la matanza.

 

DE LA MENTIRA, VERDAD

La historia del Holocausto (la Shoa) es más conocida. Muchos hemos oído hablar de Goebbels y de sus frases. La más famosa es “miente, miente, que algo quedará”. Sin embargo, hay otras tanto o más fuertes: “Individualizar al adversario en un único enemigo” o “Más vale una mentira que no pueda ser desmentida, que una verdad inverosímil”.

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Sus consejos, por su parte, relumbran oscuramente de actualidad:

  • “Una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad”
  • “Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque”
  • “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”
  • “Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines”

La palabra envenenada es dirigida en forma explícita a un pueblo al que, de antemano, se ha regado, gota a gota, con prejuicios. El sentido común de una sociedad se moldea con la arcilla de los medios de comunicación y sus modelos. Por ejemplo, ¿por qué en algunos países latinoamericanos ser rubio forma parte del paradigma de belleza? O: ¿qué tienen los ojos claros de más lindos? Casi desde que nacemos somos bombardeados de “sentido común”: lo blanco es pureza. Lo negro, suciedad. Somos clase media, o alta o baja en una estratificación que nos hace discriminar y ser discriminados. Sobre esa base, los conceptos de Goebbels mantienen su actualidad. Porque el mundo no cambió tanto, a pesar de Internet y otras modernidades.

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ESPEJITO, ESPEJITO, HABLEMOS DE RUANDA

“Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.” Joseph Goebbels

¿Puede matar el periodismo? ¿Puede la libertad de expresión degenerar en genocidio?

En 2002 un juicio en Arusha, una ciudad de Tanzania, lejos de la atención del mundo, ha puesto sobre la mesa este asunto. Según los fiscales pertenecientes al Tribunal sobre Crímenes contra la Humanidad en Ruanda (ONU), la respuesta a ambas preguntas es sí. Los tres hombres que se sentaron en el banquillo, antiguos ejecutivos de medios de comunicación, estaban acusados de incitación y ejecución de genocidio por su uso de la radio y de la prensa, durante la matanza de más de 800.000 personas, en 1994, en Ruanda. Fueron condenados a cadena perpetua.

Cráneos de víctimas de la masRWANDA-TEN YEARS-GENOCIDE-NYAMATA-GUARDIANSacre de Ntarama, en Nyamata, donde fueron asesinados 50.000 miembros de la etnia tutsi. GIANLUIGI GUERCIA-AFP

 

 

Hace poco volvió a ver la luz “Los medios y el genocidio”, publicado por el Centro Internacional de Investigación y Desarrollo de Canadá en 2007, editado por Allan Thompson. Allí se recuerdan palabras de Kofi Annan, ex secretario general de la ONU, “los medios de comunicación fueron usados en Ruanda para diseminar odio, para deshumanizar a la gente y, más aún, para guiar a los genocidas hacia sus víctimas”. Esa declaración nunca apareció en los medios masivos.

Refiriéndose al caso Ruanda, el editor dijo: “periodistas, locutores y ejecutivos –los medios del odio en este país- jugaron un rol instrumental en el establecimiento de las bases para el genocidio y luego participaron activamente en la campaña de exterminio”.

En el juicio sostuvo que “el propósito de revisar el rol de los medios en el genocidio de Ruanda no es solo para recordar. Aún tenemos mucho que aprender sobre este particular y examinar la manera en que periodistas y empresas de medios se condujeron durante la tragedia y esto no es sólo un ejercicio histórico. Tristemente, da la impresión de que no hemos discernido ni entendido completamente las lecciones de Ruanda”.

 

¿DÓNDE EMPIEZA LA CULPA?

“Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.” Joseph Goebbels

Este pequeño país tenía siete millones de habitantes. Al cabo de cien días, tendría seis y un 75% de la etnia tutsi exterminada. En la guerra no se podía confiar en nadie. Los sacerdotes parecían militares. Las iglesias, cementerios. Los civiles, asesinos. Y los vivos, muertos.

Para encontrar los orígenes del conflicto, hay que remitirse a la época en la que Ruanda era una colonia. Primero, de Alemania, que tomó control del país en 1894 y, luego de Bélgica, en 1916. En ese momento la distinción entre las etnias hutus y tutsis, que convivían pacíficamente a pesar de sus diferencias, se convirtió en un factor racial: debido a sus fisonomías y a su contextura, los tutsi fueron considerados “más cercanos a los europeos”. Por tanto, eran la etnia privilegiada. La influencia de Occidente a través de la introducción artificial, por parte de Bélgica, de un carnet étnico en 1934, otorgaba a los tutsis mayor nivel social y mejores puestos en la administración colonial. Esto acabó por institucionalizar definitivamente las diferencias sociales.

En 1961, Ruanda se independizó. Luego de un referéndum, se terminó la monarquía tutsi y el estado se convirtió en republicano. La semilla de odio ya se había sembrado y había sido regada a conciencia por occidente. Sin embargo, el desencadenante del genocidio llegó recién el 6 de abril de 1994, cuando el avión donde viajaba el presidente Habyarimana junto con el presidente de Burundi fue derribado. Ambos mandatarios murieron.

El mismo día, los medios de comunicación locales atribuyeron el crimen a los tutsis y, en esa noche, comenzaron los asesinatos de miles de familias. Escuadrones de la muerte lanzaban granadas, incluso, en los refugios. Los ataques eran altamente patrocinados y difundidos a través de la radio, un vehículo para propagar el odio contra los tutsis y para justificar la masacre. A través de los medios se hacía un llamado a los hutus para unirse al ‘interahamwe’ –“los que atacan como uno solo”-, un grupo de hutus radicales que se unían para buscar a los tutsi, pedirles su identificación y asesinarlos.

Una niña que huye de Kigali, la capital ruandesa devastada por la guerra, el 27 de mayo de 1994. Alexander Joe - AFPFoto Alexander Joe – AFP

Una de las herramientas propagandísticas para llegar a ese resultado fue la acusación en espejo: atribuirle al otro sus propias ambiciones. Así se pretendió que los tutsis querían exterminar los hutus.

 

RADIO ODIO

La emisora, conocida como Radio Odio, fue una pieza clave del extremismo hutu. Cuando empezaron las matanzas, sus mensajes no podían ser más explícitos: “Las tumbas no están todavía llenas”.

Esto venía desde hacía unos años. Los Rdio Ruandamedios empezaron a ser una plataforma de furor racista. Ya no sólo decidían qué se iba a decir, sino que mentían con descaro. ¿Qué ganaron? Convertirse en observadores y verdugos de lo inminente: la violencia organizada.

Para protestar, los trabajadores de Radio Ruanda entraron en huelga. Es ahí cuando Ferdinand Nahimana, su director, decidió crear una radio independiente, “La Radio Télévision Libre des Mille Collines” (RTLM).

RTLM, en un principio, no daba noticias, se encargaba básicamente de hacer chistes y de poner música. Su modernismo la hizo popular porque se habían salido de lo formal de otras radios. Después del asesinato del presidente, la programación de RTLM cambió. Entonces, se dedicó a incitar el odio a los tutsis. El día que el avión cayó, la RTLM fue la primera en culpar a los tutsis. Ahí se desató la lucha, la RTLM transmitía las 24 horas del día. Se convirtió en un medio constante de denuncias a miembros y personas potencialmente peligrosas para el gobierno: cómplices tutsis o traidores. También acusaban a los líderes de sociedades civiles, a periodistas que reportaban lo que sucedía o a activistas de derechos humanos.

Por su parte, muchos medios independientes empezaron a darse cuenta del abuso, pero sacarlo a la luz significaba volverse blanco de la “nueva estación de radio” y quien fuera denunciado por ellos corría el riesgo de ser atacado.

Aquellos describían a los tutsis como “Diablos que no pueden controlar su impulso a matar”. Además de incitar al genocidio, la RTLM ayudaba a matar. La radio guiaba a los grupos paramilitares para encontrar gente que, supuestamente, debía ser eliminada. Por ejemplo, daban direcciones y números de placas de personas que trataban de esconderse o de escapar.

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En el frente internacional, una venda cayó en los ojos frente a los sucesos de Ruanda. La palabra “genocidio”, según la ONU, es definida como cualquier acto que busca destruir una nación, religión o etnia. Durante los 100 días que duró el genocidio, pocos se refirieron a éste como tal. Por ejemplo, Estados Unidos denominó a la masacre como “guerra civil”. Por su parte, las Naciones Unidas y Bélgica retiraron sus tropas de Ruanda, después que 10 soldados belgas fueron asesinados. Ruanda tenía un interés estratégico muy limitado para las potencias del mundo en 1994. Era un país en medio de África, sin recursos naturales. Los actores internacionales no sabían dónde estaba y creían que no importaba. Si en la comunidad internacional se pronunciaba la palabra “genocidio”, era obligación humanitaria de las naciones intervenir. Pero los muertos no tienen voz, no gritan por ayuda. Y, si no son nuestros, a nadie importan.

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PASCAL GUYOT AFP                                            Reuters Files Photos

 

EN SUS PROPIAS PALABRAS

El genocidio de Ruanda fue breve y efectivo.

Muertes, en medio de una masacre instigada por el odio y la diferenciación del otro. Además, de los asesinados, el saldo incluyó dos millones de refugiados, según los datos oficiales. El 85% de la población hutu agredió, torturó y aniquiló de manera sistemática al otro 15% tutsi. La ONU estima que, durante el genocidio, unas 250.000 mujeres fueron violadas. Pero la cifra podría ser mayor. Del conflicto en Ruanda, no existen números exactos, solo víctimas y el estigma de los hijos que nacieron de las violaciones, o “los hijos de los asesinos” como los llaman. Los hutus tomaban a las mujeres, las violaban. Pero, a la mayoría, las asesinaban sin piedad.

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Una pila de machetes y hachas confiscadas a las milicias hutus, el 16 de julio de 1994 en la ciudad fronteriza de Goma, en Republica Democrática del Congo. Pascal Guyot - AFPUna pila de machetes y hachas confiscadas a las milicias hutus, el 16 de julio de 1994, en la ciudad fronteriza de Goma, en República Democrática del Congo. Pascal Guyot – AFP

 

Las escenas de violaciones consistían en que les introducían palos y botellas rotas, les cortaban los pechos. Esas escenas, para mí, con mi cultura, me parecían lo peor que se puede imaginar. Aun muertas, veías en los ojos de ellas el horror y el sufrimiento, la indignidad que habían padecido. Muchas veces mataban a los niños delante de sus padres, les cortaban las extremidades y los órganos genitales y los dejaban desangrarse. Luego, también mataban a los padres. Había gente que pagaba para que les pegaran un tiro en vez de ser matados con machete. «Pagar por cómo morir…».” En una entrevista concedida por el general Romeo Dallaire (ex Comandante de las Fuerzas de UNAMIR –ONU- en Ruanda), relata hechos que lo han mantenido bajo tratamiento psiquiátrico durante varios años.

El periodismo, entonces, sin dudas, puede matar. Los encendidos discursos de odio, las mentiras convertidas en verdades y la discriminación en certeza vuelven al periodismo tan o más peligroso que un ejército.

 

VAYAMOS A LO NUESTRO

Ya casi no quedan argentinos que no piensen que el Proceso de Reorganización Nacional, que padecimos desde el 24 de marzo de 1976 al 10 de diciembre de 1983, se caracterizó por el terrorismo de Estado, la constante violación de los derechos humanos, la desaparición y muerte de miles de personas, la apropiación sistemática de recién nacidos y otros crímenes de lesa humanidad.

Niños desaparecidos

Entre los documentos militares se encontraba la Directiva del Consejo de Defensa N° 1/75 que, entre los objetivos, planteaba la necesidad de “(…) incrementar el apoyo de la población a las propias operaciones; orientar la opinión pública nacional e internacional, a fin de que tome consciencia que la subversión es un ‘enemigo indigno de esta patria’, identificar a los integrantes de los propios medios en los propósitos de la lucha contra la subversión”. En esta línea, el Plan de Capacidades de la Armada Argentina (PLACINTARA) afirmaba: “La difusión de los hechos, según convenga a cada circunstancia, será efectuada por los Comandantes de las Fuerzas de Tareas (FFTT) y responderá a la planificación de las operaciones psicológicas de apoyo. (…) De acuerdo con la repercusión sobre la opinión pública, los Comandantes de FFTT propondrán las comunicaciones a efectuar por el Comando de Operaciones Navales y por el Comando en Jefe de la Armada”.

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El diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca fue explícito al determinar el enemigo interno a exterminar: “salvando cualquier duda, el aparato subversivo en todas sus facetas; el ‘sacerdocio’ tercermundista que, desesperanzado de alcanzar el cielo, intenta transformar la tierra en un infierno bolchevique; la corrupción sindical, que lejos de considerar al trabajo ‘orgullo de la estirpe’, le ha rebajado, convirtiéndolo en vil chantaje y holganza; los partidos políticos, nacidos, según sus encendidas mentiras, para servir el bien común, pero, desde sus orígenes, sólo interesados en subordinarlo a mezquinos intereses del comité; enemiga es la usura de la ‘derecha’ económica y también la contracultura izquierdizante (…) Al enemigo es menester destruirlo allí donde se encuentre”, sostuvo en la portada de ese día. En ese período, también acompañó sus artículos con recuadros donde se llamaba a los vecinos de Bahía Blanca a denunciar cualquier “actitud sospechosa”. Por ejemplo, debajo del editorial del 29 de junio de 1976, se publicó un pedido expreso del Comando del V° Cuerpo del Ejército, que solicitaba la denuncia de los ciudadanos “ante cualquier actitud, hecho o persona sospechosa, actividad anormal o injustificada”.

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HOY Y SIEMPRE

No estamos en guerra, sin embargo, los medios se comportan como si lo estuviéramos. Basta recordar las palabras de Julio Blanck, periodista y analista político del grupo Clarín: “Hicimos periodismo de guerra”, dijo refiriéndose a las publicaciones del medio durante el último gobierno de Cristina Kirchner.

Los medios construyen subjetividad. Nos encasillan, nos dividen, nos bombardean. Inculcan un fuerte odio dentro de la sociedad, generan pasiones tristes, donde debería haber información.

La palabra tiene múltiples poderes. Puede sanar, puede acariciar, puede cobijar. Pero también puede discriminar, despreciar, ensuciar o usarse como un arma letal contra todos nosotros. Comprender esto es la llave para abrir la puerta a un periodismo verdadero.

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EL ESPEJO ATERIDO

Rituales: sobre agrotóxicos y otros contaminantes.

Por Alicia Lapidus

EN LA “COCHINCHINA”

Cuando mencionamos a Vietnam, es imposible que en la mente de quien nos oye no aparezca, casi como sinónimo, “guerra”. Cuesta mucho dejar de lado ese calvario que vivieron los vietnamitas para conservar su nación unida, su cultura y la decisión autónoma sobre su gobierno . Vietnam es hoy un país que avanza, con habitantes que reciben a los turistas con notorio placer. Budistas convencidos, sus templos huelen a incienso y flores. Por miles, los visitan a diario.

Pero la guerra dejó sus secuelas. No olvidaremos a la “Niña de napalm”. El fotógrafo Nick Ut se encontraba en una carretera con su cámara, cuando vio aproximarse a PhanThị Kim Phúc. Quemada y sin ropa, la niña corría. Así, Ut tomó una de las fotos de guerra más conocidas, por la que obtuvo el Premio Pulitzer. PhanThị Kim Phúc debió someterse a 17 intervenciones y pasar 14 meses en el hospital antes de poder volver a casa.

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NARANJA, AZUL Y EL FIN DEL VERDE

En Vietnam, el ejército de EEUU mantuvo dos guerras: una contra el Viet Cong y otra contra la naturaleza. En esta última, los militares estadounidenses usaron millones de litros de herbicidas contra la selva donde se escondían los vietnamitas del norte y los cultivos de arroz que les alimentaban. El agrotóxico más usado fue el agente naranja. Una revisión de diversos estudios muestra que, 50 años después de que dejaran de rociarlo, todavía hay restos tóxicos de este defoliante en suelos y sedimentos, desde donde entra en la cadena alimenticia.

Cuando miramos una foto aérea de campos de Vietnam, la imagen parece un atardecer de ensueño: campos naranjasAgente naranja con el sol derramado sobre ellos. Una triste ilusión óptica.

Pero vamos al comienzo: Los primeros herbicidas llegaron al sudeste asiático en enero de 1962, en una operación que acabaría llamándose “Proyecto Ranch HandAllí se usaron diversos compuestos químicos, muchos  desarrollados durante la guerra mundial para destruir las cosechas de alemanes y japoneses.

Distintos informes de las Academias Nacionales de Ciencia de EE UU (NAS) y agencias gubernamentales como la USAID estiman que, en la Guerra de Vietnam, se rociaron más de 80.000 millones de litros de herbicidas. El más usado fue el agente naranja, un defoliante. Un trabajo recién publicado en una revista especializada en suelos muestra que el 20% de las selvas de Vietnam fueron fumigadas al menos una vez. Pero hasta el 40% de los herbicidas se usaron sobres cultivos, como arroz y otros productos. Aunque los militares quisieron diferenciar entre arrozales de amigos y enemigos, unas 10 millones de hectáreas fueron rociadas con agente azul, que acababa con la cosecha en horas.

El tercer principal objetivo de los herbicidas fue el de acabar con todo el verde en los alrededores de las bases militares estadounidenses, para crear un perímetro de seguridad.

Naranja

LOS PECES Y EL SUELO

El agente naranja era, en realidad, un compuesto a partes iguales de dos herbicidas. Son reguladores hormonales del crecimiento y se decía que, en unos días, dejaban de actuar. Pero lo que no se sabía entonces -y si se sabía, nosotros jamás nos vamos a enterar- era que el agente naranja contenía una dioxina altamente tóxica, la TCDD. Para acelerar la producción, se elevó la temperatura unos 5ºC y el cloro presente en el compuesto a altas temperaturas generó entre 6.000 y 10.000 millones de veces más TCDD que en condiciones normales. Esta sustancia carcinogénica no se disuelve en el agua. Tampoco se absorbe, sino que se adsorbe: queda pegada como una capa a las hojas que, al caer, llevan la dioxina hasta el suelo. Por su parte, la naturaleza se encarga de propagarla.

Uno de los autores que investigó este tema comentó: “Los peces y camarones que se alimentan en el fondo atrapan los sedimentos contaminados y la dioxina se acumula en sus tejidos. Peces más grandes se comen a estos peces y los vietnamitas a ellos”.

Peces

Hace poco los investigadores oficiales analizaron los suelos de la base aérea de Bien Hoa y sus alrededores. Fue una de las principales bases desde las que partían las misiones herbicidas y allí se acumularon los bidones sobrantes, cuando se suspendió Ranch Hand. “La mitad de las muestras recogidas tenían niveles de dioxina por encima de lo permitido para el uso de la tierra del Ministerio de Defensa Nacional de Vietnam“, comenta el profesor estadounidense. La persistencia de la TCDD es tal, que varios de los aviones usados para rociar el agente naranja tuvieron que ser retirados de una subasta e incinerados: 30 años después de volver de Vietnam, aún tenían la dioxina pegada. Los siguientes informes añadieron nuevas patologías relacionadas con la exposición al herbicida.

A nadie le importó, eran épocas en que la palabra ecología apenas se oía. Sin embargo, los que usaron el agente naranja tenían suficiente información como para suponer lo que podría ocurrir. Son lAgente naranja muerteos famosos “daños colaterales” de la guerra.

Aunque se estima que hay todavía tres millones de vietnamitas que sufren los efectos de los defoliantes, ellos no tienen un seguimiento como los veteranos estadounidenses. “Los efectos negativos sobre la población y los veteranos vietnamitas nunca se determinaron bien y tampoco se han llevado a cabo estudios con la suficiente potencia estadística”, asegura Jeanne Stellman, investigadora del uso militar de los herbicidas.

PESADA HERENCIA

Según Vietnam, 4,8 millones de sus ciudadanos se vieron expuestos a la dioxina y “cientos de miles de víctimas han muerto, mientras que otros cientos de miles tienen que convivir con enfermedades mortales”. No solo quienes se vieron expuestos directamente, sino sus hijos y sus nietos, la segunda y la tercera generación, sufren aún secuelas y malformaciones. Y el ciclo sigue: según explica el vicepresidente de la Asociación Vietnamita para las Víctimas del Agente Naranja (VAVA), Nguthe-human-cost-of-agrotoxinyenTheLuc, aún quedan 28 lugares en el sur contaminados con la dioxina. Y se han detectado ya casos de discapacidades en la cuarta generación, los bisnietos. “Lógicamente, es posible que se sigan repitiendo casos durante generaciones, a perpetuidad”, explica Nguyen.

FOTOGRAFIA PABLO PIOVANO

Paremos un instante para imaginar a los vietnamitas mirar al cielo y a los aviones que lo teñían de naranja, sin un lugar donde protegerse, sin ningún escape. Cuando convertimos los números en individuos, la dimensión del mal adquiere una nueva significación. Eso es lo que hizo la fotografía de la tragedia de la “Niña de napalm”.

 Fumigando naranja

“LA BODA DEL DIABLO”

En 2018 el gigante farmacéutico Bayer, entre otros negocios, compró a otro gigante: Monsanto. Esta es la llamada “boda del diablo”.

Uno de los novios era Bayer: fundada en Alemania en 1863, inventó la aspirina, pero también, a principios del siglo XX, vendió heroína, entonces utilizada como sustituto de la morfina y como medicamento contra la tos. Durante la Segunda Guerra Mundial, con su compatriota BASF, Bayer formaron el conglomerado químico IG Farben, tristemente célebre por haber suministrado a los nazis el Zyklon B. utilizado en las cámaras de gas.

ProtestasMonsanto, el otro novio, fundado en 1901 en Saint-Louis, Missouri, produjo primero la sacarina, un potente edulcorante y, en los años 1940, se lanzó a la agroquímica con su defoliante, el “Agente Naranja” ya mencionado.

Su herbicida estrella y polémico, el Roundup, cuyo principio activo es el glifosato, fue lanzado en 1976. En los años 1980, Monsanto lanzó la primera célula de planta genéticamente modificada antes de especializarse en los Organismos Genéticamente Modificados (OGM). Es de notar que la semilla de soja transgénica es la única que resiste al Roundup. Negocio garantizado, semilla y agrotóxico en un combo imposible de separar. Ese es otro matrimonio non sancto, entre parientes. La invitación sería: Monsanto lo invita a la boda de por vida entre su semilla y su herbicida.

Llamada “Monsatán” o “Mutando” por sus detractores, la firma ha sido cuestionada tanto por los OGM como por los efectos del glifosato (Tan graves son las cosas que el gobierno francés se comprometió recientemente a dejar de utilizar esta sustancia en 2021, aunque sin incluir aún la prohibición en la ley). Tampoco podemos obviar lo ocurrido en EEUU, donde en agosto del 2018 Monsanto fue condenada por parte de un tribunal de California a pagar casi 290 millones de dólares por daños a Dewayne Johnson, un jardinero estadounidense con cáncer tras la reiterada exposición al Roundup. Se considera que este caso podría sentar jurisprudencia, ya que al menos 4.000 casos similares están siendo procesados ante los tribunales estadounidenses.

 

¿Y POR CASA CÓMO ANDAMOS?

El boom de la soja en la Argentina, el principal producto de exportación del país, está relacionado con el uso de semillas transgénicas. Del agente naranja deriva el glifosato, que se usa a raudales para matar todo vegetal que no sea la soja transgénica y que, según estudios y denuncias nunca escuchadas, produce tantos daños como el agente naranja. Algunos se plantean que quizás el Roundup no sea tan distinto al agente naranja, lo que no sería de extrañar frente a los antecedentes de la empresa.

El glifosato se utiliza para fumigar las plantaciones de soja. Esa planta se hace resistente gracias a una alteración genética cuyas consecuencias serán sólo visibles con el tiempo.

Monsanto tiene la propiedad intelectual tanto del agente naranja como del glifosato y cobra los royalties por ambos productos. A la vez, vendió y estimuló el uso de DDT durante medio siglo al punto que en los comienzos se pulverizaban las ciudades desde aviones. El DDT se acumula en las grasas y ha aparecido hasta en los animales de la Antártida. Es cancerígeno y fue prohibido tras medio siglo de uso irrestricto.

FUMIGACIÓN CON GLIFOSATO

Monsanto, que siempre presenta sus productos como innovaciones científicas dignas de admiración y como tecnología de punta, debió pagar 80 millones de dólares en indemnizaciones a cientos de veteranos del ejército americano. Y es posible que deba pagar a las víctimas cada vez más numerosas del glifosato con que son regadas las pequeñas poblaciones entrerrianas- incluso niños en las escuelas- ante la indiferencia de las autoridades encargadas de controlar.

PRISIÓN DOMICILIARIA

En Basavilbaso, el 7 de setiembre de 2018, y tras no haber resistido su última internación, murió Fabián Amaranto Tomasi, el ex trabajador fumigador, símbolo de la lucha contra los agrotóxicos en Argentina y el mundo. Su caso ya resulta emblemático del daño causado a los obreros por los agrotóxicos. Fabián trabajó durante años en tareas de carga y bombeo en una empresa de aplicación aérea. Los graves daños del glifosato lo obligaban a estar postrado en su casa con solo 52 años:

 

Fabian Tomasi 2- Pablo Piovano
Fotografía Pablo Piovano

Me envenenaron y me metieron en una prisión domiciliaria”, señaló hace un tiempo a un medio litoraleño. “Mi vida transcurre en mi casa. Me jubilé por incapacidad y me detectaron polineuropatía tóxica severa, la ‘enfermedad del zapatero’. Es aspirar los solventes que traen las sustancias, que son todas similares y afectan el sistema nervioso periférico (los nervios de brazos y piernas). Ahora también me está afectando la conciencia. No sabía que el veneno modificaba el ser consciente. Estoy perdiendo la vida”, decía.

Fabián Tomasi

Su imagen se hizo mundialmente conocida cuando, en 2014, el fotógrafo Pablo Piovano lo retrató para su exposición, “El costo humano de los agrotóxicos”, una cruzada por el noreste argentino en busca de visibilizar el lado más oscuro del agronegocio.

 

¡APOYE, PRESIDENTE!

En el marco de la campaña política de cara a las elecciones en Entre Ríos, Mauricio Macri visitó la ciudad de Gualeguaychú. El Presidente brindó una conferencia de prensa, en la que repitió las frases características de su campaña electoral . Sin embargo, también desató la polémica, cuando se expresó con la cuestión de los agrotóxicos en la provincia. Una de sus definiciones se salió del discurso general y se dirigió a un público particular, el campo.”Es irresponsable el fallo por las distancias de fumigación“, sostuvo. Se refería a un fallo judicial que obligaba a los productores agropecuarios a utilizar herbicidas a 100 metros de distancia terrestres y a 500 metros de distancia aéreos de las escuelas rurales.

Según el mandatario, el fallo es irresponsable porque “pone en riesgo más del 20% de la capacidad agroindustrial de la provincia”, (cuestión que no es cierta). Sin embargo, también sostuvo que él lleva adelante políticas para mejorar el medio ambiente, pero que esta medida judicial “no se basa en ningún rigor científico“.

Glifosato-1Según datos del CONICET, en Argentina se arrojan 15 litros de glifosato por hectárea por año, lo que ubica a la Argentina en el primer puesto a nivel mundial. En los alrededores de Gualeguaychú, donde se encontraba el Presidente, se arrojan 50 litros por habitante anualmente. De hecho, el municipio prohibió su utilización cerca de centros urbanos en 2018.

Lo que Macri llamó “fertilizantes”, en un intento de volverlos más amigables, son los agrotóxicos, palabra que, desde mayo de 2018, el director del INTA BA Norte prohibió en sus comunicaciones oficiales por su valoración negativa en el marco de un intento de presentar a los agrotóxicos como “alternativas tecnológicas”.

Así, al glifosato se lo intentó disfrazar de un herbicida biodegradable, inocuo e inofensivo para el medio ambiente. El mismo Ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, dijo en una declaración “que el glifosato no era más que agua con sal”.

Pero se pinchó el globo: análisis realizados por el CONICET, demostraron que el glifosato se encuentra presente en la tierra, en el aire y en el agua por años. Y que, a diferencia de lo sostenido por los dueños del negocio, el tóxico no es biodegradable, sino acumulativo. Esto genera que ríos y napas de agua potable se encuentren envenenados.

No sólo eso: el contacto cotidiano con el glifosato rompe las membranas celulares y destruye el ADN; genera mutaciones que devienen en cáncer, Parkinson y el Alzheimer, entre otras.

“El problema es que las víctimas son invisibles. Y en muchos casos, no se ven a sí mismas como tales, porque nadie las legitima. Ellos van al hospital y les dicen que la alergia que tienen es producto del polen del plátano y no que es una reacción química porque fue fumigado”, aduce la Doctora en Biología Alicia Massarini. Y también explica que en los centros de atención médica se niega sistemáticamente la relación entre los agrotóxicos y las enfermedades. “Esto se produce por una combinación de cosas, complicidad y desconocimiento. Hay médicos que saben y tienen miedo de asociar los síntomas. Hay otros que son ignorantes y no tienen información suficiente. Y hay otros, que son los más peligrosos, que se esfuerzan por ocultar el tema de forma activa, son tipos comprados, cooptados por empresas y laboratorios.”

FUMIGACIÓN CON GLIFOSATO1

En 2016, la Organización Mundial de la Salud, reunió una comisión de expertos especialistas en cáncer y agrotóxicos. Revisaron la literatura disponible y concluyeron que había que recategorizar el glifosato y pasarlo a una categoría de “alta toxicidad”, que es la segunda categoría en la escala de gravedad. En función de esa resolución, varios países revisaron su marco regulatorio y, en algunos casos, prohibieron el uso del glifosato. Así lo hizo México, donde el maíz se encuentra protegido por ley. En Colombia, cambiaron la regulación en cuanto a la cantidad permitida en la utilización. En Argentina, no pasó absolutamente nada.

 

¿DE QUÉ LADO TE TOCA?

En el hospital, empezamos a recibir demasiados embarazos con malformaciones raras. Notamos que venían siempre derivadas desde Entre Ríos y eso nos decidió a comenzar a realizar un mapa por localidades. Una migaja inútil. El lobby de esas empresas con extraordinario poder y recursos económicos produce escalofríos. Cada naranja, cada manzana, cada cucharada de harina que comemos ha sido regada con agrotóxicos. Cada niño de una escuela rural recibe sobre su cabeza cantidades ingentes de herbicidas. Desde el gobierno aliado del “campo” se estimula su uso sin barreras. Los ciudadanos no importan, sólo el negocio.

¿Cómo seremos en el futuro? ¿Tendremos dos comunidades: los “fumigados” y los que no lo fueron? Una serie de seres desprovistos de humanidad, muertos por cánceres tempranos, con hijos malformados, por un lado, y, por el otro habitantes de las ciudades, fabricantes y estimuladores del consumo de tóxicos. En el medio, un espejo aterido.

Glifosato Pablo Piovano

 Fotografía de Pablo Piovano

Fuentes

https://www.scirp.org/Journal/PaperInformation.aspx?PaperID=90675

http://anccom.sociales.uba.ar/2016/01/19/agrotoxicos-la-muerte-silenciosa/

http://el-galo.blogspot.com/  Blog de Patricio Eleisegui

https://www.tiempoar.com.ar/nota/abogados-calificaron-de-ignorante-a-macri-por-sus-dichos-sobre-fertilizantes-y-agrotoxicos

https://www.eldisenso.com/politica/la-censura-llego-al-inta-no-se-puede-mencionar-la-palabra-agrotoxicos/

https://www.iprofesional.com/politica/289907-herbicidas-entre-rios-polemica-Ecologia-y-elecciones-por-que-Macri-respaldo-al-sector-pro-fumigaciones

http://ecoscordoba.com.ar/el-consumo-de-agrotoxicos-en-argentina-aumenta-continuamente/

https://www.burnmagazine.org/essays/2015/08/pablo-piovano-the-human-cost-of-agrotoxins/




CORRE ETIOPÍA, CORRE

Lo inesperado: Sobre el corredor Abebe Bikila.
Por Alicia Lapidus

 

EL PASTOR ALADO

Abebe Bikila llegó a la Olimpíada de Roma en 1960, casi por casualidad. No estaba seleccionado, pero una lesión de uno de los miembros del equipo de maratón, durante un partido de fútbol, le permitió incluirse. Era un desconocido.

Bikila había nacido en 1932, en Jato, un pueblo de Etiopía. Hijo de un pastor de cabras, uno más, dentro de una familia numerosa y muy pobre. Abebe dedicó la mitad de su infancia a ayudar a su padre en el campo y la otra mitad de su tiempo a ser estudiante. Sin embargo, recién a los 12 años aprendió a leer.

Sus habilidades deportivas, ya podían verse desde pequeño: no sólo le gustaba correr, sino que era un buen nadador, jugaba hockey en el invierno y también cabalgaba.

Abebe Bikila
Abebe Bikila

A los 17 años se mudó a la capital de Etiopía y, tres años después, se alistó en la Guardia Imperial de Haile Selassie, como un modo de hallar un ingreso económico para él y su familia. Muy pronto formó parte del programa de actividades deportivas del ejército.

 

EMPERADOR EN FUGA

La historia del Emperador Haile Selassie, último emperador de Etiopía, merece un paréntesis. Baste con contar que ascendió al trono en 1930, dos años antes del nacimiento de Abebe y, en 1936 -cuando Abebe tenía cuatro años- se debió exiliar en Inglaterra por la invasión de Mussolini a su país. Volvería a Etiopía recién en 1941, tras la expulsión del ejército italiano.

Durante este período, Haile Selassie sufrió varias tragedias personales. Sus dos yernos, Ras Desta Damtew y Dejazmach Beyene Merid, fueron ejecutados por los italianos. La hija del emperador, la princesa Romanework, esposa de Dejazmach Beyene Merid, fue tomada en cautiverio con sus hijos y murió en Italia en 1941. Su hija Tsehai murió durante el parto, poco después de la restauración en 1942.

 

UNA PATADA CON SUERTE

En los campeonatos de las Fuerzas Armadas, Abebe empezó a ganar las carreras de fondo, entre ellas, la maratón. En 1956, con motivo de reunir a la fuerza armada, aérea y naval, se organizó una competencia de atletismo en el ejército donde participó y destronó al héroe del momento, Wami Biratu, quien lideró la maratón durante los primeros kilómetros. Sin embargo, fue el joven de 24 años quien llegó primero a la meta. Onni Niskanen, coach suizo y director de atletas, notó el desempeño de Abebe y decidió apoyarlo. A pesar de eso y de haberse integrado al equipo de atletismo, Bikila seguía siendo un total desconocido. Y, sin la lesión de su compañero, no hubiera sido llamado de emergencia a integrar el equipo olímpico.

Abebe Bikila. Maratón olimpica. Roma, 1960
Abebe Bikila. Maratón olimpica. Roma, 1960

El 10 de septiembre de 1960, el etíope pisó suelo olímpico para correr la maratón.

Una maratón o un maratón es una carrera de larga distancia, que consiste en recorrer una distancia de 42.195 metros (42 km y 195 m). Forma parte del programa de atletismo en los Juegos Olímpicos, desde Atenas 1896, en la categoría masculina. Y, desde Los Ángeles 1984, en la categoría femenina. Su origen se encuentra en el mito de la gesta del soldado griego Filípides quien, en el año 490a.C., habría muerto de fatiga tras haber corrido 42 km y 95 m desde Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria sobre el ejército persa. En realidad, Filípides recorrió el camino desde Atenas hasta Esparta para pedir refuerzos: recorrió unos 213 kilómetros. Aun así, el mito ganó mucha popularidad. La longitud moderna de 42.195 metros data de los Juegos Olímpicos de Londres de 1908. La reina estableció esta distancia como la oficial de la carrera de resistencia por antonomasia. Esta distancia separa la ciudad inglesa de Windsor del estadio White City, en Londres. Los dos mil ciento noventa y cinco metros fueron añadidos al inicio, para que la salida fuese frente al balcón real del Palacio de Windsor. La distancia quedó establecida definitivamente como única oficial en el congreso de la IAAF, celebrado en Ginebra en 1921, antes de los Juegos Olímpicos de París de 1924. (1)

 

LA ZAPATILLA INVISIBLE

Para sorpresa de todos, Abebe no solo ganó la prueba y batió la plusmarca mundial sino que, además, lo hizo de una forma insólita: corrió descalzo y alcanzó un record mundial. Aunque  esta gesta forjó su leyenda, lo cierto es que Abebe no tenía intención de lanzarse al duro empedrado romano sin zapatillas: Adidas, el sponsor de la prueba, tenía unas deportivas preparadas para él pero, al ser incluido en la lista de los juegos por sorpresa, no tuvo oportunidad de probarlas lo suficiente y descubrió que le molestaban en las ampollas que ya traía. Como en los entrenamientos había demostrado que podía arreglarse de sobra, si corría descalzo sobre el altiplano etíope y, sin dejar de aprovechar las durezas de sus pies, prefirió salir sin calzado antes de hacerlo con uno incómodo.

Bikila se encargó de darle un toque heroico al final de la prueba. “Quería que el mundo supiera que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo”. Y así lo hizo, fue el primer africano en la historia en ganar el oro olímpico. Y lo concretó en Italia, un país que, bajo el régimen de Mussolini, había sido el opresor de su pueblo.

Bikila demostró que el continente negro estaba capacitado para ponerse a la altura de Occidente, no sólo a través de las revoluciones independentistas de esos tiempos, sino también a través del deporte.

“Otros no conocen a Abebe como yo. Él no tiene miedo de sus rivales. Él tiene voluntad y entrega. Nunca he visto a alguien como Abebe. Abebe fue creado por sí mismo, no por nadie más”, fueron las palabras de su entrenador Niskanen, tras su victoria.

 

SIGUEN LOS ÉXITOS

Pero nada se detuvo allí. Tras el oro, su carrera continuó en diferentes competencias internacionales, como el Manichi maratón en Osaka, que también ganó. A pesar de eso, cuando comenzaron los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, Bikila estaba bastante débil. Había sido operado de apendicitis seis semanas antes de disputar la maratón, lo cual se vio afectado su programa de entrenamiento. Así y todo, allí superó su propio récord con un tiempo de dos horas, 12 minutos y 11,6 segundos. Fue el primer hombre en ganar dos maratones olímpicas seguidas.

Esta vez corrió con zapatillas.

Bikila estaba decidido a ganar la siguiente olimpíada, en México, en 1969. Lástima: una molestia en una de sus piernas, desde el año anterior, se interpuso. Por el dolor, debió abandonar la carrera a los 15 km.

Igualmente, su vida estuvo signada por lo imposible, lo increíble, la gloria y la tragedia.

 

LAS PIERNAS DEL CORREDOR

En 1969, Abebe sufrió un accidente de coche (con el Volkswagen que le había regalado el Gobierno de Haile Selassie, por su victoria en Tokio) al intentar esquivar a un grupo de estudiantes en una manifestación. Quedó parapléjico para siempre, algo que aceptó con la misma entereza con que había recibido su inesperada gloria. “Los hombres de éxito conocen la tragedia. Fue la voluntad de Dios que ganase en los Juegos Olímpicos. Y fue la voluntad de Dios que tuviera mi accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia. Tengo que aceptar ambas circunstancias como hechos de la vida y vivir feliz”.

Fue invitado a los Juegos de Münich, donde impresionó ver en silla de ruedas al que había sido paradigma de los corredores. La ovación fue atronadora en todo el estadio olímpico. Un año después, el 25 de octubre de 1973, en Adís Abeba (Etiopía), a los 41 años, fallecía como consecuencia de una hemorragia cerebral por secuelas del accidente. En su país, más de 65.000 personas, con el emperador Haile Selassie presente, despidieron a su héroe.

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EL ÚLTIMO EMPERADOR

¿Qué fue de la vida del Emperador de Etiopía?

Al año siguiente de la muerte de Abebe Bikila, el Derg -un comité de mandos militares de bajo rango y soldados-, se aprovechó del desorden que en ese momento había en el gobierno para deponer a Haile Selassie. El general Aman Andom Mikael, un protestante, sirvió brevemente como jefe de estado provisional, en espera del regreso del príncipe heredero, Asfa Wossen, quien entonces recibía tratamiento médico en el extranjero. Haile Selassie fue puesto bajo arresto domiciliario por un breve periodo, en la cuarta División del Ejército, en Adís Abeba, mientras que la mayor parte de su familia resultó detenida en la residencia del último duque de Harar, en el norte de la capital. Los meses finales de su vida el emperador los pasó en prisión, en el Gran Palacio.

Más adelante, la mayoría de la familia imperial fue encarcelada en la prisión Kerchele, también conocida como “Adiós, mundo cruel” (Alem Bekagn).

El 27 de agosto de 1975, el depuesto Emperador de Etiopía, Haile Selassie, moría en circunstancias poco claras, a los 83 años. Oficialmente, se declaró que la muerte se debió a complicaciones, tras una operación de próstata realizada dos meses antes. Sus partidarios señalan que fue asesinado por orden de uno de los hombres más cercanos al, por entonces, jefe de Estado, Tafari Bentim, quien más tarde se convertiría en hombre fuerte del socialismo etíope.

En 1992, los huesos del emperador se encontraron debajo de una losa de hormigón en los jardines del palacio. Algunos informes sugieren que sus restos fueron descubiertos debajo de una letrina. Durante casi una década -ya que los tribunales etíopes trataron de arreglar las circunstancias de su muerte-, su ataúd descansó en la Iglesia de Bhata, cerca del lugar de la tumba de su tío abuelo, Menelik II. El 5 de noviembre de 2000, a Haile Selassie se le dio un funeral de estilo imperial de la iglesia ortodoxa etíope.

Más allá de haber propiciado el éxito de Abebe Bikila, Haile Selassie dejó un legado que continúa hasta nuestros días, el “movimiento rastafari”, una corriente espiritual que considera a Haile Selassie como a la tercera reencarnación de Jah (abreviatura del nombre de Jehová), después de Melquisedec y Jesús.

Abebe Bikila. Triunfante, 1960.
Abebe Bikila. Triunfante, 1960.

 

ZAPATITOS, ZAPATILLAS

Bruce Lee Poster
Bruce Lee Poster

Desde 1957, tres años antes de los Juegos de Roma, en sus entrenamientos Bikila utilizaba unas zapatillas de origen japonés, las Onitsuka Tiger. Tras ser su modelo fetiche hasta su trágica retirada, otra estrella decidió calzar las mismas para patear, en vez de asfalto, caras: Bruce Lee las usó, junto con su mítico overol amarillo y negro, en “Juego con la muerte”,  la última película que curiosamente no alcanzó a terminar antes de morir, a los 32 años. En 2003, 31 años después, Tarantino decidió homenajear al maestro de las artes marciales y puso de nuevo el modelo en unos pies: Uma Thurman, en “Kill Bill”, vestía los mismos colores que Lee y, por supuesto, el mismo calzado. Afortunadamente, sin los trágicos finales de los anteriores usuarios.

La historia y sus personajes se combinan en intrincadas redes, se enlazan, se asocian, se heredan. La mayor parte de las veces, vemos sólo los resultados, sin llegar nunca a sus orígenes. Un corredor etíope, un emperador, un campeón de artes marciales y un director de cine se articulan en una inesperada sincronía y dejan el eco de su herencia entre nosotros.

 

https://youtu.be/i_zRr9KOFWE

https://youtu.be/4nwKqihvCPA

https://youtu.be/w_Nygi01VqI

(1) Fuente, Wikipedia




NO TE ENTIENDO

Los exilios: sobre el Síndrome de Asperger y el libro El curioso incidente del perro a medianoche.

Por Alicia Lapidus

 

MÍREME COMO SOY

Cuando las familias de niños y niñas Asperger se enfrentan a la realidad de que sus hijos van a tener que “aprender” todo de forma diferente al resto, la mayor preocupación está en que sus profesores y todo su entorno educativo lo entienda. Se buscan los medios más adecuados para conseguir llegar de una manera efectiva y práctica a la mente de unos niños “especiales” con muchas capacidades que desarrollar, si se sabe cómo guiarlos.

 

DE LA CIENCIA A LA CONCIENCIA

Los fundamentos clínicos del Asperger consisten en la carencia de ciertas bases neurocognitivas para entender los estados mentales de las otras personas, para interpretar conductas no-verbales -específicamente, las expresiones faciales- y para cualquier tipo de aprendizaje implícito o basado en la experiencia. En muchos casos, todo este cuadro los hace vulnerables a riesgos extremos, propensos a abusos y a manipulaciones y expuestos a un futuro apoyado en dependencias de otros adultos, si no son previamente bien acompañados. También presentan profundas alteraciones en los patrones de comunicación social y, en especial, de la comprensión verbal. Tienden a concluir en sentidos literales. Los chicos con Síndrome de Asperger no entienden los aspectos sutiles de la comunicación social. No entienden ironías, expresiones coloquiales, expresiones abstractas temporales, espaciales o emocionales. Su dificultad, en ocasiones, se manifiesta en comportamientos desinhibidos o evitadores, lo queDiscriminación 2 les dificulta conseguir y mantener un trabajo. También quedan aislados cuando están fuera de su contexto familiar, resultan marcados por sus experiencias escolares con fracasos académicos, victimizaciones, castigos múltiples y, muchas veces, padecen frecuentes cambios escolares que nunca llegan a ser de gran ayuda. Por otra parte, presentan una profunda alteración en la flexibilidad con que se adaptan al ambiente. Pueden resultar expertos en asuntos puntuales por la gran cantidad de datos que memorizan, aunque los emplean de manera repetitiva, sin percibir la falta de interés o aburrimiento causado en otras personas.

Aspectos de enorme repercusión hacia quienes conviven con ellos son su rigidez e intolerancia al cambio en sus rutinas, costumbres, ambiente u objetos. Muchos desarrollan rituales interminables, a los que sus familias se adaptan para contener reacciones agresivas. Sus reiteradas hipersensibilidades sensoriales son foco de sufrimiento y terminan, en ocasiones, en conductas auto lesivas. Frecuentemente, las dificultades de aprendizaje se asocian a conflictos en las áreas ejecutivas de organización, planificación y resolución de problemas. Durante los primeros años de su vida, pueden necesitar ayuda individualizada y, durante los años posteriores, adaptaciones curriculares o servicios de educación especiales.

Existen diferentes grados de Síndrome de Asperger, por lo que no todos los niños tendrán todas las manifestaciones.

 

SER O NO SER SOCIAL

La polémica la desató la separación de un niño de cuarto grado con síndrome de Asperger de su aula y las repercusiones poco solidarias –y hasta repudiables– de las madres de sus compañeritos en un grupo de WhatsApp, al enterarse de la noticia.

Ocurrió en el Instituto San Antonio, en Merlo. Las mamás, hacía un tiempo ya pedían que lo expulsaran y terminaron por festejar, dentro del grupo de chat, que lo cambiaran de clase, según denunció su tía, Rosaura Gómez, a través de Facebook.

Irónico es que, en el ambiente académico, sea usual referirse a la “empatía cero positiva” de estos niños. Bien podría decirse: en este caso, la falta de empatía no surgió precisamente de aquellos señalados como poco empáticos por los manuales de psiquiatría infantil, sino justamente de aquellos considerados “normales”.

Whatsup

Las desagradables capturas del grupo de madres fueron difundidas en Facebook por la tía del niño. Para el director del Instituto de Neurología Buenos Aires (Inba), “se trata de pacientes que desean la aceptación social, pero no saben cómo lograrla porque les “falla” la inteligencia emocional, la capacidad de entender lo que le pasa al otro, por eso generalmente les sucede lo opuesto y eso les genera angustia y estrés”.

Y, aunque destacó que se trata de “niños muy inteligentes, con un muy buen lenguaje y que no suelen tener problemas de aprendizaje”, el especialista reconoció que “siempre el diferente tiene más posibilidades de ser discriminado”.

Desde la Asociación Asperger Argentina, entre las características de este síndrome- y con mucho cuidado en no desatender que cada persona es única y particular– señalan que existen rasgos pasibles de considerarse altamente positivos. “En el primer grupo, encontramos las capacidades relacionadas con la inteligencia dura, racional, unívoca, híper-lógica; en el segundo, aquellas vinculadas a la inteligencia blanda, emocional, con pluralidad de significados, que cobran mucha importancia a la hora de relacionarse e insertarse en todo tipo de entornos sociales. Algunos aspectos distintivos del primer grupo son la memoria (en muchos casos prodigiosa), el apego al detalle (capturan datos inasibles para otros observadores), la facilidad para la matemática, la tecnología, el pensamiento lógico, la estructuración, la focalización en un interés dominante, la concentración y perseverancia en ese interés“.

El director del Instituto de Neurología Buenos Aires(Inba) considera que: “Si un niño de estas características es discriminado, seguramente estará peor que antes porque tendrá que remontar la discriminación y formar una nueva red de contención“.

En la Asociación Asperger Argentina aclaran que hay una aceptación universal acerca de que el síndrome no se produce por problemas afectivos ni por el tipo de educación recibida. Es más frecuente en varones. En las mujeres se manifiesta de una manera más sutil y encubierta: “En una sociedad con una marcada inclinación a homogeneizar y a medir a los semejantes con los parámetros dominantes, no es de extrañar que las personas con síndrome de Asperger sean consideradas raras o con conductas desadaptadas, ya que presentan una manera distinta de pensar y relacionarse y, en muchos casos, esto puede llegar a provocar inquietud. Sin embargo, sus acciones nunca persiguen una finalidad perturbadora; muy por el contrario, como todos, necesitan ser respetados en su singularidad, aceptados y amados“.

 

EL CURIOSO INCIDENTE

¿Cómo será pensar al modo de un niño con Asperger? ¿Cómo se “siente” el mundo desde esa mente? Del mismo modo en que nosotros no podemos imaginarlo, para ellos es imposible ingresar a nuestras convenciones, ni siquiera a nuestros sueños.

Libro

Christopher es un personaje de novela con síndrome de Asperger que vive con su padre en Swindon. Una noche descubre el cadáver de Wellington, el caniche de su vecina, atravesado por dos horquillas de jardín. La señora Shears, dueña del perro, llama a la policía, que comienza a interrogar al chico. Christopher empieza a sentirse agitado por tantas preguntas. Entonces, uno de los oficiales intenta agarrarle de un brazo y provoca que el chico lo golpee. Así las cosas, se lo llevan a la comisaría, de donde lo recoge su padre. No satisfecho, Christopher decide investigar el caso para limpiar su nombre. Sin embargo, su propósito se ve gravemente limitado por sus temores y dificultades a la hora de interpretar el mundo que lo rodea. Durante su investigación, Christopher necesitará entrar en contacto con gente con quien nunca se ha relacionado, a pesar de tratarse de personas que viven en su misma calle.

 

EL CURIOSO INCIDENTE DEL PERRO A MEDIANOCHE

Así se titula esta novela que no se parece a ninguna otra. Contada como un diario escrito por Christopher, nos acerca su modo de pensar el mundo. Es, en el fondo, una novela policial, pero ese no es el punto de encuentro.

Me llamo Christopher John Francis Boone. Me sé todos los países del mundo y sus capitales y todos los números primos hasta el 7.507.Hace ocho años, cuando conocí a Siobhan, me enseñó este dibujo:

carita feliz

Y supe que significaba «contento», como estoy cuando leo sobre las misiones espaciales Apolo, o cuando aún estoy despierto a las tres o las cuatro de la madrugada y recorro la calle de arriba abajo y me imagino que soy la única persona en el mundo entero”.

El autor de esta maravilla es Mark Haddon, un escritor, ilustrador, pintor y profesor inglés, nacido en 1962. Su personaje Christopher enternece e irrita al lector, alternativamente. A lo largo de la novela, sin embargo, entre dibujos y frases de una literalidad absoluta, empezamos a entender el distinto funcionamiento de su mente única.: “Pedí a Siobhan que me dibujara más caras de esas y escribiera, junto a ellas, qué significaban exactamente. Me guardé la hoja en el bolsillo y la sacaba cuando no entendía lo que alguien me estaba diciendo. Pero era muy difícil decidir cuál de los diagramas se parecía más a la cara que veía, porque las caras de la gente se mueven muy deprisa.”

Caras

Christopher es incapaz de mentir. Sin maldad, no entiende al mundo que lo rodea. Su padre, tampoco a él, aunque tolera sus estados de ánimo cambiantes. La madre falleció hace un tiempo y ella fue la única cuyo contacto físico le era agradable. No sigo, no quiero “spoilear” la novela, pero espero que estas líneas los estimulen a buscarla y a deleitarse con ella.

Pero les dejaré, en palabras de Christopher, sus “Problemas de Conducta”: 

  1. No hablar durante mucho tiempo (una vez no hablé por 5 semanas).
  2. No comer o beber nada durante mucho tiempo.
  3. No gustarme que me toquen.
  4. Gritar cuando estoy enfadado o confundido.
  5. No gustarme estar en sitios pequeños con otras personas.
  6. Destrozar cosas cuando estoy enfadado o confundido.
  7. Gemir.
  8. No gustarme las cosas amarillas o marrones y negarme a tocar cosas amarillas o marrones.
  9. Negarme a usar el cepillo de dientes si alguien lo ha tocado.
  10. No comerme la comida si las diferentes clases de comida se tocan entre sí.
  11. No darme cuenta de que la gente está enfadada conmigo.
  12. No sonreír.
  13. Decir cosas que a la gente le parecen groseras. La gente dice que siempre hay que decir la verdad. Pero no lo dicen en serio, porque no se te permite decirles a los viejos que son viejos y no sCrisise te permite decirle a la gente que huele raro o a un adulto que se ha tirado un pedo.
  14. Hacer cosas estúpidas.
  15. Pegar a otras personas.
  16. Odiar Francia.
  17. Conducir el coche de Madre.
  18. Ponerme furioso cuando alguien ha movido los muebles.

 

LLEGASTE A MÍ

Hace algunos años, atendí a una paciente embarazada, que tenía un hijo con Asperger y estaba muy angustiada al pensar cómo iba a repercutir la llegada de una hermanita en él, en ese Christophermomento, de 14 años. Fue una hermosa experiencia. Empecé a aprender acerca de ese Síndrome de la mano de mi paciente. Largas charlas de consultorio me acercaron al descubrimiento de un hijo diferente, al no saber cómo “llegarle”, cómo manejar distintas situaciones. Para el tiempo del embarazo, el chico estaba escolarizado, sin problemas, aunque solitario y con sus características.

Una vez que tuvo su bebita, sin problemas, mi paciente vino un día a mi consultorio y me trajo este libro. No me olvido sus palabras al regalármelo: “cuando lo leí por primera vez, comprendí de verdad a mi hijo y nada fue igual”

 

EL MUNDO ES OTRA COSA

Vivir con Asperger es un desafío mucho mayor al que la vida de por sí nos obliga. Estos chicos, incapaces de reconocer de manera espontánea ciertos sentimientos del otro (aburrimiento, enojo, alegría), están forzados a incorporar ese manejo racionalmente. Viven encerrados en su existencia, no por deseo propio, sino por la exclusión a la que el entorno los somete. No se llega a ellos por caricias, ni abrazos, sino por la comprensión de su estructura de pensamiento. Pueden ser felices, pero su camino es espinoso y cruel. Son extranjeros de su propia vida.

 

 




CUERPO EN GUARDIA

El cuerpo: sobre El cuerpo femenino en la guardia médica

Por Alicia Lapidus

ESTAMOS DE GUARDIA

Quiero transportarlos a un viaje. Un viaje, al pasado y, también, por qué no a la actualidad. Nos vamos a ir a una guardia de un hospital público. Los médicos de guardia, ginecólogos y obstetras, somos muchas veces zombies.

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Veinticuatro horas de atender diferentes pacientes, cada una distinta y, al mismo tiempo, todas en algo parecidas. Un parto detrás del otro, consultas ginecológicas similares. Ellas, con personalidades que llevan su trastorno biográfico en forma disímil, y nosotras, sin tiempo para hablar ni interpretarlas. Nos atenemos a la “receta” que sabemos brindar, la que nos dieron los libros o nuestros compañeros. Eso nos da seguridad cuando somos residentes, jóvenes e inexpertos.

El hospital es un lugar frío, no siempre por la temperatura, sino por sus paredes pintadas de colores neutros, brillosas, los azulejos, las camillas y ese olor tan particular, mezcla de antisépticos y dolor.

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Las noches en la guardia  se impregnan de silencio, se habla en susurros y la mayoría de las veces se trabaja sin descanso. Las mujeres concurren a la guardia ginecológica y llevan a  cuestas los problemas que le acarrea su sexualidad. Con el paso de los años, los ojos enrojecidos de cansancio de los médicos no se asombran frente a casi nada.

Les voy a contar dos oportunidades en las que estos, mis propios ojos, se apabullaron, entre el dolor y el humor.

 

EL DOLOR DE YA NO SER

enelginecologoUna noche apareció en la guardia una nena, sí, una nena. Uniforme escolar, corbata a cuadros como la pollerita tableada mini, medias tres cuartos, zapatos acordonados de suela de goma. La acompañaba un nene, igual uniforme, mismo colegio. Ambos, catorce años.

Ella venía por una hemorragia genital. Habían tenido su primera relación sexual y el himen se había desgarrado de un modo, que sangraba profusamente. El único tratamiento posible en esos casos es dar un punto de sutura adonde está sangrando.

 

Se lo dijimos, explicándole: habría que dormirla con anestesia para que no sintiera dolor y no fuera traumático para ella. Pero, para  una anestesia general, debíamos avisar a sus padres. Si no, no podríamos realizarla. La nena ya estaba pálida por la hemorragia pero, cuando oyó nuestras palabras, se convirtió en un papel blanco. Comenzó a murmurar, casi como un lamento, “no puedo, no puedo, no tienen que saber, no puedo”. La desesperación en su voz era un cuchillo que nos lastimaba.

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Había otra opción. Hacerlo sin anestesia. Ella, entre llantos dijo que sí. No se tenía que mover un ratito, mientras dábamos el punto, uno sólo. Siguieron las afirmaciones con la cabeza, las mejillas mojadas de lágrimas.

De su mochila sacó un pañuelo y dijo “¿está bien si muerdo esto?”. Para nosotros, cualquier cosa que terminara ese momento tormentoso servía. Estoica, se puso la tela entre los dientes, el novio le sostenía la mano. Todo duró un instante, pero la templanza de esa nena nos conmovió profundamente. Nos llenó de preguntas: ¿Qué tanto peor era que sus padres se enteraran? ¿Qué casa la esperaba, qué familia? ¿Cómo se iba a reencontrar con su sexualidad después de un inicio tan tormentoso?

Las guardias dejan siempre ese sabor de inconcluso. Hoy atendemos a una mujer, pero no sabemos jamás el final de ninguna historia.

 

PONGA HUEVO

Ahora los llevo a otro día de guardia.

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Una señora mayor (en ese momento yo era muy joven, así que lo de mayor tómenlo con pinzas, era mi mirada), aspecto de ama de casa, como si hubiera sido una abuela. Ropas oscuras, zapatos de tacón grueso, un pañuelito de seda estampado en el cuello y una gastada cartera negra en sus manos. Entró al consultorio y empezó a tartamudear. No entendíamos el motivo de su consulta. Se la veía sana. De a poco, muy de a poco, desovilló su historia: “Yo estaba con unas amigas en casa. Soy viuda hace 20 años, ¿vio? Y estoy empezando a salir con un señor… después de tanto tiempo. Mis amigas me dijeron, que cómo iba a hacer para tener relaciones, si ya hace tanto no pasa nada, que debo estar achicada. Que no iba a poder. Me quedé preocupada. Es posible que las chicas tuvieran razón. Al día siguiente, yo me hacía unos huevos duros y se me ocurrió una idea. Debía probar que algo entraba. (Mientras tanto nosotros mirábamos impávidos, en silencio total). Y entonces, me puse un huevo adentro, ¿sabe?, en la vagina. Y resulta que ahora no lo puedo sacar”. Para ese momento, la señora que nunca alzó la mirada tenía la cara  casi morada.

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Sacar el huevo para nosotros fue muy fácil. Despedimos a la señora, la tranquilizamos, le dijimos que iba a poder sin ninguna duda, que sólo se tenía que animar.

En el libro de guardia que se lleva de las consultas, luego, se leía: Diagnóstico: Extracción de huevo (de gallina) de vagina.

También en este caso, nunca supimos qué pasó después. ¿Habrá seguido su relación?, ¿Habrá tenido relaciones sexuales? Y la pregunta que también nos daba vuelta por la cabeza, ¿era verdad la historia?, o ¿todo fue producto de un juego que terminó en ese “accidente”?

Quise arrimar dos ejemplos de los muchos, muchos, a los que nos enfrentamos. El cuerpo femenino es usado, abusado, fuente de placer y dolor. Nos depilamos con dolor, nos pintamos las uñas, la cara, nos teñimos. Estamos aquejadas por convenciones sociales y morales. Cuerpo moldeado para tener más o menos pechos, más o menos cola. Nuestros cuerpos a veces nos pertenecen pero otras muchas, demasiadas, son propiedad del imaginario social del que somos parte.

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Y sí, para contestar lo que muchos se preguntan: el huevo era sin cáscara.




MESTIZAJES DE LA SANGRE

La orfandad: Sobre los alebrijes.

Por Alicia Lapidus

 

SERES DE LA NADAAlebrijes2

Vengo de la nada. No tengo tiempo, no tengo esencia, me trasmuto. Me muevo a través de los siglos en ese espacio de ser y no ser. ¿La forma? No importa, cambia en cada aparición, los colores se definen, se detallan, se deciden en cada llegada. Estoy en la tierra, en el cielo y en el universo. No pertenezco a ningún lugar. No nací y jamás moriré. Soy un alebrije.

Todo había comenzado durante una cena en mi casa con unos amigos de Costa Rica. Ella me contó que hacía alebrijes. ¿Qué es eso? Ella extrajo su teléfono de la cartera y me mostró unos seres extraordinarios a medio realizar. Increíbles, mezcla de pájaros y reptiles, perros alados. Raros, encantadores, fascinantes y a la vez terroríficos. Ahí empezó mi interés por esos especímenes nacidos de una mente delirante.

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Alebrije de Verónica

PRESENTES, DESDE LA RAÍZ

Méjico, cultura indígena devastada por la “conquista”. Con espejos de colores que no alcanzaban a reflejar la sangre y el fuego próximo a caerles encima. La destrucción fue profunda, muerte física y de sentido. Cultura diezmada por quienes ostentaban las armas y la “fe única”. Los consideraron salvajes. Quedaron restos, trazas escuálidas, enterradas como un símbolo de aquello que fue, de florecido a marchitado por los invasores. Ahora esa población indígena se debate y sufre sumergida en una sociedad de consumo que le es ajena. Dentro de una cultura disciplinada por los blancos europeos, lo nativo quedó preso en museos. No parece haber futuro, pero resiste en raíces. Y ya lo sabemos, no es fácil matar las raíces ni la memoria.

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Vago por el mundo, soy una criatura que pugna por nacer sin vientre. Me muevo por las civilizaciones y aparezco en cada una. No se confundan, no soy un dios, soy la tierra, la naturaleza que le grita al hombre en cada época, que se desangra en cada chamán, en cada escultura, en cada animal.

 

PORFIAR EL VIENTRE

Los chamanes son hombres con prestigio mítico y mágico, dotados con poderes perceptivos poco habituales. Para ellos, el mundo animal siempre resultó un buen punto de partida. Sea por el modo o por el lazo que nos tienden los animales en la mirada, sea por la falta de palabras, la fauna es el sitio donde el misterio comienza a necesitar formas: en dibujos, poemas e historias. Conocer de cerca el mundo animal propició que los humanos los representaran. De acuerdo con la creencia chamánica, todo lo que existe en este universo tiene su par o su opuesto complementario en un universo paralelo. De ahí, las combinaciones: reptiles alados, jaguares-cocodrilos, serpientes-felinos, aves-mamíferos y un sinnúmero más.

Los conocimientos del chamán lo dotan de un poder para hacer. Ese poder lo obtiene de los espíritus que pueblan el cielo, animales celestiales, adonde los chamanes llegan en vuelo mágico. Muchas veces, en ese mismo vuelo, ellos mismos se transforman en alguno de esos seres míticos.

Cuando siento que me pierdo en la conciencia de la humanidad, grito. Ese lamento sale de mis entrañas. La desesperación no es sólo para los hombres. La impotencia, tampoco. Las bombas y la destrucción sí lo son y las sufro. A veces me convierto en un sueño que pugna por salir, me hago retazos y me reconstruyo en un delirio sólo por la porfía de renacer.

 

LA ALUCINACIÓN DE PEDRO

Pedro Linares López nació el 29 de Junio del año 1906, en ciudad de México. Extremadamente pobre, aprendió con su padre el oficio con cartón y papel maché. Realizaba máscaras que vendía para sostener, apenas, su existencia. En 1936, Pedro enfermó. El médico le dijo que tenía una úlcera gástrica, aunque él no entendió de qué se trataba, ni tenía los medios para tratarla. Empeoró cada vez más hasta que un día se desató una hemorragia digestiva y se desmayó. Dice su nieto que su abuelo parecía muerto. Por eso se inició el rito del velorio con velas, flores y rezos a su alrededor. Pero Pedro no estaba muerto, sólo inmerso en un sueño. En un delirio que lo regresó a su origen mítico:

Había una campana inmensa lejana, suspendida en el aire. Hacia ella caminaban todos. Era el mundo de los muertos porque, entre la multitud, estaba su hermano, fallecido hacía muchos años. De pronto el hermano de Pedro dijo:

– ¿Y tú qué haces aquí? No perteneces a este lugar. Vete por donde viniste.
– Sí, me voy –contestó-, pero dime por dónde, porque no sé ni cómo llegué acá.

Pedro comenzó a caminar en dirección contraria. Poco a poco, se alejó de la gente hasta quedarse sólo. Llegó a un sitio despoblado, desértico, lúgubre, donde apenas se atrevía la luz. Tuvo miedo. De las sombras, bruscas, surgieron bestias extrañas, horribles, hechas de retazos mezclados de animales. De mirada demoníaca, gritaban algo que le penetró en su mente y él entendió como “alebrijes”. Pedro corrió desesperado. El desmayo resultó tan violento como el despertar. Había resucitado.

AlebrijesIntentó explicar a su familia lo vivido: había visto un burro con alas y lengua de fuego, una serpiente con patas de gallo y pelo en lugar de escamas, un león con cabeza de perro y cola de dragón. Nadie entendía a este hombre que había vuelto de la muerte. Pedro lo explicó del único modo que sabía: en papel maché, creó a esos animales demoníacos y a la vez fascinantes que se habían introducido en su ser. Así vieron la luz los alebrijes: pidieron nacer en un sueño, de un creador sin vientre.

Soy huérfano, vi la luz en los chamanes de la pre-conquista. Enterrado con ellos, nunca me fui. Pugné por renacer sin útero, por salir de la bruma. Hasta que lo encontré a él, a Pedro. Lo preñé con devoción, lo llevé de vuelta a sus raíces, me desperecé en su inconsciente mítico, lo volví chamán y le di la fuerza para reproducirnos a nosotros, los alebrijes.

 

LOS MODERNOS RENACIDOS

Mi amiga de Costa Rica me recomendó con fervor que viera la película “Coco”. Pensaba que se trataba de una producción para niños. Con desgano y sin expectativas, la vi. A medida que transcurría esta animación, yo me adentraba más y más en la historia. Me emocionaba, me alegraba, me entristecía. Hasta que el mundo de los muertos se hizo presente. Y, ahí, con todo esplendor, aparecieron los alebrijes más hermosos, los más temibles y los más tiernos. Un espacio en la nada donde alebrijes y muertos convivían en la mayor armonía y donde el reto para sobrevivir era ser recordado por alguien en la tierra.

Como alebrije nya Pedro, estos seres se me metieron bajo la piel, me inundaron con una nostalgia por algo perdido. Igual que Pedro, me dispuse a no dejarlos morir. Mientras alguien, mientras algunos los recordemos, su presencia estará asegurada. Y, con ellos nuestro mundo se vuelve un poco, sólo un poco, mejor.

 

No puedo dejar que nuestra historia, nuestros orígenes, nuestra naturaleza se pierda en el olvido. No tenemos padres, aunque generamos muchos hijos. Cuando el tiempo transcurre y nos vamos desvaneciendo, nos revolvemos, nos recreamos y aparecemos. Cambian nuestras formas, nuestros colores, pero jamás cambiará nuestra esencia natural en lucha contra ustedes, contra su destrucción, contra los hombres destructores.

Venimos de la nada. No tenemos madre ni padre. Ustedes, los que nos recuerdan son nuestros hijos. Nos movemos a través de los siglos en ese espacio de ser y no ser. Estamos en la tierra, en el cielo y en el universo. No pertenecemos a ningún lugar y estamos en todos. No nacimos, jamás moriremos. Somos alebrijes.

 




LOS MÉDICOS MALDITOS

Reflexiones acerca de la miseria: sobre los médicos de ficción.

Por Alicia Lapidus

¿Quién no se ha sentido vulnerable en la enfermedad? Hasta el más valiente se acobarda frente al médico, a quien algunos creen poseedor de un saber absoluto. Chamán que, con artes más o menos oscuras, puede disponer de nuestra salud, cuando no de nuestras vidas. Las épocas fueron cambiando, el otrora almidonado guardapolvo y su portador, ubicados varios escalones sobre nosotros, ahora es un ser más coloquial, tutea y hasta puede haber abandonado el clásico uniforme. Eso sí: no cambia el desvalimiento que la enfermedad produce y, cuando el mal no mejora, genera toda clase de paranoias.

Se dice que hay dos temas sobre los cuales hablan todos los seres humanos como si fueran expertos: las enfermedades y la economía. Ambos, caros a nuestra vida cotidiana.

Con estas verdades y estos miedos arcaicos, la ficción se hizo una fiesta. Infinidad de libros y películas crearon villanos médicos, viles seres. En su mayoría, enfermos mentales, con delirios de grandeza y ávidos de probar experimentos, muchos de ellos, sobre inermes pacientes. Pero no todas las ficciones propusieron  profesionales macabros, los hay también de excelencia. Para el desquicio o para la gloria, los médicos de ficción siempre tuvieron el color de la época en la que nacieron.

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Ahora: algo es seguro. Estos doctores de serie, de novela o de película no creen en el juramento hipocrático. Ante la elección del bien o el mal, casi siempre optan por el lado oscuro.

Por ejemplo, el Dr. No y su plan sórdido para cometer asesinatos en masa con un rayo  atómico. El buen doctor, como muchos de sus colegas literarios, encuentra un final un tanto pegajoso: enterrado vivo en un montículo de guano.También está el bueno del Dr. Jekyll, cuyos experimentos con un suero lo convierten en el maníaco homicida, Mr Hyde. Sin mencionar al Dr. Moreau, quien crea una súper raza de híbridos humanos/animales. O el insidioso Dr. Fu Manchú. O el nigromante vendedor de almas, el Dr. Fausto.

Los psiquiatras tienen una provincia especial en este asunto. Posiblemente, el protagonista más malvado de todos los tiempos sea el Dr. Hannibal Lecter, un psiquiatra forense que puede leer a sus víctimas como si leyera un libro. En “Los hombres que no amaban a las mujeres” hay psiquiatras violadores, asesinos y abusadores (2005, Stieg Larsson). Y, más atrás en el tiempo, la maravillosa película “Atrapado sin salida”, de Ken Kesey, con la inolvidable actuación de Jack Nicholson

Sería interminable enumerarlos a todos ellos, buenos y malos. Voy a detenerme en dos que, sin duda, reflejan su época.

EL MONSTRUO Y EL PADRE

Agujas plateadas de luz caían sobre el campo quirúrgico, donde el Dr. Frankenstein suturaba los últimos puntos de su creación. Y, entonces, la criatura despertó a la vida.

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En su libro, Mary Shelley no quiso -probablemente, no podía- explicar el misterio del aliento de la vida, dejó a la imaginación del lector (y a las futuras adaptaciones) la resolución del enigma.

Mucho se ha dicho sobre el Monstruo Frankenstein. Menos mirado, en cambio, ha sido su creador, cuyo nombre fue trasvasado a la bestia. Víctor Frankenstein nació en pleno romanticismo europeo, siglo XIX. El romanticismo se caracterizó por un subjetivismo con exaltación de la personalidad individual, la oposición a las normas clásicas y una revalorización del “ánima mundi” (egipcio y presocrático): la concepción del universo como un gran animal que nos respira. Un mundo de correspondencias ente lo macro y lo micro, que vuelve a filiar al hombre escindido con la naturaleza, a la vigilia con el sueño, a la conciencia con lo inconsciente (palabra que aparece por vez primera en boca de un romántico). Reacciona “contra el modo de reaccionar” contra el oscurantismo medieval, del racionalismo del siglo XVIII y XIX. Y recupera el yo, no como afirmación del individuo, sino como espacio atravesado por fuerzas, por ejemplo, la inspiración. Por otra parte también valora lo diferente en contraposición a lo común, lo que lleva una fuerte tendencia nacionalista. Esto tuvo su costado bélico, pero también una revalorización de las culturas singulares de cada lugar, una renovado interés por leer ruinas, por reivindicar el vínculo hombre-mundo, por rescatar el panteísmo. Los sentimientos -espacio siempre andado por el arte- adquirieron un nuevo modo de ser expresados. Sobre esta base, podemos entender mejor a este “Doctor”.

Ya de joven, Frankenstein fue influenciado por las lecturas de alquimistas como Paracelso y Alberto Magno, con intenciones de descubrir el fabuloso “elixir de la vida”. Poco después, perdió el interés tanto de esta búsqueda como de la ciencia en general. La cosa fue así: la observación de los restos de un árbol al ser golpeado por un relámpago ocurrió en simultáneo con la muerte de su madre. De este modo, Frankenstein sintió lo casual de la existencia frente a la naturaleza creadora y destructora. Sin embargo, en la Universidad dedoctor_frankenstein__peter_cushing__by_pidimoro-d5rzbe0 Ingolstadt, Víctor desarrolló una fuerte pasión por la química. Se obsesionó con la idea de crear vida con técnicas artificiales, a partir de materia inanimada. Por ese motivo- aparentemente- es expulsado de la escuela. Importa anotar que Víctor no era “un Doctor”, como es típicamente retratado, de hecho, llegó a serlo. Frankenstein terminó por conseguir algo parecido a lo que buscaba: creó una criatura humanoide. No explicó si lo logró a través del zurcido de trozos de cadáveres, si empleó alguna sustancia química o ambas cosas. Se lo preguntaron, pero evadió la respuesta en tres oportunidades. Es probable que Mary Shelley, como ya se dijo, no tuviera tampoco esa respuesta. Sin embargo, el corazón del conflicto quedó expuesto cuando Frankenstein comprendió el horror de su creación y huyó del laboratorio. El “engendro”, como él lo llamaba, escapó. La “bestia” era un ser sensible y emocional, anhelaba la compañía y el afecto pero era rechazada. Su fealdad monstruosa la alejaba de toda la sociedad. En su incesante intento por relacionarse, aprendió a hablar y a escribir -algo no retratado en la mayoría de las adaptaciones posteriores- y llegó a hacerlo con gran corrección en francés, y, quizás, también en alemán y en inglés.

Ya desde su “nacimiento”, Víctor no le puso nombre, todo un símbolo de la orfandad que acompañará a la criatura, quien terminará por odiar a su creador.  Así, en su periplo, dejará muerte y desolación.

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En la novela de Mary Shelley, Frankenstein es un hombre conducido por la ambición y la curiosidad científica, incapaz de tratar las consecuencias de sus acciones en “el juego de ser Dios”, y también un ser un irresponsable y padre negligente.

El Dr. Frankenstein presenta al mundo convulsionado con la aparición de la era industrial, el peligro de una ciencia que avanza hacia la deshumanización y un naciente capitalismo que no respeta al ser humano en su individualidad. El hombre no puede ser creador sin atenerse a las consecuencias de su obra. Y su criatura, inmersa bruscamente en ese mundo, muere y mata por soledad.

 EL DR. SARCASMO

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“Todas las hazañas heroicas requieren un precio. De otra manera no son realmente heroicas. Tiene que haber un dragón. Tiene que haber un riesgo. Tiene que haber dolor. Y él mantiene ese dolor. Y combate ese dragón. Él paga ese precio de muchas maneras distintas. Y lo paga por el bien de buscar verdades más grandes” Gregory House

Viajo en el tiempo hasta la actualidad. Ahí encuentro un personaje fascinante, complejo, inasible. No es malo, no es bueno en términos convencionales, su modo duro y carente -desaprensivo, la mayoría de las veces- se volvió un signo distintivo del personaje. No pasará mucho tiempo hasta que el lenguaje lo capture y llamemos a cualquier cínico, “un Dr House”.

¿Pero quién es Gregory House? En primera instancia es un médico enfermo. Ya no sólo psíquica, sino físicamente. Es un ser dañado en lo profundo. El ovillo de su propia historia se desenvuelve a lo largo de ocho años de serie televisiva. Este hombre es hijo de un padre golpeador. Él no cree que ese sea su padre biológico. A la muerte de aquel y antes de su entierro, Gregory le extrajo un fragmento de oreja al cadáver y realizó una prueba de ADN. Así demostró que John House no era su verdadero padre, lo que confirmó su teoría. Esa es sólo una transgresión pequeña. A lo largo de los años realizará innumerables otras.

House no reconoce los límites éticos concebidos socialmente. Para él, el fin -generalmente el diagnóstico- justifica cualquier medio.

House 3Es un maltratador verbal de sus colegas, sus superiores y de sus pacientes. Su inteligencia le permite, en todo caso, exceder toda convención social. Desprecia la relación médico/paciente. “Todos mienten” es su leitmotiv al que varias veces le agrega “incluso yo”. Ante los enfermos que caen en su órbita, usa métodos poco ortodoxos y tratamientos no convencionales. Sin embargo, sorprende con diagnósticos rápidos y acertados, después de simular desatender el asunto que se le plantea. Su aparente “devaneo” es un recurso teatral narrativo sin igual para evitar que su genialidad se explique sólo por una causa o por un trauma.  Muestra su habilidad , por ejemplo, en una escena en la que House diagnostica a una sala de espera completa en menos de un minuto, mientras sale del hospital.

Su ficha clínica dice: Adicto a la hidrocodona (Vicodin), un potente analgésico. Preso de un bastón a causa de una lesión muscular en una pierna. La adicción al analgésico es, sin lugar a dudas, un signo de los tiempos. A fin de 2016, se supo que el abuso de fármacos como Oxycontin y Vicodin causó la muerte de 17,536 personas ese año en Estados Unidos.

https://www.elconfidencial.com/mundo/2017-04-12/opiaceos-adiccion-heroina-estados-unidos-epidemia_1360874/

Sus vínculos con las mujeres tienen también ese sello de fragilidad  y desencuentro. House, con frecuencia, contrata prostitutas, un hábito que su amigo Wilson le reprende. Cada relación que ha intentado termina de forma violenta y en el lapso donde solo cabe lo fugaz (excepción de una relación un poco más larga con la directora del hospital). Siempre el final es debido a una combinación de su personalidad o a causa de algún obstáculo que condimenta su ya difícil figura, con la astucia de excelentes guiones. Lo único firme en ese universo es su amigo, Wilson.

El Dr. James Wilson es el jefe de oncología del hospital donde ejerce House. Por tratarse de su mejor amigo es el único que se atreve a hablarle con sinceridad. Es atildado, pulcro, intenta parecer normal a ultranza. Sin embargo, comparte algunos de los problemas de House con las mujeres. Se casó y divorció tres veces y no tiene hijos. Eso lo convierte en el compañero ideal de las charlas con House. No participa en los diagnósticos, lo que permite abrir un escenario, dentro de la serie, más íntimo, más personal.

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Se conocieron en una convención médica, cuando House le paga la fianza a Wilson para salir de la cárcel (detenido por agredir a una persona). Con su acidez habitual, House dice que lo hizo porque el Congreso era muy aburrido y necesitaba alguien con quien ir a beber. Wilson parece un hombre más lineal, sin embargo también él lucha con sus propios fantasmas, pero sirve de contrapunto al complejo doctor.

Sherlock Holmes moderno, House no resuelve crímenes, resuelve enfermedades extrañas. No trata pacientes, se enfrenta a sus patologías. Ese es su desafío y lo que da sentido a su existencia.

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Su autor, David Shore, reconoce la inspiración en el prestigioso investigador de ficción. “Holmes” en inglés es muy parecido a “Homes” (hogar) y “House” significa casa, un juego de palabras con el que el director hace un guiño acerca del origen de su criatura.  A Wilson, su amigo, en un principio se lo había pensado como  a una especie de Watson. Ambos, Holmes y House son adictos. Sherlock, a la cocaína y Gregory, a la hidrocodona. Ambos aman la música y tocan instrumentos.

Experimental como pocos, House ha probado todo tipo de drogas, sin privarse del LSD, en un intento por curarse una “migraña”. Tampoco esquivó usar su propio cuerpo como zona de prueba de alguna teoría, como cuando intentó “casi matarse” para comprobar si en realidad existía el cielo o el infierno.

Un punto central de su personalidad está en el modo astuto, incisivo y excéntrico de su ingenio. Disfruta al sembrar conflictos entre las personas y, a menudo, se burla de sus debilidades. Pero así como goza al verlos fracasar en sus encuentros, también descifra los misteriosos caminos de la enfermedad en el cuerpo, basándose en el aspecto o en la personalidad de sus pacientes. Igual método que el de su antecesor, el detective. Su amigo, el Dr. Wilson, dice que “mientras algunos médicos tienen el complejo de Dios, Gregory tiene el complejo del ‘Cubo de Rubik'; necesita resolver el acertijo”.

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Pero no podemos dejar de preguntarnos: ¿qué tiene House que encantó al público contemporáneo?

Este personaje podría considerarse un prototipo de la cultura occidental del siglo XX. Soberbio, presuntuoso, con un gran cúmulo de conocimientos científicos, arrogante por sus posibilidades informáticas, pedante y conocedor de grandes avances médicos,  aunque – también- un discapacitado emocional, hundido en las mismas preguntas existenciales que sus antecesores de épocas no tecnológicas.

House es capaz de buscar respuestas en Internet, pero no puede encontrar la verdad en sí. Cuanto más avanza en su destreza tecnológica, más se aleja de las relaciones humanas, que sólo establece si logra imponer su propio modelo. No se compromete con una pareja, ha perdido el erotismo del amor y sólo le queda el sexo físico. Lo cierto es que no podríamos decir que House es ni un inmoral ni un amoral. El tipo tiene su propia escala de valores y, podría afirmarse, que se comporta como un anarquista dentro de un rígido sistema médico, que sólo lo tolera por su brillantez.

LA SALUD SOCIAL

La salud y la vida individual transcurren siempre en un contexto que no puede deslindarse de la sociedad. Cada médico, bueno o malo, ya sea en la literatura como en la pantalla, es un reflejo de su época. Y, muchas veces, sin ser el objetivo principal de sus autores estos personajes nos han dejado frente a frente con las realidades feroces de la humanidad. Queda en nosotros, los lectores, los espectadores, descifrar a través de estos seres -benditos y miserables-, algo de nuestro mundo.

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CUERPO DE AUSENCIA

Deseantes: Sobre la película Bajo la Arena de Françoise Ozon (2001)

Por Alicia Lapidus

TOMA TRES

Un auto viaja en la autopista. Una pareja. Maneja ella, maneja él. Parada, café. Rutinario y normal.
Una casa de veraneo, en el medio del bosque. Un matrimonio donde lo cotidiano se expresa sutil en un beso a la pasada, un café compartido, la cena con vino. A Jean se lo ve pensativo, cansado. Ella, alegre despreocupada.
El director se detiene explícitamente en gestos habituales, que podrían parecer intrascendentes. Pero no lo son.

En la arena
Un paseo a la playa, una siesta al sol y la tragedia se desploma sobre Marie como ese sol que la baña. Él se va a nadar y desaparece. El ojo de Françoise Ozon lleva de la mano hacia la desesperación de la mujer, una inolvidable Charlotte Rampling. La búsqueda con helicóptero, lanchas y hombres. El retorno, en el mismo auto en que eran dos. Ahora, ella sola.
Una brusca interrupción desemboca en una cena con amigos. Confunde. El reloj avanza pero la estampa parece antigua. Ella habla de Jean en presente, otra vez de temas cotidianos. Pero su ausencia grita angustia. Los comensales se miran con preocupación.
La mujer vuelve a su casa y un Jean muy vital la espera. Conversan, ella le cuenta de su salida y del hombre que quiso besarla. No está sola.
Marie inicia un vínculo con otro hombre, pero, Jean siempre está presente, hasta en el sexo. Ella cierra sus ojos para ver al ausente.

Manos

TOMA TODO

Según la psicología, la negación es un mecanismo de defensa que consiste en enfrentarse a los conflictos con desmentidas y rechazar su existencia o su relación o relevancia con el sujeto. Se desechan aquellos aspectos desagradables de la realidad. El individuo resiste los conflictos emocionales y las amenazas de origen interno o externo, no quiere reconocer algunos aspectos dolorosos, bien manifiestos para los demás.
Marie vive la presencia de Jean en su casa, lo siente acostado en su cama, le pide que la abrace. Ozon deshilvana la historia en dosis, como la vive Marie, pero las escenas siempre empatizan con el espectador, quien sufre por y con esa mujer. Difícil no identificarse con esa negación, con ese deseo fundante: que lo sucedido sea mentira.
De a poco, tras los pasos de Marie, se desocultan los misterios: Jean tenía una profunda depresión, tomaba medicamentos. Pero su esposa ignoraba ese dato, ella había iniciado el camino de negar la realidad mucho antes de la desaparición.

Juntos

DAR EL CUERPO

La felicidad es leve, ilusoria, momentánea. Se escurre como la arena que ella toma entre sus dedos, sentada sobre la playa donde Jean ha desaparecido, mientras mira el mar. Su bienestar efímero impregna al espectador, quien también se aferra a él y esconde, bajo “la alfombra”, lo insoportable.
La suegra, venenosa, niega también, pero de otro modo. La culpable es Marie, él se aburrió de ella y se fue a empezar una nueva vida. El fantasma de Jean sobrevuela y moviliza a ambas mujeres. Todo encuentra un argumento “lógico” para desdecir la verdad. La ausencia de cuerpo, contribuye: si no hay cuerpo, no hay muerte. Es un duelo imposible. Y Marie se sumerge alegremente en esa teoría. Su Jean vital, quien la acompaña en su casa, la ayuda a desmentir su ausencia. Lo que todos ven, ella no lo puede ver.
Sin embargo, la realidad se abre camino en la red del “nada ha pasado”. Una llamada, un cuerpo aparecido. Marie se niega a escuchar más, no contesta. Como una gota que, poco a poco se clava y astilla su mente la duda, por fin, aparece. El espectador quisiera sacudir a la mujer, hacer que entienda, abrir hacia el presente esos ojos, clavados en el pasado.

Rampling

TRISTE Y SOLITARIO FINAL

Mientras escribo esta nota, apareció en el Río Chubut un cuerpo que probablemente sea el de Santiago Maldonado, desaparecido por la Gendarmería. No me puedo sustraer al dolor, ni a pensar cómo todo un Gobierno es capaz de negar de este modo. “Que lo vieron por acá, que lo vieron por allá, que se fue a Chile, que está en Entre Ríos”. Una pesadilla de película de terror, que hiela desde adentro hacia afuera hasta que nos convertimos en una estalactita, quebradiza y, al mismo tiempo, hirviente.
Esto no es el cine, no es un fantasma, es un pibe, un chico con sueños, defensor de “causas perdidas”, un amigo de la naturaleza, que no tendrá nunca novia, no será padre ni besará a su madre. Esto es real, es la pesadilla de un Estado sin derecho, que hasta los sueños mezquina.

Santiago

EL TOPETAZO

Vivir con la verdad es muy difícil. Para Marie aceptar su incapacidad para ver qué le pasaba, casi imposible. Su existencia misma se pone en entredicho si Jean no está. Su vida era él. Y, frente a la certeza que el espectador tiene, Marie niega la ausencia una vez más, quizás la última. Jean está, la espera en la orilla del mar que se lo tragó. Y ella corre persigue a ese fantasma a ese lugar donde jamás se encontrarán.
Para nosotros, en nuestro país, el riesgo de la negación es mucho más que el riesgo individual, es el riesgo de la desintegración social. Como esa Marie- quien desasida de la verdad, corre sin sentido en busca de esa ilusión-, los negadores nuestros se tropiezan a ciegas, sin rumbo, aferrados al fantasma de las promesas, para estrellarse al final de este doloroso camino con la verdad, única y cruel.




MENOS TU VIENTRE

Sobre Ultraviolento

Por Alicia Lapidus

DAR LA PALABRA

Roxana, cara redonda, ojos claros, esperanza de mirada. Abdomen grande activo de pataditas pequeñas. Empezó el trabajo de parto. El bebé era muy grande, debía ser una cesárea. Así fue. Tranquilo, nació un hermoso niño de cuatro kilos. Nos sentíamos toda felicidad. Globos celestes adornaban la habitación. El camino estaba trazado. Tres días en el sanatorio y, a casa, a criar al chiquito.

Pero lo esperado no siempre ocurre. Al segundo día, la panza de la mamá había crecido, dolía, no podía ni moverse. Ella doliente y yo, su médica, con una negrura que se instalaba en mi pecho. Los abuelos y el marido esperaban que mi palabra curase. Yo no tenía esa palabra. Lo que tenía y pronuncié fue “Síndrome de Ogilvie”, tras lo cual, bendita Wikipedia, saqué mi celular y les entregué la explicación en silencio.

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El cuadro era grave y muy raro. Ocurre una vez, cada 1500 a 2000 nacimientos. El intestino, paralizado sin causa conocida, se iba inflando. Los riesgos, enormes. La perforación, una peritonitis. Si no resolvíamos la situación, la muerte podía llegar con un 50% de posibilidades. ¿Cómo soportar el modo en que se trastoca el sentido en esos momentos? ¿Cómo pasar de los globos celestes a la vivencia de muerte tan cercana? ¿Cómo hacemos todos- paciente, familia y yo misma- para enfrentar esta abrupta, dolorosa y absurda situación?

UNA LÁGRIMA, UN INSTANTE

Hay tiempos para llorar y otros para actuar. No podíamos detenernos en preguntas. La velocidad de la acción era fundamental. Tomografía, suero, sondas varias. Endoscopía para vaciar el aire. Y el rezo, religioso de algunos; ateo, de otros. Todos juntos para que el rebelde intestino se decidiera a funcionar. Los médicos de la familia y los del sanatorio estuvieron presentes. Algunos, extraordinarios, apoyaban a Roxana. Y a mí. Otros, a quienes ni vale la pena mencionar. En cada pasillo, profesionales que apenas me suelen saludar, me preguntaban: ¿cómo está tu paciente? Y ella, estoica, sólo en un instante, dejó salir una lágrima. Estuve horas a su lado, acariciándola. “Todo va a ir bien”, “hay que darle tiempo”, “qué hermoso el bebé”. Mientras, Roxana- entre dolores y angustias- trataba de darle el pecho a su chiquito. Jeringuitas con leche la suplieron por unos días. No podía ni abrazarlo del padecimiento de su vientre hinchado.

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PODER EL LLANTO

Un día sin comer nada, la panza que iba y venía. Un poco se ablandaba, un poco se hinchaba.

Lo relativo de la felicidad se manifiesta en la alegría desmesurada frente a un ruido abdominal o un gas evacuado. ¿Suena raro? Pues no lo es. Lo normal y cotidiano, en situación de falta, se vuelve primordial.

Segundo día sin comer y con las sondas en su lugar. Parecía que iba “zafando”. El peligro seguía ahí, en la puerta de la habitación, como un fantasma a la espera de un descuido, una distracción. Pero, de a poco, se alejaba de la cama.

Nadie se distrajo, nadie aflojó. Al tercer día, Roxana empezó a tomar agua y la toleró. Al cuarto día, Roxana me llamó a las seis de la mañana. Se sentía más hinchada, más dolorida. Lloraba por primera vez. Corrí a verla. Era nada más que un pequeño pasito atrás, podría decir, esperable. Y un paso adelante para ella que, finalmente, podía llorar la injusticia de su vientre.

Al cuarto día, un puré de calabaza se convirtió en un manjar y un helado de limón, en una fiesta. Ya se ausentaban las sondas. Ya el abdomen empezaba a tocar los ruidos intestinales: música maravillosa para los cirujanos. Cumplíamos una semana de la cesárea. Ese puré esperaba desde hacía cinco días…

La nube opresiva de mi pecho empezaba a disolverse. El peligro ya había llegado a la salida. Cada vez más lejos.

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LO QUE CUENTAN LAS ENTRAÑAS

Con Roxana, comenzamos a charlar de otras cosas. El tiempo de las lágrimas había llegado. No le hablé de lo peor que hubiera podido ser. No era necesario. Lo intuyó. Lo sintió en sus entrañas. Yo no podía imaginar cómo es ir a tener un bebé y que la muerte te roce; que, en vez de deditos cálidos, te acaricien esos dedos helados de la parca. Y a mí, obstetra, me toca seguir adelante, hacer partos y cesáreas como si nunca fuera a pasar nada malo, apostar a que -con la ciencia y la humanidad- alcanza.

Mañana Roxana se va a casa. Con su bebé y su cuerpo íntegro. Hoy nos abrazamos durante un largo rato. Lloramos un poquito, también.

Y ustedes, lectores, si todavía se preguntan qué relación tiene esto con lo ultraviolento, pregúntenle a Roxana.




PARA NOIA

El olvido: sobre Noya, un pueblo de Galicia.
Por Alicia Lapidus

NOÉ, EN UNA PARADITA, TE FUNDA UN PUEBLO

Noya o Noia es un pequeño pueblo de Galicia que, de tan viejo, ni sabe bien su nombre. Depende de quién lo pronuncie. Se encuentra en la provincia de la Coruña, al pie de las tranquilas aguas del río Tambre y de la ría de Arosa, rodeada por los montes de Barbanza y asentada en un llano. Noia es una de las pocas poblaciones de Galicia que todavía conserva su aspecto antiguo y sus viejas tradiciones.

Es difícil encontrar, entre todas las aldeas y pueblos gallegos, una sin los más diversos mitos típicos del folklore y la cultura popular: desde la terrorífica Santa Compaña- Escudoun alma en pena condenada a vagar por los caminos- o los pálidos Mouros, traviesos duendes que habitan los castros. Pero entre todas las localidades ricas en mitolgía, en Noya es particularmente conocida una leyenda, según la cual se atribuye su fundación al patriarca Noé. El Arca, decían en Noya, recaló en las cumbres del monte Barbanza, el Ararat gallego, uno de los dos o tres olimpos célticos de la comarca de la Costa de la Muerte. Allí sigue enterrada, a la espera de ser descubierta y revelada en su poder. Y está tan profundamente clavada en el corazón de este pueblo, que su escudo nos muestra al Arca.

UNA PAUSA, UNA TAPITA

Llegamos un sábado al mediodía. Un sol radiante hacía resplandecer a las antiguas construcciones. Las calles, desiertas. Era la hora de la siesta. Todos guardados en sus casas y un silencio sólo perturbado por los campanarios de sus cinco iglesias dedicadas a los 8000 habitantes. Pero las Iglesias estaban cerradas. No era horario de misa y hasta los curas se merecen el descanso de la tarde.

Lo que permanecía en actividad era la Tasca Típica. Allí varias personas, mayormente turistas españoles, sentados bajo sus arcos medievales, disfrutaban unas tapas. Fue el momento indicado para degustar al fin un pulpo “a la gallega” con una caña de cerveza.

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Son estos pueblos dormidos, que nos transportan a su propia historia. No resultaba difícil imaginar el ruido de los cascos de los caballos, en el silencio de la tarde, sobre el adoquinado de la plaza principal. Era imposible dejar de idear caballeros templarios, con sus cotas de malla y su armadura.

HABÍA UNA VEZ UN CUENTO HASTA LA NOCHE

Decidimos volver más entrada la tarde y ver qué pasaba en este pueblo. ¿No habrá nadie? ¿La gente se va a otros lados en los fines de semana? A las cinco de la tarde, la imagen empezaba a cambiar. Los pobladores empezaban a aparecer en grupos de dos, tres o cuatro. Las mujeres conversaban animadamente; los hombres, más callados. Muchos bastones, muchas espaldas encorvadas, muchas arrugas. La mayoría, gente mayor.

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La plaza principal es grande y bonita. Por supuesto frente a uno de los edificios más viejos de Noia, la iglesia de San Martiño (Igrexa de San Martiño), construiNoia 3da en 1434. Nos contaron que, en esa plaza y cada tanto, hay un cuentista de historias sobre Galicia y España hasta la una de la mañana. Esos hombres ilustran la manera en que Galicia y muchas otras partes de España mantienen su herencia y cultura.

AMÉN

Salimos de la plaza, hacia la vera del río. En el camino, otra iglesia más pequeña, se preparaba para la misa. En su interior, poco elaborado, había unas cuarenta personas, mientras otras recién entraban. La religiosidad se percibe en el aire del pueblo. El catolicismo impregna todas las actividades, todas las conversaciones.

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MARZO EN JUNIO

Dejamos la misa y seguimos hasta un predio al costado del río, adonde nos habían dicho que habría una “Feria de Marzo” (era Junio). No teníamos muchas expectativas. Sin embargo, encontramos La Alameda, una plaza muy bien cuidada, con bares a sus lados. Allí resultaba evidente la “movida” de Noia. Como si el pueblo estuviera dividido. En su centro histórico se veía a la gente vieja y, en la parte aledaña, aparecían las familias. Por fin, niños a pura corrida y saltos. Trepaban a unos bancos de plaza de hierro, que me trajeron recuerdos de mi infancia en Almagro.

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En la feria nos recibieron trajes típicos de flamenco que, sobre cuerpos adultos y niños, se  paseaban entre puestos de comida de tapas, jerez y cerveza, mientras un trío tocaba una canción típica desafinada y cruel para los oídos.

Con curiosidad nos sentamos en una de las mesitas frente al escenario. Pedimos la tortilla de rigor y esperamos a ver qué pasaba. Una señora de unos 80 años, bastante acicalada, se sentó cerca de nosotros y, sin saber que éramos extranjeros, dijo: “no tenía ganas de salir de mi casa, pero a estas cosas “ha” que venir, así es la vida”, mientras se apantallaba con el abanico.

A los pocos minutos, ya sin el trío lamentable, comenzó una “Clase de baile flamenco” y los giros de las polleras se amontonaron frente al escenario, en armonía con los clásicos movimientos de las manos. La vecina nuestra seguía el ritmo con las palmas y entusiasmo.

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En ese momento comprendí a Noia o Noya. Entonces, pasado y presente se encontraban: la tradición se trasmitía en cada paso de baile enseñado, en cada cante jondo. En lo viejo presente y en el baile de las jóvenes, en el casco histórico y en la “movida” de los bares, en la religión y en lo pagano Noia se resiste al olvido.




NO TODO ES HANSEL Y GRETEL

El lado B: Sobre hermanos

Por Alicia Lapidus

“¿Quieres marchar, hermano mío, a la soledad? ¿Quieres buscar el camino que lleva a ti mismo? Detente un poco y escúchame. «El que busca, fácilmente se pierde a sí mismo. Todo irse a la soledad es culpa»: así habla el rebaño. Y tú has formado parte del rebaño durante mucho tiempo.” 

                         “Así habló Zaratustra”, Nietzsche

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LOS ÁRBOLES MUEREN DE PIE

¿Cuándo se trastoca el mundo de amor entre hermanos? ¿Cuándo la fraternidad que es amistad se ve alterada por avaricias y celos? ¿Fue siempre así y sólo era una realidad invisible para los demás?

El árbol crece, sus raíces retuercen curvas, tierra adentro. Oscuras, profundas, enmarañadas. No son bellas; sin embargo, lo sostienen. Sin ellas, el árbol moriría. En sus ramas, los frutos. Algunos, cercanos al tronco. Otros, en lo más lejano, obligan a los cargados tallos a inclinarse hacia el suelo. Desafían su fortaleza, desconocen que, en la ruptura, ellos morirán, mientras el árbol seguirá de pie.

I.

La hermana mayor se sentaba cómodamente en su pupitre de tercer grado. Sus días transcurrían normales. Su mayor preocupación eran sus brazos delgados. Ni brillante ni mala alumna, las maestras la apreciaban como se valora a quien no da problemas.

La menor, de corta estatura, un año más pequeña que sus compañeras. Su hermana le había enseñado a leer y a escribir y la pusieron un grado adelantada a su edad. El pupitre era demasiado alto, así que esa niña pasó su primer año escolar de pie. Nadie se percató ni cambió el asiento. No obstante, la mayor sentía que a ella le faltaba algo. Algún reconocimiento a su mérito, algún agradecimiento en la escuela, en su casa.

La historia, relatada en el Génesis, afirma que Abel se aplicaba a pastorear ovejas y su hermano mayor, a la agricultura. Las ofrendas de Caín no agradaron a Dios, no por su acto o por las ofrendas en sí, sino por su voluntad de ofrendar. Sin embargo, aceptó las del hermano menor. La razón del favor divino hace hincapié en el matiz de generosidad con el que Abel ofrece para destacar que la ofrenda de Caín, nacida de la mera obligación, no era deseable.

 

FRUTOS LEJANOS, RAÍCES NUEVAS

Los frutos lejanos toman rápido contacto con la tierra y se pudren. Los otros, en su madurez, caen cerca de su padre-árbol y aseguran su continuidad en un nuevo individuo. Generan raíces nuevas y frutos frescos.  shutterstock_96695914

II.

Las hermanas se volvieron grandes amigas. Aunque la mayor siempre sentía que le debían algo. Al principio, cuidaba de la menor como si se hubiera tratado de una hija a quien se debía educar. Le impartía estrictas órdenes que la chiquita cumplía, con el amor que reconoce una autoridad y a veces la confunde con un abrazo. Pero la vida tiene esas volteretas imparables. Los niños crecen. La mayor aún sentía que le faltaba algo. Había perdido algo. Su hermanita, entonces adolescente, tenía vida propia. Era el fin de la obediencia. A pesar de eso, siguieron siendo amigas.

 

Luis Kancyper, en “Conferencias de introducción al psicoanálisis” (1916), afirma, entre otras cosas: “El chico puede tomar a la hermana como objeto de amor en sustitución de la madre, infiel (…)Una niñita encuentra en el hermano mayor un sustituto del padre, quien ya no se ocupa de ella con la ternura de los primeros años, o toma a un hermanito menor como sustituto del bebé que en vano deseó del padre (…)Entre varios hermanos que compiten por una hermanita más pequeña ya se presentan las situaciones de rivalidad hostil que cobrarán significación más tarde en la vida”.

 

III.

La mayor, tenía una vida tranquila. Asegurada en un matrimonio, hijos deseados, buen pasar. Hija ejemplar. La menor transitó divorcios y se reinventó una y otra vez. Se peleó con sus padres y se amigó en el amor con ellos. La díscola inquieta. Sin embargo, la mayor sentía que a ella le faltaba algo.

 

BOSQUE ADENTRO

“La cigüeña, cuando es vieja/pierde la vista y procuran/cuidarla en su edá madura/ todas sus hijas pequeñas:/apriendan de las cigüeñas/este ejemplo de ternura.”
“Martín Fierro”, José Hernández

El árbol envejece, se retuerce, se encoge, se achica. Ya no tiene la fuerza y la presencia de otros días. A su alrededor, esos frutos cercanos devenidos adultos lo sostienen, lo enderezan. Aún lo invitan a pertenecer al bosque. Aquellos otros, lejanos, atraen gusanos desde su podredumbre. Alimañas que atacarán el corazón del viejo.

La protesta fraterna que, para Kancyper (2004), consiste en una agresión franca y un rechazo indignado por parte de un hermano hacia otro (quien, ocuparía injustamente un lugar más favorecido), se puede entender desde la lógica del narcisismo. Es decir, el hermano que se cree damnificado no oculta su hostilidad, sencillamente, porque la presencia del otro es vivida como la de un rival e intruso que atenta contra la legitimidad de sus derechos.

   

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IV.

La ambivalencia signaba el devenir de las hermanas. La mayor se mostraba “orgullosa” de los logros de la menor. Por dentro, siempre se comparaba. Nunca lo toleró. La vida le debía algo inasible, inalcanzable. La menor transcurría su vida sin conocer (quizás sin querer ver) qué se escondía dentro de la otra. La ilusión de la amistad era más fuerte que la verdad.

En una entrevista en “La voz”, Kancyper continúa su reflexión:

“Pero no sólo hay que ver lo malo, en lo fraterno, también hay solidaridad, comprensión. Por eso yo diferencio el complejo fraterno trófico del complejo fraterno tanático, se trata de mostrar las connotaciones tenebrosas y luminosas del complejo fraterno (…) ¿Cómo diferenciar, cómo marcar los límites cuando a veces lo luminoso se mezcla con lo tenebroso? Por caso, el niño que hostiga a su hermano, pero a veces lo cobija.(…) Como toda relación humana, la de hermanos tiene ambivalencia, pero hay que ver los dos aspectos, no sólo lo que resta, lo que quita. Como decía Calderón de la Barca, cada hermano le quita a uno el reinado, pero también aporta compañía, solidaridad, la posibilidad de edificar juntos.  (2015) http://www.lavoz.com.ar/salud/las-raices-tempranas-del-conflicto-fraternal

 

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V.

Para la menor, lo luminoso marcaba el vínculo. La palabra hermana no se diferenciaba de amiga, compañera, compinche. Para la mayor, estaban la luz y la sombra, sin poder decidir hacia cuál inclinarse.

El árbol se agrieta. Sus frutos, desde el origen, signaron su apoyo. Yo te contengo, yo te destruyo.

Baranger (1994), por su parte, ha sugerido que el complejo del semejante (Freud, 1895) tiene dos aspectos que no se superponen en su origen. Uno auxilia y previene del desamparo. El otro es la imagen especular que permite al sujeto percibirse como totalidad. Propone que este doble especular, este gemelo, es el punto de partida de lo fraterno. En consecuencia, el hermano sería un semejante demasiado semejante y, a la vez, la primera aparición de lo extraño.

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VI.

Las hermanas se parecían mucho. Tanto que, muchas veces, las confundían. La gente preguntaba si eran gemelas. Motivo de alegría, para una. De desagrado, para la otra. No podía dividir aquello que le faltaba.

“En la protesta fraterna, uno de los hermanos manifiesta una agresión franca y un rechazo indignado hacia otro que, según él, ostenta un lugar favorecido e injusto. No oculta su hostilidad porque, desde la lógica de su narcisismo, la presencia del otro es vivida como la de un rival e intruso que atenta contra la legitimidad de sus derechos y a la vez resignifica el homo homini lupus (“hombre, lobo para el hombre”) que subyace en la vida anímica.”(Kancyper)

 

ÚLTIMOS DÍAS DEL ÁRBOL

VII

La mayor siempre se sintió desposeída. Su resentimiento creció junto con ella. La frenaba la presencia de los padres, fuertes aglutinadores de la familia. Nunca pudo crecer ni desprenderse de su lugar en esa constelación. Ser adulto.

El árbol, en sus últimos días, maltrecho y sin hojas, bebe a sorbos el agua caída de sus hijos adultos. Los necesita, ya no es más el tronco orgulloso  hacia el sol. Endeble, se sostiene en sus retoños crecidos.

VIII.

Los padres envejecieron. La red que sostenía firme a la familia se agrietó. De esa debilidad, la mayor obtuvo la fuerza para dar rienda suelta a una crueldad acumulada. Y pegó y pegó y pegó. En el afecto, en el cuidado, en el amor. Lo logró, los dobló y los quebró. Les dejó, para sus últimos tiempos, la pregunta, sin respuesta, acerca de qué ser humano habían engendrado. Los dejó entre impotencia y dolor.raices_img

Las raíces, que algún día fueron sostén, se diluyen, se extienden superficiales y profundas, se entremezclan en un baile de contorsiones con otras. Se hacen red, se vuelven rizoma.

“Rizoma”, en botánica, es una raíz que crece a nivel de superficie, en forma de entretejido de raíces. Puede ramificarse y permitir que, desde una parte de ese entramado, surjan otros tallos y permitir así la expansión de la planta, su proliferación, a veces muy rápida.

 

BROTE DE VIDA

La menor despertó con los golpes de la mayor. Comprendió el lado siniestro, la hostilidad, el desamor que nunca quiso ver. Lloró durante muchos días y noches. Se desarmó su fe. Endureció sus entrañas. Y despidió a su hermana de su vida, la sacó de su pecho. Los padres murieron con el dolor incurable, sin una palabra de amor de la hija rencorosa. La menor enterró a los tres.

¿Qué resta después de la devastación? ¿Qué oportunidad hay para los sobrevivientes de la tragedia? Abrir los ojos a la historia imperfecta, a la biografía equivocada, al error original. La supervivencia empuja, el aliento se contiene para exhalarse vibrante hacia adelante, al futuro.

¿Qué ceguedad me trujo a tantos daños?/ ¿Por dónde me llevaron desvaríos, /que no traté mis años como míos, /y traté como propios sus engaños?”  Lope de Vega

El rizoma se expande, bucea hacia otros rumbos, se asocia con otros seres, produce brotes, ya no los mismos, algo igual y algo distinto, lo propio y lo extraño.

La menor salió, creó vida, conoció amores y amistades. Dejó volar a sus padres, los guardó en su memoria y se sumergió en la savia de su propia existencia.taxodiumocipresdelospantanos




AVE AFERRADA A UNA RAMA

El Desaliento: Entrevista a Ana María Bovo.

Entrevista: Alicia Lapidus, Isabel D’ Amico, Gabriela Stoppelman.

Edición: Alicia Lapidus, Gabriela Stoppelman

 

“(…) Era completamente distinto. Le gbobo4ustaba recordar, le gustaba contar su vida, como si de este modo pudiera revivirla una y otra vez. Su narración me atrapó con fuerza, como las garras de un ave aferran una rama.” (Yu Hua)

 

“Siempre me pareció que contar cuentos es también una especie de malabarismo (…). Mantienes en el aire un montón de relatos diferentes y los haces girar, y si eres bueno no se te cae ninguno. O sea que hacer juegos malabares puede ser un poco como contar cuentos.” (Salman Rushdie)

 

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Para empezar a crear un mundo se necesita un sobrevuelo de pájaro y no mucho más. Nada muy ostentoso: ni demasiada escenografía, ni derroches de acrobacias.  Eso sí, tiene que ser un pájaro de buen pico -para que no le tiemble el canto- y con garras de firme prensión, así no le erra a la rama donde posar su melodía. La diosa egipcia Isis tuvo que transformarse en milano y revolotear sobre el cuerpo de su marido Osiris, para devolverle la vida. Lo que logró no fue una gran cosa, pero dado lo delicado de su situación previa, podríamos decir que su aleteo resultó un éxito. Su cuñado, Seth, había liquidado a Osiris y dispersado los pedacitos de su cuerpo entre las distintas regiones de Egipto. Ahí fue Isis, a buscar parte por parte, hasta que las tuvo todas y las hizo momia. Todas, todas no las encontró. Faltaba el pene. Pero eso es un detalle. Aparte, a Osiris un poco las costuras se le notaban, así que, desde entonces, quedó como rey de las tinieblas e Isis, como la gran maga, madre arquetípica, diosa dadora de vida. 

Ahora, en cuestión de pájaros poderosos, los egipcios no se quedaron ahí. El Ibis era otra ave sagrada. No sólo resultaba benefactora por devorarse a las serpientes venenosas, sino que solía introducir su largo pico lleno de agua en su ano para limpiarlo. De ese modo, el Ibis fue el descubridor del enema. Las prácticas de lavativas les encantaban a los egipcbobo2ios. Faraones o esclavos, nadie se privaba. Era una cuestión de salud y de purificación. Autores modernos piensan que el Ibis, lejos de hacerse enemas con el pico, colectaba una sustancia grasosa con la que se arreglaban el plumaje. Mientras se hacía la coqueta, entonces -siempre sin mucho espamento- el ave localizaba a sus víctimas y limpiaba al reino de todos sus venenos.

Cuentan que, un día, una mujer en forma de milano sobrevolaba un escenario. Ponele: un sótano de una librería de viejo. Un fondo de libros, una silla, una mesa, nada muy suntuoso. Cada libro de cada estantería se veía como una rama donde era posible posarse. El milano practicaba modestas coreografías de vuelo para elegir aquellos ejemplares donde una historia corría riesgo de extinción, donde un abandono resultaba insoportable. El ave extendía sus garras para aferrar a aquellos relatos y regresarlos del cono de silencio, donde los habían relegado las prácticas venenosas del mercado y del olvido. El ibis andaba cerca, sin dejarse ver demasiado. Disuelto su vuelo en un cono de luz o en una esquina de la sombra, purgaba el espacio de tanto veneno cotidiano. La voz, entonces, se hacía cuerpo: contra todas las toxinas de los días, fuertemente aferrada a la rama del deseo, Ana María Bovo, en escena.    

 Ana

 

CAPRICHOS DEL RÍO

Tu espectáculo funda una vivencia del tiempo distinta. ¿Hay algo de eso, en la narración oral en general?

Hitchcock y Truffau, en una entrevista hablaban de las diferencias entre las leyes de la vida y las leyes del espectáculo. Las leyes de la vida son más duras, más difíciles. El espectáculo puede armar caprichosamente sus propias leyes y levantar los lugares del desaliento. Una buena obra es la que puede equilibrar ambas cosas. Algo de Bradbury, creo, habla de una búsqueda, donde pasás por lugares opacos, no encontrás nada, hasta que -en el tránsito o en una distracción o en una sucesión- das con la chispa que te lleva a un momento iluminado. Eso es lo singular. Lo singular del tiempo es estar habitando simultáneamente el escenario, el lugar por convención del encuentro entre el espectador y los intérpretes, y el lugar donde los hechos suceden. Lo que a mí me da los tiempos es lo que sucede en la historia, no si el público se pone impaciente o quiere que dure más. Me toma una voz más melancólica en el pueblito que se va achicando y achicando, en el cuento “La felicidad” (Ángel María Vargas), porque yo sé el destino que va a tener la casita de la viuda. Y, al mismo tiempo, no lo tengo que saber. No me puedo anticipar a esa fatalidad. Sé que el río se va comiendo casas, pero a quien va a castigar primero es a la única que cumplió su sueño. Yo como actriz lo sé y como narradora, lo tengo que descubrir en el momento, junto a los espectadores.

Hay como una disyunción.

Sí, totalmente. Si no, desde el comienzo, estaría mirando a la viudita con una compasión extrema y a mí me encanta verla cumplir su sueño y compartir su orgRancho adobeullo, me gusta ver su negativa para ir a trabajar en la casa del hombre que vive en la lomita rocosa y que la necesita como cocinera. Creo que es una disyunción muy saludable. La actriz no contamina a la narradora, no la impregna de saberes,  de prejuicios, no le quita frescura. Lo que tiene de particular la actriz es la capacidad de repetir la sorpresa y la disociación. Me conmueve cuando se quedan los dos solos al borde de la barranca y se apaga la brasita del carpintero. Y, después, el silencio hasta ver que esa misma noche ya no tendrá casa.

 

Nos llamó la atención cómo se repiten en el espectáculo ciertas figuras. Ponés las dos manos paralelas cuando contás sobre las dos filas de casitas en el cuento “La felicidad”. Y, en “Verde y Negro”,  dos de los tres bloques de libros que tenés por escenografía de fondo se ponen en paralelo. En ambos casos, en el devenir de la narración, algo rompe la simetría.

Hay un movimiento que se parece al de las tapas de los libros. Yo necesitaba armarme el pasillo ese para el cuento “Verde y Negro”, porque quería que la escena erótica transcurriera en una intimidad absoluta y fuera recibida sólo a través de la voz. (http://artesanosliterarios.blogspot.com.ar/2010/02/juan-jose-saer-verde-y-negro-cuento.html ). El cuerpo de la voz es, entonces, un cuerpo ausente que emite y al mismo tiempo permite ver lo que esos cuerpos están haciendo. Toda esa escena yo cierro los ojos y la transito en la oscuridad, como si al personaje le molestara la luz encendida. La luz está encendida porque tiene el objetivo de que va a ser espiada por un tercero. Entonces, mi soporte corporal es el del hombre. Lo veo inclinado sobre ella, siento debajo de él el cuerpo áspero de la mujer. Me voy mudando de soporte en lo corporal y, a veces, para concentrarme en una escena, le tengo que prestar el cuerpo a uno de los dos personajes, si no confundo al espectador y me puedo confundir yo misma, aparte de que el relato dominante desde el texto es del protagonista. La voz de ella emerge muy pocas veces.

Vuelvo a la presencia de lo asimétrico y lo simétrico en tus narraciones ¿Qué tiene que ver eso con lo que enunciás, al final del espectáculo, con respecto del grano de la voz?

Hay un ensayo de Barthes, “El grano de la voz”, que me encantó. A veces es sólo un grano más de sal gruesa o de pimienta lo que da el toque justo. Puede haber muchas maneras de hacer este varón de “Verde y Negro”. Yo lo fui trayendo y trayendo desde el texto, internalizándolo desde el texto y emitió esa voz. Es una dualidad, yo la emito por él y él la emite por mí. Pero el vértigo de la escritura de Saer y el vértigo del modo en que habla ese personaje me hicieron emitir esa voz.

En el grano, entonces, se concentran opuestos.

Sí. Y yo los conjugo de modo muy arbitrario, las voces pueden variar según quién las interprete. Yo los tengo internalizados así y también es el ritmo el que me lleva a ese modo determinado. El relato de Isidoro Blaisten tiene un tono más pausado, se trata de un tipo que necesita  justificar por qué hace lo que hace, por qué pasó lo que pasó. Bueno, me parece que compongo una voz distinta. Me sentí muy emocionada cuando vino Graciela Melgarejo -la viuda de Isidoro- y me dijo que no lo había vuelto a leer ni a escuchar desde que Isidoro, cuando terminó de escribirlo hace veintipico de años, se lo había leído. Graciela me decía que hay algo más que lo sexual en ese pacto con las esposas de los primos: es la venganza de aquellos a quienes les quitan la voz, porque ni las esposas ni él pueden hablar. Eso pasa todos los domingos, son así. Por eso encuentran ese modo de venganza. Ese cuento no está editado en los completos de Isidoro. Alejandro Apo sí lo incluyó en una antología de cuentos de fútbol. Sobre el final, yo tuve la intuición de empezar a narrarlo como la transmisión de un partidito, porque en esa parte él viene hablando sobre la escuela de fútbol.

RITOS DE PASAJE

¿Qué gana y qué pierde un texto literario cuando pasa a la oralidad?

Puede perder frases muy bellas. En una escena sexual, tengo un personaje convencido de que hizo una conquista al paso y no ve la hora de que eso termine para ir a contarlo. En el momento en que él se inclina sobre ella, hay un párrafo donde aparece el panorama de la conciencia del personaje: “Al inclinarme sobre ella pensé que, si no me hubiese encontrado caminando por las calles de mi barrio a esa hora, yo estaría en mi casa durmiendo como un muerto, como una piedra, porque yo nunca sueño”. Y, luego: “¿Quién me había mandado a mí a salir del bar del Gallego a la hora en que salí? ¿Quién la había mandado a ella a doblar por esa esquina a esa hora para encontrarme caminando bajo los árboles?” El tipo se empieza a hacer una cantidad de preguntas. Como yo ya había metido al público en la vorágine de lo que se viene, no me puedo permitir esa digresión de tanto cuestionamiento, porque el panorama del pensamiento lo aleja de la realidad. Entonces, ahí se pierde una parte del texto. Lo que trato de hacer es preservar la escena, el vértigo, el lenguaje. Respeto muchísimo el lenguaje del autor. Sólo que en un rito de pasaje –como de manera más sofisticada hace el cine con la literatura- hago un guión para la oralidad. Y ahí se pierden cosas y algunas otras toman más carnadura. La interpretación puede aportarle cosas al texto.Rio turbulento

Dijiste rito de pasaje y antes dijiste pasillo…

Es que es un ir y venir constante. Yo trabajo todas las semanas con los cuentos. En el caso del de Blaisten empieza: “Para colmo, yo tengo la voz bajita. No finita, que no es lo mismo”. Bueno, casi siempre me olvidaba del “Para colmo” y empezaba con “Yo tengo la voz bajita”. Entonces me  pregunté por qué me olvidaba siempre esa parte. Y creo que me lo olvido porque no están las circunstancias dadas para decir “Para colmo”. Entonces, ¿qué digo? “Todos los domingos comemos el asado en el patio de tierra de mi primo el Chochi (…) y mis primos que hablan todos a los gritos y de coches. Para colmo, yo tengo la voz bajita…” Ahí no me lo olvidaría. Pero tengo la duda si anteponer ese enunciado. Es decir, el texto está vivo y yo lo sigo trabajando.

¿Cómo podés sostener la memoria en todo el cuerpo? ¿Y cómo manejás el miedo al error o al olvido?

Para bien y para mal. En general, lo que me sirve es leer las escenas de lo que voy contando. En el caso de Chochi, del Tito y del Beto, donde el ritual se da todos los domingos, me cuesta muchísimo acordarme  los nombres de los coches y de las nenas. Aparte, en ese universo reiterativo, los detalles son súper importantes, el nombre del coche del millonario, por ejemplo. A veces es más difícil acordarse un cuento con muchas repeticiones que uno con acontecimientos diferentes.

Hebe Uhart nos decía en una entrevista que hay que poner atención en los detalles para aligerar el tema.

El detalle tiene un poder de condensación tremendo. Cuando el Tito llega en el Bosch Tornell, llevando la sandía y la nena, y la otra va en el Meopta 2 AM, para llevar los dos postres, como si no entraran en un solo auto, el detalle está en el nombre pomposo de los coches y en lo vacíos que van.

Y TODO POR EL OBISPO

¿Cómo relacionás esa potencia del detalle con lo poético?

Son la misma cosa, es en la capacidad de seleccionar el detalle, donde reside la mirada poética. No da lo mismo un detalle que otro.

 

Esa concentración que aparece en el detalle…

Sí, yo trabajo muchísimo en mi observación cotidiana.

¿Alguna vez le das voz al poema?

Me encantaría. No me animo a decir poesía. Cuando lo escucho a Machado en la voz de Vilches me queda en el corazón… Me encantaría recitar a Pizarnik, pero no me atrevo. Muchas veces escucho a los poetas leer y me fascina. A veces es inevitable una cadencia en las narraciones. Al principio de mi carrera, tenía una cadencia –no me daba cuenta, lo noté luego viendo videos viejos-. Vinculada con ciertos estereotipos a los que uno necesita aferrarse cuando todavía no está del todo segura. Yo trato ahora de encontrar todos los accidentes posibles en la enunciación en tramos muy cortos. Si tratara de equiparar mi voz a la linealidad de cada renglón, quizás haría esto desde las intenciones, desde la puntuación y desde la línea recta. Pero ahí cuenta lo no lineal: “Abrió el ropero y se cayó sobre sus pies una libretita que había entre las sábanas”. La línea dice eso. Pero ahí acaba de suceder algo y yo tengo que crear el accidente en la enunciación. Esa es la ruptura.

¿Y no escribís poesía? Todo lo que decís pega en el palo de la poesía.

Pero no escribo poesía. Me dicen que es muy poético lo que yo hago, aunque no me atrevería. Quizás porque en el colegio me hicieron escribir cosas tan espantosas que las monjas consideraban preciosas, como un poema al Obispo, por ejemplo, que está en mi otro espectáculo “Humor Bovo”. Yo era como la poetisa del colegio, sin embargo, sabía que era malo lo mío. Aun así, cuando hacía las composiciones había algo que funcionaba o que, al menos, no me avergonzaba. Creo que tenía un sentido del lenguaje, una comprensión de las situaciones. Lo que me alarma en relación a los textos es que hay gente muy formada con muchas dificultades para la comprensión lectora, sobre todo, en lo ficcional.

ALTURAS Y VALLES DEL SILENCIO

Otro personaje que vimos mucho en el escenario es el silencio. Se lo ve tomar cuerpo.

Me encanta que lo llames personaje. Para mí el silencio tiene una entidad estética muy valiosa que, curiosamente, permite una comunicación muy intensa con las situaciones que yo narro. A mí me encanta una anécdota de Yupanqui: él recibe la queja de un paisano que estaba junto a otros en un fogón. Después quedaron dos. Finalmente, uno. Y ese le dice a Yupanqui, respecto del que se había levantado: “Yo quería conocerlo, pero no se callaba”. Me interesa cada vez más la hondura de esos silencios, cuando son necesarios.diente-de-león-en-un-vaso-representando-el-silencio-500x333

Hablás del espesor del silencio. Alejandra Pizarnik decía que hay dos especies de silencio. El que se produce por acallamiento y aquel que se produce cuando dos palabras se rozan.

Creo que el espesor tiene que ver con que yo dejé de emitir o enunciar y, entonces, los otros conjeturan. Es un lenguaje intenso y acallado en un pacto muy hermoso. No podemos interrumpir el espectáculo, pero a veces resulta en un silencio muy activo y otras, en un silencio fastidioso. No es un lugar de inacción o uno de esos silencios forzados donde la gente empieza a toser… Me parece que no pasa eso.

Y se invierten los roles. Porque, si el espectador conjetura, es él quien narra.

Esa es la idea. Tener la mitad de la elocuencia. Un gran problema de la narración oral es que muchos narradores piensan que les cabe toda la elocuencia porque pueden detentar la palabra en ese momento. Yo creo que es un reparto de la voz.

Liliana Herrero nos decía en una entrevista que la voz piensa.

Yo quisiera tener el don del canto, esa dicha… No sé si desde mi actividad profesional pienso las voces, pero no las puedo pensar aisladamente. Con una voz, viene el cuerpo del personaje. La paso por mí, la emito y voy afinando, trato de ser una ruiseñora, de afinar hasta encontrar el grano. Pero el modo de hablar tiene que ver con el modo en que se piensa. A veces, por cuestiones genéticas, hay una voz chillona o chirriante en una persona, que a pesar de eso, es muy agradable. Hay una disociación.

¿Cuándo una voz se convierte en ruido?

Cuando pierde el sentido del otro, del tiempo de los demás. Cuando una persona no escucha y no se escucha. Repetir lo dicho es no escucharse a sí mismo. En el territorio de lo teatral o de lo estético, lo ideal es la síntesis, decir lo más posible con la menor cantidad de lenguaje. A veces, en un vínculo de mucha confianza, necesitamos reiterar bastante para que nos entiendan o decir lo mismo de cinco maneras diferentes, pero es como un mecanismo de supervivencia. Pero por ejemplo, el personaje de Saer es muy vertiginoso en el pensamiento. La mujer le dice algo en el coche y eso a él le dispara pensar cómo lo va a contar en lo del Gallego, o qué va a pasar si llega con esa chica en ese auto, qué dirán las viejas de la vereda. Esa cabeza que no se calla, ese vértigo hace al personaje. (http://artesanosliterarios.blogspot.com.ar/2010/02/juan-jose-saer-verde-y-negro-cuento.html). Yo trato de ser lo más dócil posible, lo más disciplinada con lo que el personaje pide. En general he tenido suerte. Los autores que me han venido a ver, como Esther Cross, que escuchó su texto “La divina proporción”, estaba emocionadísima. Yo me siento muy afortunada de haberme ganado la confianza como adaptadora y narradora de los textos literarios. (http://www.bn.gov.ar/abanico/la-divina-proporcion) El cuento de Esther empieza con una página y media dedicada a la descripción de un cuadro que no se sabe a quién retrata. En literatura, esa linealidad se resuelve cuando llega el momento, vos podés volver a esas primeras páginas. Pero el relato oral tiene un aquí y ahora que te hace resolver de otro modo.

TODAS LAS VOCES, TODAS

Vos hablás con muchas referencias musicales: “la cadencia”, “me dio el tiempo”, “buscar el ritmo”. Hablás como los músicos y como los poetas cuando manejan la música de las palabras. ¿Nunca pensaste incorporar la poesía en tus “puestas en voz”?

Me encantaría, de verdad, hacer poesía. Sobre lo musical, no me había dado cuenta. Hago una búsqueda de los ritmos, de los silencios, de los tonos. Pero te mentiría si te dijera que lo hago con conocimiento, desde el registro de lo musical. Busco la música en el concierto de voces de un cuento, pero sin conciencia. Quizás, con intuición.

 

La voz resuena dentro de nosotros de una manera, pero al escucharla emitida desde una grabación es diferente. ¿Cómo te llevás con esa disyunción?

Es complicado. A mí me costó mucho encontrar mi propia voz para contar. En mis primeras experiencias contaba muy apurada porque temía que el público se aburriera. Creía que si lo hacía velozmente, no iba a suceder, pero no respetaba las necesidades internas de los personajes, los tempos. Mis mejores críticos, mi gente más cercana, me decían que debía darme tiempo. Me costó confiar en que yo podía soportar el silencio que necesitaba la situación. A partir de ahí, fui encontrando mi voz. Permitirles a los otros emitir las voces en los tiempos en que los necesitan. Ahí vas encontrando una voz más honda y más vinculada a lo que está sucediendo.

¿Hay una posición política en eso de repartir la voz con los otros?

Me parece que es lo que falta. En general, desde la política, hay una hegemonía de la voz. Se pretende una interlocución, se hace una puesta en escena de la escucha, pero lamentablemente no se pone en marcha. Los que lo han hecho son grandes líderes mundiales, héroes de la escucha que saben recoger las necesidades verdaderas de los otros. Hay un narcisismo, también, en oír la propia voz. El encantamiento que produce el canto de sirena de la palabra propia. Kafka dice que lo peligroso no sería que las sirenas que encantan a Ulises cantaran, sino que se callasen. Hay una cuestión de fondo en eso. Se ve en las sesiones parlamentarias. Cada uno llegó preparado y es absolutamente impermeable a lo que acaba de decir otro, a quien -por supuesto- no escuchó. Porque el escuchar quizás te haría replantear lo que tenías preparado y eso exige flexibilidad y generosidad. Sería un diálogo verdadero, pero en los estratos del poder… A veces doy clases en empresas y me da mucha pena, porque veo que no va a servir para nada. Ellos pasan un buen momento igual. Trato de llevarlos a la infancia, a un territorio donde hay vulnerabilidad y un candor que nos emparenta. El otro día, al dar clase en una empresa muy grande, había un tipo con una voz muy potente y alta –un jefe dentro de la empresa- y contó: a los cuatro años, lo mandaron al campo a hacerle compañía a una tía abuela soltera, casi totalmente sorda. Vivió con ella hasta sus doce años. ¡Un niño que se crió gritando! Su familia iba a visitarlo dos veces al año a esa hacienda. Y, cuando se iban, él se metía en la cama, se tapaba y se hacía el dormido para no llorar delante de su tía. Que un tipo cuente eso delante de sus subordinados… ¡Uf! En general la gente preserva su talón de Aquiles.

Hay un estrechamiento del lenguaje en las esferas del poder…

Sí. Está reducido a un sistema de poquísimas palabras, lugares comunes, frases hechas. Ahora está de moda la “escucha activa”, que consiste en estar escuchando al otro pero al mismo tiempo pensando qué le vas a contestar. Te ves en la obligación de dar una respuesta inmediata para ser buen coaching. Es una disputa de saberes.

LA EXHALACIÓN DE LA VENTOSA

¿Qué te atrae de un texto, la posibilidad de convertirlo a la oralidad o el texto en sí mismo?

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Que me haya conmovido. Esa es la condición. Por identificación o por extrañamiento. Yo he padecido personas, como la protagonista de “La divina proporción”, muy alejadas de mi modo de ver las cosas. Y me encanta encarnarlas, me divierte mucho.

En general, me interesa el personaje en la trama de la historia, más que el personaje aislado. Me encantaría dirigir un espectáculo con la vida de Pascual Duarte, un asesino parricida, un texto escrito por Camilo José Cela. Un personaje muy siniestro y muy interesante. Trato de no poner en juego prejuicios en cuanto a eso y me interesa el universo del texto.

¿Recolectás voces?

Claro. Los taxistas son una fuente inagotable. También en mi infancia me la pasaba escuchando, ¡a los niños no nos dejaban hablar! 

¿Y los fotorrelatos?

Respecto de los fotorrelatos, un día fui a casa de mi abuela y un señor que bajó al sótano le dijo a mi mamá que había encontrado unas cosas, no eran ni bombitas eléctricas ni tacitas, pero se parecían. ¡Eran ventosas! Las viejas ventosas de vidrio. Las puse boca arriba, como floreritos, les saqué unas fotos y me propuse escribir un relato sobre las ventosas, exhalando todo lo que habían succionado en su historia. Los objetos me disparan mucho texto. Un mismo objeto cambiado de lugar me da dos relatos diferentes.

EL MAPA DE LA VOZ

¿Cómo te llevás con tus tiempos de escritura?

Mal. Soy poco sedentaria. Tengo setecientas páginas desgrabadas de una obra que tendría que haber terminado. Tengo editada una novela, “Rosas colombianas”, que tiene una impronta oral importante. Siempre grabo, desgrabo y después voy a la sintaxis de la escritura, porque tampoco se puede ir de la oralidad pura a la escritura.

¿Está entre tus desafíos trabajar con gente más joven que tu público habitual?

Bueno, yo he contado durante años para chicos en los colegios. Y también grabé cuentos para navidad, para nietos de amigos. Hay algo de sortilegio de la voz, al que no están acostumbrados y que los atrae mucho. Ahora tengo un contrato con Planeta para grabar un audiolibro para chicos. Hace mucho que no se graba bien para chicos, sin tratarlos puerilmente.

Te hemos visto narrar de espaldas al público, invisible desde la escena, también de costado. ¿Cuál es el territorio de la voz? ¿Cómo vas distribuyendo la voz en ese espacio?

Cuando vos viajás en un coche atrás, y alguien cuenta algo interesantísimo, mirás por la ventanilla, mirás el paisaje, pero estás recibiendo esa voz, a la vez estás hombre se va caminandototalmente impregnada de lo que te dice. O, mirá el modo en que te pegás a una conversación ajena en el subte o en un bar. Quiero decir, no es necesario sostener la convención de la mirada, o el cara a cara todo el tiempo. Aparte, en la última obra, “Sucesos literarios”, mi personaje es una mujer que ensaya para narrar. Está ensayando, buscando los espacios donde se mueven los personajes de sus textos para darles más verosimilitud. La visita al carromato, por ejemplo, donde está el enano, es una visita bastante privada. Entonces, prefiero jugarla de espaldas, como si estuvieran solos en ese espacio. Después, en el cuento de Saer, “Verde y negro”, yo creo el espacio del balcón. Me pareció interesante sacar al tipo en la escena erótica. Es una escena muy vergonzante para el personaje, él escucha por la ventana cosas que me parten el corazón. Es un ser derrotado. Dice “fui caminando bajo los árboles, pero ni silbé bajito ni me puse las manos en el bolsillo”. Ese detalle para mí sí es relevante. Entonces no puedo tragarme ese texto. Tengo que decirlo, es un hombre vencido. La comprensión tiene que ver con la sensibilidad, con esas pequeñísimas cosas con las que creás un mundo. Y también me parece interesante buscar una música para ciertas escenas, no letras temáticas. Para mí la espacialidad condiciona mucho al tema de la voz, a ese territorio que es mi voz. Quebrar la direccionalidad convencional me permite moverme como en el teatro.

VIEJOS SON LOS TRAPOS

Vimos en la obra que se repetía mucho la sensación de soledad y la de desencuentro, o de encuentro incompleto.

En general quise contar autores que no han sido comprendidos por el mercado. Cuando firmás un contrato con una editorial, queda escrito que la obra será destruida total o parcialmente. O liquidada a precio vil, si no sSoledade vende tal cantidad de ejemplares en equis tiempo. Es muy fuerte. Esther Cross me contó, que las reseñas sobre su libro de cuentos habían salido tarde, nadie se enteró y el libro no se vendió casi nada. Cuando le avisaron que se iba a liquidar a precio vil, ella se sintió feliz, porque su libro iba a estar en alguna librería de viejo. Para mí fue muy importante que ella pudiera tener una mirada distinta sobre eso mientras que, en general, los autores se deprimen un montón. ¡Lo loco es que en un momento a mí me pasó lo mismo! Al poco tiempo de lo de Esther, me llamaron para avisarme que mis libros iban a ser rematados a precio vil, “Aviso de destrucción parcial…” Llamé a las chicas de la editorial y me explicaron cómo era el sistema.

¿Qué te desalienta?

Siempre se me critica familiarmente que soy una persona confiada. En general he tenido suerte, ¡pero tres psicópatas en una vida es un poco demasiado! Me desalienta haber desoído algo que tendría que haber aprendido antes, no escuchar la molesta voz de la intuición. Cuando descubro algo oscuro, me digo que otra vez no escuché esa voz.

El “no” fácil también me desalienta, que alguien se pierda algo importante por no dar lugar para insistir. Antes yo insistía y aprendí a no insistir. Y eso es como una especie de derrota. Pero lo que más me desalienta es quien obtura con un no, me da mucha pena. Y no lo digo desde un lugar superado, yo también perdí cosas por cerrar con un no.

El que cierra no reparte la voz.

Tal cual. No reparte. Acumula como el avaro, “un frígido del gastar”, como decía Isidoro Blaisten.

¿Y la instalación en la queja, medio parienta del no?

Trato de desalentarla en mí y de salir al cruce de eso con el humor.

LA REVOLUCIÓN DE LOS DESEOS

Volviendo al movimiento en tus narraciones…

Tengo un inconveniente técnico con esto, porque me encantaría sostenerlo, pero cuando tengo que hablar de los sueños de los habitantes del pueblito, en el relato de Ángel María Vargas, quiero cruzarlos. En el cuento cuentan todos los sueños de una orilla y después todos los de la otra, por lo cual se vuelve una descripción. Me parece mucho más dinámico si las dos mujeres teleras de acá sueñan con los muchachos de allá, que los dos muchachos sueñen con la viudita de más allá. Si en un caminito donde hay cinco casas de un lado y cinco del otro, hay revolución de deseos, linealmente los voy describiendo, y así los pongo en remolino.

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Hay también una repetición de la idea de dar vueltas. Eso lo decís varias veces.  Vueltas y vueltas y el encuentro no se produce. Fijate que, cuando decís que el río está en el medio, eso tampoco permite el encuentro…

Mirá lo que son las lecturas, para mí el río está como por acá y cuando se ensancha muerde casas a un pueblito que se extendía más.

 

Hay dos textos con inundación, es el evento que rompe las simetrías.

Creo que por eso elijo los cuentos, porque ya me está apareciendo un universo que se va a crear.

Ese advenimiento del azar imprevisible que rompe todo…

Es que si no hay conflicto, no hay relato. “Humor Bovo” está mucho más ligado a la comedia.

YO NO PUEDO CON TANTO ABANDONO

¿Cuál es el cuento que más te conmovió?bobo6

Pegué un salto cualitativo con “La casa de muñecas”, de Katherine Mansfield. Muy dramático, tremendo. Hice un espectáculo sobre la vida de ella, tan sufrida y tan breve. Fue un punto de inflexión en mi obra. También mi versión de “Los puentes de Madison”, que me llevó como un año escribirla, porque tenés la película y tenés que armar un relato donde encuentres un lugar para que la gente que vio la película la reconozca y vea algo nuevo y la que no la vio la entienda entera. Y eso lo construyo con los detalles. Alguien que no había visto la película le pareció impresionante que el personaje del fotógrafo no haga ruido con la puerta del mosquitero que divide el mundo de afuera con el de adentro donde el tipo la encierra a ella. Y yo la había visto, pero no había advertido eso. Detalles… Pero tengo repartido el afecto entre varios. Y tengo la suerte que puedo ser caprichosa. Pago el precio por eso también. Pero si tengo que contar un cuento sobre la vida de Belgrano en cinco minutos, no puedo construir un relato ficcional… Pago el precio de no ser masiva, de no ser mediática. Ahora, la única razón por la que me gustaría ser más mediática sería la posibilidad de actuar en lugares más grandes y que, con menos esfuerzo, me entrara más dinero. Mirá, cuando me dieron el Konex de Platino, yo estaba ahí, con veintitrés más: Campanella, Darín, Francella, Graciela Borges, Norma Aleandro, Mercedes Morán y otros. Y pensaba: cómo habré laburado para que el jurado se fijara en mí. Con decirte que, cuando se transmitió por televisión, a mí me sacaron porque no era conocida.

¿Y el territorio más chiquito no te cuida más?

No lo sé porque no conozco lo otro. Me acuerdo cuando egresé de la escuela de teatro de Serrano, te llamaban a castings. Cuando Dubatti me hizo una entrevista, me hablaba de un teatro del relato, donde el texto tiene un enorme valor pero también está muy encarnado físicamente. Para mí el modelo son los narradores espontáneos, los buenoLa tía Andaluzas. Una musa fundamental fue una andaluza, sobrina de mi abuelo, de cuya existencia no sabía. Me hablaba de mi abuelo mirando en su mano una foto que no estaba allí: “Eran cuatro hermanos que tenían la talla mediana y unos ojos rajaos que te partían el alma…”. ¡Y no había nada! Y te contaba la historia de su padre: “Mi padre no se fue porque mi madre no quiso. Le dijo: ‘Tú no te vas, porque con seis hijos no puedo yo con tanto abandono’.” Y ahí me entero que esos tres hermanos que vienen a América jamás hablaron del mayor, porque fue quien los traicionó, el que los había empujado para venir y a quien la esposa retiene allá. A esa mujer la vi cuatro veces más, era la conjunción perfecta de lo espontáneo y lo teatral, lo que yo trato de hacer en escena. Hay gente que posee el don de un histrionismo justo, que no te abruma, seduce un montón y a la vez no se sale de un registro… Los actores están muy convencidos de que hay que ser muy enfático, o de que en la narración hay que hacer mucha apelación a que te escuchen. Y ahí se pierde la historia.

 




MORDER LA CARNADA

El Hastío: Sobre las dietas
Por Alicia Lapidus

SUBIR O BAJAR, ESA ES LA CUESTIÓN

El anhelo fatiga nuestros días. Buscamos en cada rincón aquello que nos complete: la felicidad envasada en un objeto, la caricia que nos devuelva el sentido. ¿Hasta dónde esta vida cotidiana, esta vida de ciudad nos puede ofrecer lo que necesitamos? ¿O es que deambulamos sin rumbo, trastabillando contra nuestros deseos? ¿Quién decide nuestros sueños? ¿Cómo se construyen los anhelos?Dieta 1

La imagen que vemos en el espejo no se parece, ni un poco, a las modelos que siempre sonríen desde las revistas o la televisión. Esa delgadez hasta la anorexia, que puede garantizarnos la pareja, el trabajo, e, incluso, la felicidad. Esos kilos abandonados a su suerte son los culpables de todas nuestras desgracias. Ahí comienza la búsqueda tras el soñado cuerpo joven, delgado y “saludable”.

Por suerte siempre, hay soluciones mágicas:

“Cuando se trata de ser Sexy para siempre, la suplementación es clave. Después de todo, su cuerpo es una máquina. Manteniéndolo limpio, abastecimiento con petróleo de alta calidad y combustible y asegurándose de que todo está bajo control funcionando sin problemas, puede asegurarse de que será agradable, altamente funcional y hermoso durante muchos años por venir”

https://mikaela10.wordpress.com/2015/08/14/glutation-el-antioxidante-milagro/

Promesa de juventud perpetua, de control del tiempo, de convertir nuestro cuerpo en lo que siempre hemos anhelado. Nos prendemos a estas ofertas como seres desahuciados. Aceptamos que toda la vida hemos vivido en envases de plástico y desechamos la modernidad.

Pero…, ¿qué hay detrás de las dietas?

SOMOS LO QUE COMEMOS

El dinero mueve el mundo, eso lo sabemos perfectamente. Y el negocio del sobrepeso involucra dietas, consultas, fármacos y milagros. En una sociedad que privilegia la imagen, la búsqueda de ella se carga de deseo y presión.

Con sólo mirar alrededor, nos damos cuenta: existe una asociación entre gordura y pobreza, gordura y suciedad. Algunos humanos cargan esos kilos que nosotros evitamos y, además, llevan a cuestas sus nutriciones carenciadas y sus miserias. Los guisos al hambre, el lomo a la riqueza. Nunca el príncipe es gordo, ni la heredera obesa. Cada quien en su estrato con su peso.

En una publicación en internet sobre “Negocios rentables”, un artículo se llama: “El mundo de las dietas, un negocio “redondo” “. Vale la pena detenerse a mirar lo que proponen:

http://negocios-rentables.com/el-mundo-de-las-dietas-un-negocio-redondo/

  1. Viandas light: una de las razones por las que muchas personas no adelgazan, es porque tienen que ponerse a cocinar recetas complicadas, con ingredientes que no conocen o poco atractivas. Diseña una carta de platos bajas calorías y tentadores para llevar a domicilio o para que los clientes los pasen a buscar en la pausa de la oficina.image1(2)
  2. Centro deportivo para bajar de peso: no se trata de un gimnasio, sino de un lugar especialmente pensado para quienes desean reducir kilos y hacer amigos. Es fundamental el apoyo de los compañeros en el proceso. Ofrece cintas de caminar, clases de yoga, bailes livianos y asesoramiento en nutrición.
  3. Compraventa de maquinaria deportiva: los consumidores con sobrepeso que no quieren ir al gimnasio, eligen ejercitarse en casa con bicicletas fijas, cintas de caminar, elípticos. Dedícate a comprar al por mayor y revender a buen precio estos artículos.
  4. Blog de dietas: una modalidad muy exitosa es crear una plataforma virtual con consejos para adelgazar, dietas, ejercicios. Si consigues buen tráfico, ganarás dinero con la publicidad.
  5. Franquicia de productos dietarios: averigua qué opciones hay en tu ciudad para instalar una franquicia de suplementos, vitaminas, tés herbales y toda clase de artículos para la vida sana y el descenso de peso.
  6. Coaching de estilo de vida: si sabes hablar en público y tienes conocimientos sobre el tema (o estás dispuesto a formarte) puedes brindar seminarios y minicursos estimulantes para mejorar la calidad de vida, bajar de peso e incrementar la autoestima.
  7. Personal trainer: a quienes les dé vergüenza ir hasta el gimnasio o no tengan voluntad para entrenar, les vendrá bien un profesor particular que conozca sus necesidades y tenga paciencia para acompañarlo en su propio ritmo.
  8. Servicio de búsqueda de parejas: los gorditos/as suelen sufrir discriminación y encuentran dificultades para formar una pareja. Crea una red de socialización y servicios especiales con citas en igualdad de condiciones.

Todo esto ya existe (a excepción- cree esta redactora- del servicio de búsqueda de pareja). Pero nunca lo hemos visto tan crudamente explicitado como negocio. Entonces, ¿no se trata de nuestra elección de vida natural? ¿Somos tan “libres” cuando hacemos nuestras elecciones? ¿Quién gana y quién pierde en este juego de “cuerpos perfectos”?image1(1)

En “La República” de España, en 2012 apareció un artículo que muestra con crudeza los extremos de un negocio que nos asombra. http://gastronomiaycia.republica.com/2012/02/23/el-negocio-de-adelgazar-es-conseguir-que-vuelvas-a-engordar/

“La salud es un negocio, y como explican aquí, el negocio de adelgazar es conseguir que vuelvas a engordar. Mirad en vuestro entorno, ¿cuántas personas están constantemente a dieta?, se ha creado una dependencia que es de la que se quieren aprovechar todos los que prometen adelgazar fácil y rápidamente. Una de las últimas alarmas saltó con el método de la Clínica Planas, que personalmente, y disculpadnos si ofendemos a alguien, nos parece descerebrado, aplicar nutrición enteral, la forma de alimentación a la que se someten pacientes que por alguna patología no pueden ingerir alimentos. La alimentación por vía enteral se realiza a través de una sonda nasogástrica, conectada al exterior (puede ser de forma discontinua o continua, en el caso de la dieta enteral Planas es continua) con una bolsa de alimentación que debe contener los nutrientes básicos necesarios, este preparado va a parar directamente a uno de los tramos del sistema digestivo, así no hay energía extra que se acumule en forma de grasa, es más, el organismo deberá recurrir a las reservas para nutrirse, y así se produce la pérdida de peso.”

Horrorosos titulares inundaban los periódicos: “La Clínica Planas presenta un método pionero para adelgazar“. La imagen de una persona que porta una sonda introducida por la nariz y conectada a una bolsa de alimentación, lo que evoca es ver a una persona enferma, algo muy lejano a lo que puede evocar ver a una persona con diez kilos de más. Volvamos a hablar de dinero, el precio de este tratamiento cuesta entre 3.000 y 5.000 euros.

En un blog, “Vivir al máximo”, https://viviralmaximo.net/dietas/, nos muestran, con cierto humor, la realidad de vivir inmerso en una dieta:

“Hace aproximadamente un par de años, fui a Barcelona a visitar a mi buen amigo Marcos. Cuando llegué a su piso en la Barceloneta, dejé la mochila, nos dimos el abrazo de rigor, y le sugerí que nos fuésemos a tomar una cerveza por el barrio para ponernos al día. “Lo siento mucho, Ángel, pero no puedo beber cerveza”, me respondió. “Es que estoy en la fase crucero.” No tenía noticias de que Marcos se hubiese metido a marinero, así que le pregunté sorprendido que qué narices era eso de la fase crucero. “Es la segunda fase de la dieta Dukan”, me explicó. “Sólo puedo comer proteínas y verduras en días alternos, y una ración diaria de productos lácteos. Nada de carbohidratos ni alcohol”. Durante la semana que estuve en su casa, vi como Marcos iba a tiendas especiales a comprar salvado de avena, palitos de surimi y unos fideos chinos rarísimos que según él “estaban permitidos”. Vi también como cocinaba todas las noches al llegar del trabajo y preparaba tuppers para el día siguiente, y como en su restaurante favorito se pedía una hamburguesa sin pan. No calculé cuantas horas de su vida invirtió en tareas relacionadas con el método Dukan, pero fueron bastantes. ¡Y eso sin contar el tiempo pensando en ello!”

Y, como esa anécdota, podemos encontrar miles. La dieta ortomolecular, la macrobiótica, la “paleo”, la Atkins y muchas  más. Lo que todas de algún modo comparten es que violentan el modo de vida, obligan a vivir para ellas y aumentan el gasto en alimentación exponencialmente. Algunas- además- son riesgosas: suprimen productos esenciales. Es decir, se baja de peso por desnutrición.dieta 2

También, todas ellas, sólo pueden llevarse a cabo por un tiempo, lo que conduce a un anhelo mayor de recuperar aquellos alimentos prohibidos, al dar por terminada la dieta, y…vuelta a engordar.

Pero volvamos a las promesas: allí, la retórica de la publicidad. Esta crea metáforas que invaden el sentido común. Delgadez por belleza, verdes prados por salud, juventud por poder y otros.

Francisco García García (GARCÍA GARCÍA, F. (2005): «Una aproximación a la historia de la retórica», en Revista Icono 14, número 5, Retórica) considera que “en el centro de toda la discusión sobre la retórica está la convicción de que las palabras significan; tienen la capacidad de referenciar el mundo y de inventarlo; de decir en sentido recto y figurado; de decir la verdad y de mentir; de evadirse y comprometerse; de generar confiabilidad y desconfianza. De lo que no cabe duda es de su eficacia para comunicar, convencer, persuadir, argumentar y de expresar estéticamente. Visto así, la retórica es, como tantas veces se ha dicho, un instrumento comunicativo muy poderoso en las manos de los hombres. Y quien dice del discurso verbal, dice de todo tipo de discurso, ya sea verbal, audiovisual o digital; de función, ya sea informativo, histórico, ficcional, didáctico, publicitario; de medio comunicativo; de género; o de formato.”

Y la publicidad se basa, sin dudas, en el principio de que “más vale lo que parece verdad que lo que es verdad”. La verdad no creíble no es aceptada. Y lo que vende se vuelve “verdad” a través de las imágenes. El discurso  inventa el objeto. El deseo lo acoge y le da realidad. Y el deseo de todo ser humano transita hacia le felicidad, sea cuál sea el medio para alcanzarla. Quizás, no la conseguimos por esos 5 kilos de más o por no tener los suficientes músculos o nuestra sonrisa no es tan luminosa.

En esta búsqueda permanente y a ciegas de un mejor vivir, ahí están ellas, las dietas milagrosas que nos salvarán de una existencia infeliz.

Money-on-hook

TODOS MUERDEN LA CARNADA

Los malentendidos, las ocultaciones y las distorsiones son la carnada perfecta. El sueño que nos pone en una dieta de palabras, en una dieta de ideas. En esta monotonía de lo inalcanzable, de lo inasible, todo enflaquece. Sumergidos en la liviandad de las metas, consumimos todo aquello que nos aleje de la angustia de las ideas. Así, hasta el lenguaje adelgaza. Es imposible llegar al hastío porque, cuando nos arrimamos a ese borde, él resulta rápidamente sustituido por otra pulsión desdentada de pensamiento. El lenguaje no trasmite contenidos, sólo se subsume a las imágenes de satisfacción.

Recién, cuando comenzamos a concebir qué existe detrás de nuestras elecciones, nos volvemos un poco más libres. Y también, no podemos negarlo, un poco más escépticos.

 




FIESTA LÍQUIDA

La celebración: sobre divorcios y fiestas de divorcios

Por Alicia Lapidus

Una bocanada de luz se derramó en el cajón de la ropa de hombre; pero inmediatamente fue ahogada. (Antonio Di Benedetto, El Abandono y la Pasividad)

LUZ AHOGADA

La luz se ahoga en la ausencia. El divorcio da y toma. Deseado o no, entrega una libertad- a veces no buscada- y toma aquello inasible que nos ligó a ese otro. Proyecto desvanecido, futuro imperfecto.

El dolor está en cada objeto de la memoria. La taza de café se hace lágrima en la falta. El vacío del ropero denuncia la pérdida. El individual solitario en la mesa delata el fracaso. Las fotos se guardan o se rompen. Y la cama permanece hundida marcando la decepción.

Los matrimonios se construyen con ladrillos de sueños y se derriban con la aniquilación del destino. Sin embargo, en la letra de la ley, el divorcio es nomás la disolución del vínculo matrimonial y, en consecuencia,  la renovación de la aptitud a los divorciados para contraer nuevas nupcias.

Pero no todo es dolor. Se entremezcla en esta disolución la pasión por los objetos testigos de la promesa de felicidad de la pareja. Y comienza una lucha, a veces de crueldad increíble, por el dinero, por las cosas y -cuando los hay- por los hijos. Se intenta salir “victorioso” de una guerra que combina lo material con lo emocional, sin que ninguno de los protagonistas pueda separar ambas partes. No hay victoria posible. Quizás alivio, pero nada más.

Pero al acallarse la violencia exterior, también la violencia del sol, la vena rosa se extinguió y las flores comenzaron a ser una revuelta e impalpable mancha acogida a las discretas sombras. (Antonio Di Benedetto, El Abandono y la Pasividad)

Basura NAÚFRAGOS SIN ORILLAS

Hombre y mujer quedan rotos, partidos, perdidos. Cada uno navega en la inmensidad de la nueva vida con desesperación, busca una orilla. El o la amante, la ropa juvenil, las salidas interminables. El hogar se transforma en domicilio y el deseo en desesperación. Otros detienen su existencia en ese instante en que el porvenir se vuelve pasado y allí se quedan a vivir.

Y algunos, por ahora los menos, imbuidos de un tono de época- donde todo es motivo de fiesta, aunque no de festejo- celebran el divorcio.

¿FIESTA DE DIVORCIO?  Si, así es. En países como Estados Unidos, a quienes han pasado por ese trago amargo les ayuda a atravesarlo con algo un poco más grato. ¿Cómo? Organizando fiestas de divorcio.

FIESTA DE JUGUETE

Lois Tarter, autora del libro “El ritual del divorcio: Levántate, sale y sigue adelante con tu vida”, es una de las llamadas “divorce party planner”. Según contó hace algunos meses, en su blog “The Huffington Post”, la primera vez que organizó un evento para celebrar una separación fue cuando se divorció de su marido.[1]

Grilich“Después de que los papeles estaban firmados y el quiebre definitivo ya era oficial, no tenía idea de qué hacer a continuación. Quería seguir adelante, pero no sabía cómo; sólo quería reír, divertirme y dejar ir el dolor“, relató.

Lo que comenzó como una reunión de amigas, un té con una torta alusiva, nuestra sociedad- que consume todo hasta consumirnos a nosotros mismos- lo convirtió en un gran negocio.

Un blog, da “tips” para “festejar” una culminación de la fase conyugal, lejos de la pena y la agonía que antes se solía vivir, y para dar lugar a un momento de canalización donde se exorcizan los miedos y los fantasmas del ayer en compañía de las personas más cercanas.[2]

Se reniega del duelo, se desmiente el dolor, se decora el silencio con el chocar de copas y nada ha pasado.

En ese mismo blog, se dan ideas de lo que debería pasar en esas fiestas. Todo calculado para no dejar espacio para la lágrima y mucho menos la pena.

Ideas para la organización

  1. El lugar: es fundamental. Deben saber que no es necesario hacerlo en un salón de fiesta, bien puede hacerse en la casa de algún amigo, en la propia, en el SUM (salón de usos múltiples) de un edificio, o, ¿por qué no?, al aire libre, en un lindo patio o jardín.
  2. Menú: los platillos más adecuados pueden ser fingerfood, es decir bocadillos para comer con las manos, para hacerlo más dinámico e informal en sus versiones dulces o saladas.
  3. Decoración: los globos y guirnaldas son siempre opciones valederas que alegran un espacio, sobre todo, si de celebrar se trata. La torta puede ser con un muñequito de él o ella en lo más alto, o con la figura que representa el ex tirado fuera de la torta, para dar un toque de humor; o tal vez un pastel que se parte por el medio, donde las figuras queden separadas. ¡Hay variedad para elegir!
  4. Juegos: dígalo con mímica de los defectos del ex (sólo en tono de humor), embocar el anillo en cajitas con formas de ataúd, tiro al blanco con arco y flecha con imágenes del ex o de la boda, etc. (ver también: Juegos para fiestas de divorcios)
  5. Ceremonia de rebautizo: donde un amigo le devuelve el nombre de soltero/a.
  6. Show de stripper: para los/las más osado/as.
  7. Para terminar, se puede colocar el anillo en un globo y dejarlo ir; o una prenda como el velo del vestido de novia, algo liviano para soltar.

EL NEGOCIO DEL NAUFRAGIO

La psicóloga Robin Deutsch, de la Escuela de Psicología Profesional de Massachusetts, dice que es un cambio que deberíamos tomarnos bien: “El crecimiento de la industria de celebración de divorcios se produce porque la gente quiere aceptar la pérdida a través de un ritual”, dice. “Mucha gente se siente aliviada”, añade Deutsch. “Creo que les da una sensación de esperanza y cierre, es algo positivo”. La psicóloga cree que la gente actúa con la idea de poder pasar página. “Lo que hagan, el tipo de ritual que tengan, es elección suya”, asegura.

En Holanda, una empresa espera ayudar a otras parejas a celebrar su divorcio, juntándolas. El negocio se llama Hotel de Divorcios. Por unos US$5.000, las parejas que se van a divorciar se registran en el hotel el viernes. Luego, se reúnen con un abogado que actúa como mediador durante el fin de semana, y el domingo se van, divorciados.[3]

Tras conseguir dar por cerrado un divorcio doloroso, Wendy Lewis decidió que solo había una forma de celebrar: destrozar su vestido de boda con una metralleta. Para hacerlo, la estadounidense reunió a sus amigas, agarró el vestido y voló a Las Vegas, para pasar un fin de semana largo. Al llegar a Las Vegas, una pequeña empresa, al frente de uno de los sectores económicos que más rápido crecen en la ciudad, le organizó una excursión a un campo de tiro.

La señora Lewis nunca en su vida había agarrado una pistola, pero trajo su vestido de boda al campo de tiro y lo colgó“, dice la organizadora. “Si hubieses visto su mirada mientras disparaba contra el vestido. Podías ver que estaba dejando salir toda su ira”.

La organizadora del viaje, Glynda Rhodes, de 51 años, en 2012 lanzó una empresa “The Divorce Party Planner” (Organizadora de fiestas de divorcios) y el negocio no ha dejado de crecer desde entonces, una situación similar a la que viven otras empresas en Las Vegas y otras ciudades de Estados Unidos.

Rhodes explica que el coste de los paquetes, con nombres como “Casi no sobrevivo”, “Autosuficiente” o “Lo tengo todo” va desde los US$1.000 a los US$4.800.

Para los que quieran una fiesta más modesta y tranquila, pueden pedir una “tarta de divorcio”. En una pastelería de Florida reciben entre tres o cuatro peticiones de tartas de divorcio al mes. La dueña, Beatriz Otero, declara que una vez hizo una tarta para un cliente que la pidió en forma de una bolsa de golf, con una leyenda en ella que decía “por fin libre, me voy a jugar al golf“. La mayoría de las peticiones, sin embargo, son para un dibujo de una novia que acarrea al novio por las piernas, con una leyenda que dice “ponlo en la basura”.

Torta 2

Todo vale mientras se pague por ello. La tristeza se aplasta bajo una torta hecha de harina y odio, el proyecto fallido resulta apabullado por unos strippers musculosos que generan la ilusión del sexo ilimitado en la nueva vida. El dolor se ahoga en champagne. Se obtura la posibilidad de pensar en cómo será la vida de ahora en adelante. Todo se convierte en una gran fiesta de alegría plástica.

                “Si la felicidad prevista no llega a materializarse, siempre está la posibilidad de echarle la culpa a una elección equivocada antes que a nuestra incapacidad para vivir a la altura de las oportunidades que se nos ofrecen”. (Zygmunt Bauman, “Amor líquido”)

El divorcio no es un estigma ni una vergüenza, pero sí una instancia de reflexión. Es un período en el que debemos rehacernos, comprender qué falló y llorar lo que sea necesario. Sólo transitando el dolor podemos reconstruirnos como seres con capacidad de vivir plenos.

La luz, que sólo fue diurna y venía por la ventana, retorna una noche manando de los filamentos de la lámpara del medio. Las cosas, opacas bajo el polvo, recuperan volumen y diferenciación. (Antonio Di Benedetto, El Abandono y la Pasividad).

Invitación

 

[1] Fuente: Emol.com – http://www.emol.com/noticias/Tendencias/2013/01/01/738326/Nueva-tendencia-se-masifican-las-fiestas-de-divorcio.html

[2] https://www.infotopo.com/eventos/ocasion/ideas-para-fiestas-de-divorcios

[3] http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/11/141113_negocio_divorcios_vegas_ac




CUERPO A DESAMOR

Por Alicia Lapidus

Desamor: sobre el síndrome de Munchhausen

DE QUIEN NO PUDO ESQUIVAR LA FAMA

Karl Friedrich Hieronymus, barón de Münchhausen (Bodenwerder, 1720 – 1797), en su juventud, sirvió de paje a Antonio Ulrico II, duque de Brunswick-Luneburgo. Más tarde se alistó al ejército ruso, donde sirvió hasta 1750. En esos años, no se privó de participar en dos campañas militares contra los turcos. Al volver a casa, Münchhausen, supuestamente, narró varias historias increíbles sobre sus aventuras.
Y se sabe cómo es. Historia narrada es historia que circula y un día termina recopilada y publicada por un autor anónimo. En este caso, eso sucedió en 1781. Después, una versión inglesa, a cargo de Rudolf Erich Raspe, salió a la luz en Londres, en 1785, como “Narración de los Maravillosos Viajes y Campañas del Barón Münchhausen en Rusia” (Baron Münchhausen’s Narrative of his Marvellous Travels and Campaigns in Russia), también llamada “Las sorprendentes aventuras del Barón Münchhausen” (The Surprising Adventures of Baron Münchhausen). Es de destacar que estos libros dañaron la reputación del auténtico barón quien, por otra parte, no era mucho menos exagerado que otros militares de carrera. Aun así, al barón lo afectó profundamente su inesperada fama como mentiroso oficial.

La visita de la madre, Enrique Paternina 1892 (1)LOS TRUCOS DE MAMÁ Y PAPÁ
Estar enfermo no es una situación para nada agradable. Sin embargo, existen quienes se enferman a propósito para llamar la atención o, incluso, provocan problemas de salud en otros. Esta patología se conoce como síndrome de Münchausen. El paciente «crea» y hasta se produce conscientemente autolesiones para lograr síntomas físicos y/o psicológicos, forzado a ello por una compulsión relacionada a su necesidad de cuidado por terceras personas.
El caso más famoso es el de un inglés, William McIlroy (1906-1983), quien llegó a ser operado 400 veces y sólo pasó seis meses de su vida sin internarse en una clínica.
Si el síndrome en sí es impactante y doloroso, lo es más en la modalidad llamada “Sindrome de Munchhausen por poder”. Este es una forma de maltrato infantil en la que uno de los padres provoca en el niño síntomas reales o aparentes de una enfermedad. Se trata de un síndrome raro, poco conocido, y aparece cuando la madre (en ocasiones también el padre o cuidadores) hace fingir enfermedades al niño para obtener atención médica. Algunos progenitores llegan a añadir sangre a las muestras de orina o heces. Otros, dejan de alimentar al niño o le administran fármacos, falsifican fiebres o provocan vómitos o diarreas para que los síntomas parezcan los de la dolencia que quieren simular.
Además, este trastorno psicológico se caracteriza porque los responsables de estos “trucos” se muestran colaboradores con los médicos, como un modo más de ocultar el verdadero origen de la “enfermedad”. En apariencia, son madres muy preocupadas y abnegadas, por lo que no existen sospechas de maltrato. Los niños que sufren esta forma de abuso suelen ser hospitalizados por presentar grupos de síntomas que no encajan mucho en ninguna enfermedad conocida.
Es habitual que se realicen esfuerzos infructuosos por lograr individualizar un diagnóstico que explique los síntomas. Con frecuencia, a los niños se les hace sufrir a través de exámenes, cirugías u otros procedimientos molestos, innecesarios o peligrosos. Los síntomas del niño suelen mejorar en el hospital y siempre empeoran en casa, cuando los médicos no están presentes. Si las infecciones o lesiones son importantes, el pequeño puede morir. La madre suele ser reacia a la hospitalización, porque en ese entorno no puede actuar.

DOLER PARA SER VISTO
Está descripto que quien genera un trastorno ficticio por poderes no responde a un cuadro psicótico ni alucina mientras enferma a su/s hijo /s.: “Los padres, y sobre todo la madre, inventan, falsifican o producen de manera voluntaria síntomas al niño, con la finalidad de gratificar las necesidades psicológicas de atención y dependencia de ellos mismos”. (Meadow)

EL NIÑO ENFERMO - ARTURO MICHELENA (1)Los síntomas son provocados por el adulto con intencionalidad, voluntariedad y la ausencia de un beneficio consciente (a diferencia del enfermo simulador) y falta de control sobre su conducta (sus actos son compulsivos, sus manipulaciones son conscientes, no así sus motivaciones).
Se trató de estudiar esos impulsos y saber a qué se debían. Se detectó necesidad de sufrir e incluso morir, deseo de ser el centro de atención, deseos eróticos, amor u odio al personal médico o sanitario, deseo de amparo y refugio. Otras veces, existe un trasfondo simbólico de recuerdos o vivencias infantiles vinculadas a la figura materna o paterna.
Desde nuestra óptica es imposible imaginar por qué ocurre este cuadro. Esta extraña obligación del cuerpo de someterse al dolor para ser “visto”, para ser amado. Aun peor: de someter a otro, un niño- nuestro hijo- a padecer para tener atención.

TODAS LAS ALERTAS ROJAS
A la madre de Julieta, en el consultorio de Alto Riesgo de Obstetricia del hospital, le atendimos el embarazo hace 16 años. Una mujer diabética, ciega por la enfermedad quien, a pesar de haber sido advertida sobre el peligro de llevar adelante una gestación en su situación, decidió que deseaba el embarazo. Julieta nació prematura, de 7 meses, pero evolucionó sin inconvenientes. Cada tanto, su madre se mantenía en contacto con una colega mía, a través del celular. La madre convivía con su ceguera, con ayuda de una asistente quien, frecuentemente, iba a su casa. Julieta parecía estar bien.
Hace 15 días, un llamado desesperado de la madre nos conmovió. La nena se había embarazado y, desesperada, usó pastillas abortivas. Hasta ahí, nada de qué preocuparse. Pero la madre nos informaba que Julieta estaba con alta fiebre desde hacía 4 días, es decir, a partir de los tres días de haber puesto fin al embarazo. Frente a estas situaciones, los médicos nos inquietamos. Yo he visto morir tantas mujeres en situación de aborto, he llorado por niñas y madres cuyas vidas terminaron a causa de la desesperación por un embarazo no deseado y por no tener el dinero para interrumpirlo en forma segura que, cada vez que aparece una sospecha de infección, suenan todas nuestras alertas.
La madre trajo a Julieta al hospital. Al llegar, no tenía fiebre, le sacamos sangre y los análisis daban perfectos. La ecografía mostraba todo normal. La felicitamos y le dijimos que fuera a su casa y que, cualquier problema, nos avisara.

Desamor, laberintoEL SOBREVUELO
Tres días después, otra llamada de la madre dice exactamente lo mismo. La fiebre que no cede. Vuelta a consultar en el hospital. Nuevos análisis y ecografía. Frente a nosotras, Julieta sin fiebre. Todo normal.
Cuatro días más tarde, la madre se comunica desesperadamente: Julieta tuvo convulsiones, no la puede despertar y la orina es color marrón. ¿Cómo es posible? ¿En qué nos equivocamos? ¿Cómo no vimos que estaba tan grave? Finalmente, la madre comunicó que la pudo despertar y se vinieron al hospital. Sentimos la muerte sobrevolar nuestras cabezas. Mi compañera lloraba de la desesperación.
Cuando llegó Julieta, no podíamos creer lo bien que la vimos después de haber tenido una convulsión. Eso sí, advertimos unos tajos en la muñeca izquierda. Julieta nos contó que fue un intento de suicidio. De nuevo: análisis normales, sin fiebre. En ese momento, ella agregó que era epiléptica y que, desde hacía tres días, no tomaba la medicación. Llamamos al neurólogo y a la psiquiatra. Tendimos redes, averiguamos en otros hospitales y nos enteramos que Julieta había estado veces internada en el Rivadavia. La psiquiatra averiguó que ella está en atención en un centro de Salud Mental (y medicada).
Entonces, sí. Bruscamente, salimos de esa trampa. Julieta nunca estuvo embarazada, nunca fue epiléptica, nunca nada. Síndrome de Munchhausen.

EL EXTRAÑO LABERINTO

Desamor, el-laberinto-del-fauno-originalY ahora viene el tiempo de trabajar hacia adentro. ¿Cómo no encolerizarnos, cómo no irritarnos? ¿Cómo se hace para comprender y no sentirse manipuladas?
La mente tiene recursos extraños, modos incomprensibles de someter. El dolor como búsqueda de amor, en este caso, es muy diferente al sadismo. Acá nos buscan a nosotros- médicos- para que- cómplices involuntarios- infrinjamos ese dolor a través de estudios y hasta operaciones innecesarias. Y, cuando nos damos cuenta, nos sentimos estafados. Tenemos que pensar y repensar, entender cuánto pesa la falta en esas personas, para llegar a expandir la carencia a través de la atención de extraños. Y qué tan grande es el padecimiento, que jamás alcanza el dolor provocado por la medicina, porque siempre van en busca de más.
Ahora nos queda la tristeza de no saber cuál será el destino de Julieta. ¿Cuántas hospitalizaciones más logrará?, ¿a cuántas cirugías se someterá?
La felicidad no está en su horizonte y el amor tampoco.
A esta altura, ¿a quién le importa la dudosa reputación de aquel barón alemán?

 

Mi mamá no me mima – http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-54419-2005-07-31.html

El caso más terrible registrado- http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/54419-18236-2005-07-31.html

Síntomas prefabricados – http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/54419-18237-2005-07-31.html

La dificultad de detectar el síndrome- http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/54419-18238-2005-07-31.html




EN BANCARROTA MORAL

Por Alicia Lapidus.

Los anormales: Sobre violencia económica

 

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Una mañana cualquiera y en sus respectivas casas, tres hombres se afeitan. Los tres trabajan en la misma corporación. Uno es el Gerente General, los otros están por debajo de él. Por supuesto, cada uno, en un nivel de riqueza acorde a su puesto. Bobby Walker vive el sueño americano: tiene un gran trabajo, una hermosa familia y un deslumbrante Porsche en el garaje, vacaciones en la playa y cenas en restaurantes de 600 dólares por persona. Así comienza “The Company man” (John Welles, 2010)

Un mozo termina de limpiar un salón en el que transcurrió un evento. Medianoche invernal. Un día más de trabajo. Sube a su moto y emprende el regreso a su hogar. (Il capitale umano. Paolo Virzì. Italia, Francia, 2013)

Mi error, como el de los protagonistas de ambas películas, fue creer en la continuidad del estado de nuestra vida. Di por hecho que mañana sería igual que hoy, que nada podría alterar nuestro mundo pequeño o grande.

Para ellos también, nada será igual.

el-capital-humano-2-e1428745736691Cuando la política de reducción de personal lo deja a Bobby Walker y a sus compañeros sin trabajo, los tres hombres se ven obligados a redefinir sus vidas como hombres, como maridos y como padres de familia. Una mañana, Bobby Walker participa en una partida de golf con algunos socios de negocios. Destila confianza en sí mismo, a la que acompaña con un Porsche y un hándicap bajo en golf. Walker es un veterano, con doce años de experiencia en GTX, un gran conglomerado industrial con más de 60.000 empleados. Momentos después de ganar la partida, pierde su trabajo como resultado de “decisiones corporativas”. Bobby está en el sector de transporte, el activo de menor rendimiento en la cartera de GTX.

¿Qué hacés cuando todas las cosas a las que te aferrás, las cosas que la gente siempre dijo que eran importantes, desaparecen de tu vida? ¿Qué hacés cuando perdés todos esos símbolos por los que trabajaste tan duro, emblemas de tu supuesto éxito? Estas preguntas impregnan la película e impregnan a nosotros y a nuestro tiempo. Wells escribió la historia después de la última recesión económica, a principios de los noventa. Está basada en las experiencias de sus amigos, familiares y conocidos de diversos orígenes socio-económicos. Y es un golpe profundo a lo que todos creemos natural, dado de una vez para siempre. Algo, como el bienestar que sentimos ganado con legítimo esfuerzo, cosa que es así, sin dudas. Sin embargo, jamás podríamos haberlo conseguido, fuera de una economía que nos permita desarrollarnos. Bobby es el ejemplo de la desolación del desempleo, del ajuste en las empresas, de la exclusión. .[1]

En “El Capital humano”, las cosas son vistas de manera distinta. La muerte del ciclista es solo una metáfora de una sociedad que mira hacia otro lado, cuando la tragedia sucede frente a sus ojos. Una crisis representa una oportunidad de El-capital-humano-06negocio inmejorable para alguien ya rico. Desde su ventaja, podrá esquilmar, no solo a los pobres consumados- de quienes no podrá sacar mucho-, sino también a las clases medias, cuyo empobrecimiento supone el mayor negocio del siglo. El atropello es solo un desencadenante, un pretexto argumental, lo importante es observar cómo reaccionan los distintos personajes frente a ese hecho. Lo que vemos es, al cabo, el retrato de una sociedad enferma que se enfrenta a la hipertrofia y, posiblemente, a la desaparición. [2]El dinero no da la felicidad, pero ayuda mucho. Por eso a más de uno lo pierde la ambición. Algo de eso hay en este fresco que retrata la sociedad contemporánea – italiana, pero podría ser cualquiera-, víctima del modelo sociopolítico capitalista, donde las grandes finanzas generan tanta inestabilidad como euforia; donde las utopías personales del bienestar sobredimensionado acaban con la tranquilidad de una vida adecuada a la realidad; donde el consumismo acentúa las diferencias de clase, donde la envidia y la codicia pueden convertirse en una condena. Y, por fin,  donde los condenados no son siempre los culpables y casi nunca, los responsables. Un coctel humano deshumanizado, con personajes para todos los gustos – que cada quien se identifique o contextualice con aquel que reconozca como semejante-. [3] El concepto “capital humano”, tal como se explica en los momentos finales de la película, procede del ámbito de la economía y se refiere al “valor económico potencial de la mayor capacidad productiva de un individuo, o del conjunto de la población activa de un país”. Son muchos los factores que ayudan a establecer ese capital humano: “unos, congénitos, como la fuerza física, la inteligencia, la habilidad, la tenacidad (…) y otros adquiridos con el esfuerzo personal o la influencia del medio ambiente: como la formación, la sanidad, la familia; está, en tercer lugar, la mejor o peor suerte que uno pueda tener en la vida, un factor que en ningún caso debe ser menospreciado”. Y es que, no en vano, esta película tiene un trasfondo económico fundamental, ya que buena parte de los personajes se mueven por pulsiones exclusivamente monetarias. En ese sentido, lo peor de una crisis como la que espera no son solo las consecuencias económicas, sino la bancarrota moral y ética a la que queda abocada toda una sociedad.

The company men

Es interesante observar que en ambas películas se juegan circunstancias que van desde lo individual a lo general. Las personas son vapuleadas, descolocadas por circunstancias a las que, en la mayoría de los casos, son ajenas. Esos, los seres inferiores de esta “escala humana” económica y social, son los que padecen sin comprender.

En otro orden están los personajes que podemos llamar “intermedios”. Son los que comprenden estos juegos, pero nadie los invita al partido. Se la rebuscan como clase media que cree tener poder de decisión, sin tenerla. Intentan, por las buenas y por las malas, con y sin escrúpulos alcanzar el escalón siguiente.

Finalmente, el escalón “superior” juega a su propio juego, apuesta a decisiones económicas que perjudican y matan a millones de personas sin dudarlo. Son los dueños, los que manejan nuestros sueños, nuestros anhelos y nuestras vidas.

[1] http://www.lahiguera.net/cinemania/pelicula/4304/comentario.php

[2] http://www.elespectadorimaginario.com/el-capital-humano/

[3] http://www.domesticatueconomia.es/el-capital-humano-el-dinero-no-da-la-felicidad/

 




EL INCIENSO DE LAS PALABRAS

Por Alicia Lapidus.

La persistencia: del amor y la muerte

 Macedonio Fernández

La Muerte no es la Nada, sino que nada es.
El Nacer no es la Vida, sino que nada es.
Equivócase, por terrenal, el Corazón si te llora
pues en nuestra mente estás, y estuviste antes de sernos visto
En nuestra mente todo lo que eres, está
pues nunca estuviste sino en nuestra mente
y nuestra mente es la única que jamás existió.
Amarte, pues, debemos, pues que vives
y no Dolerte, pues no cabe perderte. 

EN EL NOMBRE DE BUDA

El 21 de Setiembre, escribí en Facebook: “Cada vez más presente en tu ausencia”. Se cumplían dos años de la muerte de mi padre. Pero, ¿a quién le escribí? ¿Un ser racional, como yo, le decía a mi padre muerto: “te extraño”?

Durante mi viaje a Vietnam lo aprendí: para el budismo, la muerte-o parte de la vida y transición hacia el nirvana- es un momento de alegría. Eso no significa que la familia y amigos no se entristezcan, sólo es tomada con naturalidad. Se celebra una gran fiesta, así el difunto disfrutará por última vez la alegría vital. Uno de los más allegados enseña al muerto el camino hacia el cielo, se quema dinero falso (fotocopias de dólares) y, para pagar un peaje en su trance, se arrojan talismanes. También se queman hojas pintadas de color rojo y amarillo: indican, al difunto, el camino de regreso. Todo alrededor, antorchas de caña: ellas iluminan la escena. Tampoco faltan las plantas. La escenografía busca que el muerto se reconozca desde el cielo, el marco intenta darle una mano desde este margen.

Pasado el entierro, durante los 100 primeros días, los hijos llevarán la comida al difunto todas las jornadas, pues consideran que su alma aún no ha llegado al cielo. Habrá frutas y verduras para el primer aniversario y otra vez se quemará dinero: es necesario que el muerto pueda tener una vida digna en el nuevo emplazamiento. Y algún pedidito también se le hace a quien recién ha partido: ya que tiene conexiones del otro lado, se le pide que nos ayude en cuestiones bien telúricas, como mantener la casa, el amor y el dinero.

En el budismo hay, para los sobrevivientes, un período en el que el muerto no se fue del todo. No podemos sacarlo de nuestra vida tan fácil.

Phạm Công Sơn, (1996), un antropólogo vietnamita, dijo: “la muerte no es el final, pero es la etapa final de una vida para transformarse en otra.” También afirmó que los rituales de muerte proporcionan a los deudos la oportunidad de cumplir con sus obligaciones filiales con los difuntos. Porque la muerte es, en general, inesperada. A menudo deja a familiares y amigos con asuntos pendientes con el difunto. La responsabilidad filial resulta una dura carga en la cultura vietnamita. Los rituales funerarios, adecuados según las capacidades, le dan al doliente una última oportunidad junto a los difuntos, ayudan con el sentido de continuidad y con el cierre final.

¿IRREVERSIBLE, UNIVERSAL, IMPLACABLE?

La muerte tiene una representación característica en su irreversibilidad, en su universalidad y en su implacabilidad. Una separación que no sea dada por la muerte, siempre queda abierta al reencuentro. Cuando “ella” llega las chances se obturan y es lo que hace que sea uno de los duelos más difíciles de afrontar (Dávalos et al, 2008)

En psicoanálisis se habla de “elaboración del duelo”: renunciar a la persona amada. S. Freud, en “Duelo y melancolía”, define el duelo como una reacción ante la pérdida de una persona querida, pero no solo habla de duelar a alguien concreto, tangible. El duelo también incluye la pérdida de ideales o ideas que uno presupone, por ejemplo, la patria, la libertad, un ideal.

Desde una perspectiva psicológica y fenomenológica se han descrito tres fases del proceso:

  • En la primera, llamada fase de evitación, incluiríamos el shock o el embotamiento con la negación a reconocer al principio la desgracia, es el instante traumático en el que se pierde el objeto.
  • En un segundo momento, en la fase de confrontación, tienen lugar las emociones más intensas; se intenta recuperar aquello perdido. Por eso la rabia y la culpa pueden ser desbordantes. A menudo, en la fantasía, se da vueltas a todo lo vivido e incluso ocurre una satisfacción inconsciente al recordar el dolor. Ese genera un cierto goce. Las manifestaciones más comunes pueden ser los síntomas depresivos, la angustia y hasta pueden tener lugar visiones o la sensación de sentir la presencia de la persona perdida. El fenómeno elemental de la alucinación manifiesta un intento por retener el objeto perdido, una forma de apartarse de la pérdida. .
  • La tercera fase es la de restablecimiento. En esta, aparece un cierto desapego y el recuerdo surge con menos afecto. En la cotidianidad, este periodo se emparenta con la típica frase “el tiempo va borrando las heridas” o “el tiempo lo cura todo”. Más, desde el psicoanálisis, se sabe que el tiempo por sí solo no cura todo.

Si el sujeto tolera pasar por el malestar que supone aceptar la pérdida y renuncia a toda esperanza de recuperación, empezará un declinar del duelo y una apertura progresiva hacia nuevos objetos. En muchos casos, el proceso comprende desde el momento en que se produce la pérdida hasta la aceptación final.

Se despierta. Va y viene de la mesa a la ventana, se sienta, se pone de pie. Va y viene de la cama a la silla. Se acuesta, mira fijamente el techo. Cierra los ojos, abre los ojos. Va y viene de la mesa a la ventana. Encuentra otra hoja de papel. La coloca ante sí sobre la mesa y escribe estas palabras con su pluma: Fue. Nunca volverá a ser. Recuérdalo.

Paul Auster, “La invención de la soledad”.

 

DEL DOLOR A LA PALABRA

A través de la literatura, encontramos muchos narradores que escriben a sus amores fallecidos: sean amores filiales, fraternales o parejas. Hace poco, John Berger junto a su hijo Yves escribieron “Rondó para Beverly”. Una elegía entrañable dirigida a Beverly, la mujer de John y madre de Yves, muerta hacía cuarenta días. En Berger, la muerte de Beverly no es vivida como la desaparición de la persona amada, sino como un acceso que esa persona habilitó para que él se convierta en otro, sin ella.

Nos preguntamos por qué le escribimos, hablamos, preguntamos a los muertos. A través de las preguntas y la “comunicación”, sin duda, negamos su ausencia completa. Es diferente, sin embargo, con la escritura. Al convertir al amado- en el limbo de nuestra alma- en palabras; al descifrarlo, al bucear en los detalles de ese vínculo, lo re-construimos lo re-definimos. El dolor paralizante desaparece cuando somos capaces de convertir la muerte en motor de la poesía. A la manera de los vietnamitas, alimentamos ese trayecto del muerto hacia otra dimensión. En nuestro caso, les prendemos el incienso de las palabras.

 Porque tú estás muerta, mamá. Llevo dos días repitiéndolo y repitiéndomelo y preguntándoselo a mis amigas, por si ha habido algún error o lo he entendido mal, pero cada vez me aseguran que ha ocurrido lo impensable. También esto pasará.                                                                            Milena Busquets 

LA NOSTALGIA CREATIVA

Amelie Nothomb comienza así “La nostalgia feliz”: “todo lo que amamos se convierte en una ficción.” Para eso necesitamos tiempo. Ese tiempo de angustia- de negar la realidad, de enojo con la vida misma- se vuelve añoranza; ese tiempo transforma el desgarro- la desaparición- en creación.

La muerte siempre sucede y hemos aprendido, a lo largo de la vida, que este suceso inevitablemente pasará. Pero, también podemos llegar a aprender que es posible llenar de sentido una pérdida y dar significado a una muerte o la oportunidad de un nuevo comienzo.                                                     Elisabeth Kübler-Ross

Para el psicoanálisis, habremos elaborado el duelo. Para el budismo, encaminado a nuestro difunto hacia su camino correcto. Para nosotros, escribir habrá transformado la pérdida en fundación.

5-Nanoo G_Memory of Grief

Mi padre

Mi padre era un águila.

Un sabio ignorante. Un cálculo matemático.

Un pan con anchoas en Mar del Plata.

Mi padre, un bigote. Una galaxia hecha cuento.

Era un vermut con platitos.

Mi padre un tirano y un siervo.

Una mañana en la playa y una ausencia de infancia.

Un sobreviviente de su aventura.

Mi padre era un viaje y una historia.

Mi padre era su tango y

para mí,

fue mi primer vals.




¿MORIR EN PAZ?

El Abuso: Sobre el abuso médico al final de la vida.            

Por Alicia Lapidus

 “Pensá que mientras escribía de muerte digna, estaba tratando de que sobreviva un piojito de 680 gramos. La vida está llena de estas dicotomías. Te cuento que el bebito anda bastante bien. Estoy segura que va a vivir y también creo que va a ser sano” (Alicia Lapidus, médica obstetra; de un mail a Gabriela Stoppelman)

Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui, allá dios que será divino, yo me muero como viví” (Silvio Rodríguez)

“Morirás. Esto es naturaleza del hombre, no pena.
Morirás. Derecho es de las gentes volver lo que recibiste.Morirás. Peregrinación es la vida; cuando hayas caminado
mucho es forzoso volver. Morirás. Entendí decías alguna
cosa nueva. A esto vine, esto hago, a esto me llevan todos
los días. La naturaleza en naciendo me puso este término,
¿qué tengo de poderme quejar? A esto me obligué.
Morirás. Necedad es temer lo que no puede estorbarse.
Esto no lo evita quien lo dilata. Morirás.”

Seneca.

Hace 30 años, Karen Ann Quinlan, una joven estadounidense, moríaKarenAnnQuinlan después de pasar una década en estado vegetativo crónico. Karen, una joven estadounidense que cayó en coma por consecuencia de la ingestión de alcohol y barbitúricos. Así, a los 21 años, sufrió un daño cerebral irreversible. Fue mantenida con vida en forma artificial hasta 1985. Entonces, un largo proceso legal iniciado por sus padres le permitió morir. Este resultó el primer caso que disparó una discusión global sobre la muerte digna. Y generó cambios profundos en la ética hospitalaria.

Con el advenimiento de tecnologías que permiten sostener la vida orgánica por tiempo indefinido y la necesidad disponer de órganos para trasplante, un enorme debate aún intenta definir la muerte más allá del latido del corazón.

MORIR DENTRO DEL SISTEMA

“Como nunca antes en la historia de la humanidad, hoy es posible demorar la muerte. La multiplicación del conocimiento científico y de los recursos tecnológicos produjo beneficios inimaginables hasta hace pocas décadas.

Sin embargo, también llegó el momento en que esa evolución crea sus propias paradojas. Morir es un suceso que se medicalizó, ya pocos lo hacen en su hogar rodeados de sus afectos. Las intervenciones médicas pueden tanto ofrecer esperanza como prolongar una interminable agonía. Resulta cada vez más difícil establecer los límites de la medicina en una era de agitación tecnológica. El “furor curandi” desdibuja la racionalidad de lo posible. La medicina y sus pacientes son víctimas de su propio éxito al no haber aprendido donde debe detenerse guiada por valores que contemplen la dignidad de la vida. ¿Cómo respetar la voluntad de las personas? ¿Quién define la frontera entre la vida biológica y la existencia humana?[1]

¿CÓMO MUEREN LOS MÉDICOS?

Hace unos meses cayó en mis manos un artículo norteamericano que contaba cómo eligen morir los médicos.[2]

Charterhouse, acuarela de 1885

El relato inicial era acerca de un amigo del autor, Ken Murray, y decía:

“Hace años, Charlie, un ortopedista muy respetado y un mentor mío, encontró un tumor en su abdomen. Buscó un cirujano que exploró la zona y el diagnóstico fue cáncer de páncreas. Este cirujano era uno de los mejores del país. Incluso había inventado un nuevo procedimiento para este tipo de cáncer, que podría triplicar la probabilidad de supervivencia a los cinco años, aunque con una baja calidad de vida. Charlie no se interesó. Se fue a su casa al día siguiente, cerró su consultorio y nunca puso un pie en un hospital de nuevo. Se centró en pasar tiempo con la familia y sentirse lo mejor posible. Varios meses después, murió en su casa. No tuvo quimioterapia, radioterapia o tratamiento quirúrgico. La Obra Social no gastó mucho en él.”

No es un tema frecuente de debate, pero los médicos también mueren. Sin embargo, muchos no mueren como el resto de nosotros. Lo inusual en ellos no es la gran cantidad de tratamientos a los que consiguen ser sometidos, en comparación con la mayoría de los pacientes. Muchos médicos saben bastante acerca de qué va a pasar, cuáles son sus opciones y, por lo general, podrían tener acceso a cualquier tratamiento que desearan. Pero, comparado con el tiempo que usan en el intento de evitar la muerte en los otros, la propia muerte la enfrentan, en la mayor parte de los casos, con notable serenidad.

Por supuesto, los médicos, como cualquier hijo de vecino, no quieren morir. Sin embargo, conocen lo suficiente acerca de los límites de la medicina moderna. En muchos otros, ya han visto suficiente  agonía, momentos finales y lo que todos más temen: morir con dolor y morir solo. Han hablado de esto con sus familias. No son pocos quienes desean asegurarse: cuando llegue el momento, no habrá medidas heroicas, no pasarán sus últimos momentos de vida con alguien rompiéndoles las costillas para reanimarlos.

Muchos colegas, frente a pacientes o familiares en estado terminal -internados en terapia intensiva, llenos de tubos y monitores, torturados con extracciones de sangre y estudios inútiles- me han pedido que, si los encuentro en esa situación, desconecte todo y los deje irse en paz.

CONSEJO VENDO, PARA MÍ NO TENGO

¿Cómo se llegó a que los médicos administren un cuidado que no querrían para sí mismos? La respuesta es compleja: en esta problemática tiene su parte pacientes, médicos y el sistema.

Para ver cómo los pacientes juegan un rol, imaginemos un escenario en donde alguien ha perdido el conocimiento y ha ingresado en una sala de emergencia. Como suele ser el caso, nadie hizo un plan de esta situación. Y la familia, conmocionada y asustada, se encuentra en un laberinto de opciones. Están abrumados. Habitualmente le piden al médico que “haga todo lo posible por salvarlo”. Entonces comienza la pesadilla. La mayoría de las veces, lo que la familia quiere decir es “haga todo lo razonable.” Es muy difícil en esa situación evaluar qué es razonable y, en la confusión y dolor, es complejo preguntar por los límites o escuchar con serenidad exactamente qué dice un médico.

Por su parte, los médicos harán todo, razonable o no.

Hay en la mayoría de nosotros un pensamiento mágico respecto a las posibilidades de la medicina. Queremos creer que, si nuestro ser querido se salva, estará bien y no padecerá secuelas lamentables.

Desde el lugar del médico, se suman factores personales y hasta vocacionales. La formación médica hace muy difícil aceptar el fracaso terapéutico y, por ende, la muerte del paciente.

Manos

El médico debe saber que no todo lo que se puede hacer se debe hacer.

A su vez, imaginemos la sala de emergencias, con los miembros de la familia angustiados, frente a un médico al cual no conocen. Establecer la confianza en el consejo profesional en esas circunstancias es casi imposible. La gente está dispuesta a pensar que el médico quiere ahorrar tiempo, esfuerzo o dinero cuando aconseja en contra de tratamientos adicionales. Lo habitual es que el médico tenga miedo al litigio y haga todo lo que se le pide con poca explicación para evitar problemas. En la realidad actual, se suma la violencia física cada vez más frecuente ejercida contra los médicos.[3][4].

Por último, el sistema. Ken Murray lo ejemplifica con un caso

“Incluso cuando se han hecho los preparativos adecuados, el sistema todavía puede deglutir a la gente. Uno de mis pacientes era un hombre llamado Jack, de 78-años de edad, había estado enfermo durante años y experimentado unos 15 procedimientos quirúrgicos mayores. Él me explicó que nunca, bajo ninguna circunstancia, quería ser colocados en las máquinas de soporte de vida de nuevo. Un sábado, sin embargo, Jack sufrió un derrame cerebral y quedó internado en la sala de emergencias inconsciente, sin su esposa. Los médicos hicieron todo lo posible por reanimarlo y lo pusieron en terapia intensiva. Esta fue la peor pesadilla de Jack. Cuando llegué al hospital y me hice cargo de la atención de Jack, hablé con su esposa y con el personal del hospital, la historia clínica donde constaban sus preferencias de atención. Apagué las máquinas de soporte de vida y me senté con él. Murió dos horas después.

Incluso con todos sus deseos documentados, Jack no había muerto como había esperado. El sistema había intervenido. Hasta una de las enfermeras informó mi desconexión de Jack a las autoridades como un posible homicidio. Por supuesto no pasó nada; los deseos de Jack habían sido explícitos y él había dejado el papeleo para probarlo. Pero la perspectiva de una investigación policial es aterradora para cualquier médico. Podía haber sido mucho más fácil dejar a Jack en terapia intensiva contra sus deseos expresos, prolongando su vida, y su sufrimiento, unas semanas más. Incluso me hubiera hecho un poco más de dinero, y Medicare habría terminado con una factura de $ 500.000 adicionales. No es de extrañar que muchos médicos se vuelquen al sobretratamiento.”

EL CASO DE M. A. D., 20 AÑOS EN ESTADO VEGETATIVO PERMANENTE

Marcelo nació hace cincuenta años, dejó de “ser” hace 20 y, recién a partir del 7 de julio, pudo morir. Padeció el encarnizamiento terapéutico y judicial más denigrante, sufrió una de las peores miserias jurídico-sanitarias de los últimos tiempos, tuvo que intervenir la Corte Suprema de Justicia para terminar con ese padecer.[5]

Una educación médica “deshumanizada” comprende a la muerte como fracaso. Paracelso decía que la gran virtud en medicina es la “modestia”. Saber cuándo decir basta. En situaciones de inutilidad, el retiro de medidas de sostén vital no es eutanasia, no es matar, no es dejar morir, es permitir morir.

La insensatez no es patrimonio único de la medicina, se retroalimenta con la intervención judicial sobre los derechos en los finales de la vida. Pedir permiso a un Juez para morir en paz y con dignidad es un despropósito jurídico y moral, que sólo se explica por la paralización y el terror ante la posible querella judicial.

EL NIÑO ENFERMO - ARTURO MICHELENA

Las personas no tienen el derecho a decidir cuándo y cómo nacer, pero les asiste el derecho fundamental a decidir el modo de morir. El sentido de dignidad dependerá de cada proyecto personal, en tanto asegure deberes previos: control y cuidado de síntomas, alivio del sufrimiento físico, psíquico y espiritual y promoción de la atención paliativa.

Cuando la muerte es un desenlace esperado y llega lentamente, el individuo puede tomar sus decisiones y compartirlas con su familia. El mayor problema se presenta frente a lo inesperado, al accidente que en forma brutal deja inconsciente a la persona. En este caso, ¿quién decide? ¿La familia conoce siempre el más íntimo deseo de su pariente? Lo habitual es que el tema no se haya hablado de este modo. Sin embargo, la noción de dignidad, la mirada del mundo, el “cómo vivir” de alguien seguro ha sido compartido con alguno de sus seres queridos (no necesariamente familia).

Esto nos lleva a otra discusión: ¿qué es calidad de vida? Para cada ser humano resulta distinta. La mayoría de los pacientes encuentra motivos para vivir, aun privada de sus movimientos o atada a una cama. No es así en todos los casos, por lo que las decisiones sobre el fin de la vida deberían ser patrimonio del enfermo.

El fallo de la Corte es bienvenido porque da respuesta a ese fenómeno sociocultural alrededor de los finales de la vida. Pero, sobre todo, en el decir de Maglio, porque dio sentido a la tragedia de Marcelo y nos recordó que una forma inteligente de vivir es ir aprendiendo a morir.

En ese sentido el fallo del Supremo Tribunal argentino sostiene que un sujeto puede en determinadas circunstancias adoptar decisiones que tengan como fin previsible la culminación de su vida, en tanto se trata de cuestiones que se encuentran dentro de la zona de reserva aseguradas por el derecho a la autonomía personal.

Una de las partes más relevantes que exhiben los fundamentos del fallo resulta en que el individuo es dueño de hacer elecciones sobre su propia vida sin intromisión del Estado, mientras no afecten la moral, el orden público, ni a terceros. La Corte aseguró que esas decisiones libres hacen a la dignidad de la persona y al pleno ejercicio de la libertad.

ALGO ACERCA DE LA MUERTE

Nuestra sociedad niega la muerte. La muerte, para muchos, no es parte de la vida, sino su opuesto. Es repetido el retintín: nos estamos muriendo todo el tiempo. Las células mueren, óvulo y espermatozoide dejan de ser para dar vida al embrión, desde que nacemos caminamos hacia la muerte. Como sea, todas las muertes parciales – incluso las muertes finales de los seres cercanos- no deben tener mucho que ver con “morirse”. Heidegger insistía “somos seres relativos a la muerte”. Podemos vivir el “ser ahí” de todas las experiencias, menos del “aún no”, la muerte final.Frida Khalo

A excepción de las noticias policiales, la palabra “muerte” ha desaparecido del discurso. No es el muerto sino “el fallecido”, “el que se fue”. No se murió alguien, hubo un “deceso”. Nos la negamos a nosotros y a los demás.

Tal vez alguna idea aproxime Spinoza cuando plantea la muerte como un desconectarse de nuestras partes constitutivas. La enfermedad rompe algunas ligaduras. En su extremo, todas se desatan. Y devolvemos nuestras partes al todo. Mejor devolverlas bien usadas, dignamente erosionadas de tiempo.

REPENSAR LA MUERTE O MORIR ANTES DE MORIR

Ha sido Tolstoi en “La muerte de Iván Ilich” quien ha formulado con nitidez en qué consiste la diferencia entre la muerte propia y la ajena, y cuál es la causa de tal distinción.

En el momento en que Iván Ilich experimenta la comprensibilidad de la muerte propia, la más profunda soledad y angustia ante ella, es torturado por la mentira sistemática ante su situación. “Le torturaba aquel embuste, le atormentaba que no quisieran reconocer lo que todos sabían y sabía él mismo, y en vez de ello deseaban mentirle acerca de lo terrible de la situación en que él se hallaba y querían obligarle a que él mismo participara en aquella mentira”. “La mentira, –continúa Tolstoi concentrando toda la tesis de su novela en una sola frase- esa mentira de que era objeto en vísperas de su muerte, una mentira que debía reducir el acto solemne y terrible de su muerte al nivel de las visitas, las cortinas, el esturión de la comida… era algo atroz para Iván Ilich”.

El encarnizamiento médico nos priva, como familia y como profesionales, de enfrentar lo irreversible y aceptar las reglas de juego de la vida. Así nos negamos la humanidad que nos separa de los animales. Sólo nosotros, seres humanos, sabemos que la vida no es infinita, pero lo olvidamos- a veces como estrategia, a veces por determinaciones de otros- cuando la vivimos.

TESTAMENTO VITAL

Es un documento con indicaciones anticipadas realizado en situación de lucidez mental para que sea tenido en cuenta cuando, -a causa de una enfermedad u otro evento y sin expectativas de curación-, a un individuo ya no le sea posible expresar su voluntad. Quien realiza el testamento define cómo quiere se produzca su muerte, ante determinadas circunstancias. En este sentido, define lo que para él es una muerte digna.

Probablemente deberíamos detenernos en algún momento para elaborar nuestro propio testamento vital. Después, con cierta sabiduría, guardarlo, olvidarlo y seguir la vida.

Código Civil

Dice el nuevo Código Civil:

“La disposición sobre el propio cuerpo encuentra un límite: no se permiten las intervenciones que ocasionen una disminución permanente de su integridad o resulten contrarios a la ley, la moral o las buenas costumbres, excepto que sean requeridos para el mejoramiento de la salud de la persona, y excepcionalmente de otra persona.”(Página/ 12, 1 de agosto de 2015)

[1]Cuando el fin no encuentra su final. Por Daniel Flichtentrei, Intramed

[2]How doctors die, Ken Murray  http://www.zocalopublicsquare.org/2011/11/30/how-doctors-die/ideas/nexus/

[3]Violencia contra los médicos. ¿Quién cuida a los que cuidan?

[4]Noticia de diario El Litoral

[5]Réquiem para Marcelo




LA INMÓVIL ACELERACIÓN DE UNA PLUMA

Por Alicia Lapidus.

Velocidad: sobre los ritmos de la vida.

DEFINICIONES BÁSICAS

Velocidad: es una magnitud física de carácter vectorial que expresa el desplazamiento de un objeto por unidad de tiempo.La vida, ¿transcurre como una línea?, ¿es una espiral vertiginosa? Parece un devenir sin pausa, constante. Para quienes la habitamos, avanza momento tras momento, a veces muy similares- tanto- que parecen repetidos. Una suma de “dejá vu” cotidianos. El despertador, el colectivo, el trabajo, desayuno, almuerzo, merienda y cena. Al mismo tiempo, como con las comidas, hacia el interior, las sutiles diferencias marcan el avance del tiempo.La velocidad tiene límite: la marcada lentitud puede parecer quietismo y la alta velocidad llegar a ser vista como mancha borrosa.

 

Espejo de Simetría, por Shinichi Higashi.
Espejo de Simetría, por Shinichi Higashi.

ÍMPETU

  1. Se coloca el casco con dibujo de fuego por primera vez. Campera de cuero ajustada. Mangas negras hasta el codo; rojas, más abajo. Pantalón, donde alternan ambos colores. Botas de cuero negro. Sobre el empeine de la izquierda, posada una pluma, blanca con hilos grises en intenso contraste.

Sube, lento y venerante, a la recién adquirida motocicleta. La enciende, vibra entre sus piernas. Acelera. A fondo. El impulso lo tira hacia atrás. Se agacha hasta casi tocar el velocímetro con la cara. El paisaje se desdibuja, se borronea. Están sólo él y su moto.

 

ESPERA

2. Odio las fiestas al aire libre. Me incomoda el viento, me despeina, me hace sentir desprolija.

La pluma blanca y gris gira, mientras se desliza- suave- por el aire. Cae blanda, lánguida, hasta terminar su vuelo en la espalda del traje negro. Lo miro, desparramo la vista sobre su cara y, lentamente, voy bajando sobre su cuerpo. No es lindo. Quizás, hasta es feo. Difícil saberlo. Espero, quieta sobre su anatomía, a que la magia lo haga volverse hacia mí. Así es como me enseñaron. La mujer espera, el hombre actúa.

La fiesta hace mucho desapareció. No “estamos”, está él y estoy yo. Los ruidos nos envuelven. El parloteo y la música son imparables. Mientras, apoyada contra una columna al costado de la pista, me concentro en la figura atractiva.

 

PERMANENCIA

3. Se despierta amanecida contra las baldosas. Al caer, se golpeó levemente la cabeza. No puede moverse. En sus piernas, sus 90 años son muchos más Semidespierta, grita: “¡José!”. Silencio. “¡José!” “¡José!” “¡José!”…Silencio. Recuesta la cara contra el piso frío. Espera que llegue José. Espera, espera, espera.

DEFINICIONES BÁSICAS

La velocidad, es, con la dirección, una de las propiedades específicas del movimiento. Se percibe con el rápido desplazamiento de los elementos en el espacio, desde ya,, relacionados a un marco de referencia. Resulta del cambio. Constituye un acontecimiento.

Esa línea constante se ve interrumpida, rota, desbocada por acontecimientos singulares, que escapan a lo cotidiano. Lo desconocido irrumpe en rupturas donde el tiempo se acelera al máximo o se enlentece hasta lo imposible. A veces, nos hace avanzar atolondrados o nos paraliza, impotentes.

CARRERA

4. El motociclista levanta un poco el pie del acelerador. Aparece el mundo. Se pavonea montado a su aparato. Mira hacia los costados. Ve gente, cree que lo saludan. Las casas son brillantes y coloridas. El motor se sacude, acompasado bajo su trasero. Se siente poderoso, único. Mira al cielo, el penacho desciende en órbita concéntrica sin alcanzar el suelo. Él avanza con confianza sobre la calle de tierra.

Nascent, 2005- Gina Czarnecki
Nascent, 2005- Gina Czarnecki

 

ARREBATO

5. Gira y me ve. La pluma se desprende de su hombro con volteretas acompasadas, hasta tocar tierra. Me siento inerme y también poderosa. Un ligero mareo se instala, pero no bajo la vista. Antes, la fiesta era lenta. Ahora se paraliza. Me rodea el silencio- mi silencio- mientras camina hacia mi columna con un gesto de duda. Se arrima y, sin hablar, me toma la mano. Lentamente, caminamos hacia la pista. Frank Sinatra canta. Me toca la cintura para bailar. El mareo es total y las vueltas, puro vértigo.

LETARGO

6. El cuerpo desparramado sobre el suelo. La voz quejumbrosa. ¿Pasaron minutos, horas? No sabe. “José”, gime ella, ya en una cadencia repetida “José… José…José”. Cierra los ojos y se deja llevar por la noche.

DEFINICIONES BÁSICAS

Aceleración: Es importante distinguir entre la velocidad (que refleja cómo cambia la posición de un cuerpo respecto al tiempo) y la aceleración (que señala cómo ha variado dicha velocidad). La aceleración menciona cómo cambia la velocidad, no cómo es la velocidad: un cuerpo que se desplaza a gran velocidad puede tener una aceleración muy pequeña.

Crisis- cambio-: algo atrae y acelera el alma. Nos deprime y frena la vida. Pero, siempre, empuja al cambio: entramos en él como en un túnel donde todo se modifica para salir de frente a un rostro otro, nuestro.

EQUILIBRIO

7. No llegó a ningún lugar, pero se detiene. Tiene que detenerse. No alcanza a sentir todo si no para. La pluma alcanza el suelo. Ambos se aquietan. Aprieta los manillares, toca el freno, desliza los dedos religiosamente sobre el manubrio todo. Siente el motor adherido al cuerpo. Se baja y mira la moto. Es una amante dispuesta. Negra y sensual.

Los amantes. René Magritte
Los amantes. René Magritte

DESPROPORCIÓN

8. Mientras volamos por la pista, recuerdo a Rafael Alberti en “Campo de Batalla”.

Nace en las ingles un calor callado, /como un rumor de espuma silencioso. /Su dura mimbre el tulipán precioso/dobla sin agua, vivo y agotado.

Crece en la sangre un desasosegado, /urgente pensamiento belicoso. /La exhausta flor perdida en su reposo/rompe su sueño en la raíz mojado.

Salta la tierra y de su entraña pierde/savia, veneno y alameda verde./
Palpita, cruje, azota, empuja, estalla.

La vida hiende vida en plena vida. /Y, aunque la muerte gane la partida, /todo es un campo alegre de batalla.

SERENIDAD

9. La cabeza la siente inmersa en una almohada de plumas. Los sonidos amortiguados, la oscuridad es una pared. Cuesta respirar. ¿Mamá? ¡Mamá!, grita esperando que aparezca la madre muerta hace 30 años. Retrocedió sin darse cuenta. Se encoge en su colchón de baldosas.

BRAMIDO

10. Monta su motocicleta otra vez. Se abraza a ella, se entrega. Acelera, pisa hasta donde no hay más. Él, aplastado contra el metal caliente. El aparato ruge y vuela. La pluma sale despedida a los tumbos por el escape de la moto.

DELIRIO

11. Nos vamos juntos. Habla con voz gruesa. Vamos a transitar esa oscilación en plenitud. ¿Te acordás de las hamacas? Llegar al punto más alto en cada extremo, porque estos extremos tienen la particularidad de ser opuestos, pero maravillosos.

RETIRADA

12. Mamá…mamá…, ya es sólo un quejido mudo de labios resecos. Una niña desprotegida, ausente, inmóvil.

DEFINICIONES BÁSICAS

Aceleración centrípeta: Es la aceleración que se ejerce sobre el objeto en rotación apuntando hacia el centro de giro.Aceleración centrífuga es la aceleración que tiende a alejar al objeto que gira del centro de rotación.

Tantas veces nos alejamos y nos acercamos hacia ese espacio, a ese hueco, a ese túnel, que atrae y repele. Un viaje que vacila para completar lo imposible.

El falso espejo . Rene Magritte
El falso espejo . Rene Magritte

HUIDA

13. Los testigos dicen que vieron a una motocicleta, a toda velocidad y sin conductor. Otros juran que el motor estaba cubierto con una campera de cuero roja y negra. A otros les pareció ver cómo la moto empezaba a volar. Los menos la vieron desprenderse de la tierra y convertirse en una nube con forma de pluma.

PAROXISMO

14. Nos vamos juntos, escapamos hacia la oscuridad. Creación, nos inventamos de dos en uno, nos fundimos en la profundidad, nos deshacemos en la penumbra, mientras la pluma gira enloquecida por el cielo y estalla en múltiples átomos de expansión.

ARMONÍA

15. Acurrucada en posición fetal, llora lentas las lágrimas. Madre aparece, la acuna, le acaricia la cabellera blanca. Deja de llorar, deja de pedir. No se agita más, no se mueve más, no se moverá más.

 

 




ME LO LLEVO

Viaje alrededor de un punto: Viaje alrededor del tiempo de un parto

Por Alicia Lapidus

Cuando el tiempo llega, su modo de transcurrir no es el de una simple conclusión de una espera. Llegar es una desembocadura ancha que se aproxima- ansiosa- a la palabra “ya”.

nuevo lapidus
Soft Watch at the Moment of Explosion by Salvador Dali

 

YA ES TIEMPO

Empieza a preparar el bolso. Dos camisones, cinco bombachas – vas a necesitar unas cuántas- cepillo de dientes, de pelo, gomitas para atarlo, dentífrico, algún cosmético-vas a tener visitas-. Ahora le toca a él. Un pijama, un calzoncillo –total volvés a bañarte y cambiarte- cepillo de dientes, poco más. Y, ahora, para esa tercera persona, ese ser nebuloso, esa cosa extraña: todos le dicen que será suya, pero todavía no es más que un cuerpo enorme y barrigón. Para ese bebé desconocido: una muda para salir del sanatorio y una avalancha de fantasías.

Pasan los días y el bolso la observa desde el sillón; mientras, ella deambula. Sin saber qué hacer, espera, suspira y – muchas veces – protesta silenciosa. El tiempo es lento, perpetuo, eterno. Así transcurre. Puede suceder en cualquier instante, pero parece que jamás ocurrirá.

Cuando un discípulo le preguntó a Siddhartha Gautama, el Buda, qué era el tiempo, él le contestó: “No tengo ningún tiempo. No existe el tiempo. El tiempo es sólo la conciencia individual de cada persona de lo largo y de lo corto, eso es todo.”

– Vamos, ya es hora- le digo y lo sacudo, suave, en la cama. Se gira y sin abrir los ojos, pregunta – ¿hora de qué?- No sé, pero creo que me debería revisar.

Él no entiende. Vive otra realidad. Su cuerpo no cambió. Para él, la paternidad es una idea, un pensamiento, un futuro. Para ella es un presente interminable hecho carne. En general, le cuesta entender en qué se convirtió la mujer independiente, valiente, serena. Ahora es un perpetuo cúmulo de emociones, lágrimas, quejas y miedos. Él no entiende qué le pasa en este cuerpo, cada vez más desconocido. No entiende cómo puede estar exultante de felicidad y, al mismo tiempo, angustiada por un futuro incierto. No entiende esta invasión corporal que la enorgullece y la espanta. Este soñar de ternuras y de pesadillas.

Lapidus 3

Lo espera, vestida. Cada tanto frunce el ceño y jadea como le enseñó la partera. Él acelera, se viste a los saltos, agarra el bolso. La quiere abrazar, pero ella- ahora- no puede albergarlo; no tiene espacio. Necesita llegar al sanatorio para ser protegida.

Paula, la partera, me está esperando. A ella la abrazo y me dejo abrazar. Me revisa, no me gustan esos dedos intrusivos y no sé si quiero escuchar su “ya está, empezó el viaje”, o “volvé a casa, no pasa nada”. Mientras me revisa, le miro la cara en busca de alguna pista. Ella asiente con la cabeza y da el primero de sus incontables veredictos. Estoy con tres centímetros. Mi marido, mi amor, a quien puedo volver a tomar, sonríe. Viene, ya viene. Estamos de parto.

Otra contracción, más fuerte, le tuerce la mirada. Se para, se sienta, camina. Lo busca, pero no encuentra alivio. Cuando pasa la contracción, se acomoda un cabello rebelde; lo vuelve a la gomita. Siente el vértigo de un sube y baja. Dolor, calma, dolor. Horas, minutos, segundos se miden en contracciones, se cuentan en dolor. El tiempo no trascurre en el dolor. El cuerpo es tiempo que contrae y contrae.

¿Falta mucho? Sí, falta mucho. Mi madre también pasó por esto y miles de millones de otras mujeres. ¿Por qué? No creo en Dios, así que maldigo a la naturaleza infame y machista. Otra contracción y no pienso más. Esta vez me abrazo a mi marido; parados, de costado, somos dos amantes que no alcanzan a unirse. La panza nos separa y al mismo tiempo nos conecta. Paula está sentada en el borde de la cama y me alienta. Lo estás haciendo muy bien. Yo no hago nada, lo hace mi cuerpo y yo aguanto. No grito, me quejo en un lamento prolongado.

Llega mi médica. Ahora, estoy totalmente cuidada. Puedo dejar transcurrir esto. Nada nos va a pasar a los tres. Me entrego.

Lapidus 4

De nuevo acostarse para la intrusión digital. Está con cinco. La médica la felicita, porque ya puede recibir la peridural. La llevan a la sala donde nacerá su hijo.

No entiendo, ahora no puedo entender cómo de este dolor vendrá un hijo. Yo no soy madre. Sólo soy una mujer; me muerdo la boca para no gritar. Perdí el sentido del tiempo. No sé si hace una hora o diez que estoy así. Pregunto. Se miran entre sí, tienen que mirar el reloj para saber. Ellos caminan a mi ritmo, sin compás Las cuatro de la mañana. Pasaron  tres horas. Me duelen las piernas de caminar y las manos de apretar. No puedo pensar en el hijo, solamente espero al anestesista.

Lapidus 2

Entra en la sala de partos con cara invencible: el salvador. Lo saludo como a un dios pagano. Él, el dueño de mi alivio, lo sé. La peridural es en la espalda. Me acuerdo: cuando era chica, los niños mayores nos aterrorizaban con la mentira de que la próxima vacuna era en la espalda. Ahora no me importa dónde, que me la den ya.

Cinco minutos después de la analgesia, se le relaja la frente y,en un acto de la mejor magia, recupera la sonrisa. Acostada, busca la mano del marido. Se reconcilia. El bebé hace un movimiento en la panza y ella empieza a pensar en él. Por primera vez, puede preguntarse si estará cómodo, qué sentirá en este momento y, sobre todo, cómo será.Otra espera se inicia, falta parir y no sabe cómo es eso, cómo se hace. Le dicen que descanse, hay que tener paciencia. El espacio se elonga, se dilata, se estira, se congela. La espera no es, parece, un modo del tiempo sino del espacio. Una enorme antesala, sin fronteras.

Paula atenúa las luces y yo, agotada, me hundo en un limbo. No estoy dormida, tampoco despierta. Las voces llegan, lejanas, hablan de sus propias cosas. Por un momento, estoy en mi mundo. Mi marido me acaricia la frente. Soy feliz. Perdida en mi entresueño, el tiempo transcurre incansable. Hablan, me hablan, me revisan, me ponen para la derecha, para la izquierda. El monitor de los latidos del bebé suena rítmico: tac, tac, tac.

Ya es tiempo -es nuestro -anuncia la médica. Como un acto teatral muy ensayado, todos se ponen en movimiento, cada uno sabe su parte y la cumple. Se mueven sin chocarse. Hablan en susurros. La ubican en posición de parto. La felicitan.

Acá estoy, sin vergüenza. Todo me transmite la emoción de estar llegando. Ahora sí, mi panza es un bebé. En un acto milagroso, una desaparecerá y  dará paso al otro.  Voy a verlo, voy a conocerlo. Mi marido me besa. Me admira, dice.

 

Pujo. No alcanza. Pujá más fuerte. En la siguiente pujo más fuerte. No, no alcanza, pujá poniendo la vida. Me da miedo, no quiero poner la vida y no quiero que el bebé me rompa. Mi médica adivina; sale perfecto, dale que quiere salir. Pongo todo y no puedo parar de pujar. Lo siento salir: una cabeza enorme y la médica, mirá. Veo un bebé, sucio de sangre, terminando de salir de adentro de mío. Llora. Es todo tan vertiginoso, siento alivio y emoción a la vez. Mi marido llora, yo también. Me lo ponen sobre la panza, ahora vacía y lo abrazo. No me importa la sangre, no me importa nada. Lloro miles de horas de angustias y sueños, lloro miedos presentes y futuros. Lloro, también, por la desaparición de mi bebé-panza.

Lapidus 5

Ya bañado y vestido, me lo devuelven. Lo miro. Es un extraño. Pequeño, lindo, entrañable y extraño. No puedo reconocer al de mi panza, pero me encanta. Quisiera decir algo como “me lo quedo”. Pero quienes festejan en la sala de partos no lo podrían entender. La extrañeza, como la espera, tiene carácter de espacio. Una trenza de espacio y tiempo, donde uno está ausente – un instante- y presente, al siguiente tramo. Disolverse y dejar de ser. E, inmediatamente, reconstituirse como otra. No hay tiempo, la oruga debe mutar a mariposa, rápidamente.

 

Soy madre, tengo a mi hijo en brazos. Mi marido nos abraza a los dos. Llegamos al final y empezamos un nuevo, profundo e interminable viaje.