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La decisión: sobre otros aspectos de la vida en el pueblo de Salliqueló

Por Cecilia Miano

 

PUEBLO DE PUEBLOS

ARCOHablar de mi pueblo es casi una obviedad para mí. Pero, en cada anécdota, descubro que las decisiones en Salliqueló se basan en principios que rigen, en forma estricta, solo por estos pagos.

Hace unos días fuimos noticia en los medios nacionales. La nueva contaba que, en Salliqueló, se puede dormir con la puerta sin llave y dejar la bici en la vereda sin que nadie la robe. Eso es así, aunque no tanto como hace unos años, porque todo cambia, el pueblo crece un poco y hay que andar con más cuidado.

Las celebraciones y los encuentros para festejar son algo habitual, como en todos los poblados, tengan pocos o muchos habitantes. Por acá, las calles de tierra abundan. Imagínese, lector, que a cuatro o cinco cuadras de la plaza ya no hay asfalto. La tierra arenosa y densa se remueve con el paso de los autos, de las motos, de los caballos y de otros medios de transporte, habituales en el pueblo. Hasta tractores es usual ver circular, aunque estén prohibidos por la reglamentación municipal. Como en tanto lugares, siempre algunas cosas se escabullen de la ley.

El paisaje se puebla de casas, distintas pero iguales. Las manzanas se completan con terrenos baldíos, aún sin esperanza de habitantes.

Por otra parte, es fácil ubicarse en Salliqueló. Las referencias siempre son “enfrente de la casa de”, “contiguo al mercado de”. Todo queda cerca, es sencillo. Aunque, para un nuevo vecino, se vuelva complicado indicar una dirección. En Salliqueló casi nadie conoce el nombre de las calles.

 

CUMPLEAÑOS, HOY MÁXIMO

GUIRNALDAEl sábado por la mañana, en el mes de marzo, Máximo festeja su cumple número cinco. Los preparativos se arrastran desde la semana pasada, la torta se hincha en el horno con aroma a vainilla, los globos esperan su destino en una bolsa desapercibida, los banderines y la pelota de fútbol están dispuestos para la diversión.

Todo se organizara de a poco hasta el sábado a las nueve. La mamá de Máximo se levanta, ya un poco apurada para que todo esté ordenado, brillante de colores, rebosante de comida. Así, los invitados -en su mayoría, de cinco años- podrán disfrutar de la celebración.

 

MÁXIMO FESTEJO

VÍAS DE TRESNLa casa de Máximo está casi en el borde del pueblo. Se puede ver el campo en la esquina, donde pasa la calle de circunvalación, ancha y arenosa, con alambrado para dividir el pueblo del campo. El horizonte se hace cercano y los pastizales decoran el suelo para dar ese color amarillento, tan áspero en invierno.

En el portón del garaje, por lo general, se estila poner globos para indicar que -en esa casa, en ese momento- se festeja un cumpleaños. Es un código salliquelense, para que todos los que pasen por la calle sepan en qué andamos ese día.

El código es más amplio, claro. Por ejemplo: las persianas cerradas indican que no hay nadie. El secador de piso en la puerta del costado de la casa avisa que vino tu amiga y no te encontró. Saludar con la mano cuando vas en el auto y te cruzas con otro auto indica que conoces mucho a la persona. En cambio, saludar con la cabeza, es menos personal, es solo para cumplir con la regla del saludo. ¡Imagínense cuando vamos del pueblo a CABA!…

En el año 1978 fui a CABA con mis abuelos, paramos en Caballito, en el departamento de una prima de mi abuela. Ella salía a la calle y saludaba a todos los transeúntes, con paciencia, con respeto, nadie decía nada, como si la loca del pueblo hablara sola. Yo, que era chica y caminaba unos cuantos centímetros debajo de ella, ya armaba el paisaje de la ciudad: hay mucha gente y acá no se saluda.

 

BUSCONAS

SALLIOtras mañas que encontramos en el pueblo son mirar cómo limpia la vereda la dueña de la casa: ese simple detalle provoca interpretaciones varias. Si la limpias mucho, es que sos histérica y te falta algo. Si tenés los yuyos crecidos, sos una atorranta que anda en otras cosas, en lugar de hacer lo importante -sacar los yuyos-. Nunca o casi nunca se piensa bien en el pueblo. Y, obvio, el detalle de escribir acerca de esta situación solo en relación a las mujeres es porque los hombres de la casa no limpian por estos pagos.

Y hay más: no pasees mucho en el auto sola porque andas buscando -léase, buscás un hombre, porque los hombres no pasean, solo las mujeres lo hacen-. Sociedad machista, dirán los lectores: sí, algunos resabios quedan, fuertes y casi imperceptibles para la mayoría de los salliquelenses. No quiero decir con esto que no tengamos modernidad, pero lo nuevo convive con marcas indelebles que, en algunos casos, son imperceptibles para nosotros.

 

EL NUEVO

REGALOCuando alguien llega a Salliqueló, algo en el aire o en los árboles -tal vez en los pobladores- hace que todos se sientan muy bien. Las miradas enmarcan la complicidad de la aceptación y dan inicio a la bienvenida.

Máximo invita a todos los compañeros del jardín a su cumpleaños. Son conocidos de siempre, desde la panza de la mamá. Está todo listo: globos en puerta, pantalón nuevo, regalo de la abuela, el perfume después del baño y el pelo liso esperan a los invitados.

El papá de Máximo se dedica a las hamburguesas. La mamá, a todo lo demás. Las abuelas, las tías y las amigas de la mamá circulan con decisión por la casa. En el patio, la mesa vestida con mantel de River Plate aletea con entusiasmo, en espera del festejo.

En eso, un niño entra. No, no es cara conocida para nadie. Entra con cierta vergüenza, su altura lo delata y encuentra en las miradas exploratorias una incomodidad que se mitiga con sonrisas de los adultos. Todos piensan sin decirlo, “es el nuevo…”

La mamá lo ha advertido y piensa: ¡cuánto más alto es que los demás! Pero su pensamiento se desvía rápido, no hay tiempo de pavadas y lo invita a reunirse con el cumpleañero, quien parece no conocerlo. Maxi tampoco da cuenta de haberlo visto antes. Sin embargo, como somos todos muy educados en el pueblo, el recibimiento fue rápido, con ganas agarradas de los pelos y la alegría entre dientes enredados en confusión. El niño le entrega con desconfianza el regalo a Maxi, quien lo abre con la mirada puesta en ese nuevo rostro. Nadie pregunta. Cuando el papel del regalo descubre un diario lleno de flores de color rosado, la mamá de Maxi lo mira y su mirada lo induce a “hacer lo que se debe”. Maxi cumple, pero el agradecimiento se torna soplido. Después, salen a jugar.

Minutos más tarde, el “nuevo” llora sin sonido, en un rincón del patio. La hamburguesa llega para calmar la angustia. Las lágrimas se mezclan con la mayonesa y el gusto amargo de la situación. Un ratito más y el “nuevo” no está en el patio, el papá de Maxi lo busca con tranquilidad, como quien juega a las escondidas. Ha pensado en muchas cosas: en la adaptación a un grupo de amigos, en el pueblo, en el jardín de infantes, hasta ha hecho tiempo de recordar algo de su historia, cuando vino de Mendoza y cuánto le costó adaptarse a la llanura llena de polvo. Todo tiene solución, se dice.

El papá de Maxi encuentra al “nuevo” sentado en el pilar, a la entrada de la casa, casi sin hamburguesa y con más lágrimas en los cachetes. Cuando se acerca para acompañarlo al patio, el nuevo balbucea algo que, en el primer momento, el adulto no puede comprender. Después, no puede creer la confusión.

 

CAMINO DE VUELTA

PLAZALa moto salió en medio de una humareda gris. El casco del papá de Maxi ahora está en la cabeza del nuevo. La esquina esconde el destino final: unas cuadras más adelante, una casa de color marrón claro, con plantas pequeñas y adorno en la puerta se presenta ante ellos. El nuevo se ilumina con sonrisa incluida. El cumpleaños de Florencia está adornado con flamencos de color rosa chicle. La mamá de la nena recibe con un abrazo a Juan, quien no puede hablar de la emoción. El papá de Maxi toma la palabra y cuenta que, mientras festejaban el cumple de su hijo, llegó este niño y todos creyeron que era el compañero nuevo de Maxi. Nadie reparó en que los niños no lo reconocían, pero lo adjudicaron a la emoción del festejo. Tampoco hubo escándalo ante “el supuesto regalo de nena”. Por fin, cuando Juan pudo dar su versión, advirtieron el error. Todos corrieron en la casa de Maxi. La abuela planchó con la mano un papel de regalo y volvió a envolver el diario. El moño salió de otro regalo y así emprendieron el viaje al verdadero destino de Juan, la casa de Florencia. Sí, se había equivocado de cumpleaños.

Nota: en Salliqueló una abuela puede equivocarse de casa al llevar a un niño al festejo de un cumpleaños. Lo que suelen hacer los adultos es dejar al niño bajar solo del auto que lo trasladó hasta el sitio indicado. La garantía de estar en el lugar correcto es el cartel de la puerta que indica el festejo. Acá nos conocemos todos. Por supuesto, como en todas partes, a veces suceden dos cumples a la vez. No hay problema: si dejaste al crío en casa incorrecta, con la ayuda de lágrimas y moto, con un regalo envuelto, abierto y vuelto a envolver, la criatura será reubicada en su destino. Todo sucede así y a nadie se le ocurre hacer una denuncia policial en el medio. Buchones, no.

Pueblo intenso en muchas cosas, pueblo apacible en la mayoría de su andar.

MAPA DE SALLIQUELÓ

 




AL ROJO VIVO

Ausencias: sobre el clásico de fútbol en Salliqueló.

Por Cecilia Miano

 

CANCHA NUNCA ESTADIO

Más verde por acá
Más verde por acá

En Salliqueló, casi desde su fundación, los clubes aparecieron como los pobladores, como al descuido, sin pensar mucho. Llegaron desde distintos países y se resistieron al impacto de vivir en la pampa árida, casi sin nada. Así, primero apareció el Club Newbery y, poco después, el Atlético Cecil A. Robert. Desde ese entonces, sus colores visten el pueblo pero, por sobre todas las cosas, visten la cancha de fútbol. Digo cancha, claro, porque acá nadie usa la palabra estadio…

Los jugadores, en general, son los chicos del pueblo que, casi como si lo heredaran en el código genético pertenecen al rojo o al verde, dos mundos en paralelo.

Los newberistas son los hinchas que contaron con los socios más adinerados del pueblo, aunque el club se construyó con el esfuerzo de quienes pusieron su trabajo para recaudar fondos en pos de mucho que se propusieron. El sello de los verdes es el esplendor. Les gusta sentir que es el club donde todo se puede. Verdes son los roberistas, los luchadores por definición. El club es un lujo hecho, también, con el esfuerzo de todos los socios. El amor es camiseta, pertenencia y eso hace crecer las instalaciones y las pasiones.

 

MAGOS ROJOS

Siempre en festejo
Siempre en festejo

Y ya que hablamos de pasiones, vamos al asunto hinchadas. En los rojos, el color de la camiseta se cuela y se hace sangre, un sentido más de vida. La cancha es un ejemplo de esfuerzo a pulmón. Y, cuando los pulmones se cansan, las maquinarias hacen lo suyo. El césped, los vestuarios, la sede social, el gimnasio, las fotos inundan de memoria el presente y lo hacen desear.

Y cómo no mencionar la fiesta del día de los reyes magos, que este club organiza hace más de treinta años. Allí, los monarcas llegan en caballos, con trajes de ensueño y un pesebre viviente. Por supuesto, entregan regalos. Todos en el pueblo esperan y celebran en la cancha. La fiesta es tan masiva, que ningún niño se queda sin recibir un golazo de ilusión.

 

GALERÍA VERDE

Por su parte, el espíritu de los newberistas consiste en estar siempre en lo más alto. Ellos son de los que rivalizan con orgullo y sin miedo. Lo atestigua la galería de trofeos y recuerdos fotográficos, en el hall de acceso al salón de fiestas. El magnífico salón desprende verde y blanco desde el piso. La vista asciende desde ahí hasta el escenario, vestido con la prestancia de un altivo telón, siempre dispuesto a la fiesta

 

LA ESCUELA DE LA CANCHA

Sólo con pasión
Sólo con pasión

El plantel de fútbol siempre ha sido lo más importante en los dos clubes. Es la disciplina más destacada, la más seguida y, en los últimos años, crece cada vez más el fútbol femenino, sobre todo, en el Robert.

Las canchas están separadas por dos cuadras, donde se emplazan los colegios más importantes del pueblo. Es decir, que a la pasión por educar atraviesa cuatro cuadras mágicas.

El encuentro más importante en el campo es el clásico: Newbery-Robert, o, al revés, según el tinte de la mano que lo escriba. Más allá del lugar de cada equipo en la tabla de posiciones, el orgullo de ganar un clásico importa casi más que el campeonato.

El sábado juegan las categorías inferiores para dejar el domingo como plato fuerte. Ahora, el domingo se prepara desde mucho antes que empiece el partido. Los contrincantes se encuentran en la cancha después de compartir asado el viernes y, el día de la contienda, el madrugón es para hacer la previa al partido conformados como equipo. Pero, ¡atenti!: El Newbery puede salir campeón. El Robert quiere ganar para salvar el orgullo de todos los clásicos. La cancha es la del verde, con su césped – alfombra mágica, inusitada para el mes de junio. Abre la jornada futbolera el Senior, un equipo con jugadores de más de 39 años que despuntan las ganas de jugar en una categoría hecha a medida. El físico, la cabeza, los compañeros, los sonidos de recuerdos, las piernas listas para los toques y los golpes, la ropa dispuesta a acompañar el movimiento con destreza pero, por sobre todo, con corazón.

 

LA ROJIVERDE

Acceso a la cancha
Acceso a la cancha

La tensión está en el aire. Los autos llegan a la cancha para encontrar un buen lugar en las cocheras, un espacio imaginario, porque no están delimitadas por nada. Pero todos saben dónde estacionar, quiénes serán sus vecinos de cochera y dónde dispondrán las sillas para tomar mate.

La hinchada roja es la más bochinchera, los simpatizantes se destacan por ser intensos en los cantos, hábiles para encontrar rimas y se muestran muy unidos. De visitantes, se ubican en la tribuna -por así decirlo, porque no existen las gradas- del lado izquierdo, visto desde la entrada. Enfrente se ubican los newberistas, muchos autos, mucha bandera verde y blanca.

Los verdes son la hinchada por herencia de quien, de ahora en más, llamaremos “La Novia nueva”. Ella hoy tiene una expectativa diferente, su amor juega el clásico… pero para el rojo. Ella vio el esfuerzo en los entrenamientos, la dieta, las horas previas, el dolor de panza, el sueño liviano, las ganas a pesar del frío. Así las cosas, la tensión del clásico no es nada en comparación con lo que cincha en “La novia nueva”. Una novia puede ser la hinchada en muchos lugares pero, a la hora de un clásico, es difícil pertenecer a un equipo y tener que ir a alentar al contrario.

 

LA RUBIA ES NUESTRA

Paisaje de cancha
Paisaje de cancha

La hora de entrar a la cancha se hace difícil. ¿Dónde es su lugar?, se pregunta “La Nueva novia”. ¿En medio de una hinchada desconocida y amable para el jugador novio o en la comodidad de los verdes? Las cosas, finalmente, las decidió el azar. La entrada la encontró con una pareja de jóvenes conocidos a quienes les pidió ir con ellos en la camioneta. Así llegó ella, a un lugar donde el verde brillaba. Los jugadores rojos se preparan. El silbato anuncia el comienzo del clásico del Senior. La cuestión es que “La Nueva novia” necesita de ayuda para ubicar a su jugador. El “perro”, el hincha más picante del verde, lo ubica, mientras casi relata, al mejor estilo profesional, las jugadas para la novia. El amor por el fútbol hace esas cosas, que el “perro” diga que Roberto juega muy bien a la pelota.

El joven con quien la novia entró a la cancha también hace las veces de relator. Roberto le pegó al 10. Ahora corre por el lateral. El árbitro le sacó una amarilla… y todos los pormenores del partido llegan a oídos de la azorada “Novia nueva”, a modo de diccionario bilingüe: así la novia podrá disfrutar desde la camioneta verde, con los ojos puestos en el 19 del rojo.

Sin embargo, ella sólo miraba a su amore. Las medias coloridas la ayudaban a seguir cada paso. Sin dudas, él juega muy bien. Los comentaristas lo confirman. Y, mientras el partido toma su ritmo, la camioneta preparada para los clásicos se transforma en una especie de fábrica de escenografía futbolera. Los globos verdes se inflan con un compresor y la novia, en su espíritu cooperativo, ayuda en el atado.

El entrenador del verde pasa y saluda con alegría a la Nueva novia, quien le ruega que no anuncie a su novio su ubicación en la cancha. Como si fuera sordo, ni bien ella termina de formular su reclamo, el entrenador corre para gritarle al jugador/novio, que La Novia nueva es del verde, que ya la tiene de su lado y que juegue tranquilo…

 

LA VENDETTA

Todo rojo
Todo rojo

Los globos explotan, los ruidos atraen las miradas de los hinchas verdes y rojos. La Nueva novia se pregunta qué efecto causará en el jugador/novio su posición en la hinchada. Él sabe que ella viene a alentarlo, pero estar en el lado opuesto a su rojo es, por lo menos, raro.

Pero no hay tiempo para especulaciones. El hechizo de la fuerza roja llega hasta ella. En un movimiento ágil, se toca los ojos -primero el izquierdo, luego el derecho- y… algo tenían esos globos o algo hay suspendido en el aire o vaya saber qué. La cuestión es que, en menos de dos minutos, los ojos claros de la novia se nublaron con lágrimas espontáneas. El dolor se presentó tan agudo, que el “perro” debió acompañarla hasta una canilla para lavarse. La cancha ahora se ve borrosa. Su amor, con el 19 en la camiseta, se pierde.

Por suerte, el entretiempo parece dar un respiro. Una vecina de cochera la llama y, entre la conversación, aparece el rojo en los ojos de la novia. Los globos, el césped y las banderas colgadas no pudieron con su afán por mostrar cuál es su verdadero amore: la irritación es roja. Para colmo, un tiempo más, y serán los verdes los ganadores. Y ella, ni un poquito colorada, salvo por alergia feroz, una revancha del color que recién se aliviará con los días, para permitirle escribir esta nota.

Un clásico es un encuentro, como el que, cada dos meses, propone el anartista.

 

 

 

 

 

 




RECUPERAR EL ENCUENTRO CON OTRAS LÍNEAS

Rituales: sobre los encuentros amorosos y  otras hierbas.

RECUPERAR EL ENCUENTRO CON OTRAS LÍNEAS

Por Ceci Miano

DE BLANCO Y NEGRO HABLO

VLADIMIR KUSH
VLADIMIR KUSH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las historias de amor suelen comprender la secuencia del encuentro y el desarrollo de un romance donde el tiempo deja sostener los compases, se comprende en una época señalada por la música melódica, la ropa de moda, los detalles melosos, las miradas pausadas o las manos entrelazadas. También podemos pensar en siluetas a contraluz…

RENÉ MAGRITE. LOS AMANTES
RENÉ MAGRITE. LOS AMANTES

Paremos con tanta dulzura.

Las historias de amor de hoy, las reales, se desatan de modos impensados. Para alguien como yo, de casi cincuenta años, lo conocido ya no encaja con lo actual. El boliche bailable dejó sus marcas sólo en la memoria prodigiosa de quienes lo recordamos. Las pasaditas, -pasar en auto por la casa de quien nos gusta muchas veces a lo largo del día- , habituales en los pueblos como el mío, dejaron de existir. No sé si por el costo del combustible o por el progreso, por llamarlo de algún modo.

Podría seguir con la lista de encuentros de antaño, aunque me niegue a aceptar el demasiado rápido paso del tiempo. La memoria es un relato que se narra como si fuese hoy, pero no… La plaza del pueblo era el lugar de encuentro para poder mirar tranquilos a cualquiera que estuviese a nuestro alcance, mirar lo no esperado siempre fue inusual, las parejas se armaban de acuerdo a los cánones de belleza, donde se incluía la edad, la altura, el físico, la clase social, el barrio. Todo esto parece de ciencia ficción, pero era así. Por aquellos tiempos las ilusiones se pegaban en los jeans ajustados con apretones de cintura, hasta que el calce causara estragos en los chicos adecuados, los demás quedaban al margen de las esperanzas.

Las miradas en la plaza eran el primer momento de encuentro. Lo puedo decir porque era de las adolescentes que frecuentaba ese espacio de magia amorosa. La edad me dio otro panorama de las cosas y pude descubrir que hubo muchísimos adolescentes que nunca, jamás iban a la plaza en el horario de la tardecita, era un espacio exclusivo para algunos.

ALEX HALL
ALEX HALL

La ley del pueblo.

Los que no se acercaban a la plaza en el horario del mate y las miradas, lo hacían de noche, muy tarde, generalmente llegaban en motos muy ruidosas o en grupos de amigos, casi siempre todos varones. Los policías rondaban al acecho de los chicos malos que osaban venir al centro con sus desmadres.

Parece que algunas cosas cambiaron… otras siguen igual.

 

ENREDADA

Hubiese sido bueno que alguien me lo hubiese advertido, porque los consejos de estar en un sitio de citas one line para mí resultaron inimaginables. Los mensajes en papel, lo sé perfectamente,  no van más. Pero de ahí a pensar que tengo que avisar en un perfil que estoy disponible y en busca de un candidato hay mucho trecho.

Pensé en ponerme un nombre falso y una foto falsa, sólo para sentir el juego de seducir o ser abordada, invitada, mirada. Nada me gusta. Dudo mucho. Me da miedo. Supongo salir a la calle e imaginar todas las miradas sobre mi hombro, sólo porque estoy en busca de conocer a alguien.

Hace un tiempo una amiga me dijo: “si no estás en las redes no existís”. Para alguien como yo,  no habituada a navegar en este mundo, es un fracaso anticipado.

VLADIMIR KUSH
VLADIMIR KUSH

La disposición no ayuda cuando se cree que lo que hacemos es falso. La desconfianza, la falta de conocimientos técnicos para resolver estos encuentros virtuales me dejan completamente afuera de la carrera de enamorarme con la ayuda de las redes.

Esto me resulta hasta gracioso, porque creo que como decía mi abuela, “cayó en sus redes”, así se decía antes de la era de la tecnología, como si hubiesen advertido el fin de los encuentros casuales, el fin de las miradas a la pasada, el amor a primera vista, la esperanza de recibir un llamado al teléfono fijo entre otros encuentros que hoy son muy raros o poco frecuentes.

LOS DIENTES NUNCA SON TAN BLANCOS COMO EN LAS FOTOS

El problema es que algunos creemos en los encuentros, esos reales. Las fotos con filtros, los fondos pensados con detalle, la luz potente y todo lo referente a la imagen me resuena artificial y es tan habitual como falso, según mi mirada.  Los encuentros se realizan con mensajes en redes sociales, las marcas son tan sutiles como los “me gusta” en una foto. Es difícil ponerse a tono cuando uno no tiene ni idea de los códigos.

Pero la charla con hijos enseña, deberán ser al pasar, sin demostrar mucho interés por los adultos porque la parte de enseñar a navegar en este lenguaje de encuentros se dificulta si el hijo o hija se dan cuenta de nuestra necesidad, ahí se abstienen de dar cátedra, para ellos es natural, les resulta artificial explicarlo, imagino que será como explicar lo cotidiano, se hace innecesario, absurdo.

UNA VUELTA DE TUERCA

En este tema de los encuentros amorosos modernos el ritual se vuelve diferente. Las visitas a las redes sociales, ya sean para encuentros amorosos o para mirar del acontecer de los demás, se vuelven más cercanas para mí a medida que el ejercicio del uso me habilita a sentirme con más confianza.

Me planteo si mis prejuicios con respecto a los encuentros virtuales son tan malos como me lo planteé hace un tiempo. Ahora vislumbro un dejo de verdad pura cuando un hombre o una mujer se hacen cargo de su soledad, se vuelven más confiados en que sus encuentros con la premisa de resolver algo de la vida de cada uno sin careta. Estoy solo/a y quiero conocer a alguien. Por supuesto que en los perfiles se verá lo mejor de cada uno, que las fotos o comentarios serán pensados con atención para atraer. ¿Acaso no pasa lo mismo cuando conocemos a alguien?, queremos impresionar bien siempre, no queremos que nuestros lados flacos se vean en el primer minuto. Damos gambetas y seleccionamos palabras, perfiles y miradas hasta que nos sale la espontaneidad, esa que solo asoma cuando estamos felices, cuando alcanzamos la confianza en lo que sentimos sin importar nada más.

SAROLTA BAN
SAROLTA BAN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desandar el camino propuesto por mis inseguridades se plantean hoy una nueva expectativa. La de dejar de ser como debo ser y ser tal cual soy.

OTRA VUELTA DE LA VIDA

Pareciera que los rituales de hoy no son tan sofisticados como los antiguos, eso lo digo yo. El alcance de las redes es tan masivo que hoy contactar a alguien no amerita grandes saberes. El perfil permite que la persona que busca tenga la posibilidad de hacer un comentario, mandar un sticker o compartir un comentario sugestivo. Los estilos siguen siendo infinitos, las oportunidades se sumaron a las ya conocidas y no creo que podemos distinguir entre lo antiguo y lo moderno.

Cuando el encuentro se provoca es igual en todos los tiempos.

Los rituales del amor siempre aparecen en el estómago, con dolor o mariposas, eso es universal y atemporal.

MICHAEL SUMMER
MICHAEL SUMMER

 




VIENTO DE ARENA FINA

La sospecha: Sobre chismes de pueblo.
Por Ceci Miano

 

SOSPECHA SIEMPRE, ESA ES LA LEY PUEBLERINA

COLORLa vida en el pueblo puede ser una aventura. Antes de ayer, pasé por la esquina de la panadería. Entonces y sin disimulo, dos señoras -de esas que siempre andan con una abultada bolsa de mandados y pueden manejar en clave el acontecer del pueblo- me  abordaron, específicamente, para descargar sobre mí todas las novedades sobre tema romances, engaños y otras yerbas de esta índole. Conozco el pueblo. Sé cómo reaccionar. En el relato del chisme, la sospecha no es una alternativa: se aseveran detalles y el narrador se asegura de hablar como si hubiera sido testigo de cada beso robado, de cada mirada furtiva. Las palabras tropiezan por la ansiedad en sostener la atención y el suspenso.

Así, el discurso a media lengua encierra la noticia del momento. La noticia del momento no es cualquier novedad, tiene características propias. Sus protagonistas son los mejores si resultan los menos esperados. Escuchar decir que alguien “anda” con otro es más excitante, si la combinación de la pareja resulta insólita: casados sin sospecha, señoras de disimulo enterrado hasta en las uñas, jovencitas ingenuas con amplias billeteras,  advenedizos que se llevan a la más codiciada. En fin, la alquimia parece no tener límite en nuestro pueblo.

Magritte, René
Magritte, René

OTRA QUE MARCEL MARCEAU

El sol acompaña la charla. Al pasar por la esquina, los conductores y hasta sus autos saben de qué se trata la escena. Incluso la vegetación sabe de qué viene la cosa: porque las muecas ajustadas, las cejas levantadas, las manos en movimiento de grandilocuencia, el bajar la mirada -como si la vergüenza fuese posible en medio de la charla- componen una escenografía insospechable. Por no hablar de las infaltables risas que, para el bien de muchos, ratifican lo espantoso de los “otros”, más allá de  ninguna verdad.

¿QUÉ SE CUENTA?

EstPhoto Manipulations by Thomas Barbéya costumbre popular hace de mi pueblo un tipo particular de pueblo rural. Los rumores  condimentan el quehacer cotidiano. En cualquier reunión, la pregunta para romper el hielo es: “¿qué se cuenta?”. Y está claro que nadie pregunta por el dólar o por el G20. Se trata de ir al corazón de la intimidad de muchos, de hacer de nuestra vida una tormenta de sospechas que, a su vez, nos transforme en el grupito de quienes saben, de los que tienen el tesoro, solo compartido entre pares chismofílicos.

Vivimos envueltos en el viento de arena fina que transforma a los protagonistas de las supuestas historias de verdad en presos de sus dudosas acciones, aunque jamás se hayan asomado siquiera al umbral de esas aventuras. La verdad mutada en detalle menor deja en primer plano el tener tema de conversación, el tener el saber más amplio, ancho y largo que el otro, el no permitir que la galera mágica fabricadora de noticias se detenga. La fábrica no descansa ni en verano ni de noche.

LA VERDAD, A LA VUELTA DE LA ESQUINA

El chisme es la sospecha más buscada -sí, buscada, porque muchos de los vecinos se encuentran en la categoría  “veedores  de chismes” o en la de “acechadores, a  tiempo completo, de  los movimientos pueblerinos”. La intensidad se ha vuelto solo un modo de vivir bajo un manto de sospecha permanente.

QUÉ LINDA TE QUEDA LA ESCOBA

A veces los mejores chismes son los que no se saben, los que se esconden entre mensajes de miradas que nadie ve.

Ella barre las hojas de los plátanos añejos, los dorados y crujientes símbolos del otoño son el anzuelo para atraer al señor juguetón. Él, en su camioneta de vidrios negros, pasa varias veces por la calle, sólo para deleitarse con el vaivén de la escoba, que agita la barredora oficial de la cuadra. Los mensajes llegan minutos después. El más simbólico es “!Qué linda te queda la escoba!” y saca una sonrisa espontánea. ¿Es chiste?

Creer o no, ese comentario  fue el comienzo de un romance de años, de besos encerrados en el celular, de encuentros virtuales, de acercamientos entre fotos y mensajes sin mucha palabra. Tiempo después,  cuando los cuerpos ya hacía tiempo se habían estrechado por primera vez,  la escoba se olvidó y las hojas cayeron otra vez en la vereda.

René Magritte. Los amantes
René Magritte. Los amantes

SEPARACIÓN DE BIENES

En los pueblos, los matrimonios también tienen desavenencias. Como se imaginarán, este dato no es ni requiere ser el resultado de una investigación profunda hecha especialmente para esta publicación. Para tener esta certeza sólo hacen falta ojos. Los maridos y las esposas se pelean, algunos se engañan, otros -en cambio- se dejan de mirar. Hubo unos, vecinos de mi casa, funcionaban como un par de extraños en el mismo domicilio: entraban y salían de manera tan independiente, que ni los chismosos los registraban como pareja.

Las separaciones también son parte del cotidiano paisaje pueblerino, el porcentaje varía de acuerdo a la época histórica.

Salvador Dalí. Gala Placidia. Galatea de esferas, 1952.
Salvador Dalí. Gala Placidia. Galatea de esferas, 1952.

Y, entre hastíos y rupturas, llega la anécdota. Cuentan que, muchos años atrás, un matrimonio con alguno de estos problemitas decidió separarse. Mejor dicho, la esposa planteó la situación al marido, quien reaccionó de manera, mínimo, poco habitual. Dicen que el hombre, luego de escuchar a su esposa anoticiarlo de la separación y reclamarle la división de los bienes -cincuenta por ciento para cada uno- dijo que sí, sin vacilar. Más rápido que un bombero, el casi ex marido buscó entre sus pertenencias la motosierra y, al grito de “¿quéres la mitad de la heladera?, ¿mesa?, ¿ropero?… cortó cada bien ganancial exactamente por la mitad. Una vez que los destrozos estuvieron concluidos, la separación resultó menos que una mera formalidad.

¿ESTAMOS TODOS…?

Además de los chismes, existen los dichos pueblerinos. Por ejemplo, cuentan que un señor de apellido Menossi, tenía muchos hijos, en aquellos tiempos, cuando no había televisión. Por entonces, la única diversión semanal era la salida al pueblo. Desde el casco del campo, hasta la tranquera, para casi todos, había más de un kilómetro. Según el relato, cada vez que Don Menossi salía en su auto Ford exclamaba:

- ¿Estamos todos?…

Tal vez temía olvidar a uno de sus tantos hijos, o vaya a saber si no se trataba de un mero hábito. La cuestión es que un día, al lanzar su habitual pregunta y mirar a su derecha, quien faltaba era su esposa: la mujer había quedado en la tranquera con tanta furia, que aún se siente en el aire del pueblo su rechinar de dientes recorrer los años de esta historia, que nunca pasa de moda.

Muchos en mi pueblo hemos crecido con el dicho: “¿Estamos todos?, dijo Menossi y se olvidó a la mujer.”

EL ROMANCE MENOS PENSADO

Una noche se fueron juntos, nadie pensó mal, como suele ocurrir en los pueblos. Resultaba impensado que ellos pudiesen “tener algo”.

La mujer pensante y “un hombre-despelote”. No, imposible.

Mientras tanto el marido cornudo comenzaba a supurar por la herida. La herida hizo un reventón justo durante la fiesta de cumpleaños número quince de su hija. Tristemente, la hija quedó como rehén de su propio padre. Las cosas ocurrieron así: la fiesta  estaba en sus últimos preparativos  cuando, en la casa, comenzaron a sonar música de insultos y muecas de angustia. Ese día al marido lo azotaban dos fantasmas: su propio dolor y el sufrimiento al pensar en los chismes del pueblo. Así, sin poder ver, sentir y actuar con lo propio, el hombre tomó prestado el traje de lo periférico. El desastre no merece ni una línea de relato. Queda en el lector construirlo a gusto. Como lo haga, siempre será menos grave que como resultó en la realidad.

Lo comunitario invadió lo personal, como manto de niebla. Puede ser que algunos se salven de semejante estigma, pero el mal está enquistado en la mayoría. El escándalo expandió estruendos, que aún pululan por los rincones.

UN SOPLIDO DE ILUSIÓN

El surrealismo y el sueño, 8 de octubre 2013 – 12 enero 2014, Museo de Arte Thyssen-Bornemisza, Madrid
El surrealismo y el sueño, 8 de octubre 2013 – 12 enero 2014, Museo de Arte Thyssen-Bornemisza, Madrid

Vivir en un pueblo chico implica vivir en comunidad. Tal como en una familia ampliada, lo propio se vuelve grupal. Saber no siempre es poder, a veces el poder lo dan las convicciones de vivir en paz, sin ruidos internos que despierten los susurros de los chismes. Como sea, los chismes motorizan los mates de los encuentros, siembran las macetas de la maledicencia, hacen de preámbulo a conversaciones más graves o de epílogo a palabras muy sufrientes.

Y, a veces, tan solo a veces, tuercen en una curva y son un pequeño brote, desde el cual puede surgir alguno de los afluentes de la solidaridad




EL LENGUAJE DE LA ROPA

Lo inesperado: Sobre el lenguaje de las prendas.
Por Cecilia Miano

 

DECIR SIN PALABRAS

Vestir es un acto cotidiano para casi todas las personas, si todos pensáramos en el significado que le atribuimos a cada detalle de nuestra vestimenta, dejaría de ser tan natural. Pensar tanto es complicado en algunos temas como este, de vestir, parece mejor hacer y sentir.

Barthes realizó una investigación -entre los años 1957 y 1963-  acerca de la moda, un análisis exhaustivo del sistema escrito o descripto, sobre la significación de la moda. Lo maravilloso de este texto es cómo se puede traducir la vestimenta en el lenguaje, esa yuxtaposición que los hace indivisibles. Se hace una pregunta inquietante: “¿puede el vestido significar sin que haya una palabra que lo describa, comente y colme de significantes y significados como para construir un verdadero sistema de sentido?

ROPERO DE FRIDA
ROPERO DE FRIDA

 

EL HOMBRE ESTÁ CONDENADO AL LENGUAJE

Las personas utilizamos la ropa como lienzo de expresión, como lenguaje metafórico, casi como en la escritura damos luz a lo que nos moviliza y escondemos lo demás.

ESCULTURAS CON GANCHOS
ESCULTURAS CON GANCHOS DE ROPA

La quietud de las prendas es su condición original, hasta que alguien posa la mirada en su estructura. Primero con la imaginación empieza el juego, luego le da entidad y sólo con el contacto cobra vida, diferente cada vez que se sostiene, que vibra según la tensión que lleva el cuerpo que la porta.

Esa adherencia que provoca la vida de las prendas llenas de cuerpo, es lo sonoro de cada una de ellas. Es lo único que les otorga un sentido, cada día diferente, aunque se trate del mismo cuerpo y de la misma prenda.

EGON SCHIELE
EGON SCHIELE

 

HAY TELA AÚN

El ropero desordenado entrevera la historia. Los hilos enlazan sacos de otra época y telas añejas, con recortes de escenas prendidas en ojales pasados de moda. Las bolsas, cajas y envoltorios se amontonan en lo alto, donde casi nunca se abre, porque la historia se vuelca encima, derrapa entre montones de recuerdos.

Muchas veces los objetos cuentan. Ahí, arrumbados y con voces raspadas de tiempo, dicen cómo los movimientos de los cuerpos acompasaban los días.

 

EL VESTIDO AZUL

Benito conoció a Clara de siempre. El pueblo chico hace las veces de familia extendida y presta lazos de afecto a personas que, en ocasiones, se han visto muy poco.

“La tarde en que yo llevaba a Clara a la fiesta del Club, Benito no pudo dejar de bailar con su mirada.”

“Estoy arrugado de estar acá, un poco desteñido tal vez, pero a la magia sobre el cuerpo de Clara no la olvido. Su piel se acomodó suave a mis costuras y supe conciliar entre muchos brazos el estremecer de sus contornos, al menearse por primera vez con Benito.

A él le costó media noche sacarla a bailar, casi parecía desinteresado. El haber dado el primer paso lo envalentonó, nunca más se separaron. Aunque la historia no es romántica, como insinúa la frase anterior, las cosas resultaron, igual que en la escritura, por momentos muy lucidos y otros mejor olvidarlos.

ROPA DE PORCELANA
ROPA HECHA CON RESTOS DE PORCELANA

“.. Y, tal vez por eso, estoy aún en la parte superior de este ropero. Ellos no lo saben pero, desde acá, escucho todo: las pisadas me cuentan sobre el estado de ánimo y sobre el transcurrir de la vida. A lo largo de estos años, la cosa ha sido muy movida. Mientras tanto, yo nunca más salí de mi reclusión. Ellos hablan -despiertos o dormidos, solos o juntos-, pero dicen. Yo los acompaño desde lo alto del ropero.”

 

 

EL ÚNICO TRAJE DE STELLA

El traje de tela de invierno, minifalda y saquito al cuerpo asoma con presillas de charol, arrugado como la vida, con cierto encanto de lo achicharrado. Envuelto en un nylon rosa, grita soledad. La foto viene a mí, el traje abraza el cuerpo escuálido con cierta despreocupación, las sonrisas estáticas y el pelo largo con brillo natural se vuelven aroma a viejo. En ese instante el reloj de la historia se moviliza hasta hoy y seguirá hasta que los últimos hilos del traje puedan dar cuenta de lo vivido.

Instalación artística en el marco de la cita 'El intercambiador de ropa', que se celebra en La Casa Encendida de Madrid.
INSTALACIÓN ARTÍSTICA EN EL MARCO DE LA CITA “EL INTERCAMBIADOR DE ROPA” QUE SE CELEBRA EN LA CASA ENCENDIDA EN MADRID.

El encanto de los veinte desafía el porvenir con cierta naturalidad, con un único traje servicial para toda ocasión. Rosario es el escenario, se muestra como familia durante cuatro años, porque el estudio así lo requiere, los bulevares se hicieron parte de lo cotidiano, las calles anchas, la gente amable forman parte de esa memoria que me volvieron así, un traje pasado de moda, que atesora piernas con medias de nylon, manos ajustadas a la cintura y espalda erguida con ganas de poner ímpetu a la vida.

Hoy el charol marrón de los vivos y las terminaciones de los bolsillos se ajaron con ganas de no seguir, aunque la estructura sigue firme y la cintura diminuta habla de otros tiempos, de otros largos, de otros sueños escondidos. Busco en los bolsillos, imagino cuando mi mano se desliza entre ellos, encontrar una nota, una tarjeta, algo que hable de ese antes que es ahora viejo. Nada aparece, sigo con la mirada firme. Resuelvo que la trama del traje guarda muy bien los secretos.

La nostalgia del traje se huele en sus opacidades.

 

EL CASAMIENTO. VESTIDO DE NOVIA PRESTADO.

La fiesta austera, por la economía de guerra, como planteaba siempre mi papá. Ahora, la austeridad vieja desdibuja un poco su singularidad, entre tantas crisis. La torta casera respeta el ritual de los novios: cortarla juntos. Así, la foto aparece sin arrugas en la memoria: la mano del novio se apoya con tanto ímpetu sobre la fina mano femenina, que da la impresión de una torta  de yeso: pura potencia para un corte certero. No recuerdo su gusto, pero el sabor a desamor en la mirada de la madre del novio, poco a poco, tiñó el paisaje.

LIA GRIFFITH
LIA GRIFFITH

El vestido asoma sin ganas de la caja un poco desarmada, fue usado por segunda vez, con algunos arreglos necesarios, por el cambio de estación, y por la necesidad del apuro. El amor no puede esperar y los vestidos son algo lentos en armarse, así que el vestido con historia fijó fecha nuevamente en julio para dar a la blancura una nueva oportunidad de existencia. Hoy asoma sin disimulo el desgano. La vida estuvo en otros cuerpos, la silueta de costuras a mano no tuvieron más oportunidad. La tercera no fue la vencida, tal vez el destino espere y esta historia aún no termine.

Las perlas pequeñas en la delantera titilan…

 

 

 

LAS METÁFORAS DE LA ROPA

El valor simbólico de la ropa muta de acuerdo a la época de la cual proceda, en lo vigente propone un status social, un nivel de educación, una postura política; en tanto el tiempo transcurre en cada prenda lo simbólico se vuelve particular de cada individuo, qué representa ese objeto, qué historias nos cuentan, qué vivieron esas prendas que necesitamos reeditarlas.

ASPESI
ASPESI

Son pocas las prendas de mi ropero, algunos objetos pululan entre los vestidos, pero no consiguen salir, están atrapados en un mar de recuerdos, que sólo son vívidos para quien cuenta la historia, y en este caso para quienes estén leyendo este texto. Tanto esmero por brillar en cada caso, tanta historia enredada entre hilos de colores, dispuestos a disimular las costuras, a tejer tramas de la vida envueltos en mensajes que hoy gritan auxilio.

Logran salir del encierro porque el rescate llega en palabras, en pocas emociones encapsuladas en la memoria de quien nunca vistió esas prendas, pero con la historia en la mano decido hacer justicia.

Me voy a probar el vestido azul.

La historia no sé cómo continúa pero la gritaré cuando la vida le pase por encima.

 

 

 




EL ARTE DE CONSTELAR

El cuerpo: sobre el staff anartista

Por Cecilia Miano

 

Louis Blanc
Louis Blan

CONSTELADOS

Spinoza diferenciaba entre masa y multitud. La multitud está formada por cuerpos que se potencian unos a otros. La suma de las partes es menos que el resultado de la potencia final del conjunto. Distinta a la masa, cuya potencia va detrás del líder, la multitud es un organismo activo, se lidera, se conduce. Cuando uno piensa en multitud, imagina una manifestación, un amontonamiento. Como sea, se vincula con mucha gente que se encuentra en el mismo espacio. ¿De qué manera llamar entonces al staff del Anartista?

Constelación… porque nos encontramos cerca, pero no juntos, y nos une un mismo propósito que es la escritura. En cada número, vamos enlazados por un tema que dispara con la fuerza y la diversidad de los que somos parte.

 

HACIA EL CENTRO DE LA GALAXIA

Escribimos solos, aunque en función del colectivo. La escritura de cada nota es en soledad, la escritura es un oficio solitario. Sin embargo, a la distancia, dentro de nuestras separadas siluetas, sabemos que hay otros que dan vuelta al tema. El tema, así, se constituye en el centro, ya no de la constelación, sino de la galaxia. Al escribir, cada quien resuena, en su multiplicidad, con otros, que se dejan a sí mismos para ocuparse de un personaje, de un libro, de un ajeno que somos: esa es la libertad de perder la rutina y continuar.

 

PLANETA ANARTISTA

No todo gira sin marearse… muchas veces no encontramos la suficiente energía para mover los astros. Las estrellas agotan su luz por diversos motivos y, en esos momentos -lluvia de meteoros- colapsamos. Las turbulencias acechan, no llegamos con toda la lectura propuesta, los libros están agotados, las actividades particulares de cada

Cueva de las manos
Cueva de las manos

anartista chocan  con la urgencia. Por no hablar de las distancias geográficas: en mi caso, estoy a 570 kilómetros de C.A.B.A. y otros viven más lejos aun. Todo se mezcla: la felicidad de esos días de escritura o la tragedia del obstáculo en la segunda línea. La insatisfacción de ganarse la vida en trabajos no deseados, los hijos, los padres, las enfermedades pasajeras o no. Otra multitud entra en este juego de tensiones, donde el único escape es la tarea, y, al final, la gratificación de hacer algo por placer y con otros, sin tener la ganancia en dinero como motor. Acá no hay plusvalía. Esto sí, es todo ganancia.

Por no hablar de la satisfacción de estar on line con una revista literaria en tiempos como los actuales. Es sentir que el universo se achica, recibimos mensajes de lectores de todo el mundo, en dosis pequeñas, como regalos envueltos en letras. Y eso del regalo y del don tuvo un origen sin mito fundacional. Nos reunimos sin buscarlo,

Louis Blanc
Louis Blanc

esencialmente, el proyecto se gestó como una excusa para escribir de otro modo. Sucedió así que, en medio de este camino, la revista tomó vuelo propio. Cada mes la potencia de la multitud crece, no sin dolor, con mucho trabajo, en resistencia, siempre con parches y miradas en el horizonte.

Tenemos ingresos, gente que se suma al proyecto, pero también tenemos pérdidas de los que se bajan del colectivo porque prefieren sus apuestas personales u otros proyectos colectivos. En algunos la vida metió un tacle inesperado y nos dejó apenas la huella de algunas notas. Así es como siento la ausencia de Cecilia Ilia, no la conocí personalmente, pero sí compartí una cercanía especial a través de este proyecto. Parece absurda la pregunta, ¿cómo pudo morir una anartista cuando la publicación era tan nueva? El abatimiento ante su partida también me da impulso en tiempos difíciles. Tocaya, tengo que poner tus palabras nuevas, que ahora faltan. Sembrar, en tu memoria, el trabajo que estarías haciendo, no en reemplazo, sí para dar consistencia a tu no estar.

De este modo: los cuerpos de presentes, de ausentes y de fantasmas forman una especie de tropa, donde la utopía se acerca a la realidad. Trabajamos solos, nos reunimos no siempre físicamente y logramos productos grupales. Las luchas hacia adentro escriben nuestra historia íntima y se interrumpen hacia afuera cuando el paso de cualquier anartista rompe el ensimismamiento. Entonces la soledad real se vuelve insignificante, la potencia del otro contagia y replica.

 

Shin Knee. Carl Warner
Shin Knee. Carl Warner

SIMULADORES DE VUELO

Una vez terminado el proceso de la escritura, se toma el tiempo de buscar gráfica para ilustrar cada nota, para dar un extra al sentido de la escritura. Así llegamos al momento de investigar a pintores, escultores, artistas plásticos y todo lo que pueda dar un plus a nuestro trabajo. Dentro del staff hay especialistas que ayudan en esta tarea. Carolina Diéguez es la capa. Diego Grispo, el súper fotógrafo. Pero todos podemos decir que hemos evolucionado, aunque sea un poco, en este aspecto.

Y cuando ya hablé de escritura y gráfica, usted, lector, pensará que están listas las notas… ¡error!  Ahora es el momento de los correctores, pequeño grupo de anartistas instruidos en el arte de revisar lo escrito. Trabajo meticuloso si los hay, de una entrega extraordinaria. Imagínese, lector que, en lugar de pasear por la plaza, de reír con amigos o hacer el amor, estos compañeros dedican su tiempo de fin de semana a ponerse en la piel de los escritores, interpretarlos y corregirlos, todo, sin cambiar sentidos, sin interponer juicios de valor, sólo en contribución a la mejora de la calidad de la producción.

Louis Blanc
Louis Blanc

DE GALAXIAS A UNIVERSO

Las entrevistas del  Anartista son un capítulo aparte. Participé de una. Jamás hubiera encontrado una posibilidad de estar al lado de Estela de Carlotto. Eso tuvo un antes y un después. El antes fue investigarla, leerla, saber de ella más allá del snobismo de la personalidad famosa o, incluso, de la propia admiración por los retazos que conocía de su historia. Ir a verla con ese saber resignificó el encuentro. Cada pregunta se despliega en curvas personales de anécdotas y marcas de su historia. Después de la edición, surge una nueva Estela, mirada desde otras estrellas, degustada por los que estuvimos. Sus palabras devenidas ahora en nota muestran detalles, pequeños guiños de su historia, emergidos sólo por el  ansia de saber más, de lo leído, aun con la celeridad en el tiempo que marca el cierre de cada edición.

Cada entrevista provoca en el colectivo anartístico una revolución de acciones para lograr primero la aceptación por parte del entrevistado. Para eso mangueamos a más no poder, insistimos con amabilidad urgente, con creatividad para imaginar cuál es camino más corto y seguro de concretar el encuentro.

Nada es fácil, la preparación previa a una entrevista es colosal, se fijan criterios de lectura, podemos llegar a leer 15 libros para un solo encuentro. Siempre miramos la relación del entrevistado con el uso del lenguaje, buscamos todo lo que está a disposición. Además de publicaciones, en algunos casos existen videos, trabajos, películas, todo sirve y lo transforma en una aventura diferente para cada entrevista, somos varios los necesarios para hacer esta tarea, el análisis minucioso es sorprendente, muchas veces, hasta para los entrevistados.

Larry Kagan
Larry Kagan

 

EL SOL SIEMPRE ESTÁ

Para los antiguos, estudiar el paso del Sol alrededor de las constelaciones era muy importante, ya que los movimientos repetidos del astro les permitían calcular las estaciones y así  planear las siembras.

En lugar de estudio, que sería demasiado para mí, hago un espacio para describir muy brevemente nuestro propio Sol anartístico, Gabriela Stoppelman, la encargada de dispersar las semillas y darles el calor para permitir la germinación, para lograr cosechas prósperas, no sin tempestades que siempre acechan, pero con la potencia de la luz.

Es la directora de la revista, la autora intelectual de este proyecto, la conductora de este colectivo único en su especie. El asunto se torna en ocasiones muy agitado, lleno de personajes: nosotros, los anartistas, eso que sumamos desde la cotidianeidad las particularidades más insólitas, locas en algunos casos, creativas, en otros. Ante cualquier cuestión que se ponga en juego para salir al ruedo, ella tamiza situaciones, conoce la constelación en detalles mínimos, regula la temperatura de los avatares, da luz cuando la noche se encapricha en seguir. Suele crear estaciones propicias para cada uno. Su iluminación dentro de la constelación se hace imprescindible.

Jim Campbell
Jim Campbell

 

EL INFINITO

Constelar en nuestro caso no es firmar un contrato, es decidir con compromiso una tarea colectiva con singularidades propias. Constelar no es fácil, el equilibrio invisible se siente en cada vuelta de revista, en cada número se inicia el ciclo de la acción y se reinventan las reglas para ajustar  el escenario.

Nos movemos en una espiral dialéctica, en un sinfín de posibilidades abiertas al universo, propias y de todos.

Una aventura, si queremos, infinita.

Kumi Yamashita
Kumi Yamashita

 




LA LEY DE LOS PÁRAMOS

La orfandad: sobre la obra de teatro “Alta rusticidad”

Por Cecilia Miano

 

RÚSTICO POR DOQUIER

Santa Rosa, capital de La Pampa, abre las puertas de un espacio cultural, Centro de Artes, para que la obra “Alta rusticidad” tome cuerpo. El barrio tranquilo, más allá del centro, ubica la escena- casi por descuido- enfrente de una pintoresca iglesia. Los edificios vecinos susurran guiños de bienvenida, los autos se arriman a la vereda sin mucho artilugio.

Hacia el salón, el pasillo de entrada es atravesado por un cartel de anuncio:

“HOY ALTA RUSTICIDAD 20:30HS”

Los andares se desvían un poco hasta el pasto, porque en La Pampa el césped es raro, la sequía se inserta en los tallos, los vuelve duros y casi amarillentos. Los pocos pasos hasta la entrada anuncian la escena con luces blancas, muchas. Todos los integrantes del elenco esperan al público con júbilo tranquilo, los destellos son reales, los abrazos se sienten. Las sillas dispuestas se ocupan muy rápidamente.

 

AL SERVICIO DEL ARTE

La obra propone una comedia no tan tradicional de títeres, un teatro diferente con historias del oeste pampeano, sin su río, con todo el paisaje devenido en pobre y desértica tierra. Con añoranzas de lo que fue, el territorio se ha convertido en un lugar casi inhóspito donde se encuentran la poesía, el humor en modos propios del sentir de esta zona.

Oskar Kokoshka
Oskar Kokoshka

 

 

CANTO RODADO

El canto rodado es una buena metáfora de La Pampa: gastado por el paso de un tiempo de aguas, hoy rueda por la llanura sin mucho rumbo, en magnífica orfandad, de vez en cuando, el viento lo lleva un poco, pero su existencia es su ser piedra dispuesta al ruedo. Ahora es apenas tocado por el viento, que se apiada de su raíz y sin destino apenas lo alienta hacia un incierto futuro.

Así con metáforas y poética al alcance de la mano nace esta obra original desde la voz de un poema de un escritor pampeano, Morisoli.

CRECER ES RESISTIR (Edgar Morisoli)

“Si usted no conoce el Sur, / no sabe lo que es el viento.” J. R. Nervi

Norte y pampero, grandes bramadores,
se disputan por turno los caminos del cielo
desde Agosto hasta Octubre,
y cuando ambos se toman un resuello
suele llegar el zonda, tropeando cardosrrusos con su largo arreador de
polvo y pena.

(La gente de esta tierra, desde los viejos días,
tejió canciones para el viento:
lo invocó, lo celebró, lo conjuró, supo escuchar su
errante
confesión hecha brisa o hecha ráfaga,
y hasta rogó a Watsíltsum, la giradora arcaica,
para que detuviese su cósmico bramido)

Aquí tan sólo crece
lo que resiste, lo que ha incorporado
el código genético del viento a sus raíces
desde que fue semilla. Sólo crece
si es par del viento, si es rival del viento,
si es hermano de viento.

Vieja ley de los páramos, crecer es resistir. 

Objetos animados, leyendas que toman cuerpo en objetos armados con carros de mercado para el ganado vacuno, bidón de agua para el sapo; el despliegue logra trenzar los cuerpos de las actrices que dibujan en atuendos negros, luchas con voces en castellano y en ranquel.

El personaje principal de esta historia es el viento, aire particular en La Pampa, que muta de identidad y de nombres según dónde sople el ánimo: NORTE, PAMPERO, ZONDA Y SUR. Parece raro, pero el efecto de sostener las fuerzas  de    su    furia es lo que deja fortalecidos a los habitantes de este páramo. Esa es su magia.

THEO JANSEN
Theo Jansen

Desde los primeros tiempos, el viento despliega una especie de código genético de resistencias varias: manso o colérico conecta a los todos seres para que sean sus pares, sus enemigos o sus hermanos. Opaca toda fuerza, como un dios pagano, impregna a su paso las cosas y las cautiva. Los verdaderos huérfanos de esta zona son aquellos a los que el viento no ha atravesado, aquellos no impregnados de su ímpetu en la semilla. Esos quedan por fuera del combate, el desafío es atravesar tempestades para encontrar el ser verdadero, cuando el origen no los ha tocado.

 

AIRES DE VIENTO

El páramo crece gracias a la fuerza impartida por esta energía en movimiento. El agua aplaca la furia, si el padre viento no sopla la resistencia se hace más cruel, la rusticidad impregna el alma. Lo primario se vuelve torpe, áspero a la vista, amarillo al oído, polvoriento al olfato, invisible al tacto, solo aparece cuando la tierra levanta vuelo para decir, en palabras de viento, que algo muy  propio de sequías atraviesa este lugar. En plegaria infinita los seres responden con resistencia.

Theo Jansen
Theo Jansen

Este viento todopoderoso levanta la obra de teatro. Pero sumado a lo poco convencional de los títeres en escena, la noción de teatro se amplía a territorio donde la acción se vive en sonidos, movimientos y muecas para mostrar los gritos de la tierra seca, donde la supervivencia casi sin agua aún puede ser posible. Las añoranzas de tiempos pasados tornan lo infértil del páramo en un puño cerrado hacia el futuro.

 

HABLEMOS DE VERDAD COMO LA TIERRA26784674919_2e3d966b94_b

Los personajes no son ni tierra ni viento, entre ellos y con ellos, porque los seres envueltos en ráfagas ventean sus inciertos destinos en el paso sobre la tierra. Encuentran lugares únicos porque los fundan, se enredan con el paisaje y pasan inadvertidos hasta que un escenario los vuelve acción.

La danza de arena… Purum kuyúm…

Antiguos pobladores… Kuivi Keché…

El caldén…. Witrú…

Las torta fritas… kokel…

El avestruz… Choike….

El agua… Có…

El Río Atuel… Leuvú Antuel….

Los sonidos resuenan sin fin dentro del idioma, así acunan el sentido en las palabras con memoria, se abrazan para cambiar el curso de la sed, en los embates de la rusticidad.

Así como el viento sopla, la tierra se reseca, las voces persisten y se hacen poesía.

La historia se narra y el viento sopla luchas, de esas añejas.

Por aquí ha pasado “Alta rusticidad”

GUILLERMO FDEZ

 




PUNTO DE EQUILIBRIO

Deseantes: sobre equilibristas.

Por Cecilia Miano

EQUILIBRIO INESTABLE

Vivir en equilibrio.

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Equilibre-parfait-zen-wallpaper

Escuchamos tantos discursos donde el equilibrio es un fin, sinónimo de éxito. Si te desbandás, si te inclinás un poco de más hacia uno de los lados, serás castigada con frustración. Y no es que me guste andar tumbada o siempre a punto de caerme. Creo en un equilibrio como un horizonte, algo que nos hace caminar en medio de un campo lleno de obstáculos, remansos y desafíos. Este movimiento nos acerca también al vacío, al abismo de no saber qué viene, a no respetar la propuesta y seguir. A desequilibrar para lograr la trepada y también la caída. Los escasos momentos en que el equilibrio cobra estabilidad son sólo eso, instantes para volver a romperla y desafiar de nuevo: al aire, al suelo, a la vida.images

DÍCESE DE

Equilibrista: Persona que practica ejercicios para mantenerse en equilibrio o mantener objetos en equilibrio, en especial, si se dedica a ello profesionalmente en el circo u otro espectáculo público. A través de múltiples ensayos, ellos consiguen desarrollar al máximo los reflejos del cuerpo. En sentido figurado es alguien que puede controlar los desbordes: “un verdadero equilibrista de la diplomacia”.

VIVIR EN LAS ALTURAS

Un lugar de encuentro cotidiano es el supermercado. Marta se mueve despacio, su bolsa sabe dónde ir. Las campanitas colgadas de la puerta anuncian su llegada, las palabras encuentran huecos y se filtran con el discurso repetido. La bolsa cobra cuerpo con las papas, las frutas al fondo y el arroz de hoy, que es de tamaño chico. Marta levanta su vista y todos los días se encuentra con las fotos de la pared posterior: son viejas, algunas han perdido el brillo, pero la luz de la mañana abanica los recuerdos. La mente se desdobla porque, ante memorias tan parecidas, el hilo del relato familiar se pierde un poco. En el frente del mostrador, el anuncio cambia su enfoque.

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Las letras del anuncio pretenden llenar la vista de imágenes que se intuyen, a Marta la propuesta se le queda entre las arrugas. La foto que surge en su mente es ahora la de una bailarina musculosa, llena de fuerza, con determinación, colgada de una tela color furia. La idea se retuerce entre las esquinas de la memoria, ¿es ella?21751820_823953911114906_6567058332807033222_n

CON MAR DE FONDO

Los acróbatas son personas disciplinadas para el control del cuerpo. En el aire, la vida es particular. Los escalones se construyen en la fuerza de los músculos. La mente se prepara para las piruetas que el cuerpo ejecuta con precisión. Las nenas son las más propensas a este tipo de disciplina, lo observo en el ensayo general del sábado 16. Todas las luces se disponen en colores cálidos. La luz principal destaca la figura ahora completa de la equilibrista, mientras las telas cuelgan desde la altura mayor del techo de la escena y los colores se funden con la imagen de fondo del escenario: en este caso, un mar. La danza completa el cuadro, las manos se muestran etéreas, los dedos forman arcos y curvas muy trabajadas. Estoy en la primera fila y los detalles son maravillosos. Cuando el foco de mi vista se amplía, el cuerpo parece no tener peso. Como si la elevación fuese natural, como si los trucos no forzaran a los músculos y el placer en el rostro fuese cosa de todos los días. La música cierra el círculo, los sonidos envuelven la escena al ritmo del viento. Mi propia respiración se corta ante la inversión de la cabeza. Miro las manos y, al mismo tiempo, las puntas de los pies.  Una línea muy pura hace al espectador suspenderse en ese vuelo, que ya no parece ajeno.

 

El piso de los acróbatas encuentra otro espesor: la tela cae sin prisa desde la altura mayor, los tonos se encuentran con cuerpos armados de trajes elásticos, suben con maestría, las piernas se hinchan, la cabeza queda abajo, las manos parecen mariposas. Ensayan caídas y nudos inexplicables.3 (2)

TREPAR ES ETERNO

Sin pedir autorización, la imagen se cuela entre las palabras. Las transiciones entre piso y cielo son musicales, las indicaciones de antes ahora proponen seguridad en cada acto del espectáculo. El escenario del “Cine Teatro Sociedad Italiana de Salliqueló” hoy se vistió de equilibristas. El cuerpo de equilibristas en tela es numeroso. Gabriela, quien comanda la batuta, construye la sintonía con tonos de voz pausada. Desde su cuerpo propone el don  con piruetas gráciles, con detalles sutiles de trepadas y caídas, de equilibrios inestables y de gestos de placer. El espectáculo es soñado y puesto en acto de manera segura. La música envuelve los músculos, la idea de naturalidad es ensayada. La gracia está presente en cada detalle.

EQUILIBRISTAS, MALABARISTAS Y OTROS ISTAS.

Resiliencia: es la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir, para proyectar el futuro. En ocasiones, las circunstancias difíciles o los traumas permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes, pero hasta ese momento el individuo los desconocía.

Sharon-Salzberg
Sharon-Salzberg

En la acrobacia con telas, el género se estira en fusión perfecta con el cuerpo ¿Cuántas batallas han tenido que atravesar los equilibristas para llegar a semejante armonía? Seguramente, muchas. Habrán pasado por esos combates donde los segundos se eternizan cuando algo no resulta lo esperado, los movimientos se aletargan cuando gana la frustración. Sin embargo, durante el espectáculo, estas luchas se esconden entre los movimientos certeros, el escape de un nudo se vuelve gracia, las caídas ensayadas se perciben sin miedos.

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Durante un poco más de una hora el espectáculo  del cuerpo, los sueños y la determinación de cada artista asumen el riesgo. Es en vivo. No importa cuántos ensayos hayan hecho. Cuando hay que poner el cuerpo, la certeza se queda en camarines. Pero lo incierto no es flojera. Una afirmación, una contundencia de la vida, de pronto, toma al cuerpo que tanto tiempo ha trabajado, más que para triunfar, para convocar la potencia de un deseo como este. Así, el acróbata da vuelta la ecuación: ahora la quietud y la seguridad no son las metas. El vacío no es el enemigo. Ahora el paso más allá del suelo conocido es la intensidad de un movimiento que concentra toda la vida. Y luego habrá tiempo para desbandes. Y, después, otra vez, nuevos pasos. Equilibristas: penduladores de textos que se escriben en el aire para que el espectador lea. Del mismo modo en que la escritura intenta dar cuenta de lo innombrable, apostar a desmontar toda idea de lo permanente y descubrir piruetas tan impensadas, que necesiten ser fundadas en el vacío para poder ser.

Emilio Mariño. Equilibrio no espacio I
Emilio Mariño. Equilibrio no espacio I

 

 




MANUAL DE MUJERES Y MUJERES DE MANUAL

Ultraviolento: sobre la ultraviolencia y las mujeres en la historia.

Por Cecilia Miano

EL ANCHO UMBRAL

Brujas, manipuladoras, madrazas, atrevidas, putas, maestras. Lector, haga el ejercicio de poner estos adjetivos en masculino; no existen, se usan poco o encuentran otro sentido. imagesEsto es porque las mujeres cuentan con un universo propio -para bien y para mal-. Pero siempre, dentro de aquello que todas pudieran tener en común, hay alguna destacada por cierta singularidad en la  potencia  para provocar reacciones en el resto. En contadas ocasiones, esto transforma realidades. Fundamentalistas, confrontadoras seriales, lógicas, matemáticas y tantas otras hacen saltar al género femenino más allá del tímido umbral de la expresión única, irrepetible y propia. Y aún más, redoblan la apuesta de ensanchar el umbral y transformarlo en una casa.

Umbral Zdzislaw Bcksinski Umbral Zdzislaw Bcksinski

DAMAS Y TABLEROS

El lenguaje se encarga de restituir historias, de confrontar realidades y hacer surgir sentires. Hace unos días, la situación que voy a contarles se impregnó de este modo vital de las palabras: la sorpresa asustó desde sus pliegues y asomó como si las costuras de la lógica se hubiesen abierto. Pocos días atrás me enfrenté con una señora, el resultado debería ser olvidable. El caso es el siguiente: los espacios físicos en una escuela suelen ser esca-

descarga (1)sos, pero en la que habito deben ser inventados. La necesidad de un salón de clases para un grupo de secundaria de la Escuela Especial -que articula con el mismo nivel de nuestra escuela- busca desesperadamente su propio universo. Desde hace casi dos años funciona en la biblioteca escolar, por eso, la vida de clase es interrumpida con visitas inesperadas, con mudanzas por una hora a distintos espacios y muchas otras incomodidades. Así surgió la campaña en busca de un lugar propio. Reuniones con autoridades de todos los colores no encontraron ninguna solución. En esta encerrona, los dimes y diretes ante la búsqueda de una rápida alternativa exponen la justicia en el argumento de cada actor. Se sabe: los lugares no se expanden con solo desearlos, como si la fuerza de la necesidad construyera paredes por arte de magia, de la noche a la mañana. Por el otro lado, está la resistencia al cambio, sumada a que quienes  exigen lo nuevo no pueden redondear propuestas. Entonces, los lugares amables se tornan hostiles, los vaivenes dejan de tener ritmo y se transforman en desorden. El problema sube de nivel, explota, por así decirlo, cuando el primario –al que pertenezco- acepta, por el lapso de treinta minutos, el desalojo de la sala de maestros. Como directora asumo la mala idea de la propuesta. Rápidamente quiero salvar mi error y reclamo otra solución. El tono de la símil charla tiñe de un intenso violeta mi cara. Es en ese momento cuando la señora de la palabra seca y filosa me adjudica palabras como “Esto es un capricho. No tenés la mente tan abierta como parecía. No puedo creer este reclamo de vos. Pensé que el tema estaba solucionado. Los chicos están primero. Las maestras sólo toman mate en su sala. Las docentes deberían pasar más tiempo en tu dirección para que charlen con vos de sus prácticas.”  Todas frases ajenas a la realidad de mis parlamentos, ajenas a la concepción que tengo de los niños, de los docentes y de la educación. El violeta se vuelve agua, el agua amarga cuela por los rincones de la escuela que espera soluciones. La sensación es que, no importa qué hubiera dicho yo, ella no entablaba un diálogo, sino un combate donde esperaba poder asestar el golpe de su imprecación. A las armas no las construye ni las elige durante la charla, las trae desde antes. A decir verdad,1200px-Chess_piece_-_Black_queen no conversa, blande su espada, casi sola, contra mi imagen tajeada en el aire. El látigo de la traición provocó la furia de lo inesperado. Tal vez, la falta de un diálogo verdadero ayudó al caos y  derrumbó toda posibilidad de resolución. Entonces, el problema tomó cuerpo y creció  sin pedir permiso. Lo violento quedó atrapado entre la ausencia y la cobardía, sin salida. El golpe de las palabras fue seco, las frases comenzaron a entretenerse solas, el diálogo se guardó para otra ocasión. Sólo quedó un palabrear, una disputa de poder sin demasiado sentido.

En esta partida, casi todas somos mujeres quienes, tal como en un juego de ajedrez, consideramos que terminar en tablas es pérdida para todos. Por eso, las damas dejamos el trono y decidimos batallar. Las batallas son sonoras, los atropellos indican movimientos violentos y dejan huellas. Acá las voces se acallan, las pausas se vuelven días y la solución, parte de otro frente. Debo destacar, como todos sabemos, que en toda batalla hay pérdidas y esta no fue la excepción: pérdidas que se perciben rápidamente y limages (1)as otras, que devienen con el tiempo.

 

¿MUJERES ERAN LAS DE ANTES?

En la antigüedad las mujeres tuvieron menos cartel que los varones. En las familias su rol images (3)solía limitarse a las cuestiones domésticas. Después de ciertas lecturas, presiento que, aun si en términos estadísticos lo anterior es cierto, siempre hubo excepciones.  Por ejemplo Pigna en su libro “Mujeres tenían que serrelata “Otro papel de las mujeres de entonces, no siempre recordado, fue el de «agentes de inteligencia» de sus parientes varones, a veces con fervor patriótico, otras como resultado de la «natural lealtad» de familia. En una sociedad cruzada por las facciones políticas, las esposas de los «próceres» —que entonces eran, simplemente, hombres de la elite dedicados a la «cosa pública»— eran parte de ese mundillo donde Mariquita Sánchez, Anita de Riglos, «la gata Saturnina» (apodo cruel dado, por su flacura y sus uñas afiladas, a Doña Saturnina de Otálora y Riveros, esposa de Cornelio Saavedra) o «la Andaluza» (Carmencita Quintanilla, esposa de Alvear, nacida en Cádiz), entre otras damas distinguidas, hacían circular noticias, rumores, verdades e infundios que pudiesen beneficiar a los suyos y perjudicar a los ajenos. En muchos casos, las víctimas preferidas de la difamación eran otras congéneres, lo que en tiempos donde las barreras entre lo público y lo privado eran ambiguas servía también a fines políticos. El rumor, fuese cierto o inventado, de las infidelidades de las esposas de oficiales destinados al f44981273_21477891rente era moneda corriente.”

¿Serán hoy más que entonces? Las condiciones, sin ser óptimas, han mejorado. Pero el coraje no es algo que dependa exclusivamente de las condiciones. Dejo este interrogante colgado y  doy otro salto en el tiempo.

 

ESCUELA DE MUJERES

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Las mujeres más feamente peligrosas, las que ejercen la misma impunidad del poder que cuestionan de los hombres, no son las únicas ni la mayoría y se contraponen a otras. A lo largo del relato de la historia, las páginas se llenan de héroes masculinos y las mujeres -muchas veces- sólo están para apoyar a esos hombres todopoderosos. Con el correr del tiempo y  sus relecturas, el cambio de foco pudo rescatar a algunas inolvidables, que marcaron por sí mismas el paso de los acontecimientos. Las que rompieron el molde, las poderosas de espíritu capaces de salir de lo acotadamente esperado para ellas y conquistar sus convicciones. Solas o acompañadas, pero con una certeza: el solo intento de sus acciones cambiaría la realidad de su época.

Las maestras quienes, de la mano de Sarmiento, importaron las bases de un sueño grande, en su mayoría eran mujeres: jóvenes, solteras, soñadoras, altruistas, atrevidas y convencidas de extender el paisaje de muchos, por medio de su aporte. Las ideas impulsan puntadas de acción y así otros pueden ejercer destinos más amplios. A los veinticinco años, Mary Gorman fue la primera docente norteamericana en llegar al país. Según los planes de Sarmiento, su destino sería San Juan. Sin embargo, Mary pudo acceder a su cargo cuando Sarmiento fue presidente. Más nombres para retratar la hazaña son  Mary Graham, Florence y Sarah Atkinson, Clara Gillies, Sarah Harrison, Cora Hill, Amy Wade, Martha Graham, Charles y Clara Armstrong entre muchas otras, quienes debían contar -además, de su formación en las ciencias de la educación- con un excelente estado físico y mental para soportar las inclemencias de la vida en estas tierras, por entonces bastante inhóspitas.

¿Cómo habrán sonado sus nombres en los argentinos?, ¿cómo habrán sonado los aromas, los paisajes, las bebidas autóctonas en ellas? En este caso las barreras de lo imposible para la época fueron corridas, los títulos florecieron en bandejas de saberes novedosos hacia ambas partes: para los argentinos y para las maestras norteamericanas. ¿Y antes de la llegada de los europeos a nuestras tierras?, ¿qué pasaba con las mujeres?

MUJERES DE LA COLONIA

Las mujeres de la colonia sufrieron traiciones eternas, tal vez como las actuales pero con distintos colores. Originaria del sur de México, Malinalli, más conocida por la historia como Malinche, es una de las más famosas referentes femeninas de la primera parte del siglo XVI. Su vida es una muestra de brutalidad extrema. Su destino fueron la desdicha y los amores desencontrados en su corazón. Hija de caciques, su vida se encorva con la muerte de su padre. Fue entonces quedescarga (3) su madre, vuelta a casar y vuelta a ser madre -esta vez de un varón- decidió vender a su primogénita a un cacique llamado Huatley, de Tabasco. Huatley, tras un encuentro con los europeos, la entregó junto a otras doncellas en parte de pago para una alianza de paz, que también incluía algunas monedas de oro y mantas a Hernán Cortés. El desamor mostrado por el europeo se advierte desde en las pálidas palabras usadas para describirla. Así, la historia aparece tímida en boca de testigos que documentaron la no historia de amor. La Malinche, que oficiaba de intérprete y de amante del “conquistador”, practicaba un amor genuino y fiel hacia él, con quien tuvo un hijo, llamado Martín en honor a su padre. Cortés, “en muestra de sus sentimientos hacia ella”, la obsequió a Alonso Hernández Portocarrero Y esto no quedó aquí: cuando todos pronosticaron que, después de enviudar él, finalmente se casaría con la Malinche, la hizo casar con un colaborador llamado Juan Jaramillo. Así fueron los días de la Malinche, de tropiezos familiares, amorosos e históricos ya que, además, sus propios compatriotas la tildaron de traidora por su amor a Cortés. La viruela la llevó pronto, con sólo veintisiete años, pero su huella es recordada eternamente.

MUEJERES DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Como si la historia hiciera un rulo hacia atrás, si pensamos en el uso de los adjetivos que citaba al comienzo esta nota, ahora se actualizan y ajustan a las realidades de lo cotidiano de muchas de nosotras: mujeres del siglo XXI, embarradas en la lucha por no ser ultraviolentadas, de formas más sutiles o más típicas de esta era. Hoy vemos ultraviolencias (sí, podemos llamarlas así, porque el esfuerzo que implica ir contra lo anquilosado, durante tantos siglos, implica quebrar, violentar lo violento instituido) que son caminos, intentos de romper para crear algo nuevo, para liberar, para dar más fuerza, para recuperar.compos. mujeres

Es importante aclarar que no se pretende con el desarrollo de estas líneas pensar en mujeres mejores o peores, destacar el antes o el ahora como contrapuntos. Pretendo dar una vuelta, junto al lector,  por la historia de todos y por la propia para testimoniimages (2)ar, solo a través de algunos ejemplos, la violencia ejercida hacia el género. Quiero hacerlo, desde una perspectiva de concepciones históricas, y nunca desde un fundamentalismo feminista que no comparto. Pintar paisajes con historia siempre abre otros lienzos posibles.




EL TACTO DE LOS OBJETOS

El Olvido: sobre los objetos en el Museo de Salliqueló
Por Cecilia Miano

SALLIQUELÓ, AL PASO

Lo eterno resulta efímero cuando inquietudes constantes y urgencias sin límite abrazan los días. Entonces, ese fondo se vuelve escurridizo y buscamos objetos para dar cuenta de huellas: fotos, videos, objetos, lazos, cápsulas para atesorar momentos. La cronología se retrae hacia el rincón del mero transcurso.

MUSEO

 

En Salliqueló la historia se reconstruye en salones antiguos que pertenecieron al Ferrocarril. Ahora forman parte del Museo Histórico Regional. Pueblo chico, este punto perdido en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires abre su historia en etapas que confluyen. En ese cruce de caminos, los personajes que habitarán esta nota pensaron juntos, planificaron sus propias vidas en función de reconstruir retazos del pasado para iluminar el horizonte. Salliqueló, voz  aborigen- médanos de los zorrinos-, se queda pegada en los frunces de la memoria. Allí está, la historia con la puerta abierta a nuestro presente.

LA TRINIDAD

Gabriel Campomar Cervera es el primer entusiasta de la recolección de objetos de aborígenes que poblaron nuestros campos. Y Rodolfo, el segundo entusiasta, cuyo trabajo trascendió los límites de nuestro país. Ellos ya no están, pero sus nombres aún dan cuerpo al Museo. Voces, gestos, tonos, perfumes irrumpen en medio del día, se afirman como presencia y se resisten a ser solo nuestros queridos muertos.

Al dúo se le suma una pieza clave en esta historia, la museóloga Marta Villacampa, encargada desde hace varios años del Museo. A los tres los une la amistad con esos objetos que amplían el territorio entre vivos, muertos y nonatos.

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A VUELO DE ARCÁNGEL

Gabriel: Su nombre ya tiene ecos poderosos: en hebreo, el héroe de dios, uno de sus “muchachos de confianza”, su arcángel. Así, en honor a su nombre, en sus ratos libres, este hombre sobrevolaba los campos de médanos en busca de huellas de la vida anterior a la inmigración, anterior de la campaña del desierto, anterior a nosotros.

La devoción por atesorar para no olvidar, tal vez para dar cuenta.

Ese “ángel” se cruzó un día con Rodolfo. Y, desde entonces, algo como si el azaroso destino  cruzara su hacer con la laboriosidad de Marta quien -hormiga obrera- se fundó a sí misma como guardiana del camino.

Rodolfo se atrevió mucho más lejos que las fronteras de su pueblo natal y se hizo mundialmente famoso. Caprichoso, único, especial hasta para elegir el día de su nacimiento, porque nacer un 29 de febrero ya marca una señal de lo particular. Su currículum dice que fue Licenciado en Antropología y Doctor en Ciencias Naturales (UNLP). No perdonó ninguna institución de prestigio y se desempeñó como Investigador Superior del CONICET (PK). Tampoco iba permitir que su paso no dejara huella en los museos: Jefe del Departamento de Arqueología del Museo de La Plata y Director del mismo, desde 1996 hasta 1999. La UBA y la Universidad Nacional de La Plata también guardan el sonido de sus andar por sus pasillos.  Brilló en Washington y en Camberra. La National Geographic Society dijo: “este tipo vale la pena” y le dio varios subsidios en apoyo de sus investigaciones en los Andes Sudamericanos. No llegó a El Anartista, pero  fue Director Fundador de la revista Tawantinsuyu, representante por Argentina y Miembro del Bureau en la Union Académique Internationale. Entre misión y misión arqueológicas- dirigió un centenar- publicó más de ciento treinta obras, entre ellas “Los Inkas del Kollasuyu” y “Poblaciones Indígenas en la Argentina”. Obtuvo el Premio Nacional de Arqueología Argentina y la Mención Especial en el Premio Nacional. Para la despedida, el destino eligió por él, un 25 de mayo.

LONDRES EN CATAMARCACATAMARCA

La pasión de Rodolfo lo llevó hasta Londres, en Catamarca, pueblito en honor al lugar de nacimiento de una reina que nunca conoció sus paisajes: María Tudor de Inglaterra, esposa de Felipe II. Pero la historia tiene estos vericuetos y la cultura incaica sí dejó huellas, ocultas a simple vista, imperceptibles para inexpertos.

El Shincal de Quimivil es una ciudad precolombina ubicada en este lugar, así como lo dice el prólogo del libro con el mismo nombre: “Se trate de una aldea, un cementerio, una ciudad, la gestación de la morada del hombre en su vida y en su muerte, es el resultado de múltiples disparadores. Materia, energía y talento”. Uno no puede recuperar la plenitud del modo y del deseo del pasado, pero se puede acomodar el olfato y leer huellas: “(…) amalgamados con tecnología, demografía, ideología, guerra, acuerdos y conciliábulos. Esos mecanismos propios de la conducta humana fueron y son los gérmenes fundacionales. Así las imágenes arquitectónicas y urbanas fueron adquiriendo su fisonomía de acuerdo a diferentes normas y estilos, autóctonos o difundidos, que prevalecen en el acto fundacional y en las remodelaciones posteriores.”

Las marcas son profundas: como un boomerang, Rodolfo hizo que la historia se representase. Y ahora la historia cuidará la presencia del hombre que le devolvió la luz.

MARTA VILLACAMPA: LA VOZ A TIEMPO

Amiga personal de Rodolfo, ella abarca con sus brazos y sus labores, todos los rincones de la historia. Empeñada en poner el cuerpo para darles vida, habla hasta por los codos, con voz

PAPELsuave, con mirada profunda. Crece sin pedir permiso, puebla con historias, es generosa con su saber que parece inagotable. En su amabilidad hay un tono que salva distancias en el tiempo y los paisajes se dibujan con objetos, las personas toman vida y ahí está la magia.

LOS OBJETOS Y EL TIEMPO

El museo aloja a los objetos que impregnados de tiempo. Cada reliquia cuenta su historia real o recreada para que otros puedan trasladarse, un rato, dentro de una huella, a otros recortes de la historia.

Todos suponemos que entrar a un museo es recorrer la cultura. Sin embargo, para este pueblo pequeño es resistir, buscar muros que contengan las costumbres, las huellas, embriagar el sentido común y colgar un vestido de novia en un maniquí, dispuesto a dar a COSERbatalla a la imaginación, a descubrir escondites secretos en su historia e intentar confesar su gala. ¿Es muy pretencioso conjeturar qué cara tendría la dueña de este vestido de novia? Sí, hasta sería innecesario (pero, confesá, lector: ¿nunca se te ocurrió?) También podemos dibujar con las puntadas a mano la silueta de aquel cuerpo, encontrar en los dobleces del corset un guiño de atrevimiento. El largo de la prenda muestra la altura casi exacta y es capaz de llevar adelante la escena. Los brillos opacados por los años capitulan la mirada de quien no quiere dejar pasar la ocasión y divagar, porque se trata de armar paisajes completos con huellas rezagadas.

EL SUEÑO ALQUÍMICO

Todo se hermana, el norte llega a Salliqueló en una joya catamarqueña: disco de metal del período en el que la metalúrgica tuvo mucha importancia. ¿Habrá sido que alguna vez los pueblos originarios priorizaron en adornos? Porque, en general, se distinguen objetos de uso. ¿Habrá existido entre ellos la mera categoría decorativa, “adorno”? Lo cierto es que la aleación de los metales logró el viejo sueño de la alquimia: el bronce diluido en grandes hornos ubicados entre montañas descubría sorpresas. Primero se hacían moldes de arcilla y luego los llenaban con bronce. Desmolde y listo.

disco de metal

La pieza antiquísima fue un regalo del Dr. Raffino al Museo de Salliqueló. ¿Dónde estaría ubicado originalmente este disco de bronce? ¿A quién está dedicado tanta orfebrería? Detalles que siguen  en busca de imaginarios que los reescriban en historia.

Los objetos se vuelven preciosos sólo para quien los mira con valor. Trascienden, como si en ellos se percibieran las manos que los usaron. Tal vez, sin siquiera verlos, podemos percibirlos. Por ejemplo, la vasija de barro en la estantería central del salón más importante del museo brilla sólo por obstinación, no pareciera que un voroga hubiese estado preocupado por el recipiente donde preparaba su comida. Aun así, los susurros abrazados a las capas de ese barro cuentan de su valor, de la composición familiar y de su protagonismo en las aldeas. Porque la historia está, los objetos son excusas para animarla.

SÓLO PARA EL MUSEO. TODO POR EL MUSEO

Quizás el objeto más preciado de Marta es su libro de historia, escrito en borradores desde hace años. Tal vez el ajetreado, entre los huecos de sus rutinas, su edición se haga esperar. La materia prima está más que lista, la letra corre sin pausa por los renglones de nuestra historia.

En ellas no faltará el momento en que Rodolfo llega con su medalla, fulgurosa, llena de desafíos alcanzados sólo por la terquedad de seguir un camino incierto. Él no quiso que se guardara en otro lugar, el Museo sería su guarida. Así, consumó la revancha del niño que quiere ser arqueólogo y del adulto que sostuvo estas ilusiones y la hizo el centro de su existencia. Esta medalla, tal vez represente para el pueblo la tozudez de guardar memoria en los objetos, de ir más allá de lo conocido y hacer, de cada instante, un encuentro en el laberinto de los tiempos.

HUELLAS




SALE CON FRITAS

El cuidado del otro: Sobre Salliqueló, lugar donde lo inverosímil hace escena.

Por Cecilia Miano

Lunes 6 de marzo de 2017

EL  BESTIARIO

Vericuetos insondables, reclamos que deberían ser derechos, derechos que se yerguen en lucha, luchas que agotan y potencian a la vez. El 2017 arranca con el guardapolvo blanco y el panorama negro. ¿Por qué un médico es casi admirado cuando logra cobrar exuberantes honorarios y cuando se trata de un maestro, todo queda bajo la sombra del abuso, la exigencia desmedida e, incluso, la vagancia? ¿Cuándo sucedió que la imagen tCEPILLOan elogiada del maestro público comenzó a ser el blanco de proyectiles desmesurados e injustos? Marchar es dejar a los alumnos sin educación. Marchar es un modo de “politizar” sin trabajar. Trabajar, trabajan poco, porque tienen dos meses de vacaciones, como nadie. ¿Cuándo se inscribió este imaginario?, ¿o debería decir, bestiario?

PUEBLO CHICO, PREPOTENCIA GRANDE

La sociedad cree que los docentes reclamamos salarios, cuando la verdad de la situación propone muchos más rizos, complejidades y baches que los vistos en los titulares de los diarios y medios virtuales. Para dar un ejemplo de cómo el derecho a huelga es visto como un exabrupto de vagos unidos, veamos qué sucedió en Salliqueló. En pleno día de paro, el ministro de educación de la provincia de Buenos Aires llega hasta este pueblo. Lo hace sin mucho preámbulo público y, con mucha celeridad, LAPICESse abalanza dentro de la única escuela del distrito que está abierta. El hecho hubiese sido un acontecimiento importante para toda la comunidad, si las condiciones para llevar adelante semejante acto, con semejante presencia ilustre, hubiesen sido distintas.  Las cosas ocurrieron así: a las ocho de la mañana, en el momento en que la escuela abría sus puertas para dar comienzo al ciclo lectivo, se anunció que el acto de inicio se realizaría a partir de las diez, porque el Intendente no podía llegar antes. A las nueve, sólo  quienes, por alguna razón, tienen cercanía con la policía o  con los medios de prensa sabían que el Ministro arribaría a las diez.

“Ministro de Justicia”, anuncian primero.

Luego, teléfono. Un breve llamado diez minutos antes del aterrizaje del avión.

Y, como salido de una galera voladora, llega al aeroclub el avión que trae a Finochiaro, ministro de educación de la provincia de Buenos Aires.

BALDAZO

Diez minutos antes de la hora prevista para el arribo del Ministro, me preguntaba en cuánto tiempo una persona es capaz de preparar la cabeza y pensar de manera ordenada ante algo que sobreviene. ¿Cómo es posible que llegue una autoridad tan importante al pueblo y nadie sepa nada?, me preguntaba, a la velocidad de quien intenta estirar cada minuto de los diez que dispone para actuar con coherencia, para no dejarse llevar por la marea de los hechos. Como es habitual, primero reaccionan los objetos. Mi guardapolvo- siempre listo- se acomoda a mí. Llego hasta la escuela céntrica del pueblo. Algunos compañeros ya están en la vereda.

LOMBROSO PARA DOCENTES

El Ministro entra a las diez horas y dos minutos. La puerta se cierra y nadie más puede entrar. ¿Quién quedó adentro?, ¿quién, afuera? En eso se acerca una conocida. Me dice que le impidieron el paso porque “tiene cara de docente”. Ella es profesora, pero no viene por su cargo. Sólo pretendía ver a su sobrino en el primer día de clases. Nada conmueve al heroico policía apostado a la puerta.

-Negativo. Nadie más puede pasar, no importa quién sea.

El desconcierto se vuelve certeza que taladra el pecho. La cosa está clara: los de adentro y los de afuera, como si fuésemos de otra raza. Como si el Ministro viviera una realidad paralela, puertas adentro, con alumnos preciados, con prácticamente ninguna familia. A decir verdad, la familia “de adentro” es, en su mayoría, la familia policial. Policía de civil. ¿Pero no íbamos a

FOCOinaugurar el ciclo lectivo? ¿Cómo es que “la cara de docente” te deja afuera de la apertura de clases en una escuela? ¿Será que cuando inauguren una comisaría nos tocará a los de guardapolvo blanco?

EL TEATRO DISCIPLINARIO

Me tomé el trabajo de escuchar, durante toda la campaña política del oficialismo, lineamientos y declamaciones acerca de que “la educación era el pilar de una sociedad, donde el maestro resultaba un ser intocable y necesario para la construcción de un futuro mejor.” Qué lindo. Aunque nada de eso condice con este acto público a puertas cerradas, con estos alumnos que preguntan, “Seño, ¿qué pasa adentro?”, con estas palmas que gritan “paritarias” y reclaman lo que ya tenían.  ¿Cómo explicarles que adentro se ha montado un teatro, donde los policías hacen de familia escolar y donde el Ministro simula que los policías de civil no son policías? ¿Dónde queda el diálogo? ¿Dónde quedan los chicos? ¿Qué les enseñamos hoy a todos? ¿Qué nos enseñaron hoy los políticos de turno?

 ¿LA VIDA ES UN DIBUJITO?

Hoy aprendimos todos que las realidades se dibujan. Ahora, si uno no se deja engañar por lo plano y lo llano del trazo, es posible ver lo “real” sin turbaciones de intereses creados por otros, en quienes no creemos y a quienes muchas veces ni siquiera conocemos.

BHUOUn pueblo como Salliqueló entra en conmoción por estas llegadas  intempestivas al pueblo de parodias y violencias nacionales. Pero también tenemos lo nuestro, lo autóctono. Un solo auto fuera de sitio, lo inesperado desequilibra todos los presupuestos de este territorio. Hago una bisagra. Salgo  hacia la puerta de la escuela. El cuidado y el descuido del otro avanzan hacia el umbral que concreta estas dos escenas. Si el lector quiere, que venga conmigo.

 DE REGRESO, MIRTA

Escena  1:

El viernes se acerca con miedo, despacito para no molestar. A brillo de lampazo, el pasillo se abre hacia la vereda. Desde allí una voz en descalabro extraña la paz de una escuela en Saliqueló.

¡Se robaron mi auto!

En este pueblito tormentoso para muchas cosas, esta noticia no puede ser real, así como así. Los vecinos casi siempre dejamos nuestros autos con las llaves puestas. Como mucho, a la hora de la siesta, debemos soportar el  rugido de los escapes de motos. Sin embargo, la voz de la vecina ha roto el precario equilibrio universal de este pequeño lugar. No me amedrento y me acerco a la vereda de la escuela, con pocos alumnos este viernes del paro docente. Allí me espera la mirada celeste espantada de Mirta.

¡Me robaron el auto!, ¡me robaron el auto!

Y su desconcierto cae hacia el asfalto.

Escena 2:

Lo inconcebible primero fue una voz. Luego, un rostro. Luego, un relato. Lo inconcebible en forma de relato dijo que a Mirta le robaron su auto. Un sismo en la llanura. Inconcebible. Un auto robado en Salliqueló, en la puerta de una escuela. Los segundos se entrelazaron con la mirada hacia la esquina, donde mis manos, independizadas de las determinaciones del reloj, se agitaron en dirección a una patrulla policial.

-Robaron un auto-  dijo mi desconcierto. Sus anteojos interceptaron la señal e hicieron reflejo en una mueca de sus labios gruesotes. Entre risa y turbación, lo inconcebible no pudo diluirse ni siquiera en el intercambio de datos.

- Mi auto es así y asá, de tal color, de tal marca- Mirta, pausada, como si  el tiempo se REVUELTOhubiese detenido sólo para dar paso a una comedia ideada por algún autor aburrido, ávido de un grotesco.

Escena 3:

Lo inconcebible se desperezó con modorra y el móvil salió con Mirta y oficial a bordo. El silencio de la calle y la mirada en busca del auto se perdieron en la incertidumbre. Los alumnos no saben. Los vecinos no saben. Sólo tres lo sabemos. Y eso le da un peso singular -más singular aun- a lo inconcebible.

-Éramos pocos y nos roban un auto- pensé para mí, como si ya no hubiera bastado esta semana con el  conflicto docente.

Mi celular suena en medio de la ronda improvisada, ahora en el SUM de la escuela, a metros de donde sacaron el auto. Jimena, docente, relata rápido cómo vio, a través de su ventana, a un señor que se subía al auto de Mirta y se iba, pancho él, con rumbo incierto.

Entonces Mirta tiene razón. Le robaron el auto. Velaremos lo inconcebible.

Las conjeturas se arman en torno al seguro, cuánto cubre, cuánto combustible tiene el auto para armar una hipótesis de hasta dónde el ladrón podría llegar. Todo en simultáneo, todo en voz baja para no alarmar a nadie… no somos más que unos docentes de primaría y algunos profesores de educación física del secundario.

Ahora, a aguantar a la falta de docentes, alumnos, padres y la intromisión del delito, la policía dentro de la escuela.

Para ser honesta todo se relaciona con todo, como decía mi abuela, la policía se vuelve protagonista como lo fue en la escuela más céntrica del pueblo, el primer día de clases. Aquella vez, con policías que simulaban ser padres, con sus manos en alto para custodiar al Ministro que, raudo, salía a pura sonrisa prestada del perchero. Me pregunto cómo será la noticia en el caso de Mirta. ¿Qué género dramático elegirán? Los chismes comienzan de a poco y, en momentos, pueblan el lugar con total naturalidad. Porque esto, señores, es Salliqueló. Y lo inconcebible se vuelve nosotros. Veremos.

Mirta no regresa.

Escena 4:

Celular, celular, celular… timbre, timbre, timbre, no sé, a lo mejor no sonó más de tres veces. Miro y atiendo al mismo tiempo. Gritos de horror dan una señal de alerta. Entre los sollozos, no encuentro espacio para imaginar la historia dentro de esa gritería. Mirta surge en medio de la escena, finita, y se mezcla con la palabra:

-No aparece, Ceci. No aparece.

Escena 5:

Siento culpa por haberla dejado ir sola a la sede policial. Le aviso que voy, pero la voz se aclara un poco y la angustia dice: circulamos por un camino vecinal, hacia la zona de Leubucó. De inmediato, el interrogante, ¿por qué Mirta está en la persecución?, ¿por qué su pelito rubio se mueve al compás de los golpes del piso arenoso y gastado por el viento?  Es NOVILLOevidente que lo inconcebible ocurre en Salliqueló. Su cuerpo delgado en bamboleo incansable por el medio del campo, en busca de su auto. Escucho el bamboleo en su voz, en su desesperación entre golpeteo y golpeteo. Imagino también la nube de tierra volar delante del móvil. ¿Cuánto puedo conjeturar en medio de tanto asombro? Pero, claro, esto es Salliqueló.

Escena 6:

-No aparece, Ceci. No aparece.

La secuencia se repite, queda como fondo. Ahora escucho la radio de la policía. El operativo es grande, la policía de la zona está alerta, toda la información se replica como rezo de PERROdomingo y Mirta logra un poco más de calma. Nos reímos juntas, siempre alivia comparar el presente con la hipótesis de una tragedia mayor: si algo ocurriera con su salud, si algo les ocurriera a sus adorados perros salchichas. Después de muchos minutos y una caminata por la escuela en busca de razones valederas para sacar la risa de Mirta, le digo:

-Mirta, con esto voy a escribir un cuento-

Y ahí sale ganadora la risa genuina, sale entre la  desesperación.

-Qué loca que sos- escucho con entusiasmo.

Cuelgo, con la promesa de llamarla más tarde.

Escena 7:

Cumplo con mis promesas siempre.

Diez o doce minutos más tarde vuelvo a llamar. El rumbo ha cambiado, el destino es Caruhé. Las imágenes vuelven a mí en un instante. El señor policía dice que no lleva toda su ropa de trabajo puesta, pero yo lo vi vestido, concluyo que… mejor no hacer conjeturas.

Mirta, en alerta, ya instalada como parte del paisaje, dice algo que no se entiende, se entrecorta la comunicación, la baja señal da el fin. Unos minutos más tarde mi celular avisa. La voz jocosa de Mirta sigue cortada. “El lavadero”, escucho como al pasar. Según cuentan mis compañeras, mis ojos se arquearon, la boca se abrió en mueca de horror y fue así cómo entendí que su auto había sido retirado de la escuela por el señor que le lava el auto a Mirta casi todas las semanas.

P.D.: el patrullero dejó a Mirta media hora más tarde. Ella, en medio del campo, llamó al lavadero y allí encontró su vehículo. Los policías ya no tenían razón de permanecer. El comisario se enteró de la noticia, en las cercanías de Trenque Lauquen. Iba en su auto particular, como parte del operativo.

¿Qué perseguían Mirta y el policía?

De regreso Mirta en el patrullero, como si nada hubiese pasado. Tal como en los grotescos, lo real se vuelve engorroso. Lo irreal nos circunda. La verdad es puro cuento. Lo único seguro es que lo inconcebible sucedió en Salliqueló.

Lo inconcebible es un descuido de lo real, una grieta que ensancha los bordes de lo esperable. Quedamos en medio de un asombro sin fronteras. Los refugios habituales no sirven, los nuevos no aparecen. Paradójicamente, el descuido cuida a nuestra mirada de volverse siempre igual a sí misma. Nos volvemos otros. Y, con esa nueva mirada, vemos a la mentira uniforme apostarse fuera de sitio, a la ilusión equivocar el rumbo, a la memoria montar sus trampas.

Mirta tiene razón.

No aparece , Ceci. No aparece, Ceci. Pero no se trata del auto. Siempre hay otro por venir.

Ya llega, Mirta. Aunque tarde. Ya llega.

PAJARO




ESCRITO A TRAVÉS DEL OJO DE UNA AGUJA

El Lado B: sobre Jacques Prévert

Por Cecilia Miano

DESPUÉS DEL DESAYUNO

La mañana se despierta. Creo que ha llegado el día en que las palabras se alinean de acuerdo a exactos órdenes imaginados entre nubosidades de letras. Las tengo, pienso con cierta incertidumbre. Pero lo justo es decir que nunca las alcanzo por completo, las letras se cuelan como agua entre la malla del género abierto y me queda la nada… otra vez. ¿O cierto residuo permanece?

Maniquies_L Ferrari
Maniquíes – León Ferrari

 

Pienso en Jacques Prévert.

Desayuno

Echó el café
En la taza
Echó leche
En la taza de café
Echó azúcar
En el café con leche
Con la cucharilla
Lo removió
Bebió el café con leche
Dejó la taza
Sin hablarme
Encendió
Un cigarrillo
Hizo aros
Con el humo
Echó la ceniza
En el cenicero
Sin hablarme
Sin mirarme
Se levantó
Se puso
El sombrero
Se puso
La capa de lluvia
Porque llovía
Y se fue
Bajo la lluvia
Sin una palabra
Sin mirarme
Y yo tomé
Mi rostro entre las manos
Y lloré

 

PORTADA PAROLES

Primera edición de ‘Paroles’,
Editions du Point du Jour,
“Le Calligraph”, Paris 1945

                                           Jacques Prévert

10Pcs-Set-Metal-Silver-Household-font-b-Sewing-b-font-font-b-Machine-b-font-ThreadingAsí, sin vueltas, comienzan algunos días, con café, leche y tempranos desencuentros. Porque las palabras desesperan por una gramática para religar con los otros, con otras palabras, con los objetos. Así combaten, para no caer desvanecidas, ya desde el alba, sin poder producir sentido. Del lado A, las palabras son puentes. Pero, del lado B, por su misma búsqueda de otras, nos muestran la última soledad en que ellas y nosotros nos encontramos. Así, solitas, no se rinden, buscan ser sujeto, aliarse a un predicado, ampliarse, expandirse. Se suben a un colectivo y toman la gramática del colectivo. Bajan y se alían con la gramática de la vereda. Llegada la noche, se ovillan con la cadencia de la almohada y esperan que el nuevo día proponga nueva alianzas. Pero, atención. Las palabras también se encierran y sólo dicen en leves goteos, en puntadas cortas que rompen la mañana de sol y enredan hilos que no alcanzan nunca el ojo de la aguja.

DESPUÉS DEL DESAYUNO COMIENZA TODO

315f0cbd28f73f635c95bb112d9cbd85Sentada frente al papel, despierta, sin sombras, vuelo por lo bajo, sospecho resultados y comienzo. De repente, la pantalla se sorprende. El arte del que no dispongo es tan sutil que esas enmarañadas letras se ensiluetan en armonías imperceptibles, al igual que en una costura. Los hilos se enlazan de manera tal que, finalmente, ellos dicen la forma de la pieza única e irrepetible que creemos de nuestra autoría.

La trampa de este arte se esconde en los pliegues. Un vestido se gana la aprobación, cuando el cuerpo que acompaña lo luce entre pasiones, cuando el género logra caer con gracia, acompasar movimientos imprevistos y ondear con elegancia entre otros. En la escritura, aparece el lector que pone el cuerpo para llevar la textualidad adelante. Ese lector, en ánimo y sensibilidad, galantea y modela cada una de las unidades de sentido y anda la escritura en diferentes modos de leer y ocasiones. Como quien hace de un texto un vestido de gala que, del ruedo, sea capaz de volverse un jogging de fajina. Puede ocurrir que la profundidad no exista, que las hilachas en contraste cuelguen de la prenda y ésta se torne pesada e inentendible; incluso que se abra en inconclusas inspiraciones de deseos. Aun así, la costura intenta suturar. Es domingo, todo puede ser o dejar de serlo. Para otro cuerpo, esta misma prenda calzará como hecha a medida.

DOMINGO

Entre las filas de árboles de la avenida de Los Gobelinos

Una estatua de mármol me conduce de la mano

Hoy es domingo los cines están repletos

Los pájaros desde las ramas contemplan a las criaturas humanas

Y la estatua me besa pero nadie nos ve

Salvo un niño ciego que nos señala con el dedo.

                                                    Jacques Prévert

¿Qué une a ese rostro que se toma a sí mismo entre las manos, como sustituto del otro que no está con ese hombre que besa a una 524b69f494e22734db998dcab0a39f1bestatua como si se tratara del punto más alto de un encuentro?

Esto de poseer el don de crear se acompaña con colores y texturas en un mundo exquisito de sueños entre alfileres, de hilvanes largos imaginados para sostener el todo, en primeros impactos que buscan saborear de a poco entre láminas de inspiración y géneros de sutiles pesos.

LA CREACIÓN

Un regalo de Prévert, una maravillosa invitación a la creación. Donde el camino es lento, meticuloso y nunca garantizado.

PARA HACER EL RETRATO DE UN PÁJARO

Pintar primero una jaula

con la puerta abierta

pintar después algo bonito

algo simple, algo bello,

algo útil para el pájaro.

Apoyar después la tela contra un árbol

En un jardín en un soto

o en un bosque esconderse tras el árbol

Sin decir nada, sin moverse

A veces el pájaro llega enseguida

Pero puede tardar años

antes de decidirse.

No hay que desanimarse

Hay que esperar

Esperar si es necesario durante años

La celeridad o la tardanza

En la llegada del pájaro

No tiene nada que ver

Con la calidad del cuadro.

Cuando el pájaro llega, si llega

observar el más profundo silencio

esperar que el pájaro entre en la jaula

y una vez que haya entrado

cerrar suavemente la puerta con el pincel.

 

Después borrar uno a uno todos los barrotes

cuidando de no tocar ninguna pluma del pájaro.

Hacer acto seguido, el retrato del árbol,

escogiendo la rama más bella para el pájaro,

Pintar también el verde follaje

Y la frescura del viento,

El polvillo del sol

y el ruido de los bichos de la hierba en el calor estival

y después esperar

que el pájaro se decida a cantar.

 

Si el pájaro no canta, mala señal,

Señal de que el cuadro es malo,

Pero si canta es buena señal,

Señal de que podéis firmar.

Entonces arrancadle delicadamente

una pluma al pájaro.

Y escribid vuestro nombre

En un ángulo del cuadro.

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Emociones de un prisma – León Ferrari

 

LO PROPIO

La historia de Jacques Prévert irrumpe para romper y en busca de prendas diferentes que se ajustarán a quien se atreva a usarlas, a disfrutarlas en la medida de su talle.

Su libro más importante es “Paroles”, un mapa poético que se abre paso en Francia contra todos los pronósticos. Frente a los estilos 8e1a7800ff520cb12aadd86434fd9105impuestos en la época, salta al vacío y vuelca la gracia en lo inesperado, en lo cotidiano, donde la forma se llena de poesía, sin más.

“PAROLES” significa palabras en francés, no es difícil descubrir su significado, ya que el sonido es musical y con timbre universal. Pero, cuando pretendemos disponer de las “paroles”, los sonidos se retuercen en laberintos y es ahí donde cada escritor y cada lector se traza los contornos del significado singular que cada signo adquiere a cada momento para cada quien. Entre el código y la biografía, las “paroles” se alquimizan.

El lado B siempre viste el misterio.

 

     CALMA 

El viento

De pie

Se sienta

En las tejas del techo.

León Ferrari. Escrituras deformadas 2
Escrituras deformadas – León Ferrari




DAR SALA

El desaliento: Sobre “El ciudadano ilustre” de Mariano Cohn/Gastón Duprat y mi Salliqueló

Por Cecilia Miano

Rúaj significa el aliento de la persona viva o el viento que traen las nubes de las que procede la lluvia indispensable para la vegetación y la vida. Significa el aire posible de respirar, con la capacidad de generar vida y, además, vitalidad y energía. Pero, aplicado a Dios, se convierte en su viento dador de lenguaje. En el relato de la creación Dios inspira un hálito -aliento- de vida, sobre el caos y, luego, dice la palabra. En el Antiguo y en el Nuevo Testamento, el hálito de Dios se manifiesta y permanece en lo creado para dar fuerza.

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“EL CIUDADANO” EN SALLIQUELÓ.

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Leonora-Carrington

Como si este aliento fuese necesariamente más potente en zonas inhóspitas, donde el viento arenoso puebla rincones incompletos, donde los sentires se arraigan en el alma de los vivientes solo por la condición de haber nacido allí. Ese allí se nutre de nostalgias y promesas. Esto pasa en Salliqueló, localidad al sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Cuando un poblado no suma muchos habitantes, todos conforman una comunidad especial. No quiero adjetivar demasiado. Salliqueló, mi pueblo, cuenta con poco más de doce mil habitantes y funciona como una gran familia. Mejor dicho, yo imagino que las grandes familias son como mi pueblo: demasiada gente para conocerla de verdad, pocas posibilidades de encontrarse seguido, aunque cada encuentro implique saludos y miradas cómplices. Ese saber del otro incluye hasta lo que no es cierto. Y, por sobre todas las cosas, la impunidad de opinar acerca de todos, como si ellos fuesen uno mismo o nuestra propiedad. Esa certeza de saberse parte. Esto genera muchos inconvenientes y posibilidades exquisitas, según sea la experiencia de cada quien.

 

ILUSTRÍSIMO, SOFOCADÍSIMO.

Al ver la película “El ciudadano ilustre”, los aconteceres me hacen espejo, como debe sucederle a la mayoría de los habitantes de los pueblos chicos. La historia transcurre en Salas, provincia de Buenos Aires, un lugar con menos habitantes aun que Saliqueló. El nudo de la trama es la falta de aire, al vivir rodeado de “propietarios”. Los hábitos se despliegan no sólo como si los otros te pertenecieran, sino también como si sus obras fueran apropiables por la comunidad. Si uno remonta altura, siente que no puede volver al terruño, sin caer en un pozo, donde las facturas de los demás quedarían a cuenta de quien se fue, de quien pudo mirar desde otro lugar. Uno, singular pero enredado en los demás, y enlazado de manera infinita.

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¿Cómo zafar del sofoco? La ironía es el hilo invisible que no deja a sus habitantes huir muy lejos, los detiene, como personas-personajes de un escritor. El rúaj, en estos pueblos, parece soplar en oleajes incansables, sin los cuales la vida no sería posible.

 

SALAS DE VIENTO FUERTE.

08 René Magritte - La locura de Allmayer (1951)
René Magritte

La brisa que sopla en Salas, ¿es de verdad ilustre o resulta solo egocéntrica?, ¿por qué el hombre al que este viento inspira no volvió más al pueblo?, ¿por qué lo miran con la desconfianza de quien se siente defraudado? Cuando hablamos de espectadores de pueblo chico, las resonancias son múltiples y singulares. En Salas y en Salliqueló los vivientes forman una masa dura y compacta. Uno transita las calles con la mirada en el más allá, en un horizonte formado por sueños y pesares, con sonrisas opacas y luces de ocasión. Con enojos encontrados en los árboles desde hace muchos años, con amores deformados por lo real.

En la película, la problemática surge a partir de que el protagonista, Daniel Mantovani, ha ganado el Premio Nobel de literatura y siente que, después de eso, su vida artística ha muerto. Dice: “Tengo la convicción de que este tipo de reconocimiento unánime tiene que ver directa e inequívocamente con el ocaso”. La paradoja que él mismo plantea “creo que la única cosa que he hecho en mi vida es huir de ese lugar”, aunque sus novelas solo hablan de Salas, de personajes del pueblo y de hechos acaecidos o imaginados, pero surgidos allí.

 

CADA CUAL ATIENDE SU JUEGO.

Al igual que en la película, la vivencia en Saliqueló se lee en sus detalles más arte-con-libros-1íntimos y en todo lo que anuncia un tiempo de nostalgias. Complacer para darse existencia y espacio. Uno es todos, para bien y para mal. Si no vivís en Salas o en un pueblo parecido, será difícil para vos, lector, entenderlo. Este es un mundo donde la ironía reina cuando las verdades se modifican, cuando las apariencias dejan de sostener la ilusión de ser de una pieza y para siempre.

 

BOCANADA DE SUSTO MEZCLADA CON CORAJE PUEBLERINO.

“Estoy cansada” es una expresión pegada a mi rostro. Se mezcla en incipientes arrugas alrededor de mis ojos -ya pálidos de tanto ver-, a mis orejas enaltecidas después de escuchar dolores y apremios, a mi boca grande -antes acostumbrada a la risa y devenida ahora en múltiples muecas-. Todo al acecho de algún aliento que arrime una palabra.

El pueblo cansa.

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René Magritte

Es pesado de llevar.

Habitar un pueblo es una aventura con falta de aire, con inminencias de derrumbes y con la certeza de que ninguna inminencia terminará en caída, porque si así fuera, todo lo importante de este espacio y de nosotros mismos se perdería en esa derrota. Entonces, tomamos ese aire indispensable, esa bocanada de susto mezclada con coraje, y nos mandamos.

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NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA.

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En la película, el protagonista es repudiado por sus vecinos. Lo trágico retorna en orgullo puebleril herido. Cada pueblo combina distinto con sus ilustres. En Salas, la irrupción resulta casi en un crimen capital. La gravedad resuena en la frase “lo que pasa en Las Vegas queda en Las Vegas”. Pero, ¿quién dijo eso? La escritura no acepta los límites de ningún sofoco. Las fronteras ceden si la que habla es la palabra, o la melodía o la puesta en escena que toca lo indecible en el borde de las esculturas-libros-14llagas. ¿Privativas de quién son la finitud, la locura, la ausencia, la soledad? El rúaj sopla en todos lados y se escabulle sin piedad. Así que soplamos, vueltos demiurgos, por un momento, y de ese modo se fundan las historias. Los personajes pueden tener otra fisonomía, pero lo que se escabulle suspende el tiempo. Los fantasmas no son más que imágenes soñadas, develadas por algunos pocos atrevidos y soñadores.

 

TIERRA DE PROFECÍAS.

La verdad es puro cuento. Por eso, en el momento justo, cuando el desaliento confunde, llegamos a sentir en la piel el aroma sutil de ese aire necesario, el soplido voluptuoso que aparece sin espera. Cuando creemos en los finales esperados, irrumpe un nuevo comienzo.

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PIEDRA LIBRE

El Hastío: Sobre “la Oculta”, de Héctor Abad Faciolince

Por Cecilia Miano

LA BATALLA POR LAS PREGUNTAS

El tiempo sin tiempo, como si la vida unademagiaporfavor-epub-pdf-ebook-libro-la-oculta-hector-abad-faciolince-alfaguara-2015-portadapasara por otro lado, de modo que cada hastiado se declare incapaz de acrecentar nuestros sentidos. Allí quedan afuera preguntas como:¿qué hago con mi vida?, ¿hacia dónde voy?, ¿puedo cambiar de rumbo? Su lugar lo ocuparían otros interrogantes: ¿qué cenamos?, ¿cuánto es la factura del gas?, ¿va a llover? Cuestiones no desdeñables, pero que no justifican el desplazamiento de las otras.

 

LA ESTANCIA “LO IRRELEVANTE”

descarga (1)El enlace de palabras para poder contar sentimientos encontrados es un juego de escapes. En zona de lo irrelevante, el tiempo que no corre, solo pasa, aparece la imagen de una estancia: “La Oculta”, de Héctor Abad Faciolione, es una novela autobiográfica. El texto propone solaces de recuerdos colombianos hilvanados en huellas, donde las sombras se despiertan para cargar el tiempo de acechos, como si todos los horizontes se pusieran de acuerdo para resplandecer con el mismo ardor. Y eso solo para sostener el suspenso de la inercia ajena, la de esos otros y la de todos los empeñados en seguir el vaivén de certezas desperdigadas en objetos. Horizontes llenos de preguntas y respuestas.

En “La Oculta”, las montañas delimitan los detalles que cuentan la historia, en pequeñas mañas con las que solemos encontrarnos a diario: un recuerdo, un objeto, una añoranza toman el protagonismo suficiente  para lograr el acercamiento perfecto a los  tres hermanos: Eva, Pilar y Antonio. Ellos, en primera persona, se atreven a ser únicos, a no tener pretextos a la hora de decir, de sentir y de hacer

Simple comienzo, se muere Anita, la madre.

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DESOCULTADA

“La Oculta , sobre la mesa de luz, ilumina las preguntas entrañables. Las cuela entre la cena y la lluvia. Y las trenza. La lectura me tiene en un recule gozoso. Llega despacio, con personajes que hacen espejo con retazos de mi biografía, con fragmentos que me extrañan

Ricardo Cárdenas artista antioqueño.
Ricardo Cárdenas artista antioqueño.

Faciolince , en “La Oculta”, pone cada instante de tiempo en cada porción de objeto circundante. Reinstala, así, las preguntas en el tacto. Son esas preguntas dispuestas a hacer una declaración de herederos sobre jarrones y alfombras, sobre sombras y recuerdos. Por eso, este texto me desordena y me vuelve a ordenar, me muestra y me esconde a la vez. Despierta en mí  “Una Oculta” y teje biografías que, en el tiempo de la cronología, jamás se han cruzado.

 

LA TIERRA HABLA

Los muertos no hablan, los muertos no sienten, a los muertos no les importa que los vean desnudos, pálidos, demacrados, en el peor momento de su vida, por decirlo así. O quizá haya un momento aún peor, bajo tierra”: En esta novela, la muerte  toma cuerpo. Se la interroga y se la hace interactuar en los personajes, les toca el cuerpo a los vivos mientras descargaviven. Y no solo cuerpos toca la muy brava. No se priva de dejar sus huellas en los espacios: en una especie de vuelta, la estancia aflora por entre las montañas para participar a los que ya no están. Así es capaz de atravesar límites conocidos y volverse personaje. Tierra y muerte, muertos y tierra conviven.

 

(Cuaderno secreto de una lectora: Me pregunto casi todos los días por la vida, nunca me pregunto sobre la muerte porque la supongo un momento de alta intensidad, de encuentros atrasados, de palabras sin decir, de andar de otro modo de ida siempre. ¿Qué será, allá, bajo la tierra?, ¿cómo serán los encuentros sin cuerpos, sin bocas para decir, sólo con luz, para iluminar las miradas de recuerdos perdidos en fotos o en memorias?)

Cesar del Valle
Cesar del Valle

Evidentemente, la resistencia a dejar la tierra persiste intensamente en la estirpe que habita “La Oculta”. Antonio, por sobre todos, es el más necesitado de guardar la historia en palabras. Sus ansias por materializar estos recuerdos remiten a sus necesidades más básicas: dejar una herencia, dar cuenta de lo ocurrido antes de él y después de su propia muerte.

Eva, en cambio, se conecta de otro modo con su padre ya ausente: “Leer una novela ya leída y subrayada por mi papá era como volver a conversar con él a través de la historia del libro; era como si lo estuviéramos leyendo y comentando juntos en la finca, como habíamos hecho muchas veces en la vida, de una hamaca a otra, por las tardes, o en el cuarto de ellos, que había sido el mismo de los abuelitos, o en el comedor, durante tantos almuerzos de la tarde. A veces me detenía en la lectura para pensar en la historia e imaginarme las situaciones de lo que estaba leyendo.”

Huellas para Antonio, para Eva y también para Pilar. La necesidad de encontrar los timbres en esas voces apagadas para evocarlas con sutiles tonos de memoria fresca, de recuerdos calientes. Claro, aunque no sea tan fácil de aceptar para Pilar: “Pero la mamá de la abuelita, o el papá del petroglifos-lasbuseticas-495x347abuelito, que nunca los conocí, y ni siquiera sé qué cara tenían o cómo se llamaban, esos ya no me importan nada. Y de ahí para atrás mucho menos, pues están requetemuertos y requeteolvidados.(…)A lo mejor algo de ellos sigue vivo en mí, pero como no sé qué es, ya no me importa. Será heredado, pero ahora es mío, y listo.”

A su vez, esa tierra que forma parte del refugio familiar es también el lugar común de encuentros entre pasado y presente: cuestiones caprichosas de ayer y de hoy,  de mochilas cargadas en rústicas maneras de interpretar el futuro.

EVA:

Bastaba que yo llegara a La Oculta para sentir algo especial, como una euforia por dentro, mezclada con serenidad, una alegría tranquila, una compenetración con las montañas, con los ruidos, con los infinitos colores de las flores y las frutas, con la brisa que subía del río, con el agua oscura del lago, con el canto de los pájaros al amanecer, con la luz intermitente de los cocuyos y el llamado del currucutú por la noche, con el chirrido de las chicharras al mediodía, con el vuelo de las garzas, de las loras y de las mariposas, con el lejano zumbido de las abejas recorriendo las flores del café, con los mugidos y el olor de los animales en el establo, con los colores increíbles de las guacamayas, con las plumas irisadas de las soledades, con el sonido de las hojas de teca cuando caían al sendero de tierra, con el bochorno de la tarde y la frescura llena de rocío de la mañana.”
ANTONIO:

“Recordar es como un abrazo que se les da a los fantasmas que hicieron posible nuestra vida aquí. Han pasado tantas cosas en esta tierra, en esta casa grande, blanca y roja, rodeada de agua y de verdor. Verde, verde en todos los tonos, inmensas montañas verdes, y la oscuridad del agua del lago donde no se refleja el cielo azul y blanco, hacia arriba, sino las peñas negras y verdes que parecen más altas que el cielo, y que suben hacia Jericó, el pueblo donde nacieron mi papá y mis abuelos y mis bisabuelos, los dueños de esta finca, los que la abrieron tumbando selva, moviendo piedras y quemando monte, que antes era lo único que había aquí desde el principio del mundo.”

PILAR:

Vivo aquí con él desde hace casi diez años, con mi marido, mi único amor, mi primer novio, el único, mi único hombre.

También él tiene su manera de ser silencioso. A él lo beso y lo muerdo y lo pruebo todavía, pero ni aun sabiendo a qué sabe entiendo bien por qué lo quiero tanto. No sé a qué sabrán otros hombres, porque a Alberto es al único que yo he probado, pero deben de saber parecido, seguramente, así como todas las tierras del mundo se parecen. Pero esta es la mía, y la que más me gusta, así como Alberto es mi hombre, mío y solo mío, y yo de él solamente.”

bota

 

EL HASTÍO DE LO IGUAL

La lectura activa sus ruedas y acecha a la torpe y despreocupada rutina. Ella anda resolviendo, – el gerundio denota la no conclusión de la acción-, como si nunca tuviese fin, como si ella se propusiera ocupar todos los espacios de la acción. Tal como enuncié al comienzo, esas preguntas sencillas nunca encuentran el tiempo suficiente para entrar en escena. Esa escena hoy la quiero disfrazar de proezas cumplidas con sueños planificados. Tal como Eva en “La Oculta”: “Aunque después no volví a querer nunca como antes a La Oculta, y ahora quiera venderla definitivamente, reconozco que el paisaje de esa región es el que más me conmueve de todos los que he visto en el mundo, y que vaya donde vaya lo llevo conmigo. No se me olvida. Quizá no sea el más bonito, puede haber mejores, más amenos o menos dramáticos, pero es el paisaje que tengo metido en la cabeza. El paisaje que le iluminaba la cara a mi papá cada vez que llegábamos a la finca. Una vez, estando allá con él sentados en la misma hamaca, mirando juntos el lago y las montañas, me di cuenta de que ese sitio, esa tarde, con esa luz, en ese momento y en esa compañía, sí era el lugar más hermoso del mundo. Y es algo que he vuelto a sentir otras veces allá, en instantes luminosos que solo se parecen al éxtasis que se siente en ocasiones con ciertos cuadros y con cierta música,

(Cuaderno secreto de una lectora: Cuando el hastío se quiebra todo comienza de otra manera. La oculta no es la muerte. La oculta es la más explícita. La oculta es la perra rutina)

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CASTILLO CON VIENTO EN LA PIEL

La celebración: sobre el asado de los Castillo, en  Salliqueló.

Por Cecilia Miano

CAMINOHORIZONTE CON MAÑAS

Salliqueló es uno de tantos mundos aparte.  Pueblo gentil, con 10.044 habitantes descubridores de horizontes  cargados de  mañas aciagas. Chiquito y atrevido, sale al mundo a mostrarse, como pocos  lo pueden hacer. Cerca de La Pampa, lejos de la ciudad de Buenos Aires, decide despegar y hacer muecas propias. Pocas manzanas se ordenan desde la plaza central hacia los suburbios. No más de veinte cuadras ensordecen los límites con casas. Más allá de la última, el campo espera ser conquistado.

verde mapaDE PELÍCULA

Juan, Director de Cultura de Salliqueló, casi por casualidad, llegó a la idea. Las imágenes se alinearon con los sonidos  y el color de la última fiesta de “los Castillo”, donde fue como invitado. Las anécdotas se arrinconaron en la voz de Tito y así de natural, llegó la película. Por entonces, Juan inició un proceso creativo y lo puso en manos jóvenes preparados para garantizar la puesta en escena de toda una dinastía, pintar con imágenes, reír con recuerdos y hacerlos propios para otros. De ese modo, despliega su magia, todo a través.

La elegida es la familia Castillo, conocida por todos, aunque sea de pasadita. En cada uno de los pobladores de Salliqueló el apellido dibuja a muchos, seguramente reunidos, seguramente en festejo, así de simple.

FAMILIAJUSTA  Y NICANOR: EL INICIO DE UNA DINASTÍA.

Desde chico, Nicanor supo del sacrificio necesario  para ganar el pan. Correr fue una constante, desde Trenque Lauquen  al norte,  en fuga, por  un descuido imperdonable. Dos o tres caballos se habían escapado. Solamente por eso, Nicanor se empujó a la orfandad y al exilio. Solo, con unos pocos años y dos pingos, se las arregló para seguir  adelante y tuvo suficiente coraje para volver y buscar a sus hermanos.

El viento, de tanto hacerle compañía, se le metió en la piel: el viento, ese sonido áspero y rítmico se apiló, trote tras trote, y le armonizó el sinuoso camino. Desde ese entonces, la música corre con él en diversos ritmos y su cuerpo se adapta con gracia. Cuando los caballos ya no están y el viento se acomoda a dormir, la guitarra, la voz y las botas contra el piso hacen un infinito andar.

CARTAS

Amante de las carreras y de los juegos de cartas, el deber se ajusta a Nicanor en  casamiento con  Justa Albarracín. La elegida llega  con naturalidad. La cosa empezó bien, porque Nicanor enlazó antes al suegro que a la prometida. Las piruetas del joven  en las carreras y la destreza con los caballos allanaron su futuro.

El padrastro de Justa quedó encantado con el muchacho. Y después las cosas fueron bastante rápidas. Salazar, un pueblucho entre cantos rodados, vio nacer a los tres primeros hijos de la pareja.

Los animales, siempre  ejes  en el destino de Nicanor, lo acercaron  a una feria de hacienda en Salliqueló. Se quedó aquí para siempre, embrujado por estos aires de bondad.

EL CASTILLAR

“Somos pocos y nos conocemos mucho,” dice una señora de rulos artificiales, enfundada en una calza negra. Anda por la esquina de Estados Unidos y Provincias Argentinas, punto neurálgico de la familia más emblemática del pueblo, la  que dedica sus días al festejo por el festejo mismo: los Castillo.

Los Castillo afirman sus raíces desde acá. Barrio tranquilo, de calles de tierra, casas bajas – muy bajas- con terrenos que abarcan más de lo que uno quisiera limpiar; con árboles añosos, empacados en llegar alto, de esos que crecen sólo por voluntad, con sombras generosas, acostumbradas a la música y a la alegría. La tierra se impregna  en  asados y corderos  a la espera, chicos, mocos, guitarras y recuerdos.

Así, una tarde cualquiera, llegamos con Juan a la casa más antigua del barrio, donde vive Pacho.   El cielo gris y el piso de barro  recibieron a mis ansias. Nos acercamos al acceso de la casa, con puerta lateral y piso en retazos de granito encastrados en la tierra. Pacho abrió la puerta y nos rodeó el  aroma a leña, las sillas se desprendían de la mesa con movimiento ágil, ese movimiento de quien sabe recibir, de quien conoce de encuentros.

CASTILLO GUIT

TRASVASAR EL LÍMITE

Pacho no me conoce, pero se dispone a brindar. Nosotros venimos de una vida, dice Pacho con voz firme, mirada tranquila y luz tenue. Las ventanas pequeñas se tiñen de atardecer y la historia se dibuja entre las paredes, las mismas que escucharon las voces de sus padres y hermanos. En la hora del canto,  canciones preparadas o improvisadas, todas interpretadas con  un toque singular, los reunía. Eran momentos de larga espera ya que “el viejo Nicanor venía poco, era resero”. Cada venida de Nicanor era la llegada de la fiesta  entre voces, guitarras y zapateos, alrededor de la mesa larga con bancos en espera.

GENIAL CAST

Familia de celebraciones, trasvasan el terreno y se vuelven pueblo, se vuelven todos.

 

ALBOROTAR EL PASO

“¿Cómo salgo en la tele?”. Pacho desprende su mirada pícara, de quien se sabe dueño de un perfil único. Los ojos de allá lejos aparecen sin miedo de pasar por la vida  entre diseños de  encuentros casuales con la alegría veteada. Y  alrededor de la carne va la celebración. El asunto cuenta con trescientos invitados, todos familia. Un Castillo comienza el día del  festejo y todos se suman.

¿Ve ese tanque?, me dice Pacho con certeza, miro a través de la ventana, el tanque de cemento se eleva un poco del llano y muestra con simpatía su forma circular. Ese lo llenábamos de bebida, con placas de hielo que buscábamos de la fábrica de manteca en la otra punta del pueblo. Su CAST GUIT (1)mirada delata el placer. Los detalles completan el relato de los días festivos. Con las manos en vuelo, certifica sus dichos. La luz natural ya no quiere acompañar  a su voz. El grabador no desactiva su luz roja, chiquita. Entonces escucho, en medio de siluetas; escucho, con la atención de quien quiere escuchar todo.

PATIO ABIERTO

Las fiestas de los Castillo son una tradición. Cuando la temporada de esquila termina, todos los días los encuentra en el patio- sin tapiales que demarquen ni veredas que enfríen-. La tierra soporta los bancos para beber lo que la hora demande. Queda claro que a la fiesta viene  todos, que era y es una fiesta sin distinción de rango; que la vez que el comisario llegó, Pacho ni sabía quién era. Acá son todos iguales, todos toman mucho y nos divertimos con poco. Algunos Castillo son concertistas, otros recitan, otros cantan, otros bailan; todos, tocados- de alguna manera- por el arte.   PATIO Y FLIA

Cuando finalizamos la visita. Juan sigue con las anécdotas, me cuenta de la versatilidad de los Castillo. La fiesta es larga, pero jamás monótona. Los tipos son capaces de cambiar de clima, como quien se cambia la ropa traspirada de tanto bailar. Tienen mucho oficio de verdad, no necesitan un “planner” para componer momentos, lo hacen de manera natural. O, mejor dicho, aceitados por  años de práctica.

CONOCERSE DE A SORBOS

Las placas recordatorias de mármoles despampanantes en las Instituciones del pueblo no los nombran. Y, sin embargo, ellos arremeten. No les importan los decires.

“Los Castillo”, un forastero pensaría que nos falta una s, que hablamos de un tipo de una casa grande, fastuosa. Y, sí,… sí, señor, hablamos de todo eso en una familia humilde con apellido imponente. Una familia, que se nombra en plural y se conoce de a sorbos, entre guitarras y sones.

Familia de señores trabajadores, principalmente, esquiladores y camioneros. El tono lo da el número: Los Castillo son muchos, muchos. Viven rodeados de tierra seca y árboles que crecieron junto con ellos. Las casas aparecieron de a poco, desperdigadas en el terreno junto con las gallinas, los gatos y los autos que hoy son de otras épocas.

Nunca hace frío en el barrio de los Castillo. El fuego del asado ilumina las ideas, los corderos alimentan los sueños de festejar  la vida.

CASTIESCUDO DE FAMILIA

La cordialidad es un signo que impregna su apellido, los destinos los unieron en el patio de Estados Unidos 433-. Preguntados por su domicilio, todos acusan la misma dirección, como si  las dos manzanas fuesen un mismo  domicilio, y cómo podrían responder de otra manera, si los Castillo entonan en  unísono, con matices diferentes. La voz aparece antigua, las muecas son  auténticas, la ropa sigue  la herencia de pañuelos anudados y de  las bombachas batarasas. No faltan las boinas o el pelo renegrido, acompasado  en años, desgastado en folclore, teñido de guitarra y milongas, de cantares y quebradas. La música se hace patio en un  escenario de ánimo Castillero.

Esto que acabas de ver, lector, es el noble escudo de la familia.

Castillo en Salliqueló.

PATIOSEÑORASALLIQUELO




LA FEMENINA

Por Cecilia Miano

Desamor: sobre “Como en la guerra”, de Luisa Valenzuela

COMO MERCANCÍA

imagen  Las letras  fulguran en la fachada opaca. Las letras estacionan en fila y algo sucede. En primera instancia, a mí me da risa, una risita nerviosa y rápida.  Y, en la risa, se me cruzan los opuestos en interrogantes. ¿El amor es buscado por el miedo al desamor?, ¿a quedarse afuera, al rechazo? Vanidad, desolación, hilachas del ego, de la piel y de las ideas. Un lío bárbaro.

EL DESCUBRIMIENTO

Como “En la carta robada” de Edgar Allan Poe, la sensación de inminente búsqueda de algo importante se esconde donde podríamos verlo. Tan notorio es que apenas unos pocos lo perciben con todos los sentidos.brujula

Desde la página cero de “Como en la guerra”, la narradora Luisa Valenzuela propone la desorientación de la escena como norte infinito. Un narrador  cuenta  crueldades e interrogantes eternos  y está dispuesto a acecharnos, si no hacemos algo. Este mismo narrador descubre posibilidades envueltas en aire de espejos, dibuja puertas íntimas y trasparentes para animarse a buscar y buscarse.

¿Qué buscamos?, ¿qué deseamos?

¿Amor?, ¿y eso, qué?

Lo terrible es el amor de espaldas, el desamor.¿Y el desamor, qué?

El libro “Como en la guerra”, para decirlo de manera sencilla, comienza con una escena de tortura inevitable y descolocada.  A  continuación y por un lapso, el lenguaje  se amansa, los momentos se ordenan para la búsqueda: el descubrimiento, la pérdida, el viaje y el encuentro  a través del cual el lector recorre escenas de un personaje díscolo- en teoría investigador- apasionado con el encuentro de lo que, hacia el final del libro, descubrimos es uno mismo. De cuán vientos de guerra de andrés loboguerreroimportante es atreverse a  emprender ese camino de ilusiones ópticas, de  máscaras que no quieren mostrar, de puertas que debemos atravesar para lograr lo que el texto nombra  como “purificación”. Esa búsqueda, la razón de la búsqueda, es el encuentro con la verdad, la realidad. Su acceso sólo es posible a través de luchas internas y dolorosas: una guerra desatada para adentro, para descubrir la potencia  de la desdicha, del contrapunto, del desamor y de la ausencia.

Todo en este texto es pasión roja de sexo y de advertencias, llevadas adelante por “ella”, la femenina: personaje, con gran entidad propia, que encarna la oscuridad enroscada, de sombras y dudas, de enigmas propios y ajenos. Tiene tanta fuerza la femenina que es capaz de comandar la acción, sólo con la ilusión vuelta esperanza.

El encuentro se da con escondites, con otras realidades: personajes, ciudades, símbolos o palabras.

La calma, el arribo a la meta del “encuentro” es un sitio  donde las palabras se vuelven pacificadoras del camino y el rojo  torna en luz que ilumina las penumbras del día.hombre a caballo Z

La naturaleza no tiene grandes primeros planos y es cosa de cada uno el ponerse bien lejos o bien cerca y elegir la perspectiva que más se acomode a sus afectos. El individuo busca el gran primer plano, el perfecto aislamiento: puede usar aparatos o acomodar el ojo.” O puede buscar en el pasado o en el futuro:   “Hubo épocas mejores, debo reconocer que hubo momentos lúcidos cuando mi deber no consistía en desterrarme el dolor – más bien todo lo contrario-  y fueron los momentos que pasé con ella.”

MALEZA DE INFINTAS CARAS

Así que ella, la femenina, es el encuentro. “…cuando la vimos de golpe, de golpe la vi y pegué un salto  hacia atrás de quince años… un salto que me tuvo pegado a una mirada muy oscura, profunda, un agujero-mirada… Fue aquél el josefh cornellprincipio…”

Hay algo picante en  el título de este libro: camino plagado de malezas en mil caras; semblantes detrás de máscaras que defienden ese doblez de cada quien, ese entramado de  absurdos escondedores, esa zona de oscuridades y desconocimientos. Y, para entrar en ese territorio, el narrador se desdobla tanto en femenino como en masculino, da brincos con un tiempo que no es tiempo  y tiñe para velar-, con bigotes y con labios rojos, con galera y con medias de red, de prostituta y de pseudo psicólogo-, a todos, en una espiral dialéctica: “esta sana costumbre la he aprendido de ellos, no tengo por qué sentirme orgullosa ni estar avergonzada.ni sentirme orgullosa ni estar avergonzada ni sentirme orgullosa ni estar avergonzada es el perfecto equilibrio sobre esta cuerda floja de la vida que me tengo merecida por boluda, una bola atrás y otra adelante para hacer contrapeso, un paso más y caigo, uno menos y ya sé dónde deberán ir a buscarme(…)”

La narradora juega desde el femenino, envuelve, desafía al lector y lo compromete, casi sin querer, a ser observador activo: adentro y afuera del libro a la vez. El lector, híbrido entre personaje y persona, da medio cuerpo a la historia. La lectura repica por dentro y se separa en etapas bien definidas. Como si esta hoja de ruta nos llevara por el sendero correcto para descubrir lo real – el amor en su máxima y en su mínima, en su femenino, en su masculino- y, también, en sus plurales:“al abrigo de un portal vigilamos sus entradas y salidas, registramos con minucia sus movimientos, sus atuendos, su vida tras las cortinas rojas de su altillo o bajo la luz muerta del bar de las camareras donde trabajaba.”

CORALES

En principio el lector recibe la historia que descansa en  la superficie. Pero lo entretejido y lo latente ganan la batalla y hacen reflexionar desde distintas forma es vacío,vacío es formaescenas: un coro de diálogos. La voz es el gran personaje de este texto. Y tiene matices, inflexiones, ecos que se superponen a otras voces, momentos de exclusividad y, también, entradas colectivas, donde se potencia en multitud. Porque con una sola voz no basta para comprender  la cadencia del canto. El amor es polifónico. Aunque haya dos- en los modos, en los ademanes- la multitud de afecciones  reescribe la historia en cada gesto.

 

MAPA A LATIGAZOS

Esta investigación desesperada por “la (aparente) ´única razón de nuestra existencia” – el amor-  nos lleva a esa calle vestidos de traje, con corbata y una botella de vino, porque sabemos qué viene, aunque la oscuridad nos depare miedos: conocidos y nuevos. Esos miedos  muestran el revés de la búsqueda, la contracara de ese deseo. “Si supieran que uno siempre consigue lo que quiere pero nunca cuando lo quiere. Basta hacer como yo y querer a destiempo: el deseo desfasado”.

Y es en las noches donde el desfasaje se mueve con mayor soltura. En las noches, como si la luz oscureciera las deidades y los tonos aparecieran  por arte- no de magia- sino de la búsqueda. Aunque, más tarde en el texto,  la noche ya no anda  para quien busca. Entonces, ¿para qué está hecha?  Tal vez, va hacia el encuentro de otros tonos, para que las máscaras develen la encrucijada: vernos  más allá de los espejos. Ser, así, nuestra propia brújula.

Esas noches, para mí, tenían un color totalmente distinto a las demás noches. A veces iba distraído sin pensar en el día de la semana y de golpe una tonalidad rojiza aparecida a la vuelta de la calle, luces más amarillas que de costumbre me recordaban que ya empezaba el lunes, o empezaba el jueves…”

NOCHE ROJA

“Como en la guerra” es la eterna recurrencia al rojo. La belleza del color y sus foto de la torre de Londres amapolas rojostonalidades, como si de él dependiera toda la fuerza con que planteamos el desafío; como si de él pendieran los bríos del brillo para acongojar los miedos. La primera  femenina queda atrapada en una casa de rojos, en terciopelos sobre la ventana, en labios abarrotados de pintura, en una lámpara de ensueño, en guantes que dibujan manos y brazos con gracia, en sangre de toro. Las paredes, dice el masculino, no deberían ser rojas.

Igual caigo en la trampa y le contesto:

-Pero todo sería colorado ¿no se da cuenta? El rojo se la va a tragar…

¡Advertencia!: -sería en letras rojas, ya que todas las advertencias así se escriben-: si todo se tiñera en rojo, no podríamos despegar la mirada de lo monótono y el color perdería su fuerza. Para gritar ¡que viva el rojo! es necesario alimentar a los opacos.

TIRO DE GRACIA.

Como si un disparo tuviese el poder de terminar con tanto padecimiento y, entonces, ponerle punto final a una historia, parar la película y dejarse vencer o pensar que ese mismo disparo podría ser el principio: “…entonces podré expresarme como quiero sin temor a esa cosa verde y pegajosa que es el miedo, serán largos años de sacrificio hasta poder llegar por fin al punto que ambiciono, pero hoy aprieto el gatillo en señal de largada, disparo el tiro de gracia.”

Así, con el tiro, el tiempo dejaría de extinguir  nuevos horizontes y nuevos cataclismos.  Sobre el lomo del caballo, el cochero dibuja mapas de sangre a latigazos. La escena se repite y el tiro se desprende sin puntería. Es difícil dar en el blanco.“…oprimo el gatillo Androgino_2y él cae muerto- él, no el cochero-.”

VUELTA DEL COLOR.

Ella, la femenina, intenta volver al color con hurgueteo ajeno, con deseos desde callejuelas negras envueltas en la noche que transcurre.

La noche vuelta día, el camino llega a su fin.

Lo peor es que se pone linda a veces a pesar de ser fea y no muy joven. Lo peor es que no parece mala.”

 “Lo peor es que existe.”

La multitud no entiende de caminos, pero ella sí. El personaje, sí. Y el lector se replantea su viaje, su búsqueda, su encuentro con  una verdad. Roja.




MÉDANOS DE LOS ZORRINOS

Por Cecilia Miano

Los anormales: sobre pueblos chicos.

LA TEORÍA DE LOS MÚLTIPLES ORÍGENES

Ives Tanguy

1° teoría: la confluencia de los deseos denostados por algunos y desafiados por otros provocó un choque de energías tan inusual que, hoy, contamos con un polvillo supremo, un baño con pétalos de memorias enruladas.

2° teoría: a estos campos sólo llegaban quienes sentían hambre de gloria, los que con sueños iban mucho más allá de un despertar asombrado. Así fue cómo la tozudez de estos elegidos hizo posible tornar  el horizonte en pueblo. Hasta los médanos tuvieron que ceder su altura y debieron dar paso a las ganas.

3° teoría: este pueblo era un lugar sagrado para los aborígenes, lugar recóndito entre la llanura, de difícil acceso, lejos de todo, casi como un refugio en el mundo. Cuando los blancos avanzaron en su conquista, ellos escondieron un maleficio que envuelve a todos y los enreda en sus sueños. Algo de esto salió mal y, con los años, la magia natural se impuso y las ilusiones que pretendían enredar a los pobladores se volvieron ganas.

4° teoría, 5° teoría… no pretendo aburrir con delirios, pero algo debe haber en el ambiente para hacer aparecer, cada tanto, un personaje de esos inolvidables, quién, desde su hacer o su decir, logra imponer algo diferente.

SALLIQUELÓ

PLAZA SALLIQUELÒ DESDE EL CINEPoco más de cien años nos separan de los médanos crudos y de aborígenes perseguidos por locuras blancas. Allí, donde los animales autóctonos eran protagonistas del paisaje sin preocupación alguna, la zona era gobernada por el viento y el horizonte limpio.

Salliqueló, médanos de los zorrinos, nombre concedido por los borogas, lugar pequeño si los hay, donde la lejanía se hace intérprete de cada espacio. El aroma especial a pampa y a verde nutre la vida con cierta magia impregnada

En estos cien años, las anécdotas se  fueron apilando -casi con descuido- como si  los espacios se vistieran de familias con ansias de ser, con anhelos pequeños. Para ello, por estos pagos, no solo contamos con mentes brillantes, sino que ostentamos pequeños prototipos de humanos increíbles. Varias son mis teorías acerca de por qué aparecen en este lugar tan pequeño y aparentemente calmo.

FIESTA PATRIA 1924

De los pobladores naturales, sólo quedan algunos recuerdos en vitrinas. Deseo contar algo de mi pueblo, poco corriente en idioma puebleril. Elijo detenerme sólo por mi instinto en algunos personajes que salen de las generales de la ley y dan un compás diferente, un guiño a contra- permiso de lo esperado. Así dejan huella; así, su pincelada tiñe con aromas  particulares  esta historia.

EL CAMINO DE MIGUEL FERNANDINO.

Miguel.

Fotógrafo desde siempre, profesión elegida para registrar encrucijadas entre el sentir y el decir. En ocasiones los recuerdos llegan en papel impreso, con técnicas milenarias, pero con un mismo propósito: entregar, en el tiempo presente, un pasado seguro, con el juego eterno e incansable entre la luz y la sombra.

MIGUEL CUADRO SEPIA   Los vaivenes de la vida hamacan en él las distintas etapas por las que atraviesa su historia. Tal vez habla mucho de esto su primera muestra artística: un vía crucis. Como si el camino marcara el dolor desde el inicio para llegar a su destino final: la paz de hacer lo que realmente lo hace feliz. Esto no implica la ausencia de conflictos, ellos sólo confirman el camino del hacer.

Su historia se tiñe de aromas pueblerinos y de miradas apaisadas. Su ojo hábil muestra destreza en el arte de descubrir otras miradas.

Sus fotos preferidas, sus ideas para no olvidar la historia, los personajes del pueblo, algunos que presentaré ahora, son sólo eso, algunos.

CUQUI

CUQUI

Cuando me preguntás por los personajes favoritos del pueblo, no puedo elegir fácilmente, son muchos los muy queridos por mí. Por ejemplo, “El Cuqui”. Lo quise retratar para reivindicar a las personas como él, al linyera. Todo nace desde la bronca, yo estaba en una misa, tenía que sacar fotos a una quinceañera. Al momento de tomarse de las manos para rezar, la gente se alejó. Con disimulo, apareció como única protagonista la indiferencia y lo dejaron solo. Ellos, los fieles que profesan la paz y el amor, los que se acercan a Dios lo dejaron ahí…

La vergüenza me llevó a su rancho, no era lejos de acá, Cuqui vivía con su hermano, quien me preguntó directamente si yo iba a retratar la pobreza. A mi respuesta afirmativa, me desafió a una comida en su casa: un peludo cazado por él. El vino y la galleta iban por mi cuenta. El domingo comimos los tres. Soy amigo de él desde ese día, viene a mi casa de vez en cuando.

Las fotos en este rancho son solo testigos, pretextos de encuentros, de muecas pensadas o captadas, de ojos de desencanto y galleta de la semana pasada con perros por doquier. Olores impregnados en el pueblo.

La historia de amor entre “El Cuqui” y “la Delia” es para otro momento.

 

GILDO

rene magrite

Recopilar parte de la historia no sólo se hace con las imágenes rescatadas de cajones olvidados, también con el instinto de quien mira otras cosas, de quien escucha otras palabras, disimuladas en arrugas del tiempo y dobladas en recuerdos con olor a naftalina. Las imágenes llegan, las conversaciones se le pegan como bichos, en su memoria prodigiosa, llena de detalles.

Cuando miro esta foto, creo que los años no pasan para la belleza. El joven se presenta con actitud desafiante, pelo copioso, con un jopo a la moda de la época. Sacamos cuentas, veinte, veinticinco años, un guardapolvo largo, muy claro a pesar del color sepia, la imagen resuelve destacar su espíritu. Seguramente, esta imagen es obra de su hermano Ceferino, quien ha sido el primer fotógrafo del pueblo.

Joven prometedor, hombre impecable, trasgresor en algunos guiños de su avanzada juventud. Cuentan que era el más deseado por las mujeres del pueblo: lindo, de buena familia, educado. Cuando llegaba a una fiesta, se encargaba de sacar a bailar a la joven en la que nadie se interesaba. Sin siquiera un desaire, sin disimulo, hacía que lo desapercibido tomara cuerpo, impulsaba otros destinos ante las miradas azoradas de las jóvenes de vestidos elegantes y peinados endemoniados.

Se casó grande, eligió a la menos pensada. A lo mejor, su actitud en los bailes no era capricho, quién puede saberlo hoy.

En su joyería, las joyas aún brillan en las vitrinas. El comercio es atendido por su principal tesoro, su única hija. Una estirpe de brillos, de unión y de vida plena.

 

GABRIEL

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La historia de Salliqueló se la debemos a Gabriel. Un autodidacta. Hizo periodismo para un diario fundado por él y fue poeta,  inscripto en la Asociación de poetas de Latinoamérica. También escribió algunas novelas para otros países. Más allá de todo esto, descubrió su pasión por atesorar y rescatar las huellas de la vida del pueblo. Guiado por su olfato agudo y entusiasta, creó el Museo de Salliqueló, todo  en paralelo a su trabajo como empleado de la farmacia del pueblo. Ese es Gabriel Campomar Cervera.

A Miguel, este personaje le resuena con otros; a mí, se me adhiere en el corazón. Me despego del relato de Miguel y recaigo  en recuerdos familiares, construidos por relatos y fotos, por ese apego que sólo dejan las emociones vividas. Mi familia que, de a ratos, también fue la suya.

Gabriel  vino de pequeño al pueblo recién estrenado. Por entonces, lo nuevo no era algo concreto, sino la promesa de construir. Salliqueló: paraje desolado, en medio de la pampa; un paisaje en marrones y verdosos con amplio fondo celeste. Paisaje impávido.

La familia Campomar Cervera llegó de España a Buenos Aires y, desde allí,  un tren la dejó a unos 15 kilómetros de lo que hoy es un pueblo. En ese entonces era un sueño de solares demarcados con palos y todo se planteaba en términos de un futuro posible. Su familia compró lo que hoy llamaríamos una quinta, léase: lugar pequeño, en medio de la nada. A ese tipo de terrenos accedían algunos, los humildes; otros tenían  mucho menos. La historia no era llegar, como dije antes, la historia era habitar, había que fundar  con ladrillos que no existían.

Y los Campomar Cervera no se amedrentaron. Su familia cavó un gran pozo en la tierra. Se las tuvieron que ingeniar para cubrirlo de las inclemencias del tiempo y para encontrar un poco de alivio, mientras los ladrillos de barro se iban perfilando, lentamente A lo mejor, esto de vivir un tiempo bajo la tierra hizo que en Gabriel despertara la curiosidad. A lo mejor en ese encuentro con algo más profundo despertaron esa voluntad por ascender, mientras conocía las alturas y los pozos de los otros. Lo cierto es que le dedicó mucho tiempo de su vida a almacenar registros de la vida de los aborígenes, clasificarla y preservarla. Gabriel, un niño que recolecta huellas o un elegido para perpetuar su niño.

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Los sueños de Gabriel hoy son realidades. Los sueños trascienden a las personas y se vuelven pueblo, envueltos en recuerdos.

 

 

 

 

LA LENTE DE MIGUEL

Todos los personajes elegidos azarosamente por Miguel son hombres: Miguel Osio, Gabriel Álvarez, Vitelmo Ríos, Don Carreira, Dr. Moreda, Robledo, Chinchilla, Ventolina, Taquito Chino, entre tantos que lo visitan rápidamente en su memoria. Tal vez, por entonces, los hombres realizaban las tareas  más accesibles para ser testimoniadas. De cada uno de ellos podemos llenar páginas de anécdotas.

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Quedo yo para pensar en las mujeres de este pueblo.

¿No sería fantástico saber quiénes eran las chicas que sacaban a bailar a Gildo y qué sentían al bailar con él?; ¿o qué pensaba la que fue esposa de Gildo, cuando él ya era un hombre de 50 años?

Y por qué no darle palabras. Por ejemplo la historia de la Nona, mi vecina de toda la vida. Abuela, la abuela de todos los del barrio.  Nona, la mujer que  comandaba una gran familia. Manejaba el campo como, por entonces, sólo lo hacían los hombres. En la herencia familiar, por ser mujer, no le tocó estudiar. Sus hermanos varones, en cambio, fueron ingenieros. Igualmente, la Nona fue audaz. Como Gabriel, ella también ascendió a la luz, desde su propio pozo. Ganó, salió literalmente de las cenizas.

LAS BRUJAS.

PALIAR LA DISTANCIA

Un pueblo sin brujas no es un pueblo. Y si uno busca dónde mirarse en Salliqueló, ellas son una buena superficie reflectante. En este espejo se ven los contornos de la encrucijada, el sitio donde las brujas intentan enhebrar las costumbres milenarias de los aborígenes con el advenimiento de “el mundo de los blancos”. La necesidad de mostrar una solución posible a los males es terreno fértil para ellas. Trabajan incansablemente, todas luchan. Cual heroínas romántico-salvajes de la pampa buscan el mal, siempre van por lo imposible e intentan desterrarlo. Otras, según dicen, hacen el mal. Igual que en los comics, en una Ciudad Gótica criolla, podríamos decir que en Salliqueló se libran batallas entre súper héroes maniqueos, que jamás se van con medias tintas.

Paul Delvaux, El pueblo de las sirenasAunque las brujas no son todas iguales- las fisonomías cambian, de una a otra- sus elementos de trabajo son, casi siempre, una cinta, una charla, un vaso de agua y poco más. Son personas valoradas por la sociedad. En algún momento de nuestra vida todos los habitantes de Salliqueló  hemos acudido a ellas, aunque más no fuera para curar el empacho o para aminar la pena por un ser querido distante. Es increíble que el nombre de un ser querido encienda  el encanto de la cura y construya puentes.

  Desde chica sabía que yo curaba. Mi papá me decía que hacía cosas raras, pero yo siempre seguí mi corazón. Nada malo puede pasar cuando una intenta ayudar. Me dicen bruja porque les doy miedo. Yo soy vidente natural, por eso puedo darme cuenta enseguida cuándo alguien que viene a pedir ayuda tiene un daño. Es muy común acá. Hay muchas brujas de las malas, yo no hago mal, pero acá hay muchas.

  Yo no cobro, la gente me deja lo que quiere. Hago trabajos en toda la zona, vivo de limpiar casas y con esto ayudo. Curo el  mal de ojos, el empacho, el asoleado. Los daños son lo peor: son trabajos que hacen otras brujas o curanderas, como se hacen llamar. Ahí tengo que dedicar mucha energía para revertir los efectos. Cuando la gente se siente enferma o que todo le sale mal, ahí seguro hay un daño hecho. Eso sí: siempre que veo algo médico, los mando enseguida al doctor. Igual puedo hacer que se sientan un poco mejor cuando los curo.

Salliqueló es una fuga de la normalidad. Nace desde la profundidad de la tierra hasta los médanos. Los zorrinos merodean como guardianes. Aunque no se vea a simple vista, el espíritu  ancestral  de los médanos hace ecos en las palabras de las brujas, en los objetos del museo, en las fotos, en la memoria de cada uno de quienes habitamos acá.

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METÁFORAS DESCOSIDAS

Por Cecilia Miano.

Persistencia: Sobre la institución “Escuela”

NI ALUCINADOS NI OBSCENOS

…”La escuela es el lugar en el que hay tiempo para detenerse, donde se producen oportunidades distintas de aquellas que provee la vida cotidiana, oportunidades para conocer las preguntas y las respuestas que la humanidad ha construido, para aprender a preguntarse, para reflexionar, para adquirir herramientas y para dominarlas, para afirmarse como sujetos capaces de adquirir conocimientos de todo tipo, incluido un mejor conocimiento de sí mismos, de sus deseos y de sus capacidades de proyectar y realizar”, Cecilia Parra

Dicho así, el mundo de la educación escolar resultaría un espacio lleno de ideales, perseguidos de manera incansable por todos sus responsables: el escalafón completo de autoridades educativas, propuestas e impuestas por puntos, concursos y decisiones políticas.

Esta nota refleja mi mirada, respeto otras. Nos veo distantes de caminar hacia el ideal, donde se abrirían para todos las puertas de espacios abiertos al devenir de incontables propuestas creativas y amplias. No se puede actuar sobre el presente sin un horizonte. Así como perderse en ideales resulta un poco alucinatorio, caminar sin el fondo de un ideal revela una obscenidad de pragmatismo. Chicos formados como seres independientes, sólidos en sus capacidades y seguros de sí mismos. Seres de pensamiento autónomo.

GRIS DESCASCARADO

ceci mianoGETACHEW BERHANU5694911680615851El andar va por otro lado. No me voy a detener dentro de las aulas. Lugar sagrado para mí. Voy a recorrer el encuadre de las aulas, los vericuetos insondables que abarcan las decisiones educativas.

Estoy con el día puesto encima, las miradas me recorren y las voces se entremezclan, no sé si son ilusiones o palabras salidas de humanos reales.

   Estoy en una sede de asuntos docentes, en un pueblo lindero al mío. Es una casa antigua, majestuosa en otro tiempo, cuando sus habitantes poseían otras ilusiones. Hoy la recorro con ojos ávidos de horizonte y encuentro el gris impregnado en el aire, en las miradas cansadas de los chiquitos que esperan en la vereda no sé qué, en las paredes tan descascaradas como las promesas del horizonte en la educación pública. Vengo a tomar un cargo directivo ofrecido por la inspectora, influida por sus deseos y  los míos por hacer algo mejor.

Ahora me pregunto, ¿esos deseos eran compartidos? Seguramente no.

Como decía, el gris del aire y el de las paredes se mueve lento, la gente en el recinto respira y habla, casi como si esto fuese una necesidad imperiosa de llenar espacios vacíos. No somos muchos, la secretaria de asuntos docentes, dos interesadas en el cargo, una amiga que me acompañó- envuelta en panza con bebé- y tres o cuatro, no recuerdo bien, representantes del gremio que cortejan a la interesada Nº 2. La Nº 1 sería yo, el burro adelante para que no se espante. No cuento el personal asomado al lugar, tampoco se bien para qué.

QUE NO DECAIGA

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El acto público donde se realiza la toma de posesión de un cargo es algo sencillo, poco ostentoso y muy rápido. La secretaria hace un breve resumen de la situación escolar de donde surge la vacante, no sé qué más dice porque me distraje pensando en lo feo de trabajar  en un lugar tan gris, con aire gris. Retomo la escucha, cuando ella comienza con el listado: ese orden de mérito permite al que se encuentra primero, elegir. Hasta aquí todo bien, todo legal, todo esperado.

La Nº 2 toma el cargo,  por qué le puse 2 no sé, ahora no quiero cambiar de número, puede ser porque llegué primero, sí.

Aquí comienza mi duda existencial con el sistema y con las personas que lo conforman. Las palabras me llueven como descolgadas de una parra en verano, se mezclan los hechos con metáforas descosidas. “Que no decaiga”, la inspectora de cabello uniforme y saco azul propone esta selección de sonidos, sin sentido para mí, a modo de ¿aliento? Yo no debo decaer sólo porque no tomo un cargo. Entonces, comienza el ruido dentro de mis pensamientos: toques de campana atienden a una señal potente que me dice: esto no funciona bien, algo en el camino se distorsionó mucho como para que no tomar un cargo pueda hacer decaer a una docente.

LA TAPADORA DE BACHES

Lo que decae es el sistema horrible en el que un cargo directivo es ejercido por el beneficio de un mejor sueldo, con la promesa de una mejor jubilación. Llamadas durante dos meses hicieron que mi cabeza pensara en la posibilidad de tomar otro rumbo en la educación, en acompañar desde otro lugar al horizonte. Fuera del aula. Esto implicó noches de pensar en el desafío, días de dudas, miedo mezclado con ansias, pases de funciones mezclados con desarraigo. Sentí mucho, mientras el sistema no siente, no deja de dormir, no se preocupa, no se pregunta qué es lo mejor para mí y para los alumnos. El sistema va tapando baches y sigue indemne.

En el acto de designación todo transcurre con normalidad, léase “normalidad en el sistema educativo”. Sin embargo, nada es como imaginé, nada es como dicen las autoridades. Todo resulta peor que la vida real.

Acá todos nos defendemos de algo.

Que no decaiga.

MAGNIFICO

persistencia

En el borde de una pileta del campo, la tardecita se acerca sin estorbar. Dos cuarentonas tomamos algo fresco. Los árboles añejos vuelan las palabras que enredan idiomas diferentes.

-¿A qué te dedicas?-

En un inglés para mí poco entendible y en un castellano inglesado por las ganas de charlar, se afinaron punterías y, al final, se entiende: soy docente.

 

Los ojos de la extranjera se agrandan casi imperceptiblemente. Yo estoy acostumbrada a la compasión, a ese “qué poco importante”, a ese trato hacia una casi desahuciada social que, a falta de otra cosa para hacer, cae ahí, en una escuela, con chicos y esas cosas. Entusiasmada y acostumbrada, defiendo mi hacer.

Y esa es la costumbre, la defensa.

La extranjera, casi en una reverencia, gesticula con alegría. Una alegría que se me había enredado en el revés de la lucha, en lo importante de ser educador. Ahí reencontré esa otra mirada de lugares lejanos que viene a redescubrir  el horizonte de mí hacer, la magnitud de mi tarea.

Ahora, casi sin darme cuenta, la defensa se esconde, se esfuma entre comentarios importantes de haceres en lugares distintos, de horizontes que continuarán como dirección del andar, de un andar con otros. Sí, aunque ahora estén lejos, voy a seguir para acercarme.

El día no decae. Atardece. Y, en la noche, se gesta- clandestina- la luz nueva.




UN POLIEDRO DE INFINITAS CARAS

Abuso: Sobre el silencio

Por Cecilia Miano.

El silencio es un poliedro que multiplica sus caras sin límite. marilaHay que tener cuidado por donde se lo toma. Algunas de sus aristas tienen filos duros, ásperos, filos de memorias que te envuelven con melancolía. Otras prometen demasiado, sueños de un futuro sin amarres, sin presente, son delirios del deseo sin coraje. Ciertas caras, sólo algunas, parecen ser de un material sutil y diamantino. Esas caras del silencio se eligen o  nos eligen; corren más riesgos que las otras, porque el ruido, o el sonido de fondo y el parloteo del mundo las fulminan. Al resto, a la mayoría de las caras del silencio, el aturdimiento no les hace ni fú ni fa. Aunque no es bueno andar con cuestionamientos todo el tiempo, hay caras del silencio que encierran sonidos, como el tañido de una campana, la inspiración previa a la primera palabra después de un beso, el comienzo de un murmullo en el entrevero de un abrazo. Vamos por ellas, las singularidades del silencio.

MOVIDA DE AIRE

El aire mueve mucho más que partículas. Hoy, en la caminata habitual, tuve la certeza. Aunque en palabras es difícil  ajustar sentires. Al caminar, la invasión de aromas parece ser una constante, aunque nadie más que yo los huela, sólo aparecen para mí deleite. Hay muchos roces que, giorgio-de-chirico-cancion-de-amorescondidos en silencios eternos, chocan con la realidad y muestran más sonidos que el de  las zapatillas  al chocar contra la arena: sonar áspero, rasposo, lento,  música sin orquesta que apenas acaricia, solo una sensación que, de pronto, se vuelve tangible.

Oler, de es oler que pasa algo, un suceso que adviene.

Sospechar, de sospechar presencias., movimientos inaudibles e invisibles.

Todo reposa y al mismo tiempo entra en erupción, con magia, singular, sin apuro, en constante de presencia.

 

QUE LAS HAY LAS HAY

Suena el timbre. El sonido me irrita, nunca supe por qué, hasta hoy.

En el campo, cuando alguien llega, debe anunciarse con palmas. El código es: evitar lo inesperado. Es importante, nunca me expliqué por qué,  no se los cuestiona.  Hay tantas cosas que funciona con ese silencioso automatismo, donde la acción hace sin cuestionamientos de quien la ejecuta. Nunca por qué me persigno cuando salgo de viaje; o por qué, cuando llueve mucho, la gente hace cruces de sal gruesa, o….

INFANCIA CLANDESTINA

La rebeldía tiene muchas aristas.

Siempre me gustó asustar a mi abuela o a mi hermano, entrar con sigilo y espantarlos. En esos proyectos podía pasar mucho tiempo, ese que se alarga hasta no tener consistencia, se desdibuja de relojes y soles. Torna empalagoso porque es solo propio. Pensamiento sin palabras,  se mueve en el silencio de la película  íntima: con escenas no contempladas, con cortes inesperados para la razón. Hoy, trazos de esas estrategias desatan sonrisas retorcidas de nostalgia y salvajismo. El disfrute que me provocaba era más grande que la reprimenda  recibida. Siempre.

 

RUIDO A VUELTA DE PÁGINA

La “Unguymaman” de Ciro Alegría comienza a ceci3explicar parte de mis sensaciones, da una vuelta de página a mis sinsentidos. La Unguymaman es la madre de todos los males.

Aunque me resisto a pensar en el mal, siempre ronda su presencia. Eso que no puedo explicar, eso que a veces ni siquiera logra a ser sensación, es solo un respiro, una pizca de sombra, un aroma inexplicable.

La Urguymaman trepa desde las profundidades hasta la superficie sólo para concretar su cacería. Aparece en un susurro, con cierto descontrol del sonido, un sonido sin bordes. En apariencia, inocuo. Como si, a través de su llamado, pudiese captar la resolana de la vida. Y, como si,  uno- con cierta inocencia- pudiera responder.

 

CENIZAS DEL PARAÍSO

La mañana se despierta diáfana, mi rutina lenta aparece sin distracciones, en ceci4leonardo-geometric-shapesmovimientos cuidados, sin mucho. Las palabras hoy sobran, en un recorte solitario alguna idea  pretende ser volcán. Voy y vengo, resuelvo y propongo cuestiones sin explicaciones. Capto temperaturas y volúmenes incoherentes con la razón. Hay un silencio tan nutricio, que puede estallar en pedazos, ante cualquier mínima irrupción

Taladra el timbre de entrada y aparece el miedo de siempre.

Inexplicable. Cada vez que suena es lo mismo: algo espantoso se anuncia, me busca, por eso será que nunca quiero atender, por eso doy vueltas como perro antes de acostarse. Miro para abajo, cuando por fin me decido a abrir. La boca del volcán acurruca la idea contra algún hueso despejado de la cabeza. Lo atesora y lo esconde, la mano tiembla fuera de cuerpo.

Todo comienza con el llamado.

 

LO QUE NO HAY

No hay ausencia de sonido. Hay silencios múltiples, porque el poliedro es pariente del infinito y de la inmensidad. Mientras él gira, nosotros giramos. A veces, vamos al unísino; a veces, él va horario y nosotros antihorario.  Y es de no creer, es en el esos desencuentros, en esas oposiciones, donde surge las mejores palabra.

Ahí suena.

Atiendo

 

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BITÁCORA DE UN SIN-FILM

Por Cecilia Miano

Velocidad: De la aceleración y desaceleración del pensamiento.

 

BITÁCORA DE UN SIN – FILM

El Director no termina de llegar. Lo llamen como lo llamen (Dios, la verdad, la poesía, la razón), el tipo es sólo una presencia para una porción de los actores. El resto manotea entre vacíos por encontrar un territorio para montar el ser. El resto encadena causas con supersticiones, leyendas con novelas, alucinaciones con deseos.

En la trenza enmarañada de nuestras cotidianeidades, la escritura intenta trazar una estela, garabatear un fantasma del guión. Pero el guión siempre fuga hacia el horizonte. Y, porque fuga, vamos en su búsqueda.

Bitácora, entonces, escrita con la urgencia de poner un contorno a la falta, con la lentitud desafiante de no conceder a las prepotencias de las razones ni a los fuegos de artificio de los sueños tiranos.

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TOMA 1.

SIENTO LUEGO EXISTO

La fantasía, abandonada de la razón, produce monstruos imposibles; unida con ella es madre de las artes y origen de las maravillas.”

 

El espejo me mira sin timidez. El viento suave mueve los acontecimientos. El blanco vaporoso del vestido refleja las ilusiones. Me exploro, zapatos prestados con puntas atrevidas, tacos inesperados, el maquillaje dibuja la foto que habitará en algún rincón de la casa de la que hoy me despido. Los rulos de artificio demuestran la necesidad de algo diferente, especial tal vez. Rituales heredados.

Floto en pensamientos sin tiempo, de esos que no alcanzan a condensar. Las perlas brillan con opacidad. El sonido de las teclas amarillentas desprende aromas desde lejos. Casarse. Inventar un destino propio.Suaves ondas de suspenso exhiben escenas en sepia. La hora llega sin distraerse.

Los pensamientos viven más allá de mí. Desde siempre, la razón intenta mediar entre los caprichos y la realidad. Goya lo pinta en “El sueño de la razón”, donde sus propios monstruos denuncian la necesidad de desenmascarar la hegemonía de la razón por sobre las tinieblas del pensamiento. Razones secas, sólo en sueños, sólo tamizadas. Añejo delirio, instala al conocimiento lógico como único salvador. Peligroso modo de llamar inteligencia a cualquier cadena de causas y efectos. Horrorosa y pedante ignorancia de calculistas.

Goya se desprende de lo esperado. Yo voy a casarme. Hay una cosa importante que recuerdo en este momento: si algo da para desconfiar son los conceptos, sobre todo, los conceptos universales: esos que subsumen cada soledad singular en “la soledad” y las muertes únicas, en “la muerte”. Nada de nada del morir ni del tormento de los múltiples solos queda en esas palabras. Cascaritas hechas con letras. Discurseos. Miserias del lenguaje minusválido que, muerto de miedo, se ha prohibido cualquier desborde.

Vacíos.

"El sueño de la razón" de Goya
“El sueño de la razón” de Goya

 

TOMA 2:

“- Me pides una respuesta sensata, y mi razón está trastornada”,

                                                  Hamlet, Tercer acto.

 

DUDO LUEGO EXISTO

Cuando los hombres no oyen el grito de la razón, todo se vuelve visiones. Con la dialéctica muerta, en el monólogo soberbio de los sueños vanos, ¿cuál es el sentido de la verdad?

La campana resuena con gloria en lo alto, los tordos revolotean cerca de las magnolias. Solo puebla en mí la desolación. El auto, lustroso y en movimiento lento, me traslada. Ahora las imágenes se vuelven barro en manos pequeñas, vestido de flores, pelo enredado y patio del fondo. Nada puede atravesar mis pensamientos mansos. Intento quebrar esa desarmonía, esta nostalgia que debilita mi actualidad. Me esfuerzo poco porque el estado de abandono ensueña mi mente.

Dalila Puzzovio - Zapato plata
Dalila Puzzovio – Zapato plata

Creo que “las novias” deberían pensar en otras cosas en estos momentos. Pero pensar es un lujo de los seres libres. ¿Y quién puede sentirse libre encorsetada de blanco, con toda la parentela a la espera, con las bocas llenas de una ansiedad resplandeciente de hastíos y repeticiones? La potencia del pensar debería quizás- en una pequeña audacia- añudar la garganta e imaginar la obscenidad del “sí” en el altar, la escena copiosa de la emoción familiar sin dique, al novio en la espera final, al novio depositado en la meta, como un garante de que la ceremonia se llevará a cabo, cueste lo que cueste.

Pero otra vez viene el señor deber a atormentar la magia de mi viaje, a irrumpir, sólo para demostrar su poderío.

Y me voy, huyo hacia un futuro supuesto en mis imágenes, ya más vieja, con angustias atravesadas y sonrisa entre los dientes, gastados de tanto masticar la vida. El regodeo de saber qué será, aunque sea una visión, aunque sólo sirva para transitar lo incierto para la imaginación. Ese devenir en deseos, augurios de proyecciones pasadas y presentes que arman un escenario posible, o imposible, pero eso ahora no importa.

¿A qué velocidad peregrina la imaginación cuando desespera?, ¿qué anestesia el paso del pensamiento en pánico, cuando el espectáculo del presente se vuelve gris profecía?

 

 

TOMA 3

HAGO, LUEGO EXISTO.

                       “En mi oficio o arte sombrío/ ejercido en la noche silenciosa/cuando sólo la luna se enfurece/y los amantes yacen en el lecho/con todas sus tristezas en los brazos/junto a la luz que canta yo trabajo/no por ambición ni por el pan/ni por ostentación ni por el tráfico de encantos/en escenarios de marfil/sino por ese mínimo salario/de sus más escondidos corazones.”

Dylan Thomas

 

Cuando duerme la razón, todos son fantasmas y visiones monstruosas. Las escenas se confunden, las voces repiquetean en sones mayores y menores, la luz se atraganta con lágrimas de aliento, solo eso queda ahora, el impulso de concluir la escena.

La voz de Aaron Neville con su “Ave María” flota entre los bancos de madera, santos y flores blancas, curvas de cuerpos parados en estado de espera cuando, en sintonía perfecta, los acordes se suspenden como la voluntad de seguir. Las puntas de mis zapatos anuncian un nuevo destino. La luz se vuelve clara.

El silencio toma la palabra. El segundo siguiente se extiende hasta ahora, cuando los pensamientos siguen enredando la realidad con la verdad y con el deseo. Mientras, la velocidad pierde su dimensión.

CORTEN.

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“El pensador” de Rodin

 

 

 

 

 

 




ATAJOS

Viaje alrededor de un punto: Sobre caminos y descansos.

Por Cecilia Illia.

CAMINOS I

Había escuchado hablar del camino de Santiago. La huella en la piedra hacía temblar a su imaginación. ¿Cuántos kilómetros presentes en esa marca inmóvil? Llegar exhausto, con el dolor latente en cada músculo, con mil anécdotas servidas al borde de su rostro y apoyar la mano en ese cúmulo de manos, pasar a formar parte de ese grupo multiplicado hacia un pasado tan remoto.

La historia, los pasos perdidos en el horizonte, la meta, lo que queda atrás.

Entonces quiso investigar otros caminos. El del Inca, por ejemplo. Una escalera interminable labrada en la montaña con paciencia. Surcos en los huesos de la tierra. Vitales. Vivientes.

Después descubrió un relato de un camino trazado en el mar.

Un camino trazado en el mar. Eso logró que su mente adquiriera un estado efervescente. Las huellas en el agua, una percepción tan sutil. Casi religiosa. Como Cristo con sus sandalias rozando la superficie espejada ante los ojos atónitos de sus seguidores. Aunque este camino no era milagroso, era la reconstrucción del recorrido de unos hombres que partieron de Asia y llegaron al norte de América por el estrecho de Bering. Un camino tal vez endurecido por el frío, entre islas de hielo y canoas improvisadas.

¿Qué podrían buscar?

¿Qué los empujaría hacia adelante?

Se puso esa impaciencia imaginada. Digamos que se la calzó. Sintió cómo su mirada buscaba el horizonte y sus pies hervían por alejarse y alcanzarse una y otra vez.

A kilómetros de tan exóticos caminos, divisó -con la dificultad propia de cualquier ciudad- un horizonte tal vez demasiado próximo, y soltó sus pies a la deriva.

 

atajos 1

DESCANSO I

LAS ISLAS DEL HIELO

El remo empuja el agua helada, además de movernos, brinda un poco de calor a nuestros cuerpos ateridos. Si bien el aire parece tan diáfano como el de una mañana de sol, no contamos con sus rayos para amortiguar el frío.

Bloques de hielo nos visitan, intermitentes. Algunos grandes como buques; otros, pequeños patos impasibles.

Querría estirar las piernas, saltar sin miramientos, caminar un rato.

A lo lejos, se puede ver el horizonte quebrado por una fina línea blanca. El tumulto oscuro por debajo, el gris plomo y en flamas, por encima. Propongo que nos dirijamos hacia ella, tal vez sean las famosas islas de hielo.

Imagino enormes módulos aglutinados con destellos azules. Pienso cómo podría impactar sobre ellos nuestro calor humano. Deshacerse entre sollozos.

Gotas locas surcarían sus paredes crudas.

Al menos, podríamos tomar un descanso. Cortar bloques y apilarlos para construir un refugio. Construir calores, caricias, confianzas.

Descansar del movimiento de las olas, del viento inalterable, de decidir el rumbo. Hasta embobarnos en la cara de la luna.

Permanecer en esas formidables murallas de fragilidad perenne, burlar al tiempo e insistir.

atajos 2  CAMINOS II

Lo lindo de los caminos es la sorpresa. Las encrucijadas, por ejemplo. No había pensado en eso. Vengo tan entretenida, disfruto del sol suave de la mañana, el canto de los zorzales y, de pronto, tres opciones se presentan así como así.

No tengo un mapa, el objetivo no está a la vista; así que, debo elegir.

Lo lógico hubiera sido encontrarme con un cartel. Una flecha en cada dirección con el destino anticipado. O, por lo menos, un dibujo alegórico, una letra, una marca de algún caminante anterior. Pero no. Los tres caminos se muestran escandalosamente al desnudo.

Ya sé que antes lo mencioné como algo lindo, aunque me retracto. Es lo peor del caminar. Tener que elegir sin referencias. Una verdadera locura.

Si uno pudiera elevarse entre las alas de cualquier pajarraco y, desde las nubes, mirar a la distancia; entonces sí, sería razonable. Pero, en esta orfandad de signos, me niego a decidir qué dirección tomar.

De este modo, sólo me queda detenerme. Afincarme en la encrucijada, construirme un presente, acicalar el terreno.

Miro  alrededor, es un lindo lugar. Con esas tres aberturas como tres promesas. Podría cada mañana imaginar qué destinos esconden. Evaluar el declive, la tendencia a curvarse. También la temperatura. Es increíble cómo puede cambiar la temperatura con solo moverse unos metros.

Podría tomar nota de cada referencia. Cantidad de arbustos por metro cuadrado, zonas con sombra, zonas con sol, aumento o merma de la distribución de los hormigueros. Cantidad de veces que la zona es sobrevolada por caranchos. Así, tras un estudio exhaustivo, tendría un informe pormenorizado que dejaría a la vera del camino para ayuda de futuros caminantes. Tras evaluar los datos, los sopesaría- detenidamente- y reemprendería el rumbo, ya sin sorpresas, con el corazón oprimido por dejar atrás ese presente fecundo y promisorio que me dio tantos datos y satisfacciones.

Podría, sí.

Aunque también podría dejarme llevar por los instintos. Tomar la primera dirección que se me ocurriese y probar suerte. Después de todo, siempre puedo volver atrás. Entonces, cada paso sería un descubrimiento. Los ojos alerta dispuestos a lo nuevo, en el sentido más radical de la palabra. El impacto de cada chispa de sol, de cada estrella titilante.

Encontrar un arroyo, un barranco peligroso, una altura infranqueable.

También podría volver sobre mis pasos. Regresar a algún punto seguro y preguntar. Subirme al árbol más alto y mirar a lo lejos. Dormir bien profundo y soñar la dirección correcta.

¡El mejor! Tirar una moneda y disfrutar un rato la extraña belleza de las encrucijadas.

CAMINOS III

Primero lo mira a los ojos. Redondos, transparentes. Quiere leer en ellos, ¿también tendrá miedo?

Bueno, miedo no, inquietud. Tensión, turbación. Eso, turbación.

Adivina en su pelaje las manchas oscuras que se dibujarán tras el esfuerzo.

Tienen por delante un camino diferente.

Traba un pie en el estribo, volea el otro hasta el reverso. Ese costado escondido, aunque supuesto. Acomoda el cuerpo, lo balancea un poco hasta encontrar el punto adecuado y levanta la mirada.

La mirada.

El camino.

Las sienes le hormiguean. Querría no tener que hacerlo, pero siente la presión. Los ojos clavados en su espalda lo empujan adelante.

Sin embargo, querría no tener que hacerlo.

¿Acaso no es su decisión?

¿Volver sobre sus pasos?

Aceptar que lo pensó mejor, que tal vez había tomado una decisión apresurada, confundido por el deseo de perdurar. En la admiración de los otros, en la suya propia.

La luz de la luna produce una extraña sombra tras la copa de los árboles. El viento del amanecer hace que la extraña sombra baile. Un presentimiento de futuras oscuridades lo acicatea.

Golpea los talones contra el vientre de su compañero. Dirige su mirada y las riendas hacia un punto entre la penumbra y comienza su recorrido seguro de su destino.

 

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DESCANSO II

LA HUELLA EN LA PIEDRA

Parece que hace un millón de años existió un humano, quien dejó una huella que se fosilizó. Tal cosa fue encontrada en agosto de 2007 cerca del oasis de Siwa, en el oeste de Egipto. No es el único caso conocido. Existen por lo menos tres más debidamente documentados. Cabe imaginar que miles de huellas fosilizadas permanecen escondidas a la espera de ser libradas.

Se necesita más que suerte para dejar una huella en la piedra. Es algo que en la actual sociedad de consumo ya no se ve.

Sin embargo, los dibujos y las esculturas en la arena son un digno homenaje a aquellos antiguos destinos humanos. Provenientes de culturas insulares, resultó una forma de comunicación más allá de la lengua para informar, ilustrar, avisar o recibir a visitantes ocasionales.

A veces, nada representa mejor algo que todo lo contrario.

 

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CAMINOS IV

Caminar con una cesta en la cabeza. Con los brazos encadenados con otros –por lo menos cuatro- en forma de bloque humano. Cazando mariposas. Con temor a los espíritus.

Trotar. Galopar. Correr.

Internarse en las llagas de la tierra. En los tubérculos de la montaña.

Remontar los ríos hasta sus orígenes. Encontrar la salida.

Sembrar laberintos, cosechar dificultades.

Subir escaleras. Caer desde lo más profundo. Tender una cuerda infinita que aprenda a cambiar de tamaño cuando sea necesario. Colgarse de ella como si fuera una tirolesa.

Volar en globo, en ala delta, en paraguas.

Planear las copas de los árboles. Señalizar las lianas y trepar como una oruga rampante.

Resbalar por los médanos nocturnos. Excavar. Penetrar. Ahondar.

Saltar entre las piedras de los arroyos. Construir puentes. Trenzar fibras resistentes gracias a sus convicciones.

Nadar. Remar. Navegar.

Abrazar las raíces de la tierra. Marcar nuestros pasos.

Si resultara posible, dejar alguna huella.

 

DESCANSO III

FOSILIZACIÓN

El proceso que debe ocurrir para que un resto se fosilice es extremadamente raro. Bueno, quiero decir, poco frecuente. Es necesario que precipiten minerales en todos los vacíos, por pequeños que sean. Sulfatos, sulfuros, silicatos, fosfatos, óxidos de hierro de relleno en intersticios insospechados. Una pequeña omisión  y todo el asunto se hace humo.  El futuro fósil, ya sea una hoja o un fémur de tiranosaurio, debe quedar atrapado en una tela inorgánica, ser empujado hacia el interior de la corteza de la tierra y resistir todos los procesos biológicos que intentarán llevarlo hacia el destino común de toda la vida.

Ni hablar cuando de una huella se trata.

Lograr fosilizar una huella pliega el tiempo de una manera insólita.

Por otro lado, ¿habrá alguna relación entre el instante que rodea la producción de la huella y su destino –el destino de la huella-?

Ya que podríamos estar hablando de la pisada de un ser humano que acaba de perder su amor. O de uno que por fin encontró la manera de conservar el fuego o, mejor aún, de uno que solía dormirse tras mirar fijamente a los pájaros con la esperanza de soñarse con alas.

Sería difícil imaginar que tan variadas actividades no influyan en el destino de las marcas que producen.

¿Podríamos pensar en la dimensión ética de las pisadas?

Una tarde de comienzos de otoño, atrapa a un hombre de hace veinte mil años en una disyuntiva. Se detiene a pensar entre los arbustos si acaso será posible atravesar esa montaña. La ha visto mantenerse sobre el horizonte desde que tiene memoria. En numerosas ocasiones, se ha preguntado qué esconde. Sin embargo, el respeto a lo inconmensurable lo detiene.

Ella es tan majestuosa, tan inmutable.

Sus pies se hunden un poco sobre la tierra cuando tensa sus músculos e imagina su travesía. Sus pies transmiten a la tierra la inquietud y el deseo de aventurarse.

La tierra quiere beberse el deseo del hombre.

La tierra llama a todos sus sulfatos, sulfuros, silicatos y óxidos de hierro.

La tierra lo invita a atravesarla.

Quiere retenerlo como cualquier loca enamorada.

CAMINOS V

Hace años sueña con este momento. Primero, sólo se trataba de un fantaseo. Con el tiempo, fue adquiriendo sustancia. Pasó a ser un proyecto. De esos que se postergan hasta disolverse.

Pero no. Él no lo dejaría pasar. Finalmente tomó las riendas.

Siente la inquietud en su cuerpo. Cada latido consiste el tiempo. Una promesa por delante, montones de días que empujan por detrás.

Hace rato  peina canas. Siempre tuvo el pelo rebelde, pero los blancos más. Los blancos figuran salir escapados, electrizados, tal vez hasta sorprendidos. Eso ha logrado conservar, la capacidad de sorpresa. Todavía la vida no lo aburre. Muchas veces lo deja perplejo y disgustado, pero aburrido no.

Le costó animarse a empezar solo. Eso fue lo más difícil. Porque caminos emprendió muchos, pero siempre eran algo así como una negociación. Para ir con otros, aceptaba cambiar un poco el itinerario, un poco las condiciones, un poco el transporte. Esta vez va a cumplir lo que siempre soñó. Pero va a hacerlo solo.

Escucha los ruidos cotidianos, piensa si los extrañará. El vecino de arriba que siempre arrastra los muebles. El perrito de la del primero. La acelerada del 38 que pasa por la puerta de su casa. El noticiero de Continental que acompaña el mate de todas sus mañanas. Una radio podría llevar. El mate, sin dudas. Es que debe reducir el peso, a su edad no se puede llevar mucha carga.

Ya bastante  lleva puesta. ¿Cómo podría alivianarla?

Espera que el equipo no le falle. Eso también lo inquieta.

Sus amigos piensan: éstas son cosas que se hacen a los veinte años. Su hermano también se lo dijo. “¿Enloqueciste, viejo? A nuestra edad estamos para hoteles de cinco estrellas.”

Toda la vida esperando el momento oportuno.

Qué locura.

DESCANSO IV

El viento se hace oír de varias maneras. Silba. Sacude las ramas de los árboles. Golpea cuanto trapo encuentra a su paso. Papapa papá. Una puerta. Un cartel entre remolinos.

El hombre, entrado en años -piel curtida, pelo blanco-, se mueve con lentitud. Contrasta con el afuera. El tiempo parece pesarle en el cuerpo. Despacio, pero con  precisión, sus manos desarman el tambor de una pistola. Extrae una a una cada bala. Las apoya con cuidado sobre su única parte plana -paradas e inestables, con un extraño brillo cobrizo-. Trabaja sobre una mesa pegada a la ventana. Los nubarrones  comienzan a posicionarse en el cielo y, por momentos, lo dejan sin luz. Busca una pequeña lámpara de mesa para iluminar su tarea.

El viento arrecia minuto a minuto. Vuelan ramas, tiemblan los vidrios de las ventanas.

El hombre acaricia cada pieza de la pistola. La frota con un aceite especial, tal vez un poco rancio. Tiene sus años, como el hombre. La última vez que lo usó fue tanto tiempo atrás. Casi se había olvidado de la existencia de ese legado. Porque era una arma familiar, de esas que se pasan de generación en generación casi como una amenaza. Como un poder brutal, como una herida.

Recuerda la primera vez que la vio en el armario de su padre. La sorpresa, el temor, las preguntas. Preguntas que, por supuesto, nunca formuló. Ni siquiera para sí mismo. Sólo vagas dudas sin palabras. Espinas mudas.

Nunca tuvo buena puntería. No es que se hubiese dedicado a tirar, pero su puntería se puso a prueba en los dardos y en la vida. A él le parecía un don natural. Están los que “donde ponen el ojo ponen la bala” y los otros. Y a esta altura no le queda más remedio que concluir su pertenencia a los otros.

Corre la silla, se acerca a la ventana. Deja la pistola sobre la mesa, desarmada, sin alma.

Puede ver el mar. Hermoso privilegio. Las olas crecen y se deshacen en espuma furiosa. Una violencia sublime. Puede sentir los golpes del agua turbulenta. Rabia. Arrebato. Las

nubes se confunden en el horizonte con los tonos plomizos del agua. El viento domina todo el paisaje.

Los pájaros, retirados de la escena, serían un lindo detalle. Dispuestos a enfrentar la adversidad.

Pero no, a veces hay que aceptar que la batalla está perdida. Ojo, no es fácil. Le vienen voces diversas de distintos momentos de su vida. “Hay que lucharla, viejo”, “vos elegís la fácil, retirarte y listo”, “no te des por vencido ni aun vencido”. Qué va a ser fácil.

Camina despacio hasta la cocina, pone a calentar agua. Tiene frío. ¿Cómo podría enfrentarse a toda esa pasión terrenal? La fuerza del mar, los bríos del viento.

Mira la pava titilante sobre el fuego, luego gira la cabeza hacia el pequeño cuadro iluminado por la  lámpara de mesa. Las balas erectas. La pistola deshojada. El recuadro de la ventana con una pintura tormentosa. Se prepara un té y sueña con una balsa alada.

CAMINOS VI

La piedra escribe música en el agua cuando se deja abrazar en sus confines.

La cordura de la huella engaña al tiempo que ríe complaciente.

Mientras tanto, el amor descansa en todas sus marcas.




LA MAL EDUCADA

Viaje alrededor de un punto: sobre muertos y preguntas banales.

Por Cecilia Miano

La carne feroz , Francis Bacon
La carne feroz , Francis Bacon

DE TRIVIALIDADES EN LOS SALUDOS

Hace no tanto, el tiempo de la cortesía desinteresada, el espacio de los modales- de la urbanidad- necesitaba del encuentro de dos cuerpos. Las redes sociales son el territorio donde el saludo encuentra su caldo más amplio. Y también, el menos nutritivo. El “Cómo te va”, las más de las veces no se interesa por cómo te va. Y, menos aun, el “qué es de tu vida”. Porque si esa pregunta se moviera de verdad por interés, implicaría un don de tiempo del interlocutor que la rapidez y la banalidad con que se lanza, no permiten. Encima, internet agrega en tipografía lo que falta en corazón: stickers, corazoncitos, negritas y resaltadores de toda clase amplían el vacío de una frase dicha como una concesión: la curiosidad no me deja quedarme callado pero, de verdad, no se te ocurra tomarte mucho tiempo para rondar tu dolor ni tu entusiasmo.
“¿QUÉ ES DE TU VIDA, CECI?”… las letras en mayúscula se desprenden de la pantalla, un mensaje de skype.
Domingo al mediodía, abro mi computadora, apurada, porque me he perdido mucho en este letargo espantoso de reposar. En el apuro por ver, las mayúsculas- para denotar el entusiasmo de mi compañera, a quien hace años no veo- se mueven en piruetas. Pienso también rápido: qué será de mi vida. El instinto me sugiere una respuesta:” bien”, como al pasar, no le voy a contar mis penas, mis pequeñas alegrías, mis decepciones. Tanto menos en un mensaje. Elijo no escribir nada por ahora. Pero las letras quedan pegadas, se regocijan en mi mente para recodarme, la vida está en curso.

UN ESPACIO FIJO EN EL TIEMPO

Veinticinco años desde la detención en el tiempo. Parece mucho, pues para mí es nada. Ayer a la mañana, al despertarme, abruptamente mi vida- en algún sentido- se detuvo. Una tragedia, un drama eterno: mi hermano está muerto.
En ese momento, las escenas pasan lentas. Lo curioso es que los años osan seguir su curso, los relojes marchan, la gente camina, yo misma corro todo el tiempo, juego con él, me desparramo en el día incansable, pero algo no viene conmigo. O, mejor dicho, algo se quedó allá.
La secuencia es muerte, vida, lucha, carrera. Planteo un comienzo desde la muerte, ahí donde el tiempo de otro no anda más. Las palabras se pierden como las voces, los movimientos se alejan y las fotos se acercan en un ejercicio difícil. A partir de esto, la vida, la lucha y la carrera se acoplan en un plan sin mucho movimiento, en un curso estático de secuencias deshilvanadas, de mensajes inconclusos y en un soñar que la voluntad lo puede todo.
Lo más inconcebible en el tiempo de la muerte del otro es la continuidad de nuestra propia vida. Que el otro se haya quedado fuera de tiempo- sin tiempo, eternamente detenido- y uno obligado a trascurrir y a la la intensidad de una falta, que se ahonda en los instantes, los perfora, los hiere sin matarlos. Tiempo herido sin esperanza de muerte: el duelo comienza.

ASTUCIAS DEL COLOR

¿Cómo pasa el tiempo? Mis idas y vueltas son tan aceleradas en el cuerpo que, en mis recuerdos, se pierden, se confunden. Se esfuman.
La ausencia de los primeros tiempos se vuelve áspera. Son tantas las faltas que el equipaje lleva a la rastra el dolor. Falta por acá, falta ahora, falta, falta, falta.
La amputación es tan tangible, como muda de palabras. Contornos tampoco toma. Si así sucediera, con gusto la dibujaría. Aunque imagino colores vibrantes en manchas sin sentido, figuras exóticas, formas abstractas que buscan eso, eso. Lo que ya no es y está.
No todo es gris. No todo es rojo.
Los matices aparecen siempre. Hay una conspiración del matiz que elude el centro. Y el centro se mueve como un trompo. Insaciable.
¿Quién se hace cargo de este descolor?
Se sigue, las mañanas llegan, los proyectos se acomodan, las nubes se cargan de violetas, la pava y el mate se vuelven indispensables. Sigo. Comparto los momentos de entusiasmo con él. En noches de insomnio, nunca lo pienso.
Entre estas desesperaciones, aparece la furia, siempre acompañada de otros personajes. Ella irrumpe, avasalla todo, se planta sin miedo. Con el tiempo- bastante tiempo según cuenta la memoria- nos hicimos amigas. Y hoy podemos caminar juntas. Pero la furia es una devoradora del color. Y mi tiempo se ralenta para no dejarle a ella todo el festín. La furia es servidora de la muerte, a veces.
– ¿Color preferido?, ¿una comida? Tu signo es…
-Negro, rojo, gris, blanco, violeta. Ceci, ¿cuál es tu color preferido?
Mi mamá me contaba que, cuando era muy chiquita, decía el amarillo.
Mi mamá tampoco anda por este lado.
Para rescatarme, te digo “el amarillo”: de sol, de pollito, de sala del jardín, de Ceci chiquita y grande. De lo que pinta mi vida hoy. El amarillo en oriente es luto. Y, en mi imaginario, luz. Cuando lo ausente ronda, no sé por dónde amanezco.
Pero lo que me anochece antes de tiempo son las preguntas que hieren en banalidad.

 Princesa, Francis Bacon
Princesa, Francis Bacon

SALUDOS A LA FAMILIA

Cuando una familia sufre la muerte de uno de los suyos, todos quieren ayudar en la impotencia. ¿Qué modo del pensar se ajusta a la ausencia de un hermano de 16 años que estaba y ya no está? La razón se niega, la intuición se retuerce, el cuerpo está aterido.
En un primer momento, la anestesia del espanto colabora a no darse cuenta. Las palabras llegan sordas. Recuerdo mejor los gestos de consuelo. Pero, cuando el tiempo hace de las suyas y el “de afuera” considera finalizado el duelo, llega lo impensado. La pérdida de la pérdida en mirada de los otros, te deja en la intemperie. Tu dolor está solo dentro del cuerpo, pero no es tuyo. Viaja dentro de los contornos de tu silueta, casi sin moverse. Se deposita en cuevas inaccesibles para la voluntad y para el coraje. Tu dolor no es tuyo, vos sos propiedad del dolor.

¿QUÉ ES DEL MUERTO, ENTRE EL ATÚN Y LA MAYONESA?
– Y la familia, che ¿todo bien?
Una pregunta lanzada en medio del supermercado, junto a la góndola de las mayonesas y enfrente de las latas de atún, resuena como una ostentación de la eternidad frente al tiempo enfantasmado del deudo.
– No hay mal que por bien no venga…
Imaginaba José Saramago en “El año de la muerte de Ricardo Reis” que, así como tardamos nueve meses en nacer, nos lleva nueve meses terminar de morir. Durante ese tiempo, enfantasmamos. El fantasma es el vivo sin consistencia, es la muerte sin consistencia, es la advertencia de la incompletud en todo, aún en aquella vida arrogante, que se garantiza la existencia por el mero hecho de respirar
– No hay mal que…
Una señora colgó sobre mi rostro esta frase, al verme más flaca, después de la muerte de Sebastián. Fue en el almacén. En estos casos, el refranero- a diferencia de la simple banalidad de la cortesía-resuena casi como un insulto. Porque el refrán es una máxima inapelable, que une a todos los duelos en uno, como si cualquier muerto diera lo mismo y afectara de igual manera. Si algo le falta a nuestra falta es que nuestro muerto se transforme meramente en uno más. El fantasma mismo debe quedarse paralizado ante semejante audacia. El fantasma es la figura inmóvil que traslada su modo de dejar de ser entre los vivos. Ese traslado es un viaje. Ni sin contrario. Fuera de viaje, el fantasma es también el modo en que los otros esquivan la densidad de un muerto concreto y la diluyen en la muerte, en general.

LA RETAHíLA SIN FIN

¿Qué contás? Mejor, ¿no? Sí, se ve que sí. Es cuestión de tiempo nomás. Te iba a preguntar si necesitabas algo, pero te veo tan bien, che. Sos fuerte, saldrás de esta.
Todas las que se te ocurran, todas las que te hicieron sin mirarte a los ojos, todas las que dejaron caer por descuido de la mala costumbre de intentar o, mejor dicho, de querer hacerte creer que la ausencia infinita es trivialmente “acompañable”.
Las sin sentido, las obvias, las anónimas, las desaprensivas, las feamente piadosas, las lastimosamente inútiles. Solo de costado se arriman. Y no tienen el don de desaparecer, porque nunca completaron nada, como una aparición
“Todo pasa”…, menos el reino de lo banal.
La buena educación tiene en el saludo su aporía, un rincón en donde el adjetivo “buena” hace entrar en crisis al prestigioso sustantivo. Educado es, quizás, el hombre que mira su ausencia. Sin miedo a pegotearse el cuerpo con ese dolor tan pegajoso, que el tiempo no lo lleva.
Entiendo, el dolor viaja inmenso alrededor de mi pequeño cuerpo. Soy para él un punto, no un referente. Un blanco, no un objetivo.
La presencia es tan infinita como la ausencia. Y muevo al dolor.
Los colores siguen su ronda porque, mientras haya matiz, la muerte no va a instalarse, el viaje seguirá su curso.
Y la gente preguntará, siempre.