TOCAR INFINITO

Lo inesperado: Entrevista al guitarrista Osvaldo Burucuá

Entrevista y edición: Diego Soria

 “La canción popular es síntesis de emoción y sabiduría, mensaje breve pero jamás de menor calidad ni trascendencia frente a las que muchos consideran grandes obras

Cuchi Leguizamón.

(…) Traveler en camiseta y pantalón de pijama silbaba prolongadamente La gayola y después proclamaba a gritos:” ¡Música, melancólico alimento para los que vivimos de amor!” (…)

Rayuela, cap 44, Julio Cortázar

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Pereza andaluza por Julio Romero de Torres

La guitarra es sabia en respuestas, pensaba Atahualpa Yupanqui. Pero también se alimenta de una buena ración de preguntas, hijas de un hambre curiosa y de un paralaje aparente entre quienes preguntan con el tañir de sus dedos y quienes ostentan “su guitarra oracularia”. Villa Urquiza alberga a uno de los intérpretes que ha sabido traducir sus respuestas en los muchos modos posibles de la encordada. Apenas al bajar del tren, un mural de un guitarrista se despinta en la tarde y anuncia -en secreto- que estamos en el camino correcto. En adoquines, las calles se alejan de las vías que serán, sin embargo, testigos omniscientes. Así como en la escritura se eligen con cuidado las palabras, Osvaldo elige sus notas en la pelea por hacer de este compás de tiempo algo imprevisto y revolucionario.

 

PATEAR EL TABLERO, DE RAÍZ

“Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra…

Cómo haré para que sientas mi torpe amor,

mis ganas de sonarte entera y mía…”
Alfredo Zitarrosa

 

Vos, que has investigado al Cuchi Leguizamón para tu libro “Los sonidos del Cuchi”, ¿crees que él fue un inesperado en la música nacional, en su momento?

Y sí, lo confirmas a medida que pasan de los años. Al acercarte a la obra de él, resalta más lo inesperado, lo repentino, lo audaz, que lo técnico, aunque tenía muy buen manejo de eso también. Pasa que el espíritu es mayor a ese conocimiento de los acordes, a la dinámica de la composición. Lo inesperado era la audacia, el arrojo, la inquietud del Cuchi. Muchas de las cosas que veía como admirables, luego de haber seguido esta música de cerca, me doy cuenta de que son fruto de patear tableros, de empujar los límites para “ver qué pasa”. Por ejemplo, él escuchaba música dodecafónica, ultra vanguardista, eso lo movilizaba para hacer, no unos ejercicios, sino una obra que tuviera algo del asunto.

Y lo hizo en un momento complicado, cuando la música folklórica era muy tradicionalista…

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Osvaldo Burucuá

¡Sí, seguro! Y en el ambiente salteño, el más conservador. Él pertenecía a una clase social que podía estudiar en una universidad, costearse una carrera de abogado. Es decir, en su caso no hablamos de un crecimiento como el de Atahualpa Yupanqui, signado por lo humilde, con una pobreza que él veía de un modo medio bendito. Hoy, al espíritu del artista contemporáneo, le falta esa actitud del Cuchi. Por ahí conocemos qué acorde usaba, por ejemplo, Bill Evans o cómo componía Jobim, pero hace falta algo más, ir más allá. Por otra parte, hay un respeto sagrado a la raíz, a la esencia. Lejos de hacer como Manolo Juárez, o quizás como los jazzeros cuando se toman la libertad de formas y duración e improvisan una zamba, el Cuchi no se te iba de la cantidad de compases de la zamba, él hablaba de la danza como la raíz de todo.

Pero, dentro de esos límites, el Cuchi revolucionaba…

Hizo cosas que siempre estaban fuera de lo esperado, él creó la “Zamba del pañuelo” en un lenguaje tradicional y, de golpe y porrazo, sale “Lavanderas de río Chico” con los bises de la zamba que se alteran, junto a la voz del Chacho (Echenique quien, junto a Patricio Jiménez, formó el Dúo Salteño, mítico grupo del folclore argentino). Eso le permite al Cuchi hacer uso de su segundo instrumento: “El Dúo Salteño”. Hay temas de esa época que solo los podía cantar el Chacho, por el rango vocal son aventuras tremendas… Vos pensá, hacer eso en Salta hace cincuenta años loco… No en Capital Federal, hablamos de Salta. Por ejemplo, ¿cómo llegaba “El Aveloriado” después de escuchar a Stravinsky? ¿Cómo llegó un disco de Stravinsky a Salta? Sé que la familia escuchaba mucha música clásica, mucha ópera, todo esto me lo contaron los hijos del Cuchi con quienes, a raíz de este libro, tuve un acercamiento más estrecho. Él hizo locuras – ¡Bah! locuras le digo yo en el mejor sentido que uno le da a la palabra, esas que tienden a mejorar un poco este mundo- como el concierto de campanas (organizado por Cuchi Leguizamón en la capital de Salta el 20 de febrero 1963). Yo incluí una crónica del diario “El tribuno” de Salta, vos la lees y aquello debió ser algo increíble. El Cuchi tenía ganas de hacer un concierto con los ferrocarriles, porque le gustaba mucho el sonido de los silbatos, las máquinas…

Habría terminado por tocar blues…

¿Y mirá…, sabés quién “jodía” con los ruidos de los ferrocarriles?  Duke Ellington, le “copaban” los trenes, viajaba en su vagón privado el tipo. Y, a la noche, se sentaba al piano y componía. Por eso, vos escuchás su Big Band y tiene temas dedicados al ferrocarril…

 

 

Osvaldo Burucuá – Corazonando (Gustavo Cuchi Leguizamón)

Y vos, Osvaldo, a primera vista, se podría decir que sos un guitarrista de raíz folclórica. Pero, en realidad, tenés muchas más influencias

Bueno, sí, me tocó eso…

No te cerrás a un solo género, al menos, eso se percibe en tu música, te nutrís de otros músicos.

Porque soy de aquí, viví en Capital toda la vida, si vos te fijas quiénes están en grandes centros urbanos como la Plata, Rosario, Córdoba, Mendoza, entre ellos hay una movida estudiantil infernal y un bombardeo de músicas permanente. Pertenezco a una generación de músicos llamados los “todo terreno”, ¿no? Mirá, hace una hora, me encontré en la calle a un librovecino guitarrista flamenco y hablábamos de esto, el tipo se sorprendía de que yo tocara tango… La primera guita que me puse en el bolsillo, a los diecisiete pirulos, fue por tocar tango, vivir acá, y que el tango te entre por un oído y te salga por el otro… Me parece que no se puede ignorar. Fui a un colegio industrial, éramos todos varones, imagínate, estaban los pibes que escuchaban bolichera, porque iban a bailar a “Musikats”, y los que escuchábamos rock. ¡Éramos todos machos!, yo tenía que decir que escuchaba rock pesado, tenía que escuchar a Pappo, aunque siempre me gustó más “El Reloj”, por su guitarrista Fernando “Willy” Gardi. Una vez dije que me gustaba “Arco Iris”: tenían un longplay, “Tiempo de resurrección”, un disco fantástico. Al escucharme, no me miraron bien, ¿me entendés lo que te digo? Había que pisar fuerte. Es imposible ser indiferente a todo eso, tocarlo, además me gusta, lo disfruto. La creencia de que uno escucha nada más que lo que toca es absolutamente errónea. Por ahí hay mucha gente que está especializada. Hoy, un tipo más joven va a estudiar un género y no sale de esa especialización. Yo lo comparo con los médicos, están quienes se especializan en el dedo gordo de la mano izquierda y los otros, los integrales. Soy de la época del médico de familia. Pero, fuera de joda, con mis coetáneos hablamos siempre de todas las músicas, aparte de lo que nos toca hacer porque lo elegimos. En la música que tocamos se meten elementos muy variados.

 EL OFICIO DE SER JOHN, PAUL, GEORGE, Y RINGO

 “Mi mano en el diapasón se afirma como una zarpa.

Es que voy gritando cosas que me dicta la guitarra”

Atahualpa Yupanqui.

Sos un guitarrista rítmico, como vos mismo alguna vez te has definido. Cuando tocás una chacarera o una cueca, en tu sonido se diferencian muy bien los paisajes.

Bueno, gracias por el piropo…

¿Cómo se transmuta el paisaje en la música?

Mucho ensayo y error más un amor infinito por lo que estás tocando, de otra manera no persistís. Mucho ensayo, mucho escucharte y escuchar a otros músicos. Tuve la experiencia de poder viajar por el país, merced a mi labor. Eso me hizo cotejar con otros músicos, en algún caso, con afán de investigar, como con el libro del Cuchi. Ahí tuve la posibilidad de hacer dos visitas a Salta para tocar y las aproveché para investigar sobre algunos tópicos. El trabajo consististe en acercarte con humildad, es decir, no poner el ego delante de la música. Sumale a eso, los grandes referentes con los que pude tocar y compartir. Digamos que tuve todo a favor, inclusive, el respeto de algunos importantes músicos, o su bendición. Son pistas, señales de que uno va por el buen camino. También fueron una suerte los buenos profesores, en ocasiones. no se tiene mucha fortuna con la gente que se elige para crecer, a veces te decepcionan y se pierde tiempo y energía, no fue mi caso.

Al ser un guitarrista instrumental, por qué vos no cantás,  ¿no?

Nooo, canto espantoso, la que canta es mi mujer. Me junto con gente que canta muy bien, me dan una envidia tremenda, casi maliciosa. Para mí, el tipo que tiene una buena voz es un dotado, un tocado por la varita mágica de Copperfield. Me junto mucho con gente que canta para paliar un poco ese agujero en mi música.

Pero, de alguna manera, vos cantas a través de tu instrumento, buscás algún modo…

Sí, creo que la preocupación del músico instrumentista es arrimarse a la voz cantada…

¿Hay una prosa del instrumento?

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Guitarra y mantón mtzaballos

Sin duda hay, desconozco toda la técnica de la prosa, sé que, en técnica, la prosa la dan los recursos expresivos de la melodía, algo que a uno lo flecha enseguida. Hay, eso sí, una enorme inquietud, una gran ansiedad por hacer cantar a la melodía, por la interpretación. Yo he compartido mucho con Aníbal Arias, un guitarrista de tango fantástico- Su secreto era la interpretación. Por ejemplo, tocaba esas “pedorradas” que están en los libros de métodos y las interpretaba como si hubieran sido un tango de “Pichuco” en el Madison Square Garden, y vos te quedabas asombrado, ¿Cómo hace este? Y, bueno, tiene que ver con agregarle el sentimiento, la pasión al tiempo en que te pones con el instrumento. El caso de un solista, por ahí es muy especial, aquel que toca un piano o una guitarra se ocupa de todo: es John, Paul, George y Ringo, entonces está bueno desdoblar, las capas de esa cebolla. Siempre hay una preocupación por hacer sonar una melodía, de pensar en la letra.

Vos, junto a Aníbal y otros músicos, fundaron la Empa (Escuela de música popular de Avellaneda)…

Sí, en el grupo inicial éramos Aníbal, yo, Armando Alonso, Tristán Taboada, también estaba Arnedo Gallo, Virgilio Espósito. Entrábamos todos en una mesa de bar. Ahora es un edificio tremendo en Avellaneda, con cientos de alumnos.

Patearon el tablero ahí también.

También. Fue un hecho capital para nuestras vidas. A mí, por ejemplo, me agarró a los veintiséis “pirulos”, entonces tuve que ponerme no las pilas, sino la batería del V8, para ser un guitarrista capaz y poder transmitir en todo sentido. No te voy a decir si lo conseguí o no, me parece una pedantería. Lo hicimos de la nada, no había métodos, no había un “pito”, así que fue una pateada de tablero, que a nosotros nos marcó mucho. Hoy es un lugar más (La Empa) de los varios que hay, donde se estudia y explora sobre la música popular. En aquel momento, era una isla en medio del Pacifico.

¿Cómo eran las clases con Aníbal Arias?

Él tenía un curso, “Historia del tango”. No faltaba nada del tango, salvo Piazzolla- porque Aníbal no se lo bancaba, él era un ortodoxo…  era el tipo más querido de toda la escuela, lo amábamos. Una de las cosas que me fue quitando las ganas de ir a la escuela fue su muerte, un golpe durísimo, lo extrañamos hoy. Aníbal hablaba de la época de los cantores: Alberto Marino, Chanel, Jorge Casal, Rivero. Los bandoneonistas: Libertella, Pichuco eran todos tipos que tocaban con él, eran la historia de su vida. Él comenzó a tocar, de adolescente, en la década del treinta. Era como tener a Jorge Navarro contando la historia del jazz en Argentina.  Aníbal no tuvo hijos y, en cada alumno, veía a uno. Y con la guitarra tenía un método muy de él, muy ortodoxo, pero esos tres minutos de Aníbal tocando el tango delante tuyo eran las Escuelas Pitman, Las Leicesters, Berkley, todas multiplicadas por diez.

Tal vez haya sido el Atahualpa Yupanqui del tango…

¡Claro! Te ponía los pelos de punta. Hoy no sé, las chicas Mirta (Álvarez) Analía (Rego) patioFederico (Vallejos), hay un montonazo de guitaristas que siguen la influencia de Aníbal. Me toco estar ahí, fue una tirada a la pileta infernal. Sobre todo, en mi caso, porque era un pendejo sin chapa, sin nada. Eso despertó un poco de celos. No tanto, en primer año. Pero, en el segundo, entró mucha gente, linda y de la otra, en la escuela: matemática pura. Y eso despertó inquietud en un pequeño grupo de alumnos, de envidia, de malicia, que los llevó a cargar contra un grupo de profesores porque no teníamos “la” experiencia. Así que me tuve que apurar a hacerla, meterle pata, grabar un demo, en definitiva, me tuve que subir a una moto.

Siempre te tocó eso.

Y, la escuela fue un poco como el palo en el traste, el tener que justificar todo eso….

 REMOVER LOS ESCOMBROS Y DESPUÉS

“La guitarra me ha ofrecido la capacidad de poder expresarme

con el resto del mundo sin utilizar la palabra”.

Paco de Lucía

Pensar en la EMPA como un “patear el tablero en aquel tiempo” y pensar esta época, tan cuesta arriba políticamente… ¡Qué momento para tocar la viola!

Pero sabés qué pasa: lo peor que te puede ocurrir es la parálisis, quedarte en pausa, como un video, ¿viste? Hay una fuerza, una energía, algo te tiene que hacer subir encima de vos y hacer, en este caso, este libro, y algunas ideas más que tengo…

Como el homenaje a Baden Powell que dirigís, “Afrosambas” …

Lo de Baden fue una cosa a la que le di vuelta muchos años, aunque los tiempos cambien y uno piense en eso que vos dijiste, ¿en qué escenario me toca salir con todo esto?, ¿no? Lo del libro surgió, no pensaba en un libro de análisis musical en la Argentina. ¡Y, bueno! Tuvo buena acogida de entrada, está en algunos lugares donde circula este tipo de materiales, va a tener presentación oficial en tres semanas en la Biblioteca Nacional. Está bueno tenerlo, porque va abriendo otras puertas. Hay más gente que hace cosas sobre el Cuchi, como Leo Deza quien revisó sus canciones y las publicó. Por otro lado, Laura Princic grabó varios temas inéditos de Cuchi.

Hay algo que siempre palpita por debajo, venga como venga la mano…

Hay que sacar los escombros y empezar de nuevo, revolver, desenterrar y otra vez seguir. Recuerdo la sensación del 2001, luego de los disturbios, la sensación de abatimiento, de estar en el piso culo para arriba. Y, bueno, en un momento,

De: Renacer Humano Pintura: Oswaldo Guayasamin
De: Renacer Humano Pintura: Oswaldo Guayasamin

vos te sacudías la tierra y, de a poco, empezabas a caminar, a agarrar el ripio, luego el asfalto y ver qué se podía hacer. No está bueno quedarse con la sensación paralizante. Tiene que ver con el desafío del “a mí no me van a cagar” ¿no? Estos pelotudos no van a conseguir que yo me pase veinticuatro horas puteándolos, puedo pasar veintitrés. Pero, en esa hora que queda, me alcanza para sacar adelante esto y poder pensar qué va a ser de mí.

¿Para quién tocás, Osvaldo?

Buena pregunta. Te puedo decir para quién no toco: no toco para los músicos o para los entendidos, con esos solamente cerraría la cancha. Toco para la gente, quiero decir, para el tipo que se pone en frente de mí, un estudiante avezado de música, o cualquier hombre de a pie. Y para mí, porque si no estoy satisfecho con lo que hago, falta algo. Aun a aquellas cosas que puedo hacer con la guitarra, que no me representan un cien por ciento o no son las que yo elegiría para hacer, enseguida les busco la vuelta para poner algo mío, algo en lo que yo me vea reflejado. Entonces ahí siento que estoy tocando para mí. Y para ganar unos mangos: eso, después.

¿Hay algo que te rebela dentro de la música?

La medianía, la monotonía, la chatura, el “siempre lo mismo”, la receta. Estos últimos años estoy alarmado, el enemigo es la falta de objetividad, de autocrítica, observo el estrago que representa para mí y también para mis pares. Esto nunca lo dije, veo muchísima autocomplacencia. La conformidad en extremo, el no plantearse realmente qué pasa con todo esto, ¿no? La falta de reflexión. Te impide plantearte si hay contenido, sentimientos, si hay pasión que te lleve a plantearte muchas otras cosas. Entonces, el enemigo- más que estar arriba-, está en uno mismo. Veo un facilismo- y no digo que no se justifique-, en echarle la culpa al medio. Me parece que es un argumento muy fácil, muy trillado, que esconde y no permite dilucidar la raíz verdadera de este asunto. Te hablo de una raíz que observo desde hace décadas, donde influye también lo político, como esta pesadilla que estamos atravesando. Son cosas que no se crean de un día para el otro. Si vos examinas toda esta línea de tiempo, vas a entender un poco más por qué se dan las cosas así, también en una disciplina como ésta la falta de autocrítica te lleva al aislamiento, a no considerar el contexto, la época, el lugar, el saber que no sos un “coso” aislado, sino algo que forma parte de un entramado, de una urdimbre social. Y que vos ocupás un lugar ahí. Y, si te sacás de ahí, la estructura se tambalea.

 manos

ANÉCDOTA: Osvaldo, artista plástico.

 

Antes de lo de Avellaneda (La Empa), tuve una vida como artista plástico, hice un par de exposiciones y todo.

Eso no se sabía.,

No porque lo enterré después de la música, tengo dibujos enmarcados, envueltos, ¡Los guardé! Me había presentado en un salón y me rebotaron, eso me había desilusionado mucho. Y, encima, me había metido con “tutti” con la música, después Avellaneda… En el año ´80 había una banda independiente de Rosario, que a mí me gustaba muchísimo, Irreal”: el baterista era Daniel Wirtz, el hermano de Manuel. La primera voz y segunda guitarra era Baglietto. Y el capo de la banda era Mario Corradini, un músico de Mar del Plata. Yo me había copado con un tema de ellos y me había puesto a hacer un dibujo. Entonces, me dijeron- todo por carta, ¿no? – “che, por qué no lo hacés en treinta por treinta tamaño longplay, asi cuando lo editemos, lo usamos de tapa”. Bueno, bárbaro, me entusiasmé y terminé el dibujo. Ellos vinieron aquí a tocar en el teatro Lasalle, una sala chiquita donde tocaban las bandas “under”. Vieron el dibujo, les gustó y les mandé una copia fotográfica de buena factura. Al tiempo, el grupo se disolvió por problemas con los milicos. Hace un par de meses, se publicó en Youtube, el tema que yo ilustré, entones escribí, en un comentario: “mirá que yo les hice un dibujo, cuando vivía en tal y tal lado…” A los diez segundos me contestaron: “¿Es este?” ¡pum!  Ponen el dibujo mío en la pantalla… loco, ¡así de golpe!El dibujo tiene el nombre de la banda arriba, está diagramado como tapa del disco. Y, como no estaba firmado, no sabían de quién era. Pero ahora ya le dijeron al diseñador, y va a salir un disco el mes que viene ¡con una tapa dibujada por mí! Jajaja ¡Soy Roger Dean! El que le diseñaba las tapas al grupo “Yes”.

¡Además va a ser la primera vez que salís en un disco sin tocar!

 Al videoclip lo editaron: pusieron el dibujo al final, con el crédito “Dibujo de Osvaldo Burucuá” ¿Pero. ¿entendés? Yo ya dejé todo eso y eso volvió treinta y ocho años después. Se me dio. Muy loco, muy loco. Fui a Mar del Plata, estuve con el guitarrista tomando mate y hablando de esto. Cuando Baglietto empezó a cantar como solista hacía algunos temas de “Irreal”: “La censura no existe”, “El gigante de ojos azules”, cosas de Adrián Abonizio, gente de la trova rosarina, un grupo fantástico. Después de “Almendra”, esa música no había aparecido más.

Irreal – Cucarachas para el desayuno.

 

 

 

osvaldo y yo
Osvaldo Burucuá – Diego Soria

 

 

 




UN VENTANA ENORME

Los exilios: sobre la biblioteca de la infancia.

Por Diego Marcelo Soria

LOS LIBROS DEL EXILIO

Este no pretende ser un compilado de “libros por leer”, tampoco una selección para llevar a “una isla desierta”. Es simplemente un camino, una de las posibles formas de acercarse al momento de lectura, dentro de muchos otros tiempos donde, aún sin estar frente a un texto, entre carteles, rostros y andanzas, se construye una conciencia lectora, una vida lectora. Cada vez que uno elige un libro, como en cualquier elección, deja otro de lado. Y siempre es mejor poner énfasis en aquello que se gana que en aquello que se pierde.

LEÉ ESTO Y NO MOLESTES MÁS.

Tomá, me dijo mi madre, mientras me entregaba un reluciente libro de la colección Billiken, “Las fabulas de Esopo”. No sabía qué hacer con esa cosa. O, mejor dicho, qué iba a hacer aquella cosa para que yo dejara de molestar. En aquel tiempo había un ciruelo enorme en el tomfondo de casa. Bajo su sombra, mi papá tenía un tablón azul, enorme, donde doblaba los fierros para el encofrado. Y,  bajo su sombra, yo me tiraba a leer. Mi mamá, sin saberlo, me dio una ventana enorme por donde asomarme. Leer sobre lobos con pieles cambiadas bajo un árbol resinoso es un buen modo de empezar.

EL PAN DE AZOGUE Y LOS AHOGADOS

“Tom Sawyer” , otro de los libros de la colección que me regaló mi mamá, resultó el desembarco definitivo en la fantasía y la aventura, un combo irresistible para un chico. Mark Twain debió ser uno como los de mi barrio, pero a orillas del Mississippi. Desde donde yo vivía, miraba pasar a los aviones y él vio pasar a  esos grandes vapores a pala con calliopes. Los vio a través del río, entre las islas solitarias, donde Tom Sawyer supo esconderse para castigar a su tía Polly. Las tierras donde el indio Joe buscaba alguna fortuna con el borrachín de Muff Potter eran unos territorios prodigiosos. Allí, Tom podía engañar a sus amigos, martirizar a su hermano Sid y enamorarse de Becky Tacher. Eran el lugar para curar verrugas con la luz de la luna y para ver flotar el pan con azogue donde alguien se ahogó. Tom Sawyer es el extraño milagro de una niñez descalza a orillas de un río muy lejano y, a la vez, a la vuelta de cualquier esquina del gran Buenos Aires. Porque la imaginación acorta distancias y empatías. Con más fuerza aun, a esa edad en que los prejuicios todavía permiten creer que la luz de la luna es algo más que un paisaje nocturno.

LLÁMENME ISMAEL…

Hay un libro que no recuerdo cómo llegó a mí ni tampoco sé qué fue de él. Uno que marcó el 1377201232_261842_1377201567_sumario_grandecomienzo de ciertas dudas acerca de qué es la vida. Se trata de  “Moby Dick”, de Herman Melville. El mío era una edición en forma de comic, en blanco y negro y me cambió la mirada naive por una más trágica. Comencé a entender al capitán Ahab y a su obstinación tras un cachalote blanco, mucho más que un buen botín. El hipnótico Ahab era capaz de llevar tras de sí a toda una tripulación en su locura. Ese comic también fijó en mí, para siempre, las fisonomías de un capitán de barco pesquero, el arquetipo del desesperado y el misterioso cuerpo tatuado de lQueequeg, en su derrotero frenético tras la bestia  y tras la promesa de una tragedia inevitable. Aunque el protagonista comience la historia con un “llámenme Ismael”, al final del libro queda claro que nadie  encaja ya del todo en su nombre después de la travesía.

BOLETO A MARTE

Podría enumerar muchos cuentos cronicas marcianasde ciencia ficción de Isaac Asimov, pero me quedo con los de Ray Bradbury. ¿Por qué? En ellos, me gusta la idea de que el  futuro no sea solamente uno de máquinas sofisticadas, si no uno centrado en los problemas del hombre, esos problemas aún irresueltos. Cuando Bradbury emprende la conquista de Marte en sus “Crónicas marcianas”, no crea una sociedad ideal, libre de los problemas del planeta tierra. Al contrario, como en cualquier exilio, los hombres se arrastran hacia un territorio desconocido, esperanzados en que todo va a ser diferente, aunque haya una piedra en cada rincón. Bradbury vuelve sobre el tema en su último libro “Ahora y Siempre” y, ¿casualmente?, trae una adaptación futurista de la novela de Moby Dick, donde el mar es el espacio, el cachalote un asteroide, pero la ambición y la locura humana siguen ahí, intactas.

EL PREDICADOR

A esta atura del camino, serpenteo  oscuridades. Yo solía ir al trabajo en pantalón negro y camisa blanca. Bajo el brazo, un libro enorme: las “Obras completas de Edgard Allan Poe”. Cuando me cuervovieron llegar con eso, automáticamente, me apodaron “el predicador”. El libro se ajó con el tiempo, de tanto ir y venir en colectivo y tren, mientras insistía en un mundo romántico y oscuro que bordea la locura y donde cualquiera puede perder la razón por unos ojos, por un corazón o por unos dientes. Poe es una puerta de entrada a un mundo del que no hay salida. En su poema “El Cuervo”, el ave advierte que no habrá tregua en el dolor a la hora de recordar, es una clase de dolor inolvidable la que te invade una vez que lo leíste, una vez que el cuervo dice: “Nunca más”

LA COSMOPISTA

Al final de este camino, escojo a quien podría  ser mi preferido. A quien, sin que yo supiera,  pavimentó el camino desde un principio, porque mi encuentro con Cortázar se parece a la “continuidad de los parques”. A la vuelta de muchos libros, de mucha vida y sensaciones, él me esperaba para entendernos como si hubiéramos sido viejos conocidos. Julio Cortázar es uno de esos autores que resume una idea mágica del mundo, como un hecho natural, no excepcional.  Así, miro para atrás y la vida se parece a un collage hecho de recortes de muchos autores: la rebeldía de Osvaldo Bayer, los claroscuros de la Habana con Leonardo Padura o las crónicas de Roberto Arlt en los bajos fondos de Buenos Aires. Y el camino sigue. Dentro de esos libros, me refugio. No me exilio. Ese es mi mundo.

aunautas

 

 

 

 




EL DEMONIO DE TASMANIA

Exilios: Sobre Hannah Gadsby

Por Diego Soria

 

TRAS EL SONIDO DE LA TETERA

¿Quién es Hannah Gadsby? ¿Quién es esta mujer que se asoma a través de la ventana de Netflix? La descripción del show dice apenas que ella es una humorista, que el stand up es su especialidad. Pero Hannah, una australiana, nacida en Tasmania, tiene una licenciatura en Arte y curaduría. Hannah, antes de hacer humor, fue una estudiante, proyeccionista de cine y, además, trabajó en una granja. Hoy, desde el hannahescenario, parece haber encontrado su lugar, justo ahora, que dejarlo atrás parece ser la paradoja, exiliarse para encontrarse.

 

ESTAMOS INVITADOS A TOMAR EL TÉ

En las primeras imágenes Hannah entra a una cocina, toma una tetera y, mientras los aplausos se funden con la escena, también se escucha el sonido de la tetera, los sonidos de la porcelana y los perros que la acompañan. Al comienzo todo es como debe ser, los aplausos bajan desde la platea entusiasta, las cámaras hacen el paneo necesario sobre las cabezas del público, mientras Hannah da la bienvenida a su show. Desde el vamos, ella se planta con seguridad, delante la sobria escenografía. “Nanette”, “el espectáculo se llama así porque empecé por escribir el título antes que el resto del show, y es que conocí a una mujer llamada Nanette de la que pensé sacar mucho jugo para un show, pero no lo hice”. Hannah es de Tasmania, una isla a al sur de Australia, un lugar pequeño y conservador, donde asumirse abiertamente homosexual tenía consecuencias desagradables, es decir, como en muchos pueblos pequeños la presión conservadora y católica se hace sentir al modo medieval. Entonces uno se acomoda frente a la pantalla y piensa en los chistes obvios sobre gays y lesbianas que van a venir y ella los hace. Pero, al pasar, cuenta que se tuvo que ir, de su lugar natal “Hagan sus maletas, metan su sida ahí y vayan a su Mardigras (carnaval)” porque la homosexualidad estaba condenada hasta 1997.

 

LA SALIDA ES POR ALLÁ

Sin pensarlo, el espectador se va dejando llevar, es decir, el público parece valorarse a sí mismo como de “mente abierta”, entra en el juego cómplice propuesto por Nanette, festeja y ríe a carcajadas. Hannah es corpulenta, usa pantalones y saco azul, del mismo modo que la escenografía, azul, porque me gusta, dice ella. Se ríe de los estereotipos que determinan azul, para niños y rosa, para niñas, “¡Al diablo!, los locos son ustedes”, grita desde arriba. El Hannah-Gadsby-3-640x360público titubea, ya no se siente tan cómodo en el teatro, el culo empieza a picar, y la sensación se acentúa cuando ella arremete contra su propio colectivo, el mismo que la alienta, el mismo que la quiere expropiar. Hannah les marca la cancha, dice lo que debe decir para ser una lesbiana de ley, una lesbiana de verdad. Sobreviene una sensación de soledad, bronca en su voz. En medio de un show de stand up el clima cambia sin que ella se mueva, solamente elige las palabras. Sus ojos pequeños y azulados ponen puntos sobre las íes, escrutan, parecen llegar desde el fondo de un túnel negrísimo y largo, como un tren. Eso son, un tren que atruena al llegar al final. Un manual del comediante, seguramente, no aconsejará farfullar por lo bajo, menos, contra el mismo público, pero Hannah no se priva de eso.

 

YO ME BAJO AQUÍ

Gadsby contornea el cuerpo de su mensaje, el público está donde ella quiere tenerlo, pasada la primera sorpresa, la idea tiene su lógica. “Desde que me dedico a la comedia, dice, no hago más que hacer humor autocrítico hacía nosotros, y eso no es humildad, es humillación”. Pensar un espectáculo desde la utocrítica a la propia elección puede leerse como un intento de lograr aprobación, una forma de permiso de la mayoría blanca, delgada, católica y conservadora. Es una idea que no se acaba en su caso particular, se puede extender a otros tipos de conflictos donde el dolor se tapa con humor, se sella como un compartimento estanco. Del mismo modo en que las películas de submarinos cierran -sección tras sección- las compuertas para evitar el naufragio. Sirve para eso, normaliza a quien está arriba del escenario y al público. Mientras tanto, si ella no acepta las reglas, sigue en el mismo lugar, en un exilio inmóvil, poco doloroso. El público está definitivamente callado, a merced de su genialidad y hasta desea volver a la risa de los primeros minutos, ahí donde público y artista firman un pacto: yo te aplaudo, vos me haces reír. ¿Les molesta esta tensión? Dice Hannah, yo vivo con ella.

 

MAS ALLÁ DEL STAND UP

Hannah Gadsby ya se ha declarado exiliada de las formas seguras del stand up. Y, y al hacerlo, deja en “off side” a sus colegas. Sin querer o queriendo, el arte de hacer reír en soledad y autoflagelándose, se acaba aquí. Porque interpela esa pared del público que, muchas veces, se siente neutral. Ya no. Hannah hace una bien cuidada arenga, con acento en sus ojitos chispeantes.

Hannah es una luchadora, una militante y una mordaz humorista. Hannah es de un lugar pequeño como les toca a muchos, pero ha logrado hacerse atender bien lejos. Hannah ha decidido decir su verdad, ¿y que? ¡Y qué! La voz, por momentos, se le pone ronca y el brazo se agita como nunca había ocurrido antes. Sus ojos llamean, es un grito postergado hasta aquí, solo hasta aquí, para dejar la humillación y asonar en el sonido de la tetera.

 

 

 

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PIEDRA EN EL RÍO

El cuerpo: sobre las multitudes en Plaza de Mayo
Por Diego Soria

LES PICA EL CULO

En la mesa, unos tallarines humeantes nadan en un mar de salsa roja, los brazos en lucha interminable sobre el plato. Acabo de salir del trabajo y mi cuerpo se deshace en busca de comodidad sobre el asiento de madera. Me llega un mensaje, lo abro: en una foto, unas manos con los dedos en V saludan desde algún rincón de la ciudad. Hoy se protesta, se trae la bronca al borde vallado de la Casa rosada. Lo pienso un minuto antes de abandonar los fideos en la mesa y partir hacia la marcha federal.

En la línea B, los rostros se uniforman. El balanceo de los vagones fustiga a los pasajeros como a ropa sometida al viento. Es una alegría conseguir un lugar donde apoyarse. Hay muchos pasajeros rumbo a Plaza de Mayo. Se identifican enseguida con alguna remera del “Che” o de alguna agrupación de izquierda. Más hacia la fondo, un grupo, quizás los más jóvenes, ensaya un canto contra el presidente Macri. Me río, pero a otros les molesta. Les pica el culo, pienso, porque hacen muecas. Otros piden a quienes cantan que agarren una pala. Y lo que sigue es una lluvia de insultos. Todos juntos, sin embargo, bajamos en la estación, comenzamos a subir las escaleras. Desde el túnel se escucha la alegría de los tambores y el humo de los puestos de choripán. Mi cuerpo ya no duele, ya no se queja.

EN EL PRINCIPIO, FUE EL CONURBANO

El orden y a simetría ordenan las humanidades de quienes llegan desde la zona oeste del Conurbano y toman la Avenida Corrientes. Otras columnas se acercan desde otras avenidas, pero siempre con origen en el Conurbano. Son electricistas, obreros rasos, albañiles. Algunos, en sus bicicletas, otros empujan algún carro cartonero. El obelisco, como una piedra en el río separa la marcha en dos sobre la 9 de Julio. piedra y rioPero, en solo un instante, la multitud se vuelve a unir y marcha en silencio bajo sus banderas sostenidas por puños que se agrietan y soportan el frío. Todos llegan a la carrera  entre las sombras de una ciudad que los niega. Me sorprendo en este momento, cuando  el silencio manda en el ingreso a la Diagonal Norte. Recién ahí, las gargantas callan, los ojos avisoran apenas por sobre las bufandas y los más chiquitos corretean por la avenida inédita.

SEÑOR, LARGUE LOS TALLARINES

Las marchas no son lo mío, no voy a venderte que IMG_20180601_133619_1comprometí mi cuerpo en un sinfín de ellas o que tengo heridas de balas de goma en el cuerpo. No, tengo heridas del trabajo, si usted quiere aceptarlas: un corte allá, algún punto más acá, cosas así. Sin embargo, algo me empuja a abandonar los tallarines humeantes para estar aquí, acodado en el Cabildo de la Plaza de Mayo. Quizás, algunas cicatrices estén por dentro y se hagan sentir mucho más ahora, en tiempos de derechas y cuerpos policiales libres de conciencia y reglamento. Así como la humedad nos recuerda las fracturas de los huesos, el movimiento de las calles- acompasado y, por momentos, silencioso-,  hace que uno lo recuerde: somos más que un cuerpo laburante, somos también conciencia, de la cabeza a los pies.

DE BOMBO LLENO

Las banderas invaden la Plaza, el frío ha tratado de espantarlas desde temprano y, sin embargo, no cesan de llegar, ahora sí, con bombos y bombas de estruendo sacuden la helada tarde. Algunos marchantes han recorrido miles de kilómetros para sumarse aquí. Yo solo tomé el subte. Entre tantos, se abrazan, algunos lloran. Son muchos ojos posados sobre la Casa rosada, tan lejos, tan ausente, detrás de sus nuevas horribles rejas. Mañana, la mayoría de los diarios darán la espalda a estos afligidos y, en cambio, dirán que la Plaza de Mayo fue invadida por un grupo de cuerpos sobre  los canteros y la elegancia de la ciudad. Y nada más.

SILENCIO EN LOS TAMBORES

La ciudad se repliega, sorda a los cantos, indiferente a los ecos de pies contra los edificios, avergonzada, esquiva la mirada, cierra ventanas, baja cortinas IMG_20180601_133759para no ver lo evidente de los cuerpos que marchan. Desde el escenario, las voces arrojan a la multitud las consignas esparcidas a lo largo del país. Se acompañan con vivas y los puños cerrados acentúan lo que las voces dictan. Las piernas duelen y algunos pies escapan a la prisión de las zapatillas. Otros se apoyan contra alguna pared, mientras una bandera pasa de mano en mano.

Los ojos se cierran y el olor de los chorizos en la parrilla es un placebo humeante, de cuerpo en cuerpo. Figuras en busca de un abrazo, en la tarde  donde el sol ya no está. Los oradores se suceden hasta que llega Nora Cortiñas. Y entonces uno siente que el cansancio no es excusa.

Me alejo de la pared blanqueada. Las voces desordenadas bajan el tono para escucharla y los brazos se permiten el silencio en los tambores. La Plaza es también un silencio. Mejor dicho, es el silencio, hijo de la dignidad frente a esos edificios mudos de bronca. La voz de Norita se abre camino entre un montón de luchas. Por momentos hay aplausos, insultos al presidente, buena memoria. Pero Norita, antes de irse, pide permiso, como si hiciera falta:

“30 mil detenidos desaparecidos… ¡Presentes!, ¡Ahora y siempre!, ¡Ahora y siempre!”

 Y, en el último “siem-pre”, los corazones se paran. Una pausa de segundos ocurre mientras la silaba “pre” se pierde entre las paredes de la ciudad ciega.

En la marcha, con los muertos atrás, para que ninguno quede abandonado, como decía Atahualpa Yupanqui.

La Plaza comienza a retomar sus formas y a ese no le interesa, el pañal le hace dar pasos en falso a las puertas mismas del Cabildo. Su cuerpecito cae, rebota contra el piso y, con las manos, persigue alguna seguridad. No debe tener más de cuatro años, sus padres sostienen una bandera roja, él salta, va y viene. Ahora toma una botella y cae con ella despatarrado, se endereza, colorado de cachetes, le da una patada furibunda y otra vez a la calle, y otra vez pararse, y marchar y gritar y levantarse para seguir. Para que ninguno quede atrás.

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EL POZO Y EL PENDULO

La orfandad: sobre la muerte de los padres.
Por Diego Soria

 

SE ABRE LA PUERTA

¿Quién la abre?

Ferdinand Hodler, The Dying Valentine Gode-Darel  January 24, 1915.En algún momento, nos empujan a ese lugar, es un espacio conocido, demasiado conocido. Así nace la sospecha: quizás vivimos allí siempre y tan solo nos damos cuenta después del empujón más explícito. No queremos dejar de ser, no queremos que los demás dejen de ser, sin embargo, el lugar de nuestra caída es un lago donde hay que flotar o perecer durante un tiempo incierto. Así vista, la orfandad parece un castigo pergeñado desde el principio. Imaginemos una nada, desde la cual llegamos sin pedirlo, sin llenar formularios, sin levantar la mano. Sólo nacemos a este mundo que, normal y poéticamente, nos es hostil. Nacemos y agarrate, porque nos empezamos a ir al segundo de haber llegado. Llegamos sin pedirlo, vivimos las orfandades y nos vamos en cualquier instante a quien sabe dónde.

¿DÓNDE HAY UNA RESPUESTA?

No hace falta la ausencia para que la orfandad se presente en el cuerpo. Cuántos la sienten con la frente apoyada contra el vidrio de una ventana, en la multitud exultante que invade las calles. Tal vez, una de las ausencias más significativas. Puestos a hacer pie en este mundo, se tiene en los padres el mayor consuelo. Uno trabaja en función de complacencias que no siempre son recompensadas o, peor, son ellos quienes se complacen en nosotros, en busca de una respuesta a sus cuestionamientos. Así, nos encontramos más de una vez a mitad del desierto, pensamos qué hacer. Y ellos, pasmados, esperan que les demos un sentido a una vida que sostienen hace más tiempo que nosotros. Eso, en Oswaldo Guayasamín Terneurael mejor de los casos. Puede ser que sostener una vida en este mundo sea mucho precio a pagar y resulte en el abandono, en una orfandad prematura, que llevará una vida entera tratar de entender. Son apenas posibilidades de un milagro, de una ilusión incompleta, embotellada y lanzada al mar.

DECADENCIA DE LOS QUERIDOS

Existe una orfandad hija de la decadencia, propia del tiempo que va menoscabando la integridad de los cuerpos queridos y de los nuestros. Muchas veces, una enfermedad nos obliga a pasar horas para realizar trámites, que luego serán rechazados por algún burócrata. En las guardias de los hospitales hay un montón de espera amontonada en los rincones, en sillones vencidos de tanta expectativa y esperanza perdida. En esos sitios aguardamos, atentos, un gesto o una mirada en los queridos, una señal que nos diga: aún hay una chispa de otros tiempos, una maldita esperanza a la cual aferrarse: uno, primero, y el querido, después. Porque es así, aunque nos mintamos. La paciencia se pone a prueba en las charlas con los médicos, nos han robado el cuerpo enfermo y ahora explican que el tío no volverá a remontar barriletes en el baldío de la calle Cabildo. Nos invade una orfandad distinta, comienza a ser difícil de superar, la resignación puede ser la moneda de cambio entre la tristeza y la decadencia del cuerpo amado. Se achica el espacio, las reflexiones caen despeñadas hasta el más profundo precipicio.

VÉRTIGO

Cuando sobreviene la ausencia e ingresamos de golpe en la orfandad, nos sentimos en una rara mezcla de alivio por el cuerpo sufriente que ya no lo es y un vértigo desde los pies hasta la cabeza, un mareo de abismo. Aunque siempre supimos que alguna vez nos enfrentaríamos con ese sinsabor, lo tanteamos con el borde de los dedos, como el preso del “Pozo y el péndulo”, de Allan Poe, padecemos el frío de las paredes húmedas. Queman las miradas de los otros, se multiplican a la espera de que hagamos un movimiento. Vos tanteas el borde de algo que está ahí y no podés dilucidar. Mientras, pensamos hacia dónde correr: si a los abrazos mentirosos que dan un consuelo, o seguir tanteando el piso frío. Es una ausencia total, con la fuerza de un agujero negro que no deja escapar a nada, u6BEn espacio donde las palabras no alcanzan, mientras se huye hasta que las piernas no soportan y se adormecen con nosotros adentro: solo se puede esperar, en el silencio, que el despertar traiga un poco de alivio.

Pero el alivio tarda en llegar. La orfandad nos deja un sentimiento de cuenta final, sin alguien a quien tributar triunfos y fracasos. Aunque también, como una paradoja, queda un vacío abierto a muchas formas de ocuparlo. No simplemente de llenarlo, eso sería repetir la historia, ¡no! Hablamos de una manera de revelarse contra lo finito, burlarnos del reloj confiado en su victoria final. Es una batalla perdida, lo sabemos, sin embargo, hay caballeros que fueron contra mollinos de vientos y aún hoy son parodia de la locura o de la sabiduría. Quien escribe, quizás en este preciso instante, lucha a brazo a brazo partido, tan solo armado de estas palabras. Resisto a la orfandad para honrar esos momentos de amor que nos regalan un beso de inmortalidad.

EL ÚLTIMO GOL

Papá fue una de esas personas que no podía ser sin hacer, eso era un poco incómodo para mí, como hijo. Su andar enérgico por la casa marcaba el pulso, señalaba las tareas. Yo quería escuchar a Boca en Radio Continental, donde Víctor Hugo recitaba: “el Riachuelo y el Plata podrán mezclar sus aguas ahí cerca, pero River y Boca… no se mezclan”, aunque los pasos de papá resonaban lo inevitable, tarde o temprano, me iba a llamar para que lo ayudara y, de paso, enseñarme algo de albañilería o electricidad o cosas útiles para la vida. CuLos torturadores en la tierraando eso sucedía, sabía que no iba a escuchar radio. Imaginar las evoluciones de Batistuta en el campo de River podía volverse un riesgo semejante a estar parado en un andamio o en el alero de casa. Impaciencia de técnico de fútbol, sí, eso tenía de futbolero papá: a la hora de trabajar, carecía de movimientos sutiles para trabajos fino. No, no era lo suyo, sus manos grandes, huesudas, secas, llenas de cicatrices, se movían impulsadas por una electricidad. Entonces, las tareas junto a él podían durar hasta la noche, o más si hacía falta. Qué fastidio.

Afuera no se escuchaba nada. Pero, como en mi barrio la mayoría hinchaba por River, pensaba: “iremos ganando, el mutismo de los enemigos rojiblancos es todo un signo”. Entonces, papá me llamaba la atención sobre la gotita de aire, contenida entre dos rayas en el agua de un nivel. Las manos de papá y mis ojos que imaginan, en la gota, el balón lanzado por Giunta para un Batistuta que entra sólo, dispara su cañón, infla la red y enmudece al rival.

No entendí nunca de dónde vino el odio de papá por el fútbol, creo imaginar una respuesta en mi fanatismo por el Boca de Tabárez, Batistuta, Latorre, Giunta… la Bombonera, esa explosión auriazul y la marea de gente superpuesta, aplastada hasta formar una masa uniforme, un músculo y un solo grito: ¡Goollll!

– ¡Bah! ¡Patas duras! – decía papá, más grande, más rezongón y seguía su camino tras un breve paso frente a la pantalla de la tele. Y algo de razón tenía, alguien que ya no era Batistuta se ponía la nueve de Boca y la revoleaba hasta la tercera bandeja, luego se agachaba, ajustaba los cordones del botín o se acomodaba la canillera, como quien señala al culpable de tan párvulo remate. En la radio, Víctor Hugo no dejaba de dar en el clavo: “el remate se va, se va, se va… y entonces la gente se empuja para salir de la Bombonera”

Yo fui un habitante del desengaño entre el fútbol y la pasión, pero lo disimulaba y lo disimulo hoy cuando veo un partido invadido de cámaras, sponsors y futbolistas estrellas de cine. Papá lo supo siempre, quizás, nunca me lo dijo directamente para no romper mi fanática pompa llamada Boca Juniors. Por ahí sus pasos redoblantes en la casa buscaban llamar mi atención sobre otros heroísmos. Tal vez, su vozarrón no lo supo decir de la misma manera que esas manos huesudas no han sabido acariciar.

FINAL DEL PARTIDO

Papá se fue, se dejó ir. El tiempo último obligó a su cuerpo a un estatismo impensado en él. Sus herramientas se acallaron en el galpón y ese mutismo de tuercas, llaves y herramientas ahora es una herenciapapa ruidosa.

La última vez que le vi gritar un gol fue en Italia 90. Recuerdo la tele en un rincón del cuarto, mi hermana, con un mes de vida, dormía en una cama pequeña. Papá se revolvía en su silla y puteaba. El Brasil de ese año le daba un paseo a la selección de Bilardo y parecía sentenciada nuestra salida del Mundial. Remates desde afuera, los palos del arco que esa tarde jugaron para nosotros. Tal vez, entonces, hayamos gastado toda la buena fortuna que se pueda tener en un juego. Yo estaba enmudecido y quieto, papá se levantaba en cada avance brasileño y reculaba con toda torpeza sobre la silla, se sentaba en el borde y se inclinaba.

Mi hermanita duerme impasible cuando Maradona recibe en la mitad de la cancha, pasa a un brasileño, y a otro, y a otro más, los amarillos desesperan, sale a encimarlo y, justo antes de caer, da un pase memorable para Caniggia que espera solo en la izquierda, papá intuye que algo puede pasar, los músculos de las piernas se contraen, los puños se empiezan a cerrar, los dos inclinamos los cuerpos como si cayéramos con Maradona y le damos el último impulso a la pelota. Mi hermanita duerme, impasible, Caniggia recibe, elude al arquero, Víctor Hugo dice que Maradona es Gardel y… ¡Ta tatata, Goollll! Papá salta, grita con el puño cerrado, mi hermanita llora del susto, del grito que la arranca de un sueño y, al mismo tiempo, alimenta el de una nueva final del mundo, la última vez que le vi gritar un gol.

MAMÁ

Al entrar al “campito” donde ahora hay una escuela, antes había una manzana libre, como muchas en el barrio. Una diagonal marrón hacía de bisectriz entre los ángulos de la cuadra. Marrón, de tanto ir y venir. A los costados, el pastito corto nunca dejó de ser verde. Mamá iba adelante, yo me había portado mal, por dios que no me acuerdo qué hice, pero estaba enojada, no me hablaba mientras caminábamos esas cuadras hasta casa, aunque sí lo hacía con otra mamá que desandaba el mismo camino. Yo no sabía cómo “tantearla” para saber de qué iba la cosa: si de un reto o algo más. Entonces hablé, acoté algo en esa charla de adultos y mamá giró sobre su eje, se inclinó hacia mí. Y yo me achicaba cada vez más detrás de el portafolios de cuero, “en casa vamos a arreglar”, dijo entre dientes. Luego retomó su marcha y su sonrisa con la otra madre. Ahí tuve la certeza: lo iba a pasar mal.

Qué sé yo por qué el primer recumama3erdo de vos, mamá, es este, ahora que te acabas de ir para siempre. Podría decir que ayer te abracé, te di un beso grande y vos me mirabas con esos ojos marrones azulados, como les pasa a todos los ojos de tu familia cuando llegan a esta edad. No podías decir nada, apenas nuestro código de ojos abiertos y cerrados de sí/no.

Tengo puesta la última camisa que me hiciste, la azul, mangas cortas, mirá que hace tanto me la cosiste y aún dura, porque elegías lo mejor, hasta que la enfermedad te quitó el pulso fino para parchar mis pantalones. Eran tiempos en que te gustaba jugar de manos conmigo, de a ratos, eras un hermano, hasta pateábamos la pelota en el comedor, ¿recordás? Hablábamos de eso hace unos días, de madrugada, en una de esas noches que pasábamos medio despiertos, medio dormidos. ¿Te acordás cuando fuimos a Salta? Con poquitos años, entendí que mi ADN estaba conformado de ríos y cerros, nunca de mar,  al que conociste de grande. Y, como era de esperarse, no te gustó demasiado. Las patas en el río, allá en San Lorenzo, donde me caí cerro abajo y me salvó mi tío que se fue también hace unos años, con esos ojos que vos tenías. La noche esa en que nos metimos en una iglesia donde se casaba alguien que no teníamos ni idea, pero te metiste igual y me arrastraste, ¡Ay, mamá! ¿Quién tiene recuerdos así? De pescado envuelto en papel de diario del tribuno, o de surcar la noche sobre la moto de mi tía por las calles de Salta. Y el desengaño… cuando conocí Mendoza, me pareció que no había cosa más bonita, que Salta la linda no tiene nada que hacer al lado de Mendoza la hermosa. Hoy me abriga Córdoba. Me acuerdo cuando tus ojos eran marrones todavía y se abrían enormes porque yo discutía con la monja sobre dios, que dios no existía y que los dinosaurios y que el cura de la escuela era un loco borrachín y todo eso. Vos te enojabas porque iba temprano a la escuela en bici, en especial, los días de niebla, aceleraba sin pensar, pedaleaba la larguísima entrada hasta el fondo y zigzagueaba las columnas de la galería ”Vas a despertar a las monjas”, me decías.

Los dos nos hicimos más viejos y, con el tiempo, nos fuimos amigando con el silencio, nos conocimos bien, como esos jugadores que juegan de memoria, no hacía falta que habláramos, y, casi siempre me hacías la “segunda” con papá. Me acuerdo aquella vez que te acompañé a votar, lejos, ¿te acordás? Caminamos y mama2pasamos aquella avenida, al fondo del barrio. Te caíste sin razón y luego vinieron otras caídas, las juntas médicas, los remedios experimentales y todo eso a lo que le sumabas fe, mientras, poco a poco, te marchitabas. Ayer, mamá, hablábamos sin hablar, sin saber que era la última vez, te mostraba en el celular lo grande y destrozón que estaba Zeke, “el perro” y que Alex está por empezar la primaria. Tomaste un poco de agua mientras hacíamos como que hablábamos. Vos apenas con tu código de ojos y el ceño fruncido, a veces, de algún dolor callado por obligación: Vos, tan consciente, y uno tan afuera, dale jugar a adivinar. ¿qué será que tiene?, tal vez acierte y se salve, uno siempre se miente. Ayer te di un abrazo y beso grande en la frente, siempre lo hice. Más, este último tiempo, ¿sabes? Uno se miente, pero, en lo íntimo, cree que ese saludo puede ser el último. Y, sin saberlo, te dejé, hasta que el teléfono sonó esta mañana, el nombre de mi hermana en la pantalla, la noticia, la pausa, el silencio. Y el recuerdo vivo, a la inversa de la muerte que saquea, se resiste, comienza la memoria de hijo, con angustia de madre. Te quiero, mamá ¿Nos encontraremos?, ¿será cierto? No sé. Pero, mientras tanto, no te he de olvidar nunca. Hoy empieza mi vida de huérfano, mi tiempo de honrar, de agradecerte y no lamentarme más de lo que no fue. Solo orgulloso de haber tenido a mi mamá, a doña Mary, mami, má.

Te quiero, Diego.

mama y yo

 




EL CAMINO AL SILENCIO.

El olvido: EL CAMINO AL SILENCIO

Por Diego Soria

EL QUIJOTE CANTOR

Ante la imposibilidad de los medios al tratar de describirlo -o de entenderlo- Atahualpa Yupanqui sonreía y se presentaba así:

“Soy un cantor de artes olvidadas que camina por el mundo para que nadie olvide lo que es inolvidable: la poesía y la música tradicional de Argentina”

Él se refería de ese modo a su arte y a su persona, una especie de Quijote de los tiempos.  Pero vamos con un poco de sus orígenes. Es un dato aceptado por todas las biografías que nació en la localidad de Pergamino, aunque realmente Don Ata nació en Campo de la Cruz, una localidad cercana a Pergamino. Llovía ese día y las calles eran un barrial imposible de transitar. Luego de unos soles y noches, lo anotaron en el registro civil de Pergamino, únicamente porque los caminos hacia allí se podían circular con menos riesgo que el trecho hacia Colón, la otra localidad cercana. El papá de Don Ata, mestizo de origen santiagueño, era empleado del ferrocarril. Y su madre, criolla de padres vascos.

Ruinas de la casa natal de Atahualpa Yupanqui, en Campo de la Cruz, Pergamino
Ruinas de la casa natal de Atahualpa Yupanqui, en Campo de la Cruz, Pergamino

Prontamente, se trasladaron a Junín tras los pasos del padre, enviado a diferentes lugares del país por su trabajo.

Hoy no quedan rastros de aquella casa que dio abrigo a Atahualpa Yupanqui. Sólo persiste el jagüel y, a pocos metros, una tapera de la que dicen era una gran casa de dos plantas. Entre los pocos ladrillos aún en pie, emerge un pequeño bosque. Nadie puede enterarse, pero, dentro de ese bosquecito, está el esqueleto arruinado de una casa. Importante, por el personaje que nació. Y, a la vez, impactante, por haber sido tocada con la mano del olvido. El olvido, ese obrero de oficio tranquilo pero constante quien, a través de transformaciones suaves, se ríe de nuestros apegos a lo “perdurable.”

ABRAZADO AL SILENCIO

Atahualpa creció rodeado de criollos, de la cultura de aquellos hombres que adormecían penas con la guitarra, en el campo. Comprendió y abrazó el silencio,  una cosa seria para aquellos paisanos. Él mismo, en varias oportunidades, se encargó de contar cómo, en esos ámbitos,- a primera vista, de comunión colectiva-, al momento de exorcizar penas, quienes se sabían de más se retiraban y sólo quedaba una ceremonia silenciosa para unos pocos. Don Ata se aquerenció a aquellas costumbres, las de sus hermanos- según él decía, para quienes escribía:

Pero si la copla cuenta
Del paisanaje la historia,
Ande el peón vueltea la noria
De las miserias sufridas,
ésa, se queda prendida
Como abrojo en la memoria!

UN BAÚL LLENO DE LIBROS

Alguna vez Don Ata refirió haber vivido una pobreza rica en libros, payador perseguidopues su padre acarreaba- en cada mudanza de la familia , por su trabajo en el ferrocarril-, un baúl lleno de libros, todos gastados de leerse y del trajín. Siempre, junto a la memoria de quienes no están, para que nadie quede atrás, para ganarle al olvido.

Quiso el destino que, junto a un amigo, Atahualpa recalara en un pueblo al norte de Córdoba. En esos tiempos de artista ambulante, allí- en cerro Colorado- se proyectaban películas sobre una pantalla montada en una rústica camioneta.

MAR A FONDO

El Cerro ya es conocido por sus pinturas rupestres: en sus paredes y aleros hay quinientos y más años retratados en imágenes, que muestran a los antiguos habitantes criar llamas- image5621af8d054f50.89586094animales ya ausentes en el lugar-. También se pueden ver dibujos de cóndores, muy difíciles de avistar hoy en día, e incluso imágenes que muestran al conquistador español a caballo. Las pinturas son más de treinta mil y resisten al olvido. El Cerro entero resiste. Incluso, en algunas partes, se pueden encontrar todavía algunos fósiles de lo que fue antaño el fondo del mar. Cuesta creer que todo ese paisaje alguna vez fuera parte del lecho submarino que, además, es más antiguo que las mismas cordilleras y sus filosas puntas. El cerro, en cambio, fue redondeado por el viento y el tiempo.

RESONAR DE CAJA

A ese lugar llegó don Ata sin buscarlo y para siempre. En una de esas oportunidades en que tocaba por allí, se acercó a un criollo, incapaz de movilizarse por sus medios. Llegó a su casa con su guitarra y pasó la tarde con él. Aquel criollo, agradecido, le preguntó a Yupanqui si le gustaba aquel lugar. Ambos estaban sentados cerca del Cerro de las pintadas. Más allá, un río serpenteaba en la base.

-Sí-, respondió Atahualpa-, claro que sí.

Entonces este criollo le dio a elegir una parte de aquel terreno. Don Ata lo pensó un momento y se quedó con un rincón habitado por algarrobos y talas, muy cerca del río que canta entre las piedras. Atahulapa, sin saberlo todavía, acababa de elegir la caja de resonancia que llevaría su canto al mundo, el rincón donde el olvido y lo eterno se juntan.

 

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YUYOS

Hoy el cerro no tiene más de cuatrocientas almas, es un pueblo pintoresco dentro de un ambiente algo árido. Córdoba propone múltiples paisajes, este es el que más me gusta a mí. Alejado, el pueblo está dentro de una reserva cultural, biodiversa. Es muy chica, sin embargo, está llena de vida y se revela ante quienes tengan la paciencia necesaria.  Mi tierra te están cambiandoAlrededor de toda la reserva se multiplican los campos de soja. No es el único cultivo, pero sí el más popularizado. Ya no se llega al lugar a través de ríos y montes, como antes. Todo se ha aplanado para simplificar la siembra y el vuelo rasante de los aviones cargados de glifosato. El campo no es el campo de las zambas de Don Ata, los peones ya no están. Cayeron en el olvido junto a las formas tradicionales del trabajo. Hoy solo una persona se encarga de andar el campo en 4×4, para luego comunicarle a su patrón, en París, que hace falta una vuelta del fumigador. El avión pasa, se va. Y no sucede nada más hasta el tiempo de la cosecha. Quién sabe si esto es modernismo, el olvido o qué sé yo.

PANZUDOS IMPOSTORES

Los panzudos patrones son los mismos, aunque ya no se juntan alrededor de un fogón, ahora lo hacen en una estación de servicio que- bien vista desde afuera- parece un concesionario de camionetas Toyota. Bajan con sus notebooks y se conectan al WiFi para16427253_10212146975249851_7563708414510686064_n anoticiarse de cómo cotiza la soja. Muchos usan rastra, boina, bombacha, es decir, hacen de gauchos y sus bocas rezan versos sobre panzudos patrones y pobrerío, entre risas y maldiciones. A primera vista, uno piensa en ellos como impostores. Sin embargo, ellos se ven a sí mismos como labriegos.  Mentira o triunfo de un modo de ver el mundo, ¿por qué no?, esto ha terminado por subvertir los sentidos. Quienes mandan son “quienes mandan”, siempre fue así, admiten muchos. Las canciones antiguas que hablaban de orgullo y de lucha se han disuelto en un mar de voces vaciadas de sentido.

REMACHES Y GRANADEROS.

Al escribir estas líneas surge cierta idea intranquila. A priori, ¿es el olvido una fuerza invencible y, en ocasiones, hasta deseable, o no? Al caminar esos campos, alejándome más y más de la civilidad, al adentrarme en profundidad como un cuchillo penetra el pan, me encuentro con vestigios de otros tiempos, cascos de estancia abandonados, algún palenque añejo, restos de un olvido por la mitad que, quizás, resiste como las pinturas del cerro: quinientos años y allí están el, viéndonos pasar, con el pecho inflado y meta exclamar ¡qué barbaridad! ¡Qué viejo, eh! No quiero que esto parezca un alegato en favor del campo y en detrimento de la ciudad. También aquí el olvido se presenta en primera persona y a la vista de todos. Pienso en esos añejos árboles de la Plaza san Martín, donde los granaderos cargaban barranca abajo hacia donde hoy se aprietan los colectivos en la avenida. Pienso en las columnas de metal que sostienen la estación Constitución, enormes remaches de casi dos siglos, inmutables al paso arrogante de quienes pasan al trote.

Río los Tártatagos, rodea la casa de Don Ata, mientras, canta entre las piedras.
Río los Tártatagos, rodea la casa de Don Ata, mientras, canta entre las piedras.

LA GUITARRA NO SE MANCHA

Don Ata no escribía música. Muchas de sus obras no fueron publicadas, sino hasta hace algún tiempo cercano. Incluso, al escuchar sus grabaciones, se pueden apreciar muchas versiones diferentes para un mismo tema. El camino que han seguido algunas obras es increíble. Atahualpa grabó muchos recuperaciones de melodías añejas, de lugares remotos. Por ejemplo, el preludio “Regreso del pastor” es una recopilación de una melodía en flauta, tocada por un pastor en Jujuy, en la soledad y la intimidad de un hombre en las montañas. Quién sabe por qué, un musicólogo andaba por ahí en ese instante y en ese lugar y la recopiló. Tiempo después, Atahualpa Yupanqui la llevó a la guitarra. Y, aunque no es una de sus obras más conocidas, resulta muy apreciada entre guitarristas.

¿Y el olvido?, no lo sé. Aquel pastor no existe más.

Ni el musicólogo.

Ni Atahualpa Yupanqui.

Pero aquella remota melodía continúa para quien lo desee.

LA SECTA DE LO EXÉGETAS

La riqueza de la herencia musical de Atahualpa Yupanqui ha atraído a muchos músicos, quienes se han acercado a ella como les fue posible. Algunos hicieron maravillosos aportes, otros no tanto, pero resulta imperdonable la actitud de aquellos que se creen dueños de un arte, que el mismo Atahualpa se ocupó de liberar en vida.

Destinos del canto, subterfugios inciertos de la historia, tanto sembró Atahualpa, tanto peleó para que el olvido lo alcanzara a él y no a su obra. Sin embargo, el ego de algunos músicos, e incluso la mala fe de  otros, no hace más que socavar su herencia. Al menos, en parte, porque también  muchos, en silencio, resisten en su legado.

El 23 de mayo de 1992 Atahualpa término de actuar en un teatro de Nimes, Francia, caminó hasta el hotel donde se hospedaba y dijo sentirse mal. Aunque le ofrecieron traer un médico, él decidió recostarse a descansar, cerró los ojos y su guitarra entró al silencio con él.

Y el Cerro Colorado volvió a sentir que la eternidad puede durar un rato.

 

 

 




ANORMALIDAD TERRITORIAL

Por Mario Ricca

Los anormales: Sobre los recicladores urbanos

Una vez más, mi escepticismo con respecto a las consignas para cada número del Anartista se ha visto humillado por una respuesta de la realidad. Para el Nº 5, la consigna es “los anormales”. Y, a poco andar en la tarea de escribir sobre la vida y  las luchas de los recicladores urbanos, me encuentro con el siguiente texto:

 “En esta zona, que llamamos República Ciruja, el saber de las organizaciones populares se convierte en saber productivo y transformador cuando, desde una tierra de puros deshechos, se conquistan derechos para la transformación de los sujetos y de su dignidad como colectivo”.

 ¿Qué les parece? Un lugar así, ¿no califica para ser un auténtico ejemplo de anormalidad territorial?

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 LA REPÚBLICA ANORMAL

 Ahora sí, orientados por una excelente cartografía sobre los cirujas, hecha por el grupo “Iconoclasistas”, ubiquemos las coordenadas de esta república singular. Su territorio es un gran rectángulo, -en la cuenca media del Río Reconquista, dentro de la localidad de José León Suárez (partido de San Martín)- , recostado contra los terrenos del “Complejo Ambiental Norte III” del CEAMSE.

figura 1 El cuerpo de este “paisito” está recorrido, de la cabeza a los pies, por un espinazo de asfalto: el “Camino del Buen Ayre”. La autopista, con sus enormes taludes, separa físicamente el relleno sanitario más grande del país de los ocho barrios de la “República” (Costa Esperanza-8 de Mayo-Libertador-9 de Julio-Villa Lanzone- Independencia- La Cárcova-Villa Hidalgo). En estos barrios, la mayoría de los vecinos son cirujas, cartoneros, quemeros y recicladores de basura, que trasponen diariamente la frontera del Buen Ayre para subsistir.

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Sin embargo, la solidez de ese límite se vuelve ilusoria, al compararla con la auténtica frontera: la existencial.

Durante años, tuve oportunidad de recorrer la autopista del Buen Ayre, vía rápida, bien iluminada y alta. Por entonces, yo agradecía la fluidez del camino que transitaba, en pocos minutos, esa “zona de riesgo”. El espacio estaba flanqueado-al este- por un cinturón de “villas de emergencia”, más y más expansivas con el transcurso de los años, y las colinas pestilentes del CEAMSE, al oeste. A esto se sumaba el curso inmóvil del Río Reconquista, saturado de desechos.

Meses atrás, tuve la oportunidad de cruzar esa frontera y no simplemente de recorrerla desde la altura. Con un grupo de voluntarios, fuimos con el cuerpo y los ojos dispuestos al choque contra lo real: el olor, el panorama hecho de basura, los controles de gendarmería para ingresar a las plantas de reciclado. También, las marcas que la indigencia y la dureza de la tarea dejan en los trabajadores. Pero, sobre todo, fuimos a conocer un ejemplo de lucha “para que el trabajo ciruja sea reconocido como tal: en su aporte como productor de valor, que genera procesos de reconstitución de tejidos sociales afectados por un alto grado de descomposición.”(Inf. Iconoclasistas).

 

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LA BASURA NO ES BASURA

La contundencia del informe de “Iconoclasistas” no deja dudas acerca de las enormes dificultades que han enfrentado los habitantes, desde las tomas de tierras iniciales (a principios de los `80) hasta hoy. La pobreza y las inundaciones de entonces, en zonas del Chaco y Santa Fe, aportaron las primeras olas migratorias. Durante los `90, las poblaciones del lugar se expandieron con inmigrantes de Perú, Paraguay y Bolivia. Actualmente, viven más de 100 mil personas en casas edificadas sobre basurales rellenados. Como sus padres, muchos viven de la quema, de las plantas sociales, de la construcción, del servicio doméstico o de las changas. La mayoría complementa el trabajo con planes sociales.

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La situación sanitaria es crítica. Abundan los  problemas respiratorios y de  piel. Las amenazas de dengue y leptospirosis acechan. No faltan la hepatitis vírica, el tifus, la toxoplasmosis y otras enfermedades relacionadas con la basura y el hacinamiento.

 

figura 3A pesar del avance que representa pasar de las primitivas chozas de chapa y cartón a casas de ladrillo, el contexto ambiental sigue siendo afrentoso para la condición humana: deficientes redes de servicios públicos, napas contaminadas, ausencia de cloacas y aire infestado de gases tóxicos. Esto convierte el nombre de “Camino del Buen Ayre” en un oxímoron de la geografía, una burla grotesca,  para quienes habitan el basural a cielo abierto más grande del país.

OLORES FUERA DE NORMA

 Imagino que la gente de la Cooperativa “Bella Flor” eligió como emblema de su organización un nenúfar o flor de loto para exorcizar, con su persistente fragancia anisada, el hedor cotidiano de los basurales. Y la misma imagen de la flor acuática les ha servido, después, para condecorar al primer mártir de la lucha de los cirujas, el joven Diego Duarte, asesinado en 2004, en la quema y en circunstancias nunca esclarecidas.

figura 12Este saber se ha nutrido de duras y valiosas experiencias; entre ellas, la gestión popular que, con sus imperfecciones y precariedades, persiste y sostiene nueve plantas sociales de reciclado y diversos proyectos comunitarios en estos barrios”.

La educación también sufre: las escuelas son insuficientes y están desbordadas por requerimientos sociales.

“Pero es esa misma gestión popular la que se organiza frente a las problemáticas cotidianas, llevando adelante procesos de articulación comunitaria. Así se impulsan prácticas culturales y educativas que consolidan una trama, ofreciendo alternativas de vida y desarrollo colectivo. Esto se realiza en la gestión de cooperativas de trabajo y empresas recuperadas; en la creación de centros comunitarios, de salud, culturales y de madres; en la educación popular en bachilleratos; en la creación de medios de comunicación y en la autogestión de bibliotecas barriales.”(Inf. Iconoclasistas)

 

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TENGO QUE CONSEGUIR MUCHA MADERA

Persistencia: sobre embarcaciones audaces

Por Fabio Faes

En la charla con Estela de Carlotto, publicada en esta edición de El Anartista, la Presidenta de Abuelas hizo referencia a un regalo para su nieto Guido.  Es “la réplica de un barco que hizo una travesía famosa”, nos dijo. Regalo para un niño grande, búsqueda amorosa de recuperar el tiempo que les robaron, la maqueta a la que se refiere Estela en la entrevista es la de la balsa Kon-Tiki.

POÉTICA DEL EXPLORADOR

Biólogo marino,  Thor Heyerdahl dedicó años de su vida a demostrar una teoría: que parte de la población Polinesia era originaria de América del Sur y que los habitantes precolombinos atravesaron el Océano Pacífico con sus embarcaciones.

Heyerdahl construyó su teoría con base en una historia poética: un grupo de hombres había llegado a las islas, dirigido por un jefe semidivino. Procedían del este y enseñaron a los nativos nuevas formas de vida. Su líder se llamaba Tiki. Pueblos originarios americanos narran una historia parecida. La incaica era una civilización sólida, con cultura y conocimientos sobre distintas ciencias. Derrotado tras una cruel guerra, uno de sus líderes, Kon-Tiki, reunió al resto de sus hombres y escapó por mar hacia el oeste, en busca de un lugar seguro.

Heyerdahl empezaba a elaborar su hipótesis. Sólo quedaba una incógnita por resolver: los indios americanos poseían grandes conocimientos, pero nunca habían fabricado barcos. Sus detractores afirmaban que el grupo de Kon-Tiki no podía haber cruzado el océano sin una buena embarcación. Heyerdahl había visto dibujos de balsas en los antiguos templos peruanos. Estaban construidas con madera resistente, tenían una gran vela cuadrada y un pequeño cobertizo de refugio. Nadie creía posible hacer un largo viaje en una balsa de estas características. Heyerdahl decidió demostrar que se podía. Él mismo la fabricaría y con ella cruzaría el Pacífico.

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VIENTO EN POPA

El 28 de abril de 1947, Heyerdahl y otros cinco tripulantes partieron desde El Callao y navegaron 101 días, con el favor de las corrientes y los vientos, que los empujaron hacia las costas del Atolón Raroia.  Culminó así un viaje épico, una aventura poética y una demostración científica.  Fue también el inicio de la reivindicación de la cultura precolombina y de rendición de honores a un pueblo de navegantes: los escandinavos. La expedición Kon-Tiki abunda  hoy en libros y películas. Le han dedicado un museo en Oslo y se fabrican souvenirs con réplicas de su histórica balsa.

Imagen 2 EL CAPITÁN BARRAGÁN

Con el mismo espíritu aventurero del noruego loco -como lo llamaron sus detractores-, un abogado de Dolores, la Provincia de Buenos Aires, se propuso demostrar que habitantes de África, 3500 años Antes de Cristo, habían llegado a América. Barragán y su tripulación construyeron una embarcación similar a la Kon-Tiki. Lo hicieron con maderas de la selva ecuatoriana, sin ningún tipo de tecnología, sin quilla ni timón, zarparon desde Tenerife.  Tras 52 días de viaje. llegaron a La Guaira, en Venezuela.

En muchas de las charlas, con la Expedición Atlantis convertida en un hecho cultural, Barragán puso énfasis en sostener que él no era un aventurero, sí  un expedicionario; y que su travesía fue el resultado de la investigación y el trabajo en equipo. Planificaron el viaje día por día, estudiaron las corrientes y los vientos, que los depositaron exactamente donde ellos creían.

Imagen 3 EL HILO INVISIBLE

Un noruego loco demostró que los Incas no eran aquello en lo que la historia de los colonizadores los quería convertir. Y un ignoto abogado de la Provincia de Buenos Aires se convirtió en explorador histórico. Ambos proyectan imágenes sueltas en un tarde inolvidable.

Un hilo invisible,  la imagen de una pequeña balsa de madera, juguete amoroso en las manos de un nieto recuperado, cariño de abuela. Y la persistencia de las ideas.

 

 

 

 




CANTO POR SOLLOZO

 

La persistencia: Sobre el Blues

Por Diego Soria

Portada

UN DEMONIO, A QUIEN VENDER EL ALMA

Para algunos, el Blues es una música triste, norteamericana y negra. Quizás, con alguna suerte y ayudado por el cine, el Blues sea para otros la figura de un músico negro, a la medianoche, parado en la encrucijada (the crossroads); como en las salamancas santiagueñas, a la espera de un demonio a quien vender el alma. Vender la esencia, para poseer los secretos de este arte que escandalizó a la música académica y a la iglesia.

Es Blues es leyenda, infiernos, discriminación; es la raíz -o su continuación en América- de una música popular, que se burla de todos, escondida en el vibrato de B.B. King, en el grito de Buddy Guy, en los “bendings” infalibles de Eric Clapton, en la furia de Jimmy Hendrix y hasta en el virtuosismo de Stevie Ray Vaughan. El blues se disfraza y sobrevive. Y también hizo sobrevivir a muchos.

Nicola Verlato

EL ABRAZO INVISIBLE

Antes de que Roberto Johnson, la leyenda del blues, se hiciera con los saberes de mandinga, antes de transformase- de la noche a la mañana- en lo que Gardel fue para el tango, mucho antes, los blues eran cantos del África, rituales con los que los nativos adoraban a su Tierra. Esos cantos y la estructura que los atraviesa aún perduran. Resisten en tiempo y espacio. Resuenan, en especial, en el África subsahariana. Ellos son el corazón de muchas de las músicas populares del mundo. Si se piensa que la escala pentatónica, que forma estas estructuras, se encontró en flautas, fabricadas hace 35 mil años (ver “La caverna de los sueños olvidados, Herzog), da vértigo imaginar el abrazo invisible que nos une con aquellos hombres. Es claro, más allá de leyendas y demonios, el deseo se abre camino, persiste en un plano donde cronología y extensión no preocupan demasiado.

blues amanecer

PRIMUS BLUES

Con el advenimiento de la esclavitud, los buenos tiempos se acabaron para los africanos del siglo XV. Pronto conocieron el destierro. Apilados como vigas de madera, los esclavos llegaron más allá del mar, al menos, los que pudieron sobrevivir a un viaje tan largo en las condiciones más penosas. Quienes enfermaban y morían iban a parar al agua. Los que no, en cambio, se sometían a ejercicios en la cubierta para evitar la pérdida de su tonicidad muscular, el valor comercial de sus existencias. No quedaba mucho espacio entre ellos. Arriba, en cubierta, los traficantes iban y venían, se oían risas e insultos, alguna corrida entre gritos. Entre los tablones , se filtraba la luna. Ojos desesperados buscaban el paisaje familiar, cantaban el silencio dentro de algo que sonaba plañidero. Canto, en vez de sollozos. Apilados, cruzaron el Atlántico.

esclavos 3

MENSAJE OCULTO EN UN CANTO

Al arribo de los barcos, se separó a padres de hijos, a hombres de mujeres. Ya eran “cosas” del capataz de campo. Los incrédulos africanos no tenían otra que aceptar el trabajo rural, bajo el látigo del patrón. Las plantaciones reunían a la mayoría de los hombres y las mujeres eran destinadas a las tareas caseras y a las fantasías de sus patrones albos. El Blues es, en primer término, una semilla, una herramienta de trabajo, una forma de mantener el ritmo de la jornada; en segundo término resulta un medio de comunicación entre ellos. Astutamente, transformaron la música en un telegrama boca a boca: “¿Quién sabe algo de mi hijo?” “¿Algo sobre mi mujer?” Así, el canto se agachó y viajó entre los yuyos, diría un José Hernández norteamericano.

the hollers

“The hollers” [i],les decían. Pronto empezaron a cantar las injusticias del patrón, los temibles perros rastreadores y las fantasías de las doncellas blancas del sur, ardidas por los decires sobre los famosos “blacks snakes moans” (El lamento de la serpiente negra).

EL BLUES SE LIBERA

Hay que hacer música, es la premisa. Como sea y Pattondentro de las limitaciones de sus vidas muy duras. Los negros esclavos eran una realidad en el país del norte. Mientras, como ellos, el Blues persistía y buscaba su cauce hacia la libertad. Se formaron, por entonces (1924), las primeras bandas que se acompañaban con botellas de vidrio vacías: “The jugs bands”. El canto y las melodías arrancadas a puro soplido armaron las primeras armonías. También existió un “slide” primitivo. Un slide se hacía con  un trozo de vidrio, generalmente un cuello de botella -preferido aún en estos días-. También podía ser de metal. Con él se rozaban un cable de metal para producir un sonido lastimero. Nació así el típico sonido del Delta Blues.

Para entretener a sus patrones, entre otras cosas, algunos esclavos aprendieron violín. En la espesura, los negros evadidos improvisaron con flautas y tambores. El Blues se enraizó cada vez más, camuflado en los coros de Gospel. Ya no les cantaban a sus antiguos dioses africanos, sino al dios blanco. Pero lo hacían con el desenfado y el brillo de los coros, que ponían de rodillas a cualquier ateo. El blues ya tenía feligreses.

SWEET HOME CHICAGO

El tiempo pasó. Las primeras generaciones de esclavos ya no estaban y, con algunas libertades ganadas a machete y fuego- o con algunas papeletas- muchos negros emigraron al norte, donde gozaron de cierta libertad. En Nueva Orleans, el blues se camufló -una vez Blues 4más- dentro del carnaval en la música Zydeco[ii], a ritmo de cuchara y acordeón. Otros comenzaban a hablar de un blues más cosmopolita.  Estos eran los dilemas de la ciudad, traducidos en segundas y terceras generaciones de hijos de esclavos.

El blues ya era entonces lo que es hoy: un árbol enorme que extiende sus ramas y comienza a echar sombras con inmensas prolongaciones. Nace, así, el Jazz. De todas las historias que buscan explicar académicamente su nacimiento, prefiero la que habla de las penurias, siempre como pie para la resistencia y la transformación.  Dicen algunos cronistas que, ante la difícil tarea de vivir de la música, los artistas de entonces- entre inteligencia y picardía- improvisaron sobre la base de los tres o cuatro temas que tenían en “dedos”. De ese modo, a fuerza de tocar una y otra vez, parieron el jazz, parieron el soul, el rag, el rock. Parieron, pues, una música que nació en clave de lamento. Parieron historia, revolución, traición, parieron un mundo que no acaba de darse forma nunca. Y continúa bajo la sombra de un árbol, que enraizó en América. Bajo sus ramas, aún sigue creciendo esta cultura popular de persistencia obcecada.

HAY BLUES PARA RATO

Estimado lector, ha caído Ud. en una trampa. Con la excusa de hablar sobre el Blues, sus influencias y advenimientos, hemos sembrado- una vez más- la semilla de la curiosidad. Hasta donde sabemos o nos interesa, esa semilla muestra rastros desde hace al menos 35 mil años. Claro, ante tamaña cantidad de tiempo, somos apenas- y con fortuna- un suspiro al viento. Afortunadamente, nuestra semilla no pide más que eso, un momento. Y, aunque ahora simule resistirse, ese momento ya ha sido cooptado. El corazón de esta música, que es el corazón de la cultura popular, se acaba de asegurar otros 35 mil años de existencia.

 

[i] The Hollers: (…) El otro tipo de expresión musical, sobre todo en las canciones de trabajo, es llamada o denominada “hollers” y “arhoolies”, es decir, recolectores de algodón y trigo . En algunos casos, el término se utilizó para denominar a algunos bailes o danzas. El canto se usaba, a la vez, para convocar a bailar y a trabajar (fuente: http://blues.mex.tl/41914_La-Historia-del-Blues.html)

[ii] Música Zydeco: El término Zydeco proviene, según la tradición, de la expresión Les haricots (las alubias, en castellano) que, según algunos autores, era la forma en que se denominaba, despectivamente, a los negros del delta1 y, según otros, derivaba de una canción popular de origen francés: Les haricots sont pas salé,2:, de “Estos son malos tiempos”. Algunos autores3 apuntan que  la palabra proviene del suahili zaré, (danza). )

 




ESPEJO ADENTRO

Persistencia: Sobre Américo Aniello Salvatore Nunziata, la lucha por la palabra.

Por Marcela Castro Dassen

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Américo y el Che

 

NACIDOS DENTRO DE UN VOLCÁN

Imagen (18)En el acoplado de  un camión, yendo al trabajo voluntario en La Habana, con mi padre, la gente hacía ritmo todo el tiempo. Mientras cortaba caña, mi padre era un solo hombre con el machete. Agradezco su decisión de ir a Cuba y llevarnos. Tengo la imagen de él como un Quijote: arrebato de energía, voluntad, amor por la ciencia. El estudio. Investigación. Pasión deportiva. Principios. Tenacidad. Tenacidad, tano, napolitano… pude asociar cuando lo supe. Y, claro, el Vesubio, allí. Y, cuando mi hijo Dante me preguntó sobre los orígenes de la familia, le hablé de esta característica y del volcán. Por eso él, en su cuaderno de primaria, escribió: orígenes de la familia: origen volcánico.” (Sandro Nunziata)

Persistir en conductas, ideales, proyectos. Para sí y para otros. Todo está escrito con espejos, al decir de  Alejo Carpentier. Espejos acomodados como en dominó. Así, ninguna imagen queda fuera del recuerdo vuelto lenguaje.  Vamos, pues- como Alicia- hacia adentro del espejo.

MEMORIAS DE UN VIDRIO CON ESTRELLA

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Carta subastada, con firma del padre de El Che.

 

Américo Aniello Salvatore Nunziata. Impecable, descriptivo, con sentido del humor. De mi padre, fumador empedernido,  solía decir “Marcelo respira por un agujerito”. Jamás olvidaré aquella oportunidad en que mi perro se escabulló  en busca de la perra en celo del Dr. Nunziata. En su desesperación, el hombre arrojó una piedra, que se estrelló en el vidrio del vecino. Envuelto en ira, rescató – de entre su escaso vocabulario- al menos 25 insultos. Y Américo, a modo de  toda respuesta, atinó a decir “Dr.- (el vecino también era médico)- entiendo que entre colegas universitarios debemos dialogar de otra manera”. Puedo asegurar que lo dijo con plena convicción de sus palabras.

Ahora que estoy dentro del espejo, lo sé. Américo no fue sólo un niño que tiraba piedras en los baldíos ni un defensor de títulos universitarios.  Su persistencia en la corrección del lenguaje anduvo de la mano de sus ideales. A esos, ni aun dentro de los peores reflejos, los abandonó.

Su casa tenía más libros que muebles. Américo era, a mis ojos, “La revolución”. Le pedía una y mil veces que me repitiera sus relatos cubanos, su descripción de la muralla china. En esas fue que me presentó a José Julián Martí Pérez y a sus “Versos sencillos”, a Carpentier con su “Viaje a la semilla” y a Dulce María Loinaz, con “Yo dejo mi palabra en el aire, sin llaves ni velos”.

Sandro
Sandro

Paciente, serio, reflexivo: Américo. Nos recibía en su sencillo mundo de textos. Mi hermano y yo nos zambullíamos a leer, ávidos de su sabiduría. Él nos invitaba a su ordenada soledad, sólo a veces felizmente interrumpida por  Dora, su amada esposa.

Abrazadora potencia de los volcanes que lo vieron nacer, pasión por el arte que acompañó su infancia.

“Ese, a quien yo llamaba simplemente papá, se llamaba Américo Aniello Salvatore Nunziata. Nació el 25 de septiembre de 1910, en Bologna, Italia. Fue bautizado por el Papa Pío X, dato que tendrá importancia por el giro que él mismo dará más tarde en su vida. Su madre, Rosa Sícoli, brasileña descendiente de italianos, había nacido en 1893. Se casó con Carlo Nunziata, artista italiano y empresario de teatro.” (Martín Nunziata)

 DISTORSIONES DEL ESPEJO: AMÉRICO NACE LEJOS DE AMÉRICA

Carlo y Rosa Sícoli se conocen en Buenos Aires, en la pensión de la madre de Rosa. Desde allí, viajan a Italia, donde nació Américo. Como dentro de tantos espejos, no tardan en aparecer- en el azogue y en el brillo de la pareja- ciertas turbulencias. La separación definitiva lleva a Carlo hacia Brasil. Rosa reconstruye su imagen en otro espejo: conoce a Onésimo Bonomi, empresario teatral y dueño de “Amaro Monte Cudine” y “Montebar”, íconos de la época.

Mientras tanto, el magma comienza a arder en el joven espíritu de Américo.

Lo imagino niño, cuando asistía a El Salvador y al Lasalle; lo imagino, después, en un auto con chofer, cabina aparte. Premio de religión, monaguillo. Lo imagino también con la mirada transparente, con la mirada atenta sobre otros niños que, al vocear diarios, anuncian diferencias de clases. En esos pregones se abrían las brechas que exigían  una explicación primero; una acción, después.

Américo recurrió a quienes tenía. No encontró la respuesta en Dios, muy a pesar de su bautismo papal.  Huérfano de doctrina, se dispuso entonces a reconstruirse en el caldo de lo real. Inteligencia, sensibilidad y coraje para la transformación le permitieron dejar aparecer al nuevo Américo, dentro de los contornos del Viejo

ALQUIMIA DEL ESPEJO

En esas mutaciones andaba, cuando eligió el arte de curar. La facultad de medicina era poco territorio, frente a su deseo de servir. Tampoco lo seducían los negocios familiares, ni el ofrecimiento de su padrastro, Bonomi, de ser su albacea testamentario. La medicina práctica sí fue un espacio donde se encontró a  sus anchas. La ejerció en la persistencia de sus ideales, siempre que lo dejaron. Medicina hospitalaria, generosa.

Martín
Martín

Dos imágenes reflejadas con la misma fuerza: su excelencia médica y su condición de comunista. La primera, opacada por el Estado, al que le entregó el saber. En el azogue, sus pacientes. El agradecimiento se tradujo alguna vez en una gallina viva colgada de las patas. Y, otra vez, cuando  Alberto J. Armando- a quien Américo le había salvado la vida luego de un accidente de tránsito-, le obsequió un auto 0 km., que desplazó a un viejo Morris Ten.

Bella imagen, excepción a la regla:

“También sucedió que condiscípulos suyos, alumnos de su gran maestro, Ricardo Finochietto, usaban la condición de comunista de papá, para que no fuese reincorporado al Hospital Rawson del que había sido cesanteado. Papá recordó siempre con gratitud al Dr. Jorge Taiana, (padre) quien, siendo peronista, reconoció la calidad profesional y humana de papá y se jugó por su reincorporación. (Martín Nunziata)

 Discípulo y continuador de las técnicas de Ricardo Finochietto, con quien escribió  “Asistencia a los enfermos hepatobiliares”, libro utilizado en diversas universidades del mundo (Barcelona, Harvard). La primera edición es de El Ateneo, en 1942. Américo, solo tenía 32 años.

Para ese tiempo, del bautismo papal apenas quedaba el recuerdo.  Por entonces, se autodefinía como ateo consumado y elegía afiliarse al Partido Comunista Argentino. Américo consecuente. El ejercicio hospitalario, gratuito y público de la medicina debía extenderse a todas las disciplinas. En su afán universalista, Américo trabajó como Profesor de la Cruz Roja. Allí, en una encrucijada de espejos- el encuentro fue durante el mismo año en que se edita su libro- conoció a  Dora. Hitos de vida y una historia de amor que merece su propia nota: “Fue un amor a primera vista que duró 41 años”, dice Dora.

“De ellos, nacimos 4 hermanos varones que, sucesivamente, fuimos generando la expectativa nunca cumplida con ropita rosa y de llamarnos “Margarita”. Eduardo, el mayor, nació el 10 de marzo de 1946; Martín, (yo) el 29 de julio de 1947; Ricardo, el 6 de noviembre de 1948 y Sandro (Alejandro) el 7 de junio de 1951.” (Martín Nunziata)

 ESPEJOS VELADOS

El 17 de octubre de 1945 los encuentra en la quinta de Anne Marie Heinrich. Nina Castagnino, esposa de Carlos Castagnino, les avisa que una multitud se había congregado marcela1en la Plaza de Mayo y reclamaba la liberación de Juan Domingo Perón, detenido en Martín García. Dora- embarazada de Eduardo-,  Américo y sus amigos se acercaron al lugar. En medio del azogue roto, los espejos complotados y la represión armada, Américo –herido- fue en busca de un amigo desaparecido. En un rincón, descubrió el cadáver del Dr. Mauricio Ottolengui. Ese día es el primero de tantos. Palos en la rueda persistente, que no se amilana  ni aun cuando lo detienen por pedir  solo un minuto de silencio en memoria del colega fallecido.

Intolerancia no es persistencia. Ser comunista en nuestra Argentina puede ser la historia de una odisea.

PISAR ESPEJOS ROTOS

Cesante en 1950 del Hospital Rawson, fue despedido con un aplauso por los médicos y el personal. Se sabe que los deseos fuertes y los reconocimientos públicos nunca alcanzaron para evitar la ignominia.

Ese espejo del poder es el que lo llevará preso a la cárcel de Olmos durante la llamada “Revolución Libertadora”. De allí es trasladado  a la embarcación “El París”, fondeada a 5 km de la costa. Un grupo de hombres condenados por su ideología. Durante un mes seguido, Dora le enviaba flores, que Pugliese colocaba sobre el piano de a bordo.

Como se hacía con los locos durante la Edad Media, cuando se los condenaba a naufragar en el espacio más amplio- el océano- a Américo le tocará un modelo más moderno y estrecho de aquel castigo. Durante el Gobierno de Frondizi, marcela2 más llá del infinitopasará un mes y medio detenido en otro barco, el carguero BDT7. Allí, las condiciones serán mucho peores que durante el primer encierro. Y nuevamente Dora pondrá la música. Desde la costa, sentada en el muelle, sacaba su acordeón e inundaba la distancia con melodías. Notas espejadas en el aire, esperanza de que Américo las escuchase y supiese que allí estaba.

Es que Dora nos lo contó varias veces y de un modo tal, que hoy mismo- al evocarlo- se me llenan los ojos de lágrimas” (Vivi, esposa de Martín Nunziata.)

 De barco en barco, el asunto terminó en tierra no tan firme, dentro de la cárcel de Caseros. Y, tras su liberación,  vuelta al ruedo.

UN ESPEJO DONDE NACE LA ESCRITURA

Nada detiene al magma. Entre reja y reja, en mayo de 1956, presidió la Delegación Cultural Argentina del Partido Comunista. Así viajó a China, a la URSS, pasó por París por y Checoslovaquia. Yo era pequeña. Pero los espejos que nos reflejan a esa edad, aunque se distorsionan, nunca se pierden en ninguna curva del tiempo. Recuerdo sus relatos de la “La gran muralla China”. Tal vez, esa fue la primera marcela3oportunidad en que un texto- oral, en este caso- me puso frente a la potencia de las palabras para crear imágenes. Vi, claramente, lo minúsculo que se sentía Américo frente a más de 4000 km de paredón-  alguna vez fueron 7000-, construidos a través de los siglos. Eso que insistía en el tiempo de la piedra se trasladó hasta mí durante el tiempo del viaje de regreso a América y llegó a mí en las palabras de Américo. Dentro del espejo de su relato, nació mi escritura.

Y, aún hoy, al escribir esta nota, el reflejo y el azogue de ese día me saludan. Así, reinventan y trasmutan mi imagen, mientras mi palabra avanza, hasta este punto. No final.

ESPEJO CONTINENTE.

Américo, nombre continente.

Un lugar en América en el que sus ideales y su vocación se fundieran y volvieran compatibles.

Una Argentina donde convivían el Dr. Taina, Ricardo Finochietto, y “Tacuara”, “Tradición, Familia y Propiedad”.

Más vidrios rotos, ahora no por las manos inexpertas del Dr. Nunziata al defender la virginidad de su hermosa pastor alemán, sino por disparos en su hogar.

En 1959 triunfó la Revolución Cubana.  Los ojos del mundo se focalizan por un rato en imágenes claras o distorsionadas. Lo cierto es que, para muchos, nace una esperanza.-El sueño de una América más justa. Ese año nací. Y, hasta el día de su muerte, en 2001,  mi padre se emocionaba al recordar aquel 1º de enero de 1959, y a los niños cubanos saludando con el grito “Seremos como el Che”, ya en 1997.Las reservas, las deudas de la revolución quedarán para las tertulias. Aquí nos ocupan la vocación de Américo, la unión del magma de sus ideales y su vocación de curar.

 “A mediados de 1961, la naciente revolución queda prácticamente desmantelada de profesionales y técnicos. Hizo, entonces, un llamado internacionalista a los pueblos del mundo, a los partidos políticos progresistas y de izquierda, solicitando ayuda solidaria.

marcela4tumblr_m55zfwtE6W1qhop1zo7_1280El PC argentino recurrió a sus afiliados. Un médico que había sido designado estaba muy enfermo y le propuso a papá tomar la posta. Consultó con mamá, quien inmediatamente le dijo que sí y, en poco tiempo, junto a una delegación de argentinos, papá partió en un viaje previo a Cuba. En la Habana, se entrevistaron con el Che, quien les planteó la necesidad de contar con ellos y, a la vez, les señaló  los límites que tenía Cuba para contratarlos en  términos de los magros sueldos que la Revolución podía pagar. Todos aceptaron, sabían a qué iban. Papá sólo le planteó al Che que no quería abandonar a sus dos perras, a lo que éste le respondió sonriendo: “Tráigalas, Dr. Yo no soy ministro de perros, pero seguro que no habrá problemas”. También tuvieron un encuentro coloquial con Fidel.

A su regreso, mamá organizó una gran feria americana y puso en venta todo, o casi todo. Menos la casa, que se alquilaría.” (Martín Nunziata)

Y allí partieron los seis, con las dos perras, a un destino incierto.

Me avergüenza decir que “conozco” Cuba. En esa isla que se reflejó en infinitas imágenes, innumerables textos, fui turista. Muy lejos de eso estaban los Nunziata. Ni turistas ni exiliados: Voluntarios deseosos de ayudar. Una gesta que cambiaría radicalmente su vida. Desconocida por la mayoría y nada reconocida por la historia.(1)

El viaje fue una sucesión de vicisitudes, entre las que se cuenta la de Américo corriendo a sus perras en el Aeropuerto de Galeao, Brasil, luego de partir desde Uruguay, seguir a Trinidad y Tobago, para finalmente aterrizar en suelo cubano. Aeropuerto de Rancho Boyeros.

Algunos meses pasaron hasta que la familia tuvo un hogar. Una casa en Alta Habana, en ese momento 15 km de la Ciudad. Y entonces Américo se lanza de nuevo a la labor. Trabajó en el Hospital Manuel Fajardo como Jefe de Ortopedia, y en la Universidad como profesor invitado. En 1965 Médico, en el Hospital Naval de La Habana. Qué lujo para los cubanos, lujo del que se vieron privados tantos argentinos.

La isla, espejo en la esperanza de muchos, azogue en el rechazo de otros tantos, dio sal y pimienta a la vida de Américo. Los sabores amargos vendrían mas tarde.

marcela7Foto vívida, recreada en la imagen de la retina: En la Plaza de la Revolución, al pie del Monumento a José Martí, muy cerca de Fidel, el Che y de Raúl, estaba presente toda la familia Nunziata. Eso fue en la Primera Declaración de la Habana. Cuba se declara “Socialista y Primer Territorio Libre de América”.

Movilizados en la “Crisis de los Misiles”, ocuparon puestos de lucha. Todos, incluso la bella, enamorada y comprometida Dora. ¿Hubiera sido más hábil Américo con el fusil que con la piedra? “Estudio, Trabajo y Fusil”, premisas cumplidas.

Dora, primera mujer extranjera que tuvo el cargo de Secretaria General de la Federación de Mujeres Cubanas en Alta Habana. Dora alfabetizadora en un país que hoy tiene el mayor porcentaje de universitarios. Dora fundante. Enseñó recetas de cocina, incorporó la huerta familiar a una sociedad victima del embargo comercial, económico y financiero desde 1960.

Y Américo, persistente en sus ideales, salvaba vidas. Hizo mucho más que difundir, eso lo hace cualquiera. Las suyas no fueron sólo palabras, lo suyo resultó comunismo vivido por elección. Y, por eso en 1966 representa a Cuba nada menos que en Italia, su país natal,  durante el Congreso Internacional de Ortopedia. Un año después, Martín, con 20 años, regresó a Argentina a cumplir con el servicio militar obligatorio. Mejor colimba que desertor. Al poco tiempo lo siguen Américo, Dora y dos de sus hermanos.

Y aquel compromiso solidario, que tenía un plazo de un año, fue de seis.  A Américo le costaron algunos aspectos de la idiosincrasia cubana, no lo compartía todo. De cualquier forma, el de Cuba fue un ciclo cumplido, sostenido por sus principios y su ideología en esta dura etapa de la Revolución, que cambiaría la vida de toda la familia, espejándose en cada uno de sus éxitos y de sus fracasos.

ESPEJOS PATAGÓNICOS.

El Che moría en Bolivia y asumía Onganía en Argentina. Las imágenes recorrían el mundo, ganaba por varias millas la del Che. Mientras tanto,  Américo andaba “proscripto” como médico por la “Ley de represión del comunismo”. Inhibido de ingresar en hospitales públicos. Rechazado en los sanatorios privados por quienes habían sido sus discípulos. Por eso, la familia alquilaba un pequeño departamento en Buenos Aires, a la espera de recuperar su casa en San Isidro, alquilada seis años antes. Allí decide Américo venir a Río Gallegos, a 3000 km de su familia. Y es, en esa dura etapa de su vida, en que del otro lado del espejo esa niña que fui se nutrió de todo él.

En Santa Cruz hay 100.000 habitantes en 243.943 km 2 Eso no quiere decir que cada 2,5 km haya una persona saludándote”. Frase inolvidable.

Es durante esa época y en solo 3 años, cuando Américo dejó su huella imborrable. Amigos para el resto del tiempo, Marcelo Castro Dassen, (mi padre) Pío Carlos Martínez y su familia, los Baletta, familia de campo, colegas y, como siempre, sus pacientes. Por entonces, comienza la primera experiencia de Américo en un consultorio privado al que le puso igual dedicación y generosidad que a su trayectoria hospitalaria.

Hoy, con la historia completada por la marcela5ogenerosidad de Martín y Sandro Nunziata, me estremece el darme cuenta de la feroz batalla espiritual del hombre. Dora, en Buenos Aires, cocinaba para casamientos, fiestas, luchaba por sacar a su familia adelante. Sus hijos, imposibilitados de terminar sus estudios. La sola mención de Cuba cerraba todas las puertas. “La peste del comunismo, aislamiento y persecución.”

Uno de sus hijos permanecía en Cuba. Y Américo, entero para brindarse a los demás. Obsequiaba la palabra, abría páginas inolvidables, prestaba su sillón y su biblioteca. No sólo él festejaba la llegada de Dora. Los amigos la esperábamos. ¡Sus manos eran mágicas! Tejía hermosas mantas al crochet. Yo iba con mi ovillito y mi aguja a aprender. No superé el cuadrado pero, al menos, aprendí el punto cadena.

Cocinaba lo que le dieran como manjar. A una de sus tortas la “patentó” Doriaike. “Aike”, en idioma tehuelche, significa lugar. Lugar de encuentro.

LA SUMA DE LAS IMÁGENES

En 1971, la familia vuelve a encontrarse en su casa de San Isidro. El pequeño consultorio privado era la esperanza en tiempos de paz.  Américo se siente opacado por la muerte de Salvador Allende y las mil esquirlas que ultrajaban la vía pacífica al socialismo bombardeado en La Moneda. Y, mientras tanto, en nuestra Argentina, “Cámpora al Gobierno; Perón, al Poder”, nueva ilusión de corto aliento. Un suspiro en el espejo. Pero las cosas no terminarán ahí. Como un nuevo “bis” de nuestras viejas derrotas, hizo entonces su aparición en escena la AAA y se instaló el terror para quienes tendían a la izquierda en sus ideas. Con la asunción de Videla, en 1976, Vivi- embarazada de 8 meses- es despedida del colegio en donde trabajaba, con el “argumento” de que no estaba casada por Iglesia. Su hija, Ianina, nació el 27 de septiembre de 1976, con una discapacidad severa. Entonces, mientras Américo y Dora cuidaban a Fernando y Pablo- los otros hijos de Martín- en Villa Adelina les destrozaban su casa y les robaban todo, en un operativo militar organizado.

Ellos se salvaron de la muerte y, ante esa “advertencia”, malvendieron la casa familiar en una extraña operación. Luego sabrían: aquella era una empresa en la que se combinaban una inversora y el operativo militar. Sobran las palabras.

Américo y Dora quedan, así, recluidos en un mínimo departamento. Martín y Vivi, ante la imposibilidad de irse del país, comienzan una dura vida en el Delta. Ese fue  su “exilio interior”. En cambio, Ricardo anduvo por el Amazonas. Sandro fue rescatado por la danza y Eduardo vive aún hoy en México.

“Papa murió el 12 de octubre de 1984. Me pidió que cerrara la sala del velatorio, que no quería discurso alguno, que eligiera el cajón más ordinario y que quitara el crucifijo y las broncerías. Quiso ser cremado y me pidió que arrojara sus cenizas al río Paraná. Así lo hice. Al mes, mamá me pidió que la llevara hasta el Paraná para tirar flores. Complací su deseo y, con mucha paz, cumplimos el ritual.” (Martín Nunziata)

 Un tiempo después, Ricardo se arrojó desde un octavo piso Y Dora lo sobrevivió, fortaleza emocional que suma reflejos ancestrales, tal vez.

 Ricardo no estaba escondido. Aunque, al ver su caída…virtual…real…, estaba escondido en algún lugar o perdido o habitando otros. Lo que percibíamos era una cáscara” (Sandro Nunziata) 

 MI PROPIO ESPEJO

Mi querido Américo, como buena abogada, quise hacerte justicia. Escribí, indignada por la falta de reconocimiento a un grande; a un hombre que no claudicó ni ante la adversidad de tantos espejos rotos.

Cuando la palabra “persistencia” me trajo tu nombre, lo primero que hice fue preguntarle sobre vos al Sr. Google- a quien no hubieras querido conocer-, segura de que encontraría, al menos, 20 links. Pues no, solo dos breves referencias. Una sobre una carta que se subasta en Londres, creo, donde el “Che” los menciona. Y otra: algunas notas respecto a publicaciones médicas. Ninguna referencia a tu estancia en Cuba por más de seis años, a tu actuación como médico hospitalario en Argentina, nada. No esperaba menos de Wilkipedia. Eso sí, me permitió ponerme en contacto con Martín, con Vivi y con Sandro.

Y, si de persistencia hablamos, los 3 nombres encajan como  las piezas faltantes de un rompecabezas. Justos, respetuosos del espacio del otro, suman a la imagen total. Y completé mi historia. Y tal vez sumé algunas anécdotas infantiles a la vida de Américo. No hay otra palabra, “GRACIAS”

REFLEJO EN SU HIJO MARTÍN(1)

“Cualquiera sea la idea que se tenga de Cuba, cada vez que se habla de la calidad de su medicina y de su persistencia como sociedad, me acuerdo de la tarea y el compromiso de mi viejo formando médicos, fiel y coherente con sus principios. En este sentido no hay ninguna contradicción. Decía mamá, que uno muere del todo cuando mueren los recuerdos. Aún me encuentro con gente que me hace referencia a cuando papá lo operó o le salvó la vida a algún pariente o conocido; otros que lo recuerdan por su compromiso. A pesar de tantas tristezas, nuestras historias me siguen pareciendo conmovedoras y trascendentes. Amo a mis padres. Tuvieron muchas más virtudes que defectos. Ojalá yo haya cometido menos errores con mis hijos, cosa que no sé. Y ahora sí puedo decir que Cuba es mi segunda patria. No fue un error. Más allá de lo que pueda ser hoy. Haber ido a Cuba fue una ilusión, una utopía fantástica, como toda la década de los ’60. Cuba no tuvo la culpa de los golpes de estado criminales que nos tocó vivir en Argentina. Con la ayuda de mi memoria, los apuntes de mamá, el amor y los deditos de mi amada Vivi, he tratado de transmitir aspectos de la vida de mi papá.”

 POSDATA

Y sí, un poco abusé de la generosidad de sus hijos y de su nuera. Esto dijo Vivi:

Hola, soy Vivi: Yo sí te voy a hacer un comentario sobre tu escrito: Me gustó mucho desde dónde encaraste el relato. Me sorprendió al principio, porque yo estaba imbuida en el aspecto biográfico y algo despersonalizado donde Martín trató de reconstruir una crónica de vida. (ni te imaginás la cantidad de reflexiones, emociones, alegorías, analogías, cantidades de hechos, comentarios que se nos presentaban evocando la historia vivida, a medida que íbamos transcribiendo a la compu lo recopilado por Martín. Y todo eso fue dejado de lado, más todo lo que ya había segado Martín cuando hizo su borrador)

 Después recordé que tu trabajo es para una revista literaria ¡y me encantó cómo lo encaraste!

Una sola cosa me atrevo a decirte, desde mi emocionalidad descarnada: No es lo mismo hacer música con otro médico (que en realidad la acompañó para que no fuera sola -lo que no es poco-) a que Dora se sentase en el muelle, sacara el acordeón (no es un instrumento cualquiera) y tocara melodías con la esperanza de que Américo la escuchase y supiese que ella allí estaba.  Es que Dora nos lo contó varias veces y, de un modo tal, que hoy mismo- al evocarlo- se me llenan los ojos de lágrimas. “

NOTA ASOCIADA: CARTA DEL EMBAJADOR




HISTORIA DE UN NO-ABRAZO

La persistencia: Sobre lo no dado

Por Pablo Petkovsek

Todo está pensado. El abuso nace de un vacío intenso que se acumula a lo largo de los años. Años que dicen no. No a esto, no a aquello. Años en que uno se va alejando más y más, mientras el nudo interno se agiganta. El abuso le dice no al cuerpo. Conozco otros que dicen que sí, pero el mío no. El abuso proviene de alguien que no quiere. Niega el cuerpo. Gabi S. lo dijo de la siguiente manera: vergüenza porque el cuerpo manifiesta cariño. Ahora digo: alguien que no puede.

Ella nunca pudo. La única forma de cercanía es a través de un pensamiento que persiste. Es el Sudoku del amor familiar. Están todos los números y casilleros, sólo es necesario ubicarlos de manera que no se repitan.

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Nine Inch nails

 

En la búsqueda de otros cuerpos, ausencia y persistencia copian un contorno, que se desvanece en la primera aproximación. Fallar y fallar, porque nunca se puede encontrar algo que a uno siempre le fue ajeno. La vida afectada por un cuerpo. La imposibilidad de encontrase con otro u otras, perdidos en la niñez. Cada desencuentro, conformado por un espejo deforme.

pablo2 Adam-Neate_Revolving-Door_2011                                    Adam Neate, Revolving Door 

 

En cuanto hecho físico, no es un abrazo lo que no se encuentra, sino un afecto idealizado por su ausencia. ¿Qué es un abrazo trunco? Causa y defecto. Sucumbir ante la imposibilidad de dar algo que no se sabe qué es. ¿Dónde quedó el afecto? Solapado en posibilidades materiales infinitas y en palabras que dicen las cosas como son. No ahora, siempre.

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Memoria de un no-abrazo, Rebeca Hernández

Por años he tratado de huir. En la lógica de la causa-defecto, vuelvo. El hilo que expulsa se tensa y atrae a ese centro llamado hogar. Ahora deshago la lógica del fracaso. Antes de ser expulsado, entro. Atravieso muros de gritos y locura. Rompo, separo los brazos. No huyo, persisto y rodeo el cuerpo de mamá.

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Roy Anderson, “Songs from the second floor

 




MI REZO ES MALDECIRTE

Abuso: Sobre la “mala leche”

Por Sibel

ETIMOLÓGICAMENTE, “MALA LECHUM”

Para escribir sobre el abuso habrá que escribir. Me es recomendado hacerlo  sobre la mala leche. Por lo cual, comienzo por googlear el origen de la expresión. Se remonta a una antigua creencia: la leche con la que se amamantaba influía en el carácter. Por ejemplo, Aristóteles aseguraba que existía una cierta organización social,  en base a la leche mamada. Así, los miembros naturales de una aldea eran quienes habían ingerido la misma leche. Por su parte, San Agustín recomendaba que los niños cristianos no fueran amamantados por nanas paganas, porque esto influiría negativamente en su fe. Los médicos también aconsejaban buscar nodrizas sanas, en cuerpo y mente.

¿Y por qué me fue recomendado escribir sobre la mala leche a mí? Por la mala leche que me parió. Este último tiempo mi vida se trata de lucharle a una enfermedad. Y todo lo que planeé e imaginé queda en un plano muy lejano. Hoy tengo que sobrevivir… entre otras cosas.

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EN EL NOMBRE DEL  DIOS “AZAR”

Me pregunto cómo el azar nos elige o des-elige, nos tira tomates o flores,  decide qué coño, qué mierda, qué bosta va a pasar con nuestras vidas. Es Dios sin ley, o con toda la ley mezclada en un ovillo. Por eso, ya que a cualquiera le es dado inventarse una religión, yo me hago la mía: el azarismo. Me entrego al juego de  la vida y de la muerte como dicte mi Dios: el azar. Antes, a decir verdad, jugaba idéntico juego, pero ahora se me ha hecho muy evidente. El dios Azar se me plantó ante los ojos y me eclipsó todo el horizonte.

Igual voy a darle batalla.
Se han volteado tantos ídolos. Aparte, el azar es un dios de morondanga. Librarse a él no nos libraría de toda responsabilidad ante nuestros actos. Lo único que me da un poco de placer es pensar en la hermosa anomia en la que entraríamos.  Encima, este dios no te permite ni escribir una biblia en su nombre.

Imagínense: “En el principio…, (¿cuándo sería el principio?”. O, “en el principio fue el caos”…, ¿y después otro caos, y otro y otro y otro?). Un dios que no te permite escribir un origen del mundo no sirve para un cuerno. Largo los hábitos.

PONELE ONDA POSITIVA

¿Por qué a mí, carajo? Responde a esta gran pregunta una nueva ola de pensadores “positivos” con otra hermosa pregunta ¿para qué carajo?

Opciones:

-Darse cuenta de algo que hacíamos como el orto.

-Reconocer que la enfermedad no advino, uno se la “hizo”. Es decir, sobre llovido, mojado. La culpa es mía, mía, mía. Esa religión ya la conoce todo el mundo.sibel4t

Fijate cómo te hacías la boluda con la muerte. ¿Y vos, pensador “positivo”, ¿vos, no? Y ahí toca entrar en un laberinto: la búsqueda de ese origen psíquico, ¡el culpable!… Es un lindo paseo por el cerebro que tampoco viene mal, para desintoxicarlo un poco de porquerías (autoboicot, inseguridades, manías y otras yerbas).

-Para cagarnos la vida.

-Para descansar un tiempo de lo que pensábamos el motor de nuestras vidas. Ahora, ya nada le hace competencia a este monstruo: la enfermedad.

– Y otras

Cow Parade Porto Alegre - vaca integral

Pero mirá qué gracioso: si uno, cada vez que tiene un grano, piensa: es cáncer de piel, resulta ser un hipocondríaco, un persecuta. Si uno no piensa que puede tener una enfermedad grave, es un desatento. ¿Cómo sería algo intermedio? Por ejemplo: me duele la cabeza, seguro no es una meningitis, debe ser el calor. Podría serlo, pero yo soy positiva. Como todo, al tocar los extremos, nos quemamos o nos congelamos.

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LA MALA LECHE LOCAL

“Tener mala leche” se usa en Argentina para aludir a personas o a conductas mal intencionadas, es decir, destinadas a realizar el mal con alevosía. El “malaleche” es un resentido, incapaz de hacerse bien ni a sí mismo, reparte el daño entre quienes se le cruzan. Una especie de distribución equitativa del desastre. No me lo cargo solo, compartamos. Ejemplos: el clásico que te toca bocina mientras estás intentando estacionar, el buchón en la escuela y otros tantos. Claro, estos son ejemplos mínimos, porque sabemos que hay gente mala leche mala leche. El otro día vi, de morbosa  nomás y por youtube, a unos flacos que le pusieron unos petardos a un cachorrito y lo hicieron explotar. En ese extremo, el término mala leche se queda corto.

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LA ”SÚPER” LECHE

Últimamente estoy con el tema de la sobrevaloración de las cosas. Y es claro: la leche es uno de los alimentos más sobrevalorados en la historia. Mi abuela me cacheteaba si no me tomaba ese horrible líquido caliente, sentadita en ese frío, gigante y solitario living. Hoy resulta que la leche hasta puede ser la causante de cáncer de mamas y, por un montón de otras razones (la proteína de la leche cae mal, las vaquitas consumen alimento artificial, el glifosato con que rocían la tierra en que pastan las vaquitas te hace pelota) ya no estaría recomendado tomarla en nuestra adultez. Es decir, no hay ya ninguna “buena” leche. Ninguna buena, sin más. Sería hora de empezar a repensar, como Spinoza. No hay bien ni mal. Está lo bueno y lo malo. Y esas dos categorías bailan una danza tan ágil, que jamás se fijan en ninguna figura.

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PENSAR SIN PENSAMIENTO

Pensar el azar: lo que adviene parece no pensar. Las causas y los efectos se abstienen. ¿Entonces? Empiezo con mis analogías, mi gusto por la metáfora, el juego de palabras y no llego a ninguna parte. Pero pensar, ¿tiene que ser necesariamente llegar a alguna parte? Por eso, ando. La poesía es el lenguaje límite, el de los límites. Si pudiera decirlo en prosa, no se trataría de ese sublime, terrible. No voy a dejar de insultar. No sé. No concluyo. No puedo aliviarme del todo. Pero respiro distinto y digo con Wistawa Szymborska

Mientras esa mujer del Rijksmuseum
con esa calma y concentración pintadas
siga vertiendo día tras día
leche de la jarra al cuenco
no merecerá el Mundo
el fin del mundo.

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Estrellada

mano suicida

se duerme y la despierto

perezosa quiere y no quiere

de a poco deambula su sangre

soy puño

pinches que suben pinchazos que bajan pinchaduras ruedan machucones

de colores de sabores

liquidan coagulan mi paciencia mi ira contenida

duelen pánico

transpiro la música exprimida me da de comer en la boca

siente cómo se seca cómo palpita de sed en playas oxigenadas,

en batas blancas

encierro: te guardo en el cajón de las bombachas

siempre junto a mi cama

boca con boca a boca

molesta y caprichosa pide y evoca

quejosa y convulsiva se endurece o tiembla en el momento justo

sabe cuándo hacerlo, saliva de limón en mis almohadas

sabe cómo parar mis orejas

ya no podría hablar más de mí…

hay un esófago, un hipotálamo, unos riñones

unas vejigas, unas glándulas y sus allegadas hormonas antidiuréticas

hay sequía hay atrocidades del pasado

impuestos, todos me sacan lo todo

Y no para de llover Mar del plata llorona

deshidrata los cielos, vomita las estrellas

Luz, por favor, por favor

no quiero morir estrellada.

LA MISA NEGRA

Me tiras tomates con cola de rata, recibo los golpes rojos, los espero y los guardo para entender. Desconfío, pero muestro la mano, giro y giro, mientras limpio el desastre y no encuentro la grieta por donde entra el polvo, que no para de acumularse.

Mañana, quizás me tires  flores y quizás esconda la mano quemada.

Del lado que equilibra la felicidad de otros, me derrito.

Mi rezo es maldecirte.

CC 010523 mala leche




EN BUSCA DE LA PERLA PERDIDA

Abuso: Sobre la poética

Por Karina Caputo

Métodos correctos para aplastar una conjura poética

El Alto comando de la Represión interna dispone:

1° -modifíquese arbitrariamente el sentido de todas

las palabras que de un modo u otro podrían

2°-extirpese el lenguaje a todo aquel que

Archívese y dese a conocer.

Mario Trejo.

 

PELOTERA

Abusar de las palabras.

Abusar a la palabra.

Abusar con las palabras.

Esa mañana mediaba el té de cedrón y  Nina escuchaba  filosofar por Radio Nacional.  Su neurona comenzó a elevarse.

Ella le dijo: – ¡No me rompas las pelotas!

Minutos después, sobrevino una cara inquisidora, los ojos se incrustaron en el silencio, se peinó como Gardel y él quiso irse. Nina  no lo retuvo ni por un instante. Ese era su límite. El modo en que él solía intentar someterla, interrogar su locura con la mirada.

1. Maimuna Feroze-Nana Pakistan 2007 HURGAR EN LA MUGRE

Nina quedó en su territorio. Había, entonces, espacio para el goce. Para la escritura. Desafió a la pujante necesidad de controlarlo todo. La tinta zarpó ese mediodíasin destino. Sentada frente a la ventana de su cuarto, escribió:

“Sufrir a cuenta y agonizar por cuento. Fantasmas en el cuerpo son su materia.”

Las palabras se liberaban del corsé del lenguaje de intercambio. Las frases se retorcían, desperezaban,  daban vueltas, deformaban y transformaban sus significaciones.  Se repetían hasta el hartazgo. Se lanzaban al dictado con el placer de ahogarse en el sinsentido. Jugaban a las escondidas.

5        De pronto: piedra libre al silencio.

Agotada la tinta en el papel, encontró un libro que trepaba a la mesa estallada de colores. “La venganza del cordero atado”,  de Camilo Blajaquis. Su interés era la alquimia. El pibe se  apropiaba de la desmesura de ese nombre; también, del apellido. El poeta puede hacerlo. “Yo es otro”, decía  el Rimbaud de “La alquimia del verbo”. Herencia de alquimista, Camilo también es otro siendo quien es. Se oculta y se devela en el mismo acto.

3 Alquimista. jonathan Swift     Nina sigue  y lee. “Sobre la Muerte”/ ¡Morir! y así terminar con la intriga(…)/¡Letras! Máscara de mi herida, aliéntame esta tarde, que si no escribo soy piedra, y vuelvo a ser un expediente/(… )Un instante, un parpadeo, luz, tinieblas.” (1).  

Palabras poderosas abusan, deliberadamente,  del  código del encierro.  Ella decide correr el riesgo. No hay límite en el mundo de las sensaciones, a pesar de las miradas.

Siempre el atractor de los tormentos camina por historias desgarradoras, ve cada domingo las imágenes más verosímiles de cuerpos desbastados. Los olores putrefactos de la materia son su fiel acompañante.   

6 dos viejos comiendo. goyaUrdir en la mugre de palabras, de cuerpos, de mundos es el oficio de Nina. Allí busca su perla.  Se acerca   milímetros y el horizonte, como es de esperar, se corre kilómetros.

CÓMO ENTRARLE A LA PERLA

Lee poesía. Intensa.Cree que a la poesía no le importa la poesía.  Siempre va por más, esa es su exuberancia, su desmesura. No ambiciona, no quiere tener más sino ser más.  Levantar vuelo, como quien dice. Cuando eso pasa, se la acusa de delirio. En eso Nina y su aliada se parecen un poco. Entiende que nada debería autorizarla a vincularse con ella como lo necesite. La poesía no es, deviene. Y entonces  lucha por nuevos sentidos. Quiere actuar con coraje como aquellos Camilos que conoce. Insisten las voces y la convocan a la disciplina. Tantos años de disciplinarse al pedo por la mirada de los inquisidores. No transa. Sigue

2 Condor. Angela LeibeleEl trabajo sudor sacro. Se pone intolerante con el concepto. Revisa cada tarea que le recuerda el yugo. Mina aquellas imágenes que proyectan el deber ser. Piensa cuál es el rédito surgido del imperativo. ¿Qué paga con eso? ¿A quién? Se mira al espejo y está prostituida.

4 EL MURMULLO DE LA PERLA

Quizá, en la tarde, otros sentidos la inviten a  un paseo por sitios desconocidos. Se fascina con un nuevo existente: seguro él la espera en algún lugar de ese agotamiento.

Nina tiene por delante largos días de catarsis. Aparecen grietas y encuentra en ellas el murmullo de lo bello. Todos los días quiere decirlo de diferentes maneras. Hay instantes en donde se corporizan manos y la hacen avanzar hacia la promesa de una perla.

Sabe: la poesía es la refundación perpetua de la belleza. Entonces, trata de caminar en el desierto hasta el oasis.

Nina deja la lapicera sobre una pincelada amarilla, camina hacia la puerta, es hora de buscar a la niña que sale de la escuela.

 

 

 

 




AROMA A FINO CALADO

Abuso: Sobre la India

Por: Patricia Tombetta.

NADAR AGUAS DESCONOCIDAS

Tan sólo llegar al aeropuerto y fue un aroma. Me gustaría decir a especias o extraño o fuerte o sencillo. No. Fue tan sólo un olor lejano y una excitación en el ánimo impactaba sobre ojos húmedos y oscuros.

2013-02-16 07.49.19

El olfato es un sentido suelto, abierto, inevitable.

Fue tan sólo pisar la vereda y ya habíamos caído en un timo. Y, otra vez, quisiera decir desagradable, peligroso, rebuscado; y, otra vez cometería un error. De esos que se cometen por apresuramiento. Fue una trampa de la que caeríamos incontables veces, buscaríamos incluso, y, así, poder nadar aguas desconocidas y blandas compañeras del resto del viaje.

Nueva Delhi (104)Y fue Delhi, una ciudad donde el movimiento parece no tener fin y su extensión tampoco. Sobre otro engaño recorrimos los primeros lugares: algún monumento, muchos palacios y un bellísimo cenotafio.

Un no firme y reiterado iba a ser la llave hacia nuestra autonomía. Un rato. Luego buscaríamos el timo de donde todos emergíamos favorecidos.

¿Era un timo?

CARDAMOMO Y TÉ

La ciudad vieja, la nueva, la casa donde mataron a Gandhi, lejanas construcciones de siglos insospechados. Sobre todo los colores, las voces, la compra-venta cara a cara, verdadera ceremonia con té de por medio cuando era importante. Ganges VEl curri como el oxígeno, jabones de cardamomo, panes picantes nos hicieron olvidar muy pronto de las precauciones de Occidente. Casi dos almas mezcladas en millones, sin comprendernos demasiado como todo buen encuentro. Suavizamos los gestos, una bandada de hombres desnudos en procesión indefinida nos sorprendió en una calle. Una enfática delicadeza que no conocíamos nos desnudaba.

Y, luego fueron los viajes. Incómodos recorridos llenos de confortables acercamientos. Las ciudades se hacían más pequeñas a medida que los mercados se agrandaban. En cuclillas bordaba una seda con hilos de seda, en un pequeño banco, cincelaba la piedra: Buda, Parvati, Ganesh y algún fanal con diminutos calados. El curri teñía de su color el aire, de su sabor la vista, con su olor cualquier cruce de miradas.

¿Era así, o nuestros sentidos también nos engañaban?

LA CANELA Y EL DESIERTO

Un hombre y una mujer no deben tomarse de la mano por la calle, de todos modos, la canela abundaba.

Y, los palacios emergían de las montañas, otorgaban vida a las rocas, los monos alrededor cada tanto, otros permanecían echados al sol.

El  amarillo cúrcuma anunció el desierto de Thar. Esparcido por las viviendas, pintaba templos y atardeceres hasta fundirse en la arena. Un camello es un camello y recortado contra el atardecer sobre una duna, podría ser una foto de almanaque. Hay que tener cuidado con las fotos, trabajan de una extraña manera, parecen unificar los sentidos hasta dejar la impresión de haber visto. Pero no captará el carácter juguetón del camello, ni las transparencias del mármol ni la vitalidad de un mendigo.

RISAS CON FINAL DE ANÍS

Con la excusa de comprar tobilleras metálicas y sonoras nos enredábamos en las risas de las mujeres, en su encanto y nos tomábamos fotos mutuamente. Muchísimas. Un conductor de tuc tuc nos homenajeó con Manu Chao. Los vendedores de mantas nos tentaban a cada paso: azul cielo, rojo polvo de ají y otra vez cúrcuma y tierra de curri. La lengua inglesa no abunda y nos da mucho gusto, era un charlar trabado con buena voluntad y siempre azúcar con anís para el final de las comidas.

Y, de pronto emergió de la tierra bañada por el río. El río sagrado. Por un instante pudieron asomarse nuestros espíritus agnósticos a un pálido significado: el río donde se lava la ropa, se navega, se purifica el cuerpo por la mañana y se lo llevará, alguna vez, por la noche. Todos se encuentran allí, nosotros acompañábamos un poco turbados, ajenos, sin querer estar en otro lugar. El silencio es un refugio para la incomprensión, también se puede ir a Boudanat o a un museo a escuchar relatos ingeniosos, románticos , trágicos, casi oníricos.

¿O, nos habríamos quedado dormidos?

POR AGUAS BLANDAS

Y, otra vez las bocinas, un casamiento o muchos y  ojos renegridos delineados donde volver. Esperar el cruce de una vaca, la llegada de los monos y no asustar a los cerdos. Todos somos bienvenidos y un transcurrir misterioso hace pensar en un caos hasta retomar el nado por las aguas blandasGanges V, correntada suave.

¿Se estarán dejando engañar? Están llenos de dioses. Plenos, sería más preciso sin llegar nunca a precisar. Un motor es un motor.

Algo está muy arraigado, resistió siglos, invasiones, hambrunas. Eso se pierde y, entonces, se respira y hace un fino calado que, con suerte y sin traición, conservaremos el resto de nuestras vidas.




EN BUSCA DEL CUERPO RECOBRADO

Abuso: Sobre el cuerpo laburante

Por Diego Soria

LA SUMISIÓN DE LOS CUERPOS

-¡Porque sí!, dice un jefe, después de echar a su empleado como si nada. Y el empleado, al instante, pierde su calidad de persona para el mundo de la normalidad. El abuso en el entorno laboral lleva a la11836828_1046373095381364_3518599256602599229_n invisibilidad de los cuerpos, a la enajenación. Trae a primer la angustia peor filiada, la parienta de la muerte.

Se considera el trabajo una bendición para los seres humanos y ni qué hablar, en lugares como en la Argentina, donde hasta existe un santo del yugo, a quien las masas se encomiendan. Todo por circular como “debe ser”.

 

HEGEL Y EL DESEO

Hegel decía que la historia se desarrolla entre dos deseos: el humano y el animal. El 11828626_1046372935381380_803098003741857699_nhumano desea al deseo del otro, desea ser reconocido: yo deseo lo que tú. El deseo humano implica un doble movimiento: por un lado, lo ayuda a construir su identidad y, por otro -su negación- lo cosifica. El hombre es el único ser que desea deseos. Sólo uno se impone, ese es el amo. La dialéctica del amo y el esclavo no termina ahí. El amo sabe que el esclavo desea su deseo por miedo. Y no se satisface con eso. Por eso se vuelve ocioso, mientras el otro está sometido y dale laburar. En el ámbito laboral actual, los amos ya no necesitan desear lo que el trabajador desea, lo han sometido de antemano con leyes que lo amparan. La extorsión a la que se ve sometido el empleado roza lo criminal.

FRAGMENTO DE LA PELÍCULA “El año de la garrapata”

 NO SEA UN GIL

El capitalismo, se ha dicho, es una máquina insaciable que se permite mostrar sus hilos, sus engranajes. A cara descubierta. El cuerpo es  la primera víctima. Quien se encuentra 11800283_1046372758714731_4021206971583628715_nmuy adentro, en este laberinto de  explotación laboral, aprende que no hay gripes, no hay resfríos, no hay carencias que permitan darse el lujo de una cura por reposo. Aun peor es la espada de Damocles: a ese temible objeto se enfrenta quien es puesto a pelear por un trabajo, por un deseo, por el deseo del otro.

La cuestión no resulta simple: el cuerpo trabajador avanza vapuleado en pos de la avaricia del amo. La falsa ilusión de quien trabaja en la creencia de un progreso, del ascenso social a través de las horas extras, de la renuncia a las vacaciones, las pastillas e incluso las drogas.

Nada es gratuito: los medios de comunicación anuncian los mejores productos para quien puede pagar por ellos. Las marquesinas muestran a mujeres sonrientes con caballeros felices y triunfadores. Parecen decir: ¡No sea un gil! Viaje en nuestro auto y la vida será color de rosa.

(…) Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.
El dolor mata, amigo, la vida es dura,
y ya que usted no tiene ni hogar ni esposa
eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa (…)

Raúl González Tuñón

POTENCIA

 Con el tiempo, el cuerpo mengua su resistencia y la trampa se hace más evidente, más visible. Esto- en el mejor de los casos- lleve quizás a dos caminos:

Uno: la resignación, el aislamiento: “todo es como está dado y no hay forma de cambiarlo”. O, dos- más grave-: el embotarse del 11027497_1046372898714717_4809786309769597912_ntrabajador en entretenimientos masificados, narcotizaciones varias que circulan como “alternativas”. Evadir dolores y penas, el top ten entre los usos y costumbres de un domesticado; de uso expuesto para el abuso sobre su cuerpo, no solo en su lugar de trabajo, sino también en el  transporte público, la escuela y otros espacios cerrados de “pertenencia”. La macroeconomía burguesa no ha dejado lugar sin ocupar. Como el agua,  filtra cada rincón, empuja, masifica y adormece nuestra potencia. El deseo ya no desea poder llevarse hacia algún lugar ni distinguir algo como una esperanza. Muchos dejan en la espera el deseo que ya no sienten.

Allí, entra en juego la potencia de Spinoza, esa pulsión vital que nos hace salir un poco del barro  y despertar a cierta conciencia que, lejos de ser aliviadora, al menos nos pone en movimiento. Hacer disponible el grado d potencia que somos, tomar las riendas de lo que podemos. Hasta ahí, Baruj. Después, el horizonte de Eduardo Galeano.

frase Galeano 3

DEJAR LO MEJOR DE UNO EN OTRO

Es una definición tajante de alienación y del modo en que los cuerpos se entregan, en silencio pero con dolor y hastiado.

Desde una construcción, un cuerpo cae11825610_1046372835381390_8765915503678086541_n  al vacío, sin documentos, se estrella contra el suelo junto a su familia y a su esperanza de una vida mejor. Un minero muere a los 45 años. Con mucha suerte, llega a cadáver con los pulmones llenos de sílice. En el último minuto, los alveolos explotan en una tos negrísima. Los hijos tomaran su lugar en el sílice.

Un empresario huye a Italia, deja la empresa vacía, como dicen los medios. En realidad, su esqueleto de hierro está rodeado de  carne trabajadora.

En un supermercado, una heladera cae sobre un empleado, él no se entera que ha muerto, el súper tampoco, las ventas deben continuar.

En plaza Miserere un tren estrella  un andén y deja decenas de muertos ante un silencio que se hace insostenible.

Los infiernos probables son varios: ir a un sindicato en busca de algún tipo de defensa es un camino seguro al suicidio. Los pocos trabajadores “blanqueados” que “gozan” de cobertura sindical son arriados para votar por la sociedad patronal – dirigente. Ambos, como en un juego, intercambian sus lugares en la mesa de negocios, mientras vos- pobre trabajador- ofrecés tu única moneda: tu fuerza de brazos.

LATIDOS

Comenzamos con Hegel,  con el amo y con el esclavo. Después, Don Carlos Marx retomó algo de esas ideas y observó, desde otros puntos de vista, la realidad de su tiempo. Habló de proletarios y burguesía. Marx reconsideró las diferencias entre amo y esclavo y agregó que el proletario tiene una ventaja sobre la burguesía. Los laburantes trabajan sobre la materia, por lo tanto, crean cultura, manejan las herramientas con que pueden dar vuelta la historia. Y, aunque el sueño de Marx nunca se concretó demasiado, ahí laten las bases del cambio, en las venas de la clase trabajadora que alguna vez llevará a la burguesía a tomar el amontillado en el fondo de una caverna.

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El amor en los tiempos del bondi

 

LA SUBE CARGADA

El colectivo se acercó a la vereda, cerca de Corrientes y Pueyrredón. En la calle, los pasajeros llevaban un buen rato esperando, la fila serpenteaba entre los puestos de ventas ambulantes. No fue una sorpresa ver llegar la unidad repleta de pasajeros.

La puerta se abrió.

El chofer se inclinó hacia la puerta y reclamó:

-¡Vamos, vamos! Arriba que me voy…-, al tiempo, una mujer trataba de subir con grandes bolsones de ropa.

-¡No apurés! ¡Vienen a cualquier hora y encima te apuran estos hijos de puta!- Gritó, fastidiosa.

El chofer recibió el insulto detrás de los anteojos ahumados, carraspeó un poco y volvió a subir la voz:

-¡No insulte, señora!, ¡a ver, gente! Suban de una vez que me voy…

-¡Pará un poco!, ¿dónde querés meter más personas? dijo alguien desde el corazón del colectivo que ya era una masa de ojos y brazos.

-¡Qué saltas vos!- Se escuchó desde la vereda-, ¡total ya estás sentado!

-¡Vamos que me voy! -insistió el chofer…

-¡Cerrá la puerta! -Aulló un suplicante desde los límites posteriores del colectivo- ¡Cerrá y vámonos, vieja!. Se acoplo alguien más.

-¡Siempre lo mismo con estos forros! ¡Vámonos! ¡Vá-mo-nos! ¡Que esperen otro bondi!- Se propuso otro pasajero desde el anonimato de cuerpos borroneados.

-¡Che, empujen ahí, loco! ¡Si hay lugar en el medio! -exigió la señora de verde tan cerca y tan lejos del estribo del colectivo.

-¡Lugar para “ésta” tenés en el medio! -se oyó y rieron hombres y mujeres.

-Yo así no sigo… ¡ASï NO SIGO! -se resignó el chofer.

AMORES PERROS

La tarde caía detrás de los edificios y la sombra uniformaba todo sobre la avenida. Entre propios y ajenos iban los cuerpos caminantes, a prisa entre vendedores y puestos de churros. En la calle, los colectivos tocaban bocina, maniobraban para sobrepasar al de la línea 62, aún en la parada. Las puteadas venían ahora de la calle y desde la vereda.

-¡Dale, papá! Arrancá de una vez, ¡por favor! -renovó el reclamo un viejo detrás de una manguera de oxígeno, que zigzagueaba hasta perderse entre las ropas.

-¿Y si empujan un poquito más? –sugirió alguien desde la calle.

-Renunciá, flaco, sos un inútil, ¿Por qué no te dedicas a otra cosa…?- espetó la rubia de la primera fila.

Como herido de muerte ante el último comentario, y con aire dramático el chofer, se levantó de su asiento ante la sorpresa de los pasajeros, carraspeó y gritó:

-¡Amo manejar!, ¡AMO MANEJAR!… ¡LOS ODIO A USTEDES!, ¡LOS ODIO A TODOS USTEDES!, ¡LOS ODIO!

 

SOMBRAS NADA MÁS

Afuera, ya no se distinguía entre cuerpos y sombras. Dentro del colectivo, hubo un segundo silencio, un momento entre bolsones, viejas, trabajadores y secretarias de tacón.

El chofer volvió a su sitio, se había sacado los anteojos y las manos lejos del volante acariciaban su incipiente calvicie.

-¡Pero, dale hijo de puta…! “¡Amo manejar…!” ¡Forro!.

 

Porra de WallMart,

 

“El lobo de WallStreet” fragmento.

 

 




LA DANZA DEL SONIDO Y EL SILENCIO

La velocidad de las cosas: Conversación con Juan Falú.

 

                                                                  Entrevista: Diego Soria y Mariano Botto

Fotos: Diego Soria

Edición: Mariano Botto

 

 

DE LA RAÍZ A LA COPA

Gajito tierno y fresco
recién mojado
me estoy sintiendo el árbol
ancho y buscado.

De la raíz a la copa- Pepe Núñez, Juan Falú

 

 La ciudad se mueve, echa llamaradas de ruido y nos arrastra en su velocidad hasta San Telmo. El vértigo y el ruido llegan hasta la puerta del departamento, donde Juan Falú nos recibe. Allí dentro, no se atreven. El ventanal, con vista al pulmón de manzana,  regala el verde y, bajo su copa generosa, le preguntamos por Ella. Y  la nombro como se merecen los nombres propios, siempre con mayúscula, la Zamba.

Es una diosa pagana

hasta cuando va de misa.

 “Donata Suárez” Juan Falú – Carlos “Tata” Herrera

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bastienBastien –  El Bosque de la sabiduría

Tocar una Zamba  lenta, sentida y profunda es una actitud casi de vanguardia. ¿Cómo la siente usted?

Como un acto de resistencia. Al mismo tiempo, la siento estéticamente bella y más placentera.  Para mí, hablar de la Zamba es hablar de algo esencial. No es que se trate de una forma musical como otras,  tiene una entidad. Casi, algo sagrado de la cultura. Me parece que al tocar se juegan cuestiones de dialéctica. A veces el freno le confiere más fuerza a la interpretación. Contrariamente a lo que se podría suponer, si alguien quiere tener llegada,  piensa un tema rápido o cierra un recital con un tema que está allá arriba. Pareciera que la velocidad está relacionada al reconocimiento inmediato, al aplauso. Y eso es verdad. También ocurre que la pausa puede darle fuerza a una interpretación. Pasa con las zambas y  también con las chacareras. 

 Yo enseño mucho la rítmica del folclore que,  frecuentemente, presenta la combinación de un compás en  seis por ocho  y otro de  tres por cuatro. Uno representa lo agudo y otro lo grave. El seis por ocho, si se lo traslada a la percusión, representa esto:

Entrevita a Juan Falu PARTE 1     

 Son los chasquidos sobre el aro del bombo. Y el  tres por cuatro:  

Entrevita a Juan Falu PARTE 1     

A partir de la cultura de hoy, del vértigo de la cultura y de esta yuxtaposición rítmica, empecé a hacer asociaciones: si uno se opone al vértigo y hace una pausa, se metió en el  tres por cuatro. En lo grave. Lo voy a desarrollar: el tres por cuatro  representa la parte grave del folclore, desde el punto de vista de las alturas musicales. También representa el centro de gravedad, la soledad y todo lo que conlleva el término, semánticamente, en sus múltiples sentidos.  El freno ayuda a tocar el tres por cuatro porque, en la lentitud, esos golpes graves adquieren protagonismo. En cambio, al subir la velocidad, los golpes graves se pierden. Pierden resonancia, no hay tiempo para que resuenen.

Entonces, sin querer, porque nunca fue pensado en esta dirección-  fui asociando un modo de hacer la música, con una opción por el compás de la gravedad. No significa descartar lo otro. Yo opté por eso que es, en definitiva, un modo de resistencia. Y me gusta haber llegado a esa asociación entre lo musical y una  posición contra los valores imperantes.

RUIDOS

La palabra “cultura” es el apellido de dos hermanos. Uno es artista y el otro costumbrista. El costumbrista  toma los hábitos y gustos de la gente, mezcla e invade -por todos  los medios posibles- con música convertida en producto de consumo y entretenimiento.

Tanta música comercial y roquera, ¿afecta a los músicos que se acercan al folclore para encontrar referentes?

Yo no estoy preocupado por los músicos que se acercan al folclore porque, sinceramente, es a quienes más respeto. Creo que tienen criterio de elección, de adopción de música, de referencia de compositores, de obras y búsqueda de las fuentes. Son certeros los movimientos que hacen. En ese sentido, lo que me preocupa de esa invasión del rock en todo tipo de situación cotidiana es lo que sucede con la formación musical,  intelectual e ideológica de la gente, en general. Eso me preocupa. Porque, cuando todo se tiñe del rock que se consume más masivamente -y hablo de una especie de estética-,  genera una anulación de la conciencia. Yo prefiero un arte que avive la conciencia. Por supuesto que en el rock hay mensaje piolas, buenas obras e intérpretes,  pero me refiero al más masivo, que  no sé ya si es rock: ahí se mezclan el pop, las baladas, qué sé yo.

El otro día me despertaron, después un viaje nocturno en ómnibus, con unas baladas latinas que realmente te asustan, porque uno piensa que eso se reproduce en todos los viajes de micro. Uno está acostumbrado a que la música, la canción, la poesía generen algún tipo de motivación, de reflexión o de placer, pero acompañadas de un movimiento de la conciencia. 

IMAGEN 2Luis Seoane  Paisaxe

 

LA VIDA DEL SILENCIO

Juan Falú sabe arriar el ruido. En sus conciertos sube al escenario e instala el silencio. Absorbe la atención del público que aguarda y  escucha su música, incluso antes de la primera nota.

Yo no sé cómo lo hice.  Ni siquiera estuvo en mis previsiones. Simplemente,  se dio. Me parece que hay muchas vías posibles para lograrlo: la música que uno elige, cómo la toca y también desde dónde toca: desde su propia melancolía, desde pérdidas, dolores o amores. En ese sentido es libertad. Yo no estoy sujeto a un programa artístico, a  una fórmula para ocupar un escenario, como a veces ocurre con artistas más dependientes de los vaivenes del mercado. Ellos siguen fórmulas de éxito, fórmulas para componer, para cantar, para colocar la voz o letrísticas;  fórmulas temáticas, como esos temas que venden la felicidad. Yo siento que somos muchos quienes estamos fuera de eso,  nos plantamos con nuestra verdad. Esa verdad contiene los silencios. No siento que sea un atributo mío, como una singularidad, creo que es de muchos artistas. Lo mío no fue un plan, también tiene que ver con el paso del tiempo. Cuando uno se pone más grandecito, los silencios salen naturalmente.

Cuanto más contrastantes sean el silencio y la sobriedad, en el escenario de un espacio  abierto y multitudinario, más se nota la potencia de esa pausa. Obviamente, si se estableció una comunicación. Me pasó en el “festival del bosque” de La Plata, junto a Liliana Herrero. Había miles  de personas sentadas al aire libre y el silencio era idéntico al que nosotros hacíamos interpretando. Y que eso ocurra en un contexto multitudinario potencia mucho.

La pausa puede asociarse a la cualidad de un buen orador político. Me acuerdo de los actos de La CGT de los argentinos, con Raimundo Ongaro; sus discursos eran increíbles,  largos, llenos de contenido y pausas. La gente no tenía ninguna necesidad de euforia.  De ahí salías con una especie de aprendizaje intensivo de conciencia.

 

Le pregunto  a mi guitarra

de esos amores conmigo

si hace un capullo en mi pecho

y apenitas es un suspiro

 

“La mudita”, Juan Falú-Pepe Núñez

 

IMAGEN 3 (1)Claudio Tomassini – Firmamento

 CONFESIONES DEL VIENTO

“… interpretar consiste en reconstruir la realidad material a la que se refiere una representación de la realidad.” (Wikipedia)

 

Juan Falú interpreta temas, en algunos casos, de sus primeros discos; los reformula, los improvisa,  recrea  y  renueva. ¿Se renueva la motivación o se amplía el margen para improvisar?

A veces una cosa, a veces otra. Soy muy espontaneísta y desprolijo. No tengo planes ni sigo una estrategia, ni un encuadre, ni metodología. En ese sentido, soy bastante brutal. No tengo elementos pedagógicos ni metodológicos que me permitan pensar cómo voy a hacer una cosa. A veces son variaciones sobre la misma idea y, otras veces, el asunto es un poco más arriesgado.  Uso mucho las introducciones para arriesgar una idea musical nueva. Después, viene el tema. Por ejemplo, lo hice durante años con “La tristecita”, mi carta de presentación. Trataba de hacerle versiones y, finalmente, se terminaron repitiendo. No hay tantas posibilidades. Ahora eso mismo lo hago con “Alfonsina y el mar”. Porque me siento cómodo, sólo por eso.  Hay temas que son queridos y facilitan la comunicación. “La tristecita” es una zamba que inmediatamente hace surgir un cariño.

 

El viento me contó cosas

Que siempre llevo conmigo

 

“Confesiones del Viento”, Roberto Yacomuzi-Juan Falú

 

LIBRE Y DIALÉCTICO

Juan Falú, compositor.

Siempre tengo ideas. Me pasa, desde hace tiempo: si no me detengo a desarrollarlas, se van. Viene otra, se va y otra… Cada tanto me detengo en una. Y el  desarrollo  de esa idea tiene que ver con la forma musical.  Las formas de Zamba, del vals o de la vidala me ayudan mucho y, a veces, siento que me limitan.

Del 55 es la chacarera,

Que quemando sueños nos roba la noche entera.

 

Pepe y Gerardo Núñez

 

La “Chacarera del 55” rompe el molde desde adentro y se acomoda, original, dentro de una vieja estructura.

Ese desafío me gusta mucho. Tengo un modelo de composición, por ejemplo, el Triunfo de Oscar Alem, “Vinieron a pedirme”, que mantiene la estructura de los cinco períodos musicales, en cada parte, pero él hace cinco diferentes. Y no simplemente diferentes, sino un desarrollo. Yo suelo hacer mucho esos movimientos dentro de la forma. Otra vez la dialéctica, ejercer la  libertad dentro de la estructura. Uno siente el placer del juego libre dentro de la música que, por otro lado, está dentro de un lenguaje  colectivo.

Yo tuve períodos de complejidad, pero es interesante cómo -en la sencillez- puede aparecer una cosa original. Y también que remita a algo familiar: una frase, una melodía, una armonía. Eso es inevitable al hacer música popular, música que tiene una historia.

 

IMAGEN 5Foto Diego Soria

El VIAJE DEL MÚSICO EN CONCIERTO

 Cuando uno piensa en algo más allá de la música, se dispersa, a menos que enfoque- desde la música- en una situación o en  una persona determinada. Puede pensar en alguien que ama o en alguien que está presente. Es como encontrar en uno la atención de todos.  Si veo que hay alguien en el público cuya sensibilidad conozco, me digo –voy a tocar para que le guste-. Como un apoyo. De todos modos, hay que estar metido  en la música. Y eso significa meterse en la sonoridad. A veces, con el canto, estoy muy tenso y preocupado;  tengo muchas dificultades para cantar. En cambio, con la guitarra cada vez estoy más preocupado para que cada sonido tenga exactamente la sonoridad buscada. Antes no me preocupaba tanto. Cuando encuentro músicos que lo hacen, los admiro muchísimo. Hay dos guitarristas que me parecen increíbles en ese sentido,  le dan a cada nota el sonido que le quieren dar. Uno es Roberto Aussel y el otro, Ricardo Moyano. Admiro eso.  Que se produzca el sonido es un objetivo, no sólo desde la técnica, sino desde la emoción.

“La canción como medida de un país”…

Yo usé mucho esa expresión, recordaba lo que ocurría en los sesenta, cuando me empecé a abrir a la música,  adolescente. Recuerdo canciones muy populares,  masivas. Eran tremendas desde el punto de vista musical y poético.  Por ejemplo, “El arriero”,  de Yupanqui, era muy popular. Ese tipo de canciones las cantaba desde un peón de campo, hasta el oligarca… bueno, el oligarca no creo que haya cantado mucho (Risas), pero otras zambas más paisajísticas, como “La Nochera”, eran muy populares. Eso se continúa en los setenta y después viene la noche.

 

“Mojada de luz

en mi guitarra nochera”

 

“La nochera”,  Eduardo Falú-Jaime Dávalos

 

Ese poema…  lo dijiste bien, porque es “en” mi guitarra nochera. Todos cantan “mojada de luz “es” mi guitarra nochera”,  no queda mal tampoco.  

 

IMAGEN 4 (1)Carolina Diéguez

 

LOS AÑOS DE LA NADA

“NO aptas para ser difundidas en medios de comunicación”

 

PROHIBIDA CHACARERA DEL EXPENDIENTE” (G. Leguizamón)PROHIBIDA “EL CÓNDOR VUELVE” (A. Tejada Gómez, E. Aragón)PROHIBIDA

“JUANA AZURDUY” (A. Ramírez, recitado por Barbieri)PROHIBIDA

LOS PÁJAROS DE HIROSHIMA” (H.Guaraní)

PROHIBIDA “LA GUERRILLA” (H.Guaraní)

PROHIBIDA “CANTO A SUDAMÉRICA” (Eduardo Falú)

PROHIBIDA “ALCEN LAS BANDERAS” Ariel Ramírez

PROHIBIDA “HASTA LA VICTORIA” (A.Sampayo)

PROHIBIDA “EN SUDAMÉRICA MI VOZ” (A. Ramírez)

PROHIBIDA  DOÑA MACLOVIA” (Carlos Di Fulvio)

 

Desde 1978 hasta 1983

“Yo creo en la eficacia de la canción testimonial. La “canción de protesta” la han utilizado mucho los periodistas de derecha; como si fuéramos niños para estar protestando, nosotros cantamos una realidad, estamos denunciando.”

Mercedes Sosa en Casa de las Américas (1974)

CRECER O SUCUMBIR

El policía del ruido arrestó a la música entre 1976 y 1984 y Juan Falú debió exiliarse  en Brasil. Del corazón de la madera, el árbol rebrota y crece con fuerza. O muere. ¿Lo influenciaron musicalmente sus años en Brasil?

Yo creo que ahí se conjuraron dos situaciones: una es la música brasilera, que yo podía vivenciar cotidianamente tocando con músicos más que al escuchar. Segundo, mi proceso personal de crecimiento porque yo me fui cuando tenía- creo- veintisiete años. Tenía que crecer y, más, después de la situación que dejamos atrás. Estábamos obligados a crecer o a sucumbir. Entonces crecí viviendo en Brasil. Y me ayudó mucho que haya sido allí. Igual yo no lo aproveche bien;  podría haber aprendido mucha armonía, pero nunca me puse a estudiar. Algunos no creen que, en San Pablo, sólo haya ido a tres clases grupales de armonía.

Estaba difícil, no creía mucho en mí. Agarré la guitarra  casi como un perdedor frente a la figura de Eduardo (Falú) y la exigencia paterna. Tenía que ser muy bueno y creo que terminé siendo lo que soy por haber crecido y por haber encontrado una luz en el camino.

 

 

Cuando se ardía esta tierra

yo ya andaba en vidalas

ya desafiaba los tiempos

en coplas de madrugada

 

“Yo soy Juan”, Juan Falú-Jorge Marziali

 

EL REINADO DE LA IDIOTEZ

        Después de los setenta, los jóvenes tienen que empezar de cero a buscar y buscar.  En esa desorientación, se podía medir -a través de la canción que se cantaba- cómo estaba la cosa. Este es un buen momento. Igual, yo mantengo mis reservas, soy muy crítico. Por ejemplo, ahora estoy nominado en los premios Gardel. Y fui nominado muchas veces, pero como jurado renuncié. Mandé un correo que decía: están todas las categorías muy bien, fantástico, pero los premios que son más grosos- por ejemplo,” canción de año”- son para el rock; disco del año, para el rock. Y así y así. Cambió un poco cuando Abel Pintos empezó a sacar premios, pero él también llegó a lo que llegó porque hizo sus opciones estéticas. Empezó más dentro del folclore, tengo entendido, y después adoptó esas fórmulas que parecieran ser insoslayables para  cierto éxito masivo. Entonces, les dije: no. ¿Para qué voy a ser jurado? Si al final tengo que poner -no sé-, -no sé-, -no sé- en como en veinte categorías. ¿Qué voy a votar yo: “tropical, pop”? ¿Para qué? Los grandes premios son así.

Esos premios,  en realidad, se van construyendo para dejar contentos a muchos.  Si fuesen rigurosos, no estarían preocupados en contentar. Lo mismo sucede con los Konex, premian a cientos y cientos.  Los cuestioné hace diez años, cuando me premiaron en la categoría “grupo”. En una carta dije que no me daban ganas de recibir el premio porque había grabado con Liliana Herrero “Leguizamón–Castilla” y lo premiaron como grupo. Llevo cuarenta años tocando como solista y se ponen categorías como para que todo el mundo reciba un premio. Es como el que tira al bulto, a algo le pega. Y este año  en que se repitieron las categorías de aquella década- ocurre cada diez años- cortaron por lo sano y pusieron solamente las categorías “cantante de folclore” y “grupo de folclore”. No sé si tiene que ver con la carta que les envié hace diez años. Ellos decidieron que el que toca bien el piano o la guitarra no entra en ninguna categoría. Es una barbaridad. En realidad, con los Gardel y los Konex, pasa que siempre premian lo mediático. Y ponen muchos premios como para mostrar amplitud: premian producción independiente, uno que está empezando, etc., pero siempre predomina un criterio mediático.

Aquella carta reivindica al solista. Ahí les hablo del “Zurdo” Martínez, de Atahualpa, de Suma Paz, de Eduardo Falú que, en nuestro país, han sido figuras que construyeron una identidad. Hay mucha ignorancia, demasiada para mi gusto. No veo la hora en que se termine el reinado de la idiotez en algunos medios, en algunos programas y en algunas decisiones de estos premios;  en que aparezca un poco de sensatez y en  que las personas conocedoras de la cultura nacional en serio puedan tener opinión. Pero no es tan fácil eso. Y mis dichos no tienen nada que ver con algo personal, sino con mi vivencia con el país. Yo lo recorro muchísimo, realmente mucho. Por ejemplo, en Firmat, un pueblo de veinte mil habitantes de la provincia de Santa Fe, me di cuenta en el acto de  qué tipo de público era. ¡Esos públicos saben mucho! A esos no les podés meter el perro, saben mucho. Conocen perfectamente lo que han significado Yupanqui, Eduardo Falú, la poesía, los grandes poetas.  Y  yo les dije que para mí era un enorme compromiso tocar en ciudades pequeñas del interior del país. Pero donde se cocina el bacalao hay mucha estupidez. Demasiada.

 

Fui furia, barro y sed como la creciente, libre y animal.

Fiel a mi tempestad pude naufragar, y vivo, vivo.

Fui furia, barro y sed como la creciente, libre y animal.

Fiel a mi tempestad. Vengo, sigo, claro, río, digo, vengo, sigo, río, claro, vengo.

 

“Canto de agua”, Juan Falú

 

IMAGEN 7 (1)Foto: Mariano Botto

 OBSTINATO DE GUITARRA

La técnica versus el arte. El oficio versus la mística.

Me parece que depende mucho de las comunidades musicales. Hay para todos los gustos. Dejo a un lado la música comercial porque responde a otros parámetros. A veces puede ser que  haya cierto descuido del sentido trascendente de la música y el arte para buscar algo más inmediato. De todos modos, en los músicos que se acercan al folclore- más que al tango, jazz, flamenco, o rock-  noto una madurez mayor para instalar la música con un sentido de trascendencia. Sé que cae antipático decir esto. El otro día mi amigo y gran músico Ramiro Gallo me cuestionó un comentario; dije que, para mí, los artistas de folclore son más creativos que los de tango. En el tango se recurre mucho a fórmulas: el  estilo de uno u otro. De los guitarristas como Roberto Grela o los grupos al estilo de las guitarras rioplatenses, los fraseos y los arreglos son iguales. Son pocos los que rompen esos modelos.  En cambio, en el folclore,  veo mucha gente en un camino más libre, desde la elección del repertorio hasta la incorporación de lenguajes no tradicionales.

El camino de un artista es largo para finalmente encontrar  el estilo propio, la singularidad. La voz caudalosa de la guitarra de Juan Falú se alza distinguida entre muchas otras y nos relata todo ese sendero.

Bueno, lo encontré. Si no, podría haber estado perdido. Inclusive  retomé una terapia.  A los sesenta y seis años de edad, estoy metido de lleno en tratar de entender por qué yo fui tan obstinado con la guitarra, cuando en realidad estaba como perdido y sin embargo seguía y seguía.

La música, “la más espiritual de las artes”- la gran convocante de emociones, la que atraviesa el umbral de los sentidos con facilidad- es utilizada muchas veces como entretenimiento o sonido de fondo. ¿Cuántos se detienen a escuchar una música lenta y sentida, con profunda atención?

Todo el uso de la música como un sonido permanente, masivo, de fondo y en cualquier situación a cualquier hora. Me molesta mucho. Me parece gravísimo y no se toma conciencia. Me encantaría tener tiempo e impulsar algún movimiento para que se legisle ese sentido. Una de las más crueles invasiones a la libertad es meterle a uno música todo el tiempo y así denigrarla

Es tan terrible el daño que se está produciendo…. Yo no sé cómo sería revertir eso: de qué manera, en cuánto tiempo, con cuántas políticas de Estado. No lo puedo ni imaginar. A veces hacemos capacitaciones para maestros de escuelas públicas para que enseñen folclore correctamente. El proyecto se llama “Cajita de Música” y uno de los temas,  planteados por los maestros, es qué músicas escuchan los chicos. Uno brega para que esos chicos puedan cantar las hermosas canciones que tenemos. Es ardua la tarea, hace falta un movimiento, una movilización para generar conciencia. Yo no sé si hay conciencia de esto en la clase política, tengo mis serias dudas. Yo apoyo al gobierno, te lo digo desde ya, y más ahora que se acercan las elecciones. Pero, cuando hacen actos, espectáculos masivos para alguna conmemoración, dan ganas de llorar.

Es más fácil poner una cumbia y listo; sabés que van a mover la cintura y a batir palmas. Más difícil es realizar una programación que eduque con buena música, buena poesía y buen arte. Ese es el desafío más groso de estos tiempos.

 

IMAGEN 6 (1)Luis-Seoane.-Músicos

SIN PLEITESÍA, DE USHUAIA  A LA QUIACA

Falú se expone a conciencia. Tira el guante para el debate ¿Quién lo recoge y quién lo acompaña?

Me parece que hace falta hasta un poco más de coraje para decir las cosas. Por ejemplo, el director del instituto de música (Diego Boris) considera que el país comenzó con el rock, porque el día nacional de la música es por Spinetta (mis mayores respetos hacia él, que hubiese rechazado la propuesta) y el día nacional de la guitarra, por Pappo. ¡Por ley! Ese muchacho no tiene conciencia. Alguno quizás piense que soy conservador y, en realidad, yo lo paso por encima un millón de veces a Diego Boris con las trasgresiones en mi vida. Me gustaría sentarme con él a discutir y tener un debate público para ver quién es el conservador.  Ahí no hay conciencia y es un problema bastante serio.  Él ha impulsado la ley de la música -y yo le reconozco esa militancia- pero le quedó grande la función pública, si piensa que los símbolos de la cultura están todos en el rock.  Santaolalla (Gustavo) define que él ha reinaugurado el folclore con (el álbum) “De Ushuaia a la Quiaca”. Llegó a decir, en una entrevista, (¡Esto lo podes publicar! No tengo problemas. A Santaolalla lo puedo desafiar a debatir públicamente), que  “fue muy difícil hacer” De Ushuaia a la Quiaca”, por la guerra de los viejos contra los jóvenes”.  Así lo definió y agregó: “No nos olvidemos que esa guerra costó treinta mil desaparecidos”. ¡Ese muchacho está loco! Juntó cualquier cosa. Fue un irresponsable. Primero, porque él no tiene nada que ver con un compromiso militante generacional, que costó treinta mil desaparecidos. Segundo, que no ha descubierto el folclore, y, si lo hizo, es preferible que lo deje como estaba porque lo hace horrible. Hasta llegó a decir que el tango electrónico es lo que vino después de (Astor) Piazzola. ¡Una locura! Entonces vos me preguntás sobre la conciencia, yo creo que falta. Si un músico ajeno al lenguaje que dice representar expresa barbaridades  y no hay el menor atisbo de polémica al respecto, entonces algo falla. Yo me enojo con estos temas, preferiría des-enojarme y tener la mayor objetividad posible para encararlo.

Y ya me ve compadre,

Sigo en la huella.

 

Me tapo con mi espalda

Que es ancha y puede.

 

Me atengo a lo que venga

Lluvia o granizo.

“Gato panza arriba”, Juan Falú – Pepe Núñez

 

 LA FÁCIL LO HACE  MÁS DIFÍCIL

Hablamos de un productor, de colegas, de importantes premios, de organizaciones culturales: columnas de una estructura resquebrajada. Al mismo tiempo, lleva su crítica con naturalidad e inteligencia, lo que no le impide reconocer para construir.

 

Tengo que destacar que el Ministerio de Cultura de la Nación me ha dado total libertad y estímulo para hacer un proyecto muy importante, llamado “La música interior”. Lo que se va a hacer es muy grosso al lado de  lo del 25 de mayo. Se van a mandar músicos a las veintitrés provincias, vamos a hacer ciento cincuenta talleres en todo el país,  a organizar recitales provinciales y regionales que  desembocarán en un concierto nacional, en el centro cultural Kirchner, con ciento cincuenta de  los mejores músicos argentinos. Y eso lo impulsa el gobierno. Reconozco lo que se hace bien. Yo siempre protestaba con el área de cultura de cancillería, por cómo se representaba al país en el exterior. Pero, en este momento, hay una política muy buena de buscar la representatividad más federal, mas nacional y con un lenguaje más libre.  Eso lo reconozco. Pero, cuando un diputado quiere generar algo exitoso en su pueblo y pide al ministerio de cultura los artistas de moda, ese diputado es un facilista, eligió la cómoda. Eso, en  vez de traer alguien que enseñe a pintar, a  escribir poesía a niños y adultos, o llevar a los abuelos a que relaten cosas a los más chicos. Que se genere cultura en serio. Que se dejen de macanear con los artistas mediáticos, esa es la más fácil. Tengo mi respeto por algunos de ellos y aquí no se trata de juzgar a los artistas, pero a la clase política sí hay que juzgarla, porque tiene una responsabilidad pública.

Así como el canal Encuentro fue una de las mejores cosas del país en los últimos tiempos, también es cierto que nadie ha hecho algo serio para regular la televisión en general. Y hay que regular.

Si no mete la cola el negocio…

Lógico, si el Estado quiere enseñar tiene que regular, no hay otra, y al que le suena autoritario y bueno…, discutámoslo.

 

Yo soy Juan como otros Juanes

madera tucumana

canto y camino nuevo

de antes viene mi guitarra.

 

“Yo soy Juan”, Juan Falú – Jorge Marziali

 

 

Trayectoria

Juan Falú es uno de los músicos más representativos del folclore en la actualidad.  Traza su original  huella  arriba  y abajo del escenario.    De Eduardo Falú: “‘Soy el sobrino’, respondía mil veces a la pregunta sobre los lazos. ‘Es mi tío’, menos veces, como para situarme en el centro de la relación. ‘Es mi madre’, en ocasiones, cuando los huevos me llegaban al piso”  (le contó a Karina Micheletto en Página 12). Formado en las guitarreadas y en el corazón de la noche, a la vez refinado y preciso, en sus interpretaciones como en sus declaraciones. Cuenta con más de veinte discos como solista y, a principios de este año 2015, ha realizado un festejo por cincuenta años de dedicación en la música. Al mismo tiempo, fue el impulsor de la carrera de “Tango y Folklore”, en el Conservatorio Manuel de Falla, miembro del directorio en el Fondo Nacional de las Artes,  creador del festival “Guitarras del mundo” de la Diplomatura de Música Argentina en la UNSAM.  Recientemente, ha sido reconocido con el título de “Doctor honoris causa”, otorgado por la UNSAM. Y como si a esta trayectoria pareciera poco lleva más de 30 años ininterrumpidos recorriendo el mundo con la música argentina.

 

La Jewsburiana – Juan Falú




LA HIDRA O EL DIAMANTE

Por: Juan Carlos Pedot

Velocidad: Sobre el Caso Arruga

 

 

Luciano A
Luciano Arruga

 

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún  dìa mágico llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte;  pero la buena suerte  no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho  que los nadies llamen, aunque les pique la mano izquierda, o se levanten  con el pie derecho, o empiecen  el año cambiando de escoba.

Eduardo Galeano “Los nadies”

 

 

 

EL CHICO AL QUE NADIE QUISO BUSCAR

 

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Vamos a imaginar, sin equívocos, que la policía de Buenos Aires  es una hidra de siete cabezas. Y que, de cualquiera de las fuerzas de represión, puede nacer- imprevistamente- una cabeza más. Entre sus preferidas  presas  están los  pibes pobres del Conurbano bonaerense, empujados  al delito, sin  otra opción para obtener  recursos  o, simplemente, calificados como potenciales delincuentes.  La Bonaerense o, para ser más específicos, una rama especial,  “los patas negras”,- esa  voraz bestia-  se traga a los flacos pibes, sueltos, perdidos,  guachos, a veces drogados, que deambulan por  noches oscuras. O los desaparece o  los mata. Sí, va tras esos que la sociedad hueca y pacata estigmatizó definitivamente como “los pibes chorros”.

En estos días nos hemos  enterado que un tribunal sentenció a 10 años de cárcel a una cabeza de la Hidra, por encontrarla culpable de torturas a Luciano Arruga. El vacío que deja la vida de Luciano, como el de otras vidas sesgadas sin ton ni son, llena de preguntas: ¿por qué un comisario de la bonaerense, del mismo origen social que la víctima, descarga ese odio al torturar  a un pibe?  Otra pregunta: el  ensañamiento contra los “pibes chorros” y la  tardanza en la reparación de los daños a través de la justicia, ¿es un simple problema burocrático de “velocidad”?  Otra más: los verdugos, ¿no se estarán castigando- lenta y sostenidamente- a sí mismos? Como en la refracción de un espejo roto, tenemos dos planos de vidas enfrentadas que se agotan a sí mismas, sin una frontera que rompa el círculo vicioso.

Fuera de toda duda, cuando el poder  punitivo se descontrola, desaparece el estado de derecho y su lugar lo ocupa el de policía”, dice  Zaffaroni. Y,  fuera de toda duda, la velocidad de regreso del estado de policía es más veloz que  la reinstauración del estado de derecho. Por no hablar de la parsimonia con que transcurre el tiempo hasta que la herida social cicatriza.

 

 

ES UN MONSTRUO GRANDE Y PISA FUERTE

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Cinco años después de la noche en que asesinaron a Arruga, tenemos una sentencia, con un solo sentenciado. Se cumplen  esos mismos cinco años desde la última vez que Vanesa Orieta vio a su hermano, en el ex destacamento de Lomas del Mirador. Su familia y amigos denuncian, desde entonces, la mafia policial, el gatillo fácil y la violencia con que “están exterminando a los pibes de barrios humildes”. La Hidra es insaciable y es posible que sus cabezas ya sean múltiplo de 7.

Cuando un particular se queja  al ser sorprendido como víctima de un robo al voleo, los amigos de la Hidra descargan su odio y alivian los pánicos de clase media. Ambos gritan al unísono: ¿qué hay que hacer con estos rateros, ladrones, violadores, vagos, negros subsidiados…?

Los  pocos sanos operadores de la justicia, como heraldos de lo plebeyo, no reciben el aplauso mediático. Sólo hay para ellos el empuje de esa inteligencia demostrada por las victimas desprovistas de toda vindicta. Muchos de los abandonados por la ley advierten, desde su desprotección,  que cualquier venganza es contraproducente. Sospechan la irrupción inesperada de otra cabeza de Hidra detrás de toda venganza. Y saben de sus debilidades ante el monstruo grande que pisa fuerte.

LOS OJOS DE LA HIDRA

 

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            “Me están cagando a palos”,  gritó Luciano Arruga a su hermana Vanesa, desde la cocina de ese destacamento policial de Lomas del Mirador. Fue el 22 de septiembre de 2008, la primera vez que lo detuvieron, por portación de pobreza.

Hacía un tiempo que Luciano había entrado incontinentemente en los dominios de la Hidra. Les había contado a su mamá y a su hermana que la Policía lo presionaba para que “trabajara para ellos“. Él no había aceptado. Y, a partir de ese momento, la Hidra se paseaba- sigilosa- a cualquier hora. Preferiblemente, en la noche y por el barrio.

Su familia comenzó a notar una cantidad de detenciones “sin sentido”. “(Los policías) lo amenazaban y le decían que tenía los minutos contados.”  Tortura psicológica, denunciaba Vanesa en diálogo con Diario Popular.

En los faroles de la patrulla de la bonaerense, Luciano creía ver los ojos sanguinarios de la Hidra: “Luciano tenía miedo, no salía del barrio, estaba encerrado en su propio territorio”, reconoce su hermana. A Luciano le brillaban los ojos de un modo casi opuesto al de la Hidra. Y, a su madre, ese brillo en la mirada de su hijo le preanunciaba desgracias.

El barrio es el “12 de octubre”, de Lomas del Mirador, partido de La Matanza, y ocupa apenas una manzana. La hidra podría tragarse al barrio entero, de lo pequeño que es. Por un pedido de una agrupación de vecinos, el destacamento de Lomas del Mirador fue inaugurado en 2007.  Para Vanesa hay allí – en el ahora ex destacamento- una contradicción fundamental: “el grupo de vecinos pedía más policías, sin saber que invitaba a la Hidra, porque era la misma policía la que sembraba el terror en el barrio“.

El lugar comenzó a funcionar, entonces, como una dependencia de la Comisaría novena de esa localidad. Una comisaría que, en la última Dictadura militar, había funcionado como Centro Clandestino de Detención, nido de hidras.

Allí llegó por segunda vez Luciano Arruga, a sus 16 años, detenido por la Policía. La última ocasión en que lo vieron fue, allí mismo, el 31 de enero de 2009. Un peritaje con perros determinó que fue llevado a la comisaría 8 de Lomas del Mirador en un patrullero; que esa noche el móvil no había cumplido con su recorrido de  cuadrícula programada  y, según el registro electrónico, desvió su  camino a descampados  de la zona:  verdaderos agujeros negros, rémoras de los campos de exterminio, de otras épocas de plomo.

 

EN BUSCA DE LA CUEVA DE HIDRAS 

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Y allí estuvo Vanesa, en el ex destacamento, después del asesinato de su hermano. Acampó, junto a otros familiares y amigos de su hermano desaparecido para exigir que se realizara una investigación forense en ese lugar. Antes, había denunciado a fiscales y a jueces por la intervención de su teléfono. Y  a funcionarios, por su inacción en la causa de la desaparición de su hermano.

“A mí nadie me puede venir a contar nada del barrio, yo nací y me crié ahí”,  (…)”Conozco a la Hidra, yo sé lo que es la violencia institucional, el gatillo fácil, sé lo que es que se mueran personas porque no hay atención médica”.

Vanesa también sabe de la discriminación, del “prototipo de pibe chorro”, que le cabe a cualquiera de los jóvenes de esa zona. A cualquiera, como a Luciano o a ella: “La única diferencia es que yo, gracias a una trabajadora que se la pasó cosiendo ropa (su mamá), pude estudiar“.

A Vanesa tampoco le van a contar de la inseguridad. “La inseguridad está en las comisarías”, afirma. Los que vivimos en el barrio no somos mierda, ni somos chorros”, agrega. Pero, para la Bonaerense, el criterio está  en las antípodas de una solución de integración.

 

ESQUIVA, OCULTA

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Tanto Vanesa como los familiares y amigos de Arruga saben que molestan con su discurso. Es muy importante que se levanten las voces de familiares de otras víctimas de desaparecidos en Democracia.”  Se sabe lo esquiva y oculta que es la Hidra.  “Sé que se me puede ir la vida, porque no estoy denunciando a un cuatro  de copas, estoy denunciando al poder político y al poder judicialConozco los riesgos y no me importa. Si me pasa algo, bienvenido sea, porque sé que se van a levantar miles detrás de mí”.

LA PUNTA DEL OVILLO: UNA HUELLA.

huellas placas          Merced a un minúsculo grupo interesado en la reparación del crimen de Luciano, a su hermana y al CELS,  se demostró la impunidad en el accionar policial cuando detuvieron a Luciano y se encontró una huella que guió a los investigadores hasta el cadáver. Una huella de Luciano aparecía en el  expediente.  “Se la dimos a la Policía Federal. La pasó por el AFIS (Sistema automatizado de huellas digitales). Nada. La pasamos por el SIBIOS (Sistema federal de identificación biométrica para la seguridad). Nada. “

¿Qué hace el nuevo  equipo? Ellos venían con experiencia en identificar  NN, vinculados a delitos de lesa humanidad. En la comisaría 42, hay un NN, muerto- aparentemente- en accidente de tránsito. Ellos buscaban un perfil de un chico de 16 a 18 años muerto por apremios ilegales. Pero dijeron, “lo vemos igual”.

Carmen Ryan explica: “La huella de Luciano se rastreó sin usar el sistema automático de cotejo. Las huellas no estaban cargadas, en parte, porque estaban en la causa de torturas. Cuando lo detuvieron, él no tenía DNI actualizado. Por otro lado, las huellas del NN habían entrado para simple consulta y con pedido de devolución a  la Policía Federal. Y no quedaron guardadas. Hoy la instrucción de la Ministra es que PFA siempre las guarde. Pero en 2009 no era así. Usando lo que aprendimos en causas de Lesa humanidad les pedimos que revisaran los libros de ingresos de dactiloscopia, día por día. Ahí rastreamos las huellas de los NN de esos días, y con eso encontramos a Luciano”.

LOS AMIGOS DE LA HIDRA

martillo de jueza           Al año de la desaparición del joven, el destacamento fue cerrado y, dos años más tarde, se convirtió en el  “Espacio para la memoria social y cultural Luciano Arruga

          ¿Y la causa? La investigación empezó mal: la denuncia recayó en la fiscal Nº7 de La Matanza, Roxana Castelli, quien le otorgó la investigación a la misma Policía. Castelli fue acusada de entorpecer la pesquisa durante 35 días. La fiscal fue recusada y reemplazada por Cecilia Cejas. 

Ordenado por Cejas, un rastrillaje con perros halló pruebas de que Luciano había estado en un auto abandonado en el patio trasero del destacamento y en un patrullero. A eso se le sumó la prueba de que dos móviles policiales del destacamento, que debían patrullar por separado, aquella madrugada estuvieron detenidos en el Monte Dorrego, un predio municipal arbolado donde otro peritaje indicó que allí había estado el joven.

Por otro lado, los testimonios de dos testigos que reconocieron a Luciano, como un adolescente detenido y torturado en la comisaría 8ª aquella madrugada, no fueron confiables para la fiscal.

En julio de 2009, se determinó que los libros de detenidos que llevaba la dependencia estaban adulterados. Había nombres tachados y borrados de la noche de la desaparición de Luciano y de otras anteriores. Sin embargo, el Ministerio de Seguridad provincial no sancionó a ningún policía.

Los familiares solicitaron, en febrero de 2010, que el caso fuera investigado como “desaparición forzada”. Un mes después, Cejas le solicitó al titular del juzgado de Garantías 5, Gustavo Banco, que revisara  si la causa  debía  pasar al fuero federal. Pero el juez consideró que no había prueba suficiente, mantuvo la carátula de averiguación de paradero y se declaró incompetente.

Organizaciones de derechos humanos han presentado el caso  como  ejemplo- emblema de desaparición forzada de personas en democracia. El Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas en su informe del 2010, exigió “concluir una investigación exhaustiva e imparcial” e incluirlo en “conformidad con la Convención sobre los Derechos de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas”.

Recién en agosto de 2012, el  Daniel Scioli recibió a la familia, acompañada por la APDH La Matanza y la Comisión Provincial por la Memoria. El gobernador prometió donar el Destacamento a familiares y  amigos para que levantaran un centro cultural y un sitio de memoria. Asimismo, prometió  condenar públicamente la desaparición de Luciano y exonerar a los ocho policías del destacamento de Lomas del Mirador, sospechados de su tortura y secuestro. Cumplió, de manera parcial, mucho tiempo después.

En enero de 2013, a pocos días de cumplirse el cuarto aniversario, Blanco declinó su competencia y la causa pasó al fuero Federal, donde la recibió el juez federal de Morón, Juan Pablo Salas. La causa, finalmente, se recaratuló: de “averiguación de paradero” a “desaparición forzada”.

BRILLO DE DIAMANTE

For The Love of GodBentley and Skinner 

Un mes más tarde – y preventivamente – el ministro de Justicia y Seguridad, Ricardo Casal, apartó de sus cargos  y pasó a disponibilidad a ocho policías de la Bonaerense . El fiscal Carlos Stornelli los había pasado a retiro en abril de 2010 -cuando era ministro de Seguridad de la provincia-, pero en julio de ese año los reincorporó en otras jurisdicciones.

En octubre de 2013 se demostró que la fiscal Cejas había intervenido el teléfono fijo y los celulares de Vanesa Orieta, Mónica Alegre y de sus abuelosLos intervino desde que tomó la causa y durante un año y medio. Ahí cerró el círculo de impunidad: entendimos por qué no está Luciano”, denuncia el abogado querellante.           Este año, en abril, los familiares de Arruga presentaron un recurso de hábeas corpus, al que la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal hizo lugar en julio.

Nunca la plata dañó a la Hidra.

Luego, el Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires aumentó a un millón de pesos la recompensa para quienes aportaran información fehaciente que contribuyera a dar con el paradero o esclarecer la desaparición de Luciano.

Su cuerpo fue encontrado como NN en el cementerio de la Chacharita.

Diez años de cárcel para una cabeza de la Hidra.

Dice Jenny Erpenbeck, en su libro “La pureza de las palabras”, que un cuerpo enterrado también se puede transformar en un diamante. Tal vez el mismo que  brillaba en los ojos desesperados de Luciano, cuando su madre se aterraba. Un brillo inverso a la opacidad en los faroles de la Hidra. Un brillo que reclama en el nombre de Luciano, por toda la saña contra “los pibes chorros”.

No todo está perdido. Desde su fosa, ese diamante irradia- en pulsiones- constante potencia. Y los arropa y los abraza y los empodera a todos: a todo ese círculo de lucha integrado por Vanesa, sus allegados, los organismos de DDHH. Y, desde allí, ojalá, se propague hacia la sociedad entera.

Ellos son quienes liman el dolor provocado por la hidra. Y son ellos, también, quienes guardan el dolor en la memoria. Que el futuro se limpie de tortura y muerte.

“Ningún pibe nace chorro”.

 

 




EN TREN DE BUSCAR SENTIDOS

Por Cecilia Illia.

La velocidad: Sobre trenes, huellas y corrimientos.

 

LAS IMPRESIONES HUMANAS

 

El tren japonés maglev –por levitación magnética- batió en estos días el récord de velocidad, 603 km/h. Mediante un impensable mecanismo de imanes, y quién sabe qué otras yerbas, se mantiene suspendido sin contacto con el riel. Maravillas de la invención humana, siempre dispuesta a luchar contra la distancia y la muerte, con el afán de correr los límites, aunque sea un poquito más allá.

Y otro poco.

Y otro.

(El hecho de que en su apuro tropiece más a menudo con la muerte, pensándolo bien, no lo contradice. El desafío a la muerte es un modo de neutralizarla, de quitarle espesor.)

¿Qué se verá por la ventanilla del tren? Se me ocurre un presente disuelto en haces de luz. Manchas disipadas en el aire. Colores en movimiento como pájaros en picada, estrellas fugaces,  insectos momentáneos.

Polvo de formas.

Aunque, si el trayecto fuera en la planicie, podría recuperarse la imagen en la distancia. Curioso. Sin horizonte, el cuadro se descompone y la sensación  en nuestro cuerpo es un mareo cercano a la arcada. Necesitamos la distancia para rescatarnos de la náusea, incluso de aquella sartreana, la existencia desnuda y el sentido explotado.

 

Detalle Noche estrellada Van Gogh
Detalle Noche estrellada, Van Gogh

 

BIG BANG

 

Justamente, al mirar a la distancia, observando las estrellas, fue como el científico austríaco, Christian Andreas Doppler, descubrió cómo el movimiento del objeto que él observaba cambiaba la frecuencia de la onda lumínica, emitida de acuerdo a si se alejaba o acercaba a él. Escribió su tratado en 1842. Diversos científicos continuaron investigando este fenómeno para ondas sonoras y electromagnéticas. Es decir, cuando un objeto se acerca, las ondas se acortan, se aplastan, se agudizan, se azulan. Cuando un objeto se aleja, las ondas se alargan, se agravan, se arrojan –se vuelven rojas-.

Si algo está muy cerca, sus ondas se amontonan. ¿Será por eso que el universo se expande? ¿Buscará distancia para encontrar algún sentido? ¿Estará huyendo de la náusea?

La distorsión de las ondas, la de la velocidad.

 

Efecto Doppler en el telescopio
Efecto Doppler en el telescopio

 

 

LA VELOCIDAD ATEMPORAL O EL ESPACIO ETERNO

 

Al revés. El páramo de Ray Bradbury y su dragón de ojos de fuego y aliento de gas blanquecino. Bradbury necesita erradicar el tiempo, inventar un espacio eterno, si es que eso es pensable. Ubicar dos caballeros atemporales con armadura y corselete de plata, dos hombres sin esperanza y, a la vez, dispuestos a enfrentarse al monstruo, que arde a través de los páramos y echa rayos y azufre. Porque no hay vuelta atrás. Sólo avanzar hacia la muerte segura, abrazados por esa ráfaga que arrastra el tiempo, que deshace el tiempo.

El dragón se acerca veloz, rugiente. El efecto doppler aplastó el corazón de los caballeros, a sus lanzas y a sus armaduras. Fue la confusión de la cercanía, la disolución del tiempo en el instante, el estallido del sentido.

El tren siguió su camino, silbó un buen rato con un pitido cada vez más grave, más lejano, ¿rojizo, por los restos de los hombres confundidos?

 

tren dragón Bradbury
El tren dragón Ray Bradbury

 

CARTOGRAFÍA DE UNA FUGA

 

Como salir corriendo. Es algo común, una reacción insondable y frecuente. Querer salir ya mismo de este lugar. Rápido, en expansión, en busca de la distancia. Abandonar la náusea, la implosión del tiempo, el amontonamiento.

Fugar en moto.

 

“Me gusta subirme a la moto cuando me siento saturado. Tomo cualquier ruta y acelero. Porque la sensación de velocidad depende de la aceleración. Lo que te da la moto es la aceleración, vence la inercia muy rápido. Después el viento, el cielo, la cinta del asfalto hacia adelante, eso también suma, pero lo ‘único’ es la sensación de peligro de la aceleración.”

“¿Peligro?”

“Es embriagante”

“¿Como una droga?”

“Claro. Hay algunas drogas, como la bencedrina, que causan la misma sensación. La usaron en la segunda guerra para levantar a la tropa.”

 

¿Y el tren? El tren surca caminos. El transiberiano, el transmanchuriano, el transmongoliano, el de la ruta de la seda. Predeterminados. Surca caminos predeterminados. Un mapa. ¿Para qué apurarse? Si sabemos adónde vamos.

Hay gente a la que le gusta mucho los trenes. Construyen maquetas, compran réplicas, hacen viajes por el gusto de viajar en tren.

 

“A la vez no tenés protección alguna, el contacto con tu alrededor es directo. No hay mediación. No tenés la chapa del auto o el vidrio de la ventana. Es velocidad pura”

” ¿Qué es velocidad pura?”

“Es omnipotencia. Libertad de movimientos.”

“¿Quién se mueve?”

 “El compromiso del cuerpo es muy alto. Cuanto más liviano sos, más difícil es. Porque tenés menos masa para controlar la moto. Si sos liviano, la relación entre tu masa y la de la moto es desventajosa. Además, cuando aumentás la velocidad la moto es más estable, aunque también más sensible. Es el principio de la bicicleta, la fuerza centrífuga vence a la fuerza de gravedad.”

 

Dicen que los surcos de los carros, al dejar su huella penetrante en la tierra, fueron los precursores de las vías. Sólo había que guiarse por las marcas y estabilizarse en la profundidad del cauce. Aunque el ferrocarril surge en la Revolución Industrial –Inglaterra- en los siglos XVIII y XIX, desde mucho antes se usaron carriles para transporte en las minas. En la Cosmographica Universalis de Sebastian Münster –popular libro del siglo XVI- puede verse  la ilustración de una vía en una mina de Alsacia.

 

“¿Y los riesgos?”

“¿Los riesgos? A la moto la manejás con las piernas, desde el centro de tu cuerpo hacia adelante. Desde el vientre. No pensás en eso.”

 

Las vías son las huellas evidentes. Ningún esfuerzo para buscarlas, ninguna confusión. Si bien existen las agujas y lo más lindo, los guardagujas. Ellos se toman el trabajo de resolver cualquier encrucijada y se quedan con la agudeza en sus bolsillos. Los guardagujas y los guardabarreras, hermosos oficios erradicados por la tecnología, suavizaban los irremediables cruces de cualquier camino, por marcado que esté.

COMPÁS DE ESPERA

Al caminar en la playa, me gusta leer sobre la arena la velocidad en las huellas de mis antecesores. El largo del paso –también inciden la altura y el peso- el contorno cortado de la zapatilla o del pie. Si se detienen a mirar el mar o los tesoros que dejan las olas en la costa.

Porque las huellas se leen.

Así debió imaginar el hombre la escritura. Empezó con marcas, dibujos, jeroglíficos, letras.

Para eso hay que demorarse, oscilar la mirada de las huellas al horizonte. Seguir el vuelo de alguna gaviota recupera el movimiento, también la convulsión de las olas.

Pero hay que detenerse porque si no, nos perdemos lo mejor.

Además, por lo menos a mí, leer en movimiento me da náuseas.

 

 

 

 

 




ZANCADAS

Por: Diego Soria

La Velocidad: Vamos a jugar a la Rayuela.

 

rayuela2PABLO

Ahora Pablo es un bólido que baja las escaleras interminables de su lugar de trabajo, empuja la pesada puerta de la entrada y el frío de la mañana le pega en la cara. Mira la avenida Alberdi, aún desierta a esa hora. Sin pensarlo, la cruza corriendo. Los porteros ven pasar su parsimonia de agua. Pablo corre a su casa, entre dientes, se dice: “no puede ser, no puede ser”. De la llamada ya no recuerda nada, se esfumó en un mensaje auto destructible, solo alcanzó a retener: “la nena”, “desmayo”, “ambulancia”.

Las zancadas hacen eco en las casas bajas de algún lugar de Caballito.

 

cuenta kilometros 1

 

NEURONAS

Son un grupo menor en comparación con el resto. Ellas y nada más, qué va hacer, no se reproducen. Vienen millones pero, cuando mueren, no hay repuesto ni sustituto Por eso, quizás, se abrazan entre ellas en un mar de mielina, en el sustrato gris de la materia cerebral. Allí se extienden axones y dendritas, se trenzan a la medida de qué somos y qué dejamos de ser. Deseos perniciosos, tristezas, amores perros, caricias falsasneurona modifican la inmensa red y le dan una sensación de salto al vacío. Una neurona lanza su mensaje al espacio sináptico, como quien lanza una botella al mar. Al otro lado, otra neurona recibe el mensaje en un impulso eléctrico y vuelve a comenzar el viaje en nano segundos. Por ese jueguito de “salto, me zambullo y recomienzo” es que podés entender estas manchitas negras sucesivas, sin adivinar cada una de ellas. Más rápido que un bombero, así, los impulsos eléctricos pueden alcanzar los 450 km/h. No hay Deep Blue[i] ni Ferrari capaz de superar las sinapsis en cadena de un Kaspárov ingenioso, de un cerebro feliz de o uno enamorado.

cuenta kilometros 2

LA RAYUELA

Julio Cortázar pensó que ya había escrito todos los cuentos posibles, que su cuota estaba completa aunque no perfecta, según él mismo dijo. Entonces, siguió su propio consejo de romper y comenzar de nuevo.  Nacida de ese hastío, volvió aquella idea de una novela que rompiera, incluso, con el concepto de “novela”.

 

París, 8 de mayo de 1957

Carta a Jean Bernabé:

Escribo muy poco y sobre todo poemas. Creo, sin embargo, que me voy a embarcar poco a poco en un libro largo cuya naturaleza me es aún desconocida (es curioso eso de tener una sensación de forma y volumen antes que de contenido propiamente dicho; pero es así y me ocurre siempre)

 

¿Cómo se escribe lo que no se ha escrito antes? ¿Cómo se patea el tablero?

Quizás, los convulsionados años ´60 influenciaron la redacción de la “antinovela”  criticada como él esperaba pero, a la vez,  bienvenida y adoptada por los más jóvenes.

 

París, 30 de mayo de 1960

Carta a Jean Bernabé:

Escribo mucho, pero revuelto. No sé qué va a salir de una larga aventura a la que creo aludí en alguna otra carta. No es una novela, pero sí un relato muy largo que en definitiva terminara siendo la crónica de una locura (…) soy a la vez lector y autor de lo que va saliendo (…)

 rayuela (1)

París, 19 de agosto de 1960

Carta a Jean Bernabé:

Un día le pediré que lea lo que estoy haciendo ahora y que es imposible de explicar por carta, aparte de que yo mismo no lo entiendo. (…) hay cuatrocientas páginas que abarcan pedazos del fin, del principio y del medio del libro (…). Una narración echa de múltiples ángulos con un lenguaje a veces brutal, que a mí mismo me hace rechazar la relectura (…)

 Julio Cortázar

Cortázar parece escribir llamado por un mandato invisible, un advenir hecho de un cúmulo precipitado. Un meteorito inevitable lo arrastra. Le da y le da a las teclas sobre su máquina de escribir, por toda Europa. En un viaje en barco o en una oficina de la Unesco, entre conferencias sobre la energía nuclear o sobre las pandemias en África. Traduce al español frenéticamente y escribe lo que la Maga y Horacio le dictan.

 

París, 19 de mayo de 1962

Carta a Francisco Porrúa:

En los 28 días de maravilloso mar azul, rematé Rayuela y preparé un tomo de cuentos basados en Final del Juego (…) No te imaginas el miedo que tengo de que se pierda el paquete de Rayuela. Tengo una copia, pero sería trágico tener que volver a sacar otra copia (…)

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 HACER PATITO

El Río Negro está igualito al de su recuerdo. ¡Ni tan, tan!, piensa Abel. A pocos metros, alzó la carpa como le habían enseñado antes, hace mucho tiempo, cuando pasaba el verano en una colonia de vacaciones. La carpa es verde militar, algo gastada por los años. patitoEl cierre cuelga  en añoranza de tiempos mejores. El cubre-techo anaranjado le da un poco de dignidad. Ya pasaron un par desde horas de su llegada. Abel calienta un poco de café para aliviar las horas de viaje en camión hasta Gral. Conesa. Buenos aires queda lejos, pero lo tuvo en cuenta: horas de viaje en micro, horas de hacer dedo para terminar un camión de frutos hasta aquel puente sobre el Río Negro. El atardecer se impone. Abel disfruta su café sentado sobre la playa de piedras blancas y redondeadas. Le recuerdan los bollos de pan preparados en su casa, cuando esa palabra indicaba un lugar cálido y no el departamento del 3º A de la calle Perón, lleno de discusiones repentinas. Quién sabe qué llevó a dejar todo. Ella se fue al trabajo y Abel no lo pensó más. Tomó algunas prendas, bajó al sótano y recogió la vieja carpa. En una boletería de la terminal de Retiro, titubeó, pero al final dijo: Río Negro. Allí, alguna vez, había sido feliz.

El río pasa sin canto, su masa uniforme y profunda arrastra algunas pequeñas ramas y nada más. Abel se acerca a la orilla del silencio, toma una piedra redondeada y la lanza al ras del agua. Chasquea una, dos, tres veces sobre la superficie hasta que, al final el río se come la piedra en un sonoro “Glup”.

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A ZANCADAS, CON JULIO

París ,6 de junio de1962, desde la Unesco.

Carta a Fredi Guthmann

(…) He pensado mucho en vos en este último tiempo, porque mi próximo libro, que se llamará Rayuela y se publicará –if we are lucky- a fines de año, va a ser el libro donde me vas a encontrar a fondo, donde vos y yo hemos dialogado muchas veces sin que lo supieras.

 Las zancadas de Pablo lo impulsan entre baldosas, lo llevan al encuentro de lo irrefrenable. Sin embargo, sigue a ciegas, no sería su vida sin una constante jugada.

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 UNA NEURONA SALTA AL VACÍO CON RAYUELA

 París, 25 de julio de 1962

Carta a Francisco Porrúa:

(…) Bueno, por supuesto, todo lo que me decís en tu carta sobre Rayuela me ha dejado muy conmovido que no intentaré siquiera darte una idea. (…) Esas palabras que empleás, “un enorme embudo”, “el agujero negro de un enorme embudo”, eso es exactamente Rayuela, es lo que yo he vivido todos estos años y he querido tratar de decir

Las neuronas andan por ahí, se buscan en el espacio vertiginoso donde los mensajes se lanzan al vacío con la esperanza de llegar, de ser traducidas, de ser entendidas.

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HACER PATITO CON CORTÁZAR

París, 26 de Julio de 1963

Carta a Francisco Porrúa

Mi querido Paco:

                             Espero que hayas recibido mi telegrama digno de Julio César por su concisión: pero la verdad es que por cable, cualquier frase de más de dos palabras suena horriblemente cursi. Imaginate que te hubiera puesto LLEGÓ RAYUELA STOP MUY CONMOVIDO STOP. O bien ACUSO RECIBO LADRILLO STOP ¿YO ESCRIBÍ ESTO? STOP ABRUMADO POR PESO DEL ARTEFACTO STOP. De modo que opté por la vía del pudor, pero no quise que pasara más tiempo sin que supieras que, por fin (¡Cuántos años ya!),  el circulo se había cerrado y esta vieja mano que escribió esas viejas paginas palpaba casi incrédulamente un volumen de fondo negro (…)

 Abel está al fin liberado, o quizás anda dentro de una idea de paz que le sienta bien. Aquí, junto al Río Negro. Lanza su piedra al aire, juega a la Rayuela sobre el agua.

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Y usted, querido lector, se preguntará qué relación hay entre las zancadas de Pablo, Las neuronas, la huida de Abel, la Rayuela de Cortázar. Y yo le diré que no sé. Como la creación de Julio Cortázar,  de una manera meteórica se impuso la sangre que se coagula después del sangrado, la luz repentina de una ocurrencia inesperada que, en el mismo instante de nacer   da paso a la oscuridad. La hoja en blanco, la piedra en la mano y la esperanza de alcanzar el cielo.

cortazar

[i] Deep Blue fue una supercomputadora desarrollada por el fabricante estadounidense IBM, para jugar al ajedrez. Fue la primera que venció a un campeón del mundo vigente, Gary Kaspárov, con un ritmo de juego lento. Esto ocurrió el 10 de febrero de 1996, durante una memorable partida. Sin embargo, Kaspárov ganó 3 y empató 2 de las siguientes partidas, derrotando a Deep Blue por 4-2. El encuentro concluyó el 17 de febrero de 1996.

 

Bibliografía : “Cartas” 1955-1964 (Tomo 2) Julio Cortázar, Alfaguara, 2012.

 




Y FUERON SUS ÚLTIMAS PALABRAS

BusterKeatonKBF1956 (1)(Recopiladas por  Profesor H.H Liporacce.)

¡Vengan por aquí que es más seguro!

¡No sentís olor a gas?

Remá tranquilo, la Garganta del Diablo está en el otro brazo.

Mirá el julepe que le hago pasar al guarda.

¿Vos querés que te dé un par de sopapos, no?

Para atrás y con los ojos cerrados, ¡miren, miren!

Las armas las carga el diablo y las descargan los boludos.

Hacete el gil, que no se dieron cuenta.

Oia… ¿y este botón?

Dejame a mí, a ver si todavía te lastimás.

Dale, ¡soltalo que yo lo atajo!

¡A mí me vas a enseñar de hongos? Fui boy scout, pibe.

Ma´ sí, yo cruzo.

El rot wailer tiene que sentir que vos sos el que manda. Fijate bien.

¡Miren lo que hago con la motosierra!

¿Te calentase, Carlito´?

A ver, ¡enchufá!

Una más, ¿qué me va a hacer?

 

 




PRUEBA ESCRITA

Por el Profesor H. H. Liporacce.

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FÍSICA Y MATEMÁTICA

Usted se dirige en automóvil de Buenos Aires a Bahía Blanca (distancia 688 km) a una velocidad constante de 255 km por hora. ¿Adónde va a parar luego de la primera curva?

Usted se dirige en automóvil de Buenos Aires a Bahía Blanca (distancia 688 km) a una velocidad constante de 35 km. por hora. ¿Qué espera para cambiar de auto?

Usted se dirige de Bahía Blanca a Marte (distancia 384 millones de km). ¿Dónde se le acaba la nafta?

Prolongue una recta hasta el infinito. Puede utilizar otra hoja.

¿Se siente mal cuando demora demasiado en resolver un problema cuya incógnita es la velocidad?

ETOLOGÍA

Un profesor se encuentra en su laboratorio con un gorila que mide 2,08 metros y pesa 211 kilos y está comiendo bananas. A la vez, en el mismo laboratorio, hay un violín y una partitura de Mendelsohn. Se trata de estudiar la sublimación animal a través del arte. Suponga que el profesor le arrebata los plátanos al simio y lo mira desafiante. ¿Alcanzará a ejecutar la melodía?

FILOSOFÍA Y RELIGIÓN

Si el pan es la carne de Cristo, ¿los grisines son los huesos?

Marque con una cruz el principal símbolo del Cristianismo

¿Cuánto tiempo debe mantenerse una variable para ser reconocida como tal?

Establezca la regla que rige las excepciones. ¿Tiene esta su excepción?

Trabajo práctico. Tenga una experiencia mística. Coméntela en tercera persona omnipresente

¿Quién fue el último Papa cristiano?

Explique las razones por las cuales Leonardo da Vinci no fue invitado a La Última Cena.

Trabajo práctico: realice un gráfico de La Consagración de la Primavera  teniendo en cuenta que una negra es igual a dos corcheas y que Igor Stravinsky era ruso.

 HISTORIA Y GEOGRAFÍA

El alfabeto chino consta de ochenta y cinco mil signos. Considere la suerte de los taquígrafos.

¿Cuáles serían los límites de Polonia si se encontrara en África?

Comente la Campaña al Desierto del General Roca utilizando el menor número de malas palabras posible.

 




CALAMBRES

Viaje alrededor de un punto: Viaje alrededor de la Estación Retiro.

Por Diego Soria

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Egon Schiele, Crouching Woman with Green Headscarf, Pencil and gouache, 47×31 cm, 1914

 

EN RETIRADA

Retiro: el cartel electrónico titila en la sala de espera. Se diría que con desdén, si no fuera tan sólo luces y cables. De un lado, anuncia la llegada de micros desde lugares lejanos y no tanto. Yo qué sé, quizás apenas eso conjetura mi ignorancia.

¿Dónde queda Chapaleufú?

Louis Bourgeois - Arch of Hysteria - 1993
Louis Bourgeois – Arch of Hysteria – 1993

La otra mitad del cartel acapara las miradas, las “partidas”. Sin descanso, los leds dibujan los nombres deseados: “Mar del Plata”, “Pinamar”, “San Bernardo”. Una voz en off acompaña con los nombre de las plataformas correspondientes. Cuando ella anuncia, los pasajeros corren hacia los micros, llevan tablas de surf, bolsos y valijas; familias imposibles bracean sin parar el mar de gente que espera, como yo, el escape engañoso a ningún lado: Córdoba.

Aprieto mi guitarra entre las piernas para no quedarme dormido.Pienso en los últimos momentos de un viaje que comenzó hace meses y hoy termina. Termina al empezar: sé que encontraré a mis amigos, el paisaje estará donde siempre y la ruta nueve será una lotería de doscientos kilómetros. Me esperan algunas miserias y también alegrías. Pero, sobre todo, me tratarán bien, me tratarán bien.

Mi cabeza se bambolea. La tentación de dormir está tan al alcance de la mano, que me asusta la idea de despertar sin mi guitarra, esa amante inexplicable.

EL IMPOSIBLE ROMANCE DE BEN 10 Y BARBIE

Egon Schiele- Mujer con pañuelo amarillo
Egon Schiele- Mujer con pañuelo amarillo

¿Qué llevan esas valijas tan pesadas? Los pasajeros arrastran sus cosas, presurosos; un coro de “rueditas”se superpone en tonos graves para familias enteras: un padre al borde del colapso encabeza la fila; detrás, la mujer dice cosas como – ¿Cerramos la llave del gas? A Papá no le importa-. Ella está de vacaciones o, al menos, lo cree mientras busca la plataforma con ojos desorbitados. Más atrás, los hijos-Agus y Santi- llevan mochilitas de Ben 10 y Barbie. Santi no sabe qué cosa es Mar de las Pampas; tampoco le interesa. Papá le dijo que allá reina la paz y el mar es tranquilo, pero él prefiere patear la mochila de su hermana y entonces Agus grita y Mamá sosiega a Santi, con un sacudón  de  brazo. Papá grita: -¡Ahí está, plataforma veinticuatro! Y todos corren en fila en tono de “rueditas”, más enérgica y agudamente.

ECHE VEINTE CENTAVOS EN LA RANURA SI QUIERE VER LA VIDA  COLOR DE ROSA

Una señora mayor se sienta junto a mí y pone monedas dentro de una de las pequeñas pantallas de televisión junto a los asientos. Las monedas de veinticinco centavos caen de a una desde sus dedos arrugados, mientras una chica mira detenidamente el quiosco de libros y revistas.

¡Documentos! – exige el gendarme a un muchacho.

-Yo no hice nada… – dice él, con la cadencia de quien está harto de repetirlo. Su boca entreabierta  también parece entreabrirse el blanco de sus ojos. El gendarme es muy alto. Su grito es muy alto. Ahora, abre las piernas como si demarcara un territorio. Vuelve a exigir:

-¡Documentos! -otro gendarme se acerca a la escena.

La señora junto a mí sigue absorta en su operación frente a la pantalla diminuta, es una televisión cara. Perdí la cuenta de la cantidad de monedas que lleva colocadas en la ranura.

BOLSÓN-PARÍS-NEW YORK

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Egon-Schiele-Paintings-2

Llega un micro Chevallier desde el Bolsón: lo dice el cartel y lo veo estacionar. Bajan los pasajeros con cara de cansancio. Un hombre de guardapolvo descarga las valijas a cambio de propinas quese niegan a salir de algunos bolsillos. El coro de rueditas vuelve a cantar, pero en tonos menores. Los rostros son la máscara de la decepción, como si segundos antes de bajar aún esperaran encontrar otra ciudad, otro asfalto, otros edificios; quizás, una montaña o una playa abandonada. Y ante tanto deseo, la respuesta es la misma aflicción. La estafa se repite, el escape se devela como la fantasía pasajera, tras la que se corre, como se corre tras otras.

La longitud del pasillo los expele a la calle ruidosa, se cruzan con quienes vienen en sentido opuesto, divertidos, en pos de… quienes vuelven, quizás con piadosa indulgencia, se dejan sumergir en la ciudad.

-¡Abrí el bolso! – dice el segundo gendarme. El muchacho parece el único detenido en el tiempo, no va a ningún lado, no espera a nadie ni tiene encomienda que le dé entidad. Dice:

–No hice nada… -sin ganas. El bolsito se abre ahora entre las manos del muchacho y la vieja opera los mínimos botones junto a la pantalla. Los dedos se ven huesudos y largos, juegan junto con los ojos que se achinan mientras escrutan canal tras canal. En cada pulsión ella pasa de estar en París a cazar elefantes con grupo de burgueses en el Serengueti o a perseguir delincuentes en Nueva York.

QUÉ LINDO CUANDO NOS PROTEGEN

Egon Schiele - Sitting Feminine Act
Egon Schiele – Sitting Feminine Act

Una bolsa de pan, un pantalón Adidas gastado, una gorra  caen al suelo; caen, uno a uno, desde las manos del gendarme quien, de espaldas a mí, se ve  verde, verdísimo; como su compañero, quien ahora obliga al muchacho a ponerse  de espaldas, palmas sobre la pared del baño Entonces, lo palpa de armas.

El muchacho: silencio. Un silencio que se repliega en un tiempo otro, una resistencia al tiempo del abuso, al tiempo hostil de las manos ajenas que investigan porque se arrogan potestad instantánea sobre su cuerpo. Algunos pasajeros se detienen y comentan lo bien que  hace la Gendarmería su trabajo. Después, continúan a paso vivo.

LOS CALAMBRES DE LA ESPERA

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Egon Schiele, Crouching Woman with Green Headscarf, Pencil and gouache, 47×31 cm, 1914

Tiene calambres la espera, aun dentro de toda aquella teatralidad a cielo abierto, las piernas avisan que duermen. La sala tortura bajo el cartel de leds. Muevo el cuerpo dormido, la guitarra se agita un poco, como un bebé dormido.

Alzo la mirada, mientras despierto a los músculos. En eso, advierto al gendarme: camina el pasillo junto al resto de los pasajeros. Busco entre la gente a aquel muchacho de la bolsa de pan y lo encuentro, justo antes de cruzar la entrada vidriada por la que le han sugerido que se fuera. Otro gendarme le indica la salida. El gesto ampuloso del gendarme se despliega en el tiempo y en el aire, como para dejar bien a las claras quién es la mínima persona y quién el uniformado personaje. El muchacho ahora sí grita algo desde la vereda. El tiempo está de su lado. Cómplice, silencia el texto y solo permite el gesto del grito. Afuera, entrelos taxis, la furia en silencio va con el bolsito a cuestas.

GUITARRA, VAS A LLORAR

Vuelvo la vista sobre el estuche de la guitarra; tengo ganas de tocar, pero todo es bullicio y los cantos se han reservado a las valijas rodantes.

Parada frente al quiosco, bajo un colchón de pelo, una chica delgada aún, aprieta los labios y enfoca los ojos sobre las tapas de los libros, como si en algún momento pudiera llegar a leerlos. El quiosquero lo sospecha. Ya está inquieto como todo vendedor, pero ella insiste en su estrategia de hipnosis. La señora, a mi lado, escucha las noticias de última hora. La guitarra ya me es una molestia. También sé que el cartel pronto informará el número deplataforma de mi partida.

-¿Es bueno este libro? –inquiere la chica. ¡Al fin!, piensa el quiosquero.

– Es muy bueno ese… es el último de John Greene, todo el mundo lo lleva –agrega. Ella duda instante, mira las revistas que cuentan dónde veranean las estrellas.

– También tenés toda la serie de los Juegos del Hambre –se esfuerza el quiosquero en ofrecer otras opciones.

-Me llevo e+este-, dice la chica justo cuando parecía que iba a desistir.”La novena revelación…”- las últimas palabras las dice ya con el libro en lamano, como si de verdad la revelación hubiese sucedido.

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FrancisBacon, Study for a nude, 198×137 cm, 1951

-Es muy buen libro ése… lo lleva todo el mundo…, son doscientos pesos –se apresura el vendedor antes de que ella se arrepienta. Pero cómo sería eso posible. ¡Si todo el mundo lleva esos libros!

Me recuesto, me concentro en el cartel. En cualquier momento se anunciará mi partida a Córdoba. Imagino los abrazos, los amigos, el campo y, quizás, un asado de cabrito a cambio de unas melodías, ¡sí que es barata la carne! Pienso.

Miro por última vez a la señora junto a mí. Está concentrada en la pantalla que denuncia, en letras enormes, un escándalo: un periodista habla de impunidad, de ciclo cumplido.

Entonces, por primera vez en toda la tarde, me mira y me dice:

-Es la Yegua.

Las piernas responden de a poco, me alzo, cargo la guitarra en mi hombro y camino entre la multitud, esquivo a los gendarmes, me toca la plataforma veinticuatro. Desde donde estoy hasta donde debo ir hay un espacio mensurable. El tiempo que tarde en recorrerlo depende de los ecos: ¡Documento!…pero si todo el mundo lleva esos libros….¡Documentos!…pero si todo el mundo.  Apuro el paso. El tiempo, cualquier tiempo, también puede acalambrarse.

 

 

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Especial Agradecimiento a Carolina Dieguez por las imágenes que ilustran esta nota.