CON LOS OVARIOS PUESTOS, O NO.

La decisión: sobre escritoras uruguayas y una metáfora machirula.

Por Lourdes Landeira

 

DE FERIA EN FERIA

“Y yo quisiera saber cómo soy, cómo seríamos en ti las mujeres intactas que me habitan. Qué simple y qué difícil al mismo tiempo lo que te estoy proponiendo, ya lo sé, pobre querido mío. Pero no necesitarías entenderlo. Debe ser todo más dulce de ese modo, sin completar su sentido…”

“La mujer desnuda”, Armonía Somers

Amalia Nieto - Composición
Amalia Nieto – Composición

En todos, o casi todos mis viajes a Montevideo, la feria de Tristán Narvaja es una cita deseada en mi itinerario. Me gusta deambular por sus pasillos con olor a frutas y verduras, en perfecta connivencia con objetos de múltiples formas, tamaños, antigüedad y primicia. Puede no ser fácil abrirse paso entre termos y polleras colgadas y ante el voceo de oferta de quesos o la ganga de un juguete último modelo. La dificultad depende del clima -meteorológico- de ese domingo, y también de la época del mes: de si es jornada de un clásico de fútbol y entonces se debe levantar todo temprano. En ese caso y por ese día, hay quienes deciden, mejor no ir. Como sea, en el camino más o menos corto, con más o menos tangentes, siempre es posible aterrizar en el lugar disimulado donde un objeto intrascendente se ofrece sobre un paño en un tablón o, directamente, en la vereda.  El recorrido, entonces, se deshace del tiempo-espacio e instala su propio transcurrir vertiginoso hacia el mueble de la infancia, donde se lucía un jarrón igual a ese, a la silla en que se leía esa enciclopedia. La memoria hace su trabajo invisible y graba la mirada con su propio tacto. Al cabo de un tiempo impreciso, un roce vecino, un murmullo lejano o una voz directa que invita a comprar devuelven las cosas a su lugar. La leyenda urbana dice que en la feria se puede conseguir hasta una dentadura postiza y, a pesar de lo inverosímil que pueda sonar, yo estoy segura de haber visto alguna– sonreír desnuda y altiva. Nunca termino el paseo sin detenerme a mirar los álbumes de fotos, la mayoría muy antiguos, muchos con roturas, tapas fragmentadas por alguna rajadura y todos, con las fotos de quienes los ostentaron alguna vez. Dedico unos minutos a imaginar las vidas de esos rostros y de los rostros de quienes los recibieron por herencia o por azar y decidieron entregarlos a la venta pública; y de quienes los compran y filian con esos seres desconocidos y anónimos que, de ahí en más, comenzarán a atesorar, en consonancia con el alto precio a abonar. Por supuesto y no menos importante por estar al final, sino al contrario, por ser la frutilla del postre que me falta mucho por comer, entro a cada local y me estaciono frente a cada puesto de libros y revistas usados y nuevos.

 

HACIA LAS NARRADORAS

“me olvidé de maniobrar / pensando en las palabras de un poema / que todavía no se ha escrito / y por ello / era el mejor de los poemas”

“Escorado”, Cristina Peri Rossi

María Freire - Inventario
María Freire – Inventario

La oferta incluye un sector de literatura uruguaya, donde predominan, entre tantos, Galeano, Onetti, Levrero, Benedetti, Felisberto. Y, por supuesto, no faltan Ibarborou, Vitale, Villariño, Agustini, Di Giorgio. Es ahí cuando caigo en la cuenta de que las segundas, Juana, Ida, Idea, Delmira, Marosa son todas poetas. La pregunta se impone, ¿no hay narradoras uruguayas? Sí, por supuesto, solo que yo no las conozco. Me sorprendió que, al preguntar por ellas, las respuestas no fueron inmediatas, o eran autoras no conocidas o no recordadas, salvo con algo de esfuerzo. Claro que los libreros sí tuvieron nombres para ofrecerme rápidamente. Entre ellos se impuso el de Armonía Somers y el de Cristina Peri Rossi. Entre mi gente conocida se repitió la recomendación de consultar “Capítulo Oriental”, una publicación de los años 1968 – 1969 del Centro Editor de América Latina, que recorre la historia de literaria uruguaya y se puede consultar libremente, todos sus fascículos están digitalizados y subidos a la red.

Comienzo por esta última opción, ya que si siempre fue caro comprar libros en Uruguay -mucho más que en Argentina- en tiempos del brutal ocaso macrista, se torna imposible. Mi lectura no es cronológica: por cierto entretejido de decisiones, comienzo por el capítulo 33 (quizás por aquello de los orientales heroicos, quizás porque prometía hablar Los novelistas del 45, masculino dentro del que intuí se escondían femeninas de mi interés, quizás por ambas cosas). Al cabo de pocas páginas supe, entre muchas otras cosas y mujeres, que Clara Silva es a quien se reconoce como la primera novelista del país.

Con la excepción

Le debo a Clara Silva mi lectura, que prometo para otros números. Sucedió que se interpuso un recuadro en mi atención. Hablaba de una escritora en términos de ejemplos raros de una novelística original sin rastro crítico.

Confesiones a una botella

El carácter enigmático – por aislada, por rara- junto a lo confidencial del título, dirigió mi interés hacia ella. La búsqueda comenzó, de qué otro modo si no, en la red. Inmediatamente encontré un ejemplar de segunda mano de la para mí ya famosa novela, comprada en mi vuelta a Buenos Aires y retirada sin demoras de un departamento en la frontera entre Caballito y Parque Centenario. La lectura se apoderó de mi mano, subrayé sin parar esas páginas amarillas colmadas de una mirada introspectiva que convocaba recurrentemente a Nietzsche y su superhombre, a través de la lectura del Zaratustra olvidado en la biblioteca del padre de la protagonista. Más que la filosofía y el sesgo alemán muchas veces despectivo de la mirada sobre lo local, me involucré en el desasosiego de esa mujer quien, en una noche de fin de año posterior a continuos desamores en las calles de Montevideo, se confesaba con una botella. Al finalizar, se multiplicaron mis preguntas iniciales, ¿sería nazi, la tal Tesdorff?, ¿sería libertaria?, ¿se la podría considerar –anacrónicamente- feminista? ¿Era uruguaya? No sé de nadie que la conozca. Por supuesto, una vez más, para encontrar respuestas, recurrí a la red. Entonces, sobrevino la sorpresa. Había casi nada en español sobre la susodicha y muy poco en alemán. ¿Habrá existido? No pude leer su biografía, hay vida más allá de google, pensé en ese momento, con inocente alegría. Más acá del buscador internético, existe Gabriela Stoppelman, la directora de esta revista, quien me tradujo del alemán información sobre la autora que habla sobre límites, viajes, naturaleza, merodeos –me gusta esa palabra de feria y curiosidades-. Supe que, en 1994, una editorial alemana reeditó la novela referida, además de varios de sus poemas.  “Un texto lleno de pulgas” es el nombre de dos tomos de su autoría del que no tengo más datos que ese atractivísimo título. Como perlita, Stoppelman me aportó la traducción de su nombre: SiegtrudTesdorff significa el triunfo de la hierba. Me repregunto ¿quién es Siegtrud Tesdorff?

De aquel domingo de la feria última, antes de este paréntesis de botella, quedó en mí el eco de una frase escuchada entre puesteros: había que tener los ovarios bien puestos para escribir como Somers y Peri Rossi. Desde que volví, los libros de ambas circundan mis días y desvelos con asombrada felicidad de encuentro. Capítulos de lectura que ojalá pueda contar en otra ocasión.

 

CON LA MÚSICA A ESTA PARTE

“No se puede vivir bajo la tierra sin adquirir la memoria de la tierra, la memoria de lo que va a suceder, que es la mía. Quedé por un instante suspendida en aquellas palabras tan antiguas salidas de una boca que acababa de besarme como si recién amaneciera”

“Viaje al corazón del día”, Armonía Somers

En esta oportunidad, la visita me llevó a la mítica esquina de Durazno y Convención. Allí, justo donde – según el cantar de Jaime Ross – “la calle Durazno muere sin saberlo y la noche es siempre oscura por la calle Convención”, hay un bar teatro que mezcla los nombres y se hace llamar “Ducon”. Ubicado sobre la ochava un pequeño café a media luz, hace el aguante hasta que la puerta del costado abre paso hacia la escalera que desemboca en una sala íntima de teatro subterráneo. La noche en que yo fui cantaba Patricia Robaina. Ella es una compositora joven, uruguaya, de Melo, que presentaba su espectáculo: “De un sueño a un ensayo general”. El título remite a un camino en pleno andar. Si nada está concluido, no nos queda sino intentar, probar, investigar, arriesgar. Y esto es lo que ella hace. Desde su primer disco “Canciones para responder lo que nadie pregunta”, se evidencia su necesidad de una respuesta, quizás, alguna certeza. “Satia despierta con sus ojos llenos de preguntas”, escribió sobre su hija, cuyo nombre se puede traducir, justamente, como verdad.

“Durante mucho tiempo traté de buscar la personalidad en el timbre de la voz, como una huella o algo así, pero creo que es mucho más rico poder jugar y mostrar diferentes cosas”, dijo en alguna reciente entrevista. Quizás por eso su voz no grita, muchas veces casi susurra con infinito dolor las opresiones sucedidas una y otra vez por sus nadies.

 

Lo cierto es que la compositora un día supo que Teresita Cazarré, una poeta coterránea suya, leída con frecuencia en su casa, no era conocida por la mayor parte de la gente. Quizás por la sorpresa ante la no concordancia de lo íntimo y lo público, decidió rescatarla y musicalizar sus poemas en el disco que, con orgullo, presentó esa noche de Ducon: “Cancionero de juguete”. Para muestra, la Canción con problema:

¿Pero cómo pasó esto? / ¿Quién cometió la torpeza? / de hacer juez al benteveo / de un concurso de belleza

La perdiz que había ensayado / su más bonito silbido / silbando muy enojada / se ha vuelto para su nido

También la pava del monte / hacia el monte se ha marchado / se fue a su árbol la viudita / y la garza a su bañado

Chista, chista la lechuza / pensativa y confundida / la señora cardenal / de cantar casi se olvida / todas están ofendidas / por culpa del benteveo / que al verlas en el concurso / les gritaba bichofeo

Ya no harán fiesta los pájaros / a causa de la torpeza / de hacer juez al benteveo / de un concurso de belleza

El espectáculo continúa y Robaina convoca a otra olvidada: es el turno de Virginia Brindis de Salas, la primera escritora negra en publicar un libro en Latinoamérica. La mujer nació en Montevideo en 1908 y murió en Buenos Aires en 1958. Fue poeta, periodista y militante de la negritud. De ella, la compositora decide rescatar tangos –  no, los típicos escritos por hombres que violentan a las mujeres, sino otros. En letra de Brindis de Salas describen las tristuras de los músicos en las calles montevideanas- y, fundamentalmente pregones, a los que la compositora considera un género literario y en los que la poeta pone a una canillita en el centro focal de la industria de la comunicación.

 

DE LENGUA EN LENGUA

“A él le pareció curioso que estuvieran hablando ahora, justamente cuando parecía que su pene se había declarado en huelga, huelga de actividades, huelga de palabras. ¿Solo se hablaba cuando había un penoso fracaso de por medio?”

“Todo iba bien”, Cristina Peri Rossi

Hilda López - Sin título
Hilda López – Sin título

El intervalo poético – musical bien valió la alegría en mi acercamiento a las narradoras uruguayas (se impone la aclaración: no he llegado aún a las contemporáneas que son muchas y parece – según se rumorea-, muy potentes). La vuelta a Buenos Aires devela las resonancias que persisten en hablar: racismo, opresión, mujeres invisibilizadas. Con los ovarios bien puestos, recordé con simpatía la frase escuchada en la feria. Sin embargo, enseguida sobrevino la duda, ¿por qué con los ovarios bien puestos? ¿Acaso los ovarios y su localización son garantía o definen a algo o a alguien? ¿Qué será de aquellas a quienes se los han extirpado? ¿Y de las que, sin nunca haberlos tenido, los ejercen? La idea me recuerda a la novela “El discurso vacío”, de un uruguayo, varón bien puesto en este caso: Mario Levrero. El protagonista, con grandes dificultades para vivir el mundo que le tocó, se entera de que, a través de la caligrafía, se puede inferir la personalidad de la gente. Supone, entonces, que el proceso contrario es posible y que, si él logra escribir con la caligrafía de las cualidades que desea para su persona, va a transformarse y esculpirse a partir del dibujo de las letras. Recuerdo también que, antes que el ADN y la genética nos anoticiaran de que son muchos más los elementos compartidos como especie, que por fenotipos, la distinción por razas pretendía definir a las personas. Demostrado entonces que “lo esencial es invisible a los ojos “y que el tamaño de un cerebro nada dice de su inteligencia, asociar el valor de una mujer a tener los ovarios bien puestos sigue siendo machista por homologación a la genitalidad masculina. Y es moralista y racista, por inferir que hay un modo de tenerlos bien contra otros que, por oposición, deben estar mal. Por supuesto: quien emplea la expresión no tiene conciencia de la discriminación que connota, pero, como ya hace mucho sabemos que el lenguaje es el principal reproductor de ideología, es tiempo de intentar hacerlo productor de nuevas metáforas, más allá de elecciones circunscriptas al binarismo hegemónico. Es tiempo de decisiones nuevas y azarosas imágenes. Con o sin ovarios. ¿Probamos?

 

 

 

 

 

 

 

 




SIEMPRE QUE LLOVIÓ

El Lecturista

La decisión: sobre “El derrumbamiento”, un cuento de Armonía Somers.

Por Lourdes Landeira

PRELUDIO

“El derrumbamiento” fue el primer cuento que escribió Armonía Somers. Sin embargo,armonía se publicó en 1953, después de “La mujer desnuda”, novela de la misma autora que, por su osadía, causó gran revuelo en el Uruguay de 1950.  Armonía había nacido en Pando en 1914, hija de madre católica y padre anarquista, quien decidió su nombre y la inscribió con su apellido, Etchepare. Ella trabajó como educadora, mientras escribía protegida bajo el seudónimo Somers, fonéticamente símil a summer, verano en inglés.

Pero hoy es turno del cuento y, con él, de la muerte de Tristán.

Tristán es un negro que huye bajo la lluvia, con sus alpargatas rotas, luego de matar a un hombre blanco, en circunstancias de las que nada se sabe. Golpea sus dedos desnudos contra las piedras, mientras corre hacia un refugio que nunca vio. Llega y logra que su cuidador le abra la puerta y le asigne un espacio tan húmedo como el exterior. El lugar está lleno de otros hombres. Al recostarse, afiebrado, Tristán ve una imagen de la virgen y comienza lo que podría ser el delirio de un moribundo. O no. La virgen desciende hacia él y le pide que la acaricie para volverla mujer. Con las mismas manos que antes mató a un hombre, Tristán dará vida a la estatua. A cambio, ella lo hará morir antes de que sus perseguidores lleguen a capturarlo.

“Entraron como piedras con ojos. Iban derecho al negro con las linternas, pisando, pateando a los demás como fueran fruta podrida. Un viento infernal se coló también con ellos. La casucha empezó a tambalear, como lo había hecho muchas veces aquella noche. Pero ya no estaba la virgen. Un ruido de esqueleto que se desarma. Luego, de un mundo que se desintegra. Ese ruido previo de los derrumbes”

Si bien de eso se trata, mucho más puede leerse en el cuento de Armonía Somers. A continuación, algunas pistas.

RESPLANDORES

“Te encontrare una mañana / dentro de mi habitación / y prepararas la cama / para dos”

“Canción para mi muerte”, Sui Generis

 

“Sigue lloviendo. ¿Por qué sigue lloviendo? Maldita virgen, maldita sea. ¿Por qué sigue lloviendo?”

Lluvia RR - Jordi Boldó
Lluvia RR – Jordi Boldó

Algo al borde de caer, algo a punto de hundirse, ya está anunciado. Ahora bien, no será esta una caída seca ni inesperada. Por el contrario, se va a inscribir en la continuidad de una lluvia de un tiempo anterior y llena de misterio. A su vez, el misterio ancla en la pregunta y la blasfemia ante lo inevitable y su repetición. Nadie ha podido parar la lluvia. Nadia ha dejado de morir.

El agua y la muerte, protagonistas indiscutibles instaladas junto a una virgen, se completan con la centralidad de quien va a morir. Un negro que acaba de matar a un blanco y huye, aun desahuciado, en busca de un refugio.

“Él habla y piensa siempre de otro modo, como un enamorado”.

Estamos sobre el final del primer párrafo y, como era de esperar en el juego de contraposiciones, no podían faltar el amor y su reto a la primacía de la razón.

Llegará el momento en que Tristán, tal el nombre del condenado, no sepa qué es la muerte. Eso será luego de haber derretido con sus caricias la cera fría y estática, que escondía la humanidad de una mujer. Una, a quien primero le habían impuesto un hijo, para luego arrebatárselo en un acto de sacrificio ejemplificador. Entonces, ya sin maldecir, Tristán le preguntará a la que fuera virgen “¿Muriendo? ¿Y eso qué quiere decir?”

Podría pensarse que la pérdida de la razón solo le sucedía a ese hombre afectado por el frío, dentro de un supuesto refugio de endebles cimientos enclavado entre ruinas, sin alero que repare de la intemperie. Sin embargo, no estaba solo con su fiebre. Alrededor, cuerpos indiferentes de otros hombres y “un trueno que parecía salido de debajo de la tierra conmovió la casa”. La naturaleza, entonces, se hizo parte de la subversión de las referencias. Arriba y abajo se volvieron intercambiables mientras “una epilepsia ingobernable” recorría a la ventana lateral. Olores y rumores compitieron por sobresalir en el mismo plano de sentidos y la tela de una araña llegaba “hasta la locura de una danza”.

En el transcurrir de páginas y párrafos, los códigos van a ser reestablecidos en medio de pequeñas muertes y una especie de estribillo amenazante: “Fue entonces cuando sucedió / Fue entonces cuando sucedió lo increíble / Entonces fue cuando sucedió.” Para, finalmente, concluir: “Y ocurrió, de pronto, encima de todos. Es claro que había cesado la lluvia.”

El agua, la vida, llegaron juntas a su fin, “de pronto”. A pesar de las tantas advertencias, la muerte siempre termina por ser inesperada.

NAUFRAGIOS

“Tomate del pasamanos / porque antes de llegar / se aferraron mil ancianos / pero se fueron igual”

“Canción para mi muerte”, Sui Generis

 

“De la comisura de los labios hasta la punta de la ceja izquierda, le iba una cicatriz bestial de inconfundible origen.”

La descripción no pertenece a ninguno de los personajes del cuento. El rostro era del hombre que ostentaba las llaves de ese último “asilo de la noche sin puerta”, donde acudían los vagabundos en busca de amparo,ante una desolación que se resistía a abandonarlos. Para entrar, había que conocer la contraseña: no se le abría a cualquiera. La clave era golpear cuatro veces. El negro no lo sabía, sin embargo, insistió. Después de los infructuosos tres primeros llamados, enfatizó con furia el cuarto. Entonces le abrieron. Logró entrar a aquel “trozo mantenido en pie por capricho inexplicable”. Creyó que la intensidad de su golpe le había franqueado el camino, no sabía que se equivocaba ni tampoco que su error fue su acierto.

Lluvia de memoria con llaves - Chiharu Shiota
Lluvia de memoria con llaves – Chiharu Shiota

Una vez adentro, le tocó a Tristán ocupar un espacio entre dos montañas de hombres dormidos, una zanja vacía, donde podían entrar quién sabe cuántos cuerpos. Allí donde se indiferencia hombre-refugio-animal-objeto, mientras lo inaccesible hace lo suyo y “la casa vuelve a tambalear como un barco”.

“Era muy diferente caminar bajo el agua. Parecía diferente desafiar los torrentes del cielo desplazándose. La verdadera lluvia no es esa. Es la que soportan los árboles, las piedras, todas las cosas ancladas. Es entonces cuando puede decirse que llueve hacia adentro del ser, que el mundo ácueo pesa, destroza, disuelve la existencia.”

Filos, fragmentos, huecos y permanentes transformaciones se sucedieron en busca de lo verdadero inaccesible. Si bien el agua ocupó un lugar central, entre desplazamientos y sujeciones, la voz marcó su propio recorrido.

Se presentó “pensamiento demasiado oscuro para su dulce voz de negro”, se materializó en súplica, se transformó en “voz plena” para invocar y luego, ya lejos de la contemplación, fue una “voz de miel quemada”. Antes, otra voz se le había manifestado “aguda y fría”, en la cara del hombre de la cicatriz. Luego, desde la imagen venerada, sonó una “voz cada vez más segura de sí misma, como si ya se estuviera humanizando”. La misma que, poco después, iría hacia su mano, “cada vez menos neutra, más viva”. Y él la oyó y la reconoció como “la miel más dulce para gustar en esta vida”. Si la voz, como el agua, pueden equipararse a la vida y a la posibilidad de lo humano, ella misma se hace medio acuoso en el intento de ser:

“Tendría él que responder o morirse. Tendría que hablar, que darse por enterado. Intentó tragar saliva. Una saliva espesa, amarga, insuficiente. Pero que le sirvió para algo.”

CENTELLAS

“Te suplico que me avises / si me vienes a buscar / no es porque te tenga miedo / solo me quiero arreglar”

“Canción para mi muerte”, Sui Generis

 

“Había en su andar en el aire una decisión fatal de agua que corre, de luz llegando a las cosas”.

Después de la lluvia -Enrique Mestre Jaime
Después de la lluvia -Enrique Mestre Jaime

Quien decidió, en este caso, fue la mujer inmovilizada en estatua de cera, seca, sin posibilidad siquiera de llorar. Ella, después de largos siglos de escuchar súplicas y lamentos sin poder hacer nada, rompió con el designio de su vida eterna y quieta. Lo hizo  al oír en la voz del negro moribundo el poema que “nadie le había rezado”. Él debía tocarla, acariciarla con las manos que poco antes habían dejado de responder, pero que luego del beso de la casi ex virgen habían vuelto a obedecerle. Se afectaban  de modo imprescindible. Él debía combatir el miedo, tuvo que “pensarlo con la frente oscura de negro”. Ella, resuelta a salir de la prisión. Iba a huir, le bastaría una “pequeña abertura”. Pero, antes, ayudaría al hombre en su propia liberación, en acompañarlo a morir antes de ser capturado por las manos asesinas que lo perseguían.

Un viento triste y lacio se llevó a la mujer en la noche

  • ¡Madre, madre, no me dejes! Ha sido el cuarto golpe. ¡Y ahora me acuerdo de lo que es la muerte! ¡Cualquier muerte, madre, menos la de ellos!

Es claro, no todos los golpes son idénticos; los que provienen de manos con armas, saciadas por estómagos llenos que deciden ignorar pliegues y tachaduras, arremeten sin códigos contra viento y marea. En contraposición, tampoco todas las respuestas ni todas las tormentas son iguales. Ni los finales de lluvia son necesaria -aunque inevitablemente- los mismos.

 




EROTICONS

Claroscuros: sobre el amor y su potencia
Por Lourdes Landeira

 

“La “política” de la luz radica en la sensualidad de los detalles, actúa lo inaparente silenciado. Y presenta su paradojal evidencia: nadie recuerda que es ella la que nos hace ver.”

Héctor Freire, “Satori”

 

EL AMOR ES POLÍTICO

Adela Casado
Adela Casado

En contraposición a una pretendida ahistoricidad, encuentro imposible pensar el amor y sus formas de manifestarse fuera de un terreno anclado en la cultura. Despojarlo de las afecciones de cada tiempo lo confinaría al plano de lo divino y trascendente, cuando su único modo de ser es en el aquí y ahora. Aún en la secuencia de una biografía, la promesa del “hasta que la muerte nos separe” no es más que una fórmula y lo que ayer nombramos amoroso hoy, o mañana, podemos reeditarlo en otro sentir. No es amor, es trabajo, resulta una consigna que en la actualidad demanda la redistribución de las tareas del cuidado a cargo de las mujeres y que, en otro momento, pudo aplicarse- seguramente a puertas cerradas, en voz baja y no en pancartas en el espacio público- a la obligación de sexo que las esposas debían a sus maridos. A su vez, ese ida y vuelta hacia el afuera – necesariedad intrínseca del amor y de cualquier relación humana – derriba toda ilusión de completud, dado que quienes participan siempre son un entramado de múltiples otres. El acto amoroso excede, entonces, a les amantes y se propaga hacia otros cuerpos. Claro que algunos están anestesiados y no se permiten siquiera un roce.

 

ALTER – EROS

La protagonista de “Apegos Feroces”, novela de Vivian Gornick que camina la relación madre – hija por la ciudad de Nueva York de los setenta, estudia la historia comparada del amor durante los últimos trescientos años. A su madre le parece ridículo. “El amor es el amor. Es lo mismo en todas partes y en todas las épocas. ¿Qué hay para comparar?”, dice la mujer y responde la hija: “- Es solo un concepto, mamá. ¡Tú piensas que es una función del misterioso ser inmutable, pero no es así!”

Sí, es un concepto y, como tal, se resignifica de acuerdo a la estructura de ideas donde se inscribe. Pero no menos cierto es que el misterio lo constituye. Más allá de la lista de cualidades que hagamos de la persona amada, siempre hay un lugar inaccesible, frontera que atrae y repele con distintas gradaciones. Luces y sombras. Zonas entre Eros y Tánatos. Claroscuros del amor.

El abrazo - Oswaldo Guayasamín
El abrazo – Oswaldo Guayasamín

Como no hay luz sin sombra, la sombra del erotismo es la que define sus peculiares características; lo contrario es la oscuridad de la perversión. Siempre en el juego erótico hay alteridad. El otro es necesario pues el encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Cuerpo deseado que en sus zonas erógenas se abre a la sexualidad en la imaginación y la alteridad. No hay erotismo sin sexualidad, sí sexualidad sin erotismo. El erotismo es aquello que la sexualidad añade a nuestra naturaleza de seres finitos”, dice Enrique Carpintero, en “El erotismo y su sombra”.

Carpintero es psicoanalista y recurre a Freud y a Spinoza para focalizar sobre los síntomas de nuestra época: depresiones, angustias, frustraciones producto de la condena- neoliberal y tecnológica- a ensimismarnos, a llevar a la policía adentro, a autoexplotarnos para cumplir el mandato de tú puedes, depende de vos, de tu propio esfuerzo. Y, si no lo logras, no sos lo suficientemente bueno. Toda esa chatarra discursiva elude a la comunidad y a sus afecciones. Por eso, Carpintero se ocupa de destacar lo imprescindible del erotismo, de la relación con otros, porque nuestra falta constitutiva no es antagónica a la potencia que somos.

 

ANTI – EROS

Recientemente, el diario “El País”, de España, dio cuenta de lo que pretende ser una nueva orientación sexual: la autosexualidad. Según dicen, se trata de personas que se sienten atraídas por sí mismas y solo se excitan con su propio cuerpo. Eso no impide que tengan sexo con otres, pero, en el acto, fantasean con sí mismas.

Ensimismamiento - Adela Casado
Ensimismamiento – Adela Casado

“Como autorromántica, experimento la relación que tengo conmigo misma como romántica. Y como la relación que tengo conmigo misma es romántica, me trato a mí misma como si tratara a un amante”.

La cita está extraída de la nota de “El País” y se le atribuye a la escritora Ghia Vitale, a quien no conozco. Claro que tampoco conozco a la sexóloga que explica que la autosexualidad no es narcisismo porque no requiere de un auditorio para realizarse. Ella se llama Emma Placer. Punto final para mí.

 

UNI – EROS

Vuelvo al epígrafe de la nota para poner el foco en la sensualidad de los detalles, en la singularidad de lo cotidiano que carga de sentido nuestros amores en contra del vacío de cualquier pretendida universalidad. Recurro a Dennis De Rougemont y a su “Amor y occidente” para invocar a Tristán e Isolda y a su historia de amantes enamorados del amor, puestos a atravesar obstáculo tras obstáculo, hacia su destino de tragedia inevitable y convertirse en mito.

“Amor y muerte, amor mortal: si esto no es toda la poesía, es por lo menos todo lo que hay de popular, de universalmente conmovedor en nuestras literaturas, y en nuestras más viejas leyendas, y en nuestras más bellas canciones. El amor dichoso no tiene historia”.

Juego de Eros - Eugenio Fernández
Juego de Eros – Eugenio Fernández

Rougemont se ocupa de develar las pistas- detalles-  que los amantes dejan a cada paso con el fin dar cuenta de la exaltación de las dificultades como un componente intrínseco del modo de amar que la tragedia universaliza. En efecto, las historias de amor con final feliz culminan en “y fueron felices para siempre”. Pero no se escribe el cómo esa supuesta felicidad se realiza. Lo que se escribe- o no-  es la imposibilidad. La poesía, como nosotres, también deviene y se reescribe sensual y cotidiana, sin punto final.

 

MUTI – EROS

En “Niketche. Una historia de poligamia”, la escritora mozambiqueña Pauline Chiziane, narra la historia de una mujer casada, cuyo marido tenía varias esposas. Ella, la primera, quiere la exclusividad y busca a las otras para hacerlas terminar esa relación. Al conocerlas, casi sin darse cuenta, comienza a tejer una red de solidaridad que, al poco tiempo, incluye un plan de distribución semanal del marido y el comienzo de la autonomía económica de cada una de ellas. De la disputa inicial por la posesión del hombre, llegaron a pedir a alguna otra, si se lo podía tener la semana que le tocaba.

Eclosión Tropical - Miguel Hernández
Eclosión Tropical – Miguel Hernández

 

Carpintero, en su libro, recuerda el lema anarquista: “propiedad es robo” y cuenta la anécdota de los socialistas utópicos de Saint-Simon, que pretendían alcanzar la felicidad y la justicia y, en el camino, practicaban rituales un tanto extravagantes como el de usar chalecos abrochados en la espalda. Esto los obligaba a un acto de solidaridad cotidiano, debían abrocharse unos a otros.

 

No hay amor sin sombra”, dice Carpintero en su libro, “lo contrario es la oscuridad del desamor”. E insiste en la “importancia de rescatar una ética que se sostenga en un amor inmanente basado en la alteridad. El amor como un punto de llegada y no de partida”.

 

LA POLÍTICA SERÁ AMOROSA

Tal como postula el psicoanalista Jorge Alemán, en la era de la posverdad, más que develar mentiras se hace imprescindible recuperar verdades presentes y plurales. La revolución ya no tiene faro, ni hay horizonte utópico que alcanzar. La religión tecnocrática, dicen, invadió nuestras subjetividades. Sin embargo, la lucha continúa. Nos queda siempre un resto inaccesible desde la razón, casi tan misterioso como el amor: la creatividad inextinguible que nos permita pensar si somos capaces de construir un estado donde seamos, como ciudadanía, parte constitutiva y no solo representada por el mandante de turno. Sin el juez de los deseos que nos diga qué anhelar y sin un Dios que nos compela a la esperanza de un porvenir inmaterial y, por tanto, inexistente. Estar con nuestra potencia de ser en comunidad.

Las nuevas generaciones no se proponen hacer la revolución socialista ni luchan contra una dictadura. El aparato tecnocrático utiliza armas tan sofisticadas como aberrantes. Atenta contra de nuestras autonomías bajo el velo de una supuesta libertad neoliberal- perdón por el oxímoron-.  Hoy toca interponer, volver a dibujar con trazo nuevo y antipatriarcal.

El feminismo, como el amor, tiene historia. No es un movimiento nuevo, lleva décadas de pensamiento alrededor del sojuzgamiento de las mujeres. El amor, como el feminismo, tiene su devenir. En conjunto, pueden traer lo nuevo: una política erótica, donde les unes y les otres, compongamos relaciones potenciantes, que no necesiten amos ni esclavos- sí, ambos masculinos-.  Y, eso, claro, sin pretender abolir el conflicto, sino a partir de él.

Exposición de Arte Contempórano de la Generalitat Valenciana
Exposición de Arte Contempórano de la Generalitat Valenciana

Quizás el horizonte podría ser, más que un lugar de destino, una línea sobre la que caminar.

Quizás el feminismo pueda imaginar mitos sin tragedias, cuya principal fortaleza esté dada por su capacidad de recrearse una y otra vez.

Quizás nos enamoremos.

  • Epígrafe en “El Erotismo y su sombra. El amor como potencia de ser”, de Enrique Carpintero

 




¡QUÉ FANTÁSTICA ESTA FIESTA!

 

Ausencias: Entrevista a Esther Díaz, filósofa argentina.

Entrevista: Gabriela Stoppelman, Adriana Valleta, Lourdes Landeira, Pablo Soprano, Estela Colángelo, Verónica Pérez Lambrecht

Edición Lourdes Landeira

La fiesta, cualquiera sea la ocasión, implica un ir y venir entre otres con disposición al encuentro. No califican como tales las de compromiso social. Son simples puestas en escena, donde el motivo de celebración poco interesa a la mayor parte de les concurrentes, quienes en general desean estar en otro lado –quizás dónde p(a)nk se diga punk, con u de rubia.  Aunque a estas también se las llame fiestas, no son las que cuentan. Sí importan las que  borran las fronteras, donde las veredas se amalgaman y se vuelven escenario central de un baile –morocho y multicolor, pero nunca desteñido-. Este baile acumula en sus baldosas capas de pasos disonantes. Es posible que a esos pies, alguna vez les toque tartamudear silencios y se alejen de la multitud, a desenraizar nuevos bamboleos en soledad. Y, por qué no, a ensayar otros modos y tiempos de orgasmear; a visitar a las potentes presencias de les ausentes a la fiesta, que siempre las hay, porque ¿qué se podría celebrar en un universo donde nada faltase? La completud no deja lugar al vacío, inmoviliza el cuerpo del baile, se encarna a una única baldosa y solo queda por delante el final de fiesta, no su intervalo. En la movida habrá empujones, algún que otro pisotón, distintos choques –muchos de copas, ¡ojalá!- y mejores y peores bocadillos. Claro, también la psicodelia y los abrazos. Ahora bien, como además de ausencias, siempre se presenta –invitada o no- alguna intemperie en los alrededores de cualquier fiesta, se recomienda tener a mano una carcajada filosófica, por si llueve provocación. Un buen comienzo es adentrarse en esta entrevista a Esther Díaz, mujer nómade, filósofa punk.

 

 PLATO FUERTE

“El jardín, antes pequeño y encogido, se había hinchado como una flor de papel en el agua y se había convertido en un vasto parque rebosante de enigmas y misterios. Allí, plantas y aves proseguían sus quehaceres sin trabas. (…) el tesoro de ingredientes nuevos y desconocidos del jardín resultaba ilimitado y era probable que enriqueciera los dedos de Kazu de un modo inagotable”

Mishima,“Después del banquete

 ¿Qué características tiene que tener un concepto para sacudir a una sociedad que hace agua?

Luigi Russolo
Luigi Russolo

A partir del concepto se forma el lenguaje y la ideología. Los conceptos que Marx o Freud pensaron en soledad produjeron algo más que escupitajos. Es claro que del concepto salen los efectos. Pero hay otros tan naturalizados, que ya ni siquiera nos damos cuenta de que los inventó la filosofía. Me ha pasado de estar en un congreso de interdisciplina, en Mendoza. En esa provincia hay muchos problemas con el agua: a veces sobra y a veces falta de una manera espantosa. Primero hablamos los filósofos, los  sociólogos, los psicólogos y, a la tarde, dos ingenieros dijeron: “Bueno, ya de filosofía se habló bastante esta mañana, así que ahora vamos a hablar de cosas serias: los problemas del agua en Mendoza”. Yo no me voy a pelear con los ingenieros -ya tenemos bastante con un ingeniero acá- pero pensé “Pelotudo. ¿no te das cuenta que, si la filosofía primero no hubiera pensado los conceptos de masa, fuerza y otros que vos tomás como naturales o inventados por ustedes, no podrías ni siquiera pensar?”.

Hay un tema de visibilización también, ¿no? Juegan con que el laburo de ellos se ve y el tuyo no…

Así pasa con las películas o en la música que buscamos en Internet para bajar. Alguien hizo el video, puso la plata y el tiempo, ¿te das cuenta de la falta de respeto que es poner YouTube y escuchar música, que es lo que hago yo todos los días? No es una crítica personal, sino ver hasta qué punto despreciamos el trabajo del otro en lo que tiene que ver con el arte o con el intelecto. A mí me convocan a una conferencia y no me quieren pagar ¿y de qué se supone que vivo? Cuando llamás al plomero, ¿no le pagás? Hasta que me jubilé, yo laburé gratis en muchas partes, pero ahora, ¡no jodamos, tengo setenta y nueve años y semejante trayectoria!

¿Hay alguna posibilidad de no ser interdisciplinarios y a la vez crear conceptos?

Se supone que sí. Santo Tomás de Aquino trabajó en solitario, encerrado en su celda, hasta que murió a los cuarenta y dos años. Él no hacía interdisciplina, trabajaba solamente con el concepto. En nuestra época, con los medios de comunicación y la capacidad de hacer redes, es más difícil. Aunque no nos demos cuenta, hacemos interdisciplina. Pero hay ejemplos paradigmáticos de que se pueden formar conceptos desde el concepto mismo. Foucault no menciona la palabra interdisciplina en toda su obra, pero es interdisciplinario desde el primer libro que escribió. En “Las palabras y las cosas” hay economía, hay política, hay filosofía, epistemología. Yo soy la primera doctora argentina en filosofía sobre Foucault. En los ’80 me costó que me aceptaran el proyecto y encontrar quién dirigiera mi tesis. Mi director fue Ricardo Maliand. Era especialista en Habermas y en los filósofos alemanes universalistas, nada que ver con la cuestión fragmentaria de Foucault. Cuando hablamos, me dijo, “Mirá, Ester, son tan cholulos que, como yo soy doctor recibido en Alemania, no les va a importar que ni sepa el nombre de pila de Foucault”. Una excelente persona, lo que no es común encontrar entre mis colegas. Dicen que, cuando dios creó al mundo, estaba tan contento de que todo le hubiera salido tan bello, que mientras miraba desde arriba, dijo: “pero le falta como la frutillita del postre, le tengo que poner algo que sea como la coronación dela creación”. Entonces pensó, pensó y pensó e inventó al profesor de filosofía. Después de un tiempo, volvió a ver cómo iban las cosas y encontró tan vanidoso al filósofo, que decidió castigarlo. Entonces, inventó al colega.

Hablás bastante de la competencia,  Ahora, ¿quién es el otro cuando uno no compite?

Es el par. Aquel al que no le querés ganar. En realidad, no estoy tan de acuerdo con la definición que diste, porque se la podría aplicar al deporte. pero no sé si a mi disciplina. Creo que, más que ganarle a otro, me esfuerzo por no perder el espacio ganado. La filosofía y el psicoanálisis son dos de las pocas disciplinas acumulativas. Si vos sos médico, no tenés por qué saber la historia de la medicina. Un especialista en reumatismo no tiene por qué saber cómo se curaba el reumatismo en la Edad Media, tiene que saber cómo se cura ahora, cuáles son la drogas o los tratamientos más efectivos. En cambio, en la filosofía, ningún autor mata al otro. En el siglo XVIII, Kant dijo: “La filosofía siempre es pensamiento del presente”. Yo te cité a Santo Tomás y, en función de alguna problemática actual, siempre cito a Aristóteles, a Platón, a Sócrates, que son filósofos del pasado. Que Lacan haya hecho una relectura de Freud no quiere decir que Freud no sigue vigente. Yo estuve y estoy en contra del pensamiento oficial en la filosofía argentina y me pegaron con todo y me siguen pegando cada vez que pueden. Los epistemólogos tradicionales, que sólo estudian la historia interna de las ciencias, la parte que no es comprometida con lo político ni con lo social, siguen vigentes. Y pensamientos como los míos, críticos de esa posición, también están vigentes. De eso se trata, de estar vigentes más que de sacarle el cargo al otro. En la Universidad, en la academia, sí. Si podés matarlo, lo matás. Y, si te pueden matar, te matan. Pero, a nivel de la disciplina, la cosa es más democrática, por decirlo de alguna manera. Podemos sobrevivir distintas corrientes.

PISTA LIBRE

“Se pone unos ruleros para dar forma al pelo, se cubre la cabeza con el gorro y entra a la ducha. Va pasando el jabón por su cuerpo; uno rico que le regaló el farmacéutico. Se frota los brazos y las axilas, las piernas recién depiladas, las plantas de los pies. Se queda un rato bajo el chorro, para que el agua caliente se lleve el cansancio y las broncas

Alicia Barberis, “Pozo Ciego”

¿Qué hay vigente de la peluquera de Ituzaingó que fuiste?

Carolina Antoniadis
Carolina Antoniadis

Mi primera subjetivación, mi entrada al mundo y a ser sujeto, ha sido el barrio. Soy una piba de barrio. Luego me construí conscientemente como intelectual. Si yo hubiera nacido en un hogar adinerado y culto, hubiera hecho lo que hubiera deseado: colegio bilingüe, Nacional Buenos Aires, Universidad y, posiblemente, doctorado en el extranjero. En verdad, tuve la oportunidad de doctorarme afuera. Pero, en ese momento, no podía abandonar a mis hijos y la beca no me alcanzaba para mantenernos los tres. Sin embargo, todo lo hice a contracorriente, laburando de día y estudiando de noche. Creo que ese rioba que tengo es lo que me da el feeling con los alumnos y con el público. Sigo siendo de barrio y, además, me construí como intelectual, me siento identificada con ambos mundos. En mis clases y en mis conferencias, si tengo que decir una palabra fuerte, la digo; si tengo que contar una anécdota sexual, porque viene bien con lo que estoy diciendo, lo hago. Cosas que, entre mis compañeros, académicos desde chiquitos, no las veo. Al contrario: veo, más bien, una distancia hacia el otro. Mis clases son una fiesta del pensamiento, así las siento realmente. Es como el baile, ¿viste? A mí me gusta mucho bailar, pero resulta que estoy doblemente discriminada, por mujer y por vieja, ¿dónde va a bailar una persona de mi edad? Entonces, bailo sola.

¿Y bailar tango?

¡No, por favor! ¿Que me dirija un hombre, a esta altura de la vida? A mí me gustaba cuando iba a Cemento, donde bailaba sola. Por ahí, un loco o una loca bailaba un rato conmigo, se iba y yo seguía… La libertad.

¿Con qué música bailás?

Me gusta la música que en los 80’ llamábamos “disco” y el rock, en general. Me encanta Pink Floyd, por ejemplo. En relación a lo que les decía de las clases, no es lo mismo bailar sola que el baile social, ese tiene otra historia. Con el pensamiento pasa lo mismo: disfruto mucho yo solita sentada en mi escritorio, al pensar, leer y escribir. Pero, cuando puedo compartirlo con otros, ese es el momento de la fiesta del pensamiento. Pasa también con los buenos reportajes. Ayer, por ejemplo, vino un muchacho de la revista THC, y me hizo un reportaje tan profundo, tan bello que, cuando se iba y me agradecía, le dije que yo le tendría que pagar por eso, porque fue como una sesión de psicoanálisis. Bueno, esos son los cables a tierra que me permiten después volver a los textos.

En relación a tu entrenamiento físico y al baile, pienso en Martín Farina, el director de “Mujer Nómade”, la película que protagonizás sobre vos misma. Él dijo estar interesado en cómo la filosofía atraviesa el cuerpo.

El sistema de conceptos, según pasa el tiempo, se va haciendo carne. Y también, al revés: cuando tenés conceptos hechos carne, los llevás a la práctica. Todo el material audiovisual de archivo de casi medio siglo, se lo di a Martín. Ahí había algo que él eligió y después no quedó, por la dinámica de la película. Hace unos años, yo me peleaba con un legislador del PRO y con dueños de clínicas porque, en la provincia de Río Negro, habían aceptado la muerte digna, algo muy resistido. Yo defiendo la eutanasia, tengo escritos sobre eso. Pasaron una cantidad de años, sucedieron las desgracias de mis hijos y, cuando mi hija ya no podía respirar y la especialista en pulmones vino a decirme que lo único que se podía hacer era ponerle un respirador, le pregunté para qué. “Para que viva unos días más”, me dijo. “No quiero ni un minuto de vida artificial”, le dije. Fue terrible la “eficacia” y la velocidad con que lo hicieron. Media hora después de mi respuesta, un administrativo me daba el teléfono del tipo de la funeraria. Lo que yo había dicho en concepto durante mucho tiempo y por lo que me expuse a pelear públicamente, después lo tuve que aplicar al ser más amado de mi vida. Creo que ese ejemplo, terrible, contesta tu pregunta.

¿Te modificó la realización y proyección de la película?

Me han preguntado varias veces por qué me expongo tanto y se me ocurrió responder que es porque vivo en estado de parresía, que es hablar sin medir las consecuencias, es el decir franco, no buscar vueltas. Eso lo tengo, entre otras cosas, por la gran represión que sufrí cuando era chica de parte de la iglesia católica y mi familia. Hablar, decir, es un riesgo grande. Al exponerte, te pueden volver buenas ondas o un cachetazo. Pero, si pongo todo en una balancita, las buenas ganan por lejos, sobre todo, por la identificación de la gente. En la charla colectiva posterior a la proyección de la película en el Malba, una chica venezolana participó con preguntas objetivas sobre la película. Al salir, me abordó: “Esther, no te lo quise decir en público, pero yo, hoy, me suicidaba. Después de ver tu película y de ver cómo te superaste a pesar de lo que te pasó, me di cuenta de que merece la pena seguir viviendo”. Esa noche no pude dormirme. A la madrugada, recibí un mail de una amiga de esta piba, una argentina. Me contaba que esta chica había sido violada muy violentamente en su país y que, cuando se recuperó de eso, se vino a la Argentina. Hacía dos días, la habían violado en Buenos Aires. Ella no sabía que su amiga quería matarse. Pero, al verla tan mal, le había dicho: “después andá a donde quieras, pero vení conmigo a ver esta película”. Bueno, me pasan esas cosas. Y, entonces, creo que vale la pena la parresía.

A BRILLAR, SEÑORA

¿por qué grita esa mujer? / ¿por qué grita? / ¿por qué grita esa mujer? / andá a saber”

 Susana Thenon, “Distancias”

 

Para el ingeniero que lo mira por tv, ¿no? (risas). Este es claramente un hecho de micropolítica. Otra cuestión que nos interesaba es la del lenguaje, cuando decís que no hay un mejor modo de pensar que al ir en contra de otro.

Robert Sanderson
Robert Sanderson

Es una frase de Nietzsche. En función de los autores que uno elige, va perfomateando su vida. A veces, si tuvieras que hablar sobre un tema en seco, sin que nadie te haya provocado, por ahí no sabrías mucho qué decir. Pero, si te provocan, no sé de dónde, te sale lo que tenés para decir. Cuando defendí mi tesis de doctorado, tenía veinte minutos para exponer libremente. Yo estaba muy nerviosa porque el jurado era hostil. Durante mi exposición no tenía oponentes, aunque sabía que potencialmente eran mis enemigos. Al terminar, tenían que hablar ellos. El primero fue un especialista en estructuralismo. Es cierto que los profesores de Foucault, como Althusser, eran estructuralistas. Pero el tipo habló 10 minutos, diciendo que yo no hacía valer suficientemente en mi tesis la influencia que esos estructuralistas tuvieron sobre el pensamiento de Foucault. Cuando me dio la palabra, yo sentí que me encendí. Le dije: “Bueno, doctor, le voy a contestar con una frase de Nietzsche. En esta tesis he cometido una injusticia de la perspectiva porque, ante cualquiera que hubiera agarrado, alguno de ustedes cinco me hubiera dicho: “Sí, pero, ¿por qué no trató a tal otra?” Y eso fue porque el tipo me chumbó, ¿te das cuenta? Desde ese momento, brillé. Y el director me contó que, cuando se quedaron solos a debatir, uno dijo: “Cuando ella expuso, ni nos miró a los ojos, pero cuando empezamos a preguntarle era otra persona, le salían conceptos por todas partes”. En última instancia, me pusieron un diez, aunque hubo que pasar ese momento. El hecho de que me chumbaran dio resultados.

Así como decís que pensar contra el otro enciende, en el caso de la venezolana, fue pensar con el otro…

Totalmente. Y ahora pienso en las cuatro causas de Aristóteles. Una tiene que ver con el compartir, lo que estamos haciendo ahora. Otra, con que te salgan ideas originales o potentes o que vienen justo para el momento. También se da en el compartir. Según mi punto de vista y según los manuales antiguos, no se puede hacer filosofía a partir de la guerra y de la lucha. Si salimos ahora y vos te ponés en una vereda y yo, en la otra, seguro que no nos vamos a entender, no nos vamos a escuchar bien. Si estamos en la misma vereda, podemos pensar diferente, pero encontrar bases en común: que no somos universalistas, por ejemplo. Cuando empecé a hacer filosofía, en los 60, creíamos que la revolución se hallaba a la vuelta de la esquina. Estaba muy de moda Oscar Varsavsky. Él creía que la ciencia tenía que formar parte de una posible revolución. En un momento, dijo: “yo no discuto más con gente que, de base, no piense como yo”. A mí, que en ese momento era muy joven y muy idealista, me pareció terrible: “¿Cómo?, ¿y el debate?” Luego, con los años, me di cuenta de que no siempre es posible. Si me subo a un taxi y el taxista empieza a defender a Macri, ya no tengo nada que hablar. En cambio, si tiene una posición crítica, aunque no sea exactamente la mía, podemos hablar.

A LOS AMIGUES, SALUD

“Las ramas estarán, sin embargo, presentes / como mirada intensa / detrás de las palabras.”

Circe Maia, “La mirada detrás de las palabras”

Hay casos y casos…

Giacomo Balla
Giacomo Balla

Para producir conceptos tenemos que hacer como hacía Foucault. Mirá, les cuento algo. Un salteño gay, hijo de gente muy rica, a mitad del siglo pasado -en una sociedad muy dura en ese sentido- quería rajar de ahí y venirse a Buenos Aires. Los padres le dijeron que lo iban a mantener si estudiaba una carrera universitaria. A él le interesaba la filosofía, pero no le interesaba la facultad. Se recibió de arquitecto y nunca retiró el título. El tipo leía filosofía y daba clases de Foucault y de Deleuze, antes del proceso militar. Un día, los padres vendieron un campo y él recibió un dinero con el que se fue a Europa. Estaba en Londres, ya casi sin plata, con un tal Jean, que era francés. Cuando el tal Jean se volvió a Francia le dijo “si vas por París, llamame, algún lugarcito vamos a encontrar para darte”. Llegó el día en que fue a París y lo llamó. Jean le dijo que estaba compartiendo departamento con un amigo que trabajaba todo el día en un pasillo entre dos departamentos. Allí había un sofá, donde él podría dormir. El salteño dijo que sí, por supuesto. En esos tiempos se usaba la máquina de escribir, así que, cuando escuchaba que no sonaba más el teclado, sabía que podía ir a dormir al sofá. Tocaba, si nadie respondía, entraba y se armaba su camita. Había allí una biblioteca enorme. Una noche no podía dormir, empezó a tocar y descubrió que había varias bibliotecas en una, de esas que tiene varias hojas, una detrás de otra. En ella, encontró ediciones de libros de Foucault hasta en chino y japonés. Al día siguiente, le preguntó a Jean: “¿Por qué tu amigo tiene tantos libros de Michel Foucault?”. “Porque es Michel Foucault”, le contestó el otro. Así lo conoció, se hicieron amigos y supo que Foucault, cuando no estaba dando clases, trabajaba en ese pasillo. Y los sábados, cocinaba para amigos, como Levi Strauss o Lacan. Cada visitante llevaba un vino y, después de cenar, levantaban la mesa y repartían todas las drogas posibles. Cada cual tomaba la que quería, como en el “Banquete”, de Platón. Y se ponían a hablar, por ahí, hablaba el filósofo; por ahí, el antropólogo o el de la literatura. Se enriquecían entre ellos, cosa que los sudacas somos incapaces de hacer. Por lo visto, ustedes sí son capaces de hacerlo. Si, con los poquísimos colegas de fuste que tengo, en vez de estar peleados, nos juntáramos, cómo nos enriqueceríamos…

CHUPATE ESA MANDARINA

Al cabo de un instante, Antoinette los vio regresar escoltande a la señorita Isabelle, que hablaba muy alto, con una voz diferente ella también, poco habitual, alta y aguda, con pequeñas carcajadas que punteaban sus frases como fuegos de artificio”

Irene Némirovsky, “El baile

¿Quién es un enemigo para vos?

Un enemigo teórico, que ahora está muerto: Gregorio Klimovsky. Yo tengo las marcas del poder en mi cuerpo. Me hizo tantas maldades…, ¿la máxima? Hacía ya diez años que estaba a cargo de la cátedra de Pensamiento Científico, cuando la Universidad se propuso formalizarnos. Se trataba casi un trámite administrativo amable, porque éramos seis profesores asociados –titulares, de hecho- y había seis cargos. De todos modos, yo estudié como loca porque, en el jurado, estaban Klimovsky y sus amigos. Este tipo, no solamente me hizo bolsa, sino que dejó un cargo desierto. A veces esto se hace para darle un cargo a los amigos, pero no: acá sus amigos ya tenían sus cinco cargos. Él dejó un cargo desierto fundamentando que “…la profesora Esther Díaz no está en condiciones intelectuales ni pedagógicas para estar frente a una cátedra”. Ese día, estaba tan mal, que tuve que ir a la guardia del hospital. Me hicieron una endoscopía porque me sangraba el estómago. En la Universidad me empezaron a quitar el saludo, como si hubiera sido una leprosa en la Edad Media. Sí, nada menos que Klimovsky, había dicho eso, yo no valía nada…. Era tanta la inquina, que ni siquiera vieron los antecedentes. Mi asociado en ese momento era Mario Heler, mano derecha de Ricardo Maliandi, ambos muy fuertes en el Conicet. Y si yo era un tiro al aire en términos institucionales, con ellos, la academia tenía que quedar bien. Mario y yo habíamos preparado un proyecto sobre ciencias sociales y cada uno lo presentó por su lado. Aclaramos, sí, que el proyecto se había diseñado junto con el otro. A mí, me dijeron que mi investigación era confusa y no se sabía adónde apuntaba. A él, que su investigación era sólida y ameritaba que le dieran el cargo. La misma fotocopia. Bueno, por consejo de Mario y Ricardo, impugné ese concurso y pedí su anulación. Estaban desesperados. No sabían cómo parar ese juicio. Durante un año, fui réproba en la Universidad, hasta que el concurso se declaró desierto y, el jurado, sospechoso de arbitrariedad contra mi persona. Un día, cuando la gente me empezó a saludar de nuevo, el abogado del CBC me preguntó qué le había hecho yo a Klimovsky para que me tuviera tanta inquina. “No le chupé”, le respondí. Me salió del alma.

Umberto Bococcione
Umberto Bococcione

Hablabas de la carcajada filosófica para oponer a las injusticias…

A esta altura, yo le tengo que agradecer a Klimovsky que no me haya dado el cargo porque, de haberlo hecho, yo hubiera dicho: “Qué noble es este tipo, a pesar de que pensamos diferente, vio que yo tenía suficientes y sobrados antecedentes para ese cargo y me lo dio”. Pero lo que hizo me dio alas para volar adonde quisiera. Ahora que pasó el dolor y a pesar de mi gastritis crónica, creo que, sin su oposición, quizás no me hubiera atrevido a tanto.

Como cuando tu mamá te dijo que trajera a un marido doctorcito…

Claro. Pero no quiero hablar mucho de mi familia porque mi mamá vive aún, tiene ciento dos años y, en el caso de mi hijo, están mis nietos. De mi hija, he dicho bastante. No todo, porque siempre hay un núcleo duro de la subjetividad que te guardás, porque querés o porque no sale directamente.

¿En qué te ayuda la escritura a recuperar el sufrimiento?

Me doy cuenta, después de que las cosas están hechas. La película fue más impactante porque las imágenes, en sí, lo son. Ahí cobré conciencia. Un día, nos estaban haciendo un reportaje a Martín y a mí y, a raíz de una pregunta, dije: “esto, en su modalidad, es un poco como lo de Proust: sus siete tomos para hablar del tiempo perdido”. ¿Cuándo recupera el tiempo? Cuando se da cuenta que todas esas banalidades las rescató mediante el arte, mediante la escritura. Por eso el último tomo se llama “El tiempo recuperado”. Sin querer compararme con semejante monstruo, yo he recuperado el sufrimiento perdido. El sufrimiento en sí mismo no sirve para nada, pero el cristianismo le quiso dar un valor para dominarnos mejor: “Sufrí, el reino de los cielos será tuyo. Nosotros somos ricos y no vamos a entrar, como no entra un camello por el ojo de una aguja, pero vos, que sos pobre, sí vas a entrar”. Por algo uno elige a Nietzsche que, con su martillo, rompió esos conceptos domesticantes. Ahí ves que todo ese sufrimiento sirvió para la escritura. Así empieza una de las primeras escrituras que tenemos en Occidente, “La Ilíada”: “Los dioses les mandan desgracias a los hombres para que los poetas tengan cosas que contar”. Con eso ya está dicho. Lo mismo pasa con todos los géneros narrativos, hay mucha más narración sobre el sufrimiento que sobre la alegría. Es más fácil hacer llorar que hacer reír. Es muy difícil hacer una comedia buena o un libro que todo el tiempo te divierta.

EL BANQUETE, OTRA VEZ

“La poesía es una forma de la geología, una lenta y paciente exploración de la materia que nos constituye, de la materia que nos rodea. Sólo que la poesía, más que dedicarse a observar, seleccionar, designar y clasificar, establece una relación afectiva con la materia. Es un discurso que conduce la rebelión, a la revuelta contra un modo de ver y sentir las cosas que nos aíslan de todo lo demás. Es una desobediencia que nos permite rechazar el discurso adulto, patriarcal, blanco, el discurso de la normalidad y de la adaptación, y abrazar el habla la sensibilidad de la infancia, antes de que seamos sometidos al proceso de embrutecimiento y desestabilización que nos permite adaptarnos al mundo”

Claudia Masin, “La desobediencia”

 

Hablabas de los poetas, ¿cuándo necesitás lo poético?

Danza ancestral
Danza ancestral

La filosofía nace como poesía. Parménides es conocido por un poema del que quedan dos o tres páginas. Platón, que critica a los poetas porque, según él, trabajan con la imitación y no con la idea misma, es un poeta, escribe poéticamente. Ni hablar de Nietzsche. Yo lo conocí a mis treinta años. En aquel momento, Filo estaba en Independencia y Urquiza y, cuando caminábamos con un compañero hacia Once para tomar el tren, él me dijo: “Pero, ¿vos nunca leíste a Nietzsche? Justo tengo acá ‘Así habló Zaratustra’, te lo dejo”. Llegué a mi casa como a las doce de la noche. Me puse a leerlo y no lo pude dejar hasta que se hizo de día. No es que lo entendiera, pero estaba escrito tan maravillosamente, tan poéticamente, que no lo pude dejar. No están escindidas poesía y filosofía. Es más: en sentido amplio, la poesía es el núcleo de la filosofía. Y, como experiencia, lo poético es lo que le da sentido a la vida. La poesía es, en cierto modo, la matriz de todas las artes. Así como de la filosofía se dice que es la madre de todas las ciencias, la poesía es la madre de todas las disciplinas humanísticas.

Dijiste alguna vez algo así como llevar el yo a los extremos para que toque lo indecible.

Tal cual. La poesía ensaya los límites del lenguaje, los prueba. Las demás disciplinas se ocupan, en general, de su objeto de estudio. Y hay una cosa muy linda de Deleuze. Dice que algunos poetas hacen tartamudear al lenguaje. Vos leés algunas cosas de Macedonio Fernández o de Oliverio, y, realmente, lo hacen. La poesía es Scherezade, hablar para seguir vivo, no tiene utilidad pragmática. Al principio, los alumnos preguntaban “¿Y para qué sirve el pensamiento científico?” Para nada, querido, para nada. ¿Para qué sirve escuchar música? Para nada. ¡Pero qué terrible sería la vida si no tuviéramos eso a lo que nosotros le damos sentido! La diferencia con la poesía es que el sentido se lo da ella misma, porque es el lenguaje puro. Creo que se trata de estudiar hasta dónde se puede estirar el lenguaje.

¿Los filósofos hacen lo mismo?

Sí, claro. Fundamentalmente, Wittgenstein. Los demás lo hacen, pero de manera indirecta: Deleuze piensa el deseo. Foucault, el poder. Nietzsche, la verdad. Pero Wittgenstein –uno de los filósofos más importantes del siglo XX- piensa el lenguaje propiamente dicho. “…nunca pude escribir una poesía o hacer música, y me gustaría tanto poder hacer una melodía, aunque sea una.”, dijo. Como si con eso hubiera podido lograr más que lo que hizo con la filosofía. Hay una corriente que sale de ahí y dice que hay mucha más verdad en la poesía, en un texto de Dostoievski, que en un escrito de Kant. Los poetas muestran la vida misma, los sentimientos y nosotros, los filósofos, hacemos conceptos sobre ello. Heidegger dice que esa fuente romana que él está viendo no es “la fuente romana”. En cambio, cita a un poeta alemán sobre la fuente romana y señala que la verdad de la fuente  está allí, más que en la fuente misma. Horacio, el latino, agrega: “he construido un monumento más duradero que el bronce, que ni los vientos ni las tormentas ni la lluvia van a destruir, porque es un monumento que construí con palabras. Y mientras la callada vestal siga subiendo a la colina a ofrecerle a los dioses, mi monumento va a seguir vivo y mi nombre va a seguir vivo porque construí ese monumento”. Fijate vos: la callada vestal hace siglos que no sube más al monte y el poema de él sigue vivo. Ahí está el núcleo de lo que me preguntabas.

Parece que, con la mirada, buscaras a los autores en tu biblioteca cada vez que los nombrás.

Es así, muy buena tu lectura. Cuando escribí el libro sobre Buenos Aires, hice una genealogía del encierro a las mujeres, porque estudié específicamente sobre la prostitución en la ciudad, en la época en que fue legal. Allí cuento que las mujeres fueron encerradas, primero, en Grecia, en un encierro tipo Oriente, en el gineceo. En Roma, fue un poco más liviano, pero el hombre tenía el poder. Y quien tiene el poder impone el lenguaje, las costumbres, todo. Después, me faltaba un eslabón, porque tenía elementos de Buenos Aires, pero me faltaba España. Un día estaba en la computadora y me acordé de García Lorca. Busqué su libro “Yerma”, en la biblioteca -como marcabas vos, con la mirada-. Hacía treinta años que no lo leía. Me subí a una escalerita que tengo ad-hoc y lo saqué de allá arriba. Ahí estaba todo: las romerías que se hacían para que el dios de la tierra -unos tipos que estaban en el bosque- embarazara a las mujeres que no podían quedar. Estaba allá arriba y, cada vez que lo digo, se me va la vista hacia allá.

A PUNTO ESTOFADO

“La realidad es la materia prima, el lenguaje es el modo como voy a buscarla –y el modo en que no la encuentro-. Pero es de buscar y no encontrar que nace lo que no conocía, y que instantáneamente reconozco. El lenguaje es mi esfuerzo humano. Tengo que ir a buscar por destino y por destino vuelvo con las manos vacías. Pero vuelvo con lo indecible. Lo indecible sólo podrá serme dado a través del fracaso de mi lenguaje. Sólo cuando falla la construcción obtengo lo que ella no consiguió”

Clarice Lispector,  “La pasión según GH”

Si el lenguaje es captación de cierto relato ¿pensás que tiene poder para cambiar la realidad?

El lenguaje tiene que ver con el discurso y el discurso, con la verdad. En cualquier ámbito, todos creemos que quien habla responde a la verdad. Pero el lenguaje no es omnipotente, necesita del poder. Para verlo más foucaultianamente, está el poder y está el lenguaje o la verdad, como le quieras decir. No son lo mismo, no es como se decía en la Edad Media, que la verdad es poder. La verdad en sí misma no es poder, la verdad necesita del poder y este de la verdad. Una vez lo apretaron un poco a Foucault y le dijeron “Bueno, pero tiene que haber uno que tenga algo de preeminencia sobre el otro”. Lo pensó un rato y dijo “Bien, sí. Preeminencia tiene el poder. Si yo tengo el poder, impongo el lenguaje. Pero, si solamente tengo el poder y no hay nada de verdad, o sea, de lenguaje, se viene abajo” Recordemos la guerra de Malvinas. Nos querían hacer creer que estábamos ganando la guerra. Eso era lenguaje, pero apoyado en los fierros. Finalmente, fue insostenible porque, aunque no había la comunicación que hay hoy, nos enteramos de que estábamos perdiendo. Entonces, aun con los fierros, debieron llamar a elecciones. El poder sin la verdad no sirve. La verdad sola, tampoco.

Carolina Antoniadis
Carolina Antoniadis

¿Pensás en otros casos donde se manifieste de ese modo?

Otro ejemplo: en la misma época de Darwin, había un joven investigador, llamado Wallace. Darwin, sin quitarle mérito, era un burgués de buena posición y pudo pasear por el mundo para hacer sus investigaciones. Wallace era un sirviente que le daba clases a los hijos de los ricos. Vivía en los palacios, pero como servidor. Todo le costaba muchísimo más que al otro. Ambos tenían la misma teoría. Los amigos de Darwin le dijeron: “Ojo, que vos hace tiempo tenés el libro y no lo publicás. Fulanito está por publicar y tiene prácticamente tu misma tesis”. Entonces, Darwin -como tenía los medios- publicó. ¿De quién es hoy en día la teoría de la evolución? ¡De Darwin! Porque, además de la palabra, tenía el poder. Volvamos a nuestra época. Yo no soy muy fanática de la “e”. A veces, en las redes, si hay amigas y amigos, pongo “amigues”, pero le digo a la gente que investiga sobre eso, que hablar en masculino no es la causa del machismo, sino un efecto. Así que estamos atacando el efecto. Si nosotros lográramos derrotar la causa del machismo, que es el abuso de poder,no nos importaría que nos llamen con a o con e. O impondríamos, como impuso una mujer con poder, lo que se le rajó de sus genitales: Cristina Kirchner decidió que la “e”, que para las feministas es inclusiva, era exclusiva. Ella no se quiso llamar presidente que, desde el punto de vista gramatical es totalmente correcto y, desde el punto de vista de género, no es presidento. Ella, que tenía el poder, decidió que no y logró que todos, hasta “La Nación”, le dijeran presidenta. He escuchado, cuando fue lo del aborto, que alguien le dijo a Michetti – presidenta del Senado- “Señora presidente” y ella dijo “presidenta”. O sea, que Michetti utiliza lo mismo que impuso la que tuvo el poder. A veces, esto que yo planteo se puede tomar como una cosa reaccionaria y no lo es, porque están gastando energía e investigación en cosas que no hacen al meollo de la cuestión. Si a mí un tipo me habla con la “e” y me caga a palos, no me importa nada. En cambio, si yo tengo poder, llamame como quieras, pero la que maneja el estofado soy yo. Mirá, aunque mi teoría sea más verdadera que la de Klimovsky, si el dueño de las cátedras y las editoriales es él, va a ganar él ¿te das cuenta?

Pensaba en la causa y la consecuencia. Y si a veces el lenguaje no funda también subjetividades.

¿Por ejemplo?

Mucha gente se hizo macrista escuchando “pobreza cero” y “revolución de la alegría”, y no tenían la más puta idea de qué era un macrista.

Es cierto. Pero Macri tenía el poder para imponer ese lenguaje. Esa misma gente que se dejó llevar, ahora no va a votar a los Fernández, dice que todos los políticos son iguales. Ayer estuve con la mina que me hace el tatuado de las cejas. Ella, aunque esté haciendo un servicio, se cree cheta porque trabaja ahí. El año pasado ofrecía hacerte las cejas de la Aguada. Después llegaron las facturas, el poder que te mete la mano en el bolsillo y esa misma mina, que tiene un cartel que dice “Por favor, por razones de salud, no hablar de política”, ayer se quejaba: “Pero qué barbaridad, que barbaridad, ya no se puede ni pagar la luz, son todos iguales”. Entonces, después de un rato, quise probar hasta dónde llegaba y hablamos de mi libro y a ella le pareció importante que me hubiera publicado Planeta. Le respondí que sí, que junto a la multinacional que publicó a Cristina, son las editoriales más importantes en el país. “Ah, por favor, que esa mujer no vuelva a hacer daño, que no vuelva”, concluyó. El discurso la hizo votar a Macri, pero el poder, la realidad, el taca-taca, la hizo cambiar de idea. Eso no quiere decir que va a votar a Cristina.

¿Y no hay nada que podamos oponer a eso?

Soy una filósofa, ¿y qué es la filosofía, sin palabras? Como la define Borges, es literatura. Yo sé que una autobiografía no es más real ni más verdadera que un discurso filosófico. Ambas son literatura, soy consciente de eso, fabricamos palacios o chozas con palabras. Yo trabajo con las palabras igual que ustedes. Busco, no tanto la armonía estética, como la armonía conceptual. No niego que el discurso incide, pero trato de no caer en el reduccionismo. La palabra sola no puede y el poder solo tampoco. Por eso es tan importante la obra de Foucault, él siempre dijo que no quería definir el poder, sino mostrar cómo se ejerce. En ese sentido, ya Marx lo había visto: cuando empezó a estudiar “La ideología alemana”, por ejemplo, encontró que, con la división primaria del trabajo, la mujer ya había sido perjudicada. Además de lo que la naturaleza nos puso encima: menstruar, parir y dar leche, había que hacerse cargo de todas las cosas de la casa.

SE ARMÓ EL POGO

“En un libro de versos salpicado / por el amor, por la tristeza, por el mundo, / mis hijos dibujaron señoras amarillas, / elefantes que avanzan sobre paraguas rojos, / pájaros detenidos al borde de una página, / invadieron la muerte /”

Juan Gelman, “La victoria”

¿Ves algo de revolucionario en lo que está sucediendo con el movimiento feminista actualmente?, ¿o es que en esta época sólo hay lugar para la micromilitancia?

Desde mi punto de vista, la micromilitancia solo tiene sentido, en tanto llegue a impactar en la macro. Cuando fue el caso de María Soledad Morales, en Catamarca, hubo movilización microfísica desde los lugares más raros del poder. Estas chicas eran provincianas, mujeres y adolescentes en un país que sigue siendo unitario. Les faltaba ser negras y judías. Una monja puesta al frente que, con buen criterio, impuso movilizar en silencio. Las pendejas, con cero poder aparente, hicieron esas marchas del silencio y empezaron a sacudir la red del poder, de la que nos habla Foucault. De cualquier parte que vos agarres la red y empieces a sacudir fuerte, el movimiento se extiende, como cuando tirás una piedrita en el agua. Bueno, cayeron funcionarios, jueces y legisladores, cayó el gobernador. No sabemos quién más hubiera caído si no se intervenía la provincia.

Hubo impacto de lo micro en la macro…

Adolphe William Bouguereau
Adolphe William Bouguereau

Y otra cosa muy inteligente de las pibas de Catamarca, que, creo, no tuvieron las mujeres de derechos humanos, Madres y Abuelas. Cuando el problema terminó, las pibas de Catamarca se retiraron. Seguir con el poder después de más de treinta años es haberte metido en la estructura de poder contra la cual luchaste. Mirá, Foucault creó el Grupo de investigación sobre la prisión y los nenes de mamá como él se dieron cuenta de que, en las cárceles de Francia, se comenzó a estar peor cuando empezaron a ir presos después de los movimientos de mayo del 68. Pero Foucault es un neo nietzcheano y hay una frase de Nietzsche que dice “No hay nada más inmoral que hablar en nombre de otro”. Así que él dijo, “No podemos hablar en nombre de los presos, démosles la palabra a ellos si es que la quieren tomar” y generó condiciones de posibilidad para que los presos armaran su propia defensa. Empezaron a producir casettes, textos y una cantidad de elementos que los visitantes sacaron afuera y, primero los medios franceses y después, los del mundo se hicieron eco y lograron comenzar a cambiar las condiciones en las cárceles francesas. Algo similar pasó acá cuando vino la democracia. Pasó con el estudio: Schoklender tiene tres títulos universitarios. Los que no pudieron acceder o no les interesaba el estudio empezaron a ser sus sirvientes. En el prólogo de la edición norteamericana de “El Antiedipo”, hay consignas para la militancia, que terminan por decir: “Y, sobre todo, no se enamore del poder”. Eso es lo fundamental. para no pasar al lugar del amo. Vuelvo a aclarar, estoy de acuerdo con el discurso de Madres y Abuelas, pero no hacen circular el poder.

Bueno, Norita tiene una posición como la que vos decís.

Sí, pero Norita todavía tiene una función: hay muchos nietos que todavía tienen que aparecer, cosa que desgraciadamente ya sabemos que no ocurrirá con los hijos. Los hijos con vida.

Esa es Estela, yo digo Norita…

Está bien, yo defiendo su discurso, pero no se dan cuenta que se han montado a la estructura del poder. Además, yo creo que este es un daño que nos ha hecho la última dictadura. Tengo suficiente edad como para acordarme de lo que era antes, sufrí cinco golpes militares y dos gobiernos neoliberales en mi vida, así que he visto cómo es. Antes, un rector terminaba su gestión y se iba. Lo mismo, los gobernadores. En cambio, después de la última dictadura militar, nadie quiere largar el poder. En la Universidad de Lanús está la misma rectora desde que se creó, hace veinte años. Eso pasa en todos los niveles, nos hemos enamorado del poder. Es terrible. Y, si lo hacemos geopolítico, podríamos decir lo mismo de Cuba. Todos sabemos que cuando estaba bajo la égida de Estados Unidos estaba muchísimo peor, era el prostíbulo de Norteamérica. Desde ya que los sabemos. Pero, ¿es democrático? Sabemos el trabajo maravilloso que hace Evo en Bolivia, pero, ¿es democrático? Venezuela está siendo víctima de las potencias que quieren el petróleo, pero no lo hicieron mientras estaba el líder, mientras estaba Chávez. Es muy difícil dejar de ser líder en casos así, por eso yo titubeo cuando hablo de estas cosas, por eso me pregunto y no hablo con la seguridad con la que me refiero a otras cosas.

LENGUA ADENTRO

“Perdida en la espesura / del lenguaje, / dejaste caer guijarros mínimos, / signos de salvación, / para que los recogiese el advertido, / No era efímero pan, / Pero, incomibles, / se los traga la tierra: // Y sigues penetrando / en la floresta silenciosa, / aunque la veas cerrarse / tras tus pasos.”

Ida Vitale, “El lenguaje de Hansel”

La pregunta es si no podemos empezar a cuestionar la democracia.

La democracia es como el matrimonio, querida. Es una mierda pero no encontramos nada mejor todavía…

Antes hablaste sobre tu trabajo acerca de la prostitución. Este es un tema que divide mucho al feminismo actualmente.

Hay dos niveles. Uno es lo que yo investigué para mi libro, fue una época terrible de explotación de las mujeres en Argentina. En el marco de la prostitución legal, se escondía lo peor de la corrupción. Llegó a haber cinco mil prostitutas en Buenos Aires, muchísimo para la población de esa época. Al controlar a cinco mil, nos controlaban a todas. Si vos salías sola a la calle o te vestías de cierta manera o tenías ciertas actitudes, inmediatamente, te calificaban de puta. Cuando yo era chica, de las fabriqueras, se decía que eran putas, porque salían a trabajar. Lo segundo es lo actual. El otro día escuché a una prostituta militante que le decía a sus compañeras: “Como sabemos, en todo movimiento de liberación, hay internas. La más grande nuestra es la de las abolicionistas, por un lado, y las que queremos seguir ejerciendo la prostitución, por otro. Pero eso no nos tiene que dividir, sino complementar. Porque tanto ellas como nosotras luchamos contra el machismo, tenemos un enemigo común.” Yo, a las abolicionistas, si son prostitutas, las respeto. Ahora, si sos intelectual de clase media que defiende eso, metete la lengua en el culo, querida, porque cada cual, con su vida, hace lo que quiere. No estoy a favor de la trata, obvio. El otro día, en una charla en el Partido Justicialista, conocí a la presidenta de AMAR, una chica que es lesbiana y cuya pareja estudia en la Universidad de Lanús. Bueno, ella trabaja en un cabaret, no tiene cafishio ni nadie que la regentee y no fue captada por ninguna red de trata. “Me gusta trabajar de prostituta” me dijo. Chapeau. Mi posición es no hablar en nombre de otro. Ella, que ejerce la prostitución, tiene autoridad para hacerlo.

Carolina Antoniadis
Carolina Antoniadis

El tema de este número es ausencias. Las del pasado y las posibles hacia el futuro.

Fueron tan fuertes las del pasado, que me vacunaron para las del futuro. Para mí todo es posible. Se murieron mis dos hijos. Yo soy una freak, no me escandalizo de nada porque sé que todo es posible. No existe, ni en castellano ni en los idiomas que yo manejo, una palabra para mi situación: si se hubiera muerto mi marido, sería viuda. Si se hubiera muerto mi padre, huérfana. Cuando se te muere un hijo, no hay palabra. Juan Gelman dice: “Soy huérfano de hijo”. Es inimaginable. Es un vacío que no voy a cubrir nunca en la vida. El duelo, ahora, no es como los primeros meses, cuando lloraba todo el tiempo. Anoche fui a Casa Brando, a un show de Drag Queen, de chicas biológicas que se visten de hombres, en este caso. No es que no me divertí y que no canté y que no la pasé bien. Pero, cuando la paso bien, me aparece la figura de ellos. Entonces, por momentos, no sé si decir que es un vacío o una presencia. Están continuamente. Para responder a tu pregunta, con esto me llevo como con todas las cosas de la vida: apelo a la filosofía, apelo al concepto. Y haber escrito sobre todas las mierdas que viví con mi hija, pobrecita, fue terrorífico. El capítulo de la agonía de ella lo escribí en Rosario y, como me gusta tanto el río, me iba a almorzar a orillas del Paraná, para que se me hiciera soportable. Cuando esto pasó a corrección, lo dejé totalmente en manos de la editora porque ya no puedo leerlo sin llorar. Pero ese compartir me alivió. Comparto lo de mi hija porque ella no dejó nada, ni pareja ni hijos ni amigos, vivía sola con su locura y su droga y no se daba con nadie. Respecto a la ausencia de la juventud, a la muerte no le tengo miedo, pero sí a la decrepitud, a no valerme por mí misma. Después de los setenta, todos los días te duele algo nuevo. Tengo casi ochenta años y no me puedo permitir ser viejita, por eso también hago gimnasia. Estoy sola en el mundo, tengo un 70% de posibilidades de quedarme ciega, cada treinta días, me inyectan algo en los ojos que no cura, pero retiene. Así que la ausencia de vista para una escritora…

MERIENDA Y DESPUÉS

“Antaño, el amor era la celebración de lo individual, de lo inimitable, la gloria de lo único, de lo que no admite repetición. Pero el ombligo no sólo no se rebela contra la repetición, ¡es una llamada a las repeticiones! De modo que en nuestro milenio viviremos bajo el signo del ombligo. Bajo este signo, seremos todos soldados del sexo, con la mirada fija no sobre la mujer amada, sino sobre el mismo agujerito en medio del vientre que representa el sentido único, la única meta, el único porvenir de todo deseo erótico”.

Milan Kundera, “La fiesta de la insignificancia”

¿Qué te falta hacer?

Seguir estudiando. Hay tantas cosas para leer… Tantos libros que ya leí, pero que me encantaría volver a hacerlo. Me gustaría estudiar seriamente a San Agustín, una utopía, porque ya no me va a alcanzar la vida ni puedo dedicarme a eso. Estudiar más a Marx, muchos proyectos. Hace unos días estuve en la banalidad total, me invitó la hija de Mirhta Legrand a su programa “Las rubias”, una experiencia fantástica. No quiero decir boludas porque no las quiero ofender, pero es un modo de vida tan diferente… Me hicieron preguntas tan básicas, que me quedé pedaleando. Por empezar, era una mesa de “rubias”, cuatro o cinco platinadas como ella. Y yo, vestida con una ropa muy exótica que compré en Nueva York, toda de negro. Ellas estaban con pantaloncito negro y blusita blanca, esos modelitos por canje que hacen, ¿no? Bueno, la producción le puso a la mina un cartel de cada nuevo invitado. El mío decía “Esther Díaz, escritora -hace poco publicó un libro- y filósofa punk”. Entonces, ella dice “Y ahora vamos a ver a la filósofa punk”. Así, con la “u” lo pronunció. El de la producción le gritaba “¡pank, pank!”. “En francés se dice punk” dijo la mina… Bueno, me recibió muy amable y, frente a cámara, me preguntó “Decinos, Esther ¿cómo es? ¿punk o pank?”. Toda una cosa… “Bueno, se escribe punk, pero es inglés, se dice pank. Nació en Londres el movimiento”, respondí. “No importa, ahora está en todas partes, así que en francés se dice punk”. Y seguía y seguía con eso… Luego nos sentamos y me preguntó qué es el punk . Le dije que es una actitud, que no es que yo esté todo el día tomando cerveza y escuchando música, sino que tengo una actitud no formal. “¿Y qué es formal?”, me pregunta. “Ustedes son formales”.¡Para qué! La mina: “¿Qué me estás diciendo? ¿Qué querés decir con eso?”, “Bueno, es como se espera que se vistan ustedes, la manera que dicta el imaginario social para una señora de la edad de ustedes”. Ahí parece que, por la cucaracha, le dijeron que cambiara de tema, así que se puso a hablar de otra cosa. Y la mina que yo tenía al lado, con una ingenuidad que me dio ternura, me preguntó, “¿Qué es la filosofía?” No me esperaba una pregunta tan básica. Yo tendría que haberle dicho, como a los chicos, que es preguntarse por los misterios de la vida, por el amor, la amistad, la muerte… Pero no, como no me esperaba eso, le dije lo que le hubiera dicho a una persona calificada: es una interpretación de la realidad, es construir conceptos para poder llegar a la realidad. ¡Te imaginás! Pobre, los cables se le habrán hecho así…

¿Y por qué fuiste?

Porque me están promocionando el libro. Yo vivo de eso. Es la primera vez que publico en una multinacional, yo estaba acostumbrada a publicar siempre en pymes, que no gastan un mango en publicidad. Pero estos tienen una jefa de prensa muy activa. Yo me operé la cara el 22 de febrero y el libro salía los primeros días de marzo. Les avisé que iba a estar, por quince o veinte días, fuera de circulación. Entonces, tres días antes de operarme, vinieron de La Nación y de Clarín a mi casa y a hacerme las entrevistas.

¿Te hiciste un lifting?

Sí. Es el tercer lifting que me hago, hay que pasar por el quirófano…, eh. Este último lo hice culpa de Martín Salinas, el director de “Mujer nómade”, que se copó con este perfil. El director decide a qué distancia estará la cámara del rostro del protagonista. Él es un chico muy creativo y decidió que estuviera a veinte centímetros, muy cerca. Me di cuenta que, tomada de perfil, me quedaban unas cosas terribles colgando a los costados. “Hijo de puta, me mandaste al quirófano”, le dije. Ahora estoy chocha. Nunca me gustaron las arrugas y, en mi familia, después de los cuarenta años, a todos se les caen las bolsas de los ojos. Yo no quería eso. A mis cincuenta años me estaba haciendo el famosos delineado y me choqué con una arruga. Ese fue el momento de empezar. Había recibido un cheque de dos mil pesos de la UBA y con eso me fui al cirujano. Para mí, el cirujano es la continuación del maquillaje.

La película ameritaba esa nueva visita quirúrgica.

En esta película, sin habérnoslo propuesto, atacamos dos mitos machistas muy fuertes: uno es que, en la película, se ve cuando me hacen bótox. Y otro es que las mujeres no nos podemos acostar con tipos más chicos que nosotras. En el G-20, los chusmeríos hablaban de Macron, porque su mujer tiene veintipico de años más que él. Pero nadie dijo nada de Trump, cuya mujer es veinte años menor. Ambos son prejuicios. Yo pregunto por qué una mujer con arrugas es más digna que una operada. No hay fundamentos. Y si no hay fundamentos, es prejuicio. Tampoco hay fundamento que pueda sostener que una mujer no se puede acostar con un tipo más joven. Y esto es porque, en nuestra sociedad, somos cogibles desde jovencitas hasta casi los cuarenta. Y, después, esto se acaba. Yo milito conscientemente que la sexualidad no tiene fecha de vencimiento. En la Universidad del Sur, en Bahía Blanca, en una conferencia llena de mujeres de cincuenta para arriba -bien largos- les dije directamente: “Yo sé que no es soportable para ustedes, pero yo soy un testimonio de la sexualidad en la vejez. Me gustan los tipos más jóvenes porque, a un tipo de mi edad, también le gustan las minas más jóvenes. Lo comprendo, porque a mí tampoco me gusta él. Yo sé que se achican las posibilidades: no tenemos dónde ir a bailar, no tenemos dónde juntarnos, por los prejuicios que hay y porque la gente también se va muriendo. Entonces, están el autoerotismo y la libertad de cada quien con su cuerpo para modificarse o para orgasmear con un tipo -si tenés la posibilidad- o, con un juguete sexual, si no la tenés. Para mí, si no jodés a nadie y no hay menores de por medio, en la modificación del cuerpo y en la sexualidad, todo está permitido. Yo no niego mi edad. Declaro mis casi ochenta años, porque es mejor que te digan “¡Qué bien que estás!” a que declares sesenta y piensen que parecés una vieja de mierda.

Esther Díaz con Las Anartistas

Esther Díaz con Las Anartistas




MATRICIAS

Ausencias: sobre esencias y trascendencias.

Por Lourdes Landeira

 

MENOS NO ES MÁS

“Cada palabra que escribo me restituye a la ausencia por la que escribo lo que no escribiría si te dejara venir aquí”

Alejandra Pizarnik

Filosofía-feministaLas cosas ya no son definidas por una esencia cualitativa –el hombre animal racional- sino por una potencia cuantificable”. La cita pertenece a Gilles Deleuze y está extraída de una de sus famosas clases sobre Baruch Spinoza.  No importa la cantidad, sino la calidad, es un dicho popular con el que muchos hemos crecido. Algunas veces con la impertinente presencia de ese pájaro que nos picotea con tenacidad; otras, mientras hacemos fuerza desde el silencio o desde una fingida amnesia. ¿Hay algo más presente que lo ausente?, me pregunto en línea con el saber popular. Para comenzar a deslizar alguna respuesta, creo que el debate cualidad – cantidad es casi tan estéril como el del tamaño. Nada dice en abstracto, todo importa en su modo de ser y componer en cada circunstancia particular. Quizás, la prevalencia de la cualidad por sobre la cantidad sea otra de las máximas berretas con las que el capitalismo roba nuestro tiempo y lo pone al servicio de su monstruosa obscenidad sin límites, aunque no infinita. Que para eso también estamos aquí y ahora, para resistir y oponer nuestras mínimas, por ejemplo, desde un texto. Desde una hoja que fue primero pura ausencia de contenido y, a partir del movimiento de los dedos sobre el teclado y el devenir de algunas intuiciones, se empieza a poblar. Aun así, el plano nunca se llega a cubrir por completo. El vacío se pronuncia fuerte en los espaciados anchos y se comprime en los párrafos extensos. ¿Habrá alguna esencia, no trascendente pero instantánea, en lo ausente? Una primera connotación de la palabra remite a la tristeza de una pérdida. Sin embargo, si de perder esencias cualitativas se trata, la alegría se manifiesta y se potencia con intensidad.

 

OJOS POR OJOS

“Mamá, no estuve ahí para cubrir tu cuerpo, y no tengo más que palabras –palabras de una lengua que no comprendías- para cumplir con lo que me pediste. Y estoy sola con mis palabras, con estas pobres frases que, sobre la página del cuaderno, tejen y retejen la mortaja de tu cuerpo ausente”

Scholastique Mukasonga

Spinoza decretó la inexistencia de verdades trascendentes, inmutables e indestructibles allá por el siglo XVII. Además de pensar, el hombre pulía lentes en un momento de gran auge de la óptica. Hoy, los anteojos son moneda corriente, los hay más o menos caros, modernos, sofisticados. Pero, quien ve reducida su vista puede acceder a ellos para alcanzar la definición que un patrón de medida estipula como el modo adecuado de ver. Sin embargo, aunque los seres humanos habitemos el mismo planeta al mismo tiempo, las cosas pueden ser muy distintas según de qué lado de la historia nos encontremos. En Ruanda, por ejemplo, según cuenta la sexagenaria, Scholastique Mukasonga, en “La Mujer descalza”, cuando era niña, ella y sus hermanos estaban familiarizados con los anteojos ya que su padre tenía un par que solo usaba para leer la Biblia. En la aldea donde vivían, se creía que tal objeto era de uso exclusivo de los misioneros y que, con ellos, podían leer los pensamientos y los pecados que intentaban ocultarse en el fondo de las almas. Spinoza, por sus dos profesiones, supo que eso no era posible, primero y principal, porque no creía en el alma entendida de ese modo, sino en un universo infinito que comprende todo lo que existe, incluso el hombre – y a la mujer, agrego- con sus dos atributos: la exdetalle patria en btensión (el cuerpo) y el pensamiento. Además, porque las afecciones posibles entre las personas, digamos un misionero y un tutsi –pueblo ruandes desplazado de su territorio y condenado al desierto en la década del sesenta- no estaban condicionadas por ninguna esencia de cada quien, sino por el modo que, entre ambos, en un momento particular, componen relaciones. Más cerca nuestro, un Borges devenido no vidente vislumbró la vastedad del pensamiento del filósofo y con plena consciencia de lo inabarcable, lo hizo poema: Libre de la metáfora y del mito / labra un arduo cristal: el infinito / mapa de Aquel que es todas Sus estrellas. 

 

TRIPLETA

“Madre, madre, ¿quién separa tu sangre de la mía?, / ¿qué es eso que se rompe como una cuerda tensa golpeando las entrañas?,/ ¿qué gran planeta aciago deja caer su sombra sobre todos los años de mi vida? / ¡Oh, Dios! Tú eras cuanto sabía de ese olvidado país de donde vine, / eras como el amparo de la lejanía, / como un latido en las tinieblas. / ¿Dónde buscar ahora la llave sepultada de mis días? / ¿A quién interrogar por el indescifrable misterio de mis huesos?”

Olga Orozco

Ahora bien, mientras en la hoja se contornea un dibujo multiforme, algunas palabras pujan por desprenderse del papel y volver a sonar. Inexistencia de esencias que determinen verdades trascendentes dice el apartado anterior. Puede quien lee recitar una bonita fórmula, seguir de largo y secuenciar tiempos. O puede parar el reloj y explotar de sentido el espacio que ocupa; despojarse del mandato moral que impone preconceptos y todo juzga desde su altar o investirse del devenir de una ética, por fuera de la competencia de un –o varios- seres superiores.

¿Cuál sería una aplicación práctica de este modo de ser? “La Voz de la Mujer” fue una publicación anarco comunista que circuló en Buenos Aires entre 1896 y 1897. “Aparece cuando puede y por suscripción voluntaria”, decía en la portada. Pudo 9 números y contó con voluntades con nombre propio que se publicaban en la última página. El Vizconde Bragelone aportó 0.40 para la primera tirada. Una que capó a un fraile, 0.50; Un lustrador que quiere lustrar con sangre burguesa, 0.20. Otra que vivía a disgusto, 0.25, nombres que aparecen en los sucesivos números entre costureras, curas, enamorados, la que se iba a matar con las cadenas del matrimonio y sigue la lista.

NOSOTRAS

A VOSOTRAS

———

Odiamos

a la autoridad

porque

aspiramos

a ser personas

humanas

y

no máquinas

automáticas

o dirigidas

por la voluntad

de “un otro”, se llame

autoridad,

religión,

o con cualquier

otro nombre.

El extracto anterior fue parte del número 4 de  ”La Voz de la Mujer”. La idea y ese cualquier otro nombre se hizo concepto en una consigna que continúa vigente: Ni Dios, ni patrón, ni marido. Al parecer, la expresión surgió de una adherente al periódico feminista. ¿Quiénes serían las nosotras y vosotras de aquella Buenos Aires colmada de inmigrantes europeos, que hacinaron en conventillos sus sueños de prosperidad? El censo de 1898 da cuenta de unas 66.000 mujeres registradas en la industria textil, en la cocina y en el servicio doméstico. La mitad de ellas eran inmigrantes. A su vez, apenas el 50% de las mujeres que vivían en la ciudad tenía algún nivel de alfabetización.

1_l2FejpBBZEJayc3lbsKNawEn el 1997 la Universidad Nacional de Quilmes editó 8 números de “La Voz de la Mujer”- la 6ta entrega nunca fue encontrada. En el prólogo, la socióloga feminista pakistaní, Maxine Molyneux, destaca que “la historia del feminismo anarquista en la Argentina nunca ha sido escrita”. A su vez, su lectura da cuenta de la disputa al interior del movimiento entre la prevalencia de la lucha liderada por los varones y los reclamos de liberar a las mujeres de las opresiones que sufren por su condición de tales. Las redactoras se pronunciaban a favor del amor libre, reclamaban que las mujeres recibieran la misma paga que los varones y denunciaban los abusos de los curas. El aborto no llegó a ser una proclama, aunque ocupó varias líneas. Sobre todo, bajo el eje de la hipocresía.

Habían pasado más de 200 años desde que Spinoza pensó y teorizó sobre un universo horizontal en constante variación de relaciones, donde  el único movimiento es el cambio mismo. Transcurrieron más de 100 desde aquella publicación feminista hasta la marea verde de nuestro aquí y ahora. Cualquier semejanza en las consignas es puro devenir de idas y vueltas en nuestro infinito actual.

 

MUCHO MÁS QUE DOS

“Es el verse rodeado / del doble movimiento de las cosas / como si en vez de andar, fuera uno sentado / en una hamaca siempre balancéandose: / el futuro te empuja entre vigas al aire / y otras también al aire / te empujan hacia atrás / con un golpe de herrumbre”

Circe Maia

Retomo ahora la clase de Deleuze citada al inicio y recorto de allí otras líneas: “Cada uno de nosotros es una cantidad, pero ¿de qué tipo? Ver a las personas como cantidades, como paquetes de potencia, es una visión del mundo muy, muy curiosa, muy nueva. Pero hay que vivirlo. Si lo dicen, hay que vivirlo”. Una vez más, podemos leer y seguir de largo sin afectarnos, rechazar la fórmula de plano – ¿quién quiere ser un paquete tal como lo conocemos?- . O indagar de qué tipo de cantidad y de paquete habla el filósofo. Hasta donde me animo a esbozar, creo que se trata de una cantidad que no se define por una adición, sino por una magnitud, una intensidad móvil dentro de un paquete de contorno oscilante, un territorio dinámico que se moldea toda vez – y lo hace siempre- que se continúa en otros y otras, con quienes se engorda o adelgaza según la ocasión.

lucha-de-clases-1Entonces, cuando copamos las calles al grito de Ni una menos, cuando desbordamos pueblos durante los Encuentros Nacionales de Mujeres, cuando pintamos el Congreso de verde, hacemos cuerpo. Y nuestra finitud y extensión se magnifican en lucha, potencia y deseo infinito.

Paralelamente, sobrevienen inquietudes. Si los varones pueden o no participar de las marchas, si los Encuentros deben llamarse Nacionales o Plurinacionales, si de ellos pueden participar personas transgénero. Aun hoy, tras largas décadas de batallar que no hay una esencia femenina dada por lo biológico, ninguna que confine a las mujeres a roles específicos – No se nace mujer, se hace-, hay grupos que pretenden que mujer = vagina originaria.

Si el aborto debe ser consigna del próximo Encuentro es otro debate actual. Que sí, dicen algunas. Que no, dicen otras, porque excluye a las mujeres que no están a favor de la legalización. No es fácil saber cuál es el punto de choque que nos coloca en multitud potenciante o en masa estática. La búsqueda continúa; a falta de dios, de patrón y de marido, la exigencia es de creatividad perpetua.

 




NADIE SABE LO QUE UN SUEÑO PUEDE

Rituales: sobre “La sociedad de los soñadores involuntarios, del angoleño José Eduardo Agualusa.
Por Lourdes Landeira

 

“Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño”.

 “Las ruinas circulares”, Jorge Luis Borges

 

LA NOVELA

Leonora Carrington
Leonora Carrington

“Mpuanga mantiene hábitos simples. Todas las tardes, alrededor de las seis, va a aquel bar a tomar una caipiriña y leer los diarios”.

El personaje en cuestión ocupa escasas líneas de la novela de José Eduardo Agualusa, “La sociedad de los soñadores involuntarios”. Aunque no por eso es secundario, él y su ritual son tan importantes en el engranaje como cualquier otro suceso. Podría decirse que Mpuanga repite sus actos para que todo continúe igual. Sin embargo, ese es su modo de hacerse huella, de permitirse ser encontrado, de participar en la permanente transformación de los acontecimientos. Al espacio que habita en las páginas lo recorta el zoom con que el narrador acomoda y desacomoda sucesivamente su historia. Su, ¿de quién?

De Daniel Benchimol, el periodista divorciado que se incomoda con la intimidad. Pacifista y nadador compulsivo, el hombre escribe sobre desapariciones. De aviones, de personas, de fondos, por ejemplo.

De Hossi Kaley, el dueño del hotel que Daniel frecuenta cuando lo convoca el mar. Hossi murió dos veces antes de morir, perdió parte de sus recuerdos y duerme con una pistola descargada bajo su cama.

De Angola y sus interminables años de luchas internas, antes y después de la emancipación colonial en 1975. De una, entre tantas huelgas de hambre.

De un sueño, quizás el más ansiado y más el temido: el de soñar.

La contratapa de la novela tiene una cita del mozambiqueño, Mia Couto: “Agualusa es un traductor de sueños. La sociedad de los soñadores involuntarios es una novela tejida con los más delicados materiales de la poesía”. La argentina Lila Feldman, en su libro Sueño, la medida de todas las cosas”, afirma que los sueños hacen del abismo medida humana y se pregunta si será porque tienen estructura poética. Psicoanalista, dice que le gusta imaginar a los sueños como ruinas vivas donde reinscribir el tiempo: “Ruina en eterna construcción mientras el tiempo en ella prosiga su trabajo. ¿Será el sueño capaz de darle dimensión humana al tiempo? El sueño nombra en la noche lo que viene de otro tiempo y se hace presente en este tiempo, en la actualidad del sueño”. Y, si de poesía y transcurrires se trata la cosa, creí necesario convocar a este encuentro a Luis Borges -que no es José, sino Jorge (*) más allá de cómo lo intente pronunciar un deslucido monarca español al lado de un oscuro presidente, que desconoce la diversidad lingüística casi tanto como el castellano que cree hablar. Por eso, de “Las ruinas circulares”, del famoso Jorge, son los epígrafes de esta nota.

Vuelvo a Agualusa. El hombre escribe en portugués, su lengua materna. En Angola, el país donde nació, el portugués es el idioma oficial y, entre otras, el umbundu, el kimbundu, el kikongo, el chókwè, el nganguela y el kwanyama son las lenguas nacionales. “La teoría general del olvido” y “El vendedor de pasados” son títulos de otras novelas del escritor quien, en “La sociedad de los soñadores involuntarios”, conjetura: lo único modificable es el pasado y es posible que todas las personas sueñen el mismo sueño para actuar sobre el futuro. De hecho, eso pasó en Luanda. ¿Ficción?

Más de una vez, yo misma he fantaseado en manifestaciones -sobre todo, en las de mujeres y en las de derechos humanos, esas donde nos contagiamos unas a otros de un común anhelo- con que, sin hablar, en un mismo momento, todas y todos decidimos caminar hacia la Casa Rosada y entrar.

Las personas comenzaron a atravesar las paredes: jóvenes con batuques; viejos cargando azadas y machetes; mecánicos, con los mamelucos sucios de aceite, muchachos macubás, con crines de cebra en la cabeza. Niños descalzos, hechiceros, soldados, estudiantes, pescadores. Y también nínfulas, vendedoras de frutas, de peces, ambulantes, cambistas, las antiquísimas damas, dobladas por el peso de la edad; mamás embarazadas, con un hijo en las espaldas y otro de la mano; cocineras, lavanderas y niñeras. Todas aquellas personas se quedaron allí, en el inmenso gabinete presidencial, girando como peces en un acuario; contemplando, con redondos ojos de asombro, las telas en las paredes y los armarios de puertas abiertas, dentro de los cuales se podían ver millares de bustos del presidente, en oro y plata; las cabezas embalsamadas de los antiguos facciosos y enemigos del pueblo, desaparecidos hace tantos años; botellones de vidrio llenos de pequeños corazones afligidos, todavía vivos y palpitantes y, al lado, globos de cristal donde flotaban, en un cielo tan azul como el de mi infancia en los días felices, los juegos por estrenar de las nínfulas y de los niños descalzos. -Está todo aquí –dijo una de las damas apuntando alrededor-. Todos los días que nos robaron. Comenzó a llorar. Lloraba y reía. Aquella dama éramos todos nosotros“.

Si alguien piensa que le acabo de spoilear la novela, sepan que no: después de esto, quedan aún algunas páginas para el final y la riqueza de la poesía sigue ahí, intacta, dispuesta “a enloquecer la realidad” de quienes se sumerjan en sus aguas y conozcan al “hombre que fue soñado por el mar”.

 

LA HISTORIA

“Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica.

El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo”.

Las ruinas circulares”, Jorge Luis Borges

Caos primordial, Hilma af Klint
Caos primordial, Hilma af Klint

Angola, al sur de África, fue colonia portuguesa hasta que la Revolución de los Claveles rojos puso fin a cuarenta años de dictadura en el país europeo. El régimen del Estado Novo había sido instaurado en Portugal en 1933, por António de Oliveira Salazar, quien jamás aceptó retirarse del trono. Unas enérgicas botas, dicen, eran parte insoslayable de su andar. Cuentan las lenguas- buenas y malas- que, un día de 1968, el dictador tuvo un accidente doméstico. Hay quienes lo refieren como una caída en la bañera y quienes aseguran que se cayó de una silla de lona, mientras el pedicuro le atendía los pies desnudos. En mi caso, me hago eco de esta última versión, imagino que su cabeza golpeó contra la fría baldosa a escasos metros de donde las botas, adormecidas, soñaban otros pasos por venir. Lo cierto es que, a pesar del derrame cerebral y de haber sido sucedido por Marcelo Caetano en el cargo de primer ministro, su entorno íntimo lo trató como a la máxima autoridad durante los dos años que sobrevivió.

Mientras tanto, en Angola, la lucha armada se intensificaba día a día. Desde mediados del siglo XX, se habían multiplicado las manifestaciones de resistencia al poder colonial. En 1956 se creó el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), encabezado por Agostinho Neto, de quien no tengo noticias acerca del calzado que usaba, pero sí sé que era médico y poeta.

(…)“El llanto de siglos / donde la violada verdad se consume en el círculo de hierro /
en la deshonesta fuerza / sacrificadora de los cuerpos cadavéricos / enemiga de la vida
cerrada en los estrechos cerebros de máquinas de contar / en la violencia / en la violencia / en la violencia (…)”.           

El poema es más largo, se llama “El llanto de África y tiene un antes y un después, entre los que se incluye esta exclamación:

“(…)¡Nosotros tenemos en nuestras manos otras vidas y alegrías / desmentidas por
nosotros en los lamentos falsos de sus bocas! (…)”.

En 1975, Agostinho Neto se convirtió en el primer presidente de Angola.

De dónde salieron los claveles rojos que adornaron uniformes, armas y balcones el día de la revolución portuguesa tiene sus versiones: de una boda que no llegó a concretarse, de un restaurante que no llegó a inaugurarse, de un cargamento que no llegó a exportarse. La flor nacional de Angola es la Welwitschia mirabilis, una planta de más de 1.500 años de antigüedad. Esta flor se caracteriza por dos hojas que crecen hacia el suelo en busca de frío y agua para sobrevivir a la adversidad del desierto.

Hossi Kaley atravesó el infierno como militar de la UNITA. Daniel Benchimol cree que todas las guerras nos aprisionan. Para él, la violencia no puede ser liberadora.

La colonización portuguesa desembarcó en el Congo en 1482. Sí, la fecha nos suena con diferencia de un número- una década- para situar el año en que Colón, a bordo de la carabela, divisó tierra americana. Angola se convirtió en un país proveedor de esclavos, de allí que gran cantidad de cubanos, brasileños y dominicanos tengan sus raíces en aquel país.

La guerra, dice un personaje de la novela de Agualusa, no terminó, solo duerme.

 

EL MIEDO

“El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él”.

“Las ruinas circulares”, Jorge Luis Borges

 

Siesta, Joan Miró
Siesta, Joan Miró

Karinguiri, la hija de Daniel Benchimol, se manifestó contra el dictador de su tiempo y fue detenida. Redobló la protesta con una huelga de hambre. Eran tiempos tecnológicos, claro, y el caso se viralizó. Ocupó páginas de los periódicos europeos y la intelectualidad progresista dio su inmediato apoyo. El dictador se negaba a liberar a los “revus”. La hija de Daniel, piel y hueso, supo de los sueños que cabían dentro de la prisión y escribió una carta a su padre, que pronto se convirtió en discurso político colectivo. Entre otras cosas, decía:

“El miedo destruye a las personas. Corrompe más que el dinero. Pero descubrimos que es posible combatir el miedo. ¿Cómo pueden ustedes tenerle miedo a un régimen que se estremece cuando siete jóvenes sin poder alguno levantan la voz?”.

Nada cuenta la novela acerca de si Karinguiri era poeta, sí le hace decir a Hossi que teme a los poetas porque son una especie de adivinos. Lo cierto es que la carta de la huelguista resultó inspiradora, al punto tal que toda la población se dispuso a soñar y soñó el mismo sueño que concluyó en libertad.

Lila Feldman  aporta nuevamente lo suyo: dice que, desde siempre, el sueño recorre todas las épocas y geografía. Así, el hombre está condenado a soñar sus recuerdos. El camino produce un interrogante acerca de la experiencia y el acontecimiento. Deviene la pregunta sobre de si es más verdadero lo sucedido en el sueño o en la vigilia. ¿De dónde se produce el saber? A modo de ilustración, ella cuenta que -para los tobas- el sueño no es privado, sino  parte de los procesos colectivos. En conversación con El Anartista y algún tiempo atrás, Moira Millan explicó que, para los mapuches, el sueño es un lugar de conocimiento por excelencia. La gran Liliana Bodoc solía relatar  una anécdota donde una mujer mapuche, en Chile, le contó que tenía tres cabras porque las había soñado, con la misma seguridad que cualquiera tendría por haberlas comprado. Por su parte y en su novela, Agualusa convoca a los chamanes que se ejercitan para soñar y comprender el mundo. Los define como aquellos que ven en la oscuridad y se maravilla con el poder de síntesis. Un poco antes, o un poco después, hace hablar a un personaje:

“Me acuerdo hasta hoy de una laguna de la cual saltaban sapos gordos, amarillos como limones. El que comía aquellos sapos comenzaba a hablar una lengua desconocida. Las personas querían hablar portugués o umbundo, pero sólo lograban hablar esa lengua. Se comprendían unos con otros. Nosotros, los que no quisimos comer los sapos, no entendíamos nada”.

Clarísimo el origen del miedo a los poetas. Largo tiempo atrás, Platón ya los había expulsado de la República por considerarlos imitadores que corrompían la percepción del mundo. Afortunadamente, la dueña de las cabras de Bodoc no se enteró.

 

LO DESPUÉS

“Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.”

“Las ruinas circulares”, Jorge Luis Borges

 

Giovanni Guida
Giovanni Guida

Si es cierto que el pasado -esa ruina en continuo movimiento que nos necesita para mantenerse viva y a la que necesitamos para vivir-  es pasible de ser modificado una y otra vez, podemos pensar que nuestro futuro está  en ese pretérito, en forma potencial, y que, a través de sucesivas combinaciones con nuestro presente – y nuestro soñar como acto creador-, podría devenir en un porvenir.

En el libro de Ryszard Kapuściński, “Un día más con vida, el periodista polaco relata los meses que pasó en Angola, en 1975, en tiempos de una de las tantas guerras libradas en el país. Al inicio, incluye una selección de proverbios latinos, entre ellos, el que dice: ”cuando llega el miedo, rara vez aparece el sueño”. En el transcurso, narra el calor, el olor, la sed, el exilio, la segregación, el desamparo del desierto y también la iridiscencia de primerísimos primeros planos de quienes hacían –y deshacían- cada centímetro de su territorio. Finalizada su estadía y la escritura del libro, agrega datos históricos sobre Angola. Por ejemplo, que la esclavitud representó el 90% de las exportaciones durante la primera mitad del siglo XIX; que, hasta 1962, la esclavitud persistió, entre otras, bajo la forma de trabajos forzados; que, en el año 2000, la guerra seguía, que el 90% de la población era analfabeta y que solo el 10% de los negros vivía en ciudades: la mayoría aún subsistía como campesinado, en condiciones de pobreza extrema.

“¿Usted cree que una única verdad puede volver real una ficción entera?”, se pregunta uno de los personajes de la novela de Agualusa, mientras otro “alarga los ojos por la playa y un árbol da carcajadas reclinado sobre un muro”. Antes, durante y después, los pone –a todos- a soñar.

Inés, una paciente de Lila Feldman, le dijo un día: “en el sueño me echaban de mi casa. Bueno, yo me echaba, porque la autora del sueño soy yo”.  Feldman, más tarde, parafrasea a Spinoza – “nadie sabe lo que un cuerpo puede”-  al decir que nadie sabe lo que un sueño puede. Potencia inconclusa en su perseverancia de ser ruina móvil, afectación presente y nueva creación. Una y otra vez.

Por otra parte y como nos movemos en tiempo y espacio, incluyo estos datos: en febrero de 2019, tras un proceso de 5 años, la homosexualidad dejó de ser delito en Angola,  aunque el cambio de sexo no está permitido y el aborto solo se garantiza cuando hay riesgo de vida para la madre o el feto y en caso de violación. El código penal prevé penas de entre 2 y 8 años de cárcel para otros casos de interrupción de embarazo, por considerarlos delitos.

Tengo la convicción de que la transformación colectiva persistirá en su sueño y, más temprano que tarde, se escribirá, otra vez, la historia.

Para este cierre convoco la voz de Agualusa, porque hoy, la nota es sobre su novela.

“Estaban allí desde hacía cuatrocientos años, seiscientos años, algunas hace mil años, uniendo el cielo al suelo con sus raíces profundísimas y derechas como tornillos. Los ancestros de aquellas plantas habían respirado el mismo aire que los dinosaurios. A seres tan antiguos nada les extrañaba”.

(*) En Marzo de 2019, en Córdoba, Felipe VI inauguró el Congreso de la Lengua Española junto Mauricio Macri. El Rey de España nombró a Borges como José Luis, mientras el presidente argentino celebró que los argentinos no hablen argentino, los peruanos, peruano y los uruguayos, uruguayo.




UNA MARIANA ANTIPAQUITALISTA

Rituales: Entrevista a Kekena Corvalán
Entrevista: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira
Edición: Lourdes Landeira

 “Todos huyen en su tonta carrera, incluso nosotros, pero hacia adelante. Nos fugamos hacia el porvenir, lo por venir, nos abrazamos con estos ojos desgraciados antes de lanzarnos al vacío. Pero, ja ja, trampita. Para nosotros el vacío es la cosa más completa que hay. No nos asusta dejar este afuera choto, puto, realista, sucio, piripipí, era lo que estábamos buscando”.
Historias de Cabeza Partida, Kekena Corvalán

 

Franca Ramos
Franca Ramos

Los ángeles, dicen, no tiene sexo; sin embargo, los nombramos masculinos. De hecho, tenía nombre de varón –Gabriel- el que le anunció a María, virgen y niña, que otro varón, autoproclamado padre de todas las cosas, la había elegido para ser madre de su hijo. ¿Pudo haberse negado cuando no fue ella quien concibió, sino que fue concebida por un otro? Alto costo debió pagar para ascender al reino de los cielos y trascender por los siglos de los siglos. Primero, el repudio del marido por un embarazo que no le pertenecía. Después, la protección de ese hombre en la tierra para parecer una familia tipo –nunca tipa-. Y no fue más que el comienzo. Faltaba que un rey celoso ordenara matar al niño -la profecía decía que el crío era una amenaza-. A eso, sobrevino el exilio en el desierto. Hubo de caminar las siete estaciones del vía crucis. Debió ser espectadora de la muerte de su hijo, la resurrección y su posterior retirada ascendente hacia el padre que una vez lo envió. Dicen que ella fue la madre del salvador, aunque no esté muy claro de qué cosa nos hemos salvado, luego de su paso por la tierra que todavía pisamos. Si María hubiera podido hablar, decir no y ser respetada, el plan divino habría quedado abortado. Al menos, ese intento con su vientre. Lo cierto es que la historia sería otra y la sangre, quizás, habría corrido por diferentes rías. Pero no menos cierto es que, sin la parición fundante de María, Kekena Corvalán no podría definirse una mariana. Y, como curadora de arte, elegir exponer una imagen de la santísima con el pañuelo verde de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, atado al cuello. 

 

ENTRETEJE, MARÍA

“Cubres con un canto la hendidura. / Creces en la oscuridad como una ahogada. / Oh cubre con más cantos la fisura, la hendidura, la desgarradura”.
“Los pequeños cantos, Alejandra Pizarnik

Queremos conversar sobre un paralelo entre la muestra del Conti, “Para todes, tode”, donde encontramos muchos cuerpos a los que les falta una parte -o que no se muestran completos- y el libro, “Historias de Cabeza Partida”. ¿Ese criterio de la parte y el todo es fundante en vos?

La recortada, de Susana Torres
La recortada, de Susana Torres

Sí, es súper importante. Creo que la fragmentación es un mecanismo creativo del campo del arte que, a su vez, lo toma de algo que sucede socialmente. Estamos más fragmentados y atomizados que nunca a nivel social. Sin embargo, mi visión no es apocalíptica. Está bueno en el sentido de que ya no hay un comunismo, un peronismo, un feminismo: el feminismo es los feminismos. La fragmentación es también una operación, un modo de construir sentido que hemos adquirido e hilvanado, en lo bueno y lo malo, con la postmodernidad.

¿Cómo se filian los fragmentos?

Justamente, el tema es que los espacios entre esos fragmentos no se llenan, los fragmentos no se unen y estamos como súper departamentalizados. Esto tiene que ver con la lógica del capitalismo: territorializar nuestro deseo desde ahí, sin que podamos asociar. En la muestra, el tema de los fragmentos se relaciona con la imposibilidad que todavía tenemos de reconstruir historias. Piensen cuánto luchamos para encontrar nietos y nietas, para reconstruir qué nos pasó. Ahora, junto a un grupo de gente, pensamos en por qué no podemos construir la historia de las lesbianas de Montoneros. Todos sabemos que hay un montón, pero esto no forma parte de la historia. No existen tortas peronistas, mientras sí, putos peronistas.

¿Pensás que el atravesamiento católico puede tener que ver con esto?

Sí, porque las tortas somos mucho más revulsivas al sistema, seguimos siendo un tabú.

Entre las actividades de la muestra del Conti, Silvia Di Segni habló de la invisibilización de la homosexualidad de mujeres respecto a la de varones.

Lo mostró con mucha claridad cuando se refirió a Stonewall, la revuelta que se produjo en Nueva York en 1969, donde la comunidad gay se rebeló contra el hostigamiento policial. En la foto que trascendió como representativa de la lucha, se ve una línea de varones homosexuales manifestar y tirar piedras. Sin embargo, parece ser que la cosa la empezó una negra lesbiana, quien, por supuesto, no está en esa foto.

Le faltó ser judía.

Claro, carga una interseccionalidad. Entonces, me gusta lo del fragmento porque habla de nuestra propia imposibilidad, desde el cuerpo, de reconstruir la historia. Memoria y géneros están super ligados. Ahora, al menos, comenzamos a hablar. Yo tengo treinta años de peronista y antes no lo podía expresar, no imaginan cuánto me costaba decir: “Soy torta y soy peronista y para mí hay una fuerte ligazón entre la represión y todos ustedes, cabezas de termo”.

 

CON PECADO DEVENIDA

“Volver a hacer cuerpo con nosotras mismas es un feminismo cotidiano en el que se puede trabajar, a escala de nuestra carne, esta rabia que nos defiende. Restaurar la violencia del sexismo en toda su crudeza es la condición para transformar la rabia en política; pero, puesto que lo individual es político, sólo la rabia convertida en ética de sí, consciencia muscular, podrá liberarnos de una vida a la defensiva”
Manifiesto de Autodefensa femenina, Elsa Dorlin

Hablaste de la memoria y pensé en que alguna vez dijiste: “A mí me interesa esa demora del recuerdo en el cuerpo”.

Creo que es algo bien propio de la modernidad. Yo soy de una floración moderna, no posmo. Esto viene ya de la literatura, de Proust, qué sé yo. Y ese es también otro tema: “¿Cómo podés ser peronista y leer y citar a Proust?” Pero vuelvo a tu pregunta: el recuerdo se demora en el cuerpo. Yo lo siento, es una sensación táctil recordar, se dispara a partir de una correspondencia de algo que me entra por los sentidos y yo lo siento en el cuerpo, allí es donde el recuerdo se demora y está como latente. Haber recuperado el cuerpo es el gran logro de estas décadas.

¿Recuerdo y deseo se ubican de diferente manera en el cuerpo?

cris evaEstán en tensión permanente. Quizás, en el deseo, el goce se estanca, se atrapa en esa demora del recordar. Nos frena una nostalgia muy fuerte -que ya estamos superando- de la década pasada, la ganada. Y creo que por eso perdemos, porque esa demora nos sensibiliza a tal punto que nos hace perder el efecto de realidad o la capacidad de escuchar lo que está pasando. A mí me encanta, soy súper nostálgica y me junto con amigas a acordarnos de las doce leyes de género de Cristina. Incluso, con las chicas, pensamos en hacer remeras con la ley de Asignación Universal o, la de la jubilación del ama de casa. Y hay como un goce en eso. Yo, a veces, digo “che, basta de masturbarnos con nuestro símbolo sexual, Cristina. Basta de pensar en todas las cosas que nos dio”. Porque, al mismo tiempo, está todo lo otro que explota, aprovecha y territorializa esa memoria.

Aparte, si la memoria va solo para atrás, deja el presente al enemigo. ¿Hay algún modo de que la memoria propenda al futuro?

Sí, sucede cuando nosotros reescribimos la historia, la actualizamos y la leemos en lo que pasa ahora. Esto es lo más difícil. Les cuento un trascendido: al planificar la nueva campaña de Cambiemos, dicen, Durán Barba mandó a todo el equipo a leer “Teoría King Kong”. Y yo recuerdo cuánto tiempo estuve diciéndoles a los cabezas de termo “Che, ¿por qué no leen ‘Teoría King Kong’, por qué no leen un poco algo de género?” Y: “No, porque el feminismo yanqui, porque el feminismo europeo…”. Y resulta que este tipo, para quien todos somos King Kong, la tiene tan clara que los manda a leer para entendernos.

Ellos tienen muy claro cómo mentir, tiene un discurso. Y nosotros, ¿tenemos estrategias discursivas que oponer?

Nosotros no tenemos claro cómo mentir.

Entonces…

Hablar de la política del deseo es pararnos en un terreno que ellos también exploran, pero lo hacen desde la satisfacción como concepto: “En todo estás vos”, “Esto es para vos”, “Ahora estamos todos juntos, se terminó el conflicto”. Que te digan, “Vos estás en todo lo que hago”, justo cuando algo me falta, genera la ilusión de una reparación. Pero es mentira. Nosotros necesitamos afirmar la política del deseo y ser oponentes desde un lugar colectivo. Y, sobre todo, desde el lenguaje; debemos sostener el todes, el decir las cosas como son, el “No nos calmamos nada, yo no me calmo nada y te lo digo antes que me lo pidas, porque estoy podrida que me digas que me calme.” Se trata de tener una cosa mucho más beligerante desde el discurso.

 

CREA Y SONARÁ

“El feminismo es una aventura colectiva, para las mujeres pero también para los hombres y para todos los demás. Una revolución que ya ha comenzado. Una visión del mundo, una opción. No se trata de oponer las pequeñas ventajas de las mujeres a los pequeños derechos adquiridos de los hombres, sino de dinamitarlo todo”
Teoría King Kong”, Virginie Despentes

¿Cómo ves lo que sucede hoy con el feminismo, el lenguaje y las nuevas generaciones? Dentro de eso, me interesaba enfocar en el “significante granada”.

Golondrinas-RAE-luchando-lenguaje-Academia_EDIIMA20171031_0805_5El término “todes” no es en verdad una palabra, dado que carece de un contenido, de una definición. Sin embargo, funciona más como significante. Pienso en el efecto de la explosión y lo que allí detona es la “e”. Conceptualmente, cuando la gente lo escucha, lo reconstruye en un segundo momento. Pero, al hablarle con la “e”, salta. Eso es un significante granada, hace estallar montones de cosas asociadas con ese sonido.

¿Por qué no es una palabra? Tiene su sentido poético.

Y tiene sentido comunicacional, lo que le falta es un sentido gramatical. No está en el léxico del español.

¿Y no vale igual como palabra, desde esos otros niveles no gramaticales?

Sí, pero, ¿por qué digo significante y no digo palabra? Porque no es un vocablo aceptado, es un vocablo disruptivo. Todo esto lo dije antes de que la RAE declarara que estaba repensando el “todes” y antes que Página/12 sacara una nota sobre el lenguaje inclusivo. Yo soy licenciada en Letras y tengo este debate con colegas que me han dicho: “Che, ¿hacía falta que pusieras una cosa tan fea como todes?” Me lo cuestionaban desde lo estético, pero es una cuestión ideológica. Tienen una represión con que yo diga todes. ¡Funcionaba como una granada! Donde yo la ponía, explotaba y algo producía. Y también actuaba como granada, porque atomizaba: ¿vieron cómo se forma la granada, tanto la fruta como la bomba? Además, en la iconografía, sobre todo en la renacentista, la granada es el símbolo de la pasión. Hay muchas imágenes de Cristo con una granada porque el tipo se la va a jugar: está la virgen de la granada, con el niño y una granada, porque sabe que el pibe la va a pasar re-mal y ella lo va a tener que entregar y sacrificar por todos. Por otra parte, lo del todes funcionaba muy bien entre las pendejas. Eso fue lo que me mató, porque yo me sentía muy sola para llevar adelante cuestiones legales, estaba re-bajoneada porque me podía comer un juicio. Pero luego salía a la calle, me paraba alguna piba y me decía: “Che, ¿vos sos Kekena? ¿me puedo sacar una foto con vos?”. Era una cosa muy fuerte: había calado por el “todes” en las pendejas, quienes más lo usan. Yo nunca lo había usado, como Cristina, siempre dije “todas y todos”. Hasta que un día sucedió este diálogo:

- ¡Pero estás dejando a les no binaries afuera!

- ¿Y quiénes son les no binaries?

- Yo, que soy tu alumna.

-Tenés razón. Vamos a decir todes.

Y ese todes es un símbolo de rebeldía de las pibas que condensa muchas cosas, más allá de su posibilidad de sentirse lo que quieran a nivel género. Condensa un rechazo hacia nuestra cultura, nuestros estigmas, nuestra mierda, nuestra política y nuestros políticos. Entonces, es un significante granada.

 

CAMINANTE, SÍ HAY CAMINO

“Quien porta negritud, quien porta mapuchidad, quien porta judaísmo vuelve a su casa y ahí tiene un abrazo. Nosotras estamos conscientes que el territorio de guerra es la heterosexualidad, porque volvemos a una familia heterosexual que te va a castigar por oponerte a lo que la heterosexualidad quiere. El patriarcado es el capitalismo y sólo en la medida que no lo ataques podés ser funcional y trabajar.”
Travesti / Una teoría lo suficientemente buena”, Marlene Wayar

¿Por qué te sentías tan sola?

Al principio, cuando inauguré la muestra, fue como complicado. Recibí muchísimas amenazas por Facebook, insultos, algunos muy divertidos, del tipo de “Yo no te deseo el mal, yo te perdono lo que hiciste porque soy cristiana, pero vas a arder en el infierno vos y tus hijos si los tenés. Aunque dudo mucho que los tengas, porque una persona como vos es estéril”.

¿Qué es lo poético para vos?

Un estado de opacidad de lo claro, de lo luminoso, de lo que trata de echar luz y se hace opaco. Yo puedo decir que veo algo, pero no el todo. Lo poético es lo que se percibe por la piel. Eso es lo que tiene de potente, de inexplicable y de intraducible.

¿Dónde ves eso hoy, fuera de la literatura?

Es muy difícil. Personalmente, en las marchas y en la lucha, lo veo cada vez más. Camino por la calle un 24 de marzo, se me cruza alguien, me mira a los ojos con amor y ese amor no es el de la mirada en un boliche, cuando quiero ver si paso un rato lindo, es mirarse a los ojos y decir: “No sé quién sos, pero qué bueno que estás acá”.

¿Cómo es esa experiencia física de las manifestaciones?

Es absolutamente placentera, emocionante, poética. Yo me salvé de morir de una enfermedad terminal porque salí a marchar todas las semanas en estos últimos tres años. El macrismo me pegaba la patada en el estómago y yo decía: “¿Quién marcha hoy?, ¿los judiciales? Ahí voy”, “¡Pero son judiciales!”, me respondían. “No importa ¿dónde me sumo?”.

¿Es por eso lo de curadora y curandera, con que te nombran?

Franca Ramos
Franca Ramos

Claro. Curandera me pone la artista de la virgen, que se llama Coolpa. Y curandera de fachos me lo ponen Juli Zárate y Loreley Unamuno, quien tiene un apellido muy caro a la militancia montonera. Lo llaman la contraofensiva del deseo. Loreley es una directora de cine feminista; Coolpa, una artista visual feminista. Juli, una militante del Movimiento de Mujeres Audiovisuales. Que estas tres pendejas de treinta años digan esto, es la política. Hace pocos días conocí personalmente a Loreley y nos dimos un abrazo del que no nos podían despegar. Entonces, ahí está la cosa, yo me tranquilizo y siento que estoy en buen camino solamente cuando estas pendejas, cuando estas mujeres, me quieren, me adoptan.

 

AMOROSÍSIMA IMPUREZA

“Era un lugar de encuentro entre viajeros perdidos en la historia, un salto de ascensión igual que una vorágine de luz hacia las nubes, la exacta coincidencia de dos vuelos en una sola sombra sobre el agua. Era como mirar el mismo panorama que miraría Dios”.
Amor, Ch’anullo amato amar perdona”, Olga Orozco

¿Con ellas formás el ejército de amantes?

Ahí tenés una consigna que yo saqué de algo que vi en internet: un ejército de amantes no puede perder. Hay un ejército de odiantes, que todo el tiempo dice las pelotudeces que tenemos que escuchar en estos últimos tres años. Y, frente a eso, está este ejército de amantes que no va a perder. Ahí está lo poético y la manera de contestar desde la palabra. Quizás el ejército académico quede afuera del ejército de amantes, si adscribe a las fuerzas de control y no a las de la orgía. Quizás la academia lleva la teoría queer y la fosiliza, la maneja, la disecciona, la pone al servicio de Durán Barba -sin quererlo-.

Puede pasarle eso al feminismo, ¿cómo nos preparamos para contrarrestarlo?

Sí. Y nos preparamos para eso al ser cada vez más amorosas, cuidándonos, deconstruyéndonos. Acá hay algo clave, un gran ejercicio, que es sacar los privilegios. Yo tengo que perder los privilegios de académica y de blanca y de mina de clase media, de padres que pudieron mandarme a estudiar. Soy lesbiana, está bien, pero soy una lesbiana blanca, tengo privilegios. Y no soy una lesbiana masculina, no soy la Higui, a la que quisieron violar para corregirla, aunque también tengo mi historia de intentos de “corrección” por la fuerza. Ninguna de nosotras está exenta de la violencia sexual en este sistema. Hay entonces un laburo de abandonar los privilegios reales. Hay conferencias en las que tenés tres varones bilógicos que abren el evento, pero no tenés una negra, una villera, una riojana, una trans o una travesti. Esa mezcla de académicas llenas de privilegios, que viajan y hacen papers con nosotras, con nuestra miseria y nuestra discriminación como objeto de sus sueldos. 

Pensaba si esta no es la batalla posible hoy contra el capitalismo.

Sin duda.

Cómo feminista, ¿sos anticapitalista?

Soy antipaquitalista.

¿Qué vendría a ser?

Argument, Sally Smart
Argument, Sally Smart

Una paqui es una heterosexual que cree que todos sus problemas son porque existimos las lesbianas. En un punto, es una heterosexual que no quiere perder sus privilegios. Y ya tenemos que decir, también: una feminista que no quiere perder sus privilegios.

Un compañero peronista nos decía que el peronismo es capitalismo con distribución social.

Yo creo que eso ya no existe. Quizás en la época de Perón, pero ya no existe.

¿Se puede pensar que esto es lo posible, pero no el horizonte?

Ni el horizonte ni lo compatible con lo que yo deseo. Una no va por la moneda o para sobrevivir. Una va por todo para todos, para todes, tode, una va y sabe que habrá fracasos y que no me la van a entregar, porque nadie quiere perder sus privilegios, especialmente, los peronistas varones. Igual, a mi entender, de todos los sectores, el peronismo fue el único movimiento que se cargó la historia de este país, y que se apoya en la contradicción, no en la utopía. Yo me apoyo en mis propias contradicciones hasta que las pueda resolver. Bueno, el peronismo me da acogida. Yo estoy cercana al Movimiento Evita y la mitad son pañuelos celestes. Estoy todo el tiempo lidiando con esa contradicción. Lo debato, lo discuto.

¿Sentís que hay desprecios?

No, no. De hecho, en los barrios de los pañuelos celestes, está la rescatista del Evita, la del pañuelo verde que ayuda a abortar. Pero también hay un doble juego vinculado a esa atomización, a esa alienación. El lado negativo de la atomización es que, en términos marxistas, nos alienamos: yo pierdo de vista qué estoy fabricando cuando fabrico este pedacito de cucharita, cuánto sale esta cucharita. En ese sentido, hay una producción, alienada. Ese es el lado complicado de la atomización.

 

SIN PENAS NO HAY PARAÍSO

 “Nuestras manos que son groseras y están llenas de palabras. – Resiste que te diga que Dios no es bello. Y eso porque Él no es un resultado ni una conclusión, y todo lo que encontramos bello lo es, muchas veces, sólo porque ya estaba terminado. Pero lo que hoy es feo será, en algunos siglos, visto como bello, porque habrá completado sus movimientos. No quiero más el movimiento completo que en verdad nunca se completa, somos nosotros los que por deseo, lo completamos”.
La pasión según GH”, Clarice Lispector

¿Cuál es la silueta de los fragmentos? Si pensás en una constelación, son fragmentos separados por vacíos, pero alrededor va el contorno de la constelación. ¿Nos estamos ocupando de esa silueta?

Me parece que no. Por el momento y muy a pesar de lo que creemos, tenemos todavía que atomizarnos más. Cada vez es más difícil salir de este atolladero político, es muy difícil poder reunirnos, no hay un liderazgo.

¿Lo necesitamos?

Podríamos pensar que es lo único que sabemos hacer. Quizás haya que aprender cómo salir de esto desde otra matriz. Pero, en este momento, pensamos que la única que nos saca de esto es Cristina. Y Cristina está muy complicada para presentarse. Quizás estamos discutiendo en los términos que nos enchufan, no sé. Hay mucha gente que piensa que Cristina tiene que descansar y disfrutar la vida, yo misma lo pienso.

¿Y no deberíamos tener un plan B?

Bueno, la atomización es justamente esa imposibilidad de pensar un plan B, porque no hay una persona. Yo votaría pibas, llenaría el Congreso de pibas que se equivoquen, que hagan.

Antes hablabas de la calle y de la lucha y ahora de esta tensión en el peronismo. El tema de este número es los rituales, ¿cuáles son los rituales de los que participás?

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Franca Ramos

Una cosa nos enseñaron las pibas de la marea: llevar el debate a todos lados. Si hay un ritual que llevar, es no rehuir la discusión por el miedo de que la discusión sea sinónimo de grieta y de terminar a las trompadas. Hay que insertar la discusión en todos lados. Se llevó al Congreso, a las iglesias, a las aulas, a la calle. A lugares impensados antes. Yo entraba a la iglesia y pensaba que no se podía hablar allí de aborto y lesbianismo. Ahora entro y hablo en todos lados.

 

¿A quién considerás un enemigo?

Hay enemigos. Y, como diría Perón, “al enemigo ni justicia”. Están los milicos genocidas, los fachismos discriminadores… Fuera de esas cuestiones, yo me siento a hablar con todo el mundo.

¿Y un militante convencido del PRO?

No conozco a ninguno. Tengo amigos del Pro, pero no conozco ningún militante convencido. Y con todos trato de entrar en la lógica del amor. Yo voy por el convencimiento epidérmico: tocar, agarrar al otro y terminar por decir “Bueno, no estamos de acuerdo, pero coincidimos en algún punto”.

Hay un 30% de la población que está de acuerdo con los privilegios, ¿ese no es un enemigo?

Sí, lo es. Es el privilegiado que no puede deconstruir ese lugar, aunque se lo hagas notar. Los que te dicen “esto es así y está bien que sea así, porque alguien tiene que laburar y alguien tiene que disfrutar”.

Y, desde el lugar de la política del deseo, de lo amoroso, ¿cuál es tu posición respecto del punitivismo?

Pienso que la cárcel no sirve para nada. En todo caso, es un elemento más de reproducción y disciplinamiento del patriarcado y del delito también. Se podría pensar en otro régimen, algo que considere la problemática y en una formación que empiece a deconstruir a la propia fuerza. Creo que, a partir de cierta edad, es muy difícil modificar la cabeza de un tipo que está tan metido en esa matriz. Un tipo que viola, por ejemplo, es muy difícil que salga y no vuelva a pensar que tiene derecho a violar. Hay como una microfísica muy metida.

En Salta vi un grafitti que decía “Educación laica, gratuita y feminista”.

Creo que, si vamos sembrando por ahí, a la larga es posible que nuestros hijos o nuestros nietos empiecen a aflojar en sostener privilegios y en repensar estos micromachismos.

¿El violador es sostenedor de privilegios?

Sí. Y eso se puede deconstruir, porque no creo que sea una compulsión biológica. En todo caso, creo que el violador es irrecuperable porque lo tiene muy metido. El tipo es controlable, pero hay que mirarlo todo el tiempo. Claramente, no es una adicción, aunque hay cosas parecidas a un adicto. Hay que laburar ese lado. El día que socialmente esté mal visto para un tipo ser menos macho por violar, se va a dejar de violar. Pero, mientras al hombre se le diga, “Si sos macho, te tenés que imponer porque a la mina le gusta eso”, bueno…

El no violador lo reproduce de algún modo.

No lo cuestiona, por lo menos.

Una pregunta posible es por qué un violador no sería recuperable y un ladrón o un adicto sí.

Sí, es una buena pregunta. Creo que hay que armar un programa de acompañamiento con esa persona, como el de cualquier adicto o de cualquier persona que pasa una situación de mierda y no la puede resolver sola.

¿Habrá gente preparada para esto?

No la hay, ni hay una estructura amorosa que pueda sanar a ese tipo. Yo no tengo una actitud mata-hombre, al revés. Creo que, sin el tipo, esto no se soluciona. Nos empecinamos en dejarlos afuera, y se trata de que empiecen a renunciar a sus privilegios.

 

SANGRE NUESTRA QUE ESTÁS EN LAS CUERPAS

“Como esas cicatrices pálidas que un esfuerzo vuelve de pronto rojas, la cara de su abuela se iluminaba en su sangre. Apenas la conocía y sin embargo estaba viva en ella. Su abuela oscura y sin canas, muerta a los cien años, sabia en terribles palabras”.
“Enero”, Sara Gallardo

En tu libro, es interesante la estructura de mamushkas que usás entre tus personajes, la madre dentro de la hija, dentro de la vieja, ¿qué es lo ancestral para vos?

Es una memoria colectiva,artfeminism casi atávica. Creo que hay una memoria colectiva y ancestral que viene en nuestra cultura desde la panza de mamá. Lo ancestral es sentir que pertenezco a algo más fuerte de lo que me parió.

¿Esa es la presencia de nuestros muertos?

Es la presencia de nuestros muertos, la presencia que hace que sigan vivos acá con nosotros, que nos acompañen.

Un escritor africano nos decía que todos tenemos huellas en nuestra sangre, ya no de nuestros abuelos, sino de todos los que existieron antes que nosotros en este universo.

Qué bueno eso.

 

SÍ, TE CREO

“Un algo de lo que se expone vive en la intimidad de talleres, centros culturales, rutas, calles y patios de escuela… Un gesto amoroso, y, por tanto, potente y político, colecta y reúne, resitúa e interpela. Estaremos aquí para contarnos, para tenernos en cuenta, en la doble escala a la vez: asamblea y mesa de cocina, gestionándonos y encontrándonos desde las historias que ya estamos haciendo y que son nuestras”.
Fragmento del texto curatorial de la muestra Para todes, tode, Kekena Corvalán

¿Cuáles de las obras de esta muestra quisieras comentar?

Santuario de Tortas, Maricas y Travas, de Lucy Bruniard
Santuario de Tortas, Maricas y Travas, de Lucy Bruniard

Las más polémicas, las que más molestan. Hay una que es una santificación de elementos paganos y que molesta también dentro de lo pagano. Gente de la academia me dijo “Pero ¿hace falta que pongan un académico como un santo y acudan al simbolismo religioso?”. Esos lugares de hibridez que son los que más molestan a la academia, donde no puede insertarse.

¿No te da un poquito de goce esto último?

¡Sí! Muchísimo, porque la academia es la cosa más reaccionaria que hay.

¿Y esta obra?

Arde Mami, de Jessica Beard
Arde Mami, de Jessica Beard

Esta me gusta mucho porque está hecha con cestería. Hablando de lo ancestral, la cestería es una práctica que se transmite desde los primeros días. Estas pibas ven la cestería hecha en la calle, en el mismo lugar donde las mujeres tejen. Y es como un aborto la cestería, ¿no? Hay una idealización de la artesanía y, en muchos lugares, el aborto es una artesanía. Hay como un mix en esa obra entre los abortos domésticos, la cestería como un elemento doméstico de dominación, porque es considerada una artesanía menor -como el aborto clandestino-, y esta cosa del cuerpo mutilado, del bebé roto. Es como mostrar el resultado de un aborto.

 

Confesionario Masturbatorio, de Mara Verena
Confesionario Masturbatorio, de Mara Verena

Esta otra es muy literal.

Sí. Esta chica es una escultora hermosa. Ella dijo “Acá tienen una escultura, yo hago estas cosas”.

Un Duchamp.

 

Pañuelo Celeste, De María Pichot
Pañuelo Celeste, De María Pichot

 

 

 

Totalmente. Y esta otra es de María Pichot, una luchadora contra la violencia obstétrica, que es la referencia celeste, el pañuelo celeste. Es como muy revulsivo, la gente no se lo banca.

 

¿Fue gente de pañuelo celeste a ver la muestra en la ex Esma?

Sí. Delante de la virgen se juntaban a rezar el rosario. Era muy divertido. Yo escribía a la gente del lugar y preguntaba, -“¿Cómo está todo?” -“Y, hoy no vino nadie a rezar”. Un tipo fue y estuvo como dos horas tirando agua bendita, mientras hacía como unas fórmulas satánicas. Fue genial. Alguien le pegó a la virgen un cartelito que dice “María, tu madre siempre te protege”. Ese lugar de cuestionamiento, ese símbolo, es algo súper molesto. Que yo dijera que no lo pienso mover, que hay libertad de expresión y, en una entrevista, que tengo formación católica y que la virgen María es un personaje muy querido para mí, ¡eso armó un quilombo…! Pero, ¿por qué no puedo querer a una virgen abortera? Y me empezaron a decir “¿Pero vos sos mariana?” Pero claro que soy mariana, ¿cuál es el problema de ser mariana? ¡Si la virgen fue una pobre víctima en la historia! Era niña, fue violada por un rayo, ni se enteró, se tuvo que bancar ese pibe, vivir con un viejo que no quería, que le mataran al hijo. Déjense de joder, no la pasó bien. ¿Qué madre del amor? ¿Por qué no la reivindicamos? Y ahí se armó otro quilombo.

¿Por qué te llaman Kekena?

Es un apodo. Me llamo María Eugenia.

¡Sos María! (Risas)

Claro. Soy de una familia católica. Tengo un primito al que no le salía decir Eugenia y, bueno, desde mis tres años, soy Kekena en todas partes.

¿Querés contar algo de la situación del Conti?

Como ustedes saben, el Conti está desfinanciado. En este momento, además, hay un tema muy fuerte de censura, se pidió que se sacaran mi nombre y mi imagen de las cosas educativas del Conti. La iglesia, que se arroga el lugar de la educación y el adoctrinamiento, no soporta que yo pueda estar haciendo algo educativo. La situación en el Conti es de muchísima presión hacia los trabajadores y de muchísima amenaza de inestabilidad, de cierre… Hay proyectos para hacer un shopping y dejar unos pocos espacios de memoria al estilo del Buen Pastor, en Córdoba. Esos proyectos cada tanto se reflotan. Y ahí están los pibes aguantándola. Hay gente muy hermosa, muy fuerte y muy poderosa que banca la parada para que esto no pase. Como ellos mismos dicen, esta gente se va a ir y nosotros vamos a seguir acá y vamos a reconstruir esto otra vez, porque siempre estuvimos. El Conti se convirtió en un lugar de resistencia.

La virgen abortera, de Coolpa
La virgen abortera, de Coolpa

La muestra “Para todes, tode” se lleva a cabo en un espacio de memoria, en la Ex Esma, donde todavía resuenan los ecos y vibraciones de los y las torturadas y desaparecidas por la última dictadura militar. En plena capital del país, a la luz de una transitada avenida. La muestra es federal, se exponen obras de más de cien artistas mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binaries. La e es la letra que explota, dice la curadora. Y sobreviene la reacción, en pleno auge de la marea feminista, los grupos conservadores quieren prohibir la exhibición de la obra. No lo logran en el primer intento. Pero, finalmente, un juez dispone que la virgen sea encerrada en un cuarto, donde no se permita el acceso a menores de 18 años. El secretario de Derechos Humanos de la Nación decidió no apelar y que la medida sea. Ahora la virgen abortera sale en la pantalla de la televisión para todo público y el próximo 28 de mayo peregrinará por las calles porteñas, cuando el proyecto de legalizar la interrupción voluntaria del embarazo vuelva a irrumpir en el Congreso, de la mano de décadas de lucha y movilización popular. Ese día, las paquitas, lo mirarán por TV. En el Conti, mientras tanto, la virgen viste, tras los muros, el color de la esperanza, custodiada desde afuera por otras identidades paganas santificadas por su rebeldía ante cualquier totalitarismo. ¿No sabías quiénes eran las paquitas? En esta conversación con Kekena Corvalán, te enteraste de eso y mucho más. La curadora curandera, con el revoloteo circundante de ángelas creadoras, se pronuncia en nombre propio –también se llama María– y colectivo.

Kekema Corvalan con el Anartista.
Kekema Corvalan con el Anartista.




INCUMPLIR AÑOS

Lecturista: sobre los poemas de Mía Couto, “Saudade” y “Edad”.
Por Lourdes Landeira

 

HUELLAS

Me pregunto si es posible pensar la edad, esa que cada año calendario se transforma en un número nuevo con el soplar de una velita más, como un plano fijo en términos spinozianos.Huellas
Comencemos por decir qué entendemos por plano fijo. Es todo lo existe, es el infinito y por eso, por ocupar la totalidad, está quieto. Es una quietud que no le impide modificarse, porque adentro sucede la alquimia y “Dios es una sola sustancia con infinitos atributos”, dijo Baruch Spinoza, en el siglo XVII. Pero esa edad –sustancia-, al mismo tiempo que todo lo ocupa, no está terminada, continúa en su perpetuo devenir.
Entonces, mis 52, que muy pronto se transformarán en 53, no dejarán de ser, no estarán perdidos: formarán parte a la vez que contendrán las inconmensurables huellas que han transformado y van a transformar mi cuerpo durante el espacio de tiempo en que por él transite la vida.

EL GRADO CERO DE LA EDAD

¿Cuál es el momento 0 de mi cronología?
El instante en que fui expulsada –o me expulsé- del vientre de mi madre, no lo es si, como dice el africano Ondjaki en un pasaje de su novela “Los Transparentes”: “los jóvenes llevan viejos dentro de ellos… de tiempos más antiguos que ya sucedieron. Cuando nacemos, ese tiempo cae dentro de nosotros… y, en la vida, como en los días de la infancia, nunca estamos solos…”

¿Es entonces mi edad ese infinito completo e inmenso en el que me abrevio? Lo itálico de la caligrafía remite a otro africano, también contemporáneo, Mía Couto: “cuando me encendí/fue en laRufino Tamayos abreviaturas del inmenso”. El verso es el final de su poema, “Edad”, del libro “Vacante y llamas”. No tengo información acerca de si Couto leyó a Spinoza, pero yo creo que sí. La elección de la palabra abreviatura, sin duda, remite al mínimo recorte de algo que contiene al todo.
Porque yo no vivo por extenso./Sólo fui la Vida/en relampejo del incienso”, dijo en el verso anterior. Y, claro, se confirma la hipótesis, su extensión –el atributo de extensión, en la filosofía de nuestro ya amigo Baruch- es inescindible de su todo: la inmensidad se manifiesta y se reedita en el relámpago de su cronología.
“Mente el tiempo:/La edad que tengo/Sólo se mide por infinitos”
Así comenzaba el poema y, de ese modo, se clausura cualquier duda: presente, pasado y futuro no se disponen solo en la rígida línea de la cronología. También se contraen en destellos de infinito, donde la edad ocupa la totalidad de su poema, es decir, un punto. A decir verdad, está toda ella en un punto y también en cada verso: Sucede y transcurre a la vez.

EL PRISMA LECTOR

Las ideas de Spinoza son un prisma desde donde leer cada aquí y ahora. La potencia singular de cada quien varía según el grado de afectación a cada momento. Arriesgo vislumbrar lo escrito en las líneas anteriores en otro poema del mismo autor, “Saudade”, del libro “Traductor de lluvias”.
Esta vez, comienzo por el principio. Y encuentro que la magia empezó a moverse. El poeta extraña los días del más allá de su transcurso:
“Qué nostalgia/ tengo que nacer/nostalgia/de esperar por un nombre/como quien vuelve/a la casa que nunca nadie habitó”

Chiharu_Shiota

¿Qué tipo de nostalgia es esta, tan inaugural? Un doble movimiento de tiempo: desde un hoy corporizado a un ayer casi vacío. Y digo casi, porque la nostalgia se repite. Hay una de nacer y otra de esperar un nombre. Una nostalgia de presente y una nostalgia de futuro. Entonces, ¿estamos ante una nostalgia no nostálgica? Queda abolida, así, la fuerza tremenda que tironea hacia atrás en la cinchada de la cronología. Abolida, del mismo modo que Spinoza suprime la profundidad: Para él no hay más que superficie. Pero en la superficie nada es “superficial”. Está el plano fijo (Dios, hecho de infinitos atributos). Y no hay diferencia entre dios y los atributos. No hay creador y criatura. El creador es sus criaturas. Y todo lo que está hecho de atributos (el hombre tiene dos, extensión y pensamiento), se extiende, deviene, se entrelaza. El rizoma es la figura que resulta: las ramas se entretejen de modo tal, que no hay origen ni secuencia, queda el plano, a nivel de superficie en donde ellas se mueven.
Inmediatamente, la voz de Couto:
No necesitas la vida, poeta./Así hablaba la abuela/Dios vive por nosotros, sentía./Y regresaba a las oraciones./La casa volvía/al vientre del silencio
Y daba la voluntad de nacer”.

El poeta es  grande  al regresar a sus versos y la abuela lo es, entre sus oraciones. Cada quien, como diría Baruch, a perseverar en lo que es.

NOSTALGIA DE HORIZONTE

Pero no siempre disponemos de toda la potencia que somos. Entonces, llega el verso:
“Qué nostalgia/tengo de Dios”
Como quien dice, nostalgia de ese futuro nombre que el verso promete, nostalgia del renacer. Nostalgia de oración, que es rezo y también unidad semántica de todo relato. Las cinco palabras condensan la intuición de la eternidad, travestida de infancia y silencios de antes y después. chiharu-shiota10
¿Qué significa, entonces, cumplir años? Una edad no es un número. Y una cifra no comprende a una edad. Ni la incluye ni la entiende. Libre, en la totalidad, la extensión de mi recorte se expande fuera de los límites de cualquier moral y me intuyo ética y alegre, en cada aquí y ahora.




CONSONANTES

La sospecha: Sobre la marcha del orgullo LGTBIQ (lesbianas, gays, trans, bisexuales, intersex y queer).
Por Florencia Paz Landeira, Adrián Landeira, Lourdes Landeira

 

SIGLADAS

 “La historia, es un lenguaje?

Tiene que ver este lenguaje con el lenguaje de la historia
o con la historia del lenguaje /
en donde balbuceó /
tiene que ver con este verso?
lenguas vivas lamiendo lenguas muertas
lenguas menguadas como medias
lenguas, luengas, fungosas:este lenguaje de la historia / cuál historia?
si no se tiene por historia la larga historia de la lengua”

“Tuyú”, Néstor Perlongher

Las letras se suceden desobedientes ante lo impronunciable y forman palabra firme, siempre capaz de albergar una consonante más que insista en hacerse oír. Lgtbq. I, se cuela una vocal para decir lo suyo. Cada una sintetiza infinitas historias de vida, de corporalidades y posiciones en el mundo, de identidades fuera de la norma, señaladas y sospechadas. Todas juntas cuentan la historia de una lucha colectiva y de formas de organización política que, desde hace décadas, cuestionan dos ejes estructurantes de opresión en nuestra sociedad: la heterosexualidad obligatoria y el binarismo de género.

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El movimiento LGTBIQ en Argentina habilitó pensar las sexualidades en su carácter dinámico, múltiple y variable, como un campo de acción política. Se lanzó a problematizar las relaciones de poder que inciden en las normas, en los vínculos, en las prácticas, en las clasificaciones y en las posibilidades de libertad y de ejercicio de derechos. El eje enfatiza la diversidad, pero también la desigualdad. Desde el final del siglo XX y hasta hoy, colectivos organizados en torno a la diversidad sexual y de género visibilizaron la valorización jerárquica que define a los cuerpos y a las sexualidades y marca las fronteras entre lo legítimo, lo saludable o “normal” y el resto.

La marcha tiene nombre: orgullo. Y, cada año, pone a circular consignas que exigen equidad para las sexualidades no hegemónicas, invisibilizadas y estigmatizadas. Es decir, aquellas que no se corresponden con el modelo de heterosexualidad dominante y con la estabilidad impuesta entre el sexo asignado al nacer y la identidad de género. Es justamente desde el orgullo que este movimiento ha puesto en jaque a dos de los discursos más poderosos de nuestras sociedades: el religioso y el médico. Mientras el primero se ocupó de definir a las identidades y prácticas sexuales que se desviaban de la heteronorma como pecaminosas, el segundo las clasificó patológicas. Así, se constituyeron en identidades sospechadas; una amenaza para el orden social y moral establecido.

El silencio se pronunció, hubo y hay respuesta contra el ocultamiento.

 

HISTORIADAS

“Era ver contra toda evidencia
Era callar contra todo silencio
Era manifestarse contra todo acto
Contra toda lambida era chupar
Hay Cadáveres”

“Hay cadáveres”, Néstor Perlonguer

En Argentina, el hito originario es “Nuestro Mundo”, el primer grupo político homosexual de América Latina, creado el 1 de noviembre de 1968. En pleno contexto dictatorial, “Nuestro Mundo” reunió a homosexuales trabajadores y de clase media baja que, liderados por Héctor Anabitarte del Partido Comunista, trabajaban en la clandestinidad. Tres años más tarde, en agosto de 1971, a partir de relacionarse con grupos de intelectuales, dieron origen al “Frente de Liberación Homosexual (FLH)”, que se proponía combatir “el modo de opresión sexual heterosexual compulsivo y exclusivo”, en el contexto más amplio de opresión social, cultural, política y económica.Las reivindicaciones principales giraban alrededor de la derogación de los edictos policiales y de la liberación de los homosexuales detenidos en la cárcel de Devoto, por culpa de la legislación que penalizaba la homosexualidad y el “vestir ropa perteneciente al sexo contrario”. Desde su formación hasta 1976, cuando comenzó la última dictadura cívico-eclesiástico-militar, el FLH publicó “Somos”, la primera revista homosexual de América Latina.images

En esos tres años de actividad, el FLH se acercó a los espacios de la izquierda peronista, con el espíritu de conformar una “ligazón entre la liberación nacional y la liberación sexual”, al decir de Néstor Perlongher, uno de sus principales referentes. La alianza resultó inestable y breve, porque la mayoría de las organizaciones políticas no estaban dispuestas a incluir las luchas de los homosexuales en sus banderas. Los protagonistas de la época recuerdan cánticos descalificantes al interior de dichas agrupaciones, como el: “No somos putos, no somos faloperos”. La negativa de la JP a la participación de homosexuales en sus líneas determinó la ruptura con esos espacios.

El golpe de Estado y la detención de Néstor Perlongher pusieron fin a las actividades de la organización. Si bien la vuelta a la democracia significó una mayor apertura para la movilización y la demanda, la persecución hacia el colectivo LGTBI continuó. De hecho, la “Comunidad Homosexual Argentina” (CHA) surgió en 1984, tras una razzia policial. En la década del 1990 que el movimiento LGTBI se expandió y comenzaron a proliferar organizaciones, ya no solo protagonizadas por varones gays, sino también por lesbianas y travestis. Fue justamente en 1992 cuando se realizó la primera Marcha del Orgullo, de la que participaron alrededor de 250 personas con máscaras y caretas por miedo a la discriminación. Ese año, la fecha elegida para realizarla fue el 28 de junio, en conmemoración de la “Revuelta de Stonewall”, resistencia posterior a una razzia policial , en el bar de ese nombre en la ciudad de Nueva York. Durante tres días, se pudo escuchar: “Estoy orgulloso de ser gay, lesbiana o travesti”. A partir de 1997, la Marcha del Orgullo se celebra el primer sábado de noviembre en conmemoración a la fundación de Nuestro Mundo.

CONSIGNADAS

“No es lo que falta, es lo que sobra, lo que no duele.
Aquello que excede la austeridad taimada de las cosas
o que desborda desdoblando la mezquindad del alma prisionera.
Mientras estamos dentro de nosotros duele el alma,
duele ese estarse sin palabras suspendido en la higuera
como un noctámbulo extraviado”

“El mal de sí”, Néstor Perlongher

Por la ruptura con lo preestablecido que propone, el movimiento es revolucionario. Y su manifestación se da tanto a través de la consigna como de la forma elegida para demandar.  El clima es de fiesta y de provocación y lo múltiple dice presente a través de las distintas estéticas en escena. La del orgullo, como tantas otras manifestaciones colectivas, también ha tenido sus contramarchas. Al interior de las organizaciones se han sucedido debates en relación a dónde poner el énfasis: si en lo más espectacular –la marcha incluye desfile, carrozas, disfraces-, si en lo más político –las banderas, los reclamos, los discursos-. Sin duda, ambas acciones son políticas y se retroalimentan. No hay modo de que cuerpos disidentes, desnudos –o casi- festejándose con orgullo entre la Plaza de Mayo y el Congreso Nacional no constituyan un acto político. Tampoco es posible que caminen solos, sin todas las consonantes y vocales entre las que se cuelan y reconocen identidades y sentires compartidos.

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En 2015 la convocatoria había alcanzado la participación de más de 200.000 personas. En este 2018, por primera vez en 27 años, se produjo una ruptura entre las agrupaciones que participan en la organización de la marcha. El motivo: desacuerdos sobre la visión acerca de la prostitución, un intenso debate que se viene dando en el feminismo y que puede resumirse en dos posturas enfrentadas: abolicionismo y reglamentarismo. El último noviembre, un nombre propio antiderechos –Macri- se inmiscuyó en las consignas que históricamente replican demandas de igualdad, respeto, educación, e inclusión y denuncian a la policía y a la iglesia.

La letra T de aquella sigla acumuladora introduce un quiebre: justamente, el grupo cuya presencia y visibilidad en las marchas parece ir decreciendo en los últimos años. Al mismo tiempo, varias localidades del conurbano bonaerense ensayan sus primeros orgullos zonales.

Cada noviembre la expresión volverá a tomar la calle. Y, contra toda sospecha, seguirá sumando cuanta disonancia quiera marchar.

LAS DEMANDAS DE CADA AÑO • 2018 – Basta de genocidio trans-travesti. No al ajuste, la violencia y la discriminación. Macri y la Iglesia son anti-derechos. • 2017 – Basta de femicidios a travestis, transexuales y transgéneros. Basta de violencia institucional. Orgullo para defender los derechos conquistados. • 2016 – ¡Ley Antidiscriminatoria, Ya! Sigamos conquistando derechos. • 2015 – Educación en la Diversidad para crecer en Igualdad. • 2014 – ‘Por más igualdad real: Ley Antidiscriminatoria y Estado Laico. • 2013 – Educación sexual igualitaria, libre y laica. • 2012 – Educación en la Diversidad para crecer en Igualdad. • 2011 – ¡Ley de Identidad de género, ya! • 2010 – Vamos por más, Ley de Identidad de género, Ya! • 2009 – Libertad e Igualdad de Derechos – No al Código de Faltas. • 2008 – Voten nuestras leyes. • 2007 – Nuestro festejo es reclamo: Igualdad. Libertad. Diversidad. • 2006 – Somos todos y todas maravillosamente diferentes. • 2005 – Queremos los mismos derechos. • 2004 – Toda la sociedad por el derecho a la diversidad. • 2003 – Vamos por todos nuestros derechos. • 2002 – Amar y vivir libremente en un país liberado. • 2001 – 10 Años defendiendo nuestra libertad. • 2000 – Orgullo de ser, derecho a estar. • 1999 – En la sombra de la hipocresía, a brillar, mi amor. • 1998 – Unidad a través de la diversidad. • 1997 – Celebramos la Vida con Orgullo, Repudiamos la Discriminación y la Violencia. • 1996 – La discriminación nos condena. La policía nos mata. Seguimos de pie. • 1995 – Vigilemos a la Policía. • 1994 – Visibles para ser Libres e Iguales. • 1993 – Iguales y Libres en la Diversidad. • 1992 – Libertad, Igualdad, Diversidad.




NEGROS HUMOS BLANCOS

Lo inesperado: sobre cómo dejé de fumar.

Por Lourdes Landeira

“La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos”. Antonio Machado

CON LA SOGA AL CUELLO

Llegó la fecha de cierre y no tengo nota. Es la primera vez que me pasa en cuatro años y, me sorprende, por inesperado.  Apenas lo escribo –conseguí prórroga para presentarla y me animo- me pregunto de dónde viene lo sorpresivo. ¿Por qué me pasa ahora, cuando escribir me es vital?

El interrogante me lleva a otra etapa-bisagra de mi vida. Yo f57a7_humofui una gran fumadora. Empecé como juego adolescente y pronto se convirtió en adicción atemporal. El cigarrillo iba conmigo a todas partes. Las fotos de ese gran periodo de mi vida lo demuestran. Suelo contar que había una sola ocasión cuando no fumaba: durante el baño. Y no porque no hubiese querido. Pasó que no logré encontrar el modo de mantener el pucho encendido bajo la ducha. Lo dejé antes de que la prohibición invadiera los espacios públicos y la condena, los privados.

 

LA DAMA DE CUATRO DÉCADAS

Cierto es que, en un momento, subir un piso por escalera cansaba en exceso a mis cuatro décadas. Decidí abandonarlo sin estar convencida de que eso sería posible. No lograba proyectar una imagen de mí misma sin el suplemento en mi mano o en mi boca. De acuerdo a lo esperado, fui a ver a mi médico de cabecera y le conté mi problema. Él me recetó parches y pastillas, compré ambas cosas con el descuento de la obra social –que prefería pagarme esos remedios antes que el futuro cáncer de pulmón- y volví a mi casa. Guardé todo en el placar, oculto bajo una serie de pulóveres de escaso uso. Cada noche, al acostarme, pensaba que al día siguiente dejaría el vicio y me convertiría en una persona saludable. Cada descargamañana, al levantarme, renovaba mis ganas de fumar y mi imposibilidad de sostener la decisión del final de la jornada anterior. La rutina se repitió durante un lapso de un año, poco más, poco menos. Era el 2004, diciembre, más precisamente y sucedió Cromañón.

 

TODOS LOS FUEGOS, SIN PUCHO

No quiero un Cromañón entre la procrastinación de mi deseo de escribir y la escritura misma. Entonces, me siento, enciendo la pantalla y coloco mis manos sobre el teclado. En el blanco de la hoja caben todas las posibilidades. Una vez que mis dedos tecleen la primera palabra, se sucederán en una línea inicial, el juego habrá quedado abierto y acotado a la vez. Ya no habrá lugar para cualquier principio. Sin embargo, sigo sin saber qué sucederá. La idea me gusta. Espero.

Ciento noventa y cViolet-Smoke-Art-Wallpapers2uatro personas murieron la noche del 30 de diciembre de 2004 atrapadas por el incendio previsible en un boliche del barrio porteño de Once. Yo cenaba con amigos para despedir el año y mi hija estaba en Cromañón. Ella había escapado del humo empujada por un montón de cuerpos que la condujeron hacia la salida desde donde, minutos después, comenzó a ver cómo sacaban cadáveres. Cuando la fuimos a buscar estaba estática, perpleja ante lo inesperado. Durante los días siguientes, nos mantuvimos tremendamente juntas. Y yo fumé sin pausa. Hasta que, una mañana de martes, al despertar, sentí en mi garganta el ahogo de cada vida truncada esa noche. Yo podría haber estado ahí. No habría salido, lo sabía con certeza. Ese día no encendí el cigarrillo post café con leche, ni ningún otro, ningún otro día. Hasta hoy y hasta mañana.

 

ESTAMOS GRANDES, VÍCTOR

Persisto en la silla, apoyo los dedos en las letras y veo a la hoja poblarse, avanzar hacia una idea, escapar de otras, acotar su universo de libertad, condicionarse párrafo a párrafo. Sin embargo, sigo sin saber qué sucederá. Ya no fumo. Espero.

La única certeza de los seres humanos es la propia finitud. Vamos a morir y lo sabemos. Es tan innegable eso como que la única certeza es la propia vida aquí y ahora. ¿Y si no nos morimos? Décadas después del proclamado fin de las ideologías, hoy se pregona el fin de la experiencia. Antes de poner el cuerpo, miramos el asunto a través de alguna pantalla que nos escribe sin tocarnos. Nuestra muerte siempre fue puro futuro incomprobable. Cuando nos haya sucedido, no estaremos para vivenciarlo, justamente, porque lo perdido habrá sido la vida. Es decir: nuestra propia muerte no existe para nosotros mismos, solo lo hace para los demás y solo podemos experimentar la ajena. Salvo casos como el de Víctor Sueiro, por ejemplo, quien mucho tiempo transitó el otro lado de la pantalla de televisión para contar cómo fue su muerte y su vuelta a la vida. ¿Habrá sido un ser humano Víctor Sueiro? “En serio, suena loco pero es así: un sueñito suavecito y después… ¡tac! Un túnel con una luz hermosa al final, y la línea mortal. Me gustaría que la gente le perdiera el miedo a la muerte. Ahí no hace frío ni calor, no hay temores ni sensaciones malas. Nos esperan cosas buenas”, repetía mientras, por los 90, promocionaba su libro, “Más allá de la vida”,  y se aferraba al más acá de su silla.

 

SUSPENSIVA

Necesitamos saber, indagamos diferentes formas de conocimiento y armamos nuestro propio bagaje de preconceptos, párrafo escrito tras párrafo no escrito. En función de ese esqueleto clasificamos los hechos y los concebimos –o no- como inesperados. Lo que para una teoría es una comprobación, para otra puede ser un desvío, para otra un imposible y para otra más, una evidencia. La cuestión, es, entonces, cuándo se produce lo nuevo, cuándo sucede eso que añade una bisagra a la puerta y le modifica el giro. Cuando el cuerpo no se acomoda a la silla, los dedos escapan del teclado y, en la hoja, los blancos son huecos no programados entre tinta negra, la muerte se hace fugitiva, materializa su condición de inexistencia por ese instante fugaz que persevera en nuestros cuerpo2806691_640pxs en forma de interrogación, incomodidad, desafío.

Sigo sin saber qué va a suceder. Nunca moriré, solo seré muerta por otros. Ya no fumo. Escribo. El número está a punto de salir, la nota no tiene punto final. Espero suspensiva…

TABAQUERÍA, de Fernando Pessoa (Fragmento) Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?), y la realidad plausible cae de repente encima de mí. Me incorporo a medias con energía, convencido, humano, y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario. Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos. Sigo al humo como a una ruta propia, y disfruto, en un momento sensitivo y competente, la liberación de todas las especulaciones y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de encontrarse indispuesto. Después me echo para atrás en la silla y continúo fumando. Mientras me lo conceda el destino seguiré fumando. (Si me casase con la hija de mi lavandera a lo mejor sería feliz.) Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana. El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?). Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica. (El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.) Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto. Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves! , y el Universo se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de la tabaquería se ha sonreído.




LA PITÁGORAS

Los exilios: Entrevista a Liliana Felipe.
Entrevista: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira, Pablo Soprano
Edición: Lourdes Landeira


El teorema habla sobre el triángulo, sobre unos cuadrados que, sumados -a la vez amuchados e intensos- cabrían justito dentro del cuadrado de la hipotenusa. Lo escribe una fórmula sin paréntesis. Sus términos no necesitan ser aislados: a2 +b2 = c2. Imposible saber si nació así o si es solo la parte que llegamos a conocer. Quizás alguna vez los tuvo, uno de ellos se desprendió de la ecuación y dejó a sus términos libres de la opresión que hasta entonces no habían siquiera notado. Si fue así, en algún momento debe haberlo seguido el otro paréntesis, dado que estos símbolos vienen siempre emparejados. A lo mejor, sin operaciones a las que contener, lograron juntarse y se hicieron óvalo. Tal vez, se abrazaron y, ya exiliados de sí mismos, se bifurcaron en nuevas proposiciones, notas musicales, letras, versos, canciones. El enunciado, por viejo, no es menos nuevo, ni está menos vivo, ni más muerto. Solo necesita instrumentos para recomponerse en actos impares. El filósofo y matemático que dio nombre al teorema, allanó varios caminos. La cifra –no el número- fue el corazón de su búsqueda, tanto para hallar la diagonal del cuadrado como para desentrañar las formas de la armonía musical. Dicen que el susodicho sabía tocar la lira, escribía poesía y recitaba a Homero. También, que fue precursor en posturas como el vegetarianismo y el no uso de vestimentas hechas con piel de animales.

XOLO.
XOLO.

¿Habrá pensado el hombre que comer animales hacía violento al ser humano? ¿Imaginaría, quinientos años antes de Cristo, que, siglos después, para producir un kilo de ternera se emiten 27 de dióxido de carbono, se necesitan 15.400 litros de agua y 100 kilos de su proteína requieren 6.000 metros cuadrados de terreno? Esto hoy lo sabe –y lo milita- Liliana Felipe, la argentina residente en México con quien conversamos en tres actos sin paréntesis.

 

PRIMER CATETO: en letra escrita (por correo electrónico)

“La cabeza en la almohada,/veo un cielo ajeno, enajenada en un maravilloso sueño breve/bajo el que brevemente me transformo”
Ida Vitale

a. LOS MACHIRULOS

“Cómo me duele este mundo, Segismundo/la parálisis, la envidia, la neurosis nos gobierna /cómo me duelen los pobres, cómo jode la miseria, /ora sí que lo de menos es la histeria. /Ay! Segismundo, …/Las histéricas somos lo máximo!/Solidarias, fabulosas, planetarias, amorosas/super egos moderados, cunnilinguos para todas a placer…” Cuando te contactamos pediste hablar sobre los dos temas en que haces foco ahora: feminismo y especismo. ¿Qué es lo femenino para vos? Al feminismo, ¿qué valores le quedan por cuestionar?

Lo femenino es la mitad del mundo que piensa con los dos hemisferios al mismo tiempo. Como dijo Angela Davis, el feminismo se debe plantear la cuestión de la comida. Y como decimos las feministas antiespecistas: Ni oprimidas ni opresoras. No podemos estar pidiendo justicia mientras le robamos la leche a otros seres o comemos a otrxs que tienen tanto derecho como nosotras a vivir y a ser felices.

 Raj Singh Tattal. "Fin del camino".
Raj Singh Tattal. “Fin del camino”.

Hay un machismo planetario, pero, también, cada sociedad tiene su machismo singular, ¿cómo es el mexicano?

Macho menos, aquí es asesinada una mujer cada 3 horas desde hace 30 años. El machismo mexicano es asesino. Y los machos que están en el poder judicial son ciegos, sordos y mudos. Los machos mexicanos, como los argentinos y como todos son los beneficiarios de este sistema. Ellos están cómodos.

Desde hace unos 6 años te reconocés especista, ¿cuándo tomaste conciencia de  los efectos del patriarcado?

Cuando me enteré que capitalismo viene de “capita”. ¿Cuántas cabezas de ganado tienes?, esa es tu riqueza. También, cuando supe que el padre de familia se comía las partes grandes de los animales y las menudencias iban para las mujeres y los niños. El patriarcado aplica esa correlación en todo.

Unos amigos nuestros, de la banda  “Mano a Mano”, dicen en una de sus letras: “Que  no hay revoluciones que se hagan sin cantar”, ¿qué opinás?

Emilia Calderón. " Viaje a Mictlán".
Emilia Calderón. ” Viaje a Mictlán”.

Para mí la revolución es dejar de comer animales. Es un acto íntimo, poderoso e iluminador. Comer es un acto político trascendental y poder elegir qué comer es uno de los actos de resistencia más temidos por el capitalismo/patriarcado/neoliberal.

“Dejar de masticar tanto dolor./ Dejar de digerir agonías./ Dejar de asimilar el llanto de los inocentes. / Dejar de alimentarse del sufrimiento ajeno. /Dejar de sustentar la codicia.

Dejar de aportar a la barbarie. / Dejar de comer carne. / Comencemos en nuestro propio cuerpo una pequeña revolución de amor”. Erica Rivas

¿Cuánto ayudó la poesía y cuánto la música en tu lucha feminista?

La poesía sostiene mi vida desde muy joven. Sin ella, la tierra es plana.

b. LOS MISERABLES

“Y hoy que honrás con tu presencia/la miseria de esta pieza, la sorpresa del encuentro/la podés imaginar”. La palabra miseria aparece con frecuencia en tus poemas. ¿Quiénes están en el tope del ranking de los miserables hoy día?

Los que no respetan más que sus intereses, sus gustos y sus ambiciones.

Hay otra palabra, revolución, que se reformula constantemente, ¿qué es para vos hoy la revolución?

La reformulación constante de la vida. Hoy la revolución es dejar de comer animales, respetarlos y aprender de ellos.

Imagen para la Jornada mundial contra el Especismo.
Imagen para la Jornada mundial contra el Especismo.

“Esta ostentación grandilocuente/Napoleónica y mayúscula/No exige responsables y pagamos/”. Esa idea de que siempre pagamos porque debemos es muy del cristianismo. Cristo resucita todos los años y nunca alcanza para pagar nuestros pecados. ¿En qué combate el feminismo estos atravesamientos cristianos que afectan todos nuestros quehaceres, desde lo privado a lo público?

El capitalismo y el cristianismo son instrumentos de tortura para el sometimiento. La deuda con el FMI es la condena para los países que la pagan. Hereje quiere decir el que decide libremente. Para el cristianismo la libertad de decidir es una herejía,  va acorde al diccionario.

“Yo quiero ser lo difuso lo profuso/la herida, algún deseo/la distancia que proponen tus besos, /lo azul de un cerezo/y una manera de comprender a dios.” Son conocidas tus críticas a la institución iglesia pero, ¿cómo es tu manera de comprender a ese dios con minúscula? Spinoza hablaba de un dios que está todo el tiempo haciéndose, con un principio femenino y uno masculino, un dios que es todo lo que hay y aún no está terminado, ¿le darías crédito a un dios así?

“No hay dios, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos”. Ignacio Ramírez, El Nigromante 1867.

Mientras en México se abre una ilusión política, nosotros estamos cada vez más eclipsados, ¿te duele  el país de infancia?

Sí, mucho, desde que desaparecieron a mi hermana me sigue doliendo Argentina, es un dolor que no desaparece. Nada se puede esperar de Macri, es parte de la ignorancia y del horror. Ojalá que pronto Argentina vuelva a su cauce, como el río que comienza a fluir en México y que esperamos desemboque en el océano de la justicia y aliente a todxs.

“Las palomitas eran de maíz/y los humanos teníamos raíz,/hoy son transgénicos, genéticos, clonados,/biotecnológicos, modificados”. Hay raíces de origen y hay otras que se van incorporando con el paso de los encuentros, ¿cuáles son tus raíces atesorables?

Mis raíces son la almohada donde duermo y las de los árboles que he sembrado.

c. LAS IMPRESCINDIBLES

“Carmela Robles, Florinda Lazos,/María Quinteras y Petra Ruíz./Ángela Gómez, La Bobadilla/y Carmen Parra la de Alanís./Cadete Clara, la Catalina/La Carmen Vélez y Encarnación./María Esperanza, La Petra Herrera,/La Valentina y también yo./Sin soldaderas no habría revolución”. ¿Cuál es la importancia de dar el nombre propio, aparte de nombrarlas en un colectivo, “las soldaderas?

Ponerle el nombre al trapo que borda una bordadora le da sentido al bordado y a su vida y también convierte a un simple trapo en una obra de arte. El nombre es importante cuando has bordado tu vida sin prisa pero sin pausa.

“Y si la historia se detiene aquí/ Y si la historia se detiene aquí/en el segundo en que te digo que no puedo yo ya no puedo vivir sin…” ¿Cuál es la importancia del silencio?

Sin silencio no hay música.

Es una cosa extraordinaria de la vida. / ¿Qué es? no te lo puedo decir”.¿Qué es lo innombrable para vos y cómo se vincula eso con tu creación artística?

El zapotal.
El zapotal.

Nada es innombrable. Manchan su nombre los que torturan y los que asesinan y los que nunca se dan cuenta de nada y los que creen que pueden decidir sobre el cuerpo de la mujer.

“Si a Tertuliano, se le hincha un huevo /y destruye de un huevazo todo todo lo pagano!/A ver Quintiliano, qué clase de hombres fueron los humanos?” ¿Hay algún tema para vos que no pueda ser tratado desde el humor?

Se pueden tratar todos los temas. Lo que no se puede es reírse de una infamia o de las víctimas de esa infamia.

”Y yo tendré por patria/La almohada que me diste. /Puede ser que muera así cantando bajito/O que me meta en un rinconcito/O que sienta como un frío de dos,
Pero no moriré extranjera/De tus labios fuertes
”. Aparte del amor de pareja, ¿qué otros haceres o encuentros te han servido o te sirven de “almohadita”?

Plantar, recuperar la tierra erosionada, ver crecer a los árboles, ver a los animales felices y acostarme a dormir mirando a las estrellas y no haber hecho la canción que necesito.

¿Creés  que, más allá de los exilios puntuales  políticos o voluntarios, el exilio está en la condición humana?

Somos los exiliados de la naturaleza, y seguimos buscando un nuevo pasaporte que estamos muy lejos de conseguir. Nuestro paso es devastador, pero para mí los animales están siendo una visa temporal de estadía.

¿Qué tipos singulares de exilios son los que más te duelen?

Cuando no se dieron cuenta que te fuiste.

Xoloitzcuintle.
Xoloitzcuintle.

¿Cuáles son más soportables?

El exilio de mi misma.

Componer es un trabajo más de la soledad y del silencio; cantar, salvo en la ducha, está más vinculado a lo público. ¿Alguna vez te sofocó  la exposición pública?, ¿cómo te llevas con la noción de espectáculo?

Soy como la teniasollium. Tolero a los humanos porque soy parte de esa especie, pero en el fondo soy una lombriz solitaria.
SEGUNDO CATETO: En lengua hablada (una tarde del agosto porteño)

“Narra que no es posible/todos digan que bueno,/cuando ves que se vuelve y revuelve,/animal que ha aprendido a irse… No?/Sí! Acaríciale. No le arguyas.”
César Vallejo

a. EN SOSPECHA

Escuchamos en una entrevista que decías estar en crisis con tu arte…

Estoy en crisis con el arte. Mi arte está bajo revisión. En una de mis canciones, yo antes decía “como una rata en la basura”, sin pensar en ese ser tiene tanto derecho a la vida como yo, sean cuales sean sus intereses. El año pasado escuché a un ingeniero brasilero decir que, en este momento, es más sano comerse una rata de la calle que a cualquier animal criado en los cerros. Si yo hubiera sido, no sé, una tipa acomodada dentro de la sociedad, con diez chicos, con el marido perteneciente a un partido político, ricachón , bueno, por ahí hubiera pasado. Pero yo siempre he sido una luchadora y me tocó ser una víctima de la violencia del Estado. ¿Cómo es posible que, siendo víctima, no pudiera yo pasar antes esa barrera?, ¿cómo no pude ver que la violencia  ejercida contra mi familia, contra mí y contra todos es la misma que nosotros ejercemos sobre los animales? ¿Por qué no lo pude ver o por qué no lo podés ver vos? ¿Por qué no te cuestionás vos, que no sabés ni tenés ni la puta idea de lo que es el especismo? Digo vos como quien dice, alguien que puede  tener toda la información necesaria  para averiguarlo. ¿Por qué no lo sabés? Porque no quieren que lo sepas. Todas mis canciones están en revisión. Está marcado con rojo lo que ya no debo decir. Por ejemplo, en la canción que hice para buscar a los hijos que faltan, que se llama “Sólo vos”

A los nietos.

Ajá. Siempre ha sido mi fantasma. Yo soy como la tía de todos los hijos y ellos me tratan como tía. Bueno, la canción dice “Está listo el mate pa’ charlar, ya llegaron los bizcochos. En el patio ya prendimos el fogón.” Antes decía “Este asado será tu bienvenida”. Pero le pregunté a Jesusa, mi mano derecha, y me dijo “este asado será de verduritas”. Perfecto. Ya está corregido.

Ah, en este sentido.

En otros también, mucho más profundos.

Mictlan-medium.
Mictlan-medium.

b. CAMBIAR NO ES MALA PALABRA

Igual me parece que tus letras son un poco elásticas, ¿no? He visto shows tuyos donde, no sé si antes o después de conocer el especismo, cambias las letras a las canciones.

Y más si se me olvidan… Pero ahora me pasa saber que todos los palacios de bellas artes, todas las óperas, todo el arte oficial están encima de los cadáveres de los animales. Esas construcciones se montan sobre la riqueza generada por esta clase trabajadora que está ahí y todavía no vemos. Ningún Shakespeare, ningún Mozart, ni las pirámides de Teotihuacán, ni las pirámides de Keops, nada, ninguno de tus hijos ni de los míos, ni de nadie valen la muerte de un animal.

Mictlan.
Mictlan.

¿Eso te hace cuestionar seguir haciendo arte o qué tipo de arte hacer?

Es que, ¿qué es el especismo finalmente cuando lográs verlo? Es ¿vas a seguir siendo cómplice o no?, no hay más caminos. Me encantaría ser mucho más ingeniosa, más incisiva, que a vos no te quedara la menor duda, que salieras de acá diciendo “¿por qué, cómo no lo voy a hacer yo, si soy alguien que desea un mundo mejor?” Eso es todo.

Interpelar a quien te está escuchando. ¿Por qué no escribirlo?

Quisiera poder darlo con cierta alegría, con cierta energía, pero yo todavía sufro mucho el tema.

Necesita trabajarse afuera para salir a escritura.

No sé qué es lo que necesito, creo que nunca voy a poder procesarlo.

Respecto a por qué no nos enteramos, ¿no será que tenemos demasiadas desgracias al acecho? Pienso en los agrotóxicos que están matando a tanta gente.

No puedo decirte que el problema del agua, de las mineras, de los agrotóxicos, sea secundario. Pero en el problema de matar animales están los seres sintientes: los animales son un otro que siente, que tiene el sistema nervioso central como el tuyo.

XOLO.
XOLO.

Entiendo, pero si logramos no matar al animal y el agua sigue contaminada,  el animal se va a morir igual.

Obviamente.

Son muchos problemas muy graves y muy fundamentales todos juntos. Hay como un reclamo de mucha militancia para todo el mundo y es difícil la prioridad.

Para mí no es nada difícil.

Claro,  por ahí si vivieras en el sur, donde se te está muriendo el vecino con la cara deformada por los agrotóxicos, igual seguirías militando por los animales, pero lo otro también entraría en una prioridad.

Seguramente, donde estoy, milito por el tema del agua. Pero me urge lo otro porque no se ve. Polemizo con la izquierda y el eterno discurso de “primero tenemos que alimentar a los pobres”. La posibilidad de alimentarlos sin tu visión antiespecista es enfermarlos. Yo quiero darles la otra opción que todavía no existe.

En la Isla Maciel, por ejemplo, el padre Paco había logrado no tener más comedores populares y ahora los tiene desbordados con chicos desnutridos, con situaciones de anemia. Lo que vos planteás implicaría cambiar una cultura de alimentación y allí es el huevo o la gallina.

Sí, pero yo te pido el cambio a vos, porque los que hacen los programas son gente como vos, no son como el otro. El negocio de este gobierno es generar pobres, mientras más animales comas, más pobres generás. Mientras más animales comas, más gente se va a morir de hambre, ¿podés entender que todo este mundo está diseñado por la Suciedad Rural Argentina para darle de comer a esas legiones interminables de animales?  Trescientos cincuenta niños mueren por día de hambre. Tenés que entender, eso es parte de nuestra responsabilidad. Yo no le puedo pedir a un tipo que está muerto de hambre que no se coma el pollo que va a encontrar en la basura, no. Bueno, sorry pero, ¿qué  puedo hacer? Decirte que estás equivocándote, que tenés la solución en tus manos. Dejá de darle dinero a los que te están empobreciendo cada vez más, aparte de enfermarte.

La lucha que llevás adelante lleva implícita una lucha por el cambio de un sistema económico.

Obviamente. Si querés derrotar al patriarcado capitalista, machista, cristiano, neoliberal y carnívoro, dejá de comer animales.

El inframundo prehispánico mexicano.
El inframundo prehispánico mexicano.

c. CIELO ARRIBA

Vuelvo a  qué se puede hacer desde tu arte. Como escritores, siempre preguntamos por el lenguaje y también sentimos que hay mucho conservadurismo en cuanto a las palabras que usamos. Tal vez cambiar las palabras, buscar otras, renovar…

Hará unos quince años, hicimos un espectáculo con Jesusa que se llamaba “Cielo de abajo”. De acuerdo a la ideología de los antiguos nahuas, cuando te morís, en México, hay que atravesar nueve inframundos hasta llegar al Mictlán, el sitio donde no hay agujeros para el dolor.  Los nahuas nombraban a su cuerpo de otras maneras y les dolían otras cosas. Tenés razón, tendré que empezar a crear palabras nuevas.

O recuperar algunas que están en desuso. Un entrevistado mapuche nos contaba que, en una asamblea mapuche, alguien puede defender un sueño que tuvo y eso vale tanto como un hecho real.

Muchas veces es lo que guía a la acción de las comunidades, de los pueblos, ¿no?

¿Cuáles son los sueños que se te cayeron y que sería importante reflotar? o ¿en qué se transformaron los sueños que tenías?

No sé. Mi vida fue siempre fluyendo. Lo difícil fue la desaparición de mi hermana. Nunca acaba. Pasó hace cuarenta años y no acaba. Pero también ha sido algo que me ha dado un sentido muy fuerte. Eso puede ser un sueño…

Hay en la presencia de los hechos de aquellos años una vivencia extraña del tiempo. Nos pasó con la escritora Laura Alcoba, cuando ella hablaba de los ´70, todo parecía estar sucediendo ahí, mientras lo decía y vos comentabas recién que no se acabó lo que pasó hace cuarenta años.

Siento que he tenido muertes naturales en mi experiencia, alguien que amas y necesitas mucho se enfermó y se murió, es algo, como irremediable. Así es la vida y la muerte, hay que acostumbrarse. Lo otro es algo mucho más complicado.

Como una presencia constante.

Algo que constantemente te preguntas es qué podías haber hecho para que no ocurriera. Se siente como una historia sin fin.

Nos dijiste que la poesía es algo muy fuerte para vos, ¿qué es lo poético, más allá del poema?

La poesía, en el mundo de la canción, lo es todo. En la canción, muchas veces, logro lo que no consigo ahora, porque me faltan esas ideas. El 50 por ciento del trabajo literario  en las letras es de Jesusa.  

Pero la música agrega poesía.

Mictecacihuatl.
Mictecacihuatl.

Sí, más irracional digamos. Soy una gran lectora de poesía, pero también soy mala onda, enseguida me doy cuenta cuando algo no me gusta. Ahora estoy con un libro que les recomiendo: “Nacidos en otra especie”. Es una antología de poesía universal que hizo un grupo de Madrid, “El caballo de Nietzsche”, la sección animalista de El Diario. Hay un poema  que me pareció estrujante para contestar a este argumento que vos decís de los pobres y qué hacemos primero. Es un poema de un rinoceronte tirado al que le han cortado el cuerno para vender. El animal se está desangrando, muere lentamente. El argumento del señor que le cortó el cuerno es: “tengo que mantener a mi familia, tengo que comprarle una camiseta de Messi a mi hijo, tengo que pagar la colegiatura de mis hijas, estoy trabajando, este es mi trabajo”. No hay peor holocausto que el que está ocurriendo con los animales desde hace cincuenta años.

d. ¿TE GUSTARÍA SER UN POLLO DE CRESTA ROJA?

¿Por qué marcás los cincuenta últimos años?

No soy una experta para nada, pero después de la victoria estadounidense en la segunda guerra mundial, se decide la tecnificación, la pasteurización y todas las derivaciones industriales. Ahí comienza la debacle de toda esta historia: la cosificación de los animales a unos grados inenarrables.

Y al consumo que se hacía del animal, previo a esta situación, ¿cómo lo caracterizarías?

Siento que siempre fue como una imposición, como una cuestión de poder. El carnismo es una cuestión del patriarcado, del machismo. Ahí hay un libro, ya un poquito viejito, en estos temas: “The sexual politics of meat”, de Carol J. Adams, una señora a quien conocí. Ella te muestra cómo el cuerpo de la mujer está repartido igual al plano de la vaca, cómo todo esto es una política patriarcal machista. Pero lo de los cincuenta años lo digo porque, desde 1990, el consumo de animales se ha incrementado en un 100% y ha disminuido en un 50% el consumo de legumbres y cereales. Y eso es una imposición a ojos vistas. No hay una cuadra en el mundo donde no haya dos ventas de pollos. El pollo es el animal, junto con los peces, más sacrificado en la historia de la humanidad. Es una cosa desgarradora. No hay nada más barato que el pollo. Y esto, porque estamos en manos de seres que yo siento como monstruosos. ¡Y son personas a  quienes  nosotros mantenemos!

Vemos que la escritura, al menos en la divulgación, ha encontrado recursos para luchar.

El otro día, un periodista me dijo: “Siempre tú en los temas así, novedosos”. Bueno, novedoso desde Pitágoras digo yo. Pitágoras decía que, mientras sigamos masacrando animales, no habrá paz ni alegría en el mundo. Pero el mundo todo se fue con Aristóteles. Jesusa y yo dejamos de comer animales hace unos siete, casi ocho años. Después me enteré qué era el veganismo y después llegó la palabra especismo.

¿Y por qué dejaron de comer carne?

Porque vimos un camión de puercos. Y yo me dije no, no, no, no. Y dejamos de comer. Inmediatamente, empezamos a sentirnos mejor. Nosotras no tenemos gente que nos cocine o gente que nos limpie la casa. Antes teníamos. Ahora que vivimos en el campo no tenemos nadie que resuelva esto. Entonces cambió toda nuestra alimentación, empezamos a sentirnos mejor y luego nos enteramos qué era lo que estábamos haciendo.

De la práctica a la teoría.

Exacto y las cosas empezaron a llegar rápidamente.

XOLO.
XOLO.

e. PREGUNTALE A LOS COLONIZADORES

Cuando pensamos en otras cosmovisiones, aparecen las de los pueblos originarios y su idea de consumir aquello que les da la tierra -incluidos los animales- para satisfacer las necesidades, sin generar excedentes. Se nos hace más difícil pensar en referencias de otro tipo de economía y supervivencia, sería algo nuevo.

Me encantaría que Jesusa estuviera acá para hablar de la cosmovisión de los mayas, de cómo no estaba separado el animal del ser humano, pero yo no te lo sé explicar. Comían animales en ciertas circunstancias, pero no se criaba a alguien para comérselo, me parece, no estoy segura. México tiene la milpa al alcance de los campesinos, todos tienen su cacho de tierra donde está el maíz, el frijol, la calabaza, el chile, el tomate. Con eso se sobrevivía y se vivía muy bien, ahí está la proteína. Tenemos cinco mil años de una civilización que no conocía ni el puerco ni la vaca ni los pollos. El puerco, la vaca y el pollo son parte de la colonización.

Bueno, Europa es un continente extremadamente carnívoro y es el que salió a conquistar el mundo.

Exactamente. Esto que nosotros vivimos acá es parte de la colonización. Habría que preguntarles a los mapuche, seguramente, se comían un animal cuando moría. Yo trato de creer que posiblemente haya sido así. ¿Cuál era una de las proteínas más importantes en el mundo antiguo mexicano? El alga espirulina, esa baba asquerosa que ves en los arroyos y los pantanos verdes, esa cosa verdosa y pegajosa. Eso es la mejor de las proteínas que te puedas imaginar.

Los peruanos tenían la quinoa. Cuando los españoles les quemaron eso, los liquidaron.

Sí, en México, la parienta de la quinoa es el amaranto. Y los españoles lo prohibieron, o sea, debilitaron a la gente porque les quitaron la fuente de energía. Si te encontraban amaranto, te cortaban las manos como castigo. Ahora que vamos a ser gobierno en México, hay un proyecto de hacer un comedero popular en Los Pinos, la casa presidencial. Son muchas hectáreas que se van a convertir en un espacio cultural. Nosotras hemos propuesto crear un sitio de enseñanza sobre el veganismo asociado a las culturas originarias, a las recetas originarias. Porque, en México, tú puedes, con cosas locales, tener una comida vegana muy buena.

Mictlan. Rumbos del universo.
Mictlan. Rumbos del universo.

Los médicos tradicionales suelen decir que el contenido de calcio de un vaso de leche equivale a unos cuantos kilos de semillas. Suena lógico, ¿no?

Si hay algo que la leche hace es descalcificar. Es duro cuando te empezás a enterar de qué los médicos y los nutriólogos trabajan con información de hace ciento cincuenta años o más y solo te recetan lo que te enferma. ¿Por qué en los hospitales te dan caldo de pollo si eso es lo más tóxico que hay?

f. LENGUA ADENTRO

En este número escribimos sobre los exilios. ¿Te sentís exiliada de algo ahora?, ¿qué exilios son insanables?

Tengo la sensación de que salí del país muy joven, a los veintidós años. Tuve la opción de pasarla bien y elegí por esa, pero veía a mucha gente grande, que ya no podía mucho. En ese sentido me siento muy afortunada, yo tenía la energía, obtuve la paz espiritual o la no sé qué, de dejarme llevar por las cosas y de nadar de muertita, que me lleve el agua. Aunque sí vi mucha gente sufrir mucho. Al poco tiempo de estar en México, ocurrió lo de mi hermana, ahí ya no estuve muy bien, pero tampoco tenía otra opción. Te pueden exiliar de muchas maneras, hay la gente que se exilia de su propio cuerpo, que no puede vivir con su propio cuerpo .

¿Y esto que te pasa con las palabras no podría considerarse así, como un exilio?

No sé. A lo mejor en un comienzo lo viví muy románticamente. Después, no. Después odié México porque es tan distante, tan indiferente. Lo que pasa es que, cuando empezás a ver, México es un país violentadísimo. En los primeros catorce años de vida fueron asesinados dieciocho millones de personas, más de la mitad de la población. Los que quedan son una tercera parte. Después de una masacre de esas dimensiones, la gente toma sus precauciones para opinar. Sin embargo, yo siempre decía, ¿cómo puede ser que en un país con tanta gente inteligente, sensible, creativa, arriesgada, nos esté gobernando esta bola de criminales? Y ahora va a subir lo mejor de México, ¿me explico? Algo tendremos que poder hacer. No sé qué. Pero, si no podemos, con las mujeres que están ahí, yo ya no sé con qué se podría.

Hay muchos fantasmas entonces. ¿Cómo te llevás con eso, con los ausentes?

Bien. Me llevo bien con eso, me gusta. Creo que mis fantasmas están bien.

“Cerro de la Serpiente” [Coatepec]. Códice Tovar
“Cerro de la Serpiente” [Coatepec]. Códice Tovar
Leí en una entrevista que decías algo así como que, en cada piedra de México están tallados los ancestros, y eso es indestructible.

Eso lo ves en las comunidades zapatistas, en los caracoles. Ellos están como muy encerrados en sí mismos. Pero hay una cosa fundamental: ahí no se puede beber ¿Y qué provoca eso? Que no hay violencia contra las mujeres. Tan sano como eso. La cultura del chupe, de la borrachera, no es otra cosa que después ir contra las mujeres, los niños y los animales. Había en México toda una cultura muy mal interpretada, como eso de que te sacaban el corazón. Pero es la interpretación del otro. En verdad, se trataba de una preparación mística. Ya los aztecas doblegaron cinco mil años de civilización náhuatl, quizás la más importante de la humanidad. Sin embargo, yo creo que esa sensibilidad sigue en la gente en México.

¿Creés que con López Obrador ese México profundo va a salir?

Sí. Lo primero que dijo es que se van a firmar los acuerdos de San Andrés, que es lo que pidió, en 1994, el levantamiento zapatista.

¿Jesusa tiene participación política?

Ella va de senadora.

Hablando del Senado, te tocó estar en Buenos Aires el día en que se votó la ley de legalización del aborto.

Me parece increíble que estos tipos crean que nos interesa su opinión. Es tan patético y vergonzoso que haya que mantener a estas lacras humanas inservibles. Siento que la ley de aborto seguro, legal, gratuito y mundial -agregaría yo-, ganó. Ya ganó. Lo que se evidenció fueron estos tipos y sus rebabas de mujeres esas que…

Esas mujeres son más enervantes aún. Como la senadora que se abstuvo de votar.

Sí, tremendo. “Abstenete un pedo”, habría que decirles, ¿cómo te abstenés un pedo? Cuando la de Córdoba se abstuvo, yo dije “Abstenete de cobrar”. Lo que pasa es que nosotras, apenas desde el 1° de julio, hemos levantado la cabeza porque tenemos ochenta años de que en México no pasa nada. O sea, lo de los senadores acá lo estamos viviendo todos los días en todo. Entonces, lo tomé como algo del paisaje, pero me parece que para afuera ha sido un logro indiscutible.

Hace unos catorce años, cuando comenzaron las campañas por el aborto legal, no se podía hablar del tema en el living de la casa. ¿Pensás que va a pasar algo así, en un tiempo, con el tema animal?

Mictlan.
Mictlan.

Sí. En Parque Lezama, hace ciento cincuenta años, había un templete donde se vendía gente. Cualquier persona de aquella época te hubiera dicho “Así es, esto es lo que se hace, esto es lo normal. Necesitamos hacerlo, no son iguales, no sienten como nosotros”. Yo siento que el futuro de los animales es la libertad, es entender los intereses que cada uno de ellos tenga. Desconozco cuáles serán esos intereses. Lo único angustiante es cuántos miles de millones más deberán pasar por este infierno que promovemos los ciudadanos. Y, sabiendo que existe esta injusticia, esta crueldad innecesaria, cuánta gente decide hacer algo, cuánta gente decide que así, mal como estoy, estoy bien.

 

LA HIPOTENUSA: En versos y canciones (Liliana Felipe en Buenos Aires)

“Están sordos allá/Ninguna pluma de ángel,/ningún fulgor del cielo hemos logrado con tantas migraciones arrancadas al alma”
Olga Orozco

El escenario está dispuesto para la música alrededor de un piano que espera, lateral, que las manos hagan sonar sus teclas. Pronto, será vestido con pañuelos verdes y naranjas. Al otro lado, una pantalla lo acompaña e interpela con una máxima de Pythagoras: “Mientras los hombres sigan masacrando a sus hermanos, los animales, reinará en la tierra la guerra y el sufrimiento y se matarán unos a otros, pues aquel que siembra dolor y la muerte ni podrá cosechar ni la alegría, ni la paz, ni el amor.

No faltará a la cita el cronómetro para contar los minutos que dure el encuentro y calcular la cantidad de animales muertos en el mundo durante ese lapso encapsulado de complicidades con iguales dosis de canción, imagen, ironía, crítica y abrazos.

La Felipe potencia el ritmo, se sobrescribe en otra fórmula de sabiduría popular, para revolucionar el amor. Siempre, con una nueva misma, con una que apuesta  más. Abro paréntesis a su reflexión:

“Yo creo que comer animales vuelve violentas a las personas, las vuelve indiferentes e ignorantes. Toda la grasa, la tristeza, la angustia de los animales engordados para comer se va a tu sangre, a tu cerebro, a tus propósitos. Dejar de comer animales es comenzar a desengrudar el mezquino mundo en que nos obligan a vivir. Cuando te topas en tu vida con el ‘Así ha sido siempre’, ‘Así nos gusta’, ‘Es nuestra tradición’, ‘Así me enseñaron’ y comenzás a desbaratarlo, la vida comienza”.

Liliana Felipe con el Anartista.
Liliana Felipe con el Anartista.




HISTORIAS CONFINES

Los exilios: sobre Stoner, una novela de John Williams y El Alma de fiesta de Héctor Giovine.
Por Lourdes Landeira

 

TIERRA ADENTRO

Sentía la lógica de la gramática y creía percibir cómo se ramificaba a partir de sí misma, impregnando el idioma y estructurando el pensamiento humano
De Stoner, una novela de John Williams

Si la vida, como dice la letra del tango, es una herida absurda necesariamente, debe correr por el mundo el líquido de sus supuras. También, necesariamente, el antídoto que las sana o, al menos, el parche posible para esa piel desgarrada, expuesta a un entorno muchas veces hostil y otras tantas, amigable. Lo absurdo, quizás, tenga que ver con la dosis de sangre, llaga, abrazo y violencia que compongan –a la herida y a la vida- en cada una de sus reediciones, en cada uno de sus territorios, en cada uno de sus tiempos y destierros.

Hay múltiples combinaciones y sus formas de manifestarse suelen desafiar las leyes de la física espacio-temporal. Así, las historias recorren disímiles paisajes y, mientras unas se afianzan a su geografía, otras se asientan más allá de sus fronteras.Lempertz-950-807-Modern-Art-Willi-Baumeister-Apollo-Apollo-II-

Y viene aquí a cuento -antes de entrar en los decires específicos- un párrafo: de las 72 personas que componen el Senado argentino, hubo 38 que votaron en contra de la legalización del aborto. Ganaron, festejaron que nada cambie, discursearon falacias y celebraron que las mujeres que deciden ejercer su derecho de no continuar con un embarazo no deseado, sigan condenadas a la clandestinidad. ¿Ganaron? La gramática se cobra vidas. 31 de esas senadoras y senadores votaron a favor de la ley. Perdieron, la calle estuvo inundada de consignas, historias y fundamentos hacia la ampliación de derechos y la dignidad de las personas con capacidad de gestar en plena libertad de elegir. ¿Perdieron? La gramática salva vidas. Como dice el final del cuento de Elsa Bornermann, prohibido por la dictadura, redimido por la democracia y rescatado hoy por la marea feminista:

“Pero ellos ya saben que ninguna lluvia será tan poderosa como para despintar el verde de sus corazones, definitivamente verdes. Bien verdes, como los años que –todos juntos—han de construir día por día”.

Ahora así, a lo nuestro, que es esto mismo.

 

LA Y LOS MÚSICOS

“A pesar de todo, estoy aquí puesta / los pájaros sueltos y el alma de fiesta. / A pesar de todo / me besa tu risa / y el duende y el ángel del vino y la risa / A pesar de todo, el pan en la plaza. / A pesar de todo la vida ¡Qué hermosa! / siempre y sobre todo de todas las cosas. A pesar de todo”
De El alma de fiesta, de Eladia Blázquez

el almaEl “Alma de fiesta” es un espectáculo de tango. Una mujer y dos hombres, después de muertos, conversan sus composiciones, en los cuerpos y gargantas prestados por tres artistas que toman sus letras. Eladia Blázquez, Cátulo Castillo y Homero Manzi se yerguen sobre los pies de Andrea Cantoni, Héctor Giovine y Gabriel Rovito y suenan en la compañía del piano de Carlos Serra. Antes, años atrás, Virginia Lago había sido la Eladia que hoy es la Cantoni. Entre tanto nombre propio, las letras se desprenden, itineran la sala que las cobija, son elegidas y eligen -alguna piel que se estremece en una butaca, para adentrarse-. La nostalgia, por supuesto, es protagonista, no sería tango de otra manera.

No todos los protagonistas llegaron al género como primera alternativa. Homero Manzi, nacido en Santiago del Estero es, sin duda, un hombre de la canción de Buenos Aires. Sin embargo, antes de “Malena” y “Sur”, había sido un profesor de literatura. “Exonerado” por la dictadura de Uriburu en la Argentina de 1930, se exilió rápidamente en el arte y lo hizo su casa para siempre. Cátulo Castillo, el hombre de “Tinta Roja” y “La última curda”, porteño de nacimiento, pasó su infancia en Chile, exiliado con su familia anarquista. Para Eladia Blázquez, el camino fue entre los géneros. Desde la zona sur del conurbano bonaerense, se movió por la canción española, la melódica, la sudamericana y el folclore, antes de llegar al tango y hacer de la ciudad el eje de sus composiciones. Los puristas la criticaron por irregular. Quienes la admiraban le apodaron “la Discépolo con falda”, en una clara muestra de que, para lo bueno, solo les cabía medida de varón. A pesar de unos y de otros, la Blázquez se apropió de lo que le hicieron creer que no le pertenecía. Ahora bien, ¿saben cuál es la música que más le gustaba? El jazz, según declaró en una entrevista  de fines de los noventa. En la misma nota dijo:

“En algún momento de mi vida, llegar a Barrio Norte fue una revancha para mí. Salir de Avellaneda y venir aquí me daba como una sensación de llegada. Es como que había triunfado. Y con el tiempo me di cuenta de que me había equivocado. La geografía es interior. Se es de determinada manera más allá del lugar donde una viva. Y también me di cuenta de que el Sur no es sólo una cuestión de latitud. Es el continente postergado, el olvido, el patio de atrás para los poderosos. Pero como autora, no me quedo ni en el norte ni en el sur. Mi corazón es una brújula, que tiene que mirar para todos lados”. 

En “El Alma de fiesta”, Giovine dirige la orquesta de palabras escritas y cantadas tanto tiempo atrás y las hace recorrer en su propio modo. Se vale de anécdotas que inserta en forma de narración y de las propias canciones que se interpretan en escena. Completas, fragmentadas y, a veces, con los versos desordenados por una nueva lectura, la gramática hace lo suyo para volver a emocionar. Y allí quedan los protagonistas de la noche, abrazados entre sí y con el aplauso final, poseídos y en posesión de sus interpretaciones. Hasta la próxima función. Porque, según dicen en conjunto,

“A pesar de todo la vida ¡qué hermosa!

siempre y sobre todo de todas las cosas.

A pesar de todo.

Siempre y sobre todo de todas las cosas.”

 

EL PROFESOR

“Es para nosotros que existe la universidad, para los desposeídos del mundo; no para los estudiantes ni para la búsqueda desinteresada del conocimiento, ni por ninguno de los motivos que se proclaman. Explicamos esos motivos y dejamos entrar a algunos sujetos comunes, los que triunfarán en el mundo, pero es solo una fachada protectora. Como la iglesia de la Edad Media a la que le importaban un comino los seglares, incluso Dios, montamos esta farsa para sobrevivir. Y sobreviviremos… porque lo necesitamos”
De “Stoner”, una novela de John Williams

stonerStoner es el título de una novela. También, el apellido de su protagonista, cuyo nombre es William. Una sola letra separa al autor del personaje, un tal John Williams. Entre rupturas y continuidades, los destierros se suceden y las pequeñas muertes cotidianas enajenan, al punto tal que el único modo de mirar el propio rostro es del revés del espejo. A ese fondo negro negador de nuestra forma, siempre lo podemos dar vuelta, podemos reencontrar nuestra imagen invertida y caminar la huella de cada una de las tierras que nos han habitado.

William Stoner fue un profesor universitario durante la mayor parte de su vida. Sin embargo, no era lo que debía ser. Hijo único de granjeros pobres de Misuri, trabajó desde siempre y pasó su infancia en una casa que “con los años había adquirido los colores de esa tierra seca: gris y parda con estrías blancas”. La misma casa por cuyos pisos “se filtraba constantemente el polvo que la madre barría todos los días”. La universidad de Columbia, a sesenta km de la granja, fue ajena a su mundo hasta que su padre, ese hombre con “dedos  gruesos y callosos en cuyas grietas la tierra había penetrado tan profundamente que no se podía lavar”, lo envío allá a estudiar agronomía, con el fin de que a su vuelta hiciera rendir más a la tierra.

John Williams fue un profesor universitario durante más de treinta años. Periodista y escritor nacido en Texas, tras dos años en el ejército -desde 1942-, estudió en Denver, se doctoró en Misuri y dirigió la carrera Escritura Creativa, otra vez en Denver. Publicó cuatro novelas y cosechó algún premio. Stoner, la tercera de ellas, vendió apenas dos mil ejemplares en su primera publicación, de 1965. Una buena reseña periodística y unos pocos seguidores silenciosos la salvaron más de una vez y lograron reediciones que nunca llegaban a vender lo suficiente. El libro sobrevivía a duras penas, en polvorientas estanterías. Hasta que un día, del otro lado del océano, las manos perfumadas de Ana Gavalda, escritora francesa, lo tradujeron a su idioma. Y, por esas cosas del transcurrir, la novela fue libro del año en Gran Bretaña en 2013. Desde allí, repatriado por los americanos y puesto a rodar, suma constantes reediciones con fama de clásico. Entre otros elogios,  en la primera página de la edición de local, de editorial “Fiordo”, se lee: “Una gema injustamente olvidada”. En 1944, Williams ya había muerto, jubilado en Arkansas.

William sin ese caminó las dos guerras mundiales de su siglo por los pasillos de la misma universidad, donde un día y por azar, se enamoró de la literatura, mientras se desembarazaba del mandato familiar para adentrarse en la pasión por la poesía y la prosa medieval. De ese modo, las restituyó para sus alumnos y para sí.

“Las estudiaremos con tres propósitos: como obras literarias en sí mismas; como una muestra de los comienzos del estilo y del método literario en la tradición inglesa; y como soluciones retóricas y gramáticas a problemas del discurso que aún en la actualidad pueden tener aplicación y valor práctico”, dijo ante la perplejidad de casi todos en su aula, poco antes de que el cáncer se manifestara y llegara el final. A él, al exiliado del mundo, quien se había trasplantado al claustro de la universidad, por cuyos muchos alumnos había sido olvidado rápidamente, tal como sucedió, por años, al libro que le dio vida. Algo más tarde, falleció el hombre que había hablado de la muerte como “otro exilio, más extraño y duradero que los que había conocido antes”.

 

TIEMPO AFUERA

“¿Para qué estudiar una gramática extranjera?
El mensaje que te pide que regreses
estará escrito en un idioma familiar
.”
Bertolt Brecht

Dos historias quedaron aquí implantadas en el punto que las convoca a un mismo tejido. Canciones, novela, por citar los casos de este entramado de exilios. Cada una, desde su particular repatriación. Cada una, con el modo específico de hacer del lenguaje y sus recursos, protagonistas de primerísimos planos. Ahora viene un nuevo tiempo suplementario, ese que les hará lugar a desafiar el encorsetamiento de estas páginas y reeditarse más allá de sus propios contornos, sin fines.José Balmes

Para cerrar el cuento que no es cuento sino drama que avasalla la dignidad humana, mujeres con nombre y apellido continúan confinadas a la clandestinidad. Liliana, de 22 años, madre de dos hijas, murió en el Hospital Regional de Santiago del Estero; Elizabeth, de 34 años, madre de dos hijos, murió en el Hospital General de Pacheco; R, de 27 años, madre de 4 hijos, murió en el Hospital Juan Sanguinetti, del distrito de Pilar. No fueron víctimas de aborto, lo fueron del senado argentino. Las trascenderán sus historias, sí, sin vida.




REVERDECER EN BUENOS AIRES

El cuerpo: Sobre mujeres y artes sin fronteras.

Por Lourdes Landeira

 

Ana Mendieta
Ana Mendieta

Llevé mi cuerpo a caminar por New York. Algunos tramos los hicimos juntos, en otros, nos separamos, transitamos veredas equidistantes, nos desencontramos en laberínticas escaleras para volver a amalgamarnos y retomar la ruta compartida. Nos cruzamos con otros, por supuesto, muchos cuerpos disímiles, cargados de identidad a flor de piel. Un juego permanente de adentro y afuera de alguna etnia, estilo, tradición, búsqueda. Lo diverso no se cuestiona, por el contrario, se ostenta en cada metro cuadrado, en cada piso hacia ese cielo que no se deja rascar. La pregunta, entonces, es por lo aglutinador. ¿Se tocan esos cuerpos o simplemente comparten un espacio pre diseñado? La ciudad se mueve, no cesa en su afán de perpetua transformación. La resistente roca que una vez fue su suelo persiste en fragmentos enjaulados. El taladro continúa su tarea, rompe, ahueca, quiebra. Llegarán otras máquinas a borrar esas huellas y a edificar algo nuevo. Con otros sonidos, en poco tiempo. Los pasos continúan su marcha. Los míos, por unos días, son parte de la coreografía. Voy tras ellos.

 

NO BODY – NOBODY

La High Line es un parque largo, angosto y elevado en el oeste de Manhattan. Por allí se camina y se observa. El diseño contiene los rieles sobre los que, hasta los 80’, corría un tren. La parquización mezcla las plantas que se auto sembraron y crecieron en el lugar con las especies implantadas. Además, cada pocos metros se puede descansar, en algún banco o frente a alguna de las intervenciones artísticas que también lo recorren. Me detuve en la de Mariechen Danz. Primero, me acerqué a la instalación. Un cuerpo de piedras, huesos disímiles y extemporáneos, en cuya incongruencia me reflejé.

foto 1

Luego, a mi imagen, adjunté – mal traducidas – las palabras del cartel que lo acompaña. Algo así:

La autora investiga las representaciones del cuerpo, sus significaciones en las distintas culturas, épocas y campos del conocimiento. En sus instalaciones, el cuerpo emerge como una estructura contradictoria y una escena de conflicto, una zona contaminada política e históricamente. Para el High Line, presenta una repetición de ‘The Dig of No Body’, una escultura que referencia modelos de aprendizaje anatómicos en partes individuales, como una muestra de capas móviles, en tamaño natural. El trabajo evoca nuestra cambiante relación con la tierra”.

Guardo su representación y continúo el camino. Pienso en el increíble mecanismo, en las tantas funciones de nuestros órganos, en los ritmos y valores a mantener dentro de ciertos parámetros para que yo camine, vea, atesore este instante en mi memoria y lo desempolve en este otro ahora, cuando comparto algo de esa vivencia, de la tierra y el territorio que nos compone y nos identifica en fragmentos pedregosos.

 

RADICAL WOMEN

Hoy ya es otro día y transito Brooklyn, luego de cruzar el famoso puente de tantas películas, me encontré con el museo local. Me interesa una muestra: Mujeres radicales, arte latinoamericano, 1960-1985.  Esta vez no preciso traducir, todo está escrito en ambos idiomas: inglés y español.

“El núcleo central de las obras que conforman Radical Women es la noción de cuerpo político. Los ejes temáticos en torno a los cuales fue organizada la exposición- autoretrato, lugares sociales, feminismos, resistencia y miedo, cartografiar el cuerpo, lo erótico, el cuerpo en el paisaje y presentando el cuerpo- sirven para ilustrar los intereses y las problemáticas compartidas de artistas a través de una vasta región geográfica, en una época de gran agitación social y política”.

En este caso, la lectura fue previa a las imágenes que la completaron. Voy a compartir acá dos momentos de aquellos ahora.

El primero recurre a mí por la contundente presencia a través del desecho y de lo ausente. “Escape de gas” (1963)– tal el nombre de la propuesta-  es de una argentina: Dalila Puzzovio.

“El carro de compras se asocia al significante femenino, referencia el papel de la mujer en la esfera doméstica, pero como soporte de los restos prostéticos, sugiere la construcción de un cuerpo nuevo”

FOTO 2

Imaginar a los miembros, a los cuerpos y a las personas que habían residido en los yesos, me dejó algunos minutos estática. ¿Qué o quién habita a quién o qué? ¿Pueden nuestros cuerpos ser taladrados y reedificados como la ciudad? Si antes me pregunté sobre los componentes internos e invisibles de nuestros organismos, me cuestiono ahora acerca de los límites. Quiero desencorsetar las fronteras, saber hasta dónde es posible expandir sin desmembrarnos. O, quizás, si es posible un despedazamiento sin mutilación implícita, con las piezas intactas para volver a armar.

He aquí el segundo momento. Cuando decidí avanzar, me topé con una posible respuesta. La artista es Marisol, una francesa que trabajó en Venezuela y los Estados Unidos. La obra se llama “Self- Portrait” (1961-62)

“Un gran bloque rectangular de madera forma el cuerpo compartido por siete cabezas talladas de diferente manera unas de otras. Anatómicamente, esta obra es una imposibilidad y representa un absurdo – y casi cómico- cuerpo social colectivo, relacionado a la vez con la propia artista y con las mujeres en la sociedad de consumo. Lo personal y lo colectivo se juntan para aportar un irónico comentario social”.

FOTO 3

El autorretrato, en este caso, trasciende su fragmentación y se integra con sus más y sus menos (¿sobran cabezas, faltan brazos?) en una unidad con algunos de sus posibles. Me gusta la idea. Le pido a mi cerebro que la retenga en algún lugar y deseche el supuesto imposible anatómico, que le haga lugar al colectivo utópico, deseado, que me permite hacerle cosquillas al cielo, rascar su inverosímil.

 

NUESTROS PAÑUELOS QUERIDOS

Unos cuántos metros, bibliotecas, iglesias, nuevos clásicos, museos modernos. En fin, luces más, sombras menos, mi cuerpo dejó de componer la heterogénea danza diaria de nativos, residentes, turistas, piernas en exilio, rostros segmentados, despojos, violencias y comuniones de non sanctos para volver a ser otro en mí misma. Así fue como volví a mi lugar de acá, a habitar los espacios comunes, donde me implanto cada día. Quiero saber si los huesos de piedra, si las prótesis vacías, las cabezas múltiples reemplazaron o se superpusieron a mis previos imaginarios; si le harán lugar a mis futuros supuestos.

Campaña Nacional por el derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito
Campaña Nacional por el derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito

“Somos hijas de los pañuelos blancos y madres de los pañuelos verdes.”

La frase no requiere explicación. Trascendió el recinto en el que se la pronunció, se multiplicó en las redes sociales y se hizo carne en la histórica plaza. Por supuesto, allí estoy, allí estamos, allí estarán y estaremos. Hoy, en Argentina, les diputades, como dicen con tanta facilidad y convicción las nietas de esta gesta, dieron media sanción a la ley de interrupción voluntaria del embarazo, en base al proyecto presentado por la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.

Me detengo, hace frío, mi cuerpo se acalora junto al de mi hermano y al de mi hija. Nos sostenemos contra el mismo banco de piedra sobre la baldosa tantas veces acompasada de la plaza. El pañuelo verde que arropa mi cuello fue cortado –hace años ya-, por las manos de mi madre, cuando ella se acoplaba al trabajo de travestis y transexuales en la cooperativa textil Nadia Echazú.

La jornada es histórica y la historia está en cuerpo presente. Las mujeres radicales de todos los tiempos, las nadies y les todas, compactas, hoy le hicimos cosquillas al cielo reverdecido.

 

 

 

 

 

 




HABÍA UNA VEZ UN HUÉRFANO

La orfandad: Entrevista a Carla Villalta.

Entrevista y edición: Lourdes Landeira

“Érase una vez un niño cuyos padres habían muerto; las autoridades lo colocaron en la casa de un hombre rico, a quien le encomendaron que lo alimentara y se ocupara de su crianza”. La frase es el inicio de un cuento de los Hermanos Grimm, “El pobre niño en la tumba”. La ficción continúa. En la infancia del huérfano no se multiplicaron los panes, sino las palizas. Abatido por el dolor y el hambre, decidió quitarse la vida con lo que creía veneno, pero era miel y vino dulce. La mezcla de saciedad y embriaguez lo condujo a los pies de la tumba donde, a causa del frío y no de la pócima, encontró la muerte que buscaba. El hombre rico y su esposa perdieron su casa en un incendio y vivieron pobres e infelices, llenos de remordimientos.  Los Grimm escribieron la historia a principios del 1800. Como los sueños- entre el deseo inconsciente y el resto diurno-, la imaginación de los hermanos se habrá nutrido de una práctica social cotidiana y de la necesidad de dibujar una orfandad que todavía no conocía utopías. “La aspirante manifestó que se dio cuenta de que quería un perro y no un niño”. La frase es un textual de un periódico argentino de marzo de 2018. Fue incluida en una nota que daba cuenta de las devoluciones de niños dados en guarda preadoptiva: el 20% de la totalidad de los casos del periodo 2016-2017 en nuestra bendita Buenos Aires.  En el medio, la categoría “huérfano” se construyó –y se sigue construyendo- al compás de lo que la moral hegemónica de cada época admite y posibilita. En el medio reciente, nuestras “Abuelas” revolucionaron cada intersticio de verdad. Hoy, hablamos con la doctora en antropología Carla Villalta. Ella estudia los dispositivos jurídico-burocráticos destinados a la infancia pobre y a sus familias e investigó los procedimientos  para la apropiación criminal de niños durante la última dictadura. Mañana, quizás, proliferen manos para reescribir las fantasías.

EN LA CUERDA FLOJA

Me gustaría abordar el tema de la orfandad, pensar cómo se ha construido históricamente la categoría “huérfano” y  cómo el Estado interviene -o no- en estas situaciones.

Foto: Stanko Abadzic
Foto: Stanko Abadzic

La categoría huérfano está presente en la literatura infantil, aparece allí de manera recurrente, con lo cual tenemos un contacto bastante cercano. No es de esas categorías que se nos alejan, aunque uno no haya vivido esa experiencia. Hago esta introducción  para contarte que, a mí, la categoría huérfano me emerge al hacer mi tesis de doctorado e indagar- con la intención de reconstruir algunos de los mecanismos y dispositivos en relación con esta infancia desprovista de cuidados, en situación de abandono. Una infancia  que ha sido y es intervenida habitualmente por el Estado, a través de sus distintas instituciones. La categoría huérfanos aparece incluso en nombre de determinado castigo. Y allí comprobé que los huérfanos, muchas veces, no eran tales. Había huérfanos que tenían padre y madre o uno de ambos. También me llamó poderosamente la atención cómo determinados niños que ingresaban en estas instituciones recibían ese rótulo, ese mote, esa categorización, aun con sus padres vivos. La condición de huérfano remite a esta situación de desprovisto de cuidados, abandonado, a toda una serie de categorías  que no necesariamente son tales en el caso de otros niños. Digo, quizás hay niños huérfanos, pero provienen de otro sector social y no aparecen como el arquetipo del “ser huérfano”. Y hay niños que no son huérfanos, pero sí son merecedores de esa categoría por haber tocado, haber ingresado a alguna instancia estatal de cuidado o de protección que  los construye como  tales. Y entonces ese lazo, que a lo mejor ya era frágil, se vuelve más endeble, ¿no? Pienso en la relación de determinados niños pobres ingresados estos ámbitos de protección y que, desligados de su familia, se convertían en verdaderos huérfanos, porque ese lazo también se cortaba.

Es una orfandad carente, pero no necesariamente de padre y/o madre. Los antiguos hogares de “expósitos”, como leímos de tu investigación, debían su nombre a que albergaban niños que, desde el ámbito privado de la familia, eran “expuestos a lo público”. En el contexto actual, ¿cuál es la condición o cuáles los requisitos para ser considerado huérfano? ¿Ante qué carencias el Estado considera que debe intervenir?

No sería tan sólo considerado huérfano aquel sin tutor, esa ha sido la discusión para delimitar atribuciones legales de los funcionarios que intervienen sobre la infancia en tanto huérfana. Habrá algún familiar o algún pariente que se haga cargo en base a ser responsable o representante de ese niño, o ese niño quedará bajo el amparo de alguna familia. El conflicto se da cuando estos niños no tienen delimitado claramente quién es el que se hará cargo. Por eso, aparecen las figuras de los tutores públicos o de la tutela estatal, en su momento, para asumir esa tarea de protección y representación del menor, concebido como incapaz. Entonces, necesitaba estar representado legalmente. Hoy por hoy esto ha avanzado hacia el criterio de una autonomía progresiva. El menor que sí va a necesitar un responsable o un representante legal, a medida que crezca, va a poder desarrollar algunos actos por cuenta propia. Esta cuestión se inaugura con el nuevo Código Civil, pero ya había jurisprudencia al respecto.

¿Cómo se interviene hoy desde el Estado?

Está la cuestión de los niños pequeños sin protección adecuada o suficiente, o que no están siendo cuidados de manera correcta – tal como la legítimamente indicada y compartida por todos- , o bien chicos que son víctimas de abusos diversos, de negligencia, de malos tratos; en esas situaciones, se construye el deber del Estado de intervenir . Y ahí el tema es aún objeto de controversia. Ha habido un movimiento de no judicializar, no criminalizar las situaciones de pobreza. Entonces, los agentes estatales deben ponderar hasta dónde llega la situación de pobreza y dónde empieza la situación de negligencia. Confrontados a esas situaciones, a veces se interviene y a veces no. Realizan evaluaciones para determinar si el niño debe ser o no separado de su medio familiar. Y allí aparece otra categoría, en boga hace unos cuantos años, que  es bien interesante: la de privados de cuidados parentales. La enunciación llamó mi atención, es como si se hubieran privado solos de ese cuidado parental. Se asemeja mucho a la cuestión de los huérfanos. Bueno, hubo un infortunio de la vida, los padres se murieron en un accidente y no tienen cuidados parentales. Entonces, ¿a quién se le aplica esta categoría de “sin cuidados parentales”?

Antes de sentarse a la mesa los niños se lavan las manos utilizando para secarsetoallas de papel como medida de higiene. Noviembre de 1921.documento Fotográfico. Inventario 14072. Archivo General de la Nación
Antes de sentarse a la mesa los niños se lavan las manos utilizando para secarsetoallas de papel como medida de higiene. Noviembre de 1921.documento Fotográfico. Inventario 14072. Archivo General de la Nación

¿A quién?

Hay niños que han sido separados de su medio familiar por la intervención de alguna institución del Estado en la que media la justicia. Han sido privados, no es que están privados. En muchos casos esas categorías más eufemísticas no permiten ver que hay un proceso de producción de niños sin cuidados parentales, porque previamente se evaluó que esos cuidados no eran todo lo buenos, suficientes o todo lo correctos que ameritarían. Aun así, hoy por hoy, está mucho más regulada que antes esa intervención. Más allá de que persistan determinados estereotipos y prejuicios asociados a la condición de clase y a la condición étnica – también hay mucho de eso-  y de lugares comunes que llevan a considerar que algunas personas no son aptas para criar a sus hijos, que también se van reproduciendo no solo entre los organismos de protección –como juzgados o servicios de protección de derechos-, sino también entre otros agentes estatales, como la escuela. Cosas como que “los bolivianos son de maltratar a sus hijos o que les pegan” o que “los paraguayos tienen cuchillos” son prejuicios que continúan. Sin embargo, por otro lado, hay bastante trabajo reflexivo respecto de ser mucho más cauteloso y precavido en decidir una medida de separación de los niños de su medio familiar o, incluso, dictaminar la situación de adoptabilidad.

¿Qué propuestas tiene hoy el Estado cuando determina intervenir ante ese niño privado de cuidados parentales? ¿Hay lugares que funcionan?

Hay, en general, son hogares. Es llamativo que, en la Ciudad de Buenos Aires, el gobierno dispone de 40 hogares, pero solamente cinco son estatales. Los demás son de organizaciones de la sociedad civil o de ONGs que tienen hogares y que convenian con el gobierno. Existen algunos programas de fortalecimiento familiar, para no llegar a la situación de tener que separar a los niños de sus parientes, pero son bastante escasos. Después, está esta modalidad que está intentando implementarse y expandirse: el acogimiento familiar, que son familias que cuidan transitoriamente a un niño. Actualmente, estamos haciendo una investigación para Unicef y vemos que, en algunas jurisdicciones, es muy incipiente, recién se están instrumentando. Son programas que se han ido remozando. En otro momento fueron las familias de tránsito, que permitían descomprimir un poco los establecimientos de alojamiento de niños. Ya las entidades de beneficencia porteña, históricamente, se habían dedicado a colocar niños en familias, no tanto en función de los efectos nocivos de la institucionalización, sino porque los establecimientos no daban abasto.

Esas “colocaciones” resultaban bastante particulares, ¿no? No eran sus hijos, eran los “criados”.

Exacto.  Se trataba de un contrato que podía llegar a ser en calidad de hijo, pero no existía la ley de adopción. Había que hacer un trámite legal para darle el apellido, pero igualmente no se equiparaba la condición de hijo. En su mayoría, eran colocados para que cumplieran tareas de servicio doméstico.

AL TRAPECIO SIN RED

Entre la idea actual de acogimiento y los hogares de tránsito que había antes, ¿cuál es la diferencia?

Niños espiando el Circo, 1935. Archivo General de la Nación
Niños espiando el Circo, 1935. Archivo General de la Nación

En relación con las familias que desempeñaban la tarea antes y ahora, no sabemos si hay tantas diferencias. Se supone que no deberían actuar como familias sustitutas, que era la denominación  anterior, cuando se pensaba que el cuidado se orientaba a reemplazar al de la familia. Actualmente se sostiene que ese cuidado debe ser transitorio y no debe sustituir al de su familia de origen, sino que debe acompañar, apuntalar, poder cuidar en situaciones excepcionales y provisorias,  pero con la mira puesta no en suplantar, sino en hacer posible que los niños y niñas puedan volver a convivir con su familia de origen. En esos casos, la cuestión de la temporalidad acotada debería ser la norma más que la excepción, de modo que permitiera que el niño- lejos de cortar lazos con su familia de origen, de desentenderse de su historia- pudiera hacer un tránsito por estas familias para recuperar, después, sus lazos familiares. Eso, en términos de conceptualización de esa modalidad de cuidado. Pero, además, hay ahora una cuestión de profesionalizarlas. Antes, en general, eran mujeres quienes se proponían, se trataba de una cuestión de voluntad, de ejercer en algún punto la solidaridad o la caridad o cuidar al niño por un tiempo. No existía ninguna preparación, ni capacitación, o ejercicio reflexivo sobre el cuidado hacia ese niño, de quien se espera que conviva como uno más de la familia, pero sin tener vinculación parental. Estas modalidades de cuidado que procuran implementarse actualmente tienen más en vista que no solo es cuestión de “el amor que tengo para dar”, sino el estar preparado para poder garantizar a ese niño sus derechos a crecer en un entorno familiar y comunitario. No obstante, todavía se mezcla lo antiguo y lo nuevo y, en las prácticas, se observa mucha heterogeneidad.

¿Hay un plazo para la actuación de estas familias?

Sí, los plazos existen, centralmente,  para las que se denominan medidas de protección excepcional de derechos: medidas de separación de los niños de su medio familiar. Se supone que no deben exceder los 180 días. Según el nuevo Código Civil, al cabo de ese lapso, los equipos profesionales que intervienen en el caso deberían evaluar la re vinculación con su familia de origen, o bien, la solicitud de declaración de situación de adoptabilidad. Esto varía. En general, no se respeta cuando son casos en que la familia de origen está presente y quiere recuperar a su hijo. Allí lo que sucede, centralmente, es que los plazos quedan muy cortos.

Eso pensaba. Es muy poco tiempo para modificar una condición preexistente.

Tal cual. Seis meses es un tiempo muy, muy acotado porque a la familia se le exige, desde que construya el baño en la casa para que el niño pueda volver con ellos, hasta que la madre y el padre inicien tratamiento psicológico. Vos pensá: vas a un hospital público para pedir un turno y te lo pueden dar para dentro de tres meses…

Niño lavándose las manos en un conventillo de La Boca, 1930
Niño lavándose las manos en un conventillo de La Boca, 1930

 ¿Se contemplan excepciones?

 Hay flexibilidad de hecho. Hace poco entrevisté a una jueza acá en Ciudad y me decía que todos conocen este plazo, pero realmente no se cumple. En algunos casos se hace una ingeniería jurídica para estar amparados. En otros, no. Pero es cierto que se han agilizado los tiempos y las estrategias en función de resolver rápidamente, de no eternizar a los chicos en las instituciones, en este tipo de dispositivos. Lo real es que la agilización, en general, va para el lado de la adopción y no para el lado de la re vinculación con la familia de origen.

¿Existen estadísticas de los casos revinculaciones?

 Nos está costando muchísimo obtenerlas. Las estadísticas dicen que los chicos más grandes son los que más vuelven a su familia de origen y, en los más chicos, es más probable que se resuelva en adopción más que en revinculación. También existen estos niños ya adolescentes que quedan en los hogares y es un tema muy preocupante para los agentes institucionales, son adolescentes que permanecen vinculados a una suerte de situación  de orfandad. Hay mucho para pensar y para hacer. Pensamos que  los menores de edad deben tener un representante, un responsable. Deben tener una familia que los complete, que los constituya como sujetos. La categoría huérfano es muy pregnante, nos moviliza no sólo porque el niño huérfano aparece como desprotegido, solo, sino también como un niño sin representación, sin responsable. No pensamos en la posibilidad de crecer en función de otros sostenes no vinculados con lo familiar y con este modelo, tan propiamente occidental, diríamos los antropólogos: un parentesco, unas relaciones de parentesco que se organizan en derredor al tema filiatorio. O sea que, si vos no no tenés tus progenitores biológicos que además te inscriban en esta relación filiatoria, parece que vas a ser un individuo sin sostén alguno ¿Y por qué no poder crear otro tipo de sostén que, además, no se base en la limitación de esa institución familia? Más allá de los tantísimos cambios que ha tenido, seguimos pensando en la familia nuclear, conyugal, heterosexual, ¿no? Una familia un tanto modélica.

CALESITA SIN SORTIJA

Hablabas de la autonomía progresiva y pensaba en los chicos que llegan a la mayoría de edad en un Hogar. ¿Hay estrategia estatal?

, pero el tema de los chicos que egresan de los hogares al llegar a la mayoría de edad es el mayor déficit. También considero que todos tenemos derecho a poder vivir en familia. El punto es que, cuando uno se maneja con una idea muy limitada, muy restrictiva de qué es familia, prontamente aparecen estos dilemas: o es una familia o es la otra. O es revinculación o es la adopción. Se normaliza de un único modo y así se transmite y así lo vivencian los propios sujetos. Crecer en un Hogar o en otro tipo de modalidad de cuidado es una situación conceptualizada como anómala. El acogimiento familiar es algo a lo que se le tiene que dar un cierre prontamente porque, si no, lo chicos están en una situación incierta. Uno se pregunta por qué incierta:  no tenés por qué anular a tu familia o a una parte de tu historia para obtener certeza. Vivimos rodeados de incertezas. Hay ahora una ley- un tanto controvertida pero, como iniciativa, está buena- la Ley de Egreso, que impulsó una organización de la sociedad civil: se trata de brindarle un subsidio o una beca a los chicos próximos a egresar del sistema porque cumplen la mayoría de edad. También es eso: sos huérfano hasta los dieciocho y después arreglate. O sea, la situación de orfandad no amerita más… cuando en verdad, durante largos años, los que dependimos y dependemos de familia estamos muy insertos en esas tramas. Sin embargo, a estos chicos se les dice: “bueno, ya está”, de un día para el otro. Y ¿adónde van después de los dieciocho?

Secretos en el umbral, 1934. Archivo General de la Nación
Secretos en el umbral, 1934. Archivo General de la Nación

¿Hay experiencias de otro tipo de crianzas, fuera de la familia nuclear?  Y, respecto a las re vinculaciones – o no-, pensaba en la ruptura  entre una situación y otra, en el tema de la identidad y en todas las connotaciones que tiene post dictadura.

Prima la idea de fijar situaciones y lugares, como la relación filiatoria. Que a ese chico lo está cuidando una familia que no es la de sus padres no necesariamente tiene que tener el desenlace de la adopción. Habría que dar paso a la idea de crianzas más colectivas, no a la idea de los niños como propiedad. Eso es también lo que escuchamos: “El niño es de mi propiedad exclusiva”. Nos seguimos manejando con figuras de padre y madre excluyentes y exclusivas. Hay una sola madre por vez y una tendrá que salir de escena para que entre otra. Creo que ahí hay mucho por trabajar. Al deconstruir estos supuestos culturales, se abre un espacio para imaginar otros mundos posibles. Si no, es sólo vulneración de derechos y sólo políticas signadas, muchísimas veces, por la carencia o por la escasez. Tenemos que pensar otras formas, otras políticas, el propio diseño de estrategias de intervención.

En relación a lo que mencionaste antes sobre la propiedad, salió en varios medios la noticia de las “devoluciones” de niños adoptados. Las razones sonaban muy infantiles.

 Sí, totalmente. Aparte, son situaciones muy intolerables, porque ves que al niño lo consideran un paquetito. Creo que ahí funcionan varias cosas. Habrá otras tantas explicaciones de corte sociológico y socio antropológico.Por un lado, el discurso- orientado a la institucionalización o a los plazos más rígidos de los que hablábamos- ha agilizado determinados procesos que ameritarían más tiempo. Una entrevistada del programa de acogimiento familiar me decía recientemente: “los jueces, no sé por qué, estallan de felicidad al llamar a un matrimonio y decirles: “Van a ser padres”. Como una cosa orgásmica. Y se supone que ese matrimonio tiene que ir, ponerse feliz y ser pura alegría cuando, a lo mejor, están cagados de miedo, o están atravesando una crisis de pareja y nadie les pregunta en el Juzgado… Los acompañantes de la vinculación entre el niño y la familia adoptiva observan ciertas conductas. La entrevistada me contaba que, muchas veces, -aunque esto parece muy psicologizante- al observar la cara de la pareja adoptante, podés pesquisar cosas. Algunos adoptantes han llegado a decir: “no imaginé que iba a ser tan morocha” o “yo no quería un pibe con rasgos bolivianos”. Aun cuando esto te genere una gran y profunda indignación, estas cuestiones tienen que poder ser escuchadas y controladas. Porque si, en esas condiciones, esa pareja se lleva a ese chico a su casa les será muy difícil construir un vínculo. A lo mejor lo construyen, pero más adelante, con más tiempo, de manera un tanto más gradual. Ahora, si en lugar de eso y de poder escuchar, hacés como el juez e insitís en: “Ah, ustedes ya son padres porque salieron elegidos por mi varita mágica”, la cuestión de la devolución es medio una profecía autocumplida. 

¿Conocés casos particulares?

Calle de Pueblo - 1966 - Archivo General de la Nación
Calle de Pueblo – 1966 – Archivo General de la Nación

Estábamos siguiendo un caso y yo me indignaba con la jueza. Pero, justamente, el trabajo de cientista social- de la antropóloga, en este caso-, es poner entre paréntesis la indignación ante determinadas cosas para poder comprender qué está pasando ahí y cómo se trama eso. Un matrimonio había adoptado dos hermanitos en Corrientes, tres años atrás. En el colegio detectaron que tenían marcas. Finalmente los revisaron y vieron que eran  producto de golpes. Los golpeaban con las llaves cuando se portaban mal. “Eran gente muy bien -, profesionales, él trabajaba no sé si en el Ministerio de Justicia, profesores universitarios”, me decía la jueza. Es muy interesante ahí ver cómo juegan los estereotipos de clase de los que hablábamos. Esto es: quiénes son o pueden ser una madre o padre violentos. Ciertamente, no se puede imaginar que un profesor universitario que trabaja en el Ministerio de Justicia, es abogado y  gana muy bien sea un padre violento, eso parecería generar más indignación y desconcierto… Bueno, se inicia una intervención, en donde los citan para que den explicaciones respecto de las marcas de golpes que tenían los chicos  y ¿qué hace esta gente? Los lleva al Juzgado a devolverlos. Los habían tenido en guarda durante tres o cuatro años, pero adujeron que se habían convertido en dos demonios, que no hacían caso y que los querían devolver. ¡La indignación de la jueza…! Entonces, hay que ver cómo significamos nosotros el tema de lo no perenne de los vínculos biológicos y lo desarmable de los vínculos sociales. Con un hijo, te imaginás una situación de abandono, de no querer continuar con la crianza, pero no se te ocurre devolverlo, y esto sí ocurre en una situación de adopción.

ESPEJITO, ESPEJITO

Ahí falla esto de querer reproducir el vínculo biológico en la familia adoptiva.

Totalmente. Creo que también impera más el principio de la gratitud, ¿no? Que estos chicos, en un punto, deben agradecer lo que vos hacés por ellos: ni más ni menos que adoptarlos, darles una familia, toda esa idea de salvación. Y la gratitud pasa por el deber de obediencia.

La adopción parte, a veces, de una posición más egoísta, del deseo de esa pareja de tener un hijo propio… El acto de amor enmascara.

Claro.  Es como si estas razones tuvieran mayor potencia. Hace muchísimos años, en un reportaje a Cecilia Roth, quien tiene un hijo adoptado con Fito Páez, la periodista- transitando por el lugar común- le dijo: “Ay, bueno, vos con todo ese amor, con esa actitud tan solidaria y tan divina con que adoptaste un chico”. “Solidaria, no. Yo quería tener un hijo”. Hay que partir de ese reconocimiento, es un deseo del adulto, un deseo nuestro. Me parece mucho más transparente poder plantear de esta manera las bases a partir de las que se va a construir un vínculo, que seguramente será de muchísimo amor, pero que también va a ser diferente al que se construya sobre lo biológico.

Hablabas de construir un vínculo diferente al biológico. En tu investigación mencionas que, en un momento, se pretendió borrar todo lo anterior para crear un sujeto nuevo. Actualmente, sobre todo luego del gran trabajo de “Abuelas” y el derecho a la identidad, no está la mentira, porque no se oculta la condición de adoptado, pero está el borramiento de la familia de origen y de la historia.

Patronato de la Infancia, año 1912. Archivo General de la Nación
Patronato de la Infancia, año 1912. Archivo General de la Nación

En la investigación para Unicef que te mencione, aparece un testeo muy actual de qué pasa en este terreno. Cuando preguntamos en las entrevistas qué información se les brinda a los chicos separados de su familia de origen, suelen responder que les brindan información,  siempre que tengan en claro cuál va a ser el desenlace. Si saben que no va a volver con su familia de origen, no se la dan, “¿para qué dársela?”. Lo que están propiciando ahí es la ruptura. Más allá de que políticamente no se llegue  a la mentira, hay una situación de ocultamiento, de alejarlo de una historia para introducirlo en otra. Al contrario, debería ser prioritario que el chico guarde estos recuerdos, que tenga información de esa familia a la que no va a volver. Y esto sigue sucediendo a pesar de que, en nuestro país, a diferencia de en otros, es muy notorio el impacto de “Abuelas” y del derecho a la identidad. Pero muchas veces hay bastante disociación entre lo políticamente correcto y lo que se practica. Pareciera que el tema del derecho a la identidad está muy bien en el caso de los chicos de los desaparecidos pero, en estos otros, no tanto. ¿Para qué tener información de la familia a la que no van a volver? … En fin.

¿Qué pensás de las adopciones internacionales?

Es muy complejo. En la década de los 90 ha habido una explosión de las adopciones internacionales, una práctica de algún modo legitimada por estrellas hollywoodenses que se fotografiaban con un negrito. Y, en verdad, allí se revela  algo como lo que vemos con las transferencias verticales que suceden en las adopciones nacionales, esta práctica tan común antiguamente, de ir al interior y traer chicos a la ciudad, a los centro urbanos, a Buenos Aires. En las adopciones internacionales se está hablando de países periféricos y centrales. Sobre todo, al inicio de este movimiento, las adopciones transnacionales  se vincularon mucho  con las guerras y con los niños huérfanos o desamparados de los países vencidos. Actualmente y como consecuencia de distintas variables, se observa un descenso en la cantidad de adopciones internacionales. Por un lado, yo creo que han bajado debido a los esfuerzos por fiscalizar esas prácticas. Ha habido casos realmente alarmantes que concitaron muchísimo rechazo. Uno de los más conocidos fue el de la organización humanitaria francesa llamada “El Arca de Zoé”, con el caso de los “huérfanos de Darfur” que justamente no eran huérfanos, tenían padres y otros familiares que habían sido engañados, para que consintieran que sus niños fueran llevados a Europa por esta organización que pretendía protegerlos y salvarlos de la situación de violencia y miseria imperante en sus países. Ese caso sucedió no el siglo pasado, sino hace tan solo 10 años. En nuestro país, un ciudadano puede adoptar chicos de otro país, pero la ley no permite que un extranjero adopte un chico de acá y se lo lleve. Fue una de las condiciones de la reserva que se hizo cuando el país adhirió a la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Y esa reserva, entiendo yo, también tuvo mucha relación con el activismo desplegado por “Abuelas” y con la problematización que hicieron de la apropiación de niños que, más o menos directa o indirectamente, pudo también ayudar a visibilizar y a cuestionar del denominado “tráfico de niños”. Por otro lado, también se puede pensar que la cantidad de adopciones internacionales descendió debido al acceso a técnicas de reproducción asistida. De hecho, el impacto de estas técnicas está modificando -y mucho- el escenario. Y ahí también la pregunta tramposa, que surge desde algunos sectores muy conservadores, es: ¿serán huérfanos estos embriones? En verdad, sobre esto intenta avanzar el nuevo Código Civil y Comercial. De hecho, en él aparece una fuente de filiación muy novedosa, la voluntad procreacional. Es una innovación muy interesante para pensar de otra forma la relación filiatoria. No solamente se es padre o madre a partir del hecho biológico de la procreación, sino porque hay una voluntad procreacional.

¿Ahí se modifica la definición de huérfano?

Sí. Yo entiendo que sí, que no se puede hablar de embriones huérfanos. Sin embargo, hay algunas posturas sobre este tema que son bastante graciosas, por no decir, patéticas. Hace ya casi unos veinte años, cuando se empezó con el tema del congelamiento de embriones, un asesor de menores de la CABA había sostenido que esos embriones congelados estaban en situación de abandono moral y material y que necesitaban ser tutelados: eran embriones huérfanos.

Navidad. Niños mirando juguetes. Archivo General de la Nación
Navidad. Niños mirando juguetes. Archivo General de la Nación


Ahora, con el debate por la legalización del aborto, apareció la propuesta de una legisladora para que la madre gestante continúe el embarazo hasta los cinco meses

Claro. Y que después siga en la incubadora hasta que crezca y alguien lo adopte. Una locura macabra y, además, materialmente impracticable. Por eso está bueno pensar cómo se transforman los sentidos asociados a la categoría huérfano, en función de las posibilidades que brinda el avance de la ciencia y la tecnología y de estos cambios tan vertiginosos y tan profundos en nuestra manera de entenderm tanto la procreación como la filiación y las relaciones familiares. Estos cambio s también constituyen un alerta para pensar que los sentidos que se darán a esas innovaciones científico-tecnológicas no están prefijados de antemano y que pueden dar lugar a interpretaciones o bien a proyectos inspirados en posturas ideológicas muy disímiles, por no decir contrarias o antagónicas.

ES AL ÑUDO QUE LO FAJEN

Leo un párrafo de tu texto sobre la adopción en los 60”: “La figura de la adopción de niños fue recién entonces legislada en un contexto de fuertes cuestionamientos a las prácticas de las instituciones de caridad –que se tradujeron en la expropiación por parte del Estado de las funciones que tradicionalmente se les había asignado– y de políticas de asistencia pública y de justicia social impulsadas por los primeros gobiernos peronistas (1946-1955), orientadas a la equiparación del status de distintos actores sociales. En ese escenario la adopción, vista como una medida de protección para la infancia abandonada, fue presentada además como una verdadera “conquista social”, ya que mediante ella los niños y niñas adoptados pasarían a ser hijos legítimos y a tener un apellido. (…) así en la retórica y la praxis peronistas tendientes a transformar a la niñez desvalida en una“infancia privilegiada”. ¿Cuál es la retórica y la práctica del contexto actual?

 Ya viste los afiches que hay por la ciudad “Adoptar es un acto de amor”. No sé cómo definirlo. Es una cuestión muy disputadaM vinculada con lo que decías del real impacto de “Abuelas”. No es solo el impacto de la construcción del Derecho a la Identidad de los Niños ni tampoco es solo el discurso de Derechos de la Infancia. Actualmente, más allá de que detectemos prácticas de ocultamiento y la ruptura, hay otra conciencia, otra forma de concebir a los niños y niñas en situación de adoptabilidad. Igualmente, existen concepciones encontradas respecto de la infancia y sus derechos y de los derechos que asisten también a sus progenitores. No son niños carentes de todo vínculo. Están vinculados, están en tramas vinculares. A lo mejor, no son las que son consideradas como legítimas, no son las adecuadas, o son violentas o uno ve ahí señales que podemos leer como de negligencia. Son tramas también  atravesadas por muchas vulnerabilidades y todo lo que esto implica en términos de espirales de violencia. Resultan difíciles de superar, de sortear. Se necesita mucho apoyo. En los últimos años, la política redistributiva , la AUH – tan necesaria y que mejoró tan sustancialmente algunos indicadores-, en muchas situaciones fue insuficiente. No alcanza. Estamos hablando de otras vulnerabilidades asociadas a una situación prolongada de exclusión.

¿Y entonces?

Tenemos que poder pensar que este campo, el de las políticas y medidas de protección de la infancia, es un campo de disputa en el que permanentemente hay posturas que coexisten y que compiten, que disputan. A lo mejor, por eso me cuesta en este momento definir la praxis de manera uniforme. Aunque es cierto que, desde la gestión del Ejecutivo nacional, se está muy a tono con una retórica y una praxis neoliberal. Por eso, hoy se hacen más palpables que justamente hoy nos encontramos disputando ideas de Estado y de sociedad disímiles, ideas relativas al bienestar, a los derechos y a la justicia social muy diferentes. Se está dando una batalla cultural que excede el campo de la infancia pobre, pero que tiene allí un escenario central. Por ejemplo,  una cuestión en disputa es la transformación normativa que implicó una agilización de los tiempos en el Código Civil. Que eso sirva y que redunde en un beneficio a los chicos, para que no se queden eternizados en instituciones o atrapados en la desidia e indiferencia institucional es una cosa. Pero, que sólo redunde en un beneficio para que las familias adoptantes consigan prontamente niños, es otra muy diferente. Eso depende de la praxis que acompañe a estas situaciones, y este es el desafío. Poder articular una práctica que abogue por más recursos para apuntalar a esas familias de origen adonde tienen, en principio, que volver los chicos, si ese es su deseo. O bien desentenderse de la situación de esas familias, optar por incapacitarlas una vez más y considerarlas no aptas para criar a sus hijos. Estas son cuestiones que están y van a seguir estando disputadas. Lo que nos proponen algunos discursos es una administración eficiente de estas cuestiones: que las familias sepan cuáles son sus limitaciones y, si no tienen posibilidades de cambio, es mejor que-como dicen los brasileños- abran mano de los niños. Total, otra familia los va a poder criar mejor. Yo pienso en una postura que abogue por que los niños sí estén en condiciones de disfrutar- como tantos otros- su infancia en las condiciones que les permitan vivir una vida digna y pienso que eso no sólo se consigue abogando por el respeto de los derechos de los niños en el limitado campo de las políticas de protección a la infancia, sino disputando proyectos de sociedad que sean en verdad más inclusivos y socialmente más justos.

 ABUELITA, DIME TÚ

Al principio mencionaste tu tesis sobre apropiación de niños en la dictadura, ¿hay algo que quieras comentar o reforzar sobre esto?

Sí. Que ha sido un tema duro y lo sigue siendo. En su momento, la hipótesis fue bastante arriesgada porque se consideraba que era un hecho bastante excepcional, pero yo quería demostrar que todo lo horroroso y perverso que rodeó a ese plan sistemático de apropiación de niños, por momentos, no permitía ver las ligazones que ese hecho tenía con prácticas preexistentes. Busqué mostrar cómo, aun en su excepcionalidad, la apropiación de niños combinó prácticas que ya existían en relación con la infancia. Intenté identificar y analizar cuáles habían sido las condiciones materiales y sociales de posibilidad que habilitaron que este plan criminal se pudiera llevar adelante. Por un lado, en los últimos años, algunos casos de restitución de niños -ahora adultos, claro- han abonado varias de las hipótesis que manejaba ahí. Siempre cuento algo que me pareció muy significativo. En 2008, hubo dos casos de chicas que habían nacido en la maternidad clandestina de Campo de Mayo y fueron dadas en adopción. Eso era lo raro porque, hasta esos momentos, se pensaba que la adopción se había utilizado para los chicos secuestrados vivos y no para los niños nacidos en cautiverio. Se creía  que para los nacidos en cautiverio se había usado la práctica de la falsa inscripción. Estos dos casos venían a demostrar, junto con otros que después se fueron sucediendo, que  incluso para bebés nacidos en cautiverio, en maternidades clandestinas, se había apelado a la adopción. Y en estos dos casos el que participa es el Movimiento Familiar Cristiano.

La iglesia, presente…

En mi investigación de tesis, me lo mencionaron como un movimiento de laicos que había hecho mucho para legitimar la adopción. Para convertirla en un recurso moralmente válido. Había personas que iban a convencer a mujeres  en duda con la continuación de su embarazo, de que lo mejor era dar al bebé en adopción. Tenían tanto el listado de familias como el listado de mujeres prontas a parir. Que haya participado este movimiento y que se haya verificado fue bastante fuerte. Pude confirmar lo que yo intuía y que también muchos de mis entrevistados pensaban. El Movimiento Familiar Cristiano no fue creado en ese momento como un cómplice de la dictadura, sino que era un recurso más, que ya estaba disponible de antes. Otra cosa que me impactó sobremanera, y a qué argentino o argentina no, fue la localización de Ignacio Guido Montoya Carlotto.

También para eso fueron necesarias ciertas condiciones de posibilidad. Aunque a una parte de la población no le haya erizado la piel.

Allí empecé a pensar, no sólo las condiciones de posibilidad, sino también en las condiciones sociales de perdurabilidad. Estamos hablando de una tarea ciclópea, de haber encontrado ya a un montón de nietos y restan todavía casi cuatrocientos. Han pasado casi cuarenta y dos años de ocurridos estos hechos. Sostener la mentira durante tantos años, sostenerla en Olavarría, que es un lugar tan chiquito… Un pibe muy sensible, aparte… Bueno, otro caso que me impactó muchísimo y ahora no recuerdo qué número de nieto es, fue de fines de 2014, un chico sociólogo e investigador del Conicet que trabaja sobre sindicalismo combativo en los ’70,  un nieto apropiado. Qué operaciones de ocultamiento y de mentira ocurrieron ahí para que él no haya dudado antes, para que el entorno más próximo no le haya acercado alguna duda. Sucedió, justamente a raíz del nieto de Estela, que una de sus tías se quebró y le dijo: “Yo tengo algo que contarte”. El apropiador que lo había inscripto como propio era un médico de la Casa Cuna. El nenito había llegado  en un estado de salud muy delicado porque había nacido en la ESMA. Nadie lo reclamaba, ese médico lo inscribió falsamente como hijo propio, nunca le contó nada y así vivió cuarenta años. Digo: ¿qué mecanismos operan ahí, qué condiciones  lo hicieron posible y tan perdurable en el tiempo? Tan perdurable que, por momentos, pareciera resistente a las estrategias tan creativas y tan potentes que han ideado las “Abuelas de Plaza de Mayo”. Siempre digo que, si la apropiación criminal de bebés tiene algo excepcional en nuestro país,  es el movimiento de derechos humanos que pudo problematizarla a posteriori. La violencia hacia los niños, este tipo de casos de secuestros, de robos, de desplazamientos masivos de niños han ocurrido, lamentablemente, en otras partes del mundo y en otros momentos históricos.  

¿Qué pudiste elaborar sobre esas condiciones de perdurabilidad?

Creo que muchas actúan en simultáneo. Se imbricaron tanto en prácticas tan habituales que permiten hacer la vista gorda, en ese aspecto camaleónico de hacer muy bien el “como si”. Los transforman en hechos muy verosímiles. Estos dos chicos estaban convencidos de que eran hijos biológicos.  Además, a mi modo de ver, la sensación de deuda de la que hablábamos antes, que opera en el caso de los chicos adoptados/apropiados, obtura mucho las posibilidades hasta de preguntar. Y, en  estos casos, se profundiza en lo que se está simulando. Yo creo que acá cobra sentido esto que dicen muchos adoptados: aun cuando no les hubieran dicho la verdad, ellos algo sabían. Claro que sí, pero no es que lo sepan por una cuestión biológica o genética de tener inscripta la verdad en el cuerpo o por alguna cuestión psicológica ligada a los orígenes, sino que lo saben porque desde pequeños saben que hay cerca una situación muy incómoda. Por eso creo todos los adoptados dicen “Yo siempre supe”. Saben desde siempre porque es muy fácil darse cuenta  cuándo estás cercano a transitar una zona muy fangosa, muy incómoda, porque de eso no se habla

 ¿Y a nivel social?

Creo que juega el estereotipo de “una buena familia”, no preguntar, no ahondar más. Hay un caso de una nena que nace en el Hospital Militar de Paraná y, de allí, es llevada al Instituto de Pediatría. Le dan el alta de este lugar y la derivan a un convento que funcionaba como un hogar de huérfanos. De allí, es retirada por sus padres adoptivos, que estaban anotados en el Juzgado para adoptar. Esta chica siempre supo que era adoptada. La adopción se realizó en 1978. En algún momento de su juventud, ella empezó a pensar que, a lo mejor, podía ser hija de desaparecidos. En el momento en que se presentó a “Abuelas”, ya había una causa abierta y la estaban por citar porque justo habían dado con ella. Los padres adoptivos siempre la acompañaron, y mucho, en la búsqueda. Había sido una adopción legal, por lo tanto, ellos no estaban imputados. En uno de los juicios que se llevaron adelante, el padre adoptivo fue citado a declarar y dijo “Nosotros no creímos que este era el mecanismo utilizado con los hijos de desaparecidos, creímos que el mecanismo era otro”.

Es una especie de desmentida.

Familia obrera, 1941. Archivo General de la Nación
Familia obrera, 1941. Archivo General de la Nación

Operaba esa idea. Esas interpretaciones respecto de lo que fue la apropiación en la dictadura, una idea de la forma típica de la apropiación rodeada de clandestinidad e ilegalidad y de listas de militares esperando para adoptar a un niño, obturan la posibilidad de conocer otras formas o de poder detectar otros casos. Cuando uno construye hipótesis sobre evidencias como “todos los chicos nacidos en cautiverio fueron inscriptos falsamente”, a lo mejor, tu propia hipótesis de búsqueda te hace perder otras posibilidades. En términos de perdurabilidad esto también incide, si bien el gran impacto de “Abuelas”  fue poner en cuestión la filiación. Como dice una psicóloga de “Abuelas”, todos nos hemos preguntado- de alguna u otra forma-, sobre nuestra filiación. Lo cierto es que, en algunos lugares, todavía no hace ruido ¿Por qué? porque puede haber un acta de nacimiento que cubre todos los requisitos, puede haber una sentencia de adopción en la que medió la decisión de un juez, los padres podían encontrarse inscriptos, todos esos son elementos que llevan a no dudar. Pero igulamente se puede tratar de un “como si”, de una apropiación transfigurada en adopción. Entonces, creo que el hecho de insistir en la excepcionalidad y en el carácter clandestino de estas prácticas puede actuar como propiciador de esta perdurabilidad.

¿Seguís viendo cercana la condición de posibilidad?

Si bien las condiciones que posibilitan la perdurabilidad continúan, como sabemos, aún restan encontrar a casi 400 nietos, no veo tan cercanas las condiciones sociales de posibilidad. No creo que actualmente sigan existiendo las mismas condiciones, ni que sigan actuando de la misma manera. Creo que el trabajo de “Abuelas”, y lo que a partir de él han podido elaborar los profesionales que trabajan sobre estos temas, ha generado más cuidado, más precauciones. Además, la adopción en sí gozaba de valoración positiva, era como el remedio a todos los males. Incluso, o sobre todo, para las posturas más progresistas. No es que fuera algo de los sectores más ortodoxos o conservadores o reaccionarios. En esos momentos, fines de los años 60 y principios de los 70, desde los sectores que hoy denominaríamos más progresistas se decía: “qué mejor para  los chicos que tener una familia” y eso posibilitó que la adopción fuese preferida y que además fuese preferido un tipo de adopción basado en lo que se ha denominado “ruptura limpia”, en hacer como si los progenitores biológicos desaparecieran de la vida de sus hijos. Creo que las condiciones sociales de posibilidad no siguen siendo las mismas. Sí, hay determinados prejuicios y estereotipos muy arraigados en lo social que propician este desplazamiento de niños y un reemplazo de su familia de origen. Pero, al menos en el ámbito institucional de protección de derechos de los niños, esta concepción respecto de la adopción ha cambiado sustancialmente.

 HAMBRE DE PERDICES

 Antes hablabas de la imaginación, decías que hay determinadas cuestiones – la familia nuclear, la exclusividad parental- sobre las que no se imaginan alternativas. ¿No hay un imaginario utópico hoy?

Sí, lo hay. Pasa que también somos el resultante de las circunstancias históricas.  Sí existe la imaginación utópica que permite avizorar otro territorio. Ahora bien, se tienen que dar determinadas condiciones para que esto aparezca como realizable. Una figura que me gusta mucho, porque es muy explicativa, la enuncia una antropóloga hindú, Veena Das. Ella define a algunos sucesos como eventos críticos: son esos eventos traumáticos que hacen reconfigurar una serie de relaciones. La apropiación criminal de los niños ha tenido ese carácter, ahí se ve cómo este acontecimiento tan extremo permitió reorganizar, construir otra retórica, modelar otras sensibilidades a las que no estábamos acostumbrados. Creo que, antes que pasar por esos eventos tan traumáticos, una forma de imaginar mundos posibles es aprender de esas experiencias, para ponerlo en términos más banales. Incluso, todo lo que está ocurriendo con el feminismo ahora era antes impensable en las dimensiones, en la magnitud y en los temas problematizados y puestos en cuestión. Esto habilita otros horizontes. Después, está en nuestras manos ver qué se hace. Así es el terreno de la lucha, se gana y se pierde, se avanza y se retrocede. Eso me parece interesante.

¿Y cuál sería ese imaginario utópico en el terreno de la infancia?

Marcha por los derechos de los niños, niñas y adolescentes 2017
Marcha por los derechos de los niños, niñas y adolescentes 2017

No sé. Hay varios, creo yo. Proponer un horizonte utópico en estos casos tiene que ver, por un lado, con esa obstrucción de la idea de familia, de parentalidad tan arraigada, tan en términos más de propiedad de los niños, de pensar que determinada  forma familiar te garantiza algo. Sería interesante poder pensarlo más en términos de ver cuáles son los arreglos posibles para hacer frente a la crianza del niño, novinculados solamente con una maternidad intensiva, con una familia solo pensada en términos de familia nuclea. También, es necesario que haya mucha más redistribución de ingresos: la infancia es el grupo etáreo más afectado por los niveles de empobrecimiento: la infantilización de la pobreza. Cuando una familia de sectores vulnerables se empobrece precipitadamente, no hablamos de un niño, estamos hablando de dos,  de tres o de cuatro niños que caen en pobreza o indigencia. Esto se ve en los comedores, en las escuelas. Garantizar los derechos económicos, sociales y culturales para todo niño y niña es un horizonte utópico, pero también realizable, creo yo. No contentarse con “bueno, pobreza va a existir siempre”. Lo que va a existir siempre son los conflictos. Y los conflictos los tenemos las familias de clase media, las de clases altas y las de clases bajas. Gestionar formas de administrar conflictos que no sean clasistas, que no sean paternalistas, que no reproduzcan más desigualdad, sería el otro horizonte utópico. Reconocer que familias y personas podemos atravesar situaciones críticas y no por eso estamos incapacitados para ejercer determinado rol, ni estamos impedidos de ejercerlo  de por vida. Porque también está esto de que una mujer profesional de clase media puede ir al psicólogo o se va de viaje con sus amigas y tiene recursos para enfrentar una situación específica. Para una madre con cinco niños, que no dispone de un jardín maternal,  a quien los chicos lloran de hambre o lloran porque quieren el jueguete que vieron en la tele y que no le podés comprar, y a quien el tipo  que es su marido, cuando viene de laburar todo el día  la faja ¿cómo hacés para sostener la complejidad de la crianza en esas condiciones?

El Estado regula con representantes de clase media o media alta. Entonces, el conflicto se resuelve de acuerdo a los parámetros de determinada clase social.

Tal cual. Y vos, mujer de clase media, tenés los sostenes como para resolverlo y tramitarlo. Si no los tenés, hacés lo que podés y entonces: “¡Mirá qué madre violenta! Le pega una cachetada en vez de…” Realmente,  hay que pensar cómo es posible una crianza tan intensiva sin red ¿cómo hacés?, ¿quién te sostiene a vos? Hay que pensarlo en términos relacionales. No es que la madre es todopoderosa. En todo caso, se puede aspirar a la fantasía de ser todopoderosa porque tengo obra social, tengo celular, lo llamo al pediatra, paso por la farmacia y compro el jarabe, me tomo un taxi si veo que no llego al jardín, tengo la niñera en casa… Si no tengo todo eso, a ver si puedo funcionar como madre modelo, no sé…




AXIS MUNDI

Orfandad: preguntas sobre orígenes y ficciones.

Por Lourdes Landeira

columna-vertebral-3d_1048-4916El axis es una vértebra cervical, un tipo de ciervo, una ong, una banda metálica, un grupo de rock y alguna que otra cosa que por ahí da vueltas. Cuando la palabra se junta con “mundi”, cielo y tierra confluyen en un punto: el eje del mundo. Entonces, todo comienza a andar y a ser dicho. En uno o varios idiomas. Y, también, se inician los cuestionamientos. ¿Habrá habido una única lengua originaria, de la que derivaron las actuales? ¿O surgieron varias lenguas simultáneas, independientes unas de otras? Quizás lo ancestral sea diverso y debamos echar por tierra la máxima de que madre hay una sola. Tal vez nuestra historia salve al génesis de perecer en su propia orfandad de antecesores. ¿Cómo saber cuántos días más podemos sumar? ¿Cómo, cuántos menos? No hay centro de los tiempos. Sin embargo, sí hay versiones, teorías, creencias sobre las que asentar nuestras columnas e intentar responder. A pesar de nuestros dioses.

“Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.
Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un lenguaje: y han comenzado a obrar, y nada les retraerá ahora de lo que han pensando hacer. Ahora pues, descendamos, y confundamos allí sus lenguas, para que ninguno entienda el habla de su compañero”
Génesis-Capítulo 11.

 

DE MADRES Y PADRES

¿Cuántos países hay en el mundo? Una primera impresión sugiere que la pregunta tiene una respuesta certera. Quizás no sabemos el número pero, si recurrimos a la web y a algún buscador amigo, lo vamos a encontrar rápidamente. Sin embargo, el interrogante tiene sus variaciones. Están los que ya no son, los que lo quieren ser, los reconocidos internacionalmente en forma total o parcial. Entonces, la cuestión se traslada a quién debe reconocerlos. ¿Son los padres quienes reconocen –o no- a sus hijos? Hecha la búsqueda, ahora lo sé: hoy Naciones Unidas tiene 193 estados miembro más 1 estado observador, el Vaticano. A partir de ahí, las aclaraciones. El caso, por ejemplo, de Taiwán -territorio no reconocido, reclamado por China-  o del Sahara Occidental -cuya soberanía se disputan los marroquíes y la República Árabe Saharaui Democrática-. Por no hablar de Yugoeslavia, que fue Serbia y Montenegro unidos luego de haber sido reino, república democrática, república federal popular, república federal socialista y república federal a secas, antes de desintegrarse en Serbia y Montenegro separados. Todo eso sucedió entre 1929 y 2006. Un total de 77 años, un lapso apenas cercano al promedio de vida del occidental blanco. Solemos cobijarnos bajo la bandera del país donde que nacimos y nos ahijamos allí, como si fuera un lazo inmutable.divinidad

Pero, ¿qué tipo de padre es un país? Así, tan cortito y contundente, inequívoco. ¿Qué tipo de madre es una patria? Así, con su género en femenino, con su raíz tan patriarcal. El lenguaje, matria escurridiza, inventa nombres para hacer sonar lo impronunciable, la ausencia plena y comunitaria de nuestras vidas presentes. Existencias nacidas de la incierta combinación de deseos, mandatos, violencias, amores, que serán trascendidos por sus obras: las nuestras, en el mejor de los casos. Otras, en su mayoría. Vuelvo al origen y la respuesta a mi última pregunta deviene en nuevos interrogantes. Antes que nada, saber si ese padre está vivo o muerto, o muerto entre los vivos, o vivo a pesar –gracias- a sus muertos. Si un acta fundacional le dio fecha de nacimiento a través de la ficción de las naciones, otra puede firmar su partida de defunción. Ambos actos, metamorfosis  que enlazan –necesariamente rimados- implantes y trasplantes. Luchas, negociaciones y algún tipo de poder ejercido por un tiempo más largo que corto, indeseado en general por los muchos, gozado en general por los pocos. Sin embargo, consideramos extraordinario que un país deje de existir: nuestras obras ficcionales están destinadas a trascendernos, a permanecer en el más allá de la única certeza inefable de nuestras vidas. Cuando sucede, quedan los huérfanos de su nacionalidad, desamparados sobre huellas de  memorias, reescritores de un pasado que los situé en algún futuro.

 

DE DIOSES Y NIÑOS

“Si Dios ha muerto todo está permitido”, dijo Fiodor Dostoievski en 1886, a través de los personajes de Crimen y Castigo. “Si Dios no existe, entonces todo está prohibido”, retrucó el médico psicoanalista Jacques Lacan, largos años más tarde. ¿Se desliza la culpa a través de los siglos? ¿Es igual rendir cuentas ante un padre muerto que ante uno que nunca fue?

Quizás la inexistencia potencia el efecto del vacío.

Por supuesto, no olvido que, en 1884 nació Friedrich Nietzche y que su “hombre loco” habló:

“¿Dónde está Dios? Os lo voy a decir. Le hemos matado; vosotros y yo, todos nosotros somos sus asesinos. Pero, ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo pudimos vaciar el mar? ¿Quién no dio la esponja para borrar el horizonte? ¿No caemos hacia adelante, hacia atrás, en todas las direcciones? ¿Hay todavía un arriba y un abajo? ¿Flotamos en una nada infinita? ¿Nos persigue el vacío? ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros le dimos muerte! ¡Cómo consolarnos nosotros, asesinos entre los asesinos! ¿Quién borrará esa mancha de sangre? ¿Qué agua servirá para purificarnos? La enormidad de este acto, ¿no es demasiado grande para nosotros?”

axismundi_sept2017Deformaciones metafísicas mediante, nos hemos acostumbrado a que lo más cercano sea lo más arduo de ver. Quizás por eso los niños ven infinitas veces la misma película, se hacen leer el mismo cuento. Gozan del amparo de la repetición, de lo conocido, de lo esperado, sabemos el desenlace y lo volvemos a ver. Cada vez, como la primera y con la acumulación de las sucesivas. En esa infancia podría estar la génesis de nuestra necesidad de lo continuo y de nuestro estupor ante lo lo irruptivo: su Horror y su Belleza. Si bien personas de distintas generaciones y fronteras nos enteramos de la muerte de dios, poco se habla de la orfandad que, por definición, nos constituye. Antes de enterrarlo. se nos dijo que  fuimos creados a imagen y semejanza de ese ser a quien no precede más que Nada. Ahí está, siempre lo supimos: somos huérfanos por creación e invertimos nuestras vidas en desterrar el abismo a través de entramados biológicos y culturales. Eso es lo Maravilloso, lo que nos sitúa en tiempo y espacio, esas categorías que, como dios, no existen del todo en lo real. Pero su relato nos humaniza. Y, entonces, más allá de las decisiones individuales, queremos ser familia con nuestros vivos y con nuestros muertos. Una y otra vez.

Si hasta el mismo dios se inventó su propia madre, ni él soportó la orfandad. Algún tiempo después de la expulsión del paraíso, decidió que la múltiple descendencia -pecaminosa  por  no haber respetado su prohibición original- no lo satisfacía como familia y quiso acceder a la propiedad de un hijo único. Claro, necesitó una mujer –recipiente sin pecado concebida- para el engendro. María, madre de dios, tuvo marido, quien solo alcanzó rango de santo. Padre ya había, uno, todopoderoso, varón primario ante el Horror y la Nada. El enigma se completa en la santísima trinidad –y a tener fe se ha dicho: padre, hijo y espíritu santo- machitos todos sus integrantes. María, por supuesto, quedó afuera: mujer tenía que ser.

 

DE CIENCIAS Y SIN SABERES

El 25 de noviembre de 1915 el físico Albert Einstein, ante la academia de Ciencias Prusianas presentó la teoría de la relatividad general. En términos neófitos, sería: localizar un cuerpo en tiempo y espacio depende de la posición del observador. Así, esas categorías –tiempo y espacio- dejan de ser constantes y se convierten en una conjunción dependiente, a su vez, de la velocidad. Y, si de velocidades hablamos, hay una que sí es invariable, la de la luz. Einstein ganó el Premio Nobel por sus aportes a la física teórica, pero no específicamente por la relatividad. Sin embargo, de allí viene su fama, de la popular teoría que da nacimiento al estudio del origen y evolución del universo.axis 1 Regan-Rosberg-1-web

Este número anartista ronda la orfandad, la misma que se ha colado a través de distintas entregas, de múltiples tópicos. Así, hemos conversado con el premiado físico argentino, Carlos Lousto, quien nos reveló recientes descubrimientos teóricos sobre las ondas magnéticas, otro modo de leer el universo -dijo-  en tanto aportan un nuevo sentido al conocimiento. Lo que antes solo se podía “ver”, ahora se podría “escuchar”. Sería posible, nos dijimos en aquel entonces, escuchar el llanto originario del Big Bang. Otra argentina, Cora Dvorkin, cosmóloga ella, fue premiada este año por contribuir con sus estudios a “la comprensión del origen de todo”. Su investigación se enfoca en el instante que, hace casi catorce mil millones de años, nos parió. Justo allí, dice, están las huellas de lo más profundo, del 5 % de la materia que nos compone y del 95% de la materia oscura que desconocemos. “Con ecuaciones podemos tratar de entender lo que sucedió una pequeña fracción de segundo después. Ahora bien, si quisiéramos preguntar qué ocurrió antes, ahí ya no podríamos aplicar el método científico”, declaró para  un periódico porteño. La ciencia nos deja  huérfanos otra vez, incapaces de acceder a la Nada del universo. Sin embargo, no está todo dicho.Otra publicación, extranjera en este caso, cuenta de unos supuestos agujeros negros que “borran el pasado para formar un número infinito de futuros posibles”.  ¿Vendrá la muerte del determinismo científico? ¿Dónde nos encontrará?

 

DE DESPUESES

“Suspirábamos por el futuro. ¿De dónde sacábamos aquel talento para la insaciabilidad? Flotaba en el aire, y aún se respiraba, como una idea tardía, cuando intentábamos dormir en los catres del ejército dispuestos en fila y separados entre sí para que no pudiéramos hablar.” La cita es de la novela de Margaret Atwood, “El cuento de la criada”, recientemente popularizada en formato de serie.

250px-Joaquín_Torres_García_-_América_InvertidaQuizás haya otra forma de leer el mismo cuento. De animarnos a la transformación. De no esperar resucitar de entre los muertos para seguir siendo los mismos. De aceptar que seremos otra cosa. Ya no será posible ser Nada, ese vacío se perdió desde el mismo momento en que fuimos algo. Si no es posible sumergirse dos veces en el mismo río, ningún universo es igual luego de que cada quien lo ha habitado. En consecuencia, en el más acá del más allá, creo, también podemos diversificar los caminos y movernos entre fronteras, familias, cuerpo, sin que cada nueva localización implique un injerto difícil de suturar. Mientras no haya nacido el último que apagará la luz, no estará dicha la última palabra.

¿Será posible correr el eje, imaginar nuevos axis mundis?

 




HIATOS Y DIPTONGOS DE INFANCIAS

Reflexiones acerca de la miseria: sobre lo cotidiano y lo extraordinario, rupturas y continuidades de experiencia y lenguaje.

Por Lourdes Landeira

 “El ángel de la muerte, que en algunas leyendas se llama Azrael y con quien se cuenta que también Moisés debió luchar, es el lenguaje. Él nos anuncia la muerte. ¿Qué otra cosa hace el lenguaje? Justamente, este anuncio hace que nos resulte tan difícil morir. Desde tiempos inmemoriales, durante toda su historia, la humanidad está en lucha para arrancarle el secreto que él se limita a anunciar. No obstante, de sus manos pueriles puede extraerse solamente ese anuncio. De esto, el ángel no es culpable. Es solo quien comprende la inocencia en el lenguaje  quien entiende también el verdadero sentido del anuncio y puede, eventualmente, aprender a morir”.

Giorgio Agamben – Idea de la muerte

HAY UNA VEZ

Virginia Mori
Virginia Mori

Supimos, sabemos, de niñas y niños arrancados de sus historias antes de que ellas siquiera los rozaran. En lugar de la caricia, los atravesó un abanico de míseras violencias encorsetadas en el ocultamiento. Un sitio impropio les acunó entre brazos ajenos. Sabemos, supimos de mujeres y hombres que aún se encuentran con ese pasado: una ausencia continuamente presente. ¿Qué hubo en los años intermedios? Voces, búsquedas, relatos encarnados en fotos blanco y negro, en cuerpos que caminan. Y vuelan. En una entrevista para este número, Miguel Benasayag dice que lo importante no es que el acceso a la producción de poesía sea universal, sino que la poesía esté en el mundo, ya que solo por estar lo beneficia. No importa, podríamos decir, dónde se produjo el pasaje de esas infancias a esas vidas adultas. Importa que hubo –hay- una resistencia constante que dio la pelea para hacer posible pasar del hiato al diptongo.

EN ESTE MUNDO

Cuando nacemos, el lenguaje ya existe en el mundo; sin embargo, no lo poseemos de inmediato, debemos adquirirlo. Nos es imposible pensarnos sin él. Signos y significantes nos preceden y obligan a que yo ponga los límites con ese no tan afuera. Antes de que eso suceda, nuestro cuerpo experimenta sensaciones intraducibles, tan perdidas en el relato como presentes en la piel. ¿Somos capaces de pensar el mundo previo al lenguaje? ¿Estaremos horadados por superposiciones de huellas tan inasibles como potentes? ¿Habrá, entre tiempos y espacios, más cosas de las que podemos racionalizar?

Y OTRAS TANTAS

Giorgio Agamben es un filósofo italiano contemporáneo. Pertenece ala denominada corriente de los biopolíticos, quienes trabajan con el carácter ambiguo de las fronteras de lo humano, con lo animal, con la técnica. E intentan rescatar el entre, el resto, más allá de lo interpretable. Dice Agamben, en “Infancia e historia. Ensayo sobre la destrucción de la experiencia”:

“… al hombre contemporáneo le ha sido expropiada su experiencia, antes bien, la incapacidad de hacer y trasmitir experiencias quizás sea uno de los pocos datos ciertos de los que dispone sobre sí mismo. Benjamín, que ya en 1933 había diagnosticado con precisión esa “pobreza de experiencia” de la época moderna, señalaba sus causas en la catástrofe de la guerra mundial, de cuyos campos de batalla la gente volvía enmudecida… no más rica, sino más pobre en experiencias participables…”

0334719d9d468ee562796058a512e5f1Nombró la guerra y me veo obligada a hacer un paréntesis, porque llegan a mi memoria otros niños, otros relatos. Los que Svetlana Alexiévich hace visibles en su libro “Últimos testigos”. Alexiévich es una escritora bielorrusa. En 2015 ganó el premio Nobel de literatura. Fue la primera mujer periodista a quien se lo entregaron. El jurado habló de su obra como de un monumento al valor y al sufrimiento en nuestro tiempo. No creo que la intención de ella haya sido inmovilizar en estatua ninguna palabra, ninguna experiencia. Sí, probablemente, haya buscado rescatar la dimensión monumental de la historia de esos niños, los de la segunda guerra mundial, como de tantas otras víctimas de miserias contemporáneas –las mujeres de la guerra, las víctimas de Chernóbil, los muchachos de Afganistán-. Según ha dicho en entrevistas a la prensa, “vivimos entre víctimas y verdugos; mientras los verdugos son difíciles de encontrar, las víctimas son muy numerosas”. Ella pretende acercarse al misterio de la vida humana –del que en nada participa la información-  a través de las “voces de la gente común y corriente en medio de eventos extraordinarios”.

PRIMERÍSIMAS de sus “Últimos testigos”:

- El miedo que sentía se extendía por todo mi cuerpo. Por las palabras. Por los pensamientos – El primer cadáver que vi… fue el de un caballo… Luego vi a una mujer muerta… Eso me sorprendió. Yo creía que en la guerra solo mataban a los hombres. – Por alguna razón aquello pasaba en silencio. Nadie hablaba – La guerra. Yo, y es comprensible, a mis cinco años no tenía en la cabeza ninguna imagen para esa palabra. – Hablaré del olor… De cómo huele la guerra… Esos árboles siempre me huelen a guerra… – Caminabas y veías un cadáver negro. Eso significaba que se había quemado un viejo. Cuando veías de lejos algo pequeño y rosado, entonces es que había sido un bebé. Rosaditos, los pequeños yacían encima delas brasas apagadas. – Ese día vi los primeros nazis. Golpeaban nuestra calle al andar. Me parecía que hasta el suelo sufría cuando ellos pisaban – No se me da bien la felicidad. Me da pánico. Siempre me parece que se terminará de un momento a otro. Y ese de un momento a otro me acompaña siempre. Aquel miedo infantil… – Nos ordenaron: miren… En una casa no encontraron a nadie y ahorcaron al gato. Colgaba de la cuerda como un niño. Quiero olvidarlo todo… – Han pasado veinticinco años desde que acabó la guerra y solo he conseguido encontrar a una de mis tías. Ella me dijo cómo me llamaba, tardé mucho en acostumbrarme a mi verdadero nombre. Cuando me llamaban por mi nombre, no respondía… – No recuerdo si nos pegaban, pero me acuerdo del miedo a que me pegaran – Ninguno de los que estábamos allí tenía madre. Ni nos acordábamos de esa palabra. La habíamos olvidado – Empecé a sonreír a los quince años – Una de las niñas no aguantó, se murió. La llevaron al bosque y la enterraron así, sin nada. Trajeron de vuelta a la finca su pijama de rayas y las sandalias de madera. – En el campo de concentración jamás vi un pájaro ni un escarabajo. Soñaba con encontrar al menos un gusanito. – Nos quedaba el cofrecito del abuelo, allí guardaba las herramientas; un cofrecito pequeño como un paquete de correos. Yo tenía miedo de que vinieron los gatos o las ratas y lo mordisquearan (a su sobrino muerto). Estaba allí, tan pequeño, más pequeño que cuando estaba vivo. Lo envolví en una toalla limpia. Una de lino. Y lo besé. El cofrecito era justo de su medida…

El libro es un recorrido de primeras personas, intercedidas por un título y una referencia. Así comienza: “Le daba miedo mirar atrás”. Zhenia Bélenkaia, seis años. Actualmente es operaria. Para el final, reservó las palabras de la ingeniera Valia Brínskaia y sus recuerdos de cuando tenía doce: “La primera en irse fue nuestra maravillosa madre, después murió nuestro padre. Percibimos, sentimos al instante que a partir de entonces éramos las últimas. Estamos en esa línea… En esa frontera… Somos los últimos testigos. Nuestro tiempo se acaba. Tenemos que hablar… Nuestras palabras serán las últimas…”

DONDE EL LOBO SIEMPRE ESTÁ

Virginia Mori
Virginia Mori

Qué palabras podrían suceder a las que salen de los cuerpos marcados por la irrupción tan extraordinaria de una guerra mundial, del secuestro de niños organizado por un Estado que desapareció personas de manera sistemática. Ahora bien, ¿qué sucede con las experiencias y los relatos de la vida cotidiana? Para Agamben, la negativización de la experiencia la ha sustituido por meras representaciones. Al hombre –y a la mujer, agrego para hacerlo inclusivo- le queda reservado el lugar de espectador y reproductor, de quien se instruye de lo que ve y repite mecánicamente. Hace algún tiempo comencé a preguntarme por la extinción de los refranes, todos los que conozco me suenan a antiguos. Al mismo tiempo, no dejo de asombrarme por el ingenio de ciertas imágenes y frases que recorren las redes sociales –algo así como grafitis digitales-. Cuando me pregunto por las similitudes, surge, de inmediato, lo vivencial. Ambos intentan trasmitir un saber. Lo perdurable versus lo efímero, por su parte, aparece como la primera gran diferencia entre refrán y grafiti virtual. Sin embargo, aquellas máximas trasmitidas de generación en generación, además de la continuidad en el tiempo, traían como correlato la moraleja, el juicio inapelable. El gratiti, en cambio, supera la sentencia con su ética inmanente. Desde allí, enriquece. En los últimos días de un nuevo diciembre dolorosamente trágico –sí, no es grande la palabra- se fijó uno en mi retina –quizás porque el oxímoron es mi figura preferida-:

“un día te van a decir que los jubilados somos ñoquis porque no trabajamos y lo vas a creer” 

A riesgo de equivocarme, continúo con el juego de similitudes y diferencias y creo que quien lo escribió le puso el cuerpo a muchas de las marchas que quienes van a creer lo incongruente solo han visto mediados por pantallas –o ni siquiera-. Son contemporáneos, quizás compatriotas, a lo mejor colegas, vecinos, familiares o detentan uno y más parentescos. Sin embargo, los separa la frontera entre la sensibilidad empática que se eriza en la piel y el automatismo de los repetidores de sillón.

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Son como esos personajes de historieta de nuestra infancia que pueden caminar en el vacío hasta tanto no se den cuenta de ello: si se dan cuenta, si lo hacen experiencia, se precipitan irremediablemente”, dice Agamben respecto a quienes practican la “filosofía de la pobreza” que implica la “expropiación de la experiencia”.

SE CUECEN HABAS

La naturalización es un concepto que hace muchos años se utiliza para referirse a ese proceso por el cual, a fuerza de repetir, los medios de comunicación logran que ciertos hechos se vuelvan “naturales” a oídos y cerebros entumecidos por la irreflexión. Siempre pensé a esa operatoria manipulativa como la que consigue interrumpir la conexión entre una determinada situación y sus causas y la que destierra todo aquello que no puede ser pensado en términos causales. Así, la pobreza habría venido con el mundo –como los mares o las montañas- y no habría sido causada por la explotación del hombre por el hombre. Y lo natural, por supuesto, debe ser aceptado, no admite cuestionamientos. Ahora bien, los jubilados, en abrumadora mayoría “naturalmente” pobres, podrían perder el significado implícito en su definición –trabajadores pasivos- en un posmoderno proceso de desnaturalización de su condición y deberían pasar a ser activos a riesgo de ser repudiados por sus contemporáneos no-parientes.

Virginia Mori
Virginia Mori

Lo nuevo, en línea con el análisis de Agamben, tiene que ver con que el relato, el discurso construido, ya no naturaliza, sino que da entidad de real a sus preceptos. El relato es la autoridad que legitima cualquier posible resto de eso que llamábamos “experiencia”. La realidad es sustituida por su relato. Todo aquello no reductible a las formas lógicas es, o bien “curado para entrar en la norma” o bien, extirpado.

Y TAMBIÉN, CALDERADAS

Sin embargo, Polia Pashkévich -una de las últimas testigos de Alexiévich- logró soñar. Cuando tenía cuatro años, vio a su madre morir de un tiro, ante sus ojos, en plena calle. Vio al abrigo que la protegía teñirse de rojo sangre, cuando la mujer cayó. Las niñas huérfanas, como ella, llevaban siempre la misma ropa. Polia quería tener colores, trabajar y comprarse muchos vestidos: “uno rojo, uno verde, uno de lunares, uno con un lazo”. Actualmente es modista.

Tengo una familia hermosa. A los cuarenta años tengo una abuela y pude hablar con ella”, las palabras están fresquitas. Las acaba de decir la nieta recuperada 126, Adriana – el nombre con el que creció-, Vanesa –como la nombraron sus padres antes de ser desaparecidos por la última dictadura militar-. Cuatro décadas después, la niña, ya adulta, “armó el rompecabezas”.

Virginia Mori
Virginia Mori

Contra las formas dicotómicas que todo reducen a un afuera y a un adentro, activo–pasivo, lo múltiple, lo diverso, lo fuera de lo normal es la posibilidad de resistir a vivir como dibujitos animados y a hablar desde viñetas prediseñadas. El lenguaje, por supuesto, resulta protagonista. Los hechos no han dejado todavía de ocurrir, ni los discursos de decir, ni los hombres y mujeres de nacer, ni las infancias están aún jubiladas.

“La historia no puede ser el progreso continuo de la humanidad hablante a lo largo del tiempo lineal, sino que es, en su esencia, intervalo, discontinuidad, epoché. Lo que tiene en la infancia su patria originaria, hacia la infancia y a través de la infancia, debe seguir viajando”

Giorgio Agamben, “Infancia  e historia”.




SI AMAR NO HUBIERA SIDO PECADO

Deseantes: sobre las relaciones sexuales entre varones en el virreinato del Perú, entrevista a la historiadora Fernanda Molina

Por Lourdes Landeira.

 

CONFESIONES LETRADAS

La cena transcurre en un departamento porteño. El padre relata una historia que incluye la palabra “gay”. El hijo menor – seis años-  abre muy grandes los ojos y la boca, con gesto pícaro. El hermano, dos años mayor, mueve la cabeza con desaprobación. La madre quiere saber qué pasa. ¿Escuchaste lo que dijo papá?, responde el de seis. Se refiere al término “gay”. “No es mala palabra, hijo”. El de ocho replica: “Pero decirlo en la mesa…”.

Desde el año 2010, Argentina tiene ley de matrimonio igualitario; desde 2012, ley de identidad de género y, desde hace décadas, espera por el tratamiento de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Los derechos se juegan y las palabras los nombran. ¿Qué escombros silenciados serán necesarios remover para encontrar la causa por la que en este contexto un niño tenga internalizada como “mala” la palabra gay?

Fernanda Molina es historiadora. Vale mencionar que hizo su carrera en la UBA (Universidad de Buenos Aires), allí “cayó”, como dijo hace muy poco el presidente de la Nación, respecto a quienes se forman en la educación pública. Realizó su tesis doctoral como becaria del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). El mismo instituto que a principio de año sufrió severos recortes, mientras el ministro del área manifestaba que los estudios sobre la Edad Media solo sirven para el hedonismo de los medievalistas y, por tanto, no deben financiarse.

Molina estudió las relaciones sexuales entre varones en el virreinato del Perú durante los siglos XVI – XVII. Su investigación devino en libro: Cuando amar era pecado. Sexualidad, poder e identidad entre los sodomitas coloniales (IFEA – Instituto Francés de Estudios Andinos y Plural Editores – Bolivia). A primera vista, el término sodomita –casi no uttapa libro sodomitasilizado actualmente- sorprende desde la tapa. La connotación, por supuesto, es negativa. Más allá de la definición del real diccionario: quien practica el coito anal y, por más de que ignoremos que Sodoma es una de las ciudades destruidas por Dios como castigo a la depravación de sus habitantes, todos sabemos que algo anda mal, no es una buena palabra. Ahora bien, si nos adentramos en el texto de Molina sabremos que “el pecado que habían cometido los habitantes de Sodoma parecía estar vinculado con el orgullo, la inhospitalidad y la inobediencia a Dios y su historia constituía, en realidad, un tropo para referirse a la ira y al castigo divino”.

 

FUEGO PENITENTE

Aun más, si se le pregunta a la autora, dirá que la utilización de la palabra sodomía implicó una gran controversia para ella. No quería re criminalizar hoy a los individuos que, en su momento, ya habían sido criminalizados por eruditos y magistrados como consecuencia de su sexualidad disidente.

  • Sin embargo, hay un sentido más amplio. Y allí estuvo centrada mi búsqueda, en rescatar retazos. A través de los intersticios de las fuentes judiciales, pude acercarme al significado y las prácticas que implicaban para estos hombres las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Quise darle al término sodomía no solo ese cps126arácter moralizante o delictivo, sino también el contenido que esos hombres le dieron.

La utilización del lenguaje es clave en el recorrido de este trabajo. Las citas de los expedientes (transcripción textual) – “se les de garrote hasta que naturalmente mueran y después sus cuerpos sean quemados en llamas de fuego hasta que se conviertan en polvo y ceniza para que perezca su memoria” -potencian el escrito. Al mismo tiempo, la autora se apropia de terminología no usual en nuestros días, por ejemplo, el incoado, para referirse al iniciado y explicar por qué hablar de gays coloniales sería un anacronismo –la noción de lucha por los derechos civiles y sexuales era impensable en la sociedad colonial-. Tal movimiento de registros, dentro de una narración muy amigable a nuestros oídos del siglo XXI, logra componer en la lectura el sentido de las múltiples superposiciones inherentes a nuestra lengua y –también- a nuestras ideas.

  • Creo que mi investigación puede aportar al conocimiento de la génesis de discursos homofóbicos, segregacionistas y discriminatorios. Terminé mi tesis en 2009, un año antes de la aprobación de la ley de matrimonio igualitario. Al escuchar los discursos de algunos diputados y senadores conservadores, que apelaban a nociones de contra natura y las articulaban con enfermedad y patología, pensaba en cómo mezclaban discursos de diferentes contextos y sistemas de conocimiento al mismo tiempo, probablemente, sin saber de dónde venían. Es muy loco pensar que las formulaciones de tratadistas y eruditos de la colonia están hoy en los saberes populares.

niquisisionSi bien en la actualidad nadie es encarcelado ni quemado en la hoguera por su elección sexual – no había frontera entre pecado y delito en la colonia- los cuerpos continúan cautivos de las normas imperantes. Y quienes las rompen los siguen exponiendo a las llamas de la injusticia patriarcal, que tantas veces les cobra con la vida, ante el silencio de sus cómplices (in) tolerantes. De ahí la pertinencia de leer hoy “Cuando amar era pecado”, donde la sexualidad aparece como una variable para pensar la historia. Lejos del goce por el goce mismo, bucear en las raíces nos alerta sobre cómo, en más de una oportunidadsin estar de acuerdo con las morales y concepciones coloniales, las reproducimos en nuestros discursos.

 

SALIR DEL CLAUSTRO

  • Me pareció que había una veta un poco más trasgresora dentro de la historiografía, más allá de los estudios de género y la historia de las mujeres. Planteaba otro sujeto histórico que permitía no solo pensar la sexualidad, sino también las identidades.

En esa declaración, Fernanda Molina plantea otro de los ejes que atraviesan su trabajo. En una sociedad absolutamente desigual, como fue la del virreinato del Perú, las jerarquías decidían el destino de las personas. Los vínculos sodomíticos no fueron ajenos, por el contrario, muchas veces tuvieron lugar bajo la forma de abusos de poder. La autora se nutre fundamentalmente de casos judicializados, a pesar de la protección corporativa de la que pudieran gozar los sectores de siempre y allí le es posible acceder a las historias de quienes, de otro modo, hubieran permanecido para siempre en el anonimato. A través de esos resquicios logró visibilizar elementos de subjetivación devenidos de esa práctica sexual, como pueden ser la adopción de roles femeninos, ciertas vestimentas y espacios de sociabilidad que, si bien no llegaron a constituir un colectivo, sí fueron un ámbito por donde esos hombres se movieron. Más todavía, las declaraciones de los testigos permiten dar cuenta de cómo la sexualidad llegó a subvertir relaciones de poder y de cómo el afecto se hizo presente en los procesos, más allá de cualquier criminalización. peru-cabro

comiendo juntos en un plato y veviendo en una taza partiendo la bebida veviendo el primero el dicho doctor y dando luego de beber al dicho Don Diego diciéndole bebe esto Diego por amor de mi por vida mia y lo mismo hacia en las viandas mordiéndolas el dicho doctor y dándolas mordidas a comer al dicho don Diego (…) los dichos Diego e Luis de herrera no son amo y criado sino personas tan conformes e yguales que nunca se aparta uno del otro un punto ni se hace mas de lo que quiere el dicho luis de herrera y donde quiera que va uno a de yr el otro y entre ellos yendo fuera no ay mas que tan solamente una cama” / “era tan su querido el dicho negro que lo vieron una vez al dicho Barros que estaba en la cavalleriça sentado sobre una pesebrera y tenía echado un braço sobre el pescueço del dicho negro y asida de el la otra mano”(transcripción textual).

Por supuesto, en la sociedad colonial, los tribunales civiles, los eclesiásticos y la inquisición solo vieron un crimen que debía ser castigado por abominable. De ahí, su nombre, el pecado nefando. Muchos sinónimos aparecen en cualquier buscador: indigno, infame, vergonzoso, perverso, vil. Sin embargo, nadie la usa y pocos conocemos su significado y las muertes que todavía sigue costando.

  • No en este trabajo, pero sí en mi investigación más amplia, aparecen los estereotipos con que se asocia a las poblaciones indígenas: la antropofagia, la idolatría y la sodomía. Esos tres elementos arman lo que yo denomino el complejo nefando, son las tres transgresiones primordiales que van a utilizar como fundamento quienes son favorables a la esclavización de los indios.

 

PRETÉRITOS IMPERFECTOS

Sin pretensión de forzar similitudes, se impone hablar de hipocresías y continuidades. Y, por supuesto, la iglesia tiene su capítulo aparte. Cómo no pensar en la cantidad de curas pedófilos aún protegidos corporativamente por una institución que a fuerza de sangre impuso una moral represora sobre la sexualidad de las personas, con el objeto de dominarlas.

Ahora estamos advertidos, ni homosexuales hubo siempre, ni la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Cada una de esas palabras tiene un contenido propio de su época que no puede ser extrapolado a cualquier contexto. Si no lo sabíamos, con la lectura de este libro podemos enterarnos que la simple fornicación no era un pecado antes de que ciertos concilios así lo decidieran. La sexualidad – de esto sí hablamos –  nos atañe a todos los seres humanos, pero dista mucho de ser algo natural. Por el contrario, nos atraviesa singular y socialmente.

  • En ese aspecto, este libro va en concordancia con la diversidad. No solo en el sentido de diversidad sexual, sino también en los modos personales de vivir y experimentar las distintas opciones.

Antes de que la ortografía impusiera sus primeras reglas, en las crónicas de la colonia se escribía como quedó reflejado en las citas anteriores y, también, así:

images (1)El padre Juan Bautista Aluadán fue cura del pueblo de San Cristóbalde Pamapa Chire. Fue muy absoluto, cruel padre, las cosas este hombre hazía no se puede escriuir. Porque tomó un yndio del dicho pueblo llamado Diego Caruas; porque no le dio carnero le puso en un aspa esponxa como de San Andrés. Le puso unos cueros amarrados, comensóle a quemar con candela de sebo, meter fuego en el culo y en la guerguenza, ensendido muchas candelas y brealle. Y le abría el culo con las manos. Y dizen que hizo otras cosas mucho más, que no se puede escriuir, cino que Dios lo sepa y otros muy muchos daños y males hacía. Y ací atormentaua a las solteras de don Juan Uacrau, su hija, que el padre Aluadán les desnudaua el culo y el coño y le metía los dedos y en el culo le daua quatro asoticos; cada mañana le hacía a todas las solteras.”

Siglos mediante, lo indecible todavía se intenta escribir. En el mismo año en que transcurre la apacible cena familiar con –mala – palabra incluida, colegas de la autora de “Cuando amar era pecado” dicen sentirse avergonzados de pedir un libro con el nombre sodomía en su título. Editores de revistas académicas le piden, con frecuencia, que cambie un título o que saque explicaciones tan detalladas. – “Me ha pasado” – dice y escucho, ambas incrédulas.

¿Será la censura el oficio más viejo del mundo? Los inquisidores supieron aplicarla: “nefandas deshonestísimas que porque eran tan feas y tan torpes y desbergonçadas mandamos que no se escribiesen”. Y hasta el mismo Rey supo ordenar: “mando que se borren del pliego donde caen las dichas palabras sacándolas a la letra donde están y como escriptas para que se den y entreguen al dicho vicario para que proceda en la causa contra los culpados”

El de la palabra, sin duda, es un terreno de disputa de poder. Ya lo dijo el lingüista ruso Valentín Volóshinov: “el signo es la arena de la lucha de clases”. Parafraseando alguna de sus ideas de “El marxismo y la filosofía del lenguaje”, la palabra penetra en cualquier interacción entre los hombres – y las mujeres – y atraviesa toda instancia de comunicación.

En su libro, Molina interpela, “Habría que interrogarse si existe algún término que se encuentre libre de ideologías o, por lo menos, de intencionalidad”.

 

YO TE DESEO

¿Cuántos niños conocerán la etimología de la palabra deseo? ¿Cuántos adultos habrán escuchado versiones sobre el origen del verbo desear? Me animo a decir que muy pocos. Sin embargo, es muy probable que cada quien las conjugue desde y por los siglos de los siglos. La raíz del término implicaría a desidium (ociosidad – libido), a desidere (estar sentado) y a desiderare (anhelo). Las cartas están echadas, la quietud mantiene al objeto de deseo a una distancia sideral. Sin embargo, caminamos. “La certeza me viene desde las suelas”, dice Herzog en “Caminar sobre el hielo. Y, sobre las suelas, se erigen los cuerpos: ellos logran que los astros lleguen a habitar la tierra. “La mejor manera de acortar la distancia entre nosotros es a través de un abrazo o un beso. Si no tuviésemos cuerpo, ¿cómo podríamos consolar a los otros – cómo podríamos expresar los más profundos sentimientos, sobre todo el amor?”, dice el escritor Richard Zimler  en la entrevista publicada en este mismo número.

imagesPor su parte, la mirra es una sustancia aromática con un listado de propiedades medicinales que varía según el experto consultado. Es, también, uno de los regalos que los Reyes Magos le entregaron al niño Jesús en el pesebre. Melchor llevó el oro del reino, Gaspar, el incienso divino y al negro Baltasar le tocó, quizás para hacer juego con lo oscuro de su piel, la mirra, emparentada a la vulnerabilidad del cuerpo destinado a sufrir y a morir, (además de ser amarga, la mirra se utilizaba para embalsamar a los muertos)

Mirra, en la mitología griega, es la madre de Adonis. La divinidad la transformó en árbol luego de dar a luz al hijo de su padre.  En las “Metamorfosis de Ovidio, ella habla: “Dioses, os lo ruego, piedad y sagradas leyes de los padres, impedid este crimen nefando y al delito oponeos, si es que es delito. El humano cuidado malignas leyes dio, y lo que la natura permite, envidiosos derechos niegan”

La línea divisoria entre naturaleza y cultura ha sido transitada por innumerables pasos – los de aquellos sodomitas virreinales, los de nuestros pies contemporáneos – y hoy es una gran superposición de huellas. Así, cuanto más caminamos hacia ese lugar, más la alejamos con nuestra propia marca. Quizás, en los intersticios de esas capas, se encuentren pedacitos de deseos camuflados. Tal vez, por su ruta, podamos hacer un viaje de doble sentido en el tiempo y jugar a encontrar semejanzas y diferencias. Desenmascarar los artificios puede acortar distancias. Los sodomitas coloniales, de acuerdo a la investigación de Molina, fueron severamente perseguidos y castigados. Sin embargo, cierto grado de tolerancia estuvo también presente. Siempre que el pecado-delito se cometiera puertas adentro. Si se hacía público, la ley -humana y divina- debía actuar indefectiblemente. La historia y el cine inmortalizaron a Camila O’Gorman por iguales motivos. Todos lo sabemos, en 1847, ella y su amante, el sacerdote jesuita de la parroquia local, fueron fusilados por orden del gobernador (Juan Manuel de Rosas – tío de Camila) luego de haber huido para vivir su amor. Hoy, en Argentina, las mujeres se pueden casar. También, pueden ser detenidas por besarse en una estación de tren. Es solo un ejemplo, para desandar e intentar encastrar los fragmentos. Una y otra vez.

 

 

 




LÁGRIMAS DE MAYO

Deseantes: Entrevista al escritor Richard Zimler.

Entrevista: Lourdes Landeira, Marcela Molina, Gabriela Stoppelman

Edición: Lourdes Landeira

Quién más, quién menos, todos alguna vez nos hemos preguntado por el tiempo al mirarnos al espejo. Por su transcurso o el nuestro. Por saber quién transcurre a quién. Hay respuestas, claro está, de lo más variadas. Sin embargo, algunas –en general esas que suelen venir acompañadas de nuevos interrogantes- quiebran la memoria en un antes y un después consustanciado en el instante de algún ahora. Entonces, escenarios y azogues mezclan las imágenes y forman nuevos reflejos para explicar lo inalcanzable. Hay que echar mano de todas las lenguas, llorar en primera persona las grandes tragedias, tirar los dados para leer los números que anagraman secuencias en letras tan enigmáticas como expuestas, resistir con nombre propio a los embates del absurdo. Y sobrevivir, también a lo ominoso. Para que nuestros momentos se refracten en un cristal húmedo y su reflexión alcance nuestro próximo paso. Que pudo haber sido otro, si la luz hubiera tomado otra dirección, pero que una vez dado -y aunque perdido por definición-, es indeleble en toda su oscuridad. Tantas otras veces -quién más, quién menos- todos hemos querido una pausa, investirnos de un hacer divino que nos habilite a mirar de afuera, extrañarnos y, quizás, mover alguna pieza de la Creación. Descifrar el código. Tal vez, gritar. Paren el mundo que me quiero bajar, protesta Mafalda (1) desde el silencio atronador de una viñeta, estática, con su boca abierta en un gran agujero negro. Una quietud tan dinámica que aún atraviesa generaciones. Y se reproduce en  anhelos de quebrar ejes y rotaciones. ¿Qué sucedería si esto fuera posible? Imagino a la tierra detenida por un instante, a muchos de nosotros trastabillar por el impacto y veo erguida a la niña de la historieta. ¿Se animaría a cumplir su proclamado deseo? La imposibilidad de constatación permite aventurar variadas predicciones. Mientras tanto, la tierra perpetúa su continuo giro. Ahora bien, si de vaticinios y deseos se trata, sepámoslo, algún que otro siglo antes, hubo un profeta –Josué-  de similares aspiraciones. “Detente, sol, en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Aialón. Y el sol se detuvo, y la luna permaneció inmóvil, hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. El sol se mantuvo inmóvil en medio del cielo y dejó de correr hacia el poniente casi un día entero”. Es palabra escrita en el Antiguo Testamento. Josué, claro está, ordenó desde la óptica de su percepción. No sabía que el sol, como todo astro que se precie de tal, permanece fijo en su propio centro. Aun así, su desconocimiento no impidió el milagro. La tierra, la que efectivamente se mueve a su alrededor, le concedió dejar de hacer lo suyo por cerca de veinticuatro horas. Y, antes de que el mundo volviera a ser mundo –tal como lo conocemos- hubo un desbalanceo de luces y oscuridades. Milagroso o no, faltaría casi un día entero en la historia del universo. Y si hay falta, claro, hay deseo. Palabras y poéticas dispuestas a completar lo inacabable, echan mano a un mayo definitivo para el escritor de novelas, canciones, haikus, cuentos. Poemas. ¿Qué más? Callen un instante al mundo, que Richard Zimler lo quiere (re)crear.

“Heniek dice que puedo pasarme una hora sin hablar, aunque oigo mi voz con claridad y estoy seguro de que hablo con él. Dice que mi silencio le atemoriza, porque mis bordes empiezan a oscurecerse, como si una codiciosa sombra me engullera. Aunque trata de despertarme de mis trances llamándome por mi nombre, no doy señales de oírle. Según mis cálculos, es el cuarto día que estamos juntos. Según los suyos, el séptimo. No me explico cómo pueden desaparecer tantos días”.

 

ASOMBRADOS, EN LA BIFURCACIÓN DEL CAMINO

Gyuri Lohmuller
Gyuri Lohmuller

Presente, pasado y futuro parecen circular por nuestras venas en sentidos, a veces, contrapuestos. Otras, unívocos. Un suceso presente resignifica nuestros hechos pasados. ¿A qué voces obedecen nuestros pasos para elegir una entre las direcciones posibles?

Imaginen un hombre sin memoria de su pasado –quiénes eran sus padres, dónde creció, qué lengua habla-. No tendría ninguna comprensión de su persona. Estaría perdido. Nuestras memorias hacen a nuestra identidad. Por eso, es natural que el pasado tenga una enorme influencia sobe el presente. La verdad –para responder a la pregunta-  creo que oímos las voces del pasado, presente y futuro al mismo tiempo. Oímos la voz del pasado con más claridad cuando preguntamos por qué razón nuestra vida siguió un rumbo y no otro. Muchas veces, en especial, en los momentos más infelices o de insatisfacción, nos asombramos por lo que podría haber sido nuestra vida. “Si hubiese elegido una profesión diferente o si hubiese nacido en otro país…” Tengo un epígrafe relacionado con eso en mi nueva novela, “El Evangelio según Lázaro”: Una historia hecha de síes- tal es la vida de los hombres mortales. 

Por ejemplo…

Lo que me asombra en los momentos más frágiles, cuando pienso en mi infancia en Nueva York, es: “Si mi hermano no hubiera contraído Sida y no hubiera muerto a los 35 años, en 1989, ¿cómo sería ahora? ¿Todavía trabajaría como psicólogo clínico? ¿Cómo podría yo haber salvado su vida? Estuve prisionero de esta última pregunta en las semanas que siguieron a su muerte. Cuando perdemos a un ser querido, siempre pensamos qué podríamos haber hecho de forma diferente. Es como si creyéremos que el pasado estuviera escrito con una tinta borrable, pero es indeleble… Y una vez que se seca, nunca puede ser alterada. Tenemos que aceptar eso o permanecemos prisioneros del pasado.

¿Cómo te fue en ese proceso de aceptación?

La muerte se volvió un tema muy importante para mí a los 28 años. Jerry, mi hermano, tuvo mucha mala suerte. Se infectó con HIV bastante temprano, probablemente, alrededor de 1981. Él vivía en Nueva York y yo, en San Francisco. Viajaba con mucha frecuencia entre las dos ciudades, intentaba, con familia y amigos, salvarle la vida. Pero no lo conseguimos. Después de sufrir algunas infecciones, Jerry murió el 6 de mayo de 1989. Su muerte me devastó. Él tenía una personalidad dinámica y complicada, y yo no podía imaginar un mundo en el que él no estuviese. En mi experiencia, cuando alguien que amamos muere joven, comenzamos a cuestionar la justicia del mundo. Y quedamos desorientados. En mi caso, quedé constantemente atento a mi propia mortalidad. No lidiaba bien con eso. Fue el periodo más traumático de mi vida. Escribí una música sobre la muerte de mi hermano y mi relación con él.

 

http://https://youtu.be/MrgKEFV569g

Recuerdo que era mayo / y los vientos murmuraban / todo el día en rojo y oro / me hablaban de / la extrañeza de la distancia / de la soledad que guía mi camino / Me pidieron que les diga / si tu viaje había terminado / como la noche buscó mi cuarto en B.A. // ¿Es la cara de Dios lo que ves / cuando cierras los ojos? / y alguna vez se parece / a la nada y miente / aunque Él es justo / nuestras lágrimas disfrazadas // Recuerdo que fue mayo / la luz del sol era libertad / el verano había escogido aquel día / mientras yo jugaba baseball / tú te detuviste en tu parada / observando a tu modo reservado / tenías, quizás, diez / aun así ahora parece que sabías / el modo en que serías engañado // Recuerdo que era mayo / yo estaba dibujando tu retrato / cada línea era lo que no me atreví a decir / mientras posabas tu dijiste / en el valle de las sombras / los monstruos salen a jugar / el truco, dijiste / es no correr nunca / pasarlos y seguir caminando

Es fácil imaginar que también habita tus novelas

Lo que asombra a Erik en “Los anagramas de Varsovia” es semejante a mi asombro. Él se pregunta: “¿Qué podría yo haber hecho de manera diferente para salvar la vida de Adam, mi sobrino nieto? Como psicoanalista y hombre erudito, él también se culpabiliza por no haber previsto que los nazis iban a obligar a los judíos a vivir en un gueto rodeado por un muro alto, por no haber ayudado a sus amigos y familiares a huir del país. Curiosamente, el pasado también puede proveernos de marcas físicas que cambian el rumbo de nuestra vida. En “El centinela”, Ernie, el hermano del narrador, tiene cicatrices en su cuerpo, resultado de los malos tratos del padre. Y siempre que el narrador – Hank- mira a Ernie, él siente el terror de la infancia que persigue a los dos hermanos. En “El Evangelio según Lázaro”, el personaje principal es Lázaro,  resucitado por Jesús. En mi versión de la historia, él crea mosaicos para la elite romana y por eso tiene manos poderosas y ásperas. Siempre que nota los callos, se acuerda que tenía la intención de tener otra vida, quería ser profesor. Pero, debido a la pobreza de su familia, tuvo que aceptar el aprendizaje de creador de mosaicos. Entonces, sus manos lo avergüenzan –son el recuerdo físico de que no logró realizar sus sueños. Cuando conversa con personas educadas, tiende a esconder las manos en la espalda.

 

EN LOS BRAZOS DE UN ABRAZO

Marcas, cicatrices, callos. Todo queda escrito en el cuerpo. ¿Se puede leer el andar de la gente?

Sí, casi todos podemos hacer eso. Miramos la forma en que una persona camina y sabemos si están deprimidos o tristes, irritados o felices. Cada gesto que hacemos con las manos, los brazos o las piernas trasmite nuestra disposición. Un buen escritor usa eso para trasmitir ese estado espiritual y físico de sus personajes. Curiosamente, conseguimos interpretar los gestos de los otros sin pensar. Los seres humanos nacemos y nos entrenamos para leer esas señales. Y la mayoría consigue hacerlo muy bien. Una de las grandes dificultades de los autistas es interpretar los gestos de los otros. Tienen mucha dificultad en determinar en el rostro de la madre, por ejemplo, si está irritada, feliz o cansada. Esa incapacidad hace muy complicada la vida.

Xul Solar
Xul Solar

El cuerpo aparece como prisión contenedora, como rebeldía inesperada, como desobediencia. ¿Qué es para vos un cuerpo – en términos de poder- y hasta dónde puede llegar?

De acuerdo a nuestra condición de salud, el cuerpo humano puede ser una prisión o una maravillosa y casi ilimitada fuente de alegría. Cuando sufrimos, el cuerpo nos confina a ese sufrimiento. No podemos pensar en nada más que el dolor. Pero cuando estamos bien… Y jóvenes… En esas condiciones, el cuerpo es una gran fuente de felicidad. Y de solidaridad. La mejor manera de acortar la distancia entre nosotros es a través de un abrazo o un beso. Si no tuviésemos cuerpo, ¿cómo podríamos consolar a los otros – cómo podríamos expresar los más profundos sentimientos, sobretodo, el amor?

“Nadie sabe lo que un cuerpo puede”, Spinoza. Conversemos sobre eso.

Sí, ¡el cuerpo tiene su propia inteligencia! El cuerpo entiende el deseo sexual, por ejemplo. Y, más importante todavía, el cuerpo entiende el amor. Podemos pensar en el abrazo de nuestro padre, entendemos eso en nuestra piel, sin necesidad de lenguaje.

 

DÓNDE SE VA EL TIEMPO CUANDO LLUEVE

¿Es la infancia un tiempo no cronológico?

A medida que envejezco, cuando me pongo a recordar mi infancia, pienso principalmente en las personas que amé – familiares y amigos íntimos. Lo que une las memorias es el amor y el cariño. O, en algunos casos, traición y crueldad. Sospecho que es así porque, cuando somos jóvenes, el mundo es percibido como un lugar de emociones muy fuertes y no estamos interesados en la dirección o el flujo del tiempo. Ni percibimos su fluir. Lo que ordena nuestras infancias son las personas que las habitaron y las emociones intensas que sentimos en su presencia: amor, miedo, envidia, celos, odio, desconfianza, desaliento, vergüenza…

¿Adónde va el tiempo cuando transcurre?

Homokora
Homokora

La pregunta se vuelve cada vez más importante a medida que envejecemos, porque sentimos que la muerte está en nuestra búsqueda. Tengo 61 años ahora y los meses y años pasan muy rápidamente. La verdad, a veces parece que todo en mi vida sucede en un único instante. Y, muchas veces, me siento como el pequeño muchacho que era en Nueva York en los años 60 – listo para jugar basquetbol con mis amigos o para ir a la escuela o a jugar en la nieve. El cuerpo envejece, pero tenemos los mismos sentimientos que teníamos en nuestra juventud. En el Antiguo Testamento, el profeta Josué impide el movimiento del sol y de la luna. Consigue parar el tiempo. Algunas veces, yo adoraba tener ese poder. ¿Quién no quisiera tener más tiempo?

Cada día que pasara me alejaría más de mi sobrino. No creía poder sobrevivir a la creciente distancia entre nosotros. Jamás volveré a medir la estatura de Adam”. Hay  un efecto de ausencia en las distancias espaciales y otro, en las temporales…

Pienso que la mente funciona a través de metáforas. Dicho de otra manera, el cerebro es un dispositivo de creación poética. Así, el tiempo se torna una metáfora para el espacio y el espacio, una metáfora para el tiempo. En “Los Anagramas de Varsovia”, cada día que pasa lleva a Erik más lejos de Adam, su sobrino nieto, muerto. Ese hecho triste encuentra una representación espacial en las calles desiertas del gueto. Las dificultades del gueto, la falta de comida, las casas heladas, las dolencias terribles, se convierten en una representación de la mente perturbada y desesperada de Erik.

¿Qué lugar ocupa para vos la metáfora?

La metáfora es una técnica poética útil para expresar ideas y emociones que no pueden ser expresadas de cualquier otra forma. Y también, es una manera de sorprender a los lectores, de hacer que piensen sobre sí mismos y sobre el mundo de una manera nueva. Es un modo de abordar una verdad que no puede abordarse de otra forma. Para poner un ejemplo, puedo decir que la tapa de un libro es una puerta. ¿Qué es lo que eso nos hace entender? Nos hace comprender que, cuando lo abrimos, no solamente vamos a descubrir una historia, sino que también estamos por entrar a un mundo nuevo.

 

CURVATURAS DEL TIEMPO, RECODOS DEL SILENCIO

¿El pasado contiene inexorablemente toda posibilidad de transformación?

Para mí, el pasado es nuestra gran fuente de historias. Es un gran océano de experiencias. Podemos utilizar esas experiencias para guiar y orientar nuestro viaje en el presente. El pasado es especialmente útil cuando estamos espiritualmente perdidos, a esa altura, puede ofrecernos pistas para reencontrar nuestro camino. Pero también, representa un peligro, porque ¡podemos perdernos en ese enorme océano! 

¿El recuerdo es monocromático?

Creo que el pasado es engañador. Tendemos a recordar las cosas a través del filtro de nuestras emociones actuales. Entonces, cuando estamos deprimidos, vemos nuestras memorias a través de un filtro de desesperanza. Este proceso tiñe nuestros recuerdos con todos los colores posibles. Lo que significa que nuestras memorias cambian según nuestra disposición. Por eso, Erik dice: “Imaginen una tinta negra que se corre e impregna cada recuerdo. Nada que no sea gris sobrevive”. Cuando tomamos conciencia de cómo cambian nuestros recuerdos, empezamos a dudar de la precisión de nuestra memoria. Llegamos a percibir que nuestra perspectiva no puede ser exacta ni completa. Puede, de hecho, ser muy distorsiva. 

Dos, Xul Solar
Dos, Xul Solar

¿Qué tiene de singular el tiempo de la memoria? Allí hay también, entre otros, movimientos y transcursos.  Pero, ¿qué modo particular de transcurso?

Curiosamente, nuestras memorias son alteradas por nuestras circunstancias actuales. Todos tenemos esa experiencia cuando sufrimos la muerte de un ser querido. Cuando nuestra madre muere, por ejemplo, y miramos para atrás, sentimos que todo lo que hicimos con ella está ligado a nuestra sensación de pérdida. Incluso los momentos más felices – abrazados por ella en la niñez o comiendo una comida que nos hizo- parecen coloreados por nuestro sufrimiento. O su rostro, o su sonrisa, su manera de reír… Todos esos recuerdos ahora traen la marca de su muerte.

¿A qué experiencia del tiempo vinculás el silencio?

Cuando escribo, el mundo que me rodea queda completamente silencioso. Vivo dentro del universo paralelo de mi narrativa. Por eso, siento que el silencio es un gran amigo y aliado, sin él, no lograría crear mis personajes e historias. Hasta podría decir que el silencio es mi verdadera casa. Preciso por lo menos de 2 a 3 horas por día sin hablar con nadie. Sin ese tiempo, me pongo nervioso y frustrado. En parte, considero que escribir es mi contribución más importante al mundo. Cuando no estoy escribiendo, siento muchas veces que no hago nada útil. Pierdo noción del paso del tiempo cuando trabajo en una novela. Puedo comenzar a las 8 de la mañana y la próxima vez que miro el reloj son las 11. Pasaron 3 horas sin que tuviera conciencia de ello. Creo que, cuando encontramos una actividad que nos permite olvidar el paso del tiempo, descubrimos una verdadera pasión. Localizamos el camino que debíamos seguir. Y precisamos seguir donde nos conduzca. Si no lo seguimos, corremos el riesgo de quedar atrapados en una vida insatisfecha e inauténtica.

Conversemos sobre la relación del silencio con el infinito.

Algunas veces, recordamos la gran verdad de que estamos cercados por el infinito, el tiempo antes de nacer y después de morir. Estamos aquí, en nuestra forma actual, por muy poco tiempo. Tenemos que dejarnos habitar por el silencio para percibir eso, para contemplar lo largo y ancho de nuestra vida. Si no, corremos el riesgo de llevar una vida que no queremos. Es únicamente en los momentos de silencio que percibimos cuán pequeños somos y – paradójicamente, la importancia de llevar una vida auténtica – de hacer lo queremos realmente. Noten, por favor, que no me refiero a una vida feliz. Ninguna vida es siempre feliz, ni siquiera la vida más auténtica. Lo que todos procuramos, desde mi perspectiva, es una vida con significado.

El silencio como cobijo, como arma, como consuelo, como imposibilidad, como posibilidad, como ocultamiento, como sello. Como palabra. Conversemos sobre esto en la escritura en general. Y en la poesía en particular.

Publiqué en los EEUU y en Portugal un libro de haikus cabalísticos y el primer poema del libro es:

Tu alma comenzará / a sentir su profundidad / cuando deje de huir del silencio.

Toda mi vida depende del silencio, porque escribo mis libros en un silencio total. Entonces, de alguna manera, mis novelas son el silencio formado en un universo paralelo. Mismo en la infancia, precisaba pasar unas horas solo todos los días. Esa necesidad hizo a la escuela muy complicada para mí.

 

EL POEMELE

En la poesía aparece, una vez más, lo mínimo. En tus novelas, se lee como costura inexorable y nueva, como mecanismo reparador de la vida y la muerte, como desborde…

Rene Schute
Rene Schute

Siempre le presto mucha atención a los aspectos poéticos de mis novelas. La forma de cada frase es muy importante. Y un párrafo tiene que tener el ritmo justo. Cada frase debe tener no apenas el contenido correcto, sino también debe sonar bien al oído. Hago eso porque, para mí, la poesía es la única manera de comunicar los aspectos más complejos y misteriosos de la vida. En ese sentido, pienso que, sin poesía, seríamos criaturas mucho más solitarias y aisladas. Y el esfuerzo que hago para crear una narrativa poética es un intento de comunicar mis sentimientos más importantes y sutiles a los otros – de dialogar con lectores inteligentes y sensibles.

(Gedicht es poema en alemán e idisch; ele es diminutivo). La  gedichtele: gran síntesis, breve tiempo, breve espacio, ¿vientre?

Los brevísimos poemas que Erik e Izzy escriben –y comparten con el otro- son una de las formas en que refuerzan su amistad y amor. Es como un secreto entre ellos, ¡el tipo de secreto peligroso y poderoso que los niños aprecian! También, prueban que comparten un gran respeto por los aspectos poéticos de la vida. Pienso que todos precisamos de pequeños gestos de amor de nuestros amigos, para recordarnos la empatía entre nosotros.

¿Qué es lo poético para vos?

La poesía es la forma en que los seres humanos intentamos expresar lo inexpresable a través de la prosa. Dicho de otra manera, escribimos poesía para expresar esos sentimientos e ideas para las cuales la prosa no es suficiente o adecuada.

“He llevado un mapa de Varsovia en las plantas de los pies desde que era niño, de modo que realicé todo el trayecto hasta casa prácticamente sin confusión ni esfuerzo”. La transparencia, sabemos, no existe en el lenguaje, que ya de por sí es un convención. Aun así, lo suficientemente abierta, o tan abierta, quizás, como para dar lugar a la preciada polisemia. ¿El código premeditado se cierra en su propia lógica o, en su invocación a la búsqueda de una verdad escondida, da lugar a verdades igualmente válidas?

Un momento de revelación es cuando percibimos que tenemos el derecho de interpretar la realidad para nosotros mismos, que podemos llegar a nuestras propias conclusiones sobre el significado de las acciones de nuestros padres o amigos. Nuestra interpretación estará basada en nuestra propia experiencia y sensibilidad. Es como si toda la vida fuese un poema y nuestro objetivo fuese comprender su significado. Durante casi 25 años estudié el misticismo judío – la cábala – y los místicos judíos creen que todas las escrituras pueden ser interpretadas en diferentes niveles. El nivel más superficial es el literal. Y el nivel más profundo es el místico. Entre las dos están los niveles alegóricos y filosóficos. Un ejemplo… en el Antiguo Testamento, Moisés separa las aguas del Mar Rojo y permite que los israelitas huyan de la esclavitud en Egipto hacia la libertad de la Tierra Santa. ¿Tenemos que interpretar esa historia literalmente – que Moisés usó magia para apartar el mar? ¿O será que el autor de esta historia se refiere a una espiritualidad en la que todos podemos pasar de la esclavitud a la libertad?  Ambos significados están ahí. Por eso, nos cabe a nosotros decidir lo que la historia significa. En relación a esto, una de las más importantes enseñanzas cabalísticas, en mi opinión, es que todas las historias del Antiguo Testamento son poesía y no prosa. Y, como toda la poesía, las historias invitan a –  y hasta exigen-   diferentes interpretaciones.

 

 

MOMENTO Y REFLEJOS

¿Qué vuelve legible a un instante? ¿Y escribible?

A veces tenemos que esperar mucho tiempo para averiguar el significado de lo que sucede en un segundo. Tengo un cuento sobre este tema. El título es: “El espejo lento”. Se trata de un espejo que solo devuelve las imágenes después de cuatro años. Es una historia que significa mucho para mis lectores porque representa cómo precisamos de bastante tiempo para entender nuestra vida. Por ejemplo, si pensamos en una decisión importante que tomamos hace 5 o 10 años -mudarnos a otra ciudad, o tener hijos, por ejemplo– el motivo que invocamos para haber tomado esa decisión puede que ahora no nos parezca el principal. Nuestras más profundas motivaciones están muchas veces escondidas de nosotros mismos. Y cuando somos jóvenes, no entendemos tanto sobre nuestra manera de ser y sobre el mundo. Entonces, entender nuestra vida funciona como un espejo lento. 

PARA LEER EL CUENTO, CLICK AQUÍ:  EL ESPEJO LENTO 

La imagen del espejo: un anagrama de nosotros mismos…

Los espejos se volvieron muy importantes en mi escritura. En “Los anagramas de Varsovia”, Erik le dice a Heniek: “Si logras sobrevivir a esto (el gueto), Heniek, entonces recuerda lo siguiente: ten cuidado con los hombres que no ven un misterio cuando se miran al espejo”. Erik dice esto porque cuando miramos al espejo por más de algunos segundos, la mayoría ve un misterio. “¿Quién es esa persona que me mira?” ” ¿Quién habita ese cuerpo?” Estas cuestiones nos conducen al misterio fundamental de la vida. Y quien no lo ve, quien nunca duda de su identidad o se cuestiona sobre el propósito de su vida –debe ser una persona peligrosísima. Las personas que nunca tienen dudas son más propensas a hacer cosas monstruosas a los otros. La idea subyacente es que el misterio que vemos en nuestros propios ojos también nos vuelve más sensibles a los otros. Todos hablamos del misterio de la existencia.

Xul Solar
Xul Solar

Tanto “Los anagramas de Varsovia” como “El centinela” tienen a la investigación como protagonista. ¿De eso se trata la escritura, más allá de los géneros?

Yo solo decido la historia de mi novela – o su conflicto- después de hacer una larga investigación. En el caso de “Los anagramas de Varsovia”, por ejemplo, la idea original era escribir sobre la vida cotidiana en los guetos judíos creados por los nazis y, más específicamente, explorar la vida de un psiquiatra judío que sobrevivió a un campo de trabajo y volvió a su casa, en su ciudad natal, donde ya no tenía amigos ni familiares vivos. A esa altura, estaba muy interesado en indagar en cómo tenemos el coraje de continuar nuestra vida después de sufrir un gran trauma. Me parece un asunto interesante. A lo largo de mi vida, leí mucho sobre el Holocausto, pero sabía poco sobre los guetos. Cuánto más leía sobre ellos, más parecían “islas judías” separadas del resto del mundo. Esa imagen me fascinó. Además de eso, toda la rama europea de mi familia, fue internada en guetos antes de ser transportada para los campos del norte. Por eso, indagar en esa novela se tornó, en parte, una tentativa de saber cómo pasaron los últimos años de su vida.

¿Y qué pasó en el camino?

Par nousdeux,  Rene Schute
Par nousdeux, Rene Schute

Al escribir la primera página, la novela cambió. Yo iba a escribir el punto de vista de Erik Cohen, el psiquiatra judío que regresa a su ciudad natal – Varsovia. Escribí: “Yo soy un hombre muerto”. Era una declaración metafórica, él había perdido a sus seres queridos y su profesión y no tenía más motivos para continuar con su vida. Pero luego que lo escribí, tuve una revelación: ¡Erik estaba realmente muerto! Era lo que en la tradición judía llamamos un ibbur: un espíritu que permanece en este mundo para cumplir un deber o una obligación que no cumplió en vida. Pero, ¿cuál era ese deber? ¿Por qué él había permanecido en nuestro mundo?

¿Llegaron –Erik y vos- a saberlo?

Después de que Erik volvió a Varsovia, descubrió a un hombre visionario –Heniek- que pudo verlo y oírlo. Entonces, Erik le contó la historia de su último año de vida, esperando descubrir el deber que tenía que cumplir. Al indagar sobre el gueto de Varsovia, aprendí que había un mercado negro bastante dinámico y que muchos niños fueron forzados una vida de contrabandistas. Parecía el lugar perfecto para hacer un policial noir, porque los niños involucrados en ese comercio ilegal corrían grandes riesgos. Es obvio que el mercado negro implicaba gran sigilo. Entonces, yo no precisaba “imponer” una trama al libro; la trama fue una consecuencia natural de la vida arriesgada de los jóvenes contrabandistas.

 

CONSTELADOS EN ACCIDENTES

¿Ir tras huellas en busca de lo conocido o de lo desconocido? “¿Todos llevamos la vida que llevamos porque tenemos que saber por qué las cosas sucedieron de la forma que sucedieron, y si ellas podrían haberse combinado de un modo diferente para producir algo más tierno y significativo y permanente?”, leímos en tu novela. ¿Tenés respuesta para esa pregunta? ¿Qué incide en la alquimia de unos u otros factores con sus consecuentes resultados?

Una vez más, éste es un gran misterio – porque somos las personas que somos, cuando podríamos haber seguido otros rumbos. Yo, por ejemplo, podría haber sido pintor o músico. O un jardinero. Y si no hubiese conocido a mi otra mitad, Alexandre, en 1978, podría haberme casado con otra persona. En ese caso, tal vez estuviese viviendo en los Estados Unidos. Con la edad, comenzamos a comprender que nuestra vida es una producción de millones de pequeños accidentes y ocurrencias sobre los que no tenemos ningún control. Por ejemplo, como autor, muchas veces me pregunto si mis libros van a conseguir críticas favorables y si van a vender bien.  Pero preocuparme por eso no tiene mucho sentido, porque no tengo ningún control sobre las ventas y valoraciones. Tengo que escribir la mejor novela que puedo y, en seguida, permitir que tenga su propia vida, independiente de mí. En ese sentido, cada libro tiene su propio camino.

Rene Schute
Rene Schute

“—Es posible que el asesino utilice partes de los cuerpos de nuestros niños para crear algo inhumano. —¿Qué quiere decir? —Un golem —respondió Dorota moviendo los labios en silencio. Sus ojos reflejaban temor, como si el hecho de pronunciar la palabra pudiera hacer que saliera uno de su escondrijo. / ¿y si hubiera un chiflado que se creyera capaz de hacerlo?” El golem no tiene lenguaje, más que el tatuado en su frente (verdad y muerte). ¿Qué relación ves con la imagen del espejo?

El golem es un reflejo de nuestro deseo de crear la vida. Es una consecuencia de nuestro deseo de imitar a Dios y participar en la Creación.

¿Y si hablamos de la diferencia entre cifra y número? ¿Qué se puede leer en cada uno? Hay cifras que no son numéricas. ¿Y al revés, números que no son meros números?

Uno de los libros que leí antes de escribir “Los anagramas de Varsovia” fue las “Notas de Emanuel Ringulbum del gueto de Varsovia”. Ringelbum era historiador. En su libro, usa anagramas para referirse a sus amigos y a los funcionarios del gueto. En parte, hizo eso para evitar que ellos tuviesen problemas (incluso si sus notas fuesen descubiertas por los nazis, no descubrirían los verdaderos nombres de las personas). Yo sabía, de mis estudios de cábala, que la práctica de crear anagramas también encajaba muy bien con una antigua tradición judía: que ciertas palabras y nombres –como los nombres secretos de Dios- son tan poderosos que pueden ser peligrosos. Entonces, decidí explorar esa ligazón en el libro, como otra idea que me interesaba mucho: que el Holocausto nos obligó a desarrollar nuevas formas de expresar lo indecible. Entonces, “Los anagramas de Varsovia” también se convirtieron en un libro sobre lenguaje. La otra idea presente es que el mundo nos envía mensajes codificados, que tenemos que intentar interpretar. Erik llega a creer que si él pudiese entender mensajes muy sutiles, descubriría quién asesinó a su sobrino nieto Adam y sabría cómo ayudar a los judíos del gueto. Pienso que todos tenemos esa percepción, que el mundo se comunica con nosotros, es una sensación muy humana. Tenemos la impresión de que el mundo intenta darnos informaciones esenciales. 

 

LA LENGUA MAMELE

Tu lengua de nacimiento es el inglés y habitas la lengua portuguesa. ¿En qué idioma escribís? Siempre el mismo. Si no, ¿de qué depende?

Siempre escribo mis novelas en inglés. Es mi lengua materna y, aunque hable portugués muy fluido, mi relación con el inglés es más íntima y completa. Sin embargo, también escribí tres libros infantiles en portugués. Me gustan los desafíos y contar una historia en portugués es una nueva y maravillosa aventura para mí.

¿Las multiplicidades de la lengua –con sus afecciones e identidades- confirman lo indecible?

Xul Solar
Xul Solar

Ser bilingüe es sumar otra dimensión a mis libros a través de la creación de personajes que hablan dos o más lenguas. En “El centinela”, el narrador –Hank- es bilingüe en portugués e inglés. Para mí, eso aumenta un aspecto cautivante de su personalidad, porque su manera de pensar es diferente en cada idioma. Su sentido del humor no es igual en las dos lenguas. Aunque él viva en Portugal, tiene sentimientos que prefiere expresar en inglés. Es como si tuviese un alma dividida. Este es un aspecto muy importante del libro, porque Hank sufre de Trastorno Disociativo de Identidad. En momentos de mucha tensión, emerge una segunda personalidad dentro de él que controla sus pensamientos y acciones. Este trastorno es raro, pero ocurre en personas que fueron abusadas en la niñez. Ellos desarrollan una segunda personalidad, más capaz de lidiar con el trauma terrible del abuso.

¿La gedichetele no es la máxima aproximación a la lengua madre, a algo que aproxime a restituir parte de lo perdido?, ¿un origen, por ejemplo?

Erik se siente a gusto en alemán, idish, y polaco pero, después de sufrir en el gueto de Varsovia, se niega a hablar alemán. Los nazis destruyeron la belleza de la lengua alemana para él y para millones de personas. Se volvió un idioma de odio y crueldad. El idish es el idioma que desea hablar porque, según él, es una lengua que valoriza lo que es pequeño y que intenta consolarnos. Es un refugio para él. De hecho, la lengua como refugio es un tema frecuente en mi escritura y es un aspecto importante de mi nuevo libro: “El Evangelio según Lázaro”. En “Los anagramas de Varsovia”, mis personajes, muchas veces, son obligados a lidiar con sentimientos que no pueden expresar. Las palabras que conocemos no son suficientes. Se sienten sin esperanza, sin voz. Creo que nuestros grandes traumas son así, estamos convencidos de que nunca vamos a conseguir comunicar la devastación de nuestros corazones. Eso nos vuelve más aislados. Y, tal vez, la única solución es abandonar las palabras y expresar nuestro amor – y todas nuestras emociones- a través de nuestros ojos, labios y manos.

Hay en tus novelas palabras inventadas y palabras que pocos hablan, ¿cómo resiste el lenguaje ahí?

Afortunadamente, las lenguas evolucionan y cambian. Y tenemos derecho a inventar nuevas formas de hablar español, inglés o portugués. De hecho, es inevitable, porque sentimos la necesidad de describir los cambios dentro de nosotros mismos y en el mundo. Cualquier lector sabe eso, porque sabe que, por ejemplo, el español de Cervantes es bastante diferente al español de hoy. La lengua española pasó por millares de pequeños cambios para acomodar nuevos pensamientos e ideas. Entonces, la gran fuerza de cualquier lengua –su resistencia- está en su capacidad de evolucionar. Una lengua que no evoluciona, muere.

 

A RESISTIR EN CASA

¿Para qué cosas no alcanza la vida? ¿Necesitamos otros envases, otras formas – inhumanas- para alcanzar lo humano, lo nombrable?

Pienso que tenemos mucha suerte de encontrarnos en un mundo tan bonito y que hay mucho más allá de la vida humana. ¿A quién le gustaría vivir en un mundo sin flores, sin árboles, sin animales, sin desiertos y montañas, sin la luna y las estrellas? La naturaleza puede ser muy reconfortante. Nos permite huir de nuestras preocupaciones cotidianas y de la propia condición humana. Tenemos esta experiencia cuando estamos tristes, por ejemplo. Es reconfortante dar un paseo en un bosque o en un parque. La alteridad de la naturaleza nos recuerda que hay mucho más allá de nuestra propia tristeza y que todavía tenemos posibilidades de encontrar la belleza, que estamos rodeados por un mundo magnífico. A mi juicio, una de las dificultades psicológicas y espirituales de la vida en el gueto de Varsovia era que la naturaleza no podía proporcionar confort. Las personas que vivían ahí no tenían acceso a los parques, ni al Río Vístula, ni a los jardines. No había dónde encontrar la belleza del mundo. lourdes4tiempo-cabala-kabbalah

¿Hace falta ser casi un superhéroe para sobrevivir en ciertas ocasiones? ¿O en todas?

Sí, creo que las dificultades y los traumas que enfrentamos exigen que hagamos enormes sacrificios y encontremos mucho coraje para sobrevivir y ayudar a nuestros seres queridos. Esa es una importante conexión entre “El centinela” y “Los anagramas de Varsovia”. “Los anagramas de Varsovia” es sobre un hombre que pierde lo que más ama y sobre cómo continúa para encontrar a las personas responsables de esa pérdida y vengarse. Erik, el narrador, es un anti-héroe que, a pesar de sí mismo, encarna lo mejor del ser humano. Él tiene una sorprendente reserva de energía y determinación, como muchos que sufrieron en los guetos. A través de él, la novela se vuelve sobre la historia heroica de un hombre que se niega a dejar que lo venza ni su propio dolor ni la opresión cruel de los nazis. “El centinela” es sobre otro hombre –Hank Monroe- que fue forzado de niño a proteger a su hermano menor de su padre abusivo. Por eso, él tiene que desarrollar la personalidad de un protector. Y se convierte en policía porque entiende que su papel en la vida es proteger a los más frágiles y vulnerables. Adoro su relación con su hermano menor. Es el aspecto más conmovedor y cautivante de la novela.

¿El arte es siempre un modo de resistencia? ¿Camina por la cornisa de la locura y la belleza para protegernos del abismo del horror o de la nada?

El arte es mi casa. Habito en mis libros. En ese sentido, ellos me ofrecen protección. Cuando estoy dentro de un libro, estoy seguro. Puedo olvidarme del mundo y vivir dentro de mi universo paralelo. Los temas de muchos de mis libros hacen que la narrativa sea una forma de resistencia. Cuando escribo sobre personas que fueron vencidas, que perdieron a sus seres queridos y a sus tierras, es mi manera de decir: “¡No, ellos no serán olvidados!”. Y cada persona que lee una de mis novelas puede participar en ese proyecto de resistencia. El arte también nos puede ayudar a entendernos mejor a nosotros mismos y al mundo. Y puede proporcionarnos confort y consuelo en los peores momentos. Cuando leemos a Dostoievski o a Willa Cather o a Philip Roth o a cualquier otro gran escritor, tenemos la sensación de que nos comprenden muy bien. Estamos menos solos. Pero, desafortunadamente, al final de cuentas, el arte no consigue protegernos de los horrores del mundo. Podemos pensar en todos los grandes artistas que fueron asesinados, escritores como García Lorca y Bruno Schultz. Y tantos artistas asesinados por los nazis. ¡Imaginate cómo Anna Frank podría haber desarrollado su escritura si su escondite en Ámsterdam no hubiera sido descubierto!

En la historia oficial, de escritura meramente cronológica, solo parece haber lugar para los hechos trascendentes. Todos podemos responder fácilmente a la pregunta sobre hechos abominables de la historia. ¿Qué pasa con los otros?

Hasta la década de 1960 y 1970, prácticamente todos los textos históricos fueron escritos desde la perspectiva de los vencedores, de las personas que ganaron guerras y elecciones. Casi todos ellos fueron escritos, de hecho, para favorecer los objetivos políticos de los presidentes y primeros ministros. Por ejemplo, cuando iba a la escuela en Nueva York, la historia de la colonización de los EEUU fue contada -en gran parte- desde la perspectiva de los inmigrantes europeos. Y caracterizada, en general, como una heroica aventura y conquista de nuevas libertades. Pero, ¿y los nativos americanos? Para los indígenas americanos, la colonización fue una invasión de tropas agresivas y bélicas, un verdadero desastre. Aunque todo el Estado de Nueva York, donde yo crecí, había pertenecido a los Iroquis, Mohawks y otras tribus, no aprendimos nada sobre ellos en la escuela, nada sobre su historia, música o cultura. Los indios reales simplemente no existían.

Ahora, sin el derecho a existir, simplemente desaparecemos. Nuestra historia –cómo vivimos, pensamos, deseamos– nunca es contada. Entonces, es como si nunca hubiésemos vivido.

Esta verdad profunda, sobre cómo las personas desaparecen de la historia, se volvió una parte importante de mi vida hasta que escribí mi primera novela. El título es “El último cabalista de Lisboa”. Al investigar para ese libro, descubrí la Masacre de Lisboa de 1506, en la que 2000 judíos convertidos por la fuerza al cristianismo –Cristianos Nuevos- fueron asesinados y quemados en la plaza principal de Lisboa. Cuando le preguntaba a mis amigos –abogados, médicos y profesores– qué sabían sobre la Masacre de Lisboa de 1506, respondían: “¿qué masacre?”. Los judíos de Portugal habían desaparecido de la historia. Tengo una personalidad muy subversiva, me gusta escribir sobre temas que la mayoría de las personas prefieren olvidar. Entonces, decidí escribir sobre la Masacre de Lisboa desde el punto de vista de una familia de nuevos cristianos.

Amo dar voz a las personas que fueron sistemáticamente silenciadas, escribir desde la perspectiva de los vencidos. Si los novelistas no escribimos esa historia alternativa, del punto de vista de quienes perdieron las batallas y las guerra, entonces ¿quién va a hacerlo?

 

RAYOS EN BLANCO Y NEGRO

Hablemos de las intensidades amor – odio (“Los limones, diseminados entre manzanas rojas, ofrecían un aspecto maravilloso, una composición digna de Cézanne”). ¿Hay siempre reciprocidad?

Gyure Lohmuller
Gyure Lohmuller

La mente humana tiende a pensar en términos de dualidad: dentro y fuera, amor y odio, negro y blanco. Es muy posible que estemos genéticamente preparados para pensar de esa manera. Uno de los propósitos de la cábala –del misticismo judío– es superar ese sistema dual. Podemos decir lo mismo de la escritura, uno de sus propósitos es crear una unión entre el lector y la narrativa.

 ¿Cuál es tu noción de milagro? “Y entonces caí en la cuenta de que los milagros existen, aunque —por desgracia— no siempre son las gloriosas afirmaciones de transcendencia que han pretendido hacernos creer a todos.”

Un milagro es un hecho que la ciencia no consigue explicar. Pero yo le doy una vuelta a esa idea en “Los anagramas de Varsovia”. Generalmente, pensamos los milagros como maravillosos. Pero, en mi libro, los milagros pueden también tener connotaciones negativas – cosas terribles que suceden y Erik, el narrador, no logra explicar.

Hay fortalezas y debilidades ante lo luminoso y lo oscuro. La oscuridad como morada desde la que obtener sentidos. Contanos sobre eso.

Hay momentos en la vida en que vemos apenas la oscuridad en nuestra frente, la luz desaparece. Eso pasó conmigo después de la muerte de mi hermano, por ejemplo. Y sucede en “Los anagramas de Varsovia”, después de la muerte de Adam. Para encontrar el camino hacia adelante –para intentar encontrar la luz– Erik busca al asesino. ¿Pero será suficiente la venganza para que encuentre un significado a su vida? Erik duda de eso, pero no encuentra opción. Y se niega a desistir.

¿Todos somos capaces de matar?

Pienso que la mayoría de nosotros mataría para defender a una persona que ama. O para salvar nuestra propia vida. Pero es una cuestión que solo podemos responder cuando nos enfrentamos a la necesidad o al deseo de matar. Es como el tema de qué hubiéramos hecho si hubiésemos vivido en la Alemania de 1933. ¿Habríamos ayudado a Hitler a cumplir un genocidio? ¿Habríamos luchado contra él? En mi caso, espero que hubiera minado todos los planos de los nazis, con toda mi fuerza e inteligencia, pero ¿cómo saber con certeza si habría tenido el coraje necesario para hacerlo? Creo que una de las preguntas más importantes de mi novela, “Los anagramas de Varsovia” es: ¿cómo podríamos formar jóvenes confiados y fuertes, de modo que se nieguen a obedecer órdenes inmorales y contra su código ético? No tengo una respuesta, pero pienso que es fundamental investigar esta cuestión.

¿Qué es lo absurdo para vos?

Cuando leo la palabra “absurdo”, pienso en el teatro absurdo y en el humor de los judíos. Estas diversas tradiciones colocan a las personas en situaciones que normalmente no podrían suceder, pero que también tienen una lógica extraña. Curiosamente, el gueto de Varsovia tiene esa cualidad absurda, porque en circunstancias normales (humanas), 450 mil personas no serían obligadas a vivir en una prisión al aire libre en el medio de una capital europea.

 

SINGULARÍSIMO

Hablemos de lo prohibido, de los excesos, complicidades, contramandatos, complejidades y simplezas. En fin, de nuestros tiempos, nuestras vidas, nuestras muertes.

Siento una gran satisfacción en escribir sobre lo prohibido, sobre temas y personajes que la mayoría de los otros evita o desprecia. Me parece que los grandes novelistas entran donde las otras personas rechazan entrar. Abrimos portones marcados: “PELIGRO” y avanzamos y describimos al lector lo que encontramos.

Otro entrevistado de este número, Edgardo Cozarinkdy, escribe: “Pero los muertos, más allá de toda religión, siempre lo han acompañado, más asiduos a medida que envejece”. Conversemos sobre la presencia de los muertos en la escritura y en la vida.

Alejandro Xul Solar - Pan-tree
Alejandro Xul Solar – Pan-tree

El epígrafe de “Los anagramas de Varosvia” es: “Como mínimo, debemos nuestra singularidad a nuestros muertos”. Digo esto, porque a nadie le gustaría ser recordado como una estadística o como un mero miembro de un grupo. Todos queremos ser recordados como la persona que somos, con nuestras particularidades. Y, mientras tanto, cuando hablamos de grandes tragedias como el Holocausto, tendemos a hablar en números. Aunque esas estadísticas sean importantes y útiles, no creo que creen emociones profundas y duraderas. Cuando leemos que seis millones de judíos murieron en el Holocausto, podemos sentirnos intelectualmente ultrajados, pero no sentimos ningún dolor. Y no recordamos ni un rostro ni una voz. Entonces, creo que es extremadamente importante contar historias individuales. Al conocer a alguien que murió en un gueto o un campo de concentración, comenzamos a entender lo que sufrieron.

Adam: viene de rojo (adom, en hebreo) y adamá (tierra) porque la tierra africana era roja.  El Adam de tu novela es un Aquiles, primordial y con señal de fragilidad expuesta.

Sí, en el Antiguo Testamento, Adán es el primer hombre. Pero, en la cábala, está también la tradición de Adam Kadmon. Adam Kadmon es la Luz Divina –el primer evento en la Creación del Universo. Entonces, en mi libro, Adam, el sobrino nieto de Erik es el símbolo de la luz. Y, cuando él desaparece, la luz desaparece del mundo de Erik. Su único propósito es encontrar al asesino de Adam – encontrar a quien quitó a la luz del mundo. En ese sentido, él también intenta destruir las fuerzas de oscuridad que intentan dominar al mundo. Si los nazis hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial, un museo sería el único lugar en que podríamos encontrar vestigios de la cultura judeo europea.

 

INSTANTÉNEAS

Una foto: imagen que borra el tiempo. Nuclea el presente del que mira, el pasado del momento ya perdido y el futuro en que será reproducido. ¿La escritura es también foto, en este sentido?

Para mí, una novela es más completa que una fotografía. La novela desarrolla una historia a lo largo de 200 o más páginas. Una narrativa en evolución. También es más participativa. Un lector llena –con toda su experiencia– los espacios en blanco entre las palabras. Por eso una novela es diferente para diferentes lectores. Cada persona completa una novela con la totalidad de su ser.

Gyuri Lohmuller
Gyuri Lohmuller

“Me tapé la boca con la bufanda, por lo que tengo ahora la impresión de que el resto de nuestra conversación se desarrolló a través de la textura de una lana gruesa y oscura”, dice uno de tus personajes de novela. La textura de la lana de la bufanda que filtra las palabras podrá ser análoga a la cámara del fotógrafo. ¿Cuál es la bufanda de la escritura en la prosa y en la poesía?

Creo que es la mente del escritor. Todo lo que sucede es filtrado a través de sus temores, deseos y esperanzas y después transformado –aparentemente por magia- en palabras. A fin de cuentas, cada novela es el reflejo de la relación del escritor con el mundo. Y es un paisaje enorme y multiforme pintado por un autor.

¿De qué lado queda el resto, lo filtrado?

Lo que pasa por el filtro es parte de la narrativa. Lo que es bloqueado, queda excluido. Cada escritor tiene limitaciones, por eso, hay situaciones y temas que no surgen en mi escritura. Dicho de otra manera, Jane Austen no es Tolstoi y Tolstoi no es William Faulkner. Todos somos diferentes.

La escritura, ¿deseo, trascendencia, sentido, memoria? ¿Qué más y por qué?

Entiendo que la mayoría de los escritores quieren compartir sus experiencias y descubrimientos con otras personas: los lectores. Y quieren explorar sus traumas, alegrías y revelaciones. Cuando escribo, mi objetivo es escribir el mejor libro posible. No pienso en opiniones ni ventas. Y no visualizo un lector ideal. Escribo lo que me fascina y lo que me perturba. Supongo que si yo adoro el libro que voy a escribir, por lo menos algunas otras personas también lo amarán. Sí, pienso que la escritura es una búsqueda de significado. Tal vez, escriba como una forma de organizar la realidad, para que tenga sentido para mí. No estoy seguro, pero es posible. Tal vez los escritores tengan más necesidad de organizar el mundo en un orden que les agrade a otras personas. 

 

LA MAGIA SIEMPRE ESTÁ

¿Qué lugar tiene lo coyuntural en tu escritura: la realidad portuguesa, la violencia de género?

Escribo sobre Portugal actual en “El Centinela”, en particular sobre el periodo de austeridad (entre 2007 y 2015). Los personajes de ese libro son oprimidos por la atmósfera de derrota del país. Porque fue un periodo en que muchos portugueses perdieron la esperanza en el futuro. Más de 350 mil jóvenes dejaron el país porque no había suficiente empleo. Muchas personas se sintieron derrotadas. Y el gobierno reforzó ese sentimiento al decir a los jóvenes que debían mudarse a otro país o conformarse con un empleo mal remunerado. Nuestros gobernantes pedían a los alumnos que abandonasen sus sueños. Es una de las razones por las que me opuse al gobierno anterior de forma tan pública. Creo que nuestros alumnos tienen derecho a soñar y seguir sus pasiones. En términos de violencia de género, los personajes gays que sufren tienen papeles importantes en mis novelas. Y sufren por causa de su orientación sexual. En “Los Anagramas de Varsovia”, tenemos el ejemplo de Izzy, el mejor amigo de Erik, que se casó con la esposa porque tenía miedo de admitirse a sí mismo y a los demás, que era gay. Es un momento de liberación conmovedor cuando se lo cuenta a Erik, de liberación para los dos. En “El centinela”, el hermano del narrador es gay. Y tiene muchas dificultades en lograr buenas relaciones con otros hombres porque fue muy abusado en la infancia. No confía en otras personas. Este es uno de los motivos por los que su relación con el narrador (su hermano) es tan importante – los dos forman un frente unido. Es como si nada pudiese detenerlos cuando están juntos. Tienen un amor sólido, fuerte e inquebrantable. No hay nada que no haría el uno por el otro.

Homokora
Homokora

¿Qué es la magia para vos?

La magia es una acción o un acontecimiento que parece imposible, que nos remite a un estado de admiración –de sorpresa y felicidad- y que nos hace sentir como niños. Toda gran narrativa tiene esa magia y, por eso, cuando leemos una novela maravillosa sentimos la alegría que sentíamos cuando éramos chicos y oíamos una historia leída por nuestro padre o nuestra madre.

¿Y lo deseante?

El deseo que más me interesa es el de superar nuestro aislamiento y formar una unión con otra persona. Creo que todos tenemos ese deseo – esa necesidad de solidaridad, de cariño, amor. A mi modo de ver, alcanzar una unión física y espiritual con otro es la única manera de disminuir nuestra soledad. Sin eso, no sé si podemos conseguir la felicidad verdadera, o una vida realizada.

“Su acordeón hacía que ante mis ojos revolotearan unas figuras en forma

de mariposas de color rojo vivo y dorado, una maravillosa y extraña
sensación, aunque de un tiempo a esta parte me he acostumbrado a
ella; a menudo mis sentidos discurren juntos, como veladuras que se
confunden en los bordes. Al final, ¿es posible que se confundan por
completo? ¿Me precipitaré en un gigantesco paisaje de sonido, vista
y tacto, incapaz de hallar el camino de regreso a mí mismo? Quizá sea
así como se me lleve por fin la muerte”.

 

  • Mafalda es la popular historieta que el humorista gráfico argentino Quino realizo durante los años 1964-1973. Trascendió las fronteras de tiempo y espacio. Fue traducida a 30 idiomas.

Los epígrafes y las citas corresponden a las novelas del escritor, “Los anagramas de Varsovia” y “El centinela”.

En español, se consiguen libros de Richard Zimler en versión ebook.

La página del escritor se puede consultar en inglés y portugués en: www.zimler.com




EL ESPEJO LENTO

Deseantes: Un cuento de Richard Zimler

Traducción: Lourdes Landeira, Marcela Molina

Pedro era de Buenos Aires.

Sin embargo, fue sólo después de su muerte que paré por un momento para reflexionar sobre lo que quería decir. Estaba en Argentina por primera vez, en un congreso de ornitología, y mientras descendía la Avenida de Santa Fe me ocurrió: entonces eso es lo que vio y oyó mientras crecía. ¿Se acordó muchas veces de este lugar después de hacer el amor conmigo?

Me acompañaba una imagen de taxis negros a aproximarse, y de amplias, interminables avenidas, una sensación de deambular entre brisas perfumadas en dirección a obeliscos y monumentos militares. Pero lo importante no era el verdadero espíritu de Buenos Aires. Lo que importaba es que la ciudad era real, que estaba siempre presente estuviera yo consciente de ello o no, y que Pedro había venido de allí.

Estaba en camino a su morada de infancia (demolida para dar lugar a un monstruo de cemento utilitario) cuando todo esto se condensó dentro de mí como si saliera de la nube de un sueño olvidado. Me paré, como si se enfrenta a un enigma. Y cuando volví a mirar a mi alrededor, me ví delante de una tienda de antigüedades llena de gente. Entré para reflexionar, hice una señal al dueño y me dirigí al fondo de la tienda para alejarme de la luz. Fue allí, después de haber pasado por una estantería de libros y por varios bastoneros, que descubrí el espejo

Estaba encima de una polvorienta cómoda portuguesa del siglo XVII, en el estilo lleno de torneados que se hizo popular después del primer viaje de Vasco da Gama a la India, y me llamó la atención porque tenía la forma de una lira. Soy profesora de ornitología de profesión – con una especialización en aves fringílidas (de América del Norte (Passiformes Fringillidae) )-, pero toco laúd por placer. Y los instrumentos antiguos me fascinan. Por eso me acerqué a esta lira – espejo y pasé la mano por su marco. Y cuando vi su reflejo, descubrí un arca china de madera de alcanfor. Tenía, tallada en el frente, una serpiente con una linterna colgando de su boca. El arca estaba, precisamente, frente al espejo, sobre un extraño escritorio inglés con tiradores en lapislázuli. Esa aliteración mágica de lapislázuli, linterna, lira y laúd  me llevó a obedecer a mi instinto y hacer una oferta por el espejo. Fui capaz de regatear con el anticuario, un viejo uruguayo de Paysandú que olía a pistacho y brandy, y conseguí un precio razonable.

Esa noche, al volver a mi pequeño cuarto del Hotel Estrella, vi por primera vez en los poderes particulares de aquel espejo. Después de una ducha, me peiné para intentar  un aire decente. Desempaqué el espejo y descubrí que el arca en madera de alcanfor y el interior de la tienda de antigüedades -y no yo- componían la totalidad de su reflejo. Desde todos los ángulos, para donde me moviese, mirase o me parase en la monstruosa silla de cuarto de hotel, la superficie plateada del espejo me mostraba los diferentes recovecos de la tienda uruguaya.

Luego de un gran susto, en que casi llamé a la recepcionista, me quedé un tiempo mirando el reflejo y llegué a distintas conclusiones; la primera (y más obvia), de que no era un espejo normal; la segunda (y naturalmente más perturbadora), de que podía estar por volverme loca.

Esa noche soñé con el espejo. Imaginé que reflejaba la imagen de un mosquitero, esos pájaros de pico grueso y pecho rosa – sobre el que hice mi disertación en la Universidad de Cornell y que dio nombre a mi hija Rosalía – y lo vi revolotear entre nubes verdes que se evaporaban desde robles gigantes. Ese pájaro era un mensajero, había sido enviado por Pedro para venir a buscar a Rosalía y llevarla al cielo.

A la mañana estaba expectante de ver el reflejo del pájaro cerca de mi rostro, pero volví a encontrar la tienda de antigüedades. Por eso, no fui a la conferencia sobre la evolución del canto en pájaros paseriformes  y regresé a la tienda del uruguayo. Le hablé de las dos conclusiones  a las que había llegado.
“Puede estar segura de que no está loca, Señora”, dijo con una sonrisa de solidaridad. “Hay un desfase de tiempo. El espejo parece conservar las imágenes. Se infiltran y tardan mucho tiempo hasta que aparezcan. Le llamo ‘espejo atrasado.’ ”

¿Cuánto tiempo tarda el espejo en devolver las imágenes?, le pregunté.

El anticuario se encogió de hombros. “Me hice cargo de este establecimiento hace cuatro años, era de otro uruguayo, un hombre de Punta del Este, y el espejo todavía no reflejó nada que no sea el arca china”, dijo. “Por supuesto que también reflejó imágenes de algunas personas que lo levantaron y de personas que por casualidad pasaban para ver otras antigüedades”. Se reía mientras  se revolvía el bigote. “Pero este egoísta todavía no reflejó mi imagen. Por eso, debe estar atrasado, por lo menos, cuatro años”.

“¿Sabe de dónde lo trajeron?”

“De Brasil, creo. De fabricación portuguesa, quizás. Aunque podría ser japonés. Pudo haber sido traído por inmigrantes. Un agrónomo coreano me dijo que la moldura de la lira es de madera de arce japonés.”

El anticuario me ofreció generosamente comprar nuevamente el espejo, en caso de que yo estuviera desilusionada por sus reflejos atrasados. Pero le confirmé que lo quería igual, le agradecí la ayuda y volví al hotel.

El espejo, todavía colocado arriba del escritorio al pie de mi cama, insistía en reflejar, claro está, el arca china y la tienda de antigüedades. Al correrme más hacia la derecha, podía ver al primer anticuario uruguayo de Punta del Este, un hombre bajo, delgado, con unos anteojos pegados con cinta adhesiva. Estaba sentado atrás de una mesa en cuyo centro había un candelabro barroco con  brazos sinuosos de una diosa Hindú.  Una luz intensa, que parecía filtrada por nubes ondulantes, brillaba a través de una ventana de la que pendía un crucifijo bizantino dorado. Miré, hipnotizada, y al cabo de algún tiempo, una mujer alta, vestida de negro entró en la tienda, dio una vuelta y volvió a salir sin comprar nada. El anticuario  comía su almuerzo de una bolsa blanca, como si el contenido debiera ser guardado en secreto. Leía un libro grande, encuadernado en cuero. Un tiempo después, las sombras bien definidas de un mueble imperceptible se arrastraban por el piso como buscando la noche. Entró un hombre con un  abrigo de cuero marrón, admiró un vaso persa azul-celeste esmaltado y lo envolvió en unos pañuelos blancos que sacó de su bolso, antes de dárselo al uruguayo para empaquetar. Justo cuando estaba por cerrar la tienda, dos mujeres grandes colmadas de paquetes entraron a pedir informaciones.

Fue entonces, cuando, sola con las antigüedades, me estremecí con una repentina alegría. Era como si, al mirar a la tienda, hubiese dejado mi cuerpo atrás por un tiempo. Y ahora, volvía para descubrir la maravilla de los dedos, las manos, los labios de una mujer que podía tocar el mundo, sentir su lugar en el centro de la vida, respirar, besar, hablar. Agarré el teléfono para compartir el descubrimiento con Rosalía. Pero al oír su voz trémula, me pareció mejor preguntar por su salud.

“¿Dónde estás, finalmente?, preguntó ella.

“En Buenos Aires”

“Todavía estás ahí… entonces, ¿por qué estás llamando?

“Para saber cómo estás. Perdón si te desperté”.

Rosalía permaneció callada. Imaginé sus lágrimas como consecuencia de un mundo sepia descolorido, una niña solitaria enfrentando un bosque encantado salido de un cuento de Grimm.

Sin responder, ella colgó el teléfono. Nos quedamos sin comunicación. Me senté con la cabeza en las manos. Lamentándolo mucho. Viendo la tienda de antigüedades sumergida en la noche. El espejo era, entonces, perfectamente normal – un artefacto imposible, en verdad, y por cierto, un regalo, apenas uno entre muchos objetos imposibles que me rodeaban. Imaginaba que había sido sacado de la galera de un mago de la misma tierra invisible que diera origen a la leucemia de Rosalía y a mi propia desesperación.

El tiempo se arrastró lentamente para mí esa noche. Dormí sobresaltada, con escalofríos, sueños interminables ribeteados de agua. A la mañana, desperté agarrada de la Estrella plateada de David que Pedro había colgado de mi cuello cuando nos pusimos de novios y sentí muchas ganas de salir de allí. Me vestí con furia, corrí hacia afuera, justo a tiempo para llegar a una conferencia sobre incubación de enfermedades de trasmisión sexual masculina.

Dos días más tarde, después del cóctel de cierre del congreso, empaqué el espejo, tomé el vuelo de la noche y regresé a San Francisco.

Allí, en el interior de nuestra casa, en la Avenida 12 de Richmond District, puse el espejo atrasado arriba de mi cómoda de palisandro. Se lo mostré a Rosalía cuando despertó de la siesta. “De la ciudad de tu padre”, le dije. Me devolvió la sonrisa de modo ausente y después de mi explicación, miró por momentos la imagen reflejada y dijo, ”Es demasiado lento”..Me agarro del brazo, se negó a clarificar su comentario y volvió a la cama.

Solo más tarde comprendí lo que quería decir. No tengo tiempo para esperar a que el espejo devuelva mi imagen.

A pesar de estar ensombrecida por esa idea que me atravesó (o, tal vez, por eso mismo), comencé a  seguir con avidez la vida de la tienda de antigüedades, de manera compulsiva, debo decir. Me torné una especialista de los hábitos del uruguayo de Punta del Este y de los gustos lascivos del empleado de los sábados, un hombre muy flaco con predilección por las rubias obsesionadas en vestir de lycra. Pasé también a apreciar la idiosincrasia de algunos visitantes regulares, sobre todo la de una mujer nativa, pequeña y llena de energía, que vivía en La Boca y que iba una vez por día a olfatear el arca de madera de alcanfor por sus sinusitis (pude leerlo en sus labios una vez que se lamentaba de sus penurias con el uruguayo).

Muchas veces, al levantarme y al acostarme, seguí el cuento del espejo, y por algún tiempo eso sustituyó mis lecturas, mis salidas al cine, o el laúd. Mientras tanto, como es de imaginar, después de un año de tiendas y clientes – y del arca china, en particular- me cansé definitivamente de la vida del anticuario de Buenos Aires y puse el espejo en el piso del armario de las sábanas, donde podía espiarlo de vez en cuando, sin sentirme atravesado por su historia interminable.

Rosalía adelgazaba día a día. Y cada vez, sufría más. La quimioterapia ayudaba poco o nada. Con frecuencia, me hablaba con la voz de un ser frágil y alado que yo imaginaba prisionero de su cuerpo débil. En esos momentos, me daba cuenta de que no faltaba mucho para que su ser revolotease, desapareciendo de nuestras vidas como un hada de luz. Aun así, me asustó admitirlo, esperaba sinceramente que todo aquello sucediese con rapidez. Poco después de haber guardado el espejo, Rosalía me preguntó con voz trémula si colgaría el espejo en la pared opuesta su cama. “Algo de  lo imposible vi en él”, dijo. Se negó a decir más,  a cambio de explicación, me mostró un libro de su infancia que había mantenido escondido.

Era italiano, ilustrado con pájaros por Bruno Munari; los rojos, azules y amarillos parecían haber salido de plumas verdaderas.  Era el único libro que Pedro había traído de Argentina cuando su familia huyó perseguida por una dictadura anti-intelectual y anti-semita. Todos los demás habían quedado atrás, quizás reducidos a cenizas.

Cuando Rosalía era niña, Pedro solía sentarse con ella durante horas mostrándole las bonitas imágenes. “¿Qué viste?”, volví a preguntarle.

Rosalía se llevó los dedos a los labios, en señal de silencio, sonrió para conformarme y me apretó la mano.

Dos días después, ella murió.

La encontré sosteniendo el espejo en forma de lira junto al pecho, de cara abajo, como si tratase de fundir el reflejo plateado con su cuerpo. Abajo, estaba su libro de la infancia. Nunca comprendí cómo se  las arregló para tener la fuerza de sacar el espejo de la pared.

El pasado, después de eso, se aleja de mí, como si mi historia personal hubiese sido echada al mar por unos años. Sé que debo haber trabajado y comido y hablado con gente –debo haber hecho todas las cosas que se hacen para sobrevivir. Sin embargo, mis pensamientos de esa época están limitados por el océano negro impenetrable de una epopeya. Cuando finalmente, mi historia emerge de ese paisaje negro, es con el rostro de Rosalía en la proa; hace una semana, casi cuatro años después de su muerte, la vi reflejada en el espejo atrasado.

Miré lo que la rodeaba y pude ver que estaba de pie, delante de mi armario de sábanas. Miraba perpleja aquello que solo puedo referir como el rostro de una mujer adorando a una niña. Después de un tiempo, se alejó y besó la superficie del espejo.

Observé todo eso en su cuarto. Desde adentro de aquel abrazo etéreo que parecía hecho de lágrimas. Desde adentro de las cobijas. Porque yo había vuelto a colgar el espejo en la pared después de su muerte y comencé a dormir en su cama.

Al día siguiente, pude ver mi propio reflejo cuando llevaba el espejo para su cuarto y lo colgaba en la pared, exactamente como hice cuatro años antes.

Después de eso, reviví las últimas horas de vida de Rosalía sin parar ni para dormir. Creo que, además de cualquier otra cosa, fue paz lo que vi en su rostro. ¿Estaría la tienda de antigüedades para ayudarla? No tenía la mínima idea, hasta que la vi levantarse de la cama con aquel libro de su infancia que guardaba en la mesa de luz, y deslizarse por el piso con la facilidad de un espectro. Separó a la derecha del espejo y se quedó allí, mirando por algún tiempo; después, se subió a la cómoda y lo sacó. Lo llevó para el cuarto y se agarró a él, como quien abraza a un niño enfermo.

Momentos más tarde, solo quedaba la  penumbra de su pecho, que dejó de jadear. La noche en que fui testigo de todo esto en el espejo, viajé a Buenos Aires. Cuando llegué, tomé un taxi hasta la tienda de antigüedades. El viejo comerciante uruguayo de Paysandú todavía estaba ahí. – “El espejo atrasado, ¿no?”- preguntó apenas entré.

-“Sí, ¿puedo dar un vistazo?”

-¡Adelante, por favor!

La cómoda portuguesa colmada de bronces estaba todavía en el fondo de la tienda. Había ahí, ahora, otro espejo –un espejo normal- que reflejó mi mano cuando la levanté para probar. Me detuve en el lugar en que estuvo Rosalía, y miré con atención. Desde aquel ángulo podía ver un estante. Me pareció evidente que lo que ella había visto, lo vio desde allí. Pasé por los libros lo más rápido que pude hasta que el nombre de Munari me hizo parar. Era otro de sus libros para niños. En la tapa, un gorrión escarlata posado en un girasol. Lo apreté contra mi pecho y cerré los ojos. Una mezcla de espanto y miedo me produjo vértigo. El fuerte latido de mi corazón me hacía balancear de un lado a otro. Mis pies parecían haber echado raíces justo en el centro del mundo. Me agarré de la cómoda portuguesa por si me desmayaba.

Cuando junté coraje para agarrar el libro abierto, encontré una dedicatoria en latín para Pedro, era de su madre y estaba fechada: Purim, 14 de Adar, 5707 (1947). Leí el mensaje en un susurro. “Para mi pequeño pájaro, con amor. Lo imposible es la prueba”

La extraña sensación de que esas palabras habían sido escritas para mí parecía que iba a cortarme la respiración. Allá, bien al fondo de la armadura del cuerpo, sentí como si hubiese accedido al entendimiento del mundo basado en la fe. ¿Habría encontrado Rosalía esta fe y serenidad antes de morir? Sin duda, Pedro le habrá trasmitido las palabras de su madre años antes. ¿Le habrá asegurado que lo iba a encontrar junto a Dios?

Cuando los movimientos de otro cliente me hicieron regresar a la  tienda, pagué el libro. El comerciante dijo: “Vea cómo es de misteriosa la vida. Tuvimos es bella pieza bien a la vista durante años y nadie la compró. Ahora, que está medio escondida, usted entra aquí y la encuentra. Vaya a saber”
“Quizás esto explique algo, dije yo y le mostré la dedicatoria de libro. Frente a sus ojos abiertos de espanto y confusión, dijo él: “Es latín. Un dialecto escrito en letras hebraicas por los judíos españoles que data de antes de la Inquisición. “Le leí el mensaje de la madre de Pedro.

¿Qué cree que quiere decir?, preguntó.

Desplegué mi brazo para apuntar a la tienda, hacia la calle, hacia las antigüedades. Le señalé a él, y después a mí misma. “¿La inverosimilitud del propio mundo… o de algo absolutamente imposible que haya sucedido jamás lo hicieron sentir que hay algo más allá de lo que se ve?

“Ah, comprendo”, dijo él. Encogió los hombres  y detuvo las manos en un gesto de escepticismo pasivo. Apenas comenzó a hablar, llevé el dedo índice a los labios y le ofrecí la sonrisa suave de silencio de Rosalía.

Después de mi regreso a San Francisco, tomé el espejo y lo vendí a un comerciante de antigüedades chileno, de ojos azules brillantes, de Mission District. Y volé para Cornell. Deambulé por el bosque varios días, con los libros infantiles en las manos, sin saber qué buscaba, hasta que una flecha rosada resplandeció en mi frente. Era un pico-grueso-de-pecho-rosa, y se posó en una rama de roble rugoso arriba mío, mirando fijamente al piso. Cuando miré para abajo, descubrí un charco sobre una cama de musgo. Reflejaba la cara llorosa de una mujer de edad, una súbita visión alada de rosa atravesando las nubes verdes en dirección a un cielo soleado. Y pensé: También los sueños son imposibles. Y aún más: lo sepa o no, este bosque, este lugar, está siempre aquí.

 LEÉ LA ENTREVISTA AL ESCRITOR EN: LÁGRIMAS DE MAYO

 




AÚLLAN, SANCHO

Ultraviolento: sobre domesticaciones y otras heridas.

Por Lourdes Landeira

Una mano se desliza sobre un lomo más o menos peludo. La acción –encantadora-  se repite. Es un perro acariciado. El animal no puede devolver el mismo gesto. A cambio, mueve la cola y, cuando se le permite, usa la lengua para recorrer un cachete: lo lame. Algunas veces, ambos seres se abrazan en desigualdad de condiciones. El perro, se dice, es el mejor amigo del hombre. ¿Será el hombre el mejor amigo del perro? Según cuenta la historia, el lobo se habría convertido en perro por propia voluntad. Cuánta violencia habrá implicado tal metamorfosis, me pregunto en silencio. Acción genética y, mucho tiempo mediante, el animal de dientes carniceros mutó al de hocico acortado. La manipulación humana se ocupó de marcar la diferencia, la mayoría de las razas son de los últimos cien años. Persiste la caricia como posibilidad de representación de la frontera de acercamiento entre el ser humano y el animal domesticado. Para mantener las distancias.

ITINERANCIAS

Hace algunos años visité Esquel y, después de hacer los paseos tradicionales –el cerro, la trochita, el té gales –, decidí hacer frente al frío y salir a caminar. En la oficina de turismo me habían hablado de un sendero por donde se podía subir a un cerro a pie. Una amiga local me preguntó: ¿y no te dijeron que tuvieras cuidado con los perros? No, dije yo. ¿Por qué? Muy discreta, movió su cabeza y me contó que, en algunas zonas, había grupos de perros poco amigables. Me sorprendió ese temor en ella, pero, discreta yo también, no dije nada y salí. En el ascenso crucé a un perro que me miró fijo y recordé el rezo de mi infancia. Decían las abuelas que, si en la calle se te acercaba un perro, tenías que repetir para tus adentros: ay, San Roque, que este perro no me mire ni me toque. Ese, el de la subida al cerro, ya me había mirado, pero no me tocó. Dio media vuelta y se internó en el paisaje. Cuando bajé, lo recordé y me asombré al pensar que prefería no volver a encontrarlo. Y ahí quedó la anécdota, si es que llegó a serlo.tumblr_ngy48waRW21qdrgo9o1_500

En otro viaje, a Ushuaia en este caso, también hice los paseos típicos. La excursión al parque nacional paró para el almuerzo en un restaurante que, además de sus comidas típicas, tiene como atractivo un criadero de perros. Entré y no me gustó lo que vi. Cada uno sentado frente a su cucha, amarrado a ella por una soga. Entré al refugio y el encargado del lugar me contó que ofrecían paseos en trineos. Es decir, estaba frente a perros trabajadores. No, dije. La tracción a sangre no me va. Intentó convencerme de que los perros disfrutaban lo que hacían. Indagué un poco y supe que para eso los entrenaban, para hacer fuerza, para correr. Y, claro, a eso respondían. Me permití dudar de que eso fuera equiparable al disfrute. Me contó cuánta comida diaria les daba y supe que su vida útil iba desde el año hasta los diez. Qué hacen después con ellos, pregunté, preocupada por la fuerza de perro desempleado. Me dijo, y parecía convencido, que en algunos casos les buscaban un hogar de adopción y en otros los dejaban libres, en la montaña. Ninguna de las dos situaciones me parecía viable. Otra vez, ahí quedó la anécdota, si es que llegó a serlo.

RADICACIONES

Poco tiempo después leí un titular, mejor dicho, antes que eso vi una imagen en un diario local de la capital fueguina. Era una mujer hospitalizada por heridas en todo el cuerpo, fundamentalmente, en las piernas y en el cráneo. Había sido atacada por una jauría de perros. Entonces, presté atención y leí la nota. Algunos datos y no mucho más. Lo cierto es que el debate comenzó.
El municipio declaró la emergencia socioambiental. Empecé a interesarme más. ¿Por un caso? Bueno, no. Resulta que se habla de 400 casos de mordeduras por año atendidas en los hospitales. Rápidamente se comenzó a hablar de la aparición de perros envenenados. Los funcionarios dijeron que no eso no era cierto, que se respeta la condición de ciudad no eutanásica de Ushuaia. Que la eutanasia no es una medida de control de la población canina. Que alentaban la tenencia responsable y, de paso, iban a aumentar el presupuesto a zoonosis a fin de proveer recursos para la castración y el aumento de caniles. Que estaban en la búsqueda de los perros atacantes y que ya habían capturado a tres. Que luego de evaluarlos decidirían si podían ser dados en adopción.

Claro, recordé a mi amiga de Esquel y al señor del refugio que intentó convencerme de la felicidad canina.

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El problema, aparentemente, se repite año tras año. No todos los días con la gravedad del caso de la señora internada, que trascendió las fronteras locales y colocó el tema en el calor de los grandes medios nacionales. Quienes tampoco dijeron demasiado, más allá de la espectacularidad de las heridas. Los fueguinos dicen que mucha gente abandona a los animales; que, en las épocas menos frías del año, lo perros se van a vivir a las montañas y comen conejos. Pero, cuando empieza el invierno, llegan a buscar comida a la ciudad. Es común ver  comida para perros en las veredas. Es común ver perros sueltos en la ciudad. En muchos casos van en grupo, no me gusta decir jauría. ¿Lo serán? Algunos se quejan de quienes los alimentan, otros no quieren que pasen hambre. No me queda claro si por solidaridad o para no ser atacados por quienes sufren la falta de alimento.

DOMESTICACIONES

Las anécdotas, si alguna vez lo habían sido, dejaron de serlo. El término salvaje me rondaba y con él vino otro, domesticación. Resulta que el perro es “amigo” del hombre desde hace más de 15.000 años. Por supuesto, también en eso hay versiones. Estudios más recientes dicen que podríamos hablar de 40.000 años. Cuando los años son tantos, las dimensiones se pierden. En este caso, una u otra situación nos  coloca en la nómade era de piedra del paleolítico o en el comienzo del sedentarismo neolítico. Encontré por ahí una referencia al perro como: “el lobo que mueve la cola al ver a un ser humano”. Claro, el lobo es su ancestro. Y dicen, también, que el lobo se habría convertido en perro por propia voluntad, por el interés que le generaban los desechos humanos como alimento. Así y todo, se supone que fue muy extenso el tiempo que llevó el acostumbramiento mutuo y la disminución y posterior desaparición de la distancia de huida. Sin embargo, un perro abandonado, puede asilvestrarse – tal el término que se usa- en pocos meses.

Estudio-Cajas_550Domesticar implica someter y reducir,  hacer que una población –animal- se adapte al cautiverio, que sea dócil y manipulable. Requiere exterminar sus formas salvajes –las que viven en libertad-. Al inicio del proceso, conviven perro y lobo. Quien usa y controla a otros seres vivos pretende el aniquilamiento de los rasgos ancestrales de la población controlada. El objetivo es lograr que esos seres pierdan la capacidad de sobrevivir en estado libre. El proceso conlleva sus propios pasos; además de la ya mencionada desaparición de la distancia de huida (ese momento en que el temor provoca el espanto), es preciso pasar por la ampliación del tiempo entre captura y muerte. Cuando el hombre cazaba para comer, mataba a su presa en el acto. Al comenzar a utilizarla para otros fines, se amplió el tiempo de convivencia. Hoy, además de los que tiran trineos cargados de turistas, hay otra clase de perros trabajadores: cuidan rebaños, son guardianes de negocios y viviendas, hacen tareas policiales, son rescatistas, lazarillos y hasta terapistas. Los lobos actuales no serían los mismos lobos que dieron origen a los perros. Esos, podrían estar extintos.

TRANSGRESIONES

El acercamiento inicial habría sido de mutuo interés. Los perros ayudaban a los hombres a cuidar los poblados y colaboraban en la caza de otros animales. Los hombres los protegían de otros depredadores y los alimentaban con sus sobras. Sin embargo, la violencia sobreviene una y otra vez en la acción del desecho. Entonces, el recorrido a la inversa es muy veloz. La conducta va hacia sus orígenes, a los tiempos pretéritos. Los perros habrían soportado todo del hombre, menos el abandono.FRANK AUERBACH II

Como hace miles de años –ya no importa cuántos- los lobos se acercaron al hombre para comer sus restos. Hoy, en los centros de esquí de Ushuaia es común ver zorros de cara amigable pedir comida a los visitantes, a una distancia muy corta. La respuesta favorable es desalentada. Se pide, de forma, expresa, que no se los alimente. Es que hace dos o tres mil años que se dejó de domesticar animales. Ya no se los busca para hacerlos más parecidos a los humanos. Ni para sacrificarlos. La manipulación puede prescindir de ellos.




MANECILLAS

EL OLVIDO: Sobre La bienaventuranza, novela de Silvia Maldonado

Por Lourdes Landeira

 El hilo que la mano de Ariadne dejó en la mano de Teseo (en la otra estaba la espada) para que éste se ahondara en el laberinto y descubriera el centro, el hombre con cabeza de toro o, como quiere Dante, el toro con cabeza de hombre, y le diera muerte y pudiera, ya ejecutada la proeza, destejer las redes de piedra y volver a ella, a su amor.

Las cosas ocurrieron así. Teseo no podía saber que del otro lado del laberinto estaba el otro laberinto, el de tiempo, y que en algún lugar prefijado estaba Medea.

El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también. Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos, o un caos azaroso. Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo. Nunca daremos con el hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla felicidad.

El hilo de la fábula. Jorge Luis Borges

 STOP

Si es cierto que toda escritura implica una ausencia, ¿cómo escribir  treinta años? ¿Cómo, una de treinta mil desapariciones? ¿Y cuatro, cinco, seis sobrevidas? Los instantes se cuentan con números acumulados en un reloj imparable. Uno de esos instantes coloca a cualquiera de nosotros del lado de los muertos. Entonces, el conjunto “nosotros” se compone de manera diferente. El lugar vacío se llena, en general, de huellas , de pasos a desandar. Pero, algunas veces,  esa primera persona del plural se escribe con mayúscula: Nosotros. Y la falta, en ese caso, es desmembramiento, es la mutilación de un cuerpo de cinco. Y no hay prótesis – ni peluquín ni dentadura postiza- capaz de disimular la amputación. Solo se puede caminar en conjunto, en presencia. Quizás con alguien que nos convoque, quizás con alguien que nos conduzca – aun si lo hace en el auto de un suicidado-.

ESCHERR

Fueron cuatro telegramas – con igual convocatoria – los que envió Beatriz, desde su casa en el desierto argentino. Habían pasado treinta años de la muerte de La Rusa, del día en que iba a entregar un paquete a Constitución y se distrajo unos segundos por el ladrido de un perro. Poco más tarde, fue ejecutada en el baño de un bar. El reloj Beatriz continuaba detenido en aquel momento.

Bienaventurar  el lenguaje quizás sea el modo de prometerle – prometerse- el reino de los vivos. El otro, el de los cielos, queda reservado a  quienes sufren. Y Nosotros quieren otra cosa. “Siempre fuimos alegres, felices, ¿cómo no?, si íbamos a vencer al dolor humano”. Siglos de cristianismo enredados entre pentagramas celulares que se fisuran para que lo imposible deje de serlo.

Nosotros, los destinatarios de la convocatoria de Beatriz, habían sido los compañeros de aquellos días de La Rusa: la enana exiliada en matrimonios europeos; Helena , del manicomio a la costura,   Germán o Marcos, según la cantidad de alcohol que lo recorra, exterminador de perros; Raulito, entre la intelectualidad y la pornografía.

En “La bienaventuranza”, Silvia Maldonado juega con los números, cronometra  secuencias alrededor de un “almanaque intacto”  El de ese año. 1976. Para comprobar su inmutabilidad  y – también – la posibilidad de actuar sobre lo inacabado (y poner fin a la tiranía de la tristeza).  Se vale de un lenguaje telegráfico que escribe los puntos como stop – pausa,  límite simulado en otra lengua-   que continúa en otras palabras con sentido estricto. Echa mano de ese lenguaje que comienza en otro espacio y se escribe con minúscula para decir su continuidad con lo perdido. Así, entra en el tiempo de un trompo que, sobre las últimas primeras líneas, pondrá tres puntos, no suspensivos. Puntos que se suceden entre las palabras que los contienen y no tienen final. “Ya no lo escucho. Lo miro. Tan callando”.

Más allá o más acá de la letra y la gramática,  el objetivo es claro: dar batalla contra quienes pretender “edulcorar para los olvidadizos el escándalo de esos pasados”.

PUNTO Y TOMA

“Ya se habían ido los militares y todos festejábamos que nunca más volverían, pero ahora, de contrabando, con disimulo, sin pausa ni alharaca, se reconstruía un monstruo inexplicable. Lo peor es que nosotros, estúpidos o inflados por una pesos prometidos, habíamos participado en el engendro con entusiasmo e inconsciencia. Pudimos entender que se trataba de un edificio dentro de otro edificio, conectados ambos por corredores, algo parecido a lo que debe haber pensado Amenebrat III …”

CRETAALas palabras no pertenecen a uno de Nosotros, las dice un testigo con mayúscula, el Bibliotecario, quien suspende la historia para retomar su relato. Y su breve pausa nos obliga a preguntarnos sobre Amenebrat III, ese faraón que edificó un laberinto, que ordenó construir un palacio, que el palacio se convirtió en su tumba. ¿Y el exilio?  Otro laberinto, quizás, por donde vagar sin encontrar la punta del ovillo. Por donde cada encrucijada repite  el mismo paso una y otra vez hasta que un stop multiplicado en cuatro telegramas fisura la cadencia y pone a girar un viento nuevo. Entonces, el monstruo esquiva las fronteras auto infligidas y se desenreda hacia el Nosotros, en un único modo de contarse, de reconocerse: a través de lo que le sucede a los otros. En el ir y venir se recorren pasillos que entremezclan sentimientos: la culpa, el desaliento, el miedo al fantasma que se remuerde en rincones estancos. El aire  despluma el tiempo, las formas se trastocan y Beatriz convida con quesos informes, sirve ginebra  en jarra de cerveza, vino en  copas de Martini seco. El cronómetro empieza a marchar en sentido contrario, hasta desandar esos segundos de distracción que mataron a la quinta parte de Ellos: la Rusa, Ojosdeplata, Bambú, Graciela. El nombre varía según  la voz que la cuenta, alternada entre los tonos antiguos y los nuevos.

¿Cómo se escribe sobreviviente? A veces, con eufemismos: decirse exterminador de plagas cuando se cazan perros para llevar al matadero. Otras, con el olvido de sí mismo, que solo el gin logra traer a la luz. En el amparo de un manicomio, aprisionada en alguna lejanía. O, como Beatriz,  esfumada en una “casa de memoria intacta, con los vestidos de entonces, con los perfumes de entonces”.  Y un segundero capaz de dar más vueltas de las necesarias para rehacer el camino de la ausencia. Y honrarla, jurarle una memoria.

El Bibliotecario, por su parte, sigue allí, custodio de las letras, de la Poesía, de las hojas donde habrán de multiplicarse ojos – cómplices  venideros del futuro – que tiran del hilo con tenacidad, contra el monstruo de la tristeza.

LA COMA Y LA “O”

Pero hubo un último portazo, un último escalón, unos últimos metros comunes sobre grava o arena, antes de atravesar juntos lo que debería ser el umbral de la puerta de una casa, restos de un fortín, restos de una avanzada, proyecto inacabado, y entrar es una manera de decir porque allí no hay dentro ni fuera, sólo sol y nada de horizonte.

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Un llamado inapelable había vuelto a  Nosotros al desierto. Los pies fijos sobre esas arenas, al borde del abismo. Una casa con una escalera hacia un desván inexistente: las manos que debían construirlo perecieron temprano. El viento dice presente, se suma y empuja, conduce hacia la vuelta. “La libertad, o el auto del suicidado”, se llama un capítulo de la novela. La pregunta es ahora por esa coma, por esa “o”. Se impone una pausa antes – o después – de la libertad. Y lo que continúa, ¿le es equivalente o se le contrapone? En tren de borrar fronteras, esquivas muchas de ellas, la libertad sería – quizás- el único resto posible. Como ese auto, único resto del padre de Raulito. Suicidado. ¿Cómo?, ¿por él mismo?, ¿ por otros suicidadores? El padre,  testigo ausente – o ausentado –, dejó el vehículo que los habría de conducir y Nosotros suben hacia lo inacabado.

El hijo es quien se pregunta: ¿Seré yo entonces Aquel que nos conduce?

“Aquel que nos conduce” es el nombre de un poema de Paul Celan. Todtnauberg es el nombre de un lugar. Donde vivió Martín Heidegger. Donde el poeta esperaba la confesión, la palabra del filósofo que había apoyado al nazismo. Un hombre común manejó el auto que los condujo por un camino “sembrado de tumbas sin nombres, abonado por los sufrimientos feroces de los campos de exterminio”. El hombre común escuchó y testimonió el recorrido. El descargo no llegó, se hizo silencio. Todtnauberg  es entonces, poema. “¿El nombre de quién estaba anotado/ antes del mío?”, se pregunta en uno de los versos Celan, unas líneas más abajo del iniciático: “Árnica, Eufrasia, bebida del pozo, con estrellas encima”. Plantas primordiales que curan dolores y dan consuelo a los ojos. “Esperanza, hoy, la palabra por venir

Nosotros precisa una palabra, una acción contra el olvido y la impunidad ¿Será Raulito quien conduzca a Nosotros por el camino de vuelta, será el Bibliotecario, la Poesía, o quizás, aun, lo haga el testigo lector? “Lo cierto es que, díganlo como quieran, esfumados, fantasmas, nosotros, cazadores de perros, internadas, huidos, pornógrafos o cínicos no nos hemos fugado del todo. (Nos dijimos)”

Hay cierta forma de felicidad en el encuentro de Nosotros, en el tropiezo con quienes tienen el recuerdo de su historia, en el sobrevenir del deseo, “algo parecido a la pasión que aflora en un lugar completamente inapropiado”, en el enfrentamiento con quienes se creían muertas,” o relegadas por un descuido de treinta años de historia”. También, en los azares. Como el que los lleva a develar los mensajes ocultos en los monumentos por “finas capas de cagadas. De palomas y de pajaritos”. Y hacen que se rían, Nosotros, por primera vez.

PUNTOS SUSPENSIVOS

Somos los mismos. No hemos vuelto, el problema es que lo que nos llevó a conocernos, a amarnos o a morirnos sigue allí –igual o peor- que es lo yo sabía en mi casa de las arenas.

Un par de siglos antes de que Jesús nos sermoneara en la montaña para bienaventurar felicidad celestial a los pobres en la tierra, el libro II de los Macabeos había hablado de la resurrección de los cuerpos. La vida eterna quedó prometida. Y los valores debieron ser trastocados. La fuerza y la imposición debían hacer lugar al amor y la humildad. La verdadera revolución sería la de los mansos.

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¿Es posible otro tipo de bienaventuranza, una que no implique la muerte ni precise la resurrección?

Hoy las vírgenes ya fueron  pintadas y  reversionadas. Una de Nosotros, la enana,  modeló su propia Madonna de las Rocas, miró primero para abajo, como en el cuadro de Leonardo, luego levantó  la cabeza y, por último, retó de frente. Será  así, en esta tierra horizontal, como Nosotros intentará  la felicidad. Juntos, transitan con Beatriz por el camino de reconstrucción de  la memoria de treinta años suspendidos. Juntos, se conducen hacia los últimos pasos de La Rusa. Mientras “el reloj sigue de pie con la hora del siglo anterior”, saben que quieren “ser lo que habían sido antes, cuando La Rusa estaba integrada en sus cuatro cuerpos.” Y descubren cómo.

asegurarnos la memoria que, supimos, siempre incluye un rito y una venganza “

FINAL

“Y la pintora, ella misma está sentadita con un pincel en la mano izquierda. A los demás se los ve tranquilos. No; no creo que quiso mostrarlos felices entre la luna de fondo y las cinco flechas sobre el piso. El piso es de tierra muy negra, brotan algunas plantas y no hay ningún ciervo.”

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La diosa Artemisa  puede ser pintura y la Rusa, artista, diosa. De cuantas caras quiera. Cuatro, cinco, seis rostros imprescriptibles y –siempre- incompletos. Los dedos  del retrato que bocetó no empuñan  arco, en su lugar, está el pincel, el que ella empuñaba en sus propias manos. Falta el ciervo. O quizás está, “encubierto como personaje imperceptible”, testigo de la comunidad de sobrevivientes, aliento, cómplice lector.

 

“Mirarse en unos ojos que nos miran sin mancha, ¿no es esto ser feliz pese a la muerte_

Vencido y traicionado

Ver casi con cinismo que no pueden quitarme nada más y que aún vivo

¿No es la felicidad que no se vende?”

ENTRE PARÉNTESIS

Silvia Maldonado fue novia del hijo desaparecido de Taty Almeida. Lo que sigue son las palabras de Silvia, parte del abrazo de letras que rodean los poemas de Alejandro que, con su materialidad, desafían la imposible ausencia.

“EL AIRE DEL LABERINTO”

Quién puede saber cuando dice la palabra adiós,

Qué clase de separación le aguarda.

Osip Mandelstam

 

“ Aquella vez en una plaza, al recorrer un pasillo de cartón y papel pintado, me topé con su foto y un verso

/quisiera decirte mamá / que parte de lo que fui / lo vas a encontrar en

Y fue entonces cuando, una mano, que era la mano de Alejandro, seguro, me apuró el encuentro. La mano –su mano- me impulsó a girar en el centro del laberinto de papel que estaba en la plaza por la que los dos habíamos crecido a porrazos; plaza que entonces, cuando nosotros la caminábamos, estaba repleta de huecos donde desbarrancarse y pozos donde esconder; era la misma plaza la que ahora me devolvía su mano y su verso. Allí encontradas sus fiestas y alegrías, sus inventos y tenacidades, sus lecturas de Arguedas; allí su voz, hendida cada tanto por los versos de Vallejo. De memoria. De madrugada.

La mano, la que me rozaba, me detenía, o me volcaba  sobre su letra aguda, se seguía en una cara con sonrisa, tan parecida o tan igual a la que era, es, la sonrisa de Alejandro, que supe, irremediable, que allí estaba él, entre hermanas y amores, inquieto en el aire que inflaba el pasadizo de papel.

  • No te distraigas con las melancolías ni persigas las nostalgias, decía y rodaba la sonrisa.

 

Sí, / que parte de lo que fui / lo vas a encontrar en el gesto del que apura la bandera, en el trazo de aquel que se envuelve en un abrigo de cordero blanco, del que intenta la quena con labios inseguros. O cuando por entre los vidrios cascados de ciertos trenes, se presente con reverenciase imaginados sombreros de plumas para recibir al que llega a la estación de Ingeniero M.

Regresa incluso en una ciudad hostil, ajena y solitaria, cuando su mejor amigo surge tras un árbol y desencadena una tarde de historias y una mesa para los tres, un brindis entre los tres.

Oímos en el mismo café de entonces:

  • Otra copita y otra generala. ¡Rueden mis ases prodigiosos!

Y brinca la memoria de la mano, de esa mano que aupaba un beso sobre el cubilete de cuero, y de la sonrisa que festejaba el golpe de fortuna. Sonrisa porque nuestra goleta llegará a buen puerto. Luego, más tarde, aunque ya no hubo ginebra, ni azar, ni plaza, ni tiempo, la sonrisa siguió allí. Tenaz. La alegría de combatir contra el dolor humano.

  • A pesar de todo lo que mal sucede, nuestra goleta llegará a buen puerto. Por que tras los muchos horrores al fin la esperan tres espigas/que quieren seguir creciendo/tres que no saben de cañas/ni de flores ni de espinas.

Un absoluto de recuerdos trae de la mano el aire del laberinto.

Recuerdos felices.

  • No te distraigas con las melancolías ni persigas las nostalgias, y otra vez su sonrisa afortunada.

Así es. Tanto le debo. Pero lo copio. A mí también sus recuerdos me sostienen muchas veces en días de tormentas, estoy con ellos y luego me los llevaré.

Sueños de Alby que esperan y versos de Alejandro que aquí están, al fin

HENRIQUE_BX_(15).

 

 

Nota: Las citas corresponden a la novela de Silvia Maldonado,  La bienaventuranza

 




VEROSÍMIIL DE ESPEJO

El olvido: Entrevista a Jessica Schultz, Carlo Argento y Jorge Palant, actores, director y escritor de “Requiem”

Entrevista: Viviana García Arribas, Lourdes Landeira, Gabriela Stoppleman

Edición: Gabriela Stoppelman

 

 

“Hasta que una noche, mientras jugaba con mi rostro… detuve mis gestos. Y dentro

del último gesto, encontré una risa, que no salía en el espejo”

                                                                      “Réquiem”, Jorge Palant

 

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Milena Jesenska

Kevin Carter
Kevin Carter

 

   

 

 

 

 

Patearon la puerta y la muerte se hizo a un lado. Un inmenso día de escritura los sostuvo en la cornisa de entre-mundos. Apenas podían verse, así, tan mezclados con las ausencias dispersas entre los papeles. De a poco, se animaron a alzar la mirada. Y, en los ojos del otro, advirtieron la falta del espejo. El perfil del vacío era un contorno perfecto, al fondo de la imagen. La noche de los cuerpos, retirada en el azogue de la memoria, arriesgaba un paso y trastabillaba al borde del sacrificio. El transcurso fue un duelo de reproches y desafíos, hasta que pudieron descansar en el vientre de una caricia. Salvo por el abrazo de un vals, allí donde las palabras chirriaban, los cuerpos se retiraban. Y, donde los cuerpos se aproximaban, las palabras se repelían. Como si la muerte se hubiera arrepentido de sus intermitencias, el apagón los sorprendía cada tanto. Pero la luz arremetía en siluetas de franja, pasillo y pasadizo. En alguna foto -infinitamente repetida en desdichas- Kevin buscaba un resto para completar el sentido. En cambio, Milena Jesenská se reconocía sin rencores en aquello que no estaba. Cincharon de un extremo al otro de la cornisa, tensaron las palabras hasta el borde de lo real -de lo “insoportablemente real”- y luego pronunciaron un nombre. El director miraba desde un extremo, desplegado en trazos, bien adentro de la escena. Recogía los pedazos de espejo que las palabras astillaban mientras transcurrían: “¡Alguien me dio un empujón al infierno…! Sino ¿a quién se le hubiera ocurrido este encuentro, entre usted y yo?”.  Acostumbrado a las invectivas de sus personajes, el director no se amilanaba. Por el contrario, ese fragmento que no terminaba de encajar en la forma del espejo le daba su verosímil. Para colmo de males, la imagen reflejada no quería adecuarse a una sola forma. Y, en una alquimia constante, dale y dale contra la puerta de la muerte, mutaba. Con la ilusión de siempre -tan clásica, tan moderna- de tirarla abajo, de una patada.

 

PASIONAR, SIEMPRE

                “Porque… ¿dónde, cómo concluyen las cosas que siguen, aun cuando sigan en otra parte…?

                                 “Madre sin pañuelo”, Jorge Palant

Jessica, cuando hacías “Somos teatro”, en la tele decías: “Tengo la chance de mostrar a dramaturgos nacionales, abordamos obras que hablen de nosotros”. Pero, en otros sitios, leímos que  vos insistís en tu relación con los clásicos. Ahora: los clásicos, cuando nacieron, también nacieron como obra nacional. Después, por la forma de distribución en sociedad, se volvieron clásicos. ¿Qué considerás un clásico, qué te da el teatro clásico y qué ese otro que llamás “nacional”?

Jessica: Un clásico es aquello que permanece vigente porque habla de lo universal y puede trasladarse a otras sociedades, es la obra que puede perdurar en el tiempo, rescata lo más universal de lo humano, como las grandes pasiones, que son las mismas en la época de Shakespeare y ahora. Para mí clásicos también son autores como Discépolo, quien escribe sobre la estructura de nuestra sociedad que, si bien ha cambiado, aún habla de nosotros como argentinos. Particularmente, en ese ciclo, me interesaba poner el acento en la dramaturgia nacional, tanto en los clásicos como en los dramaturgos noveles.

Entonces, una obra nacional bien podría transformarse en un clásico porque, aparte de la cosa nacional, todas están llenas de pasiones que podríamos llamar universales.

Jessica: Absolutamente.

¿Carlo?

Carlo: Coincido en esas obras que perduran en el tiempo porque tienen vigencia, están escritas como en el hoy. Me ha pasado. He hecho algunos autores no argentinos como Shakespeare y ahí encontrás esa vigencia. También me ha pasado con temas clásicos, tal vez. Yo era un niño y adolescente durante la dictadura y me tocó hacer obras de teatro danza, nada fácil. Durante toda mi trayectoria en ese teatro danza -en esas obras de creación propia que íbamos haciendo- siempre surgían cosas sobre la dictadura. Y yo no he vivido esos años con terror, era muy chico, pero evidentemente había algo en mi inconsciente que necesitaba ser expresado. En eso también resuena la palabra clásico. Siempre resurgía algo a seguir contando, a seguir manifestando artísticamente en este caso. Creo que, con los clásicos, pasa algo parecido.

Daniel Rozin
Daniel Rozin

Es interesante esto que decís, Alejandro Ester, quien hizo, “Imprescriptible” -un documental sobre el segundo juicio a la ex ESMA- decía que él tampoco tenía una relación de pérdida personal -en tanto que no hubo víctimas en su familia de origen- con la dictadura. Pero, en el juicio, se le singularizó la historia de cada uno. Ya no eran sólo treinta mil. Eran uno por uno. Pensaba si el teatro clásico no hará eso, singularizar las pasiones, más allá de lo universal.

Jessica: Claro, cuando te llega un material de un autor que considerás un clásico, uno se pregunta por qué hacerlo hoy. Necesariamente, uno tiene que encontrar ese nexo con la actualidad. Qué nos está diciendo de nuestra realidad hoy ese clásico.

Jorge: Estaba recordando una frase creo que de Gogol: “Pinta tu aldea y pintarás el mundo”. Hay algo allí que tiene que ver con lo nacional y con lo universal. En ese sentido el acercamiento que hace Jessica sobre lo universal toma esas cosas que estuvieron, están y van a estar todo el tiempo. Tienen que ver con conductas, hábitos, pasiones humanas que se mantienen. En todo caso, pueden cambiar las formas, los estilos. No es lo mismo una comedia de Aristófanes que una de Moliere. La comedia es la comedia y trata los temas de la comedia de acuerdo al momento a lo que está sucediendo en la sociedad en la que transcurre. Lo mismo sucede con el resto del teatro: la tragedia, el drama. Hay cambios, pero el tema son las pasiones. Siempre.

 

HABLAR EL INFIERNO

                “¿Y por qué elegiste este lugar para que nos encontráramos?”

                                                      “Judith”, Jorge Palant

Hay una pasión que vos tratás en tus obras, que aparece en Shakespeare, en los griegos y también lo vimos en la puesta en escena de “Réquiem”, y es el límite entre el riesgo y el sacrificio. Lo vimos por lo angosto de las tarimas sobre las que ustedes caminan, donde apenas pasan los dos actores. En casi todas tus obras, Jorge, aparece ese borde difuso. Particularmente en esta, esa zona está partida como en dos visiones ¿A quién le queda el sacrificio y quién el riesgo en “Réquiem”?

Jorge: Es una buena pregunta…

Esta es una lectura que hicimos a partir de algunas citas, como la interpelación permanente que Kevin le hace a Milena. Por ejemplos, “Y usted se metió en el despacho de ese comandante nazi, y pidió, de manera muy natural, que liberara a su amiga…” Y lo dice muy enojado. Eso llama la atención. Uno piensa ¿Por qué se enoja? Si finalmente ella hizo el bien, hizo algo que tenía que hacer. Parece que ahí estuviera latente la interpelación de “¿Te das cuenta en el lugar en que te pusiste? La ingenuidad de ese parlamento…

Jorge: Vos sabés que yo traté de recalcar ese enojo de Kevin quien, desde el punto de vista de la puesta en escena, es vengativo. Esto es de esta puesta, no de la anterior -que no la dirigí yo-. Kevin, además de culpabilizado por las cosas que le pasaron en su vida, cuando la enfrenta a Milena dice “¿quién me tiró a este infierno?”, rápidamente se pone en una actitud de desafiarla. Y se lo dice “¿Cómo? Usted apenas me vio me preguntó si yo me hubiera suicidado igual si no me hubiesen dado el premio por la foto que saqué de la niña en África. Después me preguntó por el buitre, por la nena, por qué me fui a llorar bajo un árbol. Y yo le dije ¡Basta! Y usted no se detuvo. Bueno, ahora hablo yo.” y eso es lo que marca el carácter que vos ves como un punto de enojo de él. Esa modalidad se fue consolidando durante los ensayos, yo vi la venganza en los ensayos.

Escultura espejos.
Escultura espejos.

Eso provoca un extrañamiento en el espectador, que coagula en el momento en que Milena dice: “Es que cuando recorría mi vida, algo me parecía coherente con el recuerdo que tenía de mi misma…” Ella encuentra, en el recorrido de su vida, huellas de la imagen que puede construir de sí misma. En cambio, Kevin es incapaz de hacer eso, quizás es el motivo por el cual está tan enojado ¿Cuál es la relación que vos, Carlo, sentís que Kevin tiene con las palabras? En un momento dice: y el único rasgo humano reconocible hubiera sido ese silencio opresivo, apenas desafiado por un grito que no terminaba de producirse, ni en la niña, ni en mí…”

Carlo: Creo que él se manifestaba a través de sus fotos y no pudo hacerlo a través de las palabras. No pudo exorcizar todo lo que le pasaba desde su infancia y su adolescencia, cuando enfrentaba a su padre, quien estaba de acuerdo en eliminar a los negros. Ahí ya aparece el tema del desencanto. De hecho, se va de su casa pero no enfrenta a su familia. Yo me estoy haciendo mi historia con Kevin, ¿sí? Y es cierto que habla poco con la hija y con su mujer… Lo que se da en este encuentro con Milena, gracias al artificio del autor, es que yo -Kevin- siento que me voy amigando con las palabras durante la obra. Creo que Kevin nunca hubiera llegado a contar todo el relato de las horas previas al suicidio. Y en la obra lo logra. De hecho, el fotógrafo Kevin lo escribió, no lo pudo decir.

¿Y cómo se relaciona Milena con las palabras?

Jessica: Creo que ella es la palabra. Es traductora, escritora, periodista, creaba el mundo a través de las palabras. Y también su romance con Kafka se da entre palabras, por cartas. Igual, en el caso de ella, va un poco más allá de eso. Ella ponía el cuerpo, se exponía, se ofrecía en sacrificio por un pueblo al que no pertenecía. No hacía diferencia ni entre las clases sociales ni entre las religiones. En ese sentido, era como muy avanzada.

Era casi provocativo, porque salía con una estrella de David a la calle, sin ser judía, en pleno nazismo…

Jessica: Por eso te digo, se ofrendaba al sacrificio.

Y eso es lo que lo saca de quicio a Kevin.

Carlo: No solo eso. En realidad, creo que hay ese sentimiento de venganza… creo que no me enojo con ella, sino con quien me puso a ella adelante. La venganza viene también por ahí. En un momento digo “Ah… ahora entiendo, Milena Jesenská”, se lo digo a ella, pero la frase no va en esa dirección. Es casi a mí mismo. Alguien me puso esto para que yo me dé cuenta de millones de cosas. Y, después, con la insistencia de preguntas de Milena digo, “Bueno en qué me puedo vengar de esta mujer que me está cacheteando”.

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CARA Y CECA DE LA DESDICHA

                 “Si desnudo mi alma, tú también te ves… ¿Voy bien…?”

          “Al pasar por un cuartel”, Jorge Palant


Jessica: Hay algo que sí pertenece al orden de lo estrictamente real y es que, en el campo de concentración, ella desarrollaba una actividad destinada a preservar la vida, aun cuando se sabía que las mujeres iban a morir en la cámara de gas. Ella defendía la vida hasta las últimas consecuencias. En cambio, él decide terminar con su vida como un acto de extrema ética y hace, además, una apología del suicidio: frente a esta realidad de mierda, yo tengo derecho, resulta ético matarse, parece decir. Eso fue real. Él decide terminar con su vida, cree que su obra no ha servido para nada.

Jorge: Yo creo que él sí defendía la vida. No la suya, pero sí la de los demás. Porque, si no, durante la guerra civil, no se hubiera metido con sus compañeros en lugares donde las balas les rozaban la oreja a cada rato. Él quería exponer eso, mostrar qué pasaba ahí. Sucede que no se lo bancó en sí mismo, pero sí defendía la vida de los demás.

Entonces, iba a lugares de riesgo y, en un punto, también estaba en cierto lugar de sacrificio.

Carlo: Paradójicamente, yo no veo sacrificial a Milena. La veo como un personaje que asume riesgos y los atraviesa.

Con una impronta muy esperanzadora, porque dice “Siempre hay algo para hacer” aún en Ravensbrück, en el campo.

Jorge: Eso yo lo he tomado del libro “Milena” escrito por su amiga, quien sobrevivió al campo. Justamente. Con las mujeres que estaban en las barracas, Milena armaba grupos de política, de filosofía, de literatura. Si el pasaje es entre el riesgo y el sacrificio, yo la veo más en relación al riesgo que ella decide tomar. Más allá de que la hayan capturado, ella siguió apostando. Más sacrificial lo veo a él, porque se suicida.

¿Sólo porque se suicida? Hablo no de Kevin, sino de lo que se escucha en la obra. Digo que en la obra hay muchísimas referencias de Kevin al sinsentido, a la desolación, a la soledad. Y siendo que ella también vivió entre despojos, toda la alacena de palabras que va en los parlamentos de Milena es mucho más vital: algo para hacer, la esperanza, abrazar… Ve mujeres colgantes y se imagina una coreografía. Hay que poder, ¿no? En ese sentido es como más afirmativa.

Carlo: Sí. Él está más tomado. Por eso, él le dice, “lo mío fue… mucho más que una cuestión de conciencia. Fue otra cosa… fueron derrotas, que se sumaron(…). La desesperanza que da la soledad, cuando todo lo que te rodea se alimenta de… una sordidez que te envuelve de a poco (…) el encuentro con una desdicha que explotó en medio de tanto paisaje desolado.”

Eso era algo que se había ido metiendo en el alma de él y en su historia. Es la manera en que él tiene de contar su historia.

 

HABITAR LA AUSENCIA

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¡Tantas veces me pregunto por qué nuestras cartas son tan cariñosas y nuestros encuentros son siempre tan difíciles…! No consigo entenderlo. ¿Acaso sea algo que nos dice que nuestras vidas se acercan en la ausencia? Pero… ¿no sería demasiado cruel pensarlo de esa manera? ¿No sería aceptar una injusta condena…?”

          “Réquiem”, Jorge Palant

Para nosotras, hay dos escenas muy significativas en Kevin y en Milena. En Milena, esa imagen frente al espejo: “Hasta que una noche, mientras jugaba con mi rostro…detuve mis gestos. Y dentro del último gesto, encontré una risa, que no salía en el espejo”. Ella, entonces, se reconoce en una ausencia. En cambio, Kevin no se podía reconocer en ninguna ausencia. ¿Cómo ves la relación de Kevin y la de Milena con esas faltas, con el vacío? Porque los dos están en escenarios de despojo, donde el vacío se escenifica…

Jorge: Esa escena es muy controvertida, esto lo hablamos bastante con Jessica. Jessica decía que había un punto al que no podía llegar, una zona difícil. Lo que importa en teatro es la verosimilitud. La verosimilitud se la dio la actuación extraordinaria de ella en esa escena.

Aparte, en ese espejo se miraban todas las otras.

Jorge: Sí. Sólo que ella lo miraba sola. Y dice algo “Llegué a pensar que siendo mía no terminaba de pertenecerme”. Otra apuesta al verosímil y después dice una frase que la define mucho “¿Sería un llamado de los otros? Y también es difícil para él escuchar este relato. Kevin: “vamos, ¿qué quiere de mí?” “Que me crea”, le replica ella. Es interesante, en el sentido que quienes sobrevivieron a los campos se encontraron con gente que no les creyó nunca las historias que contaron. Ella cuenta esa historia del espejo, que es un poco más sofisticada. Pero quiere que le crean. Y después agrega “¿Sería una marca de los otros? ¿Un llamado que me hacía saber que mi lugar estaría ahí, que yo al día siguiente estaría ahí, donde debería estar?” Me parece que en este punto está la marca ética.

En tu obra hay muchas referencias a este tipo de espejos donde las imágenes están en otro lugar y no donde deberían reflejar. Por ejemplo en Judith, cuando él vuelve y le dice: “Volví para verme en el espejo de tus ojos” como si él hubiera quedado impregnado en sus ojos.

Jorge: En la mirada de ella. “Vine para que tu mirada me devolviera una imagen mía y perdida”

Jessica: Cuando leí la escena del espejo, pensé: bueno, enloqueció y está tratando de encontrarle un sentido a esa locura. Ella está en la situación más extrema que una persona pueda vivir, el encierro, el sometimiento y la pérdida de la identidad. Incluso ahí encuentra el verdadero espíritu y el verdadero sentido de su vida, halla ese límite. Podrán quitarme todo, pero hay algo que va a seguir pujando por apostar a la vida.

Jorge: En ese sentido, en el difícil verosímil del espejo, el personaje transmite que ese objeto le permite recuperar su narcisismo. “Mientras jugaba con mi rostro”, eso le da la chance de reconocerse. Es ella misma. ¿Cuánto hace que no se veía en un espejo?

Jessica: ¡Imaginate: una mujer, luego de años o meses de no verse en un espejo, volver a reconocerse con esa degradación del cuerpo!

Jorge: No le pasó a Milena. El espejo sí le permite jugar con su rostro pero, al mismo tiempo, esa risa que aparece -que ella no ve y de la que dice que sería una marca de los otros-, es la imagen narcisista necesaria para reconocerse porque ubica a los otros ahí.

 

EN EL VIENTRE DE UNA CARICIA

Paulo Futre.
Paulo Futre.

         “¿No podría pertenecerme tanto que fuera absolutamente mía?”

                        “Encuentro en Roma”, Jorge Palant

Jessica, antes dijiste que Milena era la palabra. En las relaciones que ella tenía siempre había una ausencia donde podía reconocerse, aún con la falta de su risa en el espejo. Te quería preguntar, Carlo. ¿Dónde se leía Kevin? Porque él tenía una relación más cercana con las imágenes, aunque no parecía verse ni reflejarse en ninguna parte.

Carlo: Yo siempre lo noto escapando. No solo de la vida, de sus padres, de su esposa, de su hija, escapa también de su lugar. Escapa con el alcohol, con la droga. En el momento de disfrutar algo, le da al whisky, al Mandrax, a la marihuana, a todo junto, creo que lidia -mal o bien- con las ausencias.

Él dice: “¡Alguien me dio un empujón al infierno…! Sino ¿a quién se le hubiera ocurrido este encuentro, entre usted y yo?” Y, sin embargo, ella es muy reveladora para él. Es como si el infierno fuera muy iluminador en este sentido.

Carlo: Sí, por supuesto. Kevin encuentra la paz sobre el final, una sensación de volver al seno materno por un momento. Y, por otro, un volver a alguien que me hace una caricia cuando la necesitaba, la que no tuve cuando estaba a punto de morir o suicidarme. Esa paz solo la logro en este encuentro con Milena.

Y ella te nombra, con toda la dificultad que vos tenías con las palabras, le pedís que te nombre.

Carlo: Y ella me nombra.

Jorge: En relación a esa escena, yo tuve distintas ideas. Me pasa que algunas preguntas que estás haciendo tienen que ver con cosas que yo nunca pensé. Sobre todo, las relacionadas con los personajes, porque yo no parto de ahí. Los encuentro y después dirán sobre ellos los otros. Una vez alguien me dijo que era interesante la escenografía, porque se ve un tren, como los que llevaban a la gente a los campos. Otra persona me dijo que le había impactado que la obra, en realidad, es una metáfora del psicoanálisis. Y el psicoanálisis es eso: que quien carga consigo culpas, remordimientos, dolores, sufrimientos, consiga hacer un recorrido como el de Kevin para conseguir la paz. Ella actúa intentando liberarlo. “No me justifique ni me compadezca” “No, no es eso lo que quiero, no se trata de eso, se trata de otra cosa” Y él va llegando de a poco, va contando los últimos momentos de su vida y llega al final con una calma que al comienzo no tenía. Esta fue una manera de trabajar a Kevin. Desde la culpabilidad y la desesperación, a la calma final, donde llega gracias a ella.

Antes dijiste que hubo una puesta anterior. ¿La disposición era la misma?

Jorge: No. Era un banco de unos siete metros, giratorio, porque el director había querido dar la dimensión del tiempo circular. Y el personaje de Kevin estaba mucho más victimizado. Eso fue el trabajo que yo quise modificar, que no respondiera desde la victimización. Para decirlo en católico: “Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa”. Traté de que no fuera así, que estuviera más enojado con la vida.

No lo habíamos pensado como un tren, sino como una cornisa donde hay, encima, alguna imposibilidad del encuentro pleno…

Carlo: Salvo en el vals.

Claro, salvo en el momento en que se tocan y bailan. Pero dura poco… es como si fuera un sueño dentro de la muerte. Es justo cuando no hablan, los cuerpos y las palabras no pueden coincidir. Esa coincidencia se da solo en el final de la obra. Cuando conversan y ella lo acaricia.

Jorge: Algo como lo que le pasaba a Kafka con Milena: Milena quiere sacarlo de su miedo, sacarlo de su angustia. Y él le dice “¿Pero cómo me vas a sacar mi miedo si es lo único digno de ser amado? Claro, ella que es muy distinta y va hacia adelante lo quiere sacar de esa fobia, de esa timidez.

 

LA CORNISA REAL

 Claude Chaun.
Claude Chaun.

“(…) siempre trato de averiguar qué hay detrás de los ojos del otro (…)”

             “Griselda en la cuerda”, Jorge Palant

Otra cosa que vimos en esa disposición tan angosta, tiene que ver con esta frase. Él dice: “Una foto que para mí nunca llegó a ser sólo una imagen, fue siempre real. La foto delante de mí era real. ¡El recuerdo era real…! ¡Es insoportable que algo sea siempre real…!” ¿Qué real sería no insoportable?

Jorge: Pero sí. Lo real es insoportable.

Carlo: La foto es real. Para mí era real porque estuve y seguí estando, porque de esa realidad nuca pude salir…

El dolor de no haber hecho nada para ayudar a esa nena. Y, sin embargo, él ve que para Milena sí tiene sentido aliviar al otro, aunque sea por un instante

Jorge: En ese punto hay algo que puede resultar inexplicable de entrada. Él saca la foto, se va a sentar bajo la sombra de un árbol, y llora ¿Qué le pasó?

Ese llanto ya indica que no olvidará. Él dice: ¿No le espanta que haya visto negra a una niña negra?… ¿Kevin tiene alguna capacidad de olvido?

Carlo: No. Y eso algo muy importante en su vida. Va acarreando dolor de muchos años, pero en ese momento detona. Si no, no hubiera recordado las palabras del padre cundo le decía “Con los negros no hay nada que hacer”. Después se le muere su mejor amigo, los otros -por distintas circunstancias- se van. Y él siempre con la culpa a cuestas.

Jorge: Lo que le da presente a los distintos momentos que él vivió. Lo dice en dos oportunidades: “Las voces, las voces” Las voces son las que no te permiten olvidar, lo reenvían al lugar del sufrimiento y del trauma. Las voces: “¿Qué hizo el fotógrafo?, ¿ayudó a la chica, la salvó?”

Este número de El Anartista tiene como tema el olvido desde todas sus aristas. Pensaba que no sé si Milena se relaciona en la obra con alguien…

Jessica: Sí, Grete Neumann salió con vida del campo y escribió un libro. Ella se lo pidió ¿Y para qué? Para no olvidar lo que se vivió.

Justo tocaste una escena que es muy impactante y que se repite en todas tus obras. Kevin, por su incapacidad de olvidar, hace un voluntario ejercicio de memoria. En cambio, a Milena le irrumpen los recuerdos y la alterna, hasta físicamente, “Mi muy querida amiga (Pausa sostenida y transición. Ha quedado impactada por su recuerdo. Papeles en la mano)”

Jorge: Y, sí. Y allí ella dice algo que, si uno se pone muy realista en cuanto a los tiempos cronológicos es un poco inverosímil. Le pregunta a él “¿Oyó hablar de Grete Neumann? ¿No sabe si sobrevivió?” Pero es como decís vos: eso le irrumpe. Yo le señalo a Jessica muchas veces que Milena queda muy afectada por eso. Lo mismo cuando le dice a Kevin: “¿Pero usted se hubiera suicidado si no le hubieran dado el premio”? ¡Brruum! “Disculpe, era un pensamiento que tenía para mí.”

Esos recuerdos que irrumpen son un contra olvido, el cuerpo recuerda de golpe y dice: “¡Grete!”. Y Kevin está todo el tiempo volviendo para atrás. Ahí se contraponen. Él está todo el tiempo volviendo al pasado y a ella el pasado le irrumpe más allá de su voluntad.

Jorge: Así empieza Judith. “Cuando las cosas vuelven y los recuerdos se agitan…”

 

EL INMENSO DÍA DE LA ESCRITURA

Julio - Le Parc
Julio – Le Parc

(En ese espacio, el lenguaje debería tener estas características: por momentos, la señora levanta la voz, grita, exagera. Por momentos, pareciera correr, deslizarse encima de las palabras que dice, totalmente al margen del contenido emocional que pudieran tener. La criada, salvo acotación especialmente marcada, es parca, sobria, contrastante)

“Al pasar por un cuartel”, Jorge Palant

Quería destacar, Jorge, cómo vos escribís las didascalias. No es muy común en los dramaturgos. Hay allí mucha mechada de mundo, de retrato, mucha tensión narrativa puesta ahí, no simplemente informativa.

Jorge: Esto tiene una respuesta. Un jugador de fútbol ¿cómo quién querría ser? Maradona. Ya sabemos. Yo, durante no sé cuánto tiempo de mi vida quise escribir “Un largo viaje de un día hacia la noche” porque O’ Neill era lo más grande. Y si te ponés a leer las didascalias de O’ Neill son impresionantes. Si tomás Beckett, en cambio, no tiene ni una didascalia.

¿Vos escribís narrativa aparte?

Jorge: Muy poco. Debo tener siete u ocho novelas que llegaron a la página siete y se fueron al demonio, digamos. Pero me gusta. El otro día vino Héctor Oligoni a ver la obra y me dijo, al cruzarse conmigo en la escalera: “Un bello texto. Lo digo en el sentido literario” ¡Me estaba diciendo que no era una buena obra de teatro!

¿Ustedes escriben?

Carlo: Yo dirijo mucho. Mi contacto con la escritura fue más bien desde la dirección, porque estuve muchos años con un grupo que se llamaba “Carne de crítica”, donde los textos eran propios, pero colectivos. Tal vez lo que yo hacía era unir textos, tengo esa capacidad de amalgamar. Me reconozco como generador de textos, pero nunca me puse a escribir una obra completa.

Jessica: Yo escribí una sola obra. Tengo un pasado de poemas y cuentos, pero llegué hasta ahí. En realidad lo de la obra fue una respuesta a un vacío y a una ausencia de proyectos: al no tenerlos, me escribí yo una obra. Ahí empecé y se me abrió un mundo. Descubrí que donde pueda vivir en un mundo de ficción, ahí está mi lugar. Ya tengo ideas para una segunda obra. Se llama Berlín en Buenos Aires, la va a dirigir Carlo.

FRAGMENTO DE “Berlín en Buenos Aires”, de Jessica SchultzBerlín, 3 de mayo de 1945. Helga: – Soy lo que queda de Berlín, un esqueleto vacío, una estructura en pie, hueca, quebradiza, que a través de sus puertas y ventanas deja ver el cielo límpido celeste…todo lo demás es de un mismo color mustio, como si los colores también hubieran desaparecido para siempre. Un permanente invierno viste las calles de Berlín y mi alma. Soy la ciudad entera que aún se sigue derrumbando y también este aire rancio y espeso que no quiere entrar en mis pulmones. Hay en Berlín un silencio sepulcral, pero hermoso, que no cesa de lastimarme los oídos. Soy el recuerdo de ese cielo puro que jamás imaginó ser la ruta de la tormenta más poderosa. ¿Dónde están todos los que habitaban tus edificios, tus casas, tus teatros y cines, tus bares?… ¿cómo es posible que yo aún siga respirando? Llevo varias horas caminando por Berlín y descubro que las plazas también desaparecieron. Todos los árboles han muerto. No he escuchado en mi camino una sola voz, como si tuviéramos miedo de romper el hechizo del silencio y descubrir que no es verdad que la guerra ha terminado. No he escuchado mi propia voz en varios días, tengo miedo de haber perdido su música, su risa… ¿hasta dónde podría llegar caminando si nunca me detuviera? ¿Podría conocer otras ciudades de Europa también destruidas como esta? ¿Existe otro mundo que haya quedado intacto? ¿Ese mundo es América?”

 

Jorge: Hay una frase de Lacan que siempre me gustó mucho: “Nada más temible que decir algo que podría ser verdad. Porque podría llegar a serlo del todo, si lo fuese, y Dios sabe lo que sucede cuando algo, por ser verdad, no puede ya volver a entrar en la duda”.

 

LA MIRADA TOTAL

¿No dicen que el buitre, cuando lo espanté, voló un segundo y se detuvo apenas unos metros más atrás…? (Leve pausa) ¿No dicen que el buitre empezó a esperar a la niña… desde otra parte? (Leve pausa) ¿No dicen que estaba lleno de niños a punto de caerse? ¿No dicen que estaba lleno de buitres volando en círculo…? ¿Puede creerlo…? ¡Nada más que cuatro veces…! (Leve pausa)”

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               “Réquiem”, Jorge Palant

Carlo, ¿Qué te da la dirección que la actuación no te da?

Carlo: A mí me encanta actuar, es el presente, es estar aquí y ahora. Cuando dirijo añoro eso. Pero, con la actuación, no podés tener esa sensación de totalidad y, con la dirección, lo intentás. ¡Es una creación tan particular y compleja! Me fascina el unir todas las partes que crea una puesta en escena. Yo necesito de las dos. La actuación y la dirección se retroalimentan. En especial, la dirección necesita de todos esos componentes: el texto, la música, los actores, la iluminación, lo corporal. Todo eso me encanta.

¿Y a vos, Jorge?

Jorge: Bueno, yo no soy un director de teatro, ni siquiera un hombre de teatro. Soy alguien que escribe desde muy joven obras de teatro y que las ha ido estrenando en distintos momentos de su vida. En un momento dado tuve ganas de dirigir mis obras. En 2005 empecé y, desde entonces, dirigí seis de ellas. Tengo cierta pretensión que a veces genera enojo en algunos actores: que las palabras sean dichas de una determinada manera y no de otra, que la frase tenga ese sonido y no otro.

Jessica: Es que nadie puede entender mejor que los dramaturgos sus propias obras. ¿Te acordás que antes la gente no conocía ni la cara de los dramaturgos? Creo que, allá por los ’80 y quizás en respuesta a una especie de monopolio de las temáticas teatrales, impuesto por los dramaturgos de Teatro Abierto, muchos autores, como Veronese y otros, empezaron a dirigir sus obras.

Carlo, lo que decías de la sensación de totalidad, ¿esa sensación te la da la escritura?

Carlo: Lo que pasa es que una cosa es el texto escrito y otra el mundo que vos creás a partir de ese texto. Hay que crear el mundo, le tenés que sumar la creatividad personal de los actores, la voz, el cuerpo. No es solo tu imaginario…

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Equipo Anartista y entrevistados.
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EL OJO DE LA AGUJA

El cuidado del otro: Conversación con la directora sueca, Amanda Kernell, sobre su película “Esta es mi sangre”.

Entrevista y edición: Lourdes Landeira

Anhelo la tierra que no es, /cansada de desear todo lo que es. / La luna me habla en runas de plata/sobre la tierra que no es./La tierra donde nuestros deseos se realizan maravillosamente,/la tierra donde caen nuestras cadenas,/la tierra donde enfriamos nuestra frente sangrante/en el rocío de la luna./Mi vida fue una ilusión ardiente,/una cosa encontré y otra realmente gané-/el camino hacia la tierra que no es./En la tierra que no es/mi amado camina con una corona brillante. / ¿Quién es mi amado? La noche es oscura/y las estrellas se estremecen en respuestas/¿Quién es mi amado? ¿Cuál es su nombre?/Los cielos se arquean más y más alto/y un niño humano se ahoga en las nieblas infinitas/y no  conoce respuesta alguna./Pero un niño humano es nada excepto certeza/y estira sus brazos más alto que todos los cielos/y entonces llega una respuesta:/soy la que tú amas y siempre deberás amar. Edith Södergran (traducción propia para esta nota)

 Si digo uniforme, pienso en un orden cerrado. Lo visto adentro y me iguala, me protege de no ser considerada intrusa; lo visto afuera y me distingue, me impide asimilarme a otras. Nosotras y los otros. En el umbral, la posibilidad de trasmutar. Depende de qué lado esté quien me mira: sin esa mirada el espacio se difumina y se pierden las aristas. Las preguntas sobrevienen: ¿me visto siempre igual?, ¿de qué me visto?, ¿para quién?, ¿hasta dónde llega el desvestir? Todo comenzó con la piel de los animales, usar una piel para proteger nuestra piel y, a su vez, distinguirnos de ellos, condenados a la desnudez (hasta que las tiendas de mascotas alcanzaron a los domesticados con el diseño. Los otros, siguen con su propia piel a los cuatro vientos). Esas lejanas vestimentas sirvieron no solo para poner fronteras al frío, a la lluvia y al sol. También, intervinieron sobre los cuerpos con artificios de embellecimiento. Quizás, para cuidar a los otros de nuestra propia intemperie. Quizás, para jugar a probarnos en otras pieles. Aun, o siempre, a costa de algún sacrificio: alargar nuestros cuellos, perforar una parte, mutilar otra, apretar los pies hasta empequeñecerlos, ensanchar labios, achicar cinturas, cortar y coser. Hace unos 40.000 años, llegó la aguja con su ojo, hecha de marfil de mamut, de huesos de reno, de colmillos de focas. Y no paró de entretejer. Uniformes con distintos nombres nos cuidan y exponen a la vez.

 images (7)PUNTADA CON HILO

Christina tiene el pelo recogido, se mira en el espejo, acomoda un mechón cano sobre la oreja, alza la mirada y sale de la habitación. Atrás quedó el llamado de su hijo, la intención de hablarle de su nieta. Respondió con silencio. Ella, o Elle Marje, la otra de sí misma.

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Algo más tarde, Elle Marje, con Christina a cuestas, regresará a la tierra. Sus manos serán patas al escalar la montaña, el rodete se desprenderá, el pelo, liberado, despejará su oreja: sangre solidificada en la huella de los renos que abajo, en el corral, ya están marcados.

Antes, habrá tenido tiempo para recostar su cabeza dentro del cajón de su hermana muerta y pedirle perdón. En sami, la lengua compartida.

Las escenas pertenecen a “Sameblod, Sámi Blood, Esta es mi sangre”, según su título en sueco, inglés o español. ¿Quieren decir lo mismo? Amanda Kernell, la directora de la película, aclara que, a pesar de las apariencias,Sameblod no significa la misma sangre, es el modo sueco de decir sangre sami. Sobre el título en español, no tuve injerencia, me enteré cuando vine acá. Me gustó que estuviera presente la sangre”. Acá, es Pinamar, el festival de cine Pantalla Pinamar 2017 (décimo tercer encuentro cinematográfico argentino – europeo).

descarga (1)Amanda nació en Suecia hace treinta años y  visita Sudamérica por primera vez. Su madre es sueca y su padre es sami – sueco. Vive y estudió cine en Dinamarca. Habla sami del sur, sueco, danés, inglés, francés y español. ¿Se es siempre otra en el lenguaje?, le pregunto. Lo piensa y responde que sí. Hace una pausa. “Cuando digo mamá en inglés o en cualquier otro idioma, no es  lo mismo que cuando lo digo en sueco. En ese caso viene indisolublemente asociado a los sentires de mi infancia. El lenguaje de las emociones no tiene traducción posible. En la película tuve que dar muchas instrucciones en sami. Las chicas hablan noruego, sueco e inglés perfectamente. Pero no se da ninguna asociación. Solo en sami pueden evocar y compartir cosas de su vida. De otro modo, van nunca a llorar”.

images (5)Como ya está claro, todas y todos los sami que aparecen en la película lo son en la realidad. La abuela de las hermanas protagonistas es su abuela. Así, cuando las ve partir hacia el colegio, del que no volverán hasta dentro de unos meses, no llora, pero sabe decir en su rostro lo que siente. Lo vivió muchas veces.  “Para mí era muy importante conocer cómo hacen las cosas. Cómo usar el cuchillo, el lazo, cómo sentarse. Un sueco no sabría. Y eso se ve. El público sami lo ve. Importaba que todo fuera correcto, que mi familia no tuviera vergüenza”.

En relación al origen latino de su nombre, cuenta que a sus padres les gustaba mucho Víctor Jara y su “Te recuerdo, Amanda”. ¿Será que, con esa música, la comenzaron a recordar antes de haber nacido? Amanda es también la que  debe ser amada, la que es digna de amor”.

HILACHA A LA VISTA

Hace unos días, en el mismo festival, vi la película griega “Domingo sombrío”. Durante la ocupación a Tesalónica, un cristiano y una judía sefaradí se enamoran y son trágicamente separados por el nazismo.  Al finalizar la exhibición, su director- Ouzeri Tsitsanis- resaltó la importancia de contar lo singular de esa historia en la actualidad europea.

Hoy le pregunté a Amanda acerca de la necesidad de contar la  singular ficción de Elle Marje – Christina – Elle Marje. “Empatía, en este contexto europeo, quería generar ese sentimiento, mostrar que con solo cambiarle la ropa podemos identificarnos con esa otra a quien suponemos diferente. En la Suecia rural de la década del 30, el racismo se expresaba en segregación sistemática del pueblo originario escandinavo. Los niños y niñas iban a escuelas especiales, en las que se impartían los conocimientos que el supuesto saber superior consideraba necesario para que volvieran a su pueblo a trabajar en la cría de renos”. Las autoridades- en su propia pequeñez-  medían el tamaño de las cabezas: así reforzaban la culpa con la biología  de raza y justificaban su pretendida superioridad. Mientras la regla decía cuántos centímetros había desde una a otra de sus orejas, en los oídos de las niñas sami, se oía aún el insulto del camino: lapón, como inculto, tonto, periférico. Sami, en el orgullo de la sangre. descarga (2)

Orgullo y vergüenza, sustantivos clave en la película, en la conversación, en la historia. Pasaron décadas desde aquel año en que los sami ni siquiera tenían derechos constitucionales, no podían votar. Cambió el siglo, ¿cuál es la situación hoy? “Es muy complicado, Suecia es conocida por el respeto a  los derechos humanos, pero es también uno de los pocos países que no ha firmado la convención de pueblos indígenas de Naciones Unidas. Por ejemplo, en la película, se habla el idioma sami del sur, una de las 9 variantes del idioma y, como consecuencia de las políticas educativas, hoy hay solo 500 hablantes de esta lengua. El racismo hoy, aunque no institucionalizado, persiste.”

PUNTO DE QUIEBRE

En Suecia es ilegal obtener registro de la cantidad de samis que viven en su territorio. ¿Cuántos son hoy? Podrían ser  100, 200.000. El calendario marca una fecha como su día nacional de la tradición.Entonces, todos visten las ropas típicas. Pero no lo hacen al día siguiente, no lo hicieron el día anterior. No llevan sus vestidos al trabajo o a la escuela. Ser solo suecos  es más fácil, conlleva menos conflictos, evita discusiones con los amigos”. ¿Qué define a una persona como sami? En la familia de Amanda hay variaciones. “Hay miembros de mi familia que nacieron sami, que crecieron criando renos y luego negaron su identidad. Pasaron a hablar mal de los sami. Los rechazan aunque ellos lo son. Dicen que  los sami roban, mienten, estafan y hasta que no debían existir. Otros miembros de mi familia siguen criando renos con orgullo.”

“Sameblood”. La sangre está en el título y la pregunta es cuánto de esa identidad corre por  sus venas y  define. Es común que los suecos- fuera de los censos, por supuesto- pregunten si alguien tiene sangre sami, o media sangre, o un cuarto de sangre. Y otra vez : ¿hasta cuánta y hasta cuándo?

La directora se propone indagar sobre esa forma de ser otro, de elegir ser otro, aun a costa de asimilarse a lo diferente, de perderse, si eso es posible. Por eso, la cámara acompaña muy de cerca a la protagonista, no quiere que se confunda, que se pierda su singularidad. “La razón para estar tan cerca es porque, con las ropas sami, puedes ser visto como el otro; en cambio, con la cámara al lado, se ve la a persona y en esa cercanía desvestida te convertís en un ser humano.”

images (13)Elle Marje, en tránsito hacia Christina, toma un vestido de la otra Christina, la profesora sueca que ella quiere ser (no sabía en ese momento que se jubilaría de esa profesión muchos años después). Con esa nueva vestimenta va al pueblo, al baile de los suecos, y se confunde en ellos para ir con uno hacia la montaña del amor. Allí, donde es encontrada por su hermana y el látigo- literal- que corresponde a su lomo humano, ante semejante osadía. Quiero sabe cómo habita esa montaña, a qué ficción pertenece. “La película está basada en entrevistas que hice a mi familia y a otras personas. Muchos me hablaban de una montaña, cerca del lugar del baile, adonde iban a mirar el crepúsculo. De todas formas, nunca recibimos la historia completa de parte de nuestras abuelas, pero el resto me lo puedo imaginar”.   

Será que de la sexualidad no se habla, ¿quién imagina a una abuela contar su primera vez bajo un sol de medianoche? O será que no se pone en palabras, sin que ello impida decirlo en otras conjunciones. “Es algo bueno del cine que te quede resonando por más tiempo, intentando imaginar qué pasó después. Para mí era muy importante hacer la película sobre una persona, sobre esta joven, pero no puede ser tomada como representación de la generalidad, nadie puede hacer eso. Mi función como artista, como cineasta, no es dar respuesta. Debo ser brava y picar donde molesta a los que hacen mal, es plantear la pregunta y escuchar sus ecos”.

HEBRAS VISIBLES

Entre la pregunta y el eco, hay un tiempo de silencio. En la película, la elipsis se agranda, desde el momento en que Elle Marje adolescente quema sus ropas para vestirse de Christina hasta el tiempo en que Christina regresa  su tierra por la muerte de su hermana. No importa cómo haya sucedido el intermedio, nada puede evitar que la mirada se vuelva espejo.: “El silencio puede ser un modo del cuidado de los otros. Mi padre me pidió que no hablara de espiritualidad en la película, que la protegiera a modo de resistencia”. El lenguaje no hablado es muy importante. La lengua sami habla con mucho más que con palabras. “En el sur, usar el vestido dado vuelta significa que alguien murió; en el norte, es señal de desacuerdo. En el parlamento, por ejemplo, no digo que me opongo, doy vuelta mi ropa y queda dicho”.

imagesEsta es mi sangre; de la alianza nueva y eterna, podríamos completar quienes alguna vez asistimos a misa cristiana. La de ese Cristo- y de su santísima trinidad-, en nombre de quienes los misioneros obligaron al pueblo sami a dejar atrás el chamanismo y a “aliarse”. Nunca supe exactamente de qué alianza reza la Biblia, pero dudo de una que excluye para reinar. Tal como Amanda duda de la asimilación, tan en boga en el discurso de la Europa contemporánea. 

HILO NUEVO NO SIEMPRE COSE BIEN

Cuando Elle Marje llega por primera vez a la ciudad, las calles y los parques están vacíos, solo ella los habita con su intemperie. Aun en el medio de la civilización, existe el aislamiento. No se puede escapar del miedo. Tampoco, del propio cantar. “Estoy más interesada en filmar, en mostrar lo que se siente, que lo que realmente es. Esa escena era a las 4 de la mañana. Podría ser tomada como que no hay nadie en la calle por la hora. Porque, si bien hay luz, es el sol de medianoche. Quiero reflejar qué siente el personaje y hago un paralelo con lo que sentí yo cuando llegué desde el norte. Lo grande que se ve todo. Las estatuas, los árboles, los edificios. La sensación de estar ahí sola. Creo que es un poco como el paraíso. Que viene con algo más. No es solamente la cuestión del aislamiento. La cámara dice otra cosa,  también ahí hay una amenaza.”

images (15)Una nueva pregunta queda planteada: la del miedo, ese mutante que acecha en cualquier parte y no abandona ninguna otredad. Aun así, se sigue rodando y vuelve la necesidad de encontrar una razón. La directora no sabe si al interior de una pequeña comunidad es posible ser otra. Sí sabe que son muchos los recursos necesarios para la supervivencia en una gran ciudad. ¿Qué la motivó a hacer esta película?, ¿cuál es la pregunta fundamental que se hace? “Crecí con un padre sami y una madre sueca, pero gran parte de mi familia sigue viviendo como samis. Nuestra historia cultural, los cantos son muy importantes para mí. He hecho películas sobre otros temas los últimos diez años. Pero en esta película quería investigar si te podés convertir en otra persona. Para aquellos que reniegan de su identidad y son otros. ¿Qué le hace a una persona crecer sabiendo que es de una raza considerada inferior? ¿Cómo manejás eso? Me preguntaba qué pasó con esta generación que cortó lazos, que nunca les contó a sus hijos de dónde vienen. Es también una declaración de amor para ellos, para mostrar su situación. Y también la de los que sí se quedaron.”

LAZADA PRIMORDIAL

Entonces, el yoik- la canción tradicional que refiere a la naturaleza, a las personas, a los renos- se sigue cantando. “Mi padre lo canta y yo también. En general, en silencio, para nuestros adentros.” Consecuencia, quizás, de que alguna vez estuvo prohibido y cantarlo podía costar la vida; consecuencia, tal vez de haber sido despreciado otras tantas  y ser vergonzoso otras. A lo mejor, práctica necesaria para sostener ese modo de no cantar a las cosas sino de cantar las cosas. “La montaña y sus tres picos sucede mientras Christina lo canta, obligada, en un cumpleaños de suecos”.

Silencié mi pregunta original acerca de la cosmovisión sami, porque de eso no se habla en la comunidad. Aun así, conocen las leyendas. Entre ellas, una dice que primero fue el reno y luego llegó el hombre – o la mujer. “El rayo del sol tiene conexión directa al vientre de la madre, donde  todas somos niñas y luego, una diosa, a algunas, se convierte en varón. El reno, entonces habría dicho a la mujer y al hombre que podían valerse de él, pero solo hasta lo necesario para la supervivencia. Hoy, con tantas minas a cielo abierto, necesitan más y más para mantenerse. Hoy, a pesar de que las mujeres– las niñas protagonistas de la película, por ejemplo- lo hacen, la caza de renos es cada vez más un oficio de hombres, porque requiere mucha fuerza: es necesario recorrer grandes extensiones de tierra (sin señal de celular, en un país que dice que el 98% de sus habitantes tiene acceso a internet), porque los cazadores furtivos pueden sacarles los ojos. Ellas, más confinadas a la casa, siguen siendo quienes manejan el dinero. Conocen, también, la voz de las abuelas, esa que dice que la fuerza está en la tierra, que la tierra es una fuerza a la que siempre se puede volver”.

images (8)Claro, esa tierra no es un estado, esa es la dificultad. Se trata de una gran extensión de territorio que no es y por eso se nombra. “Cada pequeño espacio tiene su nombre propio en lengua sami. Más allá de montaña, árbol, agua: mucho más acá. Bajo el mismo sol. El sol de medianoche que ilumina la película. La naturaleza, responsable de la supervivencia ante tanta adversidad.

COSIDO EN EL PAJAR

No está sola la tierra,  en presente perpetuo, también está la sangre, también está el agua: “He dejado muchas preguntas esbozadas al universo.”, casi susurra Amanda. Y se impone volver, intentar develar qué se nos escapa. En sus cortos, dice, hay una constante: “los secretos, entre ellos me gusta andar. Entre anécdotas y grandes dilemas, ¿se puede perdonar, quién a quién? Hay una historia muy interesante, de una amiga y su novio. Ambos, con sus nombres y su amor declarado en un tatuaje en el brazo. Van a tener un bebé. Llega el día, ingresan al hospital y él desaparece. Totalmente perdido. Su móvil no funciona. Nadie sabe dónde está. Siete días más tarde, volvió a pedir perdón. ‘No sé qué pasó’, decía.  Él no tenía las palabras. Y estaba con su ex novia. Pero pasó el tiempo y mi amiga está ahora con él y tienen tres hijos. Yo, en mi corto, quería saber qué se puede perdonar. Viven en el campo, en una comunidad  muy chica, ahí todos saben y no quieren perdonar. ‘Si has hecho eso, es imperdonable’.” Pienso en el sueco con su regla y su biología de medir niñas. Su otredad no me es perdonable, su otredad no me incluye.

images (12)Cuando Ele Marje, ya anciana,  llega al velorio, alguien de la comunidad le dice que su hermana, entonces muerta, había cuidado siempre a sus renos. Es probable que lo hiciera cantando para sus adentros, como había aprendido de niña. Es probable que, de esa forma, no se hubiera separado nunca de ella, que así hayan sido siempre  “nosotras.”  ¿La habría perdonado, se habría perdonado?” Y, en ese caso, ¿de qué? “Siempre he pensado en esta generación, ahora de viejos. Me gustaría que hubiera una solución o, al menos, una reconciliación. Hay muchas familias que se han separado. Hay hermanos y hermanas, unos  suecos y otros samis y no se pueden ver. Como hago ficción, puedo escribir un final. En la realidad, no puedo. Solo espero que algo bueno pase antes que mueran. Que puedan ver que no  todo es su culpa. Se preguntan mucho quién ha hecho algo malo. No saben quién tiene que decir ’lo siento’.

images (10)Una de las escenas más potentes de “Moonlight”, la reciente ganadora del Oscar, es esa en la que el hombre –enorme, dueño del tráfico de droga en el barrio-  enseña al niño- pequeño, hijo de una adicta- a nadar, a sobrevivir en otro medio. Amanda no la vio, pero ya varios se la comentaron. En su película, Ele Marje enseña a su hermana a flotar. Antes, habían compartido el viaje en canoa hacia la escuela- internado. La menor, acunada por las palabras de la mayor, se dejó transcurrir con su mano inmersa en el agua mansa. El agua, esa misma que también sirvió a Christina para lavar su vergüenza.  “El agua es vida y es algo muy presente en la vida. Siempre tratas de poner tu vivienda cerca de ella. Es parte de la naturaleza. Es muy importante saber cómo, en mi cultura, la lengua y todo ha sobrevivido. Es casi un misterio. Porque lo más fácil es asimilarse y desaparecer. Yo me pregunto cómo es que todavía hay gente que cría renos. En las entrevistas, una de las más viejas me dio su respuesta: ‘porque tenemos la naturaleza, con eso sobrevivimos’. Su padre y sus abuelos siempre  le habían dicho: ‘cuando te sientas sola, recuerda, la tierra te ama’. Es algo muy fuerte de tener, te da mucha fuerza. Te sientes muy libre”.

I long for the land that is not,/for all that is, I am weary of wanting./The moon speaks to me in silvern runes/about the land that is not./The land where all our wishes become wondrously fulfilled,/the land where all our fetters fall,/the land where we cool our bleeding forehead/in the dew of the moon./My life was a burning illusion,/but one thing I have found and one thing I have really won – /the road to the land that is not./

In the land that is not/my beloved walks with a glittering crown./Who is my beloved? The night is dark/and the stars quiver in reply./Who is my beloved? What is his name?/The heavens arch higher and higher/and a human child is drowned in the endless fogs/and knows no reply./But a human child is nothing but certainty./And it stretches its arms higher than all heavens./And there comes a reply:/I am the one you love and always shall love. 

Edith Södergran




ES LA TECNOLOGÍA, ESTÚPIDA

El cuidado del otro: una vuelta más sobre Internet.

Por Lourdes Landeira

“El ser humano está hecho de las relaciones que mantiene con sus semejantes y es al mismo tiempo capaz de intervenir completamente solo en el mundo; es doble, no uno” (*)

ECHAR RAÍCES

La gran cadena de mercados abrió sus puertas como todos los días. Dispuesta a recibir a los clientes con ansias de consumo. Preparada para depositar ansias en quienes no la visitan, quienes no por invisibles, son menos esenciales. El hombre entró una tarde, entre tantos; llevaba una queja. Hizo saber al responsable que le resultaba inadmisible que su hija, adolescente de 14 años, recibiera cupones de pañales y artículos para bebé. ¿Acaso era una incitación a la maternidad prematura? El empleado no encontraba el modo de disculparse. Por supuesto, no correspondía. Se trataba de un error y él se ocuparía personalmente de encontrar la falla y enmendarla. No volvería a suceder. El padre, ofendido, volvió a su casa, casi satisfecho. Su hija lo esperaba dispuesta a confesar. Entre lágrimas, se deslizó el indeseado “estoy embarazada”. La tienda, sin conocerla, se había enterado casi antes que la propia madre. El escenario es algún lugar de Estados Unidos, podría ser cualquiera. La historia, (más o menos así) la leí en la pantalla de mi celular. Fue contratapa estival de un matutino porteño.

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“Uno de mis amigos me preguntó: ¿podremos ser anónimos otra vez? Mi respuesta: ¡no! Es demasiado tarde. Hemos dejado demasiadas señales en el trayecto. No hay manera de volver atrás. Eso sí, de lo que estoy seguro es que ahora estoy en condiciones de dar la respuesta que me había formulado más arriba: ¿Gratis? ¡No…! Seguro que gratis no es” Adrián Paenza, “Anonimato”,  Página 12, 26/12/2017

“Para muchos niños, Internet es un medio de autorrealización. Les permite explorar quiénes son y qué quieren ser, pero esto sólo funciona si somos capaces de conservar la privacidad y el anonimato, de cometer errores sin que nos vigilen. Me preocupa que mi generación sea la última en disfrutar de esa libertad” Glenn Greenwald. “Snowden. Sin un lugar donde esconderse”, Mayo de 2014 (**)

“Somos brutalmente honestos con nuestros motores de búsqueda. Somos más honestos con ellos que con nuestras familias. Los motores de búsqueda saben más de ti que tu familia”. Millo Hypponen, “How the NSA betrayed the world’s trust”. (**)

“En 1998, a los 18 años, me mudé de La Plata a Buenos Aires. Lo que más disfruté en los primeros años fue la sensación del anonimato. Me deleitaba ese parecido a estar de viaje que viene con liberarse de miradas ajenas. Dieciséis años después, consciente de las cámaras que me miran cuando salgo a la calle, me pregunto dónde quedó ese placer de no ser nadie. Es una pregunta que nos tendremos que responder, tal vez, en la intimidad. Sin embargo, ésa es una parte de la respuesta. Hay otra parte que tiene ver con las consecuencias públicas del fin de la privacidad, y es: qué lugar queda para lo no previsto, para la libertad de acción, incluso para los actos de rebeldía (los privados y los públicos)” Natalia Zuazo, “Guerras de Internet”

Las voces podrían multiplicarse hasta el infinito o, al menos, hasta donde Dios Google alcance a buscar, hasta donde mi capacidad de lectura no se agote y mientras la batería de mi computadora se mantenga con carga. De lo contrario, tendré que enchufarla y me sentiré menos libre, por la dependencia del cable que me descuelga de la nube y me obliga a materializar mi conexión. A asumir que la nube no es etérea y que sin electricidad – sí, ese invento antiguo- nada funciona bajo el sol. Porque, aunque no los veamos, los cables y servidores siempre están. ¿Dónde? Bajo tierra y mares. Custodiados, vigilados, como nosotros, para no ser víctimas de ataques piratas –esos seres que miran con un solo ojo-.

Ahora bien, ¿quiénes somos nosotros en este juego? ¿Quién ese ese otro de ojos destapados que condiciona los resultados  a mis búsquedas, a mis encuentros anteriores?, ¿quién es ese  que, con un criterio armado por Otro, se empeña en que yo siga tras mis huellas,  siempre yo, a pesar de todo? El mismo que anticipa  lo que quiero escribir en mi celular, no por predictivo de palabra – eso ya es historia antigua- sino por predicción de contenido. Sí, el mismo, pero, ¿quién? ¿Y si mi yo se enreda con su propia cola?, algo de eso pasa con los distintos actores. Permitámonos una primera distinción entre usuarios, proveedores de aplicaciones y dueños de las rutas de navegación. La cola, ahora, la metió el comercio y otra vez la historia dice presente de la mano de esas rutas. Como antes de los camellos, de la sal, de la seda, ahora, cibernéticas. La clasificación es fácil. Nosotros, lo consumidores de a pie. Ellos, los creadores de – por ejemplo – Facebook, con nombre y apellido. Ellos, los verdaderos anónimos, los dueños del soporte físico, casi todos con residencia en el norte, apropiados del barco y el motor que transporta nuestras vidas.  Cuando la globalización llegó a nuestra aldea, se dijo que uno de los grandes cambios tenía que ver con  el valor desmaterializado. Ya  fuera de la tierra, el valor moraba en los bienes intangibles, en la información. Un detalle faltó en ese momento: es que esos datos se almacenan en enormes computadoras conectadas por potentes caños. Es decir, que el cambio, entonces, pasó por haber dejado de ver  esa materia que, como el elefante, ocupa mucho espacio.

^23FA26082B7018C601B3A4A3BE96EB1F069416AA7A164C6DA5^pimgpsh_fullsize_distr“Desde el momento en que viven en sociedad, los hombres sienten la necesidad de atraer la mirada de los otros. El órgano específicamente humano son los ojos: todos comenzaron a mirar a los otros y a querer ser mirados. (…) No podemos emitir un juicio sobre nosotros mismos sin salirnos de nosotros y mirarnos a través de los ojos de los otros. Si se pudiera educar a un ser humano en el aislamiento, éste no podría juzgar nada, ni siquiera a él mismo: le faltaría un espejo para verse” Tzvetan Todorov, “La vida en común”

Quizás sea tiempo de abrir el segundo ojo, desarmar el azogue del espejo y ver qué hay del otro lado. Ver que del otro lado, siempre hay alguien, o, al menos, algo.

PLANTAR EL ARBOLITO

La reunión era de amigos. El motivo, conocer el departamento recién alquilado por el yanqui, de paso en el país. Los elogios se multiplicaban en las voces de los invitados. ¿Qué sabés del dueño?

  • No sé, no lo conozco.
  • ¿Lo googleaste?
  • Vi su Facebook, tiene algo que ver con el arte.
  • A ver, entremos.

En su biografía, estaba la clave para llegar a su otro perfil, el de trumblr. Allí, la foto de la famosa  teta del tetazo censurada por Facebook no hubiera tenido ningún problema de admisión. Allí, el inquilino pudo conocer de cerca a su arrendador. O, al menos, a su pene erecto frente a la espalda de un hombre musculoso.

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Según datos publicados en Wikipedia, Tumblr superó a WordPress en cantidad de blogs, en el año 2011. Según la enciclopedia, solo los dueños conocen la cantidad de material pornográfico que contiene. Y agregan que el New York Times dice: “la pornografía representa una fracción del contenido del sitio, pero no una cantidad trivial para un sitio con 100 millones de blogs”.

Yo, habitué de Internet de todos los tiempos, no conocía el sitio. ¿Vos?

  • Si no conoces esto, imagino que menos aun conocerás la internet profunda.
  • ¿Qué es eso?
  • Es como el dólar, internet no escapó a las leyes del mercado. Está la oficial y la paralela.

Unos días después, un tradicional matutino argentino publicó la noticia del hombre que mató a un chico de nueve años y subió las fotos a la Darknet. Sucedió en Alemania, sucede en el planeta tierra. Hasta donde sabemos. La particularidad de esa otra web es, justamente, el anonimato. No deja huellas. Su contenido resulta inaccesible desde los buscadores comunes. ¿Quiénes la usan? Aquellos que compran – venden órganos, armas, trafican personas. Y, por supuesto, los servicios de des-inteligencia. Según el mismo matutino, en el año 2014, “más del 90% del material que rueda por Internet nunca fue catalogado por los motores de Google (…) La Internet profunda se fue ensanchando y se estima que es unas 500 veces más grande que la red conocida” .

Como el dólar paralelo, a veces nos lo vende un desempleado devenido arbolito callejero. Otras, una cimagesueva sobre tierra, con propietario casi invisible.

Quizás, en este punto, podríamos pensar en los rituales del cuidado. De las murallas que, al estilo de las compuertas de las centrales nucleares, protegen conexiones.

¿De qué nos cuida Google cuando elige nuestras preferencias? ¿De qué nos cuida Darknet cuando borra nuestra ruta? ¿De qué nos cuidamos los otros y nosotras?

CORTAR LA RAMA

Mientras tanto:

Alguien calcula que si hoy grabamos cds con el flujo de información de un solo día y los apilamos,  esa pila llegaría a Marte ida y vuelta.

Alguien más explica que cuanto mayor, más eficaz es la red. Por la ley de las grandes cantidades: una gran población de mensajes impredecibles, en conjunto, se comporta de una manera que podemos escribir a la perfección. Nada, hasta ahora, en la historia de la humanidad ha funcionado con una contribución tecnológica semejante, le acota un experto.

Un hombre joven toma  los últimos modelos científicos de un plegado de biomoléculas, crea un juego y lo sube a la web. Las computadoras colapsan por la cantidad de jugadores, entre 10 y 100 años que, sin saber de ciencia, hallan soluciones verificables en laboratorio.

^2F72A2DB8BAD97F7278D48D8D6078E0E26BDDDAA5AFD660DBD^pimgpsh_fullsize_distrLos autos autónomos se están desarrollando rápidamente. El vehículo “ve”, recibe información y, a través de las computadoras ocultas en el baúl,  envía datos por Internet. Si comete un error, todos lo demás autos- incluso los futuros- aprenden de él, cosa que no ocurre con los humanos.

El objetivo de Robocop para el 2050 es tener un equipo de robots jugadores de fútbol que puedan derrotar a los campeones de la FIFA.

No sabía que existía tanta inmoralidad entre los humanos y creo que los perros tratan mejor  a los suyos. No hay dignidad o respeto en Internet porque  nadie se hace responsable. Siempre creí que la Internet es una manifestación del anticristo, del mal”, es la voz de la madre de una chica que murió en un accidente y recibió correos “irreproducibles” sobre el horror del momento en que fue decapitada.

Un astrónomo muestra un telescopio de cien metros de diámetro. Dice que captura las ondas electromagnéticas  del universo, de objetos allí, tan cerca como los planetas, tan lejos como el Big Bang. Dice que el enemigo para la observación y detección son las ondas producidas en la tierra, porque pueden  cegar las señales desde las estrellas. Por eso suprimen las transmisiones inalámbricas de cualquier tipo en un radio de 16 km a la redonda.

^DAF5E47F78CF1D5683D85AB82524158209EEE8F1956A21C341^pimgpsh_fullsize_distrUna mujer –ermitaña moderna-  reactiva a las señales de radiación inalámbricas, dejó su familia y su trabajo y se mudó a un sitio sin antenas. Otra explica que se trata de una enfermedad legítima, no escuchada correctamente por los médicos.

Una niña murió de hambre mientras sus padres jugaban a un juego en red. En Corea y China, mueren personas por estar 40, 50, 60 horas frente a la computadora. Los jugadores de videojuegos, en muchos casos, usan pañales para evitar perder puntos mientras van al baño.

Un cosmólogo que estudia el origen del universo dice que, si hubiera un destello solar que apagara Internet, el mundo colapsaría, miles de millones de personas morirían y el mundo se convertiría en un lugar inconcebiblemente horrible y difícil.

Un hacker cuenta que, cuando el FBI llegó a su puerta e invadió su casa, no encontró ningún artefacto electrónico. En cambio, en el refrigerador, había una caja que decía “rosquillas del FBI” Estuvo un año en celda de aislamiento.

Decenas de estados – nación tienen la capacidad de piratearse y usan esto como una extensión de la política exterior.

Estamos sumergidos en una guerra cibernética que ni siquiera vemos.

Hay una idea sobre Marte: algún día, respiración artificial mediante,  podría albergarnos; ser el refugio, tras la destrucción de nuestro planeta. Este, donde ahora podemos nadar en el océano y oler la tierra sin dificultad. Mudarse, claro, sería como vivir en el bote salvavidas.

Alguien cree que Internet puede empezar a soñar con ella misma.

Un ingeniero diseña un robot que sueña con lugares en los que ni siquiera estuvo.

Pronto, batallones de robots, conectados a través de Internet, podrían realizar misiones de rescate en zonas de desastre.

Alguien cree que lo más riesgoso de la inteligencia artificial no es que desarrolle una voluntad propia, sino que siga la voluntad de quienes son capaces de desatar una guerra para optimizar sus intereses particulares.

Internet se propagará, fuera de control, y las personas tendrán que ser sus propios controles.

Los mientras tanto enunciados corresponden al documental de Werner Herzog: Lo and Behold. La expresión no tiene una traducción unívoca al español. Podría ser algo así como: sorpresivamente, sin haberlo pensado, quién lo hubiera dicho y similares. Lo cierto es que el documentalista le confiere carácter enfático y profético al hecho de que el primer mensaje enviado por Internet fue, justamente “lo”, de “log”. Ocurrió el 29 de octubre de 1969. Dos hombres hablaron de “servidor a servidor”. Al mismo tiempo, lo hacían por teléfono. Uno dijo: “Te envié la L”. El otro respondió:” La recibí”. El primero continuó: “fue la O”. El segundo, ya tenía LO en su computadora.

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El documental tiene un subtítulo: “Ensueños de un mundo conectado”. En el cine, ya vimos “Her”, la película en la que un hombre se enamora de su sistema operativo, quien lo abandona por otro sistema operativo. También vimos “El dador de recuerdos”, allí se crea una comunidad post “fin del mundo” donde sus habitantes, cada mañana, se inyectan- sin saberlo- contra las emociones. Robots humanizados. Humanos robotizados. Ambos viven, por ahora, en la pantalla grande.

Por último, una definición y una pregunta , para empezar a cuidar.

Transhumanismo: (H+) movimiento internacional cuyo objetivo es el desarrollo y fabricación de tecnología para mejorar las capacidades físicas, psicológicas e intelectuales de los seres humanos.

Quizás, hasta llegar a lo “posthumano“.

¿Está en juego la idea de humanidad?

Lo bello está fuera de mí, es impersonal, y sin embargo me llena de una especie de júbilo interior, que refuerza mi sentimiento de existir. Cuando estoy sumergido en la belleza natural, tengo tendencia a identificarme con mis sentidos: estoy colmado por los ruidos, las visiones, las sensaciones táctiles, los olores; me realizo en una fusión desgarradora con el mundo circundante. (*)

(*) Tzvetan Todorov, “La vida en común”

(**) Citados por Natalia Zuazo en “Guerras de Internet”




LA DOBLE BE: BELLA Y BESTIA

El Lado B: Entrevista al escritor costarricense, Oscar Núñez Olivas.

Entrevista y edición: Lourdes Landeira

 “Este día te engendrará y te destruirá”(*)

¿Cuántas huellas dejamos a nuestro paso? ¿Cuántas señales inadvertimos? ¿Cuánto hacemos por eludirnos? Según la tragedia de Sófocles,  Edipo no pudo: debió cumplir su destino.  A pesar de tantas fugas, debió volver al lugar de donde había partido. Satisfacer al oráculo. Y, recién después de actuar tomar conocimiento de lo hecho. Ese saber terrible lo condujo a la oscuridad por propia decisión. Se quitó los ojos para no ver. Quizás, para quitar entidad a los residuos de sus acciones. Un sentido menos de ligazón con el mundo. ¿Estaría escrito en su destino morir ciego? ¿O la premonición solo llegaba a matar al padre y a tener hijos-hermanos con la madre? Y después que se arreglara como mejor no pudiera. Que la razón embebiera su voluntad y en su función tomara decisiones. Edipo hermoso, Edipo bárbaro; en un solo cuerpo.

Moraleja: Nada puede hacerse contra lo escrito por una entidad incorpórea en ningún lugar.

¿O sí? ¿Hay otro modo de aprehender la tragedia? ¿Hay un tercer camino ante la encrucijada? Quizás, el destino de Edipo era morir con los pies de bebé atados. Pero irrumpió la compasión: un campesino se apiadó de él e incumplió las órdenes reales. Borró la profecía de las palabras nunca vistas, mezcló las letras y creó otro modo de ser. Pasó a ser huella, puntada posible de ligar a otras en busca de alcanzar la Verdad. O no, a lo mejor, solo una verdad. La Otra, inaprensible se las arregla para escapar. O nos arreglamos para escaparle. Claro, sin la compasión de por medio, Antígonas no habría estado para defender el cuerpo inerte de su hermano. Imposible saber quién hubiera ocupado su lugar. Edipo Rey, Edipo mendigo; en un solo cuerpo.

Nuestro encuentro con Oscar Núñez Olivas debió haber ocurrido unos meses atrás. Algo, inefable, se interpuso. Insistimos en hacerlo  y un huracán en una zona sin huracanes (hasta ese momento) amenazó con una nueva postergación. Pero no, fue el correo con preguntas, vino el correo con respuestas. Nos acercamos, con su lectura,  a la mirada de pájaro, a los ojos de pez. A la búsqueda de lo indecible. A nombrar y renombrar.

 LA NOCHE DESEOSA, APENUMBRADA,

“¿Por qué, oh mujer, habría uno de tener en cuenta el altar vaticinador de Pitón o los pájaros que claman en el cielo, según cuyos indicios tenía yo que dar muerte a mi propio padre?”(*)

Nos gustaría conversar sobre el cuerpo  como lugar donde es posible hacer lecturas. En tus personajes, la premonición suele estar vinculada a alguna expresión del cuerpo que anticipa. ¿Qué tipo de conocimiento singular  es la premonición?, ¿qué otros modos de conocer da el cuerpo?

PAISAJE-CIUDAD-DESLUMBRO-VERTIGINOSA-VELOCIDAD_CLAIMA20110616_0065_35 El 23 de diciembre de 2003, la periodista costarricense Ivannia Mora fue asesinada mientras conducía su vehículo por una céntrica calle de San José, en el segundo caso de un trabajador o una trabajadora de la comunicación que moría de ese modo en la pacífica Costa Rica. Me impactó  la noticia en momentos en que disfrutaba de unas vacaciones de fin de año lejos de la capital. Al regresar al trabajo en enero, encontré en la bandeja de  mi correo un mensaje de Ivannia, del mismo 23 de diciembre, deseándome feliz navidad. Aquello, además de impactante, era completamente inusual pues no me unía a ella una amistad estrecha, ni mucho menos. De hecho, era la primera vez que recibía un saludo navideño de su parte. Alguien me comentó que no solo yo, sino varias personas habían sido sorprendidas por los mensajes que Ivannia distribuyó ese día, pocas horas antes de morir. Y la conclusión que escuché y que de algún modo me consuela, fue que posiblemente había “presentido” su final y quería despedirse…No, no es un conocimiento racional y ni siquiera sabemos si realmente se manifiesta o si solo es una asociación fantasiosa de circunstancias independientes, con la cual buscamos aliviar la dolorosa incertidumbre de la condición humana, pero la premonición es una constante en eso que llamamos el “imaginario colectivo”. Si la premonición, real o imaginaria, ocupa un espacio en el mundo cotidiano de las personas, mal haríamos en negarle el derecho a la existencia en el mundo de la ficción, que siempre anda en apuros para no quedarse a la zaga de la realidad. Por eso, los personajes de mis novelas suelen vivir los presentimientos con mucha intensidad y algunos los experimentan en sus cuerpos, tal vez en algún órgano pequeño en que habita el alma y al que los biólogos no le han atribuido ninguna función de importancia. Al cabo que la ficción goza de ciertas licencias sobre las ciencias de la realidad. Por otra parte, es el cuerpo el que nos da todos nuestros demás conocimientos. Los sentidos son nuestra conexión con el mundo físico. En eso, me confieso completamente aristotélico.

TE QUITÓ SIN PENSAR LAS ZAPATILLAS…

 “¡Oh soberano Apolo! ¡Ojalá viniera con suerte liberadora, del mismo modo que viene con rostro radiante!”(*)

¿Cómo diferenciar una premonición de un fantasma del miedo, hasta de un modo de exorcizar al miedo? ¿Por qué hay, en tus textos, pocas predicciones sobre hechos positivos? ¿Qué lugar queda para la sorpresa, para la irrupción de lo desconocido?

Una visión del futuro se cumple o no se cumple. Si llega a cumplirse, entra necesariamente en la categoría de lo que se intuye, es una visión premonitoria. Si no se cumple, es un fantasma, probablemente  tenga que ver con los miedos subterráneos, los traumas primigenios. Pero la premonición es una luz inesperada.  Prende, ilumina la inminencia de un acontecer y luego se apaga por mucho tiempo o quizá para siempre. Ese carácter repentino y con frecuencia unívoco del fenómeno anticipatorio aporta un condimento mágico al relato literario, pero hay que manejarlo con cuidado, abusar del recurso nos puede llevar a la ridiculez. Todo lo demás queda para la irrupción de lo desconocido, como vos decís. ¿Por qué no las predicciones sobre hechos positivos? Porque la premonición es un heraldo del Destino, esa entidad con mayúscula que es ineludible y que marca a sus víctimas con la tragedia. Es el oráculo que anuncia a Layo de Tebas que morirá a manos de su hijo Edipo, por poner un caso.

 

 Joaquin_Torres_Garcia_artista_visual_UruguayY —POR SENTIRSE BLANCA Y ALUMBRADA—

“La ciudad está llena de incienso, a la vez que de cantos, de súplica y de gemidos, y yo, porque considero justo no enterarme por otros mensajeros, he venido en persona, yo, el llamado Edipo, famoso entre todos.”(*)

En tus novelas leímos, por ejemplo: “Padecía miopía y estrabismo desde niño, por lo que solo conocía el mundo por intermedio de unos fondos de botella de los que únicamente se desprendía para dormir”.  “Y los ojos…esos ojos melifluos que penetraban como pértigas hasta llegar al alma. Ojos hipnóticos que te conectaban al más allá de los signos y el idioma. Ojos conocidos, antiguos ojos facundos que han habitado otros cuerpos. Ojos de todos los tonos de luz que te poseyeron en otras épocas, en otros lugares, en otros sueños”. ¿Qué tipo de intermediación para conocer da la escritura?, ¿en qué se diferencia de las intermediaciones de otros modos del lenguaje?

Depende de qué tipo de escritura estemos hablando. Yo preferiría circunscribirme a la literatura, pero, aun dentro de esta categoría, hay diferencias abismales.  Me gusta un tipo de literatura que nos permita aproximarnos a la realidad a través de la acción, el pensamiento y la pasión humanos. Por eso creo que los componentes más importantes de la narrativa son los personajes, las personas  de carne y hueso, interactuando con la sociedad y el medio natural. Ningún otro modo del lenguaje nos conecta así con la historia, el pensamiento, la problemática social.

La literatura, ¿puede ocupar el lugar de “cuerpo anticipatorio”? En ese caso, ¿qué anticipa “La Guerra prometida”, cuando restituye la historia bélica en un país que no tiene ejército? ¿Y el teatro circular? “Las palabras de Cañas provocaron un polvorín. Acoger aquella iniciativa equivalí a aceptar una verdad a la que todos, en diferente grado, se resistían: el ejército nacional había dejado de existir. (…) Ciertamente, nadie podría ser culpado de la nocividad de la peste”.

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Por supuesto que la literatura puede jugar el papel de cuerpo anticipatorio y lo hace con frecuencia. Recordemos cómo la obra de Julio Verne anticipa muchas de las hazañas que la humanidad ha realizado gracias al desarrollo científico y tecnológico. O la pre-visión impresionante de George Orwell  en “1984”, en la cual nos describe la tenebrosa maquinaria de control social a la que hoy estamos sometidos. No creo que sea el caso de “La Guerra Prometida” ni de  “El Teatro Circular”, novelas históricas que reviven procesos históricos a través de hechos consumados, descritos, estudiados. “La Guerra Prometida” nos remite a la epopeya de un pueblo en esencia pacífico que tuvo la capacidad de defender, con las armas en la mano, la nación que estaba construyendo y que le pertenecía. Quizá lo único que anticipa es lo que podemos ser, como sociedad, a partir de lo que fuimos capaces de ser en algún momento. Digamos que nos anuncia el germen dormido de la dignidad y el carácter como pueblo.

 DESNUDÓ BLANCAMENTE TUS RODILLAS

“¡Oh Edipo, que reinas en mi país! Ves de qué edad somos los que nos sentamos cerca de tus altares: unos, sin fuerzas aún para volar lejos; otros, torpes por la vejez, somos Sacerdotes -yo lo soy de Zeus-, y otros, escogidos entre los aún jóvenes.”(*)

 ¿Cuál es el  modo del tiempo en un círculo que se puede recorrer a diferentes velocidades? Leemos “¿Cuántas centurias habré vivido en estos años absurdos?”

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Me pregunto: ¿tiene el tiempo una existencia objetiva? ¿Qué clase de energía es? ¿De qué partículas está compuesto? No creo que el tiempo sea más que una simple abstracción de percepciones humanas.  La verdad es que el  tiempo es como el peinado, cada quien lo lleva a su manera, según quiera o pueda.  Por eso, en esos inacabables círculos que son la vida individual y la vida social, al tiempo debemos considerarlo como anarquía pura, si es que insistimos en concederle una existencia real. Ese es su modo. No sigue las reglas de la lógica, ni las leyes de la física.

En una de tus novelas se habla de la “inmovilidad perfecta”  Conversemos sobre eso.

Eso es pura retórica, tan hipotético como hablar del movimiento continuo o la belleza inmaculada. No hay nada que conozcamos en el universo parecido a la inmovilidad absoluta o perfecta. Sin embargo, es una categoría que nos remite a un “tipo ideal”, en el sentido que lo describía Max Weber, es un modelo conceptual que nunca podría ser hallado empíricamente y, no obstante, funciona como síntesis y modelo de múltiples fenómenos reales.

LUEGO —POR DIVERSIÓN, SIN DECIR NADA—

“¿Qué obligación de nuevo me vas a imponer, bien inmediatamente o después del transcurrir de los años? Dímelo, ¡oh hija de la áurea Esperanza, palabra inmortal!”(*)

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El arte aparece en tus novelas ligado a la mezcla de estilos, de épocas, de cosas que no tenían conexión y se juntan en un determinado espacio. También la naturaleza produce ese tipo de efectos, por ejemplo, por un temporal.  ¿En qué se diferenciarían los modos de producir metáforas  en la naturaleza y en la literatura?

La metáfora es dominio de la literatura, la naturaleza le proporciona material para producirlas, pero no sé si la naturaleza en sí las produce. La mayoría de las veces la naturaleza no necesita de metáforas para despertar asombro ni producir belleza.  Tal vez lo más parecido a una metáfora en el mundo natural sea el mimetismo de algunas especies, que juegan a ser lo que no son en esencia.  Otra cosa son las hipérboles. En eso la naturaleza es pródiga y pasa con facilidad de lo sublime a lo terrible. La literatura no tiene otro camino que imitarla.

Entonces, cuando todo se “embrolla”,  ¿la mezcla produce lo nuevo?, ¿qué diferencia hay entre embrollo y complejidad?

La complejidad es un orden cuyo sentido se nos resiste pero que eventualmente podemos capturar. El embrollo es un orden que escapa del todo a nuestra comprensión, pero que tal vez no sea equivalente al caos. La dialéctica, la lucha de opuestos que algunos podrían percibir como embrollo, suele engendrar síntesis transformadoras, como ya plantearan Hegel y sus seguidores. Quizá el embrollo sea un estado de cosas socialmente saludable porque induce a cambios necesarios.

LA NOCHE SE LLEVÓ TU BLUSA LARGA

“Tú, sin rehusar ni el sonido de las aves ni ningún otro medio de adivinación, sálvate a ti mismo y a la ciudad y sálvame a mí, y líbranos de toda impureza originada por el muerto”(*)

“Belleza – esa entelequia inaprensible”, la belleza aparece en la narración en minúscula y también en mayúscula, aun cuando la palabra no está después de un punto. ¿Hay gradaciones de lo bello? ¿Cuál es la relación con lo divino?

Definitivamente, hay mayúsculas y minúsculas dentro del concepto de belleza.  Sin embargo, creo que la estética es un sistema de valores estrictamente histórico y cultural.  Ninguna gradación de belleza es válida universalmente, como no lo es tampoco ningún sistema espiritual o religioso. En ciertas culturas,  el ideal de Belleza (la belleza imperfectible) se identifica con Divinidad. Esa relación es más clara en algunas sociedades que en otras. Por ejemplo,  en el Islam los artistas acostumbran dejar alguna imperfección en sus obras, aunque sea una pequeña muesca, pues lo contrario es un gesto de soberbia que ofendería a Dios.

¿Cuál es la diferencia entre lo exuberante y lo excesivo? En general y en el arte, en particular.

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Volvemos a lo mismo de la anterior pregunta. La dosificación es uno de los problemas constantes de la estética en general.  La diferencia entre lo exuberante y lo excesivo la marca el gusto de una época o de una cultura en particular. ¿Es el arte barroco excesivo o simplemente exuberante? Para mi gusto es excesivo, pero es el punto de vista de una persona del siglo XX, cuyos sentidos se habituaron a la prevalencia de las líneas rectas y los afeites discretos. Creo que el punto de equilibrio, sobre el cual reposa la diferencia, está en aquello que nos hace sentir cómodos, no solo a los creadores, sino también a nuestros públicos.

Y TE ARRANCÓ LA FALDA ENSIMISMADA

Llegarán por sí mismas, aunque yo las proteja con el silencio.”(*)

En El teatro circular está la transcripción (completa pero fragmentada) de un poema de Jorge Debravo, “Desvestida”. ¿Te liga algo en particular a este escritor, muerto accidentalmente, muy joven? Pongo en itálica el accidentalmente por lo hablado antes sobre las premoniciones y las irrupciones.

Jorge Debravo es, a mi juicio, el mejor poeta que haya engendrado Costa Rica. Su muerte representó una ruptura dolorosa porque su extraordinaria obra juvenil prometía cumbres nunca alcanzadas por la literatura costarricense. Pero dicen que los ídolos han de morir jóvenes, antes de que empiecen a ser carcomidos por las larvas de la vanidad o de la envidia. Por eso, la obra de este autor fallecido a los 29 años en un accidente de tránsito,  quizá tenga más de fatalidad que de accidentalidad.

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¿Hasta dónde la literatura te viste y hasta dónde te desviste?

La literatura hace ambas cosas hasta donde uno quiera.  Un escritor desviste su alma para exhibirla; desviste la realidad de los ropajes del mito;  desviste el pensamiento de prejuicios y falsas verdades. Este tipo de literatura ayuda al lector a realizar sus propios “desvestimientos”. Otro escribe para encubrir, para poner ropajes a todo y arrojar brumas y confusión a sus lectores. Tal forma de escribir no es siempre consciente, pero hay quienes la ejercitan. La vocación fundamental de la literatura, desde mi punto de vista, debe ser la de desvestir tanto como sea posible.

 

COMO UNA COSA TÍMIDA Y AMARGA.

“¿Cómo, pues, iba a ser para mí más grato el poder absoluto, que un mando y un dominio exentos de sufrimientos?”(*)

En tus descripciones hay muchas alusiones a los pájaros, a las aves, a vuelos. Haypájaros surrealistas que más que cantar, lloran o aúllan”. “Más que un hombre parecía un pájaro: ojos pequeños y redondos, mirada torva, nariz ganchuda y cuello encorvado como las aves carroñeras; piernas largas y escuálidas; manos luengas y callosas; movimientos rápidos e instintivos como los de una avecilla mielera siempre lista para emprender el vuelo”. “El hombre se incorpora a la naturaleza con una cierta resignación de hongo, de musgo inteligente, aunque lucha para no ser totalmente absorbido por esta temblorosa burbuja de savia donde no existe el tiempo”  ¿Cuántas temporalidades simultáneas puede vivir un hombre en la naturaleza?

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Los pájaros poseen algunas de las características y habilidades con las que los humanos soñamos desde siempre. La habilidad de volar, por ejemplo, nos sugiere un estado de libertad que supera todas las que conocemos.  Posarnos sobre el aire y, desde ahí, tener una visión panorámica de lo terrestre. Subir. Huir. Si voláramos, podríamos asumir nuestra soledad de un modo majestuoso que la transformaría en virtud. La naturaleza concede a los peces la inmensidad del océano y  a los pájaros, la inmensidad de la atmósfera, con toda su gama de planos y perspectivas.  A los mamíferos (al menos  a la mayoría de nosotros), la fuerza de gravedad y la carencia de agallas nos circunscriben a un solo plano, a la superficie de la parte sólida del planeta. Por eso nos hipnotizan estos otros seres, tanto los alados como los pelágicos, por eso inspiran historias de maravillas. Al mamífero-humano, la naturaleza le ha proveído de  facultades como soñar y escribir, que en algo compensan su escasez de poderes físicos.

En tus textos, la resignación, lo cotidiano, la rutina son como jaulas que encierran al hombre que acumula cicatrices. ¿Qué rompe esa inercia para que se produzca una guerra o para que estalle un amor? ¿Solo el amor y la guerra lo logran?

Ciertamente, nada se parece tanto a una prisión como la inmovilidad de la rutina. El sedentarismo, que fue el punto de partida de la civilización libera al individuo, en alguna medida, de una forma de esclavitud (la llamada ley de la selva, la selección del más fuerte y todo eso), pero lo encierra en una vida sin horizonte ni aventura. Cuando esa prisión atrapa a grandes concentraciones humanas, cualquier cosa que implique la ruptura de la inercia recibe una calurosa bienvenida. Será por eso que pueblos tan prodigiosos, como el de la Antigua Grecia, vivieron siempre en un permanente estado de guerra. Debe haber algo más que ambición material y afán de dominio en esta apetencia guerrerista. Y en ausencia de guerra, las masas fabrican héroes míticos capaces de vivir grandes aventuras en nombre de la multitud. El amor actúa en un ámbito mucho más individual y en ocasiones nos salva de la rutina, aunque a veces solo la refuerza.

DESPUÉS TE COLOCASTE TRAVESURA:

“Y uno tras otro, cual rápido pájaro, puedes ver que se precipitan, con más fuerza que el fuego irresistible, hacia la costa del dios de las sombras.”(*)

 

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La soledad parece ser una huella imborrable.  El hombre sabe que va a morir. En el círculo, cada punto final se une, inevitablemente, con el inicial. Esa soledad profunda, ¿es la huella del origen y del destino? No hay forma de escapar, “tendremos que seguir en el sainete”(…)“La imagen de unidad perfecta que ofrecían Inés y la criatura, le trajo el recuerdo de su propia madre y la sensación, ya otras veces experimentada, de que más allá del tiempo, de la vida y de la muerte, las dos mujeres estaban signadas por un paralelismo misterioso”. Sentía estar retornando a la tibieza y seguridad del claustro uterino, una experiencia inédita. (…) ¿Esto es la muerte?, se preguntó” ¿En el nacimiento está lo perdido que se recupera con la muerte?

La soledad es una impronta, una marca de hierro que nos acompaña por la vida desde el momento en que adquirimos conciencia de nuestra individualidad. No importa cuántas personas estén a nuestro alrededor, seguimos estando esencialmente solos en nuestro ámbito interno. Y de todos los momentos de nuestra vida, ninguno tan solitario como el de la muerte. Quizá el retorno a la Tierra, madre nutricia, debería representar el retorno al claustro uterino, el del confort  y la seguridad absolutos, pero no creo que en esta nuestra cultura pueda prender tal concepto de la muerte.

DESNUDASTE TUS PECHOS POR TERNURA

“La Esfinge, de enigmáticos cantos, nos determinaba a atender a lo que nos estaba saliendo al paso, dejando de lado lo que no teníamos a la vista.”(*)

 El lado B es el tema de nuestro próximo número, ¿qué te sugiere?

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El lado B me sugiere un plan alterno al lado A, que es todo lo predecible.  El lado B es el que no se anuncia, el que irrumpe ante el previsible fracaso del A. Es la sorpresa, el asombro. Del lado B está lo Bueno, lo Bello, lo Brillante. Besar y Bendecir, en voz activa, están también del mismo lado.

¿Cuál es tu “lado B”?

Todos mis lados están de ese lado.

Y —HABLANDO DE UN AMOR VAGO, INCONEXO—

“El que no tiene temor ante los hechos tampoco tiene miedo a la palabra.”(*)

 Lo tibio, lo vago, lo incierto, lo casi ¿es el único intermedio posible?

No, hay muchos más intermedios. Todo a lo que podamos aplicar una medida tiene un intermedio. Pero hay que tener cuidado de no confundir el intermedio con la síntesis, lo cual nos puede llevar a errores de valoración.

Tus textos dicen que las palabras tienen peso y producen significaciones más allá de lo literal de la unión de distintos vocablos. En las dos novelas, los personajes tienen voz propia a través de guiones de diálogo y también, algunas veces, irrumpen en la voz del narrador y se escriben en itálica. ¿Cuándo necesitas  dar la voz y cuándo, narrarla?En los oídos del comandante seguía resonando el balbuceo de una palabra que la muerte le arrebató de los labios al recluta. Cuánto consuelo le hubiera procurado escuchar ese postrer obsequio de su boca

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Indudablemente. Las palabras pueden tener un peso enorme y no siempre por su significado literal sino también por la carga que comportan. Lejos de lo que pueda pensarse, el contenido racional del lenguaje nunca viene solo, sino acompañado de la carga emocional de quien produce el mensaje y de quien lo recibe. En ocasiones, el éxito del relato exige ceder la palabra al personaje, no solo para que se comunique con otro personaje, sino para que dialogue directamente con el lector.  Esa comunicación directa  genera una cierta intimidad entre el personaje y el lector y se logra una identificación más plena.  A veces, se necesita el cambio de voz solamente para romper la monotonía, propósito que no es menos importante.

PORQUE SÍ Y PORQUE NO, A MEDIO REPROCHE,

“¡Oh tres caminos y oculta cañada, encinar y desfiladero en la encrucijada, que bebisteis, por obra de mis manos, la sangre de mi padre que es la mía! ¿Os acordáis aún de mí? ¡Qué clase de acciones cometí ante vuestra presencia y, después, viniendo aquí, cuáles cometí de nuevo!”(*)

Ante una encrucijada, ¿qué papel juega la voluntad, la razón, lo instintivo en el hombre? “Al final, uno baraja y baraja los argumentos y llega a la conclusión de que cualquier cosa es posible, excepto conocer con certeza la verdad”.

 

maxresdefaultDepende de la encrucijada. Cada situación requiere de cualquiera de esas potencialidades humanas.  La razón se impone allí donde hay una situación compleja y es necesario recurrir al conocimiento y la experiencia para tomar una decisión. La voluntad aplica en situaciones cuya solución requiere de esfuerzo. La intuición es necesaria siempre ante cualquier  encrucijada. Carecer de ella es una desgracia.

¿Qué lenguaje (poesía, prosa, ensayo) te acerca a lo indecible?

La poesía, pero la buena. Los versos de envoltura de chocolate resultan  insufribles.

¿Y las ideas? “Las ideas viven mientras vivan los hombres que las sustentan. Si esos hombres mueren, las ideas quedan en manos de los mercaderes y al final se prostituyen”.

 Este es un tema que da para mucho rato y para mucha tinta. Solo te diré que muy pocos hombres o mujeres son capaces de engendrar y hacer triunfar sus ideas. Y aún más escasos son aquellos que logran hacer que sus ideas les sobrevivan.

¿Y la poesía? “Se hubiera dicho que más parecía poeta que soldado, de no ser porque algo en su presencia infundía temor. Quizás fuera su verbo encendido, que siempre estaba argumentando sobre verdades trascendentes que solo él entendía. O esa mirada gris penetrante que producía una sensación de magnetismo hipnótico”. ”Maldita Rivas, ciudad escurridiza como el amor – pensó y trató de retener aquellas palabras para escribir luego un poema-. Cada vez que te aproximas y creo poseerte, escapas presta de mis manos”

Esos párrafos de “La Guerra Prometida” constituyen un asomo a la profundidad en el alma de uno de sus personajes, el filibustero William Walker, quien pretendía apoderarse de Centroamérica e imponer el esclavismo a mediados siglo XIX. Un hombre calculador e implacable, pero poseedor de una sensibilidad particular que le hace pensar y expresar las cosas con su dimensión poética. La cuestión es que estoy convencido de la complejidad de la psiquis humana, no hay malos absolutos ni buenos absolutos, por mucho que el cine hollywoodense nos sirva ese estereotipo sin descanso.  Más que las personalidades “coherentes”, me atraen las contradictorias.

DESNUDASTE TAMBIÉN, ENTRE LA NOCHE,

“Y, ciertamente, el enigma no era propio de que lo discurriera cualquier persona que se presentara, sino que requería arte adivinatoria que tú no mostraste tener, ni procedente de las aves ni conocida a partir de alguno de los dioses. Y yo, Edipo, el que nada sabía, llegué y la hice callar consiguiéndolo por mi habilidad, y no por haberlo aprendido de los pájaros. A mí es a quien tú intentas echar, creyendo que estarás más cerca del trono de Creonte”.(*)

“Él tampoco atinaba a explicarse por qué la Providencia había derramado tanta tribulación sobre un pueblo que no hacía otra cosa que defender su derecho a existir. ¿En qué consistía el pecado para tal castigo? Todo era absurdo” ¿Cuál es el absurdo del poder y de la religión? ¿El periodismo también es un poder absurdo?

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El mayor absurdo del poder es su carácter adictivo. Los políticos se quejan con amargura de toda la soledad y la frustración que les depara el ejercicio del poder, pero aun así lo persiguen con la ansiedad con que  el toxicómano persigue la droga. El periodismo es más bien un poder arbitrario y temible. Es un súper poder que acusa, investiga, juzga y condena antes de que cualquier poder del Estado haya movido un dedo. Es un poder ilegítimo porque no surge de la voluntad del pueblo, sino directamente de un juego subterráneo de intereses económicos y políticos. Es un poder tiránico pero enmascarado. Desde luego, creo que hay periodistas honestos y hay medios de comunicación que trabajan con ahínco por encontrar la verdad, no me cabe duda. Pero éstos son excepciones dentro del entramado de la prensa. No forman parte de lo que llamás “el poder del periodismo”. En cuanto a la religión, no opino. Le cedo la palabra a Bruno Bauer: “la religión es el opio de los pueblos”, frase que hiciera célebre don Carlos Marx.

LA NOCHE PEQUEÑITA DE TU SEXO.

Porque una sola podría proporcionarnos el conocimiento de muchas, si consiguiéramos un pequeño principio de esperanza.”(*)

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Para terminar, rescaté una larga cita, para preguntarte si querés  agregar algo más: “Pero me quedo quieto. Inmóvil. Sintiendo la seguridad de este nido de sus brazos donde no existe el viento, ni la lluvia, ni el mundo externo, ni siquiera el tiempo o el espacio. Sólo el golpe del reloj. Sólo un calor me licúa, que suave, placenteramente me desdobla. Poco a poco me convierto en una nube de átomos viajeros. Ya no pienso, solo transito por galerías vaporosas, casi inmateriales; túneles regados por una meliflua luz de origen incierto. Escucho el oleaje de un corazón y torrentes de sangre que discurren cerca, arrastrando vocablos sueltos e impenetrables como pequeñas piedras. Piedras. Palabritas redondas para llevar a casa. Mamá se enoja cuando lleno con ellas los bolsillos porque dice que se rompen y el abuelo que me deje vivir tranquilo, que no jorobe la existencia. Piedras. Piedras no, sino ranas, ranitas verdes de cuerpecitos fríos y jabonosos que se inflan y desinflan en el nido de mi mano y me miran con sus grandes ojos redondos asustados. Ojos. Ojos grandes, ojos inmóviles, ojos de pez. El agua. La poza prohibida donde me tiro desnudo y no toco fondo y hay canales de agua tibia dentro del agua fría. Ojos de pez, ojos de vidrio en el agua roja. Ojos flotando en esta sangre viscosa, ojos de pez que hablan y pronuncian mi nombre…”

¿Qué más podría agregar? ¡He dicho tanto! Gracias por la entrevista

Notas:

Las cursivas de las preguntas corresponden a citas de las novelas de Oscar Núñez Olivas, “El teatro circular” y “La guerra prometida”.

(*) Los epígrafes corresponden a citas de “Edipo Rey” de Sófocles.

Los subtítulos son los versos de “Desvestida”, del poeta Jorge Debravo.

 

       

 

 




EL BARREDOR DE TRISTEZAS

El lado B: sobre los discos y otros soportes de la música.

Por Lourdes Landeira

 

EL ROMANCE DE LA PÚA Y EL HIT

Joan Miró
Joan Miró

El momento de soltar la púa entre el pulgar y el índice de mi mano derecha era intenso. Tenía miedo de que cayera mal y se arruinara alguna canción. A veces me ayudaba con el dedo medio, para darle más cuerpo al movimiento. Ya antes había tenido que sacarlo de la caja-sobre con las manos en sus bordes, sin tocar  las caras. Debía evitar que se rayara, de lo contrario, los sonidos no serían los esperados. Algo parecido a un chirrido incomprensible reemplazaría a la música elegida. Previo a colocarlo en la bandeja, lo había soplado para sacudirle el polvo, para que ninguna partícula lo detuviera al girar. Para que no se repitiera hasta el cansancio en su propia grieta.

Tuve pocos simples, casi todos fueron long play. Los simples eran más trabajosos. Una canción y a darlo vuelta con las precauciones de siempre. Fue un alivio que aparecieran las púas automáticas, caían solas en la ranura justa para comenzar a andar. Siempre escuchaba primero el lado A. Ahí estaba el tema más reproducido, aunque no necesariamente el más producido. Ese que, por algún motivo, “pegaba”.

 

LAS PENAS BIFRONTES

El aparato reproductor casi siempre estaba en los livings de las casas. Sobre un mueble, cuando no venía con mueble incorporado. Así que se debía permanecer en ese ambiente. Sentarse a escuchar. ¿Y qué había del otro lado? Muchas veces, un misterio, pocos lo daban vuelta y el contenido podía mantenerse virgen hasta el abandono. Otras veces, ahí estaba el tema que le gustaba al artista, más allá del éxito y la aceptación masiva.

La cosa es que, con dos lados , uno estaba mejor categorizado que el otro. La A, siempre está antes de la B. Lo que llega antes, se presupone, es más valioso, más importante. No sé quién determinó que así fuera. ¿Era necesario jerarquizar a los lados? ¿No podrían, acaso, haberse llamado por su nombre? Así, cada oyente hubiera manipulado  su escucha de acuerdo a su gusto o, simplemente, al azar.

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Mujer con sombrero – Pablo Picasso

Recuerdo particularmente un long play. Una vez cumplida la ceremonia de puesta en marcha, la letra fluía entre instrumentos y yo decía la letra sobre ellos. Me encantaba esta parte: “sabes muy bien, que las penas vienen y van y desaparecen”. Lo creía. Mucho más tarde, supe que sí vienen y van, pero nunca desaparecen. Un lado de ellas se obstina silencioso en algún lado de nuestro transcurrir. Claro, era Abba y su Chiquitita. Dicen que fue el disco sencillo más vendido en la historia de América Latina. Del otro lado de la famosa canción estaba “Lovelight”, ¿la recuerdan? Como sea, el mío era long play -larga duración, entre nosotros- y hasta ahí llega mi memoria.

 

LA CINTA MUESTRA LA HILACHA

Muy pronto llegaron los casetes. De dos lados, también. La jerarquía se mantenía intacta. Aunque ahora, dos dedos resultaban suficientes para manipularlos. No había problemas con las rajaduras. En general. Adentro estaba la cinta con la grabación, pero, algo de ella quedaba expuesto, así los reproductores podían leerla. Y esa mínima parte debía ser cuidada. La miraba por una abertura en su parte inferior. ¿O era la superior? No lo sé, siempre me confundió el asunto.

Jackson Pollock
Jackson Pollock

El riesgo era el enredo. Casi siempre, mientras la cinta no se cortara, podía volverse a su lugar, a esconderse bajo los plásticos contenedores. Y la gran novedad: con los casetes y sus reproductores, llegaron también los grabadores y los casetes vírgenes -con el soporte, pero sin el sonido-. Una cinta negra, en blanco. Cualquiera podía apretar REC y dejar en ella registro de los sonidos del ambiente, con todo lo que implica. Lo registrado en la cinta ahí quedaba, completo, sin recortes ni añadiduras. Hasta que llegó el doble casetera. Entonces sí, la información se pasaba de modo directo, todo sucedía en el interior sin ser contaminado y se obtenía una réplica del original o de una copia o de una copia de copia.

Para darlo vuelta se usaba toda la mano. También, para nombrar cada una de sus caras, muchas veces con la misma lapicera usada para enrollar hacia adentro el enredo expuesto a la superficie.

 

ME GUSTA TU WALK MAN

Triángulo azul . Vasili Kandinski
Triángulo azul . Vasili Kandinski

Por supuesto, eso no fue todo. Los equipos se achicaron más y más, hasta la versión portátil. Antes, para escuchar música mientras se caminaba por la calle, se llevaba una radio pegada a la oreja, o un grabador en la mano. De esa manera, uno le prepoteaba su propia música al resto del mundo, a todo ser que anduviera en las cercanías. Luego, las versiones móviles permitieron que cada quien saliera al espacio público conectado a través de un cable a su propia música, sin perturbar ni ser perturbado por la de los otros. Seguro, alguna arista se perdió ante tanta intimidad. Quizás hubo quien se atemorizó ante esa secreta música que acompañaba al otro. Así habrá sido que se los comenzó a demonizar. Decían que si pasabas la cinta al revés, en lugar de una canción infantil -“arriba los bajitos”, gritaba Xuxa en español-, ibas a escuchar mensajes satánicos que dañarían a las inocentes mentes infantiles y también a las otras. La versión no prosperó y los soportes continuaron su camino.

 

UN LADO PARA EL VACÍO

Así fue cómo llegó el CD, compact disc, disco compacto, según la preferencia de quien lo pronuncia. ¿Los lados? Allí estaban, pero no eran iguales. Uno extremadamente liso y otro, con una leve diferencia de color. Otra vez se imponía el viejo cuidado de no rayar. La manipulación volvió a complicarse. Solo tocar los bordes e introducirlo en el equipo reproductor con su orificio en el centro del equipo diseñado a tal efecto y cerrar la tapa. Esto, lo diferenciaba de los viejos discos que, mientras sonaban, se exhibían en su giros. Los cd, en cambio, quedaban ocultos, daban vueltas y vueltas en su plateada oscuridad. De lapiceras ni hablar, usar una sobre ellos era dañarlos. Sin embargo, pronto aparecieron los marcadores indelebles, capaces de recorrer su superficie sin que nada en el interior se perturbara. Quedar allí, para siempre.

Vasili Kandinsdy
Vasili Kandinsdy

Hubo también utilización de etiquetas. Se las podía escribir con el instrumento que cada quien deseara y luego pegarlas en una de sus caras. No cualquiera, claro. Solo podía hacerse sobre la no escrita con acordes invisibles. Porque ahí, la gran novedad. No se debían dar vuelta. Del otro lado no había nada. Solo un espacio vacío, inescindible, pronto a ser invadido. De modo personal -si se trataba de un virgen- o de acuerdo a las reglas de marketing que estampaban sobre ellos la imagen “pegadora” -si se trataba de un original-. Ahora pienso en las semejanzas y diferencias entre virgen y original. Caigo en la cuenta: no conozco gente que guarde como reliquias los casetes. Sin embargo, aquellos primeros discos, esos que nunca se nos dieron en formato virgen, son atesorados en muchos hogares.

 

UN FANTASMA RECORRE MI OÍDO

Ir a la disquería, comprar “Rabo de nube”, de Silvio Rodríguez, llevarlo a casa y sentarse a disfrutar. Toda una ceremonia de aquellos tiempos.

Pablo Picasso
Pablo Picasso

Mientras yo me deleitaba, la tecnología siguió su marcha, los cambios comenzaron a sucederse cada vez más veloces. El camino hacia la desmaterialización fue y es inevitable. Ya no puedo identificar un tema representativo de mi ipad, de mi mp de distintos números, de la carpeta de algún pendrive. Lo aleatorio parece estar ganando la historia de un solo lado. Hay “sitios” alojados en ningún lugar. Allí, donde algo sin manos selecciona, combina, se mete dentro de mí para organizar mis preferencias. Me pregunto si: “un barredor de tristezas, un aguacero en venganza que cuando escampe parezca nuestra esperanza”, sonará igual si no viene después de “ vamos a andar, con todas las banderas, trenzadas de manera, que no haya soledad”. Y si no precede a “Y a mí me escarba la ansiedad, me escarba hondo, acá, en lo blando.”

Me respondo: no. El artista creó el álbum, entretejió los temas con un hilito de sentido que los aglutina y hace pertenecer a ese todo, mientras se aferran a su singularidad. A veces no alcanza, el hilo se queda corto y el artista saca el dos, tres.

 

UN VOLUMEN INCALCULABLE

Sigo pensando: álbum, volumen. ¿Por qué estas palabras aplican para los discos? Dicen que, cuando no había más que simples, la gente los guardaba en álbumes según algún criterio bibliotecario: por orden de aparición, por autor, por preferencia, por tema, por nada. La imagen de dar vuelta discos de una sola canción que se sucedían como hojas de papel, enfundados en folios transparentes, habría dado lugar a la nominación álbum. No sé por qué volumen -la medida del espacio en tres dimensiones que un cuerpo ocupa- se utilizó para designar a la tanda de discos agrupados bajo un concepto por el autor o la discográfica.

Luego de la digresión nominal, retomo la pregunta de partida. Y me respondo: no, “el barredor de tristezas” no sería el mismo al lado de las “penas de chiquitita” ni de los saltos de los bajitos. Sin embargo, no ser el mismo no lo haría carecer de sentido. Claro, ningún mezclador impalpable los obligaría a precederse ni a sucederse, no encontraría los puntos que los unen, no podría igualar a ese otro incorpóreo que produce mi piel, bien desde adentro.

Joan Miró
Joan Miró

 

Porque la música, está del otro lado.

 

 

 




ENTRE DIOSES Y PATRONES

El Desaliento: Sobre el movimiento “No a la Mina”.

Por Lourdes Landeira

POR EL JUEGO DE LAS DIFERENCIAS

Cualquiera que alguna vez haya hecho un crucigrama lo sabe: si hay dos casilleros y la definición es “dios del sol”, Ra es el nombre a completar. Ahora, si los casilleros son dos, pero la definición es “símbolo químico del oro”, entonces, hay que colocar AU. Ra y Au, sol y oro, además de la constante repetición en el famoso juego, comparten el brillo dorado. Sin embargo, más allá de las bondades de algún dios creador y de la calidez del sol que hace posible la vida en esta tierra, ambos comparten una larga historia de sacrificios e inmortalidades. Porque  también poseen la codiciada e inalcanzable condición a la que aspiran tantos mortales: reinar por toda la eternidad. Si hacen falta más coincidencias para emparentarlos, hablaré de la forma, otro de sus atributos: cambiar de forma cuantas veces quieran sin que eso afecte su existencia.

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Noble metal en las entrañas de la tierra, el otro.

Pero esto no ha sido (ni será) siempre así.

 

 

DICEN QUE DICEN      

El mito cuenta que Ra, cada día, amanecía escarabajo. Desde su pequeñez, arropaba a sus crías en sus heces y las pateaba hacia el mediodía, donde las crías ya estaban creciditas y él ya aparecía como una gran sol. La muerte comenzaba su camino hacia el atardecer. Anciano para entonces, el astro quedaba a expensas de Nut, la gran diosa de los cielos. Ella, después de un buen tacle, lo devoraba en su oscuridad hasta la mañana siguiente, cuando lo vomitaba en forma de escarabajo hacia el esplendor de la mañana. Sigue el mito: cuando Ra decidió asumir forma de hombre – primer faraón de Egipto – no tuvo en cuenta que eso implicaba envejecer, sin vuelta atrás. Y sucedió día tras día, hasta el punto en que, lejos de sus épocas de gloria, los egipcios comenzaron a burlarse de su aspecto senil. En venganza, el dios creó a su hija, la diosa Sekhmet, quien gozaba con la matanza y la sangre de los hombres. Por más que se escondiesen, ella no se desalentaba y los perseguía hasta eliminarlos. Antes del abandono final, se relamía con su sangre. Parece que la ofensa de Ra no era tanta como para permitir semejante exterminio y entonces se apiadó y decidió engañarla. Mezcló ámbar con cerveza y logró que, a la luz de la luna, se viera como sangre. La diosa, al ver correr esos ríos, se embelesó y bebió hasta la ebriedad. Al regresar a su padre sin haber matado a ninguno de los hombres que habían osado ofenderlo (su apetito satisfecho, sin una mínima aniquilación), él, ante la falta, le cambió el nombre. La convirtió en la diosa de la dulzura y Ra, ya viejo, se retiró al cielo, a pasear tras los caminos del sol.

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SOÑAR NO CUESTA NADA

Au, lo sabemos, es extraterrestre. Los alquimistas se afanaron en ensayar mezclas y transformaciones, pero muy pocos lograron trasmutar el azufre y el mercurio en oro. Ese sueño estuvo reservado a las estrellas. Ellas, entre fusiones, lograron el ansiado elemento. En sus núcleos se acunó el metal precioso que se escondió entre capas sólidas, tesoro de los suelos. Los metales preciosos del planeta, dicen extrañas versiones, provienen de un bombardeo de meteoritos, allá lejos, unos 200 millones de años después de la formación de la tierra. El oro, desde todos los tiempos, por su vía directa con nuestro ya conocido Ra, fue símbolo de poder, poderes y embrujos. El oro, por maleable y resistente, es un bien eterno, utilizado y buscado por múltiples civilizaciones. Digno hijo de su padre, resulta escaso y difícil de adquirir (¿quién tiene muchos dioses en su casa?). También, digno hermano de Sekhmet, ha causado innumerables muertes entre pueblos que disputaban su tenencia y saqueadores de territorios. Así, el oro llegó, si no a dios, a patrón. Garante del sistema financiero internacional, hasta que las necesidades bélicas – sí, otra vez la guerra – hicieron que un frágil y efímero papel impreso tomara su lugar. Globalización mediante, el valor se desprendió de la materialidad y se hizo etéreo. Ni el billete fue necesario, la tecnología (no la alquimia soñadora) habilitó el viaje metafísico del dinero. Apenas un dedo posado sobre un enter empezó a ser suficiente. Sin embargo, el poderío de Au continuó y, aunque no sea moneda de uso corriente (de todos modos, sería más cómodo viajar con un par de monedas de oro que con un fajo de incendiables billetes), aún es un bien preciado. Además de los bancos y las bancas, cuando alguna duda tienen sobre su fe billetera, muchos particulares resguardan sus ahorros en lingotes y hacen aumentar su precio. Claro, ya estamos en el reino de la oferta y la demanda. Y, si hay demanda, hay que ir a buscar lo que se pide, adonde sea y como sea. Y he aquí la diferencia. En este caso, no hubo un buen padre para saciar la sed de sus hijos y mandar al patrón de paseo. Al contrario, la voracidad sigue creciendo, contra ríos, pueblos y montañas.

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Como ya nos es bien sabido, toda historia tiene la cara oculta de quien no la cuenta. Sin embargo, en alguno o varios de los ciclos lunares, se alienta, emerge, habla y resiste.

POR EL ABROJAL

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Esquel es una ciudad cuadriculada, dicen algunos de sus habitantes. Un dibujo en un valle bordeado de montañas y lagunas. Allá, al sur del país, donde hace tanto frío. Sin embargo, los lagos son amables. En verano se templan para que los visitantes puedan acampar a sus pies y sumergirse en su profundidad. Lo de las calles prolijamente trazadas se completa con la particularidad de que el lugar no tiene acta fundacional. Su aniversario se celebra cada 25 de febrero, en conmemoración a ese día de 1906, cuando un tal Morelli llegó allí con telégrafo. Claro, no fue casualidad, no cayeron – hombre y aparato – del cielo. Se trató de un plan para ocupar la zona y proteger la frontera con el cercano Chile. El relato del prolijo delineado de sus calles y del arribo de la comunicación sugiere que el lugar estaba vacío. Pero no son tan así las cosas. En principio, la cuadrícula abarca solo a la parte central de la ciudad, aunque nada dice de los muchos pobladores de la periferia quienes, desde la base de los cerros, edifican sus caminos sinuosos hacia la cima. Además, en aquel 1906, la zona no era desértica. Por el contrario, según publicaciones del historiador local, Jorge Oriola “el poblamiento se remonta a 1889, cuando el denominado ‘Ensanche de la Colonia 16 de Octubre, comenzó a ser ocupado por vecinos de origen galés y de otras nacionalidades y criollos venidos ‘del Norte. Esta población inicial era rural y dispersa, dedicada a la ganadería y el comercio de animales con Chile; era una población joven, preferentemente argentina y chilena, con muy pocos vecinos galeses. En 1903 se creó la primera escuela primaria, la Nº 20, y allí mismo comenzó a funcionar un año después la Capilla Seion, de la colectividad galesa.”

De los galeses, se habla mucho en Esquel. Y también de sus tortas. De las de casamiento, en particular. Dicen que el piso más alto del pastel de bodas no se corta en la fiesta, se envuelve y se guarda en una lata. La pareja, cada día de su cumplemés y durante un año, come un trozo. Con ese gesto, el de la torta al mantenerse comible y el de los estómagos de tolerarla, simbolizan la posibilidad de superar las dificultades. Algunos no galeses intentan imitar, sino la torta – de secretísima receta – la perdurabilidad y la pelea contra los escollos.

De los pobladores que viven fuera del perímetro planificado, quizás no se habla tanto. O se habla distinto. La ciudad y la historia, tienen dos caras. Una y otra cuentan de cómo los cerros se poblaron por los expulsados de tierras usurpadas. De cómo se quemaron ranchos para apropiarse del lugar donde las comunidades ancestralmente asentadas producían en sus campos lo necesario para vivir. Sin embargo, esos silenciados nunca dejaron de hablar. Son las comunidades originarias, confinadas a tierras consideradas improductivas. Hasta que se “descubrieron sus riquezas” y, con el descubrimiento, llegaron las invasiones.

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Un tren de trocha angosta que, en su momento, sirvió para el traslado de mercancías y personas y hoy pasea turistas entre la ciudad y la base de un asentamiento mapuche, donde se pueden comprar artesanías.

 

 

¿Alguna otra particularidad destacable?

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Quizás la que confirma su línea directa con el cielo. En 1951, un campesino excavaba un pozo para proveerse de agua. Además de lograr su cometido, encontró un meteorito. Tan bello, hoy es reconocido en el mundo. Si se lo corta y se lo pule, devela cristales amarillentos, casi me atrevería a decir, perlas de oro. Desafortunadamente, no hubo un Ra poderoso para conservar ese Au en el lugar. En 1922, viajó a Estados Unidos y ahí se quedó.

 

 

¿Algún movimiento social importante?

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Oriola, en el mismo artículo escrito para la prensa local, lo cuenta. “En 1967, el ejército impulsó a fuerza de bayonetas un desalojo de pobladores pobres en el faldeo del camino a la Laguna La Zeta, pero una decidida acción de los vecinos, al salir a la calle, lo impidió.  Fue una verdadera pueblada ya que, de una población de 12 a 14.000 habitantes, cerca de un millar se movilizó para impedir la injusticia.”

 

 

¿Algo más es Esquel?

Sí, es el primer pueblo que resistió y logró detener a una multinacional minera por la vía de la participación ciudadana. El movimiento “No a la mina” nació en Esquel y se extendió luego a las luchas en todo el país contra el saqueo de la voracidad minera. Para saber más, escuchemos a sus protagonistas.

VECINOS UNIDOS, JAMÁS SERÁN VENCIDOS

Para comenzar, ¿qué es No a la mina?

MARTA SAHORES: El “No a la mina” surgió como respuesta de una comunidad al proyecto de instalación de una megaempresa minera canadiense… la Meridian Gold para extraer oro y plata. Fui parte de su organización. Cuando nos enteramos de que iban a usar cianuro y que mentían alevosamente sobre su “inocuidad”, otra docente y yo, de la Universidad Nacional de la Patagonia, ambas profes de Química, nos pusimos a estudiar (ya que no era nuestra especialidad) y empezamos a difundir el conocimiento científico sobre la toxicidad del cianuro. Más adelante, conocimos también los metales pesados y el drenaje ácido generados por la actividad… el uso de enormes cantidades de agua y energía. La empresa minera iba con sus mentiras a las escuelas. Nosotras, con la modalidad de Extensión Universitaria, dábamos conferencias atrás de ellos. Así, también otros vecinos estudiaron y difundieron otras cuestiones como las legales y las económicas. Todo esto hizo que mucha gente tomara conciencia de la peligrosidad de la instalación de la empresa y, en menos de 4 meses, se conformó la Asamblea de Vecinos Autoconvocados por el “No a la Mina”. El 4 de diciembre de 2002 tuvimos una marcha multitudinaria de 3000 personas (10% de la población en ese momento).

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¿Cuáles fueron los principales logros?

GUSTAVO MACAYO: Yo tuve activa participación en el Amparo Ambiental que se presentó el 16-12-2002 y que paralizó el emprendimiento en forma definitiva el 10-06-2003 a través de la sentencia definitiva del Juez Civil Dr. Claudio Petris. La causa fue apelada tres veces: la primera, ante la Cámara de Apelaciones de Esquel. La segunda ante el Superior Tribunal de Chubut. Y la tercera ante la Corte Suprema de la Nación. Todos los tribunales confirmaron el fallo original, que así quedó firme el 17 de abril de 2007. Te imaginarás que fue un precedente jurisprudencial muy importante en lo que hace a las causas ambientales en general y a la lucha contra la Megaminería en particular. Lo mismo cabe decir del Plebiscito del 23-03-2003, donde el 82% de la gente votó contra el proyecto de Meridian Gold.

¿A qué dijeron y aún siguen diciendo “No”?

MARTA SAHORES: A la minería a cielo abierto, porque saquea, seca, contamina y destruye el tejido social. A los argumentos mentirosos de los mineros que, en orden de insistencia de su parte, son: que genera trabajo, que el pueblo se enriquece porque “llega el desarrollo”, que se generan muchos empleos indirectos, que la minería puede ser “limpia”, que no contamina el ambiente y se puede hacer sin riesgos, que ninguna minera puede instalarse sin el consentimiento previo de las comunidades afectadas. Se llama o la llaman “licencia social para operar” y otras mentiras por el estilo. Solo por indicar algunas realidades: no hay en el mundo pueblo minero que sea desarrollado. Al contrario, son más pobres que antes. Vean Catamarca, San Juan y Santa Cruz, con los mayores índices de indigencia y pobreza. Los desastres ambientales provocados por las mineras, como el de Jáchal en San Juan hace un año – que se repitió el ocho de setiembre de 2016 – y el de Minas Gerais, en Brasil, que también hace un año contaminó hasta el mar. En Catamarca, hay pueblos fantasmas que antes eran agrícola-ganaderos. En San Juan el gobernador gioja (a propósito sin mayúscula) no permitió el plebiscito en tres oportunidades e impuso la minería. Si eso es “Licencia Social” yo soy astronauta.

UNIDOS EN ASAMBLEA GENERAL MUY CONSTITUYENTE

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¿Quiénes integran y sostienen la resistencia?

GUSTAVO MACAYO: Desde ya fue muy importante la participación del movimiento indígena Mapuche-Tehuelche, desde los inicios mismos de la lucha. Y, sobre todo, en los 3 o 4 años iniciales, los más difíciles. En lo que hace a la participación de las mujeres, creo que ha sido siempre fundamental y son las que hoy más sostienen la lucha y las que más participan.

MARTA SAHORES: En la asamblea somos todos iguales. No hay líderes. Es un movimiento horizontal, aunque hay quienes estamos más y quienes menos. Armamos asambleas donde se discuten ideas y acciones a seguir. Hemos tenido adhesiones de todo tipo de instituciones, como las Iglesias evangélica y católica, los médicos, los docentes, los empleados, varias ONG. Pero la organización  del “NO a la Mina”, ¡es la propia Asamblea! La “Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Esquel por el No a la Mina”. No aceptamos ni partidos políticos, ni gremios, ni ONG que quieran dirigirlo. La asamblea es autónoma, tomamos las decisiones entre todos. Esto nos asegura la imparcialidad. Obviamente, hay gente de todos los partidos políticos, pero en la Asamblea son solo vecinos.

¿De qué modo están relacionados a la asamblea y cómo ha influido en sus vidas personales?

CHUNI SOUZA: Participé desde el primer año y lo sigo haciendo hasta el momento (quizás, con un poco menos de fuerza), desde las marchas de 30 o 40 personas. Eso nos llevó a decir que éramos el piloto del calorama y que, cuando hiciera falta, íbamos a encendernos y calentar el ambiente. Y así fue: cada vez que hubo avances mineros, el pueblo salió a la calle. En mi vida, se hizo normal participar en las actividades del movimiento y lo incorporé como una rutina habitual.

GUSTAVO MACAYO: Actualmente estoy participando poco, porque ya no tengo tiempo libre. Hay otros vecinos que sí tienen tiempo, algunos son históricos, otros nuevos, que sostienen el trabajo actual. Yo participo en diferentes ámbitos de la vida civil (soy abogado, docente universitario y trabajo en una librería casi a tiempo completo). Por lo tanto, mi militancia actual excede el ámbito asambleario. En cuanto a mi vida personal, la participación asamblearia me ha ayudado mucho a entender el funcionamiento de la sociedad, la importancia de la solidaridad y el compromiso. A comprender que el cambio social viene fundamentalmente de la mano con la participación popular, desde espacios no institucionales. Siempre el trabajo colectivo que se hace desinteresadamente y por causas nobles y humanitarias rinde sus frutos. Aunque uno no llegue a verlos, siempre los beneficios son para las generaciones que vienen más adelante. También creo que la práctica asamblearia genera una maduración de la sociedad, estimula el control y la transparencia de las instituciones y crea lazos más firmes entre los vecinos.

ALIENTO, PUERTA A PUERTA

¿Qué los alienta y qué los desalienta?

CHUNI SOUZA: Me alienta el éxito de estos 14 años, aun cuando continúa el embate de las empresas mineras con apoyo del gobierno nacional  y su política de instaurar estos nefastos proyectos extractivos en nuestra provincia, con la connivencia del gobierno provincial.  Casi nada me desalienta, hay veces que por cuestiones personales, laborales o familiares uno afloja un poco el ritmo, pero después se retoma.

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¿Alguna anécdota particular sobre las vivencias en el movimiento?

CHUNI SOUZA: 14 años son muchosHubo momentos especiales, intensos, lloramos y reímos de alegría y de bronca. Fue importante sentir que la democracia representativa no nos representaba en absoluto y decidir ejercer la democracia participativa con todas nuestras fuerzas.

¿Les gustaría contar algo más?

MARTA SAHORES: Quiero reforzar lo de mucha difusión a todos los ciudadanos. Se imprimieron muchas cartillas con el título “Vecinos Informan a Vecinos”, con datos de interés y novedades. Se entregaban puerta a puerta o en las marchas y calles principales.

CHUNI SOUZA: Siempre tuvimos en claro que no debíamos mirar a quien enfrentábamos (empresas multinacionales, gobiernos de todos los colores, comerciantes, etc.) sino mirar al vecino que no conocía la realidad megaminera y a quien debíamos llevar el mensaje. De ahí surgió nuestro objetivo: información y difusión como meta y lema. Creo que el movimiento del “No a la Mina” demostró la fuerza de un pueblo unido tras un objetivo común: defender el agua, la tierra y el futuro de lo que se sintió como una amenaza real. Se corporizó un espíritu de lucha que muchos desconocían tener y que nos llevó al crecimiento como individuos y como comunidad.

Esquel significa abrojo o abrojal. Es una voz tsonek, de los pueblos patagónicos. Es un arbusto espinoso, que se prende y no decae.

En Esquel hay una montaña con oro en sus entrañas.

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La minería a cielo abierto, con la tecnología aplicada al abaratamiento de sus costos, tiene la capacidad de remover montañas enteras en muy poco tiempo. ¿Cuánto imaginan? Se los digo: en pocas horas. Es posible obtener, mediante la lixiviación con cianuro, un gramo de oro de una tonelada del material montañoso removido. Y ganar mucho dinero. ¿Les parece mucho? Todavía no les dije que, para eso, se deben usar millones y millones de litros de agua por día. Por supuesto, como actividad industrial, es insostenible: su explotación implica el agotamiento del recurso. Agrede al medio ambiente, a la sociedad y a la cultura de cada lugar que usurpa. Las empresas llevan a Au a sus matrices y lejanas casas. En donde había una montaña, quedan la contaminación, los pueblos desplazados, la depredación de flora y fauna, el vacío y los nuevos viejos desempleados, mientras Ra se esconde de reiteradas vergüenzas.

Esquel clavó su espina a las mineras. Los conquistadores insisten, los pueblos resisten.

POR DONDE SALGA EL TIRO

Dos hechos recientes encendieron todas las alertas hacia San Juan.

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  • A mediados de setiembre, en la mina Veladero, se produjo el derrame de más de un millón de litros de agua cianurada. Un año antes, en la misma explotación minera (en manos de la canadiense Barrick Gold), el derrame había sido de millones de litros. Por supuesto, no hubo trozo de torta para comer en semejante aniversario. Sí hubo y sigue habiendo justificaciones para explicar que ninguno de los eventos produjo contaminación. Algunos hablan de “accidente”. Pero no, un accidente supone un imprevisto y los derrames son uno de los riesgos implícitos en la actividad. Es innecesario responder a quienes intentan excusar los daños. Cualquier niño puede ver lo evidente.

 

  • Del 30 de setiembre al 10 de octubre de este año, se llevó a cabo la Feria del Libro provincial, bajo el lema: “San Juan, un pueblo con alma y cultura”. Para contribuir a la “cultura”, el ministerio de minería financió 50.000 ejemplares de libros infantiles. En la feria, además de repartirse, fueron leídos por lectores con cascos de mineros. La autora de los textos es la esposa del titular de la cámara minera de la provincia. Los niños escuchaban. Les cuento los títulos: Piedra y Montaña, La gota Carlota, La brujita basurita. Pónganse el casco anti ira y vean de qué se trata.

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Pensaba: no hay palabras para agregar. Aunque, en verdad, sí hay. Recuerdo una anécdota que leí en una entrevista de un diario a Marta Sahores:

“En un pueblo de 30.000 habitantes, había 9.000 en la calle, sin organización, unos hacia un lado, otros hacia otro”.

Era el día del plebiscito”; el “No al mina” había triunfado con el 81% de los votos. Durante el festejo, ella vio a un grupo de niños con flamantes camisetas de fútbol.

–Chicos, ¿qué pasa?, ¿no estuvieron jugando al fútbol, que están todos limpitos?

–No, estas nos las regalaron los mineros y las guardamos para festejar el triunfo del “no a la mina”.

POR LA COMARCA

“Los pueblos indígenas son pioneros. Contaban con un dios mucho antes de que la Iglesia católica pisara lo que hoy es Argentina. Tenían formas de gobierno antes de que se instaurara el Virreinato del Río de la Plata. Y se regían por leyes propias mucho antes de que el país tuviera su primera Constitución Nacional.

Padecieron campos de concentración antes que el pueblo judío.

Conocieron torturas y secuestros de bebés antes de la dictadura argentina de 1976.

Y defienden el territorio y los bienes naturales desde mucho antes que se comenzara a hablar de ecología.”

Darío Aranda en “Argentina Originaria. Genocidios, saqueos y resistencia”.

conquista del desierto

El presidente Mauricio Macri, en mayo de 2016, informó que empresarios mineros habían prometido una inversión millonaria para llevar adelante un proyecto en la provincia de Chubut. Apuestas millonarias, dijo. Y siguió: su apoyo a la actividad minera era el modo de cumplir con su promesa de campaña: generar trabajo para las economías regionales. ¿Le habrá faltado asesoramiento? ¿O lo tendrá en exceso?

Mientras tanto, la lucha continúa; hasta donde dé.

REFLEJOS RÁPIDOS

Rodrigo Stessens es de Lago Puelo. Silvina Gramajo – su compañera – es porteña y vive en la comarca andina (la zona de El Bolsón y Lago Puelo) hace un par de años. De visita en Buenos Aires, disponen una tarde a contar su lugar.

¿Qué saben de la asamblea de Esquel y el No a la mina?

RODRIGO: La gente de Esquel advirtió una serie de movimientos en un cerro. Detectaron muchos áridos y maquinaria pesada, se decía que extraían madera. Algunos se alarmaron y empezaron a investigar. Finalmente, se supo: esas maquinarias pertenecían a una empresa minera canadiense. Se estaba instalando en Esquel, porque la venían corriendo desde Guatemala. En Guatemala se los expulsó, con resistencias y consecuencias muy violentas. Pero los cerros, en algunos casos, ya habían sido extinguidos. Lo que pasó en Esquel es que se detectó y se actuó muy rápido. Y eso que cuando ellos comenzaron a investigar ya había pasado una década de trabajo de las empresas mineras en cateos.

¿Cómo se relacionaron con eso desde Lago Puelo?

R: La asamblea rápidamente se ramificó, gente de Lago Puelo, de El Hoyo, de El Maitén, del mismo Trelew se unieron a la asamblea. Y, cuando empezó a tener más repercusión, fomentó la creación de asambleas en otras ciudades. Las últimas marchas eran gigantes. Porque venían compañeros de la costa, entraban caravanas a Esquel. Creo que el mejor laburo que hicieron fue crear pequeñas redes. Las primeras veces que frenaron los camiones, cuando la policía empezó a reprimir, la cosa era viralizar la noticia. Y las radios compañeras, comunitarias, de Neuquén, empezaban a hablar, a abrir micrófono. En la costa pasaba lo mismo. Radio La Tribu, acá, abría también conexión. Eso le dio seguridad al grupo, más que nada. Somos muchos, vamos.

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¿Y qué pasó con la prensa no alternativa?

R: De la asamblea, no hablaban. En la ciudad, también había quienes lo veían como una fuente de trabajo. Inclusive hay muchos que todavía piensan eso. Y los medios grandes de información, las radios de Trelew o las radios de Rawson, como algunas radios bien comerciales de Esquel fomentan ese pensamiento del progreso. La palabra progreso, allá, es una palabra que levanta discusiones en cualquier mesa. Unos lo entienden como el nivel de vida que suponen te da el sistema capitalista y otros lo ven como la destrucción del territorio. Entonces se discute por las “zonas de sacrificio”.

Zonas de sacrificio. A ver, contame qué son

R: Son aquellos territorios que van a ser sacrificados para el mantenimiento del sistema de vida capitalista. Cuando andás acá (en Buenos Aires) en un barrio o en el microcentro, mirás y decís: para que esto funcione, tiene que haber zonas sacrificables. Y, dentro de esos territorios, hay gente que nació y vivió ahí. Y que, de repente, se ve amenazada. Son expulsados. Terminan en los barrios periféricos de las ciudades, de Bariloche, de Esquel, de Comodoro. Barren las calles, las señoras trabajan de sirvientas. En ese sentido, lo más perjudicial son los grandes latifundios, las viejas familias que en todos estos años vaciaron el desierto patagónico. Y esos mismos, ahora y para enriquecerse más, tienen en mente a la minería.

¿En la comarca tienen también una asamblea? ¿Cómo funciona?

cartel abandonadasR: En las asambleas, algunos meses somos muchos y otros no tanto. Siempre hay referentes, los incansables. Son grandes asambleas que se hacen en el gimnasio municipal (cuando el intendente lo autoriza). Si no, la juntada es en la plaza, los domingos a la tarde. Específicamente, en Lago Puelo tenemos la Asamblea Permanente en Defensa del Agua y la Tierra. Por ahora, la actividad minera parece estar dormida. Pero se sabe que hay cantidad de cateos mineros.

DE NATIVIDADES Y ABUELOS

Y el Proyecto Navidad, ¿qué es?

R: Eso es en la meseta, un poco más alejado de donde estamos nosotros. Un grupo de empresas se juntó para agarrar toda unahombres piedra zona y hacerla sacrificable. Se lo logró frenar bastante. Es una zona mucho más desértica que Esquel, pero con muchos afluentes de agua y territorios de donde se desalojó gente para crear un territorio de nadie y destruirla. Te peguen o te lleven en algodones, el desalojo es violento. Te están sacando de tu tierra. Había muchos abuelos, algunos murieron. Se intentó, pero no se pudo frenar del todo. Y ahí los que más activan son las comunidades mapuches.

¿Las comunidades participan en la asamblea?

R: En la asamblea de Esquel sí, siempre hubo consulta y participación. En las últimas marchas, la bandera mapuche al frente y, después, toda la asamblea. Son dos luchas similares. Hubieron dos recuperaciones muy emblemáticas en esos años, exitosas, en parte, porque la asamblea apoyó. La cosa trascendió  hacia la defensa del territorio. Al escuchar a las comunidades, se empezó a entender la cosmovisión de los pueblos, ya no ver un río como una corriente de agua, si no ver el río como una fuerza, como un espíritu. Uno ve un cerro y bueno, es un cerro. Yo me acuerdo de las juntadas en el gimnasio de Esquel: eran multitudinarias y las primeras palabras eran de los abuelos. Terminaba de hablar el abuelo y nos quedábamos en silencio, eso estaba bueno. Se trata de comprender a estas cosas como seres vivientes, como fuerzas. Empezás a cambiar la perspectiva.

Y eso fue penetrando en el espíritu de la asamblea.

R: Tal cual. Y ya lo sentías cuando ibas a marchar: no voy a parar una empresa, voy a defender al río, yo tengo la responsabilidad; los abuelos nos decían eso. Lo sentías mucho más interno, se te erizaba la piel. Eso estuvo bueno, porque después empezó la participación de muchos jóvenes. Al haber muchas maestras en la asamblea, algunas se rebelaban y decían: yo llevo a mi curso. Lo hacían, el director re caliente, pero los nenes lo sentían como algo muy fuerte.

CINCHAR ENTRE DOS MIRADAS

La resistencia a la minería parece haber permeado las fronteras entre las culturas.

SILVINA: Hoy la división se ve más, sin exagerar, el 90% de la gente de la comarca es pobre o indigente. Porque casi todo el mundo tiene un trabajito y se la rebusca. Hay un montón de gente que está realmente en la indigencia y, en un pequeño sector, tenés a los ricos del pueblo y luego a los megaterratenientes. Y ese sector de los ricos es el que siempre maneja los hilos de la cuestión y es a los que hay que hacerles resistencia. Generalmente estas empresas laburan así: Necesitamos este cerro, hay cinco o seis familias, es gente campesina, humilde. Y les ofrecen: “¿querés irte a la ciudad? Allá vas a tener muchas mejores cosas, ya tenemos una casa para vos”. Los convencen y los sacan del campo y, cuando esa familia se da cuenta, ya está en un barrio periférico, con una casa recién hecha a la que se le vienen las paredes abajo, que no tiene agua. Pero entonces, el campo ya está alambrado. Y capaz que le dieron un autito, pero al mes se le funde, porque le dieron cualquier cosa. Así, con muy poca plata esa empresa logra vaciar el cerro y tenerlo a su merced. Después la legislación la manejan como quieren. Un vuelto al gobernador y ya.

La experiencia de la asamblea y la incorporación de una cosmovisión diferente, ¿cambió la vida cotidiana, el modo de relacionarse?

R: Sí, por lo menos en la comarca donde vivimos nosotros sí. Nosotros vivimos más otro conflicto: el freno a un terrateniente que tenemos ahí de vecinito, que es Lewis. Él se compró un lago y ahora maneja un gran porcentaje de la energía a nivel país. El tipo quiere destruir un par de ríos, hacer una hidroeléctrica. Es más, ya la hizo. Y vender energía al Estado. A este personaje también se lo está combatiendo ahora, con forma de asamblea. Es como decíamos, el progreso. La típica discusión allá de cómo ve cada uno el progreso.

¿Cuáles son esas miradas?

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R: Una parte ve el progreso en tener más calles asfaltadas. Que para ir al cerro Perito Moreno tengas todo asfalto ,que haya edificios, todos los servicios en todos lados, con las rutas iluminadas. Que, al llegar al cerro, tengas un shopping gigante con una escalera elevadora y ascensores. Y los otros ven el progreso como la manutención de la calidad de vida que se lleva bien con el lugar: tener mejor acceso al agua, mejor distribución de semillas para el cultivo, el fomento a las cooperativas que trabajen en lo agrario y rural.

¿Hay muchas cooperativas agrarias?

R: No, hay pocas, y las que están la tienen que remar en dulce de leche porque no tienen apoyo. Contra los que consideran que esa tierra se está perdiendo, que la comida la tenés que ir a buscar al supermercado porque si no es una pérdida de tiempo. Que donde ellos quieren sembrar, estaría bueno poner un barrio.

SERVICIOS DE DESINTELIGENCIA

¿Hubo manifestaciones públicas en contra del “No a la mina”?

R: Mucho laburo en los grandes medios de difusión. Ataques y amenazas a la gente de la asamblea hay continuamente. El diario Jornada, uno de los de mayor tirada en Chubut, le pega todo el tiempo, también las radios más comerciales.

S: Y también cuando fue el juicio de Facundo, el lonco mapuche que estuvo preso, ahí el grupo de abogados defensores hizo una presentación y la denuncia por los manejos de los detectives de la policía que, de manera ilegal, habían investigado no solo a chicos de la comunidad sino también a gente de la asamblea. En realidad era un juicio por una extradición -sin mucho sentido- de una causa en Chile, donde ya se había sobreseído a los otros dos imputados. Era un pedido que venía políticamente, y por eso también el juez la tuvo que desestimar porque no había manera de sostener la extradición.

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R: Además, hubo una recuperación importante en territorio de Benetton, en Cusamen, que es un paraje bastante grande. A partir de ahí, empezó a haber persecución policial a la gente que la estaba haciendo, entre ellos un muchacho que ya había estado en varias. En un momento, a dos fiscales de Esquel les llega un disco rígido con un montón de información. No sé por qué, eso se filtra y se hace visible. De repente, lo publica un medio y explota. Así se descubre que un policía de allá, que trabajaba para lo que era la SIDE antes, estaba haciendo seguimiento y espionaje a un montón de personas. Periodistas, abogados, maestros.

DE RECUPERACIONES Y CONQUISTAS

¿Cómo es un proceso de recuperación?

R: Se organizan una serie de comunidades, de familias. Es lo que normalmente se llamaría una toma. Se elige un lugar, se meten a la fuerza, se instalan ahí y resisten al desalojo. En este caso, se trata de una recuperación porque es un territorio ancestral, de los abuelos que habían sido expulsados en la llamada conquista del desierto. Cuando se produce esa “conquista”, un grupo de ingleses se adueñan de todo ese territorio, más de un millón y medio de hectáreas. El gobierno de Roca se lo dio a una serie de familias inglesas. Después, en los 90, Luciano Benetton compró todas esas hectáreas.recuperaciones

S: Originalmente, el gobierno de Roca había cedido 900.000 hectáreas y con el correr de los años, en cada renovación de alambre, se corrían un pedacito más. Ahora están en un millón y tanto. Abarcan tres provincias.

Vos tenés 31 años. Cuando empezó la asamblea, ¿qué edad tenías?

R: Yo estaba saliendo de la secundaria, tenía 18, 19 años. Crecí con esto, con el centro de estudiantes íbamos a las primeras marchas.

Y  vos, Silvina,  que hace poco que estás allá, ¿cómo vivís el proceso?

S: Para mí, primero fue pararme a observar. Vi documentales donde te mostraban una foto: donde había una montaña de golpe hay un agujero. Y donde pasaba un río y estaba todo verde, de golpe, queda un hilo de agua y no hay peces. Empecé también a entender esa cosmovisión, de no ver un cacho de tierra. Yo creo que se toma conciencia cuando se empiezan a conocer los lugares. No es lo mismo que vos se lo cuentes a alguien y le muestres una foto de cómo vivís.  Quien nunca experimentó vivir en un lugar rural, no sé si puede dimensionar lo que se pierde. También, cuando fuimos a la jornada en Esquel, conocí a una mujer de una recuperación. Y la oí contar sus recuerdos: cómo, cuando ella era chica, entraban los milicos y le volteaban la casa y los cagaban a palos.

 ¿Cómo fue pasar de la ciudad a una chacra?

S: Vivir en el campo tiene un montón de complejidades. Pero te lo bancás porque vivís en el paraíso. Respirás aire puro, podés comer verduras y frutas que tienen gusto, podés parar la cabeza en un momento. Hay cosas que está bueno tener, sí; el gas, por ejemplo, es un bajón vivir a leña. Pero no está bueno tener gas a costa de que otro se quede sin terreno. La minería depatron orostruye, te deja sin montaña, sin agua, sin tierra para cultivar, porque te van a contaminar todo. Lo que pasó en Veladero, en San Juan; todavía no saben hasta dónde se ramifican las subterráneas. Saben que en dos años está en el Paraná, pero no saben después hasta dónde puede llegar. Y no es que el río se lava, el  cianuro es algo que ya está. Y la gente se empezó a morir ahora, los animales ya se les murieron. Sigue siendo como en la época de Colón, barquito y a Europa. Vienen, saquean y se lo llevan.  Y cada vez es más voraz porque cada vez la maquinaria es más grande de sostener. 

 

El tema de nuestro número es el desaliento. ¿Qué los alienta y qué los desalienta?

S: A mí me alienta ver gente que toma conciencia. Y me desalienta saber que somos un montón de granos de arena contra un gigantón. No somos nada. Pero juntos se van ganando pequeñísimas batallas. Creo que lo que estamos haciendo ahora pueden ser los primeros pasos de una revolución que va a cambiar el mundo en serio. Aunque a un larguísimo plazo, porque en nuestras manos e56e9a89103e34_palletes-d-orstá educar a las generaciones que vienen para que no les pisen la cabeza. El tema es que detone antes. Que la gente tome conciencia de que un celular no te cambia la vida.

R: Lo que me desalienta es la eterna pelea con quien está del otro lado. Con el sistema político, básicamente. Para mí, el aliento es lo más importante, es querer el lugar donde estás, amar la tierra que pisás. También confiar en el otro, en la espalda del otro.




DE SATÉLITES Y PLANETAS

El hastío: Sobre la monogamia.

Por Lourdes Landeira

 “El hastío es un vértigo, pero un vértigo tranquilo, monótono; es la revelación de la insignificancia universal. La paradoja de mi naturaleza es la de que siento pasión por la existencia, pero al mismo tiempo todos mis pensamientos son hostiles a la vida. He sufrido fundamentalmente de tedio. La palabra francesa que designa eso es absolutamente intraducible: cafard (desánimo). Tengo cafard. Nada puede hacerse contra eso. Tiene que pasar por sí solo.”

 Emile Cioran

 

NUBES EN COMBUSTIÓN

Como todas esas cosas en que nos adentramos sin percibirlo, la monogamia –al menos en estos tiempos y en el mundo occidental– parece ser el modo natural, único, de relación amorosa entre las personas. La familia nuclear conviviente y reproductora de vida. Uf, qué mal suena reproductora de vida. Tendré que volver sobre eso más adelante. Por ahora me quedo con lo amoroso y me pregunto cuánto hay de antinatural en que dos personas decidan ligar sus vidas en lo afectivo, sexual, económico, social y la mar en coche hasta que la muerte los separe. O quizá esto sea cierto y solo la muerte sea capaz de separarlas. No la de “que en paz descanse” sino esa otra, la de “que en el tedio sobreviva”.

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Natural –antinatural: seres humanos inmersos en una cultura, sea cual sea–, ¿puede haber un “anti” de lo inexistente? Si hasta la lluvia, la ácida o cualquiera de sus variantes, está mediada por la intervención del hombre (parece que en esto las mujeres no tenemos responsabilidad), cualquier viento que nos alcance viene empujado por las artes del cielo y de la tierra. ¿Cómo pensar el amor? Sí, hablo de pensar el amor, porque lo sentimos (más allá de la elección género-sexo que hagamos) de acuerdo a las pautas espacio-temporales que nos tocan en suerte o en desgracia, según con qué ojo acatemos o nos rebelemos. Cuánto de combustión de carbón y cuánto de nube de algodón (rimado o no) hay en esos ojos y en ese sentimiento, por ahora, no se puede medir. Por eso, ante lo inexplicable, recurrimos a la magia. Y sí, hay algo más allá y más acá de la atracción entre las personas. Ahí está la gracia. Ahí está eso por lo cual escribimos. Lo inalcanzable que perseguimos y nos persigue. Como nuestra sombra que, por turnos, nos precede o nos sucede. Como las calderas que alimentamos para calentarnos y en su interacción con el agua a veces nos salpican y otras nos inundan. Ahora bien, entre el amor y la familia, han pasado muchas y grandes tormentas. Las formas no monógamas (poligamia, poliandria, hordas y clanes) pertenecen al pasado primitivo (obvio, nos creemos evolucionados). Reconocemos en ellas la relación con los sultanatos, con el nomadismo, con la caza y la recolección y los correspondientes etcéteras. Sin embargo, nos es más difícil vincular cuán funcional al capital, al trabajo y al patriarcado es nuestro modelo de familia. Como siempre, lo más efectivo en términos de imposiciones es aquello que logra desprenderse de sus causas y así “naturalizarse”.

HUMEAN LAS CHIMENEAS

Ya en 1885, Engels, en El origen de la  familia, la propiedad privada y el estado, se ocupó de lo que nos sigue ocupando.

“El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada y, en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos, abolida (…) La monogamia no aparece de ninguna manera en la historia como una reconciliación entre el hombre y la mujer.”

Para que haya reconciliación, tiene que haber habido una pelea previa. Reconciliación, ¡qué palabra! Tan polifónica ella. Suena a dos amantes que renuevan sus pasiones o que, al menos, lo intentan. Lindo, ¿no? Suena a la teoría de los dos demonios que pretende congeniar a los genocidas con sus víctimas. Feo, ¿no? En cuanto al hombre y a la mujer, se trata de dar pelea, pero, a diferencia de otras batallas, para que no haya vencedores ni vencidos. Qué lindo slogan. ¿Utópico les parece? Lejos de banalizar el asunto, lo cierto es que las mujeres venimos dando batalla con la pretensión de que cada paso propio hacia adelante no implique un paso atrás de otro. La famosa equidad, como ya sabemos, no es lo mismo que igualdad.

Otra gran palabra en la anterior cita de Engels: abolida. Pueden pensar sus connotaciones con la invisibilización sistemática de las mujeres. Y, en eso, hay que coincidir con él: el sistema patriarcal de dominación del hombre sobre las mujeres sigue vigente, en su época y en la nuestra.
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Desde que a la mujer se le asignó la gestión del cuidado y del hogar y al hombre, el rol de proveedor y encargado de los asuntos públicos, mucha agua ha corrido bajo el río y mucho capital ha sido acumulado bajo tierra y volado, intangible, por aires y redes. Así divididas las cosas, el estado liberal se libera en pos de la libertad individual (ojalá fuera solo una especie de trabalenguas, pero no), a costa del trabajo gratuito de la mujer que limpia, cocina, atiende enfermos y, fundamentalmente, procrea y reproduce la fuerza de trabajo necesaria para que el capital pueda crecer sin límites (aunque el agua está escasa y cara en estos días: ¿rebeldía natural frente a lo antinatural de la obscena acumulación?).

Guerras y píldoras anticonceptivas mediante, las mujeres rompieron barreras y cruzaron el umbral. Sin embargo, aún cobran menos que los hombres por igual trabajo, las reuniones de “padres” de las escuelas siguen pobladas por mayoría de “madres” y la moral imperante juzga más condenable la infidelidad femenina que la masculina. Y como nada ni nadie nace de un repollo, esto también tiene una explicación. Los seres humanos somos mortales. Pero, ¡oh, qué problema!, del otro lado no se nos acepta con la carga de nuestros bienes materiales que, sin familia nuclear y mujer fiel, quedarían huérfanos al perecer quien los poseían. Ahora bien,  tranquilos, solos los hijos legítimos heredarán la riqueza o la pobreza. Contra viento y marea, todo pareció quedar bien ordenadito.

CRIANZA CONSTELADA

Trasvasados hoy algunos contornos, un espacio de roles compartidos –padres que cambian pañales, mujeres que no quieren ser madres, científicos que clonan ovejas– sitúa a la reproducción y crianza en un lugar central de la escena. ¿Por qué? Porque conviven múltiples discursos en constelación alrededor de la familia tipo.

Entre ellos, la práctica del divorcio, desde ya hace muchos años instaló la idea de las familias ensambladas: el típico lugar común de los tuyos, los míos y los nuestros. Un nuevo mandato, quizá, de permear la ilusión de frontera entre los de afuera y los de adentro, a través de la integración de  hijas e hijos “prestados”. ¿Les parece fea la expresión “prestado”? Sepan que no es de mi invención, la escuché recientemente como alternativa a “viene con: mochila, paquete, carga” y otras lindas expresiones no eufemísticas de ensamblado. También, porque entre quienes deciden criar (mientras la procreación poco a poco intenta deshacerse de la categoría de mandato) se multiplican las opciones. Sin pareja, únicamente como proyecto de pareja, con pareja pero sin que uno de sus integrantes se involucre por haber  manifestado de antemano su no compromiso con la mater/paternidad. Y siguen las variantes. Incluso, hay quienes deciden que su pareja sea el padre/madre de sus hijo/as, aunque sepan que no es la persona con quien quiere compartir el resto de su vida, sino una parte de ella.

Además, porque la ciencia –nuevo dios todopoderoso– sin gracia del espíritu santo, apareció en la intimidad del sagrado hogar para decir: “tú sí puedes”. Suena mal, ¿verdad? Connota a “sí se puede” pero no olvidemos que, aunque quieran borrar la historia, excepto la de la “reciente pesada herencia”, la potencia de ser tiene siglos y es nuestra. Perdón por el paréntesis, vuelvo. Hoy, bancos de semen, vientres alquilados, el amigo dispuesto a poner la “semillita” como dios manda o con jeringa, hacen posible familias –por elección (las impuestas por abandono de uno de los miembros que había jurado amor eterno son otra cosa)– de uno, dos o tres padres/madres gracias a algún entrecruzamiento de genes y biología. Por supuesto, esto abre nuevos paradigmas respecto a la identidad y su relación con lo innato y lo adquirido. Pero eso es harina de otro costal y no quiero, acá, multiplicar ramificaciones.
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Así las cosas, sin las redes de contención de tías, abuelas y vecinas dispuestas a ofrecer su fuerza de trabajo por “vocación” para cuidar niños, enfermos y ancianos,  las tareas se tercerizan y, a las jerarquías entre los hombres, se suman las jerarquías entre las mujeres. En el medio, la infancia: cada vez más signada por el reloj que por el juego.

Si fuera este un momento de transición, ¿hacia dónde conduciría? ¿Cuál sería el próximo paradigma? Quizá no uno que sustituya una moral hegemónica por otra. Quizá, la monogamia llegue a ser una opción y no un destino. Claro que la elección de un momento puede no mantenerse en el tiempo y, entonces, si dios ha muerto, ¿quién y cómo los cría?

Imaginar otras formas de distribuir el cuidado parece necesitar del quiebre de las estructuras familiares imperantes, cruzar el umbral de lo público y lo privado, de lo individual y lo colectivo. Habrá que ver qué dicen “el capital” y el “estado” al respecto.

VIENTOS Y VERBOS

Puertas adentro, sin hacer distinción entre ricos y pobres, los celos- como el viento- cambian de velocidad para ser brisa o tormenta, según la  fluctuación del amor al desamor que los protagonice. Ráfagas de recurrente amenaza a las parejas monógamas, al ideal de exclusividad y al carácter posesivo del amor.
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Ahora bien, poco a poco, hubo quienes comenzaron a preguntarse por qué, si se podía amar a más de un hijo, a dos abuelas, a tres tías, a cuatro primos, sólo podía amarse a una pareja, al menos a una por vez. Y, cuando aparecía una atracción por alguien más había que elegir: reprimir el sentimiento o ser infiel, una persona u otra. Una telecomedia de hace casi veinte años, ponía en la pantalla de los hogares argentinos a un Guillermo Francella que amaba “genuinamente”, al mismo tiempo, a dos mujeres. La diversión estaba en los enredos del personaje para mantener a sus dos amores. Separados, claro, sin que una supiese de la otra. No recuerdo, no sé si alguna vez supe, cómo terminó esa ficción. Lo cierto es que en la realidad comenzaron a circular nombres: poliamor, amor libre, polículas, núcleos afectivos, agamia, anarquía relacional. Y lo que tiene nombre, existe. Con o sin convivencia, matrimonio mediante o fuera de la categoría de “pareja”, con o sin reglas, las formas de amor no monogámicas empiezan a ser una alternativa. Y quizás ahí esté la novedad, en la posibilidad de pensar y tener distintos tipos de relaciones.

DESORBITADOS

La lucha por la conquista del espacio, durante la Guerra Fría, vio nacer a los satélites artificiales para orbitar alrededor de los planetas. Su condición de no naturales incluyó un tiempo de vida útil específico. Una vez cumplido su ciclo, la altura de su órbita los convierte en basura espacial o los regresa, desintegrados, a la atmósfera.

La pregunta hoy es, dentro del artificio relacional, cuánto de satelitales y cuánto de planetarias serán estas nuevas categorías que constelan alrededor de la monogamia. Con los vehículos enviados al espacio por las grandes potencias con pretensión de hegemonía, convive hoy el Arsat –primer satélite geoestacionario argentino–. Desde allí –lugar de los cielos– transporta a los hogares –hábitat de nuestras familias– señales de televisión e Internet. Si la supremacía del vínculo nuclear abrirá la puerta para salir a jugar y volver íntegra a casa o si esos nuevos nombres se harán canal de comunicación y alternancia frente al ideal amoroso de la pareja de dos, eso está por verse. También, cuánto se tejerá de red: esos de hilos entrecruzados, con huecos por donde respiran las individualidades. También, cuánto será interpelada la noción de propiedad, herencia, crianza, si los adentros tienen tantos afueras constitutivos y si el Arsat ya no es política pública sino negocio de privados. Entre estos y otros interrogantes hablan las narraciones.
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 “Elegir el poliamor no significa que automáticamente apretás un botón y tus celos se esfuman. Lo que sí significa es que intentamos entender el porqué de las inseguridades que sentimos.(…) Mis dos relaciones ocasionalmente tienen problemas como tendría cualquier relación, pero en este punto esos problemas ya no se basan en que seamos tres. Tengo el mismo tipo de discusiones y desacuerdos con mis parejas que tiene la gente monógama: cuando yo estoy susceptible y me siento herida por algo; cuando algunx está estresadx y tiene actitudes cortantes; cuando empezamos una pelea absurda sin ningún motivo.”  

El textual es solo un fragmento de lo que escribe Angi Becker Stevens, en www.amorlibre.org. Su familia se compone de su marido, la hija de ambos y su novio (de Angi, no de la hija). Pronto van a comprar una casa más grande, para convivir. Los cuatro.

SIN GRAVEDAD

Si cuesta pensar una relación de tres, sepamos que la cosa no termina ahí. Hay convivencias múltiples. Me pregunto, por ejemplo, qué pasaría si el novio de Angi se enamorara de otra persona. ¿La llevaría a vivir a la misma casa? Entonces, el marido de Angi y la novia del novio de Angi, ¿serían monógamos con parejas poliamorosas? O quizás ellos tengan otras relaciones “declaradas” en el núcleo conviviente, pero con cama afuera. Y siguen las opciones y crecen los y las hijas.
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“De pequeño vivía con mi padre, mi madre, el compañero de mi madre y, durante una temporada, la compañera del compañero de mi madre. Mi madre podía  llegar a tener hasta cuatro compañeros a la vez. Papá también tenía sus compañeras, así que me crié en una red interconectada de adultos que mantenían relaciones no excluyentes pero con compromisos que podían prolongarse durante años, incluso décadas (…) El hecho de que hubiera más adultos de lo normal en casa se traducía en más amor y apoyo y más ojos que velaran por nosotros.(…) Crecer en ese crisol contribuyó a ampliar mi perspectiva del mundo y a forjar mi personalidad (…) Los buenos padres lo son sin importar el número. Por suerte, los míos eran increíbles. Tampoco creo que las relaciones poliamorosas sean mejores que las monógamas. Sencillamente, son distintas, pero me gustaría que no estuvieran tan estigmatizadas (…) Pasamos gran parte de la vida sufriendo y luchando; el resto es amor y buena pizza. Para un fragmento de tiempo cósmico que pasamos en este diminuto grano de arena que llamamos Tierra, ¿no podemos sencillamente aceptar que el amor es amor, ya sea entre razas, entre personas del mismo sexo o entre más de dos individuos? La discriminación del amor es una enfermedad del corazón, y para contraerla ya tenemos la pizza.”

En este caso, quien dice es Benedict Smith, su relato se puede leer completo en la revista “Vice”, bajo el título “Crecí en una familia poliamorosa”.

EL COMETA H

Hasta que la muerte los separe o el tedio los sobreviva, dije al principio. Y retomo. Los celos, ya mencionados como elemento amenazante de variadas intensidades, manifiestan inseguridad, temor a la pérdida, inminencia de vacío. ¿Qué cosa podría querer la otra parte que fuera para ésta imposible de dar?

La novedad.

Si bien somos seres dinámicos, cambiantes, hay rutinas que se instalan en las parejas como esqueleto. Al igual que los huesos, las costumbres pueden ser duras y blandas y tener variadas formas y funciones. Los huesos, restos inertes tras la descomposición del cadáver, son tan vitales como cualquier órgano, desde el nacimiento hasta la muerte. Si en el medio se instala el tedio y perece el deseo, la fractura –como ausencia omnipotente– impone su presencia. Entre la amputación y la prótesis juegan las variantes de amor, sexo y despojo.
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“Yo sé que el sexo, muchas veces, no es otra cosa que el disfraz del amor, su horrible máscara, y no tiendo a confundirlos, porque yo sé que uno puede sentirse enamorado porque desea solamente. Claro que a veces he pensado también que quizás es el amor lo que disfraza al sexo, o más aún, porque su disfraz no es grotesco sino ameno, el amor vestido de gala, dominguero, del sexo, lleno de todos los aditamentos que han inventado durante siglos los poetas, de todas las melodías, canciones, bailes, colores y galanterías ideadas durante siglos por los innumerables amantes de los tiempos presentes y de los tiempos idos”.

Esto le hace decir Héctor Abad Faciolince al protagonista de uno de los cuentos de El amanecer de un marido. En el cuaderno previo a su suicidio, la esposa lo acusa de ser como un cohete de la Nasa. “Como el Apolo, que mientras va ascendiendo a toda velocidad hacia el cielo, hacia los límites de la atmósfera, hacia la luna, se va despojando de los pedazos que lo ayudaron a subir.”

El amor libre, ¿será libre de qué? Quizás de cambiar de ropa para esquivarle el bulto al hastío.

Como los cometas alrededor del sol, cuando el “cafard” se instala en las parejas, trae cola.

GALÁCTICA

Aquí no sé cómo seguir. Voy a valerme de las palabras, compañeras múltiples e insustituibles.

“Mono”, además de esos simpáticos animalitos de los que venimos, es “uno” de algo y muchas cosas más. Busquemos por ahí a ver qué aparece. “¡Qué mona estás!”, expresión usada (actualmente casi en desuso) para decirle a una que está linda. “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, dicho popular para expresar que por más que las feas se disfracen, seguirán siendo feas. Entonces, ¿en qué quedamos? “Mona”, ¿es la linda o la fea? Sí, otra vez el lenguaje y sus trampas. Yo me quedo con las dos y le doy uso según la ocasión. (esa tendencia a la rima, siempre ahí, como sombra acosadora, inseparable; ¿será la búsqueda de armonía, de continuidad de sonido, de perseguir lo antedicho sin transformarlo?)  Ahora pienso en otra palabra: monoambiente; desde hace un tiempito, el furor de la construcción. La industria inmobiliaria, intermediadora entre nosotros y nuestros hogares, edifica departamentos pensados para una sola persona: no se precisa ir de la cama al living, todo está en el mismo lugar. Solo para el baño queda reservada la obligada puerta divisoria. Que si alguien nos visita vea nuestra cama (hecha o deshecha) está muy bien, pero hacer públicas nuestras deposiciones ante eventuales visitas, no, eso no va. Demasiado “natural” para mostrarlo; hacerlo en público lo reservamos a los perversos y a los primitivos (recuerdan que nos consideramos evolucionados, ¿no?, y además, bien sanitos que estamos). Lejos de cambiar pareja exclusiva por pareja ampliada, estos “monos” estarían diciendo: sin pareja. La preposición coló la falta en el discurso. Aunque “sin” es también prefijo de sincronía y sincronía es concordancia. Lo sabía, me meto con las palabras y todo se complejiza. ¿Les pasa igual? Y así, en asociación libre, escribo ahora: “¡Qué mona estás con ese mono!”. En este caso, la linda o la fea, no está con ningún primate ni con ningún señor lindo o feo; está vestida con un enterito; en mi frase “mono” es la expresión moderna para denominar una prenda única. Lo viejo y lo nuevo se mezclaron en mi exclamación y la cola, ahora, viene del lado de lo “entero”. Entonces, la mixtura; el vacío de la falta y la cubierta que la disimula. En el medio, innombrado en toda su intensidad, el deseo como sol y sombra (cantado, aunque no lo veamos siempre está. Y si alguno falta –sol, sombra, deseo–, estamos en problemas). Lo sabía, me meto con las palabras y todo se simplifica. ¿Les pasa igual?
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Ahora voy con “gamia”, que es sufijo y por eso viene después. Tiene una variante, también sufijo, gamo/a. Y ahora me entero, tiene función como prefijo; la encontré en ‘gamopétalo” y se refiere a los pétalos de la flor soldados entre sí (por unidos, no por servir a ningún ejército). Tiene su antónimo: dialipétala. Según dónde se consulte, quiere decir “separados” o “libres”. Ya me pregunté antes, ¿libres de qué?, y en este caso me respondo que debe ser libres de estar pegoteados todo el tiempo, porque en definitiva, están unidos al mismo tallo. Creo haber encontrado la pregunta. Más allá de los medios de producción, las leyes del mercado, los sistemas de dominación del hombre por el hombre (¿dónde están las mujeres?). ¿Cuál es el tallo que une a las palabras que hoy nos ocuparon –monogamia, poligamia, agamia–, si es que existe?

El tallo; voy en su búsqueda y pienso: quizás nuestra ilusión de ‘‘enteritos”  nos hace pensar que podemos vestir nuestra soledad existencial (sombra inseparable) con otro/a “no enterito” que se ilusiona con lo mismo. No hace falta citar acá la tan repetida cita de Lacán: amar es dar lo que no se tiene a quien no es. ¿Cómo saberlo y aun así seguir queriendo? Cioran habló de la paradoja de su pasión por la existencia frente a la revelación de la insignificancia universal; unió vértigo (movimiento) con tranquilidad (quietud) para hablar de su tedio ineludible. Cuando no hay palabra que sintetice, nos apropiamos de varias, no para repetirlas, para darles nuevo sentido. Entonces, hastío: vértigo tranquilo. Ahora, ¿cómo que nada puede hacerse contra eso? Más acá de los medios de producción, las leyes del mercado, los sistemas de dominación del hombre por el hombre (sí, ya lo dije, ¿dónde están las mujeres?), insistimos en ataviar nuestras formas de relacionarnos porque buscamos esa inalcanzable a la que queremos llegar. Y como no hay “palabra compañera” que nos haga un té cuando llegamos con frío y sed a nuestra morada, intentamos encontrar que nos lo haga otro/a. O que uno que caliente el agua, otro deje reposar la infusión y otro nos los sirva. Habrá que ver qué dice la industria inmobiliaria, el capital, el individualismo sobre esto. Algo parecido creo haberme preguntado más arriba. Les deseo tengan el deseo de buscar respuestas. Como más les guste.

Héctor Abad Faciolince, el escritor colombiano entrevistado en este número pensó acerca del matrimonio ideal y lo escribió. Pueden leerlo acá: El matrimonio ideal 




A FLOR DE TIERRA

La Celebración: Sobre “Niketche”. Una historia de poligamia, de Paulina Chiziane.

Por Lourdes Landeira

“Quiero ser un grano de arena al viento y bailar mi niketche al sonido de las flautas de todas las brisas”.

 OIGO UNOS PASOS SUAVES EN MI SILENCIO

Sarah Moon. Si una piedra es separada del suelo – la tierra – con la ayuda de la mano de un niño, comienza una danza curva de elevación en el aire. Según la sinuosidad de la brisa o del viento, puede acompañar cauces de ríos andados una y otra vez por ella misma, por alguna o por muchas de sus congéneres. O puede quebrar el trayecto, interrumpir el silencio de la mañana con un estallido, romper un cristal y sonar como bomba, mina explotada, fuego. Entonces,  al celebrar  su canción, el universo pondrá a circular sus elementos. Así, las estrellas podrán tocar tierra firme y algún “superhombre”, vaciado de sus poderes artificiales, soltado al vacío, en lugar de caer,  volará hacia “algún infierno sin fin”.

El niño de la mano es el hijo; el vacío de hombre, el padre. Entre ellos, una mujer, que no fue nombrada. Pero su no escritura no implica su ausencia, solo habla de la invisibilidad y la mudez impuesta por siglos de cultura y tradiciones. Por eso, debo decirlo ya, sin más demora: el movimiento giratorio, el temblor que traspasa cuerpos y los habita transitoriamente (y ya sabemos que ninguna materia es la misma luego de una sacudida) es promovido –en este caso-  por Rami, la protagonista de “Niketche. Una historia de poligamia”, de la escritora mozambiqueña, Paulina Chiziane.

TU PASADO SON SÓLO MÁRGENES DE UN RÍO REVUELTO

Roger Dautais. KerpenhirMozambique, república desde 1975, año en que se independizó de Portugal – su colonizador desde 1505- está dividida por un río, el Zambeze. Antes de formar un delta y desembocar en el océano Índico, el río es interrumpido por numerosos rápidos y cascadas. Claro que el Zambeze no es exclusivo, pasea y comparte sus aguas con varios vecinos – Zambia, Angola, El Congo, NamibiaZimbabue-; sin embargo, por sus intermitencias solo es bien navegado a partir de una ciudad mozambiqueña. ¿Qué puede esperarse de un río – morada de camarones y mariscos –además del fluir de su curso? Sí, claro, su desborde, la inundación de la tierra con la que se bordean mutuamente, el quiebre de las fronteras, la rebeldía silenciosa que cuando grita es capaz de derribar cualquier represa.

“Las culturas son fronteras invisibles que construyen las murallas de este mundo”.

HISTORIAS DE HOGUERA (fragmento de la novela)Miro a mi madre. Dios mío, cómo llora. ¿Será mi caso lo que inspira tanta tristeza?—¿Qué pasa, madre?—Tu voz me recuerda a mi hermana, la fallecida.—¿Cuál de ellas, madre?

—La mayor. No la conociste. Murió antes de tu nacimiento.

—Ya me has hablado de ella. ¿De qué murió?

—Por culpa de una molleja de gallina.

—¿Sí?

—La molleja es para los maridos, para los yernos, ya lo sabes.

Me cuenta toda la historia.

—Era domingo y mi hermana preparó la cena. Había gallina. Preparó la molleja cuidadosamente y la guardó en una vasija. Vino el gato y se la comió. El marido regresó y preguntó: ¿y la molleja? Ella se lo contó. Fue inútil. El hombre lo consideró una falta de respeto y la golpeó brutalmente. Vuelve a casa de tu madre para que te eduque, le dijo. ¡Ahora! Ella estaba tan afligida que perdió la noción del peligro y se puso en marcha en el silencio de la noche. Eran cerca de diez kilómetros hasta el hogar paterno. Cayó en las garras de un leopardo en la sabana lejana. Murió en la flor de la vida por culpa de una idiotez. Murió ella y vivió el gato.

Las lágrimas de mi madre brillan al sol como cristales y reflejan los colores del arco iris. En el pecho de mi madre hay un puñal de plata con manchas de sangre. Un volcán eterno. Todo por culpa de una molleja de gallina, un simple recolector de granos de arena. Una insignificante musculatura dentro de un ave. Que no llena ni la palma de la mano. Que no mata el hambre ni de un gato. La historia me penetra como si fuera mi propia historia, que Dios me ayude, también soy una mujer. Recuerdo a mi profesora de amor y comprendo el fantástico mensaje de tiranía oculto dentro de la molleja de gallina. Ninguna mujer tiene un hogar en esta tierra. La mujer está de paso, no merece tierra. La mujer es paja de coco tirada a la basura. La mujer es su propia enemiga, se inventa problemas que la matan. La mujer es culpable, pone el universo al revés, por eso puede morir por culpa de una molleja de gallina.

—Madre, ¿por qué no me habías contado antes esta historia?

—Para que tu mundo fuera de colores. Para que no tuvieras pesadillas en tus sueños.

La historia tiene sobre mí un efecto terapéutico, mi dolor se vuelve insignificante. Una amargura tapando otra amargura. Un amor curando el dolor de otro amor. ¡Ay, madre, gracias por contarme esta historia! Ahora puedo ver que no soy la única que sufre y que en el mundo hay problemas mucho más graves que el mío.

—Madre, ¿cómo reaccionaron las mujeres ante este caso?

—Obedeciendo al pie de la letra todos los caprichos de los hombres, era la única estrategia de nuestra existencia.

—¿Y cómo era papá?

—¿No le conoces? ¿No has oído la respuesta que te ha dado a tus problemas?

Madres, mujeres. Invisibles, pero presentes. Aliento de silencio que da la luz al mundo. Estrellas brillando en el cielo, ofuscadas por nubes malditas. Almas que sufren en la sombra del cielo. El cofre lacrado, escondido en este viejo corazón, hoy se ha abierto un poco, para revelar el canto de las generaciones. Mujeres de ayer, de hoy y de mañana, cantando la misma sinfonía, sin esperanza de cambios.

HAY UN RÍO ROJO Y CORRE POR EL ASFALTO

Lucha de imágenes (Bilderstreit), 1980Paulina Chiziane, contadora de historias inspiradas alrededor de la hoguera, fue la primera mujer en publicar una novela (Balada de amor al viento) en Mozambique. Ese territorio que, por su ubicación- dicen- podría ser el lugar origen y principio del humano moderno. El mismo que hoy está poblado de minas (dos millones, dicen), resabios imborrables de los quince años de guerra civil, posteriores a la independencia. Ocultas, calladas, invisibles a muy poca profundidad, casi a flor de tierra, amenazan con estallar, quebrar el aire, torcer el sentido del viento y de las aves en vuelo. “Entre as pernas da mulher, correm os caminhos do mundo. Dya Kasembe, escritora angolana” es el epígrafe que Chiziane eligió para otra de sus novelas, El alegre canto de la perdiz. ¿Qué es eso entre las piernas de la mujer? Si no se puede nombrar, si no se puede escribir, se dibuja su silencio en el texto. “La … es fantástica. Habla todas las lenguas del mundo sin hablar ninguna. Es el cielo y la tierra en nuestro interior. ¡Ay, si las … pudieran hablar! Nos contarían historias del licacho, el cuchillo de castidad, de ablación, de orgías macondes, senas, nyanjas, de violación, de castración, de manipulación, de abandono, de muerte. Si pudiera hablar nos diría porque llora lágrimas de sangre en cada ciclo”.

LA ORQUESTA EN SINTONÍA

Sarah Moon. The Red ThreadY si hay balada, si hay canto, ¿puede no conjugarse el baile? Entonces, Niketche: “La danza del sol y de la luna, la danza del viento y de la lluvia, la danza de la creación. Una danza que mueve, que calienta. Que inmoviliza el cuerpo y hace volar el alma”. Imposible no temblar y que el temblor no transborde, no haga girar a veces en vértigo, otras en locura, algunas más en llanto que aprende a elevarse y transformar. Rivales frente a un espejo que las interpela y solidariza, cinco mujeres tienen a un mismo hombre como marido.

 VARIACIONES TEXTUALES SOBRE EL “TENER”- Esta mujer ha luchado por amor y ha acabado con dolor. Apuntó con el dedo al aire y dijo que era suyo el pájaro en vuelo.- ¿Qué significa la palabra tuyo cuando se trata de un hombre?- Julieta me revela una verdad más cáustica que una capa de veneno. Tener es uno de los muchos espejismos de la existencia, porque el ser humano nace y muere con las manos vacías. Todo lo que creemos tener nos lo presta la vida durante un tiempo.- Tuyo es lo que transportas contigo, en tu vientre, en tu estómago. Este hombre, cuando está conmigo es mío, cuando está contigo es tuyo.

- No soy posesiva. Vengo de una tierra en la que la solidaridad no tiene fronteras. Prestas al marido a tu mejor amiga para que hagan un hijo con la misma facilidad con que se presta una cuchara de madera. El sexo es un vaso de agua para matar la sed, el pan de cada día, precioso e imprescindible como el aire que respiramos. Si ya compartimos un marido, compartir un amante es todavía más fácil.

- Aunque no lo acepte, mi realidad ésta. Ya vivo en la poligamia.

- El verbo tener es mágico. Insufla en el alma poder y fuerza. Si yo conjugo: no tengo, la fuerza se va y el alma se vacía.

Voces, versiones, miradas de distintas mujeres que comparten un hombre, “mi Tony”, al decir de Rami, la primera esposa, la legítima. La que creía vivir en un hogar monógamo y un día descubrió que su familia se había vuelto polígama. “La unidad se ha roto en mil pedazos. Tony se ha multiplicado”. ¿Podrá un cristal repetirse en tantas partes como el cuerpo de Cristo convertido en hostia para todo aquel que lo quiera tragar? ¿Podrá un hombre, solo por el hecho de serlo – y tener el dinero suficiente- (también entre los hombres hay jerarquías) reinar con su cuerpo distintas familias?

 “Las mujeres son huérfanas. Están solas en el mundo. Tienen padre pero no tienen madre. Tienen Dios pero no tienen Diosa. Están solas en el mundo en el medio del fuego. ¡Ay, si nosotras tuviéramos una diosa celestial! Dios mío, libera a la diosa – si es que existe – para que nos muestre la cara sólo por un segundo”.

 LAS PALABRAS SON BALAS FATALES

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En un país con población mayoritariamente bantú, según las estadísticas de nuestro mundo occidental: el 8% de las personas profesan religiones de origen étnico, el 18% son ateos y los demás se dividen entre católicos, protestantes, evangélicos y musulmanes. También, de acuerdo a la enciclopedia más consultada de este lado del mundo, además del poeta José Craveirinha, consagrado por el premio Camões, las referencias literarias del país son Mia Couto y Paulina Chiziane. Mia Couto, blanco nacido en Mozambique, de padres portugueses, da cuenta de un lado de la historia. Cuando su familia intentó regresar a Oporto, a él le faltaba la sensación de infinito de África, ese lugar en donde se aprecia el silencio, donde no hay un límite claro entre la identidad animal y la humana y en el que ninguna de sus lenguas tiene una palabra para naturaleza porque no hay separación entre sociedad, cultura y naturaleza. A Paulina Chiziane ya la conocemos, de ella y de una de sus novela venimos hablando, contadora de historias, negra y feminista. Rami, su protagonista, pertenece a una familia católica que, sin embargo, no deja de reproducir las creencias y practicar los rituales trasmitidos de generación en generación. Sobre todo, aquellos que contribuyen a perpetuar el sometimiento de la mujer a la dominación incuestionable del hombre. Las aguas se mezclan, sopla algún viento oportuno y se aviva un fuego callado que, entonces, aletea en bandada. Más allá del horizonte; mucho más.

Tracy templeton. Untitled from the suite Impressions La única verdad es la realidad (1), dijo alguien de por acá; imposible desconocerlo. La vida de Rami pasa de ser un río muerto a ser ella misma el río cuando decide dar batalla. “Explotar el viento y traer de vuelta el fuego a mi lecho, hoy quiero existir”, enuncia y hace. Porque la realidad, verdad inasible, puede aceptarse sin más o lanzar la primera piedra para empezar a pecar. Mujer no se nace, se hace; conceptualizó alguien más, también imposible de ignorar. Rami conoce la frase y la menciona en sus disquisiciones aunque, recuerda haberla escuchado, pero no dónde ni quién la dijo. “El colonizado está ciego. Destruye lo suyo, asimila lo ajeno, no es capaz de verse su propio ombligo.

Entre inhalaciones y exhalaciones, se suspira, se introduce y se expulsa, a veces en forma de vómito, a veces en náusea vertiginosa que se termina por deglutir; o no. “El viento corre fresco, pero la habitación es cálida. ¿De dónde viene todo ese calor? Ah, es el calor de la transpiración. Es el fuego del enfado que se escapa del cuerpo humano”.

Para verse el ombligo, si de eso se trata, nada mejor que desnudarse y pararse frente al espejo, el de cristal y azogue y el de carne, hueso y alma, las rivales. “Todas las mujeres son gemelas, solitarias, sin auroras ni primaveras, buscamos el tesoro en minas y explotadas, agotadas,  acabamos por ser fantasmas en las ruinas de nuestros sueños”.

 Río Paraná – Estación Espacial Internacional - 9 de abril de 2011Ahí el río comienza a cambiar su cauce, cuando las rivales comienzan a reflejarse unas en otras; en lo que son, en lo que fueron, en lo que quisieron o quieren ser. Como ese espejo que deforma y devuelve una imagen irreconocible, la de la otra lacrada dentro de sí misma, el alma de la piedra que se quiere manifestar, hacer visible.

Lo personal es político, dice otra máxima por aquí muy conocida. Casi al final de la novela, aparece expresamente escrita la frase reivindicación de derechos. Primera vez dicha, sin embargo, en cada letra construida, mixturada. Y, en cada río revuelto, vuelta a nacer. Repetida en lo sucesivo en rebeldía e insumisión, en la libertad de escoger entre la cruz y el calvario, en querer escribir bien, en quererlo todo. Entonces tartamudean, escuchan las corrientes feministas que modifican la faz de la tierra y dialogan.

“Ay como me apetece sentir el silencio de mi habla. Primero me salen ronquidos. Diptongos. Sílabas muertas. Cierro los ojos, cuando los abro, mis palabras suenan como ráfagas compactas, demoledoras. Es el comienzo de la tormenta”.

LA CANCIÓN SALE DE MI GARGANTA COMO UN PROYECTIL

Sarah Moon.villa_adrienne  2“Cada una de nosotras es una rama desprendida, una hoja muerta, a merced del viento. Somos cinco. Unámonos en un haz y formemos una mano. Cada una será un dedo, y las grandes líneas de la mano, la vida, el corazón, la suerte, el destino y el amor. No estaremos tan desprotegidas y podremos llevar el timón de la vida y trazar su destino”.

Ser río, entonces, pero un río nuevo, compuesto de fragmentos de ritos ancestrales, tambores incesantes, colores múltiples de reinas africanas bien abastecidas de amor y comida, ecos europeos, secretos de amor y de vida, secretos de amor y de muerte.

“Recoger los pedazos y esculpir un monumento amasado de lágrimas y darle lustre para que refleje los rayos de todos los soles del universo”.

 Cuando las mujeres comienzan a hablar, la palabra circula y los cuerpos hacen círculos; todas a la misma distancia de un punto central, ese que las hermana en historias de incontables violencias, ahora puestas a ser contadas, ese que las hace únicas, cada una en un lugar de la ronda. Las rivales comenzaron disputándose un mismo hombre y terminan por ver en él nada más que una carga y, por tanto, lo quieren entregar. “Un marido te da una cucharada de gusto y un océano de disgustos”. Ellas lo saben, el mundo está en permanente cambio, “cambia en silencio” y  Tony sigue sin enterarse, se convierte en prisionero mientras ellas conquistan y se adueñan de su libertad. “La engañada que engaña al engañador y resurge de sus cenizas con una victoria del tamaño del mundo”.

En el hogar de Rami, allí donde se hicieron cómplices para repartirse los fragmentos de ese hombre, ahora, allí, se deshacen de sus frustraciones; en el mismo lugar en el que se entrelazaron en un solo círculo de luces y sombras, una pirámide de cinco mujeres se invitan mutuamente a partir, a bailar nuevas rondas. El verbo, entonces, empieza a conjugarse. El silencio, tantas veces violento y violentado, toma su turno, le toca romperse y ser quien se multiplica, quien irrumpe el otro lado del espejo y cambia la voz, abre la piedra y muestra su alma.

“Desnudez. Desnudez malvada, desnudez sagrada. Desnudez que mata, desnudez que encanta. Desnudez inspirando vuelos maravillosos y catástrofes apocalípticas. La desnudez de la mujer es juan-doffo-substancia-fugitivauna bendición, una maldición, protección. ¡Ay, madre África, madre desnuda!  ¿Cómo puede la desnudez de tus hijas ser más escandalosa que la tuya, madre África?”.

CELEBRO OTRO DESPERTAR

“Quiero ponerme encima de todos los colores de la naturaleza. Hoy quiero ser azul como el mar. Quiero ser el horizonte donde los ojos cansados se inspiran y los desesperados descansan. Quiero ser el mar donde los ríos desembocan”.

Por supuesto, la tierra se mueve y rota sus elementos. Cuando un silencio se rompe, algo más debe suceder, quizás, o necesariamente, algo tenga que morir. Le toca, en este caso a Tony, “su valor se ha roto”; la rueda giró y él tiembla mientras muestra su “perfil inédito de marido llorón”.

“Veo las lenguas de fuego devorándole el alma aterrorizada de miedo de las desgracias de mañana”, dice Rami al tiempo que preanuncia cadáveres, cuerpos muertos en vida. Como lo fue ella y tantas. Como lo será él: bajo las sábanas; ante la ceguera de los perpetuadores de falsas creencias enunciadas como verdades irrefutables, aun a costa de la vida de sus propios fieles; quizás, porque aún quieren creer que el sol gira alrededor de la tierra. Cuando intente la salvación a través de la esposa original, quien, como todo lo primario, está perdido. “Solo el amor tiene la fuerza de la unión. Tony y yo, dos ríos, dos líneas paralelas, nos volvimos uno solo, a lo largo del recorrido. Ahora llegamos al estuario y dividimos nuestros caminos. De nuevo somos dos, cada uno corriendo libre, en dirección al mar de aguas profundas”.

Juan_Doffo_-_De_la_serie_Rio_de_fuegoLas aguas se mezclan: lo dulce del río y lo salado del mar se funden. Y, por un instante eterno, se confunden. En ese tiempo espacio, fuego, aire, agua y tierra trastocan sus saberes para que lo subterráneo se erice en la piel, para que lo tatuado en el cuerpo  precipite la multiplicación del cristal y la garganta cante su danza ritual. Sin desconocer el cauce del que viene. Pero ese baile no se repite, continuador de lo viejo, se incorpora a su próxima fragmentación. Retazos de sus venas desprenden arenas escurridas. Y hacen lugar al vuelo final.

“Nos abrazamos un buen rato, oyendo la voz de Dios ordenando truenos, rayos, aguas, en el acto de la creación. Éramos barro fundido en una sola montaña, él Adán y yo la serpiente; al borde del pecado original. Intenta arrancar de mí una gota de amor, una palabra de reconciliación. Su boca reseca se pega a la mía en un beso divino. Dios mío, soy poderosa, siento que puedo salvarle de esta caída. Decir sí y rescatarlo. Decir no y perderlo. Sus brazos caen como un fardo. Se queda unos minutos interminables contemplando el vacío. Es como una isla de fuego en medio del agua. Le suelto. No se cae, sino que vuela sobre el abismo, directo al corazón del desierto, al infierno sin fin”.

Los subtítulos y entrecomillados pertenecen a la novela Niketche. Una historia de poligamia.

(1) Frase atribuida a Aristóteles y hecha propia por el presidente Perón en Argentina en defensa de su obra de gobierno, a mediados del siglo XX. Para él, solo lo tangible tenía status de realidad.

 




MAR A DOBLE CUERPO

Por Lourdes Landeira

Desamor: Conversación con Sonia Santoro

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 Como su oráculo doméstico había previsto, Ulises estaba condenado a no regresar a Ítaca durante veinte años. Al salir de Troya erró de un lado a otro del Mediterráneo y tuvo muchas aventuras con sirenas, brujas y monstruos. Cuando llegó a Ítaca, se encontró su palacio invadido por los pretendientes de Penélope, deseosos de usurpar su trono casándose con la reina. Pero ella conseguía retrasar su destino insistiendo en que no se casaría hasta que hubiera concluido de tejer su propia mortaja, y cada noche deshacía lo que había tejido el día anterior. Con la ayuda de su hijo Telémaco, Ulises mató a los pretendientes y después vivió felizmente con Penélope”. La cita pertenece a La canción de Troya, de la australiana Coleen Mc Cullough. En la novela, la escritora reescribe la guerra como canción narrada por distintas voces. Ahora bien, ¿qué hubiera pasado si en lugar de Ulises la viajera hubiese sido Penélope? Las narraciones por venir, ¿serían otros mares, otros tejidos? Ítaca, pasado y futuro de Ulises, permaneció con él mientras atravesaba mares, muertes e intrigas. Y Penélope tejió y destejió su trama, en su lugar. Como viaje trascendido, es lectura recurrente e impone también reescrituras. No como repetición, pero sí como búsqueda, pregunta actual sobre el pasado que puede modificar el futuro. Pregunta que no condena: escucha y conversa, nadar un mar de dificultades, sin antiparras (pero con gafas violetas); va munida de cuadernos de colores en los que ensaya la palabra, sus silencios y sus ausencias. Y vuelve a partir. Encuentro acompañado. La entrevistadora entrevistada en su cocina abre la puerta para que Penélope salga a jugar.

PUERTO NÚMERO UNO: MACERAR Y DAR DE NUEVO (el agua y el aceite)

La conmemoración – el 8 de marzo – del Día Internacional de la Mujer fue el disparador para invitarte a conversar. En ese marco, ¿qué rol juega la palabra en la carga y el vacío de sentido?

Este año hice una nota sobre los discursos que aparecen sin relación a ese día, ni a su origen ni a lo que propone: la defensa y la lucha por los derechos de las mujeres. Sin embargo, se usa como en general se usa a las mujeres, para vender cualquier cosa y hacer promociones de todo tipo. Un discurso que remite a lo más arcaico del ser femenino; justamente, lo que quiere deconstruir esta conmemoración. Al mismo tiempo, ese hacer convive con los discursos más militantes, los del feminismo y de quienes vienen trabajando estos temas. Estamos en un mundo complejo.

Ayer, en la presentación de tu último libro, “Periodismo con G”, hablaste de la importancia de lo colectivo, de estar acompañada, de estar en red. En su reciente visita, Michelle Obama dio un discurso a jóvenes estudiantes. Allí puso en juego varios temas de la agenda feminista, (excluyendo otros, por supuesto) en un marco voluntarista casi como el sueño americano: “con tu esfuerzo lo vas  a lograr”. En la convivencia de los discursos, ¿cómo juega la apropiación que hacen algunos sectores de las reivindicaciones de la militancia?

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 No solo se adueñan; también arraigan en viejos ideales o imaginarios. Ahora, se me ocurre relacionarlo con esta cosa de los inmigrantes, de esforzarte y superarte para lograr con trabajo lo deseado. Y pienso que yo tengo algo de eso metido adentro y mucha gente, me parece, lo tiene. Por eso, desde algún lugar, pega: esforzate, que vas a ascender, a destacarte, a cambiar de situación socio económica.¿Y qué pienso de eso? Por un lado, creo mucho en las personas que inspiran. Así que, si ella, aun con ese discurso, logra inspirar a niñas y a mujeres, es válido. Más allá de lo que traiga detrás. Pero también pienso en lo peligroso de quedarnos solo con eso y borrar la idea de que nada se consigue de manera aislada. Tal vez una mujer pueda conseguir ganar igual que un varón en su trabajo, pero eso no va a hacer a un cambio general y a un cambio global. Sin embargo, tampoco me gusta pensar -ni es lo que les digo a mis hijos-  que no vale la pena el esfuerzo, porque igual no depende de vos. Es complejo, pero tenemos que convivir con estos discursos contrapuestos. Creo en distintas respuestas de distintos actores. Entonces, hay que apostar al esfuerzo y saber que no todo depende de vos. Porque ese discurso termina siendo culpabilizador: “uh, no hice lo suficiente, por eso no lo logré”. La cosa es cómo entramar lo individual con lo colectivo.

PUERTO NÚMERO DOS: MOVER LA ESTANTERÍA (¿quién pone la mesa?)

 ¿Habría que hacer cambios en el lenguaje para producir cambios?

Es uno de los temas más complicados, me parece, de modificar. Desde que nacemos, está ahí la importancia del lenguaje, de las primeras palabras y de cómo esas primeras palabras y formas nos constituyen. Para mí,  cuando tuve a mis hijos, fue muy fuerte darme cuenta que ellos no tienen el masculino genérico incorporado: se los incorporamos como sociedad. Hasta el jardín, ellos ponían en duda esa categoría y tendían a feminizar las palabras. El lenguaje nos condiciona y está condicionado por la sociedad. Es importante pero difícil trabajar en eso. Tenemos que pensar todo el tiempo de qué manera incorporarlo sin que suene forzado. Yo no tengo una postura activista al choque. Me interesa más generar algún tipo de cambio que vaya decantando. Quizás es iluso, pero es mi idea. Hace diez años yo decía cosas que ahora me hacen ruido. Entonces, sí, hay que trabajar en eso y mucho desde lo personal.  

Pensaba en que habitamos un mundo patriarcal y hablamos de la lengua madre. En los últimos años hubo avances en leyes sobre los derechos de las mujeres y sobre violencia de género, sobre la violencia simbólica que se impone básicamente desde el lenguaje.  Vos escribiste un libro sobre cocina, un libro sobre tu propia maternidad. ¿Cómo se llega a lo cotidiano?

No sé, ese es el desafío para quienes hacemos comunicación. Es la tarea diaria. Primero hay que lograr un equilibrio personal y, después- de alguna manera- lo vas bajando. Primero hay que lograr incorporar algunas herramientas: qué decís, cómo lo aplicas. Pero, una vez incorporado, te sale.  Es la metáfora de las gafas violetas, una vez que te las pones, ves todo con esa perspectiva. Igual, el desafío más grande para mí es la familia. Cambiar las estructuras familiares. No sé cómo se hace, es muy difícil, pero ahí está el desafío.

¿Qué sería un cambio de las estructuras familiares?

lour3descargaYo creo que todo sigue recayendo mucho en las mujeres: las tareas de cuidado, todo, todo, todo. Aun entre quienes nos consideramos feministas y tenemos conciencia del tema, es difícil. También cambiar, correrse de ese lugar de “yo lo controlo todo acá, soy la que organizo” y así todos tienen que hacer referencia a vos. Es un rol en el que nos ponemos muchas mujeres, por distintos motivos; un rol que te da cierto poder y  hay que saberlo abandonar. A veces no lo logramos, aunque queremos, porque existe toda una sociedad en contra, que alimenta ese rol.

Alimenta que tu poder pase por ahí…

Y sí, pero eso implica un desgaste, un agotamiento para las mujeres. Sobre todo, para las mujeres que también trabajan afuera. Es un tironeo que existe siempre.

PUERTO NÚMERO TRES: MADRES HAY MUCHAS SOLAS (tanto ruido y pocas nueces)

En relación a la maternidad, también conviven discursos – viejos y nuevos- que, con la propuesta de la vuelta a lo natural (parto, lactancia, crianza), imponen nuevos mandatos y nuevos tironeos, ¿lo ves así?

Sí. Y el efecto recae fundamentalmente en las mujeres. Hay una vuelta atrás, hacia la imagen de la mujer en la casa. Pero lo “natural” significa mucho trabajo. Incluso, hay quienes plantean el fracaso del feminismo, porque- dicen- al final, las mujeres están trabajando más que antes. Vuelta atrás. Para qué voy a salir a trabajar afuera si al final estoy mejor en mi casa haciendo mermelada. Y tampoco eso es real. ¿Quiénes lo pueden hacer? Un número muy pequeño de mujeres. Pero, además, lo plantean como si eso fuera la maternidad ideal.

¿Una trampa regresiva en un discurso que se dice progresista?

Estos discursos pueden ser peligrosos en la medida en que es más trabajo para las mujeres. Nada tiene que ser obligado. El tema es si la opción es libre, aunque llegar a definir eso es todo un asunto. La cosa es poder elegir y que la elección se aproxime lo máximo posible a  algo verdadero. Elegir la manera de parir, de criar, de lo que sea, es el eje para mí de la liberación femenina, en los términos más antiguos, si se quiere. Además, yo estoy convencida: las mujeres que no generan dinero en este mundo, llega un momento en que ya no podrían cambiar, aunque quisieran. No encuentran la manera de hacer otra vida porque no tiene recursos propios. Lo ves todo el tiempo con las mujeres víctimas de violencia, que se quedan por la cuestión económica. Yo  también trabajo en la Defensoría del Pueblo, allí llegan muchas mujeres que dicen: lo que necesito es un trabajo. Y sí, pero no es tan fácil para muchas mujeres acceder a un trabajo. En este mundo, necesitamos generar dinero. Eso hace a parte de nuestra autonomía.

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Vos decías antes que la libertad estaba en que la mujer pudiera elegir si hacer mermelada o ir a trabajar afuera. Y me pregunto, para que la elección fuera libre, ¿no tendría que también estar la posibilidad de que el hombre pudiera elegir hacer mermelada?

Es cierto, pero siempre la mujer está en peor situación que los hombres. Aun cuando el hombre esté en una mala situación. Porque hay un montón de categorías que nos discriminan. Pero sí, el cambio es mucho más profundo y más amplio.

PUERTO NÚMERO CUATRO: METÁFORA Y METONIMIA (silencio: aquí no hay gato por liebre)

Antes hablaste de la metáfora feminista de las gafas violetas, ¿cómo te llevas con su uso en la escritura periodística?

Yo no uso en el periodismo mucha metáfora, por la velocidad  con que tiene que salir. Estoy formateada en que hay que contar los hechos y ya. Quizás, recurro más a contar una historia, aunque sea cortita. Introducir un tema a través de un testimonio, no citando, pero sí contando. Yo, además, tengo otros libros de ficción, no publicados. Entonces, hay dos compartimentos separados, no sé si está bueno, pero tampoco sé si hay receta. Es como me va saliendo. Me parece que el tema es escribir bien. Si lográs incorporar metáfora y todo lo que más puedas para hacer más interesante la lectura, mucho mejor. A una nota, no le doy tanto tiempo como a un texto de ficción.

¿De qué tratan tus ficciones?

Cuando escribí el libro de la maternidad, noté que me hizo muy bien, me puse a escribir cuentos y tengo un libro armado (ver enlace al final de la nota). Ahora estoy escribiendo infantil. Trabajé una novela durante varios años. Ojalá la pueda publicar. Me divirtió mucho hacerlo. En el fondo, pienso- o pensaba- que, si  escribís, podes escribir cualquier cosa. Así se me ocurrió hacer una historia y la escribí, pero me faltaba algo. Entonces fui con mi novela a un taller de literatura infantil, durante todo el año pasado. No es fácil escribir para chicos. Tenés que disponer de una serie de recursos e imaginarios específicos. Tenés que evaluar qué les hace gracia, a qué le puede remitir cada cosa. Podés recurrir a tu propia infancia, pero no alcanza. Vos tenés tus recuerdos. Pero no todo lo que funcionaba en tu infancia funciona ahora, necesitás aggiornarte.  

La infancia aparece como tema recurrente. Ayer, en tu presentación, hablaste de tu amor por los libros e hiciste referencia a una anécdota de cuando eras niña y te encerraste en el placar con un libro “inmenso” de tapa azul. Quizás no era “tan grande”, pensás ahora. En “Un día me convertí en la madre que aborrecía” hablas del mar: el de tu infancia en letra itálica; y el de adulta, en letra normal. ¿Qué aporta al texto la diferencia de tipografía?

La itálica está usada para el pasado, para los recuerdos, para diferenciar. Creo que el cuerpo de la letra habla. A veces nos olvidamos de eso. No solo el cuerpo, sino el uso del espacio, de la página. Lo pienso en los twitter, en tan pocos caracteres, hay gente que escribe dejando espacios, como si fuera un poema. Y, por supuesto, te llega de otra manera, lo ves más. Todo juega y comunica.

 

¿El silencio habla del límite del lenguaje?

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En poesía se usa mucho, yo no soy lectora de poesía, pero hay gente que lo maneja muy bien. En las entrevistas, los silencios son muy importantes para que el otro hable.

 

La elipsis de tiempo entre los mares: ¿sería una forma del silencio, un efecto poético en tu texto?

No lo pensé, puede ser. Tiene que ver con cómo se construye nuestro estar en el mundo, ¿no? Todo el tiempo está ahí, como separada y remarcada la presencia del pasado en el presente. En la vida, todo el tiempo el pasado se nos aparece. Una cosa remite siempre a muchas otras cosas o a un momento.

¿Pesan más aquellas olas, aquellos libros?

Sí, puede ser. El otro día, en una reunión de primas, contaban cosas de cuando éramos chicas que yo no me acordaba. Es tremendo ver cómo nuestra memoria selecciona. Sí, en la infancia hay cosas que nos quedan muy marcadas. Pero la mayoría es olvido, silencio. No somos Funes. La mayoría son silencios.

PUERTO NÚMERO CINCO: MODIFICAR Y TODO MÁS (hacia la infancia nutricia)

Respecto a las voces y los silencios en las entrevistas, ¿qué libertades te tomas al escribir un testimonio?

Antes intervenía mucho más al momento de la escritura. Ahora, cada vez disfruto más de la conversación, del diálogo. Antes movía las preguntas y respuestas, reescribía, glosaba. Ahora, si puedo, respeto la entrevista como salió, con su diálogo. Me gusta mucho más, me parece más verdadera. Una pregunta remite a otra, vas para adelante y para atrás y el lector puede seguir el hilo de pensamiento de quien pregunta y de quien responde. Ahora estoy publicando solo en Página 12, sobre todo, las entrevistas que salen en la sección diálogos. Es muy larga, solo hay que hacerle un encabezado y en un recuadro hablar un poco de a quién entrevistaste. Esa extensión te da la posibilidad de hacerlo y me gusta. Aunque sea una ficción, pero lo es con menos intervención.

En la introducción a “Periodismo con G”, hablás de los hilos invisibles en la entrevista. Yo traje algunas palabras que se repiten en tu obra. La cocina y la comida, el trascender, lo sagrado, la mirada, la transformación, el cambio, el sentido de las palabras, lo que se escurre, lo que se adhiere, el mar, el amor al libro, el proceso, la enumeración, lo colectivo, ¿ves un atravesamiento de estos temas en tu escritura?

No sé, supongo que sí, porque aun cuando el trabajo fuera- a pedido- siempre intento   involucrarme y dar lo mejor de mí. Siempre está tu punto de vista, tus intereses. “Cocina Sagrada. Cómo nutrir el cuerpo y el espíritu” es un libro que no se me ocurrió a mí,  me lo encargaron. Yo nunca lo cito, porque pareciera que para mí tiene menor valor. Sin embargo, las palabras que rescataste sí tienen que ver conmigo. Siempre hay una búsqueda de lo trascendente, de que la vida no puede ser esta vida ordinaria, tiene que haber otra cosa que nos conmueva. Y eso también aparece en la entrevista. Lo digo en el libro y te lo decía antes. Disfruto mucho, cada vez más, el encuentro con la otra persona, el momento, más allá de lo que escriba después. Con algunas personas se da un encuentro mágico, no sé cómo llamarlo. Después el mar; el agua es para mí muy importante, me gusta el agua.

El libro que mencionabas ayer era enorme y azul como el mar.

Mirá, sí, es cierto. El agua me hace bien.

En el prólogo de “Periodismo con G” terminás con una metáfora sobre el océano: “Palabras que son océanos por los que se deslizan, hunden y reflotan más allá de estas entrevistas pensadas individualmente pero resignificadas en conjunto”

Ahora que vos me le decís, en mi página web, tengo una frase del poema Ítaca, de Constantino Cavafis. Es un poema sobre el viaje de Ulises por el mar. La novela infantil que terminé de escribir no podría decir que es una reescritura, tiene que ver con el viaje de Ulises; solo que quien viaja y hace todo un camino por el mar es Penélope. Y tiene que ver con eso que vos dijiste de la transformación. Me parece importante poder cambiar, no puede ser que así como llegamos nos vayamos. No, no puede ser. A veces, no sé, cambiamos y no nos damos cuenta. Y hay cosas que queremos cambiar y no podemos y estamos toda la vida intentándolo.

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“Ruega que tu camino sea largo, que innumerables sean las mañanas de verano que (¡con cuánta delicia!) llegues a puertos descubiertos por vez primera” ITACA – Constantino Kavafis

 

¿El proceso de la escritura puede ser un espacio donde repensarse?

Yo pienso mucho mejor cuando escribo. Muchas cosas las entiendo recién cuando las escribo.

En mi recorrido de lectura de tus libros, primero fue el libro de la cocina y continué con “Sin nosotras se les acabó la fiesta”. Me sorprendió que comienza con… milanesas: “este libro se gestó en un restaurante del Bajo de la ciudad de Buenos Aires, al calor de unas milanesas de pescado fritas que devoramos con pasión”. En “Cocina…”, decís: “cuando los alimentos llegan a la mesa, mucho más que los ingredientes de las recetas ha pasado y se ha mezclado”. ¿Podrías estar hablando de los libros?

Sí, bueno, ayer mi intervención tuvo que ver con contar un poco eso. Todo lo que hizo posible que este libro llegara a nivel exterior. Por supuesto, a nivel interior hay mucha actividad y movimiento.

Ingredientes que se mezclan y dan otra cosa…

Sí, claro. En el libro de la cocina, hay muchas metáforas. Sigo teniendo algunos libros de esa época. Yo, a veces,  en eso soy un desastre, se me quema la comida, estoy en otra y hago todo mal. Todo al revés del libro. A veces, intento comer un poco mejor y me dedico a pensar lo que como. Leí muchos libros para escribir ese libro. Y me quedó uno de macrobiótica que todavía sigo usando bastante. Cada vez me dedico más. El tema es hacerlo cuando te surge y te dan ganas de hacerlo, como te decía antes, que no que sea una obligación.

PUERTO NÚMERO SEIS: MANO A MANO (coco y vinagre: mezcla de amor y pasión)

Hablaste de las ganas y pensé en la pasión. Los libros te enamoran, te apasionan. ¿Ahí estaría lo trascendente?

No sé si es ahí o si es solo ahí. Tampoco sé si todos los libros son trascendentes. Hay libros, como personas, que te parten la cabeza, esos son los trascendentes. A mí, el último libro que me partió la cabeza es “El cuaderno dorado” de Doris Lessing. Es impresionante. Tiene que ver con escribir, llevar diarios, cuadernos. Yo escribo, tengo muchos cuadernos. Hago homeopatía y ellos te hacen muchas preguntas y tenés que llevar una historia de la enfermedad en sentido amplio; del estado de salud, si se quiere, de cómo te sentís, cómo estás. En el mío, tengo eso, y de todo: sueños, y hasta un libro que recorté del suplemento y quiero comprarme.  De mis hijos, de cada uno, un librito. Ahora empecé uno de mi perra. Ella tiene un problema con la piel y no termina de curarse. La llevo un veterinario que mezcla alopatía y homeopatía. Pero estoy cansada, me puse a buscar en internet y hoy compré aceite de coco, porque leí que es bueno para la piel. Voy a empezar a darle una cucharadita por día, total, mal no le puede hacer. Hice también un preparado para afuera, con mezcla de vinagre y té verde. Me perdí…

Hablábamos de tus cuadernos.

Ah, sí, yo tengo libros de todo, libretitas donde voy escribiendo.

¿Te gusta escribir a mano?

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Ahí sí. A veces me da fiaca, pero en eso sí lo hago y me gusta. La ficción la escribo con la notebook. La otra, la computadora de escritorio,  es como más seria, más trabajo.

 

 

Te cito: “este es un proceso en el que estamos implicadas de cuerpo y palabras”; “hacemos todo esto mientras buscamos modificar nuestro lenguaje, ya que es bastante masculino desde su concepción”…

Mirá vos, me tengo que releer.

Entrelazar cuerpo y palabra, letra itálica con normal. El cuerpo de la letra y cómo se entrelazan forma y contenido en la escritura. Recursos. En “Sin nosotras se les acabó la fiesta” utilizas la metáfora de Cupido. “Un proceso que no deje de incluir el placer de leer buenas historias, que de eso está hecho el buen periodismo. Casi tanto como de corazones atravesados por un sinfín de Cupidos.”

No me acuerdo de nada. Pero tiene que ver con la pasión.

Nuestro número, esta vez es sobre el desamor. ¿Qué es para vos el desamor?

Me suena al descuido, a hacer las cosas así nomás. En relación a las personas y también en relación al trabajo, a un texto. Y a veces lo hacemos. En este momento pienso, no sé, que tal vez he descuidado a algunas personas. Como que el amor hay que demostrarlo y a veces en eso no es suficiente con saber que se quiere.

PUERTO NÚMERO SIETE: MUJERES AL FIN (sopesar los alimentos: cuando la balanza se dobla)

¿Qué hace falta para hacer entrevista con perspectiva de género, más allá de ser hombre o mujer?

Te tiene que atravesar Cupido e inocularte un malestar por la situación de desigualdad que hay en nuestra sociedad. Si te picó ese bichito, de ahí en adelante, todo puede ser. Tiene que ver con una transformación personal y, después, una búsqueda. Ir formándote, leyendo, haciendo algo más académico, haciendo activismo, participando en organizaciones. La cosa es ir metiéndote en qué es esto del feminismo, de la perspectiva; tiene que haber un interés.

Una de las cosas que siempre te escuché decir es que la perspectiva se puede aplicar a cualquier tema, más allá de la agenda de mujeres . En el libro, ponés como ejemplo la pregunta  que le harías a un sociólogo: ¿por qué el cuerpo de las mujeres es el más exigido? ¿A qué te referís con la pregunta?

Es que se le exige muchas cosas al cuerpo de la mujer. El modelo de belleza es muy exigente, estar delgada, linda. En las publicidades, en los programas de cualquier tipo, en la calle. A un hombre con canas se le dice “qué bien te sientan”. Para una mujer, no es tan fácil lucir canas.

Sobre la elección de entrevistadas (si bien en el libro hay varones y mujeres) y temas, decís que- en algunos casos- te sentís bien con la discriminación positiva. ¿Jugas ahí algún balance?

lou1penelopeAl principio, me molestaba que lo importante para hacer una nota era que fuera a mujeres. Después, entendí que tiene que ver con años de postergaciones. Entonces, lo veo como una manera de equilibrar eso. Pienso que la perspectiva de género se vincula con la mayor visibilidad de las mujeres y con denunciar las desigualdades.  Básicamente, son esas dos cosas, atravesadas, por supuesto, por las otras variables, como la edad, la orientación sexual, el nivel socioeconómico. Ahí te aparecen otros sub-problemas.

Volviendo al cuerpo de las mujeres, ¿por qué crees que no se logra avanzar con una ley de interrupción voluntaria de embarazo?

Bueno, todo es muy complejo. Hay muchos intereses, la Iglesia, claro, pero no solo eso. Otros discursos tradicionales también juegan, en el sentido de seguir limitando las decisiones de las mujeres, aun sobre sus cuerpos. Además, ahora, me parece que incluso hay una renovación del discurso más tradicional, que viene con eso de la vuelta a casa que hablábamos antes. ¡No terminamos todavía de salir, que ya tenemos que volver! Hay estructuras que no se cambiaron. La justicia es una estructura de poder muy patriarcal, jerárquica y anquilosada. Poderosa. Entonces es difícil, los actores a enfrentar son muy fuertes. Y siempre están las viejas ideas, los imaginarios incorporados, que tienen que ver con el rol tan importante de ser madres, como único rol importante – trascendente-. Entonces, cómo vas a osar escapar a ese rol y quitar la vida que es como el valor más fuerte. Son muchas cosas.

Hablas de desigualdades y hay un amplio universo que acepta el aborto en determinados casos (violación, por ejemplo). Y, así, se adueña del poder de jerarquizar “vidas”. Las que se pueden interrumpir y las que no. En el discurso se naturaliza la hipocresía.

Es un tema muy delicado, porque a todo el mundo le duele. Son dilemas morales, a nadie le hace gracia interrumpir un embarazo. Lamentablemente, no estamos en condiciones de avanzar en eso. Hoy me llegó una noticia relacionada al protocolo de interrupción de embarazo no punible. Es tan compleja y son tantos los vericuetos de la justicia que te pueden poner trabas, que parecen infinitos. La información es tan compleja, que aunque estés involucrada en el tema, te cuesta entender. Mientras no cambie la justicia, creo que vamos a estar complicados y complicadas.

Hablas de cambio y, así como “Las palabras tienen sexo”, el lenguaje tiene vida y cambia a través de los tiempos. Algo de esto decías sobre tu escritura de la novela infantil. Recordar tu infancia no era suficiente como recurso, porque el lenguaje de la infancia de hoy es diferente. Pensaba en el poder: de la justicia, de las estructuras. ¿El lenguaje tiene poder de cambio para romper en esas estructuras?

No va solo, no puede solo. No es solo el lenguaje. Pero tampoco es antes ni es después. Porque, a veces, se dice que hay muchos otros problemas de que ocuparse antes de cambiar el lenguaje. Yo creo que viene al mismo tiempo. Es algo que tiene que venir desde muchos lugares: estructuras, organizaciones, movimientos, hasta llegar a todos los ámbitos. Quien sabe de salud lo trabajará desde su práctica, lo mismo que debe suceder en cualquier actividad.

Pero sea cual sea el ámbito, siempre estará atravesado por el lenguaje.

Sí, pero quienes tienen que ocuparse más son quienes  lo “manejan” más profesionalmente. El periodismo, las universidades, las carreras de comunicación. En esos ámbitos tendría que estar la vanguardia para que se vayan permeando transversalmente todos los temas.

PUERTO NÚMERO OCHO: MUCHO GUSTO (y panza llena)

Hay una palabra que dijiste ayer y que también leí en alguno de tus textos: el capricho; ¿qué es el capricho para vos?

Y… darse un gusto. Es como algo más infantil, decir: bueno, esto lo hago porque quiero, porque se me ocurrió. Me dieron ganas de hacer este libro, busqué la manera de lograrlo, puse las entrevistas que quise y lo hice como quise. Digamos que ese para mí es el lugar del capricho, el del gusto.

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¿Interviniste las entrevistas?

No, no son tal cual. Dejé la parte de pregunta respuesta igual, con apenas algún retoque o aclaración que me pareció necesaria por lo coyuntural. Pero, en cada una, hice un perfil más desarrollado, donde cuento algunas infidencias, intimidades, algo de la cocina de la entrevista

Se coló la cocina.

Sí, otra vez (risas).

Decís que, cuando vas a una entrevista, llevás preguntas, vas viendo cómo sale el recorrido y te reservas una para el final: ¿quiere agregar algo más? Antes de preguntarte eso, me gustaría saber cómo manejas el tema de la oralidad y la escritura. En las entrevistas tuteás a la gente, pero, a la hora de escribir, lo hacés de “usted”.

No me gusta cómo queda, me parece muy confianzudo, informal. Capaz que es un vicio porque alguna vez, en el diario, me dijeron  que tenía que hacerlo así. Bueno, eso también es un capricho. No tiene mucha explicación.

Entonces, ¿querés agregar algo más?

No, creo que hablamos bastante.

“Escribir acerca de uno mismo equivale a escribir acerca de los otros (…) romper a través de lo personal lo subjetivo, convirtiendo lo personal en general, como en verdad siempre hace la vida transformando en algo mucho más amplio una experiencia privada, o así lo cree uno cuando es aún niño: “me estoy enamorando”, “siento esta o aquella emoción” o “estoy pensando tal o cual cosa”… Creer, en definitiva, no es más que comprender que todo el mundo comparte la única e increíble experiencia propia.”

Doris Lessing, “El cuaderno dorado”

 

“DEBERES”, un cuento inédito de Sonia Santoro. En 2012 obtuvo una Mención de Honor en el Primer Concurso Internacional de Cuentos “Hontanar” de la Editorial Cervantes Publishing. Leélo acá




AY, MATRIA MÍA

Por Lourdes Landeira

Desamor: Sobre la lengua, madre.

 

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La palabra no existe en el diccionario; sin embargo, suena y se cuece en sentidos de artes y de telares. Y el telar es tejido y el tejido es ronda de mujeres que crean matria. Es ahí cuando y donde se posibilita el tránsito de la vivencia individual a la colectiva. Con hijas e hijos camino a lo primordial que nos trasvasa, porque lo perdido no está muerto y las lenguas tampoco. Por el contrario, nos habitan y nos componen. Elegirlas en nuestro decir cotidiano (el lenguaje, ese productor y reproductor de ideología) es nuestra posibilidad de reconquista, con las manos en la olla, entre la opacidad y la transparencia.

 CONSENTIDOS

PRIMERO FUE EL VERBO, CON SU LENGUA

La pregunta sobre el origen  atraviesa a todos los seres con conciencia de muerte. Nos cruzan, por supuesto, muchas otras cosas: entre ellas, las teorías. Todos escuchamos la historia de Adán y Eva, del árbol, el relato de la manzana y  la expulsión, las desventuras de Caín y Abel y siguen los cuentos. Hay también quienes creen que la naturaleza creó al hombre para poder pensarse a sí misma. Para otros, el cocinar nuestros propios alimentos nos hizo dar el paso evolutivo hacia esto que hoy somos. Como consecuencia –respecto a nuestros remotos antepasados-  se nos ha achicado la mandíbula y, con ello, la potencia de la masticación. Al procesar la comida, la hacemos más blanda, fácil de tragar, aunque no siempre, de digerir.

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Quedan planteadas las dicotomías, adentro o afuera del paraíso. Los buenos y los malos. Cultura y naturaleza. Crudo y cocido, más allá del jamón y más acá de nuestro accionar.

¿Y la lengua? La usamos para hablar y también para degustar. Por ella pasan nuestras palabras y por ella pasan los alimentos. Entonces, la madre -o quien cumpla su rol- deviene principio de interpretación de nuestros sonidos, nuestros modos de nombrar y decir el universo y también, de procesar nuestro alimento.

LENGUA A LA CARTA

¿Y la lengua? Según dicen, los niños nacidos en familias bilingües tardan más en comenzar a hablar. Quizás, porque el comienzo fragmentado, un decir organizado en dos, atrasa la integración al entorno antes de caer en las trampas de la comunicación. Es solo una cuestión de tiempo, un poco antes, un tanto después,  -con una o más madres lenguas- sucumbiremos ante el reconocimiento de nuestras faltas y comenzaremos a rellenar: nuestras intemperies con idiomas y nuestras entrañas con múltiples (sin) sabores.

Ahora, a medida que nuestra mandíbula comenzó a decrecer, nuestro cerebro comenzó a crecer en potencia. Y se impuso, por supuesto, nutrirlo. Para eso, cada época ha dispuesto un menú de dispositivos de alimentación con pretensiones hegemónicas, enfrentado por voces disonantes que desde espacios minoritarios los fueron fagocitando para hacer lugar a otros, por un rato, nuevos.  A costa de vida, no de obras.

Hoy más que nunca, globalización mediante, intentamos aplicar recetarios  con iguales resultados de unas a otras personas y comunidades. Comprobamos, cada vez, matices y confrontaciones, gustos y disgustos. El conductismo: a igual estímulo corresponde igual respuesta, solo sirve para animales de laboratorio. En el mundo real, funcionan otras leyes. O no.

CON LENGUA Y SIN ADÁN

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Y, para volver al principio de este deambular, se diversifica la pregunta: ¿quién fue el primer hablante?, ¿qué y cómo lo dijo, a quién, con qué ritmo, cómo sonó? Se impone la aceptación: como el paraíso, la lengua madre está perdida. Pero, así como la nostalgia puede ser feliz y no tiene por qué implicar tristeza, aceptar no debe -necesariamente- resultar en resignación; puede ser búsqueda y motor de cambio. Para eso, para acercarnos a la naturaleza disipada, quizás se deba desnaturalizar la banalidad, el vacío del “sentido común”: el menos común de los sentidos. El mayor logro de un dispositivo de control es la naturalización de los hechos, es decir, desproveer una consecuencia de su causa, hacerla esencial. Y contra lo esencia no se puede ir, según popularizó la frase “hecha” por el sentido común.  Claro, por fortuna, el contrasentido está alerta. Madre no hay una sola y la matria es el mejor lugar para habitar, ese espacio del lenguaje desprovisto de padre proveedor, lugar donde familiar voces y digerirnos en cuerpo y alma (sin dicotomía  platónica). Contra el desamor.

 

JE SUIS DEL 49

solo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes

NÚMEROS INCIERTOS

Por mi parte, nací en el siglo pasado, un día 3, de un mes 5, de un año: 1966. Escribo en este  abril de 2016 (acá me adelanto, todavía es marzo, pero esto lo escribo para abril). Voy a morir en algún instante de este siglo que desconozco e insisto en ignorar. Tendrá fecha, día, hora, año, minuto. Será otra cifra (otro misterio a descifrar) en la que dejaré de ser tránsito entre esos dos puntos de aliento y desaliento. Entonces, de mi enredado amores y desamores  brotará  musguito en la piedra, ay sí, sí, sí.

¿Y el 49? No es un año, no es una edad, es otra clase de número: porcentaje;  sirve para definir relaciones de cantidades. Cuántos de cada cien se ubican en una fracción de un pretendido todo. A veces, las cifras son inabarcables por inmensas; otras, se exhiben para ocultar lo que nombran; su pronunciamiento aniquila lo pronunciado. El índice de pobreza e indigencia, ¿qué tiene para decir sobre las personas de carne y hueso muertas de hambre? El número – ficción – de la devaluación ¿cómo representa a quienes perdieron los umbrales de supervivencia, si lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el más claro proceder ni el más ancho pensamiento?

raices creciendo en aceras cemento asfalto

¿Y el 49? En verdad, es 48,60, fracción que, por proximidad, se convierte en 49, más cercana del otro entero, el  48. Es doce millones ciento noventa y ocho mil cuatrocientas cuarenta y una personas mayores de edad y de ciudadanía argentina; ellas se pronunciaron en contra de la opresión que implica entregar la política a los mercados, quitarle humanidad, desamorarla.  ¿Al desamor le dijo sí el 51 (exactamente el  51,40? Doce millones novecientos tres mil trescientos uno es la cantidad. Las consecuencias serán para los cuarenta millones ciento diecisiete mil noventa y seis habitantes del país, según el censo del año 2010. Es seguro que alguno más debe haber hoy por acá. La inmigración le viene ganando a la emigración y los nacimientos, a las muertes. Por ahora. Es decir: quienes eligieron la opción innombrable son, para continuar con los cálculos, el 32, 16% (me animo, esta vez a poner el famoso símbolo porcentual). ¡Cuánta fragilidad ante la  las mayorías que son – en verdad- minoría! Mi paso retrocedido, cuando el de ustedes avanza.

 

DESCIFRAR EL AIRE LIBRE

Ante el desconcierto, el 49 salió a las calles, a las plazas, se hizo placa, negra o roja, aun con lenguas prestadas. Primero dijo “je suis”, enseguida notó que no le calzaba muy bien, le molestaba y se preguntó por qué no decirlo en otro idioma. ¿Cómo se dice “yo soy” en Siria? Más fácil en portugués, “eu sou” (aunque faltaba un rato para eso). Entre miradas, abrazos, reencuentros de 2001 y pasto húmedo, corrió alguna lágrima, impávida, y la garganta se manifestó; ¡vamos a volver!, coreó. En lengua española, que finalmente también es prestada; cómo saber cuál es la lengua  madre, su sonido primario. Imposible, ya se dijo: está perdido. Entonces, con sus restos y sus versiones, mientras sea para plantar amores (sí, con rima y todo), bienvenido sea el idioma que sea. Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra.

Sucedió entonces que muchos del 49 coincidían en lo que no,  pero no era tan seguro que compartieran todo lo que sí. Y las preguntas regresaron. ¿Volver? Unos dijeron: “nunca nos fuimos”; otros, que nunca habían estado. ¿Dónde, de qué lado? No hay ciencia ni conciencia que explique cómo se sostiene un mundo ante el escándalo –otra vez los porcentajes que todo velan–: el 51% de la riqueza planetaria es retenida por el 1% de la humanidad. ¿Para qué querrán tanto de Nada? No hay cómo responder a que la mayor parte de los del 51 eligieron en contra de sí mismos. Quizás, porque más riesgoso que las lenguas prestadas son las ideologías impuestas con cuentagotas, día tras día, vida tras muerte. ¿Entonces? A revolver la olla y seguir cocinando, que la comida chatarra no me cae nada bien. Eso es lo que yo siento en este instante fecundo.

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Por eso, más que del 49, estoy siendo del 99 planetario: ese es mi lado, sea cual sea el número. Y fijo pensamiento en placa para que ninguna placa se me haga pensamiento; al menos, hasta que el QEPD me llegue. Mientras, iré cambiando láminas. Sí, cambiando,  sin miedo a la palabra, porque es de mi vereda, aunque nos haya sido robada. Violeta, hacia sus diecisiete, cambia y se multiplica; es flor, es color, es mujer, es nombre, es revolucionar.

De par en par la ventana/se abrió como por encanto,
entró el amor con su manto/como una tibia mañana;
al son de su bella diana/hizo brotar el jazmín,
volando cual serafín,/al cielo le puso aretes
y mis años en diecisiete/los convirtió el querubín.

Nota: Toda la cursiva corresponde a Volver a los 17 de Violeta Parra.

DINOSAURIOS VIVOS

CANTARES

Sonido primario, dije antes, y me vuelvo a preguntar: ¿de dónde viene el sonido de la voz humana? Me responde una versión, nuevos misterios y cifras, una teoría. Dice que compartimos con los pájaros la parte melódica de nuestra lengua. “Un total de 55 genes muestran un patrón similar en la actividad del cerebro de los seres humanos y de aquellas aves capaces de aprender nuevas vocalizaciones y de reordenar los sonidos más básicos de su canto para transmitir distintos significados. Sin embargo, la parte pragmática (que es la portadora del contenido del discurso) de nuestro lenguaje habría derivado de nuestros ancestros primates no humanos; y ambas capacidades (melódica y pragmática) se habrían fundido en algún momento de los últimos 100.000 años de evolución, para dar lugar a la forma del lenguaje humano, y con ello al origen de las diferentes lenguas (idiomas) que han sido creados por los seres humanos”, dice la famosa Wiki-enciclopedia que dice un estudio de Sabrina Engesser.

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Otra vez hombre (genérico que pretende esconder a la mujer) y naturaleza, forma  y contenido. Y sonó el pájaro; quien al parecer algo tiene para decir sobre el origen.

DICEN DE MÍ

Ave, pájaro,  paseriforme según la denominación científica. Descendientes de los dinosaurios carnívoros de la era jurásica, se diversifican hoy en más de diez mil especies. Loros repetidores, palomas mensajeras. Chorlitos y gansos.

Hay quienes sostienen que, cuando un cazador derriba a un chorlito, sus compañeros bajan a tierra a ver qué pasó con el caído y, así, se ponen en el blanco de su acechador. Cabeza de chorlito, dicen algunas voces para referirse a quienes tienen “poca” cabeza.

Los gansos vuelan en V para optimizar la energía y distribuirla en cooperación con el grupo. Un pájaro va adelante; con su movimiento produce el aire que ayuda a quien va detrás. Cuando se cansa, intercambian lugares y equilibran fuerzas. Sos un ganso, dicen algunas voces para referirse a quien consideran tonto.

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Me pregunto por los sordos, los de nacimiento, con su de identidad  en ritmos de plena soledad interior, luego compartida en fluir de gesticulación, con un sentido menos. Y los otros, que redoblan  esfuerzos para decir.

Me pregunto por los sordos, los culturales, parlantes torpes para oír al dinosaurio en cada pájaro, tan poco chorlitos, tan poco gansos. Repiten recetas, ingredientes, soberbias. Homocentristas, sin sentidos.  ¿Es el amor un sentido; es posible sentirlo sin sentidos?  ¿Es el sinsentido parte?

JUGUEMOS EN EL BOSQUE

Pero yo quería hablar de arte y de telares; para amorar. Las preguntas se multiplican el lenguaje y sus voces, recurso insoslayable donde buscar respuestas para hacer más preguntas. Y el amor como lugar para morar las matrias, tejer un nido entrelazado de voces con nombres y sonidos propios.

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¿Qué se necesita para abrir la puerta y no tropezar?

“No hacen falta alas / para ser más bellos / basta el buen sentido /del amor inmenso/ no hacen falta alas /para alzar el vuelo” (Silvio Rodríguez,  “No hacen falta alas”)

Si me caigo, ¿cómo me levanto antes de que llegue el coronel?

“Nos cayeron encima cuando las desavenencias ya habían sido limadas, cuando ya nos habíamos peleado con el lenguaje y habíamos jugado con él y nos habíamos revolcado y hasta chapoteado en las palabras como en tiempos preverbales, y para festejarlo bailábamos como locas meneando la cintura.” (Luis Valenzuela, “El Mañana”)

¿Y si soy patadura?

“Lo que has vivido te deja una melodía en el interior del pecho, esa es la que a través del relato nos esforzamos en escuchar. Se trata de escribir este sonido con los medios propios del lenguaje. Esto implica recortes y aproximaciones. Podamos para desnudar la confusión que se ha apoderado de nosotros.” (Amelie Nothomb, “La nostalgia feliz”)

¿Cuántas cuentas se pierden a la luz de un farol?

“Durante demasiados años he vivido expuesto a la luz cruda de la lengua argentina como para no padecer quemaduras en la piel. Porque la luz de la lengua es como un rayo químico. Esa luz clara, el agua purísima de la lengua materna, mata a los hombres que se exponen a ella. Las manchas en la piel fueron la prueba de mis pactos alquímicos con la llama secreta del lenguaje nacional. Esa luz es como el oro. La luz de la de la lengua destila el oro de la poesía. (…) Es el espacio pleno, es el desierto, es la intemperie sin fin, como dijo el poeta, y es ahí, señores, donde pienso perderme.” (Ricardo Piglia, “Una vista”, en “Los diarios de Emilio Renzi”)

¿Alguien tiene una receta para alzar mi bandera y seguir aun cuando me quiebre?

“En la Mente sentí una Hendidura- / Como si el Cerebro se me hubiera partido- / Traté de componerlo- Costura con Costura- / Pero no conseguí que coincidieran”.(…) / “La Mente vive del Corazón / Como cualquier Parásito- / Si aquél está lleno de Carne /La Mente engorda” (Emily Dickinson, “Oblicuidad de la luz (95 poemas)”)

Si al subir la escalera me faltan amarras, ¿es válido  traducir para contar?

“No se trata del respeto por la lengua, de cada una de las lenguas, ni del respeto del sentido, sino de una concepción del sentido que trata a las palabras como términos cuyos espectros semánticos se cruzan e intersectan sin tener en cuenta que esas palabras designan significantes, y que lo que fue estropeado, si no suprimido, no es lo que puede traslucirse de la belleza de la lengua, sino nada menos que el pensamiento que sostiene el cuerpo textual (pensamiento no conceptual, como efectuado por el texto, del que es indiscernible)”  (Elise Guidoni, “El amor cuidará de sí”)

Puede complicarse, si las rodillas flaquean ¿qué hacer antes de que toquen el piso?

“Duermo, sueño, miento mucho. Se ha desvanecido la forma pajaril. Me han expulsado la poderosa forma pajaril y su amplio despliegue en la ciudad. Después de tanto esfuerzo he perdido el hilo razonable de los nombres y se han desbandado todas mis historias. Sangro, miento mucho. (Diamela Eltit, “Vaca sagrada”)

Para que las cuentas me salgan bien

“Recojo el hielo a la deriva de los poros congelados  / luego con buena voluntad y mucha miel haré un helado / no le daré, no le daré al mentiroso y al cobarde / repartiré, repartiré sólo al que ama y al que arde” (Silvio Rodríguez, “No hacen falta alas”)




“CAPAZ QUE TAMBIÉN SOY LOCO”

Por Florencia Paz Landeira y Lourdes Landeira

Los anormales: Sobre la visita a la chacra del ex presidente uruguayo, José Pepe Mujica

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“Las plantas siempre dicen algo. Su color, su postura, nos hablan, hay que saber entender. A veces digo que soy un poco panteísta y la gente me mira como si fuera loco. Y sí, capaz que también soy loco.” (1)

 

Bajo la sombra de un árbol, descansa un hombre. Recostado contra un banco de hierro y coloridas tapas de botella, parece enraizarse en la tierra, donde se apoyan sus pies. Bien plantado, conoce la lengua potente de las plantas, aquella que para la mayoría pasa por silencio inerte. De gorra, pantalón de jogging, camisa y zapatillas desatadas, mira su casa, a pocos metros, cual refugio inalcanzable. ¿Descansa el hombre?

Frente a él, en diagonal, una mujer de ojos cálidos, pelo blanco y media sonrisa. Desgrana habas y las reserva en una bolsa de nylon. Las vainas, caídas sobre la tierra, dibujan una cadencia eterna. La mujer y el hombre, solos, comparten tardes con algunos perros y gatos. Ella lo observa, su mirada devela  una comprensión inconmensurable, como crecidos de la misma raíz. Y basta una palabra, aun  la más trivial, para ablandar su ceño fruncido. El hombre y la mujer, ¿están solos?

Tenemos claro que hay que pensar sencillamente en vivir como pobres, para nosotros, quien lucha por la igualdad tiene que tener claro que hay que vivir en la igualdad de los más y no para algún día, porque aprendimos en todos estos años que la dureza con nosotros mismos es la mejor fuente de ternura para los demás.

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La escena invita a la sospecha. ¿Qué hay en esa mirada anhelante, ceño fruncido, lengua aguda?

Es que acá ya no se puede vivir, me voy a tener que ir, no hay paz, no tenemos tranquilidad. Todos los días, todos los días aparece gente en la entrada como quien viene a ver los monitos en el zoológico. Y algunos se instalan, pasan la noche, no hay respeto.

Pepe es como la mugre, lo conoce todo el mundo”, juega uno de los encargados de la seguridad. Es que el “Pepe” Mujica no tiene descanso y, en su casa, – la nombrada chacra –, él y Lucía Topolansky nunca están solos. A metros de ese banco y ese árbol, tras un no siempre acatado cartel de “PARE”, llegan personas a diario, desde la ruta. Vienen por una foto, una dedicatoria en un libro, una entrevista o, simplemente, por una charla. A los visitantes, los suele recibir alguno de los guardias de la seguridad presidencial – hombres de su confianza – que lo acompañaron durante su mandato y hoy se turnan de a uno para continuar la tarea que ya parece inclaudicable. “En este momento, está ocupado”; “Justo acaba de bajar a trabajar al campo”; “Está descansando”; “Ahora viene a recibirlos”; “No está”: distintas resoluciones a los azarosos intentos de tener, al menos, un encuentro cuerpo a cuerpo con el presidente más popular en la historia uruguaya y al que se le adjudican hazañas como el de “haber cambiado la forma de hacer política”.

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No tengo que olvidar. Y no es fácil para un cerebro carcomido de rejas (…). Estamos reaprendiendo, porque hasta la tumba se reaprende.

 

Parece simple, pero es inaudito. A tan solo minutos en auto, desde el centro de Montevideo, se llega a Rincón del Cerro. Y, allí, hasta la puerta de la casa del ex presidente y la actual senadora. Y aun en el menos afortunado de los intentos se logra un diálogo amable con uno de los guardias. Es que, otra vez, acá poco  se  parece a lo esperable. La casa es una chacra, con un generoso lote arado. Sobre buena parte del terreno se alza un enorme galpón en el que Mujica fundó, en marzo de 2015, una escuela agraria deUTU, Universidad del Trabajo del Uruguay, conocida también como Consejo de Educación Técnica Profesional. El encargado de la seguridad de la escuela habla de los gurises, como si él fuera uno de los maestros, mientras Pablo-de la seguridad presidencial- arma ventanas para las aulas, en sus ratos libres. Acá no hay tuyo o mío, hay un nuestro implícito y encarnado. Pablo dice que, el 1º de marzo de 2010, “asumimos el mando con él”.

Yo les recuerdo, muchachos, que la pasión no justifica la miseria… la miseria del alma. Nacimos para luchar por la igualdad y por el sueño de un hombre, si no nuevo, mejor.

- Con Lucía estuvimos ocupados intentando cambiar el mundo y se nos pasó el tiempo de tener hijos. Y ahora estamos llenos de gurises, acá, en la escuela. Son chicos que capaz no terminan el liceo, porque es un sistema que no los contiene, que los expulsa. Y acá les ofrecemos contención y una formación en oficios. Ahora tenemos unos 65 en total, un poco menos de nenas que de varones. Pero, con la obra que estamos haciendo en el galpón, vamos a poder recibir chiquilines de todo el país y ya hay una cantidad de nuevos anotados.

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La escuela se puso en marcha gracias a numerosas donaciones a través de la Fundación Purificación, a la que pertenecen el “Pepe”, Lucía y otros militantes del MPP (Movimiento de Participación Popular, que integra el Frente Amplio). La propia fundación donó el terreno. La escuela tiene una huerta, un gallinero y están por armar un sector de carpintería. En el terreno de la chacra de Mujica, los gurises hacen sus prácticas, “para que aprendan a trabajar la tierra”. Las aulas de la escuela fueron realizadas a partir de contenedores donados, previamente dispuestos con equipos de aire acondicionado  y ventanas, también hechas a partir de lo que fueron las mamparas de las duchas de un hotel y la madera cedida por una fábrica de vidrio.

Días atrás, hizo una visita Rubén “el Negro” Rada y tuvieron una jornada de percusión. “Uno de los chicos que se venía portando medio mal se enganchó, así que ahora le estamos haciendo un tambor”, nos cuenta Luis, uno de los que trabaja en la seguridad  contratada para la UTU. Cuando habla de los chicos, mueve la cabeza como quien reniega, sin poder disimular la sonrisa cómplice que le ablanda el rostro. Luis es del Departamento de Artigas, al norte de Uruguay. Lo conoció al “Pepe” en un acto político, cuando el que sería futuro presidente visitó su ciudad.  En un asado compartido se generó el vínculo que cambiaría la hoja de ruta de Luis.

FOTO 5Queremos además, y perdonen por la incoherencia, no es fácil ser coherente con la emoción que ustedes representan, con tantos años de trillo en esos calabozos, con tanta soledad encima… No es fácil, perdonen las limitaciones, hilvanar lo que teníamos que decir, hay mucho, mucho, mucho, mucho…

Pablo tiene la piel curtida por el sol. Es alto, flaco, usa jean y una remera de algodón. Va con el mate a cuestas pero “está siempre frío, entre que voy y vengo, no le doy continuidad”. Hasta hace algunos años, era preparador de autos de carrera. Antes, claro, de integrarse a la seguridad presidencial de Mujica. “En tres meses tuve que aprender todo, fue muy intenso el entrenamiento, tanto acá en Uruguay como también en el extranjero”. La voz se apaga un instante,  nuestras miradas se encuentran en el espacio indecible. El momento pasó y el dialogo se restituye; para explicar el salto hay que ir a la raíz. El padre de Pablo, Dilermondo do Reis, es el más antiguo amigo del “Pepe”; se criaron juntos en Paso de la Arena, no muy lejos de la actual chacra. Compañeros de escuela, su amistad, aunque se inició por cercanía, se fortaleció por la pasión compartida por el ciclismo y  supo esquivar a las diferencias políticas. “El Nene” – como lo llama Mujica – luego montó un taller de bicicletas que aún conserva. Con el mismo empeño, ha guardado fotos y la estampita de la comunión de Mujica, titulada premonitoriamente “Hacia la cumbre”. En esa amistad, Pablo encontró un tío. Disfruta relatar las visitas, de la mano de su padre,  a la casa de la infancia de Pepe; una imagen aún lo estremece: “Me acuerdo de ir a su casa y que esté su madre sentada al piano, con el pelo gris, abundante y suelto a ambos lados de la cara,  tocando una melodía que no identifico pero todavía puedo escuchar”.

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Y como si el paso de preparador de autos de carrera a seguridad presidencial no fuera lo suficientemente abismal, el “Pepe” no se destaca por acatar lo protocolar: “Se te escapa, se te sale de la línea siempre, no le podés despegar el ojo porque lo perdés. Y la responsabilidad es nuestra. Hemos tenido cada agarrada que ni te cuento. Pero igual siempre gana él”, confiesa Pablo con una sonrisa entrañable y la mirada perdida en el suelo. Y en su tarea han tenido que lidiar con comitivas extranjeras que, cuando están de visita en el país, son responsabilidad de la seguridad presidencial uruguaya. “La más brava fue la de Venezuela, eran unos tipos gigantes que te ponían el cuerpo para mandar ellos. Pero no funciona así. Acá mandamos nosotros. Igual Chávez fue el más profesional, muy fácil para trabajar, no como el ‘Pepe’”.

Aparte del día a día, a Pablo le cambió la mirada; tiene, lo que se dice, “otra cabeza”. “Ya no puedo mirar a la gente de la forma en que lo hacía antes, estoy pensando qué hay más allá, qué se oculta. Estoy siempre estudiando a las personas. Es algo que se va a quedar conmigo”.

Las cosas que en la política sean verdaderamente gravitantes, que no se puedan explicar con sencillez, no son tan importantes.

El estado de alerta enunciado se contrapone al entorno que lo enmarca: verde, tierra, plantas, piares de pájaros, el cojeo de una perra rescatada de un accidente en la ruta, una gallina que se queja desde el fondo, la huerta y su reclamo de atención, el espacio de predio que albergará a conejas y conejos (“a uno de los gurises le gustan y le vamos a armar la conejera para el año próximo”). Y el galpón a construir, con más aulas, elementos de la futura carpintería, inodoros donados, regalos recibidos por el ex presidente (entre ellos, su rostro tallado a mano, en piedra, por los internos de la unidad de reclusos del  Vilardebó, un hospital psiquiátrico de Montevideo). Pablo le pone el cuerpo a todo. Se multiplica, igual que los inscriptos a la escuela (“lo que queremos es que los gurises se queden trabajando la tierra; si de 400 salvamos a 200, felices, había dicho Luis minutos antes”) entre el ejercicio de custodio, anfitrión, vecino; cigarrillo y mate de por medio. Quizás él también aprendió a escuchar el grito de las hormigas y las arañas.

Como Pepe, muchos años atrás, en el pozo del aljibe en el que pasó dos de los trece años que fue rehén de la última dictadura sufrida por el Uruguay (1972 – 1985). Allí pudo comprobar que “basta con  acercar las hormigas al oído para escuchar sus gritos”.  Haber sido rehén significó, además de aislamiento, la amenaza permanente: “estás condenado  a muerte. Cualquier atentado que se produzca afuera vamos a limpiarte. Y vos sabés que eso es muy fácil porque se simula una fuga y ya está”, sentenció en aquel entonces un mayor de la época a uno de los compañeros de Mujica; para describir la situación de ellos, los nueve dirigentes tupamaros elegidos como garantía.

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Por eso los sacaron del penal de Libertad; sí, en el Uruguay pasan esas cosas, hay un Arroyo Seco, un Cerro Chato y un penal de Libertad (por la ciudad en la que está ubicado). Las contradicciones, el silencio aturdido de gritos inaudibles, la muerte golpeando la puerta a cada instante hicieron que el lenguaje, una vez recobrada la calle, fuera urgente. Los compañeros de estos y aquellos tiempos recuerdan que, en los primeros encuentros políticos, apenas reestablecida la democracia, se notaba claramente quiénes habían padecido cárcel, porque su modo de hablar era directo, preciso; desnudo, quizás, ante la intemperie.

No venimos a llorar nuestros dolores ni nuestras penas, simplemente, a dejar bien clarito que el puñado de viejos que van quedando tiene nítidamente claro que apenas es un palito, que debe funcionar par que la colmena se aglomere en rededor: lo esencial no es el palito, sino la colmena.

Mujica se enciende cuando habla de la escuela y del proyecto de crecimiento.

- Ya tenemos el mástil y la bandera para colocar, pero antes vamos a terminar la obra, es lo más importante”

Mientras lo dice, mira al horizonte atravesado entre sus ocres verdes y las habas de Lucía.  Escoltado por perros y gatos que van y vienen los senderos de la chacra y la mirada atenta de Pablo, que nos enfocó siempre- cuando nos tomó las fotos y cuando no- Pepe se interna campo adentro. Dice no estar para entrevistas. Una vasta vegetación lo espera para conversar. Y allá va. Entre nosotros. A trazar la historia.

“El lápiz imprimió una disciplina en mi cabeza. El ejercicio de escribir disciplinó mi cerebro. Así me saqué la enfermedad de encima”(3)

 

(1)    Del prólogo de Pepe Mujica. De Presidente a Tupamaro, de María Esther Gilio

(2)    Los resaltados corresponden a fragmentos del discurso de José Mujica, el 26 de marzo de 1985 – apenas 11 días después de haber sido liberado-  ante una multitud reunida en el Platense Patín Club de Montevideo.

(3)    De la entrevista para Le Monde Diplomatique, por Martía Esther Gilio




YENDO DE LA CAMA AL LIVING

Por Lourdes Landeira y Florencia Paz Landeira

Anormales: Sobre Pauline Zkerra, prostituta indignada y consejera de Barcelona.

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Cuando la conocí, en una primavera porteña de hace muchos años – más de veinte –, Paula andaba las calles de Buenos Aires. Rodeada de amigos y, en general, con una sonrisa a medio guardar que soltaba ante cualquier gesto cómplice. Y esa luz: sombra bajo el rostro alerta, por si tocaba pelear, ¿viste?

Cuando la visité en Barcelona, en el 2010, me invitó a su casa okupa – previa consulta a sus compañeros –. Seguía siendo Paula, algo más rubia, un tanto más delgada, muy segura en su caminar y en su saltar los molinetes para no pagar el subte. Yo nunca lo había hecho, pero al lado de ella me salió tan natural. Sus amigas la llamaban Pauline y ella brillaba, mientras me mostraba el barrio. Algunas noches, con más o menos nubes, salía. ¿Vale?

Cuando conversé con ella en la semana preelectoral argentina 2015, se corrieron todos los velos y me dijo: “Es una explosión de vida, una luminosidad, a veces me siento tan feliz, que siento luz”. Bonito, ¿no? Es Pauline Zkerra, consejera del distrito Ciudad Vieja de Barcelona. Ciutat Vella, en catalán.

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Cómo no pensar en cuánto nombran los nombres: a veces para dar identidad, a veces para estigmatizar. ¿Qué divergencia o avenencia habrá entre puta y trabajadora sexual? O entre activista y okupa, entre inmigrante e ilegal, entre ciudadana y desocupada, entre feminista y femenina, entre indignada y política. Entre Paula y Pauline.

ENTRE LA RAMBLA Y LA ASAMBLEA

¿Cómo llegaste a ocupar el lugar en el que hoy estás?

Mi cargo es consejera en el distrito centro de Barcelona, que ocupa cuatro barrios, el Raval, el Casc-antic, el Gotic, el Barceloneta, ¿vale? Es donde está el puerto, las ramblas de Raval, el ayuntamiento, donde van todos los turistas; es la zona más potente, el distrito más centralizado, por decirlo de alguna manera. Hasta ahora el cargo era ocupado por personas elegidas a dedo por los partidos políticos. Esta vez, a raíz de las demandas al estado español, después del 15 M, salieron, pues, reclamos desde el pueblo, que no estaba contento con cómo se están perdiendo derechos sociales en España y en toda Europa. Se dice que se sale de la  crisis, pero es mentira. Aprovecho a decir que Mauricio Macri apoyó la campaña de Mariano Rajoy, quien metió a España en la crisis de derechos sociales, no solo económicos. Porque la gente  piensa que el derecho social y humano se gana de un día para el otro y no es así; es muy difícil de conseguir y, a veces, tan fácil de derrumbar.

FOTO 3¿Qué sucede en España en esa materia?

Rajoy ha sumido al país en una crisis absoluta. A tal punto que ahora una ley que dice que viene a cuidar a las personas, prohíbe el derecho a la manifestación y el hacer fotos a los policías cuando están asesinando. En lo que es mi especialidad, el trabajo sexual, la ley dice que cuida a las trabajadoras sexuales; entonces, prohíbe el consumo del trabajo sexual, porque lo considera la esclavitud del siglo XXI y enuncia que se va a castigar a los clientes. Pero dos artículos más abajo, esta ley mordaza dice que la trabajadora sexual, que no cese en su trabajo cuando un policía se lo indique, recibirá una advertencia. Si hay una segunda vez, se le hace a la mujer una multa de 500 euros; si una compañera se enfrenta al funcionario de turno por tercera vez, la multa es de 10.500 euros. Es decir, que una mujer puede deber- en un día- 11.000 euros al estado español. Y esa es la manera en que ellos quieren acabar con la esclavitud. Con el cliente, nada; nunca jamás se castiga al hombre. Lo mismo pasaba en Argentina con los edictos policiales en alguna época; yo los sufrí, la policía decía que no te perjudicaba, pero la que iba a la cárcel era una, las violadas, maltratadas, humilladas: las trabajadoras sexuales. Estas leyes, en muchos países, avalan los asesinatos hacia las trabajadoras sexuales, sobre todo, contra las mujeres, las que más sufrimos la violencia institucional.

No terminaste de contar cómo llegaste a ocupar tu cargo de consejera.

Estoy en un partido que es independentista,  la CUP (Candidatura de Unión Popular). Se diferencia de los otros partidos por ser anticapitalista y anti patriarcal. Ahora, estamos intentando que realmente sea feminista. Ellos invitaron a participar a los movimientos sociales, organizados a raíz de la crisis. “Prostitutas indignadas”, el colectivo al que pertenezco, es anterior a la crisis. Nosotras veníamos peleando contra la ordenanza cívica que intenta marcar cómo una persona debe comportarse para ser correctamente cívica. Y dice que las trabajadoras sexuales no pueden negociar en las calles. Queremos regularizar el trabajo sexual. Hicimos una movida muy fuerte en todo el mundo y por eso nos ofrecieron a nosotras una candidatura. En nuestro colectivo, se decidió en asamblea que fuese yo en la lista, porque soy la más feminista, políticamente hablando. Se hizo una reunión, se invitó a los cuatro barrios a llevar sus candidaturas y a defenderlas. Y aquí estoy. Soy la única de nosotras, pero no significa que estoy sola, solo soy la cara visible; sin ellas, mis compañeras, no soy nada. Es un poderío de mujeres en el que estoy arropadísima.

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¿Cómo fue hacer campaña política?

Al principio me costaron los encuentros, pero siempre dije y digo que soy trabajadora sexual. A la gente del barrio le encanta, me paran por la calle, me hacen preguntas. Ahora, hay otra gente que me ha cuestionado que vaya diciendo que soy puta. Me pasó en un programa de radio: el conductor me dijo que él era cojo y no iba diciéndolo por todos lados. Claro, le dije yo, pero vas diciendo que eres conductor de radio y esa es tu profesión. Y mi profesión es ser puta y esto es lo que digo. Y si tú tienes un problema con la palabra puta, pues es tu problema. Da miedo, pero no paraliza, el miedo te lo trabajas un poquito. Lo que más tengo es el hablar con mis compañeras. Ellas me pagaron la campaña. Era trabajar o hacer la campaña. No es cuestión de que los partidos te paguen la militancia, pero sí de que se revea, que se solventen tus gastos. Trabajo con los militantes de base, que no cobran nada y no estoy de acuerdo con eso, porque significa que solo puede hacer política quien tiene recursos económicos. La CUP triplicó los votos en mi distrito. Fue todo un logro.

DENTRO DEL RECINTO (¿LUCES?, NO)

¿Qué implica ejercer el cargo?

Es mucho trabajo y mucha responsabilidad. Y está también el miedo: a lo que no sabes, a no estar al nivel de la confianza de la gente que ha apostado por ti, a no lograr un cambio real, a que todo el esfuerzo por lo que se ha peleado todos estos años caiga en saco roto. Mi partido es nuevo, no éramos políticos, somos personas de la calle que ahora somos políticas. No conocemos todas las herramientas, todas las leyes, estamos aprendiendo. Los que sí son políticos profesionales usan esto a su favor. Te doy un ejemplo: hubo un debate sobre si luces sí o luces no para la navidad. Para mí, la respuesta era muy simple: luces no. Ese dinero se puede invertir en guarderías, comida, lo que sea, ayuda para la gente que no tiene dónde vivir, porque los bancos que lucraron durante dos décadas ahora expulsan a los que no pueden pagar la cuota. Muy simple: luces, no. En cambio, los políticos con experiencia hacen grandes discursos sobre por qué poner las luces. Es una pérdida de tiempo, yo soy simple, no académica; y la gente lo agradece y mucho, la simplicidad y también el compromiso.

 

Hablemos de feminismo.

Antes te decía que soy la más feminista de mi espacio. El temFOTO 5a es que las otras compañeras no se asumían como feministas, por sentirse rechazadas por el feminismo institucional. Entonces, ha surgido el feminismo de las trabajadoras sexuales, que se inscribe en los nuevos feminismos. El feminismo institucional aparece como un concepto escrito pero, en verdad, tiene que ser un proceso. Necesitamos, hombres y mujeres, asumir qué significa el feminismo y entender que no hay un solo feminismo. Las mujeres musulmanas pueden tener uno, las lesbianas, otro; las heterosexuales, otro; otro, las amas de casa y, por supuesto, nosotras, el de las trabajadoras sexuales. Se trata del análisis de la sociedad machista en la que vivimos y en pensar cómo queremos revertir esa situación. Eso es lo que intentamos hacer. Una cosa es lo políticamente correcto en todo el mundo. Somos iguales, tal y Pascual pero- de hecho- en nuestro partido, que se define anti patriarcal, estamos haciendo un protocolo para evitar agresiones machistas.

¿Y lo femenino?

El ser femenina y el disfrutar de serlo, para mí, es un poder; por más que sea una construcción cultural, lo tengo, lo disfruto, lo vivo y me gusta. Es una cosa que reivindico mucho, en cada acto social que hago soy exageradamente femme; no porque seas femme eres tonta, o te tienen que faltar el respeto o estás provocando a alguien. Creo que habría que darle más valor a la femineidad y no tanto a las masculinidades, que ya lo tienen. En general, las mujeres que han llegado al poder son muy FOTO 6masculinas. Y no creo que sean valores a resaltar. Sí lo son el cuidado, el cariño, el respeto, la atención; eso hay que poner en alza. El vestido de la asunción me salió muy caro, pero no fue casual, una mujer femenina no tiene que vestirse de modo simple. No, esa es una de mis reivindicaciones. Y le hago mucho hincapié. La ropa es el juego con que nos divertimos los adultos, ya está, nada más, no por eso te tienen que violar, ni que tocar, ni que decirte nada.

EN LA SALA DEL TRABAJO

¿Qué pelea dan las putas indignadas como colectivo?

En la CUP creamos el programa sobre trabajo sexual; por primera vez, se hace un programa donde se habla de anticapitalismo en la prostitución. Decimos que no queremos trabajar para terceros. Pero, en caso de que una mujer trabaje para un tercero, ella tiene que tener más beneficios económicos que el empresario. Invitamos también a la reflexión de la dignidad del trabajo, entendemos que- en esta sociedad- no existe un trabajo digno, sino que hay explotación a tutti pleni, a todo el mundo. Siempre que damos una charla, un discurso, preguntamos: ¿Tú te sientes digno en tu trabajo, crees que te están valorando? Y claro, la gente empieza a reflexionar. Nosotras tampoco decimos que es el mejor trabajo del mundo. Yo misma, no sé qué hubiera hecho si hubiera tenido otras oportunidades, otra realidad. Pero no puede pasar que una mujer como yo, que llevo trabajando más de treinta años, no tenga derecho a nada porque he sido prostituta y mi trabajo no está reconocido. Quizá, en una sociedad más justa, donde hombres y mujeres tengamos las mismas oportunidades, las trabajadoras sexuales replantearemos si la prostitución es válida. Entendemos que es patriarcal, pero no es verdad que el abolicionismo solucione la realidad de las trabajadoras sexuales, sino que ayuda a aumentar el estigma de lo que significa ser puta en esta sociedad. Y nos castiga, nos empuja a la clandestinidad y nos deja más vulnerables. Si nuestro trabajo estuviera regulado, podríamos acceder a derechos que hoy no tenemos. Las abolicionistas invisibilizan nuestra capacidad de decisión.

¿Cuál es el estigma de ser puta?

Ser puta está muy mal visto. Eso viene junto a que todo lo relacionado a la feminidad y a la sensualidad de la mujer tiene que ser castigado. Se avanza en todo el mundo sobre derechos del colectivo lgbtiq (lesbianas, gays, bisexuFOTO 7ales, trans, intersex, queer), pero el aborto está prohibido. Que una mujer se apodere de su sexualidad está prohibido. Nos castigan porque tenemos la capacidad de utilizar nuestros genitales, nos hacen ver cómo víctimas, y no es tan así. Cuando un hombre está frente a una trabajadora sexual, él se siente vulnerable, tiene que pagar por un deseo construido socialmente como incontrolable. Esto nos da un poder económico: cobrar un dinero por algo que ellos están deseando, nuestras vaginas, nuestros culos, nuestras bocas.

Las abolicionistas suelen decir que si la prostitución fuera una profesión, entonces, estaría en la oferta posible para las niñas a la hora de elegir trabajo.

Yo he sido trabajadora sexual desde los 13 años, por supuesto, no es lo aconsejable, pero a mí me salvó la vida. Aun así, tenemos que evitar que niños y niñas tengan que hacer trabajo sexual. A otras les ha costado la vida, claro. Hay que tener, una vez más, una red de cuidados reales. Si después, ya adulta, tiene que apuntar para el trabajo sexual, que sea en las mejores condiciones posibles. Muchas mujeres eligen ser trabajadoras sexuales. Es el famoso tema del mientras tanto, qué hacer hasta que haya una sociedad sin condiciones de violencias y maltratos. El estigma hace que los hombres crean que las putas somos menos que nada, por eso se sienten con derecho a matarnos. Y esto en la prensa no sale.

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¿España tiene un índice alto de femicidios?

Sí. Y muchas chicas jóvenes parecen estar más relajadas, menos alertas, se olvidan todo lo que hemos sufrido nosotras para lograr el status social que tenemos las mujeres hoy. Permiten que los novios les controlen el móvil. Creen que el amor es de fidelidad absoluta, posesión, yo soy tuya. No sé si fallamos las madres en trasmitir, si es algo propio de la adolescencia. Y los hombres siguen imitando el modelo de lo que es ser hombre, dominador. Entonces, hay que trabajar con ellos y con ellas en que las mujeres no son su posesión. Los asesinatos son una expresión de la construcción social del eres mía o de nadie. No sé cómo es aquí, pero en España, cuando un hombre mata a una mujer, intentan sacarse el muerto de encima. Dicen: hombre de origen rumano mató, o latinoamericano. Si yo matase a alguien, dirían: nacionalizada española de origen argentina. Si es una violenta, es que no es de nuestra cultura. Eso me jode.

A LA INTEMPERIE CON COBIJO

Tu vida cambió radicalmente con esta nueva función, tenés un sueldo todos los meses, un trabajo al que ir todos los días, ¿cómo lo vivís?

Tengo mucho más trabajo y poco tiempo libre. La gente te para por la calle para proponerte cosas, tú tienes que llevarlo a tu partido, después al distrito. Que si las casas están deterioradas, que si creamos una cooperativa de trabajadores del mismo distrito para que hagan reformas; aquí juega mucho el tema de la gentrificación que expulsa a los antiguos vecinos europeos para que el barrio sea más blanco, más rico (como acá pasa en San Telmo). Los vecinos se organizan para combatirlo. Ya participaba en los movimientos sociales, pero ahora estoy más comprometida como consejera en las demandas de la gente, como que no se aprueben más hoteles, que el dinero del turismo se vea en la ciudad, que el turismo sea más respetuoso y no tan invasivo. Se ha perdido la familiaridad de la gente que vive en estos barrios. Y el dinero solo beneficia a los empresarios. Nosotras apostamos al negocio de proximidad, entre otras cosas. Suena muy bonito tener un sueldo todos los meses, pero también es un compromiso desde la mañana hasta la noche durante todos los días. Es una responsabilidad muy grande de la que estoy encantada y lo voy a hacer lo mejor posible. Y mucho más que eso, que soy una tía que aprende muy rápido.

FOTO 9Trabajo, compromiso, responsabilidades, ¿hay una contrapartida?

Cobrar un sueldo me da una seguridad, a corto plazo, porque es por cuatro años, nada más. Toda mi vida me sentí frustrada y culpable por ser trabajadora sexual; eso me hizo perder mi capacidad de fuerza, todo lo que aprendí, mi profesionalidad, perdí el tiempo buscando una solución y una salida de la prostitución. Cuando me empoderé en el trabajo sexual era grande, tenía 30 años. Podría seguir trabajando aun (tengo 44), de hecho, las que más cobran son las mayores, que son profesionales. Pero luego tuve un accidente y no pude seguir trabajando. Vale, trabajaba muy esporádicamente y me empobrecí muchísimo. Si yo ahora estuviera bien físicamente, con este sentimiento de libertad y empoderamiento que tengo, creo que es mucho mejor ser puta que ser política. Trabajaría en mi profesión y me financiaría yo misma el activismo, es lo que hacen mis compañeras. Si la prostitución estuviera reconocida y yo pudiera parar y cobrar el paro- el subsidio-, como se dice aquí…  Claro que este trabajo me da otros beneficios, yo podría pedir un préstamo, por ejemplo. De todas formas, me gustaría volver a trabajar en el sexo, con toda la experiencia  que he adquirido, con el empoderamiento, con la idea política que tengo ahora. Seguramente, lo voy a hacer después de estos 4 años.

¿En qué otra acción concreta estás embarcada?

Estamos intentando una acción con la huelga de mujeres internacional (strike women, como golpe para el estado) para participar en visibilizar las tareas no reconocidas de la mujer. Por el reconocimiento económico desde los estados de las tareas del cuidado. El sistema capitalista ha basado tosas sus estructuras en el trabajo invisibilizado de las mujeres. Se construyó el trabajo como natural, pero ha sido impuesto. Se derrumbaría la sociedad si cobráramos por nuestro trabajo. No pueden sostenerse las jerarquías del trabajo, ¿por qué una arquitecta tiene que cobrar más que un ama de casa? Las estructuras del trabajo son clasistas. Es tan necesaria una mujer que limpia un edificio como una que lo proyecta. En Europa las tareas del cuidado están relegadas a los inmigrantes, mayormente. No ven como profesiones la limpieza y el cuidado. No debería haber status.

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¿Ser inmigrante no fue un condicionamiento para tu candidatura?

No, tengo ciudadanía argentina y española. En general, no me he sentido discriminada porque soy blanquita. Y, en mi partido, la CUP, en ningún momento se hizo diferencia. Barcelona reúne muchas culturas y muchos países. Hay un argentino regidor, un puesto mucho más importante que el mío. Había gente que ni sabía que yo era argentina. Además, como partido independentista, se considera que todas las personas, no importa de dónde vengamos, somos parte constructora de un nuevo país, una nueva nación; entonces yo soy catalana, soy barcelonesa, soy parte de esto, porque lo estoy construyendo. Esa es la visión de mi partido. No luchamos solo porque sea independiente Cataluña, también por un país diferente, socialmente más igual. La CUP quiere salir de esta comunidad europea racista y clasista, entonces, si vamos a ser parte de Europa, que sea de una más justa. Es lo que anhelamos.

EL LUGAR DE LA LENGUA, CON O SIN NORMA (HABLO TODO EN FEMENINO)

¿Hablas catalán?

Yo soy barcelonesa. No puedo decir que soy catalana, porque no hablo el idioma. Lo entiendo y tengo metidas algunas palabras del cotidiano. Pero mi trabajo es en catalán. Los plenarios, las reuniones son en catalán, entonces, claro que lo entiendo. Como Barcelona es bilingüe, hasta que me metí en la parte institucional, no tuve la necesidad de hablarlo. Ahora todo el mundo me habla en catalán, por la normalización de la lengua, que le dicen. Yo dejé muy claro que no iba a hablar en catalán, ellos dicen que se va a dar con el tiempo. En algunas décadas será única lengua y todo el mundo lo hablará. Y, vamos, yo terminaré hablando catalán.

¿Utilizan lenguaje inclusivo en los plenarios?

El lenguaje inclusivo es un aburrimiento, pero entiendo que es un proceso. Ahora hablo todo en femenino. En los plenos del distrito, generalizo todo en femenino, entonces digo, todas nosotras las consejeras, aunque haya consejeros. En la asamblea de las trabajadoras sexuales, todos los documentos los redactamos en femenino. Porque creemos que es una manera de empoderamiento. El lenguaje es importante. También usamos mucho la palabra puta, para quitarle el estigma. Un amigo nos contó la versión de que la palabra puta significa, en una de sus acepciones, pensadoras. Dice que, en la antigüedad, cuando secuestraban a las griegas o a las romanas, se llevaban a las mujeres más guapas y las de clases más altas y con mayor instrucción, mujeres que podían tener un debate político e intelectual. Las hacían esclavas y los hombres que la sometían decían: ten cuidado con esta porque es una puta. Eso significaba que era una pensadora y que podía comerle el coco al tío. Es una definición que, más allá de lo que tenga de cierto, a mí me encanta, la hago mía.

¿Qué normas rompiste y qué normas te gustaría romper?

Llegué a Europa hace 15 años, quería conocer el movimiento okupa. A los 15 días fui a una reunión anarco-feminista y me invitaron a vivir a una okupa, me encontré con una artesana que había conocido en Uruguay y me fui a vivir con ella. Para mí fue terrible, porque no estaba nada acostumbrada, fue un shock, la gente se vestía todo igual, todp de negro. Toda mi vida rompí las normas. Tú puedes romper todo, pero si más o menos encajas en el esteFOTO 11reotipo, es una herramienta, lamentable pero real. Yo pasaba fácil por las fronteras, por una actitud que se lee, gestos de empoderamiento que me dieron el ser argentina y los movimientos sociales por los que pasé. Pero la migración no fue una de las cosas que a mí me tocó negativamente. Romper la idea de vergüenza de ser una trabajadora sexual ha sido la ruptura más grande de todas las que he tenido. Sentirme poderosa ante los hombres, caminar segura, sintiéndome sexual, sexy, pero empoderada. La explosión de mi femineidad, pero una con poder, no con una mirada de soy para que vosotros me consumais, sino soy yo la que estoy caminando aquí. Mis novios me tienen miedo, mis amantes, los que se meten conmigo a la cama, también mis clientes. Quieren que yo esté a gusto, se preocupan por eso, porque desprendo la seguridad del proceso de aprendizaje de la vida y los años.

VOY EN AVIÓN

¿Y para el futuro?

Estoy ilusionada con esta nueva etapa y con las posibilidades que se me abren. Quiero lograr la regularización del trabajo sexual. Es algo que la sociedad le debe a las mujeres, el reconocimiento al trabajo y la caída del estigma. Como también luchar contra los mandatos opresivos. Tú tienes que ser guapa lo justo, femenina lo justo, inteligente en exceso, multifacética, excelente profesional, tener tiempo para atender a tus hijos, limpiar tu casa. Y debes ser sexualmente orgásmica. Pues ahora si no te corres, si no tienes un orgasmo, pues ya no eres independiente, ya no te conoces el cuerpo. Aceptar que tenemos nuestros tiempos, que cada una hace lo que puede.  A mí me toca vivir en esta sociedad como mujer y defiendo lo que me toca. Reivindico los valores de la femineidad como positivo. Joder, hay que amar, hay que cuidar, hay que estar ahí al lado, hay que construir.

¿Y el amor de pareja?

Me he enamorado muchas veces, pero siempre he dicho que estoy enamorada de todos mis amigos, amor profundo, conexión con esas personas, hombres, mujeres, o lo que fueran que a mí me han dado la fuerza. Allá y aquí también. Fui amada muchas veces y espero que me siga pasando. No tengo perspectiva de pareja, quiero volver a sentir el gusanito del amor; si tengo un novio no quiero vivir con él, tenerlo cerca sí. Tendría que ser algo muy perfecto, con dos habitaciones grandes y separadas. Compartir también debe ser bonito. Los hombres que me han tocado tienen miedo a decir que no les gusta mi trabajo, y claro, al final de la relación me han hecho saber que mi trabajo importaba y era una de las cosas determinantes.INSERTAR FOTO 12

¿Sueños por cumplir?

Mi sueño sería vivir medio año aquí y medio año en Europa. Echo mucho de menos el país, aunque cada vez me siento más lejana. Esta es la primera vez que me he perdido en esta ciudad que conocía como la palma de mi mano. Yo creo que siempre que tenga la posibilidad (porque es muy caro ir y venir) voy a volver a Buenos Aires. Pero también extraño mis cosas en Barcelona, mi espacio. Apuesto a estar un poco allá y un poco allá. No tengo cargas familiares ni ambiciones de consumo; me gusta ponerme guapa, eso sí es verdad. También es una explosión de vida, una luminosidad, a veces me siento tan feliz, que siento luz.




EDIFICAR LO IMPRONUNCIABLE

Los anormales: Sobre “la catedral de los negros”, de Marcial Gala

Por Lourdes Landeira

Marcial Gala

 TEXTUAL

LO QUE EL TIGRE NO PUEDE

 

 

La conversación con  Gala fue, claro, fragmentada. Comenzógala5descarga  en el pedacito etéreo de una red social, continuó ante una mesa, café porteño mediante, se prolongó en cámara lenta, en una ida y vuelta de preguntas y respuestas en correos electrónicos a la isla. Casi como si, al igual que la catedral, las palabras se negaran a concluir y presionaran para multiplicarse. La voz directa y concisa, en este caso, es la de Marcial Gala, quien recibió por La catedral de los Negros el Premio Alejo Carpentier de Novela 2012.

¿Hay relación entre la maldad y las letras?

Mucha, Sade- el divino marqués- se preguntaba qué era el mal, si no era más que nada una especie de malentendido.  Kafka, por otra parte, decía que lo bueno resultaba desconsolador. Todo eso se puede reafirmar en la frase del Fausto de Goethe, cuando Mefistófeles afirma: soy parte de esa fuerza que queriendo hacer el mal hace continuamente el bien.

¿Es posible cambiar a “los malos”? En ese caso, ¿por qué caminos?

¿Cambiar? Nadie cambia, recuerda siempre que el tigre no puede destrigarse pero el hombre sí puede deshumanizarse.

¿El daño voluntario es irreparable; algún daño es reparable?

La vida nos va dejando cicatrices, es una condición insoslayable de la existencia en un mundo donde la única ley incuestionable es la ley de la entropía; o sea, donde todo tiende al fin, al desbarajuste final.

¿Hay algún valor positivo en la mentira?

La mentira muchas veces es algo que sazona la vida, que la hace más potable, más digna de ser vivida; sin la ilusión, que es una especie de arte, la vida sería  mucho más aburrida, más plana.

 “Gelatina” el hermano menor; “mermelada de frambuesa” (sub apodo) del Grillo. ¿Encierran estos sobrenombres idea de debilidad o de lo falto de forma?

Debilidad, por la suavidad que implican esas palabras.

La hermana (la que se “salva”) no tiene apodo. ¿Por qué? Más aún, después de emigrar y “triunfar”, se cambia el nombre. ¿Nombre e identidad se pierden al mismo tiempo?

En realidad, la identidad no se pierde, es algo tan inherente a nosotros mismos como el aire que respiramos. No se pierde, pero sí se enmascara. Y también muchas veces le huimos a nuestra propia identidad; o lo que es peor intentamos desconocerla ¿es posible sin embargo escapar a la mera certidumbre de lo que somos?

Los aparecidos y fantasmas hablan a través de otros; las “víctimas” (los padres) hablan por lo que otros reproducen de ellos. ¿Hay jerarquía en la elección de las voces directas?

Es buena esta pregunta, yo creo que toda novela tiene algo que podríamos llamar una arquitectura secreta, en cierto sentido, desconocida para el mismo escritor. Y esas leyes secretas muchas veces determinan la forma, la manera y la jerarquía de los distintos narradores. Un escritor que piensa en la técnica es un escritor muerto, decía Faulkner y  tiene razón.

Las palabras tienen un peso propio, ¿también hay soledad en esas mismas palabras?

Las palabras condenan al autor a la existencia; también y paradójicamente, a esconderse detrás de sus creaciones, que es una manera de disiparse en ellas.

Pienso en Berta (escritora) y en Rogelio (arquitecto) como tus “alter egos”. ¿Lo son?

Sí, tal vez un poco pero el hombre es tan complicado y lleno de facetas como un prisma y somos uno y muchos a la vez.

¿Hay posibilidad de fuga en el arte, o el arte posibilita el no fugar?

Bueno, no sé, la verdad, eso depende de nuestra peculiar interpretación del arte.

La elección de lo coral como estructura de la novela ¿se relaciona con la idea de accesibilidad, de la necesidad de “entrar” por varios lugares?

Sí, se relaciona con la construcción de un espacio coral y existencial donde quepa el hombre con toda su diversidad.

¿Cuál es el valor –si lo tiene- de lo fragmentario en el arte? Específicamente en tus áreas de incumbencia: la arquitectura, la escritura y la fotografía.

El mundo es, por su propia esencia, fragmentario. Y nuestra percepción de él es más fragmentada aun, no hay manera de escapar a esa certeza, en fin, imagínate que- a pesar de todo- sigue sin crearse una teoría que unifique la física cósmica.

¿Cuál es el límite de lo tolerable, de lo habitable? ¿Qué produce desborde y qué produce contorno?

Lo tolerable es infinito, basta saber a qué distancia de nuestra sien está la pistola con que nos apuntan para descubrir cuanto podemos tolerar.

 

EL AZUL ES EL MAR Y EL MAR ES TODO DE CUBA

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¿La locura es un modo de desbordar? ¿Y la escritura? ¿Y la arquitectura?

De la locura sé bastante poco, la verdad. En cuanto al arte en general, sí es un modo de acercarse y a la vez alejarse de los límites.

¿El misterio y el enigma son necesarios para construir creencia?

Pienso que sí, pienso que sin el misterio la vida y por tanto la esencia pierden mucho de sal.

¿Cuál es el sentido del canibalismo en la novela? Entre cabezas cortadas, transportadas; dientes que mastican carne humana; bocas que tienen cosas, que se abren y dicen.

No lo sé, la literatura tiene mucho de sorpresa para el propio creador, el día que lo sepamos todo sobre ella perderá su encanto.

¿Hay una música pre textual en el canto de los pájaros? ¿Qué sentido tiene el azul en el texto?

El azul es el mar y el mar es el todo de Cuba.

¿Reconoces un homenaje a Martí en la inclusión de estos elementos?

Sí, Martí es el ser que yo más admiro, tal vez después y junto a algunos otros.

¿De qué son huérfanos los personajes, el pueblo, la catedral, los pájaros y los colores?

De amor.

Racismo y sexualidad aparecen en forma recurrente como un modo de estar dentro o fuera de algún borde. ¿La escritura es un modo de borrar ese umbral?

No, la literatura reafirma ese umbral pero le da la posibilidad al otro de reconocerse.

¿Qué otras fronteras y formas de pertenencia – exclusión te gustaría resaltar de la novela?

Muchas, la exclusión sexual por ejemplo.

¿Hay un tiempo circular, eterno, que atraviesa la historia?

Si lo hay, es el tiempo de las pesadillas. La novela es contar la historia de Cuba en forma de pesadilla, la novela es un vislumbre del mesianismo político y religioso cubano.

¿Los vivos, los muertos y el futuro confluyen en el texto?

Sí que confluyen, de una manera dialéctica y mágica también.

¿Se puede hablar de una “identidad” cubana contemporánea? La idea del “hombre nuevo” incluye y excluye en igual medida. En tal caso, ¿qué incluye y qué excluye?

Bueno sí, claro que se puede hablar de una identidad cubana, aunque no estoy muy seguro de lo que incluye y, en cuanto a excluir, yo no soy nadie para decir qué es o qué excluye. Por otro lado la idea del hombre nuevo me parece tan terrible que es mejor no hablar de ella.

¿Cómo se es escritor en Cuba?

No sé, es  algo bueno y malo a la vez, difícil pero muy gratificante. Y también un imposible que se realiza.

En el espacio vacío de lo inconcluso – como la Catedral de tu ficción y la Primera Central Electronuclear de Juraguá- ¿qué lugar ocupan los sueños?

Un lugar especial, sin sueños no hay posibilidad de ser.

PRETEXTO

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Toda música resuena aún antes de ser una idea. Ella es previa al sonido, incluso, previa a la  cabeza que la compone y ejecuta Y un día, entre todas las posibles que preanunciaba el aliento, ella suena mediada por el texto.  Una de sus modalidades es sonar con aleteo y trino de pájaro. En la novela de Marcial Gala los pájaros habitan el cielo de un aire sumergido, quizás el pozo donde cimentar una promesa  y una melodía previa. El coro no es de ángeles, es de ritmos y de piares, primero; de contra voces superpuestas en altos y bajos, después. De silencios, también. Sin embargo, los ángeles conviven: con las aves constructoras de nidos, con las voraces depredadoras, en los sueños con cuerpo, en los anhelos de aparecidos. Intermediarios entre el cielo y la tierra, ellos intentan cumplir su mandato. Pero algunos, tan alejados están del reino de las alturas, que adelgazaron su color – ¡el azul queda tan lejos! -o perdieron sus alas. Entonces, la palabra se fragmenta.  La catedral, ladrillo tras ladrillo, maza, machete y cortaplumas, mezcla el polvo. Y las piedras, hasta entonces inertes, absorben el sudor de sus obreros y danzan con impulso propio. La vida  y su rumor la ocupan y la vuelven un lugar inhabitable. Sinfonía inconclusa de un coro que sigue soñando. Las cabezas, cementadas o no a sus cuerpos, danzan su propio idioma entre dientes, a veces celdas (rejas de pájaros enjaulados) a veces pasadizos (de andares a tientas y siniestras). La música repiquetea cráneos, irrespeta leyes para excederse. Y, de cada derrumbe, con cada escombro, escribe una nueva partitura y la trunca ante lo impronunciable. Exige más que una voz humana. Por eso el coro se compone y la estructura – incordiosa- persiste.  Entre el sonido y las palabras siempre hay un desfasaje. En la disyunción crecen el sentido, la ausencia, la orfandad. Desde allí, emerge, una catedral inusual. Arquitectura inhabitable que, de pronto, se llena de voces.

CONTEXTO

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Antes de que el libro se alojara en mi cabeza, cuando apenas lo tuve en mis manos, ya otras voces me lo habían referido y la biblioteca se hizo escuchar.

Cómo olvidar a Pedro Páramo y su Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”. Y así, de ese modo tan simple, dejar instalado el tiempo y la orfandad; “vine” como modo haber llegado y de continuar ahí, tiempo sin fin de una búsqueda sin fin.

En el amplio territorio del Pelourinho, hombres y mujeres enseñan y estudian. Universidad vasta y variada, se extiende y ramifica y llega a todos los lugares en los que hombres y mujeres trabajan los metales y las maderas, utilizan hierbas y raíces, mezclan ritmos, pasos de danza y sangres. Al mezclarse, crearon un color y un sonido, una imagen nueva, original, inicia Jorge Amado su “Tienda de los milagros”.

De otro estante asomó Truman Capote con su “A sangre fría”: El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman “allá”. Fronteras del adentro y del afuera, del más acá, de los unos y los otros. Fronteras de creencias e identidades.

Entonces, llegó el tiempo de Marcial Gala y su “Catedral de los Negros”. Gala, además de narrador y poeta, es arquitecto. Emigró desde la Habana (ciudad en la que nació en 1965) a la ciudad de Cienfuegos (escenario en el que transcurre la novela).

Allí supo de un crimen  sucedido en la ciudad de Camagüey. Un padrino del palo (una de las religiones de origen africano) recomendó a dos hermanos cómo curar el sida  contraído por uno de ellos: debían hacer un sacrificio que involucrara la sangre de sus familiares más cercanos; los padres. Instalado el parricidio, Gala pensó en escribirlo al modo de Capote pero, luego, más que ir tras la reconstrucción de un hecho, quiso engrandecerlo con ficción. Para eso, lo compuso en voces.

Ese territorio soñó tener la Primera Central Electronuclear de Juraguá. El proyecto, huérfano de protección especial, se convirtió en un monumento a la nada: como la ficción de “Catedral de los Negros”, nunca terminó de construirse el edificio. La esperanza de ver crecer algo donde había vacío; de elevarse cuando todo mengua, de estar, a pesar de todo. La novela sí, erigió su estructura y se materializó.

Adorno es crimen, dijo un gran arquitecto, y esa fue mi premisa”

Ya las bibliotecas estaban cruzadas, el castillo y la taberna de Ítalo Calvino echaron los naipes y las voces de “La Catedral de los negros” se impusieron como puerta de múltiples entradas.

“Se puede acceder al interior del templo por varios lugares. El concepto es la accesibilidad, el permitir, el templo es como una mano abierta para que todos la estrechen”

 

ANDAMIAJE

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El tiempo circular transita la novela; quizás porque, como dice el epígrafe de José Lezama Lima, Cuba tiene sus catedrales en el futuro. Y, en ese andar, hay reglas propias para la negritud.

“En realidad éramos unos inocentes, aunque ya desde entonces no teníamos futuro”.

Los modos de anclar en el espacio flotante entre la vida y la muerte, de sujetarse en algún desborde con el recurso que se tenga a mano. Con un narrador multiplicado en voces y alter egos de Gala diseminados, entre otros, en  la Berta escritora y el Rogelio arquitecto, ambos amarrados a la isla. Un narrador que sabe de la nostalgia por la Cubita de quienes emigraron. La Cuba épica de una revolución viva reafirmada en los héroes de todos los tiempos, en un Martí quien, en su momento,

“parece que no era tan famoso como ahora que hasta por la sopa la sacan y no puedes encender ni la tele porque siempre hay alguien que dice “como dijo el apóstol”, y vaya resulta cansón”

La palabra observa, testimonia y canta con ritmos a veces inaudibles. Como la cabeza, nunca es una. Se mueve junto con los ojos y expulsa, aun cuando calla, esa mezcla de cerebro y entrañas para construir versiones de verdad (mentiras y engaños incluidos) y de memoria (entre olvidos y recuerdos).

No faltarán los muertos, la exuberancia, el exceso, la identidad perdida en el modo de nombrarse.

Ni la patria, otra cuando se la mira desde adentro, otra cuando se la añora desde afuera; otra siempre, inasible. En las fronteras de los hombres – y los pájaros –  ancestros y utopías comparten el mismo espacio, el mismo aire, el mismo azul. Igual que las palabras de los vivos y de los aparecidos, quienes insisten en intervenir los cuerpos de un mundo, el mismo mundo que los expulsó y los contiene. Un territorio para leer y donde ser leído.

Ni faltarán el homenaje a otras lecturas (Marguerite Yourcemar – La Iliada – Elsa Pound – Bukowski. Fuentovejuna).

¿Qué otra cosa se puede hacer con una cabeza, además de cortarla? Colmarla de ansias, de letras, de sueños repetidos y de una boca para sonar.

 

ENTONCES, FUE EL ARTE

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Entre los pliegues de la provocación:

“La tenía cogida con todo lo que viniera de Oriente, y cuando me dijeron que eran de por allá, fui a contemplar la mudada, sobre todo para soltar alguna que otra puyita y ver si a la nueva vecina le daba por brincar y decirme algo, y se supiera al momento que eran de orilla

En los bordes de la locura:

“No como al hermano que se nota que está ido de mente

Bajo el ala de las creencias:

“El camagüeyano  desayunaba, almorzaba y comía Jesucristo, siempre lo tenía en la boca”

Con el dolor de la violencia:

Yo la oía gritar: ¡Arturo, suéltalo, Arturo, por favor, ya es suficiente! Eso era a veces, pues por lo general solo sentía un ruido sordo que era como si alguien sacudiera una alfombra, eso y los gemidos del muchacho

Y la orfandad:

De la madre hay muy poco que decir”

Con su misterio:

“algo se escondía detrás de ese cristianismo del que alardeaban los padres”

Las identidades mutantes:

“La Lupe, tu hijo es travesti, le decían, maricón”. Claro que no es verdad –le aseguraba yo- Soy un hombre, lo mío es el arte, me pinto y me visto de mujer porque lo mío es el arte”

Hay – siempre- modos de narrarse, provocarse amparos, hacerse un nombre, escapar de la marginación. Aunque algunas veces – no siempre- cueste la muerte.

“Así fue como se me escapó la vida a los treinta y un años de mi edad (…) todo por culpa de un aire acondicionado que, bien mirado, ni siquiera me hacía falta, pues en mi casa se sobraban los ventiladores, solo que mi mamá insistió”

Otras, se la puede ensoñar

“Me van a matar, al menos eso piensan, pero a lo mejor me vuelvo insecto o pájaro chiquito, me vuelvo zunzún, escapo por la ventana antes de que me inyecten el primer fluido que es el que duele, el que te pone a dormir, al menos eso dice el gordo de mi guardián”

Tal vez, resignarse, como Berta ante la insistencia del muerto que la perseguía

Si te me sigues apareciendo tendré que acostumbrarme, como a la menstruación”

O cantar, como el Grillo. Le habían el puesto ese apodo porque, comentaban, de su boca salía frambuesa; lo que soltaba por esa boca era mucho.

a veces se quedaba parado mirando al sol, olvidado del mundo, llegaba hasta babearse, y flaco y largo como era parecía una cosa mala, una garza prieta queriendo volar sin alas. ¿Grillo?, lo llamaba yo, pues esas cosas de él me daban miedo, y entonces empezaba a cantar y aquello era el acabose.

Quizás pintarse contra mandato

“Ella estudiaba pintura en la academia de arte de la ciudad, la “Benny Moré”, era la única negra que estudiaba eso; en música y danza sí estaba el petróleo que hacía olas”

O mejor, en la búsqueda de lo impronunciable, escribirse.

Poesía – dijeron ellas, Vamos a aprender poesía –y entonces descubrí que la poesía también se aprende.”

Berta:

“Jugábamos a las palabras, ahora recuerdo, pronunciábamos una y era como si el vocablo permaneciera en el aire hasta que decíamos otra y entonces estallaba como una pompa de jabón. Jugábamos a las palabras.

Eran niñas con agua y colores

“Es una forma de acercarse a lo poético, decía el maestro Ian, y nosotras, Araceli y yo, nos llevábamos las palabras hasta el muelle frente al mar, la parte de Cienfuegos que más nos gustaba, y allí continuábamos el juego. Lapislázuli, decía yo, y Araceli me respondía con la palabra transparencia”

Eran niñas, amantes y amigas

Jugábamos a las palabras, y Prince a veces venía con nosotros, pero no jugaba. Con el mar parecía bastarle. Se quedaba lelo mirando a lo lejos, parecía viejo entonces, de una vejez  que nos trascendía, una vejez ancestral. No era feliz, por eso quizás sus poemas eran tan buenos. Nosotras sí éramos felices. No podíamos evitar ser felices. Estábamos enamoradas. Jugábamos a las palabras”

Prince:

Entonces quedó todo como un poema inconcluso, como algo que se apaga y no podemos impedirlo, no podemos, entonces quedó todo.

 POSFACIO

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En su paso por Buenos Aires, el escritor firmó contrato con Corregidor para la edición de su próxima novela, “Un extraño pájaro de ala azul”. (Sí, una vez más, los pájaros, las alas, el azul, el otro). Habrá que esperar algunos meses para saber qué dicen, qué sonido producen, esta vez, las letras. Para el mientras tanto, un fragmento que Marcial Gala seleccionó especialmente para El Anartista.

“Irse a un sitio donde nadie te conoce, un sitio donde puedes dejar atrás tu pasado de ladrona y prostituta, donde no tienes que mirar asustada cuando vas a un restaurante por miedo a que alguien suelte una indiscreción y él pueda saber que además de ladrona fuiste fletera. Irse huyendo de la Habana, recoger lo imprescindible, dejar los muebles que tu abuela trajo de Polonia, mucho antes de que Hitler ocupara el país y empezara a masacrar al pueblo judío, dejar atrás los cuadros de marcos de madera plateada, la vajilla estilo imperio, las sabanas de hilo de Holanda, dejar atrás los cubiertos con anagrama, las tres enciclopedias británicas, la cama con baldaquino, dejar atrás las seis vitrinas llenas de una cristalería que nunca se usa, donar el piano en el que tocó Lecuona. Dejar atrás, dejar atrás. Confiar en el proceso revolucionario que, según alegan los dirigentes, te lo va a dar todo gratis. Creer que con los salarios de ellos dos y el cargo que él ocupa todo va a cambiar. Decírselo al niño que ya tiene edad de entender esas cosas, el niño al que le asusta el mar, decirle que ahora vivirá frente al océano. Ir con el niño al cementerio, pararlo frente a la inmensa bóveda con el mármol recargado de ángeles donde descansa la familia alicantina- polaca y luego llevarlo ante la humilde tumba del padre. Detenerlo frente a la lápida de granito en la cual ella puso sólo la palabra “poeta” y abrazarlo muy fuerte para que luego el niño deposite la flor amarilla y se despida de su padre por siempre jamás porque para qué visitar a los muertos, por qué irlos a ver si ellos no se enteran.

- Adiós-   susurró Crazy Horse a la salida del cementerio de Colón, cuando ya se iba para Varadero con su flamante esposo y su hijo de alargada cara triste”.

 

 

 

 




CUANDO ELLA SE FUE

Por Lourdes Landeira

Anormales: Sobre Diana Sacayán

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De cerca, nadie es normal. La frase se escribe en grafitis callejeros, en adornos artesanales, en muros virtuales. Para desmenuzarla, claro, hace falta más que una lupa. Ante todo, y junto con el ojo, se debe poner cuerpo y entrañas.  Tan distante y tan contiguo como cada quien y sus circunstancias se lo permitan, estaría el otro.  O uno mismo.

Pero volvamos a nuestro inicio: si nadie, tampoco yo. Y si ni yo ni nadie, ¿dónde queda el otro? Quizás, en el universo de las palabras, del lenguaje como único territorio habitable.  Gran lugar desde donde continuar para llegar a normal: ser dentro de la norma,  ser como esa norma espera y manda. O no.

Las cartas están echadas: no hay yo, no hay otro, no hay norma. Sí hay nombres y cuerpos que se miran, se dicen. Se afectan y potencian en sus relaciones con distintos grados de celebración de la diversidad o de marginación de lo desconocido. Hasta la muerte. Del otro.

Así llegamos al nombre propio: Diana Amancay Sacayán, asesinada un fin de semana de octubre porteño, en su departamento del barrio de Flores. En el año 2015, de un país con ley de matrimonio igualitario, pionero en una ley de identidad de género, considerada de avanzada internacional en cuanto a reconocimiento de derechos.

La ley, la norma, ella y los otros, nosotros. (Ella, claro, lo hubiera escrito en lenguaje inclusivo, no en masculino genérico)

Por eso, antes que a mí, escuchémosla en voz directa.

 “Cuando yo me vaya

Cuando yo me vaya no quiero gente de luto.
Quiero muchos colores, bebidas y abundante comida; Esa que de niñ* me hacía falta.

Cuando yo me vaya no aceptaré críticas;
más razonable y serio sería que me las hagan en vida.

Cuando yo me vaya desearía una montaña de flores…
Esa que l*s mil amores por los que he sufrido nunca supieron regalarme

Cuando yo me vaya no quiero farsantes en mi despedida;
quiero a mis travas queridas, a mi barrio lumpen a mis herman*s de la calle, de la vida y de la lucha..

Cuando yo me vaya sé que en algunas cuantas conciencias habré dejado la humilde enseñanza de la resistencia trava, sudaca, originaria.

Cuando yo me vaya quiero una despedida sin cruces; tod*s saben sobre mi atea militancia

Y sin machos fachos porque también; saben sobre mi pertenencia  feminista.

Cuando yo me vaya espero haber hecho un pequeño aporte a la lucha por un mundo sin desigualdad de género, ni de clase

Cuando yo, esta humilde trava se vaya; No me habré muerto… simplemente me iré a besarles los pies a la Pacha Mama.”

Amancay Diana Sacayan,
Domingo 11 de mayo de 2014.

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No sé por qué Diana escribió esto, algo más de un año antes de morir. Quizás,  sabía el riesgo de vivir una identidad que no se corresponde con la socialmente esperada.  Porque las marginaciones se multiplican en violencias y exclusiones. Contra eso peleó y se convirtió en dirigente de MAL (Movimiento antidiscriminatorio de Liberación).  Peleó todas las peleas, en todos los ámbitos, en cada espacio que transitó. Vista de cerca, Diana era cálida y afectuosa, simpática, tan normal, tan anormal.

Haber subvertido órdenes tuvo también sus victorias. La última la celebró  menos de un mes antes de su asesinato. Así lo dijo la noticia del 17 de setiembre de 2015

LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES YA TIENE CUPO LABORAL TRANS.

 En un hecho histórico y en una provincia que supo tener como común denominador políticas represivas, hoy la comunidad travesti, transexual y transgénero obtuvo una de las demandas más importantes de su agenda ya que la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires convirtió en ley el CUPO LABORAL PARA PERSONAS TRANS. El proyecto instituye un cupo de al menos el 1% para personas trans en los puestos de trabajo creados por la Administración Pública Provincial, el segundo empleador del país, lo que la convierte en la iniciativa más importante posterior a la aprobación de la Ley de Identidad de Género.

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 El proyecto fue elaborado e impulsado por Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL), Conurbanos Por La Diversidad- Jóvenes Por La Diversidad y Emiliano Litardo, de Abogadxs por los derechos sexuales y presentado por la Diputada del Frente para la Victoria Karina Nazabal.

Amancay Diana Sacayán expresó: “Que el Estado Nacional nos haya permitido ser parte de la creación de las políticas públicas de empleo nos allanó el camino para llegar a este debate que nos permite gozar del derecho genuino al trabajo. Hoy es un día histórico, lleno de emociones, alegrías y en el que la democracia está de fiesta.”

Creemos firmemente que tod*s l*s ciudadan*s deben gozar de los derechos universales, entre los cuales se encuentra el derecho al trabajo, uno de los fundamentales. Pero también estas acciones son un claro y contundente mensaje a los discursos reglamentaristas en materia de prostitución ya que a esto se comprometió la Argentina cuando firmó protocolos de derechos humanos en 1.949 y convirtieron a la Argentina en el primer país abolicionista. Estamos generando posibilidades para una población en la que el 90% vive de la prostitución, cumpliendo esto luego de 63 años en el marco del proyecto nacional y popular.

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Ella había ido al parlamento y, al volver, –feliz-  fue agredida por un barrendero en Constitución;  en el barrio, no en la carta magna. La policía la detuvo; a ella, no al agresor. Y el hecho le costó forcejeos y unas horas de cárcel. Unas más, después de tantas. El triunfo, de todos modos, ya no podía ser borrado, la ley estaba escrita.

Y, si de escribir se trata, además de la inscripción de la lucha en el cuerpo y del cuerpo en la lucha, participó en la escritura de dos libros:

  • “La gesta del nombre propio” (informe sobre la situación de la comunidad travesti en la Argentina) del año 2005. En el inicio, Diana Maffía reconoce que, en muchos casos, quienes lucharon por el reconocimiento de sus derechos no están para ejercerlos. El nombre Diana Sacayán no era uno del listado de las ausentes. Su foto estaba entre las activistas  y su palabra era parte de la conciencia que insiste desde la organización colectiva: Más que con mi acto individual tiene que ver con la actitud de denunciar.

 

  • “Cumbia, copeteo y lágrimas” (informe nacional sobre la situación de las travestis, transexuales y transgéneros), del año 2007. El título hace referencia a los tres momentos que las compiladoras identifican como el ciclo vital. Cumbia, por celebración; copeteo, por el brindis; lágrimas, por la mezcla de añoranza y alcohol que entreteje la alegría con las historias del dolor. Sacayán, en el capítulo “Abandono de persona” escribió sobre la importancia de poner un granito de arena para el difícil trabajo de sensibilización de las instituciones; sobre el querer hacer sus propios destinos: uno que está muy lejos de aquel que dicen las estadísticas; uno al que queremos construir y reconstruir desde nuestras propias historias, desde nuestras propias experiencias. El prólogo habla de 592 amigas – de entre 21 y 43 años- fallecidas en cinco años. Su nombre estaba entre quienes escribían la historia, no en el listado de las muertes.

 Es noviembre de 2015. Como todos los años desde hace muchos, la marcha del orgullo LGBTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, intersex  queer) llenó la Plaza de Mayo y marchó hacia el Congreso. Diana se agigantó en marioneta de cartón. Tan anormalmente bella como siempre. Dos normales, acusados de la puñalada que la envió a los pies de la Pachamama, están procesados por su homicidio.

bandera

“Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas si yo sabré expresárselo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los padecimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, que haber nacido poeta, y yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguno culpa mía. Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. — Perdón por el juego de palabras. YO es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín, ¡y mofa contra los inconscientes, que pontifican sobre lo que ignoran por completo!” Arthur Rimbaud

 

 

 




EL LECTURISTA

 

Una lectura de “La que va”, de Patricia Díaz Bialet, Por Víctor Dupont:     ORACULARSE

Una reseña sobre la Obra Gurka, por Lourdes Landeira:    UN FRIO COMOEL AGUA, SECO

lecturista




ABECEDARIO

La persistencia: Honrar la letra

abecedario
Abecedario

Por Lourdes Landeira

Merecer la vida es erguirse vertical,

más allá del mal, de las caídas…

Es igual que darle a la verdad,

y a nuestra propia libertad

¡La bienvenida!…

Eso de durar y transcurrir

no nos da derecho a presumir.

Porque no es lo mismo que vivir…

¡Honrar la vida!(1)

Silvia Cordero Vega - caligrafia 01
Silvia Cordero Vega – caligrafia 01

 

Entre todos los lugares donde persistir, elijo el de la escritura, esa búsqueda en la cual permanecer en constante transmutación. En cada palabra, hay múltiples suertes. Todo depende de cómo componga con sus pares, aquellas otras palabras-  que la circundan- y también las otras,  que la rehúyen. Como es sabido, entre la “a” de amor y la “a” de abismo, existe todo un abecedario para presumir.

Antes del sistema de escritura alfabética, ese invento de los griegos del siglo VIII, hubo otros – muchos- métodos de materializar la oralidad. Los mismos griegos, previo a desarrollar un grafema para cada sonido – técnica que utilizamos todavía, inmutable desde su aparición, –  tenían un modo de escritura silábica que, por necesitar  cientos de signos, estaba reservada para expertos y era acusada de poco transparente.

Alfabeto, (como diría una momia, que aún habita algún canal de cable de nuestros días): del griego alpha + beta, sus dos primeras letras. De acuerdo a la explicación materialista de los hechos, el creciente comercio entre los griegos y los fenicios hizo necesario un sistema más claro que el silábico para el mutuo entendimiento. Y acá estamos, intentando decir, escribir y hasta callar, con estos signos. Ahora bien, la transparencia nunca dejó de estar cuestionada. Sí, ya pasado el siglo de Saussure, sabemos que el signo lingüístico no tiene valor intrínseco, solo vale por su diferencia a otros. Y también, el siglo de Chomsky, con su teoría de la transformación, inherente al complejo juego de  actividades  del hablante.

Silvia Cordero Vega - caligrafia 05
Silvia Cordero Vega – Caligrafía 05

La letra que transvalúa los valores que sin la letra no valen nada, la letra es siempre pronta a crecer desde dentro y a adornarse con las flores de los sublime, mírala historiada y florecida es su superficie significante, la letra elemento primero de las Bellas Letras, aunque envolviendo siempre en sus espirales significantes el circulante del significado, la letra Ese que serpentea para significar que ahí está siempre pronta a significar significados, el signo significante que adopta la forma de una Ese para que sus significados tomen también forma de Ese. (2)

Si volvemos atrás, encontramos a los mitos: primarios sistemas explicativos; y a los poetas,  sus trasmisores y figuras del saber. La narración mitológica se constituye en relato perfecto al quitar de sí todo  lo que no la convalida. En cuanto se introduce un elemento perturbador, se quiebra la perfección, aparecen el vacío y la angustia. Ante el horror, solo sostenible en la aniquilación o en la locura, se impone encontrar un relleno. Y nada mejor que la palabra para versionar, escribir  ausencia de tiempo y espacio, creer en ella como verdad inmanente. Allí está, entonces, lo poético para llegar a lo inaccesible a la mirada; para intentar nombrar lo indecible. “El traje que vestí mañana / no lo ha lavado mi lavandera / lo lavaba en sus venas otilinas, en el chorro de su corazón”, dijo César Vallejo, en “Trilce”. El recuerdo  vuelve como ausencia en el futuro: tiempo eterno que se escribe.

“Esta casa, esta casa es el lugar de la soledad, sin embargo, da a la calle, a una plaza, a un estanque muy antiguo, al grupo escolar del pueblo. Cuando el estanque está helado, hay niños que vienen a patinar y me impiden trabajar. Les dejo hacer. Los vigilo. Todas las mujeres que han tenido hijos vigilan a esos niños, desobedientes, locos, como todos los niños. Pero, qué miedo, cada vez, el peor de los miedos. Y qué amor.” (3)

DAME UNA “D”

La “d”, además de darse, habilita la posibilidad del deseo. Y sí, quiero; es por ahí. Empiezo a combinar las opciones, los anhelos y los materializo en el negro sobre blanco de un papel virtual (quizás, pruebe un manuscrito: la mano sostiene la lapicera – o el lápiz –  y se apoya sobre la hoja limpia, donde estamparé mi caligrafía, mezclada con el sudor del espacio, entre  mi palma y mi muñeca). Ahora está escrito el deseo de escritura. Y, por eso mismo, ya es otro, menos viejo, por venir. Como seré yo, al finalizar esta línea. Como ya lo soy, más nueva.

Me ocupa la letra “d” y, con ella, viene también el destino: esa rueda de la fortuna que – por fortuna- no sabemos adónde va. Si el itinerario hacia el punto final ya estuviera dibujado, mi palabra anterior no sería posible. ¿Qué lugar ocuparía el deseo en una vida pre- impresa, en una hoja sin matices? Es entonces, cuando lejos del recitado escolar de la “a” hasta la “z”, sin repetir y sin soplar, el abecedario se desarma y  se vale –entre otras cosas- de errores y omisiones, para burlar mi objetivo y obligarme a recomponer el trazo. El papel virtual no mostrará esas idas y vueltas (si elegí el manuscrito con lápiz, la goma intentará eliminar el rastro de mi paso previo. Sin duda, no lo logrará del todo. Y hasta, quizás, la palabra nueva precise más o menos espacio que la anterior y sobrevendrán los huecos; si elegí el manuscrito con lapicera, la tachadura exaltará la enmienda; expondrá la sobreescritura).

Espacio de permanencia, palimpsesto: cada línea sobre la superficie borra a la anterior. Pero no la desaparece, la de abajo persiste e intenta emerger.

Un momento, este apartado se trataba de desear y creo estar algo dispersa – otra “d”-

Acá está el hueco. Sobrevino, con él, el recurso. La cita, tentativa de encuentro (casi erótico) en la red del texto sin fin.

Silvia Cordero Vega - caligrafia 02jpg
Silvia Cordero Vega – Caligrafía 02

 “Viviría en pantalones cortos y sin afeitarse, cortaría el pasto, cuidaría la pileta, vería videos y escucharía música, mientras su hija crecía delante de sus ojos y su mujer inventaba postres raros en la cocina. Y en todo ese tiempo quizá le dejaran algún mensaje mínimamente estimulante, o al menos catastrófico, en el contestador automático de su departamento” (4)

INTENTAME CON LA”I”

Sin pensarlo: idioma, interrupción, intenso, irrepetible, insistencia. Bueno, hasta ahí va bien para entrelazar alguna idea; sí, otra “i”. Nuestro sistema de escritura es lineal y sucesivo. Sin embargo, admite cambiar ritmos. A veces, hacer paros de mano, redoblar la apuesta. Un correcto uso del idioma no es suficiente, hace falta algo más, algo que se escriba con “b” de búsqueda – perdón por Irrumpir con una letra no enunciada –  y zigzaguea – no por usar la zeta llegamos al final-  entre lo conocido y lo ignorado. Así va, hasta encontrar el punto exacto, desde donde insistir- una vez más- en no repetirse. De ese modo, comienzan los  Itinerarios. En general, horizontales, Interrumpidos por otros que trepan montañas para poner un acento; o cavan un pozo y después lo Inundan de sentidos. Si eso sucede, el tsunami es arrollador y traspasa la pantalla (o el papel) hasta erizar la piel y permear tinta y sangre en distintos espesores.

El hueco ahora tomó cuerpo, se hizo denso, se excedió en ocupación del vacío. Como de la “I” se trata este apartado, Insisto con el recurso y cito, para Intentar cristalizar la llama de  mi opacidad.

Mira Schendel - SIN TITULO - 1972.pg
Mira Schendel – SIN TITULO

“Escribir a pesar de todo pese a la desesperación. No: con la desesperación. Qué desesperación, no sé su nombre. Escribir junto a lo que precede al escrito es siempre estropearlo. Y sin embargo hay que aceptarlo: estropear el fallo es volver sobre otro libro, un posible otro de ese mismo libro” (3).

SOLTAME UNA S

Silencio.

La tinta sangre se ha concentrado en un punto.

Inmóvil; perfora cortezas.

Las letras suenan, chocan.

El hueco adelgaza en la colisión.

Por la fisura de sus enmiendas, se rompe

esa nada no dicha y  emerge otra palabra.

La saturación de aes será amor o abismo;

su ausencia, no.

El alfabeto, con su ritmo y sus silencios,

rearma la red cotidiana,

los saberes aprendidos.

Con ellos, podemos salir a nadar de noche.

En permanencia de líquido amniótico,

hasta una nueva irrupción de la intemperie,

la renovación del deseo de otra palabra.

Otro hueco.

Otro silencio.

Otro escribir.

Silvia Cordero Vega - caligrafia 03
Silvia Cordero – Caligrafía 03

“No tengo una palabra para decir. ¿Por qué no me callo, entonces? Pero si forzase la palabra, la mudez me absorberá para siempre en las olas. La palabra y la forma serán la tabla donde boyaré sobre oleadas de mudez.”(5)

SE HA FORMADO UNA PALABRA

“Dis”, si bien no es decir, en mucho se le parece.

Sin embargo, al buscar en la enciclopedia de la pantalla, (en la biblioteca de papel también  lo hubiera podido hacer, pero me hubiera llevado más tiempo. “Adónde me lleva el tiempo”, anoto como pregunta en la libreta; lo resalto con una lapicera nueva, celeste brillante recién comprada) de inmediato, me entero de sus acepciones:

 

Dis

La voz Dis puede referirse a varias cosas:

  • Dis Pater o, simplemente Dis, una deidad romana del Inframundo, luego absorbida por Plutón;
  • a las dísir(singular dís), una colectividad de seres divinos femeninos de la mitología nórdica;
  • Dís, un personaje ficticio del legendarium,creado por el escritor británico J. R. R. Tolkien; o
  • a la máquina virtual Dis, que acompaña al lenguaje de programación Limbo.

 

Deidad colectiva ficticia y virtual.

Inframundo divino creado para acompañar al lenguaje.

Absorción femenina por el escritor. Limbo.

 

En la mezcla, el

deseo de interrumpir ese silencio

volver a él

romperlo una vez más

Silencio, te digo dis. (en la versión que elijas)

 

Leon Ferrari - Vocabulario
Leon Ferrari – Vocabulario

La biblioteca persiste en reescribirse, en releerse, se cita. En una y otra forma, una y otra vez.

“Hay un fluir, un ritmo, una forma aparentemente vacía: el discurso podría tratar cualquier tema, cualquier imagen, cualquier pensamiento. Esa indiferencia es sospechosa: presiento que, tras la apariencia de vacío, hay muchas, demasiadas cosas. El vacío nunca me asustó demasiado, en ocasiones, hasta llegó a ser un refugio. Lo que me asusta es no poder huir de ese ritmo, de esa forma que fluye sin develar sus contenidos. Por eso me pongo a escribir, desde la forma, desde el propio fluir, introduciendo el problema del vacío como asunto de esa forma, con la esperanza de ir descubriendo el asunto real, enmascarado de vacío.”(6)

 FALTAN MUCHAS MÁS

Infinitas sucesiones y composiciones de palabras, modos de relacionar las letras, puntuarlas y asonarlas. ¿De cuántos temas habla la literatura?, ¿de cuatro o cinco?, ¿seis? Del amor, de la guerra, de la vida y la muerte, el origen, la orfandad. Nada mejor que la escritura para velar, (de – velar), componer (poner – con).

Desde que los mitos, como relatos de un tiempo primordial, han dejado de conformarnos para explicar cómo el universo – o un fragmento de él – ha cobrado existencia, la narración de la vida (y la muerte) precisa otros decires. ¡Qué absurdo haber perdido el paraíso por la tentación de morder una manzana! Claro, hoy tampoco nos conformaría el simple enunciado de “el paraíso”. Inmediatamente, nos preguntaríamos, ¿qué paraíso y según quién? Desde que los dioses, luego de crear el mundo, se han retirado al cielo, sobreviene- una vez más- el espacio vacante a completar. Y es ahí cuando, huérfanos de respuestas,  nos ponemos en riesgo y, lejos de la ilusión del feliz escritor rodeado de musas celestiales, decidimos habitar preguntas y trascender en el más acá de la literatura. Con la obstinación de los arquetipos- desde las sombras, desde las líneas borradas- resisten para ser dichas una vez más, de otra forma, con las mismas letras, en algún lugar.

El deseo se torna desafío.

Lo indecible – su escritura – es la certeza de un fracaso (que no se convierte en nueva orfandad). Se vuelve impulso; en su intento, teje constelaciones de familias atemporales.

Leon ferrari - Musica - 1962
Leon ferrari – Musica – 1962

El silencio muta en sucesión de lenguaje, aun en su mudez.

Nuestros primeros  Anartistas  dieron cuenta de los viajes alrededor de un punto y de las  distintas velocidades. Luego, llegaron las formas del abuso. Este apunta a las opciones de persistencia. Y, una vez más, no está dicha la última  palabra. Mano, tinta y papel siguen ahí: para escribir, para acercarnos a nombrar “eso” que se quiere y no se puede decir. Eso.

“Mi fe en el futuro de la literatura consiste en saber que hay cosas que sólo la literatura, con sus medios específicos, puede dar.”(7)

  1. Honrar la vida, Eladia Blázquez
  2. El castillo de los destinos cruzados, Ítalo Calvino
  3. Escribir, Marguerite Duras
  4. Nadar de noche, Juan Forn
  5. La pasión según GH, Clarice Lispector
  6. El discurso vacío, Mario Levrero
  7. Seis propuestas para el próximo milenio, Ítalo Calvino

 




OCIO, BENDITO OCIO

El abuso: Del trabajo y del padecimiento, por los siglos de los siglos

 

OCIO, BENDITO OCIO

Por Lourdes Landeira

La precarización laboral no afecta sólo a los trabajadores desocupados, sino que también produce un sufrimiento intenso en quienes tienen un trabajo estable. Junto al miedo a la pérdida laboral se produce una intensificación del trabajo con su aumento de carga y padecimiento. Sin embargo, son preocupantes los altos niveles de sometimiento y la neutralización de la movilización colectiva contra ese sufrimiento impuesto por el capitalismo mundializado” (1)

 

Dicen la malas – o buenas- lenguas  que Marx se refería a su yerno como “nuestro negrito”. Paul Lafargue, además de haber nacido en Cuba y haberse casado con la hija del gran Karl, fue un teórico de la lucha por la conquista del tiempo libre. Dicen las mismas – u otras-  lenguas que la obra de todo escritor tiene una dedicatoria aludida, más allá de los formales agradecimientos explícitos. Si no lo creen, pueden consultar a una autoridad de la nación, Eugenio Raúl Zaffaroni (recientemente elegido juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos) que, en el Anartista Nro 2, dijo: “uno escribe con algunas figuras, aunque no le dedique la obra a alguien, siempre hay alguna imagen. Hay una imagen rectora, buena. Y  a veces hay una imagen de algún hijo de puta, ahí en frente”.  Quizás, quien le dio entidad a la plusvalía y la puso a trabajar en concepto, por los siglos de los siglos, sin amén (aunque sí, yo creo) haya sido el buen rector, uno de los dedicados ocultos de El derecho a la pereza, el libro de “su negrito”. Es probable  también que, entre las imágenes inspiradoras de Paul, hayan estado sus abuelos – ambos franceses- , su abuela materna – mulata de Santo Domingo- y su abuela paterna, aborigen cubana. Además, por supuesto, de las clases trabajadoras y la perezosa burguesía condenada a consumir más y más para asegurar a los obreros el trabajo de producir sus bienes,

Info
“Solo en el siglo XVI las palabras trabajo y trabajar (derivadas del siniestro tripalium, instrumento de tortura, especie de cepo) llegan a reemplazar a los términos obrar o laborar. Este cambio terminológico acompaña de hecho un cambio social. La llegada del trabajo asalariado comienza a prefigurar una nueva modalidad: el no-trabajo. El reposo se transforma en el tiempo necesario para la reconstitución de la fuerza de trabajo: es decir, recuperar energías para seguir trabajando”. (2)

Si para Borges los sinónimos no existían, para Cortázar las definiciones no eran más que aproximaciones. La evidencia, en la siguiente muestra de la policía de la lengua:

 

Info
Plusvalía.

  1. f.Acrecentamiento del valor de una cosa por causas extrínsecas a ella.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

 

Por “causas extrínsecas a ella”: léase, entre nosotros, el tiempo y la energía que los trabajadores invierten y gastan sin que les sea retribuido y  lo condenan a una constante pérdida.  No importa cuánto –más o menos – cobren . Siempre, el plus se ocupa de multiplicar la ganancia de los capitalistas. Entonces, extracción de plusvalía: el salario, que nunca llega a representar el trabajo invertido, hace a la acumulación del capital, característico del sistema; fetichismo del salario: la mercancía oculta, no permite ver las relaciones sociales detrás del intercambio, cosifica las relaciones de producción, no se intercambian cosas, sino relaciones de explotación.

Por eso, para no perdernos en los eufemismos de la academia, mejor volver a las fuentes y releer qué decía Marx en sus manuscritos de 1844:

 

“¿En qué consiste, entonces, la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es “externo” al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, “trabajo forzado”. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que, tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo, se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo. En último término, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, que no le pertenece; en que cuando está en él no se pertenece a sí mismo, sino a otro. (…) Pertenece a otro, es la pérdida de sí mismo.”

 

Y, entonces, me pregunto: ¿cuándo toca abrir la puerta para salir a jugar? Yo, como el Osías de la gran María Elena, quiero tiempo, pero tiempo no apurado. Nada de consignas del tipo “de casa al trabajo y del trabajo a casa”. En el medio, antes y después, reclamo ese tiempo que quiero suelto y no enjaulado, adentro de un despertador. Quizás así, me vaya por algún oeste y por muchos estes, a todavía no sé dónde.

“La moral capitalista, mezquina parodia de la moral cristiana, castiga con una solemne maldición la carne del trabajador; su ideal consiste en reducir las necesidades del productor a un mínimo, en sofocar sus goces y sus pasiones y en condenarle a desempeñar el papel de máquina, de la cual se exprime trabajo sin tregua ni discreción”.(*)

brujas

 

Claro, esto no siempre fue así, aunque lamentablemente lo siga siendo. Muchas brujas han sido quemadas en la hoguera, aunque- por fortuna- los humos de sus alquimias aún insistan en arder. El fuego, siempre el fuego. También ese fue el destino de la primera máquina de tejer, a principios del siglo XVI. A ella- a la máquina- la quemaron en la plaza pública; a su inventor, lo estrangularon en un calabozo. Una entrevistada de este número Anartista, Marta Dillon, en conversación en su casa, alrededor de la mesa que comparte ambiente con su impactante biblioteca, propuso una imagen motivadora: el círculo de mujeres tejedoras. Se tejen bufandas, relatos, identidades; tiempos comprimidos y descomprimidos. ¿Será cierto aquello de que todo tiene que ver con todo? ¿Será que aquellos escritos de Lafargue, de allá por el 1880, tendrán algo que decir a este 2015 que nos consume?

 

“La fuerza física y la inteligencia del obrero, reemplazadas por la máquina, permitieron a los industriales, para disminuir los gastos de producción, reemplazar el trabajo de los hombres por el de las mujeres y el de las mujeres, por el de los niños. ¡Mientras, los jefes de la burguesía son tan cínicos como para acusarnos a nosotros , internacionales, de destruir la familia, cuando es esa misma burguesía la que, para ganar unos cuartos, ha destruido la familia obrera, arrojando a la mujer y al niño al infierno de la fábrica”.(*)

 

CIUDADANOS 12/06/2015 12:00

El trabajo infantil afecta a 168 millones de niños en el mundo

trabajo-infantil

TRABAJO INFANTIL. Según la OIT, 168 millones de niños trabajan, de los cuales 120 millones tienen entre 5 y 14 años (AP) http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/el-trabajo-infantil-afecta-168-millones-de-ninos-en-el-mundo

Día Internacional del trabajo doméstico: eso que llaman amor

julio 22 2015

La raíz de la desigualdad

La naturalización del trabajo doméstico es un gran pilar de sostenimiento del sistema capitalista. La feminista Silvia Federici,, quien recientemente visitó nuestro país, va más allá afirmando que, a través del trabajo doméstico, también se controla el cuerpo de las mujeres. La familia es una forma que el sistema capitalista encontró para hacer trabajar a las mujeres para que reproduzcan su fuerza de trabajo obrero, para obligarlas a reproducir trabajadores. Incluso afirma que “el capital y el Estado delegan en el trabajador el poder de controlar y golpear las mujeres si no cumplen con esa función”.

¿Cómo es posible esto? Según Federici debido a que se lo confunde con amor: “El capitalismo también se ha apropiado y ha manipulado la búsqueda de amor, de afectividad y de solidaridad entre todos los seres humanos; lo han deformado, usándolo como una medida para extraer trabajo no pagado. Por eso yo escribí que eso que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado”.

Diana Maffía también vincula en su artículo “Los desafíos actuales del feminismo” al trabajo doméstico con el sistema capitalista: “El capitalismo es un sistema que se apoya en la sobreexplotación de las mujeres, en el trabajo doméstico. Si realmente, fuera considerada la reproducción de la fuerza de trabajo, si cuantificáramos este trabajo y tuviéramos que pagarlo, el capitalismo estalla”.

http://notas.org.ar/2015/07/22/dia-internacional-trabajo-domestico-eso-que-llaman-amor/

“… se deduce que una revolución puede hacer desaparecer la miseria del pueblo de la noche a la mañana, miseria que los burgueses- por razones particulares- suponen eterna”.(*)

“Jehová, el dios barbudo y áspero, dio a sus seguidores el máximo ejemplo de la pereza ideal: después de seis días de trabajo, se entregó al reposo por toda la eternidad” (*)

“Te ganarás el pan con el sudor de frente”, condena el génesis. Mientras, los judíos que viven en la diáspora son castigados con dos días de descanso, uno para reponer fuerza de trabajo y otro para padecer el estar fuera de Israel. De sufrir parece que se trata. ¿Será la religión el opio de los pueblos?

Adelantándose cien años al propio Guizot, se abona en Londres la manía por el trabajo, también como forma de frenar las pasiones del hombre. “Cuando más trabajen mis pueblos, menos vicios tendrán – escribía Napoleón, desde Osterode- . Yo soy la autoridad y estaría dispuesto a ordenar que el domingo, pasada la hora del servicio divino, se reabrieran los negocios y volvieran los obreros a su trabajo. Con la consigna de erradicar la pereza y doblegar los sentimientos de altivez e independencia que ella engendra, el autor del Ensayo sobre la Industria propuso encerrar a los pobres en “casas ideales de trabajo”, o mejor en “casas de terror, en las cuales sería forzoso trabajar catorce horas diarias; de modo que, descontando el tiempo de las comidas, quedarían siempre doce horas de trabajo llenas y enteras”(*)

Cuánto tienen para decir los niños muertos en talleres clandestinos, sus voces acalladas por el fuego de la precariedad, sin abuela que les cuente historias en  camisón; porque las camas, como las máquinas, están siempre calientes y las personas que las ocupan rotan de unas a otras sus cuerpos. Así, la mercancía va. Cuánto gritan desde las vidrieras de las grandes marcas, que no descansan misas ni templos para honrar al dios consumo a elevadísimos precios- de lunes a lunes – en esta tierra sin cielo, plagada de infierno.

01.05.201513:02

DÍA DEL TRABAJADOR

El trabajo esclavo representa la mitad de las víctimas de la trata de personas

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La problemática de la trata de personas explotadas laboralmente volvió a ser agenda pública tras la muerte de dos niños de 7 y 10 años en un taller clandestino del barrio porteño de Flores, quienes quedaron atrapados en las llamas mientras dormían en un ambiente en donde- según el relato de vecinos- funcionaba un taller clandestino de confección de ropa.
Si bien la esclavitud y el trabajo forzoso fueron progresivamente abolidos a nivel nacional, desde hace casi 100 años, actualmente, existen nuevas formas de reducción a la servidumbre. Por lo que, de acuerdo a lo señalado por la Dirección de Rescate dependiente de la cartera conducida por Julio Alak, se relaciona con transformaciones económicas y políticas del sistema capitalista y la consolidación del modelo “neoliberal”.

http://www.telam.com.ar/notas/201505/103583-el-trabajo-esclavo-representa-la-mitad-de-las-victimas-de-la-trata-de-personas-informe-ministerio-de-justicia.html

 

“Dicen que nuestro siglo es el del trabajo. Y tienen razón, es el siglo del dolor, de la miseria y de la corrupción.”(*)

Así son nuestros TIEMPOS MODERNOS

“Los obreros acudían por millares al silbido de las máquinas. Un gran número, cinco mil sobre diecisiete mil, estaban obligados, por lo caro de los alquileres, a habitar en los villorios cercanos – asegura Villermé-. Algunos vivían a dos leguas y hasta a dos leguas y cuarto de la fábrica donde trabajaban. (…) El resultado es que llegan por la noche a sus casas, agobiados por la necesidad de dormir y que, al día siguiente, sin estar completamente reposados, tienen que levantarse para encontrarse puntualmente en la fábrica a la hora de la apertura” (*)

“Crisis industriales y periodos de sobre trabajo se suceden sin remedio, arrastran consigo la huelga forzosa y la miseria sin salida, que conduce la bancarrota” (*)

Cualquier palabra es insuficiente cuando los ojos saben y la piel siente, vibra, se eriza de memoria.

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 “Infinitas como  parecen, estas miserias individuales y sociales desaparecerán como las hienas y los chacales al acercarse el león, cuando el proletariado diga: yo lo quiero. Pero, para que llegue a la conciencia de su fuerza, es necesario que el proletariado pisotee los prejuicios de la moral cristiana, económica y librepensadora; es necesario que vuelva a sus instintos naturales, que proclame los derechos a la pereza, mil y mil veces más nobles y más sagrados que los tísicos derechos del hombre, concebidos por los abogados metafísicos de la revolución burguesa; que se empeñe en no trabajar más de tres horas diarias, holgando y gozando en el resto del día y de la noche” (*)

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“Ante semejantes reclamos, capaces de aniquilar el goce y la pereza de la burguesía, los capitalistas no podían contestar más que con la represión feroz. Pero, aunque han podido aquietar las aguas de esta maniática marea humana, no por eso han ahogado o, en la sangre de sus matanzas gigantescas, la absurda idea del proletariado de querer imponer el trabajo  a las clases ociosas y panzudas; y, sólo con el fin de alejar este peligro, la burguesía se rodea de pretorianos, polizontes, magistrados y  carceleros entretenidos en una improductividad laboriosa. Ya no se pueden tener ilusiones sobre el carácter de los ejércitos modernos; no son mantenidos permanentemente más que para reprimir al enemigo interno” (*)

 

Todas las palabras son imprescindibles. Cuando el horror está latente,  no se puede mirar de reojo. Ni callar. Ni olvidar.

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“En nuestro régimen de pereza, para matar el tiempo que nos mata segundo a segundo, habrá espectáculos y representaciones teatrales de todas clases. Es éste un trabajo adecuado a nuestros legisladores, quienes, organizados en cuadrillas, irán por las ferias y los villorios dando representaciones legislativas” (*)

Mientras nuestra democracia representativa de cada día no alcanza y el pan y circo no nos convocan, estamos quienes seguimos trabajando en la grieta, en la búsqueda del intersticio, para saltar la trampa y, al menos, intentar escribirla.

Como contó en un momento otra entrevistada Anartista, María Negroni : “Un amigo me dijo una vez que yo respondía a los obstáculos con la “prepotencia del trabajo”. Lo tomé como un elogio. Hoy ya no pienso ni trabajo así. Soy más lenta. Espero que la escritura llegue, se me imponga. Esperar es dificilísimo. Implica tolerar la ceguera, saber que ciertos fracasos son imprescindibles, que los verdaderos poemas, los necesarios, se hacen solos como se hace sola la vida”. Por mi parte, insisto con María Elena Walsh y repito: “quiero tiempo, pero tiempo no apurado, tiempo de jugar que es el mejor, por favor, me lo dan suelto y no enjaulado, adentro de un despertador”  En cuanto a Paul Lafargue y a su esposa, el tiempo y la vida de ambos terminaron- por decisión premeditada- a los sesenta y nueve años. Desde un día de shabat hacia el descanso eterno. Según Antonio Tulián: “Al llegar a esa edad preparan cuidadosamente la distribución de sus bienes: ocupándose tanto de la suerte de su doméstica y del jardinero, como del perro Nino. (…) Así, un sábado de noviembre de 1911, después de haber pasado la tarde en un cine de París y de haber saboreado unos pasteles, vuelven a su casa en una zona casi campestre de Draveil y se acuestan para no amanecer…”

1- De “El sufrimiento en el trabajo”, de Christophe Dejours

2- Antonio Tulián – Prólogo a “El derecho a la pereza”, de Paul Lafargue

(*) Paul Lafargue – El derecho a la pereza

 

 

 




PIANO, PIANO SI VA LONTANO

Por Lourdes Landeira y Gabriela Stoppelman.

Entrevista: Gabriela Stoppelman – Lourdes Landeira

Edición: Lourdes Landeira

La velocidad: Conversación con Darío Canton

Con las palabras del título y un afectuoso abrazo, se despidió Darío Canton de nuestra conversación en el porteño Café de la Paz. El lugar, patrimonio cultural de la ciudad, tras sobrevivir a remodelaciones varias, guarda parte de la historia de Buenos Aires y, hoy, la sirve en bandeja. El marco es ideal para mirar por la ventana de este hombre de 86 años, poeta y sociólogo; sociólogo y poeta que, descomposiciones mediante, compone su obra en vida y su vida en obra. No comemos nada, tomamos té y algo fresco, para contrarrestar el calor, extranjero en esta época del año. De la cocina, salen tostados y ensaladas en olores irrumpidos por café tostado. Canton se sorprende cuando le decimos de qué queremos hablar.

  • ¿Qué podría tener que ver yo con la velocidad?

Eso es lo que vamos a averiguar.

TENTEMPIE

En una de las muchas páginas de La Yapa – Primera Parte, séptimo tomo de su autobiografía, editado este año por Librería Hernández, dice:

“… lo de la gente que lee, que me remite de algún modo a ¿cómo lee la gente? (y también ¿qué gente?), con mi antigua recomendación de ´lea despacio, mastique…´para favorecer ciertos hábitos de lectura, junto con mi experiencia de chico que iba al cine a ver películas en episodios que se prolongaban durante semanas –para no hablar de lo que era esperar cartas o periódicos que llegaban por barco-, me hacen mandarle lo que verá. Idealmente se podría publicar en tres partes, con lo cual más que el cuento de un poema como hasta ahora los he llamado, ya sería el folletín de un poema”

Está muy bien señalado, da en el punto de mis experiencias y de mis limitaciones también. Es correcto. Soy una persona que ya pasó los 80. Entonces, cuando yo era chico uno iba al cine los domingos -era la gran fiesta- se veían películas en episodios y había que esperar al otro domingo para la continuación. El héroe, cuando terminaba la función, estaba a punto de caer por un precipicio y ser decapitado por el malvado. Al ver la reanudación, la semana siguiente, medio milagrosamente se había salvado y seguía la historia. Entonces el tiempo tenía otra dimensión. Que no tiene hoy. No sé cómo los chicos o las personas criados con otra temporalidad, digamos, podrían apreciar eso. Eso creo que a uno lo hacía mucho más paciente. Uno podía esperar. Los ciclos de la naturaleza no cambiaban. Las mamás siguen teniendo los chicos a los 9 meses de embarazo. Aunque creo que, con los animales no, los están apurando. Esperemos que con los seres humanos no lo hagan. Salir a la palestra con la cita vinculada con “Asemal” es muy apropiado, porque efectivamente esa especie de consigna de “lea despacio, mastique bien las palabras” era lo que me parecía y me sigue pareciendo adecuado para una lectura en serio de cualquier tipo de materia. Sobre todo si es literario y, aun más si es poesía, hay que darse un tiempo. La poesía tiene otro tiempo.

La cita previa a su respuesta corresponde a uno de los muchos intentos de Darío Canton por publicar su obra (las idas y vueltas de esos intentos, sus logros y sus fracasos están documentados en su autobiografía con lujo de detalles). Tanto a su persistencia y convicción inquebrantable, como a su búsqueda de alguna variante, alguna mezcla entre experiencia y poesía para sostener la espera, el interludio entre los momentos de sentarse a la mesa. Como si la poesía y la escritura propusieran un desacelere, otra dimensión, más allá de la época que se habite.

“Asemal”, (la mesa al revés) sonó bien en la década del setenta, cuando Canton, con mucho material acopiado, no encontraba el modo de publicar. Claro, no había Facebook. A falta de redes sociales, él inventó la propia: enviaba esa hoja de poesía por correo a más de setecientas personas en distintas partes del mundo. Muchos le respondían y así las palabras y los versos conversaban en la distancia y en el tiempo que Canton andaba y desandaba, al entregar y retirar correspondencia en el Correo Argentino. En el mismo lugar donde hoy, 40 años después y en la semana de Mayo, se acaba de inaugurar el Centro Cultural Néstor Kirchner.

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Al mismo tiempo, empecé a trabajar contando el proceso de escritura de los poemas. Yo he guardado muchos manuscritos, he perdido, pero también he guardado. Entonces, en esos años en que me dediqué a trabajar íntegramente con la poesía (pude dejar la sociología como ganapán), me dediqué a contar cómo había hecho determinados poema. Con eso hice un pequeño corpus. La idea mía era que uno debía dar testimonio de lo que hacía, no porque fuera nada excepcional, sino porque podía servirle a otros. Y, además, era una manera -para, uno mismo-, de tomar conciencia del trabajo.

 

LA SOPA ESTÁ SERVIDA

Yo siempre pensé que tenía que dar testimonio de cómo trabajaba. Entonces, en la década del 70, junté una serie de ejemplos que se publicaron en Hispamérica, una revista de Estados Unidos. La nota se llamó “Con las manos en la mesa” y es la narración mía de cómo surgieron algunos poemas y de por qué hice algunos cambios.

INSERTAR TOMA LA SOPA

El ejemplo más largo que tiene de narración acerca de un texto, dice, es el de “Toma la sopa”. Es un poema de 1977 que tuvo unas 30 versiones incluidas entre las páginas 170 y 179 del Tomo III. De plomo y poesía (1972 – 1979). “Nadie me ha dicho: mire, Canton, le agradezco mucho (ríe) el trabajo que se tomó …” Pero está hecho y él lo exhibe. Así como lo hace con tantos detalles, mixtura de registros que incluye la cotización del dólar, las edades que cada miembro de su familia tendrá en determinado año, fotos, reseñas, citas, teléfonos, direcciones. Imposible perderse. O encontrarse.

Versiones de un poema, modos de contar una biografía.

Quizás el yo, más que autoafirmarse a lo largo de las páginas, se disuelva, como acto de provocación, con el erotismo del movimiento oscilante entre lo que se devela y lo que se oculta. Casi igual que en Internet, donde está todo y donde todo, también, se esconde.

CON EL DELANTAL PUESTO

Si de era digital hablamos, imposible eludir otra de las recurrencias de Canton: el registro del manuscrito. Al hablar de eso, busca y nos regala su subjetividad fotocopiada y plastificada en la versión de un poema de puño y letra (cuerpo presente) y su trascripción final, a máquina o computadora. Mismo concepto, distinto sentido.

Yo creo en el manuscrito. Miren, les cuento y así se va enhebrando la historia. Yo, en Estados Unidos, compré- un libro de manuscritos de poetas. Me vine con él y lo llevé hace unos años de años al Festival Internacional de Poesía de Rosario. Yo necesitaba ver eso. Entre 1960 y 1963 estuve viviendo en ese país y, al volver, crucé todo el territorio. Una cosa que hice fue ir a la biblioteca que guarda manuscritos de poetas ingleses y norteamericanos y me pasé tres días – la gran fiesta- mirando rollos y esas cosas. Vi lo que sabía por mí mismo: hay tachaduras, flechas para acá y para allá, cosas que se dejan de lado, otras que se rescatan y se desarrollan, poemas que de arranque tienen tres o cuatro líneas y después se expanden, otros que se encogen. Todas las variedades que uno pueda imaginarse.

Y que, de acá en más, probablemente, quede reservado a ese campo, al de imaginar. Hoy, la mayoría de los escritores hace su trabajo en computadora y los procesadores corrigen sobre lo escrito y guardan la última versión, borran la tachadura.

Las versiones, en cambio, proponen que nada se escribe en una sola vuelta de horno, ninguna cocción es definitiva ni hay recetas infalibles para decir lo inefable.

EL BANQUETE

Cuando terminó la experiencia de “Asemal”, en el 79, el proyecto mío era hacer una especie de narración general con la historia de los poemas entrelazada con mi vida. Porque , cuando empecé a poner cronológicamente los poemas, me di cuenta de que era un poco el cuento de mi vida. La idea arrancó a mediados del 75 y me puse a escribir en el 86. Entre el 86 y el 89 hice la redacción inicial, que terminaba en el 89. En ese momento, muy esperanzadamente, creía que iba a poder editar eso a la vuelta de la esquina; en el 90, 91. No fue así. Después, tuve algunos contratiempos económicos. En fin, me pasé toda la década del 90 tratando de publicar algunos gajos de esa narración. La narración tenía, hoja tamaño oficio, a un espacio, 1500 páginas. Todo el mundo se peleaba para editarlo (risas)

Entre el exceso y la exuberancia, Canton se deshace de sí mismo en su obra, para dar cuenta de su época. “Hace poco el marido de una gran amiga dijo que es la primera autobiografía que lee en la que no se habla del autobiografiado”. Elige recortar por el lado de la abundancia y se da el gusto.

Si uno quiere acercarse a entender algo de una persona, de lo que hace, hay que dar cierta riqueza de información. El tema del dólar, por ejemplo, ha sido fundamental durante toda mi vida. He asistido a todos los vaivenes que se puedan imaginar. Al igual que otra serie de temas vinculados con la economía fueron decisivos en mi vida. Yo ilustro cómo compré un departamento a una cuadra de Santa Fe y Pueyrredón en el año 1967, por 15.000 dólares. Si piensan qué pasa hoy en día, se pueden dar una idea de cómo alguien podía vivir en ese momento. Hay una gran riqueza de materiales, que encontré y también que busqué. Con ellos intento recrear, y con eso, también, me he divertido mucho.

Es que hay algo lúdico en ese componer y descomponer para crear algo nuevo. El registro de la descomposición llega al límite (él se pregunta todavía sobre las repercusiones de esa publicación) de incluir en La Yapa – Primera parte, fotos del cajón abierto de su padre en el momento en que le tocó reducir su cuerpo. Cuenta en el texto que, como uno de los huesos de un hermano era muy grande, debieron ponerlo con los restos de otra parienta. Y escribió: “fue un connubio expeditivo que seguramente no imaginaron”.

También me tomé el trabajo de localizar la colección de “El Gráfico” para conseguir fotos de las peleas que yo había visto en el Luna Park, las mismas que, a treinta o cuarenta metros de mi asiento, veían Perón y Evita. Después, cuando me puse a trabajar en el tomo de mi infancia, fui a Carmelo y encontré en la casa de mis parientes algo sensacional. Los documentos de un juicio por el cobro de la tarifa del cruce en balsa del arroyo del lugar (cuando no había puente). La denuncia señalaba una anomalía: todas las cifras terminaban en cero y la tarifa de la balsa era con centavos. Eso demostraba que estaban haciendo trampa, estafando. Me pareció sensacional y mandé la narración. Si habrá lectores para esto, no lo sé.

Aunque no lo sepa, seguro lo intuye, a la vez que se recuerda. Como dice en otra de las páginas de su Yapa sobre una lectura de alguna vez en alguna biblioteca: “Me da que pensar el que esté consultando el mismo volumen que otro leyó hace noventa años”.

Siempre pensando en perspectiva, dentro de 50 años, por ejemplo. Tengo un poema en “Asemal”,”Temporalidad”, en el que la escritura inicial, surge un día que estoy esperando un colectivo en Chacarita. En la estación de trenes, la luz del sol se ve de cierta manera muy hermosa. Yo anoto, no sé ni en qué calle estoy, pero anoto. Eso me queda y después sigo trabajando con el poema. Lo que hago es describir ese momento y trato de imaginar cómo habría sido en 1874 y cómo será en 2074, cuando ya no voy a estar [la narración está en el Tomo II. Los años en el Di Tella (1963 – 1971), p. 137]

 

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Pero quizás haya alguien leyéndolo.

ANTES DEL PAN, SIEMPRE FUE EL TRIGO

Queremos saber cuál es su momento de empezar a escribir, cuándo considera que una historia, una imagen, una vivencia, necesita pasar al papel. Y él, claro, tiene ejemplos y anécdotas.

Contraste, relámpago y memoria: primeros ingredientes

El primer poema mío y el primer libro mío fue “La saga del peronismo”. Digo, como poema largo, no poema suelto. Y ese poema surgió un día en la universidad de Berkeley, donde estudiaba sociología. Un 25 de mayo, cuando vi llegar al campus a unos obreros en un camión para hacer algún arreglo, no sé qué. El contraste entre esas personas y los estudiantes, varones y chicas, con ropas informales, con libros bajo el brazo, me remitió inmediatamente al 17 de octubre de 1945. Yo, en aquel momento tenía 16 años, anduve por las calles, soy testigo del 17 de octubre. Y ese recuerdo, como un relámpago, a mí me dio la idea de escribir un poema. Y ahí arranqué. Yo estaba viviendo en la International House, y ese o al otro día, lo primero que hice fue consultar a amigos y compañeros de qué se acordaban si les decía Perón o peronista. Alguno hasta me hizo una lista. Algunos decían cosas totalmente intrascendentes o del acervo común. Entonces, la comparé con mi propia lista, yo ya había hecho una especie de guía con lo importante para mí. Y ahí me quedé muy tranquilo, mi memoria funcionaba bien, es decir, se había olvidado de lo intrascendente. Así arranqué y escribí el libro.

La naranja se pasea (aunque esté descompuesta)

Este otro caso es más deliberado, pero también vinculado con el azar. Hay un poema mío que se llama “Corrupción de la naranja”. Surgió a fines del año 1963, ya tiene más de 50 años. Y yo tengo todavía un pedazo de una de las naranjas originales, que se ha petrificado. En un momento lo había perdido, pero lo pude recuperar. Cuando escribí el poema, yo estaba viviendo solo, en un departamentito chico, por el Parque Chacabuco. Y, como no tenía heladera, compraba periódicamente alimentos. Yo soy un gran frutero de toda la vida, la fruta es muy importante para mí. Un día descubrí que tenía una naranja en una escalera que daba a una terracita. La fruta se estaba descomponiendo y dije: esta es la mía. Me puse a registrar cómo era el proceso de descomposición. Además, le agregué dos naranjas más. El proceso duró, con tres naranjas, cerca de tres meses, durante los cuales yo tomaba nota periódicamente

El germen de la vigilia

“La mesa” es otro ejemplo. Tengo un pequeño librito que se llama “ La mesa”. Lo he injertado también en uno de los tomos, el de la década del 60. Se escribió entre 1967 y 1969 y nació de un sueño. Un día me fui a dormir y, de repente, me desperté diciéndome unas líneas; era de lo más extraño, algo como: la mesa se compone de una tabla y cosas así. En esa época yo estaba bastante alerta, cosa que no siempre hago. Entonces, prendí el velador y me puse a anotar. Tengo el manuscrito de eso, son unas 150 líneas que salieron de un tirón, a lo largo de una hora más o menos. Ahí está el germen de todo el libro. Sale de un sueño, porque estuve alerta.

Recocciones verbales

  • Ya que estamos de anécdotas, ”El Abecedario médico” es otra de mis producciones. Mi padre era médico y un hermano mío, también. Yo estaba acostumbrado a tener en mi casa, y consultar, los vademécums (el arsenal de los médicos). Un día en el 72, 73, me golpeé con una ventana; me había mudado hacía poco y me lastimé, me corté el cuero cabelludo, me sangró. Fui al hospital cercano, el Rivadavia, me pusieron algún punto y me pidieron que compra una inyección antitetánica. El nombre: Tetabulín. La compré y me olvidé del tema. Unos meses después, no puedo precisar cuántos, me acordé del Tetabulín y anoté en un papelito: = corpiño mistongo. Hay un tango que habla de un bulín mistongo (lo canta). Después de un tiempo, volví a encontrar el papelito ese en el bolsillo de un saco y dije: puedo hacer algo con esto. Lo relacioné con los vademécums y me puse a leerlos y a redefinir los productos medicinales. Pasé dos o tres años en esa tarea. Después …, les ahorro las desventuras de la publicación. Ese es otro arranque de una obra, a partir de un accidente doméstico.

LA SOBREMESA

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La disección del idioma parece ser una de las obsesiones de Canton, un viejo proyecto que- dice- quedará para otros. Busca “tomar la mayor conciencia posible del idioma que uno maneja y ver qué puede hacer con eso, como si fueran ladrillitos para hacer algunas construcciones distintas”

En “La Yapa – Primera parte” (la Segunda Parte está escrita pero, todavía, no publicada) plasmó en una página: “La idea básica sería: ¿cómo hacer la disección de un idioma (el castellano en este caso, y el castellano tal cual lo hablan –pronuncian- los hablantes del área en que vivo)? El objetivo final sería, naturalmente, no solo adquirir un mejor conocimiento sobre el idioma (mayor conciencia sobre las herramientas que uno usa naturalmente) sino a partir de allí introducir variaciones que son parte del trabajo poético”.

Poder sistematizar esas variaciones es lo que me interesa. Más que nada, pienso en los juegos de palabras, pero no como algo intrascendente, sino como algo que puede ser otra cosa. Había una sección en la revista Viva ,de Clarín, que recopilaba dichos de los chicos cuando no dominan todavía el idioma y dan lugar a errores divertidos. Tengo ejemplos, también, de algunos de mis hijos: el avión levanta abuelo, o la lintérnaga, de la linterna y la luciérnaga. Creo que se puede trabajar muy en serio en eso. Yo no pude hacerlo, quedará para que lo hagan otros.

NUESTRO CAFÉ DE YAPA

Antes de irnos, cuando ya los mozos pasaban algunas pizzas cerca de nuestras narices y el grabador se había apagado, Darío Canton nos tenía reservadas dos preguntas. Quería respuestas nuestras.

La primera era sobre algo que aparecía en una nota de Juan Forn, en la contratapa del diario Página 12, que traía entre sus cosas. Él quería saber el significado de canuto; no lo conocía. Le hablamos, entonces, sobre lo clandestino, la jerga lumpen de la cárcel, lo escondido, la transgresión a la norma.

La segunda cosa era saber qué pensábamos sobre contar cómo se escriben ciertos poemas. Allí hablamos de la provocación y, una vez más, de la integración y la mezcla; del carácter precursor de sus técnicas, que se adelantan a las posibilidades de internet; del fragmentario, como forma de escribir más allá de los géneros; de la autobiografía, más que como las cosas que a uno le pasan, como de los registros cotidianos que impactan, a veces en crudo, a veces poetizados, a veces con fotos: allí donde la cocina de la propia escritura es parte. Así como lo es el modo de registrar la forma de percibir el mundo, el modo de cocinarlo. Y de cómo, a partir de ciertas huellas, se escribe; con su propia poética. De la necesidad de preservar r lo indecible.

Darío Canton nos ofrece regalarnos los tomos que no tenemos de su obra. Nos cuenta sobre un artículo que ayer nomás terminó de escribir con un colega estadígrafo, sobre el Éxodo Oriental, el movimiento de población que acompaña a Artigas ante la invasión de las tropas portuguesas. En el padrón de 1811, dice y se entusiasma, él tenía parientes por línea materna y, de curioso, se puso a estudiarlos. “Bueno, esas cosas”.

Hoy, un día después, escribimos estas líneas de nuestra experiencia, del encuentro. Escribimos el nombre Darío Canton en nuestro número Anartista sobre la velocidad. Es probable, casi diría seguro, que nuestro nombre, El Anartista, hoy, ahora, esté siendo parte de una nueva yapa de Darío Canton.

Un placer habernos tocado el timbre y abierto la puerta para salir a jugar.

 




VOLANTE DE MANO

 

Por Lourdes Landeira

La velocidad: De colisiones y otros frenos (o manejos)

                                                      

Accidente de tránsito

Hasta bien entrado el siglo XX, los camellos se ocupaban del transporte de gentes y cosas en la isla de Lanzarote. 

La estación, el Echadero de los Camellos, estaba en pleno centro del puerto de Arrecife. Leandro Perdomo pasaba siempre por allí, en su infancia, camino de la escuela. Veía muchos camellos, echados o de pie. Una mañana contó cuarenta, pero él no era bueno en matemática. De algo está seguro Leandro: 

img 1-En aquellos años, nadie tenía prisa.

La isla flotaba fuera del tiempo, mundo antes del mundo, y la gente tenía tiempo para perder el tiempo. 

Los camellos iban y venían, a paso lento, a través de las inmensidades del desierto de lava negra. No tenían horario, ni hora de salida ni hora de llegada, pero salían y llegaban. Y nunca hubo accidentes. Nunca, hasta que un camello sufrió un súbito ataque de nervios y arrojó por los aires a su pasajera. La infortunada se partió la cabeza contra una piedra. 

Ese camello se enloqueció cuando se le cruzó en el camino una rara cosa que tosía y echaba humo, pero no era volcán, y corría pero no tenía patas.

El primer automóvil había llegado a la isla.

EDUARDO GALEANO

 

Tiempo, espacio, velocidad: variables de una gran fórmula que se atreve a correr los límites de lo real. Si  la dirección distingue a la velocidad de la rapidez, entonces, quizás suceda que el tiempo se engulla al espacio y este desaparezca en lo inmediato de alguna pantalla o de alguna máquina. Ese tiempo se hizo oro cuando dejamos de perderlo. Y la velocidad, su gran poder. Pero, mejor, retrocedamos una línea atrás; ¿cuál es la idea encerrada en perder el tiempo y cómo sería ganarlo? La ganancia, en tiempos modernos asociada a la productividad y la eficiencia, no entiende la lógica sin agendas ni cronogramas del Echadero de Camellos de Lanzarote. En la isla, el tiempo se tenía (¿se poseía?)  y por eso podía perderse (¿usarse?). Si las cosas se invirtieron y la ecuación cambió su fórmula  (¿ahora el tiempo nos usa y nos posee?) la velocidad -aquí representada por el auto- parece dispuesta a hablar.

El cine – técnica y arte de proyectar fotogramas de forma rápida y sucesiva para crear la impresión de movimiento, según la wiki enciclopedia – propone miradas diversas en este universo de pantallas (puente y muro al mismo tiempo) y carreras con distintas metas y un único destino.

El tiempo es igual a la distancia sobre la velocidad, la distancia es igual a la velocidad por el tiempo, la velocidad es igual al tiempo sobre la distancia. El problema típico para ejercitar la ecuación propone imaginar a dos autos que salen a la misma hora en direcciones opuestas y viajan a distintas velocidades. La pregunta es a qué hora se cruzan. La respuesta resolvería el problema. Pero, ¿y si chocan? Quizás el tiempo se  detenga en ese instante.

img 2“El accidente es fecundador, no destructor; es liberador de energía sexual; canaliza la sexualidad de los que mueren con una intensidad imposible de otra forma. Mi proyecto es experimentarlo, vivirlo”. Palabra más, palabra menos, la afirmación es de Vaughan, personaje de “Crash”, quien vive en un auto y persigue accidentes para fotografiarlos y recrearlos ante un público que se excita con la puesta. En la película, dirigida en 1996 por David Cronengberg y basada en la novela de James Graham Ballard, los protagonistas habitan en ciudades dominadas por las autopistas y se erotizan con las huellas -grietas en forma de cicatrices- que los impactos dejaron en sus espacios-cuerpos cuando el encuentro de dos velocidades detuvo algún tiempo.

 

“Comprendí al fin que Vaughan repetía en fragmentos inconexos un acto sexual programado donde participarían la actriz y el camino que ella tomaba desde los estudios Shepperton. El énfasis de los gestos, el modo grotesco de sacar el brazo por la ventanilla, como si estuviera a punto de destornillárselo y arrojar el miembro sanguinolento bajo las ruedas del auto que venía detrás, el rictus de la boca cuando apretaba un pezón con los labios, parecían ensayos privado de un drama aterrador que se desarrollaba en la mente de Vaughan, el acto sexual que coronaría la última colisión”. J. G. BALLARD

 

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Si ahora se impone cambiar el ritmo, es inevitable virar la dirección y fórmula(o película).Y qué mejor que “Rush” y “Le Mans” para ingresar a la pista de los corredores. Ambas parten de una gran explosión inicial (cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia). Y nada mejor, después de un gran estallido, que empezar a correr. Para escapar de su expansión o para volver a estallar. “No busques moralidad en un hombre dispuesto a morir corriendo en un circuito”, dice uno de los protagonistas de “Rush”. La película recrea la Fórmula I de 1976 y el duelo entre Niki Lauda Y James Hunt. ¿Importa quién lo dijo? La trama enfoca la rivalidad entre ambos, así como su necesariedad. El lindo y el feo, el calculador y el improvisado juegan un solo juego; con más o menos cabeza, con todo el cuerpo. “Correr es la vida, lo demás es tiempo de espera”, le dice el Delaney de Le Mans (basada en la carrera de resistencia, 24 horas de Le Mans) a la mujer de su compañero, muerto en la competencia del año anterior. Además de ser perseguido por la muerte – hecha cuerpo en la presencia de la viuda – él también tiene un rival en la pista, siempre muy cerca. Porque la cercanía resulta condición de la rivalidad, en ese campo en el que el contacto es choque.

En los alrededores, el público, enorme y ensordecido por el ruido de los motores, mira pasar la velocidad. Y espera. La consagración del ganador, el campeón que sobrevivió antes que ningún otro (quizás por décimas de segundos) a la inminencia del accidente, o de su posibilidad. “La felicidad es el enemigo, significa que tenés algo que perder. Si la felicidad es el enemigo, ya lo has perdido todo”, se dice en alguna de las dos: ¿importe en cuál?

 

“DEATHMOBILE” – JEAN TINGUELY
“DEATHMOBILE” – JEAN TINGUELY

 

Cabe preguntarse de quién es la falta, saber si cometió un error el hombre que conduce la máquina o si falló algún engranaje de la máquina que conduce el hombre. Sí, cabe preguntarse, buscar la respuesta que alivie, al menos por un rato, la tensión de conocer el riesgo. Intentar el volantazo, antes de frenar. Ir tras la fórmula, ensayar resultados para la ecuación.

Según las recomendaciones de la seguridad vial, entre vehículos en movimiento, es imprescindible mantener una distancia proporcional a la velocidad. Porque, cuando el conductor frene, el vehículo aún recorrerá un espacio, una distancia, antes de detenerse. Dice “Luchemos por la Vida”:

“Tenga presente que a mayor velocidad, mayor es el tiempo y la distancia que necesita para detener el vehículo y más graves las consecuencias ante cualquier falla mecánica, como el reventón de un neumático, la mala maniobra de otro conductor o cualquier otro imprevisto. La velocidad máxima permitida por las señales o la reglamentación, no es siempre la más segura. La velocidad segura, que la ley denomina “velocidad precautoria”, es aquella que “le permite al conductor tener siempre el dominio total de su vehículo y no entorpecer la circulación”.

En determinadas circunstancias es necesario disminuir la velocidad. Tenga en cuenta que:

A medida que aumenta la velocidad, aumenta su riesgo de muerte ya que, hay menos tiempo para actuar y se necesita más distancia para frenar.

Cada 15 Km/h que aumenta la velocidad, a partir de los 80 Km/h se duplica el riesgo de morir en un accidente”

 

MUSEO TINGUELY - SUIZA
MUSEO TINGUELY – SUIZA

 

Claro, siempre hay excepciones a la regla. Tal es el caso de Sandra Bullock, en “Máxima Velocidad”. Ella viajaba en colectivo porque le habían suspendido el registro por ir más rápido de lo permitido. Paradojas de la vida (o del cine) cuando, por accidente, el chofer es herido de bala (luego sabremos que también de muerte) ella debe manejar y mantener la aceleración por encima de cierto nivel. De la película, ya dijo, el filósofo de Ljubljana.

“… al principio, el descontrolado autobús (su velocidad debe mantenerse por encima de los 80 kilómetros por hora; si baja, explota la bomba…) se vive como un estado de suspenso permanente, una pesadilla infinita estresante (nuestro único deseo es que ese estado termine cuanto antes); sin embargo, tarde o temprano, el espectador toma conciencia de que la alocada marcha del autobús es una metáfora de la vida misma. En tanto que la vida también es un constante estado de tensión, una carrera cuya “velocidad” (los latidos del corazón) debe mantenerse a un determinado ritmo si queremos seguir vivos, el deseado fin de esta carrera salvaje es simplemente la muerte en sí. En resumen, lo que al principio parece una amenaza a la vida finalmente demuestra ser una metáfora de la vida misma…” SLAVOJ ZIZEK

 

Por supuesto, si transportarse en camello no es para cualquiera, tampoco lo es manejar. Hay que saber hacerlo. Aunque poder frenar no sea estrictamente necesario. De esto se ocupó Arnaldo Calveyra en “El origen de la luz”, con su cuento “El hombre que no sabía frenar”. En su “tiempo de granjas” y “noches indisciplinadas”, donde “algunos grises resistían al naufragio de la hora” y “la naturaleza decidía un silencio”, vivía Don Isaías. En el pueblo visitado por el vagabundo, quien alguna vez supo leer y escribir y quien durante aquel verano “en el que el tiempo le estaba faltando”, encontró su “silencio novísimo”. Don Isaías Berón había comprado un auto y había aprendido a manejar.

“- Aprendió a manejar, sí, pero no puede frenar – me sugirió casi una de mis hermanas, tan tímida su proposición.”

A pesar de eso, el hombre iba dos veces por semana a hacer las compras. Tenía un sistema perfecto: a la ida arrojaba los pedidos en papel y, a la vuelta, los recogía en bolsa.

“- Está bien, pero … ¿cuando vuelve al campo, cuando entra el auto al galpón… o, simplemente, cuando termina el viaje?(…)Ah – me contestó mi madre – mejor sería que fueras a su casa a saludar y presenciaras la maniobra con tus propios ojos…”(…)“Un nuevo segundo de inmovilidad primordial y la película se ponía otra vez en acción: don Isaías en persona que abría la portezuela, que abandonaba por su propia cuenta la pantalla, él, el héroe de la película, descendía en carne y hueso a saludarme, un hombre en perfecta salud y risa (“¿qué hay de nuevo, don Isaías?”, “que envejezco, che”) me abrazaba con su enorme cuerpo de emperador romano, empezaba a preguntarme por mi gente”.

 Video Relacionado: 

 

 

 




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Viaje alrededor de un punto:  Viaje alrededor de mi cuarto, de De Maistre a Borges.

Por Lourdes Landeira

Laberintos IV.   Aguafuerte
Mabel Rubli, “Laberintos IV”. Aguafuerte, aguatinta y acuarela

 

He visto, como el griego, las urbes de los hombres,

los trabajos, los días de varia luz, el hambre;

no corrijo los hechos, no falseo los nombres,

pero el voyage  que narro, es … autour de ma chambre.

 

La estrofa pertenece al poema “La Tierra” y su autor es el Carlos Argentino Daneri,  en “El Aleph”, de Jorge Luis Borges.  Allí el Borges narrador la elige, a pesar de considerarla tan mala como a otras de las muchas escritas por el primo hermano de Beatriz Viterbo, la muerta a cuya memoria se había consagrado. Sobre el último verso, dice el cuento: “el cuarto, francamente bilingüe, me asegura el apoyo incondicional de todo espíritu sensible a los desenfadados envites de la facecia”.

 

El viaje alrededor de mi cuarto, (voyage autour de ma chambre) escrito en 1794, por Xavier  de Maistre, es la facecia.  Se trata de un viaje sin más objeto que el de reparar en lo cotidiano,  descubrir el mundo, no con grandes epopeyas ni expediciones, sino con una mirada nueva sobre lo más cercano. De Maistre lo concibió durante los cuarenta y dos días de arresto domiciliario que sufrió en la primavera de 1790.

 

“Mi habitación está situada a cuarenta y cinco grados de latitud, según las medidas del padre Beccaria; su dirección es de levante a poniente, formando un largo cuadrado de treinta y seis pies de lado, que roza la muralla. Mi viaje contendrá sin embargo más; pues la atravesaré a menudo a lo largo y ancho, o bien en diagonal, sin seguir ni regla ni método alguno. Incluso haré zigzags  recorreré todas las líneas posibles en geometría si la necesidad así lo exige.”

 

Difícil saber cuántas de esas líneas serían posibles y necesarias, más difícil aun, intentar enumerarlas. Si bien ya la matemática se ocupó de demostrarlo: no todo lo que parece es. Y así se supo: los números infinitos tienen unas extrañas cualidades, entre ellas, la de que el todo no es necesariamente mayor que las partes. De esa manera, pensar el infinito sigue siendo complicado. Dónde situarse, adentro o afuera, de qué borde, hacia qué finitud. Pero la frontera hoy está demarcada por el viaje y en ella se coló la matemática. Por eso, para ir alojándonos, creo apropiado acercar al  matemático alemán David Hilbert (1862 – 1943), quien  ideó la paradoja del hotel más grande del mundo. Uno con infinitas habitaciones. Y para que la administración no se le complicara, puso como condición a sus infinitos huéspedes el estar dispuestos a mudarse de cuarto cada vez que se les requiriera. Así, cuando el hotel estaba completo y llegaba un nuevo invitado, sólo debía solicitar a todos los alojados  mudarse al número de habitación siguiente al que ocupaban en ese momento. De esa forma, la número uno siempre estaría disponible para el recién llegado.

 

Entonces, Borges vio el Aleph y supo que “el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito”.  Y escribió lo que vio en el “inconcebible universo” en finitas líneas precedidas de una advertencia.

 

“En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces, ninguno me asombró tanto como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré”.

 

Ese punto que todo lo contiene, ese núcleo de todas las partes no tiene circunferencia, no hay sucesión de puntos a su alrededor que lo bordeen.  Ya de Maistre se había confrontado con la cuestión de los límites durante su encierro forzado en su cuarto. Por eso, cuando lo liberaron de esa supuesta atadura escribió:

 

“Hoy es cuando ciertas personas, de que dependo, pretenden volverme a mi libertad, ¡como si me la hubiesen quitado! como si estuviese en su poder el arrebatármela un solo instante, e impedirme recorrer a mi albedrío el vasto espacio siempre abierto delante de mí. Ellos me han privado recorrer una ciudad, un punto; pero me han dejado el universo entero: la inmensidad y la eternidad están a mis órdenes. (…) ¿Es acaso para castigarme que se me había desterrado en mi cuarto?, ¿en esta comarca deliciosa, que encierra todos los bienes y todas las riquezas del mundo? Tanto valdría desterrar un ratón en un granero.”

 

Lejos de  un juego de encontrar las diferencias o las semejanzas, se impone pasar lista a las huellas de algunas de las afamadas obsesiones de Borges en el viaje de De Maistre. Hay un espacio creado, intervalos de siglos y de instantes; páginas impresas con letras, tinta fija sobre papel. Sin embargo, esa condición estanca no impide mover las palabras y formar textos nuevos, ir y venir de unos ojos a otros, de las manos que los pensaron y de su representación. Distancia tan cercana y abismal a la vez.

 

Ya dijo Borges que “la candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió” él notó, con dolor,  el cambio en los avisos de cigarrillos de las carteleras de Constitución. “Comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad”.

También de Maistre tiene un muerto entrañable en el viaje por su cuarto; no es una mujer, sino un amigo de cuya pérdida, dice, nunca se consolará, a pesar de que todo a su alrededor continúe andando.

Los árboles se cubren de hojas y entrelacen sus ramos; los pájaros cantan debajo de su ramaje; las moscas zumban entre las flores; todo respira el gozo y la vida en la estancia de la muerte”.

 

Seguramente, no es necesario abundar en citas para reconocer que si hablamos del doble, del laberinto, del espejo y del tiempo, tenemos que hablar de Borges y Borges tiene que hablar. Y sí, como es ya evidente a esta altura, también De Maistre dijo lo suyo en su viaje.

 

La habitación, a diferencia del sótano, ocupaba un lugar central de la casa y, además, tenía ventana al exterior. Sin embargo, a De Maistre no le interesó atravesarla ni considerar ese recorte al afuera. Por el contrario, eligió recorrer los cuadros  en las paredes para disertar sobre el mundo a través de sus pinturas. Su perspectiva está signada en su butaca o en su cama, “lecho que nos ve nacer y nos ve morir”; así, el desplazamiento entre épocas y lugares confluye en su mirada.

 

“Desde la expedición de los Argonautas hasta la asamblea de los Notables; desde el más hondo de los infiernos hasta la última estrella fija más allá de la vía láctea, hasta los confines del universo, hasta las puertas del caos, he ahí el vasto campo en que me paseo por lo largo y lo ancho, y todo con comodidad; porque el tiempo  no me falta más que el espacio”

 

Mientras la Beatriz de Borges era mujer y era niña y Carlos Argento podía ser, además, un loco: “basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados”, De Maistre confesó haber recibido “lecciones de filosofía y humanidad de su criado y de su perra” y elaboró su teoría del alma y de la bestia (“se percibe a simple vista que el hombre es doble”) hasta el punto de poner a conversar a sus dos criaturas heterogéneas.

 

“La agitación de la más noble parte mí mismo se comunicaba con la otra, y esta a su vez obraba poderosamente en mi alma. Había llegado enteramente a un estado difícil de describir, cuando en fin mi alma, sea por sagacidad, sea por casualidad, encontró la manera de librarse de las gasas que le sofocaban. Ignoro si halló una abertura, o si advirtió sencillamente levantarlas, lo que parece más natural; el hecho es que encontró la salida del laberinto.

 

            Pero, claro, ya lo sabemos por Borges; ni siquiera el Aleph es único: seguro hay o hubo otro y el del sótano de Daneri podría, incluso, haber sido falso. Ese en el que interminables ojos se buscaban en Borges – como si él hubiera sido un espejo – al tiempo en que  veía todos los espejos del planeta – sin reflejarse -. De Maistre, por su parte, luego de recorrer el mundo entre sus paredes, llegó al cuadro capaz de desmerecer, según sus palabras, aun a las obras inmortales de la Escuela de Italia; en él encontró a  “la naturaleza admirablemente copiada”. Hablaba, sí, de un espejo, como de una obra maestra,  aunque, agregó:

 

 “el amor propio introduce su prisma engañador entre nosotros y nuestra imagen y nos presenta una divinidad”

 

La distancia entre el 1790 – de uno – y el 1949 – del otro – podría pensarse como insalvable. Imposibles de acortar los kilómetros entre Buenos Aires y Saboya. O no. Quizás solo haga falta mirar desde algún cierto punto, acostados sobre el piso con la vista fija en el decimonono escalón del  sótano sin que la humildosa almohada se eleve ni siquiera un centímetro. ¿Acaso no sabemos ya lo relativo de nuestra mirada? Pero, claro, si tanto costó saber que la tierra no es el centro del universo y que los planetas no giran a su /nuestro  alrededor; si tanto trabajo dio abandonar el círculo perfecto para poder pensar la elipse, mucho más trabajoso – ¿o liberador? – debe ser pensar en infinitos universos paralelos coexistiéndonos.  O en este universo que se expande sin que lo percibamos, con galaxias (la nuestra – la via láctea – entre millones de otras) cada vez más lejos unas de otras. Que alguna vez estuvieron más cerca, ¿cuánto?  Todo, en ese minuto cero en el que comienza el tiempo, en ese minuto cero en el que concluirá. Mientras tanto, seguimos reinando en absoluta minoría frente a insectos y bacterias, sin decirlo en voz muy alta, para que las puertas de los cielos no se abran para expulsarnos como a Satanás.

 

Cuando las espaciosas y triples puertas de los infiernos se abrieron de repente delante de él de par a par, y la profunda hoya de la nada y de la noche pereció a sus pies con todo su horror, recorrió con ojo intrépido el sombrío imperio del caos; y sin vacilar, extendiendo sus vastas alas, que hubieran podido cubrir un ejército entero, se precipitó en el abismo.” (Xavier De Maistre)

 

(Jorge Luis Borges) “… vi la circulación de mi sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi el Aleph en la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.”

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Carolina Diéguez,”Laberintos y entrepuertas XIII”. Fotograbado

Nota RelacionadaJOYA (alguna vez, taxi)

 

big bang

 




EN TRÁNSITO

Viaje alrededor de un punto: Sobre heterónimos, curas en el aire y extrañas matemáticas. Los “Aleph” de un viaje quieto

Por Lourdes Landeira

BATIME EL RECORD

Me gusta viajar. O, al menos, eso creo. Aunque no siempre implique desplazamiento físico o echar a andar la imaginación, el viaje no se lleva bien con la quietud. Implica, necesariamente, alguna forma de  movimiento – con o sin cuenta kilómetro – en líneas rectas, zigzagueantes, en círculos no siempre perfectos.  A veces hacia un punto fijo; otras, fijados en un punto o quizás sin puntos ni comas. Lo  cierto es que debe transformar.  Quizás allí se encuentre el  eje: en la transmutación o, al menos,  en su posibilidad. De ese viaje hablo, del que nos cambia de lugar, aun cuando no nos trasladamos; el viaje que supera el binomio quietud – movimiento.

El vértigo de una caída en parapente, la turbulencia del rafting de curso rápido; la pulverización de una flor ante la mirada, instantes adormecidos, cuerpos que retornan en ebullición.

Cierto es también que, para algunos, no hay vuelta. Como el caso del cura brasilero: él le puso carne a su afán;  de hacer el bien, dicen. Quería juntar dinero para los camioneros – ¿sabrán ellos qué es viajar? Tantas horas, tantas vidas, miradas atentas a las rutas, mercancías transportadas de origen a destino, sin sosiego. Luego de ese andar continuo, estáticos en el volante, ¿podrán ser otros fuera de la cabina? El cura, por ellos, encontró el modo de darle  forma a su intención de ayudar. Se propuso batir algún record de permanencia en el aire. Atado a mil globos de cumpleaños, se lanzó al todo y a la nada, provisto de un GPS que no sabía usar. Los vientos lo manipularon a su antojo y un remolcador encontró su cadáver tan lejos de donde había partido y tan igual a como salió. Más de dos meses después.

FIJATE CÓMO ES EL MUNDO, SI NO HAY REVÉS

En este  mundo que se pretende sin revés, la propiedad rige desde todos los puntos cardinales. Vayan cuatro lugares para referenciar la intrascendencia y dar batalla a la Rosa de los vientos. El preciado dinero es el premio a quienes logran ir más allá, llegar más lejos en algo, aunque más no sea coleccionar aspiradoras. Como es el caso del hombre británico que tiene 322, pero no le gusta limpiar. Con ellas, entró al famoso libro a plasmar su insignificancia.

Claro que “el libro de la insignificancia” es otra cosa y, en él, Kundera pasea su condición desde el célebre urinario de Stalin. ¿Será todo cuestión de perspectivas? Por supuesto que también es de otra índole el afán de coleccionar de Joseph Cornell,  quien al morir dejó en su sótano miles de cajas catalogadas con el material acopiado en años. Sobre las cajas, dice María Negroni en su Elegía: “… van, si se quiere, más allá del altar privado, inaugurando un ciclo laberíntico que deja vagar lo imaginario, en su versión más serial.” Debo decidir dónde poner la luz plena, qué ocultar en la incandescencia, abrir un rayo por las dudas.

 

M.C.Escher, "Espirales". Xilografía, 1953.
M.C.Escher, “Espirales”. Xilografía, 1953.

 

VENITE A PASEAR, SIN  EL AUTO DE PAPÁ

Es que me cuesta decidir adónde ir, en qué viajar. Los aviones son seguros pero, en los últimos tiempos, se pierden bastante en sus cajas negras; los micros se accidentan con frecuencia, aunque ofrecen a algunos la posibilidad de sobrevivir. El barco es para mí solo un viaje de ida. El tren, ese es mi medio de transporte. Ahí estoy segura, aunque sus destinos son tan escasos y sus horarios tan incómodos. No, mejor no. Me entrego a la velocidad del avión y añoro el andar nocturno en la butaca de un micro de larga distancia. Es mi espacio de confort. Ahí estoy, en verdad, en tránsito; ahí me transformo. Mientras, exploro la cajita de supervivencia (¿notaron que muchos servicios ya no la dan?); alfajor, mini galletitas saborizadas, un jugo natural, no por venir directo de la fruta – de hecho, nunca estuvo ni cerca de una naranja, solo sabe de la esencia que la imita – sino natural por falta de frío. Ahora quisiera haber optado por el avión y que una azafata  me preguntara qué quiero tomar. Así, creo tener opciones. No me está cayendo bien la merienda fuera de hora

“La idea de viajar me provoca náuseas… El tedio de lo constantemente nuevo, el tedio de descubrir, bajo la falsa diferencia de las cosas y de las ideas, la perenne identidad de todo, la semejanza absoluta entre la mezquita, el templo y la iglesia, la igualdad de la cabaña y del castillo, el mismo cuerpo que es rey vestido y salvaje desnudo, la eterna concordancia de la vida consigo misma, el estancamiento de todo lo que, vivo sólo por moverse, está  pasando.”, dice, en “El Libro del desasosiego”, un heterónimo de Pessoa.

Intento acomodar las piernas y reubico el apoya cabeza sin desatarme del cinturón. Debería haber comprado esos coloridos almohadones de viaje que venden en todas las ferias de la ciudad. De todos modos, lo voy a conseguir en mi destino, estoy segura. La promoción del lugar  lo decía: iba a sentirme como en casa. La verdad,  si mi deseo fuera sentirme como en casa, ahí me quedaría: quiero, justamente,  sentirme de otro modo. Pero el concepto del mundo global llegó al turismo y entonces sus impulsores prometen reproducir lo que nos debe gustar  a donde  vayamos. No soy turista, ni hegemónica – si alguna deidad hay, por favor, “que nunca lo sea”-.

HACEME LA CUENTA

Quizás por eso me cuesta orientarme y no ubico bien los puntos cardinales; en cambio, deambulo por la cinta de Moebius, intercambiando afueras y adentros que no lo son. Claro, solo logro ver la cinta desde sus orillas artísticas; sus propiedades matemáticas no consiguen decirme nada.

 

Tampoco entiendo demasiado la importancia en esa materia – la de la matemática – de la rotación de un cuerpo sólido alrededor de un punto fijo, pero sé que su investigación le valió a Sofía Kovalévskaya un premio de la Academia de ciencias de Paris en el año 1888. Sin embargo, recuerdo que el estudio incluía al tiempo como a una variable compleja  y a los componentes de la velocidad y de la aceleración como sus funciones meromorfas. O algo parecido a eso. Por si algún desprevenido no lo sabe, las funciones meromorfas no admiten singularidades no aisladas ni singularidades aisladas esenciales (matemáticos, por favor, abstenerse o ser benevolentes). O mejor aún  encontrar, como la tal Sofía , que las ciencias pueden viajar junto a la música y la poesía y que sus razonamientos puede influir en las fantasías y abrir mundos inaccesibles. Incluso alrededor de un punto fijo y las rotaciones que lo circundan. Y que ese viaje nos salve de dictadores, como quienes en días nefastos prohibieron la enseñanza de la teoría de los conjuntos, por lo subversivo de sus grupos y estructuras. Apoyo el Aleph en mis rodillas y vuelvo a mirar por la ventanilla.

“Los paisajes son repeticiones. En un simple viaje en tren inútil y angustiadamente entre la distracción ante el paisaje y la distracción ante el libro que me entretendría si yo fuese otro. Tengo de la vida una náusea vaga, y el movimiento me la acentúa. Únicamente no hay tedio en los paisajes que no existen, en los libros que nunca he de leer”, seguía el Soares de Pessoa

 

M.C.Escher – Collage de fragmentos de Metamorphosis, 1940 - 1967
M.C.Escher – Collage de fragmentos de Metamorphosis, 1940 – 1967

               

UNA COSA MÁS, NO TE PIERDAS MOLVANIA

En mi caso, estoy pronta a vacacionar en un hotel de existencia dudosa. A diferencia de Molvania, ese país ficcional que solo se puede recorrer en las páginas de una guía de viajes, publicitado como: “Molvania. Un destino ideal: un lugar al que hay que ir. Un lugar al que no se llega nunca. Porque Molvania no existe”. La cita la tomé del libro de Bernd Stiegler, La quietud en movimiento. Una breve historia cultural de los viajes en y alrededor del cuarto. También ahí encontré la recomendación para mis cinco días en el Vue des Alpes. Tengo reservada la habitación 301 y guardo celosamente el código de acceso que, dentro de algunas semanas, (poco después de mi regreso de este presente deambular) me abrirá la puerta al mundo renderizado, donde, según prometen, no estaré obligada a comunicarme con otros. Es más, advierten que puedo no encontrar a nadie allí.

The site where the Hotel Vue des Alpes is being built has been developed and constructed on a PC pentium III with various 3D programmes since March 2000The guests of Vue des Alpes are accommodated in nine comfortable single/double rooms of 13.5m2 each. Each room has a great terrace guaranteeing a view on the spectacular mountain panorama and the lake. A stately dining hall on the ground floor and a snug lounge bar to socialise in is at the visitors disposal.As the guests will arrive by internet there are no plans for garages nor parking places.

Los creadores de semejante maravilla  no son arquitectos sino artistas y la estadía virtual es gratis. Por lo que entendí en mi rudimentaria comprensión de la lengua inglesa, no se espera de nosotros una contribución monetaria sino nuestra participación como parte de ese desarrollo que ya cuenta con el aval y la premiación de varias voces autorizadas a juzgar el arte. Por mi lado, lo recorreré con la visión de una simple caminadora. Volviendo a Stiegler, llamó “Cercana lejanía” al capítulo de su libro que dedicó al Vue des Alpes. Por esto de cómo Internet acerca lo lejano al mismo tiempo en que  el contacto fundamental entre los seres humanos se localiza en la yema de sus dedos puestos sobre algún dispositivo globalizador. Paradojas.

El micro acaba de estacionar y veo la terminal desierta desde el marco de mi ventanilla. Un perro mueve la cola sin despegarse de su colchón de tierra seca. La puerta se abrió; solo me resta incorporarme y bajar. Compruebo que el celular tenga buena señal y que no haya encendidas luces de alerta en alguna de en sus múltiples ventanas. Solo después lo suelto en el bolsillo externo de mi cartera, para tenerlo a mano por si se ilumina. Aprovecho a verificar que el papelito en que anoté la dirección de mis huéspedes esté pronto a salir en mi ayuda si me pierdo.  Serán solo tres días de intervalo. Antes de volver a mi cuarto a mecerme en la mecedora que no tengo.

“Una u otra vez he ido, siempre oprimido, siempre poniendo solamente el pie en tierra cuando estoy de vuelta”, concluyo con el heterónimo.

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COMPÁS DE ALERTA

Viaje alrededor de un punto: el femicidio.

Por Lourdes Landeira

COMPÁS DE ALERTA

Es la muerte de muerte de una mujer, asesinada por ser mujer. La frase se repite, por ser mujer, pero el concepto, ¿se llega a aprehender? ¿O queda como punto vacío, letra de discurso?

Con disfraces variados, del tipo violencia doméstica, crimen pasional o emoción violenta; las palabras- repetidas- desinforman. Es falso. El crimen de una mujer a manos de un hombre (en general de su entorno íntimo) no tiene vinculación con el arrebato ni la conmoción de un momento.

Por el contrario, es el desenlace – trágico y repetido – de ciclos espiralados con núcleo en el sistema de dominación patriarcal. La pasión no mata; mata el machismo. Y el punto, único- casi desdibujado- intenta volverse invisible, no quiere ser descubierto: el sentido de propiedad de la mitad de la población (los varones) que se creen dueños y señores de la otra mitad (las mujeres). Serás mía o de nadie.

Círculos cada vez más violentos, separados entre sí por periodos de calma cada vez más cortos.

Primero, violencia simbólica y sus variantes: subestimación, críticas reiteradas, alejamiento de los lugares de pertenencia, censura. No servís para nada, cállate, qué sabés vos, con esa pollera pareces una puta, andá a lavar los platos.

Después, toma cuerpo y es un empujón, un brazo apretado, un ojo negro.

Entonces, sobreviene el arrepentimiento, el llanto, la declaración de amor, la promesa. No quise hacerlo, no va a volver a pasar, te necesito, me volví loco, yo te amo.

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Y volver a empezar. No servís, cállate, no sabés, sos una puta, lavá los platos.

 

Más alto, más fuerte, más rápido. Como basura.

 

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PERFORMANCE 2015

Cada vez más lejos de su origen: de ahí su eficacia. Las excusas (lo provocó, lo puso celoso) ¿Cómo se puede justificar el nefasto “por algo será” cuando, durante el año 2014 murieron por esta causa 277 mujeres y niñas?, ¿cómo, cuando  esas muertes suman 1808 casos, si se cuentan los últimos 7 años? (*) Sí, sucede casi todos los días.

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Baleadas. Apuñaladas. Golpeadas. Estranguladas. Ahorcadas. Incineradas. Asfixiadas. Degolladas. Por traumatismos. Ahogadas. Por hacha y machete. Descuartizadas. Por inanición. Por sobredosis de Insulina.

¿Cuándo comenzó ese viaje? No tengo respuesta para eso. Pero sí sé que no se detiene, se renueva y persiste. Con la eficacia de separarse de su origen, de borrar el punto de partida del que emerge y mata.

Como basura.

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Esa, la de la bolsa, soy yo. Y si no hubiera sido una performance, y si no lo hubiéramos hecho por todas ellas, si de verdad yo terminara en una bolsa como tantas otras…

…por esta cultura de la violación en la que vivimos, la gente correría a investigar mi pasado, mis relaciones, buscar fotos que puedan servir como justificativo al por qué alguien puede hacer esto. Que en lugar de culpar al abusador, nos culpa a nosotras, nos condena.

Dentro de la bolsa fui Melina, fui Ángeles, fui Paula, fui Sonia, fui María Soledad, Houria Moumni y Cassandre Bouvier, y tantas otras que corrieron con la misma suerte…

A diferencia de ellas, a mí me levantaron del suelo y me sacaron de la bolsa, una amiga me dio un abrazo de resurrección y me dijo que todo iba a estar bien. Paula Telis nos ayudó a ser ellas, nos dio este lugar y el poder de representarlas, de defenderlas, de tener por una vez a alguien en su lugar y a su favor, y tuve un grupo de compañeras que “sufrieron” en su bolsa a mi par, gracias, las quiero. Si tocan a una, nos tocan a todas. Ni una más”.

 

La foto es de una performance del 2014. Los fragmentos de texto corresponden a una publicación, en Facebook, de una adolescente: Lara Zabala. La pueden buscar.

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Para las mujeres, no es la calle el espacio de inseguridad; lo es el espacio íntimo. Por eso, el slogan de las primeras feministas: “lo privado es público” sigue siendo tan acertado como el primer día. Ellas comenzaron a desandar senderos, a trazar las líneas que unen cada cruz en el perímetro del círculo con su centro. Entonces, con la punta del compás colocada en el núcleo, pusieron otro cuerpo a la superficie y dibujaron tangentes.

Si la espiral de la violencia es posible, es porque hay otra, la del silencio, que la acompaña y la habilita. Es la que naturaliza, la que desprovee de causas a las consecuencias y dice: es natural, es esencial. Pero no, no hay naturaleza ni esencia. Hay cultura aprendida, hay un viaje direccionado a sostener una enorme injusticia; que se puede desandar, desaprender con otro viaje; uno con infinitos puntos equidistantes.

Hay otras voces y otros círculos, otras redes y otras direcciones. Las que rompen los límites y amplían fronteras. Las que dibujan nuevas formas.

¿Qué boleto sacás?

(*) Datos de  La Casa del Encuentro. La Casa del Encuentro es una asociación civil fundada en el año 2003 con el propósito de trabajar por los derechos humanos de las mujeres, niñas, niños y adolescentes. Ante la falta de datos oficiales, desde el 2008 elabora, cada año, un Informe de Femicidios en Argentina.

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