CELEBRAR TU VIDA

La queja: sobre Yita.
Por Milena Penstop
Fotografía: Diego Grispo

 

FLASHES

1. Cuando yo era chiquita y tenía que ir a la escuela muy temprano a la mañana, siempre le pedía el menú para el almuerzo. Ella, que debía usar bastón y no hacer mucha fuerza -fuera la hora que fuera- iba a comprar la comida para que estuviera lista cuando yo llegara a casa. En ese momento, no me daba cuenta del enorme esfuerzo que ella hacía para darme todos los gustos, aunque sí sentía su enorme amor. Aún lo siento.

2. Cuando yo era chiquita no tenía demasiadas cosas que hacer a la tarde, después de la escuela. Pero la merienda no me la salteaba, comía lo primero que encontraba en la heladera. Un día, al ver que en mi heladera no había nada que me gustara, fui a fijarme a la de ella. Y lo único que encontré fue un pote con queso rallado. Al principio, pensé en preguntarle si tenía algo más, pero sentía tanta hambre que, simplemente, agarré un poco de queso y me lo comí. Yo ya había comido queso rallado antes, sí, pero nunca solo. Al darme cuenta de que me gustaba, empecé a comer más y más, hasta terminarme el potecito. Ya no quedaba nada, cuando advertí que ella no me había dado permiso para agarrar comida de su heladera. Sin embrago, en vez de avisarle y pedirle perdón, solo dejé el pote vacío en donde lo encontré. Las siguientes tardes, a la hora de la merienda, volvía a agarrar queso rallado sin consultarle -y sin que ella se diera cuenta- y dejaba siempre vacío el pote. Una tarde, mientras volvía a emprenderla con mi robo habitual, ella entró en la cocina y me vio. En ese momento pensé que se iba a enojar, pero solo se rió y me pidió que le guardara un poco para sus comidas. Desde entonces, ya no solo agarraba queso a escondidas y sin consultarle, sino que lo hacía enfrente de su cara. En ese momento, no me daba cuenta: ella me dejaba hacer y alimentaba mi travesura al reponer, todos los días, el potecito de queso rallado.

3. Cuando yo era chica y estaba en la primaria, me gustaba mucho jugar con la pelota y trataba de usarla en las tardes libres. Mi mamá trabajaba y, si yo no tenía actividades extraescolares, a mí solo me tocaba hacer la tarea y entretenerme. Sin embargo, aunque era divertido jugar sola, en general, prefería hacerlo con alguien. Es por eso que decidí obligarla a ella a jugar a la pelota conmigo. Y ella, incluso con bastón, hacía lo que podía, siempre en el intento de complacerme. A veces jugábamos con la pelota de fútbol y otras, con las raquetas de tenis. Y, aunque para ella era muy difícil, rara vez me decía que no. Cuando se cansaba, me preguntaba si la quería ayudar a cocinar, por lo que juntas íbamos a su cocina y yo cumplía feliz y enchastrosamente mi rol de asistente en la tarea.

4. Cuando ya no era tan chiquita y estaba por empezar la secundaria, ella dejó de vivir en mi casa. Sin embargo, cada vez que podía, yo iba a visitarla. Incluso si ella ya no podía caminar ni jugar a la pelota como antes, era bastante entretenido hablar con ella y con Irma, la amiga que se hizo en su nuevo lugar de residencia. Ella me preguntaba cómo me iba en la secundaria, si seguía tocando la flauta y se interesaba por mis clases de teatro.

5. Una tarde llegué a visitarla con mis nuevos brackets. Cuando me sonreí, su cara se transformó. “¿Por qué te pusieron esos alambres en la boca?” Fue muy difícil hacerla entender que era necesario, que era por mi bien, así que terminé por decirle, “mirá, abuela, están de moda, se usan”.

6. Y ahora viene lo mejor: cuando crecí un poco más, en cada encuentro, comenzó a repetirse una escena extraña. Ya fuera en mis visitas o en las que le hacía mi mamá sola, la pregunta que nunca faltaba era “¿tenés novio?”. Cada vez que me lo preguntaba, le volvía a responder que no. Al principio, la pregunta aparecía de tanto en tanto. Por eso, yo no le daba importancia. Pero, cuando se puso insistente, simplemente me reía y le volvía a confirmar mi respuesta negativa. Lo peor del asunto estuvo a cargo de mi mamá. En varias ocasiones y como broma, “mamita” le contestaba a ella que “sí” para que, en mi siguiente visita, ella me acosara con comentarios acerca de mi nuevo noviecito. Una auténtica historia de nunca acabar.

 

 

 

 

 

EL REGRESO

Anoche soñé con ella. Yo estaba en mi casa con una amiga de la primaria y jugábamos. En un momento nos detuvimos y yo le pedí a mi amiga que me acompañara al cuarto de ella. Cuando llegamos, estaban las puertas abiertas, como siempre. Ella, acostada sobre su cama, apenas incorporada, buscaba sentarse con un poco de dificultad. Yo dije “feliz cumpleaños, abuela”. Mi abuela Yita ya no se acordaba que era su cumpleaños, pero aún así me sonreía y me agradecía.

Este sueño me hizo acordar a su último festejo. Cuando cumplió 88, con mi mamá y mi tío, fuimos al geriátrico y le llevamos una torta. Acompañados por Irma, le cantamos y nos quedamos charlando unas horas.

Aún siento el eco de esas charlas. Es verdad: me pone triste pensar que ya no voy a poder vivir esas cosas, que no voy a volver a jugar con mi abuela, que no le voy a volver a hablar. Sin embargo, también estoy feliz. Estoy feliz de haber compartido con ella 16 años de mi vida, de que me haya visto crecer y de que me haya querido tanto como yo la quise y la quiero. A ella.

En verdad, en vez de quejarme porque se fue, prefiero celebrar que la tuve. Y, aunque dentro de varios años, tal vez se desdibuje un poco su rostro en mi memoria, siempre voy a tenerla conmigo. Mi querida abuela.

 




CADA CUAL ATIENDE SU JUEGO

Anartista Juvenil
La confianza: sobre cómo pelear contra las inseguridades en la adolescencia.
Por Milena Penstop.

 

HACERSE EL BOCHO

A lo largo de mi vida, me di cuenta que la confianza es algo que se construye y se pierde poco a poco. De ida y de vuelta. Cuando era más chica, cuando estaba en el jardín y en la primaria, tenía otra noción de la confianza. No existía en mí la inseguridad de pensar que yo sería capaz de hacer alguna cosa. Existían inseguridades, sí, pero débiles.  Y desde mi último año de primaria, en el umbral de la adolescencia, empecé a fijarme más en cuestiones a las que antes no les daba importancia: mi forma de vestir, de peinarme e incluso de hablar. Claro, no era yo la única que prestaba atención a estos asuntos: mis amigas también andaban en lo mismo. Y, como compartía tanto tiempo con ellas, empecé a compararme. Comparaba casi todo, hasta llegar al punto de empezar a sentirme mal por no ser como ellas. ¿Se habrán sentido  ellas mal por no ser como otros o como yo?  Más adelante, en la secundaria, me di cuenta que no está mal ser diferente, que cada uno es como es y que nadie debería juzgarte. Pero aun ahora, cuando sé que no debería hacerme la cabeza, me la hago.

Glen Tarnowski
Glen Tarnowski

En esta etapa de mi vida, es muy usual que aparezcan muchas inseguridades, tanto en lo físico como en lo emocional. Pero lo que no debería ser usual es que pierda tanto la confianza en mí misma. En estos años de mi adolescencia, de a poco, formé y reforcé amistades que me hacen sentir bien,  me dan confianza. Pero eso no evitó que, en un punto,  las comparaciones siguieran, que criticara mi forma de ser y de vestir y que muchas veces sintiera que no soy capaz de nada. Muchos dicen que es cosa de la edad, pero yo creo que la confianza depende, sobre todo, en cuánta complacencia le de uno a la mirada de los demás. Y, sí, por comparar demasiado, muchas veces no confío en mi misma para cosas de las que sé que soy completamente capaz. Pero, como crecí en un entorno de mucho apoyo, cuando logro identificar mis inseguridades tengo la voluntad necesaria para, poco a poco, ir venciéndolas.

ARRIBA EL TELÓN, ABAJO LA INSEGURIDAD

Una de las cosas que me hizo ganar confianza fue el teatro.  Pero, por supuesto, la cosa no se dio de manera inmediata. Al principio, yo era muy tímida y me costaba participar en las actividades. Me sentía excluida del grupo porque casi todos se conocían desde antes y no me animaba a ponerme a charlar con ellos. Pero, a medida que fui tomando más clases, empecé a soltarme un poco más.  Advertí que, aunque ya estaban formados los “grupitos”, muchos eran buena onda y trataban de integrarme. Así, de a poco, gané más confianza y  participé  mucho más.

René Magritte
René Magritte

A pesar de que, durante mucho tiempo,  tomé clases de teatro en el mismo lugar,  cada año cambiaban los compañeros. Por eso, no fue hasta mi cuarto año, que conocí a mis mejores amigos. Ahí sí me sentí parte del grupo. Me sentí cada vez más libre para pasarla bien sin preocuparme tanto por lo que pensaran los demás. De ese modo, no solo avancé en cuanto a vencer mi inseguridad, sino también descubrí que realmente me encanta actuar. La confianza y los amigos me permitieron avanzar mucho actoralmente.

De todas maneras, a la hora de ir al escenario y comenzar a interpretar un personaje, siempre hay un pequeño nerviosismo. Pero tener personas que me apoyan hace que pueda dar lo mejor de mí. Ya no me comparo, soy buena de una manera distinta, como creo que lo son todos.

LA ERA  DE LA VAGANCIA, ¿O LA VAGANCIA ERA DE ELLOS?

Otro ámbito en el que se desarrolla mucho- o no-  nuestra confianza es en la escuela.  El sistema que marca que sólo sos “buen alumno” si te sacas 10 no falta ni en la escuela pública ni en la privada. Por lo menos en mi experiencia, durante la primaria no se hacía notar tanto. Sí, nos calificaban y varias veces vi a compañeritos míos ponerse mal por una nota. Pero era cuestión de contestar tres preguntas más que te daba el profesor y ya podías sentirte bien otra vez.

Glen Tarnowski
Glen Tarnowski

En la secundaria es bastante distinto. Varias veces me ha pasado tener que estudiar sin explicación previa del docente, estar sobrepasada de tareas y pruebas, y frustrarme por no poder entender un tema. Esto es algo horrible, que suele pasarles a muchos adolescentes. Y claro, los profesores muchas veces se quejan de que no estudiamos, porque estamos en la “etapa de la rebeldía” o en la “etapa de la vagancia”. Pero nunca se pusieron a pensar por un segundo que quizás alguno de nosotros esté pasando por cosas que nos afectan y que, aunque muchas veces nos encantaría tener la capacidad de olvidar todo y concentrarnos en aprobar, nuestro cerebro no funciona así: no somos robots que controlamos cuando queremos nuestras emociones. Además, está el hecho obvio de que no somos máquinas de grabar y repetir, por lo que varios docentes deberían replantearse si realmente enseñan o si solo están sacándose de encima el trabajo. ¿No estarán ellos en la etapa de la vagancia?

Y, así, todo junto: el poco apoyo de los docentes, la presión que genera el tener que estudiar sin explicación alguna, sumado a la presión de que si no te va bien te llevas una materia- y, en el peor de los casos, repetís el año-, genera bastante inseguridad.

NO EXPERIMENTES CONMIGO

Estas inseguridades  pueden surgir, en adolescentes o a cualquier edad, y no son imposibles de vencer. Pero en una situación como la que  vivimos ahora, las inseguridades se hacen más complejas. Para mí, uno de los “remedios” más efectivos  cuando me encuentro mal son mis amigos. Todos tratamos de seguir en contacto, mediante video-llamadas, mensajes y  redes sociales. Pero, claramente, no es lo mismo. No se puede reemplazar un abrazo con un mensaje o una foto. En esta situación, nuestras emociones están mucho más sensibles y, al no poder ayudarnos de la manera que necesitamos, nos hacemos mal. Nadie estaba preparado para esto, por lo que el distanciamiento social no es lo único que nos afecta. Los docentes no tenían planeado dar clases por internet, por lo que muchos “experimentan” y, como los estudiantes tampoco sabemos manejar esta situación, terminamos aún más frustrados de lo que podemos llegar a estar en circunstancias normales. Todo eso, sumado a que no todos mis compañeros viven en un ambiente familiar sano, hace que -en un punto- perdamos la cabeza. Así,  muchas de las inseguridades que habíamos logrado vencer vuelven y, a veces, nos encontramos en la situación de no saber cómo seguir.

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Así y todo, cuando me siento naufragar, recuerdo qué balsa me salvó en otros naufragios: la palabra. Entonces, hablo con mis amigos o con mi mamá o escribo esta nota. De ese modo, como cada cual atiende su juego, hasta que todo pase,  yo atiendo el mío. Después, volveremos a jugar entre todos.




CACHETAZO A LA OBEDIENCIA

La lucha: sobre personas falsamente tiernas

Por Milena Penstop

GUARDA CON LAS FRASES HECHAS

mile1Ponele que, a fin de año, recibí un mail que dice:

Queridos: fue hermoso compartir este tiempo con ustedes. Lo más importante es crecer como personas, valorar y valorarse. Lo más importante es hablar desde el corazón, no desde el ego. Compartir es lo que nos hace sentir vivos y, por sobre todas las cosas, respetarnos. Les quiero mucho chiques.”

De no conocer el contexto en el que fue mandado este mail, uno pensaría dos cosas: una, que se trata de una persona afectuosa, que quiere dar un cierre cortés a alguna actividad. Otra, que se trata de una persona que habla con palabras abstractas y universales, para cumplir con una formalidad y punto. Porque, pensemos en estas frases, son tan de tarjetas de cumpleaños, tan de marketing. Su contenido es tan difuso, que puede valer para cualquier experiencia. Así, no es fácil distinguir si viene de una docente o de una funcionaria pública.

Por empezar, no todo el mundo está de acuerdo en qué significa compartir. Más complicada aun es la frase “crecer como persona”. Para algunos, crecer como persona es mantener a toda costa su trabajo, independientemente de lo que aporten a otres. Sin embargo, ciertos individuos piensan que, más allá de lo que obtengan o no, crecer como persona es cambiar y conocer de forma singular, aunque sea, a un grupito de buenos cómplices.

Vamos, entonces, a poner en contexto estas palabras.

PONELE MUCHO MANIQUÍ

Antonin Artaud
Antonin Artaud

Desde hace cinco años, hago teatro en una escuela de formación actoral bastante reconocida. Ahí conocí a mi grupo de mejores amigos, con quienes compartimos una mirada de la vida y del arte. Cada año nos tocó una profesora distinta con la que, poco a poco, fuimos aprendiendo distintas maneras de hacer teatro. Todo iba bien, hasta que el año pasado se juntaron dos grupos y se formó uno muy grande. Entiendo lo difícil que debe resultar, para una sola profesora, manejar un grupo de veinticinco adolescentes. Aunque también pienso: esta escuela, de nombre tan prestigioso, de algún modo tendría que haberlo podido resolver, ¿no? Pues bien, no se pudo. Lo que ocurrió, entonces, es muy bizarro. Terminamos por hacer una muestra en la que la mitad de los alumnos “actuaban” de maniquíes y bailaban como robots, ya que no había otros papeles para atribuirles. Ante esto, casi todo el grupo se planteó la idea de dejar el lugar, y varios decidieron abandonar el teatro en su totalidad. Pero mis amigos y yo decidimos darle una oportunidad más, no solo porque era la primera vez que nos pasaba, sino también por el cariño que le teníamos a la escuela.

Persistimos. Y pensamos que este año iba a ser el mejor de todos. No solo seríamos menos, sino que también empezaríamos a tratar temas más profundos, que nos interesaban a todos.

SACATE LA CARETA

Blek Le Rat
Blek Le Rat

Comenzamos, como siempre, con ejercicios de preparación. Esos ejercicios previos tenían el objetivo de ayudarnos a indagar y tener herramientas para encarar futuros personajes que interpretáramos. Hasta mitad de año, iba todo más o menos bien. Nuestra profesora parecía bastante comprensiva cuando teníamos algún problema personal, nos “apoyaba” e intentaba que diéramos lo mejor de nosotros. Pero su afecto era una simple máscara que ella utilizaba en nuestros momentos más débiles.

Al momento de empezar a preparar la muestra de fin de año, algunos alumnos mostramos ciertas diferencias con lo que para ella estaba perfecto. Y, ante la más mínima objeción, poco a poco, empezó a quitarse esa máscara y a revelar su verdadera cara. Ya nada era igual. Ella llegaba de malhumor a las clases, lo cual es entendible, ya que todos tenemos malos días. Pero lo que en realidad nos molestaba era que se descargara contra nosotros y contra nuestra manera de actuar. De golpe, comenzaba a señalar defectos que nunca antes había mencionado, en escenas muchas veces ensayadas. Pero, más que los defectos, nos preocupaba que no nos permitiera hacer ninguna objeción a su modo de dirigir. Por supuesto, tampoco podíamos aportar ninguna propuesta para las escenas. Ninguna propuesta que no coincidiera con su perfectísimo modo de ver. Además, con la aproximación de la muestra, empezó a exigirnos que nos juntáramos fuera del horario de la clase para ensayar, ya que ella no había llegado con los tiempos necesarios para dejarlo todo pulido. Las convocatorias eran así: “nos vemos mañana a las 17”. A las 11 del día convenido, cambiaba. “Vengan a las 13”. Se ve que la cortesía ya se había ido al cuerno. Y el respeto, que tanto ella reclamaba, cuando se trataba de cuidar nuestro tiempo, no corría.

Este maltrato y la presión que recibíamos nos llevaron a casi todos a dejar de ver la muestra como algo disfrutable. Sólo se había transformado en una obligación más a cumplir. Eso, sumado a la cantidad de cosas que tenía cada uno en su vida y el stress que nos genera a todos la etapa final de un año escolar, hizo que casi a muchos nos dejara de importar cómo actuábamos o si dábamos todo de nosotros como actores. Y, claro, ante ese desinterés de varios, llegaron las consecuencias. Recibimos palabras cortantes, fuimos tratados como idiotas y se nos amenazó con quitarnos parte de nuestros respectivos diálogos de la muestra.

TOMÁ

4d04d0219277bc1ebd6b11119d272422La supervisión del director de la prestigiosa escuela sucedió tres días antes de la muestra. Por supuesto, que aceptó sin consultarnos que todos los problemas de la obra eren culpa nuestra, como alegaba la profesora. Él mismo nos amenazó con sacarnos una de las dos funciones que haríamos.

Y, bueno, ya pueden imaginarse el final, ¿no? Hicimos las dos funciones. La obra fue lo que tenía que ser. Problemas con la articulación de los distintos textos de otros autores -esos que para la profe formaban un todo-. Problemas con nuestra voz y nuestros cuerpos. Problemas en las marcaciones de dirección. Problemas de conexión entre los distintos personajes. Claro, igual nos aplaudieron: eran nuestras familias y amigos. Pero todavía faltaba lo peor.

Sin embargo, antes de pasar a las devoluciones de la profe, un gusto me di. Ella insistía en que, en mi escena, debía abrazar a uno de mis compañeros. A mí se me había ocurrido que era más teatral recibirlo con un cachetazo porque había llegado tarde y, recién después, abrazarlo. Como quién dice, ¡casi me matas de un susto, pero menos mal que llegaste! Y, bueno, en la segunda función lo hice. Y la verdad, me siento muy orgullosa.

La devolución fue diferente para cada quien. Por supuesto, quienes no tuvieron ni una objeción con la profesora durante todo el año recibieron halagos. Los demás, un poco y un poco. La parte horrible fue cuando les empezó a echar en cara, a algunos compañeros que intentaron exponer qué no les había gustado del trabajo anual, cuánto los había apoyado en sus problemas personales. Digo yo, ¿qué otra debió haber hecho?, ¿por qué destacar como algo especial de ella como docente lo que cualquier ser humano debería hacer por otro? Por otra parte, haber tomado en cuenta las situaciones personales por las que pasábamos, ¿nos obliga a nosotros a aceptar todo su modo de ver el teatro? La devolución parecía casi una extorsión: yo te apoyé, no me critiques.

HACIA EL HORIZONTE

¿Tengo que aclarar quién escribió el mail con las palabras universales y abstractas con que empecé esta nota? ¿Tengo que decir quién nos mandó esas frases comodines para un montón de situaciones, esas frases que rellenan con adornos lo que las palabras de verdad no dicen?

No estamos contentos. Pero sabemos cómo sigue la lucha por lo que nos gusta. El arte es también desobediencia. Iremos a estudiar a donde nuestra desobediencia sea valorada como creación y ya no persistiremos en un espacio que no nos contiene. Tardamos en darnos cuenta de esta manipulación. Ahora vamos por lo nuevo

Banksy
Banksy




DESPUÉS DEL ECLIPSE

La Decisión: sobre las relaciones tóxicas.

Por Milena Penstop.

 

MOSTRAR LA HILACHA

MILE1descarga (1)Lo peor es que no te das cuenta. Sea la relación amistosa o amorosa, vos querés que funcione. Por eso no podes imaginar que esas personas queridas puedan hacer algo que a vos te envenene. Después, cuando te cae la ficha, te das cuenta de que, muchas veces, más que conocer a una persona uno la inventa. No siempre es así. Hay gente que, al principio te cae bien y, con el tiempo, no deja de sorprenderte cada vez para mejor. Y terminás por agradecer habértela encontrado en la vida. Pero esta nota es sobre las otras, sobres esas que, en un principio te fascinan, te atraen, incluso actúan ser lo que vos imaginás de ellas. Y, de golpe, zas: muestran la hilacha.

 

NO HACE FALTA VERIFICAR EL ESTADO DE LA FETA DE QUESO

MIELNAS3descarga (1)Y une dale justificarlos. Porque no siempre muestran toda la hilacha. Lo peor es cuando empieza por notárseles una pelusita. Te miran mal sin motivo, te contestan mal sin razón aparente y, cuando les preguntás qué les pasa, contestan: “nada, por qué”. La trampa está en que ambas o ambos sabemos que no hay un contrato escrito que diga “está prohibido maltratar a gente querida”. Pero no es por cumplir un contrato que une cuida a les amigues, a les familiares y a les novies: les cuida por distintas formas del amor. Y eso no necesita reglas. Esta pobre gente tóxica, al contestar “nada, por qué” parece querer decir: ¿según qué ley debería pasarme algo para darme el gusto de despreciar, ser indiferente o violenta, de tanto en tanto, con quienes llamo “mis afectos”?

Ahora, es difícil sacar conclusiones de una pelusita. Difícil y hasta puede ser injusto. Porque el otre, de verdad, puede tener un mal día. Entonces, ahí vamos con las justificaciones: “algo le debe pasar”, “ya se disculpará”, “seguro no es conmigo”. O, peor que las justificaciones, comienzan las falsas autoacusaciones, “¿le habré hecho algo malo, sin darme cuenta?”, “¿será esa vez que le convidé una medialuna con queso?”, “¿habré comprado un queso en mal estado?”. Y, así, une empieza el caminito de asumir culpas que no tiene o de justificar a quien no se lo merece.

 

LA LUZ OSCURA

MILENA2 ROB GONCSALVESPero hasta el más salame, a la cuarta horma de queso que convidó, se da cuenta de que es imposible que todas las medialunas que, con generosidad, comparte, traigan queso podrido. Así las cosas, empieza a hacerse la luz. Pero la luz es muy oscura. Porque la desilusión es muy dolorosa. Une quería que esa persona fuera amorosa, buena, sensible, porque quería quererla. Una está como enamorada de la imagen que tenía del otre. Y cada vez resulta más difícil sostener esa imagen en la realidad. El otre, poco a poco, la deteriora. Y une siente una soledad muy especial, porque perdiste dos cosas: tu ilusión del otre y al otre.

Y, cuando ya todo está así de podrido, viene la parte más difícil: hay que distanciarse. Acá no hay dos opciones, quedarse o irse. Si une no es un masoquista, solo le queda tomar una decisión: irse. Pero no es una cuestión solo de la voluntad. Como quien dice: “Bueno, después de razonarlo con una calculadora, firmemente, declaro, me voy”. Por empezar, es frecuente que esas personas tóxicas convivan con vos en ámbitos, donde vas muy seguido, como la escuela, el club, o algún curso. Por tanto, verlas las seguirás viendo. La distancia a tomar no es tanto física, como interna. Y nada se hace de un día para otro. Encima, si son compañeres de alguna actividad, deberán tener la madurez suficiente para no arruinar ese trabajo que hacen juntes y, a su vez, no sentirse en la obligación de continuar el vínculo afectivo, solo por coincidir en alguna tarea.

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Sin embargo, cuando el tiempo pasa, la luz deja de ser oscura. Si une realmente hizo un corte lo que se siente es una liberación, un alivio. Y un orgullo y una alegría con une misme: porque pudiste salir de ahí. Es evidente que en una relación tóxica, vos tenías tu parte. Tu parte, no la culpa. No te dabas cuenta, no te podías dar cuenta, aunque otres te lo advirtieran, pero no tirabas veneno. Tal vez por eso pudiste salir. El tóxico está inmerso en su propio veneno. Ojalá un día se desintoxique, ojalá deje de ver la luz oscura, como la más brillante y maravillosa luz. Porque otra característica de alguna gente tóxica es que suele ser bastante arrogante y prepotente. Pero, como dije antes, de a dosis.

Y acá estamos, libres de la esclavitud. Y contenta, porque a la salida de todo esto, me abrazo con mis auténticos amigues y con elles me siento contenida, acompañada y feliz. Por eso le dedico esta nota a elles: mis amigues de teatro, del IVA y de la escuela.

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INSOMNIO EN LA URNA

Anartista Juvenil

Claroscuros: sobre mis sensaciones después de las PASO

Por Milena Penstop

 

 CASI CASI  VOTO

Los días anteriores no había casi otro tema entre  mis compañeros. Algunos estaban ansiosos porque sería la primera vez que votarían. Otros, que ya tienen 16, prefirieron no ir. A esos no los entiendo: pasaron cuatro años quejándose y, ahora que tienen la oportunidad de cambiar lo que les hace mal a ellos y a sus familias, se declaran indiferentes. Por un lado, parece una posición muy cómoda y, por otro, muy autodestructiva. ¿Cómo no te ilusiona una posibilidad de liberación?

En mi caso, por pocos meses, al momento de las votaciones, aún tenía 15. Sin embargo, me hubiera gustado adelantar el tiempo solo para ese día, así podía votar. Como no pude, me emocioné por mis amigues que sí lo hicieron. De paso, hago precalentamiento para cuando me toque. Porque, aunque todavía no me tocó, es muy lindo tener la alegría de saber que eso va a suceder. Yo sé que mucha gente luchó e incluso murió por conseguir o conservar este derecho. Y no importa si el sistema en que vivimos tiene muchas cosas tristes, votar no es para mí hacer algo, si no la señal de que hay libertad para poder hacer muchas cosas.

Más allá de las indiferentes, una amiga mía se anotó para fiscalizar los comicios. Pidió turno completo. Y, sí, cuando vi la foto en las redes, me emocioné. Fuimos juntas al jardín y a la primaria y, ahí la tenía, tan ciudadana.

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 QUÉ TARDE

En mi casa, desde la mañana, se vivían unos nervios que para qué te cuento. Mi mamá metía la cabeza en su trabajo y, a cada rato, decía: “No voy a prender la tele, no tiene sentido. Hasta la noche, no.” Por supuesto, a cada rato, prendía y apagaba, prendía y apagaba. Yo tenía una prueba de historia en los siguientes días y trataba de concentrarme, porque había que incorporar mucha información. La atmósfera inquieta de mi casa también me inquietaba. Y, al final, ¿no era esto que sucedía, también historia? Confieso. Me interesaba mucho más enterarme que se terminaba el macrismo que las revoluciones burguesas de Europa.  Estos casi cuatro años, era imposible quedarse afuera de la tristeza de mucha gente. Todas las mañanas,  cuando mi mamá me acompaña a la Avenida Rivadavia a tomar el subte, vemos la gente acurrucada bajo muy poco techo, casi tapados hasta la cabeza, como paquetes. Hace frío. A veces llueve. En la escuela, nos enteramos de padres que pierden el trabajo. En mi propia familia escucho lo difícil que es pagar la luz y el gas. ¿La luz? ¿Cómo puede ser que algo tan indispensable casi para todo lo que hacemos, cueste como un objeto de lujo?

 

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QUÉ NOCHE

A  las 20:30, mi mamá dejó de hacer como que trabajaba y yo dejé de simular que estudiaba y prendimos todo junto: la computadora, la tele y la radio. A las 21 darían los resultados. Pero ya se sentía que los números venían bien, por lo que decían los periodistas opositores a Macri. Igual, el sentimiento de que todo iba bien no alcanzaba. Para colmo,  los resultados tardaron en llegar. En un momento, anunciaron que hablaría el presidente. El tipo salió bastante tenso a decir “que a su partido le fue mal” y nos mandó a dormir. ¡A dormir! ¿Y los números? Aunque al otro día tenía colegio, ¿quién podía irse a la cama sin datos? En un momento mi mamá dijo: para mí, estos están perdiendo como en la guerra y no lo quieren decir. Y así fue. ¡Ganamos por afano! Encima, al otro día, nos enteramos que ni contar saben, ni qué hacer con el número de los votos en blanco. Así las cosas, las diferencias en Provincia y en Nación se hicieron más grandes, a medida que pasaban las horas.

EL ALBERTO Y SUS DOS MADRES

Al principio no las reconocí, porque salieron sin pañuelo. Al poco tiempo vi la sonrisa de Taty Almeida. El nombre de la otra madre me lo dijo mi mamá: Lita Boitano. Al principio no tuve tiempo de pensar, sólo me emocioné. Pero, después, me dije: claro, después de un gobierno que asesinó a Santiago Maldonado, a Rafael Nahuel  y que volvió a cuestionar el número de los desaparecidos, salir abrazado a las Madres es como decir que el próximo presidente estará al lado de los derechos humanos.

 

Alberto Fernández y las Madres, después del triunfo en las Paso 2019
Alberto Fernández y las Madres, después del triunfo en las Paso 2019

 

Estas fueron las PASO. Con estos números, Alberto Fernández seguro será presidente. Pero faltan dos meses para las elecciones. Sin embargo, estos resultados dejan la oscuridad atrás. Cuando pase el claroscuro de esta espera, empezaremos a prender la luz

 

Fotografía, Adriana Lestido
Fotografía, Adriana Lestido

 

 

 




QUÉ ONDA, TÍO

Ausencias: sobre la falta de criterios.

Por: Milena Penstop

 

¿ Y LO DE ROUSSEAU ERA JODITA?

Giussseppe Colarusso
Giussseppe Colarusso

En las escuelas, como todos sabemos, se debería seguir un criterio en el modo de dar clases. Según me cuentan amigues que van a otras secundarias, este criterio varía muy poco entre los profesores y entre diferentes instituciones.

Aun así, es lógico -es de esperar- que, para llevar a cabo eso que se llama “enseñanza”, exista cierto acuerdo con los alumnos. Digamos, una especie de contrato social donde, nosotros -los alumnos- nos demos cuenta de que, al cumplir con determinados pasos, de verdad, aprendemos. Claro que esto solo ocurriría en escuelas coherentes, si es que semejantes lugares existen. De ningún modo es lo que sucede en la mía, un espacio muy querido, pero complejo de habitar: un día te dicen que hay clases normales toda la semana y al otro se corta la luz durante quince minutos y no tenemos clase hasta navidad. Pero, para ser más específicos con respecto a la falta de criterios, vamos a hablar de los profesores.

 

LA LEYENDA CONTINÚA

Greguieras - Poesía visual
Greguieras – Poesía visual

A mi profesor de historia siempre le tuvieron miedo. Ya es como una leyenda, una que te cuentan los alumnos de años superiores para advertirte, pero que todos creemos es una simple broma para asustarnos. Pues, no. No es ninguna bromita. Recuerdo mi primer día de clases con él. Era un martes trece, un día bastante coherente, hasta que él hizo su entrada. Quienes nos habíamos quedado en el aula durante el recreo, por pura casualidad, nos quedamos mudos. Apenas terminaron de volver todos, apenas sonó el timbre que anunciaba el final del descanso, el hombre empezó a gritar, quejándose de la impuntualidad. Estábamos todos tensos… y así seguimos, durante todo el año y en casi todas sus clases. De tanto en tanto, el hombre condimentaba la tensión con algún chiste que nos causaba risa. Un poco de risa, no mucha risa, ya que estábamos siempre alertas a qué le podía molestar. Cómo explicarlo, tenemos la risa dosificada.

 

EL ETERNO COF, COF

Giusseppe Colarusso
Giusseppe Colarusso

En cuanto al método de enseñanza, no hizo falta demasiado tiempo para que muchos lo empezaran a odiar. A otros, no les importó demasiado. Entre ellos, a mí. Y, una minoría, cof cof, los chupamedias, cof cof, lo empezó a amar.

A ver. La cuestión, para empezar, no va directo a los contenidos. El hombre es muy estricto con el uso del celular, exige absoluta atención cuando explicaba un tema. Hasta acá, es comprensible.

Ahora sí vamos a los contenidos. Nos sirva o no, debemos tomar nota. Manda mucho para estudiar para un examen. Del libro hay que hablar de “capítulos”. Y, a eso, sumarle fotocopias, habitualmente escritas en chino y, últimamente, no traducidas en horario escolar. A pesar de todo eso, el primer año que lo tuve, aprobé, aprendí. Incluso llegué a pensar que no era tan malo después de todo.

 

NO-SOCIALES

Pero este año mi perspectiva empieza a cambiar un poco. Empezamos bien, nos explicó las normas a seguir en su clase otra vez. Estamos en tercer año y se supone que hemos elegido la orientación “sociales”. No quiero hacer comentarios sobre la reforma del nuevo secundario, porque, en eso, el profesor no tiene nada que ver. De hecho, es opositor. Sólo decir, que yo elegí sociales y tengo dos horas de historia y cuatro de físico-química. El lector sacará sus conclusiones.

Pero el punto es que, comprendo la necesidad de volver a explicarnos cómo son sus clases, porque no todos mis actuales compañeros lo tuvieron en años anteriores.

Y acá viene el asunto. Luego de un par de clases, el profesor empezó a tener actitudes un tanto exageradas e incluso violentas. La suma de estas actitudes hizo que se ganara, rápidamente, una imagen mucho peor de la que ya tenía.

 

QUÉ BOLONQUI

Bet Hatton - Poesía visual
Bet Hatton – Poesía visual

La gota que rebalsó el vaso fue cuando nos avisó que la segunda prueba del trimestre iba a ser de a dos, con las parejas armadas por él, aunque dejó a una compañera sola, por haberse sacado la peor nota en la primera prueba. Como curso, nos pareció injusto que ella no tuviera la oportunidad de hacer el examen en las mismas condiciones que nosotros y hablamos con el profesor para que lo cambiara. Él se negó y amenazó con hacerla individual para todos, si seguíamos insistiendo.

Al día siguiente, se volvió a plantear el problema en el curso y con el profesor quien, muy enojado, entró al aula gritándonos y declarando que el examen iba a ser individual. Ante esto, varios compañeros y compañeras se pusieron mal hasta el punto de llorar y tuvimos que ir a hablar con la vicerrectora. Nos pareció una falta de respeto hacia todos que nos tratara así. Y también una falta de criterio que dejara sola a una compañera y sin explicar muy bien por qué.

Quiero decir, ¿por qué es tan estricto con que cuidemos el respeto hacia él, al no usar el celular y no actúa de la misma manera hacia nosotros?

Al final, logramos que el examen se haga de a dos. Y, obviamente, muchos tuvieron notas bastante bajas. En algunos casos, será por falta de estudio. Otros es evidente que merecían tener una nota más alta, incluso, si no llegaban a aprobar.

 

EL TÍO ANTONIO

Una de las preguntas que me tocó, decía: “Relacionar con los temas estudiados estos nombres”… Uno de esos nombres era “Antonio”. Antonio era el tío de Fernando VII, que hizo una junta en España, ni bien se lo llevaron en cana al rey. Ahora, ponele que vos sabías que las juntas empezaron en Europa y después se copiaron acá, pero no recordabas el nombre del tío, ¿es criterio para evaluar si sabíamos o no? Pará un poco, una ausencia total de criterio. Cof, cof. Muy bien, profesor. Pero nunca seré chupamedias.

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A MI MANERA

Rituales: sobre mis  15
Por Milena Penstop

ESO NO

Algunas cosas estaban claras: no quería salón, ni velitas emotivas y dedicadas, no quería vals, no quería vestido blanco, no quería llorar, no quería muertos en el video, no quería llenar la fiesta de gente con la que no tengo relaciones muy cercanas, no quería invitar a todos mis conocidos, a todos mi compañeros de la escuela, a todos mis compañeros de la vida, a todo el barrio, a todo el mundo, solo para decir, ¡mirá cuánta gente vino a mis 15! Tampoco quería zapatos, ni estar incómoda, ni morirme de hambre mientras mis invitados comían. Para peor, no quise ir a la modista: algún vestido que me gustara tenía que haber en algún negocio. Menos que menos quería estar seis horas en la peluquería ni que me maquillaran, al punto de que ya nadie supiera si era yo o alguna inexistente hermana mayor la que cumplía años. Tenía una negación rotunda a bailar toda la noche  por obligación y quería que nadie se sintiera presionado a bailar o a hacer ninguna cosa de la que no tuviera ganas. Ah, algo más: de ningún modo, quería que los invitados se vieran forzados a venir con una ropa especial.

Así las cosas, me quedaba saber que sí quería. Para eso, partí de esta idea: no creo en los 15 como un momento de transformación de la “niña en mujer”, ni que el 15 sea un número clave ni mágico para la vida.  Es un ritual instalado entre las chicas de mi edad y yo quería aprovecharlo para hacer un cumpleaños un poco más especial.

Milena. Fotografía: Diego Grispo.
Milena. Fotografía: Diego Grispo.

ESO SÍ

El verano fue un poco extraño. Mamá, que no es una mamá utilísima, hacía todo el tiempo souvernirs. Los anartistas conspiraban en ensayos secretos que se hacían en mi jardín, durante los cuales yo debía estar encerrada con mis amigas en mi habitación. No es que sufríamos, simplemente, fueron todas una vacaciones de expectativas. ¿Con qué se vendrán estos? Un poco la culpa es mía. Ante tanto no, mamá me insistía con que aclarara que sí quería. Teatro, dije, yo. Y música. No se la hice fácil. Los anartistas no son actores, pero ahí estaban, metidos en una obra, divirtiéndose a mis espaldas.

Mi mamá no paraba de freezar alimentos en enormes cantidades. Había cajas de vinos, packs de bebidas, muchísimos palitos helados, cotillón, vasos, manteles, las bolsas se acumulaban como sin límite. La verdad estábamos todos entusiasmadísimos. La previa fue muy divertida. La fiesta se haría en el jardín de mi casa y si llovía le haríamos frente.

TÍAS POSTIZAS.

Caro, Vivi y Lourdes son amigas de mi mamá. Pero esta vez actuaron como familia.  Durante varias tardes, fuimos a mirar ropa y zapatillas para esa única noche. Como finalmente compramos el primer vestido que habíamos visto, mi conclusión es que estas salidas eran una excusa para ir a merendar, siempre a lo grande. Mientras ellas se ocupaban de la ropa, la gran party planner, Isa, pensaba en  todos los detalles de decoración, daba instrucciones sobre el orden de las comidas, y craneaba, craneaba ideas para que todo fuera bellísimo.

Milena. Fotografía: Diego Grispo.
Milena. Fotografía: Diego Grispo.

A los ensayos venía otra “tía”, July, que siempre llegaba con la valijita feliz. Hermosos colores de maquillajes, un montón de pequeñas pinturas y pincelitos. Me probaba y me sacaba, me probaba y me sacaba. Grossa, July, le puso todo.

Carlitos, Adri y Alicia no faltaban a los ensayos. Hacía calor, no importaba. Ahí estaban. Se hacía de noche, no importaba. Ahí estaban.

El novio de mi mamá se ocupaba de las luces, Varelita preparaba una sorpresa para  la mañana de mi cumpleaños. Pobre, lo habían designado de “bachero”. Y, con toda alegría, vino a lavar los platos toda la noche.

Hubo más amigos que  hicieron de mozos, de cocineros,  de ayudantes y decoradores espontáneos. Podríamos decir que, cuando la fiesta estaba por comenzar, casi todo el staff estaba reventado de cansancio.

LA ESPERA

Mile y Pau. Fotografía: Diego Grispo.
Mile y Pau. Fotografía: Diego Grispo.

Una mención especial merece “Dieguito”, el súper fotógrafo anartista,  a quien nadie le dio de comer ni de tomar en toda la noche y que laburó como una bestia. Primero, me hizo una sesión inesperada de fotos y, durante la fiesta, se ocupó de capturar aquellas imágenes  imprescindibles. ¿Cuáles? Por ejemplo, nos  sacó a todos al mirar el video. Nadie se ve mirar, nadie se ve observar a otro. Dieguito estuvo ahí.

Otra que estuvo, cómplice total, fue Paulita, “mi dama de compañía”. Debió bancarse mi ansiedad y mis nervios, a la peinadora, a July maquillándome, a Diego, meta sacarnos fotos a las dos.

No sé muy bien qué es un ritual, pero si sé que es lindo que la gente te quiera acompañar.

LA MUCHACHA PERONISTA

Me dijeron, “andá lento”. El Moncho, otro tío postizo, se ocupó de la música. Ni bien escuché el tema de Lennon elegido, empecé a bajar. A nadie le di bola. Ni al fotógrafo ni a todos los consejos previos. Le di con todo y entré. Estaba muy emocionada, muy feliz y solo quería abrazar a todos.

No se puede contar una fiesta como realmente fue, la tenés que vivir. Y tampoco puedo dejar de escribir sobre ella. Rescato, entonces, algunos momentos: mi querida profe de flauta tocó con los chicos de la querida banda “Mano a mano”. Belén cantó acompañada del bello piano de Martín. Mintcho me regaló su música brasilera y un mortal carnaval carioca. Los amigos de teatro actuaron y después me invitaron a improvisar con ellos. Mis amigas dijeron palabras hermosas al micrófono. Y, aunque mi familia es chica, no faltaron mi tía y mi tío y ¡hasta mi abuelita, que nunca quiere salir del geriátrico, se vistió hermosa y vino! ¡Qué más puedo pedir!

Como si esto fuera poco, se largó a llover. Y parte de bailar bajó la lluvia, mi amiga Paloma se tiró a la pileta, mientras cantaba la marcha peronista.

Milena. Fotografía: Diego Grispo.
Milena. Fotografía: Diego Grispo.


EPÍLÓGO

Una vez que los adultos se fueron, largó la pijamada. Ya todos nos pusimos cómodos y a descansar un poco los pies y los cuerpos. Las que no descansaron fueron las mandíbulas: nadie paró de comer. ¿Dormir? Casi nadie.

Cuando a la tarde del día siguiente, se fue la última invitada, me parecía que todo pasó muy rápido, pero también fue muy intenso. Estaba felizmente cansada.

No importa qué significan los 15 para otros, yo tuve exactamente el ritual que quería.




CON “E”, DE ESPECIAL

Anartista Juvenil

La sospecha: Sobre la serie “Anne with an E”.
Por Milena Penstop

MI POBRE HUERFANITA

Anne with an E es la forma en la que se presenta la protagonista ante los desconocidos de esta serie de Netflix. Al tratarse de una huérfana, quiere ser reconocida por algo singular. Presentarse así es como decir que, a pesar de tener un nombre cortito, es especial. En esta serie todo se ve ambientado en el siglo XIX, en un pueblo llamado Green Gables. Allí parece estar muy naturalizado el adoptar niños, no para que tengan una familia, sino para que ayuden con las tareas domésticas. En el caso de Marilla y Matthew,  ellos esperaban que les enviaran a un niño, pero recibieron a Ane. A parte de  la E final ella se caracteriza por ser muy apasionada, a veces incluso un poco exagerada. Para el silencioso par de hermanos, la verborragia de Anne es desconcertante. La muchacha ve poesía en todo, mientras que Marilla y Matthew son dos personas completamente prácticas. Aparte, ninguno de los dos parece haber tenido a lo largo de su vida, ni si quiera la sospecha de un instinto maternal o paternal. Ellos querían un empleado y, aunque Anne se esmera, un espíritu machista les hace preferir la fuerza de un varón para las tareas de la granja.

Y si esto de adoptar chicos para que ayuden con las tareas de la casa te parece sorprendente, no sé cómo te vas a tomar lo siguiente.

 

PRODUCTO CON DEVOLUCIÓN

Aunque a veces Marilla parece mostrar que le tiene un poco de afecto a Anne, en ningún momento se permite decirlo, ya que ella solo se aferra a su necesidad inicial, alguien para ayudar en la casa. Luego de un incidente causado por las desmesuras de Anne, Marilla le pide a su hermano que la “devuelva” como a un objeto que compraron en mal estado. Matthew a pesar de que no quería “devolver” a Anne, obedeció sin quejas a su hermana, que era la “jefa” en esa casa.

Como Anne es una chica con E, es decir, especial, está decidida a no volver al orfanato. Matthew la deja en la estación de tren y ella comienza a vagabundear hasta que encuentra uno de sus momentos poéticos en la copa de un árbol. Mientras tanto, en la casa de los hermanos Cuthbert un vacío ronda el ambiente. Algo se despertó en ellos con la breve presencia de la niña. Algo que jamás habían sospechado. Y luego de hablarlo unos minutos, Matthew sale corriendo a la estación de tren, para buscar a Anne. La fuerza poética de Anne pudo “un poco” contra todas las durezas e injusticias de la época.

CON “E” DE ESTILO

Hoy que la idea de familia se amplió y ya no existe un modelo “normal”, de mamá, papá y los nenes, una familia formada por dos hermanos y una huérfana adoptada, no parece sorprendente. Sin embargo para esa época, sí que lo era, e incluso para algunos llegaba a ser una idea horrible. Lo cierto es que Anne le cambió la vida a los viejos hermanos para quienes la crianza de Anne se volvió una manera de romper la rutina. A decir verdad, Anne rompió los hábitos de todo el pueblo, pero no como la típica heroína de Hollywood -rubia, atlética y carismática- sino con sus trenzas pelirrojas, su inteligencia exótica y su sed de conocimiento. En cualquier serie de hoy en día, Anne sería una freak. Pero no crean que le resultó fácil ser aceptada. Sus conductas tan poco usuales generaron sospechas, envidias y hasta odios. Lo interesante de la serie, es que Anne no se gana a los otros mágicamente, sino que tiene que pasar por mucho sufrimiento hasta lograrlo, como suele suceder en la vida real. Por otra parte para hacer más amistades, ella nunca acepta ser como la mayoría,  sino que insiste en que la acepten a su estilo.

CON “P” DE PAPANATAS

Si en algo se parecen Anne, Matthew y Marilla es que todos tienen cierta ingenuidad, lo que los lleva a confiar en dos inquilinos, a quienes se ven obligados a recibir en su casa, debido a las dificultades económicas que atraviesan. Los dos muchachos son dos estafadores, que dicen ser buscadores de oro, mientras se aprovechan de la ambición de fortuna, típicas de todo pueblo. Ellos pedían un adelanto del dinero con la promesa de encontrar mucho más luego de extraer el oro. La estadía de estos hombres es larga y la confianza que le dan los Cuthbert es total. Sin embargo, allí está Anne, cuyas ganas de confiar llegan hasta el límite en que su inteligencia despierta la sospecha que, rápidamente, termina por desenmascarar a los dos ladrones.

¿Algún parecido con la realidad actual? Están claras las diferencias: hoy el argumento del oro no serviría para engañar a nadie. Sin embargo, ¿cuánta gente le creyó a una banda de empresarios estafadores, que nos prometían alegría, pobreza cero, brotes verdes y terminaron por destruir muchas cosas que habían mejorado en los últimos años? A veces, como sociedad, sería bueno que se nos despertaran a tiempo las alertas de la sospecha. Mientras tanto, sigamos atentos, para no desperdiciar nuestra confianza en globos de colores.




PENDIENTES DE INDEPENDENCIA

ANARTISTA JUVENIL
Por Milena Penstop

 

CORTÉS, UN MODO DE DECIRLO

Encuentro Moctezuma-Cortés. Ilustración.
Encuentro Moctezuma-Cortés. Ilustración.

En 1519, el jefe supremo azteca, Moctezuma, recibió la visita de un español que, desobedeciendo a su rey en España, hizo una expedición hasta llegar a Tenochtitlán, la capital del imperio. Este español tenía apenas permiso para inspeccionar las costas del litoral americano. Pero, no. Se mandó nomás. El hombre se llamaba Hernán Cortés quien, al llegar a su destino, fue recibido más que amablemente por los originarios. Moctezuma, convencido de que los hombres blancos eran enviados por sus dioses, les dio a los “recién llegados” ofrendas y los dejó hospedarse en su palacio. A él y a sus huestes.

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Pero a Cortés no le alcanzó la bienvenida. Como algunos otros hoy en día, el tipo iba por todo. Rápidamente, el conquistador fue convencido por un grupo de indígenas -traidores, buchones y aliados del español-, de un plan que tenía Moctezuma para liquidar peninsulares. Al enterarse de esto, Cortés no perdió tiempo. No era un tipo con ganas de vivir aventuras inesperadas. Así que tomó prisionero al jefe azteca, para luego abandonar la capital del imperio e ir de raje en busca de refuerzos. Cortés no era muy cortés con su gente. Y, después de mandarse el moco, dejó solo a unos pocos españoles en ese lugar.

 

QUÉ NOCHE PARA UN ASADO (ESPAÑOL)

La cosa no terminó. “El Seleccionado” que dejó Cortés era de una brutalidad y de una estrechez mental tales, que no pudo controlar sus instintos asesinos ante lo desconocido. Se ve que les habían lavado bien la cabeza en Europa y por eso pensaban que su religión era la única verdadera. Y todas las demás resultaban manifestaciones del demonio. Por eso, al ver a un grupo de aztecas en medio de una celebración que los conquistadores calificaron como “horrenda”, no vacilaron en lanzarse sobre los celebrantes y en matarlos a todos.

La noche triste.
La noche triste.

Ya la cosa estaba caliente con lo que había hecho Cortés. Imaginate cuál fue la reacción de los originarios. Desacostumbrados a esa brutalidad, respondieron con toda la furia de la que fueron capaces. No se paralizaron ante ese inesperado ataque. Este episodio se llamó “La noche triste”. Triste, para todos. Para los aztecas, porque fue la noche de caída definitiva de la ficha. Ya sospechaban con creces que esos tipos no eran ni amigos ni enviados de los dioses. O los dioses se habían debilitado o lo habían abandonado. Pero esto fue la gota que colmó el vaso. Y triste, sobre todo, para los españoles porque, cebados en su superioridad militar, no imaginaron siquiera que los “salvajes” podían enfrentarlos de esa manera. Soberbios. Casi se los comen en guiso.

 

NO TE CREAS CUANDO TE LA CUENTAN DE UNA SOLA FORMA

Hay varias teorías sobre cómo reaccionaron los pueblos originarios a la Conquista. La más simplista dice que los invasores destruyeron por completo a los autóctonos. Bastante rápidamente, eliminaron su cultura y también su economía. Los aztecas, como los incas, practicaban una economía comunitaria. A pesar de que había clases sociales altas -clases que no se ensuciaban las manos para laburar- lo cosechado se repartía bastante entre todos. Y siempre se reservaba una parte para posibles épocas de sequía o para huérfanos, viudas o víctimas de las guerras. Por otra parte, los aztecas eran sabios y se ocupaban de no reventar la tierra con monocultivos. A los españoles les importaba un pito preservar el suelo. Le daban a la tierra hasta agotarla. Y, del mismo modo, esclavizaban y agotaban a los indígenas. Después pararon un poco, porque se dieron cuenta de que se iban a quedar sin mano de obra. Entre las enfermedades que les trajeron “de ofrenda” desde Europa y los malos tratos, no les iba a quedar nadie.

Hay otra teoría que mira las cosas un poco más ampliamente. Para estos historiadores, la Conquista fue un proceso de alianzas y resistencias. Y no admiten, de ningún modo, que los originarios se hayan entregado a los invasores así como así. De hecho, hubo rebeliones que duraron años. Como así también aprovechadores que quisieron jugar para los dos bandos y terminaron solos y muertos.

Danzantes aztecas culturales,en la Plaza del Zócalo, México actual.
Danzantes aztecas culturales,en la Plaza del Zócalo, México actual.

Lo cierto es que, si se hubieran doblegado del todo, hoy no estaríamos ante la presencia de tantas organizaciones internacionales y nacionales de indianistas: grupos de descendientes de aquellos primeros, que cuidan y sostienen el reclamo por tierra, autonomía y derecho a preservar su cultura y su idioma.

 

DOS INESPERADOS

La primera cosa curiosa es cómo, después de que los conquistadores se fueron, ya con los Estados nacionales independizados, la discriminación contra los pueblos originarios persistió. Los libros cuentan que eso sucedió porque los nuevos estados americanos se construyeron a imagen de la cultura europea. Entonces, a muchos originarios no les quedó más que asimilarse a la determinación imperante. Sin embargo, unos cuántos otros resistieron y resisten. Y eso es lo más inesperado de todo. Y admirable. Recién, hace muy poco, los mapuches se volvieron una súper noticia. Y, como siempre, cuando un grupo minoritario se vuelve noticia, en general, es porque algo malo contra ellos ha sucedido. Rafael Nahuel, Santiago Maldonado -que no era mapuche, pero los defendía…- pero si uno googlea, ve que los muertos, lastimados y desaparecidos mapuches son muchos más. Entonces, me pregunto, ¿seguimos contagiados de la brutalidad de los conquistadores? Cuando nos independizamos, ¿nos independizamos? Mmmm… Continuará.

 

 

 

 




TÚNELES EN EL RELOJ

Anartista juvenil

Los exilios: sobre la conciencia del paso del tiempo

Por Milena Penstop

¿FIESTAS DE 15?

Antes cumplíamos 3 o 4 años, y ahora cumplimos 15. Parece una pavada, pero es un lío bárbaro. Cuando me encuentro con mis amigas del jardín y la primaria, aparte de las bromas de siempre, de los guiños cómplices, hay una nueva. La conciencia, de pronto, un poco tristona, de que el tiempo pasó. Yo siempre vi en el reloj cómo transcurrían las horas. Pero eso no explica nada. Esto es una sensación de ya no estar en el mismo cuerpo de antes. Y esto no me pasa solo a mí, como en un espejo, lo veo en ellas. Que el vestido, que el salón, que yo prefiero un viaje, que a mí esas cosas no me van, que las mesas, las soledades, el miedo a no pasarla bien, a desencontrarnos alguna vez. Las charlas cambiaron. Hay temas nuevos, palabras nuevas, problemas nuevos. ¿Y qué es eso que permanece, a pesar de todo, aunque no igual que antes? No sé cómo se llama “eso”. Pero sucede entre discusiones sobre feminismo, el gato que nos gobierna y chistes en verdad tontos con los que nos reímos, a pesar de cualquier desgracia. Es como un pasillo, un túnel que, aunque no nos veamos muy seguido, nos conecta.

Vladimir Kush
Vladimir Kush

PEQUEÑOS DELITOS

Cuenta mi mamá que, cuanodo yo era bebita, ella daba clases en el living y mi abuela, después de su trabajo, venía a cuidarme. Se quedaba conmigo en una habitación, entre mamaderas y llantos. Ni bien mi mamá empezaba a dar clases, yo comenzaba a berrear. La abuela, también según cuenta mi mamá, se iba agotada en colectivo. Pero contenta de haber cumplido su papel abuelil. Después, en esos raros túneles que van de ahora al pasado, recuerdo como fotos. La abuela ya había pasado por una par de operaciones. Igual y solo para darme el gusto, salía al patio de mi casa y, con la poca fuerza que tenía, se quedaba un interminable tiempo, dale pasarme una pelota con el brazo que mejor le funcionaba y recibir mis pelotazos implacables. Por qué será que recuerdo esa escena como un momento tan feliz. Debe ser porque en ese juego yo sentía que no estaba sola, que una familia no consiste en visitas de compromisos o llamaditos truchos de feliz cumpleaños, sino en usar la única parte del cuerpo que está en condiciones para hacerle sentir al otro que lo querés.

También, a veces el cariño se demuestra en un robo. Una y otra vez yo corría hacia la heladera de mi abuela a robarle el queso rallado de su compoterita mágica. No era que en la heladera de mi casa no hubiera queso rallado. La abuela vivía delante de nosotros. Y correr por ese pasillo, encontrar el momento donde ella no estuviera y lograr hacerme con el botín era una travesura consentida por todos, donde me sentía abrazada.

El tiempo pasó. Otra vez no lo entiendo en el número que señalan los años, sino cuando la veo a mi abuela en una silla de ruedas. Todavía se emociona cada vez que me ve. Especialmente, si le llevo sándwiches de miga. Mamá dice que, a veces, no recuerda nada, pero siempre pregunta, ¿Y Milena cómo está?, ¿tiene novio? Está obsesionada con ese tema. Mamá dice que es porque, para su generación, el marido era una cuestión que había que resolver. Un problema urgente. La que se quedaba sola se iba a la B. Ay, abuela, novio, no, novio, no.

Lo cierto es que la abuela ya no puede levantarse a jugar conmigo a la pelota, ni caminar por el largo pasillo para impedirme que me lleve tan fácilmente su queso rallado. Tampoco puede hacerme el pastel de papas ni las milanesas. Y ahora me doy cuenta: esos momentos que en la infancia parecían poder repetirse para siempre, ya no volverán a darse.

QUIERO ATRAVESAR EL TIEMPO CON DOCUMENTO

Stefano Popovski
Stefano Popovski

Y un día sucedió. La verdad es que toda la infancia fui un poco vaga para leer. Me encantaban los libros. Mirarlos, que me los leyeran. Tal vez porque veía a mi madre y a mi padre tan interesados en que yo leyera, que no leía. De hecho, en quinto grado, ya me picó un poco el bichito de la lectura. Y me llevaba un libro para el recreo de música, donde me acompañaba mi niñera, Quimey. Eso sí, le decía a Quimey: voy a leer ahora, pero vos no le cuentes a mi mamá, ¿eh? En esas pausas comenzó un camino de ida. Primero fueron los comics. Claro, tanto dibujo, me los leía rápido. Después, en 6to y 7mo grado, hubo una etapa en que solo leía lo que me exigía la escuela. Tampoco exigía demasiado, vamos a decirlo. De a poco, comencé a leer unos libros un poquito más largos, hasta a llegar a completar el primer tomo de Harry Potter. Y el segundo. Y el tercero. Y el cuarto. Y entonces llegó el quinto. Tiene 899 páginas. El placer ahí era doble: leer y poder terminármelo. Si me lo terminaba, ya tendría documento de lectora. Y me lo terminé. Y el sexto y el séptimo también. Concluyamos, estoy lista. Les di el gusto a mis viejos. El último cumpleaños, ¿saben qué pedí? Un ebook. Listo, ganamos todos.

EL MISTERIO

Y otra vez. Cumplíamos 3 o 4 y ahora cumplimos 15. Cualquier bobo, si le preguntás cómo es que pasa el tiempo, te dice: para adelante, tonta. Peor el bobo es él. El tiempo se mueve en muchas direcciones. Si él no se da cuenta, que se tome otro colectivo. Hay túneles hacia el pasado. Y hacia el futuro. Cuestión de atreverse nomás

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Henrique Oliverira Wood Cave




Y LOS RULOS, ¿DÓNDE SE FUERON?

Anartista Juvenil
El cuerpo: sobre los cambios en el cuerpo
Por: Milena Penstop

LA NIÑA, EN FOTOS

Ahora, a los 14 años, ya ni me acuerdo de cómo era mi cuerpo cuando era chiquita, sobre todo en jardín. Lo bueno es que tengo muchas fotos y, cuando me pongo a mirarlas, se me vienen a la cabeza algunos recuerdos. ¿Serán recuerdos o la foto me convence de que las cosas eran así como se ven? Estoy segura: tenía rulos y pelo corto, cosa que ahora se me hace extraña de imaginar, con el pelo más bien ondulado y largo. Me pregunto en qué momento habrá crecido tanto mi pelo. La cosa fue así: con el pasar de los años, todos me decían: ¡cómo te creció ese pelo! Pero, al mirarme al espejo, yo me veía siempre igual. ¿Cuándo habrán decidido mis rulos hacerse ondas? Misterios insondables de crecer.

 

 Dibujo de Quino
Dibujo de Quino

Otra cosa vinculada con mi cuerpo es la mente. Para mí, el cuerpo y la mente no están separados. Por eso, al crecer y cambiar de gustos, también cambian mis hábitos y todo lo que hago con el cuerpo- ideas. Cuando era más chica, jugaba con muchos juguetes o corría por la casa para divertirme. Ahora, soy más tranquila (según quién lo vea), y ya no juego con los juguetes. Esto no significa que los haya tirado, al menos no a todos, ya que muchos de ellos son recuerdos de mi infancia… Y a otros los conservo porque todavía me gustan, aunque no juegue con ellos. Si por algún motivo me pusiera a jugar, seguro me divertiría. No creo que me vuelva a hacer niña ni que pierda nunca el gusto por jugar.

¿LOS HUESOS SE ESTIRAN DE NOCHE?

¿Por qué hago esta pregunta? Me la hice muchas veces en mi vida. Desde que soy chiquita hasta ahora, que soy una adolescente. Como dije antes, cada vez  que me miraba al espejo, me veía igual que hacía un año, (excepto cuando me cortaba el pelo, recién entonces, se notaba más), aunque todos me insistieran en que había crecido un montón. Dicen que los huesos se estiran de noche, entonces, para comprobarlo, una noche me quedé despierta, a la espera de  que se estiraran. Pero no pasó nada. Al día siguiente, empecé a sentir dolores en el cuerpo, aunque no creí que el motivo hubiera sido el estiramiento de mis huesitos. Pensaba que los huesos tenían sus secretos: no hacían sus cosas en pleno día, sino que esperaban a que me durmiera y, entonces, sí podían estirarse en paz. Ahora que soy más grande no creo que los huesos “esperen” por así decirlo, pero sigo sorprendiéndome cada vez que me dicen que crecí sin que yo notara nada.

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ME TIENEN LOCA EL FRIZZ Y LOS OVARIOS

Cuando era más chica, no me importaban mucho el pelo, la ropa ni el maquillaje. En cambio, ahora, estoy un poco “obsesionada” con mi pelo y con cómo me visto. Ya lo dije, de chiquita tenía rulos, y ahora, ondas. Muchas de las personas que tienen rulos, tienen frizz. Yo no los tengo,  ¿cuál es el problema, entonces? Bueno, que  personas, como yo que aunque no tengan rulos, tienen frizz. Esto me lleva a aclarar que, no porque me preocupe más mi ropa o mi peinado, significa que me importa lo que piense la gente de cómo soy. Esto de arreglarme lo hago porque a mí no me gusta verme un poco despeinada, o con cualquier ropa. Ya me estoy desviando. La cosa es que me molesta mucho el frizz. Encima tengo muuuucho pelo y, si no me pongo una crema, se pone infladísimo y eso se me hace muy incómodo. Así es como, de vivir tranquilamente con los rulos al viento, me he vuelto una clienta fanática de las cremas para peinar. Con el tiempo, mis gustos y hábitos empezaron a cambiar, por lo que yo hago con mi cuerpo y por lo que él hace conmigo.

Mafalda, Qino
Mafalda, Quino

Otra cosa que antes no molestaba, y ahora sí, son los ovarios. Los hermosos ovarios que tenemos las mujeres que, una vez al mes, vienen a jodernos. También hay que tener en cuenta que, gracias a ellos, podemos tener hijos, cosa que NO es obligatoria, pero que muchas mujeres desean. Acá la cosa es que, claro, también depende de los cuerpos, cómo se siente ese dolor o molestia que, sumado a todas las cosas de la escuela y las actividades que hago, me frustra mucho. Esto no significa que cuando las mujeres estamos de mal humor es porque nos duelen los ovarios, como muchos creen y bromean de eso. Las mujeres también podemos estar frustradas. Lo que quiero decir es que, al menos a mí, cuando estoy de mal humor, es cuando más extraño mi niñez: en esa época no tenía que preocuparme por si se me notaba la toallita o por si no me podía concentrar en una clase por la molestia que sentía.

Aunque estas últimas cosas que dije hacen que parezca que odio mi vida, querido lector, quiero aclararle que no es así, sólo me divierte un poco la exageración. Todo lo anterior se puede solucionar fácilmente. Lo que quería mostrar es cómo, de mi niñez a mi adolescencia, mi cuerpo fue cambiando y cómo fui cambiando yo a partir de eso.

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HUÉRFANOS TEMPORARIOS, NUNCA VENCIDOS

La orfandad: Sobre la saga “Harry Potter” de J. K. Rowling.

Por Milena Penstop

 

UNA LECHUZA INSISTENTE

Voy a hablarles de la historia de Harry Potter. Él, al igual que sus padres, era un mago, aunque lo supo recién a los once años. ¿Cómo es que tardó tanto tiempo? Bueno, resulta que la infancia de Harry no fue nada fácil. Para empezar, cuando él tenía un año, Voldemort, uno de los magos más poderosos y tenebrosos de la historia, mató a sus padres la noche de Halloween de 1981. Para seguir, Harry quedó bajo la tutela de sus tíos, quienes odiaban la magia y todo lo relacionado con ella, hasta el punto de odiar a Harry. Así que creció en a puro desprecio, en todo momento y en todo lugar. Trataba de tener amigos pero su primo, un chico de contextura muy grande, amenazaba a cualquiera que se le acercara, para lograr hacerle la vida imposible. Aunque Harry se fe acostumbrando a estar solo, siempre sentía un poco de tristeza al pensar en cómo habría sido su vida con una familia real, con padres que lo quisieran, amigos, e incluso hermanos.

Asesinato de la madre de Harry.
Asesinato de la madre de Harry.

Un día Harry recibió una carta de patitas de una lechuza. Harry no sabía que él era hijo de magos, pero en Hogwarts –la escuela de magia- sí sabían que él era heredero de magos. La carta informaba que el “descendiente” había sido aceptado en esa escuela. Cuando sus tíos vieron esa carta se la sacaron sin darle explicaciones y la destrozaron. Pero ni la carta ni la lechuza se amedrentaron. Los días posteriores, las cartas comenzaron a llegar en cantidad. Nadie se quedaba inmóvil en Hogwarts cuando una notificación de ingreso a la escuela no recibía respuesta. Luego de muchos intentos por deshacerse de las cartas, sus tíos agravaron la situación. Los llevaron a él y a su primo a un lugar lejano de donde vivían. ¡A ver si la distancia y el tiempo cansaban a la lechucita insistente!

 

ESTA NOCHE TE HACÉS HÉROE

La noche en que llegaron a la casa, en una isla donde los tíos dejaron a Harry y a su primo, un semi-gigante llamado Hagrid entró a la fuerza, a grito pelado que reclamaba por Harry. Hagrid le devolvió a nuestro huérfano la historia de sus verdaderos orígenes: ese era el relato que contenía la carta tan perseguida por sus “parientes”. Así se entero cómo habían muerto sus padres y también que él mismo era un mago.

Harry su familia, un deseo.
Harry, su familia, un deseo.

Desde ese día Harry fue adentrándose cada vez más en el mundo de la magia, hizo muchos amigos y aprendió muchos trucos hasta que, en su último año en la escuela de magia, partió en un viaje con sus dos mejores amigos para vencer al asesino de sus padres, de su padrino, del director Dumbledore -quien siempre lo había ayudado- y también el responsable de la muerte de muchas de las personas por las que Harry sentía tenía mucho cariño. A pesar de no haber crecido de la mejor manera, Harry, libre de resentimientos, terminó convirtiéndose en el héroe del mundo mágico.

 

CINDERELLA POTTER

Como dije antes, Harry no llevó una vida muy buena los once primeros años. Pero al recuperar su historia, también se hizo con unos cuántos manguitos, al descubrir que sus padres le habían dejado una herencia considerablemente grande. ¿Por qué cosa curiosa necesitó la autora de este libro hacer que su héroe viniera de la clase alta? ¡Vaya uno a saber! Lo cierto es que la magia sacó a Harry de la miseria de una vida llena de mentiras y secretos. Y la herencia lo sacó de cualquier posible miseria material. Por eso la historia de Harry me recuerda el caso de “La Cenicienta”, quien perdió a sus padres cuando era chica y fue obligada a vivir con su madrastra y hermanastras, despreciadoras profesionales, que odiaban a Cenicienta por su gran belleza. Ahora, claro, en el caso de Harry dijimos que podía hacer magia. Bueno, la Cenicienta no podía hacer magia pero, gracias a su hada madrina, pudo asistir al baile con un gran aspecto -aparte de su belleza natural-, conquistar al príncipe, casarse con él y terminar siendo una mujer rica y apoderada.

Mirá vos lo similares que pueden ser algunas historias de ficción donde se toca el tema de la orfandad. Tampoco quiere decir que estas historias sean malas, de hecho, a mí me encanta Harry Potter, y la Cenicienta fue una película que vi mucho de chica. Solo digo que, en historias muy conocidas por gente de todas las edades, se resuelven situaciones muy graves -como las que atraviesa un huérfano- de maneras maravillosas. Lamentablemente, no sucede lo mismo  en la realidad. Ni hablar de que no podemos resolver nada con magia, porque la lechucita no nos ha elegido para hacernos llegar la carta. Pero, aparte de la imposibilidad de resolver la vida con trucos, los huérfanos de este mundo, en general, no son herederos de fortunas. Con suerte, con mucha suerte, pueden llegar a tener una familia que los quiera y los eduque. La orfandad debe ser una soledad horrible pero, como en todo, no es lo mismo quedar huérfano pobre que quedar huérfano rico.

 

HUÉRFANOS CARA Y CECA

Ahora, bien. Harry no es el único huérfano de la saga Harry Potter. El otro es el mismísimo Voldemort. Antes de auto-llamarse ”Lord Voldemort”, el malvado se hacía llamar como lo había nombrado su madre en honor a su padre, Tom Ryddle.

Voldemort y Harry adolescentes.
Voldemort y Harry adolescentes.

Tom fue concebido por efecto de una poción de amor que  su madre había dado a su padre. Él creía que, por eso no tenía la capacidad de amar. Abandono por su padre incluso antes de su nacimiento y muerta su madre, al poco tiempo de haber llegado a este mundo por la depresión que le causó el abandono de su marido, Voldemort creció en un orfanato. A ese orfanato no llegó ninguna lechucita. Sí llegó, quien en ese momento era profesor de Hogwarts, Albus Dumbledore. Igual que a Harry, a Voldemort le llegó el momento de conocer su destino: también él era un mago. Desde que lo supo, no pudo más que pensar en tomar venganza. Con un conocimiento ya muy avanzado de las artes oscuras, dividió su alma en seis para así ser inmortal. Con el transcurso del tiempo, adquirió más y más poder hasta convertirse en uno de los magos más poderosos y temibles de la historia. Mientras esto ocurría, reunió un ejército a cuyos miembros hacía llamar mortífagos. Los mortífagos lo seguían en su tarea de “limpiar” el mundo mágico. Es decir: lograr que sólo hubiera magos de “sangre pura”. Voldemort estaba obsesionado con la pureza de la sangre: sólo quería magos que  descendieran de varias generaciones de familias en las que solo había magos. Si algo detestaba era a los magos hijos de muggles -gente sin magia o sangres sucias para ellos-, a los magos “mestizos” -uno de sus padres es muggle y el otro es mago- y también a los “traidores a la sangre”, a quienes les daba igual su tipo de sangre y se juntaban con cualquiera. En el caso de los padres de Harry, su padre era un “traidor a la sangre”, y su madre era una “sangre sucia, hija de muggles”, por lo que estaban en la lista negra que tenía Voldemort: había que matarlos. Sangre pura, como querían los nazis, por eso mataban a los judíos, a los gitanos, a los homosexuales. Por eso mataron a toda la familia de mi abuelo y de mi abuela patena.

Y como la traición no falta nunca en las historias de poder, a pesar de  toda la protección con que se intentó cubrir a los padres de Harry, un “amigo” los entregó. El 31 de octubre de 1981 los padres de Harry murieron a manos de Voldemort y dejaron así huérfano a un niño de un año.

 

VOLDEMORTS AUTÓCTONOS

Una última cosita: como dije antes, la reacción de Voldemort, al hecho de haber sido abandonado y a su orfandad, fue comenzar a hacer mierda el mundo, algo que pasa acá en Argentina con el presidente Mauricio Macri. La diferencia entre ellos es que Macri no fue huérfano, creció con muchos lujos, e igualmente está haciendo mierda este país al quitarnos derechos, bienestar y la ilusión de seguir en el camino de conquistar una mejor vida para todos. Ahora tenemos que ocuparnos de ver cómo volver a conseguir lo que ya teníamos, lo que él deshizo en tan poco tiempo, sólo para favorecer a la clase más alta. Nos dejó huérfanos de muchas conquistas, pero no resentidos, pero no vencidos. A Voldemort lo derrotó Harry, el héroe del mundo mágico, pero acá los héroes debemos ser nosotros y no a esperar que venga alguien más a hacerlo.

No dejemos que haya más Voldemorts en este mundo.

Luchemos por nuestros derechos y nuestra libertad.

Voldemort divide su alma.
Voldemort divide su alma.

 




LA PLAZA ES NUESTRA

Reflexiones acerca de la miseria: Sobre la obra de teatro “La leyenda de Robin Hood”, de Mauricio Kartún.

Por Milena Penstop

 

GUARDA CON EL BOSQUE

Ilustraciones de Robin Hood por Anne Yvonne Gilbert
Ilustraciones de Robin Hood por Anne Yvonne Gilbert

Este año, en Timbre 4, mi escuela de teatro, hicimos “La leyenda de Robin Hood”, de Mauricio Kartún. La obra trata sobre cómo la gente del pueblo debe luchar contra los abusos de los poderosos para, apenas, subsistir. A mí me tocó el papel de Margarita, la hija de Pequeña Juana, (en el original, Pequeño Juan), una mujer que vivía con su hermana en el bosque. La gente del pueblo quiere al bosque. Suele ir allí. Sin embargo, para Gisborne- el alcalde- y para todos sus serviles lacayos, el bosque es el lugar del peligro. Quienes allí se aventuran son considerados sospechosos. Es curioso que el rey no aparezca hasta el final de la obra. Evidentemente, algo no atendió para no haberse dado cuenta que tenía a su servicio gente tan ambiciosa y despectiva hacia el pueblo. O, también, es posible que este sea un típico caso de traición. El rey creía leales a sus servidores. Ante él simulaban ser funcionarios honestos, pero eso era sólo una máscara. Quien de verdad va a desenmascarar a estos hombres frente al rey es Robin Hood. Un hombre de la nobleza, decidido a luchar por quienes menos tenían. Por ser de la nobleza, muchos pueblerinos al principio desconfían de él. No es común que alguien que está “en lo alto” “baje” hasta quienes más ayuda necesiten, al punto de arriesgar su vida por ellos.

Robin Hood y Lady Marianne
Robin Hood y Lady Marianne

Pero Robin se ganó la confianza del pueblo. Ahora, aparte de ser un noble que ayudaba al pueblo, estaba enamorado de Marianne. Es decir, al momento de imaginar con quién pasaría su vida, sería con una de su clase. Sin embargo, se trataba de una mujer que compartía sus ideales. Es decir, de una mujer poco común dentro de la “alta sociedad”.

 

 

 

MONÓLOGO DE MARGARITA

Soy Margarita. Hace unos días pasé un día terrible. En unas pocas horas entendí todo lo que Pequeña Juana- mi mamá- y mi tía siempre me dicen. Entendí cómo son los miserables del poder. Iba yo por el pueblo con mi pequeña bolsa de trigo. Era lo único que nos quedaba para comer. En eso estaba cuando aparecieron unos guardias del alcalde, quienes me reclamaban como pago de impuestos, el único alimento que tenía mi familia. No se los quise dar y entonces empezaron a perseguirme, al grito de ¡ladrona!, ¡ladrona! Desesperada, trepé hasta lo alto de un árbol. De verdad sentí que me atraparían.

Robin Hood and Guy of Gisborne
Robin Hood and Guy of Gisborne

Ellos comenzaron a dar la orden de tirar el árbol abajo. Ahí imaginé mi fin. Entonces, como en los cuentos, apareció Robin Hood. “Alto, soldados, ¿tanto han cambiado las cosas en esta tierra que hace falta un ejército para capturar a una niña?”. Y, así, me salvé. Agradecida, fui en busca de mi madre y de mi tía. Tardé un rato en llegar. Pero, al encontrarlas, me sentí otra vez casi al borde de caer en una trampa. Ambas peleaban con furia contra un supuesto enemigo noble, quien no era más que Robin Hood. Apenas pude detenerlas para explicarles que ese hombre estaba con nosotras y me había salvado la vida. Sin embargo, las cosas para la gente del pueblo nunca son sencillas. Unas cuantas horas más tarde fui capturada. El corazón me decía que algo me salvaría. Dudé de eso, cuando me arrastraron hasta la horca, ahí empecé a sentir miedo y orgullo a la vez. Y, cuando me preguntaron cuál era mi último deseo, aunque el terror no me abandonaba, hablé con decisión: “¡Que le cuenten a mi madre, señor! ¡Y que la justicia reine por fin en Sherwood! ¡Que viva mi patria, Robin Hood y el Rey Ricardo Corazón de León!.Anónimo Bueno, se imaginan que al final me salvé, porque si no, no estaría contándoles la historia. En la realidad, las cosas no siempre son así. Muchas veces ganan los miserables y los pueblos deben soportar muchas injusticias hasta liberarse.


 

 

 

¿HACE FALTA UN EJÉRCITO PARA CAPTURAR A UNA NIÑA?

Hace poco vi por televisión cómo en la manifestación en contra de la reforma previsional, que perjudicará tanto a nuestros viejitos, la Gendarmería se llevaba a una chica (después me enteré que ella había salido del trabajo hacia la marcha). Aparte de manosearla y maltratarla, cuando ella se resistía a someterse a la actitud miserable de ellos, la rodearon de un montón de gendarmes. Era casi un ejército alrededor de una chica joven. Ahí me acordé de las palabras de Robin “¿tanto han cambiado las cosas en esta tierra, que hace falta un ejército para capturar a una niña?”. ¿Nuestro país se habrá transformado en el mundo del alcalde Gisborne? Las semejanzas son muchas. En el mundo de Robin Hood la gente reclama por los altos impuestos: “sacrifiqué primero mi trigo, después mi buey, mis ovejas (…) ya no me alcanza para alimentar a mi hijos”. Y también hay otro parecido más. Cuando Robin Hood, al comienzo de la obra, llega a la plaza del pueblo y pregunta por sus viejos amigos- nobles-, la gente le contesta, “qué harían los nobles en la plaza, en las competencias se los puede encontrar, o en las fiestas (…). A Lord James se lo encuentra en los jardines del palacio… persigue mariposas con su red, mientras sus sirvientes tiran del arado. Allí los podrás encontrar, Robin. Aquí, no, la plaza es nuestra. Una de las pocas cosas que no nos han podido sacar”. A nuestra patria no la va a salvar ningún Robin. No podemos esperar eso. Todos debemos ser Robin. Y, para evitar las miserias de los poderosos, tenemos que actuar. Nuestra plaza también es nuestra. Y nuestras escuelas. Y todos los espacios que llamamos, con orgullo, “públicos”.

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PROFE, PONELE ONDA, ¿DALE?

Deseantes: sobre el desapasionamiento de algunos docentes al enseñar

Por Milena Penstop

 

EL ABURRIMIENTO CONTAGIOSO

A veces no sé como decidirme: ¿tal o cuál materia de la escuela, me gusta o no? Pasan los meses, los bimestres y no logro darme cuenta qué me podría entusiasmar de algunos contenidos. Y me pregunto, ¿seré yo?, ¿les pasará  a todos mis compañeros?, ¿será el docente?, ¿será la relación entre docentes y alumnos, que ya se estableció como un pacto de aburrimiento eterno? Por supuesto, no todas las clases son iguales. Hay algunas  donde se ve cómo los profesores hacen un enorme esfuerzo por interesarnos en lo que dicen. A  decir verdad, no es que hagan un esfuerzo, ellos mismos se entusiasman y contagian. Pero, ¿qué sucede con los otros? ¿Cómo se puede transmitir a otro algo que no te apasiona ni siquiera a vos? ¿Los obligaron a ser docentes? ¿Será que no les apasiona nada y eligieron enseñar por descarte? En este último caso, qué mala suerte vinimos a tener sus alumnos.

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MAMÁ, ¿CÓMO TE EXPLICO QUE NO ES COMO VIAJAR?

En un momento de la primaria por primera vez me mencionaron la palabra “geografía”. Le pregunté a mi mamá de qué se trataba esa materia. Y me dijo: “Es como viajar. Vas a conocer culturas, mapas, fotos, videos de distintos lugares, donde vive gente muy diferente a nosotros.” Bueno, ¿sabés qué, mamá? Nada que ver. En la primera prueba del secundario me tomaron la definición de geografía y me pidieron que dijera las distintas ramas en que se divide su estudio. Lo otro apasionante que estudiamos fue acerca de los solsticios y los equinoccios. La verdad, no vimos ningún video. Y los dibujitos acerca del fenómeno no se entendían demasiado. Pero la profesora estaba obstinada- no apasionada- con pronunciar varios veces por clase la palabra “equinoccio”. Como si nosotros, impactados por lo raro de la palabra, ya pudiéramos aprender todo lo necesario en la vida sobre geografía.

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Otra cosa extraña en esa materia es que nunca lo relacionamos con lo que sucede ahora. Estábamos estudiando sobre terremotos y erupciones volcánicas, cuando ocurrió el desastre de México. Fue este año. Fue simultáneo. La profe ni lo mencionó. Lo veíamos a  la noche por la tele, pero estudiar, sólo del libro. De página tal a página tal, hagan las actividades. ¿Y lo de viaje, má?

EL GUSTO ES SUYO

Acepto que cada cual tiene sus gustos y que no se le puede echar la culpa al profesor por cosas que no son afines a nosotros. Pero, en este caso, me pasa algo inverso a lo que me sucede con geografía. Matemática, definitivamente, no me gusta. La lógica me aburre. No me lo puedo tomar como un juego, no me divierte. Sin embargo, la profe que tengo le pone mucha onda. Y eso, a veces, hace las cosas más sencillas. Ninguna onda hará que me interese despejar x. Aunque, es evidente que a ella sí le apasiona el asunto. Entonces, la llevo mejor.

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EXPLIQUEZ- MOI S´IL VOUS PLAIT

Otra vez recuerdo la voz de mi mamá: “estudiar un idioma extranjero es aprender una forma diferente de pensar. También es un viaje.” Mamá, me parece que otra vez perdí el tren o tomé el micro equivocado. La línea que yo tomé, me dejó frente a una profesora que, si viene, apenas te explica lo que te va a tomar en la prueba. Si viene, decía, y si llega a horario. Ya no pido que se apasione, ¡pero al menos que explique! Después, cuando toma, exigir sí que exige. Ponele que sucede- como pasó en varias ocasiones- que desaprobamos todos o casi todos, ¿no debería pedir una disculpa o a, al menos, decir públicamente, que tal vez algo no estuvo bien explicado?  Je ne comprends pas.

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HISTORIA SORPRESA

A veces, en medio del aburrimiento escolar, la vida te da sorpresas. En la primaria, ”historia” no me gustaba demasiado. Alguna experiencia poco feliz con algún maestro  mala onda hizo que yo descartara a esa materia hasta el final de séptimo grado. Pero este año las cosas cambiaron. Vuelvo a casa y me acuerdo gran parte de lo que el profe explica. No digo que celebro tener prueba de historia, pero me gusta repasar, me interesa conocer. Aunque el docente no tiene mucho carácter y muchos no le prestan atención a mí me encanta cómo cuenta las cosas, no necesito que tenga carácter. Mala suerte la mía, lo acaban de cambiar. Ya no lo tendremos en historia, ahora será nuestro docente de cívica.

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LOS DE AFUERA NO SON DE PALO

Cuando tuve que elegir qué instrumento aprender en la escuela de música, elegí flauta traversa porque mi mamá tenía una. Pero muchos chicos eligen un instrumento por seguir a sus padres. Después, para continuar los estudios, se necesita un profe que te haga disfrutar de la música. Ahí sí que tuve suerte. Daniela Chludil me enseñó a  querer al instrumento, a estudiar no sólo porque ella me lo pide, sino también a disfrutarlo, por puro gusto. Con lenguaje musical, tardé un buen tiempo en darme cuenta que el “do” de lenguaje era el mismo que el de la flauta. ¡Imaginate lo que era el docente de lenguaje! Hoy las cosas cambiaron: Federico Cáceres agrega, a la clase de teoría, práctica, composición y muy buenos chistes. Por otro lado está Fabio, mi profe de guitarra, con su singular sentido del humor. Esos son mis deseantes favoritos.

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LA VUELTA DE LOS DINOSAURIOS

Anartista Juvenil

Ultraviolento: sobre Santiago Maldonado

Por Milena Penstop

Los amigos del barrio pueden desaparecer, pero los dinosaurios van a desaparecer”

                                                               Charly  García

CUIDADO SÍ, MIEDO NO

No es la primera vez que escucho la palabra “desaparecido”. Por suerte, voy a una escuela donde, desde los primeros años de la primaria, se habla mucho sobre este tema. Es una militancia para no olvidar. Pero acá viene la cosa. Si hablamos de defender la memoria, significa que los desaparecidos son una cuestión del pasado. Sin embargo, no. Otra vez, la foto de un militante -Santiago Maldonado-, que apoya los ideales del pueblo mapuche, aparece en la televisión y en los medios y hace regresar los fantasmas del miedo, de las familias rotas, de las madres tristes.

Ahora tengo 13 años. Dentro de poco, voy a tener la misma edad que muchos de quienes desaparecieron desde 1976. Aun así, pienso que ya mismo me podría pasar lo mismo que a Santiago. O se podrían llevar a algunos de mis compañeros. Incluso, a amigas que conozco desde el jardín y ya participan del centro de estudiantes en sus escuelas. Miedo, sí, me da. Soy muy cuidadosa y no lo converso, salvo con gente con la que tengo mucha confianza. Pero, cuando puedo, no me callo. Y varias veces al día me aparece la foto de Santiago. Pienso que, de alguna manera, pensarlo puede ayudar a que él sepa que lo estamos buscando.

TESTIGO DESPROTEGIDO  

Ayer me llegó un video al teléfono. Ahí se escuchaba la voz de Ariel Garzi, amigo de Santiago Maldonado. Él llamo a Santiago a su celular, un día después de su desaparición. Alguien atendió esa llamada durante 22 segundos. Esto lo dijo Ariel ante el juez de la causa. El juez decidió declararlo testigo protegido, para cuidarlo. Sin embargo, cuando habló sobre este tema en el Senado, la ministra Patricia Bullrich dio el nombre completo de Ariel, el de su padre y su antiguo domicilio. Es decir, ahora no solo hay un desaparecido, sino que también hay un amigo del desaparecido en peligro. Por no hablar de todos los mapuches de esa y otras zonas quienes, si siempre sienten que pueden ser agredidos, ahora más. Esto me hace acordar a lo que vimos en la escuela sobre las listas negras: como una cadena de gente que, por ser amiga o por estar en una libreta de teléfonos, quedaba marcada y podía ser perseguida.

 

 

 

LAS CARAS TRISTES DE LAS MADRES Y LAS ABUELAS.

Me acuerdo de la entrevista de “El Anartista” a Estela de Carlotto. Ella, en un momento, dijo que por las noches escuchaba ruidos. Al final de la entrevista yo le pregunté si no pensaba que esas voces eran de Laura, su hija. Y ella me dijo: “Por supuesto que sí”. ¿Cómo podrá sentirse, después de tantos años de lucha, al escuchar que la ministra casi reacciona de la misma manera que los funcionarios de la dictadura, cuando las Madres y las Abuelas iban a pedir por sus hijos y nietos? ¿Cómo podrá sentirse Taty, de cuyo hijo solo le quedan unos poemas que encontró después de que se lo llevaron? Para ellas debe ser algo así como que les llevan a sus hijos devuelta. Pero ahora no están solas, todos nosotros estamos con ellas. Como prueba de esto, va esta imagen de lo que contestaron chicos y chicas de tercer año, a quienes las autoridades de la Ciudad les tomaron una prueba para “evaluar a la educación pública”.

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OTRA CAMPAÑA AL DESIERTO.

Es increíble que muchísima gente, en vez de indignarse por la desaparición de Santiago, acuse a los mapuches de ser desde un grupo antidemocrático hasta un grupo terrorista. Parece que no fue suficiente con robarles las tierras, obligarlos a adoptar la cultura de los “blancos” y perseguirlos constantemente. Parece que la “Campaña al desierto” todavía no hubiese terminado y estuvieran decididos a no dejar ni un solo mapuche vivo, con tal de llevar adelante sus negocios.

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APARICIÓN CON VIDA DE SANTIAGO MALDONADO




POR UN PELITO

El olvido: sobre las personas que no conocí personalmente
Por Milena Penstop

EL NENE SEPIA

A Lothar lo conozco a partir de fotos y anécdotas que escuché de mi mamá. Mi mamá tiene, detrás de su escritorio, un retrato de un nene. Es una foto antigua, color sepia. Si yo no supiera quién es, diría que se trata de una nena, no de un nene. Parece que la moda infantil en Alemania de los años 30 era así.

Mi abuelo Lothar de chiquito
Mi abuelo Lothar de chiquito

Cuando era más chica, para mí Alemania quedaba en otro planeta. De a poco, mamá me fue contando la historia de cómo nuestra familia se escapó de los nazis. Yo me imaginaba a un nene de 10 años, mareado, zarandeado por el barco, sin demasiadas ganas de llegar a Buenos Aires y sin poder volver a la que hasta entonces había sido su casa.

Es difícil armar un abuelo con pedacitos de historia. Pero a mí no me queda otro, porque Lothar se murió antes de mi nacimiento. Igual, mamá y mi abuela Yita me hablaron tanto de él que es como si hubiera estado todo el tiempo, mirándonos desde las fotos dispersas por la casa.

NO QUIERO JUGAR SOLO

Ya el nombre es raro. Suena a algo que vino de otro lado. Me dio mucha risa cuando mamá me contó que, al llegar a Buenos Aires, a mi abuelo quisieron traducirle el nombre y ponerle “Lothario”. Se ve que así traducido sonaba mal hasta en alemán, porque mi bisabuela y mi papá se negaron y ya ganaron la primera batalla de inmigrantes: lograr que los llamaran por su nombre y que les respetaran su idioma de origen. Sé, por lo que me dijo mamá, que Lothar tenía mucha facilidad para aprender un idioma. Cuando ya fue adulto viajó con mi abuela a París. De pronto, Yita lo vio conversar con un francés, bastante fluidamente, y le preguntó: ¿de dónde sabés hablar francés? Lothar se quedó pensativo y dijo: “no sé”. Luego, asoció. En el barco en que él había venido de Alemania, había un solo nene para jugar. Y era francés. Así que, durante esos dos meses, mi abuelo aprendió francés para no jugar solo.

PIEDRITAS MÁGICAS

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Carnicería de mi bisabuelo en Alemania

Otra anécdota muy impresionante es de antes de huir de Alemania. Como mi bisabuelo Gustavo- qué nombre moderno tenía- era carnicero Kasher, le habían intervenido el teléfono para espiarlo. Un día, mi abuela le dijo a una vecina:

-¡Las piedras ya salieron!-

Pasa que el bisabuelo tenía cálculos en el riñón. Pero los nazis creyeron que se trataba de piedras preciosas. Y entonces la Gestapo fue a la casa y se llevaron a mi bisabuela a declarar. Mientras mi bisabuela se iba a declarar con los nazis, mi bisabuelo se escondía en un armario. Bueh, siempre en las familias hay uno más valiente que el otro. La bisabuela ya había comprado pasajes en barco y guardó una plata para ofrecer a la policía nazi, si la detenían. Así que les puso ese dinero sobre la mesa y les dijo:

-Si ustedes no quieren judíos en Alemania, me voy hoy mismo.

Los nazis agarraron la plata. Fue una suerte, porque a muchos ni siquiera eso les sirvió y los mandaron a la muerte.

Gracias a ese momento, mi abuelo pudo subirse al barco llegar a Buenos Aires, conocer a mi abuela y tener a mi mamá y a mi tío. Ahí vengo yo. Podría decirse que me salvé por un pelito.




ANARCHICOS

El cuidado del otro: Sobre “Los juegos del hambre”, primera película.

SILBAR UNA ALIANZA
Por Milena Penstop

HAMBRE SIN SALIDA

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Cuando escuché “el cuidado del otro” pensé en esta película porque en ella hay muchos descuidos. Y lo más importante: entre situaciones tan terribles, siempre existen algunas personas que se hacen un lugar para ayudar a quienes más lo necesitan.

El mundo de “los juegos del hambre” es terrible. Se trata de una tremenda dictadura que  divide al país, “El Panem” en distritos. El Capitolio es el lugar desde donde el Presidente Snow y sus aliados someten al resto. Fuera del Capitolio, nadie la pasa bien. Todos deben trabajar mucho para tener casi lo justo o menos. Sólo se ven pobres, súper pobres y miserables. Los pobres resuelven mejor el problema de la alimentación diaria. Es el caso de Peeta, que tiene una panadería. Pan nunca le falta. En la familia de Katniss, la protagonista femenina, las cosas son más difíciles y a veces no tienen qué comer. Por otra parte, los ciudadanos del distrito no pueden ir a cazar al bosque ni pueden pisar el bosque. Así, la posibilidad de conseguir comida y estar en contacto con un mundo que no sea el del trabajo también les es quitado.

anarchicos1LA COSECHA

Ese curioso título da nombre a un sorteo macabro. Todos los años los habitantes de cada distrito son obligados a participar en un sorteo. Un hombre y una mujer serán elegidos para una competencia más macabra aún: los juegos del hambre. La verdad es que de juegos no tienen nada. Los participantes son trasladados hacia un lugar de entrenamiento. Después de un tiempo, comienza la contienda. Se monta una arena donde, tecnológicamente y desde un lugar de control, los organizadores lanzan sobre los participantes todo tipo de obstáculos y monstruos. Ganará el que logre sortear todos “los tributos”. Pero sólo habrá un ganador. Lo peor de esta competencia es que estimula a quienes en ella participan a deshacerse de los otros competidores. De ese modo, se propone una guerra de “pobres contra pobres”. Parece ser la manera en que los tiranos se sacan de encima el problema de tener que exterminar a sus sometidos y los hacen matarse entre ellos. Un dato a no olvidar es la edad de los participantes: están obligados a entrar en el sorteo, todos los hombres y las mujeres desde los 12 años. El sorteo se arma como un espectáculo anual, donde los presentadores cínicos hacen un show del momento en donde la gente se juega su vida.

SALIR SORTEADO

anarchicos2eEn el sorteo del  Distrito 12, donde vive la protagonista, primero se emite un video que muestra anteriores juegos. Eso ya aterroriza a los ciudadanos. Después se saca un nombre de mujer de un contendor de cristal y un nombre de varón, de otro contenedor. Esta vez le toca, por los hombres a Peeta. Por las mujeres ¡ahí viene un problema mayor! Sale sorteada la hermana de Katniss, Primrose . Ese nombre en inglés quiere decir rosa primera, rosa muy joven. Y esos es lo dramático. La hermana de Katniss tiene 12 años. Y por eso Katniss se ofrece a ir en su lugar. Esto desata una tragedia familiar. La madre se alivia por preservar la vida de una de sus hijas al mismo tiempo que siente la posibilidad de perder a la otra.

LA ÚLTIMA CENA

En el viaje hacia la zona de entrenamiento todo es lujo. Este es otro toque de cinismo. Los mandan a morir, pero los llenan de alimentos y ropas que solo consumen quienes forman parte del capitolio por una única vez. Es como reírse en la cara de los pobres y decirles: “estas cosas sólo les tocan porque ustedes están a punto de morir”.

LA COSA SE PONE FEA

anarchicos3Katniss era cazadora. Por eso se tiene confianza. Pero, en el entrenamiento, se transforma en una luchadora casi invencible. Ella misma está sorprendida de todo lo que puede hacer. El resto del grupo de 24 personas, proveniente de los distintos distritos, está formado por gente muy distinta. Algunos son habilidosos para algunas tareas pero muy débiles para otras. Hay una pequeña niña negra, muy buena para trepar y esconderse entre los árboles. Pero, finalmente, era una niña y no tenía la astucia de los mayores. Peeta es un hombre muy fuerte, pero hasta este momento jamás había tenido que luchar con armas contra otros hombres para poder no morir.

MATAR O MORIR

Ni bien los juegos comienzan ya se ve quién es quién. A decir verdad, ya se había visto quién era quién en el entrenamiento. La arena es como un circo romano pero sin tribunas. La gente mira el espectáculo desde sus televisores, en sus casas.

Hay un grupo de competidores- tributos los llaman, como si fuera un premio participar- que se lanza a matar al resto sin vacilar. Ninguno de ellos va a sobrevivir. Esto no quiere decir que los que peor se comportan siempre reciben castigo, sino que eso es lo que sucede en esta película. A los que intentan ayudar y tratar de atravesar este momento en grupo no les va igual de bien en todos los casos. A  la niña, Rue, casi adoptada como una hija por Katniss, finalmente un tributo le clava un cuchillo y la elimina. Mientras los tributos caen en combate, unas pantallas transmiten por tevé los nombres y el momento de la muerte de cada caído. Para que nadie se quede sin ver el espectáculo, los organizadores proyectan el nombre de los muertos sobre el cielo de la arena.

MADRE DE EMERGENCIA

anarchicos5Es la relación de Katniss y Rue lo que me hizo pensar en el cuidado del otro. Katniss sabe que sólo uno sobrevivirá. Seguramente, imagina que no será la niña, por su fragilidad. Pero no se rinde. Cuida a esa nena como una madre a su cría. La observa durante la noche, le lleva comida, comparte con ella lo poco que consigue. La necesidad de comida hace que los participantes no se queden en su sitio para evitar ser asesinados. Tienen que salir a buscar alimento. Si no, en vez de morir asesinados, morirán de hambre. Esto no es fácil. Los mentores-  son como los entrenadores personales de cada tributo, que les dan consejos desde fuera de la arena- pueden, cada tanto, enviarles provisiones que les llegan desde un paracaídas que sobrevuela la arena. Pero, la mayor parte del tiempo cada quien se debe proveer solos. Hay un depósito de alimentos, pero llegar ahí es lo más riesgoso de todo.

SILBIDO MATERNAL

anarchicos6aEstá claro que Katniss sabe los riesgos que corre. Incluso, ocuparse de Rue pude agravar esos riesgos. Pero también cuidar a otro puede ayudarla a pasar por esta experiencia sin sentir que se transformó en la asesina que los del Capitolio quieren hacer de ella. Igual, Katniss no piensa en ventajas y desventajas. Cuida, es amorosa, así le sale.

La prueba de amor entre Rue y Katniss es un silbido que imita el canto de un pájaro. Es la contraseña que le avisa a la otra sobre el peligro. En una de sus aventuras Katniss sale a destruir el lugar donde estaban las provisiones, porque ese era el centro de operaciones del grupo más asesino de los competidores. Cuando vuelve, llama con el silbido y Rue comienza  gritar el nombre de Katniss, porque está atrapada. Katniss la rescata pero, cuando logra liberarla, se encuentra con un tributo que viene a matarlas. Le dispara una flecha. Sin embargo, antes de morir, el tributo asesino tira un cuchillo que impacta y asesina a Rue.

Katniss no pudo cuidarla de morir. Pero sí pudo darle los mejores últimos días posibles de una vida, que pasaba por un episodio que ninguna niña- ni nadie- debería atravesar.

Así se ve que, aún en las peores, siempre es posible cuidar de los otros. No sólo en las películas.anarchicos4

 




TESORO DE PRIMERA

El lado B: sobre terminar la escuela primaria.

Por Milena Penstop

UNA POSTAL PARA SIEMPRE

Muchos piensan que terminar la escuela primaria es lo mejor, porque algunas rutinas que venías haciendo hace unos siete años, por fin se terminan. ¡Ni sueñes con que ya no hay que levantarse temprano cinco días a la semana para estudiar! ¡En la escuela secundaria, se entra más temprano aun! Vaya a saber a quién se le ocurrió que madrugar nos ayuda a entender mejor la pesadez de las matemáticas o los somníferos de geografía. Igual, los horarios son lo de menos.
imageEl otro día dieron el diploma. Un rato después festejamos y todo era alegría. Pero, al volver a mi casa, me cayó la ficha. Algo terminó y esto también es una manera de despedirse. Aunque con algunos compañeros tal vez no tuviste tanta relación, todos están en tu recuerdo, todos estuvieron con vos todos los días desde hace siete años. Ellos forman parte de la foto que recordaré por mucho tiempo. Quizás, para siempre.

CHARACHACHÁN : OTRA FAMILIA MUY NORMAL

Algunos compañeros cambian de colegio, porque planean hacer una determinada carrera y la secundaria que eligieron los va a ayudar con una educación orientada en ese sentido. Otros simplemente cambian por probar algo nuevo, aunque eso no implica que no vayan a extrañar su imageantigua escuela. Unos pocos sienten que ya estuvieron mucho tiempo en el mismo lugar y se cansaron. Por mi parte, aunque no me desagrada la idea de probar algo nuevo, ya siento que, si dejo de ir a esta escuela, sería como dejar de venir a mi casa. Porque, si lo pienso bien, uno pasa tanto o más tiempo en la escuela que en su propia habitación. Por eso es tan importante sentirse cómodo en el lugar donde uno va a estudiar. Parece poca cosa, pero saber cómo llegar a los patios, dónde están los baños, los horarios de la cantina todo eso forma una gran familia. Y yo no quiero dejar a mis parientes.

MEZCLADITO, MEZCLADITO

Muchos pensaban que, durante la fiesta, íbamos a estar un poco tristes, pero distraídos con la espuma, los polvitos de colores, las fotos y la comida. Tan distraídos que casi ni nos íbamos a acordar. Pero, en realidad aunque sí nos distrajimos y nos divertimos un poco-mucho, al mismo tiempo, muchos pensamos: “Esta es nuestra última fiesta antes del viaje”. Otros se dijeron: “esta es mi última vez en esta escuela” y muchas cosas más. Y, al final, aunque algunos no lloran o no dicen todo el tiempo lo que sienten, todos terminamos muy emocionados en una mezcla de tristeza y alegría. Parece que las cosas importantes siempre son así.

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PRIMERA CLASE

Para mí, la primaria- aunque haya pasado- siempre va a ser el Lado A. Y también el jardín. No porque no sean ni presente ni futuro las cosas bajan de categoría. Al contrario, a partir de ellas podremos crecer y transformarnos en otros. Por eso, mi lado B es lo que todavía no me pasó y me espera en el camino. ¡Allá voy!




ANARCHICOS

El Desaliento: Sobre los finales de algunas series.

Por Milena Penstop

LLENAR A DON VACÍO

¿HAY VIDA DESPUÉS DEL FINAL DE UNA SERIE?

Le muerte de lelouch, animé.
Le muerte de lelouch, animé.

No sé por qué vuelvo a empezar. Cada vez que termino un animé, me digo: es el último que miro o es el último que leo. Los finales me dejan una sensación de vacío. Mirar una serie o leer una historia es como pertenecer a otro mundo. Por aburrido o rutinario que sea el día, uno sabe que a la noche te espera “tu historia”. Y es tuya porque te identificas con algunas cosas que pasan, sufrís por algún personaje, esperás que algunas cosas se resuelvan como vos querés.

Pero un día, se acabó. ¿A dónde se van los personajes de cada relato después del final?, ¿nos recordarán ellos como nosotros los recordamos? Cuando los protagonistas al final de la serie terminan juntos, ¿después siguen juntos? ¿Se puede decir que viven solo porque los tenemos en nuestra memoria?

LA RESISTENCIA.

Adagio de la vida y la muerte, animé.
Adagio de la vida y la muerte, animé.

Cuando una historia se acaba me obligo a recordarla para que no se muera. Incluso a veces la continúo en mi imaginación, así no desaparece. Otras veces me incluyo en la historia porque no quiero dejarlos solos y tampoco quiero que ellos me dejen sola a mí. Hasta puedo llegar a juntarme con otros cómplices, lectores o espectadores, y entre todos armamos la resistencia contra la muerte de las historias. Es cierto que deliramos un poco, pero sabemos que a las ficciones les caen bien nuestros delirios. Vamos a defenderlas, incluso cuando seamos adultos: no queremos ser adultos abandonadores.

VIVA EL MANGA. ¡MiNGA, AL VACÍO!

Final de Itazura na kiss, animé.
Final de Itazura na kiss, animé.

Todos los finales son raros. Terminar el jardín fue raro, terminar la primaria es raro, que alguien se muera es raro, que alguien deje de quererte es raro. Raro, porque te deja con ese vacío, que mencioné al principio de la nota. Salvo con los que se mueren definitivamente, uno sabe que después viene otra cosa. Pero cuando te viene ese vacío el después no te consuela.

Lo bueno de esto es que ahora entiendo por qué, a pesar de decirme una y otra vez: “no leo más manga y no veo más animé”, siempre me meto en una nueva historia. Es porque no quiero ese vacío. Las historias me hacen vivir. Tanto que en vez de abandonar las series o la lectura ahora estoy decidida a empezar a ver un animé de 600 capítulos, “Naruto”y “Naruto Shippuden”. Don Vacío tendrá que esperar.

Itazura naa kiss, animé.
Itazura naa kiss, animé.




ANARCHICOS

El Hastío: sobre caprichos, gente en la calle y robar el tiempo

Por Milena Penstop

HACERSE AMIGO DEL TIEMPO

NO ME HAGA CAPRICHITO

ANARCHICO1aPara empezar, me hastían los castigos. Pero peor que los castigos son los castiguitos, que son esos retos que te dan algunos maestros por cosas injustas. ¡Pobrecitos! Ellos piensan que el reto nos va a convencer de que su enojo es justo. Podemos asustarnos, despreciarlos, pero nos damos cuenta cuando ellos confunden un capricho con la justicia. Eso me hastía: los caprichos. Los propios y los ajenos. Los propios porque, aunque me dé cuenta de cómo de encaprichada estoy, no puedo salir. Es muy difícil pedir perdón cuando uno está enojado. Así que yo, del capricho, salgo con tiempo.

¡Pero el capricho de los que tienen más autoridad que nosotros es lo más hastiante de todo! Porque a ellos ni con tiempo se les pasa.

TIEMPO A CHORROS

anarchicos2aOtra cosa que me hastía -¡no me molesta, me hastía!- es cuando alguien se compromete a hacer una parte de un trabajo y, a último momento, dice que no pudo. Pero no es que le pasa una vez. Le pasa un montón de veces. Y está tranquilo porque sabe que otros lo cubren. Es como si se robaran tu tiempo que es algo que, encima, nunca te van a devolver. Hay una historia que me contaron, que me recuerda esto de robar tiempo. En el mundo de “Momo” todos depositaban tiempo en un banco, menos esta niña que quiere su tiempo para jugar. ¡Es raro!, el tiempo no es una cosa, pero se puede robar, perder, usar como si lo fuera. En cambio, cuando uno juega o hace cosas que le gustan el tiempo ya no es una cosa, uno ni lo toma en cuenta aunque ahí esté.anarchicostresa3438986210_10

¿EN QUÉ ORDEN RESUELVEN LAS COSAS?

Últimamente, veo más gente que vive en la calle, que hace unos meses. Y pienso, por un lado, qué suerte que yo tengo cama, comida y casa; por otro lado, ¿cómo es posible que otros no lo tengan? Está claro que eso no nos hastía, porque lo seguimos permitiendo. Es imposible que no haya modo de resolver eso. Los adultos dicen que es un tema complicado. Seguro la complicamos, no puedo creer que seamos incapaces hasta de arreglar eso ¿Qué está primero que ese tema?

ROMPER EL HASTÍO

¿Y qué es lo que me saca del hastío? Reírme con mis amigas, sentirme acompañada, los abrazos y los chocolates.

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ANARCHICOS

¿QUÉ ME PASA, CANCIÓN?

CUMPLE MUNDOS




ANARCHICOS

Por: Milena Penstop.

Desamor: sobre desprecios

VOS TAMBIÉN PODÉS SER “LOS OTROS”

DESPRECIO EN SERIE

Hay una serie donde una chica va a una escuela en la que se clasifica a los alumnos por su inteligencia. Ella estaba en la clase F, la clase de “los menos inteligentes”, y los de las “clases superiores”, siempre la burlaban por ser de esa clase. Enamorada de un chico,  ella mile2descargase anima y se le declara. Él, directamente, le dice que no. Uno de los amigos intenta ayudarla, ante la indiferencia del “galán”. Ahí la cosa se pone  todavía peor. El “supuesto galán” contesta:

-No me gustan las chicas estúpidas-. Entonces, ella se pone a llorar.

Esto sucede en una serie japonesa, “Itazura na Kiss”. Pero no sólo ahí.

EL TIEMPO Y LOS AMIGOS

Nadie está obligado a querer al otro. ¿Pero por eso hay que despreciarlo? ¿Y cómo es que la chica, cuando la desprecian, no deja de gustar del chico? ¿Qué le gusta de él?

Lo mismo pasa con los amigos. Tal vez una amistad se debilita en el tiempo. Ahí hay dos opciones: hacer fuerza para que vuelva a crecer o distanciarse. Sin embargo, a veces pasa, que los viejos amigos, al no poder soportar la tristeza de no quererse tanto, en vez de alejarse te desprecian.

Y ahí empieza eso que ahora se llama “Bullying”. ¿No será que el bullying es una mala forma que encuentran algunos chicos de mostrar qué inseguros están de ellos mismos?, mile3bullying_2 ¿no será que crecer también te pone un poco triste, porque algunas cosas que pensabas que se iban a sostener, cambian?

No sé bien cómo es. Pero hay que seguir pensando.  El bullying hace sufrir mucho.

 

 




ANARCHICOS: LA RUTINA, EN PEDACITOS

Por  Milena Penstop

Lo que se sale de la norma:

1- En general, todos los días hacemos lo mismo: vamos a la escuela, los adultos a trabajar, almorzamos, volvemos a hacer nuestras actividades y, al final del día, regresamos a nuestras casas, cenamos y nos vamos a dormir.

¿Pero qué pasa si un día no hacemos lo de siempre y, por ejemplo, nos vamos de campamento? Es cierto que, últimamente, se hacen campamentos de estudio o de vacaciones, y ya es algo bastante “normal” para muchos. Pero, aun así, no es lo que siempre hacemos y, aunque no se salga del todo de la norma porque no está prohibido, se sale de nuestra rutina, que es una  norma pesadota que todos cumplimos.

 

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2- En los sueños, a veces, las cosas se salen mucho de la norma. Hace poco sé que soñé con algo muy lindo, pero a la mañana siguiente me lo olvidé. No me parece normal que uno se olvide tan rápido de las cosas placenteras, que ocurren mientras dormimos. ¿Quién se queda con los sueños que nos olvidamos?, ¿duendes de la noche?, ¿el hombrecito que se ve entre las sombras de la luna?, ¿la almohada? Quiero que cualquiera de ellos me devuelva mi memoria o conocer quién decidió esta rara norma, por la que nos olvidamos de nuestros sueños.

mile3gervasio-troche103- Vi una cosa completamente fuera de la norma en una película. Unos hombres viajaban por el espacio a un planeta desconocido. Allí, se encontraban con simios muy inteligentes, a tal punto, que ellos se pusieron a estudiar a los hombres como si se hubiera tratado de una especie inferior. Además, los simios montaban a caballo y capturaban a los humanos, como deporte. Acá hay algo anormal dentro de lo anormal. Se ve que tan inteligentes no eran, porque se dedicaban a cazar a seres que pensaban de forma más débil que ellos. Igual, a veces en el noticiero se ve lo mismo: cuando los más fuertes persiguen a los más débiles es porque es porque las normas no han servido para nada y hay que ponerse a pensar otras.

 

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ANARCHICOS

La persistencia: Lo que persiste y lo que no de mi infancia

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EL LUGAR SECRETO DE LO QUE NO ME ACUERDO

Por Milena Penstop

Hay cosas que persisten desde que soy muy chiquita. Por ejemplo: cada día, cuando llego del colegio, mi mamá me está esperando con la comida ya hecha.  En la otra punta del día, todas las noches, sí o sí, le tengo que dar un beso. Así que, si me peleo con ella, antes de irme a dormir, me apuro a arreglar las cosas, porque sin beso duermo tensa.

También me intrigan los asuntos de cuando era más chica de los que no me acuerdo.¡ A dónde se habrán metido  las cosas que me pasaron y olvidé? ¿Cómo se escaparon de adentro de mí?

¿Cómo podré acordarme?

 

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Atrapa sueños, Claudio Gallina
Busco en las fotos para ver si me acuerdo. Algunas veces sí y algunas veces no. Me parece que me acuerdo de tanto que las miré, pero por ahí no es de verdad “recordar, recordar”, sino que la foto se me metió adentro como si fuera parte de mi memoria. Ahí es donde decido preguntarle a mi mamá, a mi papá y a otros familiares. Pero me dicen tantas cosas que me marean y, al final, prácticamente no entiendo ni logro acordarme de nada.

Lo que sí es seguro, es que nací, fui bebita y ellos sí se acuerdan. Cosas distintas. Cada versión me da otra Milena. Como yo no me acuerdo de esos años, la conclusión es que, hasta el tiempo de mis primeros recuerdos, debo haber sido, no una, sino muchas Milenas.

Y ahora los dejo porque es tarde y tengo que darle un beso a mi mamá antes de dormir, para asegurarme buenos sueños. Por ahí, una de estas noches, sueño conmigo misma de bebita y descubro dónde están los recuerdos que se me escaparon.

notamile

 

 

De Osvaldo Lescano Sucurro. Saliqueló, 11 años

Persistencia de la esperanza.

Inmigrantes.

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Claudio Casarino

 

qué pasa en el mundo,

sin  tender una mano

todo sigue su rumbo

 

Mundo grande,

mundo triste, con familias  tan migrantes

Siria es tragedia,

ahora con la guerra,

¡hay que huir de tanta miseria!

 

Persistencia del amor

Por Micaela Creado, Saliqueló, 11 años.

Gallinita.

La gallinita

en el gallinero

dice a su amiga

¡Cuánto te quiero!

Gallinita rubia

llorá luego

ahora cantá,

anartchicos destinote segiré , me seguirás, Claudio Gallina (20)_thumb[2]
Claudio Gallina

¡Aquí te espero!

Aquí te espero

poniendo huevos,

me dio tos

y puse dos.

Pensé en mi ama.

¡Qué pobre es!

Me dio ternura

Y puse tres.

Mi ama me vende

a Doña Luz.

¡Yo con arroz!

¡Qué ingratitud!

De Fausto Gonzalo, Saliqueló, 11 años.

 EL DESTINO.

 en el destino,

            cerrá los ojos,

a mi camino.

 en la fantasía,

           vive la vida con alegríaANARCHICOS gallinasNYCHOS-11

Dicen: voy sin dirección

         Soy la  distracción

no puedo verlo

pero sí creerlo.

Aquí estoy frente a vos.

Voy, destino, hacia mí,

sos más fuerte que yo,

pero iré

a lo que venga

con lo que tenga

Y, cuando la vida me haga un tacle,

me levantaré hasta del subsuelo.




LOS ANARCHICOS

LA CHOCO BUSADORA  CONTRAATACA

Por Milena Penstop

El Abuso: sobre recomendaciones en relación a la “comida buena”.
Anarchicos

Como todos saben, el chocolate es lo más rico del mundo, entre otras delicias mile3-arte-de-chocolate_1(todas las que siempre engordan, no son salubres, aunque te llenan de felicidaaaaad). Pero, aunque ya todos lo deben saber, no hay que abusar con eso. Una vez que saqueaste la heladera, es momento de parar. Aparte, no te queda otra. Por lo menos, hasta que tu mamá vaya otra vez al supermercado. Esas pocas horas sin chocolate, son ideales para la dieta.

Pero hay algunas personas que no se dan cuenta. Por eso insisten: si suben de peso, hacen día de ejercicio y comen verduras (o algo sano). Piensan que con un día de vida correcta, irán de 200 kg a 40 kg.
Y, la verdad, eso no es así. Si uno quiere bajar de peso, le tiene que poner voluntad. Si uno no tiene voluntad, le tiene que poner corazón. Y si uno no tiene corazón, siempre tiene manos y la boca. Entonces, va y saquea la heladera otra vez
Mientras disfruta del último chocolate con dulce de leche y rocklets, le aconseja al resto del mundo que insista con la vida sana. Lo consuela: no es que nunca más vayas a poder comer una hamburguesa, un pancho o un chocolate como este (es importante mostrarle a quien hace dieta el chocolate que tenés mile1en tu mano). Él no tiene que abusar, para eso estoy yo.

Y para el abuso están los recomendadores. Dicen: El chocolate engorda, grasa mala. Las pastas con salsa engordan, grasa mala. La carne tiene grasa, mala, claro. Las verduras son buenas. Pero si comes muchas, te duele la panza. Malas. El pollo, ah, el pollo. Me contó mi mamá que a los pollos le dejan la luz prendida en los criaderos para que no duerman y así engordan más rápido. Nos comemos, entonces, todo el pollo stressado. El pollo, malo. El agua tiene mucho gusto a cloro, y a veces viene medio marroncita. Mala.
Las masas: se atreven a hablar mal del pan, de las galletitas, de las tortas. Qué abusadores. Si junto todo lo que escucho sobre la comida, debería hacer ayuno permanente. Ante esa opción, continuaré con el saqueo a la heladera, en la sección chocolates, especialmente. Y no me privaré de atacar otras.
A veces también voy contra los tomates cherries, no perdono mandarinas ni bananas. Soy una abusadora democrática. Me ocupo de todos.

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DOS ABUSOS

Por Facundo López, 11 años

1. EL ABUSO DEL AMOR

Hoy por ti

por fin sentírecuperar-a-mi-ex-novia

qué pasa

en esa lágrima

 

Hoy digo adiós

por un amor torcido.
mis ojos

he perdido

 

Tu negación.

Tu negación.

Tu perdición.

 

verte mucho

no verte más.

Por fin terminó.

 

abandono

2. EL ABUSO DE TRAICIÓN.

 

Vos me traicionás

con otro

vas

mi fortuna

 

¿Por qué no decís ni A?

Al fin te vas.

 

Te llevás mi fortuna24

entre brazos que curan,

el mismo que veníaabandono6

entre saltitos se iba.

 

Me doy vuelta y no estás

porque te vas

te vas porque abusás.

Por fin no estás.




ANARCHICOS

Por Milena Penstop

 

EL AVIÓN ATORTUGADO O LA TORTUGA AVIONADA.

Velocidad: las lentas desventuras de la escuela primaria.

 

Cómo decirlo: no me gusta desayunar rápido, bart rápido pero mucho menos me gusta que me levanten más temprano para desayunar lentamente.

También va a sonar raro esto: me encanta que los viernes lleguen rápido, pero odio la velocidad con que se pasa el fin de semana.

Este asunto de la velocidad tiene sus cosas. Por ejemplo: estoy dos horas en teatro- a mí eso me encanta- y se me pasa volando. Sin embargo, estoy dos horas en la escuela y me muero de aburrimiento. No voy a hacer comentarios sobre si me gusta o no la escuela. Si el que lee es veloz, entenderá lo que hay para entender. Lo mejor de la primaria es cuando uno vuelve de las vacaciones de verano y se reencuentra con los amigos. A partir de ahí el tiempo pasa muy lentamente, hasta las vacaciones de invierno. homero contradictorioaTengo que hacer una mención especial para los feriados, los días de capacitación docente y los cortes de luz y agua. Bueno, esto último no es del todo feliz pero, a veces, cómo ayuda para un descansito.

La conclusión de todo esto es que soy una persona contradictoria, un poco rápida, un poco lenta. Más bien tirando a muy rápida a la salida de la escuela y a muy lenta, a la entrada.

Ah, una cosa más: si se trata de organizar fiestas, pijamadas y bailes, soy un avión. Pero ni me hablen de la fascinante matemática porque ahí si me vuelvo una tortuga.

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Dice Valen, mientras caminamos por la vereda:
¿Cuándo voy a tener un día de libertad?
A lo que yo le pregunto:

¿Qué es la libertad?

Y me responde:

“Estar sola, no dar la mano, correr y que nadie me pare, eso es para mí la libertad!”

Mía Valentina Jazmín Coria

5 años

 

niña corriendo en un blacón

 

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La velocidad de mi vida.

 

La velocidad es como el viento que refunfuñael paso deltornadoluciososa iturriaga

la velocidad es como una niña corriendo

la velocidad es como un ángel veloz que toca a tu puerta

la velocidad es todo para mí.

 

La velocidad es como cada paso que doy

como una lágrima entusiasmada que ya llegó

como un tornado veloz que se llevó todo porque sí

entonces hoy yo le pido que no me lleve a mí.

Clarisa Sueldo. 11 años

 

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La velocidad del amor

tres cartas de james dean su novias

La velocidad del amor

siempre llega aunque

llegue tarde o antes

pero siempre golpea a tu puerta.

 

Ayer golpeó mi puerta

carta-rey-portugal-1488-1aunque no lo reconocí

me entregó una carta

decía ,llegué para ti.

 

Yo pensé en quién sería

luego el amor me dio otra carta

decía

que era mi vecino aquel amor.

 

Aunque mi amor llegó

antes

corriendo

llegó

tan veloz

que no lo vi venir.

 

Micaela Creado, 11 años.