EL CÍRCULO MAESTRO

Ausencias: sobre cómo las letras me rescatan de las pérdidas.
Por Verónica Pérez Lambrecht

 

  A la memoria de Norita

En un largo recorrido de ausencias, las presencias parecen oasis en medio del desierto.
Dicen que, cuando uno está listo, el maestro llega.

 

PROSPERIDAD TRUNCA

La falta de tiempo hace que dejemos para más tarde lo que no llegamos a hacer hoy. Así, el sistema nos asfixia y no nos permite siquiera ese toque de dignidad. Autómatas, caminamos de la casa al trabajo, del trabajo a casa. O, peor: en bondi o en tren, en combi o en subte, hacinados para alcanzar ese mango. Si, además, el laburo que hacés o para quién lo hacés es un oprobio, la esclavitud se hace eterna. Y, en esa eternidad sin tiempo, la vida pasa, en apariencia, con más penas que gloria.

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zig-zag. HAP

¿Cuál es la solución?, ¿acaso existe?

Hasta hace no mucho, yo fui próspera en tiempo. Tenía horas y horas que no pude cabalgar porque, ahí, la ausencia era de dinero. Así vamos, en el subibaja de la falta de trabajo a la falta de tiempo. Parece un círculo cerrado al vacío. ¿Acaso las presencias están de huelga?

 

 

 

ABLACIÓN DE NEURONAS

No están de huelga las presencias, ni de vacaciones. Los derechos no se tocan. Las presencias se transfieren -como la energía-. Nos parecen idas, pero están aún dentro de las ausencias. Algunas son inquietantes, como esos pólipos y quistes que no dejan de recurrir. Ahí se ve clarito que la ablación no siempre tiene un sentido negativo: deja un lugar para encontrarse con un cuerpo más sano, al cual hay que decidir adaptarse. Sin embargo, no siempre funciona, no es tan simple establecer el adecuado punto mental para sanar, por lo que el tema no se termina de resolver. ¿Cuál es el canal mental que permite la sanación? ¿Y qué es estar sano, si a cada momento cambian las condiciones? Yo creo en el efecto placebo, considero realmente que podemos autosanarnos mediante sistemas de pensamiento que instruyan el correcto andar de las neuronas. Pero sucede que, en la congestión social, servimos más como enfermos que como hedonistas. La salud se juega todos los días. Y deviene. Como el amor y la escritura. Nos exige reeditar el acto una y otra vez. También así, la calidad de la alimentación primaria, como hacedora de salud. Aunque subidos a las urgencias, resulta improbable darse el tiempo de cocinar (ni bueno, ni menos bueno, y vamos con la fast chatarra). ¿Cómo revertirlo sin caer en el intento? No hay recetas mágicas, la varita es de cada quien, habrá que seguir la investigación. Parece un círculo cerrado al vacío. Pero tiene que haber una grieta.

 

NI UNA MENOS

En ese útero recargado, habitó la hija, la que sufriría el faltazo del padre a algún que otro evento. El nivel de conciencia de los niñ@s crece y esta vez sintió la ausencia hondamente. Las angustias se levantaron, entonces, sin pedir permiso. Se sentó en la vida y dejó que el tiempo tapara esas heridas que empezaban a marcarla. La madre la miró de lejos, un hondo dolor traspasó su pecho al saber que no podía liberarla.

¿Sabías que venimos al mundo con todos los óvulos y espermas que más tarde expulsaremos? Así es, no se desarrollan de a poco, se forman todos juntos. Entonces yo estuve y vos estuviste en la panza de las abuelas. Porque, cuando los padres estaban allí, ya tenían la configuración preliminar. Maravilloso, ¿no? ¿Argumento falaz anti-abortista? Probablemente, pero eso es otra discusión.

Pero vuelvo a la anécdota: a esta madre la interpeló esa imagen de eterna madre, de otras madres roídas por otros dolores. Madres de hij@s enferm@s, de hij@s vulnerad@s, violentad@s, desaparecid@s. Se sintió apelada por esas luchas femeninas que no aceptan más al statu quo de este mundo, que plantean cambios de fondo: no una guerra sexual, sino una sociedad empática. Cuando un@ hij@ sufre cualquier tipo de violencia -que no quiere pasar de moda- el dolor es muy fuerte y te abate. ¿Acaso es un círculo cerrado al vacío? ¿Es quizá, en las luchas, que pueda agrietarse?

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork
Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

 

EL ÁNGEL SINDICALISTA

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gris. HAP

Y la ausencia se hizo carne y habitó entre nosotros. Así, como si de golpe la enfermedad se hubiera interpuesto entre otras miserables modas, en unos 6 meses, se fueron cuatro seres queridos. Un desfile de dolor instaló la ausencia. Nos enojamos, nos conmovemos, lloramos o nos tragamos lágrimas, nos cuestionamos todo, ponemos blanco sobre negro y seguimos en modo gris, porque el mundo es gris, no se define. Uno continúa y honra a sus muertos en la vida. Y nos conformamos, no queda opción. No hay opción. El círculo parece cerrado al vacío. Pero, sigamos.

Y estas ausencias vienen con la manía de manifestarse en todos los malditos trámites indecorosos que toca transitar, nos interpela esa nueva otredad que somos, asolados por las partidas.

Así las cosas, en el centro neurálgico de la ciudad, mi amiga esperaba paciente a que la hagan ir de un piso a otro, y contar la historia: tras la muerte de su madre, se iniciaron los trámites de reaseguro y pensión para el padre; él estaba internado cuando le otorgaron la pensión, una semana antes que decidiera irse también de gira. Va por la cuarta o quinta vez que lo explica, ya perdió la cuenta. La soledad ahonda, hace unos meses fue con él. La soledad la ahoga. De rabiar angustia, y a un pelo convertirla en ira, había decidido irse. Entonces, apareció ese hombre. Con una potencia que la contuvo inexplicablemente, no se presentó, la abordó con conocimiento del caso y le dijo:

- Estos son tus derechos, por los que tu madre trabajó y aportó toda la vida, es lo que les corresponde a los deudos, y no es admisible que te hayan hecho pasear desde temprano porque no saben resolver.

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork
Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

Hablaba de la cesión del resguardo. Por su impronta, supo que se trataba de un sindicalista. En apenas un rato, la turbidez pareció disiparse, se destrabaron algunos nudos y un bálsamo le acarició tanta herida abierta, aunque no zafa, aún, de dolorosos trámites, ni consigue reorganizar las pertenencias de los padres en su departamento. Y sí, se agrieta el círculo, hasta hace unos instantes, aparentemente cerrado al vacío.

 

HUECO EN EL ALMA

En tanto, al sur, en el segundo cordón, hacemos un tour de llamadas a una larga lista de teléfonos de las obras sociales, sobreponiéndonos al enorme hueco en nuestras almas. Recién atienden a partir de las 10:00. Pero Norita “se fue” ayer a la tarde, queríamos despedirla hoy y se hace imposible con esos horarios, ¿es que no tienen guardia? Llamamos al sindicato, nada. Nadie nos da una solución.

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork
Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

Después de dos horas meta pasarse la pelota, parece que aportó a una causa que no era la de la propia muerte. La falta de claridad en los recibos de sueldo y en la información que dispensaron nos obligan a romper el chanchito para darle un adiós tan digno como se pueda. Y el sindicato: nada. Y no hablemos del ninguneo de médicos y de la obra social durante todo este tiempo de agonía. Si acaso cabe una definición de ausencia, es esta, donde nos dejaron cuando más los necesitábamos. Pero no se preocupen, a pesar de nosotros, a ustedes -a los sindicatos- los sabemos necesarios. Porque los derechos no se tocan. Porque ningún círculo está del todo cerrado al vacío.

 

CONECTAR LAS AUSENCIAS

El dolor físico se transformó en muerte para unos y en una idea de re-inicio para otros. No queda más que reconfigurarse, para no ser un paria, para no morir antes de que llegue la parca, para dar sentido de vida a los que nos siguen, para sobrevivir y pasarla bien en el entretanto.

abrazo. HAP
abrazo. HAP

Por eso sobreviví en la etapa de prosperidad en tiempo –y carencias económicas- a la que no le encontré la vuelta emprendedora, como me sugerían varios que parecen tenerla clara… ¿habrá sido por el contexto? El contexto completó el vacío de mi tiempo, lo saturó incluso. También trajo presencias, devino en maestr@s -por qué limitarse a un único-. Y ojalá encuentres al tuyo y lo veas así, human@-admirable. Y ojalá entiendas el momento en que deja de serlo, para saber emprender la retirada.

L@s maestr@s me trajeron palabras de mundos diferentes. Las palabras -que, por estos tiempos, lamentablemente, tiendo a jibarizar-, se hicieron tímidamente lugar y acolcharon mi caída al vacío del círculo de la vida que gira, quita y da. Y sé que sólo se desarma así: cuando te escribo, aún cargada de elipsis, aún llena de agujeros en el alma.

Dicen que, cuando estás listo, el maestro llega… y, por qué no, el discípulo se convierte en maestro del maestro, sólo si el maestro es lo suficientemente sabio, como para aprender.

 

 

Imagen de portada y registro fotográfico Juan José Stork: álbum FOTOMONTAJES




VOLVER MAÑANA

El vacío, todo lo acumulado en la punta de la lengua. O trazas de lenguaje inocuo, que intentaste como puente y como abrazo. La mordedura en mitad de una frase, con la pretensión de cuidar un vínculo ya hecho añicos. La inconsistencia de ese párrafo demasiado extenso, donde buscaste la palabra- una sola, una solita- y así ilusionarte con desandar la ausencia. Porque la ausencia es, a veces, esa aureola amarronada alrededor del vacío.

Fidelio Ponce de León.
Fidelio Ponce de León.

Pero no la falta, o no sólo la falta. La ausencia late en el pigmento sepia, se resiste al pasado, se atora hacia el futuro (aunque le guste) y, en el presente, se expande como franja elástica, justo enmarcada en los contornos de tu cuerpo.

Puro espacio, toda ella torcedura del amor, desgano de las líneas replegadas sobre sí en lo que pudo haber sido y no fue.

Manchita indeleble y de bordes difusos, mirá cómo perfila las desformas del vacío, cómo le roba grumos, brotes, despuntes, tachaduras; cómo lo incita a desenrollar lo pendiente, probar el estrecho corsé de lo real (porque también en lo estrecho se atreve el infinito).

O te lo digo más concreto: la ausencia no falta y el vacío no es la nada. Aquello que palpita en la punta de la lengua ya es lenguaje, aunque no quepa en ningún trazo.

Ahora, si hablamos del puente hacia los otros, la cosa está más brava. La ruta anda asediada por narcisos, enfadados, envidiosos, cultores de la mera corrección y la estricta medida, desprovistos de juego, adultos rancios desde chiquitos, inoperantes de largos discursos, pasados de ademanes, desmigajados que componen su volumen con moda y anti gimnasias, rutinas que repiten, sin ilusión, cuerpos modelos: copias del modelo único que otros han forjado (junto a  la compulsión a repetir).

Y me dirás, ¿qué es lo de la ausencia y la manchita? Es, por ejemplo, la aureola amarronada que avanza sobre viejas fotos.

La foto de mi viejo niño, velados los ojos, arrancados de la historia.

Es también el tiempo entre dos rizos, en la barba que aún lucha en los 70.

Es la edad que no llegó, en los muertos prematuros.

El futuro tijereteado en tantos calendarios.

La excusa infame de los años que nos separan, la excusa flaca que encontré para no estar del todo, ahí, donde apenas me invitabas.

Pero la manchita es también y ante todo, ameba inquieta que desea y busca su pigmento. La que moja el pincel en el agua equivocada e insiste. Es el compás que aún no encontramos, pero ya late en lo que nuestra voz busca. Es el verso breve- nunca simple- donde palabras pocas prueban siempre invitar lo múltiple en un botoncito de lenguaje.

Es, quizás, el tiempo en que ya no preguntaremos por lo poético, porque tal vez lo llevemos puesto.

A ver si me explico: hablo de la ausencia que nos saca de quicio el presente, nos obliga hacia el futuro. El futuro, ese instante que viene después de ahora. Sí, después de ahora mismo, mientras la mancha avanza y avanza hacia la forma y el color.

Carolina Diéguez. "Amelia y  Tito." Fotomontaje, 2011.
Carolina Diéguez. “Amelia y Tito.” Fotomontaje, 2011.

 




UN CUADRADO DE LUZ

Ausencias: Entrevista a Claudio Gallardou

Entrevista: Estela Colángelo, Lourdes Landeira, Pablo Soprano, Viviana García Arribas, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

 

Porque aquí se cuestiona la Vida/y el vientre del pensamiento; /las botellas chocan los cráneos/de la asamblea aérea. /El Verbo brota del sueño/como una flor o como un vaso/lleno de formas y de humos.”
“Noche”, Antonin Artaud

Hay un cuadrado de luz donde afirmar la máscara y la palabra. Hay un cuadrado de luz donde mover el tiempo, donde amansar las meras horas. Puede ser en la calle: debajo de la lluvia luminosa de un farol. Puede ser sobre la mesita de noche: cono de sol doméstico, donde la mano juega a ser otra entre las sombras. Puede ser en las geometrías caprichosas de los sueños, donde hasta es posible alumbrar a contramano. Y, también, claro, puede ser en un teatro. Allí, el espacio esquiva todos los rigores de la geometría. A una caja negra, de pronto, le concierne el esplendor de un cuerpo, o la tristeza en la inflexión de una voz. Y cede. Donde había una arista, el trazo de una curva provoca a la intención de un acorde que, aliado a la insistencia de unas tumbonas, tajea el tiempo y reinicia el ritual. Ante el desconcierto del reloj, lo que antes era un cuadrado se prueba una cola de diablo. Y, al ver que le sienta tan terrenal, la mete a zigzaguear palabras entre los rigores de las certezas. La magia, así dispuesta, es una cofradía de cuerpos que tientan todas las fronteras del sol. ¿Hasta dónde puede el embrujo de las penumbras?, ¿quién payasea un reflejo en las inmediaciones del dolor?

Julio Le Parc.
Julio Le Parc.

Y las preguntas se repiten, ya de salida. Se ensanchan  y explotan. Se ensanchan y explotan. Una vez caen sobre el temblor de un charco, donde la noche- infructuosamente- busca un contorno breve, donde descansar de tanta inmensidad. Otra vez, van apretujadas en el mínimo túnel con que un rayo perfora la oscuridad de una cerradura.

Y abre.

Y, de golpe, lo que era luz astillada, comienza a ensiluetarse en geometrías inversas: hijas rebeldes del cuadrado, progenie arqueada de un viejo amor. Y es, en esa zona, donde el potentísimo Claudio Gallardou combate el imperio de las tinieblas.

Pasen y pruébense algunas formas, en la inquietud de esta luz.

LA MAQUINITA DE PICAR LA OSCURIDAD

Si usted toma la punta de un conocimiento/y empieza a tirar el hilo/va a sacar una sombra.”
Jorge Leónidas Escudero, “Lo inescrutable”


Me gustan mucho la carpintería, la herrería, la reconstrucción de objetos antiguos, el trabajo manual… Acá, en mi casa, tengo toda la ropa de teatro. Ese, a mitad del perchero lleno de sombreros, es un quepí del ejército francés, de la ocupación en Indochina. Tiene el escudo de la Legión Extranjera. Aquel es un casco de bombero argentino de mil ochocientos y pico.

Julio Le Parc.Un poco de cada cosa hay en ese perchero. Algo como lo que hicimos al preparar la entrevista. Buscamos recortes, por acá y por allá. Algunas de las citas con preguntas que te mandamos las sacamos de un audio y otras de la memoria, porque nos  faltó el texto de “Mandinga en el Paraíso”

 

 

Es que “Mandinga en el paraíso” es una obra construida con escenas, sketchs, música. Hay un libro, pero no es un libro, son hojas sueltas en un cierto orden. No es el caso del  otro espectáculo de la Banda de la Risa, “El Dr. Fausto”. Ahí se narra una historia y hay una correlatividad entre una escena y la otra, otro orden. Ahora estoy trabajando con Alejandro Sanz, Juan Concilio y Andrés Alarcón, quienes somos “Cosa´e Mandinga”, sobre un montón de material que tenemos para una nueva obra. Buscamos la forma de  contar lo que queremos contar.

¿Y qué quieren contar?

Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.
Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.

Queremos hablar del poder, de la ambición desmedida por dominar. Tomamos personajes de la historia relacionados con esa desmesura, desde Nerón hasta personajes de la ficción. Incluso, tomamos personajes de la realidad que se han transformado en personajes de ficción, como Ricardo III. Hay un sketch que se titula “El Purgatorio” donde están Hitler, Mussolini y Franco. Los tres esperan el veredicto, a ver si van al cielo o al infierno. Como el asunto se decide en una oficina municipal, hay un tipo con un expediente y ellos van a preguntar todas las semanas: “¿Cómo se llama usted?” “Adolf Hitler” “¡Ah! Adolf Hitler, ¿nos sacamos una foto?” Ellos esperan que los sentencien y el empleado, vestido con un guardapolvo y unos expedientes en la mano, le dice “Ah, no. Esto está cajoneado. Usted tiene que esperar”.  Y así surgen esos relatos. Después, uno los escribe y, más tarde,  los agarra la máquina, que es la máquina de los actores, la máquina de triturar ideas destroza todo y lo transforma en algo más divertido.

HASTA EL BORDE DE LA LUZ

Sol serpiente ojo fascinando a mi ojo/y la mar piojenta de islas chascando los dedos de rosas/lanzallamas y mi cuerpo intacto de fulminado/el agua exalta los cascos de buques de luz perdidos/en la garganta sin gloria”
“Sol serpiente”, Aimé Césaire


En tu obra aparece una y otra vez la idea de la mezcla: géneros, textos, personajes…

Kazimir Malévich.
Kazimir Malévich.

No sé si llamarlo mezcla. Quizás, es un punto de encuentro. El escenario es eso, un punto de encuentro de muchas cosas que, a veces, pueden tener un mismo tema y pertenecer a géneros distintos, o ser de un mismo género y estar encuadrados en un tema. Esa variedad me divierte. Yo soy hijo de artistas, mis padres hacían variedades. Mi papá recitaba, mi mamá cantaba y tocaba el violín, mi tío era bailarín, maestro normal de escuela y egresado de Bellas Artes, entonces me crié en una familia de mucha variedad: de la poesía gauchesca al teatro clásico, a la música. La mezcla me emociona, me gusta. Así, cuando tengo que expresarme me salen cosas de distintos lados. “La Banda de la Risa” y “Mandinga en el Paraíso” son puntos de encuentro de muchas formas de expresarse.

Son creaciones grupales, ¿no?

Es que, para mí, el teatro es un hecho grupal. Aunque se trate de un unipersonal, detrás de eso, hay un autor, un director, un iluminador, y todo un grupo de trabajo que, en su etapa final, muestra a un actor que narra. Yo acentúo esa faceta del teatro y trabajo desde ahí. A veces también escribo cosas pero no me considero un dramaturgo, aunque sí hago uso del juego grupal para aportar ideas que, después, me ocupo de plasmar. Entonces, agrego mis textos a todo lo que se dice, lo que se habla, lo que se aporta.

Actuás, dirigís, cantás… ¿qué tiene de singular tu relación con la escritura en todo eso que hacés?

Soy muy intuitivo. No tengo más estudios que la secundaria. He leído mucho, hice mucha investigación artística, pero no tengo ningún título. Cuando escribo, me muevo por intuición, desarrollo una idea, después que la escribí, la corrijo, la pongo en movimiento y los actores la transforman. Ese es el hecho creativo del teatro. Un texto escrito no es teatro, es un texto escrito. Se transforma en teatro cuando el actor se apodera y lo destroza. Escribir en sí me da pavura, si no sé  por dónde arrancar. Pero, cuando encuentro la punta del ovillo, me apasiona porque ya veo hasta dónde va. Me sorprende todo lo que va apareciendo, pareciera que hay alguien que dicta.

Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.
Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.

 

¿Cómo te llevás con la lectura?

Muy bien, me gusta mucho. No leo cualquier cosa ni leo todo, tengo una lectura muy dirigida. Ahora estoy trabajando sobre Ricardo III y leí sobre la Guerra de las Rosas, leí sobre su vida, sobre la aparición de sus restos debajo de un monasterio. Me empapo de eso y después, cuando me siento a escribir, esa lectura aparece. Voy construyendo como un Rasti.

DE CÓMO  UNA CAJA CUADRADA Y NEGRA FUE DADA A LUZ

          

Vínculos inusitados objetos deformes y lugares hirvientes entre los muros de un ataúd de fuego/Un vago inventario de alma/Un continente que oscila entre la luz y el sueño”
“Tierra tatuada antes de dormir”, Enrique Molina.


Varias veces aparece en la obra la mención a lo poético, ¿qué es para vos lo poético?

Mi papá, que era poeta y escritor. El teatro es poesía en el espacio. Y todo lo que está alrededor de eso. Cuando vos le das prioridad protagónica a la poesía, aparece la magia en el teatro.

¿Y qué es la magia?

Julio Le Parc.
Julio Le Parc.

Es eso que no te podés imaginar, que te embelesa y no lo podés razonar. Te emociona, te hace llorar, te divierte y no podés definirlo. Y creo que la poesía es el sostén de todo lo que se hace en el escenario. Desde la poesía, puede lo cómico. Desde la poesía, puede lo dramático, lo musical, lo romántico, porque el teatro es un espacio poético, es una caja cuadrada, negra en la mayoría de los casos. Uno se sienta y de golpe cree que eso que pasa es verdad. Pero todo lo que sucede ahí es mentira: Ricardo III no es Ricardo III, el tipo que está tirado en el piso no está muerto, el otro no está enamorado de la mina, a lo mejor la odia, lo único que es verdad en el escenario es la felicidad del actor por estar ahí, conviviendo con el público en situaciones, narraciones, historias, en ese espacio poético que, cuando es de otra manera, no es teatro.

Ustedes suelen interpelar al espectador y recordarle que lo que sucede allí no es verdad,  eso forma también parte del hecho teatral…

Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.
Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.

Sí, en el caso de “Dr Fausto”, de “Mandinga en el paraíso” y también ocurre en otras puestas. Cuando rompés la cuarta pared, estás pendiente de que algo pase para poder intervenir… ¿Ustedes fueron a la función del pibe que habló con el teléfono?

No.

Ah… Yo andaba por la parte del texto en que menciono a Brecht. De golpe, sonó un teléfono. Yo paré: “Perdón, ¿contestamos?” El pibe que tenía el aparato se puso nervioso, pero empezó a escribir el mensaje ¡No se detuvo! “Te espero, dale”, le dije. Pasó como un minuto, que es una eternidad en teatro. Un silencio mortal, hasta que la gente empezó a gritarle al tipo que apagara el teléfono. Una mujer lo interpelaba, “¿No sabés cómo se apaga? Yo te ayudo”. Cuando el tipo terminó, le dije “¿Puedo seguir?” Y seguí. Un irrespetuoso. Por otro lado, aunque me molestó, fue bienvenido. Él, a la salida, me pidió disculpas. “No te preocupes” le dije “volvé y hacelo otra vez” porque yo necesito que pasen esas cosas, la obra se nutre de ese vínculo. Lo importante es que el espectador sepa que lo estamos escuchando, aunque no haga nada. Yo entiendo así el teatro. Hay una obra que ustedes no vieron, que se llama “Frontera”, es completamente distinta a todo esto que estamos hablando. Es la historia de un linyera. Él vive contra un alambrado que separa un basural de un barrio privado. La obra empieza cuando una chica de quince años se escapa de la casa y se cruza con él y traban un vínculo. A lo largo de la obra, te vas enterando  por qué la piba se escapa, qué la asusta en la casa. Y hay un tercer personaje, un cuidador. Así las cosas, la chica es el mundo del barrio privado, el linyera es el mundo del basural y el cuidador es de los dos mundos y, de chico, es conocido de este linyera. Bueno, esa obra es todo lo opuesto a lo venimos hablando. Quiero decir que “Mandinga…” y el “Dr Fausto” muestran un tipo de teatro que me fascina, me encanta y me brota, pero también está esa otra manera de narrar. Dramática y poética

 

Cynthia Arvide.
Cynthia Arvide.


EL SENTIDO TITILA EN UNA ONOMATOPEYA

 

“cómo se dice/ver/entrever/ver entrever/necesitar parecer entrever/locura por necesitar parecer entrever/qué/cómo se dice/
y dónde”
“Cómo decir”, Samuel Beckett


Hablando de las fronteras, del espectáculo de “La Banda de la Risa” nos  llamó la atención el personaje “Onomatopeya”. La onomatopeya es un borde del lenguaje. Por su parte, el personaje entra en el borde entre la realidad y el teatro. ¿Fue pensado ese título?

Hay muchas cosas que son intuitivas, que no las pienso tanto, pero aparecen solas

Bueno, la intuición es una manera de pensar.

William Kentridge. Drawing from Stereoscope. 1998–99.
William Kentridge. Drawing from Stereoscope. 1998–99.

Bárbaro. Digamos que no lo intelectualizo. Sentí todo eso que vos dijiste, pero sin pensarlo racionalmente. Entonces, le puse ese nombre porque pensé que ella era ese borde. Tal cual. Onomatopeya es un personaje que entra en distintos lugares. A veces es interpretada por actores distintos y yo escribo según la particularidad de cada actor. En este caso, lo hace Cristina Fridman. Pero, en otra época, lo hacía el Bicho y la escena era diferente. El Bicho entraba a hacer malabares y la platea explotaba. Con esa obra, fuimos a Canadá, a Estados Unidos, a Escocia. Y, cada vez que entraba el Bicho, imaginate, con esa potencia, ese ángel que él tiene, ¡la cosa explotaba! En el ensayo, parece que no hace nada: “Boludo, gastate un poco, así yo sé lo qué es lo que vas a hacer”.  Marca, se mueve, dice la letra, se desplaza hacia donde tiene que desplazarse,  pero no actúa nada. Y, después, frene al público, brilla, crece y se atropella. Siempre digo que hay que darle poco porque él lo hace crecer tremendamente. Tiene una cosa intrínseca en su espíritu, él es eso que se ve ahí. Nos entendemos mucho en escena, porque tenemos una experiencia común de mucho tiempo.

REFLEJOS SAGRADOS

Eres lo que se mueve, el ansia que camina, /la luz desenvolviéndose/, la voz que se desata.

“Elegía del amado fantasma”, Rosario Castellanos

 
¿Cuál es la experiencia del cuerpo colectivo, de los cuerpos que se potencian entre sí?

Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.
Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.

Es lo mejor que le puede pasar al teatro. Uno depende del otro todo el tiempo. En la vida y en el escenario. Creo que  es mucha la diferencia entre un grupo de trabajo colectivo, como los que a mí me gusta organizar- bandas, clanes-,  a un elenco. En un grupo hay un objetivo común que produce una mística, una especie de cosa religiosa, como un misterio. Y, en realidad, es la química de las personalidades. En “Mandinga…” está Juan, un musicazo, que hace tremendos arreglos. Pero, cuando tiene que actuar, le aparecen sus miedos. Ale Sanz, por ejemplo, en una época, formó parte  de un trío muy famoso de Corrientes, “El trío Laurel”. Ellos cantaban una especie de litoraleña, un chamamé moderno. Nos conocimos hace mucho tiempo, cuando él aún estaba en el grupo. Y nos hicimos muy amigos. Andrés es el pianista, un capo, músico y maestro de escuela. Son químicas, colores que, cuando se juntan, dan una paleta, una resultante. Con la “Banda…” es lo mismo: Si nosotros pensamos en Gabriel Rovito, hijo de Oscar Rovito y de Bárbara Mujica-  primeros actores, estrellas desde niños, hicieron un montón de películas juntos, se casaron, tuvieron hijos-, Gaby es un tipo con una gran experiencia con el teatro. Cuando él se pone en movimiento en el escenario, toda su génesis se mueve. Claudio Da Passano, hijo de Camilo Da Passano-  un hombre de teatro de antes de que naciéramos todos nosotros- y de María Rosa Gallo, ¿vamos a hablar de la experiencia de vida, de cuando él era chiquito y acompañaba a la madre al teatro y escuchaba los textos clásicos? En mi caso, mi papá era poeta. Mi madre, violinista. El papá de Sol, mi mujer, era maestro de violín. Y tiene una hermana violinista en el Colón y otra hermana chelista, en Catamarca. Todo eso, cuando lo ponés en una cacerola y revolvés, se transforma en un misterio muy particular de las cosas que no tienen explicación. Y mejor que no la tengan. Lo lindo es eso también: no  explicarse todo. A veces las cosas surgen y la intuición te lleva. Alguien te dicta algo y vos vas. Los negros uruguayos tienen una creencia, heredada seguramente de algún rito africano: dicen que, cuando tocan los tambores, invocan al santo. Cuando lo llamás y está disponible, el santo viene. Y, cuando viene, se produce una temperatura, el santo se mete adentro de vos y él es el que toca, no vos. Tocás y dejás de pensar. Si hago un paralelo con la actuación, pienso que uno también invoca. El teatro es un lugar religioso, dios está dando vueltas por ahí, hay una asistencia al rito y una mediación entre un mensaje y lo que el público necesita, o va a buscar. Ahora, en cuanto al cuerpo, he tratado de explicarme algunas cosas que me pasan, sobre todo, con la comedia.

 M.Pilar Puelles.
M.Pilar Puelles.

Específicamente, con  “El Arlequino”, con la máscara. “El Arlequino” tiene un ritmo muy acelerado. No se actúa, se corre continuamente, porque el personaje de la comedia siempre está en problemas, así que no tiene tiempo para pensar, tiene que resolver. Recuerdo, en ocasiones, haber improvisado, improvisado, improvisado- comedia del arte, máscara, público, actores-, y también recuerdo haber estado en situaciones de riesgo escénico, sin tiempo de analizarlas para ver cómo resolverlas en la aceleración del ritmo de la obra. Y, de pronto, la solución te surge instintivamente. Y me pregunto si no será que algo se te mete adentro y te hace actuar. Bienvenido sea, si es así. Y, si no es así, será la inspiración. Pero, la inspiración ¿cómo la explicamos?

Lo mismo decías del proceso de escribir…

Cada uno puede creer lo que le hace bien, ¿no? A mí me gusta creer que no soy yo. Que algo viene de arriba o de algún lado.

ILUMINAR LA CALLE

                                               “¡La luz abrió sus párpados un día!/El sol gimnasta pudo saltar la cuerda floja /de un horizonte niño.”
“Largo día de cólera”, Leopoldo Marechal


Si nunca hubieras llegado a la instancia de ser reconocido por lo que hacés, de tener un nombre, de recibir premios, ¿hubieras seguido con el teatro?

Es que el objetivo no es el reconocimiento. El reconocimiento es la comprobación, digamos. Yo trabajo para la felicidad, la mía y la del espectador. Y ese es el objetivo, sin ninguna duda: me lleva tiempo, esfuerzo, dinero, un montón de cosas. Después, eso vuelve. Y, entre las cosas que vuelven, viene el reconocimiento. Ahora bien: uno tiene una autoestima. Si uno trabaja mucho y nadie te reconoce lo que hacés, la autoestima se deteriora, sobre todo, porque el actor trabaja para el otro. Si el otro no te reconoce con un aplauso, con ir a verte… Bueno, reconocerte. Atrás de eso están los premios. Yo imagino que hubiera perseverado, porque es mi naturaleza, yo soy eso.

William Kentridge.
William Kentridge.

Bartis nos decía que él trabaja en el ensayo, que ahí sucede la experiencia teatral más allá de una fecha de estreno.

Son maneras de producir.Yo lo respeto mucho a Bartis. Cada manera lleva a un resultado determinado. Puedo estar de acuerdo en algunas cosas y en otras no y suponer también que hay como una exaltación de esa especie de burbuja que él crea, y que hace a una personalidad atractiva también. Para mí, el ensayo no es teatro. El teatro es con el público. Cuando aparece la adrenalina del actor, que no sabe si le va a ir bien o le va a ir mal. Lo demás es parateatral. La obra es para el teatro, el ensayo es para el teatro.

¿La calle te dio formación?

Yo hice Darío Vittori, hice novelas con Andrea del Boca, con Grecia Colmenares…

¿Y saliste ileso?

Algunas secuelas habrán quedado, pero trato de disimularlas. También hice “espectaculares” -como se llamaban en una época- especiales, cine. Es decir, estuve en la más comercial, en la más intelectual y también estuve en la calle, donde pasaba la gorra. Mirá, cuando yo salía a la calle, el presidente era Bignone, en los últimos años del gobierno de facto. Entonces, se formó “La Banda de la risa”, que se desarrolló en democracia. Pero, durante la dictadura, íbamos a La Recoleta, cuando lo único que había allí era una piedra grandota. Ni feria, ni nada. Éramos cuatro payasos. Tocábamos los tambores y la gente decía: “¿Y aquellos?, ¿quiénes son?”.  Hacíamos números de circo. Alguna vez nos llevaron a la comisaría por mendicidad, porque supuestamente estábamos pidiendo plata en la calle. Yo, paralelamente, tenía mi casa, mi auto y trabajaba en las novelas. Los actores de las novelas me decían “¿Qué hacés?”. Y,  fijate: hoy todo el mundo estudia clown. Cuando hicimos “El Fausto”, en el 83-84, no existía el clown como género teatral. Era un género nuevo para los actores, no sabían ni qué quería decir. Y nosotros, que veníamos de la plaza, de la calle, estábamos avanzados en eso.

Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.
Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.

 

CLAROSCUROS DEL PLATA

 “Un objeto de plata pequeño es nada pero:/una moneda, una cucharita de plata abren/su flor en abanico: barajas desplegando un sentido/que ni el juego ni el vaticinio atenúan. /Y de fondo, puesta de sol:/en la estepa en el jardín.”

De “El poder de unos límites”, Alicia Silva Rey


Cuando el dinero no es central, ¿el teatro se libera de algo, se enriquece?, ¿cómo es tu relación con esa necesidad del dinero?

Cuando armo un proyecto, no pienso en el producto comercial, porque entonces me juntaría con otras personas, elegiría temas de moda. No me sale eso, cuando lo quiero hacer, me sale mal. Pero mirá, a algunos de los actores que actuaron en “La Banda”, los vieron productores de la tele y trascendieron. O sea que “La Banda” no les dio plata en la mano, pero los llevó a donde estaba la plata y a construir una “carrera”, Yo estoy seguro que soy lo que soy y pude ganar lo que pude ganar para vivir bien, gracias a “La Banda”.

El tema de la trascendencia o no, es recurrente en “La Banda…”

Claro, sí. Es una de las más grandes preocupaciones. En la medida en que el grupo no se auto subvenciona, pierde continuidad. Hace más de diez años nos reunimos para hacer un proyecto nuevo, acá, en este living. Dijimos, “Bueno ¿cuándo empezamos?” ,“Los lunes” ,“Ah, no, pero yo los lunes no puedo” ,“Bueno, los martes” “Yo puedo”, “Pero yo no” ,“Los jueves”. Y así… Dije: “Muchachos, ¿se dieron cuenta? Se acabó La Banda. Antes decíamos los lunes, y todos podíamos. Ahora este hace cine, el otro está con Guinzburg, el otro produce espectáculos. “No puedo porque tengo que ganar la plata” Lógico. Entonces éramos muchos para repartir las ganancias, es un teatro que no es comercial, tiene un mercado complicado, no es para chicos pero tampoco es para grandes. Ustedes vieron el Fausto, ¿cuántos chicos había? Muy pocos. El ochenta por ciento de la sala eran adultos.

También, gracias a tu trabajo en “la Banda” llegaste a la gestión cultural.

William Kentridge. "More Sweetly Play the Dance", 2015.
William Kentridge. “More Sweetly Play the Dance”, 2015.

José Nun, el que fuera secretario de cultura de la Nación, cuando me vio una vez, me dijo “Yo quiero que vengas a trabajar a la secretaría”. Él me invitó porque me había visto en “El Arlequino” y supuso que yo era un artista con algo para dar en una gestión pública. Podía haberse equivocado. A lo mejor se equivocó. Yo creo que no, porque lo mío fue leal. Pude haber cometido errores, hubo cosas que no terminé de hacer, pero hice muchas de las que me fui muy orgulloso. Mientras estuve en el Cervantes, sucedieron los diez mejores años de ese teatro, donde más público fue, donde más proyectos se repartieron. Era totalmente federal, se producían espectáculos del interior con actores del interior, salían de gira los espectáculos que estaban en Capital. Metimos doscientos cincuenta mil espectadores por año, en los últimos cuatro. En el 2007, el teatro estaba cerrado. Había un paro gremial, debido a ciertas reivindicaciones  en discusión, y ahí caímos con Rubens Correa y formamos equipo, con todo el mundo de culo. Fuimos trabajando y, en diez años, hicimos un montón de cosas. Yo me fui contento.

SENSIBLES,  A TODAS LUCES

                        “Entretanto, por saber de esa persona que se acerca entre los paraísos de la entrada, una luz asoma de la casa, desnuda las hojas de los árboles.”
Arnaldo Calveyra


¿Cuál es la importancia de la lucha gremial en todo esto? Vos tuviste bastante participación y hay artistas para quienes son dos cosas escindidas: el trabajo artístico y la situación como trabajador.

Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.
Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.

Mirá, no soy un activista gremial, pero le impongo una ideología a lo que hago. En mi discurso, va también la lucha. Hay distintas formas de teatro, de directores, de pensadores y de escritores. Cada uno elige una manera de expresarse. A mí no me gusta hacer uso de lo gremial para expresarme. Desde ya que, cuando tenés que defender tu espacio, hay que ir y defenderlo. Y, por supuesto, me he sumado a las luchas donde, oportunamente, había que sumarse. Pasa que lo gremial es un tema como para charlarlo, aparte de lo teatral. Yo creo en el sindicato como instrumento, pero no en todos los sindicalistas. Hay una lucha intestina de poderes. Lo he vivido desde adentro y desde afuera. Cuando era subdirector del Cervantes, vi cómo venían a patotearme  tipos que sólo querían  proteger su espacio y su quintita, muy lejos de pensar en las necesidades verdaderas de los trabajadores. Cuando llegué, como te dije antes,  el teatro estaba cerrado. Y, cuando me fui, aparte de los doscientos cincuenta mil espectadores, había una producción que viajaba por todos lados. En el medio de eso, aparecieron nuevos delegados que venían a patotear: “No, porque nosotros…” , ¿Nosotros qué, boludo?,  Vos tenés que cuidar lo que estamos haciendo porque es la fuente de laburo de mucha gente. Cuando vos no estabas como delegado, esto estaba cerrado y los tipos que vos defendés no hacían nada. Ahora laburan contentos, y encima, con unos sueldazos, porque se llegó a un muy buen arreglo salarial. Querían un diferenciado técnico artístico, esa era una de las reivindicaciones. O sea, el técnico del Estado tiene un escalafón, pero el de teatro no es un técnico cualquiera, es un técnico que debe tener un conocimiento, una sensibilidad artística: no es lo mismo prender un tablero de luces en un edificio del Estado, que iluminar el escenario del Cervantes. Ese diferencial artístico era un porcentaje muy alto que se sumaba a su sueldo. Se negoció, se habló, se acordó y fue para adelante. Muy merecido. Cómo habrá sido todo que, en un momento, los de ATE- los más involucrados en la lucha- dijeron “Ya está, muchachos, ya tenemos lo que queríamos, ahora vamos a laburar”.  Y se pusieron a favor de la gestión. Y laburamos espectacular. Los de UPCN, no tanto, venían a patotear, no sabés lo que nos peleamos.

JUGUEMOS A LA LUZ

todo lo visto y vivido/cabe en muy pocas palabras:/en la luz de una mañana/en un trompo saltarín/en una tarde de sol/en una silla vacía/en cada piedra y la casa”
“Todo lo visto y lo vivido”, Edgar Bayley


Briski nos decía que es muy difícil unir colectivos.

Kasimir Malévich.
Kasimir Malévich.

Bueno, es muy difícil tener a Briski como parámetro, es un tipo que rompió todas las formas. Briski, Bartis, ellos son la ruptura de las formas.

O sea, es muy difícil que se junten distintos colectivos teatrales, como esa famosa Universidad del Aire que él quería armar.

Y, sí. Por eso no le funcionó… Son muchos universos que se construyen a partir de las personalidades que los forman. Eso también genera un ego. Todos crecemos con el ego de lo que logramos. Uno se siente lo que hace.

Es raro lo que decís, porque se supone que los artistas trabajan para dejar de ser, no para confirmarse, ¿de dónde sale el narcisismo?

Hay distintos grados: narcisismo, egocentrismo, vanidad, soberbia. Son bien distintos. Una cosa es la soberbia, el creer que vos sos lo mejor. Y otra cosa es ser egocéntrico. Un actor es un egocéntrico. Se sube al escenario para que lo miren y, si no lo aplauden, llora.

Pero, ¿miran al actor o al personaje? Cuando leo el Quijote, no estoy pensando en Cervantes.

Miran al actor. Una cosa es leer el Quijote y otra cosa es ir a verlo actuado por Furriel y decir “Qué bien que hace Furriel el Quijote” o “Qué mal que lo hace”.

Eso lo digo después, no mientras.

El actor trabaja con su persona, con su experiencia, con su cuerpo, con su emoción, su cara, su fealdad o su belleza. Es un cuerpo egocéntrico. El tema es cómo uno usa eso. Si te creés que sos el capo del mundo y estás distanciado de la realidad, ese egocentrismo se mezcla con vanidad. Por eso, cuando algunos actores salen del teatro, salen maquillados, se dejan un poco para que lo reconozcan. O, a la salida, dicen en voz alta: “Qué difícil estuvo la función hoy, ¿viste?” Para que digan “Mirá, es Fulano, ¿me da un autógrafo, Fulano?”. Es así. Es un niño, un infante. El ego no es dañino. Lo dañino es cómo se use. Alfredo Casero, pobrecito, está enfermo de ego, su ego lo enfermó. Entonces, ahora dice un disparate atrás del otro. La señora Carrió es una enferma de su ego, ella sólo quiere que la miren, que la escuchen. Todo el tiempo desestabiliza para llamar la atención. Alfredo Alcón era un terrible egocéntrico, un divo, pero era un divino, además de un enorme artista y un gran compañero. Y no necesitaba que lo estuvieran adulando. Uno tiene una necesidad de autoestima, si no tenés un poco de ego ¿cómo hacés para salir a una platea, donde muchas personas esperan que vos hagas algo bien? Es un instrumento del actor. Lo otro es vanidad, soberbia, narcisismo.. Es mirarse en el reflejo del lago, embelesado de sí mismo para caer al agua y ahogarse. Al respecto de esto,  Tadeusz Kantor dice que la actuación es la frustración del actor en el intento de ser el personaje. Hemos intentado muchas veces ser otro y nunca hemos sido, porque no somos otro. Somos el que somos haciendo de otro, pero no dejamos de ser el que somos.

Claudio Gallardou con el Anartista. Fotografía. Diego Grispo.
Claudio Gallardou con el Anartista. Fotografía. Diego Grispo.


Más allá de que, por suerte, nadie se vuelve Hamlet por hacer Hamlet, ¿el trabajo con un personaje nunca te ha transformado, en el sentido de la afección, del crecimiento, de no ser el mismo antes y después?

No. Puede que te lleguen, emocionalmente, algunos temas más que otros. En la obra “Frontera” yo me iba muy angustiado en las primeras funciones, porque toca algunas cosas que me hacen revisarme. Pero no me han transformado, me ha abierto los ojos tal vez. Pero yo no soy el linyera que está ahí.

Pero cuando hacés el linyera, ¿algo les pasas a tu cuerpo, a tu cabeza?

Es feliz, porque estoy ahí haciendo eso.

Es una transformación. No sos el otro, pero tampoco sos vos. No hay forma de permanecer igual a uno mismo.

Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.
Claudio Gallardou. Fotografía: DIego Grispo.

Pero no dejo de ser yo. Es mi experiencia, mi cara, mis emociones. Y esto lo entiendo como técnica actoral. Cuando doy cursos, seminarios o charlas acentúo esto. Trabajo sobre eso, en profesionalizar la mentira, en hacer de la mentira una herramienta. Es un juego. Los chicos se cambian los nombres, yo los escucho cuando juegan y no dejan de ser ellos, están jugando a ser otros. El actor es igual, le gusta el escenario y se pone la capa y se hace el muerto y experimenta la enorme felicidad de estar haciendo eso que eligió. Y encima le pagan y encima lo aplauden. La única verdad en el escenario es la emoción del actor en vivo. El actor actúa para ser feliz.

Jugar es una experiencia transformante. ¿Creés que hay una esencia en el actor, algo que no se modifica, hagas lo que hagas?

Dependerá de cada uno. En mí, esa esencia se fortalece. Se perderán cosas, se agregarán otras, pero se fortalece y crece porque es una cuestión de convicción.

EL ETERNO RESPLANDOR DE UNA EXPLOSIÓN ANUNCIADA

                                                               “Me he creado eco y abismo, pensando. Me he multiplicado profundizándome. El más pequeño episodio -una alteración que sale de la luz, la caída enrollada de una hoja seca, el pétalo que se despega amarillecido, la voz del otro lado del muro o los pasos de quien la dice junto a los de quien la debe escuchar, el portón entreabierto de la quinta vieja, el patio que se abre con un arco de las casas aglomeradas a la luz de la luna-, todas estas cosas, que no me pertenecen, me prenden la meditación sensible con lazos de resonancia y de añoranza. En cada una de esas sensaciones soy otro, me renuevo dolorosamente en cada impresión indefinida. Vivo de impresiones que no me pertenecen, perdulario de renuncias, otro en el modo como soy yo.”
“El libro del desasosiego”, Bernardo de Soares.

 

Pensaba en lo infantil y en cómo poner en escena  los movimientos de la infancia…. La infancia, no como privativa de los niños…

No, claro. Igual, yo soy un niño en el cuerpo de un grande. Tengo muchas partes inmaduras que no quiero madurar. Si las maduro, estoy en un problema. Y ahí esta lo de la ingenuidad de quien todavía no tiene la experiencia de la especulación, de la sociedad, de la maldad. Entonces, todo lo mira con sorpresa. Es latente. El clown es eso, mira con ingenuidad al mundo, pero su naturaleza sobrepasa toda la especulación con la que la sociedad lo arremete. Chaplin es eso, un ser completamente ingenuo rodeado de un mundo que todo el tiempo especula contra él: el policía, el jefe del cuarto donde vive… Y él, sin hacer ningún esfuerzo, pasa por encima de todo, porque su ingenuidad exalta su nobleza, su lealtad. El clown de las variedades es el hombre de “Tiempos Modernos”, el hombre a quien la máquina intenta comerse, pero él pasa por dentro de la máquina y sale indemne. Y así vive, a pesar de. En lo filosófico, eso es lo que me gusta rescatar del clown. En “Dr Fausto” se ve en la mirada de estos cuatro payasos, a quienes les toca nada menos que meterse en la piel del gran ego del hombre que lo quiere todo. Y, como no lo puede todo,  invoca al diablo.

William Kentridge. "More Sweetly Play the Dance," 2015.
William Kentridge. “More Sweetly Play the Dance,” 2015.

“Mandinga en el Paraíso” habla de explosiones cíclicas de la historia…

Eso es lo contrario de la ingenuidad, es la ambición desmedida. Nunca me imaginé que estas dos obras (Mandinga y Dr Fausto) fueran a convivir en el mismo tiempo. Sucedió. Y las dos hablan de lo mismo. Una, desde la ingenuidad. La otra, desde la enorme especulación de los hombres que están tan embelesados por dominar y no ven el sufrimiento del otro. Y, cuando lo ven, tampoco les importa. Por otra parte, los verdaderamente dominados, no pueden luchar contra  los dominadores porque no tienen instrumentos. Y eso es porque el gran poder se ocupa de que no los tengan. El primer instrumento es el saber. Si no estás educado, te venden cualquier discurso y vos lo comprás. Si no, explicame cómo lo votaron a Macri.

La educación también baja líneas para no comprender.

Sí, pero para el gran poder mejor es no educar.

Quiero decir que ellos también educaron, con los medios, con el discurso, hicieron macrista a un montón de gente con mentiras, con slogans, construyeron cosas que no existían… Cuando hablamos de educación, habría que discriminar: la escuela está llena de mierda, el secundario está lleno de pelotudeces. Claro que, mientras existan, se pueden mejorar. Una de las cosas para las que no se educa, después del jardín, es para jugar. Pensaba si el ambicioso se puede asociar, en parte, con aquel que no puede jugar….

El ambicioso quiere más de lo que tiene y no juega con lo que consigue, porque lo que consigue no le alcanza y quiere más. La ambición no lo deja ser feliz. El que juega es feliz y listo, porque puede jugar. Ella me preguntaba por ese ciclo que se repite en la obra y, los ciclos históricos, como  el oscurantismo en el medioevo, se agotan y explotan. Así vino el Renacimiento, todo renace, se desarrollan las artes y se va al Barroco y todo eso entra en una aceleración que cae en el rococó y se transforma en algo insoportable, y otra vez explota por el pánico a lo vacuo, a lo vacío. Y explota. Y así todo el tiempo. El hombre es responsable de todo eso, hay mucha destrucción y hay todo el tiempo una clase que domina y otra dominada, una injusticia enorme y una total falta de comprensión. El otro día salíamos del teatro y, en Callao y Viamonte, había una familia durmiendo entre cartones, con unos chicos chiquititos, con el frío que hacía… Uno ve mucho eso, pero ese día me golpeó especialmente. Y hay que seguir soportando que el presidente le responda a un periodista, cuando le pregunta por la -Pobreza cero-. “No, usted entendió mal el discurso”. Entonces ¿todos somos unos boludos, porque todos entendimos mal? Es asombroso. Bueno, esto es lo que queremos tratar en el nuevo espectáculo que estamos armando con Alejandro Sanz. Suponemos que se va a llamar “La Kermese de los Malditos”, “La Kermese de la Vanidad”, o algo que tenga que ver con que el hombre está en venta y su sangre está en oferta en el mercado.

AGITAR LAS SOMBRAS

                                               “el círculo de luz compacta que arroja el candelabro y que ilumina la mesa y un extremo del muro labrado, el círculo mayor, de sombra, que rodea al primero. Tienes, al fin, el valor de acercarte a ella, tomar su mano, abrirla y colocar el llavero, la prenda, sobre esa palma lisa.”

“Aura”, Carlos Fuentes

 

¿Tienen algún sentido las palabras revolución o revolucionario para vos?

William Kentridge.
William Kentridge.

Sí. El Che Guevara. Soy de una generación para la que la palabra revolución tiene un significante, que es el que le dio el Che. Pero revolución no necesariamente implica la de la lucha armada. Lo que hizo este Macri es también una revolución, pero que nos obliga a involucionar y no a progresar. Dieron vuelta completamente los estamentos de una estructura social. Nos hicieron creer cosas que no eran verdad, nos inculcaron una realidad ficticia y mucha gente está enceguecida con eso. En una época, existía el Plan Cóndor y te obligaban por la fuerza a hacer lo que ellos necesitaban que hicieras. Ahora, crearon este sistema de hipnosis, provocada por los medios de comunicación. Pero volviendo, la revolución para mí es un romanticismo. Esa pobre familia que estaba durmiendo en la calle no va a volver nunca a la vida más placentera. Estará un poco mejor. Quizás, en un futuro, tenga la posibilidad de vivir en otro lugar que no sea la calle. Pero, por las condiciones tan miserables en que estaban, aunque su estatus social mejore, nunca va a llegar a vivir placenteramente. Ojalá me equivoque. El sistema que está fortalecido en este momento -mirá a Brasil y mirá a Trump-, es el gobierno de los empresarios, ya no de los políticos. Lo único que quieren es hacer negocios. Macri es tan poco inteligente que hizo un negocio a costa de los otros. Cuando uno hace un negocio, tenés que hacer que el otro gane, para poder extenderlo. Si le vendés algo roto, no te va a comprar más. Bueno, este vendió algo roto. Ahora se acaba. O, por lo menos, tengo esa esperanza. Esto es un desastre, pero lo que más me revienta es la hipocresía, el estatus de mentira que han instalado.

Este número, el tema de nuestra revista es la ausencia. ¿Qué te falta que alguna vez estuvo y fue importante y qué te falta hacia el futuro?

Algunos afectos indispensables que ya no están, que dejaron un lugar que no se llena con nada. Mi tío Jorge, sin ninguna duda, a quien está dedicado el espectáculo de Fausto. Además de haber sido el hermano de mi mamá, era mi maestro, mi amigo, mi papá. Un tipo alucinante, maestro normal, pero egresado de Bellas Artes, coreógrafo, bailarín, diseñador de ropa. Era un nene, y yo jugaba con él como juegan los nenes. Me falta un montón. Y ahora que estoy haciendo “Dr Fausto”, más. La ropa que ustedes vieron en el espectáculo la hizo él, hace treinta años. Yo la guardé intacta y Sol – genia – la reconstruyó. El casquete del diablo, por ejemplo, lo hizo él. Ya estaba viejito y, con Sol, lo desarmamos, le pegamos una entretela, volvimos a armarlo, y así reconstruimos ese pasado, esa historia, ese afecto. Y ahora todo eso está con nosotros. El tío, sin duda me falta. Mi papá también, que fue alguien de una increíble ética profesional… Y hacia el futuro me falta todo lo que voy a conseguir.

¿Y si no lo conseguís?

Estoy seguro que lo voy a conseguir, porque no es imposible. Mi mujer es artista, mis hijos disfrutan mucho, como lo disfrutaba yo cuando acompañaba a mi papá a los tablados. Quiero más de esto que me hace feliz. No quiero aviones, no quiero mujeres ni fama. Agarro una nariz, un sombrero, me voy a la esquina y hago una obra. Eso puedo y voy a poder siempre. Hasta el último minuto de aliento…

 

Claudio Gallardou con el Anartista. Fotografía. Diego Grispo.
Claudio Gallardou con el Anartista. Fotografía. Diego Grispo.

 

 




CLEPSIDRAS PARA RAFA

Ausencias: Entrevista a Graciela Salvo, madre de Rafael Nahuel
Entrevista y edición: Sergio Lucero

 

El cuerpo, con sus asperezas y los surcos del dolor, es el fin de las metáforas. Sólo caben un par de palabras que descifren la mirada, tres suspiros, esa sonrisa. Ahí está el de ella, tras el cuerpo de él, trayéndolo todo el tiempo del no lugar para que ocupe todos los espacios. Ando por el “alto” de Bariloche, paradoja del mundo al revés: arriba viven los de abajo, el “Nahuel Hue”, uno entre tantos barrios. Tierras tomadas, así lo llaman los dueños de la ley que defiende la propiedad privada. Los mismos que, un par de generaciones atrás, se repartieron las tierras. En criollo: tierras tomadas. Casitas humeantes, chapas y madera, humedad que no levanta hasta el mediodía, helada matinal de otoño que no se despega ni a golpes de mate amargo. Ahí -hacia lo alto, hacia lo alto, para después bajar al corazón de un pozo- está el merendero donde ella va algunas tardes a preparar mate cocido y pan casero a una treintena de niños y niñas que juegan, hacen tareas, comen. Una hora, una charla, una madre, la de Rafael Nahuel.


GRACIELA SALVO, EL NIDO Y LAS CRÍAS

“No hay mayor dolor
que recordar tiempos felices
en los de la miseria”
Dante Alighieri


En verdad yo estoy acá como madre de Rafita. Mi hijo era una persona muy buena. Era un chico trabajador. Tenía amistad con todos, muchos conocidos. Lo último que  hacía era carpintería: cositas con madera, percheros, maceteros. A mí me dejó uno. Eso me lo trajeron después, me dijeron “esto lo hizo Rafael” y se lo queremos dejar. Fue muy doloroso. Siempre fue buen compañero y lo están recordando en la carpintería de “Ruka Che”(0)
. En el “San José obrero”, también hizo herrería. Y la gente que lo ha conocido de los grupos lo quiere y lo extraña, él andaba en todas. Ayudaba en  lo que podía. A lo último, se acercó al grupo de Cáritas, siempre viendo dónde ayudar.

¿Cómo está compuesta tu familia?

Ezequiel, de 14; Alejandro, de 26. Mi hijo mayor, Pablo, tiene 29, está casado, tiene su familia. A Pablo lo tuve de soltera. Es el preferido… con él tuve que luchar para salir adelante hasta que, después, conocí a mi marido, Alejandro. Ya van a hacer 29 años que estamos juntos. Es una larga historia cómo nos conocimos. Toda una vida de lucha para ganar lo necesario, y ahora la lucha sigue por lo de Rafita y por los hijos que me quedan. Siempre vivimos en Bariloche. Primero, en el barrio Malvinas. Después, nos vinimos al Nahuel Hue, cuando dieron las tierras. Ahí, en 2005, dije: yo ocupo el terreno y no me muevo más. Y pudimos construir algo. Antes estuvimos de acá para allá sin lugar fijo.

 

A TRAVÉS DE UN VIDRIO ESMERILADO

Lo que yo no entiendo es cómo se enganchó con esa gente de la comunidad LafkenWinkul (1)

¿Cuándo te enteraste que Rafa acompañaba a la comunidad Lafken?

Me enteré después. Esas cosas no se las dejaban hablar con la familia. Yo me enteré cuando fueron a Parques y, arriba, durante una represión, detuvieron a una señora de la comunidad. Como él era representante de ese grupo, tuvo que ir a reclamar para que la liberen. Eso fue una semana antes. Ahí empecé a hablarle, pero yo noté que mi hijo, de la noche a la mañana, había hecho un cambio. Y, como madre, no lo podía creer.

¿Por qué pensás que empezó a ir a la comunidad?

Después me enteré que el motivo era lo de las tierras. Creo que a él le manejaron la cabeza con que iba a hacer cosas buenas, que capaz iba a tener algo mejor, entonces, se ilusionó. La tía me contó que él buscaba alejarse de la “junta”. Rafita muchas veces se iba a su casa y decía “Ya no quiero más la junta” y se apartaba él mismo. Entonces, lo charlaba conmigo y yo le decía que se quedara acá, que no anduviera por ahí, “No, mami, me voy a quedar en la casa nomás”.

¿En la casa el tema de la identidad y la lucha mapuche nunca se habló?

No, nunca. Es un tema que no entiendo. Si hubiera estado al tanto de algo de lo que hacían, hubiera podido evitar esta desgracia con mi hijo. Yo sigo creyendo que lo manejaron. Él no se vestía como ellos, pero le dieron el “trarilonco” para ponerse en la cabeza (2). A partir de ahí, se transformó.

 

LA IMAGEN POTENTE EN EL ESPEJO
                                                                                                                  

“No de agua, de miel, será la última
gota de la clepsidra. La veremos
resplandecer y hundirse en la tiniebla,
pero en ella estarán las beatitudes
que al rojo Adán otorgó Alguien o Algo.”
Jorge Luis Borges, “La clepsidra


¿A quién conocía en la comunidad, como para querer acercarse?

Ahí conocía a la tía -la hermana de su papá-, a los primos y primas. Él andaba mucho con Johana, su prima. Para mí, ellos ya no son nada nuestro, ya no son mi familia. Nunca supe que María andaba en esas cosas de reclamar tierras. Y todo eso terminó en un gran daño: le quitaron la vida a Rafita. Ahora tenemos que seguir toda la vida luchando con el sufrimiento de haberlo perdido.

¿Crees que Rafita sólo fue engañado o que se acercó porque buscaba algo que le interesaba en la comunidad?

En verdad, no lo sé, lo único que me enteré es que querían pelear por esas tierras porque les pertenecen a la comunidad. No entiendo lo de propietarios y de las propiedades. No entiendo cómo es eso de los reclamos de las comunidades. No conozco y nunca me interesó saber. Puede ser que Rafita se haya interesado, nunca lo supe. Me dijeron que tenía que seguir yo la lucha, seguir peleando como mamá por esas tierras. Pero fui dos veces y no soportaba el dolor al sólo llegar ahí, arribita nomás. No soportaba que mi hijo hubiera perdido la vida por unas tierras. Él tenía lo que necesitaba, como papás lo ayudábamos en lo que podíamos. Trabajaba, hacía chulengos, jardinería, en la verdulería descargaba los camiones, ¿por qué fue allá? El miércoles anterior a su muerte, nos juntó a mí, a mi hijo y a mi nuera. Después, se fue hasta el sábado, cuando vinieron a darme la mala noticia (3). Unos días antes, juntó a la familia y pasó el día con Pablo, su hermano mayor, eran muy apegados. Cuando se enteró que estaban reprimiendo, se puso insoportable, muy alterado. Quería ir para allá porque sentía la responsabilidad de estar al frente, de cuidar a la comunidad, lo habían puesto en ese lugar. María no tenía que ponerlo a Rafita, ella tenía a sus hijos y la que tenía que estar al frente era la “Machi”, mi pensar es así. Rafa fue cuando llevaron presas a las mamás con los niños (4). Ahí me dijo que tenía que ir a la comisaría a retirar a los prisioneros. Entonces lo reté, ¿por qué tenés que ir vos? Pero se fue y ya no volvió. El sábado vinieron a decirme que Rafita estaba grave en el hospital, pero era mentira, no se animaban a decirme que ya había muerto. Cuando llegamos al hospital, me caía, no podía estar en pie. Me querían mandar a mi casa, pero hasta que no me dijeran quién fue el que falleció no me quería mover. No pude quedarme, me llevaron  y ahí vino mi sobrino y me dijo “Fue Rafita, tía, lo están pasando por las noticias”. Mi presentimiento de madre me decía “Es Rafita”. Me pregunto por qué…, tenía 22 años.

BELLAS ROSAS MOSQUETA CRECIERON AL COSTADO DEL MASCARDI.

“Si nosotros viviéramos
lo que la rosa, con su intensidad,
el profundo perfume de los cuerpos
sería mucho más.

¡Ay, breve vida intensa
de un día de rosales secular
pasaste por la casa
igual, igual, igual
que un meteoro herido, perfumado
de hermosura y verdad.

La huella que has dejado es un abismo
con ruinas de rosal
donde un perfume que no cesa hace
que vayan nuestros cuerpos más allá.”
Miguel Hernández, “Cancionero y romancero de ausencias”

 Le gustaba comer milanesas con puré, asado, pastel de papas. Tenía sus mañas, me decía “No me hagas algo así nomás, mami, hacé algo rico”. Le encantaba que yo le hiciera tortas fritas para tomar con los mates, fue lo último que le hice. De chico era calladito, no andaba haciendo macanas, se iba a jugar al fútbol con los compañeros. No era rebelde, más bien sencillo.Rafita era una gran persona y eso me hace sentir orgullosa. Respetuoso y cariñoso conmigo. Tuvimos nuestras cositas cuando se portaba mal, pero no tengo nada que reprocharle. Siempre me respetó y me quería ayudar a mí y al hermanito más chico. Ezequiel lo quería acompañar, pero Rafa lo apartó, no lo dejó nunca ir con él arriba. Le agradezco a él y a mi Dios que me está dando la fuerza para seguir con todo esto.

“Pasadas las 16 horas del 25 de noviembre de 2017, el cabo primero de Prefectura Naval Argentina e integrante del grupo Albatros, Francisco Javier Pintos, ingresó junto a otros cinco uniformados al territorio de la comunidad mapuche LafkenWinkulMapu, en Villa Mascardi, a 45 kilómetros de Bariloche. Aproximadamente, a mil metros de la tranquera —ubicada en la ruta 40— los Albatros encontraron a un grupo de integrantes de la comunidad. Dieron la voz de “alto” y, segundos después, comenzaron a tirar. El cabo primero Francisco Javier Pintos fue el que más veces lo hizo: realizó unos 40 disparos con sus armas, una pistola Beretta y un subfusil MP5. Según se pudo reconstruir, una de las balas 9 milímetros del MP5 —identificado con el número de serie B 05-C335508— alcanzó a Rafael Nahuel. El proyectil ingresó por su glúteo izquierdo y le provocó un “shock hipovolémico por lesiones de los órganos y tejidos, que provocaron una hemorragia de aproximadamente 4 litros de sangre, alojada en cavidad torácica y peritoneal”, según el informe de la autopsia firmada por dos médicos forenses. De acuerdo al conteo de las municiones faltantes en los cargadores, el cabo primero Francisco Javier Pintos recargó sus armas en por lo menos cuatro oportunidades” (Santiago Rey, portal “En Estos Días”)

 

LA CALESITA DE LAS PREGUNTAS SIN RESPUESTAS

“Región de manos sucias de pinceles sin pelo
de niños boca abajo de cepillos de dientes.
Zona donde la rata se ennoblece
y hay banderas innúmeras y cantan himnos
y alguien te prende, hijo de puta,
una medalla sobre el pecho.
Y te pudres lo mismo.”
Julio Cortázar, “A un general”

 Si tuvieras en frente al prefecto Pintos, ¿qué le dirías?

Seguramente, el día de mañana, lo vaya a tener en frente, cuando tengamos el juicio. Al  asesino de  mi hijo le preguntaría por qué disparó, por qué me lo mató a Rafita. Según dijeron, vinieron a reprimir mapuches y mi hijo estaba integrando la comunidad. ¿Por qué vino y en un minuto le disparó por la espalda y le sacó la vida? A medida que avanza la causa, yo creo que el gobierno es responsable. La ministra Bullrich siempre dice que esto fue todo planeado y que buscaban reprimir a los mapuches. Me voy a preguntar toda la vida por qué tuvo que ser Rafita al que asesinaron. Nosotros nunca le enseñamos a robar o a matar. Era bueno.

¿No te parece valioso que Rafita haya hecho una opción y decidido por él mismo estar ahí?

Es verdad, fue decisión de él mismo. Aceptó él estar con los de la comunidad y yo, como madre, me tengo que resignar que él haya decidido. Pero no me puedo sacar esa angustia. Seguramente, él soñaba con otra vida, con otros proyectos, buscaba otra cosa, aunque yo no lo entienda. Me aparté de pelear por eso, está bien que mi hijo falleció ahí, pero me aparté para cuidarme y cuidar a mis otros hijos. En una de las últimas marchas, fui amenazada de muerte. Se me acercó un señor mayor y me dijo “Pará con las marchas porque vas a terminar como tu hijo”. Dejé de ir a algunas marchas, tenía miedo. Pero, para “Memoria, Verdad y Justicia”, el 24 de marzo, volví, junté fuerzas y salí.

 

LA RESURRECCIÓN ES UN TECHO PARA OTROS

¿Qué es la “Casita de Rafita”?

Es la casa que nos dieron cuando pasaron los chicos de “Un Techo para mi País”. Cuando mi marido terminó la casa de material en la que vivimos, le dejamos la otra a Rafa para que viviera ahí. Él andaba noviando. Le dije a mi nuera que estaba ilusionada con que me dieran un nieto, pero ella no quiso. En verdad me hubiese gustado que me quedara un nieto. Ahora en la “casita de Rafita” quiero hacer un merendero para que vayan chicos y chicas. Es una idea que tenemos con mi marido. Ojalá podamos construir algo lindo. Rafa, como yo, quería mucho a los chiquitos, los cuidaba. Les había dicho a sus tías que quería hacer un merendero para que la mami trabajara ahí. Muchas veces quería pasar y yo no estaba. Entonces decía, “A la noche te vengo a ver”.

 

LA MEDIDA DE LA IMPIEDAD

“Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.”
Alejandra Pizarnik, “Cuarto solo”

 

¿Dónde lo ves a Rafa más presente?

Graciela Salvo, madre de Rafael Nahuel.
Graciela Salvo, madre de Rafael Nahuel.

Ya no lo vemos llegar. Lo extrañamos. Cuando compartimos la comida, mate y tortas fritas, ya no tenemos a Rafita. En la casa, lo hago presente constantemente, como si estuviera. Mi marido se va a la leña y extraña mucho a su hijo. Dice que no se lo puede sacar de la cabeza. Ahora, cada vez peor, mirá que ya vamos a ir para los dos años y no nos resignamos. A veces siento que donde estoy, mi hijo me está esperando. Él está presente también en las marchas. Para mí siempre está conmigo. A veces me angustia ver que Rafita se transformó en bandera, en murales, en una  imagen. En qué se vino a convertir mi hijo ahora. Veíamos noticias de cuando les pasaba a otros, como a Santiago Maldonado, y yo  le decía a Nahuel, “vos sabés el dolor de esa madre al perder a su hijo”. Nunca pensé que me iba a pasar a mí. Fuimos a participar del último mural que se hizo en Onelli y Moreno, lo mismo la bandera que me mandaron de Cipolletti con la cara de Rafa ahí, nunca me voy a acostumbrar a verlo así.

La semana anterior cambió la carátula en la causa que investiga el homicidio. Pasó de Rafael de “exceso en legítima defensa” a “homicidio calificado”. Se ordenó encarcelar al autor material, el cabo primero de Prefectura Francisco Javier Pintos. Además, se agregó que “El Ministerio de Seguridad asumió un rol activo en la defensa irrestricta de los funcionarios de las fuerzas de seguridad involucrados en episodios bajo investigación judicial”. ¿Qué pensás?

Mis abogados no me dan muchas expectativas, porque si a Pinto lo van a tener en su casa eso no es justicia. Aunque lo detengan por 8 años, si es en su casa, no está bien, es injusto. Justicia sería “una perpetua” porque él no tuvo piedad al dispararle un tiro por la espalda a mi hijo, no se detuvo. No pensó nada, vino y lo mató, en un instante le sacó la vida, por eso para mí lo justo es que le den perpetua. Ahora no hay justicia como antes, ¿cómo el gobierno va a mandar a reprimir, vienen, le arrebatan la vida a un joven por la espalda y todo sigue igual?

 

SOMOS MUCHO MÁS QUE DOS

“Porque esperando a solas poco se alcanza
Valen más dos temores que una esperanza
María Elena Walsh, “Canción de caminantes”


¿Cómo es tu relación con la muerte?, ¿en qué crees?

Creo en su presencia, está conmigo, me acompaña. Yo soy cristiana, me críe en un colegio cristiano. Estuve pupila en María Auxiliadora, en Junín de los Andes. Fue lindo, aunque no me acuerdo mucho de la infancia.

Rafita muere en el marco de una represión hacia el pueblo mapuche, ¿por qué pensás que se instaló el odio hacia ellos?

Porque hacen que la gente tenga bronca hacia las comunidades. La gente los ve atropellar la propiedad de las tierras cada vez que reclaman los derechos. Igual, yo no entiendo  qué hacen las comunidades, pero  la gente se espanta. Entonces, no ven mal que los repriman y los saquen. Instalan el miedo, hacen creer que las comunidades te pueden sacar lo que tenés, que son violentas. Y así la gente piensa que está bien que los corran.

¿Te sentís apoyada y acompañada por grupos y personas?

Al principio nos acompañaban y ayudaban, venían muchos a las marchas. Pero ahora desaparecen. En las últimas marchas hasta el juzgado, no nos acompañaron. Fuimos mi marido, yo y unos pocos. En algunas de las marchas hubo violencia y represión en la puerta del juzgado. Nos acusaron a nosotros, pero nunca bajamos con violencia, no somos así. A mi marido le hicieron una causa cuando se cumplió un año, porque quedó al lado del grupo que tiró piedras y rompió vidrios, después de no ser recibidos por el juez. Era indignante y se cegaron. Yo no quiero violencia.

¿Cómo manejás la ausencia de Rafa?

Trato de no pensar mucho. Si no, aparece el bajón y me desanima. Yo venía bien. Pero, ahora que salió otra vez lo de la causa, me volvió todo. Pienso y me da bronca. Igual, me pongo firme, lo hago por mis otros hijos. La ausencia puede traumarnos. Hubo un tiempo en que había dejado de comer, dormía mucho, no me quería despertar para no ver su ausencia. Me la pasaba llorando encerrada. Ahora me puse más fuerte, no lloro tanto y salgo. Lucho por Rafa y mis hijos. Salgo a ver a mi familia, a trabajar al merendero y le digo a mi marido que haga lo mismo. También dejo de llorar por él, por Rafa, por su presencia, para que vea que soy fuerte para la lucha, por la justicia.

¿Qué palabras dejarías?

Que se haga justicia, la que corresponda para Rafael. Que se limpie la memoria y lo recuerden como él era. Nunca nadie lo señaló ni la acusó por nada, vinieron y lo mataron. Sus amigos van al cementerio, lo extrañan mucho.

Su imagen no va a morir. Su presencia va a seguir viva siempre.

 

EFECTO CORIOLIS

“Lo que era y ya no
lo que no está ahí
pero omnipresente en su misterio.
Ojos nuevos bien abiertos, escudriñadores
profundos, interpeladores
buscadores de identidad.
Manos obreras tibias y sedientas de futuro
porque su presente ardía.
Bella dentadura de masticar cordero y broncas
entregada a la sonrisa.

Sergio Lucero, “Rafa en su huella”


Coriolis es el efecto por el cual, entre otras cosas, el agua desagota, mientras gira de izquierda a derecha, en el norte, y de derecha a izquierda, en el sur. En una analogía social, las corrientes de pertenencia fuerzan a tanta gente a andar en el camino establecido por los valores de la cultura dominante, que quien se resista a ese movimiento impuesto, quien quiera andar para el otro lado correrá los riesgos pertinentes.

La búsqueda de identidad es un arduo trabajo que, poco a poco, junta retazos de la historia personal, del baúl de la herencia, de las miradas de los otros y del deseo más profundo de ser. Una mujer frente al espejo se mira el rostro surcado por rasgos mapuches, su cuerpo con estatura media de mapuche, los ojos, los labios, el pelo y la dentadura, pero no se reconoce y se pregunta por qué la llaman mapuche. En un sistema que requiere uniformidad de imagen y discurso para caminar más o menos en paz por las calles, conseguir algo parecido a un trabajo, acceder a los beneficios de ser parte del mundo, las identidades se diluyen a fuerza de pertenecer. La supervivencia tiene un costado cínico: pone al borde de la despersonalización  y empuja a muchos hombres y mujeres a esconder lo que son para “poder ser”. Bariloche es un muestrario de esa realidad patagónica, con tantos compatriotas que se niegan a buscar y a asumir sus historias ancestrales en medio de otros que gozan, danzan, escriben y visten su ser mapuche: grupos que se reconocen y expresan a partir del arte, el lenguaje o las luchas por la recuperación de las tierras. Pero, acaso, el grito más primitivo y ancestral es por el deseo de vida y el pedido de justicia. Ahí una madre llora a su hijo muerto por el brazo armado del sistema que todo lo devora. Que sea justicia.

Graciela Salvo y Sergio Lucero.
Graciela Salvo y Sergio Lucero.

(0) Centro cultural, espacio para  capacitaciones y talleres.

(1) Comunidad que, pocos días antes del 25 de noviembre de 2017, había ocupado terrenos de Parques Nacionales en Villa Mascardi.

(2) Cintillo usado en la frente del hombre, tradicional de la cosmovisión mapuche, relacionado a la comunicación con antepasados.

(3) Sábado 25 de noviembre de 2017, día de la represión en la zona de Villa Mascardi y asesinato de Rafael.

(4) A las 5.30 de la mañana del jueves 23 de noviembre, por orden del juez federal Gustavo Villanueva, comenzó el desalojo de las tierras. Más de 300 efectivos entre Gendarmería, Prefectura Naval y Policía Federal. En la comunidad eran 30 mapuches en carpas y absolutamente desarmados.

 

 




EN EL NOMBRE DE LO PRÓXIMO

Ausencias: Entrevista a Juan Martín Guevara
Entrevista: Lourdes Landeira, Valeria Roig, Estela Colángelo, Gabriela Stoppelman, Pablo Soprano, Eduardo Garea.
Edición: Gabriela Stoppelman

                                                               La ruta fue muy larga y muy grande la carga,/ persiste en mí el aroma de los pasos vagabundos/ y aún en el naufragio de mi ser subterráneo,/ a pesar que se anuncia orillas salvadoras/ nado displicente contra la resaca/ conservando intacta la condición de náufrago
“Autorretrato oscuro”, Che Guevara


Empujar el color más allá de la zona difusa donde él se atreva. Agigantarle el matiz. Alimentarle la intensidad. Extenderlo tan lejos como pueda el abrazo. Y, entonces, sí, sentirlo próximo, advenido, brote en ciernes, cría de futuro a punto de nacer. Tan esperado desde tantas cercanías, tan acunado en los esmeros cotidianos, el color amanece sin nombre y hay que comenzar a palabrear. El siempre recién nacido es demasiado pequeño. Por eso, todas las consonantes le quedan grandes y las vocales resultan pobres ante la derroche de su berrear. Aparte, son muchos los parientes que lo han concebido. Así, algunas madres prepotean sus horizontes sobre la mesa del futuro, mientras otras insisten en resolver su gramática, día a día. No hay acuerdo sobre velocidades y nutriciones. Y, a pesar de los hastiados que merodean, de los desilusionados que miran de reojo, de los flotantes sobre el pantano del apenas bienestar, la cosa viene bien regada. Llega ahora mismo, plena de tinturas perentorias, de reciclaje de astillas y fragmentos de tiempo. 

De cualquier modo, no anuncian buen clima esta semana. La letra sigue borrosa sobre el vidrio de los días. Y no hay más sabios que ciertos hombres alertas, bajo montañas de ambición y deberes.

Para colmo, el abecedario se ha puesto contradictorio. La caligrafía, difusa. Pero eso en nada quita las ganas de nombrar. Hay versos encaramados en los márgenes. Pulsaciones de consignas agarradas con las uñas al aliento. Hay una cadencia que insiste- aunque aún no existe- en mezclar futuro con cercanía.  Insiste en hacer de lo próximo un encuentro entre lo que sigue y lo que ya llega.

“Ya” es un color de lo posible: apenas una orilla de presente, una promesa del deseo, un recuerdo vuelto porvenir. “Ya” es una palabra breve. Como “Che”. Pero cuánto ilusiona. Entre estos colores, conversamos con Juan Martín Guevara. Todo un viaje, todo un nombre.

 Max Enst. "Piedad o la revolución."
Max Ernst. “Piedad o la revolución.”


IMPUROS FRANCESES

 

                                               El quejido de la brisa, un pájaro en el espacio,/ es una palabra francesa que pasa por nuestras bocas./ ¡El avión! Que suba el avión por los aires,/ que planee sobre los montes, que atraviese los mares/ y aún más lejos se pierda.”
“El avión”, Guillaume Apollinaire

 

Nos contás un poco la génesis del libro, “Mi hermano, el Che”.

Sí, claro. Mirá, yo distribuía habanos importados. Me entrevistó Armelle Vincent que, en el 2001, trabajaba en una revista de puros de Francia, “L’Amateur de cigare”. Hablamos y, en un momento, me pidió conversar sobre el Che. No quise, en esa época, no hablaba de mi hermano. Recién en 2009, empecé a hablar de él fuera de Cuba. En general nadie, de la familia hablaba. Por ejemplo, Celia- mi hermana- se negaba sistemáticamente. Bueno, esta periodista estaba casada con un argentino. Años después, me volvió a ubicar por gente amiga, a raíz de que yo había comenzado a dar algunas notas. Entonces, me propuso hacer un libro basado en largas entrevistas, que publicaría una editorial relacionada con Hachette.

Entonces, ¿no son tu muñeca y tu pulso los que escriben, si no los de ella?

Juan Martín Guevara. Fotografía: Valeria Roig y Estela Colángelo.
Juan Martín Guevara. Fotografía: Valeria Roig y Estela Colángelo.

No sólo no es mi muñeca, no es mi cabeza. Ella dio la forma. Yo, el contenido. Ahora, muchas veces, la forma no respetó el contenido. Habrás visto que muchos pasajes son como de telenovela, algunas frases son típicas de francesa reaccionaria. Tuve un quilombo bárbaro con ella, cuando me mandó los originales en francés. Con la ayuda de una piba que me tradujo, me di cuenta que lo escrito no coincidía con mi pensamiento. Así que me planteé qué hacer: o le cortaba el rostro o- como decía un compañero, “lo que sucede conviene”- lo dejaba correr. El planteo de la editorial era que, o salía tal como lo había escrito la mina, o no salía ni en francés ni en ningún otro idioma. “Que salga así”, dije. Entonces, salió en francés y, después, se tradujo al español. El traductor me iba mandando textos y yo le fui cambiando cosas. Eso, el tipo se lo mandaba a la autora. Por supuesto, ella se enojó por la cantidad de cosas que le cambié. Por ejemplo, ella no pone lo que yo dije sobre el mito. Yo sostengo que es imposible destruir un mito porque los mitos son generados por la sociedad, por la gente. Intentar destruir un mito es contraproducente, sería ir contra la gente. Así, pensamos que la presencia expresada en tantos retratos, banderas y aun en remeras o artículos de mercadeo tiene como razón  de ser, la intuición que los pueblos y la sociedad en su mayoría tienen de que el camino marcado por el Che es posible y es necesario.

¿Y qué construye un mito?

Servando Cabrera Moreno.
Servando Cabrera Moreno.

Un ejemplo: cuando yo estuve en Alemania, una productora preparaba un documental y me contactó para filmar algo. En un momento dado me preguntan algo que tenía que ver con la relación del Che, con las mujeres. Yo, la verdad, no sé, porque era muy chico en esa época. Muchos dicen que era buen mozo. Ella, entonces, me dijo. “Yo me hubiera embarazado con él”. Y uno se encuentra con ese tipo de cosas por acá y por allá. Un día, en Valle Grande, Bolivia, donde está el museo, estaba con la periodista japonesa, Ari Hirayama, que  grababa todo lo que yo hacía, hasta los estornudos. El museo está en lo alto. Y, abajo, había como sesenta japoneses. A ella se le ocurrió avisarles que ahí estaba el hermano del Che. ¡Para qué! Me tuve que sacar fotos con los sesenta. Algunos lloraban…Te cuento otra de Alemania: hace unos tres años Mercedes Benz saca un modelo de automóvil que ellos denominan revolucionario. Lo presentan con un enorme retrato del Che que, en la boina, en lugar de tener la estrella, tiene el logo de Mercedes. Se armó un despelote de novela, por derecha y por izquierda. Pero vendió ¡Cuántas camisetas! ¡Cuántas cosas…! Los capitalistas hacen guita y, por otro lado, es una forma de manipularlo y transformarlo en objeto de mercado. Pero, de última, es una ventaja, porque la imagen se conoce. El asunto es darle contenido y discutir sobre eso.

A ver, volvamos al libro. Si no entendí mal, ¿finalmente la versión en francés no tiene mucho que ver con  la versión en español?

Al final tuvieron que ver porque, en un momento, ella cortó la posibilidad de hacer cambios y yo tuve que tomar la decisión de que siguiera como estaba. Hay cosas políticamente jodidas en el libro. Incluso el título. Yo no quería que fuera “Mi hermano, el Che” porque mi viejo escribió “Mi hijo, el Che”, otro “Mi amigo, el Che”, ¡pará…! Pero la editorial me planteó que, sin ese título, no salía porque no iba a vender.

¿Convino esa decisión?

Decididamente, sí. Está en once idiomas: en árabe, en turco, en coreano y en tantos más. Y este libro permite hablar de las cosas y me ha abierto puertas increíbles.

 

MANUSCRITO HALLADO EN UN MIERDÓFONO

 

“¡Qué voz la de sus venas desangradas!/ ¡Qué ardor el de sus cuerpos ateridos!”
“Angustia cuarta” (momento en García Lorca), Nicolás Guillén

 

Podrías escribir las “Apostillas a Mi hermano el Che”.

Yo fui el fundador de la editorial “Nuestra América”, después se la dejé a Marcelo, que sí quiere publicarlas. No escribo porque tengo muchos quilombos. Para mí, este libro es un medio, me ha servido para poner sobre el tapete algunas cuestiones. Además, el objetivo era sacarlo del mito y mostrar otras facetas de él y la familia. Mostrar al viejo tal como era, no sabés los despelotes que  generó en la familia, pero él era así: un anticomunista que cayó a Cuba cantando La Internacional, ¿viste? Entre otras cosas, él llevó a Cuba a Armando March, que era el Armando Cavalieri de aquella época, del sindicato de Empleados de Comercio. Un tipo recontra jodido. ¿Y por qué? Porque había hecho negocios con él. El edificio de Donizetti y Rivadavia, que es de Empleados de Comercio, fue una transfugueada de mi viejo. Si algo nos enseñó, es que las cosas son como son, pie a tierra.

¿No era también un soñador?

Juan Martín Guevara. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.
Juan Martín Guevara. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.

Sí, pero un soñador especial. En Misiones, se peleó con todo el mundo porque, a los peones, en lugar de darles un bono para que  fueran a ponerse en pedo y a comprar las mercaderías en los negocios de los patrones, les pagaba. Al final tuvo que irse de allí.

¿Se fundió por ese motivo?

Por ese motivo y también porque, a mi viejo, laburar mucho no le iba.

Vuelvo al tema escritura. Tu vida está llena libros ¿por qué no escribir?

Tengo cosas escritas, pero son muy políticas y siempre conflictivas. Hay cosas que escribís para los demás, para el debate, pero no siempre producen lo que vos querías. Está el ejemplo de los “Diarios” de Ernesto, son cuatro mil trescientas páginas. Tres mil son para los demás y mil trescientas, no, aunque al final las publicaron. El diario del Che en Bolivia, el diario del Congo, el diario de Sierra Maestra, el Diario de  motocicleta… esas están escritas para él, para mí. Él escribe un poema ¿para qué? ¿para que la lean los demás? No. O no lo sé pero, en principio, si escribís algo con forma poética, no lo estás haciendo para que otro lo lea, lo estás haciendo porque a vos te gusta. El diario de Bolivia era para él.

Bueno, si uno pone algo en un papel, tiene que estar dispuesto a que eso no quede ahí.

Mirá, yo fui clandestino durante bastantes años, no podía conservar nada escrito. Todo lo escrito había que quemarlo.

Antes de ir en cana

En cana, también, sí. Pero eso iba a un embute, teníamos distintas formas de guardar esas cosas, que eran muy sintéticas y escritas en papeles muy finitos. Al principio, era papel de cigarrillos, después, alisábamos cualquier papel hasta que quedara bien finito y ahí escribíamos. Eso era para comunicarnos entre nosotros porque, durante mucho tiempo, estuvimos en celdas individuales y, en algunos lugares, como en Sierra Chica,  las paredes tenían como un metro de ancho. Entonces, ¿cómo comunicarte?: con golpes en clave Morse y de otros modos.

A ver si entiendo, la escritura, dentro de la cárcel, ¿era como una pequeña liberación?

Sí. Y eso gracias a un compañero que, por haber estado en cana antes, tenía la técnica de fabricar, con un marcador de tamaño típico, varios marcadores en miniatura. Eso iba a un embute y, para la requisa, era prácticamente imposible de encontrar. Además, buscaban sobre todo, facas y cosas que pudieran servir como armas.

Wilfredo Lam.
Wilfredo Lam.

Tampoco consideraban una herramienta o un arma a la escritura.

Claro. En una entrevista que me hice Victoria Ginzberg, de Página/12, conté que, en una requisa- alrededor de Navidad-  los milicos encontraron un pan dulce en una celda. Se volvieron locos. No teníamos visita, ¿cómo podíamos tener pan dulce? Eso nos vino porque, en Devoto, nos comunicábamos hablando por las cañerías de los inodoros, que bajan en una misma línea vertical por todos los pisos. Los llamábamos los mierdófonos. Después, por ahí mismo, los sábados hacíamos lo que llamábamos “la gilada”, que era la joda: el que quería cantar, cantaba. Lo mismo, el que quería recitar. Otro hacía chistes y así. Era nuestra joda de los sábados. En Sierra Chica, ya fue otra la historia porque, ahí estuve después del golpe y había que cuidarse mucho más. Pero igual usamos el mismo método de las cloacas para comunicarnos con el pabellón de enfrente. Ahí teníamos  como una línea con un anzuelo: vos tirabas, enganchabas con el que tiraba otro desde enfrente, y así nos pasábamos escritos y otras cosas. Otra estrategia era inventar una enfermedad para ir a enfermería y pasarnos caramelos, que eran papelitos envueltos en plástico. Nosotros estábamos en el 11, el pabellón de la muerte. El 12 era de castigo y, de ahí en adelante, iba bajando la represión. En el último pabellón, ya tenían visitas. De ahí recibíamos nosotros, solidariamente, cosas, escritos, noticias… y pan dulce.

Resistían con la escritura.

Juan Martín Guevara. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.
Juan Martín Guevara. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.

Totalmente. La escritura, la organización, la comunicación. Yo aprendí Morse en la cárcel. En uno de los tantos castigos que tuve en Sierra Chica, me mandaron a un calabozo. Golpeé a un lado, nadie. Golpeé al otro lado, nadie. Bueno, me dije, a caminar hasta que venga la comida. De pronto, sentí ruidos en la puerta de al lado. Traían a otro preso, así que ya tenía vecino. Cuando siento que se fue el guardia, empecé a golpear el del otro lado contestó. Empezamos a hablar. Dos golpes era que entendías. Tres golpes, que no. En una de esas, yo no entendí algo, así que contesté con tres golpes. De nuevo, intenta decirme algo y yo, otra vez, no entendí. Por eso, nuevos tres golpes. Así varias veces. Yo subía la intensidad de los tres golpes. Entonces, el tipo me cambió el mensaje, ese sí lo entendí. Me dijo: “A mí no me grités”. Después lo encontré. Era un cordobés.

Es llamativo cómo en esas situaciones podías escribir y, afuera, no lo hacés.

Una vez escribí algo más o menos así: La escritura te permite la libertad, sos libre, estás escribiendo. Pero, para el que estuvo todo el tiempo encerrado, ¿la escritura es verdaderamente libertad o lo regresa a la celda? Hay algo ahí, que… Bueno, Gramsci escribió desde la cárcel, pero no sé cómo sería su situación…

 

AGUANTE, LA BANDA

“¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,/ hasta aquí el odio?/ ¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre, hasta aquí no?”
“Límites”, Juan Gelman


¿Por qué pensás que el Che escribía y dejaba todo registrado?

Bansky.
Banksy.

Bueno, él tenía no sólo la práctica de la lectura y de la escritura, sino también la del pensamiento y la de la acción. Pensar y escribir sobre la acción. Un ida y vuelta, escribir para ordenar, para entender más qué pasó y poder armar una guía de acción futura. Ahora, si se quiere descifrar la clave de los vínculos profundos que el Che Guevara estableció entre literatura y vida, hay que remitirse al papel desempeñado por la lectura en la formación de su personalidad. Tendría que explicarse cómo lo literario estimuló lo vivencial y cómo sus propias experiencias retroalimentaron el quehacer literario, conformando una especie de espiral que lo integró todo en una dimensión humana más enriquecedora. Esta dialéctica, esta espiral que define Llanes- entre la lectura, el análisis y luego la práctica y, cuando la realidad le devuelve el resultado, nueva escritura, nuevo análisis, y así sucesivamente- ha sido la esencia de Ernesto, cuando Ernesto, y del Che, cuando Che. El viajero… En una familia sin ancla territorial, él fue el que rompió amarras con más decisión. Como ejemplo, pongo que los misioneros dicen que es misionero, porque la vieja hizo la panza en Caraguatay. Los rosarinos, que es rosarino, porque allí nació. Los cordobeses se lo atribuyen, porque allí se hizo adulto. Y los cubanos desechan a todos los anteriores y lo han hecho cubano y no aceptan discusión. Pero él ha roto con todas esas amarras y ya no solo es todo lo anterior, no solo es latinoamericano, sino que ya es universal. Y entonces el ancla llegó con los libros, con los sueños y con las realidades. La foto en que está leyendo a Goethe, con un habano y un cachorrito, en la Sierra Maestra, lo define. Un día, haciendo un recuento de sus fotos sobre ruedas, aparecía con un triciclo, después con un monopatín, con una bicicleta, con otra bicicleta, pero ya con motor. Y, después, con la Poderosa II. Ninguno de esos sus vehículos tenía marcha atrás… Él, tampoco.

Vos tuviste bastante acción. Pero parece que, después de cada acción, no tuviste esa necesidad de escribir.

Juan Martín Guevara con el Anartista. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.
Juan Martín Guevara con el Anartista. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.

Por allí me hacías una pregunta sobre qué pienso del kirchnerismo. Antes del gobierno de Macri he ido a distintos lugares, tanto a La Cámpora, a Kolina,  a Nuevo Encuentro, el PCCE y varios más. Era Unidos y Organizados. Y yo decía “Mirá, organizados puede ser. Ahora, unidos olvidate, porque estuve en muchos lugares y no es así.” En fin…Con algunos compañeros como Taiana, con quien estuvimos presos juntos, puedo hablar y decir lo que me parece, pero con muchos otros, no. Creo que el kirchnerismo es un peronismo de otra cepa.

¿Te entusiasmó?

No. Para nada. Yo sigo siendo un extremista. Yo sigo siendo un tipo de la banda de delincuentes subversivos, según nos llamaban los milicos. Ahora, si la lucha armada es la solución, no lo sé. Eso lo tendrán que ver entre las futuras generaciones, cuando tengan que pelear por el poder. Porque el gobierno no es poder. En relación a eso es interesante la génesis de la revolución cubana. Cómo, desde la primera organización en la lucha armada, terminan por lograr el triunfo. Tienen el poder militar. Destruyen la estructura del ejército enemigo, incorporan a algunos de los oficiales para que, de ese ejército rebelde, hagan un ejército regular. Después tienen al presidente y al primer ministro, uno de la CIA y el otro, nada más que pro yanqui. Durante seis meses no tenían el poder político. Cuando terminan de armarse, ¡pum!, saltan estos dos, como tapón de sidra: asumen Fidel y Dorticós. Ahí ya tenían el poder político. Pero no el poder económico. Entonces, hacen la reforma agraria más profunda y lo mandan al Che, que en su vida había entrado a un Banco, al Banco Nacional de Cuba. Lo mandan para que se siente arriba de los dólares y para que los dólares salgan más ¿Qué hace él? Como es un organizador, empieza a buscar tipos que sí sepan de economía y arma un equipo. Cuando vos tomás el gobierno, tomás el gobierno, no quiere decir que ya tomaste el poder. En Bolivia, por ejemplo, Evo no tiene el poder militar. Los militares bolivianos son pro yanquis. Es increíble. La matriz del ejército,  gente un poquito más oscura que nosotros y por eso se parece un poco más a los de los pueblos originarios, es súper reaccionaria. Evo tiene que estar negociando todo el tiempo con la Media Luna, que los necesita. Tienen una producción agraria muy importante. Ahí está una buena parte de la guita. La otra parte está en las minas, donde ha tenido un quilombo muy serio entre las cooperativas y la minería estatal. Otro quilombo es el problema o entre los propios originarios y el tipnis(1), con lo que ha tenido que negociar de nuevo. Para más, tiene un vicepresidente que no cuela como originario, entonces, no es el que puede sucederlo, tiene que ser un aymará.

Basnsky.
Banksy.

Tipos muy reconocidos por su capacidad reflexiva, hoy nos dicen que sólo hay dos opciones: el capitalismo humanizado y el neoliberalismo ¿qué les contestarías?

Si me ponés en la disyuntiva de que estar en el gobierno para ver qué hacer, es una cosa. Si me ponés como Juan Martín, y bueno: para mí es como darle a un perro a que elija qué collar se deja poner. Los reaccionarios de izquierda dicen una cosa que es cierta: nunca hasta ahora se ha hecho una autocrítica de por qué carajo un edificio que decían que estaba muy bien construido y muy sólido, en un tiempito, hizo así y se vino abajo. Yo creo que es porque no se cambió la matriz. Si no cambiás la matriz, siempre te pueden volver para atrás. Entonces, si no cambiás la matriz, en Argentina, podés volver al´76 pero sin milicos, que es lo que pasa hoy. Esto es lo que hicieron: Martínez de Hoz sin milicos. La fuerza militar está, pero no está actuando. Nosotros seremos responsables de muchas cosas. Porque, yo digo, ¿me vas a poner a Fernández, un tipo  que va a negociar con dios y María santísima, que saca a pasear al perrito por Puerto Madero? Dejame de joder

¿Y puesto a votar?, ¿es lo mismo que gane Macri o Fernández?

Bansky. "I am your father."
Banksy. “I am your father.”

El voto no sirve para un carajo. Y no es lo mismo Fernández que Macri. Si este va a ser el tipo que va a dar vuelta la página de la historia… Las arterias y las venas sirven para que la sangre circule. Unas son potentes y llevan oxígeno, las otras son más débiles y viciadas. Ambas son necesarias para la vida. Ahora se da la oportunidad de unir en arterias y venas a CFK con Macri. No son iguales, como no lo son las venas y las arterias, pero son esenciales para que el capitalismo funcione, son parte de él. Pero pasa algo todavía peor. He ido a actividades de compañeros de antes y compañeros de ahora y lo que siento es desilusión. Hablan de traición, ¿qué es traición? Salvador Allende, por ejemplo, no traicionó, murió convencido, como un pequeño burgués, de que es así como tenían que ser las coas. Él quiso torcer a los militares y hacer lo que él quería y lo cagaron a tiros. Es valorable, él defendió su valor, él no es un traidor. El secretario general del Partido Comunista Boliviano es un traidor, porque pactó y aseguró que iba a hacer una cosa que después no quiso hacer. Si yo tengo que ser coherente y tener principios, ser traidor significa meterme los principios en el bolsillo y tirar la coherencia por la borda. En 1967, Arguedas, el ministro del Interior de Bolivia, era doble agente. Ahora salió una entrevista con uno de los tipos que trabajaba con él, que cuenta cómo Arguedas logró sacar una copia de la fotografía del “Diario” del Che y mandarla a Cuba junto con las manos.

 

TIKI TIKI O EL HORIZONTE

 

                                                                       Pero en la tierra no hay nadie/ que esté solo si está cantando./ Al árbol lo acompañan las hojas/ y si está seco ya no es árbol;/ al pájaro, el viento, las nubes,/ y si está mudo ya no es pájaro./ Al mar lo acompañan las olas/ y su canto alegres los barcos,/ al fuego, las llamas, las chispas/ y hasta las sombras cuando es alto./ Nada hay solitario en la tierra/ creemos el hombre nuevo cantando.”
“Creemos el hombre nuevo”, Rafael Alberti


¿Qué es ser revolucionario en Cuba, hoy?

Bansky.
Banksy.

Te hablaría de la paciencia. Ser paciente no significa dejar que las cosas pasen. Es seguir un ritmo. Nosotros no tuvimos eso, decíamos “Lucha popular y prolongada” Lucha, sí. Popular, hasta ahí nomás. Prolongada, no. Así fue. O sea, ¿qué es revolución? Hablar de capitalismo humano e inclusivo por un lado y, por el otro, de neoliberalismo, es como hablar de un sindicalismo que está totalmente referenciado con el capitalismo. Si no hay capitalismo, no hay sindicalismo. Son absolutamente funcionales uno al otro. Igualmente, el capitalismo bueno es funcional al neoliberalismo. El pequeño burgués quiere ser burgués. El burgués quiere ser gran burgués y el gran burgués quiere ser monopólico. Es así. Es el camino. La diferencia estaría en cuántas cabezas tenés que pisar. En Cuba, el capitalismo viene ganando espacio de una manera importante. Los cubanos tienen una ventaja. Y es que han hecho una verdadera revolución y la resistencia se da arriba y abajo. Al medio, no. Al medio es donde tienen el problema, donde está eso que llaman cuentapropismo que, en realidad, está formado por el burgués pequeño, que crece en dinero. ¿Cuál es el objetivo del Papa Francisco en esto? Generar un partido demócrata cristiano. Capitalista, por supuesto, pero humano. El problema que tiene Cuba es que los negros quieren una cosa y los otros son evangelistas. En el medio tienen unos católicos que han sido reaccionarios, entonces, no hay espacio para generar masa. Pero, de a poco, la van generando, porque estos nuevos capitalistas necesitan una estructura política. Y los que son empleados de los nuevos capitalistas ya empiezan a necesitar un sindicalismo real, que los represente. Porque, si tienen un problema, ¿a quién le van a chillar?

¿Cómo reacciona el gobierno ante eso?

El gobierno reacciona con controles, leyes de Estado. Ahora están haciendo nuevas cooperativas para lograr, institucionalmente, una estructura distinta ¿por qué nuevas cooperativas? En su momento las cooperativas tabacaleras no funcionaron, porque el tabaco es un cultivo intensivo, no extensivo, y los mejores productos venían de las fincas de propiedad privada, que eran pequeñas fincas. Y nunca se confiscaron, justamente, por su tamaño. Cuando hicieron cooperativas y llevaron en masa a muchachos estudiantes del secundario, fue un desastre, reventaban las plantas, hacían cualquier cosa, menos generar un producto de calidad. Entonces, las cooperativas no lograron reemplazar a la propiedad privada. Hoy están intentando otro modelo de cooperativas.

¿Hay un sostén ideológico en las nuevas generaciones o, como se dice en algunos lados, están muy influenciadas por la cultura capitalista?

Juan Martín Guevara con el Anartista. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.
Juan Martín Guevara con el Anartista. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.

Mirá, la lucha por el wifi es infernal. En La Habana hay cinco o seis lugares, donde tenés buena señal. Están llenos de pibes jóvenes, tiki-tiki, con los celulares. La única estructura popular que yo he visto funcionar, hoy, es la Federación de Mujeres Cubanas. Es imbatible. Impenetrable.

Igual, los cubanos nos aventajan como seres humanos.

Sí, pero como resultado también de aquello. No tienen narcotráfico, no tienen organización delictiva estructurada, podés andar por las calles de noche. Las mujeres y los hombres, todos tienen el mismo nivel universitario, negra, negro, no negra o no negro, no importa. La mujer en Cuba, ¿por qué cosa está peleando? Porque funcione mejor todo, pero no por las cosas que se pelean en los países capitalistas. Y allá no hablamos de patriarcado si no de machismo, que es otra cosa. Es diferente. La Federación de Mujeres Cubanas es lo más estructurado e importante que hay. Los travestis se pueden poner en la 10 de octubre y no hay ningún drama. Ese es su lugar y punto. ¿Sabés lo que era unos años atrás hablar de un travesti en Cuba? Ufff…

¿Considerás que el movimiento feminista es revolucionario?

No lo considero revolucionario, en tanto solo. Porque, si no, sería cuestión de una lucha por reivindicaciones propias de un sector. Tiene que estar incluido dentro de una lucha más amplia. El objetivo de los de arriba es dividirnos, como en todo.

¿Dónde ves brotes de ideas o movimientos que podrían reflotar el sueño revolucionario?

No es un sueño. Cuando me dicen que el comunismo en la Unión Soviética fracasó y en Europa Oriental también, yo digo: el comunismo, efectivamente, no resolvió el problema de la humanidad. El capitalismo, ¿sí? Estamos fenómeno, ¿no? “No”, me dicen. Bueno, entonces, ¿cómo se va a llamar lo próximo, de qué manera va a llegar y quiénes van a ser los que ejecuten la cosa de lo próximo?, ¿quiénes serán los ejecutores sociales de la próxima etapa? Porque es evidente que la va a haber, no hay posibilidad ninguna de que el capitalismo no vaya a parar a la mierda. Entonces, antes de que se llegue a eso, habrá una nueva etapa.

Bansky. "El vacio legal desata la fiebre."
Banksy. “El vacio legal desata la fiebre.”

¿Debería haber un revisionismo sobre el marxismo?

Si la historia y la memoria sólo las tiramos para atrás y nunca para adelante, son sólo un museo. Claro que hay que estudiar pero, a la vez, es para adelante la cosa. Nosotros, en los años aquellos, estudiábamos las revoluciones francesa, la norteamericana, la china, la soviética, todas, y con sus contradicciones. Mirá, hay algunos trotskistas que sí quieren discutir y con ellos he hablado mucho del Che, del foquismo y de la lucha armada. Ellos dicen que eso es un error, pero yo les digo ¿sabés quién fue el guerrillero más importante de la historia? Trotsky. De la nada formó, primero, una guerrilla y, después, un ejército. Entonces, ¿de qué me estás hablando? Sí, formó el Ejército Rojo. Y, aun antes de eso, había un montón de gente del pueblo que ya andaba armada.

Por otra, parte. Vamos al marxismo. En la historia crítica de la teoría de la plusvalía, Carlos Marx explica, en síntesis, la forma en que los dueños del capital se apropian del excedente o plus social producido por los trabajadores: la plusvalía. De 1848 a la fecha, las cosas en ese sentido no han cambiado. Por el contrario, las tecnologías han acelerado los mecanismos de apropiación. Los Estados siguen siendo la aspiradora. A la plusvalía directa, se le suman formas indirectas de apropiación privada de lo social. Los niveles de concentración hoy son incomparables con los estudiados por Marx. La globalización y financiación del capitalismo funcionan para esa concentración. Entonces, ¿las contradicciones internas del capitalismo llevaran a su muerte? ¿Será el proletariado, el trabajador, el explotado, el sepulturero y partero a la vez de una sociedad socialista, comunista? Marx dice, al discutir a Feuerbach, “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.” Aquí entraría Lenin con la introducción de la organización de los actores sociales necesariamente interesados en el cambio, para que esto suceda, “El Partido”. Luego, está la crítica del Che. En los Apéndices, deja en claro que los avances pueden ser seguidos de retrocesos, en la medida en que esos avances no sean en dirección correcta en lo material y no estén acompañados de otros avances que corresponden a la conciencia. Así predice la vuelta de la URSS al capitalismo. Hoy…

Wilfredo Lam.
Wilfredo Lam.

¿Dónde ves hoy algún movimiento que se acerque a la práctica de eso nuevo que vendrá?

Lo nuevo no puede ser algo desvinculado de la historia, tiene que ser una continuidad y eso es lo que han tratado siempre de cortar desde arriba, tanto desde el punto de vista filosófico como ideológico y práctico. Y, por supuesto, mediático. Ahora, yo no puedo echarle la culpa de los cambios a lo mediático, porque es un elemento más del poder para morfarte la cabeza.

 

LAS COSAS QUE PUEDE EL CHE

 

                                                               “Vienes quemando la brisa/ Con soles de primavera/ Para plantar la bandera/ Con la luz de tu sonrisa./ Tu amor revolucionario/ Te conduce a nueva empresa/ Donde esperan la firmeza/ De tu brazo libertario.”
“Hasta Siempre”, Carlos Puebla


¿Cómo ves al peronismo como movimiento histórico?

En el ’74, me metió preso el teniente coronel Navarro que, en Córdoba, era el delegado del teniente general Perón. El primer tipo que genera en el D-2 de Córdoba, la represión, la Triple A y demás. Era un teniente coronel en actividad y dependía del poder militar, cuyo máximo responsable era el teniente general Perón. En Córdoba, ni los peronistas más peronistas podían negar esto.

Juan Martín Guevara con el Anartista. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.
Juan Martín Guevara con el Anartista. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.

Pero el peronismo es muy amplio.

Sí, sí. Pero Perón es uno, ¿eh? En el año ’30, da el primer golpe, que después justifica diciendo que él era muy joven, un tenientito nomás. En el 43, da otro golpe, con los generales Ramírez y Farrell. Y dice “Ah, bueno, pero eran dos tipos de la derecha que ni siquiera eran mussolinistas”. Porque él sí que lo era, era del GOU. Y los otros dos, no. Después se alía con Lanusse, en el Gran Acuerdo Nacional, una alianza entre el poder militar, más o menos derrotado desde el punto de vista político, y que no quiere ser derrotado desde el punto de vista militar. Porque las organizaciones armadas estaban creciendo. Trelew es el punto de inflexión. Cuando los militares se dan cuenta de que las organizaciones unidas pueden tomar un penal, llevarse un avión e irse en dirección a Cuba, dicen “No, pará. Tenemos que cambiar la cosa, así no va”. Entonces, Lanusse, que es el más pícaro, deja que vuelva el peronismo. Perón no, Cámpora. Pero es un acuerdo entre Perón y el partido militar. No con los militares colorados, sino con los azules, los más políticos del partido militar. Y esa alianza es para derrotar las posibilidades revolucionarias y el cambio verdadero, para liquidar a Montoneros, PRT, FAR, FAP y todo lo que venga.

¿Perón traiciona a todo el movimiento de izquierda de esos años?

No. Perón nunca traicionó. Perón fue siempre un fascista, un capitalista de Estado, un defensor de lo que fueron Italia y España como modelo.

Ya veo cuál es la parte que metió la francesa. Cuando te hace decir a vos que repensaste toda la historia del peronismo….

Juan Martín Guevara. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.
Juan Martín Guevara. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.

Sí. Pero el libro tenía que salir. Y fijate vos, el libro ha hecho que estemos acá conversando y que vos quieras que yo me ponga a escribir. Hay posibilidades entonces, uno las tiene que encontrar. Te cuento: un 1° de Mayo, en Pescara, Italia, había un acto en la plaza central y el intendente quería conocerme. Fui. Venían las elecciones y el tipo pensaba que, si presentaba al hermano del Che, ganaba unos cuantos votos. Fuimos a la plaza, había quince o veinte mil personas y una banda de rock, con uno que cantaba y corría de aquí para allá con el micrófono, se tiraba al público y el público lo devolvía. Yo pensaba, “Mamá, ¿de qué voy a hablar acá?” Bueno, empecé a hablar, con una mujer que traducía. En un momento me di cuenta que ella traduce cualquier cosa y le dije “No, no. Yo dije esto otro” Pero era un quilombo todo. Así que agregué cuatro o cinco cosas más y terminé con “Hasta la victoria siempre”, alzando el puño. ¿Sabés qué cantidad de puños se levantaron? Todos. Bajé y, mientras me iba, se me acercaban y, de ahí, saqué contactos de toda clase de gente.  Estas son las cosas que puede el Che, no las puedo yo.

Ahora que comentás esto, recuerdo que en el libro se menciona que los sobrevivientes de la guerrilla en Bolivia dicen que, para tu hermano, vos eras su heredero espiritual ¿esto es verdad o es un invento de la francesa?

Es relativamente verdad y relativamente un invento de la francesa. De la manera en que está puesto, no es. Pero sí es cierto que, de todos los hermanos, él puso las fichas en mí. ¿Por qué? No lo sé.

¿Eso te pesa o es un honor?

Nunca fue una carga. Yo fui militante del PRT, agarré los fierros por la revolución. Cuando digo “derrota” se me enojan y me dicen “No, fue una batalla perdida”, bueno, digamos batalla perdida. Pero en el ’67 no fue una batalla perdida, fue la derrota de la revolución latinoamericana. En todo caso, fue una batalla tan importante que, desde ahí, todavía estamos viendo cómo seguir. Lo que nadie puede dejar de reivindicar es el valor, la coherencia, el haber puesto el cuerpo. Eso lo reivindican, pero todo lo demás no. Incluso la misma izquierda, ¿y de dónde viene eso? De Tamayo, que es el que más yo conocí. En el ’59, cuando estuve en Cuba, había una cantidad de pibes de mi edad o poco más, que después fueron comandantes y generales. Yo no entendía nada, eran pibes de diecisiete años que venían de combatir dos años contra el ejército de Batista. Con ellos nos hicimos amigos, hablábamos de las mismas cosas, más allá de que ellos venían de dos años de guerra y yo tenía mi experiencia de estudiante, luchaba en Buenos Aires con el tema de la educación laica o libre. Yo fui presidente del Centro de Estudiantes del colegio Nicolás Avellaneda y ya, las discusiones internas de ese momento, anticipaban las posteriores con el PC, respecto del reformismo, y las disputas con los Montoneros, respecto del nacionalismo popular.

Bansky.
Banksy.


UNA HIGUERA QUEBRADA

 

                                               Yo sé los nombres extraños/ De las yerbas y las flores,/ Y de mortales engaños,/ Y de sublimes dolores./ Yo he visto en la noche oscura/ Llover sobre mi cabeza/ Los rayos de lumbre pura/ De la divina belleza.”
“Yo soy un hombre sincero”, José Martí

 

¿Qué sentiste cuando llegaste a La Higuera?

La última vez, en octubre de 2017, fue la peor de las tres, porque políticamente me desayuné con cosas de Bolivia que no las tenía claras, cosas actuales. Por ejemplo, cuando se hizo el acto, el Ministerio de Relaciones Exteriores me mandó la invitación, que decía “Homenaje a la presencia en Bolivia de Ernesto Guevara y sus compañeros” ¿Cómo? ¿El 8 de octubre es la presencia o es el asesinato?, ¿cómo es la historia? La presencia fue un año antes, fueron once meses que estuvo allí. Ahí decidí no ir con la invitación, sino con otros compañeros, de ATE, de los de La Pastera del sur, del museo del Che en San Martín de los Andes. Fuimos hasta Valle Grande y, cuando llegamos, empezaron una serie de idas y vueltas, que tenían que ver con que yo subiera al palco. Ahí estaba Ramiro, mi medio hermano, Camilo, Ramiro Valdéz, Atilio Borón y no sé quién más, estaba decidido de antemano que estarían ahí. Dos días antes se había una reunión de la oficialidad superior los militares, en la cual ellos reivindicaron la lucha contra la invasión ideológica y extranjera. No dijeron directamente que estuvo bien asesinar al Che, pero estaba implícito. El 8 de octubre, Evo habló de asesinato en su discurso. Y, dos días más tarde, los condecoran a estos milicos. Cuando vos vas al museo de Valle Grande, es un museo de los milicos. La matriz de los militares bolivianos no está cambiada.

Claro. No hubo juicio y castigo sobre este hecho.

Wifredo Lam.
Wifredo Lam.

Para nada. Además, cuando Tristán logra meterse en el cuartel general y consigue retirar alguna cosa, después le prohíben la entrada. Y Evo no pudo romper ese cerco. Entonces, uno piensa: “Han tenido que negociar”. Yo no subí al palco. Cuando vino el del Ministerio de Relaciones Exteriores a decirme si quería subir le dije “Somos seis. Si subimos los seis, subo” Me contestó: “Es para ti solo” “A los compañeros no se los abandona”. Al final, no subimos.

¿Y qué te pasó las otras veces en la Quebrada de Yuro?

Y… la otra vez que bajé a la Quebrada de Yuro, te puedo asegurar que fue muy duro. Además, me encontré con el hijo del Inti Peredo. No sé exactamente cómo lo puso la francesa.

Que sentiste mucho dolor y que te preguntaste por qué no te estuviste ahí, si también vos eras un militante.

Me pregunté por qué no me quedé en Cuba. Ese fue el momento de ruptura total con mi viejo, con quien la cosa ya venía resquebrajada. Tenía quince años, no sé si hubiera ido con el Che a Bolivia, pero me quería quedar en Cuba.

En el 61, se vieron en Punta del Este, ¿en ese momento pensaste en irte con el Che?

Servando Cabrera Moreno
Servando Cabrera Moreno

Quise hacerlo, pero el Che me dijo que hablara con un Fulano. Pero no hubo caso. No sé tampoco por qué, en el 59, él no decide que yo me quede en Cuba.

Él, que había ya roto un montón de reglas.

Sí, pero romper las reglas familiares con la vieja y el viejo no era lo mismo…

Menos, con el hermano menor, ¿no?

Mirá, yo he tenido la posibilidad de decirle cosas que nadie podía, hablarle no muy bien de su mujer, qué se yo, cosas íntimas. Le decía lo que me daba la gana y punto. Él se cagaba de risa, porque me tomaba como el hermano y como un pibe también.

 

FAMILIA MUY NORMAL, CHARARÁN

 

Y yo no tengo misión ni familia ni otra dialéctica que esos conjuros mortales donde se deshace la espuma de los grandes escrúpulos/ Pero obstinado siempre en el furor de un mundo que silba como una sirena de fuga/ por cada beso hacia el alma/ por cada boca con el pan de las cantáridas/ por cada latido que se precipita y estalla bajo el cautiverio de la tormenta”
“Sentar cabeza”, Enrique Molina


Chichina, ¿vive?

No sé. Cuando Ernesto fue El Che, a ella le hicieron pomada la vida, porque todo el mundo le decía que era una gila de cuarta por la que se había perdido. Pero, bueno, no supe más nada de ella, que además era de una familia muy de mierda. Conocí el ala izquierda de la familia, digamos, al petiso Ferreira, que estuvo en cana y es uno de los que participan en el secuestro del avión de Trelew.

Wifredo Lam. "La mañana verde."
Wifredo Lam. “La mañana verde.”

¿A Tita Infante, su amiga de la facultad, su confidente y corresponsal, la conociste?

A la Tita sí, la debo haber conocido, aunque yo era muy pibe y ni me acuerdo de cómo era. Ella era estudiante, compañera de él y venía a estudiar a casa.

¿Están las cartas entre el Che y ella?

Las debe tener Aleida, que quizás las perdió o las debe haber asucuchado, como hizo con Hildita…

La familia Guevara Lynch que se describe en el libro se parece a los locos Adams…

Y, más o menos. Fijate que se fueron a Misiones dos años y volvieron. Pasan un tiempito en Buenos Aires, y nacen dos hijos. Otro tiempito en Alta Gracia, Córdoba. Otro más, en Buenos Aires… No son los locos Adams, son los locos Guevara. Después, el tío Jorge, que la mujer lo mete en un psiquiátrico para quedarse con un campo que era de él. Jorge, ingeniero agrónomo, era el tipo que se iba a Mar del Plata, se ponía el gorrito blanco y se tiraba a nadar, con bandera roja. Todo el mundo en la playa esperaba que se ahogara. A la segunda o tercera vez que lo hizo, vino la policía y se lo llevó porque era un despelote, y ningún bañero se quería meter. Él le enseñó a nadar a la vieja y a Ernesto en esas aguas, él le hizo hacer vuelos sin motor al Che, él era loco de la moto, el que le eligió la Norton, era el tío loco.

¿Y Carmen?

Carmen era más comunista que el marido, que era del PC.

Wilfredo Lam.
Wilfredo Lam.

Carmen, enamorada de Amado Nervo toda la vida, lo pudo cuidar en sus últimos días. Son tantas historias de familia que parecen de novela…

Si el Che no hubiera sido el Che, estas historias no se conocerían. A lo mejor hay historias como estas en miles de familias y no aparecen en ningún lado. Desde que Juan Martín Guevara dejó de ser Juan Martín Guevara nada más, para ser el hermano del Che, es otra la historia: Bombas y tiros en mi casa, ¿viste?

 

 

LA CONFIANZA EN EL COSTILLAR DE ROCINANTE

 

                                               Pero los verdaderos viajeros son los únicos que parten/ Por partir; corazones ligeros, semejantes a los globos,/ De su fatalidad jamás ellos se apartan / Y, sin saber por qué, dicen siempre: ¡Vamos!”
“El viaje”, Charles Baudelaire

 Tete-Ernestito-Fuser-Che Un Viaje que comienza en Rosario-Misiones, sigue por Buenos Aires y Córdoba. Pasa otra vez por Buenos Aires y, de ahí, el gran salto a la América Profunda Ya el VIAJE estaba gestado. La moto como medio, casi como excusa para el VIAJE Motociclista. Motorista-Motoquero. De caminos abiertos de rutas sin tiempos de sorpresas esperadas y voluntad de avanzar y llegar. Fragmento enviado por Juan Martín Guevara para “El anartista”

Parece que, en este recorrido, la historia te marcó  para ser un sujeto político.  No sé si lo has podido elegir.

La elección tiene que ver con las oportunidades para poder o no elegir. Hay opciones y elecciones. Creo que todo lo que está pasando desde el punto de vista electoral son opciones, no hay elecciones acá. Ahora bien, en otros casos y en otras cosas, podés elegir. Mi elección estuvo clara. Nosotros, por ejemplo, los del PRT, nunca estuvimos de acuerdo en llevar encima una pastilla de cianuro para asegurarnos de no cantar en caso de ser secuestrados. Si canto, canto, pero no voy a tomar cianuro para matarme.

El Che es asociado muchas veces a la idea del sacrificio.

Es una idea que se puede pensar como la de esperanza o la paciencia. La esperanza es esperar, es una cuestión religiosa. Nada que ver con otra cosa en la que sí creo, que es la confianza, la acción en lo que podés construir. La paciencia es esperar el momento, lo contrario del hastío. Porque, si estás harto, chau, se te va a escapar el tren. Ahora, me preguntabas por el sacrificio: el sacrificio es pensar que soy un Cristo y que voy a representar para los demás una especie de simbología. Pues, no. El Che fue a triunfar. Le salió mal. A Fidel lo tuvieron a poca cosa de matarlo en la Sierra. Pero no pudieron. Yo digo que, sin Fidel, no habría Che. Y se me quedan mirando… Pero se topó con Fidel en Méjico y, bueno, hay un Che. Las circunstancias de la historia a veces se articulan con las casualidades.

Me llama la atención la cantidad de veces que el Che menciona en sus escritos la posibilidad de morir.

Escuchá:

“Queridos viejos: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo. Hace de esto casi diez años, les escribí otra carta de despedida. Según recuerdo, me lamentaba de no ser mejor soldado y mejor médico; lo segundo ya no me interesa, soldado no soy tan malo. Nada ha cambiado en esencia, salvo que soy mucho más consciente, mi marxismo está enraizado y depurado. Creo en la lucha armada como única solución para los pueblos que luchan por liberarse y soy consecuente con mis creencias. Muchos me dirán aventurero, y lo soy, solo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades. Puede ser que esta sea la definitiva. No lo busco pero está dentro del cálculo lógico de probabilidades. Si es así, va un último abrazo.”

Ahí está lo que vos decís. Cuando salen de la cárcel y van para el Granma, él describe el golpe que significa escuchar, bueno, ¿a quién hay que avisar de la familia si nos liquidan? Cada uno tenía que decirlo. Él dice que ahí siente el primer impacto de lo importante  que iban a hacer.

Y era la angustia de saber que podía morir y de saber que también iba a matar.

La lógica de la guerra es eso ¿viste? Al enemigo hay que destruirlo física, moral y anímicamente.

¿Quién es un enemigo para vos, hoy?

Sigue siendo el capitalismo. En cuanto al concepto de poder y de lo que el dinero y la avaricia logran con el poder. Yo digo que, cuando hay una opinión, detrás hay una posición. Y, detrás de la posición, hay un interés, que puede ser económico, cultural, ideológico, pero hay un interés. En un mundo globalizado como el de hoy, que viene anteriormente de una dominación imperial lograda por la fuerza, ese interés tiene las herramientas como para vaciarte la cabeza y llenártela con otros elementos. Hoy, la desaparición forzosa de personas está reemplazada por la desaparición forzosa de mentes. Y, si no lo logran con eso, también te desaparecen. Si no te convencen, te revientan. Pero van a tratar de quitarte de la cabeza el ideario del triunfo, de la lucha por el poder.

Bansky.
Banksy.

 

UN FRENTE NÓMADE

 

                                                               “De la raíz a la más alta punta/ Con los dedos crecidos por el viento/ Y el terror de los anuncios obscuros regalados/ Humildemente regalados como semillas a la madre/ Así el barco buscado por sus aguas/ Ha de reconocer los fluidos de su acento/ Y será reconocido por las puertas hermanas.”
“Aquí estamos”, Vicente Huidobro


Este número es sobre ausencias. ¿Dónde sentís más la ausencia de tu hermano en este momento?

Wilfredo Lam. "A tres centímetros de la tierra."
Wilfredo Lam. “A tres centímetros de la tierra.”

Creo que el Che no era el político que sí fue, por ejemplo, Fidel. Era un organizador, un pensador, un tipo con una capacidad de ver para adelante- que también tenía Fidel- pero de otra naturaleza, más política. Cuando llega Monje al campamento de Ñancahuazú, a romper con el pacto que había tenido en La Habana y a decirle al Che que él era el jefe y que él iba a comandar este grupo guerrillero armado para la liberación de Bolivia, él sabía que la respuesta iba a ser un no. Ahí, pienso, ¿qué hubiera hecho Fidel? Le hubiera dicho “Sí, tomá la gorra de comandante y decile a toda tu gente que ya está. Vos te quedás acá ¿Qué hacemos ahora, comandante?” ¿Qué hacía el tipo? No se iba a quedar. Se hubiera ido. Creo que Fidel hubiera hecho eso, como hizo con Dorticós y con Miró Cardona, puso a un primer ministro y a un presidente que  no eran ni martianos. Pero vos me preguntabas por la ausencia. Creo que la ausencia está. El tema es poner la presencia, en cómo lograr que esté presente no como una imagen, sino como el referente que es, con sus distintas facetas. Que su presencia nos interpele, diciéndonos: “Sí, este camino fue truncado y me liquidaron, lo cual no quiere decir que no es este el camino. En todo caso, fíjense y no cometan algunos errores, pero el camino es este, es lucha, es conciencia, es revolución”

¿Cuál es tu lucha ahora?

Es la Fundación y es la juventud. Ahora tengo que ir a una secundaria en La Matanza, a otra en el Chaco y a otra en Berazategui. En Europa he estado siempre en actividades con jóvenes. A veces, en colegios. Y, a veces, con jóvenes militantes.

Seguís siendo un poco nómade.

Es que yo creo que la solución de los problemas no va a ser nacional y cerrada. Cuando, en un momento, nosotros planteamos la Junta de Coordinación Revolucionaria, lo hicimos con esta idea. Teníamos que hacer un frente. No un frente amplísimo, no. Un frente antiimperialista y por el socialismo. Internacionalista.

¿Ves a la juventud receptiva del mensaje del Che?

En Italia, directamente, me preguntaban cómo hacer. “Yo no soy el Che”, les dije. Yo te doy las cosas que él escribió y arreglate. No me pongas en la situación de decir qué hacer y cómo hacer.

¿Y cuál es el eje que llevás a las escuelas secundarias acá?

Hay una necesidad de respuestas concretas a lo que pasa y a lo que quieren que pase, mezclada con las realidades de los que les proponen cosas. Vos llegás y les hablás de lucha, de revolución. Les hablás de marxismo, desde un punto de vista histórico. Y, aclarás: si no estudian la historia, se van a volver a equivocar en lo mismo. O, por lo menos, si estudiás la historia, vas a hacer las cosas de acuerdo a lo que creés y querés. Si estudiás al Che, podrás o no estar de acuerdo con él, pero leelo. No estés en desacuerdo por lo que te cuentan. Yo voy, en general, invitado por los centros de estudiantes de toda índole. Es una cosa que tienen los compañeros jóvenes que adhieren a Cristina

¿También te invitan ellos?

Claro. Los que no me invitan son los del FIT. He estado junto a Castillo y a otros en algunos lugares, pero no porque me invitaran ellos. Ya te conté que discutimos muchas veces sobre el foquismo. No tienen argumentos y critican el foquismo… Vos decís “lucha”, sí. “Poner el cuerpo”, sí. “Conciencia”, sí. “Estrategia”, sí. “Unidad”, sí,  “Organización”, sí. Todo eso, sí. Bueno, pero eso es leninismo, es marxismo, es política y es realidad. A ver, ¿el peronismo está unido para eso? No. Por eso pasó lo que pasó en su momento: Montoneros, FAR, los juicios que hubo dentro de Montoneros con la columna Norte… Yo fui testigo directo de una barbaridad: ellos enjuiciaron a un compañero y lo condenaron a muerte dentro de la cárcel. Cuando salíamos al patio, no podíamos juntarnos en grupos de más de tres. A mí me dieron la tarea, junto con otro,  de no dejar solo a este compañero. Pero se suicidó. Jamás le preguntamos si habló o no habló en la tortura ¡estábamos en cana! Y no era un alcahuete, como alguno que me pusieron a mí en la celda. No. Era un tipo que estaba destrozado.

 

LA AURORA DE LOS NIETOS

“y busquemos la aurora/ apasionadamente atentos a su signo./ Porque hay aún un continente verde/ que imanta nuestras brújulas.”
“Apuntes para una declaración de fe”, Rosario Castellanos


¿Qué es lo poético para vos?

A veces me preguntan qué estaría haciendo el Che si viviera. Yo digo que eso es metafórico. O metafísico. O lo que te decía respecto de la escritura, como no siempre liberadora, sobre todo, para los que estuvimos muchos años encerrados. Sigo teniendo presente que el enemigo es el enemigo y no le voy a regalar nada. Sé que mi celular es público para todos los servicios de inteligencia, como fue mi librería. Cuando fui a una charla a la Facultad de Psicología, una de las preguntas era sobre esto de la cárcel y la escritura. Y yo dije: una cosa es cuando un preso común sabe que tiene equis años por delante y otra, cuando vos no sabés si salís en dos, quince, cincuenta años o te matan mañana.

Banksy.
Banksy.

Pero ya saliste.

Claro, pero lo sucedido existe. Todo lo que uno ha incorporado sigue con uno. Nunca perdí de vista que vencer al enemigo era también vencer esa situación en la que estábamos. Nunca nos victimizamos, sabíamos que la cárcel o la muerte eran parte del juego. Tengo la suerte de que no me mataron, de que puedo contarla y, además, seguir luchando.  Hay un chino, Sun Tzu, que escribe sobre el arte de la guerra y habla de la inteligencia y la contrainteligencia. Es increíble. Está hablando del enemigo. No sé si el Che habrá leído a Sun Tzu o a Clausewitz, pero evidentemente tenía claro quién era el enemigo. Y si el enemigo me cuenta las costillas, yo se las tengo que contar. Y, además, decirle que soy un invertebrado. Entonces, sé que mi palabra no es cualquiera. Si no hubiera existido el libro y yo no fuera el hermano del Che, no estaríamos acá hablando. Por sobre el encierro, es el hecho y la responsabilidad de ser hermano del Che lo que hace que tenga estas prevenciones. Porque en el encierro yo era el 449. Pero, cuando venía un milico a la celda, era Guevara, el hermano del Che.

¿Por qué en  “Mi hermano, el Che” se dice tanto que tu hermana Celia se iba a oponer a este libro?

Cuando Tristán Bauer sacó la película, nos invitó a la avant premiere y fue Celia. Empezó la película y se tuvo que ir, no la soportó. La muerte. La muerte es el tema. Ella se hace cargo de la muerte de todos y de cada uno. Pero lo de Ernesto es terrible. No puede con eso.

Es terrible ya que a uno le maten a un hermano, me imagino si, encima, la foto de tu hermano muerto circula por todo el mundo…

Bansky.
Banksy.

Sí, pero yo fui hasta la Quebrada. Ella, ni que la lleven a las patadas. Pero, ¿por qué ella dice que yo no debo hacer lo que hago?  Es una manera de defenderse. Ella sí puede hablar de cosas que yo no puedo, porque lo conoció mucho más íntimamente por la edad. Yo quizás estoy contando son relatos de la familia, no son mis recuerdos puros, digamos. Yo no jugaba con él como jugaba ella. Yo cuento lo que he escuchado. Pero ella no quiere, ya sea por el dolor que le significa y también porque la presionan para que cuente. Entonces, si yo no lo hiciera, quizás ella estaría más libre de hacerlo.

Cuentan que él te mimaba mucho y jugaba con vos.

Él se fue cuando yo tenía diez años. Se pasó dando vueltas por el mundo y era, como cuento en el libro, buenísimo reencontrarlo. Lo que pasa es que yo veo la foto en que estamos los dos, yo subido a babucha de él o en su falda, y me da una cosa que los demás no pueden sentir. Yo era el chiquito, ¿entendés? El juguete. Íbamos a ver fútbol y para mí era una alegría, no por el fútbol, si no por ir con él.

La muerte del Che fue anunciada falsamente tantas veces, que me pregunto si vos lo creíste cuando fue real.

Sí. Porque yo había tenido determinadas reuniones, en las cuales había surgido que el Che estaba en Bolivia, aunque oficialmente no se sabía. Estaba trabajando de repartidor y, muy temprano a la mañana, vi la foto en un puesto de diarios. Ese día nos reunimos y ni mi viejo ni Celia lo creían. Pensaban que era un montaje. Cuando Roberto fue con Gelblung a Bolivia, le preguntaron si él creía que era el Che. Y él dijo que hasta que ver el cuerpo no lo creería. Roberto, que era un abogado y no era militante, pocos días después del asesinato se bancó reunirse con el milico a cargo de la zona y después con el jefe del Ejército, no era joda. Yo, al ver la foto, sí creí que lo habían matado.

Era un desaparecido.

Lo fue hasta que hubo datos concretos de dónde estaba. Entonces, Roberto se jugó. Celia se jugó por los desaparecidos y los presos desde Europa. Pero no le pueden hablar de Ernesto. Del Che, no habla.

Nos debés algo tuyo escrito.

Escuchá este, es del Che:

Vas a morir, vieja María. Toma esta mano de hombre que parece de niño entre las tuyas Unidas por al jabón amarillo. Restriega los callos duros y los nudos puros en la suave vergüenza de mis manos de médico. Descansa en paz, vieja María. Descansa en paz, vieja luchadora. Tuis nietos, todos, vivirán la aurora. Lo juro.

Las dos imágenes más conocidas en el mundo son Cristo y el Che. Y yo creo que hoy más el Che que Cristo, porque aparece en lugares que uno se pregunta qué hace acá. Muchas veces son trivializaciones, pero lo que hay que preguntarse es por qué trivializan con el Che y no con cualquier otro. Ha habido y sigue habiendo una campaña para minimizar su figura, pero no creo que, después de 50 años, vayan a tener éxito. Gran parte de su pensamiento sigue vigente y, si somos capaces de colocarlo de nuevo en contexto, no podrán nunca trivializarlo. Fragmento enviado por Juan Martín Guevara para “El Anartista”.

 

Juan Martín Guevara con el Anartista. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.
Juan Martín Guevara con el Anartista. Fotografía: Estela Colangelo y Valeria Roig.




AL ROJO VIVO

Ausencias: sobre el clásico de fútbol en Salliqueló.

Por Cecilia Miano

 

CANCHA NUNCA ESTADIO

Más verde por acá
Más verde por acá

En Salliqueló, casi desde su fundación, los clubes aparecieron como los pobladores, como al descuido, sin pensar mucho. Llegaron desde distintos países y se resistieron al impacto de vivir en la pampa árida, casi sin nada. Así, primero apareció el Club Newbery y, poco después, el Atlético Cecil A. Robert. Desde ese entonces, sus colores visten el pueblo pero, por sobre todas las cosas, visten la cancha de fútbol. Digo cancha, claro, porque acá nadie usa la palabra estadio…

Los jugadores, en general, son los chicos del pueblo que, casi como si lo heredaran en el código genético pertenecen al rojo o al verde, dos mundos en paralelo.

Los newberistas son los hinchas que contaron con los socios más adinerados del pueblo, aunque el club se construyó con el esfuerzo de quienes pusieron su trabajo para recaudar fondos en pos de mucho que se propusieron. El sello de los verdes es el esplendor. Les gusta sentir que es el club donde todo se puede. Verdes son los roberistas, los luchadores por definición. El club es un lujo hecho, también, con el esfuerzo de todos los socios. El amor es camiseta, pertenencia y eso hace crecer las instalaciones y las pasiones.

 

MAGOS ROJOS

Siempre en festejo
Siempre en festejo

Y ya que hablamos de pasiones, vamos al asunto hinchadas. En los rojos, el color de la camiseta se cuela y se hace sangre, un sentido más de vida. La cancha es un ejemplo de esfuerzo a pulmón. Y, cuando los pulmones se cansan, las maquinarias hacen lo suyo. El césped, los vestuarios, la sede social, el gimnasio, las fotos inundan de memoria el presente y lo hacen desear.

Y cómo no mencionar la fiesta del día de los reyes magos, que este club organiza hace más de treinta años. Allí, los monarcas llegan en caballos, con trajes de ensueño y un pesebre viviente. Por supuesto, entregan regalos. Todos en el pueblo esperan y celebran en la cancha. La fiesta es tan masiva, que ningún niño se queda sin recibir un golazo de ilusión.

 

GALERÍA VERDE

Por su parte, el espíritu de los newberistas consiste en estar siempre en lo más alto. Ellos son de los que rivalizan con orgullo y sin miedo. Lo atestigua la galería de trofeos y recuerdos fotográficos, en el hall de acceso al salón de fiestas. El magnífico salón desprende verde y blanco desde el piso. La vista asciende desde ahí hasta el escenario, vestido con la prestancia de un altivo telón, siempre dispuesto a la fiesta

 

LA ESCUELA DE LA CANCHA

Sólo con pasión
Sólo con pasión

El plantel de fútbol siempre ha sido lo más importante en los dos clubes. Es la disciplina más destacada, la más seguida y, en los últimos años, crece cada vez más el fútbol femenino, sobre todo, en el Robert.

Las canchas están separadas por dos cuadras, donde se emplazan los colegios más importantes del pueblo. Es decir, que a la pasión por educar atraviesa cuatro cuadras mágicas.

El encuentro más importante en el campo es el clásico: Newbery-Robert, o, al revés, según el tinte de la mano que lo escriba. Más allá del lugar de cada equipo en la tabla de posiciones, el orgullo de ganar un clásico importa casi más que el campeonato.

El sábado juegan las categorías inferiores para dejar el domingo como plato fuerte. Ahora, el domingo se prepara desde mucho antes que empiece el partido. Los contrincantes se encuentran en la cancha después de compartir asado el viernes y, el día de la contienda, el madrugón es para hacer la previa al partido conformados como equipo. Pero, ¡atenti!: El Newbery puede salir campeón. El Robert quiere ganar para salvar el orgullo de todos los clásicos. La cancha es la del verde, con su césped – alfombra mágica, inusitada para el mes de junio. Abre la jornada futbolera el Senior, un equipo con jugadores de más de 39 años que despuntan las ganas de jugar en una categoría hecha a medida. El físico, la cabeza, los compañeros, los sonidos de recuerdos, las piernas listas para los toques y los golpes, la ropa dispuesta a acompañar el movimiento con destreza pero, por sobre todo, con corazón.

 

LA ROJIVERDE

Acceso a la cancha
Acceso a la cancha

La tensión está en el aire. Los autos llegan a la cancha para encontrar un buen lugar en las cocheras, un espacio imaginario, porque no están delimitadas por nada. Pero todos saben dónde estacionar, quiénes serán sus vecinos de cochera y dónde dispondrán las sillas para tomar mate.

La hinchada roja es la más bochinchera, los simpatizantes se destacan por ser intensos en los cantos, hábiles para encontrar rimas y se muestran muy unidos. De visitantes, se ubican en la tribuna -por así decirlo, porque no existen las gradas- del lado izquierdo, visto desde la entrada. Enfrente se ubican los newberistas, muchos autos, mucha bandera verde y blanca.

Los verdes son la hinchada por herencia de quien, de ahora en más, llamaremos “La Novia nueva”. Ella hoy tiene una expectativa diferente, su amor juega el clásico… pero para el rojo. Ella vio el esfuerzo en los entrenamientos, la dieta, las horas previas, el dolor de panza, el sueño liviano, las ganas a pesar del frío. Así las cosas, la tensión del clásico no es nada en comparación con lo que cincha en “La novia nueva”. Una novia puede ser la hinchada en muchos lugares pero, a la hora de un clásico, es difícil pertenecer a un equipo y tener que ir a alentar al contrario.

 

LA RUBIA ES NUESTRA

Paisaje de cancha
Paisaje de cancha

La hora de entrar a la cancha se hace difícil. ¿Dónde es su lugar?, se pregunta “La Nueva novia”. ¿En medio de una hinchada desconocida y amable para el jugador novio o en la comodidad de los verdes? Las cosas, finalmente, las decidió el azar. La entrada la encontró con una pareja de jóvenes conocidos a quienes les pidió ir con ellos en la camioneta. Así llegó ella, a un lugar donde el verde brillaba. Los jugadores rojos se preparan. El silbato anuncia el comienzo del clásico del Senior. La cuestión es que “La Nueva novia” necesita de ayuda para ubicar a su jugador. El “perro”, el hincha más picante del verde, lo ubica, mientras casi relata, al mejor estilo profesional, las jugadas para la novia. El amor por el fútbol hace esas cosas, que el “perro” diga que Roberto juega muy bien a la pelota.

El joven con quien la novia entró a la cancha también hace las veces de relator. Roberto le pegó al 10. Ahora corre por el lateral. El árbitro le sacó una amarilla… y todos los pormenores del partido llegan a oídos de la azorada “Novia nueva”, a modo de diccionario bilingüe: así la novia podrá disfrutar desde la camioneta verde, con los ojos puestos en el 19 del rojo.

Sin embargo, ella sólo miraba a su amore. Las medias coloridas la ayudaban a seguir cada paso. Sin dudas, él juega muy bien. Los comentaristas lo confirman. Y, mientras el partido toma su ritmo, la camioneta preparada para los clásicos se transforma en una especie de fábrica de escenografía futbolera. Los globos verdes se inflan con un compresor y la novia, en su espíritu cooperativo, ayuda en el atado.

El entrenador del verde pasa y saluda con alegría a la Nueva novia, quien le ruega que no anuncie a su novio su ubicación en la cancha. Como si fuera sordo, ni bien ella termina de formular su reclamo, el entrenador corre para gritarle al jugador/novio, que La Novia nueva es del verde, que ya la tiene de su lado y que juegue tranquilo…

 

LA VENDETTA

Todo rojo
Todo rojo

Los globos explotan, los ruidos atraen las miradas de los hinchas verdes y rojos. La Nueva novia se pregunta qué efecto causará en el jugador/novio su posición en la hinchada. Él sabe que ella viene a alentarlo, pero estar en el lado opuesto a su rojo es, por lo menos, raro.

Pero no hay tiempo para especulaciones. El hechizo de la fuerza roja llega hasta ella. En un movimiento ágil, se toca los ojos -primero el izquierdo, luego el derecho- y… algo tenían esos globos o algo hay suspendido en el aire o vaya saber qué. La cuestión es que, en menos de dos minutos, los ojos claros de la novia se nublaron con lágrimas espontáneas. El dolor se presentó tan agudo, que el “perro” debió acompañarla hasta una canilla para lavarse. La cancha ahora se ve borrosa. Su amor, con el 19 en la camiseta, se pierde.

Por suerte, el entretiempo parece dar un respiro. Una vecina de cochera la llama y, entre la conversación, aparece el rojo en los ojos de la novia. Los globos, el césped y las banderas colgadas no pudieron con su afán por mostrar cuál es su verdadero amore: la irritación es roja. Para colmo, un tiempo más, y serán los verdes los ganadores. Y ella, ni un poquito colorada, salvo por alergia feroz, una revancha del color que recién se aliviará con los días, para permitirle escribir esta nota.

Un clásico es un encuentro, como el que, cada dos meses, propone el anartista.

 

 

 

 

 

 




MADRE, DANZA

Ausencia: entrevista Federico Fernández, primer bailarín del Colón y fundador del Buenos Aires Ballet.

Entrevista: Lourdes Landeira, Isabel D´Amico, Eugenia Casetta Buenanueva, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

 

“Nunca digas que es tuya la tiniebla, / no te bebas de un sorbo la alegría. / Mira a tu alrededor: / hay otro, / siempre hay otro. / Lo que él respira es lo que a ti te asfixia, / lo que come es tu hambre. / Muere con la mitad más pura de tu muerte.”
“El otro”, Rosario Castellanos

 

Cuando en las tardes la luz es sombra y comienzan a esfumarse los contornos del paisaje, el vientre ya está listo. Es nomás un giro sobre el eje o el modo en que la noche, en puntas de pie, balconea los restos del día. Ya ha transcurrido la ronda. Ahora solo queda la infinitud de un círculo, que insiste su Mayo en la Plaza. Al pie de las sábanas, apenas se escucha el llanto de nuestro origen. Sin embargo, algo agita el descanso y siembra hondonadas en la lisura del tiempo. Hay un remolino en las líneas de la mano, una insistencia en el hueco justo anterior al aplauso.

Es esta también la hora en que se inquieta la entereza diurna en la biblioteca. Entre dos imperativos del reloj, se escucha un crujir de madera, una alianza de grandes volúmenes con pequeños momentos de la palabra, un gesto de alguna historia, resuelta a acunar la orfandad de una mirada. La multitud es un cuerpo que tiende hacia mucho más lejos del estante, y hacia mucho más antiguo. La multitud va desnuda de nombres, resulta exactamente lo que resta, cuando la forma se anima a perder privilegios. Y, entonces, avanza decidida, hacia el sitio de los tambores. Ahí, la emoción no es un tema porque todo es emoción: pulso que contrae y relaja la raíz de la tierra, para que el pujo sea la coreografía, la voz que otra vez dé luz al tiempo.

Joan Miró.
Joan Miró.

Otro tiempo, otro tiempo, madre, donde todos los que faltan tengan una chance en el futuro, donde no debamos hacer, cada noche, el recuento de ablaciones y despojos. Otro tiempo, madre, sin la decadencia vestida de fiesta en las marquesinas, sin ese constante entorpecer de un tacle la convicción de la frase. Un tiempo de giro antihorario, madre, que nos limpie de todas las absurdas urgencias. Y, lentamente, muy lentamente, nos devuelva el abrazo primero y el vientre comience a danzar. Entonces, cuando la sombra sea también luz, como dice Federico Fernández, el cuerpo será narrado.

 

CUERPO NARRADO
                                                                                             

“Una flor / no lejos de la noche / mi cuerpo mudo
se abre / a la delicada urgencia del rocío”
De “Los trabajos y los días”, Alejandra Pizarnik

Nos interesó un asunto que señalás en varias entrevistas de “narrar con el cuerpo”, ¿cómo es eso?

Poder expresarse con el cuerpo es un trabajo que uno viene haciendo desde el comienzo. Tenemos un a-b-c de movimientos que nos enseñan desde chicos para poder tener la técnica y la escuela. Luego, con el paso al profesionalismo, al ingresar a una Compañía, uno va dejando de lado lo escolástico y lo técnico y termina dándose cuenta: todo eso es para, después, poder contar una historia. Así terminás por desarticular un poco esa técnica, para que el público lo entienda. En el Colón, existe la oportunidad de trabajar con mucha gente que nos brinda herramientas para poder contar una historia con el cuerpo, con base en la música. El mayor desafío es ese, que la gente te entienda y sienta lo que vos querés interpretar.

Rob Woodcox.
Rob Woodcox.

O sea que, durante la formación, ustedes no cuentan historias.

Lamentablemente, no. Llegar a ser bailarín es poder narrar la historia, pero en la escuela no te enseñan mucho esa parte. Si bien eso se menciona -el maestro te dice “escuchá, sentí la música”- se hace desde un lugar quizás más sutil, sin mucha intensidad. Entiendo también que, para poder llegar a contar una historia, necesitás una solvencia técnica que te dé la libertad de soltarte y narrar. Igual, creo que sería más simple y más interesante si, desde chico, uno fuera incorporando eso.

Vos sos muy lector, ¿los bailarines leen?

Mmmm…La verdad, hay muchos que no. En general, el bailarín clásico es más reacio a conectarse con el entorno. Lo que se le exige es tan riguroso, tan firme, que muchos niños dejan de lado cualquier otra curiosidad, más allá de la danza clásica. El bailarín neoclásico o contemporáneo vive en la búsqueda, entonces, lee o se interesa por otras artes, por lo político, por cuestiones más sociales. El bailarín clásico tiene la posibilidad de elegir involucrarse en estos asuntos, pero nos hicieron creer que el de la danza es un mundo cerrado, que se necesita estar dentro de una burbuja para llegar a donde se cree que hay que llegar. Hay un poco de mito y también de usos y costumbres.

Es curioso porque, en ambos casos, se trata de la formación de un artista y se supone que el arte es dar. Y, para dar, tenés que estar en contacto con el entorno.

Egon Schiele.
Egon Schiele.

Terminás encontrando a dónde llegar. La gente que llega a los ámbitos de poder en la danza surge de este sistema. Un sistema que, muchas veces, no brinda una experiencia emocional, sino algo un poco más racional o técnico. No sé si es conciencia del entorno lo que no hay, pero sí hay una desconexión importante con lo emocional. Tal vez, esa conexión se enuncie, pero en los hechos hay una desconexión con las palabras. Se habla de lo emocional, pero no se lo siente.

¿Esa sensibilidad se ve talada por el rigor en la formación, entonces?

El tema es que si fuera del escenario, en el ensayo o en lo cotidiano, esa sensibilidad no está, es más difícil que el bailarín después pueda brindarlo arriba del escenario.

¿La competencia influye en esto?

Sí y no. Depende de cada uno. Si competís directamente con un compañero, lo más probable es que, con vos, no pase absolutamente nada y que no llegues a ningún lado. Como en todo, la competencia por la ambición personal de llegar bien a algún lugar tiene que ver con el proceso interior. Se ve en todos lados eso: en el fútbol, el periodismo y también en el mundo del ballet clásico.

 

  A VER QUÉ COLECTIVO NOS DEJA

 “Con mi remo al hombro he visto zarpar cien días. / Mis hermanos pelarán la fruta / del mundo, la más roja… / Con mi remo inútil, a lo largo de las noches, / busco el Río de tu Sueño que sólo tú remontas.”
“Canción”, Leopoldo Marechal

Quienes no sabemos nada de ballet, de afuera, vemos un trabajo colectivo. Y suponemos que, en esa estructura, el que la arruina la arruina para todos.

Leonora Carrington.
Leonora Carrington.

No. Desde el comienzo, cuando uno estudia, nunca está la premisa de lo colectivo, sino de lo individual, de ser lo mejor posible. Aunque después el discurso sea otro, los hechos son así.

Pero ¿es así aun cuando siempre -o casi siempre- bailás con alguien al lado?

Sí, hay una bailarina, hay un cuerpo de baile. Sería fantástico que esté pensado como situación colectiva, pero no es así.

Y en la formación de las nuevas camadas, ¿hay una revisión de esto?

No. Sigue siendo individual: que el solista o el principal se destaquen por sobre el resto.

Ese sistema jerárquico, ¿existe desde siempre en el ballet?

Sí. Y nunca se revisó. Es un sistema piramidal y va de arriba para abajo. No digo que alguno de estos puntos tenga más valor que otros, pero es la realidad en la cual está inmerso el mundo del ballet.

¿Te gustaría poder revisar eso?

 Federico Fernández. Fotografía: Diego Grispo.
Federico Fernández. Fotografía: Diego Grispo.

No tengo la posibilidad, todavía. De tenerla, me gustaría poder hacerlo. En realidad me gustaría poder revisar todo, la estructura en sí. No hablo de desarticularla, sino de favorecerla. En especial en un ámbito como es un teatro público, que merece tener una estructura un poco más flexible y también aggiornada a lo que la sociedad pide. Nosotros pertenecemos a una estructura oficial y nos debemos a la sociedad, tenemos la obligación de brindarnos a ella. Cobramos nuestros sueldos de los impuestos de la gente, estamos dentro de un presupuesto de la Ciudad de Buenos Aires y tenemos una responsabilidad mayor que una compañía privada para con el ciudadano.

 

SEMILLAS DE TODA CLASE

“Aquí, lo que llamamos “horror”, o lo que llamamos
“amenaza”, / sonriendo desde la semilla, se diría, / o equilibrando a las mariposas, si quieres, / con un frío que nos duele, es cierto, / en lo uno de la sangre… / Pero aquí también enfrentando a lo innombrable, / algo como los honores de un ángel…”
“Deja las letras”, Juan L. Ortiz

 

El Colón no es percibido por los porteños, en general, como un ámbito posible.

En el marketing que se ha armado en los últimos años, sí lo es: “todo el mundo puede llegar a todos lados, el Colón es accesible…” Es un discurso nomás, pero, ¿cómo se pelea contra esa impostura del discurso? Es muy difícil. No se hace desde adentro y tampoco desde afuera. Depende de lo colectivo y, justamente, como hablábamos recién, el ballet está criado en lo personal. Desde ese lugar, es muy difícil que se entienda la fuerza que podemos tener todos juntos. Algunas veces nos hemos unido para algunos reclamos y hemos logrado cosas importantes. Si bien acá no estamos hablando de sacar o poner un director o un dirigente, sino de tener la responsabilidad del lugar que ocupamos. Es muy difícil cuando hay otra bajada de línea y las políticas son contrarias a esto.

¿El ballet podría llevarse a clases sociales que nunca accedieron a él?

Sí.

¿Qué hace falta para poder estudiar?, ¿plata?

No. El teatro Colón tiene el Instituto, que es público y gratuito.

¿Tiene condiciones de ingreso que sean complicadas?

 Federico Fernández. Fotografía: Diego Grispo.
Federico Fernández. Fotografía: Diego Grispo.

Las condiciones tienen que ver con las condiciones físicas del estudiante, se hacen diferentes pruebas y demás. Como modelo, el Instituto del Colón es perfecto: siempre fue gratuito y le ha abierto las puertas a todos. Hay buenos maestros. Cada año, hay concursos para entrar a diferentes niveles. Es una carrera de ocho años en la que uno no paga absolutamente nada. A partir de los ocho años de edad y hasta los doce, un chico puede ingresar a primer año. Seguramente, así como hablamos del ballet, también el semillero debe ser revisado, no en cuanto a las condiciones de ingreso, sino a cómo se los educa y qué se les brinda para llegar a una Compañía con un conocimiento más amplio. No solamente en la danza, sino también en esto de pertenecer, de la importancia de lo colectivo, qué significa el arte, qué significa la danza dentro de la Ciudad de Buenos Aires y dependiente de un organismo público, tema que no es para nada algo menor

¿Recordás que haya habido en el pasado una política diferente respecto de esto?

No. Pero te puedo contar historias. Yo ingresé al ballet estable en la época en que estaba Ibarra en el gobierno de la ciudad. Eso fue en 2004. Hacia 2005-2006, ya estaba Telerman y, en 2007, ganó Macri. Tuve ocho años de Macri y casi cuatro de Larreta. Antes de que yo entrara al Colón, en algún momento, hubo mucha política, incluso se llegó a poner a dos pesos las entradas para jubilados. Algunas de esas cosas siguieron con Ibarra y supongo que con Telerman también. Después, empezó a encarecerse la entrada y el teatro Colón volvió a parecerse a lo que fue en sus principios: un espacio para que un sector social vuelva a sentirse privilegiado por estar ahí. Mirá, a principio de este año, dentro de la programación del ballet, pusieron “Disney en concierto”, era algo privado con entradas carísimas y no me pagaron un peso extra con respecto a mi sueldo, porque estaba dentro de mi programación. Quiero decir, yo podía decir que sí o que no lo hacía. En los ensayos, éramos nada más dos personas del Colón que nos uníamos al resto – actores, cantantes y bailarines de afuera de este teatro-, salvo la Filarmónica, que tampoco cobró extra, porque esto estaba dentro de su horario de trabajo. Y había entradas de catorce mil pesos, qué sé yo, una barbaridad…

¿Y hay posibilidades de ir hacia otro público?

Totalmente. Pero hay un querer mantenerlo dentro de una clase y también un pensamiento -no quiero decir, una ignorancia-. Ese pensamiento supone que, después de asistir a diferentes espectáculos que no son tradicionales del Colón,  la gente se va a interesar después por el ballet, la orquesta o la ópera. No creo que sea así, para nada. Todo lo contrario. Nosotros tendríamos que invitar a la gente, nosotros tenernos que salir del Colón y darles ganas de conocer qué pueden hacer acá. Nosotros tenemos producción propia, muchas cosas para mostrar. Puede que un chico tenga ganas de hacer algo no sólo arriba del escenario sino, por ejemplo, en escenografía, vestuario, zapatería, técnica. ¡Se puede invitar a tanto! El Colón tiene la estructura y los recursos económicos para hacerlo. Es el teatro que debe tener el mayor presupuesto de la Argentina sino de Latinoamérica. Es una decisión política que no creo que esté ni siquiera planteada como tal.

 

Danza urbana.
Danza urbana.


NO PASARÁN

 “Quieren pasar los moros /
Mamita mía / y no pasa nadie / y no pasa nadie. / Madrid ¡qué bien resistes / Mamita mía, / los bombardeos, los bombardeos
!”
Canción popular española, durante la Guerra Civil


¿Es cierto que el vestuario y otros sectores están tercerizados?

No sé exactamente cómo es. Pero, en sastrería, por ejemplo, hay una lista de mails. Llaman a una persona, la contratan, aunque puede quedar afuera en cualquier momento, no es como antes que todos los que laburaban eran de planta. No está tercerizado ningún taller, pero tienen parte del personal así, por contrato.

¿Cambió el sistema de visitas guiadas?

Joan Miró.
Joan Miró.

Cambió. Antes, en esas visitas se podía acceder a los sectores donde están los trabajadores. Ya no es así. Solamente a la platea, a la sala principal, al foyer… Se trata de que los visitantes no puedan vincularse en ningún momento con la gente que trabaja en el Colón.

Pasaron cosas…

Así es, pasaron cosas. Algunas personas como yo y otros tantos, cada vez que nos cruzábamos a una visita guiada, por ejemplo, en el medio de un ensayo, si escuchábamos lo que decía la persona que guiaba la visita, nos acercábamos a decir que algunas cosas no eran ciertas o a intentar visibilizar algunas cuestiones que no nos parecían expuestas como de verdad eran. Claro, aún existen las visitas VIP, solo para ciertos personajes. El común de la gente ya no accede a los talleres ni a los ensayos.

¿Se puede pensar en un arte sin institución?

Sí, lo he pensado, pero a la vez pienso que la institución tiene la obligación de brindar arte y cultura. Tengo las dos cosas mezcladas. El arte es maravilloso desde cualquier ámbito y también el Estado tiene la obligación de brindarlo, es nuestra propia identidad.

 

ABATIR LA GRAN COARTADA

 |                                              “Y estamos… como saliendo de un pozo. Desde una noche atroz, interminable
“Y estamos”, Juan Capagorry


Has comentado que, en tu casa, la lectura ocupaba un lugar importante y que, cuando te ha tocado bailar una obra que vos calificás como más profunda, se resignifican los pasos, ¿cómo es eso?

 Federico Fernández. Fotografía: Diego Grispo.
Federico Fernández. Fotografía: Diego Grispo.

Es aquello de brindar la técnica al servicio de contar la historia. Cuando uno les pone un argumento más dramático o más cómico, algunos movimientos tienen otro sentido y hasta se modifican un poco, no son exactamente iguales a cuando se estudian, o a un baile puramente clásico. Pasa al hacer, por ejemplo, “Margarita y Armando” o “Manon”. A esas obras yo les digo que son “más reales”, porque se pueden vincular con algo más interior de personajes a los que les pasan cosas humanas, a diferencia de lo que le sucede a un príncipe de cuento, a un hada, o a un pájaro azul. Tienen otro contenido y otra fuerza escénica. Allí es donde se resignifican los pasos.

¿Qué es lo poético para vos?

Es cómo se puede, desde la emoción, generar algo en otra persona, vincular mi emoción con la de otra persona. Es algo maravilloso que nos puede dar la vida.

¿Qué me dirías si me tuvieras que dar algunos tips de lectura para un ballet?

“Manon” es un ballet maravilloso que el Colón ha hecho muy bien. Después, el ballet “Onegin”, de Pushkin, con música de Tchaikovsky, una historia maravillosa, humana, de personas a las que les pasan cosas desde lo que el amor puede provocar. Es una obra perfecta desde el principio al fin y muy emocionante musicalmente. Estas son obras de teatro bailadas, no te resultan ajenas aunque nunca hayas visto ballet. Podés llegar a encontrar algo que te invite a ver otras obras de ballet después. Es como una invitación a que entres al mundo del ballet desde un lugar más teatral.

El primer compañero de tu mamá fue víctima de la dictadura, ¿aparecen estas cuestiones en el mundo de la danza o allí también lo político permanece ajeno?

Gustav Klimt. "Muerte y vida."
Gustav Klimt. “Muerte y vida.”

Desde mi lugar, todo el mundo conoce mi posición, porque la expuse desde el minuto uno, desde la primera nota que me hicieron y me han preguntado sobre mi vida. Es algo que me ha marcado y me marca y sobre lo cual siento que tengo la responsabilidad de hablar y seguir hablando. Entre los compañeros de danza, circula con indiferencia. O, más bien, no circula. Es también parte de la formación de la que hablábamos al principio.

Es difícil imaginar, en una expresión artística donde se juegan las emociones, que no haya emociones y afectos personales presentes.

Lo que más coartado tenemos son las emociones.

Hace poco vimos un concierto de músicos cubanos en el que rotaban roles todo el tiempo, cada uno era central en algún momento,  siempre apoyado por los otros ,¿es impensable esto en el baile?

Es impensable con la actual estructura que rige al ballet clásico. Aparte, al hacer obras completas, estas tienen su argumento y sus formas, sus tiempos, su estructura. Cada bailarín o bailarina interpreta su personaje, no vas a ver una Julieta en el primer acto y a otra, en el segundo. En el baile contemporáneo, sí está bastante presente el hecho de que todo sea un poco más participativo. Por algo, quienes producen la danza contemporánea actúan con una mirada más amplia. Oscar Araiz, Ana María Stekelman… En general, la gente que ha salido del San Martín tiene una estructura más  flexible y visiones más colectivas. El ego sigue siendo el mismo, seguramente, porque no dejan de ser artistas que se destacan muchísimo en lo personal, pero generan cosas colectivas.

 

  FUERA DEL VACÍO

 

y este estado en el que no se puede permanecer porque es el vacío y la nada, el vacío de la nada”
Antonin Artaud, Martes 18 de noviembre de 1947

 

Spinoza dijo una vez “Nadie sabe lo que el cuerpo puede”

Rob Woodcox.
Rob Woodcox.

Muchas veces no me doy cuenta de lo que le puedo provocar a alguien con lo gestual o con un movimiento. Otras personas sí lo descubren y me lo han dicho. Ahí me doy cuenta de lo que el cuerpo puede. Pero el cuerpo no puede solo. Hay una bajada intelectual y emocional, sin la cual el cuerpo no podría expresar mucho tampoco.

¿El cuerpo piensa?

Diría que al cuerpo hay que hacerlo pensar. Es lo que intento hacer.

¿Y puede ser que algún movimiento te emocione a vos mismo, te resulte inesperado?

Sí. Alguna vez me ha pasado.

Me quedé pensando en lo que decías de las emociones coartadas. En ese sentido, ¿se podría equipar a un bailarín con un deportista de alta competencia, pura eficiencia?

Creo que un deportista puede ser mucho mejor cuando está conectado con lo emocional y que así es también con un bailarín.

Bueno, depende también del deporte con que comparemos. No es lo mismo tenis, que fútbol. Pero, en  las disciplinas, a veces pienso que uno hace un personaje para dejar de ser, no para confirmarse.

En el ballet no es así. Olvidate.

¿Vos cómo lo vivís?

 Federico Fernández. Fotografía: Diego Grispo.
Federico Fernández. Fotografía: Diego Grispo.

Estoy en ese trabajo, con un montón de cambios en lo personal respecto de qué quiero y qué no quiero. Una de las cosas que no quiero es esa que se da tanto en  este mundillo: que el personaje propio esté  por encima de cualquiera. Deja un vacío tan grande ver eso,  no quiero pertenecer a semejante cosa para nada. En ese lío estoy.

 

DANZO TU AUSENCIA

 

                        Te besa de nuevo, con todo el cariño de una despedida que se resiste a ser total. Tu hijo”
“Carta de Ernesto Che Guevara a su madre”, México, 1956

Nuestro tema en este número son las ausencias.

 Vito Campanella. "Madre metafísica."
Vito Campanella. “Madre metafísica.”

Este es un momento en el que mi mamá me falta desde un montón de lugares, por ser mi mamá y también por lo que ella significaba. Yo la admiraba, siempre quise ser como ella, que intentó lo que quiso e hizo lo que pudo. Como todos, sí. Pero ella me falta. Por eso intento siempre caer un poco en sus propios pensamientos- que son los míos también- porque los siento propios y porque comparto todo lo que ella hizo y lo que no pudo hacer. Seguramente, en un futuro, me va a faltar su abrazo, su reconocimiento a lo que yo pude hacer o no. Su mirada era para mí muy importante. Sé que ella estaba feliz conmigo.  Y, aunque ella nunca me lo pidió ni lo insinuó, yo quería hacerla plenamente feliz. Quiero lograr todo eso desde su ausencia, que pueda sentirlo y verlo desde donde esté. Que yo también pueda sentir que hice todo lo mejor que se pudo hacer, para todos. Era algo que ella quería.

Tu mamá escribía.  A vos que tanto te gustan las historias que llamás “reales” ¿te dio por escribir?

Escribo un poco, cosas que tiene que ver más con lo político y lo social. Me gusta. Yo milito en Buenos Aires 3D,  el espacio de Delfina Rossi. Allí escribo cosas que tienen que ver con la cultura,  acerca de qué me gustaría que se genere en esta ciudad en el sentido de poder estar algún día en un ámbito de gestión donde poder brindar algo a la sociedad.

 Federico Fernández con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Federico Fernández con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

¿Eso lo publicás?

No. Lo escribo para mí,lo tengo yo. Digamos que estoy trabajando para cuando, en algún momento, surja la posibilidad de poder ayudar.

¿Y te gustaría escribir tus propias obras?

Sí, me gustaría escribir obras propias, pero no es el momento ahora. Hay que tener el tiempo. Y hoy mi cabeza está puesta en otro lugar.

 

 

LA DANZA ES EL OTRO

 “Telesita, Telesita/te has vuelto lluvia, te has vuelto luna,/te has vuelto flor de los campos/te has vuelto brisa que me perfuma./Han pasado muchos años/pero tu pueblo nunca te olvida/bailando en los rezabailes

para que tu alma siga encendida.”
Alma de rezabaile”, Agustín y Carlos Carabajal


¿Qué pensás hacer cuando te retires?

Gestión pública, sin duda. No creoque falte mucho para que deje de bailar…

¿Qué cuestiones son fundamentales para vos en gestión pública?

Rob Woodcox.
Rob Woodcox.

La conexión más directa entre lo público y las personas, la responsabilidad de las entidades públicas para con la gente. No te voy a decir las propuestas concretas, porque trabajo en un ámbito público y ya bastantes problemas tengo con todo lo que digo… Si hablara de propuestas concretas me podrían encapsular en algo o pensar que quiero un puesto y la verdad es que no busco eso.

¿Qué es la ambición para vos?, ¿hubieras sido feliz igual de no haber llegado a ser primer bailarín?

Yo tengo la ambición de poder ser alguien que pueda ayudar a otros. Para mí, el primer bailarín tiene que generar algo más. Es responsable de algo, es la cara visible de una estructura. Yo creí que, siendo primer bailarín, podía hacer cambios.

¿Y?

Y no. Una sola persona no puede hacerlo sin el acompañamiento de los colegas, de los compañeros, del cuerpo de baile. No es porque estén en contra de  mis ideas, tampoco sé si les importan o no. Creo que, otra vez,  se juega  el tema de las vanidades, de  lo personal como más importante que lo colectivo. Así estamos formados en esta carrera: suben el telón y es uno el que está bailando. Para mí, lo personal es político, son decisiones políticas y, mucho más, en un ámbito público. Todo lo que nosotros hagamos aquí es, para mí al menos, político.

¿Te sentís solo?

 Federico Fernández. Fotografía: Diego Grispo.
Federico Fernández. Fotografía: Diego Grispo.

En realidad, no. Sé que una gran mayoría piensa exactamente lo mismo, pero por ahí no lo dice, no se juega. No me siento solo porque milito, fuera del teatro Colón. En el teatro, tampoco me siento solo porque sé lo que piensan muchos. Me da pena que no se pueda hacer demasiado más. Mirá, ahora se están haciendo reuniones del cuerpo de baile en las cuales no participo, porque es bueno que aparezcan otros nombres para no estar siempre yo en el foco, para que no piensen que soy yo siempre el que genera  lío. Yo soy uno de los que generan un  el debate, pero no soy el único. Sucede nomás que soy la cara visible o el que, digamos, ya está quemado y es más fácil nombrar a Federico.

¿Qué significa “creérsela” en el baile?

Así como lo decís, significa que no te importe la opinión del resto. No sólo en lo técnico o  en lo artístico, sino en general.  Para mí, cualquier opinión es válida y respetablepara generar algo, arriba o debajo del escenario.

¿Cómo es el retiro de un bailarín en un espacio público?

En el Colón, es tristísimo. Lamentablemente,  según la ley  vigente, con veinte años de servicio, te retirás.  Nosotros nos estamos jubilando a los sesenta, sesenta y cinco años como bailarines. Pero nuestra vida “útil” dentro del ballet termina a los cuarenta o cuarenta y cinco años. Después, estamos veinte años más, en nuestras casas, aunque seguimos cobrando el sueldo porque no nos podemos jubilar. La otra opción es irte con un retiro voluntario, con un porcentaje bajísimo de una jubilación. Entonces, la gran mayoría espera hasta los sesenta o sesenta y cinco años.

El teatro te sigue pagando el sueldo durante veinte años sin trabajar.

Sí, por no arreglar el tema de la  jubilación. Pero esto también genera una flexibilización laboral enorme, porque  contratan gente por la mitad del sueldo. Yo, por ejemplo, soy planta permanente, tengo un nombramiento, soy cuerpo de baile. Hace más de veinte años que no hay concurso para primer bailarín. Entonces tengo un nombramiento pero no soy primer bailarín estable. Tengo compañeros que, con la misma función, cobran la mitad: son contratados.

El Estado es el primer contratador en negro.

Claro.

 

Federico Fernández con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Federico Fernández con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 

 

 

 

 

 




¡QUÉ FANTÁSTICA ESTA FIESTA!

 

Ausencias: Entrevista a Esther Díaz, filósofa argentina.

Entrevista: Gabriela Stoppelman, Adriana Valleta, Lourdes Landeira, Pablo Soprano, Estela Colángelo, Verónica Pérez Lambrecht

Edición Lourdes Landeira

La fiesta, cualquiera sea la ocasión, implica un ir y venir entre otres con disposición al encuentro. No califican como tales las de compromiso social. Son simples puestas en escena, donde el motivo de celebración poco interesa a la mayor parte de les concurrentes, quienes en general desean estar en otro lado –quizás dónde p(a)nk se diga punk, con u de rubia.  Aunque a estas también se las llame fiestas, no son las que cuentan. Sí importan las que  borran las fronteras, donde las veredas se amalgaman y se vuelven escenario central de un baile –morocho y multicolor, pero nunca desteñido-. Este baile acumula en sus baldosas capas de pasos disonantes. Es posible que a esos pies, alguna vez les toque tartamudear silencios y se alejen de la multitud, a desenraizar nuevos bamboleos en soledad. Y, por qué no, a ensayar otros modos y tiempos de orgasmear; a visitar a las potentes presencias de les ausentes a la fiesta, que siempre las hay, porque ¿qué se podría celebrar en un universo donde nada faltase? La completud no deja lugar al vacío, inmoviliza el cuerpo del baile, se encarna a una única baldosa y solo queda por delante el final de fiesta, no su intervalo. En la movida habrá empujones, algún que otro pisotón, distintos choques –muchos de copas, ¡ojalá!- y mejores y peores bocadillos. Claro, también la psicodelia y los abrazos. Ahora bien, como además de ausencias, siempre se presenta –invitada o no- alguna intemperie en los alrededores de cualquier fiesta, se recomienda tener a mano una carcajada filosófica, por si llueve provocación. Un buen comienzo es adentrarse en esta entrevista a Esther Díaz, mujer nómade, filósofa punk.

 

 PLATO FUERTE

“El jardín, antes pequeño y encogido, se había hinchado como una flor de papel en el agua y se había convertido en un vasto parque rebosante de enigmas y misterios. Allí, plantas y aves proseguían sus quehaceres sin trabas. (…) el tesoro de ingredientes nuevos y desconocidos del jardín resultaba ilimitado y era probable que enriqueciera los dedos de Kazu de un modo inagotable”

Mishima,“Después del banquete

 ¿Qué características tiene que tener un concepto para sacudir a una sociedad que hace agua?

Luigi Russolo
Luigi Russolo

A partir del concepto se forma el lenguaje y la ideología. Los conceptos que Marx o Freud pensaron en soledad produjeron algo más que escupitajos. Es claro que del concepto salen los efectos. Pero hay otros tan naturalizados, que ya ni siquiera nos damos cuenta de que los inventó la filosofía. Me ha pasado de estar en un congreso de interdisciplina, en Mendoza. En esa provincia hay muchos problemas con el agua: a veces sobra y a veces falta de una manera espantosa. Primero hablamos los filósofos, los  sociólogos, los psicólogos y, a la tarde, dos ingenieros dijeron: “Bueno, ya de filosofía se habló bastante esta mañana, así que ahora vamos a hablar de cosas serias: los problemas del agua en Mendoza”. Yo no me voy a pelear con los ingenieros -ya tenemos bastante con un ingeniero acá- pero pensé “Pelotudo. ¿no te das cuenta que, si la filosofía primero no hubiera pensado los conceptos de masa, fuerza y otros que vos tomás como naturales o inventados por ustedes, no podrías ni siquiera pensar?”.

Hay un tema de visibilización también, ¿no? Juegan con que el laburo de ellos se ve y el tuyo no…

Así pasa con las películas o en la música que buscamos en Internet para bajar. Alguien hizo el video, puso la plata y el tiempo, ¿te das cuenta de la falta de respeto que es poner YouTube y escuchar música, que es lo que hago yo todos los días? No es una crítica personal, sino ver hasta qué punto despreciamos el trabajo del otro en lo que tiene que ver con el arte o con el intelecto. A mí me convocan a una conferencia y no me quieren pagar ¿y de qué se supone que vivo? Cuando llamás al plomero, ¿no le pagás? Hasta que me jubilé, yo laburé gratis en muchas partes, pero ahora, ¡no jodamos, tengo setenta y nueve años y semejante trayectoria!

¿Hay alguna posibilidad de no ser interdisciplinarios y a la vez crear conceptos?

Se supone que sí. Santo Tomás de Aquino trabajó en solitario, encerrado en su celda, hasta que murió a los cuarenta y dos años. Él no hacía interdisciplina, trabajaba solamente con el concepto. En nuestra época, con los medios de comunicación y la capacidad de hacer redes, es más difícil. Aunque no nos demos cuenta, hacemos interdisciplina. Pero hay ejemplos paradigmáticos de que se pueden formar conceptos desde el concepto mismo. Foucault no menciona la palabra interdisciplina en toda su obra, pero es interdisciplinario desde el primer libro que escribió. En “Las palabras y las cosas” hay economía, hay política, hay filosofía, epistemología. Yo soy la primera doctora argentina en filosofía sobre Foucault. En los ’80 me costó que me aceptaran el proyecto y encontrar quién dirigiera mi tesis. Mi director fue Ricardo Maliand. Era especialista en Habermas y en los filósofos alemanes universalistas, nada que ver con la cuestión fragmentaria de Foucault. Cuando hablamos, me dijo, “Mirá, Ester, son tan cholulos que, como yo soy doctor recibido en Alemania, no les va a importar que ni sepa el nombre de pila de Foucault”. Una excelente persona, lo que no es común encontrar entre mis colegas. Dicen que, cuando dios creó al mundo, estaba tan contento de que todo le hubiera salido tan bello, que mientras miraba desde arriba, dijo: “pero le falta como la frutillita del postre, le tengo que poner algo que sea como la coronación dela creación”. Entonces pensó, pensó y pensó e inventó al profesor de filosofía. Después de un tiempo, volvió a ver cómo iban las cosas y encontró tan vanidoso al filósofo, que decidió castigarlo. Entonces, inventó al colega.

Hablás bastante de la competencia,  Ahora, ¿quién es el otro cuando uno no compite?

Es el par. Aquel al que no le querés ganar. En realidad, no estoy tan de acuerdo con la definición que diste, porque se la podría aplicar al deporte. pero no sé si a mi disciplina. Creo que, más que ganarle a otro, me esfuerzo por no perder el espacio ganado. La filosofía y el psicoanálisis son dos de las pocas disciplinas acumulativas. Si vos sos médico, no tenés por qué saber la historia de la medicina. Un especialista en reumatismo no tiene por qué saber cómo se curaba el reumatismo en la Edad Media, tiene que saber cómo se cura ahora, cuáles son la drogas o los tratamientos más efectivos. En cambio, en la filosofía, ningún autor mata al otro. En el siglo XVIII, Kant dijo: “La filosofía siempre es pensamiento del presente”. Yo te cité a Santo Tomás y, en función de alguna problemática actual, siempre cito a Aristóteles, a Platón, a Sócrates, que son filósofos del pasado. Que Lacan haya hecho una relectura de Freud no quiere decir que Freud no sigue vigente. Yo estuve y estoy en contra del pensamiento oficial en la filosofía argentina y me pegaron con todo y me siguen pegando cada vez que pueden. Los epistemólogos tradicionales, que sólo estudian la historia interna de las ciencias, la parte que no es comprometida con lo político ni con lo social, siguen vigentes. Y pensamientos como los míos, críticos de esa posición, también están vigentes. De eso se trata, de estar vigentes más que de sacarle el cargo al otro. En la Universidad, en la academia, sí. Si podés matarlo, lo matás. Y, si te pueden matar, te matan. Pero, a nivel de la disciplina, la cosa es más democrática, por decirlo de alguna manera. Podemos sobrevivir distintas corrientes.

PISTA LIBRE

“Se pone unos ruleros para dar forma al pelo, se cubre la cabeza con el gorro y entra a la ducha. Va pasando el jabón por su cuerpo; uno rico que le regaló el farmacéutico. Se frota los brazos y las axilas, las piernas recién depiladas, las plantas de los pies. Se queda un rato bajo el chorro, para que el agua caliente se lleve el cansancio y las broncas

Alicia Barberis, “Pozo Ciego”

¿Qué hay vigente de la peluquera de Ituzaingó que fuiste?

Carolina Antoniadis
Carolina Antoniadis

Mi primera subjetivación, mi entrada al mundo y a ser sujeto, ha sido el barrio. Soy una piba de barrio. Luego me construí conscientemente como intelectual. Si yo hubiera nacido en un hogar adinerado y culto, hubiera hecho lo que hubiera deseado: colegio bilingüe, Nacional Buenos Aires, Universidad y, posiblemente, doctorado en el extranjero. En verdad, tuve la oportunidad de doctorarme afuera. Pero, en ese momento, no podía abandonar a mis hijos y la beca no me alcanzaba para mantenernos los tres. Sin embargo, todo lo hice a contracorriente, laburando de día y estudiando de noche. Creo que ese rioba que tengo es lo que me da el feeling con los alumnos y con el público. Sigo siendo de barrio y, además, me construí como intelectual, me siento identificada con ambos mundos. En mis clases y en mis conferencias, si tengo que decir una palabra fuerte, la digo; si tengo que contar una anécdota sexual, porque viene bien con lo que estoy diciendo, lo hago. Cosas que, entre mis compañeros, académicos desde chiquitos, no las veo. Al contrario: veo, más bien, una distancia hacia el otro. Mis clases son una fiesta del pensamiento, así las siento realmente. Es como el baile, ¿viste? A mí me gusta mucho bailar, pero resulta que estoy doblemente discriminada, por mujer y por vieja, ¿dónde va a bailar una persona de mi edad? Entonces, bailo sola.

¿Y bailar tango?

¡No, por favor! ¿Que me dirija un hombre, a esta altura de la vida? A mí me gustaba cuando iba a Cemento, donde bailaba sola. Por ahí, un loco o una loca bailaba un rato conmigo, se iba y yo seguía… La libertad.

¿Con qué música bailás?

Me gusta la música que en los 80’ llamábamos “disco” y el rock, en general. Me encanta Pink Floyd, por ejemplo. En relación a lo que les decía de las clases, no es lo mismo bailar sola que el baile social, ese tiene otra historia. Con el pensamiento pasa lo mismo: disfruto mucho yo solita sentada en mi escritorio, al pensar, leer y escribir. Pero, cuando puedo compartirlo con otros, ese es el momento de la fiesta del pensamiento. Pasa también con los buenos reportajes. Ayer, por ejemplo, vino un muchacho de la revista THC, y me hizo un reportaje tan profundo, tan bello que, cuando se iba y me agradecía, le dije que yo le tendría que pagar por eso, porque fue como una sesión de psicoanálisis. Bueno, esos son los cables a tierra que me permiten después volver a los textos.

En relación a tu entrenamiento físico y al baile, pienso en Martín Farina, el director de “Mujer Nómade”, la película que protagonizás sobre vos misma. Él dijo estar interesado en cómo la filosofía atraviesa el cuerpo.

El sistema de conceptos, según pasa el tiempo, se va haciendo carne. Y también, al revés: cuando tenés conceptos hechos carne, los llevás a la práctica. Todo el material audiovisual de archivo de casi medio siglo, se lo di a Martín. Ahí había algo que él eligió y después no quedó, por la dinámica de la película. Hace unos años, yo me peleaba con un legislador del PRO y con dueños de clínicas porque, en la provincia de Río Negro, habían aceptado la muerte digna, algo muy resistido. Yo defiendo la eutanasia, tengo escritos sobre eso. Pasaron una cantidad de años, sucedieron las desgracias de mis hijos y, cuando mi hija ya no podía respirar y la especialista en pulmones vino a decirme que lo único que se podía hacer era ponerle un respirador, le pregunté para qué. “Para que viva unos días más”, me dijo. “No quiero ni un minuto de vida artificial”, le dije. Fue terrible la “eficacia” y la velocidad con que lo hicieron. Media hora después de mi respuesta, un administrativo me daba el teléfono del tipo de la funeraria. Lo que yo había dicho en concepto durante mucho tiempo y por lo que me expuse a pelear públicamente, después lo tuve que aplicar al ser más amado de mi vida. Creo que ese ejemplo, terrible, contesta tu pregunta.

¿Te modificó la realización y proyección de la película?

Me han preguntado varias veces por qué me expongo tanto y se me ocurrió responder que es porque vivo en estado de parresía, que es hablar sin medir las consecuencias, es el decir franco, no buscar vueltas. Eso lo tengo, entre otras cosas, por la gran represión que sufrí cuando era chica de parte de la iglesia católica y mi familia. Hablar, decir, es un riesgo grande. Al exponerte, te pueden volver buenas ondas o un cachetazo. Pero, si pongo todo en una balancita, las buenas ganan por lejos, sobre todo, por la identificación de la gente. En la charla colectiva posterior a la proyección de la película en el Malba, una chica venezolana participó con preguntas objetivas sobre la película. Al salir, me abordó: “Esther, no te lo quise decir en público, pero yo, hoy, me suicidaba. Después de ver tu película y de ver cómo te superaste a pesar de lo que te pasó, me di cuenta de que merece la pena seguir viviendo”. Esa noche no pude dormirme. A la madrugada, recibí un mail de una amiga de esta piba, una argentina. Me contaba que esta chica había sido violada muy violentamente en su país y que, cuando se recuperó de eso, se vino a la Argentina. Hacía dos días, la habían violado en Buenos Aires. Ella no sabía que su amiga quería matarse. Pero, al verla tan mal, le había dicho: “después andá a donde quieras, pero vení conmigo a ver esta película”. Bueno, me pasan esas cosas. Y, entonces, creo que vale la pena la parresía.

A BRILLAR, SEÑORA

¿por qué grita esa mujer? / ¿por qué grita? / ¿por qué grita esa mujer? / andá a saber”

 Susana Thenon, “Distancias”

 

Para el ingeniero que lo mira por tv, ¿no? (risas). Este es claramente un hecho de micropolítica. Otra cuestión que nos interesaba es la del lenguaje, cuando decís que no hay un mejor modo de pensar que al ir en contra de otro.

Robert Sanderson
Robert Sanderson

Es una frase de Nietzsche. En función de los autores que uno elige, va perfomateando su vida. A veces, si tuvieras que hablar sobre un tema en seco, sin que nadie te haya provocado, por ahí no sabrías mucho qué decir. Pero, si te provocan, no sé de dónde, te sale lo que tenés para decir. Cuando defendí mi tesis de doctorado, tenía veinte minutos para exponer libremente. Yo estaba muy nerviosa porque el jurado era hostil. Durante mi exposición no tenía oponentes, aunque sabía que potencialmente eran mis enemigos. Al terminar, tenían que hablar ellos. El primero fue un especialista en estructuralismo. Es cierto que los profesores de Foucault, como Althusser, eran estructuralistas. Pero el tipo habló 10 minutos, diciendo que yo no hacía valer suficientemente en mi tesis la influencia que esos estructuralistas tuvieron sobre el pensamiento de Foucault. Cuando me dio la palabra, yo sentí que me encendí. Le dije: “Bueno, doctor, le voy a contestar con una frase de Nietzsche. En esta tesis he cometido una injusticia de la perspectiva porque, ante cualquiera que hubiera agarrado, alguno de ustedes cinco me hubiera dicho: “Sí, pero, ¿por qué no trató a tal otra?” Y eso fue porque el tipo me chumbó, ¿te das cuenta? Desde ese momento, brillé. Y el director me contó que, cuando se quedaron solos a debatir, uno dijo: “Cuando ella expuso, ni nos miró a los ojos, pero cuando empezamos a preguntarle era otra persona, le salían conceptos por todas partes”. En última instancia, me pusieron un diez, aunque hubo que pasar ese momento. El hecho de que me chumbaran dio resultados.

Así como decís que pensar contra el otro enciende, en el caso de la venezolana, fue pensar con el otro…

Totalmente. Y ahora pienso en las cuatro causas de Aristóteles. Una tiene que ver con el compartir, lo que estamos haciendo ahora. Otra, con que te salgan ideas originales o potentes o que vienen justo para el momento. También se da en el compartir. Según mi punto de vista y según los manuales antiguos, no se puede hacer filosofía a partir de la guerra y de la lucha. Si salimos ahora y vos te ponés en una vereda y yo, en la otra, seguro que no nos vamos a entender, no nos vamos a escuchar bien. Si estamos en la misma vereda, podemos pensar diferente, pero encontrar bases en común: que no somos universalistas, por ejemplo. Cuando empecé a hacer filosofía, en los 60, creíamos que la revolución se hallaba a la vuelta de la esquina. Estaba muy de moda Oscar Varsavsky. Él creía que la ciencia tenía que formar parte de una posible revolución. En un momento, dijo: “yo no discuto más con gente que, de base, no piense como yo”. A mí, que en ese momento era muy joven y muy idealista, me pareció terrible: “¿Cómo?, ¿y el debate?” Luego, con los años, me di cuenta de que no siempre es posible. Si me subo a un taxi y el taxista empieza a defender a Macri, ya no tengo nada que hablar. En cambio, si tiene una posición crítica, aunque no sea exactamente la mía, podemos hablar.

A LOS AMIGUES, SALUD

“Las ramas estarán, sin embargo, presentes / como mirada intensa / detrás de las palabras.”

Circe Maia, “La mirada detrás de las palabras”

Hay casos y casos…

Giacomo Balla
Giacomo Balla

Para producir conceptos tenemos que hacer como hacía Foucault. Mirá, les cuento algo. Un salteño gay, hijo de gente muy rica, a mitad del siglo pasado -en una sociedad muy dura en ese sentido- quería rajar de ahí y venirse a Buenos Aires. Los padres le dijeron que lo iban a mantener si estudiaba una carrera universitaria. A él le interesaba la filosofía, pero no le interesaba la facultad. Se recibió de arquitecto y nunca retiró el título. El tipo leía filosofía y daba clases de Foucault y de Deleuze, antes del proceso militar. Un día, los padres vendieron un campo y él recibió un dinero con el que se fue a Europa. Estaba en Londres, ya casi sin plata, con un tal Jean, que era francés. Cuando el tal Jean se volvió a Francia le dijo “si vas por París, llamame, algún lugarcito vamos a encontrar para darte”. Llegó el día en que fue a París y lo llamó. Jean le dijo que estaba compartiendo departamento con un amigo que trabajaba todo el día en un pasillo entre dos departamentos. Allí había un sofá, donde él podría dormir. El salteño dijo que sí, por supuesto. En esos tiempos se usaba la máquina de escribir, así que, cuando escuchaba que no sonaba más el teclado, sabía que podía ir a dormir al sofá. Tocaba, si nadie respondía, entraba y se armaba su camita. Había allí una biblioteca enorme. Una noche no podía dormir, empezó a tocar y descubrió que había varias bibliotecas en una, de esas que tiene varias hojas, una detrás de otra. En ella, encontró ediciones de libros de Foucault hasta en chino y japonés. Al día siguiente, le preguntó a Jean: “¿Por qué tu amigo tiene tantos libros de Michel Foucault?”. “Porque es Michel Foucault”, le contestó el otro. Así lo conoció, se hicieron amigos y supo que Foucault, cuando no estaba dando clases, trabajaba en ese pasillo. Y los sábados, cocinaba para amigos, como Levi Strauss o Lacan. Cada visitante llevaba un vino y, después de cenar, levantaban la mesa y repartían todas las drogas posibles. Cada cual tomaba la que quería, como en el “Banquete”, de Platón. Y se ponían a hablar, por ahí, hablaba el filósofo; por ahí, el antropólogo o el de la literatura. Se enriquecían entre ellos, cosa que los sudacas somos incapaces de hacer. Por lo visto, ustedes sí son capaces de hacerlo. Si, con los poquísimos colegas de fuste que tengo, en vez de estar peleados, nos juntáramos, cómo nos enriqueceríamos…

CHUPATE ESA MANDARINA

Al cabo de un instante, Antoinette los vio regresar escoltande a la señorita Isabelle, que hablaba muy alto, con una voz diferente ella también, poco habitual, alta y aguda, con pequeñas carcajadas que punteaban sus frases como fuegos de artificio”

Irene Némirovsky, “El baile

¿Quién es un enemigo para vos?

Un enemigo teórico, que ahora está muerto: Gregorio Klimovsky. Yo tengo las marcas del poder en mi cuerpo. Me hizo tantas maldades…, ¿la máxima? Hacía ya diez años que estaba a cargo de la cátedra de Pensamiento Científico, cuando la Universidad se propuso formalizarnos. Se trataba casi un trámite administrativo amable, porque éramos seis profesores asociados –titulares, de hecho- y había seis cargos. De todos modos, yo estudié como loca porque, en el jurado, estaban Klimovsky y sus amigos. Este tipo, no solamente me hizo bolsa, sino que dejó un cargo desierto. A veces esto se hace para darle un cargo a los amigos, pero no: acá sus amigos ya tenían sus cinco cargos. Él dejó un cargo desierto fundamentando que “…la profesora Esther Díaz no está en condiciones intelectuales ni pedagógicas para estar frente a una cátedra”. Ese día, estaba tan mal, que tuve que ir a la guardia del hospital. Me hicieron una endoscopía porque me sangraba el estómago. En la Universidad me empezaron a quitar el saludo, como si hubiera sido una leprosa en la Edad Media. Sí, nada menos que Klimovsky, había dicho eso, yo no valía nada…. Era tanta la inquina, que ni siquiera vieron los antecedentes. Mi asociado en ese momento era Mario Heler, mano derecha de Ricardo Maliandi, ambos muy fuertes en el Conicet. Y si yo era un tiro al aire en términos institucionales, con ellos, la academia tenía que quedar bien. Mario y yo habíamos preparado un proyecto sobre ciencias sociales y cada uno lo presentó por su lado. Aclaramos, sí, que el proyecto se había diseñado junto con el otro. A mí, me dijeron que mi investigación era confusa y no se sabía adónde apuntaba. A él, que su investigación era sólida y ameritaba que le dieran el cargo. La misma fotocopia. Bueno, por consejo de Mario y Ricardo, impugné ese concurso y pedí su anulación. Estaban desesperados. No sabían cómo parar ese juicio. Durante un año, fui réproba en la Universidad, hasta que el concurso se declaró desierto y, el jurado, sospechoso de arbitrariedad contra mi persona. Un día, cuando la gente me empezó a saludar de nuevo, el abogado del CBC me preguntó qué le había hecho yo a Klimovsky para que me tuviera tanta inquina. “No le chupé”, le respondí. Me salió del alma.

Umberto Bococcione
Umberto Bococcione

Hablabas de la carcajada filosófica para oponer a las injusticias…

A esta altura, yo le tengo que agradecer a Klimovsky que no me haya dado el cargo porque, de haberlo hecho, yo hubiera dicho: “Qué noble es este tipo, a pesar de que pensamos diferente, vio que yo tenía suficientes y sobrados antecedentes para ese cargo y me lo dio”. Pero lo que hizo me dio alas para volar adonde quisiera. Ahora que pasó el dolor y a pesar de mi gastritis crónica, creo que, sin su oposición, quizás no me hubiera atrevido a tanto.

Como cuando tu mamá te dijo que trajera a un marido doctorcito…

Claro. Pero no quiero hablar mucho de mi familia porque mi mamá vive aún, tiene ciento dos años y, en el caso de mi hijo, están mis nietos. De mi hija, he dicho bastante. No todo, porque siempre hay un núcleo duro de la subjetividad que te guardás, porque querés o porque no sale directamente.

¿En qué te ayuda la escritura a recuperar el sufrimiento?

Me doy cuenta, después de que las cosas están hechas. La película fue más impactante porque las imágenes, en sí, lo son. Ahí cobré conciencia. Un día, nos estaban haciendo un reportaje a Martín y a mí y, a raíz de una pregunta, dije: “esto, en su modalidad, es un poco como lo de Proust: sus siete tomos para hablar del tiempo perdido”. ¿Cuándo recupera el tiempo? Cuando se da cuenta que todas esas banalidades las rescató mediante el arte, mediante la escritura. Por eso el último tomo se llama “El tiempo recuperado”. Sin querer compararme con semejante monstruo, yo he recuperado el sufrimiento perdido. El sufrimiento en sí mismo no sirve para nada, pero el cristianismo le quiso dar un valor para dominarnos mejor: “Sufrí, el reino de los cielos será tuyo. Nosotros somos ricos y no vamos a entrar, como no entra un camello por el ojo de una aguja, pero vos, que sos pobre, sí vas a entrar”. Por algo uno elige a Nietzsche que, con su martillo, rompió esos conceptos domesticantes. Ahí ves que todo ese sufrimiento sirvió para la escritura. Así empieza una de las primeras escrituras que tenemos en Occidente, “La Ilíada”: “Los dioses les mandan desgracias a los hombres para que los poetas tengan cosas que contar”. Con eso ya está dicho. Lo mismo pasa con todos los géneros narrativos, hay mucha más narración sobre el sufrimiento que sobre la alegría. Es más fácil hacer llorar que hacer reír. Es muy difícil hacer una comedia buena o un libro que todo el tiempo te divierta.

EL BANQUETE, OTRA VEZ

“La poesía es una forma de la geología, una lenta y paciente exploración de la materia que nos constituye, de la materia que nos rodea. Sólo que la poesía, más que dedicarse a observar, seleccionar, designar y clasificar, establece una relación afectiva con la materia. Es un discurso que conduce la rebelión, a la revuelta contra un modo de ver y sentir las cosas que nos aíslan de todo lo demás. Es una desobediencia que nos permite rechazar el discurso adulto, patriarcal, blanco, el discurso de la normalidad y de la adaptación, y abrazar el habla la sensibilidad de la infancia, antes de que seamos sometidos al proceso de embrutecimiento y desestabilización que nos permite adaptarnos al mundo”

Claudia Masin, “La desobediencia”

 

Hablabas de los poetas, ¿cuándo necesitás lo poético?

Danza ancestral
Danza ancestral

La filosofía nace como poesía. Parménides es conocido por un poema del que quedan dos o tres páginas. Platón, que critica a los poetas porque, según él, trabajan con la imitación y no con la idea misma, es un poeta, escribe poéticamente. Ni hablar de Nietzsche. Yo lo conocí a mis treinta años. En aquel momento, Filo estaba en Independencia y Urquiza y, cuando caminábamos con un compañero hacia Once para tomar el tren, él me dijo: “Pero, ¿vos nunca leíste a Nietzsche? Justo tengo acá ‘Así habló Zaratustra’, te lo dejo”. Llegué a mi casa como a las doce de la noche. Me puse a leerlo y no lo pude dejar hasta que se hizo de día. No es que lo entendiera, pero estaba escrito tan maravillosamente, tan poéticamente, que no lo pude dejar. No están escindidas poesía y filosofía. Es más: en sentido amplio, la poesía es el núcleo de la filosofía. Y, como experiencia, lo poético es lo que le da sentido a la vida. La poesía es, en cierto modo, la matriz de todas las artes. Así como de la filosofía se dice que es la madre de todas las ciencias, la poesía es la madre de todas las disciplinas humanísticas.

Dijiste alguna vez algo así como llevar el yo a los extremos para que toque lo indecible.

Tal cual. La poesía ensaya los límites del lenguaje, los prueba. Las demás disciplinas se ocupan, en general, de su objeto de estudio. Y hay una cosa muy linda de Deleuze. Dice que algunos poetas hacen tartamudear al lenguaje. Vos leés algunas cosas de Macedonio Fernández o de Oliverio, y, realmente, lo hacen. La poesía es Scherezade, hablar para seguir vivo, no tiene utilidad pragmática. Al principio, los alumnos preguntaban “¿Y para qué sirve el pensamiento científico?” Para nada, querido, para nada. ¿Para qué sirve escuchar música? Para nada. ¡Pero qué terrible sería la vida si no tuviéramos eso a lo que nosotros le damos sentido! La diferencia con la poesía es que el sentido se lo da ella misma, porque es el lenguaje puro. Creo que se trata de estudiar hasta dónde se puede estirar el lenguaje.

¿Los filósofos hacen lo mismo?

Sí, claro. Fundamentalmente, Wittgenstein. Los demás lo hacen, pero de manera indirecta: Deleuze piensa el deseo. Foucault, el poder. Nietzsche, la verdad. Pero Wittgenstein –uno de los filósofos más importantes del siglo XX- piensa el lenguaje propiamente dicho. “…nunca pude escribir una poesía o hacer música, y me gustaría tanto poder hacer una melodía, aunque sea una.”, dijo. Como si con eso hubiera podido lograr más que lo que hizo con la filosofía. Hay una corriente que sale de ahí y dice que hay mucha más verdad en la poesía, en un texto de Dostoievski, que en un escrito de Kant. Los poetas muestran la vida misma, los sentimientos y nosotros, los filósofos, hacemos conceptos sobre ello. Heidegger dice que esa fuente romana que él está viendo no es “la fuente romana”. En cambio, cita a un poeta alemán sobre la fuente romana y señala que la verdad de la fuente  está allí, más que en la fuente misma. Horacio, el latino, agrega: “he construido un monumento más duradero que el bronce, que ni los vientos ni las tormentas ni la lluvia van a destruir, porque es un monumento que construí con palabras. Y mientras la callada vestal siga subiendo a la colina a ofrecerle a los dioses, mi monumento va a seguir vivo y mi nombre va a seguir vivo porque construí ese monumento”. Fijate vos: la callada vestal hace siglos que no sube más al monte y el poema de él sigue vivo. Ahí está el núcleo de lo que me preguntabas.

Parece que, con la mirada, buscaras a los autores en tu biblioteca cada vez que los nombrás.

Es así, muy buena tu lectura. Cuando escribí el libro sobre Buenos Aires, hice una genealogía del encierro a las mujeres, porque estudié específicamente sobre la prostitución en la ciudad, en la época en que fue legal. Allí cuento que las mujeres fueron encerradas, primero, en Grecia, en un encierro tipo Oriente, en el gineceo. En Roma, fue un poco más liviano, pero el hombre tenía el poder. Y quien tiene el poder impone el lenguaje, las costumbres, todo. Después, me faltaba un eslabón, porque tenía elementos de Buenos Aires, pero me faltaba España. Un día estaba en la computadora y me acordé de García Lorca. Busqué su libro “Yerma”, en la biblioteca -como marcabas vos, con la mirada-. Hacía treinta años que no lo leía. Me subí a una escalerita que tengo ad-hoc y lo saqué de allá arriba. Ahí estaba todo: las romerías que se hacían para que el dios de la tierra -unos tipos que estaban en el bosque- embarazara a las mujeres que no podían quedar. Estaba allá arriba y, cada vez que lo digo, se me va la vista hacia allá.

A PUNTO ESTOFADO

“La realidad es la materia prima, el lenguaje es el modo como voy a buscarla –y el modo en que no la encuentro-. Pero es de buscar y no encontrar que nace lo que no conocía, y que instantáneamente reconozco. El lenguaje es mi esfuerzo humano. Tengo que ir a buscar por destino y por destino vuelvo con las manos vacías. Pero vuelvo con lo indecible. Lo indecible sólo podrá serme dado a través del fracaso de mi lenguaje. Sólo cuando falla la construcción obtengo lo que ella no consiguió”

Clarice Lispector,  “La pasión según GH”

Si el lenguaje es captación de cierto relato ¿pensás que tiene poder para cambiar la realidad?

El lenguaje tiene que ver con el discurso y el discurso, con la verdad. En cualquier ámbito, todos creemos que quien habla responde a la verdad. Pero el lenguaje no es omnipotente, necesita del poder. Para verlo más foucaultianamente, está el poder y está el lenguaje o la verdad, como le quieras decir. No son lo mismo, no es como se decía en la Edad Media, que la verdad es poder. La verdad en sí misma no es poder, la verdad necesita del poder y este de la verdad. Una vez lo apretaron un poco a Foucault y le dijeron “Bueno, pero tiene que haber uno que tenga algo de preeminencia sobre el otro”. Lo pensó un rato y dijo “Bien, sí. Preeminencia tiene el poder. Si yo tengo el poder, impongo el lenguaje. Pero, si solamente tengo el poder y no hay nada de verdad, o sea, de lenguaje, se viene abajo” Recordemos la guerra de Malvinas. Nos querían hacer creer que estábamos ganando la guerra. Eso era lenguaje, pero apoyado en los fierros. Finalmente, fue insostenible porque, aunque no había la comunicación que hay hoy, nos enteramos de que estábamos perdiendo. Entonces, aun con los fierros, debieron llamar a elecciones. El poder sin la verdad no sirve. La verdad sola, tampoco.

Carolina Antoniadis
Carolina Antoniadis

¿Pensás en otros casos donde se manifieste de ese modo?

Otro ejemplo: en la misma época de Darwin, había un joven investigador, llamado Wallace. Darwin, sin quitarle mérito, era un burgués de buena posición y pudo pasear por el mundo para hacer sus investigaciones. Wallace era un sirviente que le daba clases a los hijos de los ricos. Vivía en los palacios, pero como servidor. Todo le costaba muchísimo más que al otro. Ambos tenían la misma teoría. Los amigos de Darwin le dijeron: “Ojo, que vos hace tiempo tenés el libro y no lo publicás. Fulanito está por publicar y tiene prácticamente tu misma tesis”. Entonces, Darwin -como tenía los medios- publicó. ¿De quién es hoy en día la teoría de la evolución? ¡De Darwin! Porque, además de la palabra, tenía el poder. Volvamos a nuestra época. Yo no soy muy fanática de la “e”. A veces, en las redes, si hay amigas y amigos, pongo “amigues”, pero le digo a la gente que investiga sobre eso, que hablar en masculino no es la causa del machismo, sino un efecto. Así que estamos atacando el efecto. Si nosotros lográramos derrotar la causa del machismo, que es el abuso de poder,no nos importaría que nos llamen con a o con e. O impondríamos, como impuso una mujer con poder, lo que se le rajó de sus genitales: Cristina Kirchner decidió que la “e”, que para las feministas es inclusiva, era exclusiva. Ella no se quiso llamar presidente que, desde el punto de vista gramatical es totalmente correcto y, desde el punto de vista de género, no es presidento. Ella, que tenía el poder, decidió que no y logró que todos, hasta “La Nación”, le dijeran presidenta. He escuchado, cuando fue lo del aborto, que alguien le dijo a Michetti – presidenta del Senado- “Señora presidente” y ella dijo “presidenta”. O sea, que Michetti utiliza lo mismo que impuso la que tuvo el poder. A veces, esto que yo planteo se puede tomar como una cosa reaccionaria y no lo es, porque están gastando energía e investigación en cosas que no hacen al meollo de la cuestión. Si a mí un tipo me habla con la “e” y me caga a palos, no me importa nada. En cambio, si yo tengo poder, llamame como quieras, pero la que maneja el estofado soy yo. Mirá, aunque mi teoría sea más verdadera que la de Klimovsky, si el dueño de las cátedras y las editoriales es él, va a ganar él ¿te das cuenta?

Pensaba en la causa y la consecuencia. Y si a veces el lenguaje no funda también subjetividades.

¿Por ejemplo?

Mucha gente se hizo macrista escuchando “pobreza cero” y “revolución de la alegría”, y no tenían la más puta idea de qué era un macrista.

Es cierto. Pero Macri tenía el poder para imponer ese lenguaje. Esa misma gente que se dejó llevar, ahora no va a votar a los Fernández, dice que todos los políticos son iguales. Ayer estuve con la mina que me hace el tatuado de las cejas. Ella, aunque esté haciendo un servicio, se cree cheta porque trabaja ahí. El año pasado ofrecía hacerte las cejas de la Aguada. Después llegaron las facturas, el poder que te mete la mano en el bolsillo y esa misma mina, que tiene un cartel que dice “Por favor, por razones de salud, no hablar de política”, ayer se quejaba: “Pero qué barbaridad, que barbaridad, ya no se puede ni pagar la luz, son todos iguales”. Entonces, después de un rato, quise probar hasta dónde llegaba y hablamos de mi libro y a ella le pareció importante que me hubiera publicado Planeta. Le respondí que sí, que junto a la multinacional que publicó a Cristina, son las editoriales más importantes en el país. “Ah, por favor, que esa mujer no vuelva a hacer daño, que no vuelva”, concluyó. El discurso la hizo votar a Macri, pero el poder, la realidad, el taca-taca, la hizo cambiar de idea. Eso no quiere decir que va a votar a Cristina.

¿Y no hay nada que podamos oponer a eso?

Soy una filósofa, ¿y qué es la filosofía, sin palabras? Como la define Borges, es literatura. Yo sé que una autobiografía no es más real ni más verdadera que un discurso filosófico. Ambas son literatura, soy consciente de eso, fabricamos palacios o chozas con palabras. Yo trabajo con las palabras igual que ustedes. Busco, no tanto la armonía estética, como la armonía conceptual. No niego que el discurso incide, pero trato de no caer en el reduccionismo. La palabra sola no puede y el poder solo tampoco. Por eso es tan importante la obra de Foucault, él siempre dijo que no quería definir el poder, sino mostrar cómo se ejerce. En ese sentido, ya Marx lo había visto: cuando empezó a estudiar “La ideología alemana”, por ejemplo, encontró que, con la división primaria del trabajo, la mujer ya había sido perjudicada. Además de lo que la naturaleza nos puso encima: menstruar, parir y dar leche, había que hacerse cargo de todas las cosas de la casa.

SE ARMÓ EL POGO

“En un libro de versos salpicado / por el amor, por la tristeza, por el mundo, / mis hijos dibujaron señoras amarillas, / elefantes que avanzan sobre paraguas rojos, / pájaros detenidos al borde de una página, / invadieron la muerte /”

Juan Gelman, “La victoria”

¿Ves algo de revolucionario en lo que está sucediendo con el movimiento feminista actualmente?, ¿o es que en esta época sólo hay lugar para la micromilitancia?

Desde mi punto de vista, la micromilitancia solo tiene sentido, en tanto llegue a impactar en la macro. Cuando fue el caso de María Soledad Morales, en Catamarca, hubo movilización microfísica desde los lugares más raros del poder. Estas chicas eran provincianas, mujeres y adolescentes en un país que sigue siendo unitario. Les faltaba ser negras y judías. Una monja puesta al frente que, con buen criterio, impuso movilizar en silencio. Las pendejas, con cero poder aparente, hicieron esas marchas del silencio y empezaron a sacudir la red del poder, de la que nos habla Foucault. De cualquier parte que vos agarres la red y empieces a sacudir fuerte, el movimiento se extiende, como cuando tirás una piedrita en el agua. Bueno, cayeron funcionarios, jueces y legisladores, cayó el gobernador. No sabemos quién más hubiera caído si no se intervenía la provincia.

Hubo impacto de lo micro en la macro…

Adolphe William Bouguereau
Adolphe William Bouguereau

Y otra cosa muy inteligente de las pibas de Catamarca, que, creo, no tuvieron las mujeres de derechos humanos, Madres y Abuelas. Cuando el problema terminó, las pibas de Catamarca se retiraron. Seguir con el poder después de más de treinta años es haberte metido en la estructura de poder contra la cual luchaste. Mirá, Foucault creó el Grupo de investigación sobre la prisión y los nenes de mamá como él se dieron cuenta de que, en las cárceles de Francia, se comenzó a estar peor cuando empezaron a ir presos después de los movimientos de mayo del 68. Pero Foucault es un neo nietzcheano y hay una frase de Nietzsche que dice “No hay nada más inmoral que hablar en nombre de otro”. Así que él dijo, “No podemos hablar en nombre de los presos, démosles la palabra a ellos si es que la quieren tomar” y generó condiciones de posibilidad para que los presos armaran su propia defensa. Empezaron a producir casettes, textos y una cantidad de elementos que los visitantes sacaron afuera y, primero los medios franceses y después, los del mundo se hicieron eco y lograron comenzar a cambiar las condiciones en las cárceles francesas. Algo similar pasó acá cuando vino la democracia. Pasó con el estudio: Schoklender tiene tres títulos universitarios. Los que no pudieron acceder o no les interesaba el estudio empezaron a ser sus sirvientes. En el prólogo de la edición norteamericana de “El Antiedipo”, hay consignas para la militancia, que terminan por decir: “Y, sobre todo, no se enamore del poder”. Eso es lo fundamental. para no pasar al lugar del amo. Vuelvo a aclarar, estoy de acuerdo con el discurso de Madres y Abuelas, pero no hacen circular el poder.

Bueno, Norita tiene una posición como la que vos decís.

Sí, pero Norita todavía tiene una función: hay muchos nietos que todavía tienen que aparecer, cosa que desgraciadamente ya sabemos que no ocurrirá con los hijos. Los hijos con vida.

Esa es Estela, yo digo Norita…

Está bien, yo defiendo su discurso, pero no se dan cuenta que se han montado a la estructura del poder. Además, yo creo que este es un daño que nos ha hecho la última dictadura. Tengo suficiente edad como para acordarme de lo que era antes, sufrí cinco golpes militares y dos gobiernos neoliberales en mi vida, así que he visto cómo es. Antes, un rector terminaba su gestión y se iba. Lo mismo, los gobernadores. En cambio, después de la última dictadura militar, nadie quiere largar el poder. En la Universidad de Lanús está la misma rectora desde que se creó, hace veinte años. Eso pasa en todos los niveles, nos hemos enamorado del poder. Es terrible. Y, si lo hacemos geopolítico, podríamos decir lo mismo de Cuba. Todos sabemos que cuando estaba bajo la égida de Estados Unidos estaba muchísimo peor, era el prostíbulo de Norteamérica. Desde ya que los sabemos. Pero, ¿es democrático? Sabemos el trabajo maravilloso que hace Evo en Bolivia, pero, ¿es democrático? Venezuela está siendo víctima de las potencias que quieren el petróleo, pero no lo hicieron mientras estaba el líder, mientras estaba Chávez. Es muy difícil dejar de ser líder en casos así, por eso yo titubeo cuando hablo de estas cosas, por eso me pregunto y no hablo con la seguridad con la que me refiero a otras cosas.

LENGUA ADENTRO

“Perdida en la espesura / del lenguaje, / dejaste caer guijarros mínimos, / signos de salvación, / para que los recogiese el advertido, / No era efímero pan, / Pero, incomibles, / se los traga la tierra: // Y sigues penetrando / en la floresta silenciosa, / aunque la veas cerrarse / tras tus pasos.”

Ida Vitale, “El lenguaje de Hansel”

La pregunta es si no podemos empezar a cuestionar la democracia.

La democracia es como el matrimonio, querida. Es una mierda pero no encontramos nada mejor todavía…

Antes hablaste sobre tu trabajo acerca de la prostitución. Este es un tema que divide mucho al feminismo actualmente.

Hay dos niveles. Uno es lo que yo investigué para mi libro, fue una época terrible de explotación de las mujeres en Argentina. En el marco de la prostitución legal, se escondía lo peor de la corrupción. Llegó a haber cinco mil prostitutas en Buenos Aires, muchísimo para la población de esa época. Al controlar a cinco mil, nos controlaban a todas. Si vos salías sola a la calle o te vestías de cierta manera o tenías ciertas actitudes, inmediatamente, te calificaban de puta. Cuando yo era chica, de las fabriqueras, se decía que eran putas, porque salían a trabajar. Lo segundo es lo actual. El otro día escuché a una prostituta militante que le decía a sus compañeras: “Como sabemos, en todo movimiento de liberación, hay internas. La más grande nuestra es la de las abolicionistas, por un lado, y las que queremos seguir ejerciendo la prostitución, por otro. Pero eso no nos tiene que dividir, sino complementar. Porque tanto ellas como nosotras luchamos contra el machismo, tenemos un enemigo común.” Yo, a las abolicionistas, si son prostitutas, las respeto. Ahora, si sos intelectual de clase media que defiende eso, metete la lengua en el culo, querida, porque cada cual, con su vida, hace lo que quiere. No estoy a favor de la trata, obvio. El otro día, en una charla en el Partido Justicialista, conocí a la presidenta de AMAR, una chica que es lesbiana y cuya pareja estudia en la Universidad de Lanús. Bueno, ella trabaja en un cabaret, no tiene cafishio ni nadie que la regentee y no fue captada por ninguna red de trata. “Me gusta trabajar de prostituta” me dijo. Chapeau. Mi posición es no hablar en nombre de otro. Ella, que ejerce la prostitución, tiene autoridad para hacerlo.

Carolina Antoniadis
Carolina Antoniadis

El tema de este número es ausencias. Las del pasado y las posibles hacia el futuro.

Fueron tan fuertes las del pasado, que me vacunaron para las del futuro. Para mí todo es posible. Se murieron mis dos hijos. Yo soy una freak, no me escandalizo de nada porque sé que todo es posible. No existe, ni en castellano ni en los idiomas que yo manejo, una palabra para mi situación: si se hubiera muerto mi marido, sería viuda. Si se hubiera muerto mi padre, huérfana. Cuando se te muere un hijo, no hay palabra. Juan Gelman dice: “Soy huérfano de hijo”. Es inimaginable. Es un vacío que no voy a cubrir nunca en la vida. El duelo, ahora, no es como los primeros meses, cuando lloraba todo el tiempo. Anoche fui a Casa Brando, a un show de Drag Queen, de chicas biológicas que se visten de hombres, en este caso. No es que no me divertí y que no canté y que no la pasé bien. Pero, cuando la paso bien, me aparece la figura de ellos. Entonces, por momentos, no sé si decir que es un vacío o una presencia. Están continuamente. Para responder a tu pregunta, con esto me llevo como con todas las cosas de la vida: apelo a la filosofía, apelo al concepto. Y haber escrito sobre todas las mierdas que viví con mi hija, pobrecita, fue terrorífico. El capítulo de la agonía de ella lo escribí en Rosario y, como me gusta tanto el río, me iba a almorzar a orillas del Paraná, para que se me hiciera soportable. Cuando esto pasó a corrección, lo dejé totalmente en manos de la editora porque ya no puedo leerlo sin llorar. Pero ese compartir me alivió. Comparto lo de mi hija porque ella no dejó nada, ni pareja ni hijos ni amigos, vivía sola con su locura y su droga y no se daba con nadie. Respecto a la ausencia de la juventud, a la muerte no le tengo miedo, pero sí a la decrepitud, a no valerme por mí misma. Después de los setenta, todos los días te duele algo nuevo. Tengo casi ochenta años y no me puedo permitir ser viejita, por eso también hago gimnasia. Estoy sola en el mundo, tengo un 70% de posibilidades de quedarme ciega, cada treinta días, me inyectan algo en los ojos que no cura, pero retiene. Así que la ausencia de vista para una escritora…

MERIENDA Y DESPUÉS

“Antaño, el amor era la celebración de lo individual, de lo inimitable, la gloria de lo único, de lo que no admite repetición. Pero el ombligo no sólo no se rebela contra la repetición, ¡es una llamada a las repeticiones! De modo que en nuestro milenio viviremos bajo el signo del ombligo. Bajo este signo, seremos todos soldados del sexo, con la mirada fija no sobre la mujer amada, sino sobre el mismo agujerito en medio del vientre que representa el sentido único, la única meta, el único porvenir de todo deseo erótico”.

Milan Kundera, “La fiesta de la insignificancia”

¿Qué te falta hacer?

Seguir estudiando. Hay tantas cosas para leer… Tantos libros que ya leí, pero que me encantaría volver a hacerlo. Me gustaría estudiar seriamente a San Agustín, una utopía, porque ya no me va a alcanzar la vida ni puedo dedicarme a eso. Estudiar más a Marx, muchos proyectos. Hace unos días estuve en la banalidad total, me invitó la hija de Mirhta Legrand a su programa “Las rubias”, una experiencia fantástica. No quiero decir boludas porque no las quiero ofender, pero es un modo de vida tan diferente… Me hicieron preguntas tan básicas, que me quedé pedaleando. Por empezar, era una mesa de “rubias”, cuatro o cinco platinadas como ella. Y yo, vestida con una ropa muy exótica que compré en Nueva York, toda de negro. Ellas estaban con pantaloncito negro y blusita blanca, esos modelitos por canje que hacen, ¿no? Bueno, la producción le puso a la mina un cartel de cada nuevo invitado. El mío decía “Esther Díaz, escritora -hace poco publicó un libro- y filósofa punk”. Entonces, ella dice “Y ahora vamos a ver a la filósofa punk”. Así, con la “u” lo pronunció. El de la producción le gritaba “¡pank, pank!”. “En francés se dice punk” dijo la mina… Bueno, me recibió muy amable y, frente a cámara, me preguntó “Decinos, Esther ¿cómo es? ¿punk o pank?”. Toda una cosa… “Bueno, se escribe punk, pero es inglés, se dice pank. Nació en Londres el movimiento”, respondí. “No importa, ahora está en todas partes, así que en francés se dice punk”. Y seguía y seguía con eso… Luego nos sentamos y me preguntó qué es el punk . Le dije que es una actitud, que no es que yo esté todo el día tomando cerveza y escuchando música, sino que tengo una actitud no formal. “¿Y qué es formal?”, me pregunta. “Ustedes son formales”.¡Para qué! La mina: “¿Qué me estás diciendo? ¿Qué querés decir con eso?”, “Bueno, es como se espera que se vistan ustedes, la manera que dicta el imaginario social para una señora de la edad de ustedes”. Ahí parece que, por la cucaracha, le dijeron que cambiara de tema, así que se puso a hablar de otra cosa. Y la mina que yo tenía al lado, con una ingenuidad que me dio ternura, me preguntó, “¿Qué es la filosofía?” No me esperaba una pregunta tan básica. Yo tendría que haberle dicho, como a los chicos, que es preguntarse por los misterios de la vida, por el amor, la amistad, la muerte… Pero no, como no me esperaba eso, le dije lo que le hubiera dicho a una persona calificada: es una interpretación de la realidad, es construir conceptos para poder llegar a la realidad. ¡Te imaginás! Pobre, los cables se le habrán hecho así…

¿Y por qué fuiste?

Porque me están promocionando el libro. Yo vivo de eso. Es la primera vez que publico en una multinacional, yo estaba acostumbrada a publicar siempre en pymes, que no gastan un mango en publicidad. Pero estos tienen una jefa de prensa muy activa. Yo me operé la cara el 22 de febrero y el libro salía los primeros días de marzo. Les avisé que iba a estar, por quince o veinte días, fuera de circulación. Entonces, tres días antes de operarme, vinieron de La Nación y de Clarín a mi casa y a hacerme las entrevistas.

¿Te hiciste un lifting?

Sí. Es el tercer lifting que me hago, hay que pasar por el quirófano…, eh. Este último lo hice culpa de Martín Salinas, el director de “Mujer nómade”, que se copó con este perfil. El director decide a qué distancia estará la cámara del rostro del protagonista. Él es un chico muy creativo y decidió que estuviera a veinte centímetros, muy cerca. Me di cuenta que, tomada de perfil, me quedaban unas cosas terribles colgando a los costados. “Hijo de puta, me mandaste al quirófano”, le dije. Ahora estoy chocha. Nunca me gustaron las arrugas y, en mi familia, después de los cuarenta años, a todos se les caen las bolsas de los ojos. Yo no quería eso. A mis cincuenta años me estaba haciendo el famosos delineado y me choqué con una arruga. Ese fue el momento de empezar. Había recibido un cheque de dos mil pesos de la UBA y con eso me fui al cirujano. Para mí, el cirujano es la continuación del maquillaje.

La película ameritaba esa nueva visita quirúrgica.

En esta película, sin habérnoslo propuesto, atacamos dos mitos machistas muy fuertes: uno es que, en la película, se ve cuando me hacen bótox. Y otro es que las mujeres no nos podemos acostar con tipos más chicos que nosotras. En el G-20, los chusmeríos hablaban de Macron, porque su mujer tiene veintipico de años más que él. Pero nadie dijo nada de Trump, cuya mujer es veinte años menor. Ambos son prejuicios. Yo pregunto por qué una mujer con arrugas es más digna que una operada. No hay fundamentos. Y si no hay fundamentos, es prejuicio. Tampoco hay fundamento que pueda sostener que una mujer no se puede acostar con un tipo más joven. Y esto es porque, en nuestra sociedad, somos cogibles desde jovencitas hasta casi los cuarenta. Y, después, esto se acaba. Yo milito conscientemente que la sexualidad no tiene fecha de vencimiento. En la Universidad del Sur, en Bahía Blanca, en una conferencia llena de mujeres de cincuenta para arriba -bien largos- les dije directamente: “Yo sé que no es soportable para ustedes, pero yo soy un testimonio de la sexualidad en la vejez. Me gustan los tipos más jóvenes porque, a un tipo de mi edad, también le gustan las minas más jóvenes. Lo comprendo, porque a mí tampoco me gusta él. Yo sé que se achican las posibilidades: no tenemos dónde ir a bailar, no tenemos dónde juntarnos, por los prejuicios que hay y porque la gente también se va muriendo. Entonces, están el autoerotismo y la libertad de cada quien con su cuerpo para modificarse o para orgasmear con un tipo -si tenés la posibilidad- o, con un juguete sexual, si no la tenés. Para mí, si no jodés a nadie y no hay menores de por medio, en la modificación del cuerpo y en la sexualidad, todo está permitido. Yo no niego mi edad. Declaro mis casi ochenta años, porque es mejor que te digan “¡Qué bien que estás!” a que declares sesenta y piensen que parecés una vieja de mierda.

Esther Díaz con Las Anartistas

Esther Díaz con Las Anartistas




UN CORAZÓN, DESDE LO OSCURO

Ausencias: entrevista a Luis Salinas y a Juan Salinas

Entrevista: Lourdes Landeira, Noemí Pomi, Pablo Soprano, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

 

“con todas sus tristezas en los brazos, /junto a la luz que canta yo trabajo /no por ambición ni por el pan ni por ostentación /ni por el tráfico de encantos en escenarios de marfil, /sino por ese mínimo salario /de sus más escondidos corazones.”
“En mi oficio u arte sombrío”, Dylan Thomas

En medio de un silencio claro, latieron las manos. Se escuchó, contundente, el tronar del aire hacia la cima del aliento, la contracción de la fibra en el músculo decidido. Todo en la melodía era muy frágil y muy poderoso, muy evidente y velado a la vez. Por eso, lo llamaron “lo oscuro”. Increíble que un ser así resultase tan luminoso de pecho y tan bien predispuesto a cruzar el puente. Cuando sonó el preludio al tiempo, hacía rato que lo oscuro había comenzado a transcurrir. Ese era su modo de inaugurar la luz y prefigurar su presencia. Porque, nacido de una fuga en el silencio, se mantenía pleno y consistente en el lenguaje. Cómo explicarlo: él era el sudor polizón en el borde de la página, el eco desperezado entre dos picos de montañas, el tañido en lucha entre la mano y la guitarra, una forma en suspenso, la alianza esforzada de lo que fue y lo que vendrá. O tal vez, el tacto de los ausentes impregnado en las recovas del recuerdo, la aureola que, sobre el vidrio, retiene un denuedo del aire.

Georges Braque.
Georges Braque.

En sus bordes, uno podía atesorar un aroma madre. En sus curvas, un viejo recelo. En sus recámaras, el andar perdido de una infancia que regresa, una y otra vez, a reclamar el tiempo del juego. Fascinaban sus modos de dilatar, abultar, expandir, anidar y amparar. Y era de esperarse que semejantes destrezas atrajeran a los vecinos. Sin embargo, nomás conocerlo, la noche, los terrores y los monstruos capitularon sus pretensiones. Porque lo oscuro era apenas una fina envoltura de faltas y deseos, una película contraída en el mínimo pulso de un verso.

Y hasta hoy, cuando los traficantes del ruido descansan, en medio de un silencio terso y atrevido, hay un latir de a pares, de a tríos, de a bandas, un acorde que filia padres e hijos en un lazo más fuerte que la sangre. En la búsqueda de uno de esos tupidos silencios, encontramos a Juan y a Luis Salinas.

 

LO OSCURO QUI PARLA

El encuentro es a oscuras. / En el beso se mezcla 
el sabor de las lágrimas. /Y en el abrazo ciñes
el recuerdo /de aquella orfandad, de aquella muerte
.”
“Lo cotidiano”, Rosario Castellanos

¿Les parece útil que un músico reflexione sobre su oficio?

Luis: Hay distintos tipos de entrevistas. Una es la nota que hacés para que te conozcan, para mostrar qué podés reflexionar sobre algunas cosas. Son siempre reflexiones que uno hace después de tocar. Alguna vez, en una entrevista para un diario importante, yo trataba de explicar mi libertad artística. En eso, pasó Rubén Juárez y me dijo “No expliqués tanto, tocá”. La música se vive, no se explica. Es como querer explicar el amor, son cosas que tienen que ver con el sentimiento, como decía Dino Saluzzi “Donde termina la razón empieza el arte”. Para mí, la existencia de dios o del diablo está en las cosas que no tiene explicación.

Para los que no somos músicos, la única reflexión interesante sería la de ustedes, no la de los teóricos o la de los críticos, ¿pensás que uno no puede aproximarle, ni en parte, algo de esa experiencia a otro?

Juan: Uno puede reflexionar sobre lo que le pasó en el show. Si fuiste más “vos mismo” ciertas partes, si en otras la cosa fue nomás un yeite. Cosas así.

Una vez Luis contó que, cuando eras muy pequeño, al escuchar un tema, dijiste “la música es un corazón que sale de lo oscuro”, parece que de chiquito sí reflexionabas…

Beatriz Asato
Beatriz Asato.

J: Uno dice estas cosas sin darse cuenta. No decimos “vamos a ponernos a reflexionar”. En un vuelo, antes del show, ahí quizás nos ponemos a hablar.

¿Qué es lo oscuro?

J: Debe ser que la música sale de adentro.

¿Por qué está oscuro adentro?

J: Tendrías que habérmelo preguntado cuando tenía cuatro años. Ahora ya no me sale. Creo, según me contaron, que yo estaba mirando el parlante cuando lo dije. De ahí estaba saliendo toda esa música de Paco de Lucía y Camarón de la Isla.

 


CANTAR CON LAS MANOS

                                                           Fíjate en la mano que canta /porque a la niña peina, /para mandarla blanca con su libro, /para un día perderla.”
“Las manos”, José Pedroni

L: Rita, mi hija de seis años, me dice “Papá, tocar la guitarra es como cantar con las manos”.

Es muy poético…

J: Mi bisabuelo era poeta. Yo no lo tengo muy claro. A veces hay poesía en la música, en lo que se escucha… La poesía está en todos lados.

Juan Gris.
Juan Gris.

L: Tengo una buena amistad con Miguel Ángel Solá. Cuando él hizo el teatro “El callejón de los deseos”, nosotros fuimos a tocar a un lugar. No salió el aviso, o no sé qué pasó, pero no había nadie. Igual, nosotros teníamos tantas ganas de tocar, que no parábamos. Había fluidez, la música nos llevaba. De  golpe vi a un tipo que iba de un lado al otro, cubrió todo la sala, era él nuestro público. Cuando terminó, él me dijo: “Mañana te veo en el teatro”.  Al otro día, el teatro estaba lleno. Y a mí me agarró tanta responsabilidad de hacerlo quedar bien a él, que tomé el control y no pasó nada… No pasó nada de lo que había pasado el día anterior. Entonces, lo miré como pidiéndole disculpas. Y él me dijo, “No pasa nada, estuviste muy terrenal nomás”. Y tenía razón. Uno puede decir “bueno, voy a organizar esto”. Pero, en el tipo de música que hacemos nosotros, lo mejor es cuando la música te lleva. Al otro día te escuchás y decís “pero qué bien que me salió”. Yo amo eso, lo que me mantiene con ganas y con deseo de tocar es el no saber qué va a pasar.

¿A ese no saber qué va a pasar lo asociás a lo poético?

L: Probablemente. A Juan le digo siempre que hay que contar algo cuando tocamos.

O sea que se narra con sonidos.

L: Sí. El baterista de Charlie Parker contaba que, cuando él llegaba a un lugar, tocaba como quien saluda; “hola ¿qué tal?, ¿cómo va todo?”, tocar era como una conversación.

 


O sea que puede hacer una narrativa de la música y una poesía de la música.

L: Exactamente. Yo no la puedo explicar muy bien, pero sí. Un día estaba con Tommy LiPuma en Nueva York y tuve la dicha de ver todo lo que pasaba en el escenario. Nunca me olvido, él hacía bromas, aunque nadie le daba bolilla, porque el lugar estaba lleno de japoneses. Entonces, al ver que no pasaba nada con los chistes, de golpe dijo: “Cuando era chico, me gustaba armar y desarmar relojes. Voy a ver si puedo hacer lo mismo con esta canción”. El tipo estaba en una noche extraordinaria. En un momento vi que lo miró al bajista, como para que metiera un solo. El bajista lo miró al baterista. Y, ambos, sin hablar, se dijeron: “El que tiene cosas para decir es él, que toque él” y no hubo esa noche un solo de bajo ni de batería. Esos son los verdaderos jazzeros. Si tenés algo que decir lo decís y, si no, escuchemos al otro. No hay nada de ego, porque el ego mata al genio. Es como sucede una charla.

 

ME DUELE ACÁ

Alzo una rosa, y dejo, y abandono /
Cuando me duele de penas y de asombros. /
Alzo una rosa, sí, /y oigo la vida /
En el cantar de las aves en mis hombros.”
“Alzo una rosa”, José Saramago

Recién hablabas de una sala vacía. Si vos no hubieras llegado a ser conocido, a tener el público que tenés ¿hubieras seguido con la música?

Rómulo Macció.
Rómulo Macció.

L: Te lo resumo en esto: a mí me crió mi mamá, vivíamos en Villa Diamante y a veces comíamos en el suelo, no había mucho para morfar, de esas cosas que pasan a veces en una villa… Mis viejos me decían, “tu fuerza está en que peor de lo que estuviste no vas a estar”. Con esto quiero decir, yo hubiera hecho lo mismo, con éxito o sin éxito. Tuve una madre extraordinaria. De no haber existido Juan, no sé qué hubiera pasado conmigo cuando ella se fue. Mami hizo todo. Me acuerdo que, cuando yo estaba con la idea de hacer una música que no era la mejor, para ganar plata y ayudar a la familia, me miró fijo y me dijo “mirá que yo quiero un hijo feliz, eh”. Eso fue un mandato para mí. “Primero está la persona”. Ese día, mamá terminó diciéndome una cosa muy graciosa: “Si un día conocés una chica muy linda, que te gusta mucho pero que no es buena, cuando puedas, dejala”.

Juan, vos tenés otro comienzo, ¿qué pasaría si no tuvieras la repercusión que tuvo tu viejo? Como músico, en algún momento vas a ser Juan, no el hijo de Luis.

J: Es diferente la historia, ya a partir de que yo no sufrí las privaciones de las que te hablaba mi viejo. Parto de otro lugar, pero entiendo lo que él pasó porque esas experiencias me fueron transmitidas. Con o sin repercusión, no creo que yo pueda abandonar la música. Esto ya viene conmigo.

Juan Salinas. Fotografía: Diego Grispo.
Juan Salinas. Fotografía: Diego Grispo.

L: Un día, Juan estaba con la abuela y yo fui a buscarlo. Entré y los vi: la abuela en el suelo y él arriba, vestido de Hombre Araña. Un amor total… No me acuerdo qué edad tenías cuando lo del bongó.

J: Ocho.

L: Bueno, a los ocho años, Juan invitó a la abuela a verlo tocar. Estaba muy bien empilchado el tipo. Se puso a tocar y a tocar, y toca el bongó. En el final, la abuela le preguntó “¿no te duelen las manos?” y él le dijo: “No. Me duele acá”. Y se tocó el pecho. Yo me dije “Este es más músico que yo”.

 

PARIR ESE CORRALÓN

                                   “con todo el universo en contracción para el parto /
del cielo, y hace estallar de pronto la redoma y dispersa en la /
sangre la creación.

“El jardín de las delicias”, Olga Orozco

¿Quién es un músico que se la cree?

L: Sinceramente, nunca conocí a un músico más importante que la música. La música ya estaba antes que nosotros. Creo que estamos en este mundo para hacer esto y que a veces a alguien le gusta, a alguien le pasa algo al escuchar lo que hacemos. Salvando las enormes distancias, es como los médicos que, cuando salvan una vida, sienten que su vocación tiene sentido. Después, tenemos que cobrar porque tenemos que vivir. Si vos abrís un boliche, yo toco y se llena, algo tengo que cobrar. Ahí ya empieza otra cosa. Alguna vez, hablando con un artista, él dijo: “El músico está para dar”. La música tendría que ser solventada por el gobierno para que vos puedas dar lo tuyo. Digo, el artista en general, no solo los músicos.

María Blanchard.
María Blanchard.

Hay países donde es así.

L: Exactamente. El músico-músico no quiere comprarse diez casas ni cuarenta y dos autos. Quiere tener lo que necesita para hacer música. Todos queremos tener un estudio de grabación, todos queremos tener un lugar para tocar y dar lo que tenemos, lo que sentimos.

J: Hay un gran músico brasileño, Toninho Horta, que ganó una enorme cantidad de plata no sé en qué show, con lo que tuvo la posibilidad de comprarse una casa o de hacer un disco con orquesta. Obviamente, hizo el disco. Para cualquiera, eso sería una locura. Pero el tipo es un gran músico.


Luis, vos compraste tu primera guitarra a los veintisiete años… edad bastante avanzada para ser hijo de músico.

L: A los veintisiete, sí. Y es que yo no me crie con mi viejo. Mi padrastro tenía una violita, pero era de él. En mi barrio, yo pedía una guitarra prestada por una hora y la devolvía al otro día. Llegó un momento en que ya nadie me prestaba la guitarra. Pero, como todo en la vida, esa contra tuvo su ventaja y fue haber aprendido a tocar con cualquier guitarra. Entendí que hay que sacarle el sonido a la guitarra. No tenía esa cosa de tener una guitarra y ponerle nombre. Ahora, después de muchos años, me pasa de adorar alguna guitarra,  una Gibson con la que grabé muchos discos. Pero antes de eso, no. Y me pude comprar aquella primera guitarra porque conseguí un trabajo fijo, que consistía en tocar la guitarra en un lugar.

¿Le hiciste un tema a tu papá?

L: Sí. Mi papá está en mi corazón. Me acuerdo, cuando la mamá de Juan ya estaba cerca del parto, se me dio de poder ir al Corralón. Fui, empecé a hablar y, claro, a recordar, y no paraba de hablar de todo eso. Ella me miró como diciendo “creo que ya tengo contracciones”…

 

A TIENTAS, SOBRE EL PUENTE

“Pensemos en términos de puentes. /Mira. la carretera de la pierna y la espalda /
articulada a la cadera y el hombro /se sostiene firme en la palma del talón /
como pilar una sola pierna /

el muslo sobre la rodilla /un miembro en voladizo.”
“Sobre una bailarina de bronce de Degas”, John Berger

En los shows hablás bastante y también cantás, cantan los dos, ¿qué podés decir con las palabras que no puedas decir con la música?

Vasili Kandinsky.
Vasili Kandinsky.

L: Al revés. Es mucho menos lo que puedo decir con las palabras. Tengo más lenguaje con la guitarra. Yo pasé la primaria con 4, soy medio analfa. A veces, no encuentro las palabras. Admiro al tipo que sabe hablar y puede decir lo mismo de diferentes maneras. Yo no tengo eso, aprendí lo que pude en la calle. Pero trato de decir cosas con el mejor contenido posible.

También en la música fuiste autodidacta.

Bueno, ese es también un misterio, lo que te sale cuando tocás. Por ejemplo, cuando uno se enamora de alguien, es muy difícil explicar por qué esa necesidad de llamarla diez minutos después de que le dijiste “hasta mañana”. No es lo mismo “quiero verte” que “necesito verte”. Con la música, es igual. Hay algo que te sale, superior a lo que vos podés pensar. A Juan no le enseñé nada con respecto a la improvisación y él ya vino con eso. Y, volviendo al amor, la primera vez que me enamoré lo hice de una mujer muy celosa de la música. La música es como un dedo más, no me voy a cortar un dedo por vos ni vos deberías querer eso. Esa relación se terminó, obviamente.

¿Cómo te llevás vos, Juan, con las palabras?

J: No soy de hablar mucho. Tampoco de escribir. Un desastre. Y mucho no canto porque siento que me expreso mejor al tocar. La otra vez él me decía que escuchar cierta música te ayuda después con las palabras, porque empezás a entender ciertas cosas más complejas.

¿Cómo es eso?

Luis Salinas. Fotografía: Diego Grispo.
Luis Salinas. Fotografía: Diego Grispo.

L: La música desarrolla la inteligencia.

Hay un puente entre la música y las palabras.

J: El blues es la calle y el jazz, la Universidad. Está bueno tener los distintos idiomas, la música te va abriendo la cabeza, según qué escuches.

L: Los chicos son como un casette virgen. A mi hija, como hice con Juan, le hago escuchar siempre buena música. Cuando era chiquito le hacía ver a los hermanos Marx o a Les Luthiers. Él me miraba con cara de “no entiendo nada”, pero hoy en día disfruto de que venga y me cuente que estuvo viendo algo nuevo.

 

PRELUDIO AL TIEMPO

“Tu mirada rastrea la niebla: /el tiempo postergado hasta nuevo aviso /
asoma por el horizonte”
“El tiempo postergado”, Ingeborg Bachmann

En los títulos de tus temas hay una enorme cantidad de referencias al tiempo: “Un ratito más”, “Siempre todavía”, “No es tarde”, y así…

L: Hay un disco que al directamente le puse “Sin tiempo” y así se llama el sello discográfico también. Si me apurás, el tiempo no existe para mí. Hay que adaptarse al tiempo, que es otra cosa, como pasa al cumplir horarios. Pero, si yo me dejara llevar, podría tocar hasta cualquier hora, dormirme a cualquier hora… En la época de “Oliverio”, cuando empecé a tocar solo, mis introducciones eran interminables. Algunas personas opinaban que yo tocaba mucho, sin embargo, Tommy LiPuma y Benson, al escucharme decían: “Cuantas cosas que tiene para decir este chico”.  Si, para que no me critiquen, toco sólo dos notas,  miento. Mirá, cuando fui a Suecia, me decían que los shows duraban cuarenta y cinco minutos… “¡Pero eso es lo que dura una introducción mía!”, pensé.  Ahí tuve que aprender  a hacer síntesis. Y fue muy bueno para mí saber que podía lograrlo, pude aprender otro lenguaje. Igual, el público no tiene por qué entender de armonía ni de melodía, o ritmo, pero sabe cuándo un artista es sincero. Por otro lado, creo que la música, como las conversaciones, son energías espirituales, más allá de las notas y las palabras, como el amor.

Clive Head.
Clive Head.

Cuando yo toco, siento amor. Lo siento cuando estoy tocando con Juan. A él hoy lo acompañan los tíos, gente que lo vio nacer y con la que él se dormía en brazos, como el Tula, a quien yo observo cuando lo mira a Juan y se emociona. Es muy diferente lo amoroso al tocar con tus amigos. No me gusta tocar con mala gente, por más genios que sean.

J: Yo también siento que se me van los horarios, que se pasa rápido. A veces me preguntan cuánto tiempo toco por día y, la verdad, no sé…

L: Si yo tengo una cita de cualquier tipo y agarro la guitarra, seguro llego tarde.

¿Y la guitarra modifica tu percepción de tu cuerpo?

L: Sí. Es donde más cómodo me siento.

J: Es parte de mí…

           

EL ELIXIR DE LA ETERNA FORTALEZA                                                           

“Esto es una voluntad, una promesa, /esto es un viento marino, un levar anclas, /esto es una última ruptura de puentes, /un rugido de engranajes, un gobernar el timón; /¡brama el cañón, blanco humea su fuego, /ríe el mar, la inmensidad!”
“La gaya ciencia”, Friedrich Nietzsche


¿Qué es para vos ser el mejor Salinas posible?

Luis Salinas. Fotografía: Diego Grispo.
Luis Salinas. Fotografía: Diego Grispo.

L: Como persona, primero. Después, como artista. Y, con los años, “lo mejor posible” termina por ser el disfrute. Spinetta compuso siempre unos temas maravillosos, pero los que hizo al final por ahí no tenían lo mismo que los anteriores. Igual, a él le importaba un carajo. Yo sé que Piazzolla sufrió mucho después de “Adiós Nonino”, porque no volvió a componer una obra tan inmensa como esa. Y quizás por eso se perdió el disfrute de lo que vino. El mejor posible significa: una vez hice “Cuenta conmigo” y lo canté con sentimiento y metí ciertos acordes. Ahora, ponele que crecí, y ese mismo tema tiene otros componentes armónicos. Pero, a nivel sentimiento, es lo mismo. Le dije una vez a Dino Saluzzi que, cuando grabo un disco, al mes, yo ya lo cambiaría. Él decía que eso estaba muy bien porque hablaba de un crecimiento, pero que no hay que dejar de querer al viejo disco porque da cuenta de un sentir y de un tiempo que tenés que valorar.

¿Crecer es ser para arriba o es ser otro?

L: La mediocridad es cuando uno dice “Bueno, con esto ya está”. La vida es movimiento, las cosas suben o bajan, depende de vos. La cuestión del crecimiento, a los sesenta años, pasa por la motivación. Yo necesito no aburrirme de mí mismo. Anthony Jackson, un gran bajista, decía “yo tengo que estudiar porque, si no toco bien, primero me doy cuenta yo, después, los que tocan conmigo y, después, la gente. Y ahí me quedo sin trabajo”. Más que nada, está esa motivación de decir “Voy a ver si puedo sacar esto”, es la cosa maravillosa de aprender cuando tal vez creías que no podrías. Es una inyección de juventud. Si cada uno hiciera su trabajo lo mejor que puede, estaríamos mucho mejor como país. Mi viejo me enseñó eso. Él era tapicero y, si veía una cosita que no le gustaba allá abajo, una cosita  que nadie iba a ver jamás, la arreglaba. Él sí la veía. Y eso era suficiente.

En una entrevista, Juan, decías que un disco es una foto de un momento y que eso te da seguridad.

Juan Salinas. Fotografía: Diego Grispo.
Juan Salinas. Fotografía: Diego Grispo.

J: Claro. Cuando arrancás, ya más o menos sabés para qué lado.

¿Qué es lo que te hace sentir frágil?

J: Siempre hay un poco de inseguridad, siempre está el no saber del todo qué tan bien está -o no- lo que hacés. Después, hay que tratar que no te debiliten cuestiones como si hay o no mucho público. Vos vas a tocar, a tratar de hacerlo lo mejor que puedas y a disfrutarlo, eso es lo importante. Entonces, si no hay nadie o está llena e la sala, ya es secundario.

L: Si no salió bien, aun a sala llena, no te vas feliz.

 

PLATEA DE AUSENCIAS

“Tú has escondido la luz en alguna parte /y me niegas el retorno, /sé que esta oscuridad no es cierta /porque antes de mis manos volaban las luciérnagas”
“Tercer poema de ausencia”, Homero Aridjis

En este número el tema son las ausencias.

L: Siento ausencia del pasado, mi vieja. La extraño siempre. Una vez toqué en el Colón con Dino Saluzzi y no lo disfruté, ¿sabés por qué? Ella me había dicho, mucho antes, que yo algún día iba a tocar en el teatro Colón. Y toqué, pero ella ya no estaba conmigo. Después, toqué una segunda vez allí. Y, ese día, me desperté con la imagen de mi mamá sonriente. Fue una fiesta.

Ella estaba presente.

Alejandro Marmo.
Alejandro Marmo.

Sí. Mirá, al cementerio fui cuando la llevamos a mi vieja, y nunca más. No lo necesité porque aprendí a vivir con su ausencia y con ella dentro de mí. En un cumpleaños de ella, justo me tocó tocar en Salta, de donde ella es. Y sentí muy fuerte su ausencia. Después, en lo artístico, sufro otras ausencias. Hay gente irrepetible y uno no entiende por qué se van. Gente como Spinetta, Mercedes Sosa, Rubén Juárez, por decirte sólo tres. Se extrañan, teníamos una relación personal hermosa.

¿Y tus ausencias, Juan?

J: Bueno, hasta ahora no tuve una pérdida tan cercana en la familia. Perdí un tío, que no era de sangre pero sí muy amigo de mi papá, Jorge. Su  muerte me dolió bastante, fue sorpresiva. Por suerte, viví una infancia buena, pero a veces siento que me faltan ciertas amistades de mi edad. Yo dejé el colegio a los quince años y, como mis compañeros no eran del palo de la música, nos alejamos. Había ciertas cosas en las que ya no nos entendíamos muy bien. Ahí sentí un poco la soledad, la ausencia. Hubo un tiempo largo en el que estuve siempre con el mundo adulto, con los músicos amigos de mi papá, que son como tíos.

L: Mi manera de cuidarlo fue que siempre estuviese rodeado de buena gente: sus tíos, los amigos.

¿Cómo es la buena gente?

L: Soy un tipo que perdono las debilidades porque las tengo, como todos. Pero no me gusta la gente traidora. Y la gente buena no lo es.

Luis Felipe Noé.
Luis Felipe Noé.

¿Qué es una traición?

L: Que yo te abra mi corazón, te dé la llave de mi casa y que, cuando vuelva, me faltan diez pesos. Es una pequeñez, pero es también un abuso. Una vez me enojé muchísimo con alguien que le quería dar cerveza a Juan, cuando era muy chiquito. A veces, es difícil discernir la debilidad de la traición. Pero a mí me prestás una guitarra y te la cuido más que a las mías. Otro ejemplo: cuando una mujer te dice “soy tuya”, y vos te lo creés. Un buen día no te quiere más, pero eso no lo podés creer y se arma todo un lío. Pero, volviendo a la pregunta, me hace daño el abuso, que me asegures una cosa para un concierto y que, cuando falta apenas un día, me digas: “No voy”. Me estás jodiendo en lo profesional y en lo personal. Todo lo demás, que no tenga que ver con esos abusos, son debilidades. Pero la traición está en pequeñas cosas que después se agrandan. A veces pienso que no debería ser tan duro, pero es lo que siento. Después, están los códigos entre hombres. Tu mujer es tu mujer, aunque te separes, yo no la voy a pretender. Tengo esas cosas…

Hablabas de competir…

L: Es que la música no es una carrera de caballos. Hay una cosa que lo pinta a Juan y me hace sentir orgulloso: una periodista le preguntó qué siente cuando lo aplauden. Él dijo: “Yo no toco para ellos y está buenísimo que, además, me aplaudan”. Fue una respuesta muy pura. Cuando tenía quince años, grabamos “el Tren”.


Yo le propuse que tocara algo él solo y así lo hizo: vino, grabó y le pregunté cómo se había sentido. Me dijo “Bueno, sentí una gran libertad, pero también vi mis limitaciones”. Me emocionó esa respuesta y le dije “Juan, hay que crecer pero no para ser mejor que nadie, sino para ser libre”. Yo quiero que él aprenda inglés, porque yo sufro mucho por no poder hablar con Benson, por ejemplo. Es horrible cuando intento comunicarme y me dicen “¿What?”. No te puedo contar las amistades que no pude desarrollar por no saber el idioma… Quiero que él aprenda, en todo orden, para ser libre.

J: Yo trato de aprender todo el tiempo…

 

TU CORAZÓN SIN HAMBRE

                            Cómo se toca tu carne de aire, tu oloroso tacto, tu corazón sin hambre, tu silencio en el puente, tu cuerda quinta, tu bordón macho y oscuro, tus parientes cantores, tus tres almas, conversadoras como niñas”
“Guitarra negra”, Alfredo Zitarrosa

En una competencia, el otro es un rival. Cuando ustedes tocan en grupo, ¿quién es ese otro con el que no compiten?

J: Alguien para compartir ese momento.

Luis Salinas. Fotografía: Deigo Grispo.
Luis Salinas. Fotografía: Deigo Grispo.

L: A mí la vida me puso en el camino a gente que  admiro mucho y que me correspondieron esa admiración al conocerlos personalmente. Siempre trato de aprender de ellos. Un gran guitarrista que vive en Minneapolis, una vez me dijo que yo tenía una gran fluidez al tocar. Yo le pregunté “¿y vos cómo hacés para cagarte en todo y tocar así?”, me dijo: “Bueno, escucho a todos. Pero, cuando toco, trato de ser yo. Además, es más fácil”. Eso es lo que trato de transmitir. Atahualpa decía que si la guitarra suena mal no es culpa de la guitarra.

Cuando uno toca con otros, como cuando hace una revista con otros, hay una potencia singular…

L: Lo primero que le dije a Juan es: “Juan, vos tenés que sentir tus notas, escuchar a tus compañeros y disfrutar. No tenés nada que demostrar. Si lográs eso, lo vas a pasar bien y, con vos, tus compañeros”. Es el camino que yo aprendí.

¿Y quién es otro en lo político?, ¿y dónde un otro se vuelve un enemigo?

L: A mí me duele mucho que, por política, un amigo se pelee con otro, entre parientes. Democracia es aceptar lo que piensa el otro.

Pero cómo no te vas a pelear, si hay un montón que opinan claramente que el resto se tiene que morir de hambre para que ellos acaparen todo; si hay un montón que piensan que, como privilegiados hubo siempre, tiene que seguir habiéndolos. Y, obviamente, los candidatos a los privilegios son ellos.

Kandinsky.
Kandinsky.

L: Por supuesto, otra cosa es que uno quiera que el otro se muera de hambre. En relación a eso he tenido charlas, si se quiere, violentas. Me hicieron notas en diarios importantes para preguntarme por qué yo no creía en la política. Les dije lo mismo a los dos: “Mirá, cuando yo era chico, en la villa, cuando más o menos tuve una conciencia social, veía chicos comer de la basura o del piso. Y vi que, si no tenés plata, se puede morir tu hijo o vos, porque no podés comprar los remedios. Y también vi a mucha gente a la que echaban de sus trabajos y ya no tenía ninguna posibilidad de encontrar otro. Un tipo me dijo un día ‘hace un mes que estoy buscando trabajo y ya no tengo plata para pagar el pasaje. Igual, mi hija tiene que comer’, como quien dice, ‘ahora voy a chorear porque mi hija tiene que comer’. Yo veía que, en vez de combatir la delincuencia con trabajo, los gobiernos metían más policías. También, por mi profesión, conocí a gente que tenía mucha guita. Ahora veo que los que tienen mucha guita se potencian entre ellos, que la clase media se redujo a la de casi pobres, que los pobres y los que están fuera del sistema crecieron mucho. Y, como para el que está fuera del sistema su vida ya no vale nada, la tuya tampoco. De todo eso, de los viejos, de los enfermos, de los chicos se tiene que ocupar el Estado. Después, hablemos de derecha o de izquierda, de lo que vos quieras”. Ante eso, me dijeron: “Bueno, pero vos estás en la cultura”. “¿Y cómo querés que una persona escuche a Piazzolla, si no tiene para comer…?” Son cosas elementales, y ahora el Estado no ha hecho nada por esto. Por el contrario, combate “la delincuencia” con más represión. Yo vivo en Congreso y nunca en mi vida me voy a olvidar lo que pasó en diciembre de 2017, cuando el tema de los jubilados. Yo salí a la calle y vi cómo les pegaban a los viejos y cómo arrastraban a las mujeres. Eso no salió casi en ningún medio.

¿Alguna vez pensaste en ir a las villas a ofrecer condiciones para que los pibes puedan acceder a la música, a tocar la guitarra, por ejemplo?

Hay pensamientos muy encontrados: están los artistas que dicen que hay que tocar gratis para la gente y los que dicen que no hay que tocar gratis, que la gente tiene que tener trabajo y plata para, con lo que gana, ir al teatro y pagar su entrada. Yo estoy más de acuerdo con los últimos, aunque siempre es como un consuelo tocar gratis para la gente que no te puede ir a ver. Íntimamente, pienso que la gente tiene que estar mejor.

Habría que trabajar en simultáneo, el hambre, el trabajo y enseñar a tocar la guitarra.

Todavía ves gente en las pizzerías, pero las parrillas están vacías, dejamos de comer carne casi. Atacan ahí primero. Después, la educación, la cultura y el trabajo, porque una persona es digna cuando trabaja, cuando le lleva la comida a sus hijos. Cuando ellos atacan el estómago, la educación y el trabajo, pueden manejar todo.

J: También, siempre se habla de los pueblos originarios, pero poco se dice de los gitanos, de los africanos, culturas que se han cagado y se cagan de hambre, pero son muy fuertes culturalmente y en eso se sostienen mucho.

L: En relación a esta cuestión social y la música, las canciones de protesta no me gustan porque son muy obvias. La verdadera protesta es mostrar belleza, como hicieron los norteamericanos del blues, como hicieron los gitanos, como hicieron los chinos del Tíbet. A pesar de todo eso, mostraron belleza.

Hay protesta con belleza, que no es panfletaria.

L: Claro. Tampoco hablar de izquierda y vivir de derecha, ¿viste? Porque los hijos se fijan en lo que hacés, no en lo que decís. Y hay que hacer. Cuando un tipo habla mucho de música, yo estoy seguro que demasiado no toca. El que toca toca y habla de otras cosas.

 

Luis Salinas y Juan Salinas con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Luis Salinas y Juan Salinas con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 

EL COLOR DE LA LUZ

“ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente, /ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.”
“Hijo de la luz y de la sombra”, Miguel Hernández


¿En qué cosas te gustaría ser diferente de tu papá?

L: Ya lo es.

J: Creo que, un poco, cada uno ya tiene su camino. Siempre hay un parecido, claro, y está buenísimo. En lo musical, yo elijo tocar los temas de él, a veces me salen frases muy parecidas.

L: Hay temas que él toca, que parece que yo los hubiera compuesto para él. Les da una impronta que…

Juan Salinas. Fotografía: Diego Grispo.
Juan Salinas. Fotografía: Diego Grispo.

J: Un tema que grabé en mi disco, él lo hizo cuando yo ni había nacido. Pero yo me sentí mucho más cómodo grabando ese y no otro cover, quizás más conocido.

¿Y vos componés?

J: Un par de temas, sí. Pero, como se improvisa tanto, uno siempre está componiendo, digamos, en el momento.

Es muy buena la combinación de ustedes dos,  al tocar uno con cuerdas de nylon y otro, con las de acero.

J: Sí, yo empecé con la Fender Stratocaster y pensé que no iba a tocar nunca con la guitarra acústica. Pero él me insistió. Y, bueno, la acústica es la acústica. Es lo puro, ¿no?

L: Mirá, me habían convocado para hacer “Entre dos aguas”, de Paco, después de su muerte. Cuando grabamos, y a modo de mostrar lo que me pasó con su ida, Juan tocó por primera vez con la guitarra española. Yo no quise hacer flamenco, sino algo más bien tipo Atahualpa. Se la mandamos al productor y manager de Paco, para que al escuchara nomás. Y él tipo dijo “no sólo nos gustó lo que hiciste. El tema que grabaron… Acá está el Piraña llorando por su tema. Y tu hijo es un crack”.

J: La española tiene su color particular.

¿Qué es el color?

Kandinsky.
Kandinsky.

J: El sonido. Un amigo, cuando escuchó uno de mis temas, me dijo, “Ah, pero estás pintando”. La música tiene un poco de todas las artes.

L: He conocido grandes artistas y todos ellos tienen en común que no se mienten. En la música, y en el arte en general, se puede mentir mucho. Se puede disfrazar. A los chicos les digo que no se guíen nunca por las modas, porque pasan…

Parecería que Paco es una ausencia importante también para vos.

L: Fue hermoso y triste lo que pasó con Paco. Tenía la combinación de la técnica con el sentimiento. Hace treinta o cuarenta años, él venía sólo a la Argentina, con su guitarra, tocaba en el Coliseo. Yo tenía que verlo, escucharlo en vivo. Me fui al Coliseo como a las siete y media, a ver si lo enganchaba cuando llegaba. Tuve suerte, llegó, saludó gente y yo ligué un saludo. Esa noche mi cabeza me decía “Bueno, ya está, lo viste, lo saludaste. No tenés guita para la entrada, andate, ya está”. Pero había otra cosa que me decía “No. Te tenés que quedar”. Yo me guié por esta última. Estaba en el hall del teatro y veía que la gente entraba. Los de seguridad me miraban… En un momento, entró Paco e hizo un ‘la menor’ gigante de esos que hacía él. Los de seguridad, no sé por qué, desatendieron y yo, que nunca había hecho una cosa así, me mandé. Lo vi desde la primera fila. Después pasaron muchos años y entonces tuve la dicha de tocar en el Coliseo lleno, con el disco “Salinas”. Y, al tocar, todo el tiempo me acordaba de eso. Al paso del tiempo, ya había tocado con Tomatito y con otros muy amigos de Paco, pero no con él. Un día, la mamá de Juan -Silvia- me dijo, “Viene Paco, el último concierto es en Rosario”. “Sacá las entradas, vamos a Rosario” le dije. Allá nos fuimos y, en el viaje, me enteré que iba a venir Juan al mundo. Imaginate en el estado en que fui a escuchar a Paco. Terminó de tocar y yo me quería ir. “¿Por qué no vas a saludarlo?,” me dijo ella. Yo no quería, pero ella me convenció. Fui al camarín. “Luis Salinas, al fin te conozco”, me dijo. Me quedé paralizado. Tenía mi disco “Salinas” y se lo quise regalar. “No, ese ya lo tengo, ¿cuál es el próximo?” Me quedé otra vez sin palabras. Me fui volando. En eso, salieron los músicos. Yo había tocado con un par de ellos. Me invitaron a una reunión. En un momento de la reunión, yo me puse a un costadito. De golpe ella me dijo “Hay una silla vacía al lado de Paco y Paco te está mirando”. Me insistió tanto, que terminé sentado al lado de Paco, hablando de Tomatito, de esto, de aquello, me contó el problema que había tenido con Di Meola, que se habían cagado a piñas… Bueno, en un momento le di un master de mi disco “Rosario”. Darle un master a alguien, viste… Me dijo: “No te hagás problema, te vamos a robar todos los temas”.

 

Después, pasaron quince años. En ese tiempo yo toqué con todos los músicos que tocaban con él. Había como una conexión sin vernos. La última vez que vino yo sentía que tenía que verlo. Averigüé en qué hotel estaban los músicos y fui. Ellos me dijeron “Bueno, vení a la prueba y ahí lo vas a ver”. Fui y me senté lejos del escenario. Entró Paco y, en un momento, escuché “¡Lui!”. El mismo “Lui” que me dice Tomatito. Me quedé así… Él miraba para mi lado. Me levanté y fui al escenario y vi que Paco se levantaba. Era como un dios que se levanta para ir a saludarte… Durante toda esa situación, el corazón me hacía cosas. Es un dios de la guitarra. Cuando lo fui a saludar le dije: “¿Cómo está, maestro?” “Acá ando, mayor” me respondió. Y él tiene una mirada como muchos gauchos, simple, absoluta. Sentí que le tenía que contar la historia de Juan, así que lo hice y se lo pude presentar también. Y Juan ese día fue bendecido con un abrazo de Paco. Después de eso, Paco tocó como los dioses. Me acuerdo que, cuando tocó solo, estaba acomodándose en el asiento y dijo “Lo que pasa es que tengo el culo muy grande para esta silla”. Al mes, llegó un mensaje de José Reinoso, un pianista genial, amigo: “Se fue Paco”. Fue como si me hubieran pegado un fierrazo. Me cayó la ficha de que, teniendo tantas cosas en común, no pude llegar a tocar con él, ni siquiera en un camarín. Lo único que me sacó de ese dolor fue que mi hija comenzaba el colegio ese día y la fui a buscar para llevarla al colegio. Ese día Tomatito me dijo: “Acá yo tengo la casa llena de periodistas, pero los que conocimos a Paco, hoy no tenemos nada que decir”. Después de ese dolor tan grande, al mes, me salió la canción. Pero hay algo más. Un día Javier Limón me dijo “Estamos haciendo una película. Resulta que hay un luthier, que era muy amigo de Paco, que le hizo una guitarra poco antes de su muerte, pero Paco no la pudo tocar”. Y bueno, hicieron la película, “La guitarra viajera”, y pudimos tocarla varios guitarristas, entre ellos, también Juan. Si hablamos de la ausencia, es algo que me quedó en el corazón como algo luminoso y triste.

Muchas veces hablás de la luz.

Yo siempre les digo a Juan y a mi hija que, cuando no están, para mí siempre está lloviendo, siempre está oscuro.

 

Luis Salinas y  Juan Salinas con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Luis Salinas y Juan Salinas con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 

 




CALLEJEAR MURMULLOS

Ausencias: Entrevista a Victoria Polti, antropóloga y música

Edición y entrevista: Nora Lomberg

 

 

Suenan las ideas o, mejor dicho, crujen las palabras. Y, entonces, se agigantan. Pasa que el constante pensar aturde por momentos, aunque a veces hay remansos o treguas. Por ejemplo, cuando resuenan el motor  de un auto, un ladrido a lo lejos o gritos de niñeces en pleno juego. Hilachas de los días, pasitos cortos y en puntitas de pie: así nos hablan la calle o tus manos o el plato sucio  dentro de la bacha. Hay que sacar a pasear el sonido, dejarlo que impregne las baldosas, que haga reverberar las huellas digitales de la voz. No importa el nombre del emisor, sólo se trata de esparcir marcas, de suspirar nuestro tiempo, de no escatimar la palabra. Cada frase, cada acorde, cada silbido atesorado por un cuenco o un recinto puede convertirse en un fósil, una pista para que el futuro desperece la historia. Por ejemplo: hay una niña que grita, su concierto es un juego de piedritas que dibujan un camino a su destino inquieto, tinenti, o rayuela. Niñeces potentes, torbellinos sin conciencia ni mapas calcados, con huellas que trazan recorridos, y, en el revoleo, la piedrita agiganta la alegría. La tetera de porcelana, la farolera tropezó, chocan sus manitas con otras y encantan fantasías. Sólo tiempos fabulosos vendrán y, en ese salto te adivinan el futuro, el cielo es nuestra tierra. Recién ahí, una mirilla entre dos viejos sonidos se atreverá a mirarnos de frente, a callejear otra vez el mundo, a regresarles consistencias a las biografías con las que estamos en deuda. En eso de abrir la mirilla, anda Victoria Polti.

CORCHEAS

“Oía de vez en cuando el sonido de las palabras, y notaba la diferencia. Porque las palabras que había oído hasta entonces, hasta entonces lo supe, no tenían ningún sonido, no sonaban; se sentían; pero sin sonido, como las que se oyen durante los sueños.”

“Pedro Páramo”, Juan Rulfo.

 

¿Qué es la antropología del sonido?

A través de los sonidos, se pueden conocer los contextos sociales, no sólo sus músicas si no los sonidos de la vida cotidiana.

Entonces, ¿podemos escuchar las diferentes formas de vivir?

Las expresiones musicales, los paisajes sonoros o auralidades, las oralidades narrativas y los sonidos del cuerpo forman parte de lo que denominamos “espacios sonoros”: tramas de identidad, memoria y relaciones. La escucha es una forma de interpretar mundo social. Las sociedades suenan y de sus prácticas sonoras podemos “escuchar” las formas con las que nos comunicamos, situaciones de control social, relaciones de poder, expresiones políticas e incluso cómo nos vinculamos de manera afectiva, recreativa, lúdica o estética.

¿Una misma fuente sonora es percibida de la misma forma  por todos quienes la escuchan?

La irrupción de una fuente sonora, como una bocina, la caída de un plato o un grito son eventos acústicos. Podemos analizarlos en relación a su amplitud, frecuencia, latencia, duración. Pero la percepción de cualquier fuente sonora es subjetiva y está mediada por la cultura: la manera en que vemos, olemos o escuchamos no es una libre determinación, sino producto de diversos factores que la condicionan. Por lo tanto, una misma fuente sonora puede ser percibida de manera distinta por dos o más sujetos, o inclusive por un mismo sujeto en dos momentos distintos. Por ejemplo, un canto de cancha gritado en la cancha puede ser percibido como un “sonido” agradable, pero si esta fuente sonora irrumpe de madrugada mientras dormimos, seguramente, se perciba como un “ruido”.

violin

En relación a este factor subjetivo, ¿qué es una biografía sonora? ¿Qué se puede leer en los sonidos que no se pueda leer en las biografías tradicionales?

Bueno, llamo biografía sonora a aquel repertorio de sonidos producidos, escuchados y practicados por un sujeto a lo largo de su vida. Así como cada persona le da sentido a sus experiencias, también lo hace en relación a los sonidos. Por ejemplo, supongamos que una determinada persona nace y transcurre su niñez a la vera de un río. Ya de adulta, se va a vivir a la ciudad. Y, en algún otro momento, viaja a un lugar donde suena un río. Ante ese sonido, puede evocar momentos de su niñez.

¿Eso es la memoria sonora?

Yo entiendo por memoria sonora una configuración experiencial compleja que cada sujeto construye para dar sentido a su pasado, a través de los sonidos que percibe, excediendo el hecho físico en sí mismo. De esta manera el sujeto performa su biografía sonora y construye aspectos significativos de la memoria tanto individual como colectiva. De esta manera, podemos hablar de las memorias o de memoria plural: es decir procesual, diversa, múltiple, y atravesada por relaciones de poder. Además esto guarda relación con los valores que cada sociedad tenga en cuanto a su concepción del tiempo y del espacio, las cuales son culturalmente variables e históricamente construidas.

 

 

 

 

FUSA

“La música es la vida emocional de la mayoría de la gente”.

Leonard Cohen, poeta y cantautor

 

Hace unos años publicaste un trabajo sobre memoria sonora con sobrevivientes del ex centro clandestino de detención, “El Atlético”. ¿Podés contarnos un poco sobre este trabajo de investigación?

Sí, lo que publiqué forma parte de un proyecto más amplio, que se hizo desde la Universidad Nacional de Lanús, bajo la dirección de Raúl Minsburg. En aquel momento trabajamos con entrevistas facilitadas por el “Instituto Espacio para la Memoria” y otras realizadas a sobrevivientes del ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio “El Atlético” (CCDTyE). Era notable la aparición constante de eventos sonoros en los distintos relatos. Esto es así porque quienes ingresaban a estos centros inmediatamente eran tabicados (les vendaban los ojos) y, al no poder ver, se valían de la escucha para comprender el entorno. Como sabemos, la dictadura cívico-militar de 1976 llevó adelante un plan sistemático que operó territorialmente por zonas y sub-zonas, a través de “grupos de tareas”, los centros clandestinos de detención y el recurso del secuestro y desaparición forzada de personas. Los centros clandestinos de detención tuvieron distintas funciones: además de la aplicación de tormentos, fueron lugares de exterminio, maternidades clandestinas, lugares de acopio de bienes materiales de secuestrados y centros operativos de Inteligencia, entre otras.

¿Dónde funcionaba el Atlético?

De febrero a diciembre de 1977, funcionó en un sótano acondicionado para ese fin. Era un edificio en Avenida Colón, entre San Juan y Cochabamba, perteneciente al Servicio de Aprovisionamiento y Talleres de División Administrativa de la Policía Federal. Al año fue demolido y, sobre sus escombros, se construyó la autopista 25 de Mayo, una de las dos realizadas por la última dictadura cívico-militar. A partir de abril de 2002 comenzaron las obras de excavación,  primera iniciativa de arqueología urbana relacionada con la memoria de los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado en la Ciudad de Buenos Aires. 

atletico

¿Pasó mucha gente por el Atlético?

Y, por el “Club Atlético” pasaron alrededor de 1.500 detenidos, de los cuales la mayoría aún están desaparecidos. Ingresaban en vehículos particulares, tabicados y luego eran llevados a una oficina donde se les retiraban los efectos personales. Después, los bajaban al sótano donde había 41 celdas separadas en dos sectores, tres salas de tortura (denominadas por los torturadores, quirófanos), baños, la enfermería, la sala de guardia, tres celdas individuales y la “leonera” (lugar donde se concentraban a los detenidos). La fuerza a cargo de este espacio era la Policía Federal, aunque había detenidos que dependían de otras fuerzas, como quienes estaban en la ESMA, Campo de Mayo y Vesubio. Cuando el “Club Atlético” fue demolido, los detenidos fueron llevados provisoriamente al ex CCDTyE “El Banco” (Camino de Cintura y Autopista Ricchieri, Provincia de Buenos Aires), hasta que se terminó de acondicionar el ex CCDTyE “Olimpo”. Estos tres centros conformaron, en adelante, el “circuito ABO” (“Atlético”- “Banco”- “Olimpo”). Así las cosas, algunas fuentes sonoras permitieron hallar relaciones entre la ubicación espacial, la presencia de otros detenidos-desaparecidos y datos contextuales que aportaban características propias de este ámbito, como máquinas de escribir, gritos, mirillas, candados, puertas de metal, golpes, rejas, y pisadas entre otros sonidos.

Por ejemplo, ¿qué sonidos se escuchaban?

Entre todo el material, se destacan por lo menos tres huellas sonoras significativas, a partir de las cuales se ha podido reconstruir el espacio, la ubicación y la referencia del paso de otros detenidos desparecidos: el primer evento es el sonido de una pelotita de ping-pong, al rebotar contra una mesa y las voces que acompañaban el contexto de juego, que pertenecían a los mismos torturadores. Otro evento sonoro clave son los gritos de una hinchada de fútbol, mientras pasaba por la calle. Según testimonios de sobrevivientes, desde la enfermería, se escuchaba el ruido de los vehículos y el paso de la hinchada de Boca. Esto, repetido en varios testimonios permitió dar la ubicación espacial, en algunos casos, y la  temporal en otros. El tercer evento sonoro es uno o varios casette/s con los discursos de Hitler.  Por otro lado, el sonido de un carro donde transportaban lo que era el “desayuno”, los jarritos de metal y las cucharas, las llaves y candados, las cadenas del propio detenido desparecido o las de otros podían indicar la hora del traslado al baño. En muchos casos se recuerda el sonido del coche donde era trasladado en una primera instancia el detenido y, en algunos otros, el sonido de coches que llevaban a otros. Sumada a la prohibición del habla, la risa, y el llanto, la irrupción del “grito” se transformaba en “una tortura permanente.”

En especial, parte de esos sonidos lo constituyeron aquellos asociados a la instancia de tortura: el uso del agua como intentos de ahogo, las cadenas, el sonido del metal de la mesa donde eran ubicados los cuerpos de los detenidos y el sonido de la picana. También el llanto o las voces de los hijos irrumpieron posteriormente en la vida cotidiana de quienes han sobrevivido.

Escuchar lo silenciado, como política. Anotar lo impronunciable. Lo que ha sido amordazado.

No quiero dejar de mencionar la voz humana, tanto la de los represores como las de otros detenidos desaparecidos. Muchos recuerdan timbres de voces singulares, por algún tipo de afinidad o porque eran personas conocidas. Y, por supuesto, es conocido el uso de un código tipo morse golpes contra la pared para comunicarse con la celda contigua.

 Desde el punto de vista de la tecnología de la escucha, la vigilancia asociada a la censura tomó el lugar de la escucha, de la administración de lo que dice, del momento para hacerlo y, fundamentalmente, del silencio y del grito. En estos espacios el sonido del otro se convertía en una doble tortura (tanto el sonido de la presencia del torturador como del otro torturado). La frase “el silencio es salud”, funcionaba a modo de panóptico: un gran emisor de ruido y a la vez un gran radar capaz de escucharlo todo. Tanto el sonido como la escucha son potencialmente armas de poder.

¿Qué valor se les dio a estas escuchas?

Son interticios que han permitido relacionar espacios, otras personas, la propia presencia, ausencias, tiempos, situaciones, recuerdos, actos, imposiciones, pequeños actos de supervivencia, ruidos, estados de ánimo, y reconstruir a través de la memoria sonora una matriz de subjetividad que siempre conlleva la tensión entre lo individual biográfico/autobiográfico- y lo plural.

 

SEMIFUSA

La arquitectura es una música de piedras y la música, una arquitectura de sonidos”.

Ludwig Van Beethoven

 

Yendo a otros aspectos sonoros, ¿qué sucede con el silencio?

El silencio también es subjetivo. En los años 50, John Cage, uno de los compositores más influyentes del siglo XX -y a quien debemos preguntas y exploraciones fundantes en torno al sonido- quiso experimentar el silencio encerrándose en una cámara anecoica, que es una sala acústica donde se disminuye al máximo cualquier propagación de sonido. Allí pudo distinguir claramente un sonido alto y otro bajo. El técnico le explicó entonces que el sonido “alto” correspondía al funcionamiento de su sistema nervioso y el sonido “bajo” a su circulación sanguínea. De esta forma Cage concluye que el silencio no existe.  Más que “no existir”, el silencio existe en la medida en que determinados sujetos, en circunstancias o contextos particulares, le asignan ese significado. Prueba de esto son las denominadas “marchas del silencio”. En realidad este “silencio” es político: frente a la práctica del ruido, del grito, de los bombos y los cantos de otras marchas, se  opone el silencio como forma de reforzar la protesta. Simbólicamente es muy fuerte. 

En relación al ruido, ¿podemos decir que todo ruido es contaminación acústica?

Las acústicas en los contextos urbanos donde vivimos hoy están hiper-sonorizadas. De hecho, el siglo XX estuvo marcado por un proceso de fuerte sonorización de la vida cotidiana sobre todo en las metrópolis. Las nuevas tecnologías potenciaron las frecuencias, pero también se multiplicaron los dispositivos de escucha. Cuando se impuso el tocadiscos, una práctica habitual era juntarse en grupo para escuchar un disco. Hoy se escucha en dispositivos individuales como celulares o mp3, mp4, o mp5, en el auto, en las casas, en los locales, en los medios de transporte, en los centros comerciales, en los supermercados. 

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Recién nombraste la identidad sonora, ¿qué es?

El sonido puede cumplir diferentes funciones. Una de ellas es la de contribuir a determinar la identidad de un objeto, producto, lugar o práctica. El sonido de un motor, la forma en que se tocan las bocinas de los autos, el murmullo en las calles, el sonido de las plazas y el conjunto de estas sonoridades de manera general en un contexto determinado puede contribuir de manera significativa a la identidad sonora de dichos objetos. Esta identidad también informa sobre una época. En la ciudad de Buenos Aires, la Plaza de Mayo fue inaugurada en 1580. A partir de ese año en adelante, este emplazamiento fue terreno baldío, plaza, capilla, ranchos, templo de San Ignacio –de los jesuitas-, escuela, cochera de gobernadores y virreyes, caballeriza, mercado y, a partir del 1800, la Recova de la Carne que va a permanecer hasta fines del siglo XIX. Si bien no se cuenta con registros sonoros de aquella época, podemos reconstruirlos. Hoy escuchamos en la Plaza una banda sonora bien distinta. Pero hace 200 o 300 años atrás podemos aventurar que la banda sonora era otra: caballos en vez de autos, relinches en vez de bocinas,  gritos (sobre todo en la época de mercado y Recova), animales (gallinas, vacas), la marcha de las milicias, las campanas de la iglesia o templo según la época.

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Y, a propósito de esta circulación por un espacio, ¿qué es un paseo sonoro?

Desde la antropología tradicionalmente se trabaja con etnografías, es decir ensayos escritos acerca de la experiencia que el investigador sostiene en un campo determinado. Este campo puede pertenecer a otra cultura o puede ser parte de la propia cultura del investigador. Un paseo sonoro consiste en hacer un recorrido por un determinado lugar, con foco en la escucha de los sonidos. A través de un paseo sonoro se pueden intercambiar las diferentes percepciones de quienes lo realizan, y realizar en el mismo momento grabaciones.  El análisis de estos paseos sonoros tanto como el resto de material aural nos permite realizar una narración descriptiva, analítica e interpretativa de los sonidos de estos espacios y su relación con las prácticas cotidianas en dichos contextos. A este documento lo denominamos etnografía sonora. Por otra parte, nos interesa desarrollar también otra herramienta de producción etnográfica, que hemos denominado etnofonía, y es básicamente un documental sonoro. Una de las etnofonías, realizada con el equipo de Antropología del Sonido de la UBA tuvo  el objetivo de describir y analizar el espacio sonoro de los subterráneos en la Ciudad de Buenos Aires. Otra, ha sido la reconstrucción del espacio del Hotel Bauen en tanto fábrica recuperada a partir del recorrido de sus trabajadores. Y una tercera, la reconstrucción socio-espacial del barrio de Flores a partir de entrevistas y reconocimiento auditivo de vecinos, trabajadores y transeúntes.

 

¿Por qué la búsqueda a través del sonido?

Uno de los puntos de partida de estas búsquedas sonoras es el hecho de reconocer que en Occidente y en la ciencia en particular hay una primacía de la imagen por encima del oído. Hablamos de “imágenes”, “enfoques”, “miradas”, “perspectivas”, “puntos de vista”, o “foco” para explicar, interpretar o describir diferentes aspectos del mundo social inclusive aquellos referidos a eventos sonoros, como por ejemplo “ir a ver a un grupo musical”.

El siglo XX de hecho fue un siglo donde lo que se disputó fue la imposición de determinadas voces por encima de otras, no sólo fue un siglo de imperialismos, división de territorios y guerras, lo fue también de ruidos y de constitución de hegemonías a través del sonido. Suzanne Cusick por ejemplo nos habla sobre el uso de la música como tortura por ejemplo cuando irrumpieron tropas de los Estados Unidos en Panamá utilizando música a altísimo volumen con el fin de hacer rendir al entonces presidente de Panamá Manuel Noriega, y del “bombardeo acústico” como una práctica estándar en los campos de batalla en Irak.

En este sentido, pareciera que lo mejor que nos puede pasar es pensar el siglo XXI a partir de la necesidad de escuchar más que gritar. Escuchar nuestros entornos, escuchar a los otros, necesitamos una escucha reciclada, ecológica y de género.

Es un momento delicado en el que el poder económico detenta los radares desde donde instalan discursos xenófobos, patriarcales y consumistas. Son estos los radares y los “canales” que debemos apagar para poder escuchar las voces en red, las voces del vecino, del compañero, de la pareja, de los hijos, del que necesita, del que sabe.

REDONDAS

“Correr —tengo esa impresión— ayuda a memorizar discursos y cosas similares.

Mientras te desplazas con tus piernas puedes ordenar mentalmente las palabras de un modo casi inconsciente. Sopesas el ritmo del texto y evocas el sonido de las palabras.“ 

Haruki Murakami

 

¿Qué estas investigando actualmente?

En este momento estoy trabajando en sono-artivismo, fusionando el campo performático, el musical y el académico y explorando un abordaje de la escucha y la producción sonora de género, es decir, formas singulares, de ser y estar, de escuchar y producir cuyo punto de partida es la experiencia a través del género. Es un momento muy particular, muy movilizante y para las mujeres en particular, muy restituyente y reparador poder decir, sonar y esucharnos. 

Desde el Equipo de Antropología del Cuerpo y la Performance de la UBA bajo la dirección de Silvia Citro, una de las líneas de trabajo es la de restituir el sonido como lugar de conocimiento pero ligado al cuerpo y a las emociones. Tomamos la idea de escucha como experiencia senso-emotivo-corporal. En noviembre dictamos un taller (“Interculturalidad, performance y corporalidad en las prácticas musicales”) para músicos, en la Facultad de Música de la UNAM, en México, y los resultados fueron muy alentadores. En este momento estamos escribiendo y sistematizando las experiencias porque nos dimos cuenta que el alcance superó las expectativas con las que planteamos los contenidos y la metodología.

La otra propuesta sobre la que estamos trabajando desde el equipo es la de “Performance Investigación”. Y es justamente transformar las etnografías, es decir aquellos textos que circulan de manera limitada en ámbitos académicos en performance que den cuenta desde lo artístico y creativo, desde el cuerpo y desde la escucha nuevas formas de saber, de hacer, de sentir y de comunicar.

Performance sonora decolonial sobre las resonancias de las violencias, la porosidad de las fronteras y los tránsitos de y desde el cuerpo a través del sonido

Victoria Polti Antropóloga y música.  Es doctoranda en Antropología Social (UBA) y docente en el Conservatorio Municipal Manuel De Falla y profesorados artísticos del GCBA. Dirigió y participó de proyectos de investigación en la UBA, UNLa y IIET sobre antropología del sonido, performance, corporalidad, improvisación musical y nuevas estéticas musicales. Recibió la Beca del FNA y apoyo del Fondo Metropolitano de las Artes. Coordinó simposios sobre Música y Sonido en congresos nacionales y participó en congresos internacionales en Suiza, Brasil, Chile, Uruguay, México, Tailandia y Cuba entre otros. Como música grabó en una decena de discos y compuso la música para la obra de danza contemporánea “Unos varios des-variando” bajo la dirección de la coreógrafa Roxana Grinstein. Actualmente es integrante del Equipo de Antropología del Cuerpo y la Perfomance de la UBA, la Red Latinoamericana de Antropología de y desde los cuerpos, la IASPM-AL (Asociación Internacional de Estudios de la Música Popular, Rama Latinoamericana) y la ICTM (International Council for Traditional Music). Del 9 al 15 de junio participó del Encuentro del Hemispheric Institute of Performance and Politics (New York of University) como performer e investigadora en la UNAM (Universidad Autónoma de México) en la que presentó la performance sonora decolonial “Ruidos” sobre las resonancias de las violencias, la porosidad de las fronteras y los tránsitos de y desde el cuerpo. El 27 de junio a las 18 hs. participará de la Jornada organizada por la UNTREF “Otras escuchas: escuchas de género” como conferencista junto a la artista italiana Anna Raimondo, Sede Posgrados del Centro Cultural Borges, Caba. Será en el marco de la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de América del Sur.

 

 

 

 

 




CELEBRA A TU MUERTO

Ausencia: Sobre “Muerte en un funeral”, de Frank Oz.

Por Carlos Coll

LA ESTOCADA BUSCADA

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Fecundación, Pablo Ramiro

Todo está listo, impecable. Los escalones seguros esperan al hermano mayor y a su esposa, que hace días ya están. El resto de la prole aún no llegó. La pareja duerme en el cuarto del este, desde donde el sol podría despertarlos con tibieza. Siempre se levantan temprano, antes de que el astro los enceguezca y los fluidos se revolucionen. Según el especialista, el momento perfecto para copular y lograr el objetivo es ese. Ella está en el período de mayor fertilidad y la hora adormece a los óvulos, ante el posible ataque delicado de algún espermatozoide debilucho y tempranero.

Como en una reiterada e incansable tarea, la ducha los refresca. El día se presenta duro y, enfrentarlo, los atemoriza. Los espera una tarea ardua y agobiante.

EL PAQUETE ADQUIRIDO

Sobre la mañana tardía, llega a la ampulosa casa, la comitiva oscura. Cuatro guardianes bajan de la camioneta, entrapados en negro y con un rictus de circunstancia en los rostros. Bajan el ataúd. Lo trasladan, desde las manijas de bronce, hasta el espacio definido en medio de la sala. Allí, los sillones y las mesas ratonas han sido corridas para darle al féretro el lugar central.

Entonces, el director de la comitiva abre la tapa de caoba lustrosa para acomodar al muerto.

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El dios Marte, Diego Velázquez

-Este no es mi papá.- Grita el hermano mayor y su voz rebota en las paredes del caserón. Su esposa se acerca.

-No es mi suegro, se equivocaron de muerto. Qué clase de servicio prestan, encima, cobran una fortuna.

Rápidamente y sin decir palabra, los guardianes recogen el paquete y se retiran como habían llegado, circunspectos y en silencio. Así comienza el film “Death at a funeral” (“Muerte en un funeral”), una comedia inglesa de humor negro, un verdadero grotesco.

A partir de este momento, el desarrollo del film se transforma en una sucesión de equivocaciones y confusiones.

Existen dos versiones de esta película: una inglesa y la otra norteamericana, bastante similares aunque, es de destacar, el humor y la flema  de la primera, que la hace más atractiva. La británica se estrenó en el año 2007 y, dirigida por Frank Oz, fue interpretada, en sus roles principales por:

Matthew Macfadyen – Daniel

Rupert Graves – Robert

Peter Dinklage – Peter

https://www.youtube.com/watch?v=I6TJPF3XjZU

EL MARCO DORADO

La familia ha llegado al funeral. En un principio, el espectador se desorienta, ya que no es fácil saber quién es quién. La esposa del difunto es la anfitriona perfecta. Organiza el catering: la comida circula a su alrededor, mientras las bebidas llenan las copas sedientas de los parientes. Entre plato y plato, asoman el llanto y el dolor contenido. La sobrina rebelde se presenta con su novio inocente y odiado por su futuro suegro, hermano del muerto. Antes pasan por la casa de su hermanito menor, el adicto. El novio no está bien y ella, siempre atenta a su deber de protectora, le da a tomar una píldora -supuestamente Valium, por lo indicado en la etiqueta-. No tiene presente la condición de su hermanito. En el frasco descansa una nueva y potente sustancia que hacer delirar y genera imágenes oníricas.

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Mistral I, Miguel Ángel Campano

Simultáneamente, en un auto elegante, el hijo tarambana arrastra a un tío viejo, malhumorado y maloliente, en silla de ruedas.

Por fin, el descendiente menor del patriarca atraviesa la puerta de calle. Se trata del preferido, el escritor ganador que vive en New York. La madre se derrite entre sus brazos, mientras el hermano mayor se muerde los labios.

LA PRESENCIA

Ausencia Foto 4- Pablo Picasso Enanao
Enano, Pablo Picasso

La reunión familiar presenta a cada cual en su rol, mientras se desplazan por la casa, comen, beben y conversan. La droga pega en el novio de la sobrina del muerto y su comportamiento descoloca a los invitados hasta el desquicio, cuando cree ver que el ataúd se mueve. En medio de esta confusión y a los pies del muerto, ninguno ha reparado en un enano que lo acompaña con un silencio religioso. ¿De quién se tratará? Nadie lo conoce ni sabe quién es este individuo tan particular. El hermano mayor, encargado del discurso de despedida, se retira al escritorio a repasarlo, mientras el enano va tras él. Ya en soledad, advierte a su seguidor, quien le muestras fotos, donde el hombrecito está con su padre en situaciones muy comprometidas: fueron pareja secreta desde hacía años. Con ojos llorosos, el enano pide parte de la herencia. Le corresponde, se amaban.

Así empieza el escándalo, al que va sumándose en secreto alguna parte de la familia. Tratan de contener al “amante”, inútilmente. Él está dispuesto a todo por conseguir lo que le pertenece. La esposa y la familia van a saber quién era realmente el patriarca.

ACTO DE AMOR

Todo se acelera. La droga actúa sobre el novio. El viejo paralítico se descompone y se caga encima. El enano grita, lo amordazan en el escritorio, lo golpean sin intención, lo drogan con el aparente Valium, que va tornándose en protagonista. El amante delira y cae sobre la mesa ratona. Un tajo enorme en la frente, sangre. No responde.

Y, he aquí la cuestión, ¿qué hacer con el enano muerto?

En ese momento, gritos. Por el efecto de la droga, el novio sale desnudo al tejado y se quiere tirar. Su prometida -la prima- se desespera y todos van tras el espectáculo. Las viejas se tapan la cara con las manos, pero no lo suficiente como para no espiar al desnudo por entre sus dedos.

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El David, Miguel Ángel

Entonces, lo deciden: meterán al enano en el ataúd y lo enterrarán con su padre. Y lo hacen, levantan la tapa y lo acomodan. Primero, quedan los cuerpos en una posición demasiado comprometida. Recién ahí, los giran y dejan al enano boca abajo, sobre el pecho del patriarca. Cierran la tapa justo en el momento que la gente entra a la casa. El novio es convencido por la prima, quien le confiesa su embarazo. Con un beso y ante el público en total azoramiento, bajan del tejado.

LA DESPEDIDA

Por fin, el hermano mayor intenta iniciar su discurso. Dos palabras y el ataúd entra a moverse, se abre la tapa y aparece el enano vivo y a los gritos. El cuerpo cae al piso y todo se descontrola. La madre llora y ve las fotos caer desde el bolsillo del pequeño hombre, cuya presencia ha generado el fin del grupo familiar.

Entonces, el hermano mayor reacciona por primera vez. Ordena que acomoden al muerto y comienza, por fin, su discurso. En esta ocasión, no lee lo que tiene preparado. No. Sólo recuerda a su padre, aquel gran hombre que les dio la vida, los crió y siempre les brindó todo su amor.

EL BANCO EN EL JARDÍN

Así, como en la película, garabatea a la muerte -es decir, a la ausencia- así como pasa por un tamiz todas las apariencias de una familia armónica, nuestra memoria, con el tiempo, refiere a algunos y a otros y los relega a cierto olvido.

Las separaciones siempre duelen. En un principio, tienen la apariencia del abandono, del alejamiento. Sin embargo, más tarde, nos damos cuenta de que no es solo así. Las presencias vuelven y se acercan para quedarse en nuestras vidas. Parientes, amigos queridos, familiares. Es por eso que tengo, entre otras cosas, un banco de plaza, al costado de una parcela reservada para mí en el cementerio privado de San Isidro, “Los Cipreses”.

La silla con pipa, Vincent Van Gogh
La silla con pipa, Vincent Van Gogh

Allí, justo al lado, mi maestra de teatro -mi querida Nina- ya me espera para ayudarme a recrear “El polaco” de “Un tranvía llamado deseo” que, según ella, en esta vida yo nunca hubiera podido representar, porque no me da el físico.

Eso por un lado. Por otro, si de presencias que traen las ausencias hablamos, está mi hermana del alma, Martita. Ella aparece y me recuerda que, sentada al costado del río -¿en un banco de plaza?-, me aguarda para que recordemos nuestras travesuras en la facultad de ingeniería.

Por si fuera poco, con mi gran amigo Armando, seguimos nuestra charla sobre manutención y mantenimiento para poder mejorar mi trabajo de presentación: aquel que me llevó, durante cuatro meses, al lejano Japón. Fue por aquella beca sobre packaging, ganada con esfuerzo hace algunos años.

Y, para cereza del postre, la trementina en mis fosas nasales, mientras mi Tío Horacio me guía la mano, con su experiencia de gran pintor, y maneja el pincel para dar vida a las telas en blanco de mis óleos.

Naturaleza muerta, Horacio Coll
Naturaleza muerta, Horacio Coll

Aún quedan muchos cuadros por pintar, muchas notas por florecer y muchos encuentros no pensados por celebrar.

Entre azar y camino, se fundan promesas que desplazan ausencias y multiplican otras.

En busca y hacia el futuro, el deseo promete, insiste, sugiere y reedita la apuesta.

Aunque no lo aceptemos, siempre estamos alrededor de un muerto: nosotros mismos. Siempre, entre rituales que lo desafían con renacimientos.




POR UNA SOCIEDAD DE COLOR

Ausencias: sobre el luchador Lucas Fernández.
Por Eduardo Garea

 

UN PERIODISTA OLVIDADO

2Buenos Aires, 18 de abril de 1858. Cada mañana, Lucas Fernández sale temprano de su casa de la calle Bolívar al 300. Es tipógrafo, encargado de montar los símbolos en la plancha, para que salga a tiempo el diario impreso por la noche, en la imprenta del francés, Bernheim. Hoy es un día importante. Palpita la repercusión en la sociedad. Ha pasado por innumerables dificultades, incluso, por largas disputas con su socio Zandulio.

El texto en cuestión es una denuncia formal ante las autoridades de la ciudad para exigir medidas sanitarias y así modificar las condiciones de higiene de los parroquianos de San Pedro Telmo. El temor ante una nueva epidemia de viruela es comprensible. Si bien gran parte de las calles está empedrada, durante las lluvias estivales de febrero, el río crece y toda la zona del Barrio Alto, desde la Plaza de la Victoria hasta la Quinta de los Ingleses, se convierte en un lodazal.

 

BLANCO ESPUMOSO, ROJO FEDERAL

Lucas desciende de una reciente familia trasplantada a la fuerza en América. Él es segunda generación nacida en el Río de la Plata. La herencia de sus abuelos esclavos le permitió entender el desarraigo y la astucia de ocultar las creencias ante los ojos inquisitivos de la iglesia. En una sala fría y estrecha, contigua al templo y construida para ser usada como depósito y luego destinada a la educación de los niños pobres, aprendió las primeras letras bajo la tutela de los monjes betlemitas.

Durante los años del Restaurador, acompañaba a su madre a las fiestas de Semana Santa. Desde la madrugada, mujeres vestidas de blanco y espumosa sonrisa tomaban las estrechas aceras y, sobre largas mesas improvisadas, armaban las banderas rojas federales. Al mediodía, una fragancia a locro y fritura emergía desde las fachadas de crudo adobe en los conventillos. En las pulperías, entre grapa y grapa, los hombres disputaban hazañas incomprensibles. El griterío de los niños anunciaba, como vanguardia, la llegada del gobernador. Una alegría visceral recorría las almas castigadas de los negros. Las distintas naciones presentaban sus estandartes y daban la bienvenida en sus propios idiomas. El negro Domiciano, degollador de unitarios, se mostraba junto a Don Juan Manuel, cuando un inmenso retumbar de tambores ascendía entre el adoquín, la piedra y el lodo hasta estremecer las barriadas más alejadas.

Fernández conocía bien la buena predisposición de Rosas y de sus aliados, los saladeros. Obviamente, no blandían ideas abolicionistas, aunque tampoco eran traficantes de esclavos como las familias de José Martínez de Hoz, Martín de Álzaga, Ventura Marcó del Pont, Tomás O´Gorman o Domingo Belgrano.

Ya en 1810, los esclavistas tenían una fuerte influencia sobre las decisiones del Cabildo y la necesidad de la guerra relegó sus intereses económicos para otro momento.

 

KALIMBA QUE LOS PARIÓ

Entre 1700 y 1800, la Compañía Portuguesa de Guinea desembarcó esclavos en el puerto para expandir su accionar comercial a regiones de habla hispana. El primer mercado de esclavos estaba ubicado en Retiro, pero fue trasladado al hoy llamado Parque Lezama, debido al temor que aquella gente salvaje estuviera a metros de la ciudad. Gracias a la poca eficacia de esta Compañía, se la reemplazó por la South Sea Company, uno de los mayores traficantes de aquellos tiempos.

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Parque Lezama

Estos hombres y mujeres eran desembarcados y se los drogaba para luego ser marcados en la frente o en la espalda con un hierro candente, que los negros llamaban: carimba o calimba (Kalimba:instrumento musical africano). La mayor parte de ellos eran vendidos al norte del Virreinato, (Santiago del Estero, Córdoba y Tucumán) a precios muy elevados, por la falta de mano de obra indígena. Por suerte, al no haber plantaciones, el tráfico no fue tan intenso como en otras regiones de América.

 

LABURAR O MORIR

Cuando se realizó el censo de Buenos Aires, en 1778, sobre una población de 24.205 habitantes, 3.153 eran mulatos y 4.115 eran de origen negro. En su gran mayoría, reclutados para el mantenimiento de los caserones de las casas pudientes. Las mujeres se ocupaban como cocineras, mucamas, blanqueadoras. Y los varones quedaban en los puestos de jardineros, albañiles, cavadores de pozos, zapateros y changadores. Para mejorar los ingresos, las familias ricas alquilaban sus esclavos como mano de obra externa.

Movilizados a la fuerza durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807, los cuerpos militares de pardos y morenos fueron elementos importantes para repeler al invasor. Cuando el Cabildo se pronunció en 1810, usados como infantería, se batieron en Chacabuco, Maipú y Cancha Rayada. Y, en la Campaña del Alto Perú, fueron encuadrados en los famosos Batallones 7 y 8. Todo esto ocurrió bajo la promesa de la libertad. Lo cierto fue que, en la Asamblea del Año 13, “la Libertad de vientre” no garantizó el fin del racismo.

San Martín reconoció el valor de las tropas negras, pero no logró unir los batallones negros, mulatos y blancos. El partido unitario, relacionado estrechamente con los comerciantes traficantes de esclavos, no pudo tolerar el apoyo incondicional de las masas de color al proyecto federal de Rosas. Este dato relevante definió el fin trágico de toda una población. Tras la derrota de 1851, la venganza no se hizo esperar. Abolida la esclavitud en la Constitución de 1853 y luego de 43 años de la emancipación, los esclavistas eran aún muy poderosos. 

 

PASADO DE FOURIER

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Parque Lezama

Es posible que, en la batalla de Caseros, el boletinero de Sarmiento, José Alejandro Bernheim, haya sido la influencia más determinante en el pensamiento del editor, Lucas Fernández. Lucas estaba empapado de las ideas fourieristas, que pregonaban la creación de asociaciones autónomas limitadas dentro de la sociedad, el sufragio universal y la educación igualitaria entre los niños de distinta condición. Las labores penosas serían repartidas y se organizaría el trabajo con una mayor equidad. Además, ponía énfasis en la higiene de los niños y, sobre todo, en la necesidad de liberarse de los infectos desperdicios de la ciudad. En definitiva el utopismo socialista de Lucas Fernández era más poderoso que el saintsimonismo de Echeverría.

Este intelectual de origen negro se opuso al rancio odio de las clases poderosas. Las comunidades, aún organizadas bajo las banderas de las diferentes naciones negras -como las del Congo, Mozambique, Mondongo, que habitaban el Barrio del Tambor-, exigían a las autoridades una democracia negra para defender los intereses de su clase.

El Proletario”, periódico semanal, político, literario y de variedades, apareció el 18 de abril de 1858. Salieron 8 números, pero su importancia fue capital por ser el primer diario socialista en este territorio.

 

SALIR CON TODO

Esta importante porción de la sociedad porteña no tiene un órgano que alivie las necesidades inherentes a toda clase desvalida (…) y vigile por sus intereses tan importantes y valiosos como los de las clases más acomodadas (…) En la situación actual nuestra clase está postergada (…) [y buscamos que] el progreso moral en que se halla el Estado de Buenos Aires (…) se ensanche por el camino de la educación y de la ciencia, un poco estrecho hasta aquí (…) Una poderosa valla se opone a la práctica de ciertas leyes que nos amparan, haciendo que no se cumpla porque hieren los intereses y el orgullo vano y malhabido de las clases elevadas”.

 

HEDOR, DE BOCA EN BOCA

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Sección Histórica, Archivo de Asunción – Investigación por la entrada de esclavos al Paraguay desde Buenos Aires

En el transcurso de la Guerra de la Triple Alianza, entre 1865-1870, hombres negros fueron reclutados para morir en los Esteros del Iberá. A los sobrevivientes de aquel horrendo conflicto, se los veía pedir limosna en las calles de Buenos Aires. Muchos de ellos mutilados o con cicatrices espantosas.

Como si eso hubiera sido poco, aquel verano ardiente y poco común se extendió hasta abril de 1871. El calor en la ciudad era sofocante, un amargo sudor penetraba hasta ser imposible vestir prenda alguna. Incluso las lluvias estivales habían convertido los barrios en una cueva pestilente. En el transcurso de aquellos meses fastidiosos, un extraño vapor había invadido todo. La tan temida marisma flotaba como un anuncio de desgracia.

Crónicas escritas en periódicos habían informado sobre una epidemia de fiebre amarilla en la provincia de Corrientes. Tropas de regreso de Paraguay habían recalado en el lugar y se dirigían a Buenos Aires. Una honda conmoción se extendía, de boca en boca, como una mancha de aceite.

Mientras tanto, los indolentes gobernantes que habían hecho oídos sordos a los reclamos de Lucas Fernández, ahora afrontarían la mayor catástrofe humana. Desesperadas por los acontecimientos, el 10 de abril de 1871, las autoridades promulgaron feriado hasta fin de mes. El Hospital de Fiebre Amarilla en la calle Cuyo no daba abasto, más de 500 personas habían muerto ese día, la mayoría del barrio San Telmo Sur.

Contrariamente a lo esperado, muchos habían evacuado sus caserones para refugiarse al norte de la ciudad, más aireado, con jardines y anchas avenidas. Desde allí presionaban al comité sanitario para decretar la cuarentena. Ante la falta de hospitales y lazaretos, pedían dejar morir a los enfermos, y a los sanos, morir de hambre.

Ante la gravedad de los hechos, desalojaron a los inmigrantes, quienes fueron llevados a la periferia de la ciudad sin sus pertenencias. Sólo quedaban 60.000 de los 190.000 habitantes. Era una ciudad fantasma, sin autoridades, sin alimentos, virtualmente sitiada. Los diarios dejaron de circular, sólo Mardoqueo Navarro, un judío sefaradí, dejó a la posteridad una crónica de los hechos: “Una ciudad socavada por 30.000 pozos ciegos completos y 15.000 hasta la mitad, sumadas la lluvia, el calor y los desperdicios produjeron la temida epidemia”.

Batallones del Ejército de Línea rodearon los barrios negros y a nadie se le permitió escapar al Barrio Norte, construido por los blancos. Allí murieron en masa y sepultados en fosas comunes, una de las cuales aún ubicada en Plaza Dorrego. Así, El movimiento Democracia Negra sucumbió por la epidemia.

Se cree que Lucas Fernández cayó enfermo durante aquellos días, en su domicilio de la calle Bolívar.

En un discurso, Sarmiento dijo: “Llego feliz a la Cámara de Diputados de Buenos Aires, donde no hay gauchos, ni negros, ni pobres. Somos gente decente, es decir patriota”.




FATIGADA TERSURA, OLOR AÑEJO

El Lecturista

Sobre: “Prohibido morir aquí”, de Elizabeth Taylor

Por Viviana García Arribas

NOMBRE PROPIO

Elizabeth Taylor
Elizabeth Taylor

Busco Elizabeth Taylor en Google y aparece una larga lista de entradas, todas referidas a una bella actriz de ojos color violeta, estrella de Hollywood desde los ‘40 -cuya tormentosa pareja con Richard Burton la hizo aun más famosa- fallecida en 2011. Nada más. Necesito forzar la búsqueda y agregar la palabra “escritora”, para encontrar a esta otra Elizabeth, a quien hemos descubierto tardíamente. Esta narradora publicó doce novelas, cuatro volúmenes de cuentos y un libro para jóvenes. Fue reconocida con el Whitebread-Prize recién en 1976, cuando se conoció “Blaming” -su último trabajo- en forma póstuma. El premio fue recibido por su esposo, Kendall Taylor.

Nacida como Dorothy Betty Coles, detestaba su primer nombre y decidió cambiarlo por Elizabeth. Le bastó casarse para que, del original, no sobreviviera ni el apellido, y pasó a llamarse Taylor, como su marido. Extraño encadenamiento de circunstancias para igualar su nombre con el de otra. Cuentan que era sumamente discreta, disfrutaba de la vida retirada y decía que los argumentos se le ocurrían mientras planchaba. Estaba muy lejos de la forma de vida de su tocaya. Además, odiaba que la confundieran con la actriz. Pese a haber tenido en su momento una gran cantidad de lectores, nunca fue una escritora famosa y, recién en 2012 -en oportunidad del centenario de su nacimiento-, fueron reeditados algunos de sus textos. A partir de entonces se la revalorizó y, en la actualidad, es considerada una de las mejores escritoras inglesas del Siglo XX.

FRAGMENTOS DE VIDA

Istvan Reti - Old women
Istvan Reti – Old women

La novela, conocida en nuestro país el año pasado como “Prohibido morir aquí”, fue publicada en Gran Bretaña en 1971, bajo el nombre de “Mrs. Palfrey at the Claremont”. Una vez más, parece interminable la cadena de sustituciones pero, en verdad, el título que se le ha dado localmente contiene un misterioso atractivo y condensa uno de los temores manifiestos de la protagonista. En ese micromundo, morir es casi un acto de mal gusto.

La Sra. Palfrey se muda al Hotel Claremont, en Londres, con la idea de transformar su vida solitaria junto a otros ancianos. Ya nadie parece necesitarla demasiado: su marido -compañero durante muchos años- ha muerto. Su hija está casada y pendiente de sus propias obligaciones sociales. Ella misma ya no puede cuidar su casa como lo hacía cuando era joven. Su nieto estudia en Londres y ha prometido visitarla seguido, pero jamás cumple su promesa. “A veces, cuando estaba recién casada, anhelaba liberarme… liberarme de la crianza de mi hija, liberarme de las obligaciones sociales, liberarme de mis deberes, ¿entiendes? Y liberarme también de las preocupaciones que ocasionan los seres queridos (…) Pero en realidad no deberíamos desear eso, porque con el tiempo descubrí que solo podemos ser libres cuando nadie nos necesite” (1).

Poco se sabe de su vida antes de llegar al hotel, de los motivos de su hija para comportarse en forma tan distante o del abandono de su nieto. La autora, deliberadamente, escamotea estos datos. Hace un recorte y se enfoca en la descripción minuciosa de esa nueva vida y del conocimiento que, poco a poco, entabla con sus compañeros y compañeras. Igual que Ludo -un joven escritor que la Sra. Palfrey conoce por accidente-, Taylor parece observar “los pies que pasaban por la vereda (…) tratando de imaginar el resto de esos cuerpos que no podía ver” (1). Se detiene en los detalles del presente y, a través de ellos, vislumbra -apenas- el sesgo de un pasado que ya no cuenta, aunque ejerce su peso en cada movimiento de la protagonista. Ese pasado es el de las personas que no están -por muerte o abandono-, los objetos, las pertenencias y, aun, el prestigio.

EL ESPEJO DE LOS OTROS

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Greta Corens – Portrait of an old lady

¿Cómo construir la propia imagen si durante la vida solo nos vemos a partir de una sombra proyectada por los demás? ¿Cómo ser una, luego de haber sido solo hija, esposa o madre? “En su juventud tenía que cuidar su imagen primero ante su marido, a quien admiraba, luego ante sí misma y por último ante los nativos (“Soy una mujer inglesa”). En la actualidad, esa imagen de sí misma ya no se reflejaba en nadie, y estaba disminuida: había perdido dos tercios de su antiguo valor (ya no había marido ni nativos)” (1). Conmueve el empleo de una fracción matemática al mencionar la merma de la propia imagen a la tercera parte del valor que tenía en su juventud.

En realidad, se hace evidente el sometimiento a la mirada de los demás por parte de todos los personajes reunidos en el hotel, donde los rituales de cada día, los saludos y las formalidades, sostienen una organización casi perfecta. Allí no falta la mirada condenatoria sobre quienes no siguen estrictamente las reglas. El pequeño universo de los viejos funciona también como una muestra de la sociedad londinense de la época. Elizabeth Taylor pinta “el mundo en un grano de arena”(2).

En este punto, vale preguntarnos: ¿las mujeres nos permitimos hoy pensarnos al margen de cualquier condicionamiento? ¿Nos concebimos madres “abnegadas” y, también deseantes? La dinámica social, a pesar del progreso y los cambios desde la aparición de esta novela, todavía mantiene lo femenino sujeto al rol maternal. Basta con ver algunas publicidades para comprenderlo.

JUGAR CON LUDO

que-hacer-en-paris-calleUna caída callejera propicia el encuentro de la protagonista con un escritor, joven y solitario, llamado Ludo. Él la ayuda a recuperarse. El azar favorece una relación fuera del hotel, que se ha transformado en su único universo posible, y les brinda beneficios a ambos. A Ludo, observar de cerca a la Sra. Palfrey le permite tomar notas para una futura novela. Y ella lo busca para presentarlo como su nieto en el hotel. Los dos, a su manera, inventan historias en torno al otro y construyen una ficción a partir de una falta. La relación reúne elementos de amistad, replica el lazo entre abuela y nieto o entre madre e hijo y, también, juega -un poco, apenas- con la seducción. A través de Ludo, Laura Palfrey recupera una pequeña porción de la mirada de un otro sobre sí.

El personaje del joven incorpora el afuera, lo externo y lo diferente. Su forma de vida da a ver un cambio que, para la fecha de publicación de la novela -1971-, se daba en la sociedad. De este modo, en el relato pendulan vejez y juventud, formalidad y distensión.

LAS HORAS… ¿PASAN?

Algo morosa en su inicio, la novela se centra en la adaptación de la Sra. Palfrey a su nuevo hogar: en sus experiencias durante los primeros días en el hotel y en la observación de las costumbres de sus nuevos compañeros de vida. Una vez que se siente parte del grupo, los acontecimientos se aceleran: la muerte de una ex compañera, la visita a la nueva casa de otra o el acercamiento (subtrama que oscila entre la comedia y la tragedia) del Sr. Osmond. Este ritmo, calmo en un principio y más acelerado sobre el final, aporta la idea de temporalidades diferentes, donde pasado, presente y futuro pueden estirarse o contraerse. “El tiempo pasaba. Era un hecho nada difícil de probar llegado el caso, aunque sucedían muy pocas cosas” (1).

cerebro-slideSolemos dar por sentado la existencia del tiempo cronológico. Tal vez se trate solo de una forma de medir nuestra duración. Sin embargo, existen otras concepciones: puede ser cíclico o también simultáneo. También plegarse, doblarse y curvarse. En todo caso, no sólo en forma lineal.

¿VIEJOS TRAPOS?

Elizabeth Taylor tenía cincuenta y nueve años cuando se publicó esta novela. Se diría, pocos, para pensar la vejez, pero su propia muerte sobrevendría cuatro años más tarde. Quizás, el pasaje por la enfermedad haya entrenado su mirada sobre soledades y deterioros. ¿Cómo pensar la propia ausencia? El cuerpo que cargamos, mal o bien, de pronto, carente de su chispa vital, es quitado de circulación. Ya nada dependerá de nosotros, ajenos a la vida de los demás, que seguirá su curso, como si nada. En el mejor de los casos, podremos volvernos presencia en el recuerdo de quienes nos conocieron.

Varias sombras sobrevuelan la vejez de la Sra. Palfrey: su hija apenas le escribe alguna carta, su marido ha muerto, su nieto ni aparece, a pesar de vivir muy cerca del hotel. También le faltan su hogar, sus muebles y sus pertenencias. Ella es, apenas, un reflejo de su antigua vida. Sin embargo, ha formado en el hotel nuevos lazos.

Tal vez, perdurar en la memoria de los seres queridos sea una forma de la eternidad.

Banksy
Banksy

(1) “Prohibido morir aquí”, Elizabeth Taylor, 1971

(2) “Auguries of innocence”, William Blake




PUÑO DE SAUCE


Ausencia: sobre no instalarse en el accidente.
Por Noemí Pomi

 

ALFOMBRA

Transcurría una tardecita. El mes, agosto. Sí, justo en la etapa del año que preanuncia la primavera, se extienden los días y los rayos del sol entibian con sus puntas de luz semillas y ramas. Era la tarde del catorce, en el cruce peatonal de una avenida del sur de la Provincia de Buenos Aires, cuando -de repente- un golpe sobre el lado derecho elevó mi cuerpo y después lo hizo caer vencido, a un metro del frío asfalto. La acera me pareció la superficie de un glaciar. En esas condiciones, me debatía entre el dolor, la confusión propia del golpe y las indicaciones de algunas personas que se acercaron. Temí convertirme en la alfombra de los vehículos peligrosamente cerca de mí. El bálsamo llegó con la pálida voz de Bruno: ¿má, cómo estás? Ya en el sanatorio, radiografías, consultas entre traumatólogos. Al final, un clínico, luego de auscultarme, resumió el panorama: fractura en el tobillo izquierdo, rotura de menisco derecho, seria afección de músculo pata de ganso y rotura total de la musculatura del hombro derecho.

 

A RODAR

Desde el vamos supe que la inmovilización sería decretada por etapas y en varios frentes. Primero, los miembros inferiores. La operación del miembro superior, quedaría para los despueses. En el mientras tanto, cantidades de calmantes, la limitación en la movilidad de mis piernas y mi silla de ruedas. No obstante, entre la somnolencia propia de la medicación, una frase me alumbró:
“Si nos cortan una pierna, no tenemos menos libertad, tenemos otra libertad”                                                                                                                                                         Jean Paul Sartre

eyJ0eXAiOiJKV1QiLCJhbGciOiJIUzI1NiJ9.eyJpbSI6WyJcL2FydHdvcmtcL2ltYWdlRmlsZVwvZnVzZWxpLXBlc2FkaWxsYS0uanBnIiwicmVzaXplLDE1MDAiXX0.GhBTjj_uYhPH6vBDJG4gSYDW1QeuCPzRXiWgO1u0U9s
Henry Fuseli, “La pesadilla”

Luego de los momentos iniciales, con la fuerza inspiradora de ese dicho, se abrió un abanico de posibilidades. Privarme de manejar el auto fue una frontera importantísima, eso me impedía hasta hacer las compras, con independencia del peso   transportado. Entonces comencé a armar listas de artículos y a depositarlas en manos de algún integrante de la familia. El fanatismo de las clases presenciales de literatura fue reemplazado por la enseñanza vía Skype. ¡Jamás me hubiera privado de ellas! Así, a cada impedimento, surgió alguna reacción. Ese tiempo lo dediqué a lecturas o relecturas. Sí, me reencontré con algunos clásicos. Entre ellos, el que nos enseñó a leer novelas, el ingenioso hidalgo “Don Quijote de la Mancha” y su locura, quien bien podría ser visto, además, como un frenesí poético de Don Miguel de Cervantes Saavedra.

"Sauce llorón", Claude Monet
“Sauce llorón”, Claude Monet

 

RUEDAS EN LA SANGRE

“Quien tiene algo por qué vivir es capaz de enfrentar todo los comos”                                                                                                                                                       Friedrich W. Nietzsche

Alex Zanardi amaba las competencias automovilísticas. También él sufrió un embate. En 2001, su coche de carreras se quedó varado a media pista y una fracción de segundos fue suficiente para que otro automóvil lo partiera en dos. Zanardi perdió ambas piernas. Él no solo encontró su “otra libertad”, sino también el “como”. “Cuando me desperté y me di cuenta de que no tenía piernas, no me pregunté: ¿qué voy a hacer sin piernas?, sólo pensé: ‘Bien, ¿qué debo hacer para poder hacer todo lo que quiero hacer sin piernas?”.

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Alex Zanardi, Askanews

Vaya, ese campeón de carting en su niñez y adolescencia, sí tenía pasiones. Luego del accidente, Alex no podía estar sin rodar y centró su actividad en el ciclismo de mano, deporte con el que ganó el Maratón de Nueva York en 2011 y logró tres medallas en los Juegos Paralímpicos de Londres. Pero no eran esas las ruedas que circulaban por sus venas. Así, entre giro y giro, en el año 2014, decidió su regreso al automovilismo.

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Alex Zanardi, con su auto adaptado. Automundo Argentina

Y sí, la ausencia de sus piernas no le impidió el regreso. Bastaron las prótesis y modificaciones en su auto BMW M4 DTM y BMW M8 GTE (2018-2019): palanca de freno manual, volante con aro para acelerar, cambio ascendente mediante paleta en el volante, cambio descendente a través de un botón en la palanca de freno, embrague centrífugo.

 

META REMAR

Eliminada la inmovilidad de mis piernas, quedaba resolver el tema de la operación del miembro superior con la indicación de quedar presa del cabestrillo por cuarenta días.
Específicamente, los especialistas llaman a las lesiones frecuentes en esa zona ´”hombro del nadador”, “hombro del golfista”, “hombro del lanzador de jabalina”, “hombro del tenista”, y no sé cuántos deportes más. Mi caso no encuadraba en ninguna de esas especificaciones, pero padecí todos los problemas propios del asunto al peinar el cabello, vestirme, llevar la mano al bolsillo posterior o encontrar una postura confortable para el brazo durante la noche. Simplemente, me ubiqué con esos inconvenientes, dentro de una categoría especial: ausencia de responsabilidad de quien conduce un vehículo en la vía pública y, simultáneamente, consulta a su celular. ¡Maldición, en medio de ese baile, otro obstáculo a vencer! Fue en ese período de pérdida de movilidad en el brazo derecho que recordé la historia de Bethamy Hamilton.

 

TIEMPO PARA PENSAR

Ella nació en Hawaii, quizás por eso no sorprende que, a los 7 años, ya surfeaba. Para Bethamy Hamilton el 2003 resultó fatídico, un tiburón tigre le arrancó su brazo izquierdo.

«Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace»                                                                                                                                                              Jean Paul Sartre

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Bethamy Hamilton, Protestante Digital.com

Valiente la chiquilina, mientras se recuperaba, se hizo dos promesas. La primera, que no iba a quejarse de su terrible desgracia. La segunda, que iba a volver a la tabla de surf. Transcurridos tan solo veintiséis días, retomó su desafío a las olas. Ahora se encuentra entre las cincuenta mejores surfistas del mundo. Y es un ejemplo para los deportistas con alguna discapacidad.

 

SALVAR DISTANCIAS

¡A utilizar la mano izquierda para cepillar mis dientes, tipear sobre el teclado, peinarme, y todos los etcéteras imaginables! No obstante, ni un halago para ese cabestrillo molesto: jamás lo miré con simpatía, pero sí supe que ese era el camino para recuperar el movimiento de mi brazo derecho. En medio de tales circunstancias, de pronto, también juega ese convencimiento: nunca te va a pasar nada, imposible que te suceda a vos. Y es entonces cuando comienzan a sucederte todas juntas. Claro y simple: no te ocurre igual que a los otros, ahora sos la otredad. En esos momentos la resiliencia hace su aparición. Sí, ahí mismito, advertimos dos caminos: nos reinsertamos como podemos o permanecemos inmóviles en la queja. Los tremendos ejemplos de personas poderosas ante accidentes me hicieron sentir como un sauce, un árbol que vibra en contra de la desilusión y de la desgracia. ¿Será este árbol el símbolo de la inmortalidad o de la resurrección? Árbol tozudo, los terrenos anegadizos le dan igual. Y, en ese aferrarse hasta el último aliento, renace. Entonces, mientras conservemos la vida, no poder moverte por un tiempo no es más que una cuestión a resolver.


 

 

 




MATRICIAS

Ausencias: sobre esencias y trascendencias.

Por Lourdes Landeira

 

MENOS NO ES MÁS

“Cada palabra que escribo me restituye a la ausencia por la que escribo lo que no escribiría si te dejara venir aquí”

Alejandra Pizarnik

Filosofía-feministaLas cosas ya no son definidas por una esencia cualitativa –el hombre animal racional- sino por una potencia cuantificable”. La cita pertenece a Gilles Deleuze y está extraída de una de sus famosas clases sobre Baruch Spinoza.  No importa la cantidad, sino la calidad, es un dicho popular con el que muchos hemos crecido. Algunas veces con la impertinente presencia de ese pájaro que nos picotea con tenacidad; otras, mientras hacemos fuerza desde el silencio o desde una fingida amnesia. ¿Hay algo más presente que lo ausente?, me pregunto en línea con el saber popular. Para comenzar a deslizar alguna respuesta, creo que el debate cualidad – cantidad es casi tan estéril como el del tamaño. Nada dice en abstracto, todo importa en su modo de ser y componer en cada circunstancia particular. Quizás, la prevalencia de la cualidad por sobre la cantidad sea otra de las máximas berretas con las que el capitalismo roba nuestro tiempo y lo pone al servicio de su monstruosa obscenidad sin límites, aunque no infinita. Que para eso también estamos aquí y ahora, para resistir y oponer nuestras mínimas, por ejemplo, desde un texto. Desde una hoja que fue primero pura ausencia de contenido y, a partir del movimiento de los dedos sobre el teclado y el devenir de algunas intuiciones, se empieza a poblar. Aun así, el plano nunca se llega a cubrir por completo. El vacío se pronuncia fuerte en los espaciados anchos y se comprime en los párrafos extensos. ¿Habrá alguna esencia, no trascendente pero instantánea, en lo ausente? Una primera connotación de la palabra remite a la tristeza de una pérdida. Sin embargo, si de perder esencias cualitativas se trata, la alegría se manifiesta y se potencia con intensidad.

 

OJOS POR OJOS

“Mamá, no estuve ahí para cubrir tu cuerpo, y no tengo más que palabras –palabras de una lengua que no comprendías- para cumplir con lo que me pediste. Y estoy sola con mis palabras, con estas pobres frases que, sobre la página del cuaderno, tejen y retejen la mortaja de tu cuerpo ausente”

Scholastique Mukasonga

Spinoza decretó la inexistencia de verdades trascendentes, inmutables e indestructibles allá por el siglo XVII. Además de pensar, el hombre pulía lentes en un momento de gran auge de la óptica. Hoy, los anteojos son moneda corriente, los hay más o menos caros, modernos, sofisticados. Pero, quien ve reducida su vista puede acceder a ellos para alcanzar la definición que un patrón de medida estipula como el modo adecuado de ver. Sin embargo, aunque los seres humanos habitemos el mismo planeta al mismo tiempo, las cosas pueden ser muy distintas según de qué lado de la historia nos encontremos. En Ruanda, por ejemplo, según cuenta la sexagenaria, Scholastique Mukasonga, en “La Mujer descalza”, cuando era niña, ella y sus hermanos estaban familiarizados con los anteojos ya que su padre tenía un par que solo usaba para leer la Biblia. En la aldea donde vivían, se creía que tal objeto era de uso exclusivo de los misioneros y que, con ellos, podían leer los pensamientos y los pecados que intentaban ocultarse en el fondo de las almas. Spinoza, por sus dos profesiones, supo que eso no era posible, primero y principal, porque no creía en el alma entendida de ese modo, sino en un universo infinito que comprende todo lo que existe, incluso el hombre – y a la mujer, agrego- con sus dos atributos: la exdetalle patria en btensión (el cuerpo) y el pensamiento. Además, porque las afecciones posibles entre las personas, digamos un misionero y un tutsi –pueblo ruandes desplazado de su territorio y condenado al desierto en la década del sesenta- no estaban condicionadas por ninguna esencia de cada quien, sino por el modo que, entre ambos, en un momento particular, componen relaciones. Más cerca nuestro, un Borges devenido no vidente vislumbró la vastedad del pensamiento del filósofo y con plena consciencia de lo inabarcable, lo hizo poema: Libre de la metáfora y del mito / labra un arduo cristal: el infinito / mapa de Aquel que es todas Sus estrellas. 

 

TRIPLETA

“Madre, madre, ¿quién separa tu sangre de la mía?, / ¿qué es eso que se rompe como una cuerda tensa golpeando las entrañas?,/ ¿qué gran planeta aciago deja caer su sombra sobre todos los años de mi vida? / ¡Oh, Dios! Tú eras cuanto sabía de ese olvidado país de donde vine, / eras como el amparo de la lejanía, / como un latido en las tinieblas. / ¿Dónde buscar ahora la llave sepultada de mis días? / ¿A quién interrogar por el indescifrable misterio de mis huesos?”

Olga Orozco

Ahora bien, mientras en la hoja se contornea un dibujo multiforme, algunas palabras pujan por desprenderse del papel y volver a sonar. Inexistencia de esencias que determinen verdades trascendentes dice el apartado anterior. Puede quien lee recitar una bonita fórmula, seguir de largo y secuenciar tiempos. O puede parar el reloj y explotar de sentido el espacio que ocupa; despojarse del mandato moral que impone preconceptos y todo juzga desde su altar o investirse del devenir de una ética, por fuera de la competencia de un –o varios- seres superiores.

¿Cuál sería una aplicación práctica de este modo de ser? “La Voz de la Mujer” fue una publicación anarco comunista que circuló en Buenos Aires entre 1896 y 1897. “Aparece cuando puede y por suscripción voluntaria”, decía en la portada. Pudo 9 números y contó con voluntades con nombre propio que se publicaban en la última página. El Vizconde Bragelone aportó 0.40 para la primera tirada. Una que capó a un fraile, 0.50; Un lustrador que quiere lustrar con sangre burguesa, 0.20. Otra que vivía a disgusto, 0.25, nombres que aparecen en los sucesivos números entre costureras, curas, enamorados, la que se iba a matar con las cadenas del matrimonio y sigue la lista.

NOSOTRAS

A VOSOTRAS

———

Odiamos

a la autoridad

porque

aspiramos

a ser personas

humanas

y

no máquinas

automáticas

o dirigidas

por la voluntad

de “un otro”, se llame

autoridad,

religión,

o con cualquier

otro nombre.

El extracto anterior fue parte del número 4 de  ”La Voz de la Mujer”. La idea y ese cualquier otro nombre se hizo concepto en una consigna que continúa vigente: Ni Dios, ni patrón, ni marido. Al parecer, la expresión surgió de una adherente al periódico feminista. ¿Quiénes serían las nosotras y vosotras de aquella Buenos Aires colmada de inmigrantes europeos, que hacinaron en conventillos sus sueños de prosperidad? El censo de 1898 da cuenta de unas 66.000 mujeres registradas en la industria textil, en la cocina y en el servicio doméstico. La mitad de ellas eran inmigrantes. A su vez, apenas el 50% de las mujeres que vivían en la ciudad tenía algún nivel de alfabetización.

1_l2FejpBBZEJayc3lbsKNawEn el 1997 la Universidad Nacional de Quilmes editó 8 números de “La Voz de la Mujer”- la 6ta entrega nunca fue encontrada. En el prólogo, la socióloga feminista pakistaní, Maxine Molyneux, destaca que “la historia del feminismo anarquista en la Argentina nunca ha sido escrita”. A su vez, su lectura da cuenta de la disputa al interior del movimiento entre la prevalencia de la lucha liderada por los varones y los reclamos de liberar a las mujeres de las opresiones que sufren por su condición de tales. Las redactoras se pronunciaban a favor del amor libre, reclamaban que las mujeres recibieran la misma paga que los varones y denunciaban los abusos de los curas. El aborto no llegó a ser una proclama, aunque ocupó varias líneas. Sobre todo, bajo el eje de la hipocresía.

Habían pasado más de 200 años desde que Spinoza pensó y teorizó sobre un universo horizontal en constante variación de relaciones, donde  el único movimiento es el cambio mismo. Transcurrieron más de 100 desde aquella publicación feminista hasta la marea verde de nuestro aquí y ahora. Cualquier semejanza en las consignas es puro devenir de idas y vueltas en nuestro infinito actual.

 

MUCHO MÁS QUE DOS

“Es el verse rodeado / del doble movimiento de las cosas / como si en vez de andar, fuera uno sentado / en una hamaca siempre balancéandose: / el futuro te empuja entre vigas al aire / y otras también al aire / te empujan hacia atrás / con un golpe de herrumbre”

Circe Maia

Retomo ahora la clase de Deleuze citada al inicio y recorto de allí otras líneas: “Cada uno de nosotros es una cantidad, pero ¿de qué tipo? Ver a las personas como cantidades, como paquetes de potencia, es una visión del mundo muy, muy curiosa, muy nueva. Pero hay que vivirlo. Si lo dicen, hay que vivirlo”. Una vez más, podemos leer y seguir de largo sin afectarnos, rechazar la fórmula de plano – ¿quién quiere ser un paquete tal como lo conocemos?- . O indagar de qué tipo de cantidad y de paquete habla el filósofo. Hasta donde me animo a esbozar, creo que se trata de una cantidad que no se define por una adición, sino por una magnitud, una intensidad móvil dentro de un paquete de contorno oscilante, un territorio dinámico que se moldea toda vez – y lo hace siempre- que se continúa en otros y otras, con quienes se engorda o adelgaza según la ocasión.

lucha-de-clases-1Entonces, cuando copamos las calles al grito de Ni una menos, cuando desbordamos pueblos durante los Encuentros Nacionales de Mujeres, cuando pintamos el Congreso de verde, hacemos cuerpo. Y nuestra finitud y extensión se magnifican en lucha, potencia y deseo infinito.

Paralelamente, sobrevienen inquietudes. Si los varones pueden o no participar de las marchas, si los Encuentros deben llamarse Nacionales o Plurinacionales, si de ellos pueden participar personas transgénero. Aun hoy, tras largas décadas de batallar que no hay una esencia femenina dada por lo biológico, ninguna que confine a las mujeres a roles específicos – No se nace mujer, se hace-, hay grupos que pretenden que mujer = vagina originaria.

Si el aborto debe ser consigna del próximo Encuentro es otro debate actual. Que sí, dicen algunas. Que no, dicen otras, porque excluye a las mujeres que no están a favor de la legalización. No es fácil saber cuál es el punto de choque que nos coloca en multitud potenciante o en masa estática. La búsqueda continúa; a falta de dios, de patrón y de marido, la exigencia es de creatividad perpetua.

 




UN DESTINO O UN FUTURO

Ausencia: Sobre las cifras de la pobreza.
Por Valeria Roig

 

¿MILLONES DE QUÉ?

Cientos de noticias surcan el espacio de internet. Las redes sociales explotan de información. Información infinita. Tanta es que muchas cosas importantes pasan desapercibidas. Sin ir más lejos, van acá algunos ejemplos de noticias aberrantes en la Argentina actual: El INDEC publicó que, a fines de 2018, hay 14,3 millones de personas que no alcanzan a cubrir las necesidades básicas. Son pobres. Y también, según este organismo, hay 2,47 millones de indigentes que no llegan a comer. ¿Cómo es posible que esta información –sin nombres y apellidos, de números elocuentes, gigantes y muy tristes- no sea prioritaria en nuestra sociedad?

Y hay más, ante un contundente 32% de pobreza en Argentina: ¿Cómo puede ser que los políticos neoliberales aún digan que este es el camino? Está claro que el macrismo solo llegó al poder con cientos de mentiras y con el único fin de transferir la riqueza nacional a los ricos, a los propios y a los del mundo. Para esto tomó deuda -otra vez- con FMI.

Según la CEPAL, en el Gobierno de Macri, la deuda externa argentina pasó a ser la más alta de América Latina y equivale al 97% de su PBI, 187.000 mil millones de dólares. La mitad se fugó alextranjero. ¿Cómo puede ser tolerado este robo?

Hans Peter Feldamann, Museo Guggenheim.
Hans Peter Feldamann, Museo Guggenheim.


AL GRAN PUEBLO ARGENTINO, ¿SALUD?

Volvamos a los 17 millones de pobres e indigentes de Argentina. ¿Qué político popular puede explicarnos qué les decimos a estos hermanos y hermanas, que están afuera del sistema? ¿Qué planes tenemos para ellos como sociedad? ¿Con qué argumentos raquíticos iremos ante estos 17 millones de pobres e indigentes? La Argentina capitalista, en su modelo más exitoso para el pueblo, dejaba afuera a estos millones. Entonces, no pasaban hambre como ahora, pero tampoco había un lugar para ellos en el mundo del trabajo organizado, en blanco, del trabajo con derechos. ¿Qué propuestas hay ante esta situación concreta?

 

Y LOS LIBRES DEL MUNDO, ¿RESPONDEN?

Los 50 argentinos más ricos, según Forbes, acumulan 70.000 mil millones de dólares para ellos solos. Es interesante preguntarse cómo pueden tener estas fortunas en un país con tanta pobreza. La mayoría de sus fortunas crecieron a costa de recursos humanos y naturales argentinos. Ellos sí tienen nombre y apellido, porque sus fortunas les dan ese privilegio. Por eso, he aquí el listado publicado en 2018:

Paolo Rocca y familia – US$ 9.700 millones Alejandro Pedro Bulgheroni y familia – US$ 7.300 millones Gregorio Pérez Companc y familia – US$ 3.900 millones Jorge Pérez – US$ 3.000 millones Eduardo Eurnekian – US$ 2.700 millones Familia Werthein – US$ 2.300 millones Edith Rodríguez – US$ 2.000 millones Alberto Roemmers – US$ 1.800 millones Hugo Sigman y Silvia Gold – US$ 1.600 millones Marcos Galperín – US$ 1.600 millones (amigo de Macri) Javier Madanes Quintanilla – US$ 1.600 millones Jorge Horacio Brito – US$ 1.500 millones Federico Braun y familia – US$ 1.300 millones (Familia de Marcos Peña Braun- Jefe de Gabinete de Macri) Familia Urquía – US$ 1.200 millones Enrique Eskenazi y familia – US$ 1.300 millones Delfín Jorge Ezequiel Carballo – US$ 1.200 millones Eduardo Costantini – US$ 1.200 millones Julio Patricio Supervielle – uS$ 1.100 millones Alfredo Coto y familia – uS$ 1.100 millones Felipe y Marcela Noble Herrera – US$ 1.000 millones (Grupo Clarin) Héctor Horacio Magnetto – US$ 1.000 millones (Grupo Clarin) Lilia Neumann de Sielecki – US$ 1.000 millones Familia Götz – US$ 1.000 millones Claudio Fernando Belocopitt – US$ 1.000 millones

¿Les importa a estos 50 millonarios argentinos y argentinas la suerte de los 17 millones de pobres que tiene su país? ¿Por qué legalmente pueden existir fortunas de esta magnitud en un país donde el 32% de su población es pobre?

Luis Alejandro Pagani y familia – US$ 950 millones Wood Staton – US$ 900 millones Familia Ayerza – US$ 860 millones Héctor Pedro Poli y familia – US$ 850 millones Carlos Pedro Blaquier y familia – US$ 830 millones (Ledesma) Carlos Miguens Bemberg y familia – US$ 820 millones Alfredo Alberto Román – US$ 800 millones Juan Carlos y Sebastián Bagó – US$ 800 millones Rubén Cherñajovsky – US$ 780 millones Jorge y Ricardo Stuart Milne – US$ 760 millones Eduardo Escasany y familia – US$ 740 millones Julio Alfredo Fraomeni – US$ 730 millones Daniel y Pablo Lucci – US$ 680 millones Marcos Marcelo Mindlin – US$ 680 millones Alberto Reinaldo Pierri y familia – US$ 600 millones Franco Macri y familia – US$ 540 millones (La familia de Mauricio Macri) Antonio Ángel Tabanelli – US$ 510 millones Familia Born – US$ 510 millones Máximo Cavazzani – US$ 500 millones Nicolás Martín Caputo y familia – US$ 500 millones (mejor amigo de Mauricio Macri) Daniel y Omar Garbarino – US$ 500 millones Moisés Khafif – US$ 500 millones Amalia Amoedo Lafuente – US$ 480 millones Bárbara Bengolea Lafuente de Ferrari – US$ 480 millones Alejandro y Sofía Bengolea Peralta Ramos – US$ 480 millones

 

O JUREMOS CON ¿GLORIA? MORIR

La última noticia pone en contexto lo único que comparten realmente los 50 millonarios célebres y los 17 millones de pobres sin nombre y apellido: la tierra, nuestro planeta.

Según esta noticia de la BBC: “(Hay) Un millón de especies amenazadas: el preocupante informe de la ONU sobre el impacto del ser humano en el planeta. La destrucción de la naturaleza se está dando a una velocidad nunca antes vista y nuestra necesidad de más alimentos y energía la impulsa. Un millón de especies animales y vegetales están ahora en peligro deextinción”.

¿Quién creen es responsable de la destrucción de la naturaleza a esta escala? ¿Qué humanos tienen el poder para llevar a cabo este terrible daño? El ejemplo argentino solo es una muestra de qué pasa en todos los países del mundo. Cada país tiene sus 50 más ricos y la mayoría tiene sus millones de pobres sin nombre y sin esperanza. Evidentemente, a las personas más ricas de la humanidad no les importa que deban morir los millones de pobres, ni los millones de animales, insectos y plantas a punto de extinguirse. ¿Para qué les van a servir sus millones cuando no haya más tierra? ¿Hasta cuándo los más ricos del mundo van a seguir adelante a costa de millones de muertes humanas, animales y vegetales para ganar dinero?

¿Cuándo podremos dar este debate en Argentina? ¿Qué político se anima a encontrar para este siglo XXI un proyecto diferente? ¿Cómo nos organizamos como sociedad ante este desastre mundial? Frente a la ausencia de espacios con respuestas claras a estos temas, queda pensar que estamos destinados, por ahora, a una clara ausencia de futuro.

Links a las noticias de referencia:

https://www.infobae.com/economia/2019/03/28/segun-el-indec-la-pobreza-alcanzo-el-32-en-2018/
https://www.lavoz.com.ar/politica/argentina-emitio-deuda-por-us-187000-millones-en-tres-anos-mitad-se-fugo http://www.forbesargentina.com/50-argentinos-mas-ricos/
http://www.forbesargentina.com/50-argentinos-mas-ricos/
https://www.bbc.com/mundo/noticias-48176068

 




PALABRAS DE GUERRA

Ausencias: sobre el papel de los medios en los genocidios.
Por Alicia Lapidus

 

“Los actores políticos usan los medios para ajustarlos a sus fines.”
Jugen Wilke
“La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre converger sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.”
Joseph Goebbels

 

¿Qué tienen en común la Alemania nazi y Ruanda? Por supuesto, singularidades aparte, sus respectivos genocidios. Sin embargo, hay otra cosa que han compartido: el uso de los medios de comunicación para estimular y “justificar” la matanza.

 

DE LA MENTIRA, VERDAD

La historia del Holocausto (la Shoa) es más conocida. Muchos hemos oído hablar de Goebbels y de sus frases. La más famosa es “miente, miente, que algo quedará”. Sin embargo, hay otras tanto o más fuertes: “Individualizar al adversario en un único enemigo” o “Más vale una mentira que no pueda ser desmentida, que una verdad inverosímil”.

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Sus consejos, por su parte, relumbran oscuramente de actualidad:

  • “Una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad”
  • “Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque”
  • “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”
  • “Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines”

La palabra envenenada es dirigida en forma explícita a un pueblo al que, de antemano, se ha regado, gota a gota, con prejuicios. El sentido común de una sociedad se moldea con la arcilla de los medios de comunicación y sus modelos. Por ejemplo, ¿por qué en algunos países latinoamericanos ser rubio forma parte del paradigma de belleza? O: ¿qué tienen los ojos claros de más lindos? Casi desde que nacemos somos bombardeados de “sentido común”: lo blanco es pureza. Lo negro, suciedad. Somos clase media, o alta o baja en una estratificación que nos hace discriminar y ser discriminados. Sobre esa base, los conceptos de Goebbels mantienen su actualidad. Porque el mundo no cambió tanto, a pesar de Internet y otras modernidades.

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ESPEJITO, ESPEJITO, HABLEMOS DE RUANDA

“Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.” Joseph Goebbels

¿Puede matar el periodismo? ¿Puede la libertad de expresión degenerar en genocidio?

En 2002 un juicio en Arusha, una ciudad de Tanzania, lejos de la atención del mundo, ha puesto sobre la mesa este asunto. Según los fiscales pertenecientes al Tribunal sobre Crímenes contra la Humanidad en Ruanda (ONU), la respuesta a ambas preguntas es sí. Los tres hombres que se sentaron en el banquillo, antiguos ejecutivos de medios de comunicación, estaban acusados de incitación y ejecución de genocidio por su uso de la radio y de la prensa, durante la matanza de más de 800.000 personas, en 1994, en Ruanda. Fueron condenados a cadena perpetua.

Cráneos de víctimas de la masRWANDA-TEN YEARS-GENOCIDE-NYAMATA-GUARDIANSacre de Ntarama, en Nyamata, donde fueron asesinados 50.000 miembros de la etnia tutsi. GIANLUIGI GUERCIA-AFP

 

 

Hace poco volvió a ver la luz “Los medios y el genocidio”, publicado por el Centro Internacional de Investigación y Desarrollo de Canadá en 2007, editado por Allan Thompson. Allí se recuerdan palabras de Kofi Annan, ex secretario general de la ONU, “los medios de comunicación fueron usados en Ruanda para diseminar odio, para deshumanizar a la gente y, más aún, para guiar a los genocidas hacia sus víctimas”. Esa declaración nunca apareció en los medios masivos.

Refiriéndose al caso Ruanda, el editor dijo: “periodistas, locutores y ejecutivos –los medios del odio en este país- jugaron un rol instrumental en el establecimiento de las bases para el genocidio y luego participaron activamente en la campaña de exterminio”.

En el juicio sostuvo que “el propósito de revisar el rol de los medios en el genocidio de Ruanda no es solo para recordar. Aún tenemos mucho que aprender sobre este particular y examinar la manera en que periodistas y empresas de medios se condujeron durante la tragedia y esto no es sólo un ejercicio histórico. Tristemente, da la impresión de que no hemos discernido ni entendido completamente las lecciones de Ruanda”.

 

¿DÓNDE EMPIEZA LA CULPA?

“Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.” Joseph Goebbels

Este pequeño país tenía siete millones de habitantes. Al cabo de cien días, tendría seis y un 75% de la etnia tutsi exterminada. En la guerra no se podía confiar en nadie. Los sacerdotes parecían militares. Las iglesias, cementerios. Los civiles, asesinos. Y los vivos, muertos.

Para encontrar los orígenes del conflicto, hay que remitirse a la época en la que Ruanda era una colonia. Primero, de Alemania, que tomó control del país en 1894 y, luego de Bélgica, en 1916. En ese momento la distinción entre las etnias hutus y tutsis, que convivían pacíficamente a pesar de sus diferencias, se convirtió en un factor racial: debido a sus fisonomías y a su contextura, los tutsi fueron considerados “más cercanos a los europeos”. Por tanto, eran la etnia privilegiada. La influencia de Occidente a través de la introducción artificial, por parte de Bélgica, de un carnet étnico en 1934, otorgaba a los tutsis mayor nivel social y mejores puestos en la administración colonial. Esto acabó por institucionalizar definitivamente las diferencias sociales.

En 1961, Ruanda se independizó. Luego de un referéndum, se terminó la monarquía tutsi y el estado se convirtió en republicano. La semilla de odio ya se había sembrado y había sido regada a conciencia por occidente. Sin embargo, el desencadenante del genocidio llegó recién el 6 de abril de 1994, cuando el avión donde viajaba el presidente Habyarimana junto con el presidente de Burundi fue derribado. Ambos mandatarios murieron.

El mismo día, los medios de comunicación locales atribuyeron el crimen a los tutsis y, en esa noche, comenzaron los asesinatos de miles de familias. Escuadrones de la muerte lanzaban granadas, incluso, en los refugios. Los ataques eran altamente patrocinados y difundidos a través de la radio, un vehículo para propagar el odio contra los tutsis y para justificar la masacre. A través de los medios se hacía un llamado a los hutus para unirse al ‘interahamwe’ –“los que atacan como uno solo”-, un grupo de hutus radicales que se unían para buscar a los tutsi, pedirles su identificación y asesinarlos.

Una niña que huye de Kigali, la capital ruandesa devastada por la guerra, el 27 de mayo de 1994. Alexander Joe - AFPFoto Alexander Joe – AFP

Una de las herramientas propagandísticas para llegar a ese resultado fue la acusación en espejo: atribuirle al otro sus propias ambiciones. Así se pretendió que los tutsis querían exterminar los hutus.

 

RADIO ODIO

La emisora, conocida como Radio Odio, fue una pieza clave del extremismo hutu. Cuando empezaron las matanzas, sus mensajes no podían ser más explícitos: “Las tumbas no están todavía llenas”.

Esto venía desde hacía unos años. Los Rdio Ruandamedios empezaron a ser una plataforma de furor racista. Ya no sólo decidían qué se iba a decir, sino que mentían con descaro. ¿Qué ganaron? Convertirse en observadores y verdugos de lo inminente: la violencia organizada.

Para protestar, los trabajadores de Radio Ruanda entraron en huelga. Es ahí cuando Ferdinand Nahimana, su director, decidió crear una radio independiente, “La Radio Télévision Libre des Mille Collines” (RTLM).

RTLM, en un principio, no daba noticias, se encargaba básicamente de hacer chistes y de poner música. Su modernismo la hizo popular porque se habían salido de lo formal de otras radios. Después del asesinato del presidente, la programación de RTLM cambió. Entonces, se dedicó a incitar el odio a los tutsis. El día que el avión cayó, la RTLM fue la primera en culpar a los tutsis. Ahí se desató la lucha, la RTLM transmitía las 24 horas del día. Se convirtió en un medio constante de denuncias a miembros y personas potencialmente peligrosas para el gobierno: cómplices tutsis o traidores. También acusaban a los líderes de sociedades civiles, a periodistas que reportaban lo que sucedía o a activistas de derechos humanos.

Por su parte, muchos medios independientes empezaron a darse cuenta del abuso, pero sacarlo a la luz significaba volverse blanco de la “nueva estación de radio” y quien fuera denunciado por ellos corría el riesgo de ser atacado.

Aquellos describían a los tutsis como “Diablos que no pueden controlar su impulso a matar”. Además de incitar al genocidio, la RTLM ayudaba a matar. La radio guiaba a los grupos paramilitares para encontrar gente que, supuestamente, debía ser eliminada. Por ejemplo, daban direcciones y números de placas de personas que trataban de esconderse o de escapar.

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En el frente internacional, una venda cayó en los ojos frente a los sucesos de Ruanda. La palabra “genocidio”, según la ONU, es definida como cualquier acto que busca destruir una nación, religión o etnia. Durante los 100 días que duró el genocidio, pocos se refirieron a éste como tal. Por ejemplo, Estados Unidos denominó a la masacre como “guerra civil”. Por su parte, las Naciones Unidas y Bélgica retiraron sus tropas de Ruanda, después que 10 soldados belgas fueron asesinados. Ruanda tenía un interés estratégico muy limitado para las potencias del mundo en 1994. Era un país en medio de África, sin recursos naturales. Los actores internacionales no sabían dónde estaba y creían que no importaba. Si en la comunidad internacional se pronunciaba la palabra “genocidio”, era obligación humanitaria de las naciones intervenir. Pero los muertos no tienen voz, no gritan por ayuda. Y, si no son nuestros, a nadie importan.

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PASCAL GUYOT AFP                                            Reuters Files Photos

 

EN SUS PROPIAS PALABRAS

El genocidio de Ruanda fue breve y efectivo.

Muertes, en medio de una masacre instigada por el odio y la diferenciación del otro. Además, de los asesinados, el saldo incluyó dos millones de refugiados, según los datos oficiales. El 85% de la población hutu agredió, torturó y aniquiló de manera sistemática al otro 15% tutsi. La ONU estima que, durante el genocidio, unas 250.000 mujeres fueron violadas. Pero la cifra podría ser mayor. Del conflicto en Ruanda, no existen números exactos, solo víctimas y el estigma de los hijos que nacieron de las violaciones, o “los hijos de los asesinos” como los llaman. Los hutus tomaban a las mujeres, las violaban. Pero, a la mayoría, las asesinaban sin piedad.

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Una pila de machetes y hachas confiscadas a las milicias hutus, el 16 de julio de 1994 en la ciudad fronteriza de Goma, en Republica Democrática del Congo. Pascal Guyot - AFPUna pila de machetes y hachas confiscadas a las milicias hutus, el 16 de julio de 1994, en la ciudad fronteriza de Goma, en República Democrática del Congo. Pascal Guyot – AFP

 

Las escenas de violaciones consistían en que les introducían palos y botellas rotas, les cortaban los pechos. Esas escenas, para mí, con mi cultura, me parecían lo peor que se puede imaginar. Aun muertas, veías en los ojos de ellas el horror y el sufrimiento, la indignidad que habían padecido. Muchas veces mataban a los niños delante de sus padres, les cortaban las extremidades y los órganos genitales y los dejaban desangrarse. Luego, también mataban a los padres. Había gente que pagaba para que les pegaran un tiro en vez de ser matados con machete. «Pagar por cómo morir…».” En una entrevista concedida por el general Romeo Dallaire (ex Comandante de las Fuerzas de UNAMIR –ONU- en Ruanda), relata hechos que lo han mantenido bajo tratamiento psiquiátrico durante varios años.

El periodismo, entonces, sin dudas, puede matar. Los encendidos discursos de odio, las mentiras convertidas en verdades y la discriminación en certeza vuelven al periodismo tan o más peligroso que un ejército.

 

VAYAMOS A LO NUESTRO

Ya casi no quedan argentinos que no piensen que el Proceso de Reorganización Nacional, que padecimos desde el 24 de marzo de 1976 al 10 de diciembre de 1983, se caracterizó por el terrorismo de Estado, la constante violación de los derechos humanos, la desaparición y muerte de miles de personas, la apropiación sistemática de recién nacidos y otros crímenes de lesa humanidad.

Niños desaparecidos

Entre los documentos militares se encontraba la Directiva del Consejo de Defensa N° 1/75 que, entre los objetivos, planteaba la necesidad de “(…) incrementar el apoyo de la población a las propias operaciones; orientar la opinión pública nacional e internacional, a fin de que tome consciencia que la subversión es un ‘enemigo indigno de esta patria’, identificar a los integrantes de los propios medios en los propósitos de la lucha contra la subversión”. En esta línea, el Plan de Capacidades de la Armada Argentina (PLACINTARA) afirmaba: “La difusión de los hechos, según convenga a cada circunstancia, será efectuada por los Comandantes de las Fuerzas de Tareas (FFTT) y responderá a la planificación de las operaciones psicológicas de apoyo. (…) De acuerdo con la repercusión sobre la opinión pública, los Comandantes de FFTT propondrán las comunicaciones a efectuar por el Comando de Operaciones Navales y por el Comando en Jefe de la Armada”.

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El diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca fue explícito al determinar el enemigo interno a exterminar: “salvando cualquier duda, el aparato subversivo en todas sus facetas; el ‘sacerdocio’ tercermundista que, desesperanzado de alcanzar el cielo, intenta transformar la tierra en un infierno bolchevique; la corrupción sindical, que lejos de considerar al trabajo ‘orgullo de la estirpe’, le ha rebajado, convirtiéndolo en vil chantaje y holganza; los partidos políticos, nacidos, según sus encendidas mentiras, para servir el bien común, pero, desde sus orígenes, sólo interesados en subordinarlo a mezquinos intereses del comité; enemiga es la usura de la ‘derecha’ económica y también la contracultura izquierdizante (…) Al enemigo es menester destruirlo allí donde se encuentre”, sostuvo en la portada de ese día. En ese período, también acompañó sus artículos con recuadros donde se llamaba a los vecinos de Bahía Blanca a denunciar cualquier “actitud sospechosa”. Por ejemplo, debajo del editorial del 29 de junio de 1976, se publicó un pedido expreso del Comando del V° Cuerpo del Ejército, que solicitaba la denuncia de los ciudadanos “ante cualquier actitud, hecho o persona sospechosa, actividad anormal o injustificada”.

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HOY Y SIEMPRE

No estamos en guerra, sin embargo, los medios se comportan como si lo estuviéramos. Basta recordar las palabras de Julio Blanck, periodista y analista político del grupo Clarín: “Hicimos periodismo de guerra”, dijo refiriéndose a las publicaciones del medio durante el último gobierno de Cristina Kirchner.

Los medios construyen subjetividad. Nos encasillan, nos dividen, nos bombardean. Inculcan un fuerte odio dentro de la sociedad, generan pasiones tristes, donde debería haber información.

La palabra tiene múltiples poderes. Puede sanar, puede acariciar, puede cobijar. Pero también puede discriminar, despreciar, ensuciar o usarse como un arma letal contra todos nosotros. Comprender esto es la llave para abrir la puerta a un periodismo verdadero.

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R CON R, A RODAR CON RESILIENCIA

Ausencias: Sobre “Dolor y Gloria”, de Pedro Almodóvar.

Por Pablo Arahuete

AZUL PROFUNDO

Dolor y gloria
Dolor y gloria

Sumergido, detrás del azul. El cuerpo en suspensión. El afuera, apenas un murmullo. Él, dentro del agua limpia que te limpia los dolores de cabeza y espalda. Silencio es lo que se escucha en un set de filmación cuando la rueda rueda, cuando rodar no es desplazarse en círculos, sino crear movimiento desde la quietud. El pensar corroe a veces y, otras, limpia que te limpia tanta tristeza sumergida, que no hay espacio al resuello. El cuerpo se pone cuerpo y el tiempo se cristaliza en la vejez de los órganos y en la cabeza de la espalda. Según la anatomía ortodoxa de la mirada de libro, pueden ser hombros. Pero, para la textura del padecimiento, el dolor no tiene cuerpo. Y, claro, la ausencia del cuerpo no es solamente la no presencia del deseo.

¡Aire!, eso falta, vitalidad aérea para salir a flote, volar desde la base y que la altura se vuelva alcanzable, posible, necesaria, purificadora. Limpia que te limpia, lava que te lava, no hay tiempo en el caprichoso estado de la memoria, no hay necesidad de más agujas que aquellas que sostienen la armazón de la maqueta, desplomada en el set de la imaginación.

Corte, el imaginario y el del cuerpo, silencio, algo surge en la duermevela que acompaña a ese cineasta dolido a rodar para vivir. Se llama Salvador, como el de bigotes raros que pintaba o dibujaba o inventaba. No busca salvación, tampoco viene para salvar a nadie. Salvador vive cuando no piensa, Salvador necesita llegar sin saber de dónde partir.

azul profundo dolor y gloria anartistaLa pantalla blanca es como una hoja cada vez más blanca, Salvador es Pedro y no es Pedro, es un personaje que se hace persona al doler y es una persona que deviene personaje, cuando la gloria le gana. Por su parte, la gloria no es una mujer, pero tiene ese cuerpo femenino, pujante, porque la gloria también es la madre y el dolor, el padre de todos. La gloria es la lava que lava y la lava que te lava. Incandescente, como la luz en el reflector del alma, sobre el set donde la palabra silencio ya no es ausencia de deseo. Silencio es acción que corta y vuelve, que limpia pero no cura. Hay curas que no curan y, en una mala educación, que tampoco educa, se disipa la aventura del autodidacta. Uno que, como Salvador, conoció el mundo por sus viajes de gloria, por esas películas que lo hicieron creer en el amor y también conocer el desamor. A pesar del dolor, el cine no traiciona, aunque muestra que no siempre el “continuará” implica seguir. Continuará si el ritmo genera la lava que limpia o que se vuelve roja y amarilla y quema en su rojo pasión y en su rojo sin tacones: Rojo de la ira, de la lava que a veces es lava cuando el aire se escapa, abraza la baba, que asfixia, que atraganta. Rojo todo rojo, la sangre, la fuerza, el corazón.

ROJO PASIÓN

Salvador Dalí - Reloj blando en el momento de su primera explosión (1954)
Salvador Dalí – Reloj blando en el momento de su primera explosión (1954)

En las películas de Pedro Almodóvar, los colores siempre juegan un efecto emocional, no desde la imagen en sí, sino en la manera de aparecer como atmósfera de los personajes. No por nada, en los créditos del comienzo de su última película, “Dolor y Gloria”, el director manchego elige la irrupción de colores en movimiento, como si se tratara de un fractal. El fractal no es importante por el movimiento, sino por el orden, que no se aprecia en el movimiento de los colores. Ellos se mezclan y pueden generar alguna figura que se repite. Porque el cine, en un rodaje, es el arte de la repetición de una representación. Repetir una situación hasta llegar a la verdad escénica es el sueño de todo cineasta devenido director. Y la verdad escénica es la nulidad de la representación. Así, como en el teatro, donde la representación se diluye en la ruptura de la expectación de la mirada. La mirada del otro es el complemento y es el cuerpo que no se ve. Como un cuadro, donde las manchas de colores a la distancia dejan de serlo. De allí, el primer recuerdo de Salvador y de Pedro: su madre, con otras mujeres, lavan las sábanas blancas a orillas del río. Recuerdo que se vuelve el reverso del reflejo de una representación, al llegar la música del canto y la escena recordada, casi pintada por los ojos del niño que se hizo grande, mientras miraba cine y pensaba en qué quería convertirse de adulto. Volvemos, sin elipsis y sin fundidos, a la duermevela del ensueño del creador y al vértigo del caos que desordena la mirada. Sin repetir y sin soplar, se dice que una imagen o escena respira, cuando fluye a la par de un relato. Y, si fluye a la par, le escapa a la cárcel de la mirada que etiqueta en un género único para degenerarse y así recrearse en cada imagen yuxtapuesta. Esto mismo, en teatro, no se puede recrear en el instante de la representación. Pero estamos en el cine.

Dolor y gloria
Dolor y gloria

E intenso es el rojo que predomina en la mitad de esta película de viaje con doble destino. Intensa es la nostalgia por aquello que pasó y no vuelve, como el amor, el de los hombres, el de los cuerpos, el de aquel cine que busca pantallas del pasado para volver a tener cuerpo, frente a la degeneración de las nuevas maneras de verlo; frente a las nuevas tertulias, que descreen del diálogo del silencio en una sala oscura.

BLANCO, CADA VEZ…

colores dolor y gloria anartistaLo oscuro se reconoce contra el blanco, por contraste. Desde el espacio y la distancia en una sala, la pantalla se proyecta en la imagen y la imagen se alimenta de la oscuridad, para luego expandirse. Es la hoja en blanco que se llena de historias posibles, es la angustia de buscar para contar y de contar para crear. Si hay ausencia del deseo, hay un cuento añejo, con final anunciado y no existe “continuará”. Si sólo es el silencio, si el blanco es la ausencia del color, no queda mucho más que soñar la gloria y encontrar en el dolor el color del deseo. Almodóvar, desde su autoficción- con Antonio Banderas en su jugarreta de actor que sabe jugar como un niño-, proclama: ¡a la vejez y el deterioro, viruela! Y lo dice en forma de canto, que no es otra cosa que un guiño a la comedia. Esta degenera al melodrama clásico y solemne de la tristeza, algo propio de ese cine del festival del dolor. En el doble viaje, claro: deben aparecer el del amor y el desamor.

¿CONTINUARÁ?

AMOR Y DESAMOR A COLORES

El cine no traiciona. El cuerpo, muchas veces, sí. El cine no envejece, aunque tampoco es inmortal. El cuerpo se deteriora y se vuelve a deteriorar en esa brutal honestidad del paso del tiempo. En el cine se pasa el tiempo y, si el tiempo pasa, continúa en las pantallas del recuerdo, de la memoria, de la imaginación, de la nostalgia, de la melancolía, de la alegría, de la tristeza, de la pereza y de la inercia.

Pantalla sobre pantalla, en el reflejo del tiempo que pasa -que “te” pasa-, mientras Pedro rueda que te rueda y mamá gloria -que no es gloria con mayúscula ni un cuaderno con hojas en blanco- lava que te lava.

blanco da vez dolor y gloria anartista




QUÉ ONDA, TÍO

Ausencias: sobre la falta de criterios.

Por: Milena Penstop

 

¿ Y LO DE ROUSSEAU ERA JODITA?

Giussseppe Colarusso
Giussseppe Colarusso

En las escuelas, como todos sabemos, se debería seguir un criterio en el modo de dar clases. Según me cuentan amigues que van a otras secundarias, este criterio varía muy poco entre los profesores y entre diferentes instituciones.

Aun así, es lógico -es de esperar- que, para llevar a cabo eso que se llama “enseñanza”, exista cierto acuerdo con los alumnos. Digamos, una especie de contrato social donde, nosotros -los alumnos- nos demos cuenta de que, al cumplir con determinados pasos, de verdad, aprendemos. Claro que esto solo ocurriría en escuelas coherentes, si es que semejantes lugares existen. De ningún modo es lo que sucede en la mía, un espacio muy querido, pero complejo de habitar: un día te dicen que hay clases normales toda la semana y al otro se corta la luz durante quince minutos y no tenemos clase hasta navidad. Pero, para ser más específicos con respecto a la falta de criterios, vamos a hablar de los profesores.

 

LA LEYENDA CONTINÚA

Greguieras - Poesía visual
Greguieras – Poesía visual

A mi profesor de historia siempre le tuvieron miedo. Ya es como una leyenda, una que te cuentan los alumnos de años superiores para advertirte, pero que todos creemos es una simple broma para asustarnos. Pues, no. No es ninguna bromita. Recuerdo mi primer día de clases con él. Era un martes trece, un día bastante coherente, hasta que él hizo su entrada. Quienes nos habíamos quedado en el aula durante el recreo, por pura casualidad, nos quedamos mudos. Apenas terminaron de volver todos, apenas sonó el timbre que anunciaba el final del descanso, el hombre empezó a gritar, quejándose de la impuntualidad. Estábamos todos tensos… y así seguimos, durante todo el año y en casi todas sus clases. De tanto en tanto, el hombre condimentaba la tensión con algún chiste que nos causaba risa. Un poco de risa, no mucha risa, ya que estábamos siempre alertas a qué le podía molestar. Cómo explicarlo, tenemos la risa dosificada.

 

EL ETERNO COF, COF

Giusseppe Colarusso
Giusseppe Colarusso

En cuanto al método de enseñanza, no hizo falta demasiado tiempo para que muchos lo empezaran a odiar. A otros, no les importó demasiado. Entre ellos, a mí. Y, una minoría, cof cof, los chupamedias, cof cof, lo empezó a amar.

A ver. La cuestión, para empezar, no va directo a los contenidos. El hombre es muy estricto con el uso del celular, exige absoluta atención cuando explicaba un tema. Hasta acá, es comprensible.

Ahora sí vamos a los contenidos. Nos sirva o no, debemos tomar nota. Manda mucho para estudiar para un examen. Del libro hay que hablar de “capítulos”. Y, a eso, sumarle fotocopias, habitualmente escritas en chino y, últimamente, no traducidas en horario escolar. A pesar de todo eso, el primer año que lo tuve, aprobé, aprendí. Incluso llegué a pensar que no era tan malo después de todo.

 

NO-SOCIALES

Pero este año mi perspectiva empieza a cambiar un poco. Empezamos bien, nos explicó las normas a seguir en su clase otra vez. Estamos en tercer año y se supone que hemos elegido la orientación “sociales”. No quiero hacer comentarios sobre la reforma del nuevo secundario, porque, en eso, el profesor no tiene nada que ver. De hecho, es opositor. Sólo decir, que yo elegí sociales y tengo dos horas de historia y cuatro de físico-química. El lector sacará sus conclusiones.

Pero el punto es que, comprendo la necesidad de volver a explicarnos cómo son sus clases, porque no todos mis actuales compañeros lo tuvieron en años anteriores.

Y acá viene el asunto. Luego de un par de clases, el profesor empezó a tener actitudes un tanto exageradas e incluso violentas. La suma de estas actitudes hizo que se ganara, rápidamente, una imagen mucho peor de la que ya tenía.

 

QUÉ BOLONQUI

Bet Hatton - Poesía visual
Bet Hatton – Poesía visual

La gota que rebalsó el vaso fue cuando nos avisó que la segunda prueba del trimestre iba a ser de a dos, con las parejas armadas por él, aunque dejó a una compañera sola, por haberse sacado la peor nota en la primera prueba. Como curso, nos pareció injusto que ella no tuviera la oportunidad de hacer el examen en las mismas condiciones que nosotros y hablamos con el profesor para que lo cambiara. Él se negó y amenazó con hacerla individual para todos, si seguíamos insistiendo.

Al día siguiente, se volvió a plantear el problema en el curso y con el profesor quien, muy enojado, entró al aula gritándonos y declarando que el examen iba a ser individual. Ante esto, varios compañeros y compañeras se pusieron mal hasta el punto de llorar y tuvimos que ir a hablar con la vicerrectora. Nos pareció una falta de respeto hacia todos que nos tratara así. Y también una falta de criterio que dejara sola a una compañera y sin explicar muy bien por qué.

Quiero decir, ¿por qué es tan estricto con que cuidemos el respeto hacia él, al no usar el celular y no actúa de la misma manera hacia nosotros?

Al final, logramos que el examen se haga de a dos. Y, obviamente, muchos tuvieron notas bastante bajas. En algunos casos, será por falta de estudio. Otros es evidente que merecían tener una nota más alta, incluso, si no llegaban a aprobar.

 

EL TÍO ANTONIO

Una de las preguntas que me tocó, decía: “Relacionar con los temas estudiados estos nombres”… Uno de esos nombres era “Antonio”. Antonio era el tío de Fernando VII, que hizo una junta en España, ni bien se lo llevaron en cana al rey. Ahora, ponele que vos sabías que las juntas empezaron en Europa y después se copiaron acá, pero no recordabas el nombre del tío, ¿es criterio para evaluar si sabíamos o no? Pará un poco, una ausencia total de criterio. Cof, cof. Muy bien, profesor. Pero nunca seré chupamedias.

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OTRAS VOCES

Ausencias: sobre “The Doors”, en la Argentina.
Por Néstor Grossi

 

“Mi amor salvaje se fue a cabalgar,
cabalgó todo el día, cabalgó hasta el diablo,
y le pidió que le pagara.”
Jim Morrison

 

EPÍLOGO

En todas mis notas rockeras en las virtuales páginas de esta revista, decreto la muerte del rock en diciembre del año 2004, cuando “La Renga” estalló en Huracán, veintiséis días antes de la tragedia de Cromañón y a dos meses de la muerte de Pappo. De a poco, Buenos Aires se convirtió en una puta sin maquillaje, de duelo y rehabilitada, sin alcohol en los kioscos ni ceniceros en los bares. Una puta que no hacía más que gritarnos en la cara la muerte de toda una generación, que nos obligaba a cavar nuestras tumbas, mientras nos apuntaba en la cara y nos regalaba un último deseo, antes de encarcelarnos, para siempre, en una ciudad vacía, en una mierda de copia pirata.

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JINETES EN LA TORMENTA

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Después de aquel último show del 12 de diciembre de 1970, en un localcito de Nueva Orleans, Los Doors pactaron dejar de tocar hasta terminar las grabaciones de “L.A. Woman”. El estado mental de Morrison era incontrolable. Podía orinar al público o caer desmayado en medio del show, mientras la banda seguía improvisando, hasta que Jim volvía de entre los muertos. Ya no era un sex simbol, ni un chamán. Era un poeta y estaba harto de todos y del rocanroll. En enero del 71, finalizada la grabación del que sería su disco más blusero, Morrison desapareció y se ocultó en París para dedicarse por completo a su escritura.

Mientras tanto, los Doors decidieron seguir como trío y comenzaron con la grabación de un disco. “L.A. Woman” no tendría gira, Morrison murió tres meses después de que el disco saliera al mercado. En octubre de ese año, Ray Manzarek, Robby Krieger y John Desmore sacaron a la luz “Other Voices”, que seguía en la sintonía blusero rockera del disco anterior. En 1972, grabaron el último disco como banda, “Full Circle” y salieron de gira con Manzarek y Krieger en las voces. Al año siguiente, dejarían de existir. En 1978, los Doors vuelven a juntarse en un estudio para ponerle música a unos poemas que Jim había grabado a finales de 1970. El disco sale a la venta en 1979 bajo en nombre de “American Prayer” y es recibido con éxito, a diferencia de los otros dos discos post-mortem del Rey Lagarto. Ese mismo año, Francis Ford Coppola estrena “Apocalyse Now”, con “The End”, en el soundtrack de la película.

 

Si hay una banda que peleó por sobrevivir sin su voz, esa fue “The Doors”.20190620_203547 Morrison resultó irremplazable. Se dice que tenían los ojos puestos en Iggy Pop (y mal no hubiese estado), pero no pudo ser.

Con la aparición de MTV, en 1981, empezaron a pasarse videos de los Doors. Llegaron los 90 y de nuevo el cine mantendría viva a la banda: Oliver Stone, estrenó “The Doors” y generó una nueva ola de fanáticos y la re-edición de varios discos con piezas perdidas de la banda.

En el año 2002, Ray Manzarek​ y Robby Krieger se reunieron y crearon una nueva versión de “The Doors”, llamada “The Doors of the 21st Century”. La nueva formación contaba con Ian Astbury, como vocalista, y Angelo Barbera, de la banda de Krieger, en el bajo. En su primer concierto dieron a conocer que el baterista John Densmore no iba a tocar porque sufría de una enfermedad auditiva. Entonces, fue reemplazado por Stewart Copeland, antes miembro de “The Police”. Pero Stewart se rompió el brazo en una caída de su bicicleta. Entonces, llegó el turno de Ty Dennis, el baterista de la banda de Krieger.the_doors

John Densmore reclamó que él nunca fue invitado a tomar parte de la nueva reunión del grupo. En febrero de 2003, emitió una orden legal para evitar que sus ex-compañeros se autodenominaran “The Doors of the 21st Century”. Tanto el baterista original, como la familia de Morrison hicieron lo imposible para que no usaran el nombre “The Doors”. En julio de 2005, la banda se re-bautizó “D21C” y, más tarde, “Riders on the Storm”.

 

LA CELEBRACIÓN DEL LAGARTO

Había escuchado la noticia en la radio. Pero, hasta no ver el afiche sobre avenida Rivadavia, no reaccioné. Ya no me importaban los recitales en estadios, prefería lugares chicos y bandas desconocidas, aunque los Doors en Vélez eran un lujo. Y, encima, con Ian Ausbury en voz. Tenía que ir. doors_21De las dos bandas que me había perdido en los 90, una era The Cult. Y ver a Ausbury junto a las teclas de Manzarek y la SG de Robby Krieger era algo que no podía perderme, no me lo perdonaría jamás. A menos de treinta cuadras de mi casa, Los Doors tocarían por primera vez en la Argentina, en el estadio José Amalfitani.

 

Desde que la Rock and Pop había perdido el monopolio del mercado, la organización de los conciertos era un caos. La productora que trajo a la banda dividió el campo dos. El escenario se armó frente a una de las plateas hacia la avenida Juan B. Justo. Los precios de las entradas iban de los 30 pesos a 200. Con el costo del VIP, podías llevarte una sillita de mierda que en el respaldo decía “The Doors” y alguna gilada más. Odiaba la idea de un campo vallado, pero así de chotos se habían vuelto los conciertos internacionales. Compré dos plateas bajas y fui con mi compañera.

El plan era llegar tarde, hacer el mínimo de cola, o entrar de una, pero nos encontramos con otra situación. Lo primero que me llamó la atención fueron dos colas que llegaban, de diferentes direcciones, hacia las plateas: a algún genio de esa productora se le ocurrió que los de uno de los campos podrían entrar por la misma puerta.MV5BZjU1OGJiY2QtYTNjMy00OTI3LTkwNDMtODFhMjQ2NGNkOTY1XkEyXkFqcGdeQXVyNDQzNTQwMTY@._V1_

El show estaba anunciado a las 22 hs, eran y media, y afuera todavía quedaban dos colas de más de cien metros. Todos impacientes y cagándose en la maldita organización, mientras sacaban cuentas de la hora en que saldría la banda.

 

Plan B, le dije a mi novia. La tomé de la mano y encaramos hacia la puerta, donde la escena comenzaba a calentarse. Nos metimos entre la gente: era un nudo de cuerpos que puteaba y empezaba a presionar, sólo tuvimos que dejarnos llevar hasta aparecer frente a los boleteros, quienes no daban abasto con los tickets. No habremos hecho ni diez pasos, cuando la música en off del estadio dejó de sonar. Hubo un segundo de silencio, las luces se apagaron y la gente estalló. Comenzó a sonar el tema de una película de terror de los setentas. A nuestras espaldas, la avalancha se llevó por adelante la entrada, apreté la mano de Claudia y nos pusimos a correr o la estampida nos llevaba. Metros antes de llegar al último control, alguien tropezó y los dos caímos al suelo. Rodamos, mientras esquivábamos la turba y no sé cómo logré ponerme de pie al segundo y levantar a la pendeja de un tirón.

La avalancha había llegado al último control. Al igual que en la entrada al estadio, los accesos al campo y a las plateas estaban casi pegados. Entonces comenzaron los golpes mientras, de fondo, todavía sonaba la música de terror. Las vallas cayeron. Los de platea baja empezaron a colar al campo, los del campo común, al campo VIP. Y todo el mundo empezó a cagarse trompadas por un lugar abajo hasta que, de golpe, las luces se apagaron:

— ¡From Los Angeles California —Liniers tembló— The Doors of twenty century first!— Y comenzó el riff en mi mayor del “Blues de la casa rodante”. Entonces, todo se convirtió en un verdadero descontrol. La gente ya no pasaba por el acceso al campo y había empezado a romper los alambrados. Seguridad no daba abasto, había combates en cada rincón del lugar, era una batalla hermosa con el sello de los noventas.

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En medio de ese pequeño apocalipsis, divisé un agujero por donde todos los de la platea baja comenzaban a meterse al campo. Apreté la mano de mi novia y de nuevo a correr. En el momento en que cruzamos el alambrado, se me vino uno de seguridad encima, solté a la pendeja y me le planté: tiré dos piñas y una patada que nunca le dieron a nadie ni a nada. El de seguridad se había puesto en guardia y avanzaba. En ese segundo, apareció de costado un vago que le encajó una patada en los riñones al botón mandándolo al suelo.

Claudia me tomó del brazo y, de un tirón, me arrastró hasta el agujero en el alambrado, mientras yo seguía puteando a todos los botones y a ella porque casi estábamos. Entonces vi cómo empezaban a aparecer más tipos de seguridad por todos lados.

Terminó el Blues, Ian Asbury agradeció en castellano y Manzarek largó las primeras notas de “Break on through”, al tiempo que Claudia y yo subíamos las escaleras de la platea y todo el estadio coreaba. Nos detuvimos en la quinta fila y encendí el primer pucho desde que habíamos llegado. Por primera vez, en cuarenta años, los Doors estaban en la Argentina. Y sonaban genial, Robby Krieger y Ray Manzarek tocaban mejor que a los veinte años. Y el tono, la voz de Ian Ausbury fue mucho más de lo que yo esperaba. Aunque, recién cuando terminó el tema y las luces del escenario se encendieron por completo, entendí lo enorme de lo que sucedía. Asbury estaba loco: se había ondulado y cortado el pelo, usaba una campera negra de cuero, lentes, botas y jean. Nos regalaba una fantasía que algunos estúpidos fundamentalistas no llegaron a comprender.

 

Ray Manzarek saludó a Buenos Aires, mientras soltaba los primeros acordes de “L.A. Woman” y el José Amalfitani se encendía por completo. “Una canción de mi casa, su casa”, dijo Manzarek en un castellano cuadrado. “Jim Morrison, Jim Morrison”, gritaba Ian Asbury en la cara de unos cuántos tarados.gettyimages-112427595-612x612

Armé el porro más grande que pude. Eran los Doors, pensé, mientras pasaba la lengua por la seda y la viola de Robbie Krieger largaba el riff de “Loves to time”.

Y, a medida que la banda soltaba un hit atrás de otro y los del campo común empezaban a saltar las vallas al VIP, la pendeja y yo nos pasábamos el faso:

— Así pasaba con los Redondos —, le dije a mi compañera. Éramos la puta ley.

No recuerdo en qué tema fue, sólo que estábamos en la parte psicodélica del show, cuando alcé la vista y, sobre el cielo de Liniers, la luna comenzaba, de a poco, a teñir de rojo una noche tan violenta como mágica, donde todos invocábamos a un mismo nahual (1).

No creo en la casualidades, pero el eclipse llego a su etapa final justo cuando sonaba “Moonlight drive”, el poema que Jim Morrison le había mostrado a Manzarek en una playa de California, cuarenta años atrás, el primero de todos los temas de la banda: el legendario tecladista señaló el cielo.

Abajo, ya no había campo VIP, solo una montaña de sillas que ardían. Y la gente no paraba de saltar y bailar bajo una enorme luna roja. Eran los noventas. La fiesta de un montón de salvajes que se despedía y daba paso a una nueva generación de rockeros bien educaditos y de dientes blancos, que morirían potros, sin galopar.

Después de un gran deseo, queda solo el final.

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PARA LOS AMIGOS AUSENTES

Aquel 27 de Octubre del año 2004, fue el último round de toda una raza. El polvo de despedida entre el rock y la anarquía, la muerte de una generación que comenzaba a marchitarse a la sombra de cuatro paredes. Fue la orgía que Morrison habría organizado.

Cuatro años más tarde, los Doors volverían con otro cantante y bajo el nombre de “Riders of the Storm”. Sin Ian Asbury, mi deuda estaba saldada.thedoorsenvelez2-1 Ni siquiera intenté ir, leí que habían llenado el Luna Park en un setenta por ciento por rockeritos de la nueva generación, que les festejaron todos y cada uno de los temas.

Al año siguiente, se anunció otro concierto. Esa vez, en el estadio “Malvinas Argentinas”. No recuerdo por qué se suspendió, pero sí el porqué de la suspensión del concierto que darían en el 2013, de nuevo en el Luna Park: a comienzos de ese año, Ray Manzarek, el fundador de la banda junto con Jim, moría de cáncer de hígado, a los 74 años. El Viejo tocó, casi, hasta su final.

Esta no es la historia de Jim Morrison y de los Doors, fue la historia de Ray Manzarek y Robby Krieger, dos tipos que intentaron sobrevivir a la sombra de la más grande de todas las ausencias en la historia del rock y que, a pesar del Rey Lagarto, lo lograron. Y lo hicieron la con dignidad de quienes saben adaptarse a los tiempos, pero no a los cambios.

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The Doors fue una de las muy pocas bandas que logró un sonido propio y original, el blues hecho psicodelia, con toda la violencia del rock y la poesía beatnik. Y Manzarek fue el gran responsable: al no tener un bajista, él tocaba las partes del bajo con su teclado, hacía las melodías principales; y además, fue a quién Jim indicó que sus poemas deberían ser canciones. Ray Manzarek fue el director de la orquesta que pusó música a dos generaciones que se ahogarían en sus sueños.

A comienzos de este año, Robby Krieger volvió a aparecer junto a una banda, para homenajear a los Doors, en un concierto que duró casi dos horas. Tiene 73 años y sus manos, 20. Junto a Keith Richards, son los últimos guitarristas de una época donde solo existían los presentes, en un mundo inconstante.

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(1) Nahual o Nagual, dentro de las creencias mesoamericanas, es una especie de brujo o ser sobrenatural que tiene la capacidad de tomar forma animal. De acuerdo con algunas tradiciones, se dice que a cada persona, al momento de nacer, tiene ya el espíritu de un animal que se encarga de cuidarlo y guiarlo.




QUERIDO ABUELO

Ausencias: sobre cartas y mensajes

Por Viviana García Arribas

Buenos Aires, 29 de junio de 2019

mujer-escribirDesde hace un tiempo, recuerdo muy seguido aquella carta. Tu letra manuscrita adornada de algunos arabescos propios de la época. Tu saludo formal y tu despedida plena de esperanza. Habías conocido a la abuela dos días antes y, ahí nomás, te dio el flechazo. O quizás, en una versión un poco menos romántica del episodio, ya estaría todo hablado con el tío José y la carta solo puso al tanto del asunto a la parte femenina. De una u otra forma, llegó a mis manos y me muestra una época donde las relaciones eran muy diferentes a las actuales.

La muerte te llegó cuando todavía eras joven. Así se moría entonces: la pelea de la ciencia contra el cáncer era un “knock-out” fatal para el rincón de la vida. Mamá solo tenía diecisiete años y yo llegué mucho tiempo después. Un día, mientras revolvía papeles viejos, encontré tu carta: “Estimada Aurora”, comenzaba. Y continuaba con ese lenguaje de palabras añejas: “prendado de usted” (…) “esperaré la respuesta con el corazón en mis manos”. Te descubría, así, concentrado en una hoja de papel. Miraba tu letra, pensaba en tus dudas y en tus miedos, recorría las vueltas de tu firma. Acariciaba una huella, un eco de tu cuerpo, que había vivido hacía más de medio siglo.

A VUELTA DE CORREO

Beckwith James Carroll - The Letter
Beckwith James Carroll – The Letter

Hagamos un poco de historia: las primeras cartas circularon en la antigüedad, de un lado a otro del Mar Mediterráneo. Al principio, en tablillas, luego, en papiros y, finalmente, en pergaminos, transportaron comunicaciones y órdenes. También fueron vehículo de influencias y posibilidades de intercambio comercial. En su mayoría, los mensajes personales quedaban reservados a los buenos oficios de los sirvientes, quienes los transmitían en forma oral. Aun así, la correspondencia epistolar fue abundante entre griegos, romanos y egipcios y los historiadores atribuyen este hecho a la alta alfabetización lograda entonces entre los ciudadanos y las clases altas. Las clases bajas y los esclavos estaban muy lejos de acceder a leer o a escribir.

En la edad media se retrajo en forma bastante marcada este modo de comunicación, quizá, porque el número de personas con posibilidades de dominar el lenguaje escrito también se redujo. De todos modos, las cartas comerciales fueron un instrumento corriente entre feudos. No obstante, al principio de esta era, la escritura se había vuelto casi privativa de los miembros de la iglesia católica, que se dedicaron -en el encierro de los conventos- a transcribir los escritos de épocas pasadas. Más avanzada esta larga etapa, durante los siglos XI y XII, aparece la figura de los “dictatores”, quienes se ocupaban de escribir cartas por encargo. Los analfabetos sorteaban así su imposibilidad de escribir. La edad media fue, también, la época del amor cortés, pródigo en cartas, que -al igual que poemas y canciones- ponían a la mujer siempre a distancia, en un lugar inaccesible. El cortejo era lo importante, mucho más que la conquista, una forma de concebir las relaciones que llegó casi hasta nuestra época.

Durante el Renacimiento, la correspondencia se afianzó y ocupó un lugar central en la comunicación erudita, literaria y humanística. Alrededor del siglo XVII, se creó el correo postal, organismo encargado de la distribución de cartas si bien, desde la antigüedad, existieron diferentes formas organizadas de envío.

TE EXTRAÑO, TE ESCRIBO, TE LEO, TE VEO

03d5e705fb4ac22817b53d6982fbf445(…) La correspondencia es un género perverso: necesita de la distancia y de la ausencia para prosperar” (1). Tal vez, por eso, durante los siglos XIX y XX, las guerras y los grandes movimientos migratorios generaron mareas de hojas manuscritas que circulaban de uno a otro continente, de la ciudad a la campiña, del campo de batalla al hogar. Ya fuera en el delgadísimo papel “vía aérea”, como en el burdo trozo encontrado en la trinchera, las personas escribieron el horror, el asombro, la plenitud, el desgarro, el deseo de reencontrarse y la profunda soledad de quien desconoce si habrá un día siguiente.

Las cartas pueden pensarse como conversaciones entre ausentes, que despliegan, junto a la palabra, la forma de hablar de quien escribe. Oscilan entre lo oral y lo escrito y requieren dedicación y cierto esfuerzo para confeccionarlas. Como toda escritura, corresponden a una época y a un espacio, definidos. Fundan otro tiempo y es posible leerlas más allá del momento de su producción. Sin embargo, la carta de mi abuelo tiene para mí otras resonancias: a través de ella, puedo leerlo. Es manifestación de su cuerpo y, por su intermedio, sus palabras llegan desde el pasado para volverse presente, un presente tan real como mis manos cuando sostienen el papel donde fue escrita. Observo los giros que utiliza, sus modos de decir, sus cadencias. Casi lo escucho. Si pienso, a la manera de Marshall McLuhan, que el cuerpo se extiende en todo artificio utilizado por las personas, como el dedo en el pincel o la piel en la ropa, la carta del abuelo es una prolongación tangible de sus manos y las palabras escritas una evidencia física de su persona. Me gusta soñarnos a través de un puente entre mis ojos y su letra.

VIRTUAL, AUNQUE NO VIRTUOSO

Carta a papá
Carta a papá

El siglo XXI irrumpe con la posibilidad de conectarnos en forma rápida y con tecnología de calidad. Poco importa la distancia o los medios con que contemos: un pequeño celular con conexión wi-fi nos permite acceder a una verdadera catarata de información: páginas científicas, sitios que reúnen diversos conocimientos, amistades distantes o familia exiliada. Todos y todas nos comunicamos o buscamos datos a través de los medios conocidos como virtuales. Email, Whatsapp, SMS, Skype y otros muchos, son hoy moneda corriente.

Al tratarse de medios virtuales no existe soporte material donde se ejercite la escritura. Yo anoto en mi teléfono y el destinatario recibe en el suyo. Es maravilloso, extraordinariamente rápido, de gran eficacia. Ambos obtuvimos un ciento por ciento el objetivo buscado. Pura eficiencia. Pura comunicación efímera. Bastará que una de las dos partes cambie su aparato y se perderá para siempre todo eso que nos hemos “dicho”. O peor aun: incluso si nos aferrásemos caprichosamente a nuestros viejos teléfonos y decidiéramos no cambiarlos nunca más, la misma tecnología nos dejaría fuera de combate. Nuevas plataformas, nuevas aplicaciones desplazan a las anteriores y, en muchos casos, anulan la posibilidad de recuperar los contenidos. No incorporarse a ellas implica quedar incomunicado.

¿Qué le quedará a mi hijo, de los miles de mensajes que intercambiaremos en nuestras vidas?, ¿qué huella de mi letra podré dejarles a mis nietos?

HACETE LA PELÍCULA

cine_curiosidadAlgo similar ocurre con las películas, la música o los libros. Ir al cine, poner un disco en el combinado o leer un libro viejo desenterrado del armario de la abuela eran verdaderos rituales. La imagen cinematográfica -cuando en el cine había proyectores, rollos de celuloide y latas de películas- tenía una naturaleza fantasmática. Un rayo la atravesaba, la proyectaba sobre una pantalla y transformaba eso, que había sido cuerpo impreso en una cinta fílmica, en luces y sombras danzantes. Pero perduraba el soporte, pervivía la película. Por otra parte, ¿hay una mejor huella del pasado que el surco en un disco de vinilo? O los libros que, como los vinos, parecen materia viva: con el paso de los años mutan su olor, las páginas se vuelven amarillas y, al abrirlos, crujen de manera diferente.

Los medios actuales, el pendrive, el streaming o el ebook -además de atiborrarnos de palabras extranjeras- llevan en sí mero lenguaje informático, ceros y unos alineados “ad infinitum”, que se traducen en imagen, sonido y letra. Es verdad: para quienes nos educamos en la biblioteca y no en Wikipedia, esto resulta casi mágico y, para las nuevas generaciones, algo tan natural como, para nosotros, haber jugado al tinenti. Además, es un camino inexorable, el avance de la tecnología no se detiene. Sin embargo, vale la pena ponerse a pensar que ese mismo avance es el principal enemigo de la conservación. El progreso implica nuevos códigos y nuevas plataformas y, en consecuencia, la necesidad de actualizar cada vez los registros. MiTocadiscosentras tanto -por suerte- las cinematecas seguirán con la custodia de sus películas en celuloide, las bibliotecas, su lucha contra los roedores para proteger los libros y algún loco lindo abrirá un negocio de vinilos. Solo se necesita eso.

AUSENCIAS Y CONSUELO

Vuelvo a la carta del abuelo. La miro otra vez. La releo. Me encuentro con su letra y sus palabras, con las formas de expresarse de otra época. Imagino las posibilidades. Si la abuela no hubiera aceptado, yo no estaría aquí, frente a la computadora, en la difícil tarea de alinear letras. En realidad, ¿mi abuela podría haberlo rechazado? Eran otros tiempos y a ella ya la habían traído de los pelos desde España por intentar incorporarse a una compañía de teatro. Así que, me permito dudarlo.

Pero esa es otra historia. En esta, la ausencia del abuelo, la figura que me faltó durante mi infancia, se hace presencia gracias a un papel viejo que guardo doblado cuidadosamente y, de vez en cuando, releo. Otras ausencias, más dolorosas, se recomponen también a través de los objetos, de cartas y mensajes que conservo con amor. Mi cuerpo, sin embargo, las registra como mutilaciones, luego de las cuales, funcionó otra vez, pero diferente.

Hay huecos en la vida que nunca logran volver a llenarse.

Man Ray - Lágrimas
Man Ray – Lágrimas

(1) Ricardo Piglia, “Respiración artificial”, 1980




CIELO QUE AZULA HACIA LA NOCHE

Ausencias: sobre el teatro de Shakespeare.
Por Josefina Bravo

 

HOMBRE LEYENDA

Tanto estudio y análisis sobre su obra. Tanto cuestionar su autoría, ¿podría una obra tan relevante haber sido escrita por un hombre de origen rural? Además de todo lo incumbente a su vida personal, ¿matrimonio infeliz?, ¿homosexualidad?

Montones de películas basadas en sus obras o en su vida. Infinidad de puestas a partir de su dramaturgia y tantos dimes y diretes no han hecho más que llevar su nombre hacia todos los bordes del planeta. William Shakespeare se convirtió en leyenda. Y quien se arrima a su obra da cuenta de una genialidad sin igual. Aun sin haberlo leído, toda la construcción sobre su figura lo vuelve atrayente o, al menos, intrigante.

Actor, dramaturgo y poeta, jamás tachaba un verso, eso se dice de él.

 

TEATRO LEYENDA

El Globe Theatre fue un teatro construido en 1599 por la compañía de la que era parte Shakespeare: “Lord Chamberlain’s Men”. Muchas de las obras del dramaturgo fueron escritas para ser representadas allí. Estaba ubicado a las afueras de lo que en ese entonces era la ciudad de Londres, a unos cien metros del río Támesis.

Dibujo preliminar del segundo Globe realizado para la Long View of London de Hollar.
Dibujo preliminar del segundo Globe realizado para la Long View of London de Hollar.

Se desconocen sus dimensiones exactas, pero las investigaciones sugieren que era un anfiteatro de tres plantas con un diámetro aproximado de treinta metros. Frente al escenario había un patio donde los espectadores podían ver la obra de pie, a cielo descubierto, por un precio popular. Las gradas estaban protegidas por un techo de paja y las locaciones allí tenían un precio más elevado.

En esa época las funciones se hacían a pleno día, cuando había luz y durante los meses más cálidos, que permitían estar al aire libre sin morirse de frío.

Reconstrucción hipotética del Globe realizada por Hodges basándose en evidencias arqueológicas y documentales.
Reconstrucción hipotética del Globe realizada por Hodges basándose en evidencias arqueológicas y documentales.

Algunos sitios dicen que El Globe podía albergar 2000 espectadores, mientras otros se extienden a los 3000. Lo cierto es que, en 1613, dos años después de que Shakespeare se retirara a su pueblo natal, un incendio lo devoró.

El teatro se reconstruyó en el mismo lugar el año siguiente y fue clausurado por los puritanos en 1642, como el resto de los teatros londinenses.

Luego, ya en desuso, lo demolieron para la construcción de departamentos.

 

EL VOLVEDOR

En 1997 abrió sus puertas el teatro “Shakespeare’s Globe”: una réplica fiel del famoso teatro, construida a unos doscientos metros de la ubicación original del antiguo Globe, al lado del Tate Modern y a orillas del Támesis.

Ph: Øyvind Holmstad.
Ph: Øyvind Holmstad.

Es el único edificio de Londres con techo de paja, prohibida años atrás, por el peligro de incendio. “El Shakespeare’s Globe” ofrece funciones desde mayo a octubre, según la antigua tradición londinense, por ser la época menos fría para estar en un teatro a cielo abierto.

 

 

VIAJE DE ÉPOCA

A decir verdad, no leí tanto de Shakespeare. Solo dos de sus obras: “Romeo y Julieta” y “Machbeth”. Pero sí, desde el primer momento, me enamoré de su escritura, de la belleza de sus versos, de esa poesía que coquetea incansablemente con la muerte, de esos personajes heridos y contrariados que se arrastran a la perdición a causa de sus enormes egos, pasiones y ambiciones.

Por eso, cuando supe que iba a estar en Londres por primera vez y en mayo, además de caminar la hermosa ciudad, no quería perderme de conocer el “Shakespeare’s Globe”, la réplica del lugar donde el famoso escritor había representado sus obras. 20190622_121205[1]

Si bien la entrada a la boletería es moderna, una vez atravesadas las puertas del anfiteatro, empieza la magia. Los espectadores que sacamos la entrada para ver la obra de pie nos sentamos a esperar sobre el piso, en el medio del patio. Los ojos suben hacia las gradas, se detienen en las columnas, los coloridos banderines, el cielo abierto, el techo de paja, las pinturas en el cielo raso del escenario. Quienes trabajan en el lugar están caracterizados. Salvo por algún celular y alguna latita de gaseosa o cerveza que ya rueda por el suelo, el viaje a la época isabelina puede darse por comenzado.

Los ojos continúan su impregne de época y color, a la vez que suena una campanita. Se acerca una mujer a decir: la función va a empezar, hay que ponerse de pie. A un metro y algo del suelo se levanta el escenario y, a ritmo de baile y canción, se presentan los personajes de Henry IV.

Antiguamente, las mujeres no podían subirse al escenario, tenían prohibido actuar. Por eso todos los papeles eran representados por hombres. Henry-lV-Part-l-Globe-409-1600x1000Supongo que, a partir de esa lógica, hoy en el Globe hay algunas actrices que representan papeles masculinos y algunos actores que hacen papeles feminos. Eso agrega una picardía especial a cada gesto, a cada frase.

Este tipo de teatro, con tan poca escenografía, resalta la figura del actor y la dramaturgia de la obra. La palabra, la voz, la entonación, lo gestual, la postura corporal y los desplazamientos sobre el escenario son de vital importancia en la construcción del decir de la obra.

Las miradas de los actores a público, la participación del espectador como interlocutor válido, las bromas en medio de la obra permiten acercarse a lo que sucedía en aquella época. Las obras representadas eran conocidas por los espectadores, quienes no iban al encuentro con lo desconocido, sino que se deleitaban en la repetición, en volver a emocionarse y redescubrir dentro de lo conocido.

Así, en el Globe, los actores le hablan a la gente de las gradas y también a quienes miran desde el suelo. Y la música sucede en vivo, la orquesta está en un entrepiso del escenario, se presenta y comienza a deslizar la dulzura de sus sonidos como un perfume visible que, en ondas, aromatiza el antiteatro todo.

Ph: Tristram Kenton
Ph: Tristram Kenton

Y esto no termina ahí. Sobre el escenario se debaten las cuerdas del amor, las espadas del odio, las máscaras de la traición. También la picardía del juego y la ilusión del honor. Todo es una música, mucho más, para argentinas, que cazamos solo algunas frases del inglés antiguo de la obra. Sin embargo, las emociones de los personajes, sus dilemas, sus pasiones, vergüenzas y fracasos nos llegan sin barrera idiomática.

Imagen tomada de www.londontown.com
Imagen tomada de www.londontown.com

Las acciones, los monólogos, las discusiones de los personajes, la música en vivo, las interrupciones de otros personajes desde otros lugares del teatro, las gradas repletas de gente, el ambiente cargado de poesía, de otras obras, de personajes que no están, de frases de Shakespeare impregnadas para siempre, el colorido de banderas y banderines, sus danzas sobre el escenario, el cielo que se azula hacia la noche mientras estamos de pie, amuchados y abrigados, a pura escucha, en el patio central del anfiteatro, nos mantienen atrapados en el aquí y ahora de otra temporalidad: la época en que un muchacho autodidacta de origen rural llegó a Londres para sacudir el teatro y la poesía de ese entonces y transformar la escritura y el teatro de la posteridad.




DESDE EL FONDO DE LA HISTORIA

Ausencias: sobre despojos
Por Liliana Franchi

 

UNA MOCHILA DE TIEMPO

ausencia de amorHay ausencias que duelen prolongada y finitamente. Otras se instalan, duelen tanto que marcan la cara, marchás con ellas a lo largo de la vida y más allá. Algunas son esperadas y, de a poco, pierden su rol, te permiten sobrellevar nostalgias. Otras irrumpen incomprensibles en brutalidad, feroces, salidas de todo encuadre y significado. Son diferentes porque te perforan. Te aseguro que caminarás con ellas sobren tus espaldas, como si llevaras una mochila llena de tiempo insoportable.

Sabemos de estas cuestiones. Nos percatamos de ellas cuando las noches tardan en hacerse días, cuando la luz del sol demora en divisar tu alma o viceversa. ”Eso” lastima hasta la inmovilidad, hasta la cuasi locura, si la hubiera. Es el desasosiego constante, la razón de todos los tormentos de un corazón fragmentado. El dolor a punto de la imprudencia y el desvarío.

Vengo desde el fondo de la historia, vengo a contar otra historia, vengo porque sobreviví, porque logré resignificar, salir de la hoguera y ser fuego.

La ausencia -sin nombres, sin destino, sin presagios- dura como la roca misma, pero es versátil a ser demolida hasta polvo. La crueldad fue insolente, quizás, porque le hicimos frente en lucha. Apelamos a la agonía, al dolor, a las dudas, aunque solo se impuso la certeza de percibir una ausencia sin retorno. Muchas lunas fueron testigos. Quedamos a la vera del camino, en luto eterno. Nosotras, las viudas, las amantes, las compañeras con la prohibición del olvido y con los despojos de una carencia brutal e irracional.

Ilusos de aquellos que creen que, al cortar la flor en pleno vuelo, detienen la salida de una nueva.

 

MEMORIA EN ACTO: PARA LUIS MARÍA

Éramos jóvenes y apasionados, imaginábamos que podríamos cambiar algunas cosas. En plenos setenta, los sueños se plasmaron en militancia, es decir, en recuperar ideas hacia una equidad más noble para con el otro, en reivindicar propuestas hacia aquellos que más lo necesitaban en todos los órdenes.

El corazón era el valor de cada compañero y compañera en esta lucha por la restauración de nuestros derechos y por el afianzamiento de una vida más proporcionada. Todos éramos y somos merecedores de tales logros.

mejor-la-ausenciaDecidimos, entonces, ir por ese corazón. Mi compañero, en la facultad, donde daba clase. Y yo, en el barrio. Trabajábamos duro para poder sostener nuestro hogar y hacernos el tiempo para participar hacia aquellos que tenían poco, tan poco que la sonrisa se les desdibujaba en mueca grotesca. Con sólidos ideales, persistentes, a sabiendas de los obstáculos que atravesaríamos, comenzamos la laboriosa lucha. Amábamos cuanto construíamos. Las noches cálidas nos encontraban en la organización de algún festival, peña, o huelga de hambre, a favor de las metas previstas.

Y estábamos todos, cada uno aportaba un pedacito de cielo al otro. Uno metido en el otro y miles en uno. Pensábamos que nunca se acabaría, que sería una contienda larga, pero le dábamos batalla. Corrían los años y éramos felices con lo que habíamos decidido, nos fortalecía, haciéndonos grandes y victoriosos.

Ahora recuerdo una escena: llovía intensamente mientras, en un televisor en blanco y negro, escuchábamos: “Comunicado número uno”, de la junta militar que había desplazado el gobierno de derecho. El lamentable e impune “Proceso de Reorganización Nacional”. Entonces nos miramos, pensamos que esto entorpecería el trabajo de militancia. De ahí en más, debíamos ser sigilosos, hábiles para poder continuar con nuestras actividades. Y así fue, desde aquel 24 de marzo de 1976.

¿Dónde estaban los compañeros que no lográbamos ubicar?, ¿se refugiaban?, ¿perdían nuestros contactos para protegernos? Lentamente, nos fuimos percatando: ya no se registraban en ninguna parte. Tal vez los habían “chupado”, como decíamos, o estarían en otros lugares, resguardándose del enemigo que logró ser bestial.

Lo cierto es que jamás pensamos el genocidio que se avecinaba. Sin embargo, sucedía a lo largo y lo ancho de todas nuestras esperanzas y vidas. Casi sin rumbo pero firmes, seguimos adelante, exponiéndonos lo necesario y en busca de aquel que, envuelto en una bandera, solía caminar junto a nosotros,

y al Negrito con ojos aceitunas

y a Pepe,

también a Laura.

A Luis María se lo llevaron un 11 de febrero de 1977, de su lugar de trabajo: la veterinaria que habíamos logrado instalar juntos. Sufrí el desconsuelo de no tenerlo más. Jamás perdonaré ya no poder recordar su voz. Seguiré hasta mi último aliento reivindicándolo y llevándolo como bandera.

No perdono a la muerte enamorada

No perdono a la vida desatenta

No perdono a la tierra ni a la nada

Quiero mirar la tierra hasta encontrarte

Y besarte la noble calavera

Y desamordazarte y regresarte…”

Mujer solaAsí, con las palabras de Miguel Hernández, hablar uno de tantos recordatorios que colocamos en cada calle, año tras año, cada niño, cada madre, cada abuela, cada hijo.

El 24 de mayo de 1977 fue asesinado y arrojado con otros compañeros en la puerta del cementerio de Monte Grande. Fue durante un supuesto enfrentamiento, como solían justificar.

 

EL FUEGO DE TUS OJOS

No me arrepiento de nada. Soy fuego, llama, pasión, también suelo ser luz, brasa y lumbre tibia. No me apago, voy al calor del mismo y enciendo desesperanzas, alumbro la vida que nos dejaron, bautizo la tierra con apenas algunas lágrimas que me quedaron. Soy fuego lento y amigo, dormito al calor del mismo, me levanto como la siembra cada mañana. Es verdad: ya no tengo tu voz, pero sí tus ojos clavados en los míos como la última mañana en que partiste sin volver. Sujeto, apretaditas contra mi pecho, algunas fotos viejas que nos dejaron, en un hogar vacío y devastado, arrasado por el odio. Los juzgo y me libero, los persigo y, en tu nombre como en el de tantos otros, me hago líder.

No envejezco, porque al igual que vos nos fuimos jóvenes. Nos dejaron con vida para contar esta historia, la nuestra, la de muchos. Mientras estemos de pie, seguimos de frente sin claudicaciones, gritamos, reivindicamos, sentimos y amamos esta lucha que heredamos. Y, en el mientras tanto, sin vencernos, somos lo que han hecho de nosotros. Elegimos un camino, lo sostenemos porque en él confiamos, sabemos que en algún lugar cercano y en cierto momento mediato los recuperaremos.

Tal vez sean pájaros de libre vuelo, nubes anchas de finas curvas, árboles añosos que cobijan campos, o lluvias intensas en inviernos fríos. No importa, siempre volverás a mí.

No se llevaron mi sonrisa ni mi fortaleza, no lo lograron. Tu retoño es mujer hoy día, lleva tu misma sangre, reclama a la par, con tus mismos ojos, con idénticas manos. Sembraste lucha, sangre y vida.

A veces te extraño tanto, que debo pensarte para que regreses, aunque sea un instante. Y así nos juntamos por las noches, de tanto en tanto, de luna en luna, de sueño en sueño.

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UNA VIDA CRUZA LA CALLE

Ausencias: sobre el despido y posterior muerte de la trabajadora estatal Amalia Chaparro.

Por Pablo Soprano.

TESTIGO DEFORME

Un instante. Tan sólo un instante y todo cambió para siempre. Amalia se zambulló a la avenida Las Heras aferrada fuertemente a su caja navideña ¿Cuántas veces habrá cruzado por ese lugar? Es prepotente el destino cuando se lo propone. Quizá en ese momento pensó en su hijo. En los regalos, en los retazos de felicidad con los que, de tanto en tanto, la vida nos premia. Detrás, el majestuoso y deforme testigo, la Biblioteca Nacional. Si habrá caminado ese territorio, si habrá subido o bajado sus angostas y caracoladas escaleras. Conocía las entrañas mismas de ese armatoste. “Amalia Chaparro, Proyecto Crónica, tercer subsuelo” rezaba su legajo, tal su escalafón.

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ESE INSTANTE

Toda una vida como empleada pública, como trabajadora de la cultura, acostumbrada a la lucha gremial se disponía apenas a cruzar una calle. Algo que cualquiera puede hacer, aún una peleadora como ella. Cruzar una calle, una avenida. Jamás pudo. De la nada una moto la revoleó por el aire junto a su caja, a sus sueños. Revoleó su suerte como quien lanza una moneda sin cara ni seca. Sin importar cómo fuera a caer. De un golpe, esa moto le arrebató el derecho a ser feliz en vísperas de Navidad y preanunció lo por venir. Nada volvió a ser igual para Amalia. Terapia Intensiva no era lugar para pasar las fiestas. Sin embargo, allí estaba. Fueron seis meses y luego un año. Rehabilitación kinesiológica, le aconsejó el traumatólogo. Largo calvario atenuado por la solidaridad de sus compañeros, a su lado en todo momento e incondicionalmente.

La vida cacheteó muy temprano a Amalia, madre de un hijo con retraso madurativo. La viudez dejó la desoladora consecuencia de perder la casa propia. El dolor y la falta de dinero la instalaron a ella, a su propia madre y a su hijo en una pieza de Constitución. Por lo menos el trabajo ayudaba a sostener el penoso momento. Había un Estado para apuntalarla, para contenerla. Las arenas movedizas de la política y las malas decisiones colectivas decantaron en un sistema neoliberal e insolidario que ahondó las carencias. Con el nuevo gobierno llegaron otras autoridades en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Insensibles, sin el más mínimo conocimiento de la cultura, con manejo empresarial y un profundo resentimiento contra los y las laburantes del sector.

La Edad de la Ira Oswaldo Guayasamín, años 60

UNA PERSISTENCIA TRÁGICA

Hasta el año 2015, este ente estatal había cumplido una función básica en la difusión de programas de lectura, alfabetización, cursos de revisionismo histórico y de cinematografía, entre otros. Una verdadera renovación cultural y de avanzada sobrevolaba todos los estamentos de nuestra sociedad. La nueva dirección impuesta por el gobierno neoconservador de Mauricio Macri dio por terminado el ciclo anterior en la Biblioteca, paralizó las actividades hasta reducirlas a su mínima expresión, con eufemismos tales como “se hacía mucha ‘política’ “,“cuestión ideológica” y  “gasto público”. En 2016 hubo una primera etapa de 300 despidos. El fusible, una vez más, los trabajadores. Esteban Latorre, de Higiene y Seguridad Laboral, recibió el telegrama mientras cumplía con una licencia médica. Afiliado de ATE, Latorre fue obligado a presentar toda clase de comprobantes para demostrar que había sido operado de un triple bypass. Así, luego de idas y venidas obtuvo su reincorporación. Debido a esta angustia, finalmente murió de un paro cardíaco cuando volvía a su casa en José C. Paz. En este contexto y, de forma simultánea, falleció la madre de Amalia. Así, su entorno familiar quedó muy comprometido. Aún de licencia médica y tal cual había ocurrido años atrás con su compañero laboral, ella fue incluida en una nueva tanda de despidos, dada a conocer en una lista el pasado 1° de mayo. Atroz ironía de las autoridades, justo en el día del Trabajador. Además, aplicaron jubilaciones anticipadas y persecuciones a candidatos a la Junta Interna de ATE. Este cúmulo de infortunios e iniquidades sumió a Amalia en una profunda depresión que la devolvió a terapia intensiva. Amalia falleció el lunes 20 de mayo de 2019.

Los Hilos del Destino, Toni Guerrero

MÁS ALLÁ DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

Muchas y muchos de sus ex compañeros y de quienes aún forman parte de la planta de la Biblioteca Nacional han decidido no sólo mantener vigente la situación y el reclamo, sino también comprometerse a darle amparo a su hijo discapacitado pues, en estos momentos, no tiene cobertura social. Asumieron solidariamente el papel contenedor que el Estado debiera proveer a su población más vulnerable y, más aun, a quienes se desempeñan en él. A pesar de los infortunios, las desgracias, los despidos y los miedos -a los que ellos no escapan- han acompañado y acompañan a Amalia más allá de la vida, más allá de la muerte.

Si tan sólo uno pudiera volver el tiempo atrás y corregir esos instantes fatales donde todo cambia. Volver a la felicidad de los trabajadores, con la certeza de estar fuertes y bien parados, con las defensas altas para enfrentar a un vendaval trágico y personal si fuera a sobrevenir. Con la seguridad de lo previsible, a pesar de todo. Volver al rostro feliz de una mujer aferrada a su caja navideña, quizá, alejada de todo tipo de infortunios, con la mente puesta en la sonrisa de su hijo al abrir sus regalos. Cruzar una y mil avenidas sin temores, ni motos chocadoras conductoras de desdichas. Volver, al fin y al cabo, a un Estado protector, redistributivo e inclusivo. Porque ¿no es, acaso, la seguridad de la “vida hecha”, sin ambiciones, lo aspiracional en todo y toda laburante?

ANGOSTO SENDERO

Como un sendero que se angosta afectado por los accidentes del suelo, hasta perderse en la espesura de un bosque. Así se apagó Amalia Chaparro. Quedan sólo imágenes de muchas horas de trabajo, de luchas compartidas. Imágenes truncas por un instante irreversible. Florece entonces la solidaridad de los compañeros, sostén en las horas difíciles y futura protección para un hijo en el mayor de los desamparos. Aferrada a una caja llena de esperanzas, aquel momento devino en un camino bifurcado, sórdido hacia dolorosas geografías. Tercer subsuelo de una pesadilla neoliberal de la que no hay escalera caracolada por la cual subir, ni libro que indique cómo escapar.
Una vida cruza la calle, la suerte está echada.

Amalia Chaparro, @MauriElbueno, Mauricio Polchi, tuit del 22 de mayo de 2019

 

 

 




LA ESCRITURA DE LOS FÓSILES

Ausencias: sobre los fósiles de Erfoud

Por Isabel Damico

FLECOS DEL SOL

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Nos alejamos del pueblo rumbo a la inmensidad. El apuro y la intriga se batían juntos en aquella camioneta enarenada. Una rama de lengua afroasiática se trenzó con el turbante azul del chofer, quien nos arrastró hacia otro mundo. El tiempo corría algunos kilómetros de más. Con los gestos, las cejas atentas y las comas espontáneas de la risa, pudimos suplir la falta de un lenguaje oral.

Extensas carpas de telas coloridas se enroscaban a cielo abierto en una especie de antesala, el suelo bajo alfombras árabes tendía su desnudez para el atardecer. Fue antes de terminar el té de menta, recién entonces, nos invitaron a ascender por los médanos y a contemplar la puesta de sol.

Ir a pie era una opción, pero elegimos un dromedario. Las gruesas mantas bereber disimulaban su única joroba, aunque la queja ronca del animal y sus excesos de saliva espumante crearon un ambiente tenso para quienes los suponíamos habituados a aquellos paseos.

A disgusto, nos llevaron a la cima del médano y nos posaron sobre el atardecer.

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BRASAS Y BRAZOS

En un cuarto vestido de viento, acomodamos nuestras pertenencias. Una fogata central y la música nos sedujeron con instrumentos de percusión, castañuelas de metal, entre voces de dientes muy blancos. Sobre un pentagrama de humo, las notas de fuego cantaban historias. Mis pies y mi pelvis se dejaron llevar, giré sobre sus costumbres ancestrales con los brazos cruzados sobre el pecho y, poseída sobre recuerdos propios y ajenos, bailé hasta salpicar la última nota.

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Las estrellas encendían un Sahara desierto y no cabían ni en el cielo ni en mí.

Al terminar la ceremonia, un frío pudoroso nos hizo dormir vestidos hasta el amanecer.

 

 

TIERRAS DE FÓSILES

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Durante la era paleozoica, el sureste de Marruecos no era desierto, sino mar. Erfoud fue un enorme lecho marino y los esqueletos de los animales de la prehistoria-dinosaurios, cocodrilos, fósiles de arañas, cangrejos, escorpiones, entre otros- quedaron incrustados en zonas de roca desnuda.

En la actualidad, son llevados en bloques de piedra, a las canteras donde los artesanos del lugar con apenas un cincel y un martillo golpean los brazos del tiempo.

Sentados sobre la tierra, envueltos en nubes de polvo, hurgan alrededor de figuras fantasmales. Para verlas. les arrojan agua y ellas, reviven, por un instante .

El líquido las recorre y distingue sus tonos ocultos en gamas de grises, marrones, negros, borravinos. Así el artesano las despega de su pasado infinito.

Los caprichos de la modernidad las transforman en utilitarios absurdos, mesas, fuentes, bañeras, bijouterie. Llevar un souvenir de Erfoud es engarzar un recuerdo en un recuerdo.

Las supuestas ausencias no fueron tales, regresaron. Y, como en fotos, posan en el presente sus figuras milenarias.

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POSIBLE

¿Y si supiéramos ser hallados en un tiempo indefinido? ¿Y si todos fuéramos un poco fósiles? ¿Protegeríamos más nuestro presente? ¿Tendría más sentido pensar el futuro?

Quizás, volver a la superficie nos daría el aliento de ser encontrados después de la ausencia. Quizás no tendríamos la sensación de finitud. Nos despojaríamos del miedo a la nada y ese tiempo se abriría para aprender, para saber más o para alejarnos del clásico lugar de confort.

¿Por qué no sufrimos con la misma intensidad las ausencias de futuros que las de pasados? La repetición nos alcoholiza los sueños y nos deja dormidos en el propio presente.

No hay literatura que pueda contar ese tiempo, sólo fósiles espontáneos que escribieron con sus cuerpos lo que nadie pudo.

 




UN QUIEBRE EN EL INFINITO

Ausencias: sobre la irrupción de daños a la salud

Por Nicolás Estanislao

PUNTO CRUZADO

“En el punto donde silencio y soledad / se cruzan con la noche y con el frío / esperé como quien espera en vano, / tan nítido y preciso era el vacío”   

 “En el punto”, de Sophia de Mello Breyner Andresen

El vacío concentra frío y soledad. Cruza noche y silencio. El vacío se completa en la sucesión de puntos móviles. De secuencias que le pertenecen.

Este extraordinario y potente poema de esta escritora portuguesa me acompañó en silencio durante setenta y dos horas. Me acompañó en la nitidez de la noche más absoluta. Me acompañó para entender de qué se trata el vacío más completo de todos.

 

 

LOS SILENCIOS EN LOS BORDES

 Lo niego todo /Aquellos polvos y estos lodosLo niego todo /Incluso la verdad”     

Joaquín Sabina, “Lo niego todo”

Si me hubiera tocado a mí, estoy seguro: me hubiese sido imposible seguir. Quizás, por eso escribo.

Era una tarde tranquila cuando el azar irrumpió y la pasividad que habitaba en el mundo pareció cerrarse para siempre. No me quedó otra: tuve que meterme hacia adentro, como quien se esconde de ese vecino gruñón de la vereda de enfrente.

Las cosas fueron así: llegó la noticia que nunca hubiera querido oír. Quise negarla con hidalguía, para que trascurrieran del mejor modo posible esos segundos imposibles, ese maldito instante cuando el equipo contrario tiene ese córner a favor, ese instante donde todo parece derrumbarse.

¿Hasta dónde se puede negar?, ¿hasta dónde, la pretensión de retener a cualquier costo un lugar en la tabla de posiciones de la vida?

Cuando irrumpe el azar, se despeina la lógica, efectos secundarios y primarios se desordenan como se desordena esa misma tabla de posiciones, al perder tres partidos seguidos e ir a parar sin contemplación, otra vez, a mitad de camino.

Ahora se hizo viernes y escribo aquí adentro del auto, rodeado por cientos de otros. Me asomo: los demás coches forman una masa entretejida. Estoy convencido que somos un fragmento, un mosaico, unas piezas de un puzzle que alguien armó, en silencio, durante la noche anterior. La ciudad a esta hora es desmesurada, oscura y poco amable. A pesar de todo y en medio de este caos, necesito tomar nota, eso me distrae de cualquier otra cosa. Así puedo darle forma al dolor contenido. Huir a ninguna parte.

EL TIEMPO EN LOS BORDES

Por esas cosas del deseo o de la memoria, en los bordes, el tiempo no se resigna a detenerse. La palabra se topa con el destino siempre irreverente, se trasmuta en texto, en río múltiple, siempre en expansión. El cuerpo calmo se acomoda en la camilla. Las manos, sobre el vientre. Entonces, el vientre se contrae en el imperceptible movimiento de la ausencia, que intuye el futuro de una falta. Afuera el sol dejó de brillar. Un otoño sobrio se difumina en la noche que resulta, incluso, poco nocturna. Las hojas danzan el silencio del aire sobre un vuelo finito. Los silencios retumban a lo largo del inmenso pasillo que va desde la habitación hacia el quirófano. Abruman como en un estadio vacío, como cuando el resultado comienza a pesar y las piernas ya están agotadas. El escenario de tensiones y cansancios deviene en silencios que se compactan en el ínfimo espacio del punto inicial.

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DESBORDES DE CIUDAD

                                                                                                                               “De la noche vengo. A la noche  voy. Un solo relámpago de luz turbia mi cuerpo.”   

 Miguel Ángel Bustos, “Fragmentos”

Pienso en las setenta y dos las horas que transcurrieron desde el momento de la internación hasta la salida. No había sol. Estaba nublado y hacía un frío inoportuno. Uno de los días llovió. Llovió fuerte, bien fuerte, con truenos y relámpagos. Todo terminó inundado. Siempre que llueve fuerte termina la ciudad inundada. La ciudad otra vez sumergida. Me asusté afuera, nos asustamos adentro. Hay quienes dicen que la lluvia fue una oportuna bendición para limpiarlo todo. Sin embargo, algunas cosas quedaron turbias. Entre ellas, el tiempo. Porque repito: el tiempo se detuvo en la infinitud de las cuatro paredes del cuarto del sanatorio. Lo real se vio alterado. Gise también. Yo me defendí como pude. Escribí para desordenarme y ganarle minutos a la contradicción nacida de la ausencia del orden y la rutina.

Escribo con la necesidad de distraerme de cualquier otra cosa. El conocido deseo de escapar. Pero me quedo en mi casa temporaria, el improvisado escritorio – habitación. Desde la enorme ventana contemplo, como quien lee un mensaje, el aspecto noctámbulo de un barrio que huele distinto. Una vez más, me convida Sophia de Mello Breyner, la poeta portuguesa:

                                  “Apenas se oye latir el reloj del tiempo”

 

 

 

TUVIMOS MEJORES TEMPORADAS

                              

                                  “Al escribir trato de narrar algo de lo cual he sido testigo real, algo que ocurrió en mi entrono o que inventé y me impresionó y que da una versión subjetiva, tal vez parcial, pero nunca falsa de mi realidad…”  

Julio Ramón Ribeyro

 

Hoy está más fresco de lo habitual, me gusta. Un otoño que se resiste. El aire liviano en la cara me hace bien, el sol aún no asoma. Un gris oscuro copa la parada. Atemporal, invisible. El barrio cambió de ruidos, tonos y sentidos.

Cruzo el solitario patio del sanatorio rumbo a la recepción, escribo con la mente, no sé por qué pienso en los “Diarios” de Ricardo Piglia, quizás por su obsesión de narrar la vida en capítulos. Me gustaría mucho que leyera los míos, por fortuna, no será posible. Hoy terminamos un comienzo. Nos vamos de alta. Nos liberan del deambular estático, de la impaciencia que produce el dolor.

Escribir es habitar en este paralelo, leer es merodearlo. Cuántas veces miramos sin mirar, enfocados en un punto infinito en busca del escape. Mientras firmo el papeleo de salida, observo de reojo a través de un punto ciego que deja el vértice de la puerta entreabierta: Gise entre fajas, dolores, con la mirada perdida y sin brillo – nunca tiene la mirada perdida y sin brillo – espera en la sala de “estar”. Como fuga fallida, la felicidad se desdibuja entre los halos de luz que se dispersan en la última sala antes de partir.

El regreso a la rutina no será dinámico, los engranajes no se acoplarán de manera sencilla. El cuerpo asume la memoria de los golpes, los tajos, las ausencias. La pretemporada – recuperación que tenemos por delante será incierta, extensa y sobre todo sacrificada. Escribir y luchar me resulta idéntico. Haya o no haya algo contra qué hacerlo. No aguardo nada importante, ni tregua, ni triunfos. Este es mi lugar en el mundo, eso es todo.

 

 Francis Bacon

 




ALBÚM DE CARTAS

La Ausencia: sobre las cartas

Primera parte

Por Adriana Valletta

 

CARTAS EN EL AIRE

Querido Octavio:

Nuestros pasos se cruzan rara vez, pero nuestros caminos convergen. En su libro “Conjunciones y disyunciones” obra de poeta y de filósofo, usted ha escrito que falta “una historia general de las relaciones entre el cuerpo y el alma, la vida y la muerte, el sexo y el rostro…”

mensaje-botellaDe este modo comienza el libro de Henri Lefevbre: “La presencia y la ausencia Contribución a la teoría de las representaciones”. Llamativamente, el prólogo es una carta a Octavio Paz, jamás enviada, escrita en Oaxaca, México, y terminada en vuelo de regreso a Estados Unidos.

Continúa Lefebvre, hacia su interlocutor ausente:

Tanto más que, en contraste con la multitud y la masa, lo individual estalla como problema. Por eso le escribo, Octavio Paz, para comunicarle mis inquietudes, sin esperar de usted palabras que resuelvan esas contradicciones.”

No hay espera de respuesta expresada en la misma carta. Es decir que, antes de decidir no enviarla, ya había previsto no esperar señales de interlocutor que -ahora se puede afirmar-, el mismo Lefebvre ha hecho ausentarse. A pesar de esta previsión, Lefebvre publica esta carta al consignarla como prólogo, dato significativo: acá no se oculta no es la carta, sino al destinatario mismo. Funciona incluso como un ancla, un girón que hará efectos de ondas al final del ensayo y al inicio, a modo de rodeo ya no con Octavio Paz, sino consigo mismo.

¿Para quién se escribe una carta? ¿Cuál es el real interlocutor? Estas preguntas parecen presentar una fácil respuesta, sin embargo, una vez que entramos en el tema vemos que son válidas interrogaciones.

El psicoanálisis y, más precisamente Lacan, ha trabajado la noción de la ausencia del otro como condición para la escritura de una carta. También ha abordado el tema suficientemente al referirse a “La Carta Robada”, de Edgard Allan Poe. En ese texto se el conflicto se constituye a partir de la pérdida de un objeto, en este caso, la carta. Hay algo velado en la carta, “la cosa vacía”, como dirá Lacan.

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A estos enigmas, se suman los que las cartas tradicionales de por sí evocan, me refiero a la temporalidad particular del proceso: envío, recepción, tiempo de respuesta, lo cual es visiblemente disímil al modo del correo electrónico, veloz y de confirmación instantánea de recepción y lectura.

Así, la carta tradicional pone en juego mecanismos propios. ¿El hecho de que el otro no está presente -en lo real- alimenta con más énfasis su enigma? ¿Será que, sin este enigma, el otro pueda tornarse en una especie de omnipresente amenazante? En el juego de la posibilidad de falta de respuesta, ¿se busca reafirmar, precisamente, esa ausencia? ¿Será la carta el sustituto de una botella arrojada al mar, signada en esa deriva sin corte?

Volvamos a Lefebvre, a su interlocutor ausente:

¿Cómo nace para el poeta esa doble presencia, él con su verbo y, ante él, el mundo? Quisiera preguntarle de viva voz, si es que acepta hablar. Yo afirmo que el poeta tiene más que decir acerca del lenguaje y lo puede decir mejor que los lingüistas. ¿Puede admitir el poeta la arbitrariedad del signo y del sentido? ¿Qué extrañas presencias, qué enigmáticas ausencias no invoca usted en sus poesías y en sus escritos sobre los laberintos, los del amor y los de la soledad? ¿Imágenes? ¿Recuerdos? ¿Símbolos? Tal vez representaciones, ¿pero de quién?, ¿de qué? ¿Y en qué forma son superadas ó recuperadas por el sentido? “Ariadna, yo soy tu laberinto”, declaraba Nietzsche a la que llamaba así, la ausente siempre presente”

¿Es esta la muestra de la búsqueda de un interlocutor ausente, que no responda, que juegue su ausencia y que al mismo tiempo sea un oyente? , ¿o solo una excusa para reflexionar la presencia, la ausencia y la representación misma ?

¿Un modo de velar?

Por su parte, Ricardo Piglia afirma “La correspondencia como género está marcada por la interrupción, por la exigencia de continuidad, por la pausa entre una carta y otra, por la obsesión de las cartas perdidas y por la angustia del corte”. Este modo de alejar y acercar al otro, me recuerda a el juego del carretel o juego del Fort- Da, situación que analiza Sigmund Freud en el libro “Más allá del principio de Placer “ 1920, para hablar de la elaboración que hace el niño a través del juego y ante la ausencia de la madre. Al jugar con el carretel, que aleja y acerca sucesivamente a su cuerpo, elabora la angustia que le provoca la ausencia de la materna.

 

CARTAS POR ENCARGO

carta-6En este caso, el solicitante, generalmente, se sentía carente o podemos decir “en ausencia de valor” o capacidad para decir el amor que profesaba en silencio a su amada. Estas cartas han marcado toda una época, más que nada, en Europa. Tomamos nota de su existencia sobre todo por el “Cyrano de Bergerac”, de Edmond Rostand, (1897) llevada al cine.

En época más reciente, en el año 2008, aparece la traducción al español de su epistolario amoroso, en su mayoría, sin un destinatario concreto. Se trata de una labor poética. En la obra de teatro de 1897, el joven Cyrano ponía su pluma al servicio del cadete Christian de Neuvillette, quien profesaba un amor secreto por la joven Roxanne. Christian solicita a Cyrano que escriba él para su amada, en forma incógnita. Todos pagarán el precio de sus respectivas ausencias.

¿Y si la ausencia de Christian es el sentido de ausentarse ante su propia cobardía de escribiente?, ¿ y si no es más que el reverso de la ausencia de Cyrano, como valiente amante, que solo asume su falta de amor por encargo, a condición de ocultarse detrás del cuerpo de la carta? Cyrano como alter ego de Christian expone su propia personalidad a pesar del disfraz.

Cómo no escuchar el eco del poema de Octavio Paz, “la espera”

Yo que te espero desde el nacimiento del tiempo, me dice esa voz que vienes de otra parte. Que miras a otra parte que vas a otra parte. Que este lugar miente como todos los lugares del mundo. Que jamás el recuerdo se alía con el sueño en la verdad presente.

Aquí es otra parte y siempre es jamás. Y eres como otra y pasas como alguna otra. Mi amor se burla de mí con su voz ajena. ¿De qué Otro eres la idea? ¿De quién, la imagen y el Ángel o la Sombra? ¿De qué poder la mensajera? ¿La engañosa de qué otra parte? Y pasando ya has pasado, cuando yo te ví. Y permanezco aquí en este lugar de la ausencia. Espolón de ángulos ópera de estrellas. Presa de la otra parte del otro de las sombras del cielo. Del otro del otro y sin fin perdido.”

Por otra parte, la espera de Roxanna por conocer a su amado por parte de Roxanna durará catorce años. Mientras dura la espera permanece aferrada a la carta que guarda en su pecho y así hará, con el cuerpo de la carta, un cuerpo.

La carta sobre el papel está en desuso, sin embargo, aún genera pasiones. En lo que respecta a lo sensorial, tanto el correo electrónico como la máquina de escribir, propusieron una forma muy disímil de erotismo y goce. El contacto es con el teclado mismo, el sonido del teclado propone otros intermediarios entre el cuerpo erógeno. El email, carece de la carga de energía directa del puño y letra, que impregnaba el papel con el cuerpo del escribiente. Muchas cartas de amor incluso llevaban, en su cuerpo de papel, el perfume y hasta firmas de sangre, o sellos dactilares.

Así, en “Cyrano de Bergerac”, leemos: “El papel sigue conservando aquel encanto, con manchas de su sangre y de su llanto.” dice Roxana, mientras pone su mano en su pecho, debajo de su vestido donde conserva esa carta. La carta es la herida misma, la carta es su cuerpo doliente, pegado casi a su piel y a su dolor.”

El diálogo continúa:

Cyrano: -“Su carta, permitidme que vuestra herida comparta. ¿Me la dejáis leer?

-Roxanna- ¿Su carta?

Cyrano “-Sí. La quiero hoy.

Roxanne -Tomadla.

Cyrano- “¿La puedo abrir?

Roxana – Abridla. Leed.”

Con respecto a la inscripción del cuerpo en la carta, dice Juan José Saer:“La escritura, en el sentido grafológico, perfectamente individualizada, lleva las marcas del cuerpo que la ha sembrado en la página. Y ese cuerpo, cuyos innumerables signos pueden seguirse en los trazos de lo escrito, se deposita poco a poco, a lo largo de los años, en la obra que es, según la vieja denominación latina, también ella, un corpus. Escribir es así una especie de traslado en que lo vivido pasa, a través del tiempo, de un cuerpo al otro”.

 

CARTAS DE NOVELAS

Un apartado interesantísimo, son las novelas escritas en forma entera en forma epistolar. Es un campo amplísimo donde observar las operaciones sobre la ausencia, la presencia , el amor y su representaciones.

Uno de esos casos es El Werther, “Las cuitas del joven Werther” de Goethe, (1774), la cima del amor romántico, el mito romántico, la muerte, la tragedia, el sufrimiento y el padecimiento de la ausencia.

Tampoco la literatura rusa se queda afuera. Por ejemplo, la primera novela de Fiodor M. Dostoieski,, “Pobres Gentes”, (1884- 1886) , construida a partir de las cartas entre Varvara y Makar.

El corazón de Voltaire” (2005), del puertorriqueño Luis López Nieves, es otro caso interesante.

CARTAS DE ARENA

Carta-viral-1Hay varias canciones que tienen estructura de carta. Una canción muy popular es “Lucia”, de Joan Manuel Serrat. Se trata de un poema de amor en verso libre y forma de carta, cuyo envío es incierto. Sin embargo, al igual que la carta de Lefebvre, el escribiente la hizo pública en forma de canción. Regreso, entonces, a lectura del no envío como un modo más de ausentar al otro. De hacerlo callar. De no darle voz.

¿Hay tal vez un signo de una estructura confirmada: La deriva?

es una carta de amor, que se lleva el viento pintado en mi voz, a ninguna parte, a ningún buzón. No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí, perdóname si, hoy busca en la arena una luna nueva que arañaba el mar “.

Una vez más, parece haber una satisfacción realizable en la escritura, más allá de la respuesta del otro. No es el amor o el mensaje lo que debe realizarse. El buzón es lo de menos, y lo perdido es valorado como lo más amado. Un desencuentro.

Y, si no hay encuentro, ¿a qué viene el vocablo “correspondencia”? Se trata, tal vez, de un intento de corresponderse, en un objeto ambiguo, entre la oralidad y la escritura.

Y ya que hablamos de términos para nombrar las cartas, tenemos “epístola”. Derivas de la terminología, que reclama una filosofía de los modos de relaciones escritas. O habrá en este asunto algo de lo que señala Denis de Rougemont: “Los hombres y las mujeres toleran fácilmente que se hable de amor. Jamás se cansan de ello por común que el discurso sea, por poco que sea el rigor con que se ejerza la crítica temen que se defina la pasión

 

CARTA PARA VER

Tomé “las cartas” como forma que muestra claramente la relación de lo que la “palabra” puede hacer ante la ausencia.

En cierta academia, la correspondencia es considerada una comunicación escrita diferida en el tiempo y entre espacios diferentes. Sin embargo, no es tan sencilla la distribución espacio-temporal entre uno que escribe y otro que lee.

La carta cruza praxis y teoría, la presencia de una ausencia y la ausencia de una presencia. Y, siempre remite a poner en cuestión el tiempo. En sus “Escritos”, Lacan se sirve de tres tiempos lógicos para ilustrar la especial temporalidad que la estructura significante imprime en el ser parlante: el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. ¿Sería atinente pensar desde estos tres tiempos lógicos la operación que las cartas instauran?

Por lo pronto, en cuanto a esta nota, solo estamos en el Instante para ver. Sin embargo, no dudo que las cartas sean un modo de tratamiento del alma” para tramitar la ausencia y bastante más.

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Bibliografía de consulta:

Henri Lefebvre : “La presencia y la ausencia”- Contribución a la teoría de las representaciones” México, 1980

S.Freud. “Más allá del Principio del Placer”, 1920

J. Lacan. “Semin. 20 Aún”. Editorial Paidós.

 




AGUA FÓSIL

Ausencias: sobre la obra de teatro “Territorio Pueblo”, dirección Antonio Bax Gonzalo Sanmillán, creación colectiva (1)

Por Estela Colángelo

DESTINO DE BICHO CANASTO

Mario Arana
Mario Arana

Ausencia de patria chica. Espacio de recuerdos: Hipólito Irigoyen, radicheta, conservador, radical puro de cuna, al decir de la vieja. Los votaba porque eran de cuna. Sin embargo, como acceso a tantos lugares, la principal es la Avenida Juan Domingo Perón. El nombre, “Territorio Pueblo”, bien puede pertenecer a la imaginación, a uno de los ciento treinta y cinco partidos de la provincia de Buenos Aires o a muchos que se despliegan a lo largo y ancho del país. En todos corrieron la suerte de la extinción el bicho canasto, la gata peluda, las plantas que se cuelan en el sembradío, los pollos alimentados a maíz. Y ninguno se privó de la enfermedad, del glifosato, Monsanto, la soja, las hormonas.

SALITRE DE EMOCIONES

Irreverentes. No piden permiso: no me muevo para no perder los recuerdos, quiero verlos, oírlos, sentirlos, recuperarlos. Ser como el río, que solito los guarda o los ve pasar. En el tiempo y la memoria del cuerpo se vivencian: se solidifican por el salitre de las emociones, se coagulan en la garganta, producen una montonera de sollozos acallados. En cada intento de huída aparece la sensación de estar hundido en el barro, en el pozo donde habitan ciegas esperanzas. Sentirse tan solo, entre tanta gente, con tanto techo. La única manera de salir es tomar el acceso de entrada y correr. La esperanza se está yendo, con gesto amable, donde dobla el micro, a otro mundo.

PASÁ, TERESIIITAA…

Antonio Moñoz Degrain  - Amor de madre
Antonio Muñoz Degrain
– Amor de madre

En el pueblo se sabe todo y se conocen todos. Esta realidad trae otras perturbaciones en los vínculos. La compañía constante, la visita omnipresente, la apertura de la casa familiar en la que puede entrar cualquiera. Y la sensación de encierro, aunque estemos en el medio del campo. No hay adónde ir, no hay manera de salir del interior. Se busca la distracción en los relatos, se esquiva el presente. El tema es que éstos nos conducen al interior de fondo dudoso. Son huellas fósiles que la zona nos ha materializado.

LA METÁFORA DEL CHANCHO

El corazón del chancho es el que más se parece al del hombre. En la obra, tres hombres relatan que son tres chanchitos que cuelgan de las patas. Cuando el chancho es chiquito, la sangre le corre como una brisita. Al crecer, se transforma en una tormenta, en un tornado. Al momento que se pone bravo, se le corta la respiración, se lo sacrifica “y paradójicamente es para dar vida otros”. El relato avanza: a un chancho jabalí muy mansito se lo crió en el campo de la estancia. El diez le pusieron. Comía de la mano. Con el tiempo se puso peligroso. No bien amagaron con carnearlo, algunos lo salvaron y lo llevaron al medio del monte. Lo dejaron ahí. Un tiempo después, al ir buscar las colmenas vino, lo vieron. El jabalí reconoció la camioneta que lo había “liberado” ¡Qué golazo!¡Qué golazo! parecía decir el rostro del animal.

Rollo May, en su libro “El amor y la voluntad” expresa enfáticamente que la humanidad necesita del rebelde. En la metáfora del animal comparado con el hombre se podría decir que el jabalí, chancho salvaje, es nuestro Diego Armando Maradona, el diez.

DESTIERRO DE AGUA

“Amargo llanto verde”,

Oliverio Girondo

La inundación: agua que no puede circular y, entonces, destruye. La pérdida, la huida vino con la crisis, con la inundación. Y ya nada fue como antes. Todo se transformó en una deriva. El tiempo comenzó a hacer sentir la ausencia de olores, de sonidos, de sabores, de madre.

Alumbrar recuerdos es un modo de permanecer y de pertenecer. “Porque me duele si me quedo/pero me muero si me voy”, bien supo decir María Elena Walsh, en “Serenata para la tierra de uno”. Las crisis destierran en exilios y fugas de cerebros. Tierra maldita y bendita para nacer, con la incertidumbre de no saber en qué lugar morir.

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Obras sumergidas en la inundaciones de Francia

 

 

(1) actuación: Carlos González Richard, Abel Ledesma, Gabriel Nicola.




JULIO EN JUNIO

Ausencias: sobre tomar mate con Julio De Vido

Por Eugenia Casetta Buenanueva

 

TRENES SIN ASADO

Cualquier andén de tren me despierta destinos imprevistos. Al mirar el infinito de rieles, comienzo a soñar travesías, pueblos a la espera de ser descubiertos. Una brisa de hielo y nubarrones negros me confirman que siempre elijo el mejor clima para largos trayectos en transporte público. Hasta hoy, el “Sarmiento ” sólo me llevó a quintas y asados con mucho sol y espuma de fernet. Ahora me dirijo a una urbe jamás visitada, una ciudad de ausencias acumuladas como cadáveres en una fosa común, a la vista de todos. Entraré allí.

Ya en el vagón, desfilan no menos de 10 niñas y niños, que venden turrones, hebillas o el triste acto de malabares. En los últimos años se tornó incesante el flujo de vendedores con más hambre que ventas, al final de la jornada. La mirada ausente de estos niños invade con imágenes de proyectos rotos. El andén de Merlo me recibe con 3 o 4 grados menos, un compañero con mate caliente y una pregunta:

– ¿Estás preparada para hoy?

– No sé, le tengo miedo atávico a las cárceles.

 

Y EL PUEBLO ESE, ¿DÓNDE FUE A PARAR?

Durante el viaje de hora y media, entre sensaciones contradictorias, pasamos por “Ferrari”, un pueblito de zona oeste, que yo recordaba bien: 16 o 17 años atrás, había sido un desierto. También en junio lo transité en medio de ráfagas adueñadas de un pueblo fantasma. En cambio, ahora, luces, fábricas, casas, escuelas, mercados de rubros infinitos y familias resisten el embate de un nuevo y feroz invierno. La garúa invade mis ojos, sueños de justicia social acribillados y ausentes acompañan el resto del trayecto. Llegamos.  La imponente ciudad frente a nosotros es un mar de techos verdes enjaulado. Aspiro aire gélido para contrarrestar el pánico. Como un mantra, me repito; ellos no se pueden ir, estar acá es mi deber.

CPF II de Marcos-Paz
CPF II de Marcos-Paz


INGRESO CON TICKET VIP

Penetramos el monstruo de cemento y rejas, a través de controles de diversos y guardias fastidiados ante el permiso de la liga de DDHH, que los inhibe de requisarnos.  Pabellón 5, pitido estridente y la reja se desliza, lenta, para que ingresemos.

– ¿Al amigo Julio De Vido, vienen a ver? ¡Mira qué bueno!- ni siquiera disimuló el tono de milico burlón.  El pasillo se pobló de órdenes y pitidos de rejas al abrirse.

Vertedero Principalde Yacyreta . Fotografía de REVISTA PETROQUIMICA.
Vertedero Principalde Yacyreta . Fotografía de REVISTA PETROQUIMICA.


LA DIGNIDAD SE QUEDÓ SIN ALAS

Julio De Vido, aparece desde otro pasillo, que da a las celdas. Su trayecto lo filman en dos ángulos. Inesperadamente, le dan la orden de colocarse contra la pared. El ex ministro, se planta frente al guardia, lo increpa:
– ¿Qué te pensas que vas a requisarme frente a las visitas?
Respiro muy profundo, no voy a derramar ni una lágrima frente los Toranzo Calderón y los Zabala Ortiz  que nos rodean.  Por fin lo abrazamos, nos sentamos en una mesita dentro de un pasillo entre dos rejas y el panel de vidrio con guardias al otro lado.  Se interesa por nuestro viaje, nos pregunta cómo están nuestras vidas, nuestro trabajo. Sí, él a nosotros nos pregunta cómo estamos. Es un animal político, está informado tanto de los tratados actuales con el FMI, como de la incipiente falta de vacunas para niños y personas mayores.
– Así qué están soterrando el Sarmiento ahora…, y sí, firmaron las condiciones que exigía Odebrecht.  El estado nacional financia la obra de una empresa privada.
La conversación se desliza por laberintos judiciales, y cuenta:
-La semana pasada me ofrecieron prisión domiciliaria.
Nos alegramos por unos instantes, parece una excelente oportunidad, pero…
– No, de ninguna manera le haría algo así a mi familia,  ¿se imaginan semejante exposición? Clarín instalaría una caravana permanente frente al hogar de mis hijos.
Este desinterés por su propia salud me confirma: estoy frente a un compañero, sobre quien pesan su nombre y decenas de acusaciones, retrocesos penales y vergüenzas judiciales. Las mayores pruebas con las que cuentan son las siguientes:

2.893 km de Autovías y Autopistas; 5.165 km de Rutas Pavimentadas; 677 Obras de Puentes Nuevos 1.150.083 soluciones habitacionales 1.906 Escuelas Terminadas 230 mejoras ampliaciones en universidades existentes 10 universidades nuevas en provincias alejadas 35.000 km de fibra óptica; 237 Núcleos de Acceso al conocimiento; Satélites ARSAT-1, ARSAT-2 y ARSAT-3; Plan de Lanzadores “TRONADOR II”, 17.000 km de cañerías de Agua, 22.000 km de cañerías de Cloacas, 136 obras en hospitales y centros de salud,el 87% de las mismas se ejecutaron en el conurbano e interior del país. Se destacan:Hospitales El Cruce (F.Varela), Colonia Aborigen (Chaco), Dr. Rawson (San Juan), Cuenca Alta (Cañuelas), Dr. Piedra (Chaco) y Materno Infantil (La Rioja). Recuperación de Río Turbio, 7.500.000 metros perforados, 6.000 Nuevas Empresas de Servicios 100% nacionales, recuperación de YPF, 33.666.476 metros perforados, 30.300 nuevos empleos directos y descubrimiento de “Vaca Muerta”

– ¿Sos hija?… ¿Tu mamá?, ¿tu papá?

– Mi vieja… No, aún no encuentro nada. Sí, parece que estaba embarazada cuando la secuestran.- Julio indaga con genuino interés sobre la búsqueda de nuestro padre/madre.

– ¿Dónde militaban? …¡en Montoneros!

Por un segundo, se descorre el velo de su mirada y nos dice:

– No tienen idea de lo valioso de su visita.

Somos tres cicatrices del antiperonismo sentadas, con mate y chipacitos, en el pabellón 5, dentro de la prisión de Marcos Paz.

JULIO Y LA INDUSTRIA DE LA CAPITAL
JULIO Y LA INDUSTRIA DE LA CAPITAL


LA CASA DE LOS CONEJOS

Transcurrió el tiempo entre anécdotas del quehacer político y autores varios. Apenas ubicaba la mitad de escritores que Julio citó, sin titubear. Por fin mencionó un libro que él no leyó; ” La casa de los conejos “. En eso estábamos, cuando nos interrumpe su palidez súbita.

– Que me traigan insulina.

Llamamos al guardia y el guardia al enfermero. Una vez resuelto el trajín intempestuoso, la pregunta nos quema:

– ¿Te proveen los medicamentos a tiempo?

– A veces. – Susurra.

CCK
CCK

La noche temprana se envalentona con el graznar de cuervos sobre las tejas verdes. Mientras retengo mensajes y solicitudes para el mundo de afuera, deslizo sin que me vean, un mazo de naipes en su bolsillo y prometo traerle “La casa de los conejos “. El ex ministro agradece una cantidad innecesaria de veces nuestra presencia. Lo recuerdo en lo alto de la Ballena azul, pasear su mirada orgullosa sobre el suntuoso CCK, una obra magnánima, inaugurada para el pueblo.

 

ZARPAR DEL MAR DE TEJAS

Al atravesar las dos primeras guardias para salir, oigo más cerca los graznidos.

Faltan 500 metros para dejar la sordidez.

– El pabellón derecho es de los genocidas.

CCK QUNITA TELAM
CCK QUNITA TELAM

Esta información me estremece, mis rodillas son gelatina. Imaginé cruzar a un genocida, mientras ostentaba una prisión domiciliaria frente a mí, como durante una jarana negra. La ausencia de justicia me ahoga, necesito regresar al país de Julio, al de las universidades para obreros, quiero volver a la patria de “Paka Paka”. Asi las cosas, apuro los pies casi congelados.

Ya afuera, observo los cuervos girar sobre la ciudad de ausencias, amontonadas como cadáveres en una fosa común. Y a la vista de todos.