SIN LENTES

Claroscuros: Editorial

Por Gabriela Stoppelman

Hay que mirar sin lentes para que se abra ante la mirada el vacío de la luz. Allí, lo más campante, se entrevé un ojo hueco, una ausencia infinita, eterna y concentrada en un punto. Enorme en su pequeña geometría, alberga -sin ninguna respuesta- todas las figuras de la incompletud:

Rhui Pala. Fotografía.
Rhui Pala. Fotografía.

el sesgo entre dos cuerpos en el máximo entusiasmo del abrazo,

la noche entera en que intentaste palabrear en el silencio la filigrana de alguna letra,

la muerte misma, dale coquetear con sus fantasmas,

la acritud del miedo, aferrado sin piedad a la mano del accidente, al cruzar la vereda,

la mano que vino mala, entre  inmigración y postergaciones,

el día en que el nombre de Santiago inauguró el puente de orfandad entre los hermanos,

la inversión sublime de la ausencia en la multiplicación de las huellas,

la lluvia que gotea  persistencia sobre todas las ventanas de infancias clandestinas,

el nombre “Sara” que, como madre primera de pueblo originario, empaña los cristales, para que los dedos niños la descubran en el dibujo,

la cobardía de las justificaciones, las avalanchas sin justificación,

la tarde en que el silencio se alió a la canción, durante siete increíbles minutos de un nuevo génesis,

el mismo mundo de siempre, unos días después de la canción,

la intención tropezada con los días,

los días revolcados en la cuneta, en busca de aliento.

Eduardo Longoni. Fotografía.
Eduardo Longoni. Fotografía.

Y también:

el horizonte que, en un verso, acercaste hasta enhebrarlo entre tus manos

la hilacha que desmadejó lo ausente, en una breve negligencia del olvido

la ronda quebrada en el punto justo donde estaba el capullo del hastío

la falta trunca y necesaria para que hubiera un futuro

la diferencia entre el contorno de su espalda y la amplitud de tu abrazo

la niña al abrirse paso entre tus piernas: un desperece de mundo, ¡uno, en medio de  muchas oclusiones!

la llave de la casa al abrir el enorme pasillo que llevaba hasta una pava, donde el agua  burbujeaba y buburjeaba, sin disponerse jamás a hervir

la forma distorsionada de un cuerpo en el colchón después del largo combate por el salario

la última luz en una línea de texto, antes de dormir

Y por supuesto: la calle llagada de bultos asomados entre el hedor de cobijas viejas y bolsas, el odio embadurnado en el precio de sus perfumes, el horror ante los años a puro maquillar el rostro de tu muerte, el secador del peluquero que atorbellina agujeros entre la pretendida unidad de esa cabellera, todos los deslices de las miradas sin sedimento, la liviandad del hambre que adelgaza la palabra y la memoria, esta sed  borroneada dentro de la abundancia de un vaso, el fuego al despedazar los cuerpos, la historia repartida en porciones de biografías y  mamarrachos de ablaciones, la palabra al abrirse paso entre dos volúmenes pesados de suspiros densos, dos columnas grises de aire atorado entre la insoportable pura luz y la ameba pegajosa del todo oscuridad

Claroscuros, pues.

Alberto Verdú. Fotografía.
Alberto Verdú. Fotografía.




UNA CHARLA DE TÉ

Claroscuros: entrevista a Mauricio Kartun

Entrevista: Vanesa Acosta, Alicia Lapidus, Lourdes Landeira, Estela Colángelo, Viviana García Arribas, Verónica Pérez Lambrecht, Gabriela Stoppelman
Edición: Vanesa Acosta, Gabriela Stoppelman
Fotografía: Ana Blayer

 

La memoria se desvanece, pulsa bajito en el vacío. Y uno deambula sin brújula y hasta sin miedo a morir. Aturdido, vas entre una pulcritud sin calles, un grafiti huérfano de pared y un eco que, ni bien se anima a una palabra, estalla en pura pelusa. Pero, de pronto, en el aparente reino de lo llano, surge un pedacito de porcelana. Y no vas que, teniéndolo tan a mano, la pifiás. Lo mirás con furia, le insistís, como si ese cachito te debiera algo. Y, claro, así no hay modo de sacarle una promesa: es un mero resto sin taza, una desforma de la tetera, apenas un pedacito de sed.

Así que un día aflojás, juntás tus partes y salís a merodear. El laberinto anda jodido últimamente. Mucha herida sin sutura, al ladito de edulcoradísimas escenas de masitas con té. Hay que piruetearla como se puede. Aunque a veces la cosa se pone tan pero tan taperola, que más vale llevar la pava al fuego y dejar que la voz comience a humear. En eso estás, cuando empieza a resonarte la infancia: “la tetera es de porcelana, pero no se ve, yo no sé por qué”. Y ahí te quedás en una frontera. Un poco adentro de tu casa y un poco allá, lejos, donde dejaste tirado ese pedacito de porcelana mudo que, como melodía, ahora vuelve a insistir. Y, entonces, le entrás al asunto, lo dejás que blablablee. Escribís una palabra y puenteas con otra. Despunta la frase y se monta sobre el arco de la siguiente. Ahí agarra ritmo y no se detiene ni ante la monarquía de las comas. ¡Circule nomás, que el primer párrafo se ensancha, justo cuando llega al final y respira! En esa pausa, como de punto y aparte, se atreve el primer personaje, que sin vacilar invita a otro- uno que iba al paso- a resonar de a dos. Juntos arquean las rigideces del laberinto, lo fuerzan en ovillo hasta saquear toda cifra del reloj. Cuando el cansancio los vence, se detienen y conversan. Como quien dice, se mandan una buena charla de té. Y que nadie venga en este momento con revelaciones como que “del laberinto se sale por arriba, por el medio o por el centro”. ¿Salir? ¿Quién quiere salir? La tarde se pone té de encuentros. Y, placenteramente, conversamos con Mauricio Kartun.

istockphoto-1051683564-1024x1024

 

A MÍ SERVÍMELO CORTADO

Los puse acá a que escuchen y bailen y vos, infeliz, te pusiste a edificar una peña con boletería y marquesina. A cobrar la entrada y a pelear por cartel”.
“Terrenal”, Mauricio Kartun

En alguna entrevista decías que, en el proceso creativo, es muy importante saber cortar. Por otra parte, la palabra corte aparece también en “Terrenal” como lo que da comienzo a la propiedad. Dos cortes bien distintos…

Retrato surrealista de una mujer
Retrato de una mujer

El corte es el límite, en todo caso. El teatro es un corte, una ‘definición’ en términos literales: definir es ponerle fin a algo en la hipótesis de que, de ese modo, se establecen las fronteras con otra cosa. Crear fronteras y ver con qué lindan. En el teatro, el corte es imprescindible, porque el teatro es un recorte, es una escultura -que no es otra cosa que sacarle a la piedra lo que sobra-. Es sacar, tomar la realidad y hacer sobre ella una edición. Es producir sobre la realidad una intervención violenta, en tanto viola todos sus límites y la define en una nueva estrategia subjetiva: ¿qué recorto y qué dejo afuera? Cuando uno empieza a trabajar, descubre que el gran atributo está en hacer mucho con poco. Una obra que dura, efectivamente, lo necesario. Resulta curioso que esa hipótesis está presente en el primer gran estudio de teatro, la “Poética” de Aristóteles, que lo define como una acción única, tensa y contada por la menor cantidad posible de personajes. Marca la unidad, marca la tensión y saca toda arruga. Y no se equivoca. Esa es, continuamente, mi tarea. En cuanto al otro corte, estaríamos hablando de lo que hay del otro lado de la frontera. En la vida hacemos definiciones también: “Hasta acá llegué con esta pareja”. Esa decisión crea, en realidad, dos territorios. Uno es el del que fui y el otro territorio, el del que seré. Te diría que eso también es inseparable del teatro, porque el teatro se constituye en una acción, en un acto de violencia, en un desequilibrio, que es a la vez una frontera, un paso del otro lado. ¿Qué espera el espectador?, que llegues a un nuevo equilibrio. Es lo que llamamos planteo, nudo y desenlace. Y la dialéctica les dice tesis, antítesis, síntesis. Siempre hay tres instancias, por lo tanto, siempre hay cortes. En “Terrenal” se tematiza el concepto de límite. Además, cuando yo imaginé esta obra, hace veinticinco años, me tentaba la idea de un escenario dividido. Y así funciona hoy. Al teatro, como a un montón de otros lugares, le corresponden las generales de la ley de la dialéctica.

¿Podríamos pensar que, en cualquier nuevo territorio, se encuentran memorias del territorio que quedó atrás, después del corte? O, más simple, ¿qué queda de tu obra anterior en una nueva obra de teatro?

La melancolía y la sensación de ya no ser el mismo, inevitablemente. Se dice que, cuando se rompe una pareja, el gran dolor no está en que hay elaborar un duelo, sino en que hay que elaborar dos duelos. No sólo ya no está ella, sino que no estoy yo, el que fui con ella. Claro, es más dolorosa la pérdida de ese yo que ya no se repetirá. La búsqueda desesperada de una nueva pareja en la cual repetirlo te lleva siempre al fracaso. Cuando lo querés aplicar, chirría, hace ruido. Cuando encaro una nueva obra, lo primero que pienso es “no voy a buscar a la vieja pareja”. Siempre, claro, hay algo de la vieja obra presente en la nueva.

 

TE CITO

guitarra tan azuladiosa eras la piedra que acaricia piedra/ te ibas quién te roba última brisa de la brisa o/ flauta mía o leja y rota tan huesolita que te ibas/ tan de la gracia mucha y poca/ si cuando vuelvas ves mis días/ oh piedra/ llena llaga/ hermosa”
“Tan huesolita que te ibas”, Juan Carlos Bustriazo Ortiz

Entre esas cosas que reaparecen en tus obras están los diminutivos.

Hand holding a magic cup
Hand holding a magic cup

Eso aparece en toda mi escritura. Tengo la sensación de la potencia que algunas formas coloquiales toman en la literatura. Los diminutivos son siempre una presencia subjetiva muy fuerte. Cuando los usamos, le damos a algo una característica muy íntima. En la literatura se los suele usar de manera literal: un tecito es un té chico. Sin embargo, cuando décimos “vamos a tomar un tecito” no es lo mismo que vamos a tomar un té chico. Yo siento que esa graduación del tamaño de las cosas no es una cuestión física sino afectiva.

En “Alas de criados” y en “Terrenal”, el diminutivo en “Tatita” funciona como un sarcasmo, porque refiere a alguien muy poderoso.

Exactamente. Un abuelito siniestro y poderoso.

 

PIRUETEALA COMO PUEDAS

“El imaginario, ese botellero.
Nuestro material es aquél
que el azar nos pone bajo los ojos
y nuestra intuición poética recoge.”
“Dramaturgia”, Mauricio Kartun

Hablando de las cosas, pienso en la importancia que tienen los objetos en tus textos. Hay, incluso, muchos sustantivos que adquieren características de verbos.

_DSC0052 (2)David Bohm, un filósofo, dice que nosotros tenemos verbos para las funciones simples, pero no para las complejas. Por ejemplo: si tuviéramos que hablar de lo que hace un árbol diríamos que fructifica, florece, enraíza, crece. En realidad, habría que crear un nuevo tiempo verbal -Bohm lo llama el reomodo- que diera cuenta de lo complejo. Diríamos, entonces, el árbol ‘arbola’. Solamente entenderemos la metafísica del árbol si entendemos esa completud, esa magia, ese misterio. Seguramente, este uso de los objetos que hago intenta esa misma operación: que un sustantivo pueda dar cuenta de algo verdaderamente complejo. En todo caso, es lo que viene proponiéndose la poesía desde hace miles de años. La metáfora es un fenómeno, al principio, muy sorprendente. Por eso, en el pasado, era el recurso de los adivinos. El I Chin es herencia de esta cuestión. Uno de los sinónimos de poeta en español es vate, que viene de vaticinio. La sorpresa inicial ante la metáfora se da porque la cabeza no termina de entender qué cosa rara pasa cuando alguien te dice “esa es una palabra de té” ¿cómo? No entiendo hasta que, de pronto, mi cabeza comienza a encontrar un significado en esa metáfora y se tranquiliza. En el caso de la poesía, la violencia es sobre una red conceptual. Nosotros tenemos una red de conceptos rígida, inamovible y extremadamente cómoda. Todo lo que decimos, pensamos, hacemos y provocamos está dentro de la red conceptual y eso delimita aquello que llamaríamos salud mental. Entonces, la poesía es la loca de la familia que viene a decirte “Che, qué charla de té. Hay mucho té en esta charla, eh”. Ahí la cabeza estalla, porque la red conceptual no te acompaña. No tenés ni idea de qué dice la loca, hasta que tu cabeza empieza a hacer la pirueta. Y necesita hacer la pirueta, porque si no la angustia es muy grande. Entonces, alguien dice: “Claro, una charla de té es una charla cálida, cara a cara”. Ahí se calma la angustia. Por supuesto, ustedes dirán: ¿y por qué no decís “qué charla cálida y calma”? Porque dejaría afuera innumerables otros sentidos: en el té, te podés disolver, con el té te podés quemar, en el té puede estar presente el perfume, puede ser amargo o dulce. Es interminable. Este es el gran fenómeno del arte, producir imágenes que atenten contra la red conceptual. El estallido te obliga a volver a armar los restos y, en ese armado, ves la vida de una manera diferente. Por eso, mi maestro, Ricardo Monti, decía que a la herida de la imagen sólo la sutura la metáfora. Mirar un cuadro y conmoverte, llorar o cagarte de risa con una película, ver una obra de teatro e identificarte no tiene otro sentido que eso. No hay otra manera de salir de la red conceptual como no sea con un atentado. ¿Y quién lo puede producir? La filosofía, el psicoanálisis –eventualmente-, como forma cotidiana de aquella, o el arte. O la locura, que sería la ruptura sin el rearmado o con un rearmado que deja tan afuera a lo anterior, que ya no tiene punto de relación con la red conceptual. El arte es una forma sana, cotidiana, personal de la locura.

 

LA TETERA ES DE PORCELANA, PERO NO SE VE, YO NO SÉ POR QUÉ

¿Pero puede decirse que la araña tiene el proyecto de tejer su tela?”
“Lo arácnido”, Fernand Deligny

Jorge Alemán nos decía el otro día que no concibe una política emancipatoria sin poesía, ¿qué opinás?

rivera_pinturas_6
Bodegón con taza – Diego Rivera (1915)

Emancipar es liberar, un acto libertario y un acto poético. No hay manera de hacerlo, si no rompés la vieja red conceptual y creás una nueva, a la vez. Lo curioso es lo extravagante que suena en la red conceptual la hipótesis de lo que viene, hasta que viene. Yo nací en un país donde las mujeres no votaban. De chico, me parecía raro: “Ah, ¡mirá!, ¡van a votar las mujeres!”. Mi red conceptual no permitía ese paso. Hace poco, leí los argumentos de unos diputados conservadores contra el voto femenino. Extraordinario. Un tipo decía: “Pero, en los lugares alejados, cuando el hombre tiene que ir a votar, ¿quién se queda con los chicos?”. Hoy el lenguaje inclusivo resulta ridículo y dentro de un tiempo dejará de serlo. Cualquier liberación en términos políticos es un acto poético, en tanto quiebra la lógica de lo anterior y demuestra que hay una nueva lógica valorable. Por eso son difíciles las emancipaciones. Recuerdo la época de las híper inflaciones, cuando se ponía la plata en plazos fijos a siete días. Entonces yo me había ido quince días de vacaciones a Villa Giardino, al hotel de Argentores. El primer día, fui al Banco a hacer dos plazos fijos: uno a siete días y el otro, a quince. Todo lo que consumíamos, pedíamos que lo anotaran para pagar al final porque, en quince días, la inflación era de un 50%. Bueno, uno acepta que ese desastre es el cotidiano, pero un día se termina la inflación y tu cabeza sigue pensando en términos de ese delirio. La ruptura es muy violenta. No se acepta el cambio de un día para el otro.

¿Escribís poesía?

No. El erotismo que me produce el teatro tiene una sensualidad en la escritura, que no la encuentro en otro lado. Ahora, siempre he pensado a la dramaturgia como una hipótesis poética. Creo que funciona con la misma hipótesis metafórica, con las mismas imágenes y tropo figuras que la poesía. Leo poesía pero, a la hora de crear lenguaje, el que me seduce, me invita, me apasiona, me lleva y me arrastra, es el del teatro.

 

UN TÉ CON VOZ PROPIA

¡No grites! Quizá tengas razón, y haya una sola [verdad], pero ya nos queda chica, crecimos adentro de ella, como cuando uno crece y la ropa le queda apretada… Tu verdad nos está ahogando. Lo que a ustedes les servía ya no nos sirve a nosotros…”
“Los pequeños burgueses”, Máximo Gorki, adaptación libre de Mauricio Kartun

¿Qué es la voz, aquello que marcaste más de una vez como el soporte de todo texto?

Notas clásicas de un café - Jaruvy Figueroa Alba
Notas clásicas de un café – Jaruvy Figueroa Alba

Hay un malentendido en la diferencia que se establece entre el habla y la escritura. Se alimenta una hipótesis en la que crear sentido en una improvisación común se hace de manera espontánea. Por ejemplo, eso sucede en una charla, que es una improvisación común, donde se crea sentido de una manera curiosa. Surge y se va armando. A veces, se marca que no ocurre lo mismo con la escritura, como si esta tuviese otro mecanismo racional y previo. Entonces, la forma de la escritura debería asumir una solidez que lo coloquial no tiene. Yo creo más en el descubrir que en el inventar. La voz no es otra cosa que la creación de una energía. Cuando quiero escribir algo, lo racional no crea energía. La energía racional sería la de los científicos, una especie de lógica que quita belleza y verdad a todo porque no tiene impronta. Cuando escribimos teatro creamos una voz, que es la de los personajes y también la del autor. Una voz en la que, por ejemplo, aparecen los diminutivos. Esa es la voz en la que uno fluye y, al fluir, encuentra. También puede ser que fluyas y no encuentres un carajo, corresponde a las generales de la ley del fracaso, como en cualquier otra actividad. Pero, para encontrar, necesitás fluir. Subirse a una voz es producir un acto mimético: ‘yo soy ese que habla’ y aceptar que, en esta especie de hipótesis fantasmal, hablamos y hablan los personajes. Algo se va armando frente a tus ojos y lo descubrís cuando lo releés.

¿Tus personajes van cambiando mientras escribís?

Sin duda, porque los vas conociendo. Hay momentos en los que les identificás rasgos insospechados. Y, cuando los confirmás, te obligan a revisar lo que venías escribiendo. A veces, en una obra nueva, es muy difícil sacar a los personajes de una obra anterior, porque no quieren desalojar el escritorio. Yo tengo personajes recurrentes, que han tomado distintos nombres. Por ejemplo, el Tatita de “Terrenal” tiene mucho que ver con el Pedro Testa, de “Ala de Criados” y, con Pacheco, de “El Partener”. Y todos vienen de un referente, un peón que trabajaba en el Mercado de Abasto. A mí me fascinaba su picaresca, era una especie de personaje al que no le entraban las balas. Un inimputable que hacía lo que quería. Es más, ahora estoy ensayando una obra en la que descubro que algo de este inimputable está en el protagonista. Cuando me subo a esa voz, fluyo.

 

NO SE PUEDE CONVERSAR TAN TAPEROLA

La metáfora no es para el verdadero poeta una figura retórica sino más bien una imagen realmente vista que sustituye a una idea”
Nietzsche

Un maquinista teatral sabrá explicarle que es un pequeño objeto mezcla de clavo y tachuela con que se fija en la carpintería teatral un sinnúmero de elementos. Claro, deberá encontrar un maquinista teatral, algo casi tan difícil como encontrar una taperola.”
Mauricio Kartun

Hay en tus textos una búsqueda constante de la raíz de las palabras y también una propuesta de jugar con la materialidad de palabras en desuso…

_DSC0007 (2)Mirá, cuando conceptualizamos una palabra, la aceptamos en un solo valor inamovible. Fuera de eso, tenés dos posibilidades: la búsqueda de un sinónimo o la búsqueda de su etimología. Sólo así podés romper el concepto. Y eso te obliga a entender que esa palabra no dice solamente aquello que vos le atribuís. Siempre, cuando te dicen algo, también te dicen otra cosa. Así, las etimologías dan la posibilidad de desnutrir a la palabra de un sentido único, de resignificarlas.

Como las “taperolas”.

Exacto. Esos objetitos se usaban en el teatro y eran mezcla de clavo y tachuela con que se fijaban, en la carpintería teatral, un sinnúmero de elementos. Son palabras que quedan solamente en algunos pequeños mundos y a ellos refieren. Igual, lo mío no es una voluntad de rescate lingüístico, sino de desafío poético. Muchas veces me dicen, “en tus obras hay cosas que no se entienden”. Es verdad. La obra que voy a estrenar ahora se llama “La vis cómica”. El noventa por ciento de las personas no entiende qué significa “vis”. Se piensa en la mirada cómica porque se vincula a “visage”, del francés. Entonces, lo refieren a la vista, a la mirada. En realidad es un viejo término del español clásico, usado para hablar de la energía cómica, del histrionismo, digamos. Lo elegí porque estoy trabajando en una obra donde los personajes son actores del siglo XVIII y quería que tuviese algo que refiriera a esa época.

 

NARIZ DE TÉ, ¿COMPRENDÉS?

…un espectáculo es bueno cuando ‘sobrevuela la milanesa’. Su objetivo se encuentra en la construcción de otra cosa en otro lado que es la cabeza del espectador. Crea una necesidad de ser desarrollado, comentado y completado en la hipótesis de otro espectador que lo vuelve trascendente en el sentido literal de la palabra –viaja de la cabeza de un espectador (o del escritor) a la cabeza de otro.-”
Mauricio Kartun, conferencia Flacso

Cuando vos tirás una palabra, que suena a algo no muy definido aparece el tema de este número Anartista: claroscuros.

las-tazas-de-té recorteSí. Y el buscar, el preguntarse, crea una ruptura en sí misma. Es lo que pasa con el subtítulo de terrenal: “Pequeño misterio ácrata”. Cuando estrené, daba por sentada la gran elocuencia, el poder de esa palabra del universo anarquista. Luego, descubrí que siete de cada diez espectadores no tienen idea qué significa ácrata. Lo interesante es que la gente va y busca, aunque sea en Google. Ese misterio, efectivamente, rompe la red conceptual. No me gusta el teatro traducido para la masa media, para eso está la televisión. No lo pienso despectivamente, sino en la lógica de la especulación comercial. La televisión está hecha para vender algo, no tiene voluntad artística. Allí el tema es ‘con qué te atraigo para que veas la publicidad’. Ellos necesitan que todo se entienda. El arte trabaja con la diferencia entre entender y comprender. Entender es captar la unidad, el significado de cada palabra. Comprender es ‘prender con’, es agarrar la totalidad. Si yo digo “la vis cómica” a lo mejor no entendés pero, después de ver la obra, lo comprendés.

Comprender implica como una caída de ficha…

Sí. Es la comprensión poética, la compresión del sentido. Ahora nos vamos con “Terrenal” a España, donde el público no entiende muchísimas palabras de lo que dicen los personajes. Lo sabemos porque ya hicimos dos temporadas. Pero nos siguen contratando porque la gente nos va a ver, el espectáculo se ha instalado. Entonces, los españoles no entienden, pero comprenden el sentido de “Terrenal”. La ubicación de una palabra en la frase te permite entrar en el misterio del habla, sentir que no te la están traduciendo para tu cabeza, lo que sería un acto de una obsecuencia demasiado comercial. Mirá, del portugués, entiendo más bien pocas cosas. Pero, cuando voy a Brasil, me fascina andar en la calle y rápidamente empezar a comprender por cómo dicen, por la actitud de quien se acerca y me habla.

 

HUMEA LA VOZ

En el fondo nuestra meta última como pedagogos es enseñar a romper el modelo, aunque el modelo sea uno mismo. Ser abono y no tutor. Entender que sólo habremos cumplido realmente el rol de maestros el día que un discípulo pueda decirnos -como Calibán a Próspero-: ‘Usted me enseñó a hablar y mi beneficio ahora es que yo puedo hablar con usted’”.
Mauricio Kartun

¿Y qué sucede con la voz de la docencia, que es otra de tus voces?

Es exactamente lo mismo. Vos necesitás crear una voz a la que subirte para crear una energía y fluir en ella.

Fluir fuera de toda pretensión de alcanzar una certeza. En todo caso, comprender que nunca nada es del todo cierto.

Por supuesto. Es del orden de lo claroscuro, como decías. Y, curiosamente, crea una entidad singular. Cuando comprendés algo, tenés la sensación de haberlo abarcado. Es un entero, una completud.

¿Es posible una completud o siempre faltan cinco para el peso?

Es posible una completud, como fenómeno subjetivo. Te pasa frente a una poesía. Si hay algo abismal es un poema. ¿Cómo hacés para entender cada una de sus figuras? No podés entenderla, pero sí comprenderla. Descubrir este fenómeno es el mecanismo que libera al artista de la voluntad traductora, sometida y dependiente. No se puede entender al arte desde otro lugar que no sea una hipótesis metafísica.

Y partimos de que uno tampoco tiene más que una “comprensión” de lo que quiere decir…

Este es el otro tema que a veces también resulta difícil: aceptar que la escritura es una forma analógica del pensamiento. Cuando uno escribe, piensa subido a una voz. Es una manera de llegar a lugares a los que no podría nunca llegar por medio del pensamiento tradicional. Al menos yo, que no soy científico ni filósofo, no tengo método para acceder a las cosas como no sea por la sorpresa de descubrirlas. Por lo tanto, escribir es conocer, es aprender. Si, al revés, quiero escribir lo aprendido, es posible que las cosas se me entiendan, pero es difícil que sean comprendidas. Digo, es difícil que de esta manera pueda yo crear algo lo suficientemente complejo y rico como para que alguien descubra algo nuevo ahí.

 

KARTUNERO”

Vivo juntando deshechos, cosas degradadas en su función utilitaria y cargadas por los signos del tiempo. Se puede leer su discurso oculto si uno se anima y ellas te lo permiten.
No colecciono. La colección tiene la ambición de la competencia, variedad y número. Poco tiene que ver con mi obsesión. Simplemente junto. Escribir mis piezas es mezclar deshechos, apilar residuos del imaginario y redimírmelos internamente con el sortilegio vulgar del acto poético.”

Mauricio Kartun

Hablemos de tu botellerismo. Es muy interesante la idea del azar que adviene, al que se le agrega la intuición poética. ¿Pasa al revés algunas veces? ¿Que primero se dé la intuición poética y luego se complete con el azar?

076afab08d15a48ab34d9729c8dbb75dPasa, sí. Como esas sorpresas que te da la vida cuando conocés a alguien y decís “Estábamos hechos el uno para el otro, ¿cómo no nos conocimos antes?”. Mi maestro Monti sostenía mucho esto. Él decía que “todo parece estar escrito”. Trabajaba mucho con el concepto del rompecabezas. Las piezas están y uno, un día, las ordena. Me parece que azar e intuición poética son dos fuerzas complementarias. Uno anda por la vida en busca de las piezas que le revelen algo. Cuando aparecen, son extraordinarias. Yo siento una alegría física en encontrar eso que estaba ahí. Y me pregunto, ¿cómo no lo vi antes? Mirá, hay un mecanismo mental, la apofenia, que es la capacidad de crear por relaciones: descubrir relación entre cosas y, al unirlas, armar un relato. En la obra que ensayo ahora, tenemos un baúl que es muy difícil de mover porque, cada vez que lo hacemos, raya el piso. Mi escenógrafa me dice que compre dos pedazos de alfombra y se los ponga abajo. Antes de ayer salí del ensayo, caminé y, frente a mi estudio, en un container frente a un local, donde están haciendo reparaciones, veo dos rollos de alfombra. Pero eran muy grandes y estaban muy polvorientos. Logré levantarlos y recuperar dos pedazos. Los llevé, dimos vuelta el baúl y uno de los pedazos iba justo, no le sobraba un centímetro. Eso son las apofenias. Uno tiene la sensación de que el universo está alineado, ¿no? Te cuento otra cosa: a ese sillón, donde estás sentada, lo encontré hace quince años, así como está, en un container. Estaba todo sucio, por supuesto. Mis amigos me decían “no es verdad que lo encontraste. Vos lo compraste” “Pero sí, es verdad. Tengo fotos, te las puedo mostrar”. Me decían “¿Y por qué yo nunca encuentro una cosa así?” “¡Porque vos no te metés en los containers!”, le contesté. Yo soy capaz de hacerlo. Por supuesto, la gente que pasaba antes de ayer a la tardecita y me veía metido en ese coso, mientras sacaba unos rollos, diría “pobre señor, que a su edad tenga que hacer esto”. Es más, saqué los pedazos y fui a la sala de ensayos donde tuve que entrar muy en silencio, porque justo empezaba una clase. Me miraban… Ayer la tuve que limpiar, claro, diez minutos pegándole con una raqueta para sacarle todo el polvo. ¡Pero qué placer esa sensación de encuentro! Andás por la vida con la actitud de “necesito la pieza que complete el rompecabezas”. Buscás un libro que te diga algo, que te complete la idea que tenés y, de pronto, aparece.

Supongo que te referías a una insistencia, no a una ansiedad. Pensaba en esas mujeres a las que se les nota mucho que buscan novio, por ejemplo. Ahí no encuentran nada.

c7dE-_26y_1256x620__2Picasso decía “yo no busco, encuentro”. En realidad, yo no salgo a caminar por el barrio en busca de una alfombra, pero soy capaz de meterme en un container. Un amigo mío muy querido se había separado.

¿No me digas que encontró una novia en un container?

¡Más o menos! Un día hablábamos y salió el tema de la filosofía. En un momento, él me tiró un par de cosas muy buenas de Spinoza y le dije, “Ah, ¿estás leyendo a Spinoza?” “No” me dijo, “estoy haciendo un curso sobre Spinoza con una filósofa”. Me sorprendió, así que deslicé un “No sabía que te interesaba tanto”. Después, me dijo que era “uno de los temas” que le interesaban. Pero, me parecía mucho hacer un curso, por “uno de los temas”. Ahí él me aclaró “Mi terapeuta siempre me dice: ‘Si usted recorre siempre los mismos lugares, usted siempre verá a las mismas personas, con las cuales todo lo que tenía que haber pasado ya pasó y lo que no pasó, no pasará. No hay posibilidad. ¡Circule, circule!” Ese texto lo incluí tal cual en “El partener”. Y, bueno, efectivamente, en ese curso, mi amigo conoció señoras que tenían un pensamiento afín con él y, al final, en ese “ese container”, por decirle así, encontró la novia. Ese ‘circular’ es también una manera de salir de la red conceptual. Si yo me muevo con el mismo círculo de militancia, con el mismo grupo de amigos, en el mismo grupo artístico, quedo atrapado.

_DSC0048 (2)
El Anartista con Mauricio Kartun

 




EL FUEGO DEL TIEMPO

Claroscuros: entrevista a Tomás Méndez

Entrevista: Alicia Lapidus, Isabel D´Amico, Lourdes Landeira, Estela Colángelo, Pablo Soprano, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

“El punto de una estrella blanca aún tiembla/ en lo hondo
de esa luz amarilla del día que se agranda/ tras montañas de púrpura”
“Prometeo liberado”, Percy Bysshe Shelley

 

En el revés del mito, Prometeo rompe el candado de los arcones del tiempo y lo ofrece en manos de los hombres. Algunos dicen que logró tentar la codicia divina con ríos de sudor humano. Otros, que entregó fósiles de horas y años quebrados, envueltos en brillante grasa. Sin embargo, las dos versiones coinciden en que a los supremos se les hizo agua la boca y, aplastados por el propio poder que ejercían, confundieron hambre con rapacidad y sed con locura. Por eso se cargaron ambos rumores a la bolsa y descuidaron los portales de la eternidad. Qué había detrás de esa entrada secreta era un misterio, cuyo mayor sentido consistía en distraer al mundo con especulaciones sin límites, mientras los dioses nos zarandeaban de lo lindo, entre urgencias y terrores.

Pero quebrar el hechizo no fue cosa de solo llegar al pie de lo prohibido. Grande fue la sorpresa de Prometeo, al ver que el supuesto tesoro no era reluciente ni infinito, sino un simple amontonamiento de posibilidades, estrechadas contra las paredes húmedas, en una prisión de tiempo. En un bucle, un poema intentaba despegarse de la velocidad de la luz. Más lejos, una sombra combatía con el ritmo insistente de cierta verdad. Y el humor, pegoteado a la vieja madera de los arcones, buscaba el matiz de una veta para no morir de tristeza. A los ojos de Prometeo, ardió el espectáculo de un gran ovillo de prisioneros cautivos en sus transcursos. Una curva se partía en la rigidez de una línea. El amor boqueaba al fondo de la pila, sin más aliento que un mero ocurrir y ocurrir. El deber, encima de todos, amenazaba con buchonear cualquier asomo de atrevimiento, ante los guardias de la inexistente eternidad.

Raúl Cañestro.
Raúl Cañestro.

Entonces, Prometeo, lleno de una furia vieja y reavivada frente a tanta evidencia, renunció a su semblante de héroe y decidió convocar a una asamblea. Así, llegó el tiempo de la traición y de la amistad, el de la codicia y el del abrazo. Después, continuó la historia. Aunque, justo en esta parte,  todos los manuscritos del mito se borronean o aparecen chamuscados. Algunos dicen que esa picardía fue obra del fuego, para evitarnos caer en la tentación de la profecía. Otros opinan que todo es un gran juego de la ilusión. Pero ambas versiones coinciden en la imperiosa necesidad de refundar un tiempo impregnado con palabras y silencios. Un tiempo que haga de la acción un modo de no escondernos entre los otros. Uno, donde el calor de la confianza vuelva a tener sentido. Ahí, a la llama de ese fuegito, nos encontramos con Tomás Méndez.   

 

 ROCKY Y RAMBO, LA SECUELA

 

                        Toda ruina es un aposento recuperado por el caos”
Osadía”, Ángel Darío Carrero

¿Es posible pensar en medio de la urgencia?

Depende de a qué llamemos pensar. Para el sistema de hoy, pensar sería tomarse al menos diez minutos para saber si lo que hacés está bien. Yo ya tengo mucho oficio. En Córdoba, tenía tres programas de televisión y era mucho más esclavo que acá, en Buenos Aires. Hay que adaptarse para no enfrentar al sistema de golpe, cosa que hice varias veces y me fue muy mal. Una locura. Hay cosas que no me imaginé que pasarían, porque yo no soy así. Creo que necesitaría ser un psicópata, como dicen mis viejos, para que me resbalen algunas cosas. Sin embargo, me hace mucho mal el sistema, me identifico mucho con las personas. En esta vorágine, no podés parar ni siquiera a razonar. Yo, en vacaciones, me leo como cinco libros por día, es cuando tengo el tiempo para nutrirme. Durante el año, no hay forma, estoy bloqueado, no puedo, todo el tiempo estoy ocupado en cómo hacer mi trabajo. Lo que Buenos Aires le suma a esta locura es el rating, el gran disciplinador, que te dice qué está bien y qué está mal. Yo lo he vivido en carne propia. Cuando nosotros hemos acelerado alevosamente con investigaciones serias, que podían haber comprometido a muchos, nos ha parado la cucaracha (1).

¿O sea que, a nivel televisivo, el periodismo puede ser independiente de todo menos del rating?

Obviamente que el periodismo no es independiente de nada. No existe la persona independiente. Quien dice eso está mintiendo. El periodismo le ha mentido mucho a la gente. De la Guerra Fría a esta parte, hemos crecido odiando a los soviéticos. Rocky y Rambo, en los 70, y la ficción que plantea Carrió ahora, todo se mezcla, todo se hace lo mismo y el consumo que tiene el televidente de ficción y realidad es prácticamente el mismo.

¿Buenos Aires no te resulta peor que Córdoba, en cuanto a esta locura del sistema?

Hasta ahora no, porque en Córdoba yo me jugué todo. He logrado que se condenara a prisión a policías narcotraficantes. Pero los jueces, en mi cara, me cambiaban mi testimonio y les daban sólo dos años de prisión. Recién hace muy poco, desde Buenos Aires, les han comunicado que son nueve los años de condena que les corresponde. Los tipos están libres, me hacían inteligencia y yo, con mi mujer y mis hijos, tenía que andar con chaleco antibalas y vivir con la Gendarmería dentro de mi casa. Estábamos muy desprotegidos. En Buenos Aires, las cosas ya no son así. En aquellos tiempos nosotros hemos comprado en Paraguay mil kilos de droga para demostrar cómo se hacen esos manejos. Después, lo llevábamos al Juzgado como prueba. Pero, a veces, uno quedaba expuesto a que si, en el medio, me hacían una operación y la policía entraba a mi casa, yo tenía droga de nuestra investigación en mi propio domicilio.

 

CÓMO VOLVER A LEER AL PATO DONALD


“hay un país  (pero no el mío)/ donde la noche es sólo por la tarde/ (pero no el nuestro) /y así canta una estrella su tiempo libre”

Susana Thenon

Tomás Méndez. Fotografía: Diego Grispo.

Quiero volver al pensamiento. En varias entrevistas hiciste muchas referencias a la filosofía y me pregunto cómo se puede vivir diez meses sin parar y pensar recién en las vacaciones…

Pero así es como vive la mayoría de la gente. Es difícil decir que no cuando, en el canal, me plantearon hacer tres días por semana ADN. Eso o nada. En Córdoba yo me peleé en serio con el sistema. Me metí con la policía, con la política, con el periodismo, con el poder judicial, con todo. Cuando el sistema se me plantó, se me complicó muchísimo, me armaron diez causas sin asidero, obviamente. En una de ellas fui a declarar con un abogado vestido de Pato Donald, porque era tan escandaloso lo que me estaban haciendo, que trataba de exteriorizarlo de esa manera para que no fueran más grandes los abusos. En un momento, cuando habíamos agarrado a un narco, conocí a Berni, en ese entonces, Secretario de Seguridad. Sin conocerme de antes, me dijo “Vos tenés fecha de vencimiento, pibe. A vos te matan”. Yo le había dejado los teléfonos del narco y le dije que me los devolviera, se los saqué. Al narco lo sacamos al aire. Entonces, en un momento de alta vulnerabilidad, mi viejo me dijo: “¿Te van a matar? Hagamos una cosa: hacé un partido político con el nombre ADN y presentate. Eso te va a dar espalda”. Bueno, armé el partido, me presenté y casi ganamos la elección. Eso fue lo que me salvó. Pero en Córdoba no voy a hacer nunca más nada.

¿Te pidió disculpas Berni?

Nunca. Es más, me dijo “Loco, yo te dije la verdad. Si no te gustó es problema tuyo”. Berni fue un tipo muy sincero conmigo, me estaba aconsejando, me estaba previniendo. El tema es que, el día de la elección, entraron a la casa de mi viejo, rompieron la puerta blindada, rompieron todo, estaba con mis hijos, un desastre…

¿No te convendría vivir en Buenos Aires con toda tu familia?

Lucía Vidales.
Lucía Vidales.

Mirá, yo en Córdoba llegué a un techo. Córdoba tiene una idiosincrasia muy complicada, es un pueblo muy conservador. Es otro país, en serio. Muy fácil de manipular y muy difícil para la gente que piensa. Es muy triste. Yo, al menos, con mi programa me siento satisfecho porque le doy algo a la gente. Entendí que la política es también una mierda, no podés hacer nada, pero no lo digo porque estoy afuera, estoy adentro de eso y es una mierda. Si querés hacer las cosas mal, hay plata para hacerlas. Pero, si las hacés bien, nadie te las reconoce y, encima, el sistema te mata. Entonces, lo mejor es salir de ahí y volver al periodismo donde, al menos, podés trabajar en algo, en un cambio. Yo me tomo las cosas a pecho y hago lo que puedo hacer.

 

FILOFELIZ

“Pero queda, una cosa sin nombre/ arrinconada en la conciencia/ como si el ser pudiera soportarla.” 

“Alicia en la tierra baldía”, Ann Lauterbach

 

Los periodistas hoy, en general, no cuidan las palabras pero vos sí. ¿Cuál es tu relación con el lenguaje oral y el escrito?

No me gustaría ser injusto, ni siquiera con Macri. No siento la necesidad de tener que mentir para decirte qué está pasando. No puedo hacerlo. El cuidado de las palabras no lo racionalizo y, mucho menos, al aire, digo lo que tengo que decir, me sale así. Simplemente, hay un límite: la ética.

¿Escribís?

Mikalojus Konstantinas Ciurlionis.
Mikalojus Konstantinas Ciurlionis.

Poco, en realidad. Ahora vamos a empezar a hacer portales, pero…

La escritura tiene otra velocidad, por eso te preguntaba. Además, no es tan común que un periodista cite a filósofos al hablar de lo cotidiano. Y te vimos muy contento el día que lo invitaste a Darío Sztajnszrajber…

Es que me da mucho placer escuchar a Darío. Además, es un tipo muy inteligente y muy formado y yo me siento muy conectado ideológicamente con él. Eso me hace feliz.

Pero los periodistas podrían incorporar estas cosas. Pienso en Guarino, por ejemplo, que inicia el programa con esas parábolas literarias y filosóficas…

Hoy no me siento capacitado para eso, sinceramente. Hay que prepararse.

¿Qué leés en el verano?

Filosofía, política, de todo. Incluso algunos libros que me repugnan, pero es bueno saber cómo piensa el otro.

¿No se satura el cerebro con tanta data?

Me satura la información de lo cotidiano. Hoy, a las once y media de la noche, después del programa, tengo que atender gente.

¿Con qué descansás?

Me cuesta descansar. Me encantaría jugar al fútbol cada tanto, que es donde me desconecto de todo, pero no dispongo de tiempo y el poco que tengo se lo dedico a mis hijos. Cómo vas a pensar en otros si no pensás en tu familia, ¿no? Ahí siento mucha culpa a veces. Ellos están en Córdoba.

 

POEMA MUERTO DE RISA

 

                                                           Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias”.”
“Rayuela”, Capítulo 68, Julio Cortázar


En la entrevista con Benjamín Ávila conversábamos sobre lo habitual que era la relación con la poesía en los militantes y periodistas de los ´70 y lo lejana que es la relación con lo poético hoy. ¿Cómo te llevás con el lenguaje poético y qué sería, para vos, lo poético en el periodismo?

Tomás Méndez. Fotografía: Diego Grispo.
Tomás Méndez. Fotografía: Diego Grispo.

Yo nací y a mi viejo lo habían secuestrado. Yo siempre negué la situación de mi viejo y él nunca habló de esto porque le hacía verdaderamente mal. Estuvo mucho tiempo fuera de casa y por eso quizás no hubo una conexión más profunda en ese sentido. Él trató de sacar lo político de nuestra vida. Es decir, nosotros crecimos en un ambiente donde no se hablaba de política, de ideologías. Yo creo que fue para cuidarnos: mis viejos, muy asustados con la realidad, nos aislaron absolutamente de esos temas. En ese sentido y volviendo a lo que decías de la poesía ligada a la gente de aquellos tiempos, por este clima que se vivía en casa, yo siempre estuve alejado de lo poético, no siento a la poesía como algo mío. En cuanto al periodismo y el lenguaje poético, creo que la voracidad del sistema hace que los periodistas confundamos nuestro rol y pensemos que, al tener más presencia, podemos estar más instalados y nuestra palabra puede llegar más. Yo no tengo lenguaje poético, no porque no quiera, sino porque no me siento- insisto- capacitado para incorporarlo. Salvo que me guione. Antes me guionaba. En Córdoba, hicimos cosas rarísimas con las malas palabras, a partir de lo de Fontanarrosa, cosas muy buenas. En un segmento del programa y con un compañero que había sido juez federal -de ochenta y pico de años-, aplicábamos las malas palabras a los discursos políticos y la gente lloraba de risa. Pero eso era puramente guionado, ahí tenía un tiempo para escribir. Ahora no. Y, además, eso ya no se hace en televisión.

¿No sería bueno aprovechar la masividad que te da la tele y darle más vuelo al lenguaje periodístico?

El problema es si la gente valora eso. Se podría entrar a través del humor. Hice una tesis importante de análisis lingüístico del lenguaje humorístico, que empezaba en la retórica clásica y terminaba en Freud. Para mí el humor es poesía.

¿En qué sentido?

Lo que pasa es que uno piensa en el humor de hoy, pero hay humores de alto voltaje en Breton, en donde busques. Si yo me guiono, soy muy bueno en el humor. En eso me siento muy capacitado ¿ves? Me conecto, creo que el humor sirve de conexión.

 HUÉRFANOS DEL VACÍO

“Es mejor estar cansado y colapsar
por la tarde. /Es mejor despertar claro en la mañana/
a la primera luz, levantarse bajo el cielo inamovible, /ignorar el agua infranqueable /y alzar la nave sobre las olas/ hacia la siempre recurrente costa del sol
.”
“Viaje “, Ingeborg Bachmann


El otro día te hemos visto entrevistar al fiscal Delgado y un poquito te sacaste ¿Qué cosas te sacan de quicio?

Ese día me sacó que me dijera que yo era irresponsable, cuando le estaba mostrando pruebas que abalaban lo que yo decía. Pero, en general, antes me irritaba la hipocresía. Sin embargo, cuando empezás a entender que es parte del lenguaje cotidiano, cuando empezás a familiarizarte un poco más con esto, comprendés cómo va la vida en general. Yo soy un tipo que siempre me aislé mucho, me enojaba mucho. Al laburar, entendí que son cosas propias del ser humano. Hoy me enoja la falta de humanidad, el no poder armar grupos. Eso lo viví mucho en la política y es tremendo. No hay militancia real, es muy poca, muy escasa.

¿Eso te da una sensación de orfandad?

Tomás Méndez. Fotografía: Diego Grispo.
Tomás Méndez. Fotografía: Diego Grispo.

Absolutamente, pero no de tristeza. Ahora ya lo entiendo, ya está, por eso estoy solo con mi familia, no busco compañía. Si puedo defender a una señora -que quizás sea mala en otro ámbito, pero que perdió su casa por el crédito UVA-, lo hago, me pongo al lado de ella porque es víctima. Pero no busco más compañía que la de la familia. Antes, sí, me daba una sensación como de vacío que ya no tengo.

¿No te da un poco de tristeza que soñemos tan chiquito?

Sí, pero son abstracciones. Vos no podés pelear contra una nube. Si está nublado, no vas a poder hacer que se despeje.

Seguís denunciando cosas que te ponen, aunque no tanto como antes, en cierto peligro.

Bueno, hay que tratar de que las cosas cambien en algún momento, depende de que la gente pueda abrir los ojos…

¿Cómo fue que llegaste a involucrarte tanto en Córdoba en el tema de los narcos?

Fue azaroso. Toda mi carrera lo fue. Empecé muy chico en el periodismo y nuestro programa comenzó, más que nada, al modo de una propuesta humorística. La gente lo vio como algo sincero. En eso, me cayó la primera denuncia que era en contra del gobernador de Córdoba, que robaba energía eléctrica. Muy inocentemente, yo lo hice público. El tipo se vino abajo, una cosa tremenda. A partir de ahí, empezaron a llover las denuncias: “Che, este tipo vende en aquel lado” ,“¿Y vos me ayudás? ¿Podés comprar?”, “Sí”, “Bueno, ponete esta cámara”. Me acuerdo de la última cámara oculta de narcos prófugos. Nosotros llegamos a estar dentro de la casa, mientras ellos decían “Che, cuidado porque acá puede estar ADN”, una cosa de locos. Era como la transformación de ADN en la policía. De hecho, ¿sabés por qué comenzó el levantamiento policial en Córdoba? Porque, después de que nosotros sacamos el narco escándalo, la policía se quedó sin guita en negro. De los quince mil agentes, siete mil cobraban plata del narco. “¿No me das más la plata en negro? Yo no puedo vivir”. ¿Y cómo de un día para al otro no podían vivir?

 

GENÉTICA DEL AZAR

                                               En algún lugar del gran muro inconcluso está la puerta,/ aquella que no abriste/ y que arroja su sombra de guardiana implacable en el revés de todo tu destino./ Es tan sólo una puerta clausurada en nombre del azar
“Detrás de aquella puerta”, Olga Orozco


Siendo tan importante el azar en tu carrera, ¿por qué tu programa se llama ADN, que refiere, justamente, a una determinación genética?

Max Ernst.
Max Ernst.

Nosotros empezamos llamándonos “Sociedad Anónima” y, como cada año, nos censuraban, nos sacaban del aire, mutábamos el nombre. Pero mirá cómo es el sistema. Entremedio de esa censura, yo hacía programas de humor periodístico solapado, bajábamos línea a través del humor. Y el Martín Fierro me lo gané por un programa de estos. Nunca te lo dan por lo periodístico. Te muestran cuál es el camino, ¿no?

Ayer dijiste algo interesante. ¿Lo que vivimos se trata simplemente de negocios o la intención es embarrar la cancha?, ¿cómo es eso?

Son las dos cosas. Lo podés leer como que el negocio de ellos es embarrar la cancha. Hoy está todo muy complicado. A estos momentos yo les tengo miedo por los modos que puedan elegir para embarrar la cancha. Nosotros, si imaginamos- por ejemplo- que la semana próxima pueden hablar de Nisman, nos anticipamos.

¿Cómo hiciste para entrar a ese departamento?

Nos costó muchísimo. Tuvimos que poner a un conocido, porque a mí no me lo quisieron alquilar. Igual es muy feo el lugar, una energía muy oscura. Imaginate ir al baño…, hay dos baños. Pero estaban las mismas sábanas de cuando murió el tipo…

El tema de este número es claroscuros. Algo dijiste recién de lo oscuro. ¿Qué ves como lo más luminoso de este momento?

Lo oscuro, aunque es muy abstracto, es la manipulación social de la cual es también responsable la propia sociedad, del no querer razonar. Lo más luminoso pasa por eso de que uno espera ser lo más masivo posible. En realidad, es una utopía…, o una boludez. La sociedad está segmentada. Hay un análisis extraordinario, que lo hizo Clinton y después se aplicó mucho, sobre todo, en las ciudades grandes: las sociedades eligen en base a tercios. Y uno de esos tercios elige en base a cómo fue el padre en la familia. Por ejemplo, si fue muy presente y con la ley bien marcada, mucha gente- sobre todo, en los pueblos-, elige líderes fuertes. El otro tercio es el padre totalmente democrático. Y el último tercio es el de la indecisión, el boludo que no sabe qué va a votar. Esto es científico, eh. En los últimos quince días de las campañas, se trabaja para el último tercio. Esa quincena es la más fuerte, donde hay más mentiras. En cuanto a lo más luminoso, bueno, siempre hay gente dispuesta a pensar y con la cual uno se siente identificado, no importa el porcentaje. Yo siento que es un treinta por ciento y yo me siento, en este rol periodístico, contento y lleno, porque puedo llegar a esa gente.

Y si este fuera tu tope con respecto a la masividad, ¿estaría bien?

Sí, sí. Estaría ya.

 

PROMETEO EN CANA

                                   Pero es el caso que, para mis cuitas,/ no hay término fijado, hasta que llegue/ el día en el que Zeus pierda su imperio.”
“Prometeo encadenado”, Esquilo

 

Lo de la imposibilidad de parar a pensar parece como un círculo cerrado al vacío.

Tomás Méndez con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Tomás Méndez con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

Creo que hemos perdido la racionalidad y no la vamos a encontrar. En uno de los casos más importantes, el de Nisman, yo no podía entender cómo Cristina había dicho que a él lo habían matado. Pero es porque no tenía a nadie al lado, porque la mujer se sintió acorralada y porque no pudo pensar. La política es pensamiento. Si no podés pensar en la política… Y ojo, yo no hablo de resignación. Pero,  lamentablemente, si yo tengo que parar y mi hija no tiene medicamentos o la posibilidad de ir a la escuela, es como que me da miedo, ¿no? Y a veces, por ese miedo, te tienen agarrado. El sistema es así.

Pero si hubo gente que pensó, aun en los campos de concentración, ¿estamos nosotros absueltos de pensar porque estamos apurados o amenazados?

Lamentablemente, parece que es en los únicos lugares donde uno puede pensar. Creo que, en determinados encierros, uno piensa todo: si está bien el sistema, si la vorágine está bien, si el camino está bien, si… Y, cuando te abren la puerta, empezás a perder eso.

Estás en un lugar muy importante, desde donde sugerir la posibilidad de pensar, aun apurados y amenazados.

Max Ernst.
Max Ernst.

Es que la televisión se ha convertido en un problema. Ya no existen en la tele los espacios para pensar. Algo se puede hacer en un portal o en la radio, por ejemplo. Yo soy licenciado en comunicación y mi especialización es en radio. Ahora bien, es muy complicado decirle la verdad a la gente, le produce rechazo. Por ejemplo, en el ámbito más simple, ves a alguien y pensás: “Pero es más petiso de lo que pensé, es más gordo, está hecho bosta”, sin embargo, no le vas a decir la verdad en la cara al tipo, porque lo hiere. Cuando hablás con verdades, las verdades hieren a las sociedades. Si le decías a alguien, “Che, ¿vos no te das cuenta de que tu gobierno te está haciendo pelota?”,  le estás diciendo que es un boludo. Después, está el asunto de tratar de generar condiciones para que el otro piense. Creo que en el programa lo hacemos, no sé si lo logramos en la medida que queremos o deberíamos. Pero también, del otro lado, no sé si hay gente con tiempo para capitalizar eso. El tiempo es fundamental y nos lo han robado.

¿Y cuánto tiempo se puede estar así?, ¿no se ha generado angustia en la gente por esto?

Es difícil porque es parte de la cultura. Te roban el pensamiento, te roban la capacidad de razonar. La mayoría no se da cuenta que nos robaron el tiempo.

Pensaba en lo del Pato Donald, ¿eso no te obligó a frenar un poco?

Qué sé yo… Yo no he podido frenar, la verdad, en política ni en nada. Capaz que esa ansiedad es un poco el producto de no haber hablado en la familia de las cosas graves que habían sucedido. Por ahí estoy muy contaminado de eso y así terminé. Creo que el tiempo va a causar estragos en los que vienen.

 

REFERENTES DE LA VOZ

 

                                               Siglos y siglos que vienen gimiendo en mis venas/ Siglos que se balancean en mi canto/ Que agonizan en mi voz/ Porque mi voz es solo canto y sólo puede salir en canto/ La cuna de mi lengua se metió en el vacío/ Anterior a los tiempos/ Y guardará eternamente el ritmo primero/ El ritmo que hace nacer los mundos/ Soy la voz del hombre que resuena en los cielos”/ Que reniega y maldice/ Y pide cuentas de por qué y para qué” “Altazor”, Vicente Huidobro

¿Te permitís algún silencio cada tanto?

Tomás Méndez. Fotografía: Diego Grispo.
Tomás Méndez. Fotografía: Diego Grispo.

Sí. Soy mucho más silencioso cuando estoy entre dos, ¿no? En el momento en que te empezás a sentir solo en serio y responsable de los tuyos, digamos. Tengo los miedos lógicos, pero también sé que, en algún momento, llegan las cosas. Mirá, el tiempo y el sistema son tan crueles que, hace once años, me sacaron un tumor del acústico y, a los pocos días, empecé a trabajar, con la cabeza todavía en parte rapada. Eso que te contaba antes del Pato Donald fue por ese entonces, antes del narco escándalo. Hay que volver a caminar, ¿no?… Aunque también fue una satisfacción. Yo me sentía muy bien haciéndole bien a la gente, estuve muy cerca del pobre, muy cerca de la pobreza, amorosamente. Eran los únicos que no se comían el verso. Las clases medias y altas se comen todos los versos de los medios, a ellos no les podés entrar.

Pero acá a los pobres los convencieron de votar al enemigo.

Claro, pero porque no hubo un referente. En Córdoba, yo era un referente para los pobres. Les costaba muchísimo. Una vez planearon un crimen para matarme, eran unos tipos que pertenecían a una familia de criminales. Y la hermana de ese tipo fue a la justicia y denunció: “Lo van a matar a Tomás Méndez, mi hermano planea hacer eso.” Y lo pararon. Acá, en Buenos Aires, no hubo referentes de la pobreza. No hablo de un sacerdote en una villa acá y otro allá. Un referente masivo es alguien con quien los pobres puedan identificarse. Hoy, en el aeropuerto, había un tipo que me gritaba “Eh, Méndez ¿cómo andás? Lástima que seas de Talleres”. Nada más, pero es gente humilde que siente que vos estuviste al lado, es muy importante. Hace ya cinco o seis años que no estoy en Córdoba, y los hijos de esos tipos vienen y me dicen “¿Vos sos Tomás Méndez? Mi papá te quiere muchísimo a vos”.

Conseguiste en tu momento un caudal importante de votos, ¿qué pensás que hará esa gente ahora?

Carlos Gallardo. "Destiempos".
Carlos Gallardo. “Destiempos”.

Es muy difícil saberlo porque yo ya me bajé de las dos elecciones, me ofrecieron y medíamos muy bien, pero no tolero la traición. Ese partido se desarmó y la gente se sentirá defraudada, ya no es problema mío. Yo ya hice mucho. Alguien debería haber tomado la posta, no sé.

¿No armaron ustedes un aparato con dirigentes?

No, porque no hay nadie convencido. Y hay límites. ¿Sabes cuándo te das cuenta de que no hay nadie convencido? Cuando vos decís: “Che, loco, hay que entrar y agarrar a esta organización narco” y nadie se anima o no les importa. Yo entré a Paraguay, a la zona Cero, con un celular grababa a los narcos ¿Sabés lo que era eso? Es la selva paraguaya. Ahí te mataban. Tenés que estar convencido para meterte ahí. Todos queremos vivir bien, yo quiero que mi hijos vivan bien. ¿Sabés las veces que he pensado para qué tuve hijos, si soy una persona que siente la responsabilidad de esta manera? El sistema también nos lleva a pensar esas cosas…

Algunos hijos de los militantes de los 70 les preguntaban a sus padres por qué los tuvieron si pensaban asumir tantos riesgos. Y ellos contestaban “porque pensábamos darles un mundo mucho mejor”. La última pregunta sería, ¿cuál es tu miedo más grande y cuál es tu sueño más imperioso ahora?

Antes le tenía miedo a muchas cosas, pero ya lo perdí. Sabemos que estamos complicados, ya me lo han demostrado. Así que hago lo que me gusta, le doy para adelante. Mi vocación por las cosas que valen la pena es más fuerte, no hay manera de paralizarme. En cuanto al sueño próximo, es que la gente se pueda dar cuenta de que este sistema político nos hace mal, que pueda despertar de estos cuatro años.

Se dice que hay un capitalismo salvaje y otro humano, pero el sistema es el mismo en ambos casos. ¿Se puede en otra forma de vida emancipada de capitalismo?

Uno puede identificarlo, pero lo que no se puede es transmitirlo masivamente. No podés hacer un cambio, si empezás solo por dos, tres, cuatro personas. Eso no lleva a ningún lado. Habría que hacer un cambio masivo, buscar referentes masivos que puedan exteriorizar eso. Pero a esos referentes te los destruye el enemigo.

Tomás Méndez con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Tomás Méndez con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 

(1) micrófono mediante el cual la producción se comunica con los periodistas, durante la transmisión en vivo.




EL DESIERTO DESBORDADO

Claroscuros: entrevista a Sergio Maldonado y a Andrea Antico

Entrevista: Pablo Soprano, Federico Cáceres, Fabio Pérez, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Música: Federico Cáceres y Fabio Pérez, de “Mano a mano”

 

En cada cielo fusilado/se abrirán mil banderas/
Lloverán mil poemas/ por cada libro que han quemado” (1)

 

Intentaron cercar el perímetro del infinito con cinta municipal. Habían planeado la asfixia del tiempo y del lenguaje, con la misma soberbia del olvido, ante el pulso de las cicatrices. Imaginaban a la palabra derrapar por la pendiente de la ausencia, derechito hacia el silencio, como quien marcha hacia un destino. En su delirio agrio, juraron incendiar la voz y agitar las cenizas hasta descomponer las sombras en colores. No vacilaron en coimas frente al esplendor de la aurora ni en afirmar que sería posible sobornar sin riesgo al curso del agua.

Entre tanta urgencia, perdieron las audacias de la orilla. Ahí, en esa zona anfibia entre el cielo y las raíces, pestañeaba un tizne de memoria. Apenas una pátina de tiempo alcanzó para tatuar la piel del río. Meneada entre los contornos de tinta, la piel se dejó mecer entre dos vertientes del Chubut. Chuvug, de origen teushen: para unos, filia con lo “transparente”; para otros, “con lo tortuoso”. Se enganchaba a las ramas la antigua palabra. Con un hilito de voz, resistía en un resto de su naufragio, en su obstinato ancestral.

Y quién se atreve a predecir lo que puede la persistencia de una huella, a puro alborotar el aire. Quién hubiera imaginado que una simple marca, una borroneada figura de la letra, se soltara de pronto de la mera muerte y se pusiera a agitar los rincones de las horas,

a completar los vuelos huérfanos de pájaros,

a reunir los escombros de los deudos,

a expandir la cintura de la Plaza más allá de las vallas y los drones,

a partir el lecho del grito en renovadas fuentes,

a preñar el aire con un nombre,

a alimentarlo con un rostro hasta hacerlo caminar la frontera del infinito.

Y, ahí, sí: emparentado con las multitudes, cortar de un tajo el perímetro del miedo, ver a qué poca cosa se reduce la altivez de la torpe y villana cinta municipal. Entonces, desbordar la prepotencia del desierto y asistir a la lluvia. Una lluvia entera, por cada libro que han quemado. Y, aunque lluevan mil poemas y no alcance, él insiste en las palabras de Sergio y de Andrea. Se entremezcla en las audacias de la orilla. Regresa en el temblor transparente y ensortijado de la voz que lo arraiga al lenguaje.

Santiago Maldonado, presente.  

 

Javier Quintana. "Santiago Maldonado".
Javier Quintana. “Santiago Maldonado”.


CUIDAR EL PILAR

 

Quizás fue el viento sur/ quien impidió que te arrancaran/ Quizás es este azul/ que sobre el gris escampa” 

 

Los actos por Santiago organizados en la Plaza, siempre tuvieron el apoyo de los Organismos de Derechos Humanos. Ellos te ampararon bastante, ¿no?

Sergio: Sí. Vos pensá que nosotros estábamos en Bariloche, nos íbamos a ir a Esquel y acá, por las suyas, los organismos ya se empezaron a juntar. Siempre que pasa algo, por suerte, primero reaccionan, salen los organismos por su cuenta. Después, bueno, si la familia no está, no pasa nada, con el tiempo, los reclamos se caen. En nuestro caso pasaron dos años y los organismos, entre muchos otros, continúan acompañando y la lucha sigue.

¿Qué sentís con ese acompañamiento?

S: Tiene su lado positivo, pero es también una mochila muy grande, porque te genera una imposibilidad de parar. Cuando estábamos buscando a Santiago, yo pensaba: aun si él aparecía, yo no me podía ir a mi casa y ya estaba todo resuelto. Desde ese momento, la cuestión fue que no le pasara nada a ninguna de todas esas personas que salieron a respaldar, que nos acompañan aún hoy como un pilar importante. Es decir, toda esta movida tiene su parte buena y también esa otra que no te permite quedarte. La primera sensación, al entrar el 11 de agosto de la mano de Nora Cortiñas, atravesar toda la Plaza, era que me iba a desmayar. Era un gran desafío nuevo: llegar a Buenos Aires, llegar a la Plaza, no saber qué iba a decir hasta que encontré un texto de Santiago y lo leí tal cual:

Hola, querida población: somos el Gobierno. Somos tu Gobierno. Somos los que nos apoderamos de tu vida. A cada segundo. Cada minuto. Cada hora. Cada día. Cada instante que pasa por tu reloj y tu cabeza, te decimos cómo tenés que vivir. Nos apoderamos de tu vida a cada segundo. Cada minuto. Cada hora. Cada día. Cada instante que pasa. Somos los que premiamos a los represores, torturadores y explotadores. Y castigamos a los que no son como queremos que sean. Y, como si esto fuera poco, aparte de que existe la cárcel existe, la tortura, la represión y la explotación en la vida cotidiana perpetuada por las autoridades, ejército, jueces, policías, fiscales, políticos, y demás mequetrefes cómplices y mercenarios (como empresarios) que sustentan esta miseria y esclavitud instalándolas en todas las relaciones de nuestras vidas. Instalaremos muchas cámaras de vigilancia. Para no dejarte ser libre. A todos lados que vayas quedará tu grabación capturada. Te podemos ver cuando queramos, y comentar cualquier tema sobre ti. Si no eras libre hasta ahora, menos lo serás bajo el sistema Gran Hermano. Se dice que el problema es la inseguridad, que los delincuentes son el problema de todos nuestros males, pero nadie se cuestiona la raíz de los problemas. Es un mundo artificial, donde el valor de intercambio material es el dinero, que genera desigualdades. Porque hay distintos tipos de clases sociales y eso hace que empiecen a aparecer sometidos y sometidas, sometedores y sometedoras. El poder y el dinero corrompen a las personas, porque el dinero genera poder y el poder es respaldado por el dinero, y viceversa. Dejando atrás todo tipo de buenos valores, de verdaderas relaciones humanas y de sentimientos de honestidad

Un texto que hablaba de la justicia, de persecución, que después se viralizó. Pero lograr hablar en la Plaza fue un gran paso. Después llegó otra marcha y otra y la lucha siguió y siguió. Todo eso no me daba tiempo a pensar. Anoche, conversábamos con Andrea y recordábamos cuando el 1° de septiembre Víctor Hugo Morales me preguntó qué era lo que yo más deseaba y yo le contesté “Quiero dormir”. Porque yo no dormía, ya no me importaba ni mi hermano en ese momento. Durante mucho tiempo todo fue hablar con una radio, con otra, sentarme un rato a mirar algo de la causa judicial. Nosotros no teníamos un equipo de gente, donde uno se ocupaba de la prensa, otro de leer los escritos judiciales y otros más, de otras cuestiones. No, éramos tres: Verónica, la abogada de la causa, Andrea y yo. Estábamos dele y dele con todo eso. Después se sumaba alguien que ayudaba. Pero, siempre, al final, la cosa terminaba en que yo tenía que estar para ver. Porque ni nosotros ni otros que nos ayudaban sabíamos del tema. Fuimos viendo.

¿Vos estudiaste un tiempo abogacía?

Fui a la facultad de La Plata, a una clase. Y no es que no me  haya gustado. Pero, imaginate, yo venía de un pueblo donde, te llamaban por tu nombre. No me sentí cómodo, había un montón de gente, en fin… Quise estudiar dando las materias libres, pero no funcionó. A los pocos días, me di cuenta de que tampoco quería ser abogado. Hoy me hubiera servido, pero, bue.

 

LA VERDAD ARANCELADA

           

En nuestra ley dispararemos mil canciones /por cada bala que tiraron/ en cada cielo fusilado/ se abrirán mil banderas/
que amarran nuestras venas / y detienen el sangrado
” 

 

En algunas declaraciones decías que estás muy sorprendido de que para el poder judicial la vida de determinadas personas valga mucho menos que la de otras. Esto, antes de lo de Santiago, ¿lo habías pensado?

S: Es como cuando dicen que la justicia es cuestión de plata, ¿no? Depende de a quién le toca y de cómo se dé, que algunos casos salgan más a la luz que otros. Incluso, algunos se hacen más mediáticos de lo que deberían ser. Hay cosas que ocurren todos los días, lo estamos viendo ahora con el Pepo: se muestra mucho porque se trata de alguien conocido, si no, sería distinto. Por otro lado, tenés un montón de casos de represiones o de gatillo fácil, en ocasiones, con víctimas que pertenecen a familias más vulnerables que otras y no pueden tener el acceso a seguir luchando. De hecho, en el caso de Santiago, si nosotros no hubiéramos estado viviendo en Bariloche, tan cercanos a Esquel, hubiera sido difícil movernos desde un lugar como 25 de Mayo hasta otro que no conocíamos. Por no mencionar el hecho de  tener un trabajo fijo, donde podés pedir licencia, ¿pero hasta cuándo? Pasan unos días y después y no hay forma de continuar ausentándote. En nuestro caso, de no estar cerca, toda la situación hubiese quedado como lo que instalaba el gobierno: esa versión que decía que Santiago estaba extraviado. Aparte, al ver cómo se desenvuelve todo lo que nos pasa a nosotros, notamos la importancia de la cuestión económica. Si vos no tenés los recursos, no podés avanzar. Por cada apelación, debés hacer un depósito. Si no tenés esa plata, no podés seguir judicialmente, abandonás. En teoría, el Estado te provee, pero eso no es tan sencillo. En un momento hasta decían que el Estado nos daba plata. En enero, cuando teníamos que apelar, me cansé de todas esas cosas y me dije “¿sabés qué? Voy a pedir los pasajes”. Y pedí tres pasajes para viajar a Comodoro Rivadavia. Entonces, me pidieron que completara una declaración jurada y lo hice. El resultado fue que, como mis ingresos eran mayores a diecisiete mil pesos y no alquilaba, no me correspondían los pasajes. Les dije que me lo dijeran por escrito y, obviamente, no me respondieron más. Tal vez, en otra situación, otra familia lo pide y, por ahí, se lo dan. Me imagino que, incluso, sin distancias tan grandes, si a una familia le pasa algo en Moreno, ir y venir a Capital lleva días, tal vez en el trabajo no les dan permiso. Y, encima, si tenés un abogado que pertenece al propio Estado, aunque no seamalo, tiene otros intereses y un montón de causas que atender. Nosotros contamos con el acompañamiento de Verónica, nuestra abogada, que llegó a estar quince días de corrido con nosotros, pero eso no se da en todos los casos.

Jungho Lee.
Jungho Lee.


PURO RAM RAM

 

Y nos fusilan/ simulando enfrentamientos/ pero no saben que tus venas
no terminan en tu cuerpo,/ ni que tu sangre hoy avanza por los ríos/
desbordando sus desiertos,/ por los arenales de memoria acumulados,/
por cada gramo de sal del mar”


Se fueron a vivir a Bariloche, después de un accidente, en busca de paz.

Tuvimos un accidente de auto en el 98 y ahí decidimos cambiar de vida y nos fuimos de Buenos Aires. Por un lado, pensamos que nos iba a ir mejor económicamente. Pero, sobre todo, estaba ese tema de la tranquilidad en nuestra vida. Ahora la situación es diferente, nos pasamos mucho tiempo en Buenos Aires porque es el lugar más visible para reclamar, forzados por las circunstancias.

Esa desigualdad de la que hablábamos se dio, en este caso, también en el plano de los medios y del poder ejecutivo.

León Ferrari.
León Ferrari.

Sí. Eso es lo que presentamos ante la CIDH: denunciamos cómo operaron en el caso de Santiago ministros, políticos y periodistas, más los influencers en las redes sociales. Nadie puede tramar esto solo, acá hubo participación del Estado. Aparte, lo de Santiago ocurre en un territorio donde Benetton tiene casi un millón de hectáreas en su poder. La Gendarmería tiene un puesto dentro de la estancia de Benetton, ahí le aprovisionan combustible y demás. De hecho, la operación se hizo desde ese lugar. Cuando fueron a rastrillar en esa estancia, no lo hicieron desde vehículos del Estado, de Gendarmería u otra fuerza de seguridad. Lo hicieron con las camionetas de Benetton.

ANDREA: Respecto de eso, hay una versión de que Gendarmería brindaría seguridad a Lewis y a Benetton, que son quienes tienen más tierras en el sur. Por eso construyeron el tema de la RAM. Para justificar el “te tenemos que cuidar porque hay unos terroristas que se quieren meter con tus tierras”. Pero es difícil poder probarlo. Incluso, relacionado a esto de la seguridad, hay un asunto más cercano en el tiempo. En el verano se hizo una marcha por el acceso al lago Escondido, en tierras de Lewis. Dos militantes sufrieron un ataque desde en gomón. Luego se comprobó que era el mismo gomón con el que vino la policía después. Pero claro, ¿qué hizo Lewis cuando compró esas tierras? Le compró una autobomba a los bomberos, patrulleros a la policía, una ambulancia… Tienen todo organizado. Llevan a los jubilados en tours a pasar el día, llevan contingentes de chicos, hacen un almuerzo muy copioso, todo para  mostrar “Qué bueno que soy”. Lewis opera como las empresas petroleras en el norte de Estados Unidos: compran prácticamente el pueblo y se hacen cargo de la seguridad, de la salud pública, de la educación…

 

UN ABRAZO DE TÉ

 

de este dolor estacado en la garganta/
porque el abrazo de Santiago nos hace falta”

Es curioso cómo se pone toda esa infraestructura estatal contra una familia que, hasta ese momento, no disputaba ningún poder, es curioso lo desmedido del ataque.

S: Yo ando todo el tiempo tirando piñas al aire, eso te cansa porque estás dele y dele y no llega nada, no le pego a ninguno. Pero, por otro lado, como te decía antes, está toda la gente que acompaña… Ahora estamos recopilando toda la información de estos dos años en una línea de tiempo y hay una cantidad de gente- desde nenes hasta viejos- sin una participación partidaria o un compromiso orgánico, digamos, que dicen “sí, bueno, yo andaba por ahí y me movilicé y fuimos. Yo a tu hermano no lo conocí, pero…” Todas esas cosas ayudan. En los peores momentos, cuando estás triste, encontrás a alguien que se solidariza.

A: Una vez, estábamos en Buenos Aires en un bar con Verónica y yo me puse a llorar. En eso, salió una señora del bar, me abrazó y me dijo: “No, no llores. Mirá, yo soy la dueña de este bar, ¿ves que la pizarra está en negro? Es que estamos de luto porque murió Santiago. Yo te vi entrar y pensé en invitarlas a las dos a que comieran algo rico, a que se tomaran un tecito. Así que ahora les tengo un lugarcito reservado, porque siempre pensé que iba a ser para ustedes”. Nos hizo pasar, nos sentamos a una mesita separada del resto y la señora nos presentó a los chicos de la cocina. Después, nos contó “Yo perdí un montón  de clientes porque colgué la foto de Santiago en la pizarra. Me decían ‘¿pero qué hacés con esa foto?’ Y yo: ‘bueno, si no te gusta, no vengas más’. Y no vinieron más. Y no me importó que no vinieran más.”

No está todo perdido.

A:Yo tengo que volver a ese bar, porque fue tan amorosa esa señora… No fue el único caso. Otro día, vino una nena, me trajo dos chocolates y me dijo “Son para vos y para Sergio, para que no se pongan tristes”.  Y estas situaciones pasan justo esos días en que estás para atrás y casi siempre vienen del quienes menos te lo esperás.

Sergio Maldonado  con el Anartista.
Sergio Maldonado con el Anartista.

S: Sí. Hay artistas, famosos, mucha gente importante que nos da su apoyo y eso está bueno. Pero también es lindo esto otro que viene de quienes no conocés. Al famoso lo conocés y también a su ideología, a su forma de pensar. No esperás algo diferente a la línea que sabés que sostienen, va en tu misma línea y está buenísimo que lo tengas de tu lado. Pero que, cuando venís de no haber encontrado ninguna respuesta en un juzgado en Rawson, venga un nenito, te agarre en el aeropuerto y te diga “Vos extrañás mucho a tu hermano, ¿no?”, ¡eso es impagable!

¿Tenés como una especie de callo emocional respecto de los trolls, por ejemplo?

León Ferrari. "Emociones de un prisma".
León Ferrari. “Emociones de un prisma”.

Los trolls… El 25 de julio, el cumpleaños de Santiago, estaban como endemoniados. Se ve que no sabían por dónde entrar, porque nosotros habíamos tomado ciertas medidas en las redes.

A: No pueden explayarse porque hay palabras que no pueden poner. Entonces ponen caritas de risa y cosas así, pavadas.

S: Son cuatro cosas las que dicen: “devolvé la guita”, “cincuenta y cinco peritos dijeron…”, “piden por Santiago y no piden por Nisman”, “piden por Santiago y no piden por Julio López”, cosas así, es como un formato que tienen y lo replican en distintas situaciones.

 

HA LUGAR

 

Lo que no saben los marines del desaliento./ Esta vez son los molinos los que empujan al viento”

 

Hay muchas semejanzas con el caso Nisman, en la aceptación de lo ilógico de las explicaciones. La sociedad es muy lógica para todas las cosas, no admite poesía ni lógicas alternativas para nada. Pero para estos asuntos admite lo más ilógico posible. El otro día, en el programa ADN, demostraron que era absolutamente imposible que a Nisman lo hubieran matado. Ahora ustedes presentan  pruebas como los billetes, el tema de la crioconservación y demás. ¿Cómo piensan esta aceptación de lo ilógico?

S: Todo eso que ahora presentamos nosotros, ya lo habíamos presentado ante la justicia en primera instancia y, sin embargo, se cerró la causa. Esas cosas fueron todas rechazadas, pero están en apelación.

A: Cuando salieron los resultados de la autopsia, la abogada vio que había cosas que no cerraban y se hizo la presentación ante el juez, quien a todo contestó con el “No ha lugar”. Cuando cerraron la causa, se volvió a insistir en la apelación. Alegamos que creíamos que la causa no se podía cerrar por todo lo ya requerido: por qué no peritaron los billetes, el llamado telefónico, por qué no nos dejaron presenciar los testimonios de Lucas Pilquiman y de Nicasio Luna. Por un lado, Nicasio dice que a él le tiraron con balas de 9mm. Lucas, supuestamente, quien había visto por última vez a Santiago, había dado una versión y, después, cuando le tomaron declaración testimonial en Epuyén, en un juzgado de paz, dijeron que él negó esa versión. Es importante aclarar que, cuando le tomaron declaración, no estaban ni su abogado ni un fiscal, solamente el juez y el secretario.

Joan Miró.
Joan Miró.

S: Eso fue un martes a la mañana, el 19 o 20 de diciembre. Acá había sucedido lo de la represión en el Congreso y había paro. El lunes, a las once de la noche, avisaron que, al día siguiente, a las nueve de la mañana, le tomaban declaración a Lucas en Epuyén. Nadie hacía tiempo a llegar, no había forma de ir. Y así fue que le tomaron una declaración en la cual queda claro que- si el testigo es realmente quien nosotros conocimos como Lucas Pilquiman-, las palabras de esa declaración no se corresponden con su forma de expresarse. En este caso se trataba de una versión que, a partir de la mitad, empieza con omisiones y con un cambio de vocabulario. Todo muy raro.

A: Otra cosa para agregar en este caso es que Loreley Gaffoglio, la periodista de La Nación, subió una nota donde decía que Lucas Pilquiman era el testigo y puso la foto de un chico que no era él. ¿Qué pasó? Este chico de la foto era amigo del hijo de un periodista  conocido nuestro. Entonces él nos dijo “Miren, mis hijos me acaban de decir que ese chico sí se llama Lucas Pilquiman, pero no es mapuche y no tiene nada que ver con esto”. Claro, el  Pilquiman que presenció los hechos, que tenía un miedo terrible, nunca salió a desmentirlo. Así, la periodista ya había construido ese personaje. Una mentira. Ni siquiera había confirmado la fuente. Entre paréntesis, el chico de la comunidad mapuche no se sabe dónde está, porque hizo la declaración y no apareció en ningún lado más. Como estas cosas, muchas otras: una semana antes de algún fallo que, obviamente iba a ser desfavorable para nosotros, sacaban una nota “Se estaría viendo que bla, bla, bla”. Y, a la semana, el sistema judicial, confirmaba ese “se estaría”. Pero Loreley Gaffoglio, primero en La Nación y después en Infobae, iba delineando la causa. Todo un mecanismo.

 

FOCO A LA PALABRA

 

                        La canción es el silencio acobardado/ Es la brisa que anuncia el vendaval

Andrea, vos tenés mucha relación con la lectura, ¿no?

S: Como yo tenía poca paciencia, Andrea me leía los libros y me los contaba. A raíz de lo sucedido con Santiago me empezaron a regalar muchos libros y empecé a leer.

Yo pensaba que ustedes tuvieron que adiestrarse en otra relación con el lenguaje, ante esta necesidad de escribir, de declarar, y demás.

"Callar la protesta".
“Callar la protesta”.

S: Ahí hay un asunto que a mí me molestaba desde antes  de lo que pasó con Santiago. Cuando yo veía en la tele que a alguien le preguntaban algo y contestaba otra cosa, me sacaba de quicio. Me molesta aun hoy ese modo de acomodar las cosas para un interés determinado que tienen los periodistas. Carrió es una porquería, pero si un día dice algo que a algún periodista le sirve, está bien. Melconián, que sube con este gobierno, es funcional a los fondos buitres, pero después sale y critica a Macri y, “Ah, está bien lo que dijo Melconián”.  Me molestó y me va a seguir molestando. En base a eso es que yo trato de decir cosas que estén probadas. En esa línea, nosotros tratamos de tomarnos el tiempo para pensar antes de decir algo. Me preguntan “¿Qué pensás de la ley XXX, que dice que un chico de cuatro años no puede salir descalzo a la vereda?” No sé. No tengo ni idea, qué sé yo… Vos ves que la mayoría de la gente tiene una tremenda ansiedad de responder por más que no sepa. Entonces, y volviendo a lo que decías, esa lectura ya lo teníamos. Sí es cierto que, después, a mí me costó cuidarme. Porque, de repente, estás como ahora, sentado a una mesa, tomando mate y comiendo una factura, y tirás una opinión, algo simple. Sin embargo, depende de quién lo escucha, eso puede ser una bajada de línea. Y yo no quiero que sea tomado así. Pero te están grabando y hay gente que después se agarra de eso y lo replica. No quiero ser un formador de opinión. Quiero que las personas tengan su propio análisis en algunos temas. Qué sé yo, hay campañas de determinadas cosas y me dicen “¿Te ponés a favor de esto?” Y, no. “¿Y por qué no?” Yo no soy un periodista ni un formador de opinión. Yo no me puedo largar a opinar sobre la separación de la Iglesia del Estado, por ejemplo. Es decir, tengo mi opinión y hasta podría decir por qué no la expreso en una entrevista, pero eso implicaría avivar a otro sector para que se aproveche de eso y lo use para jugar en contra.

Sergio Maldonado y  Andrea Antico con el Anartista.
Sergio Maldonado y Andrea Antico con el Anartista.

A: Aparte, dar opiniones de todo te saca de tu objetivo. El recurso de pedirte opinión sobre diez cosas lo usan para dejar relegado el tema de Santiago.

S: Le he negado notas a periodistas porque querían hablar de otros temas y no iba a estar el tema de Santiago. Si me llamás para hablar de Santiago, vamos, hablo de eso. Después, si realmente me corresponde, puedo contestar sobre otras cosas. Yo estoy acá por Santiago, no por ser un analista político. Además, si uno no tiene una buena formación y se larga a opinar, puede ir para cualquier lado. Tiene que ver con una formación, con una ideología y con un análisis propio de las cosas.

 


JUICIO A RUTA CORTADA

 

“o acaso la muerte no se animó a llevarte,/ a sostenerte la mirada.”

 

¿Cuál era tu relación con lo social antes de todo esto?

S: Lo mismo que ahora, pero a un nivel chiquito. No sé, ir a la ferretería y ponerme a hablar con otras personas de cuestiones sociales y políticas. Después, eso lo fui acotando, porque hay lugares donde ya no me interesa ir, donde hay gente desinteresada por estos temas, por más que vos les expliques. Yo sabía que lo de Macri iba a ser lo que es. No porque haya tenido la bola de cristal, sino porque es un empresario, cuya ideología habla de lo que él habló e hizo siempre. Entonces, las cosas no podían ser de otra manera. Me dicen: “Bueno, pero mintió”. No sé si mintió. Por un lado, sí: te dijo que no te iba a sacar y te sacó. Pero, por otro, te avisó que liberaría el dólar, que iba a dejar el libre comercio y a sacar las retenciones al campo. En ese marco, ¿vos le podés creer que no te va a sacar nada a vos? Igual, yo pensé que iba a ser más como en los 90, que iba a empezar con la flexibilización laboral, las privatizaciones, más un ajuste de tipo económico. Pero no imaginé que iba a ir tan rápido, tan drástico, ni tan de la mano con la represión. Sobre todo, con  la figura de un detenido desaparecido, como en el caso de Santiago. Porque, aunque hubo otros casos de desaparecidos en democracia, no fueron directamente con el respaldo del propio gobierno.

Sergio Maldonado y Andrea Antico.
Sergio Maldonado y Andrea Antico.

¿Esperabas que el gobierno reaccionara como lo hizo desde el principio de la desaparición de Santiago?

S: Sí. Pero lo que me sorprendió es que gente que conozco, con la que fuimos juntos al jardín y a la escuela, tomara posición del otro lado. Por ejemplo, por tenerle odio al kirchnerismo. Y te estoy hablando de gente que estuvo cortando rutas en la época de la 125.

A: Un conocido de Sergio, que cortó la ruta en el mismo pueblo de Santiago en la crisis del campo, opinaba que Santiago era un hippie y un terrorista…¡por cortar rutas!

Un piquetero antipiquetero.

Claro, como el diputado Olmedo, que dice: “hay que salvar las dos vidas” y después grita, “hay que matarlos a todos”. De Angelis cortó una ruta y le sirvió para hacer una carrera política. Como ve, hay distintas varas de cortes.

Tenemos un regalo para ustedes. Una canción que trajeron los chicos.

 

 

SER EN TODOS

 

                                   “Quizás fue la vida enamorada/ que decidió multiplicarte/ para poder así arrancarse/ esta canción del pecho clavada”

Santiago tenía una relación con la escritura, con la poesía.

León Ferrari. "La bondadosa crueldad".
León Ferrari. “La bondadosa crueldad”.

S: Sí. Antes me preguntabas si había en la familia algún antecedente y yo, lo único que recordaba era a un tío de mi abuela, un poeta, que murió joven también, a los veintiocho años. Cuando yo tenía doce o trece años, intenté transcribir las cosas de él a máquina y era un bodrio, porque tenía un montón de palabras que no se usaban más. A Santiago también le gustaba mucho eso de escribir cartas, por ejemplo, algo que ya no se estila.

¿Pudiste recuperar los videos del celular de él?

S: No. Lo que hay es lo que está dando vueltas. Tampoco textos, sólo algunas cosas que ya se conocen. Pero lo que se llevaron de donde él vivía no se recuperó. Tal vez haya escritos u otras cosas que tendrán conocidos de Santiago. La otra vez, en Bahía Blanca, un chico me regaló un dibujo que Santiago le había hecho a él. Son cosas que aparecen. Las fotos, por ejemplo: a Santiago no le gustaba sacarse fotos. De hecho, la última foto que tenía conmigo me había pedido que no la subiera a Facebook ni a ningún lado. Después, la tuve que subir para mostrar que la boina que él tenía en esa foto era la misma que se había encontrado en el lugar de su desaparición. Si no, no la hubiera mostrado. Me dio un poco de bronca que toda la gente que alguna vez se sacó una foto con él, subió todo a las redes. Es como desnudar a una persona a quien no le gustaba esa exposición. Igualmente, eso fue una etapa. A partir del 1° de agosto del año pasado, decidí que cada uno lo sintiera como le saliera y como quisiera. No es algo mío nada más. Al mismo tiempo, algunos que dicen ser anarquistas lo levantan como si él hubiera sido solo anarquista. Creo que no hay que encasillarlo en algo apropiándoselo. No es mío y no es de nadie, es del que lo siente y del que lo quiera. Es de ustedes que, sin conocerlo, le compusieron un tema y lo sienten de esa manera. La sensación de que Santiago era de todos la tuvimos el 11 de agosto de 2017. Nosotros salimos de Esquel a la mañana temprano, pasamos por El Bolsón y vimos unas fotos colgadas con la cara de Santiago. Andrea me dijo: “Mirá, pensar que no le gustaban las fotos y ahora su cara está en todos lados” Mi viejo también decía algo así “Yo no lo quiero ver en una bandera. Quiero verlo a él”.

Igual, es impresionante cómo ellos quisieron prohibirlo y se les volvió totalmente en contra. Un montón de gente, nosotros incluidos, nos sentimos tocados- primero- por la noticia fuerte de un desaparecido. Pero, además y aunque vos no aceptes pensarte como un referente, con tu figura. Todos estábamos pendientes de cada conferencia de prensa y nos sorprendía y nos identificaba la entereza con la que contestabas y decías “Bueno, pongan música”. Nosotros somos docentes y, a pesar de que nos lo prohibían, lo hablábamos en las escuelas. Incluso, un montón de compañeras y compañeros docentes que habían votado a este gobierno lo tomaron como bandera. Mismo los chicos de primaria querían hablar de eso, justamente, porque estaba prohibido.

sergio8maldonado_2-563x300
S: A Esquel fueron unos cuantos referentes a apoyarnos: Baradel, Taty Almeida, Lita Boitano y varios más. Me dijeron “Vamos a hacer jornadas por Santiago en las escuelas”. Para mí era lo mismo a que me hubieras dicho que íbamos a conquistar Rusia. No me llegaba el agua al tanque, no dimensionaba las cosas… Yo estaba en ese mundo que sólo incluía arrancar a la mañana temprano a buscar a Santiago. Después, les seguí agradeciendo a todos los docentes. De hecho, he ido a distintas marchas a apoyarlos. Del lado de la docencia se generó toda una toma de conciencia y eso impulsó el modo en cómo empezaron a difundir todo los pibes… Con eso, vino el salir a defender a la educación pública, a reivindicar a Sandra y a Rubén, cuya muerte no fue una mera negligencia, el Estado ahí es responsable. Pero, volviendo a tu pregunta, la presencia de Santiago entre todo yo la terminé de comprobar el 7 de julio, la última vez que fui al cementerio. Y no sentí nada. Fuimos tres veces, la del entierro, otra y esta última. Me dije “Acá no hay nada. Él está en el aire.”

Esto que vos estás diciendo es lo que dicen Norita, Taty y tanta gente que ha pasado por estas cosas. Y me recuerda algo que, en el siglo XVII, un tal Spinoza dijo, y es que los muertos prematuros viven y se multiplican en los cuerpos de los sobrevivientes, lo cual era tremendamente herético en ese momento, porque iba contra todas las religiones.

S: Es que nosotros no vamos a estar el día de mañana y tampoco va a haber hijos de Santiago para que sigan. Entonces, la memoria la va a mantener la gente.

 

SER FAMILIA

“Para que el cielo no muera desangrado/ es este grito de dolor desesperado/ nos hace falta Santiago.”

A: Hay muchos casos de desapariciones forzadas de chicos con todos los gobiernos y, lamentablemente, las va a seguir habiendo. Creo que, si lo miramos desde la dimensión de la protesta por Santiago, lo veo muy parecido o equiparable al caso de Fuentealba. Hay un montón de casos de gatillo fácil, pero Santiago estaba protestando y despareció en la protesta. En Gral. Roca hay un caso, el de Daniel Solano, que también es un desaparecido pero en el marco de otra cosa.También Iván Torres, un caso en el que la CIDH falló en contra del Estado. Hay muchos. Nuestra abogada, Verónica, lleva tres: Santiago, Iván Torres y César Monsalve. Y, claro, a Rafa Nahuel también lo matan durante un reclamo, en medio de una represión. Son cosas que tienen un peso terrible. Estás reclamando y la respuesta es que te matan o te desaparecen. Hay gente que pregunta por qué no tiene la misma repercusión un caso que otro o por qué no salieron a pedir con la misma intensidad por el otro caso. Quizás, hay un montón de chicos que se identificaron más con Santiago. Muchos chicos jóvenes me decían “Yo me identifico con Santiago porque, en algún momento, se me cruzó por la cabeza hacer cosas. Después me dije, no, sigo en la mía, viviendo en el mismo lugar”. Es que hay gente que tiene sus preconceptos, su educación y no puede salir de ahí. Yo misma me di cuenta de que hay un montón de cosas que mis viejos me metieron en la cabeza -y a su vez sus viejos a ellos- y que me las empiezo a replantear a partir de lo que le pasó a Santiago. Y creo que a los chicos les debe pasar lo mismo. Ahora hay un problema cerca de Esquel, con otra comunidad. Es terrible y los medios no lo replican. Se unieron los terratenientes de ese pueblo y de Esquel para intentar sacar a la comunidad que está en esas tierras. Hasta la maestra de la escuela a la que van los chicos mapuches fue en la camioneta para echarlos…

S: También es cierto, insisto, que la identificación con Santiago es tan amplia porque él no estaba sólo en esa lucha con los mapuches. Ustedes, no es que componen un tema por todas las personas todos los días, hay una identificación. Mirá, Santiago fue a la Facultad de Bellas Artes y dejó cuando le faltaban cuatro materias porque él consideraba que no quería un título. Después, estuvo en diferentes luchas: contra Monsanto, a favor de los pescadores en Chile, contra la megaminería, contra el reactor nuclear, con los guaraníes en el norte. Otra cosa que me sorprendió es cómo se identificó la familia de León Ferrari con Santiago, y es que muchas de sus canciones, sus dibujos y sus escritos eran contra la iglesia y a su vez León tenía un hijo desaparecido. También, el día de nacimiento de Santiago coincide con la fecha de muerte de Ferrari. Hay muchas cosas. Entonces ellos lo ven a Santiago como alguien de su familia.

Sergio Maldonado y Andrea Antico con el Anartista.
Sergio Maldonado y Andrea Antico con el Anartista.

(1)Todos los epígrafes de esta nota son fragmentos de “El silencio acobardado”, de Federico Cáceres




ECOS DE RÍO BREVE

Claroscuros: entrevista a Jorge Alemán

Entrevista: Nora Lomberg, Estela Colángelo, Lourdes Landeira, Adriana Valletta, Pablo Soprano, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

 

El fragmento de Heráclito, “No se entra dos veces en el mismo río”, y aun la variante radical de uno de sus discípulos “Nadie entra nunca en ningún río”, podría admitir, para la circunstancia, una versión más adecuada: cada uno trata de entrar, infructuoso, como en un sueño, en su propio río.
“El río sin orillas”, Juan José Saer

Eran apenas dos gotas de sudor, caídas al pasar, desde la altura de algún caminante. Pero, en el sueño, se nombraban “ríos”. Entre ambas, un vado, un pasadizo, un abismo cónico que se angostaba hacia el fondo de la escena, hasta pinchar con su vértice más extremo el ocaso. Desde una de las márgenes, un hombre tentaba el vacío, como quien prueba la temperatura del agua, para ver si compone con la audacia de su cuerpo. Un pie y otro pie y no había forma de saber nada, ni de la profundidad ni del riesgo que implicaba zambullirse dentro de ese hueco. Apenas podían verse -y muy al fondo- trazas de una lengua, hacía mucho disuelta en pedacitos: por allá, el timbre de una voz. Más lejos, el eco de una silueta al desperezarse. Y no va que, tanto poner un piecito y otro, el hombre pierde el equilibrio y cae. Toca algo como un suelo del vacío y escucha una carcajada desde otro fondo más al fondo. Y otra más, desde otro fondo más al fondo del fondo. Aun así, avanza, se opone a la resistencia de una masa viscosa que impregna su andar de ausencias, memorias, astillitas de desconsuelos y pedazos de algún desencuentro chamuscado en alguna orilla del tiempo. Así, obstinado en un transcurrir fuera de la cronología y por el fuerte impulso de su entusiasmo, llega a la otra margen. Estira los brazos, como a la espera de una bienvenida, pero solo logra que el resto de su cuerpo lo acompañe hacia la inminente orilla. Río, le dicen a esta brevedad. Y sonríe. No le parece para nada extraño no hundirse en el vientre de esa gota. Por el contrario, se incorpora. Por un instante, vacila bíblicamente con mirar atrás. Sin embargo, no hay versículo que lo detenga y gira. Detrás, ve unas sombras boquear dentro del gran vado. Dispersas en el imponente cono, se agitan brazos y piernas que no encuentran ni un matiz de la voz para pedir auxilio. Mientras tanto, en la otra margen, en la línea de origen, hay una agitación de retrocesos y huidas lejos de la seducción del hueco. El hombre se entristece, pero no cede. Se sacude un poco el agua breve del vacío y avanza. Hacia adelante, la gota crece junto a su andar. Y escribe: “No saber”, “Capitalismo” “El río incurable”. El río, le dicen. El río breve. Entonces, despierta. Despierta en la zona difusa donde aún resuena un eco. Justo ahí, entre mundos, lo encontramos a Jorge Alemán. 

 

TEMPRANAMENTE, EN ROCK MAYOR

 

                                                           “¿Por qué no indagar la cicatriz fundante/ y entonces aun derrotado/ dejar ver aquel instante/ ese lugar que nunca va a ser vencido/ aquella acción que prepara su venida inminente” (1)

 

Al leer tu libro de poemas “No saber”, nos interesaron las referencias a otras experiencias en el tiempo: “hacia otro tiempo de tu sexo”, “el instante antes del saber”, ¿qué experiencia del tiempo te da la poesía?

Turner.
Turner.

Nunca escribo un poema que me exprese a mí. Cuando las personas me llaman y me preguntan qué me está pasando porque leyeron algún poema que puse en mi muro, tengo que explicar que no tiene que ver conmigo. Eso sería catarsis o intentar hacer laborterapia. Desde muy joven -entre los dieciocho y los veintitrés años publiqué varios libros de poemas- la poesía me interesa como aquello que apunta precisamente al no saber. En cuanto al tiempo, pienso en el exilio. Yo me fui a los veinticinco años. No tenía ninguna gana de irme, soy alguien que jamás hubiera decidido irse a vivir afuera. Como todos los porteños, hubiera hecho algún viaje a Europa, pero jamás me hubiera instalado lejos. En mi caso, fue un gran desgarramiento, pero traté de no dejarme influir por la nostalgia, más dado que tengo una cierta naturaleza melancólica. Por lo tanto, me introduje bastante en España, debo ser una de las personas argentinas más vinculada a ese país. Pero también es cierto que, al irme, se produjo una fisura, un corte, donde ese transcurso cronológico, presente en la vida de todo el mundo, se alteró. En primer lugar, porque pertenecía a una generación en la que ya había muerto mucha gente. Por eso, al lado de otros que tenían mi misma edad, yo era una persona bastante mayor. De hecho, al poco tiempo de llegar, ya tuve alumnos en Madrid y ellos no se representaban que yo tuviera veinticinco años. También, el estar fuera de mi país me obligó -o fue mi deseo- a revisar todo lo que había ocurrido. Había sido algo tremendo, habían muerto asesinadas un montón de criaturas, muy jóvenes. Así que, a partir de allí, fui tempranamente muy mayor. Actualmente, debo hacer todo un esfuerzo para entender a la gente de cuarenta o cuarenta y cinco años, que es un poco adolescente, como se estila ahora. Y, para volver a la pregunta y en relación a mis textos, veo que ustedes tienen la amabilidad de haber leído algunos libros míos: tengan en cuenta que todo lo que he escrito en ellos ya estaba dicho en aquella época, no he hecho otra cosa que volver, una y otra vez, sobre lo que había ocurrido. Europa me dio nuevos horizontes y nuevas perspectivas, pero ese corte temporal me dejó muy marcado. Todo lo que he trabajado en mis libros, tanto en la poesía como en ensayo, está relacionado de algún modo con lo que sucedió en ese tiempo. No de un modo directo ni testimonial, no escribí directamente nunca sobre los desaparecidos ni sobre el exilio o sobre los fenómenos políticos de aquel entonces.

Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.
Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.

Sin embargo, mi horizonte está absolutamente atravesado por trazas de aquello, marcas que hay que descifrar muy sutilmente. Yo era profesor ayudante en la Cátedra “Aspectos psicológicos de la organización social”. En el año 1975, desapareció su titular y, luego, comenzaron a desaparecer más compañeros. En el fondo, mi izquierda lacaniana, ya estaba allí en aquel entonces. El asunto de cómo articular el problema del sujeto con las experiencias colectivas -una articulación dificilísima donde hay demasiados obstáculos en el medio- había surgido ya en mi juventud argentina. Por otro lado, aparte de mi vejez prematura, tengo una juventud permanente, porque soy del rocanrol de aquella época. Mi primer trabajo en Argentina fue de periodista de rock. Y aún sigo considerándome alguien relacionado con ese espíritu, con lo cual tengo sesenta y ocho años, pero no me siento muy bien con las personas de esa edad, a no ser que mantengan también este pacto secreto con el rocanrol. Por suerte, siempre encuentro a alguien.

Como Alberto Fernández.

Ah, sí. Con él comparto la amistad con Nebbia, a quien conocí cuando era periodista de rock. Y tuve el honor de que Lito me hiciera un tema instrumental “Un alemán en Madrid”.

 

ENTRE MUNDOS

 

                                   “el hombre que busca/ algún día tiembla ente el claro del umbral/ y al final sabe que su cuerpo es negociado/ en todos los idiomas/ ¿sabrá advertir qué nudo de tiempo y sombra lo salvará de la pura pérdida?” (1)

 

Pensaba también en la poesía como en lo sintético, en la contracción de espacios y tiempos, en la presencia de mucha intensidad en poco espacio.

Roberto Matta.
Roberto Matta.

En los dos últimos libros he tratado de no fastidiar al lector -ni a mí mismo- con textos largos. El poema es una captura, un intento de salir a pescar en algún río extraño algo que no se sabe qué es. Un poema sólo cobra su relieve si se confronta con lo imposible de decir. He tratado entonces de ir a lo breve. Ya rara vez escribo un poema largo. Trato de que tenga que ver con mi ritmo de ese momento. Hay una vinculación muy estrecha entre el ritmo poético, la visión y lo que trato de capturar por lengua. A diferencia -grande, por cierto- de mis poemas juveniles, trato de escribir con el menor ejercicio literario, no me prodigo con grandes metáforas, sino busco que el texto esté condensado. En España hay una literatura muy frondosa, con toda la tradición del Siglo de Oro y una profunda efervescencia retórica, para decirlo de algún modo. He ido a contrapelo de todo eso, siempre en el intento de estar en el límite de lo que se puede decir a medias.

Hablando de decir a medias, otra figura que aparece mucho en tus poemas es lo difuminado: las sombras, los humos, las cosas evanescentes.

El exilio provoca en uno un ejercicio rememorante en el que hay mucha difuminación. A pesar de que vengo mucho acá, muchas de las cosas que pienso de Argentina entran en un filtro muy especial y ya no son como eran, ni como son actualmente. Son como pantallazos, como trazos, pinceladas de un cuadro que ya no existe ni tengo pretensión que exista. No tengo con eso decepción alguna. Igual, escucho con paciencia a muchos argentinos que viven allá que me cuentan algunas cosas de Argentina que son absolutamente inverosímiles, pero entiendo que hace mucho que no vienen y demás. Yo voy y vengo, tengo ya esa práctica, en la cual España también está difuminada en mi cabeza. También -y esto es importante- debo decirte que yo nunca renuncié a mi extranjería, no me adapté porque no me fue necesario. Hice y hago muchas cosas en España, estoy muy vinculado, pero soy un argentino que vive en España. Nadie sabe cuánto tiempo llevo. Los taxistas se sorprenden cuando les indico el recorrido exacto de las calles, por ejemplo. Las conozco muy bien y, a la vez, no formo parte del paisaje, aunque llevo cuarenta y dos años allá. Estoy siempre en una frontera, un lugar que está entre España y Argentina, entre el psicoanálisis y la política, entre la poesía y el pensamiento, habito ese espacio fronterizo.

Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.
Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.

 

UNA MINA SIN COACH

 

                                   “Los poetas parten/ el horizonte se extingue/ queda el tiempo sin palabras” (1)


Hablabas de lo irrepresentable que aparece en la poesía. ¿Cuál es para vos la chance de emancipación que hay en el ejercicio de lo poético, más allá del poema?

Yo tuve una relación de lectura muy importante con Heidegger, un pensador con el que no tengo nada que ver en lo personal ni al que me hubiera gustado conocer. Hace poco tuve un sueño muy curioso con él y lo escribí en mi muro. Era un Heidegger entrerriano, que hablaba muy cordialmente conmigo. Bueno, pero viene a propósito de lo que me preguntan, porque Heidegger otorga una condición eidética a la poesía. Él plantea que la historia del pensamiento es una historia fracasada porque la filosofía ha quedado reemplazada y capturada por la metafísica. Y ve que la única posibilidad de salir de eso y volver a habitar la tierra, de un modo distinto a cómo la técnica indica que debemos habitarla, es la poesía. O, en realidad, todo lo que tenga que ver con el arte.

Sueño con Heidegger en Entre Ríos. Estoy en un bar de pueblo y entra Heidegger, es extraño lo que ocurre, nunca me gustó, nunca tuve deseo de conocerlo, pero este Heidegger es jovial y cercano, no tiene su bigotito nazi y tiene ganas de hablar. Del nudo entre filosofía, locura y escritura. De los cuadernos negros y de la estupidez antisemita, del rigor de su pensar y del modo en que esto pasa a su vida íntima, del decir poético en la mujer que hay en él, de la proximidad lejana entre dios y el goce femenino. Se puede hablar de casi todo, incluso se suma un amigo de su juventud e inexplicablemente me encuentro hablando del genio incomparable del fútbol. Luego llega una supuesta hija, también dotada de una gran simpatía. Sale el famoso diálogo con el japonés y, dándome importancia frente a la señorita, lo comparo con los diálogos platónicos. Súbitamente ella decide hacer una selfie, pienso en una foto con Heidegger como una bomba en Facebook, maldiciones y alabanzas… Pero concluye el click de la selfie y todo termina aunque el sueño continúa. De nuevo recuerdo que Heidegger murió en el ’76 y no sé quiénes son estos dos hombres y esta mujer. Siguen en mi sueño hablando entre ellos, ahora sí en lengua extranjera y yo estoy ya muy lejos, más que lejos, en otro mundo…. En el que despierto cerca del río incurable.

Orlando Flavio Cortés, ilustración al sueño de Jorge Alemán.
Orlando Flavio Cortés, ilustración al sueño de Jorge Alemán.


¿Y para vos?

También. Creo que la poesía es el lugar primordial. Ni la pintura ni el cine ni el teatro podrían ser lo que son, si no hubiera sido por lo poético. Y lo político, tampoco. Lo poético es la única posibilidad de emancipar al lenguaje de su uso instrumental. Si se borra la intención poética, el lenguaje queda reducido -ahora más que nunca- al coach, al marketing, etcétera. No hay gurú de la poesía ni marketing de la poesía.

Hemos entrevistado a varios políticos y, salvo contadísimas excepciones, ningunean a la poesía.

Es un problema que suelo hablar con mi amiga Liliana Herrero y con Horacio González. Pocos políticos casan con lo poético. Pero Heidegger sí se propuso que la política estuviera enlazada a la poesía, sólo que lo intentó con el nacional socialismo. El problema es que quien piensa a lo grande se equivoca a lo grande. Modestamente, intento que, si está en mis manos, la poesía aparezca ligada a lo político.

 

DESPUNTAR EL SUEÑO

 

                                   “Juro que subí hasta tu palabra” (1)


Pensaba en lo que señalabas en “Capitalismo”, sobre los artefactos intrascendentes:
se diferencian de las estructuras trascendentales porque sus aparejos teóricos se usan para captar la singularidad del caso que aparece en el orden general”.

Cai Gou Quiang.
Cai Gou Quiang.

Eso proviene una lectura que hicimos de Heidegger con mi amigo Sergio Larriera. Para diferenciarnos de las estructuras trascendentales kantianas, inventamos esto de los artefactos intrascendentes. Nos hemos dedicado –él, sobre todo- a leer a los escritores ininteligibles, a aquellos que no se dejan leer tan fácilmente a través del sentido.

¿Por ejemplo?

Está el caso paradigmático de Joyce, pero acá tenemos a nuestros ilegibles: Macedonio Fernández, por ejemplo. Además, todo gran escritor tiene un núcleo de ilegibilidad. Saer, a quien admiro especialmente, escribe momentos en los que te preguntás de qué está hablando. En “El entenado”, cuando pensás que solo habla un hombre que fue arrojado al mundo caníbal de los nativos de América en la conquista, de golpe, aparece la pulsión de muerte.

Es el claroscuro.

Luisa Gonzalez.
Luisa Gonzalez.

Todos los poetas tienen que tener ese núcleo. Macedonio con “El museo de la novela de la Eterna”. En el caso de Borges, él sería la cura de Macedonio y de esa ilegibilidad. Pero también Borges, a pesar de su transparencia lexical y su impecable ejercicio gramatical, tiene momentos así.

¿Has escrito ficción aparte de la poesía?

No. Pero ahora, después del sueño con Heidegger en Entre Ríos, tengo ganas de escribir algunas viñetas de ese estilo. Unos microrrelatos que sean un poco inclasificables.

 

 GOTEAR LA MUERTE

 

                                   “Ahora lo sabe/ En su robusto jardín/ bajo los calmos algarrobos/ florece el miedo del río/ y los asesinos ya preparan su fiesta” (1)

 

¿Cómo te llevás con lo ilegible de otros?

Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.
Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.

Bueno. Es ilegible, pero encuentra en mí una cámara de ecos. Yo soy beatlemaníaco. Gané un concurso compitiendo con el máximo crítico musical de España. Se trataba de poner medio segundo un tema y reconocerlo. Este tipo no pudo, pero yo sí: en medio segundo te puedo decir qué tema es, quién lo canta y en qué disco está. Los escuché por primera vez a los doce años. No entendía las letras, claro. Y, sin embargo, sus temas me tocaban. Por esos tiempos, venía escuchando mucho a los rockeros: Elvis, Jerry Lee Lewis, Bill Halley, a todos. Me acuerdo que fui a “La Casa del Disco”, que estaba en Callao y Córdoba, donde probabas el disco con una púa. Como éramos clientes -mi hermano y yo, teníamos un carnet del lugar- nos avisaban de las novedades e íbamos. La primera vez que escuchamos a Los Beatles levitamos, como San Juan de la Cruz y Santa Teresa. Con esas letras en inglés hacíamos nuestras propias cavilaciones. Yo no sabía de qué hablaban, pero así me relacionaba con aquello ilegible.

Las resonancias son también una manera de leer, de producir sentido.

Las resonancias están relacionadas con las primeras marcas de la lengua sobre el cuerpo. Es decir, cuando uno es arrojado al mundo, hay una serie de servidores de la lengua, parentales que te pinchan, te besan, te abrazan y, fundamentalmente, te hablan sin que entiendas nada. Ese momento es comienzo de la resonancia.

Y de lo poético.

Lo poético es un intento de trabajar con esa materia. Cosa que los poetas, a veces, no saben.

Entrevistamos a Carlos Lousto, un científico que probó una de las consecuencias de las teorías de Einstein. Según él, la ciencia afirma que está en condiciones de escuchar el sonido del Big Bang, esos ecos de lo primero.

Cai-Guo-Qiang.
Cai-Guo-Qiang.

Soy indiferente a todo eso. Me resulta mucho más atractivo pensar que, en el horizonte cristiano, dios tuvo un hijo al que hizo morir. Porque hay que hacer una gran prestidigitación para contar que mandaste a tu hijo a la muerte y que la gente te crea y te quiera. Y la encarnación: no hay historia del arte sin la encarnación. Todo lo que vayamos a ver a cualquier museo del mundo no es más que juegos con la encarnación. Eso me resulta más enigmático e interesante para desentrañar que la física, la teoría de cuerdas y demás. Puede haber ocurrido cualquier cosa, qué sé yo. Mirá. Yo, que no fui siquiera bautizado, pienso en la gran energía simbólica que tiene esa figura. Una vez, cuando Jacques Alain Miller y yo éramos amigos, me pidió que lo acompañara al Museo del Prado. En un momento me pregunté si él se daba cuenta que hacía una hora que no veíamos otra cosa que cruces. Me parece que el gran éxito de esa escena es lo que no termina de morir. No que murió y resucitó. La verdadera potencia es que sangra para siempre, no termina de morir. Y, si ves los núcleos, las estructuras emancipatorias, siempre apelan a esa figura del que no termina de morir, sea Guevara o Eva Perón, es eso que no va a cesar nunca.

 

SE HACE SOLO

 

                                               “No sabe es Uno que sabe/ pero lleva tal silencio en el espanto de la frente/ que parece haber estado a solas con el Amor” (1)


Nombrás lo incesante como un vacío, como algo indispensable de asumir para cualquier movimiento colectivo.

Vos me lo señalabas en las preguntas y citas que mandase. Fijate el nombre de la propuesta de Fernández – Fernández, “Frente para Todos”. Pero la totalidad es imposible, nunca ese “todos” es idéntico a todos. Así que hay que buscar un exterior constitutivo. Por lo tanto, el todo se desconcreta y en el todo surge un vacío. Hay que decidir cuál es el vacío. Si no, el todo no funciona. Hay que hacer como si fuera una totalidad, fingirlo. Pero ni el FMI ni los bancos ni el señor Macri ni la financialización del mundo están dentro del todo. Hacemos como si fuera un todo, aunque ese todo es tan necesario como imposible.

¿Y cómo se ofrece eso a la gente?, ¿cómo iríamos a proponerle, “miren, como sociedad tenemos que aceptar nuestro vacío”?

Esa operación se hace sola, está en la estructura de la lengua.

Pero parece que con el FMI hay que negociar, ¿está del todo afuera?

Es que el afuera es para negociar. Dado que no hay ningún lugar hacia el cual disparar, si yo digo que la única salida es por las armas, inmediatamente, tengo que decir que renuncio a ellas, porque no voy a dispararle a Amazon o a Google. Eso fue en los ’70.

En “Capitalismo…” aparece la idea del ideal como trampa de la completud, de lo universal que nos incluye a todos como trampa. ¿Cuáles son, hoy y aquí, los universales más tramposos?

Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.
Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.

Es complicado. A la Argentina no le gustan los universales, se define más bien sintiéndose diferente a todos, le gusta la idea de que no es comparable a nada. Cosa que, en algún aspecto, es interesante porque hay un montón de cosas particulares de este país que lo hacen incomparable a otro. Y hay también días en que uno se levanta y tiene ganas de que fuera comparable a algo, que tuviera la misma rutina, la misma armazón institucional que otros países “normales”. Hay una maldición china que dice “Ojalá te toquen tiempos interesantes”. Y otra, gitana o árabe, es “Ojalá te enamores”. Uno a veces tendría ganas de que fueran menos interesantes estos tiempos o de no enamorarse tanto. Ese universal de ser diferentes, el “aquí es así”, es el más tramposo, creo. La última vez que fui a la cancha de Boca hubo como cuarenta y cinco minutos de gases lacrimógenos. “Aquí es así”, me dijo alguien. Bueno, si aquí es así, no vengo más. En España voy a ver fútbol, me siento y miro el partido, no voy a un combate del que no sé si voy a salir vivo. Creo que el argentino, por su propia constitución estructural, por lo que los inmigrantes hicieron con nuestra lengua o, mejor dicho, por cómo hicieron nuestra legua, oscila entre sentirse universal como los europeos -muy distintos al resto de los latinoamericanos- y el efecto contrario, el ser únicos y distintos. Hay que saber transitar por todo eso…

 

AGUANTE EL SUELO NATAL

 

                                               “Qué importan los hombres/ las tareas o algunos tiempos/ si fue en castilla/ tierra que nadie eligió/ donde el silencio ganó sobre su carne” (1)

¿Una idea emancipatoria no debería ocuparse de estos universales inmanentes como los que nos han vendido, de “entrar al mundo” y otros más que prendieron acá?

De acuerdo. Pero, ¿qué podríamos proponer que no implique un gran sacrificio colectivo?

¿Desde el lenguaje, por ejemplo?

García Uriburu.
García Uriburu.

Bueno, en eso Argentina ha hecho cosas extraordinarias: tiene una literatura increíble, ha inventado el tango, tiene grandes poetas. Donde verdaderamente tiene un vasallaje grave es en el ensayo. Todo se autoriza si cae bien a un otro europeo. Escribís algo en un libro y eso va a tardar nomás unos meses para que lo descubra algún europeo para poderlo citar. Eso es una lástima.

¿Y en el habla cotidiana, la que usamos para pensar con los otros? Algo que pueda producir un corte, una grieta. Porque a la literatura hay que acceder… Comentabas por allí que el capitalismo se lo chupa todo, todo lo convierte en mercancía.

Creo que al lenguaje, no. Eso es lo único que impide que el crimen sea perfecto. Se han apropiado de los cuerpos con el lenguaje, pero no han podido apropiarse del lenguaje mismo. Si yo soy solo el resultado de las relaciones de poder, ¿qué posibilidades tengo? El suelo natal del sujeto es la lengua. Bueno, la lengua llega una millonésima de segundos antes que el poder. Si no, no hay posibilidades de pensar siquiera un proyecto de emancipación. Es mi disputa con los foucaultianos: “Ustedes piensan que el poder nos ha construido de los pies a la cabeza y que somos nada más que el resultado de”. Pero entonces, ¿cuál sería el punto de separación?, ¿con qué recursos contaríamos para separarnos del planteo de poder?

¿O sea que tu izquierda lacaniana sería poética?

Sí. Totalmente. Tiene que seguir la figura desde un contraste muy poético.

¿La poesía podría ser el nexo entre la política y el psicoanálisis?

A mi fórmula “soledad común”, la veo como uno de los puentes posibles entre psicoanálisis y política. Y es una fórmula poética, porque se trata de que lo más singular, lo que sería irrepetible de cada uno, lo que no va a volver en ningún otro, es lo que tenemos en común. No tenemos en común ser de Boca o pertenecer al mismo pueblo. El común más material que tenemos es nuestra singularidad. Esa idea, de no hacer una separación del singular por un lado y el universal por el otro, ha surgido de la poesía.

¿Si aceptáramos esa soledad común nos bancaríamos mejor la de la falta de compañía?

Espero que sí.

Habría que repensar la felicidad.

No pertenece a mi vocabulario esta palabra.

Bueno, pongamos intensidad, entusiasmo. Potencia nos gusta a nosotros.

A mí me gusta entusiasmo. ¿Potencia para qué?

Disponer de la potencia que uno es para ser, para vincularse…

La potencia solo proviene de la imposibilidad. Los que creen que la potencia surge de una especie de fuerza original, están condenados a la impotencia. Hay potencia en la medida en que uno acepte lo imposible. Si se trata de una relación con otro, es el modo en que vas a compartir con ese otro lo que hay de imposible entre ambos. El modo de volver potente una historia con alguien es compartir ese imposible. Es la única forma que yo conozco de estar al lado de alguien, cuando aceptamos negociar esa imposibilidad, cuando no intentamos borrarla.

 

LA INSISTENCIA DEL RÍO

 

                                   “Son tantos los ríos que bajan y parecen sanos/ en sus árboles/ y sin embargo fueron trazados en el sueño del crimen” (1)

En algún momento de tu libro “Capitalismo”, discutías con cierto spinozismo. No vemos contraposiciones muy extremas entre la propuesta de Spinoza, cada uno es un grado singular de potencia, y ese vacío estructural que vos planteás. La potencia compone relaciones, sale hacia los otros, entonces, algo le falta. ¿Vos ves diferencias?

Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.
Jorge Alemán. Fotografía: Diego Grispo.

Depende con qué spinoziano. Con Diego Tatián, por ejemplo, no. Los spinozianos de Europa son deleuzianos, votan en blanco, están esperando todo el tiempo que la multitud se expanda, les parece mal “Podemos”, les parece mal el kirchnerismo, todo lo que tome la forma del Estado es un insulto a la potencia para ellos. Ese tipo de spinozismo que está esperando que llegue algún día el devenir, yo no lo puedo aceptar. Me parece un nuevo tipo de liberalismo: el no comprometerse con nada. En el caso de Negri es un delirio, es creer que va a haber unas redes de cooperación provocadas por internet y la tecnología y que van a formar un común que se le va a escapar al capitalismo. No se escapa un carajo. Va a terminar todo el mundo atrapado. Como eso de que las niñas les dicen a los padres “quiero ser trans” y los padres progres les dicen “Bueno, muy bien ¿cómo te querés llamar? Te buscamos un nombre de hombre” “No. Entendieron mal”, dice ella, “Quiero ser trans mala, que mi cuerpo lo entierren y que mi cerebro quede conectado al espacio digital”. Esto es ahora. Entonces, ahí yo tengo un debate con el aceleracionismo. No me parece la idea de que va a haber algo liberador en la manera en que se coopera, como si hubiera una potencia original común, que el amo trata de controlar, pero que algún día va a irrumpir.

Implicaría una espera pasiva ¿no?

Sí, lo es. Estos se van de vacaciones cada vez que hay que votar. Yo no espero nada, aguardo como dice Lacan: Yo insisto.

 

¡NO ENCANDILEN, CHE!

 

                                   “No puedo escribir/ la palabra llega siempre rota/ ¿Pero usted la escucha?” (1)

¿Cómo ves el fenómeno de Cristina y su conexión con la gente?

A mí me encanta. Sé que desilusiono mucho a todos estos tilingos liberales que ven que uno está abducido, hipnotizado. Yo me emociono, me pongo a llorar y después no siento haber sufrido una alienación ni que yo me haya quedado desposeído de mí mismo. A mí me emociona y me parece increíble, esto no lo puedo fabricar con un coach, esto es mitología que perdura, es una secuencia histórica que ya no se puede fabricar en ningún laboratorio. No es como el otro, Macri, que sólo tiene para decir una serie de palabras huecas. Entonces, hay una secuencia que no han logrado desconectar: el 17 de octubre, Evita, Cristina, eso es un mito. A mí me emociona. Me parece una estupidez cuando dicen “ahí perdés tu singularidad, dejás de ser quien sos, quedás hipnotizado”.

Dejar de ser puede ser una especie de libertad también.

García Uriburu.
García Uriburu.

Sí. Ayer estaba en camino a dar una charla y una amiga me hizo escuchar a Cristina y me emocioné en el taxi. ¿Y qué? Si me emociono cuando escucho a Gardel o cuando cantan flamenco. A la vez me gusta que tenga alguna operatividad esa dimensión mitológica, en esas secuencias históricas, a las que todavía siento puras y exclusivamente pertenecientes a un orden no generado en los algoritmos. Y ojo, no sé si tendrán verdadera operatividad, por ahí vemos que el aparato de poder puede más que esto. Hace unos años atrás, hubiéramos dicho que, con el malestar que hay aquí, es seguro que el macrismo no gana las elecciones. Pero ahora hay tal intervención de los dispositivos del poder sobre la subjetividad, que la gente no se mueve más por el bien, sino por la pulsión de muerte. Entonces, por ejemplo, los ingleses hacen el Brexit. Ninguna de las cosas que pasan últimamente muestra que la gente se mueva por sus propios intereses. O, si lo hacen, hay que redefinir la palabra interés, que estaría entonces más allá del principio del placer, sería un interés más bien ligado a la pulsión de muerte o algún nuevo tipo de maldad, como “Mirá, con tal de destruirte, soy capaz de destruirme a mí mismo”.

Decías que no sabemos cómo va a salir esto, que todo es sin garantías. El epígrafe de tu libro es una cita de Hannah Arendt: “Pero una ganancia sí nos queda. La mera persistencia”.

Es de un poema muy breve de ella, con el que me sentí absolutamente reconocido. No estoy esperando ningún resultado ni que esto se cumpla, pero no puedo dejar de seguir insistiendo.

Nuestro tema en este número de la revista es “Claroscuros”. ¿Cómo te resuena esa palabra?

Es lo que hay que mantener. Creo que el error de la Ilustración fue el iluminar todo. Esto es lo que ha realizado la técnica y yo me quedo con lo que trataron tanto María Zambrano como Heidegger: el claroscuro. Por un lado, es claro, está en el medio del bosque. Y, por el otro, los árboles hacen que la luz esté filtrada. Yo estoy con el respetar el juego de la luz y la sombra. Es la dislocación y la frontera. Es más: la verdad nunca es iluminar la cosa, porque eso eclipsa. Hay una conversación bastante interesante, entre Heidegger y su mujer con respecto a esto: en el volumen “Alma mía” –que incluye cuarenta años de correspondencia con Elfride-, ella le hace escenas de celos al profesor venerable, porque parece ser que el tipo con sus discípulas “escuchaba más voces que lo llamaban” de la que tendría que haber escuchado. Pero él no le respondía nada. Cuando ella le decía “Porque con la profesora Arendt…” él contestaba “Allí donde mora el ser, adviene…”. El tipo seguía con su filosofía, como si el asunto no hubiera sido con él. Bueno, esta estrategia, si uno la pudiera copiar… Pero hay un momento en que ella se pone muy frenética con una serie de profesoras, no solo con Hannah Arendt. Ella le hace una escena de celos, pero resulta que el hijo que han tenido juntos, Herman, en realidad lo tuvo ella con un médico del que Elfriede se había enamorado. Y Heidegger, en los distintos ataques de celos, nunca le había dicho, “bueno, pero vos tuviste un hijo con Fulano”. Y sólo esa vez él le dice que amar a otra persona no es saber lo que hace la otra persona ni a dónde va ni qué hará, sino preservar en esa persona aquello que debe mantenerse en el ocultamiento. Así fue mi sí con respecto a Heidegger.

Bueno. Es un gran placer entrevistarte.

Ha sido sorprendente el reportaje. Me esperaba otra cosa. Normalmente me preguntan solo sobre política, sobre el Frente para Todos y esas cosas. Esto fue más poético. Muy agradable para mí. Se los agradezco.

Jorge Alemán con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Jorge Alemán con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 

(1) Todos los epígrafes corresponden al libro de poemas “No saber”, de Jorge Alemán

 

 




EL SUR DE UN MANÍ CON CHOCOLATE

Claroscuros: Entrevista al director de cine Benjamín Ávila

Entrevista: Viviana García Arribas, Isabel D´Amico, Verónica Pérez Lambrecht, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

            “Come chocolates, niña/ come chocolates/ mira que no hay más metafísica en el mundo  que los chocolates”
“Tabaquería”, Fernando Pessoa

¿Cuál es la parte de arriba de un maní con chocolate?, ¿cuál es el sur? El tacto que lleva hasta el kiosco se empaña, busca en la mirada alguna ventana que aproxime una respuesta. ¿El primero de la caja es el que sale cuando la abrís?, ¿o es el más prepotente? ¿Cómo es la soledad de un maní, perdido en tu boca, lejos para siempre el resto? ¿Qué se forma entre tu hambre y su dolor?, ¿hay algún sitio en mi cuerpo que lo aloje, como en una caja? La mirada que acompaña hasta el kiosco, de pronto, se pone a llover. Multiplicada entre dos espejos, salta por sobre los mandatos del tiempo y comienza a tictaquear al revés. En eso, estalla un desorden en los rebordes de las fotos  y curva las memorias. Cerca de la noche, una inquietud ácida despunta en los climas de los privilegios. ¿Qué oculta el maní debajo de su cobertura de chocolate?, ¿quién decide el capricho de cada forma?  Cuando dos maníes vienen pegados, ¿son gemelos?  El kiosco que se aproxima a la infancia verdea en apuestas. Hay un matiz de color para el capricho y otro para el recuerdo. Si te paras del lado de lo oscuro, evitás los eclipses, dice uno. Si no le temés al eclipse, podes ser el sol, retruca otro. Entre las dos frases, la forma toma volumen. Ya no es un contorno hueco ni la silueta esfumada de una ilusión. Es una caja, un rectángulo inconfundible, con un óvalo central alado, con ese ojo que confirma el nombre de una cima en el tiempo: “Maní con chocolate”.  Si agitás el envase, un sonido resuena  en la raíz del territorio. Es una mezcla de color y  textura que obliga al mapa a girar sobre su centro y a invertir sus polos. ¿Puedo paladear el futuro en el eco de tu nombre?, ¿será posible interponer mis pasos en ese eterno llover?  Entonces, la ventana se despeja de encierros. Y, ahí, bien alto, al sur de la infancia, nos encontramos con Benjamín Ávila.

 

Joaquín Torres García.
Joaquín Torres García.

LAS CIUDADES INVISIBLES DEL DOCTOR ÁVILA

“Pero cada principio es solo una continuación/y el libro del destino está siempre abierto a la mitad.”
“Amor a primera vista”, Wislawa Szymborska

 

Ante la  repercusión de “Infancia clandestina” en Cannes, dijiste que te sentías como el maratonista que llega, pero no el que gana…

Pasó una cosa fuerte en Cannes: un periodista me preguntó si había hecho una catarsis, si había logrado exorcizar esa cosa que se busca encontrar en un proceso creativo. Fue loco porque nunca me habían hecho esa pregunta y nunca había tomado el proceso de “Infancia…” como algo catártico. Es decir que lo pensé por primera vez mientras escuchaba la pregunta. Mi respuesta fue que no, para nada. Muy lejos de eso, la catarsis o  sanación -que todavía estoy haciendo- es un proceso personal que va por otro lado, no tiene que ver con el proceso de creación artística. A su vez, en ese momento, dije una cosa que a mí me llamó la atención: no era que yo quería hacer esta película, sino que tenía que hacerla. Allí empecé a pensar por qué ese “tenía que hacerla” si, a los 13 años, yo había elegido dedicarme al cine y, desde entonces, me propuse que algún día iba a filmar mi infancia. Veintisiete años después me hacen esta pregunta y, después de responder, me di cuenta de que había algo muy profundo. Después de “Infancia…” durante mucho tiempo no busqué volver a dirigir. Fue algo loco, incluso hacía el chiste de que, a partir de ese momento, ya me podía dedicar a la carpintería.

"Infancia clandestina". Fotograma.
“Infancia clandestina”. Fotograma.

¿Por qué ese “tenía que”?

Bueno, la decisión personal de dedicarme al cine, la tomé después de haber decidido que no iba a ser doctor, que era para mí como algo fundamental en la sociedad. Yo andaba mucho en bici y, al ver un accidente de un auto con una moto, no me la banqué. Me dije “si no me banco esta, no voy a poder ser doctor”. Y ahí me empezó la preocupación de qué haría si no iba a ser doctor.

¿Te preocupaba buscar alguna actividad que incluyera el servicio?

Me preocupaba ser alguien que cumpliese una función social. Eso era herencia también, obviamente, por todo lo que había vivido hasta ese momento. Por ejemplo, a los 12, quería ser periodista o director de cine. Veía mucho cine en Tucumán. Y cuando ya vivía en Buenos Aires, decidí que el cine sería lo mío.


Precoz, ¿no?

Sí. Por la formación que tenía y por el lugar de donde venía, pensar qué lugar iba a ocupar en la sociedad era algo importante. Mirá, mis alumnos y mis hijos mismos tienen la edad que yo tenía entonces. Entiendo que es precoz, pero así es como era. Y, para volver un poco a la primera pregunta, creo que la diferencia que hago entre llegar y ganar es parte de esto mismo, de la diferencia entre querer hacerlo y tener que hacerlo.

Sobre todo, en un ambiente o una sociedad donde la idea del triunfo o del éxito se asocia a llegar a la meta.

Benjamín Ávila. Fotografía: Diego Grispo.
Benjamín Ávila. Fotografía: Diego Grispo.

Nunca tuve la ambición del éxito o de lograr algo en particular. Sí, de dedicarme a vivir de esto, de hacerlo con mis amigos y con la gente que quiero. Son deseos. El mayor siempre fue ganar el Loto o el Quini y tener mucha plata y hacer la ciudad del cine. Digamos, comprar dos manzanas en Buenos Aires. En una, hacer estudios. En la otra, dos edificios: uno para formación y otro para que viviera la gente que produciría en los estudios. Eso lo pensé cuando tenía dieciocho o diecinueve años.

¿Y jugás al Loto?

No, no juego. Pero siempre soñé con eso, con una guita enorme que me viniera de arriba. Una vez edité un documental de cuatro capítulos sobre Río Negro, donde entrevistan a un un tipo que era radical, abogado en Río Negro. Y me quedó grabado algo muy fuerte  que él dijo: “Yo no creo en la trascendencia religiosa, pero sí en la trascendencia histórica. Entonces hago esto para trascender, para dejar algo en este mundo”. Esa idea de construir algo que quede en la historia, algo que nosotros los humanos construimos en este universo.

UN TÍO BETO NO SE LE NIEGA A NADIE

                                               “Mientras yo esperaba, la figura del tío asomó en las sombras, dormido y descalzo, largando un “eh, sobrino”.
“Notas de campo”, Hernán Ronsino

Muchas Madres dicen: “Después del asesinato de nuestros hijos, ¿qué nos importa, de ahora en más, qué nos pueda pasar?” A los Hijos- y a vos especialmente-, ¿les pasa lo mismo o han asumido otra actitud respecto al cuidado de la propia vida?

Saúl Leiterf.
Saúl Leiterf.

Ser hijo es muy diferente a ser padre. Cuando sos padre tenés a alguien a tu cuidado. Si te quitan ese lugar, ya te queda un espacio muy vacío. Si te matan a tu padre, la referencia, el lugar de contención, el cuidado, quedás en otro lugar. Ser  hijo implica que tenés la vida por delante.

En “Infancia Clandestina” se ven mucho el sacrificio y la disciplina. Hay, incluso, una diferencia muy grande entre los padres y el tío, que quiere una revolución alegre, con algún grado de felicidad. Los otros están muy aferrados  al rigor…

A la responsabilidad.

Sí, pero una responsabilidad sin alegría, ¿no?

Es más fácil ser el tío, es mucho más fácil ser el Beto y llevarse los laureles.

¿Vos decís que era irresponsable?

No era responsable de otros. El padre sí lo era. Beto era libre porque no tenía a nadie a su cargo. En un momento, le dice al padre: “Mirame a mí, sin hijos, sin mujer, libre como un pájaro”. Es fácil ser el tío Beto y es muy difícil ser el padre. Muy difícil. Es como lo que pasa entre un abuelo y un padre. Los abuelos se llevan los laureles. Cuando mi viejo estaba vivo, hablábamos de mi hijo mayor y yo le decía “¿Le podés decir que no? Estamos tratando de educarlo”. Y él me contestaba: “¿Y por qué le voy a decir que no? Si tiene problemas psicológicos por esto, el psicólogo se lo vas a pagar vos después. Es un problema tuyo, vos sos su papá, yo soy el abuelo”. Y es así, el abuelo puede permitirle al nieto todas las cosas porque, total, no tiene la responsabilidad de la crianza. Pero, cuando fue padre, no era de esa manera. Pasa lo mismo con el padre y el tío Beto. Esa escena de la discusión entre ellos fue algo que improvisamos miles de veces.  A ver, no digo que la postura del padre fuera la correcta, sino que era mucho más complejo ser de verdad responsable de las cosas. La figura del tío la creamos porque se necesitaba que el nene tuviera su espacio de contención emocional. Había mucha incorrección en lo cotidiano de la clandestinidad, se debatía mucho sobre las maneras de poder pensarse. En cuanto a lo que no se podía hacer, lo respetaban pero, en un momento, necesitaban hacer su huequito para la parte de verdad humana, para los deseos, para el abrazo, la comida, el olor: todas esas cosas hacían al cotidiano de la militancia en plena clandestinidad. Siempre había un lugar del disfrute cotidiano descomunal. Eso es lo que yo quería mostrar en “Infancia Clandestina” y es lo que charlábamos y debatíamos con los H.I.J.O.S, en su momento, antes de hacer la película. Cuando apareció el libro de Laura Alcoba, “La casa de los conejos”, yo ya venía desarrollando “Infancia…” hacía rato, desde 2002. Y, en ambas, ese era el punto de vista, el lugar del cotidiano incorrecto, el que incomoda pero no critica, no dice “esto fue malo”.  Estamos acostumbrados a la construcción de la historia desde el blanco o negro, pero “La casa de los conejos”, “Infancia Clandestina” e “(H) historias cotidianas”, la película de Andrés Habegger, de los 90, pasan por ahí.

"Infancia clandestina". Fotograma.
“Infancia clandestina”. Fotograma.

¿Lo de Habegger es antes de la película de Albertina Carri?

Sí, pero la película “Los rubios” está gestada desde un reclamo adolescente que teníamos los H.I.J.O.S  a los 15 años, no a los 30, que fue cuando se hizo. Es una película con la que ningún hijo de desaparecido se sintió representado. En cambio, en las otras obras de las que hablamos, pasa lo contrario: muchos se sienten identificados con su propia vivencia. Digo esto porque para mí es importante entender que uno, como realizador, tiene una responsabilidad social al momento de comunicar. Y, mucho más, cuando tu historia personal, que está siendo representada, tiene un correlato en otras vidas similares, o experiencias vividas en la misma época. Por eso fue tan importante la aparición de Andrés Habbeger o de Laura Alcoba, y de tantos otros. Ellos tomaron la voz de su generación. Y creo que “Infancia Clandestina” está en ese camino.

Me pareció que lo del tío era algo más ficcional, con la idea de calmar determinada tensión.

Es todo eso, sí. En mi vida real, el tío no existió. Sí existió Horacio Mendizábal, el compañero de mi mamá, un tipo con mucho sentido del humor y, a la vez, híper duro. Él fue el jefe militar que condujo la contraofensiva de Montoneros, es el papá de Diego, mi medio hermano, que era bebé en ese momento, y de Martín, que era hijo de él y de Susana Solimano, otra militante, también asesinada en 1979. Aunque yo no tuve un tío Beto, podríamos decir que, en la vida, todos tuvimos un tío Beto, ese adulto que nos referencia, con el que te reís y al que le preguntás, a quien escuchás, ¿no?  Nosotros necesitábamos que, en esa soledad concreta del personaje, donde  no podía decir su nombre verdadero ni cuando se enamoraba de una piba, el chico tuviera a alguien que lo viera de verdad, que le dijera “Che, qué bueno esto ¿no?”.. Con el tío Beto era muy completo.

ENTRE ESPEJOS

“Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.”
“Caminos del espejo”, Alejandra Pizarnik

El tío Beto hace una tremenda dupla con el maní con chocolate.

“Che, te vi. Ojo con la changuita, comé maní con chocolate”. Esa escena del maní con chocolate es espectacular. Cuando la filmamos, fue mágica para todos, y era muy simple formalmente. El chico tiene una escena con cada uno de los adultos: con la madre, en un parque, con el tío, cuando hablan del maní con chocolate y, con el papá, cuando se despide y hablan sobre el tío Beto. En la construcción dramática, cada uno de los personajes tiene una función emocional. La del tío es la más clara, la que todos queremos: yo jodía con hacer unas remeras con la leyenda “Todos amamos a Beto”.

Ese maní con chocolate es polisémico, ¿no?

Tal cual. La película se iba a llamar “Maní con chocolate”. De todas maneras, “Infancia Clandestina” me encantó – aparte de que la idea surgió de un hermano mío- porque me parecía un nombre muy fuerte para Argentina. “Maní con chocolate” ahora me parece un nombre horrible para una película. Sin embargo, el sentido puesto en esa golosina incluye el amor, la inocencia, la plata, la clandestinidad, es la unión de todo eso.

Por ese lugar pasaban todos los sentidos, por eso te iba a preguntar qué es para vos lo poético en el cine.

Tiene todos los sentidos, sí. Mirá, yo tengo dos grandes referentes cinematográficos en mi vida, a quienes les copio todo, uno es Ken Loach, por la visión política de su cine, y el otro Kieślowski, por lo formal, lo estético, lo narrativo, lo poético. Con Kieslowski tuve la suerte de hacer un seminario a fines de los 90, que se llamó “Los tres colores”. Su película “Rojo” no se había estrenado todavía. Entonces, hicieron una proyección especial para la gente del seminario. Fue un antes y un después en mi vida. Él es de una simplicidad formal y de una profundidad descomunal. Sus películas son muy complejas cuando las ves. Pero, cuando las desmenuzás, son re simples. En el seminario nos contaba cómo hacían las cosas. Pensá que yo estaba en la Universidad en ese momento y sentía que, en Argentina,  no nos faltaba mucho para hacer producciones de ese tipo. Las películas de Kieślowski parecían súper producciones, pero él resolvía la puesta en escena o la narrativa sin mucha plata. La primera escena de “Rojo” empieza con que la mujer llama por teléfono, la cámara se mete en la pared y vuela por los cables de la calle, viaja hacia el mar, viaja y viaja, sigue y sigue por ese cable y llega al otro teléfono, que suena y suena. Y ahí no atiende nadie… Estábamos en la época analógica y le preguntamos cómo hizo eso. Él contestó como quien dice, “Nada, una boludez, ¿no vieron los rollos esos de cable? Bueno, pusimos la cámara, un espejo, otro espejo y ya”  Y, cuando ves la película, ¡es así!  Esa simplicidad formal, que termina por generar ante el espectador una complejidad enorme, es lo que yo creo que es la poética: la experimentación formal más profunda, no el enrarecimiento, sino la profundización. Yo no me creo alguien poético, me siento más cerca de la experimentación. Creo que nuestra generación creyó que lo experimental era hacerse el raro. Para mí, la cuestión es complejizar la forma de tal manera que te puedas meter en la cabeza del espectador y dominarlo absolutamente. Spielberg es un director experimental, por ejemplo, tiene tal capacidad de meterse adentro  de vos, que hace lo que quiere con vos. Y no es que lo admiro formalmente, me gustan algunas cosas, pero es un tipo que te lleva de las narices. Y el cine es la manipulación por excelencia, aunque ahora lo digital y la comunicación están ganándole al cine.

 

LA MIRADA QUE LLUEVE

 

                                   “Noches en las que desearíamos/que nos pasaran la mano por el lomo, /y en las que súbitamente se comprende/que no hay ternura comparable/a la de acariciar algo que duerme.”
“Nocturno”, Oliverio Girondo

 

 

Una de las recurrencias muy pregnantes en todas tus películas- incluido el documental de la ex Esma- es la aparición permanente de las ventanas empañadas o goteadas, mojadas. Eso nos parece poético.

Eso es lo bueno de la gente que analiza. Hay una parte que a nosotros nos excede. Hay algo en la poética que tiene que ver más con lo inconsciente que con construcciones formales. Yo hago cámara en mis películas y me referencio mucho más desde lo formal- en los planos detalle, en las cercanías- en ese lenguaje, hay una búsqueda mía, que construye sentido desde un lugar muy kieślowskiano, muy desde el detalle.

Lo de las ventanas lo asociamos a la mirada del niño.

Benjamín Ávila. Fotografía: Diego Grispo.
Benjamín Ávila. Fotografía: Diego Grispo.

Cuando estás desarrollando un proyecto, en el mundo del cine hay ciertas cuestiones formales que tenés que ir cumpliendo, aunque no quieras. Si las tomás en serio, como herramientas, son muy útiles en la construcción de un proyecto. Por ejemplo, en las inscripciones a los concursos piden “el tratamiento estético”, que es una parte donde supuestamente describís cómo vas a hacer la película para que el tipo que lea el proyecto se oriente. ¿Qué decís?,¿cómo lo escribís? “Yo quisiera hacer, poéticamente, con las ventanas, los pasillos, la luz, la luz cenital…” No sabés cómo escribirlo, te da la sensación de que no sabés nada… La primera vez que tuve que hacer esto para “Infancia…”, me senté, me surgió esto que acabás de decir: la mirada de un niño. Para mí, el niño mira en plano detalle y en plano general, como si no registrara el intermedio: o es su propio deseo o es el caos de la totalidad del momento que está viviendo. Y así lo escribí en el tratamiento estético. Y  así filmé la película.

Y esa mirada se repite en otras pelis. Un hallazgo. Y, junto a las ventanas que dejan ver lo difuminado, aparece mucho la idea del encierro. No sólo en tu serie “Encerrados”, donde es evidente.

En ese sentido, soy también un poquito asfixiante en las cosas que hago. No son de fácil digestión, digamos. Soy intenso emocionalmente. El otro día volví a ver parte del decálogo de Kieślowski, es emocional, es profundo, oscuro, y yo me lo imaginaba siempre luminoso. Ahora, para volver a lo del encierro, inicialmente, inventamos historias que transcurrirían todas en ascensores pero, a la quinta historia, se nos acabaron las posibilidades, claro. Ahí decidimos tomar el encierro como concepto y no como espacio. Tengo escritas como veintisiete sinopsis más.

EL MIEDO USA PELO LARGO

“se lleva la grieta aquel miedo al Cuco/la posibilidad del ángel/la mano/el montoncito de vida/y ahora qué más da/saber que hay un muñeco sin brazos/un zapatito roto/yo sé que sabía las otras palabras”
“Tengo que volar un beso”, Roberto Santoro, (A Guillermina Cabrera, muerta por una bomba)

¿Sos lector de poesía?

No, pero sí soy fanático de algunos poetas, como Oliverio Girondo.

Nos llamó la atención lo habitual que era la poesía entre la militancia de los años setenta. Leían, escribían, pintaban y muchos- al prever que podían morir- dejaban, como legado a sus hijos, poemas escritos o audios. Parecería que, en la militancia de hoy, la poesía es soslayada o ninguneada o, en todo caso, pensada como una veleidad intelectual o estética.

Benjamín Ávilacon el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Benjamín Ávilacon el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

Nunca lo pensé de esa manera. Es cierto lo que decís, igual que la música. En aquellos años era algo de lo cotidiano, de las familias, hasta de los trabajadores. También, la ejecución de la música, tocar un instrumento… Hoy ya no. Antes llegabas a una casa de cualquier estrato social y alguien tocaba música. El ocio era también parte de la vida.

Los militantes de los 70 debatían, hacían arte, estudiaban… ¿cómo sería hoy una militancia con vuelo?

La fe.

¿La fe?

Sí. Si vos sos, todo es. En los 70, ellos de verdad estaban cambiando el mundo. No era una postura ni una construcción intelectual, ellos estaban construyendo un mundo nuevo. De verdad.

¿Y hoy?

Hoy ya se perdió eso. Hoy te separo la militancia de la fe. La fe hace que vos veas todo de una manera. Es creer en algo tan contundente, que vos sos eso. Eso era la militancia. Hoy la militancia es algo que hacés fuera de tu casa, una de las tantas cosas que hacés: “me voy a militar y luego vuelvo con mis hijos”. En aquella época, no era así. Militar era criar a los hijos, tomarte el colectivo, hablar con el vecino, ir a la escuela, desayunar con no sé quién o ir a ayudar a no sé dónde. Era tu vida completa. Hablabas con tu vecino para algo en concreto, para colaborar, para una unión, todo era una sola cosa. Cuando, en los años 80, se destruye en el mundo la idea de que la revolución es un camino, la fe queda como relegada a un segundo lugar. ¿Y qué comienza ahí? Dos cosas muy importantes: una, la construcción de la estampita del militante barbudo de pelo largo con morral y que fuma porro. Retrocedé diez años para atrás y el militante tenía pelo corto, tenía bigote y tomaba vino tinto, mientras que el de pelo largo y barbudo que fumaba porro era el hippie. Es decir, el agua y el aceite, como Soda Stéreo y los Redonditos de Ricota, no se podían ni ver. Para los militantes, los hippies eran unos imbéciles egoístas que se olvidaban de la realidad, eran parte de los culpables de que pasara lo que estaba sucediendo. Diez años después, nos olvidamos de eso, ¿y qué pasó? Mi generación, en los 90, heredó la figura del militante del pelo largo y barba.

Joan Miró.
Joan Miró.

Entonces, mixturaron el faso de los hippies con la estampita del Che y de Camilo Cien Fuegos. Pero esa mixtura no se parece al  militante de la herencia histórica: los militantes históricos montoneros no usaban pelo largo y barba. La herencia nuestra es que la militancia está asociada a la droga. La otra- la más importante, porque fue subterránea y se generalizó por todo Occidente- es que, si vos creés en algo, podés morir. Esa es la más profunda que heredó mi generación. Es tan profunda que lo dicen todos, hasta el mismo tipo que milita se siente en riesgo. O sea, creer en algo fuerte, con convicción, es peligroso.

Parecería que, para el poder, en el arte no lo es tanto.

Sí y no. El arte para mí es mucho más poderoso que cualquier militancia. Y esto es importante. Mirá, la generación de mis hijos, que creció en democracia, no entiende de miedos porque, por suerte, no los vivió.

EL MATE EN LA VARA

                                   en los tangos de avería/en las marchas insomnes de la memoria/en la gloria de los caídos/vienen van vuelven se desplazan se reinventan/las voces que te nombran como nunca y para siempre”
“Esas voces”, Jorge Alemán

¿Y a vos qué te da miedo?

 Joaquín Torres García.
Joaquín Torres García.

Yo conozco el miedo, es algo muy profundo en mí. Lo más fuerte es que mi generación, no sólo los Hijos, tiene intrínsecamente metido el miedo en la raíz. En la primera vuelta de las elecciones pasadas, donde gana Scioli y Macri se posiciona fuerte, yo estaba en Tucumán. Mis alumnos estaban haciendo un corto con una temática de la infancia, una historia de amor de nenes en plena clandestinidad. En la clase, ellos me dijeron que estaban con un problema con el nene que habían elegido. La noche anterior, mis alumnos miraban los resultados de las elecciones, y vinieron los padres, de cincuenta años más o menos y dijeron: “Che, mirá, no nos parece que Carlitos…, por la temática, ¿viste? En estas épocas…”. Se asustaron. Ahí te das cuenta que movés una perilla y el miedo está intacto.

¿Pero vos creés que no se puede saltar con las nuevas generaciones?, ¿no creés que hay una pequeña semilla de esperanza en la militancia?

La vara siempre va a ser demasiado alta. Si nos comparamos con el Che… Yo estoy completamente en contra del revisionismo histórico que venera al pasado, porque es algo inalcanzable, ya pasó, ya no es, no está ese cotidiano. Mi mamá desapareció a los veintisiete años. Ella me tuvo a mí a sus veinte años. H.I.J.O.S se forma como asociación, en el año 96, cuando nosotros ya teníamos entre veintidós y treinta años, éramos más grandes que nuestros padres cuando los desaparecieron. Recién a esa edad, empezamos a asomar tímidamente la cabeza. Pasó que las conducciones del ERP y Montoneros no hicieron un traspaso generacional de posta. Como quien dice: “Che, muchachos, miren, nos equivocamos en esto, hicimos bien esto, vean ustedes qué hacen”.

Bueno, pero hubo una dictadura…

Sí, pero a Firmenich lo metieron preso y lo indultaron y podía haber dicho que no al indulto y enseñar a la historia qué lugar ocupaba. Podía haberlo hecho, pero no lo hizo. Y así un montón de situaciones que se podían haber dado. Nosotros tuvimos que venerar a los desaparecidos, a aquellos que dieron la vida por la Patria. Entonces, ¿cómo hacés para criticarlos y reconstruirte y reflexionar para evolucionar políticamente? Es imposible. Entiendo por qué se hizo, no creo que haya sido maquiavélico, pero creo que hay que repensarnos. Me parece que los pibes tienen una posibilidad de discusión. En la casa de una amiga, pasamos la última película de Habegger y nos pusimos a hablar con unos pibes de dieciséis, diecisiete años. Bueno, debatimos y, en un momento, una piba de diecisiete nos dijo: “Yo les agradezco, como generación, que ustedes se preocupen por nosotros, pero ¿nos pueden dejar un poquito en paz? Nosotros queremos tener nuestra propia experiencia y, si nos vamos a equivocar, nos vamos a equivocar. Déjennos de romper un poquito las pelotas con eso de que ‘no sabés lo que yo sufrí’ ,‘no sabés el miedo que yo tengo’,  si no, nunca vamos a aprender nada” Trazó una línea, fue espectacular. Quedamos los adultos sin palabras.

¿Y cuál sería tu idea de lo heroico, eso que se reivindicó con esos nombre sin preguntarse si ellos querían ser héroes?

Ninguna. Además, no sé si ellos querían ser héroes. Lo que más me interesa es la soledad del héroe, la soledad de la almohada, cuando se va a dormir y piensa en la responsabilidad sobre los demás, no si va a salir en una estampita. Ese es el gran problema de las películas heroicas. Por eso me parece espectacular el documental de Tristán Bauer sobre el Che: es muy incómodo, porque habla de un hombre. Es tan incómodo sentir que estás tan cerca de ser el Che, que es sólo una decisión personal… Las cosas en el altar implican un imposible.  ¿Cómo vivís con el espejo del Che todo el tiempo, si sos un humano que se equivoca, que duda…? ¿El Che no era así?

MI NOCHE VERDE

                        “El verde es mío/ al dibujar en contraste/ las manchas del día/ me dice amenazante/ que sigo aquí/ que no hay mañana seguro/ que la vida es fugaz/el verde se va/ el verde regresa”
“Verde”, Ilan Stavans

 El color verde aparece mucho en tus películas…

Mark Rothko. "Verde sobre morado", pintura.
Mark Rothko. “Verde sobre morado”, pintura.

Te cuento algo muy loco que me pasó. Ya dije que tengo varias películas en las que le copio a Kieślowski ideas, sistemas de pensamiento. Pero, en “Infancia clandestina”,  el tono y la mirada del nene vienen de una película sueca que se llama “Mi vida como perro”, de Lasse Hallström y de “París-Texas”. Tengo una imagen, la del padre al mirar desde el estacionamiento  hacia la ventana donde, supuestamente, la madre y el hijo se juntan: esa imagen  es toda verde. Pero mi verde viene de la película de Bigas Luna, “Los huevos de oro”. Hay una escena donde los personajes entran a un puterío, que tiene unos tubos fluorescentes verdes que me parecieron fascinantes. Yo hacía fotografía en ese momento en la Facultad  y habíamos hecho un corto- antes de que existiera la luz fría- donde todo estaba lleno de luces de tubos fluorescentes enfundados en verde, excepto algunos, que aparecían en cámara. A partir de eso, empecé a construir que el verde era mi color, casi como una cuestión caprichosa, ¿no? Un día fui al cine a ver “Criaturas celestiales”, de Peter Jackson, y una de las cosas que me fascinó fue la idea de la noche verde, porque ponía en cuestión la convención de que la noche siempre debe ser azul: la noche podía ser ese verde que me gusta a mí. Bueno, cuando empezamos a hacer “Infancia clandestina” y a hablar con el fotógrafo y la directora de arte, les quise mostrar la idea de la noche verde. Pedí que me trajeran una copia de “Criaturas celestiales”, puse play, y… ¡la noche era azul! Claro, tal vez la copia que yo había visto, como era en fílmico, estaba mal y vino a verde. Pero, bueno, la noche mía es verde, me la banco y punto…

¿Tiene que ver con una identidad que le das a tus trabajos?

Es que eso terminó formando una identidad, quizás no por esa búsqueda, pero es muy particular.

EL OSCURO VOLUMEN DE LA VERDAD

                                               Como si fuera un capricho esto de ir a cazar/perdices en la oscuridá, /tiro tiros de tinta y yerro, /continúo mastico palabras en se me atoran y así camino. /Créanme que si aparece la resonancia/comeremos perdices.”
“Pájaro llamador”, Jorge Leónidas Escudero

El tema de este número es “Claroscuros”. ¿Cuáles son los tuyos?

Me resulta un poco difícil de entender el concepto.

Es aquello que no es de una pieza, no del todo luminoso ni oscuro Hay algo en tus películas que, para nosotros, aproxima: una continuidad de realidades, irse de lo real a los sueños.

Benjamín Ávila. Fotografía: Diego Grispo.
Benjamín Ávila. Fotografía: Diego Grispo.

Yo soy muy de los sueños. Para mí, el sueño es un recurso narrativo espectacular, porque te permite meterte en la cabeza y en la emoción del personaje sin tener que explicar qué le está pasando. Respecto de los claroscuros, te puedo decir que, como yo hago cámara, con Iván Gierasinchuk- mi fotógrafo de siempre- tenemos un código: yo siempre voy a estar parado en el lado oscuro porque, visto desde ahí, todo tiene volumen mientras que, si miro desde el lugar donde hay luz, todo es plano. En la escena en que el personaje de “Infancia clandestina” está sentado solo, después de discutir con los padres, y mira la hermana, mira a la mochila, yo no encontraba el lugar desde dónde filmar, estaba incómodo. Analizamos por qué y el tema es que había mucha luz y yo, para situarme en el lado oscuro, tenía que pararme en un sitio desde donde no podía ver lo que quería filmar. El volumen de verdad se ve desde el lado oscuro. Eso.

Vos hacés cine y también escribís, ¿qué tiene de singular la escritura,  la narración escrita, respecto de estar detrás de una cámara?

La escritura mía es de guiones. No escribo otras cosas, o sí, pero soy malo. Tengo un archivo que se llama “escritos sin freno”, y es literalmente eso. No soy muy buen guionista tampoco, en términos formales. Me cuesta mucho ponerme a escribir porque me asusta el nivel de abstracción al que llego. Me encantaría poder tener la rutina de levantarme a las ocho de la mañana, sentarme en la computadora y escribir hasta la una, trascender ese  miedo, jugar y estar contento con ese juego. Ahora me da mucho menos miedo que en otras épocas. Sí me pasa que me surgen montones de diálogos buenos y profundos e ideas conceptuales muy fuertes, cuando no le pongo cabeza y le doy rienda suelta a las manos, me dejo llevar por las imágenes y escribo sobre ellas. Muchos de los conceptos que he encontrado- de esos que a uno le dan un Sur bien marcado, una guía- aparecieron así. De ese modo, encuentro la razón de ser del por qué estoy haciendo lo que hago. Así me pasó cuando estaba tratando de encontrarle la sustancia a la nueva película, el porqué de su particularidad. Bueno, escribí un diálogo y encontré el argumento.

¿Y de qué se trata?

Joaquín Torres García.
Joaquín Torres García.

Es sobre el juicio a las Juntas. Realmente la gente no conoce nada sobre el juicio a las Juntas pero, en términos sociales, se cree que se conoce todo sobre ello.

¿Es una ficción?

Sí.

¿Y cuál es el parámetro para elegir entre ficción o documental?

Tengo una clase que inventé sobre eso, no está basada en ninguna teoría, sino en mi visión de estas cosas. Tendría que buscarla, pero habla sobre la función social del comunicador. Es, en realidad, una engaña pichanga para que los alumnos digan “Ay, el documental, la ficción” y, en realidad, uno les empieza a quemar la cabeza para que pongan en cuestión si se preguntaron qué quieren ser como comunicadores. No hay diferencia entre documental y ficción, ni en lo formal ni en lo estético. Es más, el documental ha evolucionado de una manera descomunal y ha demostrado que todo lo puede ser, que no hay límite, más, si te sacás el corset de “la verdad”. La ficción tiene también la posibilidad de la opinión: ¿Por qué Tarantino puede hacer “Bastardos sin gloria”- una película donde matan a Hitler- y no nos importa, y yo no puedo hacer lo mismo en un documental? Tarantino es un loco creativo y lo mío es imperdonable ¿Por qué? Porque estás trabajando con la verdad y la verdad te obliga a que tu manipulación tenga un límite ético. Y todo esto tiene que ver con el inconsciente, porque los que nos dedicamos al arte somos los grandes constructores del inconsciente colectivo y, por lo tanto, de la cultura que hace que todos nosotros podamos ser quienes creemos que somos y que podamos sentir como creemos que sentimos. Creemos que somos libres en esa elección. Somos, porque somos de tal lugar, de tal familia, barrio, continente. Somos de tal cultura. Todas las artes, como todos los medios de comunicación, somos los comunicadores del mundo. Los poderosos saben eso. Tanto lo saben que, desde los 90, con la globalización, los medios de comunicación no son una manera de ver la realidad, son la corporación que compra y concentra medios y dice cómo hay que ver la realidad. Ante la corporación, vos ya no tenés una razón de ser y es ahí donde empieza todo a cambiar. Hay un libro que nunca encontré pero sobre el que leí una reseña, es sobre la influencia de la CIA en el arte pop en los 60, en Estados Unidos. Habla sobre de qué manera el gobierno introduce las drogas para aniquilar el pensamiento de la juventud, cómo inventa el hipismo, el pop art, inventa la banalidad, la lata de Campbell, y ahí están Pollock y otros más que agujereaban tachos: nada, si los comparás con Duchamp, que sí tuvo una idea revolucionaria de romper estructuras establecidas con su mingitorio.

A LA ALTURA DEL SUR

                                               Regreso a la fuente y miro el agua. Desde la terraza/de la casa de departamentos, soy muy alta. En el Paraná/flota una rama caída hacia el sur, se va arrastrada. /No desaparece porque calla”.
“Lo seco y lo mojado”, Mirta Rosemberg


¿Qué es eso que llevás colgado?

Benjamín Ávila. Fotografía: Diego Grispo.
Benjamín Ávila. Fotografía: Diego Grispo.

Una rosa de los vientos que tiene el Sur arriba. La concepción del arriba y el abajo no existe, es una herencia. Ver el mundo con América del Sur abajo es una convención. Otra cosa importante es que los relojes tienen el giro del norte, no el giro del Sur, porque son vistos desde la mirada del norte. Pero el Sur no es ni arriba ni abajo. Hay un artista uruguayo que trabaja esa idea, y tiene un mapa con el sur en el norte, su obra siempre me pareció fascinante, porque notás que todo lo que vivimos es una convención, es una visión del Norte. Todo. Pero alguna identidad tenemos también y hay que buscarla. Por eso Zamba, el dibujo animado que ponía al aire el canal infantil Paka Paka, fue muy importante y peligroso. Y por eso fue lo primero que este gobierno sacó.

Quedar huérfano de identidad debilita. En lo personal, sabemos qué fragilidad da la orfandad, pero, ¿qué potencia te ha dado?

Por suerte, no viví la orfandad hasta grande, porque mi viejo estuvo vivo hasta 2008. Creo que todas las cosas que somos nos hacen ser. Algo que aprendí, y no hace mucho, es que no nos podemos justificar por lo que nos pasó, sino que debemos construirnos desde lo que nos pasó. Cuando vi que el proceso de sanación se trata de que eso ya no esté más dentro de uno, entendí que todo eso es para aprender, no para justificar. Ahora estoy en un proceso de aprendizaje en mi vida.Creo que hay gente que tiene una capacidad intelectual de aprender y que es sabia porque entiende directamente, sin tener que mediar la palabra en el proceso. No es mi caso, claro.

EL LOOK DE LOS SUEÑOS

“Y  yéndome siento una porosidad en mi propio cuerpo, /una herencia: Aquí mi madre ofrecía su bandeja de frutas/a los viajeros. La siento correr/a mis espaldas/como un cuerpo de arena/que sin cesar se arma y se desintegra con su canasta.”

“La estación del arenal”, José Watanabe

 ¿Y cuál es tu idea de la relación revolución y muerte?

Mi generación creció creyendo que lo importante de militar, de ser revolucionario, es estar dispuesto a morir, como si el justificativo de la militancia fuera la muerte. Y en realidad, en el cotidiano, ellos la pasaban espectacular, te juro. Había un estado de vida tan poderoso,

Benjamín Ávila. Fotografía: Diego Grispo.
Benjamín Ávila. Fotografía: Diego Grispo.

que te garantizo que ninguno se quería tomar la pastilla para ser heroico y revolucionario. Ese concepto se construyó socialmente, digamos. Lo que pasa es que, en ese momento, mi vida dependía de vos y la tuya dependía de mí. El hecho de que vos supieras mi nombre verdadero significaba confiarte mi vida y viceversa. Hoy quizás nos parece un delirio, pero así era verdaderamente.

Lo contrario a la propuesta de  la religión donde se reclama que vos te sientas culpable y sospeches del otro. Porque, donde ese otro patine, la arruina para todos y no nos salvamos. Ellos, a diferencia, confiaban en el otro, en el sentido de sumarse a la potencia del otro. ¿Esto no se reeditó nunca?

Eso se perdió. Y es importante determinar la verdadera derrota, que consiste en que se destruyó la idea de que se puede cambiar el mundo. Hoy nosotros “sabemos” que es imposible hacerlo. Podemos cambiar la realidad de la familia, del barrio, de un grupo de trabajo, pero no del mundo porque, ante ese mundo, somos muy chiquitos. Ellos sí creían que lo estaban haciendo y, es más, lo estaban haciendo, en el sentido de haber sido la primera generación en la historia de la Humanidad que le dijo a la generación anterior “Están equivocados, esto no es así. El mundo no es así” y rompió todas las cadenas generacionales. Ellos eran la ambición del pantalón largo a los 18, para sentirse hombres adultos y no más adolescentes.

No es que se morían tan jóvenes, sino que habían vivido un montón.

Es que el de catorce miraba al de dieciocho y decía “Ay, cuándo me voy a poner los pantalones largos”, de verdad era así.

Ahora parece que se sueña muy chiquito y, tal vez, ellos soñaban muy en grande. Como la diferencia entre pensar en cambiar el mundo entero o soñar con repartir la riqueza de un país y que haya nada más que cuarenta mil pobres…

Es cierto. Pero también lo es que lo que hicieron los Kirchner fue una construcción política de un volumen importante. La expandieron sin tener el viento mediático a favor, por lo menos, a partir de la crisis de “la 125”. Claro, son gente que se venía preparando desde hacía treinta años para estar en ese lugar, construyéndose como seres políticos ¿Cuántos de esos hay hoy? Que lo hagan desde ese lugar de ser tan concretos, son muy pocos. Es difícil para nosotros aceptar que esto nos domina, pero es así.  Esa generación que rompió con todo es la que hoy tiene entre sesenta y setenta años y que quiere ser joven, ponerse las tetas, son las minas y los tipos que quieren ser más jóvenes que sus hijos. Ellos cambiaron algo del mundo, pero el siglo XX ha demostrado que el sistema fagocita todo. Hoy todos nos tatuamos y algunos todo el cuerpo, nos parece normal. Hace veinte años, eso era una toma de posición ante la vida. El cheto se deja una barba así, se pone una camisa leñadora y eso antes era el tipo rudo. Bueno, hoy es un tipo coqueto nomás.

En los looks se puede leer mucho, ¿no?

Claro. A nosotros, cuando éramos chicos, no nos importaba cómo nos vestíamos. A partir de los doce, te empieza a importar qué te ponés porque empezás a tomar posición.

Benjamín Ávila con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
Benjamín Ávila con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 

 




LA FÁBRICA DE ESTRELLAS AMAESTRADAS

Claroscuros: Entrevista al físico Guillermo Méndez
Entrevista y edición: Sergio Lucero
Fotos: Guillermo Méndez

 

DISTRAÍDOS VUELOS DE ALEGRÍAS

Ella no dice nada solo cocina
Vaya a saber la causa
Vaya a saber la causa
Vaya a saber la causa
De su alegría
Ella no dice nada lava y suspira
Y a veces hasta vuela
Y a veces hasta vuela
Y a veces hasta vuela
De distraída”

Facundo Cabral, “Ella no dice nada”

 

A las 3 de la mañana, un té de cedrón sostiene la cordura en la disputa absurda del hombre con sus madrugadas. Estudia de noche, trabaja de día y a esta hora el suspiro reconecta los tendones y los nervios con los microorganismos gigantes que pasean a trasluz. Hay que seguir por lo menos una hora y media más, es la última curva antes de la cama, antes de arrancar otra vez, antes de las cuatro horas de sueño espectacular. Estudia economía, lógico para la estirpe generacional, pero no para su corazón. Siempre entre balances, algo lo saca de foco, lo distrae casi sin remedio, sólo él entiende sin comprender. Algo que circula por las venas paralelas, por lo más íntimo, donde conectan, misteriosamente, el cuerpo y eso que algunos llaman alma. Lo inquieta al extremo de no dejarlo en paz hasta que abra por fin la puerta para ir a jugar. Ahora, la cocina a oscuras, la taza de té humea y la ventanita insignificante que da al aire y luz le chista a los ojos. Es una de las visuales más intestinales del aparato digestivo de la ciudad, con olor fétido y la humedad de todas las transpiraciones. Sí, esa, se abre generosa y parsimoniosa al paso de una luz nueva y brillante sin escándalos, incandescente sin exuberancias y, en sus huellas, la luna. Blanquísima, intenta una redondez como la panza embarazada de su vecina, que lo vuelve loco en delirios arrebatados de distracciones en las madrugadas de estudio, la misma que se casó con el chabón de a la vuelta, el musculoso y con auto deportivo. Nadie hubiera imaginado que la morocha de al lado es la que lo enciende en sus vuelos. Ni él lo puede creer, pero tan enamorado, tan loco. Ahora, aquí hay algo inmensamente revelador, que pone todo en un nuevo orden y acomoda, en sus pequeñeces, a las enormes importancias de lo que sostiene la vida. Mientras, en el claroscuro de la cocina las venas se le desbordan con olor a margaritas, un cuadro fantástico se pinta en la rendija que deja ver las paredes de los edificios. Entre ellos, baila ese satélite que entra sólo quince minutos por la maravillosa ventanita del aire y luz. Sus ojos se van tras la luna y, con esa mirada, van su sangre y su infancia completa. Parece pasar todo el cosmos por ese agujerito, sin que él lo descifre. Pero lo goza. Quiere salir arrebatado por ahí para hurgarle los recovecos a cada estrella. Entonces, a tientas, busca el atlas multicolor de la pequeña biblioteca familiar. Lo posa emocionado sobre la mesa redonda de fórmica blanca de la cocina, lo abre en las páginas 32 y 33 de papel brillante plastificado y despliega a colores las dos caras de la luna. Mares y cráteres y desiertos y montes. Para volar al espacio se metió por el libro y, con los viejos binoculares burreros de un tío finado, llega a identificar qué le dice el mapa entre las manchas astrales. La luna desaparece detrás de la ropa tendida en la terraza vecina. Pero algo acaba de suceder ya para siempre: el universo entero entró por las retinas de su alma sedienta de infinito al alcance de su mano y lo traspasó como un rayo quemándole el camino. Bastó para eso lo poco que alcanzó a ver y, sobre todo, lo que no vio. Así es esto, a medida que se avanza un paso se descubren mil más que estiran el camino. Conocer es también saber que no se sabe. Acaso he ahí el carbón de esta vieja máquina que es deseo inextinguible, insatisfecho y ardiente. El fuego se transforma en preguntas, las preguntas se vuelven inquietas, la inquietud no necesita respuestas. Sólo curiosidad y espacio profundo para el orbitar eterno de este instante.

Los poetas saben acerca de raras pociones para emprender el vuelo. Los enamorados vuelan que vuelan mientras vuelan. Los locos y los distraídos son los que vuelan los mejores vuelos. Aunque parece que los físicos aprendieron técnicas aeroespaciales en laboratorios de algunos subsuelos en el sur. Quizás, por enamorados, por algo de poetas y un poco de locos. Y, sobre todo, por descifrarle la técnica a la distracción. Ojalá este estudiante nocturno, o cualquier otro, lea alguna vez las palabras de este otro tipo que, en Bariloche, encontró un punto en su horizonte para el despegue. Físico del equipo de diseño y construcción del ARSAT, fotógrafo, lector consuetudinario y amante de los libros. Guillermo Méndez.

muelle

 

CAFÉ EN UNA OLVIDADA ESQUINA DEL UNIVERSO

Bendita seas, peligrosa Materia, mar violenta,
indomable pasión, tú que nos devoras si no te encadenamos.
Bendita seas, poderosa Materia, Evolución irresistible, Realidad siempre naciente, tú
que haciendo estallar en cada momento nuestros encuadres nos obligas a buscar
cada vez más lejos la Verdad.”

Pierre Teilhard de Chardin, “Himno al Universo”

El conocido y popular satélite ARSAT tiene decenas de anónimos detrás, vos sos uno.

arsat-movilion_473_945_cUno de los tantos que formamos parte de la industria aeroespacial nacional. Esta industria está compuesta por la Agencia Espacial Nacional, la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales), por INVAP, (Empresa de Investigación Aplicada, Sociedad del Estado) como principal contratista, por algunas empresas específicas como VENG (Vehículo Espacial Nueva Generación), por la Universidad de la Plata, por ARSAT (Empresa Argentina de Soluciones Satelitales Sociedad Anónima) y otras que arman este conglomerado. CONAE, ligado a la ciencia, y ARSAT, ligado a la comunicación, son las empresas que definieron sus misiones al contratar nuestros servicios de INVAP. Por eso son nuestros principales contratistas.

¿ARSAT es una empresa de comunicaciones?

Claro, aunque no se ocupa solamente de satélites, sino de la transmisión de fibra óptica, del archivo de datos y hasta tuvo injerencia en la TV digital.

¿Qué es INVAP?

Es una empresa de ingeniería y fabricación de elementos tecnológicos: radares, reactores, centros de radioterapia, prótesis, satélites, instrumentalización para satélites, todo lo ligado a la energía nuclear para reactores de investigación y aplicación medicinal. Con más de cuarenta años, ha vendido reactores a Australia, Argelia. Nace durante el gobierno militar para el desarrollo de la energía nuclear. Entonces, uno de los miembros debía ser el estado de Río Negro, garantizando el respaldo estatal para comercializar ingeniería nuclear en el mundo. Por eso es una empresa mixta. En lo que respecta al funcionamiento económico, es literalmente una empresa privada, si no vende no se sostiene. El estado respalda los convenios, apoya e incentiva el trabajo de la empresa, cuyo lema es finalmente “De Río Negro al mundo”.

¿Cuáles son los hitos diseñados y construidos por INVAP?

En la historia de la empresa, contamos con los SAC A, B, C y D, de uso científico, para estudio e investigación, específicamente, seguimiento de fauna; ARSAT 1 Y 2: satélites de comunicación; SAOCOM 1 y, en el próximo enero, se estará lanzando el SAOCOM 2: radares por microondas para medir características del suelo, inundaciones, incendios.

Los ARSAT son los más conocidos porque se puso en juego la pérdida de las órbitas 74 y 101. Las órbitas espaciales son muy caras y se dividen como las posiciones en la Antártida. Se entregan a algunos países y, si no se las usa en un tiempo determinado, se pierden. Cuando las nuestras se estaban por vencer, el gobierno de Néstor Kirchner averiguó cuánto salía un satélite mientras alguien le chifló al oído “che, nosotros lo podemos hacer”. Entonces, se armó la propuesta, se aceptó, se hizo el diseño, el desarrollo, la calificación, la construcción y el lanzamiento del satélite de comunicaciones geoestacionario. Todo esto empezó allá por el año 2006. El proceso es largo y empieza con la firma de un acta acuerdo, con los requerimientos de cómo el cliente quiere específicamente el satélite, para seguir con el proyecto y la construcción. Se va de la ingeniería gruesa a los detalles: la decisión de los proveedores, qué se puede construir y qué hay que comprar. En el medio de ARSAT ocurrió la gran expansión de la empresa. Pensá que se venía de los años 90, con un 75% de recorte del personal. A partir del 2005, se vuelve al más alto nivel de capacidad laboral, gracias al proyecto del satélite. Este proyecto generó un conocimiento propio importantísimo y un éxito de la empresa con gente muy capacitada para el trabajo aeroespacial. Nuestros satélites están todo el día al cien por ciento, funcionan plenamente. El ARSAT 1 está en el tercio de su vida útil, quince años, y no tuvo nunca ningún problema. SAOCOM, un radar que está volando con cámaras de supervisión del suelo y movimientos naturales, orbita y funciona con el mismo éxito.

 

CAMINAR LENTO POR LA SUPERFICIE DEL ESPACIO PROFUNDO

Hace cuarenta años
Que quería romper el horizonte,
Ir más allá de mis propias narices,
Pero no me atrevía.
Ahora no señores
Se terminaron las contemplaciones:
¡Viva la Cordillera de los Andes!
¡Muera la Cordillera de la Costa!”

Nicanor Parra, “Viva la Cordillera de los Ándes”.

¿Vos qué hacés en todo este proyecto? ¿Cuál es tu trabajo?

10Soy responsable de calidad del departamento que se encarga del control térmico. Un satélite tiene distintas fases: la parte estructural, la mecánica, las computadoras que lleva adentro, los paneles solares que alimentan las baterías, todo el cableado que necesita un diseño especial para los kilómetros de cable que lleva. El servicio de control térmico diseña y controla la absorción y evacuación de temperatura para que no se destruya. Los satélites están expuestos a situaciones térmicas extremas, por ejemplo, la parte que apunta al sol puede llegar a +150 grados y la parte que mira al espacio profundo puede llegar a -200 grados. Todo esto en el mismo momento y en el mismo cuerpo, de aproximadamente 4 metros de longitud, el tamaño de una camioneta. Cómo hacemos para que, por un lado, tanto el frío como el calor no ingresen y, a su vez, se pueda mantener las computadoras interiores a su temperatura especial para el buen funcionamiento. Cómo evitar que las condiciones exteriores influyan en la estructura y el funcionamiento y también conseguir que el interior tenga su propio ecosistema. Por otro lado, se debe gestionar lo necesario para los cambios propios de su órbita. Por ejemplo, un satélite de órbita baja está ciclando, cuando pasa por atrás de la tierra, se encuentra en eclipse, es decir: todo el satélite se enfría. Entonces, sin la radiación solar y, mientras usamos la energía acumulada para prender calefactores que sostengan la temperatura adentro, no cargan las baterías. En otros momentos se hace necesario evacuar calor para mantener el mismo ecosistema. De todo ese diseño se encarga el “control térmico”. Una vez que el control térmico está diseñado, se agregan otros elementos necesarios para todo ese funcionamiento. Desde que nace hasta que se integra y se lanza, debo certificar que cada fase de la cadena esté de acuerdo a los requerimientos, que todo eso esté bien pensado y bien construido.

¿Quién controla en órbita?

En la primera fase, cuando está en órbita, INVAP comienza a “prender las cajas” y a verificar que todo funciona. Una vez verificado se le entrega la posesión final al cliente, que es el dueño, y es quien controla desde sus estaciones terrenas ARSAT y CONAE, cada uno para sus respectivos satélites. Desde el segmento terreno, manejan y controlan al acomodar la órbita o lo que sea necesario. Igualmente, INVAP queda como consultor especializado y hace mantenimiento en vuelo. Por ejemplo: frente a una tormenta solar que complique el funcionamiento, somos consultados y damos asesoramiento para la solución. Esto suele pasar más bien al principio. Una vez que se tiene la experiencia y se entiende el manual lo controlan más fácilmente.

 

EL COHETE PASA POR LA PARADA DEL 70

Viene girando un ángulo planetario,
golpeando las paredes del infinito,
descascarando el nácar del inventario,
violentando el remanso de lo prescrito.
Ciertas presiones altas vienen girando,
en los celajes arremolinaciones,
travesuras del tiempo traspapelando.
Vienen antecedentes de los ciclones.”

Silvio Rodríguez, “Reino del todavía”

Vos fuiste uno de los pocos que llevó al ARSAT al lanzamiento para la puesta en órbita, contame algo de esa experiencia.

7La campaña de lanzamiento dura unos 45 días aproximadamente y se va acompañando por distintos grupos en cada fase. En total serán unas 50 personas, más o menos. Los lugares de lanzamiento fueron: Guayana Francesa para ARSAT, y Estados Unidos para SAOCOM. El próximo se lanzará desde Cabo Kennedy.

Las fases de lanzamiento empiezan con el empaquetamiento del satélite. Se mandan en contenedores todos los “fierros” que hicieron de plataformas especiales para poder sostener, girar, maniobrar en etapa de construcción. También se envían todos los racks con las computadoras del mismo proceso constructivo. Entonces, sale un contenedor con el satélite y otros diez con todas las cosas que necesitás, lo que requiere una logística importante. Se cargó todo en el avión, en este caso el Antonov, y partieron desde Bariloche hacia la Guayana. Algunos del equipo viajaron en el avión para controlar ese proceso y el resto fuimos directamente. Una vez en la base, controlamos la llegada y el comienzo del armado para el lanzamiento. Después, otra etapa de controles paralelos al satélite, carga de combustible y, entonces sí hicimos las últimas inspecciones para el control final. Se puso la firma, en este caso de “control térmico”, que certificó que todo estaba bien y listo para la puesta en órbita.

Con esa firma final, ¿qué certificás?

Desde control térmico, aseguramos que todo estuviera tal como fue diseñado y construido. Entonces esto, por lo menos por temperatura, queda aprobado. Una vez que se lanza se recogen todos los fierros y se vuelve. Kourou, que es el centro de lanzamientos de Guayana Francesa, es una base de la ESA (Agencia Aeroespacial Europea). Entre paréntesis, lo que dicen de la comida francesa es verdad: ¡de reputamadre! ¡No sabés lo que es eso!

 

POSTALES DESDE LA ESTACIÓN DE SERVICIO

EL futuro es espacio,
espacio color de tierra,
color de nube,
color de agua, de aire,
espacio negro para muchos sueños,
espacio blanco para toda la nieve,
para toda la música.

Atrás quedó el amor desesperado
que no tenía sitio para un beso,
hay lugar para todos en el bosque,
en la calle, en la casa,
hay sitio subterráneo y submarino,
qué placer es hallar por fin,
subiendo
un planeta vacío,
grandes estrellas claras como el vodka
tan transparentes y deshabitadas,
y allí llegar con el primer teléfono
para que hablen más tarde tantos hombres
de sus enfermedades.”

Pablo Neruda, “El futuro es aspacio”.

¿Cómo es la Guayana Francesa?

9Es un país muy particular. Fue una experiencia rarísima, más allá del laburo. No fui a visitar la Isla del Diablo, de donde se escapó Papillón, ni soy un animal turístico. Más bien circulaba por las calles, iba al supermercado, caminaba cerca del hotel, hablaba con la gente. La selva es algo impresionante: una muralla verde de distintas alturas de plantas exuberantes. No se puede entrar ni un metro, impenetrable. Los bichos parecen funcionar al revés: las arañas se comen a los ratones, las avispas matan a los pájaros, es re loco. La población es de mayoría negra. Por otro lado, los franceses se distinguen bien blanquitos, mostrándose distintos. Además está La legión extranjera, que custodia la base. Parece que llegaron barcos cargados de negros de distintos lugares. Y hoy te muestran una variedad muy interesante: algunos más esbeltos o esbeltas, otros más marrones, distintas fisonomías hoy mezclados con brasileños, colombianos, algunos, de Santo Domingo.

¿Cómo es la economía?

La Guayana vive esencialmente de la “base”. Las Guayanas inglesa y holandesa se independizaron, en cambio, la francesa sigue siendo territorio de ultramar de Francia. La base de Kourou es perfecta a nivel aeoroespacial, con su ubicación cercana al Ecuador. El clima estable, con 25° de la mañana a la noche. Incluso, se puede proyectar a partir de conocer las precipitaciones anuales. No como Cabo Cañaveral, donde te puede venir un tornado de sorpresa. El lugar de lanzamiento es el que menos combustible usa, según su punto con respecto al Ecuador. Pensá que cada kilo de combustible es mucha guita. Entonces, con buen clima y sin viento, con la última gota llegás adonde querés. El espacio aéreo es muy seguro, tiene un solo aeropuerto, la costa es recortada. Cuando se independizaron las otras Guayanas, Francia hizo una especie de plebiscito para consultar a la población si querían recibir un subsidio de mil quinientos dólares por mes, educación gratuita y casa o ser independientes. El 95% eligió seguir siendo franceses. Ciudadanos franceses de ultramar. Por eso, hoy, muchos de los alrededores intentan entrar a vivir a la Guayana para lograr tener el pasaporte. Tiene cerca de 250.000 habitantes en un territorio muy pequeño, en su mayoría tomado por la selva, donde se le hace muy difícil sembrar. Por eso es muy dependiente de la comida que llega desde Francia, incluso el pan. Un empleado me contaba que seguía trabajando para asegurarse la educación de la hija, pero la mayoría de la población no trabaja. No hay industria, recién ahora están tratando de reactivar la pesca. El trabajo en la base de lanzamiento y los subsidios son las fuentes de ingreso más comunes. En un restaurante, los mozos y empleados son negros, pero el que está en la caja siempre es blanco: foto de época. La inseguridad es alta y te recomiendan no andar por la calle después de las ocho de la noche, aunque los subsidios aseguran recursos para todos, el alcohol hace estragos, no tienen nada que hacer. Un domingo, después de quedarnos hasta más tarde comiendo afuera, algunos volvimos al hotel a charlar y a tomar mate. En el viaje, la pifiamos en una calle y terminamos en un barrio que parecía áspero. Me impacto la imagen de gente degradada. En el hotel le comentamos al empleado y nos dijo “¡uy, se metieron en el cementerio de las putas!”. Resultó ser una especie de depósito de prostitutas “viejas”, de más de veinticinco. Es impactante cómo las chicas se prostituyen a los trece o catorce años. La competencia y el desgaste de la vida las llevan a juntarse en el barrio de las “putas muertas”. Terrible. Guayana es el patio trasero de Francia, por eso el catálogo de drogas que se ofrece en la calle y el turismo sexual son impresionantes. Todos los días hay un avión que va de París a Cayena y depositan tipos de sesenta para que después los veamos en la mesa con chiquitas de doce años. El tipo se levanta, la chica va tres pasos atrás, unos pocos euros y el tipo se vuelve a Europa como si nada.

 

BARRILETE DE SUEÑOS Y FIBRA ÓPTICA

“En algún lugar algo increíble está esperando ser descubierto”.

Carl Sagan

¿Qué es un satélite?

6Es un artefacto construido por el hombre que se pone en órbita a la tierra, incluso, en otros planetas. La luna, en estos momentos, tiene satélites que ha puesto la Nasa. Marte tiene cinco satélites orbitándolo. Los asteroides tienen satélites.

Misterio total para ignorante como yo, ¿cómo se hace para hacer volar un artefacto durante tantos años?

Los satélites vuelan por la fuerza de la gravedad, igual que la luna. Si a una piedra que tirás para arriba y vuelve le das una velocidad específica de 11 metros por segundo, lográs que quede girando. El efecto sería como atarla a un hilo: la hacés girar hasta que el hilo se corte y, entonces, queda girando la piedra en su órbita. Con los satélites sucede que, una vez que empiezan a orbitar, la tierra los atrae y es preciso corregirlos en vuelo. Pero, claro, el satélite no sale solo, hay que llevarlo con un cohete hasta dejarlo orbitando. Hay tres tipos de órbita con respecto a la tierra: leo, meo y geo, que serían cercana, media y lejana. La geoestacionaria está puesta a una distancia en la cual el satélite, con respecto a la velocidad, siempre va a apuntar a un mismo lugar. En cambio, uno de órbita baja, un leo, barre alrededor de la tierra constantemente, por eso tiene algo que se llama revisita: cada tanto el satélite vuelve a pasar por el mismo lugar (los GPS, por ejemplo). Un satélite de órbita baja dura 90 minutos y, en ese tiempo, da una vuelta completa sobre su órbita. El ARSAT es geoestacionario, no se lo ve porque está muy lejos. Con un telescopio, se lo puede ver como una estrella, siempre fijo. A satélites como estos se los lleva hasta un lugar y, de ahí, se propulsa solo hasta donde tiene que ir. Por ejemplo: el vector lo suelta a 500 km de altura y el equipo hace 35.000 km solito, tarda unos 15 días más o menos, hasta el punto donde tiene que estar.

 

UN BONDI A LA NASA

Es mejor equivocarse siguiendo tu propio camino
que tener razón siguiendo el camino de otro”.

Fiodor Dostoievski

¿Qué estudia alguien para hacer lo que hacen ustedes?

Es muy abierta la cosa. En Argentina, recién ahora hay una carrera de ingeniería aeroespacial. El plantel está compuesto por físicos, ingenieros mecánicos, electromecánicos, electrónicos, químicos. Gente que aprendió ciencias.

¿El tema te interesó de siempre o te fue llevando el camino de la vida?

3Uno de los primeros libros que leí de chico, aunque no entendí absolutamente nada, fue de Camille Flammarion. Siempre me interesó la astronomía, la astrofísica. A mis ocho años, leía sin entender, paro me atraía y tenía la extraña conciencia de que, alguna vez, comprendería. Aunque el vocabulario me era extraño seguía adelante, los dibujitos me guiaban. Ya en la secundaria, me compraba revistas de investigación científica sobre el espacio y astrofísica. Siempre sentí mucha atracción por entender qué pasaba allá afuera. Tenía el sueño callado de trabajar en la NASA. Nunca trabajé ahí, es cierto, pero estuve con el director de la NASA, lo que para un pibe de Ciudadela es un buen logro.

¿Cómo fue eso?

El director de la NASA nos visitó, dio una conferencia, compartió experiencias y yo fui un cholulo total, tipo quinceañero. Lo agarré al salir del baño, me puse a hablar con él, fue alucinante. Charles Bolden, un tipo extremadamente sencillo, lo abordé después de haber estudiado toda su vida. Fue el director de la NASA durante el gobierno de Obama. El currículum del chabón es impresionante. De hecho, la primera pregunta que le hice fue si dormía, ¡no se puede hacer tanto como dice el curriculum y además llevar una vida! Piloto en Vietnam, piloto del trasbordador espacial en algunas misiones, gran cantidad de horas de vuelo en el espacio, arregló el telescopio Hubble y una vida familiar con dos hijos. Me preguntó por mi familia, le conté que, en ese momento, tenía un hijo de cuatro años y me dijo “pensá que esta generación es la generación del espacio, no nosotros”. Después, en la conferencia, completó la idea: la industria y la ciencia necesitan salir de la tierra por cuestiones de limpieza y seguridad. En el espacio se podrían mejorar la calidad de algunos asuntos. Imaginate hacer vacunas sin riesgo a que se contaminen, investigaciones limpias en gravedad cero. La industria tiene sus horizontes en el espacio. Por otro lado, en algún viaje, con colegas de otros países muy avanzados en esta industria aeroespacial, me di cuenta de que no es imposible para nadie, que cualquiera lo puede hacer. Yo no lo hice, pero hubiera podido. La capacidad que se necesita para acceder a ese nivel de trabajo la tenemos entre nosotros, es la misma capacidad de laburo y voluntad que se necesita para otras cosas y que tenemos tan desarrolladas en estos lugares.

 

CALEIDOSCOPIO DE PLANETAS

El caleidoscopio es un ensueño de jardines condensados, es una redoma de peces y de estrellas amaestradas…

Mirad, mirad. Los vitraux fugitivos y las albas embrujadas y los crepúsculos quebrados. Ese rebaño de colores que se aleja en el tiempo, ese desfile de mariposas encantadas, ese azar de luces sin destino y pequeños bombones del ojo, que hacen las delicias de la retina.

Este instrumento tiene algo de sagrado y de juego inmortal.”

VICENTE HUIDOBRO, “CALEIDOSCOPIO”.

¿Qué te genera tanta fascinación?

2Tu trabajo se va al espacio. En los últimos ciento cincuenta años, apenas las edades sumadas de dos hombres viejos, la humanidad venía soñando con la idea de volar, salir al espacio. De repente, atropelló esa idea y hoy se está a punto de poner gente en otro planeta. Me parece fascinante que sea algo así como la nueva aventura humana y que lo estemos viviendo. Que nos haya tocado este momento me parece increíble. No podría hablar de vocación, en el sentido clásico, pero me deslumbra totalmente. Siempre me fascinó. Si en el colegio había que hablar de agujeros negros me llamaban. Tuve premios por trabajos matemáticos sobre el tema, publiqué algunas teorías de astrofísica. Pero, al día de hoy, me doy cuenta de que me mueven la curiosidad y el entusiasmo. Me parecen interesantísimas la neurocirugía, la botánica, la mecánica, la sociología, la antropología. El conocimiento humano es un tesoro. Seguí este camino, trabajo de esto, pero me interesa el conocimiento. Este trabajo te enfrenta a situaciones en las que el hombre debe buscar y resolver para el desarrollo de lo posible. Pensá que, en un simple pistón de un motor, la diferencia de un cabello humano ya hace que funcione mal. En aparatos para el espacio ese pequeño problema es macro. O sea, lo micro es macro. Las potencias son descomunales para poner al hombre en la luna y traerlo con esas tolerancias mínimas que requiere. Sin embargo, el hombre lo ha logrado. A mi esa fascinación me viene de chico, yo no miraba el cielo, sino los libros.

¿Los libros te fascinan?

Absolutamente. A los doce, quemaba la plata que tenía comprándome libros. Los primeros que recuerdo eran de Camille Flammarion, uno de espías que se perseguían en Mercedes por rutas nevadas. Otro era sobre una expedición a una fosa. A partir de ahí, la lectura me acompañó toda la vida. Compraba un libro por su tamaño, no sabía cuál era bueno. Los buscaba por cantidad de páginas. Entonces, a los catorce, me tragué a Santo Tomás de Aquino. Por esa misma razón, me crucé con los clásicos: por gordos y baratos. Shakespeare vale dos mangos, entonces me compré la colección completa y tuve para leer un rato largo.

 

EL BIG BANG ES UN POEMA DE AMOR

“Más que un conjunto de conocimientos, la ciencia es una forma de pensar”.

Carl Sagan

¿Cómo confluyen en una misma persona la fascinación por la ciencia, la técnica y la literatura?

5Creo que hay un equilibrio entre los datos, lo netamente tangible, los esquemas, los flujos y analogías en el terreno de la comprobación del área científica, al armar un lugar de la experimentación. Ahí tenés mucho control de laboratorio. Interesante, porque en otros ámbitos de la vida eso no sucede. La literatura, especialmente la novelística, es gran generador de esas ideas científicas. El ejemplo universal puede ser Julio Verne, cuando escribe acerca de un hombre que iba a llegar a la luna cien años antes de que eso verdaderamente sucediera. Si la ciencia es la exploración de las cosas, la literatura es la exploración de las personas. Shakespeare, Dante, Borges son exploradores del alma humana. Es asistemático, crean un mundo, inventan personas y pueden darle forma, hacerlo hablar, ponerlo en circunstancia y eso me parece fascinante. La literatura tiene una potencia en la lectura de las personas desde hace miles de años. Dante recorre desde el cielo al infierno y, en el medio, encuentra el mecanismo por el cual aparecen los deseos en las personas. Cervantes, arma un tipo que se mete en todo, hasta que descubre que la libertad es dejar que cada uno haga lo que tiene que hacer. Y Dostoievski ni hablar, el máximo explorador, es el Jack Cousteau del alma humana. Literatura y ciencia funcionan como espejos. Porque, si hay un misterio, no está en el espacio, sino en el corazón de las personas.

Se puede decir que hay un modo, o varios, a la hora de abordar formas literarias, pero vos hablás de lo asistemático ¿qué querés decir?

Que vos podés crear un nuevo orden fuera del orden, un nuevo sistema con sus personajes en las circunstancias que se te ocurran. Se supone al escritor como demiurgo, titiritero, es el que maneja las circunstancias. Pero, al fin, parece que los personajes empiezan a cobrar vida propia. El autor es mezclador de ciertas cosas y la mezcla provoca una novedad, que empieza a funcionar por sí misma. Luigi Pirandello, en “Seis personajes en busca de un autor”, escribe un mundo donde los personajes que vienen de la fantasía del autor buscan alguien que les construya la realidad.

¿Vos escribís?

Sí, escribo quizás como un modo de entender a los otros. En principio, para entender a quienes escribían los libros que yo leí. Siempre me pregunto cómo hizo esto, cómo armó esta situación, de qué manera fue desarrollando la complejidad de este escenario. Nunca me voy a olvidar de un libro que se llama “The correction”, de Jonathan Franzen, donde uno de los personajes fundamentales tiene alzhéimer y es capaz de explicar el momento en que el cerebro empieza a nadar en el bosque de palabras y no puede agarrar ninguna para expresarse. Me impacta cómo mierda hace para contar eso. Yo vivo la manifestación artística como un modo de interpretar a los otros. Cuando empecé a escribir, pude leer lo que escriben otros de una manera diferente. En general, escribo de forma satírica, bastante ácido, pero nunca quise publicar. Escribo para leer. Mis personajes me muestran qué puedo llegar a pensar, les hago decir lo que no puedo decir en público. Por otro lado, los personajes no son totales, lo humano aparece sin necesidad de maquillajes y, con ellos, hay permisos que me doy para tratar de cambiar la realidad.

En tu mundo laboral tan científico y técnico, ¿hay un valor por lo literario, por la palabra?

Poco. Hay gente que lo valora, pero es una minoría. Igualmente, se puede ver una inquietud cultural en general. La música, el teatro, la fotografía suelen ser espacios valorados dentro del ambiente. A veces, el contacto se da por medio de la pareja que es artista. Son pocos, pero tengo algún compañero pintor, otros músicos.

El trabajar tan compenetrado con “la cosa” y no con personas, ¿ puede llevar a una mirada deshumanizada de la vida, a la pérdida de empatía?

Las cosas pueden ser un refugio de escape, la ciencia puede ser una huida. Es mucho más fácil lidiar con un tornillo o con una fórmula que con una persona. Entonces, puede darse algo de lo que decís. En ciencia los problemas se resuelven a través de datos y ciertos procesos, lo cual está bueno incluso para aplicar en otros aspectos de la vida: una mirada ordenadora que analiza la realidad ajena a las emociones. Sin embargo, los problemas humanos son otra cosa. Frente al miedo al mundo y a los vínculos, la ciencia es una excelente respuesta que les da hogar a muchos. Algunos buscan alimentar su espíritu por medio del arte o actividades solidarias, van a hogares infantiles.

 

SELFIES EN LA LUNA

“…La noche es buena
para decir adiós. La luz estorba
y la palabra humana. El universo
habla mejor que el hombre.

Cual bandera
que invita a batallar, la llama roja
de la vela flamea. Las ventanas
abro, ya estrecho en mí. Muda, rompiendo
las hojas del clavel, como una nube
que enturbia el cielo, Cuba, viuda, pasa…”

José Martí, “Dos patrias”.

También sos fotógrafo y le dedicás tiempo y disciplina, ¿cómo entraste al mundo de la fotografía?

4A los 20 años, cuando estaba de novio con Caro, ella empezó a hacer un curso de fotografía. Miré por encimita y vi que la mayoría eran chabones. Entonces, dije “yo me meto a hacer el curso también!”. Vino por ese lado, no estaba en mi horizonte. Mi costado guardabosque me llevo a ese mundo: lo estudié, lo entendí, me gustó y me sumergí de lleno. Apasionado por el blanco y negro, por las líneas simples, por la cosa en sí misma. Después de un tiempo sin agarrar la cámara, hace cuatro años volví y no dejé. Todos los sábados a la mañana hago mis caminos fotográficos.

¿Por qué el blanco y negro?

Porque, como territorio creativo, es lo más alejado de la realidad que hay. Necesito contacto con la realidad, pero recortarla a su vez para que aparezca lo creativo. La fotografía en color es la representación más cercana a la realidad, en cambio, no hay nada en nuestro mundo en blanco y negro. Te invito a un modo de mirar, a una visión distinta a través del blanco y negro. Entiendo que ahí aparecen las formas más naturales. Me parece un discurso de imágenes mucho más potente que el color. Entre un charco de sangre en blanco y negro o en color, me quedo con el de blanco y negro. En esos matices, las sombras forman parte del relato de la foto, te ayudan a expresar la vida. En cambio, en el color, vos sabés que es una sombra. Más o menos, sería como escribir un poema con la fuerza de pocas palabras que expresan tanto.

Vos trabajás armando satélites para que orbiten entre pequeñas luces que brillan en el escenario oscuro del espacio y usas el blanco y negro en tu mirada fotográfica, ¿qué te dice la palabra “claroscuro”?

Es una palabra que se construye a partir de lo claro. Es la fusión, la vida real. Fijate que no es “blanco y negro” es claroscuro, es la representación de los soportes de nuestra vida. A veces, es más claro que oscuro y otras más oscuro que claro. Así es nuestro pensar, nuestro sentir, nuestro actuar. Si en la “dialéctica” el blanco elimina al negro y el negro al blanco, en el “diálogo”, hay una fusión, hay un claroscuro. Dar a luz.

Después de hablar de tus búsquedas, de tu oficio, de tus lecturas y de escrituras, ¿cómo te gustaría que te presente, como un físico, como un fotógrafo, como un lector o como escritor?

Como un curioso.

ARSAT-2_ultima_vista_en_INVAP




SONIDO PLURAL

Claroscuros: sobre un recital de “Cuerdos Vocales”,  en el Espacio Tucumán, CABA.

Por Josefina Bravo

BOCADO DE ENCUENTRO

Atravesada la puerta al Espacio Tucumán, a eso de las 19:30 hs, nos invadió el olorcito a empanada norteña. La cosa era así: después de la boletería, había un montón de mesitas redondas con sus sillas y la gente tomaba un café de tardecita o se daba un bocado de cena temprana. Sobrevolaba un bullicio de conversación, de encuentro. Al fondo, un telón cerrado separaba esa cantina del lugar donde veríamos el espectáculo.

En este último concierto del ciclo “Cuerdos Vocales con invitadas” les concurrentes comentaban si era la primera, la segunda o la tercera vez que venían. Más de une dijo, con orgullo, haber estado en todos. Yo era una primeriza. Había viajado desde mi casa en Santa Rosa, La Pampa, especialmente para la ocasión.

ONDULAR EL NEGRO

Cada uno de los cinco conciertos de este ciclo, apoyado por el Instituto Nacional de la Música, contaría con la participación de una cantante referente del folklore argentino. Los “Cuerdos” ya habían compartido escenario con Nadia Larcher, Charo Bogarín, Milena Salamanca y Lorena Astudillo. Para este último, la invitada era Teresa Parodi.

Cuando fue hora, abrieron un costado del telón negro que nos separaba del salón y la gente empezó a pasar para acomodarse en las sillas, que formaban una pequeña medialuna, casi en un abrazo al escenario.

Ya en una butaca, con bebida y empanada en mano, esperaba la apertura del show. En el escenario había varios micrófonos de pie. Sobre el telón negro del fondo, comenzó a proyectarse un video con imágenes y musiquitas de los conciertos anteriores. El video ondulaba sobre el negro del telón, que acercaba y alejaba claroscuros de imágenes, dale mostrar y ocultar, según el misterioso azar de sus pliegues. Y, en esos dobleces, se lucían las voces cantadas.

De repente, el video terminó y el telón volvió a su negro habitual, mientras las voces de “Cuerdos Vocales” comenzaron a serpentear la llegada. El cálido soplo de la voz giró entre nosotrxs. Detrás, en filita india, entraron ellxs para ocupar el espacio entre el escenario y los espectadores, en el centro de la sala. Nos convidaron allí, casi en la boca, la primera canción.

ALMA C@NTADA

WhatsApp Image 2019-08-21 at 10.45.20Luego subieron al escenario y el director dijo unas palabras de agradecimiento, contó un poco qué íbamos a escuchar y, enseguida, la sala se volvió a inundar de música. A veces, el arreglo era para siete, otras para seis. Y el director se paraba adelante para encauzar las voces del grupo.

Así, llegó el momento de sumar la voz invitada: subió Teresa al escenario. Una pareja de bailarines se adentró al corazón de la sala y -muy lento y muy suave- comenzó a moverse, cuando se escucharon los primeros sonidos de “Tarumba”, que se deslizó hasta nosotrxs con toda su ternura. Luego, los anfitriones dejaron sola a Teresa, quien se sentó con su guitarra y nos regaló “Esa musiquita”: canción dedicada al chamamé, género musical característico del litoral, su tierra natal. Con tanta emoción cantó, con tanta emoción escuchamos esa “musiquita del alma” que, al calor de los aplausos y en respuesta al pedido de “Cuerdos Vocales” y espectadores, accedió a mimarnos con otra de sus canciones.

Luego se despidió, no sin antes contar la hermosa experiencia que había sido compartir ensayos y escenario con un grupo vocal tan comprometido con la música.

tarumbaAhora vamos a cantar como nos gusta”, avisó el grupo en un momento. Y, atrás de los micrófonos, se hicieron montoncito, para tirar sus voces al fuego grupal y hacernos partícipes de su complicidad. Más tarde, volvieron a los micrófonos y el encuentro se dio en la voz y en la mirada. Se agruparon las chicas en una canción de cuna tan dulce como azul y, más tarde, los chicos estiraron el color en unas coplitas al agua.

Entre tema y tema, los “Cuerdos” andaban los claroscuros del escenario, movían sus tonos tierra y color de voz hacia atrás, hacia los costados o hacia adelante, siempre en busca de la mejor forma de contar la canción.

COLOR GRUPAL

¿Cómo se vive el folklore en la ciudad?

Entre bocinas, luces, sirenas y motores, voces y multiplicidad de estilos musicales coexisten. Donde, a veces, un sonido resalta y otro queda de fondo. O, simplemente, conviven en una versátil simultaneidad. De esa pluralidad de sonidos y músicas, el folklore toma elementos: así varía, muta, se transforma para enriquecerse. WhatsApp Image 2019-08-21 at 10.45.19Eso -sumado al amor a esa música del pueblo, a esa musiquita que desde siempre suena en los bailes, con la que crecieron tantas generaciones-, es lo que se escuchó en las voces del concierto. Así entienden los “Cuerdos Vocales” a la música popular. Desde el repertorio, con canciones de cuna y de juego, coplitas y temas clásicos del folklore nacional, hasta la técnica de luz y sonido, que supo acompañar los climas de cada canción. Todo resultó en un recital cuidado y amoroso.

Cada integrante del grupo tiene su trayectoria personal, se especializa en un instrumento, se desempeña como docente, participa de otras agrupaciones o desarrolla un proyecto solista. Tienen sus carreras por separado y también apuestan a lo grupal.

Saben que “Cuerdos Vocales” es más que la sumatoria de sus individualidades, todxs se potencian en la experiencia colectiva, en un fuego que crece en cuerpo y versatilidad de color. Y eso sucede cuando hay verdad en el hacer. Y se transmite. Y se respira.

Para el cierre del concierto, todxs bajaron del escenario.

Cantaron de cerquita, la luz era cálida.

Al fondo, el telón ondeaba su negro, movido por la música o por la vibración. Y se fue quedando quieto cuando bajó el sonido de la voz.

Encendido y muy cargado de emoción, el aplauso final.

Y vinieron los saludos, los abrazos, las felicitaciones, las fotos.

Muy de a poco, salimos de esa burbuja atemporal en que nos habían metido los“Cuerdos”y el lugar. Pero con la llama del hacer grupal encendida, esa belleza que se da en la creación colectiva y los ecos de esa musiquita, esa musiquita del alma…

WhatsApp Image 2019-08-21 at 10.45.22(1)

*Todas las fotos son de Pablo Jokanovich.

**Cuerdos Vocales es un grupo vocal de folklore argentino conformado por Jazmín Laurenza, Alejandro Randazzo, Julia Serafini, Alejo Trosman, Ingrid Fainstein Oliveri, Bernardo Guarrochena y Gastón Dvoskin, su director y fundador. El grupo tiene cinco años de trayectoria y ha participado en distintas salas y programaciones. Recientemente ganó en la sede La Matanza el rubro conjunto vocal para el Pre Cosquín y se encuentra en proceso de grabación de su primer disco.

***Debido al éxito de estos cincos conciertos, el Espacio Tucumán decidió auspiciar un segundo ciclo que contará con la participación de referentes del folklore de su provincia. Próximamente van a estar publicando las fechas en sus redes: http://www.facebook.com/cuerdosvocales y http://www.instagram.com/cuerdosvocales.




EROTICONS

Claroscuros: sobre el amor y su potencia
Por Lourdes Landeira

 

“La “política” de la luz radica en la sensualidad de los detalles, actúa lo inaparente silenciado. Y presenta su paradojal evidencia: nadie recuerda que es ella la que nos hace ver.”

Héctor Freire, “Satori”

 

EL AMOR ES POLÍTICO

Adela Casado
Adela Casado

En contraposición a una pretendida ahistoricidad, encuentro imposible pensar el amor y sus formas de manifestarse fuera de un terreno anclado en la cultura. Despojarlo de las afecciones de cada tiempo lo confinaría al plano de lo divino y trascendente, cuando su único modo de ser es en el aquí y ahora. Aún en la secuencia de una biografía, la promesa del “hasta que la muerte nos separe” no es más que una fórmula y lo que ayer nombramos amoroso hoy, o mañana, podemos reeditarlo en otro sentir. No es amor, es trabajo, resulta una consigna que en la actualidad demanda la redistribución de las tareas del cuidado a cargo de las mujeres y que, en otro momento, pudo aplicarse- seguramente a puertas cerradas, en voz baja y no en pancartas en el espacio público- a la obligación de sexo que las esposas debían a sus maridos. A su vez, ese ida y vuelta hacia el afuera – necesariedad intrínseca del amor y de cualquier relación humana – derriba toda ilusión de completud, dado que quienes participan siempre son un entramado de múltiples otres. El acto amoroso excede, entonces, a les amantes y se propaga hacia otros cuerpos. Claro que algunos están anestesiados y no se permiten siquiera un roce.

 

ALTER – EROS

La protagonista de “Apegos Feroces”, novela de Vivian Gornick que camina la relación madre – hija por la ciudad de Nueva York de los setenta, estudia la historia comparada del amor durante los últimos trescientos años. A su madre le parece ridículo. “El amor es el amor. Es lo mismo en todas partes y en todas las épocas. ¿Qué hay para comparar?”, dice la mujer y responde la hija: “- Es solo un concepto, mamá. ¡Tú piensas que es una función del misterioso ser inmutable, pero no es así!”

Sí, es un concepto y, como tal, se resignifica de acuerdo a la estructura de ideas donde se inscribe. Pero no menos cierto es que el misterio lo constituye. Más allá de la lista de cualidades que hagamos de la persona amada, siempre hay un lugar inaccesible, frontera que atrae y repele con distintas gradaciones. Luces y sombras. Zonas entre Eros y Tánatos. Claroscuros del amor.

El abrazo - Oswaldo Guayasamín
El abrazo – Oswaldo Guayasamín

Como no hay luz sin sombra, la sombra del erotismo es la que define sus peculiares características; lo contrario es la oscuridad de la perversión. Siempre en el juego erótico hay alteridad. El otro es necesario pues el encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Cuerpo deseado que en sus zonas erógenas se abre a la sexualidad en la imaginación y la alteridad. No hay erotismo sin sexualidad, sí sexualidad sin erotismo. El erotismo es aquello que la sexualidad añade a nuestra naturaleza de seres finitos”, dice Enrique Carpintero, en “El erotismo y su sombra”.

Carpintero es psicoanalista y recurre a Freud y a Spinoza para focalizar sobre los síntomas de nuestra época: depresiones, angustias, frustraciones producto de la condena- neoliberal y tecnológica- a ensimismarnos, a llevar a la policía adentro, a autoexplotarnos para cumplir el mandato de tú puedes, depende de vos, de tu propio esfuerzo. Y, si no lo logras, no sos lo suficientemente bueno. Toda esa chatarra discursiva elude a la comunidad y a sus afecciones. Por eso, Carpintero se ocupa de destacar lo imprescindible del erotismo, de la relación con otros, porque nuestra falta constitutiva no es antagónica a la potencia que somos.

 

ANTI – EROS

Recientemente, el diario “El País”, de España, dio cuenta de lo que pretende ser una nueva orientación sexual: la autosexualidad. Según dicen, se trata de personas que se sienten atraídas por sí mismas y solo se excitan con su propio cuerpo. Eso no impide que tengan sexo con otres, pero, en el acto, fantasean con sí mismas.

Ensimismamiento - Adela Casado
Ensimismamiento – Adela Casado

“Como autorromántica, experimento la relación que tengo conmigo misma como romántica. Y como la relación que tengo conmigo misma es romántica, me trato a mí misma como si tratara a un amante”.

La cita está extraída de la nota de “El País” y se le atribuye a la escritora Ghia Vitale, a quien no conozco. Claro que tampoco conozco a la sexóloga que explica que la autosexualidad no es narcisismo porque no requiere de un auditorio para realizarse. Ella se llama Emma Placer. Punto final para mí.

 

UNI – EROS

Vuelvo al epígrafe de la nota para poner el foco en la sensualidad de los detalles, en la singularidad de lo cotidiano que carga de sentido nuestros amores en contra del vacío de cualquier pretendida universalidad. Recurro a Dennis De Rougemont y a su “Amor y occidente” para invocar a Tristán e Isolda y a su historia de amantes enamorados del amor, puestos a atravesar obstáculo tras obstáculo, hacia su destino de tragedia inevitable y convertirse en mito.

“Amor y muerte, amor mortal: si esto no es toda la poesía, es por lo menos todo lo que hay de popular, de universalmente conmovedor en nuestras literaturas, y en nuestras más viejas leyendas, y en nuestras más bellas canciones. El amor dichoso no tiene historia”.

Juego de Eros - Eugenio Fernández
Juego de Eros – Eugenio Fernández

Rougemont se ocupa de develar las pistas- detalles-  que los amantes dejan a cada paso con el fin dar cuenta de la exaltación de las dificultades como un componente intrínseco del modo de amar que la tragedia universaliza. En efecto, las historias de amor con final feliz culminan en “y fueron felices para siempre”. Pero no se escribe el cómo esa supuesta felicidad se realiza. Lo que se escribe- o no-  es la imposibilidad. La poesía, como nosotres, también deviene y se reescribe sensual y cotidiana, sin punto final.

 

MUTI – EROS

En “Niketche. Una historia de poligamia”, la escritora mozambiqueña Pauline Chiziane, narra la historia de una mujer casada, cuyo marido tenía varias esposas. Ella, la primera, quiere la exclusividad y busca a las otras para hacerlas terminar esa relación. Al conocerlas, casi sin darse cuenta, comienza a tejer una red de solidaridad que, al poco tiempo, incluye un plan de distribución semanal del marido y el comienzo de la autonomía económica de cada una de ellas. De la disputa inicial por la posesión del hombre, llegaron a pedir a alguna otra, si se lo podía tener la semana que le tocaba.

Eclosión Tropical - Miguel Hernández
Eclosión Tropical – Miguel Hernández

 

Carpintero, en su libro, recuerda el lema anarquista: “propiedad es robo” y cuenta la anécdota de los socialistas utópicos de Saint-Simon, que pretendían alcanzar la felicidad y la justicia y, en el camino, practicaban rituales un tanto extravagantes como el de usar chalecos abrochados en la espalda. Esto los obligaba a un acto de solidaridad cotidiano, debían abrocharse unos a otros.

 

No hay amor sin sombra”, dice Carpintero en su libro, “lo contrario es la oscuridad del desamor”. E insiste en la “importancia de rescatar una ética que se sostenga en un amor inmanente basado en la alteridad. El amor como un punto de llegada y no de partida”.

 

LA POLÍTICA SERÁ AMOROSA

Tal como postula el psicoanalista Jorge Alemán, en la era de la posverdad, más que develar mentiras se hace imprescindible recuperar verdades presentes y plurales. La revolución ya no tiene faro, ni hay horizonte utópico que alcanzar. La religión tecnocrática, dicen, invadió nuestras subjetividades. Sin embargo, la lucha continúa. Nos queda siempre un resto inaccesible desde la razón, casi tan misterioso como el amor: la creatividad inextinguible que nos permita pensar si somos capaces de construir un estado donde seamos, como ciudadanía, parte constitutiva y no solo representada por el mandante de turno. Sin el juez de los deseos que nos diga qué anhelar y sin un Dios que nos compela a la esperanza de un porvenir inmaterial y, por tanto, inexistente. Estar con nuestra potencia de ser en comunidad.

Las nuevas generaciones no se proponen hacer la revolución socialista ni luchan contra una dictadura. El aparato tecnocrático utiliza armas tan sofisticadas como aberrantes. Atenta contra de nuestras autonomías bajo el velo de una supuesta libertad neoliberal- perdón por el oxímoron-.  Hoy toca interponer, volver a dibujar con trazo nuevo y antipatriarcal.

El feminismo, como el amor, tiene historia. No es un movimiento nuevo, lleva décadas de pensamiento alrededor del sojuzgamiento de las mujeres. El amor, como el feminismo, tiene su devenir. En conjunto, pueden traer lo nuevo: una política erótica, donde les unes y les otres, compongamos relaciones potenciantes, que no necesiten amos ni esclavos- sí, ambos masculinos-.  Y, eso, claro, sin pretender abolir el conflicto, sino a partir de él.

Exposición de Arte Contempórano de la Generalitat Valenciana
Exposición de Arte Contempórano de la Generalitat Valenciana

Quizás el horizonte podría ser, más que un lugar de destino, una línea sobre la que caminar.

Quizás el feminismo pueda imaginar mitos sin tragedias, cuya principal fortaleza esté dada por su capacidad de recrearse una y otra vez.

Quizás nos enamoremos.

  • Epígrafe en “El Erotismo y su sombra. El amor como potencia de ser”, de Enrique Carpintero

 




¿BUENOS AIRES?

Claroscuros: sobre los que venimos del interior a Buenos Aires.
Por Verónica Pérez Lambrecht

 


Ese espacio en el tiempo entre el laburo y casa suele ser generoso en favores. El cielo parece ser el mismo, el asfalto asediado por olores oleosos, la gente, siempre la gente. La gente que corre, como yo, para llegar al bondi, al subte, o para llegar. En los auriculares de última generación, suena esa música, la que me llena de mística y me trae estas letras… Como cuando tomaba clases de canto e interpretación y mi maestra decía que la canción nos elegía.


 

Buenos Aires: al sur de las controversias, tan desprendida como egoísta. Ombligo de este pedacito del fin del mundo, que invariablemente a muchos arremolina y succiona. A los ojos simples parece resuelta, pero no. De hecho, es la ciudad que ha dejado más gente en condición de calle en los últimos tiempos. Ciudad de luces y de sombras, de las más oscuras sombras.

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork
Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

Laura y Alejandra llegaron hace varios años a Buenos Aires, no de paseo, sino para quedarse. Ambas, como yo, con algunos aspectos resueltos y bases firmes sobre las cuales hacer equilibrio para no caer en el fondo del ombligo. No todos llegan así ni tienen las herramientas ni la entereza para mirar a Buenos Aires de frente. Estas son, apenas, dos historias con final abierto… y feliz.

 

 EL AUTOEXILIO DE LAURA

Laura se recibió de ingeniera química, hace unos cuantos años ya, en la Universidad del Litoral. Es mi amiga. La vida de Buenos Aires nos cruzó, allá por el año… no lo puedo precisar, ¿2007? Oriunda de Concordia, toma su micrófono y, esta vez, no es para hacerme reír con su show de stand-up, sino para contarme qué hace acá, en Buenos Aires. Y dice:

 

UNA INGENIERA NÓMADE

Nunca nada me motivó a venir a Buenos Aires. Me fui a los 18 años de mi ciudad natal, porque quería estudiar en otro lado. Pero siempre busqué sitios que no fueran Buenos Aires ni ciudades como Córdoba o Rosario. Me parecía que yo no era una persona para vivir en ciudades tan grandes o que el cambio iba a ser demasiado significativo, abrupto. Así es que fui a un lugar más chico, a Santa Fe. Después, por la profesión, fui pasando de ciudad en ciudad en el interior hasta que, en un momento, la vida, la situación laboral me llevó a tener que dejar de ser nómade y establecerme. Y la opción fue Buenos Aires.

ciudad horizonte. HAP
ciudad horizonte. HAP

La movida está acá, dios atiende en Buenos Aires, aunque todavía no conseguí la dirección de la oficina, como digo siempre, ni el número de wathsapp. Y decidí venir para que, en el caso de que no me cerrara la propuesta laboral que tenía, sí tuviera mayor movilidad. Porque acá es donde están todas las empresas, todas las casas centrales. Y, por el rubro de la profesión, en Buenos Aires es donde se barajan los naipes.

al fondo. HAP
al fondo. HAP

No tenía muchas expectativas. Es más, al principio fui muy reticente con su gente. Me pareció, me parece y me parecerá muy violenta a la hora de relacionarse con los demás. La forma en que se dicen y se hacen las cosas en esta ciudad a mí me resulta muy chocante. Hasta cuando te agradecen o te piden disculpas, pareciera como que te están retando. Esa parte nunca me gustó. Y no me gusta que la gente de acá se crea el ombligo del mundo, que crea que vive en la mejor ciudad del mundo, pero no se encargue de su ciudad. La gente de Buenos Aires no tiene “su” ciudad en sí. Buenos Aires es un lugar que le da cosas. Es como un sentido de no pertenencia, y es lo que hace que no me sienta parte de la ciudad todavía. Y si pudiera me iría a una ciudad más chica. Tendría que probar a cuál. ¡Una ciudad que no me quiera comer! Antes, pensaba en Rosario… Ahora no sé. Buenos Aires es una ciudad muy linda para pasear, para disfrutar, para ver. Es una ciudad cosmopolita pero, para vivir, te come, te come vivo. Lucho continuamente porque Buenos Aires no me coma: ¡porque yo me quiero comer a Buenos Aires!

 

LA PIEL DE LOS DESEOS

Parte histórica, datos duros: vine el 20 de marzo 2006, y nunca pensé que iba a ser el lugar donde viviría tanto tiempo -ya van 13 años- además de Concordia, mi ciudad natal, donde viví 18 años. Buenos Aires me implica una lucha constante por tratar de ser yo y que la ciudad no me coma.

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork
Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

Hablé mucho de la ciudad desde mi punto de vista, y no de qué me motivó a moverme: los autoexiliados, los que nos fuimos de nuestra casa en busca de otra cosa que no había ahí -no sé si de un mundo mejor-, siempre dejamos un pedacito allá. Es como una nostalgia con la que se aprende a vivir. Y, después cuando armás tu vida en ese otro lugar –no digo que echés raíces-, al volver a tu pueblo, extrañas esto nuevo. Yo siento que el pueblo es muy lento, caído, quedado en el tiempo, me parece que le falta la dinámica de mi vida actual. Todo funciona distinto y yo le quiero imprimir mi nuevo estatus de agilidad. Y me voy del pueblo y extraño lo que dejo: es así, como la canción de mi amigo Matías, que dice que es una piel de más, que no sabés que hacer con eso, que a veces la odiás y a veces la amás, no la podés enterrar, ni dejar atrás, la tenés que llevar con vos. Y esta situación también te define para las relaciones futuras, las que harás lejos de tu lugar de origen.

 

La piel de mas     

El Legüero

 

PONÉ LA PAVA QUE PASO EN 5

Lo que más añoro o extraño de la vida simple de una ciudad chica es pasar por la casa de alguien, tocar timbre, quedarme a tomar unos mates, charlar al pedo y no tener que programar. Acá todo se programa: “el martes a las 3 en tal lugar. Que yo no puedo, que me tengo que mover, que tengo una hora de viaje”.

Ay sí, Lau: yo también
extraño eso.

En el pueblo pasás por la casa de alguien y te quedás, ¡ya está! Eventualmente, arreglás para un día y, ahí, te charlás todo. Sin vueltas, quizás cambiás la yerba, pero con el mismo mate. Mientras, se suma gente y se va gente. Eso es lo que más extraño.

mate, siempre mate. Lucio Roncoroni
mate, siempre mate. Lucio Roncoroni

Me parece una imagen teatral: cuando te vas de tu casa, de las cosas que hiciste y que viviste toda tu vida es como si tuvieras la obligación de hacer el ejercicio de definirte. La imagen es así: o te quedás toda la vida en el mismo lugar, dentro del mismo ambiente y está todo dicho, todo hecho, o, en cambio, cuando te vas a otro terreno totalmente diferente, te ves en la obligación de armarte un bolsito con las 3, 4, 5 cosas que te definen a vos:

- Yo soy de tal lado, me gusta tal cosa, me gusta la comida de mi abuela, no me gustan los ronquidos de mi papá.

Cosas así, las llevás con vos. Y, cada vez que te presentás, vas con ese bolsito, (lo abrís) y decís “yo-soy-esto”. Y es un ejercicio difícil a los 18 años. Y resulta hermoso a la vez. Porque te obliga a resumirte para seguir.

Cuando me fui de Concordia estaba mal anímicamente, por diversos motivos. Y decidí que me iba a plantar en mi nueva vida con determinadas características y dejar, allá atrás, otras que no quería cargar. Y fue fantástico aprovechar el cambio de lugar, para deshacerme de cosas que, al quedarte en el pueblo, te persiguen, la gente te conoce.

 

UN CACHITO EN DIÁLOGO

¿Qué implica tu hoy en Buenos Aires?

Amigos… Mis Lunitas (un minúsculo grupo de 3 amigas). Acá hice una vida, con gente más cercana y más lejana. Una familia propia. Con el devenir de las cosas y las relaciones, el exilio va quedando más en el fondo, pero ahí está, siempre. Y muchos de mis amigos comparten esa experiencia. Será que nos identificamos de alguna manera y eso nos acerca.

¿Por qué lo llamás “exilio”?

No le doy una connotación tan negativa, quizás tengo una definición más amplia. Acá leo la definición del diccionario:

El exilio es el hecho de encontrarse lejos del lugar natural -ya sea ciudad o nación- debido a la expatriación, voluntaria o forzada, de un individuo mientras que alguna circunstancia, generalmente por motivos políticos, deniega explícitamente el permiso para regresar por amenazas de cárcel o muerte.

Se ve forzado el individuo a reasentarse en otro lugar, por verse cortada la posibilidad de actuar en el mismo a través de la prohibición de desarrollar sus actividades.

soledad y vida. Lore Sereno
soledad y vida. Lore Sereno

Tal vez no sea la palabra adecuada, pero lo tomo así, como una salida del lugar natural. Y, después de tantos años de haberte ido para hacer una actividad específica relacionada con tu desarrollo, no podés volver. Por más que vuelvas, no volvés. Tengo varias amigas que han regresado a Concordia y les resultó muy difícil. Porque tu mente vuelve al día exacto que te fuiste, pero vos sos otra persona y la gente también es diferente, Es como si te fueras en una línea paralela de tiempo, de la que no es posible retomar.

Es una elección, es cierto. Pero, en la mochila, sólo ponés algunas cosas que te definen. Siempre esas encrucijadas te dejan una especie de indefinición en el alma. La vida te lleva porque vas eligiendo, o vas dejando que otros elijan por vos.

En Buenos Aires tuviste un desarrollo en lo artístico. Si bien lo iniciaste en tu ciudad natal, Buenos Aires te permitió explotarlo.

Lo artístico me llamó y me sacó de una crisis de vocación. Me reencontré casi de casualidad con el arte. Y, es cierto, Buenos Aires te da posibilidades… y yo tomé algunas. Y he encontrado amigos entrañables en el teatro y en las tablas. Y me abrí la puerta a un mundo completamente distinto del laboral.

Del libro de anecdotarios: ¿qué tenés para contar?

Algo muy gracioso fue que una compañera de trabajo –y amiga, también del interior-, por años, aseguraba a todos que yo era de “Concordia, que queda en Corrientes”. Una vez la oí decirlo y se lo corregí. Se puso muy mal por su falta de conocimiento geográfico. Aclaro que yo sé dónde queda su pueblo, Coronel Suárez, porque Sergio Denis es de ahí y mis tíos y primas vivieron un tiempo en ese lugar. Si no, hubiera cometido un error similar.

Otra cosa es que nadie me entendía cuando decía “a lajocho”. Como si hablara chino. Y yo insistía. Después de varios intentos, les pronunciaba la “s” y ahí la conversación fluía de nuevo. Con el tiempo logré “domesticar” a los más cercanos y me entienden cuando hablo sin “s”.

 

ALEJANDRA Y EL SUEÑO COSMOPOLITA

Ale también es mi amiga, me la trajo otra ciudad, la querida y nunca bien ponderada Bahía Blanca, en el último tramo de los ‘90. Allá donde, ciertamente, los foráneos nos sentimos muy contenidos entre nosotros. Es histriónica, aunque no se dedicó al hobbie de las tablas, y acude con gran alegría a mi propuesta de contarse como parte de Buenos Aires. Acá va:

 

ALL I WANT TO KNOW

ventanas al cielo. HAP
ventanas al cielo. HAP

Ahí también estoy yo: amo esta ciudad cosmopolita, desde sus haceres, hasta su arquitectura. Puedo quedarme sin mover músculo, perpleja, en cualquier ochava.
Buenos Aires se paga sola.

No hay un motivo específico. En realidad, siempre miré con amor a Buenos Aires, siempre quise venir. Vivía en un pueblito muy chiquito de la provincia y, cuando terminé la secundaria, elegí una carrera que estaba en Bahía Blanca, a 180 km de mi casa, y en Buenos Aires, a 600 km. En ese momento, por mi edad, me dio temor irme tan lejos de la casa de mis padres, me pareció que la ciudad me iba a comer y decidí ir a Bahía. Pero siempre consideré que todo pasaba en Buenos Aires. Para cuando me recibí, sentí que la ciudad donde vivía me ahogaba, que no tenía muchas oportunidades laborales. Así, e impulsada por un ex-novio, que ya vivía acá, hice lo que siempre tuve ganas: venir a Buenos Aires, básicamente porque me encantan las grandes ciudades y yo quería vivir en una ciudad cosmopolita.

 

 

el palo grande. Luli FP
el palo grande. Luli FP

No fue una decisión de compromiso o por seguir a alguien, yo siempre quise venir. De hecho, a los 4 o 5 meses de haber llegado a Buenos Aires, sin trabajo y sola -sin novio ni ex-novio-, no me volví a mi pueblo, sino que me dije “esta es mi oportunidad”. Siempre quise estar acá, trabajar acá, salir acá, de modo que tomé como una bendición el impulso que me dio ese ex-novio, porque Buenos Aires es una ciudad que amé desde el primer momento.

Buenos Aires     

Madonna

 

QUE TE ENCUENTRE DESPABILAD@

mural de empedrado. HAP
mural de empedrado. HAP

Las expectativas a los 27 años, cuando llegué, andaban alrededor de crecer laboralmente, desarrollar una carrera, cosa que no había podido en Bahía Blanca. Y no sólo lo logré, sino que se superé ampliamente mis perspectivas. También quería pasarlo bien, conocer la ciudad, tener un buen trabajo, disponer de una buena posición económica. Porque considero que en esta ciudad se necesita plata, es muy grande y está bueno poder moverse con un medio propio.

Conseguí trabajo al poco tiempo. Siempre digo que Argentina es enorme, pero todos los colectivos llegan a Buenos Aires. Y, de acá, con todas las conexiones disponibles, viajé y conocí muchísima gente, me hice grandes amigos. En alguno de esos viajes encontré a mi actual pareja, tenemos una hija, una familia, me pude comprar una casa. Buenos Aires me dio todo y mucho más.

Paralelamente tuve que superar determinados miedos: venir sin trabajo, sin dinero, no saber qué hacer. Y, si bien también hay y hubo mucho hambre y gente en la calle, me pasó que, aunque vine con muy poquitos ahorros, en seguida sentí que iba a conseguir trabajo, de lo mío o de lo que fuera. Aparte, si uno quiere estudiar, la universidad está ahí, al alcance de todos, es pública, gratuita. En verdad, siempre las oportunidades se me fueron dando. En mi entorno, la mayoría de las personas que vinieron de afuera pudieron obtener de Buenos Aires lo que querían. No siento que Buenos Aires te expulse. Para mí, te da todas las oportunidades, sólo tenés que verlas y aprovecharlas, porque es una ciudad muy rápida y, si no estás despierta, se te pasan.

 

LA SOLEDAD NO DESESPERA

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork
Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

Uno de los aspectos que más me gusta, desde llegué, es el anonimato. Yo vengo de un pueblo muy chico donde todo el mundo sabe qué hacés, cómo te llamás, dónde dormís, cómo y con quién te movés, qué te ponés… Y hay prejuicio por todo y se juzga la gente por lo que ven. Y eso, en Buenos Aires, no me pasó nunca. Yo soy una persona muy libre y acá nadie me mira, en un buen sentido. Nunca me sentí sola en Buenos Aires, aun cuando considero que es una ciudad solitaria: los solos lo pasan bien porque no se sienten tan solos. Si vas a comer a un lugar y estás sola en una mesa, fuera de una gran ciudad, te mira todo el mundo: “¡ay pobre, está sola!”. Y la verdad es que estoy pasando un momento pleno conmigo, estoy feliz, como, leo un libro. Eso me encantó de Buenos Aires ni bien llegué y por eso la adopté como mi lugar.

Álbum Fotomontajes. Juan José Stork
Álbum Fotomontajes. Juan José Stork

Esta ciudad me dio muchas de alegrías: una de las cosas que me gusta es poder ir a la cancha. Y, también, ocurrieron tristezas: podría decir que en lo laboral me choqué con un mundo híper-machista, muy déspota, que se da porque hay grandes corporaciones y grandes empresas, manejadas- en su mayoría- por hombres. Me topé con jefes autoritarios que maltrataban verbalmente a sus empleados, por ende, a mí. Eso fue decepcionante, pero resultó una etapa que también me fortaleció, me hizo crecer y la tomo como un aprendizaje. Después algún hecho de inseguridad…, supongo que, por mi origen, soy muy confiada. En mi pueblo se dormía con la puerta abierta, se dejaban las bicis en la vereda, yo pensaba que no había maldad, que no me iban a robar. Fueron 2 o 3 hechos de inseguridad fuertes, porque ahí sí me sentí sola, sin mis papás, sin mis hermanos, sin el círculo más íntimo. En cambio, estaban los amigos, yo me fui formando mi gran familia en Buenos Aires.

 

DECIDIR EL MOMENTO

Soy oriunda de Darregueira, un pueblo de la provincia de Buenos Aires. Después viví, estudié y me recibí de contadora en Bahía Blanca, donde estuve 10 años. De ahí, vine a vivir a Buenos Aires, en 2003, a Capital. Viví en Capital unos 12 años, ¡años fantásticos! Cuando fui mamá, dejó de parecerme interesante, me di cuenta de que las posibilidades de tener una casa con un poco de verde son lejanas. Ante estas perspectivas, hace 2 años decidimos mudarnos a provincia, a 35 km, en un pueblito, Ing. Maswichtz, con mucho verde, muchos árboles. Con esto estoy muy feliz, porque tenemos lo que queríamos para nuestra hija y a 35 km la gran ciudad. Podemos ir al teatro, disfrutar de la gastronomía, curtir la ciudad, sus barrios, siempre encuentro algo nuevo. No hay una ciudad que tenga todo lo que Buenos Aires me ofrece: ¡no me iría nunca!

fuente de luz. HAP
fuente de luz. HAP

La verdad, no tengo ninguna nostalgia. Cada decisión que tomé responde a su momento. Me crié en un pueblo, iba caminando o en bicicleta al colegio, y no me da nostalgia porque ya no me interesa eso. Si es por mi hija, ya encontré un lugar donde puede andar en bici, y tiene un poco las libertades que tenía yo cuando era chica. Y a la distancia, creo que haber estudiado en Bahía Blanca fue acertado, porque es una ciudad preparada para contener al universitario, es una ciudad chica donde no se siente tanto el cambio. Y, finalmente, ya más grande y más segura, vine a vivir a Buenos Aires. Además, hoy en día con las comunicaciones, estamos siempre cerca de quienes queremos.

 

LLORAR EN EL MEDIO DEL ABASTO

mi abasto querido. HAP
mi abasto querido. HAP

Debo tener miles de anécdotas… Viví unos 6, 7 años en la zona del Abasto. Allí, iba a almorzar, cenar, hacía shopping, porque de donde venía eso no existía. Así, por mucho tiempo sentí que el Abasto era mi casa, mi lugar. De hecho –acá viene la anécdota-, ese ex-novio me dejó en el Abasto: fue en una escalera mecánica –debo decir que le tenía miedo a las escaleras mecánicas hasta que me adapté-. Yo estaba por tomar la escalera para bajar y me dijo que no quería estar más conmigo, que no íbamos a salir más. Miré para abajo, no me animaba a poner un pie en la escalera, sentí que estaba en el abismo total y me largué a llorar y llorar. En el medio del Abasto. Por supuesto, la gente pasaba sin detenerse, yo no esperaba que nadie fuera a contenerme. El lugar en sí me contuvo. Lloré ahí, hasta que me calmé. Iba mucho en esa época, más allá de eso, lo pasaba muy bien.

Caminaba por Corrientes hasta el obelisco, me encantaba. También caminaba mucho para llevar curriculums, porque no tenía plata. Y no era como ahora, que podés presentar por internet, tenía que ir a las consultoras, de modo que la súper caminé. Conozco Buenos Aires, no tengo miedo, la siendo mía.

 

DOSSIER, POR MÍ

Así de dispares son las experiencias y sentires de Alejandra y Laura, advenidas, como yo, desde un punto minúsculo del universo argentino a esta ciudad de tantas aristas como seres la habitan. Y aun con el marcado sesgo de ser dos historias de clase media y venir con una mochila preparada para soportar las afrentas citadinas, son, en cierto sentido, antagónicas. ¿Con cuál te sentirás más identificad@? ¿Qué leerá un porteñ@ a través de mis amigas? Me maravilla leerlas y me leo, también, en ambas.

luces y sombras. HAP
luces y sombras. HAP

Y, para terminar, ¿qué me trajo acá?: el año pasado mi hija fue a tomar clases de yoga para niñ@s, con Juan, en Canning. Apenas crucé unas pocas palabras con Juan. Me habló de Julieta, su hermana, que había sido la voz de La Fernández Fierro. Yo nunca había escuchado a Julieta Laso. Sin mediar tiempos, esa misma semana, Víctor Hugo Morales me la presentó en su programa de radio, casi con el mismo milagroso desparpajo con que me presentó esta revista. Porque a mí me da que el mundo es un pañuelo, en el que todo se entrelaza, aun en este gigante Buenos Aires (y creeme que tengo anécdotas de casualidades muy improbables). Y Julieta me devuelve potencia, pegada a mis auriculares de última generación, cuando salgo del laburo convertida en un resto de mí, una tardecita cualquiera. Y ese lapso, en el que el tiempo normalmente se me escurre, también hace que despunte mi escritura.

Buenos Aires Vos Quien Sos     

Julieta Laso

 

Imagen de portada Juan José Stork: álbum FOTOMONTAJES

 

 




RELUMBRES DE UN SÓTANO OSCURO

El Lecturista

Claroscuros: sobre “Berlín en Buenos Aires”, obra teatral de Jessica Schultz

Por Viviana García Arribas

PRIMER ENCIERRO

Ventanas - Viviana García Arribas
Ventanas – Viviana García Arribas

LLego temprano al Teatro La Comedia. Unos minutos antes de las 20 hs., dan acceso a la sala número tres y allí vamos las cuarenta personas que esperábamos para ver la obra. Pasamos una gran abertura con doble puerta corrediza de vidrio repartido y marco de roble, que denota la antigüedad de la construcción. Las paredes, de importantes molduras, están tapizadas de telas opacas. Un piano de cola y un baúl como única escenografía. Y al fondo, tres hileras de sillas para el público. Me ubico en un lugar y presiento la inminente cercanía de los actores. La gran puerta corrediza queda entonces frente a mí y se transforma en el foro improvisado de un escenario compartido entre público y actores. Mi espalda, acostumbrada a tener una vía de escape tras ella, se siente aprisionada por la pared del fondo. No hay ventanas a la vista, solo un espejo a la derecha y, a la izquierda, una puerta de dos hojas, alta y estrecha.

SEGUNDO ENCIERRO

 Berlín en Buenos Aires
Berlín en Buenos Aires

Al inicio de la obra, Hans y Helga han huido de la Alemania de posguerra y son empleados de la servidumbre de un importante industrial alemán en Buenos Aires. Ambos son músicos: él, pianista y ella, cantante. Durante la guerra, trabajaron en Berlín, para un teatro en manos del gobierno nacionalsocialista. La caída del régimen y la ocupación de la ciudad por parte del ejército ruso ponen en peligro la situación de esta pareja que decide huir hacia la Argentina, por esos tiempos, complaciente albergue para refugiados de la Alemania derrotada.

La pareja vive en el sótano de la mansión -lugar reservado para la servidumbre-. Ya al principio de la obra, se han empezado a manifestar los primeros signos de asfixia en Helga.

TERCER ENCIERRO

Ventanas - Viviana García Arribas
Ventanas – Viviana García Arribas

Como en un juego de cajas chinas, numerosos encierros se imbrican unos dentro de otros y construyen una dimensión más profunda. Pronto me entero que Helga es judía y que Hans, por amor, se ha ocupado de falsificar su identidad para dejarla fuera del alcance de los nazis. Esta sustitución es liberadora del cuerpo, pero aprisiona el alma y la identidad de la mujer. Y, también, la somete a una servidumbre hacia Hans, basada en el agradecimiento y en el miedo. Con el tiempo, el amor de Hans se ha vuelto, tan solo, necesidad de dominación. Resuenan en esta historia los ecos de “Suite Francesa” (1), en su capítulo Dolce, donde el amor de la mujer por un militar alemán la coloca en situación de víctima de quien ama y potencial traidora de sus pares.

Los personajes no pueden salir del sótano, salvo para cumplir con sus tareas en una casa rodeada de rejas, dentro de un país gobernado por el Presidente de facto Edelmiro Farrel, representante del régimen que había depuesto al presidente constitucional Ramón Castillo. Un encierro dentro de otro da lugar a una reflexión sobre la identidad, la mentira y la memoria.

MÚSICA DEL PASADO

Berlín en Buenos Aires
Berlín en Buenos Aires

La obra se inicia con una canción: Jessica Schultz interpreta una versión en alemán de “Where have all de flowers gone?”, compuesta por Peter Seeger, durante la época de la guerra fría. Sí, esa que tantas veces interpretó Joan Baez. Se genera entonces un doble extrañamiento: por la época y por el idioma. Ya desde un principio se pone de manifiesto que la obra tiene un anclaje histórico, pero resuenan en ella otros tiempos. De lo particular a lo universal. El trabajo cuidadoso sobre el texto también evoca épocas no tan lejanas y otras cautividades, con claras referencias -sobre todo, en el discurso de Hans- a la última dictadura militar y a la actualidad.

Otras canciones -todas interpretadas por Schultz, con el acompañamiento en el piano de Fernando Migueles- obran de enlace entre diferentes escenas o, también, generan un clima, tal como sucede con la interpretación de “Lili Marlen” -muy popular durante el nazismo- en un tono militar que se acentúa a medida que avanza la canción. O “La Bohème”, en francés, que aporta algo de romanticismo y puntualiza el estado de ánimo de la protagonista.

EL ENCIERRO FINAL

Restos - Viviana García Arribas
Restos – Viviana García Arribas

Helga ha logrado eludir el régimen nazi mediante el engaño, pero su familia no corrió la misma suerte: la noche en que fueron apresados, ella estaba con Hans. Desconoce si están muertos o vivos y la culpa la oprime y no la deja respirar. Apenas duerme, sufre pesadillas y cada día que despierta en esa casa filo nazi junto a Hans, colaborador del régimen, su ahogo se hace más profundo. Su deseo ya no pasa por el ansia de vivir o por la necesidad de escapar. El sótano le acentúa la asfixia.

El final de la guerra y la llegada a Buenos Aires juegan un papel muy importante en el despertar de Helga. Hasta entonces, se había dejado llevar por la pulsión de sobrevivir. Como los pueblos, cuando permanecen indiferentes ante el sufrimiento de algunos sectores de la sociedad.

DEL SÓTANO A LA PLAZA

Bosque - Viviana García Arribas
Bosque – Viviana García Arribas

Como en Suite Francesa, la música opera como lazo y marco de la relación de los protagonistas. En el caso de Berlín en Buenos Aires, las canciones -atemporales- iluminan, como una luz penumbrosa, esta historia en particular y, también, la historia de la humanidad, presa en sus constantes repeticiones. Nos advierte, a partir de sus armonías, que el pasado resuena en cada acto del presente y se filtra en toda decisión, pero también es capaz de iluminar la gestación de corajes nuevos.

Finalmente, Helga emerge de la oscuridad del sótano a la luz brillante de la plaza, lugar donde reconoce por primera vez su identidad. Renace con una energía que le permite rescatar su pasado. Pero ese nacimiento se ha gestado en el vientre-sótano que la albergó desde su llegada a Buenos Aires. Sin el ahogo y sin la asfixia, nunca hubiera necesitado la bocanada que solo puede inhalarse al aire libre. Su rebeldía, su negación a permanecer quieta para proteger una identidad que no la ha representado nunca, le permiten desplazarse en un movimiento que es, también, un ascenso a una vida más auténtica.

Una vez que ha salido, comprendemos que la negrura del sótano no era tal. Existía en ella el germen de la libertad, traslucido en algún claroscuro.

Berlín en Bs As 1
Berlín en Buenos Aires

 

(1) Suite Francesa, Irène Némirovsky, publicada en 2004




INSOMNIO EN LA URNA

Anartista Juvenil

Claroscuros: sobre mis sensaciones después de las PASO

Por Milena Penstop

 

 CASI CASI  VOTO

Los días anteriores no había casi otro tema entre  mis compañeros. Algunos estaban ansiosos porque sería la primera vez que votarían. Otros, que ya tienen 16, prefirieron no ir. A esos no los entiendo: pasaron cuatro años quejándose y, ahora que tienen la oportunidad de cambiar lo que les hace mal a ellos y a sus familias, se declaran indiferentes. Por un lado, parece una posición muy cómoda y, por otro, muy autodestructiva. ¿Cómo no te ilusiona una posibilidad de liberación?

En mi caso, por pocos meses, al momento de las votaciones, aún tenía 15. Sin embargo, me hubiera gustado adelantar el tiempo solo para ese día, así podía votar. Como no pude, me emocioné por mis amigues que sí lo hicieron. De paso, hago precalentamiento para cuando me toque. Porque, aunque todavía no me tocó, es muy lindo tener la alegría de saber que eso va a suceder. Yo sé que mucha gente luchó e incluso murió por conseguir o conservar este derecho. Y no importa si el sistema en que vivimos tiene muchas cosas tristes, votar no es para mí hacer algo, si no la señal de que hay libertad para poder hacer muchas cosas.

Más allá de las indiferentes, una amiga mía se anotó para fiscalizar los comicios. Pidió turno completo. Y, sí, cuando vi la foto en las redes, me emocioné. Fuimos juntas al jardín y a la primaria y, ahí la tenía, tan ciudadana.

mile 1unnamed

 

 QUÉ TARDE

En mi casa, desde la mañana, se vivían unos nervios que para qué te cuento. Mi mamá metía la cabeza en su trabajo y, a cada rato, decía: “No voy a prender la tele, no tiene sentido. Hasta la noche, no.” Por supuesto, a cada rato, prendía y apagaba, prendía y apagaba. Yo tenía una prueba de historia en los siguientes días y trataba de concentrarme, porque había que incorporar mucha información. La atmósfera inquieta de mi casa también me inquietaba. Y, al final, ¿no era esto que sucedía, también historia? Confieso. Me interesaba mucho más enterarme que se terminaba el macrismo que las revoluciones burguesas de Europa.  Estos casi cuatro años, era imposible quedarse afuera de la tristeza de mucha gente. Todas las mañanas,  cuando mi mamá me acompaña a la Avenida Rivadavia a tomar el subte, vemos la gente acurrucada bajo muy poco techo, casi tapados hasta la cabeza, como paquetes. Hace frío. A veces llueve. En la escuela, nos enteramos de padres que pierden el trabajo. En mi propia familia escucho lo difícil que es pagar la luz y el gas. ¿La luz? ¿Cómo puede ser que algo tan indispensable casi para todo lo que hacemos, cueste como un objeto de lujo?

 

mile4descarga

QUÉ NOCHE

A  las 20:30, mi mamá dejó de hacer como que trabajaba y yo dejé de simular que estudiaba y prendimos todo junto: la computadora, la tele y la radio. A las 21 darían los resultados. Pero ya se sentía que los números venían bien, por lo que decían los periodistas opositores a Macri. Igual, el sentimiento de que todo iba bien no alcanzaba. Para colmo,  los resultados tardaron en llegar. En un momento, anunciaron que hablaría el presidente. El tipo salió bastante tenso a decir “que a su partido le fue mal” y nos mandó a dormir. ¡A dormir! ¿Y los números? Aunque al otro día tenía colegio, ¿quién podía irse a la cama sin datos? En un momento mi mamá dijo: para mí, estos están perdiendo como en la guerra y no lo quieren decir. Y así fue. ¡Ganamos por afano! Encima, al otro día, nos enteramos que ni contar saben, ni qué hacer con el número de los votos en blanco. Así las cosas, las diferencias en Provincia y en Nación se hicieron más grandes, a medida que pasaban las horas.

EL ALBERTO Y SUS DOS MADRES

Al principio no las reconocí, porque salieron sin pañuelo. Al poco tiempo vi la sonrisa de Taty Almeida. El nombre de la otra madre me lo dijo mi mamá: Lita Boitano. Al principio no tuve tiempo de pensar, sólo me emocioné. Pero, después, me dije: claro, después de un gobierno que asesinó a Santiago Maldonado, a Rafael Nahuel  y que volvió a cuestionar el número de los desaparecidos, salir abrazado a las Madres es como decir que el próximo presidente estará al lado de los derechos humanos.

 

Alberto Fernández y las Madres, después del triunfo en las Paso 2019
Alberto Fernández y las Madres, después del triunfo en las Paso 2019

 

Estas fueron las PASO. Con estos números, Alberto Fernández seguro será presidente. Pero faltan dos meses para las elecciones. Sin embargo, estos resultados dejan la oscuridad atrás. Cuando pase el claroscuro de esta espera, empezaremos a prender la luz

 

Fotografía, Adriana Lestido
Fotografía, Adriana Lestido

 

 

 




MÁS ALLÁ DEL ARCO IRIS

Claroscuros: sobre el proyecto “Humanæ”.
Por Viviana Garcia Arribas

 

LA PIEL QUE HABITO

Guillermo Martí Ceballos - Desafío 2014
Guillermo Martí Ceballos – Desafío 2014

Hace algunos años, fui a ver una muestra de Vivian Mayer, en FoLa (FOTOTECA LATINOAMERICANA www.fola.com.ar) y, ahí, en una sala secundaria a continuación de la exhibición principal, me crucé por primera vez con “Humanæ”. Numerosos rostros de variados colores me miraban desde las paredes, cada uno, dentro de un cuadrado cuyo fondo era igual a su tono de piel. En ese momento supe que alguna vez iba a escribir sobre esto.

Si alguien me preguntara mi color de piel, contestaría -inmediatamente-: “blanco”. Sin embargo, en un dibujo, el blanco no reproduciría -ni remotamente- lo real. Una verdad tan clara como esa se me había aparecido alguna vez en la escuela: en la clase de dibujo, en tren de bosquejar un autorretrato, no daba con el tinte preciso y terminaba por caer en un rosa lavado, que tampoco se parecía a mi tono, pero se acercaba un poco más, de acuerdo a mi juicio infantil. Esas dificultades se desvanecieron el día que traspasé el umbral de la escuela y no volví a pensar en la idea de dibujar, ni a mí, ni a ninguna otra persona. Hasta aquella tarde en FoLa. Ahí sentí el desasosiego al descubrir que nunca había reflexionado realmente sobre el sentido de llamar “piel” a un tono que solo se acerca al color de una pequeña parte de la humanidad. O, peor aun, ese color blanco que me había atribuido siempre, sin reflexionar, no era más que una falacia.

La artista que me había colocado ante esa certeza es Angélica Dass, quien lleva fotografiadas, hasta el momento, unas cuatro mil personas de distintos lugares del mundo y diferentes niveles sociales o económicos. Todas, con el mismo encuadre y cada una, sobre un fondo idéntico a su color de piel. Pero, quizá, el aspecto más revolucionario del proyecto sea la exhibición de esas fotos, sin distinción de rango, edad o características físicas, una al lado de otra, en un collage gigantesco de etnias, rasgos y, fundamentalmente, colores.

Angélica Dass - Humanae
Angélica Dass – Humanae

 

LA MAGIA DEL PANTONE

Pantone es un sistema de codificación que le asigna a cada tonalidad un número preciso y abarca innumerables variaciones cromáticas. Se utiliza en la industria y en el diseño, además de tener muchas otras aplicaciones. Sin ir más lejos, se trata de esas tiras que trae el pintor cuando lo llamamos para renovar la pintura de nuestras casas. Este sistema le permite a la artista seleccionar el color exacto de la piel de sus modelos -de acuerdo a una pequeña porción de la nariz- y reproducirlo en cada foto.

Corro a buscar en la web y encuentro que el código 719c se parece bastante a mi tono. Acabo de resolver un enigma de mi infancia.

Pantone 719c

COLORES PRIMARIOS

A lo largo de la historia, existieron numerosos intentos de clasificar a las personas de acuerdo a sus características físicas, color de la piel, altura o forma y tamaño del cráneo. Pero fue en el Siglo XVIII, que Friedrich Blumenbach definió la existencia de cinco razas humanas, si bien él consideraba que las distintas variaciones obedecían a la influencia climática y no a una diferencia intrínseca entre las personas.

Las cinco razas eran:

- mongólico o amarillo

- americano o rojo (nativo americano)

- caucásico o blanco

- malayo o pardo (del sudeste de Asia)

- etiópico o negro.

Paul klee - May picture 1925
Paul klee – May picture 1925

Con el tiempo, las categorías quedaron reducidas a cuatro e identificadas por el color: amarilla, roja, blanca y negra. Basada en la necesidad de sistematizar el conocimiento, típica de la época, esta clasificación respondía también a una Europa en plena expansión y empeñada en colocar a los “otros” dentro de moldes preconcebidos. Posteriormente, la “raza” desapareció como concepto biológico, pero nunca perdió su peso como categoría social. De este modo, en la actualidad, a pesar de considerarse -desde el punto de vista de la biología- inadecuado el concepto de raza y utilizarse -en su lugar- el de “etnia”, puede decirse que subsisten los racismos. Las actitudes de discriminación por el color de la piel o el origen y, también, por el género o la orientación sexual no son otra cosa que manifestaciones del mismo fenómeno: el rechazo hacia lo diferente.

Si hilamos un poco más fino, la división en colores responde también a un afán de simplificación, una mirada -¿de superioridad?- que lleva las diferencias entre las personas a su expresión más simple: la organización de los grupos humanos como en el más básico de los campamentos.

 

LA INFANCIA EN TECNICOLOR

Paul Klee - Actor's Mask 1924
Paul Klee – Actor’s Mask 1924

Recuerdo que, cada vez que yo me enfermaba, mi madre me miraba fijamente y decía: “Estás verde, hija”. En ocasiones, el agente del verdor podía ser el frío, los nervios ante un examen o cualquier otro malestar. Este color viraba al amarillo cuando el mal venía por el lado hepático. El aire libre, en cambio, con sus corridas por las calles de alguna ciudad de provincia durante las vacaciones, me teñían de “roja como un tomate”. ¿Cómo sería posible encontrar, en el territorio limitado de mi cartuchera, semejante variedad, capaz de pintar la mirada -tan particular- de mi madre?

En la escuela -pública, porque era la mejor- podrían haberse tomado muchas de las fotografías que componen “Humanæ”. Pieles claras, morenas, oliváceas, rosadas, marrón chocolate, cacao y hasta color té se alineaban en las filas debajo de cabellos rubios, castaños y negros, lacios y ondulados ¡y hasta crespos! No nos cuestionábamos las diferencias, era lo corriente, tal vez por tratarse de la escuela que el Estado abría para todos y todas. Aunque, quizá, esta percepción solo sea el recuerdo romántico de una etapa que ya no es. ¿Qué hubiéramos sentido ante un proyecto como Humanæ? Si en aquel momento me hubieran propuesto reflexionar acerca de esto, tal vez, en la actualidad no tendría dudas sobre mi buena o mala memoria.

Afortunadamente, hoy se piensa en la cuestión: “Humanæ” ha sido llevado a las escuelas de varias partes del mundo para hablar sobre el tema de la discriminación y de las diferencias entre las personas. Es una herramienta eficaz en su simpleza y en

Guillermo Martí Ceballos - Rostro con pañuelo rojo 2013
Guillermo Martí Ceballos – Rostro con pañuelo rojo 2013

constante actualización, ya que se encuentra en permanente crecimiento. Solo alcanzaría su término si se pudiera fotografiar a toda la humanidad, tarea imposible por la dinámica de nacimientos y muertes que, en forma constante, modifican esa totalidad. Pero el hecho de ser una empresa inabarcable se presenta también como una declaración de principios: cada sutil variación en el tono de la piel que se incorpora suma un nuevo aspecto a esta policromía y pone en evidencia la inutilidad de una organización sistemática. De paso, sostiene el principio de la igualdad en las diferencias.

 

NI SÍ NI NO NI BLANCO NI NEGRO

Por su afán de clasificar y de poner a cada uno en un lugar preconcebido, la humanidad se encauzó en el camino de la discriminación. Quienes se creyeron, en algún momento -y aún lo hacen-, dueños del mundo y autorizados para encuadrar a todo el resto dentro de su -corta- percepción, en la actualidad, muchas veces se llenan la boca con un discurso conciliador y condescendiente, que sirve para poco. La audacia de una mujer, pequeña y simpática, con la piel de chocolate, los pone en jaque con su oficio de fotógrafa y una idea, clara y contundente: evidenciar las numerosas diferencias que, sin embargo, una vez visualizadas solo deberían contribuir a hermanar a las personas.

Como una moderna Dolly en busca del arco iris, Angélica Dass toma sus fotografías y expone los diferentes registros cromáticos. Una vez frente a su panel multicolor se me hizo carne esa verdad vislumbrada a medias en mi época escolar: el color de la piel transita por infinidad de claroscuros.




EL PERPETUO MOVIMIENTO

Claroscuros: sobre la casa de los padres de Perón, en el barrio de Flores.

Por Eugenia Casetta Buenanueva

 

A LOS BOTES

Hay 1589 textos sobre Juan Domingo Perón  y 1712 textos sobre Evita. Se puede concluir, entonces, una tentación imperiosa a escribir alrededor de la luz y la oscuridad irradiadas por ambos. Aunque intenten disimularlos con cifras y fórmulas político- económicas, estos textos siempre son volúmenes importantes de escritura empeñada en aprehender algo tan común, tan profundo, como el odio y el amor humano. Difícil entonces, intentar algo novedoso. A pesar de la repetición inevitable, uno se deja mecer por las suaves e intensas olas de peronismo y, bajo su lumbre, comienza a garabatear sensaciones. Como ríos centelleantes en primavera, a favor o en contra, se embarcan en el mundo de las palabras para llegar al puerto Perón. O al de Eva Duarte de Perón. Ni hablar de esa vana ambición de algunos, ese intento de interpretar el peronismo, como si hubiera algún modo de explicar sin falta, la naturaleza de la conducta humana. Así de vasto y complejo es este movimiento político. Por eso, yo también me sumo a remar.

 

FLORES PARA PERÓN

Un recorte, una noticia soslayada dentro del fragor Nacional. “Inauguran una muestra de arte en la casa donde vivieron los padres de Perón”.  La dirección señalada está a escasos 900 metros de mi casa. Tomé la bici y volé hacia allí. G. Laferrere 3259. En la primera visita sólo me recibió un árbol vetusto, testigo seguro de la visitas de Perón a sus padres, ya mayores. Los contadores de historias barriales afirman que, en el baldío pegado a esta vivienda, hasta hubo una suerte de club para los pibes del barrio, con pelotas y otros enseres indispensables a tal fin. Y, aquí, un dato llamativo: esos elementos fueron provistos por el mismísimo Perón. Por aquel entonces, Juan Domingo era un joven cadete militar. Por supuesto, con el tiempo, ese pequeño club futbolero llevó el nombre de ” Juan Domingo Perón”.  Así esas calles anchas, de cielo frondoso, ese caserío de fingida alcurnia, ante el primer gesto populista del General “oscurece” la vista de mucho gorilaje. Tal vez, ha de ser este el motivo por el cual esta pequeña epopeya entre unos pibes sin balón y Juan Domingo Sosa resultó celosamente escondida. Juan Domingo Sosa, sí. Ese fue su nombre durante los primeros años de vida, “hijo natural”, o sea, “ilegítimo”. Y vaya si le marcó el destino esta mancha infligida por los ejércitos de la moral. ¿Habrá sido ese el germen de sus designios políticos? ¿O quizás todo comenzó en otra anécdota, al cobijar en la casa familiar patagónica, a un indígena? Sin pilchas pero digno y orgulloso de su identidad, según palabras de Don Tomás Perón.

Solar-Perón-en-Flores-7

 

A VOTAR, MI AMOR

Don Perón y Doña Sosa envejecieron en la casona de la calle Laferrere, en Flores, mientras recibían las visitas atronadoras y futboleras de su hijo cadete. Ni se imaginaron los sentimientos que provocaría, años más tarde, este muchacho de gesto adusto, o con una sonrisa presta a conquistar el mundo. Mirá vos: el ex cadete, vuelto teniente, coronel, secretario de trabajo y presidente de la Nación. Si es por inducir sentires, un campeón. Por ejemplo, a mi abuelo Buenanueva, orgulloso trabajador de YPF, peronista por agradecimiento y convicción, lo impulsó a cortar y arrojar el DNI de mi abuela, que se negaba a votar a Perón. El abuelo no se quedó ahí: también arrojó el colchón matrimonial. Como un acto definitivo, no iba a ser el esposo de alguien incapaz de amar a Perón o a Evita.

libreta-peronista-original-

Así, entre memorias de mi propia familia, finalmente, ingresé a la casa. En el salón de arte hay una penumbra, al parecer eterna. No importa si es noche o mediodía, los claroscuros permanecen estáticos y se pueden respirar en las fotografías blanco y negro del salón. Perón y Gatica, Perón y jugadores de fútbol, un corredor de autos y Perón. El costado más deportivo del General es un juego de sombras por toda la galería. En el rincón más iluminado está Eva Duarte, que patea una pelota. Pero estos no son los únicos sentimientos que merodean esta casa de Flores. Tanto recelo a responder al timbre, sólo indica que el temor se coló entre las sombras y permanece oculto en el atardecer de las ventanas.

 

NO ME DESLUMBRÓ JAMÁS LA GRANDEZA

Otro reducto para palpar los sentimientos que provoca el peronismo es el museo Evita. Este espacio decidió iluminar el corazón del barrio de Palermo con una casa para madres solteras. Según las damas de Palermo, estas ignominiosas debían quedar ocultas bajo las sombras de sus pecados. La ex actriz prefirió darles una casa de pasillos oscuros, gracias al terciopelo denso de las cortinas, y comedores amplios plenos de sol, vajilla gruesa, cacerolas metálicas que juegan con los reflejos solares. Yo seguí un haz de luz que reposaba sobre la mesa de grueso algarrobo. La toqué, por un instante, hice mía la sensación de aquellas jóvenes desgraciadas, al transitar cotidianamente el lujo que creyeron inalcanzable. En eso, volví a escuchar a la jovencísima guía. Sus palabras fluían como estribillos enamorados. Sus ojos irradiaban luz. Era claro que amaba a Eva. Uno avanza y el salón más iluminado es el de juegos. No existen sombras. Sólo juguetes, costosísimos en esa época, impensables para el hijo del obrero. Más aun, para hijos ilegítimos. Y, sí: ella deslumbró a algunos luz y otros quedaron allí, inmersos en la oscuridad del odio hacia Evita. El célebre “viva el cáncer” y otras barrabasadas son oscuridad también palpable, un sentir vivo y envolvente. La aman, la odian.

evitayninosjug

DECIME QUE SE SIENTE

Una pregunta me acosó durante días. Yo la dejé en libertad, a ver si, así, me tiraba una punta de respuesta. ¿Qué te hace sentir el peronismo? No, ¿qué pensás? No, ¿qué es? Si no, ¿qué te hace sentir el peronismo? Salpiqué con la pregunta a diferentes personas. Nicolás, 55 años, psicólogo social, milita desde los 13 años. Él me dijo: “Me hace sentir sujeto, no objeto. Protagonista. Siento felicidad y angustia; pertenencia a la historia, siento la capacidad de hacer síntesis entre el sentir y el pensamiento, en definitiva, esa es para mí la esencia del peronismo. Mariana, 57 años, es arquitecta. Orgullosa bonaerense, declara: “Me hace sentir felicidad, me siento acompañada. Es una hermandad única, una fiesta, es abrazarse, ser parte de un colectivo. Ser peronista y bonaerense es sentir un doble abrazo colectivo”. Catalina, 12 años, estudiante: “El peronismo me hace sentir felicidad, porque todo es más barato, todos pueden comprar zapatillas y comida”. Lucrecia, 33 años, trabajadora privada pampeana: “Siento orgullo. Honor de pertenecer. Me hace sentir comprometida con los demás. Siento esa rebeldía contra la injusticia establecida y la necesidad y la angustia de los explotados, aunque yo nunca lo haya sido. Siento amor”. Agustín 41 años, asesor, hijo de un militante montonero desaparecido: “Por ejemplo, vos vas en el tren entre mujeres y hombres trabajadores y eso te hace sentir parte del pueblo. El peronismo nos iguala a todas y todos. Me siento parte de la historia de sus luchas, incluso desde antes del peronismo, ya que el movimiento toma las luchas anteriores y las reivindica. Me hace sentir parte del futuro, ya que el peronismo nos guía para salvar la patria.” María, 67 años, jubilada, ex militante de la contraofensiva montonera: su respuesta fue un silencio ensordecedor. Entonces, recordé que el 1 de mayo de 1974 ella salió de la plaza, echada por el General, junto a miles de compañeros. Siento que al balcón de la Rosada, sólo llegó la sombra de Perón ese día. La plaza dejó un claro, donde antes estaban los Montoneros.

montoneros en la plaza

A partir de allí, quedamos en la penumbra de la clandestinidad. Mis primeros años transcurrieron bajo la sombra de Eva y de un Perón populista. Fueron meses plagados de ecos de felicidad y me dejaron la luz suficiente para atravesar la oscuridad que sobrevendría luego. Y acá, en Flores, esta silenciosa casa/galería de arte me remite a la semilla misma del peronismo. Entre sus penumbras luminosas, nos deja entrever más secretos por descubrir, instantes nimios de lejano presente. Instantes nimios pero reveladores, cautivadores. Un pasado fulgurante que ilumina y guía hacia el horizonte.




JUNTO AL OTRO

Claroscuros: Sobre el cierre de campaña Fernández-Fernández.

Por Alicia Lapidus

 

VIAJE AL RÍO

Era mi primera vez, mi debut. Nunca fui a un cierre de campaña. Mi ser siempre se mantuvo “apolítico” hasta que la realidad despertó al compromiso. Esta vez, acompañé, sin ser militante, con la curiosidad de quien jamás se involucró y cree que la mira “de afuera”.

A Rosario, pues. Salimos el día anterior para llegar tranquilos y dormir la noche previa. Había que estar descansados. El entretenimiento en la ruta, plagada de camiones, era contar cuántos carteles veíamos del “Frente de Todos” y cuántos de “Juntos por el Cambio”. Si eso era alguna mágica medida, ganaríamos.

 

LA COLUMNA

La cita, a las 14:30. El sol radiante y tibio anunciaba una bella jornada. Los que saben de dichos populares decían: “es un día peronista”. Llegamos a la plaza, de donde partiría la columna de la agrupación con la que íbamos. El sonido de los bombos y los cantos nos guió al encuentro. Yo buscaba los micros por los alrededores y, nada, sólo gente, mucha.

Entre esa multitud, corría una alegría contenida. Todavía escéptica, indagaba: ¿dónde dan el chori y la coca?, tan mencionados en el imaginario de muchos. No, ni por asomo. A un costado, dos mujeres vendían pastelitos hechos en sus casas para ganar un dinero, tan esquivo en los últimos tiempos.

20190807_161823
Foto de Alicia Lapidus

Nos mezclamos a medias, desde un lado de la columna que empezaba a marchar. Otra vez, mientras recordaba nuestra Plaza de Mayo, miraba alrededor para encontrar los camiones antidisturbios, la policía: ni señales. La gente caminaba ordenada, entre cantos y risas, al son de los infaltables bombos y de alguna trompeta que le daba música a la letra. Al llegar a una esquina, los organizadores miraban si venía un auto o un colectivo y detenían el derrame de personas con sólo su voz de alto.

 

LA PATRIA ES EL CHORI

Ya en los alrededores, comenzó a aparecer el folklore típico. Mucho más ordenado y lindo que en nuestra ciudad, en Rosario, en el parque del Monumento a la Bandera, los puestitos de venta de choripanes se alineaban con techitos de color, como en una feria artesanal. Del otro lado del caminito que transitábamos, los infaltables vendedores de remeras, divididos a la perfección entre quienes vendían estampas alusivas a Néstor, Cristina, Alberto y, más allá, las de la Patria Grande Latinoamericana. Salpicados en el medio, los vendedores de banderitas, banderas, gorros, como si hubiera sido un partido del mundial.

20190807_161137

20190807_161125

 

 

 

 

 

Fotos Alicia Lapidus 

La columna fue a buscar su ubicación frente al escenario. Nos separamos de ella para vagabundear entre los presentes. De nuevo, yo- escéptica- buscaba, pero ni un micro ni choris de regalo. Si los querías, los tenías que comprar.Tampoco se veía policía.

 

CHORIPAN Y RÍO

Nos arrimamos hacia el río, donde había más aire y menos concentración de personas. Chicos, parejas, grupos de amigos sentados en el pasto compartían sándwiches, bizcochitos y mate.

No pude evitarlo, el perfume de las parrillas me llevó derecho al choripán que disfruté sin remordimientos. Cumplida mi necesidad de disfrutar tamaña delicia, volvimos a arrimarnos.

20190807_153332
Foto Alicia Lapidus

 

La tarde se diluía en el cielo, pero no el entusiasmo en la tierra. Desde los parlantes venía música y las pantallas entretenían con videoclips de artistas nacionales. Aunque no hacía falta, la concurrencia se animaba a sí misma. El escenario estaba montado en paneles que se iluminaban mientras caía el sol.  Cada vez llegaban más. Se condensaba la multitud. De pronto, un grupo empezaba con un cántico y  contagiaba al resto. Si alguien quería pasar o ubicarse, le hacían lugar sin problemas. Bastaba un “permiso” para que se abriera la multitud. Todo era “por favor” y “gracias”.

 

 

MAGIA POPULAR

20190807_160007

Algo mágico había en ese atardecer, algo que recorría a todos los asistentes como un abrazo etéreo, un calor que entibiaba el invierno, una mística de estar y ser con el otro. Todo era alegría expectante.

Después de varias horas de espera, sin que nadie desertara, comenzó el acto. Una electricidad se desparramó entre todos los asistentes y los cantos crecieron. El momento de Cristina fue el más emotivo. Yo miraba las caras cuando ella hablaba. Vi el llanto de tantas y la mirada nublada de tantos hombres, todo eso junto, no lo vi nunca. Eran lágrimas de agradecer, de esperar, de admirar. Después, Alberto. Con la fenomenal transmisión de poder recibida, empezó el canto tribunero: “se siente, se siente Alberto presidente”- Era más que una esperanza, era una promesa de lealtad que la multitud le brindaba.

Cae la noche y hace frío. Ni el calor de los cuerpos cercanos lo mitiga, pero cada participante se siente abrigado por el deseo, por la intensidad de lo vivido.

La ceremonia peronista se realiza. Las pasiones transforman la experiencia en rito que se reedita en cada encuentro. La mezcla de la esperanza con el temor los mueve a juntarse, para transformar con esa chispa. Algo más queda de esa noche, el encuentro con el otro.

20190807_170643
Foto Alicia Lapidus

 




ECLIPSE AL PIE

Claroscuros: sobre: la riqueza y la pobreza

Por Liliana Franchi

 

Aquella luz que trae sombra, la bondad infinita frente a lo salvaje, la sabiduría e ignorancia persistente, la generosidad de la juventud y la temida vejez, la utopía del pobre y la desmesura del poder, el nacimiento mas la muerte implacable, el infinito sin canto o el ahora vigoroso, lo explícito y lo implícito atrevido y brutal. Hay lunas que no traen soles.

 

UN TALLE DESMESURADO

Un paisaje doloroso, por desemejante y ofensivo, se impone en el sur de mi ciudad. Ciudad de “pobres corazones”, a esta altura, rotos en miseria y despojos de lo que queda. En esa ostentosa inmensidad de torres floridas, nos pegan en la cara casuchas casi sin ventanas y otras sin techo e incluso sin comida.

Vemos con deshonra, cómo se suma el crecimiento del hambre, a la pobreza estructural con la que convive en esta sociedad. Los pies descalzos me duelen. Y a ellos les duele tanto, que sus ojos lo gritan. Poder inescrupuloso y perverso.

Marcado a sangre y fuego, un modelo implacablemente destructivo de nuestros vulnerables y de nosotros mismos. Entonces, resistimos una vez, para poder sobrevivir a tamaña desmesura.

pobreza-argentina-hombres-kTxH--620x349@abc

 

LO ATAMOS CON ALAMBRE

Francisco tomaba mate cocido, lo sorbía de a poquito, por caliente y escaso. Los mocos caían pero, antes que entraran en la taza de loza casi vacía, se los limpiaba con la manga izquierda de su chaqueta raída. Mientras, con la otra, sumergía un pedazo de pan dentro de la breve infusión. La misma rutina cada mañana antes de partir para la escuela. Por la ventana, observaba el acontecer de afuera. Con cierta dificultad, debido a la cinta que sujetaba el vidrio al marco. Casa humilde si las hay, con goteras certeras, directo hacia una olla oxidada. Entonces, tomaba sus cosas y caminaba rumbo a la escuela. Era feliz en su ir y venir. Por las noches, esperaba apenas una sopa calentita. Aquella mañana fue diferente: en cuanto Francisco se sentó sobre su asiento de la fila que daba a la ventana, precipitadamente, corrió a su lado Camilo. Luego de la jornada escolar se dispusieron a caminar juntos hasta las calles que, al juntarse, dividían el barrio en dos. Camilo le contaba una y otra vez que había participado en unas marchas para que las cosas fueran más igualitas para todos. Francisco escuchaba con sus ojos negros clavados en las zapatillas blancas de su amigo. Limpias, no parecían tocar el piso. Quizás tiene otras, pensó. La luna asomaba ya y los encontraba juntos sentados sobre un tablón de madera. En ese instante decidieron separarse.

PequenÞos-grandes-amigos1

 

CARA Y CECA

La puerta de madera chilló al abrirse, el plato de sopa ya estaba servido. Francisco se sacó la ropa para no mancharla y dejó sus zapatillas grises acomodadas debajo de la cama. Una de ellas ostentaba un agujero en la parte superior y rozaba sus dedos. A menudo se sentía caminar sobre el suelo de tierra, pero eso era mejor que nada.

Del otro lado de la ciudad, Camilo se sentaba a la mesa, a punto de comer alguna carne humeante. La calidez de su entorno lo acompañaba hasta el último rincón de su casa. Frente a su cama, desordenadas y encimadas, se encontraban sus zapatillas blancas, casi que entorpecían el camino.

pobreza-infantil-989x480

 

TARDE CAÍDA

Una tarde, apenas fresca de setiembre, los unió marchando entre una multitud. Cánticos y banderas se elevaban con vigor a la par de las ilusiones. De pronto y sin más, la confusión se impuso, se oyeron gritos, mientras lo arrastraban a Camilo por sus brazos y las zapatillas  mordían el asfalto. En ese preciso momento, Francisco gritó: “¡tiene zapatillas blancas!” Entonces, fueron por él. Para ese momento, un par de dedos habían salido por el agujero superior. Inmovilizado, Camilo vio cómo su amigo caía en las feroces manos de un enemigo impiadoso, saqueador y apátrida, lleno de odio por los pobres y orgulloso de ser su verdugo.

MORDER EL ASFALTO

Matarte, cuando recién te estaba cambiando la voz es imperdonable. Mucho se paga por las ilusiones puestas en lucha. Así se fueron Francisco y sus empobrecidas “zapas”, como él las llamaba. Quería entender el mundo desde otro costado, no tan absurdo. A veces se preguntaba para qué necesitaría él unas nuevas, si la tierra las estropearía. Pero caíste en el asfalto, duro, frío.

¿De qué  sirven las  zapatillas blancas o el asfalto impiadoso, si ellos no pueden comer?

¿En qué deslumbramiento seductor pensaban que engañaban?

A Francisco le deben una tumba con un pan mojado en mate cocido, mientras tanto, se levanta junto a otros con zapatillas grises, desteñidas,  y camina.

“Si cantara el gallo rojo, otro canto cantaría”.

Lo escucho, ahí viene, canta bajito, lo trae Francisco en su brazo izquierdo, sonríe, es feliz.

La lucha y la vida, la sabiduría y la indulgencia, la frivolidad y la mesura, odiar y amar,  así eternamente, formas de una misma cara sangrienta, que Francisco pudo desenmascarar. Los otros y Francisco, nosotros junto a él.

20190502135948_pobres-2-800x445




MÁS CORAZÓN QUE OMBLIGO

Claroscuros: Sobre la película de Quentin Tarantino “Había una vez en Hollywood”.

Por Pablo Arahuete

 

ABRA CADABRA, PATA DE UCRONÍA

Y hubo un día en que la elipsis cortó la inocencia y, entonces, esa claridad comenzó a mostrarse opaca. Había un cine y un barrio llamado Belgrano que con el correr de los almanaques y de esas ucronías se convertía en tantas cosas. Y en el sepia de una foto que destiñe, el cine seguía y se alejaba como esa cámara que surge en el intervalo entre el primer plano y el del fondo. Y hubo un día en que unos niños veían en la televisión tiempos violentos y gente que mataba a otros. La imagen venía con cierta estética y algo de desparpajo, sin despeinarse y en un ambiente demasiado perfecto. Pero, cuando esos niños crecieron y dejaron de serlo, ya ese encuadre de televisión comenzaba a ser un espejo deformante. Incluso, a pesar de las cabelleras sin despeinarse y de la elipsis entre cuadros. La idea siempre termina por ser un relato dentro de otro, una solapada tergiversación para dar luz ante la oscuridad. O, al menos, hacer un foco en un detalle que complete. Ahí la palabra mágica y salvadora: ucronía.

Había-una-vez...-en-Hollywood 4
Había-una-vez...-en-Hollywood 6

 

 

 

 

LA DOBLE VIDA DEL ESPEJO

Ucronía es el elemento que eligió muchas veces la literatura para llevar al extremo ideas bajo el pretexto de “¿qué hubiese pasado si…?” y, desde ese juego, proponer historias de verosimilitud suficiente. “Había una vez en Hollywood” no es solamente la novena película de Tarantino -director amado y odiado por cuanto cinéfilo exista en el planeta-  sino que también se trata de una declaración manifiesta y melancólica de amor por el cine. El cine, como esa fábrica de sueños en la que se juega con juguetes rotos. Esos juguetes rotos no son otros que los actores. Por eso, no podía dejar de aparecer el duplicado espejo entre un actor y su doble de riesgo, en un derrotero yuxtapuesto a un contexto histórico, donde la elipsis del comienzo de esta nota es el cuchillo que desgarra el pasado y el presente, el cuerpo bañado en sangre y el de utilería. Todo sucede, así, doblemente, en un decorado en plena sintonía con un dato histórico y personajes de lo real: el clan Manson y la joven actriz en ascenso, Sharon Tate, casada con el polaco Roman Polanski y con un embarazo de ocho meses.

Había-una-vez...-en-Hollywood 3

 

LOBOS DE SANGRE

Y hubo una noche de agosto de 1969, entre el glamour de ese Hollywood de casas lujosas y vecinos famosos, en que un grupo de miembros de “La familia” tuvo su momento de “justicia poética”, ante la impostura y la petulancia, con el brutal asesinato de la niña Sharon, inocente, junto a otras víctimas.

Para ese collage, nada mejor que el escenario simbólico -y a la vez reflejo distorsionado- de un país llamado Hollywood. Fines de los 60 y la incipiente elipsis a la industria cinematográfica y a ese sistema de actores descartables. Porque nada dura para siempre, aunque la realidad y la ficción jueguen a los dados y el azar espere, como ese lobo que acecha con el colmillo escondido entre la saliva y la lengua. La industria también era un lobo allá por principio de los setenta. Andaba ávida de sangre nueva, de nuevos juguetes para esos chicos aburridos que antes gozaban de la tele y entones querían sangre y no representación de sangre. El actor y su ocaso son el mayor reflejo de la decadencia. Y, por eso, el nostálgico Quentin toma a Leonardo Di Caprio y a Brad Pitt para que la máscara del actor que actúa se rompa y aparezca el actor a secas. El personaje del recio- del cowboy caza recompensas- irónicamente, sale a cazar un papel que lo catapulte antes de la hora señalada. Pero la selva sólo conoce de presas dóciles, obedientes, una vez que quien manda es el que maneja cada decorado.

Di Caprio supo ser un Lobo en Wall Street o un Gran Gastby de total elegancia y glamour, sin embargo, en Hollywood, es uno más en la nómina. Y su doble de riesgo ya es prescindible, porque no hay aventura detrás de un escritorio o de una hoja con diálogo altisonante. Así las cosas, cualquier paseo por Hollywood o por los decorados de un rancho- que otrora fuese el oeste en la tele- es ideal para que persista la incertidumbre y nuevamente la ucronía lance su dado letal. De ese modo, los niños ya creciditos se transformarán en siniestros adultos a plena luz del día. Todo para que, a la hora señalada, no se escuche el chillón movimiento de un trailer desvencijado.

Había-una-vez...-en-Hollywood-1024x531

 

HAPPY END

Si de claroscuro se trata, la sala de cine es el tribunal donde se juzga la emoción y se juzga la elección de los buenos y los malos. Eso, para que la justicia poética detenga el corte y la elipsis llegue, en cámara lenta o en un flash back. Y así, anticipe la caída de cualquier ídolo vacío o falso profeta, que reclutaba jóvenes e inocentes espectadores de televisión, que aprendían a matar sin despeinarse y con una sonrisa cristalizada. Lo hacían en un poster, a la entrada de un cine, para festejar los claroscuros y las travesuras de las ucronías, sin otro pretexto que el de entretenerse.

Había una vez un cine en un barrio muy conocido por mí, Belgrano. Allí llegué, ya no como niño, pero con la misma mirada, atravesado por clarososcuros, ascensores que no suben ni bajan, seguridades inseguras y por esa fatiga de una tarde agitada que, en el amanecer, ya pareció aventura. Las ruedas en el empedrado suenan como cabalgata en trote aunque sin polvo ni caballos al lado. La ucronía contará otra historia y, seguramente, nadie la desmienta. Esta que es la mía tiene final feliz. Y hubo una vez un cine del barrio de Belgrano donde desde hace mucho se exhiben películas de Hollywood, se celebran ucronías con aroma a pochoclo y chatarra. Allí, cuando se apagaron las luces y, en la misma sala donde una vez quedé deslumbrado por el Carpe Diem de una Sociedad de los Poetas Muertos o, elipsis mediante, por la introducción de una de las películas de la saga de StarWars (“en una galaxia muy muy muy lejana…”)-  yo volví, como aquel día, al ver el nombre de Quentin Tarantino. Luego del cine y de esa elipsis que llamamos vida, empezó una nueva historia que hablaba de  Hollywood, del cine, de las cosas que se desechan en un barrio, al que voy con la misma mirada.

habia-una-vez-en-hollywood-860x502-c Había-una-vez...-en-Hollywood 2

 




CONTRASTES DE UN ESCARABAJO LADEADO

 

Claroscuros: sobre los Beatles y sus letras.

Por Pablo Soprano

EL JARDÍN DE LOS PULPOS

Un bosque enmarañado, donde los límites se deshilachan y decantan hacia un hueco luminoso, nítido. En el diferencial del contraste mismo, tal vez, habite la poética de los Beatles. Como un álbum de espacios en blanco superpuestos a la oscuridad de un mar de cavidades, de agujeros, de vacío. Mar de tiempos y de monstruos, que navegan por quienes imaginan una canción venida del norte y los sumerge, los lleva, a todos juntos, a claroscuros impensados. Pues y, aun en el mayor de los contrastes, a lo mejor, todo lo que necesiten sea amor.

"Think again", Jim Warren
“Think again”, Jim Warren

ALMA DE GOMA

Hombres de ningún lugar se preguntan qué ocurre, si hay alguien dispuesto a escuchar la historia de la chica que vino para quedarse. Aquella que, a pesar de la oscuridad, puede mirar a través de un cuerpo sin saber siquiera a dónde va. Quizá, a lugares enlazados a los recuerdos de toda una vida. O, al compás de viejos amantes y amigos  ella abrace la espera de quien vuelve a casa pero jamás corre por su vida, ni esconde la cabeza en la arena, ni teme al futuro. Endurecerá la piel como madera noruega y estirará su alma  de goma hasta alcanzar al pájaro que ha volado. Ese mismo que trajo la palabra de quien necesitó a alguien. Alguien a quien amar.

 

"Here, there and everywhere", Robert Lynn Nelson
“Here, there and everywhere”, Robert Lynn Nelson

MAÑANA NUNCA SE SABE

Aquí, allá y en todas partes resuena la melodía del pájaro que ha volado y aún puede cantar. Le da la bienvenida a un día luminoso, cercado por la espesura de lo que nunca se sabe. En los contornos, el día se rompe, la mente duele y lo impensado toma forma, se corporiza y se entremezcla. Volver y revolver a la soledad de quienes se quedan a levantar el arroz después de un casamiento, de los que viven una ilusión y sólo tienen sueño. Todavía nos preguntamos a dónde pertenecen todos esos solitarios ¿Para qué? ¿Por quién? Para nadie.

 

BUEN DÍA, BUEN DÍA

No todo es caos en la mezcla de claros y oscuros, la cosa puede mejorar. Dentro y fuera nos cae la ficha del espacio que nos rodea. Sin embargo, una multitud comparte lo que no puede expresar y un día, un buen día en la vida, entre árboles de mandarina y cielos de mermelada, cubiertos de flores de celofán amarillas y verdes, lo inexpresado sale a borbotones. Y nada será igual, toman su pañuelo, giran silenciosamente la llave de la puerta trasera y son libres. Ellos se van de casa.

 

"Come together", Robert Lynn Nelson
“Come together”, Robert Lynn Nelson

BLANCO SOBRE BLANCO

Si miramos bien, el blanco tiene matices. Sobre un plano en blanco, letras en relieve rompen la uniformidad. Poco sabemos más allá de los bordes de ese plano pero, de algún lado y como manchones, han salido unos pájaros negros que cantan al morir la noche. Ellos anuncian el momento de ser libres, a troche y moche, aunque con cautela, con una querida prudencia, como buenos hijos de la madre naturaleza. Ya nada será igual mientras una guitarra llora suavemente y, con su tristeza, invade al blanco que, de a poco, ve disolverse sus contornos en revoluciones irreversibles. Porque todos tienen algo que ocultar. Sin excepciones. Y la felicidad ataca, ahora cual fusil caliente, que penetra en la blancura cansada, manchada. Como si hubiera pasado mucho, mucho, mucho tiempo.

EN FILA POR LA CALLE

Cuatro siluetas cruzan un río de cemento. A la mitad, sobre un puente cebrado ha de ganarse la orilla. Van juntos y el rey sol cae de perfil y ahí llega, se posa sobre la copa de los árboles en las márgenes. Un escarabajo les da la espalda, ladeado. No cargan ningún peso, hay liviandad en el andar, algo en la manera de moverse que atrae, atrapa e incita a saber que habrá más allá de los límites, a través de un universo invisible de cuerpos exteriores, de sueños dorados. Y el río es, a fin de cuentas, un largo y sinuoso camino hacia su majestad, el fin.

Así sea.

pablo35-With The Beatles cover in 1967

 

 




COMO LOS GIRASOLES

Claroscuros: sobre el médico Denis Mukengere Mukwege, de República Democrática de El Congo. Premio Nobel de la Paz 2018.
Por Noemí Pomi

 

VALE TODO

Hay lapsos de tiempo que marcan a los pueblos en diferentes formas. Así resultó aquel 1955. Mientras en nuestro país se tomaban las armas en contra de un gobierno constitucional, lejos, muy lejos, crecían distintos movimientos libertarios. Cuando las sombras invadían a la Argentina, África buscabala luz. Por aquel tiempo, el Congo Belga paría el Movimiento Nacional Congoleño y, con él, asomaba el liderazgo de Patrice Lumumba. En ese comienzo, los intereses en pugna y la falta de diálogo dieron lugar al sonido de las armas, cuyos ecos se mantuvieron durante años. Sabido es, cuando la guerra ciega los sentidos, vale todo. Por otra parte, desde los albores de la humanidad, guerrear es una constante. Y en casi todas las guerras estuvo presente la violencia sexual. La RDC no ha sido la excepción. Transcurrieron demasiados años y padecimientos hasta la Resolución 1820 (junio de 2008) del Consejo de Seguridad de la ONU, que señalaba: “la violación y otras formas de violencia sexual pueden constituir crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad o un acto constitutivo con respecto al genocidio”. Fue la primera vez en que se reconocía la violencia sexual como táctica de guerra, cuando se utiliza de forma sistemática para lograr fines militares y políticos; cuando se recurre a ella de manera oportunista, por motivos culturales o al escudarse en la impunidad. La resolución identifica la violencia sexual como amenaza para la paz y la seguridad internacionales. Además, reconoce que esos actos “pueden agudizar las situaciones de conflicto armado y constituir un impedimento para el restablecimiento de la paz y la seguridad.”

Esta guerra no tiene parangón en la historia de África. Los hechos más dramáticos alcanzaron su punto álgido durante la pasada década, a raíz de la contienda bélica que aceleró el colapso económico y político del país desde 1981. Sin embargo, las tensiones internas persisten hoy de manera recurrente al este del país, en especial, en las Provincias de los Kivus (Kivu Norte y Kivu Sur) y en la antigua Provincia Oriental (actualmente Kasai, Bajo-Uélé y Alto-Uélé).

“La primera persona que atendimos en este hospital fue víctima de violencia sexual. Había sido violada por varias personas y, luego de violarla, le dispararon.”                                                                      Denis Mukwege

“Durante el ataque, asesinaron a 33 pacientes en sus camas y mucho de nuestro personal también murió (…). Cada vez que hablo de lo que ocurrió aquí, la imagen de esas mujeres regresa.”             Denis Mukwege

En aquel ya lejano y radiante primero de marzo de 1955, en Bukavu, nacía el tercero de nueve hijos de un ministro pentecostal y su esposa. Lo llamaron Denis Mukengere Mukwege, un futuro doctor que se apasionó por la pediatría. Inquieto, curioso, tal vez, al visitar a los niños de las aldeas junto a su padre, el contacto con la realidad desarrolló en él una gran sensibilidad. Observador, buen alumno, realizó sus estudios primarios y secundarios en Bukavu. Si bien en un principio fue a la Facultad Politécnica de la Universidad de Kinshasa, sus pasos luego rumbearon a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buyumburade, de donde egresó con una tesis sobre la vacunación de los recién nacidos contra la hepatitis B. Sin dudas, por aquel entonces su orientación era eminentemente pediátrica.
Sin embargo, no estaba todo dicho, la obtención de una beca de la Misión Pentecostal de Suecia cambió su especialidad por ginecología, en la Universidad de Angers, Francia. Su torrente sanguíneo africano le señaló el camino. Entonces fundó la asociación Esther Solidarité France-Kivu para ayudar a su región de origen.

Jakob Jordaens, Meleager and Atalanta, óleo sobre tela.
Jakob Jordaens, Meleager and Atalanta, óleo sobre tela.

 

LA MALDICIÓN DE LOS RECURSOS

En la República Democrática del Congo se cumple la paradoja de la abundancia junto a la maldición de los recursos. El país es el segundo mayor productor de diamantes y también posee reservas significativas de minerales estratégicos, como oro y coltán. La República Democrática de Congo posee el 80% de las reservas mundiales de este nuevo ‘oro negro’. No obstante, sus niveles de crecimiento lo señalan como uno de los países con menor renta per cápita y desarrollo humano del mundo. Sabido es, en medio de tantas riquezas, las apetencias se desatan y el conflicto armado suele aparecer. Así, la RDC ha sufrido décadas de luchas, con la intervención de numerosos grupos armados en pugna por controlar los ricos yacimientos de oro y minerales preciosos de la región. El “oro negro”, tan codiciado por los occidentales, financia un baño de sangre en el corazón de África. Más de 120 grupos armados lucran con la extracción ilegal de coltán para comprar armas y perpetrar masacres masivas contra poblaciones civiles. De paso, violan indiscriminadamente a mujeres y niñas y secuestran a niños para convertirlos en máquinas de matar. Algunas de las compañías que compran el “oro negro” y que, por lo tanto, se benefician de este tipo de conflictos son: Nintendo, Samsung, Apple, Sharp, Canon, Sony, Toshiba, HTC, Nikon, LG, IBM y Lenovo, entre otras. Parecería que nadie quiere la terminación del conflicto. ¿Financiarán estas multinacionales las milicias para mantenerse en las minas y saquear el Congo? Si bien es poco probable que exista un firme interés en llegar a determinar el financiamiento de los rebeldes, a la fecha, una afirmación es posible: hay millones de congoleños muertos y nadie habla de genocidio. Entre tanto, el pueblo padece. Prueba de ello, un ataque incalificable de los grupos rebeldes, que precedió a la Primera Guerra del Congo, destruyó completamente al hospital de Lemera, donde trabajaba el Dr. Mukwege. Él comenzó a advertir un nuevo nivel de violencia sexual extremadamente cruel, al este de la RDC. Empezó a ver pacientes cuya vagina y recto habían sido enteramente destruidos con cuchillos u otros objetos. Y eso fue sólo su primer shock. En los días que siguieron, el ingreso de mujeres en las mismas condiciones se convirtió en una rutina. El obstetra, devastado por la violencia, decidió emprender el camino a la ciudad de Bukavu, donde fundó el Hospital de Panzi y se especializó en cirugía ginecológica reconstructiva.

     Armando Villegas, Armando Villegas “No hay vacíos, todo está tejido de sueños y sorpresas”.
Armando Villegas, Armando Villegas “No hay vacíos, todo           está tejido de sueños y sorpresas”.

 

EL SÓTANO DE LA HISTORIA

En la RDC las disposiciones legales y las normas existentes limitan el acceso de la mujer a la tierra y a otros tipos de propiedad. La marginación femenina pareciera provenir del fondo de su historia, ninguna mujer puede firmar documento alguno sin la venia de su marido. Tampoco la sociedad pareciera condenar la magnitud del daño físico y psíquico generado por las violaciones comunes. Para colmo de males, también la violencia sexual se ha convertido en un arma de guerra de las milicias.

 

Continente Africano, República   Democrática del Congo

ROMPER LAZOS

A menudo, las mujeres son violadas frente a sus maridos y a sus hijos. La planificación funciona como un engranaje bien aceitado, pues crea un sentimiento humillante para esos hombres, quienes abandonan a sus esposas. El peso de toda la culpa, ¿sobre quién recae? Sí, sobre la víctima. Es la destrucción total de la familia y de la comunidad.

“No aceptes/No./No aceptes lo habitual como cosa natural./Porque en tiempos de desorden/de confusión organizada/de humanidad deshumanizada/nada debe parecer natural./Nada debe parecer imposible de cambiar.”                          Bertolt Brecht

 

CRIATURAS DEL FUEGO

Las congoleñas heridas cuentan con un refugio, el hospital Panzi de Bukavu, donde les cuidan cuerpo y alma. Allí, las mujeres que han sido abusadas, a veces, llegan con hijos producto de violaciones. En 2011, al darse cuenta de la magnitud del desastre, el médico -junto con las activistas por los derechos de las mujeres, Eve Ensler y Christine Schuler-Deschryver-, fundó “Ciudad de la alegría”, un centro que ampara a las víctimas de violencia de género. Ese centro cuenta con ayuda de otras mujeres que construyeron el lugar con sus propias manos, cuidan de sus niños, de las compañeras lastimadas, les cocinan, las protegen y les dan espacio para sanarse. La “Ciudad de la Alegría” brinda hogar a estas mujeres solo por 6 meses, porque luego ellas deben salir al mundo y ser líderes que impulsen el cambio, para que otras no sufran su experiencia. Quienes están a cargo les enseñan a las ingresadas sus derechos, a hablar inglés, técnicas de defensa personal, las hacen participar en terapias grupales, les ofrecen clases de agricultura y de otros oficios, para que puedan valerse por sí mismas. Con el tiempo las mujeres adoptan la actitud de los girasoles, siempre van en busca del sol. Allí, ellas recuperan su sonrisa, las ganas de vivir y su dignidad. Han copiado a la naturaleza. Cuando el sol no brilla, componen unas con otras.

Vincent van Gogh, Los girasoles, TécnicaÓleo sobre lienzo, 1888
Vincent van Gogh, Los girasoles, Técnica Óleo sobre lienzo, 1888.

Así, las congoleñas -como criaturas de fuego, capaces de elevarse majestuosamente desde sus cenizas-, también corporizan esa potencia para renovarse en seres mucho más fuertes, valientes y luminosos.

 

Emma Krenzer, Emma Emma Krenzer, “Denuncia el abuso sexual a través del arte”
Emma Krenzer, “Denuncia el abuso sexual a través del arte”.

EL AMOR FUE MÁS FUERTE

Sensible y atento a la realidad que lo circunda, el Dr. Mukwege ha atendido a más de 40 mil mujeres. Él y su equipo operan a tantas como sea posible cada día. Su discurso en las Naciones Unidas, condenaba las violaciones en masa y la impunidad en la República Democrática del Congo, con críticas al gobierno y también a otros países por no detener lo que calificó como “una guerra injusta que utiliza la violencia contra las mujeres y la violación como estrategia de guerra”. Dichas observaciones al gobierno y a la impunidad de los culpables le generaron muchos enemigos y sobrevivió a varios intentos de asesinato. Entonces, en busca de seguridad, se exilió en Europa. Fue cuando el Hospital Panzi informó que, tras su ausencia, sufrió un “efecto devastador” en sus operaciones diarias tras su ausencia. El amor a sus pacientes pudo más. A los pocos meses su regreso a Bukavu fue recibido por una gran parte de la población con bienvenidas durante la larga distancia, desde el aeropuerto de Kavumu al hospital.

 

CON LOS HOMBRES ADENTRO

“¿Dónde están los hombres en esta cuestión? No podemos resolver este problema si los hombres no se levantan. Deben ponerse de pie y decirles a los hombres que violan: No aceptamos esto. Si usted no viola, pero se mantiene callado acerca de las violaciones, significa que usted las acepta.” Denis Mukwege

Si bien el trabajo ayuda a las víctimas, Mukwege no puede evitar nuevos actos de violencia. Entonces el Dr. viaja por el mundo y da innumerables entrevistas para alertar a la comunidad internacional acerca de los horrores del conflicto en el este de la RDC.

En el 2018, el Dr. Denis Mukwege recibe el Premio Nobel de la Paz, compartido con Nadia Murad, una activista iraní que lucha por terminar con la violación como arma de guerra.

“Acepto este premio por vosotras. Esto demuestra que ya habéis sido reconocidas. Este premio no tendría sentido si no admitiera la lucha de la mujer.” Denis Mukwege

Acaso, el Dr. Mukwege tuvo ante sí la posibilidad de una vida segura y cómoda en Europa. No obstante, decidió regresar al Congo en medio de la guerra. Él es un faro de luz, las amenazas de los grupos armados por denunciar la violación no detienen a quien optó por sacar de las sombras a las mujeres congoleñas. Su existencia es una lucha permanente por la supervivencia de sus pacientes. Mukwege solo puede reconocerse en cada vida recuperada. Por ello, en todo foro internacional donde participa, las congoleñas y su dolorosa condición, están presentes. Bajo luces más intensas que las de sus quirófanos, describe con precisión quirúrgica la situación, no solo de las mujeres de su país, sino también de las causas que las generan. Él concibe la vida desde un profundo sentido de la ética, la justicia y la responsabilidad.

 


“RETAZOS
Filos de noches rebanadas en gotas de sal
trozos horneados en cintura cósmica
oscuridad en verdes de ilusión acuchillada,

vendaval en cuencos,
aullidos,
mineral tembloroso de latidos rotos,
grito remado hacia el mar
        faro estallado
                            en retazos de luz”.       Noemí Pomi





LOS ANDES AZULES DE FIDEL

Claroscuros: sobre las telas “Vestigios Huarpes” y “Regreso del Gral. San Martín y encuentro con Olazábal en la cumbre del Portillo”, de Fidel Roig Matóns.
Por Valeria Roig

 

CARBONILLAS Y ÓLEOS 

PartiendoParalaPesca
Partiendo para la pesca

1977 es el año de su partida y de mi llegada a este mundo. También es un año oscuro en el calendario de la historia argentina. Por eso, mi bisabuelo, Fidel Roig Matóns, moría en Mendoza y yo nacía en el exilio de mis padres, en Quito, Ecuador.

Pasó mucho tiempo para que yo supiera de la existencia de este maravilloso pintor y dibujante. Era catalán, nacido en Gerona en 1887, y embarcado hacia América, en 1908, en busca de aventuras. Por supuesto, iba armado de sus carbonillas, de sus óleos y de su violín. Sí, también era violinista. Toda su formación musical y pictórica la había recibido en Gerona y Barcelona, mientras fue niño y adolescente.  

Llegó a Mendoza porque ahí tenía una hermana mayor, casada con otro catalán. La pareja ya vivía en la provincia argentina hacia algunos años. Así, Fidel Roig Matóns comenzó a integrarse en la sociedad de la época. Empezó a dar clases de dibujo y pintura y, en aquellos ámbitos, tuvo la suerte de conocer a la joven Elisabeth Simon, argentina, hija de un francés y una descendiente de italianos. Mi bisabuela era una mujer hermosa, que cursó el magisterio y se recibió de docente. Una verdadera amante y defensora de la escuela pública. 

Se enamoraron, Fidel respetó siempre que ella siguiera dando clases. Ella lo admiró siempre y lo alentó a dedicarse al arte. Cerca de su casa, Fidel se ocupaba en algunas pinturas sobre pobladores de la ciudad. Eso, hasta que otro golpe militar, el de Uriburu de 1930, dejó a Fidel sin sus cargos docentes. Entonces se dedicó solo a pintar, con el apoyo de su esposa y de sus cinco hijos varones: Fidel, Arturo, Mario, Virgilio y Enrique.

 

DE ARENAS, JARILLAS Y CHAÑARES

junco y totora para la balsa
Junco y totora para la balsa – Fidel Roig Matóns

A su obra primera obra la llamó “Vestigios Huarpes” y, para realizarla, forjó una importante amistad con Don Carmen Jofre, un descendiente de Huarpes, que frecuentaba la ciudad de Mendoza. 

Según me contaba mi abuelo Arturo Roig, mi bisabuelo era amigo de otro catalán y antropólogo, Salvador Canals Frau, dedicado a estudiar a este pueblo originario del semi-desierto, la zona llamada “Lagunas de Huanacache”. A esta obra Fidel la realizó durante varios viajes en tren a Lagunas de Huanacache, en el departamento de Lavalle, para luego recorrer distancias muy grandes en sulky o a caballo, con el fin de convivir en los puestos con los pobladores y retratarlos en su cotidianidad. De 1931 a 1936, hizo viajes periódicos y, gracias a sus carbonillas y sus óleos, pudo plasmar muchos aspectos de la cultura huarpe. Incluso algunos que ya han desaparecido, como las balsas de totora y la pesca con redes en esas lagunas que, en ese tiempo, tenían agua todo el año.

 

PESCADORES DE UTOPÍAS

En 2001 fui a este lugar por primera vez  y pude encontrar muchos descendientes de los retratados por mi bisabuelo. Conocí el semi-desierto sin agua, sin lagunas, sin pesca. Pero también comprendí cómo los descendientes de los huarpes habían logrado constituir sus comunidades y cómo lograron resistir en esos territorios. Entre otras cosas, la cría de cabras y las artesanías son aún su principal fuente de ingresos. Maravillada con su obra y con su legado, decidí seguir sus pasos y, como documentalista, visité a los pobladores. En 2007 logré realizar un documental acerca de esta obra y acerca de sus habitantes actuales. La familia Molina y la familia Nievas me permitieron convivir con ellos y conocer en profundidad su vida actual en estas tierras.

 

 

LA MONTAÑA DEL GRAN HOMBRE

Nubes del Aconcagua, desde el Paso de los Patos - Fidel Roig Matóns
Nubes del Aconcagua, desde el Paso de los Patos – Fidel Roig Matóns

Quiero volver a Fidel Roig Matóns. De 1936 a 1950, se dedicó a realizar otra obra pictórica ligada a la naturaleza y a la historia de Mendoza y de San Juan. Se convirtió en un pintor de alta montaña, que retrató los paisajes de la cordillera, e investigó acerca de la obra y gesta de San Martín.  

Así logró pintar a este gran hombre de nuestra historia en los paisajes donde aquel realmente había andado, cuando se ocupaba de la liberación de Argentina, Chile y Perú. 

La pintura sobre el Libertador fue realizada en los Pasos de los Patos, Uspallata y El Portillo. Este trabajo le dio a Fidel un importante reconocimiento nacional. Sus cuadros principales se encuentran en la Pinacoteca Sanmartiniana de la Ciudad de Mendoza, en el Senado de la Nación Argentina y en el Instituto Nacional Sanmartiniano en Buenos Aires.

Trascribo gran parte de una carta de Dr. Ricardo Rojas, fechada el 12 de diciembre de 1938, acerca de la obra:

“Varias veces he dicho que la cordillera, por la grandeza de su panorama, excede a los límites de un cuadro pictórico (…) Por eso es difícil empresa el pintar en amplitud nuestros mayores paisajes; el artista debe elegir de aquellos accidentes los enormes rincones adecuados a sus recursos plásticos limitando el asunto a lo que cabe dentro del ojo humano y dando a lo pintado la sugestión que permite imaginar lo que está afuera de la tela. Así ha procedido usted en su obra, tanto en la elección del modelo, como en la maestría de su ejecución. Lo primero denota no solo su fina sensibilidad, sino su gran conocimiento de los lugares andinos. Lo segundo lo revela a usted un pintor completo por la solidez de los volúmenes, la calidad de las sustancias, la vibración de la atmósfera y la coloración magnífica. Si a esto agregamos que esos lugares señalan el itinerario heroico del General San Martín, la serie que comento agrega a su valor estético la emoción de nuestra epopeya. Lo felicito por la obra y le auguro los triunfos que usted merece. Su amigo afectísimo. R. Rojas”.

 

SUEÑOS ANDANTES

El centralismo de la cultura argentina, que solo valora el arte de Buenos Aires, hizo que la obra pictórica de mi bisabuelo no fuera conocida en todo el país. Sí tiene un importante reconocimiento en Mendoza y San Juan, pero no trasciende sus fronteras. Hoy, en 2019, trabajo para lograr un nuevo documental. Aquello que llevó a mi bisabuelo a pintar tenía que ver con la educación y con un gran sentido social del arte. 

Entiendo que el arte no puede ser solo para “elegidos”, sino que debe llegar a todos. Quiero que mi arte sea nacional, que sea para el niño, para el maestro, para el agricultor. La particular atracción que siento por la montaña, por la inmensidad de estos paisajes, que presentan problemas de luz y de color difíciles de resolver, sumado a mi gran admiración por la grandeza moral del Libertador San Martín y mi íntimo deseo de ser útil a la sociedad me van llevando por estos caminos sinuosos a pintar lo que he decidido llamar: PAISAJE ÉPICO”.

Espero realizar esta nueva película y así llevar la obra de Fidel Roig Matóns a públicos lejanos.  

Encuentro
Regreso del Gral. San Martín y encuentro con Olazábal en la cumbre del Portillo – Fidel Roig Matóns

 

 




ANIMAL PRINT

Claroscuros: sobre El Ecoparque.

ELLOS MIRAN

hipopotamo 1923  Historica

El zoológico de la ciudad de Buenos Aires tiene una superficie de 167.522 m2 y está ubicado entre las calles República de la India y las avenidas. Libertador, Las Heras y Sarmiento. Integrado por diversos edificios, obras de arte y árboles notables, su conjunto edilicio, paisajístico, ambiental, artístico y ornamental fue declarado Monumento Histórico Nacional (Decreto 437/97), con esculturas artísticas notables de Emilio Canovas, Emilio Sarguinet y Lola Mora, entre otros.

Fundado a fines del 1888, en el predio se construyeron edificios para trasladar, imaginariamente, el hábitat de origen de los animales. El pabellón de la jirafa, estilo musulmán; la Pagoda, morada de los osos panda; el templo de Vesta, dedicado a Hércules, que era la sala de lactancia para las mamás con sus bebés; el Pabellón de los Loros, donado por el gobierno español, y la jaula de los Cóndores . Todos ellos, entre otros, son espléndidas reliquias. Allí supieron vivir 80 especies de mamíferos, 49 de reptiles y 175 especies de aves.

 ryfjoEgVx_1256x620__1

La idea del Ecoparque o shopping zoo surge en la etapa mercantilista del gobierno neoliberal de Macri y Larreta. Y cierra las puertas del tradicional predio, después de 140 años, para iniciar, el 1 de septiembre de 2017, la etapa de “Modernidad” que, en Argentina -y en especial Buenos Aires- pareciera romper criterios arquitectónicos y quebrar la identidad de un lugar que supo ser visitado y amado por la mayoría.

BRÚJULA

Carlos Fernández Balboa, docente de la Escuela Nacional de Museología Histórica, dice: “El gobierno pilotea el antiguo zoológico sin un mapa y sin norte. La visión moderna de un zoológico, lejos de la idea victoriana del siglo XIX, de simple exhibición animal, diseña instituciones que educan, conservan y salvan de la extinción a especies, y desarrollan conocimiento científico”.

 image

Para las ONG hay improvisación en el proyecto y en el cierre del Ecoparque. También, hay, falta de consideración a los animales.

El gobierno porteño anunció las obras, acordadas con un equipo técnico veterinario para así, garantizar el bienestar animal.

Claudio Bertonatti, ex director del zoo, señala: “Todo indica apuntar al desalojo de los animales, lo que se traduce en una castración de la institución, porque la van a dejar estéril para desarrollar programas de conservación con especies amenazadas”.

Según lo anunciado oficialmente, en septiembre de 2019, habrá 45.000 m2 que no albergarán animales y serán espacios abiertos al público. Por eso, para la última etapa de obras, no hay fecha límite, ya que las mejoras de algunos recintos dependerán del fin de ciclo de vida del animal.

Bertonatti agrega “Fue realmente imprudente haber lanzado un proceso de concesión de edificios sin tener claridad de cuál podría ser su utilidad en este proceso de transformación, sin un plan que determinara la población animal, bajo una gestión caracterizada por la improvisación”.

492647_1

TIENE LA PALABRA

De un total de 60, los 42 legisladores, de la ciudad de Buenos Aires, la mayoría de Cambiemos, incluidos los mini bloques de Lousteau y Roy Cortina, votaron positivamente la entrega a privados de 33.050 m2 del ex Zoo, por el plazo de 10 y 20 años.. Sistemáticamente, han facilitado el negocio de los “grandes desarrolladores”. Esta forma de votar, sin escuchar a los ciudadanos, en las incontables audiencias públicas, sin considerar los escritos presentados o las reiteradas manifestaciones populares, ha transformado a la Legislatura en una auténtica “Escribanía”.

Más allá de los negocios, las obras del “Ecoparque”, han recorrido el camino a la inversa, primero debieron haber resuelto el tema de los animales, que lleva más tiempo. No debieron empezar una obra paralela con animales adentro. Malala Fontán, defensora de todos los derechos de los animales, dice: “El Ecoparque es un Ecofraude”.

 1466689780_228888_1466690737_noticia_normal

 Siete días después de apoyar el proyecto en la Legislatura, el 2 de septiembre de 2018, una audiencia pública discutió el plan de gobierno porteño para concesionar los edificios históricos. La sustentabilidad económica del predio es un requisito ineludible para garantizar el cumplimiento de los objetivos que establece la ley 5752. Finalmente, por 20 años, se pondrá en marcha el proceso de privatización de la casa de los Osos -de 6500 m2- y la condorera -de 2100 m2-. La Confitería “El águila”, de 1100 m2, por 15 años; la leonera – fosa de los leones, 1600 m2- por 15 años. Igual que el pabellón de los loros, de 750 m2. Me olvidaba del pabellón de las fieras, de 2700 m2, del acuario-caballerizas, de 3500 m2 y del reptilario, de 400m2, por el mismo tiempo.

En una segunda etapa, a partir del 2020, la concesión será por 20 años, y entrarán en juego los templos hindúes de los elefantes, de 2800 m2, y de los cebúes, de 2700 m2.Por 10 años, el pabellón ruso, la casa de las jirafas, el chalet de ciervos-bisontes y el de rinocerontes. La última etapa por 15 años, el antiguo Monario azul y el Pabellón de los Camellos. Por 10, la Casa de Ciervos y Tapires, y la Choza ex Congoleña. (* iProfesional 29/6/2018.)

En esta audiencia, más de 80 expositores rechazaron el planteo oficialista y pusieron el foco en los animales que aún viven en las jaulas. ¿Qué destino se le dará a los monumentos históricos? ¿Pondrán allí mercancía extranjera, para globalizarnos también los gustos?

NO ME ARREPIENTO DE ESTE AMOR

2756169

Mientras ocurría la Audiencia Pública, algunos proteccionistas se encadenaron en la puerta de la Legislatura porteña y mostraron sus pañuelos negros “No al maltrato animal”.

Ellos los prefieren libres, pero Fernández Balboa señala que no sabrían vivir así, son animales de cautiverio. La agrupación SinZoo señaló oportunamente que, durante este proceso al rinoceronte Gaspar se le notaban las costillas después de sufrir la pérdida de su compañera Ruth. Ciro y Budd, en su recinto de jirafas, también extrañan a Shaki.

Desde 2016 a agosto de 2018, murieron 195 animales. Y, entre 2012 y 2015, los fallecimientos fueron 806.(* Palermo Mío 14/9/2018.)

INTERROGATIVO

¿Qué stress sufrieron los animales?¿Se priorizará la investigación ambiental, en conjunto con las universidades y los Institutos de nuestro país dedicados a esta temática? ¿Cuál será finalmente el costo beneficio de este Ecoparque?

¿Lo sabremos?

PANTOMIMAS

Ellos miran a su alrededor. Tal vez el tapir descansa, pero uno de los chimpancé observa el movimiento de una sierra eléctrica. El elefante una vez más protege su piel con barro, mientras un operario revoca quién sabe qué. Es difícil saber su porvenir, cuando el proyecto no estuvo claro.

Mientras tanto, los ciudadanos seguiremos burlados por infinitas mentiras del desarrollo urbano. Seguiremos participando en burdos concursos del alcalde Rodríguez Larreta, donde ni siquiera ganan los que ganan.

 2756167w480

Hoy, en sus claroscuros, Buenos Aires pierde la identidad de sus barrios, alguien blanquea con cemento los espacios verdes, nuestros cielos los reducen a rejillas. Y los íconos, como el zoológico, visita obligada de nuestra infancia, se desfiguran y se pierden entre largas y grises avenidas.

Ante tanta pobreza, tantas camas al frío, tantos niños que esperan hambrientos los lunes, para comer en las escuelas, las ecobicis están primero. Las costosas y absurdas podas, la rotura y la reparación sistemática de veredas, primero. Los tarifazos, primero. Los innecesarios proyectos inmobiliarios, primero.

Buenos Aires es una ciudad de pantomimas de felicidad, la acrobacia es vivir sin mirar tanto dolor, tanta injusticia social, tanta hipocresía de quienes también la están padeciendo, pero no lo reconocen.




GOL, UNA FUGA FALLIDA

Claroscuros: sobre el corto realizado por la Secretaria Nacional del deporte de Uruguay: “Justo y Nico”, Una historia más allá de los colores.

Por Nicolás Estanislao

 

UN ÁNGEL PARA TU SOLEDAD

 

“procurar ser

una buena mancha de tinta

algo que difuminó mi dedo

 quedó impreso en una libreta”

Eduardo Lalo

 

“No hay escape, allí donde vayamos nos persigue todo lo que somos”, escribió Leila Guerriero en su crónica, “Poesía no”. La escribió allá por julio de 2016. Hoy, tres años después y también en julio, comienzo esta crónica. Destinos del transcurrir indomable. Acá estoy, presento batalla a lo que soy, entre confines poéticos, el desamparo y el amor por los colores de siempre.

En eso, mi amigo Hernán comparte en el grupo de wasap el video de “Justo & Nico”, al tiempo que estoy sumergido en la lectura de poemas del poeta, ensayista, periodista cultural puertorriqueño, Ángel Darío Carrero (1)

A Carrero lo citó, en más de una oportunidad, Eduardo Lalo: otro poeta, narrador y artista plástico caribeño. Lo cita desde su prodigiosa admiración y desde su más entrañable amistad. Esta sucesión de ventanas que se abren y se multiplican en forma de páginas, me recuerda a “A salto de mata”, de Paul Auster, donde nos reconocemos repletos de reseñas, contenidos, laberintos, de esa deriva propia de esta era universal, donde el imperativo es que parezca que sabemos de todo.

 

 botines

 

LOS COLORES BORDEAN EL VACÍO

“soy un relato de tu ausencia”. 

Ángel Darío Carrero

 

Escribo sobre “Justo & Nico” (2) no solo para conocerlos, sino para reconocerme, para interpelarme. La historia me abordó en un momento de intensas búsquedas, ¿qué quiero? ¿Para qué escribo? ¿Cuáles son las luces y sombras qué me transforman, que me atraviesan? ¿Qué es eso de la paternidad y todas sus torpezas?

A veces, incluso pienso, que la escritura es para mí solo una coartada para librarme del propio proceso de la vida. Como una búsqueda cartográfica de los recuerdos, los sentidos, búsqueda incesante, en el vacío imperceptible de la hoja escrita. Y es allí donde se da la lucha.

 

JUSTICIA POÉTICA

 

           “El fútbol es una parte fundamental de la realidad, siempre me pareció muy indígnante que la historia oficial ignorara esa parte de la memoria colectiva que es el fútbol en países como los nuestros.”

Eduardo Galeano (Cerrado por fútbol)

 

 Clubes-de-barrio

 

Vuelvo a la nota y a su idea inicial. Vamos al país vecino, Uruguay. Específicamente, a Montevideo, al histórico barrio: Villa del Cerro, punto de encuentro del segundo clásico más viejo del fútbol oriental. Es allí donde se configura el cortometraje, en dolor hecho poesía, esperanza y -por qué no- canto rebelde.

Justo, fanático de Cerro. Fanático de toda la vida. Tan fanático, que asocia a Nicolás al club, cuando el bebé tenía apenas 72 horas de vida. Como todo fanático de pura cepa e irrecuperable. Pero, por esos ribetes del impredecible destino, Nico terminó como hincha rabioso de Rampla, acérrimo clásico rival de Cerro. El clásico, por supuesto, lo atraviesa todo. “Es la vida, tampoco le podía decir nada”, confiesa Justo entre suspiros.

Al volver de Maldonado, después de un partido que Rampla había disputado en Atenas, Nico murió en un accidente. Justo, la fatalidad. La vida también es un accidente que duele.

Así, el corto recupera una historia auténtica, potente, impresionante, una historia tan sencilla y tan noble como el inexorable amor de un padre hacia un hijo. Tan noble como ese abrazo trunco en cada grito de gol.

La historia nace de una decisión irracional que sacude a cualquiera: la transformación profunda del ideal furioso del traspaso generacional de la pasión por los colores, esa pasión se reconfigura en un reencuentro íntimo en cada partido de fútbol.

¿Cómo seguir sin desplomarse cuando se han perdido felicidad, amor, justicia, futuro?  La respuesta será siempre imparcial e imperfecta. Aun con los retazos de vida escindida entre lo visible y lo oculto. Aun con sensaciones confusas, pero con el claro desafío de salir a vivir por ese grito de gol: así va Justo. Va por un grito de gol que recuerde a Nico todo en un milisegundo. Se trata de dar vuelta la historia, de hacerle una gambeta al destino. Se trata, simplemente, de vivir a través de la memoria: fútbol.

 

Imagen, extraída de Bundeslupen.com
Imagen extraída de Bundeslumpen.com

 

HUELLAS  SIN LABIOS

“El poeta es capaz de fracturar la realidad aparente para captar lo que está más allá del simulacro”

 Roberto Juarroz

 

En su poema: “Descomposición de la huella”, Ángel Darío Carrero desata  sus amarras, desafía los límites en forma de versos:

“El límite del desamparo

posa en frialdad quebradiza/

del vaso / que acompaña el abandono/

las huellas dibujadas/

sobre el cristal/ no forman labios”

 

La huella se dibuja, siempre. La huella suspendida  ya no en el pasto o en el cemento de una tribuna o en la memoria de un alambrado, sino en una transparencia. O, por ejemplo, en ese aire que reverbera cada vez que el padre va a ver a su novedoso Rampla Junior. Nunca dejará de ser hincha de Cerro pero, como dice el corto:”ahora también es hincha de su hijo” y grita para Rampla, con una pasión intacta. Amor esquivo a las palabras, también inexorable. Los colores se trasmutan en recuerdos. Un corazón transformado en un claroscuro.

 

QUIETUD NECIA

 

                                                          “Las banderas son cartas de amor que todos leen”                                                      Agustín Lucas (Tapones de fierro)

 

Imagen de Fernando Moran, extraida del libro Cenizas. (cuentos de fútbol uruguayo)
Imagen de Fernando Moran, extraída del libro: Cenizas. (cuentos de fútbol uruguayo)

 

No hay razón lógica para que el fútbol nunca nos deje de atrapar (aunque, confieso: cada vez me atrapa menos desde el juego, motivos sobran) sobre todo, cuando nos representa desde los bordes, desde las orillas que lo nutren, que lo hacen único e irrepetible, noble y genuino. Cuando nos arrebata del hastío de padecer. Así, como en la vida, el fútbol tiene la generosa y enigmática capacidad de aliviarnos el pesar sin ninguna razón aparente. Hace de ese pequeño momento, un mundo real, posible, que se inmortalizará para toda la vida. Como un poema. Como un verso.

“bastará una quietud necia

para que la tierra estalle

y se rearme

en la combinación

de siete nuevos días

los mismos que ya fijan

el cuadrilátero de la distancia”

Así, el fútbol, muchas veces señalado –cómodamente- como la primera y última causa de todos los males, como el culpable de la ignorancia, y de resignación de las masas populares, se presenta, también, virtuoso, liberador, salvaje, símbolo, expresión inquebrantable del silencio compartido. Del silencio capaz de iluminarlo todo. En los escuetos poemas de Ángel Darío Carrero, esculpidos en el mismo silencio que lo atraviesa a Justo, cuando tiene la mirada perdida más allá del horizonte. La sencillez se da, no como inmediatez; es solo resultado de un arduo proceso de depuración y despojamiento. Así le sucede a Justo, el hueco es rodeado por la potencia, como hace el poema con el vacío de la vida.

Así avanza Justo, desde los contornos, cada vez que pisa la tribuna, y se acomoda adonde siempre iba su hijo, cuelga una porción de él en forma de bandera: “NICO SIEMPRE PRESENTE”

 

  • Ángel Darío Carrero (1965-2015) fue uno de los más destacados poetas y escritores de la generación del ochenta del Caribe contemporáneo. Publicó los libros de poemas Llama del agua (2001) y Perseguido por la luz (2008), y tradujo del alemán Inquietud de la huella. Las monedas místicas de Angelus Silesius (2013) entre otra obras.

 

 

 

 




REGUSTOS

Claroscuros: sobre la entrevista a Mauricio Kartún.

Por Ana Blayer

Fotografía: Ana Blayer

 

MUCHA TELA EN EL CONTAINER
-¡Qué sabor tan agradable!
-Todavía lo siento en mi paladar.

Con bastante anticipación a la hora convenida, llegué a la estación de subte del barrio “pugliesino” de Villa Crespo. La mañana estaba soleada y era menos fría que la del día anterior. Caminé unas cuadras por Avenida Corrientes, doblé por Acevedo hasta dar con un barcito en la esquina de Vera.

Esperé la lágrima en pocillo a la que acompañé con una medialuna. Entretenida, miraba pasar gente que, a esas horas, suele hacer algunas compras domésticas.

 

thumbnail__DSC0026

Por un momento imaginé que el futuro entrevistado estaba en una mesa próxima a la mía, que tal vez tomaba un cortadito todas las mañanas en ese bar cercano a su departamento. Después vi pasar un hombre con un gorro tejido color gris tipo bonete. En la mano llevaba una pequeña bolsa de plástico, tal vez, con un paquete de facturas.

Ninguno de los imaginados era Mauricio Kartún.

HUELLAS

A las once casi y cinco, Gabriela tocó el portero eléctrico –sorprendida por la marca que dejó ese timbrazo en su dedo índice-. Las cinco anartistas sonreímos cuando en, apenas unos minutos, Mauricio bajó a abrirnos la puerta para dar comienzo a la nota.

Libros,
Cajas,
Juguetes,
Estatuillas y esculturas
Cuadros y premiaciones
Sillas y sillones…

FOTOS

La calidez del ambiente se colaba con el disfrute de las palabras, de cada gesto, de cada mirada. Fueron casi un par de horas. Lentamente, nos dejamos llevar por ese escenario colmado de respuestas. Entre ellas, recojo un retacito, que aún me resuena: “¡cuando hago un personaje no busco que sea igual a otro¡ Es como salir a buscar pareja, necesito algo diferente. Con la anterior con la que el amor se terminó, se cortó. No busco otra pareja semejante a la que tuve. Quiero algo nuevo que me atraiga, seducir y que me seduzca.”

               Mauricio Kartún
Mauricio Kartún

En un momento determinado se puso de pie para servirnos un tecito a cada una. Disfruté mirar, por detrás de mi objetivo, todos sus movimientos: las manos, los gestos de su rostro, su postura sobre la silla, cual director en un silloncito de madera.
Después me detuve a escuchar anécdotas de los hallazgos en los containers, de sus tiempos de vendedor de juguetitos, del encuentro con la alfombra impensada… así, con los matices de su agradable voz se tejió aquella mañana.

Nos acompañó hasta la puerta de entrada para despedirnos a una por una.

Ya en la vereda, entusiasmadas y contentas por la nota, pregunté:
-¿De qué sabor era el tecito?
-De bergamota –respondió Gabriela-
¡Qué agradable sabor!
Todavía lo siento en el paladar.

thumbnail__DSC0052 (2)




EL MEDIO DE LA CALLE

Claroscuros: sobre las drogas y la generacion X

Por Néstor Grossi

SIN VEREDAS

No hay peor huérfano que quien decide serlo, créanme, la calle está llena de ellos. Buenos Aires acuna el dolor de la muerte y el escape, el instante único de matar a los padres cuando es hora de saltar por la ventana y dejarlo todo atrás.

La orfandad es el punto más alto de la soledad absoluta, un estado de carencia extrema, es levantarte en medio de la noche y gritar el nombre de tus muertos. Y, en un segundo de silencio, sentir las manos de tu padre, el olor de una madre que baila siempre con la muerte.

ENTRE CIEGOS Y SORDOS

16002899_610062545870273_6310044372522059076_n

Como la Rubia ya estaba bajo el ojo del nuevo novio, me tiró un “quizás” por la cabeza. El Yoni, junto a una esposa que lo odiaba, andaba con un crío de un año y otro por venir. Al Cuervo le había perdido el rastro. El Chelo, cabreadísimo, porque fui el borracho que arruinó su fiesta de casamiento: después de aquella noche, a Loli, al Bicho y al otro Negro no volví a verlos más: algo se había roto en nuestra esquina.

Y bue, ninguno iba estar en mi primer recital, sólo el Innombrable, pero daba igual porque ensayábamos en el sótano de su casa, en su sala.

Aunque no me sentía orgulloso de la banda  ni me gustaba tocar con ellos, “la 69 Rokanrolla Band” debutaba en un festival, y los pibes no estaban.

marihuana-con-alcohol

Pero ese no era el único asunto que arruinaba la noche que había soñado toda mi vida: yo no podía estar ahí, ni en una fiesta, ni beber alcohol ni consumir. Cumplía una “Probation”, que se terminaba y que había modificado mis hábitos de consumo y toda mi puta vida. A pesar de no estar encerrado, la supuesta libertad no era para tanto. Solo tenía que asomar la nariz en una comisaría por cualquier motivo y quedaría detenido hasta que el juzgado fuera notificado. Si eso sucedía, todo el esfuerzo que soportaba desde noviembre del `94 habría sido al recontra pedo. Durante todo aquel año y medio, dejé de ir al Parque, al kiosko y a la esquina. Solo salía con mi novia y conseguía porro porque la Rubia me lo traía a mi casa.

23519285_747187518824441_1776266881571958643_n

Me había perdido de todos, sólo contaba los días hasta que terminara la Probation o hasta que saliera y el juicio y todo se fuera al carajo de una maldita vez. Trabajaba, estudiaba, solo me ponía en pedo en mi casa o en la casa del Innombrable. En la calle, ya no fumaba marihuana, ni andaba con drogas encima. Una vida de mierda y paranoica. Si fumaba en los ensayos, era porque alguien siempre llevaba. En cuanto a beber, bebía como un “normal”.

Toda mi vida adictiva había cambiado. Eso  me llevó hacia una puerta que no volvería a cerrar jamás. Alejarme de la marihuana me acercó a las drogas legales: el Alplax y el alcohol comenzaron a mezclarse.

Entonces, apareció la zona oscura: tomar el poder de una soledad que nada tiene que ver con los estereotipos filosóficos de un puñado de putos intelectuales. La verdadera soledad es clavarte puñal por no por matarlos, sino por aprender a moverse entre los claroscuros de una noche tan vacía como eterna.

EBzCJ9-U0AA3856

 

A LA MIERDA CON EL SHOW

Nos sentamos en la mesa más cercana a la barra.

No había escenario. La batería estaba sobre una tarima de madera sostenida por cajones de cerveza. El resto de los equipos, en el suelo. Íbamos a estar cara a cara con la gente: la única banda rockera en un recital punk y hardcore. El lugar era una caserón de las épocas de los conventillos, las bandas tocábamos ahí afuera, en un patio lleno de mesas, a un costado y, vacío, de frente a los parlantes donde iban los parados con sus vasos en las manos. Parecía una unidad básica, pero era un local de la izquierda, en San Martín. Un festival contra la represión policial y por la libertad de un tal Panario. Nosotros tocábamos anteúltimos. Y no por buenos o por llevar gente. En verdad, cerraba una banda heavy. Y, como éramos los blandos de la noche, iba a ser lo mejor.

El plan que trazamos fue el siguiente: sacar el puto cover de Kiss que el bajista nos obligaba a tocar y mi balada “gay”. Era eso o salir de San Martín con el culo en flor. Cuando pedimos la tercera cerveza, aparecieron el Innombrable, su novia y Fabián. Más tarde, un par de amigos del bajista para cerrar el círculo de nuestra gente: siete personas, mi novia incluida, eso fue todo.

De fondo, sonaba la primera banda hardcore de la noche. Nuestra mesa estaba llena de botellas y ceniceros repletos. Las chicas hablaban entre ellas, los otros idiotas reían y conversaban y, a mí, me importaba una mierda no escuchar un carajo. Quería estar solo. Fumarme un caño. Quería disfrutar mi debut como esa noche lo merecía. Estaba a un rato de colgarme la Strato por primera vez en público y no sentía nada mío.

D_yiy8kU8AAjBCP

Entonces, llegó el momento más temido en toda mi puta vida: “terminan estos pibes y van ustedes”, dijo el organizador. Pedimos más cerveza.

Basta para mí, basta para todos, le canté a mi cabeza. Ya no soportaba a nadie más.

—Vuelvo en cinco largos, cuidame la viola, —dije al oído de Sabi. Me paré, maté el trago y encaré hacia la calle.

Afuera, estaban todos con botellas de birra o plástico cortadas, olía a marihuana. Por primera vez en un año y medio, iba a fumarme un churro al aire libre. No tenía opción. Un par de secas y al carajo, pensé recontra cagado. Cinco minutos de paranoia total y todo terminaría, podía quedarme cerca de la puerta: si veía la lancha, me lo tragaba y volvía a entrar.

ECIBZcaU4AE_xeS

Esa mierda no era vida, debería haber estado aterrorizado por la posibilidad de pifiar al tocar, porque se me cortara una cuerda, por perderme en medio del sonido o porque el estúpido de Leo llevara el tiempo. Gatillé dos veces el encendedor. Me lo fumé casi entero y entré cuando escuché a los que estaban sobre el escenario anunciar su último tema.

Había llegado el momento.

Cuándo enchufé la viola al Marshall, me desconecté de la realidad. Encendí un pucho sin mirar a nadie y, desde atrás, el batero gritó el “dos, tres ,va”. Y largamos la intro. De la media hora que tenía cada banda, los primeros quince minutos tocamos con el lugar lleno. Después, empezaron a verse más espacios libres en la zona de pogo. Afuera, la batalla entre las tribus había comenzado.

Tocamos diez canciones, una tras otra. Esos treinta minutos fueron los únicos en un año y medio que pude disfrutar. Pero no era ni libre ni feliz, y no volvería a serlo jamás. Al menos no, hasta entender que la luz y la oscuridad solo están ahí para cegarnos.

EL MEDIO DE LA CALLE

Hubiese querido estar en medio del show, levantar la cabeza y ver las caras de mis amigos, de los que me habían soportado desde que no podia encajar dos acordes bien, con los que habiamos estado en los Redondos y seguíamos a la Renga desde el Galpón. Hubiera querido no tener ese grillete mental que me unía desde San Martin a Tribunales.
No sabía si era por lo de los pibes, o por mi falsa libertad, pero la noche brillaba incompleta, casi vacía como aquel primer polvo a los catorce en el prostíbulo de Rincón. Había cumplido, nada más, la confirmación que ya podía mandar a la mierda a todos y formar mi banda, con mi gente, y no con dos tarados.
A fines de ese mismo año, volví a formar otra banda, una de blues y rocanroll, con amigos. Sin quererlo, terminé formando parte de la era del rock barrial… los pibes, tampoco estuvieron.
No recuerdo si Borges o Sartre, vale verga, pero alguno de los dos cabrones tuvo razón cuando aseveró que cada culiado que moría se llevaba un pedazo de nuestra historia…nunca toqué en vivo, porque sin ellos, no hay yo.
Nada sera completo jamas, moriremos con el culo pidiendo en un mundo bisexual; porque no hay grises, ni negros ni blancos hijos de puta: todos somos mestizos cuando abrimos esa puerta que nos lleva entre la luz y lo negro de una ciudad lista, siempre, a devorarnos.

IMG-20171120-WA0002




ÁLBUM DE VIDA ANDAR

Claroscuros: sobre la construcción de murales en dos escuelas públicas de CABA.
Por Estela Colángelo
Fotografía: Ana Blayer

 

A TODOS LOS CARLOS, SIN EXCEPCIÓN

_DSC0117 (2) - copia

Dos escaleras laterales conducen a las aulas. Apenas comienza el ascenso, se divisa una pared de cada lado, con oscuro revoque grueso. “Caer en la escuela pública”, dijo el presidente que no supo conducir los destinos de las escuelas y de la ciudad, entre 2007 y 2016. La escuela pública se vive, se habita en espacios de encuentro, de reconocimiento. Cuerpo de poder, colchón mullido, oportunidad, cobijo.

Así lo entienden Carlos Patricio González y sus dos ayudantes, Enrique Pizarro y Julio Scibona, Tres años de trabajo (1997-2000). Muchos viajes en colectivo de Once a Villa Urquiza, caminar veinte cuadras, llegar tempranito, mate amargo, recibir con pudor algún bocado. Vivir la escuela pública, regalar su saber en historia plasmada para siempre. Transformar el paisaje, convertir revoque grueso en cuadro gigante. Encarnar al decir de Paulo Freire “No tengo derecho a hacer el mundo más feo, tengo el deber de hacerlo más bonito”.

Vaya el reconocimiento a todos los Carlos Patricio González.

_DSC0180 (2) - copia

 

TUÑÓN CONVERSA CON EL MURAL

Hay un acto único, distintivo, el día del patrono. En ese marco, el viernes 1 de diciembre de 2000, se inauguran los únicos murales dedicados al barrio de Balvanera. La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires los declara de “Interés”. En el proyecto los legisladores destacan “el esfuerzo de los artistas plásticos como un acto generoso propio de los espíritus solidarios”.

Las condiciones sociales y económicas de ese momento eran casi idénticas a las que vivimos hoy. “Los docentes -continúa el documento-, colaboran con los artistas en un esfuerzo común por generar un espacio de encuentro que alimente el amor a su patria y la construcción de utopías hacia una sociedad diferente de los egoísmos y las exclusiones que nos plantea la globalización económica”. Así tenemos una muestra más del poder convocante de los acontecimientos culturales en momentos por demás críticos. Distintos tiempos históricos dialogan la escuela, ubicada en Saavedra 695, justo frente a la casa que fuera de la familia González Tuñón, cuyo bronce recordatorio tal vez se convirtió en alimento.

_DSC0179 (2)                                                                                         

Y LA NAVE VA

En 1997, se produjeron los primeros contactos con Patricio. La Supervisora, Ana María Martucci, evaluó, autorizó, apoyó y acompañó el proyecto. El Sr. González se reunió con padres, docentes, alumnos, ex alumnos. En varios encuentros se definió la temática: la historia del barrio de Balvanera. La investigación histórico-social se realizó junto a los CGP, bibliotecas y otras instituciones. Los artistas y ayudantes encaminaron la búsqueda a obtener los rasgos fisonómicos de Raúl González Tuñón, los hermanos Discépolo y Carlos de la Púa.

Por escrito, González definió la técnica: el mosaico. Él mismo trabaja en los bocetos y en todos los elementos formales que, según explica, constituyen el sostén estructural de la composición. Después, resuelve el color: figuras frías y fondos cálidos. Finalmente, presentó los bocetos a la comunidad y el cálculo aproximado del valor de los materiales.

Durante 1988 realizó los dibujos en tamaño definitivo, en pastel sepia y sobre papel de escenografía. En este período hizo las modificaciones a la obra original. Mientras tanto, en el año 1999, la escuela cumplió los cien años. Durante el acto Los Hermanos Ábalos ofrecieron su incomparable trayectoria con la música, la maestra Elvirita enseñó a bailar danzas folklóricas en los recreos y Víctor Heredia ofreció un recital solidario.

El mural avanza.

_DSC0164 (2) - copia

 

NO ME TIRE LOS FALLADOS

González adquirió material documental y, también, los cerámicos de uso común para revestimiento de pisos y paredes. En la mayoría de los casos, las piezas tenían fallas y las había comprado de oferta. Así eligió los colores fríos que están en los murales en color original. Para crear todas las tonalidades necesarias, utilizó esmaltes horneados en el taller de Gunga Bourbotte. Cortados y preparados los cerámicos, hacia fines del mes de octubre y con colaboración de sus ayudantes, se armaron los murales en el taller de la calle Ceretti, propiedad de González. La tarea duró hasta junio de 2000. Las visitas de niños, maestros y padres se hicieron frecuentes. El asombro y la curiosidad crecieron con el avance de la obra. El artista “pintó” con mosaicos los dibujos definitivos. De junio a diciembre se programó la colocación en la escuela.

_DSC0163 (2)

 

CON CARTONEROS ADENTRO

Los padres observaban a distancia. Los niños, en cada pasada, llenaban los bolsillos blancos con el codiciado material. Los docentes organizaban una larga fila para la devolución. Ante el asombro adulto, intervino González y señaló las bolsas transparentes, cada una con el color específico.

– Si sacan de las bolsas donde hay poca cantidad, después las devuelven. Si sacan de donde hay muchas, se las pueden quedar.

Los chicos intervenían:

– ¿Esto que se forma en esta parte del mural es la carpa blanca?

– ¡Pusiste a los señores que revuelven la basura!

Y, González:

– Sí, sí.

La inolvidable fiesta de inauguración estuvo a cargo de la profesora de teatro. En la dramaturgia incorporó a las gallinas, a los vecinos con sus sillas en la vereda, a los poetas y al tango en los suburbios de Borges. El segundo acto se movió hacia un tiempo más cercano: hay edificios, desorden del tránsito, Salgán y su piano. Los grandes protagonistas, también en el mural, fueron los niños. Ellos guiaron el recorrido de los presentes y explicaron, con orgullo, las figuras representadas. Hay intercambio: González y ayudantes llevaron una réplica del mural, en versión dibujos infantiles. Pero esto no quedó acá. En 2004, el mural fue tapa de la publicación del Ministerio “El monitor de la educación”.

_DSC0127 (2) - copia

 

VITROEMOCIÓN

En 2009, a trece cuadras de distancia, en Chile 1371 y en la Escuela “Provincia de Santiago del Estero”, el mismo autor realizó “Juego cromática”. Fue en el gimnasio del cuarto piso. El mural relata los juegos prehispánicos y también incluye juegos y deportes actuales. Los alumnos guiados por el muralista, pintaron algunos tramos.

No contento con esta labor, en 2013, González dijo “quiero retruco”: bajo su asesoramiento y supervisión, los niños realizaron dibujos. Luego, González seleccionó uno por cada grado, los llevó a mayor tamaño y, en el marco del proyecto de reciclado del vidrio, los chicos crearon la figura en vitrofusión.

Así se toma el espacio público. Aun por las noches, las imágenes de los murales devuelven las formas del barrio. Le dan contorno a su gente, la invitan a ser -a partir de lo que fueron- el futuro de nuestras calles. Modelos vivos tuercen la lógica oscura impuesta por los sectores dominantes. Cuando pase por esa zona, lector, no dejé de encender su mirada.

_DSC0122 (2) - copia

 




ALBUM DE CARTAS

Claroscuros: Sobre las cartas

Segunda Parte

Por Adriana Valletta

 

AMOR A LA CARTA

Una carta, un poema, una nota.  ¿Podrán ser esas escrituras alguna otra cosa más que un acto de amor? Interrogarlas, me hace pensar en la relación entre escritura y las pasiones de las que son soportes.

La escritura de esta nota no se deja definir totalmente de antemano.  Por suerte,  algo se recorta para tomar por sí mismo algún lugar no previsto. Así me dispongo a la sorpresa de lo que yo llamo “lo por surgir” a un lugar nuevo.

A modo de reconectar con la nota anterior “la ausencia -sobre las cartas”,  rememoro  algunos significantes: representación, cuerpo, amor, ausencia, presencia, el “otro”, objeto, pérdida, cartas, angustia, espera, continuidad, corte, tiempo, espacio, epistolario, destinatario, correspondencia, entrega, goces.

La primera asociación a las cartas, en general, es vincularlas al sentimiento de amor. Vimos, por ejemplo, cómo -en el caso de las cartas de Cyrano de Bergerac- las cartas hacen “cuerpo” y funcionan del mismo modo, extendiéndose en el cuerpo de papel, lugar depositario de placer y de goce.  Estaba en eso, cuando me sorprendió una frase en forma de pregunta: ¿Y sí el amor es a la carta? Estuve un rato rumiándola en mi mente, hasta que la entregué al blanco. Certero. Esta frase es de doble vertiente de escucha: “amor a la carta”.  Una vertiente da lugar a las preguntas: ¿Qué es lo amado?,  ¿quién es el sujeto amador? En la otra vertiente, da lugar a: ¿en qué bandeja se sirve el amor? ¿Es un amor dirigido a la carta misma? ¿Es un amor dirigido al cuerpo de la carta que representa otro cuerpo?, ¿es un amor a la letra?

La carta “debe” ser entregada.  Al menos, eso es parte del circuito a seguir para que cumpla su función. Por otro lado, “dar” es un acto de entrega, como en la escritura. El  “entregar” remite  a la acción del cartero, el intermediario. También, puede conectarse fácilmente  el “dar” con el amor, en la famosa frase de  Jacques Lacan: El amor es  “dar lo que no se tiene a quien no es”.

 

Amor  Cartas en Bandeja
Amor 

CARTAS EN BANDEJA

Franz Kafka, un prolífero escritor de cartas, abre una entrada para nuestro tema. Andar en su mundo es como ingresar a un buen restaurante, donde el menú es amplísimo. Debido a la cantidad de cartas escritas por Franz a diferentes destinatarios, tomé algunas de los volúmenes que incluyen la carta al padre y cartas a Felice.

Resulta interesante que, en el caso de la carta al padre, las investigaciones coinciden en que jamás llegó a su destinatario: “el padre de Kafka”. Veamos el errático recorrido de ese texto.

En primer lugar, Franz entregó la carta a su madre, para que ella se la entregara  a su padre. Pero su madre no realizó tal entrega y la carta regresó a Franz quien, luego de hacerle algunas re escrituras, se la dio a una amiga, para que se la acercara al destinatario, aunque jamás fue entregada.

Todo un circuito que le permite a Franz ir de” uno” al “otro”,  en una búsqueda gozosa e  insaciable.

Carta a su padre Kafka
Carta a su padre Kafka

VAMPIRO EPISTOLAR

Kafka continuará su relación a las cartas de un modo insistente durante su vida.  Será  considerado casi como un “vampiro epistolar”. Mantendrá carteo con otros interlocutores, por no afirmar que hayan sido siempre destinatarios. Una vez más, ¿se trató esta escritura de una experiencia del amor?

Muchas investigaciones se han realizado en torno a las cartas de Kafka, incluso el psicoanálisis lo ha abordado intensamente. Hoy me interesa centrarme en la circulación de estos singulares textos. Los trazos de su recorrido hacen “espacios” vivenciales con otros.  ¿Cuál es el destinatario real de esta carta? ¿Por qué Franz no maximiza esfuerzos en entregarlas directo a su padre?

Según Lacan  “las cartas siempre llegan a destino”. Como en el cuento de Edgar Alan Poe: “la carta robada”, donde- aunque no la vean-  la carta está sobre la mesa, a la vista de todos, evidente, bien escondida en el lugar más expuesto.

¿Podría inferirse entonces que a pesar de los rodeos de las cartas de Kafka, finalmente terminarán leídas por su destinatario, como en una suerte de resistencia al azar o al extravío?

Lacan se pregunta si el emisor de una carta conserva aún derechos sobre ella, después de enviada, ¿no pertenecería ya el envío pues completamente a aquel a quien se dirige?, ¿o es que este último no fue nunca su verdadero destinatario?

Con respecto a los sentimientos en la carta de Kafka a su padre, distan muchísimo del amor. Son cartas de reproches e incluso de odio.  Sin embargo, la escritura tal vez sea un intento de acortar la distancia y restaurar otras interrogaciones.

 

El mundo es un espejo
El mundo es un espejo

LA NOVIA LEJANA

Muy diferente es el caso con las cartas a  Felice, “la novia lejana de Franz”. Acá su destinataria se presenta como “invisible”  la mayor parte del tiempo. Incluso, a pesar que, según algunas investigaciones, Felice respondió a una gran cantidad de los envíos. La invisibilidad refiere a lo que Franz hace en su escritura con Felice. Las auto- referencias las tornan en monólogo, en una letanía sobre sí mismo, hasta llegar a desdibujar por completo de la escena a su lejana novia. Así, la mantenía alejada con su escritura. Felice respondía  incluso con detalles de su vida. Esa situación  persistió durante casi cinco años de escritura, hasta que finalmente Franz quemó gran parte de las cartas de ella al romper la relación. De esta correspondencia se puede extraer mucha más información sobre Franz que sobre Felice. Felice Bauer se transforma, así, en un espejo donde Franz proyecta su propio psiquismo.  ¿Podemos decir que éstas son cartas de amor?  El amor a Felice quedaría al menos interrogado, al leer las notas que el mismo  Kafka escribió  sobre la impresión que le causó Felice, la primera vez que la vio.: “cuando llegué a casa de Brod, estaba sentada a la mesa y sin embargo, me pareció una criada. No mostré además mucha curiosidad por saber quién era, sino que me resigné a ella, sin más. Rostro huesudo y vacío, que mostraba abiertamente su vacío”.

Blue Skirt - Pintura angustios de Moy Huan
Blue Skirt – Pintura angustiosa de Moy Huan

 

Heidegger afirmó “lo que vale de un pensamiento no es lo que dice, sino lo que se deja  dicho”

Aquí retomo la pregunta respecto de la ausencia sobre las cartas. Es condición para escribir las cartas de que el otro esté ausente. Sin embargo, la operación parece  redoblarse. No alcanza con que estén ausentes-tanto el padre como su novia-, la escritura misma  refuerza la ausencia. Y, luego, remata la distancia una circulación insaciable.

 

LO QUE FALTA

¿Es la escritura misma la escritura del amor? Un vaivén, un viaje entre orillas, entre vacíos, entre aguas pobladas de ausencias. Contrastes de pinturas y paisajes. A propósito de paisajes, y orillas, el escritor y psicoanalista Jorge Alemán, visitó la Argentina en agosto. Al despedirse escribió:

 “Gracias por haberme hecho sentir que me voy de un lugar del que nunca me pudieron echar”.  

Este texto da cuenta del amor, de ese encuentro con lo que falta, con lo que no está.

Así como late el vacío en esta frase, la carta deja abierta la pregunta sobre el amor.  Si, en los  lazos que funda, logra constituir experiencia amorosa. Con cortes y continuidades. Tejido de presencias y ausencias. Próximo y más lejano a la vez.

“…Y no penséis en dirigir el curso del amor, porque será él, si os halla dignos, quien dirija vuestro curso”, dice Theilardh de Chardin

El “tú me faltas” cobra significado cuando discernimos que no se trata de un objeto en particular lo que demanda el amor, sino que la única condición para el amor es que signifique ese: Tú me faltas. Pero, sigue Thelardh de Chardin, “el amor no posee ni es poseído”

Esto del amor no es fácil. Po eso Lacan recurrió a los poetas, a los pintores, a los mitos, para hablar del amor. Esto nos da una gran pista y nos indica que precisamos de algo más que las formulaciones teóricas. Y que, incluso para arribar a ellas, debió valerse de otras lógicas como las que aporta la poesía.

Blanco-y-Negro- Pintura de Javier Manrique
Blanco-y-Negro- Pintura de Javier Manrique

 

QUERIDO ESPACIO

El filósofo Henri Lefebvre, aborda las relaciones entre la ausencia y la presencia, como una invitación a comprender que el espacio viene no sólo a contenernos, sino a formularnos preguntas. Y las representaciones vendrán a jugar un rol en el modo de concebir nuestras relaciones con el espacio. Llega a decir, incluso, que hay un regreso de la naturaleza como nostalgia, fantasma, o sea presencia ilusoria. A ese retorno lo podemos observar no sólo en la literatura sino en el cine, en las representaciones puestas en escena por el hábil empleo de las técnicas más sofisticadas.

Si la escritura de cartas es un llamamiento a la presencia del otro, un reclamo para que diga aquí estoy y la no venida del otro aporta a esta escritura un plus de sentido, entonces, vemos acá una zona que aproxima a la potencia fundada en el “espacio” de una carta. Una presencia- ausencia excelsa. Como quien dice, querido espacio, te escribo, para nombrarte. Intento verte y te alejás.

Pintura Costafreda- Vacio y blanco
Pintura Costafreda- Vacio y blanco

 

“El futuro es espacio,Espacio color de tierra,Color de nube,Color de agua, de aire,

Espacio  negro para muchos sueños,

Espacio  blanco para toda la nieve

Para  toda la música.

Atrás quedó el amor desesperado

Que  no tenía sitio para un beso,

Hay  lugar para todos en el bosque,

En  la calle, en la casa,

Hay  sitio subterráneo y submarino,

Qué placer es hallar por fin,

Subiendo

Un  planeta vacío”

(…)

Fragmento del poema de Pablo Neruda.

 

 

Bibliografía:

Lacan  Seminario  2  –  Clase -“ La Carta robada”

Henri Lefebvre, “La presencia y la ausencia”. 1941




RAYUELA DE LA MEMORIA

Claroscuros: sobre mis abuelos.

Por Carlos Coll

LA PLAZA SAN JORGE

Enclavada en un cuadrado perfecto, la circundaban los árboles raídos, o eso creo. En el lateral, la cancha de bochas apaciguaba las letanías de los cuerpos encorvados en su desfile mañanero.

"Casas en el estaque" de Georges Braque
“Casas en el estaque” de Georges Braque

Para algunos, se trataba solo de un tránsito camino al mercado y no se detenían. Mientras, para otros, era el punto de foco, de fuga. Todos arrastraban la pesadez, las rutinas del tiempo y allí las volcaban en las más insólitas historias. Miguel no se quedaba atrás. Temprano, con frío o con calor, caminaba erguido y se detenía en la cabecera. Iba preparado y dispuesto a agacharse, con dificultad, con tal de alcanzar la bola desgastada por la intemperie. No era su único objetivo. Lo fundamental era representar sus libretos, preparados con picardía, camino a ese, su rincón. La única salvedad: la lluvia. El resto lo esperaba ansioso por compartir alguna de sus historias, convincentes y atractivas. La plaza San Jorge se desplegaba como un espacio de reunión, el lugar elegido para encontrar sus añejos cuerpos y retazos.

EL PIANISTA Y LA CANTANTE

Me gusta mucho la música. Desde chico disfruto de escucharla y trato de comprenderla. Mi instrumento preferido: el piano. Mis padres no me lo pudieron comprar, por eso no fue posible aprender a tocarlo de chico. Pero, de grande, ahorré lo suficiente como para hacerme de uno vertical, de Chicago. Acaricio sus teclas, como si fueran las terminaciones de la piel de una mujer hermosa. Así, hago que suenen en una melodía escalofriante mientras mi esposa, Rosita, canta arias de Puccini junto al piano en su bata, transparente y provocativa.

"Piano mascota" de Diego Manuel
“Piano mascota” de Diego Manuel

Sí, ella aún me excita, a pesar de sus rollos y de sus arrugas. Creo que me eriza su voz de mezzo soprano”.

Esta historia me la repetía mi abuelo, en medio de una carcajada, cuando regresaba de la plaza y recordaba la cara de los otros viejos con las mandíbulas caídas y la baba en la comisura de los labios. Nunca tocó el piano ni mi abuela usaba bata. Era petisa, gorda, narigona y jamás su garganta pudo haber emitido un sonido armónico. La vieja se enojaba con él, aunque disfrutaba de las historias del Nono y escondía su sonrisa para no dar el brazo a torcer.

 

EL FRONDOSO DURAZNERO

El patio era grande e irregular, con un gran duraznero fortachón en el centro y un asiento de ladrillos a su alrededor, donde mi abuelo se sentaba con el plato de comida en la mano, mientras enarbolaba una cuchara amenazadora. Por mi parte, yo andaba en mi triciclo lentamente e intentaba evitar a mi abuelo para no abrir la boca y tener que comer el puré de calabazas con lomo picado. Era un chico inapetente. “Tenés que cargar combustible”, me decía el Nono. Ahora entiendo la paciencia de aquel hombre ante el primogénito flacucho, que obsesionaba a toda la tribu con su manía.

"Tree branches" de Bruce Rolff
“Tree branches” de Bruce Rolff

La familia era populosa: los abuelos, mis viejos y mis tíos. Mi papá, Oscar, el mayor. Le seguían Horacio, el pintor; Héctor, el payaso de circo y la pequeña Nelly, una nena casi de mi edad, que deambulaba por la casa enfantasmada: así lo haría a lo largo de toda su vida. Mi mamá, Renée, se había incorporado a la familia como una hermana más. Fueron años de extrema felicidad donde el clan se movía en aquel patio alrededor del árbol, centro indiscutible de la casa, al que rodeaban las habitaciones e, incluso, el cuartito que cumplía la función de taller de pintura del querido tío Horacio.

MANDATOS SIN MUÑECAS

Siempre recuerdo las caras de la familia, cuando la abuela Rosa decía: “Vuelvo por la tarde, tengo que ir, es mi responsabilidad”. Todos bufaban y rezongaban, pero no podían resistir la polenta de la abuela. De carácter jodido, la siciliana. Pasaron años hasta saber a qué se debían aquellas ausencias. Claro, si me lo hubieran explicado en aquel momento, no lo habría entendido. Le tocó a mi tía Nelly contármelo. La familia de mi abuela era italiana del sur y su mamá había sido traída a la Argentina de adolescente. Cada uno en el grupo tuvo un rol específico. Mi abuela era la tercera, entre seis hermanos: Antonio, María, Elena, Emilia y el pequeño José. Su madre, una jovencita inexperta, había sido casada por poder en Italia y arrastrada hacia un desconocido, que ya vivía en aquel lejano país.

"Muñexa" de Romina Lerda
“Muñexa” de Romina Lerda

Recibida en el puerto por un hombre extraño y mayor, mi bisabuelo, fue conducida a la casa de Combate de los Pozos, donde debió cambiar las muñecas por un señor cariñoso quien, más que su marido, fue su padre a la distancia. Rápidamente, pequeños saltarines sustituyeron sus juguetes por llantos y responsabilidades que la superaban.

Pero vuelvo a los viajes de mi abuela: su tarea en la familia era acomodar, maquillar y vestir a cada integrante, familiar o no, fallecido en el entorno del clan. Extraño, ¿no? Para ella era normal y lo tomaba como un halago. Tenía su maletín con los elementos necesarios y, con una sonrisa, cumplía  su obligación. No está demás recordar las puteadas de mi abuelo Miguel ante semejante mandato. En mí, generaba una mezcla de curiosidad y admiración. Hoy, lo entiendo: ¡era muy guapa la petisa!

LA PITONISA

Al asomarme a esta bruma y soplarla, se me aparecen distintas imágenes. De pronto y sin proponérmelo, surgen otros ojos. Aquellos celestes transparentes de mi otra abuela, alta, rubia de cabellos plateados y con esas manos pecosas de dedos largos. Adoraba los anillos y las pulseras, que la adornaban dándole ese aspecto de reina madre, que tanto me seducía. Ahora las recuerdo y me doy cuenta lo diferentes que eran y cuánto se complementaban. Las dos abuelas fueron compañeras de vida, cada una desde su ángulo y con su estilo. Siguieron juntas en este tránsito durante muchos años. Murieron sin saber que la otra ya había partido. Cuando las veía, cada una me decía: “¿Cómo está la vieja? Dale saludos”. Ya no recuerdo a quién no le pude dar el mensaje.

"La bailarina de avignon"de Pablo Picasso
“La bailarina de avignon”de Pablo Picasso

Mi abuela Fefa me inspiraba mucho respeto y me intrigaba. La visitaban vecinas a menudo. Se acomodaban en la cocina y empezaban los rituales: plato con agua, granos de sal gruesa y tres gotas de aceite que, al extenderse y perder los bordes, indicaban “mal de ojos”. La cura era inmediata. Recuerdo cuando me sacaba la remera y me ponía boca abajo sobre la cama de respaldo de bronce. Sus dedos expertos buscaban en mi piel delgada a la altura de la cintura y después venía el dolor seguido de aquel “crac” que retumbaba en la pieza.  Así, tirado el cuerito, eliminado el empacho. Dieta y fin de la diarrea, caca recuperada.

 

LA CUCHILLA DEL ZAPATERO

"Autorretrato con sombrero de paja" de Vincent Van Gogh
“Autorretrato con sombrero de paja” de Vincent Van Gogh

Es lógico que, en este punto de la escritura, me aparezca la imagen de mi abuelo Julio, el compañero de la reina madre. Lo recuerdo alto, de mandíbula cuadrada y mucho pelo. Viejas fotos descoloridas demostraban que había sido un galán de aquellos. Hoy lo veo encorvado sobre su cajón de trabajo, mientras arreglaba suelas de zapatos, con ese olor fuerte a tinturas. Mayor y cascarrabias, celaba a extremos imposibles a mi abuela Fefa. La perseguía, “¿dónde fuiste?, ¿por qué tardaste?”. Esta situación creció hasta alcanzar extremos en los cuales mi abuela no pudo seguir manejándolo. Se le diagnosticó arterioesclerosis. El punto de quiebre se dio aquella mañana, cuando él la corrió con la cuchilla de zapatero. Por suerte, ya estaba débil, casi sin fuerzas y la abuela lo manejó como una experta enfermera. A partir de allí, las medicaciones lo mantuvieron pasivo.

LA MEDIA RACIÓN

"Mujeres saliendo de un huevo" de Jim Warren
“Mujeres saliendo de un huevo” de Jim Warren

Mi abuelo Miguel era bajito, menudo, simpático y divertido. Su padre, nacido en Barcelona, y su madre, en Valencia, lo hacían el típico catalán. Siempre pensé que las parejas de mis abuelos debieron haber ido invertidas pero, en la vida, los opuestos se necesitan.

Sus horarios eran estrictos. Se levantaba temprano, apenas desayunaba con un chocolate y, eso sí, el almuerzo, a las doce en punto: un churrasco del tamaño de un posa-vasos y medio huevo frito. Sí, solo medio.

La abuela Rosa estaba resignada, ya no puteaba. Mi abuelo tenía medidas medias para todo, excepto para el fileteado. Sus pensamientos y hojas enredadas entre claveles eran magníficos. Sus dibujos, de una belleza increíble. Todavía recuerdo la silla para comer que me hizo: blanca y decorada. Sentado en ella, yo me sentía en un hermoso jardín de hadas. Se lo llevó un cáncer silencioso, pero nos dejó sus filetes.

"Flores" de Ricardo Gomez
“Flores” de Ricardo Gomez

LAS POLLERAS CON VOLADOS Y LAS BLUSAS CON LUNARES

Entre los reflejos que me golpean, recibo aquellas pieles oscuras de los amigos de mi Tío Horacio. Ellos entraban en casa de los abuelos con sus guitarras y sus canciones flamencas e inundaban el patio de zapateos y castañuelas: aquellos gitanos me parecían salidos de un libro de cuentos. Los recuerdo reír, tomar y bailar. Con ellos, quiero cerrar los ojos y dejar que su música me cubra. Con ellos, me quiero quedar junto al olor a trementina del cuartito donde mi tío pintaba y yo lo acompañaba, desde la silla de no comer que me había fileteado mi abuelo Miguel.

 EL CAPRICHOSO ILUMINADOR

¿Quién maneja el reflector de la memoria?

¿Qué luz describe impulsos sobre el recuerdo, sobre las pequeñeces y revela simples eventos que, para el sentido común, se mantiene inolvidables?

¿Cuántas cosas habrá en el umbral entre luces y sombras que, sin indecisión, te arrastran para un lado o para otro según los caprichos de este misterioso iluminador?




LA BODA Y LA CALLE

Claroscuros: sobre Venezuela, a través de la lente de Rodrigo Abd.

Por Ramiro Gallardo.

Fotografías: Rodrigo Abd.

 

Frente a una explicación poderosa, mi primer paso es preguntarme cuáles son los puntos oscuros. En cierto modo, cuanto más fuerza tiene la explicación, más difícil es ver lo que oculta en la penumbra de su propia luz.”

Saskia Sassen (entrevista), 2011.

 

Leo “Página 12” y Venezuela es víctima de una campaña mediática sin precedentes. Paso a “La Nación” y Maduro es un ogro maligno, más malo que Chucky, continuidad del más aun monstruoso Hugo Chávez, terror de los chicos que no toman la sopa, deformidad, engendro, leviatán. Regreso a “Página”, un nuevo intento de golpe de estado. Vuelvo a “La Nación” y Guaidó es el paladín de la democracia. Voy, vengo, voy, bailo entre noticias. Intento pararme en algún sitio.

Rodrigo Abd es fotógrafo, él también va y viene: de Guatemala a Lima, de la guerra en Siria a la de Afganistán, a Libia, a Haití. Entre 2007 y 2019 realizó nueve viajes a Venezuela. Sus fotos pueblan diarios y portales de internet en todo el mundo.

Nosotros hacemos las fotografías -que pueden ser parte de una historia o de una noticia- y escribimos un epígrafe. El epígrafe sirve para que los clientes, que son cientos, tengan una referencia: qué es lo que retrata la foto, en qué lugar fue hecha y qué día. Pero, claro, una vez que las enviamos al servicio, con su título y su epígrafe, pueden ser utilizadas en notas muy diversas, por medios con ideologías diferentes. Sobre esta cuestión no tenemos ningún control: una vez que los clientes tienen las fotos en su servidor pueden utilizarlas como quieran en sus páginas, en galerías de fotos, en notas periodísticas, etcétera. Con el título que ellos quieran, por más que nosotros les pongamos uno específico.

La agencia de noticias para la que trabaja, Associated Press, provee de imágenes a más de 1700 periódicos (su librería supera los diez millones de fotografías). Es decir, que las fotos de Rodrigo son soporte de notas muy diferentes, más allá de lo que él decida o quiera retratar.

Lo complicado para nosotros es que controlamos el epígrafe, pero no controlamos lo que ponen los clientes. Por otro lado, una vez que las fotos suben a la web, mucha gente que no es clienta de AP puede hacer un copy-paste y poner las fotos en sus blogs… sucede con frecuencia.

En paralelo a su trabajo con la agencia, Rodrigo Abd construye sus propias historias: desde las protestas de los ahorristas frente a los bancos en Buenos Aires en 2002 a la vida de las parteras rurales en Guatemala, pero eso es tela para otra nota. Acá, ahora, lo que me interesa es el contraste, ese ida y vuelta, las contradicciones, las simultaneidades. Para muestra, basta este botón venezolano…

Los invitados esperan la llegada de los novios Juan José Pocaterra y María Fernanda Vera. Acarigua, 15 de febrero de 2019.
Los invitados esperan la llegada de los novios Juan José Pocaterra y María Fernanda Vera. Acarigua, 15 de febrero de 2019.

Un hombre traslada a sus hijos por el centro de Caracas en un carrito de reciclaje. 14 de mayo de 2019.
Un hombre traslada a sus hijos por el centro de Caracas en un carrito de reciclaje. 14 de mayo de 2019.

Los novios se casaron al tercer día, tras dos días de fiesta en la hacienda Camburito, en Acarigua, entre el 15 y el 17 de febrero de 2019.
Los novios se casaron al tercer día, tras dos días de fiesta en la hacienda Camburito, en Acarigua, entre el 15 y el 17 de febrero de 2019.

Una mujer y su bebé frente a su choza en el barrio “Siembra Socialista”. Caracas, 9 de mayo de 2019.
Una mujer y su bebé frente a su choza en el barrio “Siembra Socialista”. Caracas, 9 de mayo de 2019.

Primera noche. Una pareja baila un joropo. 15 de febrero de 2019,
Primera noche. Una pareja baila un joropo. Acarigua, 15 de febrero de 2019.

Clase de baile en una casa parroquial en el barrio de Petare. Caracas, 3 de mayo de 2019.
Clase de baile en una casa parroquial en el barrio de Petare. Caracas, 3 de mayo de 2019.

Segunda noche de fiesta. Baile. 16 de febrero de 2019.
Segunda noche de fiesta. Baile. Acarigua, 16 de febrero de 2019.

Irene Vaamondez, derecha, baila con un vecino mientras los músicos tocan en vivo en una plaza pública. Caracas, 11 de mayo de 2019.
Irene Vaamondez, derecha, baila con un vecino mientras los músicos tocan en vivo en una plaza pública. Caracas, 11 de mayo de 2019.

Huéspedes de la boda se sirven comida en la Hacienda Camburito de Acarigua. 16 de febrero de 2019.
Huéspedes de la boda se sirven comida en la Hacienda Camburito de Acarigua. 16 de febrero de 2019.

Residentes del barrio Villa Esperanza transportan envases con agua potable. Maracaibo, XXX de 2019.
Residentes del barrio Villa Esperanza transportan envases con agua potable. Maracaibo, mayo de 2019.

Dos invitadas se preparan para arriar unos búfalos de agua hacia un corral. 15 de febrero de 2019.
Dos invitadas se preparan para arriar unos búfalos de agua hacia un corral. Acarigua, 15 de febrero de 2019.

Adriana Rodríguez se maquilla en la habitación que comparte con sus tres hijos y siete miembros de otra familia, en un edificio ocupado. Caracas, 6 de mayo de 2019.
Adriana Rodríguez se maquilla en la habitación que comparte con sus tres hijos y siete miembros de otra familia, en un edificio ocupado. Caracas, 6 de mayo de 2019.

Stefanía Fernández observa el trabajo de invitados a su boda que aceptaron decorar una escuela antes de la ceremonia.
Stefanía Fernández, ex Miss Universo, observa el trabajo de algunos invitados que aceptaron decorar una escuela antes de la ceremonia.

Partido de fútbol callejero en medio de billetes de 50 bolívares desechados, en el predio de un edificio ocupado. Caracas, 7 de mayo de 2019.
Partido de fútbol callejero en medio de billetes de 50 bolívares desechados, en el predio de un edificio ocupado. Caracas, 7 de mayo de 2019.

Los invitados disfrutan de la piscina.
Los invitados disfrutan de la piscina. Acarigua, 16 de febrero de 2019.

Niños que juegan con un auto abandonado en el barrio "Aguerridos Liberator". Caracas, 9 de mayo de 2019.
Niños que juegan con un auto abandonado en el barrio “Aguerridos Liberator”. Caracas, 9 de mayo de 2019.

Una pareja amiga de los novios posando con el lago de fondo.
Una pareja amiga de los novios posando con el lago de fondo. Acarigua, 17 de febrero de 2019.

Tumbas saqueadas en el cementerio de El Cuadrado. “De aquí se llevaron hasta los dientes de oro de los muertos” dijo José Antonio Ferrer, encargado de camposantos. Maracaibo, XXX 2019.
Tumbas saqueadas en el cementerio de El Cuadrado. “De aquí se llevaron hasta los dientes de oro de los muertos” dijo José Antonio Ferrer, encargado de camposantos. Maracaibo, julio de 2019.

 

MATRIMONIO NO CONSUMADO

Siempre fue complicado trabajar en Venezuela. Cuando cubrís una marcha chavista te acusan de hacer prensa oficialista; cuando cubrís una noticia de la oposición te agradecen, pero si vas un poco así… desalineado, te dicen que sos simpatizante de Chávez. Siempre fue complicado… Es un país muy quebrado, políticamente muy dividido.

Las fotos que componen esta nota aparecieron en distintos periódicos y sitios de internet, por separado: por un lado, la calle; por otro, la boda. Las de la boda forman parte de un artículo titulado Venezuela: Boda fastuosa en medio de la crisis [1]. Las de la calle fueron publicadas por el diario “El País” de España [2] y por muchos otros medios.

Al casamiento me invitan una semana antes. Estaba en una fiesta, había muchos periodistas de la prensa internacional. Fui el único que decidió ir, me pareció una muy buena idea. En ese momento se vivía una especie de euforia por la autoproclamación de Guaidó como presidente. Parecía que todo se terminaba, el chavismo se caía a pedazos. Creo que parte de aquella euforia motivó la invitación. Pero cuando apareció la primera publicación, la euforia había pasado: el gobierno había retomado la iniciativa política y la oposición se daba cuenta de que la cosa no era de un día para el otro.

Cuando los recién casados leyeron que “durante tres días, los huéspedes, incluidos una ex Miss Universo, grandes terratenientes y otros miembros del 1% de Venezuela, vaciaron botellas de whisky caro, arriaron búfalos montados a caballo y zapatearon al ritmo de la música de un popular cantante de música llanera”, no se sintieron del todo cómodos. Se vieron expuestos. ¿Cómo se nos ocurrió invitar a este fotógrafo? habrán pensado. A Rodrigo le llegó el comentario a través de un colega: la publicación no había caído nada bien. Por el contrario, de los retratados en “la calle”, no hay nadie que haya hecho sentir su descontento por la manera en que fue utilizada su imagen.

Siempre pasó en el periodismo: los poderosos tienen más herramientas. No sólo para no dejarnos “entrar” a sus espacios: también para denunciarnos, acusarnos… Los poderosos siempre ejercen sus capacidades para censurar a la prensa. Los pobres no. Uno camina por los barrios marginales con total naturalidad, pero no puede andar sacando fotos en un club privado, un country o un espacio cerrado: hay vigilancia, hay seguridad. Nos es más fácil meternos en el mundo de la pobreza que en el mundo de la riqueza. No sólo en Venezuela: nos pasa en todos lados.

 

[1] Luis Andrés Henao, Venezuela: Boda fastuosa en medio de la crisis. Yahoo noticias, 25 de marzo de 2019.  https://es-us.noticias.yahoo.com/venezuela-boda-fastuosa-en-medio-la-crisis-174528573.html

[2] Maracaibo: ciudad en ruinas. Diario El País, España, 20 de junio de 2019. https://elpais.com/elpais/2019/06/18/album/1560849621_806575.html#foto_gal_1




EL ENSUEÑO DEL AGUA

Claroscuros: entrevista a  María Onetto

Entrevista: Alicia Lapidus, Estela Colángelo, Pablo Soprano, Viviana García Arribas, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

 

“El estanque antiguo, /ninguna rana. /El poeta escribe con su bastón en la superficie. /Hace cuatro siglos que tiembla el agua.”
“Basho”, José Watanabe


Hay un prólogo del agua en la orilla y un epílogo, en el vapor del aire. Así, desde sus inciertos bordes, el agua difumina sus contornos y avanza. Una vez como pátina, va sobre la silueta de una mano. Otra, se infinita en el volumen del mar. Cansada de lo inmenso, se reduce a la comba de tu copa. Y, cuando resbala de la lluvia, golpea la ventana en forma de canción. No es por audacia ni por recelo que fuga a través de las cunetas, se escurre entre los renglones de las persianas o ticatquea el tiempo en la canilla mal arreglada. Su pausa es sólo paso, siempre antesala de aquello que nace y memoria del desván. Imposible saber si se aviene al territorio que la antecede o funda el espacio al andar. La misma pregunta por su grafía definitiva disuelve toda certeza y, mientras el eco que interroga se pierde en el ocaso entre dos verdades, el agua toma otro cuerpo y se pone a pensar. Piensa una inquietud catarata, donde volcarnos torrente sobre las obscenidades de la codicia. Piensa un modo de arroyo, sin orfandad y sin desamor. Piensa una tarde desafiar la dirección de la tormenta y ser ella misma su propio ventear. Tantos siglos de aguar el tiempo, para venir a gotear justo en este instante, donde una palabra la nombra “agua”,  cuando ella cae al pie de tu altura y ¡plaf! deja de ser. Y aun ahora, estallada contra la baldosa, amebada entre los surcos del cemento, expuesta sin defensa al día, no dan ganas de consolaciones ni de duelos. Mitad escondida en la sombra, la otra mitad ensoñada en la luz, la mirada la espía con ternura. Por un momento, imagina un tímido rescate en una cuevita entre las manos o en la sed al paso de algún pichón. Pero pronto se sacude los absurdos, la vocación mesiánica del ojo que todo pretende, que en todo picotea una salvación. Retoma, entonces, el camino de una idea apenas despuntada en el cuerpo. Y la moldea, una vez hacia la noche y otra, hacia el sol. Piensa la escena en las múltiples formas del agua.  María Onetto piensa y ensueña, vierte el texto en la emoción.

Lara Zankoul.
Lara Zankoul.


LA MAQUINITA DE TRITURAR CERTEZAS

 

                                               Las canciones han cambiado: lo impronunciable ha entrado en ellas.”
Louise Glück


Nos llamó la atención el tema de la autonomía de la mujer, tanto en tus películas como en “Potestad”. Por otro lado, en ambas aparece también el fachismo doméstico.

No fueron completamente deliberadas estas elecciones. Se fueron dando. La autonomía, o cierto empoderamiento femenino, digamos, apareció sin que yo lo empujara. En “Rompecabezas”, está claro. En “La Mujer sin cabeza”, de Lucrecia Martel,  la autonomía del personaje estaría en ese movimiento de correrse de una maquinaria. Aunque, finalmente, queda en manos de ese mismo mecanismo que la rodea. Vuelve a estar centrada y disuelve toda autonomía, una vez que esa maquinaria le ha “resuelto” su delito.

En “La mujer sin cabeza” parece que todas las transgresiones estuvieran, de algún modo, reabsorbidas por esa maquinaria.

Claro, en “La Mujer sin cabeza” después del accidente, esas transgresiones suceden en una cadena que, una vez echada a andar, es difícil de detener. Por su parte, en “Potestad”  hay, además de la historia de una apropiación, la historia de una pareja, de un hombre y una mujer. Se trata de un hombre que trata de ver cómo sostiene a alguien que ya no lo mira más. No soy casada, pero veo mucho en los matrimonios de otros eso de buscar con qué elemento se sostiene aquello que ya no satisface. En relación al fachismo doméstico, o al fachismo en general, creo que lo común en todas esas escenas es la idea de la certeza. Yo misma puedo tener situaciones fascistas, en la medida en que tenga cosas rígidas o poca apertura en cuanto a no entender lo suficiente la complejidad de lo humano. Me parece que esa es la principal situación en “Potestad”. Esto no significa justificar las cosas. Yo puedo condenar un montón de asuntos que no tienen que ver conmigo, pero no debería dejar de lado la idea de poder pensar lo complejo, debería comprender que las cosas no pueden resolverse de manera binaria. Creo que las certezas oprimen. Lo que tenemos son convicciones, pero no determinar que “esto es así”, porque la única verdad es lo que va cambiando, ¿no? El fachismo doméstico es un padecimiento, algo que te oprime en tu intimidad. El feminismo marca mucho esto.

Es muy sutil a veces, ¿no?

María Onetto. Fotografía: Diego Grispo.
María Onetto. Fotografía: Diego Grispo.

Claro. En “Rompecabezas” están esos detalles, el quesito, las mandarinas específicas que el marido le pide, ella que levanta la mesa sola… Al mismo tiempo, la mujer pareciera que desea hacerse cargo de esa situación. El que es sujetado por los demás hace a su vez su propio movimiento para recuperar autonomía y termina por asumir o ejercer un lugar de control: “Yo ordeno la casa, yo hago las compras, soy yo la que está haciendo esto”. Eso, hasta que aparecen las situaciones sin definición clara, como preguntarse por qué el tiempo que una invierte en hacer las compras no lo puede invertir en hacer un rompecabezas. Esa  pequeña libertad  la legitima. Muchas veces me he preguntado por qué yo, en situaciones de pareja, entraba a veces en dificultades, en resistencias frente a hombres muy necesitados de ocupar un primer lugar, hombres con temor a ser opacados, cuando me parece que se trata de que ambos disfrutemos el brillo del otrx. A mí me dolería que alguien hiciera esos renunciamientos por mí.Y, por otro lado, te impactan personas cuyo objeto de amor son exclusivamente ellos mismos.

 

PARA MÍ, SIN SODA

 

                                                “Pronto, dijo Ham, /la ballena va a alcanzar el nudo de la red del pescador; /la luna va a meter la cara en el agua. /Y todos vamos a sentir la furia de haber sido usados/en la tormenta y en el esplendor.”
“El único secreto de las estrellas”, Mary Jo Bang

 

Jorge Alemán dice que la relación sexual es imposible, en el sentido de que siempre hay un vacío estructural que impide toda plenitud. No sólo en lo amoroso, en el arte  y en la posibilidad social de emancipación. ¿Cómo te llevás con el vacío que, aparte, es una palabra que aparece bastante en  “Potestad” y también en tus películas?

María Barch.
María Barch.

Hace poco encontré una frase se Hugo Mujica que me orientó mucho: “La búsqueda consiste en soportar la ausencia de lo que buscamos”. Yo entendía el buscar como la idea de encontrar, de estar en movimiento o de buscar transformar. Pero, muchas veces, la búsqueda es soportar la idea de que en una relación o en un proyecto no hay nada. O que hubo poco en este día que pasé. Creo que, cuando uno asume esto, aparece la idea del sentido: yo no quiero vivir sin sentido, mecanizada, alienada o llenando mis días de cosas en las que creo poco. Me resulta muy estimulante asumir que en algún ámbito de mi vida no va a pasar nada, o que una relación en la que puse mucho ha dejado de dar. No digo que disfrute eso, pero he aprendido a aceptarlo. No es sencillo, es un problema para mí. Yo creo mucho en que, al hablar con una persona, puedo generar una transformación en ella y en mí. Pero suele pasar que, en ciertos terrenos, no hay nada que vos puedas hacer. Y, por otro lado, frecuentemente me pregunté qué transformación puedo esperar, pero de  mí misma, al permanecer en ese lugar. Me he creído omnipotente. Por suerte, hace unos diez años me enteré, con mucha claridad y no menos dolor, de mis límites. Se produjeron cambios y movimientos en mí entonces y pude escucharme,  entender que lo que hago puede tener consecuencias no agradables para otros y para mí misma. Vos querés algo de los otros y también querés dar. Y en ese dar sentís que estás presente. Pero, por ahí, el otro no necesita nada de vos o lo que le das no le sirve.

Spinoza dice que somos “omnipotentes imaginarios” ¿Cómo será eso en el teatro?

Pat Steir.
Pat Steir.

“Valeria radioactiva” desarrolla un poco ese tema. En la obra, una frase dice que la realidad es indiferente a nuestra existencia. En cambio, la imaginación es radioactiva. Me interesa mucho el campo imaginario de los actores. Cada vez más aprecio a un actor o a una actriz, más allá de lo expresivo o de cómo me pueda convocar, por lo que veo que es su cabeza, aquello de lo que se ha nutrido, sus asociaciones más allá de lo biográfico. Una vez, estábamos haciendo una improvisación con mis alumnos, donde el personaje iba a un bar en Las Cañitas. Un alumno actuaba que le pedía  al mozo “Traeme un vino sin soda”. ¡Claro! Él le decía al mozo de ese bar: “el que está acá soy yo y no otro”. Creo que la gran potencia del teatro es el imaginario. Me gusta mucho -y creo que eso es garantía de verosímil- saber adónde está mi cabeza mientras actúo. Trato de hacer el viaje que hace el espectador o hacer mi viaje. Si no lo hago, no disfruto la función. Cuando digo “Había sol” miro para arriba y, en mi cabeza, aparece ese sol. Eso es el placer actoral para mí, una cosa de energía, de exposición, de disfrute en esa exposición. Es como un viaje lisérgico que también produce efectos atmosféricos en el que mira. Y ahí entra el tema de las imágenes. Norman también lo entiende así. Bartís, también. Nombrabas a Spinoza, él decía “No deseamos las cosas porque son buenas, sino que son buenas porque las deseamos” y “me abstengo de cometer crímenes porque eso no corresponde a mi naturaleza singular”. La idea de que alguien vinculado a lo religioso hable de que no mataba, no por una cuestión moral, sino porque no correspondía a su naturaleza, a su ética, para mí fue muy liberadora. Porque, en esta idea de la transformación, de hacer para el otro, yo me preguntaba cómo tenía que modificarme para encajar en un lugar de actriz, de enamorada o de lo que fuera. Tardé en entender que no tenía que encajar en ningún lado o que -casi al revés- tenía que desarrollar mis potencias para sumarle al mundo otra cosa. Pero, bueno, son procesos dolorosos.

 

PSICODELIA DEL AGUA

 

                                   “Barcos sobre el agua natal/Agua negra, animal de olvido. Agua lila, única vigilia. /El misterio soleado de las voces en el parque. Oh, tan antiguo.”
Alejandra Pizarnik

Dijiste en alguna entrevista que Briski te hablaba bastante del ensueño. Este número de nuestra revista tiene como tema “claroscuros”, ¿cómo te resuena esta palabra?

Creo que la apertura hace mucho al trabajo del artista. Spinetta decía, en un tema, “Tengo que aprender a volar entre tanta gente de a pie”. Pienso en el agua, que no tiene bordes y se va acomodando. La ensoñación es el lugar imaginario que el teatro convoca todo el tiempo. Me hace vivir lo áspero de lo real de una manera mucho más linda, me permite tomar en cuenta esos pequeños detalles que hacen que vos pases el día un poquito mejor. Por ejemplo, dónde nos encontramos a tomar un café o el procurarse estímulos de calidad: eso tiene que ver con lo ensoñado. Es una psicodelia que a mí me  ha permitido el teatro. Yo no he tenido vínculo ninguno con las drogas o el alcohol.  Por supuesto, entiendo que para otros esos sean estímulos para esos pequeños viajes. Ahora, para volver a la pregunta, incorporar las zonas oscuras de cada uno también es parte del trabajo de la actuación. El teatro lo habilita todo. No importa si llegaste cansado o si te pasó algo fuerte en el camino. La escena que hagas va a tomar eso que viviste durante el día y va a poder filtrarlo. Esa es la nobleza del teatro: vos tenés que poner el cuerpo y, quizás, ese cansancio haga que vos digas de una manera más interesante una letra. El teatro legitima toda la complejidad de lo humano. Por eso, también, lo singular de cada función. A veces pienso en alguien que viene al teatro por primera vez y justo esa función no le gusta. Me da pena imaginar que esa persona piense que el teatro no tiene nada para ella. Siento que tengo que vivir una ceremonia con los demás, estar presente ahí. Como actriz, hacer el honor a ese espacio, que alguien que presencie la actuación sienta que actuar es interesante. Actuar no es pararte y hablar ni hacerte el canchero o que alguien diga que sos más linda o más fea ¿A quién le puede estimular eso? Creo que eso paraliza al que mira, lo inhibe, quizás lo hace estar fascinado por alguien: “¡Qué divino que es! ¡qué lejano!”

¿Cómo enfrentás la situación, cuando quieren llevarte a ese lugar?

No es fácil. A veces quieren llevarte a eso personas que vos querés. Y, entonces, me distancio, es medio tristón… Yo soy muy de hablar, de decir lo que pienso en las famosas ‘devoluciones’, por ejemplo. Lo que tiene el teatro es la capacidad de revancha, eso no te lo da el cine. A la función siguiente, el actor puede pensar en lo que le han señalado en la actuación anterior.

¿El cuerpo piensa?

María Onetto. Fotografía: Diego Grispo.
María Onetto. Fotografía: Diego Grispo.

¡Ah!, ¡Están re Spinoza! Sí, creo que el cuerpo piensa. Hace un rato les contaba del momento en que entendí mis límites. Justamente, allí mi cuerpo pensó por sobre mi cabeza y por sobre mi voluntad y mi corazón. Y me detuvo. Estoy interesada en que el cuerpo no esté vencido. Más allá de la actuación creo, en general, que el cuerpo debe emitir. Si el cuerpo de un actor está entrenado, pensado, conectado, traduce lo que imagina.  Estoy interesada en ver cuerpos vibrantes, en la vida lo siento. No entiendo cómo se vinculan con el vivir los cuerpos vencidos. Y no hablo de las formas, de lo gordo o lo flaco que seas, sino de tu capacidad de emisión. Briski, por ejemplo, es un cuerpo parlante: pesca, nada, hace unas caminatas por la reserva ecológica a la manera griega, se junta ahí con veinte personas y discuten sobre distintos temas.  Y eso está bueno, eso es un cuerpo emisor. Mirá, a raíz de “La mujer sin cabeza”, trabajé mucho sobre qué hacer con mi cuerpo, dónde ponerlo en una agenda, qué ejercicios haría, dónde poner mi dinero para él. Porque vos podés tener lindas ideas, pero estas necesitan su base material. Me di cuenta de que podía conectar con el cuerpo, mucho mejor al aire libre que en una clase encerrada. Eso me ayudó mucho. Creo que nos pasa a todos que, al terminar una clase o una actividad física, pensamos otras cosas, o pensamos distinto que antes. Se aparecen ideas, la palabra se estimula por el cuerpo. Como que el trabajo con el físico resuelve ciertos asuntos. Así que el cuerpo piensa, sí. Muchas veces el cuerpo hace algo que te salva o te orienta cuando tu cabeza no puede resolver una situación. Bartís, por ejemplo, en  la primera clase te decía: raf,360x360,075,t,fafafa_ca443f4786“Buscá ir de afuera hacia adentro”. O sea, no es que voy a actuar la tristeza y entonces me pongo de tal modo. Me pongo de tal modo y entonces voy a actuar la tristeza. Esto, por su oposición a la idea más naturalista del teatro. Yo después fui haciendo una síntesis de estas ideas, pero había cosas en relación a lo formal que eran muy potentes. Mirá, yo tengo graves problemas con mi coquetería. Graves. No podría estar una hora secándome el pelo, por ejemplo. Pero me doy cuenta, en estos tiempos que son tan visuales, cómo cambian las cosas cuando uno piensa -aunque sea un poco- en eso. Para mí es un esfuerzo, pero vale la pena: si vine con este tapado, pienso unas cosas. Si venía con la campera, pensaba distinto. Imaginate lo que sucede por ejemplo, con los vestuarios de Renata Schussheim…

 

AGUA  VA, AGUA DA

“Si tú eres un espejismo/ ¿quién se observa en el reflejo/resplandeciente del agua?/¿un capricho escondido/de la luz y de la sombra?”
“Espejismo”, Ángel Darío Carrero
                                              

Los objetos son importantes también, ¿no?

Pat Steir.
Pat Steir.

Sí. Yo me pienso como la sustancia más importante, en tanto actriz. Pero, hay momentos en que me pongo por debajo de esa luz, de ese sonido o de esas palabras, porque son protagonistas. En la actuación se da más una idea de desaparecer que la de ser otro. Una idea de no ser que permita cobrar vida a otro asunto. Y, así, mi presencia se realiza porque, justamente, me retiré. Así me pienso también. Cuando el actor está todo el tiempo informando “Acá estoy”, tiene que ser muy capo para que el espectador piense “Qué suerte que está acá”.

Eso de perderse, como ejercicio de libertad, ¿qué riesgos implica?

Yo encuentro una satisfacción energética y primitiva en eso. Un soltarme que, encima, me une a los demás. Vos te has corrido, y eso no es sencillo. Es una gran función aquella en la que conseguís perderte y, a la vez, haber estado ahí. Lo disfruto mucho y me parece que también colaboro con la idea de que la actuación no es – o no solamente- una actividad narcisista.

Me recuerda a una frase de Antonio  Di Benedetto y su objetismo. En uno de sus cuentos dice: “Una taza asciende hacia unos ojos”.

María Onetto. Fotografía: Diego Grispo.
María Onetto. Fotografía: Diego Grispo.

Qué bueno eso.  Mirá, con esto de los objetos, pensaba en la naturaleza… Yo no soy completamente urbana, intenté vivir en la naturaleza, pero no me salió del todo. Sin embargo, el agua y todo lo natural dan cosas. Lo que tenés que hacer es correrte y componer con eso que es muy dador. En estas épocas, en que cuesta conectarse con el otro, en que a veces no tenés el tiempo para estar, escuchar, interesarte, o que hay quizás tiempo pero no afinidad, yo me he sentido muy contenida por la naturaleza.

¿Esa relación podría llamarse amor?

Podría, pero yo siento que a la naturaleza le doy menos que lo que ella me da a mí. Me parece que el amor -y esto lo entendí a golpes- es reciprocidad. Antes yo era una maquinita de cubrir vacíos, de imaginar mucho, de imaginar lo que no estaba. Y, en eso, me ayudó mucho el feminismo, porque en esa conducta mía hay algo patriarcal: hay un estereotipo del comportamiento masculino, una fobia, una defensa, un falocentrismo. La famosa frase “Bueno, estoy trabajando”… Ahora me da mucho por observar, saber por qué me atrae esta persona, cómo es en los hechos, además de en sus palabras, entender si la persona no quiere o no puede negociar ciertas cosas. En fin, la reciprocidad. A la vez, en otros asuntos que no sean del amor erótico, te trato como vos me tratás, te doy lo que vos me das. Eso también implica la responsabilidad de asumir que, si doy poco, me van a dar poco también. No es fácil cuantificar, claro. Con Briski, por ejemplo: él dirigió “Potestad” de una manera muy particular. Nos juntábamos, lo filmaban y yo veía los videos donde él estaba haciendo sus marcas. Después, nos juntábamos. Esa es la manera en que él eligió dirigir: yo soy la actriz que lo va actuar y no me alcanzaba con encontrarme a ensayar dos veces por semana. Pero eso lo tuve que resolver yo, no me lo va a resolver él.  Yo comprendí  y esa fue, en todo caso, nuestra reciprocidad. No es que él se desentendiera. Por el contrario: él veía el resultado de mi ejercitación con la coach contratada para el teatro noh y, a la vez, estuvo muy presente a nivel contención. Un día yo tuve una crisis, pensaba que mi trabajo estaba mal. No lo conocía a Briski, como director, tampoco había sido su alumna. Hay muchas maneras en que un director puede colocarse frente al fenómeno del actor que expresa su crisis. Norman paró el ensayo, me escuchó y, al otro día, me llamó para preguntarme cómo estaba. Ese seguimiento, ese ocuparse, no le he tenido siempre de los directores.

¿Esto influyó en esta puesta de “Potestad”?

Sí, porque yo actúo para la dirección. Además, si bien la gente de “Caras y Caretas” quería hacer un texto de Pavlovsky, todas las decisiones las tomó Norman. Y, si él me marcaba alguna cosa, yo la modificaba de acuerdo a esa marca. Esto se da cuando respetás al director. Es muy triste y no sé cómo se hace para actuar sin respetar al director o a la directora en una obra.

 

AGUA TEJIDA

 

                                   Nadie sabe si vuelan o navegan, /Si ante su luz el aire es mar o llama. /Tejidas de alas son flores del agua, /Arrecifes de instantes, red de espuma.”
“Nubes”, José Emilio Pacheco


A pesar de que el personaje de “Potestad” da pistas de ser muy disciplinado, rígido- esto acentuado por los movimientos del teatro noh – ,  genera empatía ¿Por qué creés que pasa esto?

Tiene que ver con la complejidad de lo humano. Ese hombre está sufriendo. Es un monstruo y además un mediocre. Tiene una ideología que repite, pero no piensa. Es un explotado y a la vez no deja de ser un padre y un tipo que busca salvar su matrimonio. Cuando se estrenó por primera vez, fue en un momento muy delicado: año 85, hacía apenas dos años del regreso de la democracia. Las Abuelas decían que, en algún momento de la obra, debía incluirse una condena a la apropiación, para no justificar ni perdonar al apropiador. Sin embargo, vos podés empatizar con las situaciones y, aun así, seguir condenándolas. Y no sólo eso, la obra pone en juego que nosotros -y vuelvo a Spinoza- tenemos un valor como personas porque decidimos éticamente que esos monstruos no componen con nuestra naturaleza.

Lara Zankoul.
Lara Zankoul.

¿Pensás que siempre somos libres para decidir?

Hay condiciones. El capitalismo hace que esa libertad esté condicionada. El principal factor es el endiosamiento del dinero. Me ocupé bastante en pensar cómo iba a manejarme con el dinero para no caer en situaciones sin sentido, por lo menos, en la profesión. Tengo una madre de noventa y seis años a la que hay que sostener económicamente y asistirla. Me ocupé de pensar en cómo colocarme, junto con mi hermana, en relación a atender a una mujer que no está viviendo una vida que a ella le interese, pero que está viva en el planeta Tierra. Y yo quiero atenderla y que esté bien. Y, a la vez, todo es carísimo. Estos quilombos son dilemas morales también. La sociedad tiene que empezar a pensar en lo longevo. Hay mucha gente con cien años o poco más de edad, con pequeñas demencias o situaciones leves, para las cuales no hay actividades pensadas, no hay estímulos.

Es una decisión ética, como aquella de la que hablábamos en relación al personaje de Potestad, con quien y a pesar de todo, se puede empatizar.

Claro. Me parece que esa situación ética, esa complejidad, la vemos en la discusión sobre la corrupción y las justificaciones o explicaciones políticas al respecto. Lo vemos cómo naturalizan este fenómeno con la cuestión de los estímulos. Pero: ¿por qué hay corrupción?, ¿por qué las personas necesitamos tener una ventaja?, ¿no podría tener otro nombre esa situación? En tren de pensar, puedo pensarlo todo y decir “Mirá, si una persona te da plata de más para que vos le otorgues una obra, entonces, no saques las obras a concurso, ¿para qué  hacer que distintas personas se presenten con sus proyectos si ya se sabe quién va a ganar?” Hay una frase horrible, que es “El que avisa no traiciona”. Pienso en quienes quieren ganar tanta plata, ¿por qué?, ¿se dan cuenta de lo que están haciendo? Me hace acordar a lo del telar de la abundancia, ¡ahora resulta que todas son unas estafadoras! ¡No! No tenían la menor idea de lo que estaban haciendo, no se sentaron a pensarlo, creían que iban a beneficiar a muchos. Alguien empezó a advertirles a que abrieran un poco la cabeza y ahí recién entendieron. Pero las situación se presenta como que si todas las que participaron del “Telar” fueran quién sabe qué cosa. la ignorancia es tremenda. Me parece que las personas podríamos inventar muchos sistemas que, en general, nos nos opriman.

 

Pat Steir.
Pat Steir.

REGAR EL DESEO

 

“(…) habías creído tu propio cuento/y ahora las voces te rodean en el insomnio de tu vocabulario/esa voz que no inventó ninguno/que se hizo a sí misma con el tejido de las luchas de siempre/en los bares y en los subtes y en la luz de las crueles provincias las voces ya no te abandonan”
“Esas voces”, Jorge Alemán

 

¿Hay mecanismos nuevos para capturar el imaginario?

María Onetto. Fotografía: Diego Grispo.
María Onetto. Fotografía: Diego Grispo.

Mirá, la otra vez veía una foto de una confitería en el año 1905, donde todas las personas estaban con el diario en la mano. En paralelo, una foto actual: todas las personas con el celular. No ha cambiado nada. Hay una idea de aislamiento: me levanté, estoy despierto, no hay nada a mi alrededor que me interese, leo un libro, veo una película… No me parece mal en sí.

El tema es cómo te captura eso de durar. Hay un modo, el que proponen las series- otra temporada, otro episodio- contrario  a la condensación ofrecida por el teatro o  por un poema.

Sí. La diferencia también está en su calidad. Yo no veo series, nunca vi una. Pero, ¿cómo te enterás si alguna tiene calidad? Viéndola. Bueno, estás capturado, ¿un ser capturado puede hacer el movimiento de pensar en sí mismo? Por ahí, no. En ese vacío, esa persona debería recibir un estímulo muy particular para que, en todo caso, pueda decirse  “¿Por qué, en vez de estar acá, no voy a ayudar a gente que lo necesite?, ¿por qué no puedo parar? ”Además, los celulares tienen todo un diseño roba-tiempos. Pero, bueno, también hay unos sistemas parecidos a los timers de las cocinas. Lo ponés en la computadora y suenan para que largues. Después, hay que ver si cumplís. Pero te van desgastando tu tiempo.

¿Qué es lo poético para vos?

Buena pregunta… Diría que es un estado que yo quiero que ocupe un lugar importante en mi vida. Un estado formado de elementos de lo real, pero que da un salto, se separa de eso y está sostenido por elementos sensoriales: lo que veo, lo que escucho, lo que vivo. Es la pequeña salvación existencial que tenemos. Siento que la poesía es liberación, en un poema o en una película o en otra creación artística. En las series, no hay algo poético, hay puro relato, pura narración, no hay contemplación, no hay sensorialidad, no hay idea de no entendimiento. Lo poético tiene efecto liberador para uno y también lo tiene cuando uno se lo da a los demás. Es un estado de correrse, de hacerse presente desde ese lugar de retiro, de vacío. No tiene contra. Por ahí no suma rating, es más bien del orden de lo outsider, pero es una de las cosas más anticapitalistas que hay, de las más transgresoras.  A la vez, está bien así, si fuera algo demasiado masivo, no sé si seguiría funcionando del mismo modo. Aunque también es parte del trabajo del artista sembrar ese deseo. Lo grave es ni saber que existe esa posibilidad de lo poético en vos o ni conocer los efectos que eso puede tener. Como te demanda un pequeño esfuerzo y querés entender, no lo sentís. Porque ese es un gran problema, el querer entender todo el tiempo. Todo sería hermoso si nos diéramos la posibilidad de tener mundos poéticos, aun en lugares horribles como en los que vivimos, y que esto no tenga que ver con el cuelgue, sino con estar presentes de manera diferente. Sería bueno no pretender que todo esté abrochado a un único sentido, productivo o rendidor.

Un combate contra el hastío.

Sí. Y está buenísimo. No tiene un para qué y es para nada y para todo a la vez. De pronto te trae enormes consecuencias en cómo tomás el café con leche, cómo pagás en el Rapipago, o en cómo creás estas situaciones y cómo se las das a los demás. Hace dos años empecé a leer un montón de poesía. Me gusta Sharon Olds, una norteamericana. Me gusta mucho Fabián Casas, también. Te digo: me hago el día. Leo dos poemas y ya estoy.

María Onetto con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.
María Onetto con el Anartista. Fotografía: Diego Grispo.

 




LA CASA DE LA LUZ

Claroscuros: Entrevista a Hernán Ronsino

Entrevista: Estela Colángelo, Vivana García Arribas, Lourdes Landeira, Isabel D´Amico, Adriana Valletta, Pablo Soprano, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman
Fotografía: Ana Blayer

 

“Una disposición determinada de las ventanas en las habitaciones. Una determinada luz velada por encima de todo. Un signo del cielo.”
“El navío night”, Marguerite Duras

 

Ni bien entra ya tiene que despejar arbustos, orillas, hierbajos. No hay forma. En esta casa, todo el mundo deja tirado el río por cualquier parte. Por no hablar de esa obstinación con el chucuchu chucuchu. Hace tiempo dejó de pedir que bajaran el volumen. En cierto momento, comprendió una cuestión evidente para el resto de los huéspedes: es imposible bajar el sonido de un tren. Entonces, sorteado el paisaje de la entrada, espera en su plataforma y después cruza. Para llegar al cuartito del fondo- el que más le gusta- hay que atravesar capas y capas de tiempo. Algunas son densas y penumbrosas. En otras, la luz irrumpe como una silueta en medio de la ausencia y despunta la ronda del mate. Andar por esta casa requiere una cierta audacia para las cartografías instantáneas. Detrás de una puerta, pueden acechar los contornos de un molino sin molino, una olla humeante en busca de un antiguo sabor, un pulso de las horas rebelado del hastío en un viejo reloj.

Pero estas irrupciones no son nada comparadas con los tesoros del fondo. Allí, dispersas entre alturas del amanecer y baches del ocaso, espera la herrumbre parlanchina de una herramienta hace tiempo fuera de uso. Más lejos, un par de estacas sin rumbo buscan un suelo amable, desde donde despuntar. Hay también una lona, dos lonas, la superposición de tres miradas, la cicatriz a medio suturar de una pierna mutilada, un cuadro profundo, negro y un exilio de la luz. Bien atrás, una música intenta acomodar sus contornos a las formas del paisaje. Un sombra. Una fractura. Y, al final, un esplendor. Otra casa. Otra casa dentro de la casa. Una casa inconclusa en medio de un camino desierto. Ni bien se aproxima, ella sale al encuentro y lo bienviene. La luz, buena anfitriona, prepara el territorio. Suena un tren de ida su eco de un regreso. Mientras, nosotros apuramos nuestra llegada, nos colamos por la ventana de alguna lectura y nos disponemos a un momento amigo. Así conversamos con Hernán Ronsino.

 

Miguel D´Arienzo. "Cielo de Padova. Tierras y aguas de Luján.
Miguel D´Arienzo. “Cielo de Padova. Tierras y aguas de Luján.

 


MILHOJAS

 

                                   En la capa más densa de pintura, /En la vena que en el cuerpo más nos sonde, /En la palabra que diga más blandura, /En la raíz que más baje, más esconda.”
“Intimidad”, José Saramago


En tus novelas aparecen muchísimo los restos. Los hay de dos tipos: por un lado, los que son residuo, lo que queda de algo que alguna vez fue entero. Luego, hay restos sobreabundantes, cosas inconclusas que crecen en abandono, como una casa a medio camino entre tu pueblo y La Plata:
Ese misterio fue acentuándose en el tiempo con la permanencia del abandono: con la invasión de pastizales, con el color que fueron tomando las paredes, esas manchas de musgo, esa oscuridad –que todavía hoy se ve junto a la ruta– pintada como un cuadro negro y recargado.”

Esa casa aún sigue ahí. Hay una forma del abandono que vive ahí, perdura y evoca cosas. Un abandono que tiene una memoria.

Como en “Febrero”, donde hablás de restos de adolescencia.

Hernán Ronsino. Fotografía: Ana Blayer.
Hernán Ronsino. Fotografía: Ana Blayer.

Sí. O el tren que desaparece y deja huellas, las cicatrices. Es un tema que aparece en casi todo lo que escribí, incluso en “Cameron”, donde podría pensarse que transcurre en un escenario nuevo, distinto. Pero, en el fondo, no cambia mucho.

Hay otros restos interesantes. Son más bien partes, mutilaciones, piernas mutiladas. Como en “Cameron”:Quedarse sin pierna era quedarse sin la pierna belga, la que se adhiere con una intervención quirúrgica al hueso. Y se vuelve irremplazable.”

En algún lugar me fue marcando la reaparición de las mutilaciones, las piernas… Hace poco un amigo hizo una lectura de “Cameron” y me señalaba que, en “Madame Bovary”, de Flaubert, también aparece una amputación. Y esa temática no sólo constituye y atraviesa los cuerpos, sino también a los territorios. Hay algo que me interesa mucho de esa dinámica. Pienso al territorio como a una materialidad. Si fuera pintor, me gustaría trabajar con muchas capas. Estoy lejos del dibujo y la pintura, no puedo siquiera dibujar, pero mis dos hermanos y mi padre son artistas plásticos y trabajan con una densidad en capas, de mucha intensidad. Agregale a eso, que mi vieja se llama Mafalda y mi destino era la plástica, pero no puedo pasar de la casita con la chimenea que echa humo.

Sin embargo, te arreglaste para resolver lo plástico en la escritura.

Estoy trabajando en una novela, “Una música”, que me generó mucha dificultad para ubicarme. Pero -al menos, por ahora- algo se despejó cuando resolví el espacio, el territorio donde se va a contar la historia.

¿Eso pasó mientras escribías?

 Georges Braque.
Georges Braque.

Sí. En el proceso de escritura. Esta novela la empecé hace como tres años. Tenía una primera versión, me faltaba muy poquito para terminarla. En el medio apareció “Cameron”, que escribí de un tirón. Cuando volví a “Una música” ya no podía seguir con ella, no me pasaba nada. O la dejaba o tenía que empezar una historia nueva. Ahí fue que reformulé el espacio, el territorio, y la escritura volvió a tomar fuerza. Quedaron algunos personajes, pero tuve que modificar todo lo demás. Cambió el gran eje que articulaba toda la narración. O, digamos, lo encontré.

¿Cuál era ese territorio?

Sucedía todo en Buenos Aires, en Boedo, y me despegué de ahí. Esa materialidad necesitaba una perspectiva distinta y tres elementos: una zona que no  fuera híper urbana, aunque tampoco campo, un río –o, al menos, una forma de río en las cercanías-, y el ferrocarril. Eso me terminó de dar un impulso para escribir desde allí.

 

 

EN TREN DE LLEGAR AL RÍO

 

                                    “Era un país de mármol con ríos de leche oscura y barcos de oro fino. El muro esmaltado del cielo estallaba en tréboles ardientes. Una luz espesa como sangre llenaba las cosas y las almas.”
Fragmentos fantásticos”,  Miguel Ángel Bustos

Nombrás tres cosas que habíamos marcado en nuestras lecturas: el río, el tren y el estar en ruta. Es interesante como las vinculás al ritmo y al vacío.

André Derain.
André Derain.

Es como una especie de frontera, ¿no? Un borde que está rondando algo. Hay una indefinición y, al mismo tiempo, una promesa de ir hacia un destino. Un viaje. Y esos alrededores me interesaron siempre en la conformación de los espacios. Me agobiaba un poco pensar la escritura desde Boedo, con todo respeto por ese barrio. Estaba trabajando en un espacio alrededor de la autopista y con los migrantes africanos que andaban por ahí. Pero me costaba mucho insertarlos en la trama. Igual, más allá de este caso, es fuerte la materialidad del espacio y hay también algo de restos y bordes que no son un trasfondo o un contexto nomás, son tan fuertes como los personajes.

Parecería que tu paisaje son también las casas. Aparecen muchas, como cajas de resonancia de voces, olores, cosas no táctiles. Dice en “Cameron”:Las palabras o mi voz se estiran y rebotan en toda la casa entremezclándose repetidas. Es una palabra que se multiplica en el vacío de las habitaciones. ¿Las palabras retumban?”

Sí. Los sonidos despiertan algo en los personajes y, al mismo tiempo, despiertan la escritura. La materialidad funcionaría entonces a partir de una superposición de capas y de planos, del recuerdo, la evocación, y del encuentro con los otros.

 

 

SÚBITAMENTE, UNA CASA

 “No hay antecedente ni pared que sostenga el caos, /el espiral de la frontera enjabonada/
Todo es inicio, una y otra vez. /La piel – la voz – los sentidos, /desmembrados y al unísono.”
“Plenitud”, Sergio Sarachu

Leímos en “Lumbre”: “La busco, a la sombra, en esos días interminables que Hélene pasa sin hablar. Y es ahí, en esos días, cuando la espero; espero, si es que existe, que la sombra irrumpa, de una vez por todas, desde la profundidad de una infancia desoladora, entre las grietas del silencio. Que asome su rostro de sombra.”

¿Pensás que lo que irrumpe, que refiere -como casi todo- a la memoria, es realmente repentino y sorpresivo o también es el final de un camino que, de pronto, anidó?

Hernán Ronsino. Fotografía: Ana Blayer.
Hernán Ronsino. Fotografía: Ana Blayer.

Hay momentos, escenas que no tenés pensadas, aparecen para desatar un nudo previo. La escritura es enfrentarte ante un enigma y resolverlo. A veces doy talleres y planteo que, cuando uno está angustiado ante un texto, es porque va bien, va por buen camino. Es ahí donde hay que seguir trabajando, hay un desafío a resolver. Esa insistencia es clave, es parte de un trabajo que, poco a poco, amasa algo. Después, de algún modo y a veces, eso coagula en una escena que te sorprende.

¿Y cómo sucede o sucedería el poema?

Me encantaría escribir buenos poemas, pero le tengo mucho respeto, no me siento seguro. Tengo dos o tres y se los mostré a poca gente. Un amigo me dijo “¡Es fácil!, es como todo finito y para abajo”. También me pasa que, cuando me meto en una novela, me cuesta desdoblarme y pensar un cuento u otra cosa. Y siento que al poema lo pensaría en serie, nunca en singular.

Esto de pensar la poesía como libro es bien de un narrador.

André Mason.
André Mason.

Bueno, es un poco como lo que escribo en “Notas de campo”: “Cuando sea viejo quiero escribir un libro de poemas que se llame Hoteles de provincia”, podría ser algo así, una serie.

Sin embargo, trabajás mucho lo poético.

Para mí, lo poético es un destino en el proceso de escritura, es lo que tiende a dar por terminado un texto cuando algo de esa poética -que uno no sabe muy bien qué es, pero siente que hay una aproximación- , por fin, aparece. Tiene que ver con un movimiento de las frases, con una condensación de ciertas imágenes. La imagen tiene una búsqueda: que el texto pueda estar habitado por ciertas improntas.

De una casa, por ejemplo.

Habitado como una casa, sí. Como mi viejo es un gran lector, yo le muestro algo y confío mucho en él. Me deja muy tranquilo cuando, después de leerlo, me dice “lo vi todo”.

 

¡LIBEREN AL SONÁMBULO!

                                                “Nosotros, hijos del futuro, sonámbulos del día, los que aún vivimos, aún pensamos, aún tenemos que vivir, tenemos que pensar, tenemos que vivir y vivir peligrosamente con voluntad de eternizar, tomando por asalto el cielo, bajo la sombra, tras el sol.”
“Ecce Homo”, Federico Nietzsche

¿Tu familia conoció el esplendor industrial de Chivilcoy?

Martine Woellet. "Place des magnans".
Martine Woellet. “Place des magnans”.

Mi viejo tuvo un taller de autos. Mi abuelo trabajó en varias fábricas. Hemos vivido esas épocas y, cuando vos vas a Chivilcoy cada tanto, ves cómo fue cayendo todo. Hasta el circo “Papelito” cayó. Ana María Shúa tiene un libro en el que inventa circos imaginarios y recupera algunos de los que existieron. Entre ellos, nombra a “Papelito”. Yo siento que todas esas novelas que hablan del pueblo tienen, como un sustrato de la estructura, a mi experiencia en Chivilcoy traducida en la ficción. El cambio espacial y territorial en mi nueva novela expresa, creo, la necesidad de volver un poco a aquello.

Hay una frase muy potente en “Lumbre”: “Ser extranjero no es una cuestión de lenguas y territorios. Ser extranjero es estar lejos de tu propio deseo”. Cuando te conocí eras un escritor menos conocido y ahora. Luego de varios libros, tiene mucho más valor el hecho de asumir que escribirás lo que necesites en el tiempo que eso te lleve -así sean dos años- para reescribir una novela. ¿Hay un trabajo ético allí?

Hernán Ronsino. Fotografía: Ana Blayer.
Hernán Ronsino. Fotografía: Ana Blayer.

Es lindo eso para el trabajo en la escritura. No para transmitir un mensaje ético, claro, sino para una conducta en el proceso artesanal de respetar tus herramientas y tus tiempos para la obra. A veces, por ponerse muy crítico o por no poder ver qué sale- porque todos ponemos a nuestros propios fantasmas como lente de lectura-, uno es el peor enemigo de sus textos. Juan Villoro dice que, cuando uno escribe, pasa por una primera etapa de sonámbulo: anda, deambula desprolijamente, camina sobre los mismos lugares que anduvo. Ahí sale el deseo. En una segunda instancia, más racional y crítica, uno lee en relación con una tradición: en contacto con tus contemporáneos y con lo que querés decir. Eso es la revisión, la reescritura, lo que acomoda el texto. A veces, la parte racional asfixia al sonámbulo o lo encierra en una piecita. Puede pasar lo contrario, pero ya hablaríamos de otras patologías, ¿no? Tiene que haber un equilibrio y eso se puede resolver con la lectura de pares antes de publicar, es importante confiar en la mirada del otro.

La lealtad a los tiempos, al deseo, es también un tipo de coraje. Sobre todo, cuando la editorial te dice que el libro tiene que salir para tal fecha.

 Georges Braque.
Georges Braque.

El coraje es sostener lo que te gusta y poder hacer que conviva con el resto de las cosas en tus días. El coraje es darte el tiempo para poder hacerlo, darle su importancia. Es interesante pensar al coraje y a la ética, como actitudes para sostener aquello que a uno le interesa en la vida. Después, tu obra puede ser buena o mala, eso es otro tema. También está el asunto de las editoriales: uno elige dónde y con quién quiere estar, o bajo qué condiciones. Me gusta pensar en la posibilidad de construir unas ciertas condiciones de producción que te permitan desarrollar lo que vos querés. Llegar a eso que haga posible tener momentos de alegría, de intensidad en autonomía. Eso me parece lo más parecido a la felicidad.

A veces aparecen las condiciones y se vuelve peor. Las vacaciones, por ejemplo.

Bueno, yo me refiero a tener dos o tres horas por día, para poder conectarme de verdad con la escritura. No pienso en ser Vargas Llosa, un tipo que escribe de nueve de la mañana a seis de la tarde, con un corte para el almuerzo. Onetti decía que él tenía una relación de amante con la escritura, mientras que Vargas Llosa estaba casado con ella.

 

NO ME MIRES MÁS, MARGUERITE

 

Yo la onda en mí nadando. /Y tú el sol y la sal /Y en los labios el caudal/ Del rumor meciendo el juego. /Yo el pájaro y el cielo /azul cruzando su vuelo, /Como el alma atiza el fuego.”
“Hospes comesque”, Marguerite Yourcenar


En una entrevista decías
: La docencia es una puesta en escena. Me gusta compararla con la escritura. Cada clase es única e irrepetible.” 

Roberto Matta.
Roberto Matta.

Ser escritor es una puesta en escena. En un libro hermoso, Eduardo Halfon, un guatemalteco que les recomiendo, cuenta que lo invitaban a dar charlas en escuelas y en otros lugares. Él sentía que se repetía en cada presentación, porque ser escritor -contar cómo es la cuestión de la escritura-, requiere una puesta. Al escribir, no. Sólo trabajás con el artificio. Entonces él concluye que no es lo mismo ser escritor que escribir. En esa diferencia hay una gran distancia. Miren: yo tuve la suerte de ir a una residencia en el norte de Francia, en la casa de Marguerite Yourcenar, en medio del campo. La casa estaba a un kilómetro de la frontera, entre Bélgica y Francia. Sólo había cerca un lugar que vendía tabaco y whisky, nada más. Lo único que yo podía hacer era caminar hasta el primer pueblito belga, como a cinco kilómetros. Era un lugar tan marcado por la Primera Guerra Mundial que, en su plaza central, tenía la iglesia y el cementerio. Estuve un mes en ese palacete, con cocinera a disposición. Yo me sentía como sapo de otro pozo, como caballo arriba del techo, perdido. No sabía qué hacer… Tenía una súper biblioteca y todo lo que quería. Pero no pude escribir nada.

Un clima muy artificial y, encima, no tenías tren ni movimiento…

Sergio Vizcarra.
Sergio Vizcarra.

Éramos tres: un escritor turco, una escritora francesa y yo. Ninguno de los tres escribió nada. En mi caso, la escritura necesita condiciones relacionadas con el caos, el ritmo, los conflictos de lo cotidiano. Nunca hablo de un estado de perfección. La perfección estaba ahí, en la casa de Marguerite Yourcenar, que me miraba desde un cuadro, como diciéndome “¡Te viniste hasta acá y no estás escribiendo nada!”.

 

 

 

LAS FORMAS DEL VACÍO

 

“Hay una repetición en la muerte. También la casa, cuando todos ellos estaban en la tierra, permanecía abierta, y con los días festivos hasta el humo de la chimenea despachaba limpieza. Ahora que la muerte recata la puerta y la entreabre sólo, todos duermen la siesta campesina.”
De “la siesta del domingo”, Arnaldo Calveyra

En tus textos los objetos están muy llenos de memoria y son muy pregnantes: los libros, pedazos de paredes untan los cuerpos…

Hernán Ronsino. Fotografía: Ana Blayer.
Hernán Ronsino. Fotografía: Ana Blayer.

Bueno, al personaje de “Lumbre” lo pensé como a alguien que vuelve a su pueblo. Ahí, la memoria se despierta no sólo en el encuentro con otro, sino también en cada rincón de la ciudad. En ese sentido, creo que es una novela, donde a mi experiencia pueblerina no la enmascaré tanto como en otros textos. Si bien no es un personaje autobiográfico, sí es autobiográfica la sensación que se va despertando a medida que uno regresa a ese territorio de la infancia. A la vez, hay objetos-referencias que desaparecen con el tiempo, como ese molino que se derrumbó y, en su lugar, queda un vacío. Esa ausencia marca que algo del personaje también desapareció.  En “Cameron”, me parece que los objetos y el pasado funcionan de otra manera. Hay algo silenciado, mutilado. En relación a esto, hace muchos años hice una visita, con Martín Kohan y otros escritores, a la Ex Esma. Nos hicieron una visita guiada. Lo que más me impresionó es que ese no era un museo al estilo del museo de la Memoria que hay en Chile. Allá se construyó un edificio en un lugar donde no había pasado nada. Ahí adentro hay objetos, memoriales. En cambio, la Ex Esma es el territorio donde sucedieron los hechos, pero está vacío de objetos. Entonces, uno trabaja con la proyección personal: “Acá se torturaba”, “Acá era la maternidad”, “Acá se falsificaban documentos”. Uno no descansa en el objeto, sino en el vacío. Creo que algo de eso configura los huecos en la trama de “Cameron”. Esos silencios, esos vacíos y la ausencia de explicación, finalmente, eran elementos que andaban dándome vueltas. No lo sabía con claridad, pero estaban allí. Sí me interesaba era el contraste con “Glaxo”, porque son dos novelas que tienen un formato parecido. “Glaxo” es una especie de cuento que cierra en casi todos sus sentidos, todo tiene algún tipo de explicación. Pero “Cameron”, no. Está agujereada, atravesada como una sombra por huecos de luz.

 

HUECOS DE LA LUZ

 

                                   La luz del candelabro sugiere imprecisiones y enigmas. Tal vez por eso decido no ofrendarle esta historia a ningún héroe. Será igual que un jarro rebalsado de sidra: mitad ámbar, mitad mentira para que sea deseable.”
“Memorias impuras”, Liliana Bodoc

La luz es un gran personaje tuyo, ¿Cómo te resuena claroscuros?

Sergio Vizcarra.
Sergio Vizcarra.

La primera palabra que me viene es claraboya, porque permite entrar la luz, pero no la deja penetrar.

Hay algo admitido y algo inaprensible. Eso me recuerda a esta cita de “la descomposición”: “El tren de carga se parece a un instante, contiene el infinito del momento pero al mismo tiempo, el que ve pasar el tren de carga es consciente de su finitud”. Esto del infinito en un instante nos recuerda a Spinoza. Pero la vivencia se da en el tren, en un espacio, que es una dimensión muy protagónica en esa novela.

Interesante. Hay ahí algo de lo poético. Creo que no terminé de definir la idea de poética que me habías planteado. Esta cita que me recordás ahora me devuelve el pie. Lo poético sería, entonces, una condensación material o visual de un instante. Y pienso a la imagen también como una forma de materialidad. Para mí, un texto se cierra cuando siento ese movimiento o ese sonido que se escapa a la anécdota. Hay autores que cuentan peripecias y acontecimientos y no quieren trabajar con un ritmo. Quizás esa sea una forma de poética. Pero la que a mí me lleva es la que mantiene un equilibrio entre el hecho a narrar y un trabajo con la lengua que envuelva a ese hecho y genere otra dimensión. Dentro de ese equilibrio, termino el texto cuando algo pasa más allá de mi propia voluntad, de lo que tenía planeado.

¿Hay, en el escribir, momentos de condensación del infinito en un instante?

Sí. Y eso se puede traducir en cómo contás la escena y en hasta dónde narrás. Siempre el gran problema es hasta dónde decir. Y se resuelve como una condensación.

¿Qué hacés con esas escenitas que tenías ganas de escribir, pero te sobran cuando el texto te dice “hasta acá”?

Tengo infinidad de archivos con esos restos y con todo el material que me sirvió para pensar lo que después fue la novela.

Esos archivos son algo como esos mapas ilegítimos, que mencionasen “Notas de campo”: Me gusta pensar, entonces, que la escritura es lo más parecido a imaginar mapas ilegítimos”.

Son un poco como los mapas ilegítimos de Bruno Schulz, aunque eso lo pienso más en relación con la búsqueda, con la exploración que uno encara de zonas donde no se metió antes. Aunque, claro, después te des cuenta que escribís siempre sobre una serie de variables que se combinan, cada vez, en algo distinto.

 

ARMEMOS LA CARPITA

 

                                   “acepto el duelo y la fiesta /no he llegado /no llegaré jamás /en el centro de todo /está el poema intacto /sol ineludible”
“A media voz”, Clarice Lispector

En las condiciones de materialidad necesarias para escribir, de las que hablábamos antes, ¿cuál es el lugar que ocupan los otros?

Miguel Ronsino.
Miguel Ronsino.

Un lugar de relación, que me interesa en dos planos. En la escritura, porque las memorias subjetivas están siempre puestas en relación con otros y se modifican también en la devolución de los otros. Y, en el contexto de escritura: la lectura de los otros es fundamental, porque me hace entender dónde estoy parado, me ubica. Me gusta la idea de que, cuando uno escribe, arma una especie de carpa de circo. Tenés todos los elementos: ponés las estacas, tirás, inflás y no sabés cómo va a quedar la carpa. Necesitás otra perspectiva para ver cómo se está perfilando. Esa perspectiva te la da la mirada de los otros. Maurice Blanchot, en “El espacio literario”, decía que el escritor no puede nunca ser lector de sus propios textos, es fundamental la lectura de otros.

¿Otros, anónimos?

No. Me refiero a personas de mi entorno que leen mis textos antes de darlos a la publicación. Otros escritores, mi mujer e incluso gente que no escribe.

¿Quiénes son “los otros” en “Una música”, la novela que estás escribiendo?

Miguel Ronsino.
Miguel Ronsino.

Son personas de una clase distinta a la que pertenece el protagonista. En esta novela se da el encuentro con ese otro, con el que no te cruzás nunca. No se trata de un peligro o de un enemigo, sin embargo….

¿Y quién es, para vos, un enemigo?

Me cuesta pensar en esa clave. Es una figura muy fuerte. Desde el punto de vista político, sería un sistema más que una persona. Cuando te ponés a trabajar con la escritura, obviamente, que le das un enfoque y una intencionalidad. Las ideas de ética, de coraje o de enemigo están presentes al construir personajes, pero uno tiene que tener mucho más cuidado. Si construís un hijo de puta, no podés decirlo ni juzgarlo. Te contaba que, antes de publicar, doy mis textos a amigos que los leen. Con “Cameron” tuve discusiones con alguno de ellos, porque los comentarios eran “Al principio era un personaje tranquilo y después me sorprendió que aparezca así”. Me parece que les molestaba el haber generado un cierto vínculo de empatía con un personaje que después no les resultó tan agradable.

 

Hernán Ronsino. Fotografía: Ana Blayer.
Hernán Ronsino. Fotografía: Ana Blayer.