EDITORIAL

Deseantes

Por Gabriela Stoppelman

 

MUÑECA DE CARA AL CIELO

La muñeca sobrevivió. La muñeca tiene los ojos enormes, recién espabilados de tierra, recién desabrumados de sofoco.  La muñeca conserva el cuerpito de niña que, hace muchos años, sostenía una niña de verdad. Pero la muñeca no es la única dentro de la bocota de la fosa. A su lado, hay una botita, como de un niño de cinco años. Y, dentro de ella, resisten una tibia y un peroné de una niña de verdad. La tibia sobrevivió. El peroné sobrevivió. La botita, a duras penas, también. Lo mismo, la muñeca. El lugar, El Salvador. La imagen salta y se mira en el espejo de otra bocaza abierta en el cementerio de Avellaneda. Allí, quien se despereza en la luz que hace  tanto no ve es un pulóver. Un pulóver de color desvaído mezclado entre los restos de madre, padre y niño acribillados. Alguien, de fondo, cuenta que los militares entraron a las dos de la mañana, mientras toda la familia dormía. Fueditorial deseantes 1 eduardo anderson17a089b7-914f-4659-aa1d-3bd4010c2f6ceron directo a matar. El pulóver sobrevivió. El color, apenas. Ahora que el Equipo de antropología forense lo hizo posible, el pulovercito respira boca arriba, de cara al cielo, al que desea como el llano a la altura, como el silencio al nombre. Y es tanto el poder de invocación de la prenda que la mirada no puede más que cubrirlo. La mirada se hace cielo a medida de la urgencia de este reclamo. La mirada se comba sobre lo que está y sobre lo que falta. La mirada achica la distancia entre la ausencia y aquello que la reclama. Así sobreviven. La mirada. El pulóver. El otro cielo que ni se inmuta. Cuando la mirada entra en confianza, en vez de mirar, palpa.  Recorre la larga ruta de las adherencias impregnadas en los objetos. Va de la textura rugosa de la tierra acunadora, a la trama elocuente de lana apelmazada y plástico raído. La forma de un nombre reverbera, pero se trata de un nombre que la mirada aún no puede escribir. Y ahí nomás sucede: un deseo ansioso de lengua madre ataca a los nervios del tacto, unas ganas sin dirección de encontrar una historia, un destino. Un relato que, en su discurrir, esquive el final efímero de aquello que la mirada ve.

De pronto, una desatención involuntaria desciela a la imagen del pulóver y cae sobre una página de Edgardo Cozarinsky. El libro se llama “Niño enterrado” y comienza con un texto titulado “Elegía”. Allí cinchan un niño que fue con otro que quiso ser. Sin poder decidirse ni a desaparecer ni a estar del todo, se resuelven en intermitencias: esas formas en que los ecos se hacen luz en la memoria. En ese instante, puntos quebrados y rostros donde el trazo siempre hace una pausa  para dejar un vacío anuncian el fin del camino sobre un texto, cruzado -sin modales ni permiso-  por el deseo de una línea. La línea de Luis Scafati temblequea y se invagina hasta el fondo de un hueco que no la contiene. Entonces retrocede y se ovilla, enmaraña los editorial2helena distefanoEl_futuro_ya_no_es_lo_que_era_antes_obrablancos del silencio, salvo en el sitio de la mirada. Allí afirma el pulso y enmarca una casita para los ojos, una garita desde donde mirar el desamparo sin quedar desamparado. Así es, agradece Richard Zimmler, “Un hombre camina por las calles desiertas como a través de los temores de su infancia, buscando a través de ventanas cubiertas con cortinas y montículos de nieve la forma de retroceder a través del tiempo”. Ana Prada le canturrea al oído, prendida de un acorde del paisaje y le ofrece una niñez que justo tiene a mano. Allí el paisaje hace canción y la canción despunta territorios, por eso la ciudad bala y el campo admite, en un charco, el reflejo de la gran urde. Y, sí, le dice Zimmler, aunque “La muerte de un niño constituye un acontecimiento puntual, pero su recuerdo abarca toda una vida”. En eso, el niño azul de Miguel Rep se entromete sin decir una sola palabra, es solo una audacia de juego, coronado con una nube azul cielo como toda cabellera. Unos ojos grandes  ventanean del niño azul a lo posible y montan caracoles y ángeles, con el mismo aliento. La línea se anima a un transcurso que desemboca en el océano de una gran mancha, una lejanía tan distante que, desde allí, ya ni se puede solar con la patria de origen. Pero El farmer sabe que puede resistir el vacío del destierro con palabras.  Entonces, se duplica, se multiplica en voces, hace de su imagen en el espejo una secuencia, la vuelve rumbo, raíz, forma desesperada del deseo que mete pala y pala para no quedar suspendido en ese hueco informe del puro objeto deseado.  Así- a veces- el vacío toma la forma de una voz y conversamos con nuestra ausencia, le acariciamos la cabecita a nuestra huérfana, nos tomamos de la mano para que la fuerza no decaiga.

 

editorial3anna razumovskaya-future-art-assignmentsEs el momento del regreso, la casa se llenó de huellas. Afuera, la primavera no da abasto contra el paso de lo arrasado y lo ausente. El deseo se apretuja en un campo de batalla donde el lenguaje camufla los filos entre ácidos modales, afiches que ya ni asumen la osadía de una promesa y campañas bifrontes acerca del fin de los males que ellas mismas siembran. El deseo enmarca como puede la mirada. La protege de la prepotencia de los no deseantes, quienes pretenden encandilarla con ese modo de ir de un lugar a otro, sin dirigirse a ninguna parte, salvo hacia la Estancia “El saqueo”: esa fosa tan común,  cavada siempre por los peores enemigos del deseo.

La muñeca sobrevivió. El pulóver sobrevivió. La mirada insiste. Insiste. La palabra aún puede.

 




ENTRE CANAS

DESEANTES: SOBRE SECRETOS DE JUVENTUD

Por Isabel D´Amico

Teresa regresó a su casa de madrugada, apoyó su cartera sobre la mesa y, sin sacarse el maquillaje, se fue a dormir. Raro en ella, tan cuidadosa con su piel, con su cuerpo. Tampoco era de descuidar su cabello: cada veinte días se sumergía en tintura y borraba los renglones blancos que el tiempo escribía.

Al despertar, Teresa buscó su premio consuelo guardado en uno de los bolsillos internos de la cartera. La máquina del Casino le había dibujado tres E, seguidas de un sonido escalonado. Con esa letra se hizo acreedora de un producto fortalecedor de la estructura y elasticidad de la piel, en especial, las arrugas. Obviamente, el premio perseguido era otro, pero la suerte manda.

Botox, Infinit, masajes hidrofacial, ultherapy, harmmony, XL Pro. Los premios habituales son conservadores de una imagen rígida y ficticia. Ellos saltan de las máquinas y se tejen ansiosos con los deseos de las participantes.

Sin embargo, cuando miro en el espejo y me digo que he envejecido, aunque interpele a mi reflejo tuteándolo, reúno y reunifico en una rápida toma de conciencia mi cuerpo y mis diferentes yo. Ese regreso al estadio del espejo, paradójicamente, me libera de las aporías de la conciencia reflexiva. Envejezco, por lo tanto vivo. He envejecido, por lo tanto soy.

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Todos los sábados, Teresa lo intenta. Sigue el rito de elegir una misma máquina traga monedas, que no abandona bajo ninguna circunstancia, ninguna. Ella busca el jackpot, donde el “Menos 50″ le dará la libertad a tanta esclavitud estética, a tanta insatisfacción de ser. Algunas viciosas conocidas tuvieron la oportunidad de ganar un “Menos 5″ y hasta un “Menos 10″. No son premios menores. ¿A quién no le gusta aparentar menos?

– ¡Mirala! ¡Tiene 60 y parece de 50!

– ¡Hay que bancarse tener 60 y aparentarlos!- le dice Teresa a la de la máquina de al lado, quien ya estaba sentada frente a la pantalla cuando ella llegó. No sabe su nombre, en ese Casino solo se conocen ciertos deseos del otro. Mejor dicho, de las otras. Los hombres no son tan obsesivos, por eso es raro verlos en aquel lugar, piensa Teresa, aunque algunos están cambiando.

– ¡La edad es una limitación!- Confirma en voz alta para ser escuchada por la rubia alta que esperaba detrás.

El tiempo es una libertad; la edad, una limitación.

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A Tere, eso de estarle atrás la exasperaba y la presionaba a quedarse por más tiempo. Imaginaba apenas abandonar la máquina y que la siguiente -con un par de moneditas-, recibiera el Jackpot de “Menos 50″. No lo hubiera soportado. Por tal motivo, Teresa bajaba de su silla, huía hacia la puerta en zig zag, para perder la orientación sonora del posible premio ganado por su sucesora. Según Teresa, la rubia había tenido mucha suerte en el último mes: se cargó tres sesiones de Botox, que es como ganar un “Menos 5″. En dos oportunidades se dio vuelta con discreción… y sí: la rubia estaba hinchada de premios.

Todos son llevados un día u otro a interrogarse sobre su edad, desde uno u otro punto de vista, y a convertirse, así, en el etnólogo de su propia vida.

entre canas b

– A veces las ganadoras no administran bien lo ganado.- Decía una señora mayor, a quien ni el Jackpot de “Menos 50” la hubiese ayudado para nada. Sobre un enorme sillón bordó, tomaba un whisky y les hablaba a quienes quisiera escucharla.

– En mi época los premios eran solo cremitas (buenas cremas) pero todo cambia, para bien o para mal – lo decía entre trago y trago, mientras miraba alrededor.

El último sábado Teresa llevó más dinero del habitual. Había escuchado por la televisión un debate sobre la tercera edad, la cuarta, eufemismos del lenguaje extremadamente desestabilizadores.

Los eufemismos del lenguaje oficial (tercera edad, cuarta edad) no hacen sino aumentar la sensación de malestar, como si algunas palabras dieran miedo.

entre canas e

Nunca llevaba todas las tarjetas, a modo de autocontrol. Esta vez, sí: las de crédito y débito. Por lo general, comía mientras jugaba, cuando los horarios de almuerzo o cena estorbaban su apuesta. El último sábado no había comido nada. Sí bebió jugos y enroscó sus piernas para no moverse del lugar. Ojerosa y fatigada, jugó hasta que le dijeron basta, no tenía más crédito para seguir.

Sin hacer zig zag, esta vez atravesó el salón de porcelanato gris. Se detuvo frente a un espejo y no se vio o no se quiso ver. Pasó por un salón, las máquinas sonaban sin ritmo, de un lado del otro. En un costado, sentada sobre el sillón bordó, la señora mayor la detuvo y le dio dos monedas. Teresa las puso en la primera rendija de una máquina y un escandaloso y brillante Jackpot “Menos 50″. Iluminó el salón.

Las edades de la vida pueden evocarse independientemente del encadenamiento que supone el avance de la edad, mediante la anticipación que esboza el provenir o del recuerdo que recrea el pasado, dejando en todos los casos que la imaginación juegue con el tiempo.

¡Las mujeres se agolparon a su alrededor, gritaban eufóricas, descontroladas! El premio fue entregado de forma automática. Casi natural.

Pocos minutos más tarde, todos vieron cómo Teresa, con un chupetín en su mano izquierda, asustada, arrastraba su vestido y sus mangas hacia la calle.

En la puerta, la señora mayor la esperaba.

 

entre canas i

Un libro que no envejece es un libro del que el lector siempre puede esperar algo, en el que siempre puede descubrir algo, un libro que así le demuestra que sigue vivo, que sus suertes están ligadas y que los están unidos “en la vida y en la muerte”

Escribir es morir un poco, pero un poco menos solo.

Todas las citas corresponden a “El tiempo sin edad”, etnología de sí mismo, Marc Augé.




CONTAME UN DIBUJO

Deseantes: Entrevista a Luis Scafati

Entrevista: Carolina Diéguez, Gabriela Stoppelman
Fotografía: Diego Grispo

 

 “Como un pájaro/ la lengua/ vuela en arcos de palabra escrita…”
                     “Las Palabras II”, John Berger


Un día encontrás un pájaro muerto en el jardín. Ponele, un benteveo. Apenas lo cruzás con la mirada y ya te das cuenta: el cuerpito aún está lleno de adherencias de su propio canto. Sobre esos ecos, deambula un festín de hormigas que, ni bien el ojo se dispersa, es devorado hacia el interior del pájaro. Pero, en su trayecto, las hormigas han dibujado un trazo, una fina línea sobre el plumaje aparentemente inerme, donde ellas creían devorar y, sin embargo, eran devoradas. Misterioso efecto: todo lo que toca la superficie de esta muerte, reverbera en persistencias. La música, en eco. El pulso que trazó la línea, en vibraciones. Ahora el ritmo de ese pulsar se circunvala, se ovilla benteveo adentro hasta vaciarlo de ausencias, transparenta la piel del pájaro a pura fuerza de torsiones. Y, de pronto, la maraña de grafito y tinta se contrae y dilata en un embrión de vida, un texto primordial, perdido en el laberinto de un castillo sin ventanas, donde la mirada sólo accede a trasluz. Adentro, hay siluetas que fugan, retazos de voces que, al pasar, hilvanan el comienzo de una historia, el devenir narrativo de un cuadro, la confluencia de huellas cotidianas en el océano nunca final de un libro. Y si uno avanza por el pasillo vacío de este cuerpo dibujado y viviente, muy al fondo, contra el rincón más íntimo, está la biblioteca. Allí se desordenan cientos de ejemplares, en otra maraña de subrayados: coágulos del tiempo hechos verso, miradas refugiadas del imparable transcurrir obstinadas entre dos páginas, entre dos párrafos, entre dos palabras. Ahí, dentro esa maraña de letra y trazo, despuntan las formas. Desde allí parte la mano que lee de Luis Scafati. La lectura comienza en un impulso de la mirada, la mirada se enmarca en un detalle, el detalle aumenta hasta encerrar vacíos dentro del cuerpo de la letra, el cuerpo se hace texto, el texto se anima hasta adquirir volumen, y así, llega la noche. Y entonces la magia vuelve al origen: el vientre arrorró de una línea.

Scafati y su biblioteca. Foto: Diego Grispo.
Scafati y su biblioteca. Foto: Diego Grispo.


UN VACÍO LLENO DE MARAÑAS

“Su ventana daba a un desierto, en el cual se fundían indistintamente
el cielo y la tierra igualmente grises”.
“La Metamorfosis”, Franz Kafka


Cuando uno hace una introspección de su propio trabajo se mueven muchas cosas. Hay momentos oscuros a veces, donde estás con toda la buena, pero cuesta mucho verse. Es bárbaro lo que ustedes hacen, las lecturas del trabajo de otros. Mirá, una vez estaba en una entrevista para televisión, con todo el set preparado y las cámaras, y el entrevistador me pregunta ¿Y vos, qué hacés? Otra vez, yo hice un trabajo sobre “La Metamorfosis”, y, obviamente, nombré a Kafka. Estábamos al aire y una chica muy bonita que me estaba entrevistando, me pregunta “¿Y vino Kafka?”. Fue algo muy difícil, para ella…

Scafati. “La metamorfosis”, Kafka.
Scafati. “La metamorfosis”, Kafka.

Nos imaginamos.

Yo dije que Kafka andaba por ahí, por el aire…

¡Qué maraña para la entrevistadora! Justamente, una de las cosas que siempre me llamó la atención de tus dibujos es lo que llamo la araña, esas líneas abigarradas, ansiosas y enredadas, que aparecen metiéndose en los cuerpos, como si estos fueran transparentes y esa filigrana los atravesara.

Yo trabajo con elementos muy simples: la línea, la mancha y muy poquito color, que generalmente acompaña lo que estoy haciendo. No pretendo ser pintor. Con esa maraña que mencionás, intento acercarme al volumen de la cosa, a la corporeidad. Es verdad que se trata de algo abigarrado, obsesivo por momentos. Y es que yo soy obsesivo mientras estoy laburando, hay allí una cosa desatada de la cual no soy muy consciente, digamos.

Scafati. “La metamorfosis”, Kafka.
Scafati. “La metamorfosis”, Kafka.


A su vez, así como buscás el volumen, el material es por momentos como inconsistente, deshilachado, lo contrario del volumen…

Totalmente. Son líneas. Más gruesas o más finitas, pero son líneas. Muchas veces pensé en hacer cosas con alambres porque tienen algo para marcar el cuerpo, la geometría, para hacer sentir el espacio y lo corporal, hice intentos con eso… Podría hacerlo de otra manera pero me sale eso de la línea.

Scafati. La bella y la bestia. Tinta y aguada.

¿Y los cuerpos vacíos que se ven por transparencia?

Nosotros, como individuos de época, estamos muy guiados por la fotografía. Nuestra visión- nuestra concepción- es parte de la fotografía. Eso ha marcado contundentemente el tema de las artes visuales, tanto al tipo que pinta, como  al tipo que dibuja. La pintura y el dibujo dejaron de ser un documento, dejaron de interesarnos como aproximación a un parecido, porque está la fotografía. Es absurdo que un tipo te encargue un retrato para quedar registrado en la historia, como lo hacía Inocencio, en la  época de Velázquez. Entonces, el cuadro era el documento que iba a quedar de esa época. Ahora no.

¿Es una liberación también?

Claro. Y, al liberarte de eso, tratás de ver cómo miramos y qué nos transmite la imagen. Los cuerpos vacíos son, a veces, formas que pasan. Vos hacés foco en algo y lo de atrás sale más borroso. La fotografía lo expresa de un modo. El dibujo, de otra: a veces vacía el cuerpo, o recalca un detalle. Otras, deja que quien observa arme también la cosa.

Eso que sucede al pasar es algo que te interesa bastante…

Sí, es la parte gestual de la cosa. Me gusta ver el instante del dibujo, ese  accidente, porque allí hay más potencia. Trato de que eso esté, esa huella del pasar de algo por ahí.

Y eso que pasó, ¿es mejor cuanto más inconsistente, entonces?

Sí. Y, por momentos, hay también un contrapunto entre algo muy trabajado y algo muy deshecho. El contrapunto entre líneas orgánicas y formas puras geométricas es algo que me gusta trabajar, meter el elemento geométrico dentro del dibujo.

 

Scafati. “El gato negro y otros cuentos de terror”. Edgar Alan Poe.

 

HUELLAS DE LA MIRADA

“sé que caen las palabras (…) como nieve en un jardín (…)
las flores se ocultan, y todo es así”.
“Dónde no se lee”, Spinetta y Los Socios del desierto


Hablabas de la singularidad de la mirada de nuestra época y, en este libro donde ilustrás canciones de Spinetta, hay un montón de imágenes que tienen enmarcada la mirada. En la tapa, para empezar, pero te diría que también un 80% de los dibujos señala algo particular en los ojos.
 

No voy a decir ninguna novedad, pero los ojos son la ventana por la cual yo siento que uno entra en las personas. La mirada es como un lugar vulnerable en el que podés acercarte al otro.

Scafati. “Luis Alberto Spinetta”

En la cara de Spinetta hay también una gran huella dactilar.

Es la mía. La voy ampliando con la computadora y luego la imprimo. Las huellas dactilares son un dibujo ya hecho. Yo uso mucho eso, el collage. Recorto una foto, la pego y así. Me encanta.

Otra de las cosas que nos llamó la atención es lo híbrido de tus personajes, como si fueran un manifiesto contra la pureza. Todos están hechos de partes de cosas distintas.

Sí, y no es un invento mío. En el siglo XIX los caricaturistas, sobre todo los franceses, metieron al animal en situaciones humanas. Hasta en la literatura está, en la fábula. Pasa que nosotros nos olvidamos de los animales. Es común escuchar que alguien diga “Los domingos me gusta acercarme a la naturaleza”, como si uno fuera de plástico el resto de la semana. Vemos al animal en la mascota, pero la naturaleza está en vos, incluso a pesar de vos mismo. Yo soy eso, tengo vísceras y cosas como las tiene un sapo o un caballo. La otra vez leí que habían abierto la importación de carne de perros, las carnicerías las iban a instalar unos chinos. Una cosa tan loca, con los perritos colgados, eviscerados… Pero una vaca es también un animalito, pobrecito, más grande que el ser humano y difícil de matar. No sé, entramos en lugares que son como telarañas de costumbres que a veces nos impiden ver. Entonces, de repente y mientras trabajo, a una situación muy normal le meto un sapo humano o un tipo con cara de perro.

 

ÉRAMOS TAN JÓVENES

“Tú sabes las guaridas donde en tierras lejanas/ El celoso Dios
guarda toda su pedrería”.
“Letanías de Satán”, Charles Baudelaire


En muchos de tus escritos, al referir a tus comienzos, decís que el periodismo te puso en contacto con “lo real”, pero que después lo advertiste: eso no era todo lo real, ¿de qué hablamos al  hablar de  “lo real” en un dibujo?

Scafati. Foto: Diego Grispo

A ver. Yo salí de Bellas Artes y, a pesar de que siempre tuve inquietud social- milité en un montón de lugares: el PC, el FAUDI y otros- cuando entré a trabajar en el periodismo, donde tenía que ilustrar cosas, vi otras realidades, asuntos que nos involucran a todos, más crudos, más reales, si querés. Y, a pesar de mí, eso se metió en lo que yo hacía. Digo a pesar, porque eso era más difícil de vender y, en aquel momento, vender me importaba. Era más fácil vender una pintura que quedara bien en el comedor. Yo tenía una serie que de trabajos sobre Trelew. El 22 de agosto era el cumpleaños de mi viejo, estábamos comiendo y ahí me enteré acerca del asesinato de los presos políticos. Hice una serie de dibujos. Más adelante hice una muestra en un teatro y se vendieron prácticamente todos. Una vez, mientras hablaba con un empresario que me había comprado dos de esos trabajos, el tipo me dijo: “Mire, tengo un gran problema. Usted sabe que yo le compré dos cuadros, pero los quiero vender porque no los puedo tener en mi casa… Le propongo algo: se los doy y usted me da dibujos que sean más vendibles”. Esa cosa era tan grave, tan grave…  ¡El tipo no quería perder la oportunidad de hacer un canje por aquello que definitivamente no le gustaba. Se ve que los compró siendo más joven…!

Era más zurdo.

Claro. Y después ya quería cambiarlos.

 

LA ETERNIDAD DE UN CASTILLO
 

“… El castillo, allá arriba, ya extrañamente oscurecido, que K. esperaba alcanzar todavía ese mismo día, volvió a alejarse. Pero como si, con motivo de esa provisora despedida, aún hubiera de darle una señal resonó allí una alegre campanada; fue el sonido de una campana que, aunque sólo por un instante, le estremeció el corazón, tal como si se cerniese sobre él la amenaza — porque ese toque también doloroso— de la consumación de aquello que inciertamente anhelaba. Pero pronto enmudeció esta campana grande,
para ser relevada por una monótona campanita, que asimismo replicaba acaso allá
arriba, 
o que tal vez ya sonaba en la aldea”.
El castillo”, Franz Kafka

Scafati. "El castillo" de Kafka
Scafati. “El castillo” de Kafka

Eso es lo real en el periodismo. Después, en otra entrevista decís que “lo real” lo encontrás en la ficción.

Sí, sí. Hace unos tres o cuatro años leí “El Castillo” de Kafka. Me angustió tanto… era una cosa asfixiante. Eso que sucede allí es un fondo que nos sucede siempre, a todos, en toda época. Esa intensidad nunca la sentí ante noticias, por grosas que sean. Es rarísimo.

Vos sos como el ilustrador de los escritores. Todos tus dibujos parecen salir de conmociones de lenguaje en algún texto, en la escritura ¿Cómo es esta relación entre el dibujo y el texto? 

En un momento quise tomar un camino: ser escritor. Era una época muy particular de la escritura. Se había publicado “Boquitas pintadas”, un collage como los que a mí me gustan hacer, pero con palabras. Estaba “Rayuela”, “La montaña mágica”, pero también sonaban  los Beatles con “Submarino Amarillo”. Todo un territorio artístico en el que yo quería expresarme, como fuera. Una vez alguien me dijo que yo tenía el problema de querer hacer muchas cosas y que quien mucho abarca poco aprieta. Mucho después, empecé a ver otros tipos que hicieron eso: David Lynch, John Berger, Günter Grass: ellos escriben, pintan, hacen cine… En mí, el dibujo tiene que ver con la literatura, uno cuenta cosas con la imagen. Puede ser que el pintor haga un cuadrado rojo, un cuadrado azul y dentro de eso un círculo y con eso exprese algo profundo de él. Pero el dibujo siempre relata algo.

Scafati. Dibujo de “la saga de los confines”, Liliana Bodoc

El dibujo estaría más cerca de la prosa y la pintura, del poema.

Claro, puede ser.

 

POWER, ON

 

Ya no es desviada por otras emociones, yo trabajo la forma en que una vaca pasta”.
Käthe Kollwitz

¿Y qué es lo poético en un dibujo?

Difícil de decir. Es lo que uno no puede atrapar, una sustancia de incertidumbre… ¿Y qué sería lo poético en la literatura? Para mí, “El juguete rabioso” es muy poético. Pero ¿dónde está lo poético?

La experiencia que contaste de “El castillo”, que te dejó conmocionado, ¿podría trasladarse a un dibujo?

Käthe Kollwitz.
Käthe Kollwitz.

Yo lo he encontrado en otros dibujantes. Hay una mujer, Käthe Kollwitz, que hizo todo. Metió todo en su obra. Ella perdió a su hijo y al nieto en la guerra. El marido era médico, vivían en zonas rurales porque eran socialistas y militantes. Sus esculturas, vos la ves y tienen una potencia impresionante. Una  me recuerda a “La pietá” de Miguel Ángel, pero en ésta, ves a la madre con el soldado. Es terrible la fuerza en el trabajo de esa mujer. Pasa el tiempo, miro algo de su obra y de nuevo empiezo a sentir esa cosa que excede al dibujo. Y mirá que me cuesta mirar dibujos, porque voy con la actitud del dibujante más que con la de un observador. Pero en la obra de Kollwitz puedo sentir esa conmoción.

En una entrevista dijiste  que, a veces, entre una serie de tus dibujos elegís uno por un “no sé qué” ¿podríamos vincular ese no sé qué a esa experiencia de correspondencia poética?

No. Eso más bien se vincula al momento de calentura en que lo estás haciéndolo. Ahí evaluás el esfuerzo, lo que te costó hacer esa mano o aquel gesto. A lo mejor, pasado un año, lo ves con otra distancia, como un objeto terminado y te cuestionás la elección. Durante un largo tiempo yo laburé en el periodismo, donde no tenés tiempo de reflexionar. Muchas veces me pasó de entregar dibujos que después seguí trabajando, lindas ideas que no había tenido el tiempo para cerrarlas. Otras veces, ni el tiempo para pensar eso tuve, porque ya estaba dibujando otra cosa, obligado a entregar.

 

DE CUANDO EL CABALLERO SCAFATI SE COLOCÓ SU ARMADURA

 

“¿Nunca os ha sucedió, leyendo un libro, que os habéis ido parando continuamente a
lo largo de la lectura y no por desinterés, sino al contrario, a causa de una gran
afluencia de ideas, de excitaciones, de asociaciones? En una palabra, ¿no os ha pasado nunca eso de leer levantando la cabeza? Es sobre esa lectura, irrespetuosa, porque
interrumpe el texto, y a la vez prendada de él, al que retorna para 
nutrirse,
sobre lo que  intento escribir”.
“El susurro del lenguaje”, Roland Barthes


Parece que te gusta ilustrar textos, pero en otras notas que te han hecho recalcás el modo en que está devaluada la idea de ilustrar.

Hay toda una serie de prejuicios (y perjuicios) respecto del ilustrador. No es casual que una crítica, tirándote para abajo, diga que algo es muy ilustrativo. Así que yo, para contrarrestar eso, empecé a definirme como ilustrador, me puse la armadura. Hay cosas extraordinarias que se han hecho y que se siguen haciendo. Ahora estrenaron “Zama”, muchísima gente va a estar en desacuerdo con la película porque, aparentemente, película no tiene mucho que ver con la novela. A mí me pasó con los poemas de Spinetta. Y allí fue muy difícil, porque las canciones del Flaco ya están en el imaginario colectivo y cada uno tiene su dibujo de ellas.

Pero, en arte, ¿quién no está haciendo una lectura de algo? Me parece que el ilustrador es más explícito: “Yo hice un dibujo de un poema de Spinetta”. Pero el tipo que para escribir toma un fragmento de su vida y un fragmento de algo que ha leído tampoco está partiendo de la nada.

Claro. Nadie parte de la nada. Es una ilusión pensar que es así. Ningún artista es propietario de nada, pero puede mezclar. Pasa lo siguiente: el oficio del ilustrador lo hacían pintores, a quienes no les alcanzaba el talento para más y tenían que comer. Pienso que viene de ahí ese modo de bajarle el precio a la ilustración. Ahora es al revés, se ha puesto de moda: como cuesta vender un cuadro, se hacen ilustraciones. Todo el mundo quiere ser ilustrador.

Scafati en su taller. Foto: Diego Grispo.
Scafati en su taller. Foto: Diego Grispo.

Pero en vos hay una elección. 

Sí. Yo he dado muchos cursos de ilustración y me llama la atención ver cómo, a veces, el aspirante no tiene algo que para mí es muy importante: el amar a la lectura. Tenés que tener adentro el mundo de aquello que vas a ilustrar, para ver las posibilidades que allí se ofrecen. Para ilustrar “La metamorfosis”, yo había leído los “Diarios de Kafka”, había visto montones de fotos de los lugares donde él vivió, de sus hermanas, del papá, de todo su universo. Cosas que no usaba como material, pero estaban dentro de mí. Por eso creo que la lectura es una materia importantísima, pero la gente te pide que le enseñes la técnica. Eso lo podés aprender en cualquier libro: “Cómo usar la pluma y la tinta china”, y te ahorrarías un montón de guita.

O sea que no se puede aprender a dibujar sin aprender a leer, que es como aprender a mirar.

Eso creo.

 

CONTINUIDAD DE LOS DIARIOS
 

“Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último
encuentro en la cabaña del monte”.
Continuidad de los parques“, Julio Cortázar


¿Nunca escribís?

Tengo cantidad de escritos y todo se me mezcla un poco. Ficción, cuentos, poemas, y  diarios, que para mí son fundamentales. En el año ’98, charlaba con Piglia que, como saben, escribió un diario de la puta madre. Él me preguntó por qué no dibujaba  mis propios diarios. Así que empecé a hacer diarios dibujados. Te muestro uno:

Scafati y sus "diarios". Foto: Diego Grispo
Scafati y sus “diarios”. Foto: Diego Grispo.

Sí… Mirá, este de un pajarito que encontré.

“Esta tarde encontramos este pájaro muerto en el jardín. Creo que es un benteveo. Muerte misteriosa. Hondazo no, porque está entero y sin heridas. Un gato se lo hubiera comido. Marta piensa que tal vez se envenenó con una fruta con pesticida. A lo mejor murió de viejo ¿dónde van los pájaros cuando mueren? Se lo estaban comiendo las hormigas. Lo puse en una bandejita y lo traje a mi cueva, ahora descansa sobre la mesa de dibujo. Es un buen modelo, no se mueve. De vez en cuando sale alguna hormiguita satisfecha del festín a la que trato de aniquilar…”


Primero hago encuadernar los dibujos, meto papeles diferentes, dibujo y escribo. No es una ilustración.

Es como si el texto continuara al dibujo y el dibujo al texto.

Mirá, acá hay un momento en que se muere un amigo, Roberto Páez, un dibujante extraordinario, esto salió sin querer. Dejé de dibujar durante un tiempo, fue muy fuerte… Mirá, este lugar que dibujé se llama Mingo, está al lado de la tumba de Goya. Ahí te dan nada más que pollo y sidra. Una fonda, capaz que Goya iba alguna vez a comer ahí… Entonces, lo pegué.

Es como un libro de artista, habría que considerar otro género aquí.

Y, sí… Hago muchas experiencias porque sé que nadie las va a ver. Lo hago con ese criterio, entonces, no me preocupa si me equivoqué.

Scafati. "Imagen de sus diarios". Foto: Diego Grispo
Scafati. “Imagen de sus diarios”. Foto: Diego Grispo

O sea que la escritura forma parte de tu vivencia cotidiana.

Es que en la imagen estoy contando cosas que no puedo expresar con la escritura. Pero con la escritura digo cosas que no están en el dibujo. Las cosas se van armando.

Está clarísimo que los dibujos hablan y las palabras dibujan. 

Esto es un laboratorio. Pruebo muchísimas cosas que después salen o no.

Publicaste dibujos con tus propios textos. 

Sí, “Drácula”, por ejemplo. Hice también un librito chico que se llama “El cadáver exquisito”, que reúne un montón de textos y alguna historieta. Tuve momentos desaforados de escritura también.

La vez pasada Miguel Ángel Estrella nos decía que le encanta escribir, pero que no lo hace porque le saca tiempo para tocar. En vos parece que no es tan así.

Es que lo he unido. Tengo la idea de hacer una novela gráfica. La empecé muchas veces, pero no la concreté nunca, tal vez porque era desmesurada. Un quilombo de cosas. El hilo principal es el príncipe que es un sapo. Pero, en realidad, tanto jugar con esa idea básica, elemental, la fui transformando. Al final, tiene que ver con los desaparecidos, con historias bastante densas.

 

BAILAR CON LA MÁS BRAVA
                                          

“Rabia, rabia contra la agonía de la luz”,
“No entres dócilmente en esa noche quieta”.

Dylan Thomas

Scafati. Dibujo de la serie “Morite muerte”
Scafati. Dibujo de la serie “Morite muerte”


La idea de la muerte, de vos peleándote con la muerte, aparece mucho.

Hace poco me hicieron un estudio del cuore y me encontraron un pequeño problema. Me decía: “En tres años no voy a estar”… No es que no me lleve bien con la muerte, lo he trabajado durante mucho tiempo, desde chiquito, pero esto empezó casi como un juego. Yo de pibe era muy tímido, en aquella época en los bailes uno tenía que sacar a bailar a una chica, si no, no pasaba nada. No se bailaba sólo en la pista como hacen ahora. Ponele que me gustaba una chica y ella estaba ahí sentadita. Entonces, para darme valor, me decía a mí mismo: “La vida es una cosa efímera, me juego el todo por el todo, total…” Cuando yo llegaba a tomar la decisión, la mina ya estaba bailando con otro ¿viste? Eso empezó así, como un juego. Después fue creciendo como una cosa muy angustiosa, pasé por un montón de lugares: religión, orientalismo, el tarot, la militancia, el I Ching… Y, de todo eso, quedó algo. Ya no lo vivo con angustia. Pasa que hay cuestiones vinculadas a la muerte que nosotros, en realidad, por cultura, no tenemos trabajadas. Los mexicanos, por ejemplo, es algo maravilloso cómo elaboraron la muerte, como la incorporaron.

No la pensamos como algo que está sucediendo ya.

Todo el mundo piensa en algún instante del día en algo que tiene que ver con eso, incluso a su pesar.

¿Y ese instante es potenciante para trabajar? 

Sí, y yo lo trabajo con un poco de humor. Son extremos. En el “Drácula”, por ejemplo, me interesó muchísimo el asunto del castigo que significa nunca a morir, todo a su alrededor empieza y termina, menos él.

Y  está condenado a una larguísima memoria. 

Claro. Por eso lo tomé. Después, está también el tema del erotismo…

 

HOMUS EROTICUS

                                               El erotismo está en la aprobación de la vida
hasta en la muerte”.
Georges Bataille

¿Qué es lo erótico en un dibujo?

Todo. He hecho mucha cosa erótica como argumento, pero más allá de eso siento que lo erótico está en todo. Creo que el erotismo es un sinónimo de la vida. Estás vivo, sos un ser erótico.

Scafati. Su mesa de dibujo. Foto: Diego Grispo
Scafati. Su mesa de dibujo. Foto: Diego Grispo

Tenés una relación muy erótica con tus herramientas y tu mesa de trabajo.

Sí, es verdad. Son una parte muy importante, como una prolongación de mi cuerpo. Yo trabajo con todo, meto las manos, se me mancha la ropa, la camisa…  No creo en eso de que la cabeza es el único órgano de creación. Estás con todo tu instrumento creando.

¿Elegís los materiales antes de empezar o te los pide el dibujo mientras vas trabajando?

Uso de todo: un disco para hacer círculos, porque es más confiable que el compás, plumas, cajas de colores, acuarelas, esa máquina que era de mi viejo… Yo tenía una colección de sapos de verdad, muertos. ¿Viste que se empiezan a secar? Algo muy lindo, me encanta. No sé, he hecho de todo…Y es que se me mete el día en el trabajo: la radio, cosas del día que finalmente no documento, aunque a veces quisiera, porque estos tipos del gobierno no tienen pudor.

Ya vimos tu dibujo de Santiago Maldonado. Me llamaron la atención las gotitas de tinta que le chorrean, también aparecen mucho en el espectáculo que hiciste con Soko.

Sí, es que tiene que ver con eso. Estaba acá haciendo algo y me vino de repente. Empecé a dibujar y salió. Las gotas tienen como una cosa violenta.

 

ÁNIMA MUNDI
                                  

“Tú tienes en tu canto como ecos de Océano; /se ve en tu poesía la selva y el león; 
salvaje luz irradia la lira que en tu mano/derrama su sonora, robusta vibración”.
Leconte de Lisle”, Rubén Darío 


¿Alguna vez dejaste de desear -o no deseaste- dibujar o escribir?

No puedo. Yo voy atrasado. Y es que tengo siempre muchas cosas para hacer: ahora terminé de ilustrar “El Hombre Invisible”, “El Escribiente”, hice “El Juguete Rabioso”, también estoy con la novela gráfica, que tiene una historia pero ni siquiera sé qué va a contar.

¿Y cómo es eso? ¿Escribís primero y dibujás después o al revés? 

Tenía la idea en la cabeza, intenté esa técnica pero no me funcionó, porque el dibujo se empezó a endurecer y mucho. Entonces decidí empezar a trabajar en otro formato: hago una cantidad de dibujos y empiezo a sacar algo de eso. Sin texto. Así hice el “Drácula”. Si bien  ahí ya tenía una historia del personaje atrás. Dibujé, elegí y luego dibujé lo que faltaba…

Scafati. “Drácula”
Scafati. “Drácula”


El dibujo se mete todo el tiempo en el texto y el texto en el dibujo y las imágenes siempre están rellenas de algo, parecen la memoria. Vimos un dibujo donde el teclado de una computadora se subía a la pared: las personas se meten en los mundos y viceversa.

Algo de eso hay siempre. Van en simultáneo pero el dibujo marca el ritmo.

Se podría pensar al dibujo como una forma de pensar que no necesita otra… 

Lo es. Totalmente.

 

LA DOCENCIA, O CÓMO LLEGAR DE LA KALIMBA A LA SANSULA


Algo que pugna por surgir/ como la mano del que se hunde en el mar.”
“Un oscuro mensaje”, Enrique Molina

Scafati y la sansula. Foto: Diego Grispo.
Scafati y la sansula. Foto: Diego Grispo.

 

Mirá, mi instrumento se llama sansula. Un engendro que hicieron los alemanas, agarraron la kalimba y la transformaron en esto. He investigado un poquito de cada cosa incluso a mi pesar. A todos nos pasa, creo. Quizás hay gente no deseante, gente que está como muerta, pero me pasa que tiendo a simplificar demasiado el mundo, creo que hay un componente artístico que está en todos, yo lo veo. Lamentablemente, pocos lo saben, porque si la gente se avivara de las cosas que puede hacer… A veces veo esos carteles rotos, que uno se los lleva a casa y los cuelga sin gastar un mango y ya tiene un cuadro que lo expresa ¿no? Ahí está la cosa, me parece.

 


¿Tratás de transmitir eso como docente?

Trato, pero he tenido serios conflictos. Ya no soy docente y, en realidad, nunca lo fui sistemáticamente. No pude. El dibujo te come mucho tiempo. Me gusta mucho el contacto con chicos porque yo también sentí esa necesidad. Recuerdo que, cuando estudiaba en Bellas Artes, tenía una amiga un poco mayor que yo (ella terminaba la carrera y yo recién comenzaba) a la que le pedía que me enseñara técnicas de dibujo. Ella pintaba, no tenía la más puta idea. Me decía “¿Por qué no probás pasar una vela por el papel y después le metés tinta?” Recuerdo eso porque hay tantísimas cosas que les puedo transmitir a los pibes. Pero hay ciertas paradojas. Mirá, yo soy de Mendoza. Allá hay una escuela de arte, de diseño, y raras veces me convocan. Han llevado de acá, de Buenos Aires, a gente muy improvisada, pero que en esa improvisación hablan su mismo lenguaje. Yo sé que lo mío es más conflictivo, no llevo una solución, es lo que pasa cuando querés cambiar algo. Creo también que un tipo hace cosas porque parte de un conflicto. Fui a hacer un curso en Bellas Artes de allá. El decano, amigo mío, me dijo que el gran problema es que, en Mendoza, algunos profesores creen que yo me quiero quedar ahí. ¡Claro que no! Me encanta la enseñanza gratuita y demás, pero no quiero porque tengo otras ideas, no podría además asumir el compromiso de quedarme instalado en un lugar. Puedo armar una cátedra, pero dejarla para que la sigan ellos. Hay una cuestión de competencia. Yo, al principio, no la entendía muy bien. Es rarísimo y me lastima un poco. Yo sólo quería algo muy simple: transmitir algunas cosas difíciles de comunicar. Vos ves el punto final en un dibujo, pero para llegar a eso, pasás, los obstáculos, por las ganas de renunciar, de cambiar…Es un proceso que tiene sus cositas.

Scafati y el Anartista
Scafati y el Anartista. Foto: Diego Grispo.

 

Scafati y el Anartista.
Scafati y el Anartista. Foto: Diego Grispo.




SOY OJO

Deseantes: Entrevista a Miguel Rep

                   Entrevista: Isabel  D´Amico, Carolina Diéguez, Gabriela Stoppelman
                   Edición: Gabriela Stoppelman, Carolina Diéguez
                  Fotografía: Diego Grispo.


“Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental.
Lanzaba suspiros de acróbata”
“Altazor”, Vicente Huidobro


El viaje comienza con un impacto de luz que desordena la mirada. Entonces, las líneas se repliegan, diseminan y escabullen. Así van hasta que una, por fin, encuentra un túnel, un atajo por donde andar un transcurso. Por allí asienta el paso y toma un ritmo asimétrico y distorsionado. De tanto en tanto, se despacha en un riff intenso que enrula el asfalto, curva las rectas, empalma un acorde antiguo con parte del horizonte y hasta se atreve a llenar de nubes el cuerpito aún sin voz de algún nonato. Después, hay una pausa azul en la ruta, una interrupción sin palabras, un desvío donde apenas despunta el lenguaje. Pero el camino no espera y el viaje se retoma sobre los primeros pasos de la noche. Un paso que, al avanzar, se sacude la hojarasca e insiste en durar, insiste en durar, insiste en durar. ¿Hasta dónde irá el aliento de la línea sin desembocar en la mancha?, ¿en qué instante del ojo el deseo impone saturar con color o apenas probar un tono?, ¿cuándo ocurrió ese capricho de la luz, que se ha puesto a dialogar de cuadro a cuadro en una historieta?, ¿y en qué  golpe de vista se coló la palabra entre la multitud de la imágenes?

La carretera ya se acerca a su fin, en la exacta intersección de resplandores y sombras. Sin embargo, el viaje no termina. Justo cuando la luz parece llegar a destino, te das cuenta que siempre falta un capítulo. Faltan aún algunos trazos que reanudan la insaciable sed del recorrido. Ahora el ritmo vuelve a titilar en la retina, reaviva el color del iris y remueve el polvo de las pestañas. El viaje recomienza. Esta vez con un impacto de la mirada sobre la luz. Es el ojo Miguel Rep que conversa con nosotros.

REP en su estudio. Foto: Diego Grispo.
REP en su estudio. Foto: Diego Grispo.

RESPIRAR FLAQUITO, RESPIRAR GORDITO

            “en vano estiro mis delgados brazos, /tan sólo estrujo sombras en mis dedos.”
“Ausencia”, Baldomero Fernández

REP."El Quijote".
REP.”El Quijote”.

Una de las cosas que nos llamó la atención en tu obra son los cuerpos elásticos, con esos brazos finitos que les permiten a los personajes llegar a donde quieran.

Elijo personajes flacos, como marionetas que pueden articularse fácilmente. Así es Auxilio, así es Pinocho. El Quijote es obviamente flaco, lo es Cortázar, a todos los hago flacos aunque también hago de los otros: Sancho, Lukas, que es gordito… En el Dante no hay flaquitos. Pero sí, me interesa mucho que los personajes sean articulados y que, en el fondo, funcionen como sombras chinescas.  Cuanto más flacos, más expresión tienen. Los gordos son como mazacotes más difíciles de mover. De todos modos, me gusta mucho más dibujar al Quijote que a Sancho. Es más, mañana voy a dibujarlo en una pared para la presentación del Festival cervantino. En el caso de Auxilio, ahora volvió a mí porque la eligieron para comunicar asuntos vinculados a las niñas en América Latina y el Caribe. La tenía medio guardada, no la respiro como antes, pero volvió con cierta vitalidad. 

REP. " Cortázar"
REP. ” Cortázar”

Pensá en los cinco libros que hice para Principiantes: Borges, que no es precisamente flaco. Bukowski, que tampoco lo es. Gramsci es todo lo contrario: un petisito sin articulaciones. Kerouac, una especie de” perfectito”, y Cortázar, a quien dibujo con más simpatía. Me parece que tengo una empatía con personajes flacos.

¿Cómo es no respirar como antes a un personaje?

Es que los personajes se te pasan, se van, como ciertas amistades o parejas. No tenés un contrato de por vida. En el caso de Auxilio, hay una parte de ella que se me evaporó. No se me evapora el Niño Azul porque no habla, es un misterio. Como también lo es Lukas, de alguna manera. Aunque no podría convivir con ninguno de los dos todos los días. Otros personajes se me evaporaron para siempre, no volvería a dibujarlos porque ya no tienen vida para mí. Los vería como a momias, no podría recrearlos como no se puede volver a un amor que ya pasó.

A VER, NONATO, ¿QUÉ VAS A HACER CON ESTE POEMA?

“Crecía antiguo en la dulzura/Con astrales ojos de musgo/Yo era un germen lleno de estrellas/Un poder oscuro y terrible”
“La vida prenatal”, Enrique Molina
 

El Niño Azul asume los textos de otro en la tira, como una especie de comodín.

Sí,  pero es mi culpa, no es una elección del Niño Azul. Yo le tiro un poema a ver qué hace, pero no es que él lo buscó, él se encontró con un mundo. Para mí el Niño Azul está como en un trámite uterino, no nació aún. Entonces yo vierto texto en esa vida no nata y es también como si la madre escuchara el poema. Uno sabe cómo sigue el poema porque ya está escrita y la conocemos, pero el Niño Azul no sabe lo que va a pasar en el cuadrito siguiente, es como una víctima de los argumentos que le aplico, una víctima de la palabra. Creo que es mejor tirarle un mundo de lenguaje porque él carece de ello.

REP. "El niño Azul
REP. “El Niño Azul

El Niño Azul es como un nonato para mí. Lo descubrió el poeta Hugo Mujica. Y con él llegamos a esa lectura parcial, que puede ser también un nonato porque es azul, porque no tiene lenguaje y vive un mundo casi edénico.

También se me hace como un niño celestial, porque es azul y tiene una nube en la cabeza.

Y la verdad es que no sé por qué. Para mí, cuando surgió, era un niño distinto. En medio de los niños con piel de los colores habituales, él era azul. Es como una oda al sentirse distinto. Pero, después, el modo en que surgió gráfico. Uno puede llenarlo de conceptos posteriores, pero primero es un dibujo, un juego.

REP. "El niño Azul"
REP. “El Niño Azul”

¿Reflexionás sobre tus dibujos?, ¿te gusta leerlos, sacar sentido de ellos?

Me parece que tengo un entorno que los lee bastante y eso ya me formateó como para leerlos yo al otro día. Primero me dejo llevar por la ola, sin premeditar el sentido. Una vez pasado en vendaval, puedo leerlo mejor.

VAMOS A LA RUTA                 

“El auto sigue su marcha. /Ya no sabemos si vamos o venimos, /de dónde y hacia dónde, /ya no reconocemos origen ni destino, /sólo somos nuestro propio viaje,
condenados a una huida quieta/mientras el auto y las liebres se deslizan /
por el agujero del tiempo.”
Ruta 81, año 2002, de “Lista de espera”, Orlando Van Bredam


En varias entrevistas que leímos y, referido a varios asuntos, insistís sobre la noción de “novela de carretera”.

Una vez que dibujé el Quijote me di cuenta que me la paso dibujando carreteras. Tengo una tendencia a ellas. Dibujé a Kerouac, “On the road” es un libro que me ha gustado mucho. “Pedro Páramo” también es una novela de caminos. Las novelas que me gustan mucho tienen que ver con las carreteras, y el Quijote es una de ellas.

REP.  "Una Biografía Rayuelística. Julio Florencio Cortázar".
REP. “Una Biografía Rayuelística. Julio Florencio Cortázar”.

Rayuela, también. Hay allí varios viajes…

Pero yo no leí Rayuela. Sé cuál es la propuesta, pero no la leí.  Igual, me parece muy abrupta como para carretera.

Pero vos lograste hacer ese libro a los saltos.

Sí. Primero lo dibujé y después mezclé la cronología. Yo estaba ya muy peleado con la famosa cuestión del relato lineal, me parecía que era un libro aburrido. En realidad, lo primero que se me ocurrió fue un mural en París. Yo tenía que presentar un mural en la Feria Internacional del Libro, que ese año estaba dedicada a los cien años de Cortázar. Entonces me encargaron un súper mural. Cuando lo pensé, decidí elegir treinta y pico de fechas de él y dibujar en base a eso. Pero luego empecé a ver: 1918 tal cosa, 1961 tal otra cosa… “¡Uh… Otra vez la linealidad!”, me dije. Entonces, se me ocurrió anotar los años en papelitos y sacarlos de a uno, como una cuestión rayuelística. En otra biografía no se me hubiera ocurrido, pero esto me lo dio servido Cortázar. Me parece que es un acierto del mural. Luego, alguien en Italia lo vio y me preguntó si no había pensado en hacer un libro. Le dije que no y entonces me propuso hacerlo. Así fue que la primera edición que se hizo es la italiana, de Editorial Sur.

REP. "Mural Rayuela"
REP. “Mural Rayuela”

EL OJO QUE NARRA 

                        “El ojo que tú ves no es ojo porque él te vea es ojo porque tú lo ves”                                                                                                       Antonio Machado 

REP. "Final del Juego", Cortázar
REP. “Final del Juego”, Cortázar

Me llamó la atención que justamente hablabas de la palabra juego y del único libro del que marcás dos reediciones en esa biografía es sobre “Final del juego”. En el prólogo a “Bellas artes” también hablás del tema del juego. Y recalcás “el juego sin ignorancia”. ¿Qué pasa con el juego del adulto?, ¿qué pierde y qué gana con respecto al niño?

Yo considero que uno habla muchas veces de cosas que carece. Creo que me ha faltado el juego. Se supone que mi trabajo es juego, y yo lo tomo como un trabajo, con la angustia del trabajador; digamos, no es un juego para nada.

Un juego en el sentido de la búsqueda de reglas que después hay que cumplir.

Puede ser.

¿Y cuál es la diferencia entre el juego infantil y este?

El juego-juego es más libre. Me parece que el mejor juego no es competitivo, no tiene un sentido.

No tiene reglas, las vas creando.

Claro. Pero no sé si eso se nota en mi trabajo.

Bastante. De hecho, tus personajes también juegan mucho con palabras, sacan cosas del mundo, que se les adhieren al cuerpo y a las que luego pierden. Como a Lukas, cuando le llueven las hojitas y se le pegan.

REP. "Lukas"
REP. “Lukas”

Sí, son juegos gráficos. Parecen surgir más a partir del ojo que de la mano. Creo que el juego que mejor juego es el del ojo, el de la imagen, y eso me lleva a que he jugado mucho solo. Así es el juego de la imagen. En cambio, el juego de la palabra es siempre con otro.

REP. "Divina Comedia"
REP. “Divina Comedia”

¿Jugás con la escritura?

Tengo la capacidad de hacerlo, pero temo cansar, porque escribo largo, escribo lúdicamente, absurdamente, a pesar de que después los melones se acomodan porque termina adquiriendo sentido. Tengo un vicio como laburante del humor y es que siempre trato de llegar a un remate. Eso acomoda los melones y deja en suspenso el juego, que no puede terminar en cualquier lado. Me ha pasado que he hecho largos textos en la tira, pero temo cansar.

 

 

ASIMÉTRICO Y DISTORSIONADO                                  

            “Por debajo del miedo,/por caminos cerrados desde antiguo,/se aventuró la mano hasta el silencio./Sabeís que llevo una pupila roja/en el lugar de la alegría.”
“Lugar”, Susana Thenon
                      

¿Alguna vez escribiste fuera del dibujo?

Cosas catárticas. Cosas desesperadas, pero no prosa.

¿Poesía? 

Jamás en la vida escribí poesía. Hice algunos textos, algunos artículos para “Orsai”, creo que cuatro. Un prólogo para un libro. De vez en cuando me da por escribir un texto que no está ilustrado y me sale como el texto de un dibujante, con imágenes y con un vocabulario limitado. El juego literario me cuesta muchísimo. No me cuesta tanto la idea como ponerla en palabras. En cambio, cuando hago este tipo de tiras delirantes, estoy más libre y casi que me gobierna lo musical más que las palabras. Es casi una abstracción que me gusta cómo suena, pero me parece que si hago eso muy seguido la gente se empalaga también con la música.

REP en su estudio. Foto: Diego Grispo
REP en su estudio. Foto: Diego Grispo

¿Tiene ritmo un dibujo?

La otra vez conversaba con Aristarain acerca de su manera de hacer montaje. Y él decía que él cortaba sus películas con una cadencia de jazz. Yo estaba pensando en eso en estos días. Ayer volvía de Río Cuarto en auto y todo lo que elegía por Spotify era un rock que se me parece: sorpresivo, que no tiene una construcción muy lógica ni ordenadita,  asimétrica y distorsionada. Entonces elegí escuchar el último disco de los Beatles, elegí los últimos discos de Bowie. Creo que, a diferencia de Aristarain y de e Sábat y de Quino, yo soy más del rock, pero de un rock más podrido, no cuadrado. 

¿Cómo se lee un dibujo?

Habría que tomar una tira mía y cotejarla con otras a ver si hay una métrica que se repite. Yo creo que debe haberla. La Pequeña Lulú, por ejemplo, es una tira que tiene una métrica muy perfecta. Vos podrías cronometrar a la Pequeña Lulú y estoy seguro que mucha de la magia que tiene es ese tiempo. El tipo es una especie de monje que dibuja con ese tempo, que no hace flashbacks y, si los hace, los hace con ese tempo. Y que no lo hace saltos, a lo José Muñoz, que va y viene. Mafalda también debe tener un tempo. Lo que no sé es qué tempo tengo yo. Yo manejo temas y personajes muy distintos. Por ahí un tempo de Lukas es más lento que el del Niño Azul, pero estoy seguro que una historieta que no tuviera nada que ver con ninguno de mis personajes – la vida de una rana o una situación medieval o algo que ocurre en una batalla-, debe tener un tempo característico. Luego, los temas me manejan los tempos de maneras distintas y ahí también hay algo de la música. La música que me gusta tiene tempos distintos, no tiene un tempo igualador como el vals o incluso cierta monotonía del jazz.

 EL QUIJOTE ETERNO

                                               “Abre los brazos, y recibe también a tu hijo don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo; que,
según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede.”
Don Quijote de la Mancha
 

REP. "El quijote"
REP. “El quijote”

¿Cuánto incide la alternancia del color y del blanco y negro en esto del ritmo? Pienso en “Bellas Artes”, donde vi que toda la primera parte, la de la prehistoria, es en blanco y negro. Luego, de a poquito, empieza a aparecer el color. Da la sensación de que, cuanto más lejos en la historia, se te decolora. 

REP. "El Quijote"
REP. “El Quijote”


Esos dibujos los fui trabajando uno por uno.  Eso lo decide el ojo. A algunos los saturaba de color para tener un clima. “La Divina Comedia” no tiene color, por ejemplo. También tiene que ver con mis estados de ánimo, de los que soy muy respetuoso o víctima. Cuando hice “El Quijote” estaba muy alegre, muy festivo. En “La Divina Comedia” estaba presintiendo lo que se venía y ya muy triste.

Bueno, “La Divina Comedia” tiene una cosa -incluso en el mejor momento- infernal. 

Es horrible. En cambio en “El Quijote” es tan vital… Ahora volví a dibujarlo, saldrá la edición definitiva con cuarenta dibujos nuevos que me faltaban hacer. Lo dibujaría una y otra vez, toda la vida, por la vitalidad que tiene. En cambio, el trabajo con “La Divina Comedia”  ya quedó alojado como un mal momento de mi vida.

REP. "El Quijote".
REP. “El Quijote”.

¿Cómo es eso de que te faltaban dibujos para El Quijote?

Me faltaban dibujos de algunos capítulos. Hay capítulos que tienen mucha profusión de imágenes, pero yo tenía una cantidad limitada de páginas para meter dibujos. Y hay otros, con los que tenés que cubrir la misma cantidad de páginas, y no hay tanta profusión de imágenes. En ese caso hay que inventar y agregar dibujos. Esta vez lo voy a hacer con más libertad. Le pedí ayuda a mi asesor cervantino, José Manuel Lucía Megías, que me llevó a Alcalá, le pedí que, en base a la edición española, me dijera qué imágenes faltaban. Él, además, es el encargado de las imágenes de todos los tiempos del Quijote, carga permanentemente las cosas en la web. Entonces, me fue indicando, y así terminé haciendo unos cuarenta dibujos más, lo cual no quita que dentro de veinte años vuelva a leer “El Quijote” y me diga “cómo no dibujé esto”. Por otra parte, los dibujos que agregué en esa versión son notorios, porque mi mano cambió de entonces a ahora.

¿Te gustan más estos?

Es distinto. Yo no creo en la evolución.

TE TENGO LA MIRADA

“Redondez del ojo entre los barrotes./El párpado, animal ciliar,/boga hacia arriba, deja libre una mirada./Iris, nadadora, sin sueños, sombría:/el cielo, gris-corazón,
ha de estar cerca.”

“Reja de lenguaje”, Paul Celan

REP.  "Córtazar.
REP. “Córtazar.

Antes hablabas del ojo. Pensaba que en todos tus personajes, donde no aparecen bracitos y piernas largas- aunque también en esos-, se destacan mucho los ojos.

Para mí el ojo es lo más expresivo en mis dibujos. Yo soy ojo. Tengo los ojos grandes, mi autorretrato son los ojos. Cuando dibujo caricaturas, no me importan tanto la nariz o la boca. Me importa la mirada, que es donde está el alma. Algunos caricaturistas dibujan a Oscar Wilde, por ejemplo, y ponen el acento en la nariz o en el mentón o en el pelo. Para mí el acento tiene que estar en la mirada. Yo le tengo la mirada a Borges y a Cortázar. No le agarré la mirada a Kerouac y la de Gramsci es muy limitada, porque hay dos fotos nada más.

REP. "Tinta y Tinto sobre Blanco".
REP. “Tinta y Tinto sobre Blanco”.


También, cuando dibujas multitudes,  hay montoncitos de ojos.

Bueno, pero eso también está en otros dibujantes, como Mordillo, por ejemplo. Esos ojos no te dicen más que eso, la multitud. La mirada es otra cosa.

 

 

 

DON MIGUEL DE LA MANCHA Y DE LA LÍNEA

                         “Una línea, una zona de color, no es realmente importante porque registre                             lo que uno ha visto, sino por lo que le llevará a seguir viendo.”

John Berger

¿Y qué es lo poético en un dibujo? 

Para mí lo poético es lo libre, no está en la cadencia ni en la rima. Yo no soy un buen dibujante, soy muy expresivo, muy lírico. Alguien me define como poético, ¿y qué es eso? Creo que el tipo adivina en mí una línea libre, una caligrafía libre, que es una virtud y también un defecto. Un defecto en tanto que, como dibujante, sé que dibujar bien es otra cosa, o muy difícil de obtener con una línea muy plástica como la mía. Creo que la clave de la poética se podría dar en la línea, en la caligrafía, no en la mirada ni en la construcción.

REP en su estudio. Foto: Diego Grispo.
REP en su estudio. Foto: Diego Grispo.

¿Cuál es la diferencia entre la línea y el trazo? 

No sé. Yo haría más diferencia entre la mancha y la línea. La pintura es mancha. La línea es caligrafía. En algunos dibujos hay línea y hay mancha, o línea rellenada en negro.

¿La línea sería como el transcurso? 

REP. "La cuestion criminal", tapa Zaffaroni -
REP. “La cuestion criminal”, tapa Zaffaroni -

Sí, exactamente. El modo en que trabajo mis dibujos parece libre. Sin embargo, el transcurso es un boceto muy pesado, muy trabajado, muy gris. Y en ese trabajo tengo que elegir cuál es la línea a seguir. Parece un camino libre pero está muy ingeniereado y muy balbuceado para después poder trabajar con la seguridad de la línea. Donde más se me nota la línea segura es cuando trabajo sin lápiz, en ciertos eventos como cuando acompaño a Zaffaroni, a Feinmann, a Saborido o a Pigna. Ahí estoy absolutamente solo en el escenario, escucho qué dice el orador y tengo que reaccionar, sin tiempo para hacer un boceto. Y sale. Estoy muy canchero en eso, me tengo confianza, siempre sale algo. De todos modos, hay gente que vive eso con angustia, porque ve que hay una persona atrás, que hace un trazo, otro trazo ¿y a dónde carajo va? Ayer, conversaba con un hombre que venía con su hijo y me había visto dibujar el día anterior. En la pantalla se veía a Saborido y, atrás, mis manos que hacían un trazo y otro. El juego del padre con el hijo era a ver cómo iba a terminar eso. El nene apostaba hacia dónde iba a ir el dibujo y a veces acertaba y otras no, pero la mayoría de los adultos no saben cómo va a terminar.

¿Vos tampoco?

Sí, lo sé. Al menos, hay una vaga imagen. Lo que no sé es  si va a estar bien construido, si va a ser claro. Empiezo a trazar sin red. Y, si hay un accidente o un error, lo tenés que corregir al toque. Por otra parte mis trabajos en la gráfica o para la impresión no son así, todo lo contrario. Los hago con red: “La Divina Comedia”, “el Quijote”, las tiras, un dibujo para Zaiat.

La simultaneidad no parece ser un problema tuyo.

Estoy canchero en eso. El mismo convivir con otras personas en un medio hace que yo no me sienta tan libre, como cuando dibujo solo.

¿SOLITO?

                                   “Es bello lo que procede de una necesidad interna del alma.”
W
assily Kandinski

REP. "Bellas Artes" (Hopper)
REP. “Bellas Artes” (Hopper)

REP. "Bellas Artes".
REP. “Bellas Artes”.

¿Hacés solo la composición de tus libros? Nos llamaron la atención en “Bellas Artes” los separadores, partes de un dibujo que después se completa dentro de la sección.

En “Bellas Artes” me ayudaron en la composición. No recuerdo a quién se le ocurrió eso pero pude haberlo hablado con el diseñador. Ese libro me lo armó una ex mía. El diseño fue otra cosa. Fue una cuestión de edición lo de las portadas. Sí, es como un recorte que después se completa. En ese libro también hubo una intención de hacer dialogar a los dibujos entre sí. 

REP. "Bellas Artes".
REP. “Bellas Artes”.


Ya que lo mencionás, hay libros y  dibujos donde las imágenes conversan entre sí, como los dos dibujos de Hopper, en “Bellas artes”. Y hay otros libros, donde las imágenes, incluso adyacentes en dos páginas y muy vinculadas en lo conceptual, nunca lo hacen. Como en la biografía rayuelística, de Cortázar. Allí, por cada par de páginas, hay una en blanco, con un Cortazár en un extremo, chiquito, que nunca ni siquiera mira al de la página adyacente, el Cortázar grande.
 

REP. "Una Biografía Rayuelística. Julio Florencio Córtazar"
REP. “Una Biografía Rayuelística. Julio Florencio Córtazar”

Cada libro tiene un tratamiento distinto en ese sentido. Y se arma en un ida y vuelta con el diseñador o el editor, o con el curador en una muestra, a veces con propuestas que yo acepto o no. En eso hay una decisión, por supuesto, pero en el marco de un diálogo. No son todas decisiones exclusivamente mías.

EL DESPROCERIZADOR

                                                  “¿Pongámonos bien la vida/ que nos pusimos del revés?”

“A otra cosa”, Jorge Leónidas Escudero

REP. "Bellas Artes"
REP. “Bellas Artes”

Hay muchos dibujos tuyos que mezclan elementos de distintos tiempo. Las huellas dactilares como invento argentino en las pinturas rupestres. Al mismo tiempo, como en tu preferido Cortázar, hay una continuidad ficción-realidad. Así sucede en el cuadro de Magritte, donde llueven hombrecitos fuera y dentro del cuadro.  

Rep. "Magritte"
Rep. “Magritte”

REP. "Una Biografía Rayueslística. Julio Florencio Cortázar"
REP. “Una Biografía Rayueslística. Julio Florencio Cortázar”

Bueno, Cortázar es mi preferido como dibujo, no como escritor. No tengo onda con él. Sí me parece un tipo cálido, al que me hubiese gustado tener como amigo, un lindo tipo para hablar, aunque me gusta su Bestiario. Ahora, respecto a la continuidad ficción-realidad, sucede que, cuando uno labura sobre materiales ajenos, como lo de Magritte, está buscando desesperadamente en tu baúl, cómo lo podés laburar. Yo también le busco las repeticiones a la poética de los otros. Y con eso tomo decisiones plásticas. Si yo fuera un buen lector, haría un libro sobre Saer y seguramente elegiría las repeticiones en su obra, sus obsesiones. Borges es claro, porque ya está muy hablado el tema. Pero me manejo mejor con el mundo de las imágenes que con el literario. Puedo quizás descubrir alguna cosa, algunas obsesiones, pero creo que soy mejor lector de imágenes que de palabras y mucho menos, de poesía. No me confío en eso.

En varias entrevistas despotricás contra la lectura solemne. ¿Qué sería esa lectura?

REP. "Verano12"
REP. “Verano12″

El caso de “Bellas Artes”, por ejemplo, me refería a que nos han mostrado la historia del arte con una lectura solemne. Con la historia argentina, lo mismo. Con la historia del vino, de algún modo también. Todo lo procerizado, en mí, cae. No es que lo destruyo, lo reconstruyo. Siempre tengo un afecto con los temas que trabajo. Si hay algo que detesto, no lo dibujo. A veces lo que me estimula a dibujar puede ser  el afecto o puede ser por la obra. Todos los años hago este ejercicio muy lindo del Verano/12, que son setenta cuentos que debo leer, todos mundos distintos.

Cuando te preguntaba por la solemnidad me refería más a qué podría ser una lectura solemne de un dibujo.

Bueno, eso lo puedo relacionar a cuando tuve que defender mi Quijote a efectos de entrar en el lote de dibujantes del Quijote, porque siempre se lo ha dibujado solemnemente. Gustav Doré es un gran dibujante, pero solemne. Así, todos los dibujantes que vinieron después fueron rindiéndose ante la Real Academia. Dibujar solemnemente a “El Quijote” es como dibujar solemnemente algo de Armando Discépolo. Yo me cagué en Doré y en todos los que dibujaron de manera oscura y patética. Creo que no hay que tomar nada con solemnidad, menos a los clásicos.

ESLABONES DE LUZ            

Le queda un poco de luz a la sombra, verde, sombra del pájaro, y en seguida oscuro y esa voz con mi nombre. (Si pudiera salirme de mi nombre, entrarme en el trébol con su oferta de imanes…)”
El Libro de las mariposas”, Arnaldo Calveyra


¿Qué es el foquismo del éter, del que hablás en tu programa de radio “El Holograma y la anchoa”?

El éter está muy atravesado por ciertos sentidos: periodismo, periodismo y periodismo. Hay pocos programas que se dedican a la sensibilidad, a los mundos extraños, o que hagan foco  en gente diversa o a la libertad de hablar. El foquismo es guerrilla y, en este caso, es presentar guerrilla en el espacio que a uno le dan. En una radio como la 750, que es cada vez más periodística, hacer un programa de gente que va y no sostiene una charla solemne, sino que habla de cualquier verdura, es foquismo. Aparte, hago preguntas raras, absurdas y a veces tontas, lo cual no me importa, balbuceo al aire… Creo que en estos tiempos tan precisos, de la edición perfecta, mostrar el error y el accidente es foquismo.

En este dibujo del Niño Azul leemos:

Rep. "El niño Azul"
Rep. “El Niño Azul”

Ahí aparece la muerte. Luego, en tu programa, sobre el final enfrentás, a tu entrevistado con “El recepcionista de arriba”. Un juicio en el cielo al invitado. 

REP. "Divina Comedia".
REP. “Divina Comedia”.

El recepcionista de arriba apareció en unas historietas que hice en los ’80. Aparecieron primero en “Humor Registrado”. Les tengo un gran cariño porque fue la primera vez que tuve un personaje, una página. Era muy chico y empezó a tener un montón de reconocimiento. Yo ahí vertía todo tipo de opiniones sobre el personaje al que mataba: moría Lennon y yo lo juzgaba, lo mismo a Somoza, a Dalí. En un año hice bosta a un montón y salvé a otros tantos. Ahora, “El recepcionista de arriba”- que es algo ingenuo, romanticón y moderno más que posmo-, tiene una forma de juicio final con personajes reales y vivos sometidos a eso que está siempre dando vueltas en mí: la eternidad. Por algo dibujé “La Divina Comedia”, que son los tres avatares de la eternidad. Falta el limbo que está en Virgilio, pero no importa tanto.

¿Y si vos tuvieras que contestar frente al recepcionista de arriba? 

Pienso que elegiría al Purgatorio un tiempo. Un tiempo que ya se verá. Es un juego de todos modos, no existe nada de eso.

O que te tiren en la ruta del Quijote. 

Claro. Lo peor del Paraíso es que no hay ruta. Creo que los celestiales son tan interesados que van a querer gente luminosa. Lo mejor es vivir en luminosidad.

¿Qué es un ser luminoso? 

Es un ser que tiene más componentes eróticos que tanáticos, que está a favor de la vida, de eslabonar vida con vida, tomar del pasado y mandar al futuro, ser uno un eslabón. Eso me parece un ser de luz.  Uno que permite  dejar ser, que aparta los defectos y mierdas que tiene el día a día de injusticia, de envidia y de todo lo que hay. Todos estamos cargados de eso y, a la larga y en promedio, hay gente que es opaca y hay gente que es luminosa. Y en el medio gente que es semi. Algo tendrá que ver con la infancia, con cómo cayeron los dados ahí y cómo después uno pudo o no ser coherente con eso, estar acorde a los sueños, ¿no? Todo está en la infancia, nadie tiene la culpa de nada en este caso. Y la infancia es el materialazo, no hay otro.

Y la posibilidad de reeditarla, de volver a jugar o jugar el  juego que no se jugó.

 

REP. "Luna del anartista"
REP. “Luna del anartista”


ESTE TIEMPO ES MÍO

                        “Pero es peligroso caminar por donde todos caminan, sobre todo, llevando este peso que yo llevo.”
Juan Rulfo, “El llano en llamas”


Recién hablabas de lo erótico y nosotros en este número escribimos y preguntamos sobre los deseantes. ¿Cuál es el más deseante de tus personajes?
 

REP. "Lukas"
REP. “Lukas”

Lukas, clarísimo. No se aparta de su deseo que parece un no deseo.

Un deseo muy singular, bien propio de Lukas. 

Sí, es increíble, nada lo contamina ni lo desvía de su  carretera. El tipo dice “Yo nací para durar y voy a durar”. El tipo tiene esa conducta, está cero contaminado por la urbanidad, por la cultura. Impecable. El Niño Azul todavía no… No sé. Creo que no tiene ni deseo. Viste que siempre está con la pija al aire. En un momento dado lo hice tener erecciones, a ver adónde iba y volvió a su flaccidez.

Es que, sin lenguaje, ¿cómo puede ser deseante?

¡Claro!  Él tiene sus límites y el deseo te quita libertad, es lo contrario de la libertad. Yo pienso mucho en la palabra deseo. 

Es lo contrario de la libertad cuando es deseo de algo. Pero la fuerza deseante, como meta, como horizonte… 

Esas son cuestiones de Disney, la ilusión y todo eso. El deseo aparece en la infancia, en los bebés. No sé en qué extraña morfología primera. Y después viene toda una vida de tratar de descubrir cuál es tu deseo.

LUKAS en el taller. Foto: Diego Grispo.

¿Y nunca pasa de sentir una fuerza deseante, de desear mucho algo sin saber qué y que eso te potencie  tremendamente?

Sí. Creo que hay momentos de lucidez en la vida de uno en que decís “este tiempo me pertenece, esto es mío”. En general, no vivimos así sino en una especie de burbuja. Pero siempre estamos volviendo a un juego de desconsuelo, cuanto más solos, más deseos. Después está el deseo sexual, el deseo de consumo, el deseo de expresarse, todos los deseos. El deseo es algo que se da estando solo o sola. Sin que venga tu vieja y te diga “Ay, estás triste” o que venga tu chica y te diga “¿Otra vez con el pote de dulce de leche?”. Todo el tiempo están enturbiando el deseo, por eso es algo que mejor curtir en soledad. Mirá, por ejemplo: un tipo que, cuando es viejo y se da cuenta que ya no tiene deseo sexual, dice “¡Soy libre, soy libre!”. Qué bueno hubiera sido que hubiera podido renunciar al sexo mientras podía tenerlo. Pero vuelvo a mis personajes: En un extremo, El Niño Azul, el que todavía no sabe que existe la palabra deseo, un nonato que no descubrió la vida, todo lo demás lo dibuja a él. Y, en el otro extremo, Lukas, que dice “A mí no me dibuja nadie, yo no estoy dibujado. No me interesa el amor, no me interesa el chicle ni la tarjeta de crédito ni la historia”. La afirmación que tiene es que es existencialista a ultranza, no tiene que perder el tiempo porque vamos a marchitarnos, a decaer y a morir. Tiene la íntima convicción de que venimos al mundo a perder. Él sabe que es así y que todo lo demás es hojarasca.

La hojarasca es el objeto del deseo. La fuerza de desear, insisto…

Y seguro que el deseo carece de hojarasca, yo me doy cuenta que es así. Hay cosas que son tan buenas y que se necesitan tan poco… Claro, uno después se tiene que comunicar, tiene que convivir y todo es hojarasca. Pienso bastante en que somos un horizonte. La otra vez estaba en Panamá, hablaba con una señora sobre Cristina, sobre que ahora se permite salir vestida como quiere. Y me decía “Por fin, ella siempre se estuvo escondiendo en la revista Caras, en la conchetez de vivir ahí, en Juncal y Uruguay. Y en las uñas largas y qué se yo, si su deseo era esto: ir gronchamente por la vida”.

El otro día Polimeni te mencionó en su café concert “Voces”. Contaba de cuando le puso el nombre al suplemento “No”. Vos le dijiste que “sí” es una palabra hermosa y “no” es una palabra valiente. Pensaba en el no, en el valor necesario para sacarse de encima a la hojarasca.

Hay que andar con muchos “no”, porque esta es una sociedad que aplaude al  “sí”. Sí, señor. Sí, mi amor. Sí esto, sí lo otro. Hay que decir muchos no de una manera tierna. Como los japoneses, que no dicen nunca no pero saben negarse. No sé cómo carajo hacen.

 

REP y El Anartista. Foto: Diego Grispo.
REP y El Anartista. Foto: Diego Grispo.

 




LOS MUERTOS SE CORREN

Entrevista a Maru Fumagalli, miembro del Equipo Argentino de Antropología Forense.

Entrevista: Nora Lombreg, Anne Diestro, Gabriela Stoppelman
Edición: Gabriela Stoppelman

Caen/se levantan/es un hecho”
Paco Urondo

TorVic. "De Mariposas Negras", dibujo digital, 2014.
TorVic. “De Mariposas Negras”, dibujo digital, 2014.

Dicen que ladean el silencio para estar más cerca unos de otros. Ni susurros, ni fraseos,  ni suspiros. Combados a favor del vientre, anidan en la tierra un lenguaje de espera, un combate obstinado en su puro permanecer. Cuentan que, cuando la materia del mundo se espesa en oscuridades, rehuyen las manos de los vivos. Que no se trata de una voluntad ni de un instinto: su mudar consiste en estar,  un compás de guardia hasta el momento indicado. Por ejemplo, cuando  un aleteo de mariposas negras los preanuncia, o cuando la mano que lentamente los busca, suda al ritmo de sus nombres. Entonces, se inquieta  un desperezarse de tiempo dentro de la fosa. Un sobresalto de estratos y sedimentos inspira profundo y se vuelve caldo, polvo de origen. En la esquina opuesta de los objetos y los seres, la nada chirría sus dientes,  agria en el recuento de tantas batallas perdidas. Reducida casi a su propio nombre,  frágil e inerme, ella sabe: contra su pálido ser, puede hasta la más mínima filigrana de una huella. Y es que, de tanto en tanto, desde el simple relato de una cicatriz, se desovilla un reguero de pistas, marcas, señales, direcciones en la aparente ingenuidad de un territorio. Hay todo un tiempo previo de pesquisas atentas, diálogos al acecho, olfatos convocantes. Y, entonces, un día, aplacado el furor de las primeras paladas, ellos se ofrecen. Despuntan su elemento cargado de ahogos hacia la bocota abierta de la tierra, ahora vuelta en dirección al cielo. El nombre que a cada muerto le falta  no cabe ya en las manos de quienes los buscan. El no tiempo se extiende en el  hueco que comienza a exponer su tesoro. Y ahora la forma que los contiene a todos parece un ojo, un gran ojo que se mira a sí mismo avanzar hacia el alba de un encuentro. La mirada se llena de memoria. Por allí se desoculta la hidalguía de una muñeca, intacta en sostener el recuerdo de una niña. Más lejos, un reloj, detenido en una hora sin historia. Y también botones, prendas de vestir y de arropar, diarios, intimidades que han sobrevivido al peso de los vivos y de su propia ausencia. Dicen que, cuando sus nombres andan cerca, ellos ladean el silencio para abrazarse al temple de quienes los añoran.  Entonces, se corren, se prestan a dejarse regresar. Los primeros que los reciben después de tanta asfixia son, por ejemplo, los ojos de Maru Fumagalli: un fuego que flamea el coraje de un oficio sagrado. Y dice así:

 

TODAS LAS MANOS, TODAS

                                                           Un día nos reuniremos gran suma de minúsculas/despiertas y conmovidas/Entonces derribaremos las puertas del tiempo injusto/Y no habrá nadie entre nosotros que llore por causa/de los ídolos mimosos/Nadie entre nosotros que nos delate con su canto de sirena/a los señores de la infecundidad porque habremos cerrado/tanto nuestras filas que toda la ternura será nuestra
Tilo Wenner, poeta argentino desaparecido

 

Maru Fumagalli
Maru Fumagalli

¿Qué generación de antropólogos sos?

Y… Soy como un híbrido entre segunda y tercera generación. Está la generación que gestó el Equipo, los fundadores, que arrancan en el ’84. Hubo una segunda generación, cuatro o cinco compañeros antropólogos que se incorporaron entre 1998 y 2001. Y, en 2002, entramos nosotros, un grupo de ocho o diez, de los cuales cuatro se fueron luego por otros caminos, así que quedamos seis, de esa tercera camada. En total, seremos actualmente cincuenta, y estoy contando a unos diez compañeros que trabajan en Laboratorio Genético en Córdoba, abocados exclusivamente a esa tarea.

 

Maruja Mallo. "Antro de fósiles".
Maruja Mallo. “Antro de fósiles”.

¿Y cuántos trabajan en la parte arqueológica? 

Tres o cuatro. Pero es que el trabajo tiene varias etapas: el trabajo de investigación preliminar, la reconstrucción histórica de cada contexto en el que se labura, la recuperación arqueológica, el análisis, el perfil  biológico de los restos- que sería el trabajo de laboratorio- y el cotejo genético. Son cuatro etapas pero, en la realidad, se trata de un proceso que se va retroalimentando, pocas veces de una manera lógica, lineal y ordenada. Muchas veces se recupera primero un cuerpo y, a partir de eso, se inicia la investigación preliminar, o bien llegan restos al laboratorio.

Interviene el azar.

Claro. Y si no participaste en alguna de las etapas de esos restos que te llegaron, hay una parte de la información que te falta y es muy difícil reconstruir. Esto es “todos con todos”. Si podés participar de todas las etapas del proceso, tenés un margen un poquito mayor de posibilidades de identificación, lo cual tampoco implica un éxito. En este trabajo el éxito es muchas veces una quimera. Por eso, en Argentina, nosotros tenemos setecientos restos recuperados, sin identificar.

TorVic. “De mariposas negras”.

En otros lugares puede también pasar lo mismo. 

Totalmente.  Y trabajamos con gente que ha hecho la investigación preliminar en otros idiomas y a veces es un problemón. Nos manejamos en inglés, pero ahora  estoy aprendiendo ruso también…

Me imagino, ahora en el Cáucaso… 

Bueno, para este proyecto nos contrata como consultores la Cruz Roja Internacional, para la recuperación y análisis de restos de víctimas de una guerra civil que se dio en los años 92 y 93. El conflicto se dio a raíz de que Georgia era una república soviética y, en el  año 1991, fue una de las primeras repúblicas que se desprendió de la URSS. Una vez que se independizó, había diferentes grupos étnicos dentro del país, que preferían seguir perteneciendo a la URSS. Cuando la URSS cae, estos conflictos explotan. Entonces se da un conflicto de secesión con Abjasia, un lugar muy chiquito al noroeste de Georgia que quiere seguir en la URSS y no se considera georgiana. Lo anterior genera una guerra civil en la que esta población minoritaria, un 17 %, echa de ese pequeño territorio a los georgianos. Georgia todavía considera a  Abjasia como parte de su país. Y Abjasia no ha sido reconocida como república autónoma, salvo por Nicaragua, Venezuela, Cuba y Nassau.

Igor Morski
Igor Morski

Todo esto no lo sabías desde antes.

 Lo tuve que estudiar. A mí me dijeron “Vas a ir a Georgia” y pensé en Georgia, Estados Unidos. Pero no. Era en el Cáucaso. Y me puse a estudiar. La verdad es que está muy bueno. Es un motorcito muy personal para mí en este trabajo. Primero porque haya ciertos conflictos  invisibilizados, uno no se entera de estos lugares y sus historias si no sale a buscar la información. Y, luego, porque no es lo mismo informarte que vivirlo y entenderlo desde los propios actores, aunque hablen en ruso y nos entendamos poco.


DIARIO  ÍNTIMO DE UNA FOSA
                       

Luego de tomar el último sorbo de café/ con un gesto que yo amaba/ dio vuelta la esquina/ entre la gente/ y se metió en mí/ hasta perderse
Pequeña historia de bolsillo”, José Eduardo Ramos, poeta argentino desaparecido


¿Qué tiempo se vive adentro de la fosa? Nosotros vemos a los antropólogos desde afuera, arrodillados, acuclillados, con esos cepillitos…

Para  mí es un “no tiempo”, una suspensión de la cronología. No me pasa con ninguna otra actividad en la vida. Puedo estar ocho horas en esa posición, sin comer ni tomar agua y no me doy cuenta del tiempo, estoy sin sed y sin cansancio. Puedo pensar, por momentos, muchas cosas. Por otros, absolutamente nada. Es muy loco. Hay cuestiones muy puntuales: la ropa, los objetos son la personificación de esos restos. Uno no naturaliza nunca el trabajar con la muerte aunque, después de quince años de trabajar con restos, un poco los ves a todos como iguales, quizás como método de autodefensa. Más allá del  compromiso con el trabajo, uno genera determinados mecanismos para poder enfrentarse al horror sin que el horror te trague. Veo tus lentes ahora, son tuyos. Esos objetos son los que nos van a devolver, cuando no estemos. Y nos van a devolver de una manera muy fuerte. En el Cáucaso me pasó de recuperar un diario íntimo escrito, por supuesto, en ruso y previo a la guerra civil. Estábamos excavando y encontramos una pareja enterrada en un ropero, que era el modo de enterrar a los  muertos en medio de ese conflicto: como podían y donde podían. A la señora, la enterraron con su hermano y su diario íntimo. Ella le había escrito durante dos años a su hijo, que estaba estudiando en Moscú, cómo se desarrollaba el conflicto. Desde su cotidianidad hasta cuestiones macroeconómicas y macropolíticas de la región. Había fotos que el hijo le mandaba, fotos que ella le mandaba al hijo. Estaba todo en la fosa. La cuestión es que, cuando se desata este conflicto, el hijo vuelve para pelear en esta guerra y, en ella, fallece. Nosotros sabemos que en algún lugar se va a recuperar el cuerpo de ese hijo. Y la familia de esta gente está viviendo del otro lado, en Georgia.

Equipo de Antropología forense.
Equipo de Antropología forense.

Los objetos son como embajadores de las personas que ya no están presentes, pero sí representadas por y en esos objetos. 

Totalmente. Y para la familia, en muchas ocasiones, es mucho más poderoso un objeto que un dictamen genético o que una pericia antropológica.

LECTORES DE DOBLE VÍA

       “Afuera/el agua cae/de arriba para abajo/adentro/el agua sube/de abajo para arriba.”

 “Lluvia en la villa”; Roberto Santoro, poeta argentino desaparecido.


Para mí, ustedes son los lectores más grandes del país. Hacen una lectura del último capítulo de la vida de una persona. 

Sí, y esa lectura es un camino de dos vías. Por un lado vas del cuerpo hacia atrás y, por otro, vas desde el evento de la desaparición hacia adelante. Caminos de doble vías que se retroalimentan.

Salvador Dalí. "El escritorio antropomórfico".
Salvador Dalí. “El escritorio antropomórfico”.

Cuando tenés la información…

Claro, cuando se pudo llevar a cabo el ejercicio de memoria que te permita reconstruir el recorrido. Muchas veces, eso no existe. Tenemos casos de restos que presuponemos a quién pueden corresponder, pero las familias no quieren ese cuerpo.

¿Por qué? 

Diferentes motivos. Para nosotros todos son respetables. Ese es también un límite en lo nuestro, trabajamos sólo a pedido de las familias.

Pero al ser parte de la historia de todos, se podría pensar en que sería legítimo actuar de oficio con los restos. En el caso de los nietos, recuerdo que Estela decía que la identificación se hacía más allá de lo que el nieto decidiera luego hacer con eso. 

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Lo que pasa es que ahí tenés un delito imprescriptible, anterior incluso al chico, y que se sigue siendo cometido -es un delito continuado- más allá de la voluntad individual de  un nieto joven de querer aceptar o no que es hijo de desaparecidos.

¿Y en este caso? 

En este caso, la desaparición forzada es un delito de lesa humanidad, pero el leitmotiv de la creación del Equipo es trabajar por y para los familiares. Entonces, si los familiares no acceden a entregar una muestra de sangre o si no están de acuerdo con esta búsqueda, para nosotros, es un límite. 

Una violencia que se contradice con el espíritu de ese organismo. 

Claro. Nosotros no somos un ente del aparato judicial. Somos antropólogos forenses que, muchas veces, actuamos como peritos de la justicia. Pero en la mayoría de los casos, como peritos de los familiares.

¿Cómo se leen huesos? 

Es un proceso complejo que nadie te  enseña. La antropología forense no es una disciplina académica. Yo estudié antropología con orientación social. Después, no hay donde especializarse en antropología forense. En mi caso, fue a partir de mi acercamiento al Equipo. Ellos me enseñaron a leer huesos. Más allá de que uno pueda sentarse a leer bibliografía y preguntarse cosas, hay una transmisión oral y una práctica concreta. No hay una actividad  abstracta y teórica separada de una praxis. Cuando yo entendí que no había posibilidad de desunir una cosa de la otra, me dije: “Este es el lugar”.

maru6, katan amamo

Más allá de lo anatómico, lo que se puede aprender en el campo de la medicina, digamos, ¿esto se aprende en la fosa con los huesos que aparecen y no con los que ya están? 

Sí. Lo que tenés en la fosa es, en realidad, un esbozo de lo que va a venir, muchas veces en la fosa se leen cosas que luego son erróneas. Es un primer acercamiento, aunque fundamental, porque te va a permitir mantener a lo largo de todo ese proceso el contexto de hallazgo y cómo y por qué esa persona o ese grupo de personas llegaron a estar ahí y cómo fueron esos últimos momentos. Eso es algo que me hace mucho ruido en la cabeza: los últimos momentos. Encontrar un reloj, por ejemplo, con una hora que no sabés si es la hora en que la persona murió, o si el reloj siguió funcionando hasta que el tiempo lo dañó, o en qué momento se detuvo… Es muy impresionante. Y muchas veces el objeto que recuperás de una fosa lo ves de una manera que después, en el laboratorio, se revela como otra cosa. A veces recuperamos ropa completamente arruinada, llena de barro, parece que no se va a poder hacer nada con ella. Y, después del proceso de acondicionamiento, ves una prenda que te permite dimensionar el tamaño de una persona, sus gustos, una época histórica,  una moda determinada, una época del año…

En Creta se descubrieron corsets de mujer y tacos altos de una civilización de mil seiscientos años antes de Cristo… Objetos.

MARIPOSAS  NEGRAS ALETEAN DESDE VIENTRE DE LA TIERRA

“Tiembla ante los ojos/ la fugaz acuarela/ es ilusión de risa entre las plantas”

 “Picaflor”, Alcira Fidalgo


¿Cuánto y por qué se conserva un hueso bajo tierra?
 

Depende de las condiciones de inhumación. Me tocó trabajar en un contexto rural en las Filipinas, selva impenetrable, clima absolutamente tropical, un suelo muy ácido. Fuimos a excavar en busca de tres cuerpos y lo único que recuperamos fue la ropa. De los huesos, sólo quedaban unos fragmentitos minúsculos. Prácticamente, a los huesos, se los había comido la tierra. Y, además, les había crecido encima un árbol. Cuando excavamos encontramos la ropa dispuesta con  un árbol gigante arriba. Todo esto con un chamán al lado,  que nos contaba un montón de historias, imaginate. Nosotros veníamos trabajando hacía una semana en una montaña a la que llegamos en un contexto muy adverso. Vivíamos en la casa de una familia divina, la gente en Filipinas es un amor. Al cabo de una semana, no encontrábamos los restos. El chamán decía “Los muertos se corren, no les gusta que los molesten, no quieren ser encontrados”. Nosotros entrevistamos a los lugareños y al jefe de la comunidad, que es lo que tenés que hacer muchas veces para poder acceder a ciertos sitios, sobre todo, en las zonas rurales: es el que regula la dinámica del lugar. Hicimos entrevistas con unos, con otros, hasta que  pedimos hablar también con el chamán. Ahí fue que empezó con esto de que los muertos se corrían. Pero que, dada la buena convivencia que habíamos tenido, ya éramos como parte de la misma familia y ellos iban a aparecer. Nos quedaba un día de excavación y nos teníamos que ir. La misión estaba planificada para una cantidad de días, con una cantidad de víveres. La noche anterior, estábamos cenando con toda la gente, como treinta personas en un cobertizo. En eso entraron tres mariposones negros y empezaron a volar por todos lados. La gente se miraba como quien dice “Ahí están, ahora sí”.- “Ellos vienen a dar su consentimiento para ser hallados”. Al otro día, fuimos y aparecieron dos de los tres…

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Como las mariposas en la Plaza de Mayo ¿te acordás?

Totalmente. Tres mariposones, uno blanco y dos negros. Buscábamos una mujer y dos hombres.


En la cultura mochica de la zona de la costa de Perú, hay una mujer llamada “La dama de Cao”. No la encontraban hasta que Walter Alba- quien encontró al Señor de Zipán, otro personaje importante-, dijo que tenían que llevar al chamán, quien tenía que tomar el cactus “San Pedro”  y, de ese modo, ella iba a dar su consentimiento para hallarla.

Exactamente. A cualquier lugar donde vayas tenés que tener en cuenta a todos los actores y a esa cosmovisión que, por más que vos vayas con todos tus instrumentos científicos, tu capacidad de raciocinio y tu ateísmo, no vas a llegar a los mismos resultados.

¿Y qué pasa con tus convicciones ante eso? 

Hay una conmoción, absolutamente. Es un replanteo general de la vida que se reabsorbe, lamentablemente, cuando vuelvo acá. Creo que cada detalle ayuda a entender la realidad del lugar donde a una le tocó trabajar y a no permitir que la realidad de torbellino que vivimos nosotros nos haga perder cierta dimensión humana y cierta forma de concebir las cosas desde otro punto de vista. Es decir, lo que nosotros vivimos es como es, pero podría ser de otra manera. Estas cosas nos ayudan a evitar las naturalizaciones y certezas. Ojo, sin caer en el relativismo absoluto donde todo es válido.

¡EUREKA!

                        “No vayamos a olvidarnos de la luz/ que no está allá arriba ni tan lejos,
sino aquí,  por estos lados

“Un favor  a la poesía”, Lucina Álvarez, poeta argentina desaparecida

 En  lo que estás diciendo y en  lo que leímos están todos los lenguajes: el narrativo, una teatralidad, literatura, rituales locales que se suman al ritual antropológico, donde sólo falta la música para que sea una ópera…

Para mí ese es el objetivo del trabajo, que la comunidad sea parte de esta búsqueda y se integre con el saber científico, que no es sólo ciencia o, al menos, yo no lo vivo como tal. Todas las miradas y todas las lecturas son válidas en ese momento, millones de percepciones y lenguajes que se entrecruzan con el mismo objetivo y que siguen siendo diversas.

Maruja Mallo."Escaparate". Óleo sobre lienzo, 1928.
Maruja Mallo.”Escaparate”. Óleo sobre lienzo, 1928.

¿Qué pasa cuando las cosas empiezan a aparecer en la fosa? 

Es como el ¡Eureka! Hay situaciones en las que tenés un testigo directo que te dice dónde pasó tal cosa. En general, en el contexto de una guerra, las familias enterraban a sus muertos y ahí tenés testigos de primera mano. Me tocó exhumar en un caso así, en el que un señor había enterrado a toda su familia: a su mujer, a su hermana, a su cuñada, a su cuñado, a sus dos sobrinos, eran como siete. Ahí no hubo, casi, margen de error. El problema es cuando las fuentes son de segunda mano y ese ejercicio de memoria para llegar a la instancia de recuperación se hizo de una manera parcial o defectuosa, por contar con pocos actores. Un testigo indirecto, una historia fragmentada, pocas fuentes de información… Entonces, tenés que sentarte con multiplicidad de actores, preguntar y repreguntar, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿quiénes?, ¿por qué? Algunas veces, podés reconstruir algo y otras  es la búsqueda de la aguja en el pajar. En estos casos, cuando aparece, es el Eureka.

¿Usualmente reconocés un fémur como masculino o femenino, por ejemplo? 

Sí. Y depende siempre de las condiciones en que se encuentren los restos. Resulta fundamental interpretar el contexto de inhumación y una recuperación adecuada de los restos inhumados. En contextos de restos quemados o mezclados es probable que la información se presente de forma muy fragmentada. Ahí el contexto es fundamental.

¿A ustedes los habían convocado en México, por el caso de los estudiantes? 

En el caso de Ayotzinapa, no. Sí nos convocaron y trabajamos en el caso, a pedido de los normalistas. Hace cinco años que el Equipo tiene una oficina permanente en México. Una de los miembros fundadores del EAAF está viviendo allí. Vivía en Nueva York. Fue una de las primeras en involucrarse con el trabajo en México y Centroamérica, fue la que impulsó la creación de lo que llamamos el “Proyecto Frontera”, la formación de bancos de datos genéticos a nivel regional, México y Centroamérica, para la búsqueda e identificación de cuerpos de migrantes México-USA.

Pero ahí no tenés la autorización de los familiares, ¿o sí?

Lo que se hizo ahí fue crear el banco como una instancia con tres patas: una de ellas el EAAF, otra el Estado y la tercera una ONG local, que representa a los familiares. El EAAF funciona allí recolectando y la información  pre-mortem y procesando las muestras de sangre de los familiares, que son convocados por las tres instituciones.

BIOGRAFÍA  ESCRITA EN UNA CICATRIZ

                                   “Tal vez no dejen otra cosa que su memoria en una bala indecible, quizás apenas sus oxidados zapatos queden sobre la arena/como un
espacio para continuar la marcha”
 “Los compañeros”, Enrique Coureau, poeta argentino desaparecido.


Qué importantes son las cicatrices en todo esto. Eso que te hiciste en el tobillo habla más de vos que el dolor por un amor que te dejó.

Sí. Quizás una fractura que sufriste a los ocho años y por la que estuviste vendada dos meses… Por eso la entrevista es un ejercicio de memoria que recupera completa la historia de vida de una persona.

Robert y Shana Parkeharrison
Robert y Shana Parkeharrison

Decía  Carlos  Somigliana, compañero tuyo del EAAF, que la memoria es un trabajo.

Totalmente. Es una madeja que hay que ir desenredando porque la memoria está opacada, encapsulada. Y muchas veces hay que separar paja de trigo.

Y el que separa también tiene una memoria que inventa.

Sí, y como entrevistadora tenés que lidiar con eso. Uno debe estar muy atento a no forzar situaciones para conseguir información.

Aparte, después de muchos años de ausencia, la gente asume como reales cosas que nunca pasaron.

Totalmente. Y también bloquea cosas que sí pasaron. Por eso es importante, si se dan las condiciones, entrevistar a  la mayor cantidad posible de personas. Muchos miembros de una familia a veces no quieren hablar, pero habla la madre. En la mayoría de los casos, las madres son las personas más valientes en estas historias. Cuando la  madre empieza a hablar, el resto  entra en confianza. Pero a esa confianza hay que construirla en dos horas de entrevista con una persona a quien, quizás, no vas a ver nunca más, en una instancia en la que necesitás completar un formulario de cuarenta y ocho páginas con información de todos los aspectos de la vida de alguien. Entonces, se trata de encontrar un equilibrio entre completar el formulario requerido y obtener información múltiple y diversa, a partir de la generación de confianza con ese interlocutor.

¿Hay algo intuitivo en eso, a medida que la conversación transcurre? Porque este trabajo tuyo es científico, humanístico, social, medio psicológico también y hasta literario, en la reconstrucción de los hechos, hay una importancia vital en los relatos. ¿Y lo poético?

Se da en el contacto directo, en la interacción.

En uno de los videos sobre el Equipo que vimos, una antropóloga decía que, cuando está en la fosa, no se angustia. Pero, al identificar los huesos y al darles un nombre, estas personas se vuelven como un pariente de ella, ella siente como si hubiera muerto su padre o un hermano. ¿Cómo te relacionás con esto?

Maruja Mallo
Maruja Mallo


Yo les pregunto cosas a los huesos. A veces me encuentro hablando sola junto a los restos, diciéndoles que necesito que me permitan leer, conocer el nombre, la historia… Muchas veces he trabajado mucho con esa persona, con su historia, he soñado con ella. Cuando aparece el nombre, es la conmoción, es un momento de extraña felicidad. Es el mismo hueso pero ya tiene nombre, cara e historia. Cuando sucede, lo primero que se me viene a la cabeza es: tenemos finalmente una certeza para transmitir a la familia. La notificación es el segundo momento de conmoción.

 

LA NADA IMPOSIBLE

                     Tal vez mis versos mueran/ pero un tiempo nuevo/traiga el verbo exacto”
“Duda”, Claudio Ferrari, poeta argentino desaparecido


¿Qué pasa con la voz en ese momento?

A mí se me representa la voz a través de la familia, cuando me cuentan cómo era la cotidianidad de esa persona, cómo pensaba, cómo se manejaba, qué vínculos tenía con su comunidad, con su familia, con su novia, con sus compañeros de militancia… La voz está en ese poder construir memoria a partir de ese hueso que, a simple vista, es sólo un objeto. Ahí me aparece su voz, pero no en el hueso. En el hueso se me aparecen otras cuestiones, cómo fueron sus últimos momentos. Esos huesos que, sin naturalizar, son todos tan parecidos- acá, en las Filipinas, en el Cáucaso, en México y en Sudáfrica- y que, sin embargo, son la victoria después de un proceso absolutamente doloroso y fragmentador a nivel nuclear de la familia y a nivel social, porque la figura del desaparecido es de absoluta fragmentación.

Después de todo esto yo no quiero que me cremen ni que cremen a nadie porque estaríamos quitándole al futuro  un texto que puede hablar de nuestra época, de nuestra historia.

Mirá, destruir un cuerpo de modo que no quede absolutamente nada es un trabajo muy difícil. Uno puede ocultar, mezclar, distorsionar, pero siempre hay rastros que se pueden recuperar e interpretar.

Manuel González Serrano
Manuel González Serrano


EN EL FINAL, OTRA VEZ FUE EL VERBO

           “Que todo sea una salvaje profecía, amor poseído amor ido”,

“Comunión salvaje”, Miguel Ángel Bustos, poeta argentino desaparecido


Volviste del Cáucaso hace muy poco. ¿Necesitás decantar, tomar un poco de distancia luego de cada misión?
 

Sería lo ideal, pero no es lo usual. Muchas veces no se cuenta con el tiempo. O ese proceso se da en tiempos fragmentados. No está bueno eso… A veces, explota por otro lado, repercute en otros ámbitos.

¿Y no te resulta un poco aburrido cuando estás acá? 

Un poco. Luego, está el asunto de la imprevisibilidad.  Hay ocasiones en que te encontrás replanificando cuestiones personales en función de un imprevisto.

¿Ustedes dependen de algún ministerio? 

No. Nuestra premisa es la de funcionar como ONG de modo de no tener dependencia de ningún organismo estatal ni entidad privada. Desde 2007 contamos con un subsidio de Nación acotado al trabajo que realicemos en Argentina. Pero la financiación del Equipo se genera de un modo bastante artesanal, está en manos de personas encargadas de  contactar fundaciones, embajadas, organizaciones y presentar el trabajo que el Equipo ha hecho a lo largo de estos treinta y cinco años para pedir fondos. Todo el dinero que ingresa al EAAF se redistribuye en las tareas que se llevan a cabo.

¿Vos podrías hacer esto por el resto de tu vida?

Piet Mondrian. " el árbol gris "
Piet Mondrian. ” el árbol gris “

Bueno, es una pregunta que me hago últimamente… Yo pienso en los fundadores del EAAF, en los que comenzaron a sus dieciocho o veinte años, quienes realmente dedicaron su vida a esto. Realmente me resulta admirable su modo de no claudicar. También, pienso en los casos de restos que se identificaron con nombre y apellido y no hay nadie que los reclame, que las familias arrastran conflictos de años a partir de la desaparición y que no pueden resolver el evento de inhumación, qué hacer con esos restos. Luchar toda una vida por esto y cuando llegan las certezas, dar paso a otra etapa compleja, la concreción de un duelo absolutamente inacabado. Nuestra función es tratar de dar respuestas concretas y acompañar desde nuestro rol ese camino. 

¿Quién, que no haya tenido un pariente asesinado, ve los huesos de su madre? Es anormal, vos podés tener el cadáver de tu madre, pero no los huesos. Debe ser tremendo. Pienso en la imagen de los huesos abrazados en la fosa. Si los separás un poco de la idea de la muerte, uno ve que eso es lo que se preservó después de la muerte, lo que sigue vivo.  Hay ahí un espectáculo de muchísima solidaridad, como que los esqueletos se abrazan… 

Bueno, los familiares de colectivos donde se dieron eventos cerrados, como en el caso de la comunidad de El Mozote, en El Salvador, decían: “Ellos lucharon juntos, resistieron juntos y murieron juntos. Y para nosotros es reconfortante que estén juntos aquí. A pesar de rescatar sus restos de manera individual, nosotros decidimos que vuelvan a descansar con sus nombres, pero juntos”.

Pauline Moss
Pauline Moss

Esos muertos tirados en la fosa común parecerían haber estado como asfixiados, hasta que ustedes les devuelven un nombre,  ahí recuperan algo vital, una especie de “aire”. 

Sí. Y también está el tema de la decisión de las familias, de qué hacer con esos restos. Algunos quieren cremarlos y guardar las cenizas en su casa, como el corolario de cuarenta años de lucha, por ejemplo. Ese momento de las decisiones es otro mundo complejo con el que lidiar. Nosotros somos custodios legales de los restos hasta el momento de la inhumación. Entonces uno tiene que asesorar a la familia y acompañarla en ese proceso que puede llevar meses o años. Incluso, estamos en el entierro de los restos si la familia lo solicita. Son temas muy personales. Hay familias con las que nos seguimos viendo en una relación imperecedera.

¿Sos docente? Te pregunto porque es difícil encontrar material sobre el trabajo de ustedes.

Me cuesta un poco la docencia. En estos últimos años, me estoy amigando con eso, pero más por necesidad de salir a comunicar. Solemos tener muy bajo perfil, nos cuesta  bastante la exposición, pero es necesaria. Por un lado difundir el trabajo del EAAF y, por el otro, mediante capacitaciones, difundir la generación de capacidades locales en diferentes partes del mundo. Un grupo de compañeros se encuentra trabajando full time en esa área.

¿Vivís de esto?

Sí. Los primeros cinco años en el Equipo estuve como voluntaria tratando de entender de qué se trataba todo esto. Iba al laboratorio, buscaba asesoramiento y capacitación. Pero la primera vez en la fosa, que fue en el sur de la provincia de Buenos Aires, me quedó todo claro. Yo, desde pequeña, supe que me interesaba la diversidad, el hecho de que hubiera en el mundo tanta gente diferente y, sin embargo,  tan parecida. Entonces, ¿por dónde acercarme a eso? Estudié Antropología sin saber mucho de qué se trataba. En la carrera me di cuenta de que sí me iba  a permitir un abordaje de la diversidad humana, pero que la vida dentro del claustro académico no me convocaba en absoluto. No sabía que existía el Equipo. Un día me enteré a través de una compañera de estudio, ella me contó que trabajaba como voluntaria en el EAAF. “Quiero ir”, me dije. Lo loco es que a esta compañera no la vi nunca más. Bueno, fui a entrevistas, me informaron cómo era el trabajo allí y decidí que eso era lo que yo quería hacer. Aquello conjugaba las variables que a mí me interesan en la vida: una bajada práctica a la realidad de la diversidad humana, un tomar contacto con los actores históricos de diferentes contextos atravesados por la misma problemática, realizar un aporte concreto- desde una perspectiva científica- a la ausencia de un cuerpo.

LA FRONTERA DEL MAR                                

                                   Lo humano es que el alama no incline su rodilla”,
Roberto Santoro

Hay algo muy chamánico en lo que hacen ustedes, en el sentido laico: devolverle un nombre, una cara, una foto a un fantasma. 

Sí. Uno tiene muy naturalizado esto, lo veo más que nada en los fundadores pero también en mí: ¿Cómo no hacerlo? Es una militancia, es un trabajo.

Bárbara Bezina. "Autorrestrato con calavera".
Bárbara Bezina. “Autorrestrato con calavera”.

Es muy amoroso, aparte, el trato que ustedes tiene con los huesos, los vuelven a armar como  a una persona… Vimos el video en el que una viejita, entre temblores, recibe la caja con los objetos y los huesos del hijo. Uno piensa en qué sentirán esas manos…

Se recuperan lazos, relaciones sociales…

Es raro que no escribas sobre esto. 

Algún día me gustaría hacerlo. Pero mi herramienta es la foto. Y lo extraordinario de la experiencia es rescatar el ámbito de pertenencia de una persona. Muchos actores desde diferentes perspectivas, aportan información: un amigo, el compañero del club, el compañero de militancia, una esposa, la segunda novia.

¿Hablan ustedes en la fosa ?

Hay momentos. A veces estamos muy compenetrados en la tarea y otras hablamos de cualquier cosa, como en cualquier trabajo. Depende, por supuesto, del contexto, al que uno está muy atento. Se trabaja con mucho respeto. Es muy movilizante, por ejemplo, cuando se encuentran los familiares presentes en el lugar.

¿Te tocó buscar a alguien cercano? 

Sí, me tocó. En eso uno tiene que tener un poco de distancia, porque a veces se genera una empatía con algunas familias y se puede perder de vista que no se pueden prometer resultados. En este trabajo, el manejo de las expectativas es permanente. Básicamente, uno tiene que trabajar controlando las expectativas de los familiares y también las propias.

Bárbara Bezina "Anocheciendo en ele jardin"
Bárbara Bezina “Anocheciendo en ele jardin”


Taty Almeida decía que lo único que quiere antes de morirse son los huesos de Alejandro, pero que hay muchas posibilidades de que lo hayan llevado en uno de los vuelos de la muerte.

Han aparecido restos de vuelos de la muerte, pero no mucho tiempo después de efectuados. Hoy en día, es un desafío muy grande ante esa lógica de ocultación. El mar es un límite tremendo. 

¿Y los huesos mezclados por la acción de las topadoras?

En estos casos se produjeron muchas identificaciones cuando se comenzó a utilizar el ADN de forma masiva. Hubo exhumaciones acientífcas por el año ’84, hechas por los bomberos, la policía y demás, mezcla de encubrimiento e ineptitud; sin conocimiento en la materia es altamente probable perder evidencia fundamental. Entonces, con el uso de las retroexcavadoras mezclaron, rompieron y mandaron todos esos restos, descontextualizados, a un depósito en Asesoría Pericial de La Plata. El Equipo los recuperó en el año 2002. Se realizaron estudios antropológicos y genéticos de esos restos y, por esa vía, se lograron múltiples identificaciones.

Es impresionante que una ONG sostenga el deseo de encontrar mientras que desde el Estado durante muchos años la tarea fue la del ocultamiento.

Sí.

TODO  OCULTAMIENTO ES UNA HUELLA                            

                                   “Tal vez / si los últimos/ seres/ que quedaran sobre esto / bajaran / sencilla humildemente /los ojos/ hacia adelante/ la libertad sería/ en serio/
un pedazo de eternidad”

“Extremaunción”, Jorge de la Cruz Agüero 


Me decías que en la fosa son cuatro personas trabajando.

Sí, muchos de nosotros rotamos de tareas. Al principio todo era muy artesanal y los recursos muy limitados. La mayoría tenemos conocimientos generales de todas las áreas pero estamos especializados en alguna de ellas. Yo  trabajo específicamente en recolección de datos antemortem y recuperación arqueológica. Hoy en día, el campo del antropólogo  forense se ha ampliado y diversificado. Históricamente, nuestro aporte se enmarcaba en la búsqueda y recuperación de restos, productos de conflictos sucedidos 20, 30, 40 años atrás. Eso ha cambiado.  México es un ejemplo de los múltiples aportes que se pueden brindar desde la antropología forense, en el marco de un conflicto actual.

Leyendo lo tuyo me venía la imagen de la tachadura, como que el esqueleto es un texto tachado debajo del cual aún late algo.

Es que el ocultamiento no existe porque implica una huella. Siempre.

 

Escora Pedraforca
Escora Pedraforca

MANO A MANO

                                   sepúltame con el viento/ con el aire humedecido/por una mano”

 Paco Urondo

Ustedes son detectives.

Bueno, es que hay huellas que se deben recuperar. Pueden estar más o menos ocultas, pero son huellas, están. Además, en el caso de Argentina, las fuerzas de seguridad tienen la obligación de registrar todo lo que hacen, cada procedimiento, por mínimo que sea. Y eso en algún lugar queda. Los milicos tienen un protocolo de procedimiento desde el pedido de una resma de papel hasta para un operativo militar. Eso deja huellas y ahí es donde nosotros indagamos. También están los diarios de la época y testimonios personales que se van encontrando y aportan información, que se sistematiza con objetivos claros y concretos.

¿Y cómo han llegado a los registros clandestinos? 

Mayormente, a través de  testimonios orales y escritos. Incluso, en algunos casos, por testimonios de personas que pertenecieron a las fuerzas de seguridad. Las fuentes testimoniales son múltiples y diversas.

Hay que tener mucha capacidad para bancar la frustración también, ¿no?

 En La Perla, se buscó diez años.

¿No encontraron nada? 

Hace unos dos años, aparecieron restos dentro de unos hornos ladrilleros, pero por La Perla pasaron más de dos mil personas…

Una tarea de gran perseverancia.

En Tucumán, tenemos una oficina permanente.

¿Hay un standard respecto de la profundidad hasta la que se excava?

El nivel donde interrumpís una excavación es el del sedimento estéril. Desde el nivel del suelo, empezás a cavar y vas removiendo capas de sedimento. Podes hacer una lectura de cómo eso fue removido a través del tiempo.

Todo se puede leer.

Claro. Si yo hago un pozo acá y planto un  árbol, dentro de veinte años, vos vas a poder notar, si cavás y leés el suelo, que acá hubo una perturbación. Las capas de sedimento son, en sí, absolutamente homogéneas, no presentan ninguna disrupción. Entonces, cuando vos cavás, si ves que en un punto las capas se interrumpen, ves que hubo actividad. Cuando volvés a encontrar esa homogeneidad, es que se terminó el laburo. Ese es el límite.

¿Se cava con pala? 

Claro. Es manual. Se trata de dar indicaciones correctas de dónde y cómo cavar, porque una pala la maneja cualquiera, pero se trata de saber cómo buscar y qué leer en un sedimento. Por ejemplo, cavar en capas de unos 20 cm, limpiar, observar y luego cavar otros 20 cm. Hay lugares donde los cuerpos están a cincuenta centímetros, pero también hay otros en que están a dos metros de profundidad.

¿Y las calaveras?

 Para unos, las calaveras son movilizantes. Para otros, los objetos. Es muy personal. En mi caso, son las manos, siempre presté mucha atención a las manos de una persona, me parece un medio de expresión muy potente.

Maru Fumagalli con el Anartista
Maru Fumagalli con el Anartista




RAÍZ DE MAR

Deseantes: sobre los migrantes caboverdianos

Por Héctor Lontrato

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“El mar/Dentro de nosotros todos / en la esquina de la Morna/En el cuerpo de la chicas morenas,/En los muslos ágiles de las negras,/En el deseo del viaje que queda en sueños de mucha gente”.

Jorge Barbosa

MIXTURAS

Hubo un tiempo, cuando las fronteras se derretían al calor de millones de manos. Roce de pieles enrojecidas, sudorosas. Miradas que pedían a gritos entender, ser entendidas. Oceánicos sacudones desacomodaban ideas, proyectos, entrañas. Y, entretanto, las mixturas se amasaban con el paso del tiempo.
Nunca fue fácil ser negro, escapar del hambre y agachar el lomo. La vida es dura en medio de la sequía de un archipiélago del Atlántico Norte donde, antes de convertirse en colonia portuguesa, como describe Barbosa, no había “ni flechas venenosas desde el aire/ ni gritos de alarma y de guerra/resonando por los montes”.
Cesária Evora descalza la tierra de Cabo Verde. Camina y protesta. Junta bronca y canta en los bares del puerto de San Vicente. El aguardiente la enciende. Las mornas, llenas de saudade, no frenan ni frenarán la diáspora. El tango se cuela en esas músicas negras. Es, tal vez, la carta de invitación más seductora para miles que llegaron a la Argentina, bajo la inspiración alberdiana de una nación que crecería con la simiente europea.
Y los caboverdianos no eran blancos como soñaba la generación del ’80. Pero sí, europeos. Trigueños, para los registros. Negros, para el trabajo fuerte. Hábiles para la navegación y para sostener sus raíces durante décadas, pese a la invisibilidad y los tragos amargos por la discriminación.

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PANZAS INFLADAS

Aguas azules y mantos de arenas blancas. Islas que flotan como pequeños barcos anclados en la inmensidad. Todo es sal, aspereza, sequedad. De esos barcos vinieron y, de ellos, nunca se bajarían. Se subieron a las mareas que los llevaron a Estados Unidos, a Portugal, a los vientos que los trajeron a la Argentina. Atrás quedaron años sin una sola gota de lluvia, la crujiente tierra y los ardientes surcos en caras cuarteadas. El hambre sin abstracciones, con el vientre lleno de brotes que se comen los músculos, que aletargan y dejan la vida en pausa. Una vez más, Barbosa: “El techo de paja/lo llevó/la furia del sudor./Sin batientes/las puertas y las ventanas/se quedaron escamasadas/ para esa desolación”.
De niña, Paulina Díaz, descendiente de caboverdianos, escuchaba con atención los relatos de su tío, un experto navegante de mundo. Muchas veces le había hablado sobre las hambrunas en Cabo Verde. Ella nunca pensó que eso era tan importante. Creía que se trataba del hambre de algunas horas, del hambre de medialunas de manteca, de churros con dulce de leche, de papas fritas. El marido de su prima, Adriano, le contó que, antes de llegar a Buenos Aires como polizón en un barco carguero, él había visto niños con las panzas infladas. Seguramente, Paulina pensó que se trataba de niñas embarazadas, pero no se animó a preguntar.

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El LIMBO

El desarraigo del migrante trasciende las generaciones. Durante toda su vida, Paulina se sintió como en un limbo, con un pie aquí y otro allá, como si le hubieran arrancado la tierra de sus pies. La correspondencia fue algo trascendente en su vida y en la de los caboverdianos en la Argentina. Desde pequeña, su madre solía hacer predicciones con la seguridad de un astrónomo. Y, en la mayoría de los casos, acertaba. En una ocasión le dijo a la abuela de Paulina que guardara la última carta de su esposo porque no iba a recibir ninguna más. Él estaba radicado en Bahía Blanca, donde había llegado a bordo de un buque ballenero. “Quedate tranquila, tu papá no nos va a abandonar”, fue la respuesta que la niña recibió, incrédula. Tiempo después, se desató la primera guerra mundial y los correos dejaron de funcionar. No llegó ninguna carta más. La abuela moriría unos años más tarde
A punto de quedar huérfana con sólo 14 años, la mamá de Paulina se transformó en mujer. Fue vestida y maquillada como una adulta para poder ingresar al hospital Muñiz, donde agonizaba su padre. No hubiera podido entrar de otra manera, porque allí se atendían enfermedades infecciosas. Se sentía una extraña con tacos, vestido y rouge. Una extraña dispuesta a ver a otro extraño. Esa fue la primera y la última vez que lo vio.
Otra carta que marcó la vida de Paulina fue la enviada a su abuela paterna. Un amigo de su papá, que formaba parte de la tripulación de un barco, se comprometió a llevar esas líneas a Cabo Verde y esperar alguna respuesta. Un sobre con poco pegamento pasó de puerto en puerto. Fueron meses de espera. Al regresar, el mensajero trajo la triste noticia de su muerte y devolvió intacta la carta que Paulina atesora en su caja de recuerdos.

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GUAPOS

En las primeras décadas del siglo veinte, el caudillo conservador, Alberto Barceló, era el Intendente y dueño de Avellaneda. Controlaba todo dentro y fuera de la ley. El tránsito y la prostitución. La higiene y el juego clandestino. Las grandes obras y las grandes coimas. La vida y la muerte.
Apenas recuperada de la muerte de su padre, la mamá de Paulina fue recomendada para ir a trabajar a la casa de Barceló: “Como no sabía, se sentó a comer con ellos. La dejaron en principio pero le explicaron que debía estar con los sirvientes. Después la querían adoptar”. Durante mucho tiempo, fue la dama de compañía de la esposa de Barceló, hasta que una amiga le dijo que todos los días se sentaba a comer con matones como “Rugierito”, la mano derecha de Intendente. No se presentó más a trabajar. La fueron a buscar y se negó. Con cierta picardía, diría mucho tiempo después que las tierras ganadas al río en Dock Sud habían sido rellenadas con los cadáveres de los duelos a cuchillo y los asesinatos ordenados por los conservadores.

http://https://youtu.be/kQP6KcZwvUE

RONDA

Como las telenovelas que alteraban el sagrado espacio de la siesta, las cartas llegadas a Dock Sud eran muy esperadas. Los niños se hacían dueños de las calles entre pelotas y sogas de saltar: “Perseguíamos al cartero. Y si había una carta para nosotros, llegábamos a mi casa con una alegría enorme”. Era una ceremonia. Nadie hablaba mientras el padre abría con cuidado el sobre, desplegaba el papel y comenzaba a leerla. Paulina y sus tres hermanos tenían la mirada clavada en él. Si arqueaba las cejas o se mordía los labios, si dejaba salir una sonrisa o apretaba el puño. Los chicos se esforzaban por ser pacientes pero, en un momento, estallaban en la ineludible pregunta: “llovió o no llovió”. Si había llovido, todo era una fiesta y hasta se organizaba la tradicional cachupa.

“La cachupa, comida tradicional de Cabo Verde, “es a base de maíz pisado, poroto colorado, alubias, nabiza, repollo, carne salada de cerdo (pecho o codo), carne de vaca, panceta y chorizo colorado”

Pero la lectura de la carta no terminaba ahí. Como un elenco teatral que presentaba la misma obra en distintos pueblos, ese texto era leído por toda la familia y también transitaba por las calles de Dock Sud. Los padres de Paulina le pedían que la llevara a la casa de paisanos y amigos para que tuvieran noticias de Cabo Verde.

“No vamos por el anís, ni porque hay que ir. Ya se habrá sospechado: vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía. Mi prima segunda, la mayor, se encarga de cerciorarse de la índole del duelo y, si es de verdad, si se llora porque llorar es lo único que les queda a esos hombres y a esas mujeres entre el olor a nardos y a café, entonces nos quedamos en casa y los acompañamos desde lejos(…).Pero si, de la pausada investigación de mi prima, surge la sospecha de que en un patio cubierto o en la sala se han armado los trípodes del camelo, entonces la familia se pone sus mejores trajes, espera a que el velorio esté a punto, y se va presentando de a poco pero implacablemente”.
Julio Cortázar – Conducta en los velorios

La solidaridad es otra forma de correspondencia de los caboverdianos en Dock Sud. Primos que comparten espacios comunes y reparten lo poco que tienen. El compromiso originario de la tribu, la mirada colectiva por encima de todo. Los retos y las enseñanzas de los tíos. La ayuda al paisano cuando está enfermo, los turnos para cuidarlo. Los grupos de madres que llevan a los chicos de picnic al terraplén de una obra abandonada, convertido en imaginaria montaña ante los ojos de infancia. La colaboración con el partido independentista, por medio de carteles y pancartas pintadas a mano.

Esas manos tendidas sirvieron también para preservar ciertos aspectos de su cultura, de sus comidas y hasta la forma en que despiden a sus muertos, vestidos y bañados en hierbas aromáticas por grupos de amigos. Los recuerdos de los velatorios dibujan una sonrisa en la cara de Paulina: “Los velorios se hacían en la sociedad de socorros mutuos y nosotros esperábamos a los personajes. Había lloronas. Una de ellas ya empezaba desde la puerta. Otra venía cantando, a veces cosas sin sentido, porque tenía que reflejar la historia del muerto desde que nació hasta sus últimos años. Nosotros nos tapábamos la boca y nos moríamos de risa”.

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LA FRENTE MARCHITA

El que migra nunca viene sólo. Los caboverdianos transportaron su historia y sus representaciones simbólicas. Y, esencialmente, la idea de volver, de recuperar los olores de infancia. Se hermanaron con el terruño. Ahora los suyos son tanto de aquí como de allá. Aprendieron a tomar mate y a compartir con el judío, con el polaco y con el italiano. Las mareas sacudieron sus sensaciones. Se sienten bien aquí, pero también quieren estar allá. Los envuelve el doliente sonido de la morna y los compases alegres de la coladera.
Con un pie en cada puerto, eligen quedarse. Pero se parten en dos: dos lenguas, dos miradas. Sus sueños son verdes y negros, azules y blancos. Eligieron estar cerca del agua y se quedaron a gusto. Sin embargo, no pueden dejar de ser lo que son: una planta que busca su verdadera raíz, una raíz de mar.




LA PALITA VERSUS LA MOTOSIERRA

Deseantes: sobre la resistencia de la agrupación “Un árbol para mi vereda”
De Isabel D´Amico

 

10 M2 X PERSONA

La ciudad de Buenos Aires exige sus pulmones por falta de oxígeno verde.

Zonificación para negocios inmobiliarios en los terrenos ferroviarios de Colegiales. Zonificación de Terrenos Catalina Sur 2 para negocios inmobiliarios, proyecto de ley para autorizar el shopping de Caballito“, “Tercerización de la Privatización”, predios para el Tiro Federal. Usufructo por 100 años con opción a renovación de 14 ha del Parque de los Niños. Se autoriza la concesión privada. Mutilación de nuestro acervo patrimonial.

Habrá edificios donde piden parques y la codicia chorreará cemento.

EN EL DIARIO NO HABLAN DE TI

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Pegó un cartel en el espejo del ascensor:

“¡Hola a todos!

Este sábado, 30 de septiembre, entre las 9.00 hs. y las 9.30 hs. vendrán a plantar un Guarán amarillo, en nuestra vereda.

“Un árbol para mi vereda” es una red de plantaciones colaborativas que apadrinan la plantación de árboles nativos.

Están todos invitados a acompañarnos a esta hermosa ceremonia.

Es una acción gratuita por amor a la naturaleza y el cuidado del medio ambiente.

Los esperamos, bien cerquita, en tu vereda”.

La administración

El cartel pegado sobre el espejo del ascensor desapareció en pocas horas. Alguien se vio afectado en el edificio. Alguien se molestó. La nota fue publicada solo dos días antes de la ceremonia, suficiente para notificar, suficiente para despegarla.

A las nueve y cuarto de la mañana del sábado 30, “la administración” esperó en el hall de entrada a los miembros “deseantes” de árboles en las veredas. La Sra. María y el Sr. Roberto, ambos del consejo, repasaron el discurso planeado entre las sábanas de su cama matrimonial.

A las 9.30 hs., una pala se clavó en el pequeño espacio de tierra de un metro por un metro. La primera dama fotografió al musculoso “deseante”, mientras el hueco le hacía espacio al guarán amarillo, una de las tantas plantas nativas para cultivar. En soledad, el Sr. Roberto y la Sra. María, acariciaban las hojas del árbol y la pala ensuciaba la vereda ansiosa de verde.

A las 9.35 hs., se escuchó el ascensor y la Sra. del segundo B con su hija Josefina se sentaron en el escalón de la entrada para mirar el intenso trabajo del deseante con pala. Dos minutos más tarde, la señora del primero bajó con su flamante marido y una bolsa de tierra fértil, usaba un bello chal, tejido por su madre. Y, así, la del octavo, la del séptimo, la del noveno.

Guillermo, uno de los deseantes, regaló pequeñas plantas que debemos apadrinar hasta que sean árboles, regalarlos cuando crezcan mucho y multiplicarlos hasta el infinito. Cuando el guarán estuvo plantado, la primera dama intentó decir unas palabras, pero no pudo, quizás porque ya estaba todo dicho.

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Mientras tanto, en ese preciso momento, en el parque Las Heras, un serrucho eléctrico pasaba la lengua entre sus dientes para arrancar otro árbol enfermo. Las podas salvajes destrozaron las ramas y los hirieron para pudrirlos de muerte.

Los deseantes de “Un árbol para mi vereda” suman, de a un metro cuadrado, el espacio verde que el gobierno de la ciudad nos roba. Y les importa un pito de estadísticas y de encuestas.

El follaje de los árboles produce por fotosíntesis el oxígeno que respiramos y al absorber dióxido de carbono evita el calentamiento global. Los árboles son anteojos que nos protegen de las radiaciones nocivas del sol y son nuestra piel, cuando nos cuida del calor agobiante.

ECHAR RAÍZ

En la ciudad de Buenos Aires, los terrenos fiscales deberían ser hectáreas verdes protegidas, mimadas, cuidadas por el gobierno de la ciudad para ser disfrutadas por los vecinos. La industria inmobiliaria impera y, sin piedad, los usurpa gracias al beneplácito de una hipócrita legislatura porteña cómplice. Mientras tanto, las plazas se enrejan, el aire se escurre entre dos barrotes, entra y sale de un espacio donde la noche queda sola, protegida de ninguna cosa, porque el delito se ha vuelto la ley dominante del Estado. Mientras tanto, hemos llegado al punto de tener que juntarnos a idear planes para que no nos roben el oxígeno, para que respirar no sea un lujo.

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Mientras tanto, un cuerpo aparece en el sur y la funcionaria pública más votada de la Capital federal se permite humoradas. “El frío del río Luján conserva bastante el estado de un cuerpo”, dice un periodista de esos que mejor ni nombrar. Y ella remata: “Como a Walt Disney”.

¿Te creías que el oxígeno era tuyo, que la posibilidad de tener unas buenas vacaciones- o, al menos , unas vacaciones- era tuya, que podías dejar de mirar lo que otros tienen y tenerlo, que podías hacerte con el espacio de tu ciudad sin vejaciones, que podías opinar sin represiones? ¿Todo eso te creías? Entonces, creías bien.

Respirá hondo. Ahora hay que salir a replantar lo perdido. Con la copa bien alta y el tronco firme. A echar raíz, otra vez.

Video de Gabriela Massuh. docente, egresada de la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires, doctora en Filología por la Universidad de Núremberg (Alemania).

 




SI AMAR NO HUBIERA SIDO PECADO

Deseantes: sobre las relaciones sexuales entre varones en el virreinato del Perú, entrevista a la historiadora Fernanda Molina

Por Lourdes Landeira.

 

CONFESIONES LETRADAS

La cena transcurre en un departamento porteño. El padre relata una historia que incluye la palabra “gay”. El hijo menor – seis años-  abre muy grandes los ojos y la boca, con gesto pícaro. El hermano, dos años mayor, mueve la cabeza con desaprobación. La madre quiere saber qué pasa. ¿Escuchaste lo que dijo papá?, responde el de seis. Se refiere al término “gay”. “No es mala palabra, hijo”. El de ocho replica: “Pero decirlo en la mesa…”.

Desde el año 2010, Argentina tiene ley de matrimonio igualitario; desde 2012, ley de identidad de género y, desde hace décadas, espera por el tratamiento de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Los derechos se juegan y las palabras los nombran. ¿Qué escombros silenciados serán necesarios remover para encontrar la causa por la que en este contexto un niño tenga internalizada como “mala” la palabra gay?

Fernanda Molina es historiadora. Vale mencionar que hizo su carrera en la UBA (Universidad de Buenos Aires), allí “cayó”, como dijo hace muy poco el presidente de la Nación, respecto a quienes se forman en la educación pública. Realizó su tesis doctoral como becaria del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). El mismo instituto que a principio de año sufrió severos recortes, mientras el ministro del área manifestaba que los estudios sobre la Edad Media solo sirven para el hedonismo de los medievalistas y, por tanto, no deben financiarse.

Molina estudió las relaciones sexuales entre varones en el virreinato del Perú durante los siglos XVI – XVII. Su investigación devino en libro: Cuando amar era pecado. Sexualidad, poder e identidad entre los sodomitas coloniales (IFEA – Instituto Francés de Estudios Andinos y Plural Editores – Bolivia). A primera vista, el término sodomita –casi no uttapa libro sodomitasilizado actualmente- sorprende desde la tapa. La connotación, por supuesto, es negativa. Más allá de la definición del real diccionario: quien practica el coito anal y, por más de que ignoremos que Sodoma es una de las ciudades destruidas por Dios como castigo a la depravación de sus habitantes, todos sabemos que algo anda mal, no es una buena palabra. Ahora bien, si nos adentramos en el texto de Molina sabremos que “el pecado que habían cometido los habitantes de Sodoma parecía estar vinculado con el orgullo, la inhospitalidad y la inobediencia a Dios y su historia constituía, en realidad, un tropo para referirse a la ira y al castigo divino”.

 

FUEGO PENITENTE

Aun más, si se le pregunta a la autora, dirá que la utilización de la palabra sodomía implicó una gran controversia para ella. No quería re criminalizar hoy a los individuos que, en su momento, ya habían sido criminalizados por eruditos y magistrados como consecuencia de su sexualidad disidente.

  • Sin embargo, hay un sentido más amplio. Y allí estuvo centrada mi búsqueda, en rescatar retazos. A través de los intersticios de las fuentes judiciales, pude acercarme al significado y las prácticas que implicaban para estos hombres las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Quise darle al término sodomía no solo ese cps126arácter moralizante o delictivo, sino también el contenido que esos hombres le dieron.

La utilización del lenguaje es clave en el recorrido de este trabajo. Las citas de los expedientes (transcripción textual) – “se les de garrote hasta que naturalmente mueran y después sus cuerpos sean quemados en llamas de fuego hasta que se conviertan en polvo y ceniza para que perezca su memoria” -potencian el escrito. Al mismo tiempo, la autora se apropia de terminología no usual en nuestros días, por ejemplo, el incoado, para referirse al iniciado y explicar por qué hablar de gays coloniales sería un anacronismo –la noción de lucha por los derechos civiles y sexuales era impensable en la sociedad colonial-. Tal movimiento de registros, dentro de una narración muy amigable a nuestros oídos del siglo XXI, logra componer en la lectura el sentido de las múltiples superposiciones inherentes a nuestra lengua y –también- a nuestras ideas.

  • Creo que mi investigación puede aportar al conocimiento de la génesis de discursos homofóbicos, segregacionistas y discriminatorios. Terminé mi tesis en 2009, un año antes de la aprobación de la ley de matrimonio igualitario. Al escuchar los discursos de algunos diputados y senadores conservadores, que apelaban a nociones de contra natura y las articulaban con enfermedad y patología, pensaba en cómo mezclaban discursos de diferentes contextos y sistemas de conocimiento al mismo tiempo, probablemente, sin saber de dónde venían. Es muy loco pensar que las formulaciones de tratadistas y eruditos de la colonia están hoy en los saberes populares.

niquisisionSi bien en la actualidad nadie es encarcelado ni quemado en la hoguera por su elección sexual – no había frontera entre pecado y delito en la colonia- los cuerpos continúan cautivos de las normas imperantes. Y quienes las rompen los siguen exponiendo a las llamas de la injusticia patriarcal, que tantas veces les cobra con la vida, ante el silencio de sus cómplices (in) tolerantes. De ahí la pertinencia de leer hoy “Cuando amar era pecado”, donde la sexualidad aparece como una variable para pensar la historia. Lejos del goce por el goce mismo, bucear en las raíces nos alerta sobre cómo, en más de una oportunidadsin estar de acuerdo con las morales y concepciones coloniales, las reproducimos en nuestros discursos.

 

SALIR DEL CLAUSTRO

  • Me pareció que había una veta un poco más trasgresora dentro de la historiografía, más allá de los estudios de género y la historia de las mujeres. Planteaba otro sujeto histórico que permitía no solo pensar la sexualidad, sino también las identidades.

En esa declaración, Fernanda Molina plantea otro de los ejes que atraviesan su trabajo. En una sociedad absolutamente desigual, como fue la del virreinato del Perú, las jerarquías decidían el destino de las personas. Los vínculos sodomíticos no fueron ajenos, por el contrario, muchas veces tuvieron lugar bajo la forma de abusos de poder. La autora se nutre fundamentalmente de casos judicializados, a pesar de la protección corporativa de la que pudieran gozar los sectores de siempre y allí le es posible acceder a las historias de quienes, de otro modo, hubieran permanecido para siempre en el anonimato. A través de esos resquicios logró visibilizar elementos de subjetivación devenidos de esa práctica sexual, como pueden ser la adopción de roles femeninos, ciertas vestimentas y espacios de sociabilidad que, si bien no llegaron a constituir un colectivo, sí fueron un ámbito por donde esos hombres se movieron. Más todavía, las declaraciones de los testigos permiten dar cuenta de cómo la sexualidad llegó a subvertir relaciones de poder y de cómo el afecto se hizo presente en los procesos, más allá de cualquier criminalización. peru-cabro

comiendo juntos en un plato y veviendo en una taza partiendo la bebida veviendo el primero el dicho doctor y dando luego de beber al dicho Don Diego diciéndole bebe esto Diego por amor de mi por vida mia y lo mismo hacia en las viandas mordiéndolas el dicho doctor y dándolas mordidas a comer al dicho don Diego (…) los dichos Diego e Luis de herrera no son amo y criado sino personas tan conformes e yguales que nunca se aparta uno del otro un punto ni se hace mas de lo que quiere el dicho luis de herrera y donde quiera que va uno a de yr el otro y entre ellos yendo fuera no ay mas que tan solamente una cama” / “era tan su querido el dicho negro que lo vieron una vez al dicho Barros que estaba en la cavalleriça sentado sobre una pesebrera y tenía echado un braço sobre el pescueço del dicho negro y asida de el la otra mano”(transcripción textual).

Por supuesto, en la sociedad colonial, los tribunales civiles, los eclesiásticos y la inquisición solo vieron un crimen que debía ser castigado por abominable. De ahí, su nombre, el pecado nefando. Muchos sinónimos aparecen en cualquier buscador: indigno, infame, vergonzoso, perverso, vil. Sin embargo, nadie la usa y pocos conocemos su significado y las muertes que todavía sigue costando.

  • No en este trabajo, pero sí en mi investigación más amplia, aparecen los estereotipos con que se asocia a las poblaciones indígenas: la antropofagia, la idolatría y la sodomía. Esos tres elementos arman lo que yo denomino el complejo nefando, son las tres transgresiones primordiales que van a utilizar como fundamento quienes son favorables a la esclavización de los indios.

 

PRETÉRITOS IMPERFECTOS

Sin pretensión de forzar similitudes, se impone hablar de hipocresías y continuidades. Y, por supuesto, la iglesia tiene su capítulo aparte. Cómo no pensar en la cantidad de curas pedófilos aún protegidos corporativamente por una institución que a fuerza de sangre impuso una moral represora sobre la sexualidad de las personas, con el objeto de dominarlas.

Ahora estamos advertidos, ni homosexuales hubo siempre, ni la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Cada una de esas palabras tiene un contenido propio de su época que no puede ser extrapolado a cualquier contexto. Si no lo sabíamos, con la lectura de este libro podemos enterarnos que la simple fornicación no era un pecado antes de que ciertos concilios así lo decidieran. La sexualidad – de esto sí hablamos –  nos atañe a todos los seres humanos, pero dista mucho de ser algo natural. Por el contrario, nos atraviesa singular y socialmente.

  • En ese aspecto, este libro va en concordancia con la diversidad. No solo en el sentido de diversidad sexual, sino también en los modos personales de vivir y experimentar las distintas opciones.

Antes de que la ortografía impusiera sus primeras reglas, en las crónicas de la colonia se escribía como quedó reflejado en las citas anteriores y, también, así:

images (1)El padre Juan Bautista Aluadán fue cura del pueblo de San Cristóbalde Pamapa Chire. Fue muy absoluto, cruel padre, las cosas este hombre hazía no se puede escriuir. Porque tomó un yndio del dicho pueblo llamado Diego Caruas; porque no le dio carnero le puso en un aspa esponxa como de San Andrés. Le puso unos cueros amarrados, comensóle a quemar con candela de sebo, meter fuego en el culo y en la guerguenza, ensendido muchas candelas y brealle. Y le abría el culo con las manos. Y dizen que hizo otras cosas mucho más, que no se puede escriuir, cino que Dios lo sepa y otros muy muchos daños y males hacía. Y ací atormentaua a las solteras de don Juan Uacrau, su hija, que el padre Aluadán les desnudaua el culo y el coño y le metía los dedos y en el culo le daua quatro asoticos; cada mañana le hacía a todas las solteras.”

Siglos mediante, lo indecible todavía se intenta escribir. En el mismo año en que transcurre la apacible cena familiar con –mala – palabra incluida, colegas de la autora de “Cuando amar era pecado” dicen sentirse avergonzados de pedir un libro con el nombre sodomía en su título. Editores de revistas académicas le piden, con frecuencia, que cambie un título o que saque explicaciones tan detalladas. – “Me ha pasado” – dice y escucho, ambas incrédulas.

¿Será la censura el oficio más viejo del mundo? Los inquisidores supieron aplicarla: “nefandas deshonestísimas que porque eran tan feas y tan torpes y desbergonçadas mandamos que no se escribiesen”. Y hasta el mismo Rey supo ordenar: “mando que se borren del pliego donde caen las dichas palabras sacándolas a la letra donde están y como escriptas para que se den y entreguen al dicho vicario para que proceda en la causa contra los culpados”

El de la palabra, sin duda, es un terreno de disputa de poder. Ya lo dijo el lingüista ruso Valentín Volóshinov: “el signo es la arena de la lucha de clases”. Parafraseando alguna de sus ideas de “El marxismo y la filosofía del lenguaje”, la palabra penetra en cualquier interacción entre los hombres – y las mujeres – y atraviesa toda instancia de comunicación.

En su libro, Molina interpela, “Habría que interrogarse si existe algún término que se encuentre libre de ideologías o, por lo menos, de intencionalidad”.

 

YO TE DESEO

¿Cuántos niños conocerán la etimología de la palabra deseo? ¿Cuántos adultos habrán escuchado versiones sobre el origen del verbo desear? Me animo a decir que muy pocos. Sin embargo, es muy probable que cada quien las conjugue desde y por los siglos de los siglos. La raíz del término implicaría a desidium (ociosidad – libido), a desidere (estar sentado) y a desiderare (anhelo). Las cartas están echadas, la quietud mantiene al objeto de deseo a una distancia sideral. Sin embargo, caminamos. “La certeza me viene desde las suelas”, dice Herzog en “Caminar sobre el hielo. Y, sobre las suelas, se erigen los cuerpos: ellos logran que los astros lleguen a habitar la tierra. “La mejor manera de acortar la distancia entre nosotros es a través de un abrazo o un beso. Si no tuviésemos cuerpo, ¿cómo podríamos consolar a los otros – cómo podríamos expresar los más profundos sentimientos, sobre todo el amor?”, dice el escritor Richard Zimler  en la entrevista publicada en este mismo número.

imagesPor su parte, la mirra es una sustancia aromática con un listado de propiedades medicinales que varía según el experto consultado. Es, también, uno de los regalos que los Reyes Magos le entregaron al niño Jesús en el pesebre. Melchor llevó el oro del reino, Gaspar, el incienso divino y al negro Baltasar le tocó, quizás para hacer juego con lo oscuro de su piel, la mirra, emparentada a la vulnerabilidad del cuerpo destinado a sufrir y a morir, (además de ser amarga, la mirra se utilizaba para embalsamar a los muertos)

Mirra, en la mitología griega, es la madre de Adonis. La divinidad la transformó en árbol luego de dar a luz al hijo de su padre.  En las “Metamorfosis de Ovidio, ella habla: “Dioses, os lo ruego, piedad y sagradas leyes de los padres, impedid este crimen nefando y al delito oponeos, si es que es delito. El humano cuidado malignas leyes dio, y lo que la natura permite, envidiosos derechos niegan”

La línea divisoria entre naturaleza y cultura ha sido transitada por innumerables pasos – los de aquellos sodomitas virreinales, los de nuestros pies contemporáneos – y hoy es una gran superposición de huellas. Así, cuanto más caminamos hacia ese lugar, más la alejamos con nuestra propia marca. Quizás, en los intersticios de esas capas, se encuentren pedacitos de deseos camuflados. Tal vez, por su ruta, podamos hacer un viaje de doble sentido en el tiempo y jugar a encontrar semejanzas y diferencias. Desenmascarar los artificios puede acortar distancias. Los sodomitas coloniales, de acuerdo a la investigación de Molina, fueron severamente perseguidos y castigados. Sin embargo, cierto grado de tolerancia estuvo también presente. Siempre que el pecado-delito se cometiera puertas adentro. Si se hacía público, la ley -humana y divina- debía actuar indefectiblemente. La historia y el cine inmortalizaron a Camila O’Gorman por iguales motivos. Todos lo sabemos, en 1847, ella y su amante, el sacerdote jesuita de la parroquia local, fueron fusilados por orden del gobernador (Juan Manuel de Rosas – tío de Camila) luego de haber huido para vivir su amor. Hoy, en Argentina, las mujeres se pueden casar. También, pueden ser detenidas por besarse en una estación de tren. Es solo un ejemplo, para desandar e intentar encastrar los fragmentos. Una y otra vez.

 

 

 




ROSAS ALREDEDOR DEL VACÍO

Deseantes: Entrevista a Rodrigo de la Serna y Pompeyo Audivert, por “El farmer”.

 

Entrevista: Gabriela Stoppelman

Edición: Gabriela Stoppelman

 

¿Has raspado un vidrio contra otro vidrio? -dirá uno de los malditos peones, borracho-. Así suenan las voces de las brujas, cuando cantan en las noches de luna sobre las praderas de nieve. Las brujas cabalgan palos de escoba, y los palos de escoba se les hunden (es un chirrido molesto, queja furiosa, algo relacionado a su carácter áspero) entre las piernas, y ellas cabalgan, erizados los pelos de sus cabezas, por bosques y praderas de nieve, y la luz de la luna baja por sus esqueletos, y ellas son la soledad que ríe en la noche y en la nieve.”

                                                           “El farmer”, adaptación teatral

 

 

Una luz espinosa merodea lo oscuro. Evita los cursos rectos, porque es en la continuidad de la línea donde merodean los fantasmas. Un pétalo de la luz se atreve y tuerce el rumbo en una curva. Y allí descubre, en una torcedura del espacio, un rincón atrincherado en su condición de fantasma. ¿Quién es usted?, pregunta la luz, con la corola de la voz impostada en terciopelo: “Un pensador que sueña, un soñador que piensa”, contesta sin imposturas la silueta del rincón. Hay por allí también un perrito invisible, entremezclado con las sombras. Una caricia de Rosas para el animalito camuflado en el territorio de lo oscuro y el escenario muta y, de pronto, se vuelve campo de combate: Caseros se ha montado sobre la nochedumbre y la batalla trascurre adentro de un espejo. En ese terreno, los soldados enemigos tiemblan en el aire cortado por un sable y las brujas se cuelan entre los uniformes de los caídos, remontan el vuelo hacia una altura que nunca alcanza las fronteras de la Patria. ¡Qué lejos está siempre el horizonte que no alcanza la mirada, justo en el linde del destierro! Y el destierro, ¡ay! El destierro es esa geografía de lengua madre, a puro merodear su desarraigo, entre el murmurar extranjero y nocturno -perpetuamente nocturno, aún de día- y el imaginario desconocido que brota desde el tallo de esa flor sin perfume: la tierra del exilio. Allí sólo queda el oído, atento al chirriar de las palabras huérfanas de sí. “¿Has raspado un vidrio contra otro vidrio?”, y la lucha entre el acecho y el idioma de origen: “Y yo camino alrededor del brasero. Y miro cómo llega la noche./ Soy Rosas./ La perra en celo tiene miedo./ ¿De quién son esos pasos en la nieve?/ ¿Quién busca mi puerta?”. Pero las fuerzas de un lado y del otro de la batalla son desiguales. Y el vacío se abre como una boca enorme, llena de carnosas espinas. Tierra de nadie. Rosas y otros perfumes apenas los circundan. Sin embargo, hay que hablar, escribir, actuar, para no caer vacío adentro. Ese es el cáliz sagrado. Y crepita en el lenguaje. Lo otro es la nieve: “La nieve es el silencio de Dios… duermo”. (*)

Hermin Abramovitch-
Hermin Abramovitch

 

EL REPULGUE DE LA VOZ

El programa del espectáculo habla de “el doble mítico”, presente en el imaginario colectivo, más allá de su presencia física. En la novela, que es un largo monólogo, nosotros encontramos varios dobles, algunas apelaciones a interlocutores ausentes y ciertos diálogos consigo mismo de Rosas. Es decir, embriones de voces multiplicadas. ¿Cómo buscaron ustedes el doble Rosas en la lectura? ¿Lo escucharon en el cambio de ritmo del texto? ¿Atendieron a la puntuación? ¿A la disposición gráfica? ¿A la ambigüedad del carácter del tipo?: La novela de Rivera es también un texto dramático. Si, antes del primer texto con el que Rivera abre su novela, uno pone “Rosas”, resulta ser un monólogo teatral. Rosas monologa con él mismo a solas con sus fantasmas, rumia su rabia, se interroga, se responde, trata de dar con el sentido de su vida en esos últimos momentos en Southampton, después de veinticinco años de exilio. Es una suerte de rey Lear nacional. Pero sucede que es muy difícil de sostener por un solo cuerpo, por un solo actor, resultaría moroso, denso, abrumador. La clave que nos permitió llevar adelante una adaptación teatral fue dividir al personaje en dos cuerpos: el Rosas biológico, de carne y hueso, que se está muriendo esa última noche en Inglaterra, y el Rosas mítico, el que nace esa noche a la inmortalidad, el que va a permanecer acechante en las sombras de lo nacional como una suerte de identidad clandestina. La idea del doble mítico desató la jugada metafísica del teatro y nos permitió, además de establecer una dinámica teatral muy curiosa, ágil y rítmica, abordar cuestiones más allá del nivel histórico: el tema de la identidad como asunto sagrado. Rosas se duplica en los ojos del lector y pendula entre la cursiva y la letra común. Los epígrafes, “Cuídate de la noche/ Cuídate del día/ La vejez es inevitable/ La muerte, también”, que en la novela son el preámbulo de la voz narrativa, en la obra se vuelven música. Un violonchelo separa las escenas y conversa con los actores. De ese modo, la música es un tercer personaje que narra, cuela acordes, fragmentos de frases. La búsqueda de un encuentro circula permanentemente en el escenario, entre sonidos, cuerpos y palabras. Pero hubo un encuentro más, uno anterior a todo lo desplegado en escena: Con Rodrigo desde hace mucho teníamos ganas de hacer algo juntos, es para mí un actor singularísimo, que excede y desborda los moldes del realismo, su actuación se inscribe en otra latitud, inaugura algo nuevo que hace mucha falta, una suerte de desmesura sobrenatural que no se desboca, que ahonda y estalla poéticamente la noción de actuación llevándola a una dimensión de otredad. Fue una casualidad de esas que afirman el pensamiento mágico del mundo la que nos cruzó.

Marcel Caram
Marcel Caram

Sucedió que estando yo en una crisis con el texto de Rivera, en esa primera etapa, cuando pensaba hacerlo como un monólogo y me daba cuenta de que no entraba en un solo cuerpo -que podía resultar abrumador- me encuentro casualmente en un restaurante con él, quien me manifiesta su profundo interés en “El farmer”, que, ¡oh casualidad! acababa de leer. Esa noche, antes de dormirme, se me ocurrió la idea del doble mítico. Lo llamé de inmediato y le propuse que trabajáramos juntos la adaptación, la dirección y la actuación de “El farmer” desde esa perspectiva. A partir de allí lo convocamos a Andrés Mangone como codirector para poder tener una mirada alterna lúcida y artística que nos evitara el ensimismamiento y a la vez nos ayudara en el montaje.

La adaptación no se queda atrás si de multiplicar voces se trata. Ella dispone del texto como quien aprovecha las propiedades de una tela. Coloca el inicio de la novela -“Que en mi epitafio se lea, aquí yace uno que nunca dudó”- en mitad del transcurso de la acción dramática, interpola, disloca, parte entre los dos actores el discurso cuando hay un par de oraciones huérfanas. “Viejo Rosas: Hay un silencio argentino de las madrugadas./ Joven Rosas: Y hay un silencio inglés”. Aprovecha los puntos y aparte para dividir el texto entre dos edades, como quien corta el pan para compartir entre varias hambres. Y, por si esto fuera poco, la obra reordena y une todo lo vinculado con una misma época en una continuidad. Esta reorganización del texto en lo dramático, paradójicamente, responde más la idea de capítulo. Por su parte, la novela es por fragmentos. El paso del tiempo toma otro pulso en el cuerpo de los actores, asume cortes que ahora transforman la tela del texto en una masa elástica y maleable. Una masa que se dobla sobre sí, se frunce. Y hasta admite repulgues en las vueltas de las cronologías.

 

UNO MISMO DEL REVÉS

El farmer
El farmer

“El viejo se mira al espejo y se prepara para afeitarse. Cambia la luz. Sigue hablando el joven” (…) “Miro mi cara en el espejo” (…) “Yo no necesitaba espejos, con mis 78 años, remuevo los carbones encendidos del brasero, y pregunto a ningún espejo” (…) “No está Manuelita, que era mi espejo” (…) “A los ingleses, en invierno, se les borra la cara”. Como si no bastara con dos Rosas, una voz musical y otras semi-voces fantasmean el escenario. La otredad se impone como reflejo, como desdibujo de rostros al infinito sobre la superficie del texto, que insiste con espejar: La figura de Rosas, contradictoria, nos permite representar la sospecha existencial a la que se debe el teatro como arte ritual y sagrado, la sospecha de la otredad, la sospecha de ser otros que asedia al hombre histórico. En nuestro programa de mano pusimos un fragmento de una poesía de Jorge Enrique Ramponi -poeta mendocino- que habla de esto, “Asistido en el trance por alguien que es yo mismo, del revés, en mi ausencia”. En el espejo de atrás se mira solo el joven, que es casi devorado por esa escenografía manchada, esfumada. Al viejo apenas le toca un espejito para afeitarse, suficiente para el dueño de una certeza sin rajadura, como dice el epitafio que el propio Rosas piensa para sí, “un hombre sin duda”. ¡Cuánto diferencia a un hombre sin espejo de un hombre sin rostro y cuánto los emparenta! No hay forma de unificar la mirada: Lo atractivo de Rosas es que es un personaje histórico sobre el que no tenemos, como colectivo social, una mirada unificada, como sí sucede con Sarmiento, Belgrano, San Martín. Rosas es una máscara contradictoria donde late nuestra identidad convulsa de argentinos, imposible de estabilizar, inaprensible, en ese sentido, poética. Creo, como te decía antes, que el teatro es una operación sagrada, destinada a interrogar al ser al respecto de su supuesta identidad, individual y colectiva, a revelarla como ficcional, como subsidiaria de fuerzas de una magnitud inaprensible que juegan su partida en nosotros, en nos-otros.

 

ESPEJITO, ESPEJITO, DIME CUÁL ES EL PIEDRAZO MÁS SAGRADO 

    “Viejo Rosas: Yo como de esa luz del día, y largo el caballo contra el horizonte./

    Joven Rosas: Yo soy la luz./ Viejo Rosas: Y soy mi propio caballo.” 

El farmer”, adaptación teatral

Andy Goldsworthy - Land art
Andy Goldsworthy – Land art

¿Qué es lo poético en teatro?: A través de la puesta en crisis de la mirada heredada se alcanza la visión poética. El teatro debe ser la piedra que rompe el espejo. Primero, hasta romper el espejo, el teatro es la piedra. Luego de que lo rompe, el teatro vuelve a ser el espejo, la piedra sigue su viaje en dirección al centro del misterio a donde van las fuerzas ciegas. El teatro queda en la superficie rota dando cuenta de los restos de una plenitud refleja y, a la vez, revelando lo que la sostenía como la naturaleza que estaba oculta, paralizada, tras la lápida reflejo. Al romperse el espejo ya nada queda en su lugar, los fragmentos flotan en distintos niveles, algunos dan vueltas, otros ya se han ido o se están yendo, todos forman parte de un conjunto conjurable: el momento anterior al piedrazo, una unidad ficcional en perdición. El teatro puede valerse de esa fuerza histórica, ahora desarticulada, que daba consistencia al espejismo y que queda como inmanencia. El teatro puede utilizarla para sus fines, restablecer su sentido a una nueva valencia, emplearla para concitar caleidoscópicamente nuevas versiones de identidad y pertenencia; versiones que den cuenta de otro nivel existencial, no el representado por los efectos de la escena, sino el que se presiente como fuente poética y política de dichas producciones. La fuerza ausente, que ahora se entrama con el nivel histórico fragmentado constituye así una operación teatral metafísica. Rosas es atroz a veces, de doble moral, tantas: Yo duermo. Y cabalgo con el aullido de los vientos del sur sobre mi cuerpo, y firmo tratados de paz con los caciques indios, que entregan a su gente a la servidumbre y la desaparición y, paciente, escucho sus incomprensibles discursos, sus largos bramidos de valentía, y presto atención a sus danzas guerreras, y como, sin repugnancia, sus mejunjes ardientes, y los alabo con una lengua grave y lenta, y les sonrío. Los indios se miran, y repiten, con voces alargadas y chirriantes, sus juramentos de fidelidad al hermano Juan Manuel. Los señores Representantes de la Legislatura se palmean las espaldas: van a arrendar o comprar, en las tierras que conquisto para ellos, sus hijos y sus nietos, estancias de tres leguas de frente por tres de fondo.” Doble juego político, doble moral. Rosas no ve conflicto ético en esto. Las cosas son así. Este “pragmatismo ácido”, esta decadencia ética, ¿cómo se lleva al teatro, al arte, en general?: La existencia del arte tal cual hoy lo hemos situado, acontecimiento puntual al que se entra por una puerta después de pagar la entrada, marca el grado de atraso del hombre y su encrucijada: en una sociedad de raíz poética el arte sería pura función social, todos seríamos artistas. Pero ésta es una sociedad capitalista, degenerada y primitiva, y el

Acting Artaud
Acting Artaud

hombre sólo ha alcanzado el arte a través de unos pocos que apenas pueden mantener un pobre balbuceo con la fuente (¡y se debe defender ese balbuceo a riesgo de perderlo!). La realidad en donde surge el arte hoy está “tomada”, el capitalismo como expresión funcional de la burguesía ha ido sofisticando sus métodos de agenciamiento hasta hacerlos casi imperceptibles. Hoy es muy difícil no ser atravesados por sus líneas de alienación, no reproducirlo de alguna manera.

 

INHALE VACÍO, EXHALE SILENCIO

“Salí a la nieve, y el cielo y el mundo estaba en silencio, oscuro, y sólo había luz en mi rancho, me desabroché la bragueta, y oriné sobre la nieve. Un meo largo y dorado. Fuerte el meo.” El silencio como algo singular de un lugar. “El señor Sarmiento y yo somos los dos mejores novelistas modernos de este tiempo. Él y yo somos dueños de los mismos silencios.” El silencio como una cadencia respiratoria, un estilo. Un viento de peste silbara por las calles de la ciudad, y había un silencio como no conocí otro en esas calles de Buenos Aires, vacías.” Un silencio único. Y no hay paisano que, en una tarde de silencios y de llanura, no mire oscilar la hoja de su cuchillo donde sea que lo clave, con mucho alcohol en el cuerpo o ninguno, con algo en la sangre que es más hondo que el recuerdo, que no grite ¡Viva Rosas!, listo para morir o para cobrarse una cuenta que nunca sabrá cuándo y quién la abrió.” Un lugar hecho de silencios. El silencio como propiedad, como botín. Lo entrañable, lo que no le pueden robar. ¿Cómo se actúa el silencio? El texto plantea muchos silencios. La obra, también. El escenario está hecho de silencios, hay algunos singulares, hay silencios apropiados por el cuerpo del actor, otros compartidos con el público. A veces parece que el silencio gritara: Es un monólogo a dos voces. Pero también un soliloquio escindido, un monólogo esquizo-epiléptico, una cita quizá con el fantasma que habita en el reverso. Lo interesante es que se pueden sumar versiones sin contradicción. Rodrigo y yo somos actores que vamos más allá del realismo o el naturalismo, hay en juego algo de un grito histórico que queremos representar y para ello hay que situarse fuera de los moldes heredados, o, en todo caso hacer síntesis de distintas herencias conjugándolas con nuestra sangre y nuestro presente. Creo que estamos en un estallido histórico, por lo tanto, lo que está en crisis es justamente, la herencia. Actuar hoy es algo nuevo. El teatro hoy debe ser un piedrazo en el espejo. ¿Cómo se vincula el actor con el silencio durante la función? Para pensar en esto conviene imaginar a la máquina teatro detenida, en su silencio y su quietud latentes, cuando reposa a la espera de desencadenarse nuevamente: un círculo de actores respirando en un espacio vacío. Y si se amplía la visión, se puede ver que ese círculo de actores respirando en el vacío está rodeado de espectadores que respiran a su vez en torno a ese vacío ocupado por actores, he ahí a la máquina teatro detenida, respirando. Y si ampliamos aún más el campo de visión veremos sin duda, rodeando ese círculo ritual e indiferente a él, a la realidad histórica entregada a sus asuntos, esa misma realidad de la que provienen esos actores y ese público. Entonces es más fácil entender al teatro como una máquina de naturaleza metafísica. Y también cabe preguntarse si el teatro no se debe también a ese vacío sobre el que se cierne, tanto o más que a ese frente histórico indiferente que lo rodea.

el farmer 8descarga

 

LA ORFANDAD DE LOS LOBOS

“Miro las pisadas del lobo en la nieve. ¿Sabe el lobo de su orfandad, allí, afuera? Voy en busca de mi escopeta.” “¿Qué hago yo —escritor, novelista, jefe militar, campesino—, solo y pobre en tierra extranjera, afligido por el desagradecimiento y el desdén de aquellos que favorecí, y de un país al que conduje a la gloria como nadie antes en su historia?”Estoy solo, y hablo, para mí, en un frío mediodía británico.” “Rosas viejo: Estoy solo, veinte años solo, sin mujer, salvo una criada vieja y pulguienta, en mi home. Sin alguien que me ayude a mantener, con algún decoro, el farm.” A pesar de las numerosas referencias a la soledad, Rosas es un personaje habitado por muchas voces. Hasta diría que parece una metáfora del combate entre las distintas fuerzas que hacen a una identidad: Los argentinos estamos condenados a perder y a recuperar la identidad cada tanto. Somos un país con una historia extraordinaria, aunque a veces a muchos se les olvida y están dispuestos a fingir que no lo saben, que no saben quiénes fueron. Es en ese sentido de representar las convulsiones de la identidad que usamos a algunos próceres de nuestra historia, como carnada para concitar una unidad con los espectadores, como caballo de Troya. En el caso de Rosas, su soledad y su identidad del final están cruzadas por traiciones y ausencias. Sólo su monólogo, su voz, lo salva de estar totalmente solo: “Lavalle se alistó, pendejo, en los granaderos del general San Martín. Y peleó como el mejor. Se largaba, solo con su caballo, al encuentro de los soldados del rey de España, y los mataba con su sable y la exaltación de un fraile santo. Hasta que lo mataron a él, los montoneros, en un infame pueblo del Norte. Dicen que lo entregó una mujer: pobre Juan Lavalle, tan buen mozo, morir vendido por una mujer” (…) “A veinte años de ese crimen, a veinte años de ese pecado de sangre que Dios no le perdonó al cojudo de Urquiza y a la traición de mis generales, un paisano clava su cuchillo en el mostrador de una pulpería, y grita ¡Viva Rosas! Y otro clava su cuchillo en el mostrador de otra pulpería, y grita ¡Viva Rosas!” (…) “¿Y el general Ángel Pacheco, que no movió un caballo el 3 de febrero de 1852, y dejó que el salvaje Urquiza atropellara los flancos, el centro y la retaguardia de mis ejércitos con su caballería entrerriana, y diezmara mis ejércitos con su caballería entrerriana? (…) Don Ángel Pacheco, guerrero de la Independencia, tenía por norma coleccionar tierras de unitarios, exquisita costumbre que los intelectuales del Río de la Plata, en voz alta o en voz baja, llamaron pachequear”.

 

VELAR LA LENGUA MADRE

 “El joven: ¿Dónde vive, general? El viejo: ¿Le hablaron, a usted, de un lugar llamado destierro? El joven: Aquí, en mi rancho de Inglaterra, digo. Viejo: El destierro es verdad; lo otro… Joven: Sueño.”

                                             “El farmer”, adaptación teatral

Kathe Kollwitz -The Parents
Kathe Kollwitz -The Parents

Rosas está desterrado de su patria. Pero no de su lengua:Eso dice Juan Manuel de Rosas, que vela, en el destierro, en un rancho agobiado por la soledad y la nieve, para que su patria no se extinga en la abyección y el desamparo.” Escribir, no ceder al silencio es su modo de velar, su modo de hablar: los mecanismos teatrales hablan de por sí, más allá de todo otro decir con que se los quiera revestir. Cuando apedreamos el espejo representativo, cuando rasgamos la máscara, se des-oculta el soporte adonde se adhieren las identidades representadas, esa zona misteriosa y preexistente, estructura remota del ritual. Lo representativo es solo la excusa, la carnada para pescar un bicho mayor. No podemos seguir pensando que el teatro se reduce solo al preciosismo artesanal de la reconstrucción del mundo, hay una función metafísica que restituir para lo cual debemos enmascararnos sí, pero no hay que confundirse y creer que la máscara es el objetivo, se trata apenas del punto de encaje: el allí donde nos reunimos para dar el salto, la escafandra que habremos de usar en esa zona dorsal de la presencia singular y colectiva que el teatro nos ayuda a alcanzar. En las máscaras nos encontramos, nos reunimos a distancia de nosotros mismos, actores y público para dar un salto trascendente; pensado así, lo teatral es inquietante e impone una consciencia al respecto de ciertas cuestiones vinculadas a sus asuntos de arte metafísico… Y otro modo de velar es la frecuencia con que Rosas recurre al lenguaje poético: “Quiero calor para mis huesos./ La perra me mira. Mira cómo echo Shakespeare al brasero. Odio el frío inglés. Soy Rosas, pero pobre. Odio la vejez./ Tráiganme un caballo.” Ese dar a ver, ese desvío de la prosa, lo rescata: El teatro (como todas las artes) ha podido defender hasta ahora su independencia, pero lo ha hecho a costa de ir cediendo gradualmente lo poético a lo representativo; a través de técnicas que establecen al actor en lo psicológico, el pensamiento burgués se adueña del arte filtrándose como algo “natural” en los procedimientos y en las formas de producir, generando desde allí su reduccionismo y su parálisis. Teatralmente lo psicológico no es ninguna profundidad, es más, lo psicológico es anti-artístico, ya que delimita las significaciones a una teoría clínica. Para los que hacemos teatro es cada vez más difícil situar un campo de teatralidad autónomo, no referencial histórico, las herramientas que tenemos se rompen en nuestras manos, el texto está en crisis, el director y el actor también. Lo real es tan monstruoso que no se puede tomar como modelo por lo que “significa”. Los conceptos de verdad y realidad se han vuelto siniestros y oscuros, nuestra mirada es hoy hamletiana (paralizada en el estupor de su lucidez y atónita y cobarde). El naturalismo postula una técnica de territorialización y cree que ese territorio es lo importante. Esto es a medias cierto. Es verdad, siempre se funciona en territorios, en planos, en convenciones, pero una técnica artística debe propender, además de a “un territorio”, a una “desterritorialización”. La esencia del arte es lo poético y lo poético es pura desterritorialización, mejor dicho, lo poético es lo que sostiene la posibilidad de “alcanzar” un territorio rasgándolo, rompiéndolo, acoplándolo con lo impredecible, llevándolo a otras valencias de sentido y restableciéndolo así en otro lugar, siempre distinto. Lo poético teatral necesita de un nivel territorial donde producirse. En este sentido el naturalismo sirve, nada más (ni nada menos) como técnica de producción de territorios de inscripción de la ruptura poetizante. Se tendrán que crear también técnicas que alcancen a rasgar esos territorios y a revelarlos como subsidiarios del nivel poético, técnicas netamente actorales que permitan ligar lo sagrado y lo profano como pulso vital de una dinámica teatral; técnicas nuevas que inviertan los viejos procedimientos, que busquen dar con lo invisible desde lo visible (lo poético es una función de lo invisible, del vacío).

 

LAS GRAFÍAS DEL VACÍO

el farmer 422_Jun_2017_15_29_02_pompeyo1(El viejo escribe) Viejo -La vaca es vaca y no toro.”(…) “¿No escribí, en este mediodía de soledad y británico, o antes, en algún mediodía de sol y silencio, cuando la sombra del destierro caía, implacable, como una trampa de espasmos y lágrimas sobre mi corazón, que tengo sobrado derecho a que se reflexione acerca de mí, de lo que fue y de lo que es Juan Manuel de Rosas?” La escritura es una acción recurrente a la que refiere Rosas. Y siempre parece ser una acción segunda a otra, siempre parece tener un detrás: “Yo, en mi despacho de Palermo, pensaba 18 horas por día. Escribía. Escribir es pensar. Pensaba 100 leguas por delante de cualquiera que pensara en los intereses del Estado. Eran pocos los que pensaban en los intereses del Estado. Son pocos. Yo soy uno de los pocos. El mejor. Doña Encarnación era buena para el ordeñe.” Incluso cuando refiere a lo que otros escriben sobre él, la escritura es excusa para una posterior estocada: Hace el mal sin pasión, escribió de mí, el señor Sarmiento. Acepto eso. Y lo acepto porque soy argentino, y porque los argentinos, unitarios y federales, y eso ya se dijo, somos puros cristianos. Y el señor Sarmiento, que es argentino, escribió, desde el silencio de un escritorio: Derrame sangre de gauchos, que es barata. Que se escriba qué diferencia al general Rosas del señor Sarmiento.” No solo las referencias a la escritura, toda alusión a la lectura parece un preámbulo a algo más intenso, como cuando tira a Shakespeare, a Robinson, todo al fuego. Pero a su vez reclama que lo lean a él, que lo salven de ser leído de modo parcial. En el fondo, leer y escribir siempre parecen un combate contra el vacío: Si no se asume la temática de fondo del teatro como parte central de la trama significativa, si no se transparenta la operación teatral como lo fenomenológico poético más allá de la obra que enmascara dicha operación, si estas cuestiones metafísicas no dejan su huella sensible y concreta, la condición poética va a seguir siendo tenue y lateral de aquella que la parasita: el mecanismo reflejo histórico, que pareciera ser hoy la función a la que ha quedado reducido el teatro.

 

LOS FUNERALES DEL DESQUICIO HISTÓRICO

Marcel Caram
Marcel Caram

“Joven: Los peones ríen, borrachos de cerveza, en el granero. Echo dos paladas de carbón en el brasero. El calor del brasero me alegra. Muevan esos culos de mamonas viejas, y junten todas las libras que puedan para Don Juan Manuel.” Rosas parece un extranjero en todas partes. En su patria, incomprendido. Lejos, desarraigado. En esa tensión entre la suma del poder y el absoluto destierro, entre el extrañado y el olvidado, se despliega todo el juego de lo político: Cualquier intento de relación poético teatral es de por si político, pues activa en una asamblea metafísica un nivel de percepción y de producción sagrado, lo des-oculta, y con ello plantea a la vez la existencia de otra naturaleza humana, justamente aquella que el poder histórico viene a lapidar con su unidimensionalidad y con todos sus mecanismos alienados. Esa naturaleza primordial que en su momento estableció al hombre como tal y desató incluso la posibilidad de abrir el plano histórico, es la capacidad de creación poética, manifestación nostálgica de las capacidades perdidas del ser en su encrucijada temporal, lenguaje universal creador capaz de producir un signo radiante y ponerlo a vibrar otredad, a convocar múltiplos o a desatar parentescos secretos del aire y la sangre, o a condensar en un punto miles de significados sin que ninguno se imponga al resto y en esa síntesis refieran a la fuente creadora, en fin, la capacidad de relacionar todo con todo. Se trata de un poder que se manifiesta en el hacer y en el percibir, una capacidad de expresión de fuerzas originarias que puestas en acción nos conectan a un sentimiento de otredad, de vacío, de plenitud, a una extraña y familiar sensación de ya haber sido, a otra percepción del tiempo, el espacio y la presencia. Esta capacidad de percibir y crear por el farmer 111886-22-1fuera de los modos de producción que el poder establece, debe ser señalada como lo verdaderamente humano, como el fin último del hombre, como su sentido. Por eso es política y revolucionaria la posición del actor y de cualquier acto artístico, porque va contra el mito histórico que el poder impone al hombre, lo revela como construcción ficcional, le cuestiona su pretensión de “naturaleza humana”, lo confronta con su impostura, le opone un acto artificial y real de otra naturaleza más verdadera, intensa y humana, y al hacerlo revela la existencia de una estructura vital y originaria, subyacente, que, en medio del desquicio funeral histórico, permanece.

 

LOS CONFINES DEL DESEO

Este número de “El Anartista” tiene como tema “los deseantes”: El teatro constituye su operación sacro-profana a partir de sus posibilidades materiales y físicas, se trata de cuerpos en un espacio y un tiempo delimitados, niveles físicos inmateriales donde opera su ritual la materia orgánica cuerpo físico. Por lo tanto, en un sentido esencial, el teatro es, a partir de las condiciones materiales e inmateriales de su estructura de producción y de la temática de base que despierta, una operación metafísica, alude a la reencarnación y a la permanencia del ser en un sistema de otredad y reciclado, al destino, a la encrucijada histórica como fachada, como representación dorsal de fuerzas sagradas que así se manifiestan en este plano de experiencia histórica, el teatro abre un campo extraordinario de intensificación de la sospecha existencial individual y colectiva, actores y público deseamos el acto teatral como forma de conexión con un nosotros otros, con la experiencia del ser fuera de los estrechos límites en los que la dimensión histórica nos tiene sujetos, deseamos suspender la identidad para alcanzarla en otro confín. El actor suspende voluntariamente, frente al público, su identidad y pasa a abrazarse a “una máscara” que asume ser la “identidad”, el avatar, ese es el escándalo teatral de base, lo que vuelve poético y revolucionario de por sí el acto: el desdoblamiento metafísico del actor como fenómeno paranormal, la escisión, el desprendimiento del ser histórico y su pasaje a la clandestinidad para dar paso a una identidad artificial que asume ser el ente; el desencaje del “fiel histórico” (individual y colectivo) y su reasunción en la escena travestido en máscara para un motivo pugnante y secreto vinculado a la sospecha existencial.

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(*) Las citas en cursiva y entre comillas corresponden todas a la adaptación teatral de “El farmer”, realizada por Rodrigo de la Serna y Pompeyo Audivert.

Agradecemos a Pompeyo Audivert el envío de algunos textos y reflexiones sobre “El farmer” y sobre el teatro, que han colaborado en el armado de este trabajo.

 

 




PLANTAR EL SUEÑO

Deseantes: Sobre el universo de Phillip K. Dick, en Blade Runner

Por Pablo Arahuete.

MORIR LA LLUVIA, VIVIR LA LLUVIA

giphy (3)Es de noche. Un hombre arrodillado yace sobre el piso de una terraza, ante la mirada atónita de otro. La lluvia  envuelve al que yace y al que mira. Uno ya no la siente, porque hace instantes se apagó para siempre. El otro, salvado de una caída al vacío por aquel que ya no vive, ahora reconoce en la lluvia el tacto de sentirse vivo. No se conocían entre ellos, no tenían nada en común. El que ya no advierte la lluvia era una mutación genética con forma humana, inteligencia superior y una capacidad de raciocinio capaz de proporcionarle todos los elementos para llegar a la conclusión de que su creador no había practicado con él esa cualidad humana llamada bondad. Por el contrario, lo había creado con fecha de vencimiento y con el objetivo de esclavizarlo.

Existir implica desear y desear trae consigo la paradójica encrucijada de la trascendencia. Algo completamente incompatible con la vida, ¿o no? Ese es el corolario de la película inspirada en un relato de ciencia ficción del escritor Phillip K. Dick. Tal vez uno de los referentes obligados en el terreno literario y uno de los más adaptados a la pantalla grande. Sin lugar a dudas, su mayor proximidad con el séptimo arte lo marcó un clásico de culto dirigido por Ridley Scott, “Blade Runner”. En estos días, llega su secuela, “Blade Runner 2049”, a cargo del realizador canadiense Denis Villeneuve.

EL CANA ETERNO

Pasaron 35 años desde 1982, año del estreno de la originaria y año del fallecimiento del autor de la novela. La repentina muerte de Dick, a quien ciertos biógrafos atribuyen, entre otras cosas, haber experimentado delirios místicos, frustró sus deseos de ver impregnados en imágenes sus sueños de tinta impresa. Vivía de su producción literaria (40 novelas, cientos de cuentos y relatos), aunque el género de la ciencia ficción no contaba con el beneplácito del mundillo literario de su época. Sin embargo, cinco meses antes de su muerte, en una emotiva carta a uno de los productores del film, Dick escribe que estaba complacido y orgulloso por  esta nueva forma de ciencia ficción en el cine. Un soplo de aire fresco para  el demacrado género, sentenció en la misiva, fiel a su trabajo literario, que buscaba sembrar las preguntas incómodas de su tiempo y del futuro. Lo cierto es que, si se traza un paralelismo entre Blade Runner y su secuela, las ideas filosóficas prevalecen y la distopía planteada desde el imaginario del escritor norteamericano  dista muy poco del presente que nos atraviesa.

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Replicantes y humanos generaban para ese entonces el caldo de cultivo para dejar sembrada la semilla de la discordia. La incómoda falta de diferenciación entre unos y otros, por ejemplo, en lo que hace a la brutalidad o a la represión de las emociones, implicaba la reflexión sobre la libertad o el libre albedrío en un sistema totalitario. Un régimen que, bajo el pretexto del orden y del progreso, domesticaba conciencias. La publicidad holográfica, las tiendas que vendían sueños y un sinfín de placeres artificiales, en un punto, reconstruían distintas formas de falsos deseos. Entonces, aquellos con algún rasgo de humanidad ¿eran realmente libres?, ¿por qué no cuestionar al creador? Autoconscientes de su fecha de expiración, tan solo cuatro años, los Replicantes rebeldes se alzan contra aquel corporativo que les dio vida. Pero, un humano disfrazado de policía, un desencantado hombre analógico en un mundo digital, obedece las órdenes de cazarlos bajo el eufemismo de pasarlos a retiro por lo defectuoso de su accionar.

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EL SUEÑO, EL SUEÑO, EL SUEÑO

En el 2049, son los mismos Replicantes avanzados, como el protagonista K, (guiño y  homenaje directo al papá de esta historia) quienes cazan a los de su especie, los parias tecnológicos sobrevivientes a un gran apagón que borró todo tipo de memoria digital y rastros del pasado. K no tiene recuerdos, apenas deseos implantados por la compañía que lo creó. Mitiga su soledad de androide con emociones, frente a una silueta holográfica y perfecta que, al igual que él, expresa emociones y busca cuerpos de prostitutas para entrar en ellas y satisfacer las apetencias de su dueño: una réplica de una réplica de una réplica en un mundo de réplicas. Pero hay algo más allá del entendimiento de K, algo que excede su raciocinio y dolor, ligado al misterio de la fe. Misticismo versus religión se tensan en el universo de Blade Runner 2049: hay quienes creen en el nacimiento de un niño híbrido, en aquel blade-runner-eyepasado borrado por el apagón,  producto del deseo de un humano y una androide. Por otro lado, están aquellos fundamentalistas de la ciencia, dispuestos a terminar con el sueño de un mejor destino para las máquinas que un día pensaron y otro día desearon dejar de ser esclavos, esclavos, esclavos…

 




PASE AL VACÍO

Deseantes: sobre las prohibiciones y deseos en el fútbol.
Por Nicolás Estanislao

“Si mi poesía no ayuda a cambiar la sociedad, no sirve para nada…”
Roberto Santoro

PERRO NUNCA GATO

Desde el lugar más remoto. Ese, ahí, al costadito. Ese que no se logra ver nunca. Desde ese lugar, es de donde intento escribir de manera sencilla, una historia mínima. Mi historia. Familiar. Barrial. Mundial. O lo digo de otro modo: la historia de no sé cuánto he amado. El amor, claro, trajo los hijos, pero ellos son la misma y otra historia. Hay perros, nunca gatos. No sé por qué. Hay gritos de gol furiosos y mucha amargura, también. Hay alambrados y trapos. Por otra parte y más allá de lo que hay, puedo muy bien con lo que falta, con la soledad. Siempre despacio, con encuentros y desencuentros. Tal vez esta distancia sea nomás una excéntrica historia, que se enoja, se desdibuja, se ofrece y se retira. Ayer, domingo, me refugié entre libros. Todavía tengo un poco de domingo entre las manos. Lo toco, lo leo (es tan tocable el domingo) después acomodo los libros y el contacto con ellos excede a la propia lectura.

Resulta que debía comenzar una nota para la revista, pero estaba lejos. Me distraje. Algo que sucede a menudo, hasta que las imágenes comienzan a dispararse solas, mezcla de azar y búsqueda. Y ahí me reencuentro con lo sutil. A veces, eso se manifiesta como un desdibujado horizonte. O, por ejemplo, en una cifra. En meses, cumplo 40, entre rutinas, búsquedas insólitas, laburos innecesarios, sufrimientos futboleros… pero eso sí, señores, asados de todo tipo y de toca clase. Con la banda de siempre. Con la de antes y, también, claro, la de ahora. Y así me pierdo, como si le humo del asado no me permitiera hacer foco. ¿Me pierdo o regreso? Volvamos al tema central (¿central?).

TANTO POR DECIR

¿Para qué? Escribo en pleno horario laboral. Me acompaña Cerati de fondo, quizás, un modo de que me acompañes vos. A Gustavo Cerati lo empecé a escuchar mucho más, de grande. Por alguna conexión letra/música tiempo/espacio, esta música achicó distancias. Seguí de cerca la tremenda forma de irse su vida y eso me marcó en algún lugar íntimo, pero inaprehensible.

El pasado lo reinvento. Guardo muy pocos recuerdos, no por elección, sino por capacidad de memoria. O, quizás, por selección. Conocí islas, nortes y sures. Caminos, valles y montañas. Nieves y mares. Ojos y ojazos. Como los de ella, que los veo entre constantes parpadeos. Siempre. A través de esa mirada, regreso a la imagen en el espejo y veo mundos e inframundos de proezas y secretos. Y, al instante, ya no los veo más desde el azogue, algo pica, driblea. El fútbol también tiene sus secretos mejor guardados, poderosos, que permiten persistir en el silencio oculto de una vida hostil.

Disculpen, pero me fui otra vez por ahí. Me subí al oscilar perpetuo de ese péndulo oculto que a todos nos atraviesa. Nos lleva y nos devuelve.

De inmediato, irrumpe el despertador a las 6.50 AM y todo vuelve para atrás. Mientras, intento algún verso que alivie, al tiempo que mi hijo mayor me exige dinero para su baile de la primavera. Y el otro entre risas mañaneras vocifera que recordó o soñó o quien sabe que tiene evaluación de lengua. La suerte está echada, la mañana rodando. No sé a dónde iré con todo esto, pero lo interesante acá es cargar la mochila de palabras y bordear el destino invisible. Completarlo de viajes. Los viajes, devenir fáctico de mis desequilibrios. Me fascinan, me asustan, me paralizan. Así, subido a una corriente difícil de describir.

EN LA CIUDAD DE LA FURIA

“Escribir es la manera más profunda de leer la vida”, dice por ahí Francisco Umbral. Ahora que esto se re configuró como nota, y ya que hablaba de viajar vamos a la República de Mali.  Específicamente – TIMBUKTU – una ciudad cercana al Río Niger, en los confines de la zona fértil del Sudán, cargada de dinastías, apogeos e historia. Es un punto de encuentro entre al África Occidental, las poblaciones nómadas bereberes y los árabes del norte. Allí, todo está prohibido. Es en este contexto que se desarrolla Timbuktu (2014), dirigida por Abderrahmane Sissako, nacido en Mauritania. El film oscila entre el compromiso propio del documental y la recreación simbólica desde el campo de la ficción, donde la crueldad es llaga propia de paranoicos, el dolor humano es poesía de denuncia y la esperanza, un canto rebelde.

No se trata de una historia de guerras o de aventuras de carácter lineal ni de un relato de la vida real, sino de una serie de cuadros, a modo de pequeñas historias interconectadas, que nos acerca a las terribles circunstancias. Las situaciones se desatan cuando un grupo de fanáticos armados se cree dueño de las vidas de los pobladores. La tensión se desarrolla en torno a sus presencias. Prohibir la música, el fútbol, la belleza natural de las mujeres.

http://https://www.youtube.com/watch?v=KcSjhWdzsLs

También, se captura la belleza que provoca el vértigo implacable de los cuerpos deslizándose en secuencias infinitas por la cancha de arenas, dándole por consiguiente composición final al acto sutil de un partido de fútbol. Un partido jugado con una pelota diferente: la imaginación.

La necesidad física y psíquica de jugar es una manifestación de la incapacidad humana de soportar las formas cotidianas de repetición y los sistemas cerrados que no ofrecen ninguna posibilidad de cambio inmediato.

Ante ello se desata el deseo de libertad, de crear, de ser feliz. A veces creo que su contrario es la frustración. Pero, en cuanto estoy por patentar mi convencimiento, desde bien  adentro de la frustración, sale un ejército de deseantes, sin nada que perder, y que se reinventan en cada pase, en cada corrida en busca del espacio vacío, en cada grito callado de gol. En cada letra que se derrama frágil pero resoluta. Precisamente en ese partido sutil invisible contra la vida. Contra la historia. Contra la prohibición.

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Cuántos mundos caben, cuántas vidas se entremezclan en el ínfimo transitar silencioso de las horas y los días. En el ínfimo arte de colgar las banderas y esperar que lo mejor suceda. Las diferencias son todas. Las necesidades se camuflan, las carencias se evidencian. Las verdades únicas e irrebatibles explotan en cada una de las gargantas arrugadas de desolación: GOL.

DESTROZAR EL SILENCIO

La nota tenía una dirección, pero un acontecimiento desvió el rumbo, vale la aclaración.

Dos equipos del ascenso más profundo- del ascenso más orillero-, no quieren callarse ante el olvido. Jugadores de Centro Español y Liniers salieron a la cancha con una bandera que gritaba:

¡Basta de jugar día de semana, ¡el jugador  “D” ascenso trabaja!

jugadores de centro español y liniers

El fútbol es más que un juego; es un sistema de signos que codifica experiencias y significados. Permite leer desde ese lugar el propio lenguaje de la vida. Así, el fútbol habilita relatos, con eje en el hombre y en todo lo que lo rodea y se hace literatura. Y así es como  un martes cualquiera de lluvia, la tormenta y el amor por la pelota se presentan por igual. Se complementan, se naturalizan.

Todo sucede, no olvidemos, en el contexto del sátiro slogan: “Ascenso Unido,” que catapultara a la hoy nueva dirigencia a hacerse cargo de los viejos nuevos rumbos del fútbol argento. El peso de representatividad que pregonaba la unión de fuerzas de los equipos del Ascenso barrería de un plumazo a los poderosos de “Primera” línea. Y así como en un cuento de hadas, el tan golpeado ascenso tendría el lugar que tanto se merece.

Los jugadores quizás pensaron que tener mejores celulares, mejores botines, también los habilitaría a jugar los mejores días: los sábados por la tarde.

La idea es: allí donde reina la prohibición, jugar cuándo y cómo se pueda será un triunfo. Pero allí donde no reina la prohibición, se exigirá jugar en un buen día, en un día posible dentro de la realidad del jugador y el espectador. Todo para dejar en claro que la ilusión de gol no se apagará mientras haya un compañero a quien pasársela redondita, para que vuele rasante al último toque a la red.

Las preguntas se desatan como gambetas para adelante, endemoniadas maniobras en búsqueda del mejor compañero.

¿Por qué prohíben el fútbol en aquel país inmensamente lejano para nosotros?

¿Quieren diferenciarse de las barbaries de Occidente?

¿Por qué no se puede jugar el ascenso como el ascenso se define por su histórica condición: sábados a la tarde?

¿Qué tiene acá o allá de peligroso el fútbol? ¿ la prohibición de jugarlo, de que asistan visitantes, que no se puedan llevar banderas es más poderoso que el deseo de vivir el espectáculo a destajo? Como antes, como debería ser siempre.

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No conozco muchos héroes de renombre importante, pero sí héroes anónimos, que intentan cambiar desde su pequeña trinchera su modo de vivir. Y en los bajos, en las orillas, al borde de los ojos cansados, en el conurbano profundo o en el África más retrasada, más oculta, más golpeada, en silencio, pelean en la “clandestinidad” de jugar al fútbol. Cuando fuere, cuando se necesite. Porque jugarlo es concreta necesidad de placer.

Aún con la vida escindida entre una superficie visible y una aérea oculta. Aún con sensaciones confusas, pero siempre con el desafío diario de salir a vivir por ese grito de gol; sea acá en el ascenso o allá en el África el acto central de dar vuelta la historia se basa en simplemente jugar al fútbol.

Y desde ahí, desde ese costadito, bordecito casi olvidado, intento construir las historias que nos suceden, y así soñar despierto con un pasado-presente-futuro inmediato existente y real, que permita el desborde del deseo constante y latente, de ir más allá de la vida ordinaria.

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EL DETECTIVE DE ESPEJOS

Deseantes: Entrevista a Edgardo Cozarinsky.

Entrevista: Viviana García Arribas, Gabriela Stoppelman

Edición: Gabriela Stoppelman

                                                                 “Allí nos quedamos, desdibujados en el espejo”,

                                                                                                       “El rufián moldavo”

Andados por quién sabe cuántos rostros, los espejos se habían llenado de caminos. El detective se había propuesto desandarlos hasta el portal del azogue, narrarlos hasta darle consistencia al fantasma de algunas huellas. Las rutas de los reflejos eran sinuosas. De pronto, te encontrabas con una infancia a mitad de la vida o te topabas con una historia inesperada, cuando ibas por el modo de renombrar a tu padre. Salías de esa curva y, mar adentro, el cuerpo se te llenaba de sueños, te acunaba entre retazos de aguas que confluían en esa forma en que el espejo sostenía el futuro. Retomabas el paso y un epígrafe, casi al final de la vereda, desovillaba imágenes de una película ya vista, pero desconocida a la vez. Desde la pantalla, un viejo programa de teatro llamaba en un idioma lleno de palabras incomprensibles, aunque con cadencia familiar. Recorrer un espejo no era asunto de permanecer allí por pura prosa: los contornos desdibujados a veces te exigían el verso, el rodeo entre silencios del poema, la altura de la canción. Y, así, entre esos acordes, resonaba el devenir personaje de un rasgo. Una irregularidad en las líneas de los rostros, en la audacia de los transcursos, en el temple frente a las trampas de otros espejos, de pronto, allanaba el rumbo y dejaba al buscador de frente a lo buscado. La huella, entonces, jugaba su última maniobra de esquive, y se hacía profunda, honda hasta más no decir. Entonces, no quedaba otra que excavar, ir en dirección al hueso de esa silueta, deambular entre huecos y marcas hasta, por fin, tocar con la frente la columna del azogue. Flexible, cándida y asombrada, en la sinuosidad de aquello que sostiene y en lo más íntimo del espejo, el detective encuentra su propio rostro.

 

Manuel Plantin (aka Yodamanu) - Reflections
Manuel Plantin (aka Yodamanu) – Reflections

DAR LA NOTA

                               “¿Quién, de los niños que yacen en la tumba de una carne adulta, de una voz madura, pudo alguna vez volver atrás? ¿Quién pudo? ¿Quién?”

Anna María Ortese

La lectura que ustedes me mandaron de mis textos es un retrato mío, es como una radiografía. No sé qué más puedo agregar. Me parece que saben ustedes más de mí que yo. Sobre todo, porque yo no sé mucho de mí, yo marcho en la oscuridad. El lector siempre está de un lado de más luz. Pero veamos hacia dónde nos lleva la conversación.

Bueno, veamos. Una de las cosas que más nos llamó la atención en la lectura es la importancia de los epígrafes. Funcionan como parte del texto, no como un extra. Se leen casi como la infancia del texto.

Eso es muy interesante porque, la verdad, los epígrafes nunca precedieron la escritura del texto. En algún momento me encontré con una frase, un eco vinculado a lo que escribía. Por ejemplo, en el caso de “Niño enterrado”, el epígrafe que puse de Anna María Ortese, yo ya lo tenía subrayado en uno de sus libros. Así que texto y epígrafe se encontraron. Ella es una escritora italiana, muy ligada a Nápoles, donde vivió su juventud y luego permaneció como una presencia amada y odiada en toda su obra. Una mujer de carácter muy difícil, se

Remedios Varo - La llamada
Remedios Varo – La llamada

llevó muy mal con casi todo el mundo literario italiano. De todos modos, ganó varios premios. Fue también una mujer bastante polémica. El asunto es que, mientras yo escribía “Niño enterrado”, no pensaba en ella. Pero un día, estaba poniendo orden en la biblioteca, y ahí me encontré ese subrayado, al azar. Lo que quiero decir es que los epígrafes pueden ser la infancia del texto, en términos de lo que uno va recogiendo, entierra y resurge en algún momento. Pero no era nada consciente. Eso es pura cocina literaria. Los epígrafes son para mí como una indicación de lectura, de la clave en que se puede leer el texto, clave en estricto sentido musical. “Lejos de dónde” tiene cinco partes y cada una tiene un epígrafe distinto.

Qué interesante lo que decías del epígrafe vinculado a lo musical. Como si diera el ritmo de la lectura…

Ritmo no sé si es la palabra. Es más como un acorde, que permanece flotando, resuena en el aire.

Y podrías vincular eso musical con lo “poético” de un texto.

 Ni idea. No me hagas preguntas de teoría, porque no es lo mío.

Te preguntaba de lo poético como una práctica.

De mi práctica no tengo conceptos.

HUELLAS DE SÍ

                                               “(…) ni el nombre de la ausente escrito en un papel atado a las raíces, ni las delgadas tiras de papel Armenia quemadas en los ceniceros resultaban eficaces para derrotar a ese fantasma que acaso solo Perla percibía (…),

 “El rufián moldavo”

 Hablas en varias entrevistas sobre lo innombrable.

Manuel Plantin (Yodamanu) - Strasbourg
Manuel Plantin (Yodamanu) – Strasbourg

Hay algunas palabras que, de pronto, advienen. Salen al escribir. Las palabras te llevan. Yo nunca escribo nada que cumpla un plan. Tengo una idea, sí, un germen de ficción. Pero muchas veces empiezo y voy para un lado imprevisto. Además, hay connotaciones. Por algo yo vuelvo en mis ficciones a lugares del barrio sur, alrededor de Parque Lezama, la calle Brasil, Paseo Colón. Corresponden a distintos momentos de cosas que se me han prendido. En “El rufián moldavo” me interesaba menos la anécdota prostibularia que el hecho de que la gente hereda historias. Y que el hijo, aunque cambia de nombre y se va a vivir a otro país, se encuentra repitiendo algo que ni conocía de sus antepasados. Algo que, si lo conocía, lo tenía cancelado y olvidado.

En “El rufián moldavo” aparece una figura que recurre bastante en otros de tus textos. Esto de ir tras huellas y encontrar algo diferente a lo buscado…

Vos decís huellas. Para mí, una estructura de base es ese tipo de novela policial donde el narrador siempre es un detective privado. Como los de Raymond Chandler u otro que me gusta más que Chandler, Ross Macdonald. Se trata del detective privado que se sumerge en un mundo que no conoce y termina -en mi caso, no en el de Macdonald-  enterándose de algo sobre sí mismo. En ese sentido hay una clave en “Bulevares del crepúsculo”, una película mía donde me interesé en investigar la vida de dos actores franceses que estuvieron en la Argentina. Primero, porque correspondían a dos exilios, históricamente muy marcados. Falconetti, la gran “Juana de arco” de Dreyer, estuvo acá durante la segunda guerra mundical y murió en Buenos Aires.. Por otro lado, Robert Le Vigan, un gran actor de carácter de los años 30, fue colaboracionista durante la guerra y vino acá, como tantos fascistas, después de la guerra, durante el primer peronismo. Es curioso que estos exilios corresponden a dos situaciones muy distintos: al final de la Argentina conservadora, en 1945, y a ese tiempo confuso, de reivindicaciones populares, por un lado, y de exilios de nazi fascistas, por otro. Yo era un niño en esa época. En los años 50 vi películas de los dos en mis primeras visitas a cineclubes, pero no conocía estas historias. De Le Vigan supe

Ross Macdonald - Tapa del libro The Dark
Ross Macdonald – Tapa del libro The Dark Tunnel

entonces, que era amigo de Céline y que había huido, al final, durante la liberación. Es algo típico de la mirada del cinéfilo. Se trata de actores que uno ve en la pantalla y para el adolescente no existen fuera de ella, como Falconetti, de quien yo no sabía que estaba enterrada en la Recoleta y que Le Vigan estaba viviendo en Tandil en esa época. Entonces, en estos datos, había algo sobre la Argentina, sobre estas dos personas y sobre mí. Cuando me entero de eso que yo no sabía sobre personajes que veía en la pantalla, vuelvo a lo del detective privado que termina por enterarse cosas sobre sí mismo. Eso se ve bien en la película, y creo que también está en algunos de mis libros.

¿Será por eso que hay tantos espejos en tus textos?

Puede ser.

ROMPER EL JUGUETE

                                               Decide vivir los años de vida que le quedan como el niño que nunca fue, que hubiese querido ser y no se atrevió a ser, o acaso haya sido intermitentemente, entre los roces y el desgaste del crecer”,

                                     “Niño enterrado”                    

Otra línea que recurre mucho en tus escritos es la de la infancia…

Infancia sin nostalgia.

Sí, sí. Incluso no aparece solo como época cronológica de la vida de alguien, sino como una etapa posible en cualquier momento de la vida.

Sobre todo, una etapa entendida a posteriori. Cuando yo era joven, mi infancia era algo clausurado, no me interesaba, yo había sobrevivido a un montón de experiencias negativas y punto. Después, con los años, entendés lo que cualquier psicólogo confirma: en los primeros años están las experiencias que van a marcar tu vida. Marcar, no siempre para repetir, a veces, para oponerte. La infancia es algo con lo que hay que luchar. Pero sin nostalgia, insisto. Desmontar determinados hechos de la infancia, desarticularlos, como cuando uno rompía un juguete para ver de qué estaba hecho.

En “Elegía” hablás del niño que fuiste y del que hubieras querido ser. ¿Cuál es la relación del niño que hubieras querido ser con la escritura?

Bueno, la relación consiste en recuperarlo. Recuperar la experiencia, negando o reutilizando todo lo que a uno no le gusta.

Recordaba cuando, en “Lejos del dónde”, decís que el personaje “comprendió que el espacio del balcón le iba a quedar chico”.

Sí, es el balcón y la vida familiar que comienza a quedar chica.

QUE EN UN NOMBRE DESCANSEN

                                                               “Porque los muertos siempre vuelven, y las víctimas son los muertos más tenaces.”

                                                        “Lejos de dónde”

 Es curioso cómo a tus personajes les llaman la atención las listas de nombres de gente que no conocías, la seguidilla de nombres en las lápidas.

Alcala Vargas - Espectros fantasmagoricos
Alcala Vargas – Espectros fantasmagoricos

Ah, los nombres en las lápidas. Eso aparece claro en “El rufián moldavo”. Yo encuentro unas lápidas en el cementerio de Granadero Baigorria, cerca de Rosario, en la parte condenada, donde están los rufianes y las pupilas de la gran época de la “trata de blancas”. Allí hay enterrada gente que no quiso olvidar el lugar de donde venía, que tuvo esa tenacidad para no borrar el pasado, aunque murieron en una actividad infamante. De pronto, en las lápidas de esa gente condenada, aparece el origen de esas personas. Me impresionó mucho la visita al cementerio. Yo saqué fotos y me echaron. Estaban prohibidas las fotografías. Y yo sacaba fotos con el teléfono, así, disimuladamente, sin mirar qué fotografiaba. Pero el guardián se dio cuenta y me echó.

Te preguntaba porque a mí también me llaman la atención los nombres en las lápidas, como si fueran el último resabio material del cuerpo que ahí yace…

Hace cuatro años, en el 2013, estuve en Entre Ríos, y me di cuenta que había más gente de las colonias en los cementerios que en las calles. Todo estaba lleno de huellas del éxodo, había lápidas muy descuidadas, de gente que había muerto alrededor de los años 60 y había vivido allí en los años ´10, ´20. Eso, de alguna manera, tenía que ver con mi familia, de gauchos judíos instalados en la provincia a fines del siglo XIX. De los 11 hermanos de mi padre, uno solo se quedó en Entre Ríos.

UN BIFE CASHER

                                               “(…) en esas fotos llamadas de identidad rara vez el rostro se parece al de la persona que, se supone, identifican (…)”

                                                                               “Lejos de dónde”

En tus textos, los sueños están muy vinculados a los muertos…

Sí, los sueños como el territorio donde los muertos vuelven.

Y, ¿ por qué la necesidad de escribir sobre eso…?

No sé, son pulsiones. Me interesan los muertos. Cuando llegás a una edad como la mía, tenés más amigos muertos que vivos. O vivís con ellos o no. Yo vivo mucho con ellos. A menudo, pienso cómo a Fulana de tal le hubiera gustado este libro, o me pregunto cómo hubiera reaccionado Fulano con esa situación política. Son interrogantes. Son interlocutores.

Liliana Bodoc nos decía que ella conversa todo el tiempo con “sus muertitos”…

Yo, a los míos, los tengo muy presentes.

Y cuál es tu relación con los idiomas, por ejemplo, el idisch, que aparece citado en algunos textos…

Ninguna relación. Mis padres habían cortado deliberadamente con toda la tradición judía.

Remedios Varo - Fenómeno
Remedios Varo – Fenómeno

Yo me enteré que era judío a los 8 años. Lo más cercano a la tradición era una tía abuela de mi madre que cocinaba comida judía e invitaba a todo el mundo. Y a mí me llevaban de chico. Y yo, al volver en el auto, una vez dije “pobre vieja, debe estar totalmente ida de la cabeza, porque dice que estamos en año nuevo y es octubre”. Entonces mi padre me pegó un bife y me dijo, “con más respeto, que es el año nuevo judío y vos sos judío”. Ah, dije yo…

Me hubieras avisado de chiquito, papá.

Me enteré con un bife…

Casher…

A mí la cuestión de la tradición judía me empezó a interesar cuando me fui a vivir a Europa, acá nada

¿Por qué en Europa?

Porque empecé a visitar museos judíos y me interesaron los objetos de culto. De la religión, no me interesa nada. Sí me interesó eso de la identidad del “pueblo del libro”, sólo que el libro del pueblo judío es el sagrado y, a mí, el único que me interesa es el profano. Pero la imagen de un pueblo que se desplaza en una diáspora perpetua y que siempre lleva consigo un libro me pareció interesantísima. Y después tuve el gran shock cuando, el año 86, me invitaron a Israel con un grupo de escritores hispanoamericanos. Fue una semana de horror. Yo sentí que me querían lavar el cerebro, incorporarme, hacerme emigrar. Entiendo cómo empezó la historia de la creación del Estado de Israel, apañado por EEUU,

Manuel Plantin (Yodamanu) - Strasbourg
Manuel Plantin (Yodamanu) – Strasbourg

después de la no intervención de los norteamericanos durante el horror. Eleanor Roosevelt, que era una mujer muy de izquierda, le había escrito al marido pidiéndole que hiciera bombardear las vías del ferrocarril que llevaban a Auschwitz. Y no se tomó nunca esa decisión en el Congreso. Se bombardeaban otros lugares. Se salvaron, claro, las grandes industrias alemanas, porque les podían servir después de la guerra. Pero se bombardeó a poblaciones civiles en Alemania. Ella había pedido ese bombardeo ya en el 1942. Era una mujer muy fuerte, venía de una familia muy tradicional de EEUU. Era una mujer que tuvo relaciones muy apasionadas con sus compañeras. Es interesante que ella viniera de una extracción de gente tan poderosa y tuviera posiciones tan de izquierda.

SUJETOS IRREGULARES, PREDICADOS NARRABLES

                                                               “(…) en el mismo banco en que esa mujer abatida, asustada, buscó descanso en una pausa de su huida, o en otro idéntico del Volkspark, iba a haber cadáveres.”

                               “Lejos de dónde”

 ¿Cuáles son las características de las personas que te seducen para construir personajes?

Para construir personajes, no sé. De las personas, me llama la atención el carácter, incluso un carácter que a lo mejor no tiene nada que ver con el mío, me atrae la gente en la que noto vida vivida, que le ha dejado marcas.

¿Marcas narrables o marcas visibles?

De las dos. Mi mejor amigo en París, de quien hay alguna semblanza en mi libro “Blues”,

Manos de Edgardo Cozarinsky
Manos de Edgardo Cozarinsky

editado por Adriana Hidalgo, se llamaba Rolando Paiva. Había nacido en Marsella en el año 1942, hijo de un niño bien paraguayo, un comunista que se había ido a pelear en las Brigadas Internacionales de la Guerra Civil española y ahí conoció a la madre, judía polaca, comunista. De dónde sale que estas dos personas, destinadas a vivir en mundos completamente separados, se encontraran durante la guerra civil española, empezaran la relación, cruzaran los Pirineos después de la derrota, se instalaran en Marsella en la clandestinidad… Ella se ocupaba más de mandar mensajes, pero él estaba en las armas. A él lo mataron los alemanes dos semanas antes de que naciera el hijo, quien fue mi mejor amigo. Rolando nació a los 8 meses, porque la madre vio que se acercaba una patrulla. En realidad, se suponía que toda la zona sur era libre, hasta que vino el desembarco aliado en el norte de África, y ahí fue cuando las tropas de ocupación del norte invadieron el sur de Francia. Y ahí empezaron las razias. Entonces, cuando la madre vio por la ventana una patrulla de la policía que andaba circundando el barrio, se tiró por el balcón, sobre el patio de atrás, con ocho meses de embarazo, y dio a luz a Rolando en la farmacia de la esquina. Rolando creció en Polonia, llevado allí por la madre, después de la guerra. La madre era una comunista de la época stalinista. En el ‘56 Stalin queda relegado, la madre protesta y la amenazan con internarla en un psiquiátrico, como a todos los opositores durante el comunismo. Entonces, la madre se viene con Rolando a la Argentina. Para esa época, él tenía 14 años. Hizo todo el secundario en dos años. Después se dedicó a la fotografía. Yo lo conocí cuando él sacaba fotos de los espectáculos del Instituto Di Tella. Acá no éramos muy amigos, la relación se convirtió en una gran amistad cuando me lo reencontré allá, en París. Esto venía a que la gente que me gusta es la que tiene marcas, como dije antes, de vida vivida. Incluso hoy, las mujeres con las que tengo algún tipo de relación sentimental, todas tienen algo, en la familia, en la herencia, que no es simple.

Algo irregular…

Exactamente, algo que no es común.

Tal vez sea ese un buen lugar desde donde narrar, desde la irregularidad…

Sí, a mí me interesan los personajes que tiene incluso algo monstruoso, pero que no son de una pieza.

Igual, ¿quién es de una pieza?

Remedios Varo - L'agent double
Remedios Varo – L’agent double

Nadie, ¡espero!, tengo confianza en el género humano todavía.  Volviendo a lo anterior, hay una cosa en las personas que también me impresiona, una cosa muy Dostoievski. Un amigo mío que durante la dictadura estuvo en la ESMA, sobrevivió porque sabía idiomas, entonces hacía traducciones de los artículos que salían sobre la Argentina en el exterior. Él podía leer inglés, francés y alemán. Así que, gracias a eso, estaba ahí, en el archivo que los militares tenían con esas notas sobre el país, y traducía. Después, apenas pudo salir, se fue a México. Pero, cuando estaba en la ESMA, un suboficial que había participado de los interrogatorios, para Nochebuena, le dice a mi amigo: ¿qué decís si te llevo por una hora a visitar a tu mujer y a tus hijos? ¿Cómo me vas a llevar?, le dijo mi amigo. Te llevo y te espero. Total, no te vas a escapar porque sabés que te vamos a encontrar y que va a ser peor. En el camino, como durante el día previo a Nochebuena hay muchos kioskos y negocios abiertos, pasaron por uno. Mientras iban en el jeep que los llevaba, el milico le dijo a mi amigo: para Navidad, no vas a llegar con las manos vacías, comprale algo a los pibes. Y el tipo que lo interrogaba y que tal vez lo había torturado le dio plata para que le comprara algo a sus hijos. Esas cosas para mí son Dostoievski puro. La cosa no fue nada fácil para él. La mujer tenía que hacer un esfuerzo para no llorar, los hijos no entendían por qué él estaba tan flaco… pero esto venía al caso, porque decíamos que no hay gente de una pieza. Bueno, acá tenés un caso.

EXCAVAR LO BREVE

                                                                “No hay lápiz ni papel para atraparla, /hay que cantarla apenas escuchada /y repetirla sin temor al cambio /pues de ella sólo quedará ese rastro /que vamos a cantar años más tarde”,

                                         “La tercera mañana

 

¿Alguna vez escribiste poesía?

Sí. Escribía cuando tenía 14 años. Nunca intenté volver porque me di cuenta que no era

Manuel Plantin (Yodamanu) - Strasbourg
Manuel Plantin (Yodamanu) – Strasbourg

bueno, pero volví hace un mes. Tengo un gran amigo que es el primer lector de todo lo que yo escribo. Hablando con él hace cosa de dos meses, le dije que estaba empantanado con una novela. Veinticinco páginas están bien, pero después tomé un camino desde el cual no veo para dónde ir. Y mi amigo me dijo: no te fuerces, dejala, guardala seis meses. Mientras tanto, escribí poesía. ¿Cómo escribir poesía? Sí, sí, me dijo, en todas tus novelas siempre hay un fragmento que es poesía.

Mirá, es lo que te marcábamos al comienzo.

Me puse. Y no sé si es poesía lo que estoy haciendo, creo que es versificación, a mí me divierte el verso medido, jugar con los ritmos, no el verso libre.

¿Y qué libertad te da la poesía que no te da la prosa?

La brevedad, la concentración. Ahí hay mucha posibilidad de jugar, saltar de una cosa a la otra, excavar en la memoria.

Excavar dijiste. Vos reiterás mucho la idea de la memoria como arqueología. ¿Qué modo particular de excavar tiene la poesía?

No sé. Pero es otra experiencia con el lenguaje. Igual mis poemas, salvadas enormes distancias, son al estilo de la antipoesía de Nicanor Parra, algunas son como historias en verso. Está la métrica y el ritmo, nada más. Para mí eso es muy disfrutable.

COZA 3




PUNTO DE EQUILIBRIO

Deseantes: sobre equilibristas.

Por Cecilia Miano

EQUILIBRIO INESTABLE

Vivir en equilibrio.

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Escuchamos tantos discursos donde el equilibrio es un fin, sinónimo de éxito. Si te desbandás, si te inclinás un poco de más hacia uno de los lados, serás castigada con frustración. Y no es que me guste andar tumbada o siempre a punto de caerme. Creo en un equilibrio como un horizonte, algo que nos hace caminar en medio de un campo lleno de obstáculos, remansos y desafíos. Este movimiento nos acerca también al vacío, al abismo de no saber qué viene, a no respetar la propuesta y seguir. A desequilibrar para lograr la trepada y también la caída. Los escasos momentos en que el equilibrio cobra estabilidad son sólo eso, instantes para volver a romperla y desafiar de nuevo: al aire, al suelo, a la vida.images

DÍCESE DE

Equilibrista: Persona que practica ejercicios para mantenerse en equilibrio o mantener objetos en equilibrio, en especial, si se dedica a ello profesionalmente en el circo u otro espectáculo público. A través de múltiples ensayos, ellos consiguen desarrollar al máximo los reflejos del cuerpo. En sentido figurado es alguien que puede controlar los desbordes: “un verdadero equilibrista de la diplomacia”.

VIVIR EN LAS ALTURAS

Un lugar de encuentro cotidiano es el supermercado. Marta se mueve despacio, su bolsa sabe dónde ir. Las campanitas colgadas de la puerta anuncian su llegada, las palabras encuentran huecos y se filtran con el discurso repetido. La bolsa cobra cuerpo con las papas, las frutas al fondo y el arroz de hoy, que es de tamaño chico. Marta levanta su vista y todos los días se encuentra con las fotos de la pared posterior: son viejas, algunas han perdido el brillo, pero la luz de la mañana abanica los recuerdos. La mente se desdobla porque, ante memorias tan parecidas, el hilo del relato familiar se pierde un poco. En el frente del mostrador, el anuncio cambia su enfoque.

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Las letras del anuncio pretenden llenar la vista de imágenes que se intuyen, a Marta la propuesta se le queda entre las arrugas. La foto que surge en su mente es ahora la de una bailarina musculosa, llena de fuerza, con determinación, colgada de una tela color furia. La idea se retuerce entre las esquinas de la memoria, ¿es ella?21751820_823953911114906_6567058332807033222_n

CON MAR DE FONDO

Los acróbatas son personas disciplinadas para el control del cuerpo. En el aire, la vida es particular. Los escalones se construyen en la fuerza de los músculos. La mente se prepara para las piruetas que el cuerpo ejecuta con precisión. Las nenas son las más propensas a este tipo de disciplina, lo observo en el ensayo general del sábado 16. Todas las luces se disponen en colores cálidos. La luz principal destaca la figura ahora completa de la equilibrista, mientras las telas cuelgan desde la altura mayor del techo de la escena y los colores se funden con la imagen de fondo del escenario: en este caso, un mar. La danza completa el cuadro, las manos se muestran etéreas, los dedos forman arcos y curvas muy trabajadas. Estoy en la primera fila y los detalles son maravillosos. Cuando el foco de mi vista se amplía, el cuerpo parece no tener peso. Como si la elevación fuese natural, como si los trucos no forzaran a los músculos y el placer en el rostro fuese cosa de todos los días. La música cierra el círculo, los sonidos envuelven la escena al ritmo del viento. Mi propia respiración se corta ante la inversión de la cabeza. Miro las manos y, al mismo tiempo, las puntas de los pies.  Una línea muy pura hace al espectador suspenderse en ese vuelo, que ya no parece ajeno.

 

El piso de los acróbatas encuentra otro espesor: la tela cae sin prisa desde la altura mayor, los tonos se encuentran con cuerpos armados de trajes elásticos, suben con maestría, las piernas se hinchan, la cabeza queda abajo, las manos parecen mariposas. Ensayan caídas y nudos inexplicables.3 (2)

TREPAR ES ETERNO

Sin pedir autorización, la imagen se cuela entre las palabras. Las transiciones entre piso y cielo son musicales, las indicaciones de antes ahora proponen seguridad en cada acto del espectáculo. El escenario del “Cine Teatro Sociedad Italiana de Salliqueló” hoy se vistió de equilibristas. El cuerpo de equilibristas en tela es numeroso. Gabriela, quien comanda la batuta, construye la sintonía con tonos de voz pausada. Desde su cuerpo propone el don  con piruetas gráciles, con detalles sutiles de trepadas y caídas, de equilibrios inestables y de gestos de placer. El espectáculo es soñado y puesto en acto de manera segura. La música envuelve los músculos, la idea de naturalidad es ensayada. La gracia está presente en cada detalle.

EQUILIBRISTAS, MALABARISTAS Y OTROS ISTAS.

Resiliencia: es la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir, para proyectar el futuro. En ocasiones, las circunstancias difíciles o los traumas permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes, pero hasta ese momento el individuo los desconocía.

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Sharon-Salzberg

En la acrobacia con telas, el género se estira en fusión perfecta con el cuerpo ¿Cuántas batallas han tenido que atravesar los equilibristas para llegar a semejante armonía? Seguramente, muchas. Habrán pasado por esos combates donde los segundos se eternizan cuando algo no resulta lo esperado, los movimientos se aletargan cuando gana la frustración. Sin embargo, durante el espectáculo, estas luchas se esconden entre los movimientos certeros, el escape de un nudo se vuelve gracia, las caídas ensayadas se perciben sin miedos.

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Durante un poco más de una hora el espectáculo  del cuerpo, los sueños y la determinación de cada artista asumen el riesgo. Es en vivo. No importa cuántos ensayos hayan hecho. Cuando hay que poner el cuerpo, la certeza se queda en camarines. Pero lo incierto no es flojera. Una afirmación, una contundencia de la vida, de pronto, toma al cuerpo que tanto tiempo ha trabajado, más que para triunfar, para convocar la potencia de un deseo como este. Así, el acróbata da vuelta la ecuación: ahora la quietud y la seguridad no son las metas. El vacío no es el enemigo. Ahora el paso más allá del suelo conocido es la intensidad de un movimiento que concentra toda la vida. Y luego habrá tiempo para desbandes. Y, después, otra vez, nuevos pasos. Equilibristas: penduladores de textos que se escriben en el aire para que el espectador lea. Del mismo modo en que la escritura intenta dar cuenta de lo innombrable, apostar a desmontar toda idea de lo permanente y descubrir piruetas tan impensadas, que necesiten ser fundadas en el vacío para poder ser.

Emilio Mariño. Equilibrio no espacio I
Emilio Mariño. Equilibrio no espacio I

 

 




FOGATA EN EL VIENTRE DE LA BALLENA

Deseantes: sobre la posverdad
Por Nora Lomberg

MENTIRIZADAMENTE

Nos construyen una memoria vaciada de contenido. Nos inoculan certezas en episodios.Compartimos creencias y estereotipos, se nos da por repetir cien veces una falacia hasta que se transforma en verdad. “Si mentís, te va a crecer la nariz”, nos decían. Las palabras se han vuelto globos, vaciedades capaces de significar a gusto del consumidor. La advertencia sobre la nariz ya no vale. Pobre, Pinocho se queda sin castigo y sin historia. La ballena nos devora, ¿hacia dónde nos conduce, ocultos en su vientre? ¿Qué ocultan estas falsedades? Algo hay en la mira, no es por el simple gusto de mentir. No son Angelitos en disputa por el poder.

Versiones falsas del mundo, del cotidiano andar: nos inventan escenas, conflictos, hechos. “Mapuches terroristas”, una mentira institucionalizada.

Así, la posverdad es una forma de dominación, una ofensiva contra los mutantes mentirizados. Las palabras se derrumban, se divorcian de su contexto. Ahora mismo nos transforman en acusados.Y quedamos indefensos, a la intemperie. Nadie está a salvo.

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LA LUNA EN TU CARA

El neoliberalismo transforma ciudadanos en meros consumidores, objetos de deseo del “Otro Mediático devorador”. Somos pensados por los objetos que construyen día a día un sujeto neoliberal. Hoy, desear es costoso, disruptor, tiene que ver con lo velado, en contraposición a la feria constante de lo que se nos ofrece deseable.

¿Qué tan libre es nuestro deseo si, de movida, se impone qué es lindo, qué es feo? Cómo deben ser un cuerpo, una pareja, una casa. Un twiter de Tinelli vale más que un libro de filosofía. La ley del mercado es la ley del éxito. Nos desnudamos en un panóptico digital, con nuestro propio consentimiento. Plagamos de fotos el universo, las enviamos al infinito mediático. Todo queda ahí.

Se me hace que deberíamos andar un poco más insatisfechos, más flacos de objetos. Se me ocurre que deberíamos portar deseos inalcanzables, como ver la luna en tu cara, por ejemplo.

Estar más incompletos de capitalismo, de ellos.

Desanudar sus telarañas.

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IRRUPCIÓN DE LAS PALABRAS


¿Qué podrá ayudarnos con tanto desespero?, ¿con esta oscuridad del lenguaje y palabras cansadas? EL TIEMPO, NO. Que nos dé envión la literatura y nos arrime al humor, a la poesía. Dejarse escribir y buscar intervalos en el territorio de palabras.

Reinventarnos en una épica subjetiva y poética. Tomar las riendas de las palabras, hacerles piquete, reconquistarlas. Narrar con horizonte la sumatoria de ausencias. Hablar, por ejemplo, de los días por venir, sin los objetos como protagonistas.

– Amores, amigos, amores: ¡un paso adelante! Hacer, como Pinocho, una buena fogata en el vientre de la ballena. Y que nos expulse hacia un mundo mejor. “Sacar la cabeza para respirar, frenético de ahogo”, decía Julio Cortázar.

 

 

 




SORDOS Y MANCOS

Deseantes: sobre el Yoni

Por Néstor Grossi

DÍAS DE GARAGE

Llegaron de a poco, entre las sombras de una noche que los llevaba hacia un mismo lugar, donde el deseo de quienes nunca tuvieron nada y las sobras de quienes lo tuvieron se mezclaban. Entonces el Hotel y los deseantes, el reino de un loco que se alzaba al final de un pasillo, en Colegiales.

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Ya había escrito dos o tres canciones y quería más, quería un disco entero. Ya había aprendido a puntear, tenía una SG Hagstrom y un pedal de distorsión que enchufaba en un equipo Alarsonik hiper nacional. Yo no hacía otra cosa que escuchar música y tocar sobre discos, sobre la radio o con la TV de fondo.

Hasta ese momento, en mi legajo rocanrollero había participado en dos bandas punks, otras dos de hard rock y Sr Tickson grunge. O, al menos, eso intentábamos en pleno 1993 el Gordo Ale, Negro Nievas y yo. Y tengo que incluirlo: Yoni, quien en ese momento de su vida seguía siendo un niño rico, que se había nombrado nuestro representante y empezó a pagar los ensayos y el vicio de todos. Justo, cuando más locos estábamos.

Sr Tickson sonaba genial. Pudimos habernos convertido en la banda del barrio, del Centenario; era nuestro tiempo, nuestro momento, pero había un problema: yo, que estaba en contra de todo, hasta de nosotros mismos y me moría por tocar blues.

Y me sacaba el gusto los viernes, con un rejunte de amigos todos músicos de estudio, zapábamos en el sótano de el Innombrable hasta después de la media noche y salíamos de tragos.

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Si algún día Sr Tickson se separaba, yo la próxima haría rocanroll. Me daría igual si fuera blues o punk, la cuestión pasaría en cuánta distorsión pondría a mi guitarra. Mi primer disco sería una mezcla de los géneros.

Escuchar mis canciones grabadas, solo eso deseaba. Y pensaba hacerlo realidad. Hasta que, una tarde de 1994, todo se fue a la putísima mierda en un abrir y cerrar de ojos. A pesar de que nunca abandonaría mis sueños, mi deseo terminó disparado en otra dirección, hacia otro objetivo: mi maldita mente y su libertad.

Hasta la tarde del 24 de octubre de 1994, me decía: no había perdido jamás con faso encima, había dejado el vicio de vender y tenía el mejor laburo que podía tener un repetidor hijo de dos empleados municipales. Comenzaba a ponerme flaco, a ganar buena plata y a vestirme mejor. Ese fue mi único y último laburo de oficina. Esa puta tarde de octubre se me dio por llamar a la casa de Yoni para ver cómo iban las cosas y el embarazo de su mujer. Me atendió la madre, me pidió que fuera. Le pregunté si había pasado algo y me contestó que a María se la había llevado la policía y que Yoni había desaparecido. Me insistió en que necesitaba preguntarme algo… y no sé por qué o a cuál código respondí -a Yoni apenas hacía 2 años que lo conocía-. Pero fui.

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ME MATA EL LIMÓN

Debí haberlo tirado por el incinerador, pero no pude. Eran 700 gramos de marihuana en bloque que Yoni había traído de Paraguay. Metí el ladrillo en mi mochila toda escrita con liquid paper. Tuve que hacer fuerza para poder pasar el cierre y bajé los cinco pisos por la escalera. Ni siquiera se me había cruzado la idea de qué estaba a punto de pasar. Abrí la puerta del edificio y salí, tenía unos metros hasta Aranguren, después derecho cinco cuadras y mi casa. Cuando doblé, vi un Renault 12 a contra mano por Ambrosetti. No me apuré, me metí un Phillip en la boca y abrí bien los oídos: pasos que se apuraban. Un Duna gris y un Peugeot 504 que venían por Aranguren bajaron la marcha. Escuché la voz de alto, el resto fue un griterío.

Dos horas más tarde, mi vieja se enteraba por Nueve Diario. Me reconoció por la campera de jean que tenía sobre la cabeza cuando me ingresaban al Duna gris con una licuadora azul sobre el techo.

Pasé los peores nueve días de mi vida, casi sin dormir, en guardia todo el tiempo, aterrorizado, asfixiado. Salí de toda esa mierda con una causa judicial por encubrimiento y tenencia de drogas.

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María se llevó lo peor. Por aquel entonces, ella era la única de los tres que tenía antecedentes. Lo de Yoni fue corto, dos días a lo sumo. Y la poli no lo había capturado, él solo se entregó al comisario de la 11 y se hizo cargo de todo el faso con el que me habían agarrado. Hasta el día del juicio estábamos bajo el ojo del juez.

Después del allanamiento en el piso de Caballito, los padres no encontraron otra forma de sacarse a Yoni de encima más que regalándole la casa que había pertenecido a su tía y llevaba unos años deshabitada.

Lo primero que hicimos fue encender uno. Una casa enorme para Yoni, María y a quien ella estaba a punto de parir. Tenía tres habitaciones y un baño conectados por un vestíbulo hacia una cocina comedor bien grande, un patio trasero con otra habitación y el clásico lugar donde uno metería las herramientas o las cosas del patio.

-Joya, Negro, esa es nuestra sala de ensayo- me dijo mientras subíamos la escalera hacia la terraza.

Además fue mi habitación. Ese mismo verano me fui a vivir con ellos.

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LA SUERTE DE EL REY

En 1995 toda la gente con la que me relacionaba tenía una banda o eran músicos de estudio. Y también estaba El Yoni, que no era ninguna de las dos cosas, pero sí el único que me entendía sin mirarnos. De alguna manera, el siempre adivinaba a dónde iban a caer mis dedos sobre el diapasón. Y, como vivíamos juntos, no hacíamos otra cosa que zapar hasta que se nos acababa el whisky y el porro o los pájaros comenzaban a cantar y ya no servíamos para nada. Si se consideraba a Vitico un bajista cuadrado por tocar con dos dedos, no sé cómo calificar a Yoni, que tocaba con un dedo, pero era un reloj. Yo le pasaba las bases de mis canciones y él las rasgueaba en la criolla mientras esperábamos literalmente el día del juicio. A pesar de todo, se recontra puso las pilas y compró un bajo Faim, empezó a estudiar música y a juntar billetes para un equipo, aunque fuera nacional. Una tarde de marzo, apareció con un 25 y la plata para ir de compras. Fumamos una vela mientras yo me cambiaba y después salimos directo para el centro: lo que no recuerdo es por qué María estaba con nosotros, tenía una panza que estaba a punto de estallar.

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Por Talcahuano vimos una oferta en vidriera y entramos; como yo era el que sabía, me hice cargo de la operación. Todos los vendedores estaban ocupados, así que nos atendió el dueño. Le pidió a un empleado buscar en el depósito y, mientras el chabón nos terminaba de cobrar y entregar la boleta, Yoni miraba guitarras drogado y con su bajo en la espalda. El Dueño nos dijo que podíamos retirar el equipo en embalajes, al final del mostrador. Lo que pasó a continuación, hasta el día de hoy no lo entiendo: el empleado del depósito apareció y le mostró la caja de un equipo Fender de 40 watts a su jefe. Éste asintió, entonces el pibe fue por equipo nacional y nosotros tres al final del mostrador, donde el pibe del depósito había dejado la caja. No sé dónde estuvo la confusión o si fue sólo un milagro. Vi con propios al empleado tomar de la manija al equipito nacional y venir hacia donde estábamos; como el mostrador tapaba la vista, pareció apoyarlo en suelo y se puso a buscar cinta y cúter. Cuando tuvo todo, volvió a agacharse, levantó un equipo y lo metió de una en la caja.

– Perdón – dijo -, ¿querés verlo?

Y, sin soltarlo de la manija, apenas lo asomó de la caja, lo suficiente como para ver las letras plateadas que comenzaban con una F, y lo volvió a meter en la caja.

El mundo y mi corazón se detuvieron un segundo: vi al vendedor meter un equipo Fender en la bendita caja y cerrarla con cinta, mientras yo aguantaba el infarto y lo miraba esmerarse en pasar el hilo para hacernos una manija y que lo podamos cargar. Ni sé qué hacía el dueño, cuando el pobre vendedor empujó la caja sobre el mostrador. La tomé de la atadura y volví a respirar. Le agradecí de corazón y me di media vuelta.

Vamos -dije a Yoni y Maria-. Y vámonos ya -solté por lo bajo, dos pasos después.

Quizás fue por como lo dije, pero Yoni y María salieron como si hubiésemos asaltado el lugar.

Vi todo —dijo ella, ni bien cruzamos la puerta-, salgamos para Corrientes.

Caminamos media cuadra apurados y nos echamos a correr por Talcahuano. Yoni, que no entendía nada, con el bajo en sus espaldas, María con la panza y yo, con el equipo Fender que diosito nos había regalado. Pero eso no era todo, porque el Fender vendría con un pan bajo el brazo.

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Llegamos y el 25 todavía estaba ahí. Compramos cerveza para mí, whisky para Yoni, enchufamos todo y nos pusimos a tocar durante horas, hasta que María empezó a romper las pelotas con la puerta, como siempre. Nosotros estábamos tan locos que no le dábamos bola, sabíamos que no nos dejaría estrenar el equipo en paz; pero golpeó tanto, que dejamos de tocar y mientras nos meábamos de risa, le abrimos: estaba ahí, sosteniéndose la panza con las dos manos bajo el marco de la puerta y furiosa. Y nosotros que no podíamos parar de reír, por el faso o por el pedo, mientras ella nos decía que estaba por parir y no le creíamos nada. Yoni le recomendó acostarse, ella lo puteó y seguimos tocando un rato… Volvió diez minutos más tarde y esa vez le creímos.

—Fue la corrida — dijo en el taxi, mientras íbamos a toda velocidad desde Colegiales hacia el Hospital Durand.

EN VIVO Y RUIDOSO

Quizá fue la llegada de Fidel, pero durante un buen tiempo reinó la paz; Yoni y yo tocábamos todas las noches, siempre venía algún amigo y pintaba un asado improvisado, que terminaba en un amanecer de Redondos y merca.

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En enero del ´96, por primera vez en mi vida, tocaría en vivo con una banda, la peor que tuve: la 69 Rokanrolla band. El lugar sería un local de la Izquierda. Era un festival en contra la represión policial y por la libertad de un tal Panario. Fue en San Martín, todas bandas punks, metaleras y nosotros, con “la balada”  cantada por mí. La banda era un asco y teníamos un repertorio horrible, variado en estilos a causa de las diferencias musicales. El repertorio constaba de cuatro covers, tres canciones del bajista y una mía, la balada. A pesar de toda esa mierda, fue una de las mejores noches de mi vida, sólo faltaron todos mis amigos, los pibes del barrio que me habían soportado cuando no sabía ni armar un acorde. Del Centenario ya no quedaba nadie. Mientras tocaba pensaba en Loli, en el Cuervo y en Chelo, en el Bicho, en cómo ese año se habían separado nuestras rutas. Yoni tampoco fue a la tocada, la Rubia estaba en Gessell todo el verano. Mi novia fue la única testigo de aquella noche. Y, aunque dábamos asco, no pifiamos; hasta la mitad del show, el público agitaba y pogueaba. Después, cuando empezamos con una zapada muy viajada, la gente se calmaba, iba por cerveza o empezaba a discutir. Mientras tocaba se veía que algo pasaba. Terminado el instrumental, llegaba mi momento, quedaba solo al frente de la banda y tenía que cantar: Revolución Interior, de los Violadores, y mi balada adolescente que no recuerdo ni de qué hablaba, sólo que era en La menor. Después del solo vi cómo el público, de golpe, salió como absorbido por la entrada. Canté la puta balada ante cinco o seis personas y mi novia. Los últimos dos temas los hicimos mientras, en la calle, el mundo se cagaba a trompadas y yo terminaba mi bautismo de fuego tocando como nunca.

Fue como tenía que ser, puro punk rock, pero los pibes no estaban.

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Ni bien dejamos el escenario, salí a la calle al tiempo que los de afuera comenzaban a entrar. Tocaba la banda que habían venido a ver todos, la del barrio.

Me fui hacia la esquina más oscura y encendí el fino. Después de la noche que había deseado toda mi vida, supe que tenía que armar una banda de verdad. Fumaba rápido, miraba el tráfico. Cien metros después, al llegar a la otra esquina, me escupí los dedos y lo apagué. Una sola lancha y no necesitaba tener el porro en la mano para perder. En ese instante, entendí que, desde aquel octubre del ´94, no encendía un porro en la calle, que estaba en mitad de la “probation” y de un tratamiento de rehabilitación ambulatorio. Y todavía restaban seis meses de trabajo comunitario antes del juicio. Un juicio que podía cambiar mi perra vida para siempre.

No, esa no era la noche que había deseado desde que mis quince años. No era libre de nada, aunque estaba en la calle, no podía ir a fiestas ni beber alcohol. Y ni hablar de drogas. Si quería salir de Bs As, tenía que pedirle permiso a un juez. Simplemente, con caerle mal a un poli, estaría jodidísimo.

Había mi cumplido mi sueño más grande. Pero hablar de deseo, en ese momento, era hablar de otra cosa, porque lo único que yo más quería era mi libertad. Que llegase el día del juicio y al carajo.

SÓLO POR ELLA

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En Colegiales la paz llegaba a su fin. A las batallas entre Yoni y María se le sumaba la familia de El Enano, recién mudada. Ya eran tres pibes y dos parejas que peleaban la mayor parte del tiempo. Siempre había alguien a mano para rompernos las pelotas cuando nos poníamos a tocar. Entonces, decidimos redoblar la apuesta y en lo que era el comedor metimos una batería, dos equipos de guitarra y el de bajo que diosito nos había regalado. Listo, nos ahorrábamos un dineral en sala de ensayo y no teníamos que mover el culo para nada. Ya no éramos un dúo, teníamos una banda.

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Aunque María intentaba disimularlo, estaba furiosa. Ensayábamos cuando ella no estaba, dos veces en la semana y el domingo, en su único día de descanso. Tarde o temprano, iba a estallar y yo esperaba no estar ahí cuando eso sucediera. Ya había sofocado suficientes peleas entre ellos. María era gruesa, fuerte y tenía más combates que cualquiera de los hombres que vivíamos en esa casa.

Por suerte, la mañana que explotó no estuve. Llegué varias horas después. Entré a la casa. En el comedor, Yoni se clavaba una chocolatada. En el cenicero, había medio porro encendido. Tenía el pulgar izquierdo vendado, cubierto de cinta blanca de hospital. ¿Qué mierda le había pasado? El vendaje estaba manchado, la cara de orto de Yoni era total:

-Van a tener que buscar otro bajista – dijo, se limpió el Nesquick de la boca y fumó.

Discutieron, se fueron a las manos. Y, en un intento por zafarse de él, María, con un mordiscón, terminó con todos los deseos del Yoni. Fue un ataque directo y final. Hasta podría decirse que pensado. Para cualquier persona que deba sujetar el mango de un instrumento de cuerdas, el pulgar izquierdo es la vida misma. Yoni estaba Out. Buscamos otro bajista, uno que usaba todos los dedos. Y la banda siguió. Con ellos cumplí el sueño de armar mi banda de rockanroll y blues, salir a tocar casi todos los fines de semana y tener un grupo de seguidores.

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Mientras tanto, Yoni se dejó caer en la cama. Nunca lo había visto tan deprimido en mi vida. Sólo se levantaba a las cinco de la tarde para ir a comprar cocaína a Boedo y volvía a tomársela en su casa, con el Enano. Entonces se quedaban con las ganas y salían a buscar puntero por el barrio. Conocieron gente nueva que empezó a visitarnos todo el tiempo, a consumir o a vendernos. Sin embargo, mi ciclo en Colegiales había terminado. Tarde o temprano, caeríamos presos otra vez. Además, faltaba un mes para el maldito juicio y no era mala idea estar en mi domicilio legal por si las cosas salían mal.

En lo que iba de ese siglo, Yoni no volvería a hablarme de zapar. Para cuando tuvo el dedo totalmente sano, ya se había tomado el bajo y el equipo Fender que diosito nos había regalado.

LA CANCIÓN SIGUE SIENDO LA MISMA

Voy a ahorrarme los detalles, pero del juicio salí -dentro de todo- bien parado. Al menos algo de mi pequeña libertad mental estaba recuperada. Y no pensaba arruinarlo, el ´97 fue mi año. Tenía mi banda a full, Mandrágora -una banda donde era asistente, comenzaba un nuevo ciclo-, laburaba y estudiaba por las noches.

Con el tiempo empezamos a vernos menos. Ya no tenía tanto tiempo como antes para ir durante horas a Colegiales a drogarme con mi amigo. En 1998 ya casi no nos veíamos, lo visitaba una vez por mes y cada vez menos.

Cuando el siglo terminaba, me llamó una tarde para contarme que se iba a vivir con sus padres, que lo bancara en Colegiales. Esa fue la última vez que vi a María. Después de la muerte del padre de Yoni, la madre vendió el piso en Caballito y compró una casa enorme en Boedo y él volvió a su barrio natal, con sus amigos de la primera adolescencia.

Durante unos años nos perdimos el rastro.

Un par de años más tarde, pasé por su casa a ver si seguía vivo. Obvio.

Después del primer porro juntos -en años- lo primero que hizo fue proponerme que volviéramos a armar una banda, a revivir aquel dúo que, en joda, llamábamos “Sordos y Mancos”. Y también me preguntó lo que me pregunta hasta el día de hoy: ¿todavía tenés los cassettes? Esa tarde me contó que militaba con el Partido Humanista, que, en un mes, habría un evento muy grande en el local, que iban a cortar Chiclana, que iría la murga, asado, tango, dos bandas de rock.

¿Por qué no tocamos?

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Yoni estaba loco, pero le seguí la corriente. Yo terminaba de grabar en CD mis canciones de forma casera, ya había decido no saber nada de tocar en bandas. Me la pasaba más frente a la máquina de escribir que con una guitarra en la mano. Pero tenía el oficio y nadie conocía mis canciones como Yoni. Y lo que no conocía lo adivinaba. ¿Existía otra persona que musicalmente me conociera tanto? Sí, el Gordo Ale, el batero de todas mis bandas.

Durante treinta días, ensayamos cuatro covers y cuatro canciones mías. Yoni había dicho la verdad, el lugar era una peña, con mesas en las veredas y la calle cortada, con dos parrillas enormes afuera y los vecinos que empezaban a sentarse. Saldríamos bajo el nombre de Sordos y Mancos. Primero iban los tangueros, después las dos bandas de rock; entre ellas, nosotros. Mientras esperaba, no hacía otra cosa que ir y venir a fumar porro con los amigos de Yoni al pasaje, comerme un chori picante y seguir bebiendo. A la once de la noche, cuando nos llamaron al escenario, ya estaba demasiado ebrio para todo. Yoni, duro como una piedra.

Hicimos los temas que teníamos armados, uno atrás del otro, como los Ramones. Yo bebía un vino del pico. Antes del final, se me ocurrió improvisar en la menor. La gente comenzaba a hablar, a pararse y acercarse a la parrilla. Yoni me gritaba al oído que no podía más con la mano. Yo estaba tan borracho que nadie iba a bajarme de ahí. Y el Gordo, siguiéndome, como siempre. Terminado el show, le insistí a Yoni uno más, Blues en mi, le dije. Y arranqué. A mitad del tema, se descolgó el bajo y se lo pasó a un pibe que estaba sentado cerca, en una mesa. Ale y el desconocido me siguieron hasta que terminé, después quedé solo en el escenario, muy en pedo para entender lo que pasaba. La gente se iba. A lo lejos, se escuchaba la murga que se acercaba a puro bombo sobre la avenida. Yo, seguía en medio del escenario, con la guitarra que acoplaba, y los tres tiros que sonaban en el cielo de una noche calurosa.

Última tocada, Negro; recogí la botella que estaba a mis pies, bebí un sorbo largo y metí mi Strato en el estuche para no volver a verla jamás. En ese instante, comprendí que todo esto era gracias a Yoni, que su deseo no había muerto jamás, que era el mismo de siempre; y que esa noche el deseo se había hecho realidad. Era La primera vez que Yoni tocaba con una banda ante un público; y, para mí, el final de toda una época.

El círculo había cerrado y, entonces sí, ninguno de los dos volvió a tocar. Núnca más.

Hasta el día de hoy cada una y todas las veces en que lo veo, me sigue preguntando por los cassettes, insiste en que deberíamos digitalizarlos. Y yo lo escucho mientras retengo el humo y pienso que está loco, que el muy hijo de puta, de algún modo, se sale siempre con la suya.




LÁGRIMAS DE MAYO

Deseantes: Entrevista al escritor Richard Zimler.

Entrevista: Lourdes Landeira, Marcela Molina, Gabriela Stoppelman

Edición: Lourdes Landeira

Quién más, quién menos, todos alguna vez nos hemos preguntado por el tiempo al mirarnos al espejo. Por su transcurso o el nuestro. Por saber quién transcurre a quién. Hay respuestas, claro está, de lo más variadas. Sin embargo, algunas –en general esas que suelen venir acompañadas de nuevos interrogantes- quiebran la memoria en un antes y un después consustanciado en el instante de algún ahora. Entonces, escenarios y azogues mezclan las imágenes y forman nuevos reflejos para explicar lo inalcanzable. Hay que echar mano de todas las lenguas, llorar en primera persona las grandes tragedias, tirar los dados para leer los números que anagraman secuencias en letras tan enigmáticas como expuestas, resistir con nombre propio a los embates del absurdo. Y sobrevivir, también a lo ominoso. Para que nuestros momentos se refracten en un cristal húmedo y su reflexión alcance nuestro próximo paso. Que pudo haber sido otro, si la luz hubiera tomado otra dirección, pero que una vez dado -y aunque perdido por definición-, es indeleble en toda su oscuridad. Tantas otras veces -quién más, quién menos- todos hemos querido una pausa, investirnos de un hacer divino que nos habilite a mirar de afuera, extrañarnos y, quizás, mover alguna pieza de la Creación. Descifrar el código. Tal vez, gritar. Paren el mundo que me quiero bajar, protesta Mafalda (1) desde el silencio atronador de una viñeta, estática, con su boca abierta en un gran agujero negro. Una quietud tan dinámica que aún atraviesa generaciones. Y se reproduce en  anhelos de quebrar ejes y rotaciones. ¿Qué sucedería si esto fuera posible? Imagino a la tierra detenida por un instante, a muchos de nosotros trastabillar por el impacto y veo erguida a la niña de la historieta. ¿Se animaría a cumplir su proclamado deseo? La imposibilidad de constatación permite aventurar variadas predicciones. Mientras tanto, la tierra perpetúa su continuo giro. Ahora bien, si de vaticinios y deseos se trata, sepámoslo, algún que otro siglo antes, hubo un profeta –Josué-  de similares aspiraciones. “Detente, sol, en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Aialón. Y el sol se detuvo, y la luna permaneció inmóvil, hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. El sol se mantuvo inmóvil en medio del cielo y dejó de correr hacia el poniente casi un día entero”. Es palabra escrita en el Antiguo Testamento. Josué, claro está, ordenó desde la óptica de su percepción. No sabía que el sol, como todo astro que se precie de tal, permanece fijo en su propio centro. Aun así, su desconocimiento no impidió el milagro. La tierra, la que efectivamente se mueve a su alrededor, le concedió dejar de hacer lo suyo por cerca de veinticuatro horas. Y, antes de que el mundo volviera a ser mundo –tal como lo conocemos- hubo un desbalanceo de luces y oscuridades. Milagroso o no, faltaría casi un día entero en la historia del universo. Y si hay falta, claro, hay deseo. Palabras y poéticas dispuestas a completar lo inacabable, echan mano a un mayo definitivo para el escritor de novelas, canciones, haikus, cuentos. Poemas. ¿Qué más? Callen un instante al mundo, que Richard Zimler lo quiere (re)crear.

“Heniek dice que puedo pasarme una hora sin hablar, aunque oigo mi voz con claridad y estoy seguro de que hablo con él. Dice que mi silencio le atemoriza, porque mis bordes empiezan a oscurecerse, como si una codiciosa sombra me engullera. Aunque trata de despertarme de mis trances llamándome por mi nombre, no doy señales de oírle. Según mis cálculos, es el cuarto día que estamos juntos. Según los suyos, el séptimo. No me explico cómo pueden desaparecer tantos días”.

 

ASOMBRADOS, EN LA BIFURCACIÓN DEL CAMINO

Gyuri Lohmuller
Gyuri Lohmuller

Presente, pasado y futuro parecen circular por nuestras venas en sentidos, a veces, contrapuestos. Otras, unívocos. Un suceso presente resignifica nuestros hechos pasados. ¿A qué voces obedecen nuestros pasos para elegir una entre las direcciones posibles?

Imaginen un hombre sin memoria de su pasado –quiénes eran sus padres, dónde creció, qué lengua habla-. No tendría ninguna comprensión de su persona. Estaría perdido. Nuestras memorias hacen a nuestra identidad. Por eso, es natural que el pasado tenga una enorme influencia sobe el presente. La verdad –para responder a la pregunta-  creo que oímos las voces del pasado, presente y futuro al mismo tiempo. Oímos la voz del pasado con más claridad cuando preguntamos por qué razón nuestra vida siguió un rumbo y no otro. Muchas veces, en especial, en los momentos más infelices o de insatisfacción, nos asombramos por lo que podría haber sido nuestra vida. “Si hubiese elegido una profesión diferente o si hubiese nacido en otro país…” Tengo un epígrafe relacionado con eso en mi nueva novela, “El Evangelio según Lázaro”: Una historia hecha de síes- tal es la vida de los hombres mortales. 

Por ejemplo…

Lo que me asombra en los momentos más frágiles, cuando pienso en mi infancia en Nueva York, es: “Si mi hermano no hubiera contraído Sida y no hubiera muerto a los 35 años, en 1989, ¿cómo sería ahora? ¿Todavía trabajaría como psicólogo clínico? ¿Cómo podría yo haber salvado su vida? Estuve prisionero de esta última pregunta en las semanas que siguieron a su muerte. Cuando perdemos a un ser querido, siempre pensamos qué podríamos haber hecho de forma diferente. Es como si creyéremos que el pasado estuviera escrito con una tinta borrable, pero es indeleble… Y una vez que se seca, nunca puede ser alterada. Tenemos que aceptar eso o permanecemos prisioneros del pasado.

¿Cómo te fue en ese proceso de aceptación?

La muerte se volvió un tema muy importante para mí a los 28 años. Jerry, mi hermano, tuvo mucha mala suerte. Se infectó con HIV bastante temprano, probablemente, alrededor de 1981. Él vivía en Nueva York y yo, en San Francisco. Viajaba con mucha frecuencia entre las dos ciudades, intentaba, con familia y amigos, salvarle la vida. Pero no lo conseguimos. Después de sufrir algunas infecciones, Jerry murió el 6 de mayo de 1989. Su muerte me devastó. Él tenía una personalidad dinámica y complicada, y yo no podía imaginar un mundo en el que él no estuviese. En mi experiencia, cuando alguien que amamos muere joven, comenzamos a cuestionar la justicia del mundo. Y quedamos desorientados. En mi caso, quedé constantemente atento a mi propia mortalidad. No lidiaba bien con eso. Fue el periodo más traumático de mi vida. Escribí una música sobre la muerte de mi hermano y mi relación con él.

 

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Recuerdo que era mayo / y los vientos murmuraban / todo el día en rojo y oro / me hablaban de / la extrañeza de la distancia / de la soledad que guía mi camino / Me pidieron que les diga / si tu viaje había terminado / como la noche buscó mi cuarto en B.A. // ¿Es la cara de Dios lo que ves / cuando cierras los ojos? / y alguna vez se parece / a la nada y miente / aunque Él es justo / nuestras lágrimas disfrazadas // Recuerdo que fue mayo / la luz del sol era libertad / el verano había escogido aquel día / mientras yo jugaba baseball / tú te detuviste en tu parada / observando a tu modo reservado / tenías, quizás, diez / aun así ahora parece que sabías / el modo en que serías engañado // Recuerdo que era mayo / yo estaba dibujando tu retrato / cada línea era lo que no me atreví a decir / mientras posabas tu dijiste / en el valle de las sombras / los monstruos salen a jugar / el truco, dijiste / es no correr nunca / pasarlos y seguir caminando

Es fácil imaginar que también habita tus novelas

Lo que asombra a Erik en “Los anagramas de Varsovia” es semejante a mi asombro. Él se pregunta: “¿Qué podría yo haber hecho de manera diferente para salvar la vida de Adam, mi sobrino nieto? Como psicoanalista y hombre erudito, él también se culpabiliza por no haber previsto que los nazis iban a obligar a los judíos a vivir en un gueto rodeado por un muro alto, por no haber ayudado a sus amigos y familiares a huir del país. Curiosamente, el pasado también puede proveernos de marcas físicas que cambian el rumbo de nuestra vida. En “El centinela”, Ernie, el hermano del narrador, tiene cicatrices en su cuerpo, resultado de los malos tratos del padre. Y siempre que el narrador – Hank- mira a Ernie, él siente el terror de la infancia que persigue a los dos hermanos. En “El Evangelio según Lázaro”, el personaje principal es Lázaro,  resucitado por Jesús. En mi versión de la historia, él crea mosaicos para la elite romana y por eso tiene manos poderosas y ásperas. Siempre que nota los callos, se acuerda que tenía la intención de tener otra vida, quería ser profesor. Pero, debido a la pobreza de su familia, tuvo que aceptar el aprendizaje de creador de mosaicos. Entonces, sus manos lo avergüenzan –son el recuerdo físico de que no logró realizar sus sueños. Cuando conversa con personas educadas, tiende a esconder las manos en la espalda.

 

EN LOS BRAZOS DE UN ABRAZO

Marcas, cicatrices, callos. Todo queda escrito en el cuerpo. ¿Se puede leer el andar de la gente?

Sí, casi todos podemos hacer eso. Miramos la forma en que una persona camina y sabemos si están deprimidos o tristes, irritados o felices. Cada gesto que hacemos con las manos, los brazos o las piernas trasmite nuestra disposición. Un buen escritor usa eso para trasmitir ese estado espiritual y físico de sus personajes. Curiosamente, conseguimos interpretar los gestos de los otros sin pensar. Los seres humanos nacemos y nos entrenamos para leer esas señales. Y la mayoría consigue hacerlo muy bien. Una de las grandes dificultades de los autistas es interpretar los gestos de los otros. Tienen mucha dificultad en determinar en el rostro de la madre, por ejemplo, si está irritada, feliz o cansada. Esa incapacidad hace muy complicada la vida.

Xul Solar
Xul Solar

El cuerpo aparece como prisión contenedora, como rebeldía inesperada, como desobediencia. ¿Qué es para vos un cuerpo – en términos de poder- y hasta dónde puede llegar?

De acuerdo a nuestra condición de salud, el cuerpo humano puede ser una prisión o una maravillosa y casi ilimitada fuente de alegría. Cuando sufrimos, el cuerpo nos confina a ese sufrimiento. No podemos pensar en nada más que el dolor. Pero cuando estamos bien… Y jóvenes… En esas condiciones, el cuerpo es una gran fuente de felicidad. Y de solidaridad. La mejor manera de acortar la distancia entre nosotros es a través de un abrazo o un beso. Si no tuviésemos cuerpo, ¿cómo podríamos consolar a los otros – cómo podríamos expresar los más profundos sentimientos, sobretodo, el amor?

“Nadie sabe lo que un cuerpo puede”, Spinoza. Conversemos sobre eso.

Sí, ¡el cuerpo tiene su propia inteligencia! El cuerpo entiende el deseo sexual, por ejemplo. Y, más importante todavía, el cuerpo entiende el amor. Podemos pensar en el abrazo de nuestro padre, entendemos eso en nuestra piel, sin necesidad de lenguaje.

 

DÓNDE SE VA EL TIEMPO CUANDO LLUEVE

¿Es la infancia un tiempo no cronológico?

A medida que envejezco, cuando me pongo a recordar mi infancia, pienso principalmente en las personas que amé – familiares y amigos íntimos. Lo que une las memorias es el amor y el cariño. O, en algunos casos, traición y crueldad. Sospecho que es así porque, cuando somos jóvenes, el mundo es percibido como un lugar de emociones muy fuertes y no estamos interesados en la dirección o el flujo del tiempo. Ni percibimos su fluir. Lo que ordena nuestras infancias son las personas que las habitaron y las emociones intensas que sentimos en su presencia: amor, miedo, envidia, celos, odio, desconfianza, desaliento, vergüenza…

¿Adónde va el tiempo cuando transcurre?

Homokora
Homokora

La pregunta se vuelve cada vez más importante a medida que envejecemos, porque sentimos que la muerte está en nuestra búsqueda. Tengo 61 años ahora y los meses y años pasan muy rápidamente. La verdad, a veces parece que todo en mi vida sucede en un único instante. Y, muchas veces, me siento como el pequeño muchacho que era en Nueva York en los años 60 – listo para jugar basquetbol con mis amigos o para ir a la escuela o a jugar en la nieve. El cuerpo envejece, pero tenemos los mismos sentimientos que teníamos en nuestra juventud. En el Antiguo Testamento, el profeta Josué impide el movimiento del sol y de la luna. Consigue parar el tiempo. Algunas veces, yo adoraba tener ese poder. ¿Quién no quisiera tener más tiempo?

Cada día que pasara me alejaría más de mi sobrino. No creía poder sobrevivir a la creciente distancia entre nosotros. Jamás volveré a medir la estatura de Adam”. Hay  un efecto de ausencia en las distancias espaciales y otro, en las temporales…

Pienso que la mente funciona a través de metáforas. Dicho de otra manera, el cerebro es un dispositivo de creación poética. Así, el tiempo se torna una metáfora para el espacio y el espacio, una metáfora para el tiempo. En “Los Anagramas de Varsovia”, cada día que pasa lleva a Erik más lejos de Adam, su sobrino nieto, muerto. Ese hecho triste encuentra una representación espacial en las calles desiertas del gueto. Las dificultades del gueto, la falta de comida, las casas heladas, las dolencias terribles, se convierten en una representación de la mente perturbada y desesperada de Erik.

¿Qué lugar ocupa para vos la metáfora?

La metáfora es una técnica poética útil para expresar ideas y emociones que no pueden ser expresadas de cualquier otra forma. Y también, es una manera de sorprender a los lectores, de hacer que piensen sobre sí mismos y sobre el mundo de una manera nueva. Es un modo de abordar una verdad que no puede abordarse de otra forma. Para poner un ejemplo, puedo decir que la tapa de un libro es una puerta. ¿Qué es lo que eso nos hace entender? Nos hace comprender que, cuando lo abrimos, no solamente vamos a descubrir una historia, sino que también estamos por entrar a un mundo nuevo.

 

CURVATURAS DEL TIEMPO, RECODOS DEL SILENCIO

¿El pasado contiene inexorablemente toda posibilidad de transformación?

Para mí, el pasado es nuestra gran fuente de historias. Es un gran océano de experiencias. Podemos utilizar esas experiencias para guiar y orientar nuestro viaje en el presente. El pasado es especialmente útil cuando estamos espiritualmente perdidos, a esa altura, puede ofrecernos pistas para reencontrar nuestro camino. Pero también, representa un peligro, porque ¡podemos perdernos en ese enorme océano! 

¿El recuerdo es monocromático?

Creo que el pasado es engañador. Tendemos a recordar las cosas a través del filtro de nuestras emociones actuales. Entonces, cuando estamos deprimidos, vemos nuestras memorias a través de un filtro de desesperanza. Este proceso tiñe nuestros recuerdos con todos los colores posibles. Lo que significa que nuestras memorias cambian según nuestra disposición. Por eso, Erik dice: “Imaginen una tinta negra que se corre e impregna cada recuerdo. Nada que no sea gris sobrevive”. Cuando tomamos conciencia de cómo cambian nuestros recuerdos, empezamos a dudar de la precisión de nuestra memoria. Llegamos a percibir que nuestra perspectiva no puede ser exacta ni completa. Puede, de hecho, ser muy distorsiva. 

Dos, Xul Solar
Dos, Xul Solar

¿Qué tiene de singular el tiempo de la memoria? Allí hay también, entre otros, movimientos y transcursos.  Pero, ¿qué modo particular de transcurso?

Curiosamente, nuestras memorias son alteradas por nuestras circunstancias actuales. Todos tenemos esa experiencia cuando sufrimos la muerte de un ser querido. Cuando nuestra madre muere, por ejemplo, y miramos para atrás, sentimos que todo lo que hicimos con ella está ligado a nuestra sensación de pérdida. Incluso los momentos más felices – abrazados por ella en la niñez o comiendo una comida que nos hizo- parecen coloreados por nuestro sufrimiento. O su rostro, o su sonrisa, su manera de reír… Todos esos recuerdos ahora traen la marca de su muerte.

¿A qué experiencia del tiempo vinculás el silencio?

Cuando escribo, el mundo que me rodea queda completamente silencioso. Vivo dentro del universo paralelo de mi narrativa. Por eso, siento que el silencio es un gran amigo y aliado, sin él, no lograría crear mis personajes e historias. Hasta podría decir que el silencio es mi verdadera casa. Preciso por lo menos de 2 a 3 horas por día sin hablar con nadie. Sin ese tiempo, me pongo nervioso y frustrado. En parte, considero que escribir es mi contribución más importante al mundo. Cuando no estoy escribiendo, siento muchas veces que no hago nada útil. Pierdo noción del paso del tiempo cuando trabajo en una novela. Puedo comenzar a las 8 de la mañana y la próxima vez que miro el reloj son las 11. Pasaron 3 horas sin que tuviera conciencia de ello. Creo que, cuando encontramos una actividad que nos permite olvidar el paso del tiempo, descubrimos una verdadera pasión. Localizamos el camino que debíamos seguir. Y precisamos seguir donde nos conduzca. Si no lo seguimos, corremos el riesgo de quedar atrapados en una vida insatisfecha e inauténtica.

Conversemos sobre la relación del silencio con el infinito.

Algunas veces, recordamos la gran verdad de que estamos cercados por el infinito, el tiempo antes de nacer y después de morir. Estamos aquí, en nuestra forma actual, por muy poco tiempo. Tenemos que dejarnos habitar por el silencio para percibir eso, para contemplar lo largo y ancho de nuestra vida. Si no, corremos el riesgo de llevar una vida que no queremos. Es únicamente en los momentos de silencio que percibimos cuán pequeños somos y – paradójicamente, la importancia de llevar una vida auténtica – de hacer lo queremos realmente. Noten, por favor, que no me refiero a una vida feliz. Ninguna vida es siempre feliz, ni siquiera la vida más auténtica. Lo que todos procuramos, desde mi perspectiva, es una vida con significado.

El silencio como cobijo, como arma, como consuelo, como imposibilidad, como posibilidad, como ocultamiento, como sello. Como palabra. Conversemos sobre esto en la escritura en general. Y en la poesía en particular.

Publiqué en los EEUU y en Portugal un libro de haikus cabalísticos y el primer poema del libro es:

Tu alma comenzará / a sentir su profundidad / cuando deje de huir del silencio.

Toda mi vida depende del silencio, porque escribo mis libros en un silencio total. Entonces, de alguna manera, mis novelas son el silencio formado en un universo paralelo. Mismo en la infancia, precisaba pasar unas horas solo todos los días. Esa necesidad hizo a la escuela muy complicada para mí.

 

EL POEMELE

En la poesía aparece, una vez más, lo mínimo. En tus novelas, se lee como costura inexorable y nueva, como mecanismo reparador de la vida y la muerte, como desborde…

Rene Schute
Rene Schute

Siempre le presto mucha atención a los aspectos poéticos de mis novelas. La forma de cada frase es muy importante. Y un párrafo tiene que tener el ritmo justo. Cada frase debe tener no apenas el contenido correcto, sino también debe sonar bien al oído. Hago eso porque, para mí, la poesía es la única manera de comunicar los aspectos más complejos y misteriosos de la vida. En ese sentido, pienso que, sin poesía, seríamos criaturas mucho más solitarias y aisladas. Y el esfuerzo que hago para crear una narrativa poética es un intento de comunicar mis sentimientos más importantes y sutiles a los otros – de dialogar con lectores inteligentes y sensibles.

(Gedicht es poema en alemán e idisch; ele es diminutivo). La  gedichtele: gran síntesis, breve tiempo, breve espacio, ¿vientre?

Los brevísimos poemas que Erik e Izzy escriben –y comparten con el otro- son una de las formas en que refuerzan su amistad y amor. Es como un secreto entre ellos, ¡el tipo de secreto peligroso y poderoso que los niños aprecian! También, prueban que comparten un gran respeto por los aspectos poéticos de la vida. Pienso que todos precisamos de pequeños gestos de amor de nuestros amigos, para recordarnos la empatía entre nosotros.

¿Qué es lo poético para vos?

La poesía es la forma en que los seres humanos intentamos expresar lo inexpresable a través de la prosa. Dicho de otra manera, escribimos poesía para expresar esos sentimientos e ideas para las cuales la prosa no es suficiente o adecuada.

“He llevado un mapa de Varsovia en las plantas de los pies desde que era niño, de modo que realicé todo el trayecto hasta casa prácticamente sin confusión ni esfuerzo”. La transparencia, sabemos, no existe en el lenguaje, que ya de por sí es un convención. Aun así, lo suficientemente abierta, o tan abierta, quizás, como para dar lugar a la preciada polisemia. ¿El código premeditado se cierra en su propia lógica o, en su invocación a la búsqueda de una verdad escondida, da lugar a verdades igualmente válidas?

Un momento de revelación es cuando percibimos que tenemos el derecho de interpretar la realidad para nosotros mismos, que podemos llegar a nuestras propias conclusiones sobre el significado de las acciones de nuestros padres o amigos. Nuestra interpretación estará basada en nuestra propia experiencia y sensibilidad. Es como si toda la vida fuese un poema y nuestro objetivo fuese comprender su significado. Durante casi 25 años estudié el misticismo judío – la cábala – y los místicos judíos creen que todas las escrituras pueden ser interpretadas en diferentes niveles. El nivel más superficial es el literal. Y el nivel más profundo es el místico. Entre las dos están los niveles alegóricos y filosóficos. Un ejemplo… en el Antiguo Testamento, Moisés separa las aguas del Mar Rojo y permite que los israelitas huyan de la esclavitud en Egipto hacia la libertad de la Tierra Santa. ¿Tenemos que interpretar esa historia literalmente – que Moisés usó magia para apartar el mar? ¿O será que el autor de esta historia se refiere a una espiritualidad en la que todos podemos pasar de la esclavitud a la libertad?  Ambos significados están ahí. Por eso, nos cabe a nosotros decidir lo que la historia significa. En relación a esto, una de las más importantes enseñanzas cabalísticas, en mi opinión, es que todas las historias del Antiguo Testamento son poesía y no prosa. Y, como toda la poesía, las historias invitan a –  y hasta exigen-   diferentes interpretaciones.

 

 

MOMENTO Y REFLEJOS

¿Qué vuelve legible a un instante? ¿Y escribible?

A veces tenemos que esperar mucho tiempo para averiguar el significado de lo que sucede en un segundo. Tengo un cuento sobre este tema. El título es: “El espejo lento”. Se trata de un espejo que solo devuelve las imágenes después de cuatro años. Es una historia que significa mucho para mis lectores porque representa cómo precisamos de bastante tiempo para entender nuestra vida. Por ejemplo, si pensamos en una decisión importante que tomamos hace 5 o 10 años -mudarnos a otra ciudad, o tener hijos, por ejemplo– el motivo que invocamos para haber tomado esa decisión puede que ahora no nos parezca el principal. Nuestras más profundas motivaciones están muchas veces escondidas de nosotros mismos. Y cuando somos jóvenes, no entendemos tanto sobre nuestra manera de ser y sobre el mundo. Entonces, entender nuestra vida funciona como un espejo lento. 

PARA LEER EL CUENTO, CLICK AQUÍ:  EL ESPEJO LENTO 

La imagen del espejo: un anagrama de nosotros mismos…

Los espejos se volvieron muy importantes en mi escritura. En “Los anagramas de Varsovia”, Erik le dice a Heniek: “Si logras sobrevivir a esto (el gueto), Heniek, entonces recuerda lo siguiente: ten cuidado con los hombres que no ven un misterio cuando se miran al espejo”. Erik dice esto porque cuando miramos al espejo por más de algunos segundos, la mayoría ve un misterio. “¿Quién es esa persona que me mira?” ” ¿Quién habita ese cuerpo?” Estas cuestiones nos conducen al misterio fundamental de la vida. Y quien no lo ve, quien nunca duda de su identidad o se cuestiona sobre el propósito de su vida –debe ser una persona peligrosísima. Las personas que nunca tienen dudas son más propensas a hacer cosas monstruosas a los otros. La idea subyacente es que el misterio que vemos en nuestros propios ojos también nos vuelve más sensibles a los otros. Todos hablamos del misterio de la existencia.

Xul Solar
Xul Solar

Tanto “Los anagramas de Varsovia” como “El centinela” tienen a la investigación como protagonista. ¿De eso se trata la escritura, más allá de los géneros?

Yo solo decido la historia de mi novela – o su conflicto- después de hacer una larga investigación. En el caso de “Los anagramas de Varsovia”, por ejemplo, la idea original era escribir sobre la vida cotidiana en los guetos judíos creados por los nazis y, más específicamente, explorar la vida de un psiquiatra judío que sobrevivió a un campo de trabajo y volvió a su casa, en su ciudad natal, donde ya no tenía amigos ni familiares vivos. A esa altura, estaba muy interesado en indagar en cómo tenemos el coraje de continuar nuestra vida después de sufrir un gran trauma. Me parece un asunto interesante. A lo largo de mi vida, leí mucho sobre el Holocausto, pero sabía poco sobre los guetos. Cuánto más leía sobre ellos, más parecían “islas judías” separadas del resto del mundo. Esa imagen me fascinó. Además de eso, toda la rama europea de mi familia, fue internada en guetos antes de ser transportada para los campos del norte. Por eso, indagar en esa novela se tornó, en parte, una tentativa de saber cómo pasaron los últimos años de su vida.

¿Y qué pasó en el camino?

Par nousdeux,  Rene Schute
Par nousdeux, Rene Schute

Al escribir la primera página, la novela cambió. Yo iba a escribir el punto de vista de Erik Cohen, el psiquiatra judío que regresa a su ciudad natal – Varsovia. Escribí: “Yo soy un hombre muerto”. Era una declaración metafórica, él había perdido a sus seres queridos y su profesión y no tenía más motivos para continuar con su vida. Pero luego que lo escribí, tuve una revelación: ¡Erik estaba realmente muerto! Era lo que en la tradición judía llamamos un ibbur: un espíritu que permanece en este mundo para cumplir un deber o una obligación que no cumplió en vida. Pero, ¿cuál era ese deber? ¿Por qué él había permanecido en nuestro mundo?

¿Llegaron –Erik y vos- a saberlo?

Después de que Erik volvió a Varsovia, descubrió a un hombre visionario –Heniek- que pudo verlo y oírlo. Entonces, Erik le contó la historia de su último año de vida, esperando descubrir el deber que tenía que cumplir. Al indagar sobre el gueto de Varsovia, aprendí que había un mercado negro bastante dinámico y que muchos niños fueron forzados una vida de contrabandistas. Parecía el lugar perfecto para hacer un policial noir, porque los niños involucrados en ese comercio ilegal corrían grandes riesgos. Es obvio que el mercado negro implicaba gran sigilo. Entonces, yo no precisaba “imponer” una trama al libro; la trama fue una consecuencia natural de la vida arriesgada de los jóvenes contrabandistas.

 

CONSTELADOS EN ACCIDENTES

¿Ir tras huellas en busca de lo conocido o de lo desconocido? “¿Todos llevamos la vida que llevamos porque tenemos que saber por qué las cosas sucedieron de la forma que sucedieron, y si ellas podrían haberse combinado de un modo diferente para producir algo más tierno y significativo y permanente?”, leímos en tu novela. ¿Tenés respuesta para esa pregunta? ¿Qué incide en la alquimia de unos u otros factores con sus consecuentes resultados?

Una vez más, éste es un gran misterio – porque somos las personas que somos, cuando podríamos haber seguido otros rumbos. Yo, por ejemplo, podría haber sido pintor o músico. O un jardinero. Y si no hubiese conocido a mi otra mitad, Alexandre, en 1978, podría haberme casado con otra persona. En ese caso, tal vez estuviese viviendo en los Estados Unidos. Con la edad, comenzamos a comprender que nuestra vida es una producción de millones de pequeños accidentes y ocurrencias sobre los que no tenemos ningún control. Por ejemplo, como autor, muchas veces me pregunto si mis libros van a conseguir críticas favorables y si van a vender bien.  Pero preocuparme por eso no tiene mucho sentido, porque no tengo ningún control sobre las ventas y valoraciones. Tengo que escribir la mejor novela que puedo y, en seguida, permitir que tenga su propia vida, independiente de mí. En ese sentido, cada libro tiene su propio camino.

Rene Schute
Rene Schute

“—Es posible que el asesino utilice partes de los cuerpos de nuestros niños para crear algo inhumano. —¿Qué quiere decir? —Un golem —respondió Dorota moviendo los labios en silencio. Sus ojos reflejaban temor, como si el hecho de pronunciar la palabra pudiera hacer que saliera uno de su escondrijo. / ¿y si hubiera un chiflado que se creyera capaz de hacerlo?” El golem no tiene lenguaje, más que el tatuado en su frente (verdad y muerte). ¿Qué relación ves con la imagen del espejo?

El golem es un reflejo de nuestro deseo de crear la vida. Es una consecuencia de nuestro deseo de imitar a Dios y participar en la Creación.

¿Y si hablamos de la diferencia entre cifra y número? ¿Qué se puede leer en cada uno? Hay cifras que no son numéricas. ¿Y al revés, números que no son meros números?

Uno de los libros que leí antes de escribir “Los anagramas de Varsovia” fue las “Notas de Emanuel Ringulbum del gueto de Varsovia”. Ringelbum era historiador. En su libro, usa anagramas para referirse a sus amigos y a los funcionarios del gueto. En parte, hizo eso para evitar que ellos tuviesen problemas (incluso si sus notas fuesen descubiertas por los nazis, no descubrirían los verdaderos nombres de las personas). Yo sabía, de mis estudios de cábala, que la práctica de crear anagramas también encajaba muy bien con una antigua tradición judía: que ciertas palabras y nombres –como los nombres secretos de Dios- son tan poderosos que pueden ser peligrosos. Entonces, decidí explorar esa ligazón en el libro, como otra idea que me interesaba mucho: que el Holocausto nos obligó a desarrollar nuevas formas de expresar lo indecible. Entonces, “Los anagramas de Varsovia” también se convirtieron en un libro sobre lenguaje. La otra idea presente es que el mundo nos envía mensajes codificados, que tenemos que intentar interpretar. Erik llega a creer que si él pudiese entender mensajes muy sutiles, descubriría quién asesinó a su sobrino nieto Adam y sabría cómo ayudar a los judíos del gueto. Pienso que todos tenemos esa percepción, que el mundo se comunica con nosotros, es una sensación muy humana. Tenemos la impresión de que el mundo intenta darnos informaciones esenciales. 

 

LA LENGUA MAMELE

Tu lengua de nacimiento es el inglés y habitas la lengua portuguesa. ¿En qué idioma escribís? Siempre el mismo. Si no, ¿de qué depende?

Siempre escribo mis novelas en inglés. Es mi lengua materna y, aunque hable portugués muy fluido, mi relación con el inglés es más íntima y completa. Sin embargo, también escribí tres libros infantiles en portugués. Me gustan los desafíos y contar una historia en portugués es una nueva y maravillosa aventura para mí.

¿Las multiplicidades de la lengua –con sus afecciones e identidades- confirman lo indecible?

Xul Solar
Xul Solar

Ser bilingüe es sumar otra dimensión a mis libros a través de la creación de personajes que hablan dos o más lenguas. En “El centinela”, el narrador –Hank- es bilingüe en portugués e inglés. Para mí, eso aumenta un aspecto cautivante de su personalidad, porque su manera de pensar es diferente en cada idioma. Su sentido del humor no es igual en las dos lenguas. Aunque él viva en Portugal, tiene sentimientos que prefiere expresar en inglés. Es como si tuviese un alma dividida. Este es un aspecto muy importante del libro, porque Hank sufre de Trastorno Disociativo de Identidad. En momentos de mucha tensión, emerge una segunda personalidad dentro de él que controla sus pensamientos y acciones. Este trastorno es raro, pero ocurre en personas que fueron abusadas en la niñez. Ellos desarrollan una segunda personalidad, más capaz de lidiar con el trauma terrible del abuso.

¿La gedichetele no es la máxima aproximación a la lengua madre, a algo que aproxime a restituir parte de lo perdido?, ¿un origen, por ejemplo?

Erik se siente a gusto en alemán, idish, y polaco pero, después de sufrir en el gueto de Varsovia, se niega a hablar alemán. Los nazis destruyeron la belleza de la lengua alemana para él y para millones de personas. Se volvió un idioma de odio y crueldad. El idish es el idioma que desea hablar porque, según él, es una lengua que valoriza lo que es pequeño y que intenta consolarnos. Es un refugio para él. De hecho, la lengua como refugio es un tema frecuente en mi escritura y es un aspecto importante de mi nuevo libro: “El Evangelio según Lázaro”. En “Los anagramas de Varsovia”, mis personajes, muchas veces, son obligados a lidiar con sentimientos que no pueden expresar. Las palabras que conocemos no son suficientes. Se sienten sin esperanza, sin voz. Creo que nuestros grandes traumas son así, estamos convencidos de que nunca vamos a conseguir comunicar la devastación de nuestros corazones. Eso nos vuelve más aislados. Y, tal vez, la única solución es abandonar las palabras y expresar nuestro amor – y todas nuestras emociones- a través de nuestros ojos, labios y manos.

Hay en tus novelas palabras inventadas y palabras que pocos hablan, ¿cómo resiste el lenguaje ahí?

Afortunadamente, las lenguas evolucionan y cambian. Y tenemos derecho a inventar nuevas formas de hablar español, inglés o portugués. De hecho, es inevitable, porque sentimos la necesidad de describir los cambios dentro de nosotros mismos y en el mundo. Cualquier lector sabe eso, porque sabe que, por ejemplo, el español de Cervantes es bastante diferente al español de hoy. La lengua española pasó por millares de pequeños cambios para acomodar nuevos pensamientos e ideas. Entonces, la gran fuerza de cualquier lengua –su resistencia- está en su capacidad de evolucionar. Una lengua que no evoluciona, muere.

 

A RESISTIR EN CASA

¿Para qué cosas no alcanza la vida? ¿Necesitamos otros envases, otras formas – inhumanas- para alcanzar lo humano, lo nombrable?

Pienso que tenemos mucha suerte de encontrarnos en un mundo tan bonito y que hay mucho más allá de la vida humana. ¿A quién le gustaría vivir en un mundo sin flores, sin árboles, sin animales, sin desiertos y montañas, sin la luna y las estrellas? La naturaleza puede ser muy reconfortante. Nos permite huir de nuestras preocupaciones cotidianas y de la propia condición humana. Tenemos esta experiencia cuando estamos tristes, por ejemplo. Es reconfortante dar un paseo en un bosque o en un parque. La alteridad de la naturaleza nos recuerda que hay mucho más allá de nuestra propia tristeza y que todavía tenemos posibilidades de encontrar la belleza, que estamos rodeados por un mundo magnífico. A mi juicio, una de las dificultades psicológicas y espirituales de la vida en el gueto de Varsovia era que la naturaleza no podía proporcionar confort. Las personas que vivían ahí no tenían acceso a los parques, ni al Río Vístula, ni a los jardines. No había dónde encontrar la belleza del mundo. lourdes4tiempo-cabala-kabbalah

¿Hace falta ser casi un superhéroe para sobrevivir en ciertas ocasiones? ¿O en todas?

Sí, creo que las dificultades y los traumas que enfrentamos exigen que hagamos enormes sacrificios y encontremos mucho coraje para sobrevivir y ayudar a nuestros seres queridos. Esa es una importante conexión entre “El centinela” y “Los anagramas de Varsovia”. “Los anagramas de Varsovia” es sobre un hombre que pierde lo que más ama y sobre cómo continúa para encontrar a las personas responsables de esa pérdida y vengarse. Erik, el narrador, es un anti-héroe que, a pesar de sí mismo, encarna lo mejor del ser humano. Él tiene una sorprendente reserva de energía y determinación, como muchos que sufrieron en los guetos. A través de él, la novela se vuelve sobre la historia heroica de un hombre que se niega a dejar que lo venza ni su propio dolor ni la opresión cruel de los nazis. “El centinela” es sobre otro hombre –Hank Monroe- que fue forzado de niño a proteger a su hermano menor de su padre abusivo. Por eso, él tiene que desarrollar la personalidad de un protector. Y se convierte en policía porque entiende que su papel en la vida es proteger a los más frágiles y vulnerables. Adoro su relación con su hermano menor. Es el aspecto más conmovedor y cautivante de la novela.

¿El arte es siempre un modo de resistencia? ¿Camina por la cornisa de la locura y la belleza para protegernos del abismo del horror o de la nada?

El arte es mi casa. Habito en mis libros. En ese sentido, ellos me ofrecen protección. Cuando estoy dentro de un libro, estoy seguro. Puedo olvidarme del mundo y vivir dentro de mi universo paralelo. Los temas de muchos de mis libros hacen que la narrativa sea una forma de resistencia. Cuando escribo sobre personas que fueron vencidas, que perdieron a sus seres queridos y a sus tierras, es mi manera de decir: “¡No, ellos no serán olvidados!”. Y cada persona que lee una de mis novelas puede participar en ese proyecto de resistencia. El arte también nos puede ayudar a entendernos mejor a nosotros mismos y al mundo. Y puede proporcionarnos confort y consuelo en los peores momentos. Cuando leemos a Dostoievski o a Willa Cather o a Philip Roth o a cualquier otro gran escritor, tenemos la sensación de que nos comprenden muy bien. Estamos menos solos. Pero, desafortunadamente, al final de cuentas, el arte no consigue protegernos de los horrores del mundo. Podemos pensar en todos los grandes artistas que fueron asesinados, escritores como García Lorca y Bruno Schultz. Y tantos artistas asesinados por los nazis. ¡Imaginate cómo Anna Frank podría haber desarrollado su escritura si su escondite en Ámsterdam no hubiera sido descubierto!

En la historia oficial, de escritura meramente cronológica, solo parece haber lugar para los hechos trascendentes. Todos podemos responder fácilmente a la pregunta sobre hechos abominables de la historia. ¿Qué pasa con los otros?

Hasta la década de 1960 y 1970, prácticamente todos los textos históricos fueron escritos desde la perspectiva de los vencedores, de las personas que ganaron guerras y elecciones. Casi todos ellos fueron escritos, de hecho, para favorecer los objetivos políticos de los presidentes y primeros ministros. Por ejemplo, cuando iba a la escuela en Nueva York, la historia de la colonización de los EEUU fue contada -en gran parte- desde la perspectiva de los inmigrantes europeos. Y caracterizada, en general, como una heroica aventura y conquista de nuevas libertades. Pero, ¿y los nativos americanos? Para los indígenas americanos, la colonización fue una invasión de tropas agresivas y bélicas, un verdadero desastre. Aunque todo el Estado de Nueva York, donde yo crecí, había pertenecido a los Iroquis, Mohawks y otras tribus, no aprendimos nada sobre ellos en la escuela, nada sobre su historia, música o cultura. Los indios reales simplemente no existían.

Ahora, sin el derecho a existir, simplemente desaparecemos. Nuestra historia –cómo vivimos, pensamos, deseamos– nunca es contada. Entonces, es como si nunca hubiésemos vivido.

Esta verdad profunda, sobre cómo las personas desaparecen de la historia, se volvió una parte importante de mi vida hasta que escribí mi primera novela. El título es “El último cabalista de Lisboa”. Al investigar para ese libro, descubrí la Masacre de Lisboa de 1506, en la que 2000 judíos convertidos por la fuerza al cristianismo –Cristianos Nuevos- fueron asesinados y quemados en la plaza principal de Lisboa. Cuando le preguntaba a mis amigos –abogados, médicos y profesores– qué sabían sobre la Masacre de Lisboa de 1506, respondían: “¿qué masacre?”. Los judíos de Portugal habían desaparecido de la historia. Tengo una personalidad muy subversiva, me gusta escribir sobre temas que la mayoría de las personas prefieren olvidar. Entonces, decidí escribir sobre la Masacre de Lisboa desde el punto de vista de una familia de nuevos cristianos.

Amo dar voz a las personas que fueron sistemáticamente silenciadas, escribir desde la perspectiva de los vencidos. Si los novelistas no escribimos esa historia alternativa, del punto de vista de quienes perdieron las batallas y las guerra, entonces ¿quién va a hacerlo?

 

RAYOS EN BLANCO Y NEGRO

Hablemos de las intensidades amor – odio (“Los limones, diseminados entre manzanas rojas, ofrecían un aspecto maravilloso, una composición digna de Cézanne”). ¿Hay siempre reciprocidad?

Gyure Lohmuller
Gyure Lohmuller

La mente humana tiende a pensar en términos de dualidad: dentro y fuera, amor y odio, negro y blanco. Es muy posible que estemos genéticamente preparados para pensar de esa manera. Uno de los propósitos de la cábala –del misticismo judío– es superar ese sistema dual. Podemos decir lo mismo de la escritura, uno de sus propósitos es crear una unión entre el lector y la narrativa.

 ¿Cuál es tu noción de milagro? “Y entonces caí en la cuenta de que los milagros existen, aunque —por desgracia— no siempre son las gloriosas afirmaciones de transcendencia que han pretendido hacernos creer a todos.”

Un milagro es un hecho que la ciencia no consigue explicar. Pero yo le doy una vuelta a esa idea en “Los anagramas de Varsovia”. Generalmente, pensamos los milagros como maravillosos. Pero, en mi libro, los milagros pueden también tener connotaciones negativas – cosas terribles que suceden y Erik, el narrador, no logra explicar.

Hay fortalezas y debilidades ante lo luminoso y lo oscuro. La oscuridad como morada desde la que obtener sentidos. Contanos sobre eso.

Hay momentos en la vida en que vemos apenas la oscuridad en nuestra frente, la luz desaparece. Eso pasó conmigo después de la muerte de mi hermano, por ejemplo. Y sucede en “Los anagramas de Varsovia”, después de la muerte de Adam. Para encontrar el camino hacia adelante –para intentar encontrar la luz– Erik busca al asesino. ¿Pero será suficiente la venganza para que encuentre un significado a su vida? Erik duda de eso, pero no encuentra opción. Y se niega a desistir.

¿Todos somos capaces de matar?

Pienso que la mayoría de nosotros mataría para defender a una persona que ama. O para salvar nuestra propia vida. Pero es una cuestión que solo podemos responder cuando nos enfrentamos a la necesidad o al deseo de matar. Es como el tema de qué hubiéramos hecho si hubiésemos vivido en la Alemania de 1933. ¿Habríamos ayudado a Hitler a cumplir un genocidio? ¿Habríamos luchado contra él? En mi caso, espero que hubiera minado todos los planos de los nazis, con toda mi fuerza e inteligencia, pero ¿cómo saber con certeza si habría tenido el coraje necesario para hacerlo? Creo que una de las preguntas más importantes de mi novela, “Los anagramas de Varsovia” es: ¿cómo podríamos formar jóvenes confiados y fuertes, de modo que se nieguen a obedecer órdenes inmorales y contra su código ético? No tengo una respuesta, pero pienso que es fundamental investigar esta cuestión.

¿Qué es lo absurdo para vos?

Cuando leo la palabra “absurdo”, pienso en el teatro absurdo y en el humor de los judíos. Estas diversas tradiciones colocan a las personas en situaciones que normalmente no podrían suceder, pero que también tienen una lógica extraña. Curiosamente, el gueto de Varsovia tiene esa cualidad absurda, porque en circunstancias normales (humanas), 450 mil personas no serían obligadas a vivir en una prisión al aire libre en el medio de una capital europea.

 

SINGULARÍSIMO

Hablemos de lo prohibido, de los excesos, complicidades, contramandatos, complejidades y simplezas. En fin, de nuestros tiempos, nuestras vidas, nuestras muertes.

Siento una gran satisfacción en escribir sobre lo prohibido, sobre temas y personajes que la mayoría de los otros evita o desprecia. Me parece que los grandes novelistas entran donde las otras personas rechazan entrar. Abrimos portones marcados: “PELIGRO” y avanzamos y describimos al lector lo que encontramos.

Otro entrevistado de este número, Edgardo Cozarinkdy, escribe: “Pero los muertos, más allá de toda religión, siempre lo han acompañado, más asiduos a medida que envejece”. Conversemos sobre la presencia de los muertos en la escritura y en la vida.

Alejandro Xul Solar - Pan-tree
Alejandro Xul Solar – Pan-tree

El epígrafe de “Los anagramas de Varosvia” es: “Como mínimo, debemos nuestra singularidad a nuestros muertos”. Digo esto, porque a nadie le gustaría ser recordado como una estadística o como un mero miembro de un grupo. Todos queremos ser recordados como la persona que somos, con nuestras particularidades. Y, mientras tanto, cuando hablamos de grandes tragedias como el Holocausto, tendemos a hablar en números. Aunque esas estadísticas sean importantes y útiles, no creo que creen emociones profundas y duraderas. Cuando leemos que seis millones de judíos murieron en el Holocausto, podemos sentirnos intelectualmente ultrajados, pero no sentimos ningún dolor. Y no recordamos ni un rostro ni una voz. Entonces, creo que es extremadamente importante contar historias individuales. Al conocer a alguien que murió en un gueto o un campo de concentración, comenzamos a entender lo que sufrieron.

Adam: viene de rojo (adom, en hebreo) y adamá (tierra) porque la tierra africana era roja.  El Adam de tu novela es un Aquiles, primordial y con señal de fragilidad expuesta.

Sí, en el Antiguo Testamento, Adán es el primer hombre. Pero, en la cábala, está también la tradición de Adam Kadmon. Adam Kadmon es la Luz Divina –el primer evento en la Creación del Universo. Entonces, en mi libro, Adam, el sobrino nieto de Erik es el símbolo de la luz. Y, cuando él desaparece, la luz desaparece del mundo de Erik. Su único propósito es encontrar al asesino de Adam – encontrar a quien quitó a la luz del mundo. En ese sentido, él también intenta destruir las fuerzas de oscuridad que intentan dominar al mundo. Si los nazis hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial, un museo sería el único lugar en que podríamos encontrar vestigios de la cultura judeo europea.

 

INSTANTÉNEAS

Una foto: imagen que borra el tiempo. Nuclea el presente del que mira, el pasado del momento ya perdido y el futuro en que será reproducido. ¿La escritura es también foto, en este sentido?

Para mí, una novela es más completa que una fotografía. La novela desarrolla una historia a lo largo de 200 o más páginas. Una narrativa en evolución. También es más participativa. Un lector llena –con toda su experiencia– los espacios en blanco entre las palabras. Por eso una novela es diferente para diferentes lectores. Cada persona completa una novela con la totalidad de su ser.

Gyuri Lohmuller
Gyuri Lohmuller

“Me tapé la boca con la bufanda, por lo que tengo ahora la impresión de que el resto de nuestra conversación se desarrolló a través de la textura de una lana gruesa y oscura”, dice uno de tus personajes de novela. La textura de la lana de la bufanda que filtra las palabras podrá ser análoga a la cámara del fotógrafo. ¿Cuál es la bufanda de la escritura en la prosa y en la poesía?

Creo que es la mente del escritor. Todo lo que sucede es filtrado a través de sus temores, deseos y esperanzas y después transformado –aparentemente por magia- en palabras. A fin de cuentas, cada novela es el reflejo de la relación del escritor con el mundo. Y es un paisaje enorme y multiforme pintado por un autor.

¿De qué lado queda el resto, lo filtrado?

Lo que pasa por el filtro es parte de la narrativa. Lo que es bloqueado, queda excluido. Cada escritor tiene limitaciones, por eso, hay situaciones y temas que no surgen en mi escritura. Dicho de otra manera, Jane Austen no es Tolstoi y Tolstoi no es William Faulkner. Todos somos diferentes.

La escritura, ¿deseo, trascendencia, sentido, memoria? ¿Qué más y por qué?

Entiendo que la mayoría de los escritores quieren compartir sus experiencias y descubrimientos con otras personas: los lectores. Y quieren explorar sus traumas, alegrías y revelaciones. Cuando escribo, mi objetivo es escribir el mejor libro posible. No pienso en opiniones ni ventas. Y no visualizo un lector ideal. Escribo lo que me fascina y lo que me perturba. Supongo que si yo adoro el libro que voy a escribir, por lo menos algunas otras personas también lo amarán. Sí, pienso que la escritura es una búsqueda de significado. Tal vez, escriba como una forma de organizar la realidad, para que tenga sentido para mí. No estoy seguro, pero es posible. Tal vez los escritores tengan más necesidad de organizar el mundo en un orden que les agrade a otras personas. 

 

LA MAGIA SIEMPRE ESTÁ

¿Qué lugar tiene lo coyuntural en tu escritura: la realidad portuguesa, la violencia de género?

Escribo sobre Portugal actual en “El Centinela”, en particular sobre el periodo de austeridad (entre 2007 y 2015). Los personajes de ese libro son oprimidos por la atmósfera de derrota del país. Porque fue un periodo en que muchos portugueses perdieron la esperanza en el futuro. Más de 350 mil jóvenes dejaron el país porque no había suficiente empleo. Muchas personas se sintieron derrotadas. Y el gobierno reforzó ese sentimiento al decir a los jóvenes que debían mudarse a otro país o conformarse con un empleo mal remunerado. Nuestros gobernantes pedían a los alumnos que abandonasen sus sueños. Es una de las razones por las que me opuse al gobierno anterior de forma tan pública. Creo que nuestros alumnos tienen derecho a soñar y seguir sus pasiones. En términos de violencia de género, los personajes gays que sufren tienen papeles importantes en mis novelas. Y sufren por causa de su orientación sexual. En “Los Anagramas de Varsovia”, tenemos el ejemplo de Izzy, el mejor amigo de Erik, que se casó con la esposa porque tenía miedo de admitirse a sí mismo y a los demás, que era gay. Es un momento de liberación conmovedor cuando se lo cuenta a Erik, de liberación para los dos. En “El centinela”, el hermano del narrador es gay. Y tiene muchas dificultades en lograr buenas relaciones con otros hombres porque fue muy abusado en la infancia. No confía en otras personas. Este es uno de los motivos por los que su relación con el narrador (su hermano) es tan importante – los dos forman un frente unido. Es como si nada pudiese detenerlos cuando están juntos. Tienen un amor sólido, fuerte e inquebrantable. No hay nada que no haría el uno por el otro.

Homokora
Homokora

¿Qué es la magia para vos?

La magia es una acción o un acontecimiento que parece imposible, que nos remite a un estado de admiración –de sorpresa y felicidad- y que nos hace sentir como niños. Toda gran narrativa tiene esa magia y, por eso, cuando leemos una novela maravillosa sentimos la alegría que sentíamos cuando éramos chicos y oíamos una historia leída por nuestro padre o nuestra madre.

¿Y lo deseante?

El deseo que más me interesa es el de superar nuestro aislamiento y formar una unión con otra persona. Creo que todos tenemos ese deseo – esa necesidad de solidaridad, de cariño, amor. A mi modo de ver, alcanzar una unión física y espiritual con otro es la única manera de disminuir nuestra soledad. Sin eso, no sé si podemos conseguir la felicidad verdadera, o una vida realizada.

“Su acordeón hacía que ante mis ojos revolotearan unas figuras en forma

de mariposas de color rojo vivo y dorado, una maravillosa y extraña
sensación, aunque de un tiempo a esta parte me he acostumbrado a
ella; a menudo mis sentidos discurren juntos, como veladuras que se
confunden en los bordes. Al final, ¿es posible que se confundan por
completo? ¿Me precipitaré en un gigantesco paisaje de sonido, vista
y tacto, incapaz de hallar el camino de regreso a mí mismo? Quizá sea
así como se me lleve por fin la muerte”.

 

  • Mafalda es la popular historieta que el humorista gráfico argentino Quino realizo durante los años 1964-1973. Trascendió las fronteras de tiempo y espacio. Fue traducida a 30 idiomas.

Los epígrafes y las citas corresponden a las novelas del escritor, “Los anagramas de Varsovia” y “El centinela”.

En español, se consiguen libros de Richard Zimler en versión ebook.

La página del escritor se puede consultar en inglés y portugués en: www.zimler.com




ILUSOS

Deseantes: sobre juegos y azares

Por Víctor Dupont

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CARTAS CALLEJERAS

“¿Quién no almuerza y no toma el tranvía / con su cigarrillo contratado y su dolor de bolsillo?”

César Vallejo

Hay naipes. Naipes tirados en las calles. Cartas. De distintas barajas, de diversos palos, de múltiples números. Este hallazgo es evidente para un caminante atento a las dispersiones, a las fugas que las ciudades proponen. Para otros -digamos, los apurados- esto podría sonar inverosímil. Varias personas que descubrieron cartas en la calle señalan un punto en común: la pista se la dio un conocido que verificó el mismo prodigio.

-Che, hace años me pasa lo de las cartas.

-¿En serio?

-Sí, el otro día me encontré un ocho de oro.

La charla suele seguir por el lado de la interpretación. Rápido, la idea de suerte se cuela en esos diálogos. Las personas implicadas pueden creer que ese pedazo de azar en sus manos porta un extraño brillo. Que algo les quiere decir. Que no es mera coincidencia. Al fin de cuentas, una ciudad es una máquina de signos: El semáforo podría sugerir que avances. El letrero, que no fumes. El bar, que tomes café. El policía, que no prendas ese cigarrillo.

Pero, ¿encontrarse con una carta en la calle? ¿A qué jugamos?

APUESTAS Y FALACIAS

Hay formas y formas de juego. Elegir la huella de una carta en la calle no parece una opción, al menos, en Argentina.  Los ludópatas tienen preferencia por la lotería. La quiniela, el quini6, loto y telekino. Los consultados por una encuesta publicada en el diario “El cronista” comentan que juegan hasta cinco veces por semana. Después, aparece la preferencia por las máquinas tragamonedas. El bingo y el casino ocupan el tercero y el cuarto lugar, respectivamente. Es decir, todos juegos promovidos y subsidiados por el Estado.

Más allá de las preferencias, sin embargo, podemos reconocer varios tipos de jugadores. Aunque hay uno, muy célebre. El timbero que cree que, al apostar siempre por un mismo número, aumenta su probabilidad de ganar. Pulula bastante en todo terreno de juegos. Hay una anécdota histórica: El 18 de agosto de 1913, en una de las ruletas del casino de Monte Carlo, el color negro se repitió veintiséis veces seguidas. La gente abandonó otras mesas y se acercó. No existen registros de que hubiera habido una tira de un solo color tantas veces repetida en otro casino en el mundo. Pero hay que rendirse: fue sólo una casualidad. Al menos hasta la fecha – lamentablemente para los jugadores – ni las ruletas ni las cartas tienen memoria. De ahí que el jugador que apuesta siempre por lo mismo olvida la independencia de cada tirada y el círculo de probabilidades envueltas en ella. Es la llamada “Falacia del apostador”. Acá, los sucesos pasados no afectan a los futuros. Podemos pensar en el ejemplo de la moneda y en cómo razonaría este apostador si la moneda, digamos, cayera cara cuatro veces seguidas. Diría:

-Si en el siguiente lanzamiento saliese cara, habrían salido cinco consecutivas. La probabilidad de que esto suceda es 0,5⁵ = 0,03125. Entonces, en el siguiente lanzamiento, sólo habrá 1 entre 32 chances de que salga cara.

Pues, no. Falso. Si la moneda está bien calibrada, saldrá cara o ceca, en un 50 %, siempre.

¿Cómo convencer a quien está obstinado en repetir su apuesta? El marido de mi abuela jugó al loto durante treinta años. Siempre repetía los números. Un día olvidó jugar. Cuando vio que esa vez sus números salieron (y el pozo millonario quedó vacante) no pudo creerlo. Maldijo su suerte, hasta el borde de sufrir un paro cardíaco.

Sin embargo, otra vez: fue una casualidad.

LA APUESTA BOBA

“Una tirada de dados jamás abolirá al azar”, Mallarmé

Este jugador falaz, obstinado, puede encontrarse en otros ámbitos. Lo reconocemos fácilmente: realiza siempre la misma apuesta en su vida. Los lunes se levanta, con el mismo desayuno, con la misma cara, para ponerse la misma ropa y pisar con el pie derecho. La sucesión inevitable de semanas y estaciones configuran en él un juego idéntico. Hay un nombre tentativo para esto: Hastío. Escribía Vallejo: “Ya va a venir el día, el mar, el meteoro (…)”. Y cada elemento de este verso -mar, meteoro, día-implica accesos, caminos, derivas. Apuestas distintas. Este jugador falaz, no obstante, va siempre por lo mismo. Lóbrego mamífero, se peina de la misma manera. Corta su barba o tarda veinte minutos en bañarse. Teme renunciar a su trabajo por la antigüedad o las vacaciones. Si se casa y no va la cosa, se divorcia y vuelve a casarse. Si está soltero, sigue como una piedra en la pendiente infinita: el amor es demasiado complicado.

Este personaje se complementa con otro. El que arruina todo cruce con el azar. El que, en vez de apostar lo mismo, cree que nunca apuesta. En su virtuoso ejercicio ilusionista, supone suspender lo aleatorio con un “no” o  con una risa irónica. Más “lúcido” que el jugador “falaz”, a este lo reconocemos cuando exhibe su escepticismo, orondo. Tiene muchas frases emblemáticas:

-Todas las revoluciones han fracasado.

-Ese piensa con la izquierda, cobra con la derecha.

-Este país no está preparado para ciertas transformaciones.

-Ya se te va a pasar…

-¿A mí me la vas a contar?

A pesarimagen 2 de todo, apuesta. No sabe que rechazar una grieta del azar implica jugársela. Y es nomás uno de los tantos, entre quienes conforman un arco enorme, que va desde los reaccionarios hasta los tradicionalistas, desde los tradicionalistas hasta los conservadores (en sentido amplio). Porque se sabe: quien cree no jugar juega a favor del orden establecido.

 

CONTRA LOS JUEGOS DE LENGUAJE

En este grupo voluminoso, hay quienes incluso van más allá y prohíben algunos juegos. Un caso insólito sucedió en el 2014, en China. El gobierno censuró una importante campaña publicitaria porque “casos como éste pueden crear un caos lingüístico y cultural”.  La administración de la provincia de Shanxi tomó un viejo refrán, “jinshanjinmei” (“todo muy bueno, todo muy bonito”). Pero cambió el carácter del significado de “todo” por el que representa al diminutivo de la región. Y,  al pronunciarse los dos jin, quedó: “Shanxi es muy buena, Shanxi es muy bonita”.  Como una amenaza para el orden social, la Administración Estatal de Prensa, Publicaciones, Radio, Cine y Televisión directamente prohibió la promoción de Shanxi. Así explicaron el tema las autoridades: “Hay que hacer buen uso del lenguaje de manera estandarizada. No se pueden cambiar los significados de los refranes populares para fines comerciales, tampoco se pueden usar palabras que vengan de Internet, que sean adoptadas de idiomas extranjeros, ni que sean juegos de palabras”.

Esta nueva regulación propone que los juegos de palabras desinforman y confunden. Sobre todo, a los más jóvenes. El comunicado desarrolla en cuatro puntos cómo debe utilizarse el lenguaje de “manera adecuada”:

  • divulgar la importancia de estandarizar la lengua china;
  • utilizar los refranes correctamente;
  • el significado de las cosas no puede quedar abierto a interpretaciones;
  • los medios deben fortalecer sus políticas de control.

Sin embargo, algunos chinos se la rebuscaron. Existe un departamento de regulación de contenidos de Internet, llamado “Aepprct”. Allí encontramos estrategias curiosas para saltar la censura. Uno de los casos más populares es el de la alpaca (caonima). Además de ser un animal, es uno de los insultos más hirientes en las redes sociales. Con un cambio de entonación, quiere decir acostarse (cao), tu (ni), madre (ma): “Me acuesto con tu madre”. Si a esta palabra se le añade la palabra hexie que, con  cierta entonación quiere decir “cangrejo de río” y, con otra, “sociedad armoniosa” -el nombre de la política del ex presidente Hu Jintao-, el significado de las dos se vuelve: “¡Me acuesto con tu madre, política oficial!”. Se han llegado a componer canciones infantiles que recrean alpacas morfándose cangrejos de río, en referencia a cómo la sociedad podía tragarse la política armoniosa de la censura.

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RULETA URBANA

Volvamos al encuentro de la carta en la calle. ¿Y si decidimos que, detrás de ese encuentro, hay un golpe del azar? Por un rato, pensemos solo eso. ¿Si la carta no (nos) quiere decir nada? Entonces puede empezar el juego: el naipe pudo haber caído de un hombre. Un hombre que lleva la timba encima. Un hombre como muchos. Con su dolor de bolsillo. Uno de tantos que se peina, mamífero lóbrego, caña pensante. Entre café y café, el tipo esconde un mazo de cartas y se pone el día con su saco. Quizá, después del trabajo, o en la hora del almuerzo, escape a una mesa para apostar. Quizá piense en el deseo de tantos: zafar. ¡Que una apuesta cambie la suerte! El hombre de la carta, probablemente separe una parte de su sueldo para eso. Para jugársela. Algo de ese deseo colectivo hay en ese hambre de azar, en ese sueño de “pegarla” y hacerse con el loto; o que una apuesta nos traiga toda una guita que, si la tuviésemos que ganar con el sudor de la frente, no tendría ese gusto. El silencio o la casi invisibilidad acerca de estos seres de cornisa confirma lo que sospechamos. Una gran mayoría no soporta la máquina de producción. No siente eso de la dignidad del trabajo. No entiende el refrán “al que madruga”… Esa mayoría fantasea con escaparse. Fantasea con acertar el número. Lo extraño radica en la persistencia de ese deseo. Una simple observación nos revela que hay un monopolio de la suerte y de la salvación. (Sí, la salvación no está en las almas piadosas ni creyentes, sino en las fortunas de las clases dominantes.)

Sin embargo, estos apostadores obstinados no son como el jugador falaz: las apuestas van imagen 4en mil números, ruletas, cartas, incluso fuera de los ámbitos lúdicos. Compran un terreno. Salen a vender cosas insólitas a la calle. Se hacen malabaristas urbanos. Tocan el violín en el subte. Y a muchos de ellos se les caen las cartas que vemos por ahí.

Volvemos donde empezó nuestro juego: a un encuentro.

 

 

MÁS APOSTADORES FALACES

El poeta André Breton tuvo un encuentro casual muy conocido con una mujer, Nadja. A ella le dedicó una novela. Su figura -escribió- “está hecha para centrar (…) todo el apetito de lo maravilloso”. Breton vio en ella a una maga. Un punto incandescente donde el azar ponía una huella. Así, decidió llevar esto hasta las últimas consecuencias: “Una noche en que conducía un automóvil por la carretera de Versalles a París, una mujer a mi lado, que era Nadja, pero que hubiera podido, ¿no es cierto?, ser cualquier otra, e incluso tal otra, con su pie que mantenía el mío pisando a fondo el acelerador, con sus manos que intentaban tapar mis ojos, en el olvido que proporciona un beso sin fin, quería que dejáramos de existir más que el uno para el otro, para siempre sin la menor duda, que de aquella manera nos lanzáramos a toda velocidad al encuentro de los más hermosos árboles. Qué prueba de amor, en efecto. Inútil añadir que yo no accedí a semejante deseo. Es sabido en qué punto estaba yo en aquella época, en qué punto he estado casi siempre, que yo sepa, con respecto a Nadja. No por ello le estoy menos agradecido por haberme revelado, de un modo terriblemente sobrecogedor, a qué nos hubiera conducido en aquel momento un común reconocimiento del amor. Cada vez me siento menos capaz de resistir una tentación semejante en todos los casos.”

Sin embargo, tenemos algo para objetarle a Breton. Este retrato del amor loco, del amor surrealista, fue para él mera literatura. Hombre casado, racional y metódico, cuando en su vida pudo elegir por Nadja, confirmó la apuesta a favor su matrimonio. Nadja quedó en el plano de musa. La señora Breton, inmóvil en su trono burgués. El jefe de surrealismo no se la jugó.

Y lo mal que hizo. No está de más recordar a otro francés, Alain Badiou, cuando escribe que el amor empieza suspendido en el azar. En el éxtasis del encuentro. La prosa del entusiasmo. La posesión divina. Pero hay más, hay más que arder y consumarse. La apuesta del encuentro amoroso no acaba ahí. Entre las chispas del fulgor, Badiou cuenta que el azar debe fijarse. Punto por punto. A la experimentación inicial -o iniciática- se le añade la construcción. Construir, de un lado; arder y morir, del otro -la fantasía romántica, así, no sería más que la imposibilidad de asumir hasta sus últimas consecuencias el azar amoroso-.

El verdadero comienzo resplandece en el obstinado “Te amo”, donde la eternidad instala la escena del 2. El 2 de la diferencia. El nacimiento de un nuevo mundo.

Nada fácil, claro. Algunos elijen el matrimonio (Breton); otros, consumarse en la fusión de un encuentro quemante y mortal. Otros, prefieren no apostar y quedarse en el molde.

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EXCURSUS ANTES DEL FIN

El verdadero cruce de la “maga” y del poeta surrealista -como imaginamos- se cumplió en otra novela, que de juegos la tuvo clara: Rayuela. Allí, la Maga cobró vida y el protagonista fue bautizado con el nombre de otro poeta, Horacio. Ellos sí jugaron a fondo.

Ellos tejieron su red de encuentros y desencuentros en las calles de París, en un cuarto miserable entre discos de jazz, alcoholismo suave y divagaciones patafísicas, metafísicas, musicológicas. Pero, sobre todo, cultivaron aquel sueño surrealista del azar objetivo. Se citaban sin horario en lugares distintos, hasta descubrirse debajo de alguna mesa de café o en plena lluvia; y, desde ya, sin ese artefacto espantoso llamado paraguas.

Horacio y La Maga armaron un tablero. Dispuesto por la destreza lúdica de Cortázar, inspirado en ese nombre -Rayuela- con gusto a infancia. Una rayuela repleta de procedimientos para desdoblar tiempo, espacio, acá, allá; disuelta en cápsulas de capítulos abiertos, cerrados, prescindibles, imprescindibles.

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ILUSOS

En estas páginas, me quedó una palabra en silencio.

“Ilusión”. Vamos a jugar un poco.

Ilusión proviene del latín Illudere. Engañar.

Ahora, si le sacamos el prefijo, nos queda Ludere, es decir: jugar.

¿Y la voz “Lu”?

¿De dónde viene?

De luz.

En la etimología de la ilusión hay reminiscencias de engaño, juego y la luz.

Apuesto lo siguiente: ilusión es jugar al revés de lo propuesto para provocar un asombro.

“Asombro”. Vamos a jugar otro poco.

Asombro, iluminar lo oscuro.

Quitar las sombras.

¿Qué es un iluso, entonces?

No solo alguien que se deja engañar. O que juega por jugar. El iluso se diferencia del delirante porque ve en una carta un mensaje divino. El iluso no alucina.

Al revés de lo propuesto, el iluso juega ahí. En las fugas del asombro. *

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ME OLVIDABA…

¿Vamos a jugar?

https://www.youtube.com/watch?v=k2kstAJQeck

 

 

* Al respecto de este juego etimológico, ver la columna del programa radial “Quilamba”: https://www.facebook.com/Quilamba-1281115888676167/

 




PERDONAR AL CIELO

Deseantes: sobre andar por el Sudeste asiático

Por Patricia Tombetta

A PEDIR DE BOCA

Si nunca anduviste por tierras orientales, este puede ser un buen comienzo. Vas a encontrar el tono añorado de lejanos territorios en una dimensión soportable para tu almita criada en estos lares del planeta. No te recomendaría hacerlo por India. Empezar, digo. Morder los deseos puede ser peligroso. A esos, mejor saborearlos. Como si dieras vueltas un caramelo duro. Lo llevás de un lado al otro de tu boca y, con cuidado, lo deslizás por los costados de la lengua, lo aplastás contra el paladar y lo depositás  bien abajo, allí donde toma contacto con la mucosa más blanda. Entonces, esperá unos segundos, juntá gotas bien preñadas de sabor, dejá que invada la cavidad toda. Y continuá con más vueltas.

Viajar a tierras extrañas requiere algo de rendibú (sí, no es fácil entender) y algunos consejos suelen hermosear el camino.

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Lo primero es no desesperar. Al principio puede resultar duro en extremo, casi sin sabor. Alguna combinación con tu saliva hará maravillas. Podría resultar importante la puerta de entrada. Es cierto que, en general, los aeropuertos se parecen, aunque no en Asia. Así que, de todos modos, no importa por dónde lo hagas.  Llegar, digo. Entrecerrar los ojos es una buena idea, ya que los oídos se verán invadidos de inmediato. Hablar da lo mismo, nadie te va a entender. El olfato se va a llevar la sorpresa de su vida. Si buena o mala, se verá después. Ya te dije, lo primero es no desesperar. Continuá con las vueltas. Tomate fuerte de tus valijas o bolsos (a ellos los conoces, en el mejor de los casos) y dejá a mano la dirección de tu hotel o hostel. Es importante mirar a tu alrededor y tratar de ver qué hacen las demás personas. No, no mires a los desorientados, a los rubios o a los barbudos con rulos, tratá de observar a los lugareños (los detectarás tan rápido como ellos a vos). Podría ser bueno un taxi o un tuc tuc (estos suelen ser los más convenientes, de verdad lo digo, lo recomiendo fervorosamente incluso, aunque en Tailandia son un poco caros). Te permitirá la saturación sensitiva imprescindible para comenzar a recuperar oxígeno (aunque no abunde). Otra advertencia: no te subas a ningún vehículo sin regatear el precio. No estará bien visto y, te aviso, cualquier valuación que consigas no resaltará tu inteligencia. Es así cómo tenés que hacerlo y punto. Si seguiste mi consejo, estarás en el tuc tuc, allí recibirás no sólo el aire, sino la visión más justa (son increíbles, tienen lugar para las valijas, para vos y para tus acompañantes). De paso, llegarás mucho más rápido. El camino ya te dará una idea de qué te espera. No, aquello que llama tu atención (si lograras abstraerla del tránsito) no son templos ni mercados importantes, es la ciudad, son casas o lo que sea de la vida cotidiana. Todo está en las calles, en las veredas y delante de tus ojos (dicho sea de paso, ya podés ir abriéndolos, no va a pasarte nada). Se desplegarán casitas ramplonas interrumpidas por enormes puertas carmesí, puestos ambulantes (de lo que sea), gatos de cola corta, pagodas rematadas hacia los lados por puntas onduladas (son preciosas, dan la impresión de perdonar al cielo, de haberse inhibido un segundo antes de hincarlo), Budas, frutas, sahumerios, Shivas, gatos saludadores y escupitajos (esto último dependerá de cuál sea el país en el que hayas arribado, no son todos iguales y está la India, claro), también te inundarán las bocinas, las motos y los saludos de los niños.

Eso debe ser universal, los saludos de los niños, digo. Ellos saludan lo extraño, lo nuevo, lo nunca visto (ese serías vos). Será porque no han visto casi nada, será porque se entregan.

Llegás a tu hotel. Tomate un café y date unos ratos. Observá el  barrio que te tocó (memorizar algún edificio, esquina o puesto de venta será útil para tus futuros derroteros) y comenzá a soltarte. Sí, como ese chico que te saludó hace unos minutos. Algo así como llevar el caramelo de un costado al otro de tu lengua. Paseá tus ojos por las frutas, por los carteles, mirate en los otros ojos, deleitate con los fideos y platos y no te pierdas las hermosas letras sin espacio entre palabras que, probablemente, nunca aprenderás.  Así vas bien, encontraste el aroma del curry y del lemon gras (sobre todo este último), percibiste el rojo del ají (cuidado cuando pidas de comer, los encantamientos se pagan con papilas gustativas) y  frutos de los más extraños. Si en ese rato ya ofrecieron llevarte a algún lado unas once veces, estás listo. Repasá el inventario de lugares que no querés perderte, conseguite un mapa o consultá la guía. No importa. Estás en tierra Jemer, en Oriente, en el sudeste de Asia: te será prohibido comprender (y, aunque no se trate de la India, ella siempre dará sus vueltas).

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NO TODO ENTRA POR LA BOCA

Tal vez te preguntes quiénes son los Jemeres o Khmer.  Como la historia se remonta hasta el siglo I, resulta un poco embellecida por las leyendas (el paso del tiempo no siempre destruye lo que toca). Cuentan los relatos acerca de Kambu Svayambhuva, un príncipe indio (de dónde si no) que debió escapar de sus tierras y llegó a la zona del delta del Mekong. Adentrado en la cerrada selva, se enamoró perdidamente de Mera, hija del legendario rey Naga. De esa unión cuentan que deriva el nombre de Camboya y del imperio (Khmer, Kambu con Mera.  Y Camboya, de Kambuja). Durante milenios, la sociedad estuvo conformada por diversas tribus más o menos importantes, hasta el siglo VIII. Tiempo en el que sufrieron una invasión desde Indonesia y consiguieron  unificarse. La aparición de un fuerte líder como Jayavarman II (ungido dios-rey por Shiva) dio comienzo a lo que hoy se conoce como cultura o imperio Khmer.  De  paso, como todo imperio que se precie de tal, dejaron su legado arquitectónico (y vaya si lo hicieron). Fundaron la ciudad de Angkor, un emplazamiento sagrado de 3.000 km2, que llegó a tener medio millón de habitantes. Hoy la llaman Angkor Wat, en honor a su templo más importante aún en actividad. El resto está abandonado y las teorías sobre su final son muchas (no te preocupes, por ahí pasás seguro y vas a perder el aliento, no puedo más que advertirte).

Una triste aclaración: es importante que sepas de la existencia de los jemeres rojos y no los confundas con los anteriores. (Esta historia no tiene ni tendrá belleza por más paso del tiempo). Luego de la guerra de Vietnam, en la que Camboya había sufrido también la invasión de los norteamericanos (quién no), toma el poder un movimiento nacionalista, autodenominado jemeres rojos, con ínfulas de honor y grandeza para la nación. Liderados por Pol Pot, perpetran un genocidio que torturó y mató a dos millones de compatriotas.

Pero volvamos al caramelo. Si bien el territorio central del antiguo imperio jemer es el reino de Camboya, su influencia se extendió sobre las tierras de Tailandia, Vietnam, Laos y parte de Birmania y Malasia. Así son los imperios.

La India, silenciosa, les legó el hinduismo que aún hoy profesan. Más tarde, desde Sri Lanka, recibieron a Buda. Ambas religiones conviven y comparten templos como en muchísimos países de Oriente.

MÁS VUELTAS AL CARAMELO.

Al principio, recorrerás palacios y templos, Budas de oro y de jade, gigantes y diminutos mal ubicados, Shiva, Ganesh, serpientes de siete cabezas y fieros demonios custodios del equilibrio. Tallados en madera y piedra (tal  vez, los pensaste perdidos o míticos), mayólicas, azulejos y venecitas, baldosas de plata y sinfonías de combinaciones que jamás hubieras considerado adecuadas (pero esto no se te va ocurrir pensarlo, ni siquiera se te va ocurrir pensar). Cuando termines con tu inventario (mercados flotantes incluidos), comenzará lo mejor de tu viaje. Cuando no tengas rumbo, cuando puedas sentarte en un bar o en cualquier parapeto útil para cobijar tus pies cansados, cuando te preguntes cómo se cruza esa calle, cuando le compres a quien te ofrece desde cigarrillos hasta una lima de uñas, un fósforo perpetuo o un abanico de seda, recién entonces comenzará a abrirse un poco ese lado de Oriente. Porque no es lo mismo Pnom Pen -donde el vértigo de una capital parece haber entrado en domingo y abundan los pequeños templos particulares en las puertas de casas o comercios- que Bangkok, cuyas duras miradas más te hablarán del cansancio por tu extraña presencia que de cualquier ventaja favorable. Allí no podrás abordar tuc tucs o  taxis a tu gusto. En cambio, sí, lanchas colectivas por el serpenteante Chao Phraya: verdadera travesía recorre una contradictoria arquitectura de barrios sobre pilotes y edificios a punto de despegar. Nada comparado con Saigón o Ho Chi Minh (vos elegís cómo llamarlo) que, de tanta maldad recibida (francesa y norteamericana entre otras), sólo responden con bienvenidas y ríos de motocicletas. Y el Mekong, claro. muy diferente al Ganges y sin embargo lo recomiendo: un largo y cambiante afluente, custodio de la potencia de un imperio extinto, ecos de un recorrido y sus vueltas.

Vueltas como aquellas, que por tu boca da el dulce. No, no está terminado, sólo adquirió un tamaño  algo más amable. Ahora podés moverlo sin esfuerzo y duerme un poco en algún rincón de la boca, te soltás, lo percibís bajo control. Algún contorno cambia de forma, difícil darse cuenta. No  te apresures, es sólo el comienzo, no lo tragues, no te lo saques de encima. Y, por sobre todo, no lo muerdas.

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LECHE DE BARRO

DESEANTES: sobre María Remedios del Valle, “La madre de la patria”.

Por Noemí B. Pomi

MUJER, NEGRA Y POBRE

Un día de cualquier mes de 1766, o quizás de 1767, nació María Remedios del Valle. Sí sabemos que en el Virreinato del Río de la Plata comenzó su historia. Niña, negra y pobre, en aquellos tiempos y para esa trinidad, soplaban malos vientos. Por estos lares, los conquistadores habían establecido castas. A ella, afrodescendiente, le asignaron la condición de liberta, (esclavos a quienes se le otorgaba la libertad). Cabe aclarar que, si bien eran libres civilmente, por lo general, caían en la esclavitud económica. Sí, sí: debían ganarse la vida con cualquier actividad, en tanto y en cuanto, la encontraran. Nada fácil para la negra Remedios, cuyo color de piel estaba muy lejos de ser “cantado” a lo Humberto Ak´abal (1): “Cuando yo estaba embarazada,/esperándote,/sentía muchas ganas de comer tierra,/arrancaba pedacitos de adobes/y me los comía…/Esta confesión de mi madre/me desgarró el corazón./Mamé leche de barro/por eso mi piel/es de color de tierra.”

María Remedios Del Valle
María Remedios Del Valle

MUJER DE ARMAS TOMAR

Y, tras la Revolución de Mayo, marchó a prestar servicios en el Ejército del Norte. Se le unieron su esposo y sus hijos. La primera expedición al Alto Perú partió el 6 de julio de 1810, al mando de Ortiz de Ocampo. “La parda María, como se la menciona en algunos partes militares, combatió en Huaqui, (20 de junio de 1811) y vivió las peripecias de esa retirada del Alto Perú”. (3).

El Exodo Jujeño, cuadro de pintor anónimo de mediados del siglo XX. (Museo Histórico Provincial de Jujuy)
El-Exodo-Jujeño-cuadro-de-pintor-anónimo-de-mediados-del-siglo-XX.-Museo-Histórico-Provincial-de-Jujuy

Remedios participó de todos los enfrentamientos: El Desaguadero, Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma, algunas veces como auxiliar, otras, mezclada con las tropas. Entre tiros, espadas, barro y llantos iba desgarrándose. La pérdida en combate de marido e hijos no la detuvo. Después de cada derrota, apretó sus dientes y arremetió con más y más fuerza.

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Salvador Dalí. Araña de la noche, 1940

De cada lucha, guardó cicatrices donde leer su trayectoria. En su sangre, bullía la revolución. Estaba amarrada a esta tierra con raíces demasiado profundas para arriesgar ni un ápice de lo conseguido. Además, bien sabía que peligraba todo el norte. Belgrano, decidido a no dejar en manos del enemigo nada que le pudiese ser útil, organizó durante agosto el llamado éxodo jujeño: ordenó a la población civil replegarse junto con el ejército y quemar todo lo que restase detrás. Así intentaba entorpecer el avance español. Aquel 27 de febrero de 1812, en los oídos de esa negra patriota, permanecieron los ecos del silencio de los jujeños al dejar sus pocas pertenencias camino a Tucumán. Junto al General Belgrano, María acompañó y alentó a los desposeídos.

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                 Dibujo sobre el éxodo jujeño

Llegados a Tucumán, “Unos días antes de la Batalla, se presentó ante el General Belgrano para que le permitiera atender a los heridos en las primeras líneas de combate. Pero, ante la negativa del general y empecinada como era, se filtró entre la retaguardia y llegó al centro de la batalla, donde no sólo asistió a los heridos, sino que alentó a los soldados a derrotar al enemigo.” Ante tanto valor desplegado, los soldados comenzaron a llamarla “Madre de la patria” y Belgrano la nombró Capitana de su Ejército.(4)

REMEDIOS PARA TODOS

Las batallas de Vilcapugio y Ayohuma (“ Ayohuma”, etimológicamente “cabeza de muerto”) resultaron desastrosas para el Ejército del Norte, comandado por el General Belgrano.

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Imágen de las niñas de Ayohuma

Entre las mujeres que lo acompañaron se destacaban las “niñas de Ayohuma” y, en especial, una parda. Ellas iban en calidad de auxiliares, enfermeras, cocineras o simplemente seguían a sus hombres al campo de batalla. Marchas, contramarchas, las inclemencias del tiempo, comida racionada, las limitaciones en la higiene personal. Dentro de sus uniformes, ninguna exigía trato preferencial. Poco se señala que, en infinidad de oportunidades, excedían las tareas asignadas y participaban de la lucha. Belgrano, al igual que San Martín, fue reacio a la presencia de mujeres entre sus tropas. A pesar de esas reticencias, “Remedios era el paño de lágrimas de la tropa (…) todos, a voz pública, hacían elogios de esta mujer por esa oficiosidad y caridad con que cuidaba a los hombres en la desgracia y miseria en que quedaban después de una acción de guerra: sin piernas unos, y otros sin brazos, sin tener auxilios ni recursos para remediar sus dolencias. De esta clase era esta mujer”. (4).

SIETE VIDAS

María Remedios combatió, fue herida de bala y, en la batalla de Ayohuma, fue tomada cautiva por los realistas Pezuela, Ramírez y Tacón. Desde el campo de prisioneros, ayudó a huir a varios oficiales patriotas. Por eso, como medida ejemplificadora, la sometieron a nueve días de azotes públicos que le dejarían marcas de por vida. “Pero María pudo fugarse de sus verdugos y reintegrarse a la lucha contra el enemigo, operando como correo en el peligroso territorio ocupado por los invasores. (…) Estuvo siete veces en capilla, o sea, a punto de ser fusilada, y a lo largo de su carrera militar recibió seis heridas graves de bala.”. (3) Luego de la fuga, se reintegró al ejército argentino.

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Ernst Barlach, 1927

DE CAPITANA A MENDIGA

Al terminar la guerra, tenía grado de Capitana, pero estaba sola en el mundo, todos los suyos habían muerto en combate. Cuando el último de sus camaradas en las guerras de la Independencia murió, el recuerdo de María Remedios se perdió, salvo para unos pocos historiadores. Por entonces, dejó de cobrar su sueldo. Sola y pobre, en 1826, a través de Manuel Rico, el 23 de octubre de 1826 inició las gestiones para obtener una pensión que le permitiera “acabar su vida cansada y en compensación por los servicios prestados a la patria y por la pérdida de su esposo e hijos”. (5)

El ministro de Guerra de la Nación, General Francisco Fernández de la Cruz, aquel 24 de marzo de 1827, mostró incomprensión y corazón de acero, cuando rechazó el pedido, ya que “no estaba en las facultades del Gobierno disponer gracia alguna que importe erogación al Erario” (4). No obstante, generosamente “recomendó” realizar el pedido ante la legislatura provincial.

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Ernst Barlach. Mendigo. Arte moderno

Mientras tanto, “una anciana encorvada y desdentada, frecuentaba los atrios de las iglesias de: San Francisco, Santo Domingo y San Ignacio para asegurarse las sobras de los conventos de las que se alimentaba.” Llegaba desde lejos, más precisamente de la zona donde empezaban las quintas. Allí tenía un rancho, azotado por el frío y sometido al rigor del sol de enero. Al borde de la nada misma, vagaba vacía de afectos. A veces, “recorría la Plaza de la Victoria ofreciendo pastelitos o tortas fritas,  en ocasiones, mendigaba por el amor de Dios. Sin saber por qué, la llamaban “la capitana” y, cuando la anciana mostraba sus brazos zurcidos por cicatrices y contaba que las había recibido en la guerra por la Independencia, los que la oían sentían compasión por su senectud y locura.” Cuenta la historia que, un día, el general Juan José Viamonte, quien había sido compañero de armas de Remedios, se topó con la anciana. Al principio, dudó. Después, un cúmulo de recuerdos desfilaron por su mente, ya no cabían dudas. El diálogo pudo haber sido algo así:

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Cultura Japonesa, Kinsuyi, Arte con cicatrices.

– Capitana, Capitana.
Ante ese llamado, la anciana levantó su rostro. Una luz iluminó el azabache de sus ojos ya gastados.
– ¿Me reconoce? Soy el General Viamonte, su compañero de armas-
– Aunque estemos más viejos, tu voz la hubiera reconocido entre miles. Al dar órdenes eras potente y firme, inconfundible. ¡Ah!, si supieras las veces que golpeé la puerta de tu casa en busca de socorro y, en cada una de esas ocasiones, me espantaron por pordiosera.

EN LA LEGISLATURA, SIGNOS DE SORDERA

Con la conmoción del encuentro, Juan José Viamonte, se impuso ayudar a esa mujer de la que guardaba los mejores recuerdos. “En septiembre de 1827, desde su banca en la Legislatura, (Viamonte) solicitó para ella una pensión por sus servicios en la guerra emancipadora y ser designada Madre de la Patria”. No obstante la vehemencia de su discurso, recién el 11 de octubre la Comisión de Peticiones dijo haber “examinado la solicitud de doña María Remedios del Valle por los importantes servicios rendidos a la Patria, pues no tiene absolutamente de qué subsistir (…)”. Pero hubo necesidad de insistir porque al diputado Alcorta no le alcanzaron los argumentos ni las cartas de quienes conocían bien a Remedios. “Consideraban la justicia del reclamo, pero tenían temas más importantes que atender”. (4).

En julio de 1828, un enfervorizado General Viamonte hizo un raconto de la vida de Milagros: “Yo conocí a esta mujer en el Ejército del Alto Perú en todo el tiempo que tuve el mando en él: salió con las tropas que abrieron los cimientos de la independencia del país, fue natural conocerla, como debe serlo por cuantos hayan servido en el Perú (…) Infiero las calamidades que ha sufrido, pues manifiesta las heridas que ha recibido; no puede negársele su respeto patriótico. Es lo menos que puedo decir sobre la desgraciada María de los Remedios, que mendiga su subsistencia. (…)” (4).

Composición VII, Wassily Kandinsky
Vassily Kandinsky, Composición VII, 1923.

La composición de la Sala de los Representantes del Pueblo siempre ha contado con miembros capaces de captar la necesidad del prójimo y con otros, que permanecen indiferentes a ella. En algunos rostros se advertía apatía, en otros, enojo. Tal el caso del diputado Alcorta, a quien otra vez no le alcanzaban los argumentos y las cartas que presentaron quienes conocían bien a Remedios, como los generales Díaz Vélez, Pueyrredón, Rodríguez y diversos coroneles entre ellos Miguel Rabelo, quien sostenía: (…) “Sólo la heroína Remedios del Valle yace bajo la más inenarrable e inesperada necesidad (….).Su accionar excede en valor y virtud a los espartanos y romanos, porque ella mendiga en el país por el que ha sufrido y tanto ha trabajado. ” (4).

Fue entonces, cuando ante la posibilidad de un nuevo rechazo, tomó la palabra Tomás de Anchorena.

MUJER SINGULAR

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Dalí Salvador, Esculturas, Perfil de tiempo, 1977

“Esta es una mujer singular. Yo me hallaba de Secretario del General Belgrano cuando esta mujer estaba en el ejército y no había acción en que ella pudiera tomar parte, en que no la tomase. Y en términos que podía ponerse en competencia con el soldado más valiente: admiraba al general, a los oficiales y a todos cuantos acompañaban al Ejército; y en medio de este valor tenía una virtud a prueba. (…) De esta clase era esta mujer (…) una mujer (…) como ésta debe ser el objeto de la admiración de cada ciudadano de todas estas provincias; y adonde quiera que vaya de ellas debiera ser recibida en brazos y auxiliada con preferencia a un General…” (5).
No había oposición posible a los argumentos esgrimidos y la Sala dispuso:

Julio 18 de 1828. Acordado: la Sala dispone que se concede a la suplicante el sueldo de capitán de infantería, que se le abonará desde el 15 de marzo de 1827: (…) Lahiette, secretario.
Después de recabar tanta información y papeles, a Remedios le otorgaron una pensión de treinta pesos mensuales, equivalentes a un peso diario. A pedido del diputado por la ciudad, Ceferino Lagos, se votó crear una comisión que compusiera una biografía de Remedios, se mandara a imprimir, se publicara en los periódicos y se hiciera un monumento. Las buenas intenciones murieron con la avalancha inmigratoria.

LA ROSA DE LA PLANA MAYOR

“Dos años después, Juan Manuel de Rosas la integró a la plana mayor inactiva (como retirada), con el grado de sargento mayor, por lo que decidió adoptar un nuevo nombre: Mercedes Rosas. Así figuró en la revista de grados militares hasta su muerte en 1887”. (6).

REVERSO DE LA MONEDA

Los argentinos reconocemos al “Padre de la Patria” en la figura del General José San Martín. Cierto es que sus acciones al frente del ejército llevaron a lograr la soberanía nacional, tanto de nuestro país, como de países hermanos. Podríamos hasta agregar a algunos otros nombres importantes, como a los Generales Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes.
Convengamos en lo excluyente y sexista del concepto que parte del supuesto de que solo puede haber “progenitores”, cuando de la concepción de las patria se trata. Pero si exploramos la historia del país, también encontraremos mujeres fundacionales. En la Argentina solo una ha merecido la denominación de “Madre de la Patria”.

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           Pollock Jackson, La atención selectiva

Quizás por su condición de mujer, negra y pobre, ha permanecido oculta por años entre los vericuetos de la historia oficial. Los gobiernos de turno impulsaron una política inmigratoria de blancos europeos. En consecuencia, no podíamos tener una Madre Negra. Así, ella fue corrida de la historia oficial. Tuvieron que transcurrir doscientos años. Recién el 26 de mayo de 2010 se presentó un proyecto de ley para construir un monumento en honor a María Remedios del Valle. A pesar de los racistas, ella ha conseguido salir a la luz. Los argentinos también tenemos madre, fue una liberta que llevó su rebeldía hasta encontrar su propio camino en la lucha heroica por su patria. Se llamó Doña María Remedios del Valle.

Milagros fue una deseante indomable. También fue deseante de justicia, cuando los pseudos intereses de un país en formación se opusieron al reconocimiento de su heroicidad en pos de la independencia patria.

(1) Humberto Ak´abal: Contemporáneo (1952) Poema “Embarazada” del poeta guatemalteco de ascendencia maya. Vive en íntimo contacto con sus raíces, tanto ideológica como culturalmente.
(2) Martín Heidegger: “Ser y tiempo” Catedrático de filosofía y escritor alemán. (1889 – 1976)
(3 ) Pigna Felipe: Contemporáneo (1959). “Mujeres tenían que ser”. Profesor de historia y escritor argentino.
(4) Ibarguren, Carlos: “En la penumbra de la Historia Argentina”. ( párrafos tomados del Archivo General de la Nación). Periodista e investigador argentino. (1877 – 1956)
(5) Archivo General de la Nación. (Expediente Nro. 13.218 de la Contaduría General de la Nación). Sesiones de la Legislatura de la Pcia, de Bs. As.
(6) Galasso Norberto: Contemporáneo (1936). Ensayista e historiador revisionista.

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Y VIVIERON FELICES

Deseantes: sobre el amor y las parejas

Por Viviana García Arribas

 

Edvard Munch - Separation
Edvard Munch – Separation

Cuando se conocieron, estaban casados. No entre sí. Los juntó la rutina de tardes chatas en el trabajo, la cercanía inevitable que nace cuando se convive ocho horas, cinco días a la semana, once meses al año.

Habla él: “Ella brilla, ¿qué querés que te diga? No es una belleza, pero tiene algo que va más allá. Una sensualidad. ¡Una potencia! ¡Sí, eso es! La siento capaz de ponerse el mundo sobre los hombros y seguir adelante. No puedo parar de mirarla. La veo ahí, varios escritorios más adelante, cuando se levanta para buscar algo. Va a servirse un té o se acerca al jefe con alguna pregunta, que ya tiene resuelta -a veces necesita ese empujoncito de aprobación para sentirse más segura-. ¡Tengo tantas ganas de largar todo y escaparme de la trampa en la que yo mismo me metí desde hace años! Pero no lo creo posible.  Lo mejor que me pasa cada mañana es verla al llegar a la oficina, ahí sentada, con su pelo oscuro, su perfil recortado contra la ventana, concentrada en el trabajo. Se me alborota el cuerpo, me da taquicardia, frío, calor. Todo el deseo del mundo en un instante.”

La convivencia forzada de ocho horas diarias en el trabajo lanza los indicadores de la infidelidad bien hacia arriba. Pero, ¿qué significa ser fiel cuando uno ya no desea? La convención, la publicidad, las telenovelas y el cine nos arman una familia de cuento de hadas, alejado del matrimonio real: tour de force en el que se juega un equilibrio de poderes -a veces nada logrado- entre los miembros de la pareja. Como si la relación entre dos personas no fuera suficiente zona de conflicto, debemos sumarle la crianza de los hijos y las pequeñas miserias que sazonan cada día: los llamados de la suegra, la guita que no alcanza, la prepaga, la comida, el paseo de los domingos, la cena de navidad, el día del padre, las notas del boletín.

Todas estas cosas -y algunas otras- les sucedían a los deseantes. ¡Se habían casado con sus anteriores parejas tan enamorados! Y, unos años después, apenas las soportaban. Asociamos la pasión con  la cima del amor pero, en realidad, desde el punto de vista etimológico, pasionar es sufrir. Los amantes penan, viven su frenesí como una fuente inagotable de sufrimiento y ese sufrimiento exacerba el deseo. Cada minuto pasado juntos rompe todas las barreras entre ellos y, a su vez, los aísla de la realidad, en tanto a rutina, costumbre, tedio. Y, al separarse, renace el dolor.

Nuestros amantes sentían, otra vez -otra maravillosa vez- el atropello, los latidos en las

Robert Doisneau - El beso
Robert Doisneau – El beso

muñecas -y en otras partes del cuerpo-, la seducción, el ansia de ver llegar el día lunes -¡el lunes!- para iniciar la semana y estar nuevamente cerca. Los corroía la angustia del viernes y la intensidad alcanzaba la tragedia cuando llegaba el tiempo, deseado por todos menos por ellos, de tomarse vacaciones. El goce de la doble vida y la excitación por la aventura sirven para acallar los escrúpulos que podrían tenerse ante una situación de adulterio. Quien elige a un tercero, ajeno al matrimonio -o a cualquier unión estable-, y se transforma en su amante sobrelleva una cantidad de mentiras para sostener la estructura del engaño. Este esfuerzo es, a veces, agotador. “Solo quiero que, a tu vuelta, me digas que soy el único hombre en tu vida”, le dijo él en la víspera de la partida de ella rumbo al mar -en aquellas épocas en las que Mar del Plata era el destino habitual y Pinamar o Villa Gesell  casi resultaban exóticos-. La relación había comenzado a sonar como una melodía y ya no se deseaban amantes. Querían vivir sus vidas sin mentiras.

Seguramente, una película hubiera terminado aquí.

Diane Arbus, A Young Brooklyn Family Going for a Sunday Outing
Diane Arbus, A Young Brooklyn Family Going for a Sunday Outing

El impulso era tan fuerte, el amor tan intenso y la posibilidad de ser felices se vislumbraba tan cerca, que hicieron lo imposible y consiguieron estar juntos.

Se mudaron a la misma casa: él con su prole y ella, con la suya. No fueron conscientes del significado de semejante movida. Ella creyó que bastaban su fuerza y sus ganas. Él la dejó hacer. En poco tiempo comenzaron a funcionar con armonía. Al menos, así se veía desde afuera.

¿Existe un instinto, un impulso previo, que hace a las personas tender a formar familia? Se entiende si lo pensamos en función de la idea tradicional reinante en Occidente hasta la primera mitad del siglo XX. Allí, el rol de la mujer estaba limitado al ámbito del hogar y la única sexualidad “aceptada” socialmente era la que se daba en el seno del matrimonio. La historia de los deseantes sucedió hace algunos años, es verdad, pero ya en un contexto más abierto. Sin embargo, después de un tiempo de haberse separado de sus anteriores parejas, se pusieron  otra vez  en situación de convivencia y, como si no hubiera bastado la cercanía de ellos dos, sumaron la de sus hijos.

Habla ella: “Estamos muy bien. Es cierto que no es fácil, pero con un poco de voluntad… Él me ayuda mucho, lava los platos, pone el lavarropas. Las compras las hacemos juntos. Yo llego de trabajar y cocino. Sí, me lleva tiempo, ahora somos más. No estaba acostumbrada a cocinar para tantos. ¿Comprar comida? A él no le gusta y yo prefiero que coman sano. ¡No te puedo decir el tiempo que me lleva planchar la ropa de todos! Estamos en época de ajustes de las reglas de la casa. Son chicos educados de distintas maneras. Hay que adaptarse.”

El deseo subyace en los acuerdos necesarios para la adaptación. Es el motor que empuja y la materia que aglutina. Deja de ser algo manifiesto. Las familias ensambladas no son cosa tan nueva como pareciera. Los viudos y viudas de todas las épocas las formaron -muchas veces por necesidad- para ayudarse con el cuidado de los hijos, o bien, para sostenerse económicamente. Pero, en líneas generales, hasta la primera mitad del siglo pasado -y algunos años después- la autoridad indiscutida era el padre -o quien ocupara ese lugar- y la madre se encargaba del cuidado de todos los miembros. En los tiempos modernos se combinan varios factores que modifican la distribución tradicional de roles: el lugar de la mujer en la sociedad-cada vez más volcado hacia el mundo exterior-; niños y jóvenes difíciles de manejar en una época donde la autoridad de los padres no significa prácticamente nada; y un tercer factor, que no suele mencionarse pero creo importante: la función del hombre dentro de la familia -antes proveedor indiscutido-, hoy desdibujada por el avance laboral de la mujer.

Los deseantes no escapaban de este esquema. Ella -tal vez por su educación, un poco más estructurada- se cargó la familia al hombro y trató de que todos funcionaran, más o menos, dentro de la misma melodía. Él, una vez más, la dejó hacer. La vida familiar tenía sus altibajos, aunque el ritmo comenzaba a fluir. Ellos, como pareja, estaban muy bien: se reían juntos de las mismas cosas, se amaban mucho, se deseaban más.

Este podría haber sido el fin de otra película.

Alice Neel - Pregnant Julie and Algis
Alice Neel – Pregnant Julie and Algis

Utamaro - Los amantes
Utamaro – Los amantes

 

 

Edward Hopper - Room in New York
Edward Hopper – Room in New York

El tiempo pasa…”, decía Pablo Milanés en su canción, esa que escuchábamos cuando todavía era posible soñar con un tiempo diferente. “A todo dices que sí, a nada digo que no, para poder construir la tremenda armonía, que pone viejos, los corazones.” Y llega el momento de la quietud. El deseo se vuelve una luz mortecina que -a veces- se enciende, pero la mayor parte del tiempo subyace como un recuerdo, sepultado por el devenir de los días, la rutina, el trabajo, las deudas, los pagos.

Y un día los hijos parten.

Algunos sufren el síndrome conocido como “nido vacío”, esa sensación de soledad y abandono que se presenta cuando una pareja se queda sola después de muchos años de convivir con sus hijos. Esto no les sucedió a nuestros deseantes. Tal vez se hayan sentido liberados del peso de los hijos del otro, pero vivieron esta etapa con alegría, seguros de que, al fin, tendrían espacio para ellos mismos…

Sin embargo, la palabra “espacio” no significaba lo mismo para cada uno de ellos.

Hablan los dos:

“Él: -¿Viajar? Es mucha plata…

Ella: -Y, ¿para qué otra cosa querés la plata? Tenemos el departamento y ahorros, trabajamos bien. ¿Cuándo vamos a disfrutar?

Él: -Yo disfruto la tranquilidad, la casa para nosotros, el silencio…

Ella: -Yo también, pero quiero hacer otras cosas. Conocer otros lugares, estudiar. No sé, siento que llegó mi momento…

Él: -Yo no te lo voy a impedir…”

Se pusieron en marcha otros deseos. Ella buscó todas las notas guardadas desde el día en que había leído el primer libro. Barajó la ilusión de escribir. Sin atreverse siquiera a pronunciar la palabra “escritora”, comenzó a probar, a estudiar, dejó que sus dedos corrieran sobre el teclado e hilvanó sus primeros cuentos. Se sintió torpe e inútil, pero no abandonó. Sin embargo, su melodía fluía. Pronto encontró una confianza que desconocía, un impulso tan potente que casi podríamos llamar tirano. Robó momentos, durmió menos, corrió tanto o más que antes. Él la miraba. Admiraba el impulso y la voluntad de su esposa, aunque no encontraba la chispa capaz de despertarlo a ese nuevo hacer.

Y ella creció. Inició ese viaje sin moverse de su casa.

 

Diane Arbus - Young couple on a bench in Washington Square Park
Diane Arbus – Young couple on a bench in Washington Square Park

Edward Hopper - Sea watchers
Edward Hopper – Sea watchers

 

 

 

Alice  Neel - Hartly
Alice Neel – Hartly

En el imaginario de la sociedad occidental, una pareja se mueve al mismo ritmo. Cuando uno avanza, el otro debe ponerse a la par y la detención de uno de los dos implica una pausa de ambos. Estos movimientos de avance y retroceso, de crecimiento y contracción ¿se dan en forma natural u obedecen a una suerte de automatización? A veces “moderato”, otras “prestíssimo”,  las parejas mutan a lo largo de los años. Tal vez por ese motivo, la unión de dos personas en forma permanente sea tan frágil. Sin dudas, hay matrimonios que duran toda la vida pese a la ausencia de cualquier paridad -el famoso “tiraba uno solo del carro”- pero es posible decir que una unión ideal podría sonar armónica si cumple con estas premisas. Si no andan juntos -sin que esto signifique que no se separen nunca, sino que se acompañen en el deseo individual de cada uno- no hay pareja posible.

Los deseantes, después de tantos años, comenzaron a sonar a destiempo. El deseo de ella se disparó y él no supo, no quiso o no pudo acompañarla. Tal vez envidió que, a los cincuenta y tantos, todavía tuviera energía para volver a empezar. Ya no se reían de las mismas cosas y los defectos de cada uno se volvieron un escollo, un motivo de rencores y malos entendidos. Él encontró otro refugio y, de pronto, no pudo soportar más la presencia de esa mujer que había amado como a ninguna otra. Sin embargo, ella ya no era la misma. Había cambiado su mirada sobre el mundo y sobre sí.

Escribir es una manera de estar en la existencia y, por ese motivo, pone en crisis cualquier relación. Lo obligó a partir, no estaba dispuesta a destrozar un pasado bueno pero incapaz de sostener una pareja quebrada. Le tocó estar sola por primera vez en su vida. Experimentar el silencio de una casa vacía, abrir la cama -compartida durante tantos años- y acostarse sola. El espacio del departamento se le ensanchó como nunca antes. Pronto supo llenarlo. Sintió una infinita libertad. Esa que brinda todas las posibilidades, sin otro límite que el propio.

Este podría ser el principio de una muy buena película.




LLAMADO DEL DESEOSO

El lecturista: sobre  el “Llamado del deseoso”, de José Lezama Lima.

Por Víctor Dupont

LLAMADOS Y METAMORFOSIS

El deseoso empieza por huir de su madre.

En su hondura, entre huecos y sangre fría, decide, sin embargo, no ir. De la nada. Antes -o después – una torre se abre entre tanta ausencia, quemada o mojada por un fuego húmedo. Las nubes, así, se hilan despacio.

El deseoso mira la pregunta preferida para internarse en jardines invisibles, en oscuras praderas.

Son infinitos los caminos por donde entrar a la poesía de Lezama Lima. La elección de estas hebras textuales responde al título de la selección hecha por “Ediciones Colihue”. Y, en particular, a su título: “Llamado del deseoso”, bautismo que viene de un poema del mismo nombre escogido de las “Aventuras sigilosas”. Pero, ¿de qué tipo de llamado se trata?

De uno que toma múltiples formas. Por ejemplo, el de una “oscura pradera”: “sin sentir que me llaman / penetro en la pradera despacioso, / ufano en nuevo laberinto derretido” (del poema “Una oscura pradera me convida”). El llamado también puede tener la silueta de una flecha que viene, siempre, de la nada, para caer en la “Cifra de la muerte”. La figura de la metamorfosis es fundamental en la poesía de Lezama. Y ese deseoso que nos canta puede dar cuenta de ella. Metamorfosis humana, animal, pero también de la materia: en el poema “Comienzo del humo”, el humo mismo empieza en alas y muerte después se hace sonido en unos labios escarchados por la nieve y, por último, la nieve “recobra las hilachas amarillas” en la estrofa final.

Esta antología puede funcionar para dos lectores: los que no conocen la obra de Lezama Lima y los que la conocen en profundidad. Para los primeros, avanzar en cada página será puro descubrimiento. O un desafío: deshilvanar una lengua única. Para los expertos en Lezama, esta antología permitirá descubrir desde qué lugar su mundo poético vuelve a conversar o a discutir(se) a lo largo de estas páginas.

HUMORES

Otro de los tantos llamados de estos versos es el de lo humorístico. Lezama cultivó con creces el género. Extraído del poemario “La fijeza”, encontramos la “Invitación para desorejarse”. Se trata de un personaje al que, para que pudieran hacerle entrar el sombrero, le cortaron las orejas. En “Ahora penetra”, hay un saco de donde sale la “cabezota” de Sócrates. Entonces, la invocación: “¡Líbranos de todo mal! / Suficientemente carnal la abeja de la razón, / ya no vuelve y no protege”.

Por algunos de esos pasajes satíricos parecemos sentir la cercanía de Quevedo. Pero, por la manera de alterar la sintaxis, la elegante forma de dar vuelta las frases, los remates insólitos: “Con el balcón a cuestas la aldea se atraganta, / como una nuez se abre a la semilla de oro / y con clavos endulza su trono de garganta”.  Resuena la poesía de Góngora.

Encontrar el humor en lo poético parece una de esas tantas aventuras sigilosas. Los resultados quizá resulten dispares (hay poemas cómicos de Lugones, al decir de Borges: más que divertidos son apenas melancólicos). Pero también ese cruce provoca asombros. Nuestra Pizarnik, nuestro Cortázar. No sería una mala idea cruzar los poemas satíricos de Quevedo con “la invitación para desorejarse” de Lezama, con “No se culpa a nadie” o con cualquiera de esos textos pizarnikianos, que la misma Alejandra llamó de humor corrosivo.

Podremos entrar, así, en una fiesta extraña y deliciosa.

lezama y cortàzar

 

LA FIESTA DEL LENGUAJE

En Lezama, sin embargo, la verdadera fiesta, es la del lenguaje. En este caso, nunca podremos saber qué nos espera entre verso y verso. Ya se han hecho notar sus recursos más evidentes: pegado a su barroquismo, se despliegan el hipérbaton, los sonetos gongorianos, la adjetivación cuidadosa, la acumulación de metáforas, el surtido de imágenes que remite a mitos clásicos. Sólo un detalle para agregar: el uso particular del encabalgamiento. En Lezama, muchas veces el verso no sólo se resignifica en el verso siguiente, sino que lo multiplica o lo disloca: “Y el más celeste junio vuelve y perdona / llamas al viento, nieve a la memoria”. En la versificación, desfilan múltiples recursos: la oda, el soneto, la décima cómica, las coplas, el verso libre.

Una verdadera fiesta del lenguaje. O una bacanal, para usar una imagen que al barroco interesó tanto.

DESTINO DEL DESEOSO

Después -o antes- de huir de su madre, el deseoso se libera con el fuego. Ese fuego puede ser seco o húmedo. Ese fuego es elemento de los místicos (Lezama dedica varios poemas a ellos), de las piras sacrificiales. También es una de las formas del deseoso, así como el humo o la melodía de las sombras. Por el contrario, se suele destacar al agua en la poesía de Lima: proliferan, sí, los animales marinos. Lo cierto es que una fauna muy diversa se dibuja en cada página. Animales que vuelan. Que reptan. Que arañan. Animales de territorios donde el deseoso se adentra: praderas, bosques, jardines.

Y el aire, el fuego, el fuego en el aire (humo).

En el prólogo de esta antología se destaca lo que ya Lezama reflexionó sobre su obra: la necesidad de versos que respiren, que circulen en el aliento de la escritura misma. La voz de un asmático como el Che, una voz que recupera su aire en cada inhalar. A esa imagen potente y mítica – del poeta y del revolucionario – agregamos el fuego múltiple del deseoso, quien se mete en la oscura pradera, enrama el humo en la pira del sacrificio y nos invita con su llamado.

lezama colihue




LAS FORMAS DEL AZUL

Deseantes: Entrevista a Ana Santa Marta y Laura Acuña por la obra teatral pampeana “La culpa es de Ana Laura… deberías saber por qué…”

Entrevista: Josefina Bravo

Edición: Josefina Bravo y Gabriela Stoppelman

 

Entrar a la sala en penumbras, levemente azulada por la luz del proyector. Ir con la vista hacia abajo, dele pisotear palabras parientas de la violencia. Y levantar la mirada hacia una mujer atada a una alta silla, mientras los espectadores recorremos el círculo -adentro de la escena- y así, achicamos la distancia hacia ella.

En la pantalla, ruidos; en el círculo, murmullos.

Rueda un video.

                  Y algún escalofrío.

La mujer atada comienza a labrar su aúllo. A mi lado, una pareja se toma de las manos. Los dedos se aprietan de azul. Nadie quiere pasar por el dolor, ni verlo, ni escucharlo. Pero cerrar los ojos o taparse los oídos no alcanza. Algo mueve, desgarrador, aún a quienes pretenden ignorarlo. Nadie está exento. El azul tiñe en ánimos intensos y desvaídos, vira hacia el negro o hacia el verde, según la dirección del cuerpo. Pero nada escapa al color. Lo mejor es desvestirse de simbologías: desprenderse de azul cielo y azul frío. Ni hablar de sangre azul. Lo mejor es dejar que el color actúe sus puertas de sentido. Y, entonces, comience a decir.

 

DE INICIOS

Ana: La idea de arrancar con el proyecto surge de Laura en febrero de 2015. Laura tenía ganas de hablar de violencia de género. Yo había vivido una situación de la que también tenía ganas de hablar, pero nunca se me había dado.

¿Ustedes ya habían trabajado juntas?

Laura: Sí, hace diez años que nos conocemos. Empezamos un taller con Pely Malgá en el ATTP (Asociación de Trabajadores del Teatro Pampeano), en el año 2007. Y en 2009 surgió la idea de hacer “La culpa es de Ana Laura”.

A: Ahí fuimos a comentarle a Pely del proyecto y pasamos a formar parte del grupo donde él estaba. En ese momento no teníamos texto, no teníamos nada. Queríamos que la obra fuera cruda, directa, que incomodara. Pero no sabíamos cómo ni por dónde.

L: También surgió de esa manera porque no encontrábamos textos que contaran lo que nosotras queríamos contar o que usaran las palabras que queríamos usar para hacer un cambio respecto a cómo abordar la violencia de género. En otras obras usan otras formas que a nosotras no nos gustan porque poetizan la violencia, la disfrazan con palabras bonitas. Y nosotras decíamos, si te pegó un sopapo, te pegó un sopapo. Esa es la violencia, qué pétalos y no sé qué. Poetizar sobre la violencia, a mí me parecía que era minimizarla.

A: Claro, esa forma no va con lo que uno siente en esos momentos… Entonces, cuando hablamos con Pely, él nos presentó a Facundo Morales, que venía de Quimera Teatro. Ahora somos un gran equipo. Ahí empezamos a tener reuniones, a charlar, a ver qué queríamos. Facu nos acercó a distintos filósofos: Foucault, Beatriz Preciado, Judith Butler y un par más. Comenzamos a investigar en profundidad el tema, hasta que un día -después de tanto conocimiento, tanta lectura y demás- Pely y Facu nos dijeron: bueno, ahora escriban sobre ustedes.

L: Porque un día yo conté una experiencia personal y ellos agregaron: bueno, es eso, así como lo dijiste, escribilo. Después, escribir fue raro.

A: Al principio, nos pasaba eso de querer poner palabras bonitas. O pensar: no puedo decir “hijo de puta”, no va.

L: Ya estás estigmatizando a la madre del tipo, tratándola de puta…

A: Claro. De todas maneras, a la hora de escribir, pensamos en cómo lo hubiésemos dicho en su momento. Quizás hoy no lo diríamos así porque nos reeducamos en ese proceso.

L: Quisimos hablar desde la naturalización de la violencia. Esto de echarle la culpa a la madre en vez de al hijo, cuando decimos “hijo de puta”. Hablar desde ahí, desde la educación patriarcal que tenemos. Una, para que el público entendiera hacia dónde íbamos y, otra, para que entendiera las palabras, porque si nos poníamos a disfrazarlas, a intentar decirlas de otra manera, capaz no llegaría como le llega ahora al público. Si la hubiésemos hecho desde la reeducación, quizás muchos no hubieran entendido.

L: Por eso surgió el texto de esa manera. Y las palabras de reeducación están en la puesta. Muchas, tiradas sobre el piso: biopolítica, poder patrialcal, soberano, aborto legal, estado, leyes, iglesia. serie pardo 5

A: Y así llegamos al texto. Después, fue buscar la puesta, cómo se iba decir ese texto. Porque al principio fueron dos escritos aparte. Ella tenía uno y yo otro. Ahí fue buscar en el escenario de qué manera se iban a ensamblar, qué relación existía entre estos dos personajes. Fuimos cambiando hasta llegar a la tercera puesta, la definitiva, la que vos viste.

L: Llevó un año y medio de trabajo.

 

REDONDO, REDONDO, BARRIL SIN FONDO

La palabra círculo viene del latín circulus, diminutivo de circus, que significa cerco. De ahí, se puede pensar en un límite. También en un adentro y un afuera. Sobre todo si vamos por su definición geométrica: área o superficie plana contenida dentro de una circunferencia. El círculo es contención: algo que sostiene y separa. Mas, en primer lugar, es una línea curva unida a sus extremos. De modo tal que la línea, donde termina, recomienza, y todo en un sinfín que indistingue inicios y finales. Una línea es un conjunto de puntos. Se necesitan muchos para construir una línea. Ni hablar de un círculo.

Esto de la mujer atada a la silla como penitencia, cadalso y vidriera, ¿cómo surgió?

L: Se parte de una situación en la que la pareja del personaje de Ana la acaba de golpear y la deja atada en su casa y se va. Eso sucede el día de su cumpleaños número 33, a un año exacto de la desaparición de su amiga.  Al principio, Facu nos había preguntado qué nos imaginábamos de puesta. En su momento, le dije una mujer con una silla y una luz, bastante precario. Y, luego de toda la investigación, de las charlas y de probar, se volvió a esa idea original. Pero con una silla enorme, que gira. Se buscó un material frío, por eso el hierro. Y la silla alta por una cuestión de que la actriz se tiene que ver. Facu la llevó a un nivel que no nos hubiéramos imaginado nunca. Y todo eso surgió a partir de la circularidad.

Me quedé pensando mucho en eso de lo circular como metáfora del conflicto.

A: Justamente por eso, porque la violencia machista es como un círculo vicioso. Nosotros empezamos a ver ese círculo como un espiral que gira siempre sobre lo mismo. Y esta silla es el eje de ese espiral. Y toda la gente metida dentro de ese espiral es parte de la tómbola sociocultural a la que hacemos referencia en el prólogo de la obra. Por eso el espectador está adentro de la escena, porque es parte de esa tómbola. Y por eso también la soga ata todas las sillas. Para que vos tengas esa sensación de no poder salir, de sentirte hasta violentado porque si querés salir, tenés que entorpecer a todo el mundo y encima dar vueltas adentro del escenario.

L: Y quedar en evidencia. A partir de que surgió lo de la circularidad, nació esa silla. Fue un haciendo, un a consecuencia de. Adaptando todo a lo que pedía la obra.

 

JUGAR EL DECIR

El nombre de la obra es muy sugerente, está muy bueno.

A: Sí, surgió como un juego de palabras. Yo soy Ana, ella es Laura. Eran nuestras historias. Ana Laura quedaba bien. Y, cuando estábamos en este proceso, decíamos: mirá en el lío en que nos metimos. 7 Incorporamos muchas cosas, esto de darse cuenta de la realidad en que uno vive y cómo uno repite el sistema en el que estamos inmersos. Desde la casa con la familia o con los amigos o con quien te relaciones. Hay un montón de cosas por cambiar. Para nosotras fue una transformación muy fuerte.

L: Fueron conflictos con la vida, con todos los que nos relacionábamos. Ya veíamos violencia por todos lados: en el laburo, en la facultad, en el boliche, en el bar, todo el tiempo.

A: Por eso decíamos: mirá en el lío en que nos metimos. Y otro contestaba: es culpa de Ana y de Laura, es culpa de las chicas, es culpa de Ana Laura. También cuando se anuncia un femicidio en la tele, se empieza a hablar de cómo iba vestida la mujer, de qué habrá hecho, que estaba sola, a esa hora… Entonces, la sociedad dice que la culpa es de la mina. Le echan la culpa a la mujer muerta en vez de al macho violento. De ahí salió la pregunta: ¿la culpa es de Ana Laura? Para la sociedad, sí. Pero para nosotras, no.

L: Después el nombre se fue desmenuzando y quedó “La culpa es de Ana Laura, deberías saber por qué…”

 

REVERBERACIONES

¿Toda la violencia es machista?

L: Estamos criadas en un sistema patriarcal. ¿Qué no es violento?

A: La violencia machista está conformada por un montón de otras violencias: económica, política, de poder, de raza, sexual.

L: Nosotros achicamos el campo de violencia dirigido hacia la mujer. Pero, después, tenés muchas situaciones de violencia. La misma mujer, criada en un sistema patriarcal, te violenta. Preocuparte más por una pared rayada que por una chica que está muerta o desaparecida también es violencia. Y está tan naturalizada que, en vez de sumarte a la lucha, vas en contra. Pero bueno, eso es particular de cada una, el proceso de cada una.

A: Nosotras hicimos eso: achicar el campo visual y referirnos a la violencia de género porque creemos es algo que se puede revertir.

L: Es complejo. Hay que reeducarse un montón, tanto hombres como mujeres. Pero no desde la imposición.

A veces visibilizar es el primer paso.

L: Sí, ser consciente de que pueden violentar a tu mamá, a tu hermana, a tu amiga…

A: Con respecto a eso de incomodar que mencionaste en una de las preguntas, la incomodidad reside en el espectador. Hay quien sí se incomoda y quien no.

L: Algunos, al irse, te dicen “muy linda”.

A: O hay quienes dicen “Ah, pero no dicen nada más que lo que nos pasa todos los días”, y  minimizan. Y sí, lamentablemente es lo que nos pasa todos los días. DSC_1187Una mujer, otra vez, dijo: “ah, ¿van a hacer tanto escándalo por una tocada de culo?”.

L: Y otra gente se va muy impactada.

A: Una de las chicas asesinadas que aparece al final en la pantalla, no tenía foto. La hermana fue a ver una función hace poco y, al otro día, se comunicó con nosotros para agradecernos y acercarnos una foto de su hermana, así la incluíamos. También pasan esas cosas. Te encontrás con un poco de todo.

L: Hay gente que te abraza y te dice “muy buena, muy conmovedora”. Otros te abrazan y no te sueltan. Y te dicen más que si te lo dijeran con palabras.

A: Mucha gente, al día siguiente de ver la obra o a los quince minutos o una semana después, te manda un mail  gigante contando lo que les pasó en ese momento y agradeciendo el trabajo y la forma. Es muy loco. Nunca nos pasó antes. No sé si es muy común que suceda.

 

ATESTIGUAR LA METAMORFOSIS

¿Y la experiencia de llegar con la obra a las escuelas?

A: Ese fue un Plan gestionado a través del Instituto Nacional del Teatro, en el que tuvimos 15 funciones para el colegio secundario. Las hicimos todas en el ATTP en dos veces, en julio y en septiembre. La verdad, tuvo una respuesta increíble. No hubo mucha ida y vuelta en el momento con los adolescentes, pero sí nos llegaron comentarios de docentes, de cómo trabajaron el tema en el aula, de lo sorprendidos que se habían quedado los chicos. La mayoría, el 90% de los chicos, jamás habían pisado un teatro. Y encontrarse con todo eso y con las reflexiones que surgen después… Pely escuchaba los comentarios o las reacciones o las caras nomás, cuando los chicos salían.

L: Es muy loco escucharlos. Ella los tiene ahí cerquita en la silla y yo estoy atrás. Al entrar los escuchás re cancheros y, después, se van en silencio. Esa transformación que hacen es genial.

A: Además, es un lenguaje muy de ellos. Algunos estaban preocupados por las malas palabras. Pero es el lenguaje que usan ellos, ¿qué más claro? ¿de qué otra manera lo van a entender?

 

SUTILEZAS DEL TIMBRE

La voz de la mujer que aparece en pantalla por momentos se distorsiona, se transforma en la de un hombre. ¿Qué sentidos agrega ese recurso?

A: Eso tiene que ver con la puesta, que la hizo Facundo Morales. Lo que tuvo de bueno este proceso con Pely y con Facu es que ellos, desde un comienzo, nos dijeron: nosotros no vamos a tomar ningún tipo de decisión, la obra es de ustedes, son sus historias y las decisiones las toman ustedes. Por ahí nosotras nos olvidábamos de algo y ellos decían, te acordás que dijiste tal cosa y qué te parece si… Desde el vamos, el acompañamiento de ellos dos fue fantástico. No nos imaginamos cómo hubiese sido de otra manera. Y esas cuestiones de puesta las propuso Facundo, también haciendo referencia al círculo vicioso, al espiral, a cómo la mujer reproduce todo ese sistema machista, patriarcal, ya sea en el vocabulario, en la forma de actuar. 9Por eso, la parte donde un viejo la invita a tomar mate para que le chupe la bombilla y ella le dice: hacete coger por un regimiento de chota, viejo del orto, la concha de tu madre. Ahí se transforma la voz en la de un hombre. Y es esto, ¿no? Yo, mujer, reproduciendo ese discurso machista. Por eso también aparece esa voz.

L: Algunos hombres también me decían que al ver en el video mi boca y que en el audio saliera la voz del hombre era entender la dimensión de lo que siente la mujer en esa situación.

 

DESEARÁS

¿Cómo se juega el deseo en la obra?

A: Eso fue bastante conversado. El deseo es motivador, es el punto de partida de todo lo que somos. Y la violencia inhibe el deseo. No hay nada más violento que inhibirle el deseo a alguien, hacer que ese alguien tenga miedo. Nosotros jugamos con la inhibición total del deseo. El único deseo de la obra aparece al final, el deseo de salir de esa situación, cuando la chica se levanta de la silla -impulsada por la presencia fantasmal de la amiga- y abandona ese lugar…

¿Qué se juega en los discursos paralelos de las dos mujeres?

A: En principio, la posibilidad de recorrer la diversidad de violencias. Desde las cosas que parecen menores y, en realidad, son las que dan origen a las mayores. También se juega esta relación necesaria entre las amigas, ya que en los recuerdos de Ana aparece continuamente su amiga, Laura.

L: La chica que yo interpreto estaría desaparecida o muerta. Y lo que hace es acariciar a Ana como quien dice “qué bueno, saliste de esto”. Como un fantasma que impulsa a su amiga a salir de esa tómbola.

A: Ella le marca el camino de liberación al encender las velas que rodean la silla. Entonces, Ana se desata y baja. También pensamos el recurso de las velas como una especie de homenaje a las chicas muertas por femicidios. Y se completaba por el contraste entre la tecnología de un proyector para iluminar -la única luz que se utiliza en la obra- y la vela, algo mucho más precario.  No hay nada que esté al azar. Ahí siempre estuvo Pely, el monitor de la obra. Él miraba y nos hacía dudar continuamente, para que realmente pensáramos el porqué cada cosa.

L: Cuando veía que estábamos volcando catanga, nos remontaba. Fue un acompañamiento muy bueno. Y se ve en la obra que es el resultado.

A: Sobre todo, porque al trabajar con historias reales teníamos que estar re seguras de qué queríamos. Porque uno se empieza a meter en terrenos… La hemos pasado medio mal en algún ensayo. Cuando las viviste en carne propia, empiezan a surgir cosas, es inevitable. Pero también estaba eso de decir, me pongo la camiseta porque yo necesito decir, necesito denunciar, necesito ayudar a otro. De hecho, eso fue lo más fuerte, lo que venció a cualquier otra cosa. Se habló antes de trabajar con historias reales también. Estar seguras y ponerse la camiseta.

Y, al final, la denuncia de todos los femicidios de la provincia.

L: Nosotros arrancamos con 29. Terminamos con 35.

A: No hay una lista real. La que mostramos es una lista del grupo de Andrea López y mujeres autoconvocadas. Seguramente haya un montón más de las que no hay registro. Se fueron sumando algunas que ya habían muerto antes y no estaban registradas y otras que fueron muriendo durante el proceso. Agregar una foto o un nombre cada vez era terrible. Igual, siempre antes de salir, decimos: lo hacemos por nosotras, por ellas y por todas. Es nuestra forma de militar.

Y esa última parte donde el personaje de Laura dice “no, chicos, no, por favor”. Eso es re fuerte.

L: Esas partes son duras. Lo del manoseo y toda esa cosa, hay chicas que lo viven todo el tiempo. Y todas lo vivimos en el boliche, por ejemplo, porque ahí está el roce de cuerpos que es horrible.

A: Esto de “me metió una mano tan fuerte que me levantó en el aire”, es algo que apareció en los dos relatos, aunque escribimos por separado. Y aparece al final de la obra.

 

CUERPO MERCANCÍA VERSUS CUERPO TERRITORIO

¿Qué idea de cuerpo sustenta la obra?

A: Nosotros hacemos referencia al cuerpo pecador.

L: Que es el de las mujeres y no el de los hombres. La iglesia planteaba que la mujer estaba hecha para procrear y nada más. Y lo sigue planteando, porque no permite que la mujer decida sobre su cuerpo. Y todo el tiempo le está imponiendo estigmas o ficciones políticas.

A: Cuando estuvo Raúl Serrano, acá en Santa Rosa, hablaba del cuerpo como territorio de lucha. Y por ahí fuimos. Él le da la voz al cuerpo y dice: pueden operarme, pueden mandarme, pueden un montón de cosas, pero en el único lugar en el que yo mando es mi cuerpo, ese es mi territorio. El cuerpo como lugar de lucha, como lugar de resistencia. En ese momento de la charla, nos miramos y nos sonreímos.

En cierto sentido, es el único lugar donde la mujer puede decidir.

L: Donde puede o donde la dejan, es medio complejo. Porque todavía nos siguen imponiendo cosas.

A: Pero está la posibilidad de salir de eso. Vos podés decidir sobre tu cuerpo, aunque todavía no exista el aborto legal. Tu cuerpo es el único lugar donde podés luchar.

L: Básicamente, nuestro cuerpo está a disposición del resto. El hombre decide sobre nuestro cuerpo. La mujer tiene que poner el cuerpo y embarazarse para complacer al hombre que quiere tener un hijo, tiene que estar 90-60-90 para gustarle al hombre. Todo en pos del hombre. Hay veces que los cuerpos a las personas ya no les pertenecen. Entonces, esa es la resistencia de los que estamos en esta lucha. Que no nos toquen el cuerpo. Yo reivindico la lucha feminista, porque ser feminista implica que ya te desligaste de un montón de cuestiones. A mí todavía me falta para ser una feminista hecha y de izquierda.

 

PREPOTEAR AL SISTEMA

¿Cómo cuidar la calidad artística y no privarse de la denuncia?

A: El tema es cuál es la definición de calidad, que es algo muy subjetivo.

L: Tenés producciones que tienen una gran calidad estética y cero contenido o cosas donde la puesta es muy precaria, muy chiquita pero que te dice un montón.

A: Por ahí enmarcar qué es de calidad y qué no, también es continuar la lógica del sistema capitalista.

L: Decir qué está bueno y qué no, qué es artístico, qué es de calidad… ¿con qué criterio decidís todo eso? Después, depende del público, cómo lo recibe, cómo lo siente, cómo no lo siente. Si te pega o no te pega.

A: Nosotros llevamos 40 funciones y siempre estuvo lleno. Es algo muy loco, no suele suceder. Será porque el tema está muy en boca de todos. El boca en boca es increíble. La gente sigue yendo. Al principio, cobrábamos una entrada de $150 pesos, muy distinto de lo que se cobraba una entrada en Santa Rosa para el teatro independiente. Llenamos las primeras seis, siete funciones y después empezó a ir cada vez menos gente.

L: Ahí nos preguntamos si queríamos dejarla guardada para que nadie más la viera o seguirla dando. Y la idea obviamente es social, llegar a la mayor cantidad de gente posible.

A: Entonces, empezamos a darla a la gorra, para que lo económico no fuera un impedimento para acceder a la obra. Mucha gente quería ir al teatro y no podía gastarse esa plata en una noche.

L: Y, por suerte, siempre nos fue bien con la gorra.

A: Es más, nos va mejor que cobrando una entrada.

L: También eso da la posibilidad de que la gente acceda a una obra de teatro y deje lo que puede o lo que considere.

A: De esa forma, aparece mucha gente que no es habitué del teatro. Gente que es la primera vez que va y, luego, lleva a otros.

L: Sí, no es siempre el mismo círculo.

Esta buenísima esta apertura que proponen ustedes.

L: Sí, se dio re bien eso. Y, últimamente, con el tema de los secundarios, algunos chicos que habían ido con el colegio a verla, iban otra vez con gente nueva.

A: O chicos que habían faltado a la escuela el día que iban a ver la obra y el sábado a la noche estaban ahí para verla.

 

EL ESPIRAL SE ABRE

¿Tienen pensado llevarla a algún lado? ¿Tienen alguna propuesta?

A: A principio de año hicimos una gira por varias localidades de la provincia, después tuvimos las funciones para los secundarios. Siempre está la idea de salir. El tema es que nosotros trabajamos de esto, es nuestro único trabajo. Entonces, salimos si nos es redituable, porque es tiempo, esfuerzo y trabajo. Pero sí, la posibilidad de salir siempre está. Durante el proceso de Ana Laura hicimos una beca de Gestión y Producción Teatral. Ahí surge Ana Laura Producciones. Venimos trabajando bien desde hace un año. Ahora estamos haciendo iluminación y sonido, otra beca.

L: Tratamos de absorber conocimientos de todo tipo, porque te soluciona problemas. Tanto en la producción, como en la iluminación. En el grupo somos tres actores. Pely actúa con Ana en una obra del Ratón Pérez. Ahí también dirige Facu.

Siguen actuando a sala completa.

L: Sí, la última estuvo llenísima.

A: De hecho, en el espiral entran 60 personas sentadas. Y, dos por tres, hay que abrir las gradas también.

¿Hicieron la obra en la universidad?

A: Hace poco la dimos en el ATTP para la universidad, para un programa de extensión universitaria. Pero una vez lo hicimos en la facultad, en el Aula Magna, en el Hall de adelante. Ahí se llenó, más que escenario circular era una hecatombe de gente.

L: Yo que circulo, tenía que ir esquivando gente. Esa experiencia estuvo re linda, estaba llenísimo.

A: Esto de extensión universitaria está en el marco en el que trajeron también a Sonia Sánchez. Ellos tienen un presupuesto para cinco o seis espectáculos de impacto. Y para violencia de género nos llamaron a nosotros. Es para un grupo de chicos de la cátedra de pedagogía. Chicos que ya se están por recibir. También está bueno el tema del ESI (Educación Sexual Integral). Estos temas no están tan tratados en las cátedras. Entonces, acercan este tipo de propuestas para después debatir.

 

Nota: todas las fotos corresponden a la obra de Brenda Cabral, artista plástica pampeana. Ella define su trabajo de la siguiente manera:

En esta versión de lo femenino se intenta poner un orden, y a la vez, generar un caos organizado.  Intento condensar muchas ideas flotantes en distintos niveles y momentos, un aparente orden en el caos de una idea que pueda llegar a ser inquietante. La idea general que sustenta esta manera de entender el arte, está dada por la relación entre conceptos diversos, que devienen en complementarios.

El mundo de lo publicitario, la moda, el estereotipo de la femineidad en relación con la mujer en lo cotidiano, mujeres escasas de tiempo por diversas razones, las técnicas manuales de costura, la moda, el pasado y el presente. Esta manera de trabajar (yuxtaponiendo imágenes) produce necesariamente un sentido de simultaneidad, son tareas o situaciones que se generan en distintos momentos o tiempos y en diferentes escenografías o lugares, pero aquí están colocadas al unísono o en simultáneo. En definitiva, es la fusión entre diversos mundos (mujer-moda estereotipada, mujer del día a día).

Más allá del pretexto de “lo femenino”, del mundo de lo cotidiano y de la moda, intento despertar en el espectador algún tipo de alusión sobre la simultaneidad, sobre la sobresaturación de roles y actividades a que nos vemos –en este caso las mujeres- sometidas en la actualidad. Es como desarrollar una suerte de película congelada o condensada en una imagen estática. Explorar la retaguardia del cuerpo –de su imagen o representación- equivale a poner en evidencia la normatividad que sufre el género. No se trata solo de desautorizar los roles preestablecidos sino de confirmar ciertos fundamentos que adquieren -por oposición- el estatuto de un anti-cliché de la belleza aséptica, una mención contra una uniformidad ensalzada por la publicidad y la moda. Irónicamente utilizo materiales que son caracterizables con las labores doméstico-femeninas pero también y fundamentalmente pretendo fracturar la idea de continuidad u homogeneidad. Se trata de producir cierto nivel de “ruido” visual con materiales y operaciones de costura que imponen otro orden –si se quiere- extraño y desplazado de las disciplinas específicas o propias.

 




LA VIDA EN LA HELADERA

Deseantes: sobre una notita dejada antes de un secuestro.

Por Lourdes Cabrera

INDEPENDENCIA NEGRA

“9 de julio”: no detalla el año, eterniza el momento. Y, 40 años después, el dato parece recién escrito. Así como el tiempo sin cifra se incluye en una fecha, en Graziella, están incluidas todas las mujeres de América Latina que sufrieron cárcel y torturas incalificables de parte de las dictaduras y del Plan Cóndor. La línea de tiempo que atraviesa la biografía de Grazeilla no tiene final porque su lucha trasciende la adversidad de los golpes del plantón, de la humillación.
Saber no es nada. Graziella supo que saber lo que la esperaba no era nada comparado con no ver más a Luis ni a su familia. La tortura no es un saber y solo agrega padecimiento al cuerpo. Pero, mientras la caligrafía avanza, dimensiona el momento.

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ZAFAR SÓLO UNA VEZ

Pando, recostada sobre la ruta 8, es una ciudad industrial del departamento de Canelones, Uruguay. Allí, en el año 1969 y en homenaje al Che, sus instituciones públicas fueron tomadas por el MLN-Tupamaros. Ahí mismo, en la ciudad tomada, Graziella esperaba a su papá, quien la solía llevarla hasta la ciudad de Montevideo, donde ella concurría a la Facultad. En ese momento oyó ruidos en la calle. No era la primera vez que lo imaginaba: la venían a buscar. Los tiempos eran duros. Para colmo, su militancia una vez la había llevado a pintar muros en reclamo por la muerte de Nybia Sabalsagaray, una docente asesinada. Tal vez, por eso la tenían marcada. Pero Graziella se equivocaba. Esa vez no venían por ella, las camionetas pasaron de largo. No transcurrió un día sin que algún vecino, amigo o conocido fuera buscado y desaparecido.
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LOS PANAMÁ TEACHERS

El 27 de junio de 1973 se disuelven las Cámaras de diputados y senadores y Uruguay cambia su imagen de país tranquilo y próspero por el terror institucional. No sabés a quién tenés a tu lado, ni quién es tu enemigo. Así y todo, los obreros y estudiantes encabezan la resistencia a la dictadura cívico militar. “En la entrada a las fábricas del turno de las 6 AM comienzan espontáneamente las primeras asambleas obreras, deciden la ocupación de las fábricas y el envío de delegados a otros centros de trabajo. A media mañana ya se encuentran ocupadas fábricas, oficinas, bancos y centros estudiantiles, que se proponen extender la lucha ´hasta que caiga la dictadura´“(1). La Marina, el ejército y la aeronáutica más la policía han sido entrenados por la triste y célebre Escuela de las Américas en Panamá que, desde 1949, cumplió esa perversa “labor docente”. “Al mediodía comienzan las primeras manifestaciones de protesta en la calle. El régimen responde con allanamientos y detenciones. Se extiende la huelga, que ha paralizado todo el transporte de Montevideo”.(1)
La resistencia se endureció. La huelga se extendió a todas las regiones con actividad industrial. La universidad y la Federación de estudiantes universitarios adhieren al reclamo. Las detenciones no se hacen esperar. Por eso, tras quince días, dado el desfavorable equilibrio de fuerzas, se decide levantar la huelga. Por entonces, los detenidos superaban los 20.000. Eso fue en julio. Pasaban los meses y los cuarteles no tenían lugar para albergar tantos detenidos, por eso comenzaron a habilitar a tal efecto hasta estadios de básquet y otros lugares completamente inhóspitos. El primero de estos lugares fue el “Cilindro municipal de básquet”, allí confinaban a docentes, periodistas y trabajadores. Este era un sitio de tránsito, luego eran trasladados. Otro de estos pequeños avernos se apodó “Infierno chico”: se trataba de una casona en Punta Gorda, un barrio elegante de Montevideo. Más lejos, en Punta Rieles (llamado así porque esa zona resultó el límite hasta donde llegó el tranvía en su momento), se estableció la cárcel de mujeres, presas políticas a cargo del Poder Ejecutivo. “La fábrica” o “El 300 Carlos”, un centro clandestino de detención, que luego pasó a oscura fama, porque allí se realizó “la operación zanahoria”. A mediados de 1984, el entonces candidato a presidente Julio María Sanguinetti convocó a un militar con el objetivo de borrar las huellas de los enterramientos. El coronel retirado Gilberto Vázquez dijo: “No quedó nada. Sacamos todo lo que se podía ubicar (en cuanto a restos óseos de detenidos desaparecidos durante la dictadura) y lo que en su momento no encontramos nosotros, no lo encuentra nadie”, reveló Vázquez.(2) Por supuesto, Sanguinetti lo negó y alegó que, si hubo remoción de restos de “personas muertas”, debió suceder durante la Dictadura.

“ME VIENEN A BUSCAR…”

En la bolsa de su almuerzo iba la vida”, “Guitarra negra”, Alfredo Zitarrosa.

Entre las cortinas abiertas de par en par se cuela el tenue sol de julio. Por allí, los ve: los uniformados se acercan. Ahora sí vienen por ella. Siente las pisadas frente a la puerta. De un empujón la abren. Las armas largas le producen una fuerte impresión. Fuerte y breve. No hay tiempo. Pero, aun así, saca una lapicera de su bolso y comienza a escribir. Piensa que no lo verá más. Por eso, en ese momento, no hay gesto más imprescindible para ella que poderle mostrar a su marido cómo se ha ocupado del almuerzo. Se trata de un deseo tan fuerte de afirmarse a la vida que, aun ante el claro peligro de perderla, la escritura se obstina en algo que puede parecer incluso trivial, como cumplir el rito cotidiano de una comida para el compañero.
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ENTRE DOS PATRIAS

Si en fecha patria argentina se la llevaron, en fecha patria uruguaya, la liberaron: fue un 18 de julio de 1973. Al poco tiempo, lo liberan a Luis. En este sentido, se trata de una historia con “suerte”. Luis falleció en el 1999. Y Graziella aún sigue viva.
El tiempo pasó. Mucho tiempo pasó. Llegaron las redes sociales. Y entonces el deseo de rescatar esta historia, esta metáfora del horror, quedó en manos de un hijo de ambos, quien posteó una foto de la notita. La imagen se viralizó en facebook. Un reguero de deseos. Para que nunca falte quien se ocupe de alimentar la lucha, la resistencia. A dónde habremos llegado que hay que defender con la escritura el derecho a prepararle a un almuerzo al ser querido.

(1)27.06.2014 www.presidencia.guv.uy

(2) Dossier la Red 21: 40 años del golpe




LIBERADOS DEL CEMENTERIO

Deseantes: Sobre el cacique Inakayal
Por Luisa Luchetta

FRANCISCO, PARTE I

 “Fruto de mis tareas ha sido la colección (…) para formar el Museo Antropológico y Arqueológico de Buenos Aires (…) Ese establecimiento contendrá algún día la historia de los pobladores de nuestro suelo, (…) asistida por sus mortales despojos.”

Francisco P. Moreno

En su libro ” Viaje a la Patagonia Austral” Francisco P. Moreno ha comentado su interés por la ciencia. Desde niño se sintió atraído por coleccionar piedras, restos óseos de animales ya extinguidos, insectos disecados, etc.

Museo de La Plata
Museo de La Plata

A los veinte años de edad, viajó a Carmen de Patagones, donde recolectó cráneos y objetos de piedra de cementerios aborígenes. El profesor Paul Broca, conocido antropólogo francés, publicó el trabajo que el joven Francisco escribió, luego de este primer viaje. Impulsado por el éxito obtenido, Francisco decidió dedicarse al estudio de los pueblos patagónicos y su evolución.

 

INAKAYAL, PARTE I

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Volaban abiertas, a favor del viento. Rompían el aire y finalmente se unían, luego de rodear las ligeras patas del avestruz. El joven Inakayal volvía con el alimento a su toldería. Era diestro en el manejo de las boleadoras. Sus dos mujeres e hijos lo esperaban con un reconfortante recipiente lleno de sangre de yegua recién degollada. Le gustaban los guisos de vísceras de yeguas o guanacos crudos mojados en sangre tibia, el aguardiente que regaba las celebraciones -días enteros de fiesta-, las charlas con otros paisanos, mientras las mujeres trabajaban. También, sentir el viento frío entrar en sus pulmones, dormir acunado por los sonidos de la noche.

 

SAYHUEQUE

Hijo del cacique Chocory quien, antes de morir, le había pedido que no combatiera al blanco, fue el señor del país de las Manzanas, tierras que recorrió a caballo en su juventud.
Se acercó a Buenos Aires, movido por la curiosidad y quizás por el enojo ante los atrevimientos de los cristianos, quienes se apropiaban de las tierras y encerraban al ganado cimarrón, dentro de las estancias apropiadas por los huincas. Se ha dicho que, a los veinticinco años, participó en la carnicería cometida en la estancia de San Antonio de Iraola, en 1855. Las crónicas fueron escritas por el único soldado que pudo escapar vivo y por el relato de Sayhueque a Francisco Moreno. Bebieron la sangre y comieron el corazón de los blancos, los enemigos que llegaron para apropiarse de sus tierras y de sus vidas.

 

FRANCISCO, PARTE II

El viajero, el espía inconfeso, el usurpador de tumbas, embriagado por el paisaje que descubre: la cordillera enmarca el cielo inundado de estrellas, el horizonte pedregoso, el frío y el hambre lo transforma en un ser vivo, como antes lo fueron los verdaderos propietarios de los huesos que carga en su equipaje. El viajero se horroriza de las costumbres de los pueblos que visita. El baile desenfrenado por el alcohol, las peleas entre hombres y mujeres de los toldos, el gemido de los animales sacrificados, aún vivos, el ladrido de los perros, el llanto de los niños llenan de asco el espíritu puro del cristiano Francisco, incapaz de reconocer en sí el morbo que lo alimenta bajo la etiqueta del cientificismo.

 

JULIO ARGENTINO

Julio Argentino Roca, de 34 años, asume como ministro de Guerra y Marina, luego de la muerte de su predecesor, Adolfo Alsina, en 1877. Alsina sostenía su política dialoguista con los mapuches, incluso logró que alguna de sus ideas fueran adoptadas como política de Estado (1). Pero Roca representó los ideales de un grupo que, a sabiendas de las riquezas escondidas en la zona del País de las Manzanas, no aceptaba reconocer territorios como propiedad de los pueblos originarios.

Roca encargó a Estanislao Zeballos un estudio geográfico y antropológico de la Patagonia. En una primera etapa, Roca decidió avanzar hasta los ríos Negro y Neuquén y, por consejo de Zeballos, establecer buenas relaciones con Sayhueque, mediante regalos de importancia, como carruajes y mobiliario. Pero el ministro tenía su objetivo claro: apropiarse de las tierras del País de las Manzanas.

Roca obtuvo recursos, sin tomar en cuenta las recomendaciones del Poder Legislativo.
En 1879 se inició el avance de las tropas. Poco a poco, los caciques capitularon o huyeron hacia las tolderías de Sayhueque. En 1883, junto a otros caciques como Inakayal y Foyel, decidieron no entregarse al blanco.

Luchar hasta la muerte.

Rendición de Sayhueque
Rendición de Sayhueque

Mientras, Roca aceptó reconocer como cacique amigo a Sayhueque y le ofreció la protección del Estado argentino, con el nombramiento de gobernador de las Manzanas. Pero nada fue tan sencillo. El General Uriburu, a cargo de las tropas, invadió la zona. Sayhueque no contestó al ofrecimiento de Roca. Había decidido enfrentar al enemigo.
El 1ro.de enero de 1885 el gran cacique se entregó en Junín de los Andes junto a Inakayal, Foyel, Huenchenecul, Prayel, Cumilao, entre otros.

 

REINA DEL PLATA

IMG_2942Inakayal vio por última vez las tierras patagónicas, cuando, junto a su esposa y otros familiares, los embarcaron hacia Buenos Aires. Al llegar al puerto de La Boca, hombres y mujeres fueron separados. Muchos terminaron como servidumbre de familias acomodadas.
Foyel, Inakayal y Raimal estuvieron detenidos en el Tigre. Desde allí, Inakayal, pidió ver a su amigo huinca, Francisco Moreno, quien lo visitó en 1885. Moreno, entonces, solicitó la entrega del contingente de quince personas para llevarlos a su museo, en construcción, de la localidad de La Plata.

 

ATAÚD DE VIDRIO

Huesos acomodados con exactitud en las vitrinas. Calaveras de distintos tamaños. Frascos con partes de encéfalos flotantes. Vestidos tehuelches. Puntas de flechas. Animales embalsamados. Insectos secos pinchados: “… averigüé el paraje en que había sido inhumado y en una noche de luna exhumé su cadáver, cuyo esqueleto se conserva en el Museo Antropológico de Buenos Aires; sacrilegio cometido en provecho del estudio osteológico de los tehuelches”, confesó el señor Francisco Moreno en su libro “Viaje a la Patagonia Austral”. Eso hizo con el cadáver de su “amigo”, el tehuelche Sam Slick. No fue solo una vez. Por supuesto, finalmente, pudo armar toda una colección.

Sam Slick Asesinado por negarse a saquear tumbas de sus ancestros.
Sam Slick
Asesinado por negarse a saquear tumbas de sus ancestros.

Según Moreno, las creencias acerca de la vida después de la muerte se resumen en un viaje a otro mundo que realiza el espíritu junto a sus cosas más preciadas, incluido al perro del difunto. En este recorrido, el individuo debe enfrentar a la noche y al llanto de las aves nocturnas, a enemigos o malos espíritus, hasta llegar a un lugar muy lejano, donde vivirá igual o mejor que antes.

 

INAKAYAL, PARTE II

No es muy difícil imaginar lo que sucedía, día tras día, cuando los caciques y lo que quedaba de sus familias observaban los restos de sus ancestros tan lejos de sus tumbas. ¿Qué les iría a suceder a ellos mismos? ¿También sus cuerpos serían expuestos? ¿Separarían la carne de los huesos? ¿Sus corazones flotarían en un frasco?
Sin duda, este bien podría haber sido el inicio del viaje, la noche oscura y amenazante. Quizás existiera ese otro lugar donde poder vivir en la propia tierra, entre las montañas y el llano, los avestruces, el viento y la libertad. Mientras así se preguntaban por su final, su vida transcurría entre carencias. Dormían encerrados en el sótano del museo, sin baños.

Hija del Lonko Inakayal
Hija del Lonko Inakayal

Mujeres, niños y hombres. Por la mañana, algunos trabajaban en la limpieza del museo, otros en la construcción de las partes que aún quedaban por levantar. De paso, fueron expuestos al público visitante. En el museo, Inakayal vio morir a varios de los suyos. Algunos dicen que se dio a la bebida, ya sin ganas de vivir. Según, el libro de Curruhuinca-Roux, “Las matanzas del Neuquén”, el cacique solía decir, “blancos ladrones, robar mis caballos y la tierra…Ahora prisionero…desdichado”.

Lonko Inakayal
Lonko Inakayal

Cuenta la historia que, un atardecer y fuera de sí, Inakayal se quitó la ropa del enemigo, dijo algunas palabras en su idioma y se lanzó por las escaleras. Otra versión sugiere un asesinato. Ambas coinciden en la fecha: 24 de septiembre de 1888. Moreno, quien quizás albergaba algún interés en la política, no quería verse rodeado de más escándalo que la muerte del cacique. Así que, sin dubitar, logró deshacerse de los indios que aún tenía prisioneros en La Plata. Consiguió que el gobierno les diera campos en la Patagonia: otros, no los mismos que antes habitaban. Así Foyel volvió a la Patagonia.

 

TODO POR LA CIENCIA

Francisco no dejó pasar la oportunidad y, como Jack el destripador, metió bisturí tripas adentro de su amigo huilliche, quien tan bien lo había tratado cuando visitó sus tolderías. Disecó su cuerpo y lo expuso como trofeo.

En 1994, ante el reclamo de los mapuches, se logra la devolución de los restos de Inakayal, que ahora descansan en el pueblo de Tecka. No obstante, en 2006, investigadores de la UNLP descubrieron, en el museo, el cerebro, una oreja y el cuero cabelludo del cacique. También partes del cuerpo de su esposa y de la hija de Foyel, Margarita, ambas fallecidas allí.

 

“EN EL NOMBRE DE LA ROSA ESTÁ LA ROSA”

Decía el Perito Moreno que los patagones tenían la costumbre de cambiar los nombres de las cosas, porque los nombres de las cosas IMG_2941mueren cuando muere quien las ha usado. Por tanto, para evitar la desgracia, era necesario olvidarlos. Debía ser parte del infierno perderlo todo.

La humillación, la traición son, en todos los tiempos, claramente indigestas. Permanecen en la piel, estremecen el pecho. Inakayal, el guerrero, el cacique leal con sus amigos, sostuvo su identidad, a pesar de las afrentas. Se atrevió a un último acto de amor a sus raíces, a una entrega desinteresada a sus amigos de cacería y desgracia, quienes pudieron estar más cerca de su amada tierra, de la cotidianeidad que había iluminado su juventud: el sueño de vivir y ver crecer a su gente. Hay un sentido asociado a su nombre que no cambia: el de cierta inocencia que solo guardan quienes viven entre amorosos latidos de su corazón.

 

(1) “Adolfo Alsina, benemérito, que no contradijo su amor a la patria por su humanitarismo, muere el 29 de diciembre de 1877… Se cierra un capítulo que honra la República y a los argentinos”. “Las matanzas del Neuquén” Curruhuinca-Roux

Bibliografía:

“Las matanzas del Neuquén” Curruhuinca – Roux

“Sayhueque, el último cacique” Curruhuinca – Roux

“Viaje a la Patagonia Austral 1876-1877″ Francisco P. Moreno

“Un caballero en las tierras del Sur” Pedro Orgambide

Diario Jornada 02/11/16

Diario Clarín 11/12/14|Corresponsalia La Plata

Diario Andino digital de Villa La Angostura y la Patagonia




LA REVOLUCIÓN DEL UMBRAL

Deseantes: Entrevista a Ana Prada

Entrevista: Marian Dosso, Gabriela Stoppelman
Edición: Mariana Dosso, Gabriela Stoppelman

 

El asfalto alardea cuando atardece. Sabe que las sombras mezclan la noche entre las baldosas y las cunetas, sabe que ellas esperan el momento preciso y se largan a  cruzar la calle. Del otro lado, justo en la vereda opuesta,  se extiende- infinito- el perfil de una chacra. No. No te des vuelta, no busques la delgada línea ni el ombligo de la metamorfosis. Así, sin fronteras, a golpes de música y verso, los paisajes se han dispuesto a continuarse. Podés despuntar la mañana con una fila de animales que van detrás de un tarareo, detrás de un alimento suficiente para que la música alcance, por lo menos, al tope de la luz. Y, cuando llegues a lo alto del mediodía, podés apurar la pereza de un semáforo, justo en la esquina donde el último de los animales que te seguía se echa a sestear. Quien pastorea entre la ciudad y el campo se balancea entre la cadencia de la palabra y el vientre del sonido. Allí se nace mujer de sonrisa amplia y a la vez niña que juega a repetir los sonidos de los animales, psicoanalista de lo incierto en los ecos del aire o compositora que tropieza con las flores de inviernos desprejuiciados. Entre manos dispuestas a la tierra y aquellas enredadas en los sonidos de la guitarra, crece  el propio deseo, la revolución del  paisaje.

El movimiento seduce a la palabra, se envalentona y desafía al viento. En ese vaivén de formas, surge la canción hecha paisaje, o el paisaje vuelto canción. Familias de libros, de mate, genealogías que leen los temblores de los árboles y otras que despuntan la erudición del sol. Ambas rondan lo poético sin reducirlo a una estrechez de bien hablados. Por el contrario, envuelven el movimiento de opuestos: de la Paysandú de su infancia a la Montevideo de joven, del ritmo urbano a la planicie litoraleña, de su presente chacra hasta los conciertos en Buenos Aires.

Transformar la tierra en frutos y cuidar a los animales con un nombre, guitarrear en manos singulares y crear en compañía. Así, en la deriva de la creación, del sin gobierno fijo del movimiento, Ana Prada recorre la revolución del umbral.

CAMALOTEAR EL PAISAJE

 “Camalotes sueltos van a derivar /en un chamamé liviano /como un panadero/que volando torpe /te quiere encontrar.”
“Camalotes sueltos”

 

En tus letras el paisaje se vuelve canción, como sucede con los camalotes que derivan en chamamé,  ¿te pasa también al revés?

Absolutamente. Componer es para mí ver primero la foto de un lugar y, luego, verme sentada, o a caballo o parada allí. Tengo que visualizar primero ese paisaje, que también tiene que ver con esa emoción que me lleva a hacer una canción. Uno hace canciones con cosas que te mueven la emoción. El paisaje también me mueve, pero no en el sentido de describirlo, el paisaje me lleva, me ayuda a la emoción. Entonces, cuando no encuentro el paisaje no puedo componer. Incluso un paisaje humano. En el último disco está esa canción que dice “No te podría quitar lo que ya no puedo darte”, que compuse en el departamentito sola, triste, extrañando todo lo que perdí por ganar este trabajo y esta vida. Bueno, esa nostalgia es bien urbana, de departamentito de Montserrat en esta ciudad que tiene esa cosa que te aturde…

Fotografía Alejandr
Fotografía Alejandro Diego Grispo

DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

Corre la canción /por mis pagos de allá /agua dulce y salada.
“Amargo de caña”

 

Eso nos recuerda cómo en tus letras siempre hay una transición entre opuestos: la ciudad, por un lado, el campo, por el otro. La pasión y el sacrificio en una especie de poética del umbral.

Es que mi vida ha sido siempre tomar riesgos con mucho miedo. No sé si soy valiente. En las grandes cosas, quizás, pero hay un montón de pequeñas valentías cotidianas que no atiendo. Me cuesta mucho la discusión y me gustaría decir las cosas a las personas antes que se me acumulen y me hagan dar un salto al vacío. Yo estudié una carrera y a la vez estaba con la música. Cosas que no son opuestas pero que, a la hora de tomar un camino, sí pueden llegar a serlo: ir a rendir un examen de psicología y, ante los nervios, decirme “¿Por qué me pongo nerviosa si yo soy música?” O estar por salir al escenario y pensar: “¿Qué me voy a poner nerviosa si yo soy psicóloga?” Era como una cinchada, una cosa tira de la otra y a la vez la protegía.

Y también un mestizaje, ¿no?

Sí. Esa mezcla del campo y la ciudad la he sentido siempre. Por otra parte, vengo de  una familia de intelectuales de élite, amigos de Cortázar, que diseñaron el Plan de Escuelas Rurales que hasta hoy rige en Uruguay, que han trabajado en toda América Latina. Maestros rurales, pero de aquellos de los años ’50, que iban a España a alfabetizar cuando Uruguay tenía un 0 %  de analfabetismo. Para mi abuelo, Benedetti escribía una poesía de poca monta, no sé si llegó a conocer mucho de Galeano, pero era de los tipos que discutían con Cortázar y con filósofos de la época. Es decir, esa parte de la familia estaba relacionada  con lo rural, pero desde un lugar urbano, intelectual.

El huerto
El huerto- Miró

Por otro lado, estaba la familia de mi madre. Mi abuelo era un gaucho con su bombacha de campo y su boina de vasco. Tenía un galponcito en el que yo me crié. La casa de mis padres conectaba con la de mis abuelos por el fondo compartido. Allí había una huerta donde convivían los rosales de mi abuela, los morrones que plantaba mi abuelo y un gallinero. Había también un microgalponcito de campo que mi abuelo levantó, con herramientas de todo tipo. Él te hacía el agujero del cinturón, te pegaba los zapatos, te confeccionaba el ponchito para bailar el carnavalito en la escuela, arreglaba todo. Ese abuelo contaba cuentos, con él aprendí a tomar mate. Me iba tempranito a su casa, él prendía el fogón, calentaba el agua y tomábamos unos mates mientras me contaba historias de campo, de campo cimarrón. Esa era la diferencia con el campo de mi padre, que era más bien de Montevideo y nunca se vistió de gaucho porque lo consideraba un disfraz. Era un ingeniero agrónomo sin campo, que trabajó para otro. Estos dos mundos familiares siempre convivieron. Y hay más mestizaje: Paysandú, pueblo, sobre todo desde el punto de vista cultural y musical, bastante mediocre. Luego, mis veraneos en La Paloma con el resto de la familia, con los Drexler, los Prada, con otro universo sonoro y musical. Ellos traían otros discos, compartíamos otras músicas y otras experiencias, así que yo volvía a Paysandú con otra cabeza. Siempre me sentí distinta de ellos y a la vez  muy de tierra adentro cuando estaba en la ciudad.

 A CABALLO ENTRE DOS MUNDOS

 “Nada más puedo ser el vaivén/entre pasión y sacrificio/suelo andar ya me ves/jugando al tentempié en el precipicio.”
“Tentempie”

 

Dijiste que sólo una vez sentiste el desarraigo. Pienso si todo mestizaje no es siempre, en parte, un desarraigo.

El desarraigo es el lugar donde uno rápidamente se acomoda en el caballo y sigue. Caigo en la ciudad: “¡Hola! ¿Qué tal, ciudad?” Llego, al campo, me pongo la ropa de trabajo y salgo a embarrarme hasta la cintura y no me importa nada. Aprendí la velocidad de cambiar el chip, la velocidad de un desarraigo sin dolor. Existe y existió un desprecio muy grande de parte de la gente de la ciudad hacia la que viene de afuera. Las personas se sorprendían de que yo participara, fuera más inteligente y supiera más que ellas en las clases. Raro: era de afuera, pero no parecía de afuera. Por otro lado, yo viví mi adolescencia con todo lo que tenía que ver con mi definición sexual, la cuestión de mi ser más profunda. Entonces viví la discriminación con un cierto temor por muchos lados.

Ana Prada - Tierra Adentro     

 

Hay un doble mito: la gente de la ciudad cree que puede jugar a lo salvaje, encontrar la conexión con la naturaleza sólo por cambiar de lugar…

He tenido grandes discusiones respecto del tema de la reforma agraria, incluso lo conversé con el Pepe Mujica y Lucía más de una vez. Se debe formar agrarios para que deseen, quieran y sepan de la reforma. Hay que trabajar muchísimo para poder mantener una familia con un pequeño predio. Tenés que tener planes de negocios adaptados para una microempresa rural. Es otra mentalidad.  Mirá, en “Puerca Tierra”, John  Berger hace un ensayo sobre la mentalidad del campesino europeo autosustentable -aquello a lo que todos queremos volver ahora: matar nuestros chanchos y colgar los jamones arriba de la cama-. Esa mentalidad absolutamente diferente a la de la gente de la ciudad se basa en sobrevivir. Después, se mezclan la plusvalía, el valor agregado, la comercialización del producto campesino, el arrendamiento, el tributo al patrón, los impuestos y el asunto se empieza a complicar. Con el tema de la ciudad y la creación, me pasa que lo vivo en carne propia: en Buenos Aires, compongo mucho más que en casa. Y es que en la chacra me entretengo demasiado en cierto estado de felicidad y aprendizaje, y la cabeza va entonces por otro lado.

Tierra
Tierra arada- Miró

John Berger reivindicaba mucho a la gente de los pueblos y del campo por la relación que ellos tenían con los objetos, decía que hay allí una poética del tacto, que lo poético se genera al tocar y trabajar la tierra.

Tengo que descubrir cómo es componer desde ahí. Tengo muy asociada la música al amor, al desamor, al desasosiego, a la ciudad. Si bien después me sitúo en paisajes que me dan calma, escribo a las pasiones, que tienen más relación con el aturdimiento de la ciudad. Hay canciones preciosas que me apasionan por cómo toman cosas de la naturaleza para describir metafóricamente comportamientos humanos. Yo hice una canción bastante mediocre que se llama “Cómo hace el tero”, pero es demasiado, estoy con mucha data en la cabeza y no sé cómo organizar eso. Quiere decir que estoy bastante feliz en estos días y eso es muy contraproducente para componer…

LA PUERTA VAIVÉN

 “Cambie de zapatos pero estoy en casa/si toco tu tierra habré cruzado mi mar/pase el meridiano/hasta el paralelo/mordiendo tus labios, engañando mi mal.”
“No me ves”

Mientras tanto Ana prada     

 

¿Hay un prejuicio con eso de que la felicidad no es buen lugar  de partida para crear?

Es difícil hacer una canción sobre la felicidad. El amor es lo más power de todo, implica ese interlocutor  por el cual movés montañas. Uno se toma un tren, un barco, viaja kilómetros para verse dos horas, no duerme… Cuando estás en ese estado psicótico que es el enamoramiento, hacés cualquier cosa. En cambio, en el estado psicótico del despecho, te pones las pilas porque, en el fondo, creés que el otro te va a escuchar. Si no fuera así, no sé si uno compondría.

En muchas entrevistas mencionás lo que te decía tu mamá sobre el imperativo de ser feliz. Imaginamos que se trata de la felicidad no como plenitud, porque tiene que tener un agujero por donde escribirla.

Totalmente. Yo estoy feliz pero, al mismo tiempo, me meto en las puertas del dolor que también son enormes. Desde que murió mi madre me cuesta mucho escribir sola. Aun estando re feliz como lo estoy ahora, tengo un montón de dolores que todavía no me sueltan del todo.

Como entre el campo y la ciudad.

Tal cual. Tengo que encontrar ese camino medio y creo que voy bien encaminada, lo intento escribiendo, girando como hicimos todo el año pasado en Argentina y Uruguay, componiendo bastante. Hay canciones que la gente ya las canta y todavía no las grabamos, pero me da un poco de pereza buscar un universo privado, me gusta componer con otra persona.

Fotografía Diego Alejandro Grispo
Fotografía Diego Alejandro Grispo

Componés sola y con otros.

Sí, pocas veces compongo sola. Estoy en siempre en coautoría, aunque sea con alguien que toma nota de las pavadas que yo voy tirando y luego me ayudan a armar el rompecabezas. Para mí eso tiene el mismo valor que tiene un compositor, porque sin esa persona la canción no hubiera existido. Yo necesito, además, alguien que me ordene, que me lleve y me azuce.

Pensaba en que creás siempre en o a partir del movimiento….

Me gusta mucho el movimiento. Cuando más compongo es cuando estoy haciendo otra cosa: cocino, barro, limpio y voy tirando data o notas. Y es que me cuesta concentrarme en una sola cosa, para tocar la guitarra prendo la tele, por ejemplo, y atiendo más a una u otra dependiendo de la dificultad. Me autorizo el vaivén, digamos.

Es interesante, porque el verbo “derivar” es el que más se repite en tus canciones

Es el verbo del dejarse llevar, del no tener gobierno del movimiento. Yo soy medio así al componer y te diría que en la vida también. Si tengo un músico enfrente que me tira acordes, encantada le devuelvo las melodías que quiera, dialogo.

SILENCIOS CANTADOS

“Será que me enseña a contar/ el dolor que llevo dentro/ será que me obliga a escuchar/ sabe que no voy a hablar.”
“Brillantina de agua”

“Se asoma su maleta pensativa/ no sabe si habrá sitio para todo,/ ahí tiene que entrar toda su vida / pero ella aún no encuentra de qué modo”.
“La maleta”

 ¿Cómo te llevás con el silencio?

Horrible. La ansiedad y el silencio no son buenos compañeros. Estoy mucho sola en el campo y allí hay mucho silencio, pero es un silencio de humanos habitado por infinitos sonidos.

En muchos temas tuyos nombrás objetos  impregnados de adherencias de otros, lo mismo que sucede con los paisajes. Esas adherencias tienen voz.

Los objetos tienen huellas. He convivido durante años con personas adoradas. Cuando se rompían esas relaciones, al irme, en mi mochilita me llevaba algunos objetos y siempre me voy con menos de lo que traía al llegar. Así que dejo muchas cosas, tal vez incluso dejo huellas que la otra persona no desea tener allí. Nunca tuve casa propia, ahora siento como mi lugar la chacra donde vivo, así como sentí el rancho de Paysandú y el departamentito de Buenos Aires. En cuanto a la posibilidad del silencio absoluto, la cabeza te habla siempre. Tengo dolores y vergüenzas que me cuesta tolerar y las hablo conmigo. Y cuanto más vieja más hablo sola. Terrible.

The
They ´re biting- Klee

RONDAR “ESO”

Y si la noche me presta su poncho /y si la luna me lava la piel/sigo bailando en la madrugada /hasta quedarme donde este usted”.
“Soy Sola”

 

Los títulos de tus tres discos como solista tienen el verbo ser, en primera persona, pero participan de un proceso que es el de dejar de ser, si lo consideramos completo.

Totalmente. Quizás porque las canciones son más propias de un ejercicio de desprendimiento que de una cuestión autorreferencial. Igual me resulta muy difícil componer en tercera, tengo incorporada a mi repertorio sólo una canción, “La payadita”, que no es mía. Debería imponerme el ejercicio de escribir en tercera, sobre todo a partir del campo, la gente del pueblo y sus historias que me emocionan tanto… Hay muy buenos narradores de historias de otros, como Teresa Parodi o Liliana Herrero que transforma primeras en terceras.

Vimos que te gusta leer poesía ¿Qué es lo poético?

Qué pregunta difícil. Quizás lo indecible, aquello que requiere de palabras tangentes, con la ilusión de arrimarse a un hecho poético. El verbo español es muy rico, pero lo poético no tiene palabras que lo digan salvo, rodeándolo de manera tal que quien se arrima a esas palabras entienda algo único en cada persona.

Pareciera que el nombre de tu espectáculo, “Va de ronda” tuviera que ver con eso.

Es muy interesante lo que decís, aunque la elección del nombre fue menos ambiciosa: “Va de ronda” viene más por la canción “Noche de ronda”, la idea era romper la distancia con la gente, bajarse del escenario y cantar a capela algunas canciones de Chavela, que la gente pudiera animarse y tomar la guitarra y cantar también. Que seamos todos artistas, amigos en el living de casa, cantando juntos. Con esto me han pasado cosas maravillosas con toda clase de gente y de canciones, incluso algunas inéditas.

Momento
Momentos de transición – Dalí

¿Cómo te llevás con lo indecible?

Tan bien que no me animo a decirlo. Convivo permanentemente con eso intangible, innombrable y mágico. Es lo que me da cosquillitas en la panza, felicidad todo el tiempo, esa conmoción que no podés nombrar sino aproximándote.

¿Te aproximás mejor con la música o con las palabras?

Creo que por la vía de la música. No considero que sea buena escritora. La música me conmueve mucho y siempre, la clásica, la de las películas. Mirá, en mi adolescencia, las radios FM pasaban esas canciones de músicas lentas, todas con letra en inglés que yo no entendía ni quería hacerlo porque, claro, era comunista y no iba a aprender el idioma del imperio, lo odiaba. Sin embargo, lloraba, me emocionaba, me calentaba y me pasaba de todo con esas melodías y las armonías.

EMBRIONCITO DE STANDAPERA

Todo lo que está naciendo es redondo/ o casi, como las hojas de un tilo. No busco tranquilidades si el cuerpo me pide trinos.”
“Hojas de tilo”

 

¿Escribiste poesía que no fuera en función de ser la letra de una canción?

No me he animado. Ahora creo que me van a proponer que escriba un libro de cuentos para niños, pero estoy esquivando a la entrevista con esa gente porque tengo un miedo bárbaro.

Pero te interesa la escritura, ella tiene también su música.

Sí, sí. Fantaseo con escribir un libro. Me han dicho que soy buena narradora oral. Tal vez tenga que ver con mis abuelos y abuela, excelentes con los cuentos del campo. Sobre todo, en aquella sociedad patriarcal, donde los hombres tenían la palabra mientras las mujeres,  que eran las más sabias, estaban haciendo los ravioles. El maestro Prada, con su frondosidad y riqueza de lenguaje, propia de aquellos viejos intelectuales, me hace pensar en la pobreza en nuestros discursos de hoy. Entonces, me crié en una familia muy oral en que los cuentos, las anécdotas y los chistes de salón eran una tradición. Esto lo desarrollo  en los shows, hablo mucho con la gente. Cuando me quede sin voz para cantar…,¡en una de esa me dedico al stand up!

La palabra escrita toma otro ritmo.

Es que soy muy ansiosa, un mar de ideas desordenadas que alguna gente ordena, como Pata- mi mujer- que escribe de maravilla, una compositora que te puede llegar a partir la cabeza con sus letras.

Condición humana- Magritte
Condición humana- Magritte

Bueno, pero tus letras tienen momentos muy poéticos: “…el viento mueve el perfume/ de las florcitas que tiro, todo lo que va creciendo te cubre/ o casi como la piel que se estira”.

Ah, la panza de la madre… Quise hacer una canción a un sobrino que no fuera “Oh, rayito de sol has venido a iluminar mi vida…” y me salió: “Dios, dame calma”. A mí, siendo atea. Mi hermana Margarita me decía “el pánico que tengo es que cuando nazca lo quiera tanto que deje de ser yo misma, como si me fuera a llevar el alma”. Eso me quedó, porque hay miedos dentro de esta cosa idealizada de la maternidad, la idea de dejar de ser una misma. Así armé la canción, con esa idea. Un día Fernando Cabrera me dijo que le gustaba mucho y yo había estado a punto de desecharla, justamente porque nombro a dios. Y él me dijo que ese dios estaba dicho en un contexto de clamor, que en algún momento todos decimos “Ay, dios mío” y eso no tiene nada que ver con que seas o no creyente. Eso me habilitó la canción y recién entonces la grabé.

ENTRE LOS FRÁGILES CONTORNOS DE ESTA PIEL

Soy… pecadora… / los santitos huyen de mi agenda/ soy mala/ dueña de todos los pecados/ perra, perra mala…
Y ya quisiera tu Dios/ ser parte de mi altarcito/ que aunque parezca chiquito/ de placeres sabe más
.”
“Soy pecadora”

 

Vos insistís con tu ateísmo pero hablás mucho de la espiritualidad.

Es que venimos de una civilización judeo- cristiana. Por más que me hubiera encantado no tener una cabeza científica, tener fe religiosa, no puedo. Sí creo en algo más allá de nosotros, llamémosle, biología o poesía. Somos seres absolutamente espirituales y necesitados de fe, somos muy desamparados, una existencia chiquita en un planetita en un universo gigante. Ese sentimiento te da un desasosiego y una angustia tales que, si alguien viene y te explica todo en una narración, en un delirio creíble e importante, te alivia. Yo respeto las creencias y la fe de las personas, pero de esa narración se apoderaron quienes están  al servicio de otros intereses.

Fotografía Alejandro Diego Grispo
Fotografía Alejandro Diego Grispo

Fotografía Alejandro Diego Grispo
Fotografía Alejandro Diego Grispo

Y si te olvidás de la religión como institución de poder, puede quedar la belleza de haberse querido  acercar al origen con una narración… hablo de quienes escribieron ese texto, no del que se hizo después con él ni de las lecturas posteriores.

Hay un libro muy interesante del escritor uruguayo Tomás de Mattos, “La puerta de la misericordia”: es una novela histórica contemporánea a la vida de Jesús. Ahí tenés todas las visiones de los maestros de la ley judíos, de los ateos, de él, de sus pasiones, sus amores. Hay tribulaciones, pasajes del Antiguo Testamento, un libro impresionante, como un tratado de filosofía para mí. De Mattos es católico y es tan buena la novela que, en un momento, tenés la esperanza de que no lo maten a Jesús. Aparte es toda una discusión histórica respecto de si él es o no el Mesías. Yo estoy absoluta y totalmente de acuerdo con todo lo que el loco predicaba. Los profetas eran, en ese momento, los medios de comunicación de la época. Ellos tenían ídolos que congregaban a las masas, caminaban de pueblo en pueblo, tenían carisma. Después se instauró una cosa muy poderosa, los maestros de la ley, una determinada élite del pueblo judío.

Hay una paradoja. El hecho de acercarse a la verdad y al origen con un relato demuestra que la verdad y el origen no existirían como absoluto, porque ningún relato lo es.

Estoy muy en contra de la devastación de la cultura y la sabiduría que habitaba el planeta antes del advenimiento de la religión católica.

Pensá que el judaísmo negó el cuerpo, no tuvo muchos artistas plásticos hasta el siglo XIX. Lo que sí hay, y hubo son muchos músicos.

Es cierto, hay mucha música y baile en los festejos ya desde las tribus nómades. Tal vez no tenían obras ni cuadros porque había que transportarlos.

O porque estaba prohibidas las imágenes.

Sí, pero muchas de las cosas prohibidas tienen que ver con la cuestión práctica. La circuncisión, por ejemplo, tiene relación con el desierto, la falta de agua, infecciones en el prepucio. No comer cerdo, con la triquinosis. Quizás la prohibición de un arte más de objeto esté relacionada con que no era transportable. Ellos transportaban cosas más pequeñas.

Como el lenguaje. Y lo llevaban en un arca, pesada.

El lenguaje, la música, las piedras preciosas, los números… Es muy interesante, me apasiona todo eso aunque no sé nada porque no nací con la fe en la familia primaria, pero me re interesa y me emociona. Cuando pasa algo, me persigno o por lo menos hago así con la manito, un gesto que signifique para mí que algo me proteja.

¿Y qué es la espiritualidad?

No sé… ¿Será lo que Freud llamó la sublimación?  Capaz que la espiritualidad es esa necesidad de desprenderse de lo material. Creo que todo radica en lo que Goethe llamó un “destello de celestial lumbre”, que es la conciencia. Creo que es la culpable de que nosotros necesitemos desprendernos y flotar por encima de nosotros, trascendernos, es  la conciencia de la finitud, eso terriblemente angustiante. Yo termino en esta piel, por suerte escucho, veo y camino…

Hablabas también de la inmanencia, del estar aquí y ahora.

Es la conciencia de estar, de ser ese ser que está bailando este baile que es finito y que podría no estar. Qué raro es estar y cómo sería no estar. A veces me imagino cómo sería morirme. Quiero estar muerta como ejercicio filosófico, ver cómo sería la no existencia. Pero llegás a un punto y no podés desdoblarte totalmente. Creo que en la espiritualidad hay una comunión con otra cuestión que no se toca y que entonces se mezcla más fácil con la otra sustancia de otro. Es eso que tenemos los seres humanos y que se nos va cuando nos morimos.

En tu caso esas sustancias quedan pegadas a los paisajes y a las cosas.

Creo que sí. Quizás la espiritualidad para mí es eso que flota alrededor de lo no material.

Pero que religa.

Religa, sí. Por eso los rituales son pertenencia, identificación, de crecimiento, de pasaje de etapa. 

A MAMÁ MONA CON LAS DICOTOMÍAS INEXISTENTES

Gota de rocío que se agranda en otra gota,/ es el charco frío que despeino de un soplido,/ quiero ver armarse lentamente, lo que ha sido,/ por si al aquietarse, te refleja, te refleja al lado mío.”
“Lo que viene”

 

¿Qué pasó con la comunista? Porque, en una entrevista decías que hoy en día habría que reconsiderar a las revoluciones como micro revoluciones.

Bueno, me desdigo absolutamente de eso de las micro revoluciones y de los individuos y de toda esa porquería. Sí creo que hay una búsqueda personal vinculada con la educación, las posibilidades y un montón de cosas más: se trata de generar el Hombre Nuevo y la Mujer Nueva, el Ser Humano Nuevo. Pero no desde la individualidad. Me parece que, cuando dije eso, se me malinterpretó. No se trata de uno con uno y su chacrita.

Gran
Gran torre Kiev- Kandinsky

El cambio tiene que ser un proyecto ideológico que ha caído en un manoseo y un desuso terrible. Lamentablemente, en el mundo votamos a personas y no a proyectos e ideologías de base. En Uruguay se discutió mucho: ¿gestión o ideología? Te venden la gestión, pero la gestión contiene ideología. Y para que suceda la ideología tiene que haber una muy buena gestión. Entonces te engañan de una manera atroz con esa dicotomía inexistente. Creo que esa cuestión individual de que “somos todos hojas”, que “yo soy tan zen conmigo mismo” y demás, que se hacen los buenos y después son los peores, ese fascismo hippie, el hippietalista, no estoy ni ahí con eso. ¿Querés la naturaleza? Vení al campo conmigo, te pongo a plantar boniato en Canelones, a arar con bueyes. Me parece un error garrafal. Creo que tenemos tecnología y ciencia para avanzar, preservar el planeta, cuidar nuestra casa y producir en grandes cantidades. Hay un montón de manoseos bastante ignorantes. Creo sobre todo en darle la oportunidad a los más débiles.

¿Qué está pasando que los más débiles votan en contra de sí mismos?

Ese es un tema de la democracia, que tiene que ir acompañada de futuro y de medios de comunicación justos, de capacidad crítica y de comprensión lectora. Los niños en la escuela no saben leer, repiten como loros algo que no comprenden. Ni qué hablar de un poema  o de una canción que no diga “¡Eh, mueve tu culo junto al mío!”. He andado mucho por Latinoamérica últimamente y lo que he visto es lamentable. No hay capacidad crítica.

Fotografía Alejandro Diego Grispo
Fotografía Alejandro Diego Grispo

¿Cómo se vuelve a eso?

Educación, educación y educación. Pero educación de nivel. Primero hay que educar a los maestros. Durante muchos años, el magisterio lo elegían las personas que querían hacer una carrera livianita y corta y ponerse a trabajar ya, aunque no tuvieran vocación ni conocimiento. Ahora hay un proyecto de ley en el Parlamento para crear la Universidad de la Educación, donde tendrían que estudiar todos los que quieran ser maestros. Este proyecto necesita mayoría especial para aprobarse, pero los de la oposición se la pasan criticando el sistema educativo y, cuando hay que votar este tipo de leyes, miran para otro lado. No me molesta tanto el que es de derecha y tiene un discurso político con el que podés discutir, como el indiferente pelotudo. Después, cuando digo educación y más educación, no me refiero a la cantidad, sino a la calidad de la educación.

Ta vez tiene que ver con el uso del lenguaje, que sea meramente instrumental y sin vuelo, …

Exactamente. Es fundamental enseñar a través de una manifestación artística. Hasta podés enseñar matemáticas con la música. La poesía te enseña a leer entrelíneas, te enseña la capacidad crítica, el análisis de las metáforas, de lo que te están queriendo decir sin decírtelo.

Aparte, los chicos son poéticos.

Claro, lo que pasa es que la educación trabaja en sacarles eso.

A CONTRA SERPIENTE

Toda la vida pensando que dirían los demás,/ toda la vida pensando canciones pa’ los demás,/ usted me llama señora, porque no me vio montar.”
“El Tero”

 

El tema de este número de El Anartista es “los deseantes”. Por eso te elegimos también.

Conquistar el deseo propio debe ser una de las cosas más difíciles del ser humano, psíquicamente hablando. Uno va años a terapia para poder encontrar su deseo propio, ponerlo en palabras y defenderlo. Ni qué hablar las mujeres, siempre es lo más complejo. Siempre deseamos lo que creemos que el otro desea que nosotros deseemos. Hay una vuelta enorme, al cabo de la cual terminamos reprochando que el otro no hace lo que nosotros, en el fondo, deseamos. Necesitamos alguien que nos diga qué es lo que carajo deseamos. Entonces, buscar, encontrar y sostener nuestro propio deseo puede ser eterno.

Aparte, ese deseo muta.

Muta en forma permanente y en un sistema absolutamente consumista.  No deberíamos desear ni la mitad de las cosas que creemos fundamentales para nuestra felicidad. Estas son felicidades muy inmediatas y efímeras. Lo peor de todo es que esa vorágine termina generándonos una angustia y un desasosiego inalienables.

Fotografía Alejandro Diego Grispo
Fotografía Alejandro Diego Grispo

Eso inalienable es lo contrario de lo indecible.

Sí. Y si entrás en esa lógica, es infinito. Pero uno es un montón de cosas que no tienen nada que ver con lo que uno tiene. Bueno, nos hemos estructurado de esa manera en los últimos cincuenta años y lo peor es que, cuando menos herramientas intelectuales tenemos, más víctimas somos de eso. Por lo tanto, las clases sociales menos privilegiadas son las más vulnerables a esto, al punto de dejarse matar por robarte un celular, porque creen que con eso van a formar parte de un ordenamiento que los escupe sistemáticamente. Es un círculo vicioso, como la serpiente urológica que se come su propia cola. Este capitalismo feroz va a su propia destrucción, ni siquiera es capaz de generar mano de obra especializada para trabajar en sus propias empresas. Es ridículo. La pregunta es qué hacemos para frenar esto.

Quizás tenga que estallar.

Por supuesto. Siempre ha pasado lo mismo. Construís algo que cuesta muchísimo, construís conciencia, sensación de igualdad, derechos y un montón de cosas que benefician a los más desfavorecidos y, cuando la cosa empieza a andar bien, se termina todo. Vuelve a ganar la derecha otra vez. Yo creo que deberíamos ir a un socialismo evolucionado, educado. Eso va a llevar mucho trabajo. ¡Qué  rápido vuelven los fachismos exacerbados! Estaban como encapsulados y, de repente, salen a pegarle a los gays, a maltratar a la gente. Tenían como un bozal puesto y ahora surgen  grupos neonazis  por todo el mundo, ultraderechas que ganan en Europa, todo para atrás.




EL ESPEJO LENTO

Deseantes: Un cuento de Richard Zimler

Traducción: Lourdes Landeira, Marcela Molina

Pedro era de Buenos Aires.

Sin embargo, fue sólo después de su muerte que paré por un momento para reflexionar sobre lo que quería decir. Estaba en Argentina por primera vez, en un congreso de ornitología, y mientras descendía la Avenida de Santa Fe me ocurrió: entonces eso es lo que vio y oyó mientras crecía. ¿Se acordó muchas veces de este lugar después de hacer el amor conmigo?

Me acompañaba una imagen de taxis negros a aproximarse, y de amplias, interminables avenidas, una sensación de deambular entre brisas perfumadas en dirección a obeliscos y monumentos militares. Pero lo importante no era el verdadero espíritu de Buenos Aires. Lo que importaba es que la ciudad era real, que estaba siempre presente estuviera yo consciente de ello o no, y que Pedro había venido de allí.

Estaba en camino a su morada de infancia (demolida para dar lugar a un monstruo de cemento utilitario) cuando todo esto se condensó dentro de mí como si saliera de la nube de un sueño olvidado. Me paré, como si se enfrenta a un enigma. Y cuando volví a mirar a mi alrededor, me ví delante de una tienda de antigüedades llena de gente. Entré para reflexionar, hice una señal al dueño y me dirigí al fondo de la tienda para alejarme de la luz. Fue allí, después de haber pasado por una estantería de libros y por varios bastoneros, que descubrí el espejo

Estaba encima de una polvorienta cómoda portuguesa del siglo XVII, en el estilo lleno de torneados que se hizo popular después del primer viaje de Vasco da Gama a la India, y me llamó la atención porque tenía la forma de una lira. Soy profesora de ornitología de profesión – con una especialización en aves fringílidas (de América del Norte (Passiformes Fringillidae) )-, pero toco laúd por placer. Y los instrumentos antiguos me fascinan. Por eso me acerqué a esta lira – espejo y pasé la mano por su marco. Y cuando vi su reflejo, descubrí un arca china de madera de alcanfor. Tenía, tallada en el frente, una serpiente con una linterna colgando de su boca. El arca estaba, precisamente, frente al espejo, sobre un extraño escritorio inglés con tiradores en lapislázuli. Esa aliteración mágica de lapislázuli, linterna, lira y laúd  me llevó a obedecer a mi instinto y hacer una oferta por el espejo. Fui capaz de regatear con el anticuario, un viejo uruguayo de Paysandú que olía a pistacho y brandy, y conseguí un precio razonable.

Esa noche, al volver a mi pequeño cuarto del Hotel Estrella, vi por primera vez en los poderes particulares de aquel espejo. Después de una ducha, me peiné para intentar  un aire decente. Desempaqué el espejo y descubrí que el arca en madera de alcanfor y el interior de la tienda de antigüedades -y no yo- componían la totalidad de su reflejo. Desde todos los ángulos, para donde me moviese, mirase o me parase en la monstruosa silla de cuarto de hotel, la superficie plateada del espejo me mostraba los diferentes recovecos de la tienda uruguaya.

Luego de un gran susto, en que casi llamé a la recepcionista, me quedé un tiempo mirando el reflejo y llegué a distintas conclusiones; la primera (y más obvia), de que no era un espejo normal; la segunda (y naturalmente más perturbadora), de que podía estar por volverme loca.

Esa noche soñé con el espejo. Imaginé que reflejaba la imagen de un mosquitero, esos pájaros de pico grueso y pecho rosa – sobre el que hice mi disertación en la Universidad de Cornell y que dio nombre a mi hija Rosalía – y lo vi revolotear entre nubes verdes que se evaporaban desde robles gigantes. Ese pájaro era un mensajero, había sido enviado por Pedro para venir a buscar a Rosalía y llevarla al cielo.

A la mañana estaba expectante de ver el reflejo del pájaro cerca de mi rostro, pero volví a encontrar la tienda de antigüedades. Por eso, no fui a la conferencia sobre la evolución del canto en pájaros paseriformes  y regresé a la tienda del uruguayo. Le hablé de las dos conclusiones  a las que había llegado.
“Puede estar segura de que no está loca, Señora”, dijo con una sonrisa de solidaridad. “Hay un desfase de tiempo. El espejo parece conservar las imágenes. Se infiltran y tardan mucho tiempo hasta que aparezcan. Le llamo ‘espejo atrasado.’ ”

¿Cuánto tiempo tarda el espejo en devolver las imágenes?, le pregunté.

El anticuario se encogió de hombros. “Me hice cargo de este establecimiento hace cuatro años, era de otro uruguayo, un hombre de Punta del Este, y el espejo todavía no reflejó nada que no sea el arca china”, dijo. “Por supuesto que también reflejó imágenes de algunas personas que lo levantaron y de personas que por casualidad pasaban para ver otras antigüedades”. Se reía mientras  se revolvía el bigote. “Pero este egoísta todavía no reflejó mi imagen. Por eso, debe estar atrasado, por lo menos, cuatro años”.

“¿Sabe de dónde lo trajeron?”

“De Brasil, creo. De fabricación portuguesa, quizás. Aunque podría ser japonés. Pudo haber sido traído por inmigrantes. Un agrónomo coreano me dijo que la moldura de la lira es de madera de arce japonés.”

El anticuario me ofreció generosamente comprar nuevamente el espejo, en caso de que yo estuviera desilusionada por sus reflejos atrasados. Pero le confirmé que lo quería igual, le agradecí la ayuda y volví al hotel.

El espejo, todavía colocado arriba del escritorio al pie de mi cama, insistía en reflejar, claro está, el arca china y la tienda de antigüedades. Al correrme más hacia la derecha, podía ver al primer anticuario uruguayo de Punta del Este, un hombre bajo, delgado, con unos anteojos pegados con cinta adhesiva. Estaba sentado atrás de una mesa en cuyo centro había un candelabro barroco con  brazos sinuosos de una diosa Hindú.  Una luz intensa, que parecía filtrada por nubes ondulantes, brillaba a través de una ventana de la que pendía un crucifijo bizantino dorado. Miré, hipnotizada, y al cabo de algún tiempo, una mujer alta, vestida de negro entró en la tienda, dio una vuelta y volvió a salir sin comprar nada. El anticuario  comía su almuerzo de una bolsa blanca, como si el contenido debiera ser guardado en secreto. Leía un libro grande, encuadernado en cuero. Un tiempo después, las sombras bien definidas de un mueble imperceptible se arrastraban por el piso como buscando la noche. Entró un hombre con un  abrigo de cuero marrón, admiró un vaso persa azul-celeste esmaltado y lo envolvió en unos pañuelos blancos que sacó de su bolso, antes de dárselo al uruguayo para empaquetar. Justo cuando estaba por cerrar la tienda, dos mujeres grandes colmadas de paquetes entraron a pedir informaciones.

Fue entonces, cuando, sola con las antigüedades, me estremecí con una repentina alegría. Era como si, al mirar a la tienda, hubiese dejado mi cuerpo atrás por un tiempo. Y ahora, volvía para descubrir la maravilla de los dedos, las manos, los labios de una mujer que podía tocar el mundo, sentir su lugar en el centro de la vida, respirar, besar, hablar. Agarré el teléfono para compartir el descubrimiento con Rosalía. Pero al oír su voz trémula, me pareció mejor preguntar por su salud.

“¿Dónde estás, finalmente?, preguntó ella.

“En Buenos Aires”

“Todavía estás ahí… entonces, ¿por qué estás llamando?

“Para saber cómo estás. Perdón si te desperté”.

Rosalía permaneció callada. Imaginé sus lágrimas como consecuencia de un mundo sepia descolorido, una niña solitaria enfrentando un bosque encantado salido de un cuento de Grimm.

Sin responder, ella colgó el teléfono. Nos quedamos sin comunicación. Me senté con la cabeza en las manos. Lamentándolo mucho. Viendo la tienda de antigüedades sumergida en la noche. El espejo era, entonces, perfectamente normal – un artefacto imposible, en verdad, y por cierto, un regalo, apenas uno entre muchos objetos imposibles que me rodeaban. Imaginaba que había sido sacado de la galera de un mago de la misma tierra invisible que diera origen a la leucemia de Rosalía y a mi propia desesperación.

El tiempo se arrastró lentamente para mí esa noche. Dormí sobresaltada, con escalofríos, sueños interminables ribeteados de agua. A la mañana, desperté agarrada de la Estrella plateada de David que Pedro había colgado de mi cuello cuando nos pusimos de novios y sentí muchas ganas de salir de allí. Me vestí con furia, corrí hacia afuera, justo a tiempo para llegar a una conferencia sobre incubación de enfermedades de trasmisión sexual masculina.

Dos días más tarde, después del cóctel de cierre del congreso, empaqué el espejo, tomé el vuelo de la noche y regresé a San Francisco.

Allí, en el interior de nuestra casa, en la Avenida 12 de Richmond District, puse el espejo atrasado arriba de mi cómoda de palisandro. Se lo mostré a Rosalía cuando despertó de la siesta. “De la ciudad de tu padre”, le dije. Me devolvió la sonrisa de modo ausente y después de mi explicación, miró por momentos la imagen reflejada y dijo, ”Es demasiado lento”..Me agarro del brazo, se negó a clarificar su comentario y volvió a la cama.

Solo más tarde comprendí lo que quería decir. No tengo tiempo para esperar a que el espejo devuelva mi imagen.

A pesar de estar ensombrecida por esa idea que me atravesó (o, tal vez, por eso mismo), comencé a  seguir con avidez la vida de la tienda de antigüedades, de manera compulsiva, debo decir. Me torné una especialista de los hábitos del uruguayo de Punta del Este y de los gustos lascivos del empleado de los sábados, un hombre muy flaco con predilección por las rubias obsesionadas en vestir de lycra. Pasé también a apreciar la idiosincrasia de algunos visitantes regulares, sobre todo la de una mujer nativa, pequeña y llena de energía, que vivía en La Boca y que iba una vez por día a olfatear el arca de madera de alcanfor por sus sinusitis (pude leerlo en sus labios una vez que se lamentaba de sus penurias con el uruguayo).

Muchas veces, al levantarme y al acostarme, seguí el cuento del espejo, y por algún tiempo eso sustituyó mis lecturas, mis salidas al cine, o el laúd. Mientras tanto, como es de imaginar, después de un año de tiendas y clientes – y del arca china, en particular- me cansé definitivamente de la vida del anticuario de Buenos Aires y puse el espejo en el piso del armario de las sábanas, donde podía espiarlo de vez en cuando, sin sentirme atravesado por su historia interminable.

Rosalía adelgazaba día a día. Y cada vez, sufría más. La quimioterapia ayudaba poco o nada. Con frecuencia, me hablaba con la voz de un ser frágil y alado que yo imaginaba prisionero de su cuerpo débil. En esos momentos, me daba cuenta de que no faltaba mucho para que su ser revolotease, desapareciendo de nuestras vidas como un hada de luz. Aun así, me asustó admitirlo, esperaba sinceramente que todo aquello sucediese con rapidez. Poco después de haber guardado el espejo, Rosalía me preguntó con voz trémula si colgaría el espejo en la pared opuesta su cama. “Algo de  lo imposible vi en él”, dijo. Se negó a decir más,  a cambio de explicación, me mostró un libro de su infancia que había mantenido escondido.

Era italiano, ilustrado con pájaros por Bruno Munari; los rojos, azules y amarillos parecían haber salido de plumas verdaderas.  Era el único libro que Pedro había traído de Argentina cuando su familia huyó perseguida por una dictadura anti-intelectual y anti-semita. Todos los demás habían quedado atrás, quizás reducidos a cenizas.

Cuando Rosalía era niña, Pedro solía sentarse con ella durante horas mostrándole las bonitas imágenes. “¿Qué viste?”, volví a preguntarle.

Rosalía se llevó los dedos a los labios, en señal de silencio, sonrió para conformarme y me apretó la mano.

Dos días después, ella murió.

La encontré sosteniendo el espejo en forma de lira junto al pecho, de cara abajo, como si tratase de fundir el reflejo plateado con su cuerpo. Abajo, estaba su libro de la infancia. Nunca comprendí cómo se  las arregló para tener la fuerza de sacar el espejo de la pared.

El pasado, después de eso, se aleja de mí, como si mi historia personal hubiese sido echada al mar por unos años. Sé que debo haber trabajado y comido y hablado con gente –debo haber hecho todas las cosas que se hacen para sobrevivir. Sin embargo, mis pensamientos de esa época están limitados por el océano negro impenetrable de una epopeya. Cuando finalmente, mi historia emerge de ese paisaje negro, es con el rostro de Rosalía en la proa; hace una semana, casi cuatro años después de su muerte, la vi reflejada en el espejo atrasado.

Miré lo que la rodeaba y pude ver que estaba de pie, delante de mi armario de sábanas. Miraba perpleja aquello que solo puedo referir como el rostro de una mujer adorando a una niña. Después de un tiempo, se alejó y besó la superficie del espejo.

Observé todo eso en su cuarto. Desde adentro de aquel abrazo etéreo que parecía hecho de lágrimas. Desde adentro de las cobijas. Porque yo había vuelto a colgar el espejo en la pared después de su muerte y comencé a dormir en su cama.

Al día siguiente, pude ver mi propio reflejo cuando llevaba el espejo para su cuarto y lo colgaba en la pared, exactamente como hice cuatro años antes.

Después de eso, reviví las últimas horas de vida de Rosalía sin parar ni para dormir. Creo que, además de cualquier otra cosa, fue paz lo que vi en su rostro. ¿Estaría la tienda de antigüedades para ayudarla? No tenía la mínima idea, hasta que la vi levantarse de la cama con aquel libro de su infancia que guardaba en la mesa de luz, y deslizarse por el piso con la facilidad de un espectro. Separó a la derecha del espejo y se quedó allí, mirando por algún tiempo; después, se subió a la cómoda y lo sacó. Lo llevó para el cuarto y se agarró a él, como quien abraza a un niño enfermo.

Momentos más tarde, solo quedaba la  penumbra de su pecho, que dejó de jadear. La noche en que fui testigo de todo esto en el espejo, viajé a Buenos Aires. Cuando llegué, tomé un taxi hasta la tienda de antigüedades. El viejo comerciante uruguayo de Paysandú todavía estaba ahí. – “El espejo atrasado, ¿no?”- preguntó apenas entré.

-“Sí, ¿puedo dar un vistazo?”

-¡Adelante, por favor!

La cómoda portuguesa colmada de bronces estaba todavía en el fondo de la tienda. Había ahí, ahora, otro espejo –un espejo normal- que reflejó mi mano cuando la levanté para probar. Me detuve en el lugar en que estuvo Rosalía, y miré con atención. Desde aquel ángulo podía ver un estante. Me pareció evidente que lo que ella había visto, lo vio desde allí. Pasé por los libros lo más rápido que pude hasta que el nombre de Munari me hizo parar. Era otro de sus libros para niños. En la tapa, un gorrión escarlata posado en un girasol. Lo apreté contra mi pecho y cerré los ojos. Una mezcla de espanto y miedo me produjo vértigo. El fuerte latido de mi corazón me hacía balancear de un lado a otro. Mis pies parecían haber echado raíces justo en el centro del mundo. Me agarré de la cómoda portuguesa por si me desmayaba.

Cuando junté coraje para agarrar el libro abierto, encontré una dedicatoria en latín para Pedro, era de su madre y estaba fechada: Purim, 14 de Adar, 5707 (1947). Leí el mensaje en un susurro. “Para mi pequeño pájaro, con amor. Lo imposible es la prueba”

La extraña sensación de que esas palabras habían sido escritas para mí parecía que iba a cortarme la respiración. Allá, bien al fondo de la armadura del cuerpo, sentí como si hubiese accedido al entendimiento del mundo basado en la fe. ¿Habría encontrado Rosalía esta fe y serenidad antes de morir? Sin duda, Pedro le habrá trasmitido las palabras de su madre años antes. ¿Le habrá asegurado que lo iba a encontrar junto a Dios?

Cuando los movimientos de otro cliente me hicieron regresar a la  tienda, pagué el libro. El comerciante dijo: “Vea cómo es de misteriosa la vida. Tuvimos es bella pieza bien a la vista durante años y nadie la compró. Ahora, que está medio escondida, usted entra aquí y la encuentra. Vaya a saber”
“Quizás esto explique algo, dije yo y le mostré la dedicatoria de libro. Frente a sus ojos abiertos de espanto y confusión, dijo él: “Es latín. Un dialecto escrito en letras hebraicas por los judíos españoles que data de antes de la Inquisición. “Le leí el mensaje de la madre de Pedro.

¿Qué cree que quiere decir?, preguntó.

Desplegué mi brazo para apuntar a la tienda, hacia la calle, hacia las antigüedades. Le señalé a él, y después a mí misma. “¿La inverosimilitud del propio mundo… o de algo absolutamente imposible que haya sucedido jamás lo hicieron sentir que hay algo más allá de lo que se ve?

“Ah, comprendo”, dijo él. Encogió los hombres  y detuvo las manos en un gesto de escepticismo pasivo. Apenas comenzó a hablar, llevé el dedo índice a los labios y le ofrecí la sonrisa suave de silencio de Rosalía.

Después de mi regreso a San Francisco, tomé el espejo y lo vendí a un comerciante de antigüedades chileno, de ojos azules brillantes, de Mission District. Y volé para Cornell. Deambulé por el bosque varios días, con los libros infantiles en las manos, sin saber qué buscaba, hasta que una flecha rosada resplandeció en mi frente. Era un pico-grueso-de-pecho-rosa, y se posó en una rama de roble rugoso arriba mío, mirando fijamente al piso. Cuando miré para abajo, descubrí un charco sobre una cama de musgo. Reflejaba la cara llorosa de una mujer de edad, una súbita visión alada de rosa atravesando las nubes verdes en dirección a un cielo soleado. Y pensé: También los sueños son imposibles. Y aún más: lo sepa o no, este bosque, este lugar, está siempre aquí.

 LEÉ LA ENTREVISTA AL ESCRITOR EN: LÁGRIMAS DE MAYO

 




IN PROFUNDIS

Deseantes: sobre la vaciedad de fragmentos de la propuesta “la secundaria del futuro” del Gobierno de la Ciudad.

Por Juan Pepe Carvalho

PALABRAS GLOBOS

Palabras vagas, generales. Algo que se pueda interpretar de cualquier modo, aunque esta vaguedad nada tenga que ver con la multiplicidad de sentidos, sino con la variedad de las trampas. Globos. Las palabras se han vuelto globos. “La alegría”, “el fin de la pobreza, “la secundaria del futuro”. A veces nos despertamos y no podemos creer que sea tan simple destruir lo conseguido con tanto esfuerzo en más de una década. Dudamos de la buena voluntad o del error, ¿había que consultar a la comunidad educativa sobre la reforma del espacio que ella habita?, ¿qué es eso de que los trabajadores tengan convenios colectivos de trabajo y quieran discutir todos los años los aumentos de sueldo?, ¿qué es eso de que las universidades estén por todos lados?, ¿qué es eso de que mi sirvienta tenga celular, auto y se tome mini vacaciones los fines de semana?, ¿cómo que los discapacitados tienen subsidios, los jubilados remedios gratis y dos aumentos al año según el costo de vida? ¡Ay, esta herencia recibida, este populismo inconsciente que nos impide crecer y que las inversiones lleguen! Estamos trabajando muy duro para volver a ser aceptados como aliados de los EEUU. ¿Cómo vamos a molestar a la reina de Gran Bretaña, cómo alterarle su británica armonía y pedirles la soberanía de las Islas Falkland? Deberíamos estar orgullosos de tener a los ingleses de vecinos. Es más, les podríamos ofrecer que, si necesitan, utilicen más de nuestro territorio. ¡A ver si de una buena vez por todas le dan buen curso a la Patagonia llena de mapuches y tehuelches, meta reclamar el territorio!…

Las palabras avanzan y se hinchan de vacío. Hieden. ¿Seguro que no estamos dentro de un viejo infierno?

 

AL INFINITO Y MÁS ALLÁ

Así escribe el Gobierno de la Ciudad en Internet

“¿Qué es la Secundaria del Futuro?

Es una profundización de la Nueva Escuela Secundaria (NES) que introduce innovaciones en las modalidades de enseñanza.”

Veamos la cantidad de abstracciones y generalidades que hay en este párrafo introductorio. Muchas veces, entre las primeras palabras de un texto informativo aparece la idea central a desarrollar. Acá la idea central es que no hay idea, ni central, ni ninguna otra. Por lo menos, no hay una idea que se esté dispuesto a exponer.

¿Profundización? Esto supone que la escuela secundaria era absolutamente superficial. Por supuesto, la pública, no la privada. Porque este proyecto es para la pública.

Como era superficial, no se sabe si la van a enriquecer o la van a hundir, por eso la propuesta de profundizarla. Para eso traen la ”puntual” propuesta de “innovaciones en las modalidades de enseñanza”. Uno no debe tener mala leche y pensar que esto también es un globo, una frase vacía. Seguro lo explican más adelante. Veamos. No sin antes aclarar que, por buenas o malas que sean estas innovaciones, no fueron consensuadas ni con los directores de las escuelas, ni con los docentes y, mucho menos, con los alumnos, a quienes ya se ha visto en el trascurso de las tomas, el Gobierno no considera “sujetos de pensamiento”.

 

ALL INCLUSIVE

“Se trata de un modelo de escuela cada vez más inclusivo, que motive a los estudiantes, los provoque, los desafíe, y fundamentalmente los posicione en un rol protagónico.”

¿Cómo es que tendrían un rol protagónico si ni siquiera se los consulta acerca de una reforma que los tiene a ellos, principalmente, como protagonistas?

¿Podría aclarar, usted, interlocutor fantasma, llamado Gobierno de la Ciudad, a qué se refiere con “protagónico”? Porque si es por protagonismo, los chicos han demostrado el suyo, durante las tomas. Para eso, esta reforma llega tarde.

¿Cómo podría hablarse de un modelo inclusivo, cuando muchos de los padres de estos alumnos se han quedado sin trabajo?

 

CONECTAR DESIGUALDAD

Una escuela secundaria que se adapta a las nuevas tecnologías, a los nuevos formatos de los procesos de enseñanza y de aprendizaje y a las futuras demandas de la sociedad.”

¿Y el “Conectar Igualdad”? Este es un discurso inmune a las contradicciones con los hechos. Barthes decía “para conquistar el poder, primero hay que conquistar el lenguaje”. Pero antes los lenguajes transmitían saberes, nefastos o potenciantes. Este discurso es el del “no saber”. La nada misma.

Una escuela que forme personas responsables y preparadas para la toma de decisiones, que promueva el aprendizaje autónomo y enseñe a los alumnos a estudiar, que incentive la creatividad y el desarrollo investigativo, el pensamiento crítico, el trabajo en equipo y la formación en valores.”

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Parten del supuesto que los chicos no saben estudiar, es decir, que la primaria pública tampoco sirve. ¿Van a desarrollar lo investigativo, mientras echan agente del CONICET? ¿A dónde van a ir a laburar los creativos desarrollados tecnológicamente? ¿Solo a las empresas privadas? ¿De qué se tratan los valores? Cuando uno dice la formación de valores y no especifica qué valores, no dice absolutamente nada. Otra vez la nada. Gobierna la nada. La nada nos está haciendo puré.

¿Creatividad? ¿Por qué antes había plástica y música y ahora hay que elegir entre una de las dos? Creatividad no debe referirse a la artística. Qué confusión. Será que para ellos el arte no es formativo, es un mero entretenimiento, como una hora de recreo, para después ocuparse de lo que importa. Saber cómo producir, cómo vender, cómo parecer, aunque no se sea. ¿Esa gente se acuerda de que también se va a morir?

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Y LA NAVE VA

Lo vacío que será este discurso que hasta una publicación en el diario “La Nación” dice así:

La opinión de quienes están en las aulas
Manuel Becerra, docente de secundario en el colegio Domingo Faustino Sarmiento de Retiro, dice en diálogo con LA NACION: “A las escuelas llegó un Power Point que plantea una serie de ideas muy generales y que te dan pie para pensar cualquier cosa”. Dice, además, que “falta un marco técnico que explique cómo implementarlas” y que, por ese motivo, “es un anuncio y no tiene volumen de política pública”. No obstante, Becerra acordó con algunos puntos de la reforma, como la organización de las materias por áreas de conocimiento y el nuevo modelo pedagógico que implica “el planteamiento de problemas y proyectos a los alumnos y no la mera explicación cronológica de los hechos. Me parece interesante siempre y cuando los criterios estén consensuados con quienes estamos en las aulas”.

 

¿Cómo oponer una estrategia de lenguaje de resistencia a un lenguaje vacío? La coyuntura no es fácil. Es un desafío, la creatividad de los opositores. El futuro será muy oscuro sino damos un golpe de timón y oponemos a la vaciedad de los globos una amplia y múltiple consistencia. Hacia ahí apuntamos el deseo.

 




PROFE, PONELE ONDA, ¿DALE?

Deseantes: sobre el desapasionamiento de algunos docentes al enseñar

Por Milena Penstop

 

EL ABURRIMIENTO CONTAGIOSO

A veces no sé como decidirme: ¿tal o cuál materia de la escuela, me gusta o no? Pasan los meses, los bimestres y no logro darme cuenta qué me podría entusiasmar de algunos contenidos. Y me pregunto, ¿seré yo?, ¿les pasará  a todos mis compañeros?, ¿será el docente?, ¿será la relación entre docentes y alumnos, que ya se estableció como un pacto de aburrimiento eterno? Por supuesto, no todas las clases son iguales. Hay algunas  donde se ve cómo los profesores hacen un enorme esfuerzo por interesarnos en lo que dicen. A  decir verdad, no es que hagan un esfuerzo, ellos mismos se entusiasman y contagian. Pero, ¿qué sucede con los otros? ¿Cómo se puede transmitir a otro algo que no te apasiona ni siquiera a vos? ¿Los obligaron a ser docentes? ¿Será que no les apasiona nada y eligieron enseñar por descarte? En este último caso, qué mala suerte vinimos a tener sus alumnos.

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MAMÁ, ¿CÓMO TE EXPLICO QUE NO ES COMO VIAJAR?

En un momento de la primaria por primera vez me mencionaron la palabra “geografía”. Le pregunté a mi mamá de qué se trataba esa materia. Y me dijo: “Es como viajar. Vas a conocer culturas, mapas, fotos, videos de distintos lugares, donde vive gente muy diferente a nosotros.” Bueno, ¿sabés qué, mamá? Nada que ver. En la primera prueba del secundario me tomaron la definición de geografía y me pidieron que dijera las distintas ramas en que se divide su estudio. Lo otro apasionante que estudiamos fue acerca de los solsticios y los equinoccios. La verdad, no vimos ningún video. Y los dibujitos acerca del fenómeno no se entendían demasiado. Pero la profesora estaba obstinada- no apasionada- con pronunciar varios veces por clase la palabra “equinoccio”. Como si nosotros, impactados por lo raro de la palabra, ya pudiéramos aprender todo lo necesario en la vida sobre geografía.

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Otra cosa extraña en esa materia es que nunca lo relacionamos con lo que sucede ahora. Estábamos estudiando sobre terremotos y erupciones volcánicas, cuando ocurrió el desastre de México. Fue este año. Fue simultáneo. La profe ni lo mencionó. Lo veíamos a  la noche por la tele, pero estudiar, sólo del libro. De página tal a página tal, hagan las actividades. ¿Y lo de viaje, má?

EL GUSTO ES SUYO

Acepto que cada cual tiene sus gustos y que no se le puede echar la culpa al profesor por cosas que no son afines a nosotros. Pero, en este caso, me pasa algo inverso a lo que me sucede con geografía. Matemática, definitivamente, no me gusta. La lógica me aburre. No me lo puedo tomar como un juego, no me divierte. Sin embargo, la profe que tengo le pone mucha onda. Y eso, a veces, hace las cosas más sencillas. Ninguna onda hará que me interese despejar x. Aunque, es evidente que a ella sí le apasiona el asunto. Entonces, la llevo mejor.

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EXPLIQUEZ- MOI S´IL VOUS PLAIT

Otra vez recuerdo la voz de mi mamá: “estudiar un idioma extranjero es aprender una forma diferente de pensar. También es un viaje.” Mamá, me parece que otra vez perdí el tren o tomé el micro equivocado. La línea que yo tomé, me dejó frente a una profesora que, si viene, apenas te explica lo que te va a tomar en la prueba. Si viene, decía, y si llega a horario. Ya no pido que se apasione, ¡pero al menos que explique! Después, cuando toma, exigir sí que exige. Ponele que sucede- como pasó en varias ocasiones- que desaprobamos todos o casi todos, ¿no debería pedir una disculpa o a, al menos, decir públicamente, que tal vez algo no estuvo bien explicado?  Je ne comprends pas.

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HISTORIA SORPRESA

A veces, en medio del aburrimiento escolar, la vida te da sorpresas. En la primaria, ”historia” no me gustaba demasiado. Alguna experiencia poco feliz con algún maestro  mala onda hizo que yo descartara a esa materia hasta el final de séptimo grado. Pero este año las cosas cambiaron. Vuelvo a casa y me acuerdo gran parte de lo que el profe explica. No digo que celebro tener prueba de historia, pero me gusta repasar, me interesa conocer. Aunque el docente no tiene mucho carácter y muchos no le prestan atención a mí me encanta cómo cuenta las cosas, no necesito que tenga carácter. Mala suerte la mía, lo acaban de cambiar. Ya no lo tendremos en historia, ahora será nuestro docente de cívica.

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LOS DE AFUERA NO SON DE PALO

Cuando tuve que elegir qué instrumento aprender en la escuela de música, elegí flauta traversa porque mi mamá tenía una. Pero muchos chicos eligen un instrumento por seguir a sus padres. Después, para continuar los estudios, se necesita un profe que te haga disfrutar de la música. Ahí sí que tuve suerte. Daniela Chludil me enseñó a  querer al instrumento, a estudiar no sólo porque ella me lo pide, sino también a disfrutarlo, por puro gusto. Con lenguaje musical, tardé un buen tiempo en darme cuenta que el “do” de lenguaje era el mismo que el de la flauta. ¡Imaginate lo que era el docente de lenguaje! Hoy las cosas cambiaron: Federico Cáceres agrega, a la clase de teoría, práctica, composición y muy buenos chistes. Por otro lado está Fabio, mi profe de guitarra, con su singular sentido del humor. Esos son mis deseantes favoritos.

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¿CUÁL ES TU DESGRACIA?

Deseantes: Sobre el mal.

Por Verónica Pérez Lambrecht

 

Salió esa tarde en la que le fue notificado: le daban la baja. Marzo 2017. 17 meses después del violento viraje de rumbo, 17 meses después de deponer a toda la plana de sus jefes y de la fusión de áreas, 17 meses después de listas con nombres tachados, 17 meses después de un sostenido vaciamiento de calidad intelectual. 17 años después de una vida de entrega a sostenerse en su profesión. La ciudad, siempre despierta. Siempre en obra, atascada. El vaho viscoso del verano, también en baja, exuda desde el asfalto. Almas durmientes en las plazas. Almas en vela, sin rumbo, hacia la nada. Fantasmas hechos carne vagan en la ciudad despierta.
Al borde de la avenida, de prisa para no perder el último bondi, marcó el paso de cruce, cuando  a una aparición se le ocurrió, intempestivamente, usar su brazo como cenicero. No sintió nada, o ya sentía demasiado. Olor a carne quemada y dolor de cabeza quemada. Atinó apenas a apretar sus pertenencias y mirar para atrás. No era parte de su lenguaje proferir algún insulto. No le vio la cara, pero supo que era un fantasma, desgreñado y de camisa blanca. Experimentó, en un ahogo, más pena por él que por sí misma. Aun hoy, a veces mira esa marca indeleble, que pudo sanar con bastante rapidez, y piensa…

 

J. J. Stork - álbum fotomontajes
J. J. Stork – álbum fotomontajes

…la irrupción sin indicios previos de un acto de violencia en tu contra te deja de cara al misterio, al abismo de la otredad. ¿Y si los indicios fueron obvios pero vos no los advertiste? En ese caso, lo que se escenifica sobre tu cuerpo, es el territorio amurallado de tu atención, el alcance de tu mirada. Pero no te laceres. Así como  las pestañas defienden al ojo del polvo y de otras basuritas, la mirada funda diques contra aquello capaz de lastimarla. Como sea, con o sin indicios, la violencia te atraviesa. De pronto, sos cenicero. De pronto, estás frente a un hecho que te tacha sin desaparecerte. Te tacha como sujeto y te instala a ver el espectáculo de tu tachadura.

Pasan unas horas. La cicatriz dibuja una grafía, permite una lectura. Y desde abajo de tu existencia tachada, comienza a atisbar un lenguaje.

 

¿QUÉ ES EL MAL?

 Según RAE

  1. adj. malo. U. ante s. m. sing. Mal día.
  2. m. Lo contrario al bien, lo que se aparta de lo lícito y honesto.
  3. m. Daño u ofensa que alguien recibe en su persona o hacienda.
  4. m. Desgracia, calamidad.
  5. m. Enfermedad, dolencia.

Y en otros idiomas:

latín malum
inglés wrong
francés le mal
alemán böse
portugués maldade
griego κακό
italiano sbagliato
esperanto malbone
ruso неправильно
croata pogrešno
kurdo xerab
mapuche wedá
aymara llipha
quechua qullu
zulú okubi
japonés
chino
coreano
hindi ग़लत
árabe خاطئ
hebreo הרע

 

Sin embargo, al buscar sinónimos, se complica. Cualquiera de ellos no es más que una parcialidad. Las definiciones del mal y del bien son concepciones tan amplias o tan sentenciosas, que casi no se podrían explicar, sino es con ejemplos y en contextos concretos:

Se mudaron a un barrio hermoso, cerrado, no privado. Las casas son estilo quintas. Compraron un terreno subdividido y, con un plan ProCreAr, construyeron su casa. Resultó ser una excelente oportunidad en la vida para dos pibes laburantes. Hacia  atrás, del otro costado y en frente, los vecinos eran de lo más agradables. De los otros dos terrenos aledaños de la subdivisión, uno lo compró un matrimonio grande, linda gente, pero el otro quedó en manos de un vecino que, al parecer, no estaba bien. Utilizaba el lote de basurero, no importaba la campaña contra el dengue, ni si se armaba raterío, ni que hubiera niños en el barrio. Consultada la policía de rondín por alternativas de solución dijo que no había denuncia posible, por tratarse de una propiedad privada. Los vecinos, hasta coquetearon con la chance de prender fuego a todo… Pero no, la furia que provocaba, la taparon con una lona de color verde sobre el alambrado porque, aunque era injusto soportar el descontrol de ese loco, quedaba un ápice de moderación.
¿Qué o cuánto habrá sufrido el loco para bajar a ese nivel de miseria? ¿Cuántos vecinos soportan las locuras aledañas sin poder hacer nada, aun cuando las conductas ajenas atenten claramente contra la salubridad?

El mal que nos avanza también nos destruye. Y nos reconstruye. Porque el mal es un desorden de rigideces y también el aniquilamiento de toda consistencia. ¿Cuál es el límite? ¿Cuánto daño estaría uno dispuesto a ejercer en función de una porción de bienestar? Y, a la inversa, hastiado del bienestar, ¿inevitablemente elegirías el servicio hacia otros? El bien asociado al servicio. Eso es verdadero trabajo, por eso cotiza en baja.


El mal no es ningún concepto; es más bien un nombre para
lo amenazador, algo que sale al paso de la conciencia libre y que
ella puede realizar. Le sale al paso en la naturaleza, allí donde ésta
se cierra a la exigencia de sentido, en el caos, en la contingencia, en
la entropía, en el devorar y ser devorado, en el vacío exterior, en el
espacio cósmico, al igual que en la propia mismidad, en el agujero
negro de la existencia. Y la conciencia puede elegir la crueldad, la
destrucción por mor de ella misma. Los fundamentos para ello son el
abismo que se abre en el hombre.

Extracto Prólogo a “El mal
o el drama de la libertad”, Rüdiger Safranski


 

¿SÓLO EL MAL TRASCIENDE LA MEMORIA?

Cuenta la leyenda (o tal vez la anécdota) que Gregorio celebraba la misa de festejo de un Día del Maestro y, a cada uno de sus lados, estaban Eligia y Honorata. Sobre la mesa, de centro, un florero con lirios. Había varias maestras alrededor y, en frente, Margarita, quien preguntó:- Padre Gregorio, ¿qué opina Ud. de la Hna. Eligia?
– La Hna. Eligia- respondió Gregorio- es un aborto de la naturaleza.
Eligia se apuró entonces a decir:
– Pero cristiana y católica, Padre.
A lo que Gregorio, con un dejo de ¿y?, contestó:
– ¡Ah, eso sí!
Ante semejante respuesta -dada, además, por un miembro de la resistencia durante la 2da Guerra, brillante como pocos- Margarita rápidamente preguntó:
– ¿Y qué opina Ud. de la Hna. Honorata?
Entonces, Gregorio tomó un lirio del florero, lo levantó a la altura de su vista y dijo:
– La Hna. Honorata es un Lirio en el Jardín de Dios.

Ref: http://lirioseneljardindedios.blogspot.com.ar/

J. J. Stork - álbum fotomontaje
J. J. Stork – álbum fotomontajes

Se desconocen mayores detalles de la historia. Eligia era un ser oscuro. Nada tenían que ver sus promesas cristianas con su actitud en la vida. La insidia reinaba en ella de una manera apoteótica. Con esa arma letal marcó generaciones del pueblo. Astuta, con una excelente cintura política para llegar alto y permanecer, casi puede decirse que hubiera sido una perfecta líder de estas empresas, donde se promueve a personas con alto carácter y escasa calidad y calidez humana. Eligia era como dijo Gregorio.
Gregorio quedó en la memoria del pueblo hasta pasados los años, muchos años. Casi cualquiera hoy sabe quién fue. Figura fuerte, figura firme. En el pueblo, Gregorio fundó la escuela de la Villa, para que los chicos no tuvieran que cruzar la vía, enfrentó las injusticias del gobierno de facto y organizó fundaciones. Pasó a la ciudad costera, donde formó hogares de familias sustitutas. Murió, para su gratificación, en Croacia, su tierra natal.
¿Será por eso de “hierba mala nunca muere”, que Eligia permaneció tantos años en el mismo lugar, que resistió entre manipulaciones, preocupada por el dinero, por el estrellato y por estrellar a cualquiera que no estuviera con ella, que éramos la mayoría? Se fue del pueblo a otro pueblo y, con los años, se fue- simplemente- sin que nadie preguntara demasiado.

J. J. Stork - álbum fotomontajes
J. J. Stork – álbum fotomontajes

 

¿HABRÁ SIDO ELIGIA UN PERFECTO EXPONENTE DEL MAL?

Probablemente, si se escarbara, alguna cosa pasible de ser considerada positiva debió tener. Algunas versiones circularon de una biografía con mala infancia o adolescencia e hicieron de ese pasado la causa que determinó el resto de su vida. Sería bueno que quienes la sobrevivieron pudieran numerar sus aspectos piolas. Ellos podrían salvar este escrito de todo maniqueísmo, podrían a su vez salvarla de ser una oscura memoria, en contraste con Gregorio, tan amado, resistido e íntegro.

Encuentro entre Frodo y la Reina Elfo

 

¿ES LA POBREZA UNA MODALIDAD DEL MAL?

Los objetos de deseo de Darío, a sus casi 80 años, siguen siendo los calzoncillos. A los 6 años, quedó huérfano de padre y Manuela tuvo que lidiar con su crianza y la de sus hermanos. Las dos mayores, hijas del primer matrimonio, trabajaban de sirvientas. De los cuatro pequeños, Constantino- a sus 11- salía a lustrar zapatos, y los otros tres crecieron como se pudo. Darío, el anteúltimo, salía a trabajar de bailador, en carnavales. Al menos, de chiquitito.
La pobreza era una, en la que Manuela traía las sobras de los platos de los lugares donde trabajaba, para dar de comer a los pibes. A veces no más que un hueso de pollo para agregar sabor al ingenioso caldo. Darío se cargó por entonces un sobrenombre que aún hoy siente con dolor, le decían “pocas-tripas”.
La pobreza era una, en la que te ponías lo que tenías, y a veces no tenías. Y Darío no tenía calzoncillos: no daba para tanto lujo. El sufrimiento lo atravesaba cuando se le rompía el pantalón y se le veía el culo. Por eso, ahora no entiende esa moda de los jeans rajados.

 

¿HABRÁ DESEADO DARÍO PASAR POR ESTA POBREZA?

J. J. Stork - siempre estaré...
J. J. Stork – siempre estaré…

No, con seguridad. Nadie desea ese mal para sí. Entonces, ¿por qué le tocó vivirlo?
A Darío lo salvó la señorita Raquel, su altísima fe en Dios y, sin dudas, la madre que lo crió, quien también salvó a los otros hijos. Ha vivido afortunadamente ese maravilloso salto de gracia al lograr salir de esa pobreza. Tal vez, también, por vivir en el pueblo. La ciudad suele ser más cruel.

En este caso, como en tantos, el territorio resignifica los valores. El lugar, el tiempo y las circunstancias hacen del bien y del mal una inmanencia escurridiza. Las definiciones son propias y privativas de cada uno. Somos, per se, nuestro mayor marco de referencia. Somos los hacedores de nuestra ética. ¿Pero a quién se le puede ocurrir, siquiera, la posibilidad de construirse una ética, en medio del bombardeo actual de información?, ¿cómo especular con algo singular de cada quien, dentro de una máquina de inventar sinsentidos, que sólo nos mecaniza para coincidir con un deseo fabricado fuera de nosotros? Nuestra crianza, el entorno, nuestro propio sistema de creencias y el apego nos sacan de nosotros para disolvernos, no para ser parte. Acordar o no con diluirse también nos determina.
Entonces, en el mejor de los casos, si podés acceder a los recursos que te permitan leer moral y ética, te toca, en estos tiempos, caminar esa delgada línea entre ambas. La ética puede definir la calidad como a esa virtud que hace que hagamos las cosas bien, cuando nadie nos ve. La moral es su policía, a lo sumo, sus condenas sirven para saber por qué grieta de su rigidez construirnos una alternativa propia y, en el trayecto, no ser devorados por las sanciones.


La única decisión posible es qué hacer
con el tiempo que tenemos
“El Señor de los Anillos –
La Comunidad del Anillo”, J.R.R. Tolkien


 

DIMES Y DIRETES: ¿CUÁL ES TU MAL / TU DESGRACIA?

Espoleados a responder tamaña pregunta, llega el turno de enfrentarnos con nuestras propias sombras. Ponerlas, por qué no, en blanco sobre negro. Relativizarlas, incluso, sin perder el eje de nuestra búsqueda.

Lucio Roncoroni - ver
Lucio Roncoroni – ver

Mi profesor de cuántica parafraseaba a Shakepeare “nada es verdad ni mentira, todo depende del color cristal con que se mira”. A veces, saltar las baldosas de la rayuela y llegar rápidamente al cielo, está a un click en el sistema de pensamientos. A veces, todo depende de una larga carrera de matices en el recorrido. A veces, simplemente, pifiamos en lo que creemos.

Jarabe De Palo - Depende     

La siguiente es una encuesta de “entre-casa”, mediante mensajes de WhatsApp:

Alexander (33): Lo que vemos como desgracia es simplemente una etiqueta de la mente dual, que ignora el hecho de que todo, absolutamente todo lo que sucede es una lección de lo que debemos aprender aquí en este plano.
Carlos (60): Mi desgracia es que nunca he podido formar una familia duradera. Mi mal es el problema en la vista que me acompaña desde chico.
Elena (42): No poder soltar a tiempo pensamientos, situaciones o personas.
Ema (41): Mis miedos.
Emma (7): Que mi mamá me moleste.
Ernesto (55): El fallecimiento de mi hijo mayor.
Florencia (41): No siento que tenga ninguna desgracia/mal.
Gastón (41): Está clarísimo, mi desgracia es que, viviendo en una sociedad capitalista, no sé manejar el dinero.
Georgina (40): Mi desgracia… tener tanto que desaprender para poder vivir liviana y sin temores.
José Juan (49): A nivel laboral es la falta de profesionalidad. El “todo vale”; trabajar para “cubrir el expediente”, “escurrir el bulto”, “el que venga detrás que se busque la vida”. A nivel personal, cualquier asunto relacionado con la salud de los que me rodean.
José (66): Analizo mucho, ejecuto poco.
Julieta (30): Si se puede responder en chiste, siempre me quejé de mi culo.
Laura (40): Mi mal es mi vulnerabilidad frente a las injusticias.
Luca (9): Nada.
Manuela (22): Mi desgracia es haberle dado más a los demás que a mí misma.
Marcelo (46): Lo peor que me pasa a mí es tener que cumplir con las obligaciones del sistema en el que estamos inmersos en la sociedad. Sueño con una revolución anarquista, desde que tengo 14 años, eso es una utopía en mi cabeza.
Marina (46): No conocerme realmente, no saber qué me produce placer y si lo sé, no permitírmelo.
Melissa (39): Soy muy comprensiva…
Mónica (69): Mi mal es el dolor ajeno.
Sandra (37): Al mal o desgracia, lo contrapongo con experiencia de Dios.
Santino (7): Que no me crean que toqué cuando jugamos a la mancha.
Verónica (41): Tener todo para llevar una vida digna y no saber disfrutarlo.

El deseo de bien vivir, la búsqueda del bienestar, es común a la mayoría. Sin embargo, dentro del cerebro humano se hospeda un gusanito al que llamo Mortifio, que taladra mientras siembra a su arrastre “el mal”. Así abunda el sentirnos mortificados y/o sufrientes, en mayor o menor medida. Hay casos, como los de Marina o Georgina, en los que existen chances de desprenderse de Mortifio. Casos, como el de Gastón o Marcelo, en los que tal vez se encuentren alternativas. Para otros, como le pasa Ernesto, sólo queda sobrevivir.

 

Lucio Roncoroni - elevar
Lucio Roncoroni – elevar

 

Foto de portada por Lucio Roncoroni – velas muertas
Contribución J. J. Stork FOTOMONTAJES




CUERPO DE AUSENCIA

Deseantes: Sobre la película Bajo la Arena de Françoise Ozon (2001)

Por Alicia Lapidus

TOMA TRES

Un auto viaja en la autopista. Una pareja. Maneja ella, maneja él. Parada, café. Rutinario y normal.
Una casa de veraneo, en el medio del bosque. Un matrimonio donde lo cotidiano se expresa sutil en un beso a la pasada, un café compartido, la cena con vino. A Jean se lo ve pensativo, cansado. Ella, alegre despreocupada.
El director se detiene explícitamente en gestos habituales, que podrían parecer intrascendentes. Pero no lo son.

En la arena
Un paseo a la playa, una siesta al sol y la tragedia se desploma sobre Marie como ese sol que la baña. Él se va a nadar y desaparece. El ojo de Françoise Ozon lleva de la mano hacia la desesperación de la mujer, una inolvidable Charlotte Rampling. La búsqueda con helicóptero, lanchas y hombres. El retorno, en el mismo auto en que eran dos. Ahora, ella sola.
Una brusca interrupción desemboca en una cena con amigos. Confunde. El reloj avanza pero la estampa parece antigua. Ella habla de Jean en presente, otra vez de temas cotidianos. Pero su ausencia grita angustia. Los comensales se miran con preocupación.
La mujer vuelve a su casa y un Jean muy vital la espera. Conversan, ella le cuenta de su salida y del hombre que quiso besarla. No está sola.
Marie inicia un vínculo con otro hombre, pero, Jean siempre está presente, hasta en el sexo. Ella cierra sus ojos para ver al ausente.

Manos

TOMA TODO

Según la psicología, la negación es un mecanismo de defensa que consiste en enfrentarse a los conflictos con desmentidas y rechazar su existencia o su relación o relevancia con el sujeto. Se desechan aquellos aspectos desagradables de la realidad. El individuo resiste los conflictos emocionales y las amenazas de origen interno o externo, no quiere reconocer algunos aspectos dolorosos, bien manifiestos para los demás.
Marie vive la presencia de Jean en su casa, lo siente acostado en su cama, le pide que la abrace. Ozon deshilvana la historia en dosis, como la vive Marie, pero las escenas siempre empatizan con el espectador, quien sufre por y con esa mujer. Difícil no identificarse con esa negación, con ese deseo fundante: que lo sucedido sea mentira.
De a poco, tras los pasos de Marie, se desocultan los misterios: Jean tenía una profunda depresión, tomaba medicamentos. Pero su esposa ignoraba ese dato, ella había iniciado el camino de negar la realidad mucho antes de la desaparición.

Juntos

DAR EL CUERPO

La felicidad es leve, ilusoria, momentánea. Se escurre como la arena que ella toma entre sus dedos, sentada sobre la playa donde Jean ha desaparecido, mientras mira el mar. Su bienestar efímero impregna al espectador, quien también se aferra a él y esconde, bajo “la alfombra”, lo insoportable.
La suegra, venenosa, niega también, pero de otro modo. La culpable es Marie, él se aburrió de ella y se fue a empezar una nueva vida. El fantasma de Jean sobrevuela y moviliza a ambas mujeres. Todo encuentra un argumento “lógico” para desdecir la verdad. La ausencia de cuerpo, contribuye: si no hay cuerpo, no hay muerte. Es un duelo imposible. Y Marie se sumerge alegremente en esa teoría. Su Jean vital, quien la acompaña en su casa, la ayuda a desmentir su ausencia. Lo que todos ven, ella no lo puede ver.
Sin embargo, la realidad se abre camino en la red del “nada ha pasado”. Una llamada, un cuerpo aparecido. Marie se niega a escuchar más, no contesta. Como una gota que, poco a poco se clava y astilla su mente la duda, por fin, aparece. El espectador quisiera sacudir a la mujer, hacer que entienda, abrir hacia el presente esos ojos, clavados en el pasado.

Rampling

TRISTE Y SOLITARIO FINAL

Mientras escribo esta nota, apareció en el Río Chubut un cuerpo que probablemente sea el de Santiago Maldonado, desaparecido por la Gendarmería. No me puedo sustraer al dolor, ni a pensar cómo todo un Gobierno es capaz de negar de este modo. “Que lo vieron por acá, que lo vieron por allá, que se fue a Chile, que está en Entre Ríos”. Una pesadilla de película de terror, que hiela desde adentro hacia afuera hasta que nos convertimos en una estalactita, quebradiza y, al mismo tiempo, hirviente.
Esto no es el cine, no es un fantasma, es un pibe, un chico con sueños, defensor de “causas perdidas”, un amigo de la naturaleza, que no tendrá nunca novia, no será padre ni besará a su madre. Esto es real, es la pesadilla de un Estado sin derecho, que hasta los sueños mezquina.

Santiago

EL TOPETAZO

Vivir con la verdad es muy difícil. Para Marie aceptar su incapacidad para ver qué le pasaba, casi imposible. Su existencia misma se pone en entredicho si Jean no está. Su vida era él. Y, frente a la certeza que el espectador tiene, Marie niega la ausencia una vez más, quizás la última. Jean está, la espera en la orilla del mar que se lo tragó. Y ella corre persigue a ese fantasma a ese lugar donde jamás se encontrarán.
Para nosotros, en nuestro país, el riesgo de la negación es mucho más que el riesgo individual, es el riesgo de la desintegración social. Como esa Marie- quien desasida de la verdad, corre sin sentido en busca de esa ilusión-, los negadores nuestros se tropiezan a ciegas, sin rumbo, aferrados al fantasma de las promesas, para estrellarse al final de este doloroso camino con la verdad, única y cruel.




LAS PARALELAS SE ENCUENTRAN

Deseantes: sobre el “Teatro 25 de Mayo” y “El regreso”-“Historia de una traición”, obra de Brian Friel, dirigida por Agustín Alesso.

El ENCUENTRO

Foto 25 de mayoHola, vecina. ¿Cómo está? La vi, allá en la fila 4, pero no quise interrumpir la entusiasta charla con su acompañante. Miraba hacia todos lados sin ver. Claro, aquí hay demasiado para observar. Por supuesto, no me clave los ojos de ese modo, este teatro es una especie de santuario. Fuimos muchos deseantes quienes empujamos su recuperación.

Se trata del viejo “Cine-Teatro 25 de Mayo”, donde hizo una de sus últimas presentaciones en Buenos aires nuestro querido Carlos Gardel. Hoy es un espléndido espacio teatral, un centro cultural. Sus paredes, sus arañas, sus butacas relucen. ¿Se acuerda?, estuvimos a punto de perder esta joya arquitectónica. Pudo haberse transformado en una bailanta, en un bingo, vaya a uno a saber en qué. Pero usted y muchos de nosotros, vecinos del barrio, la peleamos y ganamos.

25 de mayo 8

Hoy estamos aquí, sentados en sus butacas. Sí, aquí en la calle Triunvirato, entre Olazábal y Mendoza, en el corazón del barrio de Villa Urquiza.

LA OBRA

Qué momento, ¿no, vecina? Le voy a ser sincero. Me senté con muchas expectativas: la obra, el autor, el director. Cuando entré y vi esos dos veladores con luz mortecina, ya sentí esa presión en el pecho.
Miré el programa detenidamente. Mi inquietud creció.25 de mayo 9
Se apagaron las luces de la sala. Solo quedaron algunas en el escenario. Entonces, empezó todo.

CADA CUAL ATIENDE SU JUEGO

Lo primero que llamó mi atención fue la estructura de la obra. El latido del teatro se vuelve intensamente vital cuando los personajes nos arrastran en su ritmo a lo largo del relato. En este caso, el relator se transforma en un personaje. Se presenta una contrapropuesta: volver teatral a un narrador que organiza como personajes a todos los demás.

LA POTENCIA DE LOS DETALLES

Los hechos se suceden, donde los cuerpos hablan más allá de las palabras. Cada personaje desovilla su posición en el conflicto desde adentro de su gestualidad.
La hermana mayor, en pantalones, con la rigidez de sus movimientos, genera inquietud. Algo muestra, algo retacea.
La segunda, al acomodar pudorosamente su pollera cada vez que se sienta, narra los secretos que guarda en ese refugio de ropa. Reseña sin contar del todo. Desde la falda, expresa una emocionalidad inestable: de la risa al llanto, en un solo trayecto.
Por su parte, la pequeña, despatarrada y descuidada en sus posturas, ostenta sin pudor todas las figuras del desafío.
Para completar el cuadro de los hijos, el hermano varón se presenta demasiado rebuscado y siempre en busca de afectar a los demás. Este personaje es como una obra dentro de la obra. Actúa para los otros personajes.
Por el lado de los mayores, tenemos al padre: ese militar con su uniforme impecable y su postura demagógica manipula el entorno a gusto.
La nueva esposa, mucho más joven- la mirada del espectador no puede evitar pensar: “podría ser su hija”- siempre se desplaza al modo de un cristal a punto de estallar. Su cuerpo se agita y reclama una ayuda, imposible de brindar desde esta butaca.
Y, para finalizar, el sacerdote, amigo de la familia desde siempre. Escondido detrás de una casi permanente embriaguez, se desplaza de un lado a otro y trata, inútilmente, de cubrir al resto de los personajes. Sin embargo, con su torpeza y sus reiterados recuerdos divertidos, no logra impedir la aparición de la verdad.

TIEMPO AL TIEMPO
Volver, reconstruir a través de un juego de recuerdos los 24 de mayo de cada año, es un escudo contra el olvido. Aquel día, años atrás, la felicidad se vio rozada por un hecho trágico y repentino. El retorno de ese tajo en el tiempo obliga a cada personaje a una nueva narración del episodio. Así, la vuelta opera como un irrefrenable impulso narrativo y empuja el dínamo de lo teatral y de lo ético. Cada quien cargará con el peso de las decisiones tomadas.

TODOS, OCULTOS, TODOS

A medida que la obra transcurre, los cuerpos de los personajes muestran que algo se oculta. Este es un corazón de la obra: el ocultamiento.
Esa joven mujer que lucha con la culpa por haber engañado a su marido militar con el propio hijo de aquel, se despliega contra el fondo de la mirada cómplice y complotada de todo el regimiento. Saben y callan, como si ese fuera el único botín que pueden agenciarse, de la esfera de poder del”cornudo jefe”. Por su parte, el hijo debe buscar una cueva, y la encuentra en la lejana casa rodante. Lo tapado no es menos piadoso con las hermanas: cada una debe sostener su vida llenas de oscuridades. La mayor ha huido del pueblo para refugiarse en la invisibilidad de la gran ciudad ante el abandono de su novio. La segunda cubre a un esposo que solo busca los intereses económicos. La tercera deja pasar para no asumir responsabilidad alguna. El sacerdote, que lo conoce todo y no le advierte al padre, no quiere arruinarle los honores al señor militar, a quien van a condecorar ese día.

OCULTAME O LLAMAME MARTA

Es entonces, el mismo día de las honras, con el militar a punto de recibir todo, cuando la verdad raja el equilibrio. La esposa confiesa. Y no hay dique. El oficial se suicida. Hay un golpe, pero no una sorpresa en este desenlace: cada gesto de la obra preanunció este final inexorable, el destino sin atajos de la tragedia. Debía suceder y sucedió. Lo oculto ha desbordado el velo y crece como una criatura. Es el momento en que ocurre el alarido de la muerte. Y se los lleva puestos.
¿Quién no vive bajo la tela de un ocultamiento?

La_Muerte_del_Angel_-_Astor_Piazzola Coro     

ENCRUCIJADAS

Lo había leído en algún lado. El autor, irlandés, de una trayectoria impecable, era comparado con aquel grande: Anthon Chejov. Y sí, vecina. Tenían razón. A mí, la obra me arrastró a la Rusia de fines del siglo 19, con sus pasiones, sus carencias, sus ocultamientos. “Las tres hermanas” dentro del remolino de sus dudas, dentro de su aceptación del funcionamiento macabro de lo real. Repicaron, entonces, ecos de “Tío Vania” con su amor prohibido y su imposibilidad de acción. Esos personajes entrañables, tanto que es imposible despreciarlos, a pesar de sus agachadas. Una verdadera fiesta del deseo puesto en jaque.