PECHOS FRÍOS

El cuidado del otro: Sobre escenas urbanas.

Por Isabel D´Amico

SE ME COMPLICÓ EL SCRABBLE

-¡Este tipo no siente la camiseta!

-¡Mirá cómo se cuida para que no lo toquen!

-¡Ponela, cagón!

La cancha explotó de insultos a Messi. Lola escuchaba la transmisión del Mundial de Brasil desde la cocina. Preparaba una tarta para su marido y su hermano que había venido a ver el partido a su casa. Mientras escurría las verduras, se le coló entre los alimentos la frase “Pecho Frío”. No era la primera vez que esas dos palabras subidas a la ira venían desde su hermano y de su marido, descalificadores seriales del pobre Messi. Harta de escucharlos, metió la tarta en el horno y se fue al dormitorio. Sentada sobre la cama dispuso, sobre una bandeja, las palabras “Pecho” y “Frío” y, como fichas de scrablle: ubicó a una vertical, a otra horizontal, después una más abajo, otra para arriba y jugó con ellas por un rato. Para Lola, “Pecho Frío” tenía un sentido mucho más intenso, mucho más potente que el atribuido en el ámbito deportivo.

Buscó un cuaderno viejo y, sobre las hojas limpias aunque amarillas, decidió clasificar a “los pechos fríos”. Comenzó a enumerarlos a partir de las imágenes proyectadas en su memoria, a partir de repetidas escenas cotidianas que lastiman al otro.

POR LA VEREDA

Una mujer de mediana edad, parada en una esquina de Cabildo y Monroe, aproxima un folleto tras otro a las manos de los transeúntes. Antes de salir, ella pintó sus labios de rojo y remarcó sus cejas con un reseco lápiz marrón. Eligió una de sus dos polleras, la de color gris, y subió a sus zapatos de suela y taco desgastados. La mujer de mediana edad promociona ofertas a veces de celulares, fundas, cursos, otras de tarotistas, centros odontológicos, clases de salsa, tango, gym. Algunos dedos reciben la hojita impresa, la mayoría los esquiva, los desprecia.

Si al menos pudieran mirarla a los ojos, simplemente tomar el folleto y con una sonrisa decirle gracias. Desplazada la indiferencia, en el espacio restante, podríamos generar un intercambio más saludable tanto para el emisor como para el receptor. El vuelto de una sonrisa podría ser otra sonrisa.

EN EL SUBTE

En una estación cualquiera, sube el Mago Urbano. Con su potente voz ronca, se impone al filoso sonido de los rieles. Una señora lee un libro y no alza la mirada. Otro, el calvo, envía mensajes desde su celular. Varios pierden sus ojos entre diarios gratuitos, diarios con dudosas papillas informativas. Dos o tres lo escuchan al Mago Urbano, hasta que una joven se decide y, con su aplauso, acepta, definitivamente, su espectáculo. Allí, la puerta. El mago despliega su poder entre las cartas de póker y juega con el poco público. En un pase, transforma 10 pesos en 1 dólar, cuenta chistes, reflexiona. Pocos aplauden. Al terminar, pasa con su bolsa mágica entre la gente y agradece la magra atención. Se disculpa por haber interrumpido, y se lleva entre sus pases la pequeña puerta abierta a su oficio.

Pero la cosa no queda ahí. Se sabe que la vida del subte es el torbellino de un gusano subterráneo que devora y devuelve escenas sin agotarse, salvo mientras duerme, en el breve lapso de la oscuridad profunda. En una de esas, en medio de ese banquete incesante, sube el Gordo. Va de remera amarilla. Suele hacerlo de la misma manera, todos los días. Se alinea detrás de una anciana, o de algún adolescente y, apenas se abren las puertas, empuja, empuja y pisa los pies de quien se le cruce hasta llegar a un asiento. Siempre consigue uno y se duerme al instante. Bajo su párpado vive un mundo, donde el otro no existe.

LA INFANCIA SEPIA

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Foto2SEMÁFOROS DE PIROUETTES

Sobre un escenario de rayas blancas, Juan y Candela clavan malabares en el aire. El verde los apura y, en el cruce aéreo, cae algún pirouette y se levanta un mimo gracioso, para compensar el error. El lugar de encuentro, una esquina. El cielo es el techo, el telón, transparente, a veces es lluvia. Ellos y tantos otros sueñan vivir de su arte, se atreven a explorar otra forma de subsistir ante un público cautivo, por unos segundos.

Nadie tiene obligación de ver -y menos de aplaudir- lo que no buscó. Nada más exacto, nada más contundente. Y, a la vez, nada más frío.

 CALLE ADENTRO

IMG_0754IMG_0755Lola sale de la pieza para sacar la tarta del horno. Su marido sigue, dele discutir con su hermano: repasan tácticas, estrategias, jugadas y las corrigen, sin resolver nada. Ella los mira desde el hueco del pasa-platos y piensa en todas las movidas mal hechas que sumamos día a día, más simples que las de Messi.

La indiferencia es una conducta socialmente aceptada, no le cabe demasiado juicio. Es en algún modo imperceptible. Se oculta, a veces, entre las “top five” bajo la máscara del pudor, de la prudencia, de la lógica, del miedo y del peligro. Con estos recursos, nos alejamos del “otro”. Para preservarnos usamos un tapón grueso, potente, que aprisiona el amor con precauciones inútiles, burbujas irresponsables. Las mismas. Las preestablecidas desde siempre para evitar vínculos que también se pueden dar en el devenir cotidiano y porqué no, en la propia calle. El otro es un desconocido de mí de quien conozco su existencia instantánea cada día. En la duración, se vuelve amigo, amante, compañero. Pero es en el instante donde algo de la naturaleza del otro se vuelve único y primordial. Algo del don se ilumina. De la posibilidad del don. De la chance y la potencia que el don regala a quien lo practica.

Pero, claro, está el tapón. Al quitarlo, fluye de la botella mental, “la solidaridad” y entonces, “Agarrate Catalina”, la responsabilidad de tantas miserias también es tuya. Absorber el dolor del otro duele. Cuidar al otro no es tarea fácil. Tal vez ya sea tiempo de abandonar el pecho frío. La parte más raquítica de “el alma” nos lo demanda.

Lola cree: quizás este tiempo es un buen tiempo para empezar a pensar que la falta de obligatoriedad de una conducta, la más mínima que imaginemos, no la limpia de descuidos. Quizás no es tarde para armar un gran equipo, con Messi, con “el otro”.

Fotos Infancia Sepia: www.erlc.com

Fotos Calle Adentro: Florencia Guzzetti




Editorial

¿CUÁNDO FUE QUE DEJAMOS DE REAPRENDER A DECIR?

A lomo de  elefante, darse el lujo de los pies al viento, como quien obliga huellas en el aire. Y, después, bajar y hundirse bien en el barro, sentir cuánto cuesta el paso si no parte del llano. Probados lo alto y lo profundo, dar cuerpo. Al menos, cuerpo de letra. Hay un sonido que suena al origen: el bebé mundo aún da su berrido en un fondo a la espera de una silueta, de un oído que le preste acorde y timbre, de una herramienta que achique la distancia entre el comienzo y lo que somos. Un tiempo que habilite a componer de cara a otros horizontes.  Así, en la pregunta por el origen, late una urgencia por futuros, por un presente que se deje de aturdir en cornisas y filos rasposos. Y es esa pregunta la que se vino a vivir a casa. Llegó hasta la puerta a lomo de elefante. Y propuso dar cuerpo.

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 Dar cuerpo. Dar, al menos cuerpo de letra. Estamos tan habitados, que nuestro cuerpo no puede ser más que infinito. Tiene que haber allí espacio para que Estela Oesterheld vuelva a respirar los últimos instantes de cotidianidad en el regreso a su casa: la ilusión del reencuentro con el hijo, la sombra enredada ente los pies, la mano urgente hacia un bolso que nunca  encuentra el bolsillo ideal para poner la llave. Tiene que haber espacio- o tal vez tiempo: transcursos de suelo y de cielo- para que Marina y Diana Oesterheld puedan desperezar la risa en la foto que las retiene en una complicidad pendiente, a media frase. Tiene que haber un modo en que la queja se arrumbe en el altillo y podamos sentar a nuestros muertos a reorganizar un relato de familia, una gramática de vínculos libre del peso y del reclamo. Tiene, por qué no, que haber al menos una esquina, donde el Vasco y Raúl Araldi reorganicen el sueño de un mundo nuevo, uno donde las últimas páginas del libro de los Oesterheld puedan sacudirse de ausencias.

Y ya que damos cuerpo, por qué no respirar a Amanda, el personaje que encarna María Nydia Ursi Ducó, en “Un hombre sin suerte”. Por qué no darle un cumpleaños que pueda celebrarse y no sea solo un cumplimiento. Por qué no dejar de cumplir con los años que nos laten y empezar a desacompasarlos de las cuentas. ¿No hay sitio, acaso, en estas manos que escriben y piden y desean, para refundar las cronologías? ¿Qué estrategia, qué emplazamiento de la palabra nos falta, para pertrecharnos contra el baldazo de prepotencia cotidiano? ¿Cuándo fue que dejamos de reaprender a decir?

Ahí va, en la punta de la mano, la palabra de Leopoldo Moreau, tiznada de brillo, cuando habla de ese Raúl que no perdonaba un solo tomo de la biblioteca. Ahí va la voz de Moreau que  pronuncia despacio, “Alfonsín”, y le acuna el nombre y lo renace en consistencia. ¿Cuánto futuro se carga en el cuerpo que bautiza y a alberga sus ausentes?, ¿cuánto se abolla la melancolía, si la voz se vuelve apuesta, desafío, desalojo de tomentos, pasillos para la luz?

editorial2ignacio Hábrika, Multitud sin escaleraDe pronto, un eco insiste con aquello que “se sustrae al lenguaje”, toma la cadencia de Eduardo Stupía  e inquieta la caligrafía del día. ¿Y quién empujó a Osmar Nuñez hasta bien adentro de nuestro espacio, para sentarlo con el cuerpo echado hacia la ventana?, ¿qué curso  reclama en él “la sorpresa de la pregunta que me haga responder espontáneamente”,  una voz para el instante, un voz libre de memoria y  objetivo?

¿Qué ha pasado en estos  dos meses, que la casa anartista se llenó de voces?, ¿quiénes son estos que ahora nos habitan y nos obligan a reformas en los cuartos, que imprimen la opción elástica en las paredes, que afirman la unidad de ejecutante e instrumento, como lo hace el músico Martín Camarero?

editorial3, ignacio Hábrika, de la seire multitudes y escaleras7275428646194844Una firmeza se acomoda los lentes desde el encuentro con Eduardo de la Serna y pide un lugarcito en la reunión de los otros. Parece que hay fiesta. Parece que la piel corría riesgo de secarse de tanto añorar la caricia justa y de tanto haberse perdido el gusto de la caricia a tiro.

Y si de caricias al oído se trata: desde la estrechez de nuestro nombre, ¿hacia dónde nos desplazan  Alicia Beltrami y Fernada Nicolini, cuando dicen “Yo soy Estela Oesterheld”, “Yo soy Diana Oesterheld”?, ¿cuál es el desvío que fundan al obstinarse siempre en un dibujo más sobre el rastro de esas “otras”?

En un descuido maravilloso, la soledad se ha vuelto un imposible. Hay un silencio tan compañero, la palabra se ha puesto tan blandita y amante, que estar así, rodeada y alzada en la voz de los otros, parece el colmo del cuidado.

editorial4 elcuerpo esencia Ana NegroimagesEntonces, aprovechar la buena compañía, aprovechar la auténtica fiesta y dar sala. Dar cuerpo de letra. Que la letra refunde las preguntas. Que interpele el día de los prepotentes y de los empujadores. Que desmonte la saña de los saqueos. Que no nos tiemble la cursiva cuando debamos llamar a las cosas por su nombre. Que no nos contagien el prurito de los buenos modales. Vienen tiempos muy tajeados. Ojalá reencontremos un sitio y nos demos escuela. Ojalá reaprendamos el canto y el saludo. Ojalá el deseo no nos dé tregua y nos exija, elevados o hundidos, zurcir y tejer, zurcir y tejer.  Y que la trama sea anfitriona. Tenemos un cuerpo infinito para habitarnos, un cuerpo aliado al “barrito” indescifrable de los elefantes: ese llamado que conmueve las certezas, desacomoda el rumbo y  promete- en las raíces de la voz- una casa grande.  O la infinitud de una lengua. Algo así como una patria.




CURA A LOMO DE ELEFANTE

El cuidado del otro: Entrevista a Eduardo de la Serna

Entrevista: Nora Lomberg, Luisa Luchetta, Gabriela Stoppelman.

Edición: Gabriela Stoppelman

                                                           “Un elefante se balanceaba / sobre la tela de una araña, / como veía que resistía / fue a llamar a un camarada / Dos elefantes se balanceaban / sobre la tela de una araña, / como veían que resistían / fueron a llamar a un camarada / Tres elefantes…”

James Locker, canción infantil         

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            Suena y el hombre no lo escucha. Es un “barrito” que ondea el aire y repta por el barro. Allí transcurre, se apura en curvas, avanza al ras y llega al pie del camarada. Ha recorrido distancias enormes para trazar un sonido que es puente y mensaje a la vez. Muy lejos, la manada está expectante. Sabe que la piel de los fundamentos es sensible a los barritos. Sabe que, cuando la cuerda se tensa lo suficiente, la piel membranosa tirita de lenguaje. Y, entonces, la frase es pura canción. Cuentan que el asunto sucede así: cuando la pata del elefante recibe “el toque” de sonido, algo en la inmensidad del cuerpo le reclama compartir. Entonces, lo que había comenzado como mensaje se hace acorde y frase y sube por todo el contorno del enorme animal. Llegado a la trompa, se vuelve aroma. Llegado a los grandes pabellones, calor. En el hueso resuena a hierro. En el lomo, a cielo de agosto. Y, a propósito, cierta mitología de Vietnam cuenta que Cielo de agosto es una deidad, algo así como una energía sagrada, responsable de la creación de los elefantes. Así que, en Vietnam, con los paquidermos no se jode. En India, menos. Parece que, cuando el creador abrió el huevo cósmico, el huevo venía con sorpresa grande, como los “Kinder” de pascuas. De allí salieron varios elefantes, algunos de los cuales se dispersaron por el planeta para sostenerlo sobre sus lomos. Al principio eran alados, pero la mala suerte los hizo cruzarse con un yogui que los maldijo y los dejó a pata, aunque no sin vuelo. Porque si en algo coinciden todas los relatos de muchas culturas es que son animales con una gran sensibilidad al duelo, con una fuerte actitud solidaria con el resto de la manada, inclinados a la compasión, a la adopción y a estar dispuestos al rescate de cualquier camarada en peligro.  Como si su larga trompa fuera, en verdad, una auténtica metáfora de su tendencia hacia los otros, es justo allí donde su poderosa sensibilidad distingue formas y texturas. También desde allí se emiten los barritos: distintos sonidos para distintas emociones. El oído del hombre no logra escuchar algunas de esas frecuencias. Pero algunos se montan a lomo de elefante para hacer el intento. Hay algo intenso en ese sonido, algo parecido a lo sagrado, parecido a lo indecible, parecido a todas las resonancias de lo divino que del suelo suben al cielo. Y viceversa. Uno de esos hombres es Eduardo de la Serna.

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LIBROS CON CURA DE FONDO

“Por esa misma llanura / en horas de desaliento / Así te miro pasar / Y cuántas veces te grito / Hazme un sitio en tu montura / Y llévame a tu lugar. / Ponme a la grupa contigo, caballero del honor / Ponme a la grupa contigo y llévame a ser contigo, contigo pastor. “

                                                               “Don Quijote”, Joan Manuel Serrat

¿Te gusta este nuevo lugar?  ¿Vos lo pediste y te lo otorgaron sin más?

Sí, este lugar es más pobre que el anterior. Cuanto más pobre, mejor. Los curas de Quilmes somos de los que queremos estar en el lugar de los más pobres. También pasa que, en la parroquia donde estaba antes, cerca del centro de Solano -siempre en Quilmes- ya llevaba trece años. Entonces, bueno, creo que un cura, al cabo de mucho tiempo en una parroquia, termina transformándose en una especie de “patrón de estancia”. Como un capanga: “Acá mando yo, decido yo” La gente va y le pregunta al cura antes de hacer las cosas…

¿Podemos filmar algo?

Lo que quieras. Te sugiero que no filmes allí adentro, porque es lo que en hebreo se dice “tóhu va-vóhu”: caos y confusión. En guaraní dicen “emboyeré”

Tenés muchos libros, ¿dónde escribís?

Aquí nomás por ahora, mientras me estoy acomodando. Cuando me mandaron acá, les expliqué que mis libros no iban a entrar. Acá había un cuartito de tres y medio por tres metros. Y, por ahí, otro igual. No me entraban de ninguna manera los libros. Entonces, el obispado hizo toda una parte nueva para mis libros.

Impresionante.

Sí. Para que veas que no me mandaron de castigo.

Vienen los libros y, atrás, de la Serna.

Sí, el cura viene después. El cura es el que está detrás, lo que sobra. En fin, por ahora estoy intentando acomodar todo. Hoy acabo de comprar tablas para hacer unos estantes y ponerlos.

¿Qué lee un sacerdote?

Un sacerdote puede leer cualquier cosa. Yo soy profesor de Biblia y el ochenta por ciento de mis libros son sobre Biblia. De eso, el sesenta por ciento deben ser protestantes.

¿Leés ficción?

Soy muy poco lector, lo cual es raro… Bueno, yo soy un tipo raro. No me gusta leer ficción salvo alguna cosa muy especial. Leo sobre lo que me interesa: política y Biblia. Tampoco tengo memoria para los números, pero las citas bíblicas me salen así, “ta ta ta ta…”

VERSERO A TRES VOCES

                                                        “Golpe a golpe/ verso a verso”

                                            “Cantares”,  Serrat, en base a letra de Antonio Machado.

Max Ernst
Max Ernst

 ¿Y poesía? Porque escribís poesía.

No escribo poesía. Soy versero. Una vez, un español muy fanático de Santa Teresa y uno de los que más saben sobre ella, me dijo: Teresa no era poeta. Poeta era Juan de la Cruz. Teresa versificaba.

¿Y cuándo necesitás el verso?

No te sé decir. Pero, de golpe, me doy cuenta de que tengo que usarlo. En el blog tengo un montón de versos por las pascuas, por navidad y demás. Pero los versos que encontraron ustedes son sobre Santa Teresita, sobre la cual yo hice mi tesis doctoral. Y es raro, Santa Teresita se ocupa ella misma de boicotearse. Es muy infantil, una típica francesa del 1900, de un romanticismo dulzón muy empalagoso. Sin embargo, si uno logra romper el empalago, se encuentra con mucha densidad. Mi tesis doctoral la hice sobre Biblia, Santa Teresita y Teología de la Liberación. Puse en diálogo los tres asuntos. Es más, la tesis se llama “Diálogo entre la Biblia y Teresa de Lisieux: preguntas desde América Latina.” ¿Y qué decía? Que la Teología de la Liberación dice de sí misma fundamentalmente cuatro cosas: que es una teología centrada en el reino, una teología desde el lugar del pobre, una teología martirial y una teología profética. Teresa de Lisieux coincide con estas cuatro cosas

Ajá. Tres voces que coinciden pero que aparentemente no.

¡Claro! Nadie diría que Teresa de Lisieux tiene algo que ver con la Teología de la Liberación, obviamente.

Aunque vos decís que no sos poeta, recurrís -de tanto en tanto- a recursos de la poesía dentro de tu prosa.

Claro, pero yo soy un negado para la metáfora. Como soy un neurótico de libro y por eso puedo ser un buen biblista -en cuanto a mirar el detalle, la coma, esto y aquello-, me cuesta la metáfora porque no puedo entender que un vidrio llore, por ejemplo. No, los vidrios no lloran.

Sin embargo, cuando ponés adentro de una flor el don, por ejemplo, construís una imagen poética. No va de suyo que la flor tenga un don. Vos des- significás la flor y recargándola de otra cosa. Eso es una metáfora.

Vamos a aclarar una cosa. Yo le tengo respeto reverencial a todo lo que es arte. Es más, no leo poesía porque no la entiendo. Sé que es una herejía, porque a la poesía no hay que entenderla sino disfrutarla. Pero como me pasa por el tamiz del “no la entiendo”, me trabo ahí…

Wu Guanzhong
Wu Guanzhong

¡ARRE!

                        Quiero escarbar la tierra con los dientes / quiero apartar la tierra parte a parte / a dentelladas secas y calientes. / Quiero mirar la tierra hasta encontrarte / y besarte la noble calavera / desamordazarte y regresarte.” 

                                                            “Elegía”,  Miguel Hernández

Centrémonos, entonces, en lo poético y no en la poesía. En un momento mencionás la metáfora de un caballo desbocado

Bueno, a ver. El tema es que, en toda la historia de la iglesia- sobre todo a partir del siglo IV, cuando triunfa el platonismo-  esa imagen del hombre como una mezcla entre ángel y bestia  afirma que si triunfa el ángel -es decir, el alma- la persona será una santa. Y, si triunfa la bestia -que generalmente es el cuerpo y por eso el pecado sexual pasa a ser “el pecado”- esa persona será casi diabólica. El caballo desbocado muestra cómo triunfa el cuerpo sobre el alma.  Los que no somos platónicos y no nos manejamos con esos criterios -porque en la Biblia el platonismo no entra- somos más libres en esas cosas. Aunque no en otras.

 ¿Cuál es la potencia que otorga la imagen a tu discurso o a tu escritura? Vos las usás mucho. En tu blog hay muchísimas.

 Creo que la imagen es fundamental. El pueblo no es abstracto, no se mueve con abstracciones. Se guía con imágenes: le decís revolver la basura y lo entiende. Le decís Hambre y pasa a ser una abstracción. O si no, te sale Duran Barba y dice que él vio “hambre en la India”,  que acá no hay gente muriéndose en las calles como en la India. Además, me parece que la imagen permite otro juego. No te olvides que el hebreo es muy poco concreto. Una palabra puede querer decir diez cosas distintas. Como profesor de Biblia tuve que estudiar hebreo y me encontré con todo ese tipo de cosas que a uno le permiten otro juego. Así que me siento mucho más cómodo en el uso de la imagen que en el uso de las abstracciones, sobre todo porque el pueblo -que en ese sentido es mucho más hebreo que griego, lo cual celebro- en sus expresiones y en el mismo refranero popular usa las metáforas. El pajarito en mano y los cien volando ¿es una abstracción? No, de ninguna manera. Es una metáfora que refleja una abstracción.

 En ese sentido, en el Antiguo Testamento,  hay como una condena con la imagen. Y funcionó: fijate que no hubo pintores judíos hasta el siglo XIX, no se animaban porque la imagen visual no era algo que se ofreciera como un posible. Fuera de la posible ascendencia judía de Rembrandt, el primero que aparece ni siquiera hace pintura, hace vitraux; Chagall. Sin embargo, la Biblia está llena de imágenes.

 No había pintores pero había poetas.

 Sí, pero los poetas trabajan con imágenes verbales que remiten a lo visual pero no son concretamente visuales.

 De acuerdo.

 

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Cartago- elefante

ALTA FIDELIDAD

                                                                                   “A ese amor. /A ese pájaro dorado/que alza vuelo/y parte/el cielo en dos /rondando el sol y el pecado. /A ese amor/caprichoso y libertario/sin silencios que le hagan callar/ni jaulas para enjaularlo.” 

                                                                       “A ese pájaro dorado”, Joan Manuel Serrat

 ¿Cómo se da en el cristianismo que vos practicás esta contradicción entre lo abstracto y lo concreto?

Por ejemplo: No existe el adulterio. En todo caso, hay un adúltero. Y ese adúltero es totalmente distinto a otro adúltero por sus circunstancias, por las cosas que le pasaron, por las cosas que le pasaron a la otra parte. Mirá, hay un teólogo español que hablaba de la necesidad de deshelenizar al cristianismo porque, en algunas cosas, el cristianismo parecía más seguidor de Platón y Aristóteles que de Jesús o de la Biblia hebrea. Y ponía algunos casos concretos: el tema del poder, de la belleza, de la verdad… Todos temas que son totalmente distintos en el mundo bíblico antiguo y el nuevo, es decir biblia judía y biblia cristiana. Cuando triunfa el mundo griego, a partir del siglo III,  se empiezan a usar sus categorías metafísicas. La verdad pasa a ser conforme a las cosas, conforme a la realidad… En cambio para el mundo bíblico la verdad es la fidelidad, la lealtad. La lealtad a la cosa, a la persona, a Dios. Dios es verdadero, por lo tanto no puede contradecirse a sí mismo.

 ¿Qué es para vos la lealtad?

No sé si se puede diferenciar lealtad de fidelidad. Pero creo que tiene que ver con la persona, con una militancia a favor del otro. Creo que el amor es militancia. No puedo entenderlo como algo light, meramente como un sentimiento más. Una militancia en favor del otro y también para Dios. Creo que hay una militancia en favor del bien para el otro, que el amor tiene que ver con buscar el bien del otro. A veces uno se puede equivocar, por supuesto.

En lo que vos planteás hay una cosa de generosidad, de don que no espera nada. Es un amor absolutamente generoso que no suele funcionar del todo en las relaciones humanas. Puede ser que no espere nada, pero es difícil sostener un amor que no reciba nada.

 Sí. Es un tema complicadísimo inclusive a nivel teológico, sobre todo, porque para quienes creemos en la Teología de la Liberación, como expresión necesaria para hablar de Dios, la característica de ese Dios es la gratuidad. Es el Dios que gratuitamente se da y gratuitamente no espera. Obviamente, hay un encuentro de amor. Juan de la Cruz va a decir “el amor con amor se paga”, pero el don está ahí, en el “me doy, te doy”.

Pero ¿y si circula para un solo lado? Uno puede entender que Dios no necesita y por eso también da generosamente. En cambio, entre dos seres humanos no funciona así…

 Lo que pasa es que habría que ver cómo se van dando las cosas. A lo mejor algo puede ser más lento. Estoy de acuerdo que tiene que haber un ida y vuelta, de alguna manera. Está claro que el bebé no te va a dar casi nada más que una sonrisa

TÚ, TÚ.           

“Las palabras primordiales no significan cosas, sino que indican relaciones. Las palabras primordiales no expresan algo que pudiera existir independientemente de ellas, sino que, una vez dichas, dan lugar a la existencia.”                                                                                                                                  Martin Buber

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Cartago, batalla de elefantes, pinturas de soldados, Ernest Descals.

Nuestro tema en este número del Anartista es “El cuidado del otro”. Nos preguntábamos quién es el otro y, en un límite, encontramos que si el otro quiere liquidarme yo ya no soy un otro para él, ya no hay dos. ¿Podemos hablar todavía de un otro?

Bueno, es un otro. Un otro que más vale tenerlo lejos, en todo caso. No es un otro al cual yo quiera tender, al menos, por ahora. O a lo mejor quiera tender para ver si ve otras cosas, si mira con otros ojos, si descubre otras realidades… Pero creo que es un otro. En palabras de un judío muy serio de este siglo, Martin Buber, es un otro pero no es un tú

¿No es un semejante, digamos?

El tema del semejante es complicado. Los indígenas zapatistas dicen “No queremos que nos respeten por ser iguales, queremos que nos respetan por ser distintos” No quiero ser un semejante. Quiero ser un tú para el otro. Si podemos ser un nosotros, mejor.

Hablemos de política. En ese plano, un otro opuesto, quien para existir necesita que yo desaparezca, o que determinada clase social padezca, ¿puede ese ser considerado un otro o es el enemigo?

Jesús habla del amor al enemigo. Yo creo que él intenta quebrar el espiral de la violencia por el medio, partirlo al eje. Eso, cuando el enemigo se transforma por lo menos en un otro, alguien al cual vos no le deseás su mal, su muerte, su desaparición, la cosa cambia. Está claro que en política es un tema complicado, porque creo que hay que distinguir la política teórica o ideal de la política práctica. Personalmente, cuando escucho a algunos sectores muy ilustrados que te piden “Pero fíjate qué pasaba en el gobierno anterior con esto de acá y con esto de allá”, me digo, bueno, la política es barro también y el barro ensucia. Si vos querés una política químicamente pura nos encontramos con un problema. Más allá de que para mí Scioli fuera un desastre, no es lo mismo que Macri. Volviendo al tema, yo creo en una política en la cual pudiéramos sentarnos y dialogar con el adversario, el enemigo, inclusive con el que quiere mi desaparición. Ahora, en la práctica muchos de estos sectores van a hacer lo posible para la desaparición de los pobres, por ejemplo, y yo no quiero desaparezcan. Yo quiero que dejen de ser pobres, que es distinto. Entonces voy a hacer lo posible para que ese tipo no gane. No para que desaparezca del planeta. Pero si Macri se va a jugar al jardín de infantes con Antonia por veinticinco años más y desaparece del horizonte político, yo sería un poquito feliz.

Pero todos ellos están ahí y simulan un diálogo que, de verdad, no ofrecen. Nos está faltando una estrategia del lenguaje. Estamos hablando mucho y al pedo en lugares donde no se produce pensamiento ni se dialoga nada. Me pregunto si ese es un otro en términos de que hay dos.

En algunos casos no se puede dialogar. Y si no se puede, hacé tu vida y yo hago la mía. Yo me metí de cura para no bailar. Y es como el tango el diálogo, se baila de a dos. O como sucede en la pelea. Si él me quiere eliminar y yo no tengo ganas de ser eliminado, él gobernará y yo resistiré con los medios que tengo. Y trataré de que sean siempre lícitos. Que ellos utilicen sistemáticamente la mentira no me habilita a mí a mentir. A ver, yo podría ir a un programa de televisión y exigirles que me digan, por ejemplo: ¿qué pasó con los cinco chicos que aparecieron muertos en el CEAMSE? No pasó anda en el CEAMSE. Yo sé que es mentira. Pero me reservaría decir que es mentira para después. Entonces, estaría actuando como ellos. Es lo que  hacen ellos continuamente “Bajó la inflación, subió la construcción”. Todo mentira. Pero su mentira no habilita a la mía. Un sabio sirio decía “Son nuestros enemigos, no nuestros maestros”.

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EL MAL Y EL MALO

                                                                       “Se gastan más de lo que tienen en coleccionar/espías, listas negras y arsenales; /resulta bochornoso verles fanfarronear/a ver quién es el que la tiene más grande. /Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz, /juegan con cosas que no tienen repuesto/y la culpa es del otro si algo les sale mal. /Entre esos tipos y yo hay algo personal.”

                                                                  “Algo personal”, Joan Manuel Serrat

¿Te cabe la palabra enemigo? A muchos curas y rabinos les da como escozor.

Personalmente no quiero sentir a nadie como enemigo, pero lo hemos hablado con algunos curas: este tipo me provoca odio, lo cual me asusta porque no soy un tipo de odiar. Pero veo una foto de Macri y siento que saca lo peor de mí. Despierta cosas perversas, que solamente generó en mí Videla. Lo que pasa es que no creo que desear el mal sea malo. Hay gente que viene a confesarse porque sintió odio. ¿Y? ¿Cuál es el problema? Es lo mismo que decir que sentiste amor por los negritos del África. ¿Qué hiciste por los negritos del África? ¿No hiciste nada? Entonces qué me importa lo que sentiste.

¿Qué es el mal?, ¿el daño voluntario?

A ver. Puede ser objetivo y no necesariamente voluntario, porque lo padece el otro también. En las víctimas de un terremoto hay una situación mala que nos debería sacar hacia afuera, a hacer algo, pero obviamente no hay un ejecutor. Hay situaciones en las que hay ejecutores del mal. Cinco cuartas partes del país estaban de paro y Macri dice: “Qué lindo que es estar aquí trabajando”. Se burla de los pobres sistemáticamente, le importan nada. Creo que ahí hay una situación donde alguien no está alentando algo bueno. El mal hay que atacarlo de raíz, lo que no quiere decir que hay que atacar al malo de raíz.

Y las personas que creyeron o creen en ese mal, o que ese mal los potencia, ¿son personas a las que también hay que cuidar, son el otro?, ¿son odiantes?

Una vez Carlos Mugica, en un reportaje que le hizo Urtizberea en “El pueblo quiere saber”, dijo que quería luchar para que no hubiera opresores ni oprimidos, por amor al oprimido, porque al oprimido le hace mal que lo oprima. Y, también, por amor al opresor, porque al opresor le hace mal oprimirme. Creo que hay algo de eso. Está claro que a una persona que busca su propio bienestar a costa del otro, sin importarle el otro o pisando a otros, eso le hace mal. Lo sepa o no lo sepa, lo quiera o no lo quiera. Si un empresario, cree que está bueno pisar gente para escalar, yo voy a hacer lo posible para que no pise gente. Yo tengo que tomar una posición como humano, más allá de mi condición de cristiano. Ahora, si un tipo tiene ganas de ganarse la grande y ganar millones con eso, que lo haga. Es un problema de él, yo no lo quisiera para mí, si hay algo que nunca me interesó es la guita.

La Teología de la Liberación y la Teología del Pueblo ¿son una subjetivación respecto de tomar posición en relación a estas cosas?

Aclaremos un punto. La Teología de la Liberación nace en América Latina en el 70, en varios lados a la vez, lo cual era un síntoma de que algo se estaba gestando. Originalmente, venía de Europa, de Francia y Bélgica. Allá, era más bien la teología del desarrollo, de la esperanza. El planteo de la Teología de la Liberación  no va tanto por el tema del desarrollo. Nace en el contexto de la Teoría de la Dependencia, es decir “Liberación o dependencia”, que era el slogan típico de los ’70. Curiosamente, uno de los padres de la teoría de la dependencia fue Enrique Cardoso, sociólogo, que después terminó siendo presidente de Brasil y amigo de Menem. La  Teología de la Liberación se plantea de entrada como un acto segundo, es decir: primero hay una respuesta desde la fe, praxis de la liberación. Ahora, está claro que la experiencia de la liberación va a ser distinta de acuerdo a la opresión en cada lugar. Veamos: hoy, la experiencia de la liberación del afrodescendiente en Argentina va a ser muy limitada porque, en general, ya los matamos a todos. No hay una lucha de liberación por el afro acá como la hay en Brasil. La política de liberación de los indígenas de Guatemala o Bolivia no va a ser la que hay en Uruguay, donde la población indígena está también bastante diezmada o eliminada. Entonces, cada región ha tenido sus propias experiencias de liberación desde las cuales pensar. Y ahí viene el tema del pueblo. En Argentina, a partir del peronismo, la experiencia del pueblo resultó una categoría positiva para pensar la liberación. No quiere decir que sea una teología peronista, más allá de que la categoría tiene connotaciones peronistas. En mi tesis doctoral yo dije que iba a pensar la Teología de la Liberación desde el lugar del pobre -como lo llama Gustavo Gutiérrez-, con mucha cercanía a la Teología del Pueblo, pero pensando primero desde el lugar del pobre.

17B

TRES MUJERES SALVADAS CONTRA NATURA

                                               “La mujer que yo quiero, no necesita bañarse cada noche en agua bendita”                                                                   

“La mujer que yo quiero”, Joan Manuel Serrat

Hablando de minorías y mayorías, como el afro y el peronismo ¿hay espacio en la Iglesia, en la Teología de la Liberación para minorías como los gays, los divorciados, etc.?

Está claro que cualquier situación donde hay un colectivo oprimido, por microscópico que sea, ahí hay que estar. En la iglesia no hay -y dudo que la vaya a haber por ahora- una actitud de apertura y diálogo profundo y serio con minorías o colectivos como divorciados o lgbtxq. No se puede no tener una actitud de cercanía y diálogo, aunque después podamos estar o no de acuerdo. El año pasado fui a la marcha de lgtb (todavía no era q). Pasé a saludar. Me vieron algunos de los organizadores, me reconocieron y se acercaron. Uno de ellos me pregunta “¿Vos no creés que Jesús estaría acá? Le dije: “Mirá, yo no soy el delegado de Jesús, pero creo que si el colectivo lgbt es un grupo discriminado y rechazado, Jesús estaría acá”

Respuesta diplomática. Muy bien.

Mirá, cuando le conté a un amigo que había ido a la marcha, me dio: “Ah, por fin saliste del closet!” Lo dijo en broma, pero no es un tema que me escandalice. Si me dijeran que Jesús era gay, no se me caería ningún anillo. No tengo anillos, de todos modos.

¿Estos acercamientos te producen algún enfrentamiento con la posición oficial de la iglesia?

Mirá, yo estuve en la televisión hablando sobre el matrimonio igualitario. El obispo me cuestionó y yo lo desafié a que me citara una sola vez en la que yo hubiera dicho que estaba de acuerdo con el matrimonio igualitario. Yo lo que dije fue que el planteo que hacen los obispos no sirve para nada. Pusieron diez planteos y son todos falsos: “Ley natural” ¿qué es la ley natural? En las actas del proceso de Juana de Arco  figura uno de los motivos principales por los que la condenan y la matan: Se vestía de varón. Y la ley natural dice que no te podés vestir de varón. Ustedes tres, así vestidas con pantalones, irían a la hoguera. Felipe II quiso desviar el río Tajo y la Inquisición se lo prohibió porque la ley natural hacía que el Tajo tenía que pasar por donde pasaba y porque si Dios hubiera querido canales, Dios los hubiera hecho.

¿Y por qué no te echa el obispo?

Es que yo doy argumentos teológicos. Argumento desde la fe. Estábamos, en un programa de TN, un pastor, una asesora de la Conferencia Episcopal para estos temas estaba Darío Sztajnszrajber y yo. El pastor dijo que no podía haber matrimonio igualitario porque el mandamiento dice “Honrar padre y madre”(Éxodo”). A ver: la lectura fundamentalista está condenada por la iglesia. Entonces, los obispos no me pueden decir a mí que “Dios los creó varón y mujer” porque esa es una lectura fundamentalista del libro del Génesis. Hay un documento firmado por Ratzinger y por Juan Pablo II -no por Gustavo Gutiérrez- que habla de todas las lecturas de la Biblia, incluidas la Teología de la Liberación y la feminista. La única que condena es la lectura fundamentalista porque es un suicidio del pensamiento. Lo dice así. Un documento maravilloso.

UN BAUTISMO DIFÍCIL

                       “Cuando pronuncias mi nombre, parece que me vuelvan a bautizar”                                                                                “Blues en sol”, Joan Manuel Serrat

¿Por qué esta necesidad de conformar un grupo de curas llamado de Opción por los pobres?

 En septiembre del ’67, se había publicado un manifiesto de dieciocho obispos del Tercer Mundo que hacen una lectura muy interesante: hablan del socialismo como de la expresión más acabada del cristianismo. Un grupo de doscientos setenta curas de Argentina manda una adhesión y luego se suman ciento y pico más. Después la mitad de esos casi cuatrocientos curas se empezaron a juntar y ahí nace el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. En época de dictadura siempre  todos están de acuerdo en hablar por los presos políticos, hablar en contra de la tortura, en contra de la guerra de Vietnam. Cuando empieza a acercarse la democracia,  algunos pensaban que el peronismo era la alternativa, otros pensaban que el socialismo, otros más en el marxismo y ahí empezaron las tensiones que terminaron con el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en el 73. En el 74, tienen un amago de conciliación para juntarse y hablar de las cosas que los unían. Lo matan a Carlos Mugica y listo, no se juntan más. La cosa estaba muy complicada. Triple A, dictadura. Recién en el año 86 se juntaron viejos curas del Tercer Mundo  e invitaron a los curas jóvenes. Yo en ese entonces todavía lo era, estaba recién ordenado. Yo había sido seminarista de Buenos Aires durante la dictadura. Después de cinco años de pedirle al cardenal ir a una villa y tener tiempo para el estudio y de que él me mandara a barrios cada vez más oligarcas con cada vez menos tiempo para el estudio, le dije que me quería ir a Quilmes con Novak. Me vine entonces acá y Novak me dio un barrio pobre y tiempo para estudiar. Entonces empezó un grupo, pero los viejos curas del Tercer Mundo habían quedado muy heridos y no querían que el grupo se conformara como movimiento, no querían que tuviera nombre. Con el tiempo, quedó Grupo de Curas en la Opción por los Pobres que, como nombre es horrible, pero expresaba que en la “irrealidad” de la Iglesia argentina la opción por los pobres no era una opción. Lo divertido es que nos preguntan por qué hacemos la opción por los pobres. La opción por los pobres la hizo Jesús, les decimos nosotros. Por lo tanto es a los otros a quienes les tienen que preguntar: ¿por qué no hacen la opción que hizo Jesús? Desde ese entonces nos venimos reuniendo. Hasta hace poco hablábamos de los pobres y empezaban las discusiones pero ahora con Francisco -eso tengo que reconocérselo- hablás de los pobres y parecés eclesiástico, parecés papal. He dado muchos años clases en Bogotá. Hablaba de los pobres y a la gente se le ponían los pelos de punta. Ahora dicen “Claro, como dice el Papa.” Y no: Es como dice Jesús, a ver si se entiende. Jesús es” un poco” más importante que el Papa.

RABINA DE ARMAS TOMAR

                         “Una mujer desnuda y en lo oscuro/es una vocación para las manos/para los labios es casi un destino/y para el corazón un despilfarro/una mujer desnuda es un enigma/y siempre es una fiesta descifrarlo.”

             “Una mujer desnuda y en lo oscuro”, Joan Manuel Serrat  canta a Mario Benedetti

En el libro “De Jesús a la gran Iglesia” hablás de una cantidad de lecturas posibles ¿qué es para vos una buena lectura?

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Es evidente que judíos y cristianos leemos la Biblia de un modo muy distinto. Yo estaba en una reunión con el rabino Daniel Goldman y le comenté que me iba temprano porque me esperaban para comer mariscos. Le dije: “No sabés lo que te perdés ¿cómo podés no comer mariscos? Además ustedes deberían poder comerlos, porque lo que dice la Torá es que no se pueden comer peces con escamas y estos no son peces”. Y él me dijo: “Sí, pero los rabinos del medioevo los interpretaron como insectos y no se puede comer insectos”. Entonces, yo: “Pará, si la Torá dice que se puede comer langosta”. “Sí, pero los rabinos del medioevo a la langosta la interpretaron como ave”.  O sea, es más importante el Talmud, la tradición oral, que la  Torá.

Por la diáspora.

Sí, y también por el triunfo del fariseísmo y por mil cosas que son absolutamente razonables y comprensibles. Por eso te digo: leemos distinto. Lo entiendo, lo respeto, lo valoro, pero no tengo esa lectura. Por otra parte, el rabino Goldman es un tipazo y es interesantísima la rabina que está con él. Un día voy a la sinagoga y en un momento predicó ella y dijo: “¿por qué queda impura la mujer después del parto? Rabí Fulano dice tal cosa, rabí Mengano dice tal otra. Pero rabí Zutano dice que la mujer queda impura para que no se la crea, porque nunca nadie estuvo tan cerca de Dios.” Me pareció maravilloso”

AY,  LA CASA NO ESTÁ EN ORDEN

“¡Oh, no eres tú mi cantar no puedo cantar, ni quiero a este Jesús del madero sino al que anduvo en la mar!”

                                                      “La Saeta”; Serrat versiona a Antonio Machado

Códice etíope cristiano copto
Códice etíope cristiano copto

¿Cómo leés vos? Porque hemos visto que Pablo dijo algo un poco misógino y…

No dijo nada misógino. En la Biblia hebrea, “hermano”, además del hermano biológico, es una categoría absolutamente teológica. El hermano es el miembro pleno del pueblo. No existe la palabra “hermana” entendida teológicamente en toda la Biblia hebrea. El primero que usa la palabra hermana es Pablo. Yo leo el texto bíblico como teología. Mi pregunta es ¿qué es lo que está diciendo Dios? Y creo que para entender lo que Dios decía hay que entender el lenguaje, el género literario, el contexto histórico, socio político, cultural y antropológico. Por qué un autor decide poner en verso algo o por qué usa un lenguaje apocalíptico o por qué usa una profecía o por qué elige inventar el género literario evangelio

Eso es un análisis del lenguaje. El problema es cuando metemos en el texto algo que no está en él. Te cito de tu libro: “Pablo da gracias a Dios por haber nacido judío y no pagano, libre y no esclavo, varón y no mujer. Entonces Pablo está diciendo que los obstáculos para encontrarse con Dios que tienen los paganos, las mujeres y los esclavos quedan diluidos en el bautismo, que nos hace a todos uno en Cristo”

Pablo dice “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, varón ni mujer” con lo cual está diciendo algo referido a la oración típica del judío, que era “Te doy gracias Señor por haber nacido judío y no pagano, libre y no esclavo, varón y no mujer”. La mujer no tenía acceso al templo, el pagano no tenía acceso al templo y el esclavo tampoco, aunque no tanto por ser impuro sino por ser esclavo. Lo que dice Pablo es que los que antes no tenían acceso  al encuentro con Dios, ahora lo tienen a partir del bautismo.

Después, eso de que “de la mujer se espera ahora pleno silencio, no habla en público, su rol es más doméstico que político”. La idea de que eso no es de Pablo, que seguro hay ahí una intervención de otros, ¿hay trolls en la Biblia?

Había trolls en el Nuevo Testamento. Está lleno de manos diversas. El tema era que en la “Carta a los Corintios” Pablo había dicho expresamente, en la asamblea, la mujer puede participar. Va a hablar con la cabeza cubierta, no con velo, pero puede participar igual que el varón. Pero a fines del siglo I, cuando la Iglesia se empieza a estructurar, se encuentra con que ese texto perjudica al modelo donde la mujer tiene que estar subordinada al varón. Es el “modelo de la casa” de Platón, Aristóteles, Séneca, Cicerón.

¿Ese modelo permanece?

No sé si permanece, porque era la casa como la mini ciudad. El “amo de casa” era el que tenía sometidos a los hijos, a la mujer y a los esclavos. Por eso,  un discípulo anónimo de Pablo va a decir “Mujeres sométanse a los maridos, hijos sométanse a su padre, esclavos sométanse a su amo” Cuando la Iglesia está estructurada, a la “Carta a los Corintios”  le  metieron un texto como para acomodar el rol de la mujer, que no pareciera demasiado liberal, pero inspirado en Timoteo, discípulo de Pablo. Para volver a lo de la lectura, yo trato siempre de ubicar  una palabra, una expresión, en su contexto. El otro día di una charla con Victoria Montenegro en la Universidad Jauretche. Yo decía que en la Biblia la verdad no es algo intelectual, es algo que se vive, que se practica. Alguno me dirá que la Biblia dice: “conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. ¡Pero no se olviden que para el mundo judío conocer es algo activo, tan activo que puede llegar a ser sexual!

¡HOUSTON, QUÉ PROBLEMÓN!

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¿Y por qué los curas no se casan?

¡Ah, bueno! ¡Yo hablaba del sentido bíblico de la expresión “conocer”! Creo que en la historia hay mil motivos varios. El principal tiene que ver con Platón. ¡Platón nos hizo mierda! El primer código de derecho canónico,  a  fines del siglo III, va a decir que “es de desear que la pareja que se casa no tenga relaciones sexuales el día que se casa”. Como si la relación sexual manchara la gracia sacramental. Eso mismo se aplicó también al clero. Pero, claro, antiguamente los curas a veces celebraban cuatro misas en su vida. Que el día que vas a celebrar misa no tengas sexo era comprensible. Pero si vas a celebrar misa todos los días: Houston, tenemos un problema. Entonces el modelo del monje, que venía desde el siglo III, empieza a crecer mucho. La vida del monje empieza a ser una especie de martirio incruento. Vive solo, aislado del mundo… Pero, si ese va a ser el modelo, tenemos un problema. Si yo me caso y le digo a mi mujer que nunca vamos a tener relaciones sexuales porque voy a dar misa todos los días, me va a decir que me busque otra. Creo que el celibato tiene un sentido muy interesante. Pero, para que ese sentido se valore, tiene que ser optativo. Yo conozco curas célibes, curas con pareja  homo y con pareja hetero, conozco curas felices y otros infelices en todas esas situaciones. No me parece que ese tenga que ser el tema principal. Creo que debería ser optativo, sobre todo, porque el signo, para ser tal, tiene que significar. Así no significa nada. Esto se debate en la iglesia pero, como decía Carlos Mugica, los que toman las decisiones son un grupo de viejos a los cuales ya no se les para.

¿Cuándo decidiste ser cura?

Mirá, mis viejos eran gorilas pero había mucho respeto. Cuando yo iba al secundario, en 4° año, dije que iría a trabajar a la villa 31 y me lo respetaron. Fui tres veces por semana, llegaba a casa a las diez de la noche y en casa era bien visto. Claro, cuando hablábamos de política discutíamos mucho, pero me respetaban la decisión. Por otro lado, yo era – y sigo siendo- absoluta y desequilibradamente fanático de los animales, sobre todo, de los grandes. El sueño de mi vida era subirme a un elefante. Cuando lo hice, en el zoológico de Luján, con el fotoshop, borré al tipo que manejaba al elefante. Yo quería ser veterinario. Pero, después de la experiencia en la 31 con Mugica, me dije: “Yo no puedo dedicar mi vida a los animales después de esto”. Pensé en ser médico, pero ni en pedo. La sangre no puedo ni verla. Entonces, ¿sociología? No. Cura.

¿Siempre creíste en Dios?

Sí. Mi familia era religiosa. No fanáticos. Eran abiertos. Si mirás el diario La Nación de los años setenta, en las fotos de las primeras misas con guitarra, la ves a mi vieja.

Una gorila hippie.

Eran gorilas, pero más bien porque eran antiperonistas. Siempre creí en Dios y eso me fue amable. No he tenido crisis con eso. Tengo un Dios cercano, amigable.

¿Cómo compite el catolicismo con el marketing de los grupos evangélicos, con sus canciones?

Por un lado creo que muchos grupos pentecostales -y algunos católicos también- tienen montado un espectáculo. Muchas canciones de los grupos pentecostales han entrado en la iglesia católica romana y lo lamento porque en su enorme mayoría hablan del yo, nunca de un nosotros. Son todas canciones de intimidad, de yo y Dios. Y yo creo en un pueblo. Por eso quería proponer este año una profundización en todos los ámbitos de la diócesis con el tema de los grandes místicos, para que no me vengan con que eso es espiritualidad. Hacer encuentros -pienso en dieciocho de ellos- desde los místicos del Viejo Testamento, los profetas, Jesús, Pablo, Teresa y  terminar ese ciclo con una mística judía de la recontra hostia, Etty Hillesum,  asesinada en Auschwitz: es impresionante lo de ella.

ALMORZANDO CON JESÚS: HOY NOS ACOMPAÑAN, SAMARITANOS Y PUBLICANOS.

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Anselmi-Christ_and_Woman_of_Samaria

Hablando de no poder salir del yo, en tus textos  aparece mucho la pregunta del por qué a determinada gente le da bronca que otro tenga lo mismo que ellos o que haya gente que se ocupe de cuidar a los que menos tienen.

Como yo creo que el amor es una salida hacia el otro, no puedo entender que la medida sea el yo. Cuando uno escuchaba a los tipos que ahora dicen “Yo ya no puedo ir a Francia, ¿cómo voy a ir a Francia si ahora el portero puede ir a Francia?”, entonces se van a Vietnam o a Indonesia. Creo que  hay personas que tienen  esa idea “Yo no me puedo juntar con esta gente”. Yo sostengo que Jesús no se murió, a Jesús lo asesinaron. Y uno de los motivos fue porque él propone una secta restauracionista, en el sentido de que somos todos hermanos.  A él lo combaten porque se sienta a comer con publicanos.

Propone una ruptura de los hábitos de la época.

Sí, y esa ruptura era volver a lo que debería ser desde siempre. Por eso digo, restaurar un pueblo de hermanos. Y, si somos hermanos, comemos juntos ¿no? En la lectura platónica, la muerte de Jesús es la que nos salva porque el sufrimiento nos salva.

Y no estás de acuerdo con eso.

Claro que no. En todo caso, lo que da la vida es el amor que lo lleva a la muerte. Jesús va a decir “Somos hermanos de los publicanos, somos hermanos de los samaritanos” Entonces ¿qué le dicen? “Si vos decís que yo soy hermano de un samaritano, te voy a bajar todos los dientes”. .-Bueno, bajame todos los dientes, pero somos hermanos de los samaritanos. “No digas eso porque te mato”. “Vos matame, pero sos hermano de un publicano” Ahora, qué pasa si Jesús, cuando lo están por clavar en la cruz, dice: “Negociemos. Hermanos de los samaritanos sí, de los publicanos no.” Ya está. No lo mataban. Pero ahí tenés la lealtad, la fidelidad de Jesús al proyecto de Dios hasta el final. Es ese amor, esa fidelidad de Jesús la que nos salva, no el sufrimiento. El sufrimiento es Pilatos, que es un hijo de puta.

ALL YOU NEED IS LOVE

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¿Qué  se pierde un ateo?

No lo sé. Tengo amigos ateos que antes eran cristianos y nos divertimos y nos peleamos a muerte. Éramos de grupos cristianos y ellos se tuvieron que exiliar en la dictadura. Cuando volvieron, tenían un odio a la iglesia que, en muchos casos, los llevó a negar a Dios, lo cual no me animo a cuestionarles ni tengo ningún derecho a hacerlo porque los que se exiliaron y estuvieron al borde de la muerte fueron ellos. Muchos usan la palabra Dios de acuerdo a lo que diccionario dice que Dios es. Yo me refiero en concreto a lo creo que Dios dice que él es en la Biblia. El padre. Padre de los hermanos que antiguamente eran sólo los judíos y que, a partir de Pablo, son todos: judíos, mujeres, paganos y esclavos. Las dos parábolas donde Jesús pone a Dios como padre, es un padre al que no le dan pelota. No es un padre patriarcal y autoritario. Es un padre que respeta la libertad del otro que, en todo caso, lo quiere seducir y no imponérsele. Vos me preguntabas cómo me aguantan en la iglesia. A mí no me van a agarrar fácil. Soy un tipo que lee, soy un tipo preparado y los obispos, en general, no. Yo me remito a Dios, no a la iglesia. Emilio Mignone en su libro “Iglesia y dictadura” dice: “los obispos argentinos  que no cuentan la lectura entre sus hábitos”. Aunque algunos, como el de La Plata, leen y mucho. Pero eso sí, leen mal. Yo creo que Dios le da un sentido positivo, alegre y festivo a mi vida en particular. No vivo la entrega con angustia.

Spinoza negaba la idea de un dios padre. Proponía un dios horizontal, donde creador y criatura estaban en un mismo plano. Somos un grado de la potencia divina. Si nos hacemos con esa potencia, tendremos una vida alegre, intensa.

Claro. Yo no creo que los cristianos seamos los únicos tipos felices del mundo. Además está lleno de cristianos infelices. Nadie que sea incapaz de amar puede ser feliz. Si sos capaz de amar hasta el final, tenés todo para ser feliz. Eso me lo revela Dios. Otro lo cree en otra cosa. Si sos capaz de amar nos estamos encontrando en todo aunque le pongamos otro nombre.

YO VIVÍA EN EL BOSQUE MUY CONTENTO

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¿Tuviste miedo por tu vida alguna vez?

Yo soy medio bestia. Así como creo que la ignorancia se combate leyendo, la intolerancia se combate viajando. Entonces, cuando tengo un poco de guita, la guardo para viajar. Cuando viajo suelo ir a lugares complicados, pero miedo no tengo. En 2015 yo estaba dando clases en Bogotá, Colombia, y me fui a Tumaco. Ese año la ciudad más violenta del mundo había sido San Pedro Sula (Honduras) con doscientos treinta y seis asesinatos cada cien mil habitantes en el año. Tumaco había tenido trescientos sesenta pero no figuraba en las estadísticas porque tiene sólo cien mil habitantes. Yo quise ir y ver. Por supuesto, con los curas, tampoco soy un suicida. Para que te des una idea del ambiente, los curas estaban preparando catequesis de primera comunión para los chicos ¿se te ocurre algo más inocente? Tema de la semana: Honrar padre y madre. Más inocente todavía: ¿qué es honrar padre y madre? “Bueno, los chicos tienen que obedecer a sus papás.” ¿Y siempre tienen que obedecer a sus papás? “Nooo, si el papá es un sicario y le pide que lo acompañe a matar, no tiene que ir.” Primera comunión de niños. A esos lugares voy.

¿Nunca necesitás un contrapeso, una pausa?

Eso es una pausa. Yo hago silencio cuando me siento a escribir, eso a mí me relaja. Ahora estuve en el sur de Chile, donde hay unos despelotes muy serios con los que, aparentemente, serían un grupo de mapuches. Un párroco tenía una parroquia con una iglesia y nueve capillas. Quemaron siete, la iglesia mayor y seis capillas. Incineradas. ¿Cómo no voy a ir a ver? Miedo tuve cuando en la dictadura me siguieron. Todos mis amigos desaparecieron o se exiliaron. Yo fui un día a visitar a una amiga y un tipo me siguió por la calle y me siguió para que lo vea. Yo pensé: Me toca a mí. Ahí fui a hablar con el rector del seminario, donde era más difícil que tocaran a nadie. Quizás porque el cardenal era cómplice, pero eso es aparte.

¿Qué te aporta la escritura que otros lenguajes no?

Yo soy muy oso. Me gusta mucho estar solo. Si hoy los curas pudieran casarse, les diría que conmigo no cuenten. Mirá, en el grupo  de jóvenes  en que yo estaba, que estaba mi vieja y todo, había un boletín mensual en el que escribía quien quería. A mí me gustaba escribir, tenía dieciséis años. Tenía una amiga -todos creían que éramos novios, pero no- a la que le comenté que me había dado cuenta que todos quienes escribían citaban los evangelios, y que a Pablo no lo citaba nadie. Raro. Voy a escribir sobre Pablo. Entonces lo leí, lo leí y lo leí. Sigo amigo de Pablo, soy profesor de Pablo, doy clases de Pablo en la facultad, el día que esté desconforme con lo que hice, me dedicaré a Isaías. Yo siento que comunico cuando escribo, me comunico también. Me parece que es una tarea importante del cura. Quiero pensar y ayudar a pensar. Eso para mí es un desafío. No me interesa que digan que lo que hago está bueno. Me interesa interrogarme sobre si sirve o no sirve lo que digo, que lo discutamos, que lo pensemos. A veces empiezo a escribir por bronca. Como soy un fanático de Serrat y él dice que lo de las musas es una mentira, no me animaría a decir inspiración. Escribo porque me gusta, porque creo que no lo hago mal, porque hay mucha gente que me lo agradece y le sirve. El blog que tengo lo abrí a instancia de algunos profesores en la Facultad y a raíz también de una ira que tuve con un cura que predicó estupideces en Bogotá. Un tipo que predicó la parte del evangelio en que Jesús dice “He venido a anunciar el Evangelio a los pobres”, explicando que, para la Biblia, ¡los pobres somos todos! Bueno, al final de la misa un hombre se paró y habló: “Yo quiero decirles que soy un desplazado”, dijo, con toda la terrible significación que eso tiene en Colombia.  Dos tipos de la parroquia lo agarraron y lo echaron. Es decir, que los pobres son todos menos los pobres. Ahí monté en cólera -que es un caballo desbocado- y me puse a escribir en el blog.

 

NI CON PLATÓN,  NI EN GRIEGO

¿Cómo procurás que lo que escribís y luego vas a decir en las homilías sea comprendido por tus feligreses?

En principio, no les hablo en griego en la misa. Parto de que el texto dice tal cosa y a eso debería responder desde la fe, pero la realidad nos dice esto otro y a la realidad, para cambiarla, hay que responderle desde la praxis. Yo no doy una clase en la homilía. Un texto del Evangelio me parece que ilumina tal realidad y profundizo sobre ese texto. Podés profundizar desde el evangelio. Siempre hay un tema.  Cuando es Semana santa, ¡mirá si no tenés para hablar de los crucificados actuales!

DEN SALA

¿Qué texto te parece que ilumina la prisión de Milagro Sala?

Mirá, yo fui a visitar a mi hermana  en San Isidro. Un grupo de curas  me invitó y les sugerí que dijeran un texto de Isaías: “He venido a anunciar el evangelio a los pobres, a liberar a los cautivos y esto es lo que se ha cumplido hoy” Esto es lo que Jesús quiere. Obviamente, hay que trabajar para esa situación. Estoy indignado porque hay una foto en Facebook y en YouTube de eso y uno de  los curas es más o menos parecido a otro cura de Paraná, que fue abusador de seminaristas: “Cura abusador celebrando misa por Milagro Sala”, dicen. Estoy indignado. Es un amigo y a un amigo no se lo toca. Otra: Tengo un amigo que era cura en Santiago del Estero. El antiguo obispo de ahí era del Opus. Nosotros hicimos una declaración diciendo que el episcopado había sido cómplice de la dictadura cívico-eclesiástico-militar y el obispo lo echó. Yo entré a pegarle al obispo, le mandaba cartas, mails, le dije barbaridades que si las lees te darían vergüenza ajena. En un momento el tipo cito a Escrivá de Balaguer: “Sean perfectos como Dios es perfecto”. Entonces le escribí: “No me voy a meter en todo lo que está diciendo” (por supuesto que sí me metí) pero me voy a detener solamente en esto: Yo le dije a usted que era un ignorante y que no sabía nada de la Biblia. Estoy dispuesto a retractarme en todos los lados donde yo escribí y pedir perdón e irme de retiro diez años, si usted me muestra en qué parte del evangelio de San Lucas está el texto que acaba de decir. Pero no lo va a encontrar porque no está en San Lucas. Y no está en San Lucas porque usted es un ignorante que no sabe nada de Biblia.

Acá decís “Si consideramos válida para tiempos de Jesús la legislación que la Mishná señala, deberemos decir que el juicio de Jesús fue totalmente ilegal o que los evangelios añadieron dramatismo a un hecho ya de por sí grave”. Cómo no pensar en Milagro.

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Lo que planteo ahí es que, como la Mishná es confusa en sus fechas, entonces no es claro si, en la legislación, el juicio nocturno estaba prohibido en tiempos de Jesús. Si es así, incurrieron en una ilegalidad. No podemos saberlo. Totalmente de acuerdo en que el juicio a Milagro es oscuro. Sin ánimo de comparar, a Jesús lo meten en cana y ya estaba decidida la sentencia antes de empezar el juicio. Se buscan testigos falsos, se hace un juicio nocturno, por todos los medios se intenta encontrar argumentos para condenarlo porque ya estaba decidido que este tipo merecía la muerte. En ese sentido, sin duda que es muy parecido. Por otra parte, la historia de la humanidad está repleta de juicios injustos.

Biblioteca de Eduardo de la Serna
Biblioteca de Eduardo de la Serna




LA HORA DEL CORDERO

El cuidado del otro: Sobre el Indio

Por Néstor Grossi

YO SOY NADIE, EL MONSTRUO NO MUERDE MÁS

Sí, puede que cuidarse uno mismo sea cuidar al otro. Pero, desde cierto ángulo, cuidarse uno mismo es el pilar de toda anarquía. Cuidarnos entre nosotros era no llamar la atención de la poli, siempre ahí afuera, esperándonos, no responder a las agresiones y volvernos a nuestros barrios en paz. Todo eso lo aprendimos del Indio, que, después de veintisiete años renegando desde un escenario, logró adoctrinarnos.

Hablar de todo esto a tan solo un mes de lo sucedido en Olavarría no es tomar una posición. Yo no estoy en condiciones de analizar el “fenómeno sociológico” del Indio, ni de filosofar sobre el tema. De toda esa mierda ya tuvimos lo suficiente estos últimos días. La verdad, nada me sorprendió. Ni cómo lo despedazaron al Indio ni lo que pasó durante el show. Sólo me vino a la mente el recuerdo de aquel primer “Obras” al aire libre, un gran ensayo general de lo que serían las futuras misas o, como prefiero llamarlo: el primero de todos los rituales.

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EL INFIERNO, SIEMPRE ENCANTADOR. ESA NOCHE

La primera vez que vi a los Redondos fue el 27 de octubre de 1989, en “Satisfaction pub”, un cine transformado en un boliche rockero a gran escala, sobre Lima, a dos cuadras de avenida San Juan. Comenzaba la gira de “Bang bang, estás liquidado”, una serie de conciertos que pasaría por el Estadio Obras, por el Parque Sarmiento en un par de fechas y que volvería a Obras, en diciembre de 1990, para cerrar el año y terminar la grabación del nuevo disco. Menos el que hicieron en Uruguay, creo que no me perdí ni un recital de la gira.

La noche de Satisfaction fui con el bajista de mi banda de entonces: “Asistencia Kriminal”. Y sí, éramos punks. Pero “Los Redondos” nos volaban la cabeza y nos mandamos después de haber hecho una previa en mi casa con Lexotanil y Zumuva en tetra. Recuerdo haberme subido al 86, deambular por San Telmo; recuerdo una lluvia de botellas por la lomada, que caía desde la 9 de julio hacia los patrulleros que estaban estacionados sobre Lima. Recuerdo la entrada a las corridas y que los Redondos ya estaban sobre el escenario, recuerdo “Todo preso es político” y “La Vaca”, después de “Vamos la bandas”, perdí la noción de todo.

PicsArt_04-21-09.10.09Abrí los ojos en una celda, sin mi broder bajista y con un desconocido que dormía en posición fetal sobre el cemento y sostenía una foto arrugada del Indio, todavía con bigotes y corbata. Según le dijeron en la comisaría a mi vieja, me había desmayado en el baño del lugar. Lo que no le dijeron es que me habían metido en un buzón: andaba tan violento que quise pegarle al cana que me sacó las esposas. Y, aunque no le contaron nada de eso, mi vieja me cagó a trompadas mientras salíamos de la 16 y los putos ratis se reían de mí.

En Parque Sarmiento, igual, la misma mierda, salvo que no me mandé ninguna cagada, terminé en la 49 limpiando la taquería porque un imbécil muy zarpado, rompió la luneta del bondi y fuimos todos presos. No recuerdo de qué línea era, solo que fuimos directo a la comisaría, nos bajaron y ahí quedamos.

Al menos, ya había cumplido los 18 y nadie tenía que ir a sacarme.

SOLDADITOS, BRAVOS MUCHACHITOS

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La era de Patricio Rey en Obras duró apenas dos años. Abarcó el cierre de La gira de “Bang Bang, estás liquidado” a fines del ’89, y toda la de “La mosca y la sopa”, que finalizó en diciembre de 1991 cuando se despidieron del Templo para convertirse en una mega banda. Aquella serie de conciertos fue lo mejor de los Redondos y estuve en todos. Y, de todos, solo recuerdo las previas y los primeros temas. Después caía en trance como el resto de la tribu y aparecía, sin saber cómo, en mí casa. Sin embargo, hay un Obras que jamás voy a olvidar. Fue el primer concierto al aire libre de los Redondos ante unas veinticuatro mil personas que, por supuesto, desbordaron el lugar, no cabía un rolinga más. Esa noche la avenida Libertador pasó a convertirse en el patio trasero del estadio.

Era el cierre de la gira de “Bang Bang” y el comienzo del caos en el mundo de Patricio Rey. Llegué a él en un bondi de línea que venía de otra realidad, donde la gente bebía y fumaba, donde los civiles no tenían lugar y donde todo el mundo alentaba a los golpes, tres cantos a los redondos y uno al chofer, hasta bajar en Belgrano, que ya estaba bajo el mando de las tribus y sus banderas.

En un bar de Juramento pedimos hielo para el vino. Doblamos por la avenida y nos unimos a todas las columnas que avanzaban por Libertador entre las explosiones de los tres tiros, los cánticos y los trapos, que empezaban a alzarse a medida que llegábamos rodeados de patrulleros.

Era el último fin de semana de los ochenta.

Esa noche del 29 de diciembre de 1989, fue el primer ritual, la primera de todas las misas y el primer concierto masivo de Patricio Rey y sus redonditos de ricota. Habían montado el escenario a un costado del estadio cerrado, sobre la cancha de hockey del club. Me veo correr por el campo hacia adelante, hasta chocarme contra la valla de madera que nos separa de una estructura de caños gigante, veo un malón de gente y el Chelo que gritaba: “trepemos o nos matan”. Así como nosotros, cientos comenzaron a trepar entre los caños.

Los-Redondos

La noche empezaba a caer sobre el estadio y de los Redondos, nada. Sólo aparecían los plomos para pedir que se bajaran del escenario o la onda no empezaba… Pero era imposible. Yo estuve ahí, parado sobre un caño de metal y sosteniéndome de otro para no caer. Cuando me daba vuelta para mirar, hacia atrás solo veía un mar de cabecitas, incluso sobre los puestos de comida, que debieron cerrar.

Cuando el Indio y Skay aparecieron en escena, todo comenzó a temblar en medio de la ovación. Literalmente. Me sostuve fuerte y traté de cubrirme el oído izquierdo con el hombro. Tenía toda una columna de parlantes a un costado y a los Redondos, ahí nomás, frente a mis ojos.  A mis espaldas, dos metros abajo: las tribus, todas.

Y a medida que pasaba el recital, los monos no paraban de avanzar, de colgarse por los caños y trepar. El Indio ya no sabía cómo pedir que se bajasen, que no transformásemos una fiesta en una desgracia.

Entre tema y tema, pasaba una eternidad.

Yo estaba tan cerca que veía a la Negra Poli gesticular al tiempo que hablaba con el Indio y con Skay; algo pasaba, estaba todo mal de verdad. Había tanta gente sobre el escenario y colgada de la estructura de hierro frontal que los caños se doblaron y todo quedó en un leve pero molesto plano inclinado.

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La Negra Poli se acercó hasta el micrófono del Indio y fue al grano. Si se venía todo abajo no iban a poder seguir tocando. Los Redondos hacían un tema más y se iban al entretiempo. No sabían si iban a volver, la continuidad del show dependía de nosotros y de que el escenario soportase. Lo repitió unas veces. El Indio la siguió, se lo veía furioso. Skay se plantó en su costado del escenario y le dedicó a los idiotas un solo híper agudo y largo, que terminó en “Aurora”. Pegaron no recuerdo qué tema y se fueron sin despedirse ni advertir nada más. Las luces del estadio se encendieron todas. Desde los parlantes, una voz en off pedía a la gente que bajase de a poco del escenario o no podría continuar el show por motivos de seguridad.

Yo no podía más, los Redondos no volvían, me dolían las manos, me dolían las plantas de los pies de estar parado en un caño y, por sobre todas las cosas, necesitaba un maldito pucho y mear. Teníamos que aprovechar que la monada empezaba a bajar, le dije a Chelo. Debíamos de estar a unos dos o tres metros del suelo, me contestó… Hice un par de señas a los de abajo, grité. Y, entonces saltamos.

Una vez en tierra, nos sobró el tiempo para recomponernos como personas: meamos hasta el dolor, bebimos litros de agua del pico de las canillas y nos armamos el primer puto porro desde que habíamos llegado. Nos fumamos un cigarro tras otro sin poder creer que habíamos estados colgados ahí, en ese escenario torcido que se mantenía en pie de milagro.

Después del entretiempo más largo de su carrera, los Redondos volvieron sólo para conformarnos y que no terminase todo en una catástrofe peor. Hicieron unos cuantos temas y cerraron el show como siempre, con un Indio que pedía desconcentrar en paz porque afuera estaba la mierda esperándonos. Y, como siempre, se fue con el deseo de un buen año y una buena década, “no nos olvidemos de nosotros” dijo. Y desapareció.

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Todo terminó en un clima de mierda. De no ser por los talibanes que no paraban de agitar, el resto de las tribus se retiraban inconformes, faltaron temas, faltó buena onda. La gente empezó a dar vuelta los puestos de comida, de helados y gaseosas. Había algunos drogados que reían con tiras de chorizos alrededor de sus cuellos, con bolsas transparentes de hamburguesas crudas y otros que repartían latas de Pepsi y helados entre la gente.

Afuera, sobre la avenida, todo era un caos de rolingas que intercambiaban sus botines. Los Torpedos, Llolipops y alfajores helados eran free porque se derretían, pero la gaseosa serviría para el vino. La carne era carne. Y, nosotros, la generación de genios que daría a luz la cumbia villera y el rock barrial. Ahí estábamos, en plena acción; peposos y empastillados, todos fumando para nivelar mientras nos dispersábamos en busca de alcohol por una avenida arrancada de este plano. El Chelo encendió uno mientras yo terminaba mi segundo Torpedo de limón, cuando un vago con una remera de “Oktubre” y una larga tira de choris al cuello se acercó para manguearnos una seca. Odio que me pidan una seca y se lo dije, una seca no pega: se pide una fumada, así que lo invité. Nos convidó un vino con Fanta caliente y, en una esquina, le cambié un bagullo de dos o tres fasos que me quedaban por la tira de chorizos.

Entre mi amigo y yo, apenas si llegábamos a un vino y a un paquete de cigarros. Nos perdimos por Libertador hacia Belgrano, conocíamos un kiosco que vendía birra toda la noche cuando había conciertos en Obras. El chabón que atendía, al vernos en ese estado y arrastrando con nosotros 24 choris unidos x un hilo, nos dio la mejor la idea de la noche. Una hora después, en una de esas parrillitas al paso que había sobre la vereda en la estación, negociamos 20 choris para el dueño a cambio de dos birras de litro, una porción triple de papas y dos choris para cada uno. Excelente.

A pesar de que aquella noche resultó todo mal, y hasta quizás fue el peor concierto de Patricio Rey, ése fue el primer ritual, un gran ensayo lisérgico de lo que serían las futuras misas ricoteras y la década que llegaba; porque los noventas comenzaron esa noche, cuando el Indio y Skay pisaron el escenario del estadio Obras.

LA PUERTA INALCANZABLE. ADIÓS A TODO AQUELLO

893d89abdc0a1c3d1e6c6d70154d41f1Después de aquellos Obras que duraron hasta diciembre del 91, fui a verlos una vez más, al Centro Municipal de Exposiciones. Una noche fatal, un lugar que no servía para conciertos, la banda sonaba mal, la acústica era una mierda y, a los costados, estaba lleno de columnas que no facilitaban en nada la salida. El lugar había colapsado; con La mosca y la sopa, los Redondos sonaban hasta en la FM 100. El público comenzaba a cambiar y cada vez eran más y más. Recuerdo salir del lugar sin tocar el piso, presionado por una masa de gente que se movía en bloque hacia una puerta que parecía no llegar jamás.

Para mí ya estaba bien, al menos, por un tiempo. Además, cada vez se ponía más denso el ambiente. Al descontrol, se le sumaban los robos entre el mismo público, las peleas de borrachos y, por supuesto, siempre la policía, para terminar de arruinarlo todo.

El cuidarnos entre nosotros del Indio ya comenzaba a dejar de causar efecto. En 1992 estábamos todos muy drogados y violentos, éramos los chicos malos. Y a mí cada vez me gustaban menos las multitudes, y no soportaba el bardo al pedo. Dejé de ir a ver conciertos de rock nacional en estadios. Con los Redondos fuera de mi escena mental y con los Violadores recién separados, solo me quedaban la Renga y Pappo.

patricio-rey-y-sus-redonditos-de-ricota-2246474w640La última vez que vi a los Redondos fue en misa, con todo el circo de la mochila y la carpa. Presentaban “Luzbelito”, en el Anfiteatro de Villa Maria, Córdoba. Uno de los mejores conciertos que vi y en un lugar de película. Todo fue en un clima de paz y amor, con gente que acampaba en las plazas y a los costados de la ruta, otros dormían en las veredas. No hubo destrozos ni peleas. El mensaje del Indio parecía haber sentado al fin y todo fue una fiesta antes, durante y sobre todo después. Fue la mejor despedida que podía llevarme y mi última postal. No volvería a hacer otro viaje. Además, esa no era mi onda ya. Ni siquiera iba a ver a la Renga, que también llenaba estadios.

09FEn Abril del 2000 las tribus coparon River, fueron dos shows plagados de peleas, navajazos y robos dentro del estadio, al mismo tiempo que los Redondos estaban sobre el escenario. De nuevo otra mala noche para el Indio que se la pasó puteando y amenazaba con cortar a cada rato. Los Redondos se despidieron de Buenos Aires con ese River a luces encendidas y con heridos de armas blancas.

Un año después, presentaron su último disco, en Montevideo, dos fechas que juntaron cien mil personas. En agosto del 2001, todo terminó en el Chateau Carreras, en Córdoba. La leyenda urbana de que los Redondos se separaban se hizo realidad: no era una banda para este nuevo siglo, ni para su gente.

Al año siguiente, el rock argentino comenzó a involucionar hasta convertirse en pura mierda.

PATRICIO DISCO SHOW

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Creo que el chabón sabía que ese era su último show, que entendía que ese público no era aquel de los ’90, se perdía control, esa no era la murga de los renegados. El público rockero ya no se revienta, al menos no con aquella maldad del siglo pasado. El descontrol está en otro lado. Durante los conciertos de su etapa solista, a pesar de la híper masividad, nunca hubo problemas de tachos y cabinas telefónicas encendidas. No había enfrentamientos contra la ley ni gente cortada. Todo era paz, amor y rocanrol. Sobre el escenario, un Indio que no tenia que cabrearse, que disfrutaba del show. Abajo, todo era vino, asado, banderas y marihuana. Quien haya inventado el termino “misa” dio en el clavo, la palabra del Indio era sagrada y, sobre el aire, flotaba cierto respeto entre la gente que antes no existía. Porque “los de antes” eran rituales, no tenían la liturgia de las misas. Sólo era sexo, droga y rocanrol, el mundo olía a santería barata y ahí estaba la cuestión. Todo eso había terminado.
PicsArt_04-22-12.39.27El Indio no tenia pruebas para pensar que algo podía salir mal, al menos no hasta unos días antes del show, cuando nada podía detenerse, cuando ya había gente acampando en el lugar. En los medios apareció un comunicado donde el Indio instaba a cuidarnos entre todos, advertía que podría haber infiltrados con malas intenciones. Nada nuevo para el público de siempre, el mensaje solo alertó a la mierda amarillista de la televisión que se hizo todo un banquete hasta el hartazgo, hasta que los forenses comprobaron que los dos muertos no fueron por asfixia. Lo de los medios se tornó repulsivo. No me imagino a un Indio Solari planear la muerte de nadie junto a su contador mientras bebían whisky y trataban de dibujar números para ahorrar gastos. No puedo imaginarme al Indio diciéndole a la productora “como sea, pero que salga”.

En tres décadas que llevo en conciertos de rock de todos los géneros, nunca vi a un músico preocuparse tanto por la integridad física y mental de su público. Lo que pasó en Olavarría fue una mierda donde el descuido personal y la mala suerte se dieron la mano para llevarse por delante lo que podría haber sido la despedida de una leyenda en vida. Entonces, al Indio le pasó lo peor que podía pasarle: sus propios demonios lo alcanzaron, había llegado la hora del cordero, el lobo seguía suelto y el bosque era suyo.
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SALE CON FRITAS

El cuidado del otro: Sobre Salliqueló, lugar donde lo inverosímil hace escena.

Por Cecilia Miano

Lunes 6 de marzo de 2017

EL  BESTIARIO

Vericuetos insondables, reclamos que deberían ser derechos, derechos que se yerguen en lucha, luchas que agotan y potencian a la vez. El 2017 arranca con el guardapolvo blanco y el panorama negro. ¿Por qué un médico es casi admirado cuando logra cobrar exuberantes honorarios y cuando se trata de un maestro, todo queda bajo la sombra del abuso, la exigencia desmedida e, incluso, la vagancia? ¿Cuándo sucedió que la imagen tCEPILLOan elogiada del maestro público comenzó a ser el blanco de proyectiles desmesurados e injustos? Marchar es dejar a los alumnos sin educación. Marchar es un modo de “politizar” sin trabajar. Trabajar, trabajan poco, porque tienen dos meses de vacaciones, como nadie. ¿Cuándo se inscribió este imaginario?, ¿o debería decir, bestiario?

PUEBLO CHICO, PREPOTENCIA GRANDE

La sociedad cree que los docentes reclamamos salarios, cuando la verdad de la situación propone muchos más rizos, complejidades y baches que los vistos en los titulares de los diarios y medios virtuales. Para dar un ejemplo de cómo el derecho a huelga es visto como un exabrupto de vagos unidos, veamos qué sucedió en Salliqueló. En pleno día de paro, el ministro de educación de la provincia de Buenos Aires llega hasta este pueblo. Lo hace sin mucho preámbulo público y, con mucha celeridad, LAPICESse abalanza dentro de la única escuela del distrito que está abierta. El hecho hubiese sido un acontecimiento importante para toda la comunidad, si las condiciones para llevar adelante semejante acto, con semejante presencia ilustre, hubiesen sido distintas.  Las cosas ocurrieron así: a las ocho de la mañana, en el momento en que la escuela abría sus puertas para dar comienzo al ciclo lectivo, se anunció que el acto de inicio se realizaría a partir de las diez, porque el Intendente no podía llegar antes. A las nueve, sólo  quienes, por alguna razón, tienen cercanía con la policía o  con los medios de prensa sabían que el Ministro arribaría a las diez.

“Ministro de Justicia”, anuncian primero.

Luego, teléfono. Un breve llamado diez minutos antes del aterrizaje del avión.

Y, como salido de una galera voladora, llega al aeroclub el avión que trae a Finochiaro, ministro de educación de la provincia de Buenos Aires.

BALDAZO

Diez minutos antes de la hora prevista para el arribo del Ministro, me preguntaba en cuánto tiempo una persona es capaz de preparar la cabeza y pensar de manera ordenada ante algo que sobreviene. ¿Cómo es posible que llegue una autoridad tan importante al pueblo y nadie sepa nada?, me preguntaba, a la velocidad de quien intenta estirar cada minuto de los diez que dispone para actuar con coherencia, para no dejarse llevar por la marea de los hechos. Como es habitual, primero reaccionan los objetos. Mi guardapolvo- siempre listo- se acomoda a mí. Llego hasta la escuela céntrica del pueblo. Algunos compañeros ya están en la vereda.

LOMBROSO PARA DOCENTES

El Ministro entra a las diez horas y dos minutos. La puerta se cierra y nadie más puede entrar. ¿Quién quedó adentro?, ¿quién, afuera? En eso se acerca una conocida. Me dice que le impidieron el paso porque “tiene cara de docente”. Ella es profesora, pero no viene por su cargo. Sólo pretendía ver a su sobrino en el primer día de clases. Nada conmueve al heroico policía apostado a la puerta.

-Negativo. Nadie más puede pasar, no importa quién sea.

El desconcierto se vuelve certeza que taladra el pecho. La cosa está clara: los de adentro y los de afuera, como si fuésemos de otra raza. Como si el Ministro viviera una realidad paralela, puertas adentro, con alumnos preciados, con prácticamente ninguna familia. A decir verdad, la familia “de adentro” es, en su mayoría, la familia policial. Policía de civil. ¿Pero no íbamos a

FOCOinaugurar el ciclo lectivo? ¿Cómo es que “la cara de docente” te deja afuera de la apertura de clases en una escuela? ¿Será que cuando inauguren una comisaría nos tocará a los de guardapolvo blanco?

EL TEATRO DISCIPLINARIO

Me tomé el trabajo de escuchar, durante toda la campaña política del oficialismo, lineamientos y declamaciones acerca de que “la educación era el pilar de una sociedad, donde el maestro resultaba un ser intocable y necesario para la construcción de un futuro mejor.” Qué lindo. Aunque nada de eso condice con este acto público a puertas cerradas, con estos alumnos que preguntan, “Seño, ¿qué pasa adentro?”, con estas palmas que gritan “paritarias” y reclaman lo que ya tenían.  ¿Cómo explicarles que adentro se ha montado un teatro, donde los policías hacen de familia escolar y donde el Ministro simula que los policías de civil no son policías? ¿Dónde queda el diálogo? ¿Dónde quedan los chicos? ¿Qué les enseñamos hoy a todos? ¿Qué nos enseñaron hoy los políticos de turno?

 ¿LA VIDA ES UN DIBUJITO?

Hoy aprendimos todos que las realidades se dibujan. Ahora, si uno no se deja engañar por lo plano y lo llano del trazo, es posible ver lo “real” sin turbaciones de intereses creados por otros, en quienes no creemos y a quienes muchas veces ni siquiera conocemos.

BHUOUn pueblo como Salliqueló entra en conmoción por estas llegadas  intempestivas al pueblo de parodias y violencias nacionales. Pero también tenemos lo nuestro, lo autóctono. Un solo auto fuera de sitio, lo inesperado desequilibra todos los presupuestos de este territorio. Hago una bisagra. Salgo  hacia la puerta de la escuela. El cuidado y el descuido del otro avanzan hacia el umbral que concreta estas dos escenas. Si el lector quiere, que venga conmigo.

 DE REGRESO, MIRTA

Escena  1:

El viernes se acerca con miedo, despacito para no molestar. A brillo de lampazo, el pasillo se abre hacia la vereda. Desde allí una voz en descalabro extraña la paz de una escuela en Saliqueló.

¡Se robaron mi auto!

En este pueblito tormentoso para muchas cosas, esta noticia no puede ser real, así como así. Los vecinos casi siempre dejamos nuestros autos con las llaves puestas. Como mucho, a la hora de la siesta, debemos soportar el  rugido de los escapes de motos. Sin embargo, la voz de la vecina ha roto el precario equilibrio universal de este pequeño lugar. No me amedrento y me acerco a la vereda de la escuela, con pocos alumnos este viernes del paro docente. Allí me espera la mirada celeste espantada de Mirta.

¡Me robaron el auto!, ¡me robaron el auto!

Y su desconcierto cae hacia el asfalto.

Escena 2:

Lo inconcebible primero fue una voz. Luego, un rostro. Luego, un relato. Lo inconcebible en forma de relato dijo que a Mirta le robaron su auto. Un sismo en la llanura. Inconcebible. Un auto robado en Salliqueló, en la puerta de una escuela. Los segundos se entrelazaron con la mirada hacia la esquina, donde mis manos, independizadas de las determinaciones del reloj, se agitaron en dirección a una patrulla policial.

-Robaron un auto-  dijo mi desconcierto. Sus anteojos interceptaron la señal e hicieron reflejo en una mueca de sus labios gruesotes. Entre risa y turbación, lo inconcebible no pudo diluirse ni siquiera en el intercambio de datos.

- Mi auto es así y asá, de tal color, de tal marca- Mirta, pausada, como si  el tiempo se REVUELTOhubiese detenido sólo para dar paso a una comedia ideada por algún autor aburrido, ávido de un grotesco.

Escena 3:

Lo inconcebible se desperezó con modorra y el móvil salió con Mirta y oficial a bordo. El silencio de la calle y la mirada en busca del auto se perdieron en la incertidumbre. Los alumnos no saben. Los vecinos no saben. Sólo tres lo sabemos. Y eso le da un peso singular -más singular aun- a lo inconcebible.

-Éramos pocos y nos roban un auto- pensé para mí, como si ya no hubiera bastado esta semana con el  conflicto docente.

Mi celular suena en medio de la ronda improvisada, ahora en el SUM de la escuela, a metros de donde sacaron el auto. Jimena, docente, relata rápido cómo vio, a través de su ventana, a un señor que se subía al auto de Mirta y se iba, pancho él, con rumbo incierto.

Entonces Mirta tiene razón. Le robaron el auto. Velaremos lo inconcebible.

Las conjeturas se arman en torno al seguro, cuánto cubre, cuánto combustible tiene el auto para armar una hipótesis de hasta dónde el ladrón podría llegar. Todo en simultáneo, todo en voz baja para no alarmar a nadie… no somos más que unos docentes de primaría y algunos profesores de educación física del secundario.

Ahora, a aguantar a la falta de docentes, alumnos, padres y la intromisión del delito, la policía dentro de la escuela.

Para ser honesta todo se relaciona con todo, como decía mi abuela, la policía se vuelve protagonista como lo fue en la escuela más céntrica del pueblo, el primer día de clases. Aquella vez, con policías que simulaban ser padres, con sus manos en alto para custodiar al Ministro que, raudo, salía a pura sonrisa prestada del perchero. Me pregunto cómo será la noticia en el caso de Mirta. ¿Qué género dramático elegirán? Los chismes comienzan de a poco y, en momentos, pueblan el lugar con total naturalidad. Porque esto, señores, es Salliqueló. Y lo inconcebible se vuelve nosotros. Veremos.

Mirta no regresa.

Escena 4:

Celular, celular, celular… timbre, timbre, timbre, no sé, a lo mejor no sonó más de tres veces. Miro y atiendo al mismo tiempo. Gritos de horror dan una señal de alerta. Entre los sollozos, no encuentro espacio para imaginar la historia dentro de esa gritería. Mirta surge en medio de la escena, finita, y se mezcla con la palabra:

-No aparece, Ceci. No aparece.

Escena 5:

Siento culpa por haberla dejado ir sola a la sede policial. Le aviso que voy, pero la voz se aclara un poco y la angustia dice: circulamos por un camino vecinal, hacia la zona de Leubucó. De inmediato, el interrogante, ¿por qué Mirta está en la persecución?, ¿por qué su pelito rubio se mueve al compás de los golpes del piso arenoso y gastado por el viento?  Es NOVILLOevidente que lo inconcebible ocurre en Salliqueló. Su cuerpo delgado en bamboleo incansable por el medio del campo, en busca de su auto. Escucho el bamboleo en su voz, en su desesperación entre golpeteo y golpeteo. Imagino también la nube de tierra volar delante del móvil. ¿Cuánto puedo conjeturar en medio de tanto asombro? Pero, claro, esto es Salliqueló.

Escena 6:

-No aparece, Ceci. No aparece.

La secuencia se repite, queda como fondo. Ahora escucho la radio de la policía. El operativo es grande, la policía de la zona está alerta, toda la información se replica como rezo de PERROdomingo y Mirta logra un poco más de calma. Nos reímos juntas, siempre alivia comparar el presente con la hipótesis de una tragedia mayor: si algo ocurriera con su salud, si algo les ocurriera a sus adorados perros salchichas. Después de muchos minutos y una caminata por la escuela en busca de razones valederas para sacar la risa de Mirta, le digo:

-Mirta, con esto voy a escribir un cuento-

Y ahí sale ganadora la risa genuina, sale entre la  desesperación.

-Qué loca que sos- escucho con entusiasmo.

Cuelgo, con la promesa de llamarla más tarde.

Escena 7:

Cumplo con mis promesas siempre.

Diez o doce minutos más tarde vuelvo a llamar. El rumbo ha cambiado, el destino es Caruhé. Las imágenes vuelven a mí en un instante. El señor policía dice que no lleva toda su ropa de trabajo puesta, pero yo lo vi vestido, concluyo que… mejor no hacer conjeturas.

Mirta, en alerta, ya instalada como parte del paisaje, dice algo que no se entiende, se entrecorta la comunicación, la baja señal da el fin. Unos minutos más tarde mi celular avisa. La voz jocosa de Mirta sigue cortada. “El lavadero”, escucho como al pasar. Según cuentan mis compañeras, mis ojos se arquearon, la boca se abrió en mueca de horror y fue así cómo entendí que su auto había sido retirado de la escuela por el señor que le lava el auto a Mirta casi todas las semanas.

P.D.: el patrullero dejó a Mirta media hora más tarde. Ella, en medio del campo, llamó al lavadero y allí encontró su vehículo. Los policías ya no tenían razón de permanecer. El comisario se enteró de la noticia, en las cercanías de Trenque Lauquen. Iba en su auto particular, como parte del operativo.

¿Qué perseguían Mirta y el policía?

De regreso Mirta en el patrullero, como si nada hubiese pasado. Tal como en los grotescos, lo real se vuelve engorroso. Lo irreal nos circunda. La verdad es puro cuento. Lo único seguro es que lo inconcebible sucedió en Salliqueló.

Lo inconcebible es un descuido de lo real, una grieta que ensancha los bordes de lo esperable. Quedamos en medio de un asombro sin fronteras. Los refugios habituales no sirven, los nuevos no aparecen. Paradójicamente, el descuido cuida a nuestra mirada de volverse siempre igual a sí misma. Nos volvemos otros. Y, con esa nueva mirada, vemos a la mentira uniforme apostarse fuera de sitio, a la ilusión equivocar el rumbo, a la memoria montar sus trampas.

Mirta tiene razón.

No aparece , Ceci. No aparece, Ceci. Pero no se trata del auto. Siempre hay otro por venir.

Ya llega, Mirta. Aunque tarde. Ya llega.

PAJARO




VIDAS DE PERROS

El cuidado del otro: Sobre el maltrato de animales

Por Sol Bonavoglia

FRAU HIGIENE

ESCENA 1:

sol2-Muy lindo el perrito. – Y ella asentía con la cabeza y con una sonrisa.

Todos los días lo llevaba a caminar para que el animal hiciera sus necesidades. La higiene era fundamental. Cuidar su espacio íntimo, casi un mandato divino.

-Dale, Reinaldo, tengo que ir a ver “Intrusos”. -Murmuraba para sus adentros, mientras le sonreía a la gente que pasaba por el lugar.

Cuando las necesidades del perrito estaban satisfechas, la señora daba media vuelta y seguía su camino. Bueno, no por mucho. Porque el perro se aferraba a su lugar, con la mirada clavada en el piso, en una especie de capricho visual que rompía el delicado equilibrio de la doña.  Entonces ella perdía los estribos, tiraba de la correa sin piedad hasta lastimar el cuello del animal. No le importaba un carajo de nada en ese momento. Tenía una enorme capacidad de olvidar algunos preceptos divinos, si el deseo la tironeaba hacia un programa de televisión. Ya no le importaba la gente que pasaba. El perro, inmóvil.

-¡Dale, perro de mierda! ¿Qué te pasa? –

El perro, inmóvil.

Intentó una vez más. Tiró de la correa.

El pero, inmóvil.

-Bueno, listo, me cansaste-  Y, entonces, ningún precepto divino fue capaz de detenerla. Le zampó al perro un golpazo en la cabeza. Como era de esperar, el perro: inmóvil. Rígido. Impasible.

Mientras tanto, quienes por ahí pasaban aprovechaban el espectáculo gratuito. El morbo no vacila y deja todas sus labores y obligaciones si de ver un show como este se trata. La mujer, meta golpe. El perro, inmóvil. El público, obediente, jamás se corrió de su posición espectadora. Generoso, ni se acercó a la escena. Eso sí, agradeció el show con risas y sarcasmos varios.

Se sabe que la letra con sangre entra. Y si se trata de un perro, será letra en idioma perro. Así que de tanto pegarle, al final, con la cabeza gacha y sin ganas, el perro depuso su inmovilidad y siguió a su ama. ¡Qué lindo es cuidar una mascota!

CONSEJO VENDO, PARA MÍ NO TENGO

ESCENA 2

solnuevadescargaClaudio caminaba. Lucía orgulloso su remera de “GreenPeace”, por las calles de su barrio. Mientras iba a una convención sobre el medio ambiente, un perro de la calle no dejaba de seguirlo. Al principio, esperó que el perro se cansara. En un punto, se hartó. Hacía quince minutos que el animal no cedía. Entonces, miró al perro, y el perro lo miró a él, con la lengua para afuera y meta mover la cola. Claudio frunció el ceño y agregó:

-No me sigas más-

Conceptualmente y, en idioma perro, el animal comprendió que debía insistir en lo que ya estaba. Claudio no quería ni podía darse el lujo de llegar tarde. Cinco minutos después, el perro seguía atrás de él, entonces con una rama de árbol en la boca. Dos minutos después, aún seguía. Cuatro minutos más y aún ahí.  En eso, el hombre tuvo una iluminación. La forma del contenedor de basura a su costado resultó como una revelación de dioses.

-Ahora me vas a dejar de romper las bolas-

De un manotazo, el animal fue a parar dentro del profundo vientre del contenedor. Satisfecho, Claudio se sacudió de fastidio su remera de “Greenpeace”  y marchó a destino, con una sonrisa en la cara.

En su camino, le vino un recuerdo de la tarde anterior: “Ayer vi cómo una señora le pegaba a su perrito porque el animal no se movía del lugar… Un asco, cómo puede existir esa gente. Son unos hijos de puta”.

LOS MAREADOS

ESCENA TRES

-A ver, Lolo, ¡una vueltita! -le decía la mujer al animal, mientras sostenía un hueso en la mano. El perro lo miraba y se acercaba para agarrarlo.

-¡No, primero la vueltita!

El animal giraba la cabeza para un costado.

-¡Vuel-ti-ta! –Exclamaba el tipo, mostrándole el hueso. – ¡Dale, tarado!

Lolo miraba “la carnada” el hueso y después a ella, como suplicándole que se lo diera.

-¡No, primero la vueltita!

Todo tenía un límite. Lo agarró de la cola y lo hizo girar como quien centrifuga la ropa a mano, ante la incapacidad de la máquina para hacerlo. El universo se volvió una nube de fantasmas para Lolo. Cuando el tornado pasó, Lolito se retiró cabizbajo hacia un rincón. Después solo fue cuestión de esperar el momento. El tarascón en la pierna fue tan profundo, que la pobre mujer debió entretenerse varios días en el sanatorio. Cada vez que le iban a dar una inyección en la cola, el médico le decía: A ver, señora, ¡una vueltita!

HABÍA UNA VEZ, UN CIRCO

sol3ESCENA 4:

Camino, intento no ser derribada o pisada por el cuerpo del elefante. Al animal, ahora lo obligan a levantar las patas. El peso de todo su cuerpazo hace un esfuerzo contra toda su naturaleza y lo intenta. Yo me paro sobre su trompa y veo sus ojos la búsqueda de una fugar. ¿Cómo lo ayudo? Soy chiquitita, apenas me veo, quiero decirle que estoy para él, que voy a intentar ayudarlo. Mientras pienso estas cosas, llega el primer latigazo contra el elefante. Y la risa. ¿De qué se ríen? Me niego a dejar que esto siga así… Intento hablarle al pobre animal, pero no me escucha, está muy ocupado en su dolor.

-Vamos a lograr salir de esto, amigo. -Le aseguro. Aunque sé que no me escucha ni me entiende.

Me bajo de su cuerpo, esquivo las pisoteadas, salgo del lugar. Veo a un perro, pienso que puede llegar a ser un aliado.  Atado a un fierro, por una correa, el perro debe tener la suficiente furia y humillación como para unirse a la lucha. Me acerco, le explico un plan para sacar al pobre elefante del lugar y combatir por la libertad de todos. Por cómo me mira,  creo que me entiende. Sí, estoy segura. Entonces, parpadea y espero una respuesta. Lo único que obtengo es un:

– ¡Ayyy!- lastimoso, en idioma perro, en idioma carne, en idioma dolor.

-¡Uh, Samuel! -Le grita uno de los humanos. -¡Dejá de comer bichos, asqueroso!

LA TRIPLE TRAMPA

sol6aESCENA 5:

Dicen que en las puertas del infierno estaba el cancerbero. Este perro de tres cabezas aseguraba que los muertos no pudieran salir ni los vivos entrar desde y hacia inframundo. ¿Pero y si todos hubiéramos vivido en una mentira? ¿Si la “bestia animal” que todos aseguraban que aquel era hubiera sido tan solo un simple humano? Es decir, ¿por qué para ser monstruo debe tener fisonomía canina?

-Les puedo asegurar, ¡es un humano disfrazado de perro! Exclamó Alberto, todos los muertos lo observaban.

-¡Imposible! -Dijo Elvio, mientras negaba con la cabeza. -Yo lo vi, todos lo vimos, es un perro.

Algunos le daban la razón, otros dudaban.

-Está bien, te apuesto mi reencarnación a que es un humano disfrazado de perro.

El otro aceptó, segurísimo de que se trataba de un perro de tres cabezas. Eran las ocho de la mañana, la hora en la que casi ni había delivery de muertes. Y el cancerbero se tomaba un descanso.

-Te juro, es un humano.

Lo miraron, escondidos detrás de unos cráneos apilados que lo rodeaban. Estuvieron quince minutos con los ojos calvados sobre las tres cabezas caninas. Elvio no paraba de repetirle a Alberto “te lo dije”. Mientras discutían en susurros, para que el tenebroso monstruo no los descubriera, el supuesto animal se sacaba las tres máscaras y dejaba al descubierto su monstruosidad humana.




CASA DE MUÑECAS

El cuidado del otro: Sobre La mentira

Por Luisa Luchetta

MUÑECA DE TRAPO

Mentira

Letra: Celedonio Flores
Música Federico Pracánico

“Vos sabės que fuiste para mí/ la luz de mi cabeza alocada,/el porqué de mi pobre vivir/ que vos alimentaste de amor…/”

Como la letra habla en tiempo pasado, pienso que se trata de una venganza del autor o de algún amigo suyo contra una mujer. Seguro, ella no sentía ya ganas de continuar en una relación donde tuviera que encargarse las 24 horas de alimentar el ego de un señor que necesita de atención mental gratuita, aunque no libre. En 1932, cuando fue escrita la canción el cura, el rabino o la lobotomía podían ser los recursos más rápidos para ayudar al pobre hombre. Sin embargo, y seguramente, lo más barato y digno del macho es una mujer, que además cocina, lava, plancha, limpia y trata de hacer lo mejor en la cama, aun exhausta de tanto trabajo esclavo o casi. El sueldo se lo pagaba un hombre necesitado de asentar la cabeza y así poder dejar las drogas, el alcohol, el juego (aunque no confiese cuáles son sus locuras)

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“Muñequita de trapo/ que yo (te) adoré santamente/ y fingías quererme…/ ¡Mentira, mentira!¡no tiene perdón!

¿Se refiere a la mentira lo que no tiene perdón o a la esclava psicóloga? Profesional, lo que se dice profesional no sería esta pérfida, sino una muñeca de trapo. Una muñeca tiene varios usos, aun en esas épocas. Y, si es de trapo, más inclusive. Se usa, se lava y se vuelve a usar hasta que termina en el tacho de basura. Podemos descoserla, (¿le duele a la muñequita? Qué importa, es descartable desde el vamos). Y, entre el relleno de algodón, en sus suaves fibras, se guardan secretos: historias que jamás serán contadas pues son de lo más sucias. Así, con un par de costuritas, las abrigamos hasta que se tiran y limpios quedamos. No sin antes arrojar piedras a la mala mujer que se cansó, por fin.

“Me pregunto cuáles son/ las causas porque vos/ quebraste mi felicidad,/ porqué razón fatal/ vos me causaste tanto mal…/ No te vengo a mendigar/ cariños que tal vez/ a otros entregaste/ como a mí,/ ni me arrepiento/ de haberte querido así.”

Aquí hay versiones en la que la primera estrofa es ” me preguntan“. Es probable que nuestro macho no posea las condiciones para evaluar las acciones que lo llevaron a tamaño rencor, no está genéticamente apto.
La posibilidad de la introspección es abortada permanentemente.
No se arrepiente de haberla querido, a su modo: como a una muñeca de trapo. Una muñeca amada mientras no habla, mientras sea útil. Así cualquiera, ¿no?

“Y pensar que yo te vi llorar/ de amor entre mis brazos de hombre,/ que escuché jurarme tu querer/ por todo lo más grande que hay,/ por tu santa viejita,/ que Dios la tenga en la gloria…/ ¡Y eran todas mentiras, mentiras, mentiras de mala mujer!”

Aquí me pregunto por qué ella lloró. Me preocupa ver que nuestro macho sea tan estúpido para no darse cuenta de que si una mujer llora, sobre todo sobre un hombro aparentemente varonil, es porque no es feliz. Sospecho que el esfuerzo de ser una muñeca, estar detrás de la belleza exterior, del silencio, del moverse como otro quiere- como lo reclama ese que a su vez la “cuida”- debe ser agotador.

Ella se va porque lo siente inasible. Y lo es porque no puede abarcarla. Y no puede porque es un objeto, una cosa de poco valor, tal como lo confiesa este hombre sensible y abandonado, quien remata: más humanidad femenina tiene la madre de ella que, por imagesuerte, está en el otro mundo. Y, por lo tanto, tampoco se puede hacer escuchar, como mujer, como persona.

MUÑECA BRAVA

MIENTES

Letra y música: Pedro Aznar, Charly García. Tango 4.

“Mientes y adoras verme llorar/ callar ya no te redimirá”

He aquí un macho venido a menos, aunque algo de orgullo y deseos de vivir le quedan, como se verá más adelante. En este momento él sabe: ella no es del todo sincera con él y el llora como un niño. Falta agregar que se va a la casa de su mamá, por siempre santa.
Aunque ella jure su amor, ya no le cree. No hay vuelta atrás.

” Si la culpa de todo me has de echar/ y hasta el fuego pareces congelar/ no quiero estar/ siempre/ buscando algo más allá/ siempre/ que hay alguien más/ siempre
/ sufriendo por lo que no hay/ jamás poniéndote en mi lugar.”

Es evidente: el objeto de amor tiene una tendencia a la histeria, aunque no tanto. Resulta claro que el protagonista de esta historia hace todo lo posible, pero la amada siente que el susodicho no la satisface plenamente. Y se lo hace saber. Esta sola idea enloquece al macho y su perfomance decae sin nada que lo frene. Lástima, porque años después, en 1996, se descubre que el sildenafil puede solucionar problemas de disfunción eréctil. Aunque habrá que esperara 1998, su salida a la venta.

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“Cuando miro dentro tuyo me asusto/ de lo que hay/ cuando veo tus ojos y no estás/ si mis lágrimas de amor te alejan/ cada vez más/ ¿es que de verdad no hay nada?/¿será que esta vez es el final? “

La mujer monstruo, la mentira, verdadera, simulada, sospechada pero no asumida, la esperanza del pobre hombre en retenerla transforman a la mujer en lo terrorífico. No hay dudas, nuestro machote pronto correrá a casa de mamá.
Ya no le da bola, haga lo que haga, llore o implore, no cambiará la postura de ella que, justamente, lo que menos desea es que su pareja sea un pusilánime. Pero, ¿en verdad sabemos cuándo es el final? ¿Es mucho antes o después del fin? La posible respuesta nos la da casi, con seguridad, la siguiente estrofa:

“…si olvidé mi sonrisa en un lugar/ que no has de halllar…”

MUÑECA DE PLÁSTICO

LA SEGUNDA CHICA PURA
Letra y música: Pablo Lescano. Operación Damas Gratis 2002

” Decime que me querés/ mentime que me gusta/ no te hagas la difícil/ si sos alta tuta/ Decime que me querés/ no te hagas la coqueta/ si son tuyas las compraste/ vos te hiciste las tetas/ Decime que me querés/ mentime que me gusta/ no te hagas la difícil/ vos sos re tuta/ vos sos re tuta/ pero mirá que tuta la tuta/ siempre bailando sola/ no te quieren por tus lolas/ te quieren por tira goma.”

Si comparamos con las letras anteriores, se observa el avance y, sobre todo, la honestidad con la que los hombres, o algunos, encaran las relaciones amorosas. Aquí parece que ambas partes saben lo que quieren: sexo. Nada más. Las mujeres, gracias a la tan publicitada y expuesta sin reparos ayuda de los retoques plásticos se han convertido en verdaderas muñecas, como la de 1932, pero de otro material.

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Lamentablemente, el prototipo -por más que se infle sus ubres, o quizás alguna que otra cosita en otras partes del cuerpo- solo atrae por una capacidad: el saber hacer sexo oral. El tipo no la quiere, mucho menos, la considera su objeto de amor. Puede tener incluso cualquier género: el sexo oral prescinde de él. Nos han transformado por fin en el monstruo que los hombres siempre temieron: una nada que ellos no pueden llenar. Un vacío, el vacío del precipicio sin fin, por el cual caen -tarde o temprano- por curiosidad, por afán de aventura, por el sabor extraño que dejan las montañas rusa.

TODO CONCLUYE AL FIN

“La confianza ha sido sentenciada a una vida llena de frustraciones. La gente, separada o en conjunto, las empresas, los grupos, las comunidades, las grandes causas o los esquemas de vida con autoridad suficiente para guiar nuestras acciones casi nunca retribuyen la devoción que se les dedica.” Zygmunt Bauman

“Violencia es mentir”, dice el Indio Solari.
Violento es el mentiroso porque ” mata” a su víctima. Es un asesino porque muere la verdad, aniquila la confianza. Transforma al otro en una muñeca de trapo, en un monstruo que es el mismo vacío. Porque cierra cualquier posibilidad de comunicación amorosa entre personas. Son ya objetos de uso de un supuesto poder, supremacía, dominio, desprecio. Miente quien dice te necesito, miente el necesitado. Y, entonces la muerte se levanta airosa sobre el cadáver de la confianza.
Me pregunto cuánto tarda alguien en darse cuenta de que “es mentido”. Ese, el marcado para “ser mentido” porfía hasta la extenuación con el propósito de mantener el delgado hilo de oro que lo liga al criminal (el mentiroso). El hilo es la confianza Y es fino y cortante,
¿Se puede vivir dentro de la desconfianza? Quizás, al principio, pero el mentiroso se ceba al notar que su víctima no reacciona y continúa su abuso. Sí, mentir es un abuso. Una violación a la integridad como persona del aquel que lo ama.
Poco a poco el fin comienza, no se puede vivir con un mentiroso, un abusador, con un violento, con un criminal.
” Te miento para no preocuparte”, mentira aparentemente piadosa. Ante esto, la víctima solo puede agradecer y engordar en el dulce caramelo de ser mentida por causa de un gran amor. La cosa termina así con una grave indigestión de mentiritas piadosas. De ese modo, el amor llenaría el vacío de la baja autoestima.
Si la mentira pasa y se regodea, la víctima desaparece, ya no es alguien reconocido como un igual, como una pareja, como un consumidor, como un ciudadano, como un lector. Entonces la desconfianza- similar a la desesperanza-, acude como protectora del resto sano en nosotros mismos. El victimario logra que un sentimiento sucio, devastador, se transforme en aquello que nos protege. Y la víctima corre el riesgo de ser dos veces víctima, del otro y de sí misma.

El mentiroso busca un doble rédito. Para sí, un rápido incremento de su bienestar temporal. En cada ocasión en aquel no se hacer cargo de la verdad que oculta, se agencia un aumento en su autoestima, ya que el engaño descansa en sentimientos de superioridad. El ardid utilizado alimenta la idea de su supuesta inteligencia. En cada mentira hay un 100% de cobardía. También evidencia una necesidad profunda de ser reconocido. Para eso no se le ocurre nada mejor que poner a prueba el amor que el otro tiene hacia él. Un juego del manipulador.
Hasta acá la mentira. Por no hablar del falso testimonio, que ha llevado a la miseria a inocentes, solo para salvar el propio pellejo o a algún interés de turno. Pero es un tema largo y no quisiera descuidar del otro tan querido y necesitado: el lector.




INFINITO ANACRÓNICO

El cuidado del otro: Lectura de “Lejana”, Julio Cortázar

Por: Anne Diestro

ESPEJO 365

imagesEscribir un diario es tal vez la experiencia con más prestigio de intimidad que tiene la escritura. Solo nos muestra que lo “íntimo” es un juego de la palabra.  Nos exponemos ante nosotros mismos y, por eso, si de escribir se trata o si de textos se trata, la palabra diario viene asociado a íntimo. El diario es una práctica cotidiana, lúdica, sin pretensiones originales de literatura y, por supuesto, sin pretensiones de publicaciones. Es nuestra habitación propia, el espejo donde la letra corre de derecha a izquierda e intenta fijar retazos de la jornada “diaria”. A pesar del supuesto secreto de esta escritura, lo que se inscribe en un diario íntimo está sometido a las mismas reglas de cualquier escritura. Si Ana Frank hubiera sabido que ese diario íntimo sería expuesto y reconocido años después, quizá no lo hubiese escrito de esa manera. Esa es la línea del diario, exponerse y refugiarse en las palabras.

VAGABUNDA ON – OFF

Los que conocen algunos cuentos míos saben que el tema del doble vuelve como una recurrencia de la que no puedo escapar; desde los primeros cuentos ha habido un desdoblamiento de los personajes Julio Cortázar, charla de Berkeley, 1980.

El desprendimiento, la deformación, el desalojo de nosotros mismos en pos de un narrador que avanza con toda la fuerza de una identidad hace que la escritura se vuelva un espacio para dejar de ser. Entonces, es ahí donde sabemos que la habitación propia es el sitio donde toda máscara se cae. Con intención o sin intención.

René-Magritte-Alina Reyes, cada vez que escribe, lo hace para dejar de ser ella.  Convertirse en cada vez menos en “Alina” y en muchos menos “Reina”, a lo largo del cuento “Lejana”, de Julio Cortázar. A pesar de que Alina es una mujer de clase acomodada y asiste a conciertos de ópera, tiene un novio como corresponde y todo en su vida es de una disciplina impecable, sucede algo cada vez que escribe su diario íntimo. Ahí es otra: una vagabunda en Budapest late en su escritura. Ponemos en duda, ¿Alina de verdad escribe para confirmarse? Si así fuera, con dejar de escribir su diario íntimo, la vagabunda se apagaría.  Alina no ceja. La vagabunda la aterra y la atrae, como en todo buen erotismo.

MOSAICOS DE TIEMPO

321bb5bdf15de66f675e6c11c6e6865bCada entrada en el diario de “Lejana” está antecedida con una fecha o con una marcación del tiempo: día, mes, de momentos. Hay una cronología a lo largo de 25 jornadas de no sabemos qué año. Pero, en Cortázar, el tiempo cronológico se trenza con otras temporalidades posibles. Por otra parte, Alina no escribe todos los días. De los 25, solo escribe 10. Allí es donde  su identidad se pone en juego, tal como sucede en muchos cuentos de Cortázar. Ecos del surrealismo, descreimiento del yo como de la propia sombra, Julio Cortázar extiende este criterio al tiempo. Así, no hay un tiempo modelo del cual el resto sean deformaciones. El tiempo no puede decir yo, sin que se le caiga el calendario de vergüenza. El espacio no puede decir yo sin que la extensión se le contraiga en una esquina. Nadie puede decir yo sin mentir un poco. Cortázar lo tiene claro. En 1980, dio una charla en la Universidad de Berkeley, donde afirma que el tiempo es un tema que  va más allá de la literatura y envuelve algo nuclear del ser humano. Cortázar propone que existen dos tipos de hombre. Uno es quien no se pregunta por el tiempo, el hombre no filosófico, quien acepta la noción del espacio-tiempo como tal. El otro es quien se pregunta y cuestiona sobre el tema. En esta charla cita a Kant, quien asevera que el tiempo  es un a priori, una categoría del entendimiento humano. Pone como ejemplo la conciencia temporal animal, en la cual somos los hombres quienes le damos el “sentido” de tiempo. Ya que ellos -los animales- no tienen conciencia de pasado, presente ni futuro. Por eso, ellos no tienen capacidad cognitiva. Kant piensa que la información sensible recibida del mundo construye un primer grado de síntesis u organización, gracias a los a priori de espacio tiempo. El tiempo no es una ruta  para andar. Somos posibles modos de ruta. De ese manera, el tiempo cotidiano, el lúdico y el filosófico quedan en un mismo plano de prestigio. Así sucede en la literatura de Cortázar.

PLIEGUES DE SECUENCIA

Escribí el cuento con la misma impresión (y digo impresión porque nunca hay explicaciones en estas cosas), con la sensación de que en algún momento hay un desdoblamiento del tiempo, lo cual significa un desdoblamiento del personaje”.

 (VOZ JULIO CORTÁZAR)

Alina Reyes escribe. Algo la insatisface: “está cansada de las pulseras y farándulas, de pink champagne y la cara de Renato Viñes”. Sin embargo, dejar de ser la reina, dejar de ser Alina, no es sin costos.  Dice la entrada del diario de 12 de enero: “(es) Horrible porque abre camino a esta que no es la reina, y que otra vez odio de noche. A esa que es Alina Reyes, pero no la reina del anagrama: que será cualquier cosa, mendiga en Budapest, pupila de mala casa en Jujuy o sirvienta en Quetzaltenango, cualquier lado, lejos y no reina. Pero sí Alina Reyes y por eso anoche fue otra vez, sentirla y el odio”.

La vagabunda  late en la Budapest de la escritura de Alina. Justo en Budapest, que es de por sí una ciudad doble. Buda y Pest, la ciudad que se parte en dos, como los personajes de “Lejana”. Buda, la ciudad alta a orillas de Danubio. Y Pest, la ciudad baja, a la derecha del río. Ambas son una realidad en espejo de Alina y la pordiosera, de París y Hungría,  del personaje de Cortázar que entra por una galería de Buenos Aires y sale por una de París. El espacio y el tiempo se continúan en distintas dimensiones. Al infinito.

UNA VOZ VAGABUNDEA

El diario avanza en el tiempo cronológico y la mendiga crece en el tiempo narrativo. Mientras, el reloj marca el modo  nsoportable de relación entre Alina y la ópera, hastío en las fiestas, la dimensión vagabunda tirita de frío en la mendiga y “la siento más dueña de su infortunio, lejos y sola, pero dueña. Que sufra, que se hiele; yo aguanto desde aquí y creo que desde entonces la ayudo un poco”. Alina y la vagabunda, la opulencia y la pobreza, el calor de Alina en los bailes con Luis María, su novio, y el frío de la lejana, cuando la nieve le entra por los zapatos. A la mendiga le pegan y Alina duele. ¿Entonces? Luis María es un testigo ciego de la transformación: al ser él de una pieza, ¿cómo puede comprender la humedad que descompone a su novia?

EL ENCUENTRO

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Alina cruza un puente. Antes, en uno de los fragmentos titulados “noche”, se pregunta: ¿Qué puente? Imagina: ese puente debe estar en Budapest, junto a la nieve. De allí viene el frío. Pero allí es cada vez más aquí. Y, aunque, “más tarde” solo quiera casarse con su novio para que él la lleve a Budapest, el reloj retrocede frente al tiempo vagabundo.

El 28 de enero se lee así: hace algunos días que Alina no recibe nada de la mendiga y la situación se pone peor. Quiere enviarle algún telegrama o unas medias. Lo sabe, cada vez más sabe a la otra. Una noche de concierto halló su nombre. Quiso hallar también el puente y el frío. La letra encontraba la curva donde sortear tiempo y espacio: “Esto se me antoja y lo sigo por gusto, si nos casamos y le pido que me lleve a Budapest. Más fácil salir a buscar ese puente, salir en busca mía y encontrarme como ahora, entre ¡Albéniz! Y más aplausos, como si esto tuviera sentido entre la nieve arriscada que me empuja con el viento por la espalda, manos de toalla de esponja llevándome por la cintura hacia el medio del puente”.

El 7 de febrero es el fin de la escritura. “Una se o casa o escribe un diario”, ambas cosas no van de la mano. Pero la escritura se continúa en un encuentro de cuerpos. El 7 de febrero  se cruzarán miradas. ¿Qué significación tiene una fecha a esta altura de los pliegues? En un abrazo se funden. Una deja de ser Alina, la otra deja de ser vagabunda. ¿Quién termina de narrar el cuento?

TOMA 2 ESCENA 11

Jacek Yerca.
Jacek Yerca.

El narrador toma el timón. Él es la sumatoria de las primeras persona, pero no es ningún yo. Él es el territorio donde la identidad es devenir y conflicto. Una zona de lucha. Todos somos lejanos de nosotros, porque el sí mismo no existe más que como movimiento. Ya somos otros, en el tiempo, en espacio. Nos potenciamos con los otros desde los ojos, como Lejana. Todos somos eso. Todos somos, tenemos Lejana. Y cuidarla es un modo de abandonar, de colgar los hábitos de la primera persona y comenzar a potenciarnos en colectivo.




REFLEJOS EN EL FONDO DE UN CRISTAL

El cuidado del otro: Sobre espejos y espejismos.
Por Viviana García Arribas

“(…) Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro
paredes de la alcoba hay un espejo,
yo no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo
que arma en el alba un sigiloso teatro.”

Jorge Luis Borges, Los espejos

 YO SOY OTRO

Cada mañana, al levantarme, me saluda el rostro de mi madre desde el espejo. Los mismos ojos pequeños y algo cansados, el mismo color de piel, el cabello oscuro. En fin: más me acerco a su edad madura, más seguido la veo en mí.

espejo-y-bebé¿Qué vemos al mirarnos en el espejo? En mi infancia, me preguntaba si esa imagen era real o imaginaria. ¿Mi mente, quizá, estaría preparada para ver solo un reflejo forjado en base a un ideal? Sí, un poco platónica, es cierto. En definitiva, el juego me servía y aún me sirve para preguntarme por el “otro” reflejado. Por “mi otro”. Fue Jacques Lacan -en su primera enseñanza- quien definió, como “el estadio del espejo” [1] a esa etapa del crecimiento en la que el bebé reconoce frente a sí su propia imagen. Este fenómeno se produce alrededor de los seis meses, cuando el espejo le devuelve su apariencia como un todo, un cuerpo-síntesis integrado. Este reconocimiento es vivido con júbilo y constituye un elemento formador. Sin embargo, queda alienado de esa imagen. Al mismo tiempo, su cuerpo real sufre la falta de coordinación de sus partes. La tensión entre la totalidad y el dominio real (o la falta de él) del cuerpo y la amenaza de desintegración hacen que el bebé asuma la imagen reflejada como su propio yo. “Esta forma sitúa la instancia del yo (…) en una línea de ficción, irreductible para siempre por el individuo solo.” De modo tal que el sujeto se aliena de sí .

DEL LUJO A LA SELFIE

Pero no siempre fue tan fácil mirarse en el espejo.

Técnicamente, un espejo es una superficie muy pulida en la que los rayos de luz paralelos se reflejan y cambian de dirección en conjunto sin perder su equidistancia. Producen, de esta forma, una imagen virtual, igual pero no exacta, ya que se trata de una figura simétrica.

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Espejo de plata y cobre Imperio Nuevo Egipcio (1478-1390 AC, Dinastía XVIII).

Tal como hoy lo conocemos, aparece recién en el Siglo XV. Hasta entonces, se fabricaban de metal o piedra. En Turquía, se han encontrado espejos de obsidiana -una roca volcánica negra muy apta para ser pulida- de una antigüedad de seis mil años. En Egipto, en Grecia y en Roma, se utilizaban diferentes metales: bronce, oro, plata o aleaciones de cobre y estaño. Cualquiera fuera el material utilizado, se trataba de un  lujo, sólo al alcance de las clases altas.

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Museo del vidrio – Murano

El espejo actual nace gracias a los vidrieros de Murano, quienes obtuvieron un vidrio muy puro y delgado al que llamaron “cristallo”. Luego, se le aplicó sobre la superficie posterior una solución de nitrato de plata -azogue-, que permite el efecto de reflexión. Este descubrimiento dio lugar a una industria importantísima en la República de Venecia, donde se orquestó un sistema de monopolio tan proteccionista, que los obreros tenían prohibido salir del territorio. Como era de esperar, pronto se produjeron algunas fugas, alentadas por el gobierno de Francia, deseoso por establecer la que más tarde se llamó “Compañía Real de Cristales y Espejos”. Después de muchas idas y venidas, en el año 1682, se abrió en Versalles la Galería de los Espejos, para asombro de todo el mundo.

Autorretrato en el espejo de obsidiana de Moctezuma. Chico Sanchez
Autorretrato en el espejo de obsidiana de Moctezuma. Chico Sanchez

Hasta entonces, la imagen reflejada era poco nítida y distorsionaba bastante. Los espejos de obsidiana, por ejemplo, devolvían una figura opaca, sin color, como un negativo fotográfico. Los de metal, por otra parte, requerían un pulido perfecto para cumplir con su función. El advenimiento del espejo actual -de relativo bajo costo- produjo una verdadera revolución en la mirada. Al ser más accesible, cada vez en forma más habitual, las mujeres comenzaron a observarse y, como consecuencia, a maquillarse, a peinarse y a vestirse con mayor esmero. También, a reflexionar sobre sí mismas, a escribir -sobre todo, biografías-, y a crear.

El mundo sigue su ronda y este siglo nos encuentra pendientes de nuestra imagen, a punto tal, que podríamos hablar casi de una adicción. No fue así siempre. Hoy, subimos nuestras fotos a Facebook -ese gran libro de las caras- a la caza de la mayor cantidad de “me gusta” posibles, en una celebración de nuestra apariencia. El avance tecnológico ha hecho que el Photoshop quede casi en el olvido, víctima de las aplicaciones de los smartphones que mejoran nuestras selfies al instante -sí, algún día hablaremos de la cantidad de palabras en inglés que utilizamos-.

PURO CUENTO

Sin embargo, el espejo siempre fue un objeto provocador de misterio e imaginación. En algunas creencias, la imagen reflejada se identifica con el alma.

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Torii flotante de itsukushima – Japón

Para cierta tradición japonesa -sintoísmo- puede simbolizar la honestidad, o aparecer como dador de vida, puesto que la luz reflejada en él se relaciona con el sol. También se lo considera puerta a otros mundos, enlace entre vivos y muertos o entrada para los espíritus. Por este motivo, antiguamente, se los cubría.

Esfera de obsidiana con base
Esfera de obsidiana con base

Ya desde la civilización egipcia, se los veía como objetos mágicos. La diosa Isis utiliza su espejo para encontrar los pedazos de Osiris desperdigados por el mundo y hacer con ellos la primera momia de la historia. Todo tipo de espejos fueron utilizados en la magia, como la bola de cristal de cuarzo o el espejo de Galadriel en “El señor de los anillos” [2]. Los de obsidiana estuvieron presentes con frecuencia en los rituales mágicos.

Pero detengámonos en algunos textos: desde “Blancanieves y los siete enanos” hasta “Alicia a través del espejo” [3] se observa una evolución del rol femenino en la literatura infantil. En el primero, la reina es poseedora de su propio rostro reflejado en el espejo. Ella ejerce su poder sobre la niña sin mancha, Blancanieves -imagen ideal de la mujer sin defectos a quien no alcanza la muerte, ni el deterioro, ni la vejez- y pierde, frente a la extrema bondad de la pequeña. En “Alicia…”, en cambio, estamos ante un relato donde ha desaparecido todo maniqueísmo y no existe la oposición entre lindo-feo, bueno-malo o joven-viejo. Prevalece, entonces, su asombro y el azoramiento frente a lo extraño e incierto y el cuestionamiento a la unicidad del mundo real.

EL BELLO NARCISO

La metamorfosis de Narciso, Salvador Dalí
La metamorfosis de Narciso, Salvador Dalí

Si de espejos hablamos, no podemos olvidar a Narciso. Dice el mito popular que este personaje se enamoró de su propia imagen, a tal punto que, cuando vio su reflejo en el agua, se ahogó por querer acercarse. Pero la cosa es un poco más compleja y bastante más profunda. Narciso era un hermoso joven a quien se le había vaticinado una vida venturosa, en tanto y en cuanto, no se conociera a sí mismo. No solo lo caracterizaba la belleza, sino también la vanidad y el desprecio por los otros. Cuenta la leyenda que, un buen día, la ninfa Eco -condenada a repetir siempre la última palabra de su interlocutor- se hizo presente durante un paseo del joven por el bosque. Al no poder entablar ningún diálogo, fue despreciada por Narciso y, por ese motivo, Eco se recluyó y se dejó extinguir hasta que solo quedó su voz. En venganza, la diosa Némesis hizo que Narciso se enamorara de su imagen reflejada en el agua y se suicidara, al no poder acceder a su deseo.

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Gota colgante espejada – Gyula Kosice

Hasta aquí, el mito romano. Antes, habían estado los griegos -siempre- y ellos contaron la misma historia con algunas variantes. En la versión griega el enamorado era un chico- Ameinias- quien, una vez despreciado, se suicidó con la espada que el propio Narciso, como una forma de burla, le había regalado. Finalmente, Narciso también se suicidó, al comprender que el objeto de su amor era una imagen inaccesible.

Pero griegos o romanos, chico o chica, el acento está puesto en la actitud de Narciso hacia el otro. Un otro que, además, se encuentra en desventaja porque está enamorado. Creo que esa parte de la historia se ha perdido en el saber popular… vaya a saber por qué.

DE VUELTA AL PRINCIPIO

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Una belleza mirándose al espejo – Kitagawa Utamaro

Esa etapa temprana de reconocimiento de la propia imagen, cuando el niño se toma a sí mismo como objeto de amor, se conoce como narcisismo primario. En líneas generales, se trata de un narcisismo no solo sano, sino indispensable. Podría decirse que sirve como pista de lanzamiento para luego encontrar ese objeto de amor en un “otro”.  Sin embargo, me gustaría prestar atención a lo que el propio Lacan dice al respecto: para él, toda elección amorosa es narcisística, es decir, amamos en el otro lo que en él encontramos de nosotros mismos. Y se me da por pensar, ¿qué pasa cuando no hay reconocimiento de uno mismo en el prójimo? Por otra parte, ¿existe uno mismo? ¿Mi yo es tal o es la imagen -ya que de espejos hablamos- que me devuelven los demás? Dudo de mi propia existencia. Me es imposible ver mi rostro sin el auxilio de un espejo. Dependo, entonces, de la mirada de otro -el que está enfrente- pendiente de la mía para verme. Dudo también de la verdad absoluta, esa que consagra una identidad única valiosa.

Qué pasa con los diferentes. Cómo cuidar a ese otro marginal, lejano, invisible. Ese, que a veces los medios me presentan como “un ser humano”. ¿Y qué otra cosa podría ser? ¿Un muñeco de trapo? ¿Una ilusión? Esa expresión implica que hay otro que podría no ser humano. Ese otro tiene piel, entrañas, rostro, pensamientos, como los tengo yo. No iguales, diferentes. Y felices de celebrar la diferencia. Así debería ser.

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Aller-Retour – Gyula-Kosice

Revisemos, por ejemplo, el mandamiento: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Y si en lugar de amarlo me decido a mirarlo? ¿Si lo miro debo ver un igual? La sentencia bíblica así parece decirlo: debo amar la imagen especular del otro como si fuera yo. Se podría pensar como un aval del sentimiento narcisista. Sin embargo, solo puedo cuidar a quien veo, a quien registro como un otro. Y si, en el fondo del espejo, sólo sigo viéndome a mí misma, no tengo posibilidad de encontrar lugar para cuidarlo.

¿Cómo zafar de esa ilusión? No olvidemos que el narcisismo funciona también en forma colectiva: resulta muy fácil amalgamar a un gran número de personas, siempre y cuando, se deje afuera otro número considerable de gente para hacerla objeto de las manifestaciones de agresividad. El nazismo es solo uno de los tantos ejemplos.

Y se me ocurre terminar con un interrogante, que genere nuevas escrituras: cómo hacer, como sociedad, para mirarnos en el espejo de las diferencias.

Ave reflejada en el agua
Ave reflejada en el agua

 

[1] El estadio del espejo como formador de la función del yo / La agresividad en psicoanálisis, Lacan, Jacques

[2] El señor de los anillos, J. R. R. Tolkien, (1954).

[3] A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, Lewis Carroll, (1871).




LO QUE DIJO UNA SIRENA

El cuidado del otro: Conversación con José Eduardo Agualusa

Entrevista: Gabriela Stoppelman, Viviana García Arribas, Lourdes Landeira

Edición: Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira, Viviana García Arribas

81180e1d2fb7c8b77b30d01ee694e7a7 Ella no era la muñequita de Homero, ni el anzuelo del pícaro Ulises. Menos, la ubicua pescadita que no terminaba de especificar su lugar en el mapa, aunque nunca la dejaran salir del Mediterráneo. Chinos, asirios, egipcios, australianos y latinoamericanos le habían colgado una historia sobre sus alas. Cansada de ser el relato que otros le daban, se alió a los quilambas, a los intérpretes de sirenas. El arreglo era que se vivía sin uniforme y sin obligación de cantar en ningún tono, ni mayor ni menor. El arreglo era que la jactancia de la voz no podía confundirse con la gracia de los silencios. Ni la omisión con la mentira. El arreglo era dar a ver en los otros la voz de un territorio que regaba toda la superficie del planeta, con un manto nodriza de posibilidades. El arreglo era que ninguna particularidad quedaría exenta de acorde -lengua madre; que se podría hacer familia por fuera de los bordes de cualquier genealogía, que se podría sobrepasar la enramada y aspirar a alturas y a pozos aún impensados.

Los quilambas cuidaron el pacto como un tesoro. Y un día, al despertar, fueron ellos mismos, mitad intérpretes, mitad sirenas. Hay grietas, recovecos en el día, donde se los puede oír con toda nitidez. Ahora se abre un surco. Escuchen.

 CANTO A CONTRALUZ 

Yo soy la sirena sin espejo, sin peine y sin Homero. Lo que en mí transparenta es el cuerpo que deja pasar al fondo como horizonte y al mar, como retiro. Hace muchísimo tiempo cuido mi infancia entre historias de otros. Los dejo pasar, los invito. Y, aunque ellos se abalancen para conquistarla, yo les doy la bienvenida: “Me abrió la puerta una niña con los ojos almendrados, y finísimas trenzas negras sueltas por la espalda. Era una criatura casi insustancial. La luz la atravesaba sin esfuerzo, como a una cortina de seda”. Cuando ya están adentro, me mezclo en la luz y les hago preguntas muy simples, para que ellos no se nieguen a contestar. Entonces, revuelven entre sus sombras y apuran una idea: Me interesa la luz que no es obvia, como me interesa lo divino que existe en todas las cosas y que, aun delante de nosotros, muchas veces no logramos ver. Hay inteligencia y luz en todo lo que vive, aunque tal vez sea necesario algo de humildad para percibirlo. Colocar al hombre en el centro de todo no es un buen comienzo. Ahí sí que recupero contornos y el sentido de la hospitalidad. Hace poco llegaron tres hombres muy oscuros, con la memoria empastada y el olvido lleno de moretones: “Entonces, comencé a cantar una canción hecha completamente de luz y de sombras, en lugar de silencios y de sonidos”. Fue mejor que el milagro y la magia. De pronto, ellos comenzaron a desentumecerse del viaje y se sintieron en casa. Uno dijo que el lenguaje era el remo que lo había salvado del último naufragio. Otro cantó una canción de cuna, porque era huérfano y añoraba una lengua madre. Un tercero, un tal Agualusa dijo: Como escritor intento no solo ponerme en el lugar del otro –de otros hombres- sino también en el lugar de otras formas de vida. Por eso, me parece que la escritura puede ser también un ejercicio de humildad. Escribir es ir al encuentro de la sorpresa, estar disponible para lo imprevisto.

 CANTO BAJO EL ÁRBOL

Después de una buena comida y de un buen descanso, algo se había iluminado en el rostro de los viajeros: “Luz: lo que queda de los sueños después de que nos atraviesan”. Me propusieron sentarnos bajo la sombra de un árbol. Saciadas el hambre y la sed, sentían una urgente necesidad de comparar sus penumbras con las de otros vivientes para recuperar algún aliento que les definiera los rasgos. Venían de una noche larguísima: “No fue como caer en un pozo. Había una luz exuberante que titilaba dentro de la niebla. El propio silencio parecía iluminado”. Un quilamba leyó en ese silencio el canto de una de las nuestras. Les habló de una sirena de la China, cuyas lágrimas se volvían piedras preciosas al chocar con el canto. Bueh: exotismos de algunas lecturas. Venían de África y se habían aferrado a las palabras del quilamba, como a un bote salvavidas: Quien está en la oscuridad ve mejor cualquier pequeño rayo de luz. Tal vez, en países como Angola, tan sufridos, tan castigados, eso tenga más sentido. Y la cosa había resultado, porque después de mucho no ser, después de mucho respirar poco aire, de temer mucho viento y lograr entre todos casi un solo cuerpo, cada quien empezaba a distinguir su propia puerta. Tenían ojos: por eso contaban.

 Gustav KlimtCANTO PARA MIRAR

Se acercaron sin pensarlo al árbol más solitario del lugar. Él solito era una isla dentro de otra más grande. Los viajeros acomodaron sus cuerpos entre las raíces. “El calor subía del suelo. Entraba una brisa húmeda por las rendijas de las puertas, en lentas oleadas, cargando el olor salado del mar y su rumor, el asombro de los peces, la débil luz del claro de luna. El abismo negro era el mar. Me quedé un buen rato mirándolo.” Yo era la sirena que no ocultaba la cola porque hacía tiempo había renunciado a la leyenda. A veces mi mitad mujer volaba y mi mitad pájaro cantaba. A veces, al revés. Pero había días muy a ras del suelo, hundida en quién sabe qué huecos y silencios. Y entonces solo me salvaba la poesía. En versos pensaba, cuando escuché que el viajero Agualusa dijo: Soy un lector voraz de poesía. Ella me alimenta como escritor. Leo poesía para escribir ficción. Al escuchar a su compañero, el viajero que remaba el lenguaje puso cara de perplejidad. Entonces Agualusa se extendió: “Luces, destellos, exiguas lumbres, presas en un marco de plástico, con las que va alimentando el alma los días de sombra.” El huérfano, por su parte, comprendió inmediatamente de qué se hablaba: “Yo colecciono luz”. De pronto, éramos como una familia en el canto, algo que sencillamente sucedía: No lograría escribir si la poesía no me inquietase. El movimiento de lo lumínico no es deliberado, simplemente sucede.

 CANTO ALQUÍMICO

Sirenas-Boutibonne
Sirenas-Boutibonne

Cuando la palabra estuvo cansada, decidimos volver al refugio. Mi isla era la arquitectura de todos los sitios donde yo había podido encontrar una cadencia o un ritmo para no caer en el hastío. Había retazos de lugares soñados, escritos y de los otros: “Aquel día había llovido. La hierba era tan verde que parecía que cantaba. La neblina sobre el asfalto era un manto de novia. Un bando de tórtolas agitó de repente el aire parado”. “Era como si lloviese noche. Lo explico mejor: era como si del cielo cayesen gruesos fragmentos de ese océano oscuro y somnoliento en el que navegan las estrellas”. Mientras avanzábamos, el silencio se nos mezclaba al paso. De pronto, el viajero Agualusa pareció hablar con la voz del viajero huérfano. Y, para interrumpir un poco las formas de la ausencia, dijo: Siempre escuché la tradición oral de las historias africanas, donde no existe frontera entre el hombre y la naturaleza. Las fuerzas de la naturaleza actúan en lo cotidiano. Había irrupciones -intervino el que remaba el lenguaje- que alteraban las cronologías y las causalidades. “Era como si una segunda mujer, una mujer del pueblo, intentara salir del interior de aquella –de la falsa–no como una mariposa que rompe la crisálida, sino como un gusano que irrumpe de una mariposa.” De pronto, los tres se llenaron la mirada de un reclamo hacia mi parte pájaro. Y yo no pude más que reírme, con una carcajada extraña, como un rugido o un bramido antiguo que, sin embargo, a ellos les trajo alivio: Los hombres son hombres y también son leones. Son hombres de día, leones de noche. Las aves son antepasados que dan señales a los hombres. Todo está ligado con todo. Esa idea siempre me impresionó mucho. Creo que termina contaminando todas mis novelas.

 CANTO EXISTENCIAL

J. M. W. Turner - Long Ship's Lighthouse
J. M. W. Turner – Long Ship’s Lighthouse

Pero las cosas quedaron inquietadas después de la risa. De verdad, el asunto no me había causado gracia. Quién sabe por qué, en ese punto, se me vinieron a la cabeza, siglos de distorsiones mal intencionadas: belleza engañosa y artimaña, abismo y pasaje hacia los muertos, ¿hasta cuándo continuarían difamándonos? “Abomino la mentira porque es una inexactitud”. En algún momento tiene que empezar a fisurarse todo el imperio de los difamadores. Algo sintieron los viajeros, alguna reverberación de nervios en el aire que nos rodeaba. Por eso comenzaron a decir: Vivir en un país sujeto a un régimen totalitario hizo que comenzase a cuestionar la verdad. ¿Qué es la verdad? ¿A quién sirve? “-La verdad es improbable. (…) -La mentira –explicó- está en todas partes. La propia naturaleza miente…” ¿Existe eso que llamamos verdad o solo existen versiones? “También la verdad suele ser ambigua. Si fuese exacta no sería humana”. Cierto vértice de lo escuchado me resultaba insuficiente. De todos modos, era clara la actitud conciliadora de los tres. Más aun, cuando uno -no sé cuál, a esa altura sus voces se confundían- contó una historia sobre una sirena que, llamada por el mar, osó desoírlo. Entonces el mar se le vino encima en forma de olas gigantes. Pero ella no se rindió. Se reía y se reía entre la espuma: Al mismo tiempo, me fascina ver cómo la risa y la alegría pueden sobrevivir en condiciones adversas. La luz que se ve mejor en la oscuridad. Yo tuve ganas de rematar con que, seguramente, la sirena debió haberse ahogado. Pero los vi tan felices, que me ahorré el comentario.

 CANTO CON QUERER

Llegados al refugio para viajeros, los viajeros estaban radiantes. Casi sin huella de los que habían llegado hacía tan poco. Era increíble cómo el viento que les había desviado la dirección y el naufragio desembocaban en ese esplendor de la palabra: “Imaginaos a un chico corriendo en moto por una carretera secundaria. El viento le golpea la cara. El chico cierra los ojos y abre los brazos, como en las películas, sintiéndose vivo en plena comunión con el universo. No ve el camión que irrumpe en el cruce. Muere feliz. La felicidad es casi siempre una irresponsabilidad. Somos felices durante los breves instantes en que cerramos los ojos” Definitivamente, sonaban al unísono, mientras atravesaban la puerta y comentaban las curvas que los habían traído hacia aquí: ¿Cuántos aciertos no nacen de errores? La penicilina, por ejemplo. Al escribir sucede errar y en ese error descubrimos una luz súbita. “Me equivoco al leer y en el error encuentro, a veces, increíbles aciertos”. El verdadero acierto en esta voz mixta era el modo en cómo la lengua madre se asomaba a cada palada del remo, en cada trazo de escritura: En Angola, país donde gran parte de la población llegó al portugués a partir de otras lenguas -o sea, una parte de la población no habla portugués como lengua materna- sucede mucho, conversando en la calle, que tropezamos con frases erróneas, porque las personas transportan la lógica de las lenguas africanas a la lengua portuguesa. Y algunos de esos errores son poéticos, son maravillosos. Ya era muy tarde cuando, desde adentro de mi sueño, los escuché aún conversar: “¿Qué quiere que le diga? No era el infierno, era solamente la mediocridad. Yo creía que podría ser siempre así, ¡hasta hoy! Esta tarde, después de ver a esa mujer cayendo del cielo, llegué a casa y me encontré a Lulu esperándome, esforzándose por parecer funesto y digno”. Sobre los ecos de sus charlas, me dormí aún más profundamente. Yo iba dentro de una pesadilla que caía y caía sin fin.

brueghel la parabola de los ciegos 1568
Brueghel – La parábola de los ciegos (1568)

 CANTO SIN ANTIPARRAS

Algo en mi sueño repetía: “Hoy no ocurrió nada. Dormí. Durmiendo soñé que dormía… si durmiendo soñamos dormir, ¿podemos, despiertos, despertar dentro de una realidad más lúcida?” Al día siguiente, durante el desayuno, la voz triple se puso más “agualusenta” y, al escuchar el relato de mi sueño, retrucó: Frecuentemente, la realidad es más exuberante que los sueños. Acostumbro decir a mis hijos: si ustedes cuentan una historia totalmente inverosímil, posiblemente sea verdadera. Solo la realidad consigue crear ciertos enredos. “He visto en la ciudad lo que no cabe en los sueños.”

 CANTO SUBLINGUAL

Ya para el mediodía, éramos un grupo de viejos conocidos que intercambiaban anécdotas y estupores. Lo que dijeron de un tal Buchman me descolocó un poco. Ese apellido “hombre libro”, mezcla de hombre y objeto, me recordó mi condición, mi tradición híbrida y las luchas de mis compañeras por despojarse de mitos: “Mirando al pasado, contemplándolo desde aquí, como contemplaría un gran cuadro colocado delante de mí, veo que José Buchman no es José Buchman y sí un extranjero que imita a José Buchman. Sin embargo, si cierro los ojos al pasado, si lo miro ahora, como si nunca lo hubiese visto antes, sería imposible no creer en él: ese hombre ha sido José Buchman toda su vida.” Buchman, Buchman. Conocía entonces y aún conozco muchas sirenas amantes de los libros, que podrían ser llamadas Buchwoman. Conocía y conozco sirenas mitad tigresas y mitad palomas. Conocía y conozco hombres y mujeres hechos de a partes de todo tipo. Lo que no conozco ni conocí es gente de una pieza. Ni aun la que presume de eso. La voz “agualusenta” pareció leerme el pensamiento: Larga conversación deberíamos tener sobre las ventajas y complicaciones de la condición de extranjeros hacia nosotros mismos y hacia los otros. Mi interés en el tema tiene que ver, probablemente, con el hecho de haber vivido siempre en condición minoritaria. Tanto en mi país, como un angoleño de ascendencia europea, como en el exilio. Dijo exilio y, por un instante, me desenraicé de la charla. Cuando volví, resultaba evidente: el tema de conversación era yo. O alguna de mis mezclas. “Estuvieron un buen rato hablando de mí, lo que me incomodó, porque lo hacían como si yo no estuviese presente. Al mismo tiempo sentía que no hablaban de mí, sino de un ser alienígena, de una vaga y remota anomalía biológica. Los hombres ignoran casi todo sobre los pequeños seres con los que comparten el hogar.” ¿Quiénes serán estos extraños con los que me sentía tan a gusto, como si se hubiera tratado de viejos parientes que, por fin, hubiesen llegado a casa? : Esa condición de “cuerpo extraño” me ayudó, creo, a interesarme por los otros. En cierto sentido, me ayudó a ser escritor. Me hice escritor para no ser extranjero. Leí cierta cosa en el tono de voz con que se dijeron estas palabras, que no puedo traducir. Un rumor a memorias vueltas hacia el futuro. No sé. Un aire de familia.

arte urbano
arte urbano

CANTO A TELÓN ABIERTO

A los pocos días, la vida en la isla había cambiado por completo. Mis hermanas reclamaban mi presencia, pero yo quería aprovechar esta oportunidad de sumergirme entre historias de otros. Me sentía cuidada dentro de esos relatos. Cada día, un nuevo teatro. Cada tramo de texto, una nueva escenografía: “El día en que me casé, minutos antes de que Bárbara apareciera en la iglesia, radiante, Benigno me arrastró a una arcada sombría, se inclinó para colocarme la pajarita y me susurró, sin dejar de sonreír, mientras me miraba a los ojos: –Se va a llevar mi mayor tesoro, señor Bartolomeu Falcato. No le dé nunca ningún disgusto. Si algún día veo a mi niña llorando por su culpa, si algún día le veo en la cara una mínima lágrima, le juro que lo mato. Detrás de mí, San Sebastián sufría atado a un peñasco, con el blanco pecho lleno de flechas”. Les comenté algo sobre la teatralidad con que se manejaban: Es verdad que en mi narrativa hay incorporados rasgos teatrales, cinematográficos. Tal vez, hasta en el lenguaje, en el ritmo de los textos, se encuentre alguna influencia del cine. Imagino que eso sucede con la mayoría de los escritores de nuestro tiempo. El ritmo del mundo. Las frases, en regla general, son más cortas en las novelas contemporáneas que en las del siglo XIX. Eso era: leer como si yo hubiera sido parte de una película, de un ciclo de cine. Quería verlas todas. Un día el ciclo terminaría y los viajeros se decidirían a partir.

 CANTO GUTURAL

sirena 1Supe que la partida estaba cerca, una tarde en que la voz de los viajeros cambió por completo. “Hablaban entre ellos una lengua resbaladiza y lisa, y plateada como un pez.” De hecho, hacía unos días que habían comenzado a hablar casi exclusivamente sobre el lenguaje, como quien prepara la embarcación para un regreso o para un nuevo rumbo: Las palabras traen dentro de sí la historia de la humanidad. Todo lo que olvidamos está guardado dentro de ellas. “Me gusta resucitar las palabras.” Son delicadas cápsulas de tiempo. Una madera añejada, un conector desvalido, una frase fuera de moda, una brújula hacia el origen por si el viento arreciaba de nuevo, ese parecía ser el equipaje que preparaban: “Comparto con Félix Ventura un amor (en mi caso sin esperanza) por las palabras antiguas. Gaspar se conmovía con el desamparo de ciertos vocablos. Los hallaba abandonados a su suerte, en algún lugar yermo de la lengua, e intentaba rescatarlos. Los usaba con ostentación y persistencia, consternando a unos y desconcertando a otros. Creo que triunfó. Sus alumnos empezaron usando esos vocablos primero a modo de burla y luego como una jerga íntima, como un tatuaje tribal, que los hacía diferentes de la juventud restante. Hoy, me ha asegurado Félix, todavía son capaces de reconocerse unos a otros, aunque no se hayan visto antes, con las primeras palabras.”

 CANTO INCONTINENTE

Estaba claro que no perderíamos el tiempo en despedidas. Lo mejor era aprovechar las horas para achicar distancias, crear pasajes de lenguaje para algún rescate y puentes, entre orillas. Lo mejor era estar atentos a los latidos entre las palabras, flecos de historia, trazos de geografías: “Nadie está contra las lenguas nacionales –Benigno abrió los brazos, apaciguador, como si nos quisiera abrazar a todos–. Yo también defiendo las lenguas nacionales. Lo que creo es que el portugués tiene otro papel, tiene más obligaciones. El portugués para nosotros representa un trofeo de guerra, le robamos la lengua al colonizador y la hicimos nuestra. El caso de Angola no debe ser muy diferente al de Latinoamérica. Es verdad que el portugués se viene enriqueciendo, ganando color y alegría con las lenguas africanas. Pero también es verdad que se comporta, en gran medida como una lengua de exterminio. En una de esas, me preguntaron qué opinaba yo de las tradiciones en mi pueblo. Les dije lo que me habían contado náyades y nereidas, sirenas tejedoras y sirenas griegas, sirenas de pelo punk y de vuelo clásico. Ellos me escucharon con atención. La voz triple agregó: “Hay tradiciones buenas y tradiciones malas. Me parece estúpido apoyar cualquier práctica sólo porque es antigua. Siguiendo la misma lógica tendríamos que defender la esclavitud. Mis bisabuelos, negros como usted y como yo, eran esclavistas, ¿debo recuperar la tradición familiar?” La porción de timbre huérfano en la voz triple me habilitó a una intimidad: en mi infancia, mi abuela me cantaba en idisch, un idioma que ya muy poca gente hablaba. ¿A dónde van las lenguas ya no dichas?: Las personas están abandonando las lenguas indígenas y, con ellas, maneras de decir el mundo que se pierden por completo. Hay una especie de erosión cultural silenciosa. Casi nadie en Angola habla de esta situación.

 CANTO A CONTRAPUNTO

aguaagregadaimagesEra la última noche juntos. Había que hablar de raíz. Entonces, les dije: la historia de las hijas de esta tierra es la historia de sirenas sin espejo, sin peine. Somos una estirpe de escuchadoras. Algunos opinan que nuestro oído es puro registro de superstición. Sin embargo, nosotras sabemos de las asimetrías y de los bucles del sonido. Ellos interrumpieron, a contrapunto: “Nosotros, los hijos de esta tierra, sabemos que los espíritus de los muertos están por todos lados, y que intentan comunicarse con nosotros a través del rumor de las ramas, y del soplido del viento, del canto de las aves y de la lluvia que cae. (…) Nosotros sabemos hablar viento y hablar lluvia, sabemos conversar con la hierba, y la hierba nos dice adónde se han ido las gacelas o adónde se esconden nuestros enemigos.” Nosotras fundamos el territorio con el relato de los barcos que trajeron sirenas fugadas y sobrevivientes de tremendas razias contra nuestros antecesores. Nosotras fundamos el territorio sobre las voces acribilladas de muchísimas sirenas y sirenos jóvenes, que fueron sacados de sus casas a golpe de disciplina. Nosotras escribimos sobre los gritos en los chupaderos de las dictaduras, sobre el berrido de los bebés robados, sobre la necedad de los negacionistas, de los cómodos y de los apolilladores de lenguaje. Para mí, uno de los aspectos más interesantes de una ciudad como Luanda, la capital de Angola, tiene que ver con el hecho de haber sufrido, a lo largo de las últimas décadas, un proceso de ruralización, con la entrada de millones de refugiados llegados desde el campo, de las zonas afectadas por la guerra. Esos campesinos llevaron sus mitos a la ciudad. La ciudad se reencontró y se reconcilió con el mundo mágico. Eso es extraordinario para un escritor. Para el canto es extraordinario que la enramada sea grande, como un cielo verde a media altura, entre las nubes y el suelo. Como una plataforma desde donde dejar de ser, para volver en otros. Una vez, recostada sobre esa rampa, hablé con leche derramada del pecho de una madre muerta. También intercambié unos datos con el pañuelo rojo atado a la vera de las rutas, donde reina la estampa del Gauchito Gil. “Les hablé de las algas y de nuestra propia experiencia. Mango también había escuchado historias parecidas. Contó que uno de sus primos, buzo recolector, y los cinco hombres que lo acompañaban habían visto sirenas danzando en un atolón…”

 CANTO TU VOZ

John Cage
John Cage

Al final lo confesaron. Ningún quilamba les había leído el rumbo en las voces. Ellos eran quilambas. Uno podía descifrar signos en las curvas del remo sobre la lengua. Otro podía recuperar la tibieza y los modos del desamparo en cualquier arrorró. Y el tercero daba coreografía de letra a lo que leían los otros dos: “Kianda es el nombre que le damos en Angola a una divinidad de las aguas –expliqué, dirigiéndome al brasileño–. Una especie de sirena. Yo nací con una malformación en los pies, que después se corrigió. Los viejos en Luanda dicen que las personas que nacen con ese tipo de malformación, bastante rara, son capaces de comprender el lenguaje de las sirenas. A los intérpretes de sirenas los llamamos quilambas.” Todos los artistas deberían tener en sí algo de quilambas. Un escritor debe ser capaz de traducir el lenguaje de los otros. El arte no es otra cosa que eso: traducir lo intraducible.

 CANTO EPILOGAR

Ya se han ido. Me han dejado esta caja de voces: Hace algunos años mi suegro me vio leyendo un libro a la luz trémula de una hoguera: – ¿Qué haces? –quiso saber el viejo. Intenté explicarle la utilidad de los libros. Él me escuchó con atención– ¿Lo que me dices es que esa pequeña caja está llena de voces, y que esas voces no las escuchas sino que las puedes ver? Asentí, sí, algo por el estilo. Le expliqué después pacientemente que yo también, László Magyar, podría, si así lo quisiera, colocar mi voz dentro de una caja semejante a aquella, de tal forma que semanas, meses o años más tarde, otra persona me podría escuchar. – ¿Y qué sucede cuando mueres? –Desaparezco –dije–. Pero mi voz no morirá. Estas cajas guardan las voces de las personas incluso después de muertas. Desde su partida, cada vez que ocurre uno de esos días, que ya desde el amanecer se perfilan arrogantes, vuelvo al orgullo de esta caja: Hay una gran diferencia entre el orgullo y la arrogancia. El orgullo no disminuye al otro. La arrogancia es algo que me horroriza porque sí implica disminuir al otro. En países como los nuestros, tan carentes de democracia, creo que todo escritor tiene que ser político. Tiene que aprovechar su posición para ayudar a crear debate en la sociedad. Debatir, conversar, escucharnos los unos a los otros, es lo que más precisamos. La caja multiplica las preguntas. Hay algunas que regresan. “¿Qué piensa, querido Félix, que es más importante dar testimonio de la belleza o denunciar al horror?” Creo que es posible hacer ambas cosas. Es lo que intento hacer. Yo soy la sirena que cuida la infancia, el eco de una canción de cuna aliado a la furia del combate en el barro. Soy la hebra del poema metida entre la bufanda de la prosa. Soy. Desde que ellos llegaron, dejé de decir yo.

agulusafotodescargaNotas:

La cursiva corresponde a textuales de la conversación del escritor con El Anartista.

El entrecomillado corresponde a citas de los siguientes textos de Agualusa: “El vendedor de pasados”, “Barroco tropical”, “La vida en el cielo” y “Teoría general del olvido”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




PISADA FUERTE

El cuidado del otro : Sobre Margaret Anne Bulkley y Cecilia Grierson, médicas pioneras.

MUCHACHA, HAS RECORRIDO UN LARGO CAMINO

Por Noemí B. Pomi

ROMPER EL CAPARAZÓN

En “El profeta”, de Khalil Gibran, una mujer pidió a Al-mustafa “(…) Háblanos del dolor”. Y Al-mustafa dijo: Tu dolor es la ruptura del caparazón que encierra tu entendimiento…. El caparazón: todos tus conocimientos, todos tus condicionamientos, el proceso entero de tu formación, tu educación, tu sociedad y civilización, todo ello constituye el caparazón que te mantiene a ti y a tu entendimiento aprisionados.”

"Aurora", Salvador Dalí, 1948
“Aurora”, Salvador Dalí, 1948

Acaso debiéramos preguntarnos por qué el interrogante surgió de una mujer. Sencillamente y no tanto, porque a las féminas no las cuidaron. Las leyes fueron redactadas por hombres para hombres. Por siglos, el poder político, económico y religioso estuvo en manos de masculinos. Como las orugas, en lenta metamorfosis a mariposas- pero con otros tiempos- las mujeres debieron soportar siglos para completar el proceso. En el interín, les estaban vedados derechos elementales: la formación intelectual, las ventajas civiles, el arte, el goce y, en algunos casos, hasta la elección del compañero. A todo esto, hubo que oponer lucha y muertes.

"Museo de bicicletas"
“Museo de bicicletas”

ENCORSETADA

Fue por el año 1795, en el Reino de Irlanda, cuando Margaret Anne Bulkley comenzó su vuelo. La jovencita era brillante, apostaba sin límite a su deseo de ser doctora. No sabemos si, desde el origen, su sueño estuvo impulsado por una vocación solidaria. No importa cuál haya sido la consciente motivación. Los comienzos no resultaron sencillos. La barrera parecía infranqueable: la medicina estaba prohibida para las mujeres en casi toda Europa. Durante miles de años, ellas se habían disfrazado de hombres para estudiar ciencias y ser doctoras en medicina.
Hija de Mary Anne Barry y, por parte materna, sobrina de James Barry, reconocido artista y miembro de la Royal Academy de Londres. Su padre, Jeremiah Bulkley, era comerciante. Tal vez, contagiada por el romanticismo inglés y alemán, la joven Margaret ideó el plan de cambiar su identidad y su vestimenta. En 1809, salió vestida de hombre para tomar un barco que la llevó a Edimburgo (Escocia), bajo el nombre de James Barry. Así partió, como “hijo” de su tío. O sea, su madre pasó a ser su tía. Con el nombre de varón, se doctoró en la carrera de Medicina de la Universidad de Edimburgo y se especializó en cirugía, con honores.
El tío James tenía dos amigos influyentes, llenos de ideas innovadoras: David Stuart Erskine, un ardoroso partidario de permitir la capacitación de las mujeres en todas las disciplinas, y el General venezolano, Francisco de Miranda, quien habría propuesto que, una vez egresada, Margaret fuera a Venezuela a ejercer como médica. Pero la cosa no resultó sencilla. El General Francisco de Miranda- político, militar, diplomático, escritor, humanista e ideólogo venezolano- fue tomado prisionero por los españoles y murió en la cárcel, en 1816. Margaret comprendió: de ese modo, se esfumaba también su posibilidad de ejercer la medicina. No quedó otra, se adaptó a su realidad y continuó con el nombre y los hábitos de varón. Sus condiciones le permitieron entrar como “cirujano” en el Ejército Británico.

VOZ AGUDA, MANO FIRME

Las características del Dr. Barry no respondían a su vestimenta. Tenía voz aguda, suplementaba los zapatos para aumentar su altura, usaba prendas holgadas y portaba fama de ser hiriente y difícil. Margaret debió luchar para sostener su máscara masculina. ¡Si hasta llegó a librar varios duelos en defensa de su honor! Pero no todo era en contra. Camuflada, viajó más que cualquier mujer. India, Jamaica, Malta, Corfú y Crimea formaban parte del Imperio Británico de entonces. En esos territorios, el Dr. Barry ejerció su profesión, con calidad y estilo ácido. Se sabe que sirvió en Waterloo y que, en Sudáfrica, realizó la primera cesárea exitosa, con sobrevida de la madre y del niño. Utilizó técnicas occidentales, pero también observó modalidades de las cesáreas hechas por indígenas. En aquellos años, solo se recurría a intervenir quirúrgicamente a una mujer cuando estaba a punto de morirse, con el fin de intentar salvar al bebé. James no vaciló en trenzar las formas de ambas culturas.

"Niña con trenzas" busto en terracota de Joan Rebull
“Niña con trenzas” busto en terracota de Joan Rebull

Sus logros médicos le permitieron alcanzar el cargo de “Inspector General de Hospitales”. Debido a este puesto militar, pasó algunos meses en los hospitales de campaña durante la guerra de Crimea. Allí coincidió con Florence Nightingale, quien lo describió “como la criatura más endurecida que he conocido en el Ejército” (2).
Activ@, promovió varias reformas médicas y se destacó, sobre todo, por sus investigaciones contra la sífilis. Además, ideó un sistema de filtración de aguas para evitar las enfermedades provocadas por la contaminación. Estos métodos de higiene y prevención fueron pioneros.

INDOMABLE

Margaret-James debió tener muy desarrollado el concepto de solidaridad. Por eso, denunció la forma inhumana en que eran tratados los enfermos mentales y leprosos en Ciudad del Cabo. También, luchó contra las falta de reglas de higiene eficientes, contra la mala praxis médica y contra los medicamentos vanos, que se vendían en las farmacias. Impuso un tratamiento revolucionario para la lepra y las enfermedades tropicales que llevó a transformar la atención hospitalaria de esas dolencias. Sin embargo, la fiebre amarilla no respetó a la doctora. En 1845 debió trasladarse a Inglaterra para intentar curarse.

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“Estanterías y medicinas en las farmacias antiguas”

RETIRADA A CONTRAMANO

Veinte años después, enferma y en contra de su voluntad, la retiraron del servicio activo. Fue en 1864. Y duró poco más. La parca no perdonó a quien la había combatido por tanto tiempo. Al fallecer el “Dr James Barry”, la enfermera encargada de preparar el cuerpo, con sorpresa, advirtió que en realidad James era Margaret. Y, en su vientre muerto, halló las cicatrices claras de un viejo embarazo. La autopsia desgarró los velos.

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“Verdad velada, Antonio Corradini, 1752″

A LA CAPACIDAD, PALOS

No importaron los logros médicos y los servicios brindados al Ejército Británico. El historial militar del “Dr. Barry” sufrió un embargo durante 100 años. La mal llamada vergüenza institucional decretó silenciar la voz de una mujer y de su batalla.

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“Margaret A. Bulkley (1809)”

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“Margaret-James Bulkley, (aprox 1825)”

UN ACTO DE JUSTICIA

“Margaret Anne Bulkley yace enterrada en el cementerio de Kensal Green en Londres. En su lápida dice:
Dr. James Barry, Inspector General de Hospitales. Muerto el 26 de julio de 1865, a la edad de 70 años.
Ella fue una médica extraordinaria, la primera graduada de una escuela de medicina de Gran Bretaña, que engañó al ejército y al resto del mundo durante 50 años”.
La letra de la lápida no se privó en exponer las máscaras. James era doctor y no doctora, pero a su vez era una médica y no un médico.

Y POR CASA…

Muchos años después de lo ocurrido en Irlanda con Margaret, a las mujeres de nuestro país, el ingreso universitario les estaba vedado. En 1885, la Universidad de Buenos Aires negó la admisión a la Facultad de Medicina, a una farmacéutica, Élida Passo. De armas tomar, Élida inició un litigio, finalmente ganado. Pero, cuando se resolvió a su favor, la muerte truncó su posibilidad de ser médica.

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“Farmacia antigua, Ernest Descals”

RECOGER EL GUANTE

Cecilia comenzó su batalla pocos años antes de la muerte de Margaret, en 1859,  con el mismo empeño. Por estos lares, la primera profesión “apropiada” para las mujeres era la enseñanza. Con una buena formación, se podía ejercer, aun sin título habilitante. Tal, el caso de Cecilia Grierson. Hija de inmigrantes irlandeses, Jane Duffy y John Parish Grierson, pasó su infancia en el campo. Allí, despuntó su vocación docente, entre sus numerosos hermanos y vecinos. Después, se diplomó como maestra. Las letras le agitaron el pensamiento y le avivaron la vocación. Según su propias palabras, en una carta…”creo que nací para ser maestra, recuerdo desde los dos años, algunas escenas donde siempre, en mis juegos, era maestra”. (3) Una vez obtenido el título, Domingo F. Sarmiento, por entonces Director de Escuelas, la nombró maestra en la Escuela Mixta de San Cristóbal. Demasiado inquieta, el magisterio no le alcanzó. Además, la enfermedad y la muerte de una amiga despertaron en ella otra voz.

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“Autorretratos yuxtapuestos de Van Gogh, Arnaud Ravier”

UNA DE CAL Y OTRA DE ARENA

Bien sabía Cecilia que el camino a recorrer era difícil. No obstante, el antecedente de Élida Passo la alentó. En 1883, ingresó a la Facultad de Ciencias Médicas, en medio de descalificaciones de profesores y compañeros. A principios de abril de 1886, por tercera vez en el siglo, el cólera atacó a la ciudad de Buenos Aires y todos los estudiantes de medicina fueron convocados a prestar servicios en Salud Pública. Cecilia Grierson resultó destinada a la Casa de Aislamiento, uno de los improvisados lugares de atención y refugio para los pacientes. En un grupo de trabajo, tuvo como compañeros al Dr Penna y al Dr Estévez. La vocación era mucha. El trabajo, también: “Los días agotadores pasados en la Casa de Aislamiento me hicieron concebir la idea de educar a enfermeras, puesto que no había quién respondiera a las necesidades de los enfermos. El mejor medio de proporcionar alivio a los que sufren es colocar a su lado personas comprensivas, afables y capacitadas que puedan colaborar con el médico en la lucha por recobrar la salud”. (3)

IMAGEN IX

Controlada la epidemia, retomó sus estudios. Durante los seis años de aprendizaje, también se animó con el trabajo. Carta de por medio, enviada a un profesor, obtuvo el cargo de Ayudante del Laboratorio de Histología. A pesar de la hostilidad del medio, en 1889 consiguió recibirse y ejercer la profesión como mujer, algo impensable en ese entonces. Su especialidad estaba íntimamente vinculada a las féminas: fue obstetra. En cambio, a pesar de haber sido la primera mujer en obtener el título en la especialidad, no logró trabajar como cirujana. En este caso, las barreras sí la frenaron.

CON PROYECCIÓN INTERNACIONAL

En la Facultad, no todas eran flores: ciertos estudiantes de avanzada- entre quienes se encontraban José María Ramos Mejía y Juan B. Justo- consideraban a la carrera de medicina demasiado teórica. Entonces, crearon el Círculo Médico y la escuela para práctica de medicina e investigación. Cecilia estaba en ese establecimiento, dentro del cual creó la primera Escuela de Enfermeras de América Latina. Incansable, además del plan de estudios formal, estableció el uso del uniforme para las enfermeras, luego adoptado por los países latinoamericanos.
Donde había alguna actividad profesional a inaugurar, estaba Cecilia. Fue una de las fundadoras de la Asociación Médica Argentina y de la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios.

HERMANADAS

Un abismo retráctil aleja y acerca las historias de Margaret y Cecilia en el tiempo y en las circunstancias. Ellas no parieron hijos. No obstante, cuando las dificultades para parir se les presentaron a otras mujeres, sin que les temblaran las manos, ellas innovaron. Como se dijo, hasta entonces los partos eran exclusivamente por vía vaginal. La posibilidad de operar a una parturienta resultaba viable, solo si estaba en juego la vida del bebé. Ahí, ambas se jugaron. En África Margaret se atrevió y cambió las normas. Sus manos firmes y su convicción la llevaron a realizar la primera cesárea con sobrevida de madre e hijo. En Buenos Aires, fue el turno de Cecilia, con el equipo liderado por el Dr Samuel Molina. Era el año 1892, en el entonces Hospital de Mujeres- hoy, hospital Rivadavia.

IMAGEN X “Mujer frente al espejo”, Pablo Picasso, 1932
“Mujer frente al espejo, Pablo Picasso, 1932″

MAESTRA, SIEMPRE MAESTRA

Para atender las necesidades de los niños con problemas de aprendizaje y de comportamiento se requerían consultorios-escuelas. También los ciegos, los sordomudos y los discapacitados necesitaban una enseñanza especial. Ahí estaba la maestra Cecilia con ojo atento, impulsora de salas que contemplaban las diversas problemáticas. Jamás abandonó la docencia.
Como nada se le escapaba, se ocupó, además, de poner en orden los huesitos. Los albores del siglo XX la sorprendieron en el dictado de los cursos inaugurales de “Gimnasia Médica y Quinesioterapia” en la Facultad de Medicina, primer antecedente de la kinesiología en Argentina. Fue kinesióloga de oficio y de letra. Es importante marcar que esta mujer se atrevió en otro territorio donde el paso era hostil para las mujeres: la publicación de libros científicos. Ella publicó varios. Se ve que el tiempo libre no era un asunto que le interesara, más que como periodos para seguir en la batalla por su vocación.

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“Mujer que lee una carta, Vermeer Johannes, 1670″

NI UNA MENOS

Su profesión siempre se adhirió a los presupuestos de la solidaridad. Cecilia participó en Londres del “Congreso Internacional de Mujeres”. Y comenzó otro vuelo, el de los derechos de género, que culminó en la fundación del Consejo Nacional de Mujeres, en 1900. Años más tarde estuvo al frente del “Primer Congreso Feminista Internacional de la República Argentina”, convocado por la Asociación de Mujeres Universitarias. Es curioso que algunos de los temas de aquel congreso aún permanezcan actuales y que el espacio laboral para las mueres todavía sea un territorio de lucha. Si bien contamos con legislación que iguala derechos, la realidad es que no siempre a igual trabajo se obtiene igual remuneración. La ley es el primer paso pero la realidad está lejos.

OTRA VEZ, SOPA

En vida, Cecilia fue homenajeada: al cumplirse los 25 años de su graduación y cuando se retiró de la docencia. No obstante, luego de tanto trajinar, confesaría: “Intenté inútilmente ingresar al Profesorado de la Facultad en la Sección en la que podía enseñar […]” No era posible que, a la mujer que tuvo la audacia de obtener en nuestro país el título de médica cirujana, no se le ofreciera alguna vez la oportunidad de ser jefa de sala, directora de algún hospital o se le diera algún puesto de médica escolar, o se le permitiera ser profesora de la Universidad. Fue únicamente a causa de mi condición de mujer (según refirieron oyentes, miembros de la mesa examinadora) que el jurado dio en este concurso de competencia por examen, un extraño y único fallo: no conceder la cátedra ni a mí ni a mi competidor, un distinguido colega”. (3)

IMAGEN XII
“Cecilia Grierson”

(1) El Profeta de Khalil Gibran, 1923.
(2) Florence Nighingale, Londres 1820- 1910. Enfermera y escritora, considerada la precursora de la enfermería moderna.
(3) Doctora Cecilia Grierson. Su vida y su obra, Buenos Aires, Tragant, 1916, págs. 43-75




ESA VISIBLE OSCURIDAD

El cuidado del otro: Sobre “Teoría general del olvido” ,de José Eduardo Agualusa

Por Nicolás Estanislao

 ENTRE LA DENSIDAD DE LA LUZ Cartas entre luces

“Escribo tanteando las letras. Experiencia curiosa, pues no puedo leer lo que escribí, por lo tanto no escribo para mi” (*)

¿Sabés?

Estaba en la playa, en un febrero apacible, con esa lectura que atrapa pero requiere silencio, un poco de viento en la cara y mucha concentración. El sol pegaba de lleno, luego de una furiosa noche de tormenta. Me calcé los anteojos de sol y, entre finos grises, me fui con mi silla compañera, bien a la orilla, cada vez más lejos del bullicio urbano que bajaba de una la playa no colmada. El mar se acercaba suave, y acariciaba los tobillos desde una inmensidad dormida.

Leí de un tirón. Leí abstraído del mundo que me rodeaba. Leí un tanto de reojo, también.  De cabeza, me sumergí  en la historia de Ludovica, una mujer que vive durante 30 años, puertas adentro, donde la revolución e independencia avanzaban: Angola.  Al no regresar su hermana y su pareja de una fiesta, Ludovica se amuralla en el interior de su propio departamento. Y, ahí, entre la densidad de la luz y la espesura de la sombra, sucede un asunto de correspondencias:

LA CARTA OLVIDADA

 En la página 91, de “Teoría general del olvido”  encuentro “La carta”.  Comienza 

“… hace dos años descubrí una verdad terrible…”. Es un momento distinto al resto de la novela.  Acostumbrado a las letras de imprenta, la manuscrita de los años 50 se me vuelve ilegible. La carta aparece como una escritura impar, porque la primera persona así lo reclama.

Pero volvamos a mi paisaje, ¿te acordás? Estaba en la orilla, entregado a los excesos de sol, de luz, de lectura, esa misma luz que atraviesa a Ludovica de manera singular. El  cansancio y viento que arde arena en mis ojos, sumados a mi eterna irregularidad visual, hicieron que postergara “la carta”, hasta tener puestos los lentes de contacto y así poder cambiar la textura visible de lo real. Y, de ese modo, también lograr que los colores y los tonos se configurasen en sus formas.

 Resulta, pues, que jamás regresé. Terminé el libro de un tirón sin terminarlo, porque no había leído “la carta”.  A los días de haberlo dejado en reposo, entre otro sol de otro único atardecer, lo reencontré y volví a hojearlo, como quien busca sin encontrar. Y allí estaba. Emocionado por el recuerdo de no haber leído “la carta” y por esa familiaridad que establecemos con un texto durante el tiempo de su lectura,  me alegró saber que aún me restaba un trecho dentro del mundo “Teoría general del olvido”. Como un niño ante la noticia de otro postre,  hallé en esa única página un compendio de historia, en las orillas de una Angola herida de muerte: “No fue para esto que hicimos la Independencia. No para que los angoleños se mataran unos a otros como perros rabiosos…”

 Ambigua angustia de esta carta, que detiene pero también repara. Me encontré perdido. Como en una deuda con la historia. Mientras cerraba el libro, bajé la mirada cargada de olvido: “Los errores nos corrigen”, leí. Entonces, la carta, que en un principio olía a pasado, se llenó de futuro. Practicar el olvido me sanó de los excesos del sol. Y me permitió entender un poco más la novela.

CUIDADO ELEMENTAL

 “Conversar sosiega a los muertos.

-¿También aprendiste eso de tu madre?

Sí. Mi madre se me murió cuando yo era niño. Me quedé abandonado. Converso con ella, pero me faltan las manos con las que me protegía.

-Todavía eres un niño.

No lo consigo, abuela. ¿Cómo puedo ser un niño lejos de las manos de mi madre?”

El olvido, como la memoria, es selectivo. Del pasado recorta porciones, pero retiene memorias táctiles. Hay una memoria de luz que permanece en las huellas reescritas en la lengua materna.  Y hay un tacto del silencio, que apabulla el texto: “la vergüenza me impedía salir de casa… Mi padre murió sin dirigirme la palabra nunca más… (…) Poco a poco fui olvidado. Todos los días pensaba en mi hija. Todos los días me esforzaba para no pensar…”

Impregnados de una Angola universal- partida por la guerra, por  despojos,  por las miserias y las faltas de abrazos-, las voces de los personajes potencian ecos  entre los derruidos rincones de la ciudad: Luanda sitiada por los cielos y los infiernos. Por las heridas. La guerra ha tomado las calles, puertas afuera. Puertas adentro, otro combate se libra en la sangre: ”Siento miedo de lo que esta mas allá de las venas. Soy extranjera de todo…”  Los personajes que habitan y transitan esa Angola profunda están atravesados por el rencor y la humillación. Como ocurre a menudo en Dostoievski, quizás, donde la humillación es un secreto reconocimiento del otro. Se humilla para incorporar, para ingerir, porque el humillado es en definitiva parte de uno: “Pequeño Soba enfrento pésimas condiciones de cárcel, malos tratos, torturas… abusos de guardia cárceles. Morimos siempre de desánimo. O sea, cuando nos falla el alma: entonces morimos”

Afuera, Ludovica sabe de las nubes siempre densas. Sabe del sol que, de refilón, entra por las ventanas abandonadas. Las noches, por su parte, lo tragan todo:

“al anochecer, se acercaba a la ventana y miraba la oscuridad como quien se asoma a un abismo…” En definitiva, una ciudad que no cabe ni en los sueños.

LA CEGUERA DEL CORAZÓN

 “Leo páginas tantas veces leídas, pero ellas ya son otras…”

La lectura de “Teoría general del olvido” me llevó por distintos pasillos. Entre ellos, el del histórico “Mito de Sísifo”, en la voz de Camus: “Solo hay un problema filosófico serio, y es el suicidio (…) Determinar si la vida merece o no ser vivida…”.

Incapaz de asimilar  que alguien acaricie el deseo de quitarse la vida, me condujo a recorrer los sentidos del texto de Agualusa. Si bien la historia no se desarrolla argumentalmente centrada en ese lugar, sí sobrevuela ese deseo de vivir “a pesar de” la oscuridad. La batalla por encontrar la luz entra hasta el peso de cada una de las posibles penumbras. En el texto de Agualusa el tiempo se convierte en un aire fugaz, liviano, imposible de retener: días monótonos, cargados de matices, de memorias y de cuerpos. Esa vida que arrastra su cadena pero no renuncia nunca a los picos de intensidad. El encierro, el claustro auto infligido de Ludovica, zumba la pregunta ¿por qué lo hizo?: “un fulgor de luciérnagas titila por los cuartos. Me muevo como una medusa, en esa bruma iluminada. Me hundo en mis propios sueños. Tal vez  a esto se lo puede llamar morir…”

 

 EL CANSANCIO DE EXISTIR

 Situación especular. La variación visible adentro de la casa, la soledad, el hambre y la vulnerabilidad del aislamiento hacen que todo parecería desaparecer en el olvido.

Afuera la revolución presenta  un escenario-espejo. La simultaneidad no es al azar y plantea toda transformación del orden establecido.

El espanto como semejanza. El espanto de percibir las cosas que se aman, Ludovica se corre del lugar, lo reforma al punto de correrse de sí misma. Se exilia hacia adentro.  Carga ese peso de no pertenecer a ningún grupo social, de no poder identificarse con ninguna causa. Y, así, con el transcurso del tiempo, se vuelve ajena a todo.

A la orilla de la destrucción. A la ausencia de la mirada, espera la llegada de la luz que la salve, que la ilumine, que la haga, por fin, descansar en paz, aliviada ya de tantos años de oscuridad: “Los niños juegan conmigo, me dan la mano. No sé si es porque soy muy vieja o porque soy tan niña como ellos.”

Sophie Calle  "cuídese mucho"
Sophie Calle
“cuídese mucho”

(*) todas las citas pertenecen a “Teoría general del olvido” – José Eduardo Agulusa.




OTRO LADRILLO EN EL MURO

El cuidado del otro: Sobre el uso de facebook
Por Josefina Bravo

 

UN GRAN COLLAGE

Del latín murus (muralla), muro significa pared o tapia. Un muro es, entonces, un borde, un límite entre un lado y otro lado, un resguardo, una protección o un espacio para pintar, pegar carteles, afiches o hacer grafitis.

En facebook (libro de caras), el muro es eso: el lugar donde escribir y panfletear, donde mostrar y compartir lo que uno hace, piensa y desea. Y, entre los bordes donde cada quien se mueve, se trenza un muro colectivo, con retazos de singularidades.

Así es como podemos encontrar desde declaraciones de amor, reseñas y fotos de cumpleaños o de viajes hasta noticias periodísticas, avances científicos, moda, canciones y videos. Incluso, aparecen chistes y recetas de cocina.

Y, entre tanta mezcla, también puede leerse:

“1) En estos precisos momentos, la recta de tu mirada se cruza con la línea de cornisa y forman un ángulo donde se posan las palomas.
2) Ellas viven al borde del vacío en un lugar que parece imposible habitar, y sin embargo mantienen la elegancia y cantan, arrullan.
3) Antes de que las palabras se desdoblasen en significado y significante, sintagmas y paradigmas, el lenguaje era un arrullo que oíamos de nuestras madres en sus brazos. Ese era el momento en que nos podíamos entender con las palomas.”
Del muro de Mario Ortiz

Hay quienes ofrecen en su muro un lugar donde cuidar a las palabras.

 

SIN-CON-TENIDO

Un lado de las redes sociales vulgarizó la imagen y el texto. Sacar una foto hoy no representa ningún costo, ningún esfuerzo. Con el celular al bolsillo, podemos hacerlo. Antes teníamos los gastos del rollo y el tiempo de revelado. Lo mismo sucede con las palabras. Para hacer pública una idea o una reflexión, debíamos escribir un texto y publicarlo en un diario o en una revista de papel. Se manejaban otros tiempos. Se leía y releía lo escrito antes de enviarlo al diario ya que, una vez publicado, no había marcha atrás. Ahora, con facebook y twitter, muchas veces la primera lectura se hace con el texto ya publicado. Y, si observamos un error de tipeo, una mala redacción o la repetición innecesaria de palabras, usamos la opción “editar”, al costado de cada publicación, que permite corregirlo en el acto.
Pero, al igual que en la vida, también en el facebook hay quienes encuentran un borde, una cornisa, un lugar desde donde devolverle intensidad a las palabras o a las imágenes.
Bibiana Tittarelli comparte en facebook las fotos de sus dibujos y esculturas. En ellas se observa una inversión de la lógica habitual que va desde el tamaño de los objetos, hasta la hibridez de los personajes.
Una mujer gigante, -mitad carne, mitad hueso- con un ala partida y brazos desdibujados, es absorbida y desintegrada por un enorme astro. Como si partir de la pequeña población a sus pies la hiciera adoptar las dimensiones del universo, para terminar fundiéndose en él.
La hibridez del personaje se observa a primera vista en sus miembros inferiores: uno es carne; el otro, cadáver. Sin embargo, al subir la vista, se eleva la apuesta. 17201444_10154480719138652_8554711297364466271_nPlumas de una enorme ala extienden su oscuridad hacia el suelo. Pero parte del ala también es un brazo, cuya mano toma contornos para taparle la boca. Maleable, la única oreja se estira y, junto a un montón de partículas, fragmentos de ala o de carne, vuelan hacia el astro. Igual sucede con el cabello, donde de nuevo se juega la ambigüedad porque, en el afán de elevarse, pasa por una pequeña ala.
Del otro lado, un brazo estira increíblemente su exigua carne y quiebra la muñeca al apuntar sus dedos hacia la pequeña población. Entonces, algo que aparentaba ser sólido también es líquido, porque gotea: emite partículas mezcladas con otras que, a su vez, gotean del astro alto y se esparcen entre las casas del lugar, donde otro astro, en espejo, no gotea pero pareciera estar a punto de caer sobre la población.
A su vez, el trazo que dibuja la colina donde se alzan las casas desciende hacia una grieta donde la bota apoya  el pie esquelético de la mujer. Al terminar el trazo, en el aire queda el pie de carne, suspendido en su faceta alada.
Algún tipo de viento levanta la remera de ella y descubre el vacío del vientre: ni lejanas vértebras, ni carne, ni órganos, ni hablar de piel o de contornos. Sólo un pequeño ombligo y una bombacha deshilachada hacia la cresta ilíaca.

 

ALGUNOS MONSTRUOS

Uno de los peligros del facebook es la invasión del propio muro. Quien no está al tanto de cómo restringir la privacidad de su perfil puede ser “etiquetado” por otras personas en publicaciones que no son de su agrado o ideología. O bien, alguien puede “colgar” algo en tu muro personal.
Pero quizás el peor de los peligros es el tiempo devorado en trivialidades. Quién no se ha encontrado, alguna vez, leyendo las publicaciones del muro colectivo por más tiempo del que hubiese deseado. Quién no ha revisado cuántos “me gusta” recolectó un texto o una foto. Ante la enormidad de propuestas y distractores, hacer un recorte, elegir qué leer y cuánto tiempo dedicar al uso de las redes sociales es un acto de cuidado: se cuida el propio tiempo.
17264435_10154480717118652_805882905296876978_nEn “Stop”, de Bibiana Tittarelli, vuelve a aparecer la alteración de la lógica: a los tamaños invertidos de los personajes  se suma  la inversión de los roles dominantes. El enorme ñandú  se deja conducir -casi amorosamente- por la mujercita, atado a un hilo de coser.
Otra vez la delgadez mortífera en la mujer, cuyas manos y piernas aparecen tímidas bajo una capa larga, que cae negra y en punta -como las plumas de la mujer alada- para abrirse en un vientre extrañamente abultado o lleno. Ambas figuras -cada cual sobre su suelo, separadas por un vacío y unidas por un hilo de coser, en espejo, con igual triangularidad de rostros- miran más allá del papel. Miran a sus espectadores, a quienes observan con el estupor de quien pregunta: ¿qué piensa usted de esto?

 

CONTINUIDAD DE UN RELATO

En “Cuadernos de Lengua y Literatura V: Al pie de la letra”, un texto precede a la primera parte del libro. En él, Mario Ortiz escribe sobre la palabra prólogo (de pro-logos) y define: “lo que está antes del discurso, del texto”. También se detiene en la palabra preliminar, que viene de praeliminaris, cuya raíz liminaris tiene origen en el sustantivo limen, liminis que significa “el umbral de la puerta”. De ahí, podemos decir que el facebook de Mario -su muro- es, en parte, el umbral, la puerta de entrada a su obra.
Sus “Cuadernos” están compuestos de unidades autocontenidas: cada fragmento ofrece una idea con un cierre. Y un detalle, una palabra de ese texto da lugar a otro. De esa forma se hila una poética, que también podemos encontrar en sus publicaciones de facebook. Cada texto puede leerse de forma independiente como unidad poética o asociarse a otros para multiplicar sentidos.
En la cita de unos párrafos arriba, hay una cornisa, un abismo desde donde un sujeto observa palomas: “Ellas viven al borde del vacío”. Y, de su canto, llegan magistralmente las palabras: “Antes de que (…) se desdoblasen en significado y significante, sintagmas y paradigmas, el lenguaje era un arrullo que oíamos de nuestras madres en sus brazos. Ese era el momento en que nos podíamos entender con las palomas”.
En sus “Cuadernos” también hay cornisas, pero quienes se erigen sobre esos bordes son textos, letras de cemento o de plástico, que el niño o el adulto ven desde el suelo. Y, luego, el narrador dice: “Más acá, está el vacío. / Y debajo, yo. / Al pie de la letra”.
Entre el objeto, el observador y el medio para nombrarlo, un vacío: un espacio insalvable.
Sin embargo, persiste en el cuidado, en el amor a las palabras. Ímpetu que lleva a Ortiz a mirar el mundo en busca de su corporización; ímpetu que impulsa una “conmoción de espíritu por algo que viene a ocupar un espacio junto a nosotros” e insiste “(…) las letras también aletean en mi cabeza. Son salmones y viajan en el tiempo”. La corporización, el aleteo, la vibración poética pueden encontrarse en la cotidianidad o en mundos inventados. También, en el mundo virtual de facebook.

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Mario Ortiz

Lo mismo sucede con las imágenes. Las fotos de las esculturas de Gabriela López sumergen en instantes eternizados por la rigidez de lo cotidiano. Una niña contendrá su soplo por siempre para que la burbuja no sea. Otra, sobre el columpio, no conocerá el viento que nace del vaivén. Condenadas al llanto y a la tristeza, una se abrazará eternamente las piernas como autoconsuelo y otra verá pasar la vida desde su inmovilidad. Madera y arcilla se ofrecen a los gestos del desamparo. Y, atenta al detalle, Gabriela modela el dolor niño.

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UNA CARA Y OTRA DE LA MISMA MONEDA (O DEL MISMO LIBRO)

Mark Zuckerber, fundador y CEO de facebook, sostiene que la misión de la red social es conectar al mundo. Desde su habitación en la Universidad de Harvard, se dispuso a crear una plataforma virtual en la que los estudiantes pudieran conectarse e intercambiar información, fotos y links. Hoy, usuarios en todo el mundo, acceden a facebook desde su celular y, cada vez, invierten mayor tiempo en la red social.
El engaño de estar permanentemente “conectados al mundo” es que, sin un uso crítico y apropiado de las herramientas que brindan esa posibilidad, se puede estar todo el tiempo desconectados del mundo real, de lo que sucede en el aquí y ahora de la vida cotidiana. Y perder, de esa forma, la conexión con las personas. De ese modo, facebook, instagram, googlemaps y el celular mismo resultan aparatos de dominación. Pantallas entretenedoras (entretener, tener entre manos) para que las decisiones importantes en el mundo sean tomadas por otros, mientras uno está entretenido con los “me gusta”. En ese sentido, facebook no resultaría muy distinto a la televisión. Y la pregunta es, ¿por qué las redes sociales tienen más impacto que la pantalla chica? Sucede que éstas funcionan como canales privados: es en tu muro donde está la noticia, donde aparecen los debates y los comentarios. Y te toca cerca, te toca el ego. Además de la cuestión nostálgica que lleva a curiosear en busca de amigos de la infancia, novios de la adolescencia y fotos de recuerdos gastados.
En fin, internet y las redes sociales pueden ser grandes herramientas, vehículos para llegar a cosas increíblemente interesantes o, por el contrario, una perdición: el lugar donde dejar pasar el tiempo en trivialidades mientras nos ausentamos de la vida real.

 

Créditos:

Las imágenes de dibujos en blanco y negro corresponden a la obra de Bibiana Titarelli.

La foto con texto poético fue extraída del facebook de Mario Ortiz.

La última imagen de una niña es una escultura de Gabriela López.




NO DICHO Y ESCRITO

El cuidado del otro: Entrevista a Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami, autoras de “Los Oesterheld”

Entrevista y edición: Gabriela Stoppelman

 

“¿Y si las cosas no suceden porque hay palabras que aún no pronunciamos?”(**)

Fernanda Nicolini

 

Elsa Una hilacha cuelga de la ausencia. Se hace la desentendida, simula una desprolijidad donde propone un llamado. Es delgada, tenue, apenas el fantasma de un trazo. Podría ser la colita por tierra de una “a”, el flequillo hacia la altura de una “o”, los labios apretados de una “eme”. De tan flaquita, podría, incluso, resultar impronunciable. Eso, hasta que alguien decida prolongarle el trazo. Tarea nada sencilla, por cierto. Extender y dar consistencia a un hilacha lleva un largo andar en el transcurso y un extenso refundarse en otros tiempos. El territorio ondea y se expande. Cuando el tejido logra el punto, cambia el color de la lana. Cuando la lana encuentra el tono, se bifurca en un matiz. Ya cómoda, la trama es pura pregnancia en las manos que la conducen, se desparrama por los cuerpos y hace familia. Encarnadas, abrazadas a las figuras que escriben, Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami avanzan sobre huellas la teatralidad de las voces. En eso la advierten. Fernanda -la que teclea- codea a Alicia -la que organiza la búsqueda de nuevos testimonios-. “¿Viste?”. “Sí, vi”. La voz que contesta es varias. La voz que pregunta, también. Suena a “Yo soy Estela”, “Yo soy Diana”. “¿Vos viste lo mismo que yo?”. “Más o menos, lo mismo”. “Yo soy Marina” “Yo soy Beatriz”. Es la hilacha. “Yo soy el Vasco, soy Raúl Araldi, soy Alberto Seindlis”.

Es de no creer. Tanto bucear y pronunciarlos y aún la hilacha cuelga de una ausencia. En el espacio entre su presencia y lo que omite, titila lo no dicho. No, lo silenciado. No, lo omitido. No, lo ocluido. Sí, una conmoción, un breve terremoto entre los nervios del “Yo soy”. Un temblor ligero y completo en la solidez de un nombre. Un agregado fundante, un balbuceo de último minuto, un ímpetu desde ninguna parte. Originario. Como un abrazo. Una seña de familia.

Eso.

Así escrito parece una liana. Una hilacha siempre otra que cuelga de una ausencia e invita a colgarse. Vamos, entonces. “Los Oesterheld” es un libro con lector adentro. Una oportunidad única para refundarse en la voz “soy”.

Elodie Antoine  Arquitectura a puntadas de hilo negro
Elodie Antoine Arquitectura a puntadas de hilo negro

 

IMPREGNA, RESISTE Y CUENTA

                                               “Tiene que haber un lugar donde estas tragedias hechas de coraje y desencuentros se anoten a favor de la especie humana… tiene que haberlo.”

                                                                   Ernie Pike, Héctor Germán Oesterheld

Luis Felipe Noé, Tormenta.
Luis Felipe Noé, Tormenta.

Bueno, chicas, cómo empezar, este es un libro muy intenso, donde es muy difícil separar la parte testimonial de la otra. Además, es un texto con los Oesterheld, no sobre ellos. Todos ellos están encarnados en el libro. Es como si la escritura fuera un desafío a la noción de desaparecido. Sobre todo, en ese final, donde los nietos de Oesterheld se reencuentran con sus padres en lo artístico. Martín, con los cuadros del Vasco y Fernando, con los poemas de Diana Oesterheld, su madre: “(…) Se te quedó enganchado el barrilete en la cabeza cuando eras un niño,/ después creciste y el barrilete se incendió en tu pelo largo”. 

El día que el Vasco entró en su monoambiente de la calle Paraná, atiborrado de objetos inservibles, obras de arte y esculturas, el magnetismo entre él y Heredia fue casi inmediato. Había algo en la naturaleza autodesclasada de ambos que los atraía. Y quizá Heredia se había enamorado del Vasco a primera vista. Hasta el día de su muerte, en abril de 2000, dormiría con cuatro cuadros pintados por el Vasco colgados sobre el respaldo de la cama” (*)

Fernanda: Si lo hubiéramos querido guionar ficcionalmente no hubiera salido mejor. A medida que avanzábamos, la realidad te iba poniendo esos pasos.

¿Ustedes tuvieron toda la información o mientras escribían fueron investigando?

Alicia: No, mientras

¿Se la bancaron solas?

Fernanda: Sí, cuando arrancamos sí. Después tuvimos el apoyo de una editorial. Fue medio inconsciente. Arrancamos pensando en que un libro así cerraba con algunos testimonios. Arrancamos con esa mentalidad de periodista: hacés entrevistas un par de días y ya tenés una historia. Nosotras éramos periodistas de coyuntura, todo terreno.

Alicia: Pensábamos en un trabajo de un año, dos, ponele. Pero no, cinco.

¿El objetivo era abrir el abanico hacia todos, hacia la vida de cada uno de ellos?

Alicia: Empezamos con la atención puesta en las chicas, aunque sabíamos que íbamos a tocar otros vínculos. Después se amplió y se convirtió en una biografía familiar, con la profundidad que hay que dar a cada personaje y nos dimos cuenta de que hacía falta más y más.

Fernanda: En cada entrevista que hacías, te ibas con la idea de que sería necesario hacer cuatro entrevistas más. Se iba armando el árbol genealógico. Además, la misma condición de desaparecido y de militantes fue un tema. Partimos de poca información. Tuvimos testimonios troncales, pero el resto fueron testimonios de quienes los habían conocido durante un mes, un día, de quienes se los habían cruzado. Empezamos a entender que era más complejo a medida que lo hacíamos.

Hay una gran coralidad en el libro. Yo pensaba en lo interesante que se hace la escena cuando un testigo te la cuenta, cuando ustedes le dan la voz. Resulta una experiencia casi teatral. Los relatos hacen un presente en la escena.

Héctor y Elsa Tenis CLub

 

“Cuando conocí a Héctor, yo tenía 17 y él 24. Estaba en el bar del club Arquitectura de Núñez con unas amigas y ni se me hubiera ocurrido fijarme en él porque no era muy guapo, la verdad, pero él se acercó y empezó a conversar conmigo. Le decían Sócrates porque sabía de todo, con una cultura general impresionante; a mí, que me apasionaba la literatura, la música, el teatro y había fantaseado con hacer danza clásica, eso me fascinaba. Y de a poco empecé a observar todo lo que leía, todo lo que hacía, era un tipo muy original, de una familia alemana que había sido muy paqueta; él nada que ver, eso no le interesaba, tenía amigos de cualquier lado, los del club, en donde jugaba muy bien al tenis, y los de la universidad” (voz de Elsa Oesterheld*)

Alicia: Necesitábamos cruzar todo. No solo el testimonio. Tuvimos que trabajar con la memoria de un hecho traumático. Ya de por sí la memoria es difícil de asir, pero además había que laburar periodísticamente, como historiadoras, teníamos que chequear qué nos contaban con los otros relatos. Algunos eran muy particulares, como el de Susana Reyes, por ejemplo:

En algún momento durante los cuatro meses de cautiverio, a su cucha [a la de Susana Reyes] iba a llegar una tira de papel con un dibujo no muy elaborado y un diálogo cómico, que Héctor había enviado a través del detenido que servía la comida. Ella lo vería en una de las ocasiones que la sacaron de la cucha y la llevaron a la cocina para que buscara los platos. Lo distinguió a través de su capucha agujereada. Hacía un frío terrible y él estaba con un sobretodo gris y tosía. —Viejo… Le susurró y le agarró la mano. Él no respondió, pero le apretó la mano bien fuerte. A los pocos días de esa escena, Oscar Guidot —cordobés y estudiante de Medicina— le comentó a Susana que a Héctor lo habían cambiado de lugar. —Al viejo por suerte lo pasaron a la sala Q, porque está muy mal de los bronquios.”(*)

Alicia: Eso es lo que rescatamos de Susana. Hay mucho más. Porque llegó el trabajo de edición y, después de escribir, sacamos el 40% de testimonios y de nombres.

¿Y esos restos?

Fernanda: No, ya está. El libro hace el trabajo de la memoria: selecciona e impregna. Imaginate que muchas de las personas entrevistadas relataban eso por primera vez. No tenían construidos sus propios relatos y nosotras funcionábamos como disparadores para recuperar esas historias. Se empezaban a acordar de cosas mientras hablaban. Muchos nunca habían habilitado, ni en su familia ni con sus amigos, su propia historia de militantes. Entonces, había que poner en orden todo lo tapado y muchas veces las cosas se les mezclaban. La memoria apelmaza. Cosas que pasaron en distintos momentos, para ellos, habían sucedido en un día. Lo coral fue la única manera de lograr, al menos, un verosímil.

 

 ENCARNADA

No hay que escribir sino en el momento en que cada vez que mojas la pluma en la tinta, un jirón de tu carne queda en el tintero.”

León Tolstoi

Improvisación soñadora, Kandinsky.
Improvisación soñadora, Kandinsky.

Construyeron una memoria en milhojas. Me pregunto por qué lo hicieron de a dos. No es sencillo ponerse de acuerdo en recortar de a dos…

Fernanda: De otra manera no hubiera sido posible.

¿Cómo fue consensuar el narrador? No se nota que son dos autoras, el narrador es bien claro.

Alicia: Fue tan costosa la investigación, que no podíamos tener un problema más.

Fernanda: Cuando llegamos a escribir, ya nos habíamos puesto de acuerdo en tantas cosas. Estábamos las dos en el mismo universo, con los mismos códigos, imbuidas de los personajes del mismo modo. Una arrancó, la otra siguió y se fue armando. Teníamos modelos. Yo arranqué pensando en Tolstoi: en la gran novela polifónica con muchísimos personajes, todos importantes y, a medida que avanza el texto, todos se van diluyendo. También arranqué con lo que hace el periodista Vasili Grossman con muchos testimonios, un poco lo contrario de “Guerra y Paz”. Teníamos esa idea.

Durante tres años ustedes también hicieron un ejercicio de memoria

Fernanda: Aprendimos de historia, por ejemplo.

Alicia: Hubo mucha lectura. Muchos de los testimonios los tomamos en años. Fueron como 200 entrevistados. Y entrevistamos muchas veces a muchos de ellos. Entonces volvíamos a leer esos testimonios y así aprendimos a interpretar los datos para esta historia.

¿Por qué los Oesterheld y no otra familia?

Fernanda: No hay un origen épico. Se lo propusieron a una amiga como una idea editorial a mí me copó y se lo propuse a Alicia y a ella le pareció una buenísima idea. Después está todo lo que sucedió con nuestras vidas. Mi marido me decía: “¿estás con los montoneros otra vez?”. Todos los fines de semana, en la computadora, haciendo entrevistas. Con mucha intensidad. Soñábamos.

Es bastante curioso. Son cuatro hermanas con sensibilidades sumamente especiales, que viven esas vidas compactadas: casarse, separarse, tener hijos, todo a los 24, 25 años. Más, la militancia.

Fernanda: Yo sentía que eran mucho más grandes que yo. Cuando me ponía a pensar la edad que tenían, tomaba conciencia que, mientras investigaba, yo tenía 15 años más que ellas en ese momento.

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ELSA, A VOCES

Héctor y Elsa.
Héctor y Elsa.

Hablando de la polifonía, una de las cosas que me llamó la atención es la alternancia en el uso de la tercera y la primera persona, que es lo que destaca a “La vida del Che”, de Oesterhled. ¿Para ustedes eso fue consciente o fue una necesidad de polifonía?

Otra era la vivencia de las chicas en relación a esta historieta. Las cuatro estaban un poco enamoradas del Che, incluso Marina que a sus 11 años se sintió desolada con la noticia de su muerte. Diana directamente estaba obsesionada con su figura y se sentía orgullosa por compartir los mismos gustos literarios: sabía que como ella, el Che adoraba a Cervantes —piedra basal en la casa Oesterheld—, Emilio Salgari, Julio Verne y Alejandro Dumas. Ahora creía que esta historieta había llegado para calmar el dolor de su muerte. Compenetrada con el texto, analizaba junto a su padre el uso de la tercera persona al inicio y la primera después, como recursos creativos que permitían introducir al lector en la piel de Guevara, yendo de la razón al sentimiento, del dicho a la acción en pos del bienestar general y el Hombre Nuevo.”(*)

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Fernanda: Fue básicamente la necesidad de encontrar el lugar de Elsa. Habíamos armado un esquema de libro con una idea muy sesgada de Elsa, porque todos los testimonios que teníamos eran desde la mirada de sus hijas. La imagen primera era de una mujer que no las apoyaba, que censuraba la militancia, muy dura. Incluso, quienes la conocieron después de todas las desapariciones, la describen enojada con Héctor. Hasta ahí, una mirada de una Elsa de un solo lugar. Cuando advertimos que era la única viva, la única de la que teníamos “la voz”, nos dimos cuenta de lo interesante y lo compleja que había sido ella y su historia. Dijimos: “ya está, no necesitamos intervenir nosotras ahí, que aparezca con su voz”. Eso terminó por estructurar el libro.

 

 Barcelona, 13 de julio de 1961 Héctor, sabés perfectamente todo lo torcida que fue mi infancia. Pero yo, no sé por qué capricho de la naturaleza nací llena de alegría, de cariño y deseo de vivir. Me había jurado a mí misma no tener que ver nunca más nada con lo que me rodeaba. (…) Así fue que llegó el día que nos conocimos. Presentía la comprensión que necesitaba y estaba segura de no equivocarme. Y, efectivamente, para mí se abrió un mundo completamente desconocido. Fuiste todo lo que yo pensaba que tenías que ser. Además de muy enamorado, eras todo comprensión y ternura, me llenaste de delicadezas, me elevaste en ambiente y me hiciste conocer tantos pequeños placeres que vos ni te dabas cuenta, pero que yo no había tenido nunca. Pero lo que más te agradecía era la confianza en mí misma que me enseñabas a tener. Y así fue que nos casamos. Y esa, Héctor, fue la época más feliz de mi vida. Esos 5 primeros años de nuestro matrimonio fueron tan felices para mí que creo que sin mucho esfuerzo podría reproducirlos día por día. Y me di toda. A todo esto mi admiración por vos ya no tenía límites. No sólo era como marido sino como padre. Tu gusto por las letras se definió y te dedicaste por completo a escribir. Yo estaba tan segura de tu valor que no dudaba que en muy poco tiempo tu nombre sería respetado. Aunque trabajabas en un género que a mí no me gustaba, estaba segura que eso era una transición para algo de envergadura. Las circunstancias se complicaron y nos mudamos. Yo no estaba muy convencida de venir tan lejos, pero pensando en tu tranquilidad y la felicidad para las nenas, acepté venir afuera sabiendo que me iba a costar bastante adaptarme. Pero primero estaban ustedes. Y aquí las cosas se empezaron a complicar. Yo absorbida por las chicas y vos por tu trabajo, nos alejamos. Mientras tanto yo empezaba a estar sola. Aquella sensación de refugio seguro que tenía en vos empezó a faltarme.”(*) 
                                                         

Son como capas. Hay una progresión cada vez más cerca del cuerpo. Esa es la sensación en la lectura: van de la tercera a la primera, de la primera a las cartas, de ahí  a las fotos y luego otra vez la tercera.

Fernanda: Igual nosotras no sabíamos dónde iban a ir las fotos, porque es laburo de edición. Tampoco, hasta último momento, sabíamos qué cartas podíamos usar.

Alicia: Necesitábamos contar la vida de personas que no estaban, no teníamos sus primeras, excepto por sus cartas. Elsa sí es una primera persona y teníamos que usarla. Ella era quien podía hacer una relectura de su vida. Al principio, teníamos los testimonios de la época de la militancia. También hicimos un relevamiento de las entrevistas a Elsa. Cuando nos encontramos con ella, estaba menos enojada, mostraba su evolución, el relato del final de su vida.

Lo cómico es que en agosto del 55, Héctor recibe una invitación para ir a una oficina de la Presidencia de la Nación, y naturalmente nos quedamos muy impactados porque no lo esperábamos ni sabíamos de qué se trataba. Entonces fue y le propusieron hacer un guion con la vida de Perón. Iba a tener un sueldo, en fin, todos los beneficios posibles que nos hubieran venido magníficamente bien porque en ese momento estábamos realmente preocupados con las entradas que eran cada vez más magras y esperábamos a nuestra tercera hija, que estaba por llegar. Y bueno, lo pensó. Todo era un poco confuso y finalmente dijo que no. Tampoco hubiera llegado a hacer nada porque enseguida vino la Revolución Libertadora, lo sacaron a Perón y ahí se acabó todo” (*)

Fernanda: Elsa está en montaje, desde la primera entrevista que dio a principios de los 80 hasta ahora que la entrevistamos nosotras.

Yo leí una mujer a la que la vida le exigió reconstruir su historia con ausentes. En el libro, me detuve en las citas de todas las preguntas que ella no pudo hacer. Ni a su marido ni a sus hijas Lo no dicho aparece muy fuerte en el libro. Por momentos parece que, aun después de la desaparición de Héctor, Elsa armara escenas con él.

“El 10 de septiembre del 76 yo estaba con Mary, una muchacha que había estado toda la vida con nosotros, desde que las chicas eran chiquitas, y era la madrina de Martín. Estábamos solas, yo tenía el dormitorio arriba y ella, abajo. Yo, como no dormía porque vivía en insomnio total, veía televisión hasta las cuatro de la mañana. Ahí ya estaba en un estado de dolor tal… creo que cuando uno está con ese dolor ya no hay miedo, no hay nada, desaparece todo, casi que deseaba que pasara algo conmigo y que se acabara, porque vivir la angustia que yo vivía por cada una de mis hijas era más de lo que un ser humano podía soportar.”(*)

Fernanda: Es que las tenía. No está en el libro, pero su nieto cuenta que él escuchaba cómo ella hablaba con sus muertos a la noche.

“Mi nombre es Elsa Sánchez de Oesterheld y soy la mujer de Héctor Germán Oesterheld, famoso en el mundo por haber escrito la historieta El Eternauta. En la época trágica de este país desaparecieron a mis cuatro hijas, mi marido, mis dos yernos, otro yerno que no conocí, y dos nietitos que estaban en la panza. Diez personas desaparecidas en mi familia. Pero prefiero recordar los años en los que fui feliz” (*)

Mis hijas eran cuatro chicas excepcionales. Yo nunca en mi vida me imaginé que me iban a desaparecer las cuatro. No entendía cómo el padre creía que era una aventura que iba a vivir. Héctor siempre, siempre, aún en las cosas más irracionales, les daba la razón a los jóvenes. Era más como un abuelo.(*)

Los oesterheld

 

EL OTRO LADO

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“Aunque los Oesterheld alquilaran, aunque la pintura de las paredes estuviera algo descascarada y la alfombra del living mordisqueada por el perro, el chalet quedaba del otro lado de la vía” (*)

Del otro lado/las plantas estallan con la desesperación de lo que crece después de la amenaza/y las hijas sacuden sus cabezas como animales recién liberados/borran de sus cabellos las líneas marcadas con los dedos/se reinventan un nombre y dejan/que la madre construya su propio relato.” (**)

¿Cómo se llevaban ustedes con lo no dicho? 

Fernanda: Nosotras estuvimos mucho laburando sobre lo que teníamos que decir. En la primera etapa, escribíamos, escribíamos y escribíamos. Quizás lo no dicho es lo que sacamos de esa primera edición.

Alicia: Hay distintos niveles en eso. A mí, muchas veces me resonaba Elsa. Cuando veíamos su impotencia, su no poder sacar a las chicas… Lo que decía o no decía resuena en tu vida. Cómo decir…

Yo me refería a eso. La frase “del otro lado” recurre mucho: “Del otro lado, estaba la casa del Eternauta. El punto cero de su universo, el origen de sus coordenadas”. Hay momentos en que parece que el lenguaje se desesperara en la narración de un “algo”. ¿Fue consciente?

Fernanda: No, yo creo que la escritura es mucho menos consciente de lo que uno cree.

¿Y vos como lectora de lo que escribís?

Fernanda: No sé si soy buena lectora de lo que escribo. Quizás soy mejor lectora de lo que escriben otros. Como escritora confío en un ritmo interno que tiene más de intuición que de raciocinio, de lo contrario se vuelve muy duro el lenguaje. Ese comienzo, el grado cero, sí fue pensado. Era la idea del adentro y del afuera, de las fronteras, de cómo esa casa feliz sale, va al exterior. En cuanto al “otrolado” hay varias cosas pensadas. Por una parte, mostrar esa imagen de la casa de la familia “perfecta” que, de pronto, sale a la intemperie -como la familia de El Eternauta- sale a conquistar el mundo. También, había una cuestión geográfica real. La zona norte estaba dividida por castas. De un lado de la vía, los ricos. Del otro, los comerciantes. Y del otro lado de la avenida, la villa. Eso es alucinante. Literariamente había que usarlo. Ellos mismos lo decían. “Yo abría la puerta de mi casa, caminaba diez cuadras y estaba en la villa”. Cómo un chico de la edad que tenían las hijas de Oesterheld -con todo el contexto mundial de revoluciones y los cambios de paradigma-, no iba a caminar esas diez cuadras a ver qué estaba pasando, para a ver si podía hacer algo. Esa era la idea de lo que les pasó, no solo a las Oesterheld.

Alicia: Tuvimos que escuchar el movimiento que ellos hicieron por contraste con nuestro tiempo. En ese momento las categorías eran muy rígidas, la rigidez de los 70.

Los 70 siempre suelen ser idealizados como una cosa más bien de mucho movimiento, mucha transformación. Pero estaba también la cosa milica, terrible.

Fernanda: Había que cruzar todo eso. Cuando hablabas sobre lo no dicho, no sé si nosotras no dijimos algo. Pero, al tener la distancia generacional, notamos que había que desmontar discursos anquilosados. Leímos un montón de libros sobre los 70 para hacer este libro y vimos que todos los autores de esos textos habían sido protagonistas o habían tenido algún tipo de participación. Por eso tenían algo que decir desde su propio lugar: les había quedado algo en el tintero o querían hacer justicia por sus compañeros. Nosotras teníamos la libertad de poder tomar distancia. Sabíamos que no queríamos bajar línea, porque no teníamos una línea que bajar, ni teníamos una cuenta personal que ajustar. Cada uno escribe para sanar lo que necesite sanar o contar lo que quiera contar. Y eso está muy bien.

Claro. La biografía de cualquier persona la tiene que contar otra, nadie tiene una tercera de sí mismo. Nada más fuera de narrador que una autobiografía

Fernanda: Nosotras tenemos la tercera de la historia.

“Cómo se construye una vida no es una pregunta/es un estado de vigilia/una ansiedad convertida en círculos/aunque ella no piensa en círculos sino en dibujos sin hacer/en números que se unen por líneas que/en este caso/desconocen la ley de la secuencia/el dos no sigue al uno y no hay modo de que lo haga” (**)

 

MEMORIAS DE LO NO VIVIDO

Un científico a quien entrevistamos, dice que en un unos años vamos a escuchar el sonido del bebé mundo. El universo tiene una memoria sonora que no se borra, se llama ondas gravitacionales. El tiempo cronológico es, así, una vivencia del tiempo. Yo pienso en el tiempo de la escritura, en el tiempo narrativo, en estos tiempos con que ustedes trabajaron. Es distinto a revivir, que suena más como irse al pasado.

Fernanda: Reconstruir es la palabra, me parece.

Pienso en esa sensación de un mundo donde lo imposible se puede hacer real, en relación al mundo que nos toca a nosotras. Porque ustedes un día levantaban los ojos, dejaban a los Montoneros y volvían.

Alicia: Nosotras teníamos al principio esa distancia y también una cierta incomodidad que estuvo buena. Esa de preguntarnos: “che, ¿estaremos teniendo una buena representación de esa época? Porque seguís laburando con relatos, con libros, pero no fuiste parte de eso. Las cartas sí, las cartas te acercan mucho más.

Fernanda: Fue muy importante entender ese mundo. Por ejemplo, contextualizar el tema de la violencia. Si uno dice “Estoy en contra de la violencia” Sí, bueno, ¿pero en qué momento del mundo estás en contra? Entender el mundo de la época nos ayudó a entenderlas a ellas, a entender por qué reaccionaron como lo hicieron. La violencia como política de cambio viene de otro mundo. Lamentablemente perdieron, perdimos. Con el número puesto, es facilísimo hablar. Ernesto Salas, el historiador, decía que, a pesar de saber cómo terminaba esta historia, él quería seguir leyendo para ver qué pasaba. A nosotras nos pasó, por momentos, de hacer conjeturas para seguir investigando. Entrábamos en otro universo, nos metíamos en sus modos de razonamiento. Soñábamos. Nos acostábamos tratando de soñar un dato.

Alicia: La vida se suspendió.

¿Y ahora cómo sigue? Hay que encontrar otro proyecto…

Alicia: Te cuesta salir. El tiempo es raro.

Hay algo entre la ficción y la realidad que ustedes vivieron al escribirlo…

Fernanda: El hecho de que sea como una novela, hay un montón de reglas de ficción ahí.

Yo me refería a la vivencia de ustedes…

Fernanda: Sí, sí vivíamos con ellos.

Alicia: Pensabas en el cumpleaños, en el día en que cada uno cayó. Nosotras teníamos muchas cartas de cuando Héctor hizo un viaje por Europa para vender sus historietas y salir de la crisis editorial. Cuando ya habíamos terminado y entregado el libro, yo fui a París. Caminaba y me acordaba de los relatos de él al andar por ahí.

Fernanda: Me pasa cuando voy a San Isidro, me acuerdo de operaciones de Montoneros que no están en el libro porque nos las contaron en off. Pero yo me las sé de memoria. Mucho de la realidad se trasmutó a ese momento. Tenemos recuerdos de cosas que no vivimos.

Cómo se construye una vida no es una pregunta/Es un estado en el que las dimensiones se/comprimen/Y el tiempo no es más que un modo de ordenar la distorsión.”(**)

"El árbol del tiempo", William Blake
“El árbol del tiempo”, William Blake

 

ESTELA DE UNA PRESENCIA

Les propongo que cada una que elija qué destacar de cada uno de los personajes. ¿Estela?

Fernanda: Yo soy Estela.

Querido y queridísimo papito: hoy, (esta mañana) comenzó a llover, eran mas o menos las 8, pero paro enseguida. A pesar de esa lluvia después hacia un calor de morirse. primero fuimos con mamita a la carniceria, después a la verdulería y después a San Isidro a comprar una tela o que se yo que era lo que querian forrar con ella. fuimos tambien a comprarle sapatillas a Beatriz y a Marina y unas ebillitas para Marina pero no encontraron por supuesto tambien habia que hacer una compra mas pero esa compra era gratis, era “mirar vidrieras” entre “charlas y carcajadas” y entre “hay que bonito es esto y que hermozo es aquello”, en fin así se divertían mamita y abuelita que se habia quedado a dormir. Yo como rara vez estaba con ganas de irme a casa por una razón. La razón era de que esta mañana antes de salir mamita nos prometió bañarnos en la pileta de nosotros. Como vez el tiempo es bastante loco. El otro día no me acuerdo muy bien cuando era pero la cosa era que mamita nos leyó tu carta y nos emos reido muchisimo con los “excuse me, sir” pero hay algo que nos preocupa que es: “El desayuno tuyo” vos decias que mamita te hacia comer mucho pero hay balgame Dios con todo eso ya estabamos diciendo que hay no podés jugar al “tennis” con nadie asi que cuando vuelvas no vas a poder pasar por las puertas. Papito querido yo te quiero mas que nunca, y así te mando muchos besitos.                                                                                              Tu hijita, Estelita (9 años)

A veces percibo que tengo como unas cuerdas doradas que salen hacia el dibujo, hacia el papel”(*) Estela

                                                                                                         

Estela
Estela

Fernanda: Hay algo alucinante. Estela es silenciosa, aunque  su presencia nunca pasa desapercibida. Cada persona entrevistada se acordaba de un detalle. Uno contó que se pintaba los labios. Otro se acordó del sonido, de cómo la reconocían por el sonido de sus botas cuando entraba a un lugar. Todos los tipos se enamoraban de ella, era una belleza descomunal. No “tenían mucha voz de ella”. Es decir, no tenían mucho registro de qué decía, pero sí de cómo estaba, cómo miraba. También de qué irradiaba: la veían como protectora, daba tranquilidad.

A Estela le encantaba dibujar. Era muy precoz, habló y caminó muy rápido. Desde los dos años, cuando el padre estaba sentado en el escritorio, ella le pedía dibujitos, y él nunca le negaba nada a una criatura que iba y lo interrumpía. Así que él le hacía unos cuantos dibujitos y después la sentaba en el escritorio con unos almohadones y le daba unos lápices y ella garabateaba. Pero a los tres o cuatro ya hacía dibujitos sola. Le gustaba dibujar ojos, tenía pasión con los ojos. El padre estaba fascinado.”(*)

Estela
Estela

Fernanda: Lo increíble es que al final de esta biografía, Estela era una leona. La historia de cómo cae, de cómo la buscan. … Yo me imaginaba ser madre y estar en esa situación. Hay una escena en la que no encuentra a su hijo y se vuelve loca. Cuando Estela sale, la imagino como un animal feroz. De entrada, yo sabía que ella terminaba acribillada. Sin embargo, la fui descubriendo en esos detalles. Tengo un poema escrito sobre Estela, porque me costaba mucho encontrar su voz. Te pueden describir a alguien, pero nadie puede representarte la voz de una persona, excepto que esté grabada. Me desesperaba eso, ¿cómo hablaba Estela?

Es todo un misterio.

 

“(…) están los espacios vacíos, la incógnita, el tono de una voz perdida/nadie la grabó y, ¿sabés qué?/las voces no quedan en la memoria como el olor de una tarde de diciembre, el zumbido del tiro que te parte la columna/, el grito que congela tu nombre de guerra en un barrio que huele a mierda/ ¿Reconocés su voz? ¿Podés escucharla?/Ninguno puede: ellos también quemaron fotos y guardaron imágenes en calles de tierra para compartir con nadie/y no la oyen” (**)

Un factor muy importante en su vida es el Vasco, su voz era muy estridente. Se pusieron de novios en la escuela y todo el tiempo estaban en tándem. Él era tan simpático, tan charlatán…. Y huérfano.

 

EL VASCO, EL HÉROE ROMÁNTICO

“El Vasco se llamaba Raúl Mórtola, como su padre, y su historia empezaba en Bella Vista, una ciudad de Corrientes recostada sobre el río Paraná, famosa por los carnavales, en donde lo conocían como el Negro. Era el mayor de cinco hermanos varones con los que casi no se crió: a los siete años, su padre lo mandó a estudiar a Buenos Aires con unas tías, razón por la cual nunca tendría una relación profunda ni afectiva con él” (**)

Fernanda: Es alucinante. Es casi como un personaje de ficción. Dejaba marcada a la gente, por lo entrador y también por lo militante. Era un “Bombita Rodríguez”. Guapo, canchero, las tenía todas. Y también era un sacado. Muy para afuera.

“Cuando se enteró de que en el hospital se negaban a entregarle el cuerpo de su hija a un vecino, el Vasco se presentó frente al director del hospital y apoyó el arma sobre el escritorio: le dieron el cuerpo y un cajón sin cargo. En otra ocasión le contaron que en la escuela habían rapado a una de las nenas de la villa porque tenía piojos y fue personalmente a decirle a la maestra que ni se le ocurriera volver a hacerlo. Esa mezcla de simpatía provinciana y matonismo guevarista lo hacía magnético. Las señoras lo adoraban y lo invitaban para que les contara historias de Corrientes, y los pibes chorros lo respetaban.”(*)

El asunto no es sólo cómo era él, sino cómo lo recordaban. Se convirtió en mito entre muchos militantes. Fuimos a Villa Argentina, donde empezaron ellos la militancia y ahí estaba Miguel, un militante social de toda la vida. Tiene un librito donde escribió poemas sobre sus compañeros y, obviamente, está el Vasco.

Estela, El Vasco y Martín en brazos
Estela, El Vasco y Martín en brazos

 

“Cuando llegó a Villa Argentina, comprobó que tenían razón. Desde un inicio, el Vasco se manejó como el líder. Lo primero que hizo fue recorrer Villa Argentina casa por casa. Le pidió a Miguel que lo presentara entre los vecinos. Todos los domingos, cerca del mediodía, se aparecía por la villa para sentarse a conversar. Exageraba su tonada correntina y llamaba a todos “chamigo”. A la tercera semana, ya lo esperaban con facturas, choripán o un vaso de vino. Y si se atrasaba, preguntaban por él. —Negro, ¿cómo no le vas a aceptar un vaso a alguien que te recibe en su casa? Lo retó un día a Miguel, que no había querido tomar vino a las diez de la mañana. A Miguel le causó gracia que el Vasco se sintiera más villero que él.”(*)

Fernanda: Yo lo estaba entrevistando y la gente se acercaba y comentaba, “Che, ¿te acordás del Vasco?” “Uh, sí, el Vasquito”. Todo el mundo tenía historias sobre él, historias que aún se siguen contando en el barrio.

“Estela y el Vasco, que todavía vivían en un departamento de la calle Moldes. En poco Tiempo tendrían que dejarlo y mudarse con Diana. El lugar era pequeño y cálido, y tenía las huellas de una vida previa: lo habían decorado con mandalas, cuadros, dibujos hechos por ellos mismos y fotos. Allí el Vasco aflojaba su rol de líder militante y se mostraba cariñoso con Estela. La besaba y abrazaba delante de sus compañeros. A veces, la llamaba pequeño saltamontes por su manera de caminar.” (*)

El Vasco y Estela
El Vasco y Estela

 

DIANA: EL IDIOMA DEL LÁPIZ

Papito querido cuando boy a nadar siempre yevo tu toaya. Tambien me siento en tu lugar. Papito yo no se como me pude separar de ti. Yo quiero que me traigas muchas cosas lindas. Papito bos sos mi corazon. Tanto te quiero que por el abrazo tan grande me saco los brazos.                                                                                                   Diana (8 años)” (*)

Alicia: Yo soy Diana. Diana es una tromba y, a la vez, una mujer súper sensible.

“En cambio Diana, Diana, ¡el carácter que tenía! Todas eran muy femeninas menos Diana, que era volcánica. Una extraordinaria escritora, netamente literaria, era escribir y escribir y leía en una forma voraz. Bueno, todas leían mucho, pero en Diana había una ansiedad y voracidad por saber que a mí me preocupaba un poco porque se angustiaba” (Elsa Oesterheld (*)

Diana no buscaba llamar la atención, simplemente la atraía. Su escritura era clave en ese despliegue: les dejaba notitas a sus compañeras en las que era capaz de destacar lo esencial de cada una. “¡Quiero recorrer el mundo sin otro idioma que mi lápiz!”, apuntó en la tapa dura de su cuaderno, repleto de pensamientos garabateados con su letra indescifrable, como la frase de Santa Teresa de Jesús: “Vivir se debe la vida de tal suerte que viva quedo en la muerte”. (*)

Alicia: Inflexible, pero tierna. Llegaba mucho. Por sus cartas sabemos que tiene un rollo con esa mirada que el resto tenía de ella…

“¿Cómo no podían percibirla sensible, si lloraba al ver las estrellas o sufría las noches de lluvia? Atormentada, se lo confesó a Peri en una carta. “¿Sería tan insoportablemente flemática, tipa pensadora, que una ‘compañera’ no haya visto mi emotividad?” De chica, no había vez que no hiciera una escena al ver a una mujer pedir limosna con su bebé en brazos. Intentaba convencer a Elsa de que llevaran al niño a su casa para alimentarlo. La situación terminaba con berrinches que se repetían con cada pequeño que se cruzaba en la calle.”(*)

Alicia: Tuvo varios novios. Rudy fue el primero y con quien se casó, como excusa para salir de la casa. Encontró en él un tipo súper dulce, comprometido, que hacía teatro.

“Una tarde Rudy le mostró una foto personificado como el Che y Diana creyó que lo que sentía por él definitivamente era amor. Nunca había estado enamorada y pensó que se trataba de eso.”(*)

Fernanda: Igual, de Diana, me interesa rescatar su proceso. A veces ponía distancia, para marcar cosas que estaban bien o que estaban mal. Con un sentido de justicia muy presente. Pero también fue cambiando su modo de vinculación con los otros. Hay una carta a la madre, donde ella misma analiza su cambio.

Yo quisiera poder explicar muchas cosas, algunas son hasta inexplicables para mí, pero creo que ya es inútil hablar y hablar, pero sólo eso te pido, que tengas fe en mí, que no pienses que estoy en la ruina total, que no pienses que no me importa nada de nada. Porque si por fuera soy dura y agresiva te puedo asegurar que las cosas las siento muy hondamente porque en mí también hay sentimientos como yo jamás dudé que en vos los hubiera. Por eso mami, comprendo tu dolor, tu pena y tu vacío, porque sé hasta qué punto las cosas te duelen y te llegan. Está amaneciendo ya, espero que las cartas les lleguen bien y que los poquitos días que les quedan en el mar, los disfruten por todos nosotros juntos. “(Diana*)

 

Diana Irene Oesterheld
Diana Irene Oesterheld

 

RAÚL ARALDI

“Raúl era el orgullo de la familia. Egresado del Nacional San Isidro, estudiante universitario y con trabajo, lo que decía siempre era tenido en cuenta. A fines de 1970, se mudaron a otra casa, también en Martínez, en la que Juan Bautista construyó un cuarto en la terraza para que Raúl instalara su propio laboratorio químico. Pero el hijo modelo, en cambio, puso un mimeógrafo con el que hizo panfletos para la agrupación Organización y Lucha. Unos meses después se mudó a Capital.”(*)

Alicia: Es la última pareja de Diana y el papá de Fernando Araldi Oesterheld. Es el único cuerpo recuperado. Un pibe de clase media, que siempre intentó salir de la estructura de su casa. Raúl era el tipo más serio, profundamente político.

Diana después se puso en pareja con un chico que era un encanto. Se conocieron en la militancia. Raúl era una maravilla, el muchacho para ella. Él era de clase humilde, estudioso como loco, le faltaba una materia para recibirse de bioquímico. El padre me mostró la libreta con las notas y la más baja era 8.50. Solito solito, sin ayuda. Ahí sí vi que ella estaba muy bien. Estaba enamorada, era feliz” (Elsa Oesterheld*)

Fernanda: Era un cuadro. Es quien va a la selva, al monte, viste de fajina, hace ejercicios reales, va a Cuba.

“De todos modos, el operativo de regreso al monte seguía avanzando. Ya habían planificado una dieta en base a cereales, charqui, y habían comprado una pistola de aire comprimido para cazar pajaritos. Adolfo también los ayudaba con lo que podía. Se había obsesionado con encontrar una manera de camuflar las armas y pensó en meterlas dentro de damajuanas. Para eso tenían que cortar el envase de vidrio, guardar las armas, pegarle otro vidrio en el medio y llenarlas de vino. Después las cubrirían con estuches de mimbre. Adolfo había leído en la revista Mecánica popular que para cortar el vidrio había que embeber un piolín con querosén, colocarlo alrededor y prenderlo fuego. El calor lo cortaría. Pero fracasaron con esa y otras técnicas y finalmente decidieron trasladarlas en las bases de arbolitos de navidad. En medio de todo esto, Raúl seguía con una certeza en su cabeza: iba a encontrar a Diana con vida.”(*)

La militarización de ellos es difícil de entender…

Fernanda: Nosotras también necesitamos entender eso, cuando empezamos la investigación. La pregunta era: “che, ¿todos iban armados?”. Había que entender qué es una organización armada, por qué la violencia, qué pasaba con la batalla de Argelia, leer a Frantz Fanon, volver a las lecturas de ese momento, saber de qué se estaban nutriendo. No solo aparecieron los Montoneros, en toda América Latina había movimientos de liberación nacional.

“Íbamos a cambiar el mundo”, esto era una decisión y un modo de vida.

Fernanda: Exacto. No solo eso, tenían 20 años y pensaban en dejarle un mundo mejor a sus hijos. Ellos decían que no militaban para morir, sino para vivir en un mundo mejor, aunque sabían que podía costarles la vida. Es casi como una visión cristiana.

Alicia: Lo que hizo Raúl, irse en un grupo de tres tipos al medio de la nada, formar una unidad y resistir ahí en el extremo de uno de los puntos de la organización.

Raúl Araldi

BEATRIZ, LA APARECIDA.

“En cambio Beatriz no iba a pasar de aspirante. Estaba todo el día en la villa, iba al frente en las movilizaciones o salía a la madrugada a hacer pintadas pero también tenía su resistencia frente a la endogamia de la organización. —Es domingo, no podemos pasarnos todo el día acá discutiendo un documento o pedirle a la gente del barrio que pierda una tarde entera escuchándonos a nosotros. Se quejaba. Y eso le valía una evaluación negativa en la ficha del militante: “Muestra desinterés por la vida interna de la organización”. A Beatriz le molestaba el internismo. Y el reunionismo. Y ésas no eran buenas señales para una estructura que de ahí en más necesitaría soldados incondicionales para fortalecerse.” (*)

¿Quién es Beatriz?

Fernanda: Yo. Era militante de base. Nunca se deslumbró con las luces de la jerarquía de la Orga. Se quedó en la villa hasta el último día. Dormía en la casa de Teresa y siempre se quedaba con las mujeres de la villa donde, hasta hoy, la recuerdan como una presencia casi angelical. Muy suave, pero muy decidida. Ella empieza muy chiquita a militar, con su primer novio, Miguel. Lo hacen en su zona geográfica, cruzan la vía, se van al otro lado: a la villa, a ver qué se puede hacer ahí. Miguel cuenta que hacen una pintada, sin saber qué era una pintada, sin saber si ellos eran peronistas. Pinta un símbolo de montonero, sin conocer a ningún montonero. Pero no importaba, había que entrar. Estaba pasando algo en el mundo y querían participar. Para eso había que salir a la calle. Entran a la villa y ella se queda ahí, era como su vocación. Un compañero dice que la veía como una monja, por su entrega, no por pacata. En el barrio cuentan que, durante años, la seguían viendo. Como una aparición. Pero, más allá de su militancia, ella seguía viviendo intensamente, tuvo muchos amoríos. De Beatriz sabemos mucho por Miguel -que fue su novio-, por Bichi, por los compañeros. Todos decían lo mismo: ella se entregaba pero nunca terminabas de conocerla del todo. Había algo misterioso.

Alicia: Todas tenían algo de eso.

De lo no dicho.

“El 19 de junio nos encontramos con Beatriz y fuimos a tomar el té juntas al Jockey Club de Martínez (…) Eran charlas terribles porque yo trataba desesperadamente de buscar argumentos para convencerla de que decidiera hacer una vida plena. (…). Y entonces ese día en la confitería ella me dice: te voy a contar algo que te va a alegrar. Voy a dejar la militancia y me voy a inscribir en Medicina. (…) Lo único que ya no puedo ingresar este año porque es muy tarde, tengo que ingresar el año que viene. Eso sí, mami, no pienses que voy a ser una médica de sanatorio, yo me voy a ir a trabajar como médica rural. Era un sábado a la tardecita y como a las seis y media me dijo mami, me voy porque me están esperando en La Cava, y se fue feliz.”(*)

Fernanda: Miguel aportó mucho, fue uno de los que sobrevivió. Además, estuvo en vinculación con la familia.

Todo cambió el 22 de diciembre de 1971. Cuando Miguel entró en la casa de Beccar, Beatriz estaba sentada en uno de los silloncitos del jardín. Se quedaron mirando las plantas, que se convertían en figuras extrañas a medida que desaparecía la luz. Hasta que él no aguantó más y la besó. —Pensé que sólo te interesaba como amigo. —Yo estaba muerta con vos, pero me parecías inalcanzable. Lo primero que le pidió Beatriz como prueba de amor fue que dejara de fumar. Y Miguel, que fumaba diez Particulares por día, lo hizo. A los pocos meses, había engordado su edad en kilos: diecisiete. “(*)

Fernanda: Después, militó con Marina, la más chiquita. Miguel nos ayudó mucho a entender la militancia. Somos muy amigos ahora.

Beatriz Oesterheld
Beatriz Oesterheld

 

MARINA, BIEN A TIERRA

Una tarde de invierno de 1971, Diana irrumpió en la casa con su habitual vehemencia. Subió corriendo las escaleras, seguida por un flaco de pelo largo, bigotes y cara de bueno que se paró cerca del combinado de música. Minutos después, bajaba con Marina del brazo, casi arrastrándola. —Iña Iña, acá está, te presento a mi novio Rudy. Mirá qué lindo que es, Iña ñañaa. Marina tenía 14 años. Estela la mimaba, Beatriz hacía de confidente y Diana era su cómplice. A las dos les encantaba escribir y conversaban durante horas sobre libros y autores; también jugaban. Les gustaba hablar deformando las palabras” (*)

Alicia: Marina es la más chiquita, la que seguía viendo todo a través de los ojos del papá. Muy embelesada con él. Muy tímida y silenciosa. No hay mucho registro. Igual, también ella se va endureciendo. Pensá que ya todos habían empezado la militancia cuando ella se suma. Quiere participar y no la dejan porque es chica.

Hay una imagen de ella compartiendo la intimidad con la otra hermana. Esas conversaciones que de golpe se cortan y entonces ella trepa hasta la edad de la hermana. Esa es la sensación que queda.

Diana y Marina
Diana y Marina

 

Alicia: Todas tenían con Marina un vínculo. Es la que se quedó en la casa viviendo con Elsa y con Héctor. Algunas la protegían, otras trataban de llevarla. No tenía muchas amigas, estaba siempre con sus hermanas. Después, salió y retuvo ese rol muy silencioso -incluso, algunos le decían “la muda”- en los grupos de militancia. Pero muy segura de qué iba a hacer, como todas sus hermanas.

Su estilo era de construcción colectiva. Así se fue ganando el respeto del grupo, que se sentía protegido y escuchado. También así les bajaba línea, pero con margen para que todos discutieran. Marina prefería escuchar. — ¡Ahí llega la muda! Comentaban entre algunos al verla llegar. Hablaba sólo si tenía algo para decir. Era más de la acción que del debate. Donde hubiera que estar, estaba. Lo que hubiera que hacer, lo hacía” (*)

Marina era muy adolescente. Ella estaba militando en zona norte, la cambian y, en ese cambio, encuentra a su compañero. Ahí empieza a brillar.

“Marina me llamó por teléfono y me dijo mamá, me casé. Ella me dijo que se había casado en la clandestinidad, no me dijo el nombre del muchacho. Mary, la chica que trabajó muchos años conmigo, me dijo la vi a Marina por el Puente Saavedra y estaba embarazada. Ahí me enteré.”(*)

 

HÉCTOR, EL RINOCERONTE

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Muchas veces habían jugado a compararse con animales y a Héctor siempre lo asociaban con el rinoceronte. Por esa nariz ganchuda que tan poco le gustaba, por sus ojos juntos. Pero ahora parecía adoptar otro significado: el rinoceronte carga con una gran estructura vegetariana, algo lenta y parsimoniosa, que cuando empieza a tomar velocidad, arrasa con todo y no para. Héctor, de a poco, empezaba a tomar carrera” (*)

Héctor estaba lleno de amigos y a la vez era un tipo muy para adentro, pero yo lo entendía, le decía que la Geología no le interesaba como carrera sino que le daba la posibilidad de estar en plena naturaleza solo, porque parecía muy dado pero en realidad era un hombre que siempre buscaba la soledad”(*)

Lo describen como un tipo muy presente, pero que también se rescataba, muy silencioso, muy solitario.

Alicia: No sé tanto si solitario. Me parece que tiene más que ver con la profundidad.

“Bull Rockett fue el primer gran éxito de Héctor como guionista y también el descubrimiento de una estructura narrativa que potenció en El Eternauta y que después decodificó en términos ideológicos. El héroe nunca puede ser solitario, el héroe tiene que ser en grupo”.

Fernanda: Era un tipo que le gustaba contemplar, observar. Escribía sobre lo que leía y observaba. Tenía una imaginación infernal. Para eso, necesitás un poco de silencio, creo que pasa por ese lado.

“Héctor estaba ahí. Había ido con Beatriz y Miguel. Cuando veía que su hija y su novio coreaban consignas, sonreía, pero no cantaba. Cuando Perón salía a saludar, lo observaba en silencio. Ya se había convencido de que el peronismo era la alternativa de masas para lograr un cambio radical, pero la figura de Perón le generaba contradicciones. Sin embargo, en el tren de regreso a Beccar desde Gaspar Campos, se puso a cantar. Le había causado gracia una de las consignas. “Los peronistas, joda, joda, joda. Y los gorilas, lloran, lloran, lloran.” Lo repitió varias veces. El rinoceronte estaba en carrera,” (*)

Luke Hallam-Focal Point
Luke Hallam-Focal Point

Mensaje en una servilleta que Héctor le regaló a Patricia Breccia, hija de Alberto.
Mensaje en una servilleta que Héctor le regaló a Patricia Breccia, hija de Alberto.

 

UN DÚO PERFECTO: LA POETA Y LA MÁQUINA DE INVESTIGAR

 

osterheld20imagesEl libro las deja en el umbral de la ficción. Vos escribís poemas…

Fernanda: Escribo poesía, cuentos. Una novela. Vengo de ese palo. Ella es la máquina de investigar. Ali siempre va a hacer una entrevista más. Estábamos cerrando el libro y decía: “hay alguien que tiene un dato”, no podía parar. Y yo: “no, no me importa, no va a entrar”. Pero está buenísimo, por eso la rigurosidad del libro. Equilibrábamos. Cuando ella se trababa con la escritura yo decía: “dámelo, que a mí me encanta”.

Alicia: Yo no quería escribir, por momentos tenía algo que pulir y le pedía a ella.

Fernanda: Y yo sabía que ella iba a encontrar lo que necesitábamos y también algo más que ni sabíamos que estaba. Finalmente, sólo nos interesaba que estuviera bien escrito, que no fuera un bodoque. Es una palabra a la que le teníamos terror.

Esto fue una tremenda casa para ustedes, un lugar donde habitaron 5 años. Y siguen viviendo ahí. ¿Y ahora?

Fernanda: Yo voy a la ficción, ahí no hay que investigar nada.

Alicia: Yo empecé a pensar en historias distintas. Ahora somos más conscientes del tiempo, de cómo se trabaja.

El libro sigue su camino de militancia.

Fernanda: Sí. Personas que tenían un datito en su cabeza, leen el libro y ahora lo pueden meter en ese el rompecabezas. Entienden cosas que les pasaron a ellos y habían quedado aisladas, inconclusas.

No dichas. ¿Y la muerte de Héctor?

Fernanda: Es un misterio. Se diluye. No hay registro de dónde desapareció él, hay conjeturas.

Alicia: Hay un lugar donde la información se nos corta. Recurrimos a los Organismos de derechos humanos, que tienen años de investigación, y también se les cortaba ahí la huella. Nadie más lo vio. Con Marina, en un momento me había obsesionada. Quería saber qué había pasado con su cuerpo. En el medio del proceso, tomás consciencia y decís: “¿qué estoy haciendo?, quiero encontrar un dato que ni los Organismos tienen”.

Ustedes todavía están adentro.

Fernanda: Ya es parte de nuestra vida.

Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami.
Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami.

 

Fernanda y Alicia, con El Anartista
Fernanda y Alicia, con El Anartista

(*) “Los Oesterheld”, Alicia Beltrami, Fernanda Nicolini

(**) Poemas de Fernada Nicolini. 

 

El Anartista agradece a las autoras el envío de  fotos, poemas y material extra para pensar la entrevista. Ya estábamos llenos de gratitud hacia ellas por la escritura de este libro, por  la poderosa vivencia de atravesar por esas páginas y permanecer en ellas. Ahora se multiplica el agradecimiento.




MÚSICA PARA LOS OJOS

El cuidado del otro: Entrevista a Martín Camarero.

Entrevista: Gabriela Stoppelman

Edición: Mariano Botto

“Imaginemos a un hombre completamente sordo y que nunca haya oído ningún sonido, ninguna música; así como tal hombre se asombra, digamos, ante las figuras acústicas de Chladni dibujadas en la arenilla, y encuentra su causa en la vibración de la cuerda, quedando entonces firmemente convencido de saber lo que los hombres llaman <<sonido>>, nos pasa a todos respecto del lenguaje. Creemos saber algo de las cosas mismas cuando hablamos de árboles, colores, nieve y flores; sin embargo, no tenemos más que metáforas de las cosas, que no corresponden en absoluto a las verdaderas entidades.”

Friederich Nietzsche – El Origen de la tragedia

Desde la última línea del pentagrama se atrevió y, en medio de un ensayo, un fa sostenido se colgó del título. Estaba cansada de que el sol le apretara su cabeza y de que un obstinado mi la empujara hacia arriba. Apenas podía con una débil voz encerrada entre el acorde y la armonía disonante. No es que no le gustaran las disonancias, sólo quiso descansar y pensó que podía cambiar de aire con las palabras del título. Las palabras, sorprendidas, exigieron saber todo de ella y le preguntaron con ansias. El músico, no obstante, oía un rumor extraño, mientras se obstinaba en la obra. La lucha estaba de su parte cuando, al pasar por ese acorde, notó la falta. Una inquietud, una incomodidad, un retardamiento de las ilusiones: como quien percibe un pelo en la lengua. Dejó de tocar. El rumor también calló. La vibración de aquel sonido aún reverberaba entre su cabeza, su corazón y un pequeño movimiento de sus dedos: como quien intenta atrapar la melodía del murmullo y soltarlo en las teclas del piano. El timbre y la textura le llevaron los ojos directo hacia el título. Encontró al fa sostenido entre dos vocales de un diptongo. Le exigió un inmediato regreso a la partitura. La palabra se interpuso y empezó a interrogar al fa sostenido, incapaz de responder. Le faltaban el resto de las notas. Y, por supuesto, las palabras. Tan solo por cuidar a la nota, el músico ofició de traductor. Así comenzó la charla:

 GRAMÁTICA FONÉTICA

¿Hay algo como una gramática de la escritura musical?

Lo que voy a decir es lo que aprendí de otros. Son pensamientos que me ayudan en la práctica de la composición musical y en la de interpretar obras de otros como pianista. Las transmito y las enseño después de haberlas experimentado. Hay un conjunto de signos con un grado de especificidad para representar cualidades y magnitudes de la forma en que percibimos los sonidos. En términos de su duración, un sonido puede ser corto o largo (con todos los grados intermedios que quieran clarificarse). Yo creo que aprovechando sus combinaciones, estos signos son útiles para traducir esa sensación percibida en el transcurrir musical. La música tiene la capacidad de expresarse con sonidos agrupados en forma de diseños o estructuras y acepta la posibilidad de ser segmentada en unidades sintácticas con límites justificables. Estas unidades, pueden ser combinadas y estructuradas en otras mayores que se completen en una forma. Una unidad percibida como mínima e íntegra, formada por uno o dos o hasta diez sonidos agrupados alrededor de otro, que es percibido como acentuado (lo que en el lenguaje verbal podría ser comparado a una palabra) no posee una capacidad semántica. Es posible traducirla como un diseño único de determinados sonidos organizados en el tiempo. Tiene perfiles y deja un rastro en la memoria. Hay resultados de esa construcción que se obtienen sólo a través de la observación de reglas de combinaciones controladas: “Es tal cosa porque se resuelve así.”

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La palabra busca la razón para situarse. El sonido comunica por fuera, con una certeza parecida a la sensación de verdad que atraviesa un oyente al escucharla. El compositor une los mundos. La charla avanza. En literatura esa gramática está sometida a quiebres y renovaciones mediante la poesía, ¿cómo se da o puede darse eso en la música?

No sabía… La música parece influenciada. A la vez, debe influenciar a los demás componentes de una cultura que se promueven. Estará aludida en el modo en que se escucha y se representa. Por ejemplo, con algún fundamento, puede decirse que una música narrada con estructuras que se reafirman por sus simetrías, que tiene su material constituido por sonidos armónicos, cuyo ritmo establece períodos previsibles, pareciera tener una identidad específica. Con esas cualidades ¿Por qué no asociarlo con algo que se refiere a la placidez? Se enseña música relacionada con estéticas determinadas a una época en particular. Con la posibilidad de intentar recrearla ajustada a esos patrones. 

La charla se pone interesante. El resto de las notas de la partitura irrumpieron en la charla para dar su opinión. Interpretaron una zamba para decir que la música puede referirse a una región. Luego, un tango en clara alusión a la ciudad de Buenos Aires. Después, sólo interpretaron melodías para sugerir que ciertos giros característicos proveen un denominador común y, así, se reconocen por su estilo. Pero las mismas notas de la zamba interpretaron una obra de Schönberg de “atonalidad libre”.

 TIRO AL PATHO

La ópera es fruto del hombre teórico, del lego crítico, no del artista: uno de los hechos más extraños en la historia de todas las artes. Fue una exigencia de oyentes propiamente in-musicales la de que es necesario que se entienda sobre todo la palabra: de tal manera que, según ellos, sólo se podía aguardar una restitución del arte musical si se descubría un modo de cantar en el que la palabra del texto dominase sobre el contrapunto como el señor domina sobre el siervo.

El origen de la tragedia – Friedrich Niesztche

¿Hay una prosa y una poesía de la escritura musical?

Yo creo que puede pensarse en simultaneidad. ¿En literatura es clara la diferencia? La poesía parece tener entre otras cosas un control mayor del ritmo y de la rima que se parecen a la forma de pensar la música. Hay un repertorio de recursos para expresar distintos modos, por ejemplo, el “recitativo” (de uso frecuente en la ópera), donde el canto se presenta más parecido al del tono de un diálogo hablado que al del articulado musical.

 ¿Una dramaturgia?

No sé.

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Primero sonaron unas pocas notas solas. Desencajadas y torpes. Luego, las mismas se agruparon en un ritmo y, por último, cada una asumió una duración, como expresando una pregunta.

¿Qué es una frase en música?

Una porción sintáctica pequeña, con una proposición clara y concisa, que puede integrarse con otras y completar un conjunto mayor al que se podría llamar oración.

Hablemos sobre la noción de estructura.

Mejor no hablemos porque nos pueden escuchar. Creo saber a qué se refiere. Hay una instancia de análisis en la que se puede observar la tendencia de un comportamiento en un trozo de música. Básicamente, me provee de una herramienta para advertir cuánto y cómo se desenvuelve una reiteración.

MOTIVARSE

Conversemos sobre las significaciones puramente musicales que producen sentido dentro de lo musical y no necesitan ser traducidas a otro lenguaje.

Eso remite a esa cualidad que yo creo encontrar en la música, a la que antes me referí, que puede narrar o contar un desarrollo. Establece con claridad una especie de objeto musical y lo expone a una serie de contingencias y devenires a través de un viaje en el tiempo. A este objeto lo llamamos “motivo”.

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La música sonó con cuatro o cinco notas. Las repitió. Después se despachó con más y volvió a las primeras, cuatro o cinco sonidos; todo comenzó a moverse.

Con una atención dirigida se lo puede distinguir con cierto grado de nitidez, mientras se lo escucha transformarse y recapitularse con un cierto grado de certeza. Quiero decir que todo esto pasa aunque no lo pensemos. Son los requisitos mínimos de la integridad musical, que desemboca en la definición tradicional de “sonido organizado”. Saberlo y proveerse de una técnica para experimentar con la complicidad de la sensibilidad, lo eleva a la conciencia con la que se manufactura el producto sonoro. Y eso siempre ocurre atravesado por interpretaciones estéticas que predetermine una cultura. Nadie inventa todo. Es lo que se aprende. Además, creo que existen límites o bordes que detallan en qué zonas se realiza una experiencia. Los negros esclavos africanos en USA practicaron los contenidos de la música occidental que heredaron, mestizándola con el propio acervo y produjeron una nueva sonoridad llamada Jazz.

 MATRIMONIOS Y ALGO MÁS

Claudel, que detestaba la música, la llamaba como “esa loca que no sabe lo que dice”

Miguel Schneider – Músicas Nocturnas

 Canciones: ¿cómo es la relación sonido – palabras? Las palabras tienen su propia música, en la canción adquieren otro. Conversemos.

El problema se puede presentar de la siguiente forma: Por un lado está la riquísima dimensión semántica del lenguaje verbal (lo que llamamos “la letra”) con sus significados, su propia sintaxis, la musicalidad en sus fonemas, etc. Y sobre o por debajo de este texto, la correspondencia pendiente con otro texto autónomo que es el de la música. Con idénticos atributos mecánicos y otro caudal de asociaciones posibles en su naturaleza. ¿Estos dos textos van a colaborar para enriquecerse mutuamente?  El destrato que sufre la música en canciones de tipo popular es habitual. Pareciera establecerse una servidumbre en relación a la poesía que traslada. Muchas veces, si uno aísla el texto musical, encuentra una forma de pobreza que puede sufrir la música: la reiteración. La gente a veces dice: “me gusta esa música”, pero en realidad creo interpretar que le gusta la letra de la canción. Y que la música no estorba. Una vez leí que el lenguaje hablado podría haber sido anticipado, en su desarrollo histórico, por formas más expresivas, casi cantadas que así servían para comunicar lo que se quería. Esa musicalidad fue dejando de ser necesaria a medida en que se desarrollaron los significados de las palabras; entonces, empezaron a comunicar con más valor conceptual.  Como que primero fue la música y luego el lenguaje.  “Primero fue sentir y luego razonar”.

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SI BEMOL MENOR SÉPTIMA CON QUINTA DISMINUÍDA, ONCENA Y BAJO EN RE BEMOL

 

“La música, por una tendencia natural, es aquello que de inmediato recibe un adjetivo. El adjetivo es inevitable: esta música es esto, esta interpretación es aquello. No hay duda de que, en cuanto convertimos un arte en sujeto (con un artículo) o en tema (de conversación), no nos queda más remedio que predicar algo sobre él; pero en el caso de la predicación toma de manera fatal la forma más fácil, más trivial: el epíteto.”

Roland Barthes – El grano de la voz

¿Lo científico, lo técnico y lo sensible para vos se dan de manera bien separada?

¡No! Sí pueden ser enumerados independientemente. Todas estas áreas son posibles de ser diferenciadas pero, en la práctica, quedan entrelazadas y trabajan cooperativamente para desarrollar el asunto. Se van proveyendo de argumentos mutuamente y son herramientas distintas que ayudan a transitar la concreción de una obra. Me parece que hay sensibilidad en la ciencia, hay una técnica que completa la emoción de una idea y una intuición capaz de acertar sabiendo aprovechar lo inesperado. Hay técnica en el momento de disponer los dibujitos de los sonidos para que cumplan bien el propósito de decir lo que tienen que decir y se puedan reproducir en la interpretación de la manera más fiel a esa idea previa. También hay técnica en desarrollo sobre mi instrumento. Porque hay una comprensión de la música que se da en el cuerpo. Un entrenamiento constante del cuerpo para que se encuentre afinado para la ejecución. Cualquier sonido es el producto de una acción. A veces una misma mano debe decir dos y hasta tres cosas distintas al mismo tiempo.

Más allá de los aportes que la ciencia y la técnica pueden hacer a cualquier disciplina, ¿la música necesita “corroboración de argumentos científicos?, ¿no vale y se sostiene por sí misma?160328_mersennestar

Para mí la música es científica cuando detalla datos de sus medidas. El lenguaje se piensa con cierta lógica. La música tiene problemas acústicos que resolver para materializarse con la cualidad que se le requiera. Por ejemplo: si se encuentre en un alto tráfico de datos ¿cómo hacer distinguible cada cosa con claridad en un total simultáneo? Hay que considerar también razones de acústica. Voy conociendo argumentos y, a medida que los incorporo, me ayudan a trabajar. Igual quiero decir que la precisión y la eficiencia son, me parece, una forma de la belleza en la música. Son el producto de una intención llena de valores. Pero no me gusta la música practicada con la precisión mecánica como única meta y ninguna idea o pretensión sensitiva.

 

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La conversación llegaba su fin. El músico, como de manera casual, tocó unos acordes desperdigados sobre el piano mientras el fa sostenido volvía sobre las últimas preguntas de las letras.

Con mi piano tengo una relación que está calificada por el vínculo, el de ser un objeto con el que paso cinco o más horas por día, se trata de una máquina receptiva y sensible. Es un grado de fetichismo básico. Me parece que así le pasa a cualquiera.

¿El piano tiene vida?

Naturalmente no vive pero es capaz de entregar una gama de matices que más de un vivo desearía.

¿Cuál es tu territorio musical?

Yo trabajo en un espacio abierto por los pensamientos.

¿Da placer estudiar música o es un sacrificio disciplinado? Un imperativo: “no perder el tiempo”.

Mi viejo quería para mí una formación tradicional. El placer es inocultable. Lo más difícil de ver es que hay algunos grandes placeres construidos con gran esfuerzo. ¡Cuánto brilla una recompensa por la que se trabajó tanto! Lo veo en todo lo que para mí vale. Tengo lo que elegí para mí. A veces una sensación clara de autonomía y otras veces un apremio por un juicio que es difícil de contentar. Son fuerzas que trabajan en el ánimo y es necesario equilibrarlas. Ahí hay un esfuerzo.

El fa sostenido bajaba por la escalera de líneas adicionales del pentagrama. Atento a la charla. El sol lo cubrió con su manto en el techo del pentagrama y el mi le tendió una cama suave. Lo saludaron las claves y los bajos. Un sinnúmero de armónicos, desplegados por la sala, no dejaban de reírse por el rebote contra el techo y la madera, hasta que se zambulleron en los paneles de goma espuma. Los acordes conformaban un nuevo espacio sonoro y sugerían una melodía. A la letra se le agotaba el tiempo de sus preguntas y, de espiar en una revista, se le ocurrieron más preguntas.

El artista plástico Stupía dice que la lentitud es hoy casi el único elemento de resistencia cultural. ¿Qué opinás?

Yo también siento que se puede vivir como sobre excitado pero hay cosas que sólo son buenas cuando maduran con el tiempo. El apuro produce incomodidad, pero también hay momentos de precipitación que son irreemplazables.

Una vez te oí decir que a menudo podés emocionarte con música que no te sentirías orgulloso de  escribir.

Por ejemplo, me emociono cuando escucho el himno, o el cumpleaños feliz. Pienso que la emoción no es una justificación suficiente para establecer el valor en la música. Está el caso de la música de vanguardia que no tiene memoria construida en el oyente. Y si yo a veces tomo la decisión de trabajar con material y combinaciones que no impliquen una extrañeza para un oyente promedio, lo hago, pero lo practico explorando con técnicas y abstracciones. Entonces cada obra logra su propia identidad. Los medios de comunicación son Roma. Pueden compaginar con ese poder una memoria musical adulterada, armonizada con ciertos intereses.

También oí la fenomenal crisis que te permitió “refundarte”.

Sí, tuve un momento de sentir una falta de argumentos para seguir practicando la música del modo en que lo hacía. Sin profundidad. Y me desplacé con el impulso de ese malestar hasta encontrar. Fue una respuesta creativa.

¿Qué cosas te avergüenzan?

La vergüenza es estar expuesto y no tener suficiente material editado para justificar la atención recibida. Siento que cualquier cosa que pueda decir vale menos. Les agradezco que depositen su curiosidad en mí y eso me genera una expectativa que transformaré en música.

Sobre el cuidado del otro:

Lo voy a interpretar como una reflexión política. Es curioso cuántas patrias pueden haber en un mismo territorio. Me entusiasma la idea de ayudar a construir una sociedad con mayor igualdad de oportunidades para cada uno, como sea que eso se haga. Como músico siento la responsabilidad de hacer la mejor música posible, que ojalá inspire a otros en su imaginación y los conmueva sensitivamente. El máximo milagro de la música es lograr cambiar la conciencia del tiempo.

 

 

 




ANARCHICOS

El cuidado del otro: Sobre “Los juegos del hambre”, primera película.

SILBAR UNA ALIANZA
Por Milena Penstop

HAMBRE SIN SALIDA

anrchicos7 El capitolioe

Cuando escuché “el cuidado del otro” pensé en esta película porque en ella hay muchos descuidos. Y lo más importante: entre situaciones tan terribles, siempre existen algunas personas que se hacen un lugar para ayudar a quienes más lo necesitan.

El mundo de “los juegos del hambre” es terrible. Se trata de una tremenda dictadura que  divide al país, “El Panem” en distritos. El Capitolio es el lugar desde donde el Presidente Snow y sus aliados someten al resto. Fuera del Capitolio, nadie la pasa bien. Todos deben trabajar mucho para tener casi lo justo o menos. Sólo se ven pobres, súper pobres y miserables. Los pobres resuelven mejor el problema de la alimentación diaria. Es el caso de Peeta, que tiene una panadería. Pan nunca le falta. En la familia de Katniss, la protagonista femenina, las cosas son más difíciles y a veces no tienen qué comer. Por otra parte, los ciudadanos del distrito no pueden ir a cazar al bosque ni pueden pisar el bosque. Así, la posibilidad de conseguir comida y estar en contacto con un mundo que no sea el del trabajo también les es quitado.

anarchicos1LA COSECHA

Ese curioso título da nombre a un sorteo macabro. Todos los años los habitantes de cada distrito son obligados a participar en un sorteo. Un hombre y una mujer serán elegidos para una competencia más macabra aún: los juegos del hambre. La verdad es que de juegos no tienen nada. Los participantes son trasladados hacia un lugar de entrenamiento. Después de un tiempo, comienza la contienda. Se monta una arena donde, tecnológicamente y desde un lugar de control, los organizadores lanzan sobre los participantes todo tipo de obstáculos y monstruos. Ganará el que logre sortear todos “los tributos”. Pero sólo habrá un ganador. Lo peor de esta competencia es que estimula a quienes en ella participan a deshacerse de los otros competidores. De ese modo, se propone una guerra de “pobres contra pobres”. Parece ser la manera en que los tiranos se sacan de encima el problema de tener que exterminar a sus sometidos y los hacen matarse entre ellos. Un dato a no olvidar es la edad de los participantes: están obligados a entrar en el sorteo, todos los hombres y las mujeres desde los 12 años. El sorteo se arma como un espectáculo anual, donde los presentadores cínicos hacen un show del momento en donde la gente se juega su vida.

SALIR SORTEADO

anarchicos2eEn el sorteo del  Distrito 12, donde vive la protagonista, primero se emite un video que muestra anteriores juegos. Eso ya aterroriza a los ciudadanos. Después se saca un nombre de mujer de un contendor de cristal y un nombre de varón, de otro contenedor. Esta vez le toca, por los hombres a Peeta. Por las mujeres ¡ahí viene un problema mayor! Sale sorteada la hermana de Katniss, Primrose . Ese nombre en inglés quiere decir rosa primera, rosa muy joven. Y esos es lo dramático. La hermana de Katniss tiene 12 años. Y por eso Katniss se ofrece a ir en su lugar. Esto desata una tragedia familiar. La madre se alivia por preservar la vida de una de sus hijas al mismo tiempo que siente la posibilidad de perder a la otra.

LA ÚLTIMA CENA

En el viaje hacia la zona de entrenamiento todo es lujo. Este es otro toque de cinismo. Los mandan a morir, pero los llenan de alimentos y ropas que solo consumen quienes forman parte del capitolio por una única vez. Es como reírse en la cara de los pobres y decirles: “estas cosas sólo les tocan porque ustedes están a punto de morir”.

LA COSA SE PONE FEA

anarchicos3Katniss era cazadora. Por eso se tiene confianza. Pero, en el entrenamiento, se transforma en una luchadora casi invencible. Ella misma está sorprendida de todo lo que puede hacer. El resto del grupo de 24 personas, proveniente de los distintos distritos, está formado por gente muy distinta. Algunos son habilidosos para algunas tareas pero muy débiles para otras. Hay una pequeña niña negra, muy buena para trepar y esconderse entre los árboles. Pero, finalmente, era una niña y no tenía la astucia de los mayores. Peeta es un hombre muy fuerte, pero hasta este momento jamás había tenido que luchar con armas contra otros hombres para poder no morir.

MATAR O MORIR

Ni bien los juegos comienzan ya se ve quién es quién. A decir verdad, ya se había visto quién era quién en el entrenamiento. La arena es como un circo romano pero sin tribunas. La gente mira el espectáculo desde sus televisores, en sus casas.

Hay un grupo de competidores- tributos los llaman, como si fuera un premio participar- que se lanza a matar al resto sin vacilar. Ninguno de ellos va a sobrevivir. Esto no quiere decir que los que peor se comportan siempre reciben castigo, sino que eso es lo que sucede en esta película. A los que intentan ayudar y tratar de atravesar este momento en grupo no les va igual de bien en todos los casos. A  la niña, Rue, casi adoptada como una hija por Katniss, finalmente un tributo le clava un cuchillo y la elimina. Mientras los tributos caen en combate, unas pantallas transmiten por tevé los nombres y el momento de la muerte de cada caído. Para que nadie se quede sin ver el espectáculo, los organizadores proyectan el nombre de los muertos sobre el cielo de la arena.

MADRE DE EMERGENCIA

anarchicos5Es la relación de Katniss y Rue lo que me hizo pensar en el cuidado del otro. Katniss sabe que sólo uno sobrevivirá. Seguramente, imagina que no será la niña, por su fragilidad. Pero no se rinde. Cuida a esa nena como una madre a su cría. La observa durante la noche, le lleva comida, comparte con ella lo poco que consigue. La necesidad de comida hace que los participantes no se queden en su sitio para evitar ser asesinados. Tienen que salir a buscar alimento. Si no, en vez de morir asesinados, morirán de hambre. Esto no es fácil. Los mentores-  son como los entrenadores personales de cada tributo, que les dan consejos desde fuera de la arena- pueden, cada tanto, enviarles provisiones que les llegan desde un paracaídas que sobrevuela la arena. Pero, la mayor parte del tiempo cada quien se debe proveer solos. Hay un depósito de alimentos, pero llegar ahí es lo más riesgoso de todo.

SILBIDO MATERNAL

anarchicos6aEstá claro que Katniss sabe los riesgos que corre. Incluso, ocuparse de Rue pude agravar esos riesgos. Pero también cuidar a otro puede ayudarla a pasar por esta experiencia sin sentir que se transformó en la asesina que los del Capitolio quieren hacer de ella. Igual, Katniss no piensa en ventajas y desventajas. Cuida, es amorosa, así le sale.

La prueba de amor entre Rue y Katniss es un silbido que imita el canto de un pájaro. Es la contraseña que le avisa a la otra sobre el peligro. En una de sus aventuras Katniss sale a destruir el lugar donde estaban las provisiones, porque ese era el centro de operaciones del grupo más asesino de los competidores. Cuando vuelve, llama con el silbido y Rue comienza  gritar el nombre de Katniss, porque está atrapada. Katniss la rescata pero, cuando logra liberarla, se encuentra con un tributo que viene a matarlas. Le dispara una flecha. Sin embargo, antes de morir, el tributo asesino tira un cuchillo que impacta y asesina a Rue.

Katniss no pudo cuidarla de morir. Pero sí pudo darle los mejores últimos días posibles de una vida, que pasaba por un episodio que ninguna niña- ni nadie- debería atravesar.

Así se ve que, aún en las peores, siempre es posible cuidar de los otros. No sólo en las películas.anarchicos4

 




EL OJO DE LA AGUJA

El cuidado del otro: Conversación con la directora sueca, Amanda Kernell, sobre su película “Esta es mi sangre”.

Entrevista y edición: Lourdes Landeira

Anhelo la tierra que no es, /cansada de desear todo lo que es. / La luna me habla en runas de plata/sobre la tierra que no es./La tierra donde nuestros deseos se realizan maravillosamente,/la tierra donde caen nuestras cadenas,/la tierra donde enfriamos nuestra frente sangrante/en el rocío de la luna./Mi vida fue una ilusión ardiente,/una cosa encontré y otra realmente gané-/el camino hacia la tierra que no es./En la tierra que no es/mi amado camina con una corona brillante. / ¿Quién es mi amado? La noche es oscura/y las estrellas se estremecen en respuestas/¿Quién es mi amado? ¿Cuál es su nombre?/Los cielos se arquean más y más alto/y un niño humano se ahoga en las nieblas infinitas/y no  conoce respuesta alguna./Pero un niño humano es nada excepto certeza/y estira sus brazos más alto que todos los cielos/y entonces llega una respuesta:/soy la que tú amas y siempre deberás amar. Edith Södergran (traducción propia para esta nota)

 Si digo uniforme, pienso en un orden cerrado. Lo visto adentro y me iguala, me protege de no ser considerada intrusa; lo visto afuera y me distingue, me impide asimilarme a otras. Nosotras y los otros. En el umbral, la posibilidad de trasmutar. Depende de qué lado esté quien me mira: sin esa mirada el espacio se difumina y se pierden las aristas. Las preguntas sobrevienen: ¿me visto siempre igual?, ¿de qué me visto?, ¿para quién?, ¿hasta dónde llega el desvestir? Todo comenzó con la piel de los animales, usar una piel para proteger nuestra piel y, a su vez, distinguirnos de ellos, condenados a la desnudez (hasta que las tiendas de mascotas alcanzaron a los domesticados con el diseño. Los otros, siguen con su propia piel a los cuatro vientos). Esas lejanas vestimentas sirvieron no solo para poner fronteras al frío, a la lluvia y al sol. También, intervinieron sobre los cuerpos con artificios de embellecimiento. Quizás, para cuidar a los otros de nuestra propia intemperie. Quizás, para jugar a probarnos en otras pieles. Aun, o siempre, a costa de algún sacrificio: alargar nuestros cuellos, perforar una parte, mutilar otra, apretar los pies hasta empequeñecerlos, ensanchar labios, achicar cinturas, cortar y coser. Hace unos 40.000 años, llegó la aguja con su ojo, hecha de marfil de mamut, de huesos de reno, de colmillos de focas. Y no paró de entretejer. Uniformes con distintos nombres nos cuidan y exponen a la vez.

 images (7)PUNTADA CON HILO

Christina tiene el pelo recogido, se mira en el espejo, acomoda un mechón cano sobre la oreja, alza la mirada y sale de la habitación. Atrás quedó el llamado de su hijo, la intención de hablarle de su nieta. Respondió con silencio. Ella, o Elle Marje, la otra de sí misma.

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Algo más tarde, Elle Marje, con Christina a cuestas, regresará a la tierra. Sus manos serán patas al escalar la montaña, el rodete se desprenderá, el pelo, liberado, despejará su oreja: sangre solidificada en la huella de los renos que abajo, en el corral, ya están marcados.

Antes, habrá tenido tiempo para recostar su cabeza dentro del cajón de su hermana muerta y pedirle perdón. En sami, la lengua compartida.

Las escenas pertenecen a “Sameblod, Sámi Blood, Esta es mi sangre”, según su título en sueco, inglés o español. ¿Quieren decir lo mismo? Amanda Kernell, la directora de la película, aclara que, a pesar de las apariencias,Sameblod no significa la misma sangre, es el modo sueco de decir sangre sami. Sobre el título en español, no tuve injerencia, me enteré cuando vine acá. Me gustó que estuviera presente la sangre”. Acá, es Pinamar, el festival de cine Pantalla Pinamar 2017 (décimo tercer encuentro cinematográfico argentino – europeo).

descarga (1)Amanda nació en Suecia hace treinta años y  visita Sudamérica por primera vez. Su madre es sueca y su padre es sami – sueco. Vive y estudió cine en Dinamarca. Habla sami del sur, sueco, danés, inglés, francés y español. ¿Se es siempre otra en el lenguaje?, le pregunto. Lo piensa y responde que sí. Hace una pausa. “Cuando digo mamá en inglés o en cualquier otro idioma, no es  lo mismo que cuando lo digo en sueco. En ese caso viene indisolublemente asociado a los sentires de mi infancia. El lenguaje de las emociones no tiene traducción posible. En la película tuve que dar muchas instrucciones en sami. Las chicas hablan noruego, sueco e inglés perfectamente. Pero no se da ninguna asociación. Solo en sami pueden evocar y compartir cosas de su vida. De otro modo, van nunca a llorar”.

images (5)Como ya está claro, todas y todos los sami que aparecen en la película lo son en la realidad. La abuela de las hermanas protagonistas es su abuela. Así, cuando las ve partir hacia el colegio, del que no volverán hasta dentro de unos meses, no llora, pero sabe decir en su rostro lo que siente. Lo vivió muchas veces.  “Para mí era muy importante conocer cómo hacen las cosas. Cómo usar el cuchillo, el lazo, cómo sentarse. Un sueco no sabría. Y eso se ve. El público sami lo ve. Importaba que todo fuera correcto, que mi familia no tuviera vergüenza”.

En relación al origen latino de su nombre, cuenta que a sus padres les gustaba mucho Víctor Jara y su “Te recuerdo, Amanda”. ¿Será que, con esa música, la comenzaron a recordar antes de haber nacido? Amanda es también la que  debe ser amada, la que es digna de amor”.

HILACHA A LA VISTA

Hace unos días, en el mismo festival, vi la película griega “Domingo sombrío”. Durante la ocupación a Tesalónica, un cristiano y una judía sefaradí se enamoran y son trágicamente separados por el nazismo.  Al finalizar la exhibición, su director- Ouzeri Tsitsanis- resaltó la importancia de contar lo singular de esa historia en la actualidad europea.

Hoy le pregunté a Amanda acerca de la necesidad de contar la  singular ficción de Elle Marje – Christina – Elle Marje. “Empatía, en este contexto europeo, quería generar ese sentimiento, mostrar que con solo cambiarle la ropa podemos identificarnos con esa otra a quien suponemos diferente. En la Suecia rural de la década del 30, el racismo se expresaba en segregación sistemática del pueblo originario escandinavo. Los niños y niñas iban a escuelas especiales, en las que se impartían los conocimientos que el supuesto saber superior consideraba necesario para que volvieran a su pueblo a trabajar en la cría de renos”. Las autoridades- en su propia pequeñez-  medían el tamaño de las cabezas: así reforzaban la culpa con la biología  de raza y justificaban su pretendida superioridad. Mientras la regla decía cuántos centímetros había desde una a otra de sus orejas, en los oídos de las niñas sami, se oía aún el insulto del camino: lapón, como inculto, tonto, periférico. Sami, en el orgullo de la sangre. descarga (2)

Orgullo y vergüenza, sustantivos clave en la película, en la conversación, en la historia. Pasaron décadas desde aquel año en que los sami ni siquiera tenían derechos constitucionales, no podían votar. Cambió el siglo, ¿cuál es la situación hoy? “Es muy complicado, Suecia es conocida por el respeto a  los derechos humanos, pero es también uno de los pocos países que no ha firmado la convención de pueblos indígenas de Naciones Unidas. Por ejemplo, en la película, se habla el idioma sami del sur, una de las 9 variantes del idioma y, como consecuencia de las políticas educativas, hoy hay solo 500 hablantes de esta lengua. El racismo hoy, aunque no institucionalizado, persiste.”

PUNTO DE QUIEBRE

En Suecia es ilegal obtener registro de la cantidad de samis que viven en su territorio. ¿Cuántos son hoy? Podrían ser  100, 200.000. El calendario marca una fecha como su día nacional de la tradición.Entonces, todos visten las ropas típicas. Pero no lo hacen al día siguiente, no lo hicieron el día anterior. No llevan sus vestidos al trabajo o a la escuela. Ser solo suecos  es más fácil, conlleva menos conflictos, evita discusiones con los amigos”. ¿Qué define a una persona como sami? En la familia de Amanda hay variaciones. “Hay miembros de mi familia que nacieron sami, que crecieron criando renos y luego negaron su identidad. Pasaron a hablar mal de los sami. Los rechazan aunque ellos lo son. Dicen que  los sami roban, mienten, estafan y hasta que no debían existir. Otros miembros de mi familia siguen criando renos con orgullo.”

“Sameblood”. La sangre está en el título y la pregunta es cuánto de esa identidad corre por  sus venas y  define. Es común que los suecos- fuera de los censos, por supuesto- pregunten si alguien tiene sangre sami, o media sangre, o un cuarto de sangre. Y otra vez : ¿hasta cuánta y hasta cuándo?

La directora se propone indagar sobre esa forma de ser otro, de elegir ser otro, aun a costa de asimilarse a lo diferente, de perderse, si eso es posible. Por eso, la cámara acompaña muy de cerca a la protagonista, no quiere que se confunda, que se pierda su singularidad. “La razón para estar tan cerca es porque, con las ropas sami, puedes ser visto como el otro; en cambio, con la cámara al lado, se ve la a persona y en esa cercanía desvestida te convertís en un ser humano.”

images (13)Elle Marje, en tránsito hacia Christina, toma un vestido de la otra Christina, la profesora sueca que ella quiere ser (no sabía en ese momento que se jubilaría de esa profesión muchos años después). Con esa nueva vestimenta va al pueblo, al baile de los suecos, y se confunde en ellos para ir con uno hacia la montaña del amor. Allí, donde es encontrada por su hermana y el látigo- literal- que corresponde a su lomo humano, ante semejante osadía. Quiero sabe cómo habita esa montaña, a qué ficción pertenece. “La película está basada en entrevistas que hice a mi familia y a otras personas. Muchos me hablaban de una montaña, cerca del lugar del baile, adonde iban a mirar el crepúsculo. De todas formas, nunca recibimos la historia completa de parte de nuestras abuelas, pero el resto me lo puedo imaginar”.   

Será que de la sexualidad no se habla, ¿quién imagina a una abuela contar su primera vez bajo un sol de medianoche? O será que no se pone en palabras, sin que ello impida decirlo en otras conjunciones. “Es algo bueno del cine que te quede resonando por más tiempo, intentando imaginar qué pasó después. Para mí era muy importante hacer la película sobre una persona, sobre esta joven, pero no puede ser tomada como representación de la generalidad, nadie puede hacer eso. Mi función como artista, como cineasta, no es dar respuesta. Debo ser brava y picar donde molesta a los que hacen mal, es plantear la pregunta y escuchar sus ecos”.

HEBRAS VISIBLES

Entre la pregunta y el eco, hay un tiempo de silencio. En la película, la elipsis se agranda, desde el momento en que Elle Marje adolescente quema sus ropas para vestirse de Christina hasta el tiempo en que Christina regresa  su tierra por la muerte de su hermana. No importa cómo haya sucedido el intermedio, nada puede evitar que la mirada se vuelva espejo.: “El silencio puede ser un modo del cuidado de los otros. Mi padre me pidió que no hablara de espiritualidad en la película, que la protegiera a modo de resistencia”. El lenguaje no hablado es muy importante. La lengua sami habla con mucho más que con palabras. “En el sur, usar el vestido dado vuelta significa que alguien murió; en el norte, es señal de desacuerdo. En el parlamento, por ejemplo, no digo que me opongo, doy vuelta mi ropa y queda dicho”.

imagesEsta es mi sangre; de la alianza nueva y eterna, podríamos completar quienes alguna vez asistimos a misa cristiana. La de ese Cristo- y de su santísima trinidad-, en nombre de quienes los misioneros obligaron al pueblo sami a dejar atrás el chamanismo y a “aliarse”. Nunca supe exactamente de qué alianza reza la Biblia, pero dudo de una que excluye para reinar. Tal como Amanda duda de la asimilación, tan en boga en el discurso de la Europa contemporánea. 

HILO NUEVO NO SIEMPRE COSE BIEN

Cuando Elle Marje llega por primera vez a la ciudad, las calles y los parques están vacíos, solo ella los habita con su intemperie. Aun en el medio de la civilización, existe el aislamiento. No se puede escapar del miedo. Tampoco, del propio cantar. “Estoy más interesada en filmar, en mostrar lo que se siente, que lo que realmente es. Esa escena era a las 4 de la mañana. Podría ser tomada como que no hay nadie en la calle por la hora. Porque, si bien hay luz, es el sol de medianoche. Quiero reflejar qué siente el personaje y hago un paralelo con lo que sentí yo cuando llegué desde el norte. Lo grande que se ve todo. Las estatuas, los árboles, los edificios. La sensación de estar ahí sola. Creo que es un poco como el paraíso. Que viene con algo más. No es solamente la cuestión del aislamiento. La cámara dice otra cosa,  también ahí hay una amenaza.”

images (15)Una nueva pregunta queda planteada: la del miedo, ese mutante que acecha en cualquier parte y no abandona ninguna otredad. Aun así, se sigue rodando y vuelve la necesidad de encontrar una razón. La directora no sabe si al interior de una pequeña comunidad es posible ser otra. Sí sabe que son muchos los recursos necesarios para la supervivencia en una gran ciudad. ¿Qué la motivó a hacer esta película?, ¿cuál es la pregunta fundamental que se hace? “Crecí con un padre sami y una madre sueca, pero gran parte de mi familia sigue viviendo como samis. Nuestra historia cultural, los cantos son muy importantes para mí. He hecho películas sobre otros temas los últimos diez años. Pero en esta película quería investigar si te podés convertir en otra persona. Para aquellos que reniegan de su identidad y son otros. ¿Qué le hace a una persona crecer sabiendo que es de una raza considerada inferior? ¿Cómo manejás eso? Me preguntaba qué pasó con esta generación que cortó lazos, que nunca les contó a sus hijos de dónde vienen. Es también una declaración de amor para ellos, para mostrar su situación. Y también la de los que sí se quedaron.”

LAZADA PRIMORDIAL

Entonces, el yoik- la canción tradicional que refiere a la naturaleza, a las personas, a los renos- se sigue cantando. “Mi padre lo canta y yo también. En general, en silencio, para nuestros adentros.” Consecuencia, quizás, de que alguna vez estuvo prohibido y cantarlo podía costar la vida; consecuencia, tal vez de haber sido despreciado otras tantas  y ser vergonzoso otras. A lo mejor, práctica necesaria para sostener ese modo de no cantar a las cosas sino de cantar las cosas. “La montaña y sus tres picos sucede mientras Christina lo canta, obligada, en un cumpleaños de suecos”.

Silencié mi pregunta original acerca de la cosmovisión sami, porque de eso no se habla en la comunidad. Aun así, conocen las leyendas. Entre ellas, una dice que primero fue el reno y luego llegó el hombre – o la mujer. “El rayo del sol tiene conexión directa al vientre de la madre, donde  todas somos niñas y luego, una diosa, a algunas, se convierte en varón. El reno, entonces habría dicho a la mujer y al hombre que podían valerse de él, pero solo hasta lo necesario para la supervivencia. Hoy, con tantas minas a cielo abierto, necesitan más y más para mantenerse. Hoy, a pesar de que las mujeres– las niñas protagonistas de la película, por ejemplo- lo hacen, la caza de renos es cada vez más un oficio de hombres, porque requiere mucha fuerza: es necesario recorrer grandes extensiones de tierra (sin señal de celular, en un país que dice que el 98% de sus habitantes tiene acceso a internet), porque los cazadores furtivos pueden sacarles los ojos. Ellas, más confinadas a la casa, siguen siendo quienes manejan el dinero. Conocen, también, la voz de las abuelas, esa que dice que la fuerza está en la tierra, que la tierra es una fuerza a la que siempre se puede volver”.

images (8)Claro, esa tierra no es un estado, esa es la dificultad. Se trata de una gran extensión de territorio que no es y por eso se nombra. “Cada pequeño espacio tiene su nombre propio en lengua sami. Más allá de montaña, árbol, agua: mucho más acá. Bajo el mismo sol. El sol de medianoche que ilumina la película. La naturaleza, responsable de la supervivencia ante tanta adversidad.

COSIDO EN EL PAJAR

No está sola la tierra,  en presente perpetuo, también está la sangre, también está el agua: “He dejado muchas preguntas esbozadas al universo.”, casi susurra Amanda. Y se impone volver, intentar develar qué se nos escapa. En sus cortos, dice, hay una constante: “los secretos, entre ellos me gusta andar. Entre anécdotas y grandes dilemas, ¿se puede perdonar, quién a quién? Hay una historia muy interesante, de una amiga y su novio. Ambos, con sus nombres y su amor declarado en un tatuaje en el brazo. Van a tener un bebé. Llega el día, ingresan al hospital y él desaparece. Totalmente perdido. Su móvil no funciona. Nadie sabe dónde está. Siete días más tarde, volvió a pedir perdón. ‘No sé qué pasó’, decía.  Él no tenía las palabras. Y estaba con su ex novia. Pero pasó el tiempo y mi amiga está ahora con él y tienen tres hijos. Yo, en mi corto, quería saber qué se puede perdonar. Viven en el campo, en una comunidad  muy chica, ahí todos saben y no quieren perdonar. ‘Si has hecho eso, es imperdonable’.” Pienso en el sueco con su regla y su biología de medir niñas. Su otredad no me es perdonable, su otredad no me incluye.

images (12)Cuando Ele Marje, ya anciana,  llega al velorio, alguien de la comunidad le dice que su hermana, entonces muerta, había cuidado siempre a sus renos. Es probable que lo hiciera cantando para sus adentros, como había aprendido de niña. Es probable que, de esa forma, no se hubiera separado nunca de ella, que así hayan sido siempre  “nosotras.”  ¿La habría perdonado, se habría perdonado?” Y, en ese caso, ¿de qué? “Siempre he pensado en esta generación, ahora de viejos. Me gustaría que hubiera una solución o, al menos, una reconciliación. Hay muchas familias que se han separado. Hay hermanos y hermanas, unos  suecos y otros samis y no se pueden ver. Como hago ficción, puedo escribir un final. En la realidad, no puedo. Solo espero que algo bueno pase antes que mueran. Que puedan ver que no  todo es su culpa. Se preguntan mucho quién ha hecho algo malo. No saben quién tiene que decir ’lo siento’.

images (10)Una de las escenas más potentes de “Moonlight”, la reciente ganadora del Oscar, es esa en la que el hombre –enorme, dueño del tráfico de droga en el barrio-  enseña al niño- pequeño, hijo de una adicta- a nadar, a sobrevivir en otro medio. Amanda no la vio, pero ya varios se la comentaron. En su película, Ele Marje enseña a su hermana a flotar. Antes, habían compartido el viaje en canoa hacia la escuela- internado. La menor, acunada por las palabras de la mayor, se dejó transcurrir con su mano inmersa en el agua mansa. El agua, esa misma que también sirvió a Christina para lavar su vergüenza.  “El agua es vida y es algo muy presente en la vida. Siempre tratas de poner tu vivienda cerca de ella. Es parte de la naturaleza. Es muy importante saber cómo, en mi cultura, la lengua y todo ha sobrevivido. Es casi un misterio. Porque lo más fácil es asimilarse y desaparecer. Yo me pregunto cómo es que todavía hay gente que cría renos. En las entrevistas, una de las más viejas me dio su respuesta: ‘porque tenemos la naturaleza, con eso sobrevivimos’. Su padre y sus abuelos siempre  le habían dicho: ‘cuando te sientas sola, recuerda, la tierra te ama’. Es algo muy fuerte de tener, te da mucha fuerza. Te sientes muy libre”.

I long for the land that is not,/for all that is, I am weary of wanting./The moon speaks to me in silvern runes/about the land that is not./The land where all our wishes become wondrously fulfilled,/the land where all our fetters fall,/the land where we cool our bleeding forehead/in the dew of the moon./My life was a burning illusion,/but one thing I have found and one thing I have really won – /the road to the land that is not./

In the land that is not/my beloved walks with a glittering crown./Who is my beloved? The night is dark/and the stars quiver in reply./Who is my beloved? What is his name?/The heavens arch higher and higher/and a human child is drowned in the endless fogs/and knows no reply./But a human child is nothing but certainty./And it stretches its arms higher than all heavens./And there comes a reply:/I am the one you love and always shall love. 

Edith Södergran




¿SE LUSTRA?

El cuidado del otro: sobre lustrabotas.

Por Héctor Lontrato

Dibujo de Natalia Andreoli
Dibujo de Natalia Andreoli

Manchada de betún, la franela recorre un territorio que conoce hace siglos. Se tensa entre el pasado y presente del zapato. Firmes manos la sostienen y la guían hacia ese brillo que la sitúa en las proximidades del éxtasis. Sin embargo, sus fibras perciben algo que la incomoda: la angustia por un futuro desdibujado que alimenta la incertidumbre. No es la primera vez que le pasa. ¡Ahora se siente más fuerte! Ese espacio vacío, ese horizonte lleno de preguntas sin respuestas, se agiganta cuando se trata del paisaje de un oficio ancestral, como el de los lustrabotas. Al momento de los diagnósticos, desde el oráculo de la pomada, las profecías se acomodan a  gusto del consumidor. Eso sí, desde hace rato, son extremas. Van del peligro de extinción al sueño (norte) americano de prosperidad. Altivo, el péndulo se mueve. Inicia en el jadeo resistente de un oficio que debe pelear su rincón con el banquito bajo el brazo, como los boxeadores. Del otro lado, roza la ambición prepotente del marketing y proyecta intangibles beneficios. Y, entre  prepotencias y luchas, están quienes salen a trabajar todos los días y sólo ruegan que no llueva para ganar el sustento diario.

ZAPATOS CON NOMBRE

lustra2descargaEl Palacio de Tribunales es un edificio de estilo ecléctico que comenzó a construirse a principios del siglo veinte. La lúgubre luz de algunas oficinas empuja a quienes disponen de tiempo a circular por los pasillos en busca de oxígeno. Yo soy uno de ellos y fue así como conocí a Daniel. Una tarde nos cruzó, entre columnas corintias, galerías y pisos con venecita,. ¿Se lustra?, me dijo y ahí nomás nos pusimos a un costado, apoyó su cajón de chapa y su banquito de madera. Primero, un zapato. Después, el otro. El cepillo para sacar el polvo, algo de tinta para los rayones y una crema especial para el brillo. Si con los zapatos ajenos busca el esplendor, cuando se trata de su propio atuendo, prefiere lo discreto: simplemente, ropa de trabajo, muy parecida a la de los encargados de edificio. A diferencia de muchos otros lustras, evita mancharse. “Trabajo como empleado en la justicia y no puedo ir todo sucio”, se excusa mientras enfunda sus manos en unos gruesos guantes de látex. Y no es el único gesto de cuidado. Una tácita solicitud de permiso antecede a cada uno de sus gestos, de sus  palabras -“si no le molesta”, “si me permite”, “si usted me deja”-.  Puesta en escena, la humildad esquiva toda pose y se acomoda en su tono de voz suave, por momentos, tembloroso. Le gusta conversar, saber qué le pasa al otro. Una sonrisa casi permanente, un ritual útil como escudo y como puente. Entonces, sin más prólogos, cada lustrada es una oportunidad para hablar de bueyes perdidos, con apenas una pausa para ir a comer a su casa, cuando termina su horario de ordenanza. Luego descansa un poco, agarra el cajón y el banquito y sale a trabajar. En una de esas charlas, hablamos mucho más que de costumbre y me surgió decirle:

¿Hacemos una nota?

No creo que tenga mucho para contar, ¿vio?, salvo que le lustraba al Dr. Menem.

¿Al ex Presidente? Con eso ya tengo para empezar ¿Y no te acordás de otra persona famosa?

Ah, el señor López Rega, cuando estaba en Bienestar Social.

CROSS A LA MANDÍBULA

El oficio del lustrabotas se remonta hacia comienzos del siglo diecinueve, en el Reino Unido. En la Argentina, los primeros calzados de cuero vinieron con los españoles y eran protegidos con grasa animal. A lo largo de la historia, se impuso como una salida laboral rápida para el pobre, una manera digna de parar la olla que se popularizó con el tiempo. Luego, la carrera se detuvo. Atrás quedaron los momentos de esplendor, cuando había al menos un limpiabotas en cada esquina de la calle Corrientes. En la castigada década de los ’90, la actividad entró en un tobogán del que aún no logra bajar. No sólo por la apertura a lo importado, sino por el cambio de hábitos de consumo y el uso masivo de zapatillas: un golpe a la quijada de los lustras.

UNA DE CAL, OTRA DE ARENA

No hay estadísticas ni censos sobre cuántos artistas de la franela prestan servicio en la Ciudad de Buenos Aires. Ni que hablar del resto del país. Andrés Ricci es dueño de una zapatería que le provee los insumos básicos a los lustrabotas. Su local está sobre la calle Uruguay, a pocos metros de Corrientes. Cien años atrás, su abuelo había instalado enfrente, un almacén de suelas. Andrés tiene la certeza que le dan sus registros de ventas, por lo que afirma que, en las últimas dos décadas, el número de “fijos” que le compran tintas, cremas y cepillos bajó a la mitad.

WP_20170405_10_53_21_ProComo todos los oficios de este tipo- a la intemperie y subordinados a la voluntad del cliente- están quiene aman lo que hacen y elijen seguir en ello toda su vida, como es el caso de Daniel, y  quienes aprecian el trabajo sólo como herramienta para el sustento y aspiran a un ascenso social: tal el caso del “Negro Wassington”. Usa un sombrero estilo bombín y delantal para atender en su coqueto puesto de Diagonal Norte y Florida. El “Negro Wassington”, como le dicen- en clara alusión a  una marca de pomada para zapatos-, lleva el oficio en la sangre. Sobre la avenida de Mayo, su padre le lustraba las botas al ex presidente Juan Perón. Agustín Gómez encaja con facilidad en el arquetipo del buscavidas. Fue plomero, pintor, cartonero, heladero y cafetero y, desde hace 20 años, sólo lustrabotas. Extrovertido, opina sobre política y cuestiones sociales. “Mueble ergonómico lustrado” es la sofisticada denominación de una especie de quiosco de diarios adaptado, donde trabaja. Allí, se destaca un sillón con la suficiente altura para que lustre de pie y ponga fin, según le gusta decir, a “doscientos años con las rodillas en el suelo”. Además, tiene conexión eléctrica, lo que le permite alimentar un secador de pelo- una excentricidad para que las cremas actúen más rápido- y un televisor.

NO HAY CASO, CHE

WP_20170405_10_53_48_ProEn la jerga judicial o policial, el “Negro Wassington” sería catalogado como un hábil declarante. Tiene parte de su puesto tapizado con reportajes publicados en Clarín y otros medios. No obstante, se siente decepcionado porque –arriesga- “me tiran del pico y después no pasa nada”. Su desazón no es para menos: Agustín creó una mutual para impulsar un proyecto con el fin de establecer puestos fijos para los lustra en toda la ciudad de Buenos Aires y brindarles servicios médicos y sociales. Tenía el apoyo de empresas de publicidad, pero no de todas las que operan en suelo porteño, por lo que una de ellas trabó la operación que le hubiera permitido a los 300 afiliados a la entidad tener su “mueble ergonómico”. Le consulto sobre el tema mientras me lustro y descarga su bronca:

 ¡No hay caso che, no te quieren dejar crecer!

 ¿Qué pasó?, ¿se metió la política?

¡No, el poder. Las empresas tienen el poder! Me dicen: tenés que ser paciente. Pero yo no tengo mucho tiempo y el último año ya se murieron cuatro limpiabotas.

INFANCIA CON NIEBLA

Daniel se instaló en Buenos Aires en 1970, con apenas siete años. Llegó de San Juan con su madre y sus dos hermanas. Dice que no recuerda mucho de su vida ahí. Instintivos mecanismos de defensa recubren con una especie de niebla su infancia en Desamparados, una localidad al oeste de la capital provincial. “Yo no tuve mucha relación con mi padre, mi mamá se vino sola con nosotros”, cuenta. Su primer hogar en la ciudad fue una casa tomada en San Telmo -Defensa y Alsina-, a una cuadra de Plaza de Mayo. Allí iba a jugar a la pelota con su amigo Corchito. Cuando  se aburría, se quedaba viendo a un viejo lustrabotas. Hasta entonces, sólo abría puertas de taxis. Pero, cuando tuvo 11 años, le dijo a su mamá que quería hacer unos pesos lustrando. Ella estuvo de acuerdo y, con sus propias manos, le armó el cajón y el banquito. Eran tiempos convulsionados. Había muerto el presidente Juan Perón y gobernaba el país María Estela Martínez. Daniel entraba en los bares, miraba a la gente con una sonrisa y señalaba los zapatos: “¿se lustra, Don?”. Se hizo amigo de gente que trabajaba en varios ministerios de la época. Así, conoció los secretos de los zapatos de dos enemigos acérrimos de esos tiempos: el ministro de Economía, José Ber Gelbard, ligado a la izquierda peronista, y el responsable de Bienestar Social, José López Rega, mentor de la organización terrorista paraestatal “Alianza Anticomunista Argentina (AAA)”, de quien guarda un recuerdo inolvidable.

Un día del niño, le pedí a López Rega una bicicleta, el sueño de todo niño. Y él me dio una autorización para que fuera a Olivos. Fui con mi mamá y ahí la vi a la señora Estela de Perón. Nos vinimos con la bicicleta en el colectivo. Y todavía la tengo.

En la Plaza de Mayo se topó accidentalmente con Carlos Menem, cuando era gobernador de la Rioja. Daniel no lo conocía. Trabó una buena relación. Desde entonces, le lustraría los zapatos a toda la comitiva del mandatario, que paraba en el Hotel República.

LAS BOTAS Y EL HORROR

Paradójicamente, las botas de los militares lo alejaron de Plaza de Mayo. Tras el golpe de 1976, ya no lo dejaban entrar a los ministerios. Comenzó a deambular por los bares y las oficinas judiciales. Por sus manos, desfilaron los calzados de jueces y ministros de la Corte Suprema. Así fue como, entre su charla y el despliegue de su orgullosa humildad, se hizo de amistades y logró entrar en el Poder Judicial.

WP_20170405_10_54_07_Pro (1)Yo fui despacito metiendo a mi mamá, mis hermanas y a mi hijo. Era cuando se podía hablar con los jueces, vio. Ahora no.

Hace más de 40 años que Daniel ejerce su oficio. Es lo que le gusta y no piensa dejarlo más allá del destino de la actividad. Mira el futuro con un relajado fatalismo. Su vida es el día a día. “Qué le vamos a hacer, hay que seguir trabajando”, suele responder cuando las cosas se le complican.

Montado en su “mueble ergonómico”, el “Negro Washington” se afilia a otros ideales asociados al mercado. Está pensando en algo más, en crecer. Tal vez, en armar un sindicato, una corporación de lustras que trabajen de una manera más estandarizada. Por eso vive el estrés de su actual frustración.

PELÍCULA INCONCLUSA

WP_20170407_15_21_12_ProEl horizonte es incierto. ¿Se convertirán zapatos de cuero en piezas del museo de la indumentaria? ¿Levitarán los humanos sin necesidad de ensuciar sus calzados? ¿Vivirán enfrascados en sus subjetividades electrónicas? ¿Resistirá, inoxidable al paso del tiempo, como desde hace dos centurias, el oficio del lustrabotas?,  ¿o se convertirá en un nuevo nicho de la mercadotecnia? Nadie lo sabe.

Los indicios de sociedades globales como la nuestra, que se empeñan en mirarse el ombligo, son poco alentadores. Poco a poco, el cuidado del otro se ha relegado entre las prioridades de la agenda pública. Ser solidario es un activo reservado para las catástrofes y la caridad, una postura cómoda, desentendida de las realidades particulares que nos rodean.

A pocos les importa qué va a pasar con los lustrabotas. Si deberán o no dejar el oficio y sumarse a la interminable legión de desocupados. Desatendemos su futuro y también el nuestro. Somos socios en una insolidaridad que nos carcome y nos priva de uno de los pocos brillos que le podemos dar a nuestra vida.

La película corre. Con su franela convertida en espada,  Daniel defiende el oficio como un caballero templario, mientras  el “negro Wassington” quiere volver al futuro y llenar la Ciudad de Buenos Aires de lujosos puestos para limpiabotas. En nuestro carácter de observadores pasivos, no terminamos de advertir que ellos cuidan de nosotros. Y nosotros, no.WP_20170407_15_25_39_Pro




A BOCA DE CAJÓN

El cuidado del otro: Entrevista a Osmar Núñez- director y adaptador- y a Nydia Ursi Ducó,- actriz- de la obra “Un hombres sin suerte” (en base a un cuento de Samanta Schweblin)

                                  Entrevista: Julieta Strasberg, Gabriela Stoppelman

                                  Edición: Víctor Dupont, Gabriela Stoppelman

El comienzo pudo haber sido algo así: un sofoco del tiempo dejó expuesto, en la boca abierta de un cajón, un anillo. Muy anular, el objeto retiró el presente de su sitio e impregnó el espacio con un olor a comida materna. Así, revuelta entre los vapores de un guiso primero, nació la lengua madre. Muy discreta ella, atravesó  el ojo de buey del anillo y comenzó el viaje. La cursiva le abrió el paso entre el pueblo, las mayúsculas, entre los poderosos y las minúsculas, entre los niños. La gramática se la inventó al andar. Al contrario de lo que muchos imaginan, no hubo en su diseño ningún plan premeditado. La lengua madre iba a los saltos. Y donde atravesaba una ausencia, torcía una norma. Donde chocaba con un recuerdo, despuntaba un horizonte. Donde la acuciaba el deseo, reclinaba una cima. A su paso, la inmensidad resultó un sitio demasiado amplio para alojar la escritura.  Y, entonces, fueron necesarios las grafías de las ventanas, los trazos de las puertas y la puntuación de los umbrales. Ni bien las aberturas estuvieron listas, la nostalgia, los reclamos y los designios se abalanzaron a conquistar la forma de todos los marcos. Contrarrestar semejante embate no resultó cosa simple. La lengua madre contaba con buenos recursos, pero tan solo con ella misma como soldado. Tenía la cadencia de lo no dicho, la perseverancia del estribillo, la potencia musical de las reiteraciones, la sed de dar a ver con todo su cuerpo y un modo de estirarse hacia lo que falta, propio de una contorsionista. La lucha comenzó cuando la lengua madre todavía no había terminado de hacer el recuento de sus armas. Y se prolongó en una carrera sin fin, hasta nuestros días. Lo curioso es que, mientras miles de generaciones siguieron meta combatir por las formas de los marcos, por la fortaleza de los postigos, por la propiedad de los goznes, nadie advirtió que aquel cajón primero había quedado con  la boca abierta. Hasta que un día, como quien no quiere la cosa Osmar Núñez lo encontró  incrustado en la madera de su mesa de luz.  Boca dentro de otra boca, en lo más profundo, se alojaba un misterio, una inquietud infinita sobre todo presente. En eso se acercó María Nydia Ursi Ducó y vio que la ventana del anillo estaba abierta. Allí se quedó, asomada. Y dijo que el comienzo pudo haber sido algo así, como un hueco enmarcado con la mirada puesta en la intemperie. Y, entonces, habló la lengua madre:  

TEATRO SOELDADES CON AMRCO PROPIOHOPPER fLORES Y PALABRA  VENTANA A LA INTEMPERIE

                                               “Y yo me la saqué. Papá me la quitó de las manos. Bajó la ventanilla, volvió a tocar bocina y sacó afuera mi bombacha. La levantó bien alto mientras gritaba y tocaba bocina, y toda la avenida se dio vuelta para mirarla. La bombacha era chica, pero también era muy blanca. Una cuadra más atrás una ambulancia encendió las sirenas, nos alcanzó rápidamente y nos escoltó, pero papá siguió sacudiendo la bombacha hasta que llegamos al hospital.” “Un hombre sin suerte”. Samanta Schweblin.

¿Cómo se le pone el cuerpo a la intemperie y a la orfandad?

Nydia: Es el desafío de nuestro trabajo. Ahí ves el entrenamiento que puede tener el actor y la empatía que vos podés tener con el material. En base a eso empezás a trabajar con tu imaginario, con tus sensaciones, tus afectos, tus paisajes internos y también con los que descubrís ahí mismo. Ese es nuestro trabajo.

¿Y en esta obra en particular? Me llaman mucho la atención esas miradas que tenés hacia el auditorio, perdidas en un punto.

N: Eso tiene que ver con la puesta de Osmar y con su visión. Está la presencia del otro. Después le podemos dar muchísimas significaciones: ¿ese otro que yo siento es real? ¿Está sólo en mi imaginación? Todos tenemos alguien que nos está mirando. Yo me pregunto si estamos totalmente solos. Nunca. Siempre estamos con nosotros mismos. Entonces ahí hay una mirada que él puso, que es interesante. La obra como tal tiene esas ventanas, donde ella mira el afuera. Esos binoculares… Como si mirase para afuera  porque no quiero mirar el adentro. Y ese afuera es, al mismo tiempo, el otro que me está observando.

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Edward Hopper.

Eso es muy interesante de la obra. Pareciera ser que el presente viene todo del afuera. El amante por el teléfono, la hermana por…

N: El marido es. Hay poca gente que lo entendió, porque me hacen soltera.

 Osmar: Es que una persona sola en escena… Esa soledad pareciera implicar ser  absoluta, como si no hubiera lazos afectivos o, como si ella solo pudiera tener lazos frágiles, rotos. Y, en realidad, ella está sola circunstancialmente. Pero, cuando uno recibe esos fantasmas de la vida, todo se hace mucho más denso y más solitario.

 Creo que lo del amante lo saco de cuando ella dice “este es un secreto entre nosotros”. Esa frase…

 O: Claro. ¡Pareciera ser que con los maridos no hay ya secreto! Justamente, eso es algo que quise ingresar en el cuento. El cuento habla de la soledad total y absoluta de una nena de ocho años, durante este otro cumpleaños, donde esta mujer adulta  sigue siendo una niña por imperio de ese recuerdo fundacional para ella. En este marco, me pareció significativo que la llame el marido, que tenga una pareja y esos secretos. Que esté acompañada, contenida. Que él  la vuelva a llamar tantas veces y la necesite aún en la distancia. Me pareció más interesante. Lo que sucede es que lo otro es tan fuerte que oscurece, vela un poco ese vínculo tan estrecho.

 MARCOS INQUIETANTES

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Edward Hopper – Contrariedades

Ventanas de mi cuarto,/de mi cuarto de uno de los millones de gente/que nadie sabe quién es/y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),/dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,/a una calle inaccesible a todos los pensamientos,/real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente,/con el misterio de las cosas por lo bajo de las piedras y los seres,/ con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,/con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de nada.                                                                                                                 “Tabaquería”; Fernando Pessoa                

La sensación era que todo lo presente venía de afuera: el marido, Mr. Postman, Los Carpenters, la hermana, los chicos… Sin embargo, el relato de ella es sobre el pasado, como si el pasado estuviera adentro y afuera, toda la posibilidad del presente. Y ella, en la ventana.

 O: Es una mirada interesante también. Cuando veo teatro o cine o una pintura, no quiero que  me enseñen a vivir. Esta obra no tiene mensajes. Es un espectáculo que obliga al espectador a una actividad mayor, quizás, que otros más complacientes. Esta obra no lo es. El personaje es muy subjetivo y entonces también va a serlo el espectador. Genera más preguntas que respuestas. Inquieta por eso. Incluso a los niños, fíjate qué pasa con tu hija  de 13  años, que está pasando de niña a mujer, y su mundo en este momento es un mundo de hormonas e imágenes Fijate cómo preguntó: “¿cómo se hace pedófila una persona?”, “¿por qué toma lavandina la hija de tres si la que sufre el episodio de la bombacha es la de ocho?”. Es lógico que esta obra resulte inquietante para ella también. La gente debe irse con ciertos interrogantes, con ganas de discutir y debatir. Es un bello encuentro que alguien te proponga preguntas y no una solución. Para eso hay que ir al psicólogo y, a veces, ni siquiera.

 N: Para nosotros, lo más interesante  es que pasan los días y el espectador se quedó pensando. Me parece maravilloso esto que contás de tu hija. Una cosa me quedó grabada de los libros de Stanislavski: Él contaba de cómo era hacer una obra de teatro con su grupo y la mirada  que le das a esa obra. Algo que te invite a decir “Che, ¿volvemos a ver “Tío Vania”? Esa necesidad de verla otra vez porque no se termina. Es así. Pasa también con la pintura, la lectura, el cine. Vas construyendo y el espectador también. Samanta dice que el autor construye.

 COLLAGE DE LO INDECIBLE

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Edward Hopper – Train Nigel Van Wieck

Cruza los brazos y espera mi respuesta. Sabe que no lo sé, y que necesito que ella haga una nueva pregunta. Del otro lado del ventanal, mis padres corren desnudos por el jardín trasero.”                                          “Padres e hijos”. Samanta Schweblin

“Walter…sh, sh…eh, Walter….sí, acá arriba… ¿qué estás  haciendo?, ¿quiénes son esos dos? No los tengo vistos. Vamos, decime, ¿quiénes son? ¿Cómo se llaman? (Para sí)…cierto, que este no habla…Walter… ¿tu mamá sabe que  estás aquí con esos dos? Contestame, haceme  un gesto con la cabeza si es  sí, o no… ¿qué  hiciste con el dedo? Volvé a repetir el gesto… ¿a ver?…”.

                                  “Un hombre sin suerte”, adaptación para teatro del cuento homónimo de Samanta Schweblin, por Osmar Nuñez.

 ¿Ustedes vincularían este indecible, que permanentemente se reformula en otra figura, con lo poético? Y también, ¿cómo se presenta lo poético en el teatro?

O: El teatro tiene que ser poético. Lo poético implica correrte un poco de la realidad y transformarla en algo bello u horrible. Creo que la obra es netamente poética. El cuento lo es también. Nosotros fuimos trabajando algunas cosas sobre la marcha, en los ensayos, en un proceso creativo donde ella proponía actoralmente cosas que yo después transformaba en escritura. En este sentido, con Nydia hicimos la adaptación juntos, en un encuentro muy mancomunado. Y la  poética que insistimos en trasladar  al teatro es la de los textos de Samanta y la de estos encuentros entre nosotros.

 El texto hace dos preguntas, que concentran algunas de esas potencias poéticas. Una es “dónde están” y otra “Por dios”

 O: Bueno, el “dónde están” tiene que ver con otro cuento de Samanta -no recuerdo el nombre- donde los padres buscan a los chicos que están bajo tierra.

 Sí. Este texto tiene muchas imágenes de otros cuentos de Samanta.

 Todo tiene que ver con Samanta: el auto, los niños, Walter. “Este que antes ni hablaba”, dice ella, viene de otro cuento también…

 N: Hay un cuento de ella que comienza diciendo “Mi hermano Walter está deprimido”. Tomamos algo de ahí.

 O: Claro, tomamos a partir de ese personaje, por supuesto, lo transformamos, no es el Walter deprimido, acá está con otros iguales, en la calle, bajo el balcón de ella, con uno de esos que están siempre pendientes para ir a jugar o jorobar en la vecindad.

Es un trabajo de collage…

O: Un poco sí, pero no en el sentido de pegar cosas, sino  de un encadenamiento. El personaje no tiene hijos, pero a esa niña que fue ella misma la tiene encima todo el tiempo, el tema del auto bajo su ventana, que es el padre, porque ese era el auto del padre. El perro, también ausente, en el momento de la obra. Es como un “cóctel Samanta” que deviene en esta mujer.

 O sea: ustedes hicieron  una lectura de recurrencias en los cuentos de Samanta.

 O: Claro. Dicen que los escritores hablan siempre de lo mismo. Que van transformando de distintas maneras aquello que quieren contar y siempre hablan de lo mismo. Esas lecturas que íbamos haciendo de los cuentos de Samanta llegaban a “Un hombre sin suerte”, para que nosotros le diéramos la vuelta de tuerca que nos ayudara a elevar un poco más el cuento y a darle teatralidad.

 EL SALIERI DE SAMANTA O EL JAMÓN DEL MEDIO

   “Admirar, en principio, es el sólo camino de imitar, sin perder personalidad”

                                                                                               Samuel Coleridge

teatro4a¿Qué tipo singular de lectura es una adaptación?

 O: Bueno, yo no soy dramaturgo. Me gusta escribir, por supuesto, pero más para adentro, digamos. También me gusta adaptar. Me resulta más factible que yo pueda transformar algo ya escrito en otra cosa, molestar un poco a ese texto, me despierta más la creatividad. Soy como un Salieri.

 Pero sin envidia. Y Samanta es Mozart, en este caso.

 O: Así seas un gran escritor o un gran dramaturgo. Se trata de no anteponerte a un escritor semejante. Es como cuando adaptan un Shakespeare, un Chéjov y lo transforman y resulta que la acción es en una estancia y los personajes son Perico y Juana. No importa cambiarle los nombres, el lugar, las circunstancias. Las circunstancias y el espíritu del autor son las que no se pueden cambiar. Me duele ver ciertas transformaciones de grandes autores porque “Chejov es aburrido y Shakespeare también, y están viejos”. No. Lo que pasa es que vos estás todavía muy nuevo y entonces no entendés: hay que trabajarlos mucho a esos autores. Tenés que haberlos transitado mucho literariamente para poder transformar eso en algo personal y sin anteponerte.

 Vos hiciste como un sánguche. Dejaste el cuento como jamón del medio y le pusiste un pan arriba y otro abajo. Esos panes son como las interpolaciones al cuento de Samanta, escenas  en espejos,  anticipatorias de lo que va a pasar ¿Qué potencia le agrega eso?

 O: Le agrega teatralidad. Se trata de enmarcar este cuento y abrirlo un poco más e informar sobre la historia de este personaje. El cuento habla de una niña. Ya ponerla como una mujer es transformar el cuento en teatro. Una cosa es que te hable una niña en escena y otra es una mujer hablando de cuando era niña. Esto ya tiene una vitalidad teatral mayor. Si yo pongo el cuento tal cual, ese cuento tiene sus reglas propias. El teatro también tiene sus reglas.

 El cuento está narrado y el teatro haría ver.

 

Edward Hopper
Edward Hopper

O: La teatralidad abre más al cuento. Abre más el atrás… Lo hace más vital. Si tengo que transcribir el cuento, seguramente, también funcionaría. Porque la teatralidad se vincula con elevar y  darle distintos colores a esa pauta, sea un cuento o una revista. A mí me gusta actuar todo. Agarro un libro y empiezo a actuarlo.

 EL CAJÓN SE HA VUELTO VENTANA

                                   “Todo es posible cuando se desborda y rehace un recuento la /memoria: /imprevistas alquimias, peldaños que chirrían, cajones clausurados y carruajes en marcha. /Sorprendente inventario en el que testimonian /hasta las puertas sin abrir. / Hoy, mañana o ayer, nunca ningún refugio donde permanecer inalterable/entre la llama y el carbón”

                               “Andante en tres tiempos”, Olga Orozco                      

También llama la atención que el cuento está en primera y el monólogo de ella está en segunda, siempre tiene interlocutores ausentes.

N: Tiene que ver con la presencia del otro y el fantasma. Ella empieza a recordar y ahí es cuando vive la sensación, ahí está el otro, desencadena otra cosa y así… Guillermo Ghio me  decía una vez que le encantó el modo en que el recuerdo irrumpe en escena, a través delos llamados del marido y de la hermana.

O: El otro día vinieron a visitarme unos sobrinos, hace mucho no los veía. Entonces yo estaba como Samanta, preparando los sanguchitos, el tecito, el café, una música y demás para recibirlos. Voy al cajón de la mesita de luz a buscar un regalito que tenía para ellos y me encontré con un anillo que era de mi mamá. Eso me transformó la fiesta. Ese anillo me transportó a otros lugares y, entonces, aunque yo estaba con mis sobrinos, también circulaba ahí la presencia de mi vieja. Esas cosas se van enganchando con otras, esos fantasmas están presentes todo el tiempo. Es muy emocionante y conmocionante también. No te saca del eje en el sentido de ponerte mal, pero conmociona. Chéjov tiene eso. Yo siento que algo así sucede también con “Relojero”, la obra que voy a hacer ahora, que para mí es muy chejoviano. Hay mucho detrás de este personaje del relojero. Mucha carga que no se informa, no se dice.

En “Orquesta de señoritas”, también.

O: Sí, sí. Mi personaje en “Orquesta…” era tan impune, tan… Claro que detrás hay algo. El personaje del relojero tiene detrás mucho más aún de lo que se cuenta. Y la “Amanda”, de “Un hombre sin suerte” que hace  Nydia, también. Y eso es lo que lo hace más teatral. El actor y la puesta tienen una carga… Yo hacía mucho tiempo que no veía “Un hombre sin suerte”. El otro día fui y, la verdad, Nydia es una actriz extraordinaria. Yo sentía que Nydia cuida todo ese universo que trabajamos juntos. Esto es algo que no siempre pasa con los actores. Lo que acabo de decir tiene que ver con la profesionalidad y la rigurosidad de Nydia, cómo eleva a ese personaje. Salí plagado de fantasmas ese día. A pesar de que yo hice la puesta, me sorprendió.

Cuando se pone en cuerpo hay otra cosa.

O: Sí, y no me había dado cuenta  nunca de eso, aunque es verdad que yo no he dirigido tanto. Pero también la distancia hace que uno no tenga en cuenta algunas cositas de la que la obra está llena y que después hacen a un todo. Es re sensorial, además. Siento cómo ella llora en la cocina a pesar de que no haya nada de eso, es el recuerdo en esa inmensidad de  ladrillos de fondo. Es muy importante cómo los espacios modifican todo. Acá lo visual cambia sustancialmente la escena. Los ladrillos de este lugar tienen una cosa medio como de cárcel.

 TRIPLE ESTIRAMIENTO A LO IMPOSIBLE

Va hacia adelante, la sigo. Detrás de mí, el caniche continúa girando en el aire. Antes de abrir Marga se arregla el pelo frente a los vidrios de la puerta, se acomoda el vestido. Charly es alto, fuerte y tosco. Parece el tipo del noticiero de las doce después de hincharse el cuerpo de ejercicios. Mi hija de cuatro y mi hijo de seis cuelgan de sus brazos como dos flotadores infantiles. Charly los ayuda a caer con delicadeza, acercando a la tierra su inmenso torso de gorila y quedando libre para darle un beso a Marga. Después viene hacia mí y por un momento temo que no sea amable. Pero me da la mano, y sonríe.

                                                                  “Padres e hijos”. Samanta Schweblin

Yo había marcado las irrupciones del pasado, que parecen fisurar la armonía rosa. El delantal, los zapatos, la torta, todo es rosa. Uno ve una y otra vez  lo armónico se yergue y, al poco, se rompe. ¿Hay una búsqueda de eso?

N: Se fue dando en el trabajo. Esta cosa cuidadosa que el personaje tiene, el control del detalle, que “cada cosa tiene que estar en su lugar”, se fue incorporando en el proceso creativo. Después, en el vestuario está la genialidad de Alejandro Mateo, cuando él viene a un ensayo e imagina eso y allí empezaron los pasteles y los colores. Hay algo que parece una obviedad, pero no lo es: los zapatos tan lindos que ella tiene. Yo recuerdo que los vi y me gustaron y Mateo vino y dijo “Sí. Esos.”

O: Son tan lindos que son feos. Viste que la perfección no es linda. Estos zapatos son perfectos. Pero resulta que, cuando ves algo tan perfectamente terminado, Uhmmm…

Llama la atención la enormidad del pastel.

N: Son tres pasteles en realidad, hay tres copas, todo es en el número tres. Es algo que en  forma conjunta lo fuimos armando. El tres es un número de por sí especial para los que saben de numerología y cábala y demás. Sin meternos en eso, para nosotros tiene una significación muy especial. Tiene que ver con el tercero, con el otro: “Los tres entraron al consultorio y yo me quedé ahí”… “El tercero es el que pudo…” Da para mucho. Yo estoy esperando a mi hermana. Ovidio, mi marido, no está, está en París. Pero…

O: ¿Cuántas veces uno pone la mesa con un cubierto de más o de menos? De eso se trata.

Yo hacía eso cuando iba a comer con mi mamá y hacía poco de la muerte de mi papá.

O: Bueno, es eso.

N: Y la genialidad de Osmar que, cuando leyó el cuento, me dijo “Esto tiene algo de Cheever” y resulta que Samanta es una lectora de Cheever.

O: Recomiendo su lectura. El texto de Samanta es muy cheeveriano. Hubo muchas conexiones con Samanta, primero con Nydia y luego conmigo, como percibir que una de las influencias en Samanta fue y sigue siendo Cheever. Y otra, que ambos- Samanta y yo- hemos vivido en Hurlingam. Una de las casas en que yo viví allí es para mí una fuente de inspiración y Samanta pasó toda su infancia en Hurlingam. Leyéndola sentí que, si yo hubiese sido escritor, me hubiera gustado escribir como ella. Esta cosa constante que tiene con los vínculos familiares… Hay otro cuento de ella muy vinculado  con “Hombre…”: allí ella  está esperando a la familia con sus tortas y sus cositas y todo eso. La apariencia de un mundo maravilloso y feliz.

N: Y tiene también que ver con el comer, con el devorar. Si yo fuese espectadora, pensaría en el helado que ella no tomó.

Bueno, cada vez que uno la ve chupar el helado en escena no puede sino asociarlo a ese haberse devorado al tipo. No sólo devorarse. Hay algo también en el personaje de estirarse todo el tiempo, en la ventana, hacia la música, se estira con el hombre y nunca llega. Como un estirarse hacia cosas siempre inaccesibles.

N: Eso de estirar la mano hacia el hombre le encantó a Samanta cuando vio la obra. También  me estiro hacia él cuando le digo, “¡vamos, vamos!”, después de que él me compre la bombacha o: “Yo ya tengo, estoy cubierta” Y después viene ese episodio que vos mencionás. En un punto está la mentira que tiene todo chico y la curiosidad. Para mí, el cuento es maravilloso. En cuanto al modo de escribir de Samanta,  es algo que hablábamos con Ingrid Pelicori hace poco. Hay  un hilo de tensión que Samanta tiene en su literatura. Un hilo que parece ir hacia un lado y, de repente,… ¡oleee! Sale con otra cosa.

SIN AUTOPSIA

cómo decirlo/locura de esto/todo esto/una locura de todo esto/dado/ una locura/dado todo esto/viendo/una locura viendo todo esto/esto/cómo decirlo/esto/esto/esto/esto aquí/todo esto aquí/una locura dado todo esto/viendo/una locura /viendo/todo esto/esto/aquí/para/cómo decirlo/ver/entrever/parecer entrever/necesidad de parecer entrever/una locura para necesitar parecer/entrever/cómo/cómo decirlo/ y dónde/una locura para necesitar parecer/entrever/cómo dónde/dónde/cómo decirlo/allí/allá/allá lejos/a lo lejos/a lo lejos/lejos/lejos de allá /desvaído/desvaído/a lo lejos/allá/lejos allá
cómo/cómo/cómo/decir/viendo/todo/esto/todo/esto/esto/todo/esto/esto/aquí/locura para ver cómo/entrever/parecer entrever/necesidad de parecer entrever/desvaído a lo lejos/lejos/allá/cómo/una locura para necesitar parecer/entrever/desvaído/allá lejos/lejos allá/cómo/cómo/cómo decirlo/cómo decirlo

“Cómo decirlo”, Samuel Beckett

Por eso decíamos que el texto no cae en lo exclusivamente psicológico nunca. Sino, se transformaría en un caso, en una serie de síntomas de un personaje con un problema, de quien habría que  averiguar cuál es el trauma, nada más.

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Carl Gustav Friedrich

 O: Te voy a decir que la psicología le ha hecho daño al teatro o, al menos, lo ha averiado. A partir de Freud todos piensan que el teatro tiene que pasar por Freud. Y Shakespeare escribía en una época en que Freud no existía. Después Freud, desde la psicología, interpretó maravillosamente  a Hamlet, a Macbeth y a otros. Pero es otro lugar…Había un autor genial, un gran maestro no recuerdo si brasilero o portugués, que sostenía que no hay que hacer tanta autopsia de los personajes. Strasberg, a quien admiro y con quien me formé, hacía eso, autopsia de los personajes. Él decía que hay una pregunta esencial y esa pregunta no es, ¿qué le pasa a este personaje?, sino ¿qué necesita este personaje? Porque el “qué le pasa” no se termina nunca. Si necesita calmar su sed, lo actuamos y después vemos adónde nos dirige eso.

El buen lector es el que sabe hacer buenas preguntas. Hablando de escribir, hay tres momentos en que la obra presenta escenas donde se escribe.  Después de escribir, cada uno de ellos queda en silencio, en un momento de  observación, como si toda escritura provocara una pausa, un silencio.

O: Sí. Es así aunque la escritura sea incluso un mensaje de texto, como en el caso de una de las escenas que mencionás. Suena atemporal o extraño que en esa perfección haya un celular. Pero está puesto como a propósito es también.

Claro, y es el momento más llamativo porque ella reproduce lo que le contestan del otro lado y se queda como sumergida en una duda…

O: Es que ella escribe con cierta urgencia “Te quiero, te extraño”. Y ella sabe que reitera y que está muy encima de la hermana y no encuentra el límite. Cuando vos tenés que cuidar o contener a alguien porque está en inferioridad de condiciones o porque vos creés que es así, sentís cierta responsabilidad, cierta culpa también. No sabés hasta dónde estás haciéndole el bien… Este personaje tiene antecedentes de intento de suicidio, entonces: “A ver si con esto estoy generando que ella otra vez vuelva a tomarse una botella de lavandina”

N: El texto habla de cinco intentos de suicidio y el último, tres años antes de la escena. Esa información la tuvimos que hacer recurrente para que irrumpa en el recuerdo.

HOMBRE QUE LADRA Y QUE MUERDE

Felicidad se asusta y grita. Por un segundo cree encontrarse frente a un fantasma. Intenta controlarse, pero el cuerpo no deja de temblarle. Mira a la mujer: nada parece sobresaltarla, tiene una expresión vieja y amarga, aunque conserva entre las arrugas grandes ojos claros y labios de perfectas dimensiones”.

                                              “Mujeres desesperadas”, Samanta Schweblin

Y en esto del tiempo detenido está también lo que veíamos de cumplir años y no poder nunca celebrar.

O: Todo es mucho más fuerte que ese cumpleaños. Que prenda la vela o no es circunstancial. Su cumpleaños fue un festejo único e irrepetible. Aunque siga apareciendo ese fantasma, es esa vez lo intenso, lo fuerte, lo que la modificó.

¿Por qué al final de la obra decidieron hacer  reaparecer al perro-hombre, Arístides? En el cuento la cosa termina innombrable, en un silencio.

O: Es que acá el cuento se extiende un poco a la relación de ella con el padre. El auto que está bajo su ventana, como te decía antes, es el auto del padre: un auto viejo, hecho pelota, enterrado. Ese auto es el papá,  esa desprotección. Esa explosión es también un final de ataduras y mandatos y abandonos.

Y la niñez aparece siempre como desvalida o como peligrosa.

O: Y, sí. Porque todos hablan de la peligrosidad de este hombre, pero es mucho más peligroso el vínculo padre-madre. Nosotros nunca planteamos el tema del abuso. Eso vino después, en las interpretaciones. Yo siempre sentí que este hombre que ella encuentra en el hospital, el día de su cumpleaños, cuando la familia está ocupada en la tención de su hermana que había tomado lavandina, era un ángel. La peligrosidad inminente ya estaba en el cuento, entonces, lo interesante era dar una vuelta de tuerca a ese vínculo, a ese encuentro. El personaje de este señor es muy particular, y yo intento tirarlo a un lugar que no fuera común. A cada uno le va a disparar por distintos lugares. La vez pasada, una señora se enojó mucho y puso cosas muy feas en” Alternativa Teatral” sobre la obra. A mí me parece genial que la gente se movilice. Me parece que el teatro  transforma y mejora y nos hace encontrarnos. Cuando a alguien no le pasa eso, es un tema absolutamente personal.

ABRAZADO A LA INFANCIA

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Rufino Tamayo- Dos mujeres en la ventana.

Yo te quería distraer con el versito ese que me habías enseñado “papá, ¿me das $50?; ¿$40? Para qué querés $30, si con $20 te alcanza. Te doy $10, dale $5 a tu hermana, traéme el vuelto.”. Pero no me salía, no te lo pude decir…” 

Un hombre sin suerte”, adaptación para teatro del cuento homónimo, por Osmar Niñez

El tema del dinero no estaba en el cuento. Al menos no con ese cantito “te doy cincuenta, te doy cuarenta”.

 N: Eso es algo de mi familia.

O: Sí, un día me lo contó Nydia y me encantó incorporarlo. A mí esas cosas de familia, cuando los padres bromean con los hijos, me resultan tan afectivas como un beso o un abrazo. Me parecen tan hermosas… Por eso lo incluí.  Si bien el espectáculo está basado en Samanta, también está basado en nuestras propias historias, sino sería más plano. Tiene más capas porque estamos nosotros también presentes, nuestros recuerdos y nuestro presente.

N: Y acordáte que trabajamos esto de mirar a través de la ventana con las pinturas de Hopper.

O: Está muy basado también en lo visual, claro.

N: Jugamos las posiciones mías al sentarme con algunas pinturas de Hopper. También tiene que ver con la historia del personaje: “Yo junté mis rodillas”

O: Está muy  basado lo visual en Hopper. He trabajado mucho en taller y con mis alumnos con Hoppper. Tiene un misterio como pocos artistas modernos.

SOLEDADES CON MARCO PROPIO

                                    “Parada en el medio de la ruta Felicidad ha creído ver, en el horizonte, el débil reflejo de las luces traseras del auto. Ahora, en la oscuridad cerrada del campo, sólo se distinguen la luna y su vestido de novia. Sentada sobre una piedra junto a la puerta del baño concluye que no tendría que haber tardado tanto.”

                                            “Mujeres desesperadas”, Samanta Schweblin

Hopper: una reedición del romanticismo, con esas ventanas y los hombres retirados que ya no miran afuera casi. Una soledad muy contemporánea.

O: Hay una pintura que me gusta mucho: muestra la platea como de un escenario y el pasillo de los palcos y una mujer con un pañuelo… Para mí es una actriz que no encuentra el personaje.

teatro9 ¿Y el tipo que se va sin pagar?

O: Yo creo que, si bien no es un homeless, es un hombre que no tiene trabajo y no tiene suerte y seguramente le va mal más allá de su voluntad.

Está ojeado.

 O: Eso dice el texto. Y también puede ser un juego con ella.

 N: La transgresión. El secreto.

 O: Exactamente, un juego infantil también.

CUIDAR LA VENTANA AJENA

Miriam Briks 1957.
Miriam Briks 1957.

   “Quiero saber tu nombre. Cómo te llamas, nombre que vagas por el Paraíso en el atroz silencio. Tú, que llevas una costilla más que todos. Sentado entre árboles parlantes diriges tu ojo solitario del otro. Duermes. Sin posible Redentora.”

                  Miguel Ángel Bustos

¿Cómo les resuena el cuidado del otro en la obra?

 O: Este trabajo tiene mucho que ver con eso. Es una constante para mí: si algo debemos cuidar es el cuidado el otro. Los egos en esta profesión -como en tantas otras- siempre están en un primer plano. Uno ya tiene ese ego y por eso hace lo que hace, pero no es un ego egoísta, es un ego para compartir y comunicar, para encontrarse. Este fue un trabajo prácticamente en intimidad entre Nydia y yo. Después se sumó, cuando la cosa estuvo avanzada, una actriz amiga, un actor o director de quien nos interesabas su  opinión. Luego. El vestuarista, la chica que canta -Julieta Milea- que es una maravilla el modo en que reproduce la voz de Karen Carpenter. Todo hecho con mucho cuidado y con cuidado  hacia el texto de Samanta. Nos hemos cuidado y contenido mucho todos. También con el espectador. Por  ese interés tan fuerte en comunicar y encontrarse, cuando el público se queda afuera, lo lamento muchísimo en el alma. No era mi intención. Mi intención siempre es encontrarme con el espectador, no alejarlo. El cuidado del otro ha estado desde el primer momento. Empezamos escribiendo juntos, pero somos dos cabezas y dos historias diferentes que iban cada una para su lado. Así que, si bien todo tenía que ver con construir la historia a contar en escena, definimos darnos el lugar cada uno. Y eso también fue cuidarnos.

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Equipo Anartista y entrevistados.




ES LA TECNOLOGÍA, ESTÚPIDA

El cuidado del otro: una vuelta más sobre Internet.

Por Lourdes Landeira

“El ser humano está hecho de las relaciones que mantiene con sus semejantes y es al mismo tiempo capaz de intervenir completamente solo en el mundo; es doble, no uno” (*)

ECHAR RAÍCES

La gran cadena de mercados abrió sus puertas como todos los días. Dispuesta a recibir a los clientes con ansias de consumo. Preparada para depositar ansias en quienes no la visitan, quienes no por invisibles, son menos esenciales. El hombre entró una tarde, entre tantos; llevaba una queja. Hizo saber al responsable que le resultaba inadmisible que su hija, adolescente de 14 años, recibiera cupones de pañales y artículos para bebé. ¿Acaso era una incitación a la maternidad prematura? El empleado no encontraba el modo de disculparse. Por supuesto, no correspondía. Se trataba de un error y él se ocuparía personalmente de encontrar la falla y enmendarla. No volvería a suceder. El padre, ofendido, volvió a su casa, casi satisfecho. Su hija lo esperaba dispuesta a confesar. Entre lágrimas, se deslizó el indeseado “estoy embarazada”. La tienda, sin conocerla, se había enterado casi antes que la propia madre. El escenario es algún lugar de Estados Unidos, podría ser cualquiera. La historia, (más o menos así) la leí en la pantalla de mi celular. Fue contratapa estival de un matutino porteño.

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“Uno de mis amigos me preguntó: ¿podremos ser anónimos otra vez? Mi respuesta: ¡no! Es demasiado tarde. Hemos dejado demasiadas señales en el trayecto. No hay manera de volver atrás. Eso sí, de lo que estoy seguro es que ahora estoy en condiciones de dar la respuesta que me había formulado más arriba: ¿Gratis? ¡No…! Seguro que gratis no es” Adrián Paenza, “Anonimato”,  Página 12, 26/12/2017

“Para muchos niños, Internet es un medio de autorrealización. Les permite explorar quiénes son y qué quieren ser, pero esto sólo funciona si somos capaces de conservar la privacidad y el anonimato, de cometer errores sin que nos vigilen. Me preocupa que mi generación sea la última en disfrutar de esa libertad” Glenn Greenwald. “Snowden. Sin un lugar donde esconderse”, Mayo de 2014 (**)

“Somos brutalmente honestos con nuestros motores de búsqueda. Somos más honestos con ellos que con nuestras familias. Los motores de búsqueda saben más de ti que tu familia”. Millo Hypponen, “How the NSA betrayed the world’s trust”. (**)

“En 1998, a los 18 años, me mudé de La Plata a Buenos Aires. Lo que más disfruté en los primeros años fue la sensación del anonimato. Me deleitaba ese parecido a estar de viaje que viene con liberarse de miradas ajenas. Dieciséis años después, consciente de las cámaras que me miran cuando salgo a la calle, me pregunto dónde quedó ese placer de no ser nadie. Es una pregunta que nos tendremos que responder, tal vez, en la intimidad. Sin embargo, ésa es una parte de la respuesta. Hay otra parte que tiene ver con las consecuencias públicas del fin de la privacidad, y es: qué lugar queda para lo no previsto, para la libertad de acción, incluso para los actos de rebeldía (los privados y los públicos)” Natalia Zuazo, “Guerras de Internet”

Las voces podrían multiplicarse hasta el infinito o, al menos, hasta donde Dios Google alcance a buscar, hasta donde mi capacidad de lectura no se agote y mientras la batería de mi computadora se mantenga con carga. De lo contrario, tendré que enchufarla y me sentiré menos libre, por la dependencia del cable que me descuelga de la nube y me obliga a materializar mi conexión. A asumir que la nube no es etérea y que sin electricidad – sí, ese invento antiguo- nada funciona bajo el sol. Porque, aunque no los veamos, los cables y servidores siempre están. ¿Dónde? Bajo tierra y mares. Custodiados, vigilados, como nosotros, para no ser víctimas de ataques piratas –esos seres que miran con un solo ojo-.

Ahora bien, ¿quiénes somos nosotros en este juego? ¿Quién ese ese otro de ojos destapados que condiciona los resultados  a mis búsquedas, a mis encuentros anteriores?, ¿quién es ese  que, con un criterio armado por Otro, se empeña en que yo siga tras mis huellas,  siempre yo, a pesar de todo? El mismo que anticipa  lo que quiero escribir en mi celular, no por predictivo de palabra – eso ya es historia antigua- sino por predicción de contenido. Sí, el mismo, pero, ¿quién? ¿Y si mi yo se enreda con su propia cola?, algo de eso pasa con los distintos actores. Permitámonos una primera distinción entre usuarios, proveedores de aplicaciones y dueños de las rutas de navegación. La cola, ahora, la metió el comercio y otra vez la historia dice presente de la mano de esas rutas. Como antes de los camellos, de la sal, de la seda, ahora, cibernéticas. La clasificación es fácil. Nosotros, lo consumidores de a pie. Ellos, los creadores de – por ejemplo – Facebook, con nombre y apellido. Ellos, los verdaderos anónimos, los dueños del soporte físico, casi todos con residencia en el norte, apropiados del barco y el motor que transporta nuestras vidas.  Cuando la globalización llegó a nuestra aldea, se dijo que uno de los grandes cambios tenía que ver con  el valor desmaterializado. Ya  fuera de la tierra, el valor moraba en los bienes intangibles, en la información. Un detalle faltó en ese momento: es que esos datos se almacenan en enormes computadoras conectadas por potentes caños. Es decir, que el cambio, entonces, pasó por haber dejado de ver  esa materia que, como el elefante, ocupa mucho espacio.

^23FA26082B7018C601B3A4A3BE96EB1F069416AA7A164C6DA5^pimgpsh_fullsize_distr“Desde el momento en que viven en sociedad, los hombres sienten la necesidad de atraer la mirada de los otros. El órgano específicamente humano son los ojos: todos comenzaron a mirar a los otros y a querer ser mirados. (…) No podemos emitir un juicio sobre nosotros mismos sin salirnos de nosotros y mirarnos a través de los ojos de los otros. Si se pudiera educar a un ser humano en el aislamiento, éste no podría juzgar nada, ni siquiera a él mismo: le faltaría un espejo para verse” Tzvetan Todorov, “La vida en común”

Quizás sea tiempo de abrir el segundo ojo, desarmar el azogue del espejo y ver qué hay del otro lado. Ver que del otro lado, siempre hay alguien, o, al menos, algo.

PLANTAR EL ARBOLITO

La reunión era de amigos. El motivo, conocer el departamento recién alquilado por el yanqui, de paso en el país. Los elogios se multiplicaban en las voces de los invitados. ¿Qué sabés del dueño?

  • No sé, no lo conozco.
  • ¿Lo googleaste?
  • Vi su Facebook, tiene algo que ver con el arte.
  • A ver, entremos.

En su biografía, estaba la clave para llegar a su otro perfil, el de trumblr. Allí, la foto de la famosa  teta del tetazo censurada por Facebook no hubiera tenido ningún problema de admisión. Allí, el inquilino pudo conocer de cerca a su arrendador. O, al menos, a su pene erecto frente a la espalda de un hombre musculoso.

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Según datos publicados en Wikipedia, Tumblr superó a WordPress en cantidad de blogs, en el año 2011. Según la enciclopedia, solo los dueños conocen la cantidad de material pornográfico que contiene. Y agregan que el New York Times dice: “la pornografía representa una fracción del contenido del sitio, pero no una cantidad trivial para un sitio con 100 millones de blogs”.

Yo, habitué de Internet de todos los tiempos, no conocía el sitio. ¿Vos?

  • Si no conoces esto, imagino que menos aun conocerás la internet profunda.
  • ¿Qué es eso?
  • Es como el dólar, internet no escapó a las leyes del mercado. Está la oficial y la paralela.

Unos días después, un tradicional matutino argentino publicó la noticia del hombre que mató a un chico de nueve años y subió las fotos a la Darknet. Sucedió en Alemania, sucede en el planeta tierra. Hasta donde sabemos. La particularidad de esa otra web es, justamente, el anonimato. No deja huellas. Su contenido resulta inaccesible desde los buscadores comunes. ¿Quiénes la usan? Aquellos que compran – venden órganos, armas, trafican personas. Y, por supuesto, los servicios de des-inteligencia. Según el mismo matutino, en el año 2014, “más del 90% del material que rueda por Internet nunca fue catalogado por los motores de Google (…) La Internet profunda se fue ensanchando y se estima que es unas 500 veces más grande que la red conocida” .

Como el dólar paralelo, a veces nos lo vende un desempleado devenido arbolito callejero. Otras, una cimagesueva sobre tierra, con propietario casi invisible.

Quizás, en este punto, podríamos pensar en los rituales del cuidado. De las murallas que, al estilo de las compuertas de las centrales nucleares, protegen conexiones.

¿De qué nos cuida Google cuando elige nuestras preferencias? ¿De qué nos cuida Darknet cuando borra nuestra ruta? ¿De qué nos cuidamos los otros y nosotras?

CORTAR LA RAMA

Mientras tanto:

Alguien calcula que si hoy grabamos cds con el flujo de información de un solo día y los apilamos,  esa pila llegaría a Marte ida y vuelta.

Alguien más explica que cuanto mayor, más eficaz es la red. Por la ley de las grandes cantidades: una gran población de mensajes impredecibles, en conjunto, se comporta de una manera que podemos escribir a la perfección. Nada, hasta ahora, en la historia de la humanidad ha funcionado con una contribución tecnológica semejante, le acota un experto.

Un hombre joven toma  los últimos modelos científicos de un plegado de biomoléculas, crea un juego y lo sube a la web. Las computadoras colapsan por la cantidad de jugadores, entre 10 y 100 años que, sin saber de ciencia, hallan soluciones verificables en laboratorio.

^2F72A2DB8BAD97F7278D48D8D6078E0E26BDDDAA5AFD660DBD^pimgpsh_fullsize_distrLos autos autónomos se están desarrollando rápidamente. El vehículo “ve”, recibe información y, a través de las computadoras ocultas en el baúl,  envía datos por Internet. Si comete un error, todos lo demás autos- incluso los futuros- aprenden de él, cosa que no ocurre con los humanos.

El objetivo de Robocop para el 2050 es tener un equipo de robots jugadores de fútbol que puedan derrotar a los campeones de la FIFA.

No sabía que existía tanta inmoralidad entre los humanos y creo que los perros tratan mejor  a los suyos. No hay dignidad o respeto en Internet porque  nadie se hace responsable. Siempre creí que la Internet es una manifestación del anticristo, del mal”, es la voz de la madre de una chica que murió en un accidente y recibió correos “irreproducibles” sobre el horror del momento en que fue decapitada.

Un astrónomo muestra un telescopio de cien metros de diámetro. Dice que captura las ondas electromagnéticas  del universo, de objetos allí, tan cerca como los planetas, tan lejos como el Big Bang. Dice que el enemigo para la observación y detección son las ondas producidas en la tierra, porque pueden  cegar las señales desde las estrellas. Por eso suprimen las transmisiones inalámbricas de cualquier tipo en un radio de 16 km a la redonda.

^DAF5E47F78CF1D5683D85AB82524158209EEE8F1956A21C341^pimgpsh_fullsize_distrUna mujer –ermitaña moderna-  reactiva a las señales de radiación inalámbricas, dejó su familia y su trabajo y se mudó a un sitio sin antenas. Otra explica que se trata de una enfermedad legítima, no escuchada correctamente por los médicos.

Una niña murió de hambre mientras sus padres jugaban a un juego en red. En Corea y China, mueren personas por estar 40, 50, 60 horas frente a la computadora. Los jugadores de videojuegos, en muchos casos, usan pañales para evitar perder puntos mientras van al baño.

Un cosmólogo que estudia el origen del universo dice que, si hubiera un destello solar que apagara Internet, el mundo colapsaría, miles de millones de personas morirían y el mundo se convertiría en un lugar inconcebiblemente horrible y difícil.

Un hacker cuenta que, cuando el FBI llegó a su puerta e invadió su casa, no encontró ningún artefacto electrónico. En cambio, en el refrigerador, había una caja que decía “rosquillas del FBI” Estuvo un año en celda de aislamiento.

Decenas de estados – nación tienen la capacidad de piratearse y usan esto como una extensión de la política exterior.

Estamos sumergidos en una guerra cibernética que ni siquiera vemos.

Hay una idea sobre Marte: algún día, respiración artificial mediante,  podría albergarnos; ser el refugio, tras la destrucción de nuestro planeta. Este, donde ahora podemos nadar en el océano y oler la tierra sin dificultad. Mudarse, claro, sería como vivir en el bote salvavidas.

Alguien cree que Internet puede empezar a soñar con ella misma.

Un ingeniero diseña un robot que sueña con lugares en los que ni siquiera estuvo.

Pronto, batallones de robots, conectados a través de Internet, podrían realizar misiones de rescate en zonas de desastre.

Alguien cree que lo más riesgoso de la inteligencia artificial no es que desarrolle una voluntad propia, sino que siga la voluntad de quienes son capaces de desatar una guerra para optimizar sus intereses particulares.

Internet se propagará, fuera de control, y las personas tendrán que ser sus propios controles.

Los mientras tanto enunciados corresponden al documental de Werner Herzog: Lo and Behold. La expresión no tiene una traducción unívoca al español. Podría ser algo así como: sorpresivamente, sin haberlo pensado, quién lo hubiera dicho y similares. Lo cierto es que el documentalista le confiere carácter enfático y profético al hecho de que el primer mensaje enviado por Internet fue, justamente “lo”, de “log”. Ocurrió el 29 de octubre de 1969. Dos hombres hablaron de “servidor a servidor”. Al mismo tiempo, lo hacían por teléfono. Uno dijo: “Te envié la L”. El otro respondió:” La recibí”. El primero continuó: “fue la O”. El segundo, ya tenía LO en su computadora.

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El documental tiene un subtítulo: “Ensueños de un mundo conectado”. En el cine, ya vimos “Her”, la película en la que un hombre se enamora de su sistema operativo, quien lo abandona por otro sistema operativo. También vimos “El dador de recuerdos”, allí se crea una comunidad post “fin del mundo” donde sus habitantes, cada mañana, se inyectan- sin saberlo- contra las emociones. Robots humanizados. Humanos robotizados. Ambos viven, por ahora, en la pantalla grande.

Por último, una definición y una pregunta , para empezar a cuidar.

Transhumanismo: (H+) movimiento internacional cuyo objetivo es el desarrollo y fabricación de tecnología para mejorar las capacidades físicas, psicológicas e intelectuales de los seres humanos.

Quizás, hasta llegar a lo “posthumano“.

¿Está en juego la idea de humanidad?

Lo bello está fuera de mí, es impersonal, y sin embargo me llena de una especie de júbilo interior, que refuerza mi sentimiento de existir. Cuando estoy sumergido en la belleza natural, tengo tendencia a identificarme con mis sentidos: estoy colmado por los ruidos, las visiones, las sensaciones táctiles, los olores; me realizo en una fusión desgarradora con el mundo circundante. (*)

(*) Tzvetan Todorov, “La vida en común”

(**) Citados por Natalia Zuazo en “Guerras de Internet”




UN CAUCE EN LA DIFRACCIÓN DE LA LUZ

El cuidado del otro: Entrevista a Leopoldo Moreau.

Entrevista: Alicia Lapidus, Isabel D´Amico, Víctor  Dupont, Gabriela Stoppelman
Edición: Víctor Dupont, Gabriela Stoppelman

“Cómo lo que te rechaza, al final de cuentas te salva”
Walace Stevens

Baruj Spinoza pulía unos lentes en el momento en que, por debajo de su puerta, le pasaron el decreto de excomunión:

“Los dirigentes de la comunidad ponen en su conocimiento que desde hace mucho tenían noticia de las equivocadas opiniones y errónea conducta de Baruj de Spinoza y por diversos medios y advertencias han tratado de apartarlo del mal camino. Como no obtuvieran ningún resultado y como, por el contrario, las horribles herejías que practicaba y enseñaba, lo mismo que su inaudita conducta fueran en aumento, resolvieron de acuerdo con el rabino, en presencia de testigos fehacientes y del nombrado Spinoza, que éste fuera excomulgado y expulsado del pueblo de Israel, según el siguiente decreto de excomunión: Por la decisión de los ángeles y el juicio de los santos, excomulgamos, expulsamos, execramos y maldecimos a Baruj de Spinoza, con la aprobación del Santo Dios y de toda esta Santa comunidad, ante los Santos Libros de la Ley con sus 613 prescripciones, con la excomunión con que Josué excomulgó a Jericó, con la maldición con que Eliseo maldijo a sus hijos y con todas las execraciones escritas en la Ley. Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acuesta y maldito sea cuando se levanta; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. Que el Señor no lo perdone. Que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra este hombre y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la Ley. El Señor borrará su nombre bajo los cielos y lo expulsará de todas las tribus de Israel abandonándolo al Maligno con todas las maldiciones del cielo escritas en el Libro de la Ley. Pero vosotros, que sois fieles al Señor vuestro Dios, vivid en paz. Ordenamos que nadie mantenga con él comunicación oral o escrita, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro yardas, que nadie lea nada escrito o trascripto por él.”

morau11mages¡Uf! ¡Qué gente jodida y ponzoñosa!, se dijo Baruj. Y, rápidamente volvió a sus tareas. No tenía sentido postergar lo suyo para más tarde, porque la maldición abarcaba el día y la noche, las idas y las vueltas, los comienzos y los finales. Así  las cosas, mejor seguir con el pulido de sus lentes, ya que vendrían tiempos donde serían necesarios cristales leales, bordes consistentes, aumentos precisos- ya que agigantar sería tan peligroso como disminuir- y, sobre todo, ojos atentos.

A los pocos minutos, le sobrevino una sensación de orfandad que se perdió rápidamente entre los restos de cristal desechado, cuando su mirada se topó con sus textos. Ahí estaba su casa. En su tratado “Teológico político”, en su “Ética”, en el desafiante convencimiento de que no existían el bien y el mal, si no lo bueno y lo malo. Las verdades eran siempre inmanentes a los tiempos y a las circunstancias. Sin embargo, se objetó Baruj a sí mismo, en el territorio del mal siempre permanecía una constante: la idea de aniquilar al otro o reducirlo a condiciones infames. La idea le hizo tan mal, lo puso tan triste y débil, que la fuerza de su mano no pudo retener el cristal y lo dejó caer al piso. Así, multiplicado en astillas, cada fragmento reflejó una historia: en uno vio el rostro de José, expulsado por sus hermanos. En otro, la cara circunspecta de Sócrates, reflejada en la superficie líquida de la cicuta. En otro fragmento medio temblequeante, la furia de Galileo, que estallaba en forma de esfera. Sin creer del todo el inmenso espectáculo que se le ofrecía, se le mezcló el mismo Jesús, con varios caciques incas, vio enormes cantidades de  signos fugar por los rincones. En una pira se quemaban libros y las cenizas volaban de la Edad Media hasta los años de plomo en la dictadura Argentina. No faltaron astillas para los exilios políticos, para las censuras explícitas y para las otras. Estas se dispersaron por todas las curvas de la historia. En una, se detuvo Baruj, porque le llamó la atención un hombre que, mientras se calzaba los lentes y hacía un extraño signo con tres dedos en alto, repetía unas palabras del  libro “Fundamentos de una República Democrática”, de Raúl Alfonsín: “La democracia está siempre vinculada a la pretensión de lograr la transformación del poder entendido como forma de dominación.” Después, cerraba el libro como quien cierra la puerta de su casa. Y, después lo volvía a abrir. Era Leopoldo Moreau.

¡Cosa de nunca acabar!, se dijo Baruj. Y siguió con el pulido. Porque vio que a los lentes de Leopoldo les vendría bien un abrazo. Y ya que estaba y por qué no, les pegó una pulida y un apretujón de hermano a cada una de las astillas que repetían la historia. Para torcerle el brazo a los ciclos. Para no recostarse en los simples reflejos. Para apostar a los desvíos. A los atajos.  A las múltiples promesas de luz que hay en todas las difracciones.

BISAGRAS LIBERTARIAS

“Democracia es vigencia de la libertad y los derechos, pero también existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza. Tenemos libertad; nos falta la igualdad.”

 Raúl Alfonsín

 Uno de las primeras imágenes que rescatamos de tus discursos y textos es la de “bisagra”. La usaste con respecto al gobierno de Yrigoyen, por ejemplo, como una bisagra hacia más formas de participación. O cómo el gobierno de la Alianza marcó con fuerza de bisagra las profundas diferencias dentro del radicalismo. ¿Cómo vinculás esa imagen con la idea de libertad?

Todas esas bisagras significaron una evolución hacia mayor participación, hacia una ampliación de derechos políticos, civiles, legales. Fueron puntos de quiebre. Ahí es donde está el vínculo con la libertad. Son momentos en los que hemos ganado más espacios.

¿Uno se da cuenta de esos momentos bisagra antes o después de vivirlos?

En general, te das cuenta después. A veces, podés poner una expectativa en que determinada circunstancia lo sea. Por ejemplo, a la recuperación democrática, en el 83, todos la vivimos como una bisagra en términos históricos. El caso opuesto fue con Néstor Kirchner. Había una gran incógnita. No se sabía bien quién era, qué proponía, hacia dónde iba. Después fue una bisagra.

¿Hay que estar preparado para una bisagra?

Depende de la capacidad anticipatoria que tenga un dirigente o un militante.

¿Vos pudiste anticipar lo que iba a pasarte con tu partido de origen?

STEPHEN KNAPP
STEPHEN KNAPP

Te diría, con humildad, que sí. Nosotros advertíamos cómo el radicalismo tomaba posiciones de derecha mucho antes de que ellos decidieran acompañar a Macri. No fue una decisión espontánea. Fue la culminación de un camino transitado. A partir del gobierno de De La Rúa, se produce un vaciamiento ideológico importante; contribuye a eso la muerte de Alfonsín. Sostenían una línea antiperonista, antikirchnerista, hacían seguidismo de los medios de comunicación concentrados. Por ejemplo, en la década del `90, fuimos fervientes opositores a la privatización del sistema jubilatorio y se opusieron a estatizar los fondos. Nos costó un Perú que el partido apoyara la nacionalización de YPF. Era notorio el proceso que culminó en el acompañamiento a esta restauración conservadora. Por eso estábamos preparados. Nosotros tomamos la decisión de apartarnos del radicalismo hacia fines del 2011. 

FORJA TU CASA                                

Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza/que no puede vislumbrar su tarde mansa/Fuimos el viajero que no/ implora, que no reza,/ que no llora, que se echó a morir/¡Vete…!/ ¿No comprendes que te estás matando?/ ¿No comprendes que te estoy llamando?”

                                                               “Fuimos”, Homero Manzi

¿Qué se siente ser expulsado de un lugar al cual no se pertenece?

Yo tengo una militancia extensa en el radicalismo. Aproximadamente, cincuenta años, empecé a los catorce. Produce una sensación de vacío. Implica romper con vínculos societarios, por ejemplo. Aunque a mí no me produjo ningún trauma importante. Yo me anticipé a un proceso. De alguna manera, puede ser que lo haya buscado, de hecho, no apelé la decisión. Llegué hasta a pensar que me hacían un favor. Yo dejé de pertenecer al partido radical  para seguir siendo radical: para seguir siendo yrigoyenista, alfonsinista.

¿Y no sentís algún dolor en ver lo que se había convertido tu casa, tu lugar de origen?

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Hay cierto dolor. Es un partido que, de los doscientos años de la vida independiente de la patria, tiene ciento veintipico de presencia. Y pasó por momentos muy significativos en términos de la defensa de los intereses nacionales y populares: el yrigoyenismo, el alfonsinismo. Las luchas que libró contra el fraude patriótico. Incluso, en tiempos de Illia, cuyo pecado original era haber gobernado con proscripción, no se dejó de practicar un nacionalismo. Eso mismo le costó su final. En este sentido, sí resultó doloroso, porque no fue solamente mi casa sino una identidad, una cultura política.

¿Y los discursos que repiten y repiten la palabra “traición” sobre ustedes?

Nosotros estamos convencidos de haber optado por un camino que sostiene esos valores históricos. Igualmente, en la historia del radicalismo y en los movimientos populares, esto pasó muchas veces. Nosotros nos reivindicamos como una continuidad de FORJA. En aquella época, los jóvenes yrigoyenistas se alzaron contra la conducción de Alvear. Hay una coincidencia histórica asombrosa. Entre los líderes de FORJA, estaba Homero Manzi, que era un militante yrigoyenista. Y a él lo echan del partido el mismo día que me echaron a mí, con una diferencia de cincuenta años. * 

EL LENGUAJE NO SE DISCUTE

“Si la política fuera solo el arte de lo posible, sería el arte de la resignación.”

Raúl Alfonsín

Vos utilizás metáforas, narraciones y cuentos en tu programa de radio. ¿Qué te aportan las metáforas y las narraciones y, si me permitís- lo poético- a tus conceptos? Un día contaste la historia de los gladiadores romanos que siempre pelean, mientras el emperador sale sin ningún rasguño a decir quién ganó.

Las metáforas ayudan a graficar más que las definiciones teóricas. Pero no sólo eso, esos lenguajes se unen a las mismas definiciones.

¿No produce también sentidos extras?

Pasa que no tengo un discurso pulido, hago más un ejercicio de improvisación.

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¿No discuten con la dirigencia la problemática del lenguaje?  

No. Con sinceridad, no lo hacemos.

¿No sienten que ahí hay un lugar para ganar algo? Es ahí donde se disputan muchísimas cosas.

Seguramente. Pero, por lo menos, en mi caso, lo paso por alto.

Fijate que los otros adoptaron una estrategia de lenguaje donde la trivialidad les dio una eficacia impresionante. ¿De verdad es eficaz la trivialidad?

Tengo mis dudas. De todas formas, es verdad que los grupos dominantes, en la puja por el sentido común, aprendieron mucho. Igual, la trivialidad encuentra siempre el límite de la realidad. Y eso está a la vista.

¡Pero tarda!

Depende de cómo mires los procesos históricos. Estamos en una sociedad con un nivel de conciencia más elevado. Esta sociedad no es la misma que la del 24 de marzo de 1976. Ni la del ´89, que aceptó pasivamente el golpe económico. Si bien para nosotros quince meses pueden ser muchos, también se produjeron reacciones populares que, en momentos anteriores, ni habían ocurrido. En los noventa, el primer paro contra las políticas neoliberales fue cinco años después; también “la carpa blanca”, cinco años después. Ahora vamos más rápido: es una sociedad que elevó su nivel de conciencia, de organización. Y también cambió su estratificación, resulta más diversa, plural. Ya no se estructura más en partidos políticos, iglesia, fuerzas armadas. Es una sociedad más rica, con nuevos colectivos. Por eso la reacción es más rápida.

También la velocidad de ellos genera anticuerpos mucho más rápido.

STEPHEN KNAPP
STEPHEN KNAPP

Claro. Y ellos aprendieron, a tal punto que llegaron al gobierno por elecciones. Antes llegaban por fraude, golpes de Estado, proscripciones. Lo lograron muy bien, con las herramientas de los medios de comunicación combinadas con otras, por ejemplo, el poder judicial. Hicieron una construcción simbólica que va más allá del lenguaje. Instalaron verdades reveladas, como ser la corrupción y otras. De todas maneras, desde el lenguaje, aparecen también muchas falencias. Se torna muy frívola la comunicación frente a una realidad que no lo es. Han perdido mucho en términos de pobreza argumental. Por eso el cambio de tono en su discurso: desde la apertura de las sesiones en el Congreso, decidieron una estrategia de confrontación, de la guerra, de la criminalización de la política, de los inmigrantes, de los jóvenes. Eso es muy grave. La criminalización de la política puede tener consecuencias muy graves.

A mí me llama la atención que no debatan entre ustedes el problema del lenguaje. Porque Alfonsín, por ejemplo, le daba mucha importancia. Y, en el caso de los militantes jóvenes, hay una repetición de consignas que sienten de manera auténtica, pero con una ausencia creativa en las formas, en las lecturas, hasta en la gramática te diría…

Eso también responde a realidades generacionales diferentes. Nuestra generación estaba volcada más a la lectura, al debate político. Hubo momentos en que le dábamos más importancia a la política internacional que a la local. El debate en torno a la guerra de Vietnam, el Mayo francés. Es cierto que Alfonsín tenía una particular inclinación a la lectura. Era un tipo al que le gustaba mucho la filosofía política y, además, ponía mucha atención en el tema del lenguaje. Hoy en día, los chicos se sientan con la computadora y están con Internet. Nosotros teníamos que agarrar un libro, rastrear la información a través de la lectura.

JUGUETES PERDIDOS

Porque sabemos que sólo podremos levantarnos de estas ruinas que nos oprimen
mediante el esfuerzo libre y voluntario de todos, mediante el trabajo oscuro
y cotidiano de cada un
o.”

Raúl Alfonsín

¿Cuándo se te hace necesaria la escritura?

Tengo más inclinación por la radio, por conversar. Para mí la escritura fue una imposición laboral, dado que trabajé en el periodismo gráfico. Soy un poco fiaca para escribir. Rompí la inercia con algunos artículos en Facebook.

MOREAU2Sin embargo, encontramos algunas metáforas y recurrencias en tu lenguaje. Por ejemplo, la idea de telón de fondo…En primer lugar, hay que decir que no debemos cometer el mismo error que cometió el peronismo en la primera etapa del gobierno de Alfonsín cuando arremetió contra su gestión sin tomar en cuenta el telón de fondo que precedía a ese gobierno. Durante años estuvieron perdidos en la neblina, sin iniciativa y sin influencia en los sectores juveniles. Sentían que les habíamos robado las banderas. Tuvo que aparecer la renovación peronista para que empezaran a remontar la cuesta. Algo parecido nos pasa hoy a nosotros, precisamente, porque no asumimos que la experiencia que se inició en el 2003 tiene, en este caso, como telón de fondo la década del ´90.”  Hay una emisión del programa de radio donde todo lo vinculabas a juegos: rompecabezas, las escondidas.Cuando empezás a armar un rompecabezas, las primeras piezas resultan difíciles de identificar, después uno va encontrando la forma de la figura. Ya va quedando en claro el armado del rompecabezas de este gobierno de Macri: no tienen ni proyecto de país ni plan de gobierno es un plan de negocios. (…)” “A Macri le pasó lo que nos pasaba a muchos cuando jugábamos a las escondidas. Siempre alguien te canta piedra libre.

La figura del telón de fondo tiene que ver con contextualizar los hechos políticos, sacarlos de su contingencia y comprenderlos en su sentido histórico.

Claro ¿Y los juegos? ¿Y las escondidas? ¿Y las metáforas de los rompecabezas?

Eh… También van más o menos en la misma dirección. Tengo la sensación de que hay muchos hechos que se esconden detrás de circunstancias con un significado superficial, que resultan difíciles de explicar. Sobre todo, cómo se mueven las relaciones de poder, en un marco de oscuridad. Fuerzas que operan e instalan falsas imágenes, campañas de acción psicológica… El caso de la muerte de Nisman es ejemplar: muestra cómo estas fuerzas fabrican determinadas imágenes o construcciones.

Pero no hay en los dirigentes o militantes una preocupación por estos temas del lenguaje…

Depende. Yo, a veces, busco novelar algunas cosas. Por ejemplo, en el caso Nisman. Traté de construir un discurso anclado en la realidad, pero le agregué cosas noveladas: “este tipo creyó que, cuando le fuera a hacer la denuncia a Cristina, la iban a venir a buscar en un porta avión y la iban a llevar presa como a Noriega. Y a él lo iban a pasear por la Quinta Avenida de Nueva York”.

Los recursos de ficción te sirven para pensar. Por eso destacamos que, en la militancia actual, la falta de lectura es una carencia grave.

A mí también me preocupa. Los militantes jóvenes no acuden a la lectura: tienen baches en conocimientos históricos.

Es el debate televisivo, la nada…

Son los militantes más jóvenes los que acuden a esos programas. Por ejemplo, a mí me invitaron como quince veces a “Intratables”. Pero no paso por ahí ni loco. Ese programa tiene un diseño para destruir la política. Pero Leandro Santoro va.

STEPHEN KNAPP
STEPHEN KNAPP

CONTEMPORÁNEOS DE LA INTEMPERIE  

“No vamos a aceptar la auto amnistía, vamos a declarar su nulidad; pero tampoco vamos a ir hacia atrás, mirando con sentido de venganza; no construiremos el futuro del país de esta manera. Pero tampoco sobre la base de una claudicación moral que sin duda existiría si actuáramos como si nada hubiera pasado en la Argentina.

Raúl Alfonsín

¿A qué te resuena “El cuidado del otro”?

En este momento me suena a generar proyectos colectivos, contenedores. A quienes hoy están atravesando la intemperie. La mayoría de los argentinos hoy se sienten así. Y eso se refleja en sensaciones que habían desaparecido. Antes, se sentían contenidos o respetados. Hoy, la gente tiene miedo a perder el trabajo, hay miedo en el comerciante o en el empresario a comprometer su patrimonio personal para sostener la empresa. Eso sucedió en los noventa.

¿Cómo te llevás con los tironeos entre la nostalgia y el deseo?

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Collette Hyvrard – Chat

No tengo nostalgia de lo que pasó. Lo vivo como una etapa superadora. Los 33, 34 años de democracia los tomo como un bloque. Con avances y retrocesos, flujos y reflujos. Lo más rico fue el aprendizaje que hizo la sociedad -más allá de los derechos conquistados y ampliados-, por eso tenemos mayor nivel de conciencia. Y ese aprendizaje consistió, como primera medida, en entender mejor la dinámica de las relaciones de poder. Los que pensamos parecido tenemos que actuar en el mismo espacio para modificar esas relaciones de poder. La sociedad reacciona de esta manera porque el sentido de la solidaridad es más firme. Tenemos que hacer autocrítica de los límites que tuvo el proyecto: hemos podido lograr avances importantes en materia distributiva, pero no se logró cambiar la matriz productiva. No pudimos legitimar en términos institucionales los cambios, por eso viene un tipo y con un DNU te tira todo al diablo. Hay muchas cosas para discutir, siempre mirando hacia adelante.

¿No te parece que hay algo que no funciona bien en la democracia? Si viene alguien y te tira a la basura lo que se logró en 12 años…

El tema es la vía democrática. Creo que la democracia es el mejor sistema, porque es el único que se perfecciona a sí mismo, se modifica a sí mismo…

Este último año no se perfeccionó nada.

Hemos hecho un aprendizaje, sobre un retroceso. Dentro de la democracia, encontrás limitaciones propias de un proceso que se desarrolla en un marco capitalista y que encuentra… limitaciones. El desafío es cómo superarlas sin abandonar las vías democráticas. Pero eso no significa que no tengamos retrocesos, cosa que pasa en América Latina…

¿Y las críticas que, por ejemplo, Zaffaroni plantea sobre el régimen presidencialista?

En términos teóricos siempre fui partidario de un régimen parlamentario. Pero ahí también factores culturales a no desatender: nosotros provenimos de una tradición hispánica. Toda la cuestión del líder, del caudillo… Eso muchas veces se asocia a la estabilidad del Estado. Ahora que se habla de “herencia recibida”, Alfonsín recibió un Estado preparado para matar a sus ciudadanos y tuvo que democratizarlo. Y Néstor recibió una sociedad sin Estado y tuvo que reconstruirlo. Es muy difícil hacer eso sin un fuerte liderazgo.

¿Seguís creyendo en los liderazgos fuertes?

En el contexto cultural en el que estamos, sí.  Por convicción, te digo que la política es esencialmente colectiva, pero muchas veces los colectivos se construyen alrededor de un líder.

 

* Fragmento de la carta del mismo Homero Manzi ante su expulsión del partido radical:

Los mismos órganos de la dirección partidaria, tan celosos de la forma jurídica cuando la revolución del pueblo aventa a una Suprema Corte anacrónica y reaccionaria, tan apegados al respeto de los fueros humanos ante los fallos de algunos tribunales del mundo, en fin, tan ortodoxamente adheridos al derecho cuando entienden que ha sido violado por los demás, son los que, desde hace quince años, vienen consumando todo género de arbitrariedades con sus propios correligionarios, siendo una de sus últimas exteriorizaciones esta que culminó con nuestra expulsión que, por improcedente e injusta, indigna aunque no asombra a quienes conocemos la intimidad del “modus operandi”. No puede asombrar, pues sólo así, a golpes de violencia destinados a castigar el derecho de opinión radical, podrá seguir perpetuándose un comando antirradical y reaccionario. Y causa indignación porque es dable pensar en lo que harían del país esos hombres si un día llegaran al poder, con sólo aplicar los procedimientos que vienen usando con el partido y con sus afiliados”.

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MANUALES PARA CRUZAR UN MAR NEGRO

El cuidado del otro: De bosques suicidas y felices cansados

Por Víctor Dupont

Morir voluntariamente supone que se ha reconocido, aunque sea instintivamente, el carácter ilusorio de esa costumbre, la ausencia de toda razón profunda para vivir, el carácter insensato de esa agitación cotidiana y la inutilidad del sufrimiento”. Albert Camus.

BOSQUE ESCARPADO

  foto 2bEn la provincia de Yamanashi, a 100 kilómetros al oeste de Tokio, hay un bosque repleto de cavernas rocosas y heladas. Llegado ahí, el viento queda contenido por árboles. No hay animales ni vida silvestre. Por entre su camino y sus curvas escarpadas impera, impertérrito, el silencio. Más de 3000 hectáreas, en las piernas del monte Fuji. Al entrar, algunos carteles advierten con señas: “Piensa una vez más en la vida que te fue dada: tus padres, tus hermanos y hermanas, y los niños. No sufras solo. Contacta a alguien“. Seguido, un número de teléfono.

El bosque de Aokigahara. A estas alturas, una leyenda. La literatura y el cine se han inspirado en sus caminos. Los números llaman la atención: allí, se suicidan entre 50 y 100 personas al año. Las cifras no sorprenden en un país como Japón donde, en 2014, por ejemplo, se mataron más de 25.000. Un promedio de 70 personas por día. Desde el año 1971, sin embargo, comenzó una organización rigurosa para buscar los restos mortales de los suicidas. Una vez al año, un equipo de bomberos y policías de más de 300 personas se adentran en Aokigahara. El equipo procede. Retira los cadáveres que no han sido encontrados por los visitantes y guardias forestales. Incuso, una furgoneta de la policía patrulla los alrededores del bosque en busca de potenciales suicidas (difícil imaginar cómo la policía puede persuadir a quien quiera matarse).

MUERTE A LO PONJA

Existe un cuento llamado “El negro mar de árboles” que parece inspirar a los algunos japoneses. En él, una pareja de enamorados se interna en este bosque. No existen traducciones de este relato. Difícil resulta pensar en detalles escabrosos de esta aventura suicida. Pero sí podemos preguntarnos por el destino de las almas de esos suicidas, ya que existe mucho material sobre los ritos funerarios en Japón.

Si situamos el cuento antes del ingreso del budismo en Japón, podemos suponer que los enamorados fueron educados por el Shintoísmo. Cruzados por esta visión, los suicidas piensan en un viaje con tres destinos posibles: el primero, por el mundo subterráneo, contaminado, llamado kegare. El segundo destino posible está situado en los confines del mar, nirai kanai. El último, ir a parar a la cima de una montaña ubicada en la comunidad rural próxima a la tierra donde vivieron. Más allá de las tres opciones, las almas, tarde o temprano, van a parar a un mismo lugar.

Los padres de estos suicidas pueden pensar que sus hijos muertos están presentes. Sus hijos los protegen o quizá les envían maleficios (tatari). Pero estos deudos montan ceremonias y rituales a fin de tenerlos siempre cerca. Son las llamadas matsuri, celebraciones para mantener satisfechos a los muertos. Las mismas pueden incluir exorcismos o purificaciones -jarai-, a cargo de un sacerdote especializado.

En tiempos shinoístas, las casas se preparaban para dar la bienvenida a las almas de sus ancestros en una fiesta llamada obón. Dentro de la vivienda habían instalados pequeños altares y mini templos. Se llamaban butsudan, donde ofrecían flores, comida e incienso para los muertos. Este detalle se repetía en casi todas las casas de las familias campesinas, antes de la Segunda Guerra Mundial.

En la ceremonia de bienvenida a los muertos deberían sortear una dificultad: la comunicación verbal con las almas. Para eso, se contrataba a un chamán, el yuta.

Este médium prestaba su cuerpo y el difunto hablaba a través de él.

El contenido de las conversaciones excede los modestos límites de este artículo.

Ahora bien, si el cuento está en el presente, la muerte ya se ha individualizado. No es asunto comunitario. Si volvemos a los jóvenes enamorados, ellos van a retornar a la naturaleza y serán dispersos y absorbidos por ella. En esta versión imaginada, estos jóvenes, en definitiva ya cruzados por el budismo de la secta dyoodo, piensan que cualquiera puede acceder al paraíso y la muerte no es cosa tan mala.

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ESTOS JAPONESES

Advertimos que el mundo es espeso, entrevemos hasta qué punto una piedra nos es extraña e irreductible, con qué intensidad puede negarnos la naturaleza, un paisaje. En el fondo de toda belleza yace algo inhumano, y esas colinas, la dulzura del cielo, esos dibujos de árboles pierden, al cabo de un minuto, el sentido ilusorio con que los revestíamos y en adelante quedan más lejanos que un paraíso perdido. La hostilidad primitiva del mundo remonta su curso hasta nosotros a través de los milenios”. Albert Camus.

Wataru Tsurumi escribió un “Manual del suicidio” (1993). Redactado con sobriedad, el texto se encarga de no juzgar ni de incitar. Tampoco encara el problema en términos filosóficos. En sus casi 200 páginas hay descripciones detalladas acerca de cómo quitarse la vida de maneras eficaces: sobredosis, ahorcamiento, envenamiento, etc.

Vale destacar el didactismo del libro. Cada escenario suicida contiene ilustraciones y un puntaje de uno a cinco, en valores de dolor causado, esfuerzo, falibilidad del método. Incluso, se encarga de explicar cómo quedan algunos cuerpos y la molestia que pueda causar a los demás contemplar un cadáver mal suicidado.

En ocho provincias de Japón el texto fue prohibido y calificado como peligroso para la salud. Esto provocó un debate particularmente intenso entre el autor y sus detractores. Pero las ventas hicieron lo suyo: un millón de copias fue el veredicto que el mercado expidió. Tsurumi escribió una nueva versión. Allí incorporó las muchas cartas de rechazo y apoyo que recibió en el tiempo de la polémica.

manual_suicidio2ALGUNOS EJEMPLOS

El método de Tsurumi: muy ascéptico. Veamos el caso del ahogo. La tabla indica los siguientes valores (de 1 a 5, recordemos): Grado de dolor, 4; grado de preparación, 2; Grado de fealdad, 4; Grado de incomodidad para otros, 3; Grado de impacto, 1; Grado de letalidad, 4. El autor no ahorra consideraciones: 

Basta tener agua. El método se puede llevar a cualquier lugar. Sin embargo, el sufrimiento es similar a la asfixia y el cadáver queda horrible. Viéndolo desde una perspectiva más amplia, no es el mejor de los métodos de suicidio.

Se le pide al suicida que tenga la claridad de saber cómo quiere realizar su deseo. Si anhela una muerte para generar impacto en otros, sin duda deberá hacerlo a través de la “autocombustión voluntaria”. En este caso el grado de impacto y de letalidad son cinco, lo cual lo hace casi infalible. El problema es el dolor terrible y el sufrimiento. Pero Tsurumi apunta que, resulta tan eficaz en los otros, que el suicida se garantiza el quedar grabado en la memoria de sus deudos..

Otro modo singular (al menos en Occidente): el llamado Sepukku. Esta muerte la provocaban los samuráis con un corte en el estómago. Nada recomendable. El grado de dolor es máximo y la letalidad, mínima (dos puntos). El suicida genera impacto, pero se arriesga a no lograr su fin y el cadáver queda feo (cuatro puntos). Sin embargo, la práctica cultural samurái está arraigada y un “sinnúmero de personas” se matan así, a pesar de las dificultades por el autor expuestas.

Algunos ejemplares de este manual fueron encontrados en los bosques de Aokigahara.

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PARADOJAS AL PASO

La fiebre de un sábado azul /y un domingo sin tristezas. /Esquivas a tu corazón / y destrozas tu cabeza. / Y en tu voz, sólo un pálido adiós / y el reloj en tu puño marcó las tres.” Charly García.

Cuando salimos de Japón, el universo del suicidio encuentra números curiosos. En el año 2011, se realizó un estudio con los aportes de tres universidades: Warick, en Inglaterra; Hamilton College y la universidad de San Francisco, ambas de Estados Unidos. Los científicos analizaron la extraña relación entre felicidad y suicidio.

Digamos que por “felicidad” entendieron cuestiones básicas saciadas: Dinero, casa, comida, ropa. Podemos agregar la base con la cual se miden los valores del IDH (Índice de Desarrollo Humano): Educación, Salud, Protección social. El promedio lanzó diez países “felices”. Dinamarca, Suiza, Estados Unidos, Canadá, Finlandia, Australia, Nueva Zelanda, Suiza, Países Bajos. Los cuatro primeros de la lista muestran las tasas de suicidio más alto del mundo. Con lo cual, los países más felices son los más peligrosos en este punto.

La misma investigación se pregunta por qué. ¿Será cuestión de encargar a las administraciones menos bienestar social para bajar la tasa de suicidios? ¿La nueva oleada de neoliberalismos en América Latina va a ser aplaudida por la OMS? A los expertos les sorprende que no haya tecnologías eficaces para evitar el sencillo asunto de que la gente se mata. No alcanza con avisos, con publicidad ni con estímulos a pensar en los otros. Y menos en los países más “felices”. El estudio citado describe al potencial suicida acechado por el bienestar y el éxito de los demás. El contraste entre su vida y la rumbosa existencia ajena puede resultarle fatal. En los países desarrollados – según indica este trabajo – el nivel de satisfacción propia se mide en términos comparativos y competitivos: mientras mejor le vaya a los otros, más duros se ven mis fracasos. Mientras más duros sean mis fracasos, más riesgos tengo de caer en el suicidio. Cortito y al pie.

Un dato no menor en este asunto es el hastío. El modelo del capitalismo actual ha ofrecido algunas soluciones a las llamadas “enfermedades del alma”. Veamos dos principales. La psiquiatrización de la vida cotidiana (así como cada vez hay más delitos, las patologías crecen a raudales en el jardín contemporáneo). Y el fomento al consumo desbocado.

Del hormiguero del DSM4 -Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales- brotan, implacables, las taxonomías más variadas: trastornos de sueño, enfermedades médicas, esquizofrenias y otras psicosis, trastornos de la infancia, impulsos no calificados, personalidad, trastornos sexuales. Y un largo etcétera. Así como todos somos potenciales delincuentes, todos albergamos y padecemos trastornos mentales. El Manual aconseja, para cada problema, píldoras y tratamiento puntilloso. La ilustración hiperrealista la conocemos todos: pastilla para dormir, pastilla para comer, para dejar de comer, pastilla para coger, para sonreír, para llorar. Salvo la píldora para morir – cuestión contraindicada – hay para todo.

La segunda estrategia es el consumo. Un lugar común, pero inevitable. El hastío, en estos desiertos, crece peor. Esa no muerte apenas soportable, al son del sofoco y la tranquilidad (http://www.elanartista.com.ar/2016/08/29/editorial/). El hastío se instaló y su soberanía no puede cuestionarse. Pero sobre todo en Europa. Por eso, apenas ya el siglo XIX se hundía y nacía el XX, el arte y la filosofía se poblaban de locos: de Nietzsche a Van Gogh, de Hölderlin a Artaud. En esos crepúsculos desgarradores, el grito contra el hastío tuvo muchos nombres: “El último hombre”, en Nietzsche, que “preguntaba por su felicidad… y parpadeaba”. En Hölderlin, el hombre que vegetaba mientras “los dioses huían” de casa. El desierto occidental fue avistado un buen rato antes de que cayera el siglo XX y detonara en mil partes cualquier idilio, lazo o puente entre el hombre europeo y el mundo. Sutilezas de una planicie a pura desidia indolora.

PARE DE SUFRIR

No quedará en la noche una estrella. / No quedará la noche. / Moriré y conmigo la suma / del intolerable universo. / Borraré las pirámides, las medallas, / los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado. / Haré polvo la historia, polvo el polvo. / Estoy mirando el último poniente. / Oigo el último pájaro. / Lego la nada a nadie.” Borges.

Nietzsche escribió que la mayoría de las reflexiones de los hombres fueron inspiradas por el dolor, la enfermedad y el sufrimiento. El círculo se potencia en las religiones. ¿Cuántas “iluminaciones” fueron sugeridas -y provocadas- por la desesperación de la pobreza, la miseria, el padecimiento? La conversión y el llamado de Jesús en San Pablo estuvieron impulsados por días de hambruna y una enfermedad – “un aguijón en la carne”- a cuestas. Otro ejemplo es el de Buda. Su comienzo por el ascetismo y sus jornadas interminables de ayuno, de tormentos físicos. Casi muerto, desahuciado, salió de un río antes de su primer “iluminación”. En sus primeros discursos -así consigna la leyenda-, Buda explicó que había resuelto el problema del dolor y del sufrimiento, con sus causas y sus remedios espirituales.

Las técnicas filosóficas ocultan la física de cuerpos dolidos detrás de tanta metafísica sofisticada: Nirvanía, Apatía estoica, Preceptos talmúdicos, Salvación Cristiana, etc.

Pestes. Hostilidades. Intemperie. Así, entre cuerpos heridos y amenazados, luminarias de Oriente y Occidente dieron sus remedios contra el dolor. Pero quizá hubieron otros menos “geniales” y, en vez de estudiar las sutilezas metafísicas del dolor, se aplicaron al estudio de sus condiciones físicas. Las enfermedades podrían tener causas naturales; el dolor, una naturaleza material y no tanto “espiritual”. Así arrancó la cosa. Pasaron los siglos. Así, algunos demonios malignos empezaron a disiparse, junto con dolores de cabeza, de estómago, de articulaciones y huesos. Asimismo, de a poquito mermaron los virus, las muertes inexplicables. Los encumbrados dioses malvados hicieron mutis por el foro. Las enfermedades cambiaron sus causalidades, 

Sin embargo, los sabios siguieron y siguen con sus recetas metafísicas.

El hábito de consumir pensamientos débiles nos debilita. Del cristianismo hasta la desbocada empresa moderna -con todos sus hitos-, los textos y normas que abrigan nuestras instituciones y saberes se cubren de metafísicas del padecimiento, reglamentos para narcotizar y rituales para paliar un supuesto dolor del alma con técnicas obsoletas. Somos formados en ese caldo de cultivo. Por eso se siente fácil matarse entre los muros de este laberinto, y a veces esconde un dejo de salud. Pero más difícil y necesario resulta la tarea de crear nuevos pensamientos con nuevos modos de existencia. Pensamientos despojados de tanta herencia martirizadora, de tanto cuerpo sacerdotal, de tanta resignación sabia y soledad inevitable. Pensamientos plegados a vidas en potencia, organizadas contra los focos de la disciplina y de la cínica resignación, en la alegría de los colectivos que surgen (más allá de las masificaciones), los cuerpos atravesados por el goce (más allá del dispositivo del sexo), la creación poética (más allá de la mordaza de la comunicación) y el amor (más allá de la “sabiduría” matrimonial).

El laberinto del suicidio puede poco contra estas apuestas.

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LA FÁBULA DEL MONJE PONJA Y EL SUICIDA DESORIENTADO

(ESCENA NADA JAPONESA)

Personajes: Monje Ponja. Suicida desorientado.

(Bosque probablemente del Japón o cualquier otro lado del mundo. Se saludan un monje japonés -MONJE PONJA- y un señor adusto y suicida.)

SEÑOR DESORIENTADO: No doy más. No sé qué hacer. Me siento para el culo. Voy al psicólogo. Hago yoga y nada. Estoy deprimido. Creo que voy a internarme en este bosque. Tiene buena prensa. Usted (Se dirige al Monje) que, por lo visto, es un sabio, ¿podría decirme qué hacer? ¿Qué recomienda a quien no sabe si entrar a estos parajes?

(El monje se concentra antes de hablar. Respira, mira al cielo y se dispone a dar su respuesta.)

MONJE PONJA: Es fácil. A quien quiera entrar acá le recomiendo que deje todo. Que cruce sus límites y duerma a la intemperie. Recomiendo, antes, romper algunos vidrios por la calle; ser perseguido por la ley al menos una vez… Un poco de pugilato no viene mal, los tugurios están para eso. Sugiero emborracharse por ahí… (Se detiene.) Probar con los sonetos, con la guitarra aunque no se sepa una nota; aconsejo deambular, meterse en los cementerios por la noche o nadar en el río en plena lluvia. Besar a las estrellas, vestirse de mujer si se es hombre; tener mínimo un millón de orgasmos… Y, siempre, todo a las carcajadas, pateando tachos de basura con elegancia. ¡Ah, no olvidar llenarse la cabeza de algoritmos! ¡De sinfonías de colegiala y primavera, de rosas oníricas, pájaros negros, calaveras, catálogos de bibliotecas futuras, letras de tango al revés, mariposas con máscaras! ¡Paraguas sobre tumbas, imperios imaginarios, ganchitos y claves de fa!…

(Silencio pálido.)

MONJE PONJA: Bueno… Si no se puede eso, este bosque ya mismo abrirá sus puertas y regalará un hermosa vida familiar, vacaciones, aguinaldo, cómodas cuotas y seguridad las veinticuatro horas.

 

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Fuentes

Bosque suicida: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-02-28/mitos-verdades-aokigahara-terrorifico-bosque-suicidios-mar-arboles_1158848/

La muerte en la cultura japonesa. file:///C:/Users/Usuario-pc/Desktop/2017/la%20muerte%20en%20la%20cultura%20japonesa.pdf

Paradojas de la felicidad social. http://es.aleteia.org/2016/03/04/la-gran-paradoja-la-tasa-de-suicidios-es-mayor-en-los-paises-mas-felices/

Sobre el DSM4. http://www.fundacionforo.com/pdfs/archivo15.pdf




PRETEXTOS AL INFINTO

El cuidado del otro: Entrevista con el plástico Eduardo Stupía.

Entrevista: Viviana García Arribas, Carolina Diéguez, Isabel D´Amico, Julieta Strasberg, Gabriela Stoppelman

Edición: Carolina Diéguez, Gabriela Stoppelman.

“La lengua es la primera hoja del espinazo / los bosques del lenguaje la circundan / como un topo / la lengua escarba / la tierra del discurso / como un pájaro la lengua vuela en los arcos de la palabra escrita / la lengua está emplumada y sola en su boca”
“Las palabras II”, John Berger                                                      

Una vez sucedió. El tiempo hizo un corte. Su mujer, la trama, estuvo de acuerdo. Fue ella quien le alcanzó el cuchillo. Juntos limpiaron el filo, lo quisieron y vieron que la cosa estaba bien. De esa unión nacieron un fósil, un sedimento y una huella. El fósil fue, desde pequeño, una criatura de mucha tinta sobre papel. Así llenó su infancia con pregnancias fuertes. Y, después, se dejó atravesar y se volvió superficie legible, ritmo compacto, prólogo a un texto apenas insinuado entre pliegues. Sedimento, en cambio, prefirió las filigranas y los blancos desde muy tempranos trazos. Donde encontraba huecos, ponía el cuerpo en sonoridades, los llenaba de lo intangible, como quien rellena un cubanito con dulce de leche y lo deja a la intemperie, a mano para incomodarlo en cuanto el hueco pretendiese acoplarse al paisaje. Así, sedimento resultó una criatura escarpada, un umbral donde lo legible se mostraba en grietas, fisuras e hilachas. Con huella la cosa resultó más compleja. Inquieta, ubicua, siempre cambiante, del dibujo a lo pictórico, de formatos pequeños a otros más grandes, siempre con la paleta incompleta y en busca de técnicas mixtas, alquimias entre carbonilla, lápiz, grafito, papel y óleo. Incansable. Así y todo, tiempo y trama no se quejaban: los críos los tenían tan al trote, que del tedio estaban eximidos. A decir verdad, como “la línea constituye su estatuto a partir del momento en que aparece en el plano y el plano cambia, de un modo u otro, en la medida que vos ponés la primera línea”, tiempo y trama se veían obligados a refundar su territorio una y otra vez. De esa manera su vida transcurrió entre mudanzas, agitaciones y, a veces, algunas incertidumbres liberadoras “porque ni la organicidad ni la coherencia tienen por qué ser la puerta de entrada al cuadro”. Por eso, en vez de disciplinar a los niños, se aliaban a sus demandas con enciclopedias, propuestas de arte japonés y chino, organizaban partidas en familia entre la línea y la mancha, metían a las criaturas a chapotear dentro del blanco y del negro y, cuando todo parecía resolverse en esos modos, les proponían grises, azulados, sepias, rojos y naranjas. Y, como “el color no es pictórico sino gráfico”, cada episodio concluía en un comienzo, en un pretexto donde trama, tiempo, fósil, sedimento y huella recomenzaban. La escena era siempre previa y sin programa. Lo que sí se repetía en cada amanecer era que trama planeaba un corte, tiempo le acercaba el filo. Y así la familia volvía, una y otra vez, con la ilusión multiplicada en muchas fisonomías. Pretextos sonoros. Simulacros de cuentos. Apuestas al infinito.

Stupía. Taller

¡AGUANTEN LAS LETRAS!

“Siempre habrá un vuelo, / un asombro de luces, / un instante sin muerte, / un acto vivo.”  Susana Thenon

Leímos en alguna entrevista que tu primera opción de estudios era Letras. También, que fuiste a un taller literario.

Sí, sí. Yo iba a un taller literario y a lecturas de textos y de poesía. Estamos hablando del año 69, 70, y también era –y sigo siendo- amigo del poeta Daniel Samoilovich. Él venía al bar de la Escuela de Bellas Artes, enfrente de la Belgrano, en Juncal y Cerrito. Entonces, me invitó a unas lecturas en la casa de Tamara Kamenszain. Yo escribía y llevaba lo mío. En esa época todo el mundo o tenía un conjunto de música o escribía algo. Yo escribía y también hice algo de música. No producía un mango, por supuesto, pero hacía ambas cosas.

Stupía. Escritos y Poema collage.

¿Y qué te quedó de lo literario? 

Muchísimo. Estoy dictando un seminario en el postgrado de Escritura Creativa de María Negroni, en la UNTREF. Evidentemente, más que yo, otros leen en lo que yo hago ahora rasgos como para emparentarme con cuestiones vinculadas a los signos. Esto es muy general, después habrá que pensar cuánto tiene eso de signo gráfico, de lenguaje propio o escritural, de escritura simulada y qué relación hay con la cuestión del texto. Estas lecturas surgen más allá de que yo las proponga. En términos de la cuestión gráfica, siempre estuve emparentado con las expresiones del lenguaje gráfico, aun cuando paulatinamente todo se hizo más pictórico. Entonces hay una supervivencia de lo literario en lo conceptual, y no tanto en lo formal. Si uno se mete un poquito en el ADN de la cosa, puede también encontrar relaciones formales, formativas, formatorias entre ciertas cuestiones textuales de lo manual. Eso que para mí es tan importante: lo manual. Así como, todavía, para mí es muy importante el manuscrito. Acepté dictar este curso en la UNTREF porque me parecía que, en el universo del texto tecnológico, yo podía aportar otros modos de producir y de acercarse a la materialidad del texto en muchos aspectos. Fijate, ahí está el libro de Kenneth Goldsmith, que se llama “Escritura no creativa”. Este hombre tiene un sitio muy famoso, Ubu Web, pero además él propugna operaciones de intertextualidad y de multiplicidad de corte y pegue a través de Internet. Entonces, además de hablar de la apropiación y de las diversas operaciones de colateralidad del fenómeno, habla de la cuestión del texto no físico, lo cual es interesantísimo como fenómeno. Ahora, al mismo tiempo, me parece que hay que alimentar la cuestión física, ¿no? Porque hay una individuación en riesgo hoy, porque si bien todas las operaciones de red construyen una individuación, al mismo tiempo la diluyen. Me parece que tenemos demasiada autoestima al analizar el fenómeno. Hay que ser un poco más, no digo crítico, hay que ser un poco más pesimista.

Stupía. Estudios para la mano derecha.

CUERPOS BORRASCOSOS 

“Por qué no caminar con la cabeza, cantar con los senos nasales, ver con la piel, respirar con el vientre”
Deleuze, Guattari, “Mil mesetas”

Como una vuelta de la metafísica en su peor sentido.

Claro. No justamente en el sentido trascendente, sino más bien en el sentido de la disolución de la individuación.

Casi como el cuerpo pecaminoso. Una cosa medieval.

Sí. Como si efectivamente lo que tuviera cuerpo o materia fuera como sospechoso de algún tipo de subjetividad excesiva, no sé bien. Por ejemplo, en la UNTREF, mi problema es que no tengo un lugar para hacer ejercicios de escritura manual. Son pupitres. Pero a mí me gustaría hacer ejercicios de caligrafía, proponer la escritura de manuscritos, escribir con instrumentos físicos. De hecho, muchas cosas que muestro se vinculan con operaciones de artistas que no son escritores, son artistas visuales con un tipo de preocupación en el asunto. Por ejemplo, Cornelia Parker visitó la casa-museo de las hermanas Brönte y examinó con un microscopio electrónico el manuscrito de “Cumbres borrascosas”. Se ocupó de las tachaduras, sacó fotos y expuso una suerte de microfísica del manuscrito. Claro, hay algo en esa cocina de la pluma que no está solamente en el relato que se construyó con estas operaciones. Estas operaciones están en el asunto. Tachar una palabra es central…

CON ESPECTADOR ADENTRO

“Es alguien que está en posesión de mis ojos. / Los tiene desde que se cierran los portones. / Los lleva en los dedos, como anillos. / Los lleva como añicos de fruición y zafiro: / era ya mi hermano en otoño; / y ya cuenta los días y las noches”, Paul Celan

Por lo que se ve en tu obra, te interesa una poética de los restos ¿hay algo de cartonero?

Stupía. Taller.

Sí, no hay más remedio que leerlo así. Y es interesante eso porque cuando uno empieza a estudiar no tiene esa noción. Uno entra a estudiar con una especie de no saber generalizado y empieza a llenarlo con un saber muy general. Empezás a pensar totalidades, nunca fragmentos. El fragmento es fenoménico, sucede. De repente, te das cuenta de que, a medida que aprendés, menos sabés. En esa paradoja, ves los fragmentos. Y me parece que el fragmento está en la constitución de nuestro imaginario. Que es cada vez más residual, porque justamente la circulación de la cosas hoy es molecular, es mucho menos universal. La universalidad peligrosa que hay, es esa de la que hablábamos antes, construida, no obstante, a partir de una enorme e infinita circulación de fragmentos. Entonces es rara esta problemática. ¿Por qué nosotros estamos tan uniformados en el medio de un sistema que más bien es fragmentario? Ahora bien: uno empieza a dibujar lo que le gusta, lo que quiere ver. Te gusta un artista y empezás a copiarlo o a acercarte a él. A mí me gustaban los dibujos de “Submarino amarillo”, y en los ’70 había un movimiento, el llamado “Comic underground americano”, un cómic muy ácido y con muy buenos dibujantes. Robert Crumb hoy es un poco el sobreviviente de todo eso. También me gustaba el surrealismo, la representación fantástica, las enciclopedias. Entonces empecé a dibujar con esa idea mimética de imitar lo que me gustaba a mi manera. Hacía dibujos con formas muy reducidas, hiperminuciosos y muy detallados. Era un sistema bastante completo, en cierto sentido un sistema cerrado. Y además yo era muy fanático, no quería que quedaran blancos. Mi primera hipótesis, muy básica, era que la gente se tuviera que acercar mucho al dibujo para descubrir qué había adentro. Para mí había como una necesidad de detención. Y sigo pensando que lo que me pasa a mí le tiene que pasar al espectador. No en el sentido de la relación de interpretación de los cuadros, sino en el sentido de la relación óptica y física. Quiere decir que si yo me tengo que acercar al cuadro para pintarlo, el espectador se tiene que acercar para mirarlo. Y viceversa. El cuadro, de algún modo, propone el mismo movimiento que hizo el artista al hacerlo, sólo que de una manera análoga, eso es parte de la dinámica física del cuadro, no sólo intelectual. El modo físico de mirar es un modo de interpretación también.

Stupía. “La fuente de los no deseos.” Tinta sobre papel, 50x70cm, 1995.

Como una continuación del cuadro por otros medios, desde el lado del espectador.

Yo creo que sí.

DE COTÉ Y EN EL LABORATORIO

“¿Cómo no me extraigo las venas y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?”
Alejandra Pizarnik

Sutpía. Mesa de trabajo.

Estás muy surrealista todavía.

Sí. Pero a mí me importa más el estado físico de todo el asunto. Y eso, tan concreto, parece muy comprometido ahora porque mucha gente tiende a aceptar, por razones multiculturales, un arte que no entiende. Cuando digo que no entiende, lo digo en el sentido de la convivencia, no tanto de la interpretación. Al mismo tiempo, el arte hoy tiene una presencia casi inédita en la sociología del mundo. Como fenómeno, se ha expandido de una manera inédita, extraordinaria, y hay cada vez más artistas. Cada vez va más gente a los museos. Simultáneamente, ese fenómeno sociológico no ha generado un espectador imbricado en el lenguaje, sino un espectador dividido, quebrado que, de vez en cuando, se engancha y la mayoría de las veces no. No sabe qué vio y mucho no le importa,  sí le importa ir a ver.

No se afecta.

Le importa ir al museo. Después, lo que pase en el museo, bueno… Nos vamos y vamos a tomar algo. Alguien decía irónicamente, refiriéndose a ArteBa, que de los cien mil espectadores que van, cincuenta mil salen diciendo “esto es una porquería”. De los otros cincuenta mil, veinticinco mil no dicen nada. Y el resto dice que está todo muy bien, que les gustó mucho. A la vez, hay muchísima construcción ficticia, artificial. Y, en algunos artistas más auténticos, hay una especie de cientificismo, de hermetismo. El arte se puso raro, pero también es una rareza  circunscripta al lugar donde se manifiesta.

¿Será el arte plástico o será que nos transformamos en lectores más berretas en general? En algún momento decís que a una obra no hay que entrarle solamente por la organicidad y la coherencia. A nosotros nos pasa a veces en relación a la prosa: si no tiene argumento, muchos niegan la posibilidad de producir sentido”. ¿Cómo se educa a un lector para mirar un cuadro así?

Creo que la educación siempre es lateral. Creo que educás generando territorios fértiles y después, con el objeto, que pase lo que pase. No puedo tener la pretensión de generar un sistema para que se lea mi cuadro. Hay artistas que construyen también el aparato de interpretación. Por eso hay mucho texto colateral, el arte también los necesita. En mis clases, yo presento a un artista porque me importa la operación que hace lingüísticamente. Entonces, a veces los mismos alumnos me dicen: “¿Y esto es arte? Porque si vos no me agregaras la información que ahora me das, no me importaría esta obra”. Y yo les aporto esos datos no para que valoricen la obra, no para jerarquizarla, sino más bien para darles recursos. Se los doy porque una clase es un laboratorio, entonces usamos todo. Recursos, no juicios de valor.

PREGUNTAS AL CORTE 

“al servicio de la presencia / algunos jirones de azul en la cabeza”
 Samuel Beckett

A eso me refería, no leer desde el juicio de valor sino desde la producción de sentido. Igual, ahí también hay un problema.

Por supuesto. Somos muy narrativos. En lo visual, hoy en día, predomina lo mimético, lo lógico y muy narrativo. Es muy difícil encontrar algo que no pueda ser catalogado rápidamente en el universo visual más generalizador. Fijate Faceboook o Instagram y todas las operaciones visuales que usa la gente allí. Bueno, ese público está tan relacionado con la mímesis, con la representación y con la narración como si fuera del siglo XIX. A mí todavía me pregunta la gente “¿Me podés explicar el cuadro?” Yo entiendo, pero el lenguaje es muy tramposo también. La gente quiere decir “Decime algo” y yo no puedo no decir nada porque el decir es muy importante y a la vez puede no tener ninguna importancia.  

¿No será que hacemos preguntas incorrectas? Yo a veces les digo “Si ustedes leen un poema y le preguntan de qué se trata no les va a contestar. No será la cuestión qué pregunta formulár para que el cuadro conteste, tenga alguna posibilidad…

El problema es quién formula la pregunta y dónde se formula la pregunta.

Y qué herramientas tiene para hacer preguntas no tradicionales.

Claro. También, el problema sería a dónde conduce la pregunta y cuál es el campo de quien la formula y el de quien la responde. Si a mí me preguntan qué quiere decir este cuadro, la respuesta está implícita en la pregunta. Por más que yo se lo pueda explicar, hay un divorcio entre la explicación y el cuadro. Es imposible explicar nada, mucho menos un cuadro. La explicación siempre es la distorsión de un fenómeno que en realidad no se puede verbalizar. Aun en una pintura representativa, la explicación sería una traición. Los pintores representativos que a mí me gustan son pintores cuyos cuadros uno puede describir -y a veces ni siquiera-  pero eso no tiene ninguna importancia. Y, también, ¿cómo describís un cuadro? ¿Qué elegís para describir? Por ejemplo, pensemos en esa operación que hace la artista francesa Sophie Calle. En un par de museos importantes, donde algunas piezas se prestan o han sido robadas,  ella acude a la sala donde falta la pieza  y le pide al cuidador que le describa e incluso que dibuje básicamente el cuadro que no está. Claro, ese cuidador lo vio trescientas veces por año y se supone que lo recuerda. Y, efectivamente, la gente recuerda bastante. Entonces, las descripciones que ella obtiene son lo que esa persona recuerda iconográficamente. Son impresiones. La gente cree que la impresión es una descripción. Es una idea posible. Pero, en este caso se trataría de: “te pido que describas un cuadro sin impresiones”. ¿Es posible describir sin impresiones? Hay que tener un cuidado quirúrgico porque enseguida se filtra la impresión. Otra sería: “Describilo sólo con impresiones” ¿Se puede describir sólo con impresiones?

Sophie Calle. “What do you see ” Derobes. Galerie                               Perrotin de Turenne. París.

No es el cuadro.

¡Claro! Nunca es el cuadro por más que yo crea que le soy fiel. Entonces, la operación de Sophie Calle es de divorcio, no de conciliación. Y no porque a ella le guste la ruptura, sino porque describe un fenómeno que es más bien de corte y no de ligazón. También hay una idea equivocada, la ilusión de que todo es factible de ser unido. Y no. Tenemos que examinar el corte, no las uniones ideales, las interpretaciones posibles.

LA MIRADA ORIGINARIA 

“Donde una vez tus verdes nudos hundieron su atadura en el cordón de la marea, allí camina ahora el vegetal destejedor, con tijeras filosas, empuñando el cuchillo para cortar los canales en su origen y derribar los frutos empapados.”, Dylan Thomas                                       

Hay cosas que sí se pueden mostrar en una lectura. En todos tus cuadros hay grietas, huecos o fisuras. Esto no es una impresión. Yo me puedo parar ahí y decirte: “Acá, acá y acá está esto”. Y esas continuidades, esas recurrencias sí son un modo de lectura.

Stupía – Sedimentos y Fósil VII. Tinta sobre papel, 2006

Sí, efectivamente se ve, pero la nuestra es una mirada bastante entrenada para hablar de la cosa. De algún modo, estamos haciendo una lectura especializada ¿no?

Los niños, por ejemplo, hacen esa lecturas: “Acá hay lo mismo que acá”. No sé si es una lectura especializada o una que hemos perdido a causa de todos los servicios militares que nos empezaron a contar argumentos.

Tenés razón. Hay una nitidez en esa mirada de los niños. A lo mejor no tienen el lenguaje verbal para articularlo, pero lo ven bien. Es posible. Lo que llamo especialización sería recuperar una especie de mirada nítida inicial, pre-educacional que, después, la parcialización de las nomenclaturas divide tanto, que empezás a perderla. Esa mirada orgánica que ve las partes y los síntomas.

Usás mucho el prefijo “pre”. Sobre todo con la palabra pretexto. Recién pensaba si esa mirada de la infancia no será el pretexto.

Puede ser, sí. Esa fragmentación de la que vos hablás, estos residuos, para mí generan esta sensación de inconclusión física de la obra, de inconclusión de la lectura y de inconclusión de la articulación de la mirada. Es decir, nada se concluye, la obra no está concluida en el sentido de haber cerrado el circuito de producción, de enunciación y de movimiento. Creo que el tema de los fragmentos tiene que ver con la idea de que hay una falta definitiva y estructural, de una condición residual o fragmentaria que depende más bien de los huecos, de las partes faltantes. Y, aun cuando los cuadros puedan ser más orgánicos, más orquestales, digamos, adentro de eso hay mucha desestructuración.

Stupía – Detalle de obra

OJITO, CON LA HÍPER

Y corríamos por la rambla vacía con el frío tan azul que nos salaba los labios y nos cortaba las mejillas” Cochecito, Germán Rozenmacher

¿Cómo se vincula eso que falta con lo innombrable o con lo poético?

Si yo me propusiera que eso que falta apuntara a construir una presencia en ese sentido, quizás fracasaría. Creo que hay que dejar que la física del cuadro genere los fenómenos no físicos. Creo que hay que confiar. Me parece que hay una idea demasiado voluntarista si uno piensa que puede realmente lograr que se vea lo que no está ¿no?

Lo que se sustrae al lenguaje.

Exactamente, lo que siempre se escapa, lo que se resiste. Además yo creo que hay una cosa importantísima: ustedes, que están emparentados con la literatura y la escritura, tienen la grandísima ventaja de la resistencia de la lengua. La resistencia de la lengua es para mí un fenómeno que no tiene progreso, es así por definición. En cambio lo visual es muy pregnante, estamos muy atrapados en lo visual, es muy obsceno lo visual hoy. Todo es demasiado proteico, muy productivo, hiperproductivo. Y la hiperproductividad también es sospechosa, porque es como si no hubiera resistencia. Mucho más cuando hoy el arte es, en términos de valoración, un campo completamente inclusivo, un gran territorio donde está todo adentro y todo tiene una valoración, digamos, artística. Hace diez, veinte años, ciertas cosas que hoy están dentro del campo hubiesen quedado afuera por malas. Hoy tenemos que convivir con una valoración horizontal. Entonces, es necesaria una conciencia crítica del lenguaje, no sólo una conciencia productiva. Si no, es como tener un solo ojo o miopía y estrabismo a la vez, lo ojos que miran demasiado y los ojos que no ven.  Hoy en día, ver mal o creer que viste todo es lo mismo.

Stupía. Obras en taller

OBSCENOS Y CLANDESTINOS

Allí donde otros exponen su obra yo solo pretendo demostrar mi espíritu / Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra fuera del Espíritu
“El ombligo de los limbos”, Artaud

¿No hay una experiencia física de esa conciencia crítica cuando vos, por ejemplo, hablás de los merodeos antes de ponerse a pintar? Desde el mundo productivo, se pensaría “Este tipo está perdiendo el tiempo”. Cuando mencionás el paisaje como un pretexto, cuando hablás de que te contás historias antes de empezar, ¿no hay, en esa previa, una especie de conectarse físicamente con eso que yo llamo lo innombrable?

Sí. En el taller tenés que desarrollar esa conciencia crítica y también una conciencia sensorial y además un trabajo intelectual… Yo no sólo pienso, por ejemplo, en los géneros del paisaje, sino en qué generaría transformando ese paisaje en otra cosa. Y a dónde va esa otra cosa. El taller es el taller y después está la política del arte, aunque es muy fuerte la influencia en el taller de la política del arte y del factor público en el arte.

Claro, recién Caro decía algo muy interesante. Que si uno no vende nunca, no tiene  grandes conflictos con esto.

Eso es algo absolutamente capital hoy, porque te cambia completamente tu hipótesis de cómo es ese mundo exterior,  y de cómo es tu autonomía en todo sentido. Durante cuarenta años yo trabajé de cualquier otra cosa, me independicé, o empecé a vivir del arte recién en 2009. Y expongo desde el ’72.

¿Eso es mejor o peor?

Para mí, fue infinitamente mejor. Yo lo recomendaría como receta. Tuve una vida muy afortunada, siempre con trabajos que no me significaron ninguna tortura: trabajé como jefe de prensa de cine durante veinticinco años. Y hay muchos ejemplos de escritores que eran escribientes o empleados de juzgados u oficinas. Y escribían, ¿viste? La escritura, por su parte, tiene una relación íntima con un espacio privadísimo y esa cosa como de clandestinidad. El taller es producir e integrar al mismo tiempo la obra y el lugar de la obra. Hay una relación muy fuerte entre tipo de obra, formato y lugar de producción. Por otra parte, está la cuestión de la venta de la obra. Vender o no vender o ser un personaje público se ha vuelto una urgencia inédita en el escenario de  muchos artistas jóvenes. Porque el arte promete mucho,  tiene un valor simbólico muy fuerte y una plusvalía muy grande. ¿En qué otro lugar un artista de 20 años va a ArteBA, vende un dibujo por 1000 USD y gana 15.000 pesos de un saque? Es cierto que el galerista se lleva el 40% o el 50%, pero igual ese artista ganó 15.000 pesos. El tema del dinero es complicado. Por ejemplo, yo me gasto 5000 dólares en unos marcos, hago una gran inversión. Ahora, si no vendo, es una catástrofe, pero si vendo medio cuadro ya lo recobro. ¿Qué otra actividad te permite ese recupero? Y, además, sin ningún saber desarrollado. También hay otra cuestión: la sangre argentina tiene muy buena mezcla, tiene y sigue produciendo mucho talento. Pero el talento no es la única explicación para colocar un cuadro en el mercado, ni es lo que justifica todo. Entonces…

¡AY,  WEIWEI!                                              

Hemos cambiado nuestro destino de dioses por un destino de mercaderes.”
“Fragmentos fantásticos”, Miguel Ángel Bustos

Pensaba: si, a los 20 años, un pibe empieza seducido por el mercado, es como si  viviera todo al revés. Digo, ¿dónde queda la búsqueda de lo innombrable y el pre-texto?

Es el punto por el cual algunos creen que se hace arte, pero no es una pauta. En muchos artistas hay preocupación por eso y en otros no. El arte se ha convertido en un aparato de especulación, en el sentido moral y técnico de la palabra; de especulación sociológica. Entonces, los fenómenos del mundo se incorporan a la preocupación artística y se establece una especie de diálogo simpatético en algunos artistas. Por ejemplo,  Ai Weiwei, el artista chino –para mi gusto, mediocre– incluye en su obra un gran aparato moral de preocupación por el mundo. Eso lo ha jerarquizado muchísimo por una cuestión de presunta honorabilidad de su contenido, digamos. No sé si hay metafísica en Ai Weiwei. Si la hay, la metafísica no está ni en la voluntad del artista ni en la interpretación. Del otro lado, están los artistas alemanes, que a mí me parecen los más grandes artistas del mundo, como Richter, Kieffer, Polke. Los tipos hacen ahora una pintura completamente temperamental, extraordinaria en términos técnicos y, al mismo tiempo, atravesada por una historia no literal. Pero ni siquiera en el caso de ellos podría decir si hay o no metafísica.

Richter – Kiefer – Polke

Yo no me refiero a la metafísica, sino a la poética, a la relación con lo innombrable. Por ejemplo, Ai Weiwei parece buscar puro efecto desde el relato, desde la narrativa de su obra.

Claro. En cierta alegoría objetual eso funciona. Pero también, él trabaja con una lógica pregnante, sin misterio. Desde otro lugar, fijate qué pasa con Beuys. Beuys es misterioso porque, para él,  el misterio es revelador, no hermético. A la vez, lo revelador es justamente aquello que oscurece un poco a lo obvio. Cuenta la leyenda (y no importa si es verdad) que se estrelló con su avión. Lo recogieron unos pastores, estaba medio muerto. Entonces lo cubrieron con brea, con fieltro, con pieles, le dieron leche. Y Beuys se impregnó de tal manera con todo eso que después hizo su obra con esos materiales. A mí esa leyenda me parece perfecta. Ahora bien, el punto es que Beuys, a través de esa leyenda,  construyó una obra misteriosa y completamente histórica. No es solamente la materia revelada. Hay una creencia en que las cosas se revelan a sí mismas. Yo creo que Beuys es un artista de lo revelado.

¿Hay entonces una prosa y una poesía de la plástica?

Segurísimo. Sin ninguna duda. No sé si van juntas. No sé si son antagónicas, pero que las hay, las hay. Había un libro sobre un diálogo famoso entre Rohmer y no me acuerdo si era Pasolini. Un librito que en los setenta se leía mucho, “Cine de prosa versus cine de poesía”. Se trataba de una época muy politizada y también de vanguardias artísticas. En ese texto, colisionaban las preocupaciones sociológicas con las artísticas. Hoy en día no sé si lecturas como esa le importan a mucha gente.

Pero para que algo importe tiene que existir. Mucha gente tal vez no tenga los recursos para saber que otros también se interesan por un tipo particular de lectura.

Hay mucha gente que escribe sobre pintores, y no solamente sobre los grandes popes que definen el campo. Y en esa escritura – no tanto vinculada a polemizar sobre el estado de las cosas sino más bien a analizar lenguajes- encontrás  justamente mejores herramientas para leer. Acabo de ver una muy buena muestra histórica de Cy Twombly y corroboré que en buena parte de su obra puede verse una escritura pictórica que también es legible. Hay fragmentos de poemas de Seferis y Safo, por citar sólo dos ejemplos. Y en un libro muy reciente, se analizan los poemas, las palabras mas o menos legibles y las tachaduras en los cuadros de Trombly. Se analiza cómo corta o tacha partes del poema y cómo los signos pictóricos, de algún modo, acompañan una especie de escenificación de signos de órdenes diversos. Eso implica que, además de la pictoricidad misma de la obra de Trombly, te das cuenta que ahí surge una operación lingüística y filosófica todavía más universal y a la vez más específica. Eso es un modo claro de cómo se lee una pintura. Hasta que no leí eso  sobre Twombly,  no había visto en el cuadro la cita de Safo. Yo tenía mi propia lectura y, de repente, vi cómo Twombly toma el poema de Seferis, ¿por qué tachó esta línea?, ¿por qué dejo esas otras? ¡Es impresionante!

Cy Twombly

EL CANTAR DE UN DIBUJO

La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos.”
Rayuela”, Julio Cortázar

¿Vos escribís poesía?

No. Hice algunos experimentos en aquella época del taller literario. Pero sí tengo muchos textos sobre la obra de mis colegas.

Stupía. Poemas collage.

Stupía. Poemas collage.

Vos nos mandaste un ensayo, “La vida de un dibujo”, que tiene muchos recursos de narrativa y  de lenguaje poético.

Es una especie de cuento, una especie de metáfora productiva. ¿Sabés una cosa? Hace un par de años, me iban a publicar unos textos en Brasil. Firmé un contrato y todo y nunca pasó nada. Hay una editorial brasilera que publica, en portugués, libros escritos acá, en castellano. Y, acá, publica libros brasileños no editados nunca en español. La cuestión es que la editora vino a mi estudio y yo le mostré una carpeta con viejos textos del taller literario, del año 1973.

¿Esos textos están acá, en tu estudio?

Sí. Los tengo que encontrar… Por esa época a mí me gustaba mucho Lezama Lima. Barroquísimo. Y lo mío era una suerte de improvisación, un barroco psicótico. Lezama es un barroco extraordinariamente culto. También, la antología de poesía surrealista que compiló Aldo Pellegrini, para mí fue clave. En Bellas Artes todos éramos fanáticos de Lautremont, de Bretón. Aunque, la verdad, tampoco leíamos tanto. Yo leí “Nadja” de Breton, recién el año pasado.

Y… Lautremont entero ¡no sé quién llega!

En aquella època leías tres páginas y decías que lo leíste todo.

¿Artaud?

Bueno, el libro que sí leíamos mucho es el de Aldo Pellegrini sobre Artaud. También “Van Gogh o el suicidado por la sociedad”, de Artaud. Era notable la relación de nuestra búsqueda con la literatura. Tengo que buscar esos poemas… Están en una carpeta. Ahora les voy a mostrar la caverna, debe estar ahí.

ARRUINAME Y LLAMAME OTRO

Los que odian dar migas a las palomas (…)/No se dan cuenta de en la vecindad/viven mancos rengos y tuertos/ya zafados de lengua los cuales van a hacer/que zozobren los que a las palomas/no dan lo que les sobra.”

“Lo que sobra sozobra”, Jorge Leónidas Lamborghini 

El próximo número del Anartista es sobre “el cuidado del otro”.  En un momento, vos hablabas del trabajo en colaboración con Noé y de la consideración del otro. Y de la tolerancia, que no es lo mismo.

Sí, de la consideración, que es una especie de conciencia también. Claro. También habría que hablar de la tensión que se genera porque la conciliación perfecta, asi como el conflicto extremo, son mentirosos. La muestra que hicimos juntos con Yuyo se llamaba “Me arruinaste el dibujo”, y era un chiste pero no tanto. Era como decir: empecemos por el conflicto. Yo siento que el otro me está arruinando el dibujo. Entonces, ¿qué hago frente a eso? No puedo manifestarlo todo el tiempo, tampoco puedo callármelo. Tengo que negociar. Es una negociación, entonces.

Stupía y Yuyo Noé.

¿Cuál es el límite entre el otro y el enemigo?

Realmente, la otredad del enemigo es una otredad muy diferente. El enemigo no es el otro, no entra en el campo discursivo del otro. Al enemigo solo podes combatirlo, no podes negociar con él. Negociar es convertirlo en un otro ficticio. Construcción que, tarde o temprano, se va a disolver. Cuando la política existía en el sentido del cambio de ideas, no había ninguna duda de esto. Ahora, se confunden. Toda la discusión que se está planteando acá acerca de la memoria tiende a borronear justamente la diferencia entre el enemigo y el otro. No hay diálogo porque el enemigo tampoco quiere dialogar. No es un problema de que yo tenga o no buena voluntad. Porque, si mi enemigo quiere concluirme, él es más claro que yo y yo tengo que ser más claro que él. Con el otro sí se puede negociar porque se construye un imaginario posible. El enemigo, no. Yo puedo entender su estrategia pero no entenderlo a él, como si me importara su entidad, que en realidad es puro fenómeno a combatir.  El otro, no. El otro soy yo. Yo soy otro. Eso no lo diría Rimbaud de su enemigo.

Y con respecto a esto del “yo es otro”. Una de las cosas que habíamos marcado en tu obra son las transiciones: del dibujo a lo pictórico, del blanco y negro al color, de la línea a la mancha…  ¿Cuándo se genera la necesidad de la transición?

Stupía. Obras.

La transición casi siempre es una consecuencia. Y esto es un punto importante. Muchas cuestiones que uno podría pensar que son del fenómeno, del trabajo de taller, de algún modo, se establecen de manera foránea. Casi todas las transiciones son foráneas. No estoy hablando de autenticidad. Yo no dudo de la autenticidad de nadie. Pero las transiciones que importan son consecuencia de saturaciones y de movimientos de metamorfosis del propio lenguaje. Pasa que ya estamos tan contaminados, que no se sabe dónde empieza la química de un elemento del lenguaje y dónde la química de lo foráneo. Uno tiene que decidir, como si estuviera en un laboratorio, qué elementos quedan afuera de la combinatoria y qué elementos se ponen adentro. Por ejemplo: ahora, la aceleración de los procesos es más bien una imposición foránea antes que una genuina cualidad. Porque los procesos son lentos. La lentitud es un valor clave, capital.  Porque, en la medida que vos te detenés en el elemento que trabajás, operás sobre el cambio. Cuando vos acelerás, lo estás forzando. Entre el artificio de aceleración y el artificio de retardamiento, yo prefiero el de retardamiento. Sin embargo, a veces hace falta acelerar. Cuando yo dibujaba microscópicamente, todo el mundo me preguntaba: ¿cuánto tiempo te lleva hacer esto? Porque había una lentitud evidente. Después, cuando empecé a cambiar el lenguaje, se complicó la cosa, hay obras que parecen muy espontáneas pero llevan meses.

Stupia. Sin título. Paisaje. Tinta, aguada sobre tela, 150x150cm, 2004-2005

LA COFRADÍA DE LOS LENTOS

 “Sesga un pájaro desde y va a/lo mismo siempre lento a lo mismo vuela como si no se moviera y se apaga./ El cielo enciende alguna estrella sobre/los jarillales ya oscurecidos.”,
Campos de la difunta” Jorge Leónidas Escudero

Hablás de ritmos.

Sí. De ritmos evidentes, físicos, y también de los internos. Y esto lo digo sin ninguna apelación al pensamiento mágico. Es una cuestión completamente metabólica. Hay días en que tu energía está muy baja y te tenés que esforzar. Yo estaba acostumbrado a trabajar en los momentos libres que me dejaba mi trabajo fijo, entonces me obligaba a arrancar y a los diez minutos tener que estar en obra. Hay que ver cómo son tus propios ritmos y cómo se van manifestando en ese momento del taller. También es cierto que la propia práctica te cambia “la química”. A mí me pasaba, a veces, que estaba muy cansado, venía a regañadientes y me obligaba a trabajar y a la media hora el fluido vital había cambiado. Y era otra densidad, ahí empezaba y la cosa se ponía más en movimiento. Pero si yo me hubiese dejado llevar por ese primer estado de ánimo, no hubiera hecho nada.

Stupía. Obras, detalle.

Le ganaste a la fatiga.

Sí, decidí ganarle. Pero, ¿sabés por qué? Si me salteo el trabajo por la fatiga, me pierdo una oportunidad. En las clínicas se ve muchísimo a artistas jóvenes que empiezan con una cosa; después, vienen a los cuatro meses y están haciendo otra cosa. ¿Y qué pasó con la primera? Podía no gustarme nada pero había algo ahí, ¿por qué ese salto? Seguro no hubo razones. Tenías que quedarte. Inexorablemente, tenías que quedarte. Hacer arte es mucho más que una operación formal. La vida es una cosa seria. No jodamos. ¿Por qué lo vas a dejar? ¿Por qué vas a buscar otra cosa? ¿Por qué una tercera, no?

La resistencia del mundo cultural se acabó porque cedemos a la velocidad del mundo productivo y ya está, es lo mismo que vender ropa.

La resistencia cultural es una frase extraordinaria y completamente anacrónica. Vos la enunciás ahora y es como si estuviéramos hablando de un jeroglífico. ¿Cuál es la resistencia? ¿Dónde está? Yo no conozco ningún fenómeno que se pudiera definir hoy como eso.

Stupía. Taller.

La lentitud.

La lentitud. Cierta reluctancia. Cuando vino Glusberg, en los ´80, muchos pintores de los ´70 reaccionaron recluyéndose. Yo creo que perdieron algo. Me parece muy respetable, igual. Para mí, es retirarse, es auto condenarse, era como una especie de manifiesto negativo para decir “no participo de la cosa”. Dejaban ese espacio y no sólo un espacio de marketing, un espacio político y de  ideología.

De hacer.

Claro. Y Glusberg, por otra parte, fue una especie de pionero. Ahora hay doscientos cincuenta curadores que hacen lo mismo que él en cuanto a la operación política. Glusberg era uno solo y también es cierto que muy polémico, muy discutible y muy arbitrario. Ahora estamos todos sometidos a cierta tiranía de división del campo y nadie se queja. No hay resistencia. Las figuras que dividen el campo son los curadores, sobre todo. Cambiaron toda la forma de  legitimación. Ya no son tanto los galeristas. Hay como una especie de aristocracia, son como los dueños de los palacetes de inclusión. En este panorama puede tocarte o no tocarte la varita mágica. Yo ya estoy grande y no me importa pero entiendo que, para un artista joven, es un problema serio. A decir verdad, la galería también está en crisis, probablemente, en vías de extinción. Más allá de las galerías grandes, que todavía participan de las ligas mayores. Vas a las ferias y hay siete, diez galerías, donde están los artistas más importantes del mundo. Ahora, cuando yo empecé, el que te legitimaba era  el galerista y el crítico. Yo empecé con un galerista muy conocido, Gabriel Levinas, que tuvo una galería muy importante en los ´70, ArteMúltiple. Había muchas menos galerías pequeñas, como hay ahora, que abren y cierran pero existen.  Sería muy interesante ver cuántas galerías había en la década del ´70  y cuántas ahora.

Stupía. Mesa de trabajo – materiales- libros

¿La tecnología las reemplazaría?

No. No. La tecnología ha generado un segundo mercado de venta por internet, el mercado no legitimador. ¿Por qué no participas?, parece ser la invitación. ” Yo te vendo por internet, te cobro una comisión.” Y se genera una cotización, digamos, automática, que se confunde con el previo coyuntural de venta, cuando sabemos que son dos cosas completamente distintas. Si tiene un referente en una galería, el artista puede tener una idea de la cotización. Si no la tiene, con este método de internet, el gran peligro es que quien cotice sea, en realidad, el cliente. Este segundo mercado implicó la dilución de la cotización. El mercado del remate, por ejemplo: mucha gente va a comprar al remate porque compra más barato. Ahí ya tu cotización no importa. Si vos estás bien ubicado en el mercado, la puja puede, eventualmente,  llegar a algo bastante parecido a tu precio ideal porque el escenario de las galerías está borroneado. Apenas va gente, salvo a las inauguraciones- y, en general, son para artistas y especialistas, críticos, teóricos, curadores y gente que va a comer-. Entonces, ¿el público dónde está? Los que compran son algunos coleccionistas y otros no coleccionistas. Pero también la lectura festiva que se hace acá es maravillosa: se dice que hay muchos coleccionistas, se dice que el arte argentino “desembarca” en ARCO[i]. Todas son frases épicas y olímpicas, pero después la realidad es otra. El cambio sociológico ha afectado todo. La apertura del museo al público no cambió al museo como monumento de preservación, pero sí lo ha abierto a fenómenos más actuales.  El museo está más abierto, y también sucede que ciertas artistas legitimadas, como Marcia Schvartz,- una artista extraordinaria y que tiene una cotización sólida porque la ha defendido ferozmente- hace una muestra en el Museo Fortabat  y Fortabat la relegitima. Ella no necesita mucho, pero no se puede negar que llegó a Fortabat sin galería. ¿Entonces? Antes era dificilísimo llegar a un museo sin una galería previa. Hoy el vehículo sos vos, en el mejor o peor de los casos, como lo hace Marcia. 

Qué quilombo, ¿no? La verdad es que en la escritura todo es tan barato en comparación…

Y está el tema de  trasladar y montar la obra…

Por ejemplo, ARTEBA es una feria cara para la media local. Entonces, si vas y no vendes,  quedás patas para arriba seis meses, con mucha suerte. No obstante, la línea editorial es “qué barbaridad, qué poco se ingresa a las ferias internacionales. Argentina tiene que arriesgarse más.” Arriesgarse más ¿significa qué? Primero, te tienen que aceptar. Después, tenés que pagar el stand (que puede costar de 10.000 dólares en adelante), el viaje, todos los gastos y hasta las luces extra de tu stand. Así, arriesgas veinte mil o treinta mil dólares, por lo bajo. El problema del artista es que le cuesta tomar conciencia de cómo es la realidad porque está metido en un mundo con muchos fuegos artificiales y cantos de sirenas. Y eso te crea una ilusión óptica muy fuerte.

ESTRELLITA MÍA

“una elevación ordinaria se rebalsa de ausencia
Stephan Mallarmé

Stupía en su taller.

¿Y cómo te defendés de eso?

No me defiendo. Qué querés que te diga. Yo ya estoy viejo. Yo ya tengo sesenta y cinco años. No tengo ese problema.

Pero, ¿no presiona del algún modo?

¿A mí? No. Mis pretensiones son elementales, son las de todo el mundo. Sobrevivir, fundamentalmente. Los colegas de mi edad están circunscriptos a las cuestiones más íntimas: el taller, el trabajo. Ahora, mi expectativa ya no es exponer en la Bienal de Venecia, por ejemplo.  En 2011 yo estuve en la Bienal de San Pablo, gracias a que el curador no era local. El curador vio en mí una contemporaneidad que, con todo respeto,  los curadores locales quizás no ven. Este hombre, Luis Pérez Oramas, es venezolano, uno de los curadores del MOMA. Todo empezó en el año 2007 o 2009 –no  me acuerdo–. Yo ya trabajaba con mi galerista actual, Jorge Mara, y era, y soy, muy amigo de Gabriela Van Riel. Siempre le daba, y le doy, algún material para su stand de ArteBA, con anuencia de Mara. Ella vino al taller y me dijo “¿qué me podes dar?”. Bueno, nada, Gabriela. Llevate esos dibujos que me acaban de devolver. Entonces, en Arteba aparece, justamente, Pérez Oramas, a quien yo no conocía, en el rol de asesor de quienes compran obra para los museos y las donan. Y acompañaba a una mujer, que respondía al nombre novelesco de Estrellita Brodsky, a quien le encantaron los dibujos. Compró tres y uno lo donó al MOMA. ¡Lo dona al MOMA!  De repente caigo en el MOMA con dibujos que estaban apilados debajo de la mesa.  Así me conoce Pérez Oramas. Se pone en contacto, lo conozco. Y, mucho después me selecciona para la bienal de San Pablo.

Stupía. Obras en un rincón.

Cuántos azares. 

Te digo la verdad, mi vida está llena de azares de ese tipo. Por ejemplo, otro azar absoluto: en el año 83, estaba por vender un cuadro  y el comprador se echó atrás. Y yo me agarré una mufa infernal. No sé si tenía galería en esa época. Pero mandé el cuadro al “Premio Esso” para olvidarme del tema. Y gané y me fui ocho meses a Nueva York. Si lo vendía, no ganaba el Esso.

Las ventajas de la desgracia.

¿Viste? Tuve mucha suerte. La taba siempre cayó bien. Sigo tocando alguna madera.

Stupía con el Anartista

 

 

 

[i] ARCO. Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid.




LA PLAZA ES NUESTRA

El cuidado del otro: sobre la fuerza de la muchedumbre que toma las riendas de su destino.

Por Pepe Carvalho

GRACIAS, ME CUIDO SOLO

En la movilización de la CGT, el 7 de marzo del 2017, la muchedumbre  sacudió  los presupuestos de lo esperable y terminó por instalar la duda de quién cuida a quién. El pueblo activo pateó el tablero y puso en jaque a la burocracia sindical, que utiliza actualmente una vieja artimaña vandorista. La CGT intentaba seguir sus negociaciones con el gobierno y usar para ello la fuerza de la movilización. La reacción y el descontento pusieron en jaque a los dirigentes sindicales, quienes debieron abandonar precipitadamente el palco, desde donde comandaban el acto. No es fácil recordar un hecho similar en la historia del movimiento obrero y su conducción política. Pero, ¿qué pasó?  Evidentemente, el pueblo resolvió bajo el lema, “gracias, me cuido solo”. El olfato popular no falló: tres días después, la CGT debió cumplir con lo prometido a su base natural y determinó la fecha del paro. Podríamos decir que fue un triunfo de las bases. La memoria sobre determinaciones similares no tiene parangón. Por obligación intelectual, no podemos dejar de recordar la primera de ellas y los elementos que  provocaron su perduración en el tiempo.

pepecgt2017descargapep0Daer sale de raje

 17 de Octubre de 1945

EL ALUVIÓN ZOOLÓGICO

1.

Si analizamos las grandes movilizaciones obreras, no debemos sucumbir a la intención esquiva de algunos historiadores y sí debemos  recordar la primera y más conmovedora de  las Plazas: la del 17 de octubre de 1945, momento en que el coronel Juan Domingo Perón fue arrestado por quienes temían a su liderazgo de masas, creciente en esos momentos.

 El 17 de Octubre de 1945, como decíamos al principio, los sectores más oligárquicos y conservadores, temerosos de los cambios existentes, para presionar al gobierno del General Farrell detuvieron al Coronel Perón y lo llevaron preso a una cárcel militar en la isla Martín García. Este hecho provocó la movilización de gran cantidad de dirigentes sociales y miembros sindicales. En esa ocasión sobresalió la figura de Eva Perón, compañera- ya mítica- del coronel preso. De manera casi espontánea, comenzó la movilización en las barriadas más populares de la capital y el conurbano. Exigían la libertad del coronel. Así, el centro porteño se vio invadido  por obreros y ciudadanos que vitoreaban al líder detenido. La Plaza rebalsaba de pasiones y las pasiones siempre enervan a los principios higiénicos de la burguesía recalcitrante. Desalojarlos resultó imposible, aunque- ni lo dude, lector-  se intentó: probaron hasta levantar los puentes que separaban  la ciudad capital del conurbano, para evitar la llegada del  “malón” obrero. Ante tan imponente movida, la oligarquía, temerosa por sus privilegios,  llegó a llamar  “el aluvión zoológico” a las masas movilizadas. Pasaban las horas y los manifestantes comenzaron a utilizar el agua de la fuente central de la Plaza de Mayo para “lavarse las patas”, en señal  de que habían llegado para  quedarse, hasta lograr la liberación del líder. Esto se consiguió horas después. Perón fue llevado al hospital militar central del barrio de Palermo. El general Farell, a cargo del ejecutivo, resolvió ir a buscar a Perón y lo invitó para que hablara a la muchedumbre y lograra desmovilizarla. Horas después, el coronel no vaciló y les indicó:

  • ¡A casa!

Intentaba demostrar, la contundencia de su liderazgo, la clara actitud conciliadora y la búsqueda de una alianza de clases. No olvidemos que el contexto histórico estaba impregnado de  los ecos de las revoluciones rusa y china. Las dos, en el marco de la lucha de clases. Su mensaje se dio en ese marco,  la gente respondió. Se fueron a sus casas, a sus lugares de trabajo en las fábricas, a sus pueblos. Todos satisfechos porque se habían cumplido sus deseos. Ese día nació el líder: sería tres veces presidente de la República e incidiría durante más de cincuenta años en el destino del país.

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DE CORONEL, A LÍDER DE MASAS.

Es importante recordar cómo el coronel llegó a semejante liderazgo. Las Fuerzas Armadas estaban fuera de foco con respecto a la realidad nacional y a la europea, que se debatía en una situación social sumamente conflictiva, en un marco de pre guerra mundial. Perón no solo tomó nota de estas situaciones, sino que además se preocupó en analizar los cambios producidos en el marco de la consolidación de la era industrial: los obreros organizados en sindicatos. A su regreso al país, se hizo cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Creada a su pedido, la asumió con la clara intención de utilizarla políticamente. Comenzó  por convocar a líderes obreros y a algunos sindicatos  de extracción anarquista y socialistas. También se acercó a los sectores más postergados socialmente. Perón capitalizó los desplazamientos poblacionales de los trabajadores rurales a las ciudades y centros industriales  en busca de bienestar. A esto contribuyó no sólo la llegada de la industria, sino también la pobreza y el olvido en que se encontraban, bajo la explotación sanguinaria de “los señores feudales” terratenientes: Los herederos de los ladrones de la tierra, a sangre y fuego, con Roca y Mitre como ideólogos del genocidio. ( Se sugiere ver el link de la Patagonia Rebelde).

https://www.youtube.com/watch?v=9gxjsv6QcjM

NO PASARÁN

(20 de junio de 1973) Ezeiza demostró que a Perón le tiraba más la derecha que la izquierda. Él mismo designó al Coronel Osinde para organizar y dar seguridad al acto. Osinde era uno de los jefes de la triple A, quien sumado a López Rega completó el arco de la derecha y su mano represora.  Hay que pensar que a Ezeiza fueron cerca de 900.000 personas. El ataque se produjo desde los árboles, con todo tipo de armas. Las columnas de los sectores de izquierda intentaron llegar al frente del palco de Perón; les fue imposible: fueron dispersados a tiros.  Si esto mismo hubiese pasado en la Plaza de Mayo, la masa asustada  hubiera provocado un caos trágico. La idea original era que Ezeiza pasara como una reyerta entre bandos adversos y no como la matanza que fue, donde se cree que murieron 1.000 personas. A tal nivel llegó el descontrol de la derecha, que Perón debió trasladarse hasta una base aeronáutica en el Palomar, al norte de Buenos Aires, y no estar en el acto. Días después, dio una charla por televisión, donde remarcó que su regreso “ no era para enfrentamientos sino unir a los argentinos”, “Vengo descarnado” aclaró.

El Coronel Osinde, como militar,  eligió el lugar más beneficioso para el objetivo oculto de la represión. A mi entender, a un estratega militar como era Perón no se le podía pasar esta conclusión.

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1de MAYO DE 1974: LA PLAZA PARTIDA Y PARTIR DE LA PLAZA

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https://www.youtube.com/watch?v=C40-ChOgaxA

 El 1 de mayo de 1974  resultó una fecha bisagra para muchos de quienes fuimos jóvenes en aquella época. En esa oportunidad, y en un marco de protestas populares contra las designaciones en el gabinete de Perón (López Rega y otros), los sectores más progresistas del peronismo pusieron el grito en la Plaza. El acto trastocó el modo en que  Perón asumía el rol “bajador de línea”  al pueblo. Todo fue organizado en un escenario de aparente normalidad, que incluía números musicales y otras atracciones, en el intento por quitar toda connotación de definiciones políticas. Al comienzo ya, el locutor instaba a la fiesta del trabajo y no del trabajador, un concepto nada peronista. La  masa se dividió celosamente discrepante. A la derecha del palco, Montoneros y la juventud militante. Y, a la izquierda, las 62 Organizaciones y los sindicatos conducidos por la vieja burocracia sindical peronista. Así estaba la cosa cuando, en lugar de aparecer al General a tomar el micrófono, se anunció que hablaría la vicepresidente Isabel Perón. Esto ya produjo la primera división de la concurrencia. La mitad derecha de la Plaza comenzó a repudiar a la anunciada oradora. El repudió creció a medida que su discurso se llenó de alusiones para nada políticas: “lo feliz que me hace estar viendo a los trabajadores contentos en este acto, a la espera de escuchar las palabras rectoras del General Perón”. Arreciaron los silbidos por un lado y su contrapartida, con los aplausos de los representantes de las “62”. El rechazo ganaba, al punto que el presentador del acto apareció a  pedir respeto por el orador, mientras anunciaba la presencia inmediata del General. Los cánticos no cedían: “Qué pasa, qué pasa, General, que está lleno de gorilas el gobierno popular “, “se va acabar la burocracia sindical” y “Perón, Evita la patria socialista”. Perón reaccionó de inmediato: no soportó semejante repudio a su figura y lanzó el ya famoso, “imberbes y estúpidos”. En ese momento, la reivindicación de los dirigentes sindicales en la resistencia peronista era para él más importante que la maravillosa juventud. Su alusión trajo el inmediato “Rucci traidor, saludos a Vandor”, en una clara alusión a los asesinatos de los dos dirigentes  sindicales, aparentemente por la organización Montoneros. El General volvió a insultar y a desconocer a quienes dieron su vida para que Perón volviera. La respuesta no organizada de la masa fue inmediata: giró y dio la espalda a la casa de gobierno. Así, se retiró del acto prácticamente la mitad de la muchedumbre. Fue imponente: más de 50.000 personas se van, sumamente enojadas con su líder,  ahora “descarnado, y no revolucionario”, como el propio Perón lo dijo.

1 de mayo 02 1 de mayo 031 de mayo 0130 de marzo de 1982: NO LLEGAMOS PERO AVANZAMOS

Otro ejemplo de la fuerza  de la masa obrera y popular: El 30 de marzo de 1982, la CGT comandada por Saúl Ubaldini enfrentó a la dictadura militar con un paro y movilización a la plaza de Mayo. Hay que recordar que, durante la dictadura militar, hubo un solo aumento para los trabajadores y fue mínimo. En aquel momento, la conducción de la CGT hizo suyo el clamor popular contra los militares que ya estaban concluyendo la aventura más criminal de la historia sobre el pueblo argentino. El acto fue reprimido de una manera tan brutal que  las columnas obreras y trabajadoras no pudieron llegaron a la Plaza y debieron dispersarse diez cuadras antes.

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MULTIPLICAR ES LA TAREA

Cuidar al otro es volverse poderoso, no necesitar ser arriado. Incluso, no necesitar indispensablemente un líder. Aunque existen experiencias revolucionarias contrarias, que reafirman la importancia de los líderes. Lenin, en la revolución bolchevique: Mao, en China: Castro y el Che en Cuba. Sin embargo, no podemos esperar un conductor para cuidarnos. La potencia que somos es algo de lo que ya disponemos. Sólo tenemos que hacerlo accesible a los otros. Y multiplicar…




REY ENTRE PEONES

El cuidado del otro: sobre Gary Kasparov.

Por Horacio Intorre.

RECUERDOS DE PROVINCIA

Dijo Mijail Botvinnik, ex campeón mundial de ajedrez y maestro de Kasparov: “En una galaxia de jóvenes y fuertes grandes maestros, en mi opinión, Gary Kasparov tiene las mejores perspectivas para conseguir un estilo armonioso y perfecto como Alekhine.” Alekhine se había consagrado campeón del mundo en Buenos Aires, al vencer al gran cubano, José Raúl Capablanca, en el año 1937. El match  se disputó en el prestigioso “Club Argentino de Ajedrez”, donde aún se conserva, en una vitrina, el tablero con las piezas de la última partida. También, la hoja de anotaciones.

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CATORCE, DE UN SAQUE

Kasparov nació el 13 de abril de 1963 en Baku, capital de la República Rusa de Azerbaidzhan. Su verdadero nombre era Garri Kimovich Veinshtén. De padre judío y madre armenia,  su sangre contaba historias de persecuciones por todos sus afluentes. Pero lo que él persiguió con tesón, le vino por mandato materno. Antes de eso, no todo había sido esplendor. Cuando Garry tenía tan sólo siete años, falleció su padre. Entonces, adoptó el apellido armenio de su madre, Kasparián, modificado a una versión rusificada, Kasparov. Su madre tuvo un papel importante, si de mandatos se trata. Lo alentó a estudiar ajedrez con grandes maestros y, sutilezas maternas, le predijo como quien da una sugerencia: ¡Vos serás campeón del mundo! Así, montado en el poderoso deseo de ella, a los 13 años, Garry ganó el campeonato juvenil de la URSS. A los 16, su reputación se escuchaba como un grito a voces en la Unión Soviética y en Occidente. Era un competidor formidable quien, en cada movimiento, buscaba arrasar al oponente. En esas andaba cuando lo invitaron a jugar un importante torneo en Yugoslavia, donde se presentaban  catorce grandes maestros internacionales. Ganó por un amplio margen.

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REY POST KNOCK OUT

Cuando contaba tan sólo con 21 años, Kasparov se enfrentó al campeón del mundo, Anatoly Karpov, quien ostentaba el título desde hacía 10 años. El asunto se transformó en un auténtico acontecimiento, que se prolongó seis meses y 48 partidas. Al final, se canceló y fue declarado nulo, por el cansancio de ambos jugadores. Sin embargo, la cosa no quedaría así: el encuentro se reanudó al año siguiente y Kasparov se consagró campeón del mundo. Conservó la supremacía durante 15 años, de 1984 a 1990.

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Una vez, le preguntaron a Kasparov:

-¿Se ve a sí mismo identificado en la figura de Radjabov?

Radjabov, a los 15 años, había vencido en forma increíble al gran Garry. Este audaz fue el  jugador más joven que derrotó a un campeón del mundo. Coincidencias de la historia, ambos  habían nacido en el mismo lugar, Axerbaiyán

Y Garry contestó:

-Yo nunca finalicé último en un torneo.

Por este tipo de declaraciones, se ganó el mote de “el ogro de Baku.” Aunque, en realidad, la gente que lo conoció de cerca ha declarado que es una persona encantadora. Se ve en las entrevista como un tipo muy amable y de buen humor.

 

 

 

SUDAR LA GOTA GORDA

Kasparov explicó que, en el ajedrez, no existen los milagros, lo único que da resultado es trabajar muy duro.  La idea del sacrificio tiñe todas sus declaraciones sobre al deporte. Si uno ve videos de partidas, su gesto y hasta su actitud corporal parecen los de un hombre en plena batalla. Dice en uno de sus 25 libros publicados “Veo en la lucha ajedrecística un modelo pasmosamente exacto de la vida humana, con su trajín diario, sus crisis y sus incesantes altibajos.”. Y declara en una entrevista: “Cuando juego, no puedo pensar en los sentimientos, el otro es un “enemigo” al que hay que destruir, no a él claro está.”

La fiera al acecho desplegaba la necesidad de autoafirmarse en el triunfo y no solo durante el transcurso del juego. El ánimo posterior al encuentro dependía completamente de un resultado, de un final que concentraba, en muy poco tiempo cronológico, el sentido o el sinsentido de toda la partida. Es cierto, esta es una manera de abordarlo. Hay quienes lo  viven de otro modo: como un desafío a su habilidad lógica, como un juego, como un momento donde la palabra del pensamiento calla y solo hay piezas, especulación y movimientos sobre un tablero. Sin embargo, esta nota se escribe para ver el lado no idealizado del asunto. Siempre se asocia el ajedrez con la inteligencia. Si uno le dedica muchas a jugar al truco, es un timbero. Pero si uno le dedica muchas horas al  ajedrez, seguro subirá unos peldaños en la mirada ajena. Lo cierto es que algunos grandes del ajedrez usan palabras como enemigo, destrozar al rival, aplastarlo. Como si no fuera suficiente el despliegue monárquico presente ya en  los trebejos (peón, alfil, rey, reina), el transcurso de la partida habilita toda una serie de psicologías y acciones vinculadas a lo militar: “Algunos jugadores se quejan de que hago gestos mientras juego, que los miro de manera intimidatoria. Pero a mí sólo me importa jugar bien y ganar, no me preocupa lo que hagan mis rivales ni nadie. Juego y gano.

ANÉCDOTAS PICANTES

De tal palo, tal astilla (Ni una menos)

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Luego de abandonar el ajedrez como jugador, Kasparov se dedicó, entre otros asuntos, a entrenar a Magnus Carlsen, actual campeón mundial. El discípulo emuló al maestro y ahora es campeón del mundo. Sin embargo, en esta partida Blitz-“rayo”, en alemán- (se trata de una partida rápida, de 3 minutos por jugador), Carlsen se enfrenta a la campeona mundial femenina, la rusa Alexandra Koseniuk.  Magnus, parece que no es tan Magnus, comete un error: mueve una pieza y la vuelve para atrás porque vio que perdía de inmediato. Alexandra se lo hizo notar: eso no está permitido. Si un jugador toca una pieza, debe jugar esa pieza, no puede cambiar. Magnus, como se ve en el video, se fastidia  y ni siquiera saluda a su rival.

 

 

 

PARTIR DEL PARTIDO

Kasparov se retiró en el año 2005. Desde entonces, comenzó a  jugar fuerte en otras contiendas. Como nunca fue hombre de irse con chiquitas, creó su propio partido, “Frente Cívico Unido”, en oposición al régimen de Putin, motivo por el cual fue varias veces encarcelado, aunque no por mucho tiempo. Si en medio de los trebejos siempre estuvo entre los triunfadores, en la política, no vaciló en estar del lado de la resistencia, del lado más difícil de las cosas. Como al jugar, tuvo y tiene bien claro quién es el enemigo. Putin no es otro para Kasparov. Es exactamente el opuesto. Y, cuando el otro es un opuesto, no hay dos, se disuelve toda idea de otredad. Y si tuvo que perder, incluso con prisión, no se le cayó ningún anillo. Por estos combates, Kasparov fue galardonado con el premio “UN WATCH“ de las Naciones Unidas, por su pacífica lucha en pos del respeto a las libertades fundamentales en Rusia. Actualmente, es presidente de la Fundación de Derechos Humanos y del Consejo Internacional. Ya no se trata de ganar una partida de ajedrez, sino de mantener los principios éticos y la libertad política. La coherencia de un grande: Garry Kasparov.

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Luego de su retiro, Kasparov solo jugó, esporádicamente, partidas de exhibición. En el año 2016, volvió al tablero para un torneo internacional con varios grandes maestros, muchísimo más jóvenes que él. Sin embargo Garry se desplegó con gran nivel. A los 53 años, demostró estar a la altura de los mejores de la elite mundial. ¡Qué emocionante fue volver a verlo jugar como el mejor! ¡Gracias por tanto talento, Garry!

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LA CIFRA DEL TIGRE

El cuidado del otro: entrevista a Carlos Lousto

Entrevista: Noemí B. Pomi, Lourdes Landeira, Gabriela Stoppelman

             Edición: Lourdes Landeira,  Gabriela Stoppelman

“No hay palabras, por lo demás, que puedan ser cifra del tigre, esa forma que desde hace siglos habita la imaginación de los hombres. Siempre me atrajo el tigre. Sé que me demoraba, de niño, ante cierta jaula del Zoológico: nada me importaban las otras. Juzgaba a las enciclopedias y a los textos de historia natural por los grabados de los tigres (…). A lo largo del tiempo, ese curioso amor no me abandonó. Sobrevivió a mi paradójica voluntad de ser cazador y a las comunes vicisitudes humanas. Hasta hace poco —la fecha me parece lejana, pero en realidad no lo es— convivió de un modo tranquilo con mis habituales tareas en la Universidad de Lahore. (…) El curso de mi vida ha sido común, en los sueños siempre vi tigres. (Ahora los pueblan otras formas.)”

                                                               “Tigres azules”, Jorge Luis Borges

Cuenta un antiguo capítulo de un incompleto libro que la lengua madre nació un instante antes o uno después que el universo. Al principio, la maternidad no le resultó nada fácil. Con el crío dale y dale expandirse, no  se resignaba a tener que correrlo eternamente por cada rincón de la infinitud. Así las cosas, la crianza resultó más un asunto de huellas y direcciones que uno de marcas y objetivos. Por su parte, el crío- aunque jamás se privó de las pasiones del espacio y de las volteretas del tiempo que descubría en sí mismo- nunca desatendió los ecos de su madre. A dentelladas, aguzó el oído y rastreó aquel sonido originario, por donde su paso lo llevara.  Que el sentido de la lengua materna no resultaba una cifra fácil lo comprendió el Universo desde los primeros segundos de su existencia. Ondas, cicatrices profundas de sonidos, memorias de lejanos choques y encuentros, escrituras encriptadas en acordes sutiles, cadencias de tigre originario en busca de su propio color. La primera vez que soñó, soñó azul. Y pensó que el sueño era un mensaje de la lengua madre, un consejo amoroso para las siguientes vigilias. Pero, al segundo sueño, el azul se volvió tigre. Y, al tercero, fue un tigre tras el color, que no era del todo azul. Resignado en un mareo de interpretaciones, sin la suerte del Faraón que tuvo a su José, el Universo se perdió en una sucesión infinita de cálculos. Mientras tanto, la lengua madre no le perdía el rastro. Resonaba, antes y después, por delante y por detrás de la estela de cifras que el niño ya crecido dejaba a su paso. Así fue como se invirtió la escena y, si al principio fue ella la sembradora de marcas detrás de la criatura, después le tocó a la criatura dejar un reguero indescifrable para su madre. No de otro modo nacieron los primeros círculos: esa obstinación por girar en persecuciones y nuca por dejar ver claramente los contornos de las circunferencias. Un día y en simultáneo, la lengua madre y el joven Universo descubrieron que el movimiento ya era indetenible. Y que el círculo presentaba atajos, túneles por donde la cifra del tigre se fugaba muy azul hacia lugares incalculables. En una de esas, al cifra cayó en las súper computadoras de Carlos Lousto, científico argentino, actualmente radicado en Rochester. Él y su equipo escribieron entonces la historia: dos agujeros negros lejanos chocarían. En la última fracción de segundo de ese choque, las ondas gravitacionales predichas por la teoría general de Einstein podrían ser detectadas. Y así fue. Y se hizo el sonido. Entonces, por un instante, la cifra del tigre se dejó escuchar. Y dejó un reguero de ilusiones y expectativas. Después, como siempre, el tigre  volvió a su paso de infinito azul. Y, a cada dentellada, retomó el desafío de las cifras indecibles. Sin embargo, desde ese primer sonido detectado hasta hoy, ya nada ha sido ni será igual. Un quiebre en la precepción, un portal para nuevas alquimias, un anzuelo delicioso en la pesca del saber.  Escuchen: ahí suena. Aunque no haya palabras para desandar su cifra, allí late el eco de lengua madre, la canción de cuna que siempre vuelve a arroparnos.

Arte con espejos - Flis Taylor.
Arte con espejos – Flis Taylor.

 

 

INVISIBLE, EL INSACIABLE

 

“También se esperó entonces la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo. Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma. Hace ya cuatro siglos que los hombres fatigan los hexágonos… Hay buscadores oficiales, inquisidores. Yo los he visto en el desempeño de su función: llegan siempre rendidos; hablan de una escalera sin peldaños que casi los mató; hablan de galerías y de escaleras con el bibliotecario; alguna vez, toman el libro más cercano y lo hojean, en busca de palabras infames. Visiblemente, nadie espera descubrir nada.”

                                                                              La Biblioteca de Babel, Jorge Luis Borges

Conversemos  sobre ese modo en que engorda lo invisible en el universo. Vos hablas de agujeros negros  que se detectan a millones de años luz,  no se ven y tragan todo lo que su campo atrae. Son enormes, cada vez más grandes y, a su vez, invisibles. Nosotros vinculamos eso con la poesía. Tal vez, con cierto misterio.

Esa propiedad de absorber todo y no deja salir nada es una propiedad muy especial de los agujeros negros. Si se quiere, son objetos  muy raros en el universo. Por eso los estudiamos con especial interés. Al misterio y a la oscuridad, podemos agregar algo de progreso y de luz.  Algunas de las cuestiones en la detección de ondas gravitacionales es que se pueden utilizar para entender mejor el universo. En la gran explosión, en  el Bing Bang,  el instante inicial es un misterio. Tener acceso, información de las ondas gravitacionales, como ahora comenzamos a tener, nos puede iluminar un poco más sobre ese origen. Depende el contexto donde uno analice las cosas, pueden representar un misterio o no. Todos los misterios, sobre todo los científicos, me interesan por eso estoy en esta profesión. Los científicos somos curiosos y nos interesa averiguar cosas.

Yo hablaba del misterio un poco en relación al modo en que sacude nuestro sentido común. Lo lógico y la experiencia  asocian lo invisible con lo muy chiquitito. Sin embargo, parece que- en el otro extremo- en lo muy grande, las cosas también se vuelven invisibles.

Los extremos son un poco las fronteras de nuestro conocimiento. Lo misterioso e invisible está en el borde, pero eso cambia, los bordes cambian constantemente.

Ustedes, los científicos, dicen que  tratan todo el tiempo de revelar misterios. Crucemos un poco a tu querido Borges y en seguida estamos en un universo que se multiplica y siempre es infinito. ¿Qué sería de nuestra vida si lograran revelar todos los misterios? ¿Y qué sería de la de ustedes?

Sabemos que eso es imposible. La verdad absoluta, el conocimiento absoluto no se puede alcanzar. Eso es algo que Borges investigó de una forma muy sarcástica, por ejemplo, en “La biblioteca de Babel”. El conocimiento está escondido en una cantidad casi infinita  de libros. Creo que él demuestra por el absurdo que la forma de conocimiento tiene que ser a través de la forma inteligente o de creación. Poner la subjetividad para que las cosas tengan sentido, al menos para nosotros.

Sally Francomb, diseño interior con espejos.
Sally Francomb, diseño interior con espejos.

LA ROSA DE PARACELSO

“Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa. La rosa lo inquietó. Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo: – Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo.”

“La rosa de Paracelso”, Jorge Luis Borges

¿Vos crees que el azar no tiene ninguna importancia?

Siempre hay un componente del azar que no controlamos. Aunque el  azar, obviamente, es también subjetivo, es relativo. Lo que se consideraba azar en la cultura antigua o medieval hoy en día no lo es.

Yo me refería más a la casualidad, al error, al errancia. Tomemos como  ejemplo el caso de Paracelso. Él decía que, cuando alguien te lastimaba con una espada, había que poner ungüento lo en la espada y no en la herida, porque  la espada era la dañina. Eso abrió el camino a muchas curaciones. El ungüento curativo era una tremenda porquería y, entonces, la gente que no lo recibía se salvaba,  no se infectaba. De ahí, pensamos en  la impronta de la casualidad en lo científico. ¿Qué influencia  tiene el error y la casualidad en el estudio científico?

Se da con mucha frecuencia. Es, de alguna manera, la característica de la investigación científica. Uno hace una investigación y no sabe qué va a salir. Aprende a medida que va tratando de encontrar la solución a los problemas. A veces, encuentra la solución a otro problema. Eso es parte de la búsqueda del conocimiento Si supiéramos a priori qué es exactamente lo que se debe hacer, ya tendríamos la cosa resuelta. Todos los métodos son válidos. Prueba y error, casualidad. Quizás estabas haciendo una cuenta, pasó un pajarito por la ventana, te distrajo, erraste al número que tenías y después resultó que era el número incorrecto. La ventaja es que siempre tenemos formas de testear los resultados que obtenemos: experimentos, consistencia lógica, verificación independiente. Es lo que caracteriza al método científico y lo diferencia de  otras disciplinas.

Lo que acabas de decir se parece tanto a cuando uno escribe una novela o un poema. El azar o el error meten la cola y aparece algo diferente a lo buscado. Luego, la verificación final muestra que eso funciona en el texto. Es muy semejante.

Borges hablaba de algo de eso,  decía que las historias le pedían ser escritas.

Laberinto de espejos, Jeppe Hein.
Laberinto de espejos, Jeppe Hein.

A COCOCHITO

“(…) la mano izquierda puesta sobre la mano derecha era como la mano de un niño sobre la mano de un gigante.”

“El otro”,  Jorge Luis Borges

Vos decís que la ciencia se monta sobre los hombros de un gigante. ¿Quién es ese gigante y qué tiene de singular? También el arte se monta arriba en un gigante.

Es la comunidad científica, la acumulación de conocimiento. El genio que transforma y sabe todo  es un ideal antiguo, del siglo XVIII, XIX. Después se pasó a una objetividad mecánica  y hoy en día se lo ve como una combinación de expertos que procesan una cantidad de información sistemática que ha sido acumulada. Para la sociedad, puede funcionar la idea de que existen esos iconos pero, en realidad, es un trabajo acumulativo, todas las grandes evoluciones científicas actuales han sido realizadas por acumulación de trabajos. Siempre alguien da el último paso y queda con el crédito- merecido crédito-  pero mucha gente ha contribuido a eso. Dentro de la comunidad científica se lo ve así, como un constante trabajo.

El tema de nuestra revista es el cuidado de los otros. “Los laicos”, que  vemos desde afuera a la comunidad científica,  imaginamos un mundo muy competitivo, donde cada uno quiere agenciarse la firma del éxito. Sin embargo, hablas de una necesidad indispensable de cuidar al otro. Porque, si no es entre todos, no es.

Es cierto que es muy competitivo. Hay egos muy grandes dentro de la comunidad, pero  yo  veo la competitividad como parte del motor necesario para hacer estos tremendos esfuerzos intelectuales y de disciplina férrea- una delas herramientas a manejar-. Los avances no se realizan en forma mágica ni por medio de iluminaciones, sino en base a atender a muchas cosas. Se requiere cierta inteligencia para entender y separar lo que sirve de lo que no sirve. Internet, en los 80, nació como una necesidad de la comunidad científica de intercambiar información. Un gran espacio para poner accesibles los artículos científicos y montarnos en los hombros de ese gigante que representan miles y miles de personas investigando para entender el universo.

O sea que se cuidan entre sí por necesidad… Cuando se trabaja en grupo, en general, lo que se hace es potenciar al otro.

Bueno, si no sos un psicópata, generás empatía con el resto de las personas y, obviamente, sí te interesa colaborar. Es parte del proceso de evolución de las especies. Darse cuenta de que, en su momento,  para conseguir comida y protegerse, uno era más competitivo cuando estaba en un grupo de personas que cuando estaba solo. Es algo que está en nuestro código genético básico.

A veces, por algunas cuestiones políticas,  no se nota el mensaje de la información genética….

Hay distintos grupos de interés obviamente, diferentes tribus.

Literaberinto, Xul Solar.
Literaberinto, Xul Solar.

EL PRIMER ARRORÓ

“Patio que ya no existe. La mojada/Tarde me trae la voz, la voz deseada, /De mi padre que vuelve y que no ha muerto”,

“La lluvia”, Jorge Luis Borges

 

Antes hablaste del Big Bang y con eso entramos en la zona más poética del asunto. Según tus trabaos, en unos años, estaríamos en condiciones de escuchar lo que para mí, en una imagen, es el berrido del bebé mundo cuando estalló.  ¿Vos das por sentado que el Big Bang es el comienzo del universo o es una estrategia para pensar e imaginar cómo pudo ser?

Nunca damos nada por sentado, trabajamos con hipótesis. A veces funcionan y a veces no. El Big Bang ha tenido éxito para explicar muchas cosas y ha sido una buena hipótesis de trabajo para entender y predecir nuevas cosas. Sin embargo, está constantemente desafiado. Una vez que demostraste que algo no funciona, tenés que descartar. Así es el método científico. Constantemente tenés que desafiar tus hipótesis y solamente  sobreviven las que superan a todos los desafíos que se te ocurran. Podes utilizar observaciones directas de la naturaleza o consistencia lógica de la teoría que estés estudiando. Nosotros no le creemos a nada, trabajamos con lo mejor que tenemos.

¿Adónde apuntan ahora, con la búsqueda de las ondas gravitacionales del origen del universo?

Desde septiembre del 2015 comenzamos a detectar consistentemente estos agujeros negros de treinta o cuarenta veces la masa del sol, que son producto de la muerte de algunas estrellas y luego se fusionan entre ellos. Estamos entendiendo cuántos de ellos  hay en la galaxia y en el universo, cuál es su distribución. Eso nos permite entender nuevas cosas, que hasta ahora eran especulaciones teóricas. Otros experimentos en curso sobre ondas gravitacionales van a ser sensibles a agujeros negros súper masivos, de miles de millones, muchos de millones de veces la masa del sol. Es toda una gama de objetos de los cuales no teníamos ninguna información.

¿Había un lugar en el espacio en el que esperaban encontrar esas ondas gravitacionales? Y, ¿qué son?,  ¿huellas sonoras del Big Bang?

En realidad esas ondas gravitacionales  originales, las de la explosión inicial, suenan en todo el universo, están en todos lados. Como las microondas de radio que se han detectado en los sesenta, sesenta y cinco. Hay un   equivalente  de esas microondas de radio en ondas gravitacionales. Son las que se llegarían a observar, no las hemos observado todavía directamente, porque necesitamos detectores más grandes.  Pero ahora sabemos que hay en esta expectativa menos de especulación, porque hemos visto las primeras ondas gravitacionales, son otras las que vimos, pero existen, son físicamente una realidad.  Por lo tanto,  confiamos mucho más en las predicciones de  la teoría de la relatividad general para explicar muchos de los fenómenos que observamos o vamos a observar en las próximas décadas.

Vimos que en muchas entrevistas te preguntaron por las implicancias prácticas del descubrimiento. Yo te quiero preguntar por las implicancias filosóficas, políticas, éticas.

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Xul Solar.

El desarrollo de esta increíble máquina de detección va a redundar, sin duda, en derivados tecnológicos. Pero también, hay consecuencias muy importantes en relación a la verificación de la teoría de la relatividad. Eso tiene implicancias del punto de vista de la física teórica, pero también filosófico. Cambió un poco nuestra visión del universo, en cuanto a la relatividad del tiempo y del espacio.

ESPEJITO, ESPEJITO,  CUENTA EL SECRETO DEL INFINITO

“Infinitos los veo, elementales /ejecutores de un antiguo pacto, /multiplicar el mundo como el acto /generativo, insomnes y fatales. /Prolonga este vano mundo incierto
en su vertiginosa telaraña; / a veces en la tarde los empaña/el Hálito de un hombre que no ha muerto. / Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro/paredes de la alcoba hay un espejo, /ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo/que arma en el alba un sigiloso teatro.”

                                               Los espejos, Jorge Luis Borges

El tiempo espacializado, como nosotros lo concebimos: el pasado atrás y el futuro adelante, ¿deja de tener sentido en los términos que vos planteas?

Siempre hay una causalidad. La relatividad te dice, en principio, que no podes volver atrás el tiempo. Lo que sí pasa es que para dos observadores en distintas posiciones del espacio o moviéndose a distinta velocidad, el tiempo corre a distinta velocidad. Como ejemplo, está la paradoja de los gemelos: uno se queda en la tierra mientras el otro viaja por 25 años a velocidad de la luz, vuelve, da la vuelta. Después de 50 años se encuentran. Para el que quedó en la tierra pasaron 50 años. Para el otro, mucho menos, quizás apenas unos días, dependiendo de la velocidad de la luz. Eso muestra la relatividad del tiempo y del espacio. Pero, cuando uno quiere volver atrás, se generan muchas paradojas que, prácticamente, invalidan la posibilidad. Podes viajar para adelante a distintas velocidades, pero no para atrás.

Hay una fascinación literaria, filosófica y también científica por el comienzo, por el origen, por la infancia del universo. Más allá de querer saber cómo empezó, ¿por qué crees que se da esa  fascinación que llega a ser, a veces, más grande que la inquietud por el futuro?

El tratar de encontrar respuestas al existencialismo, en el sentido de por qué estamos aquí, cuál es nuestra misión, ha fascinado a la humanidad por siglos y milenios. De dónde venimos y hacia dónde vamos. Obviamente que hemos hecho progresos en reducir el problema quizás en términos más básicos, como el modelo de la gran explosión. Pero como siempre digo la búsqueda es constante. La religión intenta dar una respuesta a esa clase de pregunta, también lo hace la filosofía, la literatura. Parece una necesidad muy natural para nosotros, que desde  jóvenes nos cuestionamos el por qué las cosas son como son. Uno va reduciendo esto al origen. Incluso, desde la creencia en dios se puede preguntar: si dios creó a este hombre, qué dios creó a ese dios.

De todas maneras hay una figura con la que Borges refleja esto del origen del origen, del origen del origen: el espejo. Los espejos multiplicados. Vos explicaste que el súper detector  se maneja con un espejo, con un láser que impacta en un espejo, ¿es así?

Para hacer esa medida de distancias tan grandes, justamente, se refleja el láser en un espejo y se lo deja mover libremente. Cuando pasan las ondas gravitacionales, hacen mover al espejo y es entonces cuando podemos medir esas pequeñísimas oscilaciones  en su posición.

Las metáforas como la del espejo, las del infinito, ¿te ayudan a pensar cuando trabajas en tus problemas científicos? A quienes no lo manejamos, nos pasa que el lenguaje matemático se nos aparece como en una dimensión  más allá. Imagino que algo así como puede sentirse un chino ante un guaraní. Reformulo la pregunta es, aparte del lenguaje estrictamente matemático, las metáforas, las urgencias del habla habitual, ¿ayudan a pensar esos mismos problemas?

Los modelos son una metáfora de lo que es el universo. Una aproximación, una reducción muy pequeña a algo que nosotros podemos manejar e interpretar. Hay un cuento de Borges que habla de la precisión de la ciencia. Se trata de un país donde la cartografía se hizo la ciencia más poderosa del reino. Los mapas eran muy grandes, los de una ciudad ocupaban una manzana entera; los de la provincia, una ciudad entera. Los cartógrafos, científicos, habían logrado convencer al impero de hacer un mapa con una correspondencia punto a punto. El cuento termina diciendo que el mapa se había perdido y sólo  había pedazos de ese mapa en desierto. Trataba de demostrar, con su estilo clásico-, por el absurdo, el sarcasmo- que no tiene sentido hacer modelos perfectos. Siempre hay que reducir. Esa sería la metáfora.

 

AL INFINITO Y MÁS ALLÁ

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Xul Solar.

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas, /lámparas y la línea de Durero, /las nueve cifras y el cambiante cero, / debo fingir que existen esas cosas. /Debo fingir que en el pasado fueron /Persépolis y Roma y que una arena/sutil midió la suerte de la almena/que los siglos de hierro deshicieron. / Debo fingir las armas y la pira/de la epopeya y los pesados mares/ que roen de la tierra los pilares. /Debo fingir que hay otros. Es mentira. /Sólo tú eres. Tú, mi desventura/ y mi ventura, inagotable y pura.”

“El enamorado”, Jorge Luis Borges

¿Cómo haces para vivir todo el día en esa lógica de los números y las fórmulas y al mismo tiempo hablar con tanta pasión de los cuentos de Borges? ¿Te satura la  lógica de los números en algún momento?

No sé. ¿Alguna vez estuviste localmente enamorada? ¿Te saturaba ese hombre?

Justo ese ejemplo…. Rápidamente no, pero al tiempo…

No estabas totalmente enamorada.

Estaba, pero con fecha de vencimiento. Puedo llevar la pregunta a la pasión literaria. Entiendo la pasión, pero ¿es tan puro y universal el lenguaje físico y matemático?

¿Hablamos de física o estamos todavía con las pasiones del amor?

No, esas son un agujero negro. Pero la saturación del lenguaje  también ocurre entre quienes  trabajamos con las palabras. Hay cosas que escapan al lenguaje y, al buscar por ese camino, las tapamos y la pifiamos. Por obstinarnos en el lenguaje. Ahí es cuando yo me saturo y me llamo a silencio. Me pregunto si en el ámbito científico pasa algo de esto.

Cada persona es distinta. Yo te puedo contar lo que yo pienso e interpreto. En la  pasión hay una parte de irracionalidad. Sí, bueno, te cansas de estar 12 horas en lo mismo. Quizás saltás a otro tema y después  volvés. Para mí, es todavía un romance que no ha encontrado la fecha de vencimiento.

Se reedita.  Reconozco que la pasión por el lenguaje “es más infinita que otras”.   Lo nuestro son imágenes e ideas verbales.  Pero nos intrigan todas esas fórmulas que vemos pasar, en las que debe haber un montón de sentidos que no podemos leer.

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Xul Solar.

 EINSTEIN LE JODIÓ EL ZÓCALO A “CRÓNICA”

                                    “Soy el que pese a tan ilustres modos/de errar, no ha descifrado el laberinto /singular y plural, arduo y distinto, / del tiempo, que es uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada/ en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”

                                                                                                    “Soy”, Jorge Luis Borges.

 ¿Pensás que hay poca educación en la sensibilidad hacia lo que es una revolución en lo científico? El resultado obtenido,  ¿debería servir para algo evidentemente práctico para que nos conmueva más que el cadáver de un extraterrestre congelado en la NASA?

Es claramente un descubrimiento que impacta a la comunidad científica, son resultados esperados por muchísimos años. Me parece correcto plantear cómo esto afecta a la gente común. La respuesta fundamental, la más honesta, pasa por el conocimiento científico  y por en qué este conocimiento nos ayuda a progresar como sociedad. Uno nunca sabe las aplicaciones que puede tener en el futuro. En los años 40, los láseres eran algo teórico, no tenían aplicación; hoy están en las lectoras de cd, de películas, en muchas aplicaciones. La verdadera revolución-  en verdad, muchísimo más interesante-,  hubiera sido no confirmarlas predicciones, haber observado algo diferente a lo esperado. Entonces, nos estaríamos planteando si la teoría de la relatividad funciona o ha fallado. Hasta ahora solo había sido testeada más que superficialmente, en regímenes muy poco veloces, como los planetas en el sistema  solar, que se mueven mucho más lento que la velocidad de la luz.  Haberla testeado en un régimen como el de los  agujeros negros,  es intensísimo. Es el máximo en el que podemos testear la teoría  y ha funcionado tan bien. Es fantástico, ahora le creemos más a la teoría. Es una revolución para la astronomía, para la astrofísica. Pero para la teoría en sí es una confirmación más que una revolución. Quizás por eso no fue tapa de todos los diarios. Lo contrario hubiera sido tapa de Crónica: “Einstein la pifió”.

De todos modos, que vos nos digas ahí sentado, tomando un café, que vamos a escuchar el sonido del comienzo universo alcanzaría para una tapa de  algún diario sensible.  Tampoco estaría mal para el periodismo amarillo algo como: “van a escuchar al babé mundo nacer”. Sobre todo, para una sociedad  eminentemente visual, imaginar que las huellas que nos va a dar el universo son auditivas, no visuales.

Fue una analogía inicialmente pensada para explicar la diferencia entre lo visual, en el sentido de ondas electromagnéticas- ondas de radio, rayos x, gama infrarrojos, lo que podemos ver con nuestros ojos, detectar con distintos aparatos- y las ondas gravitacionales, que  son de una naturaleza distinta. Son otra fuerza. Por eso hicimos la diferencia entre ver y oír. Desarrollamos un nuevo sentido.  Vos podes ver, por tu ventana, a un pájaro  moviendo el pico. Pero esto no te da la información que tenés cuando escuchas el canto de un pájaro. Cómo podes describirlo si no contás con el sentido auditivo, cómo podrías describirlo mirándolo simplemente. Ese es el sentido de la analogía, ahora nosotros tenemos un sentido nuevo para ver, para entender el universo.

Eso sería suficientemente revolucionario también, porque es un cambio de eje, de posición.

Xul Solar.
Xul Solar.

LA ERRANCIA DEL CALCULUS

                                               El azul de la ilustración me pareció más propio de la heráldica que de la realidad. En un sueño vi tigres de un azul que no había visto nunca y para el cual no hallo la palabra justa. Sé que era casi negro, pero esa circunstancia no basta para imaginar el matiz. Meses después un colega me dijo que en cierta aldea muy distante del Ganges había oído hablar de tigres azules. El dato no dejó de sorprenderme, porque sé que en esta región son raros los tigres. Nuevamente soñé con el tigre azul, que al andar proyectaba su larga sombra sobre el suelo arenoso. Aproveché las vacaciones para emprender el viaje a esa aldea, de cuyo nombre -por razones que luego aclararé- no quiero acordarme.”

                                                           “Tigres azules”, Jorge Luis Borges

¿Qué es lo real para un científico?

Pienso, tratando de no decir obviedades.

Mientras vos pensás, yo reviso mis anotaciones. En un momento de tu carrera vos te ocupaste de la teoría de las súper cuerdas, según la cual cada partícula tiene dimensiones que son visibles y otras  dimensiones que se apretujan y se esconden en el espacio. Vuelvo a decir que hay cosas que se están sustrayendo al lenguaje y forman parte de lo real. Es el canto del pajarito para un sordo. Si esas dimensiones se sustraen de la percepción, pero existen, ¿a qué estamos llamando lo real?

Me hiciste acordar, de nuevo, a cuatro cuentos que Borges escribió al final de su vida, “La memoria de Shakespeare”. Hablan de las limitaciones del lenguaje para  expresar todas las posibilidades. Tienen ese cuento hermoso: “Tigres azules”, que es en realidad sobre piedras azules. Piedras, en griego, es “calculus”. Borges relaciona las piedras con la matemática y las cuenta. Meto 7 piedras en una bolsa, saco 3 y debería haber 4. Pero ahí adentro se regeneran. Cuenta situaciones no expresables en términos matemáticos. Habla del estudio, del conocimiento y las limitaciones de nuestro lenguaje para comunicarnos. Bueno, todo esto para evitar contestar… Lo real es algo que nosotros ponemos en términos que podamos entender. Tenemos siempre esos modelos, esos esquemas mentales que nos permiten entender, traducir la realidad. En términos absoluto, sabemos que no podemos aprehenderla, pero nos creamos una imagen.

Cuando vos diseñaste el modelo de los agujeros negros que chocan y, en la última fracción de ese choque, era posible que se emitiera una onda gravitacional que podría ser detectada,  aun no habiendo sido comprobado, todo eso ya tenía una afección sobre vos. De algún modo, ya era real.

Sí, en el sentido de que era una noción real, que nosotros considerábamos muy precisa y muy unívocamente determinada por la teoría de la relatividad general. Estaba ahí para ser comprobado o no. Puede haber teorías matemáticas hermosas y consistentes, de las que muy difícil extraer  predicciones comprobables hoy en día.  No sería la primera vez que una teoría hermosa no representa el universo en el cual vivimos. La belleza matemática  es algo deseable, pero no necesariamente es real.

¿Un cuento de Borges es real?

Yo definiría los cuentos de Borges más como inspiración. No sé si la palabra es real. Cada vez que leo uno de sus cuentos, desde los doce, catorce años hasta hoy, lo pienso, lo siento distinto.  Te lo permite esa riqueza, ¡hay tanto! Conectar esa inmensa lectura de todos los textos relevantes de los últimos 2000 años…  logra conexiones y narra  detalles increíbles. Nunca terminas de leer y entender las cosas como él las analizaba. Para mí ha sido inspiración, me ha motivado a pensar cosas filosóficas. Obviamente, lo que entendía cuando lo empecé a leer, lo que creo entender ahora y lo que  entenderé mañana será distinto. Los cuentos de Borges te permiten poner toda tu experiencia  junto al texto. Hay mucho más que lo que se escribe: la historia, la historia superficial, lo burlado, el absurdo; muchas capas. No he leído nada más, precisamente, porque me apasioné con mi profesión, pero no he encontrado a nadie que escriba como Borges.

HABÍA UNA VEZ

Xul Solar.
Xul Solar.

 

                                    A QUIEN LEYERE: Si las páginas de este libro consienten algún verso feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo usurpado yo, previamente. Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú el lector de estos ejercicios, y yo su redactor.”

Encabezado de “Fervor de Buenos Aires”, Jorge Luis Borges.

Borges fue un gran lector de sí mismo.  Él encontraba sobre qué seguir escribiendo, leyéndose. Cuando veía que los orilleros se peleaban, y varios cuentos eran de orilleros, sacaba la idea del doble. Cuando el doble se le reflejaba y multiplicaba, sacaba la  idea del espejo. Y, cuando los espejos se le multiplicaban, se  volvían  laberintos. En este sentido, ¿podemos pensar que los astrónomos son grandes lectores, que le piden al universo temas para seguir la lectura o la escritura?

Sí, en ese sentido, si se podría decir que sí. Borges utilizaba los espejos, los laberintos, esas regresiones infinitas. Un escritor que escribía literatura, pero introducía temas filosóficos muy interesantes y los planteaba en una historia mínima, sarcástica. Uno leía e identificaba  algo enseguida y después se daba cuenta: la cosa tenía una profundidad diferente a la  de esa historia básica. En ese sentido, está relacionado con lo que hacemos los científicos y con todas las actividades del ser humano. No es tan importante lo que hacés, sino cómo lo haces. En cualquier profesión, en cualquier trabajo, si sos una persona éticamente correcta, merecés el mayor de los respetos.

La pasión…

Ah, volvemos a la pasión.

Sí, es una palabra que vos usás mucho, no me la enchufes a mí. Eso que tenés colgado ahí, en la pared de tu estudio, ¿son espejos?

Son placas de metal pintadas con colores metalizados.

Parecían espejos.

Es una obra de arte. Esta es mi pequeña oficina.

¡Qué lindo! ¿Parque, campo?

Es en las afueras de la ciudad de Rochester.

Retomando el tema de la pasión, cuando hablas del origen de tu pasión, remitís a la infancia, a ese espectáculo del hombre al llegar a la luna, a los viajes de Lanús a La Plata para estudiar.  Algo vincula el origen del mundo con tu volver  permanente a la infancia. ¿Hay alguna fantasía, algún sueño que hayas tenido en esos comienzos que ahora sentís que se pueda cumplir, a nivel profesional?

Hay muchas cosas que me retrotraen a Argentina, a la infancia, a cuando empecé a leer, a la pasión por la astronomía y a aquellos sueños. Uno de los hechos de gran impacto fue la llegada del hombre a la luna. Fue algo mayor e impresionante para nuestra generación. En mí, después siguió. Millones de personas vieron la llegada del hombre a la luna, pero no hay millones de astrónomos. Es un catalizador de algo que ya estaba en mí. La curiosidad, el interés, muchos sentimientos juntos. Hay componentes de ego, de interés, hay componentes de pasión. La repito porque es una palabra que me permite referirme a muchas cosas que son difíciles de explicar.

Es una palabra compleja. Etimológicamente, quiere decir sufrir

Sí, bueno. A ver, si volvemos a los enamorados, también ahí hay un componente de sufrimiento, de incerteza. Hay sufrimiento también en el sentido de que cuando te dedicás a algo con pasión, lo hacés tan intensamente que sacrificas muchas opciones de vida. Yo me refería a que necesitás una intensidad, un sacrificio para hacer las cosas que soñas, que sí, tienen un componente de…

Dolor, incomodidad.

Hay también momentos de éxtasis, hay mezclas, pero nunca indiferencia. Esto es lo importante. Esos momentos de altos y bajos, en la pasión, son parte de la vida. Cuando no hay más esa pasión y caes en la indiferencia, ahí te planteas: qué estoy haciendo, cuál es mi vida.

Es el momento de la fuga. La indiferencia  hace pareja con la muerte, con no afección. Las pasiones cambian. Algunas permanecen porque hacen matriz con el origen. Me preguntaba si no serán esas las huellas preñadas de silencio, al borde de lo indecible, las que buscamos. Algo que está ahí desde que el universo  empezó o desde que inventamos su origen.  Y que, como vos decís,  está  en todo el universo: las huellas del comienzo que pronto tendremos todos la posibilidad de escuchar. Algo que no llegó a la indiferencia, que está allí para ser escuchado. Permanece, como una huella indeleble. Y nos busca.

 




FUERTES VIENTOS

El cuidado del otro: sobre fragilidades.
Por Nora Lomberg

LA ETERNIDAD, HOY

La citó la maestra, es por su nieto menor, el Seba. El pibe no escribe en el cuaderno y ya está en tercero.
Tampoco habla bien, señora.
(Ella esconde sus manos, ya agrietadas y eso que recién cumplió 36. Las pone bajo su blusa. Baja la mirada y, en silencio, observa los zapatos de la señorita Silvia, bien lustrados, uñas pintadas y un delantal blanco con volados en cuello y bolsillos. Esos días ha llovido y el barro sostiene las zapatillas de María).
Lo que le digo, señora, es que si ustedes no lo ayudan en casa, yo no puedo.
¡Y qué va a hacer! Somos así, un poco duros nosotros. Ninguno estudiamos. Además él es de poco hablar.
(Seguro ya sabe que su padre está preso, piensa, mientras le pone sonido al suspiro. Todavía le falta tanto trabajo al día. María precisa vender empanadas, para poder ir mañana al Penal, cocinar y llevarle al Juanjo cosas ricas. Aparte tiene que llamar otra vez a ese abogado que nunca dice nada. Se toca el cabello, ya con alguna que otra cana, y se acomoda en la silla. Es una mujer buena y luminosa.)
Desde la ventana, se ve la infancia correr el recreo en el patio. Y dos perros, echados al sol. Irrumpe el Seba y se abraza a su abuela, a puro llanto. María lo besa y lo carga en su falda. Se quedan así.
Deberían consultar a una psicopedagoga, insiste la maestra.
(Silvia tiene la sensación de que ninguna cosa va a cambiar. Sostiene esas palabras con una mirada curiosa, la toca, le sonríe al niño. Piensa: tal vez no sea el momento. Tal vez, más adelante. No sabe cómo seguir. Pero persiste. No hay lugar para más debilidades.)
La respuesta no llega. Para María la eternidad es hoy.
Podrían preguntar en el hospitalito, creo que había una Licenciada.
(Las palabras de la maestra le impactan en el ánimo y en las ganas de acostarse a dormir. Pero se rescata, se reincorpora, se levanta de la silla.)
-Están dando el almuerzo, mijo, vaya- le dice La María al Sebas.

 

EL CIELO, A ESCONDIDAS

¿Este es el cielo que soñamos?
Hace 8 y 10 años que corren y el otoño amarillo cruje bajo sus pies. Hay un horizonte del que ellos escapan. Urgente, el más grande lo empuja con un grito. Mi mirada corre con ellos, me quedo tiesa, con la llave del auto en la mano, paradita, invisible en la ciudad a esa hora temprana. El contenedor de basura los llama. A upa, el pequeño arrastra al más grande hacia las profundidades. La basura abre su boca para devorarlos. Pero igual la habitan, se hacen lugar. Dos policías, más lentos que los pibes, danzan su búsqueda delante de mí.
Y gira que gira la plaza, los árboles, el cielo neblinoso, el olor a lavandina de las veredas, el frío mañanero, el futuro arrojado a la basura.
La mujer policía se acerca y me consulta por los niños, habían robado, parece, un celular. No los vi, acabo de estacionar, señalo el auto con la llave en mi mano. Inquietud y riesgo. Giro la cabeza y cierro la puerta, la luz matinal me ve correr las calles sin conciencia. Cómplice silenciosa de la escondida, empezó mi día.
¿Es este el sueño que cielamos?

NOSOTROS, LOS OTROS

Me enfermé                Cuidate

Estoy sola                                        Te extraño

¡Hasta siempre!                        No te mueras nunca

                         Hacé la tuya                                                   Sé feliz

 

nora1 francis picabia, The cacodelic Eye L´Oeil

Somos hablados en la era de la liquidez. ¿Pero qué nos habla? Se han diluido los saludos en la mera inconsistencia. Se han vuelto la guarida del enemigo.
¿Todo se va por el contenedor? O, para tomarnos unos mates tan siquiera, ¿quedará alguna temporalidad que no sea solo transcurrir? ¿Hay una vida offline? ¿Qué pasó con la mano amiga, la esquina con los vecinos, las interminables llamadas por teléfono (ese aparato con cable)?
Contá conmigo, che,                                          te espero,                                                         venite

                                             y lo charlamos.

El otro día, en la escuela, no supe qué decirle a una abuela. O, tal vez, no me animé a poner palabras incómodas a sus días, a escupirle un “su nieto no va a poder aprender”. Justo, entonces, sentí su tristeza en mi cuerpo y no pude seguir. Así, las palabras son como lazos, con firuletes, puntos y comas. Saborearlas, desarmarlas, darlas vuelta como si fueran guantes y dejar de apretujarlas contra la pantalla.
Por eso: tiene que haber una manera otra de habitarnos. Más intensa y permanente. La lentitud a modo de contracultura. Y, como plantea Donald Winnicot, debemos crear lo dado. Dejar nuestra marca o, más bien, marcar el camino. Mover la roca de la imposibilidad hacia un “lo quiero así y me levanto”. ¿Qué es el cuidado del otro en estos contextos?
¿Frías mañanas indiferentes?,
¿palabras huecas del amor?
Inventemos un fuerte viento a favor, que nos arranque los emoticones en un instante.
Y después te cuento.




ASOMBROS DE RINCÓN

El cuidado del otro: sobre la curiosidad y el asombro.
Por Mariana Paula Dosso

UMBRAL

Vorágine de los autos al cruzar una avenida. Correr para tomar un colectivo o empujar hacia adentro en el vagón del subte. Prender la computadora antes del “buenos días” a los compañeros de trabajo. O también: la vorágine en un pueblo perdido en esa rutina pesada, insensible al asombro. Entre tantos espacios acelerados, se hace difícil encontrar el tempo hacia los demás. Avanzar, conocer al otro y sentirme interpelado por su presencia. Sin más ni menos: su presencia. No aquella imagen dibujada con facilidad en mi retina, o en la cadena de prejuicios enlazada a un comentario.

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Escape al Surrealismo (París)- Pejac

Pero no todo es escollo. A veces algo de la curiosidad asoma, una persona en una situación vulnerable acapara la curiosidad en el umbral de la casa. Más tarde, el territorio puede extenderse y abrirse en un cuarto que conduzca de la curiosidad a la preocupación. En los pases de una habitación a otra, los sentimientos se enredan. Pocas veces queda lugar para expandirse en la amplitud del asombro, recorrerlo, dejarse interpelar por el otro.

Pero no todo es escollo y a veces sucede. Entonces, la casa se transforma  en un espacio solidario e infinito y el pensamiento, en asombro que sobrevuela la utopía.

¿Cómo fundar el territorio del conocimiento y del cuidado en la vorágine cotidiana? ¿Cómo imaginar otro espacio tiempo, en la lentitud?

ENREDOS

En nuestras ciudades, suele conmover un niño recostado sobre la vereda en plena vorágine matutina. Sin embargo, para muchos, ya no interpela. Y el Estado, ¿en qué funciones se enreda que no responde? ¿Y si alguien se acerca y propone un hogar para ese niño? Claro, las “respuestas” son las “existentes”. Imaginemos: al niño se lo puede llevar a una casa, al cuidado de profesionales y con otros futuros amigos. Sin propuestas para toda la familia, el padre se resiste, prefiere, elije cuidarlo él. ¿Y? ¿Cómo se resuelve? Cuánto para reflexionar se pondrá sobre la mesa de las decisiones, cuánto de la palabra del padre, cuánto de las causas estructurales de la pobreza, de los derechos de la infancia, de un mundo injusto y del propio niño, recostado sobre un colchón con sus juguetes del día.

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Pejac

La fragilidad no se reduce a las carencias y los deseos se abren en la fragilidad por conocer.

MISMISIDADES[i]

Allá, en algún rincón de noviembre, el profesor Cullen insistía en “el otro en cuanto otro”. Juego de palabras de la mano de Lévinas para impulsar sentidos. Y sumaba “el otro sin reducirlo a las mismisidades”, “el otro no como diferente a mí”.

Hablar del respeto, de la convivencia, de la diversidad suele atraparse en anillos de la propia representación, relaciones autorreferenciales para comprobar una y otra vez que el camino elegido es el apropiado. El Otro aparece débil. Y ahí nomás le tendemos un círculo para acobijarlo. Tal vez coincidan los pareceres y el ambiente se torne cálido y confiable. Pero si las miradas buscan huellas diferentes, el clima se enrarece, los anillos se cierran y puede resultar asfixiante al recién arropado. En fin, anillos sin interpelación posible al otro.

La clase avanzaba un poco más al desarmar la idea del diferente a mí. “Si el otro queda atrapado a mi representación, la relación es consigo mismo”.  Y, como en una brisa circular, “el otro en cuanto otro”, el profesor nombra, insiste, persiste.

Magritte -La condicion humana
La condición humana- 1935- Magritte

ENTRE IDAS Y VUELTAS

Por la tarde temprano, se suele viajar con cierto silencio. Aburrida, ante la monotonía de las veredas, centré la atención en dos mujeres jóvenes.

-La seño me dijo que le diera las vacunas a la nena.

-Sí, yo se las di la semana pasada, las que me faltaban.

-Yo no.

-Ayer le llevé el certificado.

-Allá, en mi familia, nadie se vacuna. Y están todos bien vivitos.

-Pero la seño dijo que si no están los certificados no pueden ir al jardín. La salita está abierta de 9 a 12, todos los días.

-Yo no los voy a vacunar, los problemas de salud en la comunidad los resolvemos de otra manera.

Una de las mujeres se inclina a levantar unas bolsas del piso, acomoda su mochila sobre su pecho y el timbre quiebra la lentitud de la tarde.

-Chau, acordate que mañana nos dijeron de quedarnos hasta las 8. Espero aguantar tanto tiempo parada… Chau, chau.

Al bajar, reparte el peso en sus dos manos. Miradas amorosas y manos justas también pueden tropezar. Y si la alumnita lleva en su mochila un certificado de una médica homeopática…, tal vez, las insistencias disminuyan. O no.

¿Cuánto para sostener una crianza cuidada? Adultos amorosos en el cotidiano, maestros, vecinos… hasta un Estado hecho de trabajadores éticos, atentos a responder a la fragilidad del otro.

COMUNIDADES

Ronda la solidaridad, ancla en la velocidad y despierta en las comunidades. En nuestra sociedad el cuidado toma diferentes rumbos: organizaciones vecinales, organizaciones políticas, una cooperadora escolar por aquí, una agrupación de mujeres por allá, un taller de arte en el medio del vendaval. Y las experiencias nos pueden encaminar para diferentes pagos. También, las épocas nos llevan a las más disímiles experiencias: Estados con políticas de inclusión y dignidad, con mayor disposición a las texturas de nuestro territorio. Y, en la vereda de enfrente, Estados que se fortalecen en la negación del otro, la violencia de someter y arrancar derechos.

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Mancha (Santander)- Pejac

Y ahí las contramarchas de la historia. Revoluciones, movimientos políticos, transformaciones profundas conducidas por lealtades y liderazgos potentes, capaces de empujar la historia y dignificar.

Dar la palabra. Recuperar la palabra. Tomar la palabra. ¿Y la escucha? ¿Somos vulnerables a escuchar?

SER O ESTAR, ESA ES LA CUESTIÓN

Seguimos por aquel noviembre con reflexiones de Rodolfo Kusch y un acertijo de palabras para varias clases: “Nuestro problema de ser, sin estar (…) El pensamiento no se ve ni se toca, pero pesa (…) El pensamiento está gravitado por el suelo que habitamos”.

Ahí se evidencian los primeros espejismos: nos convencemos de ser sin estar. Nos pasamos la vida al sumar bloques, al colocar los más altos andamios -siempre con un nivel- para asegurarnos la superficie inconmovible de las paredes.

Estar. Stare. Del latín, estar de pie.

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Phiedra (Madrid) – Pejac

Otros apuntes en algunas hojas lisas: “estar listos para la marcha. Dimensión situacional, provisoria”. Ávidos de conocer, de zambullidas en puntos de vista, de braceos hacia otras profundidades. Amarres. Zarpazos.

Ser. Sedere: estar sentado, estar seguro. Con un armazón más o menos cómodo de argumentos cotidianos, de mitos científicos, de hipótesis religiosas o berretadas filosóficas. Más flexible en los días de lluvia e impermeable para transitar  las zonas peligrosas al GPS.

Ser: estar sentados. El cuerpo se encorva, se atomiza, hay articulaciones que prescinden del movimiento. La visión se reduce a nuestros pies. Se entumecen las sensaciones y las búsquedas alcanzan el trayecto de la mano a la mesa cotidiana. Aunque sea un banquete de la Edad Media, los contornos limitan los sabores y los colores. Los aromas… ¡imprescindibles! son los únicos habilitados a entremezclarse, a dar novedades, atracciones y antipatías.

Acontece. Se encorva el esfuerzo de “ser alguien” para dar paso al estar. Territorio vivo que late, transforma, inhibe y potencia las siluetas. Territorio ávido de movimientos, de intercambios, de pareceres exultantes y palabras acompañadas de escuchas.

RINCONES

Acurrucar para cuidar.

Pocos saben de las matrices de los consensos y de las aguas que empujan la historia.Torrentes para avanzar, ampliar derechos o construirlos en los rincones más preciados e insólitos: en las políticas públicas, en una sala de salud, en un merendero o en la oficina de recursos humanos. Allí, en voz baja y entre trabajadores, se actualizan sus derechos laborales.

Ver la fragilidad del otro en el inicio de conocer: lejos de la debilidad y cerca de sus deseos, expectativas, maneras de estar. Así, el asombro deviene en un modo de querer mirar el mundo, de querer vivir. Los rincones tornan en momentos de huida, refugio, acobijo o solo se vuelven espacios donde “desensillar” hasta que aclare.

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La victoria – 1939- Magritte

Sin más, la vorágine teclea el ímpetu del asombro, lo arrincona o queda de pie en el umbral de la ventana. La curiosidad apenas se asoma a los otros y su preocupación ocupa un cuarto sin descender jamás a toda la casa.

El asombro habita la casa, la transforma.

Al fin de cuentas, cuidar: un acto de conocer, de asombro.

 

[i] Apuntes de las clases del Seminario “Problemas teóricos y epistemológicos” de la Maestría Pedagogías Críticas y Problemáticas Socioeducativas, a cargo del Prof. Carlos Cullen, 2010.




CRUCE DE INFANCIAS

CRUCE DE INFANCIAS

El cuidado del otro: Entrevista a Lorena Barutta -directora- y a Mabel Seguro -autora y actriz-, de la obra “Saltá, panchita, saltá”.

Entrevista y edición: Víctor Dupont

Año 1950. Sobre un escritorio atiborrado, una vieja cajita de música suena. Huérfana, una melodía simple se repite, a ritmo lento, varias veces. Las notas empiezan a dispersarse y parecen llamar a una mujer. La mujer está dormida, entre papeles, expedientes, lapicera, tintero y un té a medio tomar. En su sueño se ve a ella misma, de niña, con sus zapatitos y su vestido un poco sucios. Peina una muñeca de trapo y  conversa con ella, improvisa rimas, la hace bailar. Le dice: “Te vas a llamar Evita, como a la primera mujer. Pero vos no saliste de las costillas de Adán, sino que fuiste hija de mis palabras.” La cajita musical termina por despertar a esa otra que sus sueños duplican en niña y muñeca. Esa Eva, ya apellidada Perón, oye a la música caerse en silencio. Se descubre los ojos, retoma los papeles en los que escribe, paciente y con dificultad. Al recordar, la niña de ese sueño, escribe: “Dije que me había resignado a ser víctima. Más aun: me había resignado a vivir una vida común, monótona, en apariencia estéril pero a la que consideraba inevitable. Y no veía ninguna esperanza de salir de ella. Por otra parte, aquella vida mía, agitada dentro de su monotonía, no me daba tiempo para nada. Pero, en el fondo de mi alma, no podía resignarme a que aquello fuese definitivo. Por fin llegó “mi día maravilloso”. Todos, o casi todos, tenemos en la vida un “día maravilloso”.

Año 2000. Una niña huérfana pulula de hogar en hogar. Se escapa. No soporta el encierro. Cada vez que lo hace, corre por las calles con una sensación de ahogo y de alivio a la vez. Lleva siempre una muñeca,  la esconde donde puede. Ya en la calle, le habla y le dice: de grande, ella va a ser poeta. No importa cómo. Escribirá versos y la muñeca cobrará vida y los recitará. Una mañana, esa niña es ingresada a su último hogar, donde estará hasta sus 18 años. Cuando la directora la cita para conocerla, ella se distrae con una cajita de música en el mismo escritorio. La directora, ante su mirada, da cuerda y las notas empiezan a flotar. La niña sonríe. Y decide no escaparse más.

Año 2015 o 2016. Una empleada pública decide ser actriz. Juega en su escritorio como una niña. Vapuleados el aire y su silencio, las palabras de Cortázar vuelan, los bollos caen en un cesto y los papeles se hacen muñecos de papel. La trabajadora hace ruido. Salta. Exagera su dicción, agranda las vocales. También, a modo de juego, escribe un texto. Sueña con representarlo sobre un escenario y poder estar entre luces, escenografía, público. Pero, una tarde, la directora de su trabajo le hace un regalo de cumpleaños. La empleada rompe el paquete: es una hermosa caja de música. Da cuerda. Y las notas empiezan a flotar. Sin saberlo, la melodía atrapa, en su misterio de huellas, una constelación de nombres. De tiempos. De infancias. De escritorios. De tablas. Nadie sabe cómo, pero los nombres de Evita, de una niña anónima y de una empleada pública se escriben, se borran entre nota y nota, antes de que la cuerda de la cajita gire sobre sí misma.

1-7PUESTA EN INFANCIA

Pero decidme, hermanos míos, ¿qué puede hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño? El niño es inocencia y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que gira por sí misma, un primer movimiento, un sí sagrado.” Nietzsche.

 Panchita tiene la infancia puesta en el cuerpo…

Lorena Barutta (Directora): Hay un episodio que la marca. Cuando su mamá va a votar por primera vez, eso le deja una huella para su lucha de grande. Eso, ella lo traslada a su propia búsqueda.

La infancia huérfana, la lectura. La huella poderosa de haber leído “La razón de mi vida”. Y las palabras. Hay algo entre Panchita y las palabras. En un momento dice: “Había palabras prohibidas. Menor, no. Patronato, no. Judicialización, no.”

Mabel Seguro (Actriz y autora): Eso tiene que ver con el primer período de su inserción laboral, en el instituo Patinio. Estaba recién recibida de asistente social. Y las nenas vivían ahí. Había un paradigma muy diferente del “menor”. Después del 2005 y con las políticas públicas, ese paradigma se modificó: dejamos de considerar que el niño debe estar “tutelado” por el Estado, por decisión de un juez, y ahora es un sujeto pleno de derecho. Para Panchita, una militante de estos nuevos paradigmas y miradas sobre la infancia, es muy fuerte ese cambio. Ella se enamora de ese cambio. Lo vive con gran pasión. En esa transformación, los pibes son escuchados en su deseo.

¿Ella escucha la voz de los niños?

Mabel: La escucha, claro, desde su lugar más humano, no sólo profesional. Las voces de los niños están en ella. Todo el trabajo de investigación que hice hasta componer el texto se basó, en gran parte, en charlas con ella, con Francisca Salvatierra. Ella me contaba estas anécdotas. Y veía a esas nenitas en ella.

Panchita misma parece una niña. Juega, imita voces, manipula muñecas. ¿Cuánto hay de voluntario en eso?

Mabel: Yo hago teatro porque me gusta jugar y estoy grande (Risas.). Y Lore es una maestra en eso, en permitir el juego. Porque, si uno puede jugar el personaje va a estar vivo. Ahí se expresa lo lúdico y lo que me interesa como actriz. Fue un proceso donde se rescató siempre el juego.

1-9MUÑECAS A LA CANCHA U ORFANDAD EN ESPEJO

Como los niños, los poetas intuyen el vínculo exacto entre curiosidad y memoria, melancolía y resistencia, aventura y tolerancia. Y lo que buscan es nada menos que liberar las cosas de su destino utilitario y al lenguaje de sus taras más odiosas: quedarse en su propio coto de caza donde es posible seguir siendo un pequeño príncipe.” María Negroni.

Y ahí aparecen los objetos de la escena. ¿Cómo surgieron en el proceso? La pelota, la ropa del fútbol, las muñecas…

Lorena: También fue un gran trabajo. Descartamos muchas cosas. Primero trabajamos con muñecos muy chiquitos. Construíamos ese universo con los nenes llegados del taller. No nos cerraba, pero siempre estuvieron presentes los objetos, los juguetes y lo lúdico. Eso era fundamental para contar la historia y quitarle dramatismo. Siempre que se evoca el pasado, la niñez se corre el riesgo de la nostalgia. Y la nostalgia no sirve para el teatro porque te instala en un solo clima. No te permite descubrir. Entonces:¿ cómo contar este texto? Uno no quisiera que los niños vivan así, pero viven: nosotros quisimos contar la historia de Panchita y de estos niños desde un lugar más feliz.

Mabel: Me acuerdo que hicimos venir a un titiritero, Javier. Él nos sugirió que dejáramos de trabajar con miniaturas.

Lorena: Lo interesante que nos dijo es: debíamos definir cómo queríamos contar a través de los objetos. Vino a un ensayo. Principalmente, ver cómo vincularnos con Marilyn, una muñeca con una varilla. Como Mabel y yo no somos titiriteras, necesitábamos una mirada. Él nos hizo varias propuestas, nos ayudó en la manipulación de las muñecas. Al final, lo resolvimos: decidimos que Mabel pusiera el cuerpo… Cuando yo agarré el texto de Mabel y lo llevamos a la acción, no hubo un estudio previo. No trabajo con ideas previas. Trabajo a partir de lo que me imagino, con qué me pasa con la actriz y cómo juntas vamos con el cuerpo. Las ideas están, pero se bajan a la experiencia.

Mabel: Marilyn… Siempre ensayamos con esa muñeca y nunca nos desprendimos de ella.

La historia que cuentan a través de esa muñeca es la historia de una nena huérfana, como Panchita.

Mabel: Esa fue la historia más fuerte que me contó la Panchita verdadera. La lectura de “La razón de mi vida”, más la votación de su mamá, para Panchita,  fueron de la mano. La orfandad propia y la ajena. Ella me decía que no se enganchaba con todos los chicos desde el mismo lugar. Entonces, esa experiencia con esta nena, la marcó: ella pone el cuerpo para salvar la vida de  …

Esa muñeca, en particular, tiene una gran fuerza.

Mabel: Tiene unos ojitos, una mirada… Y está un poco rota, una pierna… Decidimos dejarla así. Lore me decía que la tenía que mirar, descubrirla a Marilyn. Y me costaba, al principio la muñeca no tenía varilla.

Lorena: Claro. Con la varilla lograbas más distancia que con la muñeca, podías manipularla mejor, te daba más juego… Cuento brevemente la historia de ese nombre. Hace muchos años, con compañeros de La Boero, teníamos un espacio de investigación donde dábamos clase y montamos una obra. La llevamos a hogares de niños. En uno de esos hogares conocí a Marilyn, una nena de 12 años. Su mamá había muerto cuando era chiquita, el padre y la abuela no estaban presentes. Anduvo pululando desde los 5 por muchos de esos lugares y, aquella tarde en que fuimos, pegó mucha onda conmigo y con Fabiana Mosota, actriz y psicóloga también. Le pasamos nuestros teléfonos. Y Marilyn, bastante rebelde, siempre se escapaba de todos los hogares. Cada vez que pasaba eso y estaba un tiempo en la calle, nos llamaba a mí y a Fabiana. Nosotras llamábamos a la asistente social, la ubicábamos en otro lugar y se escapaba. Así sucedía. Una vez la mandaron a una clínica psiquiátrica. La fuimos a ver y estaba completamente dopada. Le pedimos que no se escapara y lo volvió a hacer. Después de estar en la calle otro tiempo, fue a parar al hogar de Warnes, ¡donde trabaja Mabel ahora! Ahí ya estaba mucho mejor.

Impresionante cruce.

Lorena: En uno de los hogares donde estaba Marilyn, con Fabiana, dimos unas clases de teatro. Las chicas estaban muy mal cuidadas. Dimos dos clases. Y bueno… Una chica de ahí se suicidó y decidieron cerrar la actividad teatral.

¡Cómo si tuviera algo que ver!

Lorena: Bueno, pero Marilyn pasó por ahí. Ya después se quedó en el hogar de Warnes. Cumplió su mayoría de edad. Ahora tiene tres nenes. Hablo de vez en cuando con ella y está bien. Lo más loco es que yo la acompañé al juzgado y estuve cuando abrió su expediente y vio la foto de la madre. No conocía su cara… ¡Jamás habíamos hablado de esto con Mabel en nuestra vida!

_MG_3482MILAGRO Y PANCHITA

La poesía es la continuación de la infancia por otros medios”.

María Negroni.

Después está la otra muñeca, esa muñeca doble.

Mabel: La elegimos porque con ella podíamos hacer ese cambio y usar la pollera de chifón. Cuando la directora le dice a Panchita que hay que ir a comprar las cosas, Panchita lleva a la nena de esta historia y eso no solía hacerse nunca. La lista la elabora la directora de su trabajo, quien no tiene por qué llevar a esa nena. Panchita se enganchaba con todas esas cosas…

Cómo se transmutan sus infancias a través de Panchita, ¿no?

Mabel: Hice esta obra porque sé que estos chicos, con estas infancias, tienen los mismos potenciales que cualquier pibe. Sólo hay que captarlo. Tiene que haber un adulto que no lo estratifique con criterios estancos. En general, en el sistema anterior y el actual, está muy estigmatizado ese niño. El estereotipo del “pibe chorro”. Yo quise mostrar la potencialidad de ese niño, pero no a través de algo reivindicativo, sino de un modo más creativo.

¿Y la otra muñeca, entonces?

Mabel: Bueno, su nombre es Milagros.

Y está la foto de Milagro Sala. Aparece como una mirada silenciosa porque no se habla de ella, pero está.

Mabel: Está el hashtag “Liberen a Milagro”. Mirá, en cada cosita, hay mucho símbolo y es importante, porque se están metiendo mucho con los símbolos… Cuando le llevé este material, Lorena me dijo: sería bueno que todo el mundo pueda ver a una mujer, argentina y laburante.  A una mujer anónima. Y Milagro también es eso. Es una mujer muy especial en nuestro país.

Una de las cualidades mayores de la obra es que no es un homenaje post mortem. Panchita real sigue viva y la obra lo menciona.

Lorena: Claro, en general suelen hacerse homenajes después de la vida. Y Mabel quería un homenaje en vida. La obra se cierra con lo que continúa haciendo esta mujer.

¿Cómo encararon el proceso desde cero?

Lorena: Mabel me trajo el texto y fuimos construyendo este mundo sobre eso: primero, el de la oficina, que Mabel conoce muy bien porque es su entorno cotidiano. El mundo de una empleada, una trabajadora pública. Después, montamos los tres momentos de los tres niños: Marilyn, Alejandro y Milagros. Probamos mucho y también descartamos. Fueron dos meses de ensayo. Hicimos una muestra a fin de año. Un working progress.

_MG_3496PANCHITA POÉTICA

Nadie puede dudar de que las cosas recaen, / un señor se enferma y de golpe un miércoles recae / un lápiz en la mesa recae seguido / las mujeres, cómo recaen/ teóricamente a nada o a nadie se le ocurriría recaer / pero lo mismo está sujeto / sobre todo porque recae sin conciencia / recae como si nunca antes / un jazmín para dar un ejemplo perfumado / a esa blancura / ¿de dónde le viene su penosa amistad con el amarillo?” (…)

Julio Cortázar.

Panchita arranca con un recitado de un poema de Cortázar acerca de las recaídas. Después, ella está con Alejandro, el niño que quería ser escritor…

Mabel: Ella tuvo una búsqueda por ahí. Termina de estudiar para asistente social y se mete en la facultad de sociología. Y lo de escuchar con la voz de los pibes tiene que ver con la búsqueda interna de Panchita. Eso le permite, después, podés plasmarlo en un texto, en una música. El despliegue de escuchar y de analizar los dichos, las palabras.

Es algo poético eso.

Mabel: Ella es muy poeta…

¿O muy poética?

Mabel: ¡Claro! Disfruta de verdad imaginar lo que Cortázar pone en el texto, lo descubre. Descubre al lápiz que recae, a las mujeres, al hombre que se enferma. ¿Viste que al final dice “Será tan hermoso, tía, decir nos tomamos un helado”? Al morir su mamá, Panchita tuvo mucho apoyo de su tía Victoria. Ella hizo el rol más materno. Ahí escondieron el ejemplar de “La razón de mi vida”, hasta que vino una prima de la tía y le dijo “basta, hay que quemarlo”. Tuvo que quemar el original. Esa tía que aparece en el texto de Cortázar es la idea de la tía como contención. Además, se llamaba Victoria. Las palabras en su historia tienen mucho peso. Y Juan, su compañero, se dedicaba a eso.

¿Hay una relación entre lo lúdico y lo poético?

Lorena: Sí… me dejaste pensando.

Mabel: Involucrarse con las infancias es jugar. Cantar. Tirarse al piso, hacer la vertical. Jugar. A mi hija le encanta juntarse con mi papá y le encanta oír sus dichos entrerrianos, y ella se los musicaliza, hace un rap. Establecen un código muy de ellos. Hay una relación, mirá… Panchita puede salvar la vida de un pibe, porque antes se involucró bailando con él, jugando con él.

Hay una cajita de música en el escritorio de Panchita.

Mabel: En los institutos, sobre todo, era muy usual que hubieran muchas cajitas musicales y ¡estaban en la dirección! ¿Qué sentido tiene? ¡La puta madre!

Lorena: Hay algo de eso. A nosotras, de chicas, nos regalaban unas muñecas de porcelana hermosas y había que ponerlas en un estante para que no se arruinaran. A las cajitas de música no le podías poner la bailarina. Y, en el escritorio de la obra, hay fotografías de nenes, dibujos de nenes… Una de las primeras frases de Panchita es  “Me gusta recitar”. Pienso esto en conexión con lo poético.

_MG_3466EL CUIDADO DEL OTRO

De cada edad guardo el recuerdo de una injusticia que me sublevó desgarrándome”.

Eva Perón

¿Cómo desarmar el sentido común del empleado público estigmatizado?

Mabel: Esta obra es como un acto de resistencia. Hay muchos campos para dar esta pelea, pero este, el teatro, es uno de los más atractivos para este momento. Panchita viene a reivindicar el rol del trabajador del Estado. Y Lorena también venía en su lucha por sus derechos como laburante, en términos de docente de teatro.

Lorena: Mi carrera de docente es sin título. Doy clases porque hago teatro hace mucho y tengo experiencia: trabajé en muchos colegios, siempre privados. Y siempre tuve las mismas dificultades. No tendré títulos, pero tengo formación y he desarrollado una mirada pedagógica. Años luchándola y viene uno y termina ganando más que vos.

Mabel: ¿Sabés cómo nació Panchita? Nació cuando a mi compañera de trabajo, la Panchita real, le monté una improvisación en la misma oficina donde trabajábamos. Y después lo hice, pero siempre improvisado. Después, al asumir este gobierno, sentí la necesidad de darle una forma mayor.

¿Así se lucha por los símbolos? ¿Qué papel tiene el teatro en esto?

Mabel: Hay que pelear en todos los frentes. Tomar las calles como los pregoneros del subte. Hay que dar la batalla en todos los frentes. Con este producto, por lo menos yo, estoy re contenta.

Lorena: Poder vivir de la actuación es difícil. Pero hacer teatro es posible. Mabel apostó a un texto y no pensó si el público tenía ganas de reírse, si era comercial o no. Llamó a una directora… Nosotras venimos del teatro independiente. Una directora amiga me dijo “tenemos que aprender de Mabel”, tuvo una idea y la hizo. Nosotras a veces tenemos muchas dudas, y ella lo hizo. La produjo, esto hay que decirlo. Me convocó y yo le dije: “mirá, yo necesito laburar”. Arreglamos y ella me pagó los ensayos. Y ella es una laburadora. El dinero de la producción salió de su trabajo. “Panchita”, una mina trabajadora, que fue posible por otra mina trabajadora, Mabel.

Este número se llama “El cuidado del otro”. ¿A qué les resuena?

Lorena: Por lo general, cuando dirijo, lo que busco es tener la libertad de elegir a quién dirigir. Busco que el grupo humano sea bueno. Que haya buena gente. Así, se puede laburar, se puede estar de acuerdo. Sin ese cuidado, es imposible construir. Los actores trabajamos con algo muy sensible, muy frágil.  En este proyecto dedicábamos 15 minutos al “¿cómo estás?”. Teníamos un objetivo claro, pero siempre estaba el cuidado, más allá de lo profesional, el cuidado humano.

Mabel: La construcción de este trabajo fue una necesidad. Y ahí me cuido y cuido a muchos compañeros anónimos, de los que Panchita toma la voz. Y, después, hay una cantidad de cosas en común con Lorena: la historia de Marilyn, la infancia, estos cruces… Eso te da un nivel de sensibilidad compartida. Y, también la pelea por los derechos. Por los derechos de la actriz, del laburante, del niño. Para mí, Panchita hoy es una necesidad.*

*”Saltá, Panchita, saltá” se presenta los domingos 30 de abril, 7, 14, 21 y 28 de mayo. Y los domingos 4 y 11 de junio. Siempre a las 17 horas, en el Korinthio Teatro. Mario Bravo 437. Teléfono 011 2027-8803.

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EL BÁCULO QUE DIAGNOSTICA

El cuidado del otro sobre la serie Dr. House

Por Pablo E. Arahuete

LA ENFERMEDAD COMO CAMINO

El caminante rengo apura el paso. Algo lo persigue. Quizá, la muerte. El hombre va con cierta ventaja, porque su cojera siempre adelanta en el trajín cotidiano. Escapa de sí y de la sombra: la conciencia, que llega siempre en el momento menos oportuno. El tipo trabaja con el dolor y hasta convive con el dolor. Todo porque no le hicieron caso el día que expresamente pidió que lo dejaran tranquilo.  La mala praxis es  una bola de bosta que arrastra en su cuerpo de escarabajo encorvado y maltrecho: Pero un bastón, un báculo todopoderoso, lo aferra a la tierra.

house 3 (1)No hay nada celestial a su alrededor,  no hay epifanías o raptos de lucidez;  no más que  la propia perseverancia que, frente a su entorno débil, hipócrita y tan o más mentiroso que él, parece superioridad. Por  libre asociación, se diría: el caminante  que le escapa a la sombra es un émulo de Sherlock Holmes. A diferencia del famoso detective, a quien todos se refieren con nombre y apellido, a House, los telespectadores del mundo lo conocen como House. Lo de Doctor es  pasajero, algo que se adhiere a sus emanaciones de arrogancia y a esa  impronta   lógica  y deductiva, del detective adicto creado por Arthur Conan Doyle.

LA DOBLE HACHE

House y Holmes, la misma letra H del comienzo es muda y por serlo no dice, pero aspira y sugiere. Hay que descubrir si delante y detrás de  la H habita algún rasgo de humanidad. Es decir, si algo pronunciable sucede o adviene. También en esta lógica,  humanidad empieza  con H. House, en inglés, significa casa  y Holmes,  en un juego libre de palabras, podría ser home, similar a un hogar, a un espacio de pertenencia. Ambos solemnes y solitarios, comparten el mismo refugio: la búsqueda racional de la verdad. En principio, una casa fría para los hombres, para estos hombres.

DE EXISTENCIA A EXISTENCIA

para1 (1)A la pregunta quién es filósofo respondió una vez Karl Jaspers: ” yo existo en compañía del prójimo; solo no soy nada, necesito (…) una comunicación que no se limite a ser de intelecto a intelecto, de espíritu a espíritu, sino que llegue a ser de existencia a existencia”

El otro siempre es el enigma, el acertijo desafiante. Pero el otro no existe como persona sino como conjunto indiviso de síntomas que ocultan una enfermedad. A Holmes le hablan los muertos cuando llega a la escena del crimen y busca el detalle en lo que falta. El  cuerpo habla pero siempre del pasado. House,  en cambio, no escucha a los vivos, son muy ruidosas las palabras   en el desenfreno hacia el origen del desperfecto, hacia el punto que rompió  la armonía del cuerpo humano: esa máquina imperfecta.

TODOS MIENTEN, NADIE COMO YO

¡Si lo sabrá House!, ese prepotente tullido que, a cada paso  por los pasillos del hospital escuela, enseña  más resentimiento que medicina.  House escucha el silencio de los microbios y de las bacterias: los asesinos seriales de Holmes en sus esquemáticas escenas criminales. A House no le importa la muerte, tan rígida como la escena que confronta a Sherlock con el misterio. Pero el lúcido cojo  sabe que esa es la única certeza: en el caso de la imperfecta máquina del cuerpo, el crimen perfecto sí existe.Del resto duda, porque todos mienten  inclusive él.

SU MAJESTAD, EL DOTOR

house sentado en el trono (1)

En  un episodio  de esta serie que llegó a sumar ocho temporadas, House le dice a un paciente “¿Preferiría un médico que le coja la mano mientras se muere o uno que le ignore mientras mejora? Aunque yo creo que lo peor sería uno que te ignore mientras te mueres”  . Así refuerza la distancia con el otro. Sentencias condimentadas con ironía, desde ese trono del saber y poder tan ligado al discurso médico dominante. Un discurso que choca con el coro de la bioética, donde la enfermedad está subordinada al paciente y el paciente decide con el médico cómo quiere vivir.

Ya en uno de los primeros episodios, los guionistas arremeten contra la imagen  de los médicos televisivos y carilindos, como George Clooney en E.R. Así, queda bien clara la ruptura de un modo de pensar y de entender al otro y a su atención médica.

Foreman: ¿Y si hablamos con la paciente antes de diagnosticar?

House:  ¿Es médica?

Foreman:  No, pero…

House: Todos mienten.

Cameron (a Foreman):  No le gusta ver a los pacientes.

Foreman (a Cameron): ¿No somos médicos para tratar pacientes?

House: No. Somos médicos para tratar enfermedades. Tratar a los pacientes es lo que amarga a los médicos.

Foreman:  ¿Quiere eliminar la humanidad del ejercicio de la medicina?

House: Si no les hablamos, no pueden mentirnos ni nosotros a ellos. La humanidad está sobrevalorada

CONTIGO, A LA DISTANCIA

house caricatura (1)No hay nada menos exitoso en la disputa de saberes que ponerse en los zapatos del otro. Acatar las normas y las reglas de la convivencia no nos hace más humanos, no nos vuelve más buenos, porque muchas veces para hacer lo correcto hay que optar por no hacer lo que se debe. House y su laberinto de espejos deformantes conoce los límites del voluntarismo y practica la libertad como único sostén de su ética. El báculo guía , es el oráculo ciego que todo lo ve. No hay redención al final del túnel, sino el tiempo paliativo y su modo de eludir la red de los sentimientos.

¡Si lo sabrá House!, al tipo le extirparon un músculo y la mala praxis le regaló el dolor crónico de una pierna semi inútil, que le recuerda la falta y lo conduce a suplantar el vacío con la adicción a la Vicodina. Lo que no te mata te fortalece, piensa House, mientras engulle la pastillita mágica. El comprimido necesario para volverlo impaciente, vulnerable  y dubitativo cuando las alucinaciones le ganen al esquemita de la razón.

ES LA DEPENDENCIA, ESTÚPIDO

Es en la sexta temporada donde el tablero cambia de piezas y el doctor fármaco dependiente deviene en paciente psiquiátrico. Así, el cuidado del otro se vuelva en  sentido contrario. El cambio de roles  hace entrar a escena a la Kriptonita que despoja al déspota del báculo que diagnostica.

Ser otro por un momento alcanza para encontrar en el  espejo la forma que no es forma y el cuerpo que no es la suma de las partes. Por eso, la independencia absoluta es imposible. Siempre en la vida nos ata un placebo, como ese que House ingiere, crédulo de haberle ganado la partida a la dependencia.  Tal vez la más amarga de las medicinas no sea otra que la aceptación de que nadie es del todo libre cuando no hay otro que le confirme su libertad. El contacto, la interacción nos permite reconocernos como personas: suficiente espejo para sabernos libres e irremediablemente necesitados.

El bastón ya  no se aferra con tanta firmeza. El cansancio se escurre entre los poros y las moléculas desordenadas encierran un universo misterioso e incomprensible en el microscopio. El ojo observa siempre en el mismo espacio de la mirada, recorta con la precisión del bisturí y en una sala de operaciones ascética. La luz blanca enceguece como el saber que no cuida. ¿Hacia dónde va House, con su báculo que diagnostica y ciega su propia imagen en el espejo?

Tal vez a reencontrarse con su rasgo perdido, Con su hache, de humanidad en una cálida casa.

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CUTER & PROFET

El cuidado del otro: sobre el reverendo policía.

Por Ramiro Gallardo, 2001

Tengo una fascinación especial por las peluquerías, hechizo con el que cargo desde un viaje a Bolivia. En África, lo que me atrae especialmente son los dibujos que las decoran.

Peluquerías africanas. Kenia y Zambia.
Peluquerías africanas. Kenia y Zambia.

En Harare, Zimbabwe, esta curiosa manía hizo que conociera a una serie de personajes poco comunes. El primero fue Garikai Muchabayiwa, peluquero con máquina propia y secadora tipo campana de señora coqueta. Llegué a su barbery con Shephard, un amigo de Brillant que me acompañaba a sacar fotos a todos lados. Me había pedido que le hiciera una sesión de naked fotographies con su novia, cosa a la que accedí gustoso, no así su novia. Mi modelo porno se cortaba el poco pelo que cubría su cabeza con tal de ser tomado por la cámara mientras Garikai enjugaba la cabeza de una chica encorvada sobre una palangana situada en la vereda. Vereda, bah… Posaba contento y sin sombrero a espaldas de un grotesco cartel con diferentes cortes y peinados que hacía las veces de fachada de su precario salón de belleza. Por supuesto, Shephard también posó delante del cartel, esta vez sosteniendo una calabaza.

Garikai y Shepard. Budiriro II, Zimbabwe.
Garikai y Shepard. Budiriro II, Zimbabwe.

Volviendo y casi como al pasar, en el transcurso de una charla diáfana, Shephard deslizó un pequeño dato que para él carecía de importancia. A mí, en cambio, me dejó estupefacto: su amigo era profeta.

–He is a profet.

Atraído por esta insólita y milagrosa combinación fue que este último domingo, 15 de abril, fui con mi cámara y mi cuaderno a presenciar la ceremonia que precedería este iluminado peluquero. Tenía su permiso para sacar todas las fotos que quisiera.

* * *

Lo encontré temprano en la peluquería, llevaba la ropa del día anterior. Jeans, zapatillas, una remera.

–¿Vas a ir así nomás?

–Sí, no hace falta ninguna ropa en especial–. Me sorprendió su respuesta, pero evidentemente se trataba de un prejuicio mío. Al fin y al cabo, ¿cómo debe ir vestido un profeta? ¿Túnica y sandalias? ¿Sombreros exóticos? ¿Dibujos en la piel, máscaras, huesos?

–Bueno, let´s go–, y ahí vamos el actor porno, el profeta y yo caminando hacia la church. Son casi las dos de la tarde y hace mucho calor, frenamos a tomar una naranja en un kiosquito. Para mi sorpresa, lo atiende un cana. El policeman, con su uniforme, me sonríe. Edmond Tsoka. Mucho gusto. Seguimos. No parece haber un clima muy santo en torno a nosotros, desconfío de este improvisado profeta, mi actor porno y el cana, que camina también en dirección a la misa.

–He is a reverend-, me dice Shephard, señalándolo. A reverend, ¡qué lo parió! El milico que va ahí adelante es reverendo, el peluquero que va a mi lado es un profeta… La cosa promete.

* * *

Llegamos con la celebración ya comenzada. El profeta se sentó en el piso, como cualquier hijo de vecino. Había algo que no cerraba. Resultaba evidente que mi precario inglés me había jugado una mala pasada. No le di importancia, al fin y al cabo había llegado a este lugar poco común gracias a este malentendido. Me entretenía sacando fotos a las mujeres cubiertas del sol con sus pañuelos blancos o con paraguas, y a los tres tipos que gritaban enfurecidos ininteligibles prosas en yona que la pequeña multitud, sentada en bancos improvisados con ladrillos, recibía con esmerada atención. Saqué una, saqué dos, se me acerca un tipo y me pregunta qué estoy haciendo sacando fotos, le pregunto ¿no se puede? vine con Garicai y ahí aparece Garicai. Hablan un poco, no hay problema, y sigo con lo mío. En eso estaba, foto tras foto, cuando lo veo al profeta en primera fila, cabeza gacha, sermoneado por un anciano. El arrugado sacerdote hace un gesto con la mano y automáticamente la ceremonia se detiene. En ese momento veo a Shephard, paradito junto al peluquero, los dos ahí al frente. El vetusto predicador dice cosas que no entiendo, pero es obvio que algo hice mal. Todas las miradas se posan sobre mi tímida persona. La corto con las fotos.

Hoy no hay fotos. Me quedo ahí sentado con mi cuaderno…

En esta explanada de cemento, bajo el sol, mujeres con sus niños a la izquierda y hombres a la derecha cantan y dan forma a un gospell´s lindo como pocos. Cantan. Bailan. Mujeres sentadas sobre telas en el piso se cubren del sol con pañuelos blancos, madres de plaza de mayo negras y descalzas escuchan atentas a estos pastores que gritan y se posesionan en nombre de dios.

Ahora una mujer, repentinamente y sola, canta. Osana. La siguen, todos, de a poco, se suman a su melodía, cada uno en una voz distinta componen cánones y la acompañan en su fuga. Esta mujer tiene una voz que me llega, linda. Baila. Baila y no para. Sigue. Los pastores la esperan, la dejan y ella sigue, sigue. Esto está bárbaro.

Ahora el negro con delantal de médico y corbata ajustada pregona en yona: creo que toda esta ceremonia es en yona.

Hace calor. Los ancianos (old men) se fueron hace unos momentos a una choza, única construcción en este paraje con techo de chapa y paredes de ladrillos que no hacen de asientos. Los imagino con una vidurria, y escribo vidurria porque temo que al finalizar esta misa me pidan leer estas notas. Dudo que hablen español, de todas formas, y pienso ahora que si alguno sí lee va a entender, no “vidurria” pero sí todo esto que escribo.

Lo que suena ahora es sencillamente hermoso.

CEREMONIA_II

Así estaba, escribiendo al ritmo de estas loas, cuando me interrumpió Shephard.

–We have to go with the Old Men.

Dejé mi cuaderno y lo seguí hasta la casita. A pesar de ser diminuta estaba repleta de gente. Agrupados alrededor de una mesa, bien pegaditos uno al lado del otro, estos curas o reverendos o andá a saber qué me miraban interrogantes mientras escuchaban a Garikai que les hablaba muy aceleradamente, bastante nervioso. De más está decir que yo no me enteraba de nada. Entre otros, vestido de blanco, estaba el policía. Debí explayarme en mi precario inglés contando quién era, qué hacía allí y por qué quería escribir y sacar fotos, tras lo cual se mostraron todos muy amigables y hasta me invitaron a la ceremonia del domingo siguiente, en la que podría moverme con total libertad. Volví aliviado a la explanada de cemento que hacía las veces de centro ceremonial y seguí escuchando y disfrutando de la música.

La misa duró cuatro horas, o debería decir el concierto. De cantos y plegarias. Al finalizar encaré al personaje que más me había interesado, el reverendo- policía. Le dije de mi interés por hacerle una entrevista. Quedamos para el miércoles.

Reverendo Policía

Ramiro Gallardo, 2001.

Por las calles de Glen View anda un tipo de cara redonda, nariz gruesa, anteojos finitos y labios amables que vela por la vida y las almas de los vecinos del barrio. Lo conocí una tarde de muchísimo calor cuando me refugié a la sombra de una chabola. La atendía Edmond, vendía gaseosas y refrescos y llevaba puesto el uniforme de policía. Ese domingo, yendo a una ceremonia religiosa con Garikai Muchabayiwa, el cuter & profet que había conocido días atrás, lo reconocí. Me saludó con un apretón de manos, esta vez llevaba un guardapolvo blanco. Apenas nos dejó, Garikai me susurró: “he is a reverend”.

Peluquero-profeta, reverendo-policía. “La cosa promete”, pensé.

CEREMONIA_I

* * *

En los alrededores del Cemento Ceremonial se ubica la casita de los religiosos en la que vive. Edmond, cura y cana. La biblia en una mano y el código civil en la otra… a este punto quiero llegar en esta entrevista y voy de a poco. Se me aparece un tipo sencillo abierto a todo tipo de preguntas. Vamos pasando por su casamiento, su mujer y los tres chicos, las creencias religiosas, la vestimenta, los adornos ausentes… Just a watch. A los profetas los describe como iluminados a quienes Dios les da “cualifate”. Nadie les asigna su rol. Tienen visiones y advierten sobre choques, viajes, tragedias… Son pocos y entre ellos, en efecto, está Garikai el peluquero. No toman cerveza, chibuki o cualquier otra bebida con alcohol. Una vez al año beben vino, el 14 de abril, pero en realidad no es vino. Es tutti frutti.

REVERENDO_POLICIA_I

–Soy sacerdote por talento. Cuando tenía 14 años bebía, me divertía, fumaba mbange y nadie me decía que parara. Caía enfermo por tres días y luego otra vez. Hasta que tuve visiones y el Holy Spirit me dio poder: soy reverendo desde 1985.

–Policía desde 1986, necesitaba un trabajo y me reclutaron. Me pongo el uniforme de 20 a 23. Entre las 5 y las 14 trabajo en un hotel como supervisor de chef. Descanso entre horas.

Miro mi reloj, son las 4 de la tarde.

Lee la biblia y predica en nombre de Dios. Tiene un arma pero jamás la utilizó. De hecho, no lleva siquiera porra, apenas unas esposas o la Biblia, según el caso. Extraña paradoja la de este hombre que no dispararía aunque se encontrase en una situación comprometida. “Todo hombre tiene derecho a decidir y yo jamás le apuntaré a nadie”, dice intentando explicar lo que para él es normal pero que no me entra en la cabeza tratándose de un agente de la fuerza pública, el brazo de la ley, el brazo secular y uniformado de la ley.

–Soy amigo de la gente.

Mientras te escucho, Edmond, pienso en tanto cura y tanto cana e imagino que en mi país este mix tuyo daría como resultado un ser de miedo, terrible monstruo. Tu sorpresa ante mi interés por tu rara miscelánea revela que vivimos existencias completamente distintas. Sos un ser libre y estás lejos del abuso de poder que te podrían dar tus uniformes. No vendría mal que fueras a predicar un poco por mis pagos che.

REVERENDO_POLICIA_II

Edmond Tsoka,3403 44 Crescent, Glen View 4, Harare, Zimbabwe

Mayo de 2001