EDITORIAL

MEDIDA POR MEDIDA

 

Un instante antes de que yo subiera, alguien acababa de ocupar el último asiento libre del subte A, en la estación San Pedrito. Ese fue el primer sofoco. Una especie de desilusión grandota me tomó todo el cuerpo, solo porque no había podido imaginar que, tal vez, viajaría parada. Eran las dos de la tarde de un miércoles, nada permitía prever la presencia de tanta gente en la primera estación del recorrido. Un poco desorientada por la situación bajo tierra, un poco confundida por la quietud de los pasajeros dentro del vagón y por el movimiento agitado en los andenes, comencé a acomodarme en la absurda expectativa de que alguien se levantaría, incluso antes de partir. Cuando más o menos había logrado llevar mi ilusión a la altura de un deseo, el subte arrancó. Pero arrancó de tal manera que pareció haberse desenraizado de las vías. Fue un desgarro. Y casi me deja en el piso. Involuntariamente, me transformé en el módico espectáculo de todos los pasajeros sentados. Nadie vino en mi ayuda: ni los contadores de chistes, ni los cantores habituales. Tantas miradas juntas sobre mí no lograron, sin embargo, dejarme sin aliento. Igual, el aire se puso pesadito. Inspiré muy profundo, como quien prevé un horizonte de ahogo y acopia reservas ante  posible desgracia. Con resuello renovado, me animé a un capricho, que vino a sustituir mis absurdas expectativas: decidí viajar sin agarrarme del pasamano. Ahora verían de qué era capaz. Hasta la  estación Carabobo la cosa no fue sencilla. La mecánica del A era por lo menos de categoría B o C y varias veces la escena alternó mis tambaleos con sonrisas poco disimuladas del pasaje. Me ayudó un poco que, en la estación San José de Flores, subió una impensada cantidad de gente que comenzó a cubrir los espacios vacíos alrededor de mí y me alejó de ciertas miradas. La sensación igual no era muy placentera. Por un lado, comencé a temer por el futuro del viaje. Faltaban un montón de paradas y el subte estaba casi lleno, apenas respirable ¿Cómo llegaríamos a Plaza de Mayo? Por otro lado, rápidamente advertí que me sentía mejor al ser mirada como una estúpida caprichosa que al no ser mirada en absoluto. ¿Una especie de narcisismo de transporte público?, ¿una sensación inédita de soledad entre tantos? A la altura de Puán, mis planteos filosóficos fueron empujados hacia el desván de mis prioridades, mientras mi cuerpo resultaba comprimido entre un traje y una corbata a la derecha, una mochila a la izquierda y dos consistencias inidentificables por detrás. Me abracé a mi carterita, única compañera entre tanto desconocido, cuando comencé a sentir cómo trepaba por mi garganta ese nudo que me avisaba: el jueguito de no agarrarme del pasamano había pasado al ámbito del sinsentido y del desinterés general. Mientras el sinsentido subía, la presión me bajaba. El aire ya sólo se atrevía encima de nosotros. Entre nosotros, no quedaba ni un mililitro. Cuando las puertas se abrieron en Castro Barros, vi la cara de los tres audaces que casi tomaron carrera para abalanzarse vagón adentro, como viento y marea juntos. La entrada de esos tres generó un apretuje tan grande que el poco aire sobre nuestras cabezas se negó, por un instante, a ser respirado. Tuve la sensación de haber querido decir algo y no poder. Digo la sensación, porque no puedo identificar cuál era la palabra, ni qué espacio pretendía para ella, si el lugar que yo ocupaba ya era más estrecho que el de mi propio cuerpo. La cosa llegó a un punto tope en Miserere. Casi todo el mundo sabe que, cuando llega a Miserere, algo toca un tope. Incluso podría proponerse incluir a la palabra en el diccionario.

Miserere: dícese del aquello que supera al colmo, desborde sin bordes, superlativo de quilombo.

editorial2Lo más grave de la cosa es que habría un Miserere y después. Y eso sucedió justo en el momento en que “después” se trasformaba en un tiempo incalculable, básicamente porque nadie estaba en condiciones de mirar ningún reloj. Así de comprimidas las cosas, no existía resquicio para desilusiones, caprichos o narcisismos. Sólo quedaba  esperar el momento de la descompresión y entregarse a ver qué forma le quedaría a cada cuerpo una vez descendido del subte.

Amontonados cotidiana, fotografía: Gustavo Garello.
Amontonados cotidiana, fotografía: Gustavo Garello.

Lo que siguió del trayecto fue un segmento mudo. Por la falta de aire, las palabras se atoraban en las pocas gargantas que aún las buscaban. La única voz era la de la chica falso 0600, que anunciaba la próxima parada, con un énfasis propio de quien está ausente de aquello que narra. Por otro lado, el ahogo encendió la desconfianza. Nadie creía del todo que los anuncios coincidieran con la realidad. Porque si nuestros cuerpos estaban desfasados de sus formas, bien podría la voz falso 0600 estar desfasada del espacio. Así las cosas, la boca buscaba el aliento -un caldito amable, para cocer la palabra- y solo sobrevenía un sabor a ausencia. El hueco de la boca se me hizo patente como nunca antes: una caverna de doble entrada o doble salida, donde desesperaba la colita de una “a” o la altura de una consonante, sin poder si quiera aspirar a un estado de alivio. No era un grito, no era una descarga, no era un manotazo verbal contra el silencio. Algo indecible pedía pista entre el movimiento del subte que no registraba la urgencia ni se inmutaba por la deformación de los cuerpos. Tal vez así fue el origen del mundo. Tal vez ese intraducible “Tou va bou” hebreo -vuelto simple “caos”, en castellano- resultó solo una masa de cuerpos obligados a indiferenciarse debido al poco espacio. Y, entonces, nos hubiera hecho falta un dios que inspirara con ganas, un sobrevuelo que nos insuflara el alma y nos diera singularidad. Pero en lugar de asistir a un nuevo Génesis, llegamos a Plaza de Mayo. A medida que el subte comenzó a  desalojarse, sentí los contornos de mi silueta re dibujarse alrededor de mí. Una sensación de extrañeza, aún sin palabras, hizo reaparecer el nudo del sinsentido en la garganta. No tuve tiempo ni de tragarlo, cuando ya estaba sola entre el mucho espacio sin nadie del vagón vacío. Miré, con un poco de miedo, mi reflejo en el vidrio de la ventana. Se parecía bastante a quien había subido en San Pedrito. Aunque algo difícil de precisar, algún contorno se veía modificado. Quise decir la palabra y todavía persistía el ahogo. Dejé a mi carterita al costado de mi nuevo cuerpo, se merecía un descanso de tanto abrazo. Entre mucha ausencia, busqué aire y sólo inspiré lo mínimo para  permitirme una palabra. ¿Pero, cuál? Miré el pasamano y me dieron ganas- otra vez-  de jugar a viajar sin agarrarme de nada. Sin embargo, el vagón persistía en quedarse inmóvil y yo necesitaba salir de la quietud. O encontraba la palabra o me echaba a andar. Me puse en marcha. En la boca del subte y desde abajo, la luz repentina y el cambio de aire me parecieron una sobredosis de aliento, que tampoco servía para aproximar a un sentido: ¿Pero cuál?, ¿cuál es la medida exacta?, ¿cuál, la medida de aire para insuflarle alma a la palabra?

Ecce Homo, Evelin Bencicova.
Ecce Homo, Evelin Bencicova.

Eran las tres. La Plaza de Mayo tenía ese aire a Madre que ningún desaliento puede borrar. Comencé a decir. Y dije, dije, en ronda. Ya no importaban las medidas. Encontré al aire justo.




PAISAJE ADENTRO

El desaliento: Entrevista a “Mano a Mano”: Federico Cáceres, Fabio Leonel Pérez, Gonzalo Suárez, Pablo Di Tullio.

Entrevista: Adriana Valletta, Anne Diestro Reátegui, Gabriela Stoppelman, Víctor Dupont, Santiago Resnik

Edición: Anne Diestro Reátegui, Víctor Dupont, Gabriela Stoppelman

Nuñez Lencina.
Nuñez Lencina.

Corría un río por la cuneta de la avenida. Un río tan intruso en medio del asfalto que, en una de esas habituales mordidas de cordón, casi se lo lleva puesto un colectivo.  Por la salpicada, el río se hizo espejo en el aire y aromó a lapacho toda la mañana. Fue imposible contener a los límites del mapa, que anduvieron a puro desdibujo de fronteras hasta bien entrada la noche.  “El mañana sin pregones” se trenzó  a “un litoral apresado”. “El reinado del silencio, desafiado por el agua” fue “humedeciendo el alma” en las resecas rutinas de día laborable. Como el colectivo siguió de largo y la  jornada arreciaba en urgencias, aparecieron “los grillos, ensayando un contracanto, desafiando a lo tranquilo”, para sacudir la modorra y “no esperancear sentado”. Al aproximar el mediodía, lo que hasta ese momento habían sido tímidas incomodidades, se transformó en protesta. “Yo pago mis impuestos, y cuando hay elecciones voy a votar. La caca de mi perro yo siempre la levanto si lo saco a pasear. Y para que no crean que no me preocupo por la educación, yo sigo manteniendo la cuota de la escuela pese a la inflación”, gritaba uno que tosía, afectado por  una extrañeza en el aire que no podía explicar. La cosa levantó de tono cuando pasó otro y se atrevió a un “el estigma del suburbio, la entereza de los dignos, que se entregan sin pretextos.” El primero no entendió demasiado a qué venía la frase y protestó sin demasiado eco, porque los grillos arreciaban con su desafío y ya el paisaje se ponía muy mestizo en sonidos, aromas e imágenes. El contracanto levantaba altura  y ya se imponía sobre bocinazos y vendedores ambulantes, “Tendrán que vernos cantando, inflando de luz el pecho, viviendo por una idea, por la que vale la pena, entregar la vida entera, en este canto indetenible, tendrán que vernos pintados, de un azul imposible”. La palabra indetenible sonó a amenaza a los oídos de una señora con ceño fruncido siempre dispuesto. La doña probó un “a pesar de ser porteños, les vamos a demostrar…”  y el final no se escuchó porque  arreció el viento, aliado del perfume y de las mezclas. Y el viento comenzó a soplar en advertencias, “Y se alzarán en plumas los pueblos heridos. Ante un sol desprevenido, en lo más nuestro vamos a latir”.  Una melodía de imposible cascada atropelló los restos de lo urbano y redobló la apuesta con un “no quiero estar deseando las cosas que hay en esta ciudad. Yo me quedo acá a decirles a los que escriben con la mano para después con el codo borrar, la palabra no es solo el viento que sale de los labios al hablar”. Al trío de viento, grillo y cascada se sumó un silencio que atronaba. En términos de paisaje, la cosa estaba muy inclinada para el lado de lo que “enseña, resiste y sueña”.  El asunto terminó por definirse, cuando algunos que todavía permanecían en la cola, dejaron de esperar al bondi y tomaron el toro por las astas, “aunque cada paso cruzado me deja trabado y no puedo avanzar, yo ya no quiero vivir como nos vienen diciendo, no voy a vivir llorando por lo que no he sido.”

Corre un río por la cuenta de la avenida. La lucha amanece todos los días, en un combate que insiste, paisaje muy adentro.  Por cada desaliento, un cauce refunda la pregunta, “qué me pasa, canción”.  Por cada prepotencia, un vado replica, “la belleza sigue en deuda”. Por cada apriete de la tristeza, una corriente planta bandera y ruge “y que no vengan  a saquear la primavera, que es nuestra la vida entera y el poder de construir nuestra verdad”.

Mano a mano, a disputar el paisaje.

A condición humana, René Magritte.
La condición humana, René Magritte.

VIEJO: QUEDAMOS ASÍ.

                                    Y rompamos el silencio / y salgamos de este encierro / que no hay un solo sueño que nos puedan quitar. / Y ahora te pido / desde un suspiro / vengas conmigo hasta este final / que vienen tiempos de fuertes vientos/de libertad. / Y ahora te pido / de un solo grito / que al infinito pueda alcanzar / no sientas miedo, es nuestro el cielo / nuestra verdad.” (“Fuertes vientos”, de “Vivir riendo”)

Bueno, nosotros tenemos prohibido preguntar en qué se inspiran, cuál es el origen de la banda. No les vamos a preguntar por qué se llaman “Mano a mano”. Sabemos de tus papás (Di Tullio), del papá de él (Federico). Lo tuyo fue un parricidio, ¿no? Vos agarraste la letra de tu viejo; él te dijo de  musicalizarla y vos escribiste otra cosa.

Federico: Ah, sí. Escribí otra cosa, nada que ver. ¿Qué fue lo que hice? Un parricidio. Maté al padre. Mirá vos.

Che, la otra que tiene nombre de árbol…

Fabio: Ah, “El ciprés”, esa es la letra de mi papá.

¿Tu papá también es poeta?

Fabio: Sí, y también lo maté. Le puse la música.

Federico: Pero vos no le sacaste la letra.

Fabio: No, pero todos ustedes le sacaron una estrofa.

Pablo: No, más de una. Yo leí la letra y era más de una.

Fabio: Tenía 4 estrofas y ahora tiene 3.

Y esos temas que se encuentran por internet, ¿Son de antes del disco, con otra formación de la banda?

Federico: Había un cantante que también componía. Componía más él que yo, digamos. Él escribía y yo no.

Pablo: Esas letras, como la de “Caminante”, las compuso “el otro”. Algunos, con coautoría con Fede.

Federico: Y él tenía un tinte más rockero. Otra impronta. Cuando se fue, me pregunté: “a ver ¿cómo seguimos?”

Y ahí viene el parricidio.

Federico: Exactamente. Ahí maté a mi viejo y esto es lo que hay.

PAPITO JAURETCHE O LA COSA SE PONE ESPESA: PARRICIDIO SERIAL.

Nos llamó la atención este epígrafe de Jauretche que encontramos en el disco: “Nada grande se puede hacer con la tristeza”. ¿Qué leen?

Federico: A Jauretche. A Hernández Arregui, Abelardo Ramos, Galasso, para decir algo contemporáneo.

¿Y ficción?

Federico: Humberto Constantini- me gusta mucho, militaba en el PRT junto a Conti, esos autores me encantan.

¿Y poesía?

Federico: Gelman

¿Fabio?

Fabio: Leo poco.

¿Y poesía?

Fabio: Menos.

Y… con un padre poeta…

Fabio: Durante el año, por lo genera, leo muy poco. Me cuesta mucho ponerme a leer. En el verano sí me leo 3 ó 4 libros. Pero eso es como mi máximo. Leo bastante historia, política, Galasso; estuve leyendo también a Constantini, a Conti.

Pablo: A mí no me parece que leas poco. Bueno, me voy a meter acá.

Federico: ¿Todo vas a discutir, flaco?

¿Nunca necesitaron a la poesía para componer letras?

Pablo: Yo sí, pero yo no escribo letras. Tengo una falencia de lectura poética. Leo un montón de prosa, pero la poesía no la entiendo. Y creo que si no escribo poesía debe ser por eso.

Las letras no siempre son ni tienen por qué ser poemas. Las letras de ustedes tienen muchos elementos poéticos. Hay letras cuentos, letras teatrales, letras- reflexiones y tienen letras muy cercanas a poemas, ¿Nunca reflexionaron entre ustedes esto? Acá Gonzalo dice que ustedes conversan mucho.

Max Gómez Canlé.
Max Gómez Canlé.

Federico: Sí, pero de fútbol… Nosotros podemos discutir seis horas por si él lee poco o lee mucho, como lo que acaban de ver. Esa es nuestra naturaleza.

De todas formas, Gonzalo -para ilustrarme de qué hablaban ustedes en sus encuentros- me mandó dos videos. Uno de Spinetta y otro sobre una carta que Falú mandó cuando declararon el día de la música.

http://www.lt10.com.ar/noticia/128661–Carta-abierta-de-Juan-Fal%C3%BA-a-Diego-Boris-por-el-d%C3%ADa-nacional-del-m%C3%BAsico


Gonzalo
: ¿Te puedo contar cómo llegué a mandarte eso? Justo ese día, vos me pediste que te mandara algo.Yo traté de escribir y salíó una cursilería de que yo soy psicoanalista y, entonces, estoy más del lado de la escucha que del lado del decir. Que no haber escrito ninguna canción me daba la posibilidad de ser integrante de la banda y, al mismo tiempo, espectador. Bla, bla. En eso, vi que algunas personas en Facebook habían compartido el video de Spinetta, como si levantaran una bandera. Spinetta hablaba sobre la música y sobre abandonar cierta música que no sirve para nada. Eso me llevó a una discusión que nosotros tenemos desde hace mucho tiempo y que se resume en la carta de Falú hablando sobre Spinetta.

Esos dos videos tienen en común el hablar sobre el espesor y la profundidad de lo latinoamericano.

Gonzalo: Parte de la discusión que tuvimos es aquella en que Fede trata de dar en alguna de las letras de las canciones y se resume en: ¿Cuál es el componente latinoamericano de Spinetta? Porque hubo una discusión concreta, bastante profunda, acerca del tema del rock nacional. Nos criamos todos escuchando eso y es raro. Vos hablabas del parricidio y hay que tener cierto coraje para cometer ese parricidio. Bien, vos te criaste con rock nacional. Yo me sabía todo de Charly García, Sui Generis y todo eso. Pero un día Federico viene y me dice que todo eso es una mierda. Entonces dije “¡Eh, pará! ¿Cómo una mierda?” ¿Entendés? ¡Que no se meta con mi viejo!

El tipo es parricida serial.

Federico: Esto no pasa por un tema generacional. Es más: tengo a Miguelito, el de la milonga, en la sangre.

Federico: Pasa por una cuestión de lo que está estipulado como común. En realidad, creo que pasa por una cuestión de paisajes. Ni siquiera por una cuestión de gustos. No por  si tiene lindas canciones Paul McCartney. Te puede gustar o no, pero esa no es la discusión.

 EN EL PUENTE DE AVIGNON, ¿TODOS BAILAN?

            “El paisaje está atrapado en un verde que no da tregua / Un litoral apresado / la belleza sigue en deuda”

             (“Cuando no haya dónde escaparse”, de “Vivir Riendo”)

¿De “paisajes” dijiste?

Federico: Sí, creo que cada composición, cada música, conlleva de por sí un paisaje. 

¿Qué es un paisaje musical? Es un gran tema en tus letras. El paisaje está muy antropomorfizado. ¿Hay un paisaje musical para cada banda o para cada músico?

Federico: Eso no sé si pueda respondértelo. Como autor trato de buscarlo, de investigar respecto a eso. Justamente, cuando leo a Jauretche y habla sobre la colonización pedagógica, habla acerca de un paisaje. Es decir, ¿por qué a mí me enseñan sobre el puente de Avignon desde chiquito? ¿Dónde queda Avignon? Ahí está la colonización cultural.

Un espacio donde pueden tocar o donde pueden componer. ¿Eso podría ser un paisaje musical?

Federico: Sí.

Fabio: Lo que pasa es que los ritmos propios de cada lugar están hermanados. Son productos de paisajes.

Federico: Hay lapacho y río en el chamamé.

¿Por qué eligen esto para ustedes?

Gonzalo: Porque acá vuelve, justamente, esa conversación que tuvimos sobre Spinetta. El rock debe tener también su lapacho y su río, deben estar en Liverpool. Nosotros acá tenemos los nuestros. ¿Y  por qué en lugar de estar escuchando chamamé, escuchamos la música que se nutre con paisajes de otros lados?

Y, en toda esta conversación que ustedes tienen, ¿encontraron ese paisaje? ¿Todavía están en la búsqueda?

Federico: Es complicado. De hecho, en alguna canción nos reímos de eso. Por ejemplo, en la chacarera, porque nosotros nos asumimos porteños.

Acá ustedes dicen “Salimo´ a buscar algo aquí por Buenos aires / que nos pudiera inspirar. / Paisajes de chacarera ninguno encontró…”

Federico: Es exactamente eso, emprender una búsqueda de lo propio. No es una batalla contra el mercado, sino en contra de la profunda desigualdad en la que la industria cultural nacional intenta dar pelea contra los gigantes extranjeros para poder subsistir y tener un lugar, también, dentro del mercado. Y a veces, como decía Gonza, se toma al rock nacional como “la” música argentina. Y nosotros sabemos, “somos” mucho más, no solo rock. Pasa con los poetas, pasa con la literatura y en un montón de ámbitos. A eso me refiero con el paisaje. Con que no pasa por si tienen muy lindas canciones. Charly tiene unas canciones preciosas, ¡por supuesto! Ahora, el punto es que no es nuestro paisaje armónico.

¿Charly no tiene paisaje?

Federico: Sí, pero el hecho de que sea música en español no lo transforma en música argentina. Si nosotros ahora hacemos una banda de música japonesa y todos tocamos música japonesa, pero la cantamos en español, ¿eso va ser música argentina?

Entra Milena, alumna de Federico, quien parecía absorta tras su auricular: Eso lo dijiste ayer en clase.

Tenés que manejar un par de argumentos sobre lo mismo, por si aparecen los niños… ¿Qué es lo que lo convierte un paisaje en argentino?

Pablo: No es lo mismo la música argentina de hace sesenta años que la de ahora. El paisaje depende del contexto. Y no es solo ideológico o social. Es temporal también, depende del tiempo.

 A CONTRACANTO

“La luz es reina en el valle / Donde obedecen las plantas / Dominadas por el viento / A quien el silencio calla / El reinado del silencio / Es desafiado por el agua / Que es cantora en su caída / Y va humedeciendo el alma / La humedad reina en el aire, / Donde los horneros bailan/ La canción que desafía, / Toda la quietud del alba/ (…) /Luego aparecen los grillos/
Ensayando un contracanto, / Desafiando a lo tranquilo /Mientras yo te extraño tanto” (
“Cuando no haya dónde escaparse”, “Vivir riendo”)

La llave de los campos, René Magritte.
La llave de los campos, René Magritte.

Justo hablaron de batalla cultural, de tiempo de paisaje. “Cuando no hay dónde escaparse” es un tema muy poético, con una sucesión de elementos en lucha. ¿Hay ahí tal vez una metáfora de esa batalla?

Fabio: A ver… “El reinado del silencio es desafiado por el agua. El agua es cantora en su caída y va humedeciendo el alma. Y tú no estar dice presente en cada ratito que pasa….”.

Federico: Tranquilamente puede ser tomado así. Acerca de la batalla de los elementos y lo que viene a desmoronar la armonía. Depende cómo lo veas. Y, en la segunda parte de la canción, donde aparece el amor, es donde todo ese ecosistema armónico se va al carajo.

En realidad, la que triunfa es la canción, el canto. El agua es el elemento que tiene más protagonismo y luego cae, siempre cae. En tus letras las caídas aparecen mucho… y tenés un psicólogo al lado.

Fabio: Entre el parricidio y el agua caída, mirá, ahora se para y se va.

Hay muchas caídas en tus textos, pero no se pueden leer como derrotas. Más bien, al revés, son potenciadoras: “el agua que es cantora en su caída y va humedeciendo el alma

Federico: Sí, estoy absolutamente de acuerdo. En tiempos donde los desalentadores vienen pisando tan fuerte, en realidad, es indispensable revisar, leer el revisionismo histórico y dar cuenta de que ya nos hemos caído no una, sino varias veces. Nos han matado, nos han asesinado, nos han desaparecido, han secuestrado a nuestros bebés y no nos podemos deprimir por, por ejemplo, haber perdido una elección. O sea, tenemos una responsabilidad histórica y esta caída  es profundamente aprovechable, desde el sentido de un nuevo envión.

Y, junto con las caídas, toda una referencia a no quedarse quieto. “Pero no sirve esperancear sentado”.

Fabio: “No hay que hacer tiempo, Daniel, hay que salir a buscarlo, la cosa se está moviendo”…. Dice “Milonga para mi generación”.

El tiempo de la no quietud. ¿Es algo que ustedes conversen? El no quedarse quietos con los temas ya logrados, con el tipo de lenguaje, con el paisaje alcanzado, con la música alcanzada.

Fabio: Sí. No hay que hacer la plancha nunca.

Pablo: No, yo creo que no. Yo creo que no hablamos específicamente de que hay que moverse, creo que en nosotros hay algo natural y es eso. Estamos todo el tiempo moviéndonos.

Fabio: Bueno, pero hay momentos en los que uno destaca: “bueno, loco, hay que estudiar el triple, hay que sentar el culo más horas, hay que estudiar los temas, hay que estudiar bajo, hay que estudiar guitarra, hay que estudiar canto…”

¿Y con la palabra?

Fabio: Bueno, ese es Fede. Creo que todos tratamos de escribir. Solo que lo hacemos como podemos.

Pablo: Sobre la palabra, discutimos. Hay niveles de preocupación por la palabra.

¿Qué discutieron acerca de la palabra?

Pablo: Fabio y yo hemos entrado en una disputa por una palabra.

¿Cuál?

Pablo y Fabio: “Más” o “las”. “Más” películas de Adam Sandler o “Las” películas de Adam Sandler.

¿Eso en función de cómo cantarlo?

Pablo: No, en función a de qué quiere decir la letra. El verso dice “con princesitas, con superhéroes con las películas de Adam Sandler”. Y Fabio cantaba “más películas”. Primero, recurrimos al autor. Nos importaba mucho. Al punto que llegó el día de grabación de voces del disco, para esto pasaron meses, y Fabio grabó las dos, para tener más tiempo para discutir.

Federico: Eso no me interesa en lo más mínimo.

Pablo: Cuando recurrimos a los otros dos, se pusieron uno de cada lado. Entonces, estábamos dos contra dos.

Fabio: Sí, pero yo soy el cantante.

Pablo: Al final, lo decidió una moneda.

Mirá vos cómo van al detalle. Y viene al caso, Pablo. Vos escribís cuentos en los que leímos una recurrencia con el tema de los detalles y lo eventual- el pequeño o gran detalle que irrumpe-… ¿Qué nos podés decir de eso?

Pablo: No le encuentro relación a la banda con mis cuentos.

Sin embargo, acabas de contarnos toda una discusión sobre un pequeño detalle. Te lo marcamos porque la banda tiene una relación con el lenguaje y cada uno de ustedes también tendrá una manera singular de vincularse a las palabras.

Pablo: Sí, puede ser que sea detallista.

Ahora mismo hablaste de azar, de resolverlo con una moneda.

Pablo: Sí, eso pasó. Si lo hubiéramos jugado a “piedra, papel o tijera”, eso no era azar, era estrategia. Yo le gané un vino la otra vez a él con “piedra, papel o tijera”  y creo que fue un gran logro.

Entonces, la estrategia sería lo contrario, en ese sentido, del azar. En tu música, ¿cómo aparece? ¿Aprovechás cuando surge lo eventual? ¿Cómo te llevás con lo que no podés controlar? El error, por ejemplo.

Pablo: Ah, con el error me llevo bien. Con el error me tengo que amigar. Lo que tiene la música es que el error siempre ya pasó. Salvo que estés grabando un disco, donde el error queda y lo vas a notar todas las veces que escuches el disco. En vivo, el error ya pasó, todo lo que suceda ya pasó, no es enmendable.

Y con lo que adviene, ¿cómo se llevan? Por ejemplo, el Pollo Raffo nos contaba que él hace veinte años escucha las campanas de la iglesia de Flores y el tema que incluya ese sonido aún está pendiente.

Pablo: A mí me gusta mucho improvisar. No es algo que haga mucho con “Mano a Mano”, porque somos bastante milimétricos con la música. Cada tanto, me da por tirar algo en vivo que no era lo pactado. Cada tanto, eso no es bien recibido. Cuando yo empecé a tocar, empecé improvisando. Y me quedó un poco de eso, me gusta.

Fabio: Yo, en vivo, no suelo improvisar. Al hablar, soy un completo improvisado. Hay cosas que por ahí se me ocurren en la presentación de temas en el espectáculo, siempre hay paralelismos para hacer una realidad. A veces, es inevitable asociar cosas en una introducción de una canción. Yo siento que el escenario es el lugar donde más cómodo estoy. Delante una persona o frente a mil.

LA GARGANTA DEL ALMA

Mi ranchito antibabilon, Troche.
Mi ranchito antibabilon, Troche.

“eh don leopoldo marechal / por sus dos tiempos transcurrió / lo vestía como una túnica tejida por el pueblo a / los buenos bellos verdaderos / que amasan pan atrás de todo / o dan de comer al claror / que sube de la muerte aunque / empuje niños a la selva / porque no hay Dios como la boca / hay que ofrendarse diariamente / para no hablar o no digamos / lo que es la garganta del alma/ a esas hambres vamos quiá / o mejor disimulemos” “Caras”, Juan Gelman

Hace un rato hablábamos sobre el movimiento, ¿qué relación creen que hay entre la belleza y no quedarse quieto? “La belleza sigue en deuda”.

Federico: Sí, la belleza en “Cuando no hay dónde escaparse” es distinta a la belleza de “Nosotros los feos”: “bombardean por todos lados / todas las teles, todas las radios, porque hay que estar lindo pal verano”. En ese tema también se habla de quietud y movimiento.

La belleza se dispersa, en todas las letras “La belleza sigue en deuda”, “Esas manos que reclaman la belleza sin fronteras”, “A la pobreza su belleza, esa tristeza nunca fue nuestra”. Son tres bellezas distintas.

Federico: Sí, la belleza opuesta a “lo lindo” como algo impuesto, como dice en “Nosotros los feos” es la que hay que defender a capa y a espada. La asociamos al movimiento. La otra – la impuesta – la belleza aspiracional, se asocia con la quietud. Para implantar un estereotipo necesitan un pueblo quieto, triste  y  acomplejado. Y un  pueblo que se canta a sí mismo, que le canta a sus tragedias, a sus muertos, a su historia, a sus paisajes y que está enamorado de sí mismo es un pueblo en constante movimiento.

¿Ustedes se dieron cuenta que en la gráfica de la tapa todos los temas penden de un hilo?

Fabio: ¿En el disco?

Sí…

Federico: Yo no.

Fabio: No lo asociamos así.

Pablo: ¿Si nos damos cuenta de la metáfora que eso implica? Sí. Es todo un diseño.

Gonzalo: Por ahí no tiene que ver con el hilo, pero yo hace un rato me quedé pensando en algo, cuando hablábamos del paisaje. Tiene que ver con esto de encontrar una belleza en el movimiento. No quiero hacer foco en lo anecdótico de dónde viene la banda y eso. Vos antes habías preguntado – y creo que nadie te respondió- cuál era nuestro paisaje. Yo me quedé pensando en eso y está asociado al origen de la banda. Una buena respuesta sobre nuestro paisaje sería todo lo que pasó desde el 2001 hasta este momento. Además de ser un contexto histórico donde la banda casualmente se formó o tuvo sus orígenes, eso es parte del paisaje. Sobre todo, cuando Fede empieza a escribir. Se va el otro compositor y Fede empieza a darle manija. Y creo que el empoderamiento como belleza de movimiento, además del movimiento político, forma parte de nuestro paisaje, de los lapachos y los ríos, claro. ¡Con los límites que tiene la ciudad de Buenos Aires! Son el paisaje de la letra y de la música. La belleza para nosotros es un paisaje de movimiento.  

UNA CASCADA  CON CAÍDA PROPIA

Luis Scafati.
Luis Scafati.

Lo presente que a la vez está ausente es otro motivo en sus letras

Fabio: “¡Tu no estar dice presente / en cada tantito que pasa!”…

Federico: Ahí es la ausencia de esa persona la que dice estar. El elemento faltante de ese ecosistema. No sé si haya más cosas.

Las cosas ausentes ocupan mucho espacio.

Federico: Sin duda, más aun en ese tema.

¿Qué lugar ocupa lo ausente en su paisaje?

Fabio: Eso también tiene que ver con lo que decíamos recién. Jauretche: “Pensar situados”. Es decir, ¿para dónde tenemos que patear? Estamos acá, ¿qué hacemos? ¿Cuál es la situación? La cuestión es que no conocemos nuestro propio paisaje. Entonces, vamos a buscarlo. La ausencia es todo lo que no conocemos y tenemos que conocer.

Gonzalo: Esa es la ausencia presente.

Es lo que decías en otra entrevista, que ustedes buscan lo desconocido de lo propio.

Fabio: ¡Claro! Nosotros estamos, de alguna manera, tratando de reconocernos a nosotros mismos. Conocer nuestra responsabilidad en el legado histórico. Y nuestra responsabilidad hoy es esa. Primero, conocerlo para difundirlo y decir “¡ché, mirá que tenemos esto!”. Vinimos de acá. ¿Cómo vamos a saber a dónde vamos si no sabemos de dónde venimos?

Gonzalo: En esa crianza junto al rock nacional está presente la ausencia de los otros símbolos, digamos.

El viento, el alba, el río. Suenan a Spinetta por momentos. Lo habrán matado, pero está ahí como un fantasma.

Pablo: Yo voy a desistir. No creo que Spinetta sea el único que haya hablado de eso. De hecho viene a cuento con lo que estamos hablando. Hay una cantidad innumerable de cantantes que hablan del río y lo conocen, solo que quizás no tienen la prensa que sí tuvo Spinetta.

Gonzalo: Claro ¿Por qué te resuena Spinetta cuando se habla de río y no cantantes litoraleños?

Porque estoy colonizado pedagógicamente.

Gonzalo: Eso es lo que a nosotros nos pasa, me parece.

Igual es todo muy extremo. ¿Por qué uno que conoce el río tiene una autoridad o una legitimidad para escribir sobre el río que alguien que lo imagina o escribe y funda “su río” no lo tiene? Digo, no hace falta saber que el Everest es alto para poder escribir sobre eso.

Pablo: No dije eso. Digo que Fede busca el litoral en “Cuando no haya a dónde escaparse”. Yo las letras de Spinetta no las entiendo. “Todas las hojas son del viento”, no la entiendo. Sólo entiendo. “Me gusta ese tajo”.

Que vos no las entiendas tampoco descalifica a Spinetta al escribir.

Federico: Claramente. No lo descalifica. Creo que nos pasa a todos, vas al conservatorio y estudiás música clásica, las músicas bien vistas- por así decirlo- por la Academia. Creo que tenemos que pensar y decirnos: ¿Por qué conozco más sobre música clásica que sobre tango? o ¿por qué asocio directamente al río y el alba con Spinetta en lugar de con Ramón Ayala, por ejemplo?

¿Y por qué desechar completamente la música clásica?

Federico: Y te decís: “bueno, tuve una formación así, entonces, ¿a dónde hay que ir?” ¿Por qué si prendo la radio hoy es muy probable que me encuentre música en inglés? Y, si está en español, seguro es rock, rap, Cerati, ponele. Pero, no claro, no se trata de desechar una cosa por la otra. No  pasa por Cerati ni por el Flaco. La potencia poética de ellos puede ser genial. Tanto como la de Anselmo Bustos u Oscar del Cerro. ¿Y por qué a ellos no los conozco?

La pregunta es cómo mezclar lo heredado y qué heredar. Finalmente, el arte tiene eso, mezclar partes. ¿Ese es el papel de lo ausente en el paisaje?

Gonzalo: Me parece que sí, lo heredado a veces es imposible sacárnoslo de encima. O sea, ¡ya está! Ya escuchamos a Charly. Ya nos criamos con esa. Ya no podemos dar marcha atrás.

Ni falta que hace sacárselo de encima. La idea está en transformarlo.

Gonzalo: Es como el error. En la música ya lo cometiste y ya está. 

Pablo: Incluso podés no considerarlo un error. Yo dudo mucho que, de haber escuchado tantos años a Charly, no le haya afanado algunas cosas cuando toco el bajo.

Federico: Son influencias naturales. Y lo que vos decías sobre la mezcla, también. Desde lo musical, y no porque nos lo hayamos propuesto, si quisiéramos tocar música cuyana tradicional, no podríamos. Para eso hay que vivirla, hay que mamarla. Por otro lado, estamos haciendo un abordaje desde la Capital Federal. Ponemos bandoneón, tenemos partes tangueras. Pero si me escucha un tanguero, va decir que eso no es tango. Ese mestizaje está en las letras y está también en lo musical.

CUERPO PUESTO EN VOZ

Le therapeute, René Magritte.
Le therapeute, René Magritte.

Fabio, vos escribiste un tema llamado “Mi guitarra compañera”.  Casualmente, cuando les pedí que me manden, si tenían, textos o fragmentos de canciones, vos me dijiste: “voy con mi guitarra, ¿querés?”.

Fabio: Es el momento de tocar, ahí no importa nada. Ahí soy libre.Toco la guitarra y ¡toco lo que se me antoja! No me importa si me equivoco o no me equivoco, estoy todo el tiempo explorando.

Pablo: ¿Estás hablando sobre el escenario o en la vida?

Fabio: En la vida. Juego a tocar la guitarra, uno aprende más jugando que de otra manera. De hecho les digo a ellos que, cada vez que salga un tema nuevo, ¡háganlo mierda! Que lo destruyan, que toquen todo lo que se les ocurra, que se equivoquen.

Como lo que nos decían cuando éramos chicos.

Federico: Sí, igual siempre nos quedamos en ese primer paso. (Risas)

Y, en tu caso, Fabio, ¿cómo es el paisaje de tocar y cantar?

Fabio: Siempre me costó bastante. Siempre me gustó cantar, desde que empecé a emitir sonidos con la voz, empecé a cantar. Pero todo de forma intuitiva. Luego, con el tema del laburo, me di cuenta del desgaste de la garganta. Si seguía así, me iba a quedar mudo. Así que me metí con una profesora que trabaja mucho el tema del aire, de la relajación. Trabaja el cuerpo en general. No estás trabajando la laringe nada más, la laringe funciona porque hay otras cosas alrededor. Antes llegaba porque tenía que llegar. Ahora soy más consciente del cuerpo, de los músculos, de la espalda. Un reconocimiento. De hecho, esta profesora hace un ejercicio donde me pone un flota flota en la espalda y, cuando te parás, decís “¡Eh, tengo columna!”  De esas cosas ahora puedo ser mucho más consciente cuando canto.

¿Y canta todo el cuerpo, entonces?

Fabio: Sí. De hecho, este último tiempo – y se lo comentaba a Fede-  me equivocaba mucho más tocando la guitarra que cantando. Antes era al revés: me equivocaba en las letras o no me sentía cómodo cuando cantaba. Ahora veo que pasan cosas en el cuerpo y en la guitarra. Me pierdo con los acordes, con el tiempo, ¿viste? Cosas que nunca me habían pasado.

Sobre la voz, Liliana Herrero dijo que la voz piensa.

Fabio: No. El cerebro piensa. La voz no piensa.

Ella no hablaba de un pensamiento racional. Ella decía que uno piensa con todo el cuerpo. Y, si uno canta con todo el cuerpo, finalmente lo que sale es la voz.  

Fabio: Si vos pensás en un sonido oscuro, la voz te sale oscura. Esas cosas tienen que ver con las herramientas que uno dispone para poder llevarlo a cabo.

LA RESISTENCIA POÉTICA

¿Alguna vez pensaste qué es lo poético en el canto?

Fabio: No.

¿Qué es lo poético en general?

Pablo: Yo paso.

Federico: El psicólogo tiene ganas de hablar (señala a Gonzalo).

Gonzalo: Los psicólogos escuchamos.

Yo creo que tu forma de cantar, Fabio, es muy poética. Y tus letras, Fede, son muy poéticas también. Descartemos lo poético como el adorno de la palabra, como la artificiosidad que tanto señala Pablo.

Fabio: En el canto, yo creo que uno es un canal. Un medio para transmitir un sentido…

¿Nunca te encontraste con algo indecible? ¿Algo que quisiste poner en palabras y no va? ¿Una angustia indecible? ¿Una felicidad indecible?

Federico: Creo que para eso está la poesía. Para eso está la palabra. Para eso está el arte en general. Lo poético es la búsqueda por medio de la palabra. De verdad, se agradece mucho la lectura y la escucha atenta. Después, pásenle las letras a los chicos a ver si se las aprenden. 

¿Y lo poético más allá de la palabra? A vos se te ve muy pensativo, Gonzalo. ¿Qué pensás de lo poético?

Gonzalo: Mirá, no tengo la más puta idea.

Federico: Eso es poesía pura.

Claro, lo indecible es lo que no se puede decir, entonces estás en lo cierto cuando decís que no tienes la más puta idea.

Gonzalo: Y sí… Sobre lo indecible estaba pensando que nosotros hablamos mucho sobre lo real, como algo que no se puede decir. Y me parece que hay algo con las canciones respecto a eso. Por ejemplo, mi canción favorita del disco es “Enseña, resiste y sueña” por más que no tenga la aprobación del grupo.

Hay algo en todas las canciones que intenta acercase a lo que no se puede terminar de abarcar. En el caso de esa canción, aparece cuando el chabón le canta a la mina sobre talar los árboles, él dice todo lo que dice y apunta a lo indecible.

No sé si es sólo a una mina. Ahí el sujeto está perdido, podría ser a la patria, a lo que sea. Ahí está lo poético, pueden ser todos los sujetos posibles. Y con el silencio, ¿cómo se llevan?
(Silencio completo)

Fabio: ¿Cuál es tu pregunta?

Pablo: Los cuatro hicimos silencio para responderle.

Eso fue poético. Como decía Huidobro: “Poetas no hagan la rosa, háganla florecer en el poema”. En sus letras aparece mucho el tema del silencio, en la poesía trabajamos con eso.

Gonzalo: ¡Y los psicoanalistas también!

Suponemos que los músicos y cantantes también. Digamos, el silencio forma parte en las composiciones. ¿Estas cosas las han conversado? ¿Conversan sobre cómo los silencios producen sentido?

Pablo: Yo suelo llamar al silencio a veces.

Fabio: Y nunca te atiende (risas).

Federico: Le clava el visto.

Pablo: Iba a hacer un chiste, pero no me salió. A veces quiero que se callen, entonces me pongo a afinar. Pero – y esto lo hablamos hace poco- apelo bastante al silencio. A callar al instrumento. Yo suelo hacer eso un montón, callar para generar otra cosa.

Federico: Pero eso no es el silencio como concepto. El silencio como concepto para los músicos es como una hoja en blanco para un pintor. Es sobre donde vas a laburar lo que vos vas a construir.

Y está bien. Son dos tipos de silencio: el silencio por acallamiento y el silencio dentro de la música. El silencio está en el tema “Cuando no haya donde escaparse”, la letra habla del reinado del silencio.

Fabio: “El reinado del silencio es desafiado por el agua”. Ahí le hace lugar a otra cosa.

TODAS LAS HOJAS SON DEL VIENTO

¿Y el viento? El viento aparece muchísimo en las letras de ustedes. Este número de la revista es sobre el desaliento. El viento en hebreo es “ruaj”,  el que dios sopló sobre el caos al crear el mundo. Después vino el verbo. Es decir, ese viento era un  tomar aliento previo a decir, a cantar. Sin viento, sólo queda desaliento. Es decir, no podés cantar, no podés hablar. Luego de esta breve introducción, ¿Qué los desalienta?

Fabio: El presidente.

Como grupo, en lo musical, en lo social, en el tema de la militancia. La palabra militancia aparece en todo lo que dicen…

Federico: Creo que militar es asumir. Cualquiera que asuma una responsabilidad por una causa que siente justa, en cierto punto, está militando.

¿La música es una causa?

Federico: La cultura popular es una causa. La identificación de un pueblo. Los pueblos que quieren ser ellos mismos tienen una causa gigantesca.

Es curioso que todas tus respuestas apunten a lo colectivo.

Gonzalo: Pienso muchas veces en esto de la cultura popular como un sustrato donde pueden pasar, o no, otras cosas. En relación con la militancia, sería la independencia económica y política. A veces es bueno pensar en qué medida es posible la independencia dentro de una cultura tan extranjerizada. Desde ahí se habla de la militancia artística o cultural. Y el desaliento es el resultado de que te cueste eso, de que te sea tan difícil obtener resultados.

Pablo: No sé qué me desalienta. A veces hay frustraciones personales y también en lo musical.

Pero eso es el obstáculo. El desaliento es más grave, el obstáculo es el paisaje del artista.

Pablo: Entonces, no. Quizá haya muy pocas cosas que me desalienten. Quizá pasa más por el inconsciente.

Fabio: Una vez habíamos ido a tocar a Gesell. Fede y yo tocamos también haciendo tributos a Serrat. Y el día lo pasamos en la playa, obviamente, estábamos en un balneario y estaban pasando una música infame.

¿Género?

Fabio: No me acuerdo. Una cosa de salsa con reggaetón y bachata.

Federico: ¡Genero inaudible!

Fabio: Entonces yo le digo: “Fede, lo que estamos haciendo nosotros es una utopía, ¿no?” Sí, me dijo. Entonces, si no te desalentás ni aun al saber eso, al saber que uno es un tomate en la ensalada mundial, diría Capusotto…. una miga de pan en este vigilante mundo. Si eso no te desalienta, te asumís tal como sos.

El desaliento sería como si supieras que no vas a tener aire para cantar.

Fabio: Pero siempre va haber un motorcito por ahí, ¿no? Nosotros nacimos en un momento alentador. Artísticamente, uno empieza a escribir cuando reconoce un amor propio. En el 2001 nos juntamos. Pero no empezamos ahí, empezamos a componer alentados por un contexto, en el 2009 o 2010. Nosotros celebramos. Es eso “celebrar lo propio”.

CABALGAR LA PENA

El disco empieza con una pregunta sobre la alegría y termina con una respuesta: “¡No, señores!, no escapamos de las penas / las cargamos, las cabalgamos, las asumimos / porque para andar la alegría es necesario lo sufrido”. ¿A qué asocian la alegría?

Pablo: Al bienestar general, al bienestar del pueblo.

Federico: A la identidad.

¿Cuándo se sienten alegres?

Fabio: Cuando estoy con la guitarra. Hacer es la alegría.

Y vos, Fede, al escribir…

Federico: Al escribir, no. Tampoco escribí tanto. No es que sea un oficio para mí. Escribí más como juego. Yo juego con ellos al fútbol. Pero si me preguntás a qué te dedicas, no te voy a decir que soy jugador de fútbol. Soy docente, estudié música, soy músico, soy baterista. Y respondiendo a esto de las utopías, al desaliento, a la potencia y a la alegría…Cuando digo que uno milita la causa, la milita día y noche, en todos los oficios que tiene en todo momento. Y, cuando esa causa no se abandona, algunas veces cuando resuena en los otros, como en Milena que reconoció lo que yo había dicho en clase de los japoneses, entonces decís: “¡Che, loco, bien!”  Para mí eso es potente.

Nuñez Lencina.
Nuñez Lencina.

¿Es mejor este contexto que el anterior para inspirarse?

Y, si es mejor este contexto o no, no lo sé. Quizás muchos artistas se inspiran en la resistencia, pero creo que bajo ningún concepto este contexto sea mejor que el otro. Por ejemplo, cuando sacamos el disco, grabamos uno que hicimos en casa y la reproducción que tuvo fue cero. Y este lo pudimos sacar porque tomamos un préstamo a tres años, gracias a una política de Estado. Lo que impone el neoliberalismo es: si no estás dentro del mercado, no sos parte. Y, si no sos parte, no existís. Y, si la estás remando para poder existir, te sentís solo. Si no fuera por las políticas de Estado que nos acompañaron, la música se hubiera quedado en el living de mi casa.

La docencia para vos es un lugar potente.

Federico: Es potente. Sobre todo, en estas devoluciones. Y te exige, te exige garganta, te exige a veces que llegue el viernes y no des más. Porque aparte doy clases en jardín.

¿Vos Fabio? ¿Con la docencia?

Fabio: No. A mí la docencia me tiene últimamente un poco podrido.

¿Y vos das clases, Pablo?

Pablo: Sí, particulares. Me gusta mucho, me sorprende. Como no tengo estudios formales de música, me animé hace no mucho. Yo me dije hace poco que podía explicar cosas y me siento cómodo haciéndolo, además vengo de familia de docentes.

Gonzalo: Yo siento que hay como una cosa bastante pedagógica en mí, pero aún no tuve la experiencia. Sin embargo, fantaseo mucho con eso.

Fabio, vos decís que “Mano a Mano” es una escuela, o sea que más que docente sos alumno.

Fabio: Me cargaban porque dije eso.

Además dijiste que “Mano a Mano” era tu vida.

Pablo: En esa entrevista a la que vos te referís, él tuvo mucho tiempo para pensar. A mí, la periodista me tiró la pregunta y tuve que responder lo primero que se me ocurrió. Pero, cuando llegó a Fabio, él ya lo tenía pensado. Si me hubieran dado ese tiempo, yo también decía algo así. Tierno.

Federico: Vos no decís algo tierno ni aunque  te den una semana para pensarlo.

Gonzalo: ¡Pará, Di Tullio!

Federico: Igual, solemos boludear bastante al que es tierno. (Risas).

Gonzalo: Cuando les declaré mi amor por ellos en público, no sabés qué me hicieron. Encima, arriba del escenario, me hicieron sentir re solo…

Fabio: Dije que es una escuela, pero no solo en lo musical. Por ejemplo, yo vengo de familia antiperonista y estos fueron los que me llevaron por el mal camino.

Federico: ¡Ah, ahora nos echa la culpa a nosotros!

PA´ LLEGAR  A VOS

     “Es mi forma de hablar / mi guitarra compañera (…) “Aunque te suene a chamuyo / te dice, soy tuyo / y no la escuchás” (“Pa´ llegar a vos”)

 “No hace falta irse tan lejos para poder encontrarlos” (“Vivir riendo”)

Y, entonces, ¿la canción acorta distancias?

Todos (al unísono): Sí, yo creo que sí.

Fabio: Por eso estamos en lo que estamos. Por eso cantamos chacareras, si vivimos en Buenos Aires. O chamamés o festejos peruanos, si están tan lejos.

Gonzalo: De los negros africanos traídos en barco.

Es rara la relación que tienen con el lenguaje. Porque uno ve el disco y son muy buenas las letras y, cuando se trata de hablar, ya sea en las entrevistas o entre canciones en los shows, Fabio es el que parece más cómodo.

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Nuñez Lencina.

 

Fabio: Alto chamuyero, yo.

Gonzalo: Y es el que suele ser más callado de los cuatro.

Pablo: Pero no en el escenario.También tiene más responsabilidad, es el cantante.

Gonzalo: Igual, históricamente, entre nosotros cuatro, siempre Fabio fue el más callado. Y me pareció justo que diga que en el escenario es el lugar donde mejor se siente. Junto con la guitarra, me parece muy honesto. Me quedé pensando en lo que hablábamos de los tiempos  y los paisajes donde surgieron las canciones. Surgieron en la década K y se presentaron cuando ya sabíamos que perdíamos la elección. Las canciones se sintieron muy fuertemente, pasaron a tener otra fuerza. Subir al escenario después de perder las elecciones fue muy denso.

Ahí subieron después de otro parricidio….o matricidio. El próximo show iremos a intervenir: ¡Levante la mano el parricida!

 




ENTRE PASILLOS

El Desaliento: Entrevista a Darío Sztajnszrajber

Entrevista: Alicia Lapidus, Gabriela Stoppelman, Víctor Dupont, Néstor Grossi

Edición: Gabriela Stoppelman

Fotografía: Santiago Resnik

“(…) y no era la luz / por los pasillos musitantes / atrás dejé los corredores / negros y más que hechos con cuervos / quedóse el papel inclinado / esperando tus ojos de mora / y como un ciego fui con las manos / interrogando a las paredes / buscando la puerta brillante / los tragaluces del castillo / el aire que andaba en el mundo / ‘juancarlos estuvo en este cuarto’ / fuíme solo y no era la luz”, Bustriazo Ortiz, (de “Unca bermeja”, 1984)

Mangas desde ningún hombro hacia ningún puño, huecos vestidos de tela donde alguna vez se articuló un brazo. Pasadizos ocultos del cuerpo, trampas para apagones imperceptibles. Guaridas de la enfermedad, tacles de tiempo contra el horizonte. Palabras viejas que, a mitad de una oración, fracturan la gramática y el aliento: muertes súbitas del lenguaje remanido y pretencioso.

O, si no: te subís a un colectivo como todas las mañanas y quedás atrapado en el amontonamiento  de cuerpos urgentes hacia los deberes. Ahí, tan inmóvil, la mirada no alcanza ya ni la puerta de adelante ni de la atrás. Las únicas coordenadas las da ese fantasma de la calle, que ves correr a través de un recorte de ventana intermitente, entre un codo que se descorre y otro, entre una espalda que se acomoda y otra.

O también: la sed -tan solita- en el fondo del vaso. O esa taza de plástico, resistente a las radiaciones que, después de un minuto en el microondas, volvió desfondada y seca. Un tubo inútil, de ninguna parte hacia ninguna otra.

O ese sonido disonante a mitad del poema o una voz que chirría entre dos ternuras o la aspereza en el ruedo de una tela amable o el abismo de lo hostil entre dos amantes.

La charla con Darío Sztajnszrajber avanza en forma de álbum de fotos que luego deviene en película, que se concentra en un corto, que después arma un cuadro y que, de pronto, hace cortes, fisuras, tajos. Y silencios. Pasadizos que toman forma a medida que se los camina. Túneles que hablan y escriben, entre pasillos. 

EL BONDI DE LA ESCRITURA

darío1“Tal vez se pueda pensar la vida entera como un eterno viaje en colectivo. Creemos que nos dirigimos hacia algún lugar concreto cuando en realidad lo único que importa es el viaje mismo porque, en definitiva, siempre estamos viajando. Viajar. No sabemos desde dónde y menos hacia dónde, pero nos movemos. O nos mueven”(* )

Tratamos de atender a los modos de tu escritura. La idea es reflexionar un poco sobre el lenguaje. Lo primero que me llamó la atención fueron las cursivas de tu libro. Son lugares donde dejás de preguntar y donde aparecen como coagulaciones del sentido, aparece allí una cierta habilitación para afirmar algo.

¿De qué hablamos cuando hablamos de cursivas? ¿Las frases enteras? Esas las puso el editor.

¿Vos incorporaste los textos?

Los textos son míos, pero la cursiva la puso el editor. Son ocho o nueve momentos, creo. El libro fue intervenido mínimamente. Hubo dos grandes situaciones: una, esa. La otra es que el libro terminó dividido en 50 capítulos y yo lo había planteado con una escritura absolutamente continua, con grandes parágrafos de no más de dos o tres páginas y todo seguido. Me gusta mucho escribir así.

Por la idea de viaje, ¿no? Qué lástima que no quedó corrido.

Por la idea de viaje, exacto. Pero la editorial lo decidió de otro modo. Haberlo dividido en 50 capítulos cortos no es lo ideal, pero no hace perder la idea de algo en movimiento.

Son paradas de colectivo.

Ponele.

¿En qué momento escribís?, ¿a qué hora?, ¿cuál es la mejor situación?

En estos últimos tiempos, cuando puedo. De todo lo que hago es lo que más deseo hacer y es para lo que menos tiempo dispongo. Con tanta actividad que tengo ahora, me cuesta generar el clima y el espacio. Digo, en las otras actividades, con mucho menos, puedo hacer. En la escritura, no. Para preparar una clase o un programa, me nutro de todo lo que fui leyendo, más las novedades que voy alcanzando. Pero la escritura me implica un otro espacio. Ahora ando por el treinta por ciento del segundo libro y lo tengo ahí parado. Hace un año que lo estoy tratando de escribir y no llego. En cambio, cuando me piden notas, ahí sí dispongo del tiempo. Yo escribo una columna semanal. Son 3200 caracteres, exactos. Me encanta ese desafío, como si fuese una canción. No usaría la palabra “sintetizar” porque es como… Es saber en la previa, como con los programas de tele, sé que tengo 26 minutos, entonces son 26 minutos y lo vivo más como si fuese un poema.

Como la métrica de un poema.

Como la métrica de un poema. Yo sé que los primeros lunes del mes tengo que entregar la nota y me hago el espacio. Escribir un libro es otra cosa.

TEXTUS INTERRUPTUS

“Ahora el tren frenó y no arranca. La señora mayor empezó a hablar. No entiendo lo que dice, pero se la ve enojada. Habla al aire, molesta con el mundo, o por lo menos con este viaje interrumpido. Insulta a todo el mundo, pero sobre todo a los políticos. Exige que los servicios funcionen y desafía con no pagar más los impuestos. Nada en la historia cambia de manera tan terminante de un día para el otro. No es cierto que hasta Tales toda la cultura griega estaba escudriñada por la mitología y en el medio de tanta «oscuridad», Tales se dio cuenta y empezó a pensar. ¿No se pensaba antes? ¿Los mitos no tienen nada de pensamiento? Y al revés, ¿no hay algo de mito en la razón?

¿Y cómo te llevás con los editores?

Me llevo… Tuve distintos momentos, hoy me llevo mejor que antes. Como toda relación política, la que uno tiene con un editor se vincula con lo que pretenden de vos y con lo que vos necesitás del otro. Hoy siento que ceden mucho más a mis requerimientos que al principio. Mis inicios fueron en la gráfica, en la escritura. Aun antes de que explotara el programa “Mentira la verdad”,  escribía columnas en Clarín sobre temas más religiosos, ligados al judaísmo abierto. En la mayoría de las actividades en las que estoy, siempre lidio con un intermediario. Y, además, yo trabajé muchos años en la gestión cultural, así que conozco. Son como ese vínculo necesario y al mismo tiempo odiado. Hablo de un producto, de un editor. Gente que tiene su profesión y piensa con otra lógica, con la que vos tenés que establecer una relación. O sea, en mi mundo mesiánico,  no deberían existir las industrias culturales. Pero, bueno, el mundo mesiánico es una promesa a no cumplirse.

Recién vos hablabas de tiempo para escribir. ¿Qué tiene de particular el tiempo de la escritura para vos?

Mirá, yo discuto mucho el concepto de concentración, me parece que no es una disposición del alma. Primero: el alma no existe. Partiendo de eso, la concentración está siempre en vínculo con los estímulos, con el afuera. Yo fui cambiando mucho la concentración, no puedo escribir más de diez minutos sin entrar en twitter o en WhatsApp. No puedo. Y si entro en una carrera donde siento que la escritura empieza a fluir, esa fluencia me puede tirar diez minutos más. Pero hay un momento donde debo parar porque hay otras zonas en mí que empiezan a generar contradicciones. “¿Para qué sirve la filosofía?”,  el libro que ustedes leyeron, lo escribí hace tres o cuatro años ya y me fui llevando bien con la escritura. Hoy es peor porque hay una mayor “whasapización” de los vínculos. Tal vez, la concentración tenga que ver con cómo vincularte con tus distractores, no con una capacidad atemporal… Pero las distracciones operan con todas las actividades, sin embargo, lo que más me cuesta es sentarme a escribir. De hecho, Planeta me pagó este segundo libro hace más de un año. O sea, es un desastre.

Ni por guita.

Ni por guita. Y no me lo exigen porque no se quieren pelear conmigo, pero las editoriales tienen eso.

Igual, en tu libro se siente -no sé si vendrá de las distracciones- la presencia de voces. 

En este segundo libro hay mucha mayor presencia de la ficción, eso me quedó pendiente del primero.

La ficción es como una excusa para llegar a poner una cita de filosofía y la filosofía es una excusa para la ficción. Así lo leímos. Ahora, la interrupción también aparece en el libro.

Sí, aparece. El tema en la escritura es cuando me levanto. Hasta volver, pueden pasar dos días o dos meses. Si vuelvo a los dos meses, es una gran interrupción.Tengo tres alternativas: o lo vuelvo a leer todo desde el inicio –cosa que hice pocas veces– o vuelvo a leer las últimas tres o cuatro páginas y apuesto a lo que me acuerde. Otra cosa que hacía mucho era leer solo la ficción para tener una columna narrativa, una línea. La parte filosófica es lo que menos me cuesta y, al mismo tiempo, es lo que menos me gusta porque ya lo tengo, es como si lo expulsara.

La ficción es un ámbito de más exploración.

Claro, es más exploración lo literario. Yo pensé el programa de tele y, después dije, quiero encontrar el registro literario de esta idea del encuentro de lo cotidiano y la filosofía. En este segundo libro que estoy escribiendo, el asunto está mucho más alineado. Voy directo a cada situación en relación al concepto filosófico. Este texto será sobre frases filosóficas. Abordo catorce frases famosas de la filosofía. La frase me ordena. En cambio, en el primero, era como un devenir de para qué sirve la filosofía. La idea original fue trabajar diez o doce definiciones de distintos autores e ir desarrollándolas, mostrar sus contradicciones y después pasar a otra que dialoga con la primera.

Usás lo narrativo también fuera de la ficción, narrás conceptos…

Bueno, yo hago filosofía así, narrativamente. Para mí ‘‘Las meditaciones metafísicas’’, de Descartes,  es una obra policial.

Piglia dice eso, ¿no?  Que ése es el inicio de la novela policial.

Todos somos Piglia.

Si, antes éramos Borges, ahora somos Piglia.

Igual, lo de Descartes lo dicen muchos. Pero hay otros momentos literarios en la filosofía. Ponele, la muerte de Sócrates: es uno de esos momentos literarios épicos. El tipo muriendo y está ahí el gallo Esculapio. El tipo diciendo “se me congelan los pies”, hay mucho en filosofía para trabajar narrativamente.

A TEMPO

“Este colectivo avanza despacio y mi cabeza vuela. ¿Qué son estas preguntas? ¿Por qué no puedo viajar tranquilo como aquel joven que mueve el cuerpo al compás de sus auriculares? ¿Pero cómo sabemos que al mismo tiempo que danza con la música no está también pensando?”           

 darío8

Recién hablabas de encontrar un registro para pasar lo de la tele a la escritura. ¿Cuánta importancia tienen para vos los ritmos, las voces?

Te diría que el noventa y cinco por ciento. A mí lo que más me costó en “¿Para qué sirve la filosofía?” fue encontrar el tono, el registro diría.

Bueno, ayer un actor -Norberto Gonzalo- nos dijo: la cadencia.

Sí, la cadencia es clave en mi manera de hablar. Es todo. Trabajar los silencios, el suspenso. Y busco eso, incluso en las clases de filosofía, ir llevando. Siempre es a través de un cuento, de un relato.

Es curioso que todas las características que marcás en tu libro acerca de la filosofía -“romper”, “pensar al revés”, “el ritmo”, “el silencio”-, todo lleva a lo poético más que a lo narrativo. ¿Vos no escribís poesía?

Ya no. Entré en la literatura por la poesía, pero también entré a la literatura por los cuentos.

Pero lo poético, ¿sí te importa?

Lo poético me importa mucho. Pasé de Novalis a Bukowski. Con Novalis, creí que la poesía era el nuevo lenguaje de la filosofía, hasta que con Bukowski descubrí que era mejor viajar en colectivo. Ahora estoy viviendo un momento post poético. Como que no le creo más a la poesía.

Al lenguaje poético.

A la poesía no le creo. Al lenguaje poético, síUn momento post poético te lo traduciría diciendo que, ya des-centrando lo poético, lo empiezo a encontrar en la filosofía, lo empiezo a encontrar en los lugares que no son los del canon.

¿Y cómo vinculás lo poético con el extrañamiento del que hablás en el libro?

El extrañamiento comulga en la filosofía y en la poesía. Donde más lo encuentro es en ese abordaje que intento hacer en la filosofía como género literario, siguiendo a Derrida, a Nietzsche y a un autor que no se le da mucha bola, Richard Rorty. Él tiene un libro, “La filosofía como género literario”. Incluso en “Contingencia, ironía y solidaridad”, un librazo de esos que nadie atiende mucho, el tipo analiza “1984”, “Lolita” y dice que la literatura hace -un término muy yankee- al progreso moral.  La idea es: la gente accede más al bien viendo una película o leyendo “Lolita” que leyendo la ética kantiana.

O sea que el extrañamiento impacta más desde lo narrativo.

Claro… A ver: yo siempre encuentro en la poesía el mejor ejemplo para tratar de definir a la filosofía como género literario, porque en poesía hablamos del lenguaje, pero desde un dispositivo diferente. Así como ese dispositivo es reconocible en la poesía, en la filosofía por ahí no lo es tanto. Y, sin embargo, es lo mismo para mí, por el tipo de pregunta que se hace, por el tipo de argumentación. Así como la poesía tiene una forma reconocible en su estructura, la filosofía también la tiene. Menos, pero la tiene.

Tiene una forma literaria….

Una forma literaria de combinar palabras de acuerdo a ciertas estructuras. Para mí eso es la filosofía.

Una forma de escritura, como si fuese otro género.

Claro, como si fuese otro género dentro de la literatura.

Colli dice que la filosofía surge a partir de la escritura.

Eso dice Colli  en “El nacimiento de la filosofía”  y por eso señala que el primer filósofo fue Platón, el primero de quien tenemos registro escrito. A partir de la deconstrucción, todo es escritura: yo creo eso fervientemente. Trabajo mucho contra la idea de la escritura como transcripción de un lenguaje oral que es transcripción de un pensamiento, toda esa paja esencialista. Eso cae en la práctica de la escritura. Cuando escribo, escribo con los dedos, no escribo con la cabeza. Entonces, está implicado el cuerpo. Por eso me cuesta, para mí escribir es como meditar. Es decir, necesito armar ese espacio. Ahora, cuando fluye… ¡es afrodisíaco!

DESFONDE NAO TEM FIN

“Para abajo o para arriba, da igual: el nunca terminar y su peor consecuencia que es que nosotros, en cambio, tenemos fecha de vencimiento. Lo insoportable no es tanto que no termine, sino que nosotros terminaremos y lo ilimitado continuará, pero sin nosotros. ¿Pero por qué? ¿Por qué la angustia?”

Sobre el tema del esencialismo, quería hacerte un comentario. Tu texto tiene un subtítulo, “Desfondado” y uno se imagina que, a partir de ahí, se va a dispersar todo. Sin embargo, desde ese momento, sucede lo contrario: empiezan a aparecer espacios con cosas acumuladas (estampitas, velas). Eso nos pareció un momento poético, de tensión entre opuestos.

Lo que pasa es que, frente a lo desfondado del fondo, de manera casi desesperante, tratamos de construir pisos para tapar ese agujero. Y no se tapa. El tema es que esos pisos se empiezan a caer. La literatura es una búsqueda del salvataje.

Del naufragio.

Del naufragio, tal cual.

También encontramos varias referencias al origen y al nacimiento, ¿cómo diferencias esos conceptos?

Uno podría pensar que el nacimiento tendría que ver con una caracterización más causalista, más guiada a un paradigma científico, como el nacimiento de un ser vivo en función de causas biológicas. El origen, en cambio, no es temporal ni es causal. Es ese fondo desfondado del que todo proviene y al que todo va. Digamos, una especie de totalidad de la que hemos sido desgarrados, que no está ni atrás ni adelante, ni arriba ni abajo. Entonces, cuando pienso en el origen, pienso en una búsqueda ontológica, atravesando lo óntico en busca de lo ontológico. No está ligada al sentido cronológico, sino a lo previo en ese sentido ontológico. Pensar lo ente, lo que hay siempre desde la caída. Por eso la falta, la caída, supone lo finito. La finitud supone falta, la falta supone deseo, el deseo supone la literatura, la búsqueda de sentido inútil. Un sentido inútil.

Inútil improductivo.

Sí, inútil improductivo, infructuoso, por el único mero hecho de que, al final, te morís. Por eso inútil. Bueno, obviamente, se pueden vender muchos libros, podés cambiarle la cabeza a la gente. Tantos textos han generado tantas cosas, pero en el fondo no hay fondo.

El fondo está desfondado.

Sí, eso entiendo que todavía no lo resolví.

Parece que no tuviera resolución, vamos a investigarlo.

No lo resolví en mi búsqueda. Quiero decir, no me cierra. Esto es: te morís. O sea, me chupa un huevo que los libros queden, que Platón sea importante: se murió. Yo viví siempre muy cercano el amor por Derrida, por su obra. Y haber leído su libro “Aporías”,  que habla sobre la muerte y dialoga con Heidegger, mientras Derrida se moría, me impactó. Te pasaste tantos años pensando en la muerte y te morís igual. Es esa conciencia de que me estoy muriendo y de que, en realidad, lo que pensaste fue en función de ese presente en el que lo necesitaste pensar.

Es la inmanencia.

Pero la muerte llega igual. Ya dice Heidegger. ¡Te estás muriendo ya!

(Se hace un silencio espeso y bello a la vez.  Las palabras se retraen a la espera de un nuevo aliento. Darío mira hacia la mesa, alguno revuelve su café, otro abre un sobrecito de azúcar, aunque sin necesidad de endulzar nada. Pasa un tiempo extrañado. Un entre palabras, un pasillo.)

FISURADOS, FRACTURADOS E INÚTILES

              Tal vez, después de mucho ir y venir, en algún momento el prisionero liberado comience a observar en el cielo alguna fisura”

Pionen white mountains.
Pionen white mountains.

¿Y cómo seguimos desde acá? A ver, de todas maneras, la inmanencia incluye a la muerte. Pensaba que vos hablás mucho, en el libro, de las situaciones límite como momentos de fisura… esa es la palabra que más aparece. También se repiten hendija y fractura. 

¡Qué lindo! ¿Fractura?, ¿tanto aparece?

Fractura, sí: “En El Banquete, la historia de Penía y Poros es fundamental, ya que coloca a la filosofía en ese lugar intermedio que nunca tiene que cerrar. Una fractura. Pensarnos como una fractura que está siempre intentando que encajen planos inencajables.”

De la palabra “fisura” tengo más conciencia. En un momento usé hiato… Sí, esa fisura/fractura es un poco de lo que hablábamos. Es la que hay entre ese trasfondo inaccesible y la palabra como intento de darle sentido. Yo lo que digo es: hay que salirse del paradigma de la productividad. ¿Y cómo seguimos si igual nos vamos a morir? Bueno, hay que cambiar esa forma de pensar. Una forma de cambiar el paradigma es empezar a reconciliarnos con nuestro propio inútil. Yo me pase años con la definición esta de “la filosofía como saber inútil”. Esto remite a la frase de Oscar Wilde “el arte es una actividad necesariamente inútil”. Durante años, me la pasé años diciendo que, en realidad, la filosofía parece inútil, así la construye el sistema para desterrarla y quitarle entidad, domesticarla. Pero, al final, termina siendo más útil de lo que creemos, porque es como un círculo que te libera. De todas maneras, ahora pienso que eso no es cierto: al decir que al final es más útil de lo que creemos, la arruino. Su valor es ser inútil. Todo esto lo trabajo desde el “Teeteto”, donde me parece brillante el relato de Platón sobre Tales. Tales iba mirando para arriba y siempre se caía en los pozos. Entonces, en el pueblo, lo llamaban el idiota, que significa estar muy para adentro, introspectivo. Ahí está la acusación de inutilidad a la filosofía, te la pasás mirando para arriba y no resolvés la tarjeta de crédito, el examen, que los chicos coman… los pozos. El ejemplo que da Platón es terrible porque Tales se la pasaba mirando para arriba, se caía en todos los pozos, todo el mundo se le cagaba de risa y un día se cansó y dijo: “¿Ven, allá, atrás de esa montaña? Ahí hay un campo de olivas, el año que viene, ese campo va a dar más frutos que ninguno”. Y todo el mundo dijo “no, el idiota no puede adivinar esto”. Y al año siguiente fue así. Con lo cual, Platón termina revindicando que, al final, el más útil fue el idiota. Yo no quiero terminarla así, lo que quiero es mostrar y revindicar lo inútil como una característica de nuestra existencia: así como estamos charlando ahora, también podemos escindirnos y pensar en lo ilógico que es que hayan seis cuerpos reunidos compartiendo sonidos en un bar…  Esa inutilidad de la pregunta es parte de lo que somos también. Revindicar lo inútil me parece una forma bastante emancipatoria frente a un mundo que ha hecho de la productividad su valor hegemónico. Ahí aparece la asociación con el niño, con el juego y con una figura muy literaria, la del “flaneur” baudeleriano: en la filosofía, ese paseante solitario sería no el que pasea por la ciudad, sino el que pasea por los conceptos.

Como un viaje inmóvil, donde se da la transición entre lo cotidiano y lo existencial.

Sí…

Por eso nosotros pensábamos que la fisura entre cotidiano y existencial no existe, hay continuidad. Porque uno está en lo cotidiano y la problematización adviene.

Y, aparte, en el segundo libro que estoy escribiendo, sigue.

Ah, ¿sigue el viaje?

Empieza ahí mismo. El final del primer libro refiere a la caverna de Platón, con una cita directa de Nietzsche: “el superhombre llega al mediodía, porque es cuando las sombras y la realidad se juntan, se indiferencian. Es mediodía, el tipo llega a Belgrano, después de un importante recorrido por el Conurbano, La Plata…tuvo bastantes asuntitos”. Y el segundo libro arranca con que él baja en una estación, no sabemos de dónde viene…

¿Sigue desde el mediodía?

Sí.

Porque todo este texto es muy nocturno, la noche parecería ser el paisaje que encontraste para pensar.

En este segundo libro, en principio, se piensa de día. Hay, como ya dije, mayor presencia literaria, trabajar frases me ordena los capítulos, ya sé que son 14

Pero sigue por la ciudad.

Sí, claramente.

RESPIRAR EL MONSTRUO

                                               La monstruosidad en el gesto de una realidad que gira un grado y hay un techo que habla, una pared que se respira, una señora con un bebé donde todos apoyamos las cosas. El monstruo es esa figura que nos marca el límite con lo posible. Pero si hay un límite con el monstruo es porque se lo pone desde adentro; y algo peor: el monstruo siempre es uno de nosotros expulsado tras los límites. Ya no puedo no ver a esta gente como si fueran una secta de un pueblito norteamericano. La carga teórica del observador funciona a pleno: siempre vemos lo que previamente estamos dispuestos a poder ver.”

Ernest Descals, Pujol.
Ernest Descals, Pujol.

Los paisajes son muy importantes para vos.

Sí, lo que hay ahora es más sangre, se vuelve mucho más violento todo el libro.

Los paisajes me recuerdan a los pasillos, los nombrás mucho. ¿Por qué te parecen tan interesantes los pasillos?

Los pasillos son una metáfora. En la obra “Desencajados, Filosofía y música”, la utilizo. Para mí es la metáfora que mejor expresa un concepto filosófico y muy literario que es la “entridad”, el entre. El pasillo es lo que une habitaciones, pero en sí mismo no tiene territorio. Es una frontera, un umbral en el que no podés permanecer, pero solo traspasándolo te das cuenta cómo está estructurado todo. Cuando estás en tu habitación, ves todo desde ese prisma. Pero, cuando salís al pasillo, estás deshabitado y visualizás la estructura. El pasillo te empuja a seguir, pero da cosa quedarse, tiene algo monstruoso, deforme. Sólo saliendo a los pasillos respirás un poco de libertad aunque, al toque, tenés que volver a meterte en otro lado.

¿Y la escritura no será esa inutilidad desde el pasillo?

Sí, la escritura es un gran pasillo.

“FOR YOU, ADRIAN”

                                            “Me estoy incomodando un poco. La palabra amor en otros contextos puede significar cualquier cosa. ¡Pero cómo!”

Dos en el pasillo, Hopper.
Dos en el pasillo, Hopper.

 

Una pregunta que repetimos mucho en las entrevistas de este número es, ¿qué es para vos una escritura berreta?

Yo creo que la escritura berreta tiene que ver con el uso del lenguaje y el contexto. No encontraría una escritura en sí misma berreta, sino en la forma en que se recibe el texto. Y me parece que textos supuestamente eruditos o complejos pueden volverse berretas en contextos anómalos para él. Un paper de investigación sobre lingüística, leído en un contexto que no es el suyo, resulta banal y berreta, de una voluntad de querer regodearte… no funciona. Hay escrituras que me pueden llevar a algo parecido. Pero cantar una canción híper berreta en la cancha, en el momento justo, me emociona. Hay películas muy berretas que me han dejado muchas cosas y me conmueven. La película que más me hizo llorar en la historia de mi vida fue “Rocky II”… ¡Es un peliculón!, pero berreta para la facultad de Filosofía y Letras. Hasta el día de hoy sigo buscando qué me dice el final, cuando Rocky mira a la cámara, levanta el cinturón de campeón y le habla a la mujer, Adrian, que no pudo ir a verlo: mientras llora, dice “for you, Adrian”. Y sí, es berreta, pero todo depende del contexto. También trabajo la apertura, lo natural es cerrarse y yo trato de poder conectar.

Que los textos no operen solo por identificación, sino también por extrañamiento… ¿Y qué te pasa con un texto muy facho?

Un texto muy facho, si está bien escrito, uno le reconoce… No veo el fascismo como algo extraño o alejado, uno pelea constantemente contra su fascismo. Yo me he encontrado peleándome contra ese que también está ahí y en mí, que si pudiera, causaría cosas terribles. Por ahí lo berreta pasa más por la estructura que por el contenido. Un género que me molesta mucho es el periodístico, ahí sí. Pero eso no significa que no haya un montón de notas periodísticas que me encanten o me dejen cosas. Por eso algún texto puede ser “trucho”, no por berreta, sino porque opera como cuando te ponen música de más en una escena de película. Lo hacen para que llores más, está hecho con todos los tips para generar los efectos. Eso es lo que más me puede molestar de un texto...

Las operaciones del lenguaje.

Sí. Y que no sean lo suficientemente inteligentes para disimular. Sí… igual creo que, por ejemplo, Lanata no lo hace. Al contrario, es un gran escritor, sabe muy bien generar su lenguaje, su forma de comunicación.

TODO TRINA A TEXTO

                        “Tenemos tres ámbitos en interconexión entre sí: la realidad, el pensamiento y el lenguaje. Los suponemos por separado, que es lo que el sentido común indica. Y si tuviéramos que gradarlos, lo haríamos, siguiendo cierta filosofía tradicional, del siguiente modo: la realidad es más abarcativa que el pensamiento que a su vez es más abarcativo que el lenguaje. Se supone que no hay una correspondencia o coincidencia ontológica entre las palabras y las cosas o, por lo menos, es lo que nuestra cultura viene sosteniendo mucho antes del «nada hay fuera del texto». Incluso tiene su lógica.”

Con el tema del lenguaje, me quedé pensando en “la pregunta” como forma de pensar en la filosofía y, después, en la forma literaria del monólogo interior.

Empezamos por la segunda, el monólogo interior es propio de la filosofía y es la filosofía que a mí me gusta hacer y que divulgo. Es como esta cosa individual de introspección y de hablarse a uno mismo. Tiene mucha presencia en el libro, eso es claramente consciente. Y, en cuanto a la importancia de preguntar,  puesto ante diferentes formas de hacer filosofía, a mí me gusta más la pregunta que trabajar bajando línea. Construir un sujeto fuerte, en consonancia con la idea de muerte del sujeto, es hacer de la pregunta una forma de apertura de la palabra, un modo de devolver al que lee la posibilidad de preguntarse y de elaborar su propio sentido. Yo intento -a veces mejor, a veces peor- generar esta multiplicidad de voces en el otro. Partir de cómo se nos dice “esto es así” y demolerlo desde una serie de preguntas que, en general, no te hacés. No es que propongo mirar la realidad de otro modo, sino formas de contacto. Yo ya no me meto con a dónde te lleva la pregunta. Creo que hay una diferencia entre aquel que puede inducir a ciertas lecturas con ciertas preguntas y aquel que dice “el mundo no es así, es asá” y establece una contra verdad ante la verdad instituida. Yo no creo en la verdad, soy más nietzscheano que marxista, aunque me encanta el Marx que pregunta, para mí ese es el Marx más valioso. Son pensadores que ponen a la pregunta por encima. Obviamente, también hay un Marx que afirma. Pero, bueno, uno recorta a los autores y hace lo que quiere. Heidegger también hace preguntas fascinantes.

Street art, illusions, Julian Beever.
Street art, illusions, Julian Beever.

 

Marx, Nietzsche, Heidegger… El número tres es algo que también aparece mucho.

¿Tres? El número tres… Soy muy trinitario.

Un judío trinitario…

Todos los judíos somos cristianos, como buen judío, me hubiera gustado ser cristiano, porque siempre se quiere lo otro. Me fascina el Nuevo Testamento. La Biblia es una gran novela de ciencia ficción, incluido el Nuevo Testamento. Yo estudié en una escuela religiosa judía, religiosa mal. Y, entonces, tuve una relación muy fuerte con el dogma. Mi relación con el texto se la debo a la religión, fue clave en mi formación. Las religiones judeocristianas son religiones del texto, del libro, ya te conectan con la literatura. Por su parte, el Nuevo Testamento tiene unos misterios… sobre todo, el número tres. San Agustín empieza a encontrar trinidad en todo lo que ve, todo es trino… esa estructura ficcional de querer hacer encajar la realidad con tu mirada….

Hay una canción del último disco del Indio Solari que dice “hay un ladrón en esa cruz y actúa en la oscuridad” y entonces no sabés si está hablando de Jesús o del chorro.

Pero Jesús resucita….Igual está bueno eso.

Muy jodido, Jesús. El Indio siempre juega con eso de que dios es un ladrón.

A mí, la parte que más me gusta de la teología cristiana es la espera, es lo más interesante para entender él marxismo, por ejemplo. Muerto Jesús, queda la promesa, una vez más, de que vuelva el día del juicio final. Entonces, todo el cristianismo tiene sentido a la espera de la resurrección de cuerpo y alma. O sea que la vida cristiana es una vida de espera

¿Y la vida judía no espera al profeta?

Si, completamente, es lo mismo. La diferencia es que, como este Mesías ya llegó y tiene que volver, ahora el problema es la espera del retorno. Para que se produzca la segunda venida de Cristo, tiene que venir el anticristo. Ahí Cristo vuelve a vencer al Anticristo. Eso es el Libro del Apocalipsis. Es decir, para terminar de salvarlos, primero hay que soportar el apocalipsis final, ¡bien trosko todo!

Es maravilloso, bien marxista.

Es maravilloso todo esto del apocalipsis final. La iglesia retiene la llegada del anticristo que, a su vez, retiene también la segunda llegada de Cristo. Entonces, estamos en estado de suspensión, ni vivos ni muertos.

Un pasillo gigante. Por eso, para la religión no importa morir.

No importa morir.

Paisajes Surrealistas Pintados al Óleo Sobre Lienzo.
Paisajes Surrealistas Pintados al Óleo Sobre Lienzo.

 

TRÁNSITO DE ATAJO

                                               “Estoy como teniendo la necesidad otra vez de volver, pero de nuevo, no sé a dónde. ¿Hay un origen?”

Hablando de vueltas, tu primer libro termina en una vuelta: el filósofo liberado vuelve por los otros, para que los otros puedan ver. El concepto de la otredad aparece mucho en tus textos y declaraciones. ¿Cómo manejas esto de disolverte mucho en los otros y recuperarte un poco en soledad, para escribir?

Creo que el concepto de “otredad” que aparece mucho en este libro va a aparecer mucho más en el nuevo. De hecho, tengo un tercer libro, que iba a ser el segundo, cuyo tema era “el otro”…

Tu trinidad…

Pero, bueno, no fue el otro. Yo creo que esa otredad es la única forma de sacarnos de nosotros mismos, creo que el gran problema del ser humano es su inmunología, su propensión a encerrarse en sí mismo y a establecer con el otro un vínculo contractual, económico. Entonces, lo primero es entender que uno es un otro y que esa otredad te habita. Y te habita en la escritura, por ejemplo. Porque, cuando uno escribe, no escribe uno, escribe para otro y sos otro escribiendo. Para mí, es clave; entiendo que la docencia es una apertura al otro. Me gusta ser docente no en los lineamientos tradicionales, donde el docente viene a formar al alumno. A mí la idea de formación me parece autoritaria, es violenta, es suponer que el alumno no tiene forma y uno viene a darle forma.

Como la palabra alumno…

La palabra alumno: no es cierto que su etimología venga de “sin luz” sino que, como toda etimología, las palabras también buscan establecer la etimología que conviene a cierta lectura. Según esa etimología popular el alumno no tiene luz, viene el docente y lo ilumina. El faro… el falo, en realidad, erecto en el aula, que derrama luz. En verdad, “alumno” viene de alimento.

Bueno, este número es sobre el desaliento. ¿Qué te desalienta al momento de escribir?

Me suena a aliento.

Sí, de ahí lo pensamos. Que te sacan el aliento, te sacan la palabra, te enmudecen.

Mirá, depende, lo puedo encarar de distintos lugares. Desde el lugar más vocacional, tiene que ver con todo lo que flotó en esta charla, uno evidentemente lidia todo el tiempo su vocación con otras estructuras. Si pudiera, en este momento, estaría escribiendo y no lo hago. Pero me implica, claramente, una relación distinta conmigo mismo, con el otro, con la máquina, con el tiempo… me desalienta la vida, que está ahí y que te vas a morir. Esa misma paradoja está en todo, el otro para mí es todo y al mismo tiempo lo odio, toma decisiones que no me copan, es todo y no es nada. Como el Zaratustra, es para todos y no es para nadie. A nivel político, el desaliento tiene que ver con circunstancias de la historia, pero las trabajo del mismo modo que el resto, entendiendo que hay ciclos, momentos y hay que transitarlos. A nivel personal, me desalienta -heideggerianamente- la imposibilidad de apropiarse de uno mismo. Y -levinasianamente- el apropiarse de uno mismo para después escaparse de uno mismo. Pero uno ni se apropia ni escapa, sino que está metido en una vorágine que te estructura. Frente a ese desaliento, por ahora, encuentro fisuras, que me permiten desalentar el desaliento.

(*) Todos los epígrafes corresponden a “¿Para qué sirve la filosofía?”, de Darío Sztajnszrajber.

 

 




LAS CUERDAS DEL UNIVERSO

El Desaliento: Entrevista a Ernesto Snajer.

Entrevista y edición: Mariano Botto

Foto Álvaro Alonso

 

El hombre se acostó a dormir. Mezclada con el viento, oyó una coplera vibrar sobre las cuerdas de su guitarra. La luz estaba encendida y quiso apagarla. No pudo. El reloj se borroneaba. O, tal vez, sus ojos dormidos no alcanzaban las agujas que parecían marcarle el ritmo a la coplera. Se asomó a la ventana y, desde la cima, vio las luces de La Paternal. El paisaje no terminaba de conmoverlo, todo él iba detrás de un sonido escrito en el aire, sobre un pentagrama de diez líneas. El chirimbolerío de cables, consolas y pedales de efectos parecía afinar en busca de su propia voz. La voz de la vigilia. Detrás del viento, unos acordes abrían otra ventana sobre un muro que jamás había visto. Sus ojos brillaron con otras voces copleras, con torres de discos y con guitarras infinitas. La órbita de un planeta sugirió el tono y, en un espacio negro, improvisó unas melodías. Tuvo vértigo, no miedo. Ni aun cuando supo que no era un músico: él era la música.

 

QUEHACERES MUSICALES

 

Foto: Álvaro Alonso

Es frecuente preguntarle al músico qué tipo de música hace. Si eso le sucediera a Ernesto Snajer, creo yo, daría media vuelta y se iría. Él es un músico de fusión. ¿Fusión de jazz con música de raíz argentina?, se preguntaría. No, fusión de todo. Y, si se le pregunta el género, tal vez responda “masculino”. Ernesto Snajer tiene tantas aristas que sería difícil encasillarlo. Es generoso en todos los aspectos de la música. El día que lo visité en su casa de La Paternal me dio discos suyos, discos en los que había participado o que había producido y también discos de sus amigos. Su modo de leer es muy particular. En el disco “Lecturas Argentinas” abordó, con un concepto de improvisaciones, lo más variado del repertorio argentino. Desde Remo Pignoni a Charly García. Invito al lector a navegar el inacabable universo encordado de este músico.

 

“Uno trata desesperadamente de dominar
el material y el azar trata con igual
desesperación de mantener su dominio,
a través de miles de agujeros
que no pueden obstruirse.”

Pierre Boulez

 

PRELUDIO COMO UN ESCRITOR

 

Su disco “Preludio” compila grabaciones desde el 1989 hasta 1986. Comienza con “La vereda” interpretado en guitarra española, lenta y sentida, en sonido del agua. El segundo tema, “Saranda”, en frontal contraste, explota una banda con guitarra eléctrica distorsionada. Pareciera que, en dos temas, como un en arte poética, el artista nos marcara su amplitud. La gama es genuina, si se lo analiza a lo largo de su obra. Extensión que nos da la pauta de su modo de ver el mundo y de decir.

En “Preludio” se dieron dos situaciones: una, que yo era muy joven y no le daba tanta importancia al eje temático en cada disco. Ahora me parece un poco desprolijo. Tenía -y sigo teniendo- mucho interés en cuanto a estilos, sonoridades, inclusive  con la gente con quien me juntaba a tocar. Con un repertorio listo, por más que fuera muy diverso, intentaba publicarlo. Mi punto de vista cambió. Ahora trato de trabajar cada disco como lo haría un escritor. Es decir, que cada uno hable de un asunto. Puede ser temático, en cuanto al estilo, en cuanto a la formación o la sonoridad. “Preludio” es una recopilación de muchas cosas sueltas que rondaban por esa época. Diversos registros, incluso algunos caseros. En este momento, es muy importante que mi obra sea lo más prolija posible. Me tomo el trabajo de ordenarlo de forma concreta. De hecho, estoy planificando sacar, dentro de dos años, una edición especial donde organizo mejor toda mi producción.

 collage

OBRAS DEL ENTUSIASMO

 

Ernesto Snajer maneja muchas facetas paralelas. Un delta de posibilidades que confluyen en un océano perceptible en la charla: el entusiasmo.

Me entusiasman muchas y cada vez más cosas. Es un problema. Trato de luchar contra eso para no volverme loco y marear a la gente. Quiero ser lo más claro posible para comunicar lo que hago. De todas maneras, mis intereses siguen siendo diversos, sigo siendo curioso, pero trato de organizarlo mejor. Es algo fundamental dejar una buena obra. No me siento Paul McCartney como para hacer una “Antology”. Quienes me siguen son pocos y, al mismo tiempo, son muy fieles y me conocen. El fin de semana estuve en Santiago del Estero y toqué en un lugar donde habría cuarenta personas. Uno me pidió un tema que ni yo me acordaba. Le doy mucho valor a  cómo se edita la obra, a cómo se la presenta. Particularmente, con el mensaje actual de que los discos no tienen valor. La obra excede el problema de la edición física. Es lo que vos dejas grabado. Me gustan mucho las ediciones físicas. Pienso que el disco debe existir. Cuando me junto con un músico a quien no conozco y me entrega un CD en la mano, ya me habla de esa persona. Aunque escuche el mismo sonido por internet, el CD físico es diferente. No es lo mismo que te dejen un link que un disco. Yo escucho absolutamente todo lo que me dan, aunque a veces me cuelgue o se me mezcle, al final, lo voy a escuchar.

 

EL DISCURSO DEL SONIDO

 

 “La música evita que el mundo se transforme por completo en lenguaje, que sea tan sólo un objeto y que el hombre se convierta en un simple sujeto”

Victor Zuckerkandl

 

f61611_63eda0d93fc54302a1231facbd856858Piazzolla, en cuanto a estilo y a lenguaje, nos proporciona un claro ejemplo: una música que remite de manera categórica a Buenos Aires y a un modo personal de decirlo.

 A mí interesa mucho eso. Puede sonar pretencioso, pero la realidad es que lo hago: busco un lenguaje.  Si lo encuentro o no, es otro tema. Lo mejor que me pueden decir es que mi música tiene una personalidad. No tengo nada en contra de un músico que no lo busque. Si veo a alguien de Buenos Aires que toca blues y no busca nada especial, lo admiro y no tengo problemas. Pero a mí me gusta indagar. Me gusta encontrarme con músicos que están en una búsqueda similar, en cualquier estilo. Son los artistas que más admiro. Yo busco a través de la música argentina, otros lo hacen en el tango o en el jazz. Y eso me representa un valor agregado.  

 

VIDA, VIDA SIEMPRE

Alguna vez hubo un Big-Bang. Alguna vez hubo un primer sonido, una fascinación, una primera secuencia. Y esa primera vez habrá traído, en su mochila, un “todo junto”. A Ernesto Snajer lo escuché, en un bar de La Paternal, contar su emotivo recuerdo acerca del sonido “Uno” que lo conmovió.

Foto: S. Pappalardo

Lo que busco y extraño de mi juventud era cómo quedaba loco frente a algo. No solamente frente una música o a una obra, sino también ante un sonido. Cuando es nuevo, te pega muy profundo. No quiere decir que ahora no me pase, pero -lógicamente- mucho menos. Todo el tiempo estoy expectante de que suceda. Nunca lo descarto. No pienso “ya escuché todo” o “estoy curado”. Esa conmoción, artísticamente, es lo que me mantiene vivo. Ni siquiera lo digo en mi propia música. Ahí me cuesta más escuchar algo y que me emocione como un tema de los Beatles. Está claro: no soy ellos, pero tal vez haya gente que se trasporte al escucharse a sí misma. Ese deseo yo lo siento fuerte hacia la música de otras personas. No pierdo la esperanza. Y, cada tanto, me llevo algunas sorpresas.

   

MUNDOS PARALELOS

 

“En el espejo de los sonidos, el corazón humano aprende a conocerse a sí mismo”

Wilhelm Heinrich Wackenroder

 

El universo Snajer gira entorno a seis planetas. De la prima a la bordona y, entre ellas, el infinito de posibilidades: guitarra clásica, eléctrica, de diez cuerdas y también sonidos MIDI (*).  Así, Ernesto Snajer pulsa las cuerdas de rotación y traslación de sus mundos hacia lo inesperado. El movimiento va en eje y confluencia musical con Latinoamérica-Argentina-Ciudad de Buenos Aires- La Paternal. ¿Sintetiza el universo esa amplia gama de sonidos?

 No sé si se sintetiza. En todo caso, se expande. Así como reconozco que muchas músicas me interesan, también me interesan muchas sonoridades. Me conmueve y no me da igual que un concierto o un instrumento suene más o menos. Tampoco, que una música esté bien o mal grabada. Cuando escucho algo que me conmueve, es por una sumatoria de cosas. Y el sonido es una de ellas. Esto no quiere decir que soy un enfermo del HiFi. Si voy a la cima de una montaña y escucho una coplera mezclada con el viento, me emociona igual. Hay algo que excede cualquier romanticismo técnico. Admiro gente que puede tocar la guitarra española de seis cuerdas con el mejor sonido posible. Por ejemplo, Carlos Moscardini, un guitarrista casi clásico pero que toca música folclórica. Yo voy por otro lado, me gusta el chirimbolerío, todo tipo de guitarras: con cuerdas de nylon, de acero, los efectos, los equipos, me gusta la computadora. Me gusta todo. Desde que empecé a investigar sonoridades, nunca me detuve. Varios alumnos y colegas me preguntan e intentan hacer algunas aproximaciones al mundo de la guitarra MIDI y a los sonidos, aunque finalmente tiran la toalla. Es un mundo paralelo. El desafío es tener paciencia. Si buscás algo, es un camino largo y las satisfacciones son lentas y complicadas.

collage 2

El oído es una mente inmensa, un cerebro que piensa en concordancia con el universo. ¿El sonido es utopía o la barca que lleva? Se multiplican las combinaciones, la luna de fa se eclipsa por el sol y otros tonos aparecen. Suman mundos necesarios, armónicos y melódicos.

Mi preocupación número uno es la música. No sé si hacer un ranking, donde primero iría la armonía, después la melodía y tercero, el sonido. Sueño con armonías. Hay quienes sueñan que vuelan. Yo, con armonías desconocidas. Mi interés primero es la combinación de la melodía con la armonía. Siempre se vuelve al ejemplo absurdo de la isla desierta: yo elegiría tener una guitarra desafinada con las seis cuerdas, para poder tocar armonía y melodía. Es decir: todo lo referente a la confección del sonido, por el camino que fuera, pero siempre en segundo plano a mi interés fundamental: la composición musical. Las cosas con las que hago música son medios.

La barca que lleva…

En la medida en que tenga las posibilidades de investigar y utilizar cosas, lo hago.

 

SONAMOS

Guitarras de seis cuerdas a las que desarmaba con una pico de loro y cambiaba cosas”, contó Ernesto Snajer, en una nota para revista “El Intruso”.

Ese tipo de cosas las hago cada vez menos. Inclusive, me preguntaban si seguía experimentando con modificar guitarras. No lo hago por mi falta de tiempo y dinero. Cualquier experimento sencillo, como probar un encordado diferente, implica un dinero. No te vas a fundir, pero hay que tenerlo. Ese espíritu explorador lo tengo dominado por ese tipo de cuestiones.

Foto: S. Pappalardo

  

LAS PALABRAS Y LAS COSAS

 

“Si hay un objeto con el que la filosofía se ha dado persistentemente de bruces, en una humillante demostración de impotencia, ése es la música.”

Gerard Vilard

 

PortadaLa música de Ernesto Snajer es una presencia hecha de disolución. Pero, en el sentido de un aire contenido en la atmósfera, del rocío que riega los pastos, del equilibrio que sostiene la órbita de los planetas alrededor del sol. Esa asombrosa construcción del universo que nos constituye de una misma materia. Su presencia en la escena porteña, donde abunda la concurrencia a propuestas masticadas, ofrece un manjar a saborear.

Doña Rosa preguntaría: ¿qué música hace este Esnajer? 

Música Argentina. Contemporánea, quizás. Esa es la respuesta más sencilla y, a la vez, bastante inexacta. Podemos discutir horas: si el que toca rock de garaje no toca también música argentina. Me refiero a que mi música tiene una raíz en los ritmos argentinos. Eso es lo que diferencia un lenguaje musical de otro. Las armonías no son muy distintas en el jazz, en el tango o en algunos compositores de folclore latinoamericano  sofisticado. Sí hay distintos estilos  o gente que fue muy particular: Hermeto Pascoal, armónicamente, es de otro mundo y, a la vez, bastante característico. Lo mismo sucede con Gismonti. Si comparo a algún genio de la música argentina, como Piazzolla o Guastavino, con algún genio de la música brasilera, el asunto es el ritmo. Esa es la clave: la identidad del lenguaje musical.

 

TERRITORIOS DE LA MADRIGUERA

 

Foto M. Katz

Snajer improvisa vuelos con un pródigo vocabulario que expande los sentidos. Detrás de la improvisación, habita la chispa del arte y ofrece sorpresas, incluso, a los propios improvisadores. La melodía principal no se agota en las incontables variaciones. Vértigo y expectativa son la sed del improvisador. El terreno se alisa y los caminos se forman a cada paso.

El vértigo es uno de los componentes que me llevan a improvisar. Con la experiencia, transito algunos caminos conocidos. Es decir, hay bastante probabilidad de éxito. Muchas veces se improvisa sobre un territorio como sobre un agujero negro, donde uno no sabe cómo va a salir. A veces sale mal, como le sucede a mucha gente. Mi estado de ánimo, con respecto al resultado, es diverso. No me da lo mismo que salga bien o mal, pero tampoco me da miedo. Me arriesgo. Siento una felicidad inmensa al improvisar e intento que me conmueva de alguna manera. No es tocar cualquier cosa, es armar algo mientras lo hago. Me costaría mucho seguir una partitura al pie de la letra. Lo hice un montón de veces, aunque me costaría ser eso y nada más. Me motiva ir por sectores paralelos.  Por supuesto, uno tiene sus propios lugares donde sabe que funciona. Mi estándar personal de gente que improvisa en un gran nivel es Keith Jarret. Yo me siento a seis millones de años luz de ida y vuelta del nivel de un tipo como Jarret.

Pregunta Doña Rosa: “Qué cazzo e’ la improvisación?”

Reconozco dos tipos de improvisación, aunque deben existir más. Hay una improvisación en la cual pongo la mente en blanco. Sencillamente, toco lo que sea sin nada preestablecido. Esto incluye melodía, armonía, ritmo y secciones. Eso lo puedo llevar a cabo solo o con un grupo. Después hay una improvisación con más reglas, lo que comúnmente se llama “hacer un solo”, como lo hace un grupo de jazz, donde se expone una melodía y una armonía y, sobre eso, el improvisador trata de tocar melodías que respeten los parámetros de esa sección; que suenen bien de acuerdo a lo que sus compañeros están tocando. En resumen: un solo improvisado es tocar melodías con notas que concuerden con la armonía del tema.

Anaxágoras fue quien propuso, sobre la creación del universo, que una inteligencia ordenadora libraba de caos al universo. ¿O hablaba de improvisación?

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YO ES MÚSICA

 

En el libro “Free play”, de Stephen Nachmanovitch, dice: “La música me enseñó a escuchar no sólo para captar el sonido, sino para averiguar quién soy”. 

En todo caso, concuerdo con la frase, pero está incompleta: me sirve para saber quién soy, pero todavía no lo sé exactamente. No siento que el desarrollo de mi música esté terminado. Es una contradicción, sé quién soy y, a la vez, estoy en desarrollo. Puedo decir que soy alguien para quien la música es un estado fundamental del alma. La sensación es muy firme ahora. Podría dejar de hacer un montón de cosas pero, si dejara la música, me transformaría en alguien no tan entusiasmado. La música es una motivación diaria.

El espejo de su motivación se refleja en una docena de discos solistas, en su trabajo como productor y como parte de grabaciones de los más diversos músicos.

 A veces me sorprendo. Por supuesto, direcciono mi interés a ciertos lugares. No todo lo que hago me interesa de la misma manera. Tampoco estoy libre de no hacer cosas que no me interesan. No soy un tipo de guita y, cuando tengo que laburar, lo hago. Me encantaría hacer sólo lo que se me da la gana. No se me acabaría la cuerda nunca. Cosas referidas a escribir, a tocar, a experimentar y a producir. Esa es una motivación que me persigue. Cuando te gusta lo que hacés, es muy fácil tener ideas y, cuando no, se complica. Si es con la música, enseguida me motivo. Ante cualquier pregunta que me hagan, seguramente la respuesta será: ¡Sí! Desde armar un disco de homenaje a fulano con tal músico, o a escribir una obra para violín y cuarteto de brass…”¡Sí, ya! ¿Cuándo hay que empezar?”, diría.

  

EL ANTI-DESALIENTO

Foto: Álvaro Alonso

Es muy fácil desalentarse en esta época. Hay que tenerlo claro. De alguna manera, soy optimista por naturaleza, pero no soy un boludo. Hay un optimismo así y no me gusta. Trato de pensar bastante en lo que hago, en el medio que me rodea, en mis compañeros y en el arte en general. En la situación que se vive con respecto a la comunicación y la supuesta democracia de internet. Soy crítico, aunque no despotrico por todos lados, no quiero quedar como un llorón. Quien conozca y respete mi modo de hacer arte, que lo haga por la música. Si le sirve de algo lo que pienso, bienvenido sea. O no. Las cosas las discuto con los cercanos o cuando hay una nota que me interesa. Hay gente a la que le cuadra bien ese papel de opinador. Lo mío es la música. Vuelvo a la pregunta: es una época fácil para desalentarse por muchos motivos. Por lo político y por lo cultural en el mundo entero. No sólo en la Argentina. Por la falta de apoyo, por recortes de presupuesto, por la globalización de la boludez. Todo el tiempo trato de ser lo más optimista posible y de buscar siempre los caminos. Creo que una lucha contra el desaliento es la propia obra, el arte, el producir pese a todo. Hay una futbolización del arte: cualquiera aprende tres acordes mal y graba un disco. Y, por otro lado, no lo veo mal. Que cada uno haga lo que quiera. Pero también veo que no hay paciencia para disfrutar las cosas. En facebook o youtube, se ve claro: soportan diez segundos de escuchar algo y pasan a otra cosa. Se busca al nene más chiquito que toca la obra más difícil. Todo el mundo trata de encontrar fenómenos o freaks. Y el arte no funciona así. Entonces, cuando veo compañeros presos del desaliento, les digo que bajen un poco, que apaguen la computadora y se dejen de dar manija con las redes. Que le pongan una ficha a su propia obra. A mí es algo que me da mucho aliento. Y, cuando hablo de mi propia obra, no me encierro en un cuarto y me aíslo. Al contrario, me genera la necesidad de compartirla con otros músicos, de armar proyectos, de discutir acerca de eso. Ahora estoy dando talleres de música en todo el país. La música es el tema. Pero, en realidad, por donde quiero llamar un poco la atención es alrededor de este tipo de cosas. Mi primer objetivo como docente de música es generar aliento. No desde el punto de vista de un coach o de quien le dice al alumno “lo tuyo es bárbaro”. Sino de señalar el valor que tienen las cosas. Es un desafío. Veo un montón de gente que consume cosas todo el tiempo, pero no veo la rigurosidad del estudio.

“Culo en la silla”, se diría como llave y clave de la producción del arte. Qué distinto es eso a la propaganda del genio, el batacazo o a la espera de ser descubierto.

Tampoco me quiero poner en el lugar de tipo con cara de culo, diciéndole a todos lo mal que hacen las cosas. No se trata de eso. Cuando era estudiante de música, no me gustaba que me hicieran eso. Hay de todo pero, en líneas generales, sucede. Bastante seguido me toca dar clases de música para treinta o cuarenta personas. El tema del desaliento hay que manejarlo. Se trata de dar aliento con peso específico y recursos para generarse auto aliento. No de tener una sonrisa de dentífrico y decir que todo está bien. Hay cosas que están bien y cosas que están mal. El aliento, en todo caso, es para mejorar lo que uno está produciendo.

¿Un despertar pasión?

Totalmente. No concibo el arte o el tocar música sin pasión. El que no la tiene se equivoca de asunto. Imagino otras profesiones que no generan tanta pasión. Cada uno hace lo que puede. Para quien tenga la chance real de ir por el camino de la música, la pasión es innegociable. Sin eso, no tenés nada.

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“La música es el único arte que deja que las pasiones se disfruten a sí mismas”

Friedrich Nietzsche

 

 

EL CEREBRO DEL TÍMPANO

 

¿Hay música para músicos o hay que educar oyentes?

Las dos cosas. Principalmente, siento que hay que educar oyentes. Y, como hablábamos antes, el umbral de la paciencia, muchas veces, es mínimo. Veo gente a la que le cuesta muchísimo desenchufarse. Lo veo como público, cuando voy a un concierto: hasta el tercer o cuarto tema, están todos con el teléfono. Llegan de la calle y contestan mensajes. Yo, en concierto, quiero entrar en otro planeta, como si fuera al cine o al teatro. Transportarme a otro lugar.  Por otro lado, yo no hablaría de “música para músicos”, creo que hay músicos a quienes les cuesta comunicarse con la gente. Demasiado cerebrales para mi gusto. Cuando la música cuenta con pasión en su discurso y tiene esa cuestión indefinible que a mí me emociona, creo que es capaz de emocionar a cualquiera. Al que está habituado y al que no. Por supuesto, tener una costumbre ayuda. Es como leer poesía: quien no está acostumbrado, no pasa de la primera página. Con la música es lo mismo: si no escuchaste determinados estilos o no tenés determinada formación, te puede costar más.

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FOLCLOREISHON

 

En los dos discos con Verónica Condomí y Facundo Guevara,  encara un repertorio de raíz folclórica. Allí, Ernesto Snajer expande el estilo con sonidos y modos de tocar diferentes a lo tradicional. Aporta su visión siglo XXI a canciones que refieren a otros tiempos y a otro lugar. Como la temporalidad del universo, el ayer se mezcla en el hoy y sugiere mañanas.

Lo encaro directamente desde la música. En general, mis reflexiones son a partir de allí. Por supuesto, soy sensible a ciertas letras y me interesa qué dicen como para no irme del tono. No sucede en el caso de los trabajos con Verónica. Pero, al tocar solo en la recreación de una canción como un tango, sí le doy mucha atención a la letra. No en particular lo que dice, si no a cómo maneja la melodía. Volviendo a lo de Verónica Condomí, soy bastante inconsciente al abordar los temas. Por eso, muchas veces me putean los militantes del estilo. Hay tipos que son peleadores, pero en esas discusiones ni entro. Atrasan cuarenta años. Además, yo soy fan de lo tradicional. A veces lo cuento y no me creen. Escucho a “Los Chalchaleros”, a “Los Fronterizos”, a “Los Manseros santiagueños”. Me encanta esa música. Si a la noche tocaran “Los Chalchaleros” en la esquina y me invitaran a tocar un tema, voy corriendo. No va a suceder pero, cuando me dan cabida para tocar con tipos tradicionales del tango o del folclore, me prendo de cabeza. Lo que no me sale es tocar esos estilos de manera tradicional. No lo siento. Y si hago un arreglo, no me impongo límites. Sería ridículo escuchar un arreglo mío que me produzca satisfacción y negarlo yo mismo porque no respeta ciertas cuestiones. Alguna compañía de baile también se ha enojado por una chacarera que hice sin una parte. Pero no la compuse para  bailar. Si la bailan, me fascina. O, en todo caso, aceptaría encantado algún encargo de hacer música con forma tradicional para que puedan bailar.   

                                      

Tercer milenio. Redes. Ciudad de Buenos Aires. Indefectiblemente, la resultante de esta cuenta es la mezcla de estilos, al menos en lo relativo al desarrollo de los folclores. Las músicas se alimentan de sus entornos, de su atmósfera, de su velocidad y también de músicas de otros lugares que decantan de manera natural. ¿Será tiempo de inventar nombres a los estilos que se desarrollan? La palabra “folclore” no alcanza para representar la diversidad de propuestas. La misma palabra folclore, sabemos dónde nos orienta la decirla y, a la vez, nos engaña. A ningún músico le interesa esta discusión. A su vez, los “motes”- ladinos y caprichosos que no modifican en nada a la creatividad- ayudaron a canalizar audiencia. Problemática de todo músico caminador de las cornisas del sentido folclore, como acción y como palabra.

No sería mala idea. Me encantaría, pero no me preocupa en lo más mínimo. Si eso contribuyera a que el público concurriera en mayor cantidad a los conciertos, sí. Estoy a favor de cualquier movimiento que signifique crear público, interés, audiencia. En la vida de un músico. reconozco dos situaciones: una es la de crear o interpretar música y la otra es cómo difundir tu trabajo, cómo vivir de tu oficio. Me pueden llamar  “compositor, artista, creador, arreglador”. Yo lo que tengo es un oficio. No me siento superior a un ebanista o a un mecánico. Mi abuelo era carpintero y yo soy músico. Entonces, es importante conocer los gajes del oficio y, si uno fuera a inventar un nombre para que te vaya lo mejor posible, lo haría. No sé cuál sería el nombre ni estoy seguro de que eso vaya a incrementar el público. Reconozco que hubo gente muy piola e inventó algo que se llama “Bossa nova”. Es una etiqueta. Refiere a un momento o a un estilo determinado. Es un estilo muy joven, por más que tenga cincuenta o sesenta años. No es como el tango, que nació a fines del 1800. Así como digo esto, no me desvela el asunto y, aunque surgieran buenos nombres, siempre van a ser cuestiones incompletas. En una época le daba más importancia, por la dificultad y la necesidad de comercializar lo que uno hace. A veces cometo el error de ponerme del lado del oyente. Y, como oyente, no busco que me definan qué voy a escuchar, no quiero saber demasiado. Quizás si me lo definís mucho, me quita el entusiasmo. Cuando me dan un disco o cuando voy a un concierto, prefiero que no me expliquen nada. Sino ¿Para qué voy?

En los agujeros negros del no saber, de lo incierto, reluce el brillo de la sorpresa. ¿Quién no desea sorprenderse? Snajer ofrece una pauta conocedora del oficio: como el agujero negro al improvisar o la mente en blanco, así se dispone a escuchar música: abierto a lo impredecible.

Me parece extraña la gente que sólo mira música por youtube o conciertos en DVD. Está buenísimo, yo lo hago. Ahora, no es lo mismo. Lo halaba con los alumnos de mi último taller y como parte de la clase: estudien, practiquen, pero vean música en vivo. Es otra cosa. Si no, te perdés una parte del asunto. No es lo mismo ver un partido de básquet por televisión, por más que sea ultra X-HD, a ir a la cancha y escuchar el ruido de las zapatillas.

 

SUBTEXTOS

 

Texto y música. Los títulos de las canciones ¿son motivadores, son una excusa, aportan imágenes o no importan?

Depende de la situación. Es muy común hacer una composición completa y, hasta meses después de haberla terminado, no saber el título. Cómo titular las canciones en la música instrumental es un asunto. Una vez le pedí a mi amigo y escritor, Pablo Ramos, que me hiciera una lista de títulos. Él es excelente en muchas cosas y, sin dudas, una de sus mejores virtudes son los títulos. En cualquier situación, le pido un título para algo determinado y me tira diez. En general, de todo lo que compuse, hice primero la música y después agregué el título. También se dio la situación de componer a partir de un título. Por ejemplo, hay un cuento de Pablo Ramos llamado “El estaño de los peces”. Eso me condicionó para bien, porque conocía de qué hablaba: la situación, el barrio, todo. Es como hacer música para cine. No cerrás los ojos y componés algo, mirás la película. Trabajé de las dos maneras. Salvando las distancias, es como cuando le preguntan a los compositores de canciones qué hacen primero, si la música o la melodía. Creo que los buenos de verdad trabajan de las dos formas, aunque tengan una que es más frecuente. Algunas veces salen juntas.

No encuentro mejor modo de cerrar esta nota, que no sea con música de Ernesto Snajer. Los invito a tomarse sólo tres minutos y ser Snajer: introducirse en la oscuridad de los ojos cerrados, poner la mente en blanco y montarse en las melodías, las texturas, sonoridades, ritmos o lo que más les atraiga de la música. Ella es parte constitutiva de nuestra propia alma.

 

(*) MIDI: Abreviatura en inglés de “Interface digital de instrumentos musicales”. Se podría decir que, en este caso, desde una guitarra se pueden ejecutar sonidos propios de un teclado.

Página WEB: www.snajer.com




AVENTURAS DE UNA INGENIOSA HIDALGA

El Desaliento: Entrevista a Hebe Uhart.

Entrevista: Anne Diestro Reátegui, Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira

Edición: Gabriela Stoppelman, Anne Diestro Reátegui.

 En un lugar de  Almagro, cuyo nombre no recuerdo, vive una hidalga de letra aguda,  aliento narrativo poderoso y concentrado. En vez de rocín flaco y galgo corredor, suele tomar micros de larga distancia en busca de tesoros. Va y vuelve liviana de equipaje, pero cargadísima de memorias. Como los ecos y las inflexiones de las voces no le caben ni en los bolsillos ni en las manos, los escribe. Fotos no saca ni una. Pero a las imágenes las trae todas. A diferencia del ingenioso de la Mancha, esta no parece tener ratos de andar ociosa, porque la lectura no es cuestión de perezas ni de tiempos libres, sino de artesanía y de oficio. Así es que a la susodicha la mirada le va entre el juego, la risa y la curiosidad insaciable, esa que busca filiar con los cuerpos atravesados por historias y volverlos texto. Y que no le vengan con frases altisonantes ni homenajes de academias. Nada de libros de caballería ni de damas antiguas que toman té en tertulia. A ella le pintan las tolderías, las calles de barro que llevan a las esquinas del país, donde doblan relatos a la espera de una que los vuelva cadencia, ritmo y prosa. A ella le pintan los libros que cuentan sobre la inteligencia de las aves y los monos, la urge el paso a pasar de la página a la calle, de la calle a la ruta, de la ruta a los hombres y, de allí, de vuelta al papel. Y cuando te cuenta de sus viajes lo hace con una gozadera, que ya te parece estar de aventuras con ella, vuelto el oyente un súbito ladero, que ni un poco de Sancho Panza tiene, sino más bien de un Quijote multiplicado en resonancias y risas. Con esa saciedad regresa el interlocutor a su terruño,  gordo y lleno, ahí sí, como Sancho. Y es que esta hidalga, en franca superación de su homólogo español, ni por chiste pierde el juicio, pero sí se desvela por entender y desentrañar el sentido de fastidios, desencuentros y soledades. Y ahí es que te salta de una amistad pendiente a un amor malogrado, de un animal inteligentísimo a un cineasta medio chambón, te trae una colección de plumas o te sonríe como quien dice, “todos andamos con nuestras heridas a cuestas”. O, como quien dice, “qué gusto me da paladear las palabras”. Qué gusto, ingeniosa hidalga. Vamos al camino.

QUE TRATA DE CUANDO LA INGENIOSA HIDALGA ENTENDIÓ QUE NO HAY “COLIQUEO” QUE ROMPA EL MESTIZAJE

Y así como se entreveran las cosas en la feria, se me entreveran las épocas, las personales: la cabeza de Geniol de mi prehistoria, con el pasado de esa zona de Montevideo, con las invasiones inglesas, de la que quedó el dicho “Qué suerte la del inglés. Ahogarse y salvar la ropa” (De “Viajera crónica”)

¿Cómo son tus talleres?, ¿multitudinarios?, ¿o la cantidad de gente es la que llena esta mesa?

No, no, no. De 5 a 7 personas. A mí individual no me gusta, me gusta el grupo. Un grupo enorme no, claro. Hasta 7 todo bien.

Mujer libro, Salvador Dalí.
Mujer libro, Salvador Dalí.

Yo daba grupo. Y, cuando hacía taller, siempre quería que faltaran todos.

¿Te gusta estar sola?

Mi grupo era muy heterogéneo y no se cumplía eso de que todos aprendíamos de todos.  Eran intereses muy disímiles. Si el grupo es autoconvocado, sí, pero poner arbitrariamente gente que no se conoce,…

Pero se llevan bien eh, yo salvo loco o estrella, todo bien. Loco y estrella te va competir la coordinación, te jode, eso no.

Igual, vos tenés con el estrellato una aversión,  sobre todo, con la figura del escritor estrella. Leemos una constante necesidad de desacralizarlo

 Bueno, eso sí, para que la gente no idealice una figura o un rol determinado. Es bueno no idealizar a nada ni a nadie. El último libro que yo hice fue sobre las comunidades indígenas, es apasionante el tema. En Lima conocí indios aculturados de la selva peruana, de Pucallpa, también a una criolla casada con un indio de la selva- un indio previamente pasado por los pastores, ¿viste que los pastores van a misionar y eso? Estaba todo de lo más bien. Me llevaron a un pueblo joven, ellos llaman “pueblo joven” a una villa miseria. Había una artesana buenísima  que venía de la selva y hacía unas cosas hermosas: collares, pulseras. También anduve en Ecuador, donde  viven los otavalo, que están ricos. Hay comunidades que están ricas. Se avivaron, en lugar de pedir tierra aprendieron a exportar.

Importante todo el tema del mestizaje que se ve ahí ¿no?

El mestizaje, lo que traen, lo que tienen, hay un montón de cosas en todas las comunidades. Hice una visita a Los Toldos. A cuatro horas de acá hay todos descendientes del Cacique Coliqueo. Cerca de Junín.  Y viajo sola y en este caso me tomé un micro. En Los Toldos me atendió Don Haroldo Coliqueo, fundador de la primera clínica del lugar. En ese pueblo se llaman todos Coliqueo. Calle Coliqueo, veterinaria Coliqueo…

Gustav Doré.
Gustav Doré.

Como los Buendía de Macondo…

Sí, ¡son todos Coliqueo! Ellos se aculturaron en 1870, porque en  la provincia de Buenos Aires lograron acorralarlos mucho. No sucedió igual en el sur, con  los mapuches, porque rajaban a Chile por la cordillera. Acá, en la provincia de Buenos Aires, los acorralaban  porque estaban a cuatro horas de la capital. Y el bisabuelo de Don Haroldo, antes de morir, pidió que sus descendientes se acristianaran y fueran a la escuela. Y los descendientes cumplieron. El hijo de Don Ignacio Coliqueo, está lanza en el suelo en la foto de  que vi. Este Don Haroldo es un médico, es como un médico, nada más que de origen indio. Casado con una criolla. Un Coliqueo más. El veterinario se llama Coliqueo, la calle es Coliqueo, en la plaza hay un busto de Coliqueo. Y yo quería ver a Don Haroldo Coliqueo . En un pueblo chico, de diez mil habitantes, le  preguntás a la gente, ¿está Don Haroldo? “No, no está  porque el coche no está”, te dicen.  Y después, “venga, pase, pase al livingcito de él”. El lugar era más bien pequeño.  Ahí entrás en un hogar médico, Haroldo es el fundador de la primera clínica quirúrgica de Los Toldos. Entonces trabajó mucho por la historia de la comunidad. Le digo, “Don Haroldo, ¿y la herboristería indígena?”… Me contesta “No, m´ hija – como si estuviera en la historia eso – ahora hay hepatogramas”. Mirá, justo este verano, yo cambié mi televisor por uno de pantalla plana. Yo tenía uno muy antiguo. Y me acordé de Don Haroldo, de cómo está modernizado,  tecnologizado. Mirá, ahora me viene a la cabeza que, cuando estuve allá, le pregunté, “Don Haroldo, ¿a usted lo discriminan acá? No, qué van a discriminar, acá somos todos Coliqueos. En La Plata me discriminaron,  donde fui a estudiar medicina. Había Pérez, Fernández…  “¿y vos cómo te llamas?”, me decían.” Coliqueo“, contestaba. “¿Y de dónde son los Coliqueo?”.

¿Sabés cómo llegué hasta la casa de Don Haroldo?  Por el camino, me bajé a fumar en una parada, en un pueblo anterior a Los Toldos, Chacabuco. Yo vi un tipo que tenía en el bolsillo de la camisa una etiqueta que decía “cacique”. Entonces me acerco y le digo, “¿usted es cacique?” Lo empecé a indagar. “Organizo fiestas”, me dijo. Me dio la impresión de un tipo turbio. Luego lo vi entrando a una oficina, dando vueltas, lo vi raro. Entonces le dije: “Don Haroldo – me inspiró mucha confianza el médico, era muy linda persona- yo vi en Chacabuco un señor así y asá, llevaba en la camisa una etiqueta que decía “cacique”… Y me dijo “¿Y usted qué cree? Acá hay gente como en todos lados. No por ser indio va ser puro ni santo.”

QUE TRATA DE “LOGRERAS” QUE SOLO LOGRAN PARA ELLAS

Para mí, la gente está más presente en sus gestos, modos de caminar, en lo que calla, esto nos va a revelar más de ella misma que la mayoría de sus opiniones, que a esa altura son moneda gastada” (“Las clases de Hebe Uhart”)

Entonces hay gente de todo tipo, hasta gente que pide tierras y se queda todo para ellos, cosa que pasa en Azul, con Martha Catriel, donde la comunidad está dividida. Ella es descendiente del cacique Catriel y está casada con un italiano. El  hijo es abogado y vive en un country, aquí en Buenos Aires. Ella es logrera, logra para ella. Pide tierras y luego quema la leña, dice que la usa y en realidad la vende. Yo fui con un escritor de allá y me quiso vender una rifa de un poncho, se la tuve que comprar y no  voy a ver nunca ni al resultado de la rifa ni al poncho. Ella es así. Una parte de la comunidad está enojada con ella, claro, la consideran medio corrupta. Yo hablé con esa gente y me dijeron: “no sabe el idioma,  es una vaga”. Porque, claro, la gente más empeñosa entre los pampas aprende el idioma, la gente más honesta, la que tiene que ver más con sus raíces. Yo le pregunté a Martha: “¿vos sabés hablar el idioma de tu gente?” Y me dijo: “No, porque si hablábamos en nuestro idioma, nos discriminaban en la escuela.” Una vez les dije a unos de la parte de esa comunidad que odiaban a la Martha Catriel: “Pero ella tiene una tarjeta que dice, ´Martha Catriel, cacique´” Y, con razón, me dijeron: “cualquiera puede hacerse una tarjeta”. Aunque, fíjate: cuando llega el día del indio, la llaman a ella. Los hijos le decían que no fuera. Ella, sin embargo, dijo: “yo me pongo la vincha y ya está… quizá un saquito para el frío“. Pero bueno, ella es así. En su casa tenía una estufa y en la repisa había un indito y un blanco; era de 1900 la foto. Los dos azorados, el blanco y el indito, por el flash de la foto. Los dos azorados, tomaditos de la mano. “¿Y ellos quiénes son?”, le pregunté a Martha. “Esos son mis tíos bisabuelos”. “Sí- le digo- el indito, sí. ¿Pero el blanco?” “Hijo de cautivo”, me dice. La historia de este país es… bueno, los peruanos tienen a  los incas y los tienen internacionalizados. Acá es asombrosa la cantidad que hay de personas mezcladas, ¡imaginate a esos dos, hermanados ante el terror! Y lo que habrá sido, yo no hice más que atisbar… 

QUE TRATA DE CÓMO LA INGENIOSA HIDALGA PASÓ DE UNA EXCURSIÓN A LO INDIOS RANQUELES AL HOTEL”INDIO INN”

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            Las dos frases que Hebe ha repetido sin cansancio: todo cuento tiene un pero y se entra – a la       historia, al personaje- por la fisura.”(Del prólogo de Liliana Villanueva a “Las clases de Hebe Uhart”)

 ¿Vos no sacás fotos, no?

No, yo no saco fotos.

Pero sos una gran mirona…

Eso sí. Hay tanto para ver. Si vos entrás en un pueblo donde se dan estas mezclas entre indio, criollo y blanco, te quedás dos meses y te sacás una novela. Están todos enfrentados. Yo ya había empezado a atisbar las comunidades en el libro anterior. Ahora, más concretamente, fui a ver a los toba, en el norte. El director de la escuela toba nació en la selva, en el monte. Hasta los 10 años estuvo en el monte. Ahora estudia, es director, tiene un terciario. Lee lo mismo que nosotros: Galeano, Mafalda. El hombre me dijo: “Yo, hasta los diez años, no conocía las malas palabras. Es decir, conocía las palabras tabúes, pero no las malas palabras. Cuando llegó a la ciudad vio que los chicos hablaban mucho pero con poco contenido. Él es un toba lindo, moreno, ¿viste que son todos grandotes? Y a sus diez años no conocía ni los caramelos ni las malas palabras. ¡Si el padre pescaba a arpón!

Los mestizajes a vos te interesan mucho, ¿no?

El mundo está todo mezclado. Por ejemplo, están los wichí, en el Chaco, muy pobres. Sobre este viaje habla mi próximo libro, que se presenta  el 11 de noviembre. Allí hablo de las comunidades de Perú, de los shipibos, los guajiros… esos son de Colombia, no los fui a ver pero tengo un material excelente. En Ecuador están los otavalos, a esos sí los visité y están riquísimos. Se avivaron, son medio capitalistas, aprendieron a exportar. Es la primera comunidad que está instalada en España. Igual, entre quienes están en Europa están los que tienen papeles y los que no. Los que tienen papeles ganan dinero. Si el hermano mayor no tiene papales y el menor sí, pues el hermano mayor se tiene que sujetar al menor.

Entonces, cambian las estructuras de poder, quedan sometidos entre ellos…

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André Masson.

 ¡Y claro! El que tiene papeles se puede mover por toda Europa, el que no, tiene que trabajar para el que tiene papeles. Muchos, una vez que consiguen papeles, se van a Tokio, a Dubái. Están muy tecnificados y ricos. Yo estaba en un hotel hermoso, cuatro  estrellas, muy bien tenido: se llamaba “El indio inn”. Los dueños eran indios y los que atendían, criollos mestizos.

 

¿Y qué te dio por empezar a investigar estas cosas? ¿Un hastío de los espacios habituales?

Yo había leído mucho a Mansilla. En “Una excursión a los indios ranqueles” – me pareció que hay una historia que no está contada en el país – . Hay que leer ese libro haciendo una salvedad: todas las descripciones son del siglo XIX y todos los paisajes y descripciones son muy morosas. Nosotros no aguantamos mucho eso, pero cuando entra en un toldo o te describe un personaje, ¡eso es imperdible!

Entonces, los libros, la lectura te llevaron a los viajes.

Sí, como a Don Quijote de la Mancha. Es extraordinario. Mansilla era un gran escritor y también un militar. En 1865, iba con la consigna de correr a los indios a la cordillera porque querían trazar el ferrocarril del sur… el problema de las tierras: siempre. Y el cacique general, Mariano Rosas, (Panguitruz Gour- cazador de pumas- era su nombre pero se hacía llamar Mariano Rosas, nombre que le había dado su captor, Juan Manuel de Rosas). Él,  sin televisor, sin radio, sin nada, tenía un archivo y en el archivo guardaba  información sobre cómo sería el tendido del ferrocarril  y sobre cómo los expulsarían. ¡Él sabía! Mansilla también iba con la orden de rescatar cautivos. En ese sentido, hay una cosa en ese libro que es como para hacer una película: Mansilla se encuentra  con un compañero del secundario, que luego se recibió de médico. Cayó cautivo ahí, era tan infeliz ese hombre blanco. Paseaba por el toldo donde estaban hablando el cacique Mariano Rosas y Mansilla. El tipo le tenía bronca al cacique, creía que había ido con cuentos a Buenos Aires. Pero, claro, una toldería no era un lugar donde cada mañana  se levantan los indios y salen a pelear, prolijamente. Era un centro de chismes, de cuentos, de información. Entonces, el doctor se paseaba por ahí, a ver si lo sacaban. Al final logran sacarlo, eso es como para una película. Igual, lo sacan después de 20 años de vivir ahí, él  tenía a todos sus amigos en ese lugar. En vez de rajar, se despide. ¡Tan afectuoso, que casi lo dejan quedarse!

Como los presos, se institucionalizó.

Y sí, si vivís veinte años en un lugar, tenés amigos. Después de leer todas esas historias interesantes, me dije: hay todo un país que yo desconozco, tengo que ir a mirar. Así me fui a ver a los wichí, ellos sí que son muy pobres. Por el ministerio, me ofrecieron ir a dar una charla, pero yo pedí que me mandaran a dar clases. Quise que me contaran cosas…

 DE CUANDO LA INGENIOSA HIDALGA TRABÓ AMISTAD CON LA TERESA EPUYÉN, UN ENCUENTRO QUE HIZO HISTORIA

                                        “Yo puedo inventar un perro compañero, un gato compañero, pero un ñandú no. Eso lo tenés que ir a buscar, porque no aparece”.  (De una entrevista para Eterna Cadencia.)

 Eso sos, una recolectora de historias

¡Una chismosa! Entonces, una señora wichí, de las que sabían escribir, me contó que su papá se fue a Salta capital. Era la primera ciudad grande que él conocía. Su papá se miraba en una vidriera y gritaba: ¿quién es ese negro fiero que me persigue? Y era él mismo. Nunca en la  vida se había visto en un cacho de espejo así. Se asustó de su imagen, porque ni en el río se había visto…

hebe7¿Eso es algo que la ficción no te puede dar?

Exactamente. Yo voy a hacer estas crónicas porque esas historias no las puedo inventar. Otra visita paradigmática fue en Carmen de Patagones. Esta tiene mucha historia, indígena y extranjera. Es un pueblo de cien mil habitantes, donde termina la provincia de Buenos Aires e inicia la provincia de Río Negro. El Río Negro, justamente, separa, Carmen de Patagones de Viedma. Gente de allá me consigue una visita a lo de Teresa Epuyén. Su vivienda era en un barrio humilde, pero estaba hecha  de material, tenía televisión, teléfono, tres habitaciones. El marido se estaba haciendo diálisis. Andaba ahí la hija, que había hecho el secundario y se notaba que no le gustaba vivir en ese barrio. También vi a otra hija de cuarenta y pico y a los nietos, de 18 y 15. Así que conocí a las tres generaciones. Teresa, un encanto, ¡vos no sabés cómo me llevé con esa mujer! La hija la hostigaba, como hacen las hijas de cuarenta  años con las madres Las quieren cuidar pero las hostigan. La hija andaba con un celular ahí, vendía productos Avon. “Mamá, cuidá esa pierna”, le decía. Teresa me hablaba a mí “esta pierna es como los móviles viejos, les cuesta arrancar, pero luego arrancan y andan. ¡Era divina! Mira, me la hubiera traído aquí para que me cuente más cosas. Por ejemplo, me dijo: “la placenta de mi mamá está en Vallarta” y bueno, guardar  la placenta es  una costumbre.

(Hebe va  hacia una habitación, nos quiere mostrar algo)

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Mirá, este es el ñandú, esto me lo traje de Tucumán, es una artesanía pobre.  Le dicen Surí…y  esta es una  pluma de cóndor, me la trajo un alumno.  

 

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DE CÓMO EL ÁNIMO TEMPLADO A MEDIA RIENDA PULE LA PROSA DE UNA ARTESANA

                                                Si una persona desea ser escritor le recomiendo que para que lo logré desee no serlo. No debe tomarse el papel demasiado a pecho. Ser curioso y ser lo que mira y lo que escucha. Pienso que el que escribe no debe tener presente el querer ser escritor porque deja de ser registro. Si se hipertrofia el rol dejas de registrar porque te registras a vos. Y chau. Perdiste.” (De una entrevista  a “La  Arena”)

 Vos siempre decís que el escritor es un chismoso refinado, pero todos los artistas son un poco así, ¿qué tiene de singular el modo de ser chismoso del escritor?

Nada, ser curioso. Tenés más presente el oído, la voz, la palabra y todo eso.

Yo creo que tus textos se deberían grabar, porque se escuchan. Cuando uno los lee escucha voces. ¿Cómo es que después de los 15 años, por la información que tenemos, no volviste a la poesía?

Porque uno sigue como se ejercitó. Si uno se ejercitó en la prosa, va ser más hábil en la prosa. Yo puedo tener un pensamiento que se puede expresar en poesía, pero no tengo la forma. Son muy empeñosos los poetas, se ponen a cortar, a mirar, tienen mucha paciencia y claro, corrigen muchísimo. Yo no tengo paciencia para corregir nada.

hebe2.jpg Ilustración de Carlos Cubeiro
Ilustración de Carlos Cubeiro.

¿Y  qué hacés  cuando tenés un una imagen poderosa, pero no da para una historia?

Si no tengo recursos, hago como cualquier persona que no tiene recursos, hay gente que no tiene recursos ni para una cosa ni para otra. Esto es como una artesanía. Uno cambia nomás el enfoque, el interés de la mirada. Ahora estoy trabajando animales. Ahora vengo de Santa Rosa, por ejemplo.

Hoy trabajamos un texto tuyo,  “Mudanzas”, un fragmento donde matan a un cordero. Los encuentros con los animales en tu obra son muy fructíferos, en cambio, los encuentros con los hombres no son muy fáciles.

Eso no lo tengo muy claro. Igual, todavía prefiero a los hombres…

¿Estás segura?

Todavía, sí.Puede ser que los hombres me desilusionen mucho, pero prefiero estar con un amigo, me gustan los animales, me gustan los gatos, pero no es la misma cosa.

Y bueno claro, hay límites… Cuando  contás en algunas entrevistas sobre tus “hombres show”, parece que la compañía de ellos hubiera sido siempre muy dificultosa.

En mi caso, sí. Fue dificultoso porque fui muy observadora y poco participante. Yo podía marcarles a ellos todos los hábitos que tenían. Las relaciones se pelean y a mí no me gusta la pelea. Los hombres show. .sí, el show siempre se paga.  

Hablas también de la media rienda, de no ir ni muy alegre, ni muy triste.

Si estás muy exaltado, como cuando uno toma vino, drogas, probá leerlo al día siguiente, a ver qué fue lo que hiciste. Hiciste barro. Y si estás muy deprimido, también. Si estás muy depresivo, vas a tener una mirada muy gris sobre todo. ¿O no?

¿Existe una intensidad en esa media rienda?

Sí, por supuesto. Yo hablo de los estados de ánimo. Colocarse en un lugar donde las cosas te afectan. Cuántas veces llego a un pueblo a mediodía, con un calor que te da calambres, donde no hay ni café. Si vos te exaltas y exacerbas tus sentimientos de putear, decís para qué estoy acá y te vas.

Entonces, ¿tuviste que pasar por esos tres niveles para elegir el neutral?

Fue cuestión de colocarse. Aprender a colocarse, ser permeable, ser una persona que mira, que escucha. Un ejemplo: este hotel me hincha y no lo soporto. El domingo vine de Montevideo, y bueno, si yo me pongo a pensar en ese hotel-  las perchas estaban altísimas, el papel higiénico en el suelo-. Le pregunté al hombre que me explicaba cómo cerrar las persianas, por qué estaba esa estructura tan alta, a lo que me responde que las perchas estaban hechas para gigantes y el papel para enanitos. Ahora, si la dirección de tu espíritu dice ¡Pero qué barbaridad, qué mal! y lo no puedes controlar – eso como otras cosas- no lo podés mirar porque sos una bronca, una rabia.

DE  INDIGNACIONES, PERPLEJIDADES Y EMOCIONES QUE TIENE EL CAMINO

                                        “A la mañana siguiente quedaron las huellas de los invitados (…) colillas (…) una pulsera que se olvidó la modista (…) un pañuelo que usaba Copeta para taparse las arrugas del cuello (…) Las huellas producían una especie de paz.”(De  “Mudanzas”)

¿Qué te desalienta?

No sé. Me desalienta un poco, pero poco, la lucha contra los aparatos de mi casa. Por ejemplo, se me descomponen la computadora y el teléfono. Ahora está el calefón, hoy lo vinieron a arreglar pero no, anda peor.

Y algo que te desaliente en relación a lo colectivo…, la tristeza colectiva, quizás.

No, tengo presente lo colectivo pero hago que no me afecte. Mirá, los estoicos decían, hay cosas que dependen de nosotros y cosas que no dependen de nosotros. De las cosas que no dependen de nosotros, salvo que yo me ponga a trabajar en eso…

Pero fuiste a darle clases a los wichí…

Sí, pero más que nada a los wichi les saqué sus historias. Algo les pude haber dado, pero mucho más les saqué. Salvo que te pongas a trabajar en temas sociales, que lo he hecho, ahora no puedo hablar de la tristeza colectiva. No hago nada con la tristeza colectiva, si decido hacer algo con eso, entonces puedo ver cosas que me alienten o no.

¿Nunca te pasó que llegaste a algún pueblo y viste algo que te afectó en algún punto, una tristeza muy grande, una muerte, una situación de mucho abandono? En tus textos hay mucha soledad. Aquí tenés una frase de Leonor, “los sueños necesitan de alguien que los albergue, que los cuide”, cuando ves que hay sueños por ahí, descuidados…

¿Vos me estás hablando de mi vocación social?

Te estoy hablando de tu grado de afectación,…

Mi grado de afectación…y sí, al verlos desprotegidos, más que afectación me produjo perplejidad. Mirá, yo estaba en el medio de un festival de cine.Les mostraron una película muy buena de un realizador indígena boliviano, San Jinés. Hablaba sobre Evo. La película habla de por qué Evo no fue ningún milagro. Bolivia tiene luchas desde el siglo XIX donde los baleaban, caían todos y venía más gente para ser baleada. Esa sí es una lucha de poner el cuerpo. Esa película pudo ser oportuna si el contexto era otro, ante los wichí, no: ellos no se pueden levantar. Igual, la inauguración fue emocionante, fue en un pueblo del Chaco, donde había una escuela muy linda, recién inaugurada. Y los asistentes eran 500 o más personas morenas, bien morenas, cantando el himno wichí. Eso me emocionó. Y la abanderada, con sus zapatillas blancas, limpias como una cara de cierta bronca que prometía. Eso era emocionante. Pero después, los cineastas deciden pasar a esa gente traída de otras comunidades en camiones, para hacer la ceremonia de inauguración. Una película de lo que hacían con los indios en el siglo XIX. Cómo los medían, cómo los pesaban. A ver: ese fue un momento de encuentro, de alegría. Al lado, yo tenía un señor wichí que estaba llorando. Si yo soy de una comunidad indígena y vienen los blancos a decirme qué hicieron los abuelos blancos con mis antepasados y te ponen el cajón de una nena cuando la llevaron a Alemania, y dijeron “la cabeza viene de una indiecita paraguaya”… ¡Me dio indignación!  Le dije al cineasta que nos entristeció a todos. No me dio decepción, me dio indignación.Y a los mismos wichí que son muy pobres, ¿qué les pasaron? Fotos de los mapuches de la fábrica recuperada de Neuquén. Los wichí no tienen nada, están en medio del campo. Los mapuches tienen fábricas, ¡tienen una labia al hablar!  Pero lo que quiero decir es que debieron ofrecerles algo que les alegrara la vida, no todo lo contrario. Luego, pasaron a una cantante Mapuche, Aimé Painé, con un auto de novela, un chico de novela y un señor que hablaba de las tierras con unas botas preciosas. Eso lo incluí en mi libro, como reflejo de su modo de pensar. Ojo, también había gente muy piola.

El fastidio también es algo que se refleja mucho en tus textos, “¿Quién era Martín Pichi? Uno que se murió por fastidios ajenos…”

Eso está bien que lo recuperen ustedes, como lectores, porque yo no me doy cuenta.

Es como uno de tus sentimientos top, y aparece con matices.  Además de la vergüenza- “avergonzarse de la vergüenza”-  y de  las ofensas, las ofensas atrasadas…

Todo el mundo tiene ofensas muy atrasadas. Las mujeres, más. Las mujeres son capaces de decirle a un hombre, después de 10 años: “el 4 de octubre de 1962 me dijiste gorda, chueca”, o ¿no?

 DE “LOS HOMBRES SHOW”, DE ABRAZOS Y COMPAÑEROS

                                                          “Con Ignacio yo me sentía eficiente. Él no hacía nada y me miraba como si fuera una sabia. Decía que no podía ir a trabajar porque no tenía pantalones. Entonces mi mamá le compró un traje con dos pantalones. Los borrachos son como los perros, pelean al lado de los tachos de basura. Entonces el traje se le rompió todo. Yo iba a la sastrería a ver si se lo podían reparar y él esperaba en el café de la esquina para ver mis gestiones. Los empleados de tienda antes eran muy decentes, de muy buena presencia, y miraban el pantalón y decían “cómo se pudo haber hecho eso”. El romance duró unos cuatro años. Hacia el final, ya no podía llevarlo a reuniones porque Ignacio se ponía malo, agresivo. Sufría, hablaba de poesía toda la noche y no comía. . Me sacó de una cosa hecatómbica. Mi casa era una locura. (De una entrevista a “Anfibia”)

¿Te casaste alguna vez?

No, siempre me junté. Me junté muchas veces, con varios señores, solo un tiempo duraba.

¿A qué te referís con eso de los hombres show?

Bueno, yo elegí los hombres show. El show se paga, eso es lo que digo.

¿Con angustia?

Tengo esta teoría, las mujeres grandes que yo conozco y han vivido casadas con hombres corrientes son más felices que otras. Hay mujeres que han tenido hijos y luego se separaron de los tipos. Todas creyeron mucho en el amor. Es bueno creer en el amor cuando una es joven. De grande, no sirve. De grande es mejor un compañero, qué sé yo.

Más importante es el abrazo

Claro, un compañero. Lo que pasa es que hay mucha gente que apunta más al amor y otra gente que apunta más a una empresa bien vista, emprender para tener hijos.

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Mujer Azul, Merello.

¿Creíste mucho en el amor?

Sí. Me enamoraba mucho. Me enamoraba de distintos…

Shows

Sí, de distintos shows.

Hablás mucho del juego, ¿La compañía tiene eso del juego?

Yo no lo sé, porque como te dije, yo siempre tuve show, gente especial. Lo que alguna gente quiere es no aburrirse, entonces, el que tiene show no se aburre. Está siempre pensando cómo hace esto, cómo me hace lo otro.

¿Sos insatisfecha?

 ¿En qué sentido insatisfecha?

En el sentido que el deseo siempre parece reclamar otra cosa.

No, yo me conformo un poco con lo que tengo ahí. Yo me conformo.

¿Con la escritura también?

Sí. Una vez que está, hice lo que pude.

 QUE TRATA DE CÓMO TODOS NECESITAMOS DE ALGUIEN QUE CUIDE NUESTROS SUEÑOS

“La gente pensaba en lo que hubiera podido ser y no fue” (El imperio del jugo, en “Relatos reunidos”)

 Dijiste hace poco que “sos una escritora  de aliento corto… y que no trabajas con muchos personajes”.

Claro, escribo corto. Las crónicas de animales son cortísimas, dos o tres páginas.

“Mudanzas” no es corto…

No, ese no. Pero ahora en general escribo poco.

Tampoco tiene pocos personajes, vos decís que trabajás con pocos personajes y ahí tenés una multitud…

A esos los conozco bien porque son de mi familia. Eso lo conozco mucho porque me lo han contado…

Hay gente que conoce a su familia y no escribe una novela.

Y bueno, te digo que a esos los conocía bien. Porque si no, la novela, con muchos personajes, ni para leer la elijo.

Vuelvo a esa frase, un poco para terminar, la de los sueños que necesitan que alguien los cuide, ¿Vos encontraste eso?

¿Qué cosa?

Alguien o algo que cuide tus sueños.

Mirá, yo creo que uno tiene muchas vocaciones. La vez pasada, en una revista de los ochenta y pico había, les preguntaba por qué escribían a diferentes personas. Algunas respuestas eran divinas. Decían:” yo escribo porque no sé bailar como Fred Astaire, eso está muy bien, ¿no?

Una vez, cuando te preguntaron por qué estudiaste filosofía, dijiste: “por descarte… “

Así lo decía yo. Y la gente me preguntaba: “¿Por Descartes?” ¡No, por descarte! Porque las otras cosas no me iban. Pero vuelvo a la encuesta. Otro decía: “yo escribo porque de chico vivía huyendo de algo, ahora también, estoy casado y tengo hijos, pero también”. Otro: “yo escribo – y a ese suscribo totalmente- porque no se me dan bien todas las cosas manuales”. Toda mi infancia me la pasé haciendo guirnaldas y esas cosas, agarraba un alambre y una flor y me decía: “¡Ahora va salir una cosa divina!” ¡Y me salía cada basura! Ahí tuve desilusiones, me desilusioné de toda mi actividad manual. Pero, bue…en la revista contestaba otro hombre  a quien le hubiera gustado ser músico: no compositor, sino  ejecutante. Esas respuestas sinceras. Una decía que no sabía por qué escribía, y eso también es sincero, no todos saben. La vida te lleva en una dirección, pero pudiste haber seguido otra cosa. A mí, de chica, me gustaba  mucho el deporte.

Pero yo te preguntaba si había alguna actividad o persona que pudieran cuidar tus sueños, si sentís que la escritura sirvió para eso

No lo sé. No lo sé, porque es contra fáctico, no hice otra cosa. Si hubiera tenido periodos largos sin escribir, bueno…

 DE CÓMO LA TERESA EPUYÉN SE QUEDÓ MIRANDO, TODO EL BREVE RUMBO DE UNA DESPEDIDA

                                          “El profesor Rodríguez sostiene que es una sabiduría solo conocida por iniciados: primero se debe despejar el primer velo, la ignorancia, y después hay un camino de ascesis donde se van despejando velos sucesivos; en cada etapa se recibe información del microcosmos y del macrocosmos. Añade: Este lugar está provisto de una energía especial, recuerde que acá vivieron los charrúas. ¿Usted me está preguntando por los barcos británicos que venían al puerto? Sí, tengo mucha información, pero no sería pertinente revelarla” (De “Viajera crónica”)

¿Nunca tuviste períodos largos sin escribir?

Sí, cuando era joven pensaba: “ay, seguro no escribiré más”. Pero siempre volvés.

Además, siempre decís que sos docente, más que escritora…

Y bueno, eso para los hoteles. Si llegas a un hotel y decís que sos escritora, luego te miran… así…  Y dicen: ya llegó esa persona rara…

Vos sos un personaje, sé que no te gustan los elogios, pero no me iba ir de acá sin dejar de decírtelo. Además, sos muy divertida, sos la contra heroína de todas las imágenes preconcebidas sobre qué es un escritor.

Pero esperá, antes de irte  te quiero terminar de contar la historia con la Teresa Epuyén, del sur, de la que me hice muy amiga. Ella estaba ahí sentadita y me contaba del ñandú que  come todo, come vidrio, come todo. Y, además, te embiste y te da patadas, así todo junto. Mientras de eso y de su infancia conversábamos, por ahí pasaba la hija con el celular- así, toda ella- y después aparecían los nietos. El más grande me dijo que no tenía amigos, solo conocidos, un chico de 18 años. Teresa agregó: “¡Este estuvo en las drogas! Se fue a un centro de rehabilitación en Bariloche. Le digo, Teresa, “¿qué ves cuando ves televisión?”. “ Boxeo”, me dijo. La hija, mientras tanto, pone cara como diciendo  “¡Ay, yo no veo esas cosas!” Y la vieja me dice que, cuando su viejo está ahí, los dos viejos ven boxeo. Y yo le agregué, “¿y por qué no boxeamos un poquito entonces?“ ¡Boxeo! Eso no se me hubiera ocurrido ni en pedo a mí, porque como yo vengo de la facultad de filosofía, por sacado que sea, una mujer no le propone a un varón ver un boxeo. Porque claro, no es usual. Con el tiempo, la hija se hizo más amiga mía. Me mostraba el celular y me decía: “¡Mirá! Ese chico más chico, el más extrovertido, el de 15, estaba disfrazado para el corso de Vicky Xipolitakis”. Y, bueno, claro ¿Qué creen?, ¿que por ser  de pueblos originarios van a andar con plumas? ¡Estaba disfrazado de Vicky Xipolitakis!  Mirá, cuando me despedía, la hija me dijo: “¡Cuidate!”, que es una expresión que viene de Nueva York, pasó por Buenos Aires y  llega a ese pueblo. Teresa, en cambio, me dijo: “¿Te vas?” “¡Sí!”, le dije. “¿Cuándo volvés?” “No sé”, le dije. Y me fui en dirección al micro, tenía como 20 cuadras hasta el centro del pueblo. Y mientras yo avanzaba, ella me estaba mirando. Me miraba así, me miraba. Es como hace un amigo. Después, por ahí no lo frecuentás, pero seguro- si yo  retomara esa relación- en dos patadas me hago amiga de esa vieja. Porque la siento cerca, se pueden hacer amigos lejanos en la geografía.

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Quijote y Dulcinea, tinta sobre cartón.

Vos no andás sola nunca…

Sí. Viajo sola. Solo me apoyo en gente local. De algunas gentes me he hecho amiga también. Por ejemplo, en Tucumán, Marcela. Ella fue a un taller que yo di en Tucumán y después yo fui para hacer una nota y, cuando voy para San Miguel de Tucumán, salgo con ella, nos vamos a comer y eso. Fuimos a ver a Juan Falú una vez. Es un encantador. Y estaba en su salsa, en su Tucumán. En un lugar chiquito, un boliche chiquito.

Y a Teresa, ¿no la viste más?

A Teresa no. Para eso tenés que volver. Podría volver, sí. Lo que pasa es que como yo no paro de hacer cosas y ahora ando en otras, no sé. Igual, si volvés, no volvés a lo mismo. Ella tenía teléfono, pero no la vi más. Pero a la Marcela de Tucumán, sí.

DE CÓMO MEDIR EL TIEMPO EN PUESTAS DE HALCÓN

                                                       “Un día apreció Domingo con el auto y lo puso en el garaje. A la madre le pareció una animal muerto que además se descompone y anda sucio” (De “Relatos reunidos”)

¿De dónde sale tu interés actual por los animales?

Claro, ahora tengo otro interés. Justo ahora vengo de la Pampa y ahí sí encontré un personaje. No sabés lo que es. Hablé con un Miguel, un ornitólogo. Ornitólogo aficionado, pero muy bien formado. Es desierto el lugar, salís de Santa Rosa- que no tiene industria, no tiene conurbano- y ves solo desierto, desierto y desierto. 40 kilómetros en el campo. Ahí vi otro Miguel, el Miguel del campo. Ese andaba vestido como para pasar desapercibido, con una camisa marrón y un pantaloncito marroncito suave. Una cosa así, como camuflado. Vamos con un librero de ahí y su nena a visitarlos. El hombre venía con una tabla de carne a las 9:30 de la mañana, yo creía que era para nosotros, pero era para las aves. Las aves están todas en un árbol y esa es la dieta, ellas comen lo que él les da. Fruta cortada, huevito, pan. ¡De carne picada solo, tiene 800 pesos por semana!  Primero le da  a los chimangos,  porque si no se comen la comida de los otros. Tres veces por día. A los gatos los tiene en un galpón oscuro…Y , bueno, la esposa se fue a vivir a Santa Rosa. Solo lo va a ver los fines de semana.

Ah, es el matrimonio ideal

Le digo, ¿tu esposa no te dice nada porque gastás tanto dinero en comida de animales? Los hermanos son cazadores. Él, no, él es el ecológico. Saca fotos muy lindas. Yo estuve toda la mañana, pero luego ya me cansé. El hombre tiene una sociedad pajaril, les da vivienda, comida y seguridad. Las aves, libres, en el árbol  y los gatos encerrados en un galpón, como el lugar adonde lo mandó  Zeus a Vulcano, le metió una patada en el culo por haberse entrometido en una pelea entre él y su mujer. Un lugar siniestro y oscuro. Igual les pasó a los gatos de este hombre  Por otro lado, a la lechuza le hizo una base para que observe. Y habla todo el tiempo en lenguaje de ornitólogo. A las 11 de la mañana me llamó y me dijo: “¡La chimanga perdió una pluma!” “Bueno- le digo-  esas son cosas que pasan”. Los Migueles se conocen desde hace unos años, “nosotros nos conocemos desde la quinta puesta de halcón”, cuenta el del campo. El de la ciudad es más flexible.

Parece el modo de medir el tiempo que hay en los libros de Liliana Bodoc…

Sí, miden el tiempo con las puestas de halcón. Y se enojan mucho  con los cazadores furtivos. Ahora- y eso no sé cómo ponerlo en el libro- me contó que su papá se suicidó en 1980. Pero me lo contó en un tono neutro. Y la gente del campo es así… Tenía un gatito y un perrito que nos acompañaban en todas las excursiones. El gatito está adiestrado para no comer a los pájaros. Son compañeros, iban todos detrás de nosotros, como diciendo “¿A dónde van estos?” Las vacas te miran, y él dice que te miran porque te desconocen. Tenía unas vaquitas, unas cabritas. Tenía un palo largo con espejo para ver los huevos.

Repetimos, ¿qué te dio por los animales ahora?

hebemanosLa inteligencia animal. Me dio por los monos y las aves.  De los loros se decía que repetían de forma mecánica y hoy se sabe que hablan con toda propiedad. A la mañana dicen “buen día”, “buenas tardes”,  cuando es de tarde y así.

¿Eso te vino de una lectura?

Sí, me vino de una lectura.

Sos Don Quijote.

 Pero, escúchame, si un loro puede reconocer formas y colores en cuatro o cinco años… aunque piden recompensas, nueces, por ejemplo. Los tienen adiestrados. Una vez no llegaba la recompensa, entonces el loro deletreó “¡U-NA NU-EZ!” ¿Viste cuando los chicos quieren persuadir?: así hizo el loro. Los loros grises son muy inteligentes. La investigadora dice, y son investigadores serios, que una vez que estaba por la casa buscando cosas, muy nerviosa, el loro le dijo “¡Calmate!” Seguro ella le habría dicho eso alguna vez y él lo aplicó. “¡Vos calmate ahora!” Yo tengo una pedicura, María, que se crió en el campo. Entonces el padre era bichero, de un pueblo del campo. Había llegado la noche y justo se acercó un monito. Como era familia religiosa, antes de comer estaban rezando para agradecer por los alimentos y el mono hizo lo mismo. ¡Increíble! ¿Vos sabías que hay monos que tiene mascotas? Mirá ( trae un libro) ¡Es un mono que tiene de mascota a un gato y le da la mamadera! Bueno, pero te contaba de esa cena. La mujer me contó que el loro de la casa le tenía mucho miedo a las tormentas. Una vez lo dejaron dormir afuera y empezó a llover. El loro gritó “¡Auxilio, auxilio!” Eso es sorprendente,¿no?

 

 




EL VIENTRE ESQUIVO

El desaliento: Entrevista a Griselda Gambaro, (dramaturga), Sonia Novello y Claudia Mac Auliffe, (actrices) de “Casi un feliz encuentro”

Entrevista: Viviana García Arribas, Gabriela Stoppelman

Edición: Gabriela Stoppelman                                                     

“¿Cómo vivir o morir con tus mezquindades?”,  

Casi un  feliz encuentro”, Griselda Gambaro

Huesitos en posición, tendones alertas, músculos orientados hacia el norte de los otros, refriegas del sudor y el deseo, territorios enteros donde los abrazos no nacidos contornean formas de la ausencia. ¿Pero entonces qué?, ¿pero entonces, cuándo?

Va el cuerpo y se prueba en otro cuerpo y parece que encaja. Pero no sale del probador y ya despunta un desajuste, una manga que traba bajo la sisa, un ruedo descosido antes de tiempo, un pespunte fuera de línea. La piel se hace la distraída, apuesta a que esta vez sí, esta es la prenda buscada. No importa que tenga los brazos demasiado cortos, demasiado jóvenes o demasiado aviesos. Quiere la cintura que la estrechen, quiere la cara  adormilarse entre el cuello y el hombro del amante. Quieren los años desperezarse de edades y levantar los bracitos como quien reclama ¡upalalá! y aún se ilusiona con un amparo más singular y amable que la inmensidad del cielo. Quiere la vejez traslúcida que leas el tesón de las arterias, la ruta de las venas, que el temblor le permita cerrar el puño y exprimir lo acre de todas las decadencias. Se aferra la anciana contra la sábana, las manos son ahora garras que la anclan a los retazos de la memoria, aunque ya no compongan una biografía. Quiere la  caricia sortear la enfermedad y la cojera del ánimo. Un beso pretende más y reta a decir sin tanta vuelta, a hablar contra la impotencia de las palabras. A punto están los labios, cuando se entorpece la frase. A punto llega el arpegio cuando no va e irrumpe el silencio. Pero la música no se amedrenta. Se aguanta la falla, la asimetría, anda con zapatos dos números más chicos que su paso, con un saco dos tallas más grandes que su coraje. Y avanza. Y si entre el ojal y un botón resiente una imagen, si en los caprichos del cierre relampaguea un reclamo, si el impermeable de oferta deja pasar  la lluvia y las sequías, igual se atreve. Los cuerpos se buscan, componen y descomponen sus partes, amoldan y desamoldan sus deudas. En un punto, ya sin aliento, parece que por fin no queda resquicio, todo el aire vuelto melodía y toda la charlatanería vuelta misterio.

Pero ahí, en un hilván del surco, en un valle mínimo entre dos enormes alturas, se abre la hendija. Algo se comba en vientre, alguien fecunda entre sigilos. Algo se escabulle entre las faltas. Vientre sin nombre. Matriz de lo líquido. Prenden las crías de la ausencia.

 

“Y TERMINAR EN EL VIENTRE DE MÁMÁ” (*)

             

Oswaldo Guayasamín.
Oswaldo Guayasamín.

No quiero oír el ruido del cristal trizándose, /ni los perros que aúllan a las vendas sombrías, /ni ver cómo no estás. /Madre, madre, ¿quién separa tu sangre de la mía?, Olga Orozco                                                                                                                                                 

¿Cómo llegaron a esta obra?

Sonia (interpreta a Laura): Bueno, nosotras somos parte de un grupo con Vizzotti, el director, con quien habíamos hecho un par de obras antes como “Sketches de revista”, de Harold Pinter, con el que nos fue muy bien. Fue una experiencia muy divertida. Al principio, algo muy difícil, porque el teatro de Pinter es complejo. Después, surgió la idea de hacer juntos otras cosas. Griselda estaba siempre presente. Nosotras no conocíamos esta obra. Leíamos teatro con esa mirada que buscar qué puede actuar, dimos con esta y nos encantó el vínculo entre las hermanas. Además, Claudia y yo tenemos hermanas mujeres.

¿Sienten la orfandad en escena?

Sonia: Sí. Lo primero que aparece cuando se encuentran es la orfandad. Las referencias son a los padres que ya no están. Yo me imagino –no puedo evitar pensarlo- la orfandad en mi vida y me entristece.

Claudia (interpreta a Tona): Sí. Pero cada una tiene su coraza…

Tona tiene un hijo y lo ningunea mortalmente: “¿Eso [tener un hijo] es un sueño? Es algo distinto. Una culminación, una responsabilidad. Traen alegrías, pero con ellos termina la juventud”

Sonia: Sí. Laura no se casó ni tuvo hijos. Pero se fue a Europa, ante sí misma se podría justificar con eso, aunque le fue muy mal allá.

Por eso mismo se podría considerar que las dos son mujeres sin vientre, desarraigadas, en algún punto. Lo curioso es que empiezan y terminan hablando del vientre, pero no se pueden dar un vientre donde nacer, salvo cuando se abrazan. Es interesante en esa escena final lo que marca Griselda: “se aferra a la palabra”. El texto reflexiona bastante sobre la palabra: “tengo la garganta fosilizada”, “no sé cómo hablarte”, “el castellano lo usás como muleta”. ¿Qué les queda en medio de ese no poder decir?

Sonia: El vínculo. Igual una se pregunta: ¿El encuentro es casi feliz o es casi un encuentro?

Claudia: Desde el momento en que tenés esperanza de encontrarte, ya es feliz. Es ilusionante.

Sonia: A veces, me pasa de volver a la casa materna con la ilusión –como cuando era chica- de llegar al refugio, al lugar que me acoge. Pero, cuando me encuentro con la realidad, se me viene todo abajo y me pregunto ¡para qué vine…!

El personaje de Tona tiene un afecto a lo ritual, se obsesiona con la posición de las cosas, la limpieza, el orden. ¿Qué sentís respecto de ese rito donde Tona se refugia?

Claudia: Ella siente que todo tiene que estar bajo su control. Allí encuentra su vientre, su tranquilidad.

Sonia: En ese sentido, Laura es una extranjera y se da cuenta que no sólo lo es en Francia, acá también. No hecha raíz en ningún lado.

 

“NO TE TRAJE NADA… SOLO EL FASTIDIO”

Era de noche, aunque siempre lo es en la oscuridad del alma”. Alejandra Pizarnik

 

Oswaldo Guayamín.
Oswaldo Guayamín.

Las personas cercanas son las peores… el rencor y la satisfacción de que el agravio que creía haber sufrido la hiciera vivir nuevamente con intensidad”, leemos en el cuento de Griselda, “Fraternidad”. Y, en “Casi un feliz encuentro”: “Con todo lo que te quiero, Tona, no te soporto”. ¿No existe la posibilidad de un encuentro total?

Griselda: No lo había pensado, pero por algo lo notás… Creo que aún el encuentro más perfecto de pareja es casi un encuentro, porque de algún modo termina o no termina de empezar. Lo más que podemos pretender es tener, durante el tiempo que dure, la ilusión de que ese encuentro es total. A veces sucede no tan perfecto como uno cree, pero hay encuentro.

Sonia: Para mí, entre hermanas, es imposible el encuentro total. No puede haber un encuentro donde no se puede ver al otro limpio de pasado. Enseguida nos viene la historia, aparece la memoria. A veces me preguntaba, antes de empezar la escena, cómo sería encontrarte con tu hermana y borrar todo el pasado y verte de una manera más pura, con el afecto, pero sin tanta historia.

¿Ustedes creen de verdad que ese desencuentro se da porque son hermanas? Digo, si fuera el caso de dos amigos, una pareja, dos hermanos ¿el encuentro podría ser total? Porque, insisto, en muchos cuentos de Griselda se repite este casi, siempre faltan cinco para el peso.

Sonia: Creo que cada vínculo tiene su particularidad. Y, además, es como la felicidad, no es permanente, hay momentos.

Sí, pero la obra pone en juego la singularidad de este encuentro a partir de que los personajes son dos hermanas.

Sonia: Es cierto también que, entre cualquier par de personas, si ninguna sale de su ensimismamiento ni abre la cabeza, el encuentro no se termina de dar.

¿Ayudó la escenografía con el tema de la distancia? Es impresionante cómo uno ve el desencuentro en el escenario antes de que las actrices entren. Y eso no se modifica en el transcurso. Dos sillas, dos ventanas, dos mujeres, una lejana de la otra y un vacío en el medio.

Claudia: Esa fue la propuesta del director.

Griselda: La escenografía es teatro también. Tiene el valor tácito de lo que se va a decir. Corrobora o no las situaciones. Además, siempre me importa que la escenografía tenga una meta funcional. Que no esté como un adorno o una “belleza” espacial. Que hable de lo que pasa en escena.

¿Y cómo se actúa el desencuentro?

Claudia: Yo me acuerdo siempre de lo que me decía “Vizzo” en los ensayos respecto del momento en que nos encontramos en el abrazo. Es una escena que va con la música. Ahí nos encontrábamos realmente, sintonizábamos, casi llorábamos. Y él nos decía que no, que eso iba en contra de la obra.

Sonia: Pero, en el escenario, el encuentro entre las actrices es fuerte, por eso podemos actuar el desencuentro. Acá la cuestión era actuar el estar ensimismado sabiendo que el otro está presente. Que todo lo que va a decir una será dicho en relación a la otra. Para desencontrarte, tenés que estar muy implicada.

¿Y eso sucede desde los cuerpos o desde las palabras?

Sonia: Desde ambos. La obra está muy bien escrita. El sólo decirla ya te da un desencuentro, te pinta de cuerpo entero cómo es cada personaje.

Claudia: Claro. Indica, te coloca.

 

“CADA FRASE TUYA ME ABURRE Y ME PROVOCA SOPOR”

Oswaldo Guayamín.
Oswaldo Guayamín.

 

Aquí la sangre, /aquí el beso roto, /aquí la torpe furia de dios / medrando en mis huesos”,  Susana Thénon

Dice el texto de la obraY no hay nada más triste que el amor que nos aburre. Querer a una persona y morirse de tedio en su presencia” y, en el final de tu relato “Adán y Eva”, “el ceño aburrido de la vida en común, del amor en común”.¿Cómo es eso de aburrirse y amar a la vez?

Griselda: Se da sobre todo en las relaciones fraternas y también en esas amistades nacidas en la infancia en que, de pronto y con tiempo, los intereses ya no son los mismos y uno se puede aburrir en el trato muy constante o muy frecuente. Aunque eso no invalida el amor que se siente por esa persona.

Mujer y naturaleza.
Mujer y naturaleza.

¿En qué consistiría el amor si ya no hay intereses en común?

Griselda: Y… nada. ¿Cómo definir el amor? El amor es un sentimiento que nos inclina hacia una persona, ya sea con protección, con mimos, con tantas cosas que uno puede dar.

Es difícil pensar que hay un desencuentro, que no hay nada en común salvo el aburrimiento y que, aun así, algo sobrevive.

Griselda: Yo creo mucho en eso. Me ha pasado, con gente que no tengo mucho contacto intelectualmente o en otros aspectos y, sin embargo, siento un afecto hacia ellas. Y sea porque los conozco hace mucho tiempo o quizás porque conozco lo mejor de ellas. Yo puedo decir que el amor se pierde cuando esa persona ya no resulta significativa para uno porque se ha vuelto muy vil o muy pequeña, cuando el contacto con esa persona no nos enriquece en nada.

Sonia: Aprendés a quererlo con el tiempo. Con el hermano, hay un mandato, “tenés” que amarlo. Y por ahí lo amás y por ahí, no.

Claudia: En la obra, hay un punto en que Laura se da cuenta de que no se puede producir el encuentro. Aun así, yo a ese vínculo lo llamaría amor, por enfermo que sea. Si no hubiera amor sería todo mucho más fácil. No se verían directamente.

Los personajes no se vieron durante muchos años. Las separaba el lenguaje, la geografía. Laura vuelve por falta de vientre. Ahora tienen a la geografía –como único elemento- en común. ¿De qué se trata este extraño amor?

Claudia: Creo que lo particular de ese vínculo es el origen. Te criaste junto a esa persona y siempre estará presente la rivalidad, la competencia por el amor de los padres.

El origen es el vientre… ¿El vientre es lo que compartieron o lo que buscan?

Sonia: Creo que Laura busca un volver a ver si el vientre la vuelve a albergar, si vuelve a estar todo bien como en la infancia, con el amor y el odio inherente a cada familia cuando, en términos generales, estaba todo bien.

Claudia: En el ser adulto el tema es que cada uno hace su vida y tiene que ver cómo se vincula con los padres desde ese lugar.

Sonia: En la obra, la familia somos nosotras. Ya no tenemos padres… ellas, de alguna manera, se quieren porque sí. A pesar de todo…

 

“CORRISTE DESCALZA A LA HABITACIÓN DE MAMÁ”

“La mujer sigue agitando su vestido huérfano”. 

Dolores Etchecopar                

Oswlado Guayasamín.
Oswlado Guayasamín.

En el caso de Tona y Laura uno siente que el lenguaje de los cuerpos está obstaculizado y que el lenguaje de las palabras tampoco alcanza. ¿Cuál es el lenguaje que funciona cuando las palabras y los cuerpos ya no pueden decir?

Griselda: Eso que sucede es un indicio y una consecuencia de algo más profundo. Cuando el cuerpo no tiene la actitud del amor es que el amor ya no está. Cuando las palabras ya no expresan nada es porque se han vaciado de contenido hace rato.

Sin embargo, Tona y Laura buscan el abrazo.

Griselda: Claro, porque aún en las personas más mezquinas o más tristes está siempre presente la necesidad del otro, de que otro nos considere, nos estime, nos ponga en un escalón más alto del que solemos estar…

Sonia: Al principio y al final hay un abrazo. Como una intención o un mandato, una formalidad diría: con tu hermana, te tenés que encontrar. ¿Cómo no te vas a ver con ella? Creo que ese abrazo del principio tiene que ver con que no nos vamos a hablar fríamente porque se supone que una tiene una intención de encontrarse.

El texto empieza y termina con el abrazo. Pero, una vez más, es también circular la idea de volver al vientre materno. La obra va del origen al origen. ¿Qué sensación sobre esto tienen ustedes al actuar?

Sonia: Mmm… Como que lo único que las une es el origen. El otro día vino un amigo al camarín, después de ver la obra. Había muerto su madre en esos días y nos dijo: “somos unos primates”. Y lo repetía “somos unos primates, somos unos primates”. Esa frase me quedó.

 

“LA MUÑECA, LA PIERNA ROTA, EL VESTIDO SUCIO”

“Soy predadora de mis restos”.

Amelia Biagioni                            

Ellas, a decir verdad, más que dialogar disputan. ¿Qué diferencia hay para vos entre diálogo y disputa?

Griselda: Una disputa es un diálogo también. Un diálogo hirsuto o un diálogo cruel. El diálogo que trata de acercar ideas y sentimientos es más fecundo y más agradable. Pero siempre hay, aun en la disputa, un tratar de acercarse al otro. Salvo en circunstancias políticas, ahí las palabras ya no tienen ningún significado. Es como un ámbito de la disputa permanente. Porque, además, nadie intenta comprender al otro ni llegar a un acuerdo. Cada uno defiende su pequeño o gran interés.

Sonia: Laura intenta dialogar, pero no lo logra. Llega un punto en el que ya se pudre.

Claudia: Más bien se trata disputar. Ninguna baja los brazos. Estamos a la defensiva todo el tiempo.

Es interesante eso. Si uno no baja la guardia, no hay afecto, pero sí hay contra efecto. ¿Cuáles son  los contra efectos que se dan?

Sonia: Si la otra me ataca yo voy a responder a ese impacto. No voy a ser tan superada ni tan sabia.

Están las dos muy solas, pero se atrincheran en la soledad antes que deponer el orgullo.

Claudia: Bueno, también prefieren estar juntas peleándose. Hay algo de no soportarse, pero a la vez un juego. En el final, Tona se pone feliz y se asusta al mismo tiempo, porque la otra está padeciendo. Tiene lo que necesita: alguien para cuidar.

¿Ustedes, como actrices, sienten que no hay ningún momento de la obra en que la disputa torne en diálogo?

Claudia: Cuando te aflojás, que yo te digo “te extrañé, me hubiera venido bien tu ayuda pero vos estabas tan lejos”.

Es un “Te extrañé porque me hacías falta ¡no porque te extrañé! Vuelven las dos soledades. Aparte de la soledad de la compañía, ¿sienten la presencia de una soledad más grave en el escenario?

Claudia: Sí. Hay algo de eso. Más grave porque son mujeres. Si los personajes de esta obra fueran dos hermanos varones, la obra no existiría. Hay algo de ese mandato sobre lo que les toca a las mujeres: cuidar a los enfermos, a los mayores, a los padres, a los hijos. Laura, que no lo hizo, siente esa culpa que un hombre no sentiría y, por otra parte, yo no le estaría planteando a un hermano varón que no me ayudó. Hay una cosa de género.

 

“TANTA LUZ ME ENCANDILABA”          

De la noche vengo. A la noche voy. Un solo relámpago de luz turbia mi cuerpo.”      Miguel Ángel Bustos.

Hay dos elementos que se perciben como una tensión que irrumpe cada tanto como separadores de escena y condensadores del sentido. Uno es la tos de Laura “Te dije que es una tos sin consecuencias, Tona. (Sonríe) En enfermedades no logro superarte”. Y el otro, lo traumáticas que resultan para Tona las alteraciones de la luz: abre la ventana, la cierra, se le apaga una bombita y no lo puede soportar. ¿Y cuándo viene? ¿Cuánto tiempo me voy a quedar con una lamparita quemada? (…) No. Si me esperás, la cambio ahora. Traigo la escalera del sótano.”

Griselda: Hay una parte que es logro de la puesta. Yo no pensé que la luz iba a sufrir alteraciones en ese momento. No estaba señalado. Aunque el tema de Tona con la luz sí lo marqué en el texto, pero el texto es siempre un querer ser, llega a ser mediante la actuación y la puesta en escena.

Claudia: Eso es obra del director. Son elementos que organizan la acción, costumbristas si se quiere, y al personaje.

Hay algún momento en la obra donde la muerte se insinúa en forma de tos cada vez más fuerte.

Claudia: Justo cerca del final, cuando pasamos por esa tristeza de que Laura se fuera a morir. Mi personaje dice, “¿también vos venís a morir?”, con una mezcla de horror y satisfacción. Y ese es para mí el momento de verdades que antes estaban ocultas.

Sonia: La muerte está presente. La vejez, también.

Yo no las vi tan viejas. Hay una cosa que recurre mucho en la obra de Griselda, es la vejez de gente no tan vieja. Más una actitud resentida, gris, cenicienta, decadente pero no vieja. Parecen dos minas de cincuenta.

Sonia: Sí. En la obra recordamos lo que sucedió hace cuarenta años, cuando teníamos diez.

 

“PUEDE SER QUE NOS HAGAMOS CHIQUITAS…COMO LEÍ EN UN CUENTO”

                                               La casa está perdida en unos ojos que nunca más veré. /La casa está perdida en esa misma casa. /La casa es una pérdida constante en cualquier jardín.” Enrique Molina      

¿Ustedes escriben?

Sonia: Intenté alguna vez, pero cuando me metí en esa complejidad, me dije: ¿cómo se me ocurrió alguna vez que yo podía llegar a escribir? Es toparme todo el tiempo con la frustración de que no sale.

Claudia: Yo hice dramaturgia. Escribí, digamos, en base a una consigna que me daban. Pero es algo que requiere de una disciplina

Claro, te encontrás con dificultades, no se trata de transcribir una idea al papel.

Claudia: Y, además, una tiene una mirada muy crítica con la escritura, no es la misma que con la actuación.

Como actrices, ¿pasaron por la tentación de escribir el texto que más les gustaría actuar, el más entrañable o el más nacido de la propia tripa?

Sonia: Creo que sí, que los actores pasamos por esa tentación y algunos siguen adelante.

Claudia: ¡Que lo escriba otro! Uno con quien me identifique. Bueno, en los talleres, terminás escribiendo tu escena con un compañero, esas cosas pasan.

Griselda, vos que sos narradora y aparte dramaturga. ¿Cuál es la diferencia esencial entre escribir una cosa y la otra?

Griselda: Creo que el teatro parte siempre de una situación muy precisa de menor introspección, menor descripción. Donde hay, desde el vamos, un diálogo entre los personajes aunque sea mudo. Pero siempre es una relación muy directa. No te podría decir con exactitud si hay un decálogo para escribir novelas y otro para teatro. Sí sé que en teatro uno tiene que ver qué va a suceder. En novela no necesariamente, uno tiende más a replegarse sobre sí mismo y después a expresarse mediante el texto. En teatro la palabra es acción, la palabra es una acción más y esto diferencia bastante a un género del otro. Creo que en teatro lo esencial es visualizar sobre la escena qué va a pasar.

 

“TE DOY ALGO FUERTE”

“¿Y sabes?, no supe que estaba triste hasta que me pidieron que cantara.” 

Arnaldo Calveyra

Grisleda, ¿nunca necesitaste escribir un poema?

Griselda: Ese pecado lo cometí hace mucho.

Sin embargo, lo poético aparece mucho en tus obras. ¿Qué es lo poético para vos?

Griselda: Nunca he pensado realmente qué es lo poético o lo más lírico. Creo que es una forma de escribir quizás menos abrupta. Es como un terreno que no he recorrido racionalmente. Un poco me pasa como cuando decido si una idea o una situación son para teatro, para cuento o para novela. Instintivamente, lo sé. Un poco me pasa lo mismo con lo poético. Cuando un texto es un gran poema o es un intento de poema, lo sé más por una cuestión de oficio, por la manera en que está escrito, por lo que dice.

Me refería a la presencia de lo poético, no al poema.

Griselda: Para mí está relacionado con la manera de escribir. Sé que hay otras formas de acercarse a lo poético sin que medie la escritura. Puede ser una puesta de sol en el mar, un velero a lo lejos… pero, quizás, por oficio o por deformación profesional, pienso siempre en lo poético unido a los grandes poetas.

Claudia: A mí me gusta la poesía, encontrarme con algo.

Sonia: Y, en escena, para mí lo poético es crear los espacios y el tiempo con los cuerpos. El sólo hecho de poder estar haciendo la obra es la belleza. Que la realidad pueda dialogar con esta obra que estamos haciendo, cumple el objetivo. Es metáfora, es poesía. Y en el durante de la obra me pasa también que la miro a ella y siento que es una visión.

Sonia: Sí. Hay momentos en que nosotras, como actrices, nos encontramos en la mirada. Son como vivencias. En teatro, como no hay luz natural, te abstraés. Hay algo de que el tiempo no pasa. Un instante que parece eterno, suspende el tiempo. Y, claro, después una se angustia, me vuelvo en el 105 a casa.

Claudia: Es sentirse vivo, no se compara con otra cosa. Más allá de que nosotras nos llevamos bien y la pasamos bárbaro, cuando actuás estas cosas…

Hay una sensación de haberle ganado a la demanda.

Sonia: Está todo bien con la cotidianeidad de la pareja, la familia y demás. Pero si no tuviera el teatro estaría todo mal en mi vida. Ahora estamos empezando a fantasear la próxima obra, una de Puig. Yo ya me enamoré. Es “Misterio del ramo de rosas”. También los personajes son dos mujeres. Lo proyectamos con el mismo director y es como que queremos repetir.

Griselda, ¿lo poético podría estar entre dos hermanas que tratan de encontrarse en un abrazo sin lograrlo?

Griselda: Claro. Y te quiero decir que yo estoy muy conmovida por ese elenco que ha puesto tanto trabajo y devoción- no hacia un texto o hacia mí- sino hacia el teatro todo. Creo que es una manera de trabajar que tienen esas actrices y ese director, que es muy necesaria en este momento.

Eso también es lo poético.

Griselda: ¡Claro!

 

“(TOSE, TOMA ALIENTO)

El aliento nocturno es tu sábana, / la tiniebla se acuesta a tu lado”,

 Paul Celan

Oswlado Guayasamín.
Oswlado Guayasamín.

Este número de “El Anartista tiene como tema el desaliento, ¿Qué las desalienta?

Claudia: En la obra, Tona no se desalienta. Sigue en su mundo. Si saliera del ritual, sí se desalentaría. Le reprocha a Laura algo que ya pasó. No hay futuro ahí. Hay algo muy sutil y es que el hijo no la visita. El personaje mismo es un desaliento… El ser actriz es un desaliento y un re-aliento. Para nosotras, que venimos del teatro alternativo, siempre el asunto consiste en ponerle todo a una obra y por ahí la obra está dos o tres meses y se cae, pero no nos dejamos desalentar y allí vamos con otra obra.

Sonia: La incomunicación me mata. El desencuentro en la comunicación. Me pone muy escéptica. Yo digo y sé que voy a ir a la marcha por el “Ni una menos”, pero hay una parte mía que siente que esto no alcanza. Esto me pasa en la vida. En el teatro no hay nada que me desaliente. Nada.  Recuerdo hace diez años, estaba más frustrada con esto de que por ahí no me llamaban para trabajar o me llamaba gente cuyas propuestas no me interesaban tanto. Igual decidí hacer. Cuando entrás en el hacer no hay manera de que no te enamores. Una vez que estoy en un proyecto nada me desalienta. Además, el teatro tiene la cosa colectiva, que es alucinante.

Claudia: Sonia es la más luchadora del grupo, nosotros acompañamos. Somos cuatro. Dos mujeres y dos varones. Como actores, cuando estamos en el proyecto, uno se relaja y se dedica a actuar.

Sonia: Me parece que eso es lo lindo del grupo, que cada uno hace lo que puede. Y todo suma. El objetivo siempre es claro.

Claudia: Es cierto, pero la actitud tuya es lo que hace que nosotros nos entusiasmemos y te sigamos.

(*) Todos los subtítulos corresponden a fragmentos de la obra “Casi un feliz encuentro”, de Griselda Gambaro.

 

Sonia Novello,  Claudia Mac Auliffe y Gabriela Stoppelman.
Sonia Novello, Claudia Mac Auliffe y Gabriela Stoppelman.

 

 

 




MÁSCARAS AL DESNUDO

El desaliento: entrevista al actor Norberto Gonzalo

Entrevista: Julieta Strasberg, Gabriela Stoppelman

Edición: Julieta Strasberg, Gabriela Stoppleman

Fotografías y pinturas: Julieta Strasberg

Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

 “¡Qué fácil parece todo para este! Claro, detrás de este disfraz debe ser sencillo decir todo eso y tener además la capacidad y la hipocresía necesaria para desdecirse permanentemente, según convenga, y ejercer con naturalidad el famoso “miente que algo queda…” El pescado sin vender, Norberto Gonzalo.

Las máscaras. Óleo sobre tela. Pintura de Julieta Strasberg

Un día te levantás con la cara llena de marcas de la noche. De una comisura penden dos migas ácidas: vienen del pan fresco, ese del último sueño antes del amanecer. Sobre una mejilla hay una estela de la infancia, un rubor muy oscuro que entremezcla vigilias y ausencias. La frente… ¡ah, la frente ya es más complicada! Ahí se cuela todo un texto que no se deja leer entre tanta línea. Cuando estás por  animarte a un sentido, te clava un silencio. Si intentás leer simple, te devuelve los complicados pliegues de una arruga. Y si probás lo escarpado, de un empujón, te manda al llano. De todas maneras, eso no es nada comparado con las huellas en la mirada. De ahí se derrama una luz mestiza que se va a tomar todo el día para impregnarte el cuerpo entero. Es una luz llena de nombres y biografías. Y viene de a retazos: un suspiro de un maestro, una sentencia muy padre, un abrazo que nunca terminó por completarse, el filo de la muerte a cada rato, la alegría de la comunidad con los otros.

Y otra vez el filo, más filos.

Pero también llega la voz que se proyecta más lejos que tu mirada. Ella taladra a la máscara sin sueño y a su pretensión de estrecharte contra tu cuerpo. Aúlla a una luna en pleno día. Se reserva un breve aliento para que lo no dicho funde la promesa. Pone el cuerpo a perder contornos a mitad del día, atardece entre ilusiones….

Y, entonces, la noche.

Esa, tan glamorosa y con la cara llena de marcas del día: las cuentas impagas, el viento de la rutina que erosiona, el amigo que no sale a flote, los desencuentros y los empujones, la sonrisa que despejó un poco la línea recta, la palabra nacida entre dos hastíos y vuelta frase, voz, luz derramada por todo el cuerpo. Máscaras hacia lo oscuro para iluminar las sombras. Apuesta diaria a una escena que descorra el velo. Qué importa si el pescado queda aún sin vender.

Se abre el telón: actúa, escribe y dirige Norberto Gonzalo.  


NI CIEGOS, NI SORDOS, NI MUDOS

El teatro se llama “La máscara” y en la obra hay muchas máscaras, pero parecen tener la función opuesta al sentido común: más que ocultar, ellas parecen desocultar.

Sí. Yo creo que en todo el teatro hay bastante de eso. La máscara, en la tragedia y en la comedia. En la práctica, en el recorrido, en el tránsito de lo que es el teatro la máscara se ha convertido en una cosa muy elástica. Hay muchas que son para ocultar y otras para transformar, para mostrar más de lo que se ha mostrado. Esta es la evolución en el acto expresivo.

La máscara: el yo y el ello. Acrílico sobre tela. Pintura: Julieta Strasberg

¿Entonces vos decís que hay un teatro ocultador?

Sin dudas. Como hay una historia ocultadora, como hay una pedagogía ocultadora. Esto es la lucha permanente. Ahora le dicen grieta por usar un eufemismo que confronta dos proyectos políticos, históricos y sociales diferentes. Ellos abusan de la grieta para hablar de división. Pero vuelvo al comienzo de la pregunta: sí, reafirmo, hay un teatro ocultador. Un teatro del llamado “pasatista” o “comercialista” -que no es el comercial- que, en plena dictadura, se hacía para lavarle la cabeza a la gente y no hablar de lo que estaba sucediendo. Hubo y hay -afortunadamente- otro teatro. Sin hablar de “Teatro Abierto”, del cual tuve la suerte y el cagazo de participar. El primer “Teatro Abierto” del que participé, en el año 81, nos daba un miedo terrible porque sabíamos que te bajaban del colectivo con el libreto bajo el brazo, pero como eran burros, no sabían qué estabas haciendo. Zafabas. Se creían que era una clase. Pero sin irnos tan al fondo, podemos hablar de los años siguientes, o de cierto ablandamiento de algunas formas de la censura. Ahí aparece Carlitos Gorostiza, el primer Secretario de Cultura de la democracia, con Alfonsín. Un tipo radical, que nunca renunció a sus orígenes y creencias, pero participó con Tito Cossa, Chacho Dragún y con los grandes movimientistas de esa época. Hace poco, nosotros reestrenamos “Los hermanos queridos”, escrita en plena dictadura, con la censura en su esplendor -si se le puede llamar así-. Y a Goro se le ocurrió hablar de lo que no se podía hablar y lo ubicó en la incomunicación entre dos hermanos. Allí, las dos familias están en escena permanentemente y nunca se ven ni se oyen.

OFICIO DE SILENCIO

¡Sean entonces, bienvenidos a mi espacio de maldad y, locura, donde no reina el silencio…! ¡Soy un demente, y en más de una ocasión han recomendado no discutir con un demente…! ¡Nunca…! Sobre todo a algunos estúpidos…”

EL PESCADO SIN VENDER.NORBERTO GONZALO.FOTOGRAFÍA JULIETA STRASBERG.9.9.16
Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

 

El silencio es un elemento muy recurrente en esta obra. Hablando de desocultar, ¿qué valor  le das al silencio para producir sentido? No me refiero al de acallamiento.

El único silencio en el que creo es el inductivo, el que te motiva al pensamiento. Me acuerdo de “El silencio” de Bergman y de “Los silencios” de Pedro Vargas, una obra muy tradicional y hasta casi reaccionaria del viejo teatro rioplatense. Ese teatro gauchesco, que recuperaba todas las raíces y a veces se caía para la derecha en eso de recuperar los espacios. 

¿Es inductivo lo poético?

Yo me refiero a inductivo, en el sentido de tirar un centro y esperar a ver si alguien cabecea, la baja con el pecho, le pega como viene o espera a ver si la agarra otro.

EL PESCADO SIN VENDER.NORBERTO GONZALO.FOTOGRAFÍA JULIETA STRASBERG.9.9.16 Norberto Gonzalo en "El pescado sin vender". Año 2016 Fotografía: Julieta Strasberg
Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

SIN META FIJA

Volviendo a “El pescado sin vender”, hay un personaje que comienza el espectáculo disfrazado del Guasón y, debajo de ese disfraz, le es más fácil decir y pensar. Tiene la capacidad y la hipocresía para desdecirse si es necesario. “No habrá silencio, no habrá verdad”, lanza. Se refiere a alguien que maneja las temáticas, los medios. El asunto de inocular ese pequeño veneno en mini dosis. Ese personaje es un charlatán. “Si se quedan a mi lado un tiempo, no reconocerían el sonido de la propia voz. O, por el contrario, me copiarían y se convertirían en charlatanes.”

También el personaje habla de su estado y lo llama demencia.

Él se autotitula “un demente”. “El pescado…”  comienza con el Guasón enfrentado con Batman. Este tipo dice cosas que adapté de una obra de Shakespeare, de una escena de “Vida y muerte del Rey Juan”, donde el personaje dice cosas como estas. Podría decirlo enfrentado a la injusticia: Si es cierto que cada hombre tiene que representar su papel, déjenme a mí el del bufón. Que las arrugas vengan por la risa y la alegría. Que se me caliente el hígado con vino, antes que mi corazón se enfríe con los gemidos de la muerte. ¿Por qué un hombre con sangre ardiente en las venas, debe parecer la estatua de alabastro de su abuelo…? ¿Por qué tiene que dormir, si está despierto…? ¿O llenarse de bilis, por ser malhumorado…? Voy a decirles algo: hay una clase de hombres, cuyos rostros son como el agua de las fuentes, que brota y enseguida se oculta… Hacen gala de un mutismo obstinado, para darse aires de sabiduría, de gravedad y pensamientos profundos, como si quisieran decir: “yo soy el señor oráculo y cuando abra la boca que ni los perros ladren…” ¡Ah…! Conozco bien a esos que sólo tienen fama de sabios, porque no dicen nada… ¡Estoy seguro de que si hablaran, lastimarían los oídos de quien los escuchara y llamaría necia a la humanidad…!”

EL PESCADO SIN VENDER.NORBERTO GONZALO.FOTOGRAFÍA JULIETA STRASBERG.9.9.16 (67)
Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. En la pantalla se proyecta a Anthony Hopkins, en una escena de “El silencio de los corderos”. Año 2016


No lo digas. Óleo sobre tela. Pintura: Julieta Strasberg
No lo digas. Óleo sobre tela. Pintura: Julieta Strasberg

Ese es el silencio actuado. Y el silencio en la escritura, ¿cómo funciona? Ese silencio que se da entre las palabras…

Lo asumo: no me considero un escritor ni un autor. Soy un actor. Cuando canto digo, soy un actor que canta. Y acá soy un actor que a veces escribe. En el espectáculo hay una invasión de autores que, desde una pantalla, vienen a pedir explicaciones. No aparecen porque sí, sino porque yo me siento muy asustado respecto de ellos. Justamente “El pescado sin vender” lleva más de diez años de ideas nunca concretadas. Y ahora tampoco lo vendimos, lo ofrecimos. Los silencios en la escritura, en eso tienen bastante que ver los oficios. Yo creo bastante en los oficios. El autor, el escritor, el poeta, el comunicador que puede llevar a la escritura lo que piensa, lo que siente. Tiene que haber un oficio. Eso es parte de una gimnasia, de un aprendizaje, no es solo sentir y pensar: es poder transmitirlo.

Eso es central en tu obra. Tu personaje busca algo que lo exprese y que a su vez le importe a los otros. ¿En qué orden busca esas cosas?

EL PESCADO SIN VENDER.NORBERTO GONZALO.FOTOGRAFÍA JULIETA STRASBERG.9.9.16 Norberto Gonzalo en "El pescado sin vender". Año 2016 Fotografía: Julieta Strasberg
Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

Ese actor-personaje que está buscando escribir dice: “cosas que me expresen, seguro que hay miles, pero que le interese a la gente…”

¿Qué pasa si no le interesa a nadie? ¿Es válido igual?

Por supuesto. Empieza a ser válido desde vos. Volvemos a la génesis del actor: el actor parte de sí mismo, de una necesidad expresiva. Tiene que, conocer la técnica y las herramientas para cruzar el puente y hacer suyo todo lo que tiene que decir.

MANO A MANO Y DE PURO ATREVIDO

EL PESCADO SIN VENDER.NORBERTO GONZALO.FOTOGRAFÍA JULIETA STRASBERG.9.9.16 (26)
Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

¿Vos vincularías a eso que querés decir con lo indecible? Está muy presente en la obra. Es como si se actuara lo indecible.

Es un tema lo indecible. De eso soy consciente. Me parece que lo indecible tiene que ver con la falta de herramientas para comunicarlo, pero también puede partir de un prejuicio:¿ tengo que decir esto? A veces uno tiene un prejuicio: querer comunicar determinadas cosas que te expongan más de la cuenta. Siempre me parece que una pregunta induce más que una respuesta. Uno se retrae: ¿tengo que preguntar esto?, ¿tengo que preguntármelo?

El silencio es como aquello a decir y que, a la vez, no se puede decir. Ese es el silencio más grave. Lo que se reprime tiene una forma de decirse, pero ¿y el otro?

¿Hay algo que no se pueda decir?

"Desfile de extrañas figuras" dirigida por Norberto Gonzalo. En la foto: Marcela Fernández Señor y Ángel Rico
“Desfile de extrañas figuras” dirigida por Norberto Gonzalo. En la foto: Marcela Fernández Señor y Ángel Rico

Lo más importante no se puede decir. No porque no estemos habilitados, sino porque justamente de eso se hace arte hasta que se mueve. Vos aproximás el bochín, pero gol: nunca. Hablando de aproximaciones, vimos una desesperación de lenguajes en tu obra, algo que siempre desborda de toda búsqueda.

Hay una necesidad de acceso, me parece. Hablo de mí con total prudencia. Sí, hay una necesidad de acceder. Son necesidades de permisos también. Soy un fana de los Discépolo porque me parecen unos genios. Los dos. Tengo muy claro quién es uno y quién es el otro y he estudiado bastante sus enemistades, sus personalidades, sus rencores, sus diferencias y esto no intenta amigarlos, sino homenajear la parte que nos dejó cada uno. Yo quería tomarme cierto permiso de acceder a ellos, estar con ellos. Es como lo de Gardel. Una vez, yo elegí una obra que se llamó “Desfile de extrañas figuras”, donde Gardel es uno de los personajes. Fue una cosa hermosa. Es una historia que pudo haber acontecido entre Gardel y una vieja cancionista en sus finales. En eso, Gardel sale del cuadro -el famoso cuadro del jacket que está en la pizzería “Los Inmortales”- y tiene varias escenas con ella. Para mí fue un permiso eso, es una cosa tan tremenda con Gardel, como con Discépolo. Es un atrevimiento, palabra que uso varias veces en el espectáculo.

Al final, ¿no son como parientes? Uno tiene un vínculo de afección.

Es un derecho.

Claro, son más familia que algunas tías.

Es como con Perón, con Néstor, con Cristina.

¿Y con el enemigo también?

EL PESCADO SIN VENDER.NORBERTO GONZALO.FOTOGRAFÍA JULIETA STRASBERG.9.9.16 (31)
Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

Ahí es más dialéctico. Con el otro a veces te cuesta lograr cierta objetividad, la subjetividad te puede.

En una imagen Gardel sale del cuadro. A la inversa, en “El pescado…” vos te metés en una pantalla…

Está buena la referencia.

Salirse del marco.

Es bastante parecido.

 

UNA FOTO CON OLMEDO EN LA CALLE CORRIENTES

¿Qué te saca del espacio y del tiempo? Hay en tu obra varios elementos como enfantasmados…

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Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

Necesidades de vivir otras vidas, admiraciones, veneraciones. Varios críticos que escriben sobre “El pescado…” comienzan así: “…qué actor no quiso escribir su obra, qué actor no quiere tener su teatro…”, se lo vincula a una cierta afición, casi un berretín. Para mí es más grande que eso. Es como cuando te sacás una foto en el banco de la calle Corrientes con Olmedo. Y ahí está eso de viajar en el tiempo, en un tiempo inverosímil. ¿Fantasmas? Yo creo más en los espíritus que en los fantasmas. La palabra fantasma me recuerda a cuando era chico, que me enseñaron que los fantasmas son malos, te asustan. Los espíritus, no. Te acompañan, como cuando decís: “Acá está el espíritu de Tito Dumont, de Carlos Carella, o de Alfredo”. Esos son espíritus.

Fantasmas. Acrílico sobre tela. Pintura: Julieta Strasberg
Fantasmas. Acrílico sobre tela. Pintura: Julieta Strasberg

Son presentes y ausentes.

Esos espíritus son tipos que fueron de carne y hueso, se jugaron el lomo y el pellejo. Cuando les tocó irse, dejaron un camino ancho. Este lugar es una prueba. Se llama “La Máscara”, porque quisimos homenajear al teatro del mismo nombre de los años ’50. Allí, Gorostiza estrenó su primera obra. Junto a Ferrigno fundaron el teatro independiente. ¿Cómo le íbamos a poner otro nombre?

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Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

Cuando vos construís una voz, ¿convocas a esos espíritus?

Yo los siento bastante. No es con la intención de imitarlos o emularlos. Te pasa algo raro. Al actor, cuando piensa en la construcción del personaje, le aparece sin darse cuenta la voz. En mi caso, varios críticos de “El pescado…” comentan que es notable el cambio de voz. Yo no soy consciente de eso. Como intérprete no me propongo hacer determinada voz. Surge, aparece.

ME PONGO LA GORRA, ME PONGO EL CUERPO, ME VISTO DE TEXTO

Liliana Herrero dijo que la voz piensa.

Sí, estoy de acuerdo. Reafirmo: estoy totalmente de acuerdo. En el teatro no es solo el cuerpo el que piensa, la palabra es lo subsidiario. En el teatro hubo -creo- dos escuelas muy diferenciadas, cuando hablamos de los orígenes. De los viejos, siempre recordamos al gallego López Lagard, con su famosísimo dicho que algunos actores tenemos metido en la cabeza. Un periodista le pregunta: “¿Usted cómo hace para hacer Eddie Carbone en Panorama desde el puente y al rato hacer el Martín Fierro…¿Cómo hace?, ¿cómo lo construye?…”. El gallego lo miró fijo y le dijo: “yo me pongo la gorra y salgo”. Ese dicho a los actores nos quedó metido. Pasaron muchos años y muchos hemos afrontado la formación actoral desde el sentimiento, pero también desde la técnica.EL PESCADO SIN VENDER.NORBERTO GONZALO.FOTOGRAFÍA JULIETA STRASBERG.9.9.16 (43) EL PESCADO SIN VENDER.NORBERTO GONZALO.FOTOGRAFÍA JULIETA STRASBERG.9.9.16 (39)

Volvemos al oficio, ¿qué te da la técnica?

Eva Franco

La manera de encontrar las herramientas para que ese sentido y ese sentimiento puedan plasmarse en escena. De modo que las dos cosas son válidas. Ahora, esos tipos no estudiaban ninguna técnica. Tenían algo innato, un “talento” que no se preguntaba nada. Laburaban mucho, pero se preocupaban por cómo decir. Ellos partían de que el texto era sagrado. Lo es aún, pero en esa época el texto era todo. Sin embargo, al texto hay que ponerle el cuerpo. Justamente, cuando  apareció la escuela de las acciones físicas, Stanislavski, Hedy Crilla y todos sus discípulos…Alezzo, Fernández, los grandes formadores de actores, apareció esa teoría y esa práctica de la técnica. No te fabrican las condiciones o el talento, pero te lleva a confluir en lo mismo que estos tipos tenían sin proponérselo. A mí me tocó hacer en teatro “Las de Barranco” con una de las mejores actrices que dio este país: Eva Franco. Hice un papel chiquito, ella era la protagonista. Ella era chiquita y se paraba con su vestido a hacer la que considero una de las mejores obras de la dramaturgia rioplatense. “Las de Barranco”, la historia de una viuda que manejaba el poder con su familia, con sus hijas, desde su casa, de una tiranía poco común. Una crítica al poder como pocas veces se ha hecho. Eva se paraba en el escenario, chiquita como era, y no existía más nada. Nunca estudió teatro como entendemos nosotros hoy ir a estudiar teatro. Era innata, lo decía con una autoridad, con una dulzura, con una nobleza, que uno no podía menos que mirarla y tararse, porque era algo impresionante. El tiempo permitió que estas dos escuelas se fusionaran. Por eso hay actores como Alfredo Alcón, Carlos Carella, Onofre Lobero…Onofre inauguró este teatro haciendo “Mateo”, de Armando Discépolo. Hacía a Miguel, era impagable haciendo ese tano. EL PESCADO SIN VENDER.NORBERTO GONZALO.FOTOGRAFÍA JULIETA STRASBERG.9.9.16 (132)Todos estos tipos nos dejaron un camino muy ancho de hechos y de herencias, y el desafío de mejorar eso que ellos tenían innatamente, que no se propusieron mejorar. Oscar Ferrigno, uno de los fundadores de “La Máscara”  era un teatrero que fundó diez teatros, una familia de teatristas. Y fue uno de los tipos que empezó a pensar que todo ese genio con el que uno podía nacer se podía perfeccionar. Entonces, este cariño, este afecto que a lo mejor yo exagero por estos tipos, me obliga a ser un agradecido. Parte de esto es lo que quise poner en el espectáculo.

PARA NO MORIR CADA VEZ

¿Qué es un actor berreta?

La cantante de ópera, la máscara y lo otro. Acrílico sobre tela. Pintura: Julieta Strasberg
La cantante de ópera, la máscara y lo otro. Acrílico sobre tela. Pintura: Julieta Strasberg

Yo creo que es un actor que no siente, que no piensa: que miente. Hay algunos mentirosos con mucha habilidad. La técnica ayuda mucho.

¿Cómo se da cuenta un espectador?

Es probable que no se dé cuenta. Si se da cuenta el espectador es porque le encontró algún resquicio, alguna hendija. Puede pasar que no se note. Es muy importante aprender y recordar lo que se aprendió, pero si no se comprueba sanguíneamente se diluye. A mí me parece que el teatro tiene esa capacidad de transmitir y de radiografiar todo esto, en algún momento esa mentira aparece. Si algo de bueno tiene la técnica en el trabajo actoral es que permite esa pequeña preservación para no morirse en escena. Si vos hacés “Hamlet”, “Crimen y Castigo”, algo tenés que preservarte, para no morir cada vez. El genio de la música te lleva de la cabeza al corazón y del corazón a la cabeza.

CADENCIAS DE LA SANGRE

EL PESCADO SIN VENDER.NORBERTO GONZALO.FOTOGRAFÍA JULIETA STRASBERG.9.9.16 (85)
Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

¿Cuál es la importancia de los ritmos, de la palabra, de la respiración, del cuerpo?

Yo no creo en el ritmo. Es algo más directo: creo en las cadencias. La música, el lenguaje, el texto tienen una cadencia. En “El Pescado…” el actor, despojado del maquillaje frente al espejo dice: “Tenés que adueñarte de ese texto, hacerlo y decirlo bien, hacerlo tuyo”. Y entonces se acuerda de qué le enseñaron los maestros “hacerlo lógico, coherente y real”. Flor Steinberg, mi gran maestra, decía siempre: “lógico, coherente y real, si una de esas tres cosas no está en lo que estamos haciendo, en algo rengueamos. Si es lógico, coherente y real, se siente, se expresa y se potencia cuando llega al espectador”. Eso es una cadencia.

EL PESCADO SIN VENDER.NORBERTO GONZALO.FOTOGRAFÍA JULIETA STRASBERG.9.9.16 (82)
Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

¿Real?

Verosímil. Como en “El pescado…” cuando actúa el granadero… me pregunto: ¿como actuaría ese granadero? ¿Es lógico, es coherente y es real?

¿Y lo poético?

Y lo poético lo pienso como ese exceso de sentido que da belleza. Lo poético actúa en toda nuestra vida, no solamente en el teatro. Apunta a decir cada vez mejor algo que se puede expresar mal si no es poético. A defender el lenguaje con sangre. Por eso Shakespeare, por eso Discépolo.

EL PESCADO SIN VENDER.NORBERTO GONZALO.FOTOGRAFÍA JULIETA STRASBERG.9.9.16 (78)
Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

¿Nunca escribiste?

Sí, tengo algunos que son míos, tengo cuentos.

LA SEDUCCIÓN DEL PISO RESBALADIIZO

¿Y qué podes decir en la narrativa que no puedas decir en el teatro? Ayer un integrante de la banda “Mano a Mano”, Fabio Pérez, decía: “cuando me subo al escenario con la guitarra, ese es mi paisaje”. ¿Vos podrías decir eso del teatro?

Si, por supuesto. Hay una libertad que solo se da en el escenario.

¿Y en la escritura?

Me siento más desvalido. Con el paisaje de la escritura no estoy tan cómodo.

Tal vez sea porque no lo practicas tanto. ¿Pero el deseo está?

Sí, la expectativa está. Son cuentos, historias que se me ocurren, con un fondo teatral, novelesco. Generalmente las escribo en primera persona, pero soy un aficionado y siento el piso resbaladizo.

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Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

Como en “El pescado…”, ¿estás actuando la obra ahora? Le preguntamos a Griselda Gambaro, ¿cuál es la diferencia en la actitud al escribir teatro y al escribir narrativa?

Es una de las más grandes de la dramaturgia de los últimos años. Lo que pasa es que tiene un compromiso temático con ciertos asuntos.

¿Qué podés decir en la prosa que no podés decir en la dramaturgia?, ¿cómo es la selección?

Debe ser que cuando escribís una historia, te da más para pensar que para actuar. Lo otro lo pienso desde el cuerpo. Lo pienso desde pisar ahí. El cuerpo es la palabra y dentro del cuerpo está lo que digo, lo que se dice y de donde viene lo que se dice.

AL DESALIENTO, NI JUSTICIA

Soledades. Óleo sobre tela. Pintura de Julieta Strasberg
Soledades. Óleo sobre tela. Pintura de Julieta Strasberg

Desalentarse es sacarte el aliento. Si te desalientan te enmudecen, te matan. ¿Hay cosas que te desalientan?

Me desalienta la injusticia, pero inmediatamente puteo, es casi un resorte que actúa como autodefensa. Hay cosas que me desalientan, en lo colectivo y lo personal. Una cosa es el obstáculo y otra el desaliento. Si admitiera la etimología de desaliento, me paralizaría totalmente, no me lo permito. Esta obra es, quizás, una resistencia al desaliento, la persistencia. Todo esto que se cuenta en esta obra también lo pensaba hace diez años, sentía cosas que restaban por hacer. Al mismo tiempo me daba cuenta de que no era solamente yo. Éramos muchos con asignaturas pendientes. En ese momento siempre pensé en mi vieja, que era muy refranera, era folclorista, tocaba la guitarra, cantaba, bailaba. Y vivió tocando la guitarra hasta los cien años. Uno de sus refranes era “El pescado sin vender…”. Eso quedó guardado en uno de los arcones de mis recuerdos y un día me dije: “… ¡qué título este!” A mí me disparan mucho los títulos y estos me llevan a los contenidos.

Pensaba en los retazos, en el desván de la memoria. Como decía Liliana herrero, que ella es medio cartonera.

Coincido, me dispara buscar las respuestas: “¿Cómo escribo eso?, ¿cómo cuento eso?”

Este espacio tuyo, “la Máscara”, parece la contracara del desaliento. Muchos actores fantasean con tener su teatro y muchos duran un año. Acá, vas para dieciséis, ¿cómo te animaste?

La fuente de la vida. Acrílico sobre tela. Pintura: Julieta Strasberg
La fuente de la vida. Acrílico sobre tela. Pintura: Julieta Strasberg

La expectativa de disponer, de compartir un espacio, siempre partió en mí de lo colectivo. No hay espectáculos unipersonales. Pueden participar un actor o diez, pero siempre es colectivo. Entonces surgió la posibilidad de un espacio. Esto existía, es parte del edificio de Suteba, de los docentes de la Provincia de Buenos Aires. Estábamos compartiendo la movida de la Carpa Blanca, como muchos actores y artistas, y los compañeros docentes me invitaron a ver el espacio. ¿Por qué yo?, me pregunté.

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Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

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Norberto Gonzalo en “El pescado sin vender”. Año 2016

Ellos habían ideado el espacio para que un compañero, alguna vez, le diera forma de teatro. El lugar estaba vacío, tenía solamente las butacas. Y mi compañera me secundó, como otra forma del amor, aliados en la locura. Y así fue, allí está el espacio, me dijeron: “Armalo”.  Después les dije: “Bueno, muchachos, vamos a hacer esto, pero con una sola condición, quiero pagarles un alquiler y quiero armar un teatro independiente”. “La Máscara” tiene un perfil propio, nadie te dice cómo hacer. Es la clave de la relación bárbara que tenemos con los compañeros de Suteba. Colaboran, apoyan, hay varias movidas como “Cultura Unida”. Los clubes de barrio nos hemos juntado en un espacio más abarcativo. Allí se están gestionando algunas movidas, como la que encabeza el Diputado Cabandié, por una tarifa cultural. Un teatro depende de la luz, es una cosa elemental, como un pulmotor depende de la luz.  Esto nació como un espacio de resistencia en el año 2000 homenajeando a “La Máscara” a “Teatro Abierto”. A algunos los quemaron como el “Picadero”, en pleno “Teatro Abierto” y hace muy poco tiempo, en el 2015 en el CCK, también tuvimos que salir a la calle con el vestuario puesto. Estos son espacios de resistencia y no tienen que dejar de serlo. Hay algunos compañeros que creen que la palabra resistencia se tiene que usar en otro estado social. Yo creo que resistir es poner lo mejor de uno al servicio de un objetivo. Puede ser más fuerte la resistencia o más leve, pero resistir es importante. Se apropiaron de nuestra terminología, de nuestro símbolo. Tenemos mucho para revisar y empiezo por mí. 

 

 




LO CAVADO Y LO PLANTADO

El Desaliento: Entrevista a Ignacio Copani

Entrevista: Julieta Strasberg, Alicia Lapidus, Gabriela Stoppelman, Víctor Dupont.

Fotografía: Santiago Resnik.

Edición: Gabriela Stoppelman, Víctor Dupont

Español era mi abuelo, de Castilla,/de una villa en la Provincia de León,/cuántas veces cabalgando en su rodilla/de ese pueblo maravillas me contó/Español era mi abuelo y su tarea/picar piedra en la cantera de Tandil,/con mi abuela que lavaba para afuera,/fugitivos de la guerra civil/Y yo estoy aquí, tengo mucho más/de lo que soñaron casi un siglo atrás,/míreme las manos, ni una sola llaga/pero falta algo que a ellos les sobraba./Italiano mi otro abuelo, de Sicilia,/de la aldea más cerquita del volcán,/donde patria era sólo tu familia/y la espalda se partían por un pan./Italiano mi otro abuelo y el hermano/arrastrando por el sur de Santa Fe/como bueyes las correas de un arado/y mi abuela cocinando para cien”, (De “Abuelos”).

             Imaginemos una arqueología de la canción. Hurgar entre capas de la memoria para ver a qué altura se instaló una cadencia, en qué superficie se quedó a esperar un acorde, entre qué profundidades se ovilló un verso. Olvidemos por un instante la pregunta por el origen- ¿en el principio fue la música?, ¿en el principio fue la palabra?- y probemos una armonía que refunde comienzos. En los roperos y en los aparadores, hay huellas de abuelos y padres, de amigos y hermanos: ellos fueron raíz y siembra de algún fraseo que hoy lleva nuestra forma. Hay retazos mestizos de tierra recién venida entreverada con tierra recién inaugurada. Hay ritmos que mezclan muertos y aún no nacidos, sin pudores ni permisos. Hay una idea de servicio en cada  palada que agradece la mano tendida y devuelve, en el ímpetu con que cava, cada parcela del abrazo recibido. Se trata de una economía de los afectos, más cercana al don que al intercambio. Más cercana a un hombre que es tierra, pala y oficio. Que es árbol, altura y fondo, porque él pertenece a lo que canta. 

        Pero  no todo es armonía entre lo cavado y lo plantado. Hay tiempos de inversiones fatales, de árboles cabeza abajo, de huecos que ostentan su vacío en el aire, de hombres que cabalgan la mordaza y el ruido. Jinetes negros: militan el “descanto”. Así y todo, caminan sobre las propias minas de su ausencia, embrutecidos en su trote de “patrones”. En esa altura delirante, soslayan la condición que comparten con el hombre que maneja el arado, con la mujer que baldea el patio, con la reina de la belleza del paraíso más artificial de la tierra: soslayan- veleidad ingenua-su condición de inquilinos. Mientras ellos niegan, la vida se impone y se planta como este inquilinato cuya fecha de vencimiento coquetea entre nuestras audacias y nuestros miedos, sin marcar nunca el punto justo en el calendario. Y vamos igual, como si tal cosa, a pesar de la enfermedad y de las traiciones. De las soledades y los desamparos.  Y si, de tanto en tanto, logramos la profundidad y la altura de una simiente, el fruto de lo plantado es nuestro, aunque no lleve nuestro nombre. 

        Y se sabe. Igual el daño avanza, a puntazo limpio, en manos de quienes creen que la pala tiene dueño. Pero la canción también prepotea. Si ellos van con el ramplún, sólo queda esperar- activos- que su astucia implosione sobre su propia herramienta. Por nuestra parte, nosotros, meta pala. Al fondo y en la superficie, justo al puerto donde cada día llegan los abuelos a renovar la huella. Ahí, entre lo advenido y lo buscado, cavan las palabras y los acordes de Ignacio Copani.       

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Guitarra y guitarrista, Jesús Vazquez Rodríguez.

 

NÁUFRAGO QUE CANTA NO SE HUNDE DEL TODO

                           “Como una tabla en el naufragio/de qué sirven mis manos/ Sin ti…”

                              (“No puedo entender”)

                              “Soy un náufrago con una tabla en el mar./Aguantando…/como 

                               aquel boxeador que en las cuerdas está.” (Aguantando)

Nosotros analizamos todas tus letras desde el ´89 hasta acá…

Me hago cargo de todas, ¿eh? Tengo una canción que no es tan vieja y dice: “Que me pongan a arder en la hoguera de cada canción”.  Se trata de letras coyunturales.Yo tenía una: “Visite a la Unión Soviética antes que la Unión Soviética lo visite a usted”. No está más la Unión Soviética. No fue un error… Pero hay otra, “Tanguei” que, en la última estrofa hace un toque con el tema del SIDA. Decía: “Para cambiar de vida tenés que ser muy macho…” Una pelotudez propia de la ignorancia de alguien que pertenece a una masa que avanzó en muchas cosas. Yo pertenezco a una masa que hace quince años veía el humor más exitoso en Café Fashion y ahora lo ve en Capusotto.


Igual, fuimos por otro lado. Buscamos las recurrencias temáticas: por ejemplo, encontramos que se repite bastante la figura del naufragio. “Soy un náufrago con una tabla en el mar / colgado de la cornisa / y muriendo de risa”.

Sí. Es más: en muchas canciones de amor está. Algunas cosas pueden tener que ver con el carácter. El  mío es muy parecido al de mi viejo, que era un tano con su humor ácido y lleno de pesimismo. Yo tuve una infancia muy contenida y sin ningún peligro de naufragio. No se separaron mis viejos… Para mí, era muy común irme a la casa del tío, una familia muy grande y unida. Tuve que irme al exilio muy joven, a los 19 años. Pero no la pasé mal en el exilio, era la vida que me había tocado y la vivía con la energía de un pibe. Empecé a formarme como persona, como hombre.

¿Y no hubo naufragio ahí?

No. Pienso ahora…por ejemplo, en las canciones de amor, el naufragio  era más imaginado o visto a través de otras experiencias,  la de mis hermanos. Soy el único que no se separó de mi familia. Si en alguna canción decía, “me voy”, en verdad, me iba al supermercado. Tengo una vida muy tranquila. Estoy con mi mujer desde los 21 años, tengo 56.

Cuando sea presidenta, eso va a estar prohibido, por lo menos estará la opción de autodisolución del vínculo cada cinco años…

Hubo alguna crisis cuando empecé a ser más conocido. Pero nunca nos separamos.

Entonces escuchás. Estás atento a los relatos…

Sí. Y tengo mucha imaginación. Sobre todo en relación a las cuestiones de pareja. No me pasan muchas cosas. O si me pasan no son muy conmovedoras. Además soy muy pudoroso. Creo que no hay erotismo en mis canciones… A ver, cuando Luis Miguel agarra el micrófono así,  y canta… él lo cree. Yo no lo creo. Mirá, la frase con la que más me reclamaron era “cantale al amor”. Lo más próximo  es un disco, “Me salva tu amor”, que fue en una época turbulenta con mi mujer. Pero usé mucho la imaginación también. He visto, por ejemplo, a mi hermano tirado como un trapo cuando se había separado. Yo era fantasioso. Y también recordaba una chica que conocí a los 17 años, cuando me peleaba con ella. De esa época eran las primeras canciones. Pero no noto en mi vida lo del naufragio.

No tiene por qué ser autobiográfico, Dostoievski no andaba matando viejas. Sin embargo, en tus letras aparece el  “estar en el borde”, “el borde” “el abismo”.

Conmigo conviven esas cosas. Lo siento con mis hijas y con mis nietos. Tuve una hija que vivió en París y otra, en Cuba. Y creí que no iban a volver. Pero no pasó: volvieron y viven las dos a una cuadra.

Un padre judío…

Viven a una cuadra porque nunca aceptaron hacer una losa y vivir acá arriba. Ahora que pienso el naufragio lo siento con la política. Hay una canción, “Compañero”, que trata de hablarle al compañero que transitó caminos parecidos y andaba medio anti-proyecto. La frase era “si siguen tirando de la cuerda no va a haber nada”. En lo político siempre tuve la sensación de fragilidad, y no me equivoqué. Por un traspié, por algo casi intrascendente como una elección, puede cambiar al país. Una elección no convalida una democracia, es una cosita más. Y se puede decidir por un hecho fortuito: una denuncia de Lanata, un impacto de marketing, un accidente o una torpeza de un candidato. Aznar tenía ganada una elección y, por una torpeza en sus dichos con lo de Atocha, se le desvió el resultado. Pasa constantemente. Y los movimientos neoliberales (es muy friendly llamarlos así: no tienen nada que ver con la libertad y lo que plantean no es nuevo) necesitan de la alternancia, necesitan  que metan, en sus disfraces, obediencia. Si te ponen el disfraz de pantera rosa, tenés que hacer el pasito de pantera rosa; si te ponen el de hombre araña, te tenés que colgar. Entonces, ellos no precisan liderazgos: al contrario. Para ellos, conceptualmente, Aldo Rico podría ser lo mismo que Chávez. Pero los movimientos populares o progresistas necesitan liderazgos fuertes. La verdad, no me lo imagino a Fidel preguntando qué votan todos, si el Che va para el sur… Eso lo digo en cuanto a las internas. Y, con las elecciones, bueno, hay que bancársela, por ahora uno no tiene otra opción.

copnai5Hay que revisar los fundamentos de la democracia.

Por diez años de exclusión social, necesitás treinta para paliarlo. Entonces, nunca vamos a llegar. Hay un poder planetario que trabaja en ese sentido. Y en todo esto me siento, siempre, en la cornisa.

MAR ADENTRO

                               “(…) que entre tanto desaliento, vos/Sos lo único que queda.”(Serenata)

El tema de nuestro número es el desaliento. ¿Alguna vez te sentiste desalentado?

Totalmente. Además, yo practico una carrera en la que vas de la mano de la desazón todo el tiempo. Lo que vos querés ofrecer  es indivisible de tu persona. Mi hermano tiene una fábrica de galletitas y, si el del supermercado le dice que no, no hay mayores problemas. En mi laburo, estás en ese casting eterno, permanente, con la vocación de querer agradar.

Si nadie te escuchara, si no tuvieras público, ¿igual compondrías canciones?

No sé. Pero te decía que, en ese camino, la desilusión es constante. A mí me rechazaron todas las compañías importantes: RCA, Sony. Todas las que tienen sellos, grandes o chicos, todas me han echado. Los productores son expertos en desaliento. Yo viví muchas veces esto de ir a presentarme, dar una prueba con mi guitarra. Iba a las oficinas y me rechazaban.

Para nosotros, los escritores, que te publiquen o no viene después. La necesidad de expresar algo y su circulación son dos cosas distintas…

Cuando empecé a hacer estas pruebas fue porque la familia y el barrio me quedaban chicos. Sentía que  mi sueño, mi vocación,  era ser como Sandro. Más tarde conocí otros artistas y encontré otra medida. Igual, sólo en las películas está el buscador de talentos. El camino está lleno de fracasos. Por cada rechazo, sentía una enorme dificultad. A veces me pregunto por qué no me daban esa oportunidad. A ver, ¿por qué uno le exige a Arjona algo que no le exigiría a Cristian Castro? Porque sabemos que Arjona, en alguna canción, maneja más verbos que otro que  sólo canta por guita. Pero, después, desbarranca. Desbarranca en la búsqueda de la guita. Muchos tuvimos canciones que nos sirvieron de llave. La primera canción de Chico Buarque es “La banda”. Hay una canción de Serrat que se llama “La la lá”. Y acá se hacía un comercial de una máquina de tejer con esa canción.

¡QUÉ MANERAS SON ESAS!

“Yo prefiero que un artista verdadero, /sea espejo de su pueblo en cada escena, /que lo abrace y dance con los tiempos buenos/y se embarre en los pantanos de sus penas. /Que se aguante oír algún aplauso menos/antes de besar los pies de su Mecenas” (“Soneto para los artistas”).

¿Qué es para vos una canción berreta?

Hay muchas. Algunas canciones que, detrás de cierto hermetismo, no dicen nada. A veces hay canciones de rock nacional  muy berretas… Pero, por ejemplo, “My way” es una canción berreta. Al margen de la fuerza que puede darle un intérprete como Sinatra… Casi todos, cuando no están preparados y tienen cero tamiz, se desgañitan para cantar “A mi manera”: el himno de la meritocracia. Una posición ideológica recontra chota. Y esa canción está construida muy demagógicamente. Hay otra canción mucho mejor hecha llamada “Al modo mío”. Dice: “No creo que fui un santo y esto lo comprende Dios”.  Me  la banqué como pude, “al modo mío”. A ver… Todos nos la bancamos como pudimos. Aunque hay políticas, hay programas culturales donde se arman orquestas juveniles y hay otros que regalan a los chicos cajoncitos para lustrar botas. Vos tenés un destino distinto si un Estado te da una guitarra o la posibilidad de estudiar en una orquesta. Distinto, por supuesto, a si tenés un programa cultural donde reparten chumbos.

¿Lo berreta estaría más en el mensaje que en la composición?

Sí, porque la calidad y el peso de las músicas no los podés decidir en función del deseo del creador. Vos no podés criticar, en un taller literario, una letra de Serrat con la misma intención que una cumbia. En la música, en sí, no puedo abrir un juicio de valor. Porque hay cosas que son muy simples y son espectaculares. La introducción de “Let it be” se la puedo enseñar en cinco minutos a cualquiera y la toca. Y es una genialidad.

LA POESÍA: PUERTO SIN MAR                 

                                 “Puerto sin mar/ faro sin brillo/ giro al compás de tu recuerdo” (“Puerto sin mar”)

Lo simple no es lo vulgar…

Lo simple puede ser muy poético. “Yo no canto por vos, te canta la zamba” es muy poético. Yo no soy poeta y ni siquiera tengo momentos poéticos… Soy un letrista profesional.

¿Nunca se te dio por escribir poemas, por fuera de las canciones?

Mi problema es que tengo una hermana que se dedicó a hacer crítica de libros. Y ganó un premio de las Américas, en Cuba… Y después no escribió ningún otro. Entonces, el primer tamiz de lo que yo escribía era mi hermana y me mataba. De hecho, nos juntamos a escribir canciones y ella no pudo.

Vos tenés canciones narrativas, canciones teatrales, canciones reflexivas… Pero no encontramos canciones poemas, sí con elementos poéticos.

Yo creo que la poesía es un estado muy especial. No es lo académico ni lo técnico ni lo métrico….

Pero vos hablás de la poesía en tus letras.

La poesía es un territorio al que llegan algunos. Todos están como entes receptores para recibirlo…

Nosotros hablamos de lo poético.

Ese lugar de la poesía, en la música, lo habitan pocos. Lo habita Silvio, lo habita Serrat. Yo no puedo asociar lo sórdido a la poesía. Sí te digo que Sabina tiene momentos poéticos, pero le falta ternura para ser poético.

¿Y Artaud? Ni uno tierno tiene…

Bueno, también. A mí, el poeta que más me gusta es Boccanera y no tiene mucha ternura. Me gusta porque, además, tiene ritmo. Leo a León Felipe.

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Vladimir Kush, Last Tree.

 

¿Sos lector de poesía?

Cada vez menos, por culpa del twitter y del facebook. Por eso le agradezco tanto a Serrat, porque me hizo conocer a los poetas españoles…

Igual te preguntábamos por lo poético y no por la poesía.

Toda esta opinión la doy como ente receptor, porque ni siquiera sé dónde está el territorio de lo poético. Uno puede tener un momento de ingenio que, mezclado con belleza, le haga creer que es un momento poético. No es mi caso, lo cual no quita el oficio de trovador, de cantautor. Muchos poetas no pueden hacer una canción, no tanto por la música, sino porque sus letras no tienen ritmo…

No son poemas, pero existe un letrismo, que es un género. Escribir una letra tiene su cosa singular. Igual que, para nosotros, la entrevista es un género literario… ¿Vos trabajás en enriquecer tu lenguaje? Se nota un cambio bastante importante a partir de las letras del 2004…

Yo incorporo las sílabas que voy conociendo. Es como un “Jenga”. Tengo palabras que las acomodo y, a veces, llego a alturas interesantes y, a veces, no. No hay algo que haya pasado en el 2004, más allá de lo político. Tengo mis hitos relacionados a cuando empecé a estudiar más. Por ejemplo, conocí al padre de Litto Nebbia y me cambió la manera de componer. En el piano es más fácil: podés cambiar una armonía y lo hacés sólo con un dedo. Por eso detesto a los que dicen “guitarrero”: con la guitarra tenés que crear un sonido y es difícil. En cambio, en el piano el sonido está adentro, en sus poleas, en sus martillos. El do en el piano es el do de Chopin. Ahora te doy la guitarra y ese do no lo podés sacar así nomás. Vos tenés que generar el sonido con habilidad física, de coordinación.

BALBUCEO DE ÁRBOL EN LA SIMIENTE

“Las cosas y la gente tienen forma, /no esperes convertirlas en tu gente y en tus cosas, /que giren en tu ronda.”(Las cosas y la gente)

¿Cómo se genera el sonido de las palabras en las canciones?

La mayoría de los cantautores agarramos el instrumento y balbuceamos. Después tenés una idea compulsiva y le das una forma. En mi caso, voy acopiando, escribo cosas en los  lugares donde me aburro: en el avión, en la sala de espera del médico…

¿Sos un recopilador de voces?

A ver, soy muy común y tengo un pensamiento muy parecido a un colectivo grande de personas. Pasa que también llevo un mí una habilidad para expresarlo… El elogio más sentido que me dan no es “qué bárbaro, tocas dos horas la guitarra”. El mayor elogio es “vos decís lo que yo siento”. A veces me da ganas de escuchar: “che, toca bastante bien…” ¡Hay que estar dos horas con la guitarra! Está mal que diga esto: pero yo toco mucho mejor de lo que suena en vivo. En vivo, tenés que ir a lo seguro. Cuando compongo, hago muy buenas variaciones y después lo tengo que tocar como Xuxa.

Liliana Herrero nos dijo que la voz piensa…

Nada.

¿Balbucea?

Puede ser. Pero cuando balbuceás, lo hacés con onomatopeyas rítmicas. Más en castellano… Y quizá le vayas a poner una letra que tenga las mismas vocales que balbuceaste. “Vas a ir al balcón”, balbuceaste. Y ya no vas a poder ponerle: “Vas a ir al atril”.

Pero así trabajan los poetas también.

Hay que tener en cuenta la música. Si no, todas las canciones serían León Felipe con Mozart. No es tan fácil. Ahora, el propio Serrat tiene algunos intentos fallidos con la poesía. Hay un segundo disco a Miguel Hernández, que no tiene los momentos del primero. El disco con Benedetti tiene altibajos. A ver, ¿quién soy yo para decir que tiene altibajos? No es tan alto en comparación a lo que hizo antes. Aparte, hay otra cosa: las canciones de Serrat no tienen la misma difusión de antes, lo mismo pasa con las de Silvio. Entonces, es más difícil. Ahora hay una maldad tan alta en los medios, esa intención de dejar sin voz a todo lo que tenga contenido. Yo lo cuento en mi recital…

LA PALA O EL RAMPLÚN

                           “Te lo debo/ tu dolor no es mi problema/ y tu pesadilla extrema/ es por exceso de sueños” (“Te lo debo”)

 

¿Son importantes esos conectores que usás en tus espectáculos?

Sí, si no me aburriría mucho. Siempre tengo la inseguridad de si estaré o no pontificando, eso no me gusta. Yo conozco compañeros cantautores muy buenos que no se permitieron el sentido del humor. Por eso no llegaron al pueblo. Yo siempre me metí con la cosa más coloquial y con el humor. Y, bueno, un poco te bajan el precio. A veces le preguntás a un colega y te dice: “Eh, Copani…”, bueno, pero escribite vos “Lo atamo´ con alambre”. Eso fue una apropiación de una frase del pueblo. La escuché diez mil veces y que ahora digan “como dice Copani”… no lo puedo creer. Mirá, si algo me salva del juicio, es que no escribo canciones con intención. Con las canciones de protesta nunca me pasa que me siento y digo: “bueno, a ver por qué protesto ahora”.  Sale. “Lo atamo´ con alambre”…me acuerdo que había llamado a un plomero, vivía en la calle Gascón y el tipo me había hecho un desastre. Y me encontré diciendo: “estoy podrido de que vengan y me aten las cosas con alambre”. Y he visto imágenes más feas y más chantas que la de atar con alambres. Cuando volvimos de Méjico, compramos una casita. Tenía que hacer un agujero en la pared para colgar un estante. Y viene uno del barrio, no era tan común que alguien anduviera con un taladro. Viene el tipo, con una herramienta que se llamaba el ramplún. Ya el nombre te dice que va a hacer un desastre. Es como un taladro manual, así como se ve en “Los tres chiflados”. Bueno, arremetió y pasó a la pared del otro lado. Fue una imagen increíble: qué separa a “este”… del ser humano. ¡La audacia! 

¿Cuál es el límite con eso de la fama? ¿Por qué ir a Mirtha? ¿Por qué ir a Susana?

Yo fui mil veces a Susana. Pero, cuando fui, no había dicho “el que mata tiene que morir…”

Pero era previsible que fuera a llegar ahí…

Está bien, tenés razón. Si uno canta para los demás no…

Pero, si el límite es Mirtha o Susana, si nadie fuera, Mirtha y Susana desaparecen…

No, el límite son los carapintadas que tenían su programa también y uno no iba. U otro tipo de  programas, donde vos te dabas cuenta que difundían algo nocivo.  Hoy en día no tengo interés en salir en los medios. Ni me interesa esa división que hacen en cantores tenores, contraltos y ultra k. Empecé mi vida antes que ellos y la sigo sin ellos. Cuando te quieren ensuciar, te ensucian. Pero antes no lo veía como algo ni peligroso ni tóxico, lo veía como difusión.  

LA SIEMBRA SIN FIN

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Pablo Picasso.

 

                   “Ay, ay, hay palabras que se deberían cambiar/ ay, ay, hay palabras/palabras para desarmar” (Hay palabras)

¿Vos reflexionás sobre el lenguaje?

Sí. Y creo que es una forma de los tiempos. Más  incluso que las modas, que lo visual y las estéticas…

Sos sensible a la moda. Criticás a los que usan el saco y la corbata…

 Eso de la moda,  con la política, es terrible. Y no es novedad lo de los neoliberales de ahora. Pasaba en la época de los carapintadas. Lo que es más intenso ahora es la moda que instalan los medios. Antes eras “zurdo”, ahora sos “golpista”, “corrupto”. Y, en toda esta saga, que viene desde la 125, se pasa de un término a otro. Antes, yo era un “anti-campo”. Ahora sos golpista, si vas a la marcha general.  Decirle a los artistas corruptos. Para mí, que insulten a Gieco o al Papa no lo puede lograr sólo un inconsciente colectivo. O que te hablen de López y Báez…

La canción de López y Báez es una genialidad.

Es una canción que no creo que grabe… Estará para los recitales. A mí, lo que en verdad me cuesta es una canción con cronología. Sí, es una canción que tiene gracia que esté siempre en construcción. Ofrecerla al público como si no estuviera terminada. No creo que la grabe. Siempre me gustó tener temas sin grabar en estudio

Porque tus canciones son cuentos, no relatos. Son circulares.

RAÍZ Y BROTE: LO DICHO Y LO VELADO.                     

              “Llevo en mis oídos/ todos los sonidos/ músicas del pueblo / sus silencios y sus ruidos” (“Llevo en mis oídos”)

Dijiste que no había erotismo en tus letras. Si definimos al erotismo como lo que muestra y oculta a la vez, en tus letras encontramos algo de eso, sobre todo lo que ocurre entre la palabra y el silencio…

copani1A mí hay cosas que me angustian. Hay árboles que me angustian.Una vez, agarrando cosas viejas de un campito que teníamos en el sur de Santa Fe, con mi hermano encontramos un arado. Estaba tirado en un galpón y lo llevamos como adorno para un jardín. Entre los dos lo llevábamos y pesaba como un piano, aun sin estar clavado en la tierra. Nos decíamos: ¿Te acordás cuando el Nano contaba que, con el tío José, tiraban del arado los mismos hombres? Los primeros tiempos no tenían para comprar un buey o un caballo… era muy duro. Esas cosas tenía mi abuelo español –una historia como cualquiera-  anarquista, un poco leído. Se tuvo que rajar de su pueblo y contaba esas historias de haber estado escondido en un pozo de agua,  de cuando lo querían matar los republicanos, los falangistas, todos… Y vino acá y se moría de hambre. Se fue a Tandil porque había laburo: picar piedras en la cantera. Vivían en la Tandilia, no en la ciudad, sino en el aislamiento en la sierra. Ahí nació mi vieja, en un rancho con piso de tierra. Yo tengo todo eso, muy intenso. Tengo el pasaporte español con el sello de nacionalidad recuperada, por los que se vinieron entre el ‘28 y el ‘38. Son pavadas, pero las atesoro. Conozco ese tema desde prácticamente todos los mostradores. Conozco el exilio político, el económico, conozco el nuestro y aparte conozco algo que me gusta de los viejos inmigrantes: el modo en cómo antes vivían la no meritocracia. Los viejos gringos- los tanos, los gallegos, los judíos-  le devolvían cosas colectivas al pueblo que les permitió progresar. Las parquizaciones de las plazas, las iglesias, los clubes. Todos los clubes de la línea de Santa Fe, de Buenos Aires- la zona núcleo sojera- nacen cuando empiezan a hacerse propietarios los gringos estos. Todos los clubes tienen más de cien años. Las sociedades mutuales, las de fomento, la Unione y Benevolenza tienen más de cien años. No hay un Deportivo Soja, un club más o menos como la gente que hayan hecho estos hijos de puta. Pero vuelvo a los pueblos: en los pueblos judíos en Santa Fe y Entre Ríos, hay muchas cosas muy interesantes que muestran la idea de que parte de su progreso debía ser devuelto.

La parte italiana de mi familia llega a Rosario, porque allí había una mutual, “La Unión Siciliana”. La misma sociedad existe en Chicago. A los tipos que iban para acá y para allá les daba más o menos lo mismo en esa época. Pero, en Estados Unidos, no te permiten comprar tierras si no sos del Commonwealth. Por eso los tanos no podían comprar campos. Entonces, laburaban en la construcción, o de gangsters o de lo que fuera. Acá no les convenía laburar de gangsters, porque tenían la  “Unión Siciliana”, que tenía guita, era poderosa y compraba los lotes que quedaron de cuando desarmaron las estancias inglesas. Entonces, te daban una parcela con un sistema como el leasing, vos ibas pagando el alquiler, hasta hacerte dueño. Por eso muchos de los chacareros del Grito de Alcorta  eran gringos, tanos. Vos pagabas un alquiler y lo que construías y lo que plantabas y cosechabas era tuyo. “Lo cavado y lo plantado” se llamaba. No eras esclavo. Ahora,  la inserción de las cooperativas es muy fuerte en toda esa zona. Justamente,  por esa simiente que hubo cuando se empezaron a juntar para comprar un tractor entre ocho, qué sé yo… Nosotros, los nietos, los deshonramos por completo. No te digo que ellos fueran buenos. Pero estos joden al Estado todo el tiempo. Biolcatti, por ejemplo, va al municipio para que le pasen la Champion para abovedar el camino. No dicen, “Bueno,  ya que me compro la cosechadora  de un millón de dólares, de paso me compro dos máquinas viales para mantener el camino.” Al revés. El tipo hizo un canal… ¡Se inundó San Pedro! No han dado nada. Los  inmigrantes de 1880, 1900 hasta la guerra, sí.

CON SACO Y CORBATA, NI SE CAVA NI SE PLANTA

               Somos pocos pero buenos/y gritamos siempre unidos:/El pueblo bien vestido/jamás será vencido.” (“Los cultos”)

 

Hay muchas letras que refieren a una crítica a lo culturoso, a los que usan la jerga para tapar el vacío. Pero, en el otro extremo, ¿no venimos medio pobres de lenguaje, con las mismas consigna y sin poder ofrecer algo más de este lado?, ¿no  hay una parálisis del lenguaje?, ¿un cierto berretismo que no permite ningún movimiento cultural porque no hay una revisión del lenguaje?

A mí no me gusta mucho hacer autocrítica. Se lucha contra un enemigo muy poderoso. Los mejores pensadores que tenemos nosotros son silenciados, eso pasó siempre. Cuando yo era pibe, te mostraban cómo el dueño de las palabras a Héctor Gagliardi, no a Jauretche. Nosotros mismos entramos en un gusto que nos imponen desde los medios. En nuestros propios programas de televisión, nos daba vergüenza poner música nuestra. Podíamos haber trabajado más con la palabra, pero había algunas puntas como que Forster estuviera a cargo del Instituto del Pensamiento Nacional. ¿Y qué se decía de Forster en los grandes medios? Que te iban a revisar el pensamiento. Eran –son- tan ignorantes e hijos de puta, que opinaban que él no iba para reinstalar qué había hecho Dorrego, sino para meterte en tu cabeza algo y controlarte el pensamiento.

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Pablo Picasso.

Más que antes, me refiero a ahora. Y no tanto a los pensadores sino a nosotros como ciudadanos. ¿No venimos medio pobres en todo eso?

Sí. Igual no lo asocio con las consignas. Si vas a un acto donde predominen los jóvenes, te vas a encontrar con veinte temas que no te los sabés. Son los mismos cantos de la cancha o de canciones que están de moda, digamos. Ahí no es por eso, pero en la construcción de la alternativa, claro que tiene que haber más palabras poderosas. Sin una pérdida de tiempo simplemente dialéctica. Sin embargo, sí hay una cosa que me aburre porque la hice cuarenta veces. Es, desde un estamento político, convocar gente de la cultura para hablar de cultura. Lo he hecho en la CTA, en las cosas de Derechos Humanos. Es una paja total. Eso no es la cultura. La cultura es el resultado, la consecuencia de lo que aportan distintas cosas. Vos aportás tu política, tu gestión y otro va a aportar su arte. Y, entre todas esas cosas, va a salir la cultura. No se puede hablar de “la” cultura porque es como hablar de la bandeja y no de qué  ponemos sobre la bandeja. Entre otras cosas allí están las artes.  Entonces, si creés que el arte es una herramienta piola para dejar huella de nuestra identidad, nuestro estilo, nuestro carácter y querés que eso pese dentro de nuestra cultura, bueno: entonces, dale más bola. Tendríamos que haber puesto muchos más centros culturales, tendríamos que haber sido mucho más hábiles para llevar mucho más a nuestros artistas al cara a cara con el pueblo. Tendríamos que haber buscado más intensamente entes emisores. A Mercedes Sosa… Si en algún acto querés una foto con diez mil personas y te sirve Soledad, bueno. Pero no pongas un programa en la TV Pública “Ecos de mi tierra” que no aporta nada. Los pocos minutos que podés tener para mostrar otra cosa utilizálos con inteligencia y con profundidad. Se lo he dicho a Tristán Bauer en la cara. Para mí es “Egos de mi tierra”…Pero no lo digo como un error. Todo eso iría pasando. Yo fui a un montón de Universidades, de las nuevas del Gran Buenos Aires y nunca cobré un mango. Nunca fui a dar una clase pero me gusta -sobre todo en las áreas cercanas a lo artístico- ir a hablar de gestión cultural. Hasta de cómo asociarse en SADAIC. Y tenían convocatoria esos encuentros y los pibes participaban con mucha alegría. Esa reflexión que hago sobre El Chavo del 8 comenzó en una charla. (¿Cuál es el programa más visto en toda la historia de la televisión de aire del caribe y América Latina? El Chavo. Nos reímos de un pibe pobre, que vive en un caño, en un barrio humilde.)

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Vladimir Kush, Forgotten Sunglasses.

 

En 2002 decías que el sujeto, por más que estuviera en la otra vereda, era igual a vos. ¿Eso cambió?

Sigo pensándolo así. Esto de la grieta no me cambió ese pensamiento. En una camada de diez perros uno muerde más que el otro porque algún gen de zorro debe tener, ponele. Y a veces hermanos con la misma crianza, al margen del libre albedrío, son muy distintos y uno no puede entender.

¿Sos cristiano?

Sí, católico. Vuelvo a lo anterior. Yo lo entiendo como compañero de viaje al ciudadano y me da mucha tristeza en qué lo convierten. Me parece que se rebajan tanto cuando hacen algunas críticas (“¡Escribile a López!”). Me dan ganas de decirle: “No me digas más nada, no te rebajes. Ya me di cuenta que ya te inoculó un vampiro: No te rebajes más porque me duele.” Es bastante proporcional la agresividad de las puteadas en las redes con las faltas de ortografía. Cuanto más hijos de puta son, peor escriben. Y si le hacés la observación, se enojan más y terminan normalmente sacados. Es una cosa que me da lástima.

 

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Vladimir Kush, Always Together.

 

 

 

 




AVE AFERRADA A UNA RAMA

El Desaliento: Entrevista a Ana María Bovo.

Entrevista: Alicia Lapidus, Isabel D’ Amico, Gabriela Stoppelman.

Edición: Alicia Lapidus, Gabriela Stoppelman

 

“(…) Era completamente distinto. Le gbobo4ustaba recordar, le gustaba contar su vida, como si de este modo pudiera revivirla una y otra vez. Su narración me atrapó con fuerza, como las garras de un ave aferran una rama.” (Yu Hua)

 

“Siempre me pareció que contar cuentos es también una especie de malabarismo (…). Mantienes en el aire un montón de relatos diferentes y los haces girar, y si eres bueno no se te cae ninguno. O sea que hacer juegos malabares puede ser un poco como contar cuentos.” (Salman Rushdie)

 

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Para empezar a crear un mundo se necesita un sobrevuelo de pájaro y no mucho más. Nada muy ostentoso: ni demasiada escenografía, ni derroches de acrobacias.  Eso sí, tiene que ser un pájaro de buen pico -para que no le tiemble el canto- y con garras de firme prensión, así no le erra a la rama donde posar su melodía. La diosa egipcia Isis tuvo que transformarse en milano y revolotear sobre el cuerpo de su marido Osiris, para devolverle la vida. Lo que logró no fue una gran cosa, pero dado lo delicado de su situación previa, podríamos decir que su aleteo resultó un éxito. Su cuñado, Seth, había liquidado a Osiris y dispersado los pedacitos de su cuerpo entre las distintas regiones de Egipto. Ahí fue Isis, a buscar parte por parte, hasta que las tuvo todas y las hizo momia. Todas, todas no las encontró. Faltaba el pene. Pero eso es un detalle. Aparte, a Osiris un poco las costuras se le notaban, así que, desde entonces, quedó como rey de las tinieblas e Isis, como la gran maga, madre arquetípica, diosa dadora de vida. 

Ahora, en cuestión de pájaros poderosos, los egipcios no se quedaron ahí. El Ibis era otra ave sagrada. No sólo resultaba benefactora por devorarse a las serpientes venenosas, sino que solía introducir su largo pico lleno de agua en su ano para limpiarlo. De ese modo, el Ibis fue el descubridor del enema. Las prácticas de lavativas les encantaban a los egipcbobo2ios. Faraones o esclavos, nadie se privaba. Era una cuestión de salud y de purificación. Autores modernos piensan que el Ibis, lejos de hacerse enemas con el pico, colectaba una sustancia grasosa con la que se arreglaban el plumaje. Mientras se hacía la coqueta, entonces -siempre sin mucho espamento- el ave localizaba a sus víctimas y limpiaba al reino de todos sus venenos.

Cuentan que, un día, una mujer en forma de milano sobrevolaba un escenario. Ponele: un sótano de una librería de viejo. Un fondo de libros, una silla, una mesa, nada muy suntuoso. Cada libro de cada estantería se veía como una rama donde era posible posarse. El milano practicaba modestas coreografías de vuelo para elegir aquellos ejemplares donde una historia corría riesgo de extinción, donde un abandono resultaba insoportable. El ave extendía sus garras para aferrar a aquellos relatos y regresarlos del cono de silencio, donde los habían relegado las prácticas venenosas del mercado y del olvido. El ibis andaba cerca, sin dejarse ver demasiado. Disuelto su vuelo en un cono de luz o en una esquina de la sombra, purgaba el espacio de tanto veneno cotidiano. La voz, entonces, se hacía cuerpo: contra todas las toxinas de los días, fuertemente aferrada a la rama del deseo, Ana María Bovo, en escena.    

 Ana

 

CAPRICHOS DEL RÍO

Tu espectáculo funda una vivencia del tiempo distinta. ¿Hay algo de eso, en la narración oral en general?

Hitchcock y Truffau, en una entrevista hablaban de las diferencias entre las leyes de la vida y las leyes del espectáculo. Las leyes de la vida son más duras, más difíciles. El espectáculo puede armar caprichosamente sus propias leyes y levantar los lugares del desaliento. Una buena obra es la que puede equilibrar ambas cosas. Algo de Bradbury, creo, habla de una búsqueda, donde pasás por lugares opacos, no encontrás nada, hasta que -en el tránsito o en una distracción o en una sucesión- das con la chispa que te lleva a un momento iluminado. Eso es lo singular. Lo singular del tiempo es estar habitando simultáneamente el escenario, el lugar por convención del encuentro entre el espectador y los intérpretes, y el lugar donde los hechos suceden. Lo que a mí me da los tiempos es lo que sucede en la historia, no si el público se pone impaciente o quiere que dure más. Me toma una voz más melancólica en el pueblito que se va achicando y achicando, en el cuento “La felicidad” (Ángel María Vargas), porque yo sé el destino que va a tener la casita de la viuda. Y, al mismo tiempo, no lo tengo que saber. No me puedo anticipar a esa fatalidad. Sé que el río se va comiendo casas, pero a quien va a castigar primero es a la única que cumplió su sueño. Yo como actriz lo sé y como narradora, lo tengo que descubrir en el momento, junto a los espectadores.

Hay como una disyunción.

Sí, totalmente. Si no, desde el comienzo, estaría mirando a la viudita con una compasión extrema y a mí me encanta verla cumplir su sueño y compartir su orgRancho adobeullo, me gusta ver su negativa para ir a trabajar en la casa del hombre que vive en la lomita rocosa y que la necesita como cocinera. Creo que es una disyunción muy saludable. La actriz no contamina a la narradora, no la impregna de saberes,  de prejuicios, no le quita frescura. Lo que tiene de particular la actriz es la capacidad de repetir la sorpresa y la disociación. Me conmueve cuando se quedan los dos solos al borde de la barranca y se apaga la brasita del carpintero. Y, después, el silencio hasta ver que esa misma noche ya no tendrá casa.

 

Nos llamó la atención cómo se repiten en el espectáculo ciertas figuras. Ponés las dos manos paralelas cuando contás sobre las dos filas de casitas en el cuento “La felicidad”. Y, en “Verde y Negro”,  dos de los tres bloques de libros que tenés por escenografía de fondo se ponen en paralelo. En ambos casos, en el devenir de la narración, algo rompe la simetría.

Hay un movimiento que se parece al de las tapas de los libros. Yo necesitaba armarme el pasillo ese para el cuento “Verde y Negro”, porque quería que la escena erótica transcurriera en una intimidad absoluta y fuera recibida sólo a través de la voz. (http://artesanosliterarios.blogspot.com.ar/2010/02/juan-jose-saer-verde-y-negro-cuento.html ). El cuerpo de la voz es, entonces, un cuerpo ausente que emite y al mismo tiempo permite ver lo que esos cuerpos están haciendo. Toda esa escena yo cierro los ojos y la transito en la oscuridad, como si al personaje le molestara la luz encendida. La luz está encendida porque tiene el objetivo de que va a ser espiada por un tercero. Entonces, mi soporte corporal es el del hombre. Lo veo inclinado sobre ella, siento debajo de él el cuerpo áspero de la mujer. Me voy mudando de soporte en lo corporal y, a veces, para concentrarme en una escena, le tengo que prestar el cuerpo a uno de los dos personajes, si no confundo al espectador y me puedo confundir yo misma, aparte de que el relato dominante desde el texto es del protagonista. La voz de ella emerge muy pocas veces.

Vuelvo a la presencia de lo asimétrico y lo simétrico en tus narraciones ¿Qué tiene que ver eso con lo que enunciás, al final del espectáculo, con respecto del grano de la voz?

Hay un ensayo de Barthes, “El grano de la voz”, que me encantó. A veces es sólo un grano más de sal gruesa o de pimienta lo que da el toque justo. Puede haber muchas maneras de hacer este varón de “Verde y Negro”. Yo lo fui trayendo y trayendo desde el texto, internalizándolo desde el texto y emitió esa voz. Es una dualidad, yo la emito por él y él la emite por mí. Pero el vértigo de la escritura de Saer y el vértigo del modo en que habla ese personaje me hicieron emitir esa voz.

En el grano, entonces, se concentran opuestos.

Sí. Y yo los conjugo de modo muy arbitrario, las voces pueden variar según quién las interprete. Yo los tengo internalizados así y también es el ritmo el que me lleva a ese modo determinado. El relato de Isidoro Blaisten tiene un tono más pausado, se trata de un tipo que necesita  justificar por qué hace lo que hace, por qué pasó lo que pasó. Bueno, me parece que compongo una voz distinta. Me sentí muy emocionada cuando vino Graciela Melgarejo -la viuda de Isidoro- y me dijo que no lo había vuelto a leer ni a escuchar desde que Isidoro, cuando terminó de escribirlo hace veintipico de años, se lo había leído. Graciela me decía que hay algo más que lo sexual en ese pacto con las esposas de los primos: es la venganza de aquellos a quienes les quitan la voz, porque ni las esposas ni él pueden hablar. Eso pasa todos los domingos, son así. Por eso encuentran ese modo de venganza. Ese cuento no está editado en los completos de Isidoro. Alejandro Apo sí lo incluyó en una antología de cuentos de fútbol. Sobre el final, yo tuve la intuición de empezar a narrarlo como la transmisión de un partidito, porque en esa parte él viene hablando sobre la escuela de fútbol.

RITOS DE PASAJE

¿Qué gana y qué pierde un texto literario cuando pasa a la oralidad?

Puede perder frases muy bellas. En una escena sexual, tengo un personaje convencido de que hizo una conquista al paso y no ve la hora de que eso termine para ir a contarlo. En el momento en que él se inclina sobre ella, hay un párrafo donde aparece el panorama de la conciencia del personaje: “Al inclinarme sobre ella pensé que, si no me hubiese encontrado caminando por las calles de mi barrio a esa hora, yo estaría en mi casa durmiendo como un muerto, como una piedra, porque yo nunca sueño”. Y, luego: “¿Quién me había mandado a mí a salir del bar del Gallego a la hora en que salí? ¿Quién la había mandado a ella a doblar por esa esquina a esa hora para encontrarme caminando bajo los árboles?” El tipo se empieza a hacer una cantidad de preguntas. Como yo ya había metido al público en la vorágine de lo que se viene, no me puedo permitir esa digresión de tanto cuestionamiento, porque el panorama del pensamiento lo aleja de la realidad. Entonces, ahí se pierde una parte del texto. Lo que trato de hacer es preservar la escena, el vértigo, el lenguaje. Respeto muchísimo el lenguaje del autor. Sólo que en un rito de pasaje –como de manera más sofisticada hace el cine con la literatura- hago un guión para la oralidad. Y ahí se pierden cosas y algunas otras toman más carnadura. La interpretación puede aportarle cosas al texto.Rio turbulento

Dijiste rito de pasaje y antes dijiste pasillo…

Es que es un ir y venir constante. Yo trabajo todas las semanas con los cuentos. En el caso del de Blaisten empieza: “Para colmo, yo tengo la voz bajita. No finita, que no es lo mismo”. Bueno, casi siempre me olvidaba del “Para colmo” y empezaba con “Yo tengo la voz bajita”. Entonces me  pregunté por qué me olvidaba siempre esa parte. Y creo que me lo olvido porque no están las circunstancias dadas para decir “Para colmo”. Entonces, ¿qué digo? “Todos los domingos comemos el asado en el patio de tierra de mi primo el Chochi (…) y mis primos que hablan todos a los gritos y de coches. Para colmo, yo tengo la voz bajita…” Ahí no me lo olvidaría. Pero tengo la duda si anteponer ese enunciado. Es decir, el texto está vivo y yo lo sigo trabajando.

¿Cómo podés sostener la memoria en todo el cuerpo? ¿Y cómo manejás el miedo al error o al olvido?

Para bien y para mal. En general, lo que me sirve es leer las escenas de lo que voy contando. En el caso de Chochi, del Tito y del Beto, donde el ritual se da todos los domingos, me cuesta muchísimo acordarme  los nombres de los coches y de las nenas. Aparte, en ese universo reiterativo, los detalles son súper importantes, el nombre del coche del millonario, por ejemplo. A veces es más difícil acordarse un cuento con muchas repeticiones que uno con acontecimientos diferentes.

Hebe Uhart nos decía en una entrevista que hay que poner atención en los detalles para aligerar el tema.

El detalle tiene un poder de condensación tremendo. Cuando el Tito llega en el Bosch Tornell, llevando la sandía y la nena, y la otra va en el Meopta 2 AM, para llevar los dos postres, como si no entraran en un solo auto, el detalle está en el nombre pomposo de los coches y en lo vacíos que van.

Y TODO POR EL OBISPO

¿Cómo relacionás esa potencia del detalle con lo poético?

Son la misma cosa, es en la capacidad de seleccionar el detalle, donde reside la mirada poética. No da lo mismo un detalle que otro.

 

Esa concentración que aparece en el detalle…

Sí, yo trabajo muchísimo en mi observación cotidiana.

¿Alguna vez le das voz al poema?

Me encantaría. No me animo a decir poesía. Cuando lo escucho a Machado en la voz de Vilches me queda en el corazón… Me encantaría recitar a Pizarnik, pero no me atrevo. Muchas veces escucho a los poetas leer y me fascina. A veces es inevitable una cadencia en las narraciones. Al principio de mi carrera, tenía una cadencia –no me daba cuenta, lo noté luego viendo videos viejos-. Vinculada con ciertos estereotipos a los que uno necesita aferrarse cuando todavía no está del todo segura. Yo trato ahora de encontrar todos los accidentes posibles en la enunciación en tramos muy cortos. Si tratara de equiparar mi voz a la linealidad de cada renglón, quizás haría esto desde las intenciones, desde la puntuación y desde la línea recta. Pero ahí cuenta lo no lineal: “Abrió el ropero y se cayó sobre sus pies una libretita que había entre las sábanas”. La línea dice eso. Pero ahí acaba de suceder algo y yo tengo que crear el accidente en la enunciación. Esa es la ruptura.

¿Y no escribís poesía? Todo lo que decís pega en el palo de la poesía.

Pero no escribo poesía. Me dicen que es muy poético lo que yo hago, aunque no me atrevería. Quizás porque en el colegio me hicieron escribir cosas tan espantosas que las monjas consideraban preciosas, como un poema al Obispo, por ejemplo, que está en mi otro espectáculo “Humor Bovo”. Yo era como la poetisa del colegio, sin embargo, sabía que era malo lo mío. Aun así, cuando hacía las composiciones había algo que funcionaba o que, al menos, no me avergonzaba. Creo que tenía un sentido del lenguaje, una comprensión de las situaciones. Lo que me alarma en relación a los textos es que hay gente muy formada con muchas dificultades para la comprensión lectora, sobre todo, en lo ficcional.

ALTURAS Y VALLES DEL SILENCIO

Otro personaje que vimos mucho en el escenario es el silencio. Se lo ve tomar cuerpo.

Me encanta que lo llames personaje. Para mí el silencio tiene una entidad estética muy valiosa que, curiosamente, permite una comunicación muy intensa con las situaciones que yo narro. A mí me encanta una anécdota de Yupanqui: él recibe la queja de un paisano que estaba junto a otros en un fogón. Después quedaron dos. Finalmente, uno. Y ese le dice a Yupanqui, respecto del que se había levantado: “Yo quería conocerlo, pero no se callaba”. Me interesa cada vez más la hondura de esos silencios, cuando son necesarios.diente-de-león-en-un-vaso-representando-el-silencio-500x333

Hablás del espesor del silencio. Alejandra Pizarnik decía que hay dos especies de silencio. El que se produce por acallamiento y aquel que se produce cuando dos palabras se rozan.

Creo que el espesor tiene que ver con que yo dejé de emitir o enunciar y, entonces, los otros conjeturan. Es un lenguaje intenso y acallado en un pacto muy hermoso. No podemos interrumpir el espectáculo, pero a veces resulta en un silencio muy activo y otras, en un silencio fastidioso. No es un lugar de inacción o uno de esos silencios forzados donde la gente empieza a toser… Me parece que no pasa eso.

Y se invierten los roles. Porque, si el espectador conjetura, es él quien narra.

Esa es la idea. Tener la mitad de la elocuencia. Un gran problema de la narración oral es que muchos narradores piensan que les cabe toda la elocuencia porque pueden detentar la palabra en ese momento. Yo creo que es un reparto de la voz.

Liliana Herrero nos decía en una entrevista que la voz piensa.

Yo quisiera tener el don del canto, esa dicha… No sé si desde mi actividad profesional pienso las voces, pero no las puedo pensar aisladamente. Con una voz, viene el cuerpo del personaje. La paso por mí, la emito y voy afinando, trato de ser una ruiseñora, de afinar hasta encontrar el grano. Pero el modo de hablar tiene que ver con el modo en que se piensa. A veces, por cuestiones genéticas, hay una voz chillona o chirriante en una persona, que a pesar de eso, es muy agradable. Hay una disociación.

¿Cuándo una voz se convierte en ruido?

Cuando pierde el sentido del otro, del tiempo de los demás. Cuando una persona no escucha y no se escucha. Repetir lo dicho es no escucharse a sí mismo. En el territorio de lo teatral o de lo estético, lo ideal es la síntesis, decir lo más posible con la menor cantidad de lenguaje. A veces, en un vínculo de mucha confianza, necesitamos reiterar bastante para que nos entiendan o decir lo mismo de cinco maneras diferentes, pero es como un mecanismo de supervivencia. Pero por ejemplo, el personaje de Saer es muy vertiginoso en el pensamiento. La mujer le dice algo en el coche y eso a él le dispara pensar cómo lo va a contar en lo del Gallego, o qué va a pasar si llega con esa chica en ese auto, qué dirán las viejas de la vereda. Esa cabeza que no se calla, ese vértigo hace al personaje. (http://artesanosliterarios.blogspot.com.ar/2010/02/juan-jose-saer-verde-y-negro-cuento.html). Yo trato de ser lo más dócil posible, lo más disciplinada con lo que el personaje pide. En general he tenido suerte. Los autores que me han venido a ver, como Esther Cross, que escuchó su texto “La divina proporción”, estaba emocionadísima. Yo me siento muy afortunada de haberme ganado la confianza como adaptadora y narradora de los textos literarios. (http://www.bn.gov.ar/abanico/la-divina-proporcion) El cuento de Esther empieza con una página y media dedicada a la descripción de un cuadro que no se sabe a quién retrata. En literatura, esa linealidad se resuelve cuando llega el momento, vos podés volver a esas primeras páginas. Pero el relato oral tiene un aquí y ahora que te hace resolver de otro modo.

TODAS LAS VOCES, TODAS

Vos hablás con muchas referencias musicales: “la cadencia”, “me dio el tiempo”, “buscar el ritmo”. Hablás como los músicos y como los poetas cuando manejan la música de las palabras. ¿Nunca pensaste incorporar la poesía en tus “puestas en voz”?

Me encantaría, de verdad, hacer poesía. Sobre lo musical, no me había dado cuenta. Hago una búsqueda de los ritmos, de los silencios, de los tonos. Pero te mentiría si te dijera que lo hago con conocimiento, desde el registro de lo musical. Busco la música en el concierto de voces de un cuento, pero sin conciencia. Quizás, con intuición.

 

La voz resuena dentro de nosotros de una manera, pero al escucharla emitida desde una grabación es diferente. ¿Cómo te llevás con esa disyunción?

Es complicado. A mí me costó mucho encontrar mi propia voz para contar. En mis primeras experiencias contaba muy apurada porque temía que el público se aburriera. Creía que si lo hacía velozmente, no iba a suceder, pero no respetaba las necesidades internas de los personajes, los tempos. Mis mejores críticos, mi gente más cercana, me decían que debía darme tiempo. Me costó confiar en que yo podía soportar el silencio que necesitaba la situación. A partir de ahí, fui encontrando mi voz. Permitirles a los otros emitir las voces en los tiempos en que los necesitan. Ahí vas encontrando una voz más honda y más vinculada a lo que está sucediendo.

¿Hay una posición política en eso de repartir la voz con los otros?

Me parece que es lo que falta. En general, desde la política, hay una hegemonía de la voz. Se pretende una interlocución, se hace una puesta en escena de la escucha, pero lamentablemente no se pone en marcha. Los que lo han hecho son grandes líderes mundiales, héroes de la escucha que saben recoger las necesidades verdaderas de los otros. Hay un narcisismo, también, en oír la propia voz. El encantamiento que produce el canto de sirena de la palabra propia. Kafka dice que lo peligroso no sería que las sirenas que encantan a Ulises cantaran, sino que se callasen. Hay una cuestión de fondo en eso. Se ve en las sesiones parlamentarias. Cada uno llegó preparado y es absolutamente impermeable a lo que acaba de decir otro, a quien -por supuesto- no escuchó. Porque el escuchar quizás te haría replantear lo que tenías preparado y eso exige flexibilidad y generosidad. Sería un diálogo verdadero, pero en los estratos del poder… A veces doy clases en empresas y me da mucha pena, porque veo que no va a servir para nada. Ellos pasan un buen momento igual. Trato de llevarlos a la infancia, a un territorio donde hay vulnerabilidad y un candor que nos emparenta. El otro día, al dar clase en una empresa muy grande, había un tipo con una voz muy potente y alta –un jefe dentro de la empresa- y contó: a los cuatro años, lo mandaron al campo a hacerle compañía a una tía abuela soltera, casi totalmente sorda. Vivió con ella hasta sus doce años. ¡Un niño que se crió gritando! Su familia iba a visitarlo dos veces al año a esa hacienda. Y, cuando se iban, él se metía en la cama, se tapaba y se hacía el dormido para no llorar delante de su tía. Que un tipo cuente eso delante de sus subordinados… ¡Uf! En general la gente preserva su talón de Aquiles.

Hay un estrechamiento del lenguaje en las esferas del poder…

Sí. Está reducido a un sistema de poquísimas palabras, lugares comunes, frases hechas. Ahora está de moda la “escucha activa”, que consiste en estar escuchando al otro pero al mismo tiempo pensando qué le vas a contestar. Te ves en la obligación de dar una respuesta inmediata para ser buen coaching. Es una disputa de saberes.

LA EXHALACIÓN DE LA VENTOSA

¿Qué te atrae de un texto, la posibilidad de convertirlo a la oralidad o el texto en sí mismo?

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Que me haya conmovido. Esa es la condición. Por identificación o por extrañamiento. Yo he padecido personas, como la protagonista de “La divina proporción”, muy alejadas de mi modo de ver las cosas. Y me encanta encarnarlas, me divierte mucho.

En general, me interesa el personaje en la trama de la historia, más que el personaje aislado. Me encantaría dirigir un espectáculo con la vida de Pascual Duarte, un asesino parricida, un texto escrito por Camilo José Cela. Un personaje muy siniestro y muy interesante. Trato de no poner en juego prejuicios en cuanto a eso y me interesa el universo del texto.

¿Recolectás voces?

Claro. Los taxistas son una fuente inagotable. También en mi infancia me la pasaba escuchando, ¡a los niños no nos dejaban hablar! 

¿Y los fotorrelatos?

Respecto de los fotorrelatos, un día fui a casa de mi abuela y un señor que bajó al sótano le dijo a mi mamá que había encontrado unas cosas, no eran ni bombitas eléctricas ni tacitas, pero se parecían. ¡Eran ventosas! Las viejas ventosas de vidrio. Las puse boca arriba, como floreritos, les saqué unas fotos y me propuse escribir un relato sobre las ventosas, exhalando todo lo que habían succionado en su historia. Los objetos me disparan mucho texto. Un mismo objeto cambiado de lugar me da dos relatos diferentes.

EL MAPA DE LA VOZ

¿Cómo te llevás con tus tiempos de escritura?

Mal. Soy poco sedentaria. Tengo setecientas páginas desgrabadas de una obra que tendría que haber terminado. Tengo editada una novela, “Rosas colombianas”, que tiene una impronta oral importante. Siempre grabo, desgrabo y después voy a la sintaxis de la escritura, porque tampoco se puede ir de la oralidad pura a la escritura.

¿Está entre tus desafíos trabajar con gente más joven que tu público habitual?

Bueno, yo he contado durante años para chicos en los colegios. Y también grabé cuentos para navidad, para nietos de amigos. Hay algo de sortilegio de la voz, al que no están acostumbrados y que los atrae mucho. Ahora tengo un contrato con Planeta para grabar un audiolibro para chicos. Hace mucho que no se graba bien para chicos, sin tratarlos puerilmente.

Te hemos visto narrar de espaldas al público, invisible desde la escena, también de costado. ¿Cuál es el territorio de la voz? ¿Cómo vas distribuyendo la voz en ese espacio?

Cuando vos viajás en un coche atrás, y alguien cuenta algo interesantísimo, mirás por la ventanilla, mirás el paisaje, pero estás recibiendo esa voz, a la vez estás hombre se va caminandototalmente impregnada de lo que te dice. O, mirá el modo en que te pegás a una conversación ajena en el subte o en un bar. Quiero decir, no es necesario sostener la convención de la mirada, o el cara a cara todo el tiempo. Aparte, en la última obra, “Sucesos literarios”, mi personaje es una mujer que ensaya para narrar. Está ensayando, buscando los espacios donde se mueven los personajes de sus textos para darles más verosimilitud. La visita al carromato, por ejemplo, donde está el enano, es una visita bastante privada. Entonces, prefiero jugarla de espaldas, como si estuvieran solos en ese espacio. Después, en el cuento de Saer, “Verde y negro”, yo creo el espacio del balcón. Me pareció interesante sacar al tipo en la escena erótica. Es una escena muy vergonzante para el personaje, él escucha por la ventana cosas que me parten el corazón. Es un ser derrotado. Dice “fui caminando bajo los árboles, pero ni silbé bajito ni me puse las manos en el bolsillo”. Ese detalle para mí sí es relevante. Entonces no puedo tragarme ese texto. Tengo que decirlo, es un hombre vencido. La comprensión tiene que ver con la sensibilidad, con esas pequeñísimas cosas con las que creás un mundo. Y también me parece interesante buscar una música para ciertas escenas, no letras temáticas. Para mí la espacialidad condiciona mucho al tema de la voz, a ese territorio que es mi voz. Quebrar la direccionalidad convencional me permite moverme como en el teatro.

VIEJOS SON LOS TRAPOS

Vimos en la obra que se repetía mucho la sensación de soledad y la de desencuentro, o de encuentro incompleto.

En general quise contar autores que no han sido comprendidos por el mercado. Cuando firmás un contrato con una editorial, queda escrito que la obra será destruida total o parcialmente. O liquidada a precio vil, si no sSoledade vende tal cantidad de ejemplares en equis tiempo. Es muy fuerte. Esther Cross me contó, que las reseñas sobre su libro de cuentos habían salido tarde, nadie se enteró y el libro no se vendió casi nada. Cuando le avisaron que se iba a liquidar a precio vil, ella se sintió feliz, porque su libro iba a estar en alguna librería de viejo. Para mí fue muy importante que ella pudiera tener una mirada distinta sobre eso mientras que, en general, los autores se deprimen un montón. ¡Lo loco es que en un momento a mí me pasó lo mismo! Al poco tiempo de lo de Esther, me llamaron para avisarme que mis libros iban a ser rematados a precio vil, “Aviso de destrucción parcial…” Llamé a las chicas de la editorial y me explicaron cómo era el sistema.

¿Qué te desalienta?

Siempre se me critica familiarmente que soy una persona confiada. En general he tenido suerte, ¡pero tres psicópatas en una vida es un poco demasiado! Me desalienta haber desoído algo que tendría que haber aprendido antes, no escuchar la molesta voz de la intuición. Cuando descubro algo oscuro, me digo que otra vez no escuché esa voz.

El “no” fácil también me desalienta, que alguien se pierda algo importante por no dar lugar para insistir. Antes yo insistía y aprendí a no insistir. Y eso es como una especie de derrota. Pero lo que más me desalienta es quien obtura con un no, me da mucha pena. Y no lo digo desde un lugar superado, yo también perdí cosas por cerrar con un no.

El que cierra no reparte la voz.

Tal cual. No reparte. Acumula como el avaro, “un frígido del gastar”, como decía Isidoro Blaisten.

¿Y la instalación en la queja, medio parienta del no?

Trato de desalentarla en mí y de salir al cruce de eso con el humor.

LA REVOLUCIÓN DE LOS DESEOS

Volviendo al movimiento en tus narraciones…

Tengo un inconveniente técnico con esto, porque me encantaría sostenerlo, pero cuando tengo que hablar de los sueños de los habitantes del pueblito, en el relato de Ángel María Vargas, quiero cruzarlos. En el cuento cuentan todos los sueños de una orilla y después todos los de la otra, por lo cual se vuelve una descripción. Me parece mucho más dinámico si las dos mujeres teleras de acá sueñan con los muchachos de allá, que los dos muchachos sueñen con la viudita de más allá. Si en un caminito donde hay cinco casas de un lado y cinco del otro, hay revolución de deseos, linealmente los voy describiendo, y así los pongo en remolino.

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Hay también una repetición de la idea de dar vueltas. Eso lo decís varias veces.  Vueltas y vueltas y el encuentro no se produce. Fijate que, cuando decís que el río está en el medio, eso tampoco permite el encuentro…

Mirá lo que son las lecturas, para mí el río está como por acá y cuando se ensancha muerde casas a un pueblito que se extendía más.

 

Hay dos textos con inundación, es el evento que rompe las simetrías.

Creo que por eso elijo los cuentos, porque ya me está apareciendo un universo que se va a crear.

Ese advenimiento del azar imprevisible que rompe todo…

Es que si no hay conflicto, no hay relato. “Humor Bovo” está mucho más ligado a la comedia.

YO NO PUEDO CON TANTO ABANDONO

¿Cuál es el cuento que más te conmovió?bobo6

Pegué un salto cualitativo con “La casa de muñecas”, de Katherine Mansfield. Muy dramático, tremendo. Hice un espectáculo sobre la vida de ella, tan sufrida y tan breve. Fue un punto de inflexión en mi obra. También mi versión de “Los puentes de Madison”, que me llevó como un año escribirla, porque tenés la película y tenés que armar un relato donde encuentres un lugar para que la gente que vio la película la reconozca y vea algo nuevo y la que no la vio la entienda entera. Y eso lo construyo con los detalles. Alguien que no había visto la película le pareció impresionante que el personaje del fotógrafo no haga ruido con la puerta del mosquitero que divide el mundo de afuera con el de adentro donde el tipo la encierra a ella. Y yo la había visto, pero no había advertido eso. Detalles… Pero tengo repartido el afecto entre varios. Y tengo la suerte que puedo ser caprichosa. Pago el precio por eso también. Pero si tengo que contar un cuento sobre la vida de Belgrano en cinco minutos, no puedo construir un relato ficcional… Pago el precio de no ser masiva, de no ser mediática. Ahora, la única razón por la que me gustaría ser más mediática sería la posibilidad de actuar en lugares más grandes y que, con menos esfuerzo, me entrara más dinero. Mirá, cuando me dieron el Konex de Platino, yo estaba ahí, con veintitrés más: Campanella, Darín, Francella, Graciela Borges, Norma Aleandro, Mercedes Morán y otros. Y pensaba: cómo habré laburado para que el jurado se fijara en mí. Con decirte que, cuando se transmitió por televisión, a mí me sacaron porque no era conocida.

¿Y el territorio más chiquito no te cuida más?

No lo sé porque no conozco lo otro. Me acuerdo cuando egresé de la escuela de teatro de Serrano, te llamaban a castings. Cuando Dubatti me hizo una entrevista, me hablaba de un teatro del relato, donde el texto tiene un enorme valor pero también está muy encarnado físicamente. Para mí el modelo son los narradores espontáneos, los buenoLa tía Andaluzas. Una musa fundamental fue una andaluza, sobrina de mi abuelo, de cuya existencia no sabía. Me hablaba de mi abuelo mirando en su mano una foto que no estaba allí: “Eran cuatro hermanos que tenían la talla mediana y unos ojos rajaos que te partían el alma…”. ¡Y no había nada! Y te contaba la historia de su padre: “Mi padre no se fue porque mi madre no quiso. Le dijo: ‘Tú no te vas, porque con seis hijos no puedo yo con tanto abandono’.” Y ahí me entero que esos tres hermanos que vienen a América jamás hablaron del mayor, porque fue quien los traicionó, el que los había empujado para venir y a quien la esposa retiene allá. A esa mujer la vi cuatro veces más, era la conjunción perfecta de lo espontáneo y lo teatral, lo que yo trato de hacer en escena. Hay gente que posee el don de un histrionismo justo, que no te abruma, seduce un montón y a la vez no se sale de un registro… Los actores están muy convencidos de que hay que ser muy enfático, o de que en la narración hay que hacer mucha apelación a que te escuchen. Y ahí se pierde la historia.

 




DAR SALA

El desaliento: Sobre “El ciudadano ilustre” de Mariano Cohn/Gastón Duprat y mi Salliqueló

Por Cecilia Miano

Rúaj significa el aliento de la persona viva o el viento que traen las nubes de las que procede la lluvia indispensable para la vegetación y la vida. Significa el aire posible de respirar, con la capacidad de generar vida y, además, vitalidad y energía. Pero, aplicado a Dios, se convierte en su viento dador de lenguaje. En el relato de la creación Dios inspira un hálito -aliento- de vida, sobre el caos y, luego, dice la palabra. En el Antiguo y en el Nuevo Testamento, el hálito de Dios se manifiesta y permanece en lo creado para dar fuerza.

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“EL CIUDADANO” EN SALLIQUELÓ.

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Como si este aliento fuese necesariamente más potente en zonas inhóspitas, donde el viento arenoso puebla rincones incompletos, donde los sentires se arraigan en el alma de los vivientes solo por la condición de haber nacido allí. Ese allí se nutre de nostalgias y promesas. Esto pasa en Salliqueló, localidad al sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Cuando un poblado no suma muchos habitantes, todos conforman una comunidad especial. No quiero adjetivar demasiado. Salliqueló, mi pueblo, cuenta con poco más de doce mil habitantes y funciona como una gran familia. Mejor dicho, yo imagino que las grandes familias son como mi pueblo: demasiada gente para conocerla de verdad, pocas posibilidades de encontrarse seguido, aunque cada encuentro implique saludos y miradas cómplices. Ese saber del otro incluye hasta lo que no es cierto. Y, por sobre todas las cosas, la impunidad de opinar acerca de todos, como si ellos fuesen uno mismo o nuestra propiedad. Esa certeza de saberse parte. Esto genera muchos inconvenientes y posibilidades exquisitas, según sea la experiencia de cada quien.

 

ILUSTRÍSIMO, SOFOCADÍSIMO.

Al ver la película “El ciudadano ilustre”, los aconteceres me hacen espejo, como debe sucederle a la mayoría de los habitantes de los pueblos chicos. La historia transcurre en Salas, provincia de Buenos Aires, un lugar con menos habitantes aun que Saliqueló. El nudo de la trama es la falta de aire, al vivir rodeado de “propietarios”. Los hábitos se despliegan no sólo como si los otros te pertenecieran, sino también como si sus obras fueran apropiables por la comunidad. Si uno remonta altura, siente que no puede volver al terruño, sin caer en un pozo, donde las facturas de los demás quedarían a cuenta de quien se fue, de quien pudo mirar desde otro lugar. Uno, singular pero enredado en los demás, y enlazado de manera infinita.

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¿Cómo zafar del sofoco? La ironía es el hilo invisible que no deja a sus habitantes huir muy lejos, los detiene, como personas-personajes de un escritor. El rúaj, en estos pueblos, parece soplar en oleajes incansables, sin los cuales la vida no sería posible.

 

SALAS DE VIENTO FUERTE.

08 René Magritte - La locura de Allmayer (1951)
René Magritte

La brisa que sopla en Salas, ¿es de verdad ilustre o resulta solo egocéntrica?, ¿por qué el hombre al que este viento inspira no volvió más al pueblo?, ¿por qué lo miran con la desconfianza de quien se siente defraudado? Cuando hablamos de espectadores de pueblo chico, las resonancias son múltiples y singulares. En Salas y en Salliqueló los vivientes forman una masa dura y compacta. Uno transita las calles con la mirada en el más allá, en un horizonte formado por sueños y pesares, con sonrisas opacas y luces de ocasión. Con enojos encontrados en los árboles desde hace muchos años, con amores deformados por lo real.

En la película, la problemática surge a partir de que el protagonista, Daniel Mantovani, ha ganado el Premio Nobel de literatura y siente que, después de eso, su vida artística ha muerto. Dice: “Tengo la convicción de que este tipo de reconocimiento unánime tiene que ver directa e inequívocamente con el ocaso”. La paradoja que él mismo plantea “creo que la única cosa que he hecho en mi vida es huir de ese lugar”, aunque sus novelas solo hablan de Salas, de personajes del pueblo y de hechos acaecidos o imaginados, pero surgidos allí.

 

CADA CUAL ATIENDE SU JUEGO.

Al igual que en la película, la vivencia en Saliqueló se lee en sus detalles más arte-con-libros-1íntimos y en todo lo que anuncia un tiempo de nostalgias. Complacer para darse existencia y espacio. Uno es todos, para bien y para mal. Si no vivís en Salas o en un pueblo parecido, será difícil para vos, lector, entenderlo. Este es un mundo donde la ironía reina cuando las verdades se modifican, cuando las apariencias dejan de sostener la ilusión de ser de una pieza y para siempre.

 

BOCANADA DE SUSTO MEZCLADA CON CORAJE PUEBLERINO.

“Estoy cansada” es una expresión pegada a mi rostro. Se mezcla en incipientes arrugas alrededor de mis ojos -ya pálidos de tanto ver-, a mis orejas enaltecidas después de escuchar dolores y apremios, a mi boca grande -antes acostumbrada a la risa y devenida ahora en múltiples muecas-. Todo al acecho de algún aliento que arrime una palabra.

El pueblo cansa.

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René Magritte

Es pesado de llevar.

Habitar un pueblo es una aventura con falta de aire, con inminencias de derrumbes y con la certeza de que ninguna inminencia terminará en caída, porque si así fuera, todo lo importante de este espacio y de nosotros mismos se perdería en esa derrota. Entonces, tomamos ese aire indispensable, esa bocanada de susto mezclada con coraje, y nos mandamos.

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NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA.

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En la película, el protagonista es repudiado por sus vecinos. Lo trágico retorna en orgullo puebleril herido. Cada pueblo combina distinto con sus ilustres. En Salas, la irrupción resulta casi en un crimen capital. La gravedad resuena en la frase “lo que pasa en Las Vegas queda en Las Vegas”. Pero, ¿quién dijo eso? La escritura no acepta los límites de ningún sofoco. Las fronteras ceden si la que habla es la palabra, o la melodía o la puesta en escena que toca lo indecible en el borde de las esculturas-libros-14llagas. ¿Privativas de quién son la finitud, la locura, la ausencia, la soledad? El rúaj sopla en todos lados y se escabulle sin piedad. Así que soplamos, vueltos demiurgos, por un momento, y de ese modo se fundan las historias. Los personajes pueden tener otra fisonomía, pero lo que se escabulle suspende el tiempo. Los fantasmas no son más que imágenes soñadas, develadas por algunos pocos atrevidos y soñadores.

 

TIERRA DE PROFECÍAS.

La verdad es puro cuento. Por eso, en el momento justo, cuando el desaliento confunde, llegamos a sentir en la piel el aroma sutil de ese aire necesario, el soplido voluptuoso que aparece sin espera. Cuando creemos en los finales esperados, irrumpe un nuevo comienzo.

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LA VICTORIA DE LA PIEL

El Desaliento: Sobre una identidad afrobrasileña.

Por Germán Cavallero

SALVADOR DE BAHÍA

Enfaldada de piedras que llegan al mar. Ni las campanas ni los cañones domesticaron su alegría: vencedora, sobre muelles y rosetones, no perdió el aliento. Y, al desatar los hilos de un viejo imperio, tejió su propio collar.

Si el corazón para, la vida muere”, dice, enojado, el director de la scola a los tamboreros graves en una calle de Pelourinho. Es que lo colonial huele a cementerio y el sudor de los tambores ablanda el empedrado.

Las solemnes puertas y los postigones rechinan con el pulso de los territorios libres: decenas de cristos se agazapan detrás de muros sanctos. Tantas vírgenes rompen cadenas y salen a curar sus llagas, a soltar cicatrices. A encumbrarse en torbellinos azabaches.

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A pesar de los nuevos imperios de desaliento sobre las pasiones. A pesar de los azotes que reinventan los poderes fácticos para cosechar pobreza como moneda de cambio. “A pesar de vocé”, como diría el gran Chico, “mañana será otro día”, porque, ¿“cómo le va(n) a prohibir a ese gallo insistir en cantar”?

Aquí, en Salvador, el canto insuflado por orishás huele a resistente alegría.  Así como cada día, la aurora se despereza en el deseo trinado de las aves. Como cada noche, trepa una sombra ancestral sobre los hombros del rito para ablandar faldas de siglos que tocan el mar.

Ocurre en Salvador de Bahía. Y también en primavera.

BAUTISMOS

Temprano llega la noche -poco más de las 6 p.m- en el Morro de Sao Paulo, isla de Tinharé. Dos horas después, estridula toda clase de insectos. Algunos frotan sus alas, otros las antenas y los hay también quienes cantan con membranas del vientre.

Salir a grabar la noche puede ser una aventura maravillosa: todo el universo se aprieta en el saco de lo sonoro. Pisar y hacer ruido es inadmisible. Dejar de grabar e, inmediatamente después, que suene un merodeo de… renacuajo, imperdonable. Se ponen en diálogo la osadía del azar y la precisión oportuna del dedo que presiona rec en sintonía con el oído abierto hasta el infinito. Todo lo demás no existe.

Oscilan los protagonismos: el elenco va desde un monólogo de langosta a un remolino de brisa entre las copas. Cada sonido es una mano orfebre que modela imágenes con líneas en fuga. Un golpe de mandíbula de hormiga sobre cualquier hoja se suma al chirrido de un murciélago. Y la rama desgarrada por el gusano que la ahueca adentro contracanta con una ola hecha añicos sobre la roca menos visible del acantilado.

DE PERSEGUIDOR A CONVERSO (con-versículos)

DSC05888No pude saber por qué le pusieron al Morro, “Sao Paulo”. Nombre de apóstol perseguidor y perseguido. Antes de ser apóstol y mucho antes de ser santo, perseguía a los cristianos hasta que, un buen día, el mismísimo Espíritu del Señor se cruzó en su camino: “Pablo, ¿por qué me persigues?” Y desde entonces se convirtió en un evangelizador, es decir,  quien transmite al mundo profano los evangelios, la “buena noticia”. Sí, la buena nueva, lo que sería para los nativos de este hermoso Morro y a la sazón de la conquista: vinimos por tus recursos a cambio de que dejes tus vanas creencias del día a día y te entregues a las bonanzas de la eternidad.

Desconozco cómo llamarían al Morro los nativos. Ocurre en todos los territorios tomados a la fuerza. Me permito ilustrar esta verdad con un abrupto descenso de la temperatura: en el país del sur del continente, un lago luce variados tonos. Bautizado “Remulafken” por sus habitantes antiguos, significa “lago arco iris”. Sin embargo, con el tiempo cambió a Lago Mascardi por un decreto en honor al padre jesuita, muerto por aquellos nativos. Sí, dejó de llamarse “lago arco iris”. Pero volvamos al Morro. El único retorno posible luego de semejante helada climatológica es el fuego del martirio. La mecha carnicera no fue encendida por ningún justiciero nativo, sino por el mismo Nerón sobre la contradictoria vida del apóstol Pablo. Bien, por el camino de crueles coincidencias – aunque la primera muerte sabe a reparación, ya lo dijimos- estamos de nuevo en el Morro. Hagamos un esfuerzo por imaginarle otro nombre. Uno a la medida de la naturaleza y la libertad, que el Morro nunca persiguió a nadie, ni mucho menos al “hijo de Dios”, ni luego a los nativos para convencerlos acerca del error de perseguir a semejante divinidad. Saltemos, entonces, de la isla al continente, ahora que el sol despega sus huesos del horizonte a unos diez dedos de distancia. Ahora, y antes de que cruce un carro por una calle de Pelourinho, sí, saltemos de la isla a la Rua Alfredo De Britto.

EL CARRO A VELA

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No es algo que ocurra siempre. Que la calle esté cerrada por una muralla de tambores y un auto quiera pasar, sí.  Pero que luego suceda el milagro… Pasó al mediodía. Al auto no lo conducía el profeta Moisés, sin embargo, los tambores se separaron. Disminuyeron la intensidad y se abrieron como aguas profanas en una emboscada divina. El auto pasó. Las aguas de salados repiques se cerraron detrás y la intensidad volvió a su momento inicial. Y más: el director infundió bravura a la scola y, tan pronto como sonaron 9 chasquidos en fila, una espuma turquesa dio vida a decenas de peces saltimbanquis en el asiento trasero del vehículo – no sabemos si los oídos del conductor, al ser tocados por los peces, se convirtieron en caracolas-. La cola del auto se cubrió de escamas. Y, por las ventanillas, borboteó densa crema oceánica. Algunos dicen que es la gracia de una diosa en busca de fieles. Otros, el agua que conjuran los tambores cuando atraviesan su corazón. Lo cierto es que cruzar una tempestad de repiques por el centro mismo de su andamiaje puede generar un prodigio. Y éste fue en la Rua Alfredo De Britto. Minutos antes del mediodía.

ACARAJÉ O BOLAS DE FUEGO

Quiero saber sobre candomblé, pero es inaccesible en tan sólo 48 horas de estadía en Pelourinho, de las cuales dormí 16, alrededor de 4 comí, y otras tantas contemplé  fachadas y campanarios, sin contar los largos minutos que parecieron semanas, cuando encerré pensamientos en calabozos de preguntas y los solté con el engaño de la respuesta fácil, carcelera dócil y corrompible del entendimiento.DSC05993

Pero lo imprescindible se filtra. Y, si no llegás a su centro, sus dedos se estiran hasta tocarte en su periferia:

Una mujer bahiana me ofrece un acarajé. Su santo, resumido en esa “bola de fuego”, es Shangó. Al primer mordisco, crujen corazas de camarones y decenas de centellas rebotan dentro del paladar. La pimienta es otro de los ingredientes “secretos”.

Los atuendos de la mujer bahiana la sujetan a su santo. Dialoga con él a través de sus pañuelos y volados. Su sonrisa es el sello de la ofrenda.

Pero continuemos con esos meteoritos culinarios: luego de ingresar al tubo digestivo, pasan a los torrentes de la sangre y encienden en la mente una llama nueva. Que no apagará ni el agua de coco ni una cerveza “gelada”. La sangre ha conocido una temperatura diferente. Y esa revelación se traducirá en maná: un desierto de la razón sucumbirá ante el porfiado alimento. Es momento de gracia. Promesa cumplida. El santo se multiplica en nuevos cuerpos: ¡acarajé!

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IGLESIAS

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Oigo gritos y lamentos. De golpe y porrazo, estamos en el siglo XVI: terminada de construir la ciudad fortificada, los portugueses levantan una estructura de piedra en una plaza para azotar a los esclavos irreverentes. Esa picota, llamada pelourinho, no sólo es un espacio de tortura para los africanos transgresores de la normativa vigente. Los jesuitas también la padecen, aunque de manera diferente: tanto griterío de las víctimas de los azotes no los deja concentrar en sus oraciones matinales.

Pero más irreverentes habrán sido las 365 iglesias desperdigadas en Bahía sobre la vida de los esclavos. Por fortuna, estamos de nuevo en pleno siglo XXI -y en otro Pelourinho-. La mayoría de sus puertas permanecen cerradas, alguna que otra oficia una misa – el vía crucis es representado por imágenes de un cristo negro- y, adentro, o suena una banda de jazz de afrodescendientes o se cuela la embestida alegre de los tambores, legítimos sacerdotes en el altar de las calles.

Es gratificante ver que la asonada de la piel, entendida como conjunto de pasiones y tradiciones ancestrales, terminó por arrinconar, en una fría postal, a todas las fachadas de las iglesias. Aunque la vertical tortura que disimularon esos muros en otra época, no termine nunca de arder en la memoria, la vida se multiplica fuera de sus cerrojos. A ritmo de zamba reggae y a fuerza de colores vivos, denuncia la monocromía de una verdad, si no desahuciada, por demás sacudida y resignificada.

CAIRÚ

En algunas casas del siglo XVIII que aún siguen de pie, puede constatarse la desigualdad social a través de sus tejados: los de una sola hilera de tejas pertenecen a las clases más pobres; dos hileras, clase media; tres hileras, clase alta.

DSC06247La segunda construcción de desigualdad se revela a lo alto: un monasterio que, al menos un instante, deja las alcurnias de lado si, como ahora mismo, ingresa por la nave central de su iglesia un cortejo fúnebre. Todas las almas son pecadoras, algunas más que otras. Sin mancha concebida, por ahora: sólo la de la excelentísima virgen -sentencia el monasterio-.

Y que en paz descanse quien no tuve el gusto de conocer y que ya está adentro del sacro recinto, mientras nosotros no nos persignamos, pero sí enmudecemos y elevamos una honda respiración a la majestuosidad de los vientos.DSC06251

Nada tiene que hacer aquí Manrique con sus coplas. Si bien este archipiélago está rasgado por ríos de diferentes tamaños y jerarquías y todos desembocan en un mismo mar, el agua no puede ser muerte más que de siris y cangrejos, servidos en restaurantes flotantes. Y, si vamos por la metáfora, las toneladas de agua salada son exclusivas fortalezas de un reino bien vivo: el hogar de Iemajá, la multiplicadora de peces.

OLODUM

Nos acercamos al final del viaje. Pero en realidad ya nos fuimos. Y estar aquí, sumidos en evocaciones risueñas, poco tiene que ver con haber estado allí, en medio de rondas y círculos que ya son espirales y, más tarde, anillos, expandidos por una piedra de recuerdos. El agua del tiempo se ciñe a un alga, a un zapato, y por fortuna, ¡a una correa de tambor! Entonces volvemos a la ronda, antes de que sea demasiado tarde y nos detenemos una vez más alrededor de la cruzada de tambores.

Porque el bloco de Olodum nació para dar participación en los carnavales, a los sectores más postergados y denunciar la discriminación racial que sufre la afrodescendencia en todo el mundo. El bloco de Olodum destaca como insistente bastión de resistencia. En Pelourinho, desde temprano, hasta despuntar la noche, su movimiento oscilatorio desafía la gravedad de las calles empinadas: una importante cantidad de personas poseídas de percusión puede subir de espaldas o hacer meneos coordinados, mientras suelta artillería de golpes sobre los instrumentos. La diversidad de voces va de atrás hacia delante en un camino de graves a agudos: en la popa, suenan los toques pesados y, a medida que se afinan hacia la proa, los toques se suceden en figuras rítmicas más cortas e incisivas.

Desde lejos -y luego de alguna caipirinha-, ese bloque de ejecutantes puede asemejarse a un cangrejo en su doble faceta guerrera: la pesada y tensa lentitud ante una amenaza suena en los tambores graves. Y, la diatriba de pinzazos sin titubeos y con aguerrida coordinación en todos sus brazos,  en los tambores agudos. Olodum. Cuerpo de cuerpos donde se atrincheran dioses. Refugio del instinto divino. Vehículo de resistencia.

QUILOMBOLA

De emporio comercial, puerto de riquezas y cuna de nobles, Pelourinho cambió- por esos avatares inescrupulosos de la economía- a un antro de marginalidad hasta, finalmente, recuperar cierta autoestima luego de ser reconocido por la Unesco, patrimonio cultural de la humanidad. Pero, después de tanta manipulación y castigo, ¿cómo no sucumbió en un pozo de desaliento?

La memoria de África, de la esclavitud y del tráfico de africanos (…) fue puesta en acción por diversos grupos de Brasil para fundamentar una identidad también afrobrasileña, llamada a veces quilombola, y para la lucha por la tierra y por el derecho al ejercicio de la diversidad cultural” *.

Otro ícono de la “resistencia a la opresión histórica sufrida” ** es el samba de roda de Bahía, “expresión que se transforma en bandera de lucha por la afirmación de una identidad afrobrasileña”**.

Ni las picotas, ni el capitalismo que derrama desalientos, pueden “prohibir el canto insistente del gallo”. Chico Buarque le cantó a la última dictadura, pero también a los verdugos de todos los tiempos. Canto que seguirá, como el faro de Bahía, en pócimas de luz sobre las naves de la cultura.

Porque triunfa, la piel, sin patrón ni género. Orgullosa de negritud, sus piernas y torsos convierten en cobre el aire.

Porque es fibra de cuerpos en rebeldía, cadencia de la carne: en cualquier tiempo se germina a sí misma. Desde todos sus orificios. En inquieta y excelsa perdición. Sometida a un mandato de libertad, de manos abiertas en gratitud, como extensión de frutos, parches y raíces: banquete llevado en andas y salvado por los pueblos en su inclaudicable identidad de resistencia colectiva.

Salvador de Bahía, septiembre de 2016

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Notas:

* Marta Abreu (con Hebe Mattos), Huellas y legados de la esclavitud en las Américas, Memorias de la esclavitud en Brasil, pág. 67, EDUNTREF, Argentina, 2012.

** Ibídem, pág 71.

 

 

 

 

 

 

 

 

 




AGENCIA DE MALES

El Desaliento: sobre los abusos urbanos

Por Isabel D´Amico

EL LEGISLADOR PORTEÑO

Buenos Aires, Junio 9 de 2016. Como todos los días, Adrián toma la línea D, que lo alcanza hasta Catedral. De allí, con un poco más de esfuerzo, llega al despacho de la Legislatura. Los pasos lentos caminan entre la reflexión, la repregunta y los silencios. Un pantalón negro y una impúdica camisa blanca .El peso, desde la correa de cuero del portafolio, frunce el hombro y la mente del legislador. Es curioso, las letras no pesan, son los números.

BON APPÉTITE La ciudad se mueve cada vez más incómoda, la falta de espacios verdes públicos le quita aire y luz. La sofocan. Cientos, miles de vecinos acechan con sus reclamos en defensa de sus territorios. Son luchadores heridos- pero no rendidos-, despojados del hábitat que solían tener. Buenos Aires enreja su destino y alimenta, sigilosa, el hambre voraz de la industria inmobiliaria: su violencia come parques, cielos y patrimonios barriales. Mientras la furia inmobiliaria avanza, eructa satisfacción en pos de “la modernidad”.

Foto 1 TIERRAS PÚBLICAS

Es jueves 9 de junio de 2016. Algo importante pasará en la Legislatura. Adrián está preocupado. No es el único, un grupete de legisladores se empeña en poner letras, preguntas, nombres a la audiencia. Nadie devora estos datos. Los indiferentes negocian con el cuatro, el ocho, el treinta y cinco: lo importante es el número. Se busca emplear organismos estatales como inmobiliarias de tierras públicas para impulsar la venta de inmuebles del Estado. Para eso quieren crear un organismo, la “Agencia de Bienes”. Adrián, gordo de letras, flaco de números, baja al recinto. La ciudad flota entre una crisis ambiental y habitacional.

  • La ciudad es de quienes vivimos en ella, es nuestro bien común.
  • La inversión pública es producto de nuestro esfuerzo y está siendo apropiada por grandes empresarios.
  • La sobre construcción y las grandes torres colapsan los servicios públicos.

Así, destruyen la identidad de los barrios, la diversidad cultural y patrimonial. La concentración de la tierra en pocas manos agudiza la crisis de vivienda. Gritos, reclamos. Lucha en la palabra.

VOTACIÓN

Pasaron las horas y los oradores. Finalmente, la Legislatura porteña aprobó “La Agencia de Bienes”, que tendrá a su cargo el manejo de unos 2400 inmuebles porteños. La agencia podrá impulsar nuevas obras y también, previa aprobación de la legislatura, la venta deFoto 2 cualquiera de ellos: Tiro Federal, Parque de la Ciudad- . Actualmente, están en juego más de 15 predios estatales que van a ser destinados a negocios inmobiliarios (Cenard, Empalme Norte, Distrito Joven, Mercado de Hacienda de Liniers, predio de la TV Pública, terrenos ferroviarios de Palermo, Caballito, Liniers y otros) . El desaliento se huele entre los vecinos, quienes no cesan de gritar a los números. 40 votaron a favor. En contra, 7 diputados del FpV, 3 de monobloques de izquierda, 2 del partido Socialista, 2 de Coalición Cívica, 1 de Socialismo auténtico y 1 de Bien Común. Se abstuvieron Carlos Tomada y Gabriel Fuks (FpV).

URBICIDIO: LO QUE VENDRÁ

 

Foto3La reforma del Código de Planeamiento Urbano debe ser discutida. Está en la agenda de la legislatura porteña. Para muchos esto será un blanqueo urbanístico. La violencia inmobiliaria instalada a partir de contravenciones quiere ser bien vista y negocia adecuar su pasado y su futuro bajo un nuevo paraguas legal. “Lo hecho, hecho está”. “A otra cosa, mariposa”   Un pequeño detalle le falta a esta construcción, no es ornamental, no es ni Foto 4estético. Menos, estático. La ciudad es “la gente” que la habita, la recorre, la respira, la vive. Entonces, saquémosles la careta a todos estos emprendimientos disfrazados con los falsos brillos de la modernidad. Ellos pretenden vendernos arpillera por seda, mal encubiertos tras sus máscaras de Durlock. Mientras, el papel picado de vicio cae sobre las cabezas de los legisladores, alternadores de votos. Siempre alcanzan el “número” aquel, que tanto pesa en el hombro de Adrián.

 

CARTA DEL DERECHO A LA CIUDAD

En los pasillos de la Legislatura, hay ciudadanos con portafolios llenos de letras. Golpean y golpean a las puertas de los despachos. Con esas letras  forman palabras: “Derechos Urbanos”, “Impacto Ambiental”, “Bien Común”, “Lo público sobre lo privado” “Economía social solidaria”. A veces se enojan y está bien, necesitamos más enojados. Los proyectos de los “grandes desarrolladores” pesarán sobre nuestros hombros hasta aplastarnos. Hoy la ciudad de Buenos Aires debe ser interpelada, ya no hay más tiempo.

LAS CIUDADES INVISIBLES

"Ottavia” – Las Ciudades Invisibles – I. Calvino
“Ottavia” – Las Ciudades Invisibles – I. Calvino

En el libro de Italo Calvino el  narrador despliega un relato de ciudades imposibles. Están “Las ciudades y el cielo” (con propiedades divinas) “Las ciudades y el deseo” (despiertan el deseo y la pasión de las personas) “Las ciudades y la memoria” (de recuerdos manifiestos en sus habitantes o estructuras). En el final del libro dice:“El infierno de los vivos no es algo que será, hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras existen de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.”   Vos elegís: salir a la calle o la bicisenda.  

http://www.parlamentario.com/noticia-96135.html

Bibliografía recomendada:

Massuh, Gabriela. “El robo de Buenos Aires”. La trama de corrupción, ineficiencia y negocios que arrebató la ciudad a sus habitantes.




DOS LEONES FRENTE A LA MUERTE

El Desaliento: Sobre el film documental Homeland – Irak Zero, de Abbas Fahdel.

Por Adriana Valletta

HAIDAR Y ABBAS

Abbas Fahdel, cineasta iraquí que reside en Francia desde su juventud, recibe la noticia: Irak sufrirá una invasión, por decisión de Bush. Poco tiempo atrás, el mundo se había visto conmovido por la destrucción de las torres gemelas. Abbas es cineasta comprometido y no duda en viajar a Bagdad. Inicia un registro fílmico del antes y el después de la invasión a Irak en marzo del 2003. La película es una invitación a vivir lo íntimo de una sociedad que repentinamente deberá enfrentarse al desaliento de la guerra y a la suspensión de todo lo cotidiano. Sin embargo, a través de las vivencias de sus familiares y el destacado aporte de su sobrino Haidar- con quien Abbas trabajará en equipo- conoceremos con qué se procurarán amparo contra uno de los aliados de la muerte: el olvido.

Haidar, de 11 años, será el guía entusiasta e incansable, él se transformará en nuestros ojos. Simpático y sagaz, habita las perspectivas del adulto y del niño a la vez. Desde la perspectiva adulta, parece poseedor de una gran conciencia de la vida y de la muerte. Desde su mirada de niño, no escapa a la tentación de ver a la guerra como a una buena excusa o “un juego” para no tener que ir a la escuela. La inocencia es aliada de la niñez. De ese modo y por un tiempo, la muerte pierde todo poder. Sonrisas picarescas salpican el paisaje amenazante de la anunciada guerra.

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IRAK ZERO

“Homeland, Irak Zero” es un filme documental en dos partes. En sus 334 minutos de duración, el tiempo se pierde de toda cronología habitual.Lo que está frente a nuestros ojos es real y de curso imprevisible a la vez. Sabemos- y los actores ocasionales de esos hechos saben también-, que en este film todo carece de la lógica corriente, así como la realidad filmada está descorrida de los ejes esperables.

La noción de suspenso respecto de la muerte queda elidida. Ante la sorpresa del espectador, se anuncia que el protagonista morirá en la primera parte del film. Sin embargo, todavía los niños juegan y sonríen. Los menores van a la escuela y sus padres, a sus trabajos. No faltan las compras ni las visitas de sus parientes. La invasión también quedará fuera de campo, perderá prácticamente el rol central, para dar paso a la vida familiar de muchos iraquíes. La necesidad de capturar la existencia de todo un pueblo, de preservarlo en la memoria de la grabación, se suma a las escenas cotidianas. No se irán. Hay premura de registro, será  importante ponerles rostro a muchos hombres. Semblantes y lenguajes aportarán toda la música y las imágenes al film.

Quien se pone frente a estas imágenes sabe que está ante un mundo próximo a desaparecer. Así, el desaliento sufre diversas transformaciones. Por momentos subyace, al film y al espectador, como algo flotante que no se puede ni soltar ni asir del todo. Aun así, resulta imposible desalentarse completamente, pues puja la vida por algunos carriles y calles. También resulta imposible ser ciego a la contundente amenaza de destrucción.

Trailer Homeland: Irak Year Zero


LA TIERRA Y EL AGUA TRABAJAN JUNTAS

Los lazos familiares son imprescindibles como el agua. El agua y los alimentos nutren el hogar y lo prepararan lentamente para albergar lo heroico ¿Qué mejor espacio que la propia casa para ser testigo de la lucha? Los actos que nos igualan: “resistir o morir”. Se desliza la idea: “Si van a morir prefieren hacerlo en su casa”.  Cerca de lo propio, dentro de su construcción del “sentido”. La no- casa es el lugar de donde viene la muerte: Occidente. De allí conocen a Shakira quien, de tanto en tanto, los entretiene con su danza, un poco bastante occidentalizada, pero con pretensiones de raíces orientales. Vaivenes. En la línea inversa, si ellos desconocen a Occidente, Occidente los desconoce a ellos aun más. Es necesario hacer de Irak un enemigo a la medida de la contienda y para eso se apelará a todo tipo de imágenes distorsionadas. Es imperioso hacer de los iraquíes unos “otros” ante los cuales nadie se detendría a la hora de eliminarlos.

 

A FUERZA DE BRAZO

En el aire entrecortado se respira el temor. En ocasiones, disimulado. En homelan y el aguaotras, claramente rebosante de honestidad emocional. Entre los toques del miedo, se deslizan las escenas familiares-alrededor de las velas, si no hay electricidad o en torno a las pantallas de tv donde, de tanto en tanto, un rostro femenino se instala en el living: una vez más las danza y la voz de Shakira. La música los conecta con un sentimiento de alegría antigua y conocida. El agua y la electricidad escasean ya antes del inicio de la guerra. Haidar perfora la tierra durante largas jornadas para extraer agua. Sus brazos trabajan hora tras hora, de día y de noche. ¿Pensará acaso en la fuerza que forja al hombre y lo sustenta, en contraste con la sutileza de la mujer? La madre se asoma y asiste al crecimiento de un adolescente…¿un día será hombre? Mientras, el hijo se prepara para la vida o  para la muerte. Se prepara con iguales chances, en el mejor de los casos. Haidar bombea a fuerza de brazo. La tierra guarda agua limpia. Pero, si hay guerra, no habrá ni agua ni alimentos. No se puede permanecer impávido. 11 años de edad alcanzan para sentir el ímpetu de lo que puede ser la sed, la urgencia o la vergüenza por la falta de higiene. Desde lo rudimentario hasta lo más creativo será utilizado para no morir indignamente.


GENEALOGÍA DE LEONES

Por calles y ferias, circulan canastos haidar y sus padresrebosantes, rechonchos. Granos y frutos de todas clases: la vida puede  mostrarse exuberante, símbolo de lo que fue la riqueza, la diversidad y  el potencial de Irak. Resuenan alabanzas a Mahoma y a Alá. Ante tanto pregón, responderá quien  posea algunas monedas de más. Como sea, aprovisionarse no garantiza nada. La rutina se multiplica en requerimientos: al preparado del té se suma la nueva tarea de encintar vidrios de ventanas y puertas. Haidar encinta el cristal de la ventana. El chirriar de la cinta contra el vidrio frío trae otra imagen, esta vez cálida. Una ventana que parece otra- de otra época-  en cuyo reflejo se dibuja el contorno del  padre con el niño Haidar en brazos, mientras su esposa cuida que el pequeño no se ensucie con el polvo del vidrio. Rápidamente, el mapa se desdibuja. ¿Esto es Irak? Puede ser una familia de cualquier lugar del mundo. El espectador, sin embargo, no tiene tiempo para estas especulaciones. Mutan los peligros, mientras hay que cuidar que el cristal no se alíe a la muerte y las astillas del vidrio no se incrusten en la carne. Se debe evitar que la vieja ventana no se vuelva un arma criminal.

 

LA CÁMARA NO SE NEGOCIA

haidar encintando

Algo más comienza a ser vital, no solo el agua: capturar imágenes antes del final, que ya sobrevendrá. Resguardar el archivo de la memoria. Ahora todos son súbitos actores, hasta los desconocidos transeúntes: ancianos que, como niños, se prestan a posar frente a la cámara y dan testimonio y oran. Haidar lo sabe: la cámara es agua que sacia otra sed. La cámara calma. Alienta. Cuando los soldados americanos intentan quitársela, él dice: No. La cámara, no. Y ante ese “No”, sereno y hasta simpático del niño de 11 años, no hay poder que se resista. Intransigencia bien fundada. La cámara no se negocia.

En las antípodas de “la cámara o la vida”, está “la cámara y la vida”. Porque las guerras actuales se dirimen, también, como combate de imágenes.


EL LEÓN Y EL CRISTAL

En algún lugar del mundo, ese “No” de Haidar (León, en árabe, según algunahomelan imag 5s traducciones) atraviesa cristales, ventanas y puertas. Su voz es temple y seguridad inamovible. Uno puede percibir eso en sus gestos. Se me ocurre que Haidar es el cristal mismo. El cristal vuelto vida. Un nuevo cristal.  Cristal como lente de cámara o como vidrio de ventana, a través del cual, somos invitados a percibir un mundo con renovados ojos. Si la pretensión es eliminar de la faz de la tierra el universo de Haidar, Haidar dará batalla, sin desconocer los intereses y razones detrás de la guerra. Haidar muestra el arrasamiento de una finitud ya condenada. Lo que cambia aquí en relación a otras contiendas son los tiempos y los eufemismos: ahora está el horizonte que antes se llamaba futuro, el asesinato que antes se llamaba muerte. Abbas, su tío, continúa su tarea, mientras Haidar funda la mirada para dar a ver a otros. Abbas y Haidar: genealogía de leones.

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EPÍLOGO

Está nota es una lectura de la primera parte del filme de Abbas Fahdel. Espero que estas líneas sirvan como reconocimiento a su gran  labor y como gratitud por haber sido el rugido que nos devolvió los ojos.

 
Carta de Freud a Einstein, en respuesta a su pregunta ¿Por qué la guerra?

(…) “para nuestros fines inmediatos: no ofrece perspectiva ninguna pretender el desarraigo de las inclinaciones agresivas de los hombres (…) “Por ahora ponen el máximo cuidado en su armamento y el odio a los extraños no es el menos intenso de los motivos con que promueven la cohesión de sus seguidores. Es claro que, como usted mismo puntualiza, no se trata de eliminar por completo la inclinación de los hombres a agredir; puede intentarse desviarla lo bastante para que no deba encontrar su expresión en la guerra.” (…)“¿Cuánto tiempo tendremos que esperar hasta que los otros también se vuelvan pacifistas? No es posible decirlo, pero acaso no sea una esperanza utópica que el influjo de esos dos factores, el de la actitud cultural y el de la justificada angustia ante los efectos de una guerra futura, haya de poner fin a las guerras en una época no lejana. Por qué caminos o rodeos, eso no podemos colegirlo. Entretanto tenemos derecho a decirnos: todo lo que promueva el desarrollo de la cultura trabaja también contra la guerra. Saludo a usted cordialmente, y le pido me disculpe si mi exposición lo ha desilusionado.”

Sigmund Freud (Freud, “Obras Completas”, Editorial Amorrortu. “¿Por qué  la guerra?”, 1932)

 




UN MIEDO LUMINOSO

El Desaliento: Sobre la dificultad de hablar de la muerte.

Por Víctor Dupont

BOCETO DE UNA FUGA

¿Hago bien en preguntarle a algunos poemas sobre la muerte? Quiero hablar. Quiero escribir sobre este asunto. Escribo y no escribo. Entonces, ¿empiezo con cautela? ¿Comienzo por algún rodeo?

Para Pizarnik: “los instantes se tejen de muerte y cielo y tienen color de infancia muerta”. Replica Orozco, “¿estatuas de sal del otro lado?”.

Como una partitura delicadamente extrema, la pregunta es un contrapunto entre dos poéticas. De esas voces tan disímiles y cercanas, van a crecer otras figuras. A ellas estaré atento: en la patria del poema hormiguean criaturas impensadas, sacerdotes de espuma, amantes, muñecas, muelles grises.

Preguntar, componer el puente entre voces y pistas hacia algunas sospechas sobre la muerte. Quizá pueda, después de todo, decir algo sobre mis muertes o mis muertos.

LAS AVENTURAS PERDIDAS

En 1958 aparece el tercer poemario de Alejandra: “Las aventuras perdidas”. Pizarnik prefigura, en la brevedad del trazo, la forma mínima de su próxima obra, “El árbol de Diana”. Más allá de las clasificaciones, sorprende una potencia ya presente en “La última inocencia”, del ´56. Por lo tanto, tomar una serie de poemas de Alejandra, en torno a una de sus recurrencias, puede ser un método amigo. Ella misma lo ha dicho. En cada verso intenta repetir las mismas palabras, las mismas letras. La música de la infancia. La música de la locura. La música del poema. La música de la muerte: “Un viento sin alas encerrado en mis ojos”, dice enFiesta en el vacío”. Pero, inmediatamente, “Sólo un ángel me enlazará al sol. / Dónde el ángel, dónde su palabra.” Con la llamada mortal en los ojos del poema, la voz invoca. Así será en la “Extracción de la piedra de la locura”. En “El sueño de la muerte o el lugar de los cuerpos poéticos”, la cosa se pondrá más directa: “Toda la noche escucho el llamamiento de la muerte, toda la noche escucho el canto de la muerte junto al río, toda la noche escucho la voz de la muerte que me llama.”

Pizarnik antropomorfiza, dispersa y disuelve a la muerte en otros elementos, sin jamás extinguir su perfil. La metamorfosea en la danza de muñecos antiguos, en las desdichas heredadas, en el sol debilísimo. En el amor.

Terreno mismo de los cuerpos poéticos, la muerte hace oír su canto. Se sienta -dice Pizarnik-, “pulsa un arpa en la orilla del río hasta que nos adormece”.

Y también: “La muerte es una palabra.”

Y también la palabra es una cosa.

La muerte es una cosa. Por eso la encontramos no sólo en los ojos del poema- en el canto de su llamado- sino también en los objetos. Podemos levantar nuestra vista y hacer un inventario. Allí estará. No debería ser difícil rescatar su rastro en alguna foto, en el marco sucio del espejo, sobre la pila de libros a punto de caerse.

Pero un día, zas, muere alguien.

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ESCRIBIR LA PALABRA INFANCIA

En Alejandra, la relación entre la muerte y la música parece tan próxima como la que los griegos veían entre la parca y el sueño. En el poema “Las artes invisibles” dice: “Con todas mis muertes / yo me entrego a mi muerte, / con puñados de infancia, / con deseos ebrios que no anduvieron bajo el sol,/ y no hay una palabra madrugadora / que le dé la razón a la muerte,/ y no hay un dios donde morir sin muecas”. El canto. El pulsar el arpa. El llamado. La escucha. La muerte es sonido. Una sinfonía con un solo de viento. El viento traslada el canto o el eco de la muerte hasta los pasos perdidos, el llanto en el jardín, la grieta en los muros, la canción del color del nacimiento y los hace verso. Incluso el viento se hace cualidad en “los ausentes”, seres del otro lado que soplan “grismente”.

La muerte tiene un color verde, azul, rojo y lila, que se entremezcla con los tonos de las cosas más abstractas y cercanas a la misma muerte.

La noche y sus colores:

“Los ausentes soplan y la noche es / densa. La noche tiene el color de los párpados del muerto. / Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo. / Palabra por palabra yo escribo la noche.”

Otra vez leo: “los instantes se tejen de muerte y cielo y tienen color de infancia muerta”.

Transcribo la palabra “infancia” y tengo que desviarme.

MI ÚLTIMA INOCENCIA (PRIMER INTENTO)

Ya me la veo venir. Páginas y páginas con citas de otros. ¿Y mis muertes?

OROZCO Y LA MUERTE DE LA MADRE

El segundo libro de Olga Orozco es “Las muertes” (1952).  En ese año precisamente moría su mamá, una mujer culta y que amaba la lectura. Orozco declaró sobre ese libro: “Lloré siempre la muerte de mi madre, desde que yo era muy chica. Inclusive, cuando tenía esa edad, la internaron para operarla de una hernia y yo dormía con un camisón de mamá, para poder sentir su perfume. Y lloraba todas las noches como si fuera a morir, y durante mucho tiempo yo me despertaba llorando por la posible muerte de mamá. Murió tantísimo después. Es como si toda la vida hubiera estado llorando la muerte de ella. No es porque mi madre no fuera un ser vital. Fue una muerte que no asimilé nunca.”

Tal cual ha dicho Pizarnik sobre sus propios poemas, quizá este libro de Orozco pueda leerse como un exorcismo.

En concreto, el libro son una serie de elegías dedicadas a personajes literarios. Textos a los que Orozco llamaba epitafios. Epitafios que ha tomado de sus lecturas de Rilke (Los cuadernos de Malte Laurids Brigge), Lautreamont (Los cantos de Maldoror), Crommelynck (Corina), Faulkner (Luz de Agosto), Dickens (Grandes ilusiones), Melville (Bartleby), Supervielle (La niña de alta mar), Conrad (El negro del Narcissus) y Dunsany (Cuentos de un soñador), entre otros.

Pero hay un poema. Un epitafio. Se llama “Olga Orozco”:

“Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero. (…) / Ella hubiera querido guardarme en el desdén o en el orgullo, / en un último instante fulmíneo como el rayo, / no en el túmulo incierto donde alzo todavía la voz ronca y llorada / entre los remolinos de tu corazón. / No. Esta muerte no tiene descanso ni grandeza. / No puedo estar mirándola por primera vez durante tanto tiempo. / Pero debo seguir muriendo hasta tu muerte.”

La muerte de esta Olga Orozco no tiene paz. Dicho epitafio culmina la serie y reafirma la idea de los anteriores: la muerte es un rayo letal. Los poemas acumulan muertes parciales, singulares. Y los últimos versos arremolinan esas muertes en el desdoblamiento definitivo, la transfiguración de la poeta que empuja con su muerte a las demás. El poema permite el despliegue mortal: “Debo seguir muriendo hasta tu muerte.”

El exorcismo sucedió a la perfección. Los ecos de esa voz ausente se multiplicaron en cada uno de los versos, silenciosos.

Pizarnik replicaría: “En el eco de mis muertes / aún hay miedo. ¿Sabes tú del miedo? / Sé del miedo cuando digo mi nombre. / Es el miedo, / el miedo con sombrero negro / escondiendo ratas en mi sangre, / o el miedo con labios muertos / bebiendo mis deseos. / Sí. En el eco de mis muertes/ aún hay miedo.”

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MI ÚLTIMA INOCENCIA (TOMA II)

Un conjunto de reflexiones, un salpicado, hipótesis, alguna conclusión. Pero lo cierto es que este año murió mi viejo. Un día antes, también moría un gran amigo. Y, un mes después, una de mis alumnas más queridas. Tres muertes en tres meses. Es decir: debería poder escribir algo más que un tendal de palabras ajenas.

PIZARNIK A OROZCO

De “Las aventuras perdidas”, también, es el poema que Alejandra dedica a su amiga, Olga Orozco. Su nombre: “Tiempo”: “Yo no sé de la infancia / más que un miedo luminoso / y una mano que me arrastra / a mi otra orilla. / Mi infancia y su perfume / a pájaro acariciado.”

MI ÚLTIMA INOCENCIA. (TOMA III)

La llamada de la muerte estaba, claro. Mi papá pasó los últimos meses de agonía dentro del Parkinson. Lo extraño es que, el primero de enero, casi después de la resaca de fin de año, escribí un poema donde llamaba a la muerte. Llamaba al inicio de su aquelarre. Pedía por el esplendor de su danza. Exigía no temerle. Convocaba su fuerza purificadora: agua, fuego. Creo que les di la bienvenida a sus ejecutores, mensajeros. Mis fantasmas agónicos y mis odios ancestrales eran invitados a volar.

Aunque, la verdad, no sé si las cosas o las personas mueren de un hondazo.

El canto terminaba con estas líneas:

“Se abre la danza. Y queda una cuerda en la lejanía.”

UNA ANÉCDOTA

El último poema de “Las muertes” es el epitafio de Olga Orozco. A ella le hacía gracia que, al igual que le pasó a Neruda con su famoso Poema 20, en los recitales siempre le pidieran que lo leyese. Escribió al respecto: “Sí, me piden que lo repita constantemente. Yo, que no me sé de memoria ningún otro de mis poemas, he acabado por aprendérmelo a fuerza de tanto repetirlo. Además ha creado confusiones en algunos críticos por el hecho de decir que muero en el corazón de alguien. Tomado en un sentido literal, se han preguntado cómo se puede morir de atrás para adelante, cómo se puede morir al revés. La muerte no tiene revés, yo más bien lo que creo es que la muerte no tiene derecho, nunca.”

MI ÚLTIMA INOCENCIA: LA PROFECÍA DEL DESPUÉS (TOMA IV)

Exactamente un año antes de la muerte de papá escribí un poema. 12 de junio. Unos versos me llaman la atención: “Punto: un padre decide morir, de manos mudas, / un punto como mariposas sobre agua / trae a bestias que inventaron la lengua del mar. Tiempo. / Hablan de aldeas, susurran de fuegos, palpitan de estragos.”

ALEJANDRA DECIDE MORIR

Pizarnik se suicidó el 25 de septiembre de 1972. Tomó 50 pastillas de Senocal (un barbitúrico). En uno de sus últimos poemas leemos: “La noche soy y hemos perdido. / Así hablo yo, cobardes. / La noche ha caído y ya se ha pensado en todo.”

Recuerdo la visión chamánica de la muerte. La idea de que no nos llega, sino que llegamos a la muerte. Llegamos como a un estado de conciencia. Una iluminación. Lucidez. Para Pizarnik, lucidez viene de luz y de Lucifer.

Uno de los textos encontrados en su pizarrón de trabajo decía: “Criatura en plegaria/ rabia contra la niebla/ escrito en el crepúsculo/ contra la opacidad/ no quiero ir nada más que hasta el fondo/ oh vida/ oh lenguaje (…).”  

 

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EL FIN DE LA INOCENCIA

Papá murió, como dice Pizarnik, grismente. Los tantísimos médicos que lo atendieron en el transcurso de los últimos tres meses se preocuparon en prolongar su agonía con prolijidad. Mi hermano y yo nos hartamos de buscar la confirmación o refutación de ese llamamiento, pero las clínicas donde caía internado y sus profesionales nos comentaban que “no se podía asegurar que…”, entonces “vamos a probar con”. El cuerpo de papá, mientras tanto, se deterioraba. Cada vez más. No tragaba, las escaras eran imparables y su voz, lenta, enmudecía. Dejó de caminar muy rápido y el ritmo de internaciones y externaciones marcó su última estadía. Nadie se animó a decir, claramente, lo que sucedía.

La protección institucional convirtió ese cuerpo en un despojo infrahumano.

La noche de su muerte no podíamos respirar el hedor en aquella habitación. Sin embargo, me acerqué antes que cerrara sus ojos, lloramos (¿él lloraba?) y pude decirle por última vez lo que le decía en buenas épocas: “papito”. Y le di las gracias.

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POSLUDIO

Hay una respuesta muy tentadora ante qué hacer frente a la certeza de la muerte de un padre: nada. Y otra respuesta frente a la pregunta de cómo prepararse: de ninguna manera. Sin embargo, en el transcurso de ese tiempo único, sentí la apertura de muchos estados. Sobre todo, en sueños. En ellos charlaba con papá y le decía que estuviera tranquilo. Que hiciera lo necesario. Tal vez porque circula una idea de que el moribundo está en tránsito. En esos sueños, yo jugaba ese papel mediador: incluso una vez imaginé su velorio, donde él mismo miraba su cadáver con miedo. Yo intentaba tranquilizarlo. Y él lloraba.

Papá falleció el 12 de junio de este año.

En estos poquitos meses desde ese día he pensado muchas cosas.

Una de ellas es simple y fulminante: ya no volveré a decir papá. O pá. O papito. Eso me hace pensar en algunas palabras que la muerte nos arrebata. Palabras que jamás encontraremos en el tesoro del poema. Y, sin embargo, las extrañamos en su imposibilidad y en su misterio.

La muerte arranca no sólo la carne sino, también, trozos de lenguaje.

Quizá por eso recuerdo, ahora, a Manrique y a sus coplas. Las elegías que el poeta escribió a la memoria de su padre. Aquellos versos que todos aprendimos en el secundario y esa muerte -la de todos- que venía tan callando.

Habrá que volver a saludarla, aunque ni le importe nuestro saludo.

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AL FIN, EL POEMA

Poner entre paréntesis nuestra historia / y que el lenguaje obsequie chispazos en la noche / con eso basta para desembarazarse / el presente regala, pródigo / te sueño cuando eras el que gambeteaba / o te escabullías en las baldosas, al atardecer / una siesta al sol con mosquitos miserables / los primeros porros a la esquina de la chocolatada / a tus espaldas siempre sosas / siempre palpita mejor la piel al comienzo / te sueño cuando el abrazo surtía cumbres / ¿qué se hizo de vos? / los espejos que el mundo me trae / evocan al pájaro medroso que fuiste / y el tiempo no alinea alguna primavera / para quien no deshuesa un árbol / el mar ahueca las estelas del viento / y el paseo de tus mañanas no deambula / si a la prisa no le quitamos la sangre de la tierra. 

A los gritos del solsticio / al arcaico musitar de las bestias que somos / le pongo la seriedad del otoño implacable / y te miro, no esquivo a tu cuerpo desgarrado / ni a tus huesos en balbuceo / saludo a tus compañeros deshilachados  / y me siento a callar mejor en tus ojos / para escuchar, fulgurante, los teoremas y desiertos /  Como he escrito en otra pared: padre, ya no suicido.

Pero mi poema hoy es otra forma de silencio, / un sosiego brutal para hacernos más fácil / el vivir y el morir / cinco minutos bastarían para encrespar la aurora / pero está bien, no siempre decidimos / el color de cada uno de nuestros abismos, papá./ Enmascarados, / volveremos a ser feroces.

 https://www.youtube.com/watch?v=xPZ8k7u55vM




ENTRE DIOSES Y PATRONES

El Desaliento: Sobre el movimiento “No a la Mina”.

Por Lourdes Landeira

POR EL JUEGO DE LAS DIFERENCIAS

Cualquiera que alguna vez haya hecho un crucigrama lo sabe: si hay dos casilleros y la definición es “dios del sol”, Ra es el nombre a completar. Ahora, si los casilleros son dos, pero la definición es “símbolo químico del oro”, entonces, hay que colocar AU. Ra y Au, sol y oro, además de la constante repetición en el famoso juego, comparten el brillo dorado. Sin embargo, más allá de las bondades de algún dios creador y de la calidez del sol que hace posible la vida en esta tierra, ambos comparten una larga historia de sacrificios e inmortalidades. Porque  también poseen la codiciada e inalcanzable condición a la que aspiran tantos mortales: reinar por toda la eternidad. Si hacen falta más coincidencias para emparentarlos, hablaré de la forma, otro de sus atributos: cambiar de forma cuantas veces quieran sin que eso afecte su existencia.

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Noble metal en las entrañas de la tierra, el otro.

Pero esto no ha sido (ni será) siempre así.

 

 

DICEN QUE DICEN      

El mito cuenta que Ra, cada día, amanecía escarabajo. Desde su pequeñez, arropaba a sus crías en sus heces y las pateaba hacia el mediodía, donde las crías ya estaban creciditas y él ya aparecía como una gran sol. La muerte comenzaba su camino hacia el atardecer. Anciano para entonces, el astro quedaba a expensas de Nut, la gran diosa de los cielos. Ella, después de un buen tacle, lo devoraba en su oscuridad hasta la mañana siguiente, cuando lo vomitaba en forma de escarabajo hacia el esplendor de la mañana. Sigue el mito: cuando Ra decidió asumir forma de hombre – primer faraón de Egipto – no tuvo en cuenta que eso implicaba envejecer, sin vuelta atrás. Y sucedió día tras día, hasta el punto en que, lejos de sus épocas de gloria, los egipcios comenzaron a burlarse de su aspecto senil. En venganza, el dios creó a su hija, la diosa Sekhmet, quien gozaba con la matanza y la sangre de los hombres. Por más que se escondiesen, ella no se desalentaba y los perseguía hasta eliminarlos. Antes del abandono final, se relamía con su sangre. Parece que la ofensa de Ra no era tanta como para permitir semejante exterminio y entonces se apiadó y decidió engañarla. Mezcló ámbar con cerveza y logró que, a la luz de la luna, se viera como sangre. La diosa, al ver correr esos ríos, se embelesó y bebió hasta la ebriedad. Al regresar a su padre sin haber matado a ninguno de los hombres que habían osado ofenderlo (su apetito satisfecho, sin una mínima aniquilación), él, ante la falta, le cambió el nombre. La convirtió en la diosa de la dulzura y Ra, ya viejo, se retiró al cielo, a pasear tras los caminos del sol.

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SOÑAR NO CUESTA NADA

Au, lo sabemos, es extraterrestre. Los alquimistas se afanaron en ensayar mezclas y transformaciones, pero muy pocos lograron trasmutar el azufre y el mercurio en oro. Ese sueño estuvo reservado a las estrellas. Ellas, entre fusiones, lograron el ansiado elemento. En sus núcleos se acunó el metal precioso que se escondió entre capas sólidas, tesoro de los suelos. Los metales preciosos del planeta, dicen extrañas versiones, provienen de un bombardeo de meteoritos, allá lejos, unos 200 millones de años después de la formación de la tierra. El oro, desde todos los tiempos, por su vía directa con nuestro ya conocido Ra, fue símbolo de poder, poderes y embrujos. El oro, por maleable y resistente, es un bien eterno, utilizado y buscado por múltiples civilizaciones. Digno hijo de su padre, resulta escaso y difícil de adquirir (¿quién tiene muchos dioses en su casa?). También, digno hermano de Sekhmet, ha causado innumerables muertes entre pueblos que disputaban su tenencia y saqueadores de territorios. Así, el oro llegó, si no a dios, a patrón. Garante del sistema financiero internacional, hasta que las necesidades bélicas – sí, otra vez la guerra – hicieron que un frágil y efímero papel impreso tomara su lugar. Globalización mediante, el valor se desprendió de la materialidad y se hizo etéreo. Ni el billete fue necesario, la tecnología (no la alquimia soñadora) habilitó el viaje metafísico del dinero. Apenas un dedo posado sobre un enter empezó a ser suficiente. Sin embargo, el poderío de Au continuó y, aunque no sea moneda de uso corriente (de todos modos, sería más cómodo viajar con un par de monedas de oro que con un fajo de incendiables billetes), aún es un bien preciado. Además de los bancos y las bancas, cuando alguna duda tienen sobre su fe billetera, muchos particulares resguardan sus ahorros en lingotes y hacen aumentar su precio. Claro, ya estamos en el reino de la oferta y la demanda. Y, si hay demanda, hay que ir a buscar lo que se pide, adonde sea y como sea. Y he aquí la diferencia. En este caso, no hubo un buen padre para saciar la sed de sus hijos y mandar al patrón de paseo. Al contrario, la voracidad sigue creciendo, contra ríos, pueblos y montañas.

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Como ya nos es bien sabido, toda historia tiene la cara oculta de quien no la cuenta. Sin embargo, en alguno o varios de los ciclos lunares, se alienta, emerge, habla y resiste.

POR EL ABROJAL

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Esquel es una ciudad cuadriculada, dicen algunos de sus habitantes. Un dibujo en un valle bordeado de montañas y lagunas. Allá, al sur del país, donde hace tanto frío. Sin embargo, los lagos son amables. En verano se templan para que los visitantes puedan acampar a sus pies y sumergirse en su profundidad. Lo de las calles prolijamente trazadas se completa con la particularidad de que el lugar no tiene acta fundacional. Su aniversario se celebra cada 25 de febrero, en conmemoración a ese día de 1906, cuando un tal Morelli llegó allí con telégrafo. Claro, no fue casualidad, no cayeron – hombre y aparato – del cielo. Se trató de un plan para ocupar la zona y proteger la frontera con el cercano Chile. El relato del prolijo delineado de sus calles y del arribo de la comunicación sugiere que el lugar estaba vacío. Pero no son tan así las cosas. En principio, la cuadrícula abarca solo a la parte central de la ciudad, aunque nada dice de los muchos pobladores de la periferia quienes, desde la base de los cerros, edifican sus caminos sinuosos hacia la cima. Además, en aquel 1906, la zona no era desértica. Por el contrario, según publicaciones del historiador local, Jorge Oriola “el poblamiento se remonta a 1889, cuando el denominado ‘Ensanche de la Colonia 16 de Octubre, comenzó a ser ocupado por vecinos de origen galés y de otras nacionalidades y criollos venidos ‘del Norte. Esta población inicial era rural y dispersa, dedicada a la ganadería y el comercio de animales con Chile; era una población joven, preferentemente argentina y chilena, con muy pocos vecinos galeses. En 1903 se creó la primera escuela primaria, la Nº 20, y allí mismo comenzó a funcionar un año después la Capilla Seion, de la colectividad galesa.”

De los galeses, se habla mucho en Esquel. Y también de sus tortas. De las de casamiento, en particular. Dicen que el piso más alto del pastel de bodas no se corta en la fiesta, se envuelve y se guarda en una lata. La pareja, cada día de su cumplemés y durante un año, come un trozo. Con ese gesto, el de la torta al mantenerse comible y el de los estómagos de tolerarla, simbolizan la posibilidad de superar las dificultades. Algunos no galeses intentan imitar, sino la torta – de secretísima receta – la perdurabilidad y la pelea contra los escollos.

De los pobladores que viven fuera del perímetro planificado, quizás no se habla tanto. O se habla distinto. La ciudad y la historia, tienen dos caras. Una y otra cuentan de cómo los cerros se poblaron por los expulsados de tierras usurpadas. De cómo se quemaron ranchos para apropiarse del lugar donde las comunidades ancestralmente asentadas producían en sus campos lo necesario para vivir. Sin embargo, esos silenciados nunca dejaron de hablar. Son las comunidades originarias, confinadas a tierras consideradas improductivas. Hasta que se “descubrieron sus riquezas” y, con el descubrimiento, llegaron las invasiones.

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Un tren de trocha angosta que, en su momento, sirvió para el traslado de mercancías y personas y hoy pasea turistas entre la ciudad y la base de un asentamiento mapuche, donde se pueden comprar artesanías.

 

 

¿Alguna otra particularidad destacable?

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Quizás la que confirma su línea directa con el cielo. En 1951, un campesino excavaba un pozo para proveerse de agua. Además de lograr su cometido, encontró un meteorito. Tan bello, hoy es reconocido en el mundo. Si se lo corta y se lo pule, devela cristales amarillentos, casi me atrevería a decir, perlas de oro. Desafortunadamente, no hubo un Ra poderoso para conservar ese Au en el lugar. En 1922, viajó a Estados Unidos y ahí se quedó.

 

 

¿Algún movimiento social importante?

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Oriola, en el mismo artículo escrito para la prensa local, lo cuenta. “En 1967, el ejército impulsó a fuerza de bayonetas un desalojo de pobladores pobres en el faldeo del camino a la Laguna La Zeta, pero una decidida acción de los vecinos, al salir a la calle, lo impidió.  Fue una verdadera pueblada ya que, de una población de 12 a 14.000 habitantes, cerca de un millar se movilizó para impedir la injusticia.”

 

 

¿Algo más es Esquel?

Sí, es el primer pueblo que resistió y logró detener a una multinacional minera por la vía de la participación ciudadana. El movimiento “No a la mina” nació en Esquel y se extendió luego a las luchas en todo el país contra el saqueo de la voracidad minera. Para saber más, escuchemos a sus protagonistas.

VECINOS UNIDOS, JAMÁS SERÁN VENCIDOS

Para comenzar, ¿qué es No a la mina?

MARTA SAHORES: El “No a la mina” surgió como respuesta de una comunidad al proyecto de instalación de una megaempresa minera canadiense… la Meridian Gold para extraer oro y plata. Fui parte de su organización. Cuando nos enteramos de que iban a usar cianuro y que mentían alevosamente sobre su “inocuidad”, otra docente y yo, de la Universidad Nacional de la Patagonia, ambas profes de Química, nos pusimos a estudiar (ya que no era nuestra especialidad) y empezamos a difundir el conocimiento científico sobre la toxicidad del cianuro. Más adelante, conocimos también los metales pesados y el drenaje ácido generados por la actividad… el uso de enormes cantidades de agua y energía. La empresa minera iba con sus mentiras a las escuelas. Nosotras, con la modalidad de Extensión Universitaria, dábamos conferencias atrás de ellos. Así, también otros vecinos estudiaron y difundieron otras cuestiones como las legales y las económicas. Todo esto hizo que mucha gente tomara conciencia de la peligrosidad de la instalación de la empresa y, en menos de 4 meses, se conformó la Asamblea de Vecinos Autoconvocados por el “No a la Mina”. El 4 de diciembre de 2002 tuvimos una marcha multitudinaria de 3000 personas (10% de la población en ese momento).

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¿Cuáles fueron los principales logros?

GUSTAVO MACAYO: Yo tuve activa participación en el Amparo Ambiental que se presentó el 16-12-2002 y que paralizó el emprendimiento en forma definitiva el 10-06-2003 a través de la sentencia definitiva del Juez Civil Dr. Claudio Petris. La causa fue apelada tres veces: la primera, ante la Cámara de Apelaciones de Esquel. La segunda ante el Superior Tribunal de Chubut. Y la tercera ante la Corte Suprema de la Nación. Todos los tribunales confirmaron el fallo original, que así quedó firme el 17 de abril de 2007. Te imaginarás que fue un precedente jurisprudencial muy importante en lo que hace a las causas ambientales en general y a la lucha contra la Megaminería en particular. Lo mismo cabe decir del Plebiscito del 23-03-2003, donde el 82% de la gente votó contra el proyecto de Meridian Gold.

¿A qué dijeron y aún siguen diciendo “No”?

MARTA SAHORES: A la minería a cielo abierto, porque saquea, seca, contamina y destruye el tejido social. A los argumentos mentirosos de los mineros que, en orden de insistencia de su parte, son: que genera trabajo, que el pueblo se enriquece porque “llega el desarrollo”, que se generan muchos empleos indirectos, que la minería puede ser “limpia”, que no contamina el ambiente y se puede hacer sin riesgos, que ninguna minera puede instalarse sin el consentimiento previo de las comunidades afectadas. Se llama o la llaman “licencia social para operar” y otras mentiras por el estilo. Solo por indicar algunas realidades: no hay en el mundo pueblo minero que sea desarrollado. Al contrario, son más pobres que antes. Vean Catamarca, San Juan y Santa Cruz, con los mayores índices de indigencia y pobreza. Los desastres ambientales provocados por las mineras, como el de Jáchal en San Juan hace un año – que se repitió el ocho de setiembre de 2016 – y el de Minas Gerais, en Brasil, que también hace un año contaminó hasta el mar. En Catamarca, hay pueblos fantasmas que antes eran agrícola-ganaderos. En San Juan el gobernador gioja (a propósito sin mayúscula) no permitió el plebiscito en tres oportunidades e impuso la minería. Si eso es “Licencia Social” yo soy astronauta.

UNIDOS EN ASAMBLEA GENERAL MUY CONSTITUYENTE

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¿Quiénes integran y sostienen la resistencia?

GUSTAVO MACAYO: Desde ya fue muy importante la participación del movimiento indígena Mapuche-Tehuelche, desde los inicios mismos de la lucha. Y, sobre todo, en los 3 o 4 años iniciales, los más difíciles. En lo que hace a la participación de las mujeres, creo que ha sido siempre fundamental y son las que hoy más sostienen la lucha y las que más participan.

MARTA SAHORES: En la asamblea somos todos iguales. No hay líderes. Es un movimiento horizontal, aunque hay quienes estamos más y quienes menos. Armamos asambleas donde se discuten ideas y acciones a seguir. Hemos tenido adhesiones de todo tipo de instituciones, como las Iglesias evangélica y católica, los médicos, los docentes, los empleados, varias ONG. Pero la organización  del “NO a la Mina”, ¡es la propia Asamblea! La “Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Esquel por el No a la Mina”. No aceptamos ni partidos políticos, ni gremios, ni ONG que quieran dirigirlo. La asamblea es autónoma, tomamos las decisiones entre todos. Esto nos asegura la imparcialidad. Obviamente, hay gente de todos los partidos políticos, pero en la Asamblea son solo vecinos.

¿De qué modo están relacionados a la asamblea y cómo ha influido en sus vidas personales?

CHUNI SOUZA: Participé desde el primer año y lo sigo haciendo hasta el momento (quizás, con un poco menos de fuerza), desde las marchas de 30 o 40 personas. Eso nos llevó a decir que éramos el piloto del calorama y que, cuando hiciera falta, íbamos a encendernos y calentar el ambiente. Y así fue: cada vez que hubo avances mineros, el pueblo salió a la calle. En mi vida, se hizo normal participar en las actividades del movimiento y lo incorporé como una rutina habitual.

GUSTAVO MACAYO: Actualmente estoy participando poco, porque ya no tengo tiempo libre. Hay otros vecinos que sí tienen tiempo, algunos son históricos, otros nuevos, que sostienen el trabajo actual. Yo participo en diferentes ámbitos de la vida civil (soy abogado, docente universitario y trabajo en una librería casi a tiempo completo). Por lo tanto, mi militancia actual excede el ámbito asambleario. En cuanto a mi vida personal, la participación asamblearia me ha ayudado mucho a entender el funcionamiento de la sociedad, la importancia de la solidaridad y el compromiso. A comprender que el cambio social viene fundamentalmente de la mano con la participación popular, desde espacios no institucionales. Siempre el trabajo colectivo que se hace desinteresadamente y por causas nobles y humanitarias rinde sus frutos. Aunque uno no llegue a verlos, siempre los beneficios son para las generaciones que vienen más adelante. También creo que la práctica asamblearia genera una maduración de la sociedad, estimula el control y la transparencia de las instituciones y crea lazos más firmes entre los vecinos.

ALIENTO, PUERTA A PUERTA

¿Qué los alienta y qué los desalienta?

CHUNI SOUZA: Me alienta el éxito de estos 14 años, aun cuando continúa el embate de las empresas mineras con apoyo del gobierno nacional  y su política de instaurar estos nefastos proyectos extractivos en nuestra provincia, con la connivencia del gobierno provincial.  Casi nada me desalienta, hay veces que por cuestiones personales, laborales o familiares uno afloja un poco el ritmo, pero después se retoma.

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¿Alguna anécdota particular sobre las vivencias en el movimiento?

CHUNI SOUZA: 14 años son muchosHubo momentos especiales, intensos, lloramos y reímos de alegría y de bronca. Fue importante sentir que la democracia representativa no nos representaba en absoluto y decidir ejercer la democracia participativa con todas nuestras fuerzas.

¿Les gustaría contar algo más?

MARTA SAHORES: Quiero reforzar lo de mucha difusión a todos los ciudadanos. Se imprimieron muchas cartillas con el título “Vecinos Informan a Vecinos”, con datos de interés y novedades. Se entregaban puerta a puerta o en las marchas y calles principales.

CHUNI SOUZA: Siempre tuvimos en claro que no debíamos mirar a quien enfrentábamos (empresas multinacionales, gobiernos de todos los colores, comerciantes, etc.) sino mirar al vecino que no conocía la realidad megaminera y a quien debíamos llevar el mensaje. De ahí surgió nuestro objetivo: información y difusión como meta y lema. Creo que el movimiento del “No a la Mina” demostró la fuerza de un pueblo unido tras un objetivo común: defender el agua, la tierra y el futuro de lo que se sintió como una amenaza real. Se corporizó un espíritu de lucha que muchos desconocían tener y que nos llevó al crecimiento como individuos y como comunidad.

Esquel significa abrojo o abrojal. Es una voz tsonek, de los pueblos patagónicos. Es un arbusto espinoso, que se prende y no decae.

En Esquel hay una montaña con oro en sus entrañas.

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La minería a cielo abierto, con la tecnología aplicada al abaratamiento de sus costos, tiene la capacidad de remover montañas enteras en muy poco tiempo. ¿Cuánto imaginan? Se los digo: en pocas horas. Es posible obtener, mediante la lixiviación con cianuro, un gramo de oro de una tonelada del material montañoso removido. Y ganar mucho dinero. ¿Les parece mucho? Todavía no les dije que, para eso, se deben usar millones y millones de litros de agua por día. Por supuesto, como actividad industrial, es insostenible: su explotación implica el agotamiento del recurso. Agrede al medio ambiente, a la sociedad y a la cultura de cada lugar que usurpa. Las empresas llevan a Au a sus matrices y lejanas casas. En donde había una montaña, quedan la contaminación, los pueblos desplazados, la depredación de flora y fauna, el vacío y los nuevos viejos desempleados, mientras Ra se esconde de reiteradas vergüenzas.

Esquel clavó su espina a las mineras. Los conquistadores insisten, los pueblos resisten.

POR DONDE SALGA EL TIRO

Dos hechos recientes encendieron todas las alertas hacia San Juan.

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  • A mediados de setiembre, en la mina Veladero, se produjo el derrame de más de un millón de litros de agua cianurada. Un año antes, en la misma explotación minera (en manos de la canadiense Barrick Gold), el derrame había sido de millones de litros. Por supuesto, no hubo trozo de torta para comer en semejante aniversario. Sí hubo y sigue habiendo justificaciones para explicar que ninguno de los eventos produjo contaminación. Algunos hablan de “accidente”. Pero no, un accidente supone un imprevisto y los derrames son uno de los riesgos implícitos en la actividad. Es innecesario responder a quienes intentan excusar los daños. Cualquier niño puede ver lo evidente.

 

  • Del 30 de setiembre al 10 de octubre de este año, se llevó a cabo la Feria del Libro provincial, bajo el lema: “San Juan, un pueblo con alma y cultura”. Para contribuir a la “cultura”, el ministerio de minería financió 50.000 ejemplares de libros infantiles. En la feria, además de repartirse, fueron leídos por lectores con cascos de mineros. La autora de los textos es la esposa del titular de la cámara minera de la provincia. Los niños escuchaban. Les cuento los títulos: Piedra y Montaña, La gota Carlota, La brujita basurita. Pónganse el casco anti ira y vean de qué se trata.

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Pensaba: no hay palabras para agregar. Aunque, en verdad, sí hay. Recuerdo una anécdota que leí en una entrevista de un diario a Marta Sahores:

“En un pueblo de 30.000 habitantes, había 9.000 en la calle, sin organización, unos hacia un lado, otros hacia otro”.

Era el día del plebiscito”; el “No al mina” había triunfado con el 81% de los votos. Durante el festejo, ella vio a un grupo de niños con flamantes camisetas de fútbol.

–Chicos, ¿qué pasa?, ¿no estuvieron jugando al fútbol, que están todos limpitos?

–No, estas nos las regalaron los mineros y las guardamos para festejar el triunfo del “no a la mina”.

POR LA COMARCA

“Los pueblos indígenas son pioneros. Contaban con un dios mucho antes de que la Iglesia católica pisara lo que hoy es Argentina. Tenían formas de gobierno antes de que se instaurara el Virreinato del Río de la Plata. Y se regían por leyes propias mucho antes de que el país tuviera su primera Constitución Nacional.

Padecieron campos de concentración antes que el pueblo judío.

Conocieron torturas y secuestros de bebés antes de la dictadura argentina de 1976.

Y defienden el territorio y los bienes naturales desde mucho antes que se comenzara a hablar de ecología.”

Darío Aranda en “Argentina Originaria. Genocidios, saqueos y resistencia”.

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El presidente Mauricio Macri, en mayo de 2016, informó que empresarios mineros habían prometido una inversión millonaria para llevar adelante un proyecto en la provincia de Chubut. Apuestas millonarias, dijo. Y siguió: su apoyo a la actividad minera era el modo de cumplir con su promesa de campaña: generar trabajo para las economías regionales. ¿Le habrá faltado asesoramiento? ¿O lo tendrá en exceso?

Mientras tanto, la lucha continúa; hasta donde dé.

REFLEJOS RÁPIDOS

Rodrigo Stessens es de Lago Puelo. Silvina Gramajo – su compañera – es porteña y vive en la comarca andina (la zona de El Bolsón y Lago Puelo) hace un par de años. De visita en Buenos Aires, disponen una tarde a contar su lugar.

¿Qué saben de la asamblea de Esquel y el No a la mina?

RODRIGO: La gente de Esquel advirtió una serie de movimientos en un cerro. Detectaron muchos áridos y maquinaria pesada, se decía que extraían madera. Algunos se alarmaron y empezaron a investigar. Finalmente, se supo: esas maquinarias pertenecían a una empresa minera canadiense. Se estaba instalando en Esquel, porque la venían corriendo desde Guatemala. En Guatemala se los expulsó, con resistencias y consecuencias muy violentas. Pero los cerros, en algunos casos, ya habían sido extinguidos. Lo que pasó en Esquel es que se detectó y se actuó muy rápido. Y eso que cuando ellos comenzaron a investigar ya había pasado una década de trabajo de las empresas mineras en cateos.

¿Cómo se relacionaron con eso desde Lago Puelo?

R: La asamblea rápidamente se ramificó, gente de Lago Puelo, de El Hoyo, de El Maitén, del mismo Trelew se unieron a la asamblea. Y, cuando empezó a tener más repercusión, fomentó la creación de asambleas en otras ciudades. Las últimas marchas eran gigantes. Porque venían compañeros de la costa, entraban caravanas a Esquel. Creo que el mejor laburo que hicieron fue crear pequeñas redes. Las primeras veces que frenaron los camiones, cuando la policía empezó a reprimir, la cosa era viralizar la noticia. Y las radios compañeras, comunitarias, de Neuquén, empezaban a hablar, a abrir micrófono. En la costa pasaba lo mismo. Radio La Tribu, acá, abría también conexión. Eso le dio seguridad al grupo, más que nada. Somos muchos, vamos.

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¿Y qué pasó con la prensa no alternativa?

R: De la asamblea, no hablaban. En la ciudad, también había quienes lo veían como una fuente de trabajo. Inclusive hay muchos que todavía piensan eso. Y los medios grandes de información, las radios de Trelew o las radios de Rawson, como algunas radios bien comerciales de Esquel fomentan ese pensamiento del progreso. La palabra progreso, allá, es una palabra que levanta discusiones en cualquier mesa. Unos lo entienden como el nivel de vida que suponen te da el sistema capitalista y otros lo ven como la destrucción del territorio. Entonces se discute por las “zonas de sacrificio”.

Zonas de sacrificio. A ver, contame qué son

R: Son aquellos territorios que van a ser sacrificados para el mantenimiento del sistema de vida capitalista. Cuando andás acá (en Buenos Aires) en un barrio o en el microcentro, mirás y decís: para que esto funcione, tiene que haber zonas sacrificables. Y, dentro de esos territorios, hay gente que nació y vivió ahí. Y que, de repente, se ve amenazada. Son expulsados. Terminan en los barrios periféricos de las ciudades, de Bariloche, de Esquel, de Comodoro. Barren las calles, las señoras trabajan de sirvientas. En ese sentido, lo más perjudicial son los grandes latifundios, las viejas familias que en todos estos años vaciaron el desierto patagónico. Y esos mismos, ahora y para enriquecerse más, tienen en mente a la minería.

¿En la comarca tienen también una asamblea? ¿Cómo funciona?

cartel abandonadasR: En las asambleas, algunos meses somos muchos y otros no tanto. Siempre hay referentes, los incansables. Son grandes asambleas que se hacen en el gimnasio municipal (cuando el intendente lo autoriza). Si no, la juntada es en la plaza, los domingos a la tarde. Específicamente, en Lago Puelo tenemos la Asamblea Permanente en Defensa del Agua y la Tierra. Por ahora, la actividad minera parece estar dormida. Pero se sabe que hay cantidad de cateos mineros.

DE NATIVIDADES Y ABUELOS

Y el Proyecto Navidad, ¿qué es?

R: Eso es en la meseta, un poco más alejado de donde estamos nosotros. Un grupo de empresas se juntó para agarrar toda unahombres piedra zona y hacerla sacrificable. Se lo logró frenar bastante. Es una zona mucho más desértica que Esquel, pero con muchos afluentes de agua y territorios de donde se desalojó gente para crear un territorio de nadie y destruirla. Te peguen o te lleven en algodones, el desalojo es violento. Te están sacando de tu tierra. Había muchos abuelos, algunos murieron. Se intentó, pero no se pudo frenar del todo. Y ahí los que más activan son las comunidades mapuches.

¿Las comunidades participan en la asamblea?

R: En la asamblea de Esquel sí, siempre hubo consulta y participación. En las últimas marchas, la bandera mapuche al frente y, después, toda la asamblea. Son dos luchas similares. Hubieron dos recuperaciones muy emblemáticas en esos años, exitosas, en parte, porque la asamblea apoyó. La cosa trascendió  hacia la defensa del territorio. Al escuchar a las comunidades, se empezó a entender la cosmovisión de los pueblos, ya no ver un río como una corriente de agua, si no ver el río como una fuerza, como un espíritu. Uno ve un cerro y bueno, es un cerro. Yo me acuerdo de las juntadas en el gimnasio de Esquel: eran multitudinarias y las primeras palabras eran de los abuelos. Terminaba de hablar el abuelo y nos quedábamos en silencio, eso estaba bueno. Se trata de comprender a estas cosas como seres vivientes, como fuerzas. Empezás a cambiar la perspectiva.

Y eso fue penetrando en el espíritu de la asamblea.

R: Tal cual. Y ya lo sentías cuando ibas a marchar: no voy a parar una empresa, voy a defender al río, yo tengo la responsabilidad; los abuelos nos decían eso. Lo sentías mucho más interno, se te erizaba la piel. Eso estuvo bueno, porque después empezó la participación de muchos jóvenes. Al haber muchas maestras en la asamblea, algunas se rebelaban y decían: yo llevo a mi curso. Lo hacían, el director re caliente, pero los nenes lo sentían como algo muy fuerte.

CINCHAR ENTRE DOS MIRADAS

La resistencia a la minería parece haber permeado las fronteras entre las culturas.

SILVINA: Hoy la división se ve más, sin exagerar, el 90% de la gente de la comarca es pobre o indigente. Porque casi todo el mundo tiene un trabajito y se la rebusca. Hay un montón de gente que está realmente en la indigencia y, en un pequeño sector, tenés a los ricos del pueblo y luego a los megaterratenientes. Y ese sector de los ricos es el que siempre maneja los hilos de la cuestión y es a los que hay que hacerles resistencia. Generalmente estas empresas laburan así: Necesitamos este cerro, hay cinco o seis familias, es gente campesina, humilde. Y les ofrecen: “¿querés irte a la ciudad? Allá vas a tener muchas mejores cosas, ya tenemos una casa para vos”. Los convencen y los sacan del campo y, cuando esa familia se da cuenta, ya está en un barrio periférico, con una casa recién hecha a la que se le vienen las paredes abajo, que no tiene agua. Pero entonces, el campo ya está alambrado. Y capaz que le dieron un autito, pero al mes se le funde, porque le dieron cualquier cosa. Así, con muy poca plata esa empresa logra vaciar el cerro y tenerlo a su merced. Después la legislación la manejan como quieren. Un vuelto al gobernador y ya.

La experiencia de la asamblea y la incorporación de una cosmovisión diferente, ¿cambió la vida cotidiana, el modo de relacionarse?

R: Sí, por lo menos en la comarca donde vivimos nosotros sí. Nosotros vivimos más otro conflicto: el freno a un terrateniente que tenemos ahí de vecinito, que es Lewis. Él se compró un lago y ahora maneja un gran porcentaje de la energía a nivel país. El tipo quiere destruir un par de ríos, hacer una hidroeléctrica. Es más, ya la hizo. Y vender energía al Estado. A este personaje también se lo está combatiendo ahora, con forma de asamblea. Es como decíamos, el progreso. La típica discusión allá de cómo ve cada uno el progreso.

¿Cuáles son esas miradas?

cara montaña

R: Una parte ve el progreso en tener más calles asfaltadas. Que para ir al cerro Perito Moreno tengas todo asfalto ,que haya edificios, todos los servicios en todos lados, con las rutas iluminadas. Que, al llegar al cerro, tengas un shopping gigante con una escalera elevadora y ascensores. Y los otros ven el progreso como la manutención de la calidad de vida que se lleva bien con el lugar: tener mejor acceso al agua, mejor distribución de semillas para el cultivo, el fomento a las cooperativas que trabajen en lo agrario y rural.

¿Hay muchas cooperativas agrarias?

R: No, hay pocas, y las que están la tienen que remar en dulce de leche porque no tienen apoyo. Contra los que consideran que esa tierra se está perdiendo, que la comida la tenés que ir a buscar al supermercado porque si no es una pérdida de tiempo. Que donde ellos quieren sembrar, estaría bueno poner un barrio.

SERVICIOS DE DESINTELIGENCIA

¿Hubo manifestaciones públicas en contra del “No a la mina”?

R: Mucho laburo en los grandes medios de difusión. Ataques y amenazas a la gente de la asamblea hay continuamente. El diario Jornada, uno de los de mayor tirada en Chubut, le pega todo el tiempo, también las radios más comerciales.

S: Y también cuando fue el juicio de Facundo, el lonco mapuche que estuvo preso, ahí el grupo de abogados defensores hizo una presentación y la denuncia por los manejos de los detectives de la policía que, de manera ilegal, habían investigado no solo a chicos de la comunidad sino también a gente de la asamblea. En realidad era un juicio por una extradición -sin mucho sentido- de una causa en Chile, donde ya se había sobreseído a los otros dos imputados. Era un pedido que venía políticamente, y por eso también el juez la tuvo que desestimar porque no había manera de sostener la extradición.

policia montaña

R: Además, hubo una recuperación importante en territorio de Benetton, en Cusamen, que es un paraje bastante grande. A partir de ahí, empezó a haber persecución policial a la gente que la estaba haciendo, entre ellos un muchacho que ya había estado en varias. En un momento, a dos fiscales de Esquel les llega un disco rígido con un montón de información. No sé por qué, eso se filtra y se hace visible. De repente, lo publica un medio y explota. Así se descubre que un policía de allá, que trabajaba para lo que era la SIDE antes, estaba haciendo seguimiento y espionaje a un montón de personas. Periodistas, abogados, maestros.

DE RECUPERACIONES Y CONQUISTAS

¿Cómo es un proceso de recuperación?

R: Se organizan una serie de comunidades, de familias. Es lo que normalmente se llamaría una toma. Se elige un lugar, se meten a la fuerza, se instalan ahí y resisten al desalojo. En este caso, se trata de una recuperación porque es un territorio ancestral, de los abuelos que habían sido expulsados en la llamada conquista del desierto. Cuando se produce esa “conquista”, un grupo de ingleses se adueñan de todo ese territorio, más de un millón y medio de hectáreas. El gobierno de Roca se lo dio a una serie de familias inglesas. Después, en los 90, Luciano Benetton compró todas esas hectáreas.recuperaciones

S: Originalmente, el gobierno de Roca había cedido 900.000 hectáreas y con el correr de los años, en cada renovación de alambre, se corrían un pedacito más. Ahora están en un millón y tanto. Abarcan tres provincias.

Vos tenés 31 años. Cuando empezó la asamblea, ¿qué edad tenías?

R: Yo estaba saliendo de la secundaria, tenía 18, 19 años. Crecí con esto, con el centro de estudiantes íbamos a las primeras marchas.

Y  vos, Silvina,  que hace poco que estás allá, ¿cómo vivís el proceso?

S: Para mí, primero fue pararme a observar. Vi documentales donde te mostraban una foto: donde había una montaña de golpe hay un agujero. Y donde pasaba un río y estaba todo verde, de golpe, queda un hilo de agua y no hay peces. Empecé también a entender esa cosmovisión, de no ver un cacho de tierra. Yo creo que se toma conciencia cuando se empiezan a conocer los lugares. No es lo mismo que vos se lo cuentes a alguien y le muestres una foto de cómo vivís.  Quien nunca experimentó vivir en un lugar rural, no sé si puede dimensionar lo que se pierde. También, cuando fuimos a la jornada en Esquel, conocí a una mujer de una recuperación. Y la oí contar sus recuerdos: cómo, cuando ella era chica, entraban los milicos y le volteaban la casa y los cagaban a palos.

 ¿Cómo fue pasar de la ciudad a una chacra?

S: Vivir en el campo tiene un montón de complejidades. Pero te lo bancás porque vivís en el paraíso. Respirás aire puro, podés comer verduras y frutas que tienen gusto, podés parar la cabeza en un momento. Hay cosas que está bueno tener, sí; el gas, por ejemplo, es un bajón vivir a leña. Pero no está bueno tener gas a costa de que otro se quede sin terreno. La minería depatron orostruye, te deja sin montaña, sin agua, sin tierra para cultivar, porque te van a contaminar todo. Lo que pasó en Veladero, en San Juan; todavía no saben hasta dónde se ramifican las subterráneas. Saben que en dos años está en el Paraná, pero no saben después hasta dónde puede llegar. Y no es que el río se lava, el  cianuro es algo que ya está. Y la gente se empezó a morir ahora, los animales ya se les murieron. Sigue siendo como en la época de Colón, barquito y a Europa. Vienen, saquean y se lo llevan.  Y cada vez es más voraz porque cada vez la maquinaria es más grande de sostener. 

 

El tema de nuestro número es el desaliento. ¿Qué los alienta y qué los desalienta?

S: A mí me alienta ver gente que toma conciencia. Y me desalienta saber que somos un montón de granos de arena contra un gigantón. No somos nada. Pero juntos se van ganando pequeñísimas batallas. Creo que lo que estamos haciendo ahora pueden ser los primeros pasos de una revolución que va a cambiar el mundo en serio. Aunque a un larguísimo plazo, porque en nuestras manos e56e9a89103e34_palletes-d-orstá educar a las generaciones que vienen para que no les pisen la cabeza. El tema es que detone antes. Que la gente tome conciencia de que un celular no te cambia la vida.

R: Lo que me desalienta es la eterna pelea con quien está del otro lado. Con el sistema político, básicamente. Para mí, el aliento es lo más importante, es querer el lugar donde estás, amar la tierra que pisás. También confiar en el otro, en la espalda del otro.




ANARCHICOS

El Desaliento: Sobre los finales de algunas series.

Por Milena Penstop

LLENAR A DON VACÍO

¿HAY VIDA DESPUÉS DEL FINAL DE UNA SERIE?

Le muerte de lelouch, animé.
Le muerte de lelouch, animé.

No sé por qué vuelvo a empezar. Cada vez que termino un animé, me digo: es el último que miro o es el último que leo. Los finales me dejan una sensación de vacío. Mirar una serie o leer una historia es como pertenecer a otro mundo. Por aburrido o rutinario que sea el día, uno sabe que a la noche te espera “tu historia”. Y es tuya porque te identificas con algunas cosas que pasan, sufrís por algún personaje, esperás que algunas cosas se resuelvan como vos querés.

Pero un día, se acabó. ¿A dónde se van los personajes de cada relato después del final?, ¿nos recordarán ellos como nosotros los recordamos? Cuando los protagonistas al final de la serie terminan juntos, ¿después siguen juntos? ¿Se puede decir que viven solo porque los tenemos en nuestra memoria?

LA RESISTENCIA.

Adagio de la vida y la muerte, animé.
Adagio de la vida y la muerte, animé.

Cuando una historia se acaba me obligo a recordarla para que no se muera. Incluso a veces la continúo en mi imaginación, así no desaparece. Otras veces me incluyo en la historia porque no quiero dejarlos solos y tampoco quiero que ellos me dejen sola a mí. Hasta puedo llegar a juntarme con otros cómplices, lectores o espectadores, y entre todos armamos la resistencia contra la muerte de las historias. Es cierto que deliramos un poco, pero sabemos que a las ficciones les caen bien nuestros delirios. Vamos a defenderlas, incluso cuando seamos adultos: no queremos ser adultos abandonadores.

VIVA EL MANGA. ¡MiNGA, AL VACÍO!

Final de Itazura na kiss, animé.
Final de Itazura na kiss, animé.

Todos los finales son raros. Terminar el jardín fue raro, terminar la primaria es raro, que alguien se muera es raro, que alguien deje de quererte es raro. Raro, porque te deja con ese vacío, que mencioné al principio de la nota. Salvo con los que se mueren definitivamente, uno sabe que después viene otra cosa. Pero cuando te viene ese vacío el después no te consuela.

Lo bueno de esto es que ahora entiendo por qué, a pesar de decirme una y otra vez: “no leo más manga y no veo más animé”, siempre me meto en una nueva historia. Es porque no quiero ese vacío. Las historias me hacen vivir. Tanto que en vez de abandonar las series o la lectura ahora estoy decidida a empezar a ver un animé de 600 capítulos, “Naruto”y “Naruto Shippuden”. Don Vacío tendrá que esperar.

Itazura naa kiss, animé.
Itazura naa kiss, animé.




CONSPIRACIÓN DEL SILENCIO

El Desaliento: Cuando te quitan el cuerpo y la palabra.

Por Anne Diestro Reátegui

“Siempre está el cuerpo /A veces nos distrae es cierto / Sin él estaríamos distraídos para siempre / Sólo se puede tocar el cuerpo/Tocar también es hacer música / Hay luces que uno no puede arrancar de los puentes de la memoria”.  “Amplio horizonte abrázame”,

Tilo Wenner. [i]

VIENTO ALIENTO

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Joos Van Craesbeeck.

Siempre se puede escribir en una hoja en blanco. Gritar, hablar, contar historias que nos movilicen. Cada vez que lo hacemos,  somos conscientes: nos regimos dentro de la palabra y ella nos pone en evidencia cuando sucede lo “insoportable”. Pero, si el cuerpo, la voz se unen y hablan, los poderes del Estado pueden temblequear. Lo que cualquiera considera democracia está bañado, en general, de una serie de prohibiciones. No todas resultan tan legítimas como parecen. En situaciones de tanto enfrentamiento, se pueden perder la voz y el cuerpo. Y, como menciona Tilo Wenner – tal como resultó su destino  de “desaparecido”-sin ellos, estaríamos distraídos para siempre. Nos amputarían la palabra, violarían nuestro movimiento. En el marco de estos despojos, así se cuenta Ayotzinapa.

Andaba yo perdida entre las palabras de Tilo y el mapa de México, cuando un bar atravesó mi recorrido bonaerense, el 26 de septiembre. Ese día se habían desatado fuertes vientos en Almagro y yo seguía sentada en el exterior de local. Un grupo de jóvenes venía hacia el bar, una mujer encabezaba el grupo, su liderazgo se notaba desde su forma de caminar. Luego, los rostros angustiantes. Un calor de búsqueda arreció cuando abrieron las puertas de local, un calor que entrelazaba las ráfagas, la noche y el frío.

Ese lunes tenía aliento rasposo, sangriento, nocturno. Ese lunes se cumplían 2 años de la masacre que dejó desaparecidos y muertos en Iguala, México.

DESCIFRAR LO AUSENTE

El futuro está quieto” repite Rainer María Rilke. Cada vez que abro “Cartas a un joven poeta”, pienso el futuro de los que gritan y militan en el presente, en esa fuerza de viento, cuando salimos a las calles a reclamar injusticias. El estado mexicano se llevó a 43 estudiantes. Supe los nombres de cada uno ese 26 de septiembre, en el bar de Almagro. El grupo que se acercó junto al viento demencial traía consigo vértigos y más presencia que nunca. Los cinco chicos mexicanos hacían un ritual de la palabra: ellos también creían en la profecía hablada. Su potencia me hizo cruzar la puerta. La primera imagen fue el rito. Un círculo de 25 personas, aproximadamente, encerraba el número 43. En el medio había casi un corazón, un conjunto de velas que daba forma a la cifra sobre una mesa de madera. El corazón encendía la búsqueda de estudiantes y nos tenía paralizados. Las palabras de la mujer líder se contuvieron del llanto hasta casi el punto final. Antes, resonó y repicó en las paredes el nombre de cada uno de los estudiantes de la Normal Rural de México. Formamos una especie de salón de clase y, por cada nombrado, todos al unísono repetíamos ¡Presente! Porque era cierto, ellos son el ahora de la búsqueda. Su ausencia multiplica su presencia. Eso es lo que el estado mexicano no esperaba. Una reacción inversa al miedo ante los asesinatos.

UNA NORMAL POCO NORMAL

AyotzinapaLa Normal Rural de Ayotzinapa, “Raúl Isidro Burgos” fue fundada en la ciudad de Iguala, Estado de Guerrero, México en 1926. Desde su creación se mantuvo el concepto de la educación como derecho popular.  Y estuvo vinculada con luchas sociales desde 1970. A pesar de las versiones sobre cómo sucedió, la desaparición de los estudiantes sigue bajo el mismo rótulo: masacre.

 

¿Dónde están los 43? ¿Es así de sencillo matar a 6? ¿Desollar a 1? Según la revista Anfibia[ii], una de las hipótesis sería que los narcos junto con la policía local y el presidente municipal -del Partido de la Revolución Democrática-, no pudieron tolerar otro grupo en la región. Debían arrasar al ERPI, Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente. Según dicen, el ERPI recluta gente entre las Normales. Entonces, los asesinatos de Ayotzinapa  fueron una forma de mantener el control bajo el mando de un narco-estado.

Enrique Peña Nieto, presidente de México, no quiso ensuciarse mucho las manos, a pesar de la fuga del presidente municipal del Estado de Guerrero. “[iii]Yo soy el primero en recoger la pena y el dolor por el que pasan los padres de familia ante no saber qué pasó con sus hijos”, dijo Peña Nieto en una entrevista en México. ¿Cómo es que haces tuyo un dolor que no te pertenece y por el cual eres responsable? Los jóvenes mexicanos señalan la poca intervención del Estado y el jefe sale a decir que ese dolor también es suyo. Quedan familiares, amigos y hombres sensibles burlados entre palabras. Pero aun así, su aliento se vuelve potente y la búsqueda, actual. Los desaparecieron y mataron para lograr una ausencia, pero el pueblo no olvida. Bajo el grito: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!, clama el regreso.

La matrícula de la Normal Rural  no para de crecer.

CASI OSCURAMENTE GEMELAS

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Javier Henriquez.

El 26 de septiembre, los estudiantes de Ayotzinapa  hacían una colecta para la marcha en conmemoración de los 46 años de la masacre de Tlateloco. Estudiantes desarmados ejercían su derecho a la memoria. Esa noche, del 26 de septiembre, se encaminaban hacia la tragedia. Ambas masacres difieren en un número, en cuanto a víctimas desaparecidas. En Tlateloco, 44 desaparecidos registrados durante la masacre del 2 de octubre de 1968. La noche negra de Tlateloco prendió fuego a estudiantes. Jaime Tamayo, investigador de la universidad de Guadalajara, dijo: “Las dos tragedias guardan similitudes, paralelismos y una lección clara de una democracia mínima que representa la libertad en México. Ayotzinapa es el recuerdo tortuoso de que los años no sirvieron en términos de lección. Es un fiel recordatorio de que haber puesto atención a las consignas del 68, muchos aciagos y violentos acontecimientos se hubieran ahorrado[iv]”.

ARQUEÓLOGOS ESPONTÁNEOS

Las movilizaciones estudiantiles presionan al Estado. El estado es esa bestia cuya primera salida en algunos países logra “ejecutar”, desaparecer estudiantes. En 1992 el grupo colina, un grupo militar del estado de Alberto Fujimori en Perú desapareció a 9 alumnos y  a 1 profesor de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, La cantuta. Según su argumento el secuestro se dio por vínculos con el terrorismo. Nada comprobado.

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Alumnos y profesor de La Cantuta.

Detrás de los desaparecidos quedan familias a la espera de los cuerpos. Noches, días de espera potenciada por angustia, por el simple hecho de no saber.  Tener un familiar o amigo desaparecido te convierte en un constante arqueólogo, en un reconstructor de la memoria. Sin duda, esa angustia cesa cuando te dicen dónde está ese cuerpo, si quedan restos, cuántos o cuáles son. El cuerpo clama, aunque no siempre encuentra resquicios por donde hacerse oír.

Está claro para algunos:

  1. No nos pueden seguir desapareciendo.
  2. No somos objeto de muerte para los otros.
  3. Nuestra vida se debe respetar.
  4. El Estado no puede quedarse en silencio.
  5. Nuestra lucha es la búsqueda.

Esa noche del 26 de septiembre, Ayotzinapa llegó a mí con fuertes vientos, movilizantes y duros. El rito inició la noche del 2014 en Iguala, México. Sigue aún y seguirá, hasta que los cuerpos respondan. La profecía de la palabra es presente. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

Este papel en blanco reclama de mí una escritura que se oriente a una nueva realidad donde el Estado y los grandes poderes dejen de determinar nuestra semántica y nuestra caligrafía. Las movilizaciones y marchas son una escritura colectiva de todos quienes nos queremos vivos. Ahora quizá, seamos un peligro para ellos, pero debemos sostener este trazo para que no se animen a regresar.

Vuelven los vientos. Vuelve el frío. El hálito hace una orilla en el pensamiento: la búsqueda es presente y el cuerpo, nuestro principal motor.

 

 

 

 

[i] Poeta desaparecido en la dictadura militar Argentina, 1976.

[ii] http://www.revistaanfibia.com/ensayo/ayotzinapa-el-nombre-del-horror/

[iii] http://www.milenio.com/firmas/carlos_puig/Pena-Nieto-enterro-historica-Ayotzinapa_18_795700454.html

[iv] http://www.sinembargo.mx/02-10-2015/1505561




EL ÁNGEL DE LOS PERDEDORES

El Desaliento: Sobre la banda “Insecticidio”.

Por Néstor Grossi

SMELLS LIKE TEEN SPIRIT

5Tuve la suerte de verlos dos veces en vivo, nada más. Fue durante la primavera del 88 en Plaza Francia. Tocaban “Don jefe” (la banda de mi profesor de guitarra) “Hermes”, “Estado mayor” y la primera formación de “La Renga”, cuando tenía la otra pata. Y, por supuesto, “Insecticidio”: esa fue la primera vez y me volaron la cabeza. No tenían la apariencia de una banda punk, ni sonaban como “Los Pistol” ni como “Los Ramones”, mucho menos, como “Los Clash”. Sonaban raro, pero el cantante tenía una escena hipnótica y un violero que pelaba demasiado para ser el clásico guitarrista punk. Con el tiempo, me daría cuenta: esa fue la primera vez que escuché grunge, cuando ni siquiera existía o no se usaba el término.
La segunda vez resultó la mejor: no estábamos al aire libre, bajo el sol de la plaza: el lugar era Cemento. Un festival del bandas under, que cerraba un 1988, donde todavía me enfundaba en una campera militar y borcegos, fumaba particulares 30 y llevaba clavado un pin negro con una A roja y mal hecha en mi solapa.
Ese año fue el comienzo de un recorrido que empezó con la primera vez de Los Violadores en Obras y que terminó con Insecticidio en Cemento. Creo que hasta el inicio de la nueva década, no hice otra cosa que seguir a esas dos bandas. Si vi alguna otra, los 90 se encargarían de borrármelo.
Pero vuelvo al festival donde, de pura casualidad, volvía a cruzarme con la banda que me había partido la cabeza. Era gratis y en Cemento. No sabíamos nada más. Cuando “Insecticidio” subió al escenario y durante los dos temas que siguieron me la pasé codeándolo al Loli, repitiéndole que eran los de Plaza Francia y que no podían sonar tan bien los hijos de puta. Geniales: así de simple, lo tenían todo. El violero era una bestia con Les Paul negra que se deshacía entre yeites a contrapunto con la voz del pelado que cantaba al colapso de un ataque hasta encenderse durante los largos solos de guitarra, robarse el show y el festival entero. A partir de aquella noche, para mí, ya eran tres los pelados del rock.
Cuando terminó el set de “Insecticidio”, el Loli encendió el medio porro que nos quedaba:
—Che, esto es Blues punk, boludo -le dije- Es totalmente original, loco.
—¿Nunca escuchaste a los Stooges, Negro?
No, y aunque tenía un disco de Iggy Pop, no tenía ni la más puta idea que él era el padre del punk rock. Por aquel entonces, las únicas bandas punk que escuchaba eran “Los Violadores”, “La polla records” y “Los Ramones”.
De Cemento, se salía siempre de día y sin un peso. Vaciamos los bolsillos y las billeteras: juntamos para una Ugis y una cerveza. Entonces, encaramos para Cerrito. Era un lunes, el mundo comenzaba a despertarse, sobre la 9 de julio los malditos pájaros del amanecer nos destrozaban la cabeza aislándonos del ruido del tráfico en la avenida. Caminamos con el silencio de la fisura y el cuelgue, fumábamos un pucho atrás de otro, sin importarnos que las luces de los faroles comenzaran a apagarse, ni que sobre las veredas la maquinaria de la rutina hubiera comenzado, ni que nuestra pequeña murga muriera de a poco.

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Antes de entrar a “la” Ugis, le aseguré a Loli que iría al próximo recital de “Insecticidio” sí o sí.

YA NADIE VA A ESCUCHAR TU REMERA

Duranel 89 seguí a “Insecticidio” por todos lados, se presentaban en locales del Partido Comunista y en todo tipo de festivales. No se movían por los circuitos de pubs y boliches habituales, tenían un contenido social y contra cultural que irritaba al mercado: ni siquiera les importaba grabar por su cuenta. Recién a comienzos de los 90, salió un demo con cuatro temas, grabados en una portaestudio de dos canales, que regalaban en los recitales en un cassette TDK. Era para los diez primeros que llegaran.
Les chupaba un huevo todo, creo que fue eso lo que los hizo resistir a la constante falta de aliento que reinaba a fines de los ochenta en el mundo rockanrollero. Ellos sólo querían salir a tocar, a distribuir su fanzine, a juntar gente. A pesar de su postura anti sistema, si la suerte les llegaba, la pensaban aprovechar, pero no irían por ella. Tocaban gratis y llenaron cada lugar hasta llamar la atención. El demo comenzó a aparecer en la feria del Parque Rivadavia, también aparecían cassettes de los recitales, grabados con un walkman o dios sabe con qué. Empezaron a salir en algunos programas de la Rock and Pop y dieron una que otra nota para algunas revistas de rock. Una vez aparecieron en la sección de bandas nuevas en la “Pelo”, que los ponía como banda revelación de 1990 y aseguraba que tenían todo para ser estrellas.
Pero eso nunca ocurrió. En 1991 no salieron a tocar. Se decía que al fin estaban grabando un disco, que si interrumpían la grabación era para hacer de soporte de “Los Violadores” en Obras y nada más. Pero eso tampoco, nunca pasó. Ni editaron el disco, ni fueron teloneros de nadie. Un buen día, desaparecieron de la escena local y nunca se supo más nada de ellos.

4
Yo esperaba, leía el suplemento todos los viernes. Los domingos a la mañana me la pasaba en el Rivadavia buscando entre los discos y recibiendo todos los volantes que me daban. Nada. Solo me queda aquel demo que regalaban en los recitales. Nunca más supe nada de ellos ni de ninguno de sus músicos, al menos, hasta una tarde de marzo del 2015.

NO TE VA A GUSTAR

2Me fumaba un pucho en la parada del 80 de Lope de Vega y Beiró cuando lo vi. Como si nada hubiera pasado, volví en un segundo veintisiete años atrás. Seguía pelado y flaco, debía tener al menos diez años más que yo, pero estaba impecable. Sobre la avenida, el tráfico era un infierno y el bondi no aparecía. Me acerqué dos pasos:
-Vos cantabas en “Insecticidio”- le aseguré.
El pelado me miró a los ojos y sonrió, claro que era él. Y estaba en verdad sorprendido de que alguien le mencionara a su banda. Le conté que todavía recordaba esa noche en Cemento como si hubiera sido ese mismo día, que en alguno de mis cajones guardaba aquel demo en 2 canales y que, de vez en cuando, le daba play. El Pelado me invitó una cerveza en la pizzería de en frente.

6La segunda y la tercera las pagué yo, entonces me animé a preguntarle qué había pasado, por qué habían desaparecido así, de una. Y, obviamente, también le pregunté qué había pasado con el disco.
—Perdimos la viola, Gus se nos fue y no pudimos reemplazarlo. Otra guitarra, otro sonido, eso es así, amigo. Durante la grabación del disco, todo se complicó. Aunque intentamos meter otro violero para no perder la oportunidad de grabar, la cosa se fue al carajo. Gustavo componía sobre mis letras. Éramos él. Así que abandonamos la grabación. Perder tiempo en un estudio es perder plata y no podíamos seguir sin Gustavo. Era una mierda mirar al costado y encontrarse tocando con una imitación bizarra de un Jimmy Page porteño. Se nos había muerto un hermano, loco, no lo pudimos superar. Pero tampoco queríamos dejar morir a la banda. Quedamos en hacer el duelo, tomarnos un tiempo y después seguir con el disco. Ya ni recuerdo qué le dijimos al nuevo. Ni volví a hablarme por teléfono con ese chabón. Apenas si nos hablábamos entre nosotros. El Negro se fue a trabajar a Córdoba por un tiempo y no volvió más. Y Claus se hizo cargo de una fábrica medio pelo, que le ocupaba todo su tiempo. Era hijo único, así que cuando el padre murió, no tuvo más opciones…
El pelado lo intentó, siguió, formó dos bandas más. Una, en 1994: hacían rock pesado. Con esa no pasó nada. En 1996 apareció “Sed Roja”, una banda de Flores, que hacia un rock and roll muy al estilo Zeppelin. Habían grabado un CD independiente. Fueron los teloneros nacionales en varios conciertos organizados por la Rock and Pop. El pelado no se bancaba la onda que generaban, entonces, comenzó a discutir con todos hasta que se fue de la banda y, en 1998, volvió a formar “Insecticidio” con músicos nuevos. Con la nueva tecnología y el profesionalismo que reinaba en el ambiente, la formación sonaba excelente. Además, tenían dos guitarras. Volvieron a los festivales, grabaron un demo para pasar en las radios. Pero la magia no estaba. Ya nada era igual.
—Por otra parte no había nada que decir, ni a quiénes. Tocamos por última vez en noviembre del 99, en un festi punk en Cemento. Por primera vez en nuestra vida cerramos nosotros. Esa noche salí del boliche, mientras todavía el público estaba adentro y la banda, en camarines. Me metí en un barcito de minutas a la vuelta de Cemento y pedí un sánguche de milanesa con una cerveza de litro. Te juro que sentí que todo era al pedo, que el rock se había vuelto una mierda. Me dolían la cabeza y los pies, solo quería estar en mi casa, ver una película mientras me tomaba una cerveza y picaba algo para el bajón. Entonces, entendí que me había llegado la jubilación y se me ocurrió que “Insecticidio” debía quedar en el siglo XX. Mirá: creo que fue la mejor decisión que tomé por respeto a Gus. No quise volver a Cemento, sólo tenía el micrófono ahí. Así que me terminé la birra y me fui a mi casa. No volví a cantar nunca más.
7Se había hartado de remar, de tener que salir a buscar lugares y pagar para poder tocar. Se había cansado de caminar por discográficas, dejando demos que nadie iba a escuchar. Ya no podía pasar una noche más entre pegatinas de afiches o repartos de volantes.
Quería saber más, pero sólo le pregunté si pedíamos otra. Me dijo que tenía que irse en ese mismo momento, se puso de pie y se echó la mochila al hombro. Encendimos un pucho en la puerta del bar y cruzamos nuevamente Beiró, de vuelta a las paradas de los bondis.
Tiró el Phillip por la mitad y levantó el brazo.
—”Nos vemos, loco, y gracias”. Después, bajó el cordón para asegurarse el 109. Mientras dejaba subir a la gente, se descolgó la mochila, la puso al revés- sobre el pecho- y subió. No sacó boleto y, como el semáforo todavía estaba en rojo, el colectivero no cerró la puerta. El pelado abrió la mochila, sacó un blister de auriculares y se apoyó contra la máquina de las monedas. Lo escuché saludar a los pasajeros cuando la puerta se cerró y el 109 arrancó para perderse entre el tránsito que iba hacia la General Paz.




NO VOY A DAR NOMBRES

El Desaliento: Sobre dioses y mitos griegos.

Por Sol Bonavoglia

EL KINDER DE LOS DIOSES GRIEGOS

SOL1gaLas cosas en el Olimpo no siempre fueron lo que todos imaginaban, es decir, los famosísimos dioses griegos… no eran tan griegos después de todo.

-¡Dale, boludo! ¿Me estás jodiendo? ¿Cómo vas a cobrar falta? ¡Es un metegol! -gritó Apolo a su compañero de… ¿aventuras?

Artemisa, diosa de la caza, estaba más que harta con esas discusiones innecesarias e inmaduras. No se le ocurrió nada mejor que sacar de su carcaj una flecha y apuntar al centro de la mesa del juego. No tardó más de un segundo en soltarla y dejarla justo donde tenía en mente, interrumpiendo a los dos dioses.

-¡Eh! -exclamó Dioniso al mismo tiempo que saltaba del susto -.¿Qué le pasa a la loca de tu hermana? -preguntó a su gran amigo, Apolo, ignorando la presencia de la diosa.

-¿Qué me pasa querés saber, pelotudo?

Se cruzó de brazos y se mordió la lengua, preparaba en mente todo lo que le iba a decir.

-¿Se pueden calmar? – soltó Apolo, mientras atendía a cómo los otros dos se fulminaban con la mirada-. Si quieren ódiense, pero no en mi presencia, me ponen re incómodo -murmuró y miró a su amigo-. ¿En qué estábamos? ¡Ah, sí! Ni en pedo vas a cobrar falta por estar tomándote un vino cuando te metía un gol, bancátela.

Y siguieron meta discutir por el mismo tema hasta quién sabe cuándo… Artemisa no lo sabía, porque se alejó de ellos lo más rápido posible. ¿Qué tan importante es un partido de metegol para llegar a ese punto? Hay muchísimas cosas más urgentes por las cuales discutir.

-¡La re putísima madre que te re mil parió! ¡Te voy a matar, gil! -escuchó la voz de Ares unos metros más allá.

Artemisa siguió la voz del dios y llegó a destino.

-¿Cómo me vas a romper la Play? ¿Quién te crees que sos?, ¿Nemo?

-¡Te dije que no me dijeras Nemo, inútil! Estás todo el día con la Play, jugando a esas mierdas de guerra. ¡Cuando te nombran dios de la guerra no se supone que es para esto!

-¡Y cuando sos nombrado dios del mar no es para que te la pases leyendo Moby Dick!

Poseidón se quedó unos segundos en silencio, con los brazos cruzados y una expresión de ofensa.

-¡Por lo menos leo, no como vos! -Y salió de la sala.

La diosa no podía creerlo, todo el tiempo era así, ¿en qué se habían convertido?

Desilusionada por las actitudes de los dioses, caminaba por el Olimpo sola, hasta que chocó con alguien.

-Uh, la puta madre -murmuró Afrodita cuando tropezó con la diosa.

A la diosa del amor se le cayeron unas cosas. Comida.

-¿A quién vas a alimentar con todo esto? -Se habían caído montones de caramelos, chocolates, pochoclos.

-Son para mí.

Y se largó sin decirle una palabra más. Artemisa no estaba tan seguido en el Olimpo, pasaba la mayor parte de su tiempo entre mortales. Cada vez que ella regresaba, las cosas se volvían más raras, es decir, los dioses más ignorantes.

Podría pasar Zeus desnudo a su lado, cantando el arroz con leche mientras hacía la coreografía de “Thriller”, y no le habría sorprendido en absoluto. Solo de la más sabia de todas no esperaba ninguna de esas actitudes, de Atenea: Ella no podía fallarle.

-¡Atenea! -dijo emocionada al verla, aunque la sabia ni la miró-.¿Qué haces?

Atenea levantó la vista de su celular y se quedó mirándola.

-No me digas, ¿vos también? -dijo en tono preocupado. Se sentó al lado de ella.

Atenea suspiró y rió.

-Acabo de perder en un juego mental de mortales. -Y soltó una carcajada aun más fuerte-. Atenea, diosa de la sabiduría, ¡pierde en un juego de mierda! ¡Un juego de mierda hecho para la mente humana!

-Para la mente mortal -La intentó consolar con palmaditas en la espalda-. Che, ¿vos sabés qué hacía Afrodita con tanta comida?

-¿No sabés? -Artemisa negó con la cabeza-. Es adicta a Netflix, a las películas de amor. Creo que vio “Titanic” más de cinco veces en todo el día –contestó Atenea.

La diosa de la caza alzó una ceja sin entender que quería decir.

-No deja de ver películas románticas. Vive encerrada y a base de comida de mierda. Como los mortales.

Cuando se despidió de Atenea, una duda no la dejaba ni pensar. ¿Cómo era que Afrodita pagaba la cuenta de Netflix? ¿La factura venía al Olimpo?

PÓKER DE “ASES”

SOL2

-Dale, el que gana se queda con todo el Olimpo. ¿Qué te pasa, gila, tenés miedo? –dijo Zeus a Hera, que pasaba por al lado de Artemisa–. ¿Otro partidito de póker, eh?

–Cállate, tarado, dejá los jueguitos y parate de mano a ver si te la bancás, capo.

–Ah, dale, diosa del matrimonio. ¿Qué vas a hacer para derrotarme? ¿Ponerme un vestido de novia?

Hera, más que ofendida, le escupió en la cara. Sí, Hera le escupió la cara a Zeus.

–¿Y vos qué carajo vas a hacerme, dios del cielo? ¿Tirarme una nube en la cabeza?

Artemisa los miró como si hubieran estado locos… Bueno, estaban locos.

–¿Están apostando el Olimpo? ¿Ustedes están locos?

Los dos se dieron vuelta hacia Artemisa, con la misma expresión, con la misma pose. En otra situación, hubiera reído.

–Solo somos nosotros dos –Le contestó Zeus, restándole importancia al asunto.

–A veces se suman Dioniso y Apolo. Otras, Hefesto, pero… –murmuró Hera. Y Zeus casi la mata con la mirada.

La diosa de la caza se sentía avergonzada.

–¿Cómo? ¿Y apuestan el Olimpo con esos? ¡Están locos! ¡Si Dioniso les gana ni se imaginan qué podría hacer!

La otra diosa rió.

–Bueno, una vez se lo quedó. Pero, tranquila, lo recuperamos enseguida. –añadió al ver la expresión en su rostro. –Dale, Arte, no seas tan ortiva, reíte un poco. Siempre ganamos Zeus o yo -dijo Hera.

Y se fue a la mierda.

UN AMIGO DE HIERRO

SOL3. dIONISO–¡Misa! Tanto tiempo, amiga. ¿Cómo estás, che? –dijo Hefesto con una sonrisa. Algo quería.

–¿Qué paso? ¿Qué hiciste? –Le dijo preocupada Arte, mientras miraba a su alrededor para ver qué quilombo había hecho.

–Bueno, mirá, no es tan grave. No te asustes –aunque ya era un poco tarde-. Estábamos boludeando con tu hermano y Dioniso, así, lo más bien…

Ya se preparaba para lo que iba a escuchar.

–Y prendimos fuego todo, boluda -Hefesto puso cara de hierro.

–¿Qué? ¿Cómo? –dijo Arte lo más tranquila que pudo-. ¿Qué cagada se habían mandado?

–Solo queríamos fumar un porrito, no era nuestra intención… Si alguien groso nos llega a ver, nos echan del Olimpo más o menos, ¿qué decís? No sabemos a quién pedirle ayuda.

Ella negó con la cabeza.

–A mí no me metan, ni lo piensen. Arréglenlo solitos.

El Olimpo se había descontrolado, los dioses estaban increíblemente pelotudos. Estúpidos, modernizados, eran como… humanos.

A Hermes se lo podía ver pura lágrima. Se acerco a él.

–Eu, ¿qué te pasa?

–Mis llantas favoritas… –dijo entre sollozos-. Se me rompieron por boludear.

–¿Eh?

–Mis zapatillas, las de alas –contestó. Apenas se entendía a causa de su llanto-. Estábamos con los pibes haciendo la propaganda de “Red Bull”, ya sabés, la de “Red Bull te da alas”, ¿la conocés?  –Asintió con la cabeza. –Y, bueno, quisieron ponerse mis llantas favoritas, las más rápidas, las que tienen mi cara en la plantilla y mi nombre en los cordones… –Sollozó y se secó los mocos con la manga de su camisa.

–Pero… ¿seguís siendo el mensajero de los dioses, no?

No sabía cómo consolarlo, ni siquiera lo tocaba porque… bueno, quién sabe dónde más se pudo haber secado los mocos.

–No, me da vergüenza… Al único que le puedo mandar mensajes es al nuevo grupo de música, “The Ninfa Stones”… Por el Olimpwitter. –Y se largó a llorar mucho más fuerte.

Después de pensar unos segundos, Artemisa tuvo una idea. Hermes debería ayudarla para llevarla a cabo. Necesitaba mandarles el mismo mensaje a todos los dioses del Olimpo. Básicamente, la idea era reunirlos para poder hablarles sobre el asunto, dejar la ignorancia de lado y ponerse a trabajar. Hermes accedió a ayudarla y, en cuanto los dioses se reunieron, ella se paró sobre una tarima en frente de todos.

–Em… ¿hola? –Apolo la abucheó-. Gracias, hermano. Ahora, eh… ¿por qué son así? ¿Por qué, Poseidón, en vez de leer Moby Dick, no ayudás a salvar a las ballenas? Atenea, ¿por qué en vez de intentar demostrar tu sabiduría a una aplicación de celular, no se la demostrás al mundo real? ¿Por qué en vez de  apostar el Olimpo -no voy a dar nombres…-? Ayuden a… no sé, a los mortales, quizás.

Todos rieron.

–¿Los mortales? ¡Ja! No solo dicen que somos “mitos”, si no que nos llaman “dioses griegos” –dijo Hefesto, ofendido-. ¡Somos más argentinos que el mate! Es más… ¡yo inventé el mate!

Muchos le dieron la razón.

SOL4OrestesBouguereau– ¡Unas vacaciones en Grecia nos hicieron griegos! –exclamó Apolo-. Aunque no voy a negar que fueron unas buenas vacaciones… Ahí inventamos la selfie.

Los murmullos se adueñaron del lugar, Artemisa usó su arco por segunda vez en el día para que le prestaran atención.

– ¡Hay cosas más importantes que hacer! Dejen de preocuparse por asuntos tan sin sentido. Odian a los mortales pero usan sus productos, ¿eh? ¡Manga de hipócritas! Y no solo eso, si no que se comportan como tales. Explíquenme qué clase de dioses son. Estúpidos, ignorantes… ¡nefastos! Están hechos unos inútiles.

Y dicho esto, todos abandonaron la sala. Aunque Artemisa les volvía a insistir con lo mismo todas las semanas, los dioses no le daban mucha bola. Sin embargo, algo habían progresado. En fin, los inventos humanos son adictivos hasta para los dioses grie… argentinos. Y, a veces, no son tan buenos para la salud.

Uy, parece que la factura de Netflix de verdad llegó al Olimpo.

SOL5

 




EL COMBATE

El desaliento: sobre las tintas y aguafuertes de Armando Sapia.

Por Gabriela Ramos

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Argentinos Esperanzados.

 

“Sé que el dibujar el latir de la sangre en mi muñeca no es diferente a lo que sintió aquel homínido ahora remoto al perfilar el contorno de su mano con un carbón o una piedra caliza en alguna pared de roca. Y tampoco será distinto al latido que también palpitará algún día en ese ser aún no concebido ni previsto por sus padres, al trazar porque sí, arbitrario y egoísta, el signo que todavía ninguno de nosotros imagina. Es la pulsión del dibujo.”

Armando Sapia (2015), “Distintas maneras de pensar el dibujo”, Buenos Aires. Página 12. Cultura y Espectáculos. Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/6-35427-2015-05-05.html

Armando Sapia
Armando Sapia.

CUANDO SE POSA UNA MARIPOSA

Cámara oscura de vidas rutilantes.
Cámara oscura de vidas rutilantes.

El punto en la escritura solo es silencio. V. Kandinsky nos habla del punto como espacio para el despegue en el arte. Allí hace territorio, se evoca, ahí trastabilla el silencio, porque “sus rasgos silenciosos adquieren un sonido cada vez más vigoroso”. El punto, así, se hace línea, forma, surcos, engloba y divide. Configura mapas en tensión y campos llanos, donde la simple presencia de una mariposa al posarse podría hacer un desastre: habría que reconsiderarlo todo. Kandinsky explica que la obra de arte es una serie de tensiones. Sí, gracias a las tensiones hay obra de arte. ¿Qué son las tensiones? Un punto que hace recorrido se condensa en líneas o garabatos, en tramas, texturas, elementos que se repiten demasiado o nada, elementos que ocupan el lugar de los ángulos de figuras geométricas. Tensión es la relación entre opuestos, los agrupamientos, las direcciones,  las disposiciones de los elementos del dibujo o de los colores entre sí. Nuestros ojos y nuestra emoción se entregan sin más, pero hay reglas en la composición, como en la escritura o en la música.

Levi Strauss nos dice: el arte es tan estructural como la ciencia y la magia. Taxonomía: “la puesta en estructura poseería una eficacia intrínseca cualesquiera que fueran los principios y los métodos en que se inspira”. Poner en estructura es jugar con dualismos, es desafiar a duelo a rectas o curvas en distintas direcciones. Es también un llamado por ausencia, tal vez  trazar una coreografía de líneas (movimiento),  condensar y sugerir, exagerar o disimular, agrandar o empequeñecer, superponer, dispersar. E inventar con variables y ver qué resulta: el  artista sabe desentrañar y crear el misterio.

Intimidades.
Intimidades.

LO QUE PENDE…

Civilización y barbarie.
Civilización y barbarie.

Hablamos de iconografía cuando, más allá de lo formal en la obra, referimos al contenido. El arte clásico se actualiza en el Renacimiento, se pone en contexto,  retoma el canon, la proporción, el número. ¿Qué sucede en la obra de Armando Sapia? También está la regla. En un análisis iconográfico diremos que se trata de un arte con elementos naturalistas, a veces. Sintético, otras. Claro, más sintético que naturalista. Con respecto a la iconología, el contenido nos presenta imágenes paradojales. En la obra de A. Sapia  ver que todo está en equilibrio inestable: hay personajes armados hasta los dientes que parecen a punto de caer. Un equilibrio pende. Está por desmoronarse algo, se viene la avalancha de personajes que alientan cargados con gritos de alegría. A la persistencia del desaliento -a estos personajes macabros atrincherados en desastrosos desamores- se opone esta posible avalancha: una bocanada de aliento en el fragor inestable del combate.

Todo recae.
Todo recae.

 

EJERCICIO DE LA CRUELDAD

La seducción de la rutina.
La seducción de la rutina.

En desafío al desaliento de lo tremendo, el mundo de “los espectros fascinantes de la desgracia y del dolor”, como decía Georges Bataille, el arte da lucha con una “determinación muda, inevitable e inexplicada, cercana a los sueños”. Si la crueldad se maneja en lo oculto, en lo que no desciframos más que arte-adentro, Sapia, como alquimista, dobla la apuesta y hace visible la paradoja.

La civilización es un elefante tatuado.
La civilización es un elefante tatuado.

Una vez más, Bataille: “el hombre preso en la trampa de la vida que somos se mueve en un campo de atracción, determinado por un punto fulgurante donde las formas sólidas son destruidas, donde los objetos disponibles con que está hecho el mundo se consumen como en una hoguera de luz”. En la obra de Sapia se expone esa “fulguración que consume”.

Así, cuando vemos “La civilización es un elefante tatuado”, el haz de luz abre un hueco en la opacidad de la piel del elefante. Entonces, el artificio nos libera, está ahí para destaparnos los ojos y que abramos la duda: ¿Civilización? Sapia pone patas para arriba los pliegues de lo que nos aterroriza, los surcos de lo innombrable, al monstruo configurado y configurante, al poder intangible de la trampa.

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Armando Sapia, con lentes bien transparentes, descubre el velo, destapa y denuncia: nos presenta las contradicciones de la historia, de la política y de la sociedad. En su aguafuerte “Civilización y Barbarie” o en su tinta “Sin Desconfianza” da a ver en los contrastes y, con contrastes, la ironía. De este modo, desafía el relato de los poderosos: lo deconstruye en un trabajo prolijo y tenaz de líneas y tramas, lo desenmascara. El artista en tejidos de líneas, ácido nítrico, chapa de zinc y puntas de acero afirma: existe el poder de desatar nudos. Pero – destaca-  el desaliento también se desarma.

 

Sin desconfianza.
Sin desconfianza.

 

 




ROMPÉ EL CÍRCULO, VICIOSO

El Desaliento: Sobre la serie Mr. Robot y qué es ser zurdito para Hollywood

Por Santiago Resnik

COMO APORÍA AL DEDO

Cada tanto, se puede decir que algunas propuestas audiovisuales “escapan” al dominio estupefaciente del discurso automático capitalista. O, tal vez, los precursores de dicho discurso las dejan escapar, con ese dejo sádico tan característico: “Mirá, esta serie te va a mostrar todo lo malo que el ser humano hace de este mundo y es exactamente lo que nosotros hacemos. Entonces, te lo masticamos en forma de serie para que te enfermes un poquito más”.Foto 1Esa tensión recorre “Mr. Robot”, la nueva serie yankee que engloba hackers, la opresión económica de multinacionales, aspiraciones revolucionarias y el infaltable toque del imaginario hollywoodense.

El personaje principal, Elliot Alderson, genio de la ingeniería de sistemas, con algunos problemas de ansiedad social, tiene el delirio revolucionario de hacer caer -desde su computadora- a la (ficticia) multinacional que domina el planeta. Hasta acá venimos zurditos, todo muy lindo. Sin embargo, con el correr de los episodios, la genialidad de Elliot -si bien se preserva- comienza a mostrar sus aristas psicóticas, degenerándose capítulo tras capítulo.

El filósofo Darío Sztajnszrajber, en la entrevista con El Anartista, mencionó el libro “Aporías”, de Jacques Derrida. Algo resonó de esa palabra y la googleé: punto donde un texto se pone en contradicción consigo mismo. Y, como las series y películas también son textos, el concepto aporía viene como anillo al dedo para hablar de “Mr. Robot”.

Dejo resonar la palabra y primero te cuento un poco de qué va la serie, ya volveremos a esta reflexión.


MR. ROBOT 101, ¿QUIÉN ES ELLIOT ALDERSON?

Primero lo primero. Para enganchar espectadores entre la nueva generación -esa que dentro de algunas décadas tomará el  poder- se necesita un personaje que los identifique: un joven de veintitantos (en realidad, un actor de treinta y tantos), simple, con su camperita negra -capucha siempre puesta-, absorbido por estupefacientes, pero sin cruzar la barrera de adicción. Con alguna fobia social moderada (para que la mayoría sienta la cercanía de “sufrir algo”), con un trabajo estable y un salario que le permite vivir. El personaje debe penetrar en los espectadores, ¿cuándo tuvimos un protagonista desempleado, adicto y encima fóbico? Exacto, jamás.

ASÍ HABLABA ELLIOT:

“Anoche tenía el cumpleaños de mi mejor amiga. Mi psiquiatra me recomendó enfáticamente que fuera, dijo que debía trabajar mi ansiedad social, sociabilizar, largar la computadora. Vi a mi amiga dentro del bar junto a compañeros de trabajo y andá a saber de dónde más. Seguramente, algún familiar, novio, amigos del novio, música de moda a todo volumen. En fin, tal vez se trataba justo de lo dicho por mi psiquiatra, pero a esa catarata de información no la quise. Nunca elijo recibir lo innecesario. Anoche tenía que ir al cumpleaños de Ángela. Tenía. Pero seguí de largo.

Foto 3
La cafetería del buen Ron – Mr. Robot

Ron, el dueño, sentado a una mesa contra la pared, de espaldas a la entrada, con un café y su tablet en mano. Me senté frente a él -este es mi ejercicio contra la fobia social- y le dije:

            -Vos sos Ron -señalándole el cartel gigante en la pared “Ron´s coffeeshop”- pero tu verdadero nombre es Rohit Mehta y te lo cambiaste a Ron cuando compraste tu primer local, hace seis años. Ahora tenés 17 locales y ocho más para el próximo trimestre.

En su tez india, los ojos redondos con el blanco resaltante pasaron de sorprendidos a la defensiva:

            -¿Te puedo ayudar con algo?

            -Me gusta venir acá porque tu WiFi vuela. ¡Es tan buena! Casi logró eliminar esa parte de mi mente que me impide pensar que una cosa tan buena no tenga condiciones. Así empecé a interceptar todo el tráfico de tu red. Ahí noté algo muy raro y decidí hackearte.

            -Me hack…-

No llegó a finalizar la palabra, que mi presentación ya le hizo temblar los calzones.

            -Sé que manejas un sitio web de pornografía infantil. Tenés más de 400 mil usuarios diarios y usas navegadores especiales para que los servidores queden anónimos. Lo hiciste muy difícil, pero lo vi. Como tomé el mando de tu tráfico, controlo ahora tu sitio web, tengo tus mails, tus archivos y todas las fotitos que andan por ahí. Yo te entiendo, flaco. Entiendo qué es ser diferente, también soy muy distinto. A ver, no me pajeo con videos de nenes, aunque no sé cómo hablar con personas. Solo pude conversar con mi viejo, pero se murió hace mucho ya… Un derrame químico en la compañía para la cual trabajaba y a otra historia. La compañía está bien, por suerte. Tranquilo, Rohit, no tenés que llorar.

       -Entonces, ¿se trata de guita?

En parte tenía razón. Siempre hago estos trabajos desde casa pero, con el espíritu de la psiquiatra, quise encararlo en persona. También para asegurarme de que no se tomara el palo.

        -¿Querés guita?- Me repitió.

 Ahí es donde en parte no tenía razón. Eso es lo lindo de este trabajo, la guita es a “quien” tratamos de erradicar.”

 

RAÍCES

Para entender qué motoriza a la serie “Mr. Robot” resulta útil trazar un paralelo con “Matrix” (1999), madre y señora de las películas destapa-mentes, con delirios de grandeza zurditos y un “elegido” que puede derribar todo lo malo del mundo él solito.

Si hace 17 años, las hermanas Wachowski, directoras de “Matrix”, sacaron los trapitos del sistema al sol e imaginaron en carne viva qué es desconectarse, “Mr. Robot” da un paso más. Elliot ya está “desconectado” y ataca hacia el corazón de esa matriz, e inicialmente hasta funciona Raícesmejor como secuela de “Matrix” que las propias “Matrix Recargado (2003) y “Matrix Revoluciones” (2003).

Ser una secuela de “Matrix” puede ser el resultado de una primera lectura de “Mr. Robot”. Esperanzadora para cualquiera que lo sienta de esta forma. Pero, ¿qué pasa con el correr de los episodios? Elliot Alderson demuestra cada vez más su faceta paranoica. Siempre viaja en subte y siempre se siente observado por algún pasajero de traje negro. La realidad queda completamente desfigurada, el imaginario colectivo hollywoodense no se aguanta las ganas y su entrada triunfal no espera ¿Realmente lo están observando?, ¿o para luchar por la igualdad social, romper con las burocracias que hacen la vida miserable y devolverle a la gente el poder hay que ser un psicótico?

LA COPA DEL ÁRBOL

Aunque parezca una coincidencia, esas raíces “revolucionarias”, cimientos tanto de “Mr. Robot” como de “Matrix”, se desdibujan de tal forma que, con el correr de las historias, puede leerse la contradicción máxima a la premisa original. De la misma forma que la figura de Elliot como un genio se trastoca durante la serie, sucede con las Matrix 2 y 3. “El elegido”, en ambas propuestas, conoce las mieles de estar desconectado del sistema. En progresión, como ocurre con la psicosis de Elliot, se desarrolla el destino de Neo (Keanu Reeves). Para el final de la tercera parte de “Matrix”, Neo pasa de ser el elegido para salvar a la raza humana del dominio de las máquinas a ser aliado de los mismos robots represores -el sistema-. Todo en pos de derrotar a un virus “en común” (El agente Smith), que no permitía el buen funcionamiento de lo preestablecido.

LA CURA CONTRA LA LECTURA EVIDENTE

La serie “Mr. Robot” sigue su curso. Próximamente, la tercera temporada. Todavía Elliot no fue directamente funcional al sistema, como sucedió con Neo. Sin embargo, las lecturas profundas de textos, si algo brindan, son siempre nuevas miradas. Aquí es donde comienza el ejercicio del buen lector/espectador. Las múltiples lecturas de películas/series pueden también desalentar a los propios desalentadores. Pueden hacer entrar en contradicción a esos que sólo pretenden una lectura evidente.Foto 2

Y vuelta al concepto “Aporía” (punto donde un texto se pone en contradicción consigo mismo). Es ese círculo entre lecturas, del desaliento al aliento. La retroactividad funciona tanto para desalentados como para desalentadores. Y, así, delata: ningún texto u obra es de una pieza, todas tienen fisuras, huecos por donde mirar. Ahí entra el lector que quiere ver de otra manera. Un pasillo clandestino, pero evidente para quien lo quiera transitar.




DE PASEO POR EL RÍO DEL LUTO

El Desaliento: sobre la película “El limonero real”, de Gustavo Fontán

Por Pablo Arahuete

 “Escribir es sondear y reunir briznas o astillas de experiencia y de memoria para armar una imagen”, Juan José Saer

 Recostado sobre la hierba, despertó con el salpicar de las gotas del río. El agua corría, mansa.Soñó que estaba del otro lado, acompañado de árboles y pájaros. Su rostro se reflejó desdibujado en el agua inquieta. Miró hacia el horizonte y le pareció inalcanzable para esa cáscara de nuez.Soltó el bote y comenzó a remar. Cada vez que hundía el remo filoso levantaba diminutas olas. Se adentraba en lo incierto y aquello que parecía cercano, en realidad estaba muy lejos…Observado desde el cielo por miles de estrellas, soñó que estaba del otro lado, cuando el bote se hundió en la profundidad junto a su rostro desdibujado en el agua inquieta. Lejos, las dos orillas.

La doble orilla – Mayo 2003, Pablo E. Arahuete

 

EL TIEMPO INATRAPABLE

Noche estrellada sobre el ródano - VIncent Van Gogh
Noche estrellada sobre el ródano – VIncent Van Gogh

El agua corre mansa, la luna siempre observa. Un reflejo trae otro y otro en cada remada. Remar para avanzar, ¿hacia dónde? La brisa ya no es brisa aunque el eco no calla. Sí acerca una frase de Gustavo Fontán, director de El limonero real (2016): “Frente a lo desconocido, no hay lenguaje que nos salve del desconcierto”. La trae el viento, no tiene un tiempo, sólo sabe de ecos en vaivén.

El río siempre va, aunque traiga y quite. Trae y quita historias, como la de Wenceslao, su esposa y la familia. Historias en las remadas del bote que avanza. De un lado, una orilla a la espera. Y, del otro, el único suelo quieto. Ambos, muy alejados del cauce. El río del luto se hace insondable, no hay horizonte por delante. No hay palabras para atrapar al tiempo. Puro devenir, una remada y otra.

¿Quién ha de venir? El eco persistente y la luna silenciosa, acompañada de la brisa, tal vez.

RÍO ADENTRO

Lago de Annecy - Paul Cezanne
Lago de Annecy – Paul Cezanne

La brisa se vuelve a recomponer, pero más espesa. Las dos orillas apenas visibles y el bote de un hombre se adentran en el río del luto.A veces, la pérdida intempestiva de algo amado puede ser como un río. Interminable e insondable, un cauce desconocido que, al transitarlo, deja estelas evanescentes.

El río separa la orilla de la memoria y la del olvido en ambas márgenes. El otro es el espacio donde no hay tiempo. O, por lo menos, donde la cronología se encuentra abolida. No suspendida- quieta-, sino simplemente sin una dirección única para navegarlo.

Ese es el eje en el que Gustavo Fontán desarrolló su libre versión de esta historia de duelo por la pérdida de un hijo. Pasaron varios años. La esposa – sin nombre, innombrada-  anda de impecable negro y luto en contraste con el blanco que luce Wenceslao. Ella no asistirá a la fiesta para despedir el año y dar comienzo a uno nuevo. Ella es la imagen de la ausencia del hijo, perdido en un accidente y al que Wenceslao no pudo proteger o disuadir de su aventura por la ciudad.

HUELLAS DE LA AUSENCIA

El limonero real 2
Fotograma de “El limonero real”, de Gustavo Fontán

¿Cuál es la primera huella que deja la ausencia? Tal vez sea una imagen, antes que un sonido, antes que un olor o perfume.

Juan José Saer y Gustavo Fontán miraron el mismo río. Uno, desde sus textos. El otro, como parte de una imagen de la infancia, que se reproduce en otras películas: “La orilla que se abisma” (2008), “El rostro” (2013), la aun no estrenada,“El día nuevo” y, ahora, “El limonero real”. Una impresión vuelta experiencia literaria, cedida a Fontán para hacerse película. El río tiene un movimiento interno, siempre. En el caso particular de “El limonero real” opera como personaje, más allá de ser el nexo entre la presencia y la ausencia: otro de los tópicos recurrentes en la poética del director. En esta película se enfatiza, al desaparecer de cuadro el personaje de la esposa.
UNA MIRADA NUEVA

limonero real
Fotograma “El limonero real”

El hombre, el bote, la luna, la circularidad del tiempo. En definitiva, el desconcierto y la desazón que provoca el viaje y acompaña el luto resultan en horizonte compartido entre la novela y la película. Ese proceso de trastabillar, no hacer pie; esa manía de amar lo movedizo, lo incierto, para no estancarse en la imagen, usa como brújula la fragmentación de la imagen. Y así de fragmentada resulta la relación de los personajes con el paisaje. Es su percepción la que transforma la realidad, la posibilidad de alivianar el lenguaje para que el agobio de los significados no  hunda el bote del significante. Pero, sobre todo, que no vaya a hundir el mundo real. La búsqueda indecible es la fe ciega en la poesía y una nueva manera de mirar con la esperanza inquieta de recomponer toda lo existente. ¿Tal vez el pasado?
EL GRAN CARNAVAL

La noche de Van Gogh y El grito de Munch
Libre interpretación de La noche de Van Gogh y El grito de Munch

En la película de Gustavo Fontán, la percepción surge con las manchas que configuran el paisaje y con los velos de la naturaleza. Esas manchas resultan la nitidez habitual de lo real. Esa zona difusa también hace del río una pantalla oscilante de  memorias.

A la noche, el bote avanza más despacio. La niebla recoge el silencio y el sueño acompaña en el viaje. Pasado y presente, en un mismo río. Las risas, en una orilla sin rostro. Y el llanto, en la otra. Algunos danzan sus ausencias y otros esperan que se hagan presentes. Un gran carnaval señala que es posible otro devenir. El bote avanza sin palabras. Se multiplican las imágenes del desasosiego. Las estelas se prolongan ¿hacia atrás y hacia adelante? El hombre se para y desafía con el balanceo en el bote. Trastabilla en el desconcierto,que ahora se vuelve certeza. Y la noche, más noche aun. Es la noche negra y negra es la vestimenta que no festeja, que no baila, que no espera. La ausencia se hundió en el río, un remo la acaricia y sale a flote. A flote con el recuerdo que le ganó al olvido, ¿en qué lugar?, ¿cuándo? Cuando el bote llegue a tierra.

Jorge Fandermole – El limonero real




DIO-NISA

El Desaliento: Sobre la vida de Juana Manuela Gorriti Zuviría

Por Noemí B. Pomi

EN EL PRINCIPIO FUE DIO-NISO

Dio-niso, el dios del caos y del vino, que en Roma será Baco, nació dos veces. Una -en forma prematura– pero, como Dios manda, del vientre de su madre mortal, Semele. Y la otra, se gestó cosido al muslo de su padre Zeus. Y sí, para la mitología griega, muchas cosas eran posibles. De este modo, Zeus se convirtió en padre y madre de Dio-niso. Dos orígenes, para un mismo dios.

Muerte de Semele-Rubens-1640-Museos Reales de Bellas Artes-Bruselas.
Muerte de Semele-Rubens. 1640, Museos Reales de Bellas Artes, Bruselas.

 

VELADURA DE ORIGEN

Hija del doctor y militar, José Ignacio Gorriti, y de doña Feliciana Zuviría, Juana Manuela nació en la hacienda “Los Horcones”, por entonces, un campamento fortificado, en lo que hoy es Rosario de la Frontera, Provincia de Salta. No existen certezas del natalicio de la niña. Algunos autores lo ubican alrededor del 15 de junio de 1816 y otros, del 15 de julio de 1818. Así, la aparición de nuestra Dio-nisa podría haber coincidido casi, casi, con el nacimiento de la Patria, o dos años después. Su intensa vida, bien que admitiría una doble partida. Lo difuso del origen la vuelve al mito. Lo concreto de su escritura la trae hasta nuestras manos.

CON PROVINCIA PROPIA

Cuando nació Juana Manuela Gorriti, hacía menos de dos años que se había “creado” la “Provincia de Salta”. En realidad, el asunto fue un desprendimiento -como si de la placenta desgarrada se hubiese tratado- del territorio jujeño. La recién nacida provincia tuvo al padre de Juana, José Ignacio Gorriti, como diputado representante en el Congreso de Tucumán, que declaró la Independencia el 9 de julio de 1816. El hombre también fue gobernador de la provincia dos veces y amigo personal del Gral. Güemes. Gorriti aportó a la causa patria dinero y hacienda. Y, a la guerrilla gaucha, predisposición personal.

Bendición de la Bandera Argentina por el canónigo Juan Ignacio Gorriti en la Catedral de San Salvador de Jujuy, sostenida por Manuel Belgrano.
Bendición de la Bandera Argentina por el canónico, Juan Ignacio Gorriti, en la Catedral de Jujuy, sostenida por Manuel Belgrano

 

SOTANA CELESTE Y BLANCA

Juana: séptima hija de una familia con ocho hijos. Vital, la niña alternaba su correteo por la galería, con los recorridos por el campo en su caballo negro o sobre el suri adiestrado (alpaca). Cabello suelto y viento en caricia sobre el rostro. La presencia de su tío detenía a ese torbellino. Juan Ignacio Gorriti, hombre de letras, político y canónico jujeño, la atrapaba. Él fue seguramente quien mejor comprendió la particular atención que sus relatos producían en la niña. Ante él, reaccionaban sus ojos, en un evidente titilar al mundo creativo. Cuántas palabras habrá incorporado con esos parloteos, proyectadas luego en imágenes textuales. Sin duda, su hogar se constituyó en la primera fábrica de su escritura. Ahí se dedicó a jugar y a descubrir el mundo. En ese mismo ámbito familiar sobrevolaban los ideales del cura Gorriti. En mayo de 1810, con total convencimiento, el sacerdote adhirió al movimiento revolucionario y se jugó en un artículo que sostenía el término de la autoridad de los virreyes. Ese documento impulsó la posición de Salta y Jujuy en favor del grito revolucionario. La sotana de este cura estaba impregnada de los colores patrios. Él bendijo la bandera de Belgrano en 1812 y fue el único cura gobernador de Salta.

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Imagen asociada a “La cocina ecléctica”, libro de Juana. (1892)

Su otro tío, José Francisco “Pachi” Gorriti, primera lanza de los gauchos de Güemes, aportaba sus historias. Relataba la lealtad de los nobles gauchos e indios en los encontronazos con los realistas, durante la época en que el gauchaje inclinó las acciones en favor de la causa nacional. Además, cuidó las espaldas de San Martín y Belgrano. Nada menos.

PLÁTICAS FEMENINAS

Si por las tardes el tío llenó sus oídos de retazos de narraciones, por las noches, la cosa no resultó menos interesante. Después de levantar la mesa, las señoras se reunían para conversar con fruición. Una imagina que el ritmo de esos parloteos pudo darle a Juana la voz para sus personajes femeninos. Y se sabe que las mujeres conversan todo el día. Si por las noches aprovechaban los huecos entre las tareas domésticas, por las tardes y de tanto en tanto, las tertulias reunían a toda la parentela. Es bien conocido, las damas de la familia y amistades, en convocatorias rotativas, se entremezclaban alrededor de mesas húmedas con chocolates calientes y manjares caseros. Esas parrafadas fluidas, variadas, contribuyeron a desarrollar aun más la imaginación de esa niña.

DIO-NISA, OLALÁ

Si bien su infancia transcurrió en medio de la guerra por la independencia, nada impidió que Juana estudiara francés, religión y literatura, en un beaterio de la capital provincial: “[el día en que me anunciaron que entraría a la educación formal] fue para mí un día de duelo. Me anunciaron que era necesario abandonar mi vida agreste, libre como los vientos, y cambiar los inmensos horizontes en que la pasaba, por el estrecho recinto de un colegio de monjas. ¿Qué iba a ser de mí entre aquellas figuras severas e imposibles?” (1)
En realidad, permaneció en la escuela poco tiempo, no toleró estar encerrada, se enfermó y debió volver a su hogar. Así, concluyeron sus estudios formales para abrir otras puertas.

CHAU, BEATERIO

Y, entonces, el regreso a la naturaleza boscosa, con el canto de los pájaros de fondo y el camino abierto para convertirse en ávida lectora de libros. Lectura y escritura ocuparon sus horas. Juana amaba a su tierra, gozaba cabalgar su pingo negro o un suri. Al regreso, el jinete desmontaba el caballo y montaba las letras. Su padre poseía una gran biblioteca, principalmente, con obras de los pensadores, creadores y juristas del iluminismo francés y también, con trabajos literarios de los escritores europeos de la época.
En “Lo íntimo” (1892), Juana Manuela Gorriti vuelve al lugar de su nacimiento. “La que esto escribe nació en la frontera de Tucumán y en el recinto de un campamento. Pasé los primeros años de mi infancia en la soledad de los campos, donde mi padre, coronel en el ejército patriota, había juzgado necesario relegar su familia, pues las ciudades eran entonces el teatro de la guerra. Crecí entre los rebaños, sin otra sociedad que los pastores y los soldados de mi padre”. A Juana Manuela, los silbidos de las armas no la desalentaron. Sin duda, por sus venas y aunadas, corrían patria y letras.

CONDIMENTOS VARIOS

Doña Juana Manuela reunió todos los condimentos de su época. Tiempos de guerras civiles y de la irrupción del Romanticismo en el Río de la Plata. Quizás, ambas cosas impulsaron a las mujeres a sus primeros coqueteos con las letras. El puente entre la naturaleza y la escritura -esa continuidad tan buscada por los románticos- es notorio en los escritos de Juana. Sí, encontró la forma de construir el viaducto vida-literatura. Veamos:
– ¿Fue Juana Manuela una adelantada a su época?
– Sí. Con su libro “La Cocina Ecléctica”, tal vez quiso rendir un homenaje al conjunto de las mujeres y a sus trabajos culinarios.
– ¿Acaso podríamos pensar que ha sido la precursora de Doña Petrona C. de Gandulfo?
– En efecto. Ese texto, además del valor gastronómico, actualmente tiene un gran valor documental. Aporta muchas recetas tradicionales argentinas, de otros países latinoamericanos e incluso, cocina europea de ese tiempo.

Recetas del 1800  Juana Manuela Gorriti

MINGA, CON SEUDÓNIMO

Con el poder político, económico y religioso, en manos de los hombres, desde hacía siglos, aquella época resultó muy compleja. La condición de mujer era un “estigma” a ocultar en el mundo de la literatura. Juana Manuela fue una de las primeras mujeres argentinas en incursionar ese ámbito. Resultó una dama tenaz en la oposición a la “regla” que impedía a las mujeres firmar sus escritos con su propio nombre. Increíble, debían firmarlos con seudónimo masculino. Su escritura era femenina, en el sentido entrañable de la palabra. Para Juana, los textos debían ser historia con mezcla de fantasía y, de ambas, ella tenía a raudales. Desde el borde del pasado, con la mirada en el presente y los sueños proyectados al futuro, en los escritos de Juana Manuela se fusionan historicismo, exaltación de lo autóctono y de lo nacional y una denuncia social y moral, como parte del combate por la libertad. Pero no todas las ligaduras fueron sencillas de romper. La lucha de clases, nacida con la patria misma, obligó a los Gorriti Zuviría a emigrar. Y allá marcharon: de Los Horcones a Bolivia.

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PARA EL DESTIERRO, AGALLAS

La familia encontró refugio en Tarija. Con apenas 14 años, el amor la rondó: hizo su entrada el Capitán Manuel Isidoro Belzú, quien le llevaba varios años. Las ansias de poder del militar relegaron a su familia. Mujer e hijas fueron abandonadas dos veces, en medio de los infructuosos intentos por parte de Belzú de tomar el poder en Bolivia. En uno de esos abandonos, él partió a Lima. Juana Manuela lo siguió. Pero él era un abandónico irremediable. Y otra vez voló. Ella quedó atrás, sola, con sus dos hijas y sin recursos. Sin embargo, de combates sí que sabía esta Juana. ¿Carácter dócil?: Noooooooo. Juana Manuela sabía del desajuste con las circunstancias desde sus desarraigos y exilios durante su niñez, como pupila en el convento de Salta. El matrimonio resultó otro pupilato. Y así es: al haber sido golpeada, la segunda vez ella tuvo una idea más clara de cómo levantarse. Con Belzú desaparecido, no era cuestión de desalentarse. Convencida de que la soledad no resultaba amable compañía, se refugió en otro amor, del que llegaron dos nuevos vástagos. Belzú, por su parte, no se ocupaba demasiado en ocultar sus amoríos. Sin embargo, cuando él “las hace” es un vivo y, cuando “ella las hace” debe desafiar los prejuicios. Increíble, para entonces, Juanita le dio la espalda a la pacata sociedad, redobló su apuesta y fundó una escuela primaria en Lima. Por su exclusiva decisión, se transformó en la primera maestra oriunda de Rosario de la Frontera. Cuando se hizo de cierto prestigio, abrió su “taller literario”, casi un centro cultural, donde guió muchas plumas. Por su parte, ella hizo lo propio. Por esos tiempos, entraron en ebullición todas esas imágenes lejanas en el espacio y la cronología, que coagularon en su presente narrativo.

DOÑA JUANA Y SUS DOS MARIDOS

De la época de su separación, y en medio de acusaciones recíprocas de infidelidad, esta mujer se animó a publicar “La Quena”. En 1845, la Revista de Lima la dio a conocer ¿Adivinamos el tema central de la novela? Sí, la disputa de dos hombres por el amor de una fémina. Además, “La Quena” “puede ser considerado el primer texto narrativo publicado por un autor nacido en lo que hoy es territorio argentino, ya que “El Matadero”, de Echeverría, no sería conocido sino póstumamente”. (2)

VARIEDADES AL PASO

De la anécdota a la novela, del relato de viajes al texto costumbrista. De Güemes a otras leyendas locales (como “El pozo del Yocci”), desde su primera publicación, Juana ya no dejó de escribir. Su vida y su obra recorrieron todo el siglo. Gran cantidad de cuentos muestran la versatilidad de Juana, para temas variados. A saber: “Belzú”, “Caer de las nubes”, “Un viaje aciago”, “El día de difuntos”, “El emparedado”, “Feliza”, “Quien escucha su mal oye”, “Una querella”, “El fantasma de un rencor”, “El postrer mandato”, “La ciudad de los contrastes”, “Nuestra señora de los desamparados”, “Escenas de Lima”, “Un drama de 15 minutos”, “Yerbas y alfileres”, “Impresiones del dos de mayo”, “Una visita al manicomio”, entre otros. Es muy difícil conocer el orden de publicación de los textos de Gorriti, puesto que se publicaron por entregas en distintas revistas y sólo posteriormente se editaron en forma de libros. Sus obras más importantes se reúnen en volúmenes, con el siguiente orden de publicación: “Sueños y realidades”, Buenos Aires -2 tomos- 1875; “Peregrinaciones de un alma triste”, (1875), “Panoramas de la vida” -2 tomos- 1876; “Misceláneas”, 1878; “Vida militar y política del general don Dionisio Puch”, 1879; “El mundo de los recuerdos”, 1886; “Oasis en la vida”, 1888; “La tierra natal”, 1889; “La cocina ecléctica”, 1892; “Perfiles”, 1892; “Veladas literarias en Lima”, 1892; “La Tierra Natal”, “Perfiles” (1892), “Lo íntimo”, 1892, póstumo ya citado.
Tomo uno de sus textos, “Peregrinaciones de un alma triste”, porque tiene un tema insólito para la época: Laura, la protagonista, vestida de hombre, abandona los cuidados excesivos de su familia limeña –es rica y tuberculosa– y huye hacia una vida de viajes incesantes. La rebeldía de Laura hace espejo en la rebeldía de Juana. Pero la Juanita fue por más. En la breve biografía destinada a Belzú, “Panoramas de la vida” (1876) relata un episodio de tremenda audacia. Los hombres de esos años habrán dicho que Juana era “casi un hombrecito”. Cuando debió ir en busca del cuerpo muerto de su esposo, asesinado en el Palacio de Gobierno de La Paz –lo hizo, a pesar de que ya no eran una pareja-: “Llegué hasta donde yacía el desventurado ya cadáver, lo levanté en mis brazos y en ellos lo llevé a casa, a ese hogar que él había abandonado hacía tanto tiempo”. Si de audacias se trata, la cosa no quedó ahí. Mucho antes de la muerte de Belzú, a los 26 años, disfrazada de hombre, volvió a su terruño para ver, de incógnito, cómo estaba la casa de sus padres. De su morada, sólo halló ruinas. De esta experiencia, sale la escritura: “Orcones, hogar paterno, montón informe de ruinas habitado sólo por los chacales y las culebras, ¿qué ha quedado de tu antiguo esplendor? Tus muros yacen desmoronados, los pilares de tus galerías se han hundido cual si hubieran sido edificados sobre un abismo. Apenas si las raíces sinuosas de una higuera y el bronceado tronco de un naranjo señalan el sitio de tus vergeles. A la ruidosa turbulencia de tus fiestas, ha sucedido el silencio de la soledad. Tus avenidas están desiertas y la yerba del olvido crece sobre tus umbrales abandonados”.

 

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Klsterruine Eldena, Friedrich.

JUGADAS POR AMOR

Como hemos dicho, Juanita impuso sus sentimientos contra los dictados de la pacatería en los tiempos post virreinales. Su escritura, innovadora del discurso femenino y el imaginario nacional, se va construyendo sobre su propia biografía. Quizás por eso se animó a escribir un cuento sobre Camila. El delito de la jovencita O’ Gormann y de su pareja -el jesuita, Ladislao Gutiérrez- fue amarse. Ellos dieron rienda a su pasión y rompieron las reglas de la sociedad. Por eso, fueron ejecutados contra un negro y árido paredón de Santos Lugares. Al final del relato, Juana los vuelve a la vida “una verde alfombra de vegetación que alzaba floridos sus exuberantes vástagos; en sus grietas anidaban las tórtolas y, en su negra cima, una alondra enviaba al aire alegres cantos”. Hermoso renacer. En el accionar de Camila juega un espejo de dobles. Otra vez. La vida no da una oportunidad para aprender y otra para ser feliz. Ellas, de una, se jugaron por las dos cartas.

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Los Expulsados, 2015, Oscar Capeche

 

INCANSABLE

En 1865, en “La Revista de camila-o-gorman-1-728Buenos Aires”, Juana publicó “Sueños y Realidades”. A propósito de este texto y de su autora, dijo Vicente Quesada, “el corazón de esta mujer es sobre todo el de una patriota”, una exiliada que, como él, compartía el destino de los peregrinos. Y agregó “es imposible leer vuestros libros sin sentirse engreído al reconoceros argentina; porque las escenas son argentinas y argentinos los héroes de vuestras novelas”. Así, en “Recuerdos de Infancia”, Juana Manuela encontró las más vivaces narraciones para pintar las figuras de Martín Miguel de Güemes y de su esposa, Carmen Puch. En 1874, Gorriti llegó a Buenos Aires y se dedicó a recopilar y a editar todo lo escrito. También fundó un periódico, “La alborada del Plata”. En tres países la reconocían y respetaban. Las valijas se hacían y deshacían con total rapidez. Desde 1875 hasta su muerte, en 1892, Buenos Aires la acaparó. No obstante, el cielo de Lima y de Salta no dejaron de ver a esa mujer pequeña, inmersa en sus historias. Ella seguía en movimiento. En uno de esos viajes, allá por 1886, se le animó al tren. Hasta el final intentó recuperar su infancia en “Recetas del cura de Yana-Rumi”, donde recogió las costumbres animistas andinas en tono de picaresca: un retazo de aquella América que tan bien conoció, un fresco que otros habrían ignorado.

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(1) Juana Manuela Gorriti, “Lo íntimo”.
(2) Felipe Pigna,” Mujeres tenían que ser”.




PERO LA SOMBRA DEL RÍO

El Desaliento: Sobre los pibes que nos faltan. El caso Josele Altamirano.

Por Rodolfo Rodríguez

 

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El hombre que tenía enfrente, tirado en el piso y mirándolo a los ojos, imponía ya su estatura de mito en la miserable habitación. Así lo sintió el pobre infeliz, quien no pudo o no quiso o no encontró dentro de sí la decisión de enfrentarlo cara a cara. Mareado por el miedo, cerró los ojos y disparó a la bartola, hiriéndolo en las piernas. Mucha, mucha sangre –dirá después el sargento Mario Terán- y mucho dolor en el rostro del rebelde. Ya autómata, apretó el gatillo en una segunda ráfaga. Esta vez, un hombro y el corazón. Y Ernesto Guevara dejó de respirar pero, sobre todo -por fin-, dejó de mirarlo a los ojos.

Caído en combate, dicen aún hoy los periódicos, incluso algunos de izquierda.

Mentira.

Al Che lo habían herido y tomado prisionero un día antes. Luego, desarmado y maniatado, lo ejecutaron sin juicio previo, sin derecho a defensa.

CORRÉ, PIBE

Sin derecho a la defensa, durante la última dictadura las tres fuerzas armadas que gobernaban Argentina ejecutaron, en las salas de torturas o en falsos enfrentamientos, a treinta mil personas más.

Entre otros miles y ya en el estado democrático,

en 1991, la policía Federal asesinó a Walter Bulacio.

La de Rosario, en 2001, al Pocho Lepratti.

La maldita Bonaerense, a Luciano Arruga en 2009.

En 2013, Gabriel Tercero cayó fusilado en Salta por la Gendarmería Nacional.

Los mataron -los mató el Estado- sin derecho a defensa.

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Sin derecho a la defensa, la Prefectura Naval Argentina, la Policía Metropolitana, la Gendarmería Nacional y la Policía Federal acosan, desde hace años, a las pibas y a los pibes de las villas miseria de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Los secuestran por pinta y los torturan hasta el borde de la locura en esos centros clandestinos de detención de territorio: las garitas levantadas en los accesos de esos barrios. La CORREPI[1] –que algo de esto sabe- registró que, en lo que va de 2016, se sextuplicaron los casos de gatillo fácil y cada día hay una persona muerta o torturada. Sólo en los ocho días transcurridos entre el 16 y el 24 de septiembre, el Estado asesinó a siete personas en diferentes jurisdicciones del país.

El Colectivo Contra el Gatillo Fácil”[2] recordaba, respecto del asesinato de dos chicos en La Plata en 2014: “Este no es un caso aislado, porque ya son más de 4.700 las personas asesinadas por el aparato represivo del Estado desde 1983 a la fecha, en sus distintas modalidades de “gatillo fácil”, torturas y asesinatos en sede policial o penitenciaría. Como Mauricio e Ismael, la mayoría son jóvenes pobres de entre 15 y 25 años. Y eso no es una casualidad, sino una política de Estado.”[3]

POLÍTICA DE ESTADO

“Sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”

El Che, en una carta a sus hijos fechada en marzo 1965.

Nos ponemos una remera con su rostro impreso y sus cabellos al viento. Se nos infla el pecho cuando, en Venezuela, en Cuba o en otros lugares se nos trata amabilísimamente sólo por ser argentinos como él. Cantamos con pasión que abrazamos, como pueblo, a las Madres de la Plaza. Celebramos que los milicos sean juzgados y celebramos la recuperación de cada nieto. Cada tanto, votamos.

Y los gobiernos legitimados por el voto pasan

uno tras otro, cada uno

con su color

con sus consignas

y sus planes económicos.

Pero siempre, todos, con las mismas policías y las mismas redes de complicidad entre la clase política y los traficantes de drogas, armas y personas.

Y siempre los pobres, en especial los jóvenes, siguen siendo encarcelados y muertos por las fuerzas punitivas del Estado, sin derecho a defenderse ni a nada.

SI EL SABER NO ES UN DERECHO

“Se fueron los militares, quedaron los policías.

¿Les compramos las botas, les compramos la ropa y el arma

para que lastimen y torturen a nuestros hijos?”,

Alejandrino Sáez

 

Alejandrino Sáez y Analía Altamirano tienen nueve hijos. Juan José Andrés -Josele-, de 23 años, es el mayor. Le siguen seis varones más y dos niñas, la más chica de cinco. La familia ocupa una casa en el Barrio Seminario de la ciudad de Corrientes. Muy cerca del Paraná. Como la mayoría de sus vecinos, viven de la pesca. El río les da de comer. Desde las humildes casas se ve el río y, en el río, a un paso apenas de la costa, una islita. Los habitantes del río transitan su realidad con la mirada y los silencios, conviven sin molestarse uno al otro y cada cual hace su trabajo sin palabras de más.

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Pero, entrados en confianza, saben decir los pescadores que ellos reconocen, aun en la noche cerrada, qué viene haciendo o trayendo una canoa según la postura del cuerpo de quien esté al timón. Sombra apenas más espesa que la sombra de la noche, la silueta del canoero constituye para ellos la cifra del pescador, del contrabandista, del traficante o del agente de la Prefectura.

Esa baquía es certera en el río que les da de comer y de vivir pero, a veces, falla en tierra firme. Cuando los pescadores vuelven a la orilla, suelen recibir la visita de clientes que vienen por pescado fresco. Algunos a pie, otros en bici o en moto y muy pocos en auto. Entre estos últimos, se puede colar algún móvil de la policía de Corrientes, identificable o no. Como sea, los pescadores los reconocen y lo asumen: en ese auto vienen policías a manguear una astilla del fruto de su trabajo.

A las once de la mañana del sábado 1º de agosto de 2015, a Juan José Andrés Altamirano, le falló el instinto. O quizás la naturalización del pago de un peaje para poder trabajar tranquilo no le permitió ver la espesa sombra que venía mariscando en los ojos de los policías. Por eso, cuando lo interpelaron, sólo atinó a decirles que no tenía pesca para darles ese día, sólo reparaba una red de su patrón.

-El jefe quiere hablar con vos -escuchó.

Últimas palabras por el momento: pistola amartillada en la cabeza y esposas en las muñecas. Luego, siguió un despliegue de torturas sobre su cuerpo, aplicado por personal de la policía correntina hasta lograr que, con la mirada extraviada por los golpes, el miedo y la angustia, engrillado a una silla de la comisaría 4ª, se hiciera cargo de la muerte de Maximiliano Aquino, ocurrida a la salida de una peña estudiantil en el Club Regatas de Corrientes. El asesinato había ocurrido cinco horas antes de su apresamiento, mientras él mismo -José- dormía en su casa del barrio Seminario, a dos kilómetros del lugar.

Esta declaración obtenida bajo tortura fue filmada en un celular policial y luego -quién sabe cómo- viralizada en las redes virtuales. Según la policía, hubo alguien -jamás identificado- que señaló a José como autor del crimen. Y así llegaron a él.

Rápidamente, la mayoría de los canales de televisión, radios y periódicos locales loaron “el veloz accionar de la brigada de investigaciones”. Inundaron a la sociedad correntina de coberturas especiales y comentarios de expertos en temas generales con una campaña que, retroalimentada con los reclamos históricos de la población pidiendo seguridad, enarbolaba la necesidad de condenar rápidamente al asesino.

Video de la “Confesión”

SEGURO SERÁ UN IZQUIERDO

“Ellos saben, nosotros sabemos, todos saben.”

Alejandrino Saez

Sin embargo, quien se hubiese tomado el trabajo de recorrer el barrio Seminario y hablar con quienes se dispusieran a hacerlo, hubiera podido tomar nota de algunas cosas.

En el barrio es un secreto a voces quién mató a Maximiliano Aquino: dos pibes en una moto. Uno de ellos, el que la manejaba, es hijo de un contrabandista narco y sobrino de uno de los guardaespaldas de un senador nacional por la provincia. El otro, el matador de Maxi, no tiene el mismo nivel de vínculo político, pero su papá es narco distribuidor: mientras pague puntualmente la coima, su negocio continuará floreciente y su hijo impune. Ambas familias tienen excelentes relaciones con el poder punitivo del Estado: policías, jueces y fiscales.

El río pasa y lame los bordes del barrio, otea discretamente los días de los hombres y mujeres que toman algo de sus dones para sobrevivir. Frente a las aguas amigas y mate en mano, dicen lo que no se animan a testimoniar en los estrados judiciales.

Hay quien arriesga: aquella noche, dentro del club Regatas, Maximiliano Aquino no respetó algún código del hampa en territorio del padre del matador y eso le costó la vida. Algún otro vecino sugiere deudas de consumo pendientes y otros, hasta asuntos de polleras. En cambio, en algo todos coinciden: Juan José Altamirano es un pibe medio bardero, quizás alguna vez arrebató una cartera y, cada tanto, se fuma sus porritos. Trabaja como mallonero[4] a la par de su familia y carece de la mínima habilidad para manejar un arma blanca.

Varios chicos y chicas del barrio vieron qué pasó esa madrugada en el centro de Corrientes: Josele no estaba allí, de eso están seguros. Sin embargo, sólo las sombras y los aromas del Paraná harán eco de sus palabras. El río inspira respeto pero no miedo. Frente a él, se puede hablar. El miedo, en el barrio Seminario, es patrimonio del Estado y de sus socios narcos.

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¿Y DE LA POLICÍA QUIÉN ME CUIDA?

En el camino, hubo filmaciones de cámaras de seguridad que mostraban la cara de los asesinos. Desaparecieron en el Tribunal, sin que nadie investigara qué había pasado con eso. Hubo dos chicos más detenidos, el último de ellos ilegalmente. Ambos recuperaron su libertad después de haber sufrido el tratamiento policial reservado para quienes “vieron algo”: Oscar y Ariel. Los aprietes de la policía y el ninguneo de los jueces hacia la familia de José Altamirano fueron constantes.

Josele declaró su inocencia ante el Juzgado de Instrucción denunciando las torturas sufridas en la comisaría 4° de Corrientes. La respuesta de la jueza consistió en ordenar que aún así continuara detenido en esa misma dependencia y su abogado defensor renunció, quizás por miedo a sostener la denuncia de torturas contra la policía.

Ni la fiscalía ni el juzgado de instrucción ni el tribunal oral quisieron dar curso dentro del expediente a los datos que la familia de Josele aportó para identificar a los culpables.

Sucede que, además de la conexión narco-judicial-policíaca, en el contexto político de plena campaña y a semanas de las elecciones 2015, el asesinato de Maxi Aquino representaba para el gobierno de Corrientes un problema serio de imagen. Al mismo tiempo, resolver el caso rápidamente le sumaría puntos. “Resolver” el caso significó engarronar a quien reunía todas las condiciones para ello: pobre y joven. Vulnerable.

Como a los padres de tantos chicos y chicas víctimas de la prepotencia uniformada en todas las ciudades argentinas, a Alejandrino y Analía, el Estado les rompió la vida con la prisión de su hijo. Un Tribunal Oral condenó a Juan José Altamirano a veintidós años de cárcel por el homicidio de Maxi Aquino. Salieron a protestar contra la injusticia y lograron alguna repercusión en los medios alternativos de Corrientes. El Poder Judicial no les hizo caso, pero el Ejecutivo sí tomó cartas en el asunto: Su segundo hijo Johnny (21), fue detenido ilegalmente por la policía correntina. Se pudo lograr su liberación gracias a que sus padres visibilizaron el secuestro, con la ayuda de organismos de DDHH y medios radiales de la ciudad. Johnny y el hermano que le sigue, Brian (20), siguen hasta hoy permanentemente hostigados por la misma policía que debería velar por sus vidas y sus bienes.

Texto completo del Fallo judicial

NO DANZAR SOLAS

“Pero esta fatiga del corazón está en el origen de un increíble coraje”.

Jean Paul Sartre, prólogo a “Los condenados de la tierra”.

Desde hace tiempo, Alejandrino organizaba con sus vecinos una asociación de pescadores para intentar frenar el avance del gobierno que se niega a continuar con las habilitaciones de pesca y amenaza dejar en la miseria a cientos de familias. En eso estaba, cuando la policía entró a su casa sin orden judicial a revolver la habitación de sus hijos mayores en busca de Josele.

Nunca pudo juntar los veinticinco mil pesos que la policía correntina le pedía para “arreglar la causa” y soltar a su hijo. No pudo ni aun cuando vendió su única posesión, su canoa, su herramienta de trabajo. Al recurrir a un abogado conocido para consultarlo al respecto, este le dijo “Mirá, en Corrientes hay dos clases de policías: el que te cagó una vez con tu hijo y el que te va a cagar con tu hijo otra vez”.

Alejandrino piensa que así como es posible organizarse entre pescadores, también se podría -si se abriera el juego- salir adelante y vencer a la injusticia.

En estos días recorre junto a su mujer las calles de Buenos Aires en busca de apoyo y solidaridad. Así consiguieron conectarse con diferentes organizaciones territoriales, estudiantiles y de Derechos Humanos como La Mella, el Cels y la Garganta Poderosa entre otros. Desde hace meses, tres jóvenes abogadas integrantes del Movimiento de Profesionales por los Pueblos y del Observatorio de Políticas Públicas, Legislativas y Comunicacionales los acompañan en darle visibilidad a su drama, a la vez que colaboran técnicamente con el abogado defensor de su hijo, Josele, en la apelación del fallo que lo condenó. Las tres profesionales coinciden en que se trata de una causa plagada de irregularidades en la que, a partir de la difusión del video de la “confesión” de Josele, el sentido del proceso judicial pasó a ser directamente cómo probar su culpabilidad en lugar de investigar todos los elementos existentes.

Para Gabriela Granada (OPPLEC) “La víctima del homicidio era un chico de clase media, estudiante universitario, lo cual generó mucha repercusión y un reclamo de seguridad por parte de la sociedad de Corrientes. Este tipo de causas necesitan un condenado pronto. Creo que, en cuanto al tratamiento mediático y su utilización política, fue el “caso Blumberg” de Corrientes”.

Teresita Rossetto, del MPP, sostiene que “Josele es un pibe que tuvo algunas caídas por robo, nunca fue condenado, por eso no tiene antecedentes penales aunque así lo afirmaron los medios desde el principio. Vive en un barrio muy humilde. Es presentado, entonces, como un villero. En la etapa de instrucción y también en el debate, muchísimas preguntas estaban dirigidas a establecer condiciones personales y armar un perfil de delincuente. Es la aplicación del Derecho penal de autor.”

Verónica Gostissa (MPP): “Se le dio a la causa un carácter público claramente excesivo, con un fiscal adelantando sus pruebas en los medios. Una presión social por el reclamo de mayor seguridad y política también: diputados provinciales pidiendo informes sobre el estado de la Causa periódicamente. Y los medios presentando a Altamirano como supuesto culpable desde el primer día…”

LA VIDA Y LA LIBERTAD

Algunas cosas aprendieron Analía y Alejandrino en el año que llevan de lucha:

Que no están solos, a ellos les sucede los mismo que a miles de familias en todo el territorio nacional. Ninguno baja los brazos, se organizan y dan pelea por la libertad de sus presos y la memoria de sus muertos.

Que si el miedo es patrimonio del Estado, el coraje es nuestra preciada pertenencia.

Que si el silencio es cómplice, la palabra es compañera.

Ilustración: Pito Campos "Gatillo Fácil"
Ilustración: Pito Campos “Gatillo Fácil”

EPÍLOGO

En Buenos Aires hay también un río que lame sus orillas, aunque no dialoga con los porteños. La ciudad es grande como un monstruo y en sus entrañas corren otros ríos, pero de automóviles. Con ellos sí estamos conectados por riesgo de vida y, a veces, viran en ríos de sangre.

El 25 de Enero de 2005, Fernando Carrera circulaba en su auto por la Avenida Sáenz del barrio de Pompeya. De repente, dos patotas -de civil y en autos no identificables- de la comisaría 34 de la Policía Federal comenzaron a dispararle. Confundieron su auto con el de unos ladrones que habían asaltado a alguien minutos atrás en la zona. En total le metieron ocho tiros en el cuerpo. Se desmayó. Su auto, ya descontrolado, se llevó por delante a tres personas que murieron allí. Fernando salvó de milagro la vida y fue juzgado y condenado a treinta años de prisión por robo y triple homicidio.

Luego de una lucha de once años de su familia y sus abogados, con el aporte de un director de cine[5] y organizaciones como Innocence Project Argentina, Pensamiento Penal y Amnistía Internacional Argentina, entre otros, consiguieron que el 25 de octubre de 2016 la Corte Suprema de Justicia de la Nación declarara finalmente su inocencia.

 

[1] Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional.

[2] Integrado por: Familiares y amigxs de Omar Cigarán, Familiares y amigxs de Mauricio Andrada,Ceprodh, COB La Brecha, Colectivo Piedra Papel y Tijera, HIJOS La Plata en el ENA, Olla Popular de Plaza San Martín, Frente Popular Darío Santillán-Corriente Nacional, Patria Grande.

[3] Boletín 20 de octubre 2016, a propósito del fusilamiento de Ismael Perusatto y Mauricio Andrada, en: http://hijosprensa.blogspot.com.ar/2016_10_20_archive.htmln

[4] Pescador.

[5] Enrique Piñeyro. Dirigió el documental “El Rati Horror Show” (2010) basada en el caso Carrera.




ENTRELAZADOS

El Desaliento: Escenas del Centro Educativo Isauro Arancibia.

Por Mariana Paula Dosso

PRESENTES NÓMADES

Andar solitario o en manada. Una mochila a cuestas y un sueño que amanece y se tira a descansar en algún rincón librado de la lluvia. Un presente lleno de temporalidades y suelto de planificaciones absurdas.

“Aquí y ahora” abraza una intensidad que no todos pueden palpar sin aturdirse.

“Aquí y ahora” resultaría en una filosofía de vida, si alguno la pudiera elegir.

Cuando el  presente continuo son las migajas de un sistema injusto, el cantar es otro.

Así las cosas, es importante hilvanar los detalles de la vida para cubrir el desamparo. Eso es algo de lo que sucede en la escuela Isauro Arancibia.

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LAZOS AL VIENTO

Desde las más variadas edades y distinciones de ropa, los invitados se animan al semicírculo. Algunos parados y otros en las sillas dispuestas a la escucha. La maestra balancea la cabeza para indicarle a un joven el momento de compartir su experiencia en la escuela. Ambos de pie al futuro, hacen una posta con el micrófono y el estudiante comienza a cautivar al público:

-Estudiar y que él me vea estudiar

Su mirada y la mano libre buscan la vergüenza de un niño entrelazada a las piernas del adulto. Cuenta de sus años en prisión, de su salida y del deseo cambiar el rumbo. Trío de frases. Tres vidas en una. Encontró a su pareja, decidieron tener un hijo y ahí están, ambos amores, en el acto de reinauguración de la escuela.

-Volvía a mi casa y teníamos temas de qué hablar. Les contaba qué habíamos hecho en la escuela.

Aires frescos renuevan los tiempos. Un estudiante del Plan Fines pide que el Isauro siga, que no derrumben el edificio recién puesto en condiciones, por el paso del Metrobus.

ANUDAR

Unos ojos donde entrever la intensidad de la vida y una sonrisa tan amplia como las ganas de ir a la escuela. Es un niño de 7 años. Hagamos el ejercicio de recordarnos a esa edad. O de mirar entre cotidianeidades absurdas e identificar a esas personitas. ¿Qué quisieran hacer? Jugar. Sentir el cuidado. Tirar la pelota más lejos aun. Recibir un abrazo, aunque la cara sea de orgullo. Atesorar un muñequito. Hamacarse. Correr hasta atrapar a su amigo. Querer a una maestra por un cálido saludo.

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Vino acompañado de su mamá -podría no haberlo hecho así, podría haber venido con un tío adolescente u otro amigo del barrio- y, pese al cansancio de su sonrisa, todavía se le ilumina su cara. Preocupada porque en la escuela de su barrio, allá por Wilde, su hijo no va, no quiere ir. Quienes la recibieron intentan, por unos minutos, que la realidad se asemeje un poquito a ese ideal de justicia social: “tiene la edad para estar en primer grado y es importante que esté con chicos de sus edad”.

Pero la mamá insiste.

-No va. Y, si va, no hace caso a las maestras ni a la directora. Se cuelga de las rejas. Se escapa. Me llaman, pero a veces no puedo ir, no puedo dejar la casa sola. Yo quiero que estudie, que termine la primaria.

¿Sabrán las maestras que su mamá, con menos de 20 años, cuando el cuidado de los otros tres hijos afloja, mira los cuadernos, lo ayuda con las tareas y le lee si encuentra algún libro?

No es fácil, como dirían los cubanos.

Tal vez lo sepan, pero el agotamiento llegó al borde. Damián no sabe sobre las condiciones institucionales del trabajo solitario de los docentes, de la formación caduca ni de un Estado que aún no puede resolver cuestiones apremiantes; que se enreda entre cantidad de políticas focalizadas y cae a los pies del mercado. O sí, lo percibe en ese “no sabemos qué hacer con vos”.

Damián comienza en el “grado de nivelación” del Isauro, un multigrado para los niños y niñas con la idea  de “nivelar” para estar en el grado que les “corresponde” por su edad. Lleno de comillas está el sistema educativo. Trayectorias teóricas, imponer una cronología de aprendizaje: un mismo tiempo, mismos contenidos y la misma edad. Cronología que estalla por los aires en las realidades cotidianas, mientras el sistema insiste, no se desanima, la formación docente se aferra a esa cruz que les pesa a los estudiantes.

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En el Isauro, hay muchos gestos de amor para intentar transformar sus dolores en espacios de aprendizaje y animarse a escuchar a sus compañeros y maestros. Poder permanecer sentado por un rato también es una pausa que ayuda a acomodar saberes y reflexiones, ¿con qué norte se los apropiará Damián?

ENREDADOS EN LA INOCENCIA

Aparecieron dos niños en el segundo piso de la escuela. En ese momento, no teníamos un espacio para sostener entrevistas o conversaciones. Nuestro nomadismo como equipo de apoyo pedagógico nos llevaba al pasillo, a un aula desocupada, al descanso de la escalera. Así y todo, intentábamos velar por esa intimidad necesaria para abrigar sensaciones, sentimientos, relatos de experiencias de vida.

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No recuerdo bien cómo llegaron. Creo que lo hicieron acompañados por algún estudiante. Nos convocamos con la psicóloga. Se me pierde entre las imágenes de ese día quién a quién: cuando se trabaja en equipo, se desdibujan las direcciones y es fácil confluir en las tareas. Nos ubicamos en el descanso de la escalera de servicio. Este era un lugar común para generar un encuentro fuera de los ruidos y conversaciones de otros estudiantes y docentes. Les llevamos dos sillas donde se sentaron y nosotras dos nos ubicamos en los primeros escalones. Mi memoria no me ayuda con las edades. Sí, con que sus pies apenas rozaban el piso, los balanceaban al hablar. Se llamaban Ismael y Juan. Un poco desprolijos y sucios, como puede estar cualquier niño luego de jugar. Ellos andaban así, sin un adulto que los corriera detrás para que se lavaran sus caras. Cada tanto nos mirábamos con la psicóloga, esa ternura presenciada había que compartirla. Paraban por el centro de la ciudad, por Lavalle. Uno de ellos nos contó que hacía sólo días dormía en la calle. “Sólo días”, como si ese “sólo” lo protegiera y cuidara. Nos relataron algo sobre sus familias, sobre su barrio y sobre sus ganas de ir a la escuela. Les “tradujimos” la propuesta pedagógica del Isauro.

Al finalizar la charla, nuestras miradas se detuvieron en sus manitos. Sacaron de sus bolsillos unas bolsitas. Dentro, había unos muñequitos con los que se pusieron a jugar.

HILOS IMPERCEPTIBLES

Lado A

Llamado telefónico al 107. Emergencias.

-Hay una alumna que está con convulsiones, recostada en el piso.

El sentido común diría que la ambulancia llegaría a la escuela a la brevedad. Pero no. Otra espera.

-Hola, yo llamé hace un rato, hablé con el operador 35, la alumna sigue con convulsiones y no vino la ambulancia.

-De qué escuela.

-Del Centro Educativo Isauro Arancibia. Mirá, la alumna está con los maestros, pero no saben qué hacer.

-¿Qué edad tiene?

-En el llamado anterior ya les pasé los datos, 17. ¿Cuándo vienen? Es una urgencia.

-¿Cómo está la alumna?

-Sigue con convulsiones. ¿Pueden venir?

-El pedido ya lo pasé, cuando haya disponibilidad, va una ambulancia.

El desamparo envuelve a todos los actores de la escena. Los cuerpos se funden en la impunidad y en el descuido. Un pedido de auxilio, el derecho a la salud, un gesto de humanidad.

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Irina tuvo varias veces episodios de epilepsia en la escuela. ¿Será que era el lugar donde se sentía cuidada y mimada?

Lado B

En una de las vueltas en la guardia, Irina estaba sentada sobre una camilla, a la espera de una revisión médica. Ya tranquila y sin ningún síntoma, conversaba con la trabajadora social. Los médicos y enfermeros iban y venían. Detrás de la precariedad del biombo, se podían recomponer escenas de accidentes de motos, alguna situación de violencia en un hotel, un dolor fuerte en el corazón. El personal del hospital seguía en movimiento.

Compartían el box con una anciana, recostada en otra camilla, semi tapada, como si el tiempo disponible de los médicos sólo hubiera alcanzado el primer paso: apoyarla. El resto de la secuencia quedó trunca: traerle alguna almohada, cubrirla con una manta, dejare algún vaso de agua. La mujer demandaba ayuda y nadie acudía. Ella era sólo una súplica entreverada con el quejido.

La estudiante se levantó de su camilla, se acercó, tomó las sábanas con el mayor de los cuidados, tapó sus brazos y le susurró ternura. Envolvió su desamparo y trajo un gesto de humanidad en la desolación de la urgencia.

ENHEBRAR DESDE EL OTRO

Es un día de fiesta. Se “jura la bandera”. Pero… en la escuela Isauro Arancibia ese “pero” es multicolor. Si algo promovieron los maestros y los estudiantes, es la cantidad de colores por las que puede pasar una propuesta educativa. Lo múltiple, lo diverso, los matices, los detalles, la pincelada y el trazo fino en cada recorrido escolar. Así, también juran la bandera.

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Es un día de fiesta y eligieron la Legislatura Porteña. Son tan estudiantes como otros y tan ciudadanos como cualquiera. Insisten en esto. No se desalientan por más que, a cada vuelta de página, en cada andar por instituciones públicas, hay que nombrarlo, disputarlo, hacer lugar a empujones.

Un salón un tanto solemne los recibió. Otro, ablandado por las experiencias más genuinas, los despidió.

Los estudiantes ingresaron al recinto. No sólo los de 4to grado -¿por qué esa manía de los grados y de segmentar el aprendizaje?-. La bandera argentina, tan propia de una escuela con huellas de un potencial igualador y tan permanente el riesgo de que su flamear no sea más que “la argentinidad al palo”. La seguían banderas de otros países de Latinoamérica entrelazadas unas con otras: un trencito de recreo en cámara lenta.

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La patria es el Otro. Patria Grande hecha de pequeños gestos multicolores. Patria entre todos. ¿Por qué no soñar con un Estado Plurinacional como en Bolivia?

Prometen junto a todas las banderas de Latinoamérica en la Legislatura de la Ciudad.

Impecables. Es un día de fiesta ¡Que nadie se los arrebate! Ni aquel maestro sentado en su escritorio toda la mañana. Ni la Ministra de Educación de la Ciudad, ni el Jefe de Gobierno: todos incapaces de percibir la vida hecha bandera.

 

TRAMA SIN BORDES

Si alguien quisiera hilvanar la tarea de los docentes, la puntada comienza desde la realidad de los estudiantes, así como son y desde lo que la sociedad les echó en suerte. La aguja vuela hacia los derechos y la utopía de un mundo entre iguales y se vuelve a posar unos milímetros más adelante, justo para asentar la capacidad alquímica de la educación.

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Un maestro que no duda de la posibilidad de aprender del “otro” buscará, en su invención cotidiana, la manera de que esto suceda. Insisten los maestros. El desaliento aparece, claro está, cómo desatenderlo en una trinchera donde el cúmulo de vulneración de derechos no deja ver el horizonte. Pero, así como aparece, se puede disipar con un nuevo proyecto, una idea para planificar la siguiente clase o llamar a un compañero para reflexionar sobre la situación y abrazarse en lo nuevo.

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Trasgredir la ley e ir de la mano de la ética. Un reglamento escolar que deja afuera a potenciales estudiantes. La calle. La escuela. La familia. Tres espacios. Tres legalidades en pugna. La inteligencia de los estudiantes las hace jugar en cada espacio. Cambian de rol y a veces saturan, demasiado esfuerzo contenido. La potencia en la calle, la palabra en la escuela y en las familias: un popurrí de relaciones y emociones. Ahí van los maestros, reparten hilos a paso lento. La escuela Isauro Arancibia no es una ONG ni una propuesta de caridad. Es una escuela pública porque los maestros se volvieron “sujetos” de las políticas públicas. Suman por aquí, suman por allá. Quien tenga como fin acumular no podrá percibir la integralidad de esta propuesta educativa. Astros en constelaciones, variantes, lunas de madrugada, trayectorias diversas, experiencias múltiples, soles de medianoche, movimiento y una propuesta que crece, avanza, no para, no se desalienta, desarma constelaciones o pide de otras galaxias. Suma e integra, se dispersa y vuelve al centro: los estudiantes.

 

 

https://drive.google.com/file/d/0B_sGPp-Y_7TZMXNDOFNBaWxXSkE/view

Nota: Las fotos son de Martina Matusevich.

www.facebook.com/isauro.arancibia




DE LA HERRAMIENTA AL SER

El Desaliento: Sobre “El cuerpo de Foucault”, muestra de fotos de Dagna Faidutti expuesta en el Museo de Artes de La Pampa dentro de la muestra colectiva “Rastros de irrealidad”.

Por Josefina Bravo

 

EL LUGAR DE LA LIMPIEZA
En blanco y negro, una mujer desnuda se sienta al inodoro: inevitablemente, codos y antebrazos sobre piernas encorvan la espalda, las vértebras dorsales abultan la piel y se pierden hacia atrás; las cervicales doblan el cuello y hacia abajo cuelga la cabeza
y el pelo suelto.DSC_1532-2
La caída es intermitente en la foto. Un movimiento constante desdibuja la parte alta del cuerpo de la mujer y, contrasta, de esta forma, con la quietud de la parte baja.
Todo el cuarto de baño está empapelado de diarios: letra pequeña, letra grande, titulares, epígrafes, propagandas, fotos. La nitidez de las paredes y el suelo permite la lectura de algún recorte. Apenas corrida por el movimiento de la cabeza, así, la silueta de la mujer. La mirada: perdida o atada a las manos -abiertas, con todas sus líneas al descubierto, bajo el rostro oculto- o a los enunciados que contornean sus pies. Se borronea el cuerpo sobre lo explícito de los diarios. ¿Condiciona más el afuera que el adentro? DSC_1555El cuerpo da pelea a la invasión, al bombardeo normalizador. Desde el baño -precisamente, desde el inodoro- en la mayor intimidad animal biológica, el cuerpo despide por el ano lo que no procesó.

Luego, la posición cambia.Y entonces la mujer es un fantasma que, de espaldas, vuelca su cabeza al inodoro para expulsar, por la boca, otro tanto.

Sin embargo, aunque largue hasta la bilis, el vaciamiento no es posible.

Quiere lavarse los mandatos, pero el lavatorio -cual pochoclera- está repleto de bollos de diario, una montaña cada vez más alta desde donde caen
al piso
los diarios,
uno a uno,

en cascada liviana y sólida

de negro y blanco.

 

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DONDE QUIERE DESCANSAR EL DECIR
Entonces, la mujer se va a su habitación, otro espacio copado por el afuera. De nuevo las paredes, el suelo y, hasta sobre la cama, los diarios. Aún desnuda, quiere taparse. Sin embargo, la negrura de la tinta se le pega a la piel y se mueve en dibujos que forman palabras, epígrafes, titulares. Y su cuerpo termina por ser un papel donde se dice y se desdice el imaginario social.

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LO INCOMPLETO
Desnudo: sin nudos, sin ropas, sin ataduras. La falta, en la palabra desnudo, está en su nacimiento: el prefijo “des”. Por eso el cuerpo se la pasa dale intentar alcanzar aquello que, desde la gramática misma, aparece como ausencia. Como si el cuerpo estuviera incompleto e indefenso y necesitara de las ofrendas del “estado padre”, para completarse.
Y estas son sólo las faltas de un cuerpo vivo.
A partir del “Dios ha muerto” de Nietzche, Foucault propone que el hombre ha muerto. Lo que implica la muerte de un concepto de hombre que ya no es eficaz ante las nuevas condiciones históricas. La estructura de saberes y poderes caduca y no aparecen diagramas nuevos. Cada estrato histórico reclama la novedad a partir de un pliegue de la vieja tela. Estamos aún a la espera.
Pero, si el hombre ha muerto, el cuerpo es un ente vaciado y vuelto a llenar que cumple las imposiciones del “estado padre”. Si el hombre ha muerto y el cuerpo es un zombie, jamás se le verá el rostro, porque este le daría identidad. Sin rostro, el cuerpo resulta una máquina laboral, consumista y civilizada. Sin rostro, no hay ojos para ver a un Otro en su diversidad.
Aunque la ausencia de rostro podría plantear otro interrogante: sin rostro, ¿dónde queda lo que llamábamos esencia? ¿Implicará ese “no ver” la negación de lo “único”? ¿Será esa ausencia el advenimiento de lo múltiple, la mutación constante, la flexibilidad que habilita a ser varios?

 

 

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LAS CARAS DE LA IRREALIDAD

 

El poder de la palabra: crear, transformar, destruir realidades. La palabra con toda su potencia y con toda su temeridad. La cama, el sueño, el amor y la palabra, siempre la palabra.
Al dormir, el discurso -sin curso- nos atraviesa: mezcla realidad y deseo en un suceder de imágenes que luego se unen en el decir. Y uno, que a veces no quiere pensar, hila en el sueño hasta lo no dicho. Por más frazada, meditación, soledad, silencio o mente en blanco que se imponga, la palabra sigue dale hurgar el cuerpo, nombrándolo y creando realidades sobre él.

 

A CONTRA CORRIENTE
Tanto se habla del cuerpo, ¿y qué sabe el cuerpo del cuerpo?
Desde afuera hay un llamado a desatender el decir propio y en constante devenir del cuerpo. Los dolores, los ciclos, las enfermedades, el cansancio suelen ser desestimados. Es válido el cuerpo saludable -llámese fuerte, activo, listo para trabajar-. Si algo duele, molesta o no funciona como el sistema reclama, entonces es necesario concurrir al confesionario del médico para que, quien detenta la autoridad del saber dé remedio. De esa forma, con suerte, el cuerpo funciona lo más parecido posible a las pretensiones sociales. Pero, ¿qué es un cuerpo saludable? ¿Quién decide y define aquello? ¿Saludable en función a qué y según quién?

¿Qué dice el cuerpo cuando habla?

¿Y cuando calla?

Así como sucede con el decir del sueño,
también es posible atender al decir del cuerpo.
Pero escuchar su discurso podría hacernos perder el curso de la vida
social que se nos propone.
Quedarse quieto para prestar atención
puede ser una fuerte lucha a contra corriente.
Y, luego,
hay que bancarse el silencio,

el vacío

donde muy lentamente, muy atravesado por el caos y la incertidumbre,                                                                                            se trenza el decir.

 

Y, aunque sobrevivamos al vacío, tal vez no encontremos “EL curso”.
Tal vez sólo encontremos pequeños rumbos, cortados -de vez en cuando- por vacío,
donde se hará imprescindible saltar, de nuevo, hacia otros rumbos. DSC_5762-2
Y en este saltar y devenir, iremos en un constante mutar,
cambiar rostros y
probar máscaras
que nos habiliten los próximos saltos.

Libres, completamente libres, no será posible: venimos a un mundo creado por otros. Pero esto no es justificación para residir en un inamovible desaliento. Conocer y problematizar ciertas cuestiones tomadas por “naturales” permite rodear al cuerpo de otras ideas. Así, somos la palabra. No usamos la palabra.
De la herramienta al ser, un gran paso contra todo desaliento.




NARRAR COMO ARREBATO

El Desaliento: Sobre “Autorretrato”, de Édouard Levé.

Por Nicolás Estanislao Sada

 

“… en la angustia vaga,

de sentirme solo entre las cosas ultimas y secretas…”

(Juan L. Ortiz)

 

 

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Eduardo Stupia

 

Con una prosa de tono seco, distante, engañoso, Édouard Levé escribe su breve pero intensa vida. Hila momentos, gustos, sensaciones, anécdotas y sentires sobre el mismo mundo del que intentará siempre, en algún punto, volver a fugarse.

Un texto, un lenguaje, un ritmo. Frontal y compulsivo.

Imágenes: en frases cortas, sutiles y precisas, que se revelan mientras desaparecen. Tres, cuatro segundos para dejar su marca o desvanecerse entre toda esa marea que viene detrás, sin poder hacer pie.

Para el final: un punto y seguido.

Y luego la caída. Una después de otra.

 

 “No cuento anécdotas porque me olvido el nombre de las personas,

cuento las cosas en cualquier orden y no sé cómo rematar la historia”

Así, el narrador que propone Édouard Levé en “Autorretrato” se busca, se fragmenta para reconocerse. Y, de ese modo, lo buscamos también nosotros.

Si él mira desde varios puntos de vista posibles, nosotros lo seguimos. ¿Cubismo literario, tal vez? Si él vagabundea entre los tormentos, nosotros nos volvemos errantes entre los nuestros. Si él apila oraciones de manera casi serial -retazos de todo lo que fue y no pudo ser- nosotros intentamos nuestro collage. No hay puntos aparte. No hay párrafos.

 

“En las fronteras me siento tan bien como si no estuviera en ninguna parte”

 

Capas indefinidas. Lienzos y más lienzos superponen, revelan y ocultan. La lectura avanza, entonces, sin saber muy bien qué se revela y qué se esconde. Como si el tono del viaje estuviera marcado por esa constante búsqueda. En “Autorretrato” eso se imprime, se hace historia.

 

 “Mi madre me salvó la vida al dármela”

 

Palabras escondidas en otras imágenes. Imágenes que se esconden en otras palabras.

 

“Prefiero aburrirme solo que aburrirme de a dos”

Tanta imaginería lleva a la vacilación más que a la certeza o a la perfección de ese retrato deformante. La luz pega de refilón en un espejo que no devuelve su propio rostro, solo deviene ante cada mirada, sin poder detenerse en una clara sombra de lo que será.

 

“Al contradecirme, experimento dos placeres: traicionarme y tener una opinión nueva.”

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VISIBLE LO INVISIBLE

Nosotros, los lectores, debemos estar atentos: en el silencio de la lectura, completamos sentidos. Como decía el viejo Ezra Pound, “la lectura es un arte de la réplica“. Repliquemos pues. Entre una vasta comunión de oraciones, entre pliegues y despliegues, se abren ventanas a la memoria, puertas al futuro. Ese viaje constante sin moverse de su casa. Incluso las entradas ya cerradas -o por las que no se quiere volver a entrar- están siempre presentes. Una verdad escondida entre mentiras. O entre sentidas verdades. Tal vez ese sea, después de todo, el punto principal de la búsqueda.

 

“No perderé la vista, no perderé el oído, no me haré pis en mis calzoncillos, no me olvidaré de quién soy, moriré antes” 

Entre tanto corte, se deja entrever una minúscula maquinaria humana que remata en una propuesta osada.

Como lectores, ¿cambiaríamos nuestra lectura si supiéramos que es estrictamente autobiográfica? Y, si fuéramos íntimos de cada una de sus líneas, de sus párrafos, de sus recovecos, ¿algo nos modificaría? Tal vez no, o tal vez el cambio vendría solo por sugestión o por un exceso de información sobre el “propio Levé”. Porque, ¿hasta qué punto uno puede acceder al “propio ser” de cualquiera? Un hombre, aun si no escribe, es un texto lo suficientemente opaco como para pretender leer su supuesta esencia.

Pero volvamos al libro. “Autorretrato”  hace visible lo invisible en imágenes nítidas que ya no vemos aunque, desde los bordes, insistan todavía, enfantasmadas.

 

AUTOBIOGRAFÍA, RUIDO DE FONDO

Pero no todo es espectro y fragmento. Las descripciones tan minuciosas del cotidiano, detalladas “Un televisor prendido en un café puede hacer que me vaya automáticamente”, ofrecen un cable a tierra en medio de esa fuga constante del texto que hila el devenir de su transformación. Como señala Walter Benjamin, en su ensayo “El narrador”, hay una precisa distinción entre el novelista y el narrador: para Benjamin el novelista es el sedentario. El narrador, quien viaja, quien explora. Levé es un aventurero en los mares de los narrativo. Y el mar es vasto.

Si buscamos poner a “Autorretrato” en relación con el océano de escrituras que filian con él -“Nací” y “Lo infraordinario”, de Georges Perec -veremos que se emparentan entre textos en un modo singular de construir la memoria. Eso, hacia el pasado. Dentro de “Nací”, “Notas sobre lo que busco” lanza una aguda mirada sobre lo cotidiano. También autorreferencial, se esparce entre fragmentos.

Ambos narradores se atrapan en ciertos rasgos prestados, de manera sutil, irónica y hasta muy intima.

Ahora, el asunto no le cae sólo a Levé y a Perec. Todos tenemos una historia que contar, aunque no siempre demos con la manera adecuada de hacerlo. El narrador que propone Levé se organiza en la recuperación de los acontecimientos aparentemente banales o en desuso. Así resalta la consistencia de lo cotidiano.       

     

“Me gusta detenerme en otra parte. La vida me parece interminable como una tarde de domingo…

    La de jueves es la mejor noche.” 

           

La concatenación de imágenes, reflexiones, instantáneas de días felices, de horas infernales, de días que no volverán a repetirse, el recuento de una vida: 

 

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Espejo, Valentín sada

 

“El día más hermoso de mi vida quizá ya pasó.”

Y así el libro va entre interferencias, suspensiones, desvíos, postergaciones, que impiden llegar a un único destino. Esta secuencia define también el registro de su escritura.

 

COMO SI FUERA EL CURSO NATURAL DE LAS COSAS.

Cada párrafo -cada imagen- entra y sale a la vez de la linealidad de una trama. Por momentos es una plena reivindicación de la caída, la pérdida y el desaliento.

Y, simultáneamente, implica el profundo goce de escribir. Escribir en contra de la demanda siempre presente y contra la obligación del éxito. Su escritura visual y, quizás secundariamente auditiva, es eco de su vida como pintor y fotógrafo. Notas aglutinadas en pigmentos y en tinta, a diario.

 

 

La lectura de Levé incita a practicar un ejercicio audaz de autorretrato espontáneo. Una exposición singular ante ese espejo, que devuelva todos los pliegues, todas las facetas apiladas. Milhojas de caras superpuestas, donde cada una difiera de la anterior hasta perderse entre las sombras de la original. Así, terminaría por revelar, de manera muy sutil, la propia fragilidad y la belleza de cada quien. Una lectura entre intersticios, quizás incomoda, del propio mundo.

 

Édouard Levé se suicidó a los 42 años.

 




LA BENDICIÓN TATA

El Desaliento: Sobre caudillismos y traiciones.

Por Juan Pepe Carvalho

TE OLVIDASTE LA OLLA A PRESIÓN EN EL FUEGO

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Raúl Capitani.

En sobrevuelo, una visita a la provincia de Catamarca, en 1985, da la imagen de un territorio sometido a una gobernación patriarcal, castradora, modelo típico de caudillismo del inicio de la patria.  Allí resulta normal el sometimiento. Y, por supuesto, cuando se levanta presión sobre los ciudadanos, la olla – más tarde o más temprano- estalla. Por eso, Catamarca es un espacio siempre a punto de explosión, como tantos otros en nuestra patria.

APIO VERDE, MUY VERDE

Era el cumpleaños del gobernador. Corría el año 1985. Un auto me llevó hasta su mansión, con un grupo de militantes políticos. Uno de mis compañeros de excursión me puso al tanto de la historia de Vicente Leónidas Saadi.  Elegido senador en 1946, se desempeñó en ese cargo hasta 1949, año en que llegó a ser gobernador de Catamarca. Sin embargo, Juan Domingo Perón fue derrocado seis después por la autodenominada  Revolución Libertadora. En esos tormentosos días, Leónidas fundó el periódico El Populista, redactado por él y Fermín Chávez. El diario resultó clausurado durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu. En dicho régimen, Saadi sufrió una fuerte persecución por sus ideas políticas. Fue reelegido senador en 1973 y se desempeñó hasta la disolución del Senado, en 1976, por el golpe cívico-militar, conocido como Proceso de Reorganización Nacional.

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Raúl Capitani.

Durante la dictadura militar, Saadi supo defender a compañeros  perseguidos. El estudio de abogados de Saadi, en la calle Paraguay al 1500, se convirtió en un lugar de encuentro insoslayable para quienes luchaban por la vigencia de los Derechos Humanos. En 1983, en la interna peronista, Saadi fue candidato a presidente por el lema “Intransigencia y Movilización”, apoyado por Montoneros.

Ya bien informados y luego de un corto viaje por un característico paisaje de la zona, llegamos a la mansión Saadi, donde se realizaría el festejo. En la entrada, el mediodía gris y frío enmarcaba a una fila de habitantes del lugar, a la espera.

– Che, ¿son todos invitados?

Una risotada  fue lo que obtuve como toda respuesta.

– ¿Vienen a saludar al caudillo?, ¿sólo a saludarlo?…

¿Los traía el amor o el temor?  Muchos llevaban de la mano a sus hijos, como si lo que se festejaba hubiera sido el cumpleaños de algún familiar. Y, como el ritual indica, traían con ellos distintos presentes: una gallina, un cabrito, un ternerito, una ovejita. Me impresionó, a mi primera vista, la pobreza de la gente.

– ¿Por qué traen animales y comestibles?

– ¿Sabés qué pasa, Pepe? No le pueden regalar un reloj -dijo mi compañero, con una ironía ácida-. Esos animalitos, para el viejo, son más reconocimiento. Él sabe lo que significa para la gente desprenderse de algo que puede ser comida para su familia. Además, es muy probable que Don Vicente, en los próximos días, ordene hacer una gran comilona e invite a todos con empanadas, vino y cabritos.

SAN LEÓNIDAS

Por fin, el hombre apareció en la puerta, protegido del frío con una capa de lana pura de llama  y un sombrero, clavado hasta las orejas. Una bufanda le cubría el cuello y la boca.  Rodeado por dos hombres que parecían empleados de la casa, avanzó entre la larga fila, como un sacerdote cuya misión fuera repartir bendiciones. La escena era contradictoria. Por lo que se veía, el hombre estaba más para recaudar que para convidar.  A medida que avanzaba, lo único que de verdad distribuía era un toque en la cabeza a los niños, a modo de bendición. A la mejor usanza feudal. Pero toda bendición tiene su precio. Y por eso la gente había llegado con “su diezmo” a cuestas.

DE AMIGUISMOS Y TRAICIONES

Don Vicente Leónidas  Saadi, nacido en el pueblo de Belén, descendiente de  libaneses y digno heredero de la amplia familia de caudillos del interior del país, logró reproducir aquello que de él se esperaba: ser un hábil negociador, que esgrimió desde el amiguismo de un patriarca de comarca hasta la traición. Su accionar político comenzó en el radicalismo. Luego, seducido por la llegada de Perón, se unió a su causa, abrazándola con ímpetu. Ya gobernador, nunca se llevó bien con Eva. Así que El General tomó cartas en el asunto. Primero lo expulsaron del partido y luego su provincia fue intervenida, bajo la acusación de haber instalado un agudo y crudo despotismo, donde no vaciló en atentar contra casi todos los derechos humanos.

DE TAL PALO, TAL ASTILLA

Después de la intervención y teniendo en cuenta la vocación movimientista del peronismo, a Saadi lo echaron del partido, no del peronismo.  Así, el hombre continuó militando en su provincia hasta ser reelegido senador, en 1973. Después de la dictadura, tuvo otra oportunidad para volver al gobierno, en 1987. Como buen caudillo, le cedió la gobernación a su hijo, Ramón Saadi. Cuando Ramón era gobernador, en los primeros días de setiembre de 1996 un hecho policial extremo sacudió a la provincia y al país todo. Durante una fiesta típica de los sectores  privilegiados, un grupo de hijos del poder de la provincia y amigo del gobernador, secuestró, drogó y violó reiteradamente a una adolescente. Este grupo estaba integrado por el hijo del jefe de la policía provincial, Ferreira, por Guillermo Luque- hijo del diputado nacional  por Catamarca-, el hijo del intendente de la capital de la provincia, Jalil y un gil, que no era hijo de nadie, Tula.  María Soledad Morales pertenecía a una familia  modesta. María Soledad apareció asesinada unos días después de la fiesta. El grotesco encubrimiento por parte del gobierno provincial y el poder judicial se regocijaba en conjeturas: que no fue un secuestro, que a la chica le gustaba uno de los participantes de la “reunión  social”, que Soledad era drogadicta, que era prostituta, que junto con una amiga- también presente en esa fiesta- ya habían concurrido a varias reuniones de este tipo. Es decir, todo el típico despliegue para hacer ver que la culpa era de la víctima y no de sus victimarios. Ella vio luz y entró. Murió feliz, estaba disfrutando, decían algunos comentarios en medios de comunicación. El asesinato ocurrió  el 8 de septiembre de 1990 y el juicio a los culpables comenzó siete años después.

ESTALLA LA OLLA

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En recuerdo de María Soledad Morales.

Con el cuerpo de María Soledad recién aparecido y la movilización -que ya se había organizado, mientras la buscaban y mientras la justicia no se decidía a actuar-,  la presión de la olla llegó a su  punto máximo. En las calles de Catamarca y del país ya se comentaba quiénes habían participado de la fiesta asesina. Fueron vanas las versiones que intentaron ensuciar la vida de María Soledad. Una monja, Martha Pelloni, rectora de la escuela donde estudiaba la adolescente de 18 años, asumió la denuncia y llevó la lucha hasta lograr la investigación y la aclaración del asesinato. Las marchas se multiplicaron por todo el país. El manejo del poder real en Catamarca quedaba expuesto. La manipulación de la justicia tocaba un borde. A la  intervención, le siguió la participación de un juez, nombrado por el gobierno nacional, juez penal de la localidad de Mar del Plata, quien logró encontrar a los responsables del asesinato.

MONJA DE ARMAS TOMAR

La fuerte participación popular y la fortaleza de la madre Pelloni lideraron la lucha. Martha Pelloni hasta llegó a ignorar la indicación de sectores de la propia iglesia, que le pedían frenar la “movida”. Las marchas del silencio se multiplicaron por todo el país. La monja pasó a ser una importante dirigente defensora de los derechos humanos.

En esos años, su actividad llegó a tal nivel que el diario Clarín tituló: “La monja sigue marchando”.  Esta situación alarmó al gobierno nacional y al presidente, Carlos Menem. A pesar que Ramón Saadi era un aliado político, Menem debió intervenir el poder judicial primero, luego el parlamento provincial y, por último la provincia. Debía despegarse del tema, visto el fracaso de todas las operaciones por ocultar a los culpables del aberrante crimen. El ex presidente Menem llegó a enviar al ex comisario Luis Patti, condenado por violación a los derechos humanos por crímenes de lesa humanidad. Por una investigación del diario Página 12, se pudo comprobar que uno de los acusados por el crimen, Guillermo Luque, estaba en Buenos Aires, protegido por el ex policía.

También se envió al dirigente político menemista Luis Prol, como interventor federal. Fue con instrucciones bien precisas de ordenar la situación política en la provincia para lograr que el menemismo volviese a triunfar en las siguientes elecciones, superados los desmanejos que reveló el caso María Soledad.

Marcha del silencio por María Soeldad Morales.
Marcha del silencio por María Soeldad Morales.

Como anticipé antes y como es público, la investigación concluyó con cuatro acusados: Luis Tula, Guillermo Luque, el hijo del jefe de la policía catamarqueña, comisario general Ferreira, y un tal Jalil, hijo del intendente de la capital provincial. Por supuesto, en este caso, se llegó a un límite que dio lugar a la desaparición del clan Saadi del poder de la provincia. El propio padre de Guillermo Luque  fue expulsado del Congreso Nacional por una serie de declaraciones públicas sumamente desgraciadas, como “Si mi hijo hubiese matado a María Soledad, su cuerpo no aparecía nunca más”.  Ramón Saadi poco heredó del don de la persistencia en el poder que tenía su padre, Leónidas. Vanos fueron los esfuerzos del menemismo y de Ramón Saadi por intentar volver a ganar la gobernación. Esta fue ganada por un frente político,  formado durante la lucha por el esclarecimiento del caso Soledad. “El Frente cívico y Social” se presentó con Lucía Corpacci, como candidata: militante peronista y sobrina de Don Vicente Saadi. Ella lideró este frente, formado por los sectores progresistas de la provincia,  que se habían caracterizado por su apoyo a la tarea de la monja Pelloni. Esto le valió a Lucía el repudio de los hijos de Saadi, Ramón y Alicia. En 1988 falleció el cacique, el caudillo, el zigzagueante Vicente Leónidas Saadi.

APIO VERDE, REVISITED

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Raúl Capitani.

¿Cómo serán los cumpleaños de los Saadi sobrevivientes, al día de hoy? ¿Seguirán haciendo cola los ciudadanos frente a la mansión? La mansión está triste, qué tendrá la mansión. Vicente Saadi murió. Ramón pagó por todos. De cualquier modo, Ramón logró llegar a senador, aunque  la senadora Cristina Fernández de Kirchner pidió que no se le aceptara el pliego.

Llego a Catamarca un día igual al de aquel cumpleaños. Frente a la puerta de los Saadi, no hay nadie. Seguro, algunos resabios de caudillismo deben hacer fila por ciertos rincones de la provincia. Pero la lucha popular borró una imagen del paisaje.

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¿ARBEIT MACHT FREI?

El Desaliento: Sobre el trabajo.

Por Viviana García Arribas

 

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GANARSE LA VIDA

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Fotograma de la película “Metrópolis”, Fritz Lang

 

Pertenezco a una generación que se formó mientras escuchaba: “en este país el que no trabaja es porque no quiere”, “acá lo que sobra es trabajo” y otras verdades reveladas, a pura frase hecha. Más allá de mi rechazo a la expresión “en este país” -seguramente merecedora de otra nota-, durante mucho tiempo creí, sin pensarlo demasiado, que quien no trabaja es un tremendo vago, un ventajero sin remedio. En fin, una lacra social. Todavía hoy siento un poco de malestar cuando debo explicar que mi hijo, de treinta y dos años, músico, no tiene un trabajo formal. Él vive de hacer varias cosas, relacionadas con la música. Casualmente -o no-, en una charla con él, por primera vez, me permití una mirada diferente: pude plantearme preguntas, reflexionar sobre el significado de la expresión “ganarse la vida” ¿Por qué razón habría que ganársela?, ¿no nos fue dada sin pedirlo?, ¿es necesario participar en la producción de bienes o servicios para ser un miembro digno de la sociedad? No tengo las respuestas. Solo intento mirarlo de un modo diferente, analizar algunas consignas que, de tan repetidas, han perdido el sentido. O han adquirido el peor de los sentidos… Para eso es necesario hacer un poco de historia.

 

ESCLAVOS ERAN LOS DE ANTES

Las sociedades de la prehistoria no conocieron la esclavitud. Tal vez, por su condición de nómades, los pequeños grupos se trasladaban llevados por los cambios de estación o la migración de la fauna. Hombres y mujeres tenían sus tareas asignadas y procuraban el sustento de todos. La evolución –primero- y el asentamiento en un territorio determinado, luego, dieron lugar a la creación de reinos y a la conquista de nuevas tierras. Los primeros datos sobre la esclavitud aparecen entre los sumerios, establecidos en la Mesopotamia asiática. Concebidos como una posesión del amo, los esclavos formaron las primeras fuerzas de trabajo conocidas. Utilizados para la construcción de edificios o monumentos, las tareas rurales o domésticas, la extracción de minerales o como sirvientes, lo usual era que hubieran sido reclutados entre pueblos vencidos en alguna guerra, sojuzgados en pago de una deuda o como sanción por haber cometido delitos.

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Vale detenerse a pensar en este origen. Sometimiento y castigo están en la raíz del concepto de esclavitud y constituyen su justificación, idea que aparece también en la tradición judeo-cristiana. “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente” (Génesis 3:19): así condena dios a Adán, después de haberlo desobedecido, e inaugura la idea del sufrimiento como requisito para subsistir.

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La tentación de Adán y Eva y la expulsión del paraíso, Miguel Ángel

 

 

LA SERVIDUMBRE DE LA TIERRA 

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En la Edad Media se dejó de lado el concepto de esclavitud -si bien en algunos lugares continuó su práctica-. Por entonces, hace su entrada la figura del “siervo de la gleba”, algo así como un trabajador atado a la tierra. A decir verdad, esta nueva forma de relación con el amo -quien pasaba a llamarse “señor”- comenzó a gestarse en la época de los emperadores cristianos de Roma, pero cobró relevancia luego de la caída del Imperio Romano. Esta condición era un paso intermedio entre el esclavo y el hombre libre: el señor ya no tenía facultad plena sobre la vida ni sobre la persona del siervo, quien gozaba de libertad para contraer matrimonio y formar una familia, pero mantenía la sumisión en cuanto a su aporte de trabajo. Por otro lado, se consideraba al siervo parte de la tierra y se lo vendía con ella. Por las características especiales de esta relación laboral, tal vez se haya gestado en esta época la idea de la colaboración entre ambos, ya que el señor le brindaba protección al siervo, a cambio de su trabajo.

 

NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE

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A partir de la Baja Edad Media, el progreso económico propició el establecimiento de franjas de población, constituidas principalmente por mercaderes y artesanos, alrededor del castillo -del burgo-: la burguesía. Se caracterizaban por no ser ni señores feudales, ni siervos y por no pertenecer a la nobleza, ni al clero, ni al campesinado. No estaban sujetos a la autoridad feudal y, en la mayoría de los casos, ejercieron el poder político.

En estas ciudades aparecen los primeros gremios. Claro, con un sentido diferente al actual. Se trataba de la organización de los talleres artesanos: en primer lugar, un maestro -dueño del local, las herramientas y la materia prima-. Luego, los artesanos, quienes realizaban las tareas a cambio de un salario. Y, finalmente, por alojamiento y comida, estaban los aprendices, en las labores de apoyo. El maestro capitalizaba los resultados de la producción, así como la fama dentro de la sociedad burguesa, aunque el objeto no fuese fabricado por él personalmente. El caso característico es el de los orfebres, célebres por sus obras en metales preciosos, no necesariamente producto de su creación, sino de alguno de sus artesanos.

 

TRABAJAR PARA VIVIR (VIVIR PARA TRABAJAR)

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Oficina en una pequeña ciudad, de Edward Hopper

 

Si bien el intercambio comercial existe desde el origen de las sociedades, la organización de la burguesía da comienzo al sistema que hoy conocemos como capitalismo. Este sistema llevado al tope se afirma con la revolución industrial, cuyo fin establecen los historiadores hacia 1840. Con este proceso se agravaron las condiciones de los trabajadores. El pacto de protección a cambio de trabajo parecía haberse quebrado, en el supuesto caso de que alguna vez hubiera existido.

Según Karl Marx (1818-1883) no hay tal contrato entre dos voluntades libres. El verdadero objetivo del trabajo es la producción de plusvalía y su instrumento es la explotación del trabajador. No obstante, los trabajadores se sienten obligados a participar del sistema. El riesgo es mucho: no cualquiera resulta capaz de encarar un proyecto de autogestión.

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Fotograma de la película “Metrópolis”, de Fritz Lang

 

 

EL FINAL DE LA ETAPA PRODUCTIVA

Y ahora vuelvo. Trabajo desde los veintitrés años y, si bien no soy contadora, siempre estuve –mano a mano- con profesionales, sin sentir ningún menoscabo por eso. Una reorganización me dejó patas arriba y me relegó a un puesto meramente administrativo, donde me aburro como una ostra, porque “no tengo el título”. A esa mirada superficial de los demás sobre mi persona y mi trabajo debo agregarle la frase: “no te hagas problema, te falta muy poco para jubilarte”. ¡El bendito retiro! Ese que durante la época de las AFJP  nos mostraba la cara sonriente de viejos lindos y arreglados como habitantes de un condominio de Florida (EEUU).

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Hoy trato de pensar que, en uno o dos años, voy a comenzar una nueva etapa, tan productiva como la anterior, aunque esta vez espero poder apostar a mi deseo. Sin embargo, a veces, me asaltan varios fantasmas: la angustia por el futuro económico, el miedo a sentirme inútil por no formar parte de “las masas trabajadoras” y la desazón por no integrar el aparato productivo. El fin abrupto de mi vida laboral dentro del sistema se me muestra entonces como un cambio de ritmo que podría ser devastador.

 

¿ARBEIT MACHT FREI?

En mis últimas vacaciones tuve la oportunidad de conocer un campo de concentración cercano a Berlín, “Sachsenhausen”. Una de las primeras aclaraciones de los guías fue que no se trataba de un campo de exterminio, sino de trabajo. Esto no quería decir que allí no hubiera muerto gente. Morían porque estaban mal alimentados, eran torturados o los hacían trabajar hasta que ya no tenían más fuerzas.

En la reja que cierra la entrada, forjada con los mismos barrotes, figura la frase ARBEIT MACHT FREI: EL TRABAJO LIBERA.

¿Libera?

En cuanto a mí –y a la luz de estas reflexiones-, se me ocurre posible escapar de esa noción que asocia la ausencia de trabajo con pobreza y muerte. Así, una vez dejado de lado el fantasma, la jubilación, en lugar de ser devastadora, podría tornarse liberadora.

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Iris Apfel – Diseñadora e ícono de la moda

 




EL LECTURISTA

El Lecturista: Sobre “Partitura”, libro de poemas de Miriam Ghersi.

Por Mariano Botto

BIFURCACIONES DEL ECO

ABIERTA, MAGNÍFICA, BIFURCADA

bosque-nevado3-90x150webA su primer libro solista llamado “Partitura”, Miriam Ghersi lo divide en tres movimientos: “Abiertos a la ausencia”, “El Magnífico” y “Bifurcación del eco”.

El primer movimiento, “Abiertos a la ausencia”, reúne treinta poemas sin título.

La lectura de esta partitura, a primera vista, se sigue con mucho aire y espacio. Comienza con voz piano, en poemas de pocas líneas y mucho horizonte, pero su cifrado comprime una voz potente: “Una voz se alimenta de otras voces / repite lo que ellas / siembra viento en el aire / teje redes nocturnas / cuenta.”

3973089841361329Desde el primer poema lo etéreo se vuelve carne “siembra viento en el aire”. Versos tejidos en diversos territorios conforman un universo singular. El contrapunto de voces multiplica el sentido y proyecta su voz hacia los horizontes para hallarse a sí mismo en un encuentro genuino y desnudo: “Rostros / bocas / y muchos lejanos horizontes.” “Se distancia / se acerca / no sabe.”

RAÍCES DE MELODÍA

La melodía crece poco a poco con los motivos sembrados en cada poema.

“ (…) poros de luz desflorando mis huesos.” Se armonizan las voces, a medida que la partitura avanza y se encadenan variaciones de los motivos, sutiles y efectivos. Suceden territorios, metales y heridas. Ferocidad, labios y “palabras guardan una luz insaciable.”

CAMPO-DECONSTRUCTIVO1Corre el viento,alza lo humano “girando por la sangre de boca obsidiana / el filo de la herida”. Entre el dolor y la cura de la iluminación, la herida abierta: las voces no alcanzan, aunque siempre los labios- intimidad erótica y vital- rasgan “este refugio de escritura como víspera asfixiante de belleza.”

La armonía construye segundas voces en luces, flores y metales alertas “El puñal girando por la sangre” el “oro de las palabras” “el espasmo inmemorial contenido en el bronce.”

SE MECE LA ENRAMADA

El aire, vehículo de las distancias, ¿qué cargas lleva?, ¿qué músicas y recuerdos dolientes trae y devuelve furias que reparten nuestro alrededor, nuestro campo y nuestras estepas? Cava y forma huecos, socavones hostiles sobre la luz, sobre las flores tan incólumes como simples. “El sol anida cuervos de neblina /con la inefable sencillez del día en el que amamos.”

En los primeros poemas, el territorio arrasa y una segunda voz aguarda. Luego se enraman y disputan la primacía “los pliegues de la voz ciñen también la carne.” ¿Quién canta la melodía primera? “La vida me descubre entera / invade mis estepas () y mi carne de navíos que arden sus velámenes”.

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La partitura intensifica una voz solista, antes segunda, reforzada con el avance del poemario. Canta la melodía más dulce; sol que abre la tormenta “palpa la luz” y se mueve luminosa “yo con la luz”: ¿Quién le quita a este color su máscara de muerte / Cuando hunden los ríos sus melenas cansadas / Y el mar sangra por la voz de los náufragos?”

 

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Cuando todo parece caer: “La certeza se hunde / Roba estiletes al corazón del viento / Pobre /  la que no tiene nombre / pobre la que señala / la memoria.”

La potencia de la segunda voz se erige erótica y vital: “Yo camino ese destello absurdo” “soy mis muslos aullando… () y ello siguen la calle () hacedores de muerte.”

“Para abrazar la cintura de la noche () cuando los salobres labios rasguen/ deseos / la incendiaria textura / de los cuerpos devorándose / lentamente / abiertos a la ausencia.”

MAGNIFICENCIAS

dancer-portraits-dance-photography-alexander-yakovlev-81El segundo movimiento “Apariciones de El Magnífico” contiene dieciséis poemas custodiados por el gran título.

Fortissimo: “Hace un tiempo que nadie visita esta intemperie”. Se impone la voz potente como un himno “Nombro tu guirnalda / de cerca es un grito”. “El Magnífico, dice” con voz grave y sostenida: “Frente a nosotros está el péndulo / vamos y venimos / para nunca olvidar.”

La coda de esta Partitura, “Bifurcación del eco” suena en quince poemas autárquicos y con sus respectivos nombres propios. Reverberancia de series precedentes. Los caminos ágiles y diversos de estos últimos poemas cierran radiantes esta partitura: “lo cincela intacto en el espejo / intacto / otra vez.”

RESONANCIAS

A lo largo del poemario aparecen muchas voces reveladoras: “Las voces enseñan la bifurcación del eco” Un coro canta los contrapuntos y se expanden brillante, oscuro o revelador. La poeta parece así marcarnos el camino: el primer verso del libro es “una voz se alimenta de otras voces” y el último “es sólo una cuestión de estilo.”

“Partitura”: una excelente ópera prima que no se deja leer con indiferencia. Los ecos de su música perduran por días.

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CUÍDESE MUCHO

El Desaliento: sobre el amor en tiempo de redes

Por Carolina Diéguez

CÓMO ME HUBIERA GUSTADO

“Sophie: Llevo un rato queriendo escribir y contestar a su último e-mail. Al mismo tiempo me parecía mejor hablar con usted y decirle lo que tengo que decir de viva voz. Por lo menos, esto quedará ya escrito…”[1] Así comienza el adiós del señor X a Sophie Calle. Imposible negar la inminencia de la despedida que arroja el “me hubiera gustado que las cosas hubieran sido de otro modo (…) Cuídese mucho”[2]. Sophie, en su afán por comprender, reenvía la carta a mujeres de distintas profesiones. Pide que -de alguna manera- le devuelvan una lectura. Así, las mismas palabras -la misma carta- da lugar a ciento siete respuestas artísticas, versiones compasivas, trágicas, sentidas, irónicas, nostálgicas. Una misma voz de fondo resuena con distintos matices y colores, en un intento por abrir el sentido.

“Cuídese mucho”. Carta del Sr. X a Sophie Calle. Exposición Centro Cultural Kirchner, 2015

 

Entre tantas devoluciones, Victoria Abril suelta un “Espero se te haya roto el amor de tanto usarlo”. Es verdad que el arte no cura “el dolor de amor”, como leí en una nota por allí, pero sí ayuda a transformar la pena. Literalmente, hace que los huecos cambien sus márgenes, se deformen. Y, de ese modo, le dan al tiempo del dolor un lugar de potencia que combate la instalación en la queja. La obra de Sophie es un buen pasillo para repensar nuestra gramática, nuestras modalidades verbales, nuestra conversación y nuestra escritura, a la hora de los romances, los acercamientos, los encuentros y los desencuentros.

“Cuídese mucho”. Registro de lecturas. Centro Cultural Kirchner, 2015

 

EL ORIGEN DE LA SOLEDAD

La soledad también puede ser una forma de encuentro hacia los otros, desde nosotros. Todos buscan compañía. Algunos, sin prisa. Y otros, en forma desenfrenada, como si huyeran de un pozo a punto de hundirlos en ellos mismos. Así las cosas, las redes y las apps de citas se han convertido en una forma más de conocer gente.

Cuantas más conexiones y “likes” tenemos, pareciera que establecemos más relaciones y que esa otra soledad -la de fondo, la inasible- ya no tiene consuelo. Volvemos del trabajo y encendemos la PC o el celu para chatear. Una y otra vez. ¿Qué buscamos, de verdad? Primero, la escritura, la voz del otro. Algo que figure en la lista de las compañías. Porque hay una soledad que se conforma -en principio, con poco- y es la que pide “conversame, ¿sí?”. La otra soledad es más exigente. Busca un encuentro, una forma del amor, que exceda al romance. Cuántas veces el encuentro amoroso se viste de pura “fascinación”. Allí cada uno juega en función de su magia para con el otro. Es esa una fascinación que puede ser puente o impedimento. Si ahí se instala el vínculo, ella sólo crea esa atmósfera de ensueño, donde cada quien construye su máscara mejor lograda: una imagen eficaz, a la medida de nuestro deseo. De ese modo, el encuentro en las redes no empieza con los cuerpos, sino con las imágenes. Las imágenes operan como hechizos. Si a la medianoche termina el de Cenicienta, aquí se abre un abismo, que descorre la ilusión. La soledad puede ser ese ámbito cavernoso vestido de noche, donde hundirse definitivamente o renacer.

Leandro García Pimentel. “Transmutación”. Grafito sobre papel, 2012

 

FINISHELA CON LA CENICIENTA

Y un día se corta la luz y esa otra soledad se te viene encima con furia. ¿Y entonces, qué? Ahí el arte, si es nuestro territorio -si lo hemos habitado antes- puede darnos un espacio para un hacer. Lo que falta se pierde en el merodeo de las cavilaciones, en los vanos intentos de los análisis. Cuando en esas estás, el hacer es el puño cerrado contra la orfandad que sobreviene.

Es verdad que el dibujo, la escritura, la fotografía, la música, la danza no son los únicos modos de combate. El hacer se da en todo suelo que toque los modos del oficio, la artesanía, el cuerpo a gusto, el vínculo con los otros, el tiempo gozoso.

Leandro García Pimentel. “Involución”

 

LOS AMORES DIFÍCILES

Perfiles falsos, identidades construidas al paso, collage de personajes desarmados ante la posibilidad del encuentro, sujetos que proclaman -a viva voz y sin deseo- el sexo. “Gente que busca gente”, gente que busca y no encuentra, gente que desea, gente que desespera, gente que construye, gente que se emociona, se decepciona y sitios que multiplican la oferta de citas, entre el yin, el yan y placebos para solos. Hombres y mujeres reales se construyen en la ficción online. Algunos pasan el rato, otros juegan a vivir y se detienen justo antes de cruzar el umbral. Hay quienes buscan enamorarse y quedan sujetos a enredos. Hay quienes abusan del espectáculo, sin medir qué viene o qué no viene después. Hay quien utiliza el chat como pantalla contra la decepción. Como si el desengaño no fuera posible, cruzado el umbral de la pantalla. ¿Existe acaso un lugar indicado o correcto para el encuentro?

Leandro García Pimentel. “El Conjuro.” Grafito sobre papel, 2010

En una sociedad cada vez más “conectada”, donde cada vez es más infrecuente el “cara a cara”, donde el trabajo, el estudio, la sociabilidad son mediados por la tecnología, ¿por qué las relaciones amorosas iban a escapar a la red? No pensemos esos lenguajes como menores, mejor admitirlos como lenguajes “otros”.

 GHOSTING

¿Para qué despedirnos si podemos desaparecer? Llamás a tu pareja pero no responde, dejás mensaje en el contestador, enviás whatsapp, lo buscás en Facebook y no hay rastros. Mucho menos, respuestas. Alguien (¿o algo?) ha desaparecido como un fantasma. A esta modalidad se la denomina “ghosting” (ghost = fantasma) y consiste en romper todo contacto posible sin explicación alguna. ¿Qué diferencia hay entre el ghosting y la despedida por carta, como le ocurrió a Sophie Calle? La palabra es cuerpo, pero nunca cicatriza las heridas. Por definición: una despedida, al cerrar, abre. A la pena y a lo que sigue. Como sea, la palabra, la voz telefónica, el cuerpo presente le dan sustancia a los finales. Aunque sea, la palabra toma cuerpo entre dos. Lo que trae de nuevo el mundo de las apps es que la desaparición enfantasma todo el vínculo. No importa hasta dónde habías llegado. Es como ir de paseo por una ruta, al lado de alguien. De pronto, mirás hacia el asfalto para reconcentrar tus próximas palabras y, al levantar la vista, nada: el vacío.

Leandro García Pimentel . “Los antepasados” Técnica mixta sobre papel.

 

CONTRA NATURA

¿Es más artificial conocerse en las redes que en la calle?, ¿cómo distinguir lo natural de lo artificioso?, ¿es menos legítimo buscar un encuentro que dejarlo librado al azar?, ¿qué cosa oscuramente moral condena el aceptar un deseo e ir por él?, ¿qué cosa oscuramente melancólica, pasiva, malamente esperadora, frunce el ceño cuando alguien confiesa que busca compañía en las redes? Y otra: ¿Por qué se cuestiona más a las mujeres que recurren al chat, que a los hombres? Si el tipo busca, es un “piola”. Si ella busca, es una “desesperada”. Como si la soledad y la desesperación fueran una cuestión de género.

 

SEAMOS LIBRES, LO DEMÁS NO IMPORTA NADA.

Breton, fascinado con los ojos de Nadja dice: “¿Qué es lo que tienen de extraordinario estos ojos? ¿Acaso hay en ellos reflejos simultáneos de oscura miseria y de luminoso orgullo?”. El supuesto amor libre del más famoso de los surrealistas terminó por no ser para tanto. Nadja era una pordiosera con quien Breton ¿se fascinó?, ¿se encariñó?, ¿experimentó?, ¿tuvo una experiencia? Se encontraban sin cita previa, como quien juega a que la errancia cierre paso a todos los planes. De aquí, Julio Cortázar tomará el modelo para La Maga.

Libertad era una palabra que Breton escribía y pronunciaba sin medida. Como quien se arroja a una red de posibles vínculos sin saber hasta dónde llegará: “Consideré a Nadja desde el primero al último día, como un genio libre, algo así como uno de esos espíritus del aire que determinadas prácticas de la magia permiten momentáneamente vislumbrar, pero nunca someter a sus designios”. Qué agregar. Toda la receta del “fascinado” está puesta a la olla. Pero, fijate vos: la cosa era libre y fluía sin obstáculo, mientras ella no pidiera ni reclamara nada más que lo que “la errancia” permitía. Porque tiene un deseo de encontrar -no porque el azar advenga en un encuentro- ella busca, ella pide. Entonces, la libertad, el hechizo y la ilusión se difuminan. Nadja llama a la casa de Breton, atiende su mujer Imaginate el final o leé la novela.

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Leandro García Pimentel. “El espejo”. Tecnica mixta sobre papel, 2011

 

Al fin encendés la PC y te conectás.

  • 8 personas han visitado tu perfil hoy.
  • Es113 visitó tu perfil.
  • Fede76 te dejó un guiño.
  • Juan te ha dejado un mensaje

Revisas alguno de tus “contactos”. Si está línea, releés la conversación antes de escribir nuevamente:

L: ¿Qué hacías?
J: Ahora, aquí. Hasta hace un momento terminaba un escrito para la facu. ¿Y vos?
L: Salí del trabajo y hacía planes para la noche: nos juntamos a ver el partido y tomar unas cervezas.
J: Ah, qué bien (ni idea quién juega)
J: ¿Y qué otra cosa te gusta? ¿Te gusta el cine, el teatro, los recitales, las muestras de arte?
L: Me gusta el cine y voy bastante. La última que vi “Jason Bourne”. Recomendable, si te gustan las de acción o espionaje.
El teatro me aburre, música escucho pero no suelo ir a recitales. Y muestras, a veces, con un amigo que estudia fotografía, ¿vos?
J: A mí me gustan el teatro y el cine. Tengo temporadas en que veo mucho y otras en que no; a recitales no voy ya y a muestras claro que visito. ¿Has visto la última de Sophie Calle?
L: ¿Call qué?

Ya sin terminar de leer, decidís no escribirle más. Entonces, pensás lo mejor sería que se cortara la luz.

 

[1] Carta del Sr. X a Sophie Calle.

[2] ibid




A LOMO DE GATO

El Desaliento: Sobre un fragmento de “Vueltas negras, pájaros de piedra”, de Cecilia Illia.

Por Luisa Luchetta

EN EL PRINCIPIO FUE EL TRES

Tres jóvenes encerrados- Ernesto, Ana y Beto- en una habitación sin ventanas, secuestrados en un periodo incierto, aunque seguro posterior a la dictadura. Un tiempo rebotado entre los tiempos que se dicen libres, pero siguen- entre rincones- con las viejas mañas:”Son tres pibes… Uno debe ser el que da limageetra, sí, sociales, algo así”. En el encierro, el imaginario completa lo que lo real omite.Tras las paredes de una habitación custodiada por un tal Gómez y por Rubio, su perro compañero, el lector puede asistir al despertar de los prisioneros, como quien transita un túnel oscuro y húmedo, hasta llegar a una la bocanada: la vigilia. El espacio es sofocante, sin embargo, el miedo de los muchachos no los sume en el desgarro. Como quien se aferra a un globo con el que no podrá escapa, pero aun así se ilusiona con la fuga, ellos juegan con las palabras: “su amigo (o tendría que decir ex amigo)” “ No estando el sol, privados de cielo ¿Que nos queda?” “ Arreboles. ¿De dónde vino esa palabra?”.

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No pueden ponerse de acuerdo. Uno ve una luz, otro calla y solo vislumbra la oscuridad en su pensamiento ( “Sus sentidos están desorientados. Se fugaron con toda su vida, con su sangre agolpada al límite, al borde de todo su contorno (si al menos le sirviera para encontrarse)”). Obsesionado por fumar, el otro sólo vive escondido en el humo de un cigarrillo ausente :“Ernesto sospecha que ya no existe o que no puede ser visto, quizás finalmente se evaporó como el humo soñado del cigarrillo”. Esa falta lo despierta, lo desespera. La esperanza de una pitada lo incita a moverse.
Una palabra, “arrebol”, busca un significado. No basta el ritmo nacido solo por pronunciarla.  Hay que saborearla entre los labios, en la lengua, sobre el paladar, saliva adentro.

VENGO A HACER UNA DENUNCIA

¿Quién determina el universo de las palabras? A veces, ellas son meros objetos de cambio. Algunas, inalcanzables, pertenecen al universo de los eruditos, quienes, de día, las esconden en bibliotecas privadas. En cuanto a las noches, suelen creer los ingenuos que estos señores honorables las acarician, justo en el momento en que las palabras viajan sobre unos gatos, en huida transitoria de sus casas. Como si las palabras anduvieran sobre los tejados y volvieran- siempre a lomo de felino- transmutadas por las operaciones de lenguaje que las trasvisten entre las sombras. Algunas vuelven transformadas, otras con voces diferentes. Me preocupan aquellas que han sido robadas, porque es inútil hacer la denuncia en la comisaría, ¿cómo explicar aquello que despertaba en mí esa palabra esquiva?

Mike Stilkey
Mike Stilkey

Una palabra contiene vida. Por existir, por proponer significados, por el soplo divino que la invade al pronunciarla por primera vez. Cada una es una seudo deidad, de larga vida, aunque no eterna. Sin embargo, ellas viven más que nosotros. ¿Quiénes somos nosotros?: sus- en general -irresponsables y desfachatados usuarios. Algunos sienten temor a utilizarlas, las pronuncian mal por timidez o por miedo a que el patrón se dé cuenta de la humanidad del subordinado. Ciegos, sordos y mudos son mayoría. Y no quieren complicaciones. Su proceder es brutal, cómplice de acallamientos. Cumplen el ceremonial diario de arrodillarse ante un dios atrincherado en las cajas fuertes repletas de avidez, envidia, desprecio y demás virtudes propias del abismo.

RETO DE ARREBOL

Ana calla. Busca un escape, una explicación. Sin moverse, llora, “Nos esperaban, alguien batió”. Resuena una palabra en su mente, “Arreboles” . Imagina significados, colores, formas, historias. “Ana se siente arrebolada. La sorprende el deseo de jugar”. Una palabra la lleva a pelearse con la memoria, renace, saborea el aire, la respiración, su ritmo de “Arreboles” (se le presentó en plural, ¿será una palabra colectiva?. De ninguna manera, ésas, justamente, son en singular)”.
Ana despierta entre los jirones en los que la han dejado los caprichos de uno de tantos locos. Esos locos, con diccionario de bolsillo, son las manos de los dueños de las palabras, de su entrelazamiento perverso, del uso sucio que de ellas hacen. En contrapartida, Ernesto expresa su necesidad de fumar, su debilidad lo despierta a la desesperación. Por su parte Beto  se conmueve en la duda: si Ana ha sido manoseada, hasta dónde llegó el abuso. Sin embargo, ninguna duda modifica sus sentimientos hacia ella. Prefiere, entonces, pensar en el tiempo. ”Che, Ernesto, vos, que leíste tantas cosas, ¿sabés por qué es tan importante el tiempo?” 
Y, entre tanta búsqueda,se interponen palabras que intentan desalentar a los buscadores, a esos rebeldes tras nuevos sentidos, a los solidarios, a los amadores.

El texto de Cecilia Illia deja a las claras que, más allá de las historias individuales, estamos atravesados por la historia que forjamos con nuestros contemporáneos. Aquella que nos ha dejado sin aire, que siempre acecha y a la que estar alerta, para que nunca más vuelva a sus bucles oscuros. “Entrampado en un pozo ignoto, retenido en un tiempo del que sólo puede esperar lo peor”.

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HACERNOS CON ELLAS

Según el budismo tibetano, nuestro tiempo de vida se cuenta en un número finito de respiraciones. El aliento es finito. La vida, limitada, Por ello deberíamos hacernos con las palabras, con sus significados, con las emociones con que las  llenamos. Y, así, arrebatarnos del vacío, donde algunos- mal intencionados como parcas -pretenden sumergirnos.

Las palabras son nuestra herencia. Ellas permanecerán entre las trampas del tiempo. Arropémoslas: son lo mejor, incluso de lo peor de nosotros. Las próximas generaciones sabrán resignificarlas, perfeccionarán su sentido, no permitirán que se las arrebaten, las colmarán de emociones. Eso, siempre y cuando no nos recostemos a dormir sobre los significados muertos; siempre y cuando no dejemos de estrujarlas ante otros ojos, para que puedan buscar ellos su propia manera de moldearlas. Los que callan, los que no quieren ver, los que no quieren complicarse- porque la vida es simple, dicen, basta colmarla con objetos llenadores de vacíos que no harán más que exponer la rudeza de ese hueco- harán sus filiaciones con la nada. Otros, sólo parlotearán un lento asesinato del lenguaje. ¿De qué lado estaremos? Del lado de quienes saben que quitar la palabra es arrebatar el ruah, el aliento de dios, el espíritu, el alma, el verbo. Sin palabras, retornamos a la oscuridad del origen de los tiempos, pero con pocas chances de recomenzar.

Citas en cursiva: “Vueltas negras, pájaros de piedra” de Cecilia Illia.




HEBRAS DE SENTIDO

El Desaliento: Presentación de Viviana García Arribas y Gabriela Stoppelman, en nombre de “El Anartista”, para las Jornadas A.I.F.A.N. (1)

MILHOJAS DE MIRADAS

Por Gabriela Stoppelman

PLANTAR TERRITORIO

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Nuestra presentación intenta mostrar un poco el territorio de la producción de un texto. La idea es dar a ver el proceso vivencial, desde la recolección de trazos perceptivos a las primeras líneas. Y de allí, a la producción de un texto. Eso, en cuanto a la escritura. Luego viene la fase del escritor que se lee a sí mismo.

Ya es un tópico muy comentado que toda lectura es una instancia de escritura, ya sea de escritos propios o ajenos. Es imprescindible leer si uno quiere escribir, no solamente para conocer lo que ya hicieron otros, sino para preguntarle a nuestra producción cómo seguir con nuestra propia escritura. En este sentido, nos proponemos explicar la diferencia entre argumentos y líneas de poética. Los primeros son las estrellas glamorosas que tratan de copar el primer plano de la atención con sucesos y aventuras.

Las líneas de poética, en cambio, son hebras de sentido que se entretejen, como caminos sutiles, en toda escritura. Ellas marcan una diferencia al momento de la significación. También, a partir de la posibilidad de verlas en el propio texto, quien escribe encuentra un espejo de sus tensiones irresueltas. Es decir, halla el modo se seguir con la escritura de aquello que verdaderamente le importa, sin entramparse en “la buena literatura”, en los efectos de seducción ni en las lucecitas de colores.

FUNDAR EL TIEMPO, ANDAR EL ESPACIO

Pero empecemos otra vez. Si bien acabo de plantear la escritura-lectura como una luna de doble cara intercambiable, no son exactamente la misma cosa. Barthes asociaba la lectura al placer, pasible de satisfacción -como quien toma un café y se satisface- y a la escritura con goce. Acá, junto al placer, circula el fantasma del borde, lo oscuro, la muerte. En esta mezcla de placer y goce que es la escritura es posible la fundación de un tiempo y un espacio superpuesto y entretejido con el tiempo de la cronología y el espacio de la extensión.

Como todo oficio, también la escritura es más un hacer que un estar. A partir de ahí, “lugar” no lo entiendo como sitio, ni el tiempo como mera medida de un transcurso.

Pero entonces qué.

CAPAS CÓMPLICES

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William Blake, Hécate

Vamos a lo más cotidiano.

Si escribir es un acto laborioso, placentero, gozoso e inusual –excepcional, desde su intensidad y sus coordenadas- su materia prima viene de lo usual, incluso de lo reiterado y de lo rutinario. En este sentido, toda escritura es femenina, si entendemos como femenina esa capacidad de manejar en simultáneo distintos niveles de atención: una mirada que atiende a lo práctico (barrer el comedor, firmar el cuaderno de comunicaciones), mientras de reojo captura la parte, el fragmento, la huella, (busca el poema). Superpuesta a ésta, va otra mirada que busca la asimetría, la rebaba, la rugosidad, el desnivel de todas las miniaturas. Esta avanza en dúo junto a una que reclama la simetría, la cara sin maquillaje, el truco develado de ciertas monstruosidades. Milhojas de miradas, entonces.

 ESCRITURA AL LINDE

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Remedios Varo, Mujer saliendo del psicoanalista

Pero, en el linde entre dos capas, el oficiante sabe: no toda la cacería del día es aprovechable como texto. Parte del botín se la queda la memoria, otra parte no pasa los controles de la policía -la razón- y una porción es demasiado nocturna para volverse trazo y se va en pesadillas y terrores.

Lo que queda entonces es un sedimento de resonancias, astillas de frases, ecos de un tono, matices de un reflejo de luz sobre un color atrevido. Con esa poquita cosa, se sienta el oficiante ante el papel. Algunos necesitan que ese resto tenga el aliento de una historia, otros simulan que van a contar una historia para forzar al lenguaje a liberarse de la narrativa. Hay quienes se quedan con la cadencia porque buscan más la poesía que el poema.

 LA BUFANDA Y LAS HEBRAS

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Trama roja, técnica mixta

 

Finalmente, la poquita cosa empieza a probarse dentro del lenguaje. Es como un cuerpo que toma la forma de las respiraciones, las orfandades y los vacíos que la despliegan. La forma, como imaginarán, es difusa. Incluso si se trata de un texto simple y hasta divertido. Pero, después de un extraño tiempo de hacer equilibrio entre inconsistencias y solideces, al final, queda un tejido, una bufanda digo yo. Una superficie de un color mayoritario, donde se cuelan pequeñas hebras de otras lanas. Bufanda verde y una hebra roja y otra hebra azul. Esas lanas coladas van haciendo cursos semánticos.

No es el argumento, entonces el único que funda sentido ni el que privilegiadamente lo hace.

No es algo detrás del argumento quien decide.

No es el alma.

No es la esencia ni el inconsciente del texto.

Son las pequeñas canalizaciones, los arroyos, los surcos donde todo lenguaje hace cavado, pliegue, hondonada, pequeños riachos de sentido, que cantan bajito porque no necesitan ni el volumen ni la prepotencia de primera voz, eso queda para los argumentos.

El canto, entonces, eso que canta en cada escritura, es lo que socava las pretensiones y las prepotencias del argumento, de todo el espectáculo que intenta ocupar el primer plano.

El canto, entonces, la invención de quienes no primerean. La invención de los ritmos de rincón y esquina. De lo poético mucho más que de la poesía.

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Sacramento San Joaquín River Delta

 

SACUDIRSE LA LAGAÑA

Lo poético entendido como ese extrañamiento de lenguaje, que obliga al cuerpo a acomodarse, a sacudir la lagaña de la percepción mecánica. “La voz piensa”, nos dijo en una entrevista Liliana Herrero. “Lo poético es lo inasible”, dijo el Pollo Raffo. Liliana Bodoc no se quedó atrás:  “Eso tiene que ver con el pensamiento de los pueblos originarios. No alcanzan las palabras, el círculo, los colores. La música. Ellos pensaron y lo dijeron en un libro de un mejicano, León Cortilla. Él reconstruye la poética de los pueblos aztecas y ellos hablan del canto, de la forma circular y de la música(…) porque hay que combatir el mal. El desamor absoluto”

Lo poético se hace con las armonías que aprovechan los filos, los bordes y las asimetrías para desocultar y crear sentido, sin hacer el escándalo con que pretenden imponerse todas las decoraciones, las palabras rimbombantes, las patéticas representantes del glamour, que en literatura tampoco faltan.

Lo poético, dijo Estela de Carlotto, “es eso que tenemos los seres humanos de dioses. De lo sublime. De lo bueno. No es sólo escribir, es la actitud poética.”

La poesía hay que llevarla a la carne, ahí resplandece, en la experiencia donde se hace y deshace la biografía personal. Hay escrituras que se escriben y hay escrituras que refundan biografías. Y una de esas, es la de Vivi García Arribas. Escuchen.

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Remedios Varo, Exploración de los recursos del rio Orinoco

EN EL ORIGEN, UN LIBRO

Por Viviana García Arribas

 SEMBRAR EL DESEO 

Gracias, Gabi…

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Siempre supe que podía escribir. Nunca lo dudé: dominaba sujetos y predicados, conocía los vaivenes de la conjugación de verbos y el análisis gramatical. Sin embargo, me costó más de cincuenta años ponerme a hacerlo… De acuerdo, tal vez algunos años menos: descontemos la escuela… digamos… cuarenta años. Reconozco a mi madre como la persona que puso en mis manos, por primera vez, un libro. Ella sembró mi deseo. Hoy sé que leer es escribir y recibir aquel regalo fue el inicio de mi camino hacia este día. Hacia mi presente.

CUANDO EL RETOÑO CRECE

Siempre supe que podía escribir, decía. Pero no cómo hacerlo. Intentaba crear historias, cuentos, novelas y me enredaba con el lenguaje o me aburría a mitad de camino. Porque escribir no es solo volcar las letras sobre el papel, encadenarlas unas a otras en forma más o menos armónica. Se requiere de algo que yo desconocía. Se me acababa el aliento ni bien había partido.  “Entonces Jehová formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” (Génesis 2:7), dice La Biblia. Y así vagué, sin dios y sin alma durante mucho tiempo, envuelta en la salvación de lo cotidiano. Y viví, experimenté, crecí y guardé, en algún recodo de mi memoria, cada vivencia, cada sensación: el frío de las mañanas al levantarme para ir a la escuela, el aroma del café con leche, el color de las tardes en el mar, las voces, lo áspero, lo suave, la calidez de un cuerpo deseado, el estrago de la muerte. Hasta que un día, el volumen del tesoro fue tan grande que desbordó. El hastío, cómplice de lo ordinario, comenzó a disfuncionar, y ya no me fue suficiente. No me pude hacer más la distraída: tenía que escribir.

Miguel Ángel, La creación del hombre
Miguel Ángel, La creación del hombre

 

¿Qué es escribir? Leer es escribir, decía hace unos minutos, y eso lo había hecho toda mi vida. Leía y, cuando leía -como hacemos todos-, dibujaba con un lápiz prestado las historias de otro, imprimía un paisaje o un ambiente ajeno y lo hacía propio, me apoderaba del cuerpo y la voz de los personajes. Sin embargo, leer no era todo. Quien lee no se encuentra con una página en blanco, sino todo lo contrario. Aún así, un mismo texto es diferente para cada persona y, en este sentido, leer es un modo de reescribir.  Se aprende a escribir a través de la lectura, pero no todo el que lee es escritor.

ABONO E INJERTOS

Corriendo con tijeras

Entonces, ya tenía la lectura y los recuerdos. El siguiente paso fue el cine. Decidí no ser más una espectadora inocente, aprendí a mirar, pude entender el plano como un recorte de la realidad, una mirada sobre las cosas y una elección sobre cómo contarlas. Y, en esa poética que tiene la vida, en esas hebras del mismo color que se descubren en un relato, advertí que el cine también estaba ligado con mi madre. Ahí pasábamos las tardes los fines de semana. El recuerdo atesorado de esa época es el sabor de la leche tibia que mi mamá llevaba en un termo y el olor que se desprendía de las galletitas al abrir la bolsa de papel, despacito, para no hacer ruido. Sí, mi primer paso fue hacer cursos de análisis cinematográfico. Pero, en esa época, todavía pensaba en el escritor inspirado e insomne que aporrea la máquina de escribir y, en una noche, escupe una novela, así, como si pariera un hijo. Imagen que, es cierto, nos ha regalado el cine… En fin, nada es perfecto. Aun así, vale la pena detenerse a pensar en la idea de la gestación previa al nacimiento. Esto es: tiempo. “He necesitado veinte años para escribir lo que acabo de decir”, declara Marguerite Duras en su libro “Escribir”. Y no solo tiempo. La escritura, el solitario acto de escribir, es una matriz provisoria, un vientre donde se gesta la alquimia de las palabras para obtener algo nuevo.

LOS PRIMEROS BROTES

Libré mis primeras batallas como crítica de cine, pero no me fue suficiente. Con más preguntas que certezas llegué al taller de Gabriela en busca de la palabpocket-watch-598039_1280ra precisa, esa que pudiera expresar, sin dejar lugar a ninguna duda, aquello que yo quería decir. Y en pos de la precisión, me encontré con la multiplicidad. Tuve que acostumbrarme a la idea de que la palabra “mesa” no quiere decir lo mismo en un texto científico, en una novela de caballeros o en un poema de Alejandra Pizarnik. Adaptarme a la idea de estructura, a pensar en el esqueleto de los textos. Concebir la forma como una herramienta artística, como el cineasta compone el plano, utiliza el color o decide hacer un flashback. Entender que la estructura circular es propia del cuento y que esto lo diferencia de un simple relato. Ya no podía contar todas las historias de todas las formas, sino que debía encontrar la forma adecuada para cada historia, y, además, no hay forma completamente adecuada. Y en esa restricción encontré la libertad. Poco a poco, se unieron los retazos y, entonces, recuerdos, lectura, cine y aprendizaje, lentamente, dieron lugar a la invención. Porque de eso se trata, como el científico consigue a partir de elementos preexistentes un producto nuevo, el escritor forma con retazos de lo real un mundo que hasta ese momento no existía.

FLOR DE INICIO

Y aquí estoy, este es mi presente. Me encuentro parada muy cerca de aquel inicio junto al libro que me regaló mi mamá. A pesar de eso, el camino recorrido ha sido muy largo. Sin embargo, visto hoy, no fue más que un viaje alrededor de un punto, un desplazamiento mínimo, ese constante insistir sobre lo mismo que me llevó toda la vida. Y así como la escritura es matriz cada vez que el oficio se plasma, vuelvo a la infancia que me es restituida hoy, en la adultez.

Como en un cuento.

VARO+Remedios+-+Creación+de+las+aves,+1957+col.MAM+copia
Remedios varo, Creación de las aves

 

 

(1) A.I.F.A.N. es una asociación civil sin fines de lucro, que brinda asistencia psicológica y psiquiátrica para adultos, adolescentes y niños.

 




EL PAÍS DE TODAS LAS COSAS

El Desaliento: sobre China.

Por Patricia Tombetta

LO QUE NO SE SABE O SABE MAL

foto 1¿Cómo explicar aquello que no se comprende?

Escribir es una opción. Deleuze, en su libro “Diferencia y repetición”, se preguntaba “¿Cómo hacer para escribir si no es sobre lo que no se sabe, o lo que se sabe mal?”.

Entonces, me atrevo.

Desde Pekín hasta Guilin  (y pronuncialo bien o no habrá ningún “hasta”) hay un recorrido que, bien mirado, no tiene criterio alguno. Así comienza un lance de llegar a un horizonte lejano y sugerido desde cualquier infancia de cualquier crío de este cono sur. “Mandar la pelota a la China”, “andate a la Cochinchina”, “es un plan Chino”.

Y continúo: miro unos ojos que no desean lo mío y sonríen con curiosidad. Ojos negros muy  rasgados, pero muy rasgados. No me reflejan casi nada y me pierdo en la sonrisa y en sus manos. Algunas manos cocinan, otras se acarician su panza. Las bicicletas con o sin motor- con o sin sombrillas- ponen en marcha la mañana y salimos alegres, un poco desconfiados o expectantes. No importa el lugar, su tamaño ni nada: desorientarnos es casi lo primero del día. Un desayuno se sirve frío y contrasta con la tibieza del cuerpo recién salido de la cama. Ese calorcito del dormir que, de varias maneras, mantiene un encierro.

 

AQUELLO NUNCA BUSCADO

¿Qué  busco cuando viajo a lugares remotos, lejanos y tan extraños? ¿Y qué encuentro? Difícil decirlo, por suerte, están las palabras que se van a encargar, una a una, de perforar sensaciones y certezas. Y, una a una, sólo encontrarán aquello nunca buscado.

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CHINO BÁSICO

Y encuentro una coherencia: la frase repetida hasta el cansancio “chino básico” (utilizada como figura de lo incomprensible). Nunca una coherencia me había causado un ataque de risa o varios. No sólo el “universal” inglés es inútil, tampoco mis gestos resultan suficientes. Y, sin embargo, consigo terminar los días con una apariencia de lo cuasi esperado: llegar al templo colgante de Datong, comer algo que- aún incomprensible- me gusta y no acaba con mis papilas gustativas,  no querer un talle más para esa blusa, sino un color diferente. Olvido regatear el precio de un helado y la mujer me mira entre sorprendida y decepcionada. ¿Habrá sido eso o algún gesto mío le supo a insulto?

 

SEÑO, ¿PUEDO IR AL BAÑO?

foto 3Y otra vez el camino. Lo poco o mucho que se tenía entre manos queda atrás. Datong, Pingyao hasta Xi´an. Pueblos encantados y los guerreros de terracota. ¿El miedo construye? O, como siempre, ¿es la ambición?: Qin Shihuang di (259-210 a.c), llamado el primer emperador, manda a construir con terracota un ejército para poder gobernar en el Más Allá, dicen algunos. Otros, en cambio, opinan que lo hizo para su protección en el reino de la muerte. Pero, a ver: la belleza de sumergir las manos en ese barro y construir soldaditos es lo único cierto.

Voces que no sólo cuentan una cosa o la otra, también acompañan  de punta a punta del día. Al principio, mecen como un canto, rematan juguetonas en un “aa” “ee”. Algunos ideogramas se iluminan y me siento una cría de primer grado. Una puerta enorme y abierta de par en par. Y las voces continúan: parlantes, megáfonos, drones. No encuentro el silencio amigo de la contemplación. Manos de rostros sonrientes me detienen para sacarse fotos. Algunos intentan preguntas o saludos. Otros sólo se paran a mi lado, disparan la cámara y se van. Los lobos marinos de Mar del Plata parecen haber llegado al país de todas las cosas.

foto 4Si pensara con letra de tango, entonaría “El tren bala y la letrina”. Sí, así como la infancia te puede llevar a China, China te devuelve a tu escuela de los primeros años. Retretes por todos lados.

Aunque las voces continúan su carrera y amenazan inundación, no encuentro ira, sino algo que desentona en mi interior. “Estás en China”, me digo. Y aquello que corría denso se aligera. Tal vez encuentra diques o- mejor- nuevos surcos. Y vuelven las manos que ya no sólo acarician y construyen templos de Buda cavados en la montaña o guerreros de barro; ahora son invisibles. Son manos de viento y de agua sobre formaciones calizas inalcanzables. Un escenario dentro del mundo que no es de este mundo, un planeta sobre la tierra corta el aliento otra vez. Algunos monos lo hacen más cercano. Zangjiajie camino a Fenghuan.

A DEPONER MALECONES.

foto5Otro pueblo encantado, donde las voces parecen atenuarse y las manos se enredan en una fina artesanía que no me puedo comprar: el precio, las valijas, lo que falta de viaje.

Y ahora encuentro una concordancia. No es que comprenda, es un amable estar tan sola, ser diferente, incomprendida también y que la cosa marche. ¿Cómo se arma una concordia?  Una forma, podría ser, dejarte llevar, deponer los últimos malecones y permitir que la corriente de agua o de viento te arrastre. O subirte a un tren bala, o a dos. Y bajar en el último lugar que tu tiempo permita. Seguirías y, sin embargo, el traje de viajero se rasgaría con las uñas de tu pertenencia. Guilin: el río Li y los arrozales. En silencio, el espinazo del dragón cuenta historias inimaginables. Es sólo el nombre de un lugar y, otra vez, podría estar recostada en mi cama a punto de dormirme y la voz de mi vieja relataría historias maravillosas.

Un viaje en el tiempo a una época hecha con retazos de palabras, de agua, de coherencias, de bellos signos incomprensibles e incitadores. Un encuentro de largo aliento intermitente, que comienza en el desencuentro de todas las cosas.




GAUCHO DE ISLAS TOMAR

El Desaliento: Sobre el Gaucho Rivero.

Por Magdalena Mirazo

   “Se acordó adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos. Ambas partes enfatizaron los beneficios de la cooperación y de un compromiso positivo de todos los involucrados”.

Sin abordar la soberanía, Argentina e Inglaterra firmaron una declaración conjunta sobre Malvinas. 14 de septiembre de 2016.

MAPAS DE LA INFANCIA

Las Islas Malvinas  son un archipiélago de aproximadamente 11700 km2, formado por Soledad y Gran Malvina y otras 200 islas e islotes más pequeños a su alrededor. Están ubicadas en el Atlántico Sur, al este de nuestra Patagonia, sobre la plataforma continental submarina. Para conectar su latitud con el continente, es interesante el dato de que el paralelo que pasa por Rio Gallegos (51°33’)  pasa también por Puerto Argentino, su capital, en Isla Soledad.

El Imaginario Malvinas está incorporado en nosotros, ciudadanos argentinos, como un símbolo de soberanía. Desde el colegio, comenzamos a grabar la forma tan característica de su geografía en nuestra identidad nacional.

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Paisaje de la costa de Malvinas

TOMALA VOS, DÁMELA A MÍ

Las mencionaron en sus escritos Américo Vespucio (1504) y Magallanes (1520) y, dos siglos después, los franceses -en 1708 y procedentes de Saint Malo- las bautizaron “Malouines”. De ahí, “Malvinas”, en castellano.

En 1820, David Jewett  -marino estadounidense al servicio de las Provincias Unidas del Río de la Plata-  al llegar a Puerto Soledad al mando de la “Fragata Heroína”, escribe al ministro de Guerra y Marina, Matías Irigoyen : “Tengo el honor de informar a usted de mi llegada a este puerto, comisionado por el Superior Gobierno de las Provincias Unidas de la América del Sud, para tomar posesión de estas islas en nombre del país al que naturalmente pertenecen por la Ley Natural.”

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Pasaron los años, y el 10 de junio de 1829, el gobernador delegado, Martín Rodríguez, creó la Comandancia política y militar de Soledad y designó a su frente al comerciante alemán nacionalizado argentino, Luis Vernet. El decreto establecía la continuidad histórica y jurídica de los derechos soberanos: “Habiendo entrado el gobierno de la República en la sucesión de todos los derechos que tenía sobre estas provincias la antigua metrópoli -y de los que gozaban sus virreyes- ha seguido ejerciendo actos de dominio en dichas islas, sus puertos y costas, a pesar de que las circunstancias no han permitido hasta ahora, dar a aquella parte del territorio de la República, la atención y el cuidado que su importancia exige”.

OPERACIÓN PINZA

    Ya en esa época (1829), Vernet avisó al gobierno de Buenos Aires su inquietud por la depredación de la zona. En octubre de ese mismo año, se prohibió la pesca y captura de ballenas y, en 1831, Rosas reemplazó la prohibición por un impuesto a los buques pesqueros. Pero los barcos pasaban de largo por Puerto Soledad, eludían el impuesto y cazaban a gusto. Harto de esta situación, Vernet se decidió a actuar y apresó a dos balleneros norteamericanos mientras un tercero pudo darse a la fuga.

Como represalia, el 28 de diciembre de 1831, el capitán Silas Duncan, al mando de la fragata estadounidense “Lexington”, desembarcó en Puerto Soledad, atacó sus instalaciones, destrozó la artillería, quemó la pólvora, tomó prisioneros a seis oficiales argentinos, arrió la bandera celeste y blanca y declaró a las Islas “libres de todo gobierno”.

Así los asuntos, Rosas le pidió al ministro de Relaciones Exteriores, Manuel Maza que presentara una protesta formal ante Washington. Además, el cónsul y el encargado de negocios norteamericanos, fueron declarados personas no gratas y expulsados del país. Estos agentes, con el falso argumento de que los Estados Unidos sólo pretendían permisos de pesca “le avisaron” a Inglaterra que las islas estaban desguarnecidas.  El jefe de la estación naval británica en América del Sur con sede en Río de Janeiro -Sir Thomas Baker- impartió la orden y el 2 de enero de 1833 se presentó en Malvinas la corbeta inglesa Clío”, al mando del capitán John James Onslow.

Maza reclamó por este nuevo atropello a nuestros derechos soberanos pero no hubo ni siquiera una respuesta flemática de parte de Londres. De esta manera, Estados Unidos e Inglaterra acordaron la usurpación de Malvinas. (2)

LOS CHICOS DE LA GUERRA

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Cementerio de Darwin

Malvinas también fue nuestra desdichada guerra reciente. Los ex combatientes son contemporáneos. Los vemos luchar por sus derechos -la gloria ya la tienen- y por el sustento. Son nuestros héroes mal reconocidos de una guerra malparida.

Después de abril de 1982, las islas Malvinas están en carne viva, son para los argentinos el ícono de lo saqueado. El emblema de las presiones externas que nos impiden crecer como Nación Libre y Soberana, resignificado este año por la conmemoración del Bicentenario de nuestra Independencia. En ese suelo hay enterrados huesos de los nuestros.

Cuánto desaliento, hoy. El país otra vez enterrado en deuda externa y tanta lucha arrebatada. Ahora, a los ciudadanos “medios”, con sueldos “medios”, nos quedan los bizcochitos para el mate, si son militantes, las bolas de fraile. Y, a los de más abajo, menos que la nada.

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MANO A MANO

    El 26 de Agosto de 1833, estalla en Malvinas una rebelión contra los ingleses que ocupaban las islas por la fuerza desde hacía seis meses. La lideraba un tal Antonio Rivero. Por ese entonces, Rivero tenía 25 años. Había viajado allí para trabajar como peón de estancia unos años antes, con la expedición organizada por Luis Vernet -durante la presidencia de Rivadavia -junto con un grupo de criollos e indígenas charrúas. (3)

Cuál habrá sido el espíritu del hombre que busca el desafío de vivir en una isla en el extremo del continente, cuando la tierra firme -a esas latitudes- es inhóspita y está prácticamente deshabitada: por lo menos, debió ser valiente y libre. Y también hábil para las tareas rurales, el trabajo con animales y la producción de lana.                                                                                                                                                             En esas tierras sin apuro y con el todo el frío, no había árboles, así que las viviendas se construían con maderas llevadas desde el continente, desde donde también provenían la ropa, la mayoría de los alimentos, el ganado que criaban y los caballos con que se movían.

Habrán sido días de mateadas largas, de alcohol y de juego para entretener las horas y no volverse loco con el silbido del viento. Seguramente, se sentaron a la misma mesa de naipes el gobernador Vernet y el Gaucho. Apostaron su dinero, entre humo de tabaco y confidencias -personales y políticas- mientras uno invitaba al otro con un vaso más, para entrar en calor y acortar un poco la noche.

FLEXIBILIZACIÓN                                                                                                                                                                                                                                                           Cuando en enero de ese año -1833- amarró en las Islas la “Corbeta Clío” de la marina británica, el gobernador Vernet renunció para no tener problemas con Gran Bretaña y, previa autorización inglesa, regresó a Buenos Aires desde donde se dedicó a llevar adelante sus negocios. El capitán Oslow nombró como administrador del archipiélago al despensero irlandés, William Dickson. Por su parte, Matthew Brisbane y Juan Simón –antiguos colaboradores de Vernet- decidieron ponerse al servicio de los usurpadores.

Como sea que se hubieran repartido las lealtades, las cosas cambiaron desde la invasión inglesa. Las tareas por hombre aumentaron y el pago pasó a ser con vales que ni siquiera servían en la despensa del pueblo. Prácticamente se trabajaba gratis. La bandera celeste y blanca se había arriado y en su lugar se izaba esa otra. Así las cosas, ¿anidaría en aquellos hombres la conciencia de lo patriótico, a tan pocos años transcurridos desde la Independencia?, ¿las ideas de lo nuestro y lo ajeno, de nación y de pueblo estarían –por lo menos- hilvanadas?, ¿serían el sentimiento de pertenencia, la defensa de “lo propio”: su tierra y su trabajo?, ¿habrán tenido claro el reconocimiento de “lo extranjero” como aquel que se viste con la figura del colonizador?

 

GAUCHOS PORFIADOS

La situación se volvió desesperante para los peones cansados de la explotación y el maltrato. El 26 de agosto de 1833, seis meses después de la invasión británica, Antonio Rivero con otros siete hombres se sublevaron y mataron a Brisbane, a Dickson y a Simón. Luego se instalaron en la vivienda principal y enarbolaron nuevamente la bandera argentina. El resto de los colonos, cuya vida había sido respetada, pudo escapar y permaneció refugiado en la isla Celebroña. Ambos grupos vivieron separados entre distintas penurias. Rivero y sus hombres resistieron cinco meses, mientras esperaban que Buenos Aires enviara una expedición para ayudarlos. Nunca llegó. Finalmente, los primeros días de 1834, dos buques británicos arribaron a la isla Soledad. Organizaron una partida armada para capturar a los gauchos que consiguieron huir al interior de la isla a pesar de una traición y una deserción.

No les resultó fácil a los ingleses. Necesitaron enviar varias expediciones, hasta lograr apresar a los peones y detenerlos. Una hipótesis sugiere que se les hizo un proceso en el buque “Spartiate”, de la estación naval británica de América del Sur. El almirante inglés no se atrevió a convalidarlo y prefirió desprenderse del asunto. Por eso, desembarcó a Rivero y  a los suyos en la República Oriental del Uruguay. Otra versión dice que fueron llevados detenidos a Londres, donde permanecieron presos por varios meses hasta que el ministerio fiscal aconsejó dejarlos en libertad y embarcarlos de vuelta a Buenos Aires.

Según el historiador José María Rosa, Antonio Rivero murió heroicamente el 20 de noviembre de 1845 enfrentando a la flota anglo-francesa en el combate de la Vuelta de  Obligado, que pasará a la historia como del Día de la Soberanía Nacional. (4)

 

PUESTA EN VALOR

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Billete emitido por el BCRA en marzo de 2015

 

 

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En la Casa de la Moneda somos conscientes de que, después de la bandera de un país, la moneda es el elemento soberano por antonomasia y nuestro compromiso es aprovechar al máximo el alcance de los billetes (…) Este proyecto fue pensado como un medio para reafirmar nuestro reclamo soberano inclaudicable”. (…)Las Islas Malvinas, Sandwich del Sur, Georgias del Sur y los espacios marítimos circundantes fueron, son y serán siempre argentinos y ninguna potencia colonialista nos podrá convencer de lo contrario”. (…)El objetivo de este billete es interpelarnos diariamente y recordarnos que Malvinas no es un concepto abstracto que aprendemos en la escuela, sino una tierra a la que amamos profundamente a pesar de las ausencias”. (5)

LA LEY GAUCHO RIVERO

 

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Entrada al Puerto de Ushuaia

 

Por el reclamo que mantiene la Argentina sobre la soberanía de las  Malvinas, la Ley Gaucho Rivero está vigente en las provincias de la república con costas al Mar Argentino. Prohíbe la permanencia, el amarre y el abastecimiento  de barcos con la bandera británica de las Islas Malvinas, con la bandera del Reino Unido y  con la insignia de otras colonias británicas. La ley fue sancionada en un principio por  la legislatura de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, el 25 de agosto de 2011. Luego, lo hicieron las provincias de Santa Cruz, Chubut y Rio Negro y finalmente, la provincia de Buenos Aires -un año más tarde- el 2 de agosto de 2012.

Además, hacia mediados de 2012, las autoridades fueguinas le solicitaron al Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación que gestione  ante los países vecinos  solidaridad con el bloqueo.

Fue entonces, que las doce naciones miembros de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) firmaron un documento donde se estableció que la bandera británica de las Malvinas es ilegal: “Los Estados miembros de Unasur se comprometen a adoptar, de conformidad con el derecho internacional y sus respectivas legislaciones internas, todas las medidas susceptibles de ser reglamentadas para impedir el ingreso a sus puertos de los buques que enarbolen la bandera ilegal de las Islas Malvinas.”

En el documento también se detalló que la UNASUR se comprometía a informar al gobierno argentino sobre buques o artefactos navales destinados a actividades hidrocarburíferas y/o mineras ilegales en la plataforma continental argentina. (6)

DE RIVERO A RIVERO

    El 28 de septiembre de 1966, durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, un grupo de dieciocho jóvenes, diecisiete varones y una mujer -entre estudiantes y obreros de diferentes agrupaciones políticas todas afines al peronismo- secuestraron un Douglas DC4 de Aerolíneas Argentinas, cuyo recorrido era Buenos Aires-Río Gallegos y lo desviaron hacia las Malvinas. Consiguieron aterrizar de sorpresa en las Islas en una pista para carreras hípicas. Eran las 8.42 de la mañana. Descendieron, cantaron el himno e izaron siete banderas nacionales que flamearon en el territorio malvinense durante 36 horas. Reclamaron por nuestra soberanía y aguardaron a que el sector nacionalista del Ejército aprovechara esa irrupción, desembarcara en las islas y las tomara, cosa que no ocurrió. (7)

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Frente a la mirada de kelpers, efectivos de la milicia de la isla y los cuarenta y ocho pasajeros del avión -entre los que se encontraba el contralmirante Guzmán, Gobernador de Tierra del Fuego- Dardo Cabo -primero al mando-, proclamó: “Ponemos hoy nuestros pies en las Islas Malvinas argentinas para reafirmar con nuestra presencia la soberanía nacional y quedar como celosos custodios de la azul y blanca (…)”. Luego, rebautizó al lugar como Puerto Rivero, en homenaje al gaucho Antonio Rivero que, en 1833, se alzó contra los ingleses. Esa fue la llamada “Operación  Cóndor”. (8) Contaban como compañero de ruta con Héctor Ricardo García, director del diario “Crónica”, quien documentó la gesta. Después de una negociación, en la que intercedió el sacerdote de las islas, le entregaron las armas al comandante del avión argentino, Ernesto Fernández.

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La dictadura envió a los jóvenes al penal de Rio Gallegos donde fueron juzgados por las figuras de privación ilegítima de la libertad, portación de arma de guerra, asociación ilícita, piratería y robo en descampado. La condena para los jefes del operativo fue de tres años de prisión y de nueve meses para el resto, pero el objetivo de plantar la bandera argentina y el nombre de Malvinas en la prensa mundial había sido alcanzado. (9)

Las siete banderas argentinas que flamearon en Puerto Rivero durante la “Operación Cóndor” le fueron entregadas a la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner el 24 de agosto de 2012.
Una está expuesta en el “Patio Malvinas” de la Casa de Gobierno. Otra cubre los restos del ex presidente Néstor Kirchner en el mausoleo de Río Gallegos. Otra quedó en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional en ocasión de la apertura de las sesiones ordinarias.
Una fue entregada a la Basílica de Luján en oportunidad de celebrarse allí un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, y otra quedó en la Basílica de Itatí en Corrientes.
Las dos restantes se ubicaron en el Museo del Bicentenario en la Casa Rosada y en el Museo de las Islas Malvinas en el Espacio de la Memoria, ex ESMA. (10)

SEAN ETERNOS LOS LAURELES

Los cinco criollos que acompañaron a Rivero en la rebelión hasta ser capturados por los ingleses fueron: Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Manuel González y Pascual Latorre. (11)

Los integrantes del Comando Cóndor fueron: Dardo Cabo, de 25 años, periodista y afiliado a la Unión Obrera Metalúrgica, era el jefe del comando. Lo secundaba Alejandro Giovenco, de 21 años. La periodista y dramaturga María Cristina Verrier, de 27 años, era la tercera al mando del grupo. Andrés Castillo, de 23 años; Ricardo Ahe, de 20 años de edad, empleado; Norberto Karasiewicz, 20 años, metalúrgico; Aldo Omar Ramírez, 18 años, estudiante; Juan Carlos Bovo, 21 años, metalúrgico; Pedro Tursi, 29 años, empleado; Ramón Sánchez, 20 años, obrero; Juan Carlos Rodríguez, 31 años, empleado; Luis Caprara, 20 años, estudiante; Edelmiro Jesús Ramón Navarro, 27 años, empleado; Fernando José Aguirre, 20 años, empleado; Fernando Lisardo, 20 años, empleado; Pedro Bernardini, 28 años, metalúrgico; Edgardo Salcedo, 24 años, estudiante; y Víctor Chazarreta, 32 años, metalúrgico. (12)

https://www.youtube.com/watch?v=kEg9o9C2wIY

(1) http://www.infobae.com/politica/2016/09/14/sin-abordar-la-soberania-argentina-e-inglaterra-firmaron-una-declaracion-conjunta-sobre-malvinas/

(2) http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/dictadura/la_larga_usurpacion_de_las_islas_malvinas.

(3) http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/epoca_de_rosas/gaucho_rivero.php

(4) El gaucho Antonio Rivero por José María Rosa. http://www.appnoticias.com.ar/desarro_noti.php?cod=3821

(5) Titular de la Casa de la Moneda, Katya Daura. 11/04/2014 Télam

(6) https://es.wikipedia.org/wiki/Bandera_de_las_islas_Malvinas#Negativa_de_pa.C3.ADses_latinoamericanos_de_recibir_barcos_con_bandera_del_territorio_brit.C3.A1nico_de_las_Malvinas

(7) http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-73613-2006-09-27.html

(8) http://www.minutouno.com/notas/318104-islas-malvinas-que-fue-el-operativo-condor

(9) http://www.lanacion.com.ar/1457899-la-historia-de-18-jovenes-que-secuestraron-un-avion-para-pisar-malvinas

(10) http://www.minutouno.com/notas/318068-cristina-encabezara-un-acto-dia-del-veterano-y-los-caidos-malvinas

(11) https://es.wikipedia.org/wiki/Sublevaci%C3%B3n_del_Gaucho_Rivero

(12) http://www.lagazeta.com.ar/condor.htm