DISPUTAR LA MAREA

El lado B: Entrevista a Hugo Panconi  y Federico Cáceres, integrantes de “Celebrando lo propio

   Entrevista: Denise Fernández

   Edición: Denise Fernández, El Anartista.

Que sRolex Sydney Hobart Race - Morning Gory Cloude venga la noche de aliada, que convoque a las corrientes de fondo y a las de superficie. Que la luna sea la más llena de voces y su reflejo, el vientre más fértil para el canto. Que el canto sea puño cerrado y abrazo fraterno. Y que, entonces, la orilla  no se deje abrumar – llevar y traer- y sea ella misma el horizonte que también combate. Que las ráfagas se soplen sin las vulgaridades de las prepotencias.  Que el aliento sea otra vez el caldo donde sutileza, poesía y puentes amorosos comiencen a decir. Que en el principio sea el otro como un posible, el otro como un llamado. Y que, en el final, despunte un nuevo comienzo. Que la celebración sea un derroche de afectos. Que recule la fiestita amarga de  pelotitas con espejos. Que la muerte  mire a la distancia, con esa tristeza de punto final, con su tufillo hediondo de ganadora compulsiva. Que podamos cambiar el rumbo y que el caldero donde cocemos palabras y sonidos arda bajo un fuego eterno. Que todo lo sagrado lo sea en la raíz, liberados por fin de las blanduras del cielo.

Que se venga la noche de aliada. Celebrando lo propio, despunta el nuevo día. 

Los primeros viernes de cada mes a las 19:30 hs. se realiza en el auditorio Malvinas Argentinas de La Asociación Bancaria de Capital (Sarmiento 341) una celebración particular, “ Celebrando lo propio” :Espectáculo criollo que se apoya y proyecta desde nuestro acervo popular para reforzar el derecho de los argentinos de hoy, a conocer el legado histórico cultural que nos determina como pueblo y como nación. Un homenaje a los Santos populares que lleva como título “El Santo Pueblo que nos Parió”

AFORTUNADO Y LABORIOSO CAMINO

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¿De qué se trata la propuesta?

Hugo: En cada función del Celebrando lo propio nos damos espacio para evocar una estética cercana al circo criollo. Además de la propuesta musical, que aborda distintas “especies” de la expresión popular de nuestra América, contamos con la presencia de Leopoldina, un personaje murguero, inspirado en Marechal. Ella es nuestra maestra de ceremonias y  encarna en la actriz, Evita Fernández Rivero. Escenas dramáticas y humorísticas se suceden para ilustrar la temática abordada- que varía de mes a mes- y nos permite incursionar en otros campos expresivos (los músicos actúan, los actores cantan). De ese modo, podemos contar con el aporte de amigos que agrandan y enriquecen el espectro: como Conrado Geiger, con sus monólogos de humor, o las ilustraciones proyectadas, del artista plástico Alejo Giordano… Esta celebración, que proponemos mensualmente, es consecuencia de una serie de “eventos afortunados” y otros factores que hemos conseguido en el tiempo. Yo soy el veterano del grupo y, en mi recorrido, puedo citar acciones e intentos anteriores, siempre vinculados al rescate de las diferentes formas de la expresión popular. Tanto al coordinar y dar talleres, como al proponer  expresiones de otros colegas, siempre hemos hecho hincapié en la “especie musical” del lugar, tanto local como nacional. Experiencias como “El circo del palo” –que, en su momento, pudimos plasmar trabajando con los compañeros del  Comedor “Los Pibes”– nos animaron en el hermoso camino. Se trata de la elaboración conjunta de contenidos, que contienen las inquietudes e historias de los partícipes reales y necesarios para el relato de la propia historia, a través de la expresión de una determinada comunidad. Más tarde, y ya en el espacio de “Arte Militante” de la organización “Peronismo Militante”, desarrollamos una propuesta llamada “A cada cantor su paisaje”. En ese caso, convocamos a cultores del arte popular de distintas zonas del país: payadores bonaerenses, candomberos de Capital, tonaderos cuyanos y otros. La idea era poner estas formas genuinas de la expresión popular al alcance del piberío que, en su mayoría, desconocía esas “especies”.  Para volver a la pregunta sobre de qué se trata el “Celebrando lo propio”, diría que se trata, para muchos, de una invitación a conocer lo que les pertenece por herencia y no circula en los medios. O, al menos, no circula lo suficiente como para contrapesar el modo en que bienes culturales diseñados  para el consumo inmediato  contribuyen a moldear el gusto o las preferencias de las audiencias.  En cuanto a los “eventos afortunados” sobre los que te comentaba al principio, hay que resaltar el rol de la Secretaría de Cultura de la Asociación Bancaria que, por segundo año consecutivo, sostiene esta propuesta dentro de la oferta cultural porteña. Impactar o incidir en la cultura siempre depende de una decisión política.

Fede: Claro, celebrar lo propio en tiempos neoliberales es mucho más difícil y por eso mismo tan necesario. Hoy vemos cómo, desde la más alta institucionalidad, van por nuestros símbolos. Y es justamente la disputa del sentido, en esas celebraciones, la que hay que dar… Hacemos hincapié en un repertorio musical que se apoya en canciones de grandes autores (grandes por el aporte, no porque sean muy famosos), que evidencia la constante histórica de los pueblos latinoamericanos: la lucha por su liberación y la memoria de esa misma lucha. Desde ese legado, nosotros intentamos no desentonar con las creaciones propias. El año pasado el desafío eran las efemérides y este año homenajearemos a un Santo popular distinto cada mes.

ACERVADÍSIMOS

El uso del término “acervo” no es muy común. ¿Cómo perciben su recepción?  ¿Es algo que hay que explicar?

Hugo: Si, ya lo creo… Después de participar en los foros del proyecto de la Ley Federal de las Culturas que, por desgracia, probablemente quedará sólo en proyecto, nos hemos afirmado en la convicción de que es necesario hablar del derecho al acervo. Todo argentino nativo o por opción tiene derecho a conocer lo que le pertenece por herencia, como legado cultural. Fijate que acá no vamos por la negativa o coercitiva. Es absolutamente positivo. El argentino es producto de un mestizaje cultural, que tiene su desarrollo histórico y es de una riqueza sensitiva impresionante. Bueno, esto no es privativo de nuestro país, es extensivo a toda la América ibérica-afro-originaria. Sin embargo, debido a la dependencia de lo que se llama mercado cultural, esa riqueza queda tapada por montañas de expresiones/bienes culturales de otros países (por lo general, se limita a lo generado en USA y, en cada vez menor medida, en otros países de Europa), entre las que cada vez menos se encuentran expresiones que podamos considerar populares. En su lugar, abundan y sobreabundan invenciones de la propia maquinaria del mercado de bienes culturales. Se le llama popular a lo que se hace famoso y, en esa alteración semántica, va a dar a la mierda el derecho de los pueblos a conocer y ejercer su expresión sensible. Porque, con la difusión pautada de las multinacionales en todos los medios audiovisuales, no existe quién se resista a silbar alguna melodía infame o a repetir algún estribillo ignominioso… a eso me refería antes con lo del gusto moldeado.

Fede: El problema no es el mercado. El problema es la batalla totalmente desigual que se da dentro de la  llamada industria cultural.   Si abren las importaciones- como está ocurriendo- funden las empresas nacionales, porque necesitan un Estado que medie y los proteja  para equilibrar la balanza. Bueno, pasa lo mismo con el liberalismo cultural que reina en el mercado. Allí, por supuesto, las pymes que funden son las bandas sin estructura en la cual desarrollarse, los elencos de teatro que sólo pueden ser autogestionados. Y los productos resistidos serán generalmente las canciones de esas bandas, las obras de esos elencos y un largo etcétera… ¡Ah! Y no te olvides de las películas nacionales o de la región que, aunque nos representen, no tienen la misma presencia y visualización que las las hollywoodenses o  las funcionales a esa misma estética.

Hugo: Ojo: cuando decimos “acervo”, no hablamos necesariamente de lo precolombino y su desconocimiento, o de sondear en la quintaesencia de las músicas o danzas populares. Decimos que el escamoteo por ocultamiento- como la marea que sube- se lleva de la playa piezas de un pasado reciente que, si bien no desaparecen, quedan absolutamente relegadas para  quien no se dedique a la materia. Con esta tendencia, el canto y la danza nativos pasan a engrosar el archivo de lo exótico. Y lo que se naturaliza es el consumo de una expresión más o menos homogeneizada que, a su vez, homogeiniza intereses y audiencias a nivel global.

Fede: Por ahí lo más sencillo para comprender nuestra voluntad de ir hacia el acervo musical es establecer un paralelo con el revisionismo histórico…El Chacho Peñaloza que nos cuenta el Pepe Rosa no parece el mismo del que hablan los Romero… bueno… el que nos cuenta León Benarós, que rescata el sentir popular, tampoco tiene nada que ver con la visión mitrista de nuestra historia… Y no hace falta decir que, en la llamada música pop, no existe ni siquiera la sospecha de la existencia de un caudillo como el Chacho.

Hugo: Así es… ese enfoque le ha abierto la cabeza a muchos compañeros, sobre todo, entre los jóvenes quienes, ante cada mención del legado cultural, o lo que se llama folklore –en música, al menos- ven amenazados sus gustos personales. Como dice la canción de “Mano a mano”: “ningún pájaro se libera con el canto del que lo enjaula”.

 PA´ QUE CANTE OTRO GALLO

peña-camello-mala-mar-marea-baja3¿Por qué creen que resulta tan simple, casi automático diría, vincular los términos “folklore” o “acervo” con adjetivos como reaccionario, conservador, facho  y otros?

Hugo: Bueno, está relacionado con lo que planteaba Fede recién, con la disputa por el sentido de ciertas celebraciones, de ciertos símbolos. El gaucho, por ejemplo, es también un símbolo para los espléndidos de la Sociedad Rural. Porque el gaucho devino símbolo una vez muerto. Las actividades de la producción ganadera, aunque se modificaron sustancialmente, aún relacionan al hombre con la tierra, sobre todo, al que la trabaja con sus manos: el peón rural. Este tipo de argentino- este “paisano”- convive diariamente con ciertos componentes de la  supuesta “realidad” del arquetipo nacional, o sea, nuestro gaucho: el caballo y sus usos, los utensilios de cuero, la intemperie. Y, salvando la distancia y de acuerdo a otras necesidades y al cambio en ciertas costumbres, desarrolla similares destrezas y templanza de espíritu.  Ahora bien, no desde ahora, sino desde su origen, el paisano (en este sentido, el sucesor del gaucho) depende generalmente de un patrón, que no pertenece a la categoría de los que trabajan la tierra, sino de quienes la usufructúan. Y esta relación conflictiva, como lo relata Atahualpa Yupanqui: “El patrón cree que es extravagancia / Que su peón viva mejor / mas no sabe ese señor / Que por su peón tiene estancia”… esta relación decía, está mediada e intervenida por los formadores de sentido común, es decir: la escuela, las instituciones, los grupos de pertenencia, los medios de comunicación. De modo que se resuelve siempre a favor del poder. El Juez de Paz lo sigue cagando a Fierro, mandándolo a la frontera, esquilmándole la tierra, el rancho y la mujer. Y, en esa dolorosa naturalización, cabe también la inversión y el usufructo del símbolo. Los patrones de la Sociedad Rural se adornan atávicamente, como si honraran la memoria de quien, en realidad, contribuyeron a exterminar. Más o menos parecido es lo que sucedió con algunos símbolos patrios en la época de la dictadura: había quien confundía el honrar su bandera con legitimar un accionar deleznable de las fuerzas armadas de entonces. De lo  anterior hay que concluir que: quien entienda que contribuir a la afirmación de una identidad apoyada en las creaciones populares heredadas es reaccionario o “facho” es víctima de una violenta penetración sociocultural y simbólica, propiciada por la dependencia económica y la sumisión política. No ha cohesionado una manera de ser que le resulte propia para diferenciarse del resto. Y por eso defiende, antes que nada, su “libertad” de elegir ser lo más parecido a otros…

Fede: Es lo más parecido a los modelos que exporta a mansalva Estados Unidos. Siempre me llama la atención cómo se copia el producto y el resultado y no el modo de generar o el proceso. Otro gallo cantaría si, en vez de querer asimilarnos a la industria cultural yanqui, quisiéramos emularlos compitiéndoles con nuestra propia industria cultural. Pero, en este punto del razonamiento es donde los engranajes se empiezan a quedar sin lubricante y aflora el complejo social y cultural en el que venimos siendo educados…Como acá no hay superhéroes súper-poderosos, no hay efectos especiales, no hay pokemones, no hay pelotudos como Adam Sandler -y eso que pelotudos sobran, pero no como ese-, entonces traigamos, importemos. No nos priven de la libertad de consumir sus porquerías…

VIEJOS SON LOS TRAPOS

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Manifestación, Antonio Berni.

 

¿Y el planteo de que la relación de las audiencias con la música popular, por ejemplo, es una cuestión social /generacional? ¿Cómo juegan ahí las otras expresiones?

Hugo: Creo que la influencia del rock es ciertamente generacional, es decir, afecta y modifica como fenómeno expresivo a más de una generación. Pero eso no quiere decir etario. Jode escuchar que nuestra música nativa o el tango son música de viejos y el rock es música de jóvenes. ¿Cuáles jóvenes, los “jóvenes de espíritu”?  Serían algo así como los “negros de alma”?…digo, por el eufemismo. Y hay que fumarse a Sir Mick Jagger, un paladín de la impostura, un farsante, bah, haciéndose el pibe, haciéndose además el reventado, el rebelde. Y no es nada, nada de todo eso. Los ingleses son los grandes creadores de lo que se denomina “sistema”, por lo tanto, son sus defensores acérrimos y han pergeñado burdamente también lo “antisistema”.

Fede: Antes hablábamos de Hollywood como dispositivo de coloniaje. Es indudable que el rock le ha servido como medio al imperio yanqui/británico para desembarcar culturalmente, no solo en Argentina, sino también en gran parte del mundo. Así amordazaron las músicas nativas de cada región e implantaron su estética, sus timbres y su idioma. Dentro de esta inmensa batalla, es una victoria cultural que los pibes crezcan mirando a Zamba y adorando a San Martín, a Juana Azurduy y a Bolívar, en lugar de a Spiderman, a Barbie y al Capitán América. Debemos seguir esa militancia, debemos dar la discusión -adentro y afuera- para lograr que las generaciones venideras crezcan con la música de Buenaventura Luna y a Troilo -por nombrar a algunos- en lugar de a Justin Bieber o a Paul McCartney. Por supuesto, no va a faltar el que te diga “¡ehehehee pero no podés comparar a Justin Bieber con Paul!” No, no lo hago. Cuando hablamos de dar la discusión, no nos referimos a los gustos que cada uno tiene, ni tampoco a si son o no buenos músicos o a si tienen o no lindas canciones. El punto es que no es nuestro paisaje. El Capitán América puede ser un gran dibujito, apasionante quizás, pero no es nuestra América profunda la que resguarda. Defiende, justamente, toda la América que no es la nuestra. Y, en tanto admiremos acomplejados cómo lo de allá es inalcanzablemente bueno, caeremos en la encerrona de no producir contenido propio. Porque, ¿para qué lo vamos a hacer si ellos lo hacen mejor? ¿Y qué es lo que hacen mejor? Lo de ellos, claro, bueno: al hacer lo nuestro, los inalcanzablemente buenos somos nosotros. Adentrados en la discusión, muchas veces solemos encontrarnos con argumentos como que “la música es universal y no sabe de fronteras”. Pero ese argumento parece servir sólo cuando hablamos del rock o de música electrónica, no aplica igual para las tonadas cuyanas o las milongas pamperas. En esa línea, se deduce que se da sólo por casualidad el hecho de que las músicas más escuchadas -rock, heavy, pop, rap, tecno- o las avaladas por la Academia, como “la música de culto” -jazz y música clásica- correspondan a géneros oriundos de países del primer mundo. Nunca una polca paraguaya, esa no es universal, esa es tercermundista y no es apta para el mercado. La música, como toda expresión cultural, conlleva un paisaje y es nuestra responsabilidad descubrir y defender el nuestro.

EL DÍA, A TRAVÉS

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¿Es decir que habría elementos más relacionados con nosotros y con nuestra vivencia, que nos interpelan –o al menos tienen en potencia la capacidad de interpelarnos- desde el arte o, como ustedes dicen, desde la expresión popular?

Hugo: Claro. Creo que, además,  importa es establecer qué consigue decir, qué deja dicho cada expresión o cada género en distintos momentos y la relevancia que eso tiene, tanto en lo inmediato, como en el devenir histórico. La profundidad de la poética de los pueblos, la sensibilidad de sus músicas no tiene nada que ver con lo que nos hemos acostumbrado a consumir desde los medios masivos. Por ejemplo, los versos que Wenceslao Varela usa para describir el anochecer:

“Se fue borrando una huella/ de horizontal lividez/y el día quedó a través/de cada agujero de estrella”. O la ética popular que Buenaventura Luna desarrolla en “Sentencias del Tata viejo” :”Se precisan mil astucias/pa’ vivir entre la gente/y no basta ser prudente/pa’ terciar con buenos socios/el mejor de los negocios/siempre ha sido el ser decente.” No es lo mismo comenzar a tratar de escribir poemas o canciones propias, si uno conoce cosas como estas, que desconociéndolas. Pero así sucede desde que tomamos, como el todo de la expresión popular, sólo lo que conocemos en el mercado. Y, ahí, el valor descollante es la novedad, o lo novedoso. Y entonces aparecen diversos intentos de expresar tiempos, edades y coyunturas que se imponen más por repetición que por identificación consciente…

Fede: El fenómeno es complejo y, como suele decir Hugo, hay que animarse a ejercer la violencia de cuestionar la propia formación del gusto, para tratar de visualizarlo más o menos en su dimensión. Porque el mercado crea fidelizaciones a través del consumo, al punto de hacernos creer que las opciones –buenas o malas- sólo existen dentro de sus fronteras. Está en el mercado o no existe, o sólo existe si está en el mercado… Y es difícil comparar entonces tanto el fondo como la forma, los modos y los contenidos de los cultores populares que emanan de los pueblos, contra lo que emiten ciertos “artistas populares” que se hacen famosos en el mercado. Lo que llamamos expresión popular es a la vez memoria histórica, ética y planteo filosófico ante la existencia. Lo verbaliza un/a artista, pero su generación depende del pueblo y se completa con oyentes que absorben y se identifican en una memoria y una historia comunes. Nunca son simples “consumidores” o “fans”. Por lo menos, hay que defenderse de esa banalización, ¿no?

LA PORFÍA DE LOS PUEBLOS

Esto plantea de algún modo la discusión pueblo vs. Sociedad. El pueblo, en cuanto a cultura se refiere, se entiende desde la óptica liberal como un cercenamiento a las libertades individuales (de elección, de acción), mientras que la sociedad aparece como una suma de individualidades estéticas, coherente con el individualismo que se profesa en otros planos (económico, político)

Hugo: Qué bueno que lo notes, o que se note. Acá hay mucha tela para cortar. En primer lugar habría que, justamente, marcar que la visión liberal define lo popular por lo que el pueblo consume; que los derechos esgrimidos sobre la libertad de gustos y consumos son, en nuestra sociedad, cuasi sacros. Mientras que esgrimir el derecho al acervo, y bue’, ya puede resultar algo reaccionario. Que el “Star-system” del mundo del espectáculo no tiene un catzo que ver con los cultores populares que no son artistas ni por convención, ni por conveniencia; que aludir a una doctrina distinta del librecambio les brota la piel… Y, sin embargo, la memoria de lo popular no hace más que atestiguar la porfía de los pueblos en tratar de ser ellos mismos. Los pueblos no se deprimen, las sociedades se deprimen. Los pueblos son estando, las sociedades tan colonizadas -como la nuestra- quieren ser negando lo que pisan. La sociedad “evoluciona”, en tanto el pueblo sólo puede aspirar a “conquistar derechos” si se organiza. Y, aunque determinadas políticas, como las del gobierno actual, avancen descaradamente contra esos derechos y esas conquistas, “tendrán que vernos riendo, tendrán que vernos cantando” como cantan los “Mano a mano”…

Fede: “El arte por el arte”, por ejemplo, es -en lo académico- una categoría que desarraiga y tal vez emancipa la técnica de los contenidos. También es un lema coherente en la sociedad de consumo. Los pueblos que cantan su tragedia y su heroísmo abonan la historia con su ansia de ser ellos, con una identidad determinada que no necesariamente quiere o debe imponerse a otros. La canción que Hugo escribe para el pueblo paraguayo y el Mariscal López tiene un verso que alude al sacrificio consciente de ese pueblo en la guerra de la Triple Alianza, “no sabe lo que es rendirse un pueblo bien enseñado”. Porque mataron al padre, al hijo y a la madre y todos se comportaron como soldados que defendían su Patria. Es, en estos valores- el sentido del honor y la predisposición al sacrificio- donde radica la diferencia abismal de “la grieta”. ¿Te imaginas al entendimiento clasemediero argentino, adhiriendo a una doctrina de liberación? Es verso. Cuando el diario La Nación titula que descubrieron un “plan K” para adoctrinar niños en la escuela, saben muy bien qué cuerda hacen vibrar.

Hugo: Así es, preparan la defensa, abonan el sentido común que han logrado establecer; cultivan el armado cultural que los ampara y resguarda de una verdadera victoria del pueblo. Pero, como seguimos cantando, “la lanza del Chacho tal vez volverá”, o mejor: ¡La lanza del Chacho…volverá!

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EDITORIAL

EL LADO B

¿QUÉ HARÉ CON MI VEJEZ NIÑA?

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Irma ve entre sombras. Los 89 años de sus ojos se han llenado de manchas y de memorias. Las manchas le exigen un esfuerzo para componer los cuerpos y las figuras, apenas  desde difusos contornos. Las memorias, en cambio, le iluminan el tacto para seleccionar en el dial de la radio todas las sintonías “que no le mienten”.

Irma se quebró la cadera hace unos meses. Desde entonces, la única palabra que le devuelve la ilusión de un paso, aunque sea apoyada en un andador, es “rehabilitación”. Ella espera a la kinesióloga como quien aguarda al acariciador del don, que la conducirá de nuevo a Plaza de Mayo,  junto a los que protestan contra “esta canallada”.

Irma saca del pasado la cantidad exacta de palabras para habilitarse un futuro. “Yo no sé qué haré de ahora en más con mi vida, si quedarme en un lugar como este o volver a mi casa y contratar una cuidadora”.  “Un lugar como este” es una residencia geriátrica. O, sin eufemismos maquilladores, un geriátrico. Ni los viejitos que allí se alojan, ni los médicos ni los parientes que llegan de visita pronuncian la palabra. Como si detrás de esas pocas letras, se ocultara una vergüenza, una deuda con los viejos que ya son y con los viejos que –con viento a  favor– seremos.  “Yo acá estoy bien, nunca llegué hasta el jardín del fondo porque no me quiero dejar acompañar, quiero lograrlo sola. La kinesióloga ya me explicó cómo hacer para subir esa escalerita.  Cada día, estoy más cerca”. Cuando Irma habla del jardín del fondo, el rostro se le enciende con un brillo de comienzo de mundo, de ilusión de paraíso, de una libertad que la ilusione sin engaños, que no le prometa volver a correr en un parque y después la haga chocar contra lo imposible. Irma espera, simplemente, un alivio que le sugiera mejores condiciones para dar pasos cortos y autónomos.

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Irma no renuncia a la ilusión. “Una “ilusiona” diferente a los 89 años”.  Cuando Irma dice “una”, mi voz se une a la cadencia  de la de ella: ¿Qué haré con mi vejez?, se pregunta mi niña. Y todo el abismo entre generaciones se desploma y reclama una urgente revisión de nuestros abandonos. Las paradojas no tardan en aparecer: un mueble antiguo aumenta de valor cada día que se aleja de su tiempo de gloria. Hay negocios especializados dispuestos a venderlo a precios increíbles, hay clientes ávidos dispuestos a comprarlo por esnobismo, por coleccionismo, o por simple gusto. En las vidrieras, el mueble antiguo cumple perfectamente la célebre inversión que denunciaba el gran Carlitos Marx con su “fetichismo de la mercancía”: la cómoda del siglo XIX,  el “secretaire” que aún tiene un hueco para poner el tintero, la pana oscura de un sillón de estilo –que seguramente conserva en su superficie marcas de algunas nalgas prestigiosas– todas esas “cosas” se vuelven sujeto y atraen la atención del deseante objeto-persona que las mira. Y suben de valor. Las botellas de leche, los viejos sifones, los pingüinos para el vino que solían servirse hasta en el más pequeño bodegón, los juguetes rotos de la infancia del abuelo, las enaguas de encaje que cuidaban el pudor de las señoras de otras épocas, las hojitas de afeitar oxidadas, las peinetas de carey, las figuritas fuera de circulación: todos encuentran su sitio en las ferias de viejo y de usado, logran salir de su condición de desecho, se desperezan de años de olvido y desuso y se exponen ante los ojos de los paseantes. Y, mientras las cosas viejas se reubican, se acomodan como mercancía o como memoria, se venden o se atesoran en arcones donde aún puede haber una huella del padre o del amado que ya no está, ¿qué haré con mi vejez?, se pregunta mi niña.

Salvador Dalí, Old Age Adolescene Infancy.
Salvador Dalí, Old Age Adolescene Infancy.

Irma dice que no sabe cuál es la ideología política de la gente a cargo de “este lugar”. “Pero hacer política también es no quedar vulnerable simplemente por lanzar declaraciones sin saber frente a quién. Cuando una está impedida y en manos de otros, tiene que medir, tener cuidado, ellos son mis pies”. Caute, decía Spinoza. Y su emblema era una rosa con espinas. Caute.

Irma amaba leer y caminar. La maculopatía le impide lo primero. La fractura de cadera, lo segundo. ¿Qué hará mi vejez conmigo?, ¿hasta dónde podré intervenir para cambiar lo que mi vejez haga?, se pregunta la niña.  “Pero, bueno, está la música, la música te sopla vida desde los sonidos”. Cuando mi hija Milena le hizo escuchar las grabaciones de su audición de flauta, Irma calificó la tarde como “hermosa”. “Mirá que a esta edad y en estas condiciones no es un adjetivo que una use para demasiadas ocasiones”. Irma nunca se casó, “No me atreví. Igual, una la puede pasar bien sin un compañero, con buena música, con un buen libro. Alguno dirá: no es lo mismo. Claro, no es lo mismo, pero también está muy bien”.

Madre e hija - Oswaldo Guayasamín.
Madre e hija – Oswaldo Guayasamín.

Irma no practica la queja. Cualquier cosa que le convides, mientras sea dulce, le pone cara de niña, la llena de alegría pícara de niña. ¿Pero cuándo se me pasará este vicio de las golosinas?  En este lugar, la comida marca las horas. La comida lleva el pulso, no los relojes. “Ay, un sándwich de miga, hace cuánto que no comía uno. Ojo, que acá lo que sirven está muy bien. Todo está bien. Ni calor hace. La habitación tiene esa gran ventana y apenas si prendimos el ventilador alguna vez. Las chicas son muy buenas, nos tratan con mucha amabilidad. Pero, bueno, una no puede decir hoy me como un sandwichito de miga, ir a comprarlo y darse el gusto”. Igual, Irma sabe que afuera tampoco es fácil que cada quien salga a saciar todos sus deseos. Cuando habla del afuera, algo ensombrece su rostro de golpe: “Pero cómo miente esta gente que nos gobierna, decime, Gabriela, ¿qué le pasa al pueblo? ¿Qué le pasa al pueblo?, repito con la voz de Irma. ¿Qué le pasa?, pregunta la niña, ¿Qué hará la mentira con nosotros?, ¿nos pondrá más viejos de pronto?

La señora que comparte la habitación con Irma tiene demencia senil, en un grado no muy avanzado.  A decir verdad, la medicación la mantiene bastante lúcida casi todo el tiempo. Llegó hace muy poco a “este lugar” y se niega  a hablar. Ni cuando la visitan su hija o su nieta emite palabra.  Come poco y parece estar muy a gusto.  “No es conversadora la señora,  aunque hay que darle tiempo. No me acuerdo mucho, pero seguro que, cuando llegué, yo también debo haber sido así”. Irma ha tomado como una misión sacar a la recién venida del letargo. “Cuando me dijeron que venía una nueva, me pregunté: ¿quién será?, ¿podré confesarle lo que siento en lo político?, ¿coincidiremos en algo? Y, bueno, no charla demasiado todavía, pero sé que es afín y eso, hoy en día, es un gran alivio.”

Raúl Cañestro.
Raúl Cañestro.

Es sábado. Hace muchísimo calor, pero el “lugar” es fresco. La puerta de Irma está entreabierta. Desde afuera puede escucharse una conversación bastante amena. Irma ha logrado dar vuelta el mutismo de su compañera. Con la misma paciencia que pone para volver a caminar sin ayuda, ha encontrado una pista, un surco en el silencio de su compañera. Escucho un poco la charla antes de entrar, trato de ordenar la emoción y avanzo. Las dos sonríen. Es la hora del almuerzo y la cara se les ilumina porque trae un rico postre. Ahora son dos niñas contentas. La señora clava su mirada sobre mi pierna. “Mirá, tenés tres lunares sobre la rodilla, parece el dibujo de las tres Marías. Yo también tengo tres lunares, con el mismo dibujo en la misma pierna. De tal palo, tal astilla”. Y, así, como quien inaugura un espejo entre dos cielos, mi madre vuelve a mirarme en la constelación de las hijas.

Irma sonríe. “Dimos vuelta la tortilla del Lado B”. Donde siempre suenan los mejores temas.




CRISOL DE HUELLAS

El Lado B: Entrevista a Ricardo Forster.

Entrevista: Nora Lomberg, Alicia Lapidus, Adriana Valletta, Santiago Resnik, Gabriela Stoppelman

Edición: Gabriela Stoppelman

Fotografía: Santiago Resnik

 “Existe, tal vez, en alguna parte, un idioma, /nadie niega, pero habría que desandar, /salir, si fuese posible, del centro de la noche, /y empezar de nuevo con otra clase de balbuceo”, Leche de la Underwood, Juan José Saer.

Insomne sin cura, la Historia se despereza. Desenrollada de sí, agita el aire que la rodea, deja huecos entre los brazos y el espacio perturbado. Después, se echa andar. Entonces, se inaugura todo un teatro de conmociones. Mientras las malas lenguas insisten en borrar las curvas, las lenguas temerosas se camuflan contra la melancolía. Por su parte, las efímeras enmudecen justo al nacer y las perezosas se arrellanan a la espera de ese improbable príncipe azul: el lánguido futuro.  En medio de todas, una encrucijada abre espacio para el fuego. Ardidas sin pausa, las llamas están siempre alertas dentro del atanor. Mezclan mercurio con azufre, colores con ausencias, la falla con la grieta. Y, en ese mestizaje sin pausa, trasmutan la fuerza de las huellas. Ya pasadas las furias del fuego, el caminante interviene. Justo ahí el residuo es un ovillo de lenguaje y titila como una promesa. Es el momento de auscultar el latido de los residuos, de seguir las escrituras del polvo, de meterse por un pasaje y bordear el modo en que aún relumbran los textos de la infancia. Con todo, puede pasar que uno se pierda o se aturda entre las advertencias de las meras cronologías. El tiempo de a bucles no es cosa sencilla. Pero, sin él, ¿qué haremos con el hastío pegoteado a la borra de los calendarios?, ¿qué, con las tristezas destiladas de los tiempos estrechos? Mejor probar la curva, mejor leer las marcas. Algo se anuncia como imán entre las brasas sosegadas, algo convoca complicidades y contornea filigranas de una nueva lengua. Silenciosa, precaria o hermética, la nueva nunca se ofrece en el horizonte despejado. Siempre es un doblez en la tela de la Historia, un sacudón en el puño gastado, en un bolsillo sin fondo o en un pespunte torcido. Un advenimiento reconfigura la forma de los porvenires. Alta costura que, entre residuos, diseña relatos al borde los primeros años, palabras cantadas entre dos edades. Política de huellas vueltas de cara al cielo. Altas y audaces, para caminar los paisajes de la raíz.

Y en eso la Historia vuelve a amanecer. Esta vez a medianoche. Más allá de la ventana, hay una esquina de Ginebra donde Borges y Benjamin se cruzan sin reconocerse demasiado. Hay una calle de París que salta de un texto de Baudelaire a un mapa y del mapa, a una ciudad. Hay un mural donde Caspar David Friedrich pinta un río que desemboca justo en Santa Fe, a la orilla de Saer.  Más acá de la ventana, Nicolás Casullo ordena la biblioteca. Y Ricardo Forster conversa, a la vuelta de todas las huellas.

Caspar david Friedrich, un maneceer en el mar.
Caspar David Friedrich, un amanecer en el mar.

 

EL  LATIDO ANONADADO

  “Sin embargo, la metáfora resulta algo inconcreta debido a que el corazón y el fruto se confunden el uno con el otro.”  Gershom Scholem, “Los orígenes de la Cábala”

 

 

 

Alejandro Xul Solar - Ábol de la vida.
Alejandro Xul Solar – Ábol de la vida.

 

Me quedé muy sorprendida con todo el estudio que tenés sobre la Cábala

 No tengo educación judía formal pero, en general, los autores que me interesaron provenían de ese mundo de la cultura centro europea (además, por supuesto, de la huella familiar que, a través de mi abuelo Simón, me condujo hacia mis lejanos orígenes). Entonces, una cosa me llevó a la otra. Por el lado de Benjamin, está su relación con Gershom Scholem, con la mística judía, con  la Cábala. Y, a su vez, pensando en esa generación, entrás a la cuestión del mesianismo y también aparecen los nombres de Kafka, de Freud… Freud es como una parada necesaria para  pensar la vida, el sujeto, la Modernidad, la crisis de la cultura.  Incluso, para discutir el mundo de la cultura centro europea, Freud es un nombre propio fuerte. Su “Moisés y el monoteísmo” es un texto fundamental… Y junto con eso, por supuesto, la marca de la revolución rusa y de nombres judíos como Rosa Luxemburgo, León Trotsky, Ernst Bloch, Emma Goldman, Martin Buber que abarcaban el amplio espectro de las izquierdas de principios de siglo veinte. Imposible imaginar mi camino intelectual sin esas huellas decisivas.

Hablando de entrar por Benjamin a la Cábala, vimos que hay algunas palabras que se repiten mucho en tus textos como “auscultar”… ¿herencia de Benjamin?

Es que no hay mucho sinónimo de eso, ¿no? En Benjamin es auscultar una época, la posibilidad de leer más allá de lo superficial. Auscultar es como meterte en otras zonas, en otras profundidades. Creo que es por ese lado.

Otra palabra que se reitera es anonadar…

Me gusta. Hay palabras que me gustan por su carácter polisémico. Anonadar es una palabra compleja que refiere al mismo tiempo a algo terrible y a algo formidable. Es al mismo tiempo descubrimiento y temor. Y tiene que ver también con la sorpresa y  la mudez, porque algo que te anonada te puede paralizar pero también incitar y movilizar.

En relación a la Cábala, decís que la llegada del Mesías anonada la ley.

Es una reflexión que está en Scholem y en Benjamin. Tiene que ver con lo que Scholem va a tematizar como el proceso tras del cual la ley queda suspendida. Bajo ese criterio se usa: anonadar, suspender, dejar atrás. Se acabó el tiempo del reinado de la ley y entra el tiempo de la redención, de la libertad, de lo que significa la llegada del Mesías.

Amanecer con monstruos marinos, Turner.
Amanecer con monstruos marinos, Turner.

Suena un poco anarco…

 Sí, mirá, también hay un libro precioso que se llama “Historia de una amistad”, Scholem escribe ahí sobre Benjamin, treinta años después de su muerte. En ese libro hace un recorrido sobre la relación de los dos con la tradición anarquista. Si bien Benjamin después va hacia el marxismo, vía Bertold Brecth, y se vincula con los rusos y demás, hay en el origen y en la formación de ellos dos, un vínculo con la tradición anarquista. Scholem es el más anarquista de los dos, él se define como un anarquista teocrático, casi un oxímoron, ¿no? Pero él piensa a un dios negativo, ausente y no al omnipresente y al de la ley. Piensa que, junto al anonadamiento de la ley, también hay una suerte de retiro de lo que los cabalistas llaman el Ein Sof, el infinito que está más allá del infinito. Donde no hay ley, ese dios opera como alguien que abre la posibilidad.

 SER Y NO SER, ESE ES EL DILEMA

 “El aura es la manifestación irrepetible de una lejanía por cercana que pueda estar”, Walter Benjamin, “El arte en la era de la reproductibilidad técnica”

El oxímoron también es una figura con la que insistís…

Porque  es una palabra que tiene un contenido muy vital y puede jugar con los límites del pensamiento lógico. El oxímoron pone en cuestión el principio de contradicción, de lo tercero excluido, incluso el de la identidad porque dice que “ser” y “no ser”, en verdad, pueden configurarse en la misma experiencia. Se trata de poder descifrar ese vínculo. La idea del oxímoron pone también en juego la complejidad del existir.

Heliografía, Ferrari.
Heliografía, Ferrari.

En una sola palabra tanto concepto… Recién hablabas de polisemia. ¿Cómo vinculás eso con lo poético?

Para mí lo poético es en la escritura algo que, en un punto, tiene que ver con lo corporal. Es una firma. Por eso, en algún lugar, me detengo en una crítica del paper, del texto académico sin huellas, sin historia y sin genealogía, el texto formateado en función de una pragmática. Me identifico con la tradición del ensayo, que incluye la experimentación y un tipo de escritura que no es la del sistema o la que busca construir una terminología de una disciplina sino que también es trans- fuga de lo disciplinario, que utiliza la dimensión estética, la cuestión literaria, la metáfora. Benjamin proponía que el lenguaje  fuera también algo que pusiera en juego la relación forma-contenido. Nietzsche ya había propuesto la no separación entre forma y contenido. Entonces, un estilo no es simplemente una cobertura o un velo o un maquillaje. Es una idea misma del mundo, con cuidado de no caer en el esteticismo, un peligro cierto que también aparece.

¿Hasta dónde te permitís el lenguaje poético y la metáfora en el ensayo?

En los últimos años transité una escritura más política, que no había sido propia de otras etapas de mi vida. De todas maneras, traté de que no estuviese ausente la tradición del ensayo filosófico, la crítica cultural, pero son textos que tienen públicos diversos. Obviamente, hay un lector para Benjamin y el misticismo judío y otro para textos sobre kirchnerismo y populismo. Yo traté de encontrar el tono, de no traicionar lo que para mí sigue siendo un leitmotiv, que es una frase de Adorno: “el autor atento con el lector es el que no le ahorra dificultades”. El que reconoce la inteligencia del lector. No hay, entonces, una línea que vaya en forma directa a una respuesta, porque la sociedad es compleja y la política un lugar extremadamente opaco. De la misma manera, la pregunta por la técnica o la cuestión de la revolución o la travesía del sujeto en la Modernidad no admiten una respuesta unilateral o transparente, más bien todo lo contrario. Y creo que la escritura tiene que hacer, al menos, el esfuerzo de acompañar esa complejidad sin que esta sea un obstáculo, una oscuridad que no te permita transmitir absolutamente nada.

Es un límite bastante difuso, ¿no?

 Sí. Por eso lo que yo puedo escribir nunca va a ser un best seller. Va a localizarse en un público con el que hay complicidades. Puede ser que haya algunos textos más accesibles. Pero no creo ser una persona que escribe con jerga u oscuro.

Niebla, Caspar David Friedrich.
Niebla, Caspar David Friedrich.

¿Qué potencia le agrega la imagen a un texto que está desarrollando ideas?

 En un libro que escribí en los ’90 y que tiene que ver con lo judío, “El exilio de la palabra”, hay un texto que está construido sobre una reflexión de Massimo Cacciari acerca de Edmond Jàbés, el poeta egipcio judío. Allí yo contrapongo las tradiciones  judía y la cristiana, que han disputado en Occidente la tradición de la palabra, del texto, de la letra y la tradición de la iconografía, de la imagen. Y digo que, en la tradición del nombre y de la letra (judía),hay siempre un más allá. Por su parte,en la tradición de la imagen, opera más un encerrar, un totalizar lo que se quiere decir. Será por eso que, cuando uno trabaja solamente con la escritura, esta tiene que mostrar que, de vez en cuando, es capaz de ir más allá de ciertos límites. Un ejemplo: en la tradición filosófica, Platón- el constructor del concepto como núcleo de la argumentación filosófica- utilizó recurrentemente el dispositivo mítico. Desde el mito de la caverna en “La República” hasta las diversas narraciones míticas en “El banquete”,  Platón está lleno de literatura. No sólo porque su escritura es literaria o es una dramaturgia, sino que también está la utilización recurrente del supuesto antagonista del discurso conceptual, el discurso mítico. Esto es muy interesante y pone también en discusión la supuesta coherencia cerrada sobre sí misma del pensamiento filosófico. Me parece que, en esa línea, siempre me sentí más platónico que aristotélico. Aristóteles es como un archivista del universo. El constructor de un discurso organizado de acuerdo a una taxonomía casi perfecta. En cambio, Platón, que también construye conceptos, lo hace apropiándose de otros recursos. Creo que el ensayo se siente más a gusto con Platón que con Aristóteles, más a gusto con Hegel que con Kant, siendo que Aristóteles y Kant son fundamentales también.

Y la imagen hecha con las palabras. Decís “Cuando esos vientos huracanados que venían del paraíso terminaron de hacer su trabajo de demolición” o “pensar en el interior del surco construido por Nietzsche”.

Me parece que ahí está el plus literario que, en mi caso, viene de Benjamin, de Nietzsche, de los filósofos que abordaron su mundo de ideas, utilizando permanentemente recursos literarios y, claro, recursos de la poesía y la narrativa leídas a lo largo de la vida. Estoy convencido: lo poético, lo artístico, la creación ligada -sobre todo- a la dimensión estética tiene una potencia explicativa o de ampliación del enigma o de anticipación. Y el lenguaje de las ciencias sociales o el lenguaje técnico de la filosofía no alcanzan a eso. Me parece que Benjamin es muy claro cuando, pensando en Baudelaire, en Dostoievski, en Kafka, dice que el poeta tiene una potencia anticipatoria. Yo creo en eso. Hay una reflexión de Baudelaire sobre la mercancía que tiene una profundidad increíble, allí donde, antes incluso que Marx, la define como una máquina de seducción del sujeto, como una luz titilante que llama al consumo y define la relación de los hombres con el mundo. Esa imagen que vos traías está tomada de la Tesis Novena, de “Las Tesis de Filosofía de la historia.” Es una imagen que Benjamin está pensando cuando ve el Angelus Novus, de Klee. La imagen y la metáfora literaria tienen eso, misterio…

Ángelus Novus,  Paul Klee.
Ángelus Novus, Paul Klee.

ESTRECHO Y ESCABROSO CAMINO

            “Y el camino va, a través de los pequeños, a los más intensos sueños soñados en vigilia, a través (…) de las quimeras cambiantes hacia aquellos que no han llegado a ser aún y que son necesarios”. Ernst Bloch, “El principio esperanza”

¿Potencia el lenguaje poético al político?

Totalmente. Hay una cuestión clave: Si la política es sólo un discurso reducido a lo conceptual y a lo racional, un discurso lineal y programático, se convierte en una acción burocrática. Si la política quiere aspirar a lo emancipatorio, tiene que ser capaz de utilizar los recursos de la poesía, de la visión utópica, de la metáfora, la alegoría… Tiene que tocar lo afectivo y lo mítico. Hay un peligro, porque quienes mejor utilizaron esos recursos fueron los fascistas. En algún lugar yo cito una reflexión muy interesante de Ernst Bloch. Dentro de la tradición de los filósofos de la izquierda de la primera mitad del siglo XX, probablemente  fue el que más incorporó la dimensión utópica, alegórica, la dimensión del lenguaje que asociaba la revolución con la redención y lo mesiánico. Él introdujo el expresionismo en su lengua marxista. Bloch cuenta una experiencia que tuvo en la Berlín del tiempo inmediatamente anterior a la llegada de Hitler al poder, cuando presenció un acto en el que se sucedían oradores de distintas tradiciones políticas frente a una multitud. Estaba el social demócrata, el liberal, el comunista y el nacional socialista. Dice que, mientras el liberal y el social demócrata le hablaban a la multitud con la lengua muerta de las cifras y los conceptos, le hablaban de una política sin carne y sin sangre, el comunista salió un poco de eso. Pero el único que apeló a la sensibilidad, al sueño y a lo mítico fue el nazi. Entonces, la conclusión que saca Bloch es que tenemos la obligación de expropiarle esos recursos a la derecha. A mí me parece que algo de eso hay. Las tradiciones del populismo latinoamericano se asocian a eso. Una figura como Chávez es arquetípica de esas mezclas donde, en un mismo discurso, puede meter una cita erudita y cantar un bolero y no suela mal. Hay un collage valioso ahí. Siempre se camina por un desfiladero angosto, ¿no?

¿Hay una decisión de argumentar con una total falta de vuelo en lo que se llama el “debate político” actual?

Es probable. Me parece que la única voz que hace de la política una cierta densidad, en el contexto argentino, es la de Cristina. El resto son voces cínicas o vacías que carecen de intensidad, de envergadura, de inteligencia incluso. Hay una pobreza enorme que se replica en la apropiación que hace la tele de la lengua política para transformarla en un vaudeville, en una cosa grotesca, sensacionalista, chicanera. Creo que lo mejor de la experiencia del kirchnerismo en estos años fue tratar de sacar a la política de ese mapa terrible. Por eso, en mi último libro, dedico toda la primera parte a tratar de desentrañar lo que para mí ha significado el nombre del kirchnerismo, nombre que uso ex profeso. Y hay allí un eco de la potencia del nombre. No solamente es algo que describe la realidad, sino que instituye sentido. Es una representación en el sentido genuino del concepto, que proyecta.

Hablás del kirchnerismo como un imán que atrae escrituras, relatos… ¿Y ahora qué? ¿Habría que usar otro imán o buscar escrituras que atraigan a un nombre?

Por suerte, hay algo que no depende de la subjetividad individual o colectiva, pero que sí modifica a la subjetividad y tiene que ver con la materialidad histórica. Cuando la realidad es sofocante, uno queda a veces sofocado dentro de la historia y no puede ver sino aquello que emana de esa misma realidad. Los noventa tuvieron algo de eso. Momentos no sólo de crisis, sino también de gran derrota de las tradiciones emancipatorias que venían de antes. Uno puede construir un ciclo, que en Argentina tiene una fecha fatídica -marzo del ’76-, y cierra una posibilidad de discusión que ya venía dándose en las tradiciones de izquierda y se profundiza a nivel global en las últimas décadas del siglo pasado. Pero la década del noventa, la del reinado más puro y potente del neoliberalismo, tiene como una de sus consecuencias cierta parálisis del pensamiento alternativo, la capacidad del sistema de absorber la crítica. Este era un tema muy recurrente en las conversaciones del grupo de la revista “Confines”. En las reflexiones de Nicolás Casullo, la tragedia de nuestra época era que el sistema había logrado capturar a sus propios críticos y había convertido a la crítica en una mercancía, en una renta funcional al capitalismo neoliberal. A su vez, había producido una escisión entre el lenguaje de la crítica cultural o filosófica y lo que podía ser la acción política. Algo imposible de modificar por esta sensación de inexorabilidad que estaba presente. Si bien no creíamos en el discurso de Fukuyama del fin de la historia y la muerte de las ideologías, el clima de época estaba muy saturado por esta sensación de no poder encontrar los pasajes entre la crítica del discurso filosófico y la política. Me parece que eso se liberó, en parte, a partir de 2001 y, claramente, a partir de 2008. Aunque, desde antes, con los procesos de Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia junto con el de Argentina, había comenzado la sensación de estar viviendo una experiencia histórica a contrapelo de la hegemonía global que representaba la idea del fin de la política como acción transformadora. Esa reinstalación de la historia como movimiento, a muchos de nosotros nos perturbó en términos de pensar, motorizó esto y lo colocó en una nueva dimensión.

BYE, BYE, EUROPA

            “¡Yo! ¡Yo que me titulara ángel o mago, que me dispensé de toda moral, soy devuelto a la tierra, con un deber que perseguir y la rugosa realidad para estrechar!” “Adiós”, Arthur Rimbaud,

¿Qué posibilidades hay o cuánto se puede salir del estado de estupor, a partir de los lenguajes del arte?

Eso tiene que ver con muchas discusiones casi fantasmales con Nicolás Casullo en el final de la década del ochenta. Situémonos en la Argentina de la desilusión alfonsinista, del post Semana Santa, el momento en que la ilusión democrática queda puesta en cuestión, la Argentina que iba hacia la crisis, al estallido hiperinflacionario. La transición democrática había tenido algunas promesas importantes, el debate modernidad-posmodernidad, la discusión que en nuestras costas se derrama fuertemente, en torno a la cuestión democrática, el debate que venía de antes, relacionado con el post estructuralismo, Foucault, Derrida, la crisis del marxismo… Todo eso que implicó también una cuestión política, porque fue la época en que muchos de quienes habían participado activamente en los años de la revolución devinieron hacia miradas socialdemócratas o liberal-democráticas o hicieron de la reflexión sobre lo democrático el centro de su camino intelectual y político: la creación del Club de Cultura Socialista, la fusión del grupo “Punto de Vista”- Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano- con el grupo del exilio en México -Aricó, Juan Carlos Pontantiero, De Ipola-, o el grupo “Unidos”, encabezado por el Chacho Álvarez. Todos esos mundos que venían o del marxismo o de la izquierda peronista y que habían atravesado la dictadura y el exilio se instalaron en la década del ochenta y en la transición democrática, cambiados, producto obviamente de una profunda crisis del ideal transformador: esto que Nicolás va a llamar “la revolución como pasado”. Eso significó que la percepción de la época fue mutando. Yo creo que ahí se produce una separación. Hay un núcleo fuerte que es el que yo luego tematizo cuando pienso lo que llamo el progresismo reaccionario, el que queda pegado a una reducción liberal-republicana de la democracia y que, frente a la crisis de los dispositivos emancipatorios y revolucionarios, opta por el liberal capitalismo y cierra el expediente de la historia como tragedia. Así acepta que hemos llegado a un tiempo en el que no hay que mover más lo monstruoso que se esconde en la historia. Hay un pequeño grupo que termina creando la revista “Confines”, y otros amigos en Córdoba (el que edita la revista “Nombres” –Oscar del Barco, Diego Tatián, Gustavo Cosacov-) con los que compartíamos la sensación de desagrado y desacuerdo con esa canalización de una tradición crítica a ser mera compañía de la liberalización del mundo. No veíamos la globalización como una etapa a festejar, sino todo lo contrario. Pero, al mismo tiempo, reconocíamos que decir “todo lo contrario” no nos ofrecía las herramientas para una crítica en el sentido de la famosa 11° tesis sobre Feuerbach de Marx: “Hasta ahora los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Veíamos que ahí había una escisión medio imposible de modificar. Por eso ayudaba la reflexión de Adorno que planteaba que la tradición revolucionaria o marxista se había excedido en su metáfora transformadora y que, atrapada en ese pragmatismo, no había logrado comprender y construir una contemplación crítica del mundo. Creo que ese final de los ochenta y los noventa constituye nuestra etapa contemplativa. Ahí el romanticismo tiene una influencia muy grande. Nuestro descubrimiento de la primera generación de románticos y la relación con lo que se llamó el neo romanticismo de principios del siglo XX: los pensadores tanto en la tradición de una izquierda neo romántica- Bloch, Benjamin, la primera escuela de Frankfurt- como los pensadores de la derecha: Schmitt, Heidegger, etcétera. Pero, previamente la lectura de Hölderlin, de Novalis, la crítica romántica a la Revolución Francesa, también los pintores: Friedrich en la tradición alemana y Turner en la británica. También la tradición inglesa -Keats, Coleridge- Leopardi, en Italia. Y, en mis años de adolescencia, dos libros claves de un mismo autor: “La Montaña mágica” y “Doctor Faustus”, de Tomas Mann. Ahí está para mí la clave de toda la crisis de la cultura moderna. En esos tiempos, con Nicolás, con Alejandro Kaufman y con Matías Bruera hacíamos “Confines” y nuestro viaje fue a hurgar en la tradición de la crítica negativa europea para, a finales de los ’90, despedirnos de Europa. Incluso, un número hecho a fines de 1999 y que salió en el 2000, lo dedicamos a despedirnos de Europa. De alguna manera, la visión neo romántica en el sentido más pleno del término, la de la filosofía crítico negativa, la lectura de Kafka, creo que nos salvó de la ilusión democrático liberal y nos puso en un lugar como de outsiders. Porque todas las lecturas a las que les prestábamos atención nos llevaban hacia ciertos registros anacrónicos para la época (en más de una ocasión, defiendo el anacronismo como una crítica del presente también) y a la preocupación por la religión que, en Nicolás, tenía que ver con su formación en una familia metodista, lectores muy atentos de la Biblia. Él tiene una novela extraordinaria, “El frutero de los ojos radiantes”, que pinta el universo de su abuelo que va del anarquismo a convertirse en pastor metodista. Con Nicolás discutíamos mucho. Yo, desde mi tradición,.. -¿cómo llamarla?- judía atea, que no es un oxímoron, pero es algo difícil de explicar: se puede ser judío y no creer en dios y al mismo tiempo discutir con dios. Me parece un altercado lógico. Eso se da en las novelas de  Bashevis Singer, por ejemplo. Todas estas cuestiones de la poética neo-romántica, la cuestión de lo mesiánico, lo religioso, el pensamiento redencional, la teología negativa y demás nos permitieron a nosotros guardar, como si fuera un cofre, tradiciones que, si bien estaban fuera de tiempo, tienen la capacidad de regresar sin que nadie las convoque. Son convocadas por la propia crisis de la época.

No nos fue difícil, entonces, reencontrarnos con América Latina. Y esto también bajo un principio: el nacionalismo, en su forma de revisionismo histórico, siempre me pareció de cuarta. Tuve siempre suspicacias frente a un discurso negador de la riqueza cosmopolita. Fui siempre muy borgeano en el sentido de que no se puede escribir sino desde el Río de la Plata, pero sobre el universo. Creo que lo que nos diferenció es que pudimos recuperar la tradición del populismo latinoamericano desde una mirada cosmopolita, vinculada con nuestra travesía por el pensamiento europeo y en el caso de Nicolás y el mío, por haber vivido en México además, que es toda una historia y tiene una impregnación particular.

¿En el exilio?

Pasé unos años allá y he ido a enseñar, recurrentemente, en los últimos veinte años. Eso me permitió también repensar la idea de lo nacional, lejos de un internacionalismo naïf, y comprender que lo nacional, en un contexto histórico, puede ser reaccionario y, en otro contexto, puede volverse crítico, revulsivo, revolucionario. De la misma manera, la figura del Estado-Nación, cuya extinción había sido decretada a fines del siglo pasado, hoy aparece como una provocación dentro de la globalización neoliberal. En este proceso, el arte tiene fuerza y una capacidad liberadora, porque pone en evidencia lo que falla, lo incompleto. No habría arte si nuestra relación con el mundo, la vida y los sentimientos fuese transparente. El arte es siempre el territorio de la opacidad, de la diversidad y las contradicciones. Por eso, en la época en que estaba más metido con la genealogía de la modernidad, me interesó mucho indagar la modernidad del siglo XVIII, a través de Goya, de Piranesi, o de obras como de las que charlábamos hace un rato.

Dos viejos comiendo, Goya.
Dos viejos comiendo, Goya.

 LA INFANCIA TRASMUTADA Y LAS CIUDADES DE PAPEL

                                   “No hay orden, ilación ni progresión regular -nada en realidad más que manchas o parches brillantemente iluminados, percibidos clara pero pasajeramente en medio de un vasto y oscuro paisaje mental.”, “Allá lejos y hace tiempo”, Guillermo Enrique Hudson

 ¿Escribís poesía?

No escribo poesía. Alguna vez lo intenté, pero me di cuenta que no es lo mío…Ahora estoy escribiendo -está casi terminado- un libro que me acompaña desde hace muchos años. Se llama  “Huellas que regresan”, ensayos sobre la naturaleza, la infancia, los libros, la memoria y los viajes. Tiene dos partes: la primera está formada por una serie de ensayos que tienen en común a la naturaleza y sus mil hilos con esas otras dimensiones. La segunda, más bien son reflexiones nacidas de experiencias biográficas o de ciertas lecturas.

Tu libro se llama “Huellas que regresan”… Las huellas y las filigranas son también figuras que aparecen mucho en tu escritura.

Filigrana es una técnica. Lo más parecido al barroco que el criollo puede haber inventado. Tiene que ver con lo que se envuelve, con lo torcido… En cambio, a la huella la pienso como a una dimensión donde se mezclan los recuerdos, lo lírico, la fabulación, la realidad, las marcas… Huella y marca tienen un cierto intercambio.

¿Y están vinculadas con lectura o con la escritura?

Yo no puedo discernir demasiado qué es del orden de la lectura y qué es del orden de la experiencia. En algún lugar digo que todavía me pasa que, cuando salgo hacia los alrededores de Buenos Aires en auto, entro en otro paisaje y mi mirada es la de los ojos de un niño que leyó “Allá lejos y hace tiempo”, de Hudson. En realidad, son los ojos de Hudson: los ojos de un anciano que escribía sobre los recuerdos de sus ojos de niño que penetran en los ojos de otro niño, cincuenta años después, para ver la pampa. Entonces, ¿cuál es la pampa verdadera?, ¿la pampa del recuerdo? Para mí, sí. También pasa con las ciudades. Generalmente, uno las visitó primero a través de la literatura. Para mí, Londres es la de Conan Doyle, la de Dickens… Después la vi y vi la misma u otra. Y así con muchos otros lugares: Praga, después de haber leído a Kafka. O Bahía, soñada a través de la escritura de Jorge Amado en libros como “Capitanes de la arena” o “Doña Flor y sus dos maridos”. Nunca tuve una decepción tan grande como cuando conocí Bahía.

El otro día entrevistamos a Eduardo Berti y él decía que no empieza a viajar si no es con la escritura.

Está bueno eso. Hay algo absolutamente decisivo para mí, las lecturas de la infancia. Soy nostálgico, pero de una nostalgia, en un punto, festiva. Me gusta ir a la infancia, ir a mis barrios de aquel entonces. Para mí, haber leído a los diez años “Huckleberry Finn” fue un regalo de los dioses. Quien no lo leyó no sabe lo que se pierde.  En la infancia sos parte de lo que estás leyendo y te marca, te define y te estructura como una persona con valores y fantasías. Y, junto con eso, todo lo otro de la infancia, la amistad, el juego, el gesto antiburgués como la define Benjamin. El cine me gusta, pero nunca pongo una película en el mismo orden que un texto poético o que una novela o un texto filosófico.

FISURA EN  ESPEJO NEGRO

“El allá es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendrá.”, “Las ciudades invisibles”, Ítalo Calvino

¿Y cómo pensás el sujeto que producirán estos tiempos líquidos?

Es complicado. Sigo siendo adorniano… Soy un pesimista civilizatorio y no creo en las promesas a cumplirse en términos de causalidad progresista. Quizás sí, en términos de enigma. Creo que hay que poder encontrar en la contingencia el punto de ruptura. El escenario contemporáneo es horrible. Hay una serie muy en boga, “Black Mirror”, en que los tipos lograron trasladar la acción diez o veinte años para adelante, una diferencia temporal de casi nada, con las tecnologías un poquito más refinadas pero las mismas que ahora, y la descripción es de una negrura y de un nihilismo tremendo. Ahí hay algo para discutir. Yo reivindico una tradición crítico pesimista. Me parece que hay que tener cuidado con un pesimismo que se devora a sí mismo, que solamente ofrece la oscuridad y termina siendo funcional al sistema. Hay un -digamos- crítico cultural muy ingenioso, Byung-Chul Han, coreano alemán y gran ladrón de Heidegger, Adorno, Foucault y otros, que tiene una serie de libritos donde analiza al sujeto contemporáneo como aquel que es prisionero de su propia libertad. La exigencia de su híper libertad lo convierte en una suerte de esclavo que va gozosamente hacia una servidumbre voluntaria. Eso está en muchos otros ya. Él vive en Alemania hace mucho tiempo y está pensando en sociedades donde el conflicto lo tiene el individuo opulento que gerencia su propia vida. Habría que incorporar ahí la dimensión de los mil millones de seres humanos que no pueden gerenciar su propia hambre o los otros miles que viven malamente en la perifería del mundo del consumo. Por eso, hay que tener cuidado con un rasgo de la crítica que termina nutriendo al propio sistema y al discurso dominante. Incluso, vean la capacidad del capitalismo de apropiarse de elementos de la contracultura de los ’60 para convertirlos en parte de su propio despliegue. Creo que es importante poner en discusión eso, pero con el cuidado de no reducir la representación de lo que está sucediendo a una metáfora de jaula de hierro, porque ya no salís más, ¡ya ni vale la pena escribir! Lo que sucedió en nuestros países en estos años permitió romper, en un punto, con ese pesimismo asfixiante. Sin garantías, claro. Yo parto de la premisa de que no hay garantías, de que lo único que se repite benjaminianamente en la historia es la barbarie, pero siempre hay como núcleos de ruptura, de descomposición. Es más, creo que se puede leer el Brexit o el triunfo de Trump como un peligro, sin ninguna duda, aunque también como parte de una crisis de un sistema. Un síntoma de una disrupción. Creo que una cosa es la hegemonía del neoliberalismo, sustentada en un deseo socialmente habilitado de entrar gozosamente al hiperconsumo, y otra cosa es la expresión de una parte de esa sociedad como malestar frente al neoliberalismo, aunque ese voto sea hoy capturado por la extrema derecha que ha sabido apropiarse de lo que antes era el discurso del progresismo: reconstruir los derechos, el trabajo, el mercado interno, etc.

Hablabas de este pesimismo cerrado, sin fisuras. Escribiste en un libro que, en sus inicios, la tradición ensayística nace de una fisura del discurso oficial. Y, en otro, que Kirchner aprovechó la pequeña fisura en el mundo de la dominación. En épocas como esta, donde hay que proveer nuevos recursos del lenguaje, ¿cuál es el vínculo entre el trabajo del ensayista anómalo y el del político anómalo?

Tengo la sensación de no haber elegido. Las cosas fueron aconteciendo. Yo no imaginaba la intensidad, la vorágine, la complejidad de estos tiempos ni mi relación con la política en esta forma corporal. Una cosa era la militancia política en los años de la adolescencia y la primera juventud, atravesada por toda una experiencia generacional y por el mito de la revolución. Otra, después del desierto post dictatorial y del repliegue hacia el mundo de la crítica cultural o el mundo universitario, que implicaba la visión de una imposibilidad, donde la política no era “el lugar para”. Y otra cosa más fue volver a sentir la pasión, el entusiasmo de la política. Eso tiene que ver con los descubrimientos que uno puede hacer sólo cuando algo se mueve, con las sorpresas que guarda el propio movimiento de la realidad, que a veces es infinitesimal y a veces mucho más impactante. Tiene que ver con las empatías, con las amistades. Son muchas cosas que se combinan. Yo vi que mi involucramiento fue creciendo en estos años. Salvo la experiencia de Carta Abierta, que es como rara porque no es una organización política ni hay allí una militancia orgánica, lo que hice fue intervenir a través de algo que implicaba un desafío: los medios. En el grupo que habíamos constituido con la revista “Confines” éramos extremadamente críticos del universo de los medios de comunicación y del aplanamiento del pensamiento que ellos generan. Siempre fui consciente de que hay un límite irrebasable: no hay un antagonista libertario de la televisión dentro del mismo formato. No existe. No es un problema simplemente de uso, se trata de la esencia del mundo audiovisual, de la sociedad del espectáculo, del universo comunicacional. Entonces, era un gran desafío entrar a un registro del que siempre habíamos tomado distancias, con todos los riesgos que eso significa y también con cierta cosa extraña: que todo un camino recorrido puede quedar aplanado por la fama de quince segundos en televisión. Es algo muy impresionante que incluso te hace sentir momentos de bronca. ¿Cómo?, ¿y todo lo que uno hizo hasta ahora sólo vale si digo dos o tres boludeces en la televisión? Eso es muy perverso también, pero ahí se mezcló con la necesidad de asumir un compromiso -una palabra medio anacrónica pero muy valiosa-. Sentir que algo que me entusiasmaba estaba pasando y no podía correrme de eso. Viví experiencias extraordinarias. En estos años recorrí la Argentina entera como diez veces para dar charlas, juntarme con compañeros. Una cosa era, en los años ochenta y noventa la experiencia universitaria o cultural. En Argentina, hemos cultivado durante mucho tiempo lo para-universitario justamente por la fragilidad del mundo universitario: los grupos de estudio y demás. Yo participé en las distintas esferas del mundo psi dando conferencias y seminarios y también en el mundo judío que ha tenido en una época una dimensión cultural interesante… Pero no es lo mismo eso que estar en Tilcara o en Humahuaca para dar una charla o juntarte con los compañeros de un pueblito misionero. Eso era otra práctica y siempre me di cuenta de que nunca fue muy diferente cómo di las clases a lo largo de toda mi vida a cómo hablé en términos políticos. No creo que haya incompatibilidad entre el discurso político que está ahí en el día a día y el de la reflexión más teórica o más filosófica. Tienen que estar mezclados, aunque sean narrativas que tienen distintas características.

 HASTA LO VELADO, ¡SIEMPRE!

Qué, pues, todo ello y lo demás, /  si tú no sabes y no podrías saber, por otra parte, de las milicias de la ceniza, /  ni de una sociedad de sílabas /  ni de una codicia de millas… /  ni menos de los intercesores de los últimos, / como tampoco de la caballería que se atreviera a rescatar/ el sol… de las neblinas”, “Al Paraná”, Juan L. Ortiz

En  lo que leímos y en lo que escuchamos ahora, hay algo que parece constante y es la presencia de lo que a veces llamás “lo no conceptual,” “lo indecible”. ¿Aparece en todas estas experiencias extra literarias también?

Sí, por supuesto. He tenido experiencias de una intensidad emotiva única. Y también porque siempre hay algo más, un plus. La política tiene un problema, su núcleo narrativo tiene una dimensión proposicional muy fuerte, mientras que la tradición ensayística, crítica, filosófica se mueve siempre poniendo en cuestión la proposicional, introduce lo negativo, lo ambiguo, lo incompleto. Entonces, no me interesa la política como el lugar de cierre o totalización. Me interesa la política porque me confronta con algo del orden de lo mezclado, lo ambiguo, lo embarrado, lo mestizo. Mirá, yo no tengo un gran oído musical, pero no me cabe la menor duda: la música te conecta con una dimensión a la que el lenguaje roza pero no llega. Lo mismo podríamos decir, en parte, con la obra plástica. En la literatura, salvo en los poetas extraordinarios, el novelista necesita extenuar el lenguaje con diversos mecanismos para poder narrar un sentimiento y, en un poema, quizás una palabra reemplaza cien páginas. Hay poetas que hicieron de esa experiencia un desgarramiento, Beckett, por ejemplo, o Celan, que transformó a su experiencia lingüística en un fin del lenguaje, porque el lenguaje era testimonio de la muerte. Después tenemos a Juan L. Ortiz, un poeta de la exuberancia, del paisaje, del río, de la belleza. En la tradición novelística, hay un autor del barroco latinoamericano que a mí me encanta, aunque a mucha gente le produce urticaria, y es Carpentier, una página de “Los pasos perdidos guarda toda la poesía de la selva amazónica pero también de las honduras del alma humana.

Todos los autores que estás nombrando son muy paisajísticos. Son como pintores…

A ver, Kafka ha sido un autor muy importante en mi vida, pero yo no soy kafkiano en el uso del lenguaje. Saer me encanta. De los escritores contemporáneos argentinos, es mi favorito. Claro que me importan los paisajes. En este libro que estoy por sacar le dedico un capítulo a qué me impactó cuando llegué por primera vez a México: la luz, ese sol mejicano, la luminosidad y los colores que suspende esa luminosidad.

 ¿Qué es para vos el lado B?

En general el lado B era el más importante en los discos de vinilo. El lado B puede ser también a veces como la verdad, aquello que no se dice en el discurso de presentación… Me gusta también la idea del “en vez” o el tema de lo velado y, en un punto,  el lado B como  la crítica de una forma dogmática de concebir la ideología. Porque la ideología, en términos de un cierto marxismo más escolástico, es aquello que está velado. Lo hacen pero no lo saben, decía Marx. Y después está la otra cuestión. No es solamente lo que está velado, el engaño, la ficción, sino que también en lo velado está la verdad.

foto grupal




LA BIBLIOTECA ERRANTE

El Lado B: Entrevista a Luis Bruchstein.

  Entrevista y edición: Gabriela Stoppelman

   Fotografía: Santiago Resnik

                                               “El viaje lo trajimos lo mejor que se pudo. De todas las mariposas de alfalfa que nos siguieron desde Mansilla, la última se rezagó en Desvío Clé. Nos acompañamos ese trecho, ella con el volar y yo con la mirada. Venía con las alas de amarillo adiós, y, de tanto agitarse contra el aire, ya no alegraba una mariposa sino que una fuente ardía. Y corrió todavía con las alas de echar el resto: una mirada también ardiendo paralela al no puedo más en el costado de tren que siguió. La gallina que me diste la compartí con Rosa, ella me dio budín. En tren es casi lo mismo que andar en mancarrón. Los que tocaban guitarra cuando me despedías vinieron alegres hasta Buenos Aires. Casi a mediodía entró el guarda con paso de “aquí van a suceder cosas”, y hubo que ocultar a cuanta cotorra o pollo vivo inocente de Dios se estaba alimentando. En el ferry fue tan lindo mirar el agua. ¿Y sabes?, no supe que estaba triste hasta que me pidieron que cantara.” “Cartas para que la alegría”, Arnaldo Calveyra.

lustración de Selçuk Demirel.
lustración de Selçuk Demirel.

Va una vez al hueco y otra vez al lomo. Entre la falta y el presente, erra. Pocas veces acierta lo que busca. Pero, en los desvíos, la mirada encuentra. De pronto, se apura en el juego de no conceder al reclamo del único libro inclinado de la fila.  Y, de pronto, se alía a la mano inquieta. La mano entonces sigue la sombra que la última búsqueda  dejó derramada al borde de un estante. Y casi no elige, manotea sobre las huellas, con tal de aportar una marca para el que siga. Así, el lector errante deambula las ausencias como un tesoro. Cuando  por fin cierra el día, se ilusiona con un sueño extenso, donde larguísimos tablones sostienen la noche de extremo a extremo. Es el momento en que entra en escena la voz cantante del libro sobre la mesa de luz. Ni bien el lector se duerme, anuncia el comienzo de la película. Es una especie de “Toy Story” con escenario de biblioteca. Primero, avanzan los atolondrados. Sin fijarse hacia dónde ni contra quiénes, apuran  sobre sus vecinos un derrumbe en cadena, que sólo se detiene en la punta del tablón. Justo ahí, un viejito prueba el equilibrio de sus fantasías en fuga: quiere volver  a esa librería de usados, de donde nunca debieron haberlo movido. El pobre melancólico lo sabe: vueltas con alta expectativa solo engendran bajones, pero igual se zambulle en el vacío de la noche. A ver, si  en alguna curva encuentra una línea, un camino a casa.  Muy cerca de la nostalgia, varios ejemplares se mueven con una discreción casi elegante. Algunos, porque guardan el tacto de gastados señaladores. Otros custodian el último trazo sin borronear de alguna anotación al margen. Y unos pocos privilegiados cuidan los delgadísimos restos de una flor marchita entre dos páginas. Y está ese grupete sin escrúpulos, meta apostar fragmentos enteros de texto, a ver quién adivina hacia dónde irá el deseo del lector a la mañana siguiente. Mientras el pobre tipo duerme, le corren la voluntad y las ganas como si fueran muebles. Pensar que el hombre va a despertarse, muy creído de elegir libremente sus lecturas, cuando una timba nocturna se  ha jugado todas sus predilecciones, sueño bien adentro.

Y vuelve la mañana. Va una vez al hueco y otra al lomo. Y se repite, siempre igual, salvo en los amaneceres turbios, horas exiliadas de la luz, donde el  ritmo de la historia clausura toda letra. Entonces, sí: atolondrados y nostálgicos, atesoradores y timberos olvidan todas sus diferencias y sellan la alianza. Buscan un espacio, pliegan tablón en bolsa, se amontonan en una boca del tiempo y salen a vagabundear. 

Cuentan los hombres de cielo abierto que, en noches amables, se  puede ver a las errantes reescribir la historia. De lomo en lomo. De falta en falta.

LOS NOMBRES NÓMADES DE LA MEMORIA

Hombrecitos, hermanos, entretenidos camaradas de especie, compañeros en esta despiporrada, transitoria aventura que llamamos vida, pasajeros fugaces de esta pelota efímera que pelotudamente gira y gira en el espacio. Hombrecitos, apenas una nada, una invisible cosquillita en el cosmos, apenas una copa de vidrio, una osamenta, un cachito de acrílico entre el polvo reseco de un planeta difunto que pelotudamente seguirá mañana girando y girando en el espacio (…) Hombrecitos, sí, pero de pronto generosa entrega, coraje, centelleos de hermosa piantadura, amor, prodigio, prodigiosa belleza o heroísmo. Monitos marchadores sí, pero de pronto hombres, semejantes a Dioses, pero de pronto Dioses.” “De Dioses, hombrecitos y policías”, Humberto Constantini

En el testimonio a  la Biblioteca, Chuchú (1) y Jarito (2) son  personajes que cobran mucha importancia. Pasado el tiempo, ¿qué lugar ocupan estas voces, estos encuentros poderosos a la hora de escribir?

Para mí la escritura tiene una importancia fundamental en todo. Bueno, hoy eso es casi una antigüedad, porque ahora está más presente el lenguaje de la imagen u otras formas de comunicación. Pero se da una cosa, quizás anacrónica: para mí la escritura pesa mucho, me gusta mucho leer, escribir, y siento a estas formas como más completas para expresarme. Vos dijiste Chuchú y Jarito. De Jarito, no llegué a ser muy amigo. Sin embargo, nos cruzábamos bastante. Mirá, cuando yo empecé a hacer periodismo, le tenía una admiración total a Rodolfo Walsh, me atraía mucho lo riguroso que era, desde el punto de vista estético y del contenido. Tenía un modo de trabajar muy completo  que no le retribuía fama ni demasiado dinero. Era un fuerte deseo de  él, una cuestión de conciencia. Y ponía toda esa capacidad en función de eso. Por eso, Rodolfo, incluso cuando no era conocido como ahora, siempre fue una referencia importante para mí. Pero vuelvo a Jarito. Cuando yo empecé a trabajar y a relacionarme con el mundo del periodismo, era chico. Lo que me atraía de Jarito era la creatividad que tenía  para generar proyectos de comunicación con mucha llegada. El primer trabajo profesional que tuve, y que me sirvió mucho como experiencia, fue en la revista “Gente”. Yo entraba a la revista cuando Jarito salía. Después, iba a las reuniones de la Agrupación, en el gremio, y Jarito se me venía al humo para decirme que teníamos que organizar algo en “Atlántida”, donde yo trabajaba. Y la verdad es que al sistema maléfico de la revista “Gente”- la fórmula tilinga, coloquial, pero que rompía mucho con las fórmulas anteriores-, en realidad, lo había inventado Jarito. Fue un proceso en el cual, al mismo tiempo, él iba tomando conciencia política. Era un tipo de una familia acomodada, jugaba al rugby…Cuando él se fue de “Gente”, con la plata que había sacado de ese trabajo, fundó “Nuevo Hombre”. No había una publicación de izquierda que tuviera esa llegada. Existían muchas revistas de izquierda, pero no trascendían más allá del grupito que las publicaba. Y, con “Nuevo Hombre”, Jarito generó una cosa muy periodística, con mucho sentido de la comunicación. Después se incorporó al equipo de “El Descamisado”, que era más un producto colectivo. Entonces, rescato de Jarito su capacidad creativa Y, de Rodolfo, el volumen impresionante de capacidad puesto en función de una cosa que no le generaba ni plata ni fama. Él era un tipo casi ascético, muy centrado en el lugar en el que se quería ubicar…

Autor desconocido.
Autor desconocido.

 

Al trabajar en un diario, ¿no extrañás esa posibilidad  de crear medios nuevos para lograr nuevas herramientas?

Cuando estás trabajando en periodismo, eso siempre es un tema… Lo de Jarito es un ejemplo para poner énfasis en algo que a mí me interesa de este oficio. Pero, en realidad, esa posibilidad de lo nuevo la tenés todo el tiempo. Y, si tenés conciencia de su importancia, mejor, lo vas a encontrar. Está presente en cada decisión que se toma, acá, en el diario. Un caso se dio cuando discutíamos con Ernesto (Tifenberg), lo podíamos enriquecer… Yo venía de hacer una publicación más de tipo cultural y política, que se llamaba “Lezama”, con muchos intelectuales que se habían juntado para participar allí. Así que mi idea era incorporar un suplemento con notas de fondo que un diario, por lo general, no tiene, por razones de espacio y de tiempo.Y Ernesto estaba más entusiasmado con la idea de hacer un suplemento de género, porque no había de eso en Argentina. Al final, se hicieron las dos cosas. Por un lado, salió el suplemento y, por otro, le agregamos ocho páginas al diario. Eso nos dio la posibilidad de incorporar notas de mucho más aire, donde varios, como Nicolás Casullo y Horacio González, escribieron ya con otra idea…

Cuando vos escribís, ¿ellos están presentes?

Totalmente. Yo aprendí mucho de Nicolás y de Horacio.

INTENSA  MENTE  VAGABUNDO

                               “Este hombre está ahora en el suelo; tiene inmediatamente, instantáneamente, la visión del ridículo antes que la percepción del dolor físico; eso explica la coloración sanguínea que se pintó en sus mejillas. El hombre siente ahora el escozor en la lesión. La breve intensidad del dolor ya desapareció, pero persiste en la región golpeada, un hormigueo intenso. El hombre se incorpora; tiene entre sus labios, a medio abrir, una blasfemia de arrabal; se sacude con las manos el polvo del traje y echa a caminar nuevamente”, Roberto Mariani, “Cuentos de oficina”

¿Cuál es la función de la escritura en la posibilidad de darles una voz a los muertos?

No me gusta. Los muertos tienen un lugar y los vivos tenemos otro lugar. No quiero ni hablar en nombre de los muertos ni decir que ellos harían hoy tal cosa, porque no sé lo que harían ellos.

No digo hablar en su nombre, sino darles una voz en la memoria.

En la memoria, sí. Durante mucho tiempo me resistí a decir que habían caído los mejores porque no quería hacer esa mistificación de la muerte. Eso era exactamente opuesto a lo que cualquiera de ellos que yo haya conocido hubiese hecho. Pero, en el fondo, sí lo pienso. Había una cuestión de mucho compromiso, de mucha entrega y eso, en aquellos momentos, era muy valorado.

¿Y con tu dolor?

Hay de todo. La escritura y el oficio a mí me ayudaron a digerir cosas bastante indigeribles. Toda la historia que hemos vivido en mi generación y en mi familia: mis hermanos, mi viejo, tantos amigos. Cada vez que escribo sobre eso, al mismo tiempo que trato de explicar algo al lector, también trato de explicármelo a mí mismo. Es casi un ejercicio de auto análisis permanente. Ese tema me resultaba muy difícil y, en un momento, preferí tomar distancia. Sobre todo, cuando empezaron a aparecer algunos arrepentidos a los que fui a hacerles entrevistas. Después, me quedaba veinte días con la espalda contracturada. Son muchas y muy fuertes las cosas que se desataban en esa situación de hablar con una persona que había estado en esos lugares, que había participado en eso… Yo no puedo perdonar a nadie, yo no soy Dios y no me pongo en ese lugar del perdón o el no perdón. No me corresponde. Entonces, esto me generaba mucho dolor y ahí decidí tomar distancia porque, en un momento, me trabó. Desde el punto de vista periodístico, no puedo plantear o hacer que otro entienda lo que yo no puedo entender. Creo que el oficio se va atando tanto y tanto a ese tema que te llena de ataduras en ese aspecto.

William Joyce y Brandon Oldenburg. Cuadro del corto Los fantásticos libros voladores del Sr. Morris Lessmore.
William Joyce y Brandon Oldenburg. Cuadro del corto Los fantásticos libros voladores del Sr. Morris Lessmore.

 

Y de liberaciones… ¿escribir no fisura un poco la atadura?

Sí, y también podría haber otras formas ¿no? Pero, por oficio, uno lo va atando al tema de la escritura.

 

De todas maneras, más que a escribir sobre el dolor me refería a cómo ayuda la escritura a transformar el dolor.

Cuando estaba afuera, pensaba que no volvíamos más, que los militares estaban instalados y que la sociedad argentina había asumido esa situación. Pensaba lo que sucedía acá, como una situación más parecida a lo que ocurrió en Chile. Pero, después de Malvinas, ya empecé a pensar en volver. Tenía perfectamente claro que no iba a volver al mismo país que había dejado, al de los lazos que uno había generado. Uno se enamora de cosas y de actitudes, de personas, de lugares… Yo sabía que todo eso ya no existía, que no iba a volver a ese país sino a otro. Sabía que debía empezar de cero: volver a participar en la política, que es mi territorio y mi idea de la vida y de la felicidad, y también en volver a trabajar en periodismo, que es lo que sé hacer. Pensaba que, en periodismo, iba a tener una inserción muy tangencial, porque estaba incinerado políticamente. En la teoría de los dos demonios, yo era un demonio muy malo. Igual, siempre me las rebuscaba con textos de divulgación científica, porque estudié Biología.

El gran tema que uno lee en todo lo que vos decís es el de la errancia. ¿Hay una escritura de la errancia? Quien va de un lado al otro también se lleva recursos y modalidades de lenguaje diferentes, ¿no?

Y además te destapa la cabeza. Uno no se da cuenta, a veces, de la importancia que tiene vivir en otros lugares. Dejás de ser referencia de todo y empezás a darte cuenta que muchas cosas circulan de otra forma. Hay una relación con la vida y con las cosas que te ilumina eso. Si uno lo sacara del contexto terrible de la dictadura y todo lo demás, a pesar de que pasé hambre, busqué trabajo, me separé de mi familia y de que extrañaba un montón, el tiempo que pasé afuera lo viví con una intensidad fuertísima. Aprendí, tuve amigos entrañables, me metí en situaciones que nunca hubiera quizás elegido, conocí gente impresionante…

PROVERBIO ERRANTE: NADIE NADA DOS VECES EN EL MISMO LIBRO

Boltanski.
Boltanski.

“La memoria de la ola/ flota dispersa en la costa baldía./escucha ahora, vagabundo acechante, entre el vino/ descolorido y la noche./¿Y quién puede dormir?/El zumbido no cesa en el salón de las moscas./(…) El lugar ha desaparecido./Nada más que esa gente alrededor de la olla/donde algo se cocina lentamente./ Inútil que tiendas tu plano,(…) La memoria de la ola:/el blanco esqueleto del pez/junto a la barca abandonada./ Lo que trae, lo que lleva/ lo que no llegó nunca.”, “Las nubes no retornan”, Enrique Molina

En todos esos movimientos que marcás, siempre reiterás la importancia de armar y desarmar la biblioteca.

Ehhh…A ver. La idea de posesión, por una cuestión ideológica, no la tenía ni la había cultivado. Yo me mudaba y no me llevaba nada, sólo lo imprescindible. Me acuerdo que, cuando me fui de México a Panamá, tenía una colección de “Los mitos de Cthulhu, muy difícil de conseguir. Y la regalé. Aparte, no me gusta leer dos veces el mismo libro. Cuando una historia pierde la sorpresa del relato, del transcurso, aunque me gusten mucho la estructura, el lenguaje y todas esas cosas, ya no me da para leerla dos veces. A veces, sí hojeo pedacitos que me gusta recordar.

En lo que escuchamos y leímos, vos te mostrás muy afectado, no cuando dejás los libros, sino cuando ves que se va llenando la biblioteca. Como si la biblioteca te dijera: “si yo crezco, vos te vas a quedar”.

Sí. Eso fue cuando volví de Panamá. Ya estaba muy peleado con Montoneros, era muy difícil… Uno le ponía a la militancia un proyecto de vida, no era solamente la afinidad política. Uno construía alrededor de eso porque eso era el motivo central de  la vida, de la felicidad, de los afectos, del conocimiento y de su aplicación….  En fin, un proyecto de vida no lo cambiás de la noche a la mañana. Era como una pared. Resultaba tan difícil ver que, detrás de esa pared, pudiera haber algo capaz de completarte con la misma plenitud que la militancia. Cuando volví de Panamá a México, tenía esa sensación. Se me complicó todo… Ahí tuve esa enfermedad, seis meses con una paratifoidea. Y también apareció la enfermedad de mi hija mayor, por la que me habían dicho que podría quedarse ciega. A eso sumale la certeza de que ya los desaparecidos no iban a aparecer, que los milicos se iban a quedar definitivamente. Una malaria terrible…

Vos condensás todo eso en la imagen de una biblioteca que se llena.

Cuando salí de eso fue como, no digo una terapia de sueño porque no fue tal. Pero estuve seis meses fuera de circulación. En ese tiempo me saqué de la cabeza ese peso impresionante que tenía todo lo que estaba pasando, más el agregado de sentir que, si era complicado pensar las consecuencias de que me pasara algo- ahí, en un país donde era extranjero, sin red de contención ni nada- peor era imaginar lo que le podía pasar a mis hijos… Pero, bueno, la enfermedad te obliga a aceptar las circunstancias en que estás. Eso fue como un blanqueo de cerebro muy grande. Me permitió tocar fondo y salir. Ahí lo llamé a Cacho- Humberto Constantini- con quien éramos más o menos amigos. En esa época  nos hicimos más amigos. Le dije de entrar al taller de cuentos. Salí de la enfermedad con ganas de hacer cosas, me conseguí un trabajo mejor y me pude mudar a un departamento más grande. Fue ahí donde, con unas tablas, me armé una biblioteca. Cuando estaba tranquilo, me sentaba y la observaba. Me había comprado un equipo de sonido, así que me ponía una música y me quedaba tranquilo, mientras miraba cómo iba creciendo la biblioteca. Ahora  tengo un e-book con diecisiete mil libros en un solo dispositivo. Ya no me quiero llevar libros a casa. Pero recuerdo muy bien aquel momento. Fue una sensación de cierta paz, justo después de haber tomado la decisión de quedarme a vivir allá. Y no tuve mucho tiempo de disfrutarlo, porque al toque vino Malvinas y todo eso y se volvió a desarmar.

 LOS FOGONEROS DE HERÁCLITO

Laura Lima, el mago desnudo.
Laura Lima, el mago desnudo.

“¿Y quién no posee un fuego, una muerte, /un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas/ aunque fuere con sonrisas
?”, Alejandra Pizarnik

Da la sensación de que la biblioteca fuera la casa.

Sí, totalmente. En ese tiempo, había una ONG que te daba un espacio grande para que pudieras traerte cosas. Yo me llevé la biblioteca. La metí en un container, me llegó como tres meses después porque la mandaban por barco.

O sea que hay objetos que, más allá de tu relación con la propiedad, a veces atesorás…

¡Ahora soy un propietario! Pero, cuando vine acá, de regreso, estuve dando vueltas, me costó bastante darme cuenta de todo eso que uno ni se imagina encontrar. Había amigos que tenían esa actitud de volver a no sé qué felicidad y se pegaban unos golpes contra la pared terribles. Rápidamente, te dabas cuenta de que, después de la dictadura, los modos de relación de los sectores populares, todos los códigos entre las personas, el tejido social, todo  estaba cambiado, roto. Por ejemplo, una amiga que era maestra, apenas regresó, se mandó a una zona bien popular a trabajar. Y se volvió loca, porque todos los códigos habían cambiado. Estuve ocho años afuera. Pensá que en ese tiempo la dictadura dio vuelta el país como a una media.

Vos marcás muchos casos en los que te impactan los cambios que se producen en poco tiempo. Lo marcás cuando salís de la colimba y después el 25 de mayo del ’73, cuando te mandan a  cubrir una nota  a Areco – porque eras molesto por tu filiación política- y, al volver, te encontrás con una ciudad modificada.

Es el río de Heráclito. A veces es cansador, pero no hay nada definitivo. Ni con un Macri de presidente, ni con esa sensación de que se te cayó la noche encima y está todo terminado, ni cuando  tenés una primavera camporista, como en aquel momento, que parecía la felicidad y te la cortan al toque. Entonces, hay que estar abierto a ese ritmo de cambios vertiginosos. Aunque hoy el género estrella es el periodismo de investigación -que es importante cuando se hace bien, como lo hace Horacio Verbitsky, no como el gordo Lanata, que es muy berreta, puras operaciones de los servicios de inteligencia-, yo no soy periodista de investigación. A mí siempre me interesó descubrir los fenómenos nuevos que se van generando en la sociedad. Después vendrá el sociólogo y hará una investigación más profunda de eso. Por ejemplo, me interesó mucho cuando se creó la CTA. Creo que fui de los primeros o el que más escribió sobre le asunto, cuando Víctor de Gennaro armó la CTA en un congreso que hizo en el Luna Park. Por eso estuve ahí, con los cortes de ruta en Cutral Có y en Salta. Me interesaba mucho ese movimiento de lo que primero se llamó “Los Fogoneros”: muchachos que prendían el fuego en la ruta y luego quedaron como piqueteros. Era impactante el fenómeno para una sociedad con esa enorme cantidad de desocupados que generaba el neoliberalismo. Sobre todo, dos cosas me gustaron del periodismo: una, la crónica, porque creo que es un género literario refinado. En eso me ayudaron mucho  los talleres que hice con Cacho. Y otro es el tema de descubrir los nuevos fenómenos que, en poco tiempo, se van convirtiendo en actores normales de la economía, de la política o de los procesos sociales… Me interesa dar cuenta de eso, me pone mal la imagen de una izquierda esclerosada y absolutamente petrificada, haciendo exactamente lo contrario de lo que hizo Marx, quien revolucionó una mirada que estaba estática. La izquierda esclerosa esa mirada, al no incorporar los nuevos fenómenos que transforman la sociedad desde la raíz. Yo creo que la forma de vivir es esa. Estar abierto a las nuevas percepciones, a las nuevas situaciones con la idea de que lo que estás viviendo como ser humano es una situación de transcurso y transformación. Todo el tiempo. Es algo incómodo… la verdad es que esa visión yo no la tenía tan clara en los setenta. La nuestra era una visión como más plana, digamos… Y, en realidad, no hay nada fijo.

libreria ambulante

ERRAR POR LA CORNISA

Muchas veces, al acompañarla hasta Nazca para tomar su colectivo 110, nos habíamos detenido a contemplar ese hermoso árbol, extasiados por la belleza de su forma y por el intenso y embriagador perfume de sus enormes flores. No dudé entonces que, por lo menos en un plano estrictamente poético, yo estaba empezando a ocupar un lugar en sus pensamientos por lo menos desde hacía una semana. Y si me hubiera quedado alguna duda, la mención casi hacia el final del poema de «un solitario y atorrante bichito de luz», terminó de convencerme por completo.” “De Dioses, hombrecitos y policías” (XXI), Humberto Constantini

Te ocupás mucho de la cantidad y el tipo de lenguaje concedido a los hechos por determinados personajes. Te cito: “El Ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich tiene una política de difusión. Por ejemplo convoca a la sociedad a bautizar a cinco perritos que nacieron en el ministerio. Publica y megafonea la detención del chico que amenazó por Twitter al presidente Mauricio Macri. Les dedicó un gran esfuerzo mediático a esas dos estupideces. Pero mantuvo silencio de radio sobre las torturas a Iván y Ezequiel y no dijo que habían sido detenidos varios prefectos por ese delito. Mutis por el foro.”

El tema del lenguaje es central para mí. Eso me pareció siempre importante, pero más en esta época, después de la forma en que ganó Macri y de cómo se hizo la oposición al kirchenrismo, con ese planteo de dos realidades tan diversas y contradictorias: una, donde había una cantidad de medidas de tipo social o progresista y otra, que decodificaba todo eso al revés. Eso me llama todavía la atención y me resulta difícil de entender. Creo que tiene que ver con el desapego a las palabras. En todo el discurso político hay como un concentrado de cinismo, donde se dicen cosas que no se piensan, como si se las estuviera pensando. Todo el discurso de Macri es así. Por ejemplo, cuando dice “pobreza cero”: nunca en su vida pensó en eso, lo sé. Si no, hubiera sido otra persona. Hay una relación entre la persona y la palabra que es muy importante y que representa el compromiso, es casi como un acto natural, porque las palabras sirven para representar algo en lo que uno está inmerso.

Y en esa relación personal con el lenguaje, ¿hasta dónde te permitís lo poético y la utilización de metáforas? O mejor ¿qué es lo poético para vos?

Yo creo que la buena poesía tiene la misma limitación que el periodismo. Va siempre por un borde entre lo emotivo, lo comunicativo y lo kitsch. Anda entre lo exagerado, lo melindroso, también lo desacomodante… Los grandes poetas conocen tanto esa cornisa, que pueden caminar por ahí hasta con los ojos cerrados.

Mmmm, más de uno se ha caído por pensar eso…

Sí, también.

Igual, yo me refería a lo poético, no a la poesía, a la concentración de sentido.

En eso, para mí está todo subordinado a la necesidad de comunicar. ¡Yo soy periodista! Si no hay comunicación o lo poético la impide…. Creo que pasa así en la poesía también. Pero ahí, tal vez, hay más  eso de centrarse en una cosa muy personal y subjetiva.

No hay nada para documentar en la poesía. No más obligación que con la tripa.

Claro. En el periodismo estás obligado. Todo está subordinado a la potencia de la comunicación que le pueda dar lo poético. Si lo recargás, incomunica. Si lo potenciás hasta el punto que realmente necesita, lo multiplica. Cuando un periodista recién empieza, en las escuelas de periodismo, lo retan mucho con eso de que se manda y busca meter lo poético. ¡Pero por lo menos el flaco tiene ese impulso, arriesga! Y, bueno…, se irá dando cuenta, ya volverá  a la cosa más tradicional y luego entenderá cómo funciona lo poético en lo comunicacional.

EL ESCENARIO AMBULANTE

  “Allí donde otros  exponen su obra, yo solo pretendo mostrar mi espíritu. Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida, “El ombligo de los limbos”, Antonin Artaud

Vos usás muchos recursos narrativos del cine, de la pintura. ¿Qué te aporta todo eso?

Son relatos. Si yo veo un cuadro, ese cuadro me está relatando algo, como cuando cuento una noticia, pero con otro lenguaje. Lo mismo, en un poema. Son relatos, lenguajes. 

Biblioteca móvil de Dhaka, Bangladesh.
Biblioteca móvil de Dhaka, Bangladesh.

Uno puede aprender a contar con esas herramientas. En una crónica, un cuadro de repente te dice muchísimo…

 

¿Y lo teatral? Hoy dijiste muchas veces la palabra actor. En muchas de tus notas recurren las palabas “escenografía”, “máscara”. Por otra parte, en tu testimonio a la Biblioteca, también contás sobre los ejercicios que te hacía hacer Timmerman: “Te ponés en el lugar del pibe del CBC que va a  entrar”. Son casi ejercicios teatrales.

Sí. La verdad es que no lo había pensado, pero sí. Jacobo me decía eso.

¿Te acordás de la crónica de Carlos Cajade? Es algo muy teatral lo que contás, casi una puesta en escena: “Sufrió otras muertes injustas y ahora le tocó a él, con la suya. En septiembre le detectaron un cáncer fulminante en el intestino, que lo mató el sábado. Sin dar tiempo a nada, sin poder acostumbrarse a la idea. La gente hizo manifestaciones en el hospital, quiso detener a la muerte como si fuera un patrón, quisieron que Carlitos los viera desde la ventana para darle un poco de vida y se dejara de joder con la muerte. Y desde la ventana los vio a todos, a los pibes del hogar, a los de ahora y a los que ya crecieron, a los educadores, a sus compañeros del Movimiento, a los trabajadores de La Pulseada y a los vecinos que lo ayudaban con lo que podían. No sé si será un consuelo, pero fue lo último que vio.” Esto es de tu nota “Las vidas de los sin tanta fama  (2005 Carlos Cajade, “La última pulseada del Curita”)” ¿Hay algo de ese “dar a ver la acción”, como un traslado de ese asunto teatral a la crónica periodística?:

Es que lo de Cajade fue impresionante, de una emotividad infernal. Es como cuando uno escribe ficción, hay un peligro. Tenés que creerlo. Si lo que contás deja de ser creíble, perdiste. Hay situaciones de la realidad  más increíbles que la ficción. Yo lo conocía a Carlos Cajade, le había hecho una entrevista muy larga, era un tipo bárbaro. Él manejaba dos o tres casas para chicos de la calle. Eran chicos que la sociedad rechaza, los personajes más marginados, nadie se puede sentir menos valioso y menos querido que esos chicos. Él fue quien armó el Movimiento de los Chicos del Pueblo, junto con Alberto Morlachetti, el sociólogo que murió y que tenía la “Casa Pelota de Trapo”. Esos chicos habían hecho una vida ahí. De repente, hace unos veinte años, Cajade se enferma de cáncer y se les muere. Un tipo de unos cuarenta y tres años más o menos. Estaba internado y los chicos y adolescentes que él había formado y criado se desesperaban y se iban frente al hospital para que él los escuchara, para que él los pudiera ver. No era una cosa mística, era una necesidad. Tenés que encontrar la forma de que no pierda la potencia emotiva ni credibilidad.

DERIVAS DE LENGUA MADRE

“Madre, madre, / vuelve a erigir la casa y bordemos la historia. / Vuelve a contar mi vida…”, “Les yeux sont fait”, Olga Orozco

El periodismo, para vos, incluye saberes de pintura, de cine, de teatro… ¿Y de música? Porque está eso de que tu mamá quería que cada hijo tocara un instrumento y nadara… Parece que te cubría las tres dimensiones: El aire, con la música; el agua, con la natación y la tierra, con lo que vos eligieras…

Mi vieja era un personaje total. Aparte, me daba libros para que leyera, no era una intelectual erudita, pero sí una mina muy inteligente, vivía con mucha intensidad.

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¿Había una biblioteca en casa?

Sí. La perdimos con los milicos. Todo mi afecto por la lectura me viene de casa. En aquellas épocas estaban los vendedores de libros, un oficio interesante. Para las familias de clase media, era como una cuestión de status tener una buena enciclopedia. Y  mis viejos habían comprado una colección espectacular de literatura  que se llamaba “Colección de Jackson”, unos libros encuadernados en verde con motivos dorados. Yo me leí todos los clásicos rusos a mis diez, once años. Tolstoi, Dostoievski. Por ahí entendía la mitad de lo que leía, pero el relato me apasionaba.

¿No hubo una segunda lectura de esos libros tampoco?

De algunos sí, pero no los leí nunca más completos, porque ya sé cómo terminan. Por ejemplo, leí por segunda vez “El viejo y el mar, de Hemingway, esa historia del viejito que pesca su enorme pez espada, se lo van comiendo los tiburones y se siente derrotado. Yo hice importantes reflexiones con esa idea… Y, después, la música, que es sobre todo más fácil, porque establece un vínculo… Leer un libro es como un acto, a veces, más erudito. No me gusta la cita por una cuestión de erudición. Borges, por ejemplo, en muchos libros recarga las citas, muchas de ellas inventadas. Son jodas. Y lo que él quiere destacar es una cosa de erudición, aunque lo hace con un sentido concreto. A mí el tema de citar, me interesa sólo en algunos casos, porque tiende a cerrarte. Y la música, la televisión o el cine generan, en cambio, puentes. Es más fácil que las personas hayan escuchado una música o se interesen por hacerlo, si vos la mencionás. Está como más al alcance.

MERODEOS DE FICCIÓN

Libros.
Libros.

“La esperanza se encuentra en la siguiente página. No cierres el libro.
-He pasado todas las páginas del libro sin topar con la esperanza.
-La esperanza quizá sea el libro
.” “Las cortinas corridas”, Edmond Jabès

¿Para vos es importante el ritmo al escribir?

Sí, claro. Y es otro ritmo. Es una música de las palabras.

 

¿Nunca tuviste, estos últimos años, la necesidad de escribir ficción,  de pensar que hay cosas que no encajan en el periodismo?

No. Y  me cuesta un montón, porque el periodismo te genera un vicio, que es escribir casi por encargo. Entonces, cuesta muchísimo sentarte a escribir lo que se te canta el traste.

¿La historia de Huguito, no?

La contó Dora Apo. Una vez me la encontré  en la calle y  me dijo que estaba tratando de hacer un libro con las historias de la dictadura. Y ahí mismo, yo le conté la historia de Hugo.

https://www.inventario22.com.ar/textocomp.asp?id=61815

Pero debe haber cosas que requieran de otro registro más allá de lo periodístico…

Sí. Muchas veces pienso  que viví cosas que parecen de ficción. Ahora, como salió la película de “La larga noche de Francisco Sanctis, van a hacer una reedición de la novela. Entonces, me llamó el hijo de Cacho para que yo escribiera el prólogo. Pero yo no soy un crítico literario, ¿qué  pongo? Me acordé  de dos cosas: una, de aquellos talleres,  en el ’79 – ’80, en la época en que Cacho  estaba escribiendo “La larga noche…”. Cada quien llevaba y mostraba lo que escribía. Y, a veces, él mostraba lo que tenía de  su novelaCacho era un tipo bárbaro. Nos pasábamos horas en el taller, porque siempre se armaban unas discusiones políticas feroces. Cacho era un gorila total, muy simpatizante del ERP. Lo de gorila lo digo con todo el afecto del alma, porque es un tipo del que tengo los mejores recuerdos, igual que de Chuchú: esos tipos que a uno lo han alimentado mucho. Bueno, te decía que, cuando me pidieron el prólogo, me acordé de dos cosas. La segunda es que, al conocer a Cacho en un diario que empezaba a salir en México, yo estaba en la sección internacionales y él, en la sección de corrección, por esos tiempos,  la más importante del diario. Todo había que corregirlo o reescribirlo. Este era un diario nuevo, tipo Página/12. Ahí nos hicimos amigos. A la noche, al salir de la redacción, teníamos que atravesar un barrio y así poder llegar a una avenida donde yo tomaba un ómnibus. Cacho vivía en medio de ese barrio. Un barrio de casitas, lindo, pero bastante oscuro de noche y con poca gente en la calle, medio solitario. Entonces, un día se hizo muy tarde y nos fuimos juntos. Íbamos por el medio de la calle y no veíamos nada. Veníamos hablando de huevadas. En eso, un tipo nos pasa, muy rápido. Y, al rato, despacito- como los Falcon verdes de acá- avanza un auto junto a nosotros. Lo miramos de reojo: tipos de civil, pelo largo, barba, armados hasta los dientes… Año ’77,  el año en que transcurre “La larga noche…”. Nos quedamos helados, pero seguimos caminando. Cuando el auto había adelantado unos cincuenta metros, de pronto, se vino encima marcha atrás a todo lo que daba y echando humo por las gomas. Los tipos sacaron los cuerpos por las ventanillas, con las armas y todo eso. Eran policías de civil mexicanos. Nos pusieron contra la pared, de espaldas, nos pidieron identificación. En México, en esa, época, no había ni cédula ni nada, la gente se identificaba con el registro de conducir. Yo sólo tenía una cédula de identidad argentina. Entonces, metí despacito la mano en el bolsillo, saqué la cédula y se la di. Y, claro, decía “Policía Federal Argentina, tenía el sello y demás… Los tipos la miraron y dieron: ¡Ahá! Bueno, la próxima vez que anden por acá tienen que avisar antes.”.  Me  devolvieron la cédula y se fueron. ¡Se creyeron que éramos policías federales argentinos! Eso lo puse en el prólogo de la reedición del libro de Cacho.

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El lado B, ¿qué te dice?

Un diario no tiene lado B, no lo tiene tampoco un libro. Lo único que tenía lado B eran los vinilos. En realidad, ya no existe el lado B. Y si lo pienso respecto de mi vida, nunca tuve lado B, no lo tengo. Siempre mentí mal. Cada vez que quise mentir, perdí. En eso soy demasiado tonto… Ahora, en la realidad el lado A y el lado B vienen juntos siempre. No se pueden separar. Lo bueno siempre viene con algo malo. Lo único que tiene un solo lado es el dulce de leche.

 

  • Chuchú Martínez, hombre de confianza del General Torrijos, del Frente Sandinista de Liberación Nacional.
  • Vicente Jarito Walker, periodista.
  • Leer link asociado: “Memorando a Jarito”, por Vicente Zito Lema.
  • Leer link asociado: “Memorando a Jarito”, por Vicente Zito Lema.

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HOMBRE MONTADO AL CANTO

El Lado B: Entrevista a Ramón Ayala.

Entrevista: Isabel D’Amico, Anne Diestro, Santiago Resnik, Mariano Botto

Fotos: Anne Diestro, Santiago Resnik

Edición: Mariano Botto

Me acerco al río guiado por su canto andariego, el _DSC3206vigor en el aire y su aroma atrevido. Medito mis pasos entre los juncos de las orillas salvajes “un ranchito borracho de sueños y amor quiero yo”. Luces y sonido, “algo se mueve en el fondo del Chaco Boreal”. Es el sueño del hombre montado en el canto, que teje las palabras de colores misioneros e irrumpe, impetuoso, en las frontera argentinas, paraguayas y brasileras. Su apellido ciudadano no le impidió cabalgar por el viejo río jornalero ni olvidar el recorrido bayo de su corazón. Su corcel descansa en los pastizales del fondo marítimo mientras él trova versos a los ojos de una ballena. Jinete color poeta. Si cruza el viejo río, sólo se le humedece la mirada. Piel roja de caminos y corazón quebrachero. El eco de su voz misionera repite su canto en otras bocas. Se hace llamar Ramón Ayala y se lo conoce como Rosa de los vientos: norte litoral y sur argentino. Pintor del Este y cantor Oeste.

 

 LLAMÁDME ISMAEL

“Al decir esto, entre los marineros se cambiaron miradas avergonzadas de asombro servil, y con ojos fascinados aguardaron la magia que viniera a continuación”.

Moby Dick – Herman Melville

“El andar, dibujando el clima azul. Por el misterio que me lleva al mar, volveré. Soy el Paraná que va hacia el mar a volar.” Comienza la travesía “Ramón Ayala”. No es él quien nos recibe, sino la reverberación de su voz, el peso de sus canciones, los cuadros repartidos por el piso como los niños de la calesita.  En contraste con el silencio de una casa en San Cristóbal, se cristaliza la voz, ahora sí, de Ramón Ayala.

Encontré mi voz. Esto es producto de años de búsqueda. Es una voz vibrante y potenciada. Soy un autodidacta en la pintura y en todo. Yo cantaba con una vocecita y mis canciones son fuertes,  por ejemplo “El Mensú”.

Ni llegamos a la mesa dispuesta por el amor anfitrión de su mujer, que ya exponía ante nosotros todas las constelaciones.

Voy a la luz, al color y a ejercer la vida. Hace poco salió un libro mío: “Las trincheras ardientes del Paraguay”, un gigantesco poema de más de mil décimas. Algunas de ellas son ayalescas. Porque la estructura de la décima, creada por el sacerdote Vicente Gómez Martínez Espinel, rima el primer verso con el cuarto y el quinto, el sexto con el séptimo y décimo y el octavo. con el noveno. En cambio, la ayalezca, ni yo la sé. Es una especie de Gualambao. Hay que crear. Nadie lo había hecho. Los artistas y los improvisadores son muy religiosos y escolásticos. Yo prefiero sacrificarme y que el verso sea musical. ¿Cómo hago? Sencillo: lo rompo. Busco la música en la palabra y que tenga una personalidad definida. Incluso que pueda ser una estructura viva para siempre.

Ramón Ayala no es el cantor ni el compositor de “El Cosechero”, “El Mensú” o el pintor latinoamericano. Es la llama eterna dentro de un hombre que se hace llamar Ramón Ayala.

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LOS OJOS DE LA BALLENA

“Te llevo en la sangre con tu misterio, tu soledad.
Vengo de otras tierras, de otros caminos, de otro lugar
a buscar tu lumbre, tus ojos claros, tu palpitar.”
“La posadeña”, Ramón Ayala

La poesía es una criatura excelsa que habita en el ámbito general del hombre. El hombre cree que la ha creado, pero ella ya existía. Está en él, en el pájaro, en el viento, en el misterio o en dios. La poesía está en todo: “Y la garganta del diablo abría sus fauces para tragarse a la golondrina que iba por el túnel de la piedra hacia el misterio”. ¿Cómo se puede decir eso? ¡Y está ahí!

La poesía está allí, pero son los traductores como vos quienes la llevan al papel y a la canción.

_DSC3246Mi caudal poético aflora todo el tiempo. La poesía es un latido, un estremecimiento. Lo ves en los ojos de la ballena con la transparencia y la pureza de un niño. Ellas no saben que las van a matar y miran con ternura la inmensidad. El poeta ve esa inmensidad, ve que ella es la inmensidad. Hay casos en que la emoción te ata tanto por dentro que no podés hablar. Aquel tipo enamorado de una chica que no sabe cómo decírselo… Está atacado. No se puede manifestar por su gran timidez y el gesto que va cometer. Entonces, llega el poeta y le dice: “Tu mirada para mí es una lágrima, yo te siento latir adentro”. El poeta tiene ese poder de la palabra, y habla por los demás.

 

LOS HUMONOS

“Con tu aliento todo el misterio que enciende la vida”
“Mi pequeño amor” – Ramón Ayala

Tanto en entrevistas como en canciones hablás del misterio lleno de potencia.  ¿Es el misterio el máximo aliento vital?

Hay que familiarizarse con el misterio. El hombre es un misterio. Nadie sabe de dónde vino y mucho menos hacia dónde va. ¿Cómo es posible que se hayan encontrado tantos huesos de pterodáctilos, de dinosaurios y tan pocos de hombres? ¿Dónde se esconden estos huesos? Debería haber miles de huesos. El ornitorrinco es un animal mitad pez y mitad terrestre, está en transformación. Si es como dice Darwin, que el mono se habría trasformado en hombre seríamos humonos y no muy humanos.

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EL COSECHERO ATÓMICO

 

“Para ver el mundo en un grano de arena
y el cielo en una flor silvestre”
William Blake

En tus canciones, las voces gritan o gimen en los extremos del sentir.

La vida es una maravilla y es única. Este momento no se repetirá jamás por los siglos de los siglos. Mientras, vamos por un vehículo espacial llamado Tierra, alrededor del sol y a once kilómetros por segundo ¿Te das cuenta lo que es eso? Somos protagonistas de este instante inmenso. Dan ganas de llorar.  Deepack Chopra es un pensador que admiro y dice: “detrás de la piel de este dedo meñique, está la carne. Detrás de la carne, está el hueso. Entre el hueso y la carne, la sangre que transita y atrás, el átomo: este es un dedo atómico”. ¡Qué maravilla!

También es maravilloso que el cosechero haya dado la vuelta al mundo, admirado por gente que, tal vez, no comprenda ni el idioma ni nuestra idiosincrasia.

El cosechero en este momento se está cantando en Helsinki, traducido al finlandés. Pasó a ser un habitante del hielo, de animales raros y suena como ruso. Es increíble. La canción traspasó la geografía, los colores y se perdió. De esta manera, se va encontrando. El otro día decía que uno no puede contemplar ni sospechar el vuelo en el camino de un hijo. Como este señor negro norteamericano que tuvo un hijo y nunca sospechó que sería presidente de una de las naciones más poderosas del planeta tierra, como es Estados Unidos, para bien o para mal. La canción es así.  Whitman decía “Los hijos son flechas lanzadas al espacio, uno podrá corregirles el vuelo, pero nunca sabremos dónde van a caer”. Entonces, esto es impensado.

 

El Cosechero en Finlandés     

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PROHIBIDO EL INGRESO A TURISTAS

Ramón Ayala impregna el aire de pinturas y de canciones. Siembra coordenadas que se concentran en su figura.  Su obra manifiesta una huella en un punto áurea. Litoral y  universal.

Lo más importante de un artista es poner el sello sin que esté la firma. Por ejemplo, con un cuadro de Quinquela Martín; podrá ser defectuoso o no, pero es Quinquela Martín. Ves un cuadro de Van Gogh y es Van Gogh de forma innegable. Mis cuadros, también. No se puede ser un turista del arte o un turista de la vida. Hay que entregarse a un oficio o una vocación. Yo me fui al origen del pintor por su herramienta principal, la luz. Uno cree que tiene un sólo color y no es así, es un engaño. Esta luz que parece blanca o amarilla tiene todos los colores primarios que se funden o se separan a través de la descomposición o de la humedad, como sucede cuando se forma el arco Iris. El pintor debe ingresar a ese secreto. Cuando pintás un cuadro, estás pintando un pedacito de la naturaleza y ese pedacito  compone el todo. Tenés que poner el todo en ese pedacito. El equilibrio de la naturaleza es lo mismo: el menor por el mayor o el mayor con el todo. Hay una escala infinita, el número Pi (Pi, 3,1415), la medida que utilizaba Leonardo Da Vinci, Luca Pacioli.

 

EL COLOR DE LA CREACIÓN

Boi, la enorme serpiente que habitaba en el río, exigía una doncella para ser entregada en sacrificio.  Cuenta que un año eligió a Naipí, la  de la noche en sus cabellos, la del alba en su mirada. Naipí, con su sonrisa de orquídea y nube blanca, su piel de cobre y de tersura, voz de pájaro campana. Tarobá, enamorado de Naipí, intentó salvarla, pero Boi escuchó sus voces sobre la canoa que se deslizaba, sigilosa, por el río.  La serpiente encorvó su lomo y el río se partió en múltiples pendientes y cascadas. La frágil canoa cayó al vacío y, desde entonces, unas inmensas cataratas habitan la región de Iguazú. Naipí descansa convertida en piedra bajo el salto más audaz. Tarobá se transformó en un árbol cuyas ramas intentan acercarse a ella, pero Boi se interpone. Sin embargo, cuando los rayos del sol penetran las aguas cristalinas, un arco iris se extiende, poderoso, desde la piedra al árbol: son Tarobá y Naipí, que atraviesan los siglos abrazándose.”
“Abrazo de colores”-  Leyenda guaraní

 

¿El color de la creación habrá partido de Misiones? Su geografía contiene los colores primarios: el rojo de la tierra, el azul del cielo y el verde de la selva.

Y tiene el gris también. La naturaleza está llena de imagesofertas, de gestos asombrosos. Aquel que no tiene la capacidad de asombro, no sé si anda en pedo o al pedo. Anda fuera de la maravilla, de la captación de esos acontecimientos. Yo vivo asombrado. Por ejemplo, esa carpeta que está en el archivo de mi computadora que dice “El rumbo de los horneros”, es una historia de mi vida. Salí a caminar en el Chaco paraguayo, donde los padres de mi esposa tenían una gran estancia. El día anterior, habíamos visto a un carpincho con sus carpinchitos, que son muy graciosos, y decidí volver a verlos para dibujarlos. Fui solo. Caminé un largo trecho, crucé una tranquera y, entre la maraña, saltaron unos vacas salvajes, allá les dicen Sauahá. Corrieron asustadas. Dejaban una polvareda a medida que se alejaban y así escaparon. Tal vez no sería yo un rostro muy agradable para ellas. Apareció una lagartija muy chiquitita, que parecía un picaflor, con unos colores iridiscentes azulados y rojos, increíble. Como pintor, la vi y me quedé enloquecido. Seguí andando y crucé con el Tajamar (que no sé de dónde viene la palabra, porque mar es el mar, pero mar en medio de la selva… medio raro)

¿Un mar de selva?

Debe ser. Proseguí la marcha con mi carpeta de dibujos y con una libretita para anotar. Los carpinchitos ya no estaban. Habrían intuido mi visita e hicieron huelga. Del otro lado de un alambrado, comenzaba el monte. De mi lado era todo descampado. Decidí ir a mirar a ver qué había. Ese fue el problema: me perdí. En un árbol encontré unas abejas chiquitas y bravas. Kavishuí, creo que les llaman. Ni las quise tocar. Continué hasta encontrarme con una cabeza pelada de un jabalí, se lo habían comido todo. Yo no quisiera estar su lugar. Seguí andando y pensé que si yo seguía por una vía larga, al retomar por otro cruce más adelante, podía volver por una línea paralela. Me detuve y escribí algo como: “voy al lugar más alto, casi en las nubes, como tocando el cielo…” algo así. “El misterio me atrae con su lenguaje, voy andando despacio, no sea este el último viaje.” Iba previniéndome para saborear lo que se venía. Al emprender la vuelta, recordé cómo vine por el camino real para así llegar a la estancia. En eso, parece que el eje de mi estructura se movió y, en vez de ir para el lado de la estancia, salí para cualquier otro. Pasé por debajo del Tajamar, fui por un lado, por otro y se me había dado vuelta toda la geografía. Me había desorientado.

A la selva no le gustan las líneas rectas.

¡No! Empecé a andar por la selva y por ahí vi ese misterio, ese silencio.

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Es un silencio que late, ¿no? Un silencio repleto de presencia…

Es un zumbido. Un canto de pájaros. Algo que está ahí y a la vez no está.

Yo creo que tengo un sentido, no sé si dominado o domado, que me lleva a calmarme. Vi al hornero y dije: el hornero es el mismo que el de Argentina, con la diferencia que allá tiene frío y ese frío puede matarle sus pichones. Entonces, en vez de hacer el nido abierto hacia el sur lo orienta hacia el norte, porque el aire que viene de allá es cálido. Si no hubiese  sido por esa deducción, yo no me hubiera salvado. Habrán sido unas seis o siete horas en el monte, con lluvia. Con esto escribí un cuento llamado “El rumbo de los horneros”, porque gracias al hornero pude salir. Hay una señora de la triple alianza, ella es directora de la Universidad del Sur, en Bahía Blanca, muy amiga nuestra, poeta. Y me dice “quiero editar un libro tuyo, que tenga relatos, poemas y cuentos del camino”. Andando, encontrarás el camino y el cuento, la gente, la magia y el asombro. Si te quedás, no encontrarás nada. Capaz que te encuentran a vos y te llevan.

 

Canto Al Rio Uruguay - Gualambao     

LA MIRADA DEL LENGUAJE

Corre con los diarios
apretados bajo el brazo
llevando la voz del mundo
bajo el cielo de Posadas.
Fragmento de  “Los gurises” – Ramón Ayala

No hubo conquista ni guerra alguna capaz de callar la voz guaraní. Su voz vive en toda la región del litoral y se monta sobre los nuevos términos, apropiándose de ellos.  Misiones es una tierra caracterizada por la mezcla de culturas de Paraguay, Argentina, Brasil y la fuerte presencia guaraní. La mixtura de ritmos está clara en la obra de Ramón Ayala y en la música litoraleña. ¿La acentuación aguda del guaraní incide en tus letras y, en consecuencia, en tu música?

Puede ser. Pasadas al guaraní, todas las palabras son agudas: “Pólvora” pasó a ser “polvorá”, “caballo” pasó a ser “caballú”. Al sabio se le llama “Arandú”;  es una palabra maravillosa y yo la quiero mucho, “ara” quiere decir tiempo o día “gendú” que oye, el que oye la voz del tiempo. Me produce una lágrima. Quiere decir que está en contacto con el misterio de la vida. En Paraguay, al chico le dicen “mitaí” y, a la mujer, “cuñataí”. Pero en Corrientes al chico le dicen “cunumí”, que viene de “cunumú” y quiere decir “ternura”, entonces, “cunumí” quiere decir “ternurita”. ¡Qué cosa más hermosa! ¿Te das cuenta? El guaraní es extraordinario. Si los gringos-  que en este caso seríamos nosotros  frente a los guaraníes, auténticos  dueños de la tierra- nos diéramos cuenta de la magia que tiene ese idioma…  Uno lo ignora, sabemos más cómo  decir “Shekspir” en vez de decir “chaquepeare”. Uno, cuando ama verdaderamente y tiene conciencia, debe amar ese rincón del planeta donde ha sido parido.  Porque es lo que ha adobado su mente y su sensibilidad de niño. Entonces, se anda con su paisaje a cuestas. Yo no necesito estar en Misiones para ponerme a escribir.

¿El recurso es igual para escribir y para pintar?images

Sí, todas mis manifestaciones son iguales porque parten del mismo emisor o creador y de la misma mente. Lo que cambia es el mecanismo, el oficio, la herramienta. Uno tiene otras vibraciones interiores. Depende de la motivación, puedo encender las válvulas del canto o de la pintura. Que una frase te produzca tal regocijo interior y se transforme en una obra que pueda ser reconocida en el mundo es maravilloso. Uno siente plenitud cuando se tiene la posibilidad de manifestarse con una voz aceptable. Casi diría, que no parece tuya, de tan buena. Al canto le pongo toda la potencia, la sangre, los huesos. Ahora mismo puedo crear una canción, si así surgiera. Hace poco me pasó en un escenario de Misiones: una joven me pidió una canción para ella. “Soy iguazuiense”, me dijo. Y, con ese término, improvisé un tema delante de aquel público. Yo no he visto a nadie en la Argentina, ni en ningún lado, improvisar una canción ante seis mil personas. Y lo hice desde un acto de irrespetuosidad, de libertad pura y de una profunda creencia en mí mismo. En uno, hay una precipitación, para la música, para la canción, para la voz. Entonces, funcionan “las achuras”, como dice un paisano. La mente, el corazón, la sangre que se encrespa para producir un canto a una mujer que no conoces.  En el escenario soy sorpresivo, bailo el gualambao a esta altura de mi vida. ¿Podés creer? Todo está llevado por la mente y ella es la que encrespa la sangre, la que te da miedo o te da calma. La mente es la sangre o al revés. Y, arriba de la mente, la intención natural de la sangre. Más arriba, el misterio. No sé qué es. Hay gente que cree en Dios y otros, en el Pombero. Quien cree en Dios no lo ha visto nunca ni lo verá. ¿A quién me tengo que remitir yo?, ¿al que está conviviendo  con los dioses de la selva o al dios eterno que puede  producir acontecimientos como la caída del avión con los jugadores de fútbol? ¿El mismo que, con un soplo, los podría haber sacado de ahí? Pero Dios les dio la espalda y murió una cantidad de seres inocentes que iban a jugar por primera vez el triunfo de sus carreras. ¿Existe Dios? ¿Es un dios tan cruel? Yo no creo que exista. Este bicho humano, bípedo, es capaz de llevar una mochila que alguien cargó hace dos mil años y que escribió un libro como “El Corán” o la “Biblia”. Tal vez, empujados por la necesidad de crear leyes con el fin de aprisionar la mente de las personas. Yo no estoy de acuerdo en aceptar las palabras secretas de uno que nadie ha visto. Yo creo en el Dios de Baruch Spinoza que dice: “No andes por esos campos golpeándote el pecho, pidiendo perdón a un dios que puede venir a castigarte. Si ese Dios puedo ser yo ¿Cómo puedo ser cruel? ¿Cómo puedo haber creado a mi criatura y someterla por años y siglos al fuego eterno? No hagas caso de escribas y de bandidos que comercian con tu credulidad, tu ingenuidad, con tu bonanza. No vayas a las iglesias oscuras y sórdidas que dicen ser mi casa. Yo vivo en la mirada de tus hijos, en la mano tendida del amigo, en el mar que golpea los acantilados, en los ojos de las ballenas. Yo vivo en el aire, en la bondad, para eso soy Dios, no ese Dios cruel que te enseñan.” Yo me crié en colegios de monjas, ellas huían de mí (huían hacia mi cama).

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CENSORES CON PAPAS

 “Cuantas más injusticias, señor fiscal
Más fuerzas tiene mi alma, para cantar”
“Qué dirá el santo Padre” – Violeta Parra

¿Tuviste canciones prohibidas durante la dictadura?

Si. Una de mis canciones prohibidas decía así: “Soy nada más que un granito de arena / soy nada más que una ola del mar.”  Es una canción rebelde, me decían, porque un día en tu vida quiere decir un día de gloria, un día de lucha. En realidad era el día en que le hablaba al hombre. “Soy nada más que una hoja caída / caída del árbol de la eternidad. / Soy sólo un día de luz en tu vida, un pequeño eslabón sideral / he venido a quemarme en tu sangre y perderme en la noche total / víveme ahora que por fin me tienes, víveme antes que la sombra llegue.” Parece que era peligrosa la canción. No sabían ni a quién condenar. También aparecí en una lista negra junto a Cortázar. Pobres tipos. Si hay un infierno, los diablos los deben estar esperando para almorzar.

 

LA EXUBERANCIA DEL SILENCIO

“Voy de paisaje en el alba/ y me parezco al paisaje:
por fuera, el verde del clima, por dentro, el sol de la sangre.
El paisaje va conmigo y es un hermoso habitante.”
“Regreso a la tonada” – Armando Tejada Gómez

¿Cuál es el lugar al que siempre recurrís para relacionarte con el arte?

Yo no tengo distinción de un paisaje determinado. Prefiero el de Misiones, pero me atraen todos los paisajes. Porque, estando el hombre en él, le da un gran valor. El hombre de la Patagonia, de Jujuy o de Misiones tiene una geografía, sin embargo, es el mismo hombre. Cada paisaje tiene un espíritu, un clima. Unos tienen mares, otros selvas, montañas o ríos. Lo importante es ubicarse en el paisaje y ver. Como yo llevo el paisaje en mí, junto al pintor y el poeta, voy a caballo de ese paisaje como sea, porque todo me viene bien. Y si es un color bayo, marrón, igual me gusta: le busco el contrasentido, el equilibrio. Me ubico dentro del espíritu del paisaje, no puedo meter una selva exuberante en Tierra del fuego porque no la tiene. Voy a buscar su exuberancia en otro aspecto: en el silencio, en el horizonte, en su filosofía o en el misterio del mar. Y en la trascendencia que implica tener una geografía que se llame Tierra del Fuego.

 Captura

HORIZONTES DE CONFINES

“Sombras de bueyes y carro buscando el confín”
“El Cachapecero” – Ramón Ayala
“madera y canción, hacia el confín”
“El Jangadero” – Ramón Ayala

Tus letras tienen muchas menciones a los “confines”, ¿qué significan para vos?

Nosotros estamos llenos de horizontes. El río es un horizonte que viaja. El horizonte se expresa andando. Y se lleva el horizonte puesto hasta que llega al Río de la Plata y sigue hasta el mar.

Y el testimonio que refleja tu poesía, además, parece ir por el misterio, el asombro como una mirada del mundo desde arriba.

Y es así. No podés perderte con toda esta humanidad maravillosa que tiene el ser humano y este poder de traslación para ubicarte en cualquier punto del planeta y verte de arriba y de abajo.  No podés cantar como un enano cuando sos inmenso.

En algunas  de tus canciones, Ayala es el río.

“Soy el Paraná cuerpo de tormenta y sol / siglos del andar dibujando el clima azul. Por el misterio que me lleva al mar / volveré, cerrazón, litoral. / Grito en el fragor, los caballos del amor / en mí. Oh! Oh! Oh! Oh! / Arreando peces voy / ojos manguruyú / dorado en el temblor.” Aunque no lo tenga al paisaje o sea un paisaje muerto, estamos vivos y somos  sus columnas. Y, si no fuera así, también lo seríamos por prepotencia de estar. Para eso está hecho el hombre. El paisaje está como una figura decorativa. El hombre, no, está en movimiento y  puede generar todo un paisaje hasta cambiarlo: de mustio o pobre pasarlo a rico. Teniendo esa conciencia, uno es el hacedor.

 EL LADO VE

Para mí no existe el lado B. Porque, incluso al otro lado del disco, puede haber todavía reminiscencias incluso mejores, y, ausentes en el lado A. Todo depende de a qué llamamos Lado B o a quién lo llamamos así, porque hay artistas grandiosos que desechan papeles mejores de los que dejan dentro de la edición de su libro. Por ejemplo, se han rescatado escritos increíbles de Neruda entre sus descartes.

Una cosa son los descartes y otra cosa es el agotamiento.

Ahora entramos en una etapa casi señera y uno está cansado de engolosinar la mente de las personas. Se me ocurrió hacer unos discos para aportar cosas que yo creo fundamentales y sumamente necesarias. Mucho más que cualquiera de las tonterías que andan en el aire. Por ejemplo, un libro que se llame “Cantando con los poetas”. Tengo tres canciones, una editada, con Neruda. Una se llama “Aquí te amo” y en rima de gualambao. Una hazaña, porque su forma de escribir es esquiva, no lo hace regularmente con rima sino que es sinuoso.  El gualambao pretende ser algo que emana de la región. Es afro-guaraní y el afro es negro.

LA INVENCIÓN DE MOREL

s_6_1n3YYF8Yo creo que soy el más original de esa región. Hubo alguien que se llamó Jean More, francés. Atraído por el dorado famoso de Latinoamérica, vino para enriquecerse y amar mujeres bellas. Con veinticinco o treinta años, se metió en el Paraguay  y tuvo un hijo, a quien llamó Juan de Dios. Al estallar la Guerra de la Triple Alianza, en un acto de heroísmo, se enganchó en el ejército del Mariscal López. Aquí lo llamaron el mayor Jean Morel y se van a la guerra. Su hijo crece jugando con cañones y esquirlas. Un ataque de guerra era para él una canción de cuna. A los catorce años, tuvo un amigo y quiso escaparse. Llegaron al río y, bajo unas plantas que crecen a la orilla y forman un túnel, encontraron oculta una canoa. Al ver que llegaba un ataque, se metieron en la canoa y empezaron  a remar y cruzaron el río Paraná. Del otro lado, los recibieron unas lavanderas que los cuidaron y les dieron de comer. Luego se fueron a Misiones, a Loreto. Allí crecieron y Juan de Dios Morel se enamoró de una muchacha paraguaya, con la que tuvieron cinco hijos: una mujer y cuatro varones. Esa mujer es mi madre. Así que yo soy una consecuencia de la Triple Alianza.  Mi apellido materno es Morel.

 ENCABALGAMIENTO 

Ramón Ayala es compañero del infinito. Sigue al trote con sus innumerables historias que, ávido, cuenta. Cabalga las obras que iluminan su atelier, sus libros, sus poemas y canciones. Pero hay algo más: él es un compositor como no abundan. Jinete creador que ha trascendido su propio nombre y su figura, para remontarse en su caballo alado al cielo de los sentidos. Conmueve a artistas y públicos de todo género y nacionalidad. Ramón Ayala ha dejado su huella en el cielo de la canción, usina infinita a la que puede recurrir todo un pueblo y sentirse elevado, sea cual fuere su condición y conocimiento.

Y ahí va, al trote:

“Rumbo a la cosecha cosechero yo seré,
y entre copos blancos mi esperanza cantaré,
con manos curtidas dejaré en el algodón mi corazón.
La tierra del Chaco quebrachera y montaras,
prenderá mi sangre con un ronco sapucay,
y será en el surco mi sombrero,
bajo el sol faro de luz.
Algodón que se va, que se va, que se va,
plata blanda mojada de luna y sudor,
un ranchito borracho,
de sueños y amor quiero yo.”

“El Cosechero” – Ramón Ayala

El Cosechero - Rasguido Doble     

 

 

 

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EL BAILE DE LAS PALMERAS

El lado B: Entrevista a La Garganta Poderosa.

Entrevista: Gabriela Stoppelman, Isabel D´Amico, Griselda Minervino, Víctor Dupont

Edición: Víctor Dupont

“Es una antorcha al aire esta palmera, / verde llama que busca al sol desnudo / para beberle sangre; en cada nudo / de su tronco cuajó una primavera. / Sin bretes ni eslabones, altanera / y erguida, pisa el yermo seco y rudo; / para la miel del cielo es un embudo / la copa de sus venas, sin madera. / No se retuerce ni se quiebra al suelo; / no hay sombra en su follaje; es luz cuajada / que en ofrenda de amor se alarga al cielo; / La sangre de un volcán que enamorada / del padre sol se revistió de anhelo / y se ofrece, columna, a su morada.” Miguel de Unamuno

La noticia nos llegó por medios inusuales. Corrieron las palabras como un vientito entre palmeras. Corrieron y se cobijaron, a la sombra de las hojas. Esas hojas bailaron con el tronco, o se rieron. El soplido fue potente. Un soplido desde los márgenes al centro de la ciudad. Así supimos de la noticia: “Una caravana practica una coreografía milenaria”, nos dijeron. Desde que las palmeras nos lo contaron, hemos tratado de averiguar algunos secretos. Sus practicantes la llaman “Coreografía poderosa”. ¿Onerosa? No. Más bien, generosa. La cosa es así: no se baila en escenario francés. ¿Cómo la ves? Es errante. Tal cual tallos de un I Ching delirante, el estudio de las palabras guardadas en las hojas de la palmera nos dio más revelaciones. En esa coreografía no se bailan canciones. Mejor, se escriben. Mejor, se transforman. Y, en el cuerpo, inscriben. Las reglas se marcan entre todos sus bailarines. Entre ellos, ni un solista. Y, menos que menos, esos adoquines que los filisteos llaman profesionales. A pura artesanía, el oficio crea los pasos. Un pasito pa´ adelante. Otro pa´ tras. Y nadita de “los nenes con los nenes,  las nenas con las nenas”. El baile es entre todos. Hombres. Mujeres. Mujeres y hombres, pero no “jefes”. Menos que menos, gerontes esmerilados ni gerentes escribientes. Cada paso se hace y se discute, se distribuye y ejecuta.

Danza que va, viene. Danza que deviene.

Coreografía, hija de márgenes y de crecidas. Coreografía poderosa, aunque no inocente. Enfrente enfrenta una marcha. La marcha del rígido poder, que también es poderoso, claro, pero no baila. Sus pasos no se discuten. Bajan. Y no del viento o de la risa de una palmera: sino del plomo de unos rígidos. Como todo lo rígido, su marcha aploma, apoca. A ellos, entonces, la coreografía poderosa les desempolva aquel dios loco de Nietzsche que sabe bailar. Loco que juega y afirma. Dios loco que no conoce de rodillas gastadas, pero sí de muertos queridos. Muertos que dicen acá, presente, Facundo, 30 mil, Kevin, Gastón, Pocho. Presentes, en una coreografía poderosa que bailó a la perfección un tal Rodolfo, de apellido Walsh.  

Danza que va, que viene. Danza que deviene.

Corrieron las palabras.

Supimos de la noticia. Gracias, palmera, a tus hojas, a tus risas.

Mujeres de Tahitian bajo las palmeras, Gaugin

Mujeres de Tahitan bajo las palmeras, Paul Gaugin

VOCES EN PALMERAS

Una de las cosas que más nos llama la atención es lo tremendamente bien escrita que está “La Garganta”. ¿Ustedes tienen talleres?

Garganta (Alejandra): Sí, de fotografía, de escritura. También estamos al lado de editores, al lado del fotógrafo. Hay una periodista, Sol Peralta, que nos da talleres de escritura. En ellos nos formamos. Es voluntario. Además, tenemos dos muchachos: uno era periodista tradicional y dejó ese laburo para volcarse a esto. Y nuestro referente nacional, que también era periodista. Al tiempo de empezar a militar, dejó lo anterior. Cuando pidió la llave de la moto a Alberto Granados -aún con vida- arrancó con “La Poderosa”. Y, desde entonces, se convirtió en algo que no podemos creer: estamos a nivel nacional, en Bolivia, Brasil, Méjico, Chile. En Cuba el proceso está iniciado, nuestro referente viajó por la muerte de Fidel Castro.

¿Cómo te dio por escribir a vos?

Garganta (Alejandra): A mí me daba por escribir en los momentos de tristeza. Vengo de una familia muy especial. Soy de Zavaleta y vivo hace 48 años ahí, un núcleo habitacional transitorio, al sur de la capital. “La Poderosa” se inicia en el 2004 en Zavaleta. Mi hijo iba a jugar a la pelota ahí. En el 2010 una mujer policía lo mató, de un tiro en el ombligo, a menos de diez centímetros de distancia. El otro tiro, cruzado. La verdad, eso fue matarme en vida. En ese momento, recibí el acompañamiento de toda “La Poderosa”. Yo trabaja y mantenía a mi hijo. Pero, a partir de entonces, me vine abajo: recurrí a ayuda psicológica y psiquiátrica. Y los chicos de “La Poderosa” siempre me acompañaban a todos lados. Los compañeros de fútbol tuvieron la idea de hacer un polideportivo con el nombre de mi hijo. Luisito. Luis Alberto García.

¿Y así se llama el polideportivo?

Garganta (Alejandra): Se llama “Luisito y sus amigos”… Mi hijo era loco por el fútbol. Una vez, se había anotado en un club y, como tenía una camiseta trucha, un chico le dijo “pero eso es una camiseta trucha”. No fue más. Era un pibe que, a pesar de su edad, iba con el abuelo de mi hija- con el papá de mi marido- y hacía losa. Le gustaba trabajar.

¿Entonces vos te sostuviste en la escritura?

Garganta (Alejandra): Sí. Empecé cocinando y vendiendo la revista. Y, después, cuando fuimos de campamento, no sé qué dije… Siempre me gustó mucho hablar. Entonces, en la Asamblea, los vecinos me propusieron para que fuera comunicadora. Y ahí me gustó. En la escritura uno expresa más. En los momentos en los que estaba triste siempre, siempre escribí.

Cada redactor de la garganta es representante de su barrio, visualiza la problemática particular de cada barrio. ¿En qué difieren las problemáticas?

Garganta (Laura): La problemática de todos los barrios es común. Pero, por ejemplo, la 21, al lado del Riachuelo, tiene el problema de la contaminación. Lo peor es el camino de sirga. La gente que está ahí hace mucho tiempo tiene plomo en sangre. Aunque el problema de las cloacas, de la urbanización, está en todos los barrios. Y la persecución policial, que también la padecemos todos.

Garganta (Fátima): En todos los barrios se asemejan las problemáticas…

¿Vos antes eras redactora y ahora no?

Garganta (Fátima): Yo creo que, tanto con la fotografía como con la escritura, uno puede expresarse bien. Yo me pasé a la fotografía porque es captar el momento, necesitás imaginación y estar ahí. En cambio, el redactor se sienta y listo. El fotógrafo está en constante movimiento. La fotografía es contar desde la perspectiva de uno, a través de una imagen. Lo hacés desde un instante y es más difícil. 

Digamos que vos reivindicás lo instantáneo.

Garganta (Fátima): Yo también pasé por la redacción un año y no seguí. Como Ale, arranqué vendiendo la revista y, después, la Asamblea me eligió como comunicadora.

¿Por qué te acercaste a escribir?

Garganta (Gabriel): En una de esas, andaba en casa con mucho tiempo libre. Estaba de vacaciones y no sabía qué hacer. Entonces, un día viene Rodri y me dice que hay un taller de fotografía y pensé: ¿qué tiene de malo? Fui sin expectativa. Las primeras clases éramos un montón de gente hablando. Él conocía a todos ya. Con el tiempo, me sumé al espacio. Más tarde vino y me dijo que había un taller de periodismo. También, me sumé. Empecé a participar más. Empecé a ir a movilizaciones. Después, en la Asamblea, decidieron mandarnos a Rodri y a mí como comunicadores. Nos pusieron dos referentes para formarnos a cada uno en escritura y fotografía.

¿Cambió algo la escritura en tu vida?

Garganta (Gabriel): Al principio, cuando empecé a escribir, no prestaba mucha atención. Después, cuando arranqué con la fotografía, creció el panorama. Dejé de enfocarme en un sólo punto: amplié mi vista, cambié mi pensamiento. Porque, desde pibe, mi familia tenía el lema de que “los chicos no tienen voz”. Después, con los talleres, transformé esa mentalidad.

Te devolvieron la voz.

Garganta (Gabriel): Sí, porque en mi familia era siempre “no podés opinar de nada; hacé lo que te digamos y no lo que te gusta”. De tanto que me lo dijeron, llegué a creérmelo. Al final, logré entender que no había que hacer las cosas porque me lo decían, sino porque quería.

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 ASÍ COMO TE LO DIGO TE LO CANTO

 Al llegar la hora esperada / en que de amarla me muera, / que dejen una palmera sobre mi tumba plantada. / Así cuando todo calle, / en el olvido disuelto,/ recobrará el tronco esbelto/ la elegancia de su talle.” Leopoldo Lugones

 Ustedes tienen una particularidad en los videos, en los prólogos. Usan mucho las rimas, un lenguaje entre decir y cantar. ¿Qué potencia les da la rima?

Garganta (Alejandra): Es otra manera de comunicar al lector. Para que no se haga aburrida la lectura. A mí, en particular, me costaba mucho. Es sentarse al lado del editor y trabajar, aprender. Para una nota, por ejemplo, grabamos una hora y media. Son como 9, 10 páginas y eso tiene que quedar para 4 mil caracteres. Tenemos que sintetizar mucho y decir todo lo importante.

¿Quién es el editor?

Garganta (Alejandra): Fran, nuestro referente. Y eso no quiere decir que sea nuestro jefe, porque nosotros somos horizontales. Pero es una guía. “La Garganta” es una cooperativa, como tantas otras que tiene la organización. Cada cooperativa tiene un referente, que garantiza que cada trabajo se cumpla.

¿Discuten sobre el lenguaje con el referente?

Garganta (Alejandra): A veces discutimos los personajes. A quién entrevistar. Por qué no y por qué sí. O por qué no queda lo que yo escribí, por ejemplo. En el libro, sorprende que todos los entrevistados sean hombres. Muy poco cupo femenino.

Garganta (Alejandra): Nosotros mismos nos preguntamos y hacemos esa pregunta para la sociedad. La sociedad es machista y, en lo cultural, siempre hace referencia al hombre. Es verdad: son muchos hombres . Pasa que estar en tapa también es como un premio: están Estela De Carlotto, Natalia Oreiro, Susanta Trimarco. Y ya encontraremos más mujeres que puedan merecer ese premio.

En sus textos se usa mucho la interpelación al lector…

Garganta (Alejandra): Claro. Eso es lo que buscamos. Nosotros conocemos qué pasa en el barrio. Pero la revista surgió porque Facundo Pastor dijo que nosotros éramos pirañas y que Zavaleta era la entrada a la muerte. Entonces,  tenemos que ir a esa parte de la sociedad que le creyó a Pastor o que le cree a los medios de comunicación. Esta revista viene a reivindicar que no somos eso, somos esto. Esto que ven. Nosotros somos villeros. Y yo no me voy a cambiar. No voy a hacer como la Lilita Carrió. Voy a seguir siendo la misma persona. Estamos en la revista para reivindicar el grito del vecino que nunca se escucha. Para toda Latinoamérica. Para todas aquellas personas a las que se les vulneran sus derechos. Por eso nosotros ponemos el pecho. Cada vecino está para levantar a los estigmatizados y decirles que no se lo crean.

Ustedes empiezan siempre las entrevistas preguntando ¿cómo estás? No pudimos cumplir. Pero, si hiciéramos de cuenta que empezamos de nuevo, preguntaríamos ¿cómo están ahora con estos “cambios”?

Garganta (Laura): En los barrios se ve un montón “el cambio”. Mi cuñado, por ejemplo, se quedó sin trabajo. Mis padres no lo consiguen. Y la plata no alcanza: gastamos 120 pesos por comida. Y tuvimos que abrir más comedores en los barrios. Los nenes a veces no tienen las cuatro comidas básicas para su crecimiento. Esa es la necesidad. Los barrios se vieron muy afectados.

Garganta (Alejandra): Yo no estoy bien. El presidente vino a arruinar lo que teníamos, que no era un gobierno perfecto, pero estábamos mejor. Él habla de “la herencia” y eso es puro chamuyo. Duplicó la deuda externa. Sabemos cómo va a repercutir eso. Sabemos de los planes sociales. Sabemos lo que va a ocurrir en materia económica. Sabemos que le mintió a la gente para quedarse con su voto. La pobreza se ve por todos lados. Los sueldos no subieron y el tarifazo se ve en todos los sentidos. No ha sido un año bueno. Y, después, no estoy bien por la muerte de Fidel. Algo muy penoso para nosotros. Lo de Fidel fue heroico y Cuba se salvó de ser una colonia de Estados Unidos. ¡Y hasta la victoria!

Garganta (Fátima): Nosotros somos una cooperativa, una organización. Nosotros tuvimos que lograr que el Estado  reconozca los nuevos comedores y reconozca que somos más pobres ahora. Ahora nos movilizamos permanentemente por la ley de la emergencia social. Salió la ley, pero no es la solución y vamos a seguir peleándola.

Palmeras en Martinica, Gaugin             

Palmeras en Martinica, Paul Gaugin

LA PALMERA NO TAPA EL BOSQUE

Ustedes hacen muchas referencias a un lenguaje mediático que “hace humo”.

Garganta (Alejandra): “Hacer humo” es lo que hizo Macri. Se presentó, dijo que iba a hacer un cambio y los pobres estamos cada vez más pobres  y los ricos, cada vez más ricos. Los medios de comunicación colaboraron: lo mostraban tomando mate con una viejita. ¿Y ahora? ¡Les aumenta 500 pesos a los jubilados! Al jubilado que tiene presión alta, al que necesita comprar sus medicamentos porque muchos no están en la cobertura; al jubilado que vive en la villa y no lo atiende la ambulancia porque la ambulancia no entra a la villa. Yo, por ejemplo, llamé para que vinieran a ver mi papá que estaba todo enyesado y la ambulancia no entró. “Eso es zona roja”, me dijo.

Garganta (Laura): Sin mencionar que, en la salita de Retiro, dan medicamentos vencidos. Y muchos pediatras renunciaron porque no les pagaban. Hay mucha gente que, si no lleva los chicos a la salita, no puede llevarlos a otro lado.

Garganta (Alejandra): 476 mil millones de pesos se destinan a las Fuerzas de Seguridad. Y las Fuerzas de Seguridad son nuestras fuerzas de inseguridad. Eso es lo que pasó con Gastón. Gastón cayó en un pozo ciego y nadie quería ir, ni los médicos querían entrar. Un bombero ayudó a sacarlo. Gastón tenía 13 años, era de la “Rodrigo Bueno” y murió. Después, María, también de ahí: murió incendiada por culpa del gobierno de la ciudad, cuando estaba Macri. Por un convenio que tenía el gobierno de la ciudad, a María no le dejaron entrar materiales. Ella tenía una casilla: se incendió y la nena murió, 4 o 5 años tenía. Facundo[1], que vivía en la villa 21-24, la madre se cansó de denunciar que había un árbol a punto de caerse, no lo cortaron y, en el 2012, se cayó a y mató a Facundo. Y Kevin[2], en un tiroteo de 105 disparos, prefectura y gendarmería liberaron la zona. “No detonaciones”, “no detonaciones”. Y no era una tormenta que se oyera fuerte: era una llovizna. Entonces, ¿de qué seguridad nos hablan? El sábado le arrebataron la cartera a una señora y los pibes se escaparon. Prefectura está así, en diagonal. Nosotros no nos vamos a meter si agarran a los pibes y se los llevan. Ahora, si los golpean, si los torturan, como hicieron con nuestros compañeros de La Garganta[3], ahí sí nos metemos. Si ellos hacen su trabajo, no. Porque  a los que vienen a comprar la droga, ellos les pegan, les sacan la plata y se las guardan en el bolsillo. El destino de la plata que nosotros pagamos va para otra cosa.

Lo que ellos buscan es el disciplinamiento.

Garganta (Alejandra): Yo, el otro día, me planté en la casilla. Bajaron a un pibe del colectivo y le pegaron. Entonces fui. “¿Qué quiere?”, me dice una mujer policía. “Saber qué pasa con el muchacho”. “Es cosa nuestra”, me contesta. “¡Es cosa mía también!”. Salió el gendarme y dijo que el pibe estaba haciendo disturbio en la vía pública. ¡Ah! ¡Ojo por ojo!, le dije yo. Y le pregunté “¿Y usted educa así a sus hijos?”.

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Tapa de Susana Trimarco y Padres de Facundo  

BAJO LA PALMERA WALSH, LA SOLEDAD FLAQUEA

 “La mirada de Otero vaga entre palmeras grises de un enorme oasis donde beben los camellos. Pero es una sola palmera, repetida hasta el infinito en el empapelado, un solo camello, un solo charquito, y el rostro del muerto se embosca en los arcos del ramaje, lo mira con el ojo sediento del animal, se disuelve por fin dejándole el resabio de un guiño, el resquemor de una burla (…)” Rodolfo Walsh

¿Cómo manejan la furia y el miedo? ¿La escritura o la fotografía tienen alguna función en eso?

Garganta (Fátima): El miedo lo tenemos todos porque está ahí. Pero no hay que demostrárselos. La furia la ponemos en función nuestra. Interpelándolos y diciéndoles que ellos son nuestras fuerzas de seguridad. En ese sentido, lo fotográfico nos permite dar la visibilidad de todo esto.

Garganta (Alejandra): A mí no me da miedo. Al contrario. Yo no pienso. Voy y actúo. Individualmente, no tengo miedo, pero sí por quienes están a mi alrededor. Una vez estaban baleando a chicos con balas de goma y me metí y dije “¿cómo pueden disparar, hay chicos?”.

Ustedes firman los mails como“La Garganta”. Y la solapa del libro tiene la foto de Walsh…

Garganta (Fátima): Es nuestro redactor en jefe.

Es decir, no es lo anónimo. Es la potencia de lo colectivo. ¿Vos siempre fuiste así?

Garganta (Alejandra): Siempre fui de dolerme con el dolor ajeno. Pero, con este grupo, encontré mayor fuerza y convicción. Por ejemplo, un tiempo milité para el peronismo, para el partido justicialista. Yo anoté a una cierta cantidad de personas y una vez me dieron rosca de pascua para repartir. Les dije que eso tenía que ser para todo el año, que todo el año había que trabajar para que la gente creyera en nosotros. Y, después, para ir votar, me daban 10 o 20 pesos y una caja de alimentos. Esa vez se me coló uno y había un solo padrón. Me trataron de estafadora. Y, de ahí, nunca más: tuve que ir a hablar con los vecinos y decirles que no estaba ni su dinero ni su mercadería. Siempre tuve esta tendencia. Yo perdí a mi tío, por ejemplo, porque la policía lo torturó. Si yo hubiera tenido esta edad por aquel entonces, hubiera ido y hubiera peleado por él. Y a mi hijo lo culparon de querer robar un auto. La mujer policía dijo que fue con su auto y vio a tres sospechosos, cada uno con su arma. Se detuvo. Todos se pararon en la luneta y con el tercero, que era mi hijo, se produjo un forcejeo, un tiroteo y cayó el sospechoso al asfalto. Eso no me lo puedo explicar. Yo la vi a la mujer en una foto. De contextura mediana, chica. No puede ser que se enfrente con tres personas. Si fue así, está loca. ¡Y la sobreseyeron! Cuando trabajaba en la remisería me dijeron: ¿querés que vayamos y la hagamos mierda? Dije que no. Si la justicia del hombre no la hace el hombre, entonces que la haga Dios. La violencia trae más violencia.

¿Qué sería de la vida de ustedes sin “La Garganta”?

Garganta (Rodrigo): Yo más tengo que agradecer a la organización, a “La Poderosa”. Lo que más valoro, más allá de los laburos, es haber alcanzado un nivel de consciencia… Es saber qué es la estigmatización. Yo empecé con fútbol popular, con “La Poderosa”, y ni sabía quiénes eran. Siempre, antes de empezar, hacíamos una pequeña asamblea para debatir y fomentar el trabajo colectivo. ¡Y yo quería jugar a la pelota, no me interesaba nada! Después, me compré una guitarra y fui a los talleres de música. Ahí empezó la conciencia. En el centro cultural, aprendí una concepción del arte. La música fue un rayo en mi cabeza: y después se sumó la fotografía. Esas cosas sirven para concientizar: el arte, la literatura, la música. Lo que cuento siempre es que estuve a un paso de abandonar la escuela. Pero, desde los talleres, quiero ser músico y voy a ir al conservatorio, a la EMPA (tampoco soy tan conservador). Estuve cerca de dejar la escuela para agarrar cualquier laburo. Ahora me doy cuenta que la plata no es todo y lo mejor es hacer lo que te gusta, compartir y aprender.

Garganta (Gabriel): A mí me pasa que aprendo algo y lo aprendo con mucha facilidad. Entonces, los días se me volvieron muy monótonos. Para mí, todos los días eran iguales. En el colegio, aprendía algo y después me aburría. Después, cuando entré a “La Poderosa”, descubrí que cada día es diferente y podés aprender mucho. Aprendí también qué es trabajar colectivamente. Yo hacía las cosas solo y no sabía cómo era eso. Con “La Poderosa” aprendí que podés tener a alguien y abocarte a trabajos con otros. Que hay personas que siempre te van a ayudar en algo y que nunca te van a dejar solo. Me cambió la cabeza eso. Con las mujeres también porque, desde chico, escuchaba ese pensamiento de que debían estar en la cocina. Y, desde muy pibe, esas cosas me hacían ruido. 

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Es interesante. Por lo que cuentan, cada uno desafió relatos familiares. 

Garganta (Laura): Y ese cuestionamiento nos sirve para inculcarlo a nuestras nuevas familias. Es multiplicador. Cuesta mucho, pero se multiplica en el barrio.

¿Alguna vez se sienten solos?

Garganta (Gabriel): En mi casa nadie piensa de esta manera que te estamos contando. Y ahí sí me siento solo. Hubo un cambio, pero no lo comparten.

Garganta (Laura): En mi caso, desde muy chico, mi viejo era militante. Pero lo que nosotros buscamos es que se transmita el valor del trabajo en los barrios y también que podamos elegirlo y elegir nuestros trabajos. Por eso, en los espacios de educación popular, se les muestra a los chicos que no tienen que repetir, sí o sí, lo que hicieron los padres. Porque sus padres no tuvieron elección y tuvieron que laburar de cosas que no desearon. Para nosotros, es importante romper esa mentalidad. Cuesta, pero lo hacemos.

Palmeras, paisaje de Macuto, Andrés de Santa María

Palmera, paisaje de Macuto, Andrés de Santa María 

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FÚTBOL PODEROSO

Pensaba que el fútbol da poder para organizarse, para apasionarse. El fútbol puede funcionar como un despertar de lo colectivo.

 Garganta (Rodrigo): Lo interesante es cómo la organización usa el fútbol. De hecho, en “La Poderosa” el fútbol es mixto. Se meten las mujeres en las canchas y juegan. A veces los pibes no quieren. Pero eso es parte del empoderamiento.

Garganta (Alejandra): El fútbol popular empezó por ser mixto y callejero. Tampoco tenían árbitro: ellos ponían sus propias reglas y eliminaron la figura del árbitro.

Garganta (Gabriel): Antes de cada partido, se juntaban a definir todo: dónde terminaba la cancha, cómo iban a ser los laterales, los córners, etc. Algunos decían: por ser chicas, si ellas hacen un gol, el gol vale doble. Y ellas se enojaban y lo rechazaban. Entonces se usó el fútbol como modo de organización. Desde ahí se les enseñó a los chicos el concepto de igualdad, de lo colectivo.

Ustedes nunca usan el nombre propio, siempre firman La Garganta.

Garganta (Alejandra): Salvo cuando vamos a la tele, que nos lo exigen.

Hay una pregunta que le hicieron en una entrevista a Riquelme. Ahora se la hacemos nosotros a ustedes: ¿qué genera la palabra poder?

Garganta (Gabriel): Depende si hablás del poder que genera ambición o del poder del empoderamiento. El poder de dar poder es el poder de esta organización. 

Garganta (Laura): Después, está el poder de oprimir.

Garganta (Rodrigo): Entonces, tenemos “poder” y está el poder.

Garganta (Laura): ¡Qué poeta!) Queremos que nuestros barrios tengan el poder de elegir la dirección de cada uno.

Garganta (Gabriel): No sólo el poder es tener fuerza, es el poder tener decisión, poder elegir, poder cambiar las cosas. Ese es el poder que nos interesa: el poder cambiar la mentalidad, cambiar la realidad, transformar las cosas y la vista de afuera hacia la villa. Y, después, respecto del poder de empoderamiento: hablamos de empoderarnos, de apoderarnos de lo que nos dan los demás. Aprendimos a empoderarnos y eso entiendo por poder: el poder de apropiarme de las cosas y transmitirlo a los demás. Que aquel que cree que las cosas son así y que siempre van a hacer así, sepa que no. Que él puede elegir. Y que deje de ser así. (Aplausos.)

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“MAMÁ, MIRÁ LAS PALMERAS”

“La palmera, la palmera / la que atrapa la primera / ráfaga de primavera / la primera golondrina.” Miguel Hernández 

¿Qué es lo poético para ustedes?

Garganta (Laura): Por ejemplo, estábamos mirando una película con mi hijo (de cuatro años) y, en la escena final, había palmeras moviéndose. Él me mira y me dice “mamá, mirá las palmeras: se están riendo”.

Garganta (Rodrigo): Lo poético es un escalón más alto en todas las artes. Requiere de mucha sensibilidad.

Garganta (Gabriel): Lo poético no tiene definición. Como las palmeras: ella las vio bailando y su hijo, riendo. Depende de cómo cada uno puede percibir. Nadie lo puede explicar.

Garganta (Rodrigo): Por ejemplo, poética es la revista y es directa.

Claro, no tiene un lenguaje poético y es muy poética, porque tiene gran intensidad. Bueno, la última: el tema de este número es el Lado B. ¿Qué les sugiere el Lado B?

Garganta (Alejandra): La visibilización de la causa por la que luchamos. Cada revista es una causa que consideramos es la nuestra. Por ejemplo, nosotros lanzamos una campaña cuyo lema era “Un mar para Bolivia”. Y Perú terminó cediendo un pedacito de mar. El lado B es el más importante.

Garganta (Rodrigo): En la revista eso se ve muy bien. El lado A sería la tapa y el lado B, la contratapa: lo más importante. A nosotros nos gustaría que estuviera un vecino en la tapa, pero así no se venderían los ejemplares

Garganta (Gabriel): Se decidió poner a un famoso en la tapa para llamar la atención y visibilizar otra problemática. Y, a la vez, que ese famoso fuera representativo de los valores de la revista.

Garganta (Laura): Gracias a las tapas, se consiguieron muchas cosas: por ejemplo, comedores, merenderos. Un comedor en Zavaleta fue producto de la tapa en la que apareció Mascherano.

NOTAS

[1] Más sobre la historia de Facundo: https://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-191797-2012-04-13.html

2 Kevin Molina tenía 9 años de edad y fue asesinado. Después de un primer tiroteo entre dos grupos de narcotraficantes que se disputaban una casilla deshabitada frente a su casa, ante los llamados desesperados de los vecinos, la Prefectura se hizo presente en el lugar, pero no actuó. Según Roxana, la madre del nene, “miraron por arriba y se fueron. Una vecina escuchó que dijeron: ‘Vámonos, que se maten entre ellos’”. Diez minutos después, sin Prefectura en la zona, comenzó un nuevo tiroteo y Kevin recibió un balazo en la cabeza mientras se escondía debajo de una mesa. Otro disparo rozó el brazo de uno de sus hermanos.  https://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-254695-2014-09-06.html

3 Se refiere a Ezequiel (15 años) e Iván (18 años), dos pibes que trabajan en La Garganta y fueron secuestrados, golpeados y torturados por la Prefectura en la villa 21. http://www.lapoderosa.org.ar/2016/09/torturaron-a-dos-chicos-de-la-garganta/

 




JUGADAS

El Lado B: Entrevista a Mónica Santino.

Entrevista: Nora Lomberg, Anne Diestro Reátegui, Gabriela Stoppelman

Edición: Nora Lomberg

La vio venir. El sol se abalanzaba sobre la cancha, derramado en lluvias de luz, entre nube y nube. El tiro de esquina era la última chance de empatar el partido contra un rival muy difícil y añoso. Siglos y siglos de no pasar la pelota. Enormes extensiones de tiempo, meta arrellanarse en la cancha, sin que atisbaran siquiera las mínimas condiciones para que una mujer le reclamara el balón. Pero, mientras el otro se jactaba del enorme palacio donde acomodaba su victoria, un pique latía. Palpitaba bajito, era apenas una caricia sobre el pasto. En eso, el silbato autorizó el corner. La vio venir. Tenía el cuadro de la escena casi pintado en la retina. La posición del resto de sus compañeras, el cono de sombra sobre la hinchada detrás del arco, el hueco entre los defensores donde escabullirse. Y, aunque el escenario estaba tan claro, no subestimó a su rival. Durante los pocos instantes en que la pelota tardó en llegar hasta su cabeza, su memoria le proyectó- a toda velocidad- retazos del manual del prepotente, subrayados del libro del desprecio, apéndices de la enciclopedia del insulto. “Cuando terminen de discutir, por ahí aprenden a jugar”, “¿vos te viste en el espejo?”, “¿viste cómo te quedan los botines? La vio venir en esa curva que una franja del sol tomó de la cintura. Y así, entre la luz y comba, la oportunidad llegó hasta ella en giro de baile. Llegó en un ceñirse de la lucha al deseo, en un arco que le contaba toda la historia que fue necesario patear para quedar habilitada y en posición clarísima de gol. Un arco retorcido y lleno de espirales le susurró – una a una y en tan poco tiempo- la cantidad de ilusiones que debieron irse al vestuario sin pisar la cancha, la inmensidad de tarjetas rojas recibidas por tantas, sin haber jugado ni un un solo minuto, las columnas de amarillas tatuadas en las mitradas de cuántas hinchadas de lo adverso. La vio venir. Así, entre danza y relato. La pelota y ella se encontraron en el momento exacto, justo después de que las otras le armaran la precisa coreografía: los contornos cómplices del cuerpo colectivo. El pique latía desde hacía tanto tiempo. Sólo hacía falta abrir la historia con el pase indicado para que el leve latido se volviera estruendoso grito de gol. La vio venir. Entonces, Mónica Santino cabeceó.

LA ALEGRÍA NO ES SOLO BRASILERA

Vimos la película “Mujeres Con Pelotas”, tomamos algunas notas e hicimos algunas lecturas…
Queremos otra película para este momento, yo vi un documental de Carlinhos Brown, donde plasma la experiencia de Candeal, en Bahía, Brasil. Él armó una ciudad cultural en un barrio muy vulnerado y el documental gira alrededor de ese asunto. Yo me imagino una película así, con muy poca presencia nuestra y la voz de las pibas por delante de todo. Hicimos un festival, ahí había algunas compañeras con cámara y se iba a editar. Desde “La Nuestra”, organizamos el “Primer Festival Latinoamericano de Fútbol Femenino y Derechos de las Mujeres” -largo el nombre, ¿no?-. Fue del 25 al 28. No existen las casualidades, pero justo coincidió con el día internacional de la lucha contra toda forma de violencia hacia las mujeres.


Y eso también enmarcó desde qué lugar nosotras hablamos de fútbol y derechos. Desde La Nuestra y el cuerpo técnico, Juliana Román Lozano, María José Figueroa, Natalia Laclau, trabajamos muchísimo todo el año. La idea original era más larga y con más equipos, pero fue lo que pudimos hacer. Hubo que remar absolutamente con todo, hasta para conseguir la última cosita. El festival se desarrolló bajo el lema “Mi Juego, Mi Revolución”. En el torneo, participaron 8 equipos, de Provincia de Buenos Aires, de Córdoba, unas compañeras brasileñas, alemanas e inglesas, también algunas norteamericanas, que vinieron en rol de entrenadoras. A la par de los torneos, hicimos talleres y espacios de reflexión.

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¿Son todos equipos de lugares marginales?

No. Había un equipo de Zárate, un equipo de Laprida (club deportivo Barracas), un equipo de Córdoba, de Chile, de Colombia, las chicas de Villa Martelli- del Programa del Centro de la Mujer, donde yo trabajo hace un montón de años- y de la Villa 31. Como dije antes, estaba también el equipo que era como una mezcla entre Europa y Brasil. Ellas forman parte del Guerreiras proyect.

Es muy interesante porque las jugadoras brasileñas que pasaron por la selección se convierten en embajadoras del fútbol. Recorren Brasil, cuentan cuánto les costó jugar al fútbol. Hablan sobre cómo empezar a crear una cultura de mujeres en relación a este deporte. Las brasileñas juegan tremendamente bien y la mejor jugadora del mundo es brasileña. Pero todo eso no se compara con el desarrollo que el fútbol de varones tiene en Brasil, esa diferencia es muy similar a lo que pasa acá.

DE LA MANO DEL ABUELO, LA VUELTA VAMO´A DAR

¿Y cómo se te ocurrió a vos ser entrenadora de fútbol? Porque no es lo mismo jugar que conducir a los otros en su deseo de jugar.

La idea comenzó a armarse cuando logré jugar en AFA, ya de grande, a los 31. Entonces, empecé a entrenar con un grupo que se juntaba en Capital a las órdenes de un entrenador que se lo tomaba en serio, no de costado. No decía, “total son minas”. Era Cristian Lovrincevich . Aún trabaja en fútbol, no femenino ya. Con él, entramos a AFA, conformamos un grupo y jugamos para All Boys. Toda esa experiencia de asistir a su forma de entrenar me fue dando la idea de que podía ser entrenadora. Me parece que un poco, pasó estrictamente por lo deportivo, pero también por la militancia. Para nosotras el fútbol es militancia, por lo menos, en este momento histórico del fútbol de mujeres, es así. Entonces, si cada una, al dejar de jugar, se convierte en entrenadora, multiplica, ayuda a que no se caiga y a que las más chicas vean que en algunos lugares hay mujeres vinculadas con la toma de decisiones, con cómo se conforma un equipo, con decidir en qué lugar te paras a pelearlo. Lo mismo que pasa en la dirección técnica tendría que pasar en la faz dirigencial.

Es muy interesante cómo usás al fútbol como metáfora para explicar cuestiones extra futbolísticas.

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Sí, pero eso es de siempre. Yo empecé a jugar desde muy muy chiquita, vengo de una familia muy muy futbolera. La salida de los domingos era ir a Vélez. Mi abuelo, mi viejo, todos eran de Vélez. Entonces era una época en que la familia entera iba a la cancha, ahora eso se perdió, encima no se puede ir cuando jugás de visitante y otros montones de cosas que cambiaron. Pero, en esa época, todos los domingos, ibas a ver a Vélez a otra cancha y era una manera de aprender sobre los barrios, de sociabilizarte. Mi familia- muy fanática- tenía la particularidad de que íbamos a almorzar al club. Abríamos el club y cerrábamos el club, porque mi abuelo se iba cuando la última discusión sobre el partido terminaba. Yo era muy chica, iba de la mano de él, tenía 4, 5, 6 años y eso fue lo que aprendí. A mí me encantó. A mi hermano, hasta por ahí. Y a mi hermana, nada. Entonces, a medida que fue pasando el tiempo, esas ganas hicieron que tratara de jugar todo lo posible. Aprendí cosas vinculadas a lo colectivo, a cómo se puede transformar algo. En el barrio, entre todas juntábamos la plata para comprar una pelota de goma. Las cuestiones que tienen que ver con lo organizativo arrancaron ahí. Siempre pensábamos como un grupo. Lo mismo que te pasa en la cancha. Si vos no le podés pasar la pelota a una compañera, difícilmente puedas avanzar y meter un gol. Vos sola no vas a ningún lado. Y lo empezás a aprender así, yo creo que el deporte -y el fútbol, en particular- en ese punto, es maravilloso. Después eso trasladarlo al barrio, cuando las pibas conquistan la cancha, conquistan un horario para jugar en un lugar donde prácticamente no podían entrar. Las canchas son los espacios públicos más importantes en los barrios. Digamos, esa línea de cal se respeta, puede haber ocho millones de necesidades, pero nunca se va a construir una casa en una cancha de fútbol. Se construye para arriba, para los costados, pero en la cancha de fútbol, no. Y hay 5 o 6 canchas dentro de la villa 31, quizás más, todas respetadísimas y todas con una lógica organizativa. Que una mujer gane lugar, cobre visibilidad en ese espacio público tiene para nosotras un carácter político y de cambio.

BANDERAS DE MI CORAZÓN

La cancha la ganaron, sin embargo, vos insistís en la idea “pelear la cancha”.

Y, a medida que fuimos cada vez más y por la convicción de quedarnos plantadas ahí los mismos días y a la misma hora pasara lo que pasara, eso generó una costumbre que, al día de hoy, la tenemos que seguir peleando, pero ya nos conocen.

¿Pelear la cancha funcionó como metáfora ideológica con las pibas?

Claro, claro. La mayoría nació en la mitad de los noventa o más para acá. Entonces, son generaciones que han vivido la falta de laburo, padres destruidos por no poder sostener lugares. En ellas, la cuestión de lo colectivo estaba completamente perdida. Digamos que eras vos y te salvabas vos y nada más. Todo este proceso ayudó a volver a creer en la transformación colectiva. Nosotras creemos que la dictadura militar y los noventa arrasaron los barrios y el tejido social. Ahora estamos otra vez en peligro de que eso vuelva a ocurrir. Parece increíble decirlo, pero es así. Por aquellos años, la solidaridad y la ayuda al otro se cambiaron por sospecha, suspicacia- qué es lo que me quiere sacar, qué quiere de mí-. La mayoría de las pibas traía eso. Entonces se trata de ganar un terreno a partir de la práctica de un deporte. Para las mujeres todavía tiene aun más significancia, porque las pibas- desde muy chiquitas- están acostumbradas a hacer tarea de adultas: cuidar a los otros pibes, cuando no a los de la cuadra, a los propios y en edad muy temprana. La maternidad es el único fin en sí mismo para ellas. Montones de cosas, como el derecho al juego y a cómo se distribuye el tiempo están completamente vedadas. Recuperar un rato, solamente para jugar no sé si las va a convertir en futbolistas, pero es un espacio para ser con otras, un espacio de grupo donde la palabra se vuelve a recuperar entre pares.

Qué interesante, porque el espacio por excelencia de un barrio es la cancha. Y es gratis. Agarrás una pelota y vas a jugar. Y que justo ese espacio esté vedado para las mujeres…

Y, digamos que no está habilitado. No hay un cartel que dice “prohibido jugar”, pero hay un montón de cuestiones en el orden de lo simbólico. Por ejemplo, “no, porque tengo que ir a cocinar”. Los pibes largan la mochila del colegio y van a jugar y están el día entero y, cuando son varones más grandes, vienen de laburar y juegan partidos por plata. Digamos, entra otra lógica: las chicas no juegan. Entonces, el derecho al juego, en esa dimensión, no es algo trivial, no es “voy a jugar un rato”. Constituye un derecho que se amplía a montones de otras cosas. Nuestra experiencia de nueve años de laburo sostenido en el barrio busca la conformación de un grupo parado en sus derechos, que empieza a mirar la vida de otra manera. Algo que se pudo transformar en el barrio es que algunas logren que el compañero varón se quede a cuidar al bebé, mientras ellas juegan a la pelota, eso era impensado.

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DAR CUERPO A LA PALABRA

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Dana Rosiger

 

Es muy impresionante porque se traslada a la lucha de clases: lo que la clase media hace con la clase baja lo hacen los hombres con las mujeres: privarlas de pasar el límite de la supervivencia, del derecho al placer…

Y sí, después hacés esa lectura. Digamos, afuera de los barrios, en otras clases sociales, las mujeres no jugamos nunca más. Jugás en el colegio y, después, si perteneces al alto rendimiento y tenés la suerte de practicar un deporte, seguís. Pero eso es otra cosa, es el entrenamiento por logros deportivos más ir al gimnasio para estar más flaca, no tiene nada que ver con jugar.

Los hombres juegan, los hombres se juntan en un grupete y se van a la cancha, es para ellos como una ceremonia, un momento de descanso. Me parece que la noción de juego tiene que ver con lo que nosotros hacemos. Escribir, por ejemplo, es la posibilidad de perder el tiempo, entre comillas.

Exacto. Cuando pensamos el laburo, cuando nos sentamos a escribirlo, pedimos ayuda a un colectivo que se llama COCOIN, María José Berardi, Jimena Aón, Emiliano Martinez Royano, que después se ocupó del espacio grupal. Nosotras entrenamos esas dos veces por semana, pero también hay un lugar de grupo y las compañeras, acertadamente, habían dividido la cuestión en varios ejes: los cuerpos, los vínculos, el territorio y el lenguaje. La idea es pensar cómo están atravesados los cuerpos de las mujeres en ese ideario, cómo te bajan línea sobre el modo en que tenés que lucir. Los decires: que si jugas a la pelota vas a parecerte a un varón, vas a tener un cuerpo de varón. Y también se conversa sobre cómo empodera, cómo libera, poder decidir “yo tengo el cuerpo que quiero”. El movimiento histórico de mujeres va en la misma línea. Cuando hablamos de la legalización del aborto, tiene que ver con nuestros cuerpos y sobre qué discursos los atraviesan. En lo que nosotras proponemos, las pibas empiezan a armar una historia con pares, donde la palabra cobra otro poder, el territorio que se gana es la cancha y los vínculos entre nosotras. Cómo desbaratar la noción de que juntas no podemos hacer nada porque somos todas brujas, nos envidiamos, somos un desastre, la frase “poné una mina y se arma quilombo”. Cuestiones que muchas veces repetimos nosotras, como “todas las futbolistas son lesbianas, hacen un deporte de hombres, quieren ser tipos, por lo tanto, son lesbianas”,..

“Callate, gila, que es ley” decía una chica en la película…

Ah, eso era una piba lesbiana, defendiéndose de una burla, mientras le recordaba a la otra que el matrimonio igualitario ya era ley .

¿Ustedes escribieron esta experiencia?

Empezamos a escribir, a hacer un recorrido con estas compañeras que entraron a trabajar con nosotras en el 2014. Es un grupo que se armó a partir de los encuentros nacionales de mujeres, son psicólogas, educadoras populares, trabajadoras sociales. La idea era sistematizar la práctica. Ellas hicieron un esbozo. Digamos, hay un laburo hecho pero es cortito y tendríamos que darle una vuelta de tuerca más y sumar lo que pasó ahora en el festival, eso fue muy poderoso.

¿Las jugadoras escriben?

No, no se sientan a escribir con papel. Ese colectivo de compañeras del que les hablaba levanta lo que las pibas dicen.

Qué interesante sería que pudieran incorporar eso.

Hay unas chicas de la carrera de trabajo social que hicieron una tesis y me la trajeron hace dos días a casa. Me tengo que sentar a leerla porque debe ser muy interesante. Creo que se sacaron un nueve. Escriben sobre el deporte de mujeres en los barrios, de qué cosa se podría armar a partir de esas experiencias.

A LAVAR LOS PLATOS

En un momento de la película, los hombres dicen que el fútbol femenino es otro deporte. Es curioso porque eso no se dice del básquet femenino, ni del vóley femenino, ni de la natación femenina, ¿qué de singular los toca cuando las mujeres se apropian del fútbol?

Yo creo que es como la iglesia católica, ¿viste? Imaginate que una mujer pueda ser Papa, tiene una impronta masculina tan, tan fuerte, que se arma como una cofradía de varones. Tocás ahí y se sienten como amenazados, es su propiedad. Como si dijeran “este es un terreno nuestro donde ustedes no pueden entrar”. Mirá, hace muy poco, en el grupo de familias donde mi hija va al jardín, los padres varones decían “vamos a jugar al fútbol”. Todos más o menos están enterados de lo que yo hago. Y yo quería jugar. Primero, me dijeron que dirigiera. Y yo dije: no, yo quiero jugar. Al final de un cumpleaños, un papá dijo: “bueno, vamos a ponemos de acuerdo rápido porque somos varones. Las mujeres tardan más”. Imaginate, un par de nosotras le saltamos a la yugular. La cuestión es que pasaron como dos o tres meses y no se organizó ningún partido. Justo ayer le fui a decir,” che, ¿no era que los varones organizan más rápido?” “No, lo que pasa es que te pusimos a vos en el grupo y se armó quilombo”…, todo en el terreno del chiste claro. Entonces, cuando opinás de fútbol tampoco les gusta. Saber de fútbol es algo muy relativo, es un deporte que permanentemente cambia, siempre hay una incógnita de cómo tal o cual jugador va a jugar. Los varones relacionan saber de fútbol con que citaste dos o tres equipos de memoria o te acordaste de una jugada del año 74 en tal cancha. Y ahí se quedan mirándote. Pero, en realidad, son datos históricos, cualquier fanático o no, puede leerlos. Mirá, me acuerdo esa parte de “El secreto de sus ojos”, cuando Francella dice: “no se cambia de equipo” y recita. Ahí se dan cuenta quién podría ser el asesino. Siguen la pista de cómo el tipo, en una carta, cita a todo un equipo de Racing. Esa parte de la película es muy buena, porque es nuestra cultura. ¿Y a qué iba? A que ganarse el respeto por acordarse cómo formaba Vélez el año 71, me parece que no tiene que ver. Esa es la forma con la que los tipos se manejan. Ocurre cuando a la selección argentina le va mal y son todos directores técnicos y opinan y hablan.

Uno de los muchachos en el documental manifiesta que “El fútbol no es un deporte sencillo, no es para mujeres”. El mito es que ellos tienen más fuerza física pero no que son más complejos ¿De dónde sale esa idea?

Yo creo que esa idea sale de pensar que biológicamente los hombres tienen una superioridad con respecto a nosotras. Si cuando nacés, te tiran una pelota dentro de la cuna solo por ser varón y todos los incentivos tienen que ver con mover las piernas, saltar, correr mientras que a nosotras nos regalan el juego de cocina, la escobita, nos prohíben jugar a la pelota y dicen que no podemos hacerlo porque podemos lastimarnos una rodilla. Si lo vemos así, claro, el fútbol es un deporte complejo. Es difícil tomar decisiones con los pies y cambiar de estrategia en décimas de segundo. No tenés que mirar la pelota, tenés que mirar dónde están parados los demás. Cuando empezás a practicarlo a una edad temprana lo aprendés. Tiene millones de cosas que están relacionadas con la calle y la libertad, lo puede aprender una mujer o un varón en las mismas condiciones. Ahora, si alguien te dice que no podés, no vas a poder. Conozco a más de una piba que les pintaría la cara a más de uno que diga que sabe de fútbol porque son hombres. Hay hombres que sufren porque los obligan a jugar, y claro, como no saben jugar los mandan al arco o los tratan peyorativamente de “maricón”. Hay un libro llamado Fútbol dinámica de lo impensado de Dante Panzeri, habla sobre la complejidad del fútbol y lo compara con el caos del tránsito. Dice puntualmente que cuando jugás a la pelota es porque le escapás al quilombo, porque buscás los espacios. Pasa lo mismo para manejar, si vos estás en una calle embotellada pero tenés esa capacidad de abrirte para salir. El fútbol es igual. Leer el partido antes que la pelota llegue a tus pies y saber dónde están parados tus compañeros, muy pocos jugadores tienen esa habilidad. Ese libro hay que leerlo porque está escrito en los 60’, Dante Panzeri fue siempre muy revulsivo, nadie lo quería. Se murió en el 78. Ese libro está muy bueno y hay pocos jugadores con esa habilidad. Creo que el último fue Riquelme. Los sabiondos del fútbol lo llenaron de adjetivos: pecho frío, lento. Pero Riquelme es un tipo que juega más rápido que los demás. El fútbol no es correr, es pensar con los pies, con todo el cuerpo.

Camille Claudel, la escultora, eligió realizar una actividad que no se consideraba femenina en su época y terminó recluida en un manicomio por la propia madre. Además era la amante de Rodin y él no soportaba esa competencia, de hecho si vas al Museo de Bellas Artes hay más de cinco obras de Rodin y solo una de Camille. Entonces, ¿qué cambió hoy en día para una mujer que se decide hacer algo que es considerado muy masculino? Antes terminaba encerrada, ¿qué metáfora tenemos hoy como castigo?

Hay castigos que no tienen que ver con el encierro pero que sí te condenan de alguna manera. Hoy tenemos a los medios de comunicación y las redes sociales. Se me ocurre pensar en Cristina Fernández, a ella sin ser feminista, ¿cuántas veces la atravesó la violencia de género? Con el lugar importantísimo que ocupó. Se puede disentir con su idea política, pero ¿qué ropa se pone? El 80% de la crítica tienen que ver con esa condena. Si buscás páginas anticristina la mirada está puesta desde ese lugar. A mí me duele, más allá que pueda estar parada desde la misma posición política, puedo entender que alguien puede discutirla, pero no así. Creo que dentro de 30 o 40 años vamos a decir que fuimos contemporáneos de alguien muy importante, quizá de la talla de Eva Perón.

Y a vos, como entrenadora, ¿cómo te vuelve el castigo?

Todo el tiempo tenemos que estar validando lo que somos. No es lo mismo que llegue un varón y pegue cuatro gritos, es distinto. Entonces ese lugar lo tenés que estar validando permanentemente. Sobretodo porque es mi laburo y no es un hobby.
Pero ¿no sería auto discriminación? Es decir, ¿se tiene que insistir para que sepan que a pesar de ser mujer podés hacerlo?
No, no creo que sea auto discriminación, porque lo vivís y lo sentís. Uno lo percibe desde el lugar de la queja, intentás cambiarlo todo el tiempo y para mí, haberlo convertido en un laburo es el logro. Soy empleada de la municipalidad de Vicente López, contratada como Directora Técnica, en la Villa 31 también soy Directora Técnica y cuando hacía el curso me decían que era un hobby, o que estaba loca por el fútbol. Y esto no es un pasatiempo, es mi vocación. La batalla va por ahí, la violencia de género es simbólica y pasa todos los días. Estar corriéndote desde ese lugar es lo que nosotras pensamos cambiar. Para nosotras es un orgullo que nuestro cuerpo técnico esté conformado por mujeres, todas pasamos por el fútbol en una u otra instancia. Nuestra batalla es poner en agenda el juego y el derecho al juego. El tiempo, el ocio y qué hacemos las mujeres con eso. Lo estamos logrando, vamos por el tercer encuentro de mujeres en el que ponemos como actividad el fútbol y muchas compañeras feministas lo están tomando como un campo nuevo, algo renovador para seguir hablando de las mismas luchas.

Mi juego, mi revolución, ¿se refieren a eso?

Sí. Es la lectura política de lo que pasó en la Villa 31 y cómo trasciende. La militancia de un grupo de pibas, abre la posibilidad de articular con otros grupos. Además es político porque cambian costumbres, hay un empoderamiento de normas, nos adueñamos de la palabra. Todo eso queremos expandirlo de la Villa 31 a otros barrios.

FINAL DEL CUENTO

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Dana Rosiger

¿Cuál es la diferencia entre el juego y el deporte?

Yo creo que a jugador profesional de fútbol no son muchos los que llegan, nada más que un grupo de elegidos. Y lo sufren, yo creo que lo sufren, es una angustia infernal y una presión muy poco soportable. Y que no tiene nada que ver a cuando eran chiquitos y jugaban a la pelota. No es lo mismo y es muy impresionante cuando ese modelo llega hasta a los más chiquitos. Vos recorrés un torneo infantil y ves pibes con cara de angustia. Salen en fila india del partido, van atrás del director técnico con la cabeza agachada. Seguramente, en el vestuario los cagan a pedos o hay un padre, colgado del alambrado que grita barbaridades. Eso es muy común, lo podés ver cualquier fin de semana en una liga de fútbol infantil. Y para mí eso roza la explotación. Eso es terrible, eso les pasa a los varones, a los que tienen habilitado jugar. A mí me llamaba la atención que las chicas se quejaban de que no podían profesionalizarse. Pero, si se profesionalizaran, terminarían como los hombres, sería el “final del juego”. Yo creo que jugar al fútbol es una vocación. Hay pibas que nacieron para jugar a la pelota. Imagínate viviendo del deporte que te gusta… es muy lindo pensarlo. Yo creo que nosotras estamos en un momento divino, a años luz de la profesionalización. Tendría que haber muchos cambios culturales para eso. Un partido de mujeres tendría que llenar una cancha y ahí es donde empiezan a aparecer los intereses.

O desear un futuro que no termine en lo mismo que le pasó a los hombres.

Cuando esos intereses entran a ser prioritarios, es muy complicado, fijate ahora la catarata de cadenas de corrupción de los mayores dirigentes del fútbol mundial, la muerte de Grondona los dejo a todos al descubierto, es muy impresionante eso. El avión que se acaba de caer, es responsabilidad de la Conmebol y sin embargo los dirigentes fueron a llorar al funeral y las víctimas son los jugadores de fútbol. ¿Quién les devuelve la vida a esos jugadores?, es una locura, la selección argentina viajó en ese avión un poquito antes, sólo las piernas de Messi valen cuatro veces más que el avión. Es muy impresionante y no hay una renovación en eso, no sé cómo se cambia, pero es una cuestión estructural y es muy difícil. Nosotras de todo eso estamos muy lejos, la FIFA tiene intenciones de desarrollar el fútbol femenino porque le encontraron la veta comercial, eso es lo que pasa en otros países.

¿Y que harían ahí, ante esa propuesta?

Y ahí no sé cómo mantener cierto espíritu que tenga que ver con el juego, no lo sé, igual falta muchísimo para que en Argentina llenemos una cancha con un partido de fútbol de mujeres, falta para eso, mientras no genere ingresos no es un problema.

Pero eso se construye, si ellos toman la decisión de difundirlo hasta que se llene la cancha, van a lograrlo

Ojala pudiéramos conservar el amateurismo o esa manera de vivir el deporte y sentir el fútbol así. Lo que nosotras tenemos ahora son grupos de amigas, mucho esfuerzo por entrenar y montontes de cosas que están del lado del sacrificio o de la invisibilidad. En ese mundo deportivo, hay montones de cosas que nosotras ganamos que son muy importantes. Ahora me parece que debemos luchar para que las más chiquitas tengan acceso al deporte más rápido, pensar en clubes propios, donde pueda haber divisiones inferiores y un crecimiento, es una etapa histórica para dedicarnos a eso y también conseguir que haya más mujeres con conciencia de género en el deporte, en los lugares donde se toman decisiones. No alcanza con poner a una mujer que “ es la esposa de” y termina siendo peor que un hombre.

Recién hablabas de sacrificio, me pareció muy interesante en la película, cuando mostraban que practican en esa cancha lastimadora

Claro, ahora cambió, desde el 2010 tenemos un sintético, con un alambre alrededor. Y con el proyecto de urbanización de la villa es posible que haya una nueva obra y se mejore.

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Pero vos no te quejabas, eso me llamó la atención. Pensábamos si hacen un trabajo para revertir la queja, que es tan paralizante.

Si hay algo que nosotras aprendimos en el barrio, tiene que ver con esa conexión con lo vital, arreglarte con muy poco para que la realidad sea menos dura. Nosotras detestamos cuando nos encaran por el lado de qué buenas que son por lo que hacen, porque no es bondad, ni madre Teresa de Calcuta, ni asistencialismo, ni nada. Es ir a ejercer un derecho con sujetas de derechos que son las pibas. Nosotras estamos a la par y aprendemos de ellas como ellas de nosotras y lo que se arma, es un tuco que el viejo feminismo y el movimiento de mujeres sostienen: la horizontalidad y cómo nos emponderamos unas a otras. Nosotras aprendimos un montón. Decidimos hacer el curso de entrenadoras a partir de eso, a estas pibas hay que darles más cosas y para eso voy a estudiar. Ellas a la vez se hicieron dueñas de un lugar del barrio que les pertenece ejerciendo derechos, me parece que eso es muy distinto a hacer un campeonato, sacarme una foto y soy la mejor entrenadora del mundo, me vuelvo a mi casa y la piba está en el mismo lugar, digamos. A veces el deporte ahí es una línea muy finita para ciertos discursos de derecha, fascista, “te saco de la calle” y yo no te saco de la calle, voy a transformar la realidad. Pero el lugar existe, sino eso es muy peligroso y no es lo que nosotras queremos, el crecimiento es justamente a la par y es lo que nos hace poderosas como colectivo.

PELOTAZOS

Es importante entender que el lenguaje escrito y hablado tiene un gran valor. Nosotras tuvimos mucha suerte de participar este año en un proyecto hermoso. La idea fue de un jugador de fútbol: reunió a 24 jugadores a escribir cuentos sobre este deporte. El libro se llama Pelota de papel. No solo hay jugadores sino también directores técnicos. Es interesante ver cómo personalidades como Aimar, Cavenaghi, Sorín, escribieron cuentos relacionados con sus experiencias y algunos también ficcionados. Ahí te das cuenta que la tienen clara.

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Pelota de papel distinguido en la ciudad de buenos aires declarado de interés social y cultural

 

Hablando de cuentos de jugadores, Soriano y sus libros, ¿esa épica del fútbol te moviliza?

Sí, por supuesto. Hay literatura del fútbol que es hermosa. Nosotras participamos en Pelotas de papel y contamos historias de cuando las chicas de la Villa 31 viajaron a Berlín.

Trajimos algunas citas de autores, ¿nos decís cómo te rebotan? Passolini dice que el goleador es siempre el mejor poeta del año.

El gol es el mejor momento del fútbol. Es el momento donde lograste lo que buscabas. El tipo que le da el último toque a la pelota antes de que entre al arco es el privilegiado, pero detrás de eso hubo toda una construcción. Si lo comparás a cómo se construye una película, quizás tiene mucho que ver el proceso y el recorrido. El gol no es una casualidad o algo que se da porque sí. Pasa entre muchos y el goleador es el tipo que tiene un sentido de oportunidad. Palermo era así. Todos los goles de Palermo son como de película, el que hizo para la selección argentina en el 2010 fue así: vino como un centro de derecha a izquierda y él estaba parado ahí. Maradona se tira al piso para festejar y él se queda parado en plena lluvia. Es una construcción colectiva pero hubo un tipo que lo supo hacer.

Una cita de Albert Camus dice “La pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga”.

Es como la vida. Son todas situaciones de juego que nos hace estar preparados. A veces pareciera que algo tiene que ver con el azar porque no sabes cómo va ocurrir, una especie de mente fría para aprovecharlo a tu favor.

¿A qué te suena el lado B?

Pareciera como si lo que está por el lado A es lo más importante, pero el lado B es importantísimo. Si no hay B no hay A. El lado B es lo que nosotras hacemos, el día a día, estar, acompañar, hablar. Quizá sea lo más costoso. Pero si no hay B no hay A. Son como las patas, al menos lo que nosotros hacemos es eso. Como si vos armaras un partido o un entrenamiento, son montones de cosas que no saltan a la luz porque es la parte de atrás del disco, pero es completamente necesaria. Todo siempre depende del lado B, pero lo que vende está del lado A. En Pelota de Papel participaron jugadores uruguayos, no son los más conocidos. Uno de ellos se llama Agustín Lucas, va a fichar en un club de la tercera categoría uruguaya, el club Albión que tiene más de 125 años de historia y es uno de los más viejos en Uruguay. Él y dos compañeros más, escribieron un libro llamado El lado B y hablan de fútbol. Ellos también participaron en Pelota de Papel. Ahora se viene la segunda edición del libro, la primera parte fue un gran éxito, se vendió tremendamente bien, todo lo que se recaudó pasó para la Fundación Sí. Todos los cuentos tienen un prólogo y una ilustración. Es hermoso.

Hay una referencia sobre el fútbol en un libro escrito por Gabriel Lerman que dice: “El fútbol, dijo Martín Ferro, es una pantalla que le otorga prestigio a una ceremonia desnuda que se jugó en la infancia”.

La infancia es una ceremonia que reúne lo mejor de ser niño o niña. Una especie de enseñanza permanente para ser mejor. Se transforma en otra cosa cuando crecés, pero reivindicar esa ceremonia cuando volvés a jugar es lo más hermoso que tiene el deporte. Es la reedición de la infancia en cualquier momento de la vida. El juego tiene que ver con eso, con tratar todo el tiempo de ser mejor. No solo en lo deportivo, sino en todo lo que significa ser un colectivo. Tiene una repercusión cultural tan grande que hace que barrios enteros se identifiquen. Boedo está lleno de murales de un grupo llamado Grupo Artístico de Boedo con fotos de San Lorenzo antiguo. Cada mural tiene una historia. La gente se para y le cuenta a los niños quién es la persona del mural. Es una celebración del fútbol permanente. Siempre hay un más allá, la cancha se agranda y entramos todos. Al fútbol puede jugar cualquiera, Maradona era petiso y tirando a gordito, Messi es re chiquito. Todos pueden jugar.

¿Vos escribís?

Escribí cuentos para Pelota de Papel, apoyándome en las compañeras.

Usas muchas metáforas para hablar.

Me gusta mucho.

Escribir es también reeditar la infancia, un juego.

Sí, ¿no? Es también jugar.

¿Qué es lo poético para vos?

Volvemos al fútbol. Hay jugadas que tienen que ver con lo poético. Expresar o contar con palabras eso que es intangible. La poesía tiene ese poder. Describir con palabras lo indecible. El fútbol muchas veces tiene instancias que tienen que ver con eso. En el mundial del 2006, al primer gol de Argentina lo hace Saviola. Y Riquelme pone una pelota entre la línea de defensores al lugar donde iba Saviola porque sabía que iba poner la pelota ahí. Eso es poesía pura. Son formas de juego que tienen que ver con la capacidad de síntesis para poder realizar algo.

Eso sonó a cómo un verso funciona en el poema. Tiene ritmo como el fútbol.

Sí. Hay otro libro donde también participamos y habla de Riquelme. Se llama El caño más bello del mundo de Diego Tomási. Él quiere rescatar a Riquelme por encima de la opinión. Plantea una tesis sobre si hay una forma Riquelmiana de entender el fútbol. Mete frases de música, del tiempo, todo combinado, así como Riquelme jugaba. Hay una manera de ver el fútbol muy interesante, rescatándolo de todos los adjetivos que conocemos.

¿Y mujeres?

Hay que ver a Marta Vieira Da Silva, jugadora de Brasil. Tiene 5 balones de oro. La poesía intentaría explicarla por ahí, si es que tiene alguna explicación. A veces un pase es más lindo que un gol.

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Mónica Santino




LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS DE UNA “R” (CUADERNOS DE VIAJE)

El Lado B: Entrevista a Eduardo Berti.

Entrevista: Viviana García Arribas, Víctor Dupont, Gabriela Stoppelman.

Edición: Gabriela Stoppelman.

FRAGMENTO DE UN CUADERNO DE ORILLA

                                             “Cómo explicar que partió de mí un barco llevándome”

                                                    Alejandra Pizarnik.

Parto. Soy el padre de proa, el hijo de popa. O al revés. Soy la vocal que suena de origen y la consonante raspada en “desaraigo”. Tanto mover equipaje de un lado hacia otro, perdí una erre. Para peor de males, puesto ante las letras del reclamo, ni la pude pronunciar. Por eso zarpo con la falta. Así, con una letra menos, ando medio varado ente el puerto de partida y el camino. En esta franja tan estrecha en que conversa mi historia, el espejo de agua marca el paso del tiempo. Es de no creer lo rápido que anochece por estos lados. Ni bien me desperezo, ya me siento en la desembocadura de mi cuerpo. Y, aunque sé que el mar es inmenso, no puedo ilusionarme con anclar en ninguna gramática. Aun así, imagino algo como un rescate , comienzo cada una de mis frases como si  se tratara del inicio de la redención. Y me vuelvo a hundir: “rescate”, “redención”, todo lo que podría dejar trazas de un salvataje se inaugura con el sonido de la letra que no tengo.  De esta manera, entre lo que espero y lo ausente, se abre un hueco donde soltar amarras. Los vientos soplan un poco oscuros por estos días: de un lado son puro ulular y del otro, un magnífico silencio. De un lado, desovillan un rumbo, una estela legible sobre la superficie. Y, del otro, socavan desde lo profundo, desalientan toda escritura. Pero no voy  a caer en la trampa de esperar las condiciones propicias. Nada de “desensillar hasta que aclare” ni de atender por el rabillo del ojo a las advertencias de los dioses. Estoy huérfano de letra. El espejo me dice que ya es hora. ¿Qué es potencia y qué es obstáculo, en la prisa de quien parte?, ¿cuál es la superficie que refleja y cuál, el azogue?  El barco ha comenzado a girar sobre mí. Ya me indistingo entre la madera del casco. “Como si escribir fuera para mí un vasto país extranjero con su vasta lengua fantasma” (*)

 

Sean Yoro.
Sean Yoro.

CUADERNOS DE AGUA I: EL NAUFRAGIO DE UNA “R”

Las agujas del espejo giran todas mis desorientaciones. Mezclan ideas con chismes, decires con esperanzas. Dicen que la han visto deambular el idioma de una isla tan solitaria que, de tanto no tener con quién formar palabra, apenas se murmura entre sus propios dientes. Dicen que en el naufragio perdió una pata y, así, indiferenciada de una P, prefiere ocultarse de todas las visiones. Otros se atreven a más: en verdad no perdió una, sino dos patas, por lo que sólo le resta  arrastrarse como una D, gordita y petisa, en busca de una vocal que la ayude a recobrar algún sonido. El viento está un poco apagado estos días. Todo lo que tengo son rumores. Retazos de frases que se escurren y me dejan con muchísima sed. Mañana será otra espera. Ojalá pueda hallar un camino en el espejo.

                  “(…) con ese idioma obtenido en las orillas de las páginas de Józef escribir sobre mi padre” (*)

En los fragmentos de “El derrumbe”, dentro de “Un padre extranjero”, se nos aparece un corazón de algo sobre lo que quisiéramos conversar.  Algo muy difícil de formular como preguntas. Leemos: “Se llamaba así (“plutas”) tanto a los dispositivos de navegación como a los hombres que los guiaban (…) muchos troncos de madera atados, unidos entre sí y a merced de la corriente del Siret” (…)En sus choques, entre ruidos atronadores, los bloques de hierro formaban pequeñas montañas de agua

agua

Tal vez yo tendría que contar, primero, qué son esos fragmentos. Qué representan para mí y, sobre todo, para la novela. En “Un padre extranjero” hay varios elementos y hechos autobiográficos mezclados con otros que son ficcionales. Entre las cosas reales, se incluye el hecho de que mi padre verdaderamente nació en Rumania y el hecho de que, antes de morir, él se puso a escribir un libro, una especie de novela trunca que él llamaba “El derrumbe”, pero que en el primero de los cuadernos donde la escribió aparece como “El derumbe” por culpa de una falta de ortografía. Como digo en la novela, yo sabía que mi padre estaba escribiendo un libro (o que intentaba hacerlo) pero, mientras él estaba vivo, apenas llegué a leer un puñado de páginas. Después de su muerte, me encontré con varios  cuadernos manuscritos y tardé bastante en leerlos, acaso porque de este modo  alimentaba la ilusión de que él aún tenía algo para decirme. Después de leerlos, me pregunté si no podría hacer algo literario con ellos. Ya había empezado a escribir “Un padre extranjero”, iba más o menos por la mitad de la composición del libro, cuando sentí la necesidad de incluir algún fragmento de la novela de mi padre. Podría haber elegido otro. Pero, de inmediato, opté por esta historia de los plutas debido a cuatro razones: porque, a mi modesto entender, está mejor escrita que otras partes de “El derumbe”, porque transcurre en Rumania (muchos tramos de la novela de mi padre no suceden allí), porque hay algo un poco conradiano en el agua y la navegación y porque, a diferencia de otros episodios de “El derumbe”, la historia de los plutas tiene una especie de final y puede leerse con cierta autonomía, sin necesidad de conocer el resto de la novela.

Ahora bien, tomada  la decisión de incluir este fragmento y de fundirlo dentro de mi novela (un modo de fundirlo consistió en dividirlo, en repartirlo a lo largo de la novela), vino el segundo interrogante: ¿lo incluyo tal cual, sin ningún cambio, o intervengo en la escritura?  No deseaba intervenir para “corregir”, no deseaba intervenir con la pretensión de “mejorar”. Lo que me tentó fue escribir con mi padre. Escribir con él a dos o a tres o a cuatro manos (la cantidad de manos es un debate dentro de “Un padre extranjero”) de igual modo que Heuffer y Józef. Lo que me tentó es que de este modo, tras mi reescritura de su texto, no queda claro quién es el autor. Algo que no desentona, creo, en un novela donde los límites entre escribir y leer parecen borronearse. Y, ahora que lo pienso, hay algo allí comparable a la ambigüedad del término “plutas” que designa tanto a la improvisada embarcación como a los tripulantes, como si los límites entre el hombre y la nave se borronearan también. Es curioso, entonces, que esa imagen de los troncos corriendo, casi cayendo por el río, que tanto tiene de columna vertebral, de eje, de centro, haya sido añadida a mi novela en una etapa ya avanzada… Da ganas de aventurar que esa especie de columna vertebral existía de antemano. Que toda la novela navega en esas aguas, en esas corrientes. Y que escribir es, en cierto modo, arrojar unos troncos en un río… Por no decir que es arrojarse uno a merced de la corriente de un río. Sobre todo, si se trata de una novela. Los franceses hablan de ¨roman fleuve” (novela río) en el caso de las obras narrativas de trama densa, compleja. La imagen es comparable a la del árbol, que muchos otros escritores emplean o han empleado a la hora de hablar de una trama compleja o, incluso, a la hora de comparar las exigencias y posibilidades de la novela frente a las exigencias y estrategias usuales del cuento. La novela como árbol (o río), como algo que se ramifica;  el cuento como un círculo cerrado en sí mismo. El otro día, charlando con un amigo francés, le conté que actualmente trato de escribir una novela breve. Una novella o nouvelle de unas 100 páginas. Ese género intermedio que tanto me apasiona como lector y que ha dado obras magníficas como “La muerte de Iván Íllich”, de Tolstoi, “Bartelby, el escribiente”, de Melville, “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde, “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”,  de Stevenson. O, más cerca en el tiempo y el idioma, “Los cachorros”,  de Vargas Llosa  o la “Crónica de una muerte anunciada”, de García Márquez. Le decía yo a este amigo que no deseaba escribir una “novela río”, sino algo más concentrado. Entonces, jugando, inventamos la “novela lago”…

Juan Gris, El libro abierto.
Juan Gris, El libro abierto.

CUADERNOS A CUATRO MANOS: EL ENROQUE

Hace unas jornadas que el día amanece cambiado de sitio. Un poco desplazado del margen de las horas, con esa inclinación hacia el mediodía que, ya desde temprano, me recuerda a otros comienzos del tiempo. Nada para exagerar, sólo una leve modificación en el orden de los sentidos, que termina por reflejar en el espejo de las horas las señales de otro nombre. Así que ahora escribimos juntos. Siempre un poco desfasados de aquello que buscábamos, siempre a punto de desencontrarnos en el papel y en el abrazo, siempre tan cercanos que se nos encandilan las frases. Todo el mundo advierte sobre esto de escribir a cuatro manos. ¡Si con dos, ya era un lío bárbaro! Pero, una vez que se empieza, sólo resta multiplicar. Soy el padre y el hijo, de proa, de popa, a babor y a estibor.

                                     ((…) donde la menor digresión, como este paréntesis, equivale a un fastidioso desvío del camino más recto)” (*)

 

Padre e hijo, Troche.
Padre e hijo, Troche.

Y hablando de términos de doble cara y escrituras a cuatro manos, hay otra alternancia  en la novela, sobre la cual nos gustaría conversar: lo que desborda inesperadamente  toma formas, lo  más fluido entre lo más duro. Lo sólido y lo fluido en la escritura: “(A Józef) esa lengua que, aun cuando lo había alejado en cierta medida del mar también lo había acercado porque era la lengua de los marinos (…) Józef la concebía como el agua: fluctuante, moldeable, contraria a la perfecta solidez continental, terrestre, del idioma francés”

¿Qué decir de todo esto? Leo la palabra agua y no puedo dejar de pensar en la cantidad de ecos que se fueron construyendo, muchos de ellos de manera inesperada, entre “Agua” (mi primera novela) y “Un padre extranjero”. Algunos de esos ecos los menciono incluso en forma explícita dentro de “Un padre extranjero”. Por ejemplo, que mi padre se puso a escribir “El derumbe” tras leer mi primera novela. O que una tarde, en medio de la escritura de “Un padre extranjero”, puse mal un dedo en la tecla de mi computadora y en vez de escribir Borys (nombre del hijo de Józef) escribí Broys, que es casi igual a Broyz (nombre del personaje de mi primera novela). Pero lo más inquietante, sin duda, es que “Un padre extranjero” narra, entre otras cosas, un secreto de familia: un secreto de mi padre que yo supe solamente hace unos cinco años, pero que “Agua” (novela escrita hace unos veinte años) ya presentaba en su trama, como si yo hubiese intuido lo que más tarde iba a descubrir.

Otra vez la erre y sus picardíasPero volvamos a lo fluctuante y a lo continental.  La relación con el lenguaje, ¿podrías pensarla como una oscilación entre el naufragio, el viaje y la orilla?

En cierto sentido, cada una de mis novelas ha sido un viaje. Esa sensación se potencia, sospecho, en el caso de las novelas que ambiento en otras épocas o en otras regiones. En países imaginados o en épocas pasadas que son, como reza la célebre frase de “El intermediario”, de L.P. Hartley, “países extranjeros”. Personalmente, me fascinan tanto los viajes reales como los imaginarios. Viajar me inspira para escribir. El riesgo de naufragar en medio de una novela (ya me ha ocurrido, hay novelas inconclusas porque me ahogué en medio de ellas) es un desafío estimulante. No llego, en ese sentido, a la postura extrema de Raymond Roussel, que famosamente hizo un largo viaje para no moverse del barco y pasarse el rato escribiendo en el camarote… Pero me gusta combinar, mezclar viajes verdaderos con viajes imaginarios… ¿El vínculo entre el lenguaje y el agua? Me gusta que la prosa fluya, que corra con eufonía, pero no con simpleza obvia. Me obsesiona esa idea de que el lenguaje es un virus y me cuesta no vincularla con la certeza de que todo está hecho de agua, que estamos hechos de agua más que de cualquier otra cosa, que el agua es otra especie de virus, si se quiere… Y que el agua, como las palabras, puede ser nuestra salvación o nuestro ahogo (según cómo nademos, según nuestro estado físico), que el agua puede ser, como las palabras, el medio que nos permite ir de un lugar a otro, vincularnos, comunicarnos, pero esto no excluye la zozobra.

 berti5fragmentos de un diario piglia stupiaCUADERNOS  IMAGINARIOS: VIAJE POR EL PAÍS DE LAS PALABRAS QUE AÚN NO EXISTEN.

Fue anoche. Me dormí muy temprano y llegué aquí un poco en entre sueños. Ni bien desembarqué, me topé con su sombra. Me dio tanta pena. La “R” andaba zigzagueante y sin rumbo, como una vagabunda en calles extranjeras. Me pareció que ladeaba la mirada hacia algunas ventanas, como quien añora, en la luz que apenas se asoma, un lugar de descanso. No pude apurar el paso. Mucho menos, pronunciarla. Entonces me dormí sobre  las huellas que ella dejaba en el camino e imaginé un diccionario entero con novedades para erres solas y para erres apareadas. Después, al retomar mi viaje, todo fue el sopor del olvido. Sin embargo, del país de las palabras que aún no existen, me he traído un tarareo, una cantinela que insiste sin terminar de existir. Una promesa que anida en un ritmo. Y, con eso, a veces me alcanza para no sentirme tan huérfano.      

 berti6Arte-hecha-con-libros-27En síntesis, resulta que un día yo me fui a vivir al extranjero, a entender cuáles preguntas debía hacerle a mi padre para entenderlo y cuando al fin logré reunir esas preciadas preguntas (…) mi padre murió sin mí, mi padre murió conmigo en el extranjero (podría decir que estábamos los dos en el extranjero, cada cual en su extranjero)(*)

En otro momento de la novela dice: “Me fue imposible no pensar que la vida transcurre a la misma velocidad que el Siret y que desemboca en la muerte, de manera inexorable. Me fue imposible pensar que la muerte, pese a lo que podría sugerir su quietud, es capaz de generar vida. Así lo demostraban las ansiosas llamas de las antorchas en Galatz”. La quietud que engendra muerte, la pertenencia que engendra extrañeza, lo familiar que da luz a lo extraño (pienso también en La mujer de Wakefield- en Wakefield mismo- en “Agua”). Una poética que atraviesa muchos de tus textos.

Es cierto. Lo que algunos llaman lo siniestro (la presencia de cosas extrañas en un marco familiar) es algo más o menos constante en lo que escribo. Creo que forma parte de mi visión del mundo. No es algo, en cualquier caso, deliberado o teórico. Por eso me atraparon desde muy joven las greguerías de Gómez de la Serna, por ejemplo. Porque, por medio de una analogía, de la comparación entre dos cosas, echa una mirada nueva, casi de extrañamiento, a objetos totalmente cotidianos. En “Un padre extranjero” esa tensión se hace más explícita, casi desde el título, me parece, porque hay un oxímoron muy fuerte en la idea de que se puede tener (y se tiene, muchas veces) un “familiar extraño”. Tampoco quiero exagerar con este asunto del familiar extranjero en un país como la Argentina, donde todo el mundo o casi todo el mundo tiene un padre o un abuelo que llegó de lejos. Nosotros venimos de los barcos, como reza el chiste. Pero están los ingredientes singulares del caso de mi padre y quise trabajar a partir de ellos, novelar a partir de ellos. En el caso de mi padre, lo extranjero y lo extraño se dan la mano por medio de las informaciones escondidas, de los secretos, de todo lo que él mantuvo fuera de mi alcance. Por otro lado, mi padre no venía de España o de Italia o de los países tradicionales de nuestra inmigración. Y, encima, él no hablaba ni contaba nada de su país de origen. Él había amputado su idioma natal y había amputado, al menos frente a mi madre y a mí, su pasado en Rumania. Contaba muy poco. En consecuencia, en mis tiempos de niño (sin internet, con la cortina de hierro) yo tuve que imaginarme ese país. Tuve que construirme esa Rumania de la que mi padre no hablaba. No resulta tan osado decir que su Rumania fue mi primer “país imaginado”…

“Las sogas cayeron al agua pero ninguna acertó”. Otra vez pensamos en el lenguaje y en la escritura que tiran sogas y nunca aciertan del todo. ¿Cómo relacionas ese punto inaccesible con lo poético?

Acertar es la meta de todos los que intentamos hacer literatura o como se llame… En mi caso, uno de los modelos principales es Flaubert con su aspiración a la palabra justa. La palabra que acierta, pero que no es la palabra obvia: no es casual que el mismo Flaubert que busca la palabra precisa, acertada, combata con violencia tanto el lenguaje rococó como los lugares comunes de la burguesía (los tópicos) en su diccionario de idées recues. Hay algo inaccesible en esta meta de la justeza, puede ser. Pero vale la pena. Es como cuando uno traduce de un idioma al otro. Lo más sano que uno puede hacer es sentarse a traducir sabiendo de antemano que será vencido… Que habrá algunos momentos de justeza o de algo parecido, pero que otras cosas serán imposibles de traducir idealmente. En “Un padre extranjero” hablo al pasar de este ideal de Flaubert y comento que Joseph Conrad sumaba a la palabra justa la necesidad de un tono justo, de una escritura que fluya y suene con justeza. Hay quienes añaden a eso, también, la necesidad en la justeza de los detalles… Flaubert hablaba de la importancia de los detalles, hablaba de acertar en los detalles que uno escoge para singularizar y darle vida a las mentiras de la ficción, una lección que Chéjov nos brinda en sus cuentos, estimo yo, con maestría. Más allá de este asunto de acertar, a mí me interesa especialmente cuando el lenguaje se enfrenta con sus límites, con lo inasible. Cuando no existe una palabra para nombrar algo, por ejemplo. Esta noción fue importante para la escritura de mi novela “El país imaginado” y sigue siendo importante para mí. Hace poco me invitaron a presentar una antología llamada “Golpes”, en la que hay un texto mío. En un momento, se mencionó que está hecha de textos especialmente escritos para la ocasión y surgió un debate sobre el hecho de que no existe una palabra concreta para diferenciar una antología hecha de textos ya publicados de una antología hecha de textos inéditos y escritos para ella… Salvo que exista el término… Pero nadie allí lo conocía.

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BITÁCORA DE UNA SECUELA

Dejé atrás el país de las palabras que aún no. Qué días trabajosos  son los días de después. Lejos de los cuadernos imaginarios, la comida sabe insípida y la sed no da tregua. Sólo queda  permitir que la memoria distribuya los restos de la última parada entre los vientos del presente. No hay ni rastros de la letra que venía a buscar. Pero sí que he encontrado pistas. De tantos pájaros que confundieron mi deseo con un anuncio, ya perdí la cuenta de mis desengaños. Cansado de las señales falsas del cielo, he comenzado a cantar. Y, cuando mezclo la melodía con mi historia, es como si  escuchara otra vez una voz padre. Una voz apurada por decirme la última cosita indispensable, antes de retirarse a morir.

“la vida de mi padre, pensé, es la secuela de un barco” (*)

Hay momentos de la novela que parecen poemas en prosa. ¿Cuándo una o más imágenes te piden el poema?, ¿cuándo una imagen no es narrable?

A ver. No solo me considero un narrador, sino incluso un lector de prosa más que de poesía. Pero me interesa la poesía y me gustan las obras narrativas que tienen la emoción y la belleza formal de un buen poema. Una vez más: creo que las barreras no son tan claras. A simple vista, desde luego, están por un lado los versos tradicionales con sus rimas y sus reglas formales y están por otro lado los textos narrativos con sus encadenamientos de causas y efectos y con todas las marquesas que salieron a las cinco… Pero en esto hay mucho de caricatura. ¿Qué ocurre, por ejemplo, con muchas microficciones que navegan entre la poesía y la narrativa?  Alguna vez, Paul Valéry sostuvo que la narrativa equivale a caminar porque se dirige a un punto preciso, en tanto la poesía equivaldría a bailar. Gran parte de la denominada “ficción hiperbreve” le plantea un problema a esta división, ya que a menudo presenta una prosa más intensiva que extensiva, como si avanzara escasamente (más sugiriendo o comentando un periplo que cumpliéndolo) y, para colmo, incluso “bailando” de a ratos…No soy ni me considero poeta, pero me gusta lo poético, si vale decirlo así. Me gusta, en verdad, la idea de mezclar otros registros y otros cuerpos más o menos extraños en el seno de una novela porque la historia de la novela ha demostrado que el género supo renovarse y sobrevivir, gracias a su notable capacidad para fagocitar y asimilar todo. Por eso, cada tanto, aparece una novela determinante que nos cautiva al mismo tiempo que nos conduce a preguntarnos: ¿es esto que tengo entre las manos una novela?

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Gyula Kosice.

 

NOTAS SOBRE EL ESPEJO DE A BORDO

Todo se ha vuelto una gran locura. No puedo mirarme la letra de proa sin descubrir entremezclada la letra de popa. Ya lo dije al principio. Me cuesta  organizar mis filiaciones. A cada  imagen, me tiento con desandar el camino de las distancias. Y nunca vuelvo a ninguna parte ni termino de llegar. La letra que faltaba puede estar escondida en algún pliegue de este espejo que, a  esta altura, se ha trasformado en un artefacto del demonio. Se faceta, se dobla, se repliega, se extiende sobre mí, me deja de a pedazos, me tritura en ecos y me multiplica en voces.  Sospecho que ha tomado el timón de la nave. De ser así, no habrá más anotaciones en los cuadernos hasta que pueda reencontrarme con mi imagen. Atravieso una zona de turbulencias en el cristal. Extrañamente, no estoy triste. Un entusiasmo intenso me sostiene, una sensación de estar a punto de un encuentro.

                                   “(…) Cuando recién levantada busqué mi cara en un espejo convencida de que allí vería algo inédito, en el mejor de los casos una minúscula marca de madurez, y lo único novedoso fue el paisaje que me rodeaba: el mobiliario, las cortinas, las ventanas y la luz de la familia Zhao. Todo cuanto sería mi mundo.”(*)

Esta es la figura que primero se nos apreció al conversar sobre tu libro con los compañeros anartistas. Desde la ironía, ”(…)“Gracias al milagroso peso argentino que al mirarse en el espejo veía un dólar” hasta una  galería de espejos en paralelo, donde cada uno enlaza con la imagen del anterior pero también la modifica o la cambia de escenario: “él había pasado muchas horas frente al espejo hasta completar una serie de cuatro o cinco cabezas que lo retrataban joven: en varias fotos de esos tiempos pueden verse aún las cabezas alineadas y, no sé por qué, todas negras” (..,)“(Vivía) en un barrio de Buenos Aires que se alza sobre un arroyo entubado (y ahora) no lejos de Place d´Italie, el mismo barrio que se alza sobre la bièvre entubada”

Hay un juego de espejos, sin dudas, que se condice con los ecos, las repeticiones y los leit-motifs que le van dando sentido y unidad a la novela. Yo creo, como decía Raymond Queneau y repetía Ítalo Calvino, que las novelas también riman y que tienen una manera de rimar que suele ser la de los espejos o la de los ecos. Por otra parte, lo que yo cuento, más o menos al comienzo de mi libro, es verdad: yo me puse a escribir una historia basada en un episodio de la vida de Joseph Conrad, sin saber si iba a tratarse de un cuento o de una novela (cosa bastante rara en mi caso, ya que este asunto suelo tenerlo más o menos claro), cautivado por una escena en la que Joseph está enfermo, tiene mucha fiebre y se pone a delirar en polaco delante de su esposa, que no entiende ese idioma y no sabe bien qué hacer. En un momento me pregunté por qué estaba escribiendo esa historia. ¿Qué me interesaba de ella? ¿Por qué me sentía en un mundo familiar narrando el vínculo entre Conrad y su esposa Jessie? Pronto entendí que había muchos elementos en común con la historia de mi padre: un extranjero que llegó a la Argentina casi sin hablar el idioma local, que no desaprovechó las oportunidades que brinda el exilio para “reinventarse” y se casó con una mujer nativa y mucho más joven… Una mujer que sabía pocas cosas de su pasado. En este sentido, el personaje de Józef (Conrad) y su vínculo con su mujer y su hijo Borys funcionan como espejos… Como espejos de mi padre, mi madre y yo. O, si nos ponemos estrictos, porque esto es una novela (insisto) donde mezclo cosas reales con otras imaginadas, como un espejo de la familia del narrador.

DIARIO DE AMARRAS

El zarandeo es constante. Apenas pude alcanzar este margen del diario. Soy incapaz de hacer pie. Me siento yo mismo la letra faltante encarnada en la versión donde perdía las dos patas. Y no hay en el horizonte ni atisbo de una vocal que pueda salvarme.

            “Mi padre parecía emularme escribiendo una novela; yo lo emulaba a él siendo un extranjero” (…) Józef era el primer hombre nacido en otro idioma y trasplantado al inglés…ese polaco no amputado del todo porque revivía con la fiebre(*)

¿Podríamos hablar de un proceso de “hacer pie” en el lenguaje?, ¿caber en el lenguaje?

Para un extranjero, sin dudas, se trata de hacer pie en una lengua. De ver si logra caber en él… Sí, es una buena imagen… Cuando yo era niño y aprendía a escribir y a leer, en Buenos Aires,  por medio de la práctica y la educación oficial y no oficial, la imagen que tenía al respecto era más bien la contraria: poco a poco, dentro de mi cuerpo iba entrando, cabiendo, ese idioma materno, ese idioma que todos hablaban a mi alrededor… Pero la sensación de extrañeza cuando uno se enfrenta con un idioma que no domina, que no aprendió del todo, es más bien la contraria, ¿no? Uno se pregunta si puede caber en ese idioma

Meen y Falk. Jessie y Amy Foster, Józef y su escritura. Berti y la escritura de Józef. Hacer pie, replicar con el eco y la imagen del espejo, tender ligaduras entre los abismo de los seres, ¿tu escritura podría funcionar como un tirar amarras para hacer familia?

Tengo esa costumbre de tirar amarras, puede ser…  Y me gusta armar familias. Cuando, hace unos años, hicimos con Edgardo Cozarinsky una antología llamada “Galaxia Borges” fue una manera un poco diferente de hacer familia. Cuando hago guiños más o menos explícitos en mis libros a autores o a obras que me han marcado (Wakefield, los Funes, etcétera) es posible que sea una forma bastante insolente y arriesgada de tirar amarras…

CARTILLA DE JUEGOS

Pasadas las turbulencias, apareció un “de pronto”. De pronto, de tan perdido, de tan obsesionado con la letra que me faltaba, me puse a jugar. La rabia de la tarde ruborizó todo el tiempo, hasta que llegó la mañana. La noche, rendida, se restregó contra el sueño y reculó dos casilleros en el espejo.  Así, aterrado, se retrajo un poco el rumor de las ráfagas, que perdió dos turnos. Todo el casco repiqueteó una lluvia muy pasada hasta hacer retumbar los ecos. Relámpagos, remolinos y ramonerías echaron suerte y sólo lograron retroceder al punto de partida. Y era una suerte tan grandota esto de vivir tablero adentro. Casi como haber encontrado una familia.

 “Y no puedo dejar de pensar en lo que alguien dijo tras la muerte de Józef: que, al valerse de una lengua conquistada, no era extraño que manipulara  a veces las palabras como si éstas fuesen cosas exquisitas. Como tesoros prestados.” (*)

“Los garabatos que hacemos mientras hablamos por teléfono son la taquigrafía de lo que no decimos”, “Ramonerías”, Eduardo Berti. 

“Un molino es un reloj donde el tiempo pasa volando.”, “Ramonerías”, Eduardo Berti

Hay algo en ese gozar como golosina las palabras que recuerda al modo en que los chicos incorporan nuevos términos, recuerda cómo buscan una historia o inventan un comentario para meter la nueva palabra. Por otro lado, están tus “Ramonerías” (1), y tu participación en el movimiento Oulipo (2). Lo común en esas búsquedas es lo lúdico, esa sorpresa y experimentación de nuevo mundo en la escritura.

Hay un costado infantil que no quiero perder por nada del mundo. Tiene que ver con los juegos, tiene que ver con cierta inocencia que permite observar las cosas con sorpresa y sin decirse de antemano “ya sé, ya conozco eso”, tiene que ver con cierto arrojo a la hora de tomar decisiones que, ya adultos, no solemos tomar por miedo a perder cosas que creemos haber obtenido o conquistado…  Al mismo tiempo, soy alguien que tiende a la autoconciencia, lo sé. Y cuando escribo suelo ser muy autoconciente en lo que tiene que ver con las formas, por ejemplo. La clave, me parece, reside en mantener la frescura pese a la autoconciencia. Creo que la estética de Oulipo tiene que ver con ese delicado equilibrio, ya que se trata de jugar en serio. De mezclar lo lúdico con lo riguroso. Pero, si lo pensamos bien, cualquier juego tiene sus reglas serias y rigurosas. Y el vínculo entre el juego y el arte es algo bastante conocido. Los ingleses lo tienen muy claro cuando llaman “play” a una obra de teatro o cuando usan el verbo “play” (los franceses usan “jouer”) para tocar un instrumento.

CUADERNOS DE APUNTES

Ahora estoy mar adentro aunque, en verdad, no me alejé demasiado de la costa.  El espejo, sin embargo, marca muchísimo tiempo transcurrido. Los trazos se acumularon y debo releer todo para ver qué es huella y qué es desvío. Aun me falta una letra y también un montón de palabras.  Me sobran algunos giros, pero igual me di el gusto de prolongar el viaje y pasar por algunas tierras fuera de mapa. Por momentos, entre el golpeteo del agua contra el casco del barco, creo escuchar una voz. Suena lejana. Como si, después de haber sido acunada en lo profundo, emergiera sin estar lista para la superficie. No puedo entender qué dice. Tengo la sensación de oír el resto suavizado por la distancia de un sonido que, intenso e impetuoso en el origen, llega a mí, manso y adelgazado. Como una doble erre vuelta ere.   

 “Una mañana, de pronto, mi padre soltó unas palabras en su idioma materno. O eso supongo. Pero no  las punteé, ni siquiera por fonética.”

Rasch - Viaje diraio collage.
Rasch – Viaje diraio collage.

“Los cuadernos de apuntes de los escritores poseen a menudo listados para bautizar a posibles personajes.”(…) “¿Acaso no decía Jozéf (…) que un escritor más que hablar de alguien, acostumbra a hablar con alguien?”(…)”Imagino a mi padre releyendo sus cuadernos, preguntándose cómo debe terminar su novela. La trama se ha explayado mucho. La trama se ha desmelenado.”¿Con quién conversa la escritura de los cuadernos de apuntes?

Soy un lector voraz de los cuadernos de apuntes, de los cuadernos de trabajo de los escritores. Traduje hace poco los cuadernos de trabajo de Flaubert. Y acaba de reeditarse mi traducción de los cuadernos de apuntes de Hawthorne, que en su momento fueron importantes para la escritura de mi novela “La mujer de Wakefield”, ya que en ella yo amplifico y reescribo- desde otro punto de vista- un cuento muy conocido de Hawthorne, pero también incluyo o desarrollo algunos gérmenes de ideas que recogí de sus cuadernos. Otros cuadernos de notas que he leído con enorme interés son los  de Somerset Maugham… Mi cuento “La carta vendida”, incluido en un libro llamado “Lo inolvidable”, se basa en una idea que Maugham expone en uno de sus cuadernos sin llegar a expandir ni explorar del todo… Además de puntos de partida, los cuadernos de notas suelen señalar puntos finales: hasta acá llegó tal autor cuando no pudo desarrollar más su impulso primigenio; aquí está lo que dejó a un costado tal autor porque acaso no le convencía del todo la idea; aquí están los límites, no solamente los individuales sino quizás los de una época… La escritura de los cuadernos de notas conversa con esos límites y tiene algo, al mismo tiempo, de esos textos escritos en segunda persona (usted, tú, vos) que algunos llaman “narrador ambiguo”, porque no queda claro si el que narra se está dirigiendo al lector o si está hablando consigo. Los cuadernos de trabajo están en esa zona ambigua. Y si no lo estaban, si habían sido pergeñados para no salir a la luz, para no ser más que un monólogo privado, desde el momento en que se hacen públicos, empiezan a habitar esa zona.

CUADERNO DE LA OTRA ORILLA: EL RESCATE

Hoy a la mañana, después de tanto buscar, la encontré a mis pies. Enterita y sin pérdida, con su dos patas bien dibujadas. Estuve a punto de levantarla, pero me detuve. Anoche, antes de dormir, leí en un libro una historia donde un hijo encuentra una novela escrita por su padre, poco tiempo antes de morir. La novela del padre se llama “El derumbe”, así, con una erre faltante. Por un momento temí que, si rescataba a mi letra tan buscada, no haría más que consumar la caída final. Completar la erre faltante lograría que todo se viniera abajo. Justo esa noche tenía que ponerme a leer esa novela. Después de tanto y tanto buscar. Justo esa noche, en la orilla del rescate. Pero de ese modo fueron las cosas. Así que di vuelta mi deseo del lado del ruedo. Y “un silencio concreto, caído del cielo; una calma hecha del viento y del canto y las maniobras de los pájaros… una calma robusta”. (*)

 “Mi padre había muerto hacía un año, más o menos. El reflejo de llamarlo perduró en mí un par de años.”(*)

 “es más fuerte que yo, el viaje empieza antes con la escritura (*)

¿Qué es para vos el lado B?

Hablar del lado B es toda una declaración de principios. El lado A suele ser (o, más bien, quiere ser) el “hit”, el lado B suele ser esa otra canción que no fue pensada para el éxito y que, sin embargo (porque, por suerte, el mundo del arte es el mundo de lo incierto), a veces se convierte, con el paso del tiempo, incluso en algo más exitoso que el lado A. El lado B es, por lo tanto, la contracara, la antípoda, lo oculto (y de culto) y hasta lo amputado por los grandes medios y por la gran industria cultural que no solo privilegian los lados A, sino que suelen ignorar directamente el mundo B.

 (*) Citas de “Un padre extranjero”; Eduardo Berti

(1) Ramonerías: textos breves de Eduardo Berti,  que siguen la huella y homenajean las greguerías de Ramón de la Serna

(2) Oulipo: Grupo de experimentación literaria fundado en París en noviembre de 1960 por el escritor Raymond Queneau y el matemático François Le Lionnais. Eduardo Berti fue invitado y hoy forma parte de este proyecto.

 

 

Jane Hambleton.
Jane Hambleton.




EL ÁNGEL DE LA FILCAR

El Lado B: Entrevista al escritor Gabriel D. Lerman.

Entrevista: Adriana Valletta, Julieta Strasberg, Gabriela Stoppelman

Edición: Gabriela Stoppelman

                                                                                         Pero ese vacilar que nacía del calor y del ruido era el aletear de una mariposa gigante que lo invitaba a volar y se quedaba furtiva, en el aire, como tendiéndole un estribo.”(*)

ÁNGELRe podrido de que lo tuvieran de allá para acá, meta alcahuetear de la altura a la tierra y de la tierra a la altura, el arcángel Gabriel se fugó. Unos días antes, Rafael y Miguel le habían adivinado las intenciones y, con argumentos muy flaquitos, trataron de convencerlo para que se quedara. “Que tu nombre en hebreo quiere decir la fuerza de Dios”, “que imaginate si el Todopoderoso se debilita por somatizar tu falta”, “que no tenés conciencia del daño que le harías a la eternidad.”  Le hablaban  con ese tono de milico barnizado con un tinte amable, que tanto le molestaba a Gabriel desde hacía mucho tiempo. Así que a toda la estrategia persuasiva le salió el tiro por la culata y no logró más que apurar los trámites. Sin dilaciones, Gabriel se sacó las charreteras, hizo chirriar la junta de velcro que lo adhería a sus alas, largó su bolsito de mensajero en algún sitio entre las nubes y el correo divino central y bajó. Para que la adaptación al cambio fuera más sencilla, decidió aterrizar a media altura, en ese entrepiso atento, que arman  los balcones de toda gran ciudad. La suerte quiso que justo fuera a caer en un balcón de infancia, sobre la calle Riglos. Ahí se encontró con el tipo. Tenía la vista muy concentrada en el horizonte, como si hubiese sido el director técnico de una bandada de pájaros, comandada  por control remoto desde esa altura. “Nada que ver”, le dijo el otro. Le explicó que escribía una novela y necesitaba un horizonte despejado para lograr que su personaje no se asfixiara entre los amontonamientos de superficie. El arcángel pensó que, tanto tiempo entre infinitos, lo había dejado un poco torpe ante ciertos dialectos y lo miró al otro como quien reclama subtítulos para una película hablada en ruso. Al verlo tan perdido, el escritor le ofreció al arcángel lo que tenía más a mano. En este caso, una Filcar. “Veo que usted no es de esta zona, con este librito se va a manejar por la ciudad como los dioses”. Sobre llovido, mojado. Ante la mención de la palabra “dioses”, el arcángel se ruborizó. Por un instante sintió que su ignorancia del idioma había delatado su origen. A punto estuvo de pedir clemencia al cielo, pero inmediatamente recordó que él era un prófugo del mundo divino. De la Pachamama no tenía ni idea. Así que, sin hacerse mucho el cocorito, agarró la ayuda que le ofrecían y anunció su partida. “Lo mejor es que baje por la escalera. El ascensor no anda porque estamos con el ahorro compulsivo de luz, no sé si el lugar de donde usted viene anda con estos problemas.  Acá dicen que veníamos con un derroche del infierno y ahora estamos en la fase  de castigo compensatorio: reventados de calor y a pata. Me llamo Gabriel. Gabriel Lerman, escritor. Un gusto. ¿Usted es…?” Como ante un espejo deformante, el arcángel enderezó su apenas estrenado cuerpo bípedo. No se dio tiempo para pensar ni en la coincidencia de nombres. Tenía que improvisar una identidad rápidamente y salir de ahí. “Yo soy…”, balbuceó, “yo soy…el ángel de la Filcar”. Y se esfumó entre la oscuridad de la casa, escaleras abajo. El otro quedó pensativo, con la mirada en el horizonte, clavadita en dirección sur. 


MIRADORES PARA ÁNGELES

              “Pero mirar hacia la autopista desde aquel balcón de la casa nueva le permitía soñar en otro esquema, en otro futuro. En verdad, en los escasos momentos en que ima­ginaba algo por encima de la autopista era cuando creía que existía algo distinto a ese mundo que se repetía a sí mismo”

ian Stewart
Ian Stewart


“Al sur” es una novela  con un deambular de interiores y otro de exteriores. La escritura de un merodeador, a quien le importa “leer” la ciudad. En un fragmento aparece todo un trayecto que marca cómo cambian de nombre las calles. Y te detenés en la calle Daract, ¿qué es lo que tanto te llama la atención de ese devenir de calles?

La novela se iba a llamar Parque Chacabuco y todo el tiempo, mientras la escribía, la llamé “Parque Chacabuco”. Pero siempre que consultaba a personas a quienes recurro normalmente, nunca gustaba. Yo insistía y me decían “ya va a aparecer, ya va a aparecer un nombre”. Pero para mí ya estaba, no tenía que aparecer nada. A mí lo que más me gustaba es que, si bien también es una moda, en los últimos años hay una especie de catastro en los títulos de las novelas. Sin ir más lejos, Jorge Consiglio hace poco, sacó una novela y le puso “Villa del Parque”. Hay de Villa Celina, de Incardona, de Turdera, de Lanús…y también una de César Aira, en Flores. Entonces yo me dije: yo me quedo con Parque Chacabuco.


En tu “Parque Chacabuco”  es muy interesante el modo en que el personaje se para en los balcones en busca de  horizontes. Parecería que, al estar todo invadido en la superficie, la única forma de ir más allá es desde lo alto, por encima de la autopista y las construcciones. Y la mirada siempre va al sur, ¿es esa la dirección de lo que aún no es pero late como un posible?

Hay algo de eso. No de un modo militante, porque no llegamos para tanto con la literatura. Pero hay una búsqueda sobre cómo pararse respecto de la literatura. A mí siempre me gustó la línea  de Guillermo Saccomanno, un autor que publicamos con el sello “Astier libros”. Su novela, “Situación de peligro”, no es demasiado reivindicada en su obra y es la única que no reeditó. Y tuvo la generosidad de regalárnosla a nosotros.Trata sobre el Parque Avellaneda. Es una historia bastante autobiográfica. Él trabajó algunos temas que aparecen  también en otros de sus libros. Es una estética que a mí siempre me gustó y que, de muchas maneras se ha ido perdiendo, la estética del barrio porteño. Tampoco quiero militar en contra de conchetos. Hay gente que trabaja el tema del conurbano, más desde la fantasía, como el caso Leonardo Oyola con “Kryptonita”, que ahora saltó a la pantalla de la televisión. Juan Cardona labura más un imaginario de peronista suburbano. A mí siempre me gusto cierta cosa más clasemediera porteña. Pero insisto con algo que también aparece en la novela: en zona sur no hablamos de la misma clase media que en zona norte. Hay una riqueza en esa diferencia que a muchas facciones de la política le resultan difíciles de entender. Y, en general, son esas las que definen los destinos nacionales.


ENMIENDAS DE LA FILCAR FAMILIAR

                                    “¿Cuáles eran los segmentos faltantes?”

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Julián Villafañe – Los balcones

¿Qué tienen de particular estos balcones en el recorte geográfico que vos elegís? ¿Qué se ve especialmente desde ahí?

No sé. En este caso, necesito pensarlo. Y desdoblar un poco la respuesta porque la novela tiene muchos elementos de mi infancia y otros inventados Lo autobiográfico tiene mucho que ver con una abuela mía. Pero también, en esa línea, hay mucha información absolutamente novelada. Sin embargo, estoy empezando a tener respuesta de familiares que la están leyendo. Algunos, con mucho respeto, corrigen datos y dicen “esto no era así”. Tal vez, hay algo que aparece allí del orden de la nostalgia y la melancolía respecto del barrio que sí me quedó fijado ahí…No sé si hay ahí una estética a defender. En esta novela me dio por este lado.

 


FUNES, EL DE LA FILCAR

 “Martín respiró profundo, miró a lo lejos por la venta­na, vio al doctor Krumsjolk que lo esperaba expectante como un examinador, aunque intentara disimular un aire inquisitorial, y luego volvió a mirar lejos, por la ventana, hacia el cielo”

 

Jan Allsopp. Map with walking route
Jan Allsopp – Map with walking route

Es curioso que sean esas alturas el único lugar donde no hay claustrofobia. En el resto de la novela hay una política del deambular, algo de construir la ciudad a pata…

Eso sí, porque a mí un poco lo que me hizo recuperar la parte más linda tiene que ver con un recuerdo. Cuando yo era chico me gustaba la guía Filcar. ¿Viste la guía Filcar? Yo la estudiaba y me sabía de memoria las calles. De hecho, antes que existiera Google Maps, la familiares o amigos me solían llamar para preguntarme cómo ir a algún lugar, pero de la zona sur. Yo, de Rivadavia para el otro lado, no conocía mucho, pero me jactaba de poder decir las calles de memoria desde San Telmo hasta Liniers. Me gustaban los cuadraditos y los mapas de la ciudad, caminar  esas cuatro cuadras de la casa al parque. Ahora, si bien hay ciertos datos en la novela que son reales, yo no fui víctima de un desalojo. Vivía en una casa que estuvo en riesgo de demolición y figuraba marcada  en rojo, pero no fue demolida. Lo cierto es que teníamos una medianera que lindaba con el baldío. Muchas de las sensaciones que describo tienen que ver con mi habitación, porque tenía una ventana que daba a la autopista. Yo conviví con la autopista desde que nací hasta los veinticuatro años. Primero, la vi crecer y, luego, conviví con su ruido hasta que me fui. Pero la casa siempre fue la misma. Lo que pasa es que yo tenía una vida de andar en la vereda. De chico, llegaba a las cuatro y cuarto del colegio, tomaba la leche y me quedaba hasta las ocho en la calle. Andaba en la bicicleta, jugaba a las escondidas, iba a tomar la leche a la casa de alguien. Ese circuito -de mi casa, la escuela, el parque a cuatro cuadras o ir a la casa de amigos- yo lo hacía solo. Ese deambular por el barrio mío era lo más lindo.


FILCAR AMPLIADA PARA AMANTES DE PASAJES

“Martín había descubierto que José María Moreno era la calle/avenida/calle que más veces cambiaba de nombre en toda la ciudad.

Jorge Macchi Music Stand Still
Jorge Macchi – Music Stand Still

Empezaba con el nombre Iturri, a pocos metros de Av. Triunvirato y Tronador, barrio de Chacarita, a trescientos metros del Cementerio. Continuaba al otro lado de la necrópolis con el nombre Iturri, y a las pocas cuadras, cruzando Dorrego, se convertía en Muñecas. Ochocientos metros después, al cruzar con Warnes, se convertía en Acoyte. Acoyte, ya convertido en avenida, moría, o en verdad nacía, por la numeración, en Rivadavia. Pero entonces se convertía en José María Moreno, avenida elegante y prometedora que conectaba, como un tobogán, esa medianía de la ciudad con el más allá. Veinte cuadras al sur, al cruzar Cobo, se convertía en Daract. Siempre le había gustado ese nombre: Daract. Avenida de apenas tres cuadras de duración, que al cruzar Riestra se convertía entonces en José Barros Pazos. Ahí se ponía estrecha la cosa. Barros Pazos se perdía en el camino, rumbo a los márgenes, chocando con un caserío precario sin poder llegar a Perito Moreno. Podría pensarse como un símbolo: el pasaje que conectaba la prosperidad del norte con la escasez del sur. Un camino porteño sin salida. Un modo de atravesar, en cinco kilómetros, las diferencias”.                 


Pero también, mientras deambulabas- mientras deambula el personaje-  aparece una lectura… por eso te preguntaba al comienzo por la calle Daract.

No sé quién es Daract, lo que sí me llamaba la atención es que José María Moreno es la calle que más cambia de nombre en toda la ciudad. Había una investigación sobre datos curiosos y este es el que más me interesó. Aquí se van superponiendo varias capas de sentido que descubrí al escribir esta novela, como el de esa calle que antes se perdía en la nada y ahora está metida en la villa. Eso no existía cuando yo era chico. Todo lo que hoy es ese barrio de emergencia es una  zona nueva. Es muy curiosa esa historia, porque se dio en varias etapas. Esa zona en general tenía baldíos. Parque Patricios era “la quema” antiguamente, y así le decían. Después, vino el lugar donde yo vivía, que era de la época de Onganía y Perón. Después, salvo la parte de Villa Soldati, venía  baldío. En la época militar se construyó mucho ahí: El Parque de la Ciudad, los edificios donde se saca el registro, la parte de atrás del cementerio de Flores, el CEAMSE, unos loteos de la Asociación Cristiana de Jóvenes… Toda esa parte se construyó en esa época. Un tema de sociología urbana ha sido la cantidad de guita que pusieron los militares en eso, mucha de esa guita luego fue deuda externa. Pero vuelvo a la novela. En esa reflexión sobre la ciudad hay varias capas superpuestas en un juego deliberado. Desde una infancia deambuladora a una información más académica. Yo, en ese entonces, no sabía ni quién era Baudelaire, ni nada del Benjamin que piensa el urbanismo parisino… No quería falsear la situación del niño, pero también quería reflejar al joven que vuelve de grande al barrio y que tiene mucha información. Yo no quiero construir un mito del barrio sobre la autenticidad, y en esto me diferencio de Cardona, de Oyola…Para mí el barrio es lo que yo viví, aunque yo ya no soy ese. Fui a la facultad, estudié muchas cosas, tengo una mirada mucho más compleja. Ahora soy como una Filcar ampliada…


CARTOGRAFÍA DEL  DESQUICIO

                                                            “Martín Ferro nunca pensó que una cosa tuviera que ver con la otra. Sin embargo, con los años empezó a creer que parte del sinsentido de la situación, o directamente del desquicio en que se vive entre olvidar y recordar, había tenido alguna relación con el declive de la abuela Ema”

Guillermo Kuitca. Untitled -Torino- 1993-95
Guillermo Kuitca – Untitled Torino (1993)


Vos hablas de capas y otra cosa que marcamos en la lectura es una gran cantidad de referencias a situaciones que pasan “entre”. Como si el territorio que más se construyese en la novela  fuera un “entre” las distintas zonas. También hay capas en paralelo. Por ejemplo, los trayectos del personaje por la ciudad y las transformaciones que sufre la ciudad van en paralelo con la decadencia de la abuela. La abuela y la ciudad dejan de ser lo que eran y se transforman en otra cosa, que justo nos recuerda a la palabra desquicio. Un desquicio en los dos sentidos, en la abuela y en la ciudad, lo que pasa entre. Conversemos.

Ahí hay una idea de vincular el desquicio y luego el deterioro de la abuela con el de la ciudad y del país. No sé si es una idea lograda o no, o muy fuerte, pero ahí hay algo. De adolescente no tenía una mirada para explicar a través de la política algún acontecimiento…tenía una idea más matizada. En los últimos años se incorporó esta idea de que la dictadura ha lesionado otras cosas, algunas medio obvias, de carácter económico y social. Algunos sostienen esta idea de que hay cosas que se han lesionado de un modo particular en Argentina. Otros dirán que todo acontecimiento baraja las cosas de un modo diferente. En la dictadura, sin embargo, hay un punto límite donde casi todos coinciden en que se  transformó- entre otras- la matriz económica del país, el país ya no fue igual.


FISURADOS HASTA LAS MANOS

 “Aunque el principal signo de todo lo acontecido era la autopista, esa mole de cemento horriblemente atra­vesando las calles, rompiendo al medio manzanas, como si su fortaleza y dirección careciera de relación con la base inferior, con los humanitos que estábamos abajo. Un tajo en el medio de la ciudad, abajo. Una grieta tremenda que desguazaba con pilares las entraditas y los fondos, y llena­ba de escombros y de blancos baldíos cada manzana. Algo estaba cambiando además de los edificios y las calles. “


Lo que aparece mucho en la novela es la grieta, como esas calles fisuradas cuando se produce un terremoto…la autopista era una cicatriz…

julipán villafañe
Julián Villafañe

En los últimos años se había construido la idea de haber logrado, por fin, politizar las miradas sobre la dictadura, una idea muy diferente de la del radicalismo, que tenía una mirada más distanciada. A la hora de escribir, yo  quería mantener esa idea  muy patente en mi familia- sobre todo en la de mi madre- de que en la dictadura se vivía en una especie de burbuja. Vacaciones, escuela, momentos felices, el Teatro San Martín abierto, las librerías de la calle Corrientes. Los que tenemos más de cuarenta y cinco vivimos también estas cosas, lo cual sirve para entender la complejidad.


Eso en lo macro. Pero, en lo micro, la novela está llena de cosas muy cerradas. Si como dice tu texto, el lenguaje tiene carácter performativo y el pasado no guarda un tesoro, no quedaría resquicio por donde zafar o por donde buscar. Parecería que la escritura también busca la grieta por ahí, contra esas determinaciones.


¿Contra? …¿Otras grietas?

Sí otra. Una grieta liberadora, que une espacios. Cuando el personaje deambula, enumera calles. Cuando va a la casa del psiquiatra, su trabajo allí es ordenar libros. Y, en un momento, la calle se le mete adentro de la biblioteca. La abuela también queda dentro de la casa porque, de más joven, solía atenderse con ese psiquiatra. El afuera y el adentro, la líneas entre pasado y presente quedan traspasadas. Ahí se hizo la grieta.

Escucho. Está bien. Es que siempre quise hacer una novela psicológica…

No sé si es psicológica, porque acá lo que destaca son las figuras muy pictóricas. Y no sólo las imágenes visuales, también las táctiles: “Una nena, de un pelo rubio casi blanco, como del color del sol, se paseaba con su muñeca de tela cosida hasta que se le cayó a la alcantarilla y empezó a llorar desconsolada. Todos los presentes intentaban calmarla, hasta que alguien se la alcanzó. Ella la tomó furiosamente en sus manos, toda mojada, mientras no dejaba de acariciarla” Y más adelante dice: “Martín todavía recuerda las cami­natas entre la casa de su madre y la de los abuelos, la vuelta manzana sentado sobre sus hombros, con su típica campera de corderoy marrón. Martín pasaba los dedos por las canaletas de la tela, de atrás para adelante y de arriba hacia abajo. ¿Qué tiene de singular la memoria táctil?

El afecto, tal vez…Me quedo pensando. Yo decidí largarme a escribir formalmente de grande y ahí aparece esto de las vinculaciones muy obsesivas. Uno trata de suspender este pensar o de escribir otro tipo de cosas…poemas, algo más simbólico. Pero esas cosas vuelven. Por otro lado, me gusta jugar con simbologías y me gusta que aparezcan. Me parece que se logra una buena exposición. Creo que en la palabra, así como en la construcción corporal de un actor, tiene que haber algún tipo de entrega…

EL MIEDO DEL ARQUERO AL SILENCIO FINAL

“La pelota que avan­za hacia un lado, dos que van a emboscarla, a darle un toque que la detiene, a empujarla más allá y, si se pudiera, porque es inversamente difícil a cualquier otro deporte, hacer un gol. Martín pensó que ver el fútbol implica sentirse parte, como si lo que estuviera adelante fuera un gran espejo que duplica a los pibes del barrio que fuimos todos, en la cancha de la vuelta o en la esquina misma, pateando centros hacia el almacén de la ochava, una y otra vez, toda la vida.”

Kuitca Guillermo
Kuitca Guillermo

Aparte de la táctil está la mejoría visual y esa figura de espejo que le da el fútbol al personaje: “Digo, aprender, esa sensación de estar parado en la cancha y, por primera vez, sentir que no me pasaba un vendaval de piernas por encima sino que podía observar al resto, frenar un pase, pensar y devolverlo, y que incluso podía avanzar mirando el arco, sin miedo, calculando cuál era la distancia con los palos de hierro, que sonaban como campanas cuando había un rebote, y desde allí patear”. Da la sensación de que pudiera haber un paralelo con la escritura. Si uno lo lee todo, son los mismos pasos para lograr algo en la escritura, como si fuera un espejo…

No sé si esto es así, pero si es así está bueno…Hay un sociólogo que encuentra una metáfora del fútbol, para cualquier suceso, cosa que a alguna gente le molesta mucho…como que berretizás todo. No sé si es así…pero el otro día me encontré tratando de explicar algo a alguien con la experiencia de Maradona, que  es muy fuerte. Maradona tiene un pensamiento complejo, pese a todo lo que le pasó, es muy consciente e inteligente….

¿Y lo de las ceremonias desnudas qué sería? “El fútbol, le dijo Martín Ferro al Dr. Krumsjolk, es una pantalla que le otorga prestigio a una ceremonia desnuda que ya se jugó en la infancia y a la que vale asomarse una vez más para ver qué pasa esta próxima vez.

Sí, en todo uno va a encontrar una connotación sexual.

Pero en esta novela está lleno de espacios donde aparece el vacío, el hueco, la grieta. No con connotación sexual. De hecho, hay un momento donde el vacío aparece mencionado como lo indecible y lo silenciado: “El silencio era algo más que un lema oficial, y se había impregnado en el trato cotidiano. Un apagón sonoro que intentaba refundar los oídos, que pergeñaba abolir ruidos anteriores y comenzar de nuevo. El silencio es salud era la contracara del grito, del aullido, de la queja. Era la contracara, en un punto, de la locura como estallido. El intento de acallar una chispa. Silencio, por favor. Silencio, señores. Por las noches, el silencio crecía, por la nocturnidad y porque el vacío de las calles era mayor al habitual.”

Esto me lo recordó un psicoanalista, la campaña esa de “el silencio es salud”. Me decían que hubo  una bandera colgada del obelisco, o algo por el estilo, durante mucho tiempo. Sí, hay muchas especulaciones más o menos poéticas en la novela pero, en algunos casos, no menos ideológicas. De algún modo, el desquicio o esta operación que hace la dictadura tienen que ver con la implantación de un miedo social, como una modificación del cuerpo. No quisiera entrar en esto y mencionarlo de esta manera porque no lo tengo calculado así, ni tampoco tengo ese marco teórico para pensarlo. Pero sí la sospecha o, al menos, yo jugué con la idea de que esa intervención en la ciudad y en la persona que tenía problemas y se desmoronaba era el correlato de la represión. Es una metáfora de la sociedad que está siendo intervenida en todo sentido.


AL SUR DEL PAISAJE

“Cada manzana del catastro tenía sus rectángulos, sus cua­draditos con los distintos planos de cada casa, cada local, cada edificio. Por cierto que no eran todas iguales, y cada una ofrecía tamaños y espacios libres que a veces se llama­ban “pulmón de manzana”, baldíos o terrenos disponi­bles, según el caso.”


Ya que lo mencionás, ¿qué es lo poético en tu novela?

A Treasure Trove Of Historical New York City Subway Maps
A Treasure Trove Of Historical New York City Subway Maps

No es que adscriba a esa antinomia entre narradores y formalistas, que en una época se instaló acá, entre los de Puán y los del palo del periodismo. Tampoco los que se ponen del bando de los narradores son narradores al estilo de los grandes  novelistas norteamericanos, tipo Phillip Roth o Paul Auster. Los que acá se ponen del bando narrador no lo son.


¿Qué es un gran narrador?

Marcelo Figueras es un gran nadador. Es gente que se anima, que supera los prejuicios acerca de que, si vos tocás la política, no podés hacer poesía o contar una historia de vida. Es como si tuvieras que desmarcarte y realizar una serie de cuestiones formales que operaron en algún momento- no sé cuándo ni quién las hizo- que funcionan y obturan narrativas más fuertes. Para mí, es totalmente necesario, al contar la historia de una familia porteña, hablar de la política de mi país, ya sea de un modo poético o no, con metáforas o no. Yo no puedo escribir como Dostoievski.


¿Aceptas que puede haber un narrador que necesite otras cosas?

Si, y para no caer en un realismo tonto, construyo la melancolía y la nostalgia desde un personaje que es un aparato. Claramente, un aparato de la facultad que está lleno de información que no es la de un pibe de barrio. Busqué un cuadro con dos cámaras: una donde se ve al pibe y la otra, una mirada desde la facultad. En todo caso, hay un juego como en esas películas italianas que empiezan en Roma pero, desde allí, el personaje comienza a circular y recordar. Esa idea del barrio visto desde el centro. De hecho, yo me fui a vivir más para el centro.

Pensaba en “Medianoche en París”, de Woody Allen. El comienzo es un paneo donde el tipo pasa por todos los escenarios donde transcurrirá la película. Es un paneo de escenarios, sin gente. Y se va haciendo medianoche. Es un inicio que presenta a los espacios como personajes. Los paisajes son el conflicto.

Me han criticado esto de tardar mucho en arrancar, describir el paisaje. Si esto se llevara al cine, miles de imágenes volarían en un minuto.

POR AQUÍ PASÓ UN ÁNGEL

                                                                “El consultorio era en esa habitación. Krumsjolk le llama “la habitación de Juan”, la del hijo mayor. Ahora guarda libros y papeles… Es lo que estoy ordenando.”

sobre los angeles R Alberti
Sobre los angeles – R Alberti

 

 Entonces, el gran personaje es la ciudad….

Cuando también el sur se abre hacia Lomas, hacia el sur-sur, eso tiene que ver con una mirada disidente en torno de la “palermización” de la Capital. Si bien yo voy a comer a Palermo, en un momento yo sugería la posibilidad de que toda la ciudad debía llamarse Palermo, como si fuera Nueva York. Y que cada barrio se rebautizara Soho, Queen, extendido…  Faltan ahí esas sensaciones visuales y táctiles de las que ustedes me hablaban. Por ese lado, destaco dos olores, el del matadero y el del asado. En la anécdota que cuento en la novela, la del asado en la quinta, falseo algunos datos. No fue en Lomas sino en González Catán. Mi tío Aldo me corrigió un dato pensando que el que me acompañaba en la caminata era él, pero, en realidad, no lo era. Ese matadero, me dijo él, estaba en la quinta del tío Enrique, pero vos no te vas a acordar porque eras muy chiquito. En mi novela, yo combiné esta idea del olor con una cosa más dramática, la idea de que allí pudieron haber muertos de verdad. Además, era zona sur.

 

Martín presentía, se le juntaba un calor en el pecho, un calor que surgía del pavimento y de las vigas monstruosas que aguantaban las vibraciones, un calor, sí, la estocada desmedida de quien pasa raudo y escupe una revelación. Ahí se iba, volaba. El sueño se iniciaba en la congoja del aún no, del todavía no. Pero ese vacilar que nacía del calor y del ruido era el aletear de una mariposa gigante que lo invitaba a volar y se quedaba furtiva, en el aire, como tendiéndole un estribo” ¿Qué era la congoja de todavía no…?

Es como una sensación. Eso lo tengo como cosa personal, porque me gusta jugar a pensar en esas cosas, en la angustia de lo no hecho…Hay algo de eso en la historia de la calle  Pedro Goyena la saco de la historia de la familia de Cecilia Absatz.  Yo fui a un caserón que ellos tenían en Belgrano. Me fascinó: hermosa casa, con pileta…Una habitación, la de Juan Absatz, su hijo que era músico, estaba llena de  huellas de él. Y allí se armó la biblioteca. Una casa medio Tudor, que daba al jardín. Esa gente sentía mucho placer en el modo de haber construido la casa, en lo vivido, en la manera en que criaron a sus hijos con mucha libertad. Cuando íbamos, tomábamos mate y me hablaban de las fiestas que se hacían ahí, en esa casa. Yo me imaginaba que fumaban porro, y cosas así, que venía la policía y ellos la enfrentaban. Yo pensaba todo esto, porque el pibe es el típico rockero hijo de psicoanalista…personajes muy salidos de ese laboratorio.


En la habitación quedaban aún libros y cosas de Juan Cruz, como un rastro de la antigua manera en que estaba decorada había pegado afiches de una banda de rock de Juan…”

Cuando me puse a escribir la historia vinculada a lo familiar, me impresioné con esta cercanía y se me ocurrió pensar en esta charla con Cecilia. Yo nunca había tenido la posibilidad de hablar con un psicoanalista tan directamente, más allá de algún padre de un amigo. Entonces, se me ocurrió que el dueño de la casa sería un psicoanalista. También hay otro dato: mi mamá me cuenta que la historia de su madre con la enfermedad había empezado mucho antes del ´78. Y a mí eso me impresionó muchísimo y me llevó a escribir la novela. Yo no sabía que la abuela había convivido toda la vida con esto. En esa charla, mi mamá me contó acerca de un psiquiatra que atendió muchos años a mi abuela…. Digamos que partir de estos datos, fue confluyendo la historia. Por otra parte, hace unos años, una compañera de trabajo me preguntó si yo había vivido en la calle Riglos. Sí, le dije. Entonces, agregó que  tenía una amiga,  cuya familia compró  la casa  que era de mi familia y hasta me describió el espacio de mi antigua habitación… Pero yo no puedo volver a  esa casa porque mi papá falleció allí.

EL ALETEO DE LA ESCRITURA

                                               “—Escribir —dijo Martín, como si la pronunciación de ese verbo contuviera un efecto mágico, adicional al propio acto de mover una lapicera sobre un papel o teclear una máquina de escribir, una computadora.”

 

thumbnail_3697b95eeacc431b24d5288301250461Este número de El Anartista es sobre el lado B…

El lado B, justo este año, que fue tan difícil. Yo trabajo en el Ministerio de Cultura hace 10 años y pasé por distintas etapas Ahora me reubiqué en la Secretaria de Patrimonio, en el área de Investigación. Con muchos cambios, replanteando cosas. Estoy trabajando mucho y también estoy preocupado. Me preocupa lo que se viene, me parece que va a llevar mucho tiempo salir, mucho más de lo que piensa el kirchnerista promedio. La política no es fanatizarse de modo casi religioso. La cosa está cada vez más compleja.


Pero aún escribís ¿eso puede ser un lado B?

Sí, la escritura para mí lo es. Esta novela fue un descanso para épocas en que estaba muy a full. Ese es el lado B. La escribía de noche, casi dormido. Necesitaba hacerlo como una manera de respirar.


Cuenta la gente del barrio que, de tanto en tanto y por las tardes, esas que son “
el ruido omnipresente de la autopista y también los momentos en que los carriles silenciosos surcaban un futuro apenas avizorado entre las casas bajas y los descampados del sur porteño, ese intermedio antes de la quema o del cementerio”, se renueva el misterio de los balcones. Cada vez que eso sucede, algo en el tacto del horizonte rasga el silencio con un trazo. El sonido es el de una renovada grafía de infancia, el del gozne de una puerta desentumecida de sus muertos. Un grito de gol y también un arrullo de abuela. O una melodía de ángeles caídos que entonan el sueño de nuevas alturas. No es fácil identificar el sitio exacto de donde llega ese rasguido. Salvo que sea tu día suerte y justo  te cruces con el ángel de la Filcar.

(*) Todos los epígrafes corresponden a “Al sur”, de Gabriel Lerman




INTERROGANTES DEL AGUA

El Lado B: Entrevista a Raimundo Rosales, autor del poemario “Hilos de agua”.

Entrevista: Gabriela Stoppelman y Germán Cavallero
Edición: Germán Cavallero y Gabriela Stoppelman

                                                                 

                         “¿está dentro de vuestro poder el separarme de mí mismo?”
                                                                                      Goethe, Prometeo

 

oceánides gustave doré
Gustave Doré, “Las Oceánides”.

RESPIRAR EL AGUA

Como preguntas. Surcos por donde colar lo inasible, husmearlo y retenerlo en otras preguntas. ¿Es la fatalidad una puerta que clausura? ¿O es un juego de azar en manos de ebrios hados que lanzan la taba al aire? La fatalidad  golpea a la puerta y puede ser el alumbramiento de una sinfonía o de un libro de poemas. Con su ultraje de invierno, es capaz de insuflar el cuerpo y vitalizar en un soplido de esporas. Por eso respirar el agua y exhalar la pregunta como enjambre de zumbidos que lleva a ningún lado. O a todos. Pero nunca dejar los tendones del grito libertario en un teatro de marionetas. No hay cordaje de hilos proféticos ni predeterminados. Hay sinfonías y también mundos ínfimos que poblar: fragilidades que desenvolver para dar en su epicentro con el apetito de los huracanes.

Por eso, la mejor respuesta ante la falta de respuestas tal vez sean las preguntas. Como hilos de agua. Porque el agua, surcadora e irreverente, nunca se detiene: sortea las piedras y busca en su impulso avanzar, o ser nube, o escurrirse. Que la pregunta acontezca, entonces. Para que las algas de la cerrazón no claven sus colmillos en el aire y el agua, y nosotros, respiremos, junto a ella.

 

LA PREGUNTONA QUE CANTA

En “Hilos de agua” dialogan solapa y contratapa, se reinstala la infancia en el hecho de preguntar:

“(…) Entre la canción y el poema me fui construyendo. En el soporte de la melodía o en el de la página del libro. Con asombros y con incertezas. Como el niño o el anciano que insiste haciéndose preguntas, buscando el verso inabarcable, el otro lado del espejo.”

“─Cuando yo empleo una palabra –insistió Humpty Dumpty en tono desdeñoso– significa lo que yo quiero que sifnifique… ¡ni más ni menos!

─La cuestión está en saber –objetó Alicia– si usted ‘puede’ conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

─La cuestión está en saber –declaró Humpty Dumpty– quién manda aquí… ¡si ellas o yo!”

¿Qué nos podés decir al respecto?

A mí me lo pidió el editor. Me dijo claramente que escribiera la solapa. Y lo dudé, pero él insistió con que esa era la modalidad de las últimas ediciones. Le escribí una primera solapa y me dijo que era muy parecida a otra que había escrito (Eugenio) Mandrini. Entonces leí algunas cosas, le di un giro… Y, en cuanto a la contratapa, no sabía muy bien qué escribir y, bueno, la armé al final.

¿Y te diste cuenta de que dialogaban?

Me di cuenta levemente, fue casi azaroso. No lo pensé. Después me dije, bueno, hay una idea con el espejo –tampoco me pareció muy brillante–, ¿vos decís por lo del espejo?

Por la idea de instalar la pregunta de la infancia, de los interrogantes de la infancia, un tema  recurrente en “Hilos de agua”. La pregunta es una modalidad del lenguaje muy asociada a la filosofía, más que a la poesía.

Bueno, yo la utilizo todo el tiempo y antes la utilizaba más aun. Y yo sé que eso está asociado a la filosofía. Tampoco sé si es muy original. La usaba mucho (Francisco) Madariaga, también (Enrique) Molina y algunos surrealistas. Me gusta eso. Supongo que lo tomé casi como imitación…

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Ana Eckell, “Una nube pasa”.

Sin embargo, en tu texto, lo que hay no es solamente preguntas, sino reflexiones sobre el hecho de preguntar. Y eso es lo instala el diálogo entre la solapa y la contratapa: reflexionar la pregunta.

Bueno –me voy a meter en algo que me da bastante pudor–. En el caso del Príncipe*, el poema de Shakespeare, ahí utilizo la pregunta a modo de reflexión, interactúo un poco con Guillermito…

“(…) pienso en los ojos de los gatos / con sus cuatro fases de luna irreverente / cerrando el círculo de las preguntas ciegas, / maldiciendo a su gusto, demorándose o cayendo / según les venga en ganas. (…)”

…es decir, la pregunta, aparte de preguntándose y como una reflexión, aparece como una figura, como si se la pudiera ver…

Sí, hay lugares recurrentes, incluso en la canción. Cuando uno revisa la propia obra, empieza a ver esas cosas. Yo lo veo como un problema. En la canción, sobre todo. A veces, lo que es mérito en la poesía –poesía y canción son hermanas que van paralelas –, en la canción suele convertirse en un escollo.

 

DOS TERRITORIOS PARA UN MISMO RÍO

“La canción es la manzana que la serpiente le entregó a Eva para / iniciar el drama, es el drama y es la serpiente también.”

En muchas entrevistas hemos planteado la dificultad que hay para considerar a la letrística como un género literario. Bueno, ahora se instaló el tema por el premio Nobel a Bob Dylan. En la escritura de una letra –previa a la música– y en la escritura de un poema, ¿hay alguna diferencia de acercamiento para vos?

No. Hay diferencias en la cuestión técnica, no de cuestiones literarias. Hay algunos autores que plantean diferencias literarias. Yo creo que la práctica disolvió esas diferencias. Las diferencias técnicas tienen que ver con que la letra de canción debe ser completada con una música. Si una letra va a ser musicalizada, su territorio tiene que estar predispuesto a que los sonidos puedan completarla de manera amable. Para ser más explícito: dos estrofas que van a ser cantadas con la misma melodía tienen que tener correspondencias métricas, de acentos internos.

Pero, cuando uno escribe un texto que no sabe si va a ser poema o letra…

Ah, sí, yo sí sé…

¿Nunca te ha pasado de quebrar la frontera y decir: vamos a traer al poema y lo vamos a musicalizar y que la música de la palabra marque el rumbo de los sonidos?

A mí, no. Y, en general, a los colegas de oficio que conozco no les pasa eso. Puede ser que a muchos sí les pase.

Porque son dos músicas que se combinan ahí: la música de las palabras y la otra.

Sí, una cosa es la música del poema, o la de una novela,  y otra cosa es la melodía. La música de las palabras tiene ritmo. Si tomamos la definición de manual de la música que es “melodía, armonía y ritmo”, la literatura tiene, de esos tres elementos, el ritmo. La canción tiene melodía y armonía, que no necesariamente están en la literatura.

Más o menos, la melodía en un cuento podría ser la argumentación…

Me refiero a la melodía, en términos clásicos, vinculada a la frecuencia… Nos estamos metiendo en un tema que por ahí yo no lo domino tanto…

Igual es interesante…

En el español, podés hablar en la misma frecuencia todo el tiempo y no varía el significado. En el chino sí, cambia el significado según la entonación.

Incluso en las provincias…

Pero eso es la prosodia, podés cambiarla y variar el énfasis… por ahí es cierto que, si nos metemos a hilar muy fino, puede haber ciertos cambios melódicos en la literatura. Pero, básicamente, ahí funciona la cuestión rítmica. Ahora, cuando yo escribo una letra, empieza a actuar la melodía.

¿Y cuando se combinan ambas, por ejemplo, en las canciones donde hay recitado?

En general, son innovaciones. En la canción clásica, no está previsto. Una vez más, la diferencia tiene que ver con cuestiones técnicas: primero, tengo que dividir la letra en estrofas, trabajar partes, el estribillo tiene un concepto de relato diferente a las estrofas. El poema, eso, no lo tiene en cuenta. Algunos autores clásicos también dicen que hay una diferencia de vocabulario. No está mal tampoco, yo a veces lo considero, en el sentido de que la canción tiene un vocabulario más directo. El soporte natural de la letra de canción es la canción. Y esto significa que uno la va a recibir a través de la voz del cantante, sin decidir la velocidad. En cambio, el soporte natural del poema es el libro u otro formato, como el digital. Y el que decide la velocidad de la lectura es el lector, sin intermediarios. Eso es lo que implica que algunos autores digan que se puede trabajar una sofisticación del lenguaje diferente en la letra de la canción. Esto podría ser, a groso modo, la diferencia entre la letra y un poema.

Osvaldo Guayasamín, “El Guitarrista”.

Igual, volviendo a la pregunta: el poema y la letra de canción, ¿son dos maneras distintas de interrogar al mundo?, ¿se cruzan en algún lugar?

Para mí son distintas, pero tampoco puedo explicar más allá de lo que acabo de decir. Hay un lugar de lo misterioso cuando me pongo a escribir, cuando tengo un disparador, digo: esto va para canción, esto va para poema. A veces no tengo más respuesta que esa. Y otras veces he tenido duda. Yo creo que, a esta altura, ya no. En una época hice la experiencia de escribir un poema y después pasarlo a canción. Una vez sola fue exitosa. El resto de las veces fueron fallidas. Y yo creo que la vez que fue exitosa –digamos, entre comillas– fue, porque, a lo mejor, equivoqué el paso inicial…

Era canción…

Claro, en realidad era canción y yo equivoqué pensando que era un poema.

Y el caso de Miguel Hernández…

No, eso es otra cosa. Son poemas con una estructura métrica rigurosa, se pueden musicalizar…

Y González Tuñón…

La mayoría son poemas con una versificación bastante prolija. Salvo algunas cosas que hizo el Tata (Cedrón). A ver: Les Luthiers musicalizó un prospecto de medicamentos. O sea, se puede musicalizar cualquier cosa. Un buen músico te musicaliza hasta la guía telefónica, estamos hablando en términos razonables…

El “Dúo El Balcón” musicaliza a poetas como Amelia Biagioni, escritora muy amable con esto de la métrica y de encajar. Ahí manda la música de la palabra y la música de los sonidos se tiene que adaptar…

Sí, sí, donde la canción (ya) no responde a los cánones habituales, donde no hay partes que se repiten. Y está bien. Se puede hacer cualquier cosa…

Pero qué interesante, porque la palabra provoca a la música y la música provoca a la palabra. Y no se dejan espacios…

Mirá, hace poco estaba revisando, por unas clases, el primer disco de Serrat con letras de Miguel Hernández. Tiene cosas preciosas… Hasta la elección de los poemas es mejor en el primero. El segundo no me gusta tanto. Y es fantástico, ahí tradujo bien los poemas a la música, pero –es totalmente caprichoso lo que estoy pensando–, qué sé yo si a Miguel Hernández le hubiera gustado… digamos, se masificó, hubo gente que no conocía a Miguel Hernández y tal vez no lo hubiera conocido nunca. Eso está bárbaro. Por ejemplo en “Elegía”, un tema que utilizo a veces en los talleres, está muy bien lo que hizo Serrat. Sin embargo, el poeta piensa su poema en base al soporte del libro, de la hoja de papel, del lector leyéndolo en silencio y posiblemente en soledad. Por eso, a pesar del beneficio de la masividad y de una actitud política que apoyo, no sé si no se está traicionando el espíritu del autor. Me refiero a los casos en los que está muerto, creo que Tuñón vivía cuando el Tata lo musicalizó.

Y nunca pensaste que la canción es como una lectura posible de esa letra/poema, una lectura más…

… la canción es otro género…

 

MUNDOS ÍNFIMOS

Una vez escrito un texto, ya es botella lanzada al mar. Ahora, vamos a tu libro. En “Hilos de agua” se combinan las dos artes, la imagen es visual y sonora: imagino los hilos de agua caer, son como estalactitas…

Bueno, hay varias referencias a la canción.

Y hay referencias a muchas artes, es como una ópera, ¿eso es consciente?

Muchas de las cosas que me dicen no las había pensado. En realidad, a mí me gustan mucho el cine, la música clásica, el teatro, la danza, o sea, aparecen casi naturalmente.

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“Gotas de lluvia en el estanque”. Foto: Germán Cavallero.

Es como una ópera, desde lo macro. Y, después, cuando uno se pone a leer las figuras, estamos como al revés, hay mucho hincapié en lo chiquito, en las miniaturas. En “Parte de un día” dice “Por un minuto voy a ser / un dios autócrata y promiscuo / creo que voy a convertirla en agua / en gota de agua”.  En “Dicen que vino”: “Dicen que vino con el alba en las caderas, con un terrón / de plumas en acorde de séptima aumentado en alcohol“. En “Que lo sabe todo”: “La canción es un pliegue en el tiempo”. Miniaturas que, para nosotros, son parientes de las huellas, las cicatrices y los trazos, también marcas chiquititas, pero más difuminadas, y a su vez más frágiles. ¿Cuál es la potencia de la fragilidad?

Es muy difícil, lo empiezo a pensar ahora… la idea de la fragilidad me atrae mucho cuando escribo, siempre. La idea de lo fugaz, de la fugacidad, que no sé si es lo mismo.

Es como el modo frágil del tiempo, la fugacidad…

Bueno, ahí está, ¿ves? A mí me atraen como disparadores poéticos. Y aparecen muy frecuentemente con distintos ropajes. Hablando de distintas cosas, a veces surgen como recursos metafóricos, a veces disfrazo una frase de una metáfora porque me va a ayudar para decir lo que quiero. Aunque no esté hablando de la fragilidad. Fijate: también utilizo mucho la idea de Dios, a pesar de no ser una persona creyente. Tampoco sé si soy ateo, no lo tengo muy claro…

Es una figura literariamente fabulosa.

Sin dudas. Incluso lo digo en el libro, que voy a ser un dios. Eso me viene del cine, me atrae esta idea del director de cine, esa especie de Dios que dice: ahora llueve, ahora es de noche. El poeta, de alguna manera, es así también: ahora te morís, ahora te recuerdo.

Esa es como la contrapartida de lo frágil. Porque lo frágil es abierto. Vos en una huella podés leer, en una cicatriz podés leer. En lo enorme de dios, ¿cómo leer?

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Norma Bessouet, “La visión de Matías”.

Bueno, la ventaja que tiene la poesía y el hecho artístico, en general, es que todo es posible. Entonces, partiendo de esta premisa, yo puedo leer en una huella, en un pliegue o puedo leer en un universo, puedo leer todo en cualquier lugar.

Pero el poema siempre es un recorte del mundo…

Sí, sí, claro, por supuesto. Y yo recorto lo que quiero. En ese momento, yo soy Dios, soy el pequeño dios y decido todo. Y también decido no poder hacer nada. Ese poder lo tengo en el poema: todo es posible, incluso la impotencia.

Hay en tu libro también referencias a impotencias aparentes: el fantasma, el humo, lo inconsistente. Por eso te preguntaba de la fragilidad. Porque, en tu texto, lo que menos consistencia tiene, carga mucha fuerza. Y lo que más consistencia tiene, tiene menos fuerza, a tal punto que es asesino. Ahí aparece la fatalidad, como algo que clausura, el enemigo número uno, la contracara de la huella…

Bueno, este libro es la fatalidad. Si yo tuviera que definir este libro con una palabra es esa. Que no es el destino. Este libro está marcado por la muerte de mi hermana y, si bien hay un montón de poemas no vinculados a ese hecho, todo está atravesado por esa muerte. Es más, poemas directamente dedicados a mi hermana hay tres nada más. El resto está atravesado por esa bruma, por ese viento. Hay un poema que está dedicado a la 5ta sinfonía (de Beethoven)…

Justo Beethoven alude directamente a la fatalidad, con esos sonidos que golpean a la puerta. Pero la resolución de ese llamado, para Beethoven es triunfal, él se antepone a su propio destino y lucha. Empieza en tonalidad menor y termina en una tonalidad mayor.

Sí, sí, yo me quedo en Do menor, do menor, do menor…

Sin embargo, abrís la segunda parte del libro con el poema“Herida”, una especie de reapertura. Le pedís que te guíe…

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Raquel Forner, “La Marcha”.

Que no cicatrice también. No vamos a explicar los poemas…

Explicar no, leer. Es una fatalidad extraña la de este libro. Fatal suena a terminal, cerrado. Sin embargo, después de la fatalidad, todavía se puede leer en las huellas, en las heridas, es decir, que ni la fatalidad es final. Hasta podría llegar a abrir alguna puerta…

Toda la historia de la literatura está cargada de fatalidad y de tristeza. Y de melancolía…

Pero más allá del argumento, de poemas que se traten de la muerte o de la fatalidad, la poesía existe porque existe la muerte. “Agradecemos” esa imposibilidad de soportar la muerte del otro. Los seres no poéticos tal vez puedan soportar, con cierta estrategia berreta, la muerte de sus seres queridos, sin cuestionamientos. Acá vuelve la idea de la pregunta, aun en la muerte, que parece el lugar más absurdo, pero tal vez sea el único lugar donde preguntar,…

Sí, además la pregunta tiene varias asas. Casi como una pelota de pato. Porque, además de ser un recurso filosófico para encontrar respuestas, es un recurso literario, retórico y también nos conecta con la infancia: el niño pregunta todo el tiempo.

Casi por placer…

Casi por placer, incluso hasta por provocación, ¿te acordás el sketch de Les Luthiers?: “¿y por qué la gallinita dijo Eureka?, ¿y por qué?

Sí, busca menos una respuesta que continuar con las preguntas…

Incomoda. A veces también la poesía puede incomodar a partir de la pregunta. Nunca me lo planteé así. Yo lo tengo como un recurso poético, retórico. Y aparece la infancia.

 

LA INFANCIA HACIA ADELANTE

Y fue que estaba Dios junto a un río de esbozos / planeando el día octavo y sus esquinas, / añorando con énfasis el cielo de su infancia”. Es muy interesante cómo tratás a la infancia, como si estuviera más adelante, no más atrás, en el horizonte…

Es circular, se me ocurre ahora. Me apareció la película “El último tango en París”, cuando el personaje que hace Marlon Brando muere y termina en una posición fetal. Esta cosa circular, de volver. Yo lo utilizo también a veces como recurso poético, eso de volver con un guiño hacia algo que dije al principio, son recursos externos.

¿Y la poesía como reedición de la infancia?

Es posible también, no sé. La idea de la infancia es un recurso muy utilizado y a mí me gusta.

“Y volverás como un retazo de infancia entre los árboles, / como un área de hierba tosca y proletaria”. La infancia es un tema que se ha dado en todas las entrevistas que hicimos para este número. Gabriel Lerman junta dos imágenes muy tuyas, infancia y espejo: “el fútbol es el espejo de una ceremonia desnuda que se jugó en la infancia”. ¿Vos podrías decir que, de tu relación con la poesía, hay un espejo que refleja una ceremonia desnuda?

Sí, es posible. Además, los recuerdos de la infancia, generalmente, o son muy poéticos o muy dramáticos, que también es una manera de la poesía.

Tu poesía igual no es muy melancólica, muy de recordar, está más puesta hacia adelante que hacia atrás.

¿No la ves muy melancólica?

No. Sí trae material de atrás, pero lo proyecta hacia adelante. Da la sensación hacia el horizonte. Así, la melancolía está anulada. La otra opción es la amnesia, no recordar nada. ¿Vos sentís que tu poesía es melancólica?

La verdad es que no lo sé. Hay algunos poemas que a mí me parecen melancólicos, aunque no por ello depresivos.

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Francisco de Goya, “El Coloso”.

CONSISTENCIAS LEVES, HUMOS Y FANTASMAS

Todo se va se suelta se aleja / el viento las uñas las palabras”: La idea de la traza, del fantasma, de la repetición de lo difuminado es como un intermedio…

Eso sí me atrae. Es interesante la mirada del otro también. Yo corrijo, reviso mucho, soy un enfermo de la corrección, pero no desde el punto de vista analítico de crítico, sino de autor, que es otra mirada. Y esto de lo difuminado, me di cuenta de que me atrae mucho…

La nube, el humo, rosario de nubes, todo se va, se suelta, se aleja…

Yo bebía los aullidos indelebles del vino / y perseguía como un eco / la penúltima flor del piano sobre el humo.”

 Lo sólido se desvanece en el aire.

¿Hay una potencia ahí?

Sí, sí. Lo intangible.

En lo frágil…

Me parece que ahí hay material poético.

Y lo muy consistente, ¿por qué no te deja leer?

Interesante, ya si no tengo respuesta rápida es interesante. Me parece que lo intangible tiene algo de ambigüedad, un recurso interesante para lo poético. Lo ambiguo en general es atractivo. La polisemia es interesante: que no sea confuso sino ambiguo.

Que se termine de completar con la subjetividad del receptor…

Claro. Y lo intangible tiene esta cosa de lo ambiguo, no es exactamente lo mismo, pero plantea algo. La imagen de la nube: metés la mano y no hay nada.

Pero puede devenir en muchas cosas. En cambio, lo que es consistente es como la muerte…

Es fatal. Está claro que lo frágil, lo difuminado, lo inasible, lo fugaz, aunque no siempre sean lo mismo, son como anclas de mi discurso poético. Allí me siento más cómodo para construir mi arquitectura de dudas o de reflexiones posibles. Lo sólido pareciera más incontrastable…otra vez las preguntas… ¿Será que la duda, la fragilidad o lo difuminado me dan más fortaleza que las certezas de lo consistente?

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León Ferrari, “Peces coloridos y bichos de comfer”.

Cuál es la voz real de los fantasmas / que nos clama justicia desde bastidores”. A ver, en la tradición, la imagen del fantasma, de la nube, de la niebla, está asociada a la melancolía. Sin embargo, puede leerse al revés: ahí hay una posibilidad de tomar forma, porque no está completo. Hablando de este tema llegamos a la etiqueta de nuestra revista que es el Lado B, ¿qué te dice a vos el lado B?

Primero hay que explicarles a los lectores jóvenes qué es el lado B.

Igual, el lado B puede pensarse fuera del disco y el cassette.

En general, nosotros, quienes hacemos canciones, venimos peleando –“peleando” es una manera de decir, yo dejé de pelearme hace mucho con ese tema–, tratando de defender, desde hace muchos años, el hecho de que la letra de la canción sea considerada un género literario. Además, es muy paradójico que cueste tanto, en un país que dio autores de canciones como Enrique Santos Discépolo, Homero Expósito, Manuel J. Castilla, Spinetta, Homero Manzi, Hamlet Lima Quintana, Armando Tejada Gómez. O sea, para el canon literario, la letra de canción sigue siendo considerada una suerte de poesía subalterna.

“La canción es un teatro de títeres asomado en la ventana de los hospitales. Es un árbol navideño clavado en las sábanas de la soledad. Es un piano de hojas secas con un diluvio entre las teclas”

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Carlos Nine

Que viene con la música…

Sí, es un arte menor. Yo me identifico mucho con los ilustradores. Me acuerdo haber charlado, hace muchos años, con Nine, quien además nació el mismo día que yo. Él decía: “los ilustradores no somos considerados artistas plásticos”. Y si mirás la obra de Nine y la de otros, que tienen la tarjeta “artistas plásticos”, a los otros les podrías decir, “loco, mirá un poquito a Nine y aprendé”. Hay poetas de libro que, al lado de Homero Manzi, no tienen ni cómo empezar. Entonces, digo, la canción, la letra de canción, como género literario, es el lado B.

Es bastante curioso. Por un lado, la poesía ya es el lado B de la literatura…

Esa es la primera paradoja…

Una paradoja muy extraña…

Faulkner decía: muchos novelistas habrán querido ser poetas y no pudieron. Y, sólo cuando no pudieron hacer poemas, terminaron por escribir novelas.

Y algunos lo plantean al revés: empezaron con poemas, como si fuera un escalón menor…

… y ascendieron. Faulkner lo dice claramente: como no pude ser poeta, entonces intenté escribir cuentos, que es la forma más sofisticada después de la poesía. Como también fracasé con los cuentos, me quedó la novela. Tampoco es así, pero él lo dice de una manera irónica.

Igual el poema, el cuento y la novela ven el mundo diferente. Y la canción también…

Sin dudas. Tomemos a los mejores exponentes de cada género. Tenemos dos ejemplos de autores que fueron noticia este año: Bob Dylan por el Nobel y Leonard Cohen. Era la gran discusión: cuando se lo dieron a Dylan, decían que se lo tendrían que haber dado a Cohen. Cuando uno conoce la obra de estos dos tipos –y podemos sumar a cualquiera de los argentinos, o a Chico Buarque, a Silvio Rodríguez, a Georges Brassens–, todos mejores que muchos poetas, inclusive que algunos premios Nobel…

Igual, el Nobel y la idea del premio literario camina sobre sus propias minas, el hecho de hacer entrar en competencia algo que no se maneja en ese ámbito no puede más que terminar en enormes contradicciones…

Sí, ahí entra Borges otra vez y todo esto… y Obama…

¿Y por qué no Bob Dylan? El tema de los premios, los que escribimos poesía, lo tendríamos que desestimar. Es una pregunta mal hecha al poema. Si uno le hace preguntas mal hechas al poema, el poema no contesta. El poema no sabe nada de premios. Podemos hablar de potencia, de intensidad, de producir sentido, de calidad, pero no se puede entrar en el juego deportivo –en el peor sentido–, que ellos están planteando. Igual, la resistencia fue impresionante, porque se hizo todo un debate en los suplementos culturales…

Sí, más allá de esto que decís, que es cierto, el peso político que tiene la palabra Nobel es muy fuerte en todo el mundo. De hecho, cada año, hay mucha gente que conoce un montón de autores y a mí también me ha pasado… a veces lo espero, ¿a ver quién ganó? Ah, mirá, un poeta que no lo había escuchado nombrar. Y voy y lo leo. Me ha pasado alguna vez, cada vez menos porque cada vez leo menos poetas nuevos, por la edad, ¿no? Pero este Nobel instaló el debate de las letras. Sí, de alguna manera la canción, la letra de canción, siempre ha sido el hermano tonto de la literatura.

Será que la letra  no está completa hasta que llega la música. Lo mismo pasa en la dramaturgia y a ella no le hacen tantos planteos…

Sí, porque la letra de canción es un hecho artístico incompleto, igual que la dramaturgia. En la mayoría de las antologías poéticas, en casi todas, hay una letra de canción, que pasa casi desapercibida.

Sin embargo las letras de canción se pueden leer como poemas…

Muchas sí. Pero digo, hay muchos poetas consagrados, que para mí no resisten al lado de Homero Expósito… ni de Yupanqui, no resisten.

Incluso las letras leídas como texto son un desafío de lectura: soportar esa incompletud, ¿por qué tienen que estar completas? Eso está en función de otra cosa que no está, bueno, ahí tenés algo para completar. Pero no se soporta, lo incompleto parece algo fallado. Muchos músicos tienen algo de responsabilidad en eso, ningunean la letra: a veces cantan para darle prestigio a la música una frase sin ninguna sustancia. Es como una declaración de principios, “no me importa la letra…”

Sí, también está instalado que cualquiera puede escribir una letra – lo digo rápidamente y en un punto es cierto, está bien que cualquiera pueda escribir una letra –. Pero digamos, si yo quiero tocar el violín, tengo que ir a estudiarlo. En cambio, escribir una letra, alguno hace una banda de rock y pregunta, ¿quién escribe? A ver, escribila vos, dale, que vos escribís más o menos prolijo… Y nadie se prepara para eso. No digo que tenga que ir a una academia o estudiar la carrera de letras. Pero bueno, leéte un par de libros por lo menos… Hay gente que escribe canciones y jamás ha leído un libro, no digo de poesía, ¡ni un libro!

Volvamos a tu libro, ¿cuál fue el criterio de ordenación de los poemas?

Si tengo en cuenta que está atravesado por la muerte de mi hermana, y hay sólo tres poemas dedicados a ella, uno de ellos, “Parque” me pareció que era el cierre. Por ahí es el poema más personal. Lo demás es una cuestión arbitraria, casi estética. Trabajo mucho una tensión dramática, como si fuera una obra de teatro, o una ópera. Aunque los poemas no se comuniquen entre sí, hay algo de la tensión que hace que los ordene de una forma y no de otra. Por supuesto, hay muchas tensiones diferentes que se podrían proponer. Yo elijo una, que es mi respiración, aunque sé que también –y sobre todo existirá una lectura caótica o de caballo de ajedrez. Pero el ordenamiento existe y no es azaroso.

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Foto: Sharon Johnstone.

Hay una palabra que circula mucho en tu libro que es “orfandad”…

Son palabras que a mí me atraen desde el punto de vista del universo poético que generan, no tanto por connotaciones directas…

No por lo biográfico, sino por su relación con lo poético.

Sí, hay imágenes que son esas cuestiones recurrentes… es más, una de las tantas correcciones que hice y que podría haber profundizado más, era ver las repeticiones de palabras. Hay un universo paralelo entre la orfandad y lo inasible, lo frágil, lo difuminado. Y no puedo explicar más que eso, el resto entra en el terreno de lo misterioso o del psicoanálisis. Cualquiera de los dos me son ajenos por ahora. Este libro, a diferencia de otros, lo escribí en cuatro meses seguidos. Hice algo que no había hecho nunca –yo siempre fui más caótico para escribir–,  me tomé una disciplina de horario, cuatro o cinco días por semana y cinco, seis horas por día. Rigurosa, sin interrupciones. Y salió el ochenta, noventa por ciento del libro en ese período.

Es que la muerte te pone a escribir…

Sí, tampoco lo pensé. Es muy loco esto, porque mi hermana murió en diciembre y yo empecé en enero. Escribí hasta fines de abril, sin parar. Y no es que dije: murió mi hermana voy a escribir un libro. Ni lo pensé. En el trasncurso salían unas cosas un poquito más blandas y no es que pensaba, “bueno, me mandé tres poemas duros, voy a hacer uno blando”. No: era la respiración que necesitaba mi frecuencia cardíaca. Bueno, el libro tendrá que tener esto también.

Qué poderosa, pero qué incompleta que es la muerte, en su voluntad de arrasar. Al final, es sumamente vitalizante. Claro, nadie agradece ser vitalizado de esa manera. Es una conmoción de fondo, permanente. Pero, cuando se da de forma explícita, ¿qué más vas a hacer además de escribir? Y después seguir, y dar la vuelta, de lo que queda de ruedo, darle lenguaje, darle vida…

Sí, fue así como una exhalación. Nunca me pasó eso. Y, después, un año y medio de corrección.

 

HILOS DE AGUA

 

Hubo un tiempo de hilos de agua.

 

Jugábamos a juntar los cabos

a estirarlos y llevarlos de una mano a una oreja

de un domingo a una calle cortada

o de un tren hasta una bandada de aguaciles.

 

Tomábamos los hilos a la manera de los peces

y corríamos por los cauces como niños

como la sombra del viento cuando resbala

en la cera de sus alas

o en las notas del primer rocío.

 

Apenas agua, hilos de agua.

 

¿Se secaron después del último diluvio?

¿Se evaporaron con los años perdidos?

 

Que alguien me diga dónde están

los hilos de esa trama inacabada

capaces de coser esta pena que me desgarra

como una gota de sangre sobre una mariposa.

 

Raimundo Rosales

 

Milonga de los arroyos- Letra: Raimundo Rosales. Música: Marcelo Saraceni.

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Notas:

Todas las citas, a excepción de la del epígrafe, pertenecen a Hilos de agua de Raimundo Rosales.

El dilema (Poema del Príncipe)

 

… ¿Qué es más digno para la conciencia?

¿sufrir estoicamente los dardos y pedradas de la injusta fortuna

o tomar las armas contra un mar de adversidades

y volverse a ellas, dándoles fin?

 

¿Qué copa saciará la sed de la venganza

cuando la noche nos confunda las sombras clandestinas?

¿Cómo será volver de los infiernos

sin haber intentado al menos seducir

al demonio entre el palo y la hoguera?

¿Cuál es la voz real de los fantasmas

que nos clama justicia desde bastidores?

 

Venganza o justicia como caras opuestas de la pesadilla.

Morir, dormir…

Descifrar los límites oscuros entre uno y otro, entre una y otra,

luego de haber sido expulsados del sueño de los justos.

He ahí el dilema.

 




LA DOBLE BE: BELLA Y BESTIA

El Lado B: Entrevista al escritor costarricense, Oscar Núñez Olivas.

Entrevista y edición: Lourdes Landeira

 “Este día te engendrará y te destruirá”(*)

¿Cuántas huellas dejamos a nuestro paso? ¿Cuántas señales inadvertimos? ¿Cuánto hacemos por eludirnos? Según la tragedia de Sófocles,  Edipo no pudo: debió cumplir su destino.  A pesar de tantas fugas, debió volver al lugar de donde había partido. Satisfacer al oráculo. Y, recién después de actuar tomar conocimiento de lo hecho. Ese saber terrible lo condujo a la oscuridad por propia decisión. Se quitó los ojos para no ver. Quizás, para quitar entidad a los residuos de sus acciones. Un sentido menos de ligazón con el mundo. ¿Estaría escrito en su destino morir ciego? ¿O la premonición solo llegaba a matar al padre y a tener hijos-hermanos con la madre? Y después que se arreglara como mejor no pudiera. Que la razón embebiera su voluntad y en su función tomara decisiones. Edipo hermoso, Edipo bárbaro; en un solo cuerpo.

Moraleja: Nada puede hacerse contra lo escrito por una entidad incorpórea en ningún lugar.

¿O sí? ¿Hay otro modo de aprehender la tragedia? ¿Hay un tercer camino ante la encrucijada? Quizás, el destino de Edipo era morir con los pies de bebé atados. Pero irrumpió la compasión: un campesino se apiadó de él e incumplió las órdenes reales. Borró la profecía de las palabras nunca vistas, mezcló las letras y creó otro modo de ser. Pasó a ser huella, puntada posible de ligar a otras en busca de alcanzar la Verdad. O no, a lo mejor, solo una verdad. La Otra, inaprensible se las arregla para escapar. O nos arreglamos para escaparle. Claro, sin la compasión de por medio, Antígonas no habría estado para defender el cuerpo inerte de su hermano. Imposible saber quién hubiera ocupado su lugar. Edipo Rey, Edipo mendigo; en un solo cuerpo.

Nuestro encuentro con Oscar Núñez Olivas debió haber ocurrido unos meses atrás. Algo, inefable, se interpuso. Insistimos en hacerlo  y un huracán en una zona sin huracanes (hasta ese momento) amenazó con una nueva postergación. Pero no, fue el correo con preguntas, vino el correo con respuestas. Nos acercamos, con su lectura,  a la mirada de pájaro, a los ojos de pez. A la búsqueda de lo indecible. A nombrar y renombrar.

 LA NOCHE DESEOSA, APENUMBRADA,

“¿Por qué, oh mujer, habría uno de tener en cuenta el altar vaticinador de Pitón o los pájaros que claman en el cielo, según cuyos indicios tenía yo que dar muerte a mi propio padre?”(*)

Nos gustaría conversar sobre el cuerpo  como lugar donde es posible hacer lecturas. En tus personajes, la premonición suele estar vinculada a alguna expresión del cuerpo que anticipa. ¿Qué tipo de conocimiento singular  es la premonición?, ¿qué otros modos de conocer da el cuerpo?

PAISAJE-CIUDAD-DESLUMBRO-VERTIGINOSA-VELOCIDAD_CLAIMA20110616_0065_35 El 23 de diciembre de 2003, la periodista costarricense Ivannia Mora fue asesinada mientras conducía su vehículo por una céntrica calle de San José, en el segundo caso de un trabajador o una trabajadora de la comunicación que moría de ese modo en la pacífica Costa Rica. Me impactó  la noticia en momentos en que disfrutaba de unas vacaciones de fin de año lejos de la capital. Al regresar al trabajo en enero, encontré en la bandeja de  mi correo un mensaje de Ivannia, del mismo 23 de diciembre, deseándome feliz navidad. Aquello, además de impactante, era completamente inusual pues no me unía a ella una amistad estrecha, ni mucho menos. De hecho, era la primera vez que recibía un saludo navideño de su parte. Alguien me comentó que no solo yo, sino varias personas habían sido sorprendidas por los mensajes que Ivannia distribuyó ese día, pocas horas antes de morir. Y la conclusión que escuché y que de algún modo me consuela, fue que posiblemente había “presentido” su final y quería despedirse…No, no es un conocimiento racional y ni siquiera sabemos si realmente se manifiesta o si solo es una asociación fantasiosa de circunstancias independientes, con la cual buscamos aliviar la dolorosa incertidumbre de la condición humana, pero la premonición es una constante en eso que llamamos el “imaginario colectivo”. Si la premonición, real o imaginaria, ocupa un espacio en el mundo cotidiano de las personas, mal haríamos en negarle el derecho a la existencia en el mundo de la ficción, que siempre anda en apuros para no quedarse a la zaga de la realidad. Por eso, los personajes de mis novelas suelen vivir los presentimientos con mucha intensidad y algunos los experimentan en sus cuerpos, tal vez en algún órgano pequeño en que habita el alma y al que los biólogos no le han atribuido ninguna función de importancia. Al cabo que la ficción goza de ciertas licencias sobre las ciencias de la realidad. Por otra parte, es el cuerpo el que nos da todos nuestros demás conocimientos. Los sentidos son nuestra conexión con el mundo físico. En eso, me confieso completamente aristotélico.

TE QUITÓ SIN PENSAR LAS ZAPATILLAS…

 “¡Oh soberano Apolo! ¡Ojalá viniera con suerte liberadora, del mismo modo que viene con rostro radiante!”(*)

¿Cómo diferenciar una premonición de un fantasma del miedo, hasta de un modo de exorcizar al miedo? ¿Por qué hay, en tus textos, pocas predicciones sobre hechos positivos? ¿Qué lugar queda para la sorpresa, para la irrupción de lo desconocido?

Una visión del futuro se cumple o no se cumple. Si llega a cumplirse, entra necesariamente en la categoría de lo que se intuye, es una visión premonitoria. Si no se cumple, es un fantasma, probablemente  tenga que ver con los miedos subterráneos, los traumas primigenios. Pero la premonición es una luz inesperada.  Prende, ilumina la inminencia de un acontecer y luego se apaga por mucho tiempo o quizá para siempre. Ese carácter repentino y con frecuencia unívoco del fenómeno anticipatorio aporta un condimento mágico al relato literario, pero hay que manejarlo con cuidado, abusar del recurso nos puede llevar a la ridiculez. Todo lo demás queda para la irrupción de lo desconocido, como vos decís. ¿Por qué no las predicciones sobre hechos positivos? Porque la premonición es un heraldo del Destino, esa entidad con mayúscula que es ineludible y que marca a sus víctimas con la tragedia. Es el oráculo que anuncia a Layo de Tebas que morirá a manos de su hijo Edipo, por poner un caso.

 

 Joaquin_Torres_Garcia_artista_visual_UruguayY —POR SENTIRSE BLANCA Y ALUMBRADA—

“La ciudad está llena de incienso, a la vez que de cantos, de súplica y de gemidos, y yo, porque considero justo no enterarme por otros mensajeros, he venido en persona, yo, el llamado Edipo, famoso entre todos.”(*)

En tus novelas leímos, por ejemplo: “Padecía miopía y estrabismo desde niño, por lo que solo conocía el mundo por intermedio de unos fondos de botella de los que únicamente se desprendía para dormir”.  “Y los ojos…esos ojos melifluos que penetraban como pértigas hasta llegar al alma. Ojos hipnóticos que te conectaban al más allá de los signos y el idioma. Ojos conocidos, antiguos ojos facundos que han habitado otros cuerpos. Ojos de todos los tonos de luz que te poseyeron en otras épocas, en otros lugares, en otros sueños”. ¿Qué tipo de intermediación para conocer da la escritura?, ¿en qué se diferencia de las intermediaciones de otros modos del lenguaje?

Depende de qué tipo de escritura estemos hablando. Yo preferiría circunscribirme a la literatura, pero, aun dentro de esta categoría, hay diferencias abismales.  Me gusta un tipo de literatura que nos permita aproximarnos a la realidad a través de la acción, el pensamiento y la pasión humanos. Por eso creo que los componentes más importantes de la narrativa son los personajes, las personas  de carne y hueso, interactuando con la sociedad y el medio natural. Ningún otro modo del lenguaje nos conecta así con la historia, el pensamiento, la problemática social.

La literatura, ¿puede ocupar el lugar de “cuerpo anticipatorio”? En ese caso, ¿qué anticipa “La Guerra prometida”, cuando restituye la historia bélica en un país que no tiene ejército? ¿Y el teatro circular? “Las palabras de Cañas provocaron un polvorín. Acoger aquella iniciativa equivalí a aceptar una verdad a la que todos, en diferente grado, se resistían: el ejército nacional había dejado de existir. (…) Ciertamente, nadie podría ser culpado de la nocividad de la peste”.

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Por supuesto que la literatura puede jugar el papel de cuerpo anticipatorio y lo hace con frecuencia. Recordemos cómo la obra de Julio Verne anticipa muchas de las hazañas que la humanidad ha realizado gracias al desarrollo científico y tecnológico. O la pre-visión impresionante de George Orwell  en “1984”, en la cual nos describe la tenebrosa maquinaria de control social a la que hoy estamos sometidos. No creo que sea el caso de “La Guerra Prometida” ni de  “El Teatro Circular”, novelas históricas que reviven procesos históricos a través de hechos consumados, descritos, estudiados. “La Guerra Prometida” nos remite a la epopeya de un pueblo en esencia pacífico que tuvo la capacidad de defender, con las armas en la mano, la nación que estaba construyendo y que le pertenecía. Quizá lo único que anticipa es lo que podemos ser, como sociedad, a partir de lo que fuimos capaces de ser en algún momento. Digamos que nos anuncia el germen dormido de la dignidad y el carácter como pueblo.

 DESNUDÓ BLANCAMENTE TUS RODILLAS

“¡Oh Edipo, que reinas en mi país! Ves de qué edad somos los que nos sentamos cerca de tus altares: unos, sin fuerzas aún para volar lejos; otros, torpes por la vejez, somos Sacerdotes -yo lo soy de Zeus-, y otros, escogidos entre los aún jóvenes.”(*)

 ¿Cuál es el  modo del tiempo en un círculo que se puede recorrer a diferentes velocidades? Leemos “¿Cuántas centurias habré vivido en estos años absurdos?”

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Me pregunto: ¿tiene el tiempo una existencia objetiva? ¿Qué clase de energía es? ¿De qué partículas está compuesto? No creo que el tiempo sea más que una simple abstracción de percepciones humanas.  La verdad es que el  tiempo es como el peinado, cada quien lo lleva a su manera, según quiera o pueda.  Por eso, en esos inacabables círculos que son la vida individual y la vida social, al tiempo debemos considerarlo como anarquía pura, si es que insistimos en concederle una existencia real. Ese es su modo. No sigue las reglas de la lógica, ni las leyes de la física.

En una de tus novelas se habla de la “inmovilidad perfecta”  Conversemos sobre eso.

Eso es pura retórica, tan hipotético como hablar del movimiento continuo o la belleza inmaculada. No hay nada que conozcamos en el universo parecido a la inmovilidad absoluta o perfecta. Sin embargo, es una categoría que nos remite a un “tipo ideal”, en el sentido que lo describía Max Weber, es un modelo conceptual que nunca podría ser hallado empíricamente y, no obstante, funciona como síntesis y modelo de múltiples fenómenos reales.

LUEGO —POR DIVERSIÓN, SIN DECIR NADA—

“¿Qué obligación de nuevo me vas a imponer, bien inmediatamente o después del transcurrir de los años? Dímelo, ¡oh hija de la áurea Esperanza, palabra inmortal!”(*)

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El arte aparece en tus novelas ligado a la mezcla de estilos, de épocas, de cosas que no tenían conexión y se juntan en un determinado espacio. También la naturaleza produce ese tipo de efectos, por ejemplo, por un temporal.  ¿En qué se diferenciarían los modos de producir metáforas  en la naturaleza y en la literatura?

La metáfora es dominio de la literatura, la naturaleza le proporciona material para producirlas, pero no sé si la naturaleza en sí las produce. La mayoría de las veces la naturaleza no necesita de metáforas para despertar asombro ni producir belleza.  Tal vez lo más parecido a una metáfora en el mundo natural sea el mimetismo de algunas especies, que juegan a ser lo que no son en esencia.  Otra cosa son las hipérboles. En eso la naturaleza es pródiga y pasa con facilidad de lo sublime a lo terrible. La literatura no tiene otro camino que imitarla.

Entonces, cuando todo se “embrolla”,  ¿la mezcla produce lo nuevo?, ¿qué diferencia hay entre embrollo y complejidad?

La complejidad es un orden cuyo sentido se nos resiste pero que eventualmente podemos capturar. El embrollo es un orden que escapa del todo a nuestra comprensión, pero que tal vez no sea equivalente al caos. La dialéctica, la lucha de opuestos que algunos podrían percibir como embrollo, suele engendrar síntesis transformadoras, como ya plantearan Hegel y sus seguidores. Quizá el embrollo sea un estado de cosas socialmente saludable porque induce a cambios necesarios.

LA NOCHE SE LLEVÓ TU BLUSA LARGA

“Tú, sin rehusar ni el sonido de las aves ni ningún otro medio de adivinación, sálvate a ti mismo y a la ciudad y sálvame a mí, y líbranos de toda impureza originada por el muerto”(*)

“Belleza – esa entelequia inaprensible”, la belleza aparece en la narración en minúscula y también en mayúscula, aun cuando la palabra no está después de un punto. ¿Hay gradaciones de lo bello? ¿Cuál es la relación con lo divino?

Definitivamente, hay mayúsculas y minúsculas dentro del concepto de belleza.  Sin embargo, creo que la estética es un sistema de valores estrictamente histórico y cultural.  Ninguna gradación de belleza es válida universalmente, como no lo es tampoco ningún sistema espiritual o religioso. En ciertas culturas,  el ideal de Belleza (la belleza imperfectible) se identifica con Divinidad. Esa relación es más clara en algunas sociedades que en otras. Por ejemplo,  en el Islam los artistas acostumbran dejar alguna imperfección en sus obras, aunque sea una pequeña muesca, pues lo contrario es un gesto de soberbia que ofendería a Dios.

¿Cuál es la diferencia entre lo exuberante y lo excesivo? En general y en el arte, en particular.

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Volvemos a lo mismo de la anterior pregunta. La dosificación es uno de los problemas constantes de la estética en general.  La diferencia entre lo exuberante y lo excesivo la marca el gusto de una época o de una cultura en particular. ¿Es el arte barroco excesivo o simplemente exuberante? Para mi gusto es excesivo, pero es el punto de vista de una persona del siglo XX, cuyos sentidos se habituaron a la prevalencia de las líneas rectas y los afeites discretos. Creo que el punto de equilibrio, sobre el cual reposa la diferencia, está en aquello que nos hace sentir cómodos, no solo a los creadores, sino también a nuestros públicos.

Y TE ARRANCÓ LA FALDA ENSIMISMADA

Llegarán por sí mismas, aunque yo las proteja con el silencio.”(*)

En El teatro circular está la transcripción (completa pero fragmentada) de un poema de Jorge Debravo, “Desvestida”. ¿Te liga algo en particular a este escritor, muerto accidentalmente, muy joven? Pongo en itálica el accidentalmente por lo hablado antes sobre las premoniciones y las irrupciones.

Jorge Debravo es, a mi juicio, el mejor poeta que haya engendrado Costa Rica. Su muerte representó una ruptura dolorosa porque su extraordinaria obra juvenil prometía cumbres nunca alcanzadas por la literatura costarricense. Pero dicen que los ídolos han de morir jóvenes, antes de que empiecen a ser carcomidos por las larvas de la vanidad o de la envidia. Por eso, la obra de este autor fallecido a los 29 años en un accidente de tránsito,  quizá tenga más de fatalidad que de accidentalidad.

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¿Hasta dónde la literatura te viste y hasta dónde te desviste?

La literatura hace ambas cosas hasta donde uno quiera.  Un escritor desviste su alma para exhibirla; desviste la realidad de los ropajes del mito;  desviste el pensamiento de prejuicios y falsas verdades. Este tipo de literatura ayuda al lector a realizar sus propios “desvestimientos”. Otro escribe para encubrir, para poner ropajes a todo y arrojar brumas y confusión a sus lectores. Tal forma de escribir no es siempre consciente, pero hay quienes la ejercitan. La vocación fundamental de la literatura, desde mi punto de vista, debe ser la de desvestir tanto como sea posible.

 

COMO UNA COSA TÍMIDA Y AMARGA.

“¿Cómo, pues, iba a ser para mí más grato el poder absoluto, que un mando y un dominio exentos de sufrimientos?”(*)

En tus descripciones hay muchas alusiones a los pájaros, a las aves, a vuelos. Haypájaros surrealistas que más que cantar, lloran o aúllan”. “Más que un hombre parecía un pájaro: ojos pequeños y redondos, mirada torva, nariz ganchuda y cuello encorvado como las aves carroñeras; piernas largas y escuálidas; manos luengas y callosas; movimientos rápidos e instintivos como los de una avecilla mielera siempre lista para emprender el vuelo”. “El hombre se incorpora a la naturaleza con una cierta resignación de hongo, de musgo inteligente, aunque lucha para no ser totalmente absorbido por esta temblorosa burbuja de savia donde no existe el tiempo”  ¿Cuántas temporalidades simultáneas puede vivir un hombre en la naturaleza?

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Los pájaros poseen algunas de las características y habilidades con las que los humanos soñamos desde siempre. La habilidad de volar, por ejemplo, nos sugiere un estado de libertad que supera todas las que conocemos.  Posarnos sobre el aire y, desde ahí, tener una visión panorámica de lo terrestre. Subir. Huir. Si voláramos, podríamos asumir nuestra soledad de un modo majestuoso que la transformaría en virtud. La naturaleza concede a los peces la inmensidad del océano y  a los pájaros, la inmensidad de la atmósfera, con toda su gama de planos y perspectivas.  A los mamíferos (al menos  a la mayoría de nosotros), la fuerza de gravedad y la carencia de agallas nos circunscriben a un solo plano, a la superficie de la parte sólida del planeta. Por eso nos hipnotizan estos otros seres, tanto los alados como los pelágicos, por eso inspiran historias de maravillas. Al mamífero-humano, la naturaleza le ha proveído de  facultades como soñar y escribir, que en algo compensan su escasez de poderes físicos.

En tus textos, la resignación, lo cotidiano, la rutina son como jaulas que encierran al hombre que acumula cicatrices. ¿Qué rompe esa inercia para que se produzca una guerra o para que estalle un amor? ¿Solo el amor y la guerra lo logran?

Ciertamente, nada se parece tanto a una prisión como la inmovilidad de la rutina. El sedentarismo, que fue el punto de partida de la civilización libera al individuo, en alguna medida, de una forma de esclavitud (la llamada ley de la selva, la selección del más fuerte y todo eso), pero lo encierra en una vida sin horizonte ni aventura. Cuando esa prisión atrapa a grandes concentraciones humanas, cualquier cosa que implique la ruptura de la inercia recibe una calurosa bienvenida. Será por eso que pueblos tan prodigiosos, como el de la Antigua Grecia, vivieron siempre en un permanente estado de guerra. Debe haber algo más que ambición material y afán de dominio en esta apetencia guerrerista. Y en ausencia de guerra, las masas fabrican héroes míticos capaces de vivir grandes aventuras en nombre de la multitud. El amor actúa en un ámbito mucho más individual y en ocasiones nos salva de la rutina, aunque a veces solo la refuerza.

DESPUÉS TE COLOCASTE TRAVESURA:

“Y uno tras otro, cual rápido pájaro, puedes ver que se precipitan, con más fuerza que el fuego irresistible, hacia la costa del dios de las sombras.”(*)

 

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La soledad parece ser una huella imborrable.  El hombre sabe que va a morir. En el círculo, cada punto final se une, inevitablemente, con el inicial. Esa soledad profunda, ¿es la huella del origen y del destino? No hay forma de escapar, “tendremos que seguir en el sainete”(…)“La imagen de unidad perfecta que ofrecían Inés y la criatura, le trajo el recuerdo de su propia madre y la sensación, ya otras veces experimentada, de que más allá del tiempo, de la vida y de la muerte, las dos mujeres estaban signadas por un paralelismo misterioso”. Sentía estar retornando a la tibieza y seguridad del claustro uterino, una experiencia inédita. (…) ¿Esto es la muerte?, se preguntó” ¿En el nacimiento está lo perdido que se recupera con la muerte?

La soledad es una impronta, una marca de hierro que nos acompaña por la vida desde el momento en que adquirimos conciencia de nuestra individualidad. No importa cuántas personas estén a nuestro alrededor, seguimos estando esencialmente solos en nuestro ámbito interno. Y de todos los momentos de nuestra vida, ninguno tan solitario como el de la muerte. Quizá el retorno a la Tierra, madre nutricia, debería representar el retorno al claustro uterino, el del confort  y la seguridad absolutos, pero no creo que en esta nuestra cultura pueda prender tal concepto de la muerte.

DESNUDASTE TUS PECHOS POR TERNURA

“La Esfinge, de enigmáticos cantos, nos determinaba a atender a lo que nos estaba saliendo al paso, dejando de lado lo que no teníamos a la vista.”(*)

 El lado B es el tema de nuestro próximo número, ¿qué te sugiere?

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El lado B me sugiere un plan alterno al lado A, que es todo lo predecible.  El lado B es el que no se anuncia, el que irrumpe ante el previsible fracaso del A. Es la sorpresa, el asombro. Del lado B está lo Bueno, lo Bello, lo Brillante. Besar y Bendecir, en voz activa, están también del mismo lado.

¿Cuál es tu “lado B”?

Todos mis lados están de ese lado.

Y —HABLANDO DE UN AMOR VAGO, INCONEXO—

“El que no tiene temor ante los hechos tampoco tiene miedo a la palabra.”(*)

 Lo tibio, lo vago, lo incierto, lo casi ¿es el único intermedio posible?

No, hay muchos más intermedios. Todo a lo que podamos aplicar una medida tiene un intermedio. Pero hay que tener cuidado de no confundir el intermedio con la síntesis, lo cual nos puede llevar a errores de valoración.

Tus textos dicen que las palabras tienen peso y producen significaciones más allá de lo literal de la unión de distintos vocablos. En las dos novelas, los personajes tienen voz propia a través de guiones de diálogo y también, algunas veces, irrumpen en la voz del narrador y se escriben en itálica. ¿Cuándo necesitas  dar la voz y cuándo, narrarla?En los oídos del comandante seguía resonando el balbuceo de una palabra que la muerte le arrebató de los labios al recluta. Cuánto consuelo le hubiera procurado escuchar ese postrer obsequio de su boca

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Indudablemente. Las palabras pueden tener un peso enorme y no siempre por su significado literal sino también por la carga que comportan. Lejos de lo que pueda pensarse, el contenido racional del lenguaje nunca viene solo, sino acompañado de la carga emocional de quien produce el mensaje y de quien lo recibe. En ocasiones, el éxito del relato exige ceder la palabra al personaje, no solo para que se comunique con otro personaje, sino para que dialogue directamente con el lector.  Esa comunicación directa  genera una cierta intimidad entre el personaje y el lector y se logra una identificación más plena.  A veces, se necesita el cambio de voz solamente para romper la monotonía, propósito que no es menos importante.

PORQUE SÍ Y PORQUE NO, A MEDIO REPROCHE,

“¡Oh tres caminos y oculta cañada, encinar y desfiladero en la encrucijada, que bebisteis, por obra de mis manos, la sangre de mi padre que es la mía! ¿Os acordáis aún de mí? ¡Qué clase de acciones cometí ante vuestra presencia y, después, viniendo aquí, cuáles cometí de nuevo!”(*)

Ante una encrucijada, ¿qué papel juega la voluntad, la razón, lo instintivo en el hombre? “Al final, uno baraja y baraja los argumentos y llega a la conclusión de que cualquier cosa es posible, excepto conocer con certeza la verdad”.

 

maxresdefaultDepende de la encrucijada. Cada situación requiere de cualquiera de esas potencialidades humanas.  La razón se impone allí donde hay una situación compleja y es necesario recurrir al conocimiento y la experiencia para tomar una decisión. La voluntad aplica en situaciones cuya solución requiere de esfuerzo. La intuición es necesaria siempre ante cualquier  encrucijada. Carecer de ella es una desgracia.

¿Qué lenguaje (poesía, prosa, ensayo) te acerca a lo indecible?

La poesía, pero la buena. Los versos de envoltura de chocolate resultan  insufribles.

¿Y las ideas? “Las ideas viven mientras vivan los hombres que las sustentan. Si esos hombres mueren, las ideas quedan en manos de los mercaderes y al final se prostituyen”.

 Este es un tema que da para mucho rato y para mucha tinta. Solo te diré que muy pocos hombres o mujeres son capaces de engendrar y hacer triunfar sus ideas. Y aún más escasos son aquellos que logran hacer que sus ideas les sobrevivan.

¿Y la poesía? “Se hubiera dicho que más parecía poeta que soldado, de no ser porque algo en su presencia infundía temor. Quizás fuera su verbo encendido, que siempre estaba argumentando sobre verdades trascendentes que solo él entendía. O esa mirada gris penetrante que producía una sensación de magnetismo hipnótico”. ”Maldita Rivas, ciudad escurridiza como el amor – pensó y trató de retener aquellas palabras para escribir luego un poema-. Cada vez que te aproximas y creo poseerte, escapas presta de mis manos”

Esos párrafos de “La Guerra Prometida” constituyen un asomo a la profundidad en el alma de uno de sus personajes, el filibustero William Walker, quien pretendía apoderarse de Centroamérica e imponer el esclavismo a mediados siglo XIX. Un hombre calculador e implacable, pero poseedor de una sensibilidad particular que le hace pensar y expresar las cosas con su dimensión poética. La cuestión es que estoy convencido de la complejidad de la psiquis humana, no hay malos absolutos ni buenos absolutos, por mucho que el cine hollywoodense nos sirva ese estereotipo sin descanso.  Más que las personalidades “coherentes”, me atraen las contradictorias.

DESNUDASTE TAMBIÉN, ENTRE LA NOCHE,

“Y, ciertamente, el enigma no era propio de que lo discurriera cualquier persona que se presentara, sino que requería arte adivinatoria que tú no mostraste tener, ni procedente de las aves ni conocida a partir de alguno de los dioses. Y yo, Edipo, el que nada sabía, llegué y la hice callar consiguiéndolo por mi habilidad, y no por haberlo aprendido de los pájaros. A mí es a quien tú intentas echar, creyendo que estarás más cerca del trono de Creonte”.(*)

“Él tampoco atinaba a explicarse por qué la Providencia había derramado tanta tribulación sobre un pueblo que no hacía otra cosa que defender su derecho a existir. ¿En qué consistía el pecado para tal castigo? Todo era absurdo” ¿Cuál es el absurdo del poder y de la religión? ¿El periodismo también es un poder absurdo?

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El mayor absurdo del poder es su carácter adictivo. Los políticos se quejan con amargura de toda la soledad y la frustración que les depara el ejercicio del poder, pero aun así lo persiguen con la ansiedad con que  el toxicómano persigue la droga. El periodismo es más bien un poder arbitrario y temible. Es un súper poder que acusa, investiga, juzga y condena antes de que cualquier poder del Estado haya movido un dedo. Es un poder ilegítimo porque no surge de la voluntad del pueblo, sino directamente de un juego subterráneo de intereses económicos y políticos. Es un poder tiránico pero enmascarado. Desde luego, creo que hay periodistas honestos y hay medios de comunicación que trabajan con ahínco por encontrar la verdad, no me cabe duda. Pero éstos son excepciones dentro del entramado de la prensa. No forman parte de lo que llamás “el poder del periodismo”. En cuanto a la religión, no opino. Le cedo la palabra a Bruno Bauer: “la religión es el opio de los pueblos”, frase que hiciera célebre don Carlos Marx.

LA NOCHE PEQUEÑITA DE TU SEXO.

Porque una sola podría proporcionarnos el conocimiento de muchas, si consiguiéramos un pequeño principio de esperanza.”(*)

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Para terminar, rescaté una larga cita, para preguntarte si querés  agregar algo más: “Pero me quedo quieto. Inmóvil. Sintiendo la seguridad de este nido de sus brazos donde no existe el viento, ni la lluvia, ni el mundo externo, ni siquiera el tiempo o el espacio. Sólo el golpe del reloj. Sólo un calor me licúa, que suave, placenteramente me desdobla. Poco a poco me convierto en una nube de átomos viajeros. Ya no pienso, solo transito por galerías vaporosas, casi inmateriales; túneles regados por una meliflua luz de origen incierto. Escucho el oleaje de un corazón y torrentes de sangre que discurren cerca, arrastrando vocablos sueltos e impenetrables como pequeñas piedras. Piedras. Palabritas redondas para llevar a casa. Mamá se enoja cuando lleno con ellas los bolsillos porque dice que se rompen y el abuelo que me deje vivir tranquilo, que no jorobe la existencia. Piedras. Piedras no, sino ranas, ranitas verdes de cuerpecitos fríos y jabonosos que se inflan y desinflan en el nido de mi mano y me miran con sus grandes ojos redondos asustados. Ojos. Ojos grandes, ojos inmóviles, ojos de pez. El agua. La poza prohibida donde me tiro desnudo y no toco fondo y hay canales de agua tibia dentro del agua fría. Ojos de pez, ojos de vidrio en el agua roja. Ojos flotando en esta sangre viscosa, ojos de pez que hablan y pronuncian mi nombre…”

¿Qué más podría agregar? ¡He dicho tanto! Gracias por la entrevista

Notas:

Las cursivas de las preguntas corresponden a citas de las novelas de Oscar Núñez Olivas, “El teatro circular” y “La guerra prometida”.

(*) Los epígrafes corresponden a citas de “Edipo Rey” de Sófocles.

Los subtítulos son los versos de “Desvestida”, del poeta Jorge Debravo.

 

       

 

 




UN ALCAHUETE RECORRE EL MUNDO

El Lado B: Acerca de atreverse a perder

Por Víctor Dupont

CARA O CECA

Hay varias formas de comenzar esta historia. Por ejemplo: de pie, ante una fuente donde arrojemos una moneda para pedir deseos. O en el misterioso fondo de una alcancía donde se acumulan los centavos. También, podríamos recordar el 2006 o el 2007, años de carestía de monedas en Buenos Aires: en los bancos, colas y colas para pedir cambio. En los quioscos, se nos miraba mal si no pagábamos justo. En el extremo de dicha “crisis”, algunos comerciantes llegaron a vender las mismas monedas a la par de alfajores o galletitas. Se llegó a asociar una mafia al asunto. Los medios -siempre tan amables con los extranjeros- sugerían una acción perversa de los chinos de los supermercados.

Pero otra forma de comenzar esta nota sería, simplemente, tirar una moneda al aire para corroborar si fue cara o ceca. ¿Cara o ceca? A ver. Tiraría a la cuenta de tres. Uno… Dos… No. Mejor, una pregunta: ¿cuál es el lado A y cuál el lado B de una moneda? Ese podría ser un modo mejor de contar esta historia, con un interrogante sobre la relación entre ambos lados. Pero no sé. Quizá este asunto de las zonas lleve a pensar, “por default”, en el vínculo entre moneda y dinero.

Mejor arranco dándole vueltas a las palabras, ya que la cosa no es tan simple.

NO TE JUNO

“Dinero” proviene de denario. El denario era la moneda romana asociada a la diosa de la fertilidad: Juno. En su templo se acuñaban las “monetas”. Aunque esta palabra confunde. Otro murmullo se oye y otro panteón. Sopla en la voz “moneta” la célebre Mnsemosyne, diosa griega de la memoria, la madre de las siete musas. También sopla la música, el museo y la inesperada relación entre memoria, moneda y arte. Sobrevuelan lo sagrado y lo político en la historia invisible de estas palabras.

Si damos un salto de lo abstracto a la concreto en este asunto, tenemos una danza distinta. Las primeras monedas conocidas son de la zona de Lidia y datan del siglo VII A.C. A partir de ese momento, en líneas muy generales y poco a poco, se monetiza la economía .Ya, en el siglo XVIII, empieza a circular el papel moneda, respaldado por el oro en una relación igualitaria: X moneda vale X oro. Ese fue el patrón “controlado” por el Estado hasta la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, desde tiempo atrás, la mayoría del dinero circulante era fiduciario porque no representaba parte del valor material del oro. A raíz del crack financiero de 1929, esa equivalencia con el estándar del oro perdió fuerza y el valor fiduciario del dólar levantó vuelo. El paralelismo se rompió en 1971, cuando el dólar ya no tuvo ningún respaldo. Desde ese entonces, el dinero sólo representó deuda: su valor ya no fue presente, sólo futuro.

Esta ambigüedad entre presente y futuro está en la naturaleza misma del dinero. Es, en sí, mercancía dual. Equivalente general y medida de los valores, desde donde las demás mercancías se comparan y se realizan. Por otro lado, el dinero naufraga en el cuantioso planeta material de las otras mercancías, como los zapatos, los vasos o los marcos.

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MARX: DOS CARAS DE LA MISMA

Así como hay dos lados de la moneda o del dinero, también suele estudiarse la obra de Marx en dos grandes períodos. Los textos del “joven Marx”, desde 1844 (“La sagrada familia” o “Manuscritos económicos-filosóficos”) hasta la redacción del “Manifiesto comunista”, en 1848. Después, tenemos al “Marx maduro”, el de “Contribución a la crítica de la economía política” (1859).Y, fundamentalmente, acá encontramos su obra magna, “El capital” (1867).

Marx ha planteado dos posiciones con respecto al dinero. En el caso de “El capital”, el dinero es un tipo especial de mercancía y lo estudia en tanto relación social entre productores, consumidores y poseedores. Pero se puede empezar por el primer Marx, el de los “Manuscritos económico-filosóficos”, y rescatar algunas virulentas tesis.

En el tercer manuscrito, en el apartado dedicado al tema, Marx recurre a la literatura de ficción. Así, cita a Goethe: “¡Qué diablo! ¡Claro que manos y pies, / y cabeza y trasero son tuyos! / Pero todo esto que yo tranquilamente gozo, / ¿es por eso memos mío? / Si puedo pagar seis potros, / ¿no son sus fuerzas mías? / Los conduzco y soy todo un señor, / como si tuviese veinticuatro patas.”

Tras los versos del poeta alemán, muy cerquita, toma la posta Shakespeare: “¡Oh, tú, dulce regicida, amable agente de divorcio entre el hijo y el padre! ¡Brillante corruptor del más puro lecho de himeneo! ¡Marte valiente! ¡Galán siempre joven, fresco, amado y delicado, cuyo esplendor funde la nieve sagrada que descansa sobre el seno de Diana! Dios visible que sueldas juntas las cosas de la Naturaleza absolutamente contrarias y las obligas a que se abracen (…)” 

Veamos. En estos dos casos, si el dinero es el vínculo con el cual me ligo a la vida humana, a la sociedad, a la naturaleza y al hombre en general, ¿no será el vínculo de todos los vínculos? Escribe Marx: “Es la verdadera moneda divisoria, así como el verdadero medio de unión, la fuerza galvanoquímica de la sociedad.”

En el caso del texto de Shakespeare, Marx dice que el dinero es la divinidad visible, la transmutación de todas las propiedades humanas y naturales en su contrario. Esta deidad iguala las imposibilidades. Por otra parte, es la “puta universal”, el universal alcahuete de los hombres y de los pueblos. Así, se invierten y confunden todas las cualidades, pero de forma extrañada y enajenada. Marx pone unos ejemplos cómicos: si quiero un manjar -dice- o tomar la posta, pero no soy fuerte para hacer el camino a pie, el dinero me procura manjar y posta. Si soy feo, el dinero puede darme a la mujer más hermosa. Si soy débil y estúpido, puede hacerme fuerte e inteligente. El cobarde -gracias a la acción de esa puta universal- es capaz de devenir valiente. El poder del dinero hace mágicas inversiones: transmuta la fidelidad en infidelidad, el amor en odio, el odio en amor, la virtud en vicio, el vicio en virtud, el siervo en señor, el señor en siervo, la estupidez en entendimiento, el entendimiento en estupidez.

Así, concluye Marx: “Como el dinero, en cuanto concepto existente y activo del valor, confunde y cambia todas las cosas, es (…), el mundo invertido, la confusión y el trueque de todas las cualidades naturales y humanas.”

MEMORIAS DE UNA TARDE EN CARESTÍA

Una de las formas que había imaginado para comenzar esta historia era el recuerdo de aquella falta de monedas en el 2006. Me tocó muy de cerca: por entonces trabajaba con encuestas prelaborales. Viajaba por el gran Buenos Aires, iba a casas de operarios, a quienes debía hacerle algunas preguntas estúpidas, describir sus viviendas, dar una opinión personal sobre el barrio y otras yerbas. Por aquel tiempo padecí en primera persona la odisea de quien necesitaba el vil metal para viajar, dada la inexistencia de la tarjeta Sube. El rito se cumplía cada mañana con búsquedas por quioscos, disimulo ante la cara amenazante de quienes debían darme unas papas fritas y la esperada moneda. A veces, ante los fracasos repetidos, rogaba clemencia a cualquier transeúnte “che, ¿tenés cambio?”. Una tarde tenía que subir a la General Paz para ir a Tigre, y ya compilaba dos horas de fracasos sin conseguir una mísera moneda. Mi día de trabajo estaba perdido. Entonces, se me ocurrió preguntar a la gente de la zona por el asunto y tomar nota. Recuerdo algunas hipótesis:

  1. Tal como la tele lo sugería, había una mafia china que operaba en la sombra de los supermercados.
  2. La misma mafia había introducido una cantidad considerable de monedas falsas. Eso alentaba circulaciones paralelas y tráficos insospechados. Algunas veces, se llegaba hasta crímenes.
  3. Algunos vecinos asociaban hechos de inseguridad a la acción secreta de estos grupos. El pedido de más y más policía tomaba gruesas dimensiones.
  4. Otra hipótesis: los vendedores ambulantes eran los responsables. Aliados con rateros de poca monta, se alzaban con el monopolio de las monedas y así iba la cosa.
  5. Deductivos, otros ciudadanos vincularon toda la información dispersa: una red de chinos mafiosos acaparó monedas falsas, pagó a vendedores ambulantes para la distribución. A la vez, la sociedad de estos últimos con rateros proveía de más capital circulante al negocio.

Las estigmatizaciones funcionan, así, en los círculos concéntricos de la paranoia.

Al atardecer de aquel día encontré un pequeño cúmulo de personas alrededor de una mesa, en una esquina. Tres cubiletes, una carta y un prestidigitador: un clásico. La gente apostaba para adivinar dónde se escondía la carta. El fraude estaba demasiado a la vista. Sin embargo, se me ocurrió imaginar que un tipo guardaba un manojo de monedas falsas, apostaba, perdía y pagaba con ellas.

 AL REVÉS: LA B DE BATAILLE

Otra forma de empezar esta historia es poner de cabeza algunos lugares comunes de la economía. Los manuales hablan de la escasez. La escasez: recursos finitos, deseos infinitos. La escasez: el planeta es pobre. Por eso mismo, necesitamos de un método de producción. La pobreza: una fatalidad que debemos abordar. Sin embargo, fue Georges Bataille quien, en su texto “La parte maldita”, cuestionó estos lugares comunes. Allí leemos: la actividad humana no puede reducirse a producir y conservar, por un lado, y a consumir, por otro. Más allá de las distintas escuelas del pensamiento económico, parece existir un sentido común alrededor de estos tópicos y una antropología próxima que, en algunos casos, llega hasta el dislate de calificar como racionales todas las decisiones económicas de todos los hombres (Teoría de la elección racional). Bataille afirma: lo que podríamos llamar el lado A de la actividad económica es la actividad productiva. Pero esta no es concebible sin los llamados gastos improductivos: el lujo, los duelos, las guerras, los espectáculos, los juegos, la actividad sexual perversa. El lado B. Entonces, Bataille sugiere: es necesario reservar el nombre de gasto para lo improductivo. Lo improductivo excluye cualquier modo de consumición (y, por lo tanto, de producción). Lo improductivo pone acento en la pérdida. Mira al hombre como a un ser que ama perder, derrochar, desprender. Dar. Derramar. El placer de hacer estallar las acumulaciones, como el acto improductivo de largar semen por mero goce u obscenidad. Tal cual hacen los chicos con sus excrementos o con su pis. Viven esa pérdida con placer. Ya Freud vinculó el posible origen de la manipulación del fuego con una represión aparentemente fútil, pero dolorosa: los hombres primitivos, en algún momento, debieron contener el impulso irresistible de apagar el fuego con su meo. El control es el primer paso para el dominio.

Este principio de pérdida, de gasto incondicional, tiene ejemplos paradigmáticos:

1) En el lujo. No meras joyas, sino y sobre todo, sacrificio de otra cosa, de una fortuna por caso. En el gasto improductivo, pérdida es equivalente a valor.

2) En la religión. Los cultos exigen el sacrificio,  pérdida, renuncia, dar (recordemos la palabra don)

3) En el deporte. Gasto de energía. Peligro de muerte. Apuestas. Formas de pérdida.

4) En el arte. En este caso, las producciones artísticas pueden ser divididas en dos grandes categorías: los gastos materiales (arquitectura, la música y la danza) y los gastos simbólicos (literatura y el teatro).

De este último punto, podemos decir que los economistas clásicos no fueron ingenuos. Siempre lo supieron: el arte es inútil e improductivo. En “La riqueza de las naciones”, encontramos descripciones muy interesantes de lo que Smith llama “trabajo improductivo”: “En la misma clase se deben incluir tanto algunas de las profesiones más serias e importantes, así como también las más frívolas: clérigos, abogados, físicos, hombres de letras de todo tipo; jugadores, bufones, músicos, cantantes de ópera, etcétera. El trabajo de los más humildes tiene cierto valor, regulado por los mismos principios que regulan el de cualquier trabajo; y el de los más nobles y más útiles, no produce nada que pueda procurar una cantidad igual de trabajo. Como la declamación del autor, la arenga del orador, o la melodía de un músico, el trabajo de todos ellos perece en el instante mismo de su producción”.

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EL HAMBRE

Así que, de arrojar la moneda por cara o ceca, o de pensar en la relación del dinero y la moneda, hasta lo improductivo de jugar con la orina o crear una melodía, esta historia puede ponerse más seria ahora. En el texto de Bataille se habla de una desmesura, de un exceso, de una prodigalidad en la naturaleza. Así, en los microorganismos más simples hasta en los organismos más complejos, en las plantas. Desde esta perspectiva, el problema, más que la escasez, podría ser la abundancia.

¿Y el hambre, entonces? ¿Y la pobreza?

En el libro “El hambre”, Caparrós escribe: “Cada menos de cuatro segundos, una persona se muere de hambre (…) Esto es: 17 cada minuto. Cada día 25 mil. Más de 9 millones por año.” Hoy, la realidad del hambre es un escándalo mayor que nunca. “El mundo produce más comida que la que necesitan sus habitantes; todos sabemos quiénes no tienen suficiente”. El hambre hoy “es más brutal, más horrible que hace cien o mil años. O, por lo menos, mucho más elocuente de lo que somos”. (…) “Estados Unidos gasta 1.760 millones de dólares diarios en sus fuerzas armadas. Ese dinero alcanza y sobra para darle cada día a cada uno de los 800 millones de hambrientos del mundo los dos dólares que necesitan para comer, para que nadie más se quede sin comida.” 

El hambre produce que el organismo se coma a sí mismo. En un mundo de 7000 millones de personas, se producen alimentos para 12000 millones. Al dar vuelta el paradigma de la economía, podemos pensar que la producción de riqueza, hoy, es abundante y hasta onerosa. Que, más que en un “mundo pobre”, vivimos en un mundo pletórico. El razonamiento no resulta difícil: La concentración, la acumulación de esa riqueza produce, alienta y crea pobreza. Y en la pobreza se alimenta, crece el hambre. Así como algunas mercancías -balas, estacas, guillotinas- matan, el hambre hace lo propio. Con la celeridad y la eficacia de lo invisible. La insistencia en la cifra (800 millones de hambrientos, más de 9 millones muertos al año) señala aquello a lo que no damos crédito, a pesar de ser evidentísimo.

LOCOS POR PERDER

Bataille analiza la ceremonia del Potlach, practicada por los pueblos originarios de la costa del Pacífico en el noroeste de Norteamérica, en Estados Unidos y en la provincia de Columbia Británica de Canadá. El Potlatch estuvo vigente hasta el siglo pasado. Tomaba la forma de un festín ceremonial. Se usaba carne de foca o salmón. Las relaciones jerárquicas entre los grupos eran reforzadas a través de intercambios de regalos y otras ceremonias. El anfitrión pretendía demostrar su riqueza en el regalo de sus posesiones. Dar y regalar: sinónimos de prestigio. A partir del siglo XIX, los pueblos practicantes del Potlatch empezaron a comerciar con los europeos. Al principio, aumentaron su riqueza. Las competencias de prestigio crecieron: un pueblo, el de los kwakiult, empezó no sólo a dar mantas o piezas de cobre, llegó hasta destruirlas. Y muchos anfitriones decidían quemar sus casas. La cosa alcanzó hasta guerras, en torno a quiénes se atrevían a perder más. Puro derroche para prestigio puro. Pero, también, otro modelo de distribución de la producción. Un modelo donde queda fuera toda lógica de ganancia. Los potlatch daban alimento y riquezas a otras comunidades. Y ello suponía un pacto de solidaridad: ante un mal año económico, los potlatch aceptaban donaciones a pesar de perder algo de su prestigio. Esta práctica llegó a unir a los grupos locales a lo largo de la costa noroeste del Pacífico, en una sólida red de intercambio.

El Potlatch fue prohibido por el gobierno canadiense en 1885. Esto duró hasta 1951. Para ese entonces, las poblaciones que hacían esta ceremonia estaban prácticamente desaparecidas.

LADO B DEL DINERO

Esta parte de la historia es, quizá, la más misteriosa. De la mano de Marx, vamos a ver cómo el dinero, a la vez que se hace invisible, gana más y más poder. En “El capital”, al analizarse el trueque directo de mercancías, se descubre el dinero en forma germinal. Supongamos que se intercambian dos kilos de trigo por un metro de seda. Si preguntáramos cuánto cuestan los dos kilos de trigo, responderíamos que un metro de seda. Ninguna mercancía puede expresar su valor en sí misma. Necesita de otra mercancía para poderlo hacer. En la lógica del trueque, cualquier mercancía servía de equivalente, pues todo el mundo utilizaba su propia mercancía como medio de cambio y las otras, como equivalentes particulares de la suya. En este estadio todavía no funcionaba el dinero -el equivalente general- sino infinidad de equivalentes particulares, tantos como mercancías hubiera en el mercado. Hasta que llegó el momento en que todos los mercaderes expresaban el valor de sus mercancías en una y la misma mercancía. Esta mercancía excluida -donde todas expresaban su valor- se convirtió, ya lo sabemos, en dinero.

El dinero es -repitámoslo- el equivalente general, el espejo donde todas las mercancías se miran.

Hay un proceso a partir del cual se llega a eso. A través de él, Marx nos muestra que el dinero es la forma acabada del valor. Aquí estamos en un punto central. Del dinero, entonces, podemos llegar al valor. Y, desde el valor, alcanzamos a la sustancia del valor el trabajo humano, la fuerza de trabajo humana. Y eso es lo que habría que ver en el dinero mercancía o en el dinero papel; ahí está, invisible, el trabajo.

Lo que aporta valor a una mercancía no son sus cualidades misteriosas o su brillo intrínseco.

Lo que late detrás de ese misterio no es sino lo que nuestro presidente neoliberal llama “un costo más”.

Veamos un ejemplo. La lluvia. La lluvia es un valor de uso (utilidad), pero carece de valor. ¿Y por qué? Porque no es obra del trabajo humano. Así que una cosa puede ser valor de uso sin ser valor. Resumamos la posición de Marx: en el dinero debemos ver la forma acabada del valor. Y, en el valor, su sustancia: el trabajo. El lado B del dinero acá está.

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EL DINERO FANTASMA

“El Marx maduro” plantea que el dinero tiene dos formas de moverse. La primera, como medio para la circulación de las mercancías. La segunda, su faz fantasmal: como capital. Y representa estas dos formas de circular el dinero mediante las dos siguientes fórmulas: M-D-M (Mercancía-Dinero-Mercancía) y D-M-D’ (Dinero-Mercancía-Dinero + incremento de Dinero). De la fórmula M-D-M participa todo el mundo, y los trabajadores lo hacen con exclusividad.

Veamos la circulación del dinero como capital. El punto de partida y de llegada es el dinero. Se trata del capitalista que, con dinero, compra mercancías y después las vende para obtener más dinero. (Avatares de la mercancía: la mercancía se transforma en dinero y, al volverse a convertir en mercancía, se convierte en capital.)

El fin último del capitalista es obtener más dinero del que invirtió. Y no hay capitalista que no busque dinero por medio del dinero.

Así de simple: Los capitalistas (ceos, criaturas de la clase dominante, etc.) buscan el dinero por sí mismo y quieren multiplicarlo de modo ininterrumpido.

La historia de la moneda también describe vaivenes similares: del oro a la misma moneda, de la moneda al billete y el último salto, las acciones. El acto fantasma del dinero, su desaparición última. Marx lo llama “capital ficticio” y puede ser una forma de anticipación del actual capitalismo que reina, el capitalismo financiero (el cual desplazó hace un buen tiempo al capitalismo industrial). El capital ficticio designa aquellos activos financieros cuyo valor no se corresponde con algún capital real. El caso más conocido son los títulos públicos. Cuando un gobierno emite títulos para cubrir sus gastos corrientes, el dinero que recoge no entra en algún circuito de valorización. Por eso Marx destaca que el precio del título no representa capital. Un pagaré o un bono del Estado solo dan a su propietario el derecho a participar de una parte de la plusvalía, bajo la forma de los impuestos que recaude el gobierno (piénsese en deudas externas, ayudas financieras internacionales, etc.).

El dinero, en el mundo financiero, es un fantasma.

Y ese fantasma recorre nuestros días con una noticia: las redes de este sistema nos atrapan en las zonas más invisibles, pero a la vista de todos.

CECA: LA BATALLA DE LOS PERDEDORES

¿Y qué pasa con quienes no quieren reproducir el dinero? ¿Y qué pasa con los que tampoco pretenden cifrar su vida vendiendo su fuerza de trabajo? ¿Y los que no quieren tener acciones? ¿Cómo? ¿Acaso escribí sobre el Potlacht porque sueño con un “retorno” a algo más “primitivo”? ¿Esta nota profesa una especie de nostalgia por sistemas de intercambio precapitalistas? ¿Soy, digamos, una suerte de Rousseau -pero más ingenuo y nada genial- en estos temas?

No sé si seré claro con mi respuesta: la moneda cayó y salió ceca. Me tocó perder. Y con eso no me refiero a que soy un excluido ni un desclasado. Simplemente me tocó perder. Por eso, todas estas preguntas quizá las pueda responder alrededor del asunto de los perdedores.

Hay un perdedor que sí podría, sin ingenuidad, reivindicar.

Hay un perdedor que ha quedado fuera del primer plano, lejos del esplendor de la pantalla. Es un hombre sin glamour. Un tipo que no ha sabido hacer las apuestas adecuadas o que se ha encontrado con competidores más eficaces. Este perdedor desestima la idea de eficacia. Y, en muchos casos, es también un híbrido: desprecia las luminarias de la fama. Este perdedor ha ganado, en una extraña paradoja, la zona del lado B.

Ahora, hay una “ceca” mucho peor: Existe un tipo más de perdedor, tal vez el más infame. El hombre que pretende reinar lados. Del lado A, se reserva la gloria. Del lado B, su adición por el barro. Este perdedor falso, este ser de cornisa, no está en ninguna parte. Porque no se atreve a perder. El Potlach le ilumina los ojos, como quien se impresiona ante la libertad de ciertos “primitivos”. Y la acumulación de dinero le despierta tanto un rinconcito de pudor como un hambre de ambición que no puede disimular.

Bien. La cosa, para terminar acá, es muy simple. Se trata de tirar una vez más la moneda. Y animarse a perder. Pero a perder en serio. A perder de verdad.

Y, si no te la bancás, fumate una seca y dejate de joder.

 




ESCRITO A TRAVÉS DEL OJO DE UNA AGUJA

El Lado B: sobre Jacques Prévert

Por Cecilia Miano

DESPUÉS DEL DESAYUNO

La mañana se despierta. Creo que ha llegado el día en que las palabras se alinean de acuerdo a exactos órdenes imaginados entre nubosidades de letras. Las tengo, pienso con cierta incertidumbre. Pero lo justo es decir que nunca las alcanzo por completo, las letras se cuelan como agua entre la malla del género abierto y me queda la nada… otra vez. ¿O cierto residuo permanece?

Maniquies_L Ferrari
Maniquíes – León Ferrari

 

Pienso en Jacques Prévert.

Desayuno

Echó el café
En la taza
Echó leche
En la taza de café
Echó azúcar
En el café con leche
Con la cucharilla
Lo removió
Bebió el café con leche
Dejó la taza
Sin hablarme
Encendió
Un cigarrillo
Hizo aros
Con el humo
Echó la ceniza
En el cenicero
Sin hablarme
Sin mirarme
Se levantó
Se puso
El sombrero
Se puso
La capa de lluvia
Porque llovía
Y se fue
Bajo la lluvia
Sin una palabra
Sin mirarme
Y yo tomé
Mi rostro entre las manos
Y lloré

 

PORTADA PAROLES

Primera edición de ‘Paroles’,
Editions du Point du Jour,
“Le Calligraph”, Paris 1945

                                           Jacques Prévert

10Pcs-Set-Metal-Silver-Household-font-b-Sewing-b-font-font-b-Machine-b-font-ThreadingAsí, sin vueltas, comienzan algunos días, con café, leche y tempranos desencuentros. Porque las palabras desesperan por una gramática para religar con los otros, con otras palabras, con los objetos. Así combaten, para no caer desvanecidas, ya desde el alba, sin poder producir sentido. Del lado A, las palabras son puentes. Pero, del lado B, por su misma búsqueda de otras, nos muestran la última soledad en que ellas y nosotros nos encontramos. Así, solitas, no se rinden, buscan ser sujeto, aliarse a un predicado, ampliarse, expandirse. Se suben a un colectivo y toman la gramática del colectivo. Bajan y se alían con la gramática de la vereda. Llegada la noche, se ovillan con la cadencia de la almohada y esperan que el nuevo día proponga nueva alianzas. Pero, atención. Las palabras también se encierran y sólo dicen en leves goteos, en puntadas cortas que rompen la mañana de sol y enredan hilos que no alcanzan nunca el ojo de la aguja.

DESPUÉS DEL DESAYUNO COMIENZA TODO

315f0cbd28f73f635c95bb112d9cbd85Sentada frente al papel, despierta, sin sombras, vuelo por lo bajo, sospecho resultados y comienzo. De repente, la pantalla se sorprende. El arte del que no dispongo es tan sutil que esas enmarañadas letras se ensiluetan en armonías imperceptibles, al igual que en una costura. Los hilos se enlazan de manera tal que, finalmente, ellos dicen la forma de la pieza única e irrepetible que creemos de nuestra autoría.

La trampa de este arte se esconde en los pliegues. Un vestido se gana la aprobación, cuando el cuerpo que acompaña lo luce entre pasiones, cuando el género logra caer con gracia, acompasar movimientos imprevistos y ondear con elegancia entre otros. En la escritura, aparece el lector que pone el cuerpo para llevar la textualidad adelante. Ese lector, en ánimo y sensibilidad, galantea y modela cada una de las unidades de sentido y anda la escritura en diferentes modos de leer y ocasiones. Como quien hace de un texto un vestido de gala que, del ruedo, sea capaz de volverse un jogging de fajina. Puede ocurrir que la profundidad no exista, que las hilachas en contraste cuelguen de la prenda y ésta se torne pesada e inentendible; incluso que se abra en inconclusas inspiraciones de deseos. Aun así, la costura intenta suturar. Es domingo, todo puede ser o dejar de serlo. Para otro cuerpo, esta misma prenda calzará como hecha a medida.

DOMINGO

Entre las filas de árboles de la avenida de Los Gobelinos

Una estatua de mármol me conduce de la mano

Hoy es domingo los cines están repletos

Los pájaros desde las ramas contemplan a las criaturas humanas

Y la estatua me besa pero nadie nos ve

Salvo un niño ciego que nos señala con el dedo.

                                                    Jacques Prévert

¿Qué une a ese rostro que se toma a sí mismo entre las manos, como sustituto del otro que no está con ese hombre que besa a una 524b69f494e22734db998dcab0a39f1bestatua como si se tratara del punto más alto de un encuentro?

Esto de poseer el don de crear se acompaña con colores y texturas en un mundo exquisito de sueños entre alfileres, de hilvanes largos imaginados para sostener el todo, en primeros impactos que buscan saborear de a poco entre láminas de inspiración y géneros de sutiles pesos.

LA CREACIÓN

Un regalo de Prévert, una maravillosa invitación a la creación. Donde el camino es lento, meticuloso y nunca garantizado.

PARA HACER EL RETRATO DE UN PÁJARO

Pintar primero una jaula

con la puerta abierta

pintar después algo bonito

algo simple, algo bello,

algo útil para el pájaro.

Apoyar después la tela contra un árbol

En un jardín en un soto

o en un bosque esconderse tras el árbol

Sin decir nada, sin moverse

A veces el pájaro llega enseguida

Pero puede tardar años

antes de decidirse.

No hay que desanimarse

Hay que esperar

Esperar si es necesario durante años

La celeridad o la tardanza

En la llegada del pájaro

No tiene nada que ver

Con la calidad del cuadro.

Cuando el pájaro llega, si llega

observar el más profundo silencio

esperar que el pájaro entre en la jaula

y una vez que haya entrado

cerrar suavemente la puerta con el pincel.

 

Después borrar uno a uno todos los barrotes

cuidando de no tocar ninguna pluma del pájaro.

Hacer acto seguido, el retrato del árbol,

escogiendo la rama más bella para el pájaro,

Pintar también el verde follaje

Y la frescura del viento,

El polvillo del sol

y el ruido de los bichos de la hierba en el calor estival

y después esperar

que el pájaro se decida a cantar.

 

Si el pájaro no canta, mala señal,

Señal de que el cuadro es malo,

Pero si canta es buena señal,

Señal de que podéis firmar.

Entonces arrancadle delicadamente

una pluma al pájaro.

Y escribid vuestro nombre

En un ángulo del cuadro.

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Emociones de un prisma – León Ferrari

 

LO PROPIO

La historia de Jacques Prévert irrumpe para romper y en busca de prendas diferentes que se ajustarán a quien se atreva a usarlas, a disfrutarlas en la medida de su talle.

Su libro más importante es “Paroles”, un mapa poético que se abre paso en Francia contra todos los pronósticos. Frente a los estilos 8e1a7800ff520cb12aadd86434fd9105impuestos en la época, salta al vacío y vuelca la gracia en lo inesperado, en lo cotidiano, donde la forma se llena de poesía, sin más.

“PAROLES” significa palabras en francés, no es difícil descubrir su significado, ya que el sonido es musical y con timbre universal. Pero, cuando pretendemos disponer de las “paroles”, los sonidos se retuercen en laberintos y es ahí donde cada escritor y cada lector se traza los contornos del significado singular que cada signo adquiere a cada momento para cada quien. Entre el código y la biografía, las “paroles” se alquimizan.

El lado B siempre viste el misterio.

 

     CALMA 

El viento

De pie

Se sienta

En las tejas del techo.

León Ferrari. Escrituras deformadas 2
Escrituras deformadas – León Ferrari




NO TODO ES HANSEL Y GRETEL

El lado B: Sobre hermanos

Por Alicia Lapidus

“¿Quieres marchar, hermano mío, a la soledad? ¿Quieres buscar el camino que lleva a ti mismo? Detente un poco y escúchame. «El que busca, fácilmente se pierde a sí mismo. Todo irse a la soledad es culpa»: así habla el rebaño. Y tú has formado parte del rebaño durante mucho tiempo.” 

                         “Así habló Zaratustra”, Nietzsche

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LOS ÁRBOLES MUEREN DE PIE

¿Cuándo se trastoca el mundo de amor entre hermanos? ¿Cuándo la fraternidad que es amistad se ve alterada por avaricias y celos? ¿Fue siempre así y sólo era una realidad invisible para los demás?

El árbol crece, sus raíces retuercen curvas, tierra adentro. Oscuras, profundas, enmarañadas. No son bellas; sin embargo, lo sostienen. Sin ellas, el árbol moriría. En sus ramas, los frutos. Algunos, cercanos al tronco. Otros, en lo más lejano, obligan a los cargados tallos a inclinarse hacia el suelo. Desafían su fortaleza, desconocen que, en la ruptura, ellos morirán, mientras el árbol seguirá de pie.

I.

La hermana mayor se sentaba cómodamente en su pupitre de tercer grado. Sus días transcurrían normales. Su mayor preocupación eran sus brazos delgados. Ni brillante ni mala alumna, las maestras la apreciaban como se valora a quien no da problemas.

La menor, de corta estatura, un año más pequeña que sus compañeras. Su hermana le había enseñado a leer y a escribir y la pusieron un grado adelantada a su edad. El pupitre era demasiado alto, así que esa niña pasó su primer año escolar de pie. Nadie se percató ni cambió el asiento. No obstante, la mayor sentía que a ella le faltaba algo. Algún reconocimiento a su mérito, algún agradecimiento en la escuela, en su casa.

La historia, relatada en el Génesis, afirma que Abel se aplicaba a pastorear ovejas y su hermano mayor, a la agricultura. Las ofrendas de Caín no agradaron a Dios, no por su acto o por las ofrendas en sí, sino por su voluntad de ofrendar. Sin embargo, aceptó las del hermano menor. La razón del favor divino hace hincapié en el matiz de generosidad con el que Abel ofrece para destacar que la ofrenda de Caín, nacida de la mera obligación, no era deseable.

 

FRUTOS LEJANOS, RAÍCES NUEVAS

Los frutos lejanos toman rápido contacto con la tierra y se pudren. Los otros, en su madurez, caen cerca de su padre-árbol y aseguran su continuidad en un nuevo individuo. Generan raíces nuevas y frutos frescos.  shutterstock_96695914

II.

Las hermanas se volvieron grandes amigas. Aunque la mayor siempre sentía que le debían algo. Al principio, cuidaba de la menor como si se hubiera tratado de una hija a quien se debía educar. Le impartía estrictas órdenes que la chiquita cumplía, con el amor que reconoce una autoridad y a veces la confunde con un abrazo. Pero la vida tiene esas volteretas imparables. Los niños crecen. La mayor aún sentía que le faltaba algo. Había perdido algo. Su hermanita, entonces adolescente, tenía vida propia. Era el fin de la obediencia. A pesar de eso, siguieron siendo amigas.

 

Luis Kancyper, en “Conferencias de introducción al psicoanálisis” (1916), afirma, entre otras cosas: “El chico puede tomar a la hermana como objeto de amor en sustitución de la madre, infiel (…)Una niñita encuentra en el hermano mayor un sustituto del padre, quien ya no se ocupa de ella con la ternura de los primeros años, o toma a un hermanito menor como sustituto del bebé que en vano deseó del padre (…)Entre varios hermanos que compiten por una hermanita más pequeña ya se presentan las situaciones de rivalidad hostil que cobrarán significación más tarde en la vida”.

 

III.

La mayor, tenía una vida tranquila. Asegurada en un matrimonio, hijos deseados, buen pasar. Hija ejemplar. La menor transitó divorcios y se reinventó una y otra vez. Se peleó con sus padres y se amigó en el amor con ellos. La díscola inquieta. Sin embargo, la mayor sentía que a ella le faltaba algo.

 

BOSQUE ADENTRO

“La cigüeña, cuando es vieja/pierde la vista y procuran/cuidarla en su edá madura/ todas sus hijas pequeñas:/apriendan de las cigüeñas/este ejemplo de ternura.”
“Martín Fierro”, José Hernández

El árbol envejece, se retuerce, se encoge, se achica. Ya no tiene la fuerza y la presencia de otros días. A su alrededor, esos frutos cercanos devenidos adultos lo sostienen, lo enderezan. Aún lo invitan a pertenecer al bosque. Aquellos otros, lejanos, atraen gusanos desde su podredumbre. Alimañas que atacarán el corazón del viejo.

La protesta fraterna que, para Kancyper (2004), consiste en una agresión franca y un rechazo indignado por parte de un hermano hacia otro (quien, ocuparía injustamente un lugar más favorecido), se puede entender desde la lógica del narcisismo. Es decir, el hermano que se cree damnificado no oculta su hostilidad, sencillamente, porque la presencia del otro es vivida como la de un rival e intruso que atenta contra la legitimidad de sus derechos.

   

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IV.

La ambivalencia signaba el devenir de las hermanas. La mayor se mostraba “orgullosa” de los logros de la menor. Por dentro, siempre se comparaba. Nunca lo toleró. La vida le debía algo inasible, inalcanzable. La menor transcurría su vida sin conocer (quizás sin querer ver) qué se escondía dentro de la otra. La ilusión de la amistad era más fuerte que la verdad.

En una entrevista en “La voz”, Kancyper continúa su reflexión:

“Pero no sólo hay que ver lo malo, en lo fraterno, también hay solidaridad, comprensión. Por eso yo diferencio el complejo fraterno trófico del complejo fraterno tanático, se trata de mostrar las connotaciones tenebrosas y luminosas del complejo fraterno (…) ¿Cómo diferenciar, cómo marcar los límites cuando a veces lo luminoso se mezcla con lo tenebroso? Por caso, el niño que hostiga a su hermano, pero a veces lo cobija.(…) Como toda relación humana, la de hermanos tiene ambivalencia, pero hay que ver los dos aspectos, no sólo lo que resta, lo que quita. Como decía Calderón de la Barca, cada hermano le quita a uno el reinado, pero también aporta compañía, solidaridad, la posibilidad de edificar juntos.  (2015) http://www.lavoz.com.ar/salud/las-raices-tempranas-del-conflicto-fraternal

 

ÁRBOL CABEZA ABAJO

V.

Para la menor, lo luminoso marcaba el vínculo. La palabra hermana no se diferenciaba de amiga, compañera, compinche. Para la mayor, estaban la luz y la sombra, sin poder decidir hacia cuál inclinarse.

El árbol se agrieta. Sus frutos, desde el origen, signaron su apoyo. Yo te contengo, yo te destruyo.

Baranger (1994), por su parte, ha sugerido que el complejo del semejante (Freud, 1895) tiene dos aspectos que no se superponen en su origen. Uno auxilia y previene del desamparo. El otro es la imagen especular que permite al sujeto percibirse como totalidad. Propone que este doble especular, este gemelo, es el punto de partida de lo fraterno. En consecuencia, el hermano sería un semejante demasiado semejante y, a la vez, la primera aparición de lo extraño.

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VI.

Las hermanas se parecían mucho. Tanto que, muchas veces, las confundían. La gente preguntaba si eran gemelas. Motivo de alegría, para una. De desagrado, para la otra. No podía dividir aquello que le faltaba.

“En la protesta fraterna, uno de los hermanos manifiesta una agresión franca y un rechazo indignado hacia otro que, según él, ostenta un lugar favorecido e injusto. No oculta su hostilidad porque, desde la lógica de su narcisismo, la presencia del otro es vivida como la de un rival e intruso que atenta contra la legitimidad de sus derechos y a la vez resignifica el homo homini lupus (“hombre, lobo para el hombre”) que subyace en la vida anímica.”(Kancyper)

 

ÚLTIMOS DÍAS DEL ÁRBOL

VII

La mayor siempre se sintió desposeída. Su resentimiento creció junto con ella. La frenaba la presencia de los padres, fuertes aglutinadores de la familia. Nunca pudo crecer ni desprenderse de su lugar en esa constelación. Ser adulto.

El árbol, en sus últimos días, maltrecho y sin hojas, bebe a sorbos el agua caída de sus hijos adultos. Los necesita, ya no es más el tronco orgulloso  hacia el sol. Endeble, se sostiene en sus retoños crecidos.

VIII.

Los padres envejecieron. La red que sostenía firme a la familia se agrietó. De esa debilidad, la mayor obtuvo la fuerza para dar rienda suelta a una crueldad acumulada. Y pegó y pegó y pegó. En el afecto, en el cuidado, en el amor. Lo logró, los dobló y los quebró. Les dejó, para sus últimos tiempos, la pregunta, sin respuesta, acerca de qué ser humano habían engendrado. Los dejó entre impotencia y dolor.raices_img

Las raíces, que algún día fueron sostén, se diluyen, se extienden superficiales y profundas, se entremezclan en un baile de contorsiones con otras. Se hacen red, se vuelven rizoma.

“Rizoma”, en botánica, es una raíz que crece a nivel de superficie, en forma de entretejido de raíces. Puede ramificarse y permitir que, desde una parte de ese entramado, surjan otros tallos y permitir así la expansión de la planta, su proliferación, a veces muy rápida.

 

BROTE DE VIDA

La menor despertó con los golpes de la mayor. Comprendió el lado siniestro, la hostilidad, el desamor que nunca quiso ver. Lloró durante muchos días y noches. Se desarmó su fe. Endureció sus entrañas. Y despidió a su hermana de su vida, la sacó de su pecho. Los padres murieron con el dolor incurable, sin una palabra de amor de la hija rencorosa. La menor enterró a los tres.

¿Qué resta después de la devastación? ¿Qué oportunidad hay para los sobrevivientes de la tragedia? Abrir los ojos a la historia imperfecta, a la biografía equivocada, al error original. La supervivencia empuja, el aliento se contiene para exhalarse vibrante hacia adelante, al futuro.

¿Qué ceguedad me trujo a tantos daños?/ ¿Por dónde me llevaron desvaríos, /que no traté mis años como míos, /y traté como propios sus engaños?”  Lope de Vega

El rizoma se expande, bucea hacia otros rumbos, se asocia con otros seres, produce brotes, ya no los mismos, algo igual y algo distinto, lo propio y lo extraño.

La menor salió, creó vida, conoció amores y amistades. Dejó volar a sus padres, los guardó en su memoria y se sumergió en la savia de su propia existencia.taxodiumocipresdelospantanos




PATO AL  HORNO

El lado B: Sobre Omar Pastoriza

Por Juan Pepe Carvalho


UN MONUMENTO A LA PELOTA     

Omar Pastoriza nació en Rosario, Santa Fe. Su primera experiencia futbolística fue en PEPE2Macetero con pelota vieja 4Colón, de esta ciudad. Luego pasó a Racing Club: eran los comienzos del equipo de José. Como jugador anduvo por Independiente, donde jugó 184 partidos, que le dieron un saldo de 32 goles y varios títulos ganados a nivel nacional y metropolitano. No se privó tampoco de participar en 18 partidos en la Selección argentina.Esta brillante carrera le dio la posibilidad de jugar en el “Fluminense”, en el “Gremio”, de Brasil, en “El millonario” de Colombia, en El Salvador, en Venezuela y, sobre todo, en Mónaco, ciudad que lo cautivó y a la que siempre estuvo agradecido. Igual que a su profesión:“vivir en un lugar como Mónaco solo fue posible gracias al fútbol. Yo a la pelota de fútbol debo hacerle un monumento”.

Con todo este camino recorrido, en 1976, dio por terminada su carrera de jugador. De inmediato, lo contrataron como técnico de Independiente de Buenos Aires, donde ganó las copas nacionales de1977, 1978 y 1983.

Esta carrera victoriosa lo llevó nuevamente a Colombia, esta vez, como técnico de Independiente de Medellín.En aquella época la gran mayoría de los clubes de fútbol  en Colombia eran manejados por narcos. Esto, en principio, no significó una preocupación para el Pato.


LA OTRA CARA DEL CUCHILLO

El acuerdo con el club incluía una casa para él y su familia. La acción de cederle una vivienda lo hizo vivir una aventura de película. Cuando le mostraron el lugar, redobló la apuesta y pidió otra que era más cara. Es raro el acuerdo. Normalmente, las casas que se ofrecen a los contratados son del club. Pero parece que los usos y costumbres por aquella época eran otros.Así, el presidente del club le advirtió a Pastoriza que la vivienda que él quería no se podía comprar. Pero le ofreció un préstamo de 100.000 dólares para poder comprarla. Se sabe, “ciertas generosidades” tienen su doble filo. Después de un largo tiempo durante el cual el presidente estuvo satisfecho con el rendimiento del equipo, un extraño pedido comenzó a mostrar la otra cara del cuchillo. Y eso no le gustó nada al Pato.


UNA OFERTA DIFÍCIL DE RECHAZAR

Durante una reunión privada, en la casa del presidente del club, acompañados por otras personas, el capo dejó deslizar algo similar a estas palabras:PEPE5descarga

  • Pato, tengo que pedirte un gran favor, este domingo tenemos que perder.

Le aclaró que entendía la dificultad del pedido, le agregó que intentara lograrlo sin que se notara demasiado. Pastoriza entró en un túnel de incomprensión e ira. Lo que le pedían era imposible de cumplir, su equipo siempre salía a ganar. Si les pedía a sus jugadores que fueran para atrás, resultaría terminal.

– “Debemos perder”- replicó el Presidente, como toda respuesta.

– ¨Presidente, haremos todo lo posible, déjeme pensar cómo.Tenemos una semana.”

Inmediatamente, Pastoriza le explicó al cuerpo técnico  las novedades y todos comenzaron a pensar el modo de cumplir  con lo pedido y no morir en el intento.


DOS POR NUEVE NO DA 18

El Pato  tuvo una ocurrencia bastante efectiva y, a la vez,  encubridora. El  que jugaba de 9 era goleador del equipo e infalible frente a los tres palos enemigos. El técnico se reunió con él, le explicó que en el partido que se acercaba habría una defensa muy dura y que él, como protector de su gente, debía cuidar que no lo lastimaran, con el riesgo de dejarlo fuera del campeonato. La decisión era que el 9 jugara de 2 y el 2 de nueve.El equipo contrario no entendería la estrategia, jugarían con la sorpresa a  favor. Cuando el presidente del club se enteró de los cambios, lo felicitó.

-Pato, eres brillante, hombre. Le quitamos ataque a nuestro equipo y le debilitamos la defensa.- pudo haberle dicho.

Al comienzo del partido, el Pato estaba muy nervioso. Así y todo, el primer tiempo terminó bien en relación a los planes. Durante el entretiempo el presidente del equipo fue a charlar con el Pato:

  • Muy bien, te vuelvo a felicitar, hombre. Continuemos así.- Uno pude imaginar la satisfacción del Capo.


EL PLAN CASI PERFECTO

Al inicio del segundo tiempo, las acciones continuaban igual. A los 43 minutos, el número 2 (que habitualmente jugaba de 9) del equipo del Pato despejó una pelota que llegó a los pies del 9 (que habitualmente jugaba de 2), quien tomó la pelota de volea y la coló en el arco contrario.Gol. Gol. Golazo. El Pato no lo podía creer. No pasó mucho tiempo hasta que el Pastoriza fue invitado, cordialmente en principio, a la casa del presidente del club.  La charla pudo ser algo así:

-Pato, ¿qué pasó ?Espero me convenzas.Tengo muchos problemas por este resultado- aseveró el presidente del club, rodeado de sus custodios.

Y el Pato era un muerto que hablaba. Se veía en un cajón lleno de flores enviadas por amigos argentinos. Hasta que el presidente, como quien necesita fuerza porque va a tomar alguna decisión importante, pidió- por ejemplo- un whisky doble. La cosa había salido mal, pero El Pato, después de todo, había demostrado lealtad. Algo le dijo a Pastoriza que salvaba el pellejo.

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LA GUITA, REVISITED

Terminado el contrato, el Pato se volvió a Buenos Aires. Quería olvidar el suceso. Vendió su casa y asumió el importe de la venta como parte de sus remuneraciones.Ya en su país fue contratado por el club de sus amores, Independiente de Avellaneda. Y, por cierto, olvidó. Cuando el pasado ya era no más que una estela lejana, en plena práctica con su nuevo- viejo equipo y al mirar a la tribuna vacía, notó la presencia de dos hombres. Iban vestidos de blanco hasta los zapatos. Un escalofrío recorrió su espalda y rápidamente su pensamiento armó la frase que le revelaba la identidad de tanto blanco: dos  sicarios colombianos. Le comentó su temor a su ayudante de campo y los dos se acercaron al alambre que separaba el campo de juego de la tribuna. Al instante, escuchó a uno de los muchachos que lo llamaba. Seguro le dijo algo así:

-Pato, Pato, ven un minuto.- Una  voz semejante a esta debió de creer que escuchaba Pastoriza.

El tiempo circuló sin transcursos. Lo siguiente fueron un abrazo y estas posibles palabras:

  • Te fuiste de Colombia y te olvidaste de devolver los cien mil que te prestó el jefe. Y, bueno, él nos envió para recuperar el dinero.

Era absurdo apelar a cualquier respuesta. ¿Qué podía decir?: “Con el apuro del viaje, me olvidé”. “Esperame un minuto que te lo traigo” No. Tenía que conseguir el dinero para el otro día. Había tiempo hasta mediodía. Su ayudante de campo  se puso a buscar donaciones de jugadores para llegar a la cifra requerida. Solidariamente, cinco  miembros del mundo- fútbol los sacaron del apuro.

A las 11 de la mañana, Pastoriza se dirigió rápidamente al hotel citado .Al llegar a la habitación, entregó el maletín. Los sicarios debieron abrirlo- y como cuentan todas las películas- debieron tirar el dinero sobre la cama, para contarlo. Después, unos de los mafiosos abrazó al Pato.

-Suerte que hiciste esto Pato- debió rematar.

El Pato llegó al lobby del hotel y se desmayó.


LA SOSPECHA FINAL

Todos los hombres son múltiples. Por alguna estrategia de los “formadores  de famosos”,PEPE1 solemos conocer la parte más brillante de  la carrera de los ídolos. La vida personal de cada quien no tiene por qué corresponder con la necesidad de los fans de idealizar a su gente. Ahora, esto que acabo de contar no se vincula con la vida personal, sino con la estafa a un montón de socios, a un plantel de jugadores que fueron forzados a perder, sólo por un arreglo de capos entre bambalinas. La cosa no debió haber sido sencilla para Pastoriza. Tal vez se quedó pensando: a esos sicarios, ¿los había mandado el jefe o habían venido por las suyas? Uno no puede ser tan ingenuo de pensar que se lleva 100.000 dólares como parte de su sueldo, sin haber confirmado que le corresponden y pensar que, con jefes narcos, la cosa va a pasar sin pena ni gloria. El lado B acecha detrás de toda tranza.




HÖLDERLIN ES OTRO

El Lado B: Sobre “Hiperión”, de Friedrich Hölderlin.

Por Anne Diestro Reátegui

¡Pero yo quiero ir al Cáucaso! Pues hace un momento oí una voz aérea que decía: los poetas son libres como golondrinas”.

“Migración”, Friedrich Hölderlin (Últimos himnos. 1800-1803).

 

IMPRESIÓN DESPALABRADA

Para hablar de nuestro Lado B, hemos descubierto algún lado A. No es necesario identificarlo como el más importante, es claro que no lo es. El asunto quedó a las claras cuando, el otro día, salía de un café y, agotada por el sol de media tarde, me detuve en la parada de colectivo. En eso, vi algo sobre el piso que llamó mi atención. Era una carta, la levanté y en el reverso había una cita de Friedrich Hölderlin:”Tú quieres un mundo, por eso lo tienes todo y no tienes nada”. El sol se entumecía y me agitaba todas las medias tardes. Debí soplar la vida desde las palabras, que siempre me refugian. No se puede combatir la desidia entreverada con el lenguaje y los ánimos negros, por eso abro al lado B.

Ruinas, Xul Solar.
Ruinas, Xul Solar.

VOZ DE LUZ

He vuelto hasta la poesía de Hölderlin. Inicié un juego de tiempo solo para sentir la brisa del río Neckar en 1806, año en el que el poeta llegó a la torre de Tübingen, Alemania. Mucho se ha dicho sobre él. Tanto, relacionado con su locura, con sus 41 años sin escribir, con su torre y, evidentemente, con su poesía. La voz para leer “Hiperión” -una novela escrita por Hölderlin entre 1774-1795- se parece a la voz de una luz en un cuadro impresionista: ese anudamiento con la naturaleza, los matices claroscuros y las palabras que caen como laberinto desocultado. En la poesía de Hölderlin las palabras se unen para luego desmembrarse entre el amor a Diótima y a Grecia. Diótima es una mujer que pude leerse del lado A, como aquella que irrumpe en el “Banquete” y se asocia siempre al amor platónico, o como esa mujer que enamoró a Hölderlin, Susette Gontard, la esposa de un rico banquero. Sin embargo, picardía del Lado B, que siempre señala la imposibilidad de un solo lado e instala la sospecha de múltiples caras en cualquier asunto, Diótima es sobre todo una creación poética de Friedrich. Pero no nos adelantemos aún. Vamos con la torre, ella nos llevará al Hiperión.

 

LA TORRE

Torre Tübingen, Alemania.
Torre Tübingen, Alemania.

Que uno de los poetas más importantes de la historia haya vivido tantos años confinado en una torre casi parece una metáfora. Fiedrich Hölderlin fue atravesado por la pobreza y la locura. En agosto de 1806 un gran amigo suyo, Isaac Van Sinclair, lo trasladó a la clínica del Dr. Authenrietch. Su relación con la esquizofrenia ya había pasado a un plano mayor. Al poco tiempo, el ebanista Erns Zimmer le dio posada en la torre de Tübingen, donde permaneció hasta su muerte, en 1843.[i]

Uno podría recordar, en este momento, a Alejandra Pizarnik: “Lúcido viene de Lucifer y Lucifer viene de Luz y de Fergus, que quiere decir el que tiene luz, el que genera luz, el que trae la luz que permite la visión interior: el bien y el mal, todo junto, el placer y el dolor”.

Y también traer a este texto el lichtung[ii] de Heidegger, la iluminación profana de quien pasea por un bosque oscuro y, de pronto, de abajo para arriba, una luz le “hace caer la ficha” de una verdad inmanente. Martin Heidegger entendió el lichtung como el desocultamiento del ser, “Licht del Seins” o “Luz del ser”. El lichtung queda así ligado y desligado de la tradición filosófica. Por una lado remite a la metáfora platónica: la luz de la verdad que los hombres solo ven como sombras, en “La caverna”. Y, por el otro, remite a una luz completamente diferente, una que no se asocia a ninguna verdad trascendente, la iluminación en medio de lo oscuro, que es pura inmanencia

Hölderlin, a través del lenguaje, desoculta al ser: Por eso Hedeigger se ocupa de él en su obra posterior a “Ser y tiempo”. [iii] Para desocultar el ser primero hay que librarlo de la trampa del yo. “Cómo puedo decir “¡Yo!” sin conciencia de mí mismo?, pero ¿cómo es posible la conciencia de mí mismo?; es posible porque yo me pongo enfrente, frente a mí mismo, me separo de mí mismo y, pese a esta separación, en lo puesto enfrente me reconozco como lo mismo. Pero ¿en qué medida como lo mismo?”[iv]

 

VOZ DE LA TORRE

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Durante su estadía en la torre, Hölderlin se hacía llamar “Scardinelli”. Con un gorro blanco y puntiagudo sobre la cabeza, daba largos paseos entre palabras extrañas. Muchos llegaban a visitarlo y él respondía “Su majestad” o “su Alteza”, a quien fuera el interlocutor. [v]

Wilhem Waiblinger, amigo y editor de Hölderlin, cuenta que, entre los papeles del poeta, encontró una carta, donde Hölderlin, luego de alabar a los dioses griegos, dice: “Entiendo a los hombres ahora que vivo lejos de ellos y en soledad”. [vi]

 

HIPERIÓN Y DIÓTIMA

El “Hiperión o el eremita en Grecia” es una novela romántica. Es decir, con todos los rasgos del romanticismo alemán: su “greciedad ficcionada”, como un ideal construido de emergencia para pensar un mundo que se desmoronaba, sus nieblas, sus ruinas, sus hombres desantropomorfizados del paisaje. La primera parte del texto aparece en 1797 y Friederich Schiller, dramaturgo y filósofo, amigo de Hölderlin, decide publicar fragmentos en su revista “Talía”. La segunda parte verá la luz a finales de  1799.

Diótima.
Diótima.

La novela tiene dos fuerzas inmanentes que se encuentran, en una encrucijada de caminos en el concepto de “lo femenino”: el amor y Grecia. Grecia es puente para llegar a Diótima y Diótima es puente para construir a Grecia. Lo femenino es así, una belleza mezclada, una naturaleza que religa y hostiga a la vez: “¡Qué cambie todo a fondo! ¡Que de las raíces de la humanidad surja el nuevo mundo! ¡Que una nueva deidad reine sobre los hombres, que un nuevo futuro se abra ante ellos! En el taller, en las casas, en las asambleas, en los empleos, ¡que cambie todo en todas partes!”. ¿Y si no se puede cambiar? Se escribe. Pero un día, el poeta se entera de la muerte de Susette. Y la palabra, entonces, se detiene, vacila, continúa todavía por un tramo, pero ya muy herida. No hay entre estos dos hechos una causalidad directa. Sin embargo, no hay belleza sin trazas de muerte. Lo sagrado en Hölderlin transfigura el entorno, lo hace devenir en un todo nuevo cada vez. Lo femenino es el origen y el final de un poema, por siempre, inacabado

“Mañana estaré con Alabanda. Me resulta un placer preguntar por el camino de Coron, y pregunto con más frecuencia de la necesaria. Quisiera tener las alas del sol y volar hasta él y, sin embargo, me retraso también con gusto y me pregunto: ¿cómo estará? ¡Soberbio adolescente!, ¿por qué nací yo más tarde?, ¿por qué no surgí junto con él de la misma cuna? No puedo soportar la diferencia que hay entre nosotros. ¡Oh!, ¿por qué viviría yo en Tina como un pastorcillo ocioso y aun soñaba con los que se le parecían, cuando ya él probaba la naturaleza con un trabajo vivo y luchaba ya con el mar, el aire y todos los elementos? ¿No había en mí también un ansia de grandes hechos? Pero le alcanzaré, me daré prisa. ¡Por el cielo!, estoy más que maduro para la labor. Mi alma se enfurecerá consigo misma si no me libero pronto gracias a una tarea llena de vida. ¡Noble muchacha!, ¿cómo pude presentarme ante ti?, ¿cómo te fue posible amar a un ser tan inactivo?”

8db9f7bceaUN ANIMAL QUE NOS RESPIRA

Los poetas románticos intentaron reunificar el mundo: lo consciente y lo inconsciente, las ruinas del pasado y los derroteros de lo actual, lo agreste y lo pulido. La vigilia y el sueño, el orden y el caos. Sin embargo, los cortes habían sido muy profundos. Al panteísmo romántico le costó suturar las heridas. Todo era dios, pero el todo se escabullía. “Un solo día habré vivido entonces como los dioses. Y eso basta. Por donde mire, todo es violencia y se desmorona (pero) cuando los mortales van silenciosos por el bosque, en el aire suave hallan a un dios luminoso”. [vii]

 

A LEVANTARSE, QUE LLEGA EL DEVENIR

Hiperión fue un titán, hijo de Urano, el cielo y Gea, la tierra. Hiperión, el dios del sol que remite al Zeus de los egipcios. La traducción al español sería: “el que camina en las alturas”. Derrocados los titanes por los olímpicos, se instala, como siempre, la sospecha, de cómo hubieran sido las cosas si el triunfo se hubiera dado en otra dirección. Los titanes, de ese modo, se enfantasman, se ofrecen como la contracara de lo que es y como el horizonte de lo que podría ser. No es extraño, entonces, que dos poetas románticos -Hölderlin y Keats- hayan recurrido a la figura de Hiperión como una manera de invertir la mirada, de sacudir la modorra de lo instalado. De zarandear toda la comodidad rancia del lado A.

Alma das piramies, Xul Solar.
Alma das piramies, Xul Solar.

 

[i] Hölderlin, genio herido por el rayo de la locura, David Pujante.

[ii] Iluminación.

[iii] Juicio y ser, Hölderlin.

[iv] Juicio y ser, Hölderlin

*Todos los textos en cursiva pertenecen al Hiperión, fragmento de Hiperión a Diótima.

[v] Enigmas literarios, Jesús Vallejos, página 265.

[vi] Enigmas literarios, Jesús Vallejos, página 266.

[vii] Holderlin, poesía completa.




EL BARREDOR DE TRISTEZAS

El lado B: sobre los discos y otros soportes de la música.

Por Lourdes Landeira

 

EL ROMANCE DE LA PÚA Y EL HIT

Joan Miró
Joan Miró

El momento de soltar la púa entre el pulgar y el índice de mi mano derecha era intenso. Tenía miedo de que cayera mal y se arruinara alguna canción. A veces me ayudaba con el dedo medio, para darle más cuerpo al movimiento. Ya antes había tenido que sacarlo de la caja-sobre con las manos en sus bordes, sin tocar  las caras. Debía evitar que se rayara, de lo contrario, los sonidos no serían los esperados. Algo parecido a un chirrido incomprensible reemplazaría a la música elegida. Previo a colocarlo en la bandeja, lo había soplado para sacudirle el polvo, para que ninguna partícula lo detuviera al girar. Para que no se repitiera hasta el cansancio en su propia grieta.

Tuve pocos simples, casi todos fueron long play. Los simples eran más trabajosos. Una canción y a darlo vuelta con las precauciones de siempre. Fue un alivio que aparecieran las púas automáticas, caían solas en la ranura justa para comenzar a andar. Siempre escuchaba primero el lado A. Ahí estaba el tema más reproducido, aunque no necesariamente el más producido. Ese que, por algún motivo, “pegaba”.

 

LAS PENAS BIFRONTES

El aparato reproductor casi siempre estaba en los livings de las casas. Sobre un mueble, cuando no venía con mueble incorporado. Así que se debía permanecer en ese ambiente. Sentarse a escuchar. ¿Y qué había del otro lado? Muchas veces, un misterio, pocos lo daban vuelta y el contenido podía mantenerse virgen hasta el abandono. Otras veces, ahí estaba el tema que le gustaba al artista, más allá del éxito y la aceptación masiva.

La cosa es que, con dos lados , uno estaba mejor categorizado que el otro. La A, siempre está antes de la B. Lo que llega antes, se presupone, es más valioso, más importante. No sé quién determinó que así fuera. ¿Era necesario jerarquizar a los lados? ¿No podrían, acaso, haberse llamado por su nombre? Así, cada oyente hubiera manipulado  su escucha de acuerdo a su gusto o, simplemente, al azar.

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Mujer con sombrero – Pablo Picasso

Recuerdo particularmente un long play. Una vez cumplida la ceremonia de puesta en marcha, la letra fluía entre instrumentos y yo decía la letra sobre ellos. Me encantaba esta parte: “sabes muy bien, que las penas vienen y van y desaparecen”. Lo creía. Mucho más tarde, supe que sí vienen y van, pero nunca desaparecen. Un lado de ellas se obstina silencioso en algún lado de nuestro transcurrir. Claro, era Abba y su Chiquitita. Dicen que fue el disco sencillo más vendido en la historia de América Latina. Del otro lado de la famosa canción estaba “Lovelight”, ¿la recuerdan? Como sea, el mío era long play -larga duración, entre nosotros- y hasta ahí llega mi memoria.

 

LA CINTA MUESTRA LA HILACHA

Muy pronto llegaron los casetes. De dos lados, también. La jerarquía se mantenía intacta. Aunque ahora, dos dedos resultaban suficientes para manipularlos. No había problemas con las rajaduras. En general. Adentro estaba la cinta con la grabación, pero, algo de ella quedaba expuesto, así los reproductores podían leerla. Y esa mínima parte debía ser cuidada. La miraba por una abertura en su parte inferior. ¿O era la superior? No lo sé, siempre me confundió el asunto.

Jackson Pollock
Jackson Pollock

El riesgo era el enredo. Casi siempre, mientras la cinta no se cortara, podía volverse a su lugar, a esconderse bajo los plásticos contenedores. Y la gran novedad: con los casetes y sus reproductores, llegaron también los grabadores y los casetes vírgenes -con el soporte, pero sin el sonido-. Una cinta negra, en blanco. Cualquiera podía apretar REC y dejar en ella registro de los sonidos del ambiente, con todo lo que implica. Lo registrado en la cinta ahí quedaba, completo, sin recortes ni añadiduras. Hasta que llegó el doble casetera. Entonces sí, la información se pasaba de modo directo, todo sucedía en el interior sin ser contaminado y se obtenía una réplica del original o de una copia o de una copia de copia.

Para darlo vuelta se usaba toda la mano. También, para nombrar cada una de sus caras, muchas veces con la misma lapicera usada para enrollar hacia adentro el enredo expuesto a la superficie.

 

ME GUSTA TU WALK MAN

Triángulo azul . Vasili Kandinski
Triángulo azul . Vasili Kandinski

Por supuesto, eso no fue todo. Los equipos se achicaron más y más, hasta la versión portátil. Antes, para escuchar música mientras se caminaba por la calle, se llevaba una radio pegada a la oreja, o un grabador en la mano. De esa manera, uno le prepoteaba su propia música al resto del mundo, a todo ser que anduviera en las cercanías. Luego, las versiones móviles permitieron que cada quien saliera al espacio público conectado a través de un cable a su propia música, sin perturbar ni ser perturbado por la de los otros. Seguro, alguna arista se perdió ante tanta intimidad. Quizás hubo quien se atemorizó ante esa secreta música que acompañaba al otro. Así habrá sido que se los comenzó a demonizar. Decían que si pasabas la cinta al revés, en lugar de una canción infantil -“arriba los bajitos”, gritaba Xuxa en español-, ibas a escuchar mensajes satánicos que dañarían a las inocentes mentes infantiles y también a las otras. La versión no prosperó y los soportes continuaron su camino.

 

UN LADO PARA EL VACÍO

Así fue cómo llegó el CD, compact disc, disco compacto, según la preferencia de quien lo pronuncia. ¿Los lados? Allí estaban, pero no eran iguales. Uno extremadamente liso y otro, con una leve diferencia de color. Otra vez se imponía el viejo cuidado de no rayar. La manipulación volvió a complicarse. Solo tocar los bordes e introducirlo en el equipo reproductor con su orificio en el centro del equipo diseñado a tal efecto y cerrar la tapa. Esto, lo diferenciaba de los viejos discos que, mientras sonaban, se exhibían en su giros. Los cd, en cambio, quedaban ocultos, daban vueltas y vueltas en su plateada oscuridad. De lapiceras ni hablar, usar una sobre ellos era dañarlos. Sin embargo, pronto aparecieron los marcadores indelebles, capaces de recorrer su superficie sin que nada en el interior se perturbara. Quedar allí, para siempre.

Vasili Kandinsdy
Vasili Kandinsdy

Hubo también utilización de etiquetas. Se las podía escribir con el instrumento que cada quien deseara y luego pegarlas en una de sus caras. No cualquiera, claro. Solo podía hacerse sobre la no escrita con acordes invisibles. Porque ahí, la gran novedad. No se debían dar vuelta. Del otro lado no había nada. Solo un espacio vacío, inescindible, pronto a ser invadido. De modo personal -si se trataba de un virgen- o de acuerdo a las reglas de marketing que estampaban sobre ellos la imagen “pegadora” -si se trataba de un original-. Ahora pienso en las semejanzas y diferencias entre virgen y original. Caigo en la cuenta: no conozco gente que guarde como reliquias los casetes. Sin embargo, aquellos primeros discos, esos que nunca se nos dieron en formato virgen, son atesorados en muchos hogares.

 

UN FANTASMA RECORRE MI OÍDO

Ir a la disquería, comprar “Rabo de nube”, de Silvio Rodríguez, llevarlo a casa y sentarse a disfrutar. Toda una ceremonia de aquellos tiempos.

Pablo Picasso
Pablo Picasso

Mientras yo me deleitaba, la tecnología siguió su marcha, los cambios comenzaron a sucederse cada vez más veloces. El camino hacia la desmaterialización fue y es inevitable. Ya no puedo identificar un tema representativo de mi ipad, de mi mp de distintos números, de la carpeta de algún pendrive. Lo aleatorio parece estar ganando la historia de un solo lado. Hay “sitios” alojados en ningún lugar. Allí, donde algo sin manos selecciona, combina, se mete dentro de mí para organizar mis preferencias. Me pregunto si: “un barredor de tristezas, un aguacero en venganza que cuando escampe parezca nuestra esperanza”, sonará igual si no viene después de “ vamos a andar, con todas las banderas, trenzadas de manera, que no haya soledad”. Y si no precede a “Y a mí me escarba la ansiedad, me escarba hondo, acá, en lo blando.”

Me respondo: no. El artista creó el álbum, entretejió los temas con un hilito de sentido que los aglutina y hace pertenecer a ese todo, mientras se aferran a su singularidad. A veces no alcanza, el hilo se queda corto y el artista saca el dos, tres.

 

UN VOLUMEN INCALCULABLE

Sigo pensando: álbum, volumen. ¿Por qué estas palabras aplican para los discos? Dicen que, cuando no había más que simples, la gente los guardaba en álbumes según algún criterio bibliotecario: por orden de aparición, por autor, por preferencia, por tema, por nada. La imagen de dar vuelta discos de una sola canción que se sucedían como hojas de papel, enfundados en folios transparentes, habría dado lugar a la nominación álbum. No sé por qué volumen -la medida del espacio en tres dimensiones que un cuerpo ocupa- se utilizó para designar a la tanda de discos agrupados bajo un concepto por el autor o la discográfica.

Luego de la digresión nominal, retomo la pregunta de partida. Y me respondo: no, “el barredor de tristezas” no sería el mismo al lado de las “penas de chiquitita” ni de los saltos de los bajitos. Sin embargo, no ser el mismo no lo haría carecer de sentido. Claro, ningún mezclador impalpable los obligaría a precederse ni a sucederse, no encontraría los puntos que los unen, no podría igualar a ese otro incorpóreo que produce mi piel, bien desde adentro.

Joan Miró
Joan Miró

 

Porque la música, está del otro lado.

 

 

 




LA SANTÍSIMA TRINIDAD: YESO, GUANTES Y PINCELES

El Lado B: Sobre ocasos inducidos: Camile Claudel, Cassius Clay y Modigliani.

Por Noemí B. Pomi

LA SANTÍSIMA TRINIDAD: ALUMNA, MUSA, AMANTE

Belleza e inteligencia juntas. Fue por 1864 en Campagne, Francia, cuando Camille Claudel comenzó a recorrer su camino. Los dones para la escultura los mostró desde pequeña. No daba importancia a las muñecas, jugaba con barro, modelaba los rostros de sus hermanos y hasta se atrevió con la cara de Helena, la mucama. Helena solía ser reprendida por la mamá de Camille debido al tiempo “desperdiciado” como modelo para escultura y sustraído al trabajo. Desde el vamos, la voluntad artística de la muchacha no fue comprendida por las féminas de la familia, quienes la consideraban una transgresión a las normas que debían regir la vida de una dama. Clarito, la oposición materna estaba planteada ya desde los juegos. No soportaba ver a su hija entre perfiles. Tiempos difíciles. Por aquel entonces, a las mujeres les quedaba ser una buena esposa o una madre abnegada. Tan solo su padre y su hermano comprendían que Camille tenía un vuelo indetenible.
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“La Vieja Helena”, Camille Claudel, terracota, 1885

El año 1883 resultó determinante en la vida de Camille. El traslado de su familia a París le abrió la posibilidad de comenzar su formación artística. Se inscribió en la Academia Colarossi y conoció a Auguste Rodin. Él ya había creado “El Pensador” y comenzaba a gozar de gran renombre. Rodin se sintió fascinado por las obras en yeso de Camille. Esa jovencita sí tenía identidad propia. Al poco tiempo, él le propuso trabajar en su taller. Y a partir de ahí, rostro, talle y formas de Camille fueron reconocibles en las esculturas de Auguste, para escándalo de su familia. Desde el comienzo, se convirtió en alumna, musa y amante.

POR PREPOTENCIA DE CINCEL

Camille se atrevió con senderos no convencionales. Amó a un tipo casado y abrazó la escultura, como ya se dijo, actividad casi exclusivamente masculina, por aquellas épocas. Ellos se unieron en una relación de amor e inspiración mutua. Con el tiempo, como en todo vínculo, las tempestades se desataron. Martillos y cinceles moldearon los mármoles que dieron nacimiento a sus obras. Ella, sin ser una pieza a esculpir, también acusó golpes. No obstante, las actitudes de Rodin no impidieron que su mejor alumna dedicara parte de la vida en que pudo circular en libertad, a construir con una impronta de femineidad tan singular, que la caracterizó como la gran escultora del siglo XX.

DE MANUAL

¿Acaso Auguste no advirtió la fragilidad emocional de esa jovencita, Camile Claudel, dos años menor que su hijo? ¿Por qué las promesas de matrimonio- incluso por escrito-, cuando él no pensaba romper su relación con Rose Beuret, madre de su sucesor? ¿Acaso el amor a Rodin obnubiló la razón de Camille? ¿Se puede enloquecer solo por amor? Tal vez, sea posible concluir que, a su manera, Camille fue también una mujer fuerte. Impuso su personalidad y hasta compitió con quien ya era un escultor reconocido. Se influenciaron más de lo que jamás le hubiera gustado reconocer a Rodin.

 

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La bibliografía abunda en datos acerca del tormentoso romance y del violento final de Camille Claudel. Sin embargo, hay preguntas que aún hoy siguen su ronda alrededor de la data biográfica. Interrogantes en torno al maltrato sicológico, la humillación, el desprecio como artista y la exhibición de Rodin con otras mujeres. Pero Camille no vivió solo como la “amante de un genio”. Fue, sobre todo, la escultora de “La edad madura”: Intensa alegoría del triángulo amoroso Camille-Auguste, Auguste-Rose. Allí se la ve implorar el amor de un Rodin que parte indiferente, acompañado de Rose Beuret.

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“La edad madura”, en bronce, Camille Claudel, 1899

LA DANZA FRÁGIL

Rota la relación con Rodin en 1893, Camille continuó febrilmente con su otro amor, su hacer: así surgieron “La ola” y “El abandono”.
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“La ola”, bronce con pátina verde y café, Camille Claudel, 1897.

 

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“Ensoñación al amor de la lumbre” o “El Pensamiento” o “El abandono” (1898), Camille Claudel,

 

claudel-profundopensamiento “El pensamiento profundo”, Camille Claudel, 1898

Es bueno hacer una lectura de esta obra. “El Pensamiento profundo”, ¿de quién?, ¿de la mujer de espaldas?, ¿de los leños?, ¿el pensamiento hundido en el fuego? El Pensamiento: una entidad sin sujeto. Pensar, así, en infinitivo. expresa la acción abstracta y general que se apoya en la prolijidad de las causas, los efectos y la lógica. Rodin, en cambio, esculpió “El Pensador”, no el pensar. En su obra es un ser singular y activo quien pone en acto el pensamiento. Así fue el reparto de roles entre ellos dos.
Ya en 1895, de las manos de Camille, nació el esplendor de otro bronce, “El Vals”, una escultura en la cual la pareja de bailarines apenas se muestra en frágil equilibrio. Él abraza la cintura de su compañera, ella busca el sostén en la mano del acompañante y oculta la cabeza en el hombro del varón. Sus rostros se rozan en gran sutileza. El espectador está ante un impasse del movimiento que puede retornar en armoniosa danza o en una estrepitosa caída, donde el bailarín podría pisar por fin a la danzarina.

 

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“El Vals”, en bronce sobre base de mármol, Camille Claudel, 1895

Y POR CASA, ¿CÓMO ANDAMOS?

En 1905, Camille realizó su última exposición con 13 obras que la consagraron. La crítica fue elogiosa y reconoció, por fin, su arte lejos de la sombra de Rodin. Pero los elogios le llegaron tarde. Alejada de su amor, en una profunda depresión, Camile se recluyó por años en su departamento, sostenida por su padre y mecenas.
Louise Prospel Claudel fue ladero de su hija, aun en contra de la voluntad de la madre y del resto de la familia. En su período de reclusión, Camile creaba y destrozaba las piezas. Nadie supo jamás la cantidad exacta de obras realizadas por ella. En 1913, falleció su Louise. Su destino, inapelable. A los ocho días, la madre y el resto de la familia – que se mostraban horrorizados por el tipo de vida bohemio y a contracorriente de la escultora – la hicieron internar en el sanatorio Ville Evrard. El diagnóstico: manía persecutoria y delirio de grandeza. En su largo período de internación recibió la visita de su hermano, Paul Claudel, ¡solo siete veces!

PRUEBAS AL CANTO

Como toda verdad en algún momento surge, cincuenta y dos años después de su muerte, localizaron sus cartas en un sótano de París. Ellas evidencian a una mujer en su sano juicio, aunque acechada por la soledad, la manipulación y el maltrato de su entorno. “Necesito ver a alguna persona que sea amiga”. Era tarde, su madre había dispuesto que no se le permitiera recibir visitas ni correspondencia.

 

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Así, tras treinta años de aislamiento y olvido, Camille terminó sus días en el sanatorio de Montdevergues, el 19 de octubre de 1943.
Precio demasiado caro, pensaría cualquier mente sensata de nuestro tiempo. Eso costaban, por aquellas épocas, ciertas osadías. Destacarse en su arte, gritar su amor a un hombre mucho mayor que ella, no importarle el calificativo de amante. La sociedad, y hasta su propia madre, no perdonaron ni se apiadaron de su espíritu: “No he hecho todo lo que he hecho para terminar mi vida engrosando el número de recluidos en un sanatorio, merecía algo más” (1)

Encerraron su cuerpo y su mente. Entonces, ella quebró sus alas. Tal vez, en secreto, fantaseaba con sus esculturas, las moldeaba en ideas recluidas dentro de su reclusión. Meras fantasías u horizontes pero, aun así, un modo de no darles la razón del todo a quienes la confinaron.

II
LA SANTSÍMA TRINIDAD: NEGRO, BOXEADOR Y POBRE

En los sesenta ya era un bailarín del cuadrilátero. El mundo entero vio a uno de los íconos pugilísticos más notables de todos los tiempos. Se trataba de un boxeador negro, un norteamericano nacido como Cassius Clay. Los Juegos Olímpicos de Roma 1960 cayeron rendidos a sus pies y dos años más tarde ostentaba la corona mundial de los pesos pesados, con solo 22 años.

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NOQUEAR EN LAS PREVIAS

Provocador, acostumbraba a comenzar los combates varios días antes de su realización. El estratega planteaba una guerra sicológica con miras a debilitar a sus rivales antes de su ingreso al ring. En el cuadrilátero, sus pasos de baile y las picaduras que infligía  – por aquello de que volaba como una mariposa y picaba como una abeja – le permitían acumular victorias.
Cambiaron las cosas cuando se atrevió a desafiar al imperio. Negarse a pelear en Vietnam le significó la pérdida de la corona. Lo despojaron del título conseguido y sostenido en peleas memorables contra Sonny Liston, George Chuvalo, Henry Cooper y Ernie Terrel, entre otros.
Sus documentos, desde 1942, consignaban Cassius Marcellus Clay. Tras su conversión al Islam, pasó a llamarse Muhammad Alí. Cansado de las injusticias a las que eran sometidos sus hermanos, adhirió a los movimientos de derechos civiles. Por ello, acompañó a Martin Luther King (2) y a Malcom X (3). En 1965, asesinaron al primero y, en 1968, al segundo. Entonces, Alí se sintió solo en sus reclamos más allá de las fronteras pugilísticas. Esta vez no estaba dispuesto a sufrir ningún nocaut. Sabía perfectamente a qué se exponía, no se doblegó.

 

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VOLVER AL PAGO

Cuatro años de ausencias del ring, abogados que interponían recursos y nadie para escuchar los reclamos del campeón. Las autoridades de EEUU se jugaron a ganarle mediante el derrumbe económico. Hombre de costumbres simples, eligió vivir en un barrio modesto, con predominio de población negra. Sus gastos no eran extraordinarios, pero cuatro años sin ningún ingreso casi logran su quiebra económica. Sin embargo, no aceptó el yugo que se echaba encima de los gladiadores de su raza.
En opinión de Joyce Carol Oates, (4) “Cuanto más importante era el boxeador negro, más pesaba la necesidad de que asumiese precaución y autocontrol”. Aun así, el joven Cassius Clay/Muhammad Alí se negó a desempeñar ese papel. No estaba dispuesto a ser ‘el Negro del Hombre Blanco’”.

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Alí no se callaba. Lejos de evitar la confrontación, la buscaba. Como sus golpes, sus palabras también eran letales. (“Yo soy América. Soy la parte que no querés reconocer. Bancátela”.) Y, para colmo, era musulmán. ¡Podríamos imaginar un Alí en la América de Donald Trump!

El doctor Luther King, que ya era Nobel de la Paz, lo tomó como ejemplo: “Como dice Muhammad Alí, todos nosotros –los negros, los marrones, los pobres– somos víctimas del mismo sistema de opresión”.

Así, este hombre se ganaba la vida en una conjunción de baile y zumbidos, mientras apoyaba la causa de la paz y los derechos civiles. Se plantó, con la claridad de un cross a la mandíbula. Arriba del ring, los puños. Abajo, la política.
¿Qué habrá sido de él durante los años de persecución y boicot a cargo del imperio? El tipo más popular del mundo, censurado en los medios y convertido en paria. El tipo que ostentaba la corona de la máxima categoría del box, condenado a la impotencia. El boxeador más talentoso del mundo, forzado a vivir de préstamos.
Años después de la suspensión, diversos rings lo vieron volver y recuperar su corona. Un imperio cargará el haber generado una guerra injusta y el haber privado a los amantes del boxeo, durante cuatro años, de los espectáculos brindados por un gladiador excepcional.

III

MODIGLIANI:  LA SANTÍSIMA TRINIDAD: MOISHE, MUJERIEGO Y POBRE

Allá en 1906, la bohemia francesa lo recibió. Se trataba de un joven pintor y escultor italiano. Por aquel entonces, París era el centro de la vanguardia. Allí, Amedeo Modigliani se vinculó a hombres que lo marcarían para siempre. Elegante y provocador, había nacido en una ciudad puerto, Livorno, Italia en, 1884. Esa tierra tan amable había cobijado a los perseguidos por cuestiones religiosas, hasta convertirse en un importante centro de la comunidad judía, a la que pertenecía el pintor. Si bien sus años jóvenes los pasó en Italia, pronto el porcentaje de sangre francesa decidió su elección. Su madre, Eugenia Garsin, sefaradí nativa de Marsella, era una intelectual cuyos ancestros fueron expertos en los textos sagrados judíos. El linaje de la familia alcanzaba al filósofo holandés del siglo XVII Baruch Spinoza (5). Las finanzas fueron el dolor de cabeza de los Modigliani, ya que Flaminio – su padre – no resultó muy hábil en ese aspecto y comprometió la economía de la familia.
Inquieto, afectado de fiebre creativa y de la otra, el jovencito Dedo (como lo llamaban en su familia) comenzó con sus clases de pintura en su pueblo, pero pronto la ciudad florentina lo atrapó. Por esos días, pasó a formarse en la Escuela Libre del Desnudo. ¡Cómo se movilizaba ese joven! Al año siguiente, tabla, pinceles, papeles y pinturas ya transitaban el Instituto de las Artes de Venecia. El combo que cuentan las biografías carga con todas las señas del maldito: bohemio, mujeriego, enfermo y pobre. No obstante, Modigliani alcanzó una cierta reputación durante su vida y, solo después de su muerte, logró que se hicieran más lecturas de sus pinturas que de sus andanzas personales.

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“Desnudo sentado”, Amedeo Modigliani,

TE DEJABA EL ALMA EN PELOTAS

París le dio la posibilidad de conocer a Max Jacob (6), a Picasso (7) y a Diego Rivera (8), entre otros. Amedeo encontró inspiración en Paul Cézanne (9), en el cubismo, en la época azul de Picasso y en las estampas del japonés Utamano (10). Su rapidez de ejecución lo hizo famoso. Nunca retocaba sus cuadros. Quienes posaron para él decían que era como si les hubiese desnudado el alma. No obstante poseer una salud quebrada, sus adicciones lo llevaron a moverse por los lugares más sórdidos en los que habitó.

¿ESCULTOR O PINTOR?

Modigliani se consideraba más un escultor que un pintor. El impulso escultórico nació cuando entró en contacto con la obra de Constantin Brancusi (11). Constantin encontraba inspiración en el arte prehistórico y africano. Simplificaba al extremo las formas para mostrar la naturaleza subyacente al desnudo. Predominan en sus obras dos formas simples: el huevo y el cilindro alargado.

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“Musa durmiente”, Constantin Brancusi

También África atrajo a Amedeo, y, ya en 1908, realizó sus primeros estudios de cabezas y cariátides, inspirados en máscaras africanas. El período de los golpes sobre superficies duras y no tanto va desde 1909 a 1914. Emprendió la talla directa en piedra. Durante cinco años se olvidó de su primer amor y se dedicó a esculpir. Mármol, al principio, y luego piedras más blandas, como la arenisca.
Según el historiador de arte Gerhard Kolberg, “las esculturas de Modigliani conjugan pretensiones idealistas y plásticas, con una realización escultórica primitiva, incluso arcaica”. En las creaciones de Modigliani se observa una estilización particular: cabezas con cuellos largos, narices agudas y ojos representados como contornos son clara referencia a aquellas esculturas de los primitivos. Esas características las trasladó a las pinturas de su última etapa.

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“Máscaras africanas antiguas”

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“Máscaras africanas antiguas”

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“Escultura”, Amedeo Modigliani

MI BEATRICE

Con los golpes del alcohol, ardía en violencia. Cuando estaba sobrio era manso. Los éxitos con las mujeres fueron mayores que con el arte, hasta que apareció su “Julieta”, encarnada en Jeanne Hébuterne. Ella provenía de una familia burguesa y católica. Sus padres se opusieron a la relación de su hija con un pintor pobre, extranjero y judío. No obstante, la pareja se instaló en Montparnasse y Jeanne se convirtió en la musa de Dedo. “Su verdadera Beatriz” como solía decirle él, en memoria de Dante. Un detalle, el pintor que lograba desnudar hasta el alma de sus modelos jamás expuso un desnudo de su Jeanne. Continuó con sus andanzas etílicas, a pesar de haber agrandado la familia con la pequeña Jeanne y con el anuncio de otro embarazo. Modigliani escribió: “Hoy, 7 de julio de 1919, me comprometo a casarme con la señorita Jeanne Hébuterne, enseguida que lleguen los papeles”. Antes de concretar su promesa, la salud de Dedo se deterioró y murió víctima de una meningitis tuberculosa, a los 35 años, rodeado por su mujer y los pintores amigos.
Quebrada emocionalmente y sin recursos económicos, Jeanne regresó con su familia, aunque no estaba dispuesta a vivir sin Amedeo. A los dos días, se arrojó de un quinto piso. Quedó, así, huérfana la pequeña Jeanne, adoptada por una hermana de Amedeo. Con los años, la hija escribió el libro “Modigliani, hombre y mito”, que aborda aspectos autobiográficos desconocidos de un genio.

 

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“Jeanne Hébuterne”, Amedeo Modigliani

PALABRAS DE AMEDEO

“El hombre que no puede encontrar nuevas ambiciones e incluso a un ser humano nuevo dentro de sí, aquel que está siempre destinado a luchar con lo que permanece podrido y decadente de su propia personalidad no es un hombre”.
“Quisiera que mi vida sea un torrente fértil que recorra la tierra con alegría. Soy rico, estoy lleno de ideas, y sólo necesito trabajar. […] Un burgués me dijo, hoy -con la intención de insultarme- que mi cerebro estaba siendo desperdiciado. Me hizo mucho bien. Todos deberíamos recibir un recordatorio como ese cada día”.

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Amedeo Modigliani

Quizás Dedo debió descender hasta los estadios etílicos más bajos, en la búsqueda del inconsciente, del misterio del instinto de la raza humana. Realizó cientos de cuadros y miles de dibujos en solo 10 años. Siempre retratos o desnudos, cuerpos y caras que expresan avidez por desenmascarar la carne. Y, posiblemente, a pesar de la miseria, la pasión con que abordaba su arte, le abrió la mirada: “Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti” Friedrich Nietzsche (12)

EL OTRO LADO, EL ÚNICO LADO

Yeso, guantes y pinceles no son objetos libres. Para homenajearlos y blandir con ellos el deseo, hacen falta condiciones que acompañen y amparen o permitan batallar contra los determinismos. Ninguna voluntad puede crear condiciones más allá de su singularidad. Pero cuando, al menos para sí mismos, algunos se fundan un espacio donde plantear la diferencia, sientan un precedente. Una grieta, una fisura, desde donde y hacia donde pueden atisbar todos los deseos oprimidos de la historia. Tomar los guantes, despabilar los pinceles y encontrar las formas escondidas en el yeso y el bronce son patriadas clase A, de seres que siempre inauguran lo otro: el lado B.

(1) Claudel Camille (1864 – 1943) Escultora francesa.
(2) Martin Luther King Jr. (1929-1968) Fue un pastor estadounidense que desarrolló una labor crucial al frente del movimiento por los derechos civiles de los afroestadounidenses. Ganador del Premio Nobel de la Paz.
(3) Malcom X, (1925-1965) nacido como Malcoln Little, fue un orador, ministro religioso y activista estadounidense.
(4) Joyce Carol Oates (1938) novelista, cuentista, editora y crítica estadounidense.
(5) Spinoza Baruch (1632-1677). Filósofo nacido en Amsterdam, Países Bajos.
(6) Jacob Max (1876- 1944). Pintor y poeta francés.
(7) Picasso Pablo (1881 – 1973). Pintor y escultor español.
(8) Rivera Diego (1886 – 1957). Pintor muralista mejicano.
(9) Cézanne Paul (1939 – 1906). Pintor francés.
(10) Utamano Kitagawa (1873 – 1806). Pintor japonés.
(11) Brancusi Constantin (1876 – 1957). Escultor, pintor y fotógrafo rumano.
(12) Nietzsche Friedrich ( 1844 – 1900) Filósofo alemán.




EL MITO DE RAQUEL: LA DESEANTE

El Lado B: Sobre “El cuento de la criada”, de Margaret Atwood

Por Viviana García Arribas

 

“Pero viendo Raquel que ella no daba hijos a Jacob, tuvo celos de su hermana, y dijo a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero./ Entonces se encendió la ira de Jacob contra Raquel, y dijo: ¿Estoy yo en lugar de Dios, que te ha negado el fruto de tu vientre?/ Y ella dijo: Aquí está mi sierva Bilha; llégate a ella para que dé a luz sobre mis rodillas, para que por medio de ella yo también tenga hijos.”

(GÉNESIS 30: 1-3)

 

LA VIDA EN UN RITUAL

Judith y su doncella - Artemisia Gentileschi
Judith y su doncella – Artemisia Gentileschi

“−Bendito sea el fruto −me dice, con el saludo aceptado entre nosotras.

−El Señor permita que madure –recito la respuesta aceptada.”(*)

Un mundo de rituales impera en la dictadura teocrática de Gilead. Fundada en el territorio actual de los Estados Unidos de Norteamérica -en un futuro que se presiente cercano-, la República de Gilead encarna un régimen autoritario donde las mujeres son sometidas a roles estrictamente definidos. La procreación ha pasado a ocupar un lugar prioritario y todo el entramado social tiende a procurar el nacimiento de un niño dentro de las familias acomodadas: ¿Así vivíamos entonces? Pero llevábamos una vida normal. Como casi todo el mundo, la mayor parte del tiempo. Todo lo que ocurre es normal. Incluso lo de ahora es normal.” (*) Esa normalidad  involucra a la protagonista y narradora, una mujer despojada hasta de su nombre. Gilead es, así, una sociedad de castas. Están las Esposas -cuya vestimenta es siempre azul-, son mujeres casadas y no pueden gestar un hijo. Cubiertas de rojo, de pies a cabeza, las Criadas deberán engendrar los niños que, al nacer, serán entregados a las esposas. Por su parte, las Marthas -siempre de verde- se dedican exclusivamente a las labores del hogar. Esta división tiene semejanza, aunque no correspondencia, con la organización de los hombres: divididos en Esposos, Guardianes, Ángeles y Ojos, cumplen roles de fecundación y vigilancia. Todo con el objetivo del crecimiento o, al menos, la conservación de la humanidad. Esta estructura toma el estereotipo, aún vigente, hombre proveedor – mujer reproductora y lo lleva hasta el límite.

 

PLANO DETALLE

Las vestales veladas - Raffaelle Monti
Las vestales veladas – Raffaelle Monti

El asesinato del presidente de los EEUU dispara  esta novela distópica. En ella, Margaret Atwood imagina  una dictadura con un régimen de vida estricto, en el que no caben la sensualidad ni la desobediencia. Todo está controlado por una milicia llamada “Ojos”. En algún punto de contacto  con la novela “1984” (George Orwell – 1949), [1] la autora elige para “El cuento de la Criada” un tono íntimo, de extrema cercanía. El relato en primera persona oscila entre presente y pasado de la protagonista, con rumbo hacia un fin inexorable. La casa, la calle, las compras, los hábitos son presentados con lujo de detalles, como quien quiere dejar testimonio de un lugar y de una época. La noche propicia el recuerdo. Es entonces cuando la Criada se dedica a rescatar otro tiempo, en pareja y con una hija, personajes a quienes conoceremos a lo largo de numerosos flashbacks. Sobre el final, su testimonio es hallado por científicos del futuro. En sus manos, el relato toma distancia, se vuelve un objeto de estudio, una descripción de un determinado universo que ya no es. De ese modo, le quita su tono íntimo y lo aleja de lo personal.

Sumision - Sandra García Ruiz
Sumision – Sandra García Ruiz

En este sentido, primer plano y plano general sirven para reflejar la tensión entre lo particular y lo universal. Esta escena final, con los científicos y su análisis despojado de toda intimidad, pone de manifiesto la trampa del concepto universal. Así, “el hambre”, “la locura”, “la soledad” no permiten pensar a ningún hambriento, a ningún loco, a ningún solo. Por ejemplo, las imágenes de la guerra, cuando son transmitidas por la televisión -esa gran creadora de universales-  obturan la capacidad de imaginar la vida de cada una de las personas involucradas. El problema en Gilead excede al lenguaje, se ha -por decirlo de algún modo- neurotizado en extremo, se ha hecho carne. En la igualación de los colores, los roles y las conductas, se ha llevado el concepto universal al límite. La narradora, en forma magistral, utiliza todos los recursos a su alcance: filosofía, cine, organización social y narración le sirven para elaborar una historia compleja y en innumerables capas, a través de las cuales es posible efectuar las lecturas más profundas.

 

ANULA LAS DIFERENCIAS Y REINARÁS

El cuento de la criada-Ilustracion Anna y Elena Balbusso
El cuento de la criada-Ilustracion Anna y Elena Balbusso

“Sin embargo, en aquel momento lo recordé. Lo que había en ellas [las revistas de modas] era una promesa. Comerciaban con la transformación; sugerían una interminable serie de posibilidades (…)”(*).  Suprimir las expectativas a partir de la semejanza. Tal vez esta sea la idea más poderosa de la novela. Imaginar un mundo de uniformes, organizado por colores, azul para unas, rojo para otras, negro para aquellos. Llevar la sociedad a su simplificación máxima a través de una estructura compleja  de obligaciones, rituales y restricciones inamovibles. Y, así, a través de la represión de lo singular revelar la verdadera finalidad de esta sociedad imaginaria: la anulación absoluta de la mujer. Fundamentalmente, de la mujer trabajadora, de la que puede autoabastecerse, de la estudiante. Idea que, convengamos, haría las delicias de más de un hombre actual.

Cabe pensar, a la luz de este “lado B” que exploramos, si la actitud sumisa de las criadas responde solo al temor instaurado por un aparato represivo eficaz -hasta el punto de exhibir los cadáveres de los insumisos-, o hay en estas mujeres algún resquicio, un mínimo espacio, por el que pueda filtrarse su propia aceptación respecto del orden establecido. Tal vez, ese sentimiento de culpa que todas experimentamos alguna vez, la falta que creemos cometer por buscar nuestra propia realización, la premura con la que encaramos la diversidad de tareas que nosotras mismas nos imponemos a diario para tranquilizar al “macho” que nos espera en casa den lugar, en la mente torturada y llena de miedo de la protagonista, a algo muy parecido a la justificación.

 

LA SUBVERSIÓN DEL PERFUME

Sin embargo, un impulso subyace. Una fuerza pugna por aflorar. “El perfume del jardín asciende como el calor emitido por un cuerpo (…)”(*). Es posible prohibir el tacto y la mirada. Se puede hablar en susurros para silenciar la verdad ante el opresor, pero es imposible detener la difuminación del perfume. De todos los sentidos, el del olfato es el único irreprimible y es el elegido por la narradora para introducir la idea de algo que crece, está presente en todas partes, tiene vida y, a pesar de todo, es ignorado por la mayoría de la sociedad. El olor de las flores impregna las noches de la protagonista para acoger sus recuerdos. Le revoluciona la sangre y la baña de sensualidad, en un mundo que ha desplazado totalmente el deseo como motor de la conducta.

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Magnolia – George Underwood

Otros olores se cuelan en la vida de la Criada: sudor, levadura, esmalte de uñas, jabón, naftalina, tierra mojada, heces, putrefacción. Oler y evocar estados de ánimo o, aun, provocarlos, recuerda al protagonista de “El Perfume” (Patrick Süskind – 1985), quien peregrina en busca de “la esencia” que le permitirá conseguir un olor propio.

La esencia de la criada permanece oculta, imbricada en los planos de su memoria, encubierta, a la espera de un cambio. Mientras tanto, sobrevuela a lo largo del relato y satura el perfume de las flores.

 

LA ETERNA TRAMPA DEL AMOR

La estructura -en apariencia inamovible- de la sociedad gileadiana comienza a resquebrajarse. Los encuentros furtivos en el estudio del Esposo son seguidos de una escapada al prostíbulo. La noche sirve para ocultar las conductas indeseables de una sociedad enferma. En forma paralela, la Criada se contacta con los rebeldes y sueña con liberarse.

Con el correr de los días, se inicia una relación amorosa entre la protagonista y un personaje hasta entonces secundario, Nick. Este vínculo, puramente físico, agota el deseo de libertad de la criada. “La cuestión es que ya no quiero irme, ni escapar, ni atravesar la frontera hacia la libertad. Quiero quedarme aquí, con Nick, donde pueda estar con él.”(*) El hombre vuelve a ser -nunca ha dejado de serlo- el factor de anulación del deseo de libertad de la mujer.

Sin embargo, esta mujer escribe. Esta mujer despojada de un nombre, separada de su pareja y de su hijo, obligada a habitar un hogar extraño, a vestir como se lo ordenan, escribe. Lo hace a pesar de la anulación de toda conducta que pueda diferenciarla del resto, en contra del encierro, del deseo de morir y terminar con todo. Lo hace también para que su singularidad perdure. Su ilusión es que esta verdad salga a la luz. Su deseo: poder agrietar el muro que la separa del mundo. Y, de hecho, lo hace. Hoy podemos leerla. Es más, debemos continuar con su escritura. Para que nadie se atreva a perseguir a la más condenada entre todas las mujeres: la deseante.

Escritura de la mujer - Pablo Picasso
Escritura de la mujer – Pablo Picasso

 

[1] https://vimeo.com/153223117

(*) El Cuento de la Criada, Margaret Atwood,

 




CRISTAL DE TRIPLE CARA

El lado B: Sobre “Sombras sobre un vidrio esmerilado”, de Juan José Saer

 

“La imagen es más que una idea. Es un vórtice o un racimo de ideas fusionadas que están dotadas de energía”

(Ezra Pound)

 

Por Nicolás Estanislao

 

DAR ESPACIO AL TIEMPO

“Amé aquello que era sombra”

Cuento de largo aliento, donde los protagonistas se entrecruzan de forma subterránea,en un triángulo de lados desiguales. Tres partes de una historia entre sombras. Un relato que se narra entre los contornos de lo inacabado. Una historia desde el desencuentro, (¿existió alguna vez el encuentro?) desde la oscilación constante de los tiempos.

El cuento se derrama de la voz en primera persona de Adelina. También desde su cadencia, pero esta vez escrita, llega un poema disperso entre líneas:

(“Veo una sombra sobre un vidrio” “Veo” “Veo una sombra sobre un vidrio. Veo”)

Un poema que se hace y deshace a lo largo del cuento. Que se trenza para encausarlo y desviarlo. Con su tono propio, abre las puertas de un texto en clave poética. Un poema que nos ofrece más que una suma de intenciones, un nudo contenido que se desata y vuelve a atarse entre giros y tensiones.

Veo una sombra sobre un vidrio. Veo
algo que amé hecho sombra y proyectado
sobre la transparencia del deseo
como sobre un cristal esmerilado.

MAPA NARRATIVO

Cartografía del cuento.

Saer no se pierde una. Como narrador es un cineasta, como poeta, un concertista y, en el entramado entre poema y cuento, es pintor. Es así que este cuento obliga a leer códigos gráficos. Entre comillas van las voces del pasado, entre corchetes, las voces del presente, entre paréntesis y con comillas, el poema. Así, los tres códigos gráficos hacen espejo a los tres tiempos (pasado, presente y poesía) que la mecedora de Adelina mueve a medida que el texto se escribe. Tres personajes, tres grafías, tres temporalidades. El sagrado tres.

 

 

 

HAMACAR LA VOZ

Quizás el poema sea quien termina de narrar al cuento desde sus orillas. Cómo no pensar en el libro de poemas de Saer que se llama “El arte de narrar”. Toda la obra del escritor de Serodino es un intento, por un lado, por hacer cantar lo poético entre las líneas de la prosa. Y, por el otro, por liberar a la prosa de la simple cadencia de lo argumental.

Ese entramado funda un ritmo bien definido en Saer: un ritmo que articula paisajes con reflexiones, canto con cuento, a la manera de un gran tejedor. Como en el caso de “Sombras sobre el vidrio esmerilado” el poema se dispersa a modo de un faro que, al girar, señala horizontes, marca hacia qué y dónde mirar. Una imperfecta secuencia, donde el montaje es doble: entre prosa y poesía y dentro del poema mismo: “¡Qué complejo es el tiempo y. sin embargo, qué sencillo!” poetiza Adelina Flores, sobre su sillón de Viena, mientras se hamaca entre deseo y memoria.  Amores truncos, una madre omnipresente aún muerta. Mutilación, falta: Cicatrices.

Pero las marcas no la detienen. Adelina oscila y a la vez permanece en el mismo sitio. De atrás (sin aprehender el pasado) hacia adelante (sin aferrarse al deseo). Hamacándose (escribiéndose)  avanza en la semisombra de lo que intenta decir, se abre camino en ese invisible que circunda a las cosas y al mismo tiempo despliega su relación esencial con el lenguaje. El presente es, de ese modo, un pivote, un lugar de tránsito donde nunca se termina de estar pero, aun así implica la chance de una fundación.  Saer lo reafirma en “El concepto de la Ficción”: “donde el escritor, escribe siempre desde un lugar, y al escribir, escribe al mismo tiempo ese lugar, no se trata de un simple lugar que ocupa con su cuerpo, sino un fragmento del espacio exterior desde cuyo centro el escritor esta contemplándolo.”

Beba Da Silva
Rojo vivo. Cristal – Difuso

 

DE LEJANÍAS

“algo que amé hecho sombra y proyectado”

El poema titila, centelleante, dentro de la narrativa; “El pasado solo puede atraparse como una imagen que se enciende en el momento en que puede ser reconocida y que nunca más se hace visible…”  dice Walter Benjamin. Y allí la vemos a Adelina Flores, en un centro que siempre está de costado, mientras Susana- su hermana, su “lejana”-  anda el centro de la ciudad vacía. Lo camina en silencio, envuelta en las luces del atardecer, donde su sombra se bambolea. Susana, su rival, la que le ha arrebatado el amor de Leopoldo…:“Ahora Susana debe estar bajando lentamente las escaleras de mármol blanco de la casa del médico, agarrándose del pasamanos para cuidar su pierna dolorida; ahora acaba de llegar a la calle y se queda un momento parada en la vereda sin saber qué dirección (porque sale muy poco y siempre se desorienta en centro de la ciudad)”.

El movimiento de esta escritura es tan constante que, por mucho que el lector se acerque, jamás puede ver más que con un cierto fuera de foco. Capas superpuestas en el “ahora” se entremezclan. Sin embargo, al alejarnos de a poco, se vislumbra el conjunto, un todo esmerilado que vibra.

En confusión, súbitamente, apenas,
vi la explosión de un cuerpo y de su sombra,
ahora el silencio teje cantilenas
que duran más que el cuerpo y que la sombra.

 

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RABIA CONTRA LA AGONÍA DE LA LUZ

                                                                                                                      “No entres dócilmente en esa noche quieta. Rabia, rabia contra la agonía de la luz” (Dylan Thomas)

(“en el reflejo oscuro” “sobre la transparencia” “del deseo”)

La sombra puede ser un mínimo escalón delante de la oscuridad. De allí surge áspera, insurrecta, la voz. Así como la luz, se tiñe de velos, la voz se entremezcla en poema y, entre ambas, deslizan una coreografía de luz y sonido: La luz gris que impregna cada tanto el ambiente donde está Adelina intenta hacerse brillo pero se topa con la opacidad del esmeril:

(“Ahora veo a Leopoldo, puedo ver su sombra agrandada, pero no desmesuradamente, sobre los vidrios esmerilados, de la puerta del baño que da a la antecámara”)

Como un aire encantado de tormenta, esa batalla entre luz y las sombras, entre lo decible y lo indecible, el poema resulta siempre la emergencia, vital de un recuerdo. Este movimiento pendular, entre tiempos y dimensiones- pasado/futuro, memoria/deseo-  moldea los bordecitos de las vidas que permanecieron sin vivirse, arrinconados en lo innombrable. Del lado B.

ESCRIBIR SIN CONCESIONES

(“En confusión, súbitamente, apenas”)

Juan José Saer escribió siempre su horizonte. Con la aparición de los borradores inéditos (Papeles de trabajo I, II; a los que siguieron Poemas. Borradores inéditos 3 y Ensayos. Borradores inéditos 4), quedó claro que Saer tenía un proyecto, que se reformulaba en cada libro – y hasta en cada unidad de cada texto. La cocina de la escritura era, así, un espacio donde las lecturas, las notas, las conversaciones se entremezclaban. “Los Papeles de trabajo” muestran la exterioridad de toda intimidad:

(…) Mecerme en el equilibrio infrecuente y perecedero de la mano que deslizándose de izquierda a derecha, oyendo los rasguidos de la pluma sobre la hoja de cuaderno, victorioso por el hecho de haber comprendido por fin el deseo de escribir es un estado independiente de toda razón y de todo saber.”

La figura del lenguaje de Saer oscila, como el sillón de Viena de Adelina, entre la búsqueda de identidad y la transformación, entre memoria y el deseo. El mapa se dibuja, por momentos,  extranjero, pero siempre a orillas del mismo río:

 “(…) Cada vez que este deseo me viene, trae consigo la validez del universo entero y la de esa partícula sin nombre de universo que soy yo mismo.”

La escritura de Saer obliga al lector a hamacarse y a trasmutar su percepción, lo empuja a atender el mínimo detalle: a un mínimo destello de luz sobre una mínima porción de rostro, a la punta de una sombra apenas alargada, a un color que se ofrece y se retira del primer plano de la narración, pudoroso o audaz. Es la de él una intimidad como puesta en escena de la escritura. Su cuaderno de notas, llevado durante más de 20 años, marca su pulso. Esos borradores despliegan un escondite, entre sombras, donde se puede leer entre trazas. Una vez leídos los cuadernos, la obra de Saer despunta a la luz de nuevas pistas:

(…) Por el gusto de escribir algo: después de muchos días de silencio escritural me ha asaltado, en el baño, mientras me lavaba las manos antes de irme a acostar, el deseo de estar, a la luz de la lámpara escribiendo. Deseo escribir; no de decir algo.

 

Entre cristales.

 

                                                                          ***

 




ME DIJO QUE TE DIGA QUE LE DIJERON

El lado B:

Por Sol Bonavoglia

MALOS AUGURIOS

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-¡Can Cerbero de mierda! Ahora va a venir a romperme las bolas el pelotudo de Zeus. -Le gritó Hades a su mascota de tres cabezas. -¿Cómo te vas echar ese flor de sorete? ¡Encima que te traigo…!

Antes de que le pudiera seguir gritando a su pobre mascota, que yacía en el piso con la cabeza baja hacia su amo, Hermes pasó a la sala y lo interrumpió.

-¡Uh! -Dijo tapándose la nariz. -¿Qué es ese olor a mierda?

Hades se dirigió a su mascota con una mirada asesina. Esa mirada, en el dios de los muertos, no augura nada muy beneficioso.

-¿Qué venís a hacer acá, vos? Tenía que encontrarme con mi hermano, no con la paloma mensajera de los dioses.

El mensajero lo miró con un aire ofendido.

-Me dijo Apolo que te dijera que le dijo Poseidón, que Zeus le dijo que no va a poder venir hoy.

Hades se quedó unos segundos buscándole sentido a las palabras de Hermes.

-Eh… ¿Qué?

-¡Que Zeus no va a poder venir hoy! -Y se fue.

SEÑALADOR PARA “DIARIO DE UNA PASIÓN”

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El resto de los dioses hacía lo de siempre. Hasta que algo se interpuso. Dioniso, Apolo y Hefesto dejaron el alcohol y los cigarrillos de lado. Afrodita dejó en pausa el “Diario de una pasión”. Poseidón detuvo su charla motivadora con su pez. Ares y Atenea concluyeron su discusión sobre quién de ellos dos tenía más conocimiento en batallas. Hera detuvo las organizaciones del matrimonio de dos dioses menores. Y Artemisa dio por acabada su práctica con el arco.

-¿Quién se cagó?- lanzó por fin Apolo.

Todos miraron a Hermes salir de la sala de Zeus, donde se encontraban Hades y su mascota.

-Está Hades acá, con su mascota de mierda. Literalmente de mierda, ¿huelen eso? Es el soruyo gigante que se mandó el perro ese.

Todos hicieron mueca de asco y el Olimpo se hundió en murmullos.

-¿Qué pasa acá? -Gritó Zeus al ver a todos alterados.

-¿Qué hace el adoptado olor a culo acá? ¡Encima, con el perro ese, que anda con cagadera! -Le dijo Poseidón a su hermano.

El dios del rayo no entendía nada. Bueno, nadie entendía nada.

-¿Yo no te dije que le dijeras a Apolo que le diga a Hermes que le diga a Hades que estoy ocupado para verlo hoy?

Hermes asintió.

-Sí, yo le dije, pero se ve que no se fue.

FUISTE, ALPISTE

Zeus marchó hacia donde se encontraba su hermano, se fulminaron mutuamente con la mirada.

-Hoy estoy ocupado como para verte y tener esa reunión chota. Limpiá lo que hizo tu perro y andate. Hades negó con la cabeza, se cruzó de brazos y se sentó sobre el sillón.

-Cómo me evitas, ¿eh?. -Le contestó, mientras acariciaba a su mascota. -Hicimos un trato, no te acobardes.

Zeus golpeó la pared con bronca y se quedó mirando al suelo por unos segundos.

-Era un juego, pelotudo de mierda, un jueguito nomás.

-¡No! Vos lo dijiste, si yo ganaba, me quedaba con toda esta belleza. -Dijo refiriéndose al Olimpo. -Si yo perdía, te debía dar un billón de dracmas. Perdiste, boludo, entregá el Olimpo.

Mientras los dos hermanos discutían, el resto de los dioses estaba con la oreja pegada a la puerta.

-¡No, no puede ser! -Gritaba Hefesto-Si Hades se queda con el Olimpo, es tan hijo de puta…, ¡que nos va a prohibir el faso!

Apolo y Dioniso soltaron un grito de terror.

-¡Esto va a ser una dictadura! ¡El fin del Olimpo! -Dijo Afrodita, mientras se agarraba la cabeza.

Todos se volvieron locos, hasta que Atenea y Artemisa los callaron.

-¿Piensan que Zeus va a dejar que Hades se quede con esto, así como así? –Dijo Atenea con los brazos cruzados, mientras fruncía el ceño.

-Y si fuera de esa manera, ¿ustedes piensan que Hades nos va a dejar a nosotros en el Olimpo cuando quede a su cargo? -Artemisa miró a todos los dioses y alzó las cejas.-¡Nos va a echar a la mierda!

Y volvieron a ponerse locos, entre gritos y corridas por todas partes, agarrándose la cabeza y comiéndose las uñas. Hasta que se abrieron las puertas de la sala y Zeus salió con expresión de enojo.

OTRA VEZ, SOPA

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-¡Eh! ¿Qué pasa acá?

Todos se silenciaron. Lo miraron a Zeus con enojo, algunos ni lo miraron. Estaban ofendidos, se sentían traicionados.

-¿Otra vez apostaste el Olimpo? -Le dijo Artemisa. -¿Otra vez con el póker de mierda? ¡Te fuiste al carajo, Zeus! ¡Al carajo te fuiste!

Todos la apoyaban, Zeus se sentía avergonzado, asintió dándole la razón a la diosa de la caza.

-Lo voy a solucionar ¡Qué sé yo! Esperen. Ténganme fe. – Miró a cada uno. Ellos lo miraban con bronca, nadie le creía. -En serio, che. ¡Se los juro, eh! Ya lo voy a mandar al inframundo de vuelta a ese salame.

El grupo le dio la espalda y volvió a lo suyo, excepto Poseidón.

-Gracias por creer en mí, hermano. -Le dedicó una sonrisa y el dios del mar se rio.

-¡Ja! ¿En vos? No, no creo un choto, solo voy a limpiar el sorete ese que tenés en la sala, no se aguanta más el olor.

A SALVAR EL RANCHO

-Tenemos que hacer algo, no podemos dejar que Hades se quede con nuestro rancho. –Dijo Apolo.

El resto de los dioses se encontraba en una habitación vacía, usada para las reuniones.

-¡Le quemo todo si se llega a quedar acá, eh! ¡Le quemo todo! -Dijo Hefesto. Apolo y Dioniso le festejaron la idea.

-¡Basta de boludeces! -Los interrumpió Atenea. -No recurramos a la violencia. Aparte, no estemos tan seguros de perder el Olimpo. No tengo dudas: Zeus va a hacer algo. Ya van a ver.

-Yo no estaría tan tranquila, ¡apostó el Olimpo! La pelotudez de este llega a niveles insuperables.

Apolo bufó.

-¡Dale, Arte! Estás re negativa, guacha, ¿sabés qué te falta a vos?

Su hermana puso su peor cara.

-No digas asquerosidades- murmuró y él rio.

Poseidón entro a la habitación, todas las miradas se dirigieron a él.

-¿Ya estamos sin Olimpo? -Él negó. -¿Estamos a punto? -Se rascó la nuca y frunció el ceño.

-Y… no sé. Pero tengo una idea.

Todos pusieron su atención en él y en su idea.

LOS HERMANOS SEAN UNIDOS…

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-Entonces… -Dijo Hera. -¿Hay algo como Greenpeace en nuestro mundo? ¿Lo podemos denunciar y mandarlo al Tártaro por tratar mal al Can Cerbero…? -Todos se quedaron en silencio por unos segundos. -¡Qué copado! -La diosa sonrió con emoción.

-Sí, pero tampoco quiero ser tan cruel con Hades, después de todo, es mi hermano. -Dijo Poseidón y lo miraron en silencio. -¡Naa! ¡Que se pudra en el Tártaro ese conchudo!

Aplaudieron y festejaron. Hermes fue rapidísimo a contarle a Zeus, él abandonó a su hermano y se reunió con los otros dioses.

-¡Ah! ¡Fuertísimo! ¡Le va a re caber! -Les dijo con una sonrisa de oreja a oreja, chocó el puño con su hermano y llamaron al Greenpeace de los dioses.

-Hola, ehhh… ¿Greenpeace? -dijo Poseidón por teléfono. -Mirá, tenemos a un loco acá, que maltrata a su perrito, le decimos que pare y no para, ¡no para, eh! ¡Esta desquiciado! ¿Si tenemos pruebas? Eh… -Tapó el teléfono y se dirigió a los dioses. -¿Tenemos pruebas? -Hermes asintió. –Sí, sí, tenemos pruebas. ¡Está en casa el loco, te lo levamos ahora! ¿Dirección? El monte Olimpo. -Y le cortaron el teléfono.

-¿Y? -Dijo Afrodita.

-Me mandaron a la mierda. -Le respondió, mientras fruncía el ceño.

-¡Ahhhh! -Gritó Hermes. -¡Que lío! Te di el número del Greenpeace de los mortales. – y entre risas, les acercó el número correcto.

-Tenemos que mantenerlo acá, ahora vienen.

Se abrieron las puertas y alguien avanzó.

-¿Mantener a quién? -Dijo Hades y todos entraron en pánico.

-¡A Ricardo! -Gritó Apolo. -¡Ricardo Fort!

-Ahh -Le contestó, no tenía ni idea de quién se hablaba, aunque tampoco le despertaba ningún interés. -Alguien quiere pasar, Zeus. ¿A quién invitaste a la partuza?

EPÍLOGO SIN GLORIA

Cuando Zeus y Hades se largaron, todas las miradas fueron hacia Apolo.

-¿Quién es Ricardo Fort?

-Qué sé yo, leí en Twitter sobre él, le dicen “El comandante”. Tiempo después, se llevaron a Hades. Todos festejaron y el pobre Can Cerbero se quedó del lado del “poder”. Hicieron una fiesta, donde no faltó el vino de Dioniso. Cuando la fiesta llegó a su fin, Poseidón recordó algo.

-¿Y ahora… qué pasará con el inframundo?

Cada uno de los dioses abrió los ojos como platos.

-Uhhhhhhhhhhhh. -Dijeron todos a la vez.

El lado B del universo había sido desatendido y acechaba como amenaza. (Continuará)

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TRIPLE ASALTO AL VACÍO

El lado B: Sobre “Grada Kilomba”, el Proyecto Deseo.

Por Carolina Diéguez

 

INCERTEZA VIVA

Se puede entender la incertidumbre como una carencia o una deficiencia. O se puede observarla por su Lado B como a “una realidad que está en las cosas en lugar de ser un fracaso del  observador: es el mundo mismo, incierto, lleno de posibilidades que pueden realizarse o no”[1]. La familia, la escuela nos han enseñado a tener miedo y a desconfiar de la incertidumbre. A desconfiar de los sueños, a temer a la oscuridad y a la espesura del bosque y a las sombras. Nos enseñaron a encontrar la seguridad en lo conocido y previsible. Nos enseñaron a necesitar “la comodidad de la certeza” pero, ¿hay razones para desconfiar de la incertidumbre más que de la certeza?

La 32º bienal de San Pablo aborda las dos caras de la incertidumbre e invita a los artistas a trabajar desde ella. Propone la incerteza como posibilidad y nos invita a habitarla, a transitarla. Uno no puede deshacerse de la tradición pero si puede modificarla. No puede dejar de lado la incertidumbre pero sí abrazarla y convertirla en lado B.

Grada kilomba. "Illusions",  Performance. 32 bienal de San Pablo, 2016.
Grada kilomba. “Illusions”, “Es una extraña geografía,ésta en la que vivo”. Performance. 32 bienal de San Pablo, 2016

 

LA ESCRITURA EN EL ALTAR

“El Proyecto deseo” es una instalación de video en un espacio oscuro. Está dispuesto dentro de “Incerteza viva, la propuesta de la 32 Bienal de San Pablo. Grada Kilomba, una portuguesa negra de ascendencia africana que vive en Alemania, es la responsable de esta apuesta en tres actos, en tres pantallas y en tres bancos que pueden leerse alternadamente o uno a uno, de principio a fin. El texto se presenta en la lengua de los esclavizadores: inglés y portugués. La única imagen visual es la palabra escrita: blanco sobre negro y un fondo de voces y tambores

Leído de uno u otro modo, el texto no pierde sentido. La antesala a estos tres actos es un pequeño altar dedicado a la esclava Anastasia. Una vez más, aquí, como en todas sus producciones,  la artista intenta descolonizar el pensamiento y producir saber desde su hacer artístico. En el altar dedicado a Anastasia hay un collar, una mesa con un cuenco, café y un pequeño relato: “En la sala de estar de la casa de mi abuela, había una imagen de la esclava Anastasia encima del sofá, del lado izquierdo de la pared. Cada viernes le prendíamos una vela, le poníamos una flor blanca, un vaso de agua limpia y un tazón de café sin azúcar. Mi abuela solía contarme cómo la “Escrava Anastácia” fue encarcelada dentro de una máscara por decir palabras de emancipación durante la esclavitud.” [2]

Grada kilomba. “El proyecto deseo”. Altar dedicado a la esclava Anastasia

 

QUÉ KILOMBA

Su nombre artístico recupera el apellido y el nombre quitados a sus abuelas: Quilomba era el apellido de una de sus abuelas. Grada, el nombre de la otra. Pero, durante la época colonial, los nombres de los africanos trasladados a las plantaciones fueron anulados. Grada Kilomba, su nombre artístico, le permite así recuperar la identidad negada y restituir la memoria de su familia. Quilombo – en kimbundú- significa aldea, agrupamiento. Luego se incorporó al lenguaje coloquial argentino como desorden, agitación. Grada reúne los dos sentidos: agrupar y agitar.

Por otro lado -y para seguir con la lectura de algunas trazas históricas- la máscara es un un instrumento de opresión concreta utilizado por los colonizadores europeos. Conformada por un mordillo dentro de la boca, sujeta entre la lengua y la mandíbula y fijada detrás de la cabeza con dos cintas, la máscara fue empleada por los amos blancos para evitar que los esclavizados[3] comieran caña de azúcar y granos de cacao mientras trabajaban en las plantaciones. Pero su función primaria era evitar que los oprimidos hablaran.

Esclava Anastasia
Dibujo de la esclava Anastasia.

 

Y volvemos al presente. Podemos pensar al proyecto de Grada como un intento de quitar la máscara a través de la restitución de preguntas fundamentales, en las pantallas: ¿quién puede hablar? ¿y quién no? (…) ¿qué es lo que el sujeto blanco tiene que escuchar?

 

ACTO I: MIENTRAS ESCRIBO  

Voces intensas de fondo. Kilomba escribe aun con miedo y contra el miedo. Contra el silenciamiento, contra las voces clausuradas, contra los idiomas suprimidos, contra “los discursos interrumpidos”, contra las construcciones coloniales y la negación del otro. No es que los esclavos no hablen, hablan pero  su relato no es escuchado. Grada reflexiona y se pregunta una y otra vez: (“So, why do I write?”) “Entonces, ¿por qué escribo? Escribo, casi, como una obligación para encontrarme [porque] mientras escribo, no soy el “otro”/ sino el yo, no el objeto sino el sujeto (…) Me convierto en el autor y la autoridad de mi propia historia” [4]

Grada kilomba. "Sometimes I fear wrtiting". Impresión de pantalla del video "Mientras escribo"
Grada kilomba. “Sometimes I fear wrtiting (“A veces, temo escribir”) Impresión de pantalla del video “Mientras escribo”

 

Acto 2: MIENTRAS HABLO

Con cada palabra, Grada repasa decires y comentarios teñidos con el lenguaje del discurso colonial. La verdad y el conocimiento concebidos por el colonizador blanco como su exclusiva propiedad. Subjetividad y parcialidad como la única opción que “los jefes” dejan al colonizado negro. Ellos tienen hechos, nosotros opiniones. / Ellos tienen conocimiento, nosotros experiencias.” Se trata “de una jerarquía violenta, que define: quién puede hablar y de qué podemos hablar.”

EL hablar y el silenciar laten en la obra a través del espacio sonoro. La voz insiste como una cuchillada entre tambores. Entre tanta demanda al oído, la única imagen, la palabra escrita, ofrece un descanso y desplaza la atención al resto del cuerpo. Nosotros escuchamos. Nosotros somos el otro.

Grada Kilomba. Impresión de pantalla. Video del "Proyecto Deseo"
Grada Kilomba. Impresión de pantalla. “Entonces, ¿por qué escribo?Porque debo hacerlo”. Video del “Proyecto Deseo”

 

Acto 3: MIENTRAS CAMINO

Pienso en la construcción del conocimiento. En cómo esta obra interpela y desarma los discursos instituidos del pasado y del presente. Los tambores no me llevan, me traen al comienzo de esta nota, donde los discursos de la familia y la escuela -más sutiles, sin las mismas máscaras- nos aferraron a la certeza y a la seguridad. Tanto insistir con la cantinela, también son ellos una invitación al Lado B. Cuando las determinaciones de la certeza se agrietan, ¿qué queda del lado del ruedo? La voz de lo otro, lo incierto titila como chance. Y uno la puede echar andar, usarla como sendero. Mientras camino, pienso en el lenguaje y sus modalidades. Hablar, escribir, pensar comparten parientes en común, pero también participan de familias exclusivas. En primer lugar, el soporte sobre el cual transcurren estas tres formas del lenguaje no es el mismo. El pensar deambula, busca, hace giros y, finalmente, choca contra el hueso frontal. Ocupa cuartos de un laberinto con caminos estrechos que uno no domina completamente. El pensamiento tiene un tempo fundido con el mismo laberinto. Pero el lenguaje puesto a pensar llega a una instancia en que reclama “salir”: escribir o hablar. Así, el habla nace en el aliento que se toma del afuera, el ruaj (viento y hálito, en hebreo), aire y espíritu. Oscila entre su función comunicativa y su función amorosa (Barthes planea entre nosotros). Busca tender lazos con otros a la vez que hace circular el código y la utilidad del mensaje. Uno ha salido del mundo del pensamiento e inevitablemente cae, en parte, en el mundo del  intercambio. Al igual que en el ámbito de la reflexión, la conversación tiene una provincia donde solo se dice si se evalúan riesgos y se concatenan causas y consecuencias. Digamos, que el pensar y el hablar funcionan con una cierta administración económica, sin derroche, con táctica y estrategia. Así, pensamiento y habla son formas útiles con que organizar el mundo para no morir, para no lastimarnos. Para prever las consecuencias de nuestra conducta, incluso, sin realizarla. Pero el pensamiento implica también la creación de conceptos, murmullos, otras modalidades de lo verbal y poético. Una actividad que requiere cierto esfuerzo e implica a todo el sistema cognitivo. Este modo de pensamiento desafía a la causalidad. Como ciertas volteretas del habla, como el poema cuando toma el territorio de lo escrito. Entre lo incierto y los amarres, vamos. Decimos, escribimos, pensamos. Andamos el camino del lenguaje. A veces encontramos horizonte y, a veces, nos ladeamos hacia la banquina. El abismo siempre está. Montamos el lenguaje contra él. No es fácil. Tremendo quilombo.

https://youtu.be/UKUaOwfmA9w

 

[1] NUNES, Rodrigo. “La medida de la incerteza, la incerteza de la medida.” 32ª bienal de San Pablo, 2016

[2] Kilomba, Grada: “The Desire Project (2015-2016)” (El proyecto deseo)

[3] *esclavizado (enslaved) y no esclavo (slave). “Esclavizado” recuerda el proceso de deshumanización contra los individuos; “esclavo” recuerda el estado de deshumanización como una identidad natural de esos individuos.

[4] Kilomba, Grada: “While I write”. Front he Project. Decolonizing Knowledge. Perfoming Knowledge. “The Desire Project (2015-2016)” (El proyecto deseo)




TESORO DE PRIMERA

El lado B: sobre terminar la escuela primaria.

Por Milena Penstop

UNA POSTAL PARA SIEMPRE

Muchos piensan que terminar la escuela primaria es lo mejor, porque algunas rutinas que venías haciendo hace unos siete años, por fin se terminan. ¡Ni sueñes con que ya no hay que levantarse temprano cinco días a la semana para estudiar! ¡En la escuela secundaria, se entra más temprano aun! Vaya a saber a quién se le ocurrió que madrugar nos ayuda a entender mejor la pesadez de las matemáticas o los somníferos de geografía. Igual, los horarios son lo de menos.
imageEl otro día dieron el diploma. Un rato después festejamos y todo era alegría. Pero, al volver a mi casa, me cayó la ficha. Algo terminó y esto también es una manera de despedirse. Aunque con algunos compañeros tal vez no tuviste tanta relación, todos están en tu recuerdo, todos estuvieron con vos todos los días desde hace siete años. Ellos forman parte de la foto que recordaré por mucho tiempo. Quizás, para siempre.

CHARACHACHÁN : OTRA FAMILIA MUY NORMAL

Algunos compañeros cambian de colegio, porque planean hacer una determinada carrera y la secundaria que eligieron los va a ayudar con una educación orientada en ese sentido. Otros simplemente cambian por probar algo nuevo, aunque eso no implica que no vayan a extrañar su imageantigua escuela. Unos pocos sienten que ya estuvieron mucho tiempo en el mismo lugar y se cansaron. Por mi parte, aunque no me desagrada la idea de probar algo nuevo, ya siento que, si dejo de ir a esta escuela, sería como dejar de venir a mi casa. Porque, si lo pienso bien, uno pasa tanto o más tiempo en la escuela que en su propia habitación. Por eso es tan importante sentirse cómodo en el lugar donde uno va a estudiar. Parece poca cosa, pero saber cómo llegar a los patios, dónde están los baños, los horarios de la cantina todo eso forma una gran familia. Y yo no quiero dejar a mis parientes.

MEZCLADITO, MEZCLADITO

Muchos pensaban que, durante la fiesta, íbamos a estar un poco tristes, pero distraídos con la espuma, los polvitos de colores, las fotos y la comida. Tan distraídos que casi ni nos íbamos a acordar. Pero, en realidad aunque sí nos distrajimos y nos divertimos un poco-mucho, al mismo tiempo, muchos pensamos: “Esta es nuestra última fiesta antes del viaje”. Otros se dijeron: “esta es mi última vez en esta escuela” y muchas cosas más. Y, al final, aunque algunos no lloran o no dicen todo el tiempo lo que sienten, todos terminamos muy emocionados en una mezcla de tristeza y alegría. Parece que las cosas importantes siempre son así.

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PRIMERA CLASE

Para mí, la primaria- aunque haya pasado- siempre va a ser el Lado A. Y también el jardín. No porque no sean ni presente ni futuro las cosas bajan de categoría. Al contrario, a partir de ellas podremos crecer y transformarnos en otros. Por eso, mi lado B es lo que todavía no me pasó y me espera en el camino. ¡Allá voy!




LECTURA ENTRE ZONAS INVISIBLES

El Lado B: Sobre Superhéroes.

Por Pablo E. Arahuete

DE CAPA CAÍDA

La capa ya no flamea como antes. ¿Qué cambió? Tal vez el aire, cada vez más contaminado, los edificios gigantes y las antenas que surcan el cielo. En Muertópolis todo parece estar ordenado. Allí, hasta Superman se frustra. Por ahí, en la tele y en las redes sociales, dicen que anda de capa caída. Sólo de vez en cuando fuga hacia arriba. Siempre hacia arriba para, desde esa posición privilegiada, recuperar la visión panorámica sobre la ciudad y su gente. Ya no lo llaman como antes para salvar al mundo de una guerra caliente o fría. La guerra está en todas partes, no tiene rostro ni máscara, a diferencia de lo que ocurre con su colega Batman, ese excéntrico y culpógeno millonario que se disfraza de murciélago porque no tolera ser hombre. Ambos añoran devenir mito reciclado de arquetipos heroicos. Pero, de tanto intentar verse tan superiores, tan “súper todo”, el tiro les salió por la culata. No contaron con el tiempo. Ellos, tan grandes. Y el entorno, tan diminuto, que no puede librarse de la básica dicotomía entre el bien y el mal.

También podría pensarse que los superhéroes de cualquier época encarnan aquello que las sociedades pretenden imponer como valores o, mejor dicho, encarnan aquello que las sociedades creen que son. Claro: la mirada hacia adentro siempre está exenta de contradicciones, miserias e imperfecciones. En definitiva, se trata de poner en el tablero dos ideologías: la del servilismo a la comunidad, la “del héroe bombero” y la de la protección por el uso indiscriminado de la fuerza,  tendiente a un bienestar social, que  siempre decanta en un héroe policía. Los hubo y seguirá habiendo a lo largo de las décadas. Pero cabe preguntar: ¿siempre fue así?

Charly García – Superhéroes

Charly GarcÃ-a - Superhéroes     

SACATE LA CARETA

Batman envejece gracias a los comics y a la venganza manifiesta del relativismo moral. Se resquebraja gracias al estandarte de las filosofías postnietzscheanas, que resalta las bondades de la destrucción fundante, con miras a paradigmas menos artificiosos y racionalistas. El embate es fuerte contra la ola consumista, esa que ha protegido a los superhéroes de todas las épocas de aquellas contradicciones humanas y evidentes: esas zonas invisibles que los atraviesan cuando el eje de la discusión se despoja de la parafernalia circense y la idea de colosalismo a ultranza. Ahí, justo ahí, se exhiben las verdaderas máscaras detrás de las máscaras. Ahí, justo ahí, los buenos y los malos son lo mismo: psicóticos que no soportan el traje o el rol.

Fragmento del film inspirado en el cómic Watchmen (2009)

Diario de Rorschach:

Esta ciudad me tiene miedo, he visto su verdadera cara.

Por las cloacas corre sangre y, cuando se forme una costra en los drenajes, todas las ratas se ahogarán. Las suciedades de su sexo y asesinatos les llegará a la cintura. Las putas y los políticos mirarán para arriba y suplicarán: ‘sálvennos’ y yo susurraré: ‘No’.”

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Desde la mirada perturbadora de Alan Moore –la mente detrás de uno de los comics más controversiales, “Watchmen” (1986)– crece la sensación de un quiebre en el concepto del superhéroe y su funcionalidad social. Las psicosis y los delirios de grandeza hacen mella en la mente de cada uno de los personajes, especialmente, en Rorschach. Este personaje, desde su presentación visual, no necesita de antifaces, no usa capas, pero su rostro humano se ve oculto por una media blanca con manchas oscuras que se desplazan a lo largo de su rostro tapado. Nada es por azar: Rorschach alude directamente al mítico test de psicodiagnóstico, creado por Hermann Rorschach. La interpretación de esas manchas habla a las claras de que el caos ganó por goleada, no hay orden en un rostro que no se ve.

Diario de Rorschach:

“Todo el mundo está al borde del precipicio, mirando hacia abajo al infierno. Todos esos liberales e intelectuales y, de repente, a nadie se le ocurre qué decir. Debajo de mí, esta espantosa ciudad grita como un matadero lleno de niños retrasados mentales. Y la noche apesta a fornicación y malas consciencias”.

La mutación del héroe al antihéroe es el principal punto de inflexión ideológico representado en “Watchmen” y en una seguidilla de obras similares que surgen como contra cultura al modelo impuesto desde aquel Superman de la década del 30, atravesado por las guerras mundiales, y luego por la posguerra y la crisis cultural que también hizo sus estragos entre estas iconografías.

 

AVANZAR PARA ATRÁS

El universo del cómic abrió el espacio para mostrar el lado B de los superhéroes, devenidosFoto Spiderman muchas veces antihéroes, aunque sin cortar lazos con el villano. Por su parte, el cine de las últimas superproducciones hollywoodenses y sus apéndices televisivos –en las series– se han encargado de recuperar la fe en algo superior, capaz de encarnar los valores más tradicionales de la conducta. Ya sea en una “Liga de la Justicia” –reunión marketinera de notables ególatras con mallas y trajes de spandex– o en un grupo paragubernamental de súper policías del mundo, bautizados como “Los Vengadores”, siempre la fortaleza reside en el poder de la fuerza de un pequeño. Y la debilidad del héroe, en el compromiso individual, que no implique salvar a la mayoría de los peligros del propio sistema, autodepurado y eficiente.

 

Entonces, el primer cuestionamiento a estos representantes ideales de la masa es,¿dónde radica la evolución, luego de atravesar las peripecias clásicas del héroe a lo Ulises, de Homero, o las del más inspirador y terrenal, Quijote?

Tal vez la respuesta encuentra una llave cuando se aparta la mirada del modelo  de aquel súper hombre que no era un pájaro ni un avión, porque en definitiva se trataba de un extraterrestre. Mientras el Moisés bíblico llegó en una canasta, el de Kriptón cayó del cielo antes de que su planeta estallara. Evolucionó al adquirir rasgos de humanidad y coexistió con las contradicciones en su disfraz de torpe reportero, para pasar desapercibido. Sin embargo, todo cambió cuando el superhéroe moderno se instaló como principio de identidad para construir un nuevo ideal en cada espectador. Heredero de la posguerra, la censura a los comics y sus tendencias a “corromper a la juventud”, del paso fallido en Vietnam y las convulsiones sociales de las décadas posteriores, a este lo presentan menos como una ayuda al bienestar general que como una posible amenaza, por su condición de metahumano. La funcionalidad de un Capitán América –soldado ejemplar quien, desde las filas del cómic, se enfrentara al mismísimo Hitler, a los japoneses vampiros comunistas y luego quedará absorto, como Spider-Man, frente al 11S– es el claro ejemplo de las mutaciones de una cultura que sabe imponer al resto de las sociedades modelos de superhéroes y, a pesar de todo, no los cuestiona en su esencia.

superman

FALLÓ UN INGREDIENTE EN LA RECETA

En la carretera, la desolación es la postal que acompaña a un hombre a la espera de que alguien detenga su auto y le permita seguir su propio viaje en busca de una cura contra su furia. Poco importa que sea un doctor. Importa, sí, la idea del error nuclear que produjo en él la metamorfosis dolorosa e hizo aflorar, en un segundo, la ira incontenible de la bestia. Un chivo expiatorio de piel verde, con la monstruosidad del Frankenstein creado por la perversión del científico con complejo de Dios y licencia de progresista a cuestas. Aun así, unos pocos atisbos de  lo humano exaltan su soledad cada vez que termina su actingultraviolento. Eso ocurre, al verse acechado por los agentes del sistema, quienes buscan domesticarlo o usarlo para que imponga miedo cuando las papas quemen en cualquier rincón de la Tierra. Tal vez el hombre bestia del color esperanza encuentre en su camino otros parias superpoderosos, como el de las garras y esqueleto de acero irrompible llamado Wolverine: un experimento mutante, cuyos orígenes asesinos se refuerzan con un esqueleto y garras de adamantium, sin techo ni ley. Igual a aquellos renegados de los westerns clásicos, a quienes sólo les importa la paz de un buen trago antes de la pelea o, simplemente, que los dejen ser. El que destripa y el que se encoleriza, comparten la misma sensación de soledad que un ciego. Uno que de día es abogado de pobres y ausentes y, de noche, vigilante nocturno. Representa, así, a las dos caras de la  justicia, la de las leyes consensuadas y la de reparadora, que va por encima de la ley. Su indumentaria de diablo –se hace llamar Daredevil–, su intimidante presencia entre las sombras, más que recordar a Batman lo acercan demasiado a la expresión de ángel caído. Antihéroe por naturaleza, no aceptó las reglas de juego del círculo de poder.

El paria y el antihéroe redefinen así al superhéroe. Al punto que el “Escuadrón Suicida”, otra idea transgresora del cómic y su fiel cinismo, establece una relación parasitaria entre la sociedad y los criminales más peligrosos, cuando Batman no da señales de vida y Superman se ha dado por muerto.

Su proximidad y cercanía con lo humano, con lo imperfecto, complejiza y aumenta la tensión entre el bien y el mal. Deadshot es un mercenario, asesino a sueldo, preocupado por el futuro de su pequeña hija. Y Harley Quinn, una psiquiatra devenida psicótica, enredada en un síndrome de Estocolmo con su paciente, El guasón, en el asilo de Arkham.

joker harley

Así, lo blanco y lo negro mutan, destiñen y se convierten en el gris de la incerteza y el caos de la razón. Continúa el experimento sobre los alcances y limitaciones del cómic. De ese modo,  la respuesta al Black Power y a la violencia en las calles encuentra su mayor referencia en otro antihéroe: Luke Cage. La principal característica de este afroamericano, cuya piel es indestructible, se resume en su condición de presidiario devenido salvador de oprimidos y símbolo de la lucha. Lejos de la versión pasteurizada de Netflix, el origen de Luke Cage, desde las páginas de los comics, lo relacionan con otro aspecto vinculado a su costado humano. A Luke Cage se lo puede contratar para que aflore el superhéroe. Un asalariado más contra el discurso infantil de la “Liga de la Justicia”, que parece no aggiornarse a los cambios de época.

Ahora, con un villano millonario como Donald Trump en Muertópolis, cabe esperar que Superman regrese a defendernos. Tal vez no lo haga y, sencillamente, continúe en su nube celestial de privilegios. Todo para no escribir el próximo capítulo de esta apasionante historia con final incierto, pero a lo Hollywood.

Fricción – Héroes

FRICCION-HEROES.avi     




VELAR LAS PUERTAS

El Lado B: sobre Natalia Sedova.

Por Patricia Tombetta

ALTO: PARRILLA EN RUTA DOS

Ocupar con pasión o firme certeza un lugar en esta única vida siempre me resultó admirable. Suelo alcanzar una especie de silenciosa idolatría – difícil de explicar- por quienes lo consiguen. Un sentimiento inadvertido, de crecimiento lento, se instala para hacerle compañía- y acusar, incluso- a cualquiera de mis injustificables vacilaciones.

Leer el libro de L. Padura, “El hombre que amaba a los perros” y quedar prendada de Natalia Sedova fue inevitable. Preguntarme cada tanto, a lo largo del libro – y sí que es largo, también bueno-  qué le pasaba a esa mujer: si estaba de acuerdo, si tuvo otros sueños o ilusiones, si se sentía cansada, si escondía dudas o las expresaba, si odió tanto como amó, cuáles fueron sus miedos. Páginas y páginas me iniciaron en una búsqueda muy poco fructuosa en datos y, como suele suceder, en el encuentro de lo nunca buscado.

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Arte conceptual de Las puertas de Tisífone

Notables y famosos suelen ser fáciles de reconocer e, incluso, de idolatrar. Aunque no es a ellos a quienes mis embargos se dirigen. No. Antes bien, suelo emocionarme con seres casi invisibles quienes, bien mirados, portan esas convicciones apasionadas, como si en el mundo no se tratara de otra cosa: el dueño de una parrilla en la ruta dos, un profesor de filosofía, el encargado de las plantas de la plaza en Villa Reducción y Natalia, claro.

POR BOCA DE OTROS

Marguerite Bonnet[i], una amiga muy allegada a Natalia,  cuenta que no hablaba nunca de ella misma y que su vida precedente a la lucha revolucionaria y a su encuentro con Trotsky parecía separada definitivamente de la vida que siguió. No obstante, en algunas conversaciones íntimas, se animaba a traer recuerdos de su querida Ucrania, ganadora siempre, en las comparaciones con algunos paisajes de Francia.

Nació en 1892 en Rommi, una pequeña ciudad ucraniana, en el seno de una familia que había participado desde siempre en la luchas contra el zarismo. Quedó huérfana a los dieciocho años y pasó al cuidado de su abuela y una tía quienes, al parecer, dejarían una fuerte impronta en ella.  Luego de una educación básica, Natalia se dedicó al estudio de la botánica. Aunque su camino quedaría muy alejado de las plantas por muchos años, su amor por ellas parece haberla acompañado hasta el final. De todos modos, los estudios se vieron salpicados por su ideología de avanzada en la Rusia de principios del siglo XX.

Continúa M. Bonnet[ii]: “En algunos de nuestros paseos gustaba de preguntarme cuál era el nombre en francés de tal o cual espécimen de plantas. A sabiendas de mi nulo conocimiento sobre el tema, la cuestión siempre terminaba entre risas. Aunque ella insistía”.

Su vida de revolucionaria la llevó a Paris donde, en 1902, conoció a quien sería su notable compañero: un tornado de fuego alrededor de quien Natalia permaneció durante toda su vida.

UNA GUARDIANA

Ocupar un lugar firme y abrazar profundas pasiones no es para cualquiera. De hecho, suelen incomodar hasta la locura aquellas personas que se dejan tomar incluso el último aliento. Porque, ante todo, se necesita dejarse inundar. El peso de las convicciones deberá asfixiarte para poder respirar en ellas. Podría ser al amor, el odio, una idea.  ¿Su vestimenta?, cualquiera. Para Natalia esa pasión tal vez fue velar por el portador.

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Sergei Tyukanov

En Moscú, se dedicó a la protección de las obras de arte. Era importante que no resultaran arrasadas en las múltiples batallas tras la revolución de 1917. Y ella lo hizo con absoluto empeño: “Mi mujer trabajaba en el Comisariado de Instrucción Pública, donde tenía a su cargo la dirección de los museos, monumentos históricos, etc. Le cupo en suerte defender bajo las condiciones de vida de la guerra civil los monumentos del pasado y por cierto que no era empresa fácil. Ni las tropas blancas ni las rojas sentían gran inclinación en preocuparse del valor histórico de las catedrales de las provincias ni de las iglesias antiguas. Esto daba origen a frecuentes conflictos entre el Ministerio de la Guerra y la dirección de los museos. Los encargados de proteger los palacios y las iglesias echaban en cara a las tropas su falta de respeto por la cultura; los comisarios de guerra reprochaban a los protectores de los monumentos de arte el dar más importancia a objetos muertos que a hombres vivientes. El caso era que, formalmente, yo tenía que estarme cada paso debatiendo en el terreno oficial con mi propia mujer. Este tema daba lugar a buen número de chistes y de bromas”.[iii] 

Las menciones de Padura acerca de Natalia, si bien pocas, cada tanto me acercan algún dato: durante el primer atentado que su marido sufrió en Méjico (mayo de 1940), ella lo cubrió con su propio cuerpo de las balas enemigas. También se empecinó en extremar medidas de seguridad en la casa de Coyoacán. Cuando Trotsky insistía en que nada detendría a Stalin de la decisión de acabar con su vida, Natalia continuaba dirigiendo la fortificación: paredes cada vez más altas, puertas y ventabas blindadas con cortinas de acero. Claro. Que las menciones en el libro de Padura aparecen por la página 445 y el entusiasmo de la lectura permanece sobre el fondo de mis obstinadas preguntas acerca del silencio que envuelve a esta mujer.

¿Mutismo de Padura o de Natalia?
A LA DERIVA

Es en 1928 que la vida de esta mujer dio un giro definitivo. Montada en el tren transiberiano hostigado por el eterno frío de las estepas, Natalia, su marido y su hijo mayor, León Sedov, comenzaban un interminable exilio que la alejó para siempre de Rusia y de su querida Ucrania. Su hijo menor, Sergei, científico y más distante de la vida política, se quedó en Rusia.

Entre 1928 y 1940, las persecuciones a su marido por parte de Stalin los obligaron a moverse por donde conseguían a duras penas ser aceptados: Kazajistan (Alma Atá), Turquía (isla de Prínkipo), Francia (Barbizon) confinados en Noruega y, por último, México. Trotsky nunca detuvo su lucha ni Natalia, su silenciosa compañía.

Juntos atravesaron no sólo los innumerables rechazos de dimensiones planetarias, sino la dolorosa inquietud por la suerte de su hijo menor en Moscú, la muerte del mayor en Francia durante una intervención quirúrgica (más tarde aclarada como atentado) y la separación paulatina del resto de la familia. Ella soportaba una a una las pérdidas a que su pasión la sometía.

¿Aquello bien dicho no vale la pena repetirlo?

EL SILENCIO

Continúa Marguerite Bonnet: “Ella llevaba un diario del exilio. Un día le pregunté a Natalia si entraba en sus intenciones publicar este diario. Le dije que había mucha vida en estas páginas que hacían desear su conjunto al lector. Le señalaba también el talento de escritor que revelaban los pasajes citados por Trotsky. Ella me respondía con su extrema y habitual modestia que había tomado estas notas solamente en algunas épocas de su vida, con el fin de aliviar la memoria de Trotsky fijando ciertos acontecimientos”.

FOTO 3
V.S. Gaitonde

Acompañarlo, separarse de su país, de sus hijos, aliviar su memoria, dejarse abrasar en silencio por la utopía de un mundo más justo. ¿Y si fuera el silencio?

Palabra a palabra, llega el fin de la novela, sin haber podido leer si Natalia lloró, si ella también desconfiaba del falso belga que disfrazaba a Ramón Mercader, si quiso morir en ese momento, si encontró consuelo. ¿Una tozudez del escritor por no dar letra a esa mujer?, ¿o él también se deja llevar de las narices por ese obstinado silencio?

Lo cierto es que ella se mantuvo en la causa y sus palabras se escucharon cuando su compañero ya había muerto y en los pocos momentos en que fueron estrictamente necesarias:

Carta de Natalia Sedova Trotsky a la IV Internacional, mayo 1.951 (Extracto)

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Natalia Sedova

Sabéis perfectamente que no estoy políticamente de acuerdo con vosotros desde hace cinco o seis años, desde el fin de la guerra, e incluso antes. La posición que habéis tomado sobre los importantes acontecimientos de los últimos tiempos me muestra que, en lugar de corregir vuestros anteriores errores, permanecéis en ellos y los profundizáis. En la vía que habéis emprendido habéis llegado al punto en el que ya no me es posible seguir silenciosa y limitarme a protestas privadas. Ahora debo expresar mis opiniones públicamente (…) Me veo obligada a dar un paso para mí grave y difícil, que no puedo más que lamentar sinceramente. Pero no hay otro camino. Tras muchas reflexiones y dudas sobre un problema que me ha afligido profundamente, he decidido que debo deciros que no veo otra vía que la de afirmar que nuestros desacuerdos no me permiten ya permanecer por más tiempo en vuestras filas (…) Obsesionados por viejas y superadas fórmulas continuáis considerando al Estado estalinista como un Estado obrero (…) No puedo ni quiero seguiros en este punto. Desde el inicio de la lucha contra la burocracia usurpadora, L.D. Trotsky repetía prácticamente cada año que el régimen se desplazaba hacia la derecha (…) En el pasado siempre hemos considerado al estalinismo como una fuerza contrarrevolucionaria con todas las connotaciones del término. Vosotros ya no lo hacéis, pero yo sigo haciéndolo (…) En 1932 y 1933, para justificar la vergonzosa capitulación ante el hitlerismo, los estalinistas declararon que importaba poco que los fascistas tomaran el poder, porque después llegaría el socialismo a través del reino del fascismo. Sólo brutos desprovistos de humanidad y de un átomo de pensamiento o espíritu revolucionario podían expresarse de tal modo. Hoy, independientemente de los objetivos revolucionarios que os animen, pretendéis que la reacción despótica estalinista que ha triunfado en Europa Oriental es una de las vías por las cuales se alcanzará eventualmente el socialismo. Tal punto de vista constituye una ruptura irremediable con las profundas convicciones que nuestro movimiento siempre ha defendido y que yo sigo compartiendo (…) En el mensaje que me ha sido enviado por el último congreso del SWP, se ha escrito que las ideas de Trotsky continúan guiándolos. Debo deciros que he leído esas palabras con amargura. Como habéis podido constatar por lo que acabo de escribir, no veo esas ideas en vuestra política. Confío en esas ideas. Estoy convencida que la única salida a la actual situación es la revolución socialista y la autoemancipación del proletariado mundial”.

 

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Joan Miró – Still Life With Shoes

 

Más adelante, sus convicciones volvieron a escucharse. Cuenta M. Bonnet: “En la primavera de 1957, consiguió obtener un visado de entrada en los Estados Unidos y visitar con placer, alegre de reencontrar, después de tantos años, la ciudad un poco fantástica que era para ella New York, y de reencontrarse con amigos queridos. Pero esta estancia concluyó de una manera brutal: Natalia no aceptó entrevistarse, tal como se le pedía, con un diputado miembro de la Comisión de Actividades antinorteamericanas. Le retiraron entonces su visado y tuvo que volver inmediatamente a México”.

La señora callaba aunque, cuando habló, dijo. Tal vez su silencio fue siempre producto de aquello que ya estaba dicho. O lo suyo resultó la firmeza. ¿Cómo saberlo? Por suerte, siempre se puede jugar un poco. Jugar, como Padura, a que toda la historia sea enterrada con quien la había escuchado, mientras él nos la entrega a viva letra. Jugar, como en esta nota, a que adivino aquello que encuentra Natalia o el dueño de la parrilla de la ruta dos o lo que hallan tantos otros lados B, que hacen de este planeta un lugar un poco más misterioso.

 

[i]Fundación Andreu Nin.

[ii]Ibid

[iii]Ibid




UN VADO MUY ESTRECHO

El Lado B: Sobre Luján.
Por Luisa Luchetta

 

YO VENGO A TRAER MI CORAZÓN

Ni un árbol distraído se interpone entre la mirada del peregrino y el horizonte que aloja la imponente basílica de Luján. Nada ampara al turista en el enorme playón cementicio. Solo la casa de dios y, a imagelos costados, las parrillas donde los mozos ahuyentan las moscas con servilletas, a la espera de clientes. Los puesteros de los alrededores ofrecen rosarios de plástico, estampitas, cuadros con un Jesús rubio de ojos claros y el corazón expuesto.
Las inclemencias del tiempo se abaten sobre los cuerpos de los creyentes, quienes dejan paso a paso hilachas de pecado y amor celestial. Cargan pedidos a la virgen, esperanzas, deseos y agradecimiento, ignorantes de la avidez de los mercaderes alrededor del templo.

 

EL PORTUGUÉS SANTIAGUEÑO 

Cuenta la historia, que allá por el 1630, Antonio Farías Sá – un portugués que vivía en Sumampa, Santiago del Estero- pidió a un conocido en el Brasil que le enviara una imagen de la Concepción de María. Aquel, también nacido en Portugal, le envió dos imágenes, para que eligiera la que más le gustase. Las dos cajas debían viajar desde Buenos Aires, una para cada virgen. Al llegar a orillas del río Luján -hoy, Villa Rosa, partido de Pilar-, los bueyes no pudieron avanzar. Para alivianar el peso bajaron una de las cajas y, milagrosamente, los animales avanzaron. Al abrirla, sin respetar la privacidad de la correspondencia, encontraron la efigie de 38 centímetros de arcilla, conocida como la Inmaculada Concepción.

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AVERNO

La hospitalidad y camaradería provistas por la fe, en este caso católica, es inversamente proporcional a la del pueblo de Luján. No me parece bien generalizar. Admito que algunos pueden ser buenas personas.
Antes de huir de aquel infierno en el que viví unos meses, gracias a dios, noté el desprecio hacia los peregrinos de algunos comerciantes, vendedores de chucherías, gastronómicos, hoteleros y de vecinos en general. Despreciaban ciertas peregrinaciones, como la de los gauchos. “Estos no dejan plata y ensucian todo” era un comentario bastante común.
En el Luján de todos los días, la condición de clase pesa mucho. Las vueltas de los “hijos de” en autos de alta gama por el pueblo y a alta velocidad muestran quiénes tienen el papá con más billetes verdes y más impunidad. Esto alterna con un tipo de hipocresía, donde todos son “hermanos” lujaneros. Saludos, besos, falsedad y sometimiento de clase que trasluce en temor y reverencia.
En los tiempos en que viví en Luján conocí el mal, tal como lo explica el sociólogo Zygmund Bauman ” (…) las obras del diablo suelen ser ambiguas o ambivalentes: un acto de intercambio, una rentabilidad, un quid pro quo, esto por aquello, ganas algo a la vez que pierdes otra cosa… El poder del diablo reside en su maestría en el arte de la falsificación.” Inexorablemente se pierde parte de la calidad humana, el mal te habita porque es contagioso. Sin embargo, el templo se ha resguardado del mar maléfico de sus alrededores: las gárgolas de piedra en el exterior del edificio lo defienden o lo denuncian. Detalle interesante, debido al origen mítico de estas figuras góticas. Quizás los templos se erigen donde el mal pugna por hacerse de parte del mercado.

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LA DAMA ADINERADA Y EL ESCLAVO

La imagen morena, pequeña y milagrosa fue trasladada al paraje más cercano, a la casa de la familia Rosendo. La voz acerca de una virgen milagrosa se expandió y muchos peregrinaron hasta el lugar. Por eso se construyó allí una ermita junto al río “Guardia Vieja”, en el partido de Pilar, a unas 6 leguas de Luján.
Las autoridades nombraron a Manuel, esclavo sin apellido aparente, al que llamaban “el negro”, para que se encargase de cuidar a la imagen, cosa que hizo hasta su muerte. Años después, Ana de Matos, viuda y propietaria de una estancia, preocupada por la “soledad” de la virgen, compró la imagen al administrador de la estancia de Rosendo y se la llevó a su casa.
Al otro día, la imagen desapareció. La encontraron en la ermita de Pilar. La historia cuenta que el episodio ocurrió varias veces y el principal sospechoso no podía ser otro que Manuel, por negro y esclavo, así que lo estaquearon. La virgen empecinada continuó su procesión nocturna hacia su antiguo hogar. Pero hubo que ponerle fin a este capricho. Pequeña, oscura, y arcillosa, ella no podía permitirse semejante conducta. Al fin y al cabo, la imagen había sido vendida, como cualquier (oscuro) esclavo. image
Por esos tiempos, se organizó una procesión hacia Luján, donde fue depositada la virgen junto al “negro” Manuel.
A él, aun hoy, se le adjudican diversos milagros. Pero la historia lo ha relegado.

 

VA DE RETRO

Pocos son bienvenidos al pueblo. El nuevo residente debe responder a ciertas preguntas: nombre y apellido, dónde vivís y quién te trajo. Ahí te encasillan. Difícil la integración. Sobre todo, si un distraído capitalino, deseoso de un poco de verde, se instala en un supuesto barrio con pretensiones de country. Los ciudadanos del pueblo te reciben con sonrisas y te desprecian a la vez. Quizás la brecha social sea mucho más marcada que en Buenos Aires. Mis pequeños gastos de clase media eran aun menores allá, pero me miraban con profundo recelo, como si yo hubiera sido Amalita Fortabat. En el bucólico lugar, un señor -a modo de presentación y sin pudor- dijo: “No me doy con los vecinos, no hablo ni quiero relacionarme con nadie.” Otro, que detentaba un falso título de arquitecto y patotero real, se hacía cerrar el único bar en kilómetros, para charlar con funcionarios locales, al modo de El Padrino. Un jugador de fútbol se pavoneaba con su camioneta a alta velocidad. Un escribano autenticaba firmas sin la rúbrica…
En aquel tiempo, el pueblo de Luján rechazaba fuertemente dos cosas: los supermercados chinos (y a los chinos) y el asentamiento de personas relocalizadas: gente considerada extranjera, sucia, criminal y ajena a las costumbres patricias del lugar. Así es este lugar donde el amor al prójimo y el odio al otro compran en el mismo almacén. Compasión y desprecio, dolor y gozo al ver sufrir, punición y sadomasoquismo.
A su vez, junto a la iglesia católica, conviven las iglesias evangélicas que avanzan ahí donde el catolicismo abandona: en los barrios pobres, en la acción social, en la ayuda esmerada y directa de los problemas de la gente, en la búsqueda del perdido. Otros cultos también se establecieron: la Escuela Científica San Basilio, el Centro Sri Sathya Sai Baba y un culto de raíces yorubas. No parecen ser parte del pueblo templos judíos ni mulsulmanes. ¡Qué lindo lugar!

 

QUIERO ACÁ 

El traslado de la imagen, el motivo por el cual no cargaron de nuevo la caja al solucionar el problema del vado y llevaron la encomienda como estaba previsto, el abrir el paquete porque sí- o quizás para apropiarse del contenido-, la venta de la imagen por encima del “deseo” de la Virgen, las peregrinaciones al lugar originario por el simple creyente -mujeres y hombres del pueblo obligados por las circunstancias caprichosas del poder a desplazarse seis leguas más allá- son preguntas que quedan. Que dios nos ayude a responder.




ENTRE PENALES Y PENAS

El lado B: sobre el Nuevo Código de Planeamiento Urbano.

Por Isabel D’Amico

DE FRENTE

“Hola, ¿cómo estás?Muchas gracias por sumarte a la reunión del viernes en Colegiales. Para mí es muy importante escucharte, que estemos cerca, juntos, y construyamos la Ciudad que soñamos.El encuentro que tuvimos fue positivo y me llena de motivación para seguir con las mejoras de cada espacio del barrio. Siento que, entre todos los vecinos, generamos un debate enriquecedor. A partir de los puntos de vista desarrollados en la reunión, vamos a continuar nuestros esfuerzos para tener el barrio que todos merecemos.” Un abrazo, HoracioEl Alcalde

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DE ESPALDAS

En un noticiero y en horario central, un periodista miraba a la cámara mientras le daba pie al movilero deportivo, quien intentaba entrevistar al alcalde de la ciudad. Los tropiezos se repetían entre las manos y los micrófonos que buscaban captar algunas respuestas del alcalde. El movilero, experto en partidos de fútbol, incursionaba por primera vez en notas de actualidad:

Movilero: La ciudadanía se ha puesto al tanto de que están impulsando un nuevo Código de Planeamiento Urbano, un golazo para la especulación inmobiliaria, ¿qué nos puede decir al respecto?

El griterío de quienes lo circundaban asfixiaba la imagen y estrangulaba la voz del alcalde quien, sin pudor, respondió a la pregunta.

Alcalde: Estamos recorriendo los barrios y nos entrevistamos con los vecinos. Ellos nos trasladan sus preocupaciones: la basura, la caca de los perros… (Sonrisa)

Dos colegas altos hicieron alarde de sus brazos largos para llegar con el micrófono al entrevistado, pero sus preguntas flácidas se desvanecieron con gestos. El movilero, rojo por el aprisionamiento, con una voz en grito se impuso sobre la de una rubiecita del canal estatal.

Movilero: El proyecto se discute de espaldas a la sociedad, sin participación de las comunas, sin las organizaciones sociales. Como un torneo final sin hinchas locales ni visitantes. ¿Qué es para usted la democracia participativa?

Alcalde: En las reuniones que organizamos periódicamente, los vecinos llenan una hojita. Y, si está a nuestro alcance… (sonreía hacia la cámara, buscaba en el televidente una complicidad inexplicable)…

Movilero: (Saltaba entre otros, como si hubiera sido un hombre resorte. Aparecía y desaparecía de la cámara que intentaba enfocarlo:¿Es verdad que, en los foros, sólo juegan el partido para este nuevo planeamiento los desarrolladores urbanos?

Alcalde:(Miraba a la cámara, entre un mea culpa y un pucherito):Asumo cierta desprolijidad en la planificación de las obras, pero todo lo hacemos para mejorar nuestra calidad de vida.

Movilero:(Agrandado, pues manejó toda la entrevista como si hubiese sido el único, seguro de sí mismo. Así, arremetió con la última pregunta): -Según el Nuevo Código, en la ciudad de Buenos Aires van a patear un tiro libre tan alto que los espacios celestes serán más buscados que los espacios verdes. ¿La construcción de edificios y torres se va aplicar para todos los barrios?

Cri, Cri,Cri.

El alcalde respiró hondo y, con gesto inocente, contestó:

– Esa te la debo.-

Horacio, “El Alcalde” siguió su marcha, perseguido por otros periodistas. Su imagen, la misma de siempre: impecable, impoluta, irreprochable, conocedor del marketing.

El movilero (parado frente a la cámara, cerró la nota diciendo):

-Una vez más, el alcalde nos gambeteó la respuesta, él juega al fútbol de once con estrellas internacionales en los mejores estadios del mundo y a los ciudadanos nos entretienen con el metegol, en moribundos clubes barriales.Es todo desde aquí, volvemos a Estudios.-

DE CULO

El nuevo Código urbanístico viene asomando, las escasas charlas en el Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte del GCBA nos permiten informar lo siguiente. Dice el Arquitecto Osvaldo G. Echeverría: “Vamos a una mayor compactación de lo edificado con lo edificable, vía igualación de alturas y volúmenes de lo construido con lo proyectado a construir. Sólo se planifican viviendas y oficinas con poca ventilación y menor iluminación natural.”(…) “No hay criterios ambientales. La APRA-Agencia de Protección Ambiental del GCBA- no ha tomado intervención. (…) No hay criterios especiales para áreas inundables (…) No hay previsión acerca de nuevos espacios verdes. No se dice  dónde conseguirlos. Sólo sanatas(…) No hay previsión acerca de la instrumentación de la Evaluación Ambiental Estratégica(…) No hay previsión acerca de la capacidad de carga de cada manzana en cuanto a infraestructura y servicios:electricidad, gas, agua y cloaca.”

DE PECHITO

La inacción del gobierno de la ciudad, al no intervenir ante las cuantiosas denuncias de vecinos-que aconsejan, sugieren, aportan ideas, soluciones, alternativas- se repite en cada una de las comunas de la Ciudad de Buenos Aires.

 

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CASOS

  • Los vecinos de Saavedra, desde el 2014, advierten sobre el túnel en la Av. Balbín y le dicen “NO al tunel”. Por debajo, pasa el arroyo Medrano. Temen inundarse.
  • “Basta de Mutilar los árboles”, gritan los barrios.
  • “Edifican como quieren, la excepción es la norma”, remarcan los de Vicente López
  • Escupen los patrimonios barriales, el inmueble protegido”Roccatagliata” lucha por evitar dos gigantescas torres que ensombrezcan su entorno. Igual, en San Telmo, en la calle Tacuarí, se alza un doble edificio de la primera mitad del sigloXX y se toca con otro caserón. Así pretenden engordar un predio, donde los especuladores afilan sus dientes.
  • “No a los bares”, señalan los del parque Chacabuco. Ya existe uno dentro del predio y hay más de cuarenta, en los alrededores.
  • “Basta de Torres, no al Shopping” insisten en Caballito, barrio colapsado por la descontrolada edificación.
  • “Clausura de espacios verdes en Plaza Mafalda – Colegiales”
  • ¿Por qué cambiar la traza de la autopista Illia, construir otro tramo y crear un parque aéreo encima de la Villa 31? Con macetas sobre la autopista creen compensar el escuálido “espacio verde” de la ciudad.

Vacío de discurso, lleno de sarcasmos, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires nos sonríe, pocas veces nos escucha. Pocas, muchas menos, acciona a favor de los vecinos.

DE PIE

Aquí seguiremos, a flote en este caldo de arbitrariedad, con gusto a poco en cuanto a resultados, pero caliente y lleno de sabores. Aquí estamos, entretejidos en una bandera verde y celeste para alzarla por las quince comunas y hacerla flamear hasta disolver sus hilos en una potente voz.

 

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Y TODO, BAJO UN ESPLÉNDIDO CIELO

El Lado B: Sobre el documental “Nostalgia de la luz”, de Patricio Guzmán.

Por Roberto Aguilar

“Yo soy la alegría frente a la muerte / La profundidad del cielo, el espacio / es alegría frente a la muerte: todo está profundamente resquebrajado / Me imagino que la tierra gira vertiginosamente en el cielo. / Me imagino que el cielo mismo resbala, gira y se pierde. / El sol comparable a un alcohol, girando y resplandeciendo hasta perder la respiración (…)’’

Georges Bataille

MIL HOJAS DE OPRESIÓN

El documental  “Nostalgia de la luz” saca un poema de la piedra o una piedra del poema. Desde la voz en off -cansina, lenta y bien pueblerina- hasta el metal con que está hecho el telescopio, todo lleva el polvo de las estrellas, del viento translúcido en el desierto de Atacama.

Atacama.
Atacama.

“Nostalgia de la luz” se hace visible, sólo y tan sólo, si una persona toma un poco de su tiempo en el medio de la noche fría o cálida y, con la mirada de un niño, levanta sus ojos hacia las estrellas. Esté donde esté: en el campo, en la ciudad o dentro de un cubículo de hierro llamado trabajo. En este último caso, deberá inventarse ese cielo y puede que, entre la tensión de la noche silenciosa y los “ruidos” de su vida diaria, vea el mejor cielo, los mejores caminos al desierto de Atacama. Porque en “Nostalgia…” eso es posible gracias al entrecruzamiento de varias líneas argumentales. Por un lado, un observatorio astronómico, al pie de la Cordillera de los Andes. Allí, un astrónomo que mira y pone en palabras las particularidades de esta inmensidad sobre el desierto. Este es el espacio del remanso. Pero, debajo de esta actitud de contemplación y belleza, grita la tragedia. El mismo desierto está regado de restos humanos: son los desaparecidos de la dictadura de Pinochet. También están los huesos de los indios olvidados adrede por nuestra “frágil memoria”. Como si esto fuera poco, muy cerca de este lugar, otra hebra argumental muestra cómo antiguas casas de mineros fueron transformadas en un campo de concentración y tortura, entre 1974 y hasta casi fines de la desgracia militar en Chile. “Nostalgia…” es un entretejido de distintas opresiones: los viejos mineros ya tenían su historia de explotación y excesos. Y es patético cómo, entre los mismos textos de una vieja injusticia, se superpuso otra peor. Y todo, bajo un espléndido cielo. Un espectáculo de contrastes, que nos deja casi como seres de la historia ajenos a la naturaleza.

LA LUZ DEL TIEMPO

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Pero, en este documental, la tragedia de la muerte humana se mezcla con la belleza  del cielo y hace visible los claroscuros de toda existencia. Porque, a partir de las palabras del astrónomo: “Vivimos en el pasado…”, y la aseveración  de su entrevistador: “…el presente es una delgada línea…”, la luz sale de la nostalgia y se convierte en una señal  del diálogo entre los dos hombres. El diálogo dura una millonésima de segundo. O así parece. Los dos hombres, frente a frente, son tiempo ido y el engaño de estar en la casi nada del ahora. Toda señal humana, todo pensamiento muere con la luz antes de llegar a nosotros.  Sucede cuando conversamos o mientras pensamos. Nuestro cuerpo siempre es ya parte del pasado. Las estrellas que vemos ya no están y la luz del tiempo ido llena “las órbitas” de nuestros ojos. Vemos la luz de estrellas muertas, vemos fantasmas.

AL ENCUENTRO DE LA MEMORIA DE FUNES

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¿Y el porvenir? El porvenir está allí, aunque en la película de Patricio Guzmán lo mencione poco. El porvenir está en el silencio, en la continua construcción de nuestra memoria. En la memoria puntillosa, imborrable y letal del arquitecto Miguel, ex secuestrado de la dictadura chilena. Porque en “Nostalgia…” hay un hombre que construye, a través de su pasado, a través de cada recuerdo, de cada centímetro del campo de concentración en Atacama, los lugares de tortura y los espacios de la muerte a los que nadie quisiera volver. Porque para ocuparse del olvido de tales cosas hubo un devastador poder político, económico y mediático.  Esa burbuja del mal la construyó muchísima gente de la clase media y -siempre- una buena cantidad de oligarcas. Unos preservaron la vida a costa de la desaparición de los otros. Esta brecha perversa es un agujero de tal gravitación, que haría desaparecer hasta la luz del cielo. Sin embargo, no todo es tan así. Hay quienes van en busca de los huesos de sus seres queridos en el desierto de Atacama o en la ciudad, por mar y por ríos. Uno de ellos es el arquitecto, no el único. Para él y para los otros, la nostalgia ya no es tal, porque estos huesos son presentes que anuncian el porvenir. Sin memoria, desaparece el ahora y el porvenir. Y si hay memoria y un simple perdón caeremos al abismo. Una piedra nos espera sin cielo, sin tierra, sin tiempo ni forma. Un desierto está allí para caminar, buscar y encontrar nuestro porvenir hecho de pasado. Vos elegís.

LAS CAMINANTES

Caminante-bajo-las-Estrellas-1024x669 Hay personas que, con sólo un pequeño recuerdo de sus seres perdidos, se sienten dichosos. Hay otra gente que quiere el cuerpo total del recuerdo y no para de buscarlo hasta el final de su vida. Esto les sucede a las buscadoras de restos.Una de ellas se acompaña con un zapato y los restos de un pie de un ser querido encontrado en Atacama. Un zapato es la punta del hilo de Ariadna para salvarse de las garras de la locura.  Otra buscadora, en cambio,  quiere los huesos del cuerpo entero de su hijo. No parará hasta hallarlo, aunque el desierto la sepulte también a ella. Las dos caminan sobre la arena bajo un sol insoportable. Con sus palitas cavan, cavan en las profundidades de la muerte. Buscan restos de sus seres queridos torturados, descuartizados y repartidos, tal vez aquí y allá, a miles de metros de distancia, unos de otros. Son incansables. A veces encuentran un pequeño hueso de otro desaparecido. Lo guardan como a un tesoro y se lo llevan a los antropólogos para su identificación. Estas mujeres no se hunden en el rencor contra los asesinos. Ellas sólo caminan por el cementerio de Atacama, como fantasmas con formas precisas. Sus caras, brazos y piernas parecen suspendidos entre la arena y el cielo. Ellas quisieran un telescopio que no sólo observase los planetas, sino que también persiguiera  los huesos perdidos, como estrellas entre constelaciones de arena del desierto de Atacama. Pero las buscadoras tienen un mapa por cada piedra que pisan y no olvidan. Ellas no renuncian a encontrar a sus hijos. Ellas caminan.

PAPÁ Y MAMÁ ESTÁN EN MI CUERPO

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Valentina fue víctima del despojo de los asesinos de sus padres y de la indiferencia de la gente que vive en ciudades o pueblos en donde olvidar es volver a respirar. Pero, a ella, sus abuelos la rescataron desde bebé de los genocidas. Entonces, Valentina sólo habla de agradecimiento. Sus padres de eternas canas blancas la motivaron a estudiar astronomía. Allí no encontró un refugio ni un escape sino el encuentro con sus padres y la conciliación con la humanidad. En el documental explica cómo sucedió esto y cómo el mirar a los planetas lejanos la transformó en alguien que rescata las estrellas y las devuelve a tus huesos. Porque Valentina, a pesar de considerarse una personita venida con ‘falla de fábrica’ es capaz de poner sus diminutos ojos sobre la gran esfera del cielo, estudiarlo y devolverlo vivo o muerto a tu cuerpo. Durante la noche, ella puede aseverar aquella frase dicha por un científico norteamericano en “Nostalgia…”: “Nada está perdido”. Estamos hechos del mismo material que las estrellas”.

Y Valentina ahora es madre de una criatura sin fallas, como vos y como la mayoría de la gente. Quiere un futuro feliz para su hija, sin asesinos y sin indiferencias. Ella sigue su vida gracias al amor entregado por sus abuelos y al amor que, con su decir, quiere entregar a cualquier interlocutor para que aquel holocausto no se repita nunca más. Valentina mira las estrellas, las baja y te las entrega a vos.

LA CIUDAD DORMIDA

La noche estrellada, Vincent Van Gogh.
La noche estrellada, Vincent Van Gogh.

En el final de “Nostalgia…” la voz en off que acompañó durante todo el documental se hace viento envolvente, piedra caída sobre una ciudad luminosa en el medio de la noche interminable. Sin embargo, todos duermen. Nadie mira al eje imaginario, al vórtice del cielo repleto de estrellas que pasa justo por el centro de la urbe. Nadie se asoma a ese milagro del encuentro entre el cielo y la tierra de Chile. A pesar de todo, Valentina y los demás huérfanos de dioses y nostalgias buscan y encuentran algo: sus propios huesos erguidos en la oscuridad multiforme,  sus angustias y esperanzas. Distinguen y atrapan, bajo las constelaciones celestes, aquello que se les escapa a los dormidos: la luz de un nuevo despertar.

 




DE CONVERSACIONES, SERES MÓVILES Y APARATOS HUMANOS

El Lado B: Sobre la serie “Black Mirror”

Por Santiago Resnik


EL COLOR QUE RASCA LA NEGRURA

Black Mirror (espejo negro), es ese reflejo distorsionado que vemos cuando apagamos la tele smart, la tablet, el celular o el monitor de la computadora. Es ese instante en que tocás el botoncito del costado, bloqueás la pantalla -para lo que sea que la hayas usado- y deviene negra. Entonces ahí estás, vos mismo, desde el otro lado. Solo, a oscuras, distorsionado. Algunas vetas verdes, rojas y azules apenas rascan la negrura. Ese es el concepto Black Mirror: aquel otro, mirándonos desde adentro de una pantalla, hace realidad las peores cosas que solamente pensamos.

Ese concepto nutre a la serie de un altísimo vuelo, especialmente, en sus dos primeras Black_Mirror_will_return_on_American_Netflix_for_12_new_episodes___but_how_will_we_watch_it_in_the_UK_-1temporadas. Para otro análisis quedará que justo, en su momento pico, “Black mirror” haya pasado a manos de los chicos cool de Netflix para ser más visto. Así, la temporada 3 se tornó bastante más lavada.

“Black Mirror” es una serie de capítulos unitarios. En lo que va de la trama, cada episodio puede ser visto sin necesidad de haber pasado por los anteriores. Se sitúa en un futuro cercano, podría ser el año 2025, ya que las tecnologías exhibidas son una clara refinación de las actuales. Si en la película “Red Social” (2010) -sobre Facebook y su creador- se planteaba el paradigma que desde entonces podríamos vivir nuestra vida en forma digital, hoy “Black Mirror” propone el siguiente paso, volver carne todo lo posible en ese mundo digitalizado. Bloquear gente y lograr status sociales por medio de “Me gustas”.

Esta serie británica -ahora, americana- propone un juego que logra ponerse muy filoso. Borronea de tal forma el límite entre el mundo de las redes sociales y el mundo real -lo que se respira y siente- que el molinete psicológico alcanza lugares muy oscuros.


JORGE WHATSAPP

Por el bien del chiste de la nota, vamos a ponerle Jorge a nuestro personaje masculino y Sarah, al femenino, para completar el dúo.

La crónica de Sarah:

Jorge tenía que ir a devolver una camioneta que habían alquilado por el fin de semana, eran varias horas y yo me tenía que quedar con mis tareas. Imposible saber que esa sería la última vez -aparentemente- que mirase esos ojos celestes, el pelo tan colorado como colorado se puede ser, la piel bien blanca. La angustia de estar recién mudada en la casa donde mi novio se crió, perderlo y esperar un hijo, puede ser incalculable. En el mismo velorio, una amiga me contó sobre una aplicación, “vos le cargas el perfil online (facebook, twitter, etc.) de la persona que ya no está, te hace el trabajo de recopilar palabras y modismos y emula a esa persona. Probalo, decile ‘hola’ y fijate qué pasa…” Por supuesto que, al corto plazo, el programita resultó demasiado poca cosa. Vino la actualización, que recopilaba audios y videos y permitía charlas o videoconferencias. Pero Jorge seguía muerto. “Hay una forma. Todavía está en modo de prueba, pero está disponible la opción de un robot”, dijo la imagen y voz de Jorge desde el monitor. En la desesperación de la pérdida, quién puede decir “no” a semejante propuesta. Agarré la tarjeta de crédito, la pasé y ya me embocó con comprar un robot.

bm2-be-right-back-150El software imita a su difunto novio y el hardware, de plástico y geles, hace las veces de títere ante los ojos de ella. Él no necesita respirar, ni comer, ni dormir. Como cualquier celular, él siempre está a la orden de instrucciones. Incluso, ofrece comer, dormir y respirar para “hacer la experiencia más fácil”. Como cualquier celular, el “robot” colorado de Jorge resalta en su blancura y luce siempre como “en un buen día”. Una picardía sería mostrar miserias mediante gestos o tal vez ojos cansinos. Lo importante es siempre la fotito linda de perfil.


Seguiría Sarah:

Después de una noche de alcohol y de haber entrado en confianza con Robot Jorge, a la mañana siguiente, apenas me desperté y ahí estaba: Jorge con ojos abiertos… no respiraba. Claro, no le había dado esas órdenes. Mientras trabajo, siempre está detrás para ofrecerme comida o un masaje o lo que sea. A la noche, nos acostamos y, otra vez, no respiraba. Desesperación, enojo.

- ¡Salí de mi cuarto!, ¡no te quiero acá conmigo!, ¡andá a dormir al living!, eran las frases que más se me distinguían.

- Bueno, está bien.- Frío como una conversación de whatsapp, se dirigió hacia la puerta.

 

La angustia no bajaba y, para colmo, se sumó el enojo.

 – ¡Jorge jamás se hubiese ido así no más, sin discutir!

 – Entonces… ¿querés que me quede?

Ya no había más juego, irse o quedarse daba igual. Se trataba tan sólo de un programa emulador. Pero con la cara de Jorge…, tan parecida. Él es tan Whatsapp que no entiende de tonos de voz ni de matices ni que hablar de esos silencios casi imperceptibles. Todo es información que fluye, toda la carga anímica es impuesta exclusivamente por Sarah, o por cualquier usuario de Whatsapp.


OTRO MULETO MÁS

telefono-celular-perdidoLa desmaterialización del mundo y de los seres avanza tan rápido como la tecnología. Ya no reclamamos por seres físicos y nos conformamos con meros reflejos de una realidad que ya perdió vigencia. Por obvias razones, no se develará el final del capítulo “Vuelvo enseguida”, de la segunda temporada de “Black Mirror”. Pero, con el punto demostrado, sólo queda por decir que Robot Jorge corrió la misma suerte que cualquier teléfono celular, con “demasiada” carga anímica como para tirarlo a la basura y demasiado poco para mantenerlo entre nosotros.




UN PACTO, UN PARQUE Y UNA PROMESA

El Lado B: Sobre los portales

Por Néstor Grossi

 

DEL LADO DE ACÁ

Hay un momento, un lugar, una hora del atardecer, en que el sol se deshace sobre el oeste de la ciudad. En ese instante se revelan todos los pasajes. Es el segundo de silencio donde el aliento del mundo se apodera de las calles y enciende, uno a uno, los faroles de una avenida que muere a los pies de un parque que ya no está. Y entonces, habrá que buscar, seguir el aullido de los perros y saber que el lado B es solo un estado, que no hay mejor lugar que uno mismo, para renacer en dos ciudades.

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Más allá de ese estado, existen los portales, los puentes que conducen hacia esa nueva tierra, a ese continente que se levanta sobre las ruinas de una vieja leyenda de amor. Porque, solamente eso buscamos del otro lado.

 

SUCIO Y DESPROLIJO

Los portales escapan a la vista del hombre común y, aunque todos pueden llegar al otro lado, para los vulgares no hay séptimo cielo. El resto solo debe buscar, llegar a ese estado. Yo nunca vi uno, pero se dice que algunos logran cruzar en total estado de sobriedad. La verdad, me cuesta creerlo. Del otro lado no me topé con un limpio jamás. Del lado de allá todos estamos sucios, con el norte puesto en el deseo, los sueños y todas nuestras perversiones que laten al día, como la primera vez. Por eso no podemos parar, por eso buscamos. Porque, después de todo, no sabemos cuál es nuestro lado, solo intentamos salir de ahí y evitar que la vida nos convierta en unos verdaderos tarados.

IMG_20161221_093513Hay sanos que buscan a través de la meditación y el ayuno, ese también es el otro lado, pero no es el B. Al nuestro, se llega de una sola manera, al menos para mí, y es tan personal como esa hora del día en que se abren todas las puertas, porque la ciudad está ahí, lista para devorarnos. Amor, escritura, marihuana; en ese orden. La verdad, no sé qué carajo harán los sanos, pero yo no conozco otra forma.

Sin embargo, aquella última navidad del ´95, con la Rubia, aprendí que, a pesar de todo, el otro lado es un Ella.

Algunos, por naturaleza, elegimos siempre el lado B de todas las cosas: complementarnos, ser uno con el otro, olvidarnos por un rato de este mar lleno de mierda.

 

SHANGRI LA

Mirá, yo creo que deberías probar otra cosa. No sé, buscar en otro lugar. Vos necesitás una perra de verdad y no a la putita de Sonia, ¿se entiende? Una mina que haga algo: te veo con una rockerita, pero creo que vas a tener más éxito con las intelectuales mientras decía esto se corría el pelo de la cara— Por eso siempre te digo que deberías ser escritor. Bebió un trago corto y me pasó la botella. —Esa mina, la Ideal de la que hablas en tus canciones, existe, loco. Pero estás en el lado equivocado, te lo aseguro. Todo tiene dos lados ,  A y B, como los discos, chabón… vos no caés todavía: somos dos ciudades en una. —Hizo una pausa, sonrió. —Ya vas a entender, y yo voy a ayudarte. Palabra.

IMG_20161219_201020—¿A encontrar ese lugar?

A encontrarla. A ella, la mina que pueda llevarte al otro lado; yo no puedo, creo que apenas puedo explicártelo. Y no es un lugar, es otro plano, pero ya basta. Se ató el pelo, su sonrisa era más grande. Nene: eso ya pegó, era cuestión de esperar ¿viste?

Salud, mujer le dije mientras soltaba el humo por la nariz y bebía. Ella me sacó el Phillip de entre los dedos. Yo no sabía de qué carajo hablábamos ya. —Feliz navidad, amiga. Y le pasé el trago. —Te juro que vamos a encontrarla. —Dejó la botella en el suelo, me tomó de la nuca y me dio un beso demasiado corto. —Feliz navidad.

¿Es una promesa eso?

La Rubia me miró a los ojos. —Imagino que sí, solo sé que no es otro pacto ¿está bien? Hay una gran diferencia: ¿cerramos ahí? ¿vos qué pensás?

Pensaba que sólo me importaba reafirmar nuestro pacto, la verdadera promesa, terminar nuestras vidas juntos , si a los cuarenta seguíamos sin encontrar. Y sí, cerrábamos ahí.

A lo lejos, se escuchó el estallido de una ráfaga de fuegos artificiales sobre la noche del parque Centenario; después volvió el silencio, era la madrugada y ya no quedaba nadie. Volvimos a besarnos sin saber que esa era nuestra última navidad; que, a nuestras espaldas, la luna brillaba blanca sobre el lago y que no volveríamos a vernos jamás.

 

CABALLOS, CABALLOS, CABALLOS

Hay días en que se abren todas las puertas, en que una ciudad se come a otra. Y, entonces, los lados se mezclan, es una de esas noches en que el viento mágico del mundo se apodera de las calles, devora de a poco el otro lado. Una de esas noches es la navidad y, entonces, el A es el lado devorado. Quizás es por eso que las promesas y los deseos se hacen uno, es el poder de la madre tierra sin los designios de un dios, es la anarquía en la naturaleza.

La Rubia se murió sin poder cumplir el pacto, pero su promesa la cerró veintidós años después. Porque esa Mujer que me ayudó a terminar de cruzar el puente no llegaba por casualidad: con ella pasaría al otro lado – la ideal- como me decía a por aquellos días en que no hacíamos más que tomar cerveza y fumar porro en el parque.

_20161221_102313Después de todo mi amada amiga, había tenido razón: el otro lado es un estado al que se llega para hacerse uno con el otro. Su profecía de cómo sería mi Ella se cumplió, al igual que su palabra. Porque no creo en las casualidades y éstas eran muchas. Además, fue una promesa de navidad.

Mi otro lado es una perra, una de verdad. Es tan fría como mala e intelectual. Con ella, trabajamos juntos a la perfección y podemos superar cualquier cosa. Nos amamos y no nos soportamos. Encajamos, así de simple. Y, de alguna extraña forma, llevamos mucho tiempo juntos ya. Fue un enamoramiento complicado y fatal que, por momentos, parecía acabarse cuando en realidad solo se convertía en verdadero amor. Pero esa será otra historia: el verdadero final de este Centenario.

Porque, si muero al despertar, que sea del otro lado.

Muerto el amor, hundido el continente, no hacía falta más que resistir; recordar el verdadero nombre de todas las cosas, cada pasaje, cada maldita esquina y cada puto rincón de esa ciudad donde había que bajar y hacerse uno con los portales, seguir a la jauría, porque solo los perros podían atravesar hacia ese otro lado, donde todavía la magia del mundo se movía entre el viento de los faroles de una ciudad que comenzaba a encenderse; donde los muertos y los libres beberán del mismo pico a la hora en que regresan todos los rituales.

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CAMINAR LA LETRA

El Lado B: sobre los pueblos Romí

Por Adriana Valletta


NOMBRAR LA ROSA

“Si (como afirma el griego en el Cratilo)/ el nombre es arquetipo de la cosa/en las letras de ‘rosa’ está la rosa/y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’”(1) El nominalismo no pasa de moda, dar la palabra es dar la vida. Todo comienza siempre con un nombre. De entrada, el pueblo de los “romi” recibirá su seña despectiva: gitanos. Pero hay diversidades que no caben en una sola palabra. Los romi son un grupo étnico culturalmente rico. Caracterizados por su dinamismo, se permitieron ir en contra del “deber ser” de la sociedad llamada moderna, estandarizada y estable. En esa línea, la de un pueblo donde el movimiento es lo naturalmente libre, al sistema cultural dominante le resultó un asunto muy difícil de controlar. De ese modo, los gitanos pagarían con discriminación, exilios y hasta con ser víctimas del Holocausto.

CAROZOS Y HUELLAS

Un modo de persecución posible actúa al nombrar erróneamente algo. Lo hace por medio Fuensantabilletede relatos falsos y de prejuicios. Ese ha sido siempre el método discursivo más eficaz para amparar persecuciones que la ignorancia avala.
Por otro lado, la lengua escrita no fue la característica principal de los pueblos romi a la hora de transmitir su cultura y tradiciones. Sin embargo, eso no justifica que se argumentara -sin vacilar- acerca de la supuesta falta de riqueza en su lengua oral. De esta manera, desde el inicio, la oralidad marcó los cantos, las creencias y las danzas romi. Todo este bagaje fue transmitido, en general, por líneas maternas. Y, en su derrotero, como toda cultura que no queda impresa sobre el papel, perdió huellas importantes. Ante estas faltas, surgen de inmediato interrogantes que se llenan con diversas opiniones. A lo anterior, hay que sumar las escasas investigaciones serias que existen sobre el tema. Escasas, claro, pero muy valoradas. Hoy crece el interés por investigar lo omitido, lo oído y lo oprimido. Ese equipaje de ausencias construyó, con los años, un halo de misterio ante los ojos de los “gadjo”, como ellos llamaron a los no gitanos. Y todo misterio tiene un carozo con forma de secreto, real o inventado. Así, los romi son poseedores de un corazón que guardan muy bien y se empeñan con celo en no revelar a quienes no pertenecen a su grupo. Celo incentivado por el lado de los “gadjo”. En esas lagunas con que se representan sus secretos, se alimentan ficciones.

LA VOZ ERRANTE

Dentro de los romi, se encuentran muchos pueblos de probables orígenes comunes: vienen de India y de Egipto, sobre todo. Muchos han ido atravesando territorios por el mundo, de tal modo que hoy tenemos pueblos romi de Rusia, Hungría, Grecia, Tunes, Irak, India, España, los sinti, los manouch, los kalderash. Todos tienen su dialecto romanés, pero confluyen en la lengua sánscrita.
Del mismo modo como con una moneda lanzada al aire, por no se sabe quién ni cómo, que oscilara entre cara y ceca, los romi se hamacan entre nomadismo y sedentarismo. Aunque la esencia del movimiento pervive en esa confluencia de danzas, cantos y poesía. Las danzas más genuinas, por ejemplo, carecen de tecnicismos. Y, en sus círculos más íntimos, cuando se abren al otro lado y el otro lado es receptivo, entonces pueden apreciarse esas características de notable espontaneidad.Pienso si asentarse o convertirse a cierto sedentarismo no ha sido un modo de ponerse al reparo de tantas persecuciones. Más de la mitad de los gitanos de Europa fue exterminada en el holocausto. Es necesario detener un poco el movimiento, fijar este dato y no olvidar.

huella en la arena (1)

CALLE DE DOBLE MANO

Ingeniería de tránsito, hacia un lado y hacia el otro de esa grieta entre gitanos y no gitanos. O, mejor dicho, entre romis y no romis, hubo siempre quienes intentaron tender “puentes”. De un lado, por ejemplo, el gran escritor andaluz, García Lorca. En su “romancero gitano”, Lorca presenta una visión de ese mundo, a través del cante, ya que él había crecido en un ambiente con esa influencia.
Del lado romi,se destacaron varias poetisas que decidieron ir más allá de la tradición oral. Esa circulación en varias vías habilitó puentes. Aun así, el movimiento libre pareció, por momentos, quedar atrapado en un sueño. Por épocas, tomó formas de reclamo silencioso, audible solo para los pocos interesados en el tema.

puente circular

Escribir es algo que se escapa y puja con fuerza fuera de la tradición oral. Algunas de esas voces se hicieron sentir. Tal fue el caso de Bronislawa Wajs, nacida en 1910 en Polonia y conocida como Papusza, nombre con el que firmaba sus escritos y poemas. Papusza, en polaco, se traduce “muñeca”. La “muñeca” realizó todos los esfuerzos por aprender a escribir, oponiéndose a las reglas de su propio pueblo. Marcada por una historia trágica, fue considerada traidora por revelar secretos a los no gitanos. El precio que pagó por ello fue el rechazo de la comunidad que le cobró cara su osadía, hasta el destierro. Sobre Papusza se realizó el film “Lágrimas de sangre”, en el que algunos de sus poemas tomaron forma de canciones.


PAPUSZA | Tráiler oficial en español

https://www.youtube.com/watch?v=xV1NAKWAsdg

UN MANDALA ROMANÍ

Emprender un camino de regreso, cuando toda la tierra es casa, no es sencillo. Se me ocurre que el retorno sería un recorrido que descorra velos, que vea en reverso el trayecto desde los gitanos a los romi, como en un grito hacia los orígenes. Emprender esta clase de recorrido hace del andar una” ruta circular”, donde siempre se vuelve, pero no al pasado, porque el caminante se mueve en un avance no lineal. No se trata del nomadismo ni de recorrer geografías, sino de la historia del pueblo romaní. Si lo pudiese graficar, estaría más cerca de círculos móviles progresivos que toman fuerza del origen.

Quizá un camino de retorno a casa se halle en el encuentro entre la vieja tradición oral y la nueva escritura. Un espacio donde aquello que fue trastocado en el inicio sea reparado por la fuerza de la misma letra.

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(1) El Golem, poema de Jorge Luis Borges.

ALGUNAS ESCRITORAS ROMI

Nina Dudarova (1903-1977), nacida en Rusia,
Ivan Rom-Lebedev (1903-1989).
Nikolai Pankov (1895-1959).
Nina Dudarova Maxim Besljudsko (1901-1989).
Alexander Germano (1893-1955).
Olga Pankova— (1911-1983), gitana rusa, autora una de las primeras obras literarias gitanas escritas por una mujer.

Philomena Fran (1922) Sobreviviente sinti del Holocausto, nacida en Biberach an der Riss. Escribe cuentos gitanos y organiza eventos literarios.
Elena Lacková (1921-2003) poetisa gitana eslovaca, cuentista y dramaturga nacida en la región de Velky Saris.
Hedina Tahirović Sijerčić (1960), nació en Sarajevo, Bosnia-Herzegovina. Fue la primera presentadora y productora de televisión y de radio de Bosnia de origen gitano.
Cecilia Woloch (1956, Kentucky),
Louise Doughty (1963) Nacida en Inglaterra en el East Midlands. Doughty es la autora de siete novelas, entre ellos la recientemente publicada “Apple Tree Yard”.
Mariella Mehr (1947- Suiza) Pertenece a un grupo nómada de origen escocés, los yeniche.
Luminiţa Mihai Cioabă (1957- Rumania) Es la prosista y poetisa gitana más conocida en Rumania.

 




ANDAR LA HUELLA DE TU PROPIA MANO

El Lado B: Sobre las crisis del capitalismo.

Por Lourdes Cabrera

AIRES PESADOS

LOURDESCA1descargaCualquier persona de más de 16 años ya pasó por una. Y, con ésta, serían dos. Las crisis últimas se conforman de una atmósfera hecha de imágenes reales, digitales, televisivas y también de un espíritu que pesa en la calle sobre cada transeúnte. Hay un súbito desbarranque de las pocas certezas que acompañaban al laburante.

Los dueños de los locales en las puertas conversan su falta de trabajo con los otros dueños.

La gente deambula.

Los avisos clasificados que ofrecen empleos son ocultados en un búnker a esperar mejores vientos.

El trabajo chatarra sale a escena vestido con el glamour de las mejores ofertas.

El aire pesa.

Las boletas engordan sus cifras desde los buzones, como si tuvieran la fantasía de llegar más alto y no quedarse tan en el llano.

Los que mucho tienen se sienten en la cima, porque los que poco tienen son tantos, que logran hundir la curva de cualquier valle. Los que mucho tienen se montan al carrusel de los viajes, las joyas y, por fin, pueden recomenzar la bicicleta de venta y alquiler de propiedades. La libertad es para ellos desatarse de toda ley laboral y financiera, de todo límite que les impida explotar a los hombres del valle como satán manda.

LOURDESCA2descargaHASTA DEJARTE EN PELOTAS

En este país, las respuestas sociales a las crisis fueron variadas. Desde movimientos de desempleados a la creación de partidos que pujan por ubicarse más a la izquierda, clubes de trueque y novedosos grupos de Facebook donde se ofrecen servicios y hasta mascotas. Pero, por encima y entre medio de todas estas respuestas, está el obrero, el peón o el asalariado que ha quedado sin su fuente de trabajo. Porque, cuando los dueños del capital ven reducidas sus ganancias, prescinden de quienes han dejado su sudor, les han entregado su plusvalía y se han enajenado durante doce horas diarias para saciar los gustitos del patrón. A la crisis siempre la pagan los que menos tienen. Y otra vez, los términos, rentabilidad, desregulación, flexibilización, comienzan a armar un coctel con sabor amargo: no pago de salarios, conflictos generados en la mesa del directorio y, lenta pero contundente, vaciamiento de las empresas hasta convertirlas en puro envase.

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Si de ejemplos se trata, nos remontamos al 2001 y, en la provincia de Neuquén,  los obreros de Zanon (cerámicas y porcellanatos) salen a las rutas a explicar que personajes tan distinguidos como el señor Zanon, cual rata, había abandonado el barco, pero sólo después de haber completado la tarea de llevarse todo el dinero y los activos de la fábrica. Y también, por supuesto, se llevó en la volteada la vida y las esperanzas de muchas familias que, para él, no eran más que un simple número de operarios que le “trabajaban” su fábrica. Estos hombres le dijeron sí, a la gestión obrera, decididos a no perder su dignidad. De ese modo, ocuparon el espacio físico, y resistieron las amenazas y los interrogatorios de los defensores del capital por encima de la vida. Se la empezaron a creer. La acción, el colectivo les dio la fuerza del hacer. El objetivo era gestionar la fábrica ellos mismos.

Así se presentan ellos mismos:

En la década del 70, en el Parque Industrial de la ciudad de Neuquén, se comienza a funcionar como Cerámica Zanon S.A contando con cuatro líneas de producción. Ampliando constantemente la capacidad productiva, años más tarde se realiza una nueva inversión destinada exclusivamente a la fabricación de pisos “monococción” y a la primera línea para revestimientos llamada monoporosa. En el año 1993 se convierte en la primera fábrica de pisos de porcellanato de América del Sur. El año 2000 sufre una fuerte crisis, que llevó la fábrica a la quiebra. 
Con esta sentencia, los operarios decidieron tomar la fábrica y trabajarla por sus propios medios. 
En el año 2005 se crea una cooperativa de trabajo a la cual denominamos Fa.Sin.Pat, que se encarga de la venta y distribución de los productos Zanon. En Cerámica Zanon hoy, contamos con ocho líneas de producción con una capacidad de 380.000 m2 de cerámicos por mes. El 90% está destinado al mercado dentro del país y el restante 10% a la exportación. Contamos con 430 asociados, integrantes de Fa.Sin.Pat, organizados en niveles estratégicos tácticos y operativos.

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VAMOS POR TODO

La puesta a punto de las máquinas fue un canto al trabajo y en el 2002 comenzaron a trabajar. Y las artes estuvieron presentes en todo el proceso, al punto que la lucha por la recuperación de este espacio se transformó en obra de teatro.

http://www.pts.org.ar/La-lucha-de-Zanon-representada-en-el-teatro

Sabemos que la historia se multiplicó, no sin contradicciones y complicaciones en muchas fábricas y durante la misma época (fines de los noventa y del 2000 hasta nuestros días. Decir que el cooperativismo es el lado B del trabajo es conceder que el Lado A queda de parte del patrón. Mejor ponerlo en claro: el trabajo como espada de Damócles sobre el laburante es siempre el lado B que denuncia las pretensiones de primera clase de los opresores. Derecho al ocio, a viajar, al tiempo libre, al placer estético, al tiempo relajado. Y también claro, comida, vestimenta, salud y educación. Los tiempos han cambiado. Los trabajadores no pueden conformarse con sobrevivir. Es indispensable acceder al resto de los placeres que no pueden quedar en manos de tan poco. Porque para resistir se necesita vuelo, gracia, sentidos que excedan la mera lógica del opresor.

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